Galaxia Tauria
Sistema Zerom
ZEROMNIA
ZEROM
PA
AVARIS
SIMA
SIRIAN Satélites:
Melissandre Starya Cyparus
GELIA DEX MELANIO
PASAJE ISIDIUS
NEPTUNO
TIERRA
SATURNO URANO
MARTE JÚPITER
VENUS
MERCURIO
PASAJE ISIDIUS
Galaxia Via Láctea Sistema Solar
SOL
En la Tierra también hay ratas © 2024, Cindy Moreno © 2025, Editorial del Nuevo Extremo S.L. Rosellón, 186, 5º- 4º, 08008-Barcelona, España Tel (34) 930 000 865 e-mail: info@dnxlibros.com www.dnxlibros.es Diseño interior: Luciano Andújar Diseño cubierta: Wolfcode Corrección: Diana Gamarnik Edición: Claudia Hartfiel Primera edición: junio de 2025 ISBN: 978-84-19467-59-1 Depósito legal: B 3933-2025 Impreso en España - Printed in Spain Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). © 2025, Editorial del Nuevo Extremo S.A.
CINDY MORENO
«Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas». HENRY MILLER
PRIMERA PARTE
SIRIAN
CAPÍTULO 1 EXAMEN DE SENSATEZ
—Cinco minutos más —dice el maestro superior, justo en el momento en que pasa caminando a mi lado, mirando de reojo el papel que se encuentra sobre mi escritorio individual. Es extraño escribir sobre papel, un producto que viene de árboles, en vez de hacerlo en las tabletas que siempre nos dan en las clases. Probablemente sea la segunda vez en mi vida que tengo uno en las manos, pero es una ocasión especial. Levanto la mirada y le sonrío. Hace un buen rato que he terminado mi examen y no tengo ninguna duda de que me ha ido genial. Solo Illian puede llegar a superar mi nota final, únicamente porque tiene ese «no sé qué» que hace que todas sus respuestas parezcan más naturales, menos elaboradas, y a los maestros superiores parece agradarles. Ella y yo somos los mejores alumnos, y llevamos cerca de dos años preparándonos para este examen teórico final, el que lo definirá todo. El que podría llevarme a la Tierra. Cuando el maestro superior anuncia que el tiempo se ha agotado, miro a mi mejor amigo, Azmien, que se encuentra sentado en el escritorio individual que está a mi derecha. Lo veo riéndose con picardía, como si todo esto le pareciera absurdo y no hubiera hecho ni el menor esfuerzo en intentar sacar una buena puntuación en el examen. Al contrario de mí, él nunca ha estado interesado en la misión en la que cada cinco años un afortunado se gana el honor de visitar el planeta de los humanos. Creo que solo asiste a las clases porque le divierte enterarse de las cosas que ocurren (y han ocurrido) en ese planeta. Estallaba en risas cada vez que los maestros superiores nombraban alguna guerra que parecía no haber tenido sentido alguno. O gesticulaba con exageradas muecas de espanto y dolor cuando nos explicaban las plagas que habían acabado con gran parte de la población. Muchos asisten solo por el entrenamiento físico, porque tienen interés en formar parte de las fuerzas de seguridad y, al parecer, tienen más oportunidades de conseguir un 11
puesto mejor si han sido instruidos como aspirantes a Elegido. Es sabido que, además de adquirir conocimiento, el Elegido debe encontrarse en óptimo estado físico. Nunca se sabe qué cosas va a necesitar uno estando en otro planeta, rodeado de una especie que solo conocemos gracias a las clases explicativas a las que hemos asistido y a la información de los anteriores Elegidos, los que han viajado antes allí. También nos entrenan en supervivencia, cosa que es bastante difícil porque, a diferencia de nuestro planeta, la Tierra tiene una gran variedad de paisajes con condiciones particulares. Tenemos que aprender a sobrevivir en un desierto, en medio de la nieve a bajísimas temperaturas, en lo alto de una montaña casi sin aire, en una selva húmeda y calurosa y abarrotada de molestos insectos. Por suerte disponemos de las instalaciones virtuales que simulan dichos ambientes. Esa es mi parte favorita (y no precisamente que nos inyecten hambre y sed y nos suelten en medio de ese paisaje desértico para que tengamos que ingeniárnoslas para sobrevivir; incluso sabiendo que no moriremos de verdad, no podemos evitar sentir el dolor), encontrarme en medio de cualquiera de aquellos lugares. Verde. Blanco. Arena. Azul. Todos los colores son hermosos y están llenos de vida. Los sabios, los señores y los superiores Motrull no pierden la esperanza de que un día nuestro planeta sea así. Bien sabido es que todos los sabios se están ocupando de ello. Ninguno de los Creados jóvenes como yo hemos visto la superficie más que en fotografías, vídeos y hologramas. En las entrañas de Sirian hay un único paisaje: callejuelas de piedra con grandes y altos edificios que son iluminados por una falsa estrella durante doce horas, y sumidos en la oscuridad durante las restantes diez. Bueno, en el tercer nivel los hogares están construidos dentro de la roca, porque allí el suelo es más inestable. Pero el resto es igual, aunque los hogares puedan variar según los niveles. La temperatura siempre es la misma aquí abajo, y los días y las noches transcurren como parte de una rutina que nunca cambia. Solo los criminales logran salir al exterior, para trabajar en las pocas tierras fértiles que hay. Y también, por supuesto, un Elegido cada cinco años, que, además de salir al exterior, consigue pisar con sus propios pies la superficie de la Tierra. 12
Illian es la primera en levantarse para entregar su examen y, mientras lo hace, me mira con una sonrisa soberbia, provocadora. Puedo entender claramente lo que me está diciendo. «No hay forma de que seas Elegido antes que yo. No hay forma de que me ganes». Le devuelvo la sonrisa al ponerme de pie, dispuesto a entregar mis respuestas. «Yo no estaría tan confiada», le transmito con la mirada, antes de perderla de vista al desaparecer detrás de la puerta. Sin embargo, no creo que se haya ido. No del todo. Seguro que me está esperando por allí para decirme algo extremadamente poco amigable. Illian no solo desea ser el Elegido número quince, sino que tiene otra motivación extra: pasar a la historia como la primera Elegida mujer. Esta es la primera vez que han dejado a Creadas ser aspirantes. Según las explicaciones de nuestros sabios y nuestros señores, la Tierra es un lugar retrógrado, repleto de seres peligrosos más dispuestos a dañar a mujeres que a hombres (con excepción de las guerras, en las que mueren tantos que yo no puedo entenderlo ni en mis imaginaciones más alocadas). La Tierra no es un lugar seguro, en ninguna de sus regiones, para una mujer que esté sola. Por eso no han querido mandar a una Creada en los casi setenta y cinco años que han estado enviándonos. Pero al parecer las cosas están cambiando en ese planeta, y ahora los señores Motrull han decidido dejar inscribirse a Creadas en la competición para ser el Elegido. Bueno, la Elegida. De todas formas, algunos tienen sus dudas de que los sabios y los señores vayan a elegir a una Creada esta vez. Suponen que las han dejado inscribirse para que no protesten e, incluso, plantean que, si una de ellas saca la puntuación más alta, decidirán elegir a otro Creado. Al menos, eso le oí comentar a Illian, por lo bajo, en una fiesta. Pero eso todavía no se sabe. También hay regiones en las que no es muy seguro llevar a un Creado de determinado color de piel, según tengo entendido. La Tierra me parece un lugar maravilloso a veces, pero no llego a comprender a los humanos. Dicen que no son muy diferentes a nosotros los Creados en lo que respecta a lo físico. Nosotros somos más fuertes, veloces y resistentes, y vivimos más tiempo que ellos, unos veinte o treinta años más. También vemos y oímos mejor. No necesitamos cambiar eso cada vez que viajamos a la Tierra. Solo debemos alterar nuestro color de ojos pues no es habitual 13
tenerlos violetas, rojos, naranjas o amarillos allí. Los ojos humanos no brillan tanto como los nuestros tampoco. Los Motrull dicen habernos creado mezclando su sangre con la de los humanos. Y por eso somos los Creados. Seres que existimos gracias a los sabios, los señores y los superiores Motrull, nuestros padres y señores, corregidos por ellos, tanto en nuestros cuerpos como en nuestra cultura, para ser superiores a los humanos. Mejores. Para que no cometamos sus mismos errores. El último Elegido comentó al regresar que una nueva guerra había estallado en la Tierra, una que abarcaba varias naciones y territorios. Los sabios, los señores y los superiores Motrull no se lo tomaron con calma, pero tampoco se desesperaron. Se plantearon la posibilidad de no enviar a un Elegido este año, o de hacer una excepción y enviar a más de uno. Pero finalmente decidieron que no sería necesario ningún cambio en el esquema de siempre. Antaño, han muerto Elegidos a manos de humanos. Todos los que optamos por ser aspirantes a Elegido sabemos que existe esa posibilidad. Por más que nos informemos y nos entrenemos para poder luchar y protegernos, es posible que encontremos la muerte, pero vale la pena el riesgo porque es la única forma que tenemos de comprender lo que está ocurriendo en ese planeta. No basta con observarlos desde lejos, con las tecnologías que los Motrull disponen. Solo estando entre ellos podemos determinar sus pensamientos, sus sentimientos, sus intenciones. Ni los sabios ni los señores ni los superiores Motrull desean inmiscuirse en su historia. En otros tiempos lo hicieron, milenios atrás. Visitaron a antiguas civilizaciones humanas; las ayudaron a desarrollar su cultura y a construir edificaciones; tomaron su sangre para crearnos, y la sangre de algunas plantas y animales. Por eso tenemos cosas en común con los humanos también en lo que respecta a nociones básicas culturales, como la medición del tiempo, de la distancia, entre otras. Sin embargo, no desean volver a intervenir, pues creen que los humanos tienen derecho a escribir su propia historia, a decidir su propio destino. Solo debemos limitarnos a observarlos para aprender de ellos y para vigilar la posibilidad de que estos encuentren la forma de visitar otros planetas y, de esta manera, encontrarnos. Claro que eso no tiene forma de ocurrir ni en cien años terrestres. No obstante, eso no significa que debamos perderlos de vista y olvidarnos de 14
su existencia. Los sabios Motrull no creen que los humanos actuales estén listos para tratar con una especie superior como ellos. En la antigüedad lo estuvieron, y por eso ellos los ayudaron entonces. Pero no ahora. A diferencia de los míos, los humanos siguieron otro camino, uno repleto de sangre. Los humanos actuales son codiciosos y violentos, están llenos de odio, de envidia. Y probablemente, de revelar nuestra existencia, querrán apoderarse de los conocimientos y tecnologías Motrull, así como también asesinarnos a todos. Motrull y Creados incluidos. Por eso es mejor observarlos sin que ellos se den cuenta. Esa es la tarea del Elegido. Y solo los Creados podemos pasar desapercibidos entre ellos, por nuestro aspecto. Sería imposible para un Motrull no dar a conocer su identidad allí. La piel grisácea; los ojos completamente blancos (hasta la esclerótica); los dos metros veinte de altura el más bajo en edad adulta; las orejas alargadas; las manos con cuatro dedos cada una. Llevaría demasiado trabajo disfrazar a un Motrull para asemejarse a un humano. Y a pesar de los esfuerzos, sería casi imposible que este pasara desapercibido. A los Creados solo nos deben alterar los ojos, cosa fácil de lograr. A algunos también les dibujan algo que los humanos tienen en el rostro, algo que se llama «cejas», unas líneas de pelo que tienen arriba de los ojos. También sé que a otros les han colocado más vello facial, algo que se llama «barba». Pero nada de ello implica demasiada labor. Claro que un Creado con «cejas» y «barba» me parece algo graciosísimo. Me pregunto si, de ser Elegido, me las harán a mí. Y qué color de ojos opaco y aburrido me pondrán. Cada cinco años, un Creado viaja a una región diferente de la Tierra. Allí pasa un tiempo, mezclándose entre los humanos, hablando con ellos, aprendiendo de ellos. Los humanos de la actualidad tienen algo de tecnología como para que alguien pueda enterarse de lo que está ocurriendo en otras partes del planeta, por lo que no es necesario recorrer varias regiones, sino visitar aquella que tenga la tecnología necesaria y enterarse de lo más importante allí mismo. Después de creer que se tiene la información suficiente como para poner al tanto a los sabios, los señores y los superiores Motrull de la realidad actual de los humanos, el Elegido envía una señal y se lo va a buscar. De todos modos, el límite de tiempo para estar en la Tierra son seis meses terrestres. Una vez de 15
regreso en Sirian, pasa un mes siriano entero enseñando y detallando lo aprendido y observado, para que los sabios, los señores y los superiores Motrull lo analicen. Si es necesario, algún mes o alguna quincena más. Una vez que estos consideran que no hay nada más que aprender, se le da la libertad al Elegido para escoger el sector donde desea vivir, y se lo recompensa con raciones de por vida. Es decir, no deberá elegir una ocupación. Creen que el viaje es lo suficientemente arriesgado como para recompensárselo de esa manera (muchos se inscriben por esta razón más que porque les interesen los humanos o los paisajes terrestres). Algunos de los Elegidos deciden ayudar a los siguientes aspirantes al puesto y, por eso, toman la decisión de ser maestros superiores y pasar sus conocimientos. Pues, ¿quién mejor que alguien que ha viajado a la Tierra para enseñar a aquellos que se disponen a ir allí? El maestro superior encargado de supervisar el examen teórico final a mi camada de aspirantes es uno de esos que decidieron dedicarse a educar a los que desean viajar a la Tierra. Maral viajó al planeta de los humanos diez años atrás y, desde entonces, se ha encargado de dar las clases sobre historia de la Tierra en mi sector, a mi grupo de aspirantes. Cuando le entrego el examen, me pide si puedo aguardar unos instantes porque desea hablar conmigo. Azmien me mira con intriga, pero no le dedica mucho tiempo a pensar qué podría querer el maestro superior conmigo. Se encoge de hombros y abraza por la espalda a Reynen mientras le pregunta si tiene la casa disponible esta noche para organizar una pequeña «celebración» en honor a que finalizamos la parte teórica de las clases sobre la Tierra. Todavía nos quedan las pruebas prácticas, las finales, a las que solo podrán acceder aquellos con las quince mejores puntuaciones en la parte teórica. Azmien es mi mejor amigo desde que tengo memoria y siempre ha tenido la misma personalidad: es excéntrico, divertido, soberbio. Siempre se vuelve el centro de atención esté en donde esté. Nadie lo sigue precisamente como si se tratase de un líder, pero aquello ocurre más bien porque prefiere dejarle aquel trabajo, el de «liderar», a otros mientras, según sus propias palabras, él se aprovecha de los beneficios. Adjudicarle la «celebración» a otro y desligarse de la responsabilidad en tanto dedica la jornada a divertirse es uno de sus tantos talentos. Quizás habría congeniado con los humanos y habría conseguido encajar mejor con ellos, mejor que yo, pero nunca tuvo esa 16
intención. Por eso sé que no será uno de los quince mejores. Porque ni siquiera lo ha intentado. Claro que yo también asistiré a esa «celebración». Sería un desperdicio no beneficiarme de los talentos de mi amigo. Illian no parece tomárselo tan a la ligera como él. No sé en qué momento ha regresado al aula, pero ahora parece que la abandona de forma definitiva, no sin antes fulminarme con la mirada. También me doy cuenta de lo que está pensando sin necesidad de que me diga nada. Illian siempre ha sido incapaz de ocultar lo que piensa o siente. No está de acuerdo con los señores, los superiores y los sabios Motrull en muchas cosas, y apenas puede contener sus ideas subversivas cuando estamos en clase. Su mejor amiga, Keyla, consigue darle algún codazo cuando se percata de que está a punto de abrir la boca y hacerla callar antes del desastre. No sé qué ocurrirá cuando Keyla no esté allí para callarla. Si bien vivimos en paz y nos burlamos de la inferioridad de los bárbaros humanos, con sus modos salvajes de matarse y dañarse los unos a los otros, llevamos la vida que llevamos porque los superiores Motrull se aseguran de que sigamos sus órdenes y sus disposiciones. Tenemos poder para elegir a nuestros representantes, una vez cumplidos los veintiún años de edad, y estos después eligen por nosotros. Ellos se encargan de hacer llegar nuestras inquietudes a los señores Motrull, quienes después dan su respuesta. De esta forma conseguimos lo que necesitamos. Todo aquello que nuestros superiores y nuestro planeta pueda brindarnos. No sé qué sería de nosotros si tuviéramos que depender de nosotros mismos. Probablemente caeríamos en el caos que los humanos tanto conocen. Al fin de cuentas, tenemos la misma sangre. Sé que algunos creen que los señores, los sabios y los superiores Motrull podrían hacer más. Algunos como Illian. Pero yo no sé qué opino al respecto. Tengo un hogar, comida y la posibilidad de viajar a la Tierra. Tengo veinte años y, si no consigo ser el Elegido, podré comenzar mis estudios. Si me esfuerzo, quizá pueda formar parte de aquellos que ayudan a nuestros mineros, o quizá consiga ayudar a los sabios Motrull para que algún día podamos vivir en la superficie, aunque no sé cómo sería posible hacer eso. En mi familia siempre ha habido trabajo; mis hermanos mayores y yo siempre hemos tenido amigos, y ellos trabajan mientras yo estudio. No faltan los momentos de fiestas y diversiones. 17
Mi hermana ya está pensando en unirse a su amada. No me parece una mala vida. Sé que no es para todos igual, sobre todo en el tercer nivel. Pero creo que los Motrull hacen lo que pueden con lo que tienen, en un planeta con muy pocos recursos. Y no tenemos que olvidarnos de que, si no fuera por ellos, ni siquiera estaríamos aquí. —Cierra la puerta, Ehmed —le ordena el maestro superior Maral a uno de mis compañeros, el último que queda aquí (aparte de mí), un muchacho de cabello rizado y castaño al que le saco una cabeza en altura. Este asiente nervioso antes de cumplir su cometido y desaparecer detrás de la abertura de acero. Me quedo de pie, quieto, sin saber qué hacer. Maral tiene ahora treinta y un años, pero no parece mucho mayor que yo. Tiene el cabello corto y rubio, y los ojos violetas, un poco más claros que los míos. Su tez es tan clara que a veces parece que está enfermo. No me imagino cómo habría sido su rostro con «cejas», antes de que se las volvieran a quitar. Es bastante reservado, pero siempre está de buen humor y encuentra la forma de hacer que sus clases sean entretenidas. «¿Nunca te has dado cuenta de que no podemos hacer muchas preguntas?», recuerdo que me dijo Illian, en una de esas veces que nos íbamos del instituto caminando (vive bastante cerca de mi casa), y ella se encontraba de mal humor, refunfuñando sobre quién sabe qué. Recuerdo que le dije que no hacía falta hacer preguntas porque Maral siempre nos explicaba todo. A lo que me respondió que yo era un imbécil si pensaba que aquello era todo. A ver cómo de imbécil le voy a parecer cuando me convierta en el Elegido. —Pasa algo, maestro superior? —le pregunto con intriga. Por un momento siento miedo. No sé muy bien de qué. ¿Y si alguien me ha visto hablando con Illian y saben de algunos de sus pensamientos y creen que yo pienso igual? ¿Y si Maral cree que he copiado las respuestas de mis compañeros en el examen y me descalifica? ¿Y si ahora los Creados de tez dorada y cabellos morenos no son convenientes para la zona que el Elegido visitará este año y entonces quedo fuera de la competición? Sería fácil cambiarme el color del pelo, pero imposible cambiarme la piel. Una gota de sudor frío me recorre la espalda y siento repentinos deseos de arrancarme la piel del brazo, allí donde ya está creciendo el 18
sarpullido. Estoy esforzándome terriblemente en controlar mis deseos de rascarme el brazo cuando el maestro superior niega con la cabeza, y con un gesto me indica que tome asiento mientras él reposa la espalda en la pared grisácea. Tomo asiento donde me indica, frente a él, pero sin dejar de sentirme nervioso. La silla de acero está tan fría que me quema al tocarla, como si no me hubiera estado sentando en esas mismas sillas todos estos años. Desde que tengo memoria sueño con convertirme en el Elegido. Antes de comenzar con las clases sobre la Tierra ya había buscado por doquier la forma de hacerme con información sobre el planeta y me dormía imaginándome a qué región me enviarían, qué paisajes conocería, cómo se sentiría la nieve, la lluvia, el viento. Todavía lo hago. «Por favor, no me quitéis mi sueño», pienso. Después de todo, esta es mi única oportunidad. Una vez inscrito, el aspirante (que puede tener entre veinte y veinticuatro años de edad al momento de finalizar los dos años de estudios) no puede volver a hacerlo. Y aunque estuviera permitido, tampoco me daría la edad, ni a mí ni a ninguno de los actuales aspirantes. Por lo tanto, solo tendré esta oportunidad. Todos tenemos una sola oportunidad. —No pasó nada, alumno Midic. Solo quería compartir unas palabras contigo —me dice Maral, con una pequeña sonrisa. A juzgar por su mirada, parece preocupado, pero no puedo determinar por qué con solo verlo. —Claro —respondo, procurando que no me tiemble la voz. Comienzo a juguetear con los dedos de las manos. —Eres mi alumno con más… sensatez —me dice, y suspira profundamente. Después se pasa la mano por el corto cabello—. ¿Puedo contar contigo para que hables con aquellos que no son tan sensatos como tú? Abro los ojos todo lo que puedo. Estoy un poco (bastante) sorprendido por esa pregunta, así como confundido. No sé a lo que se refiere al llamarme «sensato». Tampoco sé qué pretende que hable con aquellos que según él no lo son. Tampoco sé por qué ha hablado tan rápido y bajo que apenas le he entendido. Nunca he tenido una conversación similar con Maral. Hasta este momento, se ha limitado a enseñarme sobre la Tierra en clase, y alguna que otra vez me lo he cruzado por la calle y hemos compartido saludos, pero eso es todo. Nunca he hablado de otra cosa con él. 19
—No entiendo… —comienzo a decirle, intentando no parecer un tonto. Al fin de cuentas, él evaluará mi examen. Él decidirá si yo me encuentro dentro de los quince mejores. No quiero hacer nada que le haga creer que no soy el indicado. Nada que pueda poner en peligro mi sueño. —Mira… —murmura mientras se acerca un poco a mí. Se queda de pie, reposando sobre el escritorio, frente a donde estoy sentado. Observa la puerta como si temiera que alguien pudiera estar allí fuera, escuchándonos, y apaga el Imax con el que se encarga de mostrarnos las imágenes y los vídeos recabados de la Tierra, así como las recomendaciones de los sabios Motrull—. Ahora no nos están escuchando, pero necesito que hables bajo y que tengas cuidado. Me fulmina con sus ojos violetas, y me siento incapaz de reaccionar. ¿Quién nos estaba escuchando mediante el Imax? ¿Hay alguien controlando sus clases? ¿Podría tener razón Illian, y Maral solo nos ha enseñado aquello que se le ha permitido porque está siendo vigilado? ¿Por quién? ¿Y tener cuidado con qué? Asiento con la cabeza, y entonces él cree que ahora puede seguir hablando. ¿Me habría ordenado apagar mi Imax de tener permitido traerlo a la institución? Tengo un millón de preguntas. ¿Me habrá hablado Illian tan abiertamente cuando regresábamos del instituto porque justamente no llevábamos los Imax encima? Siento que de repente hace mucho calor aquí dentro (lo que es imposible, pues siempre hace la misma temperatura) y que me cuesta respirar. Otra vez me pica el brazo. Me subo las mangas de la camisa azul, el color que utilizan todos los aspirantes a Elegido. Tengo la piel rojiza en una parte. Desearía poder arrojarme un cubo de agua fría en todo el cuerpo. —Sé que algunos de tus compañeros algunas veces… hablan de más —me comunica Maral, desviando la mirada hacia sus manos entrelazadas—. Hay algunos que saben que hay jóvenes que tienen ciertas ideas y hablan de más. No suele ser algo peligroso cuando todavía sois jóvenes, pero no será igual con los quince mejores. Una vez que los quince nombres sean publicados, deberéis tener más cuidado que nunca. Es por eso que confío en que puedas hacer entrar en razón a esos compañeros que suelen hablar de más. No tendré la posibilidad de decírselo yo a cada uno de ellos, de hecho, esta conversación ya se está alargando demasiado. No tengo mucho más tiempo. Eres mi alumno más sensato, y 20
confío en que puedas pasarles algo de tu sensatez a los demás. Necesitan tener cuidado con lo que dicen y dónde. Lo mejor sería que no dijeran nada que no se les requiriese. »Esto va más allá de las posibilidades de ser el Elegido. Esto tiene que ver con sobrev... Alguien golpea la puerta, y Maral se apresura a encender su Imax. Después me mira y, con una señal, me pide que guarde silencio. —¿Maestro superior? —pregunta una voz antes de abrir la puerta. Se trata de una Creada que supervisa las aulas educativas. Lo sé porque la he visto y oído en numerosas ocasiones. —Adelante, Sibith. El alumno Midic tenía una pregunta sobre la parte física de las pruebas, pero le he dicho que solo sus maestros superiores dedicados a dichas actividades pueden responderle. Además, todavía no es uno de los quince. Pero él parece muy confiado en que lo conseguirá. —Ah, Rowan Midic, sí. Un chico con mucho potencial, ya lo creo que sí. Te recomiendo que aguardes el resultado. Si logras estar entre los quince, ya te informarán todo sobre las pruebas físicas —dice la Creada supervisora, Sibith, con una gran sonrisa. Lleva el cabello azabache recogido en unas trenzas, y la frente está cubierta por un flequillo recto. Según tengo entendido (y he visto en algunas imágenes), algunos Motrull utilizan peinados así. Lo de Sibith parece ser su propio pelo, mientras que los Motrull utilizan pelucas, al menos, en su edad adulta. Son pocos los que conservan cabello pasada la adultez. Y los que poseen cabello lo tienen completamente blanco desde que son niños. Me pregunto si les agradará a ellos que los Creados les copien sus estilos. Pienso que quizá no seamos tan importantes para ellos como para preocuparse por eso, y siento la influencia de Illian corrompiéndome. Sacudo la cabeza, como si de esa forma pudiera hacer desaparecer esas ideas. Miro hacia todas direcciones, confuso. Tomo mis cosas y me encamino hacia donde está Sibith. El color que viste es blanco, aquel que utilizan los Creados que tienen poder en sus sitios de trabajo: los supervisores. Maral utiliza verde, que no es el color que los demás maestros superiores utilizan, sino el color de aquellos que fueron Elegidos y viajaron a la Tierra. El color que toda mi vida he querido vestir. Antes de acceder al pasillo, vuelvo a mirar a Maral, que hace como si nada hubiera ocurrido 21
y estuviera esperando que yo me marchase para poder conversar con Sibith en paz. Mientras recorro el pasillo grisáceo, vacío y silencioso porque no anda nadie por aquí, sin darme cuenta, comienzo a caminar tan rápido que, si subo una única velocidad, ya sería considerado correr. Me extraña que Illian no me esté esperando fuera de la institución educativa. Apenas nos conocimos en nuestro primer año de estudios generales, nos convertimos en rivales consistentes. Y una vez que ambos decidimos volvernos aspirantes a Elegido, la rivalidad no hizo más que aumentar. La he encontrado varias veces detrás de una puerta intentando oír lo que algún maestro superior me decía. Y hasta ha llegado a forcejear conmigo para que le contase qué había sacado en algún examen, porque yo no quería decírselo. Como todos los Creados, terminamos nuestros estudios generales hace dos años, pero nosotros continuamos dos años más porque queremos ser el Elegido. Los estudios son más difíciles y también los entrenamientos. Es muy difícil que alguien pueda trabajar y prepararse para ser Elegido al mismo tiempo. Por eso es habitual que solo aquellos que se lo pueden permitir, porque sus padres o algún pariente tienen raciones suficientes para cedérselas por dos años más a los que desean viajar a la Tierra, o ellos mismos han estado ahorrando raciones toda su vida, sean aspirantes. No obstante, cuando no hay candidatos sobresalientes por estos motivos (porque no cuentan con esas raciones de más), los señores Motrull otorgan la posibilidad a algunos, entregando raciones extra durante ese tiempo. Creo que en estos momentos hay dos en nuestro sector (en otro instituto), cuyas familias se dedican a la minería y solo cuentan con las raciones diarias, que están siendo mantenidos gracias a los señores Motrull. No servirá de nada pues yo les voy a ganar. Maral no me habría dicho todo aquello si no estuviera seguro de que voy a quedar entre los quince mejores. Así que solo tengo que esperar un poco más. Illian viene de una familia de Creados que han tenido las raciones mensuales durante varias generaciones. Su abuela era ingeniera constructora, participó en la construcción de importantes edificios, como el instituto al que hemos asistido estos últimos dos años. Su padre fue Elegido hace años y, por esa razón, se ha codeado con los Motrull en el pasado. Algunos dicen que buscará ocupar un asiento de representante en cualquier 22
momento. Por eso ella es mi mayor competencia: su crianza le ha dejado tiempo para estudiar y prepararse, al mismo tiempo que su propio padre fue Elegido, así que seguro que ha crecido oyendo sus historias sobre su viaje a la Tierra. Illian se mudó al segundo nivel, junto con sus padres, cuando comenzó sus estudios generales. Como los institutos de educación se encuentran en los segundos niveles, les pareció más conveniente establecerse aquí (al menos, mientras ella se encontrase estudiando), antes de que tener que viajar de nivel a nivel todos los días, como tienen que hacerlo todos los que viven en el tercer nivel. Supongo que, dentro de poco, como Illian no tiene hermanos y ya ha finalizado sus estudios, volverán todos a vivir en el primer nivel, donde su familia ha residido siempre. No es precisamente habitual encontrar a Motrull merodeando por las calles de nuestras ciudades, en el segundo nivel, pero creo que todos los de mi edad hemos visto al menos a cinco de ellos. Nunca he visto a ningún sabio, señor o superior Motrull. Pero sí a supervisores y a algunos integrantes de las fuerzas de seguridad que iban con la cara cubierta, por lo tanto, no sé si cuenta como realmente haberlos visto. Los Motrull supervisores utilizan ropajes extravagantes, de colores intensos, y a menudo los combinan con peinados elaborados con cabellos falsos. Suelen llevar joyas o decoraciones que generan un sinfín de ruidos mientras se mueven. Y los superiores, que hemos visto en vídeos, hologramas o fotografías, llevan tiaras o coronas y broches que distinguen su posición. Los sabios suelen usar ropajes grisáceos o azules, y no llevan muchos accesorios, como si siempre utilizaran ropas cómodas para llevar a cabo sus inventos y experimentos. Los señores suelen llevar una capa de color rojo intenso, con bordes dorados. Quién sabe por qué o para qué les sirve, probablemente para nada. Azmien sí me está esperando afuera, y a juzgar por la rapidez con la que me recibe, se encuentra ansioso. —¿Qué quería Maral? —Quiere saber mientras me pasa uno de los brazos por los hombros, y comenzamos a caminar en dirección a mi casa. Mi amigo no vive para este lado, pero es costumbre que pase más tiempo en mi casa que en la suya, así que no me parece extraño que venga conmigo. Reflexiono por un instante antes de hablar. Tengo que reconocer que, a pesar de la emoción por prácticamente haberme sido con23
firmado que estaré entre los quince mejores, me encuentro algo paranoico. ¿Es posible que Maral esté siendo espiado y controlado? Y en ese caso, ¿podrían estar controlándome también a mí? Pienso en mi Imax, descansando en mi casa, y analizo la situación. El maestro superior lo ha apagado antes de hablar. Eso significa que, si hay alguien espiándonos a través del aparato, probablemente debería apagar también el mío antes de hablar si deseo decir algo «indebido». No obstante, Maral pareció tener prisa por volverlo a encender, así que quizás haya un límite de tiempo para tenerlo desconectado. Es decir, que se pueden percatar de que ha sido apagado, y eso sería sospechoso porque… Pero ¿en qué estoy pensando? Nada sensato, como el maestro superior me pidió. A los Creados con raciones quincenales, como mi familia, nos entregan dos Imax, sin importar la cantidad de miembros que esta tenga (claro que nadie puede tener más de tres hijos). Nos sirven para hacer llamadas, para enviar mensajes, aunque estos tardan cerca de veinte minutos en llegar a su destino, así que, si se trata de una urgencia, se debe recurrir a la llamada, y también para sacar fotografías, grabar vídeos, escribir notas y jugar a juegos. Incluso podemos alumbrarnos en la oscuridad con ellos. Cuando vamos al instituto, escribimos en las tabletas que nos entregan allí y, al finalizar la clase, enviamos lo escrito a algún Imax de la familia, donde queda registrado. Sé que a los de raciones mensuales se les entregan hasta tres Imax, y a los de raciones diarias, solo uno por familia. Una vez que los hijos se van de la casa y trabajan, se los considera como su propia familia, y según su trabajo, tendrá un Imax o tendrá que esperar un tiempo a que se lo otorguen. Algo similar ocurre con las raciones. Quienes obtienen las raciones mensuales son los supervisores, los distribuidores (los que distribuyen los productos que vienen de la superficie), los sanadores, los ingenieros constructores, los representantes y otros que tienen ocupaciones con poder de decisión. Todas las raciones se reciben en los Imax y se cambian en los centros de canjeo. En el caso de los anteriores, por lo general optan por cuatro comidas diarias. Los de raciones quincenales (ayudantes, educadores, fuerzas de seguridad, empleados administrativos, reparadores), tres comidas diarias y 24
algunas otras cosas de vez en cuando. Y los de raciones diarias (mineros, limpieza, cuidado y servicios), dos comidas diarias. Con mi padre como ayudante de sanador, mi familia ha tenido siempre las raciones quincenales. Mi madre trabaja por las mañanas en tareas de limpieza. Como al gestarse la unión entre dos ocupaciones de raciones diferentes son los Motrull los que eligen qué raciones le corresponderán a toda la familia, siempre tuvimos las raciones quincenales todos, mis padres, mis hermanos y yo, por igual. Aunque ahora, como aspirante a Elegido sin una ocupación, yo utilizo las raciones que he ahorrado durante mi adolescencia, y también algunas que mis padres y abuelos me cedieron. De esta forma, puedo concentrarme en mis estudios sin tener que trabajar. También tengo permitido vivir con mis padres hasta que finalice los estudios como aspirante a Elegido, y también puedo utilizar uno de los Imax familiares, pues todavía no soy considerado como «mi propia familia». Uno lo suele utilizar mi padre cuando se va a su trabajo, y el otro más que nada lo utilizo yo. Las raciones pueden acumularse en vez de gastarse, y esto sirve para acceder, por ejemplo, a una vivienda propia. O para cuando se alcance la vejez y ya no se pueda trabajar. A los que ya no trabajan les corresponden raciones diarias a todos por igual, por eso aquellos con más raciones suelen ahorrar para cuando llegue ese momento. O para formarse en una ocupación de las que necesitan estudios previos, es decir, para poder estudiar. O para poder ser aspirante a Elegido, como es mi caso. En cada sector-nivel hay un instituto de ahorro, donde el que quiera puede ir dejando allí anotadas sus raciones, y los supervisores encargados llevan la cuenta. Alguien de raciones mensuales, por ejemplo, puede renunciar a cuatro comidas diarias y limitarse a dos por un tiempo, dejando las dos restantes en el instituto. Los señores Motrull determinan la cantidad de raciones que se necesitan para una vivienda. Los que más raciones acumuladas tengan más posibilidades tendrán de acceder a un hogar más grande y más cómodo. Incluso, si las viviendas disponibles se han agotado, pueden hacer los trámites para que se construya una nueva para ellos. Más difícil es para los que vienen de varias generaciones de raciones diarias. Se les dificulta mucho tener que renunciar a raciones, teniendo solo dos comidas al día y realizando labores que agotan más el cuerpo. 25
Por eso, por lo general terminan viviendo en casuchas dentro de la roca, en una sola habitación para toda la familia, en el tercer nivel. Tienen que trabajar dos horas extra para poder acceder a dichos hogares si no tienen raciones ahorradas. Y es común que los jóvenes abandonen los estudios generales a los dieciséis años, cuando ya pueden comenzar a trabajar en ocupaciones que no requieren finalizar los estudios generales, ni mucho menos más estudios (ocupaciones de raciones diarias), pues ya saben con anticipación que no tendrán las raciones necesarias para poder seguir estudiando. Si bien se requieren ciertos conocimientos básicos, como saber escribir, leer, hacer cuentas, entre otros, no es requerimiento finalizar los estudios generales para las ocupaciones de raciones diarias. Solo es requerimiento finalizarlos si se piensa continuar estudiando. Además, muchos están ansiosos por tener algo de privacidad, al tener que vivir en espacios tan reducidos junto a sus familiares. Así que a veces deciden comenzar a trabajar antes solo para poder tener un espacio para ellos solos. Es habitual también que los que tienen raciones diarias, al alcanzar la vejez, opten por solicitar la inyección para darle fin a sus vidas. Una pareja pasa junto a nosotros y nos saluda con una breve sonrisa. No creo que nadie pueda oírnos. Ni que, si llevan sus Imax encima, alguien pueda oírnos a través de ellos. Pero no sé muy bien qué comunicarle a mi amigo. No tengo todavía muy en claro qué pretendía Maral al decirme las cosas que me ha dicho. Me ha dado la sensación de que se refería más bien a Illian, al mencionar a «algunos que hablan de más». A Illian y quizás a Mathuss y a Indira. Al menos, son a los que más he oído hablar en contra de algunas de las leyes o costumbres de los Creados. Algunas veces, incluso, contra los Motrull. ¿Habrán manifestado sus comentarios más subversivos cuando nadie cercano llevaba su Imax encima? Sombras1. Quisiera poder recordarlo. Mi amigo no ha dicho nada al respecto porque nunca se toma nada en serio. Para él la vida es una interminable fiesta en la que no tiene sentido hacer un mundo de nada. Yo no comparto su filosofía, aunque tampoco creo que esté equivocado o siguiendo el camino incorrecto. Lo único que espero es que sus deseos de diversión no lo lleven a tener enfrentamientos con la ley, pues ciertamente no me agradaría perderlo. 1 «Sombras» es una expresión siriana que se utiliza para demostrar descontento, decepción o sorpresa.
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Los Creados que infringen la ley, los criminales, son enviados a los campos que se encuentran en una parte de la superficie. Son enviados allí porque se trata del trabajo más pesado para llevar a cabo, incluso más pesado que las minas. Una vez que sus cuerpos no resisten más el arduo trabajo, se los lleva al primer nivel del sector quinto, donde se encuentra la prisión. Allí pasan el resto de sus vidas, rodeados de fuerzas de seguridad, sin poder ver ni contactar a nadie del exterior. A fin de cuentas, son criminales. No hay que olvidarse de ello. No debe de ser nada fácil tener que alimentar un planeta entero, y teniendo tan pocos recursos. Supongo que podríamos tomar algunos de la Tierra, pero los superiores Motrull se niegan a hacerlo. Eso habla bien de nuestros padres y madres Creadores. Ellos nos crearon, nos educaron, nos dieron casas y comida y ocupaciones. Y podrían conquistar la Tierra, quitarles lo suyo a los humanos y terminar con los problemas que hay aquí, pero no lo hacen ni lo harán. Ellos no creen en la violencia. Los superiores Motrull son buenos, son pacíficos, son inteligentes. No sé qué más les podemos pedir. Mi amigo me sostiene la mirada con sus ojos amarillos, todavía aguardando mi respuesta. Miro alrededor para ver si alguien anda por aquí cerca. Solo veo otros a la lejanía. Algunos que pasan en bicicleta. Otros que tiran carretas ruidosas al pasar por la callejuela. No creo que la paranoia de Maral llegue hasta aquí. —Me dijo algo así como que los quince mejores puntuados serán vigilados de cerca. Y que… que les diga a los demás que tengan cuidado con lo que dicen. —Interesante —reflexiona mi amigo, frunciendo el ceño. No sé si realmente piensa eso. A pesar de todos estos años de amistad, algunas veces todavía no consigo descifrar si habla de verdad o se está burlando. Pero como él no estará entre los quince mejores, no me preocupo demasiado. En una ocasión mi amigo me dijo que no iba a esforzarse en conseguir una buena nota porque, por un lado, no le importaba y, por otro, era probable que no lo eligieran por su color de piel. Todavía no sabemos a qué región nos enviarán. Suponemos que nos enviarán a un sitio alejado de esa guerra que puede que todavía esté ocurriendo. Yo le dije que no tenía que pensar eso. Si bien en ciertos sitios se discrimina a los humanos parecidos a él, en otros la mayoría de la población se le parece y, en ese caso, los extraños serían los que tienen colores de piel 27
más claros, no él. Azmien se encogió de hombros y le restó importancia, pero una parte de mí cree que no se esforzó en sacar buena nota porque desde el principio vio todo el proceso como absurdo. Si nos dijeran en primer lugar a qué región iremos, podríamos entrenar en las simulaciones para los paisajes que recorreremos. Y decidir qué Creado sería mejor (si hombre o mujer, en esta ocasión), así como qué color de piel o qué habilidad particular. No obstante, nos hacen entrenar a todos por igual, estudiar acerca de todo el planeta, intentar sobrevivir en paisajes diversos y, al fin y al cabo, aunque tengamos la mejor puntuación, podríamos no ser Elegidos por nuestro cuerpo porque en esa región no es conveniente alguna característica que tengamos. Esas que no podemos alterar con la tecnología Motrull. En realidad, a pesar de nuestros esfuerzos y puntuaciones obtenidas en las pruebas, la decisión final la tienen nuestros Creadores. Pero personalmente creo que no desean bajarnos los ánimos antes de tiempo y, por ese motivo, nos dan las mismas posibilidades y el mismo entrenamiento a todos. De cualquier manera, no niego que mi amigo tenga razón en eso de que para algunos será solo una pérdida de tiempo porque desde el comienzo jamás iban a ser Elegidos y, además, no podrán volver a inscribirse otra vez. Eso es lo que más me preocupa: que mi cuerpo no sea conveniente para la región a la que se viajará este año, que mi cuerpo o mi condición de hombre no lo sea. Obtener la puntuación más alta y de todas formas no terminar siendo el Elegido. Cómo quisiera a veces tener la despreocupación que caracteriza a mi amigo, aunque es imposible decir cómo se siente de verdad. Quizá todo se trate de una actuación para esconder el dolor. Quizás en el fondo le importa más de lo que dice. Por eso, aunque nunca se tome nada en serio, tengo que comunicarle lo que sé, por si algún día se le ocurre hacerlo en el momento más inoportuno. Aunque, ¿qué es lo que sé? —El maestro superior ha apagado su Imax antes de hablarme. Me ha dicho «ahora no nos escuchan», y que tenía poco tiempo para hablar. Como si lo observaran todo el tiempo y tuviera que cuidar lo que dice —le cuento, mirando nuevamente hacia todas direcciones. Solo veo otros a la lejanía, y los que pasan por la callejuela van rápido y no nos prestan atención—. 28
Espera, no llevas tu Imax encima, ¿verdad? —me asusto. Creo que dejo de respirar por un momento pues no sería la primera vez que mi amigo rompe las reglas. Este niega con la cabeza mientras levanta sus brazos. —No, supervisor de seguridad. Regístreme si así lo desea —bromea. Suspiro aliviado. Quizás hoy justo se le había antojado llevarlo encima, a pesar de la prohibición, y en un segundo yo lo habría arruinado todo. Si esta es la sensatez que Maral me atribuyó… —¿Crees que es cierto? ¿Crees que lo están observando y que tiene que cuidar lo que dice o lo que nos enseña? No ha pasado ni un minuto que la supervisora ya estaba allí —consulto a mi amigo, en voz baja. Este vuelve a acercarse a mí. Es media cabeza más alto que yo, musculoso, lleva el cabello moreno corto. Yo he ganado algo de musculatura gracias al entrenamiento de los últimos años, pero de todas formas sigo siendo un Creado demasiado delgado para mi gusto. Sin duda preferiría tener el cuerpo de mi amigo antes que el mío. —Seguramente —se limita a responderme. Lo fulmino con la mirada, en búsqueda de alguna palabra más. Se encoge de hombros—. ¿Y qué esperabas? ¿O acaso crees que pueden controlarlo todo con las dos o tres visitas salteadas que los supervisores Motrull hacen? —Pero ¿qué hay para controlar? Tenemos a nuestros supervisores Creados que siguen las reglas de los Motrull, así como las fuerzas de seguridad que mantienen el orden. ¿Por qué tendrían que controlarnos? ¿Qué podríamos llegar a hacer? —Rebelarnos, claramente. —¿Y qué conseguiríamos con eso? Solo caos y violencia y muerte. Poco sentido tiene todo eso. Además, ¿rebelarnos para qué? ¿Qué haríamos después de eso? —pregunto llevándome las manos a los bolsillos. —Y por eso el maestro superior te ha elegido a ti para decirte lo que te ha dicho —me asegura Azmien con una sonrisa. Ante mi mirada de confusión, me vuelve a pasar uno de los brazos por los hombros y me obliga a seguir caminando—. Ay, basta de todas estas nimiedades. ¿Estás preparado para la fiesta de esta noche? Hice que Reynen echara a sus padres y que se encargara de intercambiar raciones acumuladas de comida y bebida. También me he encargado de que Laraos le transfiera unas raciones a los de seguridad de la zona para que no nos ocasionen problemas. Ninguna ración mía, por supuesto. 29
Le sigo el paso en silencio, sumido en mis propios pensamientos. Creo que mi amigo es más inteligente de lo que yo siempre he pensado. Creo que sabe más de lo que dice. Y que probablemente no me lo dice todo porque… porque… Porque soy demasiado sensato.
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