






VERSIÓN FÍLMICA DE LA NOVELA DE HAZEL
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VERSIÓN FÍLMICA DE LA NOVELA DE HAZEL
El diseñador y productor sanandresano, Jack Saad Robinson, se encuentra inmerso en la isla para la reconstrucción del universo visual de la serie que se grabará a partir de la primera novela de Hazel Robinson Abrahams, ‘No Give Up, ¡Maan!’, la cual se transmitirá por el canal regional Teleislas. Entrevista en torno a una labor colosal.
EL ISLEÑO: Cuéntenos su rol en esta producción
Jack Saad: Mi labor como diseñador de producción radica principalmente en cuidar toda la estética de la obra. Porque el director dirige a los actores, el director de fotografía se encarga de contarte la historia desde la cámara, pero hay alguien que tiene que decidir todo lo que te muestra la cámara, y ese es el diseñador de producción.
Así que bajo mi cargo tengo al director de arte, a la directora de vestuario, al director de maquillaje, a efectos especiales y similares. Entonces, para mí asumir el diseño de producción de ‘No Give Up, ¡Maan!’ ha significado mucho, porque más allá de definir una estética de época, ha sido la responsabilidad de construir un universo visual con verdad, identidad y memoria para una historia profundamente ligada a San Andrés, a sus raíces, a sus tensiones históricas y a su riqueza cultural.
¿Cómo se piensa ambientar la producción sabiendo que la historia relata hechos de hace casi dos siglos?
Sí, estamos hablando del año 1830; y
para mí uno de los retos más grandes de filmar en la isla es que hay demasiada construcción moderna, no hay casas originales y los materiales han cambiado. Por eso mi trabajo partió de una pregunta central: ¿cómo hacer visible un mundo que ya no existe, pero que debe sentirse vivo, creíble y emocionalmente poderoso en pantalla?
De esta manera, nos toca reconstruir el San Andrés del siglo XIX con una profundidad histórica, social y simbólica; lo que implica que el espacio como narrativa me toca tenerlo muy claro, al igual que la arquitectura, la vegetación, el mar, los objetos, los mundos de resistencia, la espiritualidad y la vida cotidiana en sí misma.
¿Quién es el director y quién se ha encargado de la adaptación del guion?
El director es Luis Fernando ‘Peto’ Restrepo, quien tiene mucha experiencia en seriados de época. Él dirigió Cosiaca, La Vorágine y Bolívar. La libretista se llama Socorro González y el productor general se llama Oscar Guarín, de P.F.M. una empresa que ha estado trabajando al lado de ‘Peto’ en muchas

obras. Nosotros estamos actuando acá como productores para Teleislas, pero, además, yo quiero que la serie sea tan, pero tan buena, que la pueda ver todo el mundo y entienda lo única y particular que es esta sociedad isleña.
¿Por qué? porque nosotros estuvimos casi congelados más de 100 años, sin comunicación con la Tierra Madre, que era Inglaterra; y con muy poca comunicación con la nueva Tierra Madre, que era Colombia. Además, como sociedad pasamos de ser algodoneros a cocoteros; y eso es muy importante también porque el negocio del coco lo inició un isleño, lo que obviamente se va a reflejar en la historia. Como lo he conversado con Hazel, esta es la historia del nacimiento de la sociedad de las islas.
¿Cómo se está desarrollando el casting?
El casting ya se hizo en San Andrés duró dos días, al igual que en Providencia, buscando principalmente al personal raizal que va a participar en la obra. En la parte de los ingleses se están viendo todavía opciones de actores, en Nueva
York y en otros sitios de los Estados Unidos.
También se ha considerado traer a otra gente, pero no puedo contar todavía quién ha sido escogido. Lo que sí puedo decir es que falta más de la mitad del casting, pero de aquí a un par de días debe quedar todo el elenco definido.
¿Cuánto durará la grabación?
Grabaremos del 4 de mayo al 6 de junio. Hay otras grabaciones que se deben realizar antes de arrancar, en Providencia; y después venimos y grabamos en San Andrés. También se tienen que hacer algunas tomas en el extranjero, sobre la llegada de los barcos.
A propósito de esto último, debemos conseguir el barco correcto, con los detalles de esa época. Ha sido una labor muy grande porque en América no hay, entonces hemos tenido que recurrir a otros países para lograr eso. Por ahora está vista una goleta grande de tres mástiles, que podría atravesar el Atlántico.
En cuanto a la finalización de todo el seriado, tenemos que acabar antes de agosto por instrucciones del

Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), cartera que ha dispuesto gran parte de los recursos económicos para la realización de este seriado, junto a los de la productora privada.
¿Cómo convencieron a Hazel Robinson de llevarla a este formato? Ella todavía no cree que estamos haciendo un seriado de su libro. Y al igual que mi mamá (Hazel es mi tía), cuando le dicen: “Mira, tu sobrino es muy bueno en esto”, ella responde: “Yo no sé… hable con él a ver qué va a hacer”. Pero ella ni siquiera entiende lo que yo hago, aunque eso no quiere decir que no le importe, sino que para mí las mamás Robinson son así…
Sobre cómo lograron convencerla, sinceramente no sé la historia puntual; pero lo que sí me he dado cuenta, luego de hablar con la embajadora (en Jamaica) Emiliana Bernard Stephenson, quien fue directora de Teleislas, ella intentó tres veces conseguir ayuda económica para hacer el proyecto, sin éxito; y también supe que el equipo actual llevaba más de tres años tratando de convertir este sueño en realidad. O sea que este anhelo viene de hace rato.
Por último ¿qué es lo que más aprecia de Hazel Robinson? Que toma elementos históricos correctos y los mezcla para crear ficción; y lo que sugiere ella con esta obra, es el primer mestizaje real entre una persona que ya venía, además, mezclada con una inglesa. Es por esto que se trata de una historia de amor que narra el conflicto y las bases de la sociedad actual; y por ello necesito que la memoria colectiva de las personas adultas en las islas se identifique con eso y que la serie le abra la mente a los jóvenes.
HISTORIAL CREATIVO PROFESIONAL
Jack Saad Robinson estudió diseño de producción para cine, teatro y televisión en EE.UU. Hoy reside en Miami (Florida) consolidándose, igualmente, como un profesional con trayectoria internacional en dirección creativa, branding, producción de eventos y construcción de experiencias visuales para televisión, cine, moda y marcas.
Cuenta, así mismo, con estudios de arquitectura y formación adicional en cine y fotografía en Nueva York. Su trabajo integra narrativa, investigación, espacialidad, atmósfera y dirección visual en proyectos de alto impacto artístico y comunicacional.
Actualmente es el director creativo de Island Public Relations LLC, en Miami y en Colombia; y sus 30 años de experiencia incluyen a reconocidas marcas como Leonisa, LYCRA®, Casa Bizancio Colombia, Adidas, Moët & Chandon, Levi’s, Coca-Cola, Pepsi e IBM, entre otras.



DONDE EL LEGADO DE UN MAESTRO CONSTRUCTOR SIGUE NAVEGANDO
En el sector de Carpenter Yard, sobre la llamada Avenida Antioquia de la isla de San Andrés, se levanta una casa de madera blanca con marcos azul turquesa que no es simplemente una edificación. Es una memoria viva, el testimonio de un hombre que con sus manos construyó parte de la historia marítima y arquitectónica del archipiélago. Una experiencia auténtica, un espacio cultural y ancestral
Por Carl David Olsen
Todo comenzó con el señor Palmerston Coulson Smith, conocido como ‘Uncle Paly'. Nacido en 1896 y formado en Bluefields, Nicaragua, llegó a San Andrés con un talento excepcional para la carpintería. Construyó más de cincuenta casas y edificios en el archipiélago, incluyendo la casa del intendente, el convento de María Inmaculada en Providencia –destruido por el huracán Iota en 2020–, todos con una marcada influencia del estilo inglés caribeño.
Pero su legado más recordado lo dejó sobre las aguas: fue un gran constructor de goletas, entre ellas la Persistence, Deliverance, Endurance, Resistance y Reform. La primera transportaba pasajeros, materiales, alimentos y llevaba a los niños isleños a estudiar a Colón, Cartagena y Costa Rica.
‘Uncle Paly’ fue también fue miembro muy activo de la Iglesia de la Misión Cristiana de North End, la cual fundó con su familia en 1911, y el sector donde vivía y trabajaba con otros maestros car -
pinteros que lleva hasta hoy su nombre: Carpenter Yard, que en el inglés criollo o creole de las islas significa el patio de los carpinteros.
Décadas después, ese mismo solar y esa misma casa de madera son el escenario de una historia de continuidad y orgullo raizal. Palmerston Bryan Coulson, nieto de ‘Uncle Paly’ y gestor cultural sanandresano, vive hoy en la casa que construyó su abuelo y la ha convertido en ‘Casa Navegart’, un espacio cultural y ancestral que recibe a turistas nacionales y extranjeros que buscan algo más que un hotel. Buscan una experiencia auténtica.
El nombre ‘Navegart’ es un homenaje directo a las goletas del abuelo, una fusión de navegación y arte. Desde el momento en que el visitante llega y ve el logo de la posada, una goleta surcando las olas del Caribe, entiende que está entrando a un lugar con alma. El interior está decorado con obras de arte de distintos artistas locales y del mismo Palmerston Bryan
quien es también artista plástico.
Se destacan las goletas a escala, obras del artesano local Orlando Taylor, conocido como ‘Sonsón’, cuyas manos reproducen con extraordinario detalle las mismas embarcaciones que en antaño navegaban en estas aguas marinas de este Archipiélago y países vecinos.
EMBAJADA DE PROVIDENCIA
Casa Navegart es también una especie de embajada o segundo hogar para los raizales de la isla de Providencia que viajan a San Andrés, capital del archipiélago, para realizar diligencias médicas y otros trámites. Allí encuentran un ambiente familiar, donde se habla su lengua y se respira su cultura.
Hospedar a sus visitantes en la casa del abuelo no es para Palmerston Bryan un simple negocio. Es un acto de preservación cultural. Cada huésped que cruza esa puerta enmarcada en turquesa, que descansa en la galería de madera y escucha las historias de la familia, se lleva consigo una parte de la memoria raizal que de otro modo podría perderse en el tiempo.
En una isla que ha cambiado mucho desde los tiempos de ‘Uncle Paly’, Casa Navegart es un ancla. Un lugar donde el pasado no es nostalgia sino presencia, donde la cultura ancestral de San Andrés no se exhibe en un museo sino que se vive, se respira y se comparte con el mundo desde una casa de madera que lleva más de un siglo de pie, tan firme como las goletas que la hicieron posible.
Y ese detalle no pasa desapercibido para los visitantes de otras tierras. Escuchar a los providencianos conversar en creole (Kriol), el inglés criollo caribeño propio de las islas, llama profundamente la atención de los turistas nacionales e internacionales. Lo que para los raizales es cotidiano, para el visitante es una ventana abierta a una cultura viva, auténtica y distinta. Así, sin proponérselo, Casa Navegart se convierte en un escenario donde la cultura raizal no se escenifica sino que simplemente sucede.



REIVINDICAR EL SABER ANCESTRAL NO ES UN ACTO DE NOSTALGIA…
No olvido aquel diálogo por un comentario premonitorio que hizo mi papá: “I hope this weather changes; if it doesn’t, we are going to have a major hurricane”. Abro aquí un paréntesis necesario: para esos días, la estela del huracán ETA ya generaba marejadas ciclónicas, lluvias torrenciales y ráfagas de viento intensas en todo el departamento.
Por Arelis Howard Archbold (Dedicado a mi padre, el Capitán Nicasio Howard)
Incluso circulaba un video de mi padre y otros vecinos del sector de Ketlena intentando anclar una barcaza que, tras meses a la deriva en la bahía, representaba un riesgo inminente para las viviendas y posadas cercanas a la casa de mis padres.
Lo que para muchos parecía el clima habitual de inicios de noviembre, en la mente de mi padre era el augurio de una catástrofe. “Hope” (esperanza) no era una palabra frecuente en el léxico de Nicasio Howard. Cuando intentó explicarme el panorama que se avecinaba para nuestro pequeño municipio, sus palabras se convirtieron, dos semanas después, en la materialización de una “crónica de una muerte anunciada”.
Tras colgar, perdí la paz. Sus advertencias retumbaban en mi subconsciente mientras intentaba descifrar la verdad tras lo que podrían parecer los miedos de un hombre pesimista. No obstante, para quienes conocieron a “Nic”, predecir el tiempo con tal precisión no era cuestión de adivinación, sino la sabiduría pura de un hombre de mar. Eran décadas de experiencia y ciencia absorbidas por los sentidos y guardadas en el alma de un pescador cuyos ojos eran tan profundos como el mar de los siete colores.
EL CONCEPTO DE MAJOR HURRICANE
El término “Major Hurricane” (Huracán Mayor) es la clasificación técnica utilizada por el Centro Nacional de Huracanes (NHC) para designar ciclones de intensidad considerable que representan un riesgo extremo. Según la escala Saffir-Simpson, un huracán se considera “mayor” al alcanzar las categorías 3, 4 o 5, basándose en la velocidad de sus vientos sostenidos. Mi padre no solo estaba preocupado; estaba asustado, una condición casi inédita en pescadores de su temple.
Este es uno de los debates más profundos en la epistemología y la sociología contemporáneas. La tensión entre el conocimiento académico-occidental y el saber ances -
tral no radica únicamente en una diferencia de métodos, sino en una cuestión de poder y cosmovisión.
La academia tradicional suele exigir que todo saber sea validado por el método científico: hipótesis, experimentación y replicabilidad. Se argumenta, a menudo, que el saber ancestral está permeado por la espiritualidad y el mito, elementos que la modernidad intenta segregar en busca de una supuesta “objetividad”.
Providence y Ketlena, el saber ancestral trata a la naturaleza como un “sujeto” vivo, permitiendo una comprensión holística del equilibrio ambiental, a diferencia de la visión académica que suele reducirla a un “objeto de estudio” o recurso.
El huracán Iota nos arrebató mucho y, mientras escribo esto, las lágrimas son inevitables. Aquel 16 de noviembre de 2020 dejó un va-

Sin embargo, ¿acaso el saber ancestral no es “ciencia milenaria”? Quienes defendemos el conocimiento indígena y raizal lo entendemos como ciencia con una metodología distinta: la observación participante y sistemática a lo largo de los siglos. Nuestras comunidades han clasificado plantas, ciclos astronómicos y ecosistemas con una precisión que la ciencia moderna apenas empieza a corroborar.
En el caso de los pescadores de Old
cío inmenso en lo material, lo ambiental y lo espiritual. Pero, sobre todo, evidenció una fractura en nuestra comunidad, tan profundamente ligada a sus raíces.
No somos ajenos a los huracanes. Sin embargo, en algún punto del camino, olvidamos cómo interpretar las señales del entorno y descuidamos nuestra cultura de la prevención. Olvidamos que nuestra cosmovisión y cosmogonía del territorio nos permitieron, históricamente, sobrevivir y ser resilien-
tes en un entorno que no es tan impredecible como la narrativa oficial del IDEAM quiso presentar tras el desastre.
Por generaciones, nuestra ciencia ancestral nos dotó de la capacidad de observar, predecir y prepararnos. Con los años, herramientas como el calendario McDonald, los reportes de la NOAA y la tecnología reforzaron esos conocimientos, otorgándonos autonomía climática para nuestras faenas. Pero, gradualmente, dejamos de escuchar a nuestros sabios y nos volvimos dependientes de una ciencia externa que poco conoce y reconoce las particularidades de nuestro territorio.
Sí, el Iota nos quitó mucho, pero nos legó una lección imperativa: somos un pueblo resistente. Conocemos la dinámica de nuestra tierra mejor que cualquier observador externo, por más credenciales científicas que ostente. Somos los sobrevivientes de una catástrofe que, aunque no pudo ser evitada, pudo habernos encontrado mejor preparados si no hubiésemos dado la espalda a nuestra propia sabiduría.
La verdadera tragedia del Iota no fue solo la fuerza de sus vientos, sino la erosión silenciosa de nuestra confianza en lo propio. La moraleja que nos deja este evento catastrófico es que la tecnología y la ciencia moderna no deben ser el sustituto de nuestra herencia, sino su complemento. Cuando ignoramos el grito del mar o el susurro del viento bajo el pretexto de que “no hay un boletín oficial”, estamos renunciando a una biblioteca de supervivencia escrita con la sangre y el sudor de nuestros ancestros.
La prevención de desastres no reside únicamente en un sensor satelital, sino en la capacidad de volver a escuchar a nuestros viejos, de mirar el horizonte con los ojos de un pescador y de entender que el territorio nos habla constantemente. Reivindicar el saber ancestral no es un acto de nostalgia; es un acto de resistencia y, sobre todo, de inteligencia colectiva para asegurar que la historia no se repita. Porque un pueblo que olvida sus señales, es un pueblo que camina a ciegas hacia la próxima tormenta.
PREDICCIONES
De acuerdo al pronóstico de la Universidad Estatal de Colorado (CSU|USA), institución especializada en la materia; la temporada de huracanes del Atlántico 2026 presentaría una actividad ligeramente inferior al promedio histórico de ciclones tropicales.
Se esperan 13 tormentas con nombre, seis huracanes y dos huracanes de gran intensidad (Categoría 3 o más). Lo anterior, debido a la muy probable formación del fenómeno de El Niño, que históricamente tiende a reducir la intensidad del movimiento del Atlántico y el Caribe.
Lo anterior, debido a la muy probable formación del fenómeno de El Niño, que históricamente tiende a reducir la intensidad del movimiento ciclónico del Atlántico y el Caribe.
PUNTOS CLAVE DEL PRONÓSTICO 2026
Actividad Caribe/Atlántico: Se prevé por debajo de lo normal, con un 35% de probabilidad de que huracanes de gran magnitud toquen tierra en el Caribe (promedio histórico es 47%).
Factor dominante: Se espera que condiciones débiles de La Niña evolucionen hacia un episodio de El Niño moderado/fuerte durante el pico de la temporada (agosto-octubre), aumentando la cizalladura vertical del viento y limitando el desarrollo de tormentas.
Temperaturas oceánicas: Aunque el

Atlántico tropical occidental está cálido, el Atlántico tropical oriental y central presenta temperaturas ligeramente más frías de lo normal, lo que ayuda a reducir la actividad.
Comparación aproximada: El equipo de la CSU, dirigido por investigadores de reconocida trayectoria, prevé una temporada menos activa que el promedio de 1991-2020.
ACTUALIZACIONES Y DENOMINACIONES
Las actualizaciones diarias oficiales del comportamiento de los sistemas tropicales en el Atlántico comenzarán a ser emitidas por el Centro Nacional de Huracanes (NHC) a partir del 15 de mayo de 2026.
Por último, también se dio a conocer la lista oficial de nombres que se utilizarán para los ciclones tropicales del Atlántico en 2026: Arthur, Bertha,
Cristóbal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo, Hanna, Isaias, Josephine, Kyle, Leah, Marco, Nana, Omar, Paulette, Rene, Sally, Teddy, Vicky y Wilfred.
(*) La cizalladura del viento (wind shear) es un cambio brusco y rápido en la velocidad y/o dirección del viento a través de una corta distancia, ya sea de forma vertical u horizontal.
Nota: La temporada oficial de huracanes en el Atlántico comienza el 1 de junio y finaliza el 30 de noviembre.


Desde hace un tiempo me resulta cada vez más difícil conectar con una isla de San Andrés que no reconozco. Me siento insegura. Como si la bronca de las redes sociales se hubiera trasladado a la cotidianidad y no existieran temas distintos a ‘lo mal que nos va’. Entonces, atrincherarme es una medida de defensa personal. Replegarme para no entrar en el combate de palabras que hieren y descalifican.
Por: Claudia Aguilera Neira
Pensaba en estos asuntos cuando fui invitada a La Escalera, un nuevo espacio cultural en el sector de Black Dog, ubicado en la esquina con la avenida 20 de julio. Fui confiada en los proyectos que Mariamatilde Rodriguez sueña y concreta. “Estamos haciendo una apuesta por la gente que, como nosotros, busca un espacio distinto”, dice, de camino a La Escalera.
Mientras ella va hablando, me imagino subiendo peldaños de sílabas y sueños para salir del infierno verbal en que a veces nos perdemos.
Cuando llegamos al edificio, comprendo qué es el espacio físico donde convergen los proyectos de la Fundación Mamaroja y sus aliados… Es una nave nodriza que aloja a la Feria del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (FILSAi), al Jardín de las Palabras y al Laboratorio de Artes Escénicas, Plásticas y de Literatura. También abriga a Hikity, una librería - biblioteca que acaba de comenzar.
FILSAI ya cuenta con alas propias por ser el proyecto con más trayectoria. La feria más linda del mundo, como señalan sus invitados, es quizá una de las pocas del país que realiza publicaciones. Estas se dan bajo el sello editorial ‘La Raya en el ojo’ y anhela que los autores del archipiélago circulen por el país y el mundo. Catorce títulos publicados por La Raya en el Ojo, reposan en distintas librerías del país.
FILSAI se realiza cada año en septiembre con gran esfuerzo y determinación. Logra unir letras, música, baile y toda la esperanza y la alegría del mundo durante cuatro días. Los jóvenes acuden y tímidos se acercan a los autores que han estudiado en talleres durante los meses previos. Son los únicos momentos del año en que curiosos de todas las edades nos cruzamos con libros bajo el brazo, vamos a todos los eventos y el espíritu se libera de la rutina, generando una recarga energética colectiva.
JARDÍN DE LAS PALABRAS
El Jardín de las Palabras es una iniciativa que Mamaroja lidera hace tres años con el apoyo de la Fun-
dación Decamerón y la Junta de Acción comunal del sector de Red Ground, popularmente conocido como Las Tablitas. Más de 60 niños han pasado por la experiencia lúdica de los cuentos.
“Gracias a El Jardín de las Palabras, concebido como un taller permanente de lectura, hemos visto un ‘antes y un después’ en los procesos de lectura de los niños, en la disciplina de asistir a algo que no es obligatorio, en su receptividad y comportamiento, explica Soledad García Oñoro, docente de este proyecto.
Art-Lab es de artes plásticas y visuales para adultos y niños. Dirigido por Giovanni Marín, artista creativo y visual con experiencia y trayectoria nacional que integra de manera única las artes plásticas con la literatura a través de RELATA o Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa en Colombia.
Por otra parte, el laboratorio de Artes Escénicas lo realiza la Fundación Transatlántico con más de 30 años de experiencia y un equipo pedagógico para niños de to -
das las edades, junto a un grupo teatral del mismo nombre que año tras año realiza el Festival Ethnic Roots, consolidando uno de los proyectos teatrales más importantes del Caribe.
El Laboratorio de Escritura Creativa, es dictado por talleristas locales, nacionales y extranjeros que se extiende desde el 2025 a los barrios Morris Landing, Barkers Hill, Black Dog, el Centro y otros. En el 2026 esperan ampliar los sectores de la mano de aliados y amigos.
LOS LIBROS DE HIKITY…
Hikiti Biblioteca / Library, pronto será una realidad. Una alianza sin precedentes que sueña con libros en todos los idiomas. Mamaroja Company, Piknini Foundation, la Fundación L'Aquilone (Suiza) y el FOSIT, Fondo de la Federación de ONG de la Suiza Italiana, abren sus puertas para una programación continua y el respaldo de libros en varias lenguas.
Mientras avanzan los espacios físicos de La Escalera, ya está en el horno la publicación de las memorias de los talleres de 2025, com-


piladas bajo el nombre RELATA. Este material se traducirá al creole, lo que permitirá, llegar a barrios como Barkers Hill, que es la próxima parada.
La apuesta es que el niño que “vive” en español, entienda cuál es la relación con el idioma de las islas, que se hagan intercambios entre niños isleños, residentes, árabes, extranjeros, que se encuentren y se pregunten sobre su cultura, su idioma, sus costumbres… “Porque aquí parecen cantones, en los que no se ven las caras”, dice Mariamatilde.
“La gran apuesta de este colectivo –enfatiza– es la continuidad. Sabemos que no basta con llegar a un barrio, hacer un evento y desaparecer del mapa. La presencia permanente es indispensable para generar confianza. Queremos hacer una transformación a partir de ahí”.
Matilde habla con sus ojos, con sus gestos, con todo su ser. Mira las paredes recién pintadas, esboza y transmite el sentido simbólico que cada rincón de La Escalera ya tiene para los ojos de quienes entramos por primera vez. Mientras habla de los proyectos en curso y los que está por iniciar, afirma que llegar a los niños de las islas no ha sido tarea fácil.
“Detrás de la belleza de sus paisajes –afirma– subyacen duras realidades en los barrios que han visitado; niños abusados, dos intentos de suicidio, violencias silenciadas bajo la mirada de la postal del paraíso”.
Empiezo a comprender que los proyectos, son los peldaños…. Por cierto, cada vez que oigo la palabra escalera pienso en ‘Stairway to Heaven’ del grupo británico Led Zeppelin…
“There's a lady who's sure all that glitters is gold And she's buying a stairway to Heaven When she gets there she knows, if the stores are all closed With a word she can get what she came for”
NUEVOS MUNDOS CON PALABRAS
Mamaroja está construyendo nuevos mundos, con palabras. Esta idea cobra especial relevancia cuando en medio de la conversación cita un estudio que afirma que la desigualdad en el acceso a los bienes simbólicos y culturales genera formas de exclusión social. Un mayor desarrollo del lenguaje favorece la resolución no violenta de los conflictos. En palabras resumidas de Mariamatilde, a mayor


vocabulario, menor violencia.
Y me comparte la observación de Hugo Pineda, articulador de uno de los talleres, sobre el desarrollo del mismo: “Los niños no tenían conocimiento de algunas palabras ni en inglés, ni en español ni en creole, tales como esperanza, ternura o entusiasmo. Aquí se evidencia que no tenemos la amplitud para vivir esas palabras desde nuestras comunidades y aunque los niños sienten ternura o se entusiasman, no saben cómo darles nombre a sus sensaciones. El lenguaje del amor parece obsoleto ante la violencia enemiga porque los niños sí conocen o conjugan las distintas formas de la palabra muerte: matar, mató, matan. No desde la extrañeza propia de un niño sino desde el inglés, el español y el creole”.
Quedé en silencio sepulcral. “Te imaginas, me pregunta, si logramos tan solo sembrar palabras y mostrar cómo germinan en el ser... ¿Cuántas palabras vamos a integrar en la vida de estos niños? Si les aportamos palabras, historias, y formas de nombrar les estamos entregando algo muy valioso, porque pueden poner nombre a lo que sienten y narrar su mundo tal como lo ven…”
Me despido de Matilde y bajo La Escalera llena de esperanza. A veces la cotidianidad logra opacar ciertos colores. Incluso en lugares como San Andrés, a los que los define la belleza. Como si ese atributo ‘per se’, fuera razón suficiente para sentirse agradecido y feliz.
“Ooh, ooh, and she's buying a stairway to Heaven
There's a sign on the wall, but she wants to be sure 'Cause you know sometimes words have two meanings”
El Jardín de las Palabras ha dado sus frutos en mí. Me voy agradecida y optimista. Siento que me reconecto con las islas y que la sombra de un gran árbol me cobija. Como niños, descubrimos que habitamos el mundo que construimos con palabras y retorno a la generosidad, a la esperanza, al reconocimiento, a la bondad. También son peldaños que nos dejan ver más allá de nuestro estrecho mundo cotidiano. No me quiero bajar de esta nave nodriza.
Los peldaños de estas escaleras solo conducen al cielo y a otros mundos posibles. Gracias Mamaroja and Company.
























DÍA DE LA TIERRA: UN LLAMADO A RECUPERAR SUS ECOSISTEMAS
Este 22 de abril se conmemoró el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha que impulsa la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en pro de generar acciones contra el cambio climático, la contaminación y la destrucción de ecosistemas, promoviendo para ello iniciativas de conservación y de restauración como las que se adelantan en la isla.
Por Janeth Raga
Este organismo insta a “cuidar a nuestra Madre Tierra” porque ella nos pide que actuemos con urgencia; sin olvidar que este accionar debe ser tanto en tierra como en los cuerpos de agua, dado que más del 70 % de la superficie del globo está cubierto por agua; razón por la que La Tierra es llamada también ‘el planeta azul’.
Con motivo de esta importante fecha, y del llamado de las Naciones Unidas a incrementar las iniciativas de restauración ecosistémica, EL ISLEÑO publica un proyecto de investigación que están realizando en San Andrés dos estudiantes de último semestre de Biología en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) sede Bogotá, orientado a la restauración ecológica de las praderas marinas.
Son ellos Dannys Herrera Alfaro y Wilson Pacheco Cely, quienes adelantan su trabajo de grado bajo la modalidad de pasantía, en el marco del proyecto BioClimSocial, de la mano de la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin) y del Jardín Botánico de San Andrés.
Bajo la guía de los profesores José Ernesto Mancera (UNAL sede Bogotá) y Jairo Humberto Medina (UNAL sede Caribe), estos estudiantes de pregrado determinan a través de su investigación la importancia de los pastos marinos y la valía de su restauración.
Dentro de su análisis, indican que a primera vista el famoso ‘mar de los siete colores’ que rodea la isla parece intacto. Sin embargo, los ecosistemas marinos del Caribe —arrecifes de coral, manglares y praderas de pastos marinos— atraviesan transformaciones aceleradas que ponen en riesgo su equilibrio.
Juntos –recalcan– estos tres ecosistemas forman una barrera natural que protege las costas y reduce su vulnerabilidad frente a la erosión y los fenómenos extremos. Entre ellos, las praderas de pastos marinos son quizá las menos conocidas y, al mismo tiempo, unas de las más importantes, ya que su deterioro afecta a toda la red de vida que depende de estas.
Al igual que los manglares, funcionan como viveros naturales donde
gran variedad de peces arrecifales pasan sus primeras etapas de vida. También ofrecen alimento y refugio a tortugas, estrellas de mar y otros organismos, sosteniendo la biodiversidad marina y aportando directamente a la producción pesquera y a la seguridad alimentaria mundial.
En San Andrés, las praderas que antes cubrían amplias zonas costeras hoy se encuentran fragmentadas y bajo fuerte presión antrópica. El tránsito constante de lanchas en aguas someras, el turismo intensivo, la escorrentía y el vertimiento de aguas residuales han debilitado su cobertura.
DESTRUCCIÓN CONTINUADA
Dentro de los análisis preliminares, los investigadores recalcan que en lugares como Haynes Cay se han perdido más de 623.000 m2 de pradera en las últimas dos décadas (Mancera, 2025), lo que implica la reducción de servicios ecosistémicos clave como captura de carbono azul, estabilización de sedimentos y protección de playas frente a la erosión.
A pesar de ello, los pastos marinos
siguen cumpliendo funciones esenciales como el almacenamiento de CO2 durante largos periodos (es uno de los ecosistemas más eficientes para ello), evitando que regrese rápidamente a la atmósfera.
Además, sostienen gran parte de la biodiversidad marina del planeta y contribuyen a la resiliencia de las comunidades costeras porque garantizan que los organismos juveniles lleguen a su edad reproductiva y a un tamaño estándar para su pesca con fines comerciales o de autoconsumo.
Conscientes de esta situación, los estudiantes centran su trabajo en especies clave del archipiélago como Thalassia testudinum, Syringodium filiforme y Halodule wrightii.
Pacheco analiza cómo se organizan las praderas y cómo varía la inversión en biomasa según la especie dominante; mientras que Herrera lidera un experimento sobre el crecimiento de los pastos, evaluando su respuesta a la remoción de sedimento y al enriquecimiento del sustrato con nutrientes esenciales.

Estas estrategias buscan favorecer su desarrollo y acelerar los procesos de restauración, en aras de conservar las redes tróficas marinas y garantizar la supervivencia de múltiples especies que dependen de estos hábitats para alimentarse, refugiarse y reproducirse.
Como señalan los universitarios, “es necesario fortalecer el reconocimiento de estos ecosistemas y de los servicios que prestan, ya que una mejor comprensión de los factores que los afectan permite generar información para la toma de decisiones, integrando tanto la conservación como las dinámicas sociales en el territorio de la isla de San Andrés”.
CONCLUSIONES
Aunque actualmente el proyecto se encuentra en fase de desarrollo y sus resultados totales serán presentados en los próximos meses, los estudiantes de Biología comentaron algunos de los hallazgos de su investigación:
- Se ha observado que cada vez existen menos sitios adecuados para el estudio y la recuperación de las praderas de pastos marinos en la isla.
- Las condiciones ambientales se han vuelto más exigentes, influenciadas por temporadas prolongadas de frentes fríos, así como por diversas presiones de origen antrópico, tales como el impacto evidente asociado al vertimiento directo de aguas grises al mar, lo que parece estar favoreciendo el aumento de epífitos sobre las hojas de los pastos marinos.
Estos epífitos son pequeños organismos (como algas microscópicas y bacterias) que crecen adheridos a la superficie de las hojas; en exceso, pueden cubrirlas y dificultar la llegada de la luz para realizar fotosíntesis y ralentiza el crecimiento de los pastos.
- También se han observado procesos de fragmentación de las praderas, probablemente asociados al tránsito constante de lanchas en zonas someras, así como la presencia recurrente de residuos sólidos, como botellas y latas, que permanecen en el mar tras la actividad turística (esta relación continúa en estudio).
“Comprender estas relaciones con el entorno marino es también una invitación a fortalecer el respeto por el territorio y por los servicios ecosistémicos que la isla nos brinda. Se espera que estos aportes sean fundamentales para diseñar estrategias basadas en la naturaleza y contribuir a la protección de uno de los ecosistemas más valiosos y vulnerables del Caribe colombiano”, puntualizaron los jóvenes.



Dannys Alejandra tiene 23 años y es oriunda de Chimichagua (Cesar). Expresa que su carrera la ha “construido con amor por el trabajo con la naturaleza y las comunidades”. Y que su pasantía en San Andrés está motivada por aprender sobre los estudios del mar, ya que la Reserva de Biosfera Seaflower es un punto clave en el país; y porque los pastos marinos son un ecosistema esencial frente al cambio climático, aunque sean invisibles para muchos.
Wilson Alejandro tiene 23 años y es nacido en Tunja (Boyacá). Señala que su camino de formación ha estado encausado “alrededor de su alta curiosidad por la vida y sus procesos”; y por el amor por el mundo acuático que sembró en él su abuelo. Su trabajo en la isla representa un avance en su carrera y es una oportunidad de aportar al conocimiento y la conservación de este ecosistema estratégico para el futuro ambiental del país.



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La organización Miss Taata Collective (MTC) presentó Mek I Shiek, una experiencia inmersiva que reunió a más de setenta personas en el Auditorio Principal de la Sede Cultural del Banco de la República en San Andrés, el 15 de abril de 2026. Ensamblaje artístico.

Por Cristina Bendek
Para celebrar el día anual del jaabuon, sonido insignia del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, el inquieto MTC presentó Mek I Shiek, una experiencia ideada por el productor y artista Joe Taylor, director de Yehman Rekaad, a la que respondieron colaboradores y creativos de distintas áreas. Taylor impulsó una sinergia desde la producción, la literatura, las artes visuales y gráficas, el pensamiento crítico y el saber ancestral.
El montaje contó con el apoyo de la Sede Cultural del Banco de la República, dirigido por Irma Bermúdez Davis. Fue una sesión dinámica en la que, durante dos horas, más de setenta personas interactuaron, jugaron y reflexionaron juntas.
LA INMERSIÓN SENSORIAL
El montaje se dividió en cuatro acciones. En un auditorio iluminado con el apoyo del DJ Wilbert Montoya, la audiencia ingresó invitada por una voz que le situaba en el inicio de un acto diseñado para motivar la circulación por tres áreas: una tarima principal, una tarima secundaria y un área de instalación audiovisual.
La siguiente acción reveló el jaabuon en la creación literaria. ‘La quijada de oro’, cuento del joven Jahn Pomare Venner del Flowers Hill Bilingual School, que fue escrito en el Taller de Escritura New Island Tales de la Red Relata, dirigido también por Marín, y fue interpretado en la voz de la artista y cantante Arkal Walters.
Lo que siguió fue un flujo de cuatro interpretaciones del jaabuon y del 'tub' por los músicos Fandor Barker y Alex Martínez, integrantes del Creole Group, que han llevado los sonidos del archipiélago a cinco continentes. Los cortes entre acciones incluían también una instalación de videoarte del creativo Javier Dueñas en colaboración con Enel Estudio.
La conversación culminó con una pregunta sobre la jaabuon-manía: ¿moda o emblema? Puentes Pankau destacó la urgencia de integrar a niñas y mujeres en la interpretación del instrumento, ampliando el debate sobre género en la vida cultural del archipiélago.
JAABUON ARTICULATIONS
Con ‘Mek I Shiek’, el colectivo ‘Miss Taata’ pone sobre la mesa pública una evidencia incuestionable de que el arte y la cultura de San Andrés, Providencia y Santa Catalina son capaces de articularse y potenciarse con una agenda rica y profesional, capaz de congregar al Caribe entero.
incluyó además un área de diseño de modas donde la marca MUUV exhibió producción inspirada en el jaabuon –próxima al Caribbean Model Fashion Fest 2026, entre el 14 y el 19 de mayo, de su creadora Juanita Viveros–, con la participación de un equipo de la fundación Fubeta Caribe y los modelos Valerie del Valle, Shelsy Britton, Aron Cueto y Dana Orozco.
El cierre musical convocó a la Fundación Ebony, donde tocó una agrupación de más de diez jóvenes en proceso de formación musical dirigidos por la profesora Leonor Murillo, cuyo trabajo garantiza la transmisión del saber de fabricación y curación del instrumento. Se firmó entonces el acta del Jaabuon Die II –di seshan rekaad–, traducida al ‘kriol’ con el apoyo de Piknini Foundation, dirigida por la lingüista Monique Shoch. El acta quedó depositada en el registro del Jaabuon Die, que ya contenía el manifiesto inicial, firmado el 15 de abril de 2025.

La primera acción proyectó una muestra de videoarte de Enel Estudio, en cabeza del director audiovisual Jonathan Livingston, que incluyó un fragmento de Sobre el silencio azul, del artista independiente Giovhanni Marín Ocampo, una animación con técnica rotoscópica que hizo parte en 2025 de la exposición Umbral: cuerpo, espíritu y territorio, del programa Imagen Regional 10 del Banco de la República. El fragmento incluye la voz narradora del sabedor Orlin Grenard, con su memoria viva.
La mediadora cultural y cantante Sally Flóres Corpus –creadora de los Enai Awards, iniciativa que premiará anualmente en diciembre de este año a la innovación musical del archipiélago– condujo una charla dinámica con tres voces vitales: Jaime Wilfrido 'Jimmy' Archbold Archbold (Providencia), portador de cultura rasta y agrícola; la poeta y gestora Anja Puentes Pankau (San Andrés); y el productor audiovisual Leopoldo Joel Peñaloza Newball (Providencia).
Numerosos procesos confluyeron. El apoyo transversal de Mamaroja Company fue crucial, fundación gestora del Laboratorio de Escritura Creativa La Escalera y de Filsai, la Feria Internacional del Libro del Archipiélago, cuya séptima versión se realizará en septiembre bajo la dirección de la poeta y artista María Matilde Rodríguez Jaime.
La coordinación general y la discusión conceptual fueron facilitadas por Cristina Bendek, y el trabajo de diseño gráfico por la artista visual Karen Bendek. Mek I Shiek
EL ‘JAABUON DIE’ CONTINÚA…
‘Mek I Shiek’ cambiará de formato en una próxima exhibición en mayo en INFOTEP, con el apoyo de su área de Bienestar Institucional. Una acción de activación en el Aeropuerto Internacional Gustavo Rojas Pinilla buscará también fortalecer el contenido cultural de la terminal aérea.
Mientras tanto, la productora Yehman Rekaad trabaja junto a Enel Estudio y un grupo de creativos en la realización de un documental disruptivo y experimental sobre la simbología y las resonancias caribeñas y globales del jaabuon. Este proceso colectivo se enfila desde ya hacia la próxima versión del ‘Jaabuon Die III – 2027’.
EXPERIENCIA ÚNICA EN LA ISLA DEL MAR DE LOS SIETE COLORES
Con sobrados motivos el Secretario de Turismo, Ricardo Camacho Cadavid, destacó la importancia de eventos como la Vuelta Atlética a San Andrés, disputada el 25 y 26 de

Esta prueba, organizada por el Club Olimpus y respaldada por la Gobernación del Departamento se consolidó como una apuesta vital de la oferta del archipiélago reunien -

Los participantes recorrieron distancias de 5K, 10K, 21.1K y 32.5K en un circuito que bordeó algunos de los paisajes más representativos de la isla, convirtiendo la competen -

abril, que contó con la participación de más de 5.800 corredores y el arribo en promedio de dos acompañantes por cada atleta.

do a competidores locales, nacionales e internacionales en torno a la recreación y contribuyendo a la promoción del destino.

cia en una experiencia única que combina exigencia deportiva con los atractivos naturales de esta joya del Caribe que es San Andrés.

• Participación comunitaria
Programa de Extensión Bibliotecaria
Biblioteca Pública Departamental Francisco A . Newball
Estrategia bandera de la Biblioteca Pública Depar tamental.
Promueve:
• Acceso a la lectura
Actividades Destacadas
Promoción de lectura
Cuentos tradicionales (Anancy y Tiger)

E critu iva


• Espacios acogedores e inclusivos
La estrategia “Clubes de Lectura”
Descentralizan los servicios bibliotecarios
Superan barreras geográficas y sociales
Llegan a escuelas y comunidades
Promueven diversidad cultural e inclusión
For talece:
ativo y cultural, la participación comuni ia y la i l ión

• Transmisión de saberes
tidad cultural
• Fortalecimie
984
Usuarios atendidos
(2026 - 1er trimestre)
Barrios intervenidos 11
s (6 a 13 años) ia (0 a 5 años) 8 años)

5 4% Femenino
4 6% Masculino



La reciente devolución al mar de cerca de 300 kilogramos de organismos marinos constituye una noticia alentadora en medio de tantas alertas ambientales. Cada concha, cada caracol restituido representa un pequeño triunfo de la institucionalidad y la conciencia ecológica, recordándonos que aún es posible corregir el daño y apostar por la restauración de nuestros ecosistemas.
Sin embargo, este acto de recuperación no puede analizarse de forma aislada ni complaciente. Resulta inevitable preguntarse cómo es posible que semejante cantidad de
especies haya sido extraída, transportada y retenida lejos de su hábitat. La reiteración de estos hechos sugiere que no estamos ante casos excepcionales, sino frente a una práctica preocupantemente extendida.
La extracción ilegal de estos elementos no es un asunto menor ni meramente anecdótico. Las conchas, los corales y demás organismos cumplen funciones esenciales en la dinámica de playas y arrecifes. Su remoción altera procesos ecológicos fundamentales, debilita la biodiversidad y compromete la protección natural de nuestras cos-
tas frente a fenómenos climáticos y erosivos.
Es cierto que la acción coordinada entre autoridades ambientales y fuerzas de control demuestra capacidad de respuesta y compromiso. Pero también deja en evidencia una cadena de fallas en prevención y cultura ciudadana. Recuperar lo perdido es valioso, pero evitar que se pierda debería ser el objetivo prioritario e inaplazable.
Más inquietante aún es la aparente normalización de este tipo de tráfico. Que año tras año se decomisen fuera de las islas cantidades signi-

¿Por qué un joven en la isla no se asusta por perder el trabajo? ¿O la vida? ¿Por qué parece no temerle al futuro? ¿Por qué colectivamente no nos alarman los huracanes, si cada temporada nos recuerdan que siguen ahí? ¿Por qué un corrupto no se inquieta por ser atrapado o señalado?
Si los peligros son conocidos, si las consecuencias no son un misterio, tal vez la pregunta correcta no sea moral sino neurológica: ¿y si en esta isla todos nos golpeamos la cabeza?
No lo digo como insulto, sino casi como hipótesis clínica. Existe una zona
del cerebro llamada corteza orbitofrontal, una especie de oficina de control instalada justo detrás de la frente, encargada de medir consecuencias, frenar impulsos y avisarnos cuando una decisión es mala idea. Es la parte que susurra “mejor no”, incluso cuando el deseo grita lo contrario.
Allí viven la prudencia, la vergüenza útil y esa pequeña alarma que impide convertir cada impulso en una tragedia.
Cuando esa región se lesiona, el cambio no siempre aparece dramático. La persona sigue hablando, trabajando, riendo. Pero algo fino se rompe: disminuye la capacidad de anticipar peligro, aumenta la impulsividad, se debilita el juicio social y la relación con el riesgo se vuelve extrañamente ligera.
Mi suposición es que quizás no somos temerarios: quizás somos un archipiélago entero con lesiones orbitofrontales no diagnosticadas.
Tal vez ocurrió una noche específica. La imagino como una noche gris, con un solo relámpago. Una noche absurda y perfectamente caribeña, una en la que todos, sin excepción, nos caímos de la cama al mismo tiempo. Una sincronía ridícula, todos golpeando la frente contra el piso con la misma precisión quirúrgica.
Puede ser que a la mañana siguiente, nos levantamos iguales por fuera, pero al saltar, desde aquel momento hacemos el mismo ruido de maracas con una sola semilla: algo estaba roto, un cable se había soltado. Seguíamos reconociendo los peligros, solo dejaron de producirnos respeto.
ficativas de especies provenientes del archipiélago indica que el problema persiste, se adapta y, en cierto modo, se tolera. La pregunta no es solo quién extrae estos recursos, sino quién los compra, los transporta y los permite circular.
La recuperación ecológica celebrada por estos días debe ser también un llamado firme a la reflexión colectiva. Proteger el patrimonio natural del archipiélago exige educación, control efectivo y un cambio cultural profundo. Las conchas no son souvenirs: son vida. Y su permanencia en el mar es, en última instancia, garantía de nuestro propio futuro.
Desde entonces, desde esa noche que ya todos olvidamos, llamamos valentía a la imprudencia, confundimos resistencia con costumbre y carácter con terquedad. El miedo, que antes protegía, fue tratado como debilidad. Eso no es coraje; eso es un golpe mal atendido.
Tal vez lo que necesitamos no es otra teoría política, sino una revisión más simple y más honesta: tocarnos la frente y preguntarnos si todavía estamos pensando bien. Porque no es normal vivir sin miedo cuando el peligro es evidente. No es normal llamar valentía a lo que nos destruye.
Quizás ya es hora de hacer lo único que nunca hicimos: levantarnos de verdad, sacudirnos el golpe… Y volver a aprender a temerle a lo que puede acabar con nosotros.

Un vuelo de San Andrés a Providencia dura 15 minutos y otro a las Islas del Maiz (Corn Islands) tardaría solo cinco minutos más, una corta distancia marcada por la separación de un territorio ancestral común. De estas islas nicaragüenses, otrora parte de nuestro archipiélago, nos distanciamos por la disputa territorial, pero somos una unidad geográfica, cultural y lingüística.
Además, no solo compartimos una historia colonial de cuatro siglos y raíces afrocaribeñas y anglosajonas, sino también una profunda aspiración de reconectarnos para superar esa disputa y restablecer el interrumpido intercambio étnico y comercial.
Aunque en el camino se ha cruzado la, hasta ahora, incumplida promesa de usar la cooperación para aliviar la pérdida de aguas y como mecanismo de expiación por dañinas políticas de soberanía justificadas por esa disputa territorial, el valor, étnico, económico e histórico de la reconexión es incuestionable e invita a que se continúe con el esfuerzo.
La cooperación transfronteriza no es solo de raizales sino para beneficio de todos los isleños. Tampoco es exclusivamente una cuestión de reivindicación histórica y étnica, sino una oportunidad estratégica
para el desarrollo.
Podría abaratar considerablemente la costosa canasta familiar insular y la alimentación de los turistas, haciendo las islas más competitivas, porque es más barato traer comida desde Nicaragua, algo que subraya una visión estratégica de las relaciones bilaterales y dimensiona la estrecha relación entre desarrollo socioeconómico y calidad de vida, que se impulsa desde las islas, pero se ignora desde la capital.
El nuevo periodo presidencial otorga espacios de reflexión y optimismo, después de que de nuevo en este gobierno se priorizara la retórica sobre la realidad y la promesa.
El activismo y las aspiraciones étnicas juegan un papel fundamental de aquí en adelante, pero deben salir de su letárgica existencia para superar otra absurda incertidumbre que con frecuencia nos abruma.
Nos prestaron atención cuando Nicaragua nos quería tomar porque el liderazgo étnico se hizo escuchar. Las fallas en La Haya se superaron porque el gobierno nacional cultivó esperanzas de solucionar problemas como agua, promesas de acercamiento transfronterizo y de reconectar a la etnia raizal de nuestras islas con la de Nicaragua.
Pero hemos vuelto a la esfera de la insignificancia fronteriza y un desinterés nacional en nuestros problemas. Por eso debemos preguntarnos si como isleños hemos desaprovechado una gran oportunidad de usar la co-

La mayor parte del tiempo somos como una sombrilla que arropa a otros. Nuestros cuerpos cálidos de voluptuosidad generosa, nutricio se explaya. A la pregunta de cómo nos cuidamos le precede la duda. El no hallar dentro de ese gran espacio un lugar para nosotras.
Acá me remito a las prácticas en las que uno incluso tiene el tiempo para quedarse mirando lejos sin fracturar siquiera el horizonte. Un tiempo para una.
DIRECTOR
STAFF
EDICIÓN
yuntura de La Haya para mejorar la condición en las islas.
Es hora de revitalizar o reenfocar las estrategias. La confrontación geopolítica con Nicaragua era un insumo para la inacción bilateral, pero ya con soberanías definidas y la aceptación de la pérdida de aguas con la recuperación de espacios a través de la cooperación binacional en temas como protección ambiental, comercio, pesca e intercambio étnico; no hay excusas ni desde las islas ni desde Bogotá para no seguir intentando.
El dolor de la pérdida se puede disolver con cooperación y conexión. El reencuentro con nuestra historia y asociación caribeña y recuperar relaciones transfronterizas para atender retos del presente es un fuerte aliciente, aprovechando los vínculos etno-culturales como instrumentos diplomáticos. Por eso el próximo embajador en Nicaragua debería ser un raizal, como lo expresó alguna vez el presidente Petro.
La visión del desarrollo de las islas asociada a una conexión caribeña es una promesa recurrente que nunca ha pisado el terreno de la realidad.
A finales del año pasado el gobierno nacional presentó una nueva ‘Política Nacional de Fronteras’ que busca transformar zonas limítrofes como nosotros en epicentros, espacios y puertas de desarrollo y de integración, sustentados en identidades locales y riqueza sociocultural. Desde hace muchos años se pueden crear
Zonas del Régimen Especial Fronterizo, destinadas al consumo y comercialización.
En tal sentido, hay dos temas que se podrían explorar para dinamizar las cosas porque no hemos usado al máximo la legislación favorable a las comunidades étnicas: la no discriminación y el respeto a nuestros derechos humanos étnicos.
Otras fronteras étnicas disfrutan de un acercamiento sociocultural y socioeconómico. El régimen fronterizo en Colombia para comunidades étnicas, enmarcado por la Constitución de 1991 y la Ley 191 de 1995, garantiza la movilidad y el comercio transfronterizo sin cumplir con requisitos de aduana, pero a nosotros nos niegan todo eso frente a las Corn Islands que están al lado.
Ese régimen también contempla el derecho de comunidades étnicas fronterizas como la raizal de transitar libremente por nuestros territorios ancestrales, y fija una atención diferenciada, además de zonas para promover el desarrollo socioeconómico.
Son acciones que deberían impulsar también desde la Cámara de Representantes nuestros dos congresistas y desde las islas el liderazgo político y los gremios económicos como la Cámara de Comercio y los hoteleros. Debemos mirar hacia nuestro alrededor inmediato porque podría aportar mucho para mejorar la situación de las islas y de los isleños. Amanecerá y veremos…
Un lugar en el que podamos sentir gozo sin necesidad de que ese gozo provenga de alguien. Este interrogante abierto, que nos cae como un balde de agua fría, parece venir de la nada e incluso suena como una cuestión menor. ¿Que cómo me cuido? Mmm... Silencio.
Si alguien nos hace esta pregunta es porque desde la ternura ve dos cosas: primero, que estamos en inminente riesgo de muerte por la que pretende hacernos volver en sí. Segundo, para que veamos que tenemos de dónde echar mano ante el acecho. Nos quieren devorar, por lo que los encuentros como el de mujeres del Caribe urgen.
Hace poco se llevó a cabo en San Andrés un encuentro de mujeres cari-
COLABORADORES
Edna Rueda
Nadim Marmolejo Kent Francis.
beñas, unos días para el cuidado de los cuerpos, para airearse. Fueron días de escucha. Mujeres que corren con lobos o mujeres que atraviesan bosques con el pretexto de cumplir tareas para darse vida.
Estuve acompañándolas, intentado desmenuzar mi propia experiencia humana. Aquella que en los últimos años acojo desde la redacción de narrativa, poesía o garabatos en diarios. Fue un fin de semana de coqueteo. Mujeres lideresas que viajaron desde Old Providence, Puerto Rico y otras partes. Isleñas que intentan dejar todo funcionando en casa para salir con o sin afanes.
Destetar nos sale caro, nos lo quieren cobrar haciéndonos sentir mal. Se ensañan con nuestra reputación. Decir
FOTOGRAFÍA
PERIODISTAS
Janeth Raga
Iván Samir Otero
Linis Castillo
Ethel Bent
no sin ningún tipo de justificación o mermar del lenguaje las disculpas nos hace sospechosas, lo atribuyen a las malas compañías. Libertinas y otras palabras van y vienen.
Las mujeres en las islas encuentran en la pesca, la agricultura, la jardinería, la narrativa, el deporte, la poesía, la música y la cocina, formas de cuidado íntimo en la que se halla gozo, belleza.
¿Quién cuida este jardín? Lo digo en voz alta cuando me detengo frente a una casa en la que se concibe la memoria y las manos de forma distinta. Con certeza hay una mujer isleña. Pensando en su silencio sobre el cuerpo que no pertenece en la maternidad, interrogando el desvelo y la espera.
DISEÑO EDITORIAL

