Skip to main content

Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Page 1

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

P. Juan Antonio Carrera Páramo, SSP

(San Lucas 10,1-12.17-20)

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad». Él les dijo: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

Siempre en camino

La sociedad actual nos tiene tan acostumbrados a premios, agasajos y trofeos por las cosas que realizamos, que resulta muy difícil emprender una empresa nueva, sea pequeña o grande, sin correr el riesgo de pensar en el lucro inmediato o en el premio correspondiente al esfuerzo realizado. Alguien sentenció, con cierta razón, que la condecoración es motor para el trabajo. En este primer domingo del mes de julio, cuando nos acercamos al evangelio, a su lectura y contemplación, ya sabemos de antemano que el anuncio del mensaje de Jesús conlleva, sobre todo en estos tiempos recios que nos toca vivir, no precisamente distinción, privilegio o clase, sino todo lo contrario, es decir, el desprecio y el rechazo, a veces hasta el hazmerreír de la gente. Por tanto, para todos aquellos que en estos tiempos pretendan lucir una medalla en su pecho, deben saber que el camino del evangelio no es precisamente el lugar más idó-

neo para conquistarla ni merecerla a los ojos de la sociedad actual. Sin embargo, Jesús, que siempre tiene palabras de ánimo para todos nosotros, nos orienta y empuja de nuevo hacia la misión, nos invita a ponernos en camino, a estar siempre en camino. En efecto, Él nos dice hoy con energía a cada uno de nosotros: ¡Poneos en camino! Es verdad que muchos pretenden y pretenderán que nos quedemos quietos, que no hagamos nada, es decir, muchos intentarán que nuestros criterios, opiniones y actuaciones queden sepultados en el olvido. Frente a todo esto debemos responder con toda la fuerza de nuestras convicciones más profundas, sabiendo que todas aquellas cosas que no hagamos nadie la hará por nosotros, absolutamente nadie. “¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos”, nos ha recordado Jesús en el evangelio de hoy. Si me-


ditamos bien estas palabras, pronto caeremos en la cuenta que muchos de los que dicen que están de nuestra parte en realidad no es así. Pronto contemplaremos que dicen una cosa, pero luego hacen otra, es decir, que viven un poco de espaldas con lo que dicen creer. Por eso debemos responder con la constancia de nuestro trabajo y de nuestro esfuerzo, del testimonio de nuestras vidas. Los creyentes estamos siempre invitados a conocer de cerca la realidad de los hombres y mujeres que nos rodean. Pero las circunstancias actuales no deben impedirnos vivir con intensidad y con libertad nuestra relación con los demás.

de juicio no deben desanimarnos nunca, pues Él está siempre cerca de nosotros, camina a nuestro lado y nos invita a caminar con Él. Él es el camino, la verdad y la vida. Pongámonos en camino. Ante cualquier dificultad que se nos pueda presentar está siempre el amor de Dios que nunca falla. En las pruebas y en los sufrimientos del día a día, en las dudas y en los esfuerzos cotidianos, es donde llevamos las mismas marcas que el anuncio del reino dejó en nuestros cuerpos, tal como concluye el evangelio de hoy: “Vuestros nombres están inscritos en el cielo”.

“No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias”, nos recomienda también Jesús en el evangelio de hoy. ¿Qué nos quiere decir con esto? Es una invitación o advertencia para que tengamos siempre libres nuestras manos, de tal modo que podamos abrazar a todos sin miedo, con libertad y sin condiciones, alejándonos de las falsas seguridades y afianzándonos de la Palabra que nunca nos ha de faltar ni defraudar, porque el reino de Dios ha llegado también a nosotros. No perdamos nunca la esperanza. Aunque todo parezca estío e infructífero, nuestro esfuerzo, nuestro trabajo y nuestra entrega nunca son baldíos. La siembra aparentemente perdida o la creatividad puesta en tela

Síguenos en: /editorialsanpablo.es /+EditorialSanPabloEspaña www.sanpablo.es

/SANPABLO_ES /SanPabloMultimedia


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Domingo XIV del Tiempo Ordinario by Editorial San Pablo - Issuu