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oruga cautelosa La

oruga cautelosa La

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Era primavera en el jardín.

Cody la Oruga salió de su huevo y se subió a una gran hoja verde.

Sonrió feliz. –¡Me encanta ser una oruga! –se dijo a sí misma, y comenzó a mordisquear la sabrosa hoja.

Justo en ese momento, una mariquita se acercó volando.

–¡Qué suerte tienes! –exclamó la mariquita–. Cuando te conviertas en mariposa, tendrás alas, ¡como yo!

–Uy, volar parece muy cansado –se quejó Cody–.

¡Ojalá pudiera continuar siendo oruga para siempre!

–No te preocupes –la animó la mariquita–. Tener alas es fantástico. ¡Puedes pararte a descansar cuando quieras!

Cody sonrió insegura.

–Quizás algún día.

Continuó comiendo su hoja y la mariquita se alejó volando.

Al día siguiente, una abeja se acercó zumbando.

–¡Qué suerte tienes! –exclamó la abeja–. Cuando

te conviertas en mariposa, ¡chuparás néctar, como yo!

–No creo que me guste el néctar –repuso Cody–.

Ojalá pudiera seguir siendo oruga para siempre!

–No te preocupes –contestó la abeja–.

Chupar néctar es fantástico.

¡Está muy rico!

Cody sonrió insegura.

–Quizás algún día.

Continuó comiendo y la abeja se alejó zumbando.

Unos días después, un saltamontes se acercó saltando. –¡Qué suerte tienes! –exclamó el saltamontes–. Cuando te conviertas en mariposa, tendrás seis patas, ¡como yo!

–Pero… ¡a mí me gusta tener dieciséis patas! –repuso Cody–. Me gustaría seguir siendo oruga para siempre!

–No te preocupes –dijo el saltamontes

–. Tener seis patas es fantástico. ¡Es más que suficiente para tomar tierra!

Cody sonrió insegura.

–Quizás algún día.

Continuó comiendo y el saltamontes se alejó saltando.

Al día siguiente, Cody estaba llena. Pensó en todo lo que le habían dicho sus amigos y decidió ser valiente.

–¡Quizás hoy sea el día! –se dijo, mientras se transformaba en crisálida.

Permaneció así muchos días, hasta que estuvo lista para dejar la crisálida…

... ¡y convertirse en mariposa!

Cody exploró el jardín, sintiéndose

feliz y orgullosa de sus nuevas alas.

–¡Tener alas sí que es genial! –exclamó, mientras pasaba volando junto a la mariquita.

–¡Es verdad que está muy rico! –le dijo a la abeja, mientras chupaban néctar juntas.

–Seis patas… ¡son más que suficiente! –dijo Cody, aterrizando junto al saltamontes.

Esa tarde, se encontró con una oruga mordisqueando una sabrosa hoja verde.

–¡Tienes mucha suerte! –dijo Cody–.

Cuando hayas terminado de comer, te convertirás en mariposa, ¡como yo!

La oruga sonrió insegura.

–¡Ojalá pudiera seguir siendo oruga para siempre! –dijo. –¡No te preocupes! –repuso Cody–. A mí también

me encantaba ser oruga, pero créeme, ¡ser mariposa es genial!

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La oruga sonrió insegura.

–¡Ojalá pudiera seguir siendo oruga para siempre! –dijo.

–¡No te preocupes! –repuso Cody–. A mí también me encantaba ser oruga, pero créeme, ¡ser mariposa es genial!

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