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No. 3 abr 2012

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Editorial La Planta Eléctrica - Francisco Silva M. Reflexiones Reconcíliate con la vida - Hernando Silva S.J. Anécdotas La muda - Carlos R. Silva M. Un año en el paraíso - Antonio José Silva S.J. El maíz tote - Jose Macía El baño y la vela - Beatriz Helena Rodríguez El Balcón de la Cabaña Los juegos de la Casona - Beatriz de Silva Concurso del cuento (Categoría infantil) The secret passageway and the Mysterious skull - Laura Pérez Niño Gastronomía casera Pie de manzana

– Beatriz de Silva

Notas sociales Cartas a la Redacción Informe de la carretera - Maria Esperanza Mojica Aviso publicitario - Apícola El Limo


Uno de los propósitos de El Mangle es también resaltar aquellos íconos que nos son tan queridos y que rodean a la casona de El Limo desde hace más de una centuria. Esta vez ese ícono es la casita de la “Planta Eléctrica” que ilustra la carátula de esta edición No. 3 de El Mangle. Este ícono ya desapareció y es solo un recuerdo de las generaciones de los años 50 y que desconocen los jóvenes. Esta casita de la Planta no sé por qué no la conservamos como un recuerdo de esa instalación que alumbró a la casona desde el año 1936 y que perduró como por 40 años. Se ha debido conservar como un oratorio, según lo propuso alguna vez Leonorcita Perico y hoy día solo existe el tablero de control y distribución que fue restaurado hábilmente por Alvaro Ariza y que se exhibe en la sala de la casona. La instalación de la planta eléctrica se debió al especial interés del tio Abel en proporcionar las mayores comodidades a los familiares de la casona. Fue así como acondicionó el baño en el Chorro del Azufre, adecuó el camino al rio Chicamocha para que bajáramos fácilmente a disfrutar de los pozos de Teotiste o El Caracol donde aprendimos a nadar. Hoy dia

ese rio se encuentra contaminado por los desechos de Acerías Paz del Rio. Ya no disfrutamos de los paseos al rio ni de la pesca de sardinas que era tan agradable.

No se me puede olvidar cuando a principios del año 36 empezaron a labrar piedra para las bases de la Planta, a pisar barro para hacer adobes para las paredes y tejas para quemar luego en el horno que se encontraba en la cabecera del potrero de El Sueño y ver a media noche la salida del “huate” que era una gran llamarada que se proyectaba por la boca del horno y que era señal de que la teja estaba cocida y lista para el tejado de la casita de la Planta. El tio Abel no solo era Ingeniero Electricista, sino que entendía de todo lo imaginable y era hasta arquitecto, mecánico y maestro de


obra, fontanero, etc. etc. Fue así como construyó esa casita de la Planta, la pintó en una forma muy novedosa y se consiguió unas palmas en La Chapa para adornar la fachada. Luego construyó un tanque en la mitad de la loma y trajo el agua de la quebrada de Varitas por una toma que desembocaba en un desarenador, antes de llegar al tanque y el agua bajaba por unos tubos que inicialmente eran de gres y de hierro galvanizado y que terminaban en un tubo aguzado o boquerel por el que salía un chorro que daba a una rueda “Pelton”, la que le daba una gran velocidad y se acoplaba directamente a un dinamo el cual misteriosamente convertía la energía hidráulica en energía eléctrica (ver ilustración). La corriente llegaba primero al tablero de control y distribución y luego por unos cables aéreos de cobre llegaba a la casona y se repartía a sus diferentes dependencias. La fecha de la inauguración de la luz quedó grabada en la gruta de la Virgen, la cual el tio iluminó en forma permanente como un reconocimiento a la Virgen que le dieron como premio a su paso por el Seminario de Tunja. Qué alegría tan grande tener luz propia en la casona, cómo nos gustaba en vacaciones ir primero a la quebrada a echar el agua por la toma y luego ir a la Planta para abrir el registro del agua lentamente para que la luz llegara poco a poco y no de un tacazo.

Me acuerdo mucho que por allá en el año 40 se anunció la visita de la familia del Dr. Perico que pasaban vacaciones en la Quinta de Santa Teresa. En ese entonces, toda la baranda de la casona estaba cubierta por una enredadera de “manto de Maria” y el tio, con la ayuda de Toñito, instalaron una serie de bombillitos de colores por todo el pasamanos de la baranda y entre las flores del manto de Maria. Fue una sorpresa para los visitantes que al anocher se iluminara la baranda de la casona. Hasta última hora, y gracias al internet, supe que este sistema de Rueda Pelton debe su nombre a un ingeniero americano de nombre Lester Allan Pelton (1819). Recuerden, gracias a la Pelton y al tio Abel disfrutamos de luz eléctrica en la casona por más de 40 años y cuando este fluidp solo lo conocían en muy pocas ciudades de Colombia. También gracias al tio, siendo Gerente de Electrificadora Boyacá, propició el suministro de energía a los campos y a El Limo, traída desde la Planta Termoeléctrica de Paipa. Gracias también a Mamá Rosita, al tio Luchito y al tio Carlos Julio quienes contribuyeron para la compra de la tubería y para las instalaciones de la Planta Eléctrica. - Francisco Silva M.


La construcción de una casa es una obra grande que comprende muchas acciones: primero hay que preparar el terreno, quizá hacer movimiento de tierras, luego se echan los cimientos, se levantan las columnas y los muros, y se cubre la edificación con el techo. Pero luego sigue, todavía, la obra blanca: los pañetes, las pinturas, los pisos, las puertas y ventanas, etc.

parientes, con quienes no nos entendimos bien; de parte de los amigos; de los vecinos; de los negocios; de las posesiones; de la política; y aun de parte de todas las torpezas y desaciertos que yo mimo cometí en mi vida. Las heridas pudieron provenir de muchas partes. Y todo eso hay que sanarlo antes de entrar en la tercera edad.

De manera semejante, la construcción de los años dorados de la vida es una obra grande que requiere todas las fuerzas espirituales y materiales de una persona. Porque lo mismo que las casas no se dan espontáneamente en la naturaleza, sino que hay que construirlas, tampoco el gozo de la tercera edad existe de manera espontánea: ¡Hay que construírlo! Y lo primero que hay que hacer es reconciliarse con la vida; eso equivale a preparar el terreno.

Aquí en el papel eso parece sencillo, pero en la realidad de la vida eso no siempre es fácil, puede llegar a ser muy difícil. Reconciliarse consigo mismo y con la propia vida puede ser tan difícil como reconciliarse con un enemigo.

Ya dijimos que la vida puede dejar muchas heridas y muchas amarguras, que bien pueden venir de parte de los hijos, que frustraron las esperanzas que se habían puesto en ellos; de parte del esposo, o de la esposa, con quien se tuvo graves diferencias, de parte de los otros

Para reconciliarse con la vida conviene olvidar todas las desgracias y pensar en las partes buenas. Olvidar y perdonarme a mí mismo todos los errores y disparates y pensar en los aciertos que también tuve y en las cualidades que también tengo. Lo primero es reconstrír el aprecio de la propia persona. Después, es necesario reconstruír el aprecio de las demás personas, olvidando los ratos amargos y sus defectos personales, recordando sus cualidades reales y los buenos momentos que nos proporcionaron en


la vida. Reconciliarse con la vida equivale a toda una conversión del corazón: a dejar de ser una persona amargada que destila hiel, y pasar a ser una persona bondadosa que respira paz y afecto. El llamado pues, pues, a reconciliarse con la vida, forma parte del gran llamado de Jesús y de la Iglesia a la conversión del corazón. El que no se convierte permanecerá en el infierno de sus resentimientos. El que se reconcilia con la vida podrá entrar en el paraíso de la paz del corazón y de una bella tercera edad.

olvido, de la superación, todavía queda la meta de agradecer a Dios lo que llamamos dificultades de la vida, pero que, a los ojos de Él, son oportunidades de crecimiento espiritual.

Oración Dios mio: Te doy gracias por la vida Y por todas las cosas buenas que me has concedido en ella, Concédeme que no se aparten de mi memoria Todos los bienes que he recibido. Dame un corazón agradecido.

Aparte de mi corazón los malos recuerdos, Aleja de mi corazón, Dios mío, Todo vestigio de amargura y desilusión. Devuélveme tu santa alegría.

¿Todavía no soy capaz de darle gracias a Dios por las dificultades que se me han presentado en la vida? Eso significa que todavía falta crecimiento espiritual. Una vez logradas las metas del perdón, del

Tomado del libro “Verás los hijos de tus hijos” - Hernando Silva S.J.


La mamá dijo un día: a ver niños y niñas, favor alistarse. Alisten la muda por que la semana entrante empiezan las vacaciones que vamos a aprovechar todos para ir a disfrutar todas las maravillas de nuestro amado Limo. Lleven una o varias mudas apropiadas para la finca. Por favor, no lleven ropa nueva ni elegante. Deben llevar bluyines, zapatos tenis o botas apropiadas para caminar por caminos pedregosos y empinados llevar también camisas apropiadas para el clima. Es conveniente llevar una chaqueta abrigada pues las noches pueden ser muy frías. Pero esta no es la muda que voy a relatar en este escrito. Me refiero a un personaje que prestó su servicio por algún tiempo en la casona. La muda se llamaba Filomena que además era sorda como una tapia. Cuando niño llegué al Limo con Toño y el tío Abel me sorprendió encontrar tal tipo de campesino, que no era campesina propiamente sino más bien pueblerina pues su residencia, si era que la tenia, era en la población de Tasco. Apenas nos bajamos del caballo salió a saludarnos con unos gritos muy curiosos que parecían como ladridos de un perro pequeño. No se asusten primos es Filomena nos dijo el primo

Jorge. Es una mujer muy servicial y buena. Ha trabajado con nosotros por temporadas desde hace varios años. Al día siguiente de nuestro arribo a la finca oí en la mañana los aullidos y carcajadas como de bruja de la muda. Estaba en el comedor sirviéndole el desayuno al tío Abel. Me di cuenta que el tío se entendía muy bien con Filomena. Tenían un diálogo muy particular. El le hacía señas con las manos, con los dedos y con los ojos. Parecía entonces que la muda le entendía todo pues le contestaba con aullidos, chillidos y carcajadas brujeriles, esa era la manera como algunos familiares se entendían con Filomena. Pero quien mejor interactuaba con Filomena era mamá Luca pues ella la mandaba al mercado del pueblo y por señas le indicaba qué era lo que debía comprar: tantos huevos, tanta mantequilla, tantas papas, tantas mazorcas etc, etc. Y le daba una manotada de monedas para los gastos. Por la tarde volvía la mudita con todo lo encargado sin que le faltara nada y además entregaba vueltas. Una vez al regreso del pueblo llego con un muchachito como de seis


años de ojos ligeramente azulados y piel muy blanca. Era su hijo. Se llamaba Antonio pero le decían Tuco. Entonces pregunté inocentemente quien seria el papá de Tuco. Uno de los primos me dijo como en secreto: ese loco Marquitos Mojica, posible pariente nuestro y además un borrachín irremediable, pues sus borracheras podían durar toda la semana, recorriendo en su caballo a todo galope las calles del pueblo y gritando a todo pulmón: ¡Que viva el partido liberal, y abajo los godos y los curas! Quiero terminar la descripción de este personaje desconocido para la nueva generación e ignorado u olvidado por algunos de mis contemporáneos, con un incidente muy inusual que presencie y oí: estaba sentado con los primos en el banco de madera que había a la entrada de la casa de papá Juanito. De pronto vimos pasar a Filomena por la calle con paso acelerado. La vimos entrar a la iglesia como a las cuatro de la tarde. Vamos dijeron los primos. ¡Que ira a hacer la muda a la iglesia! La seguimos de cerca. Entramos a la iglesia después de ella, la iglesia estaba totalmente sola. Vimos que le hacía señas y emitía griticos al sacristán que

parecía que le entendiera claramente lo que ella pedía, él sacristán entró a la casa cural y segundos más tarde regreso con el párroco, el padre Pineda. Veamos dijo el padre es posible que esta alma de Dios venga a confesarse. La hizo arrodillar en el confesionario. Le echó la bendición y le dijo a ver, a ver mudita confiesa tus pecados. Nosotros podíamos oír muy bien tanto lo que decía el padre como los aullidos de la muda. El padre le hacía gestos y señas con las manos. La muda levantó los brazos como señalando a un tipo alto y con sombrero pero lo que más nos llamó la atención fue que ella le hizo una señal obscena con los dedos de la mano. Alcanzamos a percibir que el padre dijo: negro pecado hija mía. No lo vuelvas a cometer y mostrándole un rosario y por señas le dio a entender que como penitencia debía rezar quince rosarios. Pecado negro, pecado negro. ¿Cuál será el pecado negro? El primo Carlitos de muy pocos años dijo: el pecado negro fue que ella mató al gato negro de la casa del Limo por que le había robado unas génovas que las tenía listas para las onces de los patrones… - Carlos R. Silva M.


Cuando llegó la crisis de los años 30 nuestra familia tuvo que salir de Bogotá para trasladarse al campo. Se cumpliría nuestra ilusión de conocer El Limo. Recuerdo que nos levantaron a las 4 de la mañana porque había que hacer maletas. Después del desayuno mi padre salió al portón e hizo parar un coche de caballos; subimos al carruaje. Íbamos felices; tan bonito que sonaban las herraduras sobre el pavimento. De vez en cuando el postillón hacía restallar el látigo en el aire. El coche nos dejó en la estación del tren. Abordamos un vagón y nos sentamos. Sonó el silbato de la locomotora y arrancó el tren. Mucho peso poca plata, mucho peso poca plata… Así iban diciendo las ruedas y así íbamos nosotros cantando y meneándonos al ritmo. Por fuera desfilaban lindos paisajes: arboledas, potreros, casitas, ganados, un pueblo y otro pueblo y llegamos a Duitama. Trasbordo del tren a un autobús. El autobús nos dejó en Santa Teresa (hoy Paz del Río). Mi tío Juanito nos esperaba con las bestias. Papá Roberto y mamá Rosita abordaron sus caballos (mi madre de maxifalda y en galápago de mujer, en forma de horqueta; lo mismo mis hermanas Marora y Nena). Carlos Roberto y Toño montábamos por primera vez a

caballo. Los niños pequeños, o sea Cecilia, Hernando y Quico (hoy Pacho) abordaron sus respectivos módulos de transporte, me explico: unas sillitas a espaldas de un campesino. ¿Y Beatriz? No la había traído la cigüeña. Beatriz nacería después en diferido. Bueno, nuestra alegre cabalgata salió de Santa Teresa y subiendo por el camino de herradura bordeó el abismo de la Peña; entramos a la vereda de Hormezaque, pasamos Quebradagrande, cruzamos el puente de la Tomita. ¡Qué emoción, por fin avistábamos nuestra gran casona! Y llegamos al patio de los pinos, donde la tía Lucrecia nos aguardaba con toda su familia. Y empezamos a disfrutar del paraíso. Paseos a la piedra del miradero, al Chovo, a Piedragorda, a Badanique, a La Chapa. Inolvidables los paseos con piquete que organizaba mi madre a la vega del río. Los niños aprendíamos a nadar con un trozo de maguey a la espalda. Las señoras y las niñas se bañaban en chingue (maxifalda). Mientras tanto mi tío Cándido sacrificaba un cordero para el piquete. Las cocineras, bajo los mangles, hervían el sancocho sobre el fogón de tres piedras y avivaban el fuego aventándolo con chinas


(abanicos de palma). Lloraban con el humo. “En El Limo todos los días son domingo” nos decían. Niñas y niños madrugábamos al ordeño, ayudábamos a controlar el ternero, sosteníamos la cazuela debajo de las ubres de la vaca mientras la ordeñadora dirigía los chorritos de leche tibia sobre la espuma, que iba creciendo hasta casi rebosar. Terminado el ordeño nosotros con unas hojas de aliso sacábamos cucharadas de espuma, que nos dejaba sobre el labio superior un blanco bigote de leche. “Hoy es el día de las melcochas” anunció mi madre, y corrimos felices a sacar la paila de cobre, una canasta con las panelas, otra con el queso campesino, una cuchara de palo y el frasco de la vainilla. Y nos dirigimos a la Tomita. Bajo los mangles y alisos nos esperaba el fogón de siempre, de tres piedras ahumadas. Recogimos leña y paja y prendimos candela; aspirábamos humo de eucalipto. Hervía el melao en la paila, olor a trapiche. De pronto empezó a zapatear… Mi madre con la cuchara de palo sacó una prueba. ¡Ya está el punto! exclamó. Alzamos la paila y vertimos el melao sobre la piedra mojada. Inmediatamente niñas y niños comenzamos a recoger por los bordes el melao espeso, caliente y oloroso a vainilla. Y empezamos a estirar y a blanquear…

Hoy vamos a ir al chorro del azufre, invitó mi padre. Inmediatamente toda la familia se dirigió por entre las matas de morera al delicioso baño “termal”. Los niños en pantaloneta, las niñas enchingadas. Ya bajo el despelucado chorro las niñas gritaban de nervios, de risas y de frío. Mi padre llevaba siempre un jarro esmaltado para tomar agua bendita. Otros días invadíamos el maizal y desgajábamos mazorcas tiernas. Las asábamos sobre las brasas y después de rociarles sal y untarles mantequilla las devorábamos. Nos encantaba segar alfalfa para los caballos, montar en pelo, enlazar terneros, empuñar el arado y conducir la yunta de bueyes. Ayudábamos a sembrar el trigo al voleo. En la siega nos fascinaba ver y oír a los segadores que entonaban la famosa gea. En los días de amasijo la actividad en la cocina empezaba desde temprano con el caldeo del horno, repleto de leña de eucalipto y de mangle. En la mesa del comedor las mamás y las niñas amasaban a dos manos galletas, mogollas y panes. Los niños modelábamos muñecos con la masa, les poníamos ojos de tocua y los metíamos al horno. Salían dorados, calientes y olorosos. La delicia del pan caliente es inseparable de la niñez y de la adolescencia. ¡Que viva El Limo! ¡Que viva el Paraíso! - Antonio José Silva S.J.


Sucedió en uno de esos inolvidables asuetos de fin de año en El Limo por allá a comienzos de la última década del siglo pasado, cuando ya se habían normalizado y organizado eficientemente los antes intrincados temas de la despensa, la nevera, el congelador y por consiguiente de los mercados. Con la nueva normativa, cada familia se encargaba de aportar su ración proporcional de ingredientes alimentarios según los nutritivos y perfectamente bien balanceados menús que elaboraban con sapiencia suma culinaria mi querida cuñada Martha Sofía y la señora Consuelo Mojica, quienes además los repartían oportunamente –puerta a puerta, pues aún no existía el email-, entre quienes ya habían reconfirmado su asistencia vacacional en la casona.

Resulta pues que para el piscolabis de uno de esos luminosos días decembrinos se solicitaron varias delicadezas fritangueras: morcillas, choricitos, papitas criollas, costillitas, plátano pataconero y el infaltable maíz pira, -o “maíz tote”, de acuerdo al léxico algo arcaico de gran parte de los paseantes-. Por supuesto, cada familia entregó muy cumplidamente los ingredientes que incluían, claro está, el respectivo paquetico o tacita de una librita o de un kilito de maíz tote. La encargada de la cocina en ese día en particular fue la recordada Martica Cely, siempre atenta, servicial y bien dispuesta. Ella, que era como una hormiguita laboriosa, comenzó a preparar la apetitosa fritanga con varias horas de anticipación. Pasado un rato largo, durante el cual un oído atento habría podido escuchar los ininterrumpidos “totazos” del maíz golpeando la tapa del caldero, apareció Martica en el patio y se dirigió con ceño circunspecto a doña Martha quien departía alegremente con algunos contertulios: -¿Sumercé quiere venir a la cocina un momentico que necesito preguntarle una cosita? Martha Sofía, algo intrigada, interrumpió el relato que narraba en


ese momento con gran elocuencia, y junto con su hermana María Cristina (Ñingo), la consorte del suscrito, se encaminó hasta la cocina. Siguiente pregunta: -¿Sus mercedes consideran que haya que preparar más maíz? Cuando Martha Sofía y Ñingo miraron a su alrededor, quedaron estupefactas. Había tres o cuatro gigantescas bolsas de esas negras para la basura, varias ollas y otros recipientes de considerable tamaño, todos repletos de maíz tote… ¡y con la olla aún “totiando”! Resulta que Martica diligentemente había preparado varias de las tacitas y de los paqueticos aportados por los veraneantes, cuando según los entendidos y entendidas… ¡con dos o tres “puchitos” habría sido suficientes para toda la tropa! Ya se imaginarán lo que pasó. Durante los días siguientes hubo maíz tote para dar y convidar a toda hora y con todo: maíz tote con changua, maíz tote con huevos, maíz tote con arroz, con agüepanela, con

chocolate, con tinto, con tamal, con cuajada, con ariquipe, maíz tote con aguardientico Líder…mejor dicho, ¡maíz tote hasta en la sopa! Cómo sería que alcanzó para repartir por toda la vereda y hasta para acompañar el espléndido piquete de chivo que Carlos Hernán ofreció el día seis de enero a toda la concurrencia y aledaños. Y aún así sobró.

Moraleja: Si de maíz tote se trata, con sólo un puchito basta. - Jose Macía


No sé cuántos cuentos se pueden llegar a escribir sobre El Limo pero intuyo que cada uno de nosotros tiene suficiente material como para escribir todo un libro… Uno de los escritos del Concurso de Cuento 2011, me recordó la odisea que implicaba (o implica) ir al baño en el Limo. No se preocupen que no voy a tocar temas escatológicos, simplemente quiero compartir con Uds. mis recuerdos.

de Esper y otros echábamos mano de LA MANO! Quién no se quemó alguna vez con una de esa benditas velas?? Quién no se quedó a oscuras en plena labor higiénica rezando para que la pata sola no se le apareciera? Quién no dañó tal cual mueble por andar pegando las velas en todas partes?...

A mí me tocó el Limo sin luz, a punta de vela. Y lo digo con orgullo porque eso es lo más arcaico a lo que puede llegar alguien de mi generación. Gracias a Dios sí me tocó agua, inodoro y lavamanos, pero recuerdo haber usado cuanta candela es posible para iluminar las noches limeñas y sobre todo, el trono limeño… No había mesita de noche sin su buena colección de velas. Las había gordas, flacas, blancas, amarillas, rojas, azules, tipo veladora, con plástico, sin plástico, con mecha, sin mecha, con mosco petrificado, con polilla o sin polilla. Tipo 5:30pm todos empezábamos a sacar las velas de nuestros cuartos, algunos usando elegantes candelabros, otros usando farolitos de colores, algunos usábamos las bases de las muletas

Ahora que lo pienso desde muy chiquita tuve “mi vela”… “traiga su vela”, “qué hizo la vela?”, dónde dejó la vela?”, “prenda la vela”, “apague la vela”, “cuidado con la vela!”, “se acabó la vela”… no recuerdo que los niños tuviéramos muchas restricciones con respecto al tema, es más creo que prender una vela fue de las primeras cosas que aprendí a hacer sola ☺


En fin. Volviendo al tema del baño, cada noche era un martirio, había que rezar varias veces para que la vejiga se durmiera y no se le ocurriera funcionar a media noche. Esa es la razón de las 7 cobijas que yo me echaba encima, para no caer en ninguna necesidad y amanecer tranquilita en mi camita. Desgraciadamente tanta cobija no era suficiente… cuando por fin, después de veinte vueltas en la cama y luego de luchar contra los mitos limeños, me lograba dormir… me daban ganas de ir al baño!!!!! Mi mamá como una santa me acompañó varias veces, pero muchas otras me daba pena despertarla y me tocaba ir “solita”… y arrancaba el ritual: Primero búsquese a ud mismo! Porque en semejante oscuridad uno no se “hallaba” (literalmente), luego busque con los pies la pantufla, rezando pa no encontrarse con tal cual alacrán… luego, échese la ruana encima pa no agarrar una pulmonía y luego prenda la vela! Al terminar esta logística, la vejiga ya estaba mentando la madre!! Seguía la procesión hasta la puerta de la alcoba… yo solamente miraba al piso porque ay donde se me ocurriera mirar al frente y encontrarme con algún tío difunto… luego quite la tranca (si es que lo logra en los primeros 3 intentos), abra la puerta “silenciosamente” sin despertar a los otros 7… y finalmente atraviese el corredor sin mirar al cielo porque

puede encontrarse con un platillo volador!! Una vez en el baño… qué les puedo decir!... No voy a relatar la gimnasia olímpica que había que hacer para poder calmar las necesidades sin inmolarse! Con una ruana de 100% algodón encima y una veladora, créanme que las posibilidades de auto-incinerarse son altas! Mientras uno descansaba, veía la arañita caminar hacia la pantufla, oía la polilla pegarse contra el vidrio y disfrutaba del silencio de la noche… hasta daban ganas de amanecer ahí sentado contalde no volver a la logística de acostarse… Arrastre pantufla, chirreé la puerta, ponga la tranca, busque su cama, quítese la ruana, saque la burra, apague la vela y qué hay de cuchipe qué hay de cuchipe, qué hay de Dolores! Debo admitir que extraño la vela… le daba cierto aire romántico y antiguo al Limo. Cualquier parecido con La Casa de los Espíritus es pura coincidencia. Hoy disfrutamos de la luz eléctrica, con sus altas y bajas, pero es no tiene tanta magia. Aún ir al baño sigue siendo una odisea porque con todo y bombillos está la araña, la polilla y el silencio de la noche… - Beatriz Helena Rodríguez


En la pasada edición de El Mangle comentaba uno de los recuerdos mas gratos que guardo de las vacaciones limeñas: las melcochas. Pero tengo otro recuerdo que añoro dado que se ha ido perdiendo poco a poco la tradición y es el de los juegos nocturnos en la Casona. Todas las noches después de la cena, Mamá Rosita nos invitaba a pasar a la sala y después de un corto rezo comenzaban los juegos de salón: la tapa, de La Habana viene un barco, esta es la lucecita de mi tia Clemencia, quien la apague paga penitencia, mímica, etc. etc. y sus respectivas penitencias para los perdedores que variaban entre los 3

retratos, cantar, bailar o imitar a un personaje. El juego preferido era generalmente el de la tapa pues en él participaban todos, grandes o pequeños, jóvenes y viejos (en ese entonces no se decía “los de la tercera edad”) y era sumamente divertido: todos los presentes se cambiaban el nombre, uno de los participantes pasaba al centro de la sala y hacía bailar la tapa de una olla grande sobre su borde al tiempo que decía un nombre y la persona que había escogido ese nombre debía pasar rápidamente a recoger la tapa antes de que ésta cayera. Generalmente pasaban dos: quien verdaderamente tenía ese


nombre y la persona que lo ostentaba para el juego. Si pasaba la persona equivocada debía pagar una penitencia y todo contribuía a una carcajada general.

veraneantes Luchito se dedicaba a enseñarles a jugar a los hijos de Marco Tulio, Marquitos y Ulises y así llenaba sus horas de descanso y soledad.

Desde que se construyeron El Fogón y La Cabaña por lo regular ya no se reúnen todos los veraneantes en la Casona para estos juegos y además estos se han cambiado por los juegos de cartas.

También los juegos han cambiado: ahora aparte de las cartas se juega Rummy Q, Scrabble o el recientemente incorporado Trencito Mexicano. De todos modos todo esto forma parte de los maravillosos momentos que disfrutamos en El Limo y para quienes no hay vacaciones más reconfortantes y placenteras que las que pasamos en ese hermoso terruño.

Claro que de estos era un fanático del muchas las horas Casona dedicadas Tanto, que cuando

últimos Luchito Poker y fueron pasadas en la a este juego. no había más

- Beatriz de Silva


The Secret Passageway and the Mysterious Skull By : Mariposa

El Limo is the kind of place where there is a lot of history and stories that are passed down from generation to generation. The problem is that my grandma told me there was a secret passageway in one of the rooms in ‘La Casona’ but she didn’t tell which, but she did say that we had stayed in that room many times before. And then I thought long and hard…Mama Rosita’s room! One very late and cold night while everyone was dreaming peacefully and happily in their comfy beds, I snuck out of my bed and grabbed a candle from its place and tried not to wake anyone up. While I opened the heavy wooden door carefully I heard someone or something get up from its place! Guess who it was! My little sister! So many thoughts must be running through her little head! I calmly explained to her that I was trying to find a secret passageway in Mama Rosita’s room. She asked if she could go with me and I answered back “yes”. I have to admit that she is

a very brave person compared to me. So I thought she would be very good help. As we walked down the uneven hall there it was Mama Rosita’s room right in front of our eyes! My sister and I were so anxious to enter the mysterious room but then my sister spied a keyhole on the door! I remembered that my grandma gave me a key to the room so we turned the key so slowly because we were kind of scared and excited at the same time! The huge wood door opened and an enormous gust of wind blew out as well as some torn photographs!?We walked in and all we could see while our eyes got used to the dark were some ancient photographs hanging on the adobe walls. Then I noticed that there was a tiny brass key hung on a hook on the door. I thought to myself that all I had to do is find the door or closet or even maybe a teensy weensy keyhole in the wall. My sister and I put our hands to work to find the keyhole! Then a hidden door appeared out of nowhere and there was the keyhole that was the exact form of the key! We stared in awe as we saw the keyhole. But my sister and I were determined to find out what was on the other side. I took a big breath and turned the brass key and there was a


long pitch black tunnel, so I grabbed the candle in my hand and saw a message on the wall. It read what in English would say, “Go down the tunnel and discover what lies ahead.” I was a little scared when we first read the writing on the sturdy wall! But we still walked slowly down the tunnel because we were intrigued. After a long walk we reached a dead end but then we discovered more writing on the wall and it said, “You are near La Piedra Gorda look to your left and you will find a staircase that will lead you to it.” My sister and I were amazed that we were underground for so long! So we looked to our left and there of course were stairs that led up to La Piedra Gorda! A few minutes later we were by this huge boulder which is a distinguished landmark in our beautiful Limo. We looked around using a flashlight that we found in the secret tunnel and hidden beneath some rocks a piece of cloth was sticking out. We quickly went to see what it was and discovered it was a map! Regardless of the faded ink we could see the map had some information about a magical plant that had some type of medicinal power and the map was showing the way to get to it! My sister and I looked at each other and decided we would follow the path. We parted in the wee hours of the sunrise and after climbing some of the incredibly steep hills of El Limo we got to El Calzo and we couldn’t believe

our eyes; something with the shape and color of bones was laying down in one of the turns of the curved path we were following … it was a human skull! We decided to go back to ‘la casona’ and tell our grandmother about our findings. When she heard us she told us a story about a man that lived many, many years ago, that had arrived to El Limo in a quest to find a plant that had medicinal powers but no one ever saw him again. We believe that skull belongs to the man who was looking for the magical plant but never got around finding it. Knowing what exactly happened to that man will remain a mystery.

It definitely was a mysterious adventure and we will always remember the great experience. We will probably start looking for this magical plant in our next visit to our beloved Limo. Maybe there will be another destination to find the powerful plant. - Laura Pérez Niño


Preparación

Ingredientes •

1 taza y ¾ de harina de trigo

•

cucharadita de azúcar

•

½ libra de mantequilla

•

6 manzanas grandes

•

½ pocillo de tinto de agua fría

•

pizca de sal

•

Azúcar y canela en polvo

•

Trocitos de mantequilla

•

huevo batido

Para la masa: cortar con dos cuchillos la ½ libra de mantequilla con la harina de trigo revuelta con una cucharadita de azúcar y la pizca de sal hasta que esté como granos de arveja. Rociar poco a poco con el agua fría hasta que la masa esté de consistencia para amasar. Hacer dos bolas con la masa y ponerla al refrigerador cubierta con un un limpión o servilleta. Para el relleno: pelar las manzanas y partirlas en tajadas delgadas, ponerlas en un tazón y rociarlas con un poco de azúcar mezclada con canela en polvo. Extender una bola de masa con el rodillo y forrar el molde, chuzando el fondo con un tenedor para que no se sople la masa. Rellenar con las tajadas de manzana y ponerle unos trocitos de mantequilla. Extender y amasar el resto de la masa, cortarla en tiras y ponerla sobre el molde como lo muestra la fotografía. Batir el huevo, untar el pie y llevar al horno a temperatura media por aproximadamente una hora, hasta que quede ligeramente dorado. - Beatriz de Silva


Bodas de Plata

su hijo Santiago. Felicitaciones muy sinceras para esa linda familia y como ellos mismos dicen “25 años de amor no es solo una palabra, es pensar en el significado que alguien se lo ha dado”. Obituario

El 5 del pasado mes de Diciembre celebraron sus Bodas de Plata Santiago Rodríguez y Luz Delia Mojica, en unión de

Agradecemos la correspondencia recibida de los siguientes amigos y parientes limeños: Lucía Margarita Díaz, Irmgard Hanke, Mónica de Ramírez, Olga Lucía Sánchez, Maria Clara Sandoval, Carlos Mojica, Patricia Cornejo, Gloria Bernal, Luchi y Martin y Abel Mojica Jr., Yolanda Ruiz Fitch y

En días pasados falleció en Bogotá la señora Alicia de Beltrán, madre de Maria Eugenia Beltrán de Mojica. Para ella, esposo, hijos y nietos nuestra sentida condolencia.

Carlos José Hanke, cuyo contenido no publicamos por falta de espacio. Sin embargo queremos resaltar la siguiente comunicación enviada por el tío Abel de Jesús Mojica (inspirada a su hijo José Mojica y acompañada de una bella fotografía de los años 30, reconstruída magníficamente por José)


Abril 1 3 5 5 11 12 13 14 17 19 21 22 22

Taylor Elena Fitch Diana Navarro de Sandoval Vanessa Mojica Henry James Mojica Katherine Mojica Camilo Montejo Santiago Rodríguez Maria Esperanza Mojica Camilo Alvarado Jairo Ramírez Mariana Sánchez Carlos R. Silva Cecilia de Mojica

Mayo 4 8 9 10 11 14 15 17 18 23 24 28

Camilo Henao Jimmy Mojica Jenny Fitch Leonor Arenas de Mojica Benjamín Silva Z. Julián Muñoz Carlos José Hanke Carlos José Fonseca Franz Richard Mojica Juan Carlos Candela Niño Gladys Liliana Niño David Silva Z.

Junio 2 2 13 14 16 18 22 23 25 26 27 29 30

Francisco Silva M. Ricardo Mojica Esperanza Rojas M. Claudia Silva G. Alejandro Mojica Lucía Rojas M. Ivonne de Niño Carolina Druet Mojica Consuelo Mojica Diana Mojica Juliana Mojica Nicolás Santiago Candela Martin Grosvenor


Fecha: 29 de Febrero de 2012 Asunto: Por fin apareció la máquina! Tuvieron que pasar tres meses de investigaciones, intrigas y súplicas hasta que al fin el Martes 11 de Octubre de 2011, a las once de la mañana llegó como por encanto una HITACHI EX120 tipo oruga, con pala extensible y 12 toneladas de capacidad. De propiedad de la siderúrgica, y aprovechando el receso pre-electoral en los trabajos en las minas de la Chapa, la retroexcavadora trabajó durante dos días, despejando primeramente el gran derrumbe del Calzo.

Para nuestra fortuna contamos con la presencia de la familia Ariza Mojica que estaba disfrutando de una semana de vacaciones y les cayó la tarea de supervisar directamente el

trabajo. Muy oportuna su presencia. Y gracias a los buenos oficios de Álvaro tenemos testimonios gráficos completos del evento. En la primera jornada se completaron seis horas de operación. La tarifa: $120mil la hora. El maquinista resultó un experto. El asistente del maquinista (Armando) fue guía inmejorable. Los supervisores limeños asistieron entusiastas. Y el clima estuvo favorable.

Esta vez la máquina de mayor capacidad y potencia que la contratada en Marzo logró cumplir en seis horas el objetivo: despeje total del derrumbe del Calzo; excavación y relleno de las grietas del sector con el material sobrante; revisión y remoción de derrumbes en el resto de la carretera; remoción de las piedras


que interrumpieron el paso frente a la Cabaña. En una segunda jornada de trabajo, el jueves 13 de octubre se trabajó en la quebrada de la Tomita. El invierno del primer semestre produjo una gran crecida y derrumbe de arboles y piedras que desvió y dividió el cauce de la quebrada, quedando inundados los predios aledaños.

La máquina ingresó por los predios de Victor Mojica y despejó la quebrada para devolver la corriente a su cauce original. Fueron cuatro horas de operación. Este trabajo fue costeado en partes iguales por El Fondo Limo y nuestros vecinos Llanos y Mojica.


FONDO ESPECIAL DE MANTENIMIENTO EL LIMO

RECIBO DE INGRESO

BOGOTA, OCTUBRE 15 DE 2011

No. 037

RECIBIDO DE:

PRIMER CONCURSO DE CUENTO “AMIGOS DEL LIMO”

LA SUMA DE:

SEISCIENTOS CINCUENTA MIL PESOS

................. $650.000

POR CONCEPTO DE: APORTE PARA LA RECUPERACION

DE LA CARRETERA VARITAS-LIMO V° B°: MARIA ESPERANZA MOJICA SILVA TEL. 6203958 MAT.PROF.2570057927 CND

Entre Octubre y Diciembre de 2011 recibimos aportes de: el Concurso de Cuento Amigos del Limo, María Paz Herrera Silva y familia Ariza Mojica. El plan de recuperación de la carretera fue nuevamente interrumpido por el gran invierno de Noviembre y Diciembre. Finalmente logramos la apertura de las cunetas en la primera quincena de Enero de 2012. A continuación un cuadro resumen de los movimientos del Fondo desde enero-2011 a enero-2012:

Comp. No. .001 .002 a .017 .018 .019 a .032 .033 a .034 .035 a .039 .040 a .042 .043 .044 .045 .046-.048 .049

FECHA 31-ene- 2011 21feb-15mar 16-mar 18 - 29mar 1 -8 abr 8 - 25 abr 11-15 jul 11-oct 13-oct 15-oct oct a dic ene- 31-2012

CONCEPTO ...vienen aportes limeños RETROEXCAVADORA aportes limeños JORNALES CUNETAS aportes limeños dinamita el calzo RETROEXCAVADORA RETROEXCAVADORA Concurso de Cuento aportes limeños JORNALES CUNETAS totales =

INGRESOS $ 675.000 $ 3.300.000

EGRESOS

$ 800.000 $ 2.100.000 $ 450.000 $ 2.100.000 $ 3.260.000 $ 735.000 $ 240.000 $ 650.000 $ 465.000 $ 9.290.000

$ 500.000 $ 5.985.000

SALDO $ 675.000 $ 3.975.000 $ 3.175.000 $ 5.275.000 $ 4.825.000 $ 6.925.000 $ 3.665.000 $ 2.930.000 $ 2.690.000 $ 3.340.000 $ 3.805.000 $ 3.305.000

- Maria Esperanza Mojica


A V I S O

P U B L I C I T A R I O

Bogotá, Marzo de 2012 Sres. EL MANGLE Reciban un especial saludo y felicitaciones otra vez por tan genial idea de promover el periodismo y la literatura entre la familia, y así mantener viva la llama del amor a la tierrita. Para deleite de los lectores de EL MANGLE me complace poner a la orden la PRIMERA COSECHA de MIEL 100% pura, producida por APíCOLA “EL LIMO “. En medio de los bosques de eucaliptos y mangles de nuestra querida tierra limeña y en asocio con un técnico de la región, hace seis meses inicié ésta agroindustria que rinde homenaje a las pasadas empresas familiares del LIMO: las gallinas y los gusanos de seda de Juan José, las colmenas de Luis Alejandro y años mas tarde de Javier, las tomateras y el hato de Pachito. El producto se ofrece en frascos de 500 gramos a un precio de inauguración de veinte mil pesos por unidad. Esperamos sus pedidos desde ya al teléfono (57-1) 620 3958. Pronto que se agota!! MARIA ESPERANZA


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No. 3 abr 2012 by El Mangle - Issuu