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EL ISLEÑO 233

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TRAGEDIA DEL BETTY B

CRÓNICA DE UN NAUFRAGIO ANUNCIADO

BIOECONOMIA

PARA LAS ISLAS NUEVA RUTA DE DESARROLLO SOSTENIBLE

GEORGE HODGSON

RADAR

EL GENERAL RAIZAL DE LA MOSQUITIA

JOB SAAS LATIDOS DE CORAZÓN REBELDE

Año 13 - Nº 233 - Septiembre 2026 - Circulación Regional - Valor: $2.000 Pesos - www.elisleño.com - Tel: (57-8) 512 7981 - San Andrés Islas, Colombia - ISSN 2339-4463

IX FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE SAN ANDRÉS FILSAI


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AUNQUE NO EXISTA FUTURO, EL PRESENTE NOS PERTENECE…

A propósito de la FILSAI 2026 En el año 2.680 el mundo querrá saber de nosotros. Alguien vendrá y preguntará cómo fuimos, que comíamos, cómo amábamos, que disputas nos quitaban el sueño. Para esa época, los algoritmos serán un dispositivo instalado en el cuerpo. Recordaremos solo lo que el sesgo tecnológico idealizó. Es decir, recordaremos mentiras que una empresa promocionará en un catálogo de viajes… si es que para entonces estas islas aún existen. Por Mariamatilde Rodriguez Mientras eso ocurre, en una casa en la Loma, una mujer nostálgica guardará libros que cuenten cómo fue este archipiélago. Y eso sucederá en 2.680, pero hoy, ahora estas islas necesitan establecer un diálogo franco con otras islas del mundo y con todo aquel que desee escucharnos. Por estas razones existe FILSAI.

escritora plurilingüe. También apoyamos la edición de libros de literatura de las islas a través del sello ‘La raya en el ojo’ y mante-

espiritual en el pecho. Creo con firmeza que la literatura revela mundos ocultos que

Paradójicamente el desvío de la mirada de ciertas editoriales, nos ha permitido una independencia increíble de las usuras del mercado. Aprovechamos esta fórmula para hablar de los temas que realmente nos interesan como el reconocimiento de las voces propias, los vericuetos lingüísticos que transitamos desde las infancias y la ensoñación de vivir en una contradicción geográfica de la continentalidad mítica de la República de Colombia.

‘See iina wi’ es una frase polisémica que en lengua creole significa mirar dentro, y el mar dentro de nosotros. Es el nombre de la ‘IX feria del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina’. A diferencia de las otras ferias y fiestas del país, la nuestra está hecha a la medida de la isla, para hacerlo trazamos una ruta literaria que sale de San Andrés y pretende llegar a los trece países insulares y continentales con costas en el mar Caribe que integran la Gran Cuenca. También con islas del Océano Pacifico cercanas como la de nuestro país o lejanas como Japón, islas que comparten con nosotros la vulnerabilidad ambiental que se traduce en sus historias. Este año Barbados nos visitará como país invitado.

UN MENÚ DE LUJO

No ha sido fácil. En muchas ocasiones nos ha tocado lidiar con la incomprensión del mundo editorial que no cree que este archipiélago pueda responder a los intereses del mercado. A ellos les digo que no vean solo las islas mayores y menores de nuestro archipiélago sino las rutas de palabras interoceánicas que construimos. Aracataca no estaría en el mapa literario si García Marquez no hubiera escrito Cien Años de Soledad. Por otro lado, esta feria es realizada por la sociedad civil. Y eso, en tiempos corporativos, significa cohesión social de alto valor. Durante un año entero ‘Mamaroja Company’, con el apoyo de amigos, fundaciones aliadas e instituciones, desarrollamos proyectos sociales como el Jardin de las Palabras, clubes de lectura, y talleres permanentes de lecto-

humana o dígame usted, una isla como esta, con tanta desigualdad, donde en muchos barrios no hay agua potable pero se venden las mejores champañas del mundo ¿no merece la literatura su propia estantería?

nemos una programación constante de presentaciones de libros y autores. Es como caminar por una trocha con una revolución

existen tras las fachadas del egocentrismo utilitario. La literatura expone al sol las profundas grietas de la sociedad y la condición

Este año estarán sobre la mesa conversaciones en clave de archipiélago: Mujeres salvajes del Caribe ¿Dios habla kriol?, Las heridas del mar, Feminismos iniciáticos, A waan bait mi tong, Complejo Delta Caribe; también hablaremos del hundimiento del Betty B y le haremos un homenaje a Luz Marina Livingston; tendremos conferencias como ‘Las cinco llaves para vencer el miedo a hablar’ de Karol Solis y la de David Gil sobre creación de historias para la divulgación científica, recordaremos el IOTA en la voz de Harol Trompetero, hablaremos de la manosfera, del activismo, periodismo y opinión con invitados de talla internacional; también hablaremos de poesía, fronteras y expansión de islas con la invitada de Barbados; realizaremos dentro de la FILSAI el Primer Foro de mediadores de lectura de las islas, del discernimiento que se requiere en la era de la inteligencia artificial; tendremos más de cincuenta talleres, varios espectáculos para niños, fancines gastronómicos y tanta juntanza que no alcanzamos a describirlas todas en esta página. Tal vez por eso uno de los gestos más interesantes de la FILS-


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AI ocurre lejos de los auditorios. Puede suceder cuando un escritor extranjero escucha a una mujer raizal contar una historia en kriol o cuando un niño descubre que alguien nacido en Japón cuenta una historia parecida a la que le contaba su abuela. Una atmósfera especial se crea cuando dos personas que aparentemente no comparten nada descubren que ambas crecieron mirando el mar desde orillas distintas. ¿MIRARNOS POR DENTRO? Es quizá la parte más difícil de este asunto. Abordar las magulladuras de los veintiséis homicidios en lo que va del año, todos entre jóvenes y menores de edad. Esta es una alerta que nos obliga como sociedad a sentarnos a pensar cómo desarticular el horror desde todos los ángulos. Existen evidencias de casos exitosos en Colombia, especialmente el de las bibliotecas populares de las comunas 1 y 13 de Medellín donde lograron apartar de la guerra a un número significativo de jóvenes con una caída del 80% de la tasa de homicidios en los barrios intervenidos. Estas razones nos mueven e inspiran el proyecto FILSAI porque, aunque no podemos medir el instante en que alguien encuentra un libro que lo cambia de forma radical, ni registrar el momento de quien decide dedicarse a la literatura, ni contabilizar la dignificación de una lengua que durante muchos años se consideró subalterna de otra, si podemos mostrar los avances de nuestro proceso.

No intentamos reproducir en pequeño las grandes ferias del continente. Nuestro sentido está en asumir que desde estas islas también podemos pensar el mundo. Y aunque todos somos la periferia de otro… ¡Durante cinco días invertiremos el telescopio, dejaremos de ser periferia y nos convertiremos en centro! Estas son las huellas que encontrarán en el año 2.680

Fotos: Edward Lunazzi

Lo medimos en los jóvenes que cada día llegan hasta nuestros espacios de creación con una esperanza concreta: aprender a leer la realidad, la fantasía y vida misma para atravesar con paso firme hacia el mundo de las esquivas editoriales, la industria musical y el ejercicio de las artes liberales.


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'WAN LIKI STUORI BUK'...

El kriol escrito se toma la palabra Con la efervescencia de la cultura tradicional que viven las islas, se siente como la población se agita y respira en varios ritmos y, en medio de todo eso, se despliega la presentación de nuevas plumas dispuestas a escribir con voz propia y en tinta sobre papel esas historias que construyen y van constituyendo el universo de nuestra raizalidad. Por Iván Samir Otero

Entre carpas, calor Caribe, música atractiva, aromas ancestrales y una atmósfera de orgullo insular, la presentación del compendio ‘Wan Liki Stuori Buk or wan Lang Shaat Stuori’ trascendió el mero protocolo para volverse un ritual vivo donde la palabra escrita en Kriol, se trenzó entre los autores y el público –como la danza del Plait Pole que se ofreció posteriormente– y el tono certero de Billy Lunazzi Celis como host, recordándonos que la memoria de un pueblo se vuelve inmortal también cuando se atreve a habitar en sus propios libros.

ción de voces emergentes (los jóvenes que participaron en todo el proceso; Justeene Hudgson, Princess Pomare, Zane Hooker, Japhet Rodríguez, Jus-

Detrás de esta arquitectura resalta la curaduría y edición de Julie Espinoza, Sedney Suárez, Keshia Howard, Henrietta Forbes Bryan, Shirah Suárez,

NUEVA MANIFESTACIÓN CULTURAL

Vale la pena dejar claro que el norte de esta obra jamás fue buscar una traducción al español ni subtítulos en inglés. La meta y la convicción trascendental desde el minuto cero fue publicar en Kriol, la lengua viva del Pueblo Raizal del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, un idioma co-oficial en Colombia, y con una comunidad cercana a los 100.000 hablantes dispersos por el planeta Tierra.

SIEMBRA COLECTIVA

El proyecto, impulsado por 'Sea Star Foundation', con apoyo del Centro de Estudios Afrodiaspóricos (CEAF) de la Universidad ICESI, el Centro Cultural San Andrés del Banco de la República y el periódico EL ISLEÑO, no nació por 'arte de magia', sino que fue el fruto de un intenso ciclo de convocatorias, un concurso de cuentos en kriol, un proceso vital de talleres de escritura y un curado proceso de edición. De esa siembra colectiva brotó un ejercicio literario en lengua materna al que, poco a poco, fueron llegando los relatos de los autores que hoy habitan estas páginas: once obras firmadas por una variada combina-

Asimismo, el ilustrador Francisco Álvarez Celis y el diseñador gráfico Jesse Lunazzi Celis dieron vida a los personajes y elementos característicos de los relatos, dando rienda suelta a la imaginación del lector.

A través de sus páginas ‘Wan Liki Stuori Buk or wan Lang Shaat Stuori’, despliega un abanico temático cosido a la piel del territorio: recuerdos de la infancia, relatos de misterio y miedo, destellos de humor, espiritualidad, dinámicas del vecindario, fábulas de animales y el peso de la memoria familiar. tin James) y otros autores de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, quienes enriquecieron el proyecto con sus obras (Keshia Howard, Anja Puentes, Henrietta Forbes, Aminta Robinson, Milidiana Brandt e Ignacio Barrera Kelly).

Jade Lunazzi, Dayani Zapata Mina y Verónica Lozada, cuyo trabajo prolijo fue fundamental para orquestar un diálogo intergeneracional donde la niñez, la juventud y los mayores comparten el mismo peldaño de dignidad y motivación artística.

Cada texto late con la fuerza de la tradición oral insular, logrando que incluso quien no habla la lengua sienta el impacto de su ritmo, su cadencia y su sintaxis; radicando ahí, el golpe de poder de esta publicación.


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LA TRAGEDIA DEL BETTY B

Crónica de un naufragio anunciado El mar o la mar como solía llamarla el brujo de ‘Otraparte’, es como la mujer, misteriosa e impredecible, que se le puede amar, pero a la que siempre hay que respetar. Los naufragios son recordatorios de su gran poder, sin embargo, nos ha enseñado a observar y seguir normas que nos permiten prever estos acontecimientos. Por Domingo Sánchez McNabb Estas tragedias están compuestas de un sinnúmero de señales que van desde el mito, la leyenda, el agüero hasta hechos reales que se pueden demostrar. El siniestro del Betty B (1976), no podía ser la excepción y describiremos sucesos y acontecimientos que se dieron en los últimos tres viajes de la motonave; de esto pueden dar fe dos personas que estuvieron conmigo en los dos viajes anteriores y que decidimos no abordar el del 19 de diciembre (o sea el último); ellos aún viven en la Isla de Providencia, Néstor Medina (‘Boaks’) y Francisco Engelhard (‘Dolfito’). ANTEPENÚLTIMO VIAJE Acababan de terminar las fiestas del Reinado del Coco, con la participación de Providencia, lo que suponía que el próximo viaje sería los primeros días de diciembre. En este viaje, a pesar de que la embarcación se consideraba de carga, el volumen era excesivo, en especial de cilindros de gas, harina y todo tipo de enseres propios de la navidad. En el trayecto se presentó un percance, accidentalmente se rompió una de las válvulas de los cilindros, lo que generó un pánico ya que éste se movía violentamente y fue necesario tirarlo por la borda; el resto del trayecto continuó sin novedades sin embargo se escuchaba el chapoteo del agua en la sentina del cuarto de máquinas e inclusive llegó hasta las bodegas, lo que demostraba que el “Barco estaba haciendo agua”. (En esos días la embarcación debió ser llevada al astillero). PENÚLTIMO VIAJE A mediados del mes se preparó para zarpar con destino a San Andrés, con el fin de

realizar un viaje más porque había quedado mucha carga en San Andrés, así como personas que, por la limitación del transporte aéreo, sólo les quedaba la alternativa del barco. Los mitos de los navegantes van desde que no se debe silbar a bordo, nunca cambiar el nombre de una embarcación, cuidar el gato de abordo, etc. Aquí vemos uno de los mitos más tradicionales como el que no se deben voltear de posición los botes salvavidas, esa noche el número de personas que necesitaban llegar a la isla de San Andrés era tan grande, debido a que las aerolíneas no tenían cupo y se usaron los botes salvavidas para alojar más personas. Entre los pasajeros iban dos funcionarios del Ministerio de Obras Públicas (M.O.P.), que se vieron obligados a subir al barco ya que no habría más posibilidades hasta el otro año y estos deseaban llegar al continente, su nula experiencia los llevó a tomar una fatal decisión y fue embriagarse antes del viaje con el fin de no sentir el rigor de la travesía. A mitad del trayecto se informó que una persona había caído al agua, inmediatamente la embarcación se detuvo y giró (No se contaba con un salvavidas de anillo o por lo menos no estaba a la mano y mucho menos chalecos salvavidas), no se tenía tampoco un reflector, la persona fue divisada gracias a las linternas con las que contaban algunos pasajeros y se pudo ver una camisa roja, la persona no respondió y lo perdimos. A la llegada al puerto de San Andrés, había un despliegue de autoridades Capitanía de Puerto, Policía Nacional y hasta el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), porque aún no se sabía quién era el que había caído por la borda, hasta que un pasajero que venía dormido fue desperta-

do, para informarle que ya habíamos arribado, fue entonces cuando preguntó: ¿Y mi compañero? a lo que le preguntaron: ¿Qué color de camisa tenía? Y él respondió: roja. ÚLTIMO VIAJE Esa tarde el Muelle Intendencial hervía, llegaban vehículos con más carga (electrodomésticos, muebles y comestibles) y las personas cargaban cantidades de regalos de navidad, solicitando un cupo en una embarcación con capacidad de 20 a 30 pasajeros máximo, además de la carga excesiva se estimaban más de 100 personas que intentaban llegar a sus hogares. En esa espera alguien vio una rata salir por el cabo del ancla y saltar a tierra y lo manifestó, lo que hizo que muchos desistieron de embarcarse, ya que el mito dice: “Si ves saltar una rata es porque ésa embarcación se va hundir”, y tiene una explicación lógica el agua a llegado a niveles donde las ratas ya no están seguras, de hecho se le atribuye a que las bombas de achique, eran insuficiente para la cantidad de agua, debido a la gran presión de la carga y de los pasajeros ¿o fue un descuido? La motonave zarpó hacia las ocho de la noche, lo demás es conocido, sin embargo, es necesario mencionar un par de anécdotas que no están registradas y que es de conocimiento de muchos. Algunos de los sobrevivientes dijeron que una vez se hundió el barco, la máquina no se apagó de inmediato, y que se podía oír aun cuando estaba descendiendo a las profundidades. La otra es que desde tierra un conductor que estaba a la espera de la embarcación manifestó haber visto unas luces de navegación desde la parte sur de la isla (la iluminación de la embarcación era deficiente, tanto por babor como por estribor) y debemos recordar que en el viaje anterior

se evidenció que la motonave no contaba ni siquiera con reflectores), para esa época ya existían radios de comunicación S.S.B. (¿Cómo era posible que una embarcación con una ruta tan asidua no contara con uno?) En esos días había muchos radio-aficionados que hubieran recibido la llamada de S.O.S.; 'Bebé' que era el alias del conductor, se dirigió al centro para informar a la población, pero su información fue desestimada ya que creyeron que estaba borracho y fue amenazado de ser encarcelado si continuaba causando alarma entre la población. Muchos se arrepintieron de no haberle hecho caso, ya que, si había visto las luces, eso quería decir que la motonave se encontraba a escasas millas de Providencia. Las investigaciones nunca arrojaron responsables o culpables, y éste no es el propósito de esta crónica. ¿Sería el propietario?, ¿el armador?, ¿el Capitán de la embarcación o el Capitán de puerto?, algún día la verdad emergerá del mismo mar. REFLEXIÓN FINAL Por último, una reflexión si pretendemos que, en el nuevo modelo de desarrollo, San Andrés sea un destino náutico, lo mínimo con lo que se debe contar es con una embarcación de rescate y salvamento (no lanchas rápidas de guardacostas), que pueda combatir un incendio en altamar, rescatar y atender náufragos con los debidos primeros auxilios; no debemos seguir esperando otro siniestro como el del Miss Isabel o el mismo Betty B, para tomar una decisión tan importante. Recordemos el viejo refrán: “Si olvidamos la historia... estamos condenados a repetirla”.


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SAN ANDRÉS CENTRO COMERCIAL NEW POINT LOCAL 104 Teléfono: (8) 512 1407 cavapurosai@gmail.com BOGOTÁ, D.C. Avenida 82 No. 12-41 Teléfono: (1) 236 78 82 Fax: (1) 530 44 14 lacavadelpuro@gmail.com MEDELLÍN EL POBLADO Carrera 38 No. 10-21 Teléfono: (4) 311 4051 Fax: (4) 311 39 70 cavapuromed@epm.net.co CARTAGENA DE INDIAS CENTRO HISTÓRICO Calle Gastelbondo, Edificio Gastelbondo N.36 03 local 104. Teléfono: 3156874444 cavadelpurodebolivar@gmail.com El mayor surtido de habanos y puros en Colombia: Cava del Puro Bolívar - Cohiba Montecristo - Partagás Romeo y Julieta Hoyo de Monterey Humidores - Accesorios


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UNA NUEVA RUTA DE DESARROLLO SOSTENIBLE

Bioeconomía para el archipiélago San Andrés tiene algo que muchos territorios del mundo desearían tener: una notable riqueza natural concentrada en un espacio relativamente pequeño. El mar, los arrecifes, los manglares, los bosques, las especies marinas y terrestres, y los recursos pesqueros, conforman un patrimonio que no solamente debemos proteger. Por Carl David Olsen También pueden convertirse, de manera responsable y sostenible, en una fuente de nuevas oportunidades económicas para las generaciones presentes y futuras. Aquí aparece un concepto que todavía necesita mayor espacio en la conversación del archipiélago: la bioeconomía. La bioeconomía o “economía para la vida” busca utilizar de manera sostenible los recursos biológicos, la biodiversidad y el conocimiento para desarrollar productos, servicios y actividades económicas con mayor valor agregado. No significa explotar la naturaleza. Significa conocerla, conservarla y encontrar formas inteligentes de generar bienestar sin destruir el capital natural. Colombia ya viene avanzando en esa dirección. El Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) 3934 de 2018, que estableció la Política de Crecimiento Verde, reconoció la bioeconomía como un sector estratégico y planteó la necesidad de generar nuevas oportunidades económicas basadas en el uso sostenible del capital natural.

Posteriormente, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación incorporó la Bioeconomía y Territorio dentro de sus políticas de investigación e innovación orientadas por misiones. El objetivo es fortalecer cadenas de valor y desarrollar productos y servicios basados en los recursos biológicos de las distintas regiones del país. Y San Andrés no parte de cero.

alimentos con valor agregado, productos agrícolas adaptados a las condiciones insulares, cosméticos y productos biobasados desarrollados bajo criterios ambientales, turismo científico y nuevos servicios relacionados con la biodiversidad.

En los últimos años se han realizado en el archipiélago encuentros y talleres relacionados con economía circular y bioeconomía, incluyendo iniciativas de MinCiencias orientadas a identificar investigadores, empresarios, organizaciones sociales y entidades públicas que puedan contribuir a construir una agenda regional.

San Andrés se encuentra dentro de la Reserva de Biosfera Seaflower, uno de los territorios marinos de mayor importancia del Caribe colombiano. El conocimiento de sus arrecifes, manglares, especies y ecosistemas puede convertirse en una plataforma para investigación científica, innovación y desarrollo de nuevos productos y servicios, siempre bajo estrictas reglas de conservación y aprovechamiento responsable.

La pregunta ahora es: ¿qué podemos hacer con todo ese conocimiento y con esa biodiversidad? La respuesta no debería limitarse al turismo. El turismo de naturaleza seguirá siendo uno de los grandes activos del archipiélago, pero la bioeconomía permite pensar más allá: investigación marina, biotecnología, acuicultura responsable,

EL OCÉANO, UNA GRAN OPORTUNIDAD

La clave está en pasar de una economía que simplemente consume el territorio a una economía que agrega conocimiento y valor al territorio. Una botella de agua, un pescado o un servicio turístico generan ingresos. Pero una tecnología, un producto bio-

basado, una investigación científica, una patente o un servicio especializado pueden generar mayor valor y, al mismo tiempo, crear empleos calificados para los jóvenes del archipiélago. Ese cambio de perspectiva es fundamental. No podemos aspirar a que el futuro de nuestros jóvenes dependa exclusivamente del comercio, la hotelería o las actividades tradicionales. San Andrés también necesita científicos, biólogos marinos, ingenieros, técnicos, investigadores, emprendedores y empresarios capaces de convertir conocimiento en oportunidades. La bioeconomía puede contribuir a construir ese camino y también puede ayudar a diversificar la economía insular. Diversificar no significa abandonar el turismo, el comercio o la pesca. Significa complementarlos. Un hotel puede convertirse en escenario para turismo científico; un restaurante puede vincularse con productores locales; un pescador puede participar en proyectos de investigación y monitoreo marino; una universidad puede desarrollar soluciones para problemas ambientales; y una empresa puede transformar residuos


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orgánicos en energía. Eso también es bioeconomía. En un artículo anterior titulado ‘Basura Cero’, hablamos de convertir los residuos en recursos. En otro, ‘De los residuos a la energía’, exploramos cómo las aguas residuales y los residuos orgánicos podrían convertirse en biogás y contribuir a la seguridad energética. La bioeconomía amplía esa conversación: nos invita a preguntarnos qué otros recursos biológicos del archipiélago pueden convertirse, mediante ciencia e innovación, en productos, servicios y empleos. Pero existe una condición que no podemos olvidar: la naturaleza no puede convertirse en una nueva mina. En síntesis, la bioeconomía solamente tendrá sentido si garantiza la conservación de los ecosistemas, respeta los conocimientos tradicionales, cumple las normas ambientales y procura que los beneficios lleguen también a las comunidades locales. Por eso San Andrés necesita avanzar hacia una Agenda Insular de Bioeconomía, que reúna a la Gobernación, Coralina, universidades, centros de investigación, empresarios, pescadores, agricultores, organizaciones comunitarias y jóvenes, junto con el Gobierno Nacional. Esa agenda deberá identificar proyectos concretos de alto impacto ambiental, fuentes de financiación, capacidades científicas, mercados potenciales y metas medibles. Entre sus prioridades podrían estar la biodiversidad marina, el turismo científico, los alimentos y productos locales, la biotecnología, el aprovechamiento de residuos, la agricultura sostenible y la restauración de ecosistemas. El país ya reconoce la bioeconomía como una apuesta estratégica. Ahora corresponde preguntarnos qué significa esa política para San Andrés y cómo podemos convertirla en proyectos concretos para el territorio. El archipiélago no tiene que competir con las grandes ciudades industriales del país en cantidad de tierra, infraestructura o población. Puede competir en algo diferente: biodiversidad, conocimiento, innovación y sostenibilidad. La economía del futuro no necesariamente será aquella que más extraiga, produzca y consuma. Será aquella capaz de generar mayor valor utilizando responsablemente los recursos y protegiendo aquello que hace posible la vida. Para San Andrés, la bioeconomía puede ser precisamente ese puente: entre biodiversidad y empleo, entre ciencia y empresa, entre conservación y desarrollo. El desafío está planteado. Ahora debemos convertir la enorme riqueza natural del archipiélago en conocimiento, y convertir ese conocimiento en oportunidades sin sacrificar aquello que queremos preservar. El verdadero reto es aprender a generar prosperidad sin agotarlo.

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MUSEO DE LA CULTURA DEL PUEBLO RAIZAL

¿De la restauración al abandono? Primero fueron llegando los ineludibles contratistas. Luego los funcionarios de la Gobernación, el pueblo raizal y la prensa. Las inmediaciones del Tropical Park, se abarrotaron aquel día de febrero para presenciar el regreso del antiguo hospital Timothy Britton, convertido ahora en el Museo Raizal. Seis meses después sus puertas siguen cerradas y su memoria atrapada, en el silencio. Por Ethel Bent Mucho antes de convertirse en patrimonio restaurado, fue el lugar donde generaciones enteras de raizales e isleños nacieron, se curaron, acompañaron a sus familiares convalecientes y despidieron a sus muertos. Por esos pasillos, en esas paredes corre la historia de las islas. La construcción del antiguo hospital se remonta a mediados de 1930. Durante la restauración apareció incluso una evidencia que corrobora sus orígenes. “El 27 de junio de 2025, mientras configurábamos una de las zapatas de las columnas que soportan la terraza principal, un obrero y su maestro encontraron una botella de vidrio en perfecto estado. Tenía la inscripción Kings Brewery Inc., Brooklyn, NY. Investigamos y encontramos que esa fábrica funcionó entre 1932 y 1938. Ese hallazgo podría ayudar a confirmar que la construcción del antiguo Hospital General Santander, como se llamó en un principio, comenzó hacia mediados de la década de 1930”, relata el arquitecto restaurador Fidias Miguel Álvarez Marín.

La obra fue presentada en febrero de 2026 bajo el gobierno del destituido Nicolás Gallardo Vásquez. Y desde allí comenzó otro problema: continúa cerrada y ya empiezan a observarse algunos deterioros. Como quien dice: tenemos edificio, pero todavía no tenemos museo ni sabemos quién lo dirigirá. El secretario de Infraestructura Departamental, Alen Jay Stephens, confirmó que la obra física está “finalizada, en etapa de liquidación”, pero no amplió la información. Por su parte, el secretario de Cultura, Luis Telesford Chow, respondió frente a la incertidumbre sobre su apertura: “Estamos esperando que el consorcio termine unos pendientes”. Tampoco explicó cuáles son ni qué falta para ponerlo en funcionamiento. Las escuetas respuestas dejan abierta una pregunta inevitable: ¿existe realmente un proyecto para operar el Museo Raizal? Arlington Howard sostiene que sí, que bajo la administración de Nicolás Gallardo, se dejó una hoja de ruta. La solicité esperanzada en la existencia de un plan, pero no obtuve respuesta.

Ese proceso investiga, identifica y selecciona las piezas, construye el relato y define la personalidad del museo: qué quiere contar, desde dónde lo cuenta y qué relación establece con la comunidad interesada cuya memoria pretende representar.

“Tendría que ser un lugar donde el pueblo raizal pueda reconocerse, discutir su historia, conservar sus archivos, escuchar las voces de sus mayores y permitir que las nuevas generaciones comprendan de dónde vienen”, manifestó.

Después viene el proyecto museográfico: cómo se contará esa historia dentro del espacio, cómo estarán organizadas las salas, qué piezas serán exhibidas y qué vitrinas, paneles, imágenes, sonidos, archivos y recursos tecnológicos acompañarán el recorrido.

“ESTO NO PUEDE TOMARSE A LA LIGERA”

“Hay un mandato popular que ordena el establecimiento allí de un Museo Raizal. ¿Cómo hacerlo bien? Es la tarea”, advierte. Y plantea otra pregunta clave: ¿Existen las condiciones metodológicas para que ese Museo Raizal pueda concretarse correctamente y convertirse en una institución cultural verdaderamente representativa? “Hay que colocar un director o directora que sepa de eso y pueda llevar la nave a puerto seguro”, sostiene.

LA RESTAURACIÓN INTERVENIDA El arquitecto restaurador Fidias Álvarez, llamado por la Gobernación para estructurar el proyecto, explica que los trabajos incluyeron retiro de agregados contemporáneos y pañetes deteriorados, reforzamiento estructural, restauración y reposición de pisos republicanos, reconstrucción del núcleo moderno, nueva cubierta, sistemas eléctricos, iluminación y acondicionamiento de aire. También se crearon nuevas terrazas bajo criterios de sostenibilidad y se recuperaron corredores, proporciones y elementos arquitectónicos históricos que generaron discusión de la comunidad durante la restauración.

Su preocupación es compartida por otros gestores: que la administración del museo termine respondiendo a cuotas políticas antes que a criterios culturales, comunitarios y técnicos.

San Andrés ya conoce esta discusión. La Casa de la Cultura fue reconstruida y entregada nuevamente en 2022, durante el gobierno de Iván Duque y la administración departamental de Everth Hawkins.

Con el paso de los años, la estructura envejeció y se hizo imperativa la construcción del Clarence Lynd Newball Memorial Hospital –antes ‘Amor de Patria’, durante el gobierno de Álvaro Uribe–. El viejo Timothy Britton quedó entonces durmiendo el sueño de los justos. Y, de alguna manera, todavía dormita.

Finalmente, se decidió rescatar el edificio y darle un nuevo uso como Museo del Pueblo Raizal del Archipiélago.

Para Miss Cleotilde, el asunto es delicado porque lo que está en juego es la salvaguarda de la memoria colectiva y eso no puede tomarse a la ligera.

EL PRECEDENTE DE LA CASA DE LA CULTURA

En 1982 fue rebautizado como Hospital Timothy Britton, en homenaje al célebre enfermero y líder comunitario raizal Timothy Britton Britton (1893-1981), un hombre con vocación de servicio vinculado al cuidado y la salud de la población.

Por su condición patrimonial no fue tratado como un inmueble cualquiera. Hubo voces políticas, comunitarias y de cultores que insistieron en recuperarlo. Entre ellas, la del entonces diputado Arlington Howard, quien llevó a la Asamblea Departamental una proposición para promover su restauración.

La lideresa raizal Cleotilde Henry, representante de las posadas nativas y de los vigías del patrimonio cultural, es todavía más contundente: “Hay mucha gente en torno a este proyecto que no son las personas apropiadas para manejar ese museo porque no tienen conocimiento de museos”.

Existía la expectativa de que la Fundación Casa de la Cultura asumiera un papel principal en la administración del espacio. Sin embargo, allí terminaron instalándose la Secretaría de Cultura y oficinas de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), además de los programas culturales de la Gobernación, frente al silencio cómplice –o al menos inexplicable– de sus fundadores.

Aurea de Oliveira, artista y gestora cultural recalca: "Un museo no comienza cuando termina una obra civil". Y mantenerlo cerrado mientras se decide qué hacer con él puede convertir esta inversión patrimonial en candidato a elefante blanco, como muchas obras en el archipiélago. Quienes pasan hoy frente al inmueble como observé hacer a varios turistas, encuentran una hermosa edificación restaurada y protegida por guardas de seguridad que tienen instrucciones de impedir el ingreso o acercamiento sin autorización. Una obra vacía de actividad cultural capaz de volver a matar del aburrimiento hasta a los fantasmas que deambulan por el antiguo Timothy Britton. UN MUSEO NO SE IMPROVISA Fidias Álvarez, fuente principal de este reportaje insiste en que para abrir un museo no basta con disponer de un edificio y llenarlo de objetos antiguos. Primero se necesita un proyecto museológico.

Fidias Álvarez estuvo durante años al frente de un museo en Cartagena, se ha formado con el Museo Nacional de Colombia y la Cooperación Española, y cuenta con experiencia en restauración de edificaciones históricas. También propone incorporar el futuro Museo Raizal a la Red de Museos de Colombia para fortalecer su institucionalidad y permitir intercambios y exposiciones itinerantes. ¿QUIÉN VA A CONTAR LA HISTORIA RAIZAL? De Oliveira comparte la preocupación por la necesidad de un museo, no de un centro cultural y plantea buscar el acompañamiento de una entidad con experiencia como el Banco de la República. Para la artista, el museo necesita criterios claros sobre la manera de presentar las biografías de los artistas, el arte y las artesanías, evitando reducir el patrimonio a una representación superficial de la cultura raizal.

Otros procesos culturales no gubernamentales quedaron sin el espacio que esperaban recuperar. Incluso la agrupación ‘Los Legendarios’, con más de 45 años de historia, no pudo continuar allí sus prácticas como acostumbraban hacerlo en la antigua edificación. Ese precedente alimenta buena parte de la desconfianza que hoy rodea al Museo Raizal. El temor es que la demora produzca desgaste; que pasen los meses o los años y finalmente una decisión administrativa termine imponiéndose sobre el propósito que justificó la recuperación del Timothy Britton. Mientras esperamos respuestas, los guardias continúan turnándose frente al edificio vacío. Nadie puede acercarse sin autorización y el museo permanece sin cumplir la función para la cual fue restaurado. Después de tantos años de abandono, sería una verdadera ironía que San Andrés termine teniendo un Museo Raizal perfectamente restaurado, pero vacío de memoria y de su propia gente.


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GEORGE HODGSON BENT, EL GENERAL RAIZAL DE LA MOSQUITIA

El sueño de la patria grande George Montgomery Hodgson Bent (1884 – 1927) nació en San Andrés, hijo de George Hodgson, maestro nacido en Bluefields y de ascendencia jamaiquina, y Jane Elizabeth Bent. Cuando era niño, su familia se trasladó a Bluefields, donde creció en el barrio Cotton Three y recibió educación en la escuela Morava. Allí desarrolló sus habilidades creativas y posteriormente se formó como odontólogo. Pero su vida tomaría un rumbo muy diferente… Por Carl David Olsen En efecto, Hudgson se convirtió en uno de los principales dirigentes de la población creole de la Costa Caribe nicaragüense, en una época en que el gobierno central de Managua intentaba consolidar su control sobre una región con una historia política, cultural y territorial distinta. Su lucha no puede entenderse equívocamente como una guerra entre Colombia y Nicaragua. Las investigaciones históricas lo presentan como un dirigente que defendía los derechos autonómicos y territoriales de los pueblos de la Costa Caribe, derechos que consideraba amenazados tanto por Nicaragua como por las decisiones del propio Estado colombiano. En 1926, Hudgson encabezó a un pequeño grupo de combatientes conocidos como los “25 Valientes”. El 2 de mayo ocuparon Bluefields y posteriormente participaron en operaciones en distintos puntos de la Costa Caribe. Lo llamativo es que existen varios documentos estadounidenses contemporáneos que confirman su actividad militar. En un informe de la Marina de Estados Unidos fechado el 14 de septiembre de 1926, aparece como “General Hudgson [Hodgson]”, al mando de las fuerzas liberales en Schooner Cay. Pero la lucha de Hodgson tenía un componente político todavía más profundo. Después de la toma de

Bluefields, dirigentes creoles, encabezados por él, solicitaron a Estados Unidos que apoyara su iniciativa y que se restableciera la Reserva Mosquitia. La primera firma de aquella solicitud fue precisamente la del general George Montgomery Hodgson.

representa una conexión extraordinaria: San Andrés → Bluefields → Mosquitia → Costa Caribe → San Andrés. Incluso algunos de los hombres que participaron con él en los llamados ‘25 Valientes’ tenían vínculos estrechos con San Andrés y Providencia.

Esto es fundamental para comprenderlo: su proyecto no parece haber sido simplemente sustituir la bandera nicaragüense por la colombiana. Su objetivo estaba relacionado con la recuperación de derechos políticos y territoriales de los habitantes de la Costa Caribe centroamericana.

'HODGSON' Y EL TRATADO BÁRCENAS-ESGUERRA

Por eso, llamar a Hodgson estrictamente “un general colombiano que luchó contra Nicaragua”, sería por lo menos, reducir considerablemente su historia. Era, más exactamente, un sanandresano raizal-creole convertido en líder de la lucha autonomista de la Costa Caribe Centroamericana. LOS VÍNCULOS CON SAN ANDRÉS La historia de Hodgson también revela hasta qué punto el mundo raizal trascendía las fronteras nacionales. San Andrés, Providencia, Bluefields, Corn island y el resto de la Mosquitia mantenían antiguas relaciones familiares, comerciales, religiosas y culturales. Para muchas familias de la región, el Caribe no estaba dividido por las fronteras que posteriormente establecieron Colombia y Nicaragua. En ese contexto, la vida de Hodgson

Aquí debemos hacer una precisión histórica muy importante. George Montgomery Hodgson murió el 14 de abril de 1927 y el Tratado Bárcenas-Esguerra se firmó el 24 de marzo de 1928, casi un año después. Por lo tanto, Hodgson no pudo haber participado directamente en las negociaciones de ese tratado. Existe una tradición oral histórica raizal según la cual su muerte estuvo relacionada con su oposición a la entrega de la Mosquitia. Pero esa creencia debería primero comprobarse documentalmente e inscribirse así en la narrativa contemporánea. De hecho, investigaciones posteriores señalan que en abril de 1927 el tratado que estaba en discusión era el Pacto del Espino - Negro, que puso fin a la guerra entre liberales y conservadores nicaragüenses. El Bárcenas-Esguerra todavía no era materia de negociación. Esta última distinción es fundamental para contar la historia correctamente. En 1927, aunque estaba enfermo, Hudgson regresó a la lucha. Su estado de

salud se deterioró gravemente y finalmente fue llevado a Bluefields. Murió el 14 de abril de 1927, a los 42 años, y fue enterrado en el citado puerto. Hoy su memoria permanece particularmente viva en Bluefields. La municipalidad lo recuerda como precursor de la autonomía de los pueblos de la Costa Caribe de Nicaragua, y una plaza de la ciudad lleva su nombre. UN PERSONAJE ENTRE DOS MUNDOS Quizá esa sea la mejor manera de recordar a George Montgomery Hodgson Bent. No fue solamente colombiano. No fue simplemente nicaragüense. Fue un hombre del Caribe occidental, nacido en San Andrés, criado en Bluefields y convertido en dirigente de un pueblo cuya identidad había existido mucho antes de las fronteras nacionales contemporáneas. Su historia permite entender algo fundamental sobre la historia raizal: San Andrés y Providencia nunca fueron únicamente unas islas señeras en el Caribe. Formaban parte de una red humana que se extendía por la Costa de Mosquitos, Bluefields, Corn Island, Puerto Limón, Bocas del Toro y otros territorios del Caribe centroamericano… Y el general Hodgson Bent fue uno de los personajes que mejor personifica esa conexión.


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A CULTURAL ROUND TRIP FROM ARCHIPELAGO OF SAN ANDRÉS

Sería imposible hablar de la música de San Andrés, o del reggae de archipiélago sin mencionar, detenernos a reconocer y celebrar a uno de sus activistas más activos y emblemáticos: Justo Barrios Taytos (1962), mejor conocido en cada rincón de la tierra como Job Saas.Hablar de su andar exige, sin anestesia ni rodeos, hundir los pies desnudos en el lodo de su huerto.

INMORTALIZADO EN EL AIRE Hoy, la trayectoria de Job Saas halla un espacio de honor en el rooftop del Prixma Hotel en San Andrés, gracias al impresionante mural realizado por el artista plástico Jota Art. La obra captura con maestría su vibrante energía y el carácter indomable de una vida consagrada a la música y al territorio. Flotando sobre el horizonte, el mural nos recuerda que cada una de sus melodías es una semilla en la memoria de las islas; un legado vivo que, regado por su voz, asegura que el árbol de la identidad raizal siga dando frutos llenos de origen, fuerza y sabor.


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“NO EXISTE CULTURA RAIZAL POSIBLE SI ENTREGAMOS EL TERRITORIO”

LATIDOS DE CORAZÓN REBELDE

Por Iván Samir Otero Lo anterior hasta despertar el eco latente de la memoria. Job puede parecer –para muchos indoctos musicales– un simple cantante de tarima o animador de turistas despistados; pero su talante representa el pulso salvaje y orgánico del pueblo raizal que encontró en la música y en especial en el reggae, una tierra fértil para defender su lengua creole, su dignidad identitaria y su soberanía cultural. A medio siglo del debut de su viaje sonoro, su vida es una misma línea ininterrumpida donde el arte, el misticismo ‘rastafariano’, la resistencia social y las manos untadas de tierra florecen desde una misma raíz. FESTIVAL BILL & MARY ‘80 Muchos lo recuerdan, pero pocos lo saben. Todo comenzó para Job en 1980, cuando el reggae vagabundeaba por el Caribe contagiando humanos con su ímpetu de libertad. En la mítica tarima del Festival Bill & Mary —epicentro donde se medía el calibre del talento insular—, un muy joven Job Saas (18) subió con el fuego de quien lleva una profecía entre el pecho. Agarró el micrófono, soltó una pieza inmortal de Bob Marley (Bad Card) con una cadencia tan pura y raspada que dejó al jurado sin aliento, alzándose con uno de los premios principales del certamen.

Aquel triunfo no fue un simple trofeo de vitrina: representó uno de los cimbronazos iniciales que encendió la llama del reggae en la juventud sanandresana de la época, traduciendo la rebeldía de Kingston a la vivencia cruda de nuestras calles, playas y traspatios. DE REBELS A THE HEART BEAT Desde aquella noche, la carrera de Saas mutó en una persecución implacable por consolidar un sonido auténtico, consciente y contestatario. Su paso por formaciones cruciales trazó el plano arquitectónico del género en la isla. Primero, The Rebels: La banda germinal donde la electricidad colectiva de los músicos locales empezó a estructurar la identidad del reggae y la soca insular en una era de pura exploración. Luego llegó 'Roots and Culture': El proyecto que amarró sin contemplaciones la lírica musical con la memoria de los ancestros, la resistencia y la devoción por la africanía caribeña. Y finalmente Job Saas and The Heart Beat: Su banda definitiva y más madura, un ensamble implacable con el que ha paseado el mensaje de la isla, fusionando el roots con los latidos del calypso e incluso el rock. EMBAJADOR EN LA CARRETERA Pronto el mensaje desbordó el litoral in-

sular. Saas empacó la brisa salada en la maleta y se transformó en el embajador cultural de San Andrés. Verlo adueñarse de los escenarios multitudinarios de ‘Rock al Parque’ en Bogotá o encender los picos de fuego del 'Festival Altavoz' en Medellín dejan marcada una lección magistral de cómo el reggae de la isla puede aplastar el frío andino. Sus descargas en el Green Moon Festival y sus giras internacionales por el Caribe global lo consagraron como un ícono viviente, una leyenda respetada por viejos melómanos y por la nueva sangre del dancehall y los sonidos urbanos que asaltan la isla en la actualidad. CULTIVADOR DEL TERRITORIO Pero entender a Job Saas exige bajarse del escenario y caminar hasta su casa, una reserva natural paradisíaca. Para él, las cuerdas vocales y la tierra pertenecen al mismo ecosistema vital. Defensor radical de las prácticas de farmer, Saas predica con el azadón en la mano: la siembra tradicional, el cultivo orgánico y la protección de nuestras fuentes de agua no son discursos teóricos de escritorio, sino un combate diario por la soberanía alimentaria. Enseña que no existe cultura raizal posible si entregamos el territorio al cemento y dejamos morir los patios tradicionales.

CINCO CANCIONES INDISPENSABLES Por último, para descifrar su huella en el tiempo, estas cinco piezas son mapa y brújula de su trayectoria: ‘Beautiful San Andrés’: Original de Miss Cecilia Francis Hall. Job la inmortalizó junto a The Rebels en el disco debut de la agrupación sanandresana como el himno sentimental definitivo de la isla, para luego reinventarla junto a The Heart Beat en una arrolladora y fiestera clave de ska. ‘True Born Islander’: Manifiesto puro de orgullo raizal. Una proclama que reivindica el cordón umbilical del archipiélago con el Caribe occidental y la hermandad histórica con Jamaica. ‘Roots and Culture’: La columna vertebral de su ideario. Un himno a la fe Rasta, a la preservación del legado ancestral y a la memoria colectiva que no se rinde. ‘Freedom’: Rescatada de su álbum Natty Dread, es una descarga de roots pesado contra las cadenas mentales y la aculturación comercial. ‘Bella Amorosa’ (feat. DJ Coby): Una demostración de versatilidad cantada en español donde tiende un puente generacional con DJ Coby, aliando la voz curtida de la vieja escuela con el sonido urbano contemporáneo.


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Puentes solidarios

El terremoto que afectó el pasado 10 de agosto a varias regiones de Colombia también provocó una respuesta desde las islas. En San Andrés, la solidaridad encontró en la música y el arte una manera de expresar cercanía y respaldo a las familias que hoy enfrentan las consecuencias de una devastadora emergencia. Más allá del encuentro realizado en el pathway o bulevar, la iniciativa, coordinada por el Club Rotario y el colectivo musical RIMM, puso de manifiesto la capacidad de la población isleña para movilizarse frente a situaciones que afectan a otros territorios del país. Una respuesta nacida del corazón y convertida en acción colectiva.

El llamado trascendió las fronteras del Archipiélago y convirtió una causa nacional en una oportunidad para demostrar que la distancia geográfica no impide tender puentes de ayuda. Desde este rincón del Caribe, músicos, artistas, organizaciones y ciudadanos sumaron esfuerzos para decir, con hechos, que ninguna tragedia ajena debe resultarnos indiferente. Para los impulsores de la iniciativa, la jornada tuvo además un significado especial: recordar que San Andrés también ha recibido, en momentos difíciles, el respaldo generoso de ciudadanos provenientes de distintas regiones de Colombia. La solidaridad, como la memoria,

adquiere verdadero valor cuando se transforma en reciprocidad y compromiso. La experiencia deja también una reflexión sobre el papel que pueden desempeñar la cultura, la música y la participación ciudadana en momentos de emergencia. No son únicamente espacios para el entretenimiento o la celebración; pueden convertirse en poderosas herramientas de convocatoria, sensibilidad y acción, capaces de movilizar voluntades alrededor de una causa común. Con el concierto ‘Sing fih Colombia’, el Archipiélago se vinculó a los esfuerzos de solidaridad que

se adelantan en el país y envió un mensaje desde el Caribe hacia las comunidades más afectadas. Un mensaje sencillo pero significativo: estamos lejos, pero no somos indiferentes; también desde las islas podemos acompañar, ayudar y tender la mano. Quizás esa sea la principal enseñanza de esta jornada: que siempre existen maneras de aportar cuando otros atraviesan momentos de dificultad. San Andrés volvió a demostrar que su condición insular no constituye una barrera para sentirse parte de la nación. Esta vez, la música hizo visible el puente; pero fue la solidaridad la que verdaderamente lo construyó.

Cuentos para ir a dormir sonriendo Cuando a uno lo invitan a ver a un japonés que cuenta cuentos, la primera obviedad es que el hombre viene del otro lado del mundo. Que su lengua no se escuchará familiar y que, lo poco que sabemos de ese universo nos ha llegado filtrado por la distancia y las voces que se difuminan en un juego de teléfonos rotos. Nuestro sesgado conocimiento colectivo sobre este país se parece más a un prejuicio estereotipado, que a una hermandad vinculada

por la masa de agua que nos es natural.

en una red: nos conecta y no nos deja, se queda. Se nos queda.

Entonces Yoshi Hioki aparece en el escenario envuelto en una luz roja que le imprime solemnidad y misterio, un tránsito sutil entre el preconcepto y el testimonio. Nos habla de “hombres de las islas”, y eso si que suena habitual. Nos enumera las cosas del mar: la tortuga y la medusa, el viento que reorganiza y los fantasmas que deciden quedarse, mediados por lentitud y torpeza. Ya no somos desconocidos, ahora ya somos amigos de mar, como esos que hacen los niños que se conocen en la playa y hacen castillos de arena.

Y esta es una de esas funciones que la FILSAI no grita, que no escribe en los informes: Devolverle a la cotidianidad algo de perspectiva, sacarnos de la melaza en la que se convierte la realidad de este planeta San Andrés, un lugar donde se reciclan los problemas, haciéndolos vigentes en versiones distintas. La feria hace las veces de un Melquiades que insiste en mostrarnos que hay un sistema planetario donde pasan más cosas que las de este Macondo.

Yoshi nos lleva de la risa al sobresalto, atrapándonos como un pez

La FILSAI nos trajo un astronauta del planeta Japón, uno que habla de castillos y Dragones submarinos, uno que canta con sonidos de

cielo, y que al mismo tiempo nos recuerda que su mundo es una isla sometida a vientos y terremotos, que cuando todo fracasa, se apoyan en su cultura para salir de sus tristezas. Descubrimos que Yoshi es un primo mayor y lejano que nos muestra su ruta, que nos cuenta cuentos para irnos a dormir sonriendo, que nos propone otra forma de encontrarnos. La feria señala lo que somos, pero también lo que siempre fuimos, nos devuelve ese carácter cosmopolita que nos era natural, cuando éramos el puerto para todas las historias y no solo un grupo de enfermos e hipocondríacos sin ambulancia.


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10 de agosto Hay vivencias que uno no puede armar por más que se desmenuce el lenguaje. Uno se acerca a ellas cuando las ha sufrido en carne propia. Una catástrofe por un terremoto, incendio, huracán, deslizamiento, son algunas de las experiencias que sobrepasan el entendimiento.

Los procesos de reconstrucción crean otra ciudad o isla en la que quienes sobreviven quizá puedan volver a habitar. Sucedió en Old Providence and Kethlina seguido al huracán IOTA. Por más que trataron de explicarme cómo se veía la isla desde Saint Kethlina, no logré organizar una imagen sin tachaduras. La persona se esforzaba en que yo sobrepusiese el paisaje. Ella tomaba como referencia el bosque de manglar que la cubría generosamente; yo no veía bosque.

Perder la georreferencia de un lugar en el que se ha vivido toda la vida. El pasado 10 de agosto sucedió para muchas familias tras el terremoto: lo que quedaba en tal punto ya no está. Un edificio, un negocio. Y con ello, el barrio, la avenida, la ciudad, el municipio nunca vuelven a verse igual.

Perder la casa no solo obedece a un apartamento, es decir, no encierra una estructura física. La casa implica el entorno natural en el que se vive. Todos los ecosistemas que se vean afectados por la catástrofe. El daño severo sobre estos —montañas, arrecifes, vegetación— fractura también nuestro yo, que es

lo que sucede en la experiencia del trauma. La familia también nos hace casa: padres, sobrinos, hermanos, amigos, vecinos.

oraciones, dar posada, proveer un alimento, son formas de cuidar a quienes viven una experiencia traumática.

Nosotros, que vivimos en un ecosistema frágil en el que el miedo a perder la casa se asoma de junio a noviembre, que corresponde a la temporada de huracanes en el Atlántico y el Caribe, aún no logramos dimensionar el desastre que nos respira en la nuca, asociado a la mala gestión del riesgo. Y tampoco hace mella la vivencia ajena.

¿Podré reconocerme en Cali cuando regrese? Parte de los festivales se han reprogramado. He leído varias publicaciones relacionadas con no cancelar el viaje a la ciudad. Yo no fui capaz de llegar ahora, más por mis propios miedos que por otra cosa.

Un evento catastrófico claro que abre nuestras heridas, por más piel que haya crecido en ellas. Uno se despierta cada día concibiendo el mundo medianamente estable, firme, como lo dejó la noche anterior. Ser solidario, conmoverse, tener en las

Ahora sigue la reconstrucción, que es, además, simbólica. Incluso esta palabra no logra representar lo que sucede en una comunidad después de una catástrofe, donde se mueven fuerte los cimientos que nos constituyen lúcidos y vitales.

San Andrés está atravesada por la costumbre de la muerte Si reviso mi propia familia, hay algunos desaparecidos, un par de primos muertos, y media docena de mis amigos cercanos asesinados. Mi vecino tiene un hijo que murió en un accidente, la señora de dos casas arriba, perdió a su hijo mientras llevaba inmigrantes, y los de calle abajo, tienen dos hijos del mismo padre que fueron asesinados. No estoy hablando de violencia, me refiero a la familiaridad. La muerte es un idioma tan cotidiano que esta misma columna, la pensé durante una travesía del centro hasta mi casa recordando hechos de diferentes sitios por los que pasé. Llegué, y la escribí de un co-

STAFF

DIRECTOR Eduardo Lunazzi EDICIÓN Billy Lunazzi Celis

rrientazo: de pronto entendí la magnitud de que esto ha pasado durante toda mi vida. Desde antes de serlo, participo en conversaciones de adultos. Cuando voy a La Loma, aparecen los nombres de dos hombres que murieron hace más de diez años. Son referencia para hablar de motos, de gallos o de cualquier otra actividad. Durante la conversación de adultos, me doy cuenta que en vida, no habían sido tan importantes. Ahora, hay un tributo incesante a su memoria y esa devoción, era extraña, o puede ser pesada, cuando nos referimos a alguien que no ha muerto. Hay una certeza que produce escalofríos, y es que en San Andrés nos explicamos, o nos entendemos, a partir de quienes ya no existen. “Esa es la casa del que se perdió navegando a Nicaragua”, COLABORADORES Edna Rueda Nadim Marmolejo Kent Francis.

“Esa es la mujer del que mataron en el centro”, “Es el hijo de J***, el que se murió” “¿Te acuerdas de él? Es hermano del blanquito que mataron en el barrio”… Tuve una novia que vino desde Europa a visitarme. Dimos vueltas por la isla, mientras le señalaba casas de personas que ella no conocía, le conté sobre dos entierros que a mí me marcaron, y de la manera absurda en la que murió mi mejor amigo. Ella me miraba como si yo estuviese desajustado. Calculo que hablé sobre demasiados muertos, mi única intención era describir el lugar en donde vivo. Recuerdo cuando murió mi compadre. Ella lloraba al lado de mi ahijada, mientras me decía, que no podía mirarle esos ojos huérfanos y afligidos. Me preguntó una y otra vez cómo me sentía, le dije que no estaba preparado, pero lo asimilé con

PERIODISTAS Janeth Raga Iván Samir Otero Linis Castillo Ethel Bent

FOTOGRAFÍA Edward Lunazzi Celis Christian Quimbay

naturalidad, aunque mente me doliera.

natural-

Sé que no sufrimos menos, simplemente estamos acostumbrados a que la muerte forme parte de este paisaje. De hecho hay canciones y personas que aparecen cada vez que alguien se va. Forman parte de nuestro universo, pero si buscas a esas personas después en sus casas, no están. Y algunas canciones ni siquiera queremos cantarlas. Es como si estuvieran reservadas para la próxima muerte. Y habrá otra muerte, eso lo tenemos claro. En San Andrés ningún muerto desaparece. Se quedan en nuestras referencias y en los recuerdos galopantes que nos atestan como disparos. Aquí aprendemos, casi sin darnos cuenta, que todos somos perecederos.

DISEÑO EDITORIAL Jesse Lunazzi Celis


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