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La formacion sacerdotal

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Historia y vida

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FRANCISCO MARTÍN HERNÁNDEZ JOSÉ CARLOS MARTÍN DE LA HOZ

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Introducción

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l sacerdocio ministerial es uno de los grandes dones que Cristo ha dejado a su Iglesia. A través de los sacerdotes, y a lo largo de la historia, se ha predicado la palabra de Dios y se han administrado los sacramentos instituidos por Jesucristo, por los que ha llegado abundantemente la gracia de Dios a los hombres y a las mujeres hasta la actualidad. Jesús, antes de su ascensión a los cielos, les dijo a los primeros discípulos: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20). Con esas palabras estaba, entre otras cosas, asegurando que enviaría vocaciones sacerdotales para hacerse presente entre sus hijos los hombres. Como Dios había dejado escrito por boca del profeta Jeremías: «Pastores dabo vobis»: Os daré pastores ( Jer 3,15). La promesa de Dios se ha hecho realidad hasta el momento y, en esa esperanza, confiamos llegar hasta el final de los tiempos. En las siguientes líneas expondremos cómo se fueron preparando los sacerdotes para realizar la misión que se les había confiado a lo largo de la historia. Procuraremos enmarcar los grandes hitos de la formación 5

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sacerdotal en las sucesivas circunstancias por las que ha ido atravesando la Iglesia y veremos cómo se han ido formando en ellas los ministros de Dios. Teniendo en cuenta la amplitud de la materia, nos centraremos en la formación sacerdotal en España. El modo en que Jesucristo formó a sus discípulos ha sido determinante. El Señor no solo escogió a doce apóstoles, sino que les dedicó mucho tiempo para prepararles para la tarea que les iba a confiar. El método que eligió fue sencillo: convivió estrechamente con ellos durante tres años. Así, con la vida junto a Él, les fue preparando para que continuaran su misión sobre la tierra cuando, después de la Resurrección, Jesús ascendió a los cielos. La diferencia entre Jesús y otros maestros de Israel estribaba en que no fueron los discípulos quienes escogieron al maestro, como solía suceder, sino que fue Jesucristo el que los escogió a ellos. Además, contra la costumbre habitual en Israel, los apóstoles no se erigieron posteriormente en maestros. Jesús escogió a los apóstoles y estos siguieron siendo discípulos, pues el único Maestro es y será siempre Él, el Hijo unigénito del Padre. Del mismo modo, las siguientes generaciones de sacerdotes y obispos se formaron conviviendo con los primeros apóstoles, procuraron vivir lo que habían oído y visto a los que habían sido testigos de la vida y predicación de Jesús. Se sabían llamados por el Maestro para transmitir sus enseñanzas divinas, y por tanto inalterables, hasta el final de los tiempos. 6

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Como iremos viendo a lo largo de estas páginas, en el sacerdocio instituido por Jesucristo, y destinado a convertir a algunos hombres en mediadores entre Dios y los hombres, hay siempre una llamada personal, divina, para seguir al Maestro. No es el hombre quien elige, es Dios quien elige al hombre concreto. De ahí que las vocaciones sacerdotales, como las demás que Dios fomenta en su Iglesia, son siempre luces divinas que se descubren en la oración y en la dirección espiritual. Por eso también se fortalecen en la oración y en la continuidad de ese acompañamiento. Tanto la luz de la vocación como su posterior desarrollo son acciones del Espíritu Santo, el Maestro interior que guía al hombre en el camino de la identificación con Jesucristo. Así lo expresaba el Señor: «Os he hablado de todo esto estando con vosotros; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho» ( Jn 14,25-26). Una vez descubierta la vocación viene la entrega libre del hombre a Dios, la respuesta al querer divino. Seguidamente esa alma entregada a Dios necesitará disponer de los medios necesarios para que esa vocación se desarrolle y disponga de los medios oportunos para superar las crisis y dificultades y alcance, con la gracia de Dios, la santidad. Ese es el sentido de los seminarios diocesanos, el lugar donde esas almas se preparan para la tarea, maduran en el conocimiento de la doctrina y en el conocimiento propio y se ponen las bases de su maduración espiritual. Hay 7

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pues una primera formación personal en los sacramentos, en el seno de la familia cristiana, en el colegio y también en la confesión sacramental y en la dirección espiritual, es decir, el acompañamiento espiritual de la Iglesia a través de personas concretas a las que Dios concede la gracia de dirigir a otros. Por otra parte, es importante recordar que la formación que ha impartido la Iglesia a lo largo de la historia ha procurado que fuera integral, es decir, que se dirige al hombre completo. Por tanto debe integrar, como ha recordado Benedicto XVI, las cuatro dimensiones de la formación: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Por tanto abarca las facetas humanas, los pormenores del carácter: moderar impulsos, alentar, abrir horizontes y ayudar a erradicar defectos y maduración afectiva. El aspecto ascético de las virtudes teologales y cardinales y la vida espiritual en su conjunto. También lo que se refiere a la formación pastoral y por supuesto a la formación intelectual, dentro de la cual está la necesaria hondura teológica, escriturística y litúrgica. Cuando se crearon las primeras escuelas episcopales, embrión de los futuros seminarios, se conjugaron dos elementos: la formación espiritual y humana por un lado, hombres de Dios, y de otra la formación intelectual y pastoral, los conocedores de la doctrina de Jesucristo y el afán apostólico. Siempre se ha buscado el equilibrio espiritual de ser almas que estuvieran muy cerca de Dios y conocedoras del mundo que debían evangelizar, pues pocos años después estarían inmersas en medio del pueblo de 8

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Dios, para realizar lo que se llamará desde el concilio de Trento la cura de almas. La cuestión de fondo que marcará los diversos cambios a lo largo de la historia, las decadencias y los avances de la vida de los seminarios es la llamada a la santidad. Cuando está fresca y renovada la ilusión por la santidad, cuando se predica abiertamente, cuando se estimula y se fortalece, los seminarios se llenan de empuje y vitalidad; cuando decae el afán de santidad entre los formadores y los alumnos, se convierte la formación en adoctrinamiento falto de vida y de vigor. Como resaltaba Juan Pablo II, la llamada universal a la santidad «encuentra una particular aplicación referida a los presbíteros. Estos son llamados no solo en cuanto bautizados, sino también y en cuanto presbíteros, es decir, con un nuevo título y con modalidades originales que derivan del sacramento del Orden»1. Aquí está una de las claves de la historia de la formación sacerdotal. La santidad personal del sacerdote, no a pesar de vivir entre los hombres y en medio de intensas tareas pastorales, sino encontrando en su ministerio sacerdotal la materia de su santificación. Sobre esta materia volvió Juan Pablo II para resaltar la más profunda e indeleble identidad sacerdotal con estas palabras: «En estos últimos años y desde varias partes se ha insistido en la necesidad de volver sobre el tema del sacerdocio, afrontándolo desde un punto de vista relativamente nuevo y más adecuado a las presen1

Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 19.

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tes circunstancias eclesiales y culturales. La atención se ha puesto no tanto en el problema de la identidad del sacerdote cuanto en problemas relacionados con el itinerario formativo para el sacerdocio y con el estilo de vida de los sacerdotes. En realidad, las nuevas generaciones de los que son llamados al sacerdocio ministerial presentan características bastante distintas respecto a las de sus inmediatos predecesores y viven en un mundo que en muchos aspectos es nuevo y que está en continua y rápida evolución. Todo esto debe ser tenido en cuenta en la programación y realización de los planes de formación para el sacerdocio ministerial»2. Así pues, la formación sacerdotal es una de las grandes tareas que el Señor encomendó a su Iglesia. La preparación de los que habían de ser a lo largo de la historia los mediadores entre Dios y su pueblo, los que debían predicar la palabra de Dios y explicarla al pueblo, los que debían transmitir la gracia a través de los sacramentos, los que debían sostener ante las dificultades y abrir horizontes para la vida espiritual. Como exclamaba Pío XI: «De todos los oficios más santos y que mejor llenan la amplitud del ministerio apostólico, ninguno es más grande, ni de campo más abierto, como el de procurar y hacer que la Iglesia cuente con un buen número de buenos ministros para llevar a cabo sus divinos ministerios»3.

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Ib, 3. Pío XI, Carta Officiorum omnium, 1 de agosto de 1932.

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Benedicto XVI, el 19 de agosto de 2011, al terminar la celebración eucarística con jóvenes seminaristas venidos del mundo entero con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, anunció su propósito de hacer a san Juan de Ávila patrono del clero español, doctor de la Iglesia universal, lo que cumplió el 7 de octubre de 2012. Valgan estas líneas como sencillo homenaje a quien contribuyó con su vida y sus enseñanzas a revitalizar la formación sacerdotal.

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Introducción .................................................................

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Primera parte: Precedentes históricos

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1. Los primeros siglos de la Iglesia .............................. 1. La formación sacerdotal....................................... 2. Hispania christiana................................................ 3. El monacato......................................................... 2. La época visigoda..................................................... 1. La conversión de Recaredo .................................. 2. Las escuelas episcopales ....................................... 3. Las escuelas parroquiales ..................................... 4. El seminario isidoriano ........................................ 3. La época medieval ................................................... 1. El Islam y España ................................................ 2. En la España liberada .......................................... 3. Los mozárabes ..................................................... 4. Los colegios universitarios ....................................... 1. Gil de Albornoz y el Colegio de Bolonia .............

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Págs. 2. El Colegio de San Bartolomé .............................. 88 3. San Juan de Ávila................................................. 93

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Segunda parte: El seminario conciliar

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5. Los seminarios del concilio de Trento ..................... 105 1. El decreto Seminariis clericorum ........................... 107 2. San Carlos Borromeo .......................................... 112 6. Los seminarios conciliares españoles ....................... 119 1. Los nuevos seminarios ......................................... 120 2. La adaptación de los colegios............................... 124 7. El seminario americano ........................................... 127 1. Sentido misional de la conquista.......................... 128 2. Teología en América ............................................ 133 3. La formación sacerdotal....................................... 136 8. El Barroco................................................................ 145 1. Teología del Barroco ............................................ 146 2. La vida de los seminarios ..................................... 152 3. La renovación francesa ........................................ 157 9. La Ilustración .......................................................... 165 1. El regalismo español ............................................ 165 2. La época de Carlos III ......................................... 168 3. Los seminarios .................................................... 170 10. El siglo XIX ............................................................ 187 1. El liberalismo....................................................... 188 2. El problema de la enseñanza................................ 192 3. Los seminarios del siglo XIX ............................... 197

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Págs. Tercera parte: El seminario moderno

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11. La primera mitad del siglo XX................................ 207 1. Relaciones Iglesia-Estado ................................... 208 2. Los seminarios .................................................... 216 3. Después de la Guerra Civil ................................. 229 12. El concilio Vaticano II ............................................ 235 1. La época del Concilio ......................................... 237 2. La recepción del Concilio en España.................. 240 3. El celibato sacerdotal .......................................... 247 13. Juan Pablo II ........................................................... 251 1. Recuperación de los seminarios .......................... 251 2. Pastores dabo vobis ................................................ 255 14. Benedicto XVI........................................................ 273 1. El pontificado de Benedicto XVI ....................... 273 2. En el año sacerdotal ............................................ 276 3. En la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid.. 281

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15. El papa Francisco ................................................... 289 Conclusiones ................................................................ 297 Bibliografía ................................................................... 301

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