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Rafael Marín

Crónica de una época NUEVA EDICIÓN revisada y ampliada

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Crónica de una época

Índice CUANDO FUIMOS LECTORES, por Carlos Pacheco...........8

PRÓLOGO

EL REGRESO DEL PRIMERO, por Julián Clemente........... 10

Introducción

DE UN TIEMPO, DE UN MEDIO...........................13

CAPÍTULO 1

EL SUPERHÉROE MARVEL Y SU CONCEPTO.......... 21

CAPÍTULO 2

REALISMO Y MELODRAMA EN UN UNIVERSO DE FANTASÍA........................ 65 El tiempo......................................................................... 74 Aventura, humor y violencia........................................... 78 Amistad y familia como eje del Universo Marvel: sexo y relaciones afectivas............................................ 86 La mujer en el Universo Marvel...................................... 91 El racismo..................................................................... 109 Conservadurismo e ideas liberales............................... 112 Metafísica y religión..................................................... 122 Los temas prohibidos................................................... 127 La ciudad: Nueva York como centro de un universo...................... 138 Biografía y continuidad................................................. 141

En la cresta de la ola.................................................... 171 Made in América........................................................... 172

CAPÍTULO 6

JACK KIRBY: EL REY DESTERRADO.................. 175 El obrero infatigable..................................................... 175 La década prodigiosa................................................... 179 Las caras de héroe....................................................... 187 El viejo rebelde............................................................. 192

CAPÍTULO 7

STEVE DITKO: UN EXTRAÑO ENTRE NOSOTROS...195 Autor, autor................................................................... 195 A es A............................................................................ 201

CAPÍTULO 8

BULLPEN… ¡REUNÍOS!............................... 209

LENGUAJE Y ESTILO DE LOS CÓMICS MARVEL..... 157

Roy Thomas.................................................................. 210 John Romita................................................................. 214 John Buscema.............................................................. 217 Jim Steranko................................................................ 218 Gil Kane........................................................................ 220 Gerry Conway............................................................... 221 Gene Colan................................................................... 223 Neal Adams................................................................... 224 Steve Englehart............................................................ 225 Steve Gerber................................................................. 226 Chris Claremont............................................................ 227 John Byrne................................................................... 229 Frank Miller.................................................................. 231 Jim Shooter.................................................................. 232 Los unos y los otros...................................................... 234

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 9

La sombra de la duda................................................... 161 En el nombre del padre................................................ 162 El guardián de las palabras.......................................... 165 Love Stories.................................................................. 167 Génesis sin rumbo........................................................ 168

El superhéroe acomplejado.......................................... 238 El largo camino hacia la integración............................ 243 ¿Un superhéroe social?................................................ 246 Con un poco de ayuda de mis amigos.......................... 250 ¿Tempus araneam vincit?............................................ 253 Spider-Man et moi........................................................ 255

CAPÍTULO 3

MÁS ALLÁ DEL MAINSTREAM MARVEL..............145

CAPÍTULO 4

STAN LEE: MÁSCARAS Y CRUCES DEL HOMBRE QUE SONREÍA........................... 161

SPIDER-MAN. EL SUPERHÉROE EN EL ESPEJO.....237

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El héroe que fuimos todos nosotros............................. 257

CAPÍTULO 10

EL UNIVERSO QUE SE COMIÓ AL UNIVERSO MARVEL..............261 De la exploración al exilio............................................. 261 De la experimentación al éxito..................................... 265 De la explotación a la extenuación............................... 270 Expediente excelso....................................................... 276

CAPÍTULO 11

MARVEL EN ESPAÑA....................................277 Historias gráficas para adultos..................................... 277 A un panal de rica miel................................................. 284 Una nueva generación.................................................. 288 Il Sorpasso.................................................................... 290

CAPÍTULO 12

MARVEL DESDE ESPAÑA.............................. 293 Llamando a las puertas del cielo.................................. 293 Go West!....................................................................... 301

CAPÍTULO 13

Rayos catódicos............................................................ 340 Carros de fuego............................................................ 345 Alicia (Masters) ya no vive aquí.................................... 348

BONUS TRACKS

RELATOS..................................................351 Bonus Track 1. Nunca diste en el clavo, tigre............... 351 Bonus Track 2. Cerrado por liquidación........................ 351 Bonus Track 3. El hombre que no quería ser spider-man..................... 352 Bonus Track 4. Lazos secretos..................................... 357 Bonus Track 5. Ahora que nos separa la muerte.................................. 360 Bonus Track 6. ¡Yo caminé con gigantus!..................... 362

aPÉNDICE

LA REVISIÓN DE LA NOSTALGIA: MARVELS....... 369 Nacen las leyendas....................................................... 370 Tiempo de maravillas y de cambios............................. 370 El día del juicio final..................................................... 372 Cuando mueren los amores y los sueños..................... 373 Genialidades y homenajes............................................ 374

MARVEL OF THE MOVIES.............................. 309

POST SCRIPTUM

Iconos de alquiler......................................................... 309 Financiación e Imperio................................................. 315 Los héroes están en casa............................................. 323

SOBRE EL AUTOR........................................376

EL LIBRO QUE LO CAMBIÓ TODO......................375

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Muchas veces me imagino que hay un montón de niños pequeños jugando en un campo de centeno. Miles de niños pequeños, y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde del precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan por él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, tengo que salir de donde estoy y salvarlos. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Sé que es una locura, pero lo único que quisiera es ser el guardián entre el centeno. J. D. Salinger, El guardián entre el centeno.

Ahora lo veo claramente. Toda mi vida apuntaba en una dirección. Travis Bickle en Taxi Driver.

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CUANDO FUIMOS LECTORES, por Carlos Pacheco

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n 1982 el mundo era otro. Aún quedaba mucho para que llegase internet, y con él la posibilidad de hacer creer que sabías lo que no sabías. Por entonces, sabías lo que sabías. Y punto. Por raro que pueda parecer, Marvel no era una moda ni siquiera dentro del propio mundo del cómic; quizá haya que recordar que hablamos del año 1982, el año en el que el PSOE anterior a la OTAN llegó al poder y todavía en España el mainstream cultural norteamericano se consideraba una poderosa arma del imperialismo yanqui. Los tiempos cambiaron más tarde, pero entonces aún eran así, y el conocimiento y aprecio hacia los superhombres de la Marvel estaba reservado a la ahora llamada Generación Vértice, los niños ya crecidos que años atrás eran los únicos seres humanos de este país que sabían quiénes eran esos personajes hoy conocidos por todos. Marvel no había dispuesto en España de una plataforma digna de publicación para sus publicaciones, Forum estaba dando sus primerísimos pasos y los productos televisivos eran deplorables (para llegar al cine aún faltaba mucho, y las películas de Spider-Man y Hulk eran episodios televisivos proyectados aquí en pantalla grande). A todo eso hay que sumar que la ausencia de foros donde el fan de los cómics de esta editorial pudiese congregarse con otros y compartir opiniones sobre su afición hacía que el fandom patrio estuviese disperso e inconexo. En definitiva, con todo esto y con solo dos películas de Star Wars y una de Indiana Jones, al mundo geek, ese mundo compuesto por fans transmedia que hoy conocemos, aún le quedaba mucho para tener forma reconocible. Por entonces solo éramos consumidores de tebeos. Ni más, ni menos. Quizá por eso algunos miembros de esa generación eran los suficientemente insensatos para embarcarse en la primera aventura extraña que tuviese que ver con una página dividida en viñetas sin más pretensión en el horizonte que hacerlas, sin ver un futuro profesional en el horizonte. Si eras fan de Marvel, y de provincias, en los tebeos no había horizonte y nuestra aventura extraña se llamaba Tuboescape. Curioso nombre, ¿verdad? Pues más curioso era su lema: “¡Tuboescápate!”. Cosas de los ochenta, no preguntéis. Uso la primera persona del plural porque en esa aventura, en aquella revista de cómics editada en La Línea de la Concepción, coincidieron el autor de este libro y el de este prólogo al mismo tiempo, junto con gente tan admirada por nosotros como Miguel Ángel Nieto, Enrique Ventura y Tony Garcés, además de algunos amigos más a los que mi cada vez más mermada memoria es incapaz de recordar, máxime cuando se alejaron hace mucho del mundo del cómic. Allí conocí a Rafael Marín, en Tuboescape y gracias a mi manía de meter referentes en cada viñeta que dibujo. En mi colaboración para aquella revista (una amateurísima historieta de cuatro páginas) aparecían dibujados, dispersos en la habitación, cómics de Marvel del momento. Era una historieta protagonizada por chavales, por lo que me parecía que era lo apropiado y conveniente. Pues lo fue, fue apropiado y conveniente, porque gracias a ello un par de colaboradores gaditanos de la revista reconocieron en la distancia que aquel tipo de pueblo compartía la manera de vincularse con la historieta que ellos mismos tenían. Nos pusimos en contacto al momento. Fuimos muy afortunados compartiendo la Edad de Bronce de los cómics Marvel, y charlamos mucho (muchísimo) sobre la de Plata y poco sobre la de Oro, y todo aquel conocimiento, análisis y conclusiones que Rafael Marín exponía en nuestras charlas fueron condensadas en la primera tesis sobre superhéroes leída y publicada en España, que fue la primera encarnación del libro que ahora tienes en tus manos. Rafael Marín es uno de esos tipos eclécticos, poseedor de un vastísimo conocimiento sobre todo aquello que le apasiona (que es mucho), alejado de cualquier impostura y, probablemente por todo eso, no podré saber nunca por dónde van a ir sus derroteros. Escritor de ficción y ciencia ficción,

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ensayista, articulista, profesor de literatura y lengua inglesa, guionista de cómics y algunos etcéteras más que me reservo por no querer apabullar. Apasionado de las biografías de Charles Chaplin, William Shakespeare, Leonardo da Vinci, Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko… Antiguo consumidor voraz de cómic superheroico yanqui, y continuado y voraz consumidor de tiras de prensa yanquis y comic clásico europeo (de los cuarenta a los ochenta, le gusta remarcar). Cinéfilo hasta las trancas y con ganas de algún día ser poeta. Rafa es, en definitiva, todo aquello que no encaja en el estereotipo que de un autor de cómics tienen en este país quienes no conocen, en realidad, el cómic. Soñamos juntos proyectos que increíblemente se hicieron realidad, aunque no todos, claro. Construimos un universo superheroico patrio, Iberia Inc. y Triada Vértice, que se nos quedaron cortos cuando le metimos mano a los Inhumanos y a los Cuatro Fantásticos para la mismísima Marvel Comics. Un sueño imposible hecho realidad y que, personalmente, tengo como uno de los trabajos más satisfactorios de mi carrera. Pero tanto Rafael Marín como yo somos hijos de la contracultura, y eso de formar pareja estable no nos va mucho. Mi relación con Rafael es guadiánica, si es que tal palabro existe, pero nuestros intereses disparejos hacen que no tenga trazas de continuismo, de exclusividad. El universo personal de Marín, incluso en el mundo de la historieta, tiene sus necesarias particularidades que, necesariamente, tienen que ser desarrolladas. Y lo son. En ese punto, la faceta de analista y de creador se combinan en una extraña y poco habitual pirueta circense, retroalimentándose ambas; el creador que conoce la historia y el analista que conoce el proceso de la creación. Por eso sus análisis de la historia de Marvel se alejan en forma y fondo de la taxonomía y de la acumulación de datos, su pretensión no es la de apabullar con su vasto conocimiento (aunque si quisiera, lo haría mejor que nadie), sino que lo que Rafael hace es compartir su búsqueda de la realidad escondida por más que esta le lleve a conclusiones arriesgadas, a veces contradiciendo el discurso oficialmente aceptado por el fandom, pero nunca carente de base. Esa distancia al consenso le ha creado algún que otro disgusto, pero también le ha reportado el ser considerado una voz propia y personal por parte de muchísimos aficionados que esperan ansiosamente sus comentarios no solo en las ediciones impresas, sino en las redes sociales, donde las discusiones pueden llegar a ser tan interminablemente agotadoras como interesantes. Y esa es otra de las particularidades de Marín, quien se constituyó en uno de los primeros de su generación en establecerse como una opinión a considerar en el cibermundo (blog, facebook…). Rafael Marín es el perfecto ejemplo de su generación, aquella cuyos miembros tenían que aprender por ellos mismos, sencillamente porque no disponían de opiniones autorizadas a mano que les guiaran, algo que hizo que esa generación se alejara de las posiciones establecidas y que convirtiese a sus miembros en los primeros en hacer lo que hoy está establecido como mainstream, pero que entonces era una bofetada en la cara a lo oficialmente aceptado: ser de los primeros en defender a autores como Jack Kirby cuando en este país ni siquiera se le conocía, de los primeros del terruño en coguionizar cómics en Marvel, el primero en publicar una tesis sobre Marvel en España, ser de los primeros en reconocer y hablar sobre el futuro impacto y maestría de obras que hoy son incuestionables y que conforman los pilares del cómic actual, etc. Por supuesto, aunque ser el primero no implica nada, haber sido de los primeros en todo eso le otorga el honor y el obligado reconocimiento de haber sido uno de los que, como lo fueron muchos de aquella generación Vértice, han dado en este país forma al mundo del cómic que tenemos hoy. Porque Rafa Marín estuvo allí, y aún mejor, supo estar allí. Carlos Pacheco

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Introducción De un tiempo, de un medio

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l universo que a través de las páginas que siguen tratará de estudiar este trabajo no corresponde exactamente a nuestro universo real, aunque en gran medida se le parezca, sino que se desarrolla a lo largo de las dos dimensiones que proporcionan cuatricromía y tinta china sobre el papel impreso. Es, por tanto, un ente de ficción creado por la habilidad humana, y como tal posee sus propias limitaciones (aquellas inherentes al medio al que pertenecen) y a la vez la complejidad, la verosimilitud y las contradicciones de un universo auténtico. Se impone pues, antes de desgranar sus componentes para observarlos a la luz, definir primero cuál es el medio antes citado, cuáles son sus característi­cas, su grado de mayor o menor incidencia sobre la sociedad “real” (en este caso la contemporánea norteamericana) y la situación en que tal medio se ha encontrado antes y después de la irrupción del Universo Marvel. ¿Qué es un comic book?2 Básicamente, y hasta hace muy pocos años, un cuadernillo de historietas impresas en papel de baja calidad, que por los pocos centavos permitidos por la gran tirada y las múltiples páginas destinadas a la publicidad ofrecían exotismo y evasión al público juvenil en unos años en que el fantasma de la Segunda Guerra Mundial y el revolucionario cambio iniciado en los hogares con la presencia de la televisión parecían todavía remotos e inofensivos. Al contrario que las series de cómics producidas para la prensa dominical o diaria a lo largo y ancho de los Estados Unidos, cuyo destinatario venía a ser un público si no adulto al menos multifamiliar e interclasista, los comic books se dirigieron casi desde sus orígenes al lector adolescente, y así acabaron por poblarse en seguida de amazonas semidesnudas pero pudorosas, indios y cowboys intrépidos, bucaneros bie­nintencionados, detectives de apuesto mentón a la caza del gánster o arriesgadas misiones de guerra desde donde salpicaban claros matices antinazis o anticomunistas. En su origen, los comic books dependieron de modo casi exclusivo del mismo material ya publicado en los periódicos, con la innovación del color, componiendo una serie de reediciones similares a las que en adelante y hasta hoy en día serían conocidas en Europa, pero al momento se comprobó que el potencial de aquella fórmula era inmenso y la invasión de nuevas historias que el lector quinceañero reclamaba bien merecían el esfuerzo del riesgo. El primer gran título que revolucionaría y a la postre terminaría por consolidar la industria del comic book llegaría relativamente tarde3, en Junio de 1938, de la mano del número 1 de Ac­tion Comics, donde presentaba sus reales el archiconocido Superman, personaje de quien nos ocuparemos en un próximo capítulo dada su relación con el Universo Marvel de nuestro estudio. La época resultaba propicia para tal advenimiento: Adolf Hitler y las ideas sobre el superhombre Nietzschiano sacudían a la opinión pública en Europa y América, y aunque pronto el multipoderoso personaje se decantaría en contra del nacionalsocialismo germano y tomaría parte activa en el conflicto bélico desde su baluarte de papel impreso, no cabe duda de que su creación responde a unas muy claras corrientes de pensamiento de aquella época. Superman hizo más por el establecimiento definitivo

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Se utiliza aquí el término original en inglés al no existir un vocablo castellano equivalente. La expresión “libro de historietas” suele referirse a álbumes de mucha más cuidada presentación, “revista de historietas” se emplea para definir publicaciones consagradas a difundir varias historias cortas y supuestamente más adultas, mientras que el término “cuaderno de historietas” describe muy concretamente un momento de la historia del tebeo español de aventuras que, aunque paralelo en su serialización a los comic books, no puede asimilarse al mundo editorial norteamericano.

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Los primeros comic books, en formato tabloide, datan de 1929. No es hasta 1935, con New Fun Comics, que empiezan a aparecer con material original.

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Crónica de una época de los comic books que todos los ante­riores personajes juntos, y en seguida traspasó las fronteras del medio para instalarse con éxito en los periódicos, la radio, el cine y la televisión. A la sombra del superhombre llegaron sus imitaciones, y en el breve espacio de unos meses los comic books decidieron dejar la exclusiva de tarzanes e investigadores de guardarropía que les eran característicos para saturarse de trajes de colores, máscaras exóticas y apodos pintorescos. La herencia “pulp” que los comic books habían venido recibiendo resultó entonces suma­mente evidente. Los “pulps”, claros descendientes del folletín por entregas del siglo XIX, recibían su nombre por el papel de pulpa de ínfima calidad en el que, para abaratar costes, estaban impresos. En sus páginas de abarrotada y a veces farragosa escritura (donde colaborarían autores luego famosos y mitificados como Dashiell Hammet o Raymond Chandler) se daban cita aviadores, caballistas, antihéroes misteriosos como The Shadow o The Spider y luchadores contra el crimen a lo Doc Savage en rocambolescas tramas donde alternaban los inventos futuristas de la época, las mujeres hermosas tendentes a rasgarse la ropa en los momentos de mayor tensión, las intrigas internacionales y los espías teutónicos con los sabios locos, los villanos de aspecto macabro y los dacoits y si-fan representativos del latente peligro amarillo. La hora de los “pulps”, antes de la Segunda Guerra Mundial, estaba a punto de cumplirse: la resolución del conflicto y el establecimiento del nuevo mapa geopolítico fueron las causas principales de su muerte, pero también los recién nacidos comic books contribuyeron. Los compañeros de Superman, e incluso Superman mismo4, eran copias más o menos directas de los miste­riosos enmascarados de aquel medio. Las largas peroratas, las morosas descripciones y la ingente cantidad de lectura se sustituían por la imagen directa, y ésta era auxiliada por el atractivo uso del color5. Los pobres “pulps” tenían perdida la guerra de antemano, pues no podían competir contra sí mismos, pero el estilo impuesto por sus narraciones y el carisma de sus personajes han continuado vigentes entre nosotros y posiblemente nos acompañen todavía mucho tiempo6. Los compañeros-copias de Superman resultaron más modestos que el modelo al que se­guían. Mientras “el Hombre de Acero” podía hacerlo virtualmente todo (sus poderes sobrehumanos aumentarían hasta desbordarse con el paso del tiempo), los nuevos justicieros de antifaz se conformaron con menos. The Batman, por ejemplo, dejando a un lado su as­pecto siniestro, operaba como un detective normal, y sus piruetas gimnásticas eran debidas —así se dijo— al duro entrenamiento físico y no a ninguna explicación pseudo-científica7. Otros, movidos por la venganza, la casualidad, su patriotismo o el destino comenzaron lo que dos décadas más tarde se convertiría en punto de arranque de todo el universo Marvel: la espe­cificidad de sus dotes sobrehumanas. Ardían y volaban, respiraban bajo el agua, corrían más veloces que el viento, descendían de dioses latinos, encarnaban a modernos Robin Hoods y cultivaban relamidos alter egos, pero ninguno soñaba con hacer sombra a su mentor venido de Krypton. En un momento dado unieron fuerzas contra el invasor nazi o el nipón, y se les vio en los campos de Francia o las selvas de Borneo batiéndose codo con codo junto 4

Superman tomaba varios elementos de Doc Savage. Mientras que el personaje de los pulps era “The Man of Bronze”, el de los cómics pasaría a subtitularse “The Man of Steel”. Ambos revestirían el mismo nombre propio en sus respectivas identidades civiles: Clark Savage el primero, Clark Kent el segundo. Ambos tendrían una prima aventurera que era una versión bella y femenina de sí mismos, e igualmente compartirían santuarios en donde recluirse y dedicarse a la meditación llamados “Fortalezas de la Soledad”.

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Al tener que novelar el origen de Fantastic Four, el guionista Marv Wolfman se encontraría con el mismo problema a la inversa: lo que resultaba creíble en un comic book no era adecuado para la narración escrita, de modo que el suceso sería finalmente resuelto y eludido en una sola frase: “Salimos al espacio, nos golpearon los rayos cósmicos, y aterrizamos”.

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La popularidad de la adaptación de los héroes de los cómics en las pantallas cinematográficas y televisivas, junto a sus derivaciones en series como Indiana Jones, Robocop o Matrix así lo confirman.

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Batman, en todo caso, como más tarde Tony Stark y otros diletantes del medio, tiene el superpoder más invencible de todos: el dinero.

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Introducción: De un tiempo, de un medio

a los marines norteamericanos. La mayor parte de los héroes del cómic apoyaron más que moral­ mente la contienda (como también lo harían en diversas formas los actores de Hollywood) interaccionando su mundo propio con la realidad de alguna manera que preludiaba ya el re­flejo que luego tomaría como distintivo la casa Marvel8. El final de la guerra los sorprendió todavía con el disfraz a medio poner, listos para desbaratar ofensivas desesperadas de un enemigo al cual inmediatamente, para no contradecir la realidad, hubo de tildar de “renegado saboteador” que se negaba ahora y siempre a aceptar el armisticio. Para los héroes de los cómics, como para los soldados, comenzaba el largo camino de vuelta a casa. Muchos encontrarían que las cosas habían cambiado demasiado. Bob Dylan cantaría en aquellos ingenuos años 60 que los tiempos estaban cambiando, pero la realidad es que habían empezado a hacerlo mucho antes. Desempleo, crimen organizado, problemas de reinserción al mundo civil eran la tónica cotidiana de una América que, no destrozada por la guerra como Europa o Asia, se encontraba aupada al liderazgo del Occidente libre. El mundo se había hecho ahora más pequeño y los años inconscientes del aventurero “limpio” ya no podían existir. El hombre de la calle había dejado de buscar exo­tismo, pues ni siquiera el deseo de evasión le deparaba su entorno. Era un tiempo de realis­mo que se reflejaba en el cine, la literatura, los cómics. Los tiempos cambiaban, sí. La huma­nidad acababa de asistir atónita al nacimiento de la Edad del Átomo. Una caja de madera y circuitos había empezado a instalarse en el interior de los hogares americanos, para sustituir subrepticiamente el lugar privilegiado de la radio. La industria de Hollywood se encontró de bruces con un terrible competidor, ahora que sus estrellas de los años 30 volvían envejecidas a los estudios y su éxito en las listas del box-office ya no era el mismo. El séptimo arte, mal que bien, 8

La interacción con la realidad, a la larga, resultaría perjudicial para los personajes envueltos en el conflicto. Tras su vinculación al nuevo escenario bélico, los más populares héroes (Terry Lee, Tim Tyler) encontrarían imposible la vuelta a su original ambiente aventurero. Muchos fueron abandonados por sus creadores y sustituidos por otros personajes más acordes con los nuevos tiempos.

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Crónica de una época sorteó la nueva situación y aprendió a convivir con ella. La industria del comic book no. La televisión la atacaba también directamente, y el producto que ofrecía resultaba todavía más barato que los escasos diez centavos que entonces costaban los títulos impresos. Las tiendas de co­mestibles donde se habían vendido exitosamente junto con útiles farmacéuticos, pan familiar y golosinas se venían a la ruina por el empuje de las cadenas de supermercados. De ser una industria floreciente, los comic books pasaron a un estado de quiebra inminente. La situación social afectó a los héroes de los cómics publicados en los periódicos9, pero la económica se cebó en los que vivían sus aventuras a través de los comic books. Muchos de ellos dejaron de calzar guantes, capa y antifaz y desaparecieron del mercado, quizá con la esperanza de volver a prestar sus servicios cuando los aires fueran más favorables10. Otros parchearon la situación y continuaron sobreviviendo otros cinco o diez años. Algunos afortunados, como Batman, Superman y Wonder Woman, continuaron sus carreras algo más discretamente que en sus tiempos dorados, pero tampoco estaba la situación para quejarse. En el fondo, lo mismo daba combatir a la tiranía nazi que a la comunista, y a todos parecía natural que los Hans, Fritz y Klaus se llamasen ahora Fedor, Iván o Dmitri. Los argumentos, eso sí, flojeaban mucho más, y quizá una pizca del vigor primitivo se había venido abajo. Los años cincuenta trajeron de la mano una perspectiva diferente. Una nueva guerra se asomaba en el sudeste asiático. El comunismo se perfilaba como el “boogie-man” del americano medio y la carrera espacial soviético-americana se subía a la cresta de la ola auxiliada por las primeras apariciones de lo que algún humorista dio en llamar “platillos volantes”. En Memphis, allá en el sur, un muchachito rebelde agitaba las caderas al son de un ritmo trepidante y escandalizador que acababa de nacer: el rock and roll. Desde Hollywood, la productora Universal quitaba el polvo a sus monstruos de celuloide, los parodiaba, los exprimía y terminaba por dotarlos de contrapartidas juveniles. El miedo al átomo se aliaba al gusto por el futuro y se nutría de los viejos espectros de la legendaria Transilvania centroeuropea. Los cincuenta comenzaban su particular revolución: el joven soñador contra lo establecido. Por una vez, un editor de comic books, William Gaines, supo comprender los tiempos que corrían. Nacía así EC Comics11, en cuya escudería tendrían cabida espectacular y efímera el terror morboso, la juventud, el futurismo, el primer rechazo a la guerra antes de Vietnam, el drama policíaco y el crimen sórdido. Por una vez, una empresa editora de cómics se anticipaba a su época y marcaba el compás de lo que vendría a ser el futuro (en tanto su huella marcaría a muchos autores todavía por venir), ofrecía lo mejor que el medio podía dar tanto a nivel artístico como literario y no limitaba su poder de convocatoria a historietas anodinas con final de color de rosa. Por una vez, adquirir un comic book implicaba una sorpresa de página en página, porque ninguna regla estaba decidida de antemano y la conclusión de cada historia solía deparar un cambio total en el sentido que esta había simulado tener a lo largo de su desarrollo, con la consecuencia de que el todo editorial suponía una reflexión

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En esta época desaparecen o se reciclan series naturalistas en otros tiempos prestigiosas. Los nuevos personajes (Ben Bolt, Juliet Jones, Steve Canyon, Johnny Hazard) se desarrollan en escenarios más cotidianos y realistas incluso dentro de la aventura, lejos de los parajes exóticos y civilizaciones perdidas que habían marcado las anteriores décadas. Es, además, el gran momento de las series humorísticas como Peanuts.

10 Las primeras resurrecciones (Flash, Green Lantern) tienen lugar apenas cinco años después de la suspensión de las series primitivas, si bien se advierte que no se trata de los mismos personajes de la Edad de Oro, sino de sus contrapartidas en “nuestra” Tierra, pasando la original a ser una Tierras alterna (Tierra-2 a partir de entonces). En los casos Marvel (Capitán América, Namor, o incluso el villano Cráneo Rojo), el desarrollo de la continuidad procuró ofrecer una explicación que aclarase la ausencia o diferente comparecencia ideológica de tales personajes en los mercados. 11 Las siglas, alternativamente, se aplican a Educational Comics o Entertaining Comics.

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Introducción: De un tiempo, de un medio y una ácida crítica tanto al sistema como a los propios convencionalismos del medio. Por una vez, y casi por última, porque el sueño resultaba demasiado atrevido para ser cierto. Un senador paranoico llamado Joseph McCarthy producía la desbandada entre las clases liberales de Hollywood al confundir comunismo con todo aquello que no encajara con la manera de pensar que él definía como “típicamente americana”. La fobia anticomunista estaba en su apogeo, como consecuencia de la Guerra Fría, pese a que el partido comunista americano era legal y, por su marginalidad, apenas podía suponer ninguna amenaza de calibre. McCarthy y su caza de brujas pronto cayeron de rebote sobre los cómics. La EC y su postura crítica no resultaban agradables al sistema (ni a la competencia editorial, desbordada por sus propuestas), y ya en 1954 se consiguió el modo de neutralizarlas cuando una comisión del senado, presidida por Estes Kefauver, senador de Tennessee, dictaminó que los cómics de horror representaban el veinte por ciento del problema. El libro Seduction of the Innocent, del psiquiatra Frederick Wertham, trataba de demostrar la delirante tesis de que los cómics, en especial aquellos cómics de horror y crímenes que producía la EC, eran nocivos para la juventud, y por su influencia perniciosa empezaban a llenarse las calles de delincuentes juveniles, tesis satirizada, aunque no restringida al ejemplo de los cómics, en la canción “Gee, Officer Krupke” del musical West Side Story (1957 en Broadway). La ingenuidad de la opinión pública, la lógica preocupación de los padres, intereses con vistas a la presidencia de la nación, el deseo de limpiar la casa por dentro a no importa qué coste, y un muy alto grado de fanatismo reaccionario e incomprensión hacia las modas rebeldes de unos adolescentes que ponían ya en tela de juicio a todo el establishment (y que después se desarrollaría en los años sesenta con la cultura hippie, la oposición a Vietnam y el culto a la carretera rescatado de Kerouac y su generación perdida con el camino de la Hermandad del Anillo tolkieniana como referente) forzaron a la industria del comic book a plantearse el grado de incidencia que podía alcanzar dentro de una sociedad a la que, aparentemente, infligía tanto daño, y de paso cuestionarse su propia supervivencia. Huyendo de la censura estatal, las editoriales cayeron en la trampa de fraguar su propia autocensura. Nacía así, el 26 de octubre de 1954, el Comics Code Authority, el conjunto de castrantes reglas morales a las que los creadores tendrían que someterse a lo largo de las siguientes décadas. EC Comics, naturalmente, no consiguió sobrepasar la mayoría de estas “indicaciones morales”12, y al poco tiempo sus títulos nuevos y viejos desaparecerían del mercado, obligando a la misma editorial y a sus autores a emprender nuevos caminos y reciclarse. Con ello, la industria del comic book perdería una oportunidad de oro para llegar con su mensaje a un público adulto13 y ser considerada un medio de expresión y arte tan válido como cualquier otro. Atrapados en las redes de su propio temor, los comic books, más que nunca, se hundieron de lleno en la mediocridad. Gran parte de los artistas de mayor renombre emigraron del medio hacia aquellos otros más considerados por la sociedad y mejor pagados: la publicidad, la ilustración, el cine o la incipiente televisión. Alguno aislado, como Patricia Highsmith o Mickey Spillane, alcanzaría la fama escribiendo novelas policíacas. 12 Algunas de estas indicaciones morales prohibían expresamente la inclusión de vampiros, fantasmas, anuncios de tabaco, licor o la inclusión de las palabras “horror” o “terror” en el título de las revistas, así como la aparición de la palabra “crimen” sola en una portada: recuérdese como en la portentosa ilustración de Norman Rockwell (“Shuffleton’s Barbershop”) las revistas con la palabra “Crime” aparecen con la letra C tachada. Por lo demás no podía haber tratamientos favorables a los criminales, ni desfavorables a la policía, por supuesto. Los argots no podían utilizarse de modo excesivo. Quedaba vetada la obscenidad, entendida esta por la inclusión de pin-ups más o menos ligeras de ropa. 13 ¿Se habría evitado la medida y la polémica si los títulos EC hubieran incluido la palabra “Adulto” en portada? Posiblemente.

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Crónica de una época ¿Y el público? El público, más infantil que nunca, se encontraba más indefenso, paradójicamente por estar superprotegido, de lo que había estado a finales de los años treinta. Había que tratar a aquellas sensibles cabecitas con el mayor cuidado, y si los cómics nunca se han caracterizado por el rigor psicológico y la claridad de miras de sus protagonistas, en la década que media entre la muerte de EC y el nacimiento del Universo Marvel, el grado de ñoñez y poca calidad alcanzó cotas absurdas de retroceso. Para colmo, el héroe aglutinador del boom de los años 40, el aventurero con disfraz y poderes sobrehumanos, había ido desapareciendo poco a poco de la escena. En aquellos años de falta de creatividad, la meta principal de los comic books llegó a ser ir a remolque de los demás medios audiovisuales, contentándose con acaparar una pequeña porción de su éxito. El propio padre impulsor del Universo Marvel, Stan Lee, entonces virtual único guionista de la compañía Timely/Atlas Comics (que luego evolucionaría para dar paso a Marvel), reconoce haber producido historias de amor si el éxito cinematográfico correspondía a un melodrama, cowboys si era el western televisivo lo que estaba en alza, delirantes historias de invasores monstruosos-pero-dentro-de-un orden llamados Grootu, Xom o Thongorr si la ciencia ficción estaba de moda. Parecía que los comic books estaban destinados a servir únicamente de reflejo de la creatividad de otros. Los tiempos dorados del medio, atacado también en la producción para los periódicos, se vislumbraban cada día más lejanos. Uno de los personajes que se mantenían a flote, pues su éxito había sobrepasado con creces la frontera del papel impreso, era Superman. Otro, Batman. Ambos eran publicados por la National Allied Publications, que adoptaría el sello DC Comics (hoy DC Entertainment) como reconocimiento al título Detective Comics donde aparecería por primera vez el hombre murciélago, y en efecto habían conocido días mejores. Junto con el único personaje femenino que ha logrado sobrevivir desde su creación en el mercado, aun camuflando su divertida coña sadomasoquista, Wonder Woman, los dos colosos estaban solos: el resto de sus compañeros de habilidades sorprendentes habían hecho mutis por el foro en algún momento entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el estallido de Un irreconocible Stan Lee.

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Introducción: De un tiempo, de un medio la de Corea, ya fueran de su misma editorial o de la abundante competencia de la época, y sólo de vez en cuando algún villano megalómano e ingenioso les plantaba cara con la pueril esperanza de conquistar el mundo o hacerles la vida imposible; sus historias, literalmente de andar por casa, demostraron durante buena parte de la década de los cincuenta y hasta bien entrados los sesenta una creatividad desvergonzada e ingeniosa, para todos los públicos, entre la autoparodia y la visión placentera de la sociedad. Los superhombres enmascarados, sin embargo, demostraron tener tantas vidas ocultas como sus archienemigos de la edad de oro, aquellos que aparentemente morían antes de regresar de la tumba juveniles y con nuevos bríos. El editor de National, Julius Schwartz, sintió de pronto la descabellada necesidad de volver a publicar aventuras de superhéroes14. Perro viejo en el oficio, decidió que lo que una vez no había vendido lo suficiente no podía vender tampoco ahora, y estableció que la estrategia a seguir demandaba un cambio. Tomó el mismo nombre y los poderes de un personaje fenecido, The Flash, y volvió a crear para él un nuevo origen, disfraz, personalidad y entorno15. Canibalizó, en suma lo que ya no era querido, y a la luz del nuevo aspecto del personaje consiguió atraer la atención del público. La estratagema dio buenos resultados y poco después hacía lo mismo con otro personaje jubilado, Green Lantern. ¿Y el Flash original? ¿Y el otro Green Lantern? En un arrebato de intuición genial, se explicó a los lectores que los antiguos pertenecían a otro mundo, a un universo paralelo al nuestro que pasaría a llamarse Tierra 2 al correr de los años. Con ello, mezclando los personajes en aventuras comunes, como ya había hecho con Superman y Batman en el título World’s Finest, DC iniciaba uno de los leitmotivs que más tarde serían piedra angular para su competidora Marvel: la interrelación de mundos y caracteres, dando vida a una crónica que se pretende coherente. Los justicieros de antifaz volvían a estar modestamente en alza. Y tras las modernas resurrecciones singulares, también vinieron las de los grupos. Juntos, parafraseando el antiguo grupo Justice Society of America, las versiones recompuestas de los viejos héroes fundaron la Justice League of America. Los personajes llevaban disfraces más atrevidos, más sexys, con mayor grado de atracción y de misterio. A su lado, las versiones primitivas parecían decididamente “camp”. El factor novedoso de los personajes se multiplicaba además en The Justice League por el alto número de sus componentes. Este comic book ofrecía mayor grado de emoción y más superhombres por el mismo precio, y pronto se convirtió en el más vendido de los títulos de la compañía16. La competencia estaba al acecho. Timely Comics, una editora marginal que andaba siempre en busca de apuntarse al carro de lo oportuno con el fin de estirar un poco más sus ventas de comic books (su especialidad eran los magazines literarios para adultos) comprendió que los héroes disfrazados volvían a venderse relativamente bien. Su propietario y jefe editor de entonces, Martin Goodman (1908-1992), tan zorro plateado en su nivel como Schwartz en el suyo, tras una conversación con su amigo y competidor en un partido de golf cuya existencia hoy se pone en duda, presionó a su guionista para todo (y pariente político en segundo grado) con la intención de que, a remolque 14 ¿Se temía, quizá, perder el copyright de los nombres de los personajes como habría de sucederles con los de Captain Marvel una vez adquiridos a la compañía Fawcett? 15 No debería olvidarse, quizás, que el primer personaje reciclado (reseteado diríamos hoy) de la historia de los cómics sería Flash Gordon, redivivo por Dan Barry en los primeros años cincuenta, cuya presentación en las tiras diarias obvia cualquier parecido con el personaje original creado por Alex Raymond dos décadas antes. Tanto The Flash como Green Lantern, dibujados en su reaparición por Carmine Infantino y Gil Kane, observan una enorme influencia estética de Dan Barry. 16 Como en el mundo de los cómics nunca se tira nada, los números extraordinarios de Justice League (los anuales) pronto dieron en contar historias conjuntas entre Justice League y Justice Society, el germen de lo que luego serían las Crisis on Infinite Earths de décadas más tarde... y de la estética de las caritas de los personajes en las portadas.

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Crónica de una época de The Justice League of America, crease otro grupo de superhombres aventureros. Su buena estrella quiso que Stan Lee (nom de plume de Stanley Lieber, nacido en 1922) aceptase el reto y no estuviera dispuesto a conformarse con hacer lo que durante dos décadas había venido haciendo: escribir rutinariamente. Lee, a punto de abandonar el medio, después de una charla con su esposa, quien lo alentó para que desplegara todo su potencial creativo, decidió poner lo mejor de sí mismo en el empeño y crear el tipo de comic book que le gustaría leer de ser lector él mismo. Un universo sin parangón en la historia de la creatividad humana estaba a punto de nacer de la mano de Fantastic Four.

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CAPÍTULO 1

El Superhéroe Marvel y su concepto

S

i por una vez echásemos mano al diccionario y definiésemos “héroe” como “aquel individuo capaz de realizar acciones legendarias”, el término “superhéroe”, con el que son conocidos en el medio de los cómics los vigilantes enmascarados de habilidades sobrehumanas, nos parecería de inmediato redundante, casi excesivo. Sin embargo, veremos que tal apreciación no resulta exacta. Hasta hace relativamente muy pocos años, los cómics se han valido para narrar su mensaje de escapismo, reflexión o propaganda de las múltiples peripecias acaecidas a un personaje singular; la clara apreciación de este mensaje habrá que hacerla en función de la evolución que sociedad, personajes y autores experimenten a lo largo de los años. El protagonista de tales acciones puede estar inscrito en el futurismo (Flash Gordon), lo policíaco (Dick Tracy), o lo medieval (Prince Valiant), pero la característica común a todos ellos será que trascienden las cualidades del hombre normal y que en su naturaleza encontraremos, ya desde su primerísima aparición, los rasgos inequívocos de la heroicidad. Flash Gordon viajará a distantes planetas, derrocará tiranos asiáticos y no perderá nunca su asumida condición de hombre distinto, de mito solar; Dick Tracy perseguirá a los malhechores con una fe ciega en la ejecución de la justicia que rozará muchas veces el fanatismo más reaccionario, mientras que Prince Valiant asistirá con una sonrisa en los labios a la propia implantación de su leyenda de caballero andante junto a la Mesa Redonda del Rey Arturo, y el relato de su evolución personal de adolescente a hombre maduro nos dejará un testimonio único del paso de los años y la sucesión de las estaciones y los estados de ánimo paralelo quizás, en otros medios, a la poemática de Keats, el lirismo irlandés de John Ford o la fantasía feérica de J. R. R. Tolkien. De manera similar a los tres héroes citados, los personajes de los cómics desarrollarán sus habilidades valerosas en una errante búsqueda de peligros que puede ser casual (Johnny Hazard), intencionada (Terry Lee a la búsqueda de su tesoro en China), o forzosa (el mismo Terry cuando la llegada de la guerra lo alberga en las filas del ejercito). Sus hazañas, sin embargo, no irán más allá del simple gesto heroico —nada más y nada menos—, que se constituye no tanto por el hecho físico en sí (Gordon derrotando a los cuatro hombres-mono en su primer combate en Mongo —28 de Enero de 1934—; Prince Valiant haciendo frente él solo a la enfurecida horda de piratas vikingos en la impresionante plancha aparecida el 19 de Junio de 1938), sino por la rectitud moral de su pensamiento, que será lo que en verdad marque las pautas de su actuación (Flash Gordon siendo sempiternamente fiel a Dale Arden, proclamando la democracia en Mongo en las páginas sucesivas del 15 y el 22 de Junio del 41; Valiant salvando la vida de su rival más directo en la lid por el amor de Ilene y renunciando ante los generales de todo el mundo a iniciar bajo su liderazgo una guerra de expansión a los hunos amparada en la fuerza y no en la justicia el 7 de Abril de 1940). Aparte de estas cuestiones sobre heroicidad ética, en donde sí estarían en contacto, estos héroes de los cómics, por sus hazañas, no podrán competir, ni se pretende tampoco que lo hagan, con aquellos otros personajes que definimos como superhéroes. Flash Gordon será un individuo superior, pero seguirá sufriendo las limitaciones inherentes a su condición de hombre. Difícilmente encajará en la descripción, aunque de un tiempo a esta parte, sobre todo en la prensa, se confunda por ignorancia todo personaje de historieta con superhéroe. Superman (de quien, evidentemente, proviene el nominativo), por la propia inconmensurabilidad de sus atributos, sí lo hará. Es decir, el superhéroe será el personaje de los cómics —la idealización del hombre, en suma— llevado hasta sus últimos planteamientos. El superhéroe supone el culto al mito, la consecución lógica y definitiva del esquematismo y la elipse propias del cómic como medio.

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Crónica de una época Flash Gordon será conocido por sus atributos externos (lo que definimos por su “look”), los cuales nos describirán por antonomasia las cualidades del hombre que hay dentro; sus cabellos rubios y sus pantalones de caballería serán su símbolo. Prince Valiant, conocido principalmente por su corte de pelo medieval, reclamará como propios el garañón rojo de su escudo de armas, la posesión de su “Espada que canta” o , más tarde, de su gran caballo de guerra, Arvak. A través de estos signos externos, salvando e ignorando la aparente contradicción de que, en su mayoría, los héroes de los cómics vistan siempre la misma ropa, el público alcanza el deseado efecto de la identificación y la integración. El mismo caso, a otro nivel, se da en los actores de Hollywood: Humphrey Bogart repitiendo hasta la saciedad su papel de Rick Blaine en Casablanca en unos tiempos en que no existían las secuelas cinematográficas pero se volvían a rodar con variantes una y otra vez similares películas, Errol Flynn encasillado en papeles de espadachín risueño, Judy Garland confinada a ser una perpetua adolescente y llevada a las puertas del suicidio por el temor de los productores a que el público no aceptara un nuevo matiz en la capacidad actoral de sus estrellas. El superhéroe trascenderá este efecto de identificación, pues en la mayor parte de los casos encubrirá su personalidad civil y humana bajo un simbólico uniforme medio paramilitar medio circense que demostrará de un lado la plasticidad de su aspecto y de otro la dificultad de su trasvase hacia otros medios17. Al hacerlo, no hará sino llevar adelante las consecuencias de su diferencia física con el resto de los mortales18, y aceptar este múltiple juego de identidades y disfraces de colores (en donde, tal vez, se muestre la auténtica naturaleza del hombre que simboliza el personaje19, será condición sine qua non para, después, admitir de modo tácito toda la amplia gama de sus cualidades específicas y disfrutar y comprender sus peripecias. ¿De donde arranca todo este afán por lo superlativo? Stan Lee y Jack Kirby, los padres fundadores del Universo Marvel, señalan que, en el fondo y principalmente, los superhéroes son el actual cauce de los mitos latinos y sajones, la moderna manera de tomar forma el amor que el hombre siente por las leyendas20. Por esto mismo, no puede ser casual ni excesivo que Stan Lee esté considerado como un Homero del siglo XX; como veremos más adelante, razones no faltarán para justificar esta etiqueta. Jack Kirby, por otra parte, señala: 17 Recuérdese, por ejemplo, el ridículo aspecto de los diversos actores encargados de representar en los añejos seriales de cine y televisión a The Batman, o los problemas para disimular los atributos sexuales de Burt Ward (Robin) en la citada serie televisiva o los de Cristopher Reeve en sus más recientes interpretaciones de Superman, o cómo incluso en la reciente moda cinematográfica, una vez conseguida la perfección en los efectos especiales que no hagan chirriar la trama ni carcajearse al público, los uniformes de los personajes han tenido que ser adaptados (los X-Men, Lobezno, Capitán América, Thor) o directamente omitidos (Ojo de Halcón). 18 La singularidad del héroe abarcará el espectro que media entre la diferenciación por el color del pelo, o sus vestidos o su caballo a la simple exageración de los órganos sexuales de DEN, donde el injustamente olvidado ya Richard Corben simplifica en exceso el carácter único del héroe a la par que da rienda suelta a su personal monomanía. 19 A este respecto, es significativo el parlamento de La Bestia en la Novela Gráfica “La Muerte del Capitán Marvel”: “Por si no lo has notado bajo estos trajes de fantasía y estos llamativos poderes se esconden HOMBRES y MUJERES mortales”. Recuérdese también el parlamento de David Carradine en Kill Bill 2 respecto a Clark Kent como máscara de Superman. 20 La misma idea parece haber estado presente en las mentes de Jerry Siegel y Joe Shuster, quienes concebían a Superman como una mezcla de Hércules y Sansón (tamizado por la mitología judaica, recuérdese a Moisés). Wonder Woman desciende de las amazonas mitológicas, y Captain Marvel combinaba en su grito de guerra SHAZAM las iniciales de seis entes mitológicos (Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio) tras la negativa editorial a dar vida a un grupo de superhombres que encarnasen individualmente cada una de estas características.

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CAPÍTULO 1: El Superhéroe Marvel y su concepto

“Las historias de superhéroes son el equivalente de hoy a las leyendas sobre los dioses. Son una forma de trascendernos. Una forma de entretenernos. Realmente los dioses no existen, pero están nuestras propias interpretaciones de estas cosas. Son nosotros. No son sólo individuos; son representaciones de la humanidad. Los dioses son más grandes que nosotros porque son todos nosotros. Naturalmente, siendo todos nosotros, tienen que ser presentados de una manera poderosa. Los dioses representan nuestro potencial para el bien y para el mal. Hacen a gran escala lo que nosotros mismos somos capaces de hacer, para lo bueno y para lo malo. He visto hacerlo. He visto a la gente trascenderse a sí misma. He visto a la gente convertirse en su propia caricatura. Todos somos capaces de hacerlo. Todos somos nuestros propios monstruos y todos somos capaces de hacer cosas que ordinariamente pensamos no somos capaces de hacer21”. El primer superhéroe definido como tal, ya se ha dicho, fue Superman. Sin embargo, el término no sería concebido hasta muchos años más tarde. Durante décadas, lo que hoy llamamos “superhéroe” fue conocido simplemente por “héroe disfrazado” (costume hero), “justiciero de antifaz” o más jocosamente, “héroe con ropa interior larga”. Resulta imposible precisar quién fue el creador del término22 ya que aunque todo parece señalar a Stan Lee, en la actualidad el Copyright de la palabra es sostenido al alimón por las dos grandes compañías rivales, DC y Marvel. Pero el que Superman fuera el primer personaje realmente “súper” de los cómics no quiere decir que no existieran ya en el medio un par de ilustres precedentes, Popeye aparte, curiosamente los dos debidos a la imaginación del mismo hombre, Lee Falk: Mandrake the Magician (1934), y The Phantom (1936). 21 Jack Kirby. “The Gods Themselves”. Entrevista de Peter W. Dodds Jr. Para la revista Amazing Heroes 47, mayo de 1984 22 El primer caso que he podido encontrar en que aparezca como tal el término “superhéroe” es la portada del número 3 de Amazing Spider-Man, julio de 1963. Apenas unos meses antes, en la introducción a su personaje, Stan Lee los llamaba aún “costume heroes”.

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