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INTRODUCCIÓN A UN AUTOR POLÉMICO

INTRODUCCIÓN A UN AUTOR POLÉMICO Durante dos años he dedicado buena parte de mi tiempo libre a leer cada cómic y a ver cada película en la que Frank Miller ha tenido algo que ver, además de estudiar casi un centenar de entrevistas realizadas al autor o a aquellos que han trabajado junto a él a lo largo de sus tres décadas largas de carrera. Ha habido momentos en los que me ha parecido un pretencioso y ha habido momentos en los que me ha emocionado como poca gente lo ha hecho. Miller es así: resulta imposible que te deje indiferente. En muchos aspectos, la carrera de este autor parece una plasmación del American Dream: proveniente de una pequeña ciudad de la América rural, sin apenas estudios ni una auténtica formación artística, llega a los 20 años a Nueva York, la gran ciudad, con los bolsillos vacíos y la cabeza llena de sueños; el más importante de todos, dibujar cómics. Pese a su falta de experiencia y contactos, su constancia y su talento le permiten ir ganándose un hueco en el competitivo mundo de cómic, hasta que consigue trabajar con héroes como Daredevil y Batman, además de crear personajes míticos como Elektra o la primera Robin femenina. Cuando ya ha cumplido con todos los sueños con los que llegó a Nueva York, parece que es el momento de tener otros nuevos, y se marcha a California para trabajar en Hollywood. Allí crea obras propias como Sin City y 300, que hacen crecer aún más su fama y le permiten amasar una pequeña fortuna. Y si todo eso fuera poco, conoce al amor de su vida y resulta que a esta no solo le gustan los cómics, sino que es una gran artista que le ayuda a hacer su obra mucho mejor. No está nada mal para un chico que tuvo problemas para acabar el instituto y que no lograba mantener ningún trabajo. Sin embargo, la vida de Miller también está poblada de sombras. La pasión que vuelca en su trabajo le ha llevado en ocasiones a ser demasiado inflexible, provocando conflictos innecesarios que le han hecho perder tanto amistades como compañeros de trabajo. Su excesiva confianza en sí mismo y sus fuertes opiniones le han llevado a defender públicamente posturas trasnochadas, a confundir el patriotismo con el militarismo y a verter comentarios extremadamente ofensivos contra aquellos cuyos puntos de vista no coincidían con los suyos. En parte, estos exabruptos han estado influenciados por sus excesos con el alcohol y las drogas, que finalmente destruyeron su matrimonio y su propia salud. Cuanto más profundiza uno en la vida y en la obra de Frank Miller, más evidente resulta que, como la mayoría de sus personajes, el autor parece estar sacudido por dos 7


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fuerzas: por un lado, posee lo que solo podríamos llamar un enorme sentido del honor, que le lleva en muchas ocasiones a intentar ser coherente con sus principios sin importar el coste y a defender causas que parecen perdidas, como la libertad creativa absoluta frente a las grandes editoriales; por otra parte, tenemos una intensa furia que parece quemarle por dentro, y que solo logra apagar volcándola sobre las viñetas. Cuando ambas fuerzas hallan un equilibrio, Miller crear relatos que hacen saltar por los aires todo lo que creíamos saber sobre los cómics: su composición de página, la forma en que actúan sus personajes o el tono de sus historias han ayudado a expandir las fronteras del cómic como medio de comunicación. Sin embargo, cuando una de estas dos fuerzas se impone sobre la otra, su trabajo parece perder fuerza, hasta el punto en que hay ocasiones en que resulta tan visceral que acaba siendo ofensivo. Mi objetivo escribiendo este libro ha sido que conozcamos mejor al autor y entendamos su situación a la hora de realizar los diversos trabajos que componen su extensa obra. Para ello, he querido que predominen tanto la voz del autor como la de aquellas personas que le conocen y han trabajado a su lado (personal editorial, dibujantes, guionistas, coloristas, cineastas, etc.). He intentado que mis explicaciones sean lo más objetivas posibles, por lo que la inmensa mayoría de las valoraciones que vamos a ver sobre su obra han sido realizadas por críticos de diversos medios estadounidenses. Para facilitar la lectura, en lugar de escribirla como una biografía, he organizado este volumen en cinco grandes bloques temáticos relacionados con las etapas del autor: su época de formación, su carrera en las dos principales editoriales de cómic estadounidense, su salto a las editoriales independientes y su época trabajando en el medio audiovisual. De este modo, creo que resulta más sencillo comprender cada una de sus obras y ver la evolución que ha tenido al trabajar con personajes como Daredevil, Batman, Elektra o Superman. Además, esta organización del libro también nos permite leer cada capítulo en el orden que deseemos, de tal modo que podamos disfrutar en primer lugar de aquellos momentos de su carrera que más nos interesen. Es posible que en las próximas páginas cambie completamente la concepción que teníamos del artista. Sin duda, habrá momentos en que nos sorprenderá con la visión de su trabajo, igual que habrá ocasiones en que discreparemos completamente de sus puntos de vista. Lo que está claro es que difícilmente nos dejará indiferentes, porque Frank Miller lucha una guerra consigo mismo, una guerra entre su sentido del honor y la furia que le impulsa, y la historia de esa lucha se ha convertido, gracias a las páginas de sus cómics, en una parte de nuestra propia historia.

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Uno de los primeros trabajos profesionales de Miller, una historia de complemento para Unknown Soldier #219 (1978) sobre la Guerra de Troya.


CAPÍTULO 1

ORÍGENES SECRETOS: LOS HUMILDES INICIOS DE UN ARTISTA REVOLUCIONARIO

CAPÍTULO 1 ORÍGENES SECRETOS: LOS HUMILDES INICIOS DE UN ARTISTA REVOLUCIONARIO Cuando se le pregunta a Frank Miller por su forma de concebir el cómic, este suele encogerse de hombros: “No lo sé, no creo que pueda dar una respuesta al respecto”.1 Sin embargo, una mirada a sus primeros veinte años de vida nos ayudan a comprender mejor cómo un muchacho con escasa base artística, poco aplicado en los estudios y con poco interés en los cómics de superhéroes, acabó revolucionando el medio.

EL NIÑO QUE LEÍA CÓMICS Toda historia tiene un principio. La de Frank Miller comienza a finales de enero de 1957, cuando nace en Olney, una ciudad agrícola de Maryland (en la Costa Este de los Estados Unidos, no muy lejos de Washington D.C.).2 Pero aquella localidad va a tener poca influencia en el artista, pues su familia no tarda en mudarse a Montpellier, la capital de Vermont (también en la Costa Este, haciendo frontera con Canadá).3 Sus primeros años en esa pequeña ciudad van a ser claves para desarrollar su personalidad y sus intereses, destacando dos elementos que le van a influir poderosamente: el constante sacrificio de sus padres y su aprendizaje autodidacta. El centro de Montpellier en los años sesenta del siglo pasado. La pequeña ciudad acabará volviéndose opresiva para Miller, que se refugiará en la lectura y el dibujo.

1. Miller, Frank (1998a). Entrevista conducida por Christopher Brayshaw en The Comics Journal n.º 209, pág. 56. 2. Webster, Andy (2008). “Artist-Director Seeks the Spirit of ‘The Spirit’”, The New York Times, <https://www.nytimes.com/2008/07/20/movies/20webs.html> (consultado el 8 de mayo de 2020). 3. Goulart, Ron (1986). The Great Comic Book Artists, Nueva York, St. Martin Press, pág.72.

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El sacrificio de sus padres no es difícil de comprender: Frank Miller es el quinto de siete hermanos, criado en una familia trabajadora de raíces irlandesa y católica.4 Ambos progenitores trabajan muy duro para que la familia no pase necesidades, algo que no resulta inadvertido a sus hijos: Tuve una madre que trabajaba como enfermera desde las 23:00 hasta las 7:00. Era un trabajo muy exigente, pero cuando volvía a casa la estaban esperando sus siete hijos. Dormía unas dos o tres horas por la noche; para mí, eso es disciplina. Por su parte, mi padre tenía una energía y una concentración infinitas. Por eso creo que es imposible llegar lejos si no eres una persona con mucha disciplina.5 Estos ejemplos van a marcar profundamente al joven Frank, inculcándole unos valores de superación, disciplina y sacrificio que estarán muy presentes en su obra: “Pienso que desde muy pequeño me sentí atraído hacia la idea de que un individuo puede marcar la diferencia pese a tenerlo todo en contra”.6 Muy posiblemente, su interés por mostrar héroes al límite que logran lo imposible gracias a su inquebrantable voluntad empieza a forjarse en esta época. Por otro lado, el germen de su aprendizaje autodidacta lo podemos encontrar en las escasas oportunidades que ofrece Montpellier, que, pese a ser una capital, no alcanza los 10 000 residentes. Para el joven Frank, el paso por la escuela y en instituto va a ser un mero trámite, y su auténtica formación va a tener lugar entre las paredes de su casa: Tuve la ventaja de crecer en un hogar lleno de libros. Mis padres me animaban a leer. No, no me animaban, sería más apropiado decir que me lo exigían. Así que entré en contacto con una gran cantidad de material de lectura. Y cuanto más leías en mi casa, menos preocupaba a mis padres qué estabas leyendo.7 Los detectives, los crímenes truculentos y los ambientes nocturnos del género noir sedujeron a Miller desde muy joven, y acabarán convirtiéndose en un elemento clave de sus cómics. 4. Miller, Frank (2008). Entrevista conducida por la redacción de Scotman, <https://web.archive.org/web/20121015163041/http://www.scotsman.com/news/frank-miller-interview-it-s-no-sin-1-1152632> (consultado el 5 de mayo de 2020). 5. Miller (1998a), pág. 53. 6. Ibídem, pág. 57. 7. Ibídem, pág. 68.

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Aunque lee mucho, no todo cala igual en el futuro artista: “Mi primera influencia, la más poderosa que soy capaz de recordar, está en mis lecturas de Superboy y de Spider-Man, aunque también de las novelas de detectives de Mickey Spillane”.8 De hecho, ese interés por los cómics le hace desear crearlos: “Mi madre me contó que con solo seis años ya le dije que quería ser dibujante de cómics”.9 Pronto aprende a reconocer los estilos de sus dibujantes favoritos, como Curt Swam en las aventuras Superman o Steve Ditko en Spider-Man, aunque el autor que más le impresiona es Jack Kirby: Creo que una de las cosas de Jack que particularmente me atrajo, más allá de la cantidad de energía que desprende su trabajo, fue la manera en que realizó Fantastic Four. Al leer aquel cómic tenías la sensación de que todo era posible. Sentías que no estaban limitados por la plantilla de seis viñetas ni por las fórmulas que imperaban en el mundo del cómic. Alguien con una visión tan salvaje como Kirby podía llevar las cosas más allá.10

Curt Swam y Steve Ditko se convierten en referentes para Miller, aunque la influencia de Ditko va a ser más importante en sus primeros trabajos como profesional.

8. Ibídem. 9. Ibídem, págs. 68-69. 10. Ibídem.

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Jack Kirby rompe con las fórmulas establecidas, dejándose llevar por su propio ritmo. Aunque Miller no va a emular este estilo de dibujo, sí que bebe de su capacidad narrativa.

Otro autor que le va a marcar poderosamente es Will Eisner, posiblemente a través de la reedición de The Spirit publicada por la editorial Harvey en 1966 o la de Warren de 1974.11 En sus páginas, Miller encuentra la mezcla de los dos géneros que más le gustan, los superhéroes y los crímenes noir, presentados además con un estilo y una narrativa tremendamente originales: Me atrapó. No podía creer lo que estaba viendo. Recuerdo que pensé: «¡Este tipo nuevo es lo mejor que le ha pasado al mundo del cómic!». Y entonces leí: «Copyright 1948». ¿Alguien estaba haciendo estas cosas años antes de que yo naciera? Era más moderno que cualquier otra cosa que se pudiera ver en las páginas de los cómics en ese momento.12 De este modo, los cómics se van volviendo una pasión. No solo le incitan a leer historietas, sino también a dibujarlas y, lo que es más importante, a recapacitar sobre los elementos de la narración gráfica. Las viñetas son, además, una magnífica vía de escape que le permite huir de una realidad que no le gusta demasiado, anclado como se siente en una localidad pequeña, donde él mismo reconoce que “sentía que no encajaba”.13 11. Aunque los detalles sobre cómo descubrió los cómics de The Spirit están claros, los recuerdos de Miller se mezclan a la hora de indicar qué edad tenía, variando en cada entrevista. Harvey y Warren son las dos ediciones que más posibilidades tienen de haber llegado a manos del artista. 12. Mille citado Lovence, Frank (2008). “Spirit Guide: Frank Miller Adapts Will Eisner’s Cult Comic”, Film Journal International, <http://www.filmjournal.com/filmjournal/content_display/esearch/e3i8a7ba6d185c56a44dde220cb5168caff> (consultado el 8 de mayo de 2020). 13. Goulart (1986), pág.72.

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No está claro del todo cuándo Miller descubrió The Spirit. Lo más probable es que fuera a través de las reediciones de Harvey, pues las de Warren aparecieron cuando el estilo de Miller ya había empezado a cuajar.

Pero todas las pasiones terminan por enfriarse. A medida que va entrando en la adolescencia, Miller siente que su interés por lo que las editoriales publican va diluyéndose.14 Finalmente, el muchacho deja a un lado su afición: “A medida que el tiempo pasaba, mi interés por los cómics iba en detrimento, igual que les pasaba a otras muchas personas. En parte se debió a que el medio parecía haberse estancado, pero también porque aparecieron otros entretenimientos en mi vida”.15

Will Eisner rompió muchas de las convenciones imperantes en el mundo del cómic durante los años cuarenta, desarrollando composiciones de página sorprendentes que revolucionaron la forma de narrar. 14. Miller, Frank (1986). Entrevista conducida por Mark Borax en The Comics Journal n.º 31, pág. 45 15. Miller (1998a), pág. 68.

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EL MUCHACHO QUE DIBUJABA CÓMICS A principios de los años setenta Frank Miller es un adolescente desilusionado con los superhéroes, que tras las efervescentes aventuras de la década anterior parecen haberse estancado. Eso no significa que deje de dibujar, solamente que sus ilustraciones evolucionan en otra dirección: “Continué dibujando, incluso una vez dejé de interesarme por lo que se estaba publicando. Me interesaba sobre todo dibujar historias noir”.16 Pero en la pequeña Montpellier no encuentra ninguna institución de enseñanza donde pueda desarrollar su talento, por lo que su aprendizaje va a ser lento, basado más en el método de prueba y error: En el instituto me sentía como si estuviera encerrado en un campo de concentración, deseaba irme de allí. Estaba impaciente por convertirme en un dibujante profesional, y era lo suficientemente arrogante para creer que podía llegar a la gran ciudad y triunfar. Además, mis profesores de instituto… A ver cómo lo explico: estábamos a principio de los años setenta y era el momento álgido de lo que yo llamaría el periodo de “exprésate”. Había menos interés por aprender los contenidos académicos, por aprender un arte o un oficio, que por expresar lo que uno sentía. Cuando me interesé por ir a alguna escuela de arte, no solo tuve que enfrentarme al sentimiento de que iba a volver a estar en cautividad, sino que además no veía que estuvieran enseñando arte. Era una época en la que no había mucha gente interesada en enseñar a dibujar cómics.17

Dos de los primeros trabajos publicados por Frank Miller. Realizados cuando el autor tenía 15 años, acaban viendo la luz un par de años después en el fanzine Love. Su estilo todavía tiene que madurar, pero ya encontramos elementos interesantes, como el combate entre dos gladiadores, que deja ver su pericia para crear movimiento. 16. Ibídem. 17. Ibídem, pág. 69.

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Pese a todo, Miller va a encontrarse con algunos profesores que le animan a perseguir su sueño de hacer cómics, lo que le da fuerzas para perseverar: Tuve un profesor de Dibujo en el instituto, Bruce Brooks, que me encantó y me animó a internarlo. Y también tuve un profesor increíble, Jezz Danziger, que ahora es un reconocido dibujante, que me animó a escribir. Me dijo que mi talento, más que el dibujo, era la escritura.18 Sus primeras publicaciones, igual que las de tantos otros autores que inician su carrera en los años setenta, van a ser a través de los fanzines: “Gracias a Wally Stoelting, un amigo mío que conocí cuando iba al instituto, se me presentó la oportunidad de trabajar en el fanzine APA-5 y comencé a dibujar historias para ellos”.19 A partir de ese momento, sus ilustraciones comienzan a aparecer en publicaciones hoy totalmente olvidadas, como la ya mencionada APA-5 (1974), Space and Time (1975), Love (1975), Fan’s Zine (1976) o Alternative 8 (1977). Los primeros dibujos de los que tenemos constancia, realizados en 1972, muestran más buenas intenciones que habilidad, y difícilmente permiten imaginar el peso que tendrá en la industria del cómic en apenas una década. No obstante, a medida que pasan los años vamos descubriendo un mayor dominio del trazo, y si bien en ningún momento sobresale por su técnica, sí que empieza a sorprender por su talento para la composición, empleando complejos juegos de luces o efectos como la lluvia, que, si bien aún no terminar de dominar, sí que indican que avanza por el camino adecuado.

Ilustraciones interiores para el fanzine Space and Time, realizadas a los 17 años, aunque publicadas un año después. Se empieza a observar un mayor dominio del trazo y la aparición de fondos. 18. Miller, Frank (2012). Entrevista conducida por Danny Fingeroth en Draw n.º 22, págs. 44-45. 19. Miller citado en Hernando, David (2005). En primera persona: Frank Miller, Palma de Mallorca, Dolmen Editorial, pág. 12.

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Sin embargo, sus padres no tienen muy claro que el sueño de ser dibujante vaya a permitirle ganarse la vida, por lo que insisten a su hijo para que encuentre un trabajo y empiece a ganar dinero. Comienza entonces un periplo a través de diferentes empleos no cualificados, obviamente mal remunerados, en los que nunca dura demasiado tiempo.20 A pesar de todo, Miller sigue soñando con convertirse en dibujante, ya no solo para dedicarse a algo que le apasiona, sino también para escapar de una ciudad y un futuro profesional que no le satisfacen lo más mínimo. No obstante, está claro que los fanzines ya han agotado sus posibilidades, por lo que decide dar el siguiente paso y mudarse al corazón de la industria del cómic, Nueva York: Cuando llegué a Nueva York, todos los dibujos de muestra que llevaba conmigo eran de detectives y crimen. Sin embargo, en 1976 no era posible trabajar en ese tipo de historietas; de hecho, ni siquiera podían publicarse a causa del Comics Code. Las series no podían emplear la palabra crimen en su título.21 Este relato (escrito junto a su hermano Robert) e ilustraciones muestran a un Frank Miller de 17 años que comienza a encontrar su camino. Aunque su estilo aún tiene mucho que mejorar, el efecto de las sombras y la lluvia nos hablan de un autor que experimenta y busca no solo mostrar una escena, sino crear una atmósfera en torno a ella.

Si quiere conseguir un trabajo, Miller necesita aprender a dibujar superhéroes, y para ello va a buscar la ayuda de alguien con mayor experiencia: “Otro amigo me presentó a Neal Adams, quien echó un vistazo a mi trabajo y me dio varios consejos”.22 Aquellos consejos son, no obstante, demoledores, aunque al mismo tiempo sirven de base para que Miller comience a desarrollar un estilo propio: Me destrozó. Pero pongámoslo en contexto, por favor. Yo era un aspirante a dibujante de cómics que provenía de una zona rural Vermont, con granjas y todo. No estaba acostumbrado a la gran ciudad. Y delante de mí estaba Neal Adams.

20. Birzer, Bradley J. (2018). “God Bless You, Frank Miller”, The American Conservative, <https://www.theamericanconservative.com/birzer/god-bless-you-frank-miller/> (consultado el 10 de mayo de 2020). 21. Miller (1998a), pág. 63. 22. Ibídem.

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Lo primero que el maestro Adams hizo fue mirar las preciosas páginas de muestra que llevaba y, con una sonrisa y palabras muy bien elegidas, envió mi alma al infierno. Me dijo de forma clara que yo no sabía dibujar: «¿Dónde estaba la anatomía? ¿Cómo estaba dibujada aquella habitación? ¿Un apartamento? ¿Eso es lo que tú llamas un apartamento? ¿Cómo se sabe que es un apartamento? ¿Dónde están las tuberías en la pared? ¿Dónde están las rejas en la ventana? ¿Por qué estoy mirando esto siquiera? Quítate de en medio. Vuelve a… ¿de dónde eras? ¿Vermont? Vuelve a Vermont echando leches. No lograrás trabajar haciendo cómics. No tienes suficiente nivel». Neal Adams me dijo esto y cosas peores, una y otra vez, pero continué llevándole nuevas páginas de prueba sin perder la esperanza. Y cada vez que Neal Adams miraba mis dibujos, me daba algún consejo, a veces incluso dibujando sobre mis dibujos y enseñándome los fundamentos de la composición, dibujando una escena cargada de drama como si fuese lo más sencillo del mundo. Y, por aquellas duras lecciones, jamás me pidió nada a cambio. Seguí acudiendo, siempre con nuevas muestras. Y eso era algo que él respetaba. Finalmente encontró algo bueno en mi forma de narrar: «Aún no sabes dibujar», me dijo, y me consiguió mi primer encargo en la editorial Gold Key.23

Neal Adams fue un modelo que seguir para el joven Miller, pues, aunque sus estilos son muy diferentes, ambos disfrutaban con personajes y ambientes oscuros. En la ilustración, una portada de Adams de los setenta y una ilustración reciente del Hombre Murciélago homenajeando el estilo de Miller, donde se perciben perfectamente las diferencias a la hora de representar a un mismo personaje.

23. Miller, Frank (2010). Texto autobiográfico publicado en su web personal, Frank Miller Ink, <https://web.archive.org/web/20100803002053/http://frankmillerink.com/2010/7/neal-adams> (consultado el 9 de mayo de 2010).

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Frank Miller tiene veinte años cuando ve publicados sus primeros trabajos, dos historietas de tres y cinco páginas, publicadas en la serie de relatos sobrenaturales Twilight Zone #84 y 85 (1978), respectivamente. Sin duda se puede hablar de una evolución del dibujo, pues el acabado de sus lápices es correcto, si bien resulta bastante convencional. Su estilo sigue evolucionando en los siguientes trabajos que publica ese año, como algunas historias bélicas de complemento para Unknown Soldier #219 y Weird War Tales #64 y 68. No deja de ser curioso que, después de haberse preparado tan duramente para realizar cómics de superhéroes, sus primeros encargos no tengan nada que ver con esta temática.

Se puede ver una evolución entre las diversas historietas que Miller va publicando en 1978. La primera, con un toque a Las mil y una noches, muestra un estilo simple y poco refinado, mientras que posteriormente observamos una evolución en los rostros y la construcción de las escenas.

Sin embargo, Miller no termina de sentirse cómodo en DC, donde el editor Joe Orlando detesta su estilo, por lo que se acerca a Marvel, donde consigue mostrar algunas páginas de su trabajo al nuevo director editorial, Jim Shooter. El editor aprecia su trabajo pese a que resulta evidente que el artista aún tiene mucho que aprender: “Reconocí su talento y le encargué dibujar una historia de cinco páginas. Hizo un buen trabajo y el resto, como suele decirse, es historia”.24 24. Shooter, Jim (1998). Entrevistado por Kuljit Mithra en Man Without Fear, <http://www.manwithoutfear.com/interviews/ddINTERVIEW.shtml?id=Shooter>, (consultado el 9 de mayo de 2020).

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Pese a su fama de ser un editor duro y autoritario, Jim Shooter apuesta desde un principio por el trabajo de Frank Miller y les abre las puertas a algunas de las series más emblemáticas de Marvel.

Aunque esas cinco páginas no llegan a publicarse, Shooter habla con uno de sus editores, Roger Stern, que le entrega un guion de Chris Claremont para la serie John Carter, Warlord of Mars #18 (1978). En esa historia el joven artista comienza a mostrar realmente su capacidad, posiblemente por el estilo de trabajo en Marvel, donde el guion es una explicación general de la historia que el dibujante puede ir desarrollando a su manera, para luego pasar nuevamente al guionista, que escribe los diálogos. Por lo tanto, aunque el acabado del dibujo gana muchos puntos gracias a las tintas de Bob McLeod, lo que es indudable es que Miller marca bien el ritmo y crea una narración interesante. A partir de ahí, Shooter va a confiar en él para encargarse de personajes icónicos como Spider-Man, Capitán América y Daredevil, intentando ayudarle a alcanzar su estilo: “Frank y yo tuvimos bastante relación durante sus primeros momentos en Marvel. Me gustaría creer que algo de lo que sabe sobre cómo escribir cómics lo aprendió en el transcurso de las muchas conversaciones que mantuvimos”.25 A partir de ese momento, Miller va a tener que dibujar a un ritmo frenético, pues vivir en Nueva York es caro y la remuneración de los artistas, sobre todo si son nóveles, apenas permite cubrir gastos: El precio por página era terrible y no se pagaban incentivos de ningún tipo. Tenías que producir una cantidad ingente de material para conseguir un sueldo digno. Mucha de la gente que quería trabajar a un ritmo menor debía tener lo que llamábamos de forma sarcástica “un trabajo real”, en buena parte obtenido gracias a la agencia de Neal Adams, que hacía trabajos de publicidad. Pese a todo, aquella forma de trabajar te enseñaba cosas: a ser constante, a tener un ritmo de trabajo. Muchos de nosotros obtuvimos un gran nivel de disciplina, aprendimos a concentrarnos en lo que hacíamos, a tratar los cómics como una narración y no como una serie de acuarelas.26 25. Ibídem. 26. Miller (1998a), pág. 71.

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Esta escena de acción de John Carter, Warlord of Mars muestra la capacidad de Miller para crear escenas de lucha interesantes. La libertad de Marvel para que el dibujante interprete el guion a su manera resulta clave para resaltar su capacidad narrativa.

Así, con la disciplina de trabajo aprendida a base de observar a sus padres y con la habilidad para dibujar historietas que lleva desarrollando desde sus primeros años, Frank Miller deja de ser un aspirante a dibujante y se convierte en profesional. Aún no lo sabe, pero está destinado a revolucionar por completo el mundo del cómic.

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Miller muestra con esta original composición una partida de póker entre diversos personajes Marvel en Marvel Two-In-One #51 (1979). Las viñetas se convierten de ese modo en cartas, mientras que en la imagen central juega con las luces y sombras.

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