NÚMERO 214 | ENE-MAR 2026








Institutos paulinos de vida secular consagrada




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NÚMERO 214 | ENE-MAR 2026








Institutos paulinos de vida secular consagrada




Editorial: "Año nuevo, vida nueva" 3
Conocer a san Pablo:
Conclusión II viaje misionero 4
Vida y oración:
Orar con los salmos 6
Instituto Santa Familia:
Oración por las vocaciones 8
Instituto Virgen de la Anunciación:
El "sí" de María y nuestros "sies" 10
Instituto Jesús Sacerdote:
Servir desde el amor de Dios 12
Instituto San Gabriel Arcángel:
El gobierno de nuestro Instituto 14
Donec Formetur:
El método "Camino, Verdad, Vida" 16
Carta anual 19
Compartir la Palabra:
Las venidas del Señor 20
La Epifanía del Señor 22
Páginas marianas:
María, Madre de las vocaciones 24
El comienzo de un camino 26
Calendario 27
Pensamientos del Fundador 28

Por la unidad de los cristianos y el impulso del ecumenismo en nuestras diócesis, para que caminemos juntos hacia la plena comunión, fortaleciendo el diálogo y la colaboración mutua.
Por la acogida y acompañamiento de las personas sin hogar y en situaciones de exclusión social, para que encuentren en nuestras comunidades un hogar y un signo vivo del amor de Cristo.
Por los niños, jóvenes y adultos que están completando su Iniciación Cristiana, para que, dóciles al Espíritu Santo, encuentren su vocación y lleguen a ser miembros vivos de la Iglesia.
2 Alégrate
El día primero de este mes de enero hemos dado por cerrado el año 2025 y le hemos dado la bienvenida al nuevo año, 2026. Por una parte, mirando hacia tras, seguramente hemos rememorado momentos alegres, de progreso, cargados de optimismo, por los que hemos dado y seguimos dando gracias a Dios. Y, por otra parte, también habremos constatado momentos bajos, de dejadez, de pesimismo, de cansancio…
Por eso, al finalizar el año, damos gracias a Dios por todo lo bueno que hemos podido realizar, con su ayuda, tanto en nosotros mismos, como en las personas que hemos tenido a nuestro lado o hemos encontrado en nuestro caminar. Y le pedimos perdón por no haber sido siempre constantes en la fe, generosos en el amor y valientes en las dificultades.
Y mirando hacia delante, hacia el año nuevo que empieza, vemos como el Señor, nuestro Dios, nos regala, una vez más, un libro en blanco. Un libro de 365 páginas, correspondientes a los días del nuevo año, para que, juntamente con Él y con nuestros hermanos, sigamos escribiendo, juntos, nuestra historia.
En estas páginas en blanco sería bueno que fuéramos escribiendo, día a día, nuestros propósitos, nuestras metas, nuestros sueños y hasta nuestras utopías. Y, sobre todo, nuestras buenas obras realizadas. Ojalá podamos escribir propósitos alegres, optimistas, abiertos a la esperanza, como podrían ser, a modo de ejemplo: cuidar más y mejor nuestra vida física, psíquica y espiritual, a nivel personal y comunitario; pensar más a menudo en los grandes retos que tienen planteados -en España y en el mundo-, la Iglesia, la sociedad, la familia, nuestros Institutos… Y no sólo pensar, porque eso sería demasiado fácil, sino asumir, también, compromisos serios y concretos para que este mundo en que vivimos pueda ser cada vez mejor.
Solo así tendría sentido para nosotros, referido al año recién estrenado, el dicho popular: “Año nuevo, vida nueva”










P. Antonio Maroño, SSP









































conocer a san pablo
Pablo fue un apóstol decisivo en la difusión del cristianismo en el siglo I. Comenzó su predicación en la sinagoga de Corinto, pero, ante la resistencia de los judíos, decidió instalarse en una casa contigua que pertenecía a Tito Justo, judío temeroso de Dios y convertido al cristianismo.
Entre los judíos convertidos estaba Crispo, el archisinagogo, y toda su familia. Como en los lugares anteriores visitados por Pablo, también en Corintio los judíos intentaron impedir la difusión de la fe cristiana. Prendieron a Pablo y lo llevaron hasta el procónsul Galión.
Lucas presenta la acusación de los judíos en estos términos: “Este induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la Ley”. Pero Galión, al tratarse de una cuestión interna del judaísmo, se declaró incompetente para juzgar la acusación y mandó despejar el tribunal.
Después de su estancia en Corinto decidió regresar a Antioquía, acompañado de Aquila y Priscila (a quienes conoció
en Corinto y se convirtieron en sus más leales y eficaces colaboradores). Embarcaron en Cencreas y llegaron a Éfeso; predicó en la sinagoga y, a pesar del interés suscitado, no se detuvo mucho tiempo. Dejó allí a Aquila y Priscila y marchó a Cesarea; desde allí bajó a Antioquía, con lo que finaliza el segundo viaje. Se calculan unos 1.400 kilómetros recorridos.
Hagamos aquí un inciso que hace referencia a la predicación de San Pablo, y que es aplicable a todos sus viajes y actividades apostólicas.
Pablo predicó a judíos y gentiles. El título de “apóstol de los gentiles” se ha difundido y acuñado para hablar de Pablo. También él mismo se lo atribuye (cf. Gál 1,16; 2,8-9; Rm 9,24).
Ahora bien, si con ello queremos afirmar que Pablo fue quién abrió la puerta de la Iglesia a los gentiles o que su labor se desarrolló sólo entre gentiles, no es exacto. Pablo no fue el primero en anunciar el Evangelio fuera
de la comunidad judía. En los Hechos de los Apóstoles, Lucas atribuye el comienzo de la misión gentil a los cristianos huidos de Jerusalén por la persecución desencadenada por la muerte de Esteban (Hch 11,19-21).
En segundo lugar: Pablo predicó en las sinagogas de la diáspora a los judíos y a los temerosos de Dios; detalle que avala su predicación típicamente judía (Hch 13,16-41). En tercer lugar: su predicación a los gentiles se justifica por la expulsión de las sinagogas (Hch 13,45-47; 18,47; 28,23-29). Por tanto, el título “apóstol de los gentiles” no debe aplicársele de forma exclusiva, como si Pablo se hubiera dirigido solamente a los paganos. En las comunidades paulinas convivían judíos y gentiles, lo que implicaba la abolición de la separación secular de estos grupos por razón de pureza legal.
Recordemos, al respecto, el incidente de Antioquía, en el que Pablo hubo de enfrentarse a Pedro -hecho descrito por el propio Apóstol en Gál 2,11-14-. Además, en estas comunidades ciertas prácticas judías se reconocían sin vigencia, como la circuncisión (caso de Tito -discípulo de Pablo-, que no fue obligado a circuncidarse (Gál
2,3); o al respecto de los alimentos “impuros” : carne ofrecida a los ídolos, que podemos leer en: Rm 14,1-3; 14-15; 20-21).
Lo que sí hay que decir es que Pablo fue el primer apóstol que tuvo cristianos convertidos del paganismo entre sus colaboradores: Timoteo y Tito. También Lucas, que no era de origen judío, por tanto, gentil (probablemente era griego, dado su gran dominio de ese idioma). Con todo, algunos exégetas y teólogos piensan que Lucas fue un judío de la diáspora.
A Pablo hay que reconocerle como un personaje decisivo en la difusión del cristianismo en el siglo I. Fue un gran misionero y dio los pasos necesarios para organizar las comunidades que fue fundando, en las que dejaba definidos los cometidos que habían de realizarse por las distintas personas preparadas para ello. En sus Cartas –que abordaremos en el II Sumario-, tendremos noticia de todo ello.



















































Hay en el Evangelio multitud de invitaciones a la oración constante, perseverante. Nos da ejemplo la primera comunidad cristiana, como testimonia el libro de los Hechos
Orar sin interrupción
El libro de los Hechos de los Apóstoles da una síntesis preciosa de la vida de los primeros cristianos: “Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). Jesús recomienda orar sin interrupción (cf. Lc 18,1; 21,36; 22,40), y también Pablo, escribiendo a los Tesalonicenses, les invita: “Sed constantes en orar” (1Tes 5,17). Sobre la importancia de la oración, Jesús narra la parábola de la viuda obstinada (cf. Lc 18,2-5): el éxito de la viuda debe convencer de la eficacia de la oración, por lo que, según afirma él, nunca hay que cansarse de orar. Y concluye afirmando que la oración es el signo de la fe; pero hoy, si Jesús regresara –pregunta él mismo–: ¿encontraría todavía “fe en la tierra” (cf. Lc 18,8)? ¿Encontraría todavía a alguien que ore como lo hizo aquella pobre viuda? ¿Qué podemos
pensar de la relación entre ciencia y religión en la actualidad, cuando hay quien afirma que las ciencias nos dan lo que las religiones nos han prometido? La salud, la satisfacción de las necesidades primarias, la felicidad... Y podemos preguntarnos: ¿cómo oraban los que llegaban a la fe en la comunidad cristiana de los orígenes?
Los salmos, precioso instrumento
Orar con los Salmos es una antiquísima tradición bíblica, patrística y monástica, de los judíos y de los cristianos. Libro de la liturgia oficial de Israel (cf. 1Cr 16; 25; Esd 3,10-11; Ne 11,17), los Salmos se convirtieron después en textos de la oración cristiana (cf. Ef 5,19; St 5,13), incluso litúrgica (pensemos en el Salmo responsorial). El cardenal Ravasi define el Salterio como un “microcosmos” de múltiples
aspectos: literario, simbólico, teológico, de humanidad, de oración, de historia, de liturgia. Microcosmos del Antiguo Testamento, y microcosmos cristiano. Así como en los Salmos se narra toda la historia de Israel –ocasión de la fidelidad de Dios al hombre– (el Sal 136 reelabora el credo de Israel), Jesús mismo afirma que los salmos hablan de él (Hch 24,44).
David es poeta y, como todo poeta, tiene un papel especial, que describe bien Giorgio Caproni: “Cuando uno lee a un poeta, en el fondo no hace más que leerse a sí mismo. Ese poeta ha alcanzado en sí mismo una verdad que vale para todos y que ya, como la Bella Durmiente en el bosque, dormitaba en todos esperando ser despertada. Y así se llega a la otra paradoja: que cuanto más se sumerge el poeta en su propio yo, más se aleja de sí mismo cualquier acusación de solipsismo, precisamente porque en esa zona de su ‘yo’ está el ‘nosotros’. Un yo que pasa inmediatamente de la singularidad a la pluralidad” (Sulla poesia, Roma 2023, p. 72).
Aprender a sacarle gusto a los salmos
En un primer momento, los Salmos pueden parecernos algo extraño a nuestra mentalidad actual, y, sobre todo por su lenguaje, lejano de la
realidad concreta que vivimos. Familiarizándose con ellos, en cambio, frecuentándolos con fe y sinceridad se va adquiriendo una sensibilidad especial y se va descubriendo cómo los Salmos, en realidad tienen una fuerza especial y expresan nuestras experiencias humanas y religiosas más íntimas, pues contienen el grito, el dolor, la alegría y la tristeza, los temores, las dudas, las esperanzas, todas las experiencias de la vida y de la muerte humana. Contienen una “anatomía de todas las partes del alma”, decía Calvino.
La música y la poesía de cuya materia están hechos los Salmos es capaz de convertir los versos de un “yo” orante, en voz de toda la asamblea, tanto de Israel como de la Iglesia. Si en el momento preciso no vivimos personalmente los sentimientos que algunos Salmos expresan –y que a veces pueden parecernos duros– siempre tendremos personas cercanas, física o afectivamente, que están viviendo esas situaciones; los Salmos nos ayudarán a solidarizarnos con ellas, y a compartir con ellas esos sentimientos, presentándolos a Dios precisamente por medio de los Salmos, que son Palabra suya; es decir, orando por ellas, o en comunión con ellas.



















































instituto virgen de la anunciación
El día 25 de marzo celebraremos con gozo la Solemnidad de la Anunciación del Señor, Titular del Instituto Nuestra Señora de la Anunciación. Felicidades a todos los miembros del Instituto, en España y en el mundo, y que el Señor las bendiga con nuevas vocaciones.
“He aquí, que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Heb 10:7)
En el corazón de la espiritualidad paulina, tal como nos la transmitió el beato
Santiago Alberione, la fiesta de la Anunciación del Señor se ilumina con un significado profundamente apostólico y cristocéntrico.
María, en su «Aquí estoy», es la primera en experimentar plenamente la actitud que más tarde caracterizaría al mismo
Cristo: la entrega total al plan del Padre. Su «Fiat» es el comienzo de la Encarnación y, por tanto, también el comienzo de la Redención y la proclamación del Evangelio.
Don Alberione escribe: “María pronunció su Fiat y en ese momento el Verbo se hizo carne:
y el Verbo se convirtió también en nuestro camino, verdad y vida” (UPS II, 165).
En el pensamiento del Padre Alberione, la Anunciación no es solo un momento mariano, sino un momento apostólico que inaugura la misión redentora de Cristo Maestro, quien viene a enseñar, santificar y guiar. María acoge al Verbo en su seno y se convierte en la primera apóstol, aquella que entrega al mundo el Verbo encarnado.
Para nosotros, los paulinos, la fiesta de hoy nos recuerda las raíces vocacionales y apostólicas de nuestra misión: como María, estamos llamados a decir «sí» cada día, a dejarnos transformar por la Palabra para convertirnos también nosotros en instrumentos de proclamación. La Anunciación es el modelo

de toda vocación y toda misión: Dios propone, la humanidad responde y la salvación entra en la historia.
Don Alberione nos invita a mirar a María como Madre, Reina y Maestra de nuestro apostolado:
“María dio a Jesús al mundo una vez; ahora desea darlo siempre, en cada alma” (UPS IV, 315).
Y así, en esta solemnidad, aprendemos de María la valentía de decir «sí», la apertura al plan de Dios y la alegría de llevar a Cristo al mundo a través de los medios de comunicación, a través de nuestras vidas, a través del ofrecimiento diario de nuestro apostolado.
Un pensamiento especial va, hoy, para las queridas hermanas del Instituto Virgen de la Anunciación, quienes, en el silencio laborioso de la consagración secular, dan testimonio, como María, de que es posible acoger a Dios en la vida cotidiana y hacerlo presente donde los sacerdotes y religiosos no pueden llegar. A vosotras, mujeres del fiel y discreto «sí», que hoy os alcance un deseo lleno de gratitud y esperanza: que vuestro Fiat siga generando a Cristo en el corazón del mundo, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo.
¡Feliz Fiesta de la Anunciación del Señor!



















































La falta de nuevas vocaciones constituye hoy un objeto de preocupación para el futuro de la misión evangelizadora en la Iglesia. Por esto, hemos de unirnos en la oración en común y pedir a Dios que mande nuevos operarios para la Familia Paulina
Según san Juan Pablo II, toda vocación tiene su origen en la familia. Por esto, la familia cristiana debería ser la cuna de las futuras vocaciones consagradas: sacerdotes, religiosos, religiosas, apóstoles, lo mismo que de las vocaciones para el matrimonio. Estas nuevas vocaciones son necesarias para la realización de la misión de la Iglesia. De manera especial, estas vocaciones deberían nacer en las familias consagradas, en las santas familias. Las familias consagradas tienen la tarea de suscitar nuevas vocaciones para la Iglesia a través de la propia familia y dar su aporte al desarrollo de nuevas vocaciones en las otras familias. Gracias a la plena realización de este deber, la familia consagrada dará a la Iglesia nuevas personas comprometidas para la gloria de Dios y para la renovación espiritual del mundo,
haciéndolo más cristiano en el futuro.
Suscitando nuevas vocaciones en la propia familia, a los esposos consagrados se les invita a considerar, en primer lugar, la vocación de sus hijos como un don privilegiado y una bendición para toda la familia. Para poder realizar este compromiso, deberían sostener las vocaciones de sus hijos con la oración y acompañarlos en su crecimiento vocacional. Así imitarán al Fundador, que pedía a orar por las vocaciones a sus hijos e hijas espirituales, y consideraba que por las nuevas vocaciones se debería rezar “siempre juntos”. Entonces, la semilla de la vocación, plantada por el Espíritu Santo, podrá alcanzar el pleno desarrollo en el alma de su hijo o de su hija en el futuro.
Los padres, acompañando a sus propios hijos en el desarrollo de su vocación, deben darles ejemplo personal de fe vivida. Lo deben hacer cuando sus hijos son pequeños. De este modo, en sus familias, como en un jardín, brotará la semilla de la vocación de sus hijos. En este proceso, también es importante el diálogo con los hijos. De este modo, con la palabra y con el ejemplo, se comprometerán a formar a sus hijos en la vida cristiana y apostólica, y les ayudarán a discernir su vocación cristiana (cf AA 11). Por lo tanto, rodearán de cuidados paternos las vocaciones descubiertas en sus hijos, les ayudarán en la opción de la vocación al sacerdocio, a la vida religiosa o al matrimonio. Realizando esta misión, se sentirán animados por las palabras del Fundador, para quien “El cuidado de las vocaciones es la obra de las obras”.
Los esposos consagrados deben contribuir también al desarrollo de las vocaciones en las otras familias. A esta tarea los animaba el mismo Fundador: “Todos los católicos, con todas sus fuerzas, [deben trabajar] por todas las vocaciones y por todos los apostolados”. El P. Alberione enseñaba que la Iglesia tiene necesidad, no
solo de muchas vocaciones, sino de vocaciones auténticas, acostumbradas a la obediencia y al trabajo, esto es, a dedicar todas las fuerzas a Dios. De ahí que los esposos consagrados deban trabajar constantemente por las vocaciones, convencidos de que “el Señor ha preparado muchas vocaciones, en proporción a las exigencias del apostolado contemporáneo en la Iglesia”.
En la oración en común invocarán a María, porque ella, más que cualquier otro ser, está en grado de suscitar nuevas vocaciones y de despertar en los corazones de las personas el deseo de seguir a Cristo. También una imagen de María, Reina de los Apóstoles, dejada en las casas de las familias que los esposos visitan, será un instrumento eficaz para suscitar nuevas vocaciones. Para esto, deben favorecer triduos y jornadas vocacionales, además de otras formas de carácter apostólico, que contribuirán al crecimiento y consolidación de nuevas y numerosas vocaciones en otras familias cristianas.




















































En la historia personal de cada sacerdote hay un misterio que lo debemos poner siempre en primer plano. El Señor nos ha llamado. Se fijó en cada uno y, sin habernos formado aún en el seno materno, ya nos miraba con amor
“En caridad perpetua te amé” , nos dice el Señor a los elegidos, cuando aún no se atisbaba en el horizonte de nuestras vidas que podríamos ser sacerdotes. Y hoy nos vuelve a decir el Señor: “No tengáis miedo, yo estoy con vosotros”.
En nosotros, la gracia del Señor y nuestra libertad, han ido configurando nuestra identidad, que tiene la forma y los sentimientos de Jesucristo, Buen Pastor.
Este destino de nuestra vida ministerial, el de servicio al
Pueblo de Dios, nos obliga a ser para los otros . Tras nuestra consagración sacramental todo en nosotros es ya para siempre servicio desde el corazón de Dios. Somos “pastores según su corazón”. Debemos cuidar que nuestro servicio ministerial nunca pierda el norte de Dios, que siempre apunta al corazón del hombre. La misión sacerdotal no se basa en ideas ni en territorios, sino que parte del corazón y se dirige al corazón. Son los corazones los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del Pueblo de Dios. Este destino de nuestra
vida ministerial, el de servicio al Pueblo de Dios, nos obliga a ser para los otros.
Por eso, para mejor servir a nuestros hermanos desde el querer de Dios, hemos de ser, por el amor y la entrega, expertos en humanidad, para llegar, como el Señor, a los dolores, a las heridas y a las pobrezas espirituales y materiales, que nunca faltarán en aquellos a los que serviremos. Situémonos siempre ante nuestros hermanos con la conciencia clara de que el sacerdocio es un don recibido de Dios para dárselo a su pueblo: “Os daré pastores según mi corazón” . Ese origen y destino del sacerdocio es el mejor antídoto ante cualquier tentación de vanagloria, no hay más autoridad ni poder que el servicio en el nombre del Señor.
Para ser fieles a este ministerio de gracia para el que hemos sido consagrados, hemos de vivir, por tanto, desde Dios. Es Él quien nos ha llamado, elegido y enviado; eso es lo decisivo en nuestra vida sacerdotal. Cuando hay un hombre que en el fondo de su conciencia se decide enteramente a vivir desde Dios para los hombres, ahí acontece entero el milagro de la Iglesia y el del cristianismo como Evangelio para el mundo. Ahí irrumpe la presencia de Dios y de su gracia.
Por eso, no caigamos nunca en la tentación de suplantarlo. No nos colguemos medallas que no nos pertenecen. En ocasiones hablamos sin matices de lo imprescindibles que somos; es cierto, lo somos, pero sólo porque el ser humano necesita a Dios.
El mundo tiene necesidad de Dios, no de un “dios” cualquiera, sino del Dios de Jesucristo, del Dios que se hizo carne y sangre, que nos amó hasta morir por nosotros, que resucitó y creó en sí mismo un espacio para el hombre”.
“El sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres –manifestó el papa Francisco–. El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas”.






Antonio Díaz Tortojada, ijs













































Instituto San Gabriel
Prosigue el artículo del Gabrielino de Italia, Gian Carlo Infante, iniciado en el número anterior de este boletín, sobre el Gobierno y la Administración del Instituto San Gabriel Arcángel
15.La administración del fondo puede ser encomendada a un profeso, encargado por el Delegado Provincial, con el consentimiento del Consejo del Instituto. Al encargado le corresponde la administración de los bienes, bajo la autoridad del Delegado Provincial y de acuerdo con las leyes de la Iglesia. Tiene la obligación de cuidar la contabilidad de las entradas y de las salidas y de presentar al Delegado y al Consejo, anualmente y cuando se le pida, el balance general y la relación del trabajo realizado.
16. El Delegado Provincial, oído el Consejo, nombra un Responsable de la Secretaría que redacte las actas y ejecute las disposiciones en el campo organizativo. Si no es miembro del Consejo, el Responsable de la
Secretaría participa en las reuniones sin derecho a voto.
17. El Delegado Provincial, con el consentimiento del Consejo, puede invitar a los Gabrielinos que desempeñan cargos a participar, sin derecho de voto, a las sesiones de los consejeros para dar cuenta de los cargos que se les han confiado, lo mismo se diga que cuando se presenten exigencias que requieren competencias técnicas.
18. El Delegado Provincial, con el consentimiento del Consejo, puede delegar encargos específicos a los miembros del Instituto, aunque no pertenezcan al Consejo.
19. La asamblea general está compuesta por los Gabrielinos profesos y novicios. A ella le conciernen:
a) La consulta para la elección del Delegado Provincial y del Consejo; b) la consulta para las actividades generales del Instituto; c) el estudio de eventuales propuestas innovadoras para someterlas al juicio o mediación del Superior General.
20. Los Gabrielinos sostienen con afecto sincero, oración y propuestas al Delegado Provincial, sacerdote paulino, para confortarlo en el difícil compromiso que le ha confiado la Sociedad de San Pablo, de manera que pueda ejercer su rol de formación y dirección espiritual en un clima de tranquilidad y de paz, poniendo su formación y sensibilidad sacerdotal al servicio de cada miembro. Y él, en coherencia con su opción de seguir a Cristo Divino Maestro, y de testimoniarlo con su vida santa, ejercerá su misión de servicio, fiel al Evangelio y con premura para con todos los que acuden a él en busca de conforto.
21. Como sacerdote paulino, está siempre comprometido con su ejercicio de formación y de dirección espiritual, para que el espíritu y el carisma del Instituto San Gabriel Arcángel se mantengan conforme a la voluntad del Fundador, correspondiendo siempre a la espiritualidad común de la Familia Paulina. Serán ga-

rantes el Superior General y el Superior Provincial. Él sostendrá a los Gabrielinos en su empeño de ser fieles al compromiso asumido con la profesión de los consejos evangélicos, con ocasión de los encuentros de formación, en los Retiros Espirituales periódicos y en los Ejercicios Espirituales.
22. El Delegado es también responsable del boletín del Instituto, de uso manuscrito, “Yo estoy con vosotros”, en el que, con aportaciones redactadas por él, por algún otro profeso, o pedidas a otros, sea realiza la cohesión, la formación y la animación del Instituto San Gabriel Arcángel.



















































Después de haber presentado, de manera sintética, los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía, y de haber aludido a los varios métodos con los que vivirlos, el P. Alberione se detiene explícitamente a sugerir el método verdadcamino-vida, al que había aludido precedentemente, subrayando que “lo indica particularmente”
1.Muchos son los métodos enseñados: entre los más frecuentes está el de los cuatro fines, el de las oraciones comunes, etc. El que honra a Jesús Maestro, camino, verdad y vida, se recomienda particularmente. Se divide la hora en tres partes.
2. Es importante porque agrada al Divino Maestro, que parece habérnoslo enseñado al declararnos: «Yo soy la verdad, el camino, la vida». Es conforme con la naturaleza porque tenemos inteligencia, voluntad y corazón. Hace realidad poco a poco en el alma «amar al Señor con toda la mente, con las fuerzas, con el corazón». Ayuda mucho al estudioso a ser completo; utiliza todo: estudios, medios de gracia, dones naturales. Es especialmente bueno para el Paulino.
3. a) Yo soy la verdad: se resume todo lo que se sabe de estudio, de instrucción religiosa, de Biblia y se refiere en alabanza y acción de gracias al Divino Maestro. b) Yo soy el camino: se meditan todas las virtudes evangélicas: teologales, morales, etc., practicadas por Jesucristo y se compara nuestra vida con la suya con prolongado examen de conciencia para concluir con el dolor y la alabanza a Jesucristo. c) Yo soy la vida: Jesucristo es gracia; por eso se ruega por las necesidades espirituales y naturales, por el prójimo, por todo el mundo, sin olvidar la intercesión de la santísima Virgen, de los ángeles y de los santos.
Hasta el período de la redacción del Donec formetur Christus in vobis, probablemente el año
1930, en la Familia se usaba más bien el método de los cuatro fines propuesto por san Pedro Julián Eymard -adorar, dar gracias, propiciar, interceder-. Con tal método el mismo Fundador se sentía especialmente encariñado. Todos sabemos que, según el método de los cuatro fines se ha compuesto la oración de introducción a la adoración del Santísimo: «Creo, Dios mío, que estoy en tu presencia, que me miras y escuchas mi oración. Tú eres infinitamente grande y santo: yo te adoro. Tú me lo has dado todo: yo te doy gracias. Tú has sido ofendido por mí: yo te pido perdón de todo corazón. Tú eres misericordia infinita: yo te pido todas las gracias que sabes me son útiles».
Pero en este período histórico, año 1930, el P. Alberione pasa a inculcar decididamente el método “que honra a Jesús Maestro, Verdad, Camino, Vida”.
Causa impresión la relación de motivos que, según el Fundador, invitan a preferir este método:
• Le agrada al Divino Maestro, que se ha autodefinido Verdad, Camino, Vida;
• Es conforme a la naturaleza porque nosotros tenemos inteligencia, voluntad y corazón;
• Realiza poco a poco que el alma “amar al Señor, con la mente, con las fuerzas, con el corazón;
• Ayuda mucho al estudioso a ser completo;
• Lo utiliza todo: estudio, medios de gracia, dones naturales;
• Es especialmente bueno para el Paulino.
Hay que tener en cuenta que, aunque a veces, el Fundador usa la expresión más habitual del método “camino, verdad, vida”, rigurosamente hablando, el orden es “verdad, camino, vida”, como resulta claramente de lo que propone el texto de nuestro DF. Se comienza con la verdad, en referencia a la palabra de Jesús en el Evangelio, las verdades qué creer, lo que se ha aprendido; después se pasa al camino, viendo a Jesús-modelo de todas las virtudes y confrontándonos con Él; para, después, pasar a la vida, en un encuentro personal con Jesús-Vida y gracia, en clima de oración vital.
Sin duda, nos encontramos aquí ante una recomendación sobre la que el amado Fundador no se ha cansado de insistir: «El método pedagógico usado por Jesús con los Apóstoles… Este

método es el más integral y el más eficaz: comporta, en efecto, una acción formativa sobre la mente, sobre la voluntad y sobre el corazón del individuo, a través de la esperanza viva y operante del Maestro.
Y el P. Alberione no deja de dar indicaciones prácticas a cada miembro de la Familia Paulina:
«a) Yo soy la verdad: se resume todo lo que se sabe de estudio, de instrucción religiosa, de Biblia y se refiere en alabanza y acción de gracias al Divino Maestro.
b) Yo soy el camino: se meditan todas las virtudes evangélicas: teologales. morales, etc., practicadas por Jesús, y se compara nuestra vida con la vida de Jesucristo en un largo examen de conciencia, para terminar con el dolor y la alabanza a Jesucristo.
c) Yo soy la vida: Jesucristo es gracia, de ahí que se rece por las necesidades espirituales, naturales, por el prójimo, todo el mundo, sin olvidarse de la intercesión de la Santísima Virgen, de los ángeles y de los santos».











Don Guido Gandolfo, ssp








































Respondiendo fielmente a la petición que el XI Capítulo General de la Sociedad de San Pablo ha dirigido al Superior General, el P. Domenico Soliman ha firmado su Carta Anual dirigida a la Congregación el pasado 8 de diciembre
El pasado 8 de diciembre, el Superior General, P. Domenico Soliman, ha firmado su cuarta Carta anual, dirigida a los miembros de la Congregación, que lleva por título Exploradores por el Evangelio. Su línea de argumentación general siguiendo la trazada en sus Cartas anteriores, como se puede ver claramente reflejado en los títulos de las mismas, todas ellas de rico contenido carsmático: He aquí los aludidos títulos: Artesanos de Cristo en la cultura de la comunicación (2024), La metamorfosis necesaria para vivir como "editores" paulinos (2023), Dejémonos transformar por la escucha de la Palabra para vivir como "editores" paulinos (2022). En base a estas cartas se podría organizar un curso de formación centrado en lo más nuclear de nuestro carisma. Conocemos, cada cual, por leerlas con la atención que se merecen.

Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy” y “El tiempo está cerca”. No les sigáis. (Lc. 21, 8)
Todos los domingos, antes de terminar el año litúrgico, nos presentan textos del Evangelio, que evocan la última venida del Señor. La primera venida nos enseña sobre cómo será el regreso del Señor, su última venida.
Porque hasta que vuelva de esta manera, tan especial y desconocida, nos sigue visitando cada día en la Eucaristía. Cada domingo es un “día del Señor”, y el año litúrgico es una serie ininterrumpida de domingos.
En la primera venida, Jesús no apareció como esperaba el pueblo de Israel: un Salvador de la tiranía de Roma, un Caudillo, un Rey al estilo mundano que los libraría de todos los enemigos. La
manera que presenta la Sagrada Escritura, el regreso final del Señor a la Tierra, podemos pensar, que no es de esa forma literal y Apocalíptica. Recordar que la Escritura, a veces, presenta realidades para las que no hay palabras que las expliquen; nos toca, pues, esperar a cómo será esa segunda venida, y acoger en nuestro corazón este misterio; sabiendo que las obras de Dios siempre son desconcertantes,

grandiosas y llenas de su Amor infinito.
Por último, compartir las dos reflexiones, en distintos días, sobre las palabras “Yo soy” (Lc 21, 8). La primera es contemplar a Jesús como él es: “Yo soy”, hace verme como: “El no soy”, pues todo lo he recibido de Él, no tengo nada propio; y me lleva con alegría a la realidad última, a saber quién soy yo.
La segunda completa a la primera, que queda un poco en el aire. Jesús es: “Yo soy” y yo: “Yo soy en Jesús”. Un cristiano ya no puede ser, si no es en Jesús; o
de otra manera, un cristiano no es nada sin Jesús. Cuando está lejos de Él no es nada; cada vez que se acerca a Jesús, cuanto más cerca está de Él: más es él. Más sentido tiene su vida, más feliz es, más cerca también está de los demás; como formando parte de su Cuerpo.
Conformar nuestra vida con la suya, para poder ser lo que Dios quiere de nosotros. Espíritu Santo, condúcenos y danos fuerza en esta ardua tarea; imposible para nosotros, pero no para Dios.


















































los magos, buscadores de luz y de paz
Los Magos emprenden un viaje en busca del Rey que ha nacido. Ellos son imagen de los pueblos en camino en busca de Dios, de los extranjeros que ahora son conducidos al monte del Señor (cf. Is 56,6-7)
todo, los Magos tienen los ojos fijos en el cielo . Están imbuidos por la nostalgia del infinito y su mirada es atraída por los astros celestes. No viven mirando la punta de sus pies, replegados sobre sí mismos, prisioneros de un horizonte terreno, arrastrándose en la resignación o en la queja. Ellos levantan la cabeza para esperar una luz que ilumine el sentido de su vida, una salvación que viene de lo alto. Y así ven surgir una estrella, la más luminosa de todas, que los atrae y los pone en camino.
Esta es la clave que revela el verdadero significado de nuestra existencia: si vivimos encerrados en el estrecho
perímetro de las cosas terrenales, si marchamos con la cabeza baja rehenes de nuestros fracasos y remordimientos, si estamos hambrientos de bienes y consuelo mundano —que hoy están aquí y mañana desaparecen— en lugar de ser buscadores de luz y amor, nuestra vida se apaga. Los Magos, que también son extranjeros y todavía no han encontrado a Jesús, nos enseñan a mirar hacia lo alto, a tener la vista fija en el cielo, a levantar los ojos hacia los montes de donde nos vendrá la ayuda, porque nuestra ayuda viene del Señor (cf. Sal 121,1-2).
¡Hermanos y hermanas, los ojos fijos en el cielo! Necesitamos tener la mirada levantada hacia lo alto, también para aprender a

ver la realidad desde arriba. Lo necesitamos en el camino de la vida, para hacernos acompañar de la amistad del Señor, de su amor que nos sostiene, de la luz de su Palabra que nos guía como estrella en la noche. Lo necesitamos en el camino de la fe, para que no se reduzca a un conjunto de prácticas religiosas o a un hábito exterior, sino que se convierta en un fuego que nos quema por dentro y nos hace buscadores apasionados del rostro del Señor y testigos de su Evangelio.
Lo necesitamos en la Iglesia, donde, en lugar de dividirnos según nuestras ideas, estamos llamados a poner a Dios en el centro. Es el Señor quien debe estar en el centro y no nuestras ideas o nuestros planes. Recomencemos desde Dios, busquemos en Él la valentía para no detenernos ante las dificultades, la fuerza para superar los obstáculos, la alegría para vivir en la comunión y en la concordia.
Los Magos no sólo miran la estrella, las cosas de lo alto, sino que también tienen los pies sobre la tierra. Ellos se ponen en camino a Jerusalén y preguntan: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo» (Mt 2,2).
Una sola cosa: los pies unidos con la contemplación. El astro que brilla en el cielo los envía a recorrer los caminos de la tierra; levantando la cabeza hacia lo alto son empujados a descender hacia lo bajo; buscando a Dios son invitados a encontrarlo en el hombre, en un Niño que yace en un pesebre, porque Dios que es lo infinitamente grande, se ha revelado en este pequeño, infinitamente pequeño. Se necesita sabiduría, se necesita la asistencia del Espíritu Santo para comprender la grandeza y la pequeñez en la manifestación de Dios.


















































Durante toda su vida, el P. Alberione llamó la atención sobre el problema vocacional, que él consideraba como «el mayor problema del mundo».
En torno a este problema fundamental congregó todas las energías posibles, implicando en ello a María, que se convierte así en «madre de todas las vocaciones», por un triple título:
1. María acept ó y vivió perfectamente su propia vocación:
«Aprender a aceptar la voluntad de Dios y la propia vocación. María sabía que su Hijo iba a morir en la cruz y que a ella le tocaría sufrir mucho. Aceptar la vocación: la vocación se acepta cada día. Recitar la fórmula es cosa de un minuto, pero aceptarla de hecho es ya más difícil» (Pr RA 185).

2. María cuidó la más hermosa vocación: «María acogió, alimento y acompañó a la más hermosa vocación: Jesús. Lo asistió en el momento de su muerte y lo presentó en la Ascensión» (PP II, 66).
3. María cuid ó y cuidará todas las vocaciones de todos los tiempos: «En las buenas vocaciones interviene María, que escoge las más hermosas flores del jardín de la Iglesia y las ofrece a Jesús» (UPS IV, 272).
Siempre atento a las necesidades apostólicas de la Iglesia, el P. Alberione comprendió que el problema de
las vocaciones era un «problema fundamental y vitalísimo» (CISP 110, 736), «el problema número uno» (CISP 176), «el más urgente y el más difícil» (CISP 1028). Su respuesta cristalizó en una triple intervención:
1. Con la fundación del Instituto de la Reina de los Apóstoles para las vocaciones, cuya finalidad es la de ayudar a los jóvenes a descubrir y madurar su vocación: «En el campo de las vocaciones, María es madre, maestra y reina, por su misma excepcional vocación. ¡Suscitar todo un ejército de almas apostólicas y ofrecer como guía a María! Es un ideal que entra en los designios de Dios, conforme al corazón de Jesús Maestro» (HM VIII, 6869).
2. Con la Unión primaria «Oración, sufrimiento y amor por todas las vocaciones», puesta bajo la protección de María, Reina de los Apóstoles.
3. Con la construcción del santuario de la Reina de los Apóstoles como centro de oración, preocupación y compromiso por las vocaciones. Un tema complementario es el de la formación de los llamados. El P. Alberione dedicó varias páginas a este tema de la acogida y
la formación, tan importante, que sin él todo esfuerzo vocacional sería estéril (cf Id. pp. 27ss.). E indica algunas exigencias propias de esta formación:
Conciencia de la misión recibida de Dios; orientar todo hacia Jesús, no hacia sí mismo; entrega; preparación; formación permanente (seguir siendo discípulo); preceder con el ejemplo; ser, sólo y siempre, intérprete fiel de Jesucristo; tener a María como maestra.
«Las vocaciones se forman con la catequesis y la enseñanza de la Sagrada Escritura. Tened un corazón grande y realizaréis un gran bien, a imitación de María, que siguió a Jesús entregándose totalmente a sí misma» (So 8-9).
Pistas de reflexión
Son tres los medios que el Fundador propone para una eficaz pastoral vocacional:
• la oración;
• vivir con intensidad y alegría la propia vocación;
• actividad externa por las vocaciones (cf Prediche alle Pie Discepole, año 1963, nn. 110113).









Catequesis paulina, págs. 156-158










































Rvdo. Don Jesús Martínez
El pasado día 15 de julio, en la Casa Provincial de la Sociedad de San Pablo, en Madrid, el sacerdote Don Jesús Martínez Talavera, párroco de la parroquia del Santísimo Cristo de la Luz, ubicada en la ciudad de Valencia, ha comenzado su íter formativo en el Instituto Jesús Sacerdote, de cara a su plena integración en el mismo. Ha sido una jornada festiva, muy alegre, en la que los hermanos y hermanas de diversas ramas de la Familia Paulina, allí presentes, han visto en este acto litúrgico, protagonizado por Don Jesús, un signo de esperanza en estos tiempos caracterizados por la fuerte disminución de vocaciones consagradas.

1. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. - Jornada Mundial de Oración por la Paz.
4. Aniversario de la muerte del Hno. Gabriel Aparicio, SSP. 2021.
6. Solemnidad de la Epifanía del Señor.
7. Aniversario de la muerte de Sor. M. Oliva García, HSP. 1997.
- Aniversario de la muerte del Hno. Manuel Martínez, SSP. 2017.
9. Aniversario de la muerte del P. Francisco Anta, SSP. 2021. 11. Bautismo del Señor.
- Aniversario de la muerte de Dolores Báez, ISVA. 2019.
16. Aniversario de la muerte de Guadalupe Lozano, ISVA. 2002.
18. Jornada de la Infancia Misionera.
- Comienza el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos.
20. Aniversario de la muerte del H. Cirilo Peñas, SSP. 2001.
- Aniversario de la muerte del Hno. Pablo Uriarte, SSP. 2017.
22. M. Tecla Merlo, HSP, es declarada venerable. 1991.
24. Aniversario de la muerte del beato Timoteo Giaccardo, SSP. 1948.
25. Domingo de la Palabra de Dios (7ª).
- Fiesta de la conversión del Apóstol San Pablo.
30. Aniversario de la muerte del P. Desiderio Costa, SSP. 1989.
2. Fiesta de la Presentación del Señor.
- Jornada Mundial de la Vida Consagrada (30ª).
4. Jornada Internacional de la Hermandad Humana (6ª).
5. Aniversario de la muerte de la venerable Tecla Merlo, primera Superiora
General de las HSP. 1964.
- Aniversario de la muerte del H. José María López, SSP. 1998.
- Aniversario de la muerte del H. Lucinio López, SSP. 2015.
8. Campaña y Colecta contra el Hambre en el Mundo.
- Aniversario de la muerte del H. Fco. J. Martínez de Antoñana, SSP. 2011.
10. En Alba, “dies natalis” de las Pías Discípulas del Divino Maestro. 1924.
11. Jornada Mundial del Enfermo (34ª).
13. Aniversario de la muerte del P. Miguel Rojo, SSP. 2011.
18. Miércoles de Ceniza.
- Aniversario de la muerte del Hno. Vicente Hernández, SSP. 2019.
28. Aniversario de la muerte de Sor Mª Fidelis Puebla, HSP. 2008.
1. Día y Colecta de Hispanoamérica.
3. Aniversario de la muerte del Hno. Arturo Guinea, SSP. 2014. - Andrés R. Borello es declarado Venerable. 1990.
8. En Mango (Italia), nace el venerable Andrés R. Borello. 1916.
10. Aniversario de la muerte del P. Jesús Álvarez, SSP. 2017.
11. Aprobación pontificia de la “Asociación de Cooperadores Paulinos”. 1988.
15. Aprobación Pontificia de las Hijas de San Pablo. 1953.
- Aniversario de la muerte de la Hna. Mercedes García R., HSP. 2019.
19. Solemnidad de S. José, esposo de la Virgen María. – Día y Colecta del Seminario.
- Llegan a España (Bilbao) las primeras Pías Discípulas del Divino Maestro. 1935.
20. Aniversario de la muerte del P. Antonio Díaz, SSP. 2008.
21. Aniversario de la muerte del P. Antonio Pinedo, SSP. 2013.
23. Aniversario de la muerte de Sor Honorina Mussi, HSP. 2002.
25. Solemnidad de la Anunciación del Señor. Titular del Instituto Virgen de la Anunciación.
- Jornada por la Vida.
Jesús os quiere preparar y daros otras gracias; esperad muchas y, sobre todo, esta: una gran confianza en Jesús (FSP32*, 489).

INSTITUTOS
PAULINOS DE VIDA SECULAR CONSAGRADA
Protasio Gómez, 15 28027 MADRID
+34 917 425 113 institutos@sanpablo.es
La gracia fundamental que un alma debe pedir para adquirir el verdadero espíritu religioso es la fe. Las demás virtudes crecen a esta. La fe es la primera virtud (FSP32*, 326).
Orad por este pobrísimo Padre vuestro (P. Alberione) que no tiene nada que daros, pero que os muestra las riqueas del Divino Maestro (Correspondencia, Roma, 1927).
¡Estoy contento de todos vosotros: estad alegres en el Señor: su voluntad es siempre santísima, incluso cuando llega de repente ( Correspondencia, Alba, 1927).