Contenido
Fuga # 1. El cateo
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Fuga # 2. La mirada de Jim Crow
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Fuga # 3. El hedor del paté
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Fuga # 4. Quiero ser tu puta
66
Fuga # 5. La gota
79
Fuga # 6. La barba de las cinco de la tarde
92
Fuga # 7. Catéter (La reina de Troya no es reina ya)
108
Fuga # 8. Acusaciones repugnantes
120
Fuga # 9. Lino judío fino
137
Fuga # 10. La estética de la terapia de choque
152
Fuga # 11. Espiar los desechos
174
Agradecimientos 195
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fuga # 1
El cateo
1
Recientemente, en la ciudad de Nueva York, un hombre bajo arresto fue desnudado y registrado —el procedimiento de rutina— en la isla Rikers. El acusado relató: “Me metieron en una jaula y me dijeron que me quitara la ropa”. Se le ordenó —de acuerdo con el New York Times— “ponerse en cuclillas y abrir las nalgas”. El acusado, que había sido arrestado por posesión de marihuana, describió el procedimiento de cateo como “horripilante”: “Siendo un hombre responsable, fui humillado”. 2
Humillar significa “hacer humilde”. ¿Hacerse humano? Humano y humillación no comparten su raíz etimológica, pero incluso en latín las dos palabras —humano y humillación— comparten sugestivamente el prefijo. 3
Miro con insistencia los videos de Liza Minnelli en YouTube. Quiero ver su humillación. Quiero verla sobrevivir a su horrible experiencia y convertirla en gloria. ] 11 [
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Ser humillado es una experiencia, me temo, que no deseas —a menos que seas masoquista. Entonces tu humillación no es terrible. Es un placer. La humillación, si ocurre durante la evasión masoquista, se vuelve gozo o elevación —todas las disonancias emocionales se resuelven. 5
Una leyenda repetida con frecuencia: la escritora Colette era encerrada en su habitación por su esposo, Willy, de modo que se viera forzada a producir sus novelas de Claudine. ¿Necesito humillarme yo mismo para escribir este libro? 6
El padre de Michael Jackson lo golpeaba; la mgm proporcionaba “estimulantes” a Judy Garland. El intérprete debe ser forzado o violentado para que cante. “Beat it” y “Over the Rainbow” revierten la humillación o la prolongan. 7
Los cantantes producen cantantes, una saga intergeneracional de angustia. Liza (a ojos de un público hambriento de oprobio) era humillada por su imposibilidad para alcanzar la cúspide de su madre, o por la imposibilidad de remontar su propia cúspide. Los triunfos previos se erigen para humillar al yo presente. 8
Para demostrar que la humillación existe, no necesitamos escuchar a los testigos. Todo el mundo ha sido humillado, aunque la natu] 12 [
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raleza de la experiencia en cada persona sea diferente; al igual que las desdichadas familias de Tolstói, cada uno es infeliz a su modo. 9
Imaginen una sociedad en que la humillación sea esencial, como rito de paso, como un pasaporte a la decencia y la civilización, como un desprendimiento necesario de la arrogancia. 10
Tomo la humillación de cualquier escritor como algo personal. “No quiero que los poetas sean humillados”, escribe la poeta Ruth Padel, en torno a la campaña de desprestigio contra su rival Derek Walcott, acusado de hostigamiento sexual. Pero entonces la prensa reveló que ella había contribuido a difundir tales calumnias sobre Walcott, y ella, a su vez, cayó en desgracia. Al volver a relatar esta historia, me estremezco: me estoy contaminando por las noticias que propago. 11
De acuerdo con la feminista Mary Daly (citada por Adrienne Rich en su libro Of Woman Born), “muchos ven el aborto como un procedimiento humillante”. Muchos podrían ver la inseminación como un procedimiento humillante. Muchos podrían ver la muerte como un proceso humillante. Muchos podrían ver la alfabetización como un proceso humillante. 12
Me aproximo a este vasto tema desde un ángulo limitado: el ángulo de la fatiga. Estoy cansado, como cualquier ser humano lo ] 13 [
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estaría, tras una vida dedicada a evitar la humillación y, aun así, parado cerca de su llama, disfrutando las chispas, el calor, la paradójica iluminación. 13
No solo porque estoy cansado, sino porque este tema, la humillación, es monstruoso, y porque erosiona la voz que intenta poner sitio a sus complejidades, voy a resignarme, en las fugas que siguen, a exponer una serie abierta de paradojas y yuxtaposiciones (yo le llamo a estos paseos “fugas”, no solo porque intento que la licencia retórica que propongo sea un emplazamiento a la polifonía, sino porque un “estado de fuga” es una condición mentalmente desequilibrada de disociación respecto a la propia identidad). Algunas de mis yuxtaposiciones de fuga son literales y lógicas, mientras que otras son figurativas, con el solo objetivo de señalar la presencia de corrientes subterráneas, simpatías y resonancias compartidas entre experiencias esencialmente distintas. Si fuera posible hallar alguna recompensa en este ejercicio de yuxtaponer contrarios con el fin de revelar destellos ocasionales de semejanza, la ganancia se encuentra en la captura de una singular presa: la detección de una bestia gimiente dentro de cada uno de nosotros, una bestia que apenas emite lamentos, demasiado débiles para notarlos habitualmente. 14
Cuando veo a una figura pública humillada, siento empatía. Imagino: ese mártir podría ser yo. Incluso si el personaje público provocó algún mal, me identifico. Aunque Michael Jackson durmiera con niños. Aunque Roman Polanski haya violado a una niña de ] 14 [
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trece años. Cuando veo a una celebridad llevada a juicio, aunque solo sea al juicio de los medios de comunicación, especialmente si el delito es sexual, me siento sobrecogido por el horror y la fascinación, por la piedad, por el terror: una vez más, como si en la Acrópolis o el Coliseo romano contemplara el dramático inicio de una escena familiar, una revelación, una cornada, una mancha, el despojo de un privilegio. 15
Al hablar, estoy en pantalla —una exhibición pornográfica. Soy el desnudo desplegable, las piernas abiertas. Si alguien ve mi desnudez en internet, seré humillado, y cualquiera que rastreando en internet la encuentre será humillado en mi nombre. 16
Cuando encontré la foto de un alumno desnudo en internet, y cuando me masturbé con esa foto (podría estar inventando este hecho), me consternó que pudiese haberlo humillado. O quizás estoy humillando a ese alumno al contar esta historia, ahora. Con el fin de que no me quieran procesar por mis fantasías, me gustaría que sepan que el estudiante estaba al final de sus veintes y que anunciaba sus servicios sexuales. En la foto, sonreía con algo que semejaba una genuina alegría. 17
Después de una pelea, un muchacho de dieciocho años que vive en Florida envió una fotografía de su novia desnuda, menor de edad (ella tiene dieciséis años), a “docenas de personas, incluyendo a sus padres”, según el New York Times, en cuyas páginas ojeo ] 15 [
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su humillación. Al recortar la noticia, me convierto en una parte culpable. 18
La sexualidad, en cualquiera de sus formas y posiciones, es potencialmente humillante. Cuando menos eso pensaba la reconocida feminista Margaret Fuller. Elizabeth Hardwick, quien escribió con elocuencia acerca de las mujeres seducidas, cita un pasaje revelador: cuando el novio o esposo de Fuller la obligó a tener relaciones sexuales, ella experimentó “lo que era la totalmente digna a la vez que humillante sensación de ser mujer”. Y en los términos del ahora canónico libro de Harriet Jacobs Incidents in the Life of a Slave Girl, Written by Herself,* la autora se reserva la palabra humillación para los ejemplos de degradación sexual. Al hecho de ser esclavizado, ella no lo refiere como humillante. Lo que es humillante es el órgano sexual en sí mismo, sus olores y protuberancias, sus pulsaciones y emisiones. La filósofa Julia Kristeva utiliza la palabra abyecto para describir este fétido y húmedo proceso centrado en los órganos. 19
El marqués de Sade acumula humillaciones, y me propongo hacer lo mismo. El placer que obtenemos algunos de nosotros al ver la televisión o aparecer en la televisión, o el placer que algunos de nosotros obtenemos de la pornografía, o el placer que algunos de nosotros obtenemos de los repugnantes delincuentes sexuales * Existe edición en castellano: Incidentes en la vida de una mujer (traducción de Manuela Matas Llorente), Universidad de León, España, 1997 (N. del t.). ] 16 [
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(o llamemos a esto una emoción más compleja que el placer), o el placer que algunos de nosotros obtenemos de espectáculos de todo tipo está conectado a lo que sucede en la sala de tortura. 20
Las fotos de Abu Ghraib actualizan la tortura. Una reservista del ejército de Estados Unidos de América —Lynndie England, acompañada por sus lascivos compañeros— quería ser vista humillar a otros. Posó junto a una pirámide de prisioneros iraquíes desnudos; al humillarlos, ella misma se convirtió en una persona internacionalmente denigrada. Su pose —su aparente alegría— parecía personificar el carácter deportivo del estilo estadunidense de humillación: somos alegres exterminadores (cada vez que vuelvo a hablar de tortura, me asalta una sensación de depresión por no ser capaz de sondear toda la profundidad de este lúgubre tema). 21
¿Por qué la gente quiere aparecer en los reality shows de la televisión en disfraces y situaciones humillantes? (Mostrando la grasa corporal. Cantando espantosamente. Tartamudeando.) Uno podría pensar que querrían ocultar su humillación en lugar de exhibirla. La pantalla, evidentemente, se considera curativa —libera la presión, clausura el trauma. La palabra psicoanalítica abreactiva describe lo que logramos al someternos o no a la humillación guardándola en secreto. Abreacción, según mi leal Diccionario Oxford, es “la expresión y consecuente liberación de una emoción reprimida anteriormente, lograda por medio de revivir la experiencia que la causó”. Escribir es abreactivo —me libero del sentimiento de humillación, recreándolo. ] 17 [
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Para evitar la humillación, que es el resultado temido e inevitable de la mayor parte de la escritura, en especial si se está consciente de que se está escribiendo, necesito hablar desde una postura de sabiduría, omnisciencia, autoridad. No puedo simplemente acumular los ejemplos sórdidos, desnudos. El dominio se adquiere estableciendo una discusión. Aquí están sus elementos expuestos. 23
La humillación implica un triángulo: (1) la víctima, (2) el abusador y (3) el testigo. La persona humillada también puede contemplar su propia degradación o imaginarse a alguien más, en el futuro, mirando o escuchando al respecto. La escena de horror —su energía, su electricidad— involucra la presencia de tres. Un vals infernal. 24
La humillación, un régimen en desorden, implica una inversión: de la cúspide a la base, de arriba hacia abajo, de lo exaltado a lo degradado, de lo seguro a lo inseguro. La subversión se produce rápidamente. Alguien tiene que estar allí para ver qué sucede y llevar la noticia a otros lugares. 25
La humillación implica procesos físicos: líquidos, sólidos, órganos, cavidades, orificios, efusiones, ingestiones, secreciones, derrames. La humillación exige suciedad. Incluso si la prueba es solamente mental, el propio cuerpo es arrastrado al desastre.
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La humillación implica el trío clásico de marcadores sociales: género, raza, clase. La humillación depende de qué pareces, a qué suenas, cuánto dinero ganas, cómo caminas, cómo hueles, dónde colocas tu basura. La humillación nos golpea en lo más hondo, en la confusión, determinando inexorablemente categorías de negritud, blancura, masculinidad, feminidad, intermediaciones. Si quedamos varados en el limbo, en la transición, esa ubicación sin hogar también es humillante. 27
La humillación tiene sus recompensas. Entre ellas: el privilegio de ser visto como alguien ejemplar. El placer de ser un espectáculo. Adquirir visibilidad, volverse comprensible. 28
Otra recompensa: la identificación con los oprimidos. Si me humillan, entro en una nueva comunidad, una hermandad —a lo largo de la historia— de los enfermos y los marginados. Jesús, que una vez fue judío, es más que un pequeño actor de este drama sangriento. 29
La persona que realiza la humillación —agresor, tirano, pandillero, monolito, soldado, sacerdote, poeta— es humillada por el acto (incluso Jesús sabía cómo hacerlo: le dijo a María, madre de Dios: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo?”). Y así, el humillador (el instigador) se mancilla, reflexivamente, por el acto —aunque sólo a ojos de la víctima y del testigo.
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La humillación viene con su propio proscenio —un foso preparado para la orquesta, cortinas, público, luces, boleto reservado; la humillación abarca todo un dispositivo teatral—, aunque sólo en la mente de los inmundos participantes (tirano, víctima, testigo). O en la mente de Dios. Dios, asumimos, observa cada humillación; Él no puede haber creado o aprobado la humillación, pero la mira suceder. La humillación es un marco para dar sentido a la realidad. A dicho marco podríamos llamarlo una “óptica” —una manera de ver. 31
La humillación es externa, aunque se registra internamente. La vergüenza, por otra parte, puede surgir simplemente en el fuero interno, sin ninguna referencia a las circunstancias externas. La humillación, creo, debe surgir (aunque sólo sea en la imaginación) desde fuera. La humillación es una visible degradación del estatus y la posición. Uno puede ser humillado sin ser avergonzado, o incluso sin ponerse triste. La humillación se refiere no sólo a eventos internos, sino que repercute en el clima externo, el contexto, el escenario. Podemos decir que una habitación está fría, pero eso no necesariamente significa que la gente dentro de la habitación sienta frío. 32
Desde algunos puntos de vista, la feminidad es una condición humillada. O bien, la “feminidad” es algo que puede ser arruinado, imputado, mermado —una facultad o cualidad vulnerable a la mácula y el desprestigio y las cicatrices. Análogamente, la ] 20 [
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“masculinidad” es una propiedad cuestionable, y por mucho que las mujeres también la posean, es algo que puede ser visto como humillante (es humillante tener un pene, es humillante carecer de una matriz) o como algo que puede ser despojado mediante la humillación (un hombre que es humillado tiene menos pene del que poseía antes de que la humillación ocurriera). En términos freudianos, la humillación es una castración. Una golosina se esfumó, ha sido robada —y lo que queda del “yo” es una parodia. 33
La humillación es un proceso de evacuación o agotamiento. La palabra griega ascesis noblemente denota esta expulsión, esta fragmentación y desaparición. Supuestamente, la energía (el alias de la materia) no puede ser destruida. Pero la humillación representa la destrucción de la materia. Algo una vez presente —intacto, sólido— se convierte en ruinas. Humillado, uno crece cada vez menos. Yo sucumbiré a una dieta de hambre. O bien, para obtener lo mejor de ella, me convierto en un artista del hambre. 34
La humillación, sin embargo, es también un proceso de acrecentamiento, de acumulación. Los incidentes de humillación se suman, uno se vuelve más y más humillado. La humillación es un crecimiento, un florecer. Es apilar la podredumbre. Montones de ella. 35
O bien (como una combinación de los dos anteriores principios) uno está carcomido por la humillación, y crece cada vez más espectralmente —y aun dentro de uno mismo— un núcleo duro, una ] 21 [
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pepita, un trozo de mineral, un depósito (como el sarro en los dientes) que se asienta. Esa pepita es una humillación: la partícula, el residuo. 36
“Un grupo de maleantes en un mitin del Tea Party”, según el columnista del New York Times Bob Herbert, en quien confío para informar la triste verdad de esta nación, “se mofó y humilló a un hombre que estaba sentado en el suelo con un cartel indicando que padecía el mal de Parkinson”. Una enfermedad degenerativa que destroza el cuerpo humano y lo convierte en una estación para que orinen los perros, o los nazis, o los verdugos, o los consumidores. 37
La humillación sólo sucede en relación. Es un proceso transitivo, interpersonal. Uno solamente es humillado en la mente de otras personas, en el entendimiento de otras personas. 38
La fisiología de la humillación es, al menos metafóricamente, ácida, está relacionada con la bilis, la convulsión, la turbiedad, la secreción. Para tener la banda sonora de la humillación, imagina un estómago revuelto. Arcadas. 39
¿Existe más humillación hoy en día? ¿Está en aumento? Aunque la humillación, como característica cultural, podría haber cambiado, al menos en los últimos tiempos, no me atrevo a formular ] 22 [
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argumentos históricos o detectar una tendencia. Es más seguro suponer que la humillación es una constante histórica, su núcleo siempre es el mismo, la experiencia primigenia es inmutable, miserablemente unitaria. 40
Por lo tanto, no puedo decir: “En estos días, con los reality shows y la serie de fotos de Abu Ghraib y de los prisioneros en Guantánamo, hay más humillación”. Falso. La Edad Media, o Estados Unidos antes de su independencia, reconozco, rebosaban humillación. Para sostener este punto no podría convocar a dos testigos muertos, cuyos tormentos registrados me dieron prontos indicios sobre la horrible magnitud de este tema: Juana de Arco y Tituba, del pueblo de Salem. 41
Sobre este hecho inmemorial de la vida social y psicológica, simplemente admito: los colores de la humillación son el modo en que veo el mundo. Más aún, los colores de la humillación son la forma en que las personas propensas a la humillación ven el mundo. La humillación es un par de anteojos salpicados con suciedad. ¿Podemos inventar una palabra (radar-de-humillación, humidar) para describir esta tendencia, esta susceptibilidad para detectar la humillación de los otros, o temer la propia humillación futura, o de ensayar (en la memoria y la imaginación) degradaciones pasadas? 42
¿Y debemos exigir que una economía de la transposición y la trascendencia convierta la humillación en un bien, un placer, una ] 23 [
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ganancia, algo positivo? ¿Debemos insistir en transmutar la humillación? 43
Pero ¿no existen ciertas circunstancias donde la humillación no sólo es horror, sino una ruta, un pasaje hacia algo más, algo tranquilizante? 44
Teorema: las secuelas de la humillación pueden ser, paradójicamente, relajantes. Es tranquilizante haber sufrido una humillación y luego emerger por el otro lado. Y así la humillación conduce al cese de la humillación. Y este alto, esta disminución del terror, se experimenta como placer. “Después de un gran dolor, llega una sensación de solemnidad”, escribió Emily Dickinson —palabras que han ofrecido consuelo a numerosos enfermos. Mi madre me las recitaba por teléfono desde el hospital donde se recuperaba de una embolia. La sensación de solemnidad —cesar, hacer una pausa, un interregno, un alto al fuego— es el pago de compensación por las horas en la picota. 45
Un hecho divertido: cuando busco en Google “humillación”, el quinto sitio más solicitado en la lista es una página de internet llamada www.tinypenishumiliation.net, un conveniente sitio “diseñado para hombres y mujeres que se dedican a la humillación de los penes pequeños”. Evidentemente ahí prospera una subcultura de hombres y mujeres que encuentran en la “humillación de los penes pequeños” una satisfacción, un estimulante deporte —o una actividad para hacer proselitismo. ] 24 [
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En su novela de 1909 Jacob von Gunten, el escritor suizo Robert Walser (que se especializó en las miniaturas literarias) describió “la bendición de ser pequeño”. Se refiere no a la dicha de tener un pene pequeño, sino a la dicha de ser menor de edad, descalificado, olvidado, ignorado —la dicha de ser oprimido. Tienes que ser un conocedor de las bendiciones ocultas para soportar la opresión con ecuanimidad. 47
La humillación es una bendición si la experiencia de amplitud o magnitud se ha convertido en abrumadora y desagradable y necesitas ayuda. Cuando la grandeza hiere, la humillación (o descenso) vale como remedio. Para el quejumbroso rey Lear de Shakespeare, la humillación proporciona el placer adicional de ser exiliado. En el páramo, después de que sus venenosas hijas lo han echado de sus castillos, por fin, tras la terrible experiencia de su reinado, él puede gozar del bálsamo de vagar con sus delirantes compañeros de tormenta. ¡Dicha, ser despojado del poder! (¿Dicha? Tal vez no. Pero cuando menos Lear se relaja y redescubre el lenguaje, y redefine el significado de la soberanía interior.) 48
La humillación puede provocar activismo, levantamiento. Las personas a las que Frantz Fanon llamó “los condenados de la Tierra” pueden replantear la degradación como preludio a (o catalizador para) la revolución. El fundamento de Rosa Parks: los años de humillación conducen a la revuelta de la época. Revuelta, sin embargo, que no siempre es silenciosa. Elijo el martirio homicida como ] 25 [
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respuesta a la humillación histórica y me convierto en un terrorista suicida. 49
La humillación —como experiencia— semeja un doblez. En la novela de José Saramago El Evangelio según Jesucristo se lee: “El espíritu, humillándose, se recogió en sí mismo como una túnica doblada tres veces”. (¿Por qué tres veces? Tres parece ser el número mágico, cuando la humillación o la santidad están involucradas.) El alma que se humilla a sí misma sufre una contorsión interior. O quizás alguna poderosa emoción que se asemeja a un pliegue, una duplicación en movimiento del tejido psíquico y de la superficie, cuando la marcha del yo hacia delante hace un alto. Imagínense doblar una servilleta, o doblar un trozo de pasta para hacer una bola de masa. Ignoro por qué estoy convencido de que la humillación es como un doblez; pero no puedo quitarme esta convicción. Al ejecutar la acción de doblar, los reinos exterior e interior cambian de lugar. Piensen en un acusado en un juicio, mirando su ropa interior presentada como evidencia por el fiscal. Un objeto que debe ser privado y no se ve, súbitamente está a la vista. Un accesorio aparece en el lugar equivocado. Mi experiencia de lo no visible ha sido expuesta por la fuerza —hacia fuera. El juez escucha mis secretos. Mi putrefacción interior yace expuesta. Mi piel ha sido volteada. Este pliegue (el yo es convertido en una costura) es una estructura de repulsión. 50
La humillación es una experiencia educativa, una identidad racial. En el libro de Charlotte Brontë Jane Eyre (una novela que me ] 26 [
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enseñó, cuando la leí por primera vez en el séptimo grado, a comprender que la humillación fortifica el carácter), la identidad de la protagonista se forma a partir de su temprana experiencia de estar encerrada como castigo en una habitación roja. ¿Su delito? Leer un libro que no le pertenecía. La identidad de Jane como paria indigna de ser amada evoluciona en respuesta a esta primera humillación: yo infiero que, en general, la identidad germina en el suelo de la humillación. (¿Por qué estoy convencido de que esto es verdad? ¿Sé lo que significa “identidad”? Una estructura mixta que consiste, supongo, en ese coro inaudible y desconcertante de las fantasías interiores y los recuerdos que construyen el ilusorio significado del ego.) La humillación no es más que el sótano de la personalidad o una pila de escoria en una escalera descendente. La humillación es el evento primigenio que allana el camino para que el “yo” revele su existencia. 51
Supongo que como individuos morales debemos trabajar para minimizar la humillación, no infligirla. Hay que practicar una ética de la abstención. Elijo: me abstengo de humillar a otros deliberadamente. Cuando me encuentre involucrado en esta abominable práctica, inmediatamente desistiré e intentaré revertir el proceso, resarcir el crimen. Sin embargo, ¿es posible un mundo sin humillación? Resulta descorazonador escribir sobre esta horrenda situación. En torno a este tema no puedo poetizar. 52
El empleo es humillante. ¿Quién no ha oído —o relatado— alguna historia de humillación en su lugar de trabajo? Mi jefe es un ] 27 [
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monstruo. Mis empleados me llaman gordo a mis espaldas: he leído sus correos electrónicos. En el programa de televisión La oficina, el sarcástico jefe humilla alegremente a su personal y el programa es un éxito, porque cualquier persona que trabaja reinterpreta las diarias humillaciones —esa ampolla purulenta que se desarrolla en el interior de la burocracia— como farsa, una forma de teatro que, como catalizador político, puede llegar a ser más eficaz que el melodrama. 53
La escritura es un proceso para sacar mi yo hacia fuera: una regurgitación. Yo exteriorizo mi frágil revestimiento interior. Me purgo. Y luego examino el contenido —mi interior expelido— y comienza el sangriento interrogatorio. Me pregunto si está sucio o limpio, si es valioso o deplorable. 54
¿Ser una prostituta es humillante? (no siempre, quisiera creer). En una entrevista televisiva, la acompañante de pago de Eliot Spitzer se vio forzada a describirse como “prostituta”, aunque ella prefería ser llamada “acompañante”. La persona que la instó a llamarse prostituta fue Diane Sawyer, quien, como todo buen presentador de televisión, despliega sangre fría, simpatía y sadismo. Algunos de nosotros nos especializamos en frecuentar comportamientos inmundos; como Diane Sawyer o Barbara Walters o Larry King, o cualquiera de mis compañeros de los medios de comunicación, disparamos sonriendo preguntas a las heridas abiertas de los invitados. El instrumento de la humillación —o cuando menos su envoltura— es la simpatía. ] 28 [