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Gigantes del Cenepa: 25 años después de la victoria

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equipo médico y otros, gracias a las amistades y colegas del hospital de EsSalud que me apoyaron; fui equipado. Después de varios días de espera, nos trasladaron hasta el aeropuerto de Shumba en Jaén, de allí nos llevaron en volquetes y otros vehículos al Milagro, en el camino, la gente nos daba gaseosas, bizcochos y frutas, seguramente nos brindaban hasta lo que no tenían… eso levantaba la moral de la tropa conformada por jóvenes de 16, 17 y 18 años en su mayoría”.

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n el conflicto del Alto Cenepa, nuestros combatientes no solo se enfrentaron a un enemigo armado, sino también a otros invisibles (paludismo, cólera y otras enfermedades endémicas). El personal de Sanidad atendió a decenas de soldados heridos producto del combate y a otros afectados por problemas respiratorios, infecciones estomacales, dermatológicas e incluso por picadura de murciélago. El entonces mayor de Sanidad, Luis Gutiérrez Vera fue uno de los médicos, que realizó una gran proeza en plena selva al operar al sargento Edinson Llerena, herido durante un enfrentamiento con tropas del ejército ecuatoriano. Después de 25 años del último conflicto, rememora su historia: De Tingo María al Alto Cenepa con el BCS 316 “En enero de 1995, me encontraba laborando en el “Batallón Contrasubversivo Nº 16” en Castillo Grande, Tingo María, había salido cambiado de colocación, pero como teníamos movimientos en la frontera norte, nos ordenaron quedarnos hasta nuevo aviso, tiempo que aproveché para abastecerme de medicinas,

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“En el Milagro pernoctamos, luego nos desplazamos por tierra a Imacita – Urakusa y por vía fluvial a Ciro Alegría, lugares que nunca pensé conocer, después nos trasladaron en helicópteros al PV1. Cuando llegamos nos recibió el coronel Chiabra, jefe del Puesto de Avanzada del Frente y nos dijo: “bueno la guerra es por allá, tienen 30 minutos, tomen su ración de campaña envasada y arranquen”, cumplimos la orden, salimos con dirección a Montañita o Tiwinza. Todos entramos como combatientes, pero la misión principal del médico es atender heridos, conforme avanzábamos, nos cruzábamos con patrullas que traían heridos o fallecidos de diferentes unidades. Cuando llegamos al lugar llamada la “Y”, apreciábamos que coincidían en esa zona, patrullas que venían del Batallón de Comandos 19 y la Compañía Especial de Comandos

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115, por el otro lado, ingresaban heridos del BCS 28 Rioja y del BCS 314. Entonces, fue que le recomendé a mi jefe de unidad, comandante Meoño, quedarme en la “Y”, para salvar heridos de todas las unidades e instalar un Puesto de Socorro Móvil del BCS 16, aceptó, dispuso que me quede con un grupo de soldados. En ese momento, yo era especialista en neurocirugía operaba y hacía amputaciones. Además, ese lugar serviría como un punto intermedio de abastecimiento de alimentación y otros pertrechos”. En la “Y” de Puesto de Socorro a Unidad quirúrgica Médica Móvil “En esta Unidad Quirúrgica Móvil de la “Y” que comenzó como un Puesto de Socorro Móvil del Batallón de Comandos Nº 16, atendí a 63 heridos contabilizados como bajas de combate, ya sea por balas de fusil o esquirlas de artefactos explosivos, así como amputaciones, desde febrero hasta el 5 de marzo, día en que me replegué; y como bajas no combate habrían sido atendidos por el equipo médico, más de 300 soldados ya sea por problemas respiratorios, diarreicos, dermatológicos y picadura de murciélago. En el tiempo que estuve en la “Y” solo falleció Juan Canchari del Batallón de Comandos Nº 19, después de 18 horas luchando contra la muerte, no se le pudo evacuar a Lima”. “Entre tanto, el coronel Chiabra, jefe de operaciones, al ver que llegaban los heridos curados al PV1; Puesto de Comando Avanzado (5 kilómetros de distancia de la “Y”) envió a ésta Unidad a otros profesionales, dos médicos residentes, uno de oftalmología y otro de gastroenterología, luego, otros dos más, un residente de traumatología, e incluso un ginecólogo. Por ser el más antiguo y tener el grado

de mayor, organicé la Unidad Quirúrgica Móvil, con el S1(Personal) S2(Inteligencia), S3(entrenamiento) y S4(logístico). Los médicos con algunos enfermeros que coincidían de pasada teníamos la misión de recoger heridos. Si nos enterábamos que habían accidentados, salía el equipo más rápido, seguido de otro con mayor capacidad para atender en el camino, es decir la atención médica era escalonada. En la “Y”, tras la visita del Presidente de la República con su equipo de trabajo, al ver la necesidad para las intervenciones quirúrgicas, envió gasas, instrumental, cocina, balones de gas, grupo electrógeno y otros. Ayudó a solucionar nuestros problemas logísticos y administrativos; dándole valor al terreno”. Casos emblemáticos El sargento Edinson Llerena Ojanama, fue un caso emblemático en el Cenepa, se le operó en plena selva y en condiciones muy precarias, siendo cuestión de decisión salvarlo en el estado que se encontraba con exposición de masa encefálica, además era darle confianza a la tropa y levantarle la moral en el campo de batalla. Esta intervención quirúrgica se convirtió en una proeza médica. Llerena fue herido de bala en la cabeza durante un enfrentamiento en Tiwinza, el 22 de febrero de 1995. Sus compañeros lo trasladaron a la “Y”, donde recibió ayuda inmediata, su vida corría peligro. “Después de seis meses, lo encontré en el Hospital Militar Central; le había quedado un hueco en la cabeza, le faltaba un pedazo de hueso, ahí estaba su cicatriz, yo no lo había puesto nada en ese momento, no tenía que ponerle. Como estaba trabajando en el Dpto de Neurocirugía tuve la oportunidad de operarlo nuevamente

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y le puse una placa, dándole forma a su cabeza. Ahora, pese a sus limitaciones físicas propias de una guerra, Edinson representó al Perú en los Juegos Parapanamericanos 2019, demostrando el valor del soldado peruano. Él es un ejemplo de valor y coraje, innato en nuestros soldados, nunca se abandonó, él se considera reserva, no solo para las guerras y la sana competencia, sino para la gestión de riesgo y desastres”.

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En el Cenepa me dediqué a salvar vidas

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“Otro caso, es del sargento Mario Flores Chiricente, quien recibió un disparo en el brazo derecho, que fortuitamente también le cayó en la cabeza al lado izquierdo a otro cabo, ambos fueron atendidos oportunamente en el sitio donde fueron heridos, precisamente por estas avanzadas de sanidad que habíamos organizado y ver el rostro de sus compañeros, daba más ánimo de seguir doblegando esfuerzos”.

“Posteriormente a las operaciones, el caso del teniente Enriques, un comando del Batallón Contrasubversivo 28, que pisó una mina el 3 de marzo, se le amputó la pierna derecha, en las mejores condiciones, porque ya contábamos con material quirúrgico necesario”.

Atenciones al prisionero de guerra “Tuve la oportunidad de atender al sargento ecuatoriano Chalá, él llegó a la Unidad Quirúrgica Móvil de la “Y”, tenía lesión orbicular en los ojos, al parecer por un explosivo que le cayó. Lo he atendido personalmente y recuerdo dándole de beber agua de mi cantina, tenía sed. También tuve la oportunidad de verlo aquí en Lima, en la ceremonia de entrega al Comité Internacional de los Derechos Humanos de los dos soldados ecuatorianos heridos en el Cenepa, que estaban en el Hospital Militar. En la “Y” nadie le faltó

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Unidad quirúrgica móvil atendiendo a nuestros combatientes bajo fuego enemigo.

respeto, sobre todo por su condición de prisionero, me pasé con él todo el tiempo que permaneció allí, porque era mi responsabilidad, no puedo dar fe de otros comentarios, pero en la “Y”, no tuvo ningún maltrato, ni físico, moral, ni espiritual”. Enseñanzas “El conflicto del Alto Cenepa me dejó muchas enseñanzas, fortaleció mi vida en el Ejército y me sirvió para participar en la Operación Chavín de Huantar, la misma que me ha dejado una férrea fe, cada día más grande en nuestro Señor, yo sé que tenemos que defender nuestra patria, yo sé que

Ante la adversidad y presión enemiga, nunca abandonamos a un combatiente.

podemos hacer muchas cosas, pero si perdemos la fe, uno no es nada”. “Otras de las enseñanzas es que los profesionales de la salud de las FF.AA., deben estar bien preparados, la responsabilidad es doble, de ellos mismos como de la institución, para que fuerza operativa pueda actuar en cualquier momento, ya sea para cualquier tipo de emergencia, la tarea de la Sanidad Militar es tener a la fuerza operativa sana y en condiciones de cumplir la misión”. Sus condecoraciones Por su destacada labor, el Ejército, institución a la que sirvió en diferentes frentes, le hizo entrega de las más altas condecoraciones: Andrés Avelino Cáceres por acción distinguida por el Alto Cenepa, Andrés Avelino Cáceres en el grado de Honor por la Operación Chavín de Huantar, Bolognesi, siendo el único médico que recibió esta distinción en el grado de coronel; Cruz peruana, por Ley 30554 que declaró Héroes de la Democracia a los Comandos de Chavín de Huantar y por la Ley 30826, Ley del Veterano de Guerra y de la Pacificación Nacional.

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El coronel Luis Gutiérrez Vera sirvió en las diferentes unidades, como en el BIS 49- La Pedrera, frontera con Colombia, en el BIS 111- San Ignacio y en el BIS 25, en Pinglo, Amazonas. Laboró en el Hospital Militar Central, en el Ministerio de Defensa y fue director del hospital Geriátrico. Participó en los difíciles momentos de la historia del Ejército. Como médico, estuvo en el conflicto del Cenepa 1995, en la Operación Militar Chavín de Huantar 1997 y en la lucha contraterrorista que enfrentó nuestro país por más de 20 años. Luego de pasar a la situación de retiro en el 2008, el doctor Gutiérrez siguió trabajando en el Hospital de La Solidaridad de Villa El Salvador y luego pasó al Hospital de la Humanidad del Sur hasta el año pasado. El 22 de diciembre del 2019, tras varios exámenes médicos especiales, le diagnosticaron cáncer a los pulmones. Después de conocer estos resultados, los primeros días de enero acudió al Programa Oncológico del Ejército (ONCOEP), que se hizo cargo de los costos del tratamiento de su enfermedad. En la actualidad, recibe tratamiento médico en su hogar al lado de su esposa Rosa María Pillaca Escriba. Tiene seis hijos, cuatro profesionales y dos universitarios, así como cuatro nietos de quienes vive muy orgulloso.

Por su parte, los combatientes que fueron atendidos por el coronel Gutiérrez, durante el tiempo que trabajó en el Ejército del Perú, dan fe de lo profesional de nuestro médico militar y su reverencia a Dios, quienes siempre estarán agradecidos por devolverles la vida. Nuestro Ejército siempre estará agradecido por su vocación de servicio y entrega a la patria.

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