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Iglesia pobre y para los pobres

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GERHARD LUDWIG MÜLLER

POBRE Y PARA LOS POBRES

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Presentación del

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Papa Francisco Edición de

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Pierluca Azzaro Con escritos de

Gustavo Gutiérrez y Josef Sayer

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uién de nosotros no se siente incómodo incluso frente a la sola palabra «pobreza»? Hay muchas formas de pobreza: físicas, económicas, espirituales, sociales, morales. El mundo occidental identifica la pobreza ante todo con la ausencia de poder económico y pone un énfasis negativo en este estatus. En efecto, su manejo se funda esencialmente en el enorme poder que ha adquirido hoy el dinero, un poder aparentemente superior a cualquier otro. Por eso, una ausencia de poder económico significa irrelevancia a nivel político, social e incluso humano. El que no posee dinero es considerado solo en la medida en que puede servir a otros fines. Hay muchas pobrezas, pero la pobreza económica es la que se ve con más horror. Hay en esto una gran verdad. El dinero es un instrumento que, de alguna manera –como la propiedad–, prolonga y acrecienta la capacidad de la libertad humana, permitiéndole obrar en el mundo, actuar, dar

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fruto. De por sí es un instrumento bueno, como casi todas las cosas de las que dispone el hombre: es un medio que amplía nuestras posibilidades. Sin embargo, este medio puede volverse en contra del hombre. En efecto, el dinero y el poder económico pueden ser un medio que aleje al hombre del hombre, confinándolo en un horizonte egocéntrico y egoísta. La misma palabra aramea que Jesús utiliza en el evangelio –mamoná, es decir, tesoro escondido (cf Mt 6,24; Lc 16,13)– nos lo da a entender: cuando el poder económico es un instrumento que produce tesoros que se tienen solo para sí, escondiéndolos a los demás, eso produce iniquidad, pierde su valor positivo original. También el término griego utilizado por san Pablo en la Carta a los filipenses (cf Flp 2,6) –harpagmós– remite a un bien celosamente conservado para sí o incluso al fruto de lo que se ha robado a los demás. Esto sucede cuando los bienes son utilizados por hombres que conocen la solidaridad solo para el círculo de sus conocidos –por pequeño o grande que sea– y cuando se trata de recibirla, pero no cuando se trata de ofrecerla. Esto sucede cuando el hombre, habiendo perdido la esperanza en un horizonte trascendente, ha perdido también el gusto por la gratuidad, el gusto de hacer el bien por la simple belleza de hacerlo (cf Lc 6,33ss). En cambio, cuando el hombre ha aprendido a reco-

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nocer la solidaridad fundamental que lo liga a todos los demás hombres –nos lo recuerda la doctrina social de la Iglesia–, entonces sabe bien que no puede conservar para sí los bienes de los que dispone. Cuando vive habitualmente en la solidaridad, el hombre sabe que lo que niega a otros y conserva para sí, antes o después, se volverá en su contra. En el fondo, es a esto a lo que hace alusión Jesús en el evangelio cuando se refiere a la herrumbre o a la polilla que arruinan las riquezas poseídas de manera egoísta (cf Mt 6,19-20; Lc 12,33). En cambio, cuando los bienes de los que se dispone son utilizados no solo para las propias necesidades, al distribuirse se multiplican y dan a menudo un fruto inesperado. En efecto, hay una ligazón original entre beneficio y solidaridad, una circularidad fecunda entre ganancia y don que el pecado tiende a romper y oscurecer. Es tarea de los cristianos redescubrir, vivir y anunciar a todos esta valiosa y originaria unidad entre beneficio y solidaridad. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo contemporáneo de redescubrir esta hermosa verdad! Cuanto más acepte tener en cuenta esto, tanto más disminuirán también las pobrezas económicas que tanto nos afligen. Pero no podemos olvidar que no existen solamente las pobrezas ligadas a la economía. El mismo Jesús nos lo recuerda, advirtiéndonos que nuestra vida no de-

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pende solamente «de nuestros bienes» (cf Lc 12,15). Originalmente, el hombre es pobre, es necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así, en cada época y etapa de la vida, ninguno de nosotros llegará nunca a liberarse del todo de la necesidad y de la ayuda de otros, no llegará nunca a extirpar de sí el límite de la impotencia frente a alguien o algo. También esta es una condición que caracteriza nuestro ser «criaturas»: no nos hemos hecho a nosotros mismos, y solos no podemos darnos todo lo que necesitamos. El reconocimiento leal de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con coraje la solidaridad como una virtud indispensable para la misma vida. En cualquier caso dependemos de alguien o de algo. Podemos vivirlo como un debilitamiento de la vida o como una posibilidad, como un recurso para enfrentar un mundo en el que nadie puede prescindir del otro, en el que todos somos útiles y valiosos para todos, cada uno a su modo. Nada mejor que descubrir lo que impulsa a una praxis responsable y responsabilizadora con vistas a un bien que, entonces, es verdadera e inseparablemente bien personal y bien común. Es evidente que esta praxis solo puede nacer de una mentalidad nueva, de la conversión a un modo nuevo de vernos unos a otros. Solo cuando el hombre se concibe

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no como un mundo en sí mismo, sino como alguien que, por su naturaleza, está ligado a todos los demás, a quienes siente originariamente como «hermanos», es posible una praxis social en la que el bien común no siga siendo una palabra vacía y abstracta. Cuando el hombre se concibe de ese modo y se educa para vivir así, la originaria pobreza de criatura no se siente más como un hándicap, sino como un recurso en el cual lo que enriquece a cada uno y se regala libremente es un bien y un don que redunda después en beneficio de todos. Esta es la luz positiva con la que también el evangelio nos invita a mirar la pobreza. Justamente esta luz nos ayuda, pues, a comprender por qué Jesús transforma esta condición en una auténtica «bienaventuranza»: «Bienaventurados los pobres» (Lc 6,20). Entonces, aun haciendo todo lo que está en nuestro poder y rehuyendo toda forma de habituación a las propias debilidades, no tememos reconocernos necesitados e incapaces de darnos todo lo que necesitaríamos, porque solos y con nuestras solas fuerzas no logramos superar todo límite. No temamos este reconocimiento, porque Dios mismo, en Jesús, se abajó (cf Flp 2,8) y se abaja hacia nosotros y hacia nuestras pobrezas para ayudarnos y darnos aquellos bienes que solos nunca podríamos tener.

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Por eso Jesús elogia a los «pobres de espíritu» (Mt 5,3), vale decir, a aquellos que miran de ese modo sus propias necesidades y, necesitados como son, se confían a Dios no temiendo depender de él (cf Mt 6,26). En efecto, en Dios podemos tener aquel Bien que ningún límite puede detener, porque él es más poderoso que todo límite, y nos lo ha demostrado cuando venció a la muerte. Dios, siendo rico se hizo pobre (cf 2Cor 8,9) para enriquecernos con sus dones. Él nos ama, cada fibra de nuestro ser le es cara, cada uno de nosotros es único y tiene un valor inmenso a sus ojos: «¡Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados... vosotros valéis más que muchos pájaros» (Lc 12,7). Mi agradecimiento, por eso, a su eminencia, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que con este libro ha querido recordarnos todo esto. Estoy seguro de que cada uno de los que leáis estas páginas se dejará tocar de alguna manera el corazón y sentirá surgir en su interior la exigencia de una renovación de la vida. Pues bien, amigos lectores, sabed que en esta exigencia y en este camino me encontráis desde ahora con vosotros como hermano y sincero compañero de camino.

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I LA MISIÓN LIBERADORA DE LA IGLESIA

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1. Palabra de Dios y signos de los tiempos ..... 13

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2. El desarrollo humano entre la creación y la consumación: notas sobre la encíclica Sollicitudo rei socialis, de Juan Pablo II ...... Una aproximación a la doctrina social de la Iglesia............................................................. Hacia una forma de vivir verdaderamente humana ......................................................... Poner de manifiesto la condición del hombre como criatura es un servicio a su dignidad ... «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» (Gén 1,26) .......................................... Llamados al amor ................................................

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Criatura y persona, datos angulares de los derechos humanos................................................ 34 Evangelium vitae y Deus caritas est ....................... 36

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3. La teología de la liberación hoy .................. 39 Gustavo Gutiérrez: el hombre, el cristiano y el teólogo ........................................................... 44 La teología de la liberación como pionera de la misión de la Iglesia ........................................ 54

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4. «Examinadlo todo, y quedaos con lo bueno» (1Tes 5,21). A 25 años de la instrucción Libertatis conscientia, sobre la teología de la liberación .................................................. ¿Teología católica de la liberación? ..................... La libertad del hombre: fundada solo en Dios .... La aportación de los cristianos para una sociedad justa ........................................................ La praxis liberadora de los cristianos: la civilización del amor.................................................

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II LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA

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1. La fe: verdadera riqueza de la Iglesia ......... Solo una gran positividad es capaz de atraer nuestra mirada............................................... El mundo como epifanía de Dios ........................ Intellectus quaerens fidem, fides quaerens intellectum ...................................................... Logos y agape: los fundamentos de lo real en la raíz de la fe, la esperanza y la caridad............ La vida en Cristo como vida en la fe eclesial: «Yo, pero ya no yo» ........................................ Una mirada y una acción nuevas: ortodoxia y ortopraxis ...................................................... Cristo, «estrella de la mañana» y luz de la fe ......

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2. «Del dios de los muertos al Dios de los vivos» ............................................................ 100 Ateísmo y «neoateísmo» ..................................... 101 «Señor, ¿qué es el hombre para que de él te preocupes?» (Sal 8,5) .................................... 107

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3. Desafíos para la teología en el horizonte contemporáneo ................................................... 119 Mundus reconciliatus, mundum reconcilians .......... 119 Discernimiento, historia, esperanza .................... 122 Sociedad plural, sensus fidei, comunicación del saber, racionalidad ampliada ......................... 129 Peregrinación en la verdad, no juego intelectual 142

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III DE AMÉRICA LATINA A LA IGLESIA UNIVERSAL

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1. La opción preferencial por los pobres en Aparecida (Gustavo Gutiérrez) ............. 1. Discernir los signos de los tiempos ................ 1.1. Una lectura creyente ............................. 1.2. La cuestión del método en Aparecida ... 1.3. La «ley de la Encarnación» .................... 2. Reafirmación de la opción preferencial por el pobre ................................................... 2.1. El fundamento cristológico .................... 2.2. Los rostros de los pobres ........................ 2.3. La preferencia por los pobres .................

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3. Evangelización y compromiso por la justicia 3.1. Compartir una experiencia .................... 3.2. La Iglesia, abogada de la justicia y de los pobres ................................................ 4. Conclusión ....................................................

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2. La espiritualidad del acontecimiento conciliar (Gustavo Gutiérrez) .................... 1. Tras los pasos de Jesús .................................... 2. La antigua historia del samaritano ................. 3. Una Iglesia samaritana ...................................

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3. Pobreza: el desafío de la fe (Josef Sayer).... 214

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Relación de fuentes ............................................. 237

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