Skip to main content

27498c

Page 1

Primera edición en este formato: julio de 2023 Diseño de la cubierta: evostudio.com Colorista de la cubierta: Irene MG © 2016, Iria G. Parente y Selene M. Pascual, por el texto, en colaboración con Agencia Literaria Antonia Kerrigan © 2023, Xènia Ferrer, por la ilustración de la cubierta © 2023, Elastic Books por esta edición Dirección editorial: Pema Maymó Elastic Books es un sello de Grup Enciclopèdia Josep Pla, 95 08019 Barcelona Impreso en Liberdúplex Depósito legal: B. 3.448-2023 Impreso en la UE ISBN: 978-84-19478-47-4 Cualquier tipo de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra queda rigurosamente prohibida y estará sometida a las sanciones establecidas por la ley. El editor faculta al CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) para que autorice la fotocopia o el escaneo de algún fragmento a las personas que estén interesadas en ello.

Despedidas.indd 2

22/5/23 17:11


Iria G. Parente Selene M. Pascual

Despedidas.indd 3

22/5/23 17:11


Prólogo La estrella maldita

M

ab de Lothaire dejó de creer en cuentos el día en que su hermanastra desapareció de su torre porque aquel día su cuento, el cuento al que creía que estaba destinada, un cuento que acabaría con una corona sobre su cabeza y con un pueblo feliz a sus pies, se perdió para siempre. Primero, vino la noticia de la boda: Aldhara se iba a casar con un humano, el rey del país vecino. Mab no creía entenderlo, quizá porque aún era muy joven. ¿Cómo había llegado su preciada hermana hasta Anderia? Nadie en palacio lo sabía. Después, llegó la tormenta: su madre se olvidó de ella, su padre no la acompañaba ya en sus juegos. La dejaron sola. El castillo se convirtió en un lugar oscuro, triste y lleno de odio. Aunque la luz entraba por las ventanas, parecía que siempre había sombras en los rincones. Siempre hacía frío. Los sirvientes sentían miedo. Cuando reía, el único sonido que le respondía era el de su propia voz, cavernosa y lejana como un recuerdo. Fue durante ese terrible invierno que solo afectaba al castillo cuando Mab entendió que todos la consideraban una niña. Y a las niñas no se les cuenta nada. A las niñas no se les explican palabras como «guerra» 7

Despedidas.indd 7

22/5/23 17:11


o «muerte», porque no pueden entenderlas. O, al menos, los adultos no creen que puedan. Pero ella no era tonta, pese a lo que la gente a su alrededor pensase. Ella era una princesa y algún día se convertiría en la reina de aquel hermoso gran país. Algún día, quizá no muy lejano, se sentaría en el trono y llevaría una corona como la de su padre, y por eso debía ser fuerte y valiente. Por eso debía aprender, con o sin la ayuda de sus padres. Empezó a rondar a los sirvientes. Iba a las cocinas, con la excusa de que tenía hambre, y se quedaba quieta y callada hasta que se olvidaban de que estaba allí. Hasta que empezaban a hablar y a contar secretos que, de otra manera, jamás hubiese descubierto. Su primera lección fue que debía tener ojos y oídos en todas partes. Su segundo paso fue trabar amistad con la hija de la dama de compañía de su madre, una niña de su edad llamada Eveque. Se aseguró de ganarse su lealtad. Se aseguró de que solo tuviera para ella sonrisas y halagos e información con la que pudiera hacer algo. Ella no escuchaba nunca tras las paredes porque ese comportamiento no era digno de una princesa pero, gracias a su nueva amiga, supo dónde encontrar a aquel tipo de gente. Con su aspecto inocente y encantador y su conversación aparentemente vana, se ganaba la confianza de cualquiera. Llegó a la conclusión de que cuanto menos amenazante pareciese, cuanto más bonita y alegre, más fácil sería ganarse el favor de los que estaban a su alrededor. Aprendió, por tanto, que lo mejor era llevar una máscara a todas partes, con cuidado de que no se vieran sus bordes, con cuidado de estar siempre atenta para ver las de los demás. Así, Mab aprendió lentamente cómo funcionaba el mundo. Y, todavía más importante, cómo conseguir que lo hiciese justo como ella deseaba. Mientras ella hacía sus descubrimientos, su hermana murió. Su madre también murió. Más tarde, recordaría ese tiempo como una niebla sobre los ojos o como un sueño del que no te llegas a desprender del todo al despertar. Su padre se fue a la guerra. Se quedó sola en un castillo lleno de muñecos y vacío de sentido. Tal vez por eso dejó que el orden en palacio siguiera su curso. La corte de nobles que su madre había pro8

Despedidas.indd 8

22/5/23 17:11


hibido en uno de sus ataques de rabia nunca volvió, pero los criados se afanaban cada día como si esperasen su regreso en cualquier momento. La princesa, aún tan pequeña a sus ojos, era mimada por todos, quizá por la lástima que le tenían al verla sentada en la silla de su padre, rodeada de asientos vacíos, cuando cenaba en el gran y frío salón. Cuando se encerraba en la biblioteca durante todo el día, nadie le reprochaba nada. A veces alguien subía las escaleras para asegurarse de que no necesitara algo: nunca la encontraron leyendo novelas o cuentos, sino libros más grandes que ella, que hablaban de Historia o Política, de otras lenguas o magia ancestral. Por las noches, dormía con su mejor amiga en una cama en la que podrían haberse perdido. A veces salía a cabalgar o practicaba esgrima, lo que el reino observaba con curiosidad, casi conteniendo la respiración para ver hacia dónde se dirigía el futuro de aquella niña tan peculiar. Y, a medida que pasaba el tiempo, a medida que ella crecía, el pueblo miraba y murmuraba, entre el orgullo y la pena, sobre el hecho de que Mab de Lothaire hubiera crecido sola mientras en la frontera rugía la guerra. Cuando Elgath de Lothaire, su padre, murió en el frente, la muchacha tenía solo dieciséis años, pero no derramó ni una sola lágrima cuando le llevaron el cuerpo destrozado. No había llorado por su hermana, no había llorado por su madre, así que decidió que tampoco lo haría por aquel hombre de labios blancos y rostro amoratado. ¿Por qué lo presentaban ante ella con las ropas aún manchadas de sangre y rotas allí donde las puñaladas y las flechas habían sido certeras? Su carne parecía un trapo remendado y las alas, en su espalda, no eran más que un par de pétalos mustios. El día en que lo enterraron, la futura reina se vistió de rojo, el mismo color que el de sus ojos, y aseguró a todos que no dejaría que ningún regente tuviese poder sobre ella. Bajo su perspectiva, todos habían estado equivocados. El verdadero enemigo no eran los humanos, siempre falibles, mortales, mucho más limitados que ellos. Sí, los humanos habían conseguido 9

Despedidas.indd 9

22/5/23 17:11


a su hermana, pero el sufrimiento de su familia venía de mucho más atrás. Probablemente, el sufrimiento de todo el mundo. Nadie había sabido ver al verdadero enemigo, siempre oculto tras las montañas. Siempre observando, siempre trazando sus caminos, jugando con sus destinos, riéndose de ellos. Mab había aprendido de su madre una sola cosa: rezar a las deidades era una pérdida de tiempo. Aunque existían, eran egoístas y solo miraban por sus propios intereses. Y, aunque habría entendido que simplemente fuera así, que se dedicasen a sus propios asuntos y que ignorasen a los mortales que no habían hecho nada por ellas en su guerra contra los dioses, no podía dejar de pensar que habían sido las estrellas las que habían apartado a Aldhara de su lado, las que la habían guiado hasta los brazos de Davet, las que habían cumplido así la promesa de destrucción que le habían hecho a su madre. No pensaron que Aldhara pudiera ser inocente y la castigaron por los pecados de la mujer que la alumbró. Anderia solo era una minúscula victoria en su plan: el verdadero anhelo era mucho más alto. Uno mucho más importante. Destruiría a Davet, sí, pero eso solo sería el primer paso. La guerra de verdad sería otra, y la ganaría, así tuviera que hacerse con toda Faesia para lograrlo. Con todo el poder que pudiera conseguir, apagaría uno a uno todos los astros del firmamento.

Despedidas.indd 10

22/5/23 17:11


Primera parte:

Anderia

Despedidas.indd 11

22/5/23 17:11


Despedidas.indd 12

22/5/23 17:11


Fay

C

uando era pequeña, estaba segura de que los fantasmas existían y la idea me aterrorizaba. Pensaba que algunos me vigilaban por la noche, que querían cogerme de los tobillos para arrastrarme bajo tierra a su mundo de lamentos y cuerpos en descomposición. A veces, tenía pesadillas con ellos y me metía en la cama de Eirene en un intento de convencerme que ella me protegería. Ahora querría que los fantasmas existieran. De esa manera, Algar quizá seguiría entre nosotros. Algar está muerto. Asesinado en su propio cuarto, justo cuando parecía que las cosas podían empezar a ir bien. Justo cuando teníamos un plan, un camino que seguir… Con su muerte, todo eso ha desaparecido. Ahora estamos ante un futuro impredecible, con más miedos de los que podemos enfrentar justo delante de nosotros, exigiéndonos que los miremos a la cara y que decidamos qué hacer. Sin embargo, yo no sé qué hacer. Yo solo quiero volver a huir, como otras veces, y esconderme debajo de las sábanas como cuando era pequeña y me refugiaba en la cama de Eirene. Por eso no me he atrevido ni siquiera a ir al funeral de Algar. Me he quedado muy quieta en mi habitación, escondida bajo mi capa, con la capucha puesta, pese a que 13

Despedidas.indd 13

22/5/23 17:11


no hay nadie a mi alrededor y se supone que nadie en este palacio puede hacerme daño. Pero yo creo que en cualquier momento alguien va a hacerlo. Alguna sombra surgirá justo delante de mí, extenderá sus dedos, abrirá sus fauces y me devorará. O quizá tome un cuerpo más parecido al mío y utilice un puñal para rajarme la garganta, justo como hicieron con Algar. La única solución que se me ha ocurrido a todo esto, la única manera de librarme del miedo, de sacarlo fuera de mí, es volcarlo sobre el papel. Debo escribir a mi prima, decirle lo que ha pasado. Tiene que estar al tanto antes de su encuentro con mis padres y mi hermano en Veridian. Porque esto lo cambia todo. Porque ahora, con Svent anunciado como legítimo heredero y Algar muerto…, él tendrá que subir al trono. Y eso no es lo que esperábamos. Eso no es lo que tenía que pasar. Y tampoco sé qué papel me toca jugar a mí en todo esto ahora… Dos golpes inesperados en la puerta hacen que la pluma se me caiga de entre los dedos. Me quedo paralizada por un segundo demasiado largo. —¿Fay? ¿Estás ahí? La voz de Svent suena débil, a susurro sin fuerzas, y pese a eso me tranquiliza que solo sea él quien esté al otro lado. —Adelante. Me giro en mi asiento para observar al muchacho que entra en mis aposentos. Su tez está más pálida incluso de lo que acostumbra. Sus ojos, más hundidos y huidizos que nunca. Su expresión, cansada y perdida. Sé, con solo mirarlo, que no soy la única que tiene miedo. Él tiene que estar aterrado. Él, al fin y al cabo, no ha pedido nada de esto. Creo que, en las últimas semanas, incluso había desarrollado cierto respeto —puede que hasta cariño— hacia lord Algar. Y ahora viene de su funeral. Nos miramos compartiendo un silencio y varios miedos. El chasquido de la puerta al volver a cerrarse es lo único que rompe la quietud. No se acerca a mí, sino que se queda en la entrada, apoyado contra la madera. Por un momento, yo tampoco me atrevo a moverme. 14

Despedidas.indd 14

22/5/23 17:11


—¿Cómo estás…? Svent no responde de inmediato. Su mirada se distrae en el suelo, en la nada, antes de que cabecee. —Bien —concluye. Sus pasos despiertan para moverse por el cuarto. Se deja caer sentado en mi cama como si le pesara todo el cuerpo—. Sintiéndome afortunado de estar vivo. De que lo estemos ambos… Aunque mis extremidades tardan un segundo en responderme, me pongo en pie para ir a hacerle compañía. Mis dedos tocan los suyos cuando tomo asiento a su lado. —¿Crees que pueden ir a por ti ahora? —No. No a por mí —responde entrelazando nuestras manos. Es un gesto un poco más firme de lo que había esperado—. Yo no soy nadie. No soy una amenaza, al contrario que Algar. Pero… Pero podrían haber ido a por ti, Fay. Tú sí eres importante. Eres muy valiosa. La manera en que me mira, con un terror escondido en el fondo de sus iris escarlatas, hace que me estremezca. —Yo solo soy valiosa viva. A nadie le sirve que yo me muera, ¿no crees? Supongo que eso no ha cambiado. Pero tú eres el… futuro rey. —Un futuro rey que solo quiere escapar. Un futuro rey que no sabe cómo va a gobernar. Seré un gran enemigo para Mab, sin duda. —Su sarcasmo es doloroso, sobre todo hacia él mismo. Su suspiro está lleno de agonía antes de que se pase la mano libre por su rostro—. Fay, esto no iba a ser así. No estoy preparado. Soy… un impostor. No sé qué añadir al respecto. No ha dicho ninguna mentira. No es el verdadero príncipe de Anderia, no está preparado para reinar. No es, tampoco, un guerrero que pueda presentar batalla en el frente. Y, pese a ello, ya no hay vuelta atrás. No hay forma de salir de esta situación en la que hemos terminado. Una parte de mí tiene la tentación de volver a huir, otra está segura de que no podemos dejar que estas nuevas circunstancias nos paralicen. Muchas cosas no iban a ser como finalmente han ocurrido, al fin y al cabo: yo iba a desposarme con Seaben de Lothaire, pero no lo hice. Mi prima no tenía que haberse casado con él, pero lo hizo. Cuando toda su 15

Despedidas.indd 15

22/5/23 17:11


situación cambió en un segundo, no se quedó quieta. Asumió el cambio y siguió adelante. Nos toca hacer lo mismo, ¿verdad? —Eres la esperanza de Anderia ahora —susurro, pese a que soy demasiado consciente de que no es lo que quiere escuchar—. Ese era tu papel y ese sigue siendo. Algar era lo que les daba fe en el futuro, pero ahora solo quedas tú, y ya no importa si eres hijo de Celeste o no. Eso solo lo sabemos tú y yo. —Y Mab. Y la feérica que cuidaba de Celeste. Y tu prima y su esposo. Y sus aliados. —Su expresión es consternada, perdida—. ¿De verdad me ves y piensas en mí como un príncipe? ¿Cómo un rey? ¿A quién voy a engañar? —Yo soy una princesa. Todavía puedo enseñarte algunas cosas. —Intento sonreír, aunque cueste. Un silencio. Es como si los ojos de Svent quisieran ver más allá de los míos. No sé cuánto tiempo pasa hasta que él coge aire y toma una resolución: —Fay —me llama, con una voz tan solemne que me sorprende—. Ahora, más que nunca, yo… te necesito a mi lado. No puedo hacer esto solo. —No pensaba marcharme a ningún lado. Voy a estar contigo. Esto no cambia… —No —me corta—. No me has entendido. Yo… Yo no sé cómo reinar. No puedo aprenderlo en los días que me quedan hasta la coronación, tampoco. Esperan cosas de mí que no sé… que no puedo darles. Pero tú sabes cómo funciona un país. Siempre has vivido en un palacio. La política ha estado a tu alrededor en todo momento. Sabes… lo necesario, ¿verdad? No creo comprender adónde quiere llegar. —Supongo. Y, como he dicho, te enseñaré lo que pueda… —Lo que te estoy pidiendo, Fay… —Toma aire. Casi se atraganta con sus siguientes palabras, al tiempo que parece hacerse más pequeño, casi hasta desaparecer—, es que reines conmigo. 16

Despedidas.indd 16

22/5/23 17:11


No sé cómo reaccionar. Al principio es como si sus palabras no tuvieran ningún tipo de sentido, como si las hubiera dicho en una lengua que yo no comprendo y que no había usado delante de mí hasta ahora. Luego, por la vergüenza que cubre su expresión y el nerviosismo que gobierna sus ojos, todo adquiere sentido y soy consciente de que lo he entendido perfectamente. —¿Qué estás diciendo, Svent? Me gustaría decir que esa risa estrangulada, nerviosa e incrédula, no es mía, pero por supuesto que lo es. —Sé que no soy nadie para pedirte esto —continúa él, con la mandíbula tensa—. Sé que yo mismo, hace unos días, creía que el compromiso era una locura. Y sigo pensándolo. Sé que es injusto para ti y que lo más sensato es que me digas que no. Pero no sé qué hacer. No tengo nada que ofrecer a los que me miran esperando que haga grandes cosas. Lo único bueno que tengo a mi alcance… eres tú. Supongo que tengo la esperanza de que un giro radical cambie las cosas. Y nadie en Lothaire sabe que estás aquí aún. Si nos adelantamos a Mab, quizá ganemos tiempo. Quizá podamos hacer algo… No puedo evitar alejarme de él, aunque sé que no es lo que necesita en este momento. Debería mantener la calma, debería escucharlo y mostrarle mi apoyo porque su situación es compleja y yo misma estaba pensando que no podíamos dejar que la situación nos superase. Yo misma fui la que ofreció la idea de, al menos, fingir un compromiso… Me paso las manos por la falda, más inquieta de lo que quiero admitir, para no tener que enfrentarme a su mirada, un poco desesperada. —Esto… Esto no iba a ser así. No íbamos a casarnos de verdad… —Lo sé —admite él, y no puedo evitar fijarme en su expresión ansiosa. —¿No serviría comprometernos y nada más, como habíamos acordado? Eso bastaría. Además, tendríamos que esperar a que mi prima llegase a Veridian para anunciar la boda, y… —No tendríamos por qué anunciarlo —me interrumpe él—. No hasta la coronación. 17

Despedidas.indd 17

22/5/23 17:11


—¿Qué estás diciendo? —Podríamos… Podríamos casarnos en secreto. —Me giro hacia él, incrédula, y Svent traga saliva. De alguna manera, ni siquiera tengo claro que él esté convencido de esto, pero me mira de frente y yo me quedo momentáneamente sin palabras, sobre todo cuando se pone en pie y toma mis manos—. Si lo hiciéramos, el día de la coronación tan solo… nos coronarían directamente a los dos; Anderia celebraría al mismo tiempo que tiene un rey, una reina y una alianza. Tú tendrías los mismos derechos a tomar decisiones que yo. —Svent toma aire, con dificultad—. Sé que es… precipitado. Y estás en tu derecho a decir que no. Pero me… gustaría que te casaras conmigo, Fay. Su frase cae sobre mí de una manera que no debería porque no está hablando como el escriba que me rescató en un bosque, no está hablando de un deseo, solo está hablando de un plan. Y, pese a ello, no puedo evitar que las mejillas me ardan y que el corazón pierda un paso. No sé qué decir. La idea de casarme con Svent no es tan horrible como en su día me pareció la de casarme con Seaben, porque una boda implica una vida juntos y eso me parecía impensable con él, pero no me suena absurdo cuando pienso en Svent. Una vida con Svent suena a… paz, a libros, a su mano rozando la mía y a enredarme la lengua intentando pronunciar las palabras nuevas que me enseña, al tiempo que quiero seguir aprendiendo. No suena mal. Sin embargo, no creo que sea una buena idea hacerlo así. Y no ahora. No… No quiero esto. Puedo fingir comprometerme, sí. Y puedo… puedo casarme, en algún momento. Creo que quiero hacerlo, pero no tal y como lo describe él. Lo que yo quiero es una bonita boda, con un bonito vestido, con las personas que nos quieren cerca y con una gran fiesta para celebrarlo. Quiero poder ser feliz de verdad, sin miedos. Quiero una ceremonia que pueda estar llena de alegría sincera, como las de los cuentos. ¿Sigo siendo una niña por pensar eso? ¿Por querer un final feliz? ¿Existen siquiera? —Lo siento, Svent, pero… no creo que debamos. 18

Despedidas.indd 18

22/5/23 17:11


Es un susurro. Me cuesta más de lo que pensé, y atreverme a mirarlo también requiere de todo mi esfuerzo. Él parece genuinamente sorprendido, como si jamás se hubiera planteado el rechazo, pero también avergonzado cuando baja la cabeza y suelta mis manos para dar un paso hacia atrás. —Claro. Lo entiendo. Solo tenía que ser una farsa, al fin y al cabo. —¡No es eso! —Tomo aire y siento cómo el corazón se me aprieta un poco más en mi pecho—. Lo que… Lo que hay entre nosotros no es… no es una farsa, Svent. No para mí, al menos. Es solo que… creo que debemos ser precavidos, ¿de acuerdo? Ahora más que nunca. Y no creo… No, no quiero que sea así. No quiero otra obligación. Hui de una boda, no quiero arrastrarnos a los dos a otra. Esto… esto ni siquiera parece algo que tú harías. Sé que estás asustado, pero es demasiado… precipitado, y tú no eres así. Svent titubea. Se queda muy callado, mirándome, y yo comienzo a ponerme nerviosa porque creo que se enfadará. Creo que pensará que lo estoy abandonando cuando más me necesita, pero no es así. Solo quiero seguir el plan. Solo quiero que los dos estemos seguros de nuestros movimientos. No solo por el resto de cosas que dependen del cuidado con el que actuemos, sino también porque no quiero que un día despertemos en una cama compartida y nos preguntemos qué hemos hecho. El muchacho frente a mí parece tener una extraña pelea consigo mismo antes de bajar la vista con un cabeceo, como si estuviera muy confuso de repente. —Tienes razón —susurra entonces—. Perdóname, Fay. No sé… No sé en qué estaba pensando. Creo… creo que me ha podido el pánico. No puedo evitar que se me escape un suspiro de alivio. Intento dedicarle una sonrisa, intento que mi corazón vuelva a calmarse. Aunque dudo, extiendo mis manos de nuevo hacia él y Svent permite que entrelace nuestros dedos. —Está bien, Svent. Encontraremos soluciones. Y estaré cerca de ti. No voy a marcharme a ningún lado. 19

Despedidas.indd 19

22/5/23 17:11


Nos hemos quedado solos, sin fantasmas que guíen nuestros pasos, pero estoy segura de que podemos encontrar nuestro propio camino.

20

Despedidas.indd 20

22/5/23 17:11


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook