Edición No. 36
Octubre 2021
EL MANGLE
Marzo 2021
Periódico virtual y ecológico del árbol genealógico de raíces limeñas
Edición No. 34 limeñas
Marzo 2021
EL MANGLE
Periódico virtual y ecológico del árbol genealógico de raíces limeñas
Marzo 2021
limeñas Edición No. 34
EL MANGLE
Periódico virtual y ecológico del árbol genealógico de raíces limeñas limeñas
Edición No. 34
Periódico virtual y ecológico del árbol genealógico de raíces limeñas limeñas
EL MANGLE
Patio de los Pinos y fachada de la casona de El Limo Pastel sobre cartulina – Hernando Rodríguez, 1985
“La casa no es una arquitectura sino un ser que encierra un alma misteriosa… y al través de los siglos va adquiriendo una recia personalidad y una venerable belleza” (Eduardo Caballero Calderón - ‘Diario de Tipacoque’, 1950)
Editores: Beatriz de Silva y Luis Francisco Silva Diagramación: Luis Francisco Silva Sdsdsdsd
Contenido
Editorial Décimo Aniversario - Luis Francisco Silva
El balcón de la cabaña Hace diez años - Beatriz de Silva
10 años de El Mangle ¿10 años? ¿de verdad? - Germán Ruiz Silva 10 años de portadas El Mangle en cifras
El Correo de El Limo El Correo y la Sociedad de Amigos de El Limo - Luis Francisco Silva Recuerdos del Correo del Limo - Eduardo Silva Gil
Periódico ‘El Limo’ Primera Editorial (junio 7, 1994) El Limo y las raíces profundas de nuestra frondosa familia - Mojicas Dobles Última Editorial (febrero 4, 2009) Schisma El Limo - Citrus
Concurso de Cuento Entrevista a los organizadores del Concurso de Cuento
Anécdotas El Monstruo Amigo - Germán Ruiz Silva Paseo al Cocuy - Luis Francisco Silva La institutriz - Carlos Roberto Silva Mojica
Cuentos Testimonio, Testamento - Luis Alfonso Ruiz Vergara
El rincón de la poesía La brisa - Antonio José Silva, S.J.
El Baúl de los Recuerdos Mosqueteros Periodísticos
Gastronomía casera Arroz con coco colombiano - Luis Francisco Silva Pavlova - Luz Helena Silva
Notas sociales Cumpleaños Fallecimiento de Didier Druet Grado de Andrés Silva Díaz Fallecimiento de Hernando Silva Mojica, S.J. Guatemaltecos en Colombia
Cartas a la Redacción Ediciones Anteriores
Editorial Décimo Aniversario
Hace 10 años, en enero del 2011, el serbio Novak Djokovic ganó en Melbourne el Abierto de Australia, la segunda vez en su carrera que ganaba un torneo de Grand Slam. Djokovic ganó también Wimbledon y el US Open del 2011, empezando así su larga cosecha de títulos y terminando el año en el tope del escalafón de la ATP. En la ceremonia de premios Oscar de febrero de ese año, el actor inglés Colin Firth se llevó la estatuilla al mejor actor; la película que protagonizó, The King’s Speech, se llevó además los premios a mejor película, mejor director y mejor guion original. En abril la cadena de televisión estadounidense HBO estrenó la serie Game of Thrones, un fenómeno de audiencia que con los años llegaría a ser la serie de drama más galardonada de todos los tiempos. En agosto, Steve Jobs renunció al cargo de CEO de Apple por problemas de salud; falleció dos meses después, dejando un gran vacío en la industria de la tecnología, pero también un legado inmenso. En Colombia el presidente Juan Manuel Santos cumplió en agosto su primer año de mandato. Los diálogos con las FARC iniciaron en el 2011 el largo recorrido de varios años que terminaría con la firma del acuerdo de paz del 2016, un hito que marcaría el inicio de una nueva época para el país. En ese marco histórico, ese año dio nacimiento a dos iniciativas culturales de singular importancia para nuestra familia. Inspirado en una calavera que apareció un día de derrumbes de invierno en la carretera de El Limo, el Primer Concurso de Cuento fue todo un éxito. Más de 40 participantes de todas las edades atendieron entusiasmados a la convocatoria de Humberto Silva, Ana María Puerta y Juana Silva, y enviaron sus cuentos. La ceremonia de premiación, llevada a cabo en septiembre del 2011 en Bogotá, fue muy concurrida y hasta se transmitió en directo por Internet para que varios limeños residentes en el exterior pudieran participar del momento. Luego de la otorgación de los premios, Francisco Silva Mojica y Beatriz de Silva aprovecharon la reunión para anunciar a la concurrencia que tenían planeado publicar un periódico digital; un mes más tarde llegaría a los buzones electrónicos de la familia la primera edición de El Mangle.
Han pasado ya diez años desde ese primer concurso de cuento y ese primer número de El Mangle, y acá seguimos. Ya ha habido tres ediciones más del concurso de cuento, todas tan exitosas y con tanto despliegue de talento literario como la primera. El Mangle llega ya a su número 36, lleno siempre de noticias, anécdotas, fotos, recetas y poesía. Muchas cosas han pasado en la familia en esta década. Tristemente, se han ido algunos de nuestros seres queridos; pero también hemos acogido varios novios y novias que han pasado a formar parte de nuestra extensa familia, además que le hemos dado la bienvenida a este mundo a una cantidad de bebés, las generaciones nuevas de los descendientes de Mamá Carlota y Papá Juan José. En El Mangle hemos participado tanto de la tristeza de los fallecimientos como de las alegrías de grados, bodas, nacimientos, bautizos y aniversarios. Todos permanecemos así al tanto de esos aconteceres familiares mientras que las futuras generaciones quedarán con un registro de sus orígenes, de la misma manera que hace años estas noticias eran compartidas por los antecedentes de El Mangle: primero por el volante editado por Carlos Roberto Silva y familia, y posteriormente por el periódico El Limo editado por Carlos Hernán Mojica y familia. Gracias por permitirnos llevar El Mangle hasta sus hogares. Gracias por leernos, por enviarnos sus noticias, escritos y fotos para que sean compartidas con el resto de la familia. Esperamos continuar con esta labor de amor. ¡Feliz cumpleaños para El Mangle, y que sean muchos más!
- Luis Francisco Silva
El balcón de la cabaña Hace diez años
Me parece increíble que haya pasado tanto tiempo, diez años, desde una tarde lluviosa en que nos encontrábamos Pacho y yo sentados en la sala del apartamento tratando de solucionar un crucigrama. De pronto él se quedó callado unos minutos y luego me dijo: mija, he estado pensando escribir una especie de periódico familiar siguiendo el ejemplo de Carlos R. y Carlos H., algo que sirva como vínculo de unión entre los familiares limeños dispersos hoy por todo el mundo. Por eso he pensado que no sería una publicación impresa sino virtual para poder enviarlo fácilmente a todas partes. Le pregunté cuándo le surgió esta idea y me dijo que estando en La Cabaña sentado a la sombra del mangle frente a la casita pensó que era una buena idea. Yo le dije que me parecía muy bien y que lo apoyaría en lo que pudiera. De inmediato lo bautizó ‘El Mangle’, pues esa había sido su inspiración. Desde un principio tenía muy claro el libreto: Editorial, una columna llamada El Balcón de La Cabaña, el Rincón de la poesía, etc. y luego propuso que tuviéramos una temática específica en los primeros ejemplares como lo fue CONOZCÁMONOS para que conociéramos a los descendientes de los hijos de Papá Juan José y Mamá Carlota y por consiguiente a las nuevas generaciones, especialmente las que viven distantes y con las cuales no hemos tenido canales
de comunicación. Muchos miembros de la familia tal vez ni siquiera conocen el lugar de sus raíces. Fue así como se inició la publicación de El Mangle, que sacó su primer ejemplar en octubre del 2011. Esperamos poder continuar con el legado de Pachito por mucho tiempo, para lo cual necesitamos contar con la colaboración de todos mediante el envío de foto y escritos. Así nuestros lectores encontrarán todo tipo de lecturas: anécdotas de viajes, delicias culinarias y acontecimientos familiares como nacimientos, bautizos, grados, matrimonios, etc. Muchas gracias. - Beatriz de Silva
10 años de El Mangle ¿10 años? ¿de verdad?
¿10 años de EL MANGLE? ¿...seguro? ¿Y es que en tan poco tiempo cabe tanta historia de esta familia? Tanta foto, tantísima crónica, tantos nacimientos, tantos bautizos y primeras comuniones, tantos grados, tantos matrimonios y adioses y abrazos y besos y risas y lágrimas, saludos y despedidas, recetas y poesías, ... ¿cabe tanto en 10 años ? Yo creo que son más y que nos dicen que son solo 10 para no afanarnos por el paso inexorable del tiempo que está quedando grabado para siempre, para nosotros y las generaciones por venir, en esas pequeñas páginas maravillosas, conmovedoras, bellas, sensibles, eternas... de El Mangle, nuestro Mangle, el más valioso registro de lo que es y ha sido esta familia. ¡El Cielo nos siga bendiciendo! ¡Mil abrazos! - Germán Ruiz Silva
10 años de portadas
El Mangle en cifras
Ediciones
Páginas
Páginas/Edición en promedio
Notas / Artículos
Autores
Recetas
Lectores en lista de correo
Edición más corta (#4)
Edición más extensa (#32)
El Correo de El Limo El Correo y la Sociedad de Amigos de El Limo
A finales de la década de los 70 empezó a circular un periódico nacido en El Chicó, en el consultorio de Carlos Roberto Silva Mojica. Titulado “El Correo de El Limo”, este periódico (un volante de un par de páginas) era el vehículo que usó su creador para difundir noticias de interés a la comunidad limeña. Eran los primeros años de la Sociedad de Amigos de El Limo, así que era importante contar con un medio de difusión que recogiera noticias y acuerdos. El Correo de El Limo y la Sociedad de Amigos de El Limo tuvieron la importante labor de acercar a la creciente familia y unirla en torno a la causa común del mantenimiento y mejoras de la casona. En esas páginas, escritas por Carlos Roberto en su máquina de escribir y distribuidas de casa en casa, se esbozaban los estatutos de la nueva sociedad, se reportaban las actividades de diversos comités de obras, y se incluían noticias familiares, anécdotas varias y una que otra foto. A continuación, incluimos algunas páginas de esos correos, facilitadas por María Esperanza Mojica, nuestra historiadora de cabecera. - Luis Francisco Silva
Presentación del proyecto de fundación de la Sociedad de Amigos de El Limo Febrero 7 de 1976
Primera página de los Estatutos de la Sociedad de Amigos de El Limo Febrero 7 de 1976
Ejemplar del Correo de El Limo Abril 5 de 1976
Recuerdos del Correo del Limo
Por: Eduardo Silva Gil Carlos R. en su estudio, sentado frente a su máquina de escribir Remington. Una cinta mitad negra y mitad roja giraba despacio y un rodillo que se desplazaba unos pocos milímetros de izquierda a derecha cada vez que tecleaba. Dos dedos índices, apuntando al teclado, se movían vertiginosamente e iban presionando tecla tras tecla, letra tras letra, con una velocidad admirable. Tin: se escuchaba una campana cuando terminaba el renglón. Luego se escuchaba trrrrrrr tás! mientras pulsaba la palanca que llevaba de nuevo el rodillo a su lugar en el extremo izquierdo y que a su vez desplazaba la hoja un poco hacia arriba para iniciar el texto en un nuevo renglón. Sé que para la mayoría de los lectores de “El Mangle” el párrafo anterior no les será posible entender. Nunca han visto una “máquina de escribir”. Sí. En el pasado existió la “máquina de escribir”. Pero no tenía cualidades que hoy se manejan como el “copy-paste”, el diccionario, el auto-corrector de texto, el selector de estilo de letra y muchísimas otras funciones que ofrece el programa “Word”. En esa época, había que tener muy claro que se quería escribir, pues si, luego, a uno no le gustaba un párrafo, había que destruir toda la hoja y teclear de nuevo. Carlos R era muy bueno escribiendo. Se inspiraba muy bien. Pocas veces repetía una página. Él escribió todas las publicaciones. Seguramente consultaba con Norela y buscaba su aprobación cuando se atrevía a escribir alguna broma. Sus principales motivaciones al crear la Sociedad de Amigos de El Limo y publicar periódicamente el “Correo de El Limo” eran 1. mantener la unidad familiar y 2. crear un mecanismo para preservar la casona que, en pocos años tendría tantos dueños que ninguno asumiría el mantenimiento. Si no se creaba un mecanismo de unión hacia una causa común, la casa entraría en ruinas. Y hoy, cuarenta y cinco años después, todavía la casa está ahí. Erguida y orgullosa. Bella y evocadora. Imponente y sencilla. Adornada con coloridos buganviles y flores, luciendo un bellísimo tejado, ventanas y puertas de madera hechas por artesanos boyacences de hace dos siglos! Había un reportero gráfico: el fotógrafo exclusivo era Enrique Silva Gil quien aprendió de su profesor, Luis Gabriel Mojica, el arte de la fotografía y el revelado
de los rollos. ¡En esa época existían rollos y había que revelar las fotos! De cada rollo se podían tomar veinticuatro o treinta y seis fotos solamente. Las fotos del Correo del Limo eran en blanco y negro. Generaba un “negativo”. Que era una larga cinta de color ocre oscuro que al verla al trasluz se distinguían las imágenes de cada foto en colores extraños. Era necesario “revelar” los negativos para plasmar en papel las imágenes que contenían. Esto se hacía en un cuarto oscuro, usando varios líquidos especiales. El primo Luisga podría escribir un artículo sobre el revelado y los “secretos del cuarto oscuro”, que no solo lo usaba para revelar..... El Correo de El Limo era de una o máximo dos páginas. Como no había email, se repartía de casa en casa, ya fuera Carlos R., Norela o cualquiera de sus hijitos, que aprovechaban para pedir prestado el carro de Carlos R y salir a “quiciar”. Por favor, averigüe cada uno qué quiere decir “quiciar”. La entrega en casa de Mamá Rosita era la mejor, pues uno entraba y nos daban onces con chocolate, galletas “Macarena”, o, si teníamos suerte, las deliciosas galletas de Mamá Rosita recién horneadas. El Correo de El Limo promovió varias actividades familiares que ayudaban a cumplir los objetivos, unión familiar y recolección de fondos para el mantenimiento de la casona. Una de ellas fue un concurso de fotografía. La velada de premiación fue muy agradable, con viandas que aportaban las señoras, el tiple del tío Carlos Hernán, la flauta de María Esperanza, la voz de la tía Norela, acompañadas por la tía Cecilia que era muy diestra en tocar las “cucharas de palo”. Sí, sobrinos del siglo XXI. Investiguen, busquen y encontrarán que las cucharas de palo jugaron un papel muy importante en el acompañamiento rítmico de las piezas de música tradicional. Varias de las fotos premiadas se exhiben todavía en la sala y comedor de la casona. Es admirable la labor de Luis Francisco y Beatriz, los editores actuales de “El Mangle”, al haber continuado con la iniciativa de Carlos R. Se sorprenden nuestros amigos cuando se enteran que nuestra familia tiene su propio periódico. Es un caso bastante inusual. Felicitaciones por ese esfuerzo tan especial que ayuda a mantener informada y unida a la familia, especialmente en el siglo XXI cuando hay Silvas y Mojicas en los cinco continentes.
Periódico ‘El Limo’ Primera Editorial (junio 7, 1994)
El Limo y las raíces profundas de nuestra frondosa familia
Por: Mojicas Dobles El Limo huele a eucalipto, helecho macho, humo de chimenea, canto de cúchica y asado en el patio. Así fue producir el periódico de El Limo, cada edición un compendio de esfuerzos, ciencias ocultas y chismes no tan ocultos, pensar en esas sesiones de lectura en familia, de diseño, de redacción, evoca lazos familiares fuertes, y múltiples mentes con experticias diferentes. ¿Qué haríamos sin nuestro editor en jefe? Que además estaba pendiente de situaciones familiares, misas, cumpleaños y todo tipo de onomásticos para obtener el detallado relato de sus protagonistas. ¿Los diseñadores, los ilustradores; las mentes brillantes que ideaban columnas y apartados con temas siempre diversos? ¡Cómo olvidar el Limograma, único en su especie! Y los aportes de nuestros “pequeños limeños”. ¿La paciente labor del sector social siempre al tanto de los cambios demográficos de la frondosa y siempre creciente familia? “Las memorias de Mama Rosita” llevaron a nuestros lectores jóvenes a conocer momentos maravillosos que marcaron a nuestra familia y “el balcón de la cabaña” preludio para el actual periódico familiar el Mangle. No es fácil contar con una familia tan prolífica, con tantas historias por contar y tantas por crear; porque no podemos negarlo, nuestros genes tienen tanto de literato como de científico, con diferentes ajustes en la balanza. No eran solo las historias... sino los cuentistas ... ¿cómo olvidar a Quintiliano? ¿a Citrus? ¿a Pantaleón? El Limo hizo que las plumas familiares salieran a relucir y que las historias detrás de los seudónimos llegaran a las diferentes generaciones. Para nuestra familia Mojica Mojica fue maravilloso ver cómo nuestro Limo hizo que los nuevos integrantes de la familia que le habían tomado amor con tanto veraneo, subida y bajada de colchones y loza, caminata, pesca y bicicletiada fueran una parte muy importante del periódico, escribieron, diagramaron, investigaron y las raíces profundas los abrazaron y acogieron alrededor de la chimenea.
Luego de la lluvia de ideas y el diseño inicial, pasaban largas horas de digitalización, diseño y diagramación; el producto final era releído en familia (siempre creciente), y ya aprobado pasaba a la fase de impresión y “fotocopia”. El sello final: el “label” con el nombre de cada familia que a máquina uno a uno Tipeaba nuestro inolvidable editor. A sus casas llegaba entonces, acompañado de la amable sonrisa de mi papi, con sus anécdotas y el infaltable Volkswagen; la edición no se limitaba a aquellos que colaboraban con la cuota, para todos había amor y calidez de familia y así nacieron las “ediciones oveja negra”, denominadas así por alguna experiencia desagradable de nuestro Nobel. El periódico no fue solamente información, vínculo, calor de familia, amigos y parientes, remembranzas y jalones de orejas de Juanchito sin miedo que, con Toñito y Hernandito pusieron su grano de arena en nuestro crecimiento personal; también se materializó en numerosos eventos familiares al calor de las fotos del abuelito Abel, las películas de tío Luchito, la habilidad culinaria de las matronas, las cometas, la astronomía y otras tantas experticias de la frondosa familia. Nos quedan además de los recuerdos y los lazos imborrables y las fotos y un “montón de diarios apilados”, la certeza del deber bien hecho, el polideportivo, la mesa de ping-pong, el sapo y demás elementos lúdicos que reposan en la casona para diversión de chicos y grandes y recuerdo eterno de nuestro editor en jefe y su última y póstuma edición, que se desarrolló en su honor en el 2009, acompañada de lágrimas y sonrisas.
Comité Editorial en pleno. Rodeados de los nietos de Carlos H y Carlotica , en la foto están Álvaro Ariza, Ángela Mojica, Juan Guillermo Vélez, Diana Mojica, Alberto Vargas, Marcela Mojica, Carlos Hernán Mojica, Carlota Mojica, Jorge Lozano, Carlota Mojica de Mojica, José Mojica Perico, Carlos Hernán Mojica Márquez
Última Editorial (febrero 4, 2009)
Schisma El Limo
Por: Citrus El vocablo griego schisma derivó en el latín schisma que llegó al castellano como chisme, un cotilleo, una habladuría. Hoy revelaremos algunos chismes del periódico El Limo, legendario panfleto que algunos recordamos y que para las nuevas generaciones es un “periódico de ayer...” Pero el motivo de las curiosas intimidades que revelaremos del interior del periódico El Limo no es el de indisponer a nadie. Solamente queremos transferir una información privilegiada que al sol de hoy ya puede ser oreada como mazorcas en la baranda del patio. El origen de El Limo se remonta a una conversación de pareja de hace muchos años. Esta conversación incluía dos tópicos omnipresentes entre los limeños: diversidad de opinión y finanzas. ¿Cómo hacer para que las opiniones puedan ser expresadas y cordialmente controvertidas con parientes que tienen otras perspectivas? ¿Cómo hacer para atender las necesidades de infraestructura de la casona? La conversación concluyó con una propuesta: un periódico. El periódico sería la herramienta que permitiría procesar los dos temas. A través de la publicación de ideas se podría tomar decisiones con mejor ilustración de los diferentes puntos de vista y eventualmente acercar opuestos. Adicionalmente el periódico sería el instrumento para reunir denarios destinados al tema de infraestructura, como ya dijimos, omnipresente. Adicionalmente contábamos con un “experto” en periódicos pues Carlos Hernán Mojica Márquez había tenido experiencia trajinando con tipografía y con periódicos previamente. La energía juvenil de sus cuatro hijas, las cuatro hermanas Mojica Mojica y posteriormente la de Tache echó a andar la iniciativa bajo la dirección y supervisión de Carlos Hernán y Carlota. Los respectivos esposos de las cuatro hermanas también participaron: entre todos se conformaba el Comité Editorial. Particularmente a destacar la labor de Jorge Lozano, esposo de Carlota Mojica Mojica, quien como diseñador gráfico se encargó de la diagramación en ocasiones apoyado por Juan Guillermo Vélez el otro diseñador del clan.
Con el paso del tiempo y luego de más de cincuenta ediciones se llegó a la conclusión que el objetivo de brindar un canal de comunicación se logró, no siempre logrando consensos. El objetivo de conseguir financiación para infraestructura de la casona y sus alrededores también se logró, aunque no con el entusiasmo esperado. La experiencia confirmó algo que al sol de hoy no es ningún misterio: “vender” medios impresos no es tan buen negocio. Además, nuestro jefe de reproducción (léase fotocopiado) y de repartición a domicilio, don Carlos Hernán, tenía un corazón extraordinariamente generoso y usualmente imprimía varios ejemplares “oveja negra” (léase piratas) que distribuía a título de publicidad, mermando las potenciales suscripciones. El hecho es que para lograr ingresos más sustantivos iniciamos una serie de actividades -con ánimo de lucro- para financiar obras de infraestructura. El Culimo, el Comelimo, el Concurso de Fotografía que realmente dieron mejores resultados. La obra más representativa de estos esfuerzos es el polideportivo. Durante más de 10 años le trabajamos al periódico, pero con el paso del tiempo el trabajo que inició como un encuentro familiar fue siendo abandonado pues las diferentes obligaciones familiares incluyendo el nacimiento y crecimiento de los hijos hizo que las labores del periódico fueran concentrándose en unos pocos. Y eventualmente llegó el momento en que El Limo dejó de cumplir con sus objetivos. Por este motivo se tomó la decisión de no continuar con la publicación. Sin embargo, El Limo fue un capítulo de la historia de los limeños y de la casona. Hermosos recuerdos en esas hojitas fotocopiadas nos acompañarán a quienes le trabajamos y a muchos de quienes la leían hasta la última letra. Vale la pena resaltar que cada vez que se abre el compendio completo de las ediciones encontramos tesoros que nos refrescan como el sonido de la brisa en las copas de los eucaliptos en el patio. Lo maravilloso es que 20 años después tenemos El Mangle. Un abrazo de agradecimiento inmenso a sus creadores. Otra generación, otra estrategia, la modernidad, canal digital, tecnología de punta disponible para procesar información. ¡Qué bendición para celebrar el ancestral espíritu afincado en Hormezaque!
Concurso de Cuento Entrevista a los organizadores del Concurso de Cuento
El décimo aniversario de El Mangle va de la mano del Concurso de Cuento. En exclusiva logramos entrevistar a los creadores y organizadores del concurso, Juana Silva, Humberto Silva y Ana María Puerta, para que nos contaran algo del concurso que ya va por su cuarta edición.
Humberto Silva, Juana Silva Puerta, Ana María Puerta
El Mangle: ¿Cómo surgió la idea de hacer un concurso de cuento? Concurso de Cuento: El concurso de cuento nació casi que por azares del destino. A raíz de un fuerte invierno, por allá en el año 2010, que hizo que se produjera un deslizamiento en la zona del Calzo y que varias rocas de gran tamaño se rodaran, poniendo en peligro las casas de la finca, la carretera a Varitas quedó en un estado lamentable y se comenzó a plantear la idea de recolectar fondos para su reparación. Sin embargo, el invierno no solo trajo piedras rodantes, ¡también desenterró nada más ni nada menos que una parte de cráneo humano! Nadie se
explicaba de dónde había podido salir, y menos a quién le había pertenecido. La sorpresa fue tan grande y la curiosidad tan poderosa que se nos ocurrió unirla con el deseo de rescatar la vía a la casona haciendo un concurso de cuento, a ver si entre tantas historias imaginadas podíamos darle “vida” a esa calavera. E.M.: ¿Cómo deciden los temas de los concursos y los trofeos? C.D.C.: El primero fue muy claro porque el tema nos llegó directo desde las entrañas del cañón del Chicamocha, así que solo tuvimos que darle forma. Para ese primer trofeo nos escapamos una tarde a la tienda Cachivaches y ahí encontramos los esqueletos que se convirtieron en nuestra interpretación de un premio Oscar. Cuando ya empezamos a pensar en nuevas ediciones, el reto grande era encontrar un tema lo suficientemente amplio como para satisfacer la curiosidad y la creatividad de nuestros escritores, pero que al mismo tiempo no perdiera el vínculo con la vereda, las casas y la tradición familiar. Así fueron apareciendo las Historias de Carretera, que surgió del recuerdo de los largos viajes en carro para llegar a El Limo con un premio ideal que era la chiva; luego llegó En busca de la magia, en donde quisimos conectarnos con ese lado fantástico y fabulesco que tiene nuestra familia, y para eso nos inventamos un premio con una estrella de origami hecha a mano, también bastante mágica. Por último, llegaron las Historias desde casa, en un momento coyuntural de la pandemia y estrenando un formato 100% virtual que nos sirvió para unirnos como familia a pesar de la incertidumbre y el encierro.
E.M.: ¿Anticipaban la acogida que ha tenido el concurso, con participantes nacionales e internacionales de todas las edades? C.D.C.: ¡Nos tomó totalmente por sorpresa! Cuando lanzamos la primera edición teníamos el miedo de que nadie fuera a entusiasmarse, pero la participación fue arrolladora: recibimos cuentos de varias ramas de la familia, de un montón de países y de todas las edades. Luego, con las otras ediciones, teníamos la difícil tarea de mantener el interés, lograr captar nuevas voces y, sobre todo, seducir a los más jóvenes, porque al final todo esto es por esas nuevas generaciones que van a seguir y en cuyas manos está el futuro de esas tierras. En ese sentido, fue refrescante ver la cantidad de participantes que tuvimos en la última edición en 2020 (varios de ellos autores que participaban por primera vez).
E.M.: ¿Cómo es la escogencia del jurado? C.D.C.: Procuramos siempre escoger a los jurados teniendo en cuenta su cercanía con la familia y el cariño que puedan tenerle a un proyecto loco como este, pero también los escogemos por su hoja de vida, por su criterio editorial y por el tiempo que tienen para dedicar a la lectura y discusión de los cuentos. Hemos tenido el inmenso honor de contar con jurados de gran categoría como la escritora y columnista Yolanda Reyes, el poeta y gestor cultural Federico Díaz-Granados, así como profesionales dedicados al mundo de la literatura desde distintos frentes como Patricia de Narváez, Isabel y Emilio Calderón, Miguel Hernández y Mercedes Medina. Todos ellos han aportado y nutrido este concurso de cuento y han sido componentes invaluables para lograr el éxito que hemos tenido durante más de una década.
E.M.: ¿Es cierto que la categoría UVOS (36 años en adelante) es la más competida? ¿Por qué creen que sea así? C.D.C.: Para nadie es un secreto que en esta familia hay un gran número de plumas distinguidas y escritores apasionados, así que podemos decir que todas las categorías tienen su grado de dificultad; sin embargo, en los uvos es donde históricamente hemos recibido el mayor número de cuentos y también donde hemos tenido a los participantes más ambiciosos, así que de pronto es esta mezcla de circunstancias la que hace que en esta categoría la competencia sea tan reñida.
E.M.: ¿Alguna vez han tenido que descalificar a alguien por enviar más cuentos de los permitidos, o por excederse de las dos páginas? C.D.C.: Este concurso trata de ser lo más incluyente posible, pero claro, hemos tenido que pedirles a algunos participantes entusiastas que escojan solo un cuento (entre los muchos que suelen mandar). También hemos tenido que poner en regla a uno que otro que se ha excedido con el número de páginas reglamentarias, pues más de uno ya ha sufrido por la “cuchilla” de los jurados cuando se dan cuenta de que alguien no cumple las reglas.
E.M.: ¿Hay algún cuento que recuerden especialmente? C.D.C.: En todas las ediciones hemos tenido cuentos fabulosos. Disfrutamos mucho leyendo todas las historias que nos llegan y es un privilegio poder ser los primeros lectores de todos sus cuentos antes de que vean la luz. En el último
concurso, por ejemplo, recordamos un par de cuentos muy creativos que hablaban de los gatos en la pandemia y que nos sacaron más de una carcajada.
E.M.: ¿Se imaginaron que el concurso llegaría a una cuarta edición? ¿Tienen planeado hacer más? C.D.C.: Cuando empezamos este proyecto, hace ya más de diez años, no nos imaginamos que el concurso fuera a ser tan popular. En un principio pensamos en hacer solo una edición, recaudar los fondos de la carretera y dejarlo para el recuerdo familiar; sin embargo, fue el entusiasmo de los cuentistas y la importancia de mantener vivos los lugares de encuentro lo que nos impulsó a seguir apostándole a esta loca idea que ya nos ha dado cuatro ediciones, varios ganadores y cientos de cuentos memorables. En cuanto a la posibilidad de una nueva edición... ¿quién sabe? De pronto a esta familia le quedan todavía más historias por contar.
Anécdotas El Monstruo Amigo
En un lejano y misterioso país de cuyo nombre no quiero acordarme, un país martirizado por todos los males de La Tierra juntos, en un remanso admirable de armonía y paz había una vez un pequeñín muy conversador, muy despierto y curioso y observador, que con solo 20 meses de nacido, recién saliendo del gateo para caminar erguido, ya tenía en su precoz vocabulario de 20 palabras que usaba con toda propiedad y una de ellas era “camión”, pronunciada con emoción y tono alto, casi gritando, … “CAMIÓONNN!!”… porque resulta que una noche cualquiera, estando paradito frente a la ventana del comedor de su casa, en medio del silencio, la calma total y la soledad nocturnal de la calle, pasó a pocos metros frente a él un estrepitoso camión de la basura, como gigantesco monstruo antediluviano, rugiente, espumeante, engullendo canecas despiadadamente, tosiendo, expeliendo humos y malos olores, con luminosos ojos amarillentos al frente y luces rojas parpadeantes en la cabeza, amenazador y terrible… El niño, súbitamente asombrado por esa aparición deslumbrante, alzó espontáneamente su manita como saludando temeroso, la mamá solícita a su lado le dijo suavemente “es un camión de la basura” y él repitió inmediatamente “CAMIOONN”… los dos operarios colgados atrás del monstruo alcanzaron a ver
al niño y alcanzaron raudos a devolverle el saludo, estableciendo a partir de allí una extraña e inusitada relación entre toda la inocencia y delicadeza y ternura del niño y toda la rudeza, suciedad, ordinariez y sudor de estos nobles recogedores de todo lo que todos los habitantes de la gran ciudad botamos a diario. Lunes, miércoles y viernes a las 7.30 pm, el niño se para frente a la ventana acompañado de su perrita mascota a esperar maravillado el paso del monstruo amigo, que pita y parpadea y le manda saludos, mientras los operarios en él cambian por un instante la severidad sin contemplaciones de su cruel oficio, por el saludo de un diminuto ser desde una ventana iluminada de cariño... Ahora el niño juega ilusionado con la pequeña réplica en madera que tiene de su monstruo amigo y sus extraños amigos operarios de esa ilusión nocturna, después de su agotadora jornada parecen aliviar sus existencias con el recuerdo de esa inesperada aparición angelical registrando sus cansados pasos… No sé por qué estoy llorando... - Germán Ruiz Silva, septiembre 2021
Paseo al Cocuy
Camino al nevado: Luis Francisco Silva, Adriana Silva, Francisco Silva, Jorge Cornejo, María Clara Silva y Carolina Gil A mediados de los 80, mis papás resolvieron un año planear un paseo a Boyacá distinto a nuestra acostumbrada ida al Limo para las vacaciones. El destino: la Sierra Nevada del Cocuy. Nunca habíamos conocido la nieve, y lo más cerca que habíamos visto el nevado era desde Varitas, en esos días de verano en que el cielo está despejado y se alcanza a apreciar un pico blanco en la distancia. Llegado el día, empacamos los carros como para una ida al Limo; además de mis papás y mis hermanas, iban mi primo Jorge y Carolina Gil, una amiga de Adriana del colegio. La mitad de la ruta era como ir al Limo: Bogotá-Tunja-Paipa-Duitama-Belén. Al llegar a Belén hicimos la escala de rigor en La Lonchería para disfrutar de esos deliciosos helados de frutas y abastecernos de panelitas, mantecada y otras colaciones. Desde Belén nos separamos de la ruta que va a Paz de Río, tomando en cambio la carretera que lleva a Tipacoque, pasando antes por Susacón y Soatá.
Ruta Belén – Soatá – El Cocuy Nuestro objetivo de la jornada era Soatá, así que no fuimos hasta Tipacoque, pero creo que vale la pena hacer un paréntesis para hablar de esta población de nombre peculiar que tanto le escuchaba a mi papá. Ahí queda la Hacienda Tipacoque, propiedad de la familia de Lucas Caballero Barrera, un General liberal de la Guerra de los Mil Días. Casado con María del Carmen Calderón, oriunda de Duitama, el matrimonio Caballero Calderón tuvo cinco hijos entre los que se cuentan el famoso periodista de El Tiempo Lucas Caballero Calderón ‘Klim’ y el escritor, periodista y diplomático Eduardo Caballero Calderón, padre del periodista y escritor Antonio Caballero, el pintor Luis Caballero y la escritora Beatriz Caballero. El pueblo de Tipacoque se fue formando con los años alrededor de la hacienda de la familia Caballero. No era más que una vereda del municipio de Soatá; luego fue designada como inspección de policía y finalmente en 1968 se convirtió en municipio por derecho propio luego de una campaña organizada por Eduardo Caballero Calderón, quien fue el primer alcalde de Tipacoque. La región y sus habitantes fueron la inspiración de buena parte de la obra literaria de Eduardo Caballero Calderón, como las novelas Siervo sin Tierra y El Cristo de Espaldas. La casa colonial de la hacienda fue declarada patrimonio histórico en 1970. A la primera persona que le escuché hablar de Tipacoque y los Caballero fue
a mi papá; de él heredé la afición por los escritos mordaces de Klim y Antonio Caballero. Queda para la lista hacer algún día el viaje a conocer Tipacoque, la hacienda que se convirtió en pueblo. Cuando la mencionaba mi papá, yo me la imaginaba como la casona de El Limo, una edificación única en su humilde entorno campesino, como un sol brillante y caluroso en torno al cual gravitan los miembros de la familia. Cierro paréntesis. “La casa no es una arquitectura sino un ser que encierra un alma misteriosa… y al través de los siglos va adquiriendo una recia personalidad y una venerable belleza” - (cita extraída del ‘Diario de Tipacoque’, de Eduardo Caballero Calderón. 1950) Nos quedamos un par de días en un hotel de Soatá, un pueblo tranquilo y de clima templado muy agradable. Soatá es reconocido como la ciudad datilera de Colombia, pues es el único municipio del país en donde se cultiva el dátil, fruto de una palma de origen africano. No sé cómo ni cuándo ni porqué llegó esa palma egipcia a ese pueblo remoto del Norte de Boyacá, pero el caso es que en Soatá se ven dátiles por todos lados. Hay palmas en la plaza, en los jardines y en todos los senderos, y venden dátiles para comer en diversas presentaciones: desde las frutas secas sin cáscara para comer solas, hasta mermeladas y bocadillos de dátil. Es una fruta con un contenido muy alto de azúcar, así que es ideal para elaborar caramelos y otros dulces.
Palma de dátil, sus frutos y mermeladas y otros dulces que se producen en Soatá Claudia estaba muy pequeña, así que mi mamá se quedó con ella en Soatá, acompañadas de nuestro fiel perro Babar. Los demás nos embutimos todos en el campero Daihatsu de mi papá y emprendimos camino al Cocuy. La carretera al Cocuy pasa por varios pueblos de nombres curiosos: Boavita, La Uvita, San Mateo, Guacamayas y Panqueba. Por el trayecto mi papá nos contaba algo de historia patria, remontándose a la época sangrienta que los colombianos conocemos como La Violencia. Los pueblos boyacenses eran por lo general de tradición conservadora, siendo Tipacoque y El Cocuy la excepción de mayoría liberal en medio de pueblos conservadores. Había por eso muchas peleas entre pueblos vecinos, y el progreso o retroceso de los pueblos dependía del partido de gobierno de turno. Cuando se desató el Bogotazo tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el entonces gobernador de Boyacá envió tropas de refuerzo para contrarrestar la turba que saqueaba la capital. En este grupo venían decenas de voluntarios de una vereda de Boavita llamada Chulavita: eran los temibles chulavitas, quienes entraron a sangre y fuego a la capital y protagonizaron muchos episodios de violencia durante ese capítulo oscuro de
nuestra historia. El pueblo vecino de Guacamayas, en cambio, es famoso por algo más pacífico y agradable: sus coloridas artesanías de cestería en rollo elaboradas con fique y paja.
Artesanías típicas de Guacamayas Luego de tres horas de carretera destapada llegamos a El Cocuy, el pueblo donde nació mi tío Toñito. A la entrada del pueblo había una valla grande que proclamaba con orgullo que El Cocuy había sido elegido hacía un par de años como el pueblo más lindo de Boyacá, quitándole el título a Monguí. Después de haber estado unos días con el calorcito de Soatá, el frío de la “ciudad nevado” se hacía todavía más pronunciado, así que mi papá nos llevó a una cafetería a tomar agua de panela caliente con colaciones. Una cosa que recuerdo mucho del Cocuy es que el exterior de todas las casas estaba pintado de blanco con una franja verde pálido, color que se extendía a las puertas, balcones y los marcos de las ventanas. A esta tonalidad particular de verde le llaman “verde Cocuy”. Dicen que las casas fueron pintadas así hace muchos años, por inspiración del General Santos Gutiérrez, nativo de El Cocuy y presidente de los Estados Unidos de Colombia de 1868 a 1870, para ayudar de cierta forma a acabar las disputas entre liberales y
conservadores. La iglesia tiene franjas color amarillo mostaza, contrastando con el blanco y verde del resto del pueblo.
El Cocuy Pasamos la noche en un pequeño hotel, y durante la comida mi papá se puso a averiguar la ruta ideal para subir al nevado al otro día. En esa época no había operadores turísticos como ahora, así que todo era a punta de preguntarle al señor de la tienda o a la señora del restaurante. Luego de varias consultas,
aprendimos que la ruta desde El Cocuy era mucho más larga; pasaba por la Laguna de La Plaza y el famoso Púlpito del Diablo, pero era una travesía tal vez muy pesada para nuestro grupo juvenil. Así que a última hora cambiamos de plan, y al madrugar al otro día echamos carretera rumbo a Güicán, desde donde era más fácil el ascenso a la sierra nevada. Mi papá además estaba contento de que conociéramos Güicán, la ciudad cuna de su padre, mi abuelo Papá Roberto. Como pueden ver, en ese viaje aprendí mucho de la historia del país y de la familia. De Güicán recuerdo que también hacía frío, pero sus casas no estaban pintadas de blanco como en El Cocuy; se parecía más bien al pueblo de Socha. Ahí mi papá consiguió los datos de un sitio camino al nevado en donde nos podían alquilar unos caballos, y arrancamos para allá. En el camino cruzamos un puente y mi papá se detuvo a preguntarle a un campesino que iba caminando a un costado de la carretera, para confirmar que fuéramos por la ruta correcta. —Bueenaaas —saludó mi papá. —Buenos días, sumercé —respondió sonriente el campesino. —¿Este río que pasa por aquí es el Río Nevado, o el Río Cóncavo? —Sí. —¿Sí qué? —¡Sí, doctor! No fue de mucha ayuda la indicación, pero nos reímos mucho. Proseguimos y finalmente llegamos a las cabañas Kanwara, cerca al pie de la sierra. Son unas cabañas muy lindas que todavía siguen en funcionamiento. Este sitio es perfecto para los que planean pasar varios días explorando la sierra, pero nosotros íbamos en plan de un solo día. Ahí dejamos el Daihatsu y alquilamos los caballos, y empezamos el ascenso por el sendero que lleva al Ritacuba Blanco, el pico más alto de la Cordillera Oriental (más de 5300 metros sobre el nivel del mar). Los caballos hacían más fácil el ascenso, aunque nosotros no teníamos mucha experiencia montando a caballo así que pasamos por un par de peripecias. María Clara iba feliz cantando todo el camino; englobada en su canto y sin prestar atención por donde iba su caballo, casi se va por un barranco hasta que mi papá con un grito la sacó de su nube. Luego de un par de horas llegamos al sitio en donde empieza la nieve; ¡por fin!
Luis Francisco, Maria Clara y Luz Helena conociendo la nieve Pasamos un buen tiempo caminando alrededor, apreciando el paisaje único, con esas piedras como de la Luna cubiertas de blanca nieve. Hoy ya no se puede caminar sobre la nieve aparte de unos senderos demarcados, y para ir hay que sacar permisos pues hay límites al número de personas que pueden pasar por día; es más, tampoco son permitidos los caballos pues éstos ocasionan daños en la
vegetación, pisoteando los delicados frailejones. Esas medidas han sido necesarias pues el turismo masivo y el cambio climático han afectado severamente el balance de la cordillera, causando una disminución considerable de los glaciales. Tristemente, se estima que lo más posible que en un par de décadas ya no habrá más nieves perpetuas en el Cocuy.
Ruta desde Güicán hasta las cabañas Kanwara El regreso fue más rápido pues era en bajada, tanto que en el último par de kilómetros el caballo de mi primo Jorge y el mío empezaron a echar carreras y a ir cada vez más rápido. Al saltar por una zanja mis pies se salieron de los estribos, y viendo que no lograba hacer que el caballo frenara, me resolví por tirarme al piso. Terminé la jornada un poco golpeado, pero el paseo bien valió la pena. Emprendimos luego el camino de regreso hasta Soatá, a contarle a mi mamá y a Claudia sobre nuestras aventuras en el Cocuy. - Luis Francisco Silva
La institutriz
Por: Quintiliano (Carlos Roberto Silva Mojica) Todas las veces que llego a la casona surgen en mi imaginación las sensaciones más extrañas: voces, ruidos, susurros, imágenes, fantasmas y demonios. En esa casa misteriosa había de todo esto y aún más. Allí pasé algunos años de mi infancia que los viví minuto a minuto a tal punto que me identifiqué con la esencia de la mansión, con sus secretos, tradiciones y leyendas. No diré que fue una infancia feliz pues la familia llegó allí en calidad de desplazados, como quien se agarra a una tabla de salvación. Vivíamos la tremenda crisis económica de los años 20 del siglo pasado. Mi padre se quedó sin puesto. Nos sacaron del colegio. No había para pagar el arriendo ni mucho menos para el mercado. Recuerdo que mi madre en nuestra casa de Santafé, arrodillada ante una imagen de San Francisco de Asís, con una vela encendida en la mano, le decía: ilumíname San Pachito!!! ¿Qué haremos? Parece que el santo le contestó: Pero hija, si tienes una finca. Allá hay vacas, leche, trigo, mazorcas, gallinas y huevos... ¡Qué más quieres! Vete para allá con tus hijitos mañana mismo. Mi madre entonces empacó maletas, nos montó en el bus y allá llegamos. A pesar de que nos pintaban la Hacienda como un paraíso, debo confesar en cuanto a mí respecta que sufrimos un fuerte y doloroso shock cultural. Allí todo era diferente. ¡Qué lejos había quedado la ciudad!... No volvería a ver a mis compañeros del colegio. La comida era distinta. La leche al pie de la vaca me olía a feo y me caía como pedrada en la barriga. Y lo peor de todo fue que a las pocas semanas de tanto caminar por los pedregales, mis zapatos se destrozaron totalmente. Tuve que botarlos al río. No había quién los remendara ni había almacenes para comprar unos nuevos. Así quedé con la pata al suelo. Agréguese a esto la falta de luz eléctrica, de noticias, de periódicos; las noches oscuras y frías llenas de fantasmas… Y llegó la Navidad pero el Niño Dios no se apareció! No hubo regalos. Esto fue el colmo y me sentí muy frustrado. Se nos dijo que el Divino Niño no llegó porque no lo dejaron montar en bus. En compensación nos halagaron con unos buñuelos grasientos que me produjeron una tremenda indigestión. En una de las sobremesas después de una comida, cuando los menores salimos a jugar al patio, quedaron allí mi madre y los tíos. Mi padre aún estaba en Santafé tratando de conseguir un puesto en la policía. Hubo el siguiente diálogo: —¿Qué hacen aquí los niños? —Salen con las caucheras a matar copetones, o van a cuidar a los peones en la siega o en la trilla y por la tarde van a
achicar los terneros. Y las niñas, ¿qué hacen? Juegan con las muñecas, las peinan y las visten. Hacen costuras, bordados y amasijos y también tocan el piano y se ponen a cantar “…cuándo vendrán nuestros novios…” Sí, dijo un tío, esto va para largo; la crisis va a seguir. Los niños tienen que estudiar, dijo mi madre. Sí, dijo el otro tío, hay que matricularlos en la escuela del pueblo. Allá no, dijo mi madre. Imposible, junto con los hijos de loa policías y de tanto enchichado que hay por allá. Entonces, dijo el otro tío, puede ser en la escuela de Hormezaque. —Allá menos, argumentó mi madre. ¡No ven que esa es una vereda de protestantes! ¡Santo Dios, los niños resultarían evangélicos! Nos excomulgaría el obispo. Veo la solución, agregó. Acaba de iluminarme San Francisco: conseguir una maestra que pueda quedarse aquí y que aquí en la casa les dicte las clases. —Aprobado, dijeron todos. Nos pondremos de oficio a conseguir una señorita maestra. A los pocos días me dijo mi madree: —Mira hijito, tienes que ir a Santa Teresa a recibir a la señorita Sixtina que va a ser tu profesora. Llévale la yegua Diana y vete con Leandro Llanos, el amansador. Sí, para que le traiga la maleta y para que tenga siempre de las riendas a Diana. ¡Cuidado! que la yegua es muy pajarera y en una estampida puede tumbar a la maestra. El bus llegó a mediodía. Se bajó la señorita Sixtina; venía muy elegante, con sombrero, cartera y vestido de paño. Era una persona especial, de edad indefinida, podría tener 30 o 50 años. Muy seria. ¿Sería brava? Tenía una característica especial: una prominente nariz. Apenas vio a la yegua Diana dijo: Yo no monto en eso. Nunca he montado a caballo. —Tranquila, le dijo el amansador. Yo me encargo de “sumercé”. Y sin más, la cogió por la cintura y la trepó a esa curiosa montura que usaban las señoras en los siglos pasados. Agárrese bien de las riendas y siempre mire adelante, le dijo, que yo la llevo del cabestro y vamos andando ya porque van siendo horas de almorzar. El amansador era un personaje: un campesino, alto, muy fornido, como lo exigía su oficio, blanco, pecoso de ojos claros y de pelo colorado. Además presumía de ser muy macho. Todo el camino se fue conversando con la maestra. Le contó de sus viajes por Venezuela, Santander y los Llanos y cómo hasta el presente había amaestrado a quinientos caballos. En realidad el amansador era un tipo inofensivo: no se emborrachaba, no fumaba y nunca le conocí una compañía femenina. Se le podía tener confianza. Él no montaba sino caballos. Desde el día siguiente se iniciaron las clases en una de las habitaciones de la Hacienda. La señorita Sixtina era muy disciplinada. Puso un reglamento y fijó horario especial para recreo, medias nueves y onces. Este es el método Montessori, decía. Y así se
desarrollaron las clases de materias básicas: matemáticas, gramática, ortografía, catecismo Astete, historia sagrada e historia patria y además algo muy novedoso, que hoy día ni se menciona. Taquigrafía, la cual me sirvió mucho luego en mis clases de medicina. Creo que para todos esta fue una experiencia muy interesante que nos dejó valiosas enseñanzas. Lamentablemente el curso no alcanzó a durar un año. Creo que a los 10 meses de iniciado tuvo un final dramático. Una cierta mañana al terminar la primera hora de clase, la señorita Sixtina salió apresurada del salón. Dijo que quería hablar con mi madre. A nosotros nos mandaron al patio de los pinos. Las dos, Sixtina y mi madre quedaron en el comedor a puerta cerrada. Parece que discutieron algo, acaloradamente en voz alta. Al cabo de una o dos horas se abrió la puerta del comedor. Sixtina iba bañada en lágrimas. Mi madre muy seria nos dijo: Se va la señorita Sixtina. ¡Despídanse!... Yo le ensillé la Diana. Iba a llamar al amansador para que la acompañara, pero mi madre dijo: No. Llamen a Vidal. Nunca supimos cuál fue el motivo de esta despedida. En el siglo pasado, los menores no podíamos hacer ciertas preguntas. O nos contestaban con evasivas. Años más tarde iba yo en tren para Santafé a matricularme en la facultad. En alguna de las estaciones de la sabana subió un grupo de personas. Me llamó la atención una silueta femenina que no pude identificar muy bien. ¿Será ella?... Pensé. Iba acompañada de un niño muy inquieto que se empeñaba en montar por el pasillo del vagón en un caballito de madera. Pasó brinconiando cerca a mi puesto. Pude observarlo: era blanco, pecoso y mechicolorado.
Cuentos Testimonio, Testamento
Por: Luis Alfonso Ruiz Vergara (Seudónimo:Metacuento) (del cuarto concurso de cuento Amigos de El Limo, junio 2020) Sentí que unos pasos se me acercaban. Caí en cuenta de que estaba casi boca abajo contra el pasto incluso cerca de poderlo saborear. Sin mucha agilidad logré levantar el cuello tratando de ponerme alerta. La violenta resaca que me acechaba no se comparaba al tamaño de carancho que estaba ahí mirándome, a escasos centímetros de mi cabeza. Las patas con garras amarillas de rapaz hundidas en el suelo, y los tintes exóticos rojos, blancos y negros del plumaje que alcancé a ver mientras sacudía sus alas casi sobre mí, subrayaban la extrañeza de esa situación que apenas empezaba a comprender. Yo no estaba solo cuando llegué a ese parque, pero ahora al alba no se veía un alma por allí, solamente el bicho y su compañera algunos metros atrás picoteando la grama. Eran de tamaño suficiente para que sus pasos se oyeran y sintieran en el piso así que logré echar mano de la escasa coordinación que tenía en el instante para incorporarme. Entendí aún sorprendido que habían estado algunos segundos ahí mirándome. Quizás evaluaban hacerme su desayuno, almuerzo y cena pero cuando ya erguido me les acerqué levantaron un vuelo bajo y desinteresado. Algo de sus penachos brilló por entre los árboles por lo que pude verlos posarse en un monumento que decía algo como CELEBRANDO LA HERMANDAD GERMANO ARGENTINA. Colgaban junto a unas figuras alegóricas algunos pendones intercalados con la bandera celeste y el tricolor alemán que ondeaban suavemente. No había a esa hora de normal quietud más que una leve brisa primaveral, pero ahí parado bajo los tranquilos árboles algo violento me sorprendió en la conciencia cuando el agradable paisaje se me apareció como una demostración de trasnochado fascismo aún legible en algunas esquinas de Buenos Aires. Me sacudí un poco el pasto de la ropa y la cara, y nervioso emprendí el camino de regreso. La avenida del Libertador estaba vacía en todo el ancho de sus ocho carriles, no había carros ni gente. El rumor de la ciudad en todo caso parecía oírse en las hojas y en la brisa, en la impresión de oír motores distantes en aquel paisaje amplio e
imponente. Los grandes edificios elegantes del Barrio Norte – Recoleta producían algún ronroneo rutinario, algunos adornos y ropas colgadas de las barandas emitían algún sonido fantasmal. Como ya era mayorcito y había previsto las consecuencias del báquico comportamiento de la noche, cargaba en el bolsillo una botella de agua que guardaba lo suficiente para no desfallecer. Al mirar despistado los balcones de lado y lado se fueron pasando las cuadras mientras tomaba sorbos de agua pequeños como para no sufrir más de la cuenta y sucumbir a la mamitis. Debía ser domingo y a esa hora ya se verían algunos entusiastas del ejercicio. La ciudad había pasado de tener un sicoanalista en cada cuadra a tener un gimnasio o salón de pilates en cada esquina, de pronto por el auge del reggaetón y la cumbia villera. Aún así, ni un alma. No se veían, en particular, esas jóvenes practicantes de hockey sobre grama cargando su equipamiento sobre la agraciada ligereza de sus figuras de cola de caballo danzante, esas que había comenzado a notar desde finales del invierno unas semanas antes. Entrada la primavera, en todo caso, la soledad del lugar era francamente rara. Nervioso caí en cuenta que ya había pasado la Coronel Díaz hacía varias calles y me sería ya más fácil cruzar hacia Pacheco de Melo por Austria y llegar por Las Heras frente a la clínica Rivadavia. Me detuve a admirar de nuevo el expresivo edificio de la Biblioteca Nacional, pero me hizo desviar la mirada una ordenada bandada de loritos que volaba hacia las palmas de los prados que ya había dejado atrás. Y ahí estaban de nuevo los caranchos cazando. Alcancé a ver mientras cruzaba la avenida un lorito golpeado que cayó. Seguí mirando a los rapaces que se posaban en las cornisas del viejo hospital perdiendo la atención en el silencio que envolvía todo. Algunas veces había caminado por los costados de ese viejo edificio y noté que su parcial abandono le hacía lucir aturdidor aún durante el día. Aunque algunas luces modernas en su entrada estaban prendidas y daban la impresión de que algo habitaba en su interior, las Heras es angosta y aún escasa luz que le entraba era lúgubre. Todos los anuncios y letreros de los negocios en sus aceras lucían del mismo color entre un vivo púrpura y un convaleciente gris; de esa manera todo parecía más muerto y siniestro, aunque ya se sentía algo de calor. El mismo murmullo de ciudad dormida me acompañó cuando llegué a mi calle, pero al constatar que no había más que las dos siluetas amenazantes que me observaban desde el viejo hospital decidí que no estaba en plan de cagarme del susto, olvidé mi botella vacía en un poyo y me encontré de repente al costado una callecita impensada donde ya, en cambio, se sentía el
nacer día. El pequeño pasaje Bollini estaba tibio, pero no sofocante. Su calzada en pavé y las edificaciones antiguas, quizás anteriores al viejo hospital, no se veían amenazantes y al final de la calle se oían claramente carros rodando por French. Caminé una cuadra con agrado y Crucé por Peña más tranquilo, de nuevo despistado, ya con ganas de llegar a darme una ducha larga, tomar más agua y rematar los excesos con algunas wafers con dulce de leche. Mi eventual alegría aumentó cuando divisé a los lejos algunos ropajes coloridos de peatones, algunas voces que viajaban con la brisa y el sonido esporádico de carros, buses y motocicletas. Animado continué caminando admirando los árboles tupidos y asomándome hacia atrás, hacia la boca del pasaje, para recrearme con su luminosidad y recordar que es una ciudad vibrante y divertida, llena de gente que durante los partidos de fútbol se grita de balcón a balcón insultos o saludos mientras alguien organiza asado en las azotea, con sus tiendas de ropa para flacas con nombres cretinos, ventas de baratijas chinas y librerías que son tan comunes que a nuestros ojos son extraordinariamente anodinas en su contexto, artículos de cuero fino y ordinario, camisas a medida, espléndidos abrigos de piel de segunda mano, lavanderías y restaurantes de esquina con sus litros de Quilmes, sus meriendas de por la tarde o los cortes de carne que me habrían de subir el ácido úrico y cerrar las venas; de mujeres atractivas en proporción de siete por cada diez, y de locos tan pinta que hasta el mendigo levanta; de familias con sus niñitos peluqueados como futbolistas tan simpáticos dominando las calles como sus abuelos de porte elegante y dientes torcidos, todos saboreando algún helado fantástico o cargando bolsas con baguettes, vinos y quesos espléndidos; boliches careta y barcitos roqueros para beber fernet como si no hubiera mañana. Y qué tal si pasa que, en efecto, mañana no esté dispuesto a llegar. Caminé hasta el Parque las Heras para ver si había llegado la gente habitual, los futbolistas del sector a jugar sus partidos malos o las chicas que preparaban bronceo con canastas de cremas y botellas de vino. De nuevo, nada. Sólo el sonido cortante del aleteo de la pareja de rapaces que vi volar hacia el fondo del parque y perderse entre las palmas, como si fueran una última advertencia de alguna desgracia por venir. Había muy poca gente, o quizás nadie. No se encendían luces de farmacias o quioscos, las floristerías de los andenes cerradas y oscuras a lo lejos, con algunas materas vacías colgadas meciéndose con la cadencia de los ahorcados, los quioscos con las rejas y candados montados como celdas que daban a unas calles negadas al sol. De nuevo asustado y tras dos esquinas pude
entrar en el 2600 de Pacheco de Melo, apartamento 4D, monoespacio. Me encontraba a gusto allí, pero ya quedaran pocas semanas de mi estadía y eso me alegró lo justo para tratar de olvidarme de aquellas águilas negras del parque fascio. Me bañé largo, bebí agua, comí galguerías y un poco más de agua. Me recosté y mientras caía dormido la deshidratación me golpeaba como martillo. Asumí una esforzada posición fetal pensando en el miedo y la soledad, en el encierro, en los presagios de esas aves que pensarían que deambulaba solo como un muerto viviente, como el último idiota en la calle que no se enteró de algún peligro invisible que dejó desiertas las calles, pensaba en un violento fin del mundo y miraba por entre las rendijas de la persiana el cielo ya encendido, buscando con paranoia por dónde vendrían los misiles nucleares que segarían toda sonrisa en el universo conocido. Solo algunas sombras surcaban el estrecho panorama, serían los pájaros aquellos. Horas después desperté, caí en cuenta de la hora y me apresuré en bañarme y parecer decente. Tenía una cita peculiar, poco antes experimentada. Ya había conversado con mis padres vía pantallas y para 2011 el Skype era de amplio uso en personas más versadas en los avances tecnológicos. Yo había logrado compartir planos digitales por ese medio y ya me sentía suficientemente capaz de organizar lo que se venía. Abrí las ventanas para ventilar ese aire aún etílico que arropaba el lugar, que no se vería por internet pero por un mínimo de disciplina y supervivencia había que hacerlo, me asomé y ahí estaba el paisaje amplio y lleno. Había gente, carros, perros, asados. El parque se alcanzaba a ver colmado de familias en picnic y asoleadoras, me destapé una Quilmes litro y serví un vasito. Hacia el Norte por el corredor verde se veían volar más loritos, pichones, palomas y. En los balcones de los lados alcancé a ver algunas ventanas abiertas y gente animada y, justo al lado, el aguilucho conocido mirándolo todo con su penacho y su cara colorada. Traté de tomarle una fotografía que salió pésima, lo vi alejarse y desaparecer detrás de los edificios; el lento atardecer austral ya empezaba a colorear las nubes y el aire se sentía fresco. Todo parecía ir bien, ningún miedo me acechaba ya, me conecté al Facebook, hice las gestiones necesarias, los clicks adecuados. Me encontré de repente, en mi soledad, rodeado de familia. La ceremonia transmitida por la world wide web del Primer Concurso de Cuento El Limo estaba empezando; todos sentados en desorden, había barullo, se alcanzaba a ver todo desde la esquina donde pusieron la cámara. El domingo afuera se disfrutaba con alegría primaveral, mi computador transmitía la algarabía
de la reunión familiar, la Quilmes en su punto, yo bien compuesto para el vídeo. La noche anterior y la mañana del temor ya para ese momento olvidadas. Todo bien. Pero, hablando de augurios, todo esto empezó con una calavera que brotó de la tierra ...
El rincón de la poesía La brisa
La brisa es femenilmente juguetona; sus caricias son caricias de mujer. Cuando el viento agita las ramas de los árboles, añade gracia y primor a la campiña. Cuando contemplo la rubia marea de un trigal remecido por el viento, me invade una deliciosa fruición indefinible… Brisa campestre del amanecer, salpicada de gorjeos y perfumes. Brisa escapada de los huertos con aroma de manzanas y duraznos. Brisa que despeina el rizado cabello de las chicas en la playa, y haciéndoles cosquillas en la piel desnuda las hace sonreír. Cuando el viento remece los altos eucaliptos, les roba sus perfumes y sus trinos. Cuando el huracán despluma la ceiba milenaria, le avienta un enjambre de semillas… Cuando la brisa bate la fila de palmeras en la playa, las palmeras oscilan vanidosas, cual muchachas en una pasarela. El viento se deleita impulsando las cometas bailarinas.
A unas las eleva por encima de las nubes; a otras las convierte en remolino de flecos y papeles y las obliga a descender y estrellarse contra el suelo. La brisa es juguetona como una colegiala. Señor, no te hagas el serio. ¿No es verdad que te diviertes mirándonos jugar a las cometas...? ¿En qué emplearías tu inacabable tiempo libre? Te sobraba felicidad y quisiste compartirla. ¡Gracias! - Antonio José Silva, S.J.
El Baúl de los Recuerdos Mosqueteros Periodísticos
Carlos Hernán Mojica Márquez, Francisco Silva Mojica y Carlos Roberto Silva Mojica, tres mosqueteros del periodismo de la familia (Bogotá diciembre de 2005)
Primer plano: Carlos Hernán Mojica Márquez, Francisco Silva Mojica, Carlos Roberto Silva Mojica De pie: Carlota Mojica de Mojica, Beatriz González de Silva, Roberto Silva Muñoz (Papá Roberto), Norela Gil de Silva, Germán Ruiz Silva, Rosa Helena Mojica de Silva (Mamá Rosita), Rosa Elena Silva de Ruiz
Arriba: Carlos Hernán Mojica Márquez, Carlos Roberto Silva Mojica Izquierda: Francisco Silva Mojica
Gastronomía casera Arroz con coco colombiano
El coco le da al arroz un sabor dulce muy especial, ideal para acompañar una gran variedad de platos. Es un elemento común en las cocinas de países asiáticos como Tailandia, Indonesia, India y Malasia, en donde se prepara cocinando el arroz en leche de coco y agua, con lo que arroz resultante es blanco y con fragancia y sabor a coco. En la Costa Caribe de Colombia en cambio el arroz con coco se prepara de una forma única: en lugar de cocinar el arroz en la leche de coco, primero se cocina la leche de coco hasta que el líquido se evapore y se reduzca a una mezcla de aceite y unos pedazos sólidos de coco tostados a los que se les denomina “titoté”. El arroz se mezcla entonces con el titoté y se cocina con agua y Coca-Cola. El resultado es un arroz de color caramelo con sabor entre dulce y salado que es sencillamente espectacular. La forma tradicional de obtener el titoté es a partir del coco crudo; esta receta es una variación más fácil en la que se usa leche de coco de la que venden en lata.
Ingredientes (6-8 porciones): 1 lata (400 mL) de leche de coco 1 ½ tazas de arroz blanco 1 cucharadita de sal 2 cucharadas de azúcar morena 1/3 taza de uvas pasas (opcional, pero recomendable) 2 tazas de agua 1 taza de Coca-Cola Preparación: 1. Verter la leche de coco en una olla grande y llevar a fuego alto hasta que empiece a hervir. Reducir el fuego a medio alto y cocinar, revolviendo frecuentemente hasta que el líquido se evapore y se empiecen a formar unos sólidos de color caramelo (titoté). Este proceso puede tomar unos 40 minutos. 2. Agregar el arroz a la olla y mezclarlo bien con el titoté. Agregar la sal, el azúcar y las uvas pasas y cocinar por un par de minutos para que el arroz se empiece a dorar. 3. Agregar con cuidado el agua y la Coca-Cola. Revolver y dejar hervir a fuego medio hasta que se evapore casi todo el líquido. 4. Tapar la olla y dejar cocinando por otros 15-20 minutos o hasta que el arroz esté bien cocido. Ideal para acompañar un buen pescado frito con patacones. - Luis Francisco Silva
Pavlova
La Pavlova es un postre australiano creado en honor de la bailarina rusa Ana Pavlova en su gira por Australia y Nueva Zelanda en 1920. Ingredientes: Para el Merengón 6 claras de huevo a temperatura ambiente 300 gr de azúcar 2 cucharaditas de vinagre 2 cucharadas de cocoa en polvo 50 gr de chocolate amargo cortado en trocitos 1 cucharada de Maizena Para la Mermelada / Salsa 1 taza de berries al gusto (por ejemplo, fresas o frambuesas) 2 cucharadas de azúcar pulverizada ¼ taza de jugo de manzana o cualquier otro sabor Para la Crema 500 gr de crema de leche espesa (thickened cream) 1/4 taza de azúcar Frutas para decorar: fresas, frambuesas y agraz (o arándanos/blueberries)
Preparación: Merengón 1. Pre-calentar el horno a 180 grados centígrados. 2. Bata las claras de huevo hasta que estén a punto de nieve. Añada el azúcar, una cucharada a la vez hasta que se formen picos. 3. Añada la cocoa, el vinagre, la Maizena y el chocolate y siga batiendo y mezclando suavemente hasta que todos los ingredientes estén integrados. 4. Cubra una bandeja de hornear con papel de hornear. Use una cucharada de la mezcla del merengue de la masa, poniendo 4 puntos de mezcla debajo de cada esquina del papel para prevenir que se mueva. 5. Ponga la mezcla sobre el papel, usando una espátula para darle forma circular en el centro de la lata, de unos 20-24cms de diámetro. 6. Baje la temperatura del horno a 150 grados y ponga la masa en el horno, cocine por 1 hora y 15 minutos. 7. Deje enfriar completamente antes de ańadir la crema. Mermelada o salsa de berries 1. Mezcle las frutas con el azúcar pulverizada y el jugo en una olla pequeña. 2. Ponga la olla en fuego alto y revuelva continuamente para que no se queme. 3. Cuando hierva, baje el fuego a medio y cocine hasta que la mezcla tenga consistencia espesa. Crema 1. Bata la crema con el azúcar hasta que esté suave. 2. Ponga la crema sobre el merengón y cubra con la fruta y la mermelada.
Consejos Puede utilizar papel aluminio si no tiene papel de hornear, pero tenga en cuenta que el merengón se pega. Puede utilizar la mitad de la crema (250gr) en vez de poner 500gr. La capa de crema sobre el merengue será más pequeña pero no afectará el sabor del postre. Se puede utilizar también panela en polvo o azúcar morena en lugar del azúcar refinada. - Luz Helena Silva
Notas sociales Cumpleaños
Octubre
Noviembre
2 12 13 14 14 14 16 18 19 20 21 24 24 25 25 27
7 10 11 14 16 16 17 18 19 20 23 26 27 27 28 30
Natalia Niño Luis Francisco Silva Carlota Mojica de Mojica Laura Alvarado Silva Laura Herrera Silva (†) Daniel Silva Mejía Ángela María Mojica Osorio Andrés Silva Gloria de Niño Lucrecia Mojica Silva Jurgen Mojica Sanabria Ángela Mojica Mojica Leonor Mojica Perico Carlos Alberto Vargas Mojica Ivan Druet Mojica Danny Fitch Ruiz
Carlos Hernán Mojica Mojica Sofía Ariza Mojica Luz Helena Silva González Ana María Fonseca Mojica Laura Macía Vergara Miguel Capllonch Juan David Niño Gabriela Ariza Mojica José Vicente Pérez Carmencita Mojica de Hanke (†) Luis Guillermo Niño Alejandro Niño Mojica Ana María Mojica Benjamín Maldonado Martha Sofía Vergara de Ruiz Ana María Niño
Diciembre
Enero
1 1 2 3 3 5 7 10 10 11 13 13 15 16 16 16 23 24 28 31
2 4 5 5 5 8 9 12 12 14 18 18 21 23 24 25
Yolanda Ruiz Fitch Carlos Alberto Herrera Sebastián Muñoz Silva María Jimena Zúñiga Natalia Vergara María Clara Silva Luis Carlos Sánchez Juan Diego Lozano Mojica Irmele Hanke Juan Guillermo Vélez Humberto Silva Gil Priscilla Prado Patricia Vergara Catalina Mojica Velandia Kristina Fonseca Carlos José Fonseca Jr. Juan Carlos Sandoval Mojica Enrique Silva Gil Teresa de Mojica Carlos Sandoval
Marcela Mojica Mojica Vanessa Fitch Ruiz Maria Eugenia Sandoval Mojica Juan Camilo Sampedro Alvaro Calero Carlota (Titina) Mojica Mojica Gabriela Pérez Niño Carlos Eduardo Niño Hernando Rodríguez Martha Rivera González Norela Gil de Silva (†) Tess Brink Fitch Santiago Ruiz Pérez Beatriz Carlota Silva Mojica Laura Pérez Niño Pilar Fonseca Mojica
Fallecimiento de Didier Druet
El 21 de agosto del 2021 falleció en Francia el esposo de Elsa Mojica, Didier Druet. Casados en Bogotá en 1975, Elsa y Didier residían desde entonces en París, en donde conformaron un bello hogar que después creció con la llegada de sus hijos, Iván y Carolina. Nuestro más sentido pésame por la partida de Didier.
Elsa Mojica y Didier Druet
Grado de Andrés Silva Díaz
Andrés Silva Díaz y Susana Botero Santos
El Birkbeck College de la Universidad de Londres le otorgó a Andrés Silva Díaz el diploma de Master of Science (with Merit) in Management with Creative Industries. Felicitaciones por este título logrado con mucho esfuerzo en medio de la pandemia. Andrés y su esposa Susana Botero estaban en Londres desde septiembre del 2019 cuando el Reino Unido se paralizó por la pandemia. Regresaron a Bogotá en un vuelo humanitario organizado por la cancillería colombiana en mayo del 2020, y habrían de pasar el resto del año en Bogotá, mientras Andrés terminaba la tesis a distancia. Por estos días la pareja de creativos está de regreso en Europa; Susana adelanta una maestría en la Academy of Performing Arts en la ciudad de Praga, mientras que Andrés se desempeña como Lecturer in Sound Design en Prague City University. ¡Muchos éxitos!
Fallecimiento de Hernando Silva Mojica, S.J.
La presente edición de El Mangle ya estaba en sus últimos retoques cuando recibimos la triste noticia del fallecimiento el 9 de octubre del 2021 del Padre Jesuita Luis Hernando Silva Mojica, nuestro querido “Hernandito”. El Padre Hernando residía desde algún tiempo en la Casa Pedro Arrupe en Medellín, una apacible residencia para sacerdotes jesuitas retirados. Hernandito ofició matrimonios, bautizos, primeras comuniones, bendiciones de anillos y aniversarios de bodas de un sinnúmero de miembros de la familia. Siempre listo a escuchar pacientemente y ofrecer con calma sus sabios consejos, Hernandito fue además consejero espiritual de cientos de javerianos y publicó libros dirigidos a los laicos que detallaban guías para acercarnos a Dios mediante la oración. Es difícil imaginar la cantidad de personas a las que Hernandito influyó con su benevolencia en sus 67 años de sacerdocio. Enviamos nuestras sentidas condolencias y un fuerte abrazo a sus hermanos, Beatriz Carlota Silva y el padre Antonio José Silva. En la próxima edición de El Mangle haremos un debido homenaje al padre Hernando y un reconocimiento a su vida y obra.
Guatemaltecos en Colombia
En octubre de 2021 los primos guatemaltecos Mojica Osorio se echaron la rodadita a Colombia vía Costa Rica, visitando familia y amigos, y de paso aprovechando para llevar a la pequeña Camille Vionnet Mojica a conocer El Limo. Después de más de quince meses de pandemia, qué alegría que empiecen a ocurrir estos reencuentros familiares que nos hacen confiar en que hay una luz al final de este túnel.
La pequeña Colombo-Tica Alma Jiménez Rodríguez conociendo a su prima Colombo-Suiza, Camille Vionnet Mojica
Javier Mojica, Patricia Osorio y Beatriz Carlota Silva reencontrándose en San José de Costa Rica Beatriz Carlota Silva, Ángela María Mojica y Camille disfrutando de un día de playa costarricense
El pequeño Santiago Ruiz Echeverri le da la bienvenida a Camille al Limo Germán Ruiz Silva con su nieto Santiago
No podía falta el baño en el patio de El Limo
Madre e hija de cumpleaños en El Limo (en el caso de Camille, celebración de sus seis meses)
Martha Vergara de Ruiz, Germán Ruiz, Consuelo Mojica, Ángela María Mojica, Camile Vionnet, Patricia Osorio, María Esperanza Mojica, Sam Vionnet, Yuma, Javier Mojica, Natalia Vergara, Ramón el Collie, Juana Silva, Laura Echeverri, Luis Alfonso Ruiz, Miguel Capllonch
Sam Vionnet, Ángela María Mojica, Camille Vionnet Mojica, Myriam Silva, Humberto Silva, Patricia Osorio, Javier Mojica, Lucía Margarita Díaz, Eduardo Silva, María Esperanza Mojica, Enrique Silva, Ivonne Mejía
Cartas a la Redacción Leyendo EL MANGLE 35 me conmovieron las palabras de Beatriz, Clarita, Luz Helena, Adriana, Claudia, Luis Francisco y Germán. Palabras llenas de cariño, recuerdos, ternura. Todo eso se lo merecía mi encantador hermano Pachito. Yo también lo adivino aquí a mi lado, como un invisible y cariñoso Ángel de la Guarda. Cordialmente, Toño. Beatricita, Luis Francisco, hermoso todo como siempre, leo absolutamente todo, me encanta! La conmovedora nota editorial, repasar las palabras tan profundas recordando a Pachito .. las trágicas historias de los cabritos; y bueno, qué bien que las recetas de hoy no son con cabrito!! Desde ya los felicito por el próximo cumpleaños, un gran esfuerzo que deja un lujo de publicación. Felicitaciones!!! Gracias! Mónica Cornejo
Acuso recibo de esta joya invaluable y me admiro una vez más de la rica singularidad de esta familia, tan reflejada en esta publicación y tan celebrable en la deliciosa saga del vestido de primera comunión estrenado una y otra vez a través del tiempo. Por Dios santo, qué maravilla! Infinitas gracias. Germán Ruiz Silva Beatriz y Luis Fra, que amor de edición. Se siente a Pachito. Gocé leyendo y mirando las fotos. Muchas gracias. Un beso grande, grande, Juanita Deperraz Sánchez Mojica Increible!!!
A
qué
horas
lograron
hacer
El
Mangle?!
Admirable!! Luisfra y Beatriz, gracias infinitas por demostrar que sin importar la adversidad, los grandes proyectos, hechos con amor, siempre siguen adelante. Beatriz Helena Rodríguez Excelente El Mangle! Gracias Luis Francisco y Beatriz. Cada artículo esta buenísimo, pero el cuento del traje de 1ra Comunión que ha pasado por 7 primitas.... de lo mejor! Luis Gabriel Mojica
El Mangle está buenísimo,
como siempre !! Gracias Luis
Francisco y gracias Beatriz !! ❤️❤️ Se merecen 2 medallas de oro. Yolanda Ruiz-Fitch Beatricita y Luis Francisco, muchas gracias por El Mangle, está hermoso como siempre. Es una "inyección" de paz y amor que me agrada mucho recibir. Un abrazo, Patricia Cornejo Beatricita y Luis Francisco Maravilloso como siempre, lleno de amor, de detalles, de historias. Gracias por incluir y mencionar con fotos el grado de mi hija Jimena. Cada día me pregunto cómo hace Luis Francisco para ser papá,
esposo,
trabajar,
ser
comentarista
deportivo,
comentarista de cine, cocinar cosas deliciosas, enviar recetas y además de muchas otras, recolectar información y editar El Mangle!!.... Gracias!!!! Gracias!!!! Consuelo Mojica
Apreciado Luis Fran: Mi admiración, agradecimiento y mis respetos por su trabajo constante, sensible y pulido. Pachito lo debe estar cuidando mucho desde el cielo y además le debe agradecer ese compromiso tan tenaz que es escribir una revista! Un fuerte abrazo y espero vernos pronto en el LIMO. Enrique Silva Gil Que Mangle más maravilloso. Miles de noticias por las cuales siempre estar agradecidos. Y agradecidos con el Mangle por ponerlas de presente. Ana María Puerta Hola Luis Francisco! No había podido hojear el Mangle y acá en El Solitario pude dedicarme a su lectura… recordar a tu papá en esos mensajes de los hijos y de Beatriz y recordarlo con
su
pícara
sonrisa,
chistes
y
pilatunas
que
lo
caracterizaban… mucha falta nos hace a todos! Acá vinieron varias veces a Villavo y le gustaba el calor, disfrutar la piscina, tomar su traguito con el tinto, jugar cartas, comer mamona. En la finca cerca a Villavo una vez vimos varias lechuzas y un búho grande y gozó mucho tomándoles fotos. Espero enviarte otras recetas ricas para el próximo! Lucrecia Mojica
Ediciones Anteriores Las ediciones anteriores de El Mangle están disponibles en línea. Puede acceder a cualquier edición haciendo click sobre el mes correspondiente. Adicionalmente, en el siguiente link pueden encontrar la lista completa de artículos: El Mangle - Índice de Artículos No. Fecha
Portada
1
Oct 2011
El Mangle
2
Ene 2012
El Chorro del Azufre
3
Abr 2012
La Planta Eléctrica
4
Jul 2012
Tríptico de “Limolitos”
5
Oct 2012
Raíces Limeñas de la Familia Mojica
6
Mar 2013
Descendientes de Papá Roberto y Mamá Rosita
7
Jun 2013
Descendientes de Papá Juan José y Mamá Luquita
8
Jul 2013
Descendientes de Luchito
9
Dic 2013
Franz Hanke (1925-2013)
10
Feb 2014
Familia Mojica Betancur
11
Abr 2014
Cecilia Silva de Mojica (1923-2014)
12
Jul 2014
Leonor Perico de Mojica (1918-2014)
13
Oct 2014
Laura Herrera Silva (1982-2014)
14
Dic 2014
La casona de El Limo
15
Feb 2015
Carlos Roberto Silva Mojica (1919-2015)
No. Fecha
Portada
16
May 2015
El Fogón y La Cabaña
17
Sep 2015
Tasco
18
Dic 2015
Paz de Río
19
Mar 2016
Santa Rosa de Viterbo / Pompíbalo
20
Jun 2016
Francisco Silva Mojica, 90 años
21
Sep 2016
Belén
22
Dic 2016
Corrales
23
Mar 2017
Patio de El Limo
24
Jul 2017
Roberto Silva Muñoz (Papá Roberto)
25
Oct 2017
Peregrinos en el Camino a Santiago de Compostela
26
Dic 2017
Pesebre artesanal
27
Abr 2018
Carmencita Mojica de Hanke (1923-2018)
28
Sep 2018
Aniversario 65 - Beatriz de Silva y Francisco Silva Mojica
29
Mar 2019
Norela Gil de Silva (1923-2019)
30
Sep 2019
El Fraile visto desde el patio de El Limo
31
May 2020
Puente sobre el Río Chicamocha
32
Ago 2020
Francisco Silva Mojica (1926-2020)
33
Dic 2020
Venado en predios de El Limo
34
Mar 2021
Antonio Silva Mojica (100 años)
35
Jul 2021
Francisco Silva Mojica