Voilà! LOS BISNIETOS DEL GATO CON BOTAS Anna Fité Ilustraciones de Laia Ferraté
Primera edición: abril de 2018 Diseño: Endoradisseny Edición: Olga Portella y Núria Albesa Dirección editorial: Iolanda Batallé Prats © 2018, Anna Fité, por el texto © 2018, Laia Ferraté, por las ilustraciones © 2018, la Galera, SAU Editorial, por esta edición en lengua castellana Casa Catedral ® Josep Pla, 95. 08019 Barcelona www.lagaleraeditorial.com lagalera@lagaleraeditorial.com facebook.com/editoriallagalera twitter.com/editorialgalera Impreso en Límpergraf Depósito legal: B-781-2018 ISBN: 978-84-246-6283-7 Impreso en la UE Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra queda rigurosamente prohibida y estará sometida a las sanciones establecidas por la ley. El editor faculta a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) para que pueda autorizar la fotocopia o el escaneado de algún fragmento a las personas que estén interesadas en ello.
ÎNDICE
Nervios a flor de pelo......................................... 9 El mensaje.......................................................... 19 Pieza de interés mundial................................... 29 Día 1. Las primeras visitas................................ 37 Un buen reclamo................................................ 45 Día 2. Un saco de nervios................................... 51 ¡Será la bomba!................................................... 63 Ratona................................................................. 75 ¿Una idea mejor?................................................ 85 ¡Empatadísimos!................................................ 99 La madriguera de Ratona.................................. 107 Un buen mordisco.............................................. 117 Día 3. La inauguración oficial........................... 125 Objetos expuestos en el Museo de Carabás...... 136
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ualquiera se habría maravillado al contemplar la hermosa explosión de colores en los prados que se extendían a su alrededor o el sol del atardecer centelleando en el riachuelo que bordeaba el camino por donde avanzaban. Pero en aquel momento ni Charles ni Guillaume tenían tiempo para observar florecitas, ni prados salpicados de primavera, ni vuelos de mariposas o vencejos… Su misión requería concentración máxima y, por ello, solo estaban pendientes de las indicaciones del Google Maps del móvil que Charles llevaba en la mano, y no se permitían ninguna distracción. Hasta que la voz metálica dijo: «En 1 minuto, ya habréis llegado». Entonces pararon en seco y se miraron, con emoción y complicidad. Respiraron profundamente, a la vez. Y, también a la vez, fueron girando lentamente la cabeza para contemplar, ahora sí, el paisa-
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VOILÀ!
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NERVIOS A FLOR DE PELO je espléndido que los rodeaba, con campos dorados y verdes, espolvoreados de amapolas y una gran variedad de flores silvestres. —Oh là là! ¡Qué bonito! —exclamó Charles, emocionado por tanta belleza. —Es tal cual lo describe babu… —afirmó Guillaume, boquiabierto. De pronto Charles señaló el río y lanzó un grito lleno de entusiasmo: —¡Voilà, Guillaume! Este debe ser el río donde babu hizo zambullir al hijo del molinero para que el rey lo auxiliara cuando pasara por aquí. Guillaume fijó la vista en el punto que indicaba Charles y dos segundos después descargó su mochila, rápido y excitado, y de ella sacó un cuento ilustrado que abrió enseguida y fue pasando páginas emocionado hasta que encontró el fragmento que buscaba. Puso el cuento a la altura de sus ojos y los dos compararon el dibujo con el paisaje. —¡Fue aquí! ¡Segurísimo! —asintió Guillaume, totalmente convencido. —¡Es idéntico! —confirmó Charles, fascinado. —¡Ouf, Charles, mira! —gritó de nuevo Guillaume, mientras su dedo índice señalaba un campo de forraje al otro lado del camino—. Seguro que este es el prado donde babu vio a los segadores y les ordenó…
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VOILÀ! —«Buenas gentes que segáis, si no decís al rey que todos estos campos pertenecen al señor marqués de Carabás, os haré picadillo como carne de pudin» —dijeron los dos a la vez, de carrerilla, porque se sabían el párrafo de memoria al haberlo recitado tantas veces. —¡Qué astuto fue babu! —exclamó Charles, con un maullido de admiración. Guillaume se cargó de nuevo la mochila a la espalda y reanudaron la ruta, con los nervios a flor de pelo. El sol ya se escondía tras las montañas, pero aún dejaba que su luz se reflejara en los cuadrados gigantes sembrados de avena y cebada… Y también que se filtrara entre las ramas de los saúcos y los matojos de juncos puestos en fila a cada lado del camino. Deslumbrados con el espectáculo que les ofrecía la puesta de sol, andaban cada vez más deprisa hasta que terminaron corriendo, ya que tenían muchas ganas de llegar a su destino para averiguar qué se traía entre manos babu esta vez, y también para saber por qué les hacía ir hasta allí con tanto misterio. —¡Seguro que será genial, porque somos sus bisnietos preferidos! —dijo Charles, leyendo el pensamiento de su hermano gemelo. —¡Sí! Dice que le recordamos cuando era joven,
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NERVIOS A FLOR DE PELO ¡porque somos tan astutos e ingeniosos como él! ¡Y tiene razón! —dijo Guillaume, orgulloso de esta herencia. Google Maps les indicaba que ya habían llegado, pero frente a ellos no veían nada que les llamara la atención especialmente y, además, había una curva que no les dejaba divisar más allá. Pero, al superarla, apareció ante ellos, majestuoso y fascinante: —Voilà! ¡El famoso castillo del marqués de Carabás! —¡Por fin sabremos qué regalo sorpresa nos ha preparado babu para nuestro cumpleaños!
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