Hacerse y ser pan cotidiano
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FERNANDO CORDERO SS.CC.
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Un test para revisarnos
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La obra de misericordia corporal que nos recuerda la urgencia de «dar de comer al hambriento» nos puede sonar a algo ya sabido e, incluso, practicado. Probablemente hemos colaborado en la Campaña contra el hambre que organiza Manos Unidas, en Cáritas o en otras asociaciones que trabajan con y por los más desheredados. Algunos comparten su sueldo para que otros de la familia o algún necesitado pueda tener un plato caliente cada día. Nos vamos movilizando para que a tantos inmigrantes y refugiados no les falte el menú del pan que sabe a hogar. Aunque nos «suene» y lo tengamos interiorizado, esta obra nos lleva no solo a compartir ese
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pan sino a convertirnos nosotros mismos en ese alimento que se entrega por amor. Es, por ello, muy necesario ir de la mano del papa Francisco y dejarnos conducir al origen de las obras de misericordia, que pueden convertirse en un auténtico revulsivo para nuestro adormecimiento o rutina mediocre:
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Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina (Misericordiae vultus 15).
Esta propuesta supone un verdadero test para manifestar cómo es nuestra actitud como discípulos, contrastándonos con el célebre texto de Mt 25,31-45: «porque tuve hambre y me disteis de comer…». El epicentro de las mismas está en el corazón del Evangelio, que enciende
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la pasión por vivirlas: «Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» (Mt 5,7). El Papa concreta algunas cuestiones que hemos de unir al examen que se nos hará al final de la vida: «si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser rescatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos con quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de odio que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; finalmente, si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas» (MV 15). Está tan claro lo que hemos de hacer que «no hay mucho que explicar», relata Francisco. Solo hemos de estar con los
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ojos abiertos y atentos, que no faltarán situaciones y circunstancias a nuestro alrededor para darles una respuesta. Ojalá no dejemos de hacernos esta pregunta: «Frente al sin techo que se instala delante de nuestra casa, al pobre que no tiene que comer, a la familia de nuestros vecinos que no llega a fin de mes a causa de la crisis, porque el marido ha perdido el trabajo, ¿qué debemos hacer?»1. Asimismo, en las obras de misericordia no debe hacerse una radical distinción entre corporales y espirituales. En el caso de dar pan al que pasa hambre, lo corporal y lo espiritual se entremezclan porque no solo hemos de proporcionar alimentos, sino ir más allá: a la búsqueda de sentido y encuentro con el que nos invita a todos al banquete de su Reino, especialmente a los más pobres y necesitados. La Iglesia y cada cristiano estamos llamados a dar de comer al hambriento, proporcio1 PAPA FRANCISCO, El nombre de Dios es Misericordia. Una conversación con Andrea Tornielli, Planeta, Barcelona 2016, 106.
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nando provisiones para el alma y para el cuerpo. Según los últimos informes de la Fundación Foessa2, el perfil de la pobreza tiene rostro de mujer y de niño. Las familias monoparentales apenas sobreviven en nuestros barrios. Estemos atentos. Demos y donémonos. Con frecuencia nos puede el hacer. La espiritualidad de las obras de misericordia no es solo una cuestión de hacer –aunque ciertamente la acción es insustituible y urgente–, sino de ser. No basta con hacer obras de misericordia, hay que «ser misericordiosos como el Padre» (cf Lc 6,36). Ahí está el reto. Es posible que muchas veces, quizá la mayoría, no podamos hacer demasiado, pero siempre podemos sentir, estar y compartir misericordiosamente. Sin cansarnos de pedirle al Dios de la Misericordia que nos transforme en su pan. Es conveniente conocer los estudios y análisis que publica dicha Fundación, en torno a la exclusión social y desarrollo en España, en su web: www.foessa.es. 2
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Índice
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Prólogo .................................................. Un test para revisarnos ........................ Una vaca en el cielo .............................. Pan y tentaciones .................................. La mitad de los filetes........................... El banquete ............................................ Regalo de agradecimiento ................... ¿Hacer boicot? ....................................... Identificados con el pan ....................... Una obra de arte: Multiplicación de los panes ....................................... Oración: Ser pan ...................................
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