Momentos de esperanza
Papa Francisco Momentos de esperanza
Presentación
E © SAN PABLO 2014 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid) Tel. 917 425 113 - Fax 917 425 723 secretaria.edit@sanpablo.es - www.sanpablo.es © Libreria Editrice Vaticana Distribución: SAN PABLO. División Comercial Resina, 1. 28021 Madrid Tel. 917 987 375 - Fax 915 052 050 E-mail: ventas@sanpablo.es ISBN: 978-84-285-4532-7 Depósito legal: M. 16.859-2014 Impreso en Artes Gráficas Gar.Vi. 28970 Humanes (Madrid) Printed in Spain. Impreso en España
l papa Francisco sorprende constantemente por sus mensajes directos, claros, sencillos y profundos. Es un Papa de frases cortas, cargadas de realidad y de esperanza. Un Papa con palabras sin ambages ni titubeos. Momentos de esperanza recoge una serie de pensamientos que condensan muchas de las enseñanzas del Sumo Pontífice. Una cuidada selección de textos en la que vemos © SAN PABLO 2014
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reflejadas las preocupaciones y el pensamiento del Papa. El lector podrá hacer un recorrido pausado por las que podríamos llamar «máximas» del papa Francisco, unas palabras siempre llenas de vida y esperanza, escritas a lo largo de los años de obispo, cardenal y papa. Se recomienda no leer este pequeño libro de un tirón, sino en pequeñas dosis, dejando espacio para la reflexión y la profundización. El Editor
Tal vez la esperanza es como las brasas bajo las cenizas; ayudémonos con la solidaridad, soplando en las cenizas, para que el fuego salga otra vez (Discurso, 22 de septiembre de 2013).
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Cuando somos generosos en acoger a una persona y compartimos algo con ella –algo de comer, un lugar en nuestra casa, nuestro tiempo– no nos hacemos más pobres, sino que nos enriquecemos (Discurso, 25 de julio de 2013).
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Para Dios no somos números, somos importantes, es más, somos lo más importante que tiene; aun siendo pecadores, somos lo que más le importa (Homilía, 7 de abril de 2013).
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La Madre Teresa se pasó la vida levantando vidas frágiles del suelo, de la calle. Los levantaba y los llevaba. Los recogía. Y ella no era Tarzán, se la llevaba el viento, era la fragilidad caminando. Con su fragilidad –pero había mucho amor en su corazón– también cuidó la fragilidad de los demás. Como ven, la santidad, el ser santo, no es cosa de los tiempos de antes. También hay hoy hombres
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y mujeres que se ponen en situación de fragilidad para cuidar la fragilidad de otros y hacerla resurgir (Homilía, 31 de agosto de 2003).
Qué hermoso si cada noche, pudiésemos decir: hoy en la escuela, en casa, en el trabajo, guiado por Dios, he realizado un gesto de amor hacia un compañero, mis padres, un anciano. ¡Qué hermoso! (Homilía, 28 de abril de 2013).
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El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada (Evangelii gaudium, 2).
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Dios está en la vida de toda persona. Dios está en la vida de cada uno. Y aun cuando la vida de una persona haya sido un desastre, aunque los vicios, la droga o cualquier otra cosa la tengan destruida, Dios está en su vida. Se puede y se debe buscar a Dios en toda vida hu-
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mana. Aunque la vida de una persona sea terreno lleno de espinas y hierbajos, alberga siempre un espacio en que puede crecer la buena semilla. Es necesario fiarse de Dios (Entrevista en La Civiltà Cattolica, 19 de agosto de 2013).
El cristiano que se queda mirando es el que se queda papando moscas en vez de salir afuera a hacer lo que el Señor le mandó. Id, predicad, bautizad, enseñad, extended el amor. Son cristianos tristes (Homilía, 4 de junio de 2011).
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He aquí, entonces, la inquietud del amor: buscar siempre, sin descanso, el bien del otro, de la persona amada, con esa intensidad que lleva incluso a las lágrimas (Homilía, 28 de agosto de 2013).
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La costumbre nos anestesia el corazón, no hay capacidad para ese asombro que nos renueva en la esperanza, no hay lugar para el reconocimiento del mal y poder para luchar contra él (Mensaje, Cuaresma de 2012).
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La fe en nuestra vida hace una revolución que podríamos llamar copernicana, nos quita del centro y pone en el centro a Dios (Homilía, 25 de julio de 2013).
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Desconfío de las decisiones tomadas improvisadamente. Desconfío de mi primera decisión, es decir, de lo primero que se me ocurre hacer cuando debo tomar una decisión. Suele ser un error. Hay que esperar, valorar internamente, tomarse el tiempo necesario. La sabiduría del discernimiento nos libra de la necesaria ambigüedad de la vida, y hace que encontremos los medios oportu-
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nos, que no siempre se identificarán con lo que parece grande o fuerte (Entrevista en La Civiltà Cattolica, 19 de agosto de 2013).
cierra jamás las puertas de la Casa (Audiencia, 18 de septiembre de 2013).
Debemos hacer las obras de misericordia, pero con misericordia. Con el corazón ahí. Las obras de caridad con caridad, con ternura, y siempre con humildad. ¿Sabéis? A veces se encuentra también la arrogancia en el servicio a los pobres (Discurso, 22 de septiembre de 2013).
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Dios no te hizo para que tengas un corazón más arrugado, Dios no te hizo para el egoísmo ni para ti solo, sino que te hizo para el amor (Homilía, 9 de marzo de 2011).
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La Iglesia es así, es una mamá misericordiosa, que comprende, que busca siempre ayudar, alentar también ante sus hijos que se han equivocado y que se equivocan, no
Cuando en ciertos momentos de la vida no encontramos algún camino de salida para nuestras dificultades, cuando nos precipitamos
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en la oscuridad más densa, es el momento de nuestra humillación y despojo total, la hora en la que experimentamos que somos frágiles y pecadores. Es precisamente entonces, en ese momento, que no debemos ocultar nuestro fracaso, sino abrirnos confiados a la esperanza en Dios, como hizo Jesús (Audiencia General, 16 de abril de 2014).
confianza, aun en medio de las peores angustias (Evangelii gaudium, 6).
Quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos (Mensaje, 25 de julio de 2013).
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Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme
Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe
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