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EL ISLEÑO 231

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UNA PROPUESTA DE COMPROMISO CON EL DEBATE Y LA ACCIÓN

Estrategia Seaflower

El Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina enfrenta riesgos sistémicos y acumulativos derivados de décadas del mal llamado desarrollo bajo el modelo de “crecimiento inercial” desde que el centralismo nacional declaró las islas como Puerto Libre en la década de 1960.

Los principales desafíos provienen de la imposición de un modelo de desarrollo continental, la aculturación — incluyendo el abandono de prácticas tradicionales y sostenibles— y modelos destructivos de uso del suelo y del mar. Nuestra histórica generosidad y naturaleza acogedora nos hicieron vulnerables: muchos residentes perdieron sus propiedades y la población fue arrojada a una economía monetaria sin el tiempo ni la orientación para adaptarse.

Los foráneos trajeron nuevos materiales de construcción, tipos de edificaciones, trabajadores del continente y maestros para reemplazar el sistema educativo local basado en el inglés.

Este contexto es sumamente relevante hoy. El Archipiélago conforma la Reserva de Biosfera Seaflower, parte de una red global que reconoce su singularidad biocultural en el Caribe angloparlante. Se encuentra uno de los arrecifes coralinos continuos más grandes del mundo, junto a parches de manglar, praderas de pastos marinos, playas y bosques secos, todos estrechamente conectados para proveer servicios ecosistémicos esenciales.

Sin embargo, el crecimiento poblacional —impulsado por políticas nacionales erróneas y corrupción— ha vuelto cada vez más escasos recursos como el agua limpia, el suelo y la tierra. Buena parte de las playas están contaminadas y el entorno bajo presión creciente. Las oportunidades para cambiar esta trayectoria se han desperdiciado, poniendo a las islas en riesgo de un deterioro irreversible.

La educación está fallando, la criminalidad aumenta y el cambio climático añade estrés adicional, con el aumento del nivel del mar y la erosión costera amenazando ecosistemas e infraestructuras. La inacción continuada puede significar la desaparición de hábitats vitales y la pérdida tanto de estabilidad ambiental como social.

EL AUGE DEL TURISMO

El auge de San Andrés como destino turístico masivo comenzó en los años 70 con nueva infraestructura portuaria y aeroportuaria e inversiones no reguladas bajo políticas migratorias inadecuadas. Este crecimiento nunca consideró la escasez de agua y tierra, y fue diseñado mayormente por foráneos y un gobierno distante, llevan-

do a la destrucción de las economías agrícolas y pesqueras tradicionales.

El territorio abarca tanto zonas núcleo como zonas de amortiguamiento de la Reserva de Biosfera, pero el desarrollo sin control ha provocado un marcado deterioro ambiental. El modelo territorial y turístico ahora prioriza un alto consumo de suelo y un crecimiento insostenible. La solución requiere una estrategia cuidadosamente planificada con metas e indicadores claros que invitan a obtener una perspectiva a más largo plazo.

Las economías y medios de vida regenerativos deben ser el eje, apoyados por una estructura de gobernanza para supervisar la estrategia. Defender la identidad, los paisajes y los ecosistemas del pueblo Raizal es innegociable, para fomentar un desarrollo sostenible y armonioso en este contexto insular y biocultural único. Programas de investigación-acción, educación ambiental, cultural y financiera deben garantizar una genuina participación de la población.

La Estrategia Seaflower representa un compromiso con el debate abierto y la acción decidida, analizando

críticamente los puntos de acuerdo y conflicto respecto al territorio insular y estableciendo una hoja de ruta para el cambio transformador. Estas acciones se llevarán a cabo mediante programas dirigidos que resumen en la propuesta del siguiente Decálogo:

1. Moratoria Indefinida al Crecimiento Turístico. Implementar una moratoria inmediata y continua sobre la expansión turística, permitiendo tiempo para reevaluar la capacidad de carga y la sostenibilidad a largo plazo.

2. Gestión Demográfica y Turística. Regular los patrones de crecimiento limitando tanto el número de turistas (priorizando modelos de turismo regenerativo) como gestionando la dinámica poblacional residente para garantizar un desarrollo equilibrado.

3. Diversificación de Actividades Económicas. Romper la dependencia del monocultivo turístico integrando de manera justa las actividades tradicionales en la cadena de valor del turismo, apoyando los medios de vida locales y la continuidad cultural.

4. Protección de la Identidad Cultural Raizal. Proteger, promover y celebrar

activamente la identidad cultural del pueblo Raizal, asegurando que sus tradiciones, lenguas y derechos sean centrales en todos los procesos de desarrollo.

5. Gestión, Restauración y Resiliencia del Patrimonio Natural. Priorizar la conservación, restauración y gestión responsable de los ecosistemas y la biodiversidad únicos de la isla. Impulsar la adaptación al cambio climático mediante la restauración ecológica participativa de humedales, playas y acuíferos, así como el desarrollo de refugios climáticos para enfrentar olas de calor.

6. Economía Regenerativa. Promover una economía regenerativa apoyando actividades que restauren el capital natural, mejoren los medios de vida locales y aseguren el bienestar ecológico y social a largo plazo.

7. Resiliencia de Ecosistemas y Comunidades. Fortalecer la resiliencia de los ecosistemas y las comunidades mediante la restauración participativa, soluciones basadas en la naturaleza y estrategias adaptativas frente a los riesgos climáticos.

8. Reubicación desde Áreas de Alto Riesgo. Desarrollar e implementar programas justos y participativos para reubicar a los residentes de zonas altamente vulnerables o peligrosas a lugares más seguros, garantizando dignidad, respeto cultural y mejores condiciones de vida.

9. Gestión Sostenible de Servicios Ambientales Básicos. Asegurar que los sistemas de agua, energía, residuos y transporte se gestionen utilizando criterios de sostenibilidad para reducir el impacto ambiental y aumentar la resiliencia.

10. Fondo de Compensación y Restauración. Establecer un fondo dedicado para daños y pérdidas, como parte de la compensación gubernamental por la sobrepoblación de las Islas y la exposición de los residentes a riesgos elevados, para enfrentar daños pasados y financiar iniciativas futuras de resiliencia, restauración y adaptación.

Cada una de estas acciones se debería implementar mediante programas dirigidos, presupuestados y totalmente financiados por el Fondo de Compensación y Restauración que reflejen la urgencia y complejidad de las realidades ecológicas, culturales y socioeconómicas de la isla.

* Esta iniciativa surge del trabajo integral de expertos: ambientalistas por formación y convicción, que pusieron –y depusieron– ideas, opiniones y razonamientos, para generar una hoja de ruta en forma de decálogo que afronte las realidades ecológicas, culturales y socioeconómicas de la isla.

“PROHIBICIÓN DEL PLÁSTICO ES POR EL BIENESTAR DE TODOS”, WALKER

Un respiro para el maritorio

A propósito del Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, desde el área de Control y Vigilancia de la corporación ambiental Coralina entregaron un balance bastante positivo sobre el cumplimiento, en las islas, de la legislación que prohíbe el uso de estos nocivos elementos.

Cabe recordar que el 3 de julio es una fecha instaurada (relativamente hace pocos años) para recalcar sobre las consecuencias nefastas que el uso desmedido de bolsas plásticas le ha traído al planeta. Así mismo, para ayudar a promover alternativas sostenibles para reemplazarlas.

A pesar de los beneficios que aporta a la vida cotidiana, este material se convirtió en una bomba de tiempo cuando su tasa de descarte aumentó de forma exponencial, inundando los rellenos sanitarios del mundo y asfixiando a aves y especies marinas.

Según cifras de Greenpeace, cada bolsa tiene un uso promedio de entre 12 y 15 minutos, pero tarda en degradarse entre 150 y 300 años sin ningún proceso de reciclaje.

De ahí que reducir su uso y optar por materiales reutilizables, compostables o biodegradables, son la mejor manera de darle un respiro a la Tierra e incluso a nuestro propio organismo, ya que está comprobado que en nuestro cuerpo yacen partículas microscópicas de plástico.

ESFUERZOS LOCALES

Dada la gravedad de la situación, muchos países han adoptado normativas para desincentivar que se utilice este tipo de bolsas y de elementos considerados ‘plásticos de un solo uso', como pitillos y mezcladores.

En Colombia, por ejemplo, fue promulgada en el año 2022 la Ley 2232 que “establece medidas para reducir gradualmente la producción y consumo de ciertos productos plásticos de un solo uso”, en aras de proteger el medio ambiente y promover alternativas sostenibles.

Además, y como caso especial, el Archipiélago fue pionero en este tipo de iniciativas legislativas, ya que dos años antes de la mencionada norma, motivó la expedición de la Ley 1973 (del 19 de junio de 2019), impulsada por el entonces representante a la Cámara por las islas, Jack Housni Jaller.

Con esta normativa bajo el brazo, sumada a la Resolución 283 de 2021 expedida por la autoridad ambiental Coralina, el equipo de Control y Vigilancia de la entidad, que hace parte de su Subdirección de Calidad y Ordenamiento, realiza acciones de inspección periódica en distintos lugares de San Andrés y de Providencia, para verificar que no se esté transgrediendo la legislación.

Notable reducción en el uso de bolsas

Johnny Walker Cárdenas, coordinador de esa área de Control y Vigilancia, indicó que en lo corrido de 2026 se han realizado tres operativos en este sentido, pudiendo evidenciar que ha disminuido, en gran medida, el ingreso, comercialización y empleo de plásticos de un solo uso no permitidos, según las leyes vigentes, entre ellos las bolsas.

“En lo corrido del año hemos venido

realizando actividades de inspección, vigilancia y control en los diferentes establecimientos comerciales, así como en el Muelle Departamental, y se ha evidenciado que ha reducido notablemente el ingreso de estos elementos que no están permitidos”, indicó.

El funcionario aseguró que los comerciantes, en su gran mayoría, han estado adquiriendo empaques que cumplen con lo establecido en la legislación vigente, tales como bolsas reutilizables; o que han sido reincorporadas en el mercado, para ser posteriormente utilizadas como materia prima en la elaboración de nuevos elementos como estos.

Así mismo, su equipo de trabajo ha evidenciado que las pocas ocasiones en que se han encontrado este tipo de bolsas, se ha tratado de elementos rezagados en las bodegas de esos establecimientos; y que sus propietarios han accedido a hacer una entrega voluntaria de los mismos.

“Otro punto a resaltar es que los dueños de los locales, que venden estas bolsas a otros establecimientos en la isla, se han acercado a nuestras instalaciones, preguntando por los parámetros establecidos en la norma, a fin de cumplir con ella y poder brindar esos productos que sí cumplen con lo establecido en la ley”, resaltó Walker.

INGRESO DE BOLSAS POR EL AEROPUERTO

Sin embargo, el ingeniero ambiental también comentó que en las brigadas

de inspección, principalmente en el aeropuerto, se han topado con personas naturales (no comerciantes) que están ingresando este tipo de productos en sus equipajes de mano.

“Cuando verificamos el porqué de esta situación, nos damos cuenta que se trata de personas que hacen eventos ocasionales, como asados o ventas esporádicas de algún alimento en sus casas. En otras ocasiones lo hemos evidenciado también en algunas tiendas de barrio, por lo que estamos focalizando nuestras acciones en estos lugares”, explicó.

De esta manera, desde el área de Control y Vigilancia de Coralina señalaron que a nivel comercial se está cumpliendo con lo establecido en la norma que prohíbe el uso y venta de bolsas plásticas, gracias –según su coordinador–fruto de las continuas charlas, capacitaciones y sensibilizaciones impartidas por la autoridad ambiental del Archipiélago.

“No ha sido fácil. Han sido años de arduo trabajo, haciéndole entender a la ciudadanía y a los comerciantes que esta prohibición no es porque queramos molestar, sino por un bienestar general de la comunidad y del medio ambiente; para evitar que nuestros hijos y nosotros mismos nos sigamos contaminando con los microplásticos, y para que la vida, la flora y la fauna marina pueda continuar establemente, sin bioacumulación de este material que afecta la salud de todos”, concluyó.

200 HECTÁREAS DE MANGLE SECUESTRANDO CO2

Carbono azul en las islas

Durante el mes de junio el Fondo Acción desarrolló unos espacios de socialización y de participación en San Andrés y en Providencia, relacionados con el concepto de carbono azul, bajo el proyecto ‘Manglares de la Reserva de Biosfera Seaflower’ que desarrolla la corporación ambiental Coralina.

Mauricio Salazar, coordinador de diseño de esta iniciativa desde esa organización nacional (responsables del programa ‘Fi Wi Riif’), explicó que esta es apoyada igualmente por Avianca y que tiene entre sus aliados al Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), y a la Fundación Providence, desde lo local.

El profesional comentó que estas jornadas buscan explicar de manera muy clara, principalmente a las comunidades vecinas a los manglares, qué es el carbono azul, así como los beneficios y riesgos de un proyecto para garantizar que los manglares sigan capturando carbono

También, se socializaron las actividades que se vienen ejecutando y cómo se puede participar en ellas. Así mismo, en un segundo momento de dichos encuentros, se recogen observaciones y sugerencias de la comunidad y se responden preguntas.

“Esta iniciativa es muy particular, porque lo que está haciendo el Fondo Acción es aprovechar las actividades de restauración y conservación de manglares que lidera Coralina desde 2023, para diseñar un proyecto de

carbono azul; dado que la entidad nos solicitó ayuda para contabilizar la captura de dióxido de carbono en los manglares con los que viene trabajando”, indicó Salazar.

¿’SECUESTRO’ DE CO2?

Es pertinente señalar que los manglares se consideran sumideros de dióxido de carbono (CO2) –el principal responsable del cambio climático–, ya que durante su crecimiento y en la fotosíntesis capturan este gas, dejándolo ‘secuestrado’ en sus raíces, troncos y hojas, así como en el suelo.

“Por lo anterior, este ecosistema presta un servicio ambiental muy valioso, así que nosotros medimos cuánto están absorbiendo los manglares gestionados por Coralina en las islas, para diseñar un proyecto que genere ‘bonos de carbono’. Además, estamos socializando su estructuración entre los pobladores raizales, para que estén enterados y puedan hacer sugerencias”, relató el coordinador.

Otro punto al que se refirió el representante de Fondo Acción, es que el proyecto en el Archipiélago no va a generar recursos cuantiosos por tratarse de un área tan pequeña de manglar (menos de 200 hectáreas en total);

pero resaltó que su valía está representada en los servicios ecosistémicos que aporta tener mangles sanos en un área de excepcional importancia a nivel global: la reserva de biosfera Seaflower.

“Este proyecto podría no ser atractivo, financieramente hablando, comparado conotros proyectos en el continente colombiano, en áreas de 2.000 y hasta de 100.000 hectáreas de manglar; pero la importancia radica en todas las funciones sociales, ambientales, de protección costera, de relación del paisaje con la comunidad raizal, y de adaptación al cambio climático. Adicionalmente, el conservar este ecosistema, mediante el proyecto, puede generar unos recursos para apoyar precisamente esas actividades de conservación”, destacó Salazar.

PROYECTO DE LARGO ALIENTO

Vale la pena decir que este proyecto comenzó sus labores de restauración en el año 2023 y que irán hasta el 2028, aproximadamente, cuando se espera que se tengan todas las zonas de manglar restauradas.

De igual manera, las actividades de conservación también empezaron en el 2023 y se planea que duren hasta el

2063, incluyendo tareas de monitoreo continuo, para evaluar cómo está creciendo el manglar, si está en buenas condiciones, para analizar su diversidad y para realizar jornadas de participación comunitaria.

El coordinador manifestó que la iniciativa se desarrolla en manglares de dominio público, en áreas que están bajo la administración y gestión de Coralina, ubicados en Bahía Hooker, Bahía Honda, Cocoplum bay, Salt Creek, El Cove, Sound Bay y Smith Channel, en San Andrés; sectores en los que se socializó los días 2 y 3 de junio.

Así mismo, con las comunidades del municipio de Providencia, vecinas de Southwest Bay y de Machineel Bay, con las que se dialogará el jueves 4 de junio.

“Lo que más nos interesa, como Fondo Acción, es recalcar que el proyecto en ningún momento busca quitar tierras, o desplazar a personas o a actividades tradicionales. Se trata es de socializar el modelo de financiación, los principales beneficios, su duración y la manera cómo se espera conservar 166 hectáreas de manglar y restaurar 36 hectáreas, en pro de capturar 62.000 toneladas de CO2 de la atmósfera”, concluyó Salazar.

LA CRISIS INSTITUCIONAL DE SAN ANDRÉS, PROVIDENCIA Y SANTA CATALINA

Inestabilidad política, impunidad y desafíos

Detrás de las recientes elecciones atípicas para escoger un nuevo o nueva gobernante se asoma una profunda crisis institucional en el Archipiélago de San Andrés Providencia y Santa Catalina. Este departamento insular atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. A las dificultades económicas, sociales y ambientales que enfrenta el territorio se suma un declive de la gobernanza territorial que mengua la capacidad del gobierno local para responder a las demandas ciudadanas y construir un horizonte de desarrollo sostenible.

La inestabilidad política, los problemas de gobernabilidad, la persistencia de prácticas clientelares y los altos niveles de impunidad en los delitos asociados con la administración pública han configurado un escenario de incertidumbre que compromete el futuro del departamento insular.

En los últimos diez años, el archipiélago ha tenido más de ocho gobernadores entre mandatarios elegidos popularmente y encargados, hecho que evidencia la inconsistencia del ejercicio gubernamental y la dificultad para consolidar proyectos de largo plazo. Cada cambio de administración ha significado la interrupción de programas, la redefinición de prioridades y la pérdida de continuidad en las políticas públicas. Esta circunstancia ha impedido la consolidación de una visión estratégica para el desarrollo del territorio y ha profundizado la desconfianza ciudadana hacia las autoridades. Esta crisis, sin embargo, no constituye un fenómeno actual La historia política reciente del archipiélago muestra que, pese a los cuestionamientos e investigaciones únicamente dos administraciones, entre los años 2005 y 2012, lograron mantener una relativa estabilidad institucional. Fue-

ra de este periodo, las condenas, las disputas políticas, las investigaciones judiciales y los constantes cambios de gobierno se han convertido en una característica recurrente de la vida pública insular.

En la última década la ausencia de estabilidad institucional, condición esencial para el desarrollo de cualquier territorio, ha generado traumatismos en la gobernanza departamental. La continuidad administrativa que debió servir para diseñar e implementar políticas públicas, atraer inversiones, ejecutar proyectos de infraestructura y fortalecer las capacidades del del departamento tuvo un efecto contrario con la sucesión de gobiernos y los frecuentes cambios en la dirección política departamental. La existencia de más de ocho gobernadores en una década es una señal clara de la incapacidad institucional para garantizar la continuidad de la gestión pública.

Las consecuencias son visibles: obras inconclusas, programas sociales interrumpidos, dificultades en la ejecución presupuestal y una permanente sensación de provisionalidad en la administración pública. A ello se suma el hecho de que cada nuevo gobierno suele emprender una reestruc-

turación administrativa que modifica equipos de trabajo, prioridades y proyectos estratégicos. Esta dinámica ha impedido la construcción de un direccionamiento estratégico y ha favorecido una lógica de gobierno de corto plazo, más preocupada por resolver las coyunturas políticas inmediatas que por atender los desafíos estructurales del territorio.

La situación resulta especialmente preocupante si se considera que el archipiélago enfrenta retos de enorme complejidad relacionados con la sostenibilidad ambiental, la crisis de los servicios públicos, la gestión del agua, la disposición de residuos, la recuperación económica y la protección de la Reserva de Biosfera Seaflower.

Comprender las causas de la fragilidad institucional exige ir más allá de la simple sucesión de gobiernos y reconocer la interacción de diversos factores que, durante la última década, han debilitado la capacidad de gobierno departamental para fortalecerse institucionalmente. En primer lugar, la persistencia de prácticas corruptas y los elevados niveles de impunidad; en segundo lugar, el clientelismo y la fragilidad democrática creciente y por ultimo la frustración de los nuevos liderazgos políticos.

CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD: EL DETERIORO DE LA CONFIANZA INSTITUCIONAL

La crisis institucional del archipiélago no puede entenderse sin examinar el fenómeno de la corrupción y la impunidad. El primer Mapa de la Impunidad presentado por el secretario de Transparencia de la Presidencia de la República, Andrés Idárraga en 2023 reveló un panorama particularmente preocupante para San Andrés y Providencia. En una investigación que analizó el periodo comprendido entre 2010 y 2023, se identificaron los departamentos del país con mayores niveles de impunidad en los delitos asociados a la corrupción. El archipiélago aparece en una posición crítica que refleja las dificultades históricas del territorio para investigar, sancionar y prevenir el uso indebido de los recursos públicos.

De este análisis resulta particularmente preocupante que el Archipiélago aparezca en el primer lugar de los departamentos del país en el Mapa de la impunidad, relacionado con delitos asociados a la corrupción. Más allá de una posición estadística, este primer lugar constituye una señal de alarma sobre el estado

de la institucionalidad insular y la capacidad de las autoridades para investigar, sancionar y prevenir el desvío de recursos públicos.

En el contexto insular, los efectos son particularmente graves. Cada recurso perdido por prácticas corruptas representa menos inversiones en educación, salud, saneamiento básico, infraestructura y protección ambiental. La corrupción no es simplemente un problema administrativo; constituye un obstáculo para el desarrollo y una amenaza para la cohesión social.

CLIENTELISMO Y FRAGILIDAD DEMOCRÁTICA

Otro elemento central de la crisis institucional del archipiélago es la persistencia de prácticas clientelares que han debilitado el ejercicio de la democracia. La existencia de estructuras políticas sustentadas en relaciones de dependencia, intercambio de favores y distribución de beneficios particulares ha limitado la consolidación de una ciudadanía plenamente autónoma e independiente.

La fragilidad democrática alimenta de varios aspectos: una estructura económica poco desarrollada, dependencia del turismo, baja empleabilidad, alta informalidad laboral, altos niveles de contratación política, obras públicas que permanecen inconclusas entre un gobierno y otro, sobrecostos recurrentes y una permanente disputa por el control de los recursos públicos, con una consecuente fragmentación del poder político.

El clientelismo también contribuye a la reproducción de la inestabilidad institucional. Los proyectos de largo

plazo suelen quedar subordinados a intereses políticos inmediatos y particulares, mientras que la capacidad de las instituciones para planificar el desarrollo se ve seriamente afectada. Las recientes elecciones atípicas del domingo 5 de julio constituyen una expresión de estas dificultades. Aunque la candidata vencedora obtuvo una mayoría de los votos, el proceso estuvo marcado por una participación ciudadana limitada La baja concurrencia electoral refleja, en parte, el desencanto de un importante sector de la población frente a la política y la creciente percepción de que los cambios de gobierno no se traducen en mejoras concretas para el territorio.

La abstención, el desinterés y la pérdida de confianza en las instituciones son síntomas de una democracia debilitada. Cuando los ciudadanos perciben que las decisiones públicas responden más a intereses particulares que al bienestar colectivo, disminuye su disposición a participar activamente en los procesos políticos.

LA FRUSTRACIÓN DE LOS NUEVOS LIDERAZGOS

Durante la última década han surgido en el archipiélago nuevos y, en muchos casos, jóvenes liderazgos políticos que despertaron grandes expectativas de transformación. Amplios sectores de la sociedad insular depositaron en ellos la esperanza de una renovación de las prácticas políticas y de la construcción de una nueva forma de gobernar. Sin embargo, los resultados han sido escasos y, en algunos casos, profundamente decepcionantes. Los nuevos liderazgos no han logrado romper el ciclo de las prácticas políticas tradi-

cionales ni construir un modelo de gobierno capaz de fortalecer la institucionalidad y recuperar la confianza ciudadana, muy al contrario, han incrementado la desconfianza hacia el sistema democrático insular.

Esta situación ha generado una profunda frustración entre los electores y la sociedad insular en general. Las promesas de cambio se han visto afectadas por las mismas dinámicas de inestabilidad, conflictos políticos, rapacidad contractual y la voracidad burocrática que han generado dificultades administrativas que caracterizaron a gobiernos anteriores. La incapacidad para consolidar una agenda de transformación ha contribuido a ampliar la distancia entre los ciudadanos y la política. Cada nuevo fracaso alimenta la percepción de que el cambio es imposible y fortalece el escepticismo frente a las instituciones democráticas y los liderazgos políticos.

LOS DESAFÍOS DE LA RECONSTRUCCIÓN INSTITUCIONAL

La crisis del archipiélago es multidimensional y, por tanto, sus soluciones también deben ser integrales. El fortalecimiento institucional exige avanzar simultáneamente en varios frentes.

En primer lugar, es indispensable recuperar la estabilidad administrativa y garantizar la continuidad de las políticas públicas. El desarrollo del archipiélago requiere una visión de largo plazo que trascienda los periodos de gobierno y permita construir consensos sobre las prioridades estratégicas del territorio.

En segundo lugar, es necesario fortalecer los mecanismos de transparencia y control. La lucha contra la co-

rrupción y la impunidad no depende únicamente de la acción de las autoridades judiciales; también requiere una ciudadanía activa, organismos de control eficaces y mayores niveles de rendición de cuentas.

En tercer lugar, resulta fundamental promover una cultura política más democrática y participativa. La superación del clientelismo exige fortalecer la autonomía ciudadana, ampliar los espacios de deliberación pública y construir formas de participación que permitan a la sociedad incidir de manera efectiva en las decisiones de gobierno.

Finalmente, es imprescindible recuperar la confianza entre las instituciones y la ciudadanía. La legitimidad del gobierno departamental se construye a partir de resultados concretos, transparencia en la gestión y capacidad para responder a las necesidades de la población.

Los desafíos son enormes. Reconstruir la institucionalidad del archipiélago implica generar nuevas certezas en medio de una crisis multidimensional, recuperar la confianza de los ciudadanos y construir un proyecto de desarrollo basado en la transparencia, la participación y la estabilidad política. El tiempo de los nuevos gobiernos será corto y las expectativas muy altas. Su principal reto consistirá no solo en administrar las dificultades del presente, sino en demostrar que es posible romper el ciclo de inestabilidad que ha caracterizado al archipiélago durante la última década y abrir un camino distinto para el futuro de las islas.

* Profesor asociado, Director del Instituto de Estudios Caribeños, Universidad Nacional de Colombia

UNA INVITACIÓN A AMAR EL MAR DESDE LA LITERATURA...

De San Andrés al Gran Caribe

La Feria Internacional del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (FILSAI) llegará este año a su novena edición con una programación ampliada y un importante reconocimiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, que la declaró ‘Fiesta de Interés Nacional’, consolidándose como uno de los encuentros literarios y culturales más representativos del Caribe colombiano.

En esta oportunidad, el evento extenderá sus actividades desde el 14 de julio hasta el mes de octubre, aunque la agenda central se desarrollará entre el 16 y el 20 de septiembre, fechas en las que el archipiélago reunirá a escritores, artistas, investigadores y gestores culturales provenientes de Japón, España, Barbados, Haití, Panamá, Puerto Rico y Colombia.

Los organizadores destacan al unísono que FILSAI se ha convertido en un escenario para fortalecer las relaciones culturales y literarias entre Colombia y los países de la Gran Cuenca del Caribe, promoviendo el intercambio de conocimientos, la diversidad de lenguas y las distintas manifestaciones artísticas de la región.

La directora de la feria, María Matilde Rodriguez, aseguró que uno de los mayores aportes del evento es el fortalecimiento de la identidad cultural del Pueblo Raizal, al brindar un espacio para que los artistas locales proyecten sus trabajos más allá de las islas.

Para esta edición 2026, el lema será ‘Sii ina wii’, una expresión concebida por el artista Joe Taylor que, desde su riqueza lingüística puede interpretarse como ‘amar adentro’ o ‘adentro del mar’, un concepto que invita a explorar la identidad insular, el vínculo con el territorio y la apertura hacia otras culturas.

INSPIRADOS EN EL MAR E IDENTIDAD ISLEÑA

El afiche oficial de la feria fue realizado por el pintor y artista plástico Ghiovani Marín, quien plasmó visualmente el concepto de esta edición a través de una propuesta artística inspirada en el mar, la lectura y la esencia del archipiélago.

Toda la programación de FILSAI 2026 estará bajo la dirección de Mamaroja Company, con el propósito de ofrecer una agenda que combine literatura, artes, pensamiento y patrimonio cultural, consolidando al archipiélago como un referente para el encuentro de las letras y las expresiones culturales del Caribe.

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A CULTURAL ROUND TRIP FROM ARCHIPELAGO OF SAN ANDRÉS

En una época donde el algoritmo de las plataformas y sus monótonas listas de reproducción dictan las sentencias, y mientras las bocinas del archipiélago parecen rendirse ante el mimetismo de los sonidos importados, la verdadera resonancia del patio nativo sobrevive en los ambientes más insólitos, esperando el zarpazo correcto.

‘SOY ASÍ’ NUEVO SENCILLO DEL CANTANTE ROJAH Resonancia del Sonido Nativo

Es así como la marea musical de las islas nos vuelve a emocionar con el poder cautivador del afrobeats hecho en casa. Ahí es donde entra Rojah, un talento sanandresano con una trayectoria tan amplia como impresionante para un artista independiente y autogestionado.

Su nuevo sencillo, ‘Soy Así’, junto a Toby (de la emblemática dupla Rayo & Toby), funciona como un disparo táctico para pescar reproducciones digitales y enganchar oídos atentos a la sonoridad isleña. Este junte orgánico se selló en el instante en que Toby escuchó la maqueta y se subió al viaje sin mirar atrás.

La canción se sostiene sobre la fina arquitectura de producción de ‘Tell Them Jimm’, quien amalgamó la cadencia contemporánea del afrobeats con sutiles pero inconfundibles líneas de zouk, recuperando el ADN de la isla con elegancia, pasión y una proyección de talla internacional.

A esto se suma un diseño sonoro coronado por las guitarras orgáni -

cas y flotantes de Anthony Ranks, bajo una mezcla y masterización milimétrica de DJ Coby. Por su parte, el videoclip, dirigido por Aristizábal, nos muestra a Rojah en locaciones naturales del paisaje de San Andrés, redondeando una producción netamente nativa que enorgullece a sus realizadores.

UN MAPA DE RESISTENCIA URBANA

Este regreso para Rojah es un nuevo capítulo en la saga de un artista invaluable para la isla, alguien que ha sabido mutar de piel sin perder el norte. Desde aquellos días fundacionales del Mode Up, cuando reventó el panorama con el ya clásico ‘A lo natural’ junto a Juanchito, la trayectoria de Rojah se ha convertido en un mapa de resistencia urbana.

Ha armado bloques históricos con figuras como Gulax, Lirikal o Big Bam, con quien imprimió su huella en la canción ‘Caribbean’, un himno que caló tan hondo que hoy muchos consideran —guardando las distancias temporales— una suerte de nuevo ‘Beautiful San Andrés’.

A esa vieja escuela pertenece

también su alianza con DJ Shark —quien hoy, desde Hollywood, California, está reintegrando un arsenal de música vital que ambos sembraron juntos—. Toda esta experiencia robusteció a Rojah tras su enlace con nombres de las grandes ligas de la industria, colaborando con Irie Kingz, J Balvin, Ovy On The Drums e incluso Ryan Castro. Un kilometraje de alta costura donde absorbió metodologías y pulió el oficio para aplicarlo a su momento actual: un retorno en solitario donde su madurez lleva el timón.

"Siempre que nos conectamos con Toby hacemos este tipo de canciones que impactan", comenta el artista, vinculando esa potencia con una postura cultural inquebrantable frente al micrófono.

ESENCIA CONTRA LA CORRIENTE

Lejos de la pirotecnia barata del fronteo vacío, ‘Soy Así’ se edifica sobre la base del respeto y el afecto maduro. Aunque la letra camina con sutileza, en el aire se respira que la canción es un tributo directo y cómplice a la mujer que ha sido su pilar, celebrando los años com -

partidos y la lealtad que sobrevive al ruido del entorno; una prueba de que hay creatividad y talento para rato.

"Pienso que nuestro sonido original vale mucho más que todo lo que se está copiando en la isla", afirma Rojah. "Creo firmemente que todos los artistas del archipiélago debemos apostar más por lo nuestro que por las influencias de afuera; rescatar la esencia local que a veces se pierde por la invasión de sonidos externos".

Con este manifiesto, Rojah se activa no sólo para reclamar su espacio en el sonajero local, sino para recordarle a los fanáticos que la verdadera vanguardia actual consiste en escarbar en la propia tierra y cantarle a lo que de verdad importa.

COORDENADAS

PARA ESCUCHARLO:

El videoclip de la canción ‘Soy Así’ ya está disponible en el canal de YouTube ‘Rojah Official’. Encuentra más de su catálogo en el perfil de Spotify de Rojah.

Cuando el mar pide respuestas

El mar ha sido históricamente el mayor patrimonio de San Andrés. Sin embargo, los accidentes de lanchas en zonas como White Watta o el llamado ‘palito’, que ya dejan varias personas fallecidas entre turistas y residentes, obligan a mirar más allá de la conmoción y asumir decisiones impostergables.

Cada accidente trae consigo investigaciones, reuniones y anuncios de nuevas medidas. Pero cuando las tragedias se repiten, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse si los controles existentes están siendo suficientes, si las normas se cumplen realmente y si las responsabilidades están claramente definidas entre todas las autoridades competentes.

Resulta preocupante que distintos sectores coincidan en señalar que las reuniones convocadas para atender la situación concluyen sin acciones concretas, cronogramas verificables ni compromisos claramente asignados. La seguridad marítima no puede depender únicamente de buenas intenciones; requiere coordinación efectiva, seguimiento permanente y capacidad para corregir fallas antes de que cobren nuevas victimas.

También es oportuno escuchar la experiencia acumulada por quienes durante décadas han vivido y trabajado en el mar. Los tradicionales navegantes isleños conocen los comportamientos de las corrientes, los vientos y los riesgos cotidianos.

Cinco hambres

El primero llegó temprano. Se paró frente al portón de metal a esperar que se abriera, como si de él dependiera la democracia universal. Caminaba despacio, con las manos dobladas sobre un bastón que ya conocía el camino de memoria. Vivía solo desde hacía años, pero seguía partiendo el pan en cuatro pedazos. Nunca dejó de hacerlo.

El hambre había abandonado su cocina hacía mucho tiempo, pero seguía viviendo en sus manos. Frente al tarjetón no buscó un nombre. Buscó la promesa de que ninguno de sus nietos volvería a aprender el sabor de la escasez.

La segunda descendió de su camioneta revisando el teléfono. Había estudiado, trabajado y construido una vida cómoda. Pagaba un crédito, sostenía una empresa pequeña y esperaba la adjudicación de un contrato que podía asegurar el futuro de todos los que dependían de ella. No se consideraba deshonesta, pero entendía que ese contrato no era ni necesario ni urgente para su pueblo, solo para ella, que conocía el precio de caer. Su hambre no era de riqueza; era de tranquilidad. El miedo también sabe vestirse de éxito.

Su marido caminó unos pasos detrás. Llevaba años convencido que la vida repartía premios con una mano torcida. Fuera un ascenso ajeno o un subsidio al que él no accedía, todos se le amontonaban como derrotas propias. Había dejado de imaginar un mañana mejor; ahora le bastaba con ver des-

Ese conocimiento práctico no debe verse desplazado por procedimientos administrativos que, por sí solos, no garantizan una navegación más segura.

Del mismo modo, operadores, capitanes, turistas y residentes tienen responsabilidades ineludibles. El uso permanente del chaleco salvavidas, el respeto por la capacidad autorizada de las embarcaciones, la observancia de las condiciones meteorológicas y el cumplimiento de las instrucciones del capitán son medidas elementales que nunca deberían relativizarse.

White Watta y otros puntos de alta concentración de embarcaciones

requieren vigilancia permanente, controles visibles y una organización acorde con el crecimiento del turismo náutico. La prevención debe convertirse en una presencia cotidiana y no en una reacción temporal motivada por cada nueva tragedia que enluta al archipiélago.

San Andrés no puede acostumbrarse a contar víctimas cuando lo que debería celebrar es la riqueza de su mar. Honrar la memoria de quienes han perdido la vida exige transformar las promesas en resultados medibles; controles permanentes y responsabilidades asumidas sin excusas. La seguridad marítima debe dejar de ser un tema recurrente para convertirse, finalmente, en una prioridad permanente.

cender a quienes creía responsables de su frustración. Su voto buscaba una reparación imposible. El resentimiento llevaba demasiado tiempo cenando en su mesa.

La cuarta llegó con los hombros vencidos. Criaba sola a dos hijos y cada noche conciliaba cuentas que nunca alcanzaban. El barrio le parecía un rompecabezas sin borde. No esperaba milagros. Esperaba un descanso. Quería creer que existía alguien capaz de poner orden donde ella solo encontraba ruido. Depositó su voto con la misma confianza con la que un niño entrega la mano al adulto que promete conocer el camino.

El último permaneció varios minutos frente al tarjetón. Había leído, escuchado debates, cambiado de opinión más de una vez. Mientras todos parecían encontrar respuestas, él acumu-

laba preguntas. Recordó haber leído que el cerebro prefiere la certeza al esfuerzo de pensar y comprendió que la duda también podía ser una forma de valentía. Sin saberlo, tenía hambre de pensamiento crítico.

Al salir, ninguno habló con los otros. Sin embargo, estaban unidos desde mucho antes de llegar. El anciano era el abuelo de la mujer del contrato. Ella compartía la mesa y la cama con el hombre que llevaba años alimentando el resentimiento. Él saludaba cada mañana a la madre que esperaba un padre para la ciudad. Esa mujer había enseñado a leer al muchacho que todavía no descubría que tenía hambre de pensar. Y el joven atendía, cada sábado, la panadería donde el viejo seguía comprando un pan que aún dividía como si la escasez pudiera regresar en cualquier amanecer.

Basura Cero: una oportunidad histórica para el archipiélago

Durante décadas, las islas del Caribe han enfrentado un desafío común: ¿qué hacer con los residuos que generan sus habitantes y visitantes. En territorios insulares donde el espacio es limitado, los ecosistemas son frágiles y el turismo constituye una de las principales actividades económicas; la gestión de residuos deja de ser un simple servicio público para convertirse en un asunto estratégico de sostenibilidad y desarrollo.

En Colombia, el Programa Basura Cero plantea una transformación profunda del modelo tradicional de manejo de residuos. Su propósito es pasar de una economía lineal basada en producir, consumir y desechar, hacia una economía circular donde los residuos se convierten en recursos capaces de generar valor económico, empleo y beneficios ambientales.

Esta visión no es una idea aislada. El Programa Basura Cero fue incorporado legalmente en 2023 mediante el Plan Nacional de Desarrollo como una estrategia para transformar la gestión de residuos en Colombia. Posteriormente, en junio de 2025, el Gobierno Nacional expidió el Decreto 670, que reglamentó el programa y definió sus objetivos, mecanismos de financiación, estrategias de implementación, seguimiento y metas de largo plazo. A partir de 2025 comenzó su ejecución gradual mediante planes de acción nacionales, ajustes regulatorios, fortalecimiento del reciclaje, impulso a la economía circular, desarrollo de parques tecnológicos ambientales y modernización del servicio público de aseo, con metas proyectadas para 2026, 2030 y 2037.

En este contexto, el pasado 10 de junio se realizó en San Andrés isla una jornada especial liderada por la Comisión de Regulación de Agua Potable y Sanea-

miento Básico (CRA), dedicada a temas estratégicos para el futuro ambiental del archipiélago. Durante el encuentro se expusieron los avances del Programa Basura Cero, las oportunidades de la economía circular y la valorización de residuos como herramientas para fortalecer la sostenibilidad de los territorios insulares. La jornada permitió conocer de primera mano los esfuerzos que viene adelantando la CRA para impulsar modelos de gestión más eficientes, sostenibles y alineados con los principios de la economía circular.

Para el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, esta visión representa una oportunidad extraordinaria. No se trata únicamente de reducir la cantidad de basura que llega al sitio de disposición final, sino de construir un nuevo modelo de desarrollo compatible con la Reserva de Biosfera Seaflower y con los principios de la bioeconomía y la economía azul.

Los residuos orgánicos generados por hoteles, restaurantes, hogares y establecimientos comerciales podrían transformarse en compost para fortalecer la agricultura local, reducir la dependencia de insumos importados y apoyar programas de reforestación y recuperación ambiental. De igual manera, materiales reciclables como plástico, vidrio, cartón y metales podrían incorporarse a nuevas cadenas de valor mediante procesos de reciclaje y aprovechamiento productivo.

El mar también debe formar parte de esta estrategia. La recuperación de plásticos marinos, redes de pesca abandonadas y otros residuos que afectan playas, manglares y arrecifes puede convertirse en una actividad económica asociada a emprendimientos verdes, artesanías sostenibles y procesos industriales de reciclaje. Cada kilogramo de residuos retirado del ecosistema marino representa una contribución directa a la conservación de los recursos naturales que sus-

tentan el turismo y la pesca.

La implementación de centros de economía circular en San Andrés y Providencia permitiría organizar la clasificación, el aprovechamiento y la comercialización de materiales recuperados, al tiempo que fortalecería la inclusión de recicladores de oficio y la generación de empleos verdes para jóvenes y comunidades locales.

Sin embargo, ningún modelo de Basura Cero será exitoso sin una transformación cultural. La separación en la fuente, la reducción del consumo de plásticos de un solo uso y la educación ambiental deben convertirse en prácticas cotidianas. Las escuelas, universidades, empresas y organizaciones comunitarias tienen un papel fundamental en la construcción de esta nueva cultura ciudadana.

La visión de una Isla Inteligente complementa perfectamente este propósito. Tecnologías digitales, sensores, plataformas de monitoreo e indicadores ambientales pueden ayudar a optimizar la recolección, mejorar la trazabilidad de los residuos y fortalecer la toma de decisiones basada en datos. La innovación tecnológica debe ponerse al servicio de la sostenibilidad insular.

Por una isla inteligente

San Andrés y Providencia poseen las condiciones para convertirse en un laboratorio de innovación ambiental para el Caribe. La integración de Basura Cero, bioeconomía, economía azul y tecnología inteligente podría posicionar al archipiélago como un referente regional de desarrollo sostenible. El desafío consiste en comprender que los residuos no son un problema inevitable, sino un recurso desaprovechado que puede impulsar una nueva economía más limpia, resiliente y compatible con la protección de la reserva de biósfera Seaflower.

FOTOGRAFÍA

Como participante en la jornada realizada el 10 de junio en San Andrés, pude constatar el creciente interés de las entidades nacionales por impulsar soluciones que integren sostenibilidad ambiental, economía circular y desarrollo territorial. También pude apreciar el liderazgo que viene ejerciendo la CRA al promover espacios de diálogo y construcción colectiva en torno a los desafíos ambientales que se enfrenta en esta región insular del país.

La implementación de una estrategia de esta magnitud requiere continuidad institucional. Independientemente de los cambios de gobierno que se produzcan en los próximos años, resulta fundamental que las políticas orientadas al aprovechamiento de residuos, la economía circular y la protección ambiental mantengan una visión de largo plazo. Los desafíos que enfrenta el archipiélago no responden a ciclos políticos de cuatro años, sino a la necesidad permanente de construir un modelo de desarrollo sostenible capaz de preservar el patrimonio natural de Seaflower para las futuras generaciones.

San Andrés, Providencia y Santa Catalina tienen hoy la posibilidad de convertirse en uno de los primeros territorios insulares de Colombia en adoptar integralmente los principios de Basura Cero. Si se logra articular esta iniciativa con la bioeconomía, la economía azul y la protección de la Reserva de Biosfera Seaflower, el archipiélago podría convertirse en un referente para todo el Caribe.

Basura Cero debe consolidarse como una política de Estado para este territorio insular de Colombia, garantizando continuidad más allá de los cambios de gobierno y de las coyunturas políticas. El futuro de las islas dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para convertir la basura en oportunidad y la sostenibilidad en motor de desarrollo.

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