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TORO SEMANA SANTA 2026

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TORO COFRADE Nº 20

SEMANA SANTA 2026

Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional

SUMARIO TORO COFRADE 2026

Créditos

Dirección y coordinación

Marisol Cámara Ruiz y Carmen Toro.

Fotografía portada

Marisol Cámara.

Fotografía contraportada Daniel Cámara.

Resto fotografías

Obispado de Zamora, Cofradías de Toro, Cristofer Feo Pallín, Fermín Pérez Valero, Octavio Revuelta, Mario González García, José Manuel de la Fuente, José Navarro Talegón, Ana María de la Iglesia Rivas, Rocío Gato, Antonio Fortuoso

Juan Carlos Vergel, Marcos Vergel, Isidro Vergel, Carmen Toro y Marisol Cámara.

CONTEMPLEMOS VIVAMENTE

EL MISTERIO DE LA PASIÓN Y RESURRECCIÓN DE NTRO.

SR.JESUCRISTO

Con estas letras, deseo saludar a la Junta Pro-Semana Santa de Toro, a todas las cofradías y hermandades, a todos los que hacéis posible que la Semana Santa en Toro sea una manifestación de fe viva, alegre y contagiosa.

La Semana Santa es una invitación a contemplar el Misterio Pascual. En la ciudad de Toro, este ejercicio al que la Iglesia nos invita adquiere un matiz único donde todos los sentidos espirituales y corporales participan. Contemplar el Misterio no es observar un evento del pasado, sino entrar en la realidad del Misterio, en tu historia presente, con todo el peso de tus heridas; es detener la mirada ante la mirada del Crucificado y Resucitado, y dejarse mirar por Él…; es escuchar de nuevo su Palabra, que se dirige a ti personalmente, con nombre y apellidos; es olfatear el buen olor de Cristo, que por ti se entrega a la

muerte, y una muerte de Cruz, para que tú transites por la vida nueva que se nos regala y que todo lo hace nuevo; es gustar lo profundo de tu ser como realidad creada, donada, gratuita… gustar la presencia velada de Dios en el hondón de tu ser; es tocar al mismo Dios en el otro, en el hermano, en el enfermo, en el pequeño y vulnerable, en el que sale a tu encuentro reclamando un encuentro que sabe a eternidad.

Gracias por vuestros desvelos que hacen realidad el misterio de nuestra salvación, gracias por vuestro trabajo incansable, gracias por vuestras oraciones, que me sostienen constantemente en mi ministerio. Recibid la bendición de vuestro Pastor, siempre en Cristo, Buen Pastor.

Fernando Valera Sánchez Obispo de Zamora Obispo de Zamora

SALUDA DE LOS PÁRROCOS

La Cuaresma, como camino que conduce hacia la Pascua, pretende con medios tan esenciales como sencillos (oración, austeridad o caridad) revestirnos de un espíritu que nos lleve a celebrar intensamente y en verdad la Semana Santa. Sin complejos y sin añadidos. No es la fe la que, a lo largo de la historia, ha disfrazado con elementos secundarios nuestra vivencia de Dios. Es el hombre, somos nosotros —unas veces, con acierto, y otras, con no tanto— los que hemos rodeado nuestra confianza en Dios con aspectos que, tal vez, necesitan alguna revisión y que, a menudo, generan críticas: lo comercial no es bueno en las cosas de Dios.

Que Dios no necesita ningún espacio sagrado es verdad. Cuántos templos llenos y, en contraposición, cuántos corazones no tocados por la gracia. Embelesados por la belleza, por las formas, pero no despuntando hacia la conversión. El templo, desde el Bautismo, somos cada uno de nosotros. Y ese templo es el que hemos de cuidar con la limpieza de una buena confesión, con la pintura de una buena obra de caridad y con el mantenimiento personal a través de la oración, la eucaristía o la contemplación.

Con nuestras personas, con nuestros templos de carne y hueso, puede ocurrir

lo mismo que aconteció en el suceso evangélico (Jn 2, 13-25). ¿Cómo nos encuentra Jesús? ¿De qué nos ve rodeados? ¿De dinero? ¿De intercambios muy interesados? ¿Con un te doy para que me des? ¿De negocios grandes o pequeños? La respuesta, como siempre, nos la da la fe: apostar por Jesús significa colocarle en el centro y, fuera de Él, no permitir que nada distorsione nuestra fidelidad cristiana.

Acostumbrados a una fe excesivamente light, hemos de reconocer que no nos cuesta esfuerzo alguno combinar las cosas de Dios con las ofertas del mundo. Rebajar la exigencia de nuestra vida cristiana es fácil, pero también es verdad que ello nos embarca en una mediocridad peligrosa: ¿Qué es de Dios y qué es del mundo? Los mandamientos, que siguen siendo diez, dan sentido a nuestro camino cristiano. El amor al prójimo, que es consecuencia lógica de nuestra unión con Dios, es imperativo en el día a día. La oración personal (y no sólo comunitaria) es síntoma de una fe saludable que, además, la fortalece cuando —esa oración—, como decía Teresa de Jesús, nos lleva a caer en la cuenta de que es estar con Aquel que decimos amar.

Depurar nuestra praxis

cristiana es muy difícil en estos tiempos que nos toca vivir. Entre otras cosas, porque la Iglesia, cada vez que nos recuerda aquello que estorba en los atrios de nuestro pensamiento, de nuestro corazón, de nuestro hablar o de nuestro comportamiento, es respondida con críticas sobre su intrusismo o su poder mediático. ¿Es así? ¡No! Simplemente nos recuerda lo que es una vida cristiana, diferenciándola de la pagana. En este tiempo en que vivi-

mos, seamos conscientes de un gran peligro que nos acecha: no somos ya nosotros los mercaderes en nuestro propio templo. Es ya la sociedad que nos rodea la que intenta invadir y torpedear los atrios de cada persona, de cada familia y de la moral colectiva con sus propias pretensiones resumidas en una frase: ¡Todo vale! Y eso no es bueno. Quien tenga oídos… que oiga.

El Clero de Toro

ACTUALIDAD DE LAS COFRADÍAS

Patrimonio de la Cofradía de Jesus Nazareno y Ánimas de la Campanilla

El objetivo de la Directiva ha sido restaurar e incrementar el patrimonio de la Cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla. Así, en los Santos estrenó la Piedra de las Ánimas como recuerdo de los hermanos difuntos de la Cofradía. Dentro de la iglesia se ha puesto una piedra recordando a los Tomé, una familia muy importante en Toro en el siglo XVIII y muy vinculada a la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa

Catalina. Por otra parte, se ha restaurado El Huerto de los Olivos y se le ha hecho una mesa nueva, y se han arreglado los sayones de Los Azotes, a los que se ha hecho una base para que no se muevan. Además, junto con la aportación de la Cofradía Virgen de la Soledad, también se ha restaurado la imagen de la Virgen de la Soledad y se ha arreglado el campanario, que estaba declarado en ruinas, arreglo que han afrontado económicamente las dos cofradías, pues no ha habido ayuda de ningún tipo.

Virgen de los Dolores, nuevo manto de luto

Recuperada por la Venerable Congregación de Nuestra Señora de los Dolores hace escasos años la tradición de poner de luto a las imágenes marianas de la ciudad el día de Sábado Santo, los dos primeros se vistió de luto la imagen de la Virgen de los Dolores con los antiguos ropajes, que se encontraban deteriorados, pues llevaban décadas sin usarse. Y ya en el año 2025,

la Virgen estrena manto de terciopelo negro con puntilla de seda en la boca del manto y fleco negro de seda y azabache en la orla de este; asimismo, se le confecciona un cíngulo de azabache y el cuello del vestido negro del mismo material. Confeccionado por la Directiva de su Congregación, conforma un precioso ejemplo de sobriedad regia y elegante con la que se puede ver a la Virgen Dolorosa en todo su esplendor de luto riguroso.

La Asociación del Santísimo Cristo de la Misericordia renueva su Junta Directiva

La Asociación del Santísimo Cristo de la Misericordia, que este año celebra su décimo aniversario, celebró el pasado elecciones a la presidencia de ésta. En los comicios, salió elegido nuevo máximo mandatario de la hermandad Ignacio Mateos Rodríguez quien, además, es miembro fundador de la asociación parroquial que, des-

de hace una década, organiza el desfile procesional que tiene lugar durante la noche del Domingo de Ramos. Mateos tomó posesión de su cargo en la eucaristía celebrada el Domingo de la Divina Misericordia y esta será su primera Semana Santa al frente de la organización de la cofradía, en la que, al margen de otras novedades ya previstas para esta edición, pretende potenciar la presencia de los niños y jóvenes y la entrada de nuevos hermanos.

La Asociación

Parroquial de las Siete Palabras venera la reliquia de San Francisco de Asís

En la pasada Fiesta de Hermandad, fiesta que la Asociación Parroquial de las Siete Palabras celebra cada sábado posterior al 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, los hermanos tuvieron el “privilegio” de exponer a la veneración de los fieles una reliquia del santo franciscano, donada generosamente por un hermano de la cofradía, así como la cruz que, en su día,

La Real Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo promociona en Madrid los sonidos de la Semana Santa

La Real Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo participó en la grabación en Madrid de un vídeo promocional de la Diputación de Zamora destinado a dar a conocer, a través de los sonidos más característicos, la esencia de la Semana Santa de la provincia. La Real Cofradía acudió con sus matracas, representadas por dos cofrades, Miguel y Pedro. También los acompañó

Casimiro García Llamas, cuyo bombardino hizo resonar un sonido profundo e intenso en pleno centro de la capital, en la plaza de España. La grabación tuvo lugar en tres puntos emblemáticos de Madrid: la plaza Mayor, la Puerta del Sol y Callao.

Por otro lado, la hermandad también participó en una jornada con los alumnos de Primaria del colegio Amor de Dios, a los que el expresidente de la cofradía José Espinosa ofreció una exposición sobre el Santísimo Cristo del Amparo y su cofradía y los símbolos de la procesión del Lunes Santo.

realizara Javier Prieto (in memoriam) para su cofradía de la Virgen de la Concha de Zamora, que les ha sido cedida, por su estrecha relación y cercanía con Prieto, para su custodia en la capilla de San

Bartolomé, donde permanecerá como agradecimiento a su persona.

Tras la celebración de la Eucaristía, los asistentes pudieron disfrutar de un emotivo vídeo sobre la vida de San

Francisco de Asís. La jornada culminó con una cena de hermandad abierta a quienes quisieron compartirla con los cofrades.

Renovado el retablo del altar para el Cristo de la Cofradía de la Vera Cruz de Tagarabuena

La Fundación González Allende ha finalizado en los últimos meses el proceso de restauración de la parte del frente del altar en el que se encuentra expuesta al culto la talla del Cristo de la Vera Cruz, imagen titular de la cofradía homónima, radicada en el barrio de Tagarabuena.

El proceso de mejora del altar, ubicado en la iglesia de San Juan Bautista de Tagara-

buena, había sido encargado por parte del presidente de la Fundación González Allende y oriundo del barrio, José Navarro Talegón.

Por otro lado, la cofradía ha integrado este año varias incorporaciones nuevas a sus filas, a las que se les ha hecho entrega de las medallas conmemorativas del 500º. Aniversario de la hermandad, que la misma celebró el pasado 2024.

Mario González, reelegido presidente de la Asociación del Santo Sepulcro y la Soledad

La Asociación del Santo Sepulcro y la Soledad celebró elecciones, en las que Mario González García salió reelegido en el cargo de Hermano Mayor.

El grupo de trabajo que conforma la candidatura integra incorporaciones de nuevos miembros que aportarán savia fresca a la hermandad, tales como Marcos Sevillano Díez,

que ejercerá el cargo de vicehermano mayor, entre otros jóvenes cofrades.

De esta manera, la nueva junta directiva aúna la experiencia de quienes ya estaban con la juventud e ilusión de los nuevos integrantes que se incorporan a la misma para trabajar por la cofradía.

Así, el primer acto novedoso del recién estrenado equipo será el de la Quema del Judas, una celebración que recuperará el próximo Domingo de Resurrección.

Logo y medalla nuevos para la Cofradía Virgen de la Soledad

La Cofradía Virgen de la Soledad ha estrenado nuevo logo, imagen propia de la hermandad que la identifica y que es obra de la artista toresana Ele Pozas, que se presentó a los hermanos en asamblea y tuvo muy buena acogida, pues fue elegido por unanimidad, y que va a estar presente en todos los aspectos y artículos relacionados con la Cofradía, ya que simboliza unión e identificación de todos los que la conforman. Por este motivo, es la imagen de la nueva medalla de la Cofradía, que se estrenará esta Semana Santa.

Este nuevo logo se presentó pública y oficialmente en el cartel que anunciaba el Besa-

manos a la Soledad, también obra de Pozas, quien ha explicado que el logo es una creación exclusiva para la Cofradía, que muestra la corona de la Virgen de la Soledad junto a las letras de su nombre, M, A y S, con el texto “Cofradía Virgen de la Soledad – Toro”. El logo presenta una gran versatilidad, con la posibilidad de utilizarlo en diferentes colores y en diferentes formatos y usos.

“Si desaparece la tradición de las cofradías, desaparecerán en parte las cofradías”

¿Qué supone su nombramiento como pregonero de la Semana Santa de Toro?

Para mí, después de presentarlo durante diez años y decir que es uno de los actos más importantes de la Semana Santa, decirlo yo ahora representa un gran honor. Y una responsabilidad, también, después de los que me han precedido.

¿Era esperado o se lo había imaginado en algún momento?

No me lo esperaba, por descontado, porque entiendo que habrá más gente que lo pueda hacer mejor que yo. Aun cuando siempre que estás metido en esta dinámica de organización y demás, estás expuesto a que te toque, pero no me lo esperaba, me ha sorprendido gratamente. Cuando me lo propusieron, en principio, me quedé dudando, porque, insisto, para mí representa mucha responsabilidad, pero no me disgusta la idea. En mi pueblo, pregonar la Semana Santa, una

conmemoración por la que tanto he peleado, desde luego que me gusta y sí lo quiero hacer.

Tras haber ejercido el cargo de presidente de la Junta Pro-Semana Santa durante diez años, ¿viene a ser algo así como cerrar un círculo o poner el broche a una trayectoria?

No. Pero hay que dejar a las nuevas directivas que ejerzan como mejor convenga. Dejar el cargo en la Junta Pro-Semana Santa no es “dejo esto y me voy”. Siempre he estado muy vinculado a las cofradías, sobre todo, a la de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla y, por esa vinculación, no puedes cerrar ningún círculo. Continúo haciendo alguna cosa, continúan preguntándome y, si me llaman para intervenir en algo, lo hago. Para y por eso soy cofrade.

¿Qué tratará su pregón? Quiero que el pregón sea un relato íntimo por una parte y una

segunda de narración. Un relato de lo que ha sido parte de mi vida nazarena, mi vida en las cofradías, en la Junta Pro-Semana Santa..., y lo que supone en casa ser nazareno junto con mi mujer, mis hijos… ¿Por dónde va a ir? Sin olvidar que también se trata de un acto de cristianos, en principio, de recuerdos. Para seguir bajo mi perspectiva con un relato de las procesiones, lo que son, lo que yo he vivido, lo que siento... Conozco todas las cofradías, pero, sobre todo, sé de dos. Y son, quiera o no quiera, en las que más me voy a centrar en cuanto a mis relatos y mis cuentos de cofrade.

¿Cómo decidió hacerse cofrade y cómo ha sido su trayectoria vital vinculada a la Pasión toresana? Yo creo que desde siempre quise ser nazareno de Jesús y Ánimas. Sobre todo, de Ánimas, porque en mi familia había antecedentes en la cofradía. Sin embargo, no lo fui hasta los 21 años. Y, como por mi carácter siempre tiendo a involucrarme, enseguida surgió algún proyecto. Tenía relación con el que fue presidente de la cofradía, Agustín Díez, y en alguna ocasión me pedía algún escrito. Así empezó mí compromiso. Mi tío, por antigüedad, tenía influencia en la cofradía y por él empecé a hacer cosas en ella. Empecé a cargar con el Cristo y lo llevo haciendo 52 años.

Fui secretario de la cofradía un par de años, pero, por motivos de trabajo, no podía desarrollar la función y lo dejé. Más adelante, colaboré en la redacción de los

Estatutos y también en la del Reglamento de Régimen Interno. Siempre he estado ligado a la cofradía de la mañana.

También al Santo Sepulcro y la Soledad, a la que nos apuntamos unos cuantos amigos para sacar al Cristo de la Expiración.

Una “herencia” que ha inculcado a sus hijos y nietos, ¿verdad?

Yo disfruto de que mi descendencia tenga los mismos valores que yo he tenido. Una persona no es mejor porque sea más religiosa, sino porque respete más. Si, además, le mueve algún valor… mejor.

¿Qué momentos recuerda de una manera especial o con más cariño como cofrade?

Hay un montón de ellos. Principalmente, cuando “hice la fiesta” de Jesús y Ánimas. Dirigir la bendición (de los conqueros), el relatar todo aquello... para mí fue muy importante.

Sacar al Cristo ha sido una devoción cada Viernes Santo por la mañana.

Y la amistad que he tomado con gente que no conocía, con la que coincidí en las abadías... Otro momento importante para mí fue cuando mi hijo empezó a cargar conmigo, era un crío. Ahora también siento emoción cuando mi nieto se pone la túnica. Son momentos bonitos.

Disfruto del Domingo de Lázaro en general y, después de la asamblea, conviviendo con todos los hermanos cofrades en el almuerzo.

Texto: Carmen Toro Fotos: Marisol Cámara

No puedo olvidarme de la procesión de Miércoles Santo, la del Silencio, como decimos, llevando al Cristo con el que nos comprometimos al hacernos cofrades. Y el canto de las Llagas. Maravilloso.

¿Y cree que la Semana Santa se vive de una manera mejor o más intensa, quizás, desde la fe?

La fe es la partida de todas las cofradías puesto que nacieron en conventos y monasterios y lo que las ha movido; sin embargo, yo creo que, en la actualidad, la tradición mueve y mantiene más a las cofradías. Lo he dicho en varias ocasiones. Si desaparece la tradición, desaparecerán en parte las cofradías.

Sin embargo, ¿cree que podría llegar a desaparecer el componente de la fe? No, porque cuando llegas a cierta edad, las ideas se tranquilizan y aclaran. Y, cuando se tranquilizan, lees, piensas y meditas, entiendes que la fe también es el asa a la que te puedes agarrar y en la que puedes encontrar respuestas a ciertas preguntas. Es todo relativo, muy relativo.

Precisamente, el “mamarlo” desde la cuna, ¿cree que puede desembocar en una Semana Santa mejor vivida y mejor cuidada a largo plazo?

Conozco chicos y chicas que de niños han venido conmigo de nazarenos y ahora no lo son, y no quieren saber de la cofradía, ni de religión, ni de tradición. Y

hay casos de personas que conozco también a las que les hicieron sus padres, no prestaron atención unos años y ahora han vuelto. Como antes comentaba, una vez te asientas, tienes más años y más poso, retomas con más fuerza y más compromiso. Se apuntan a las cofradías a niños, bebés; yo casi lo he hecho, pero entiendo que sería mejor que fueran más mayores y que sepan a qué van allí y qué es lo que van a hacer.

Hay, incluso, niños que van a colegios religiosos y no quieren saber nada. Y, sin embargo, encuentras otros que, sin tener ningún contacto religioso, se comprometen. Es complicado. Entiendo que prevalecerá la tradición, pero siempre quedará un poso de esa creencia, de esa fe en que Alguien existió.

¿Cuál es el momento que más intensamente vive como cofrade durante la Semana Santa?

Tres momentos sublimes: El Viernes Santo por la mañana, en mi caso, con el Cristo al Expirar. Cuando salimos, siempre digo “un año más”. El Miércoles Santo, la Procesión del Silencio, con el Cristo de la Expiración y “un año más”. Y el Canto de las Llagas, que considero que es uno de los actos más emotivos de la Semana.

¿Y qué cree que hace destacar a la Pasión de Toro de otra vista desde fuera? El Canto de las Llagas. Sin dudarlo, porque participa todo el mundo. Tú miras en la Colegiata y ves

que todos los asistentes participan y cantan. Para mí, es uno de los momentos de la Semana Santa y yo recomiendo siempre a la gente que vaya a verlo. Por genuino, la Bendición de los Conqueros, no hay acto similar que se celebre en España.

¿De qué logro se siente más orgulloso en relación con su labor al frente del órgano de cofradías toresano? De haber conseguido que las cofradías se llevasen bien, que todo el mundo se entendiese y colaborasen. Entiendo que durante nuestro mandato no hubo problemas. Todo fue trabajo en beneficio de la Semana Santa y que todo el mundo estuviera contento y disfrutase, y tuviera lo que se podía dar. No había más.

Precisamente, ¿el vínculo y trabajo conjunto entre las cofradías es esencial para que todo salga bien? Creo que conseguimos que todos estuvieran, de alguna forma, conformes, y que todas las cofradías se respetasen y nos respetásemos. Nuestro paso por la Junta Pro-Semana Santa fue conseguir que todo rodase de forma normal, fluida y sin problema. Hubo varios cambios de directivas, presidentes y demás, pero creo que no tuvimos ningún problema. Toda la gente estaba conforme, contenta. Todo iba engrasado. Creo que esa es nuestra mayor aportación a la Junta Pro-Semana Santa. Se trataba de hacer sobre lo que había anterior y, dentro de la posibilidad, mejorarlo. Entiendo que se consiguió y que era necesario un cambio, no puedes estar toda la vida en el mismo sitio.

Una vez fuera de la organización como tal de las celebraciones relacionadas con la Pasión, ¿qué cree que queda aún por hacer o qué se puede mejorar?

Se pueden mejorar cosas, pero nos tenemos que mirar adentro, dentro de nosotros, dentro de las cofradías. Tienen que ver qué es lo que no hacen bien para mejorar. Todas las cofradías tienen

que mejorar en organización, en convivencia, en actos… Para conseguir la designación como Fiesta de Interés Turístico Nacional nos queda camino por recorrer a nivel interno. A mí me ha comentado mucha gente que nuestra Semana Santa es muy buena, que tendríamos “derecho” a ser de Interés Turístico Nacional pero yo entiendo que tenemos que mejorar más. Además muy importante: para conseguirlo necesitamos una aportación económica muy grande que no tenemos.

Después de toda una vida vinculado a la Semana Santa de Toro, ¿cómo ve su evolución y qué ha cambiado?

Para las cofradías, el paso del tiempo ha sido siempre una hoja de sierra, con picos, unas veces hacia arriba y otras en contrario. Siempre ha habido modas de hacerse o no de las hermandades. Lo importante de ello es el poso que pueda quedar. Y sí ha cambiado: antes, nos movíamos por una idea más religiosa y, ahora, el movimiento va más por la tradición.

Los actos tienen que cambiar según va cambiando la vida, sin perder la esencia.

¿Cómo le hablaría de la Semana Santa de Toro a una persona que la desconoce? ¿Qué le diría? Que viniera conmigo. Le mostraría lo que hay, que la viviera desde dentro, desde la tradición porque sería como la conocería. Vivirla desde dentro, vivir qué hacemos, cómo lo hacemos, dónde lo hacemos y por qué. Hay un componente religioso y hay un componente de amistad, de juntarnos…

Dígame un deseo de futuro que sueñe para la Semana Santa de Toro… Que alguien consiga que sea de Interés Turístico Nacional, que alguien pueda decir “aquí está nuestra Semana Santa y tenemos el reconocimiento nacional”. Es un bonito final para la entrevista y es un bonito comienzo para el futuro.

EL SILENCIO HECHO BRONCE

Fotos: Fermín

Valero y Octavio Revuelta

La Semana Santa de la ciudad de Toro cuenta con un atractivo más que enriquece el patrimonio local y que supone un nuevo punto de interés tanto para los ciudadanos del municipio como para los numerosos turistas que visitan la ciudad. Se trata de la escultura del Conquero que ha realizado la Cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla y que, una vez colocada en la Plazuela de Jesús Nazareno y la Soledad, en la que se ubica la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina, contó, a primeros de este año, con un acto de inauguración y bendición al que asistieron numerosas personas.

El presidente de la Cofradía anfitriona, Cristofer Feo Pallín, afirmó al principio de su intervención en este acto, en referencia a la figura del Conquero, que “sólo el que ha tenido la suerte de veros caminar por las calles de la muy noble ciudad de doña Elvira; sólo aquellos que han tenido el sueño de ser conquero; sólo ellos podrán entender lo que siente ser un conquero, que, con su silencio durante su acometido, rezan a nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de la Soledad”.

Antes de descubrir la escultura, Feo Pallín ofreció a los asistentes una explicación sobre lo que es el Conquero, popularmente conocido también como

Cagalentejas, y así, señaló que los Conqueros “son cuatro hermanos de túnica negra postulantes, que piden limosna durante el Jueves Santo en las cuatro parroquias de Toro y durante el Viernes Santo en el recorrido de la procesión”. Pero, primero, se realiza el acto ritual de su Bendición, que “tiene lugar a las doce en punto del mediodía del Jueves Santo”, momento en el que “se congregan los Abades, los Escribanos y el público en el atrio de la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina, y está presidido por la imagen de Jesús Nazareno”.

Según el protocolo, son los Abades en ejercicio los que llevan a cabo la Bendición de los Conqueros, quienes, durante el ritual, prestan un “solemne juramento de silencio”, indicó el presidente de la Cofradía, en un ambiente que “se llena de fervor y recogimiento”. Finalizado el acto de la Bendición, los Conqueros, “vestidos con su tradicional túnica negra, caperuzo y cordón, portan una insignia con las letras JHS y su conca, una mortera de madera utilizada originalmente para catar el vino”, que en las manos de estos nazarenos cumple una función diferente y significativa, puesto que en ella recogen las limosnas que consiguen con su petición, realizada siempre en absoluto silencio. Puesto que solamente pueden llamar la atención de las personas a las que piden con el repiqueteo de su vara contra

el suelo, este insistente sonido y el de las monedas en la conca, “es uno de los sonidos más típicos y entrañables de la muy noble ciudad en la Semana Santa toresana”, destacó Feo Pallín. Además del presidente de la Cofradía de Jesús y Ánimas, también intervinieron en el acto el presidente de la Diputación de Zamora, Javier Faúndez, la alcaldesa de Toro, Ángeles Medina, y el presidente de la Fundación Caja Rural de Zamora, Narciso Prieto, quienes resaltaron que la incorporación de la escultura del Conquero al patrimonio toresano aúna tradición, identidad, fe, historia y cultura, pues se trata de una figura profundamente ligada a la identidad y tradición de la Semana de Pasión toresana. A continuación, se descubrió la imagen del Conquero, que fue bendecida por el Vicario General de la Diócesis de Zamora, Pedro Faúndez. Esta escultura ha sido realizada por el artista toresano José Antonio Samaniego de Tiedra, quien es también cofrade y cargador de la imagen de Cristo al Expirar. En este sentido, Cristofer Feo Pallín matizó que en su elección para desarrollar este proyecto tuvo un gran peso “su compromiso y dedicación”.

Para el presidente de la Cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla, Cristofer Feo Pallín, la consecución de esta escultura que representa de forma plenamente realista al Conquero es “un sueño hecho

realidad”, dado que tenía en mente este proyecto desde que se presentó a las elecciones de la hermandad en 2024. No obstante, reconoce que la idea de realizar esta escultura surgió hace más de veinte años, cuando José Manuel de la Fuente, expresidente de la Cofradía de Jesús y Ánimas, era secretario de ésta, en una época anterior a la de su presidencia. Recuerda Feo Pallín que en aquel momento ya se presentó una maqueta elaborada y donada por el escultor zamorano Ricardo Flecha, y añade que, aunque se intentó llevar a cabo este proyecto en varias ocasiones, nunca se había podido materializar. Por este motivo, incide en que quería retomar la idea de la escultura “para dignificar la Plazuela, para que la Cofradía sea más grande y que tenga una estatua representativa tanto de la Cofradía como de la Semana Santa de Toro”. Llegado el momento, Feo Pallín se puso en contacto con el artista José Antonio Samaniego de Tiedra, quien “se mostró encantado con el proyecto”, por lo que “se prestó a hacernos los bocetos de forma totalmente gratuita”. Aprobado el boceto en asamblea, se necesitaba una empresa que transformara el diseño original en barro en una escultura de bronce, y la empresa elegida fue Artecultura Castilla y León, cuyo representante, Antonio Quesada, fue el encargado de plasmar en bronce la obra de Samaniego de Tiedra.

Por lo que respecta a la escultura, que ha sido financiada por la Diputación de Zamora, el Ayuntamiento de Toro y la Fundación Caja Rural, es una imagen de aspecto natural de 2,40 m de altura, realizada en bronce escultórico con acabado en pátina negra, que representa a un Conquero en el momento concreto de pedir limosna, vestido con la túnica de nazareno, con capirote, cordón, conca y vara, que es una copia en bronce de una vara real de Conquero. La imagen parece en movimiento, el de un Conquero que está andando durante la realización de su cometido de pedir por las calles de Toro. La peana sobre la que se asienta la imagen es de piedra caliza de Campaspero de 1,20x1,20 m y 30 cm de altura. Para la Cofradía, según indica Feo Pallín, el Conquero significa “el personaje más carismático, más entrañable, más histórico de la Semana Santa de Toro, totalmente propio y único en España”. Además, como valoración personal, añade que el acto de presentación de la escultura resultó “muy acogedor, pese a que pasamos mucho frío”, puesto que “los cofrades y la ciudad se volcaron y fue mucha gente”. Entre los asistentes se encontraban el Vicario General de la Diócesis de Zamora, Pedro Faúndez; el gerente de la Diócesis, José Manuel Chillón; el presidente de la Diputación de Zamora, Javier Faúndez; la alcaldesa de Toro, Ángeles Medina; el director de la Fundación Caja Rural de Zamora, Narciso Prieto, así como diputados provinciales, concejales del Ayuntamiento local, autori-

dades civiles y eclesiásticas, numerosos hermanos de la Cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla, entre ellos algunos que han ejercido como Conqueros, al igual que hermanos de otras cofradías locales y también vecinos de la ciudad de Toro.

Confiesa, además, que “para mí es un orgullo que la Cofradía esté representada en el Conquero y que lo vean toda la ciudad y todos los turistas que vengan”. A esto une un deseo, “a ver si esto puede ser un pasito más para que la Semana Santa de Toro consiga el reconocimiento de Interés Turístico Nacional”.

Por otra parte, adelanta que éste es el principio de un “importante proyecto” que tiene la Junta Directiva de Jesús y Ánimas, “no sólo para la Cofradía, sino para la ciudad y para la provincia”, que es la realización del paso de La Lanzada, conocido popularmente como Longinos, para el que ya cuenta con un proyecto que deberá ser aprobado en asamblea.

Con la creación de este grupo escultórico, finalizaría la realización de todos los pasos de la Cofradía que se quemaron en el incendio que asoló la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina el 13 de abril de 1957.

Como parte del acto de inauguración de la escultura del Conquero, la presidenta de la Cofradía Virgen de la Soledad, M.ª Ángeles García Hernández, leyó un poema que había escrito para expresar el sentimiento que tienen los toresanos sobre la figura del Conquero.

CONQUEROS

Jueves Santo de silencios bendecidos, de rostros anónimos bajo el caperuz, guardianes de cuencos bodegueros convertidos en humildes limosneros.

De sus túnicas prende la alborada tras una noche luctuosa de cornetas, heraldos de una muerte anunciada, en un rito ancestral de primavera.

Viernes Santo con juramento de silencio, tintinean las monedas en opacos cuencos, manos infantiles, balcones nazarenos, dan sus donativos, también los forasteros.

Al son de una insignia contra el duro suelo manos enguantadas guardan en secreto, el favor recibido de Jesús Nazareno: una fe encendida de abuelos a nietos.

Sus pies doloridos marcando el camino se tornan en gozo ante el deber cumplido, unos labios sin voz, piden donativos en un Viernes Santo de cuencos bendecidos.

M.ª Ángeles García Hernández

GANADORES DEL CONCURSO DE DIBUJO 2025

Nerea Alfageme Gómez -3º Primaria CEIP Hospital de la Cruz
José Velásquez Montenegro -5º E.P. CEIP Magdalena de Ulloa
Darío Hernández Pérez - 6º Ed. Primaria Colegio Virgen del Canto
Hugo Feo Velázquez - 1º Primaria CEIP Virgen del Canto
Paz Feo García - 3º Educación Infantil CEIP Hospital de la Cruz
Rodrigo González Bergua - 3 añosColegio Amor de Dios
Vera Villar Sánchez - 2º Ed. Infantil Colegio Amor de Dios
Sandra Santos Arias - 4º Ed. Primaria Colegio Amor de Dios
Miriam García Temprano - 2º Primaria CEIP Hospital de la Cruz

LA QUEMA DEL JUDAS, UNA TRADICIÓN QUE RECUPERAR

La Quema del Judas es una tradición de origen pagano adoptada por la cultura cristiana relacionada con los ritos purificatorios, de gran arraigo en el territorio hispano. A través de documentos fotográficos sabemos de la existencia de esta tradición en la ciudad de Toro al menos hasta mediados del siglo XX, cuando se producía la Quema del Judas durante la mañana del Domingo de Resurrección.

Este rito de carácter simbólico representa la quema — mediante el fuego— del mal que representa el personaje de Judas frente al triunfo del Bien, representado por la resurrección de Cristo, que marca el final de la Cuaresma y el inicio de la Pascua.

El ritual consiste en la realización de un muñeco, que varía considerablemente de tamaño según los lugares, o algún personaje grotesco, casi caricaturizado, al que se pretende ajusticiar a modo de crítica social. En otros casos, es un muñeco o pelele ataviado con ropas viejas que porta en su interior paja, papel, telas e, incluso, pirotecnia. Este personaje es quemado públicamente el Domingo de Resurrección después de la procesión del Encuentro, en un acto acompañado por música festiva y anunciado por cohetes.

Es una costumbre que

estuvo muy arraigada en zonas rurales y aparece especialmente en lugares que conservan tradiciones y ritos de religiosidad popular. Según aparece referenciado en la obra Fiestas de España (Sánchez, 1993: 364), nos encontramos estas celebraciones en municipios como Fuentes (Cuenca), donde cuelgan a un Judas del campanario de la iglesia. En la localidad, también conquense, de El Hito mantean a un Judas y los quintos pintan las calles con dedicatorias dirigidas a novias, familiares y amigos. En la provincia de Toledo, en la localidad de Menasalvas, celebran la Quema del Judas, y en la localidad de Retamoso también tiene lugar esta Quema del Judas, al que, además, se le arrojan piedras después de la misa mayor. Mientras que en las localidades toledanas de Santa Cruz de la Zarza y Yepes el Judas es manteado. En otras localidades del centro peninsular, como Pelarejos de las Truchas (Guadalajara), se produce la Quema del Judas. Y en Robledo de Chavela (Madrid), en el Domingo de Resurrección, después del Encuentro, se produce la Pedrea del Judas, que está rodeado de cántaros de barro en cuyo interior contienen palomas que salen volando al romperse los cántaros.

Diferentes variantes apa-

recen en localidades madrileñas, como Tielmes, donde el Judas aparece expuesto unos días antes de su quema. En el área mediterránea también aparece esta tradición en la ciudad murciana de Lorca, donde queman el Judas el Sábado de Gloria en la plaza de España. Otras regiones, como Canarias o La Rioja, también mantienen esta tradición en municipios como Teror o Viguera, respectivamente.

Esta tradición también está presente en países europeos como Grecia, Italia, Reino Unido o la República Checa, entre otros. En Grecia la celebración es conocida como Quema del Judas o Lambratzia y se celebra dentro del calendario de Semana Santa. En Creta se hacen hogueras para quemar el muñeco del Judas y en Agrios Nikolaos el Judas se quema en el lago Voulismeni. En la región del Peloponeso, en Ermioni, esta tradición se celebra en el mar, con barcas rodeando la figura del Judas antes de ser quemada. En la República Checa se practica, en cambio, el ahogamiento del Judas en algunas aldeas. En el Reino Unido esta celebración ya está desaparecida, pero se conserva documentación que atestigua su celebración en la ciudad de Liverpool.

Esta tradición se extendió y sigue vigente en países y regiones de América Latina,

Texto y foto: Mario González García

donde adquirió gran importancia y arraigo, tales como las que se celebran en México, Venezuela, Colombia, Chile, Brasil, Guatemala, Perú, Uruguay y Argentina.

En Toro, a día de hoy, no hemos encontrado datos certeros sobre desde cuándo se celebraba esta tradición y cómo era exactamente el desarrollo de ésta. Tan solo podemos aportar los testimonios de la memoria colectiva de nuestros mayores, en la que vive el recuerdo de la celebración de la Quema del

Judas el Domingo de Resurrección, al menos, después de su refundación en 1941. El personaje era elaborado por maestros carrocistas y permanecía en la iglesia del Santo Sepulcro durante la Semana de Pasión, sentado en una silla con un letrero que rezaba: “Yo soy Judas”. Este acto estaba vinculado a la Asociación del Santo Sepulcro, que organiza los actos del Domingo de Pascua junto con el Ayuntamiento de Toro. Podemos dar testigo

en el programa de actos de 1950 y 1952 de la existencia de un concierto de la Banda de Música a las 12.30 horas de la mañana, una vez acabada la procesión de Cristo Resucitado. En la fotografía de Juan García Redondo que ha llegado hasta nuestros días podemos observar la Quema del Judas, en la que se puede apreciar a la Banda de Música colocada en el antiguo templete de la Glorieta, con lo cual, tenemos la certeza de que esta celebración se

enmarcaba en torno a este momento.

Tenemos el testimonio de las palabras que se proclamaban antes de la Quema del Judas, que son: —Señor, ¿quién te traicionó? —Aquel.

—Pues que arda también. Gracias a todos estos datos podemos reconstruir el rito que se celebraba en la ciudad de Toro y, por ello, recuperar esta tradición de la Quema del Judas, que volverá a producirse el próximo Domingo de Resurrección.

LA MÚSICA PROCESIONAL, EL LATIDO DE LA PASIÓN

La Semana Santa de Toro ostenta una acusada identidad que encuentra en la austeridad, la sobriedad y el profundo recogimiento su definición más absoluta. La música que describe la hermosa composición litúrgica de sus días expresa esta indiscutible autenticidad. Y es que los acordes complementan, junto al riquísimo mosaico de imágenes, el relato de la devota meditación de la Pasión.

Así, las marchas han de procurar un delicado equilibrio entre el escenario acústico y el concepto escultórico de la imaginería, creando una excelsa conjunción entre la música y la idiosincrasia de las tallas.

La marcha procesional tiene su origen en la segunda mitad del siglo XIX. Hasta entonces, la música fúnebre había conmovido especialmente a los compositores del Romanticismo, de modo que muchos la incorporaron a sus óperas, sinfonías y sonatas. En un primer momento, ante la escasez de repertorio, se recurrió a las grandes composiciones clásicas; por ello, las primeras marchas consistían en la transcripción de la música fúnebre orquestal, que era adaptada a la plantilla de las bandas de música para ser interpretada en los desfiles procesionales.

Como ejemplo de este tipo de marcha cabe mencionar Tosca, perteneciente a la ópera de Giacomo Puccini, la Marcha Fúnebre de Frédéric Chopin, compuesta para el segundo movimiento de su Sonata para piano n.º 2, o Juana de Arco, de Gounod, una marcha extraída de la obra teatral Jeanne d'Arc, de Jules Barbier, adaptada para banda de música por el músico mayor del ejército Tomás Romo.

La historia señala que José Gabaldá Bel, director de la Banda de la Guardia Real, habría sido el primero en componer música para Semana Santa, con marchas como El llanto y Soledad

La música procesional evolucionó de modo distinto a lo largo de la geografía española, presentando diferentes características en cada región. El gran punto de inflexión se produjo de la mano de Manuel López Farfán, con la composición de la marcha Pasan los campanilleros en 1924. La obra recibió una fervorosa acogida en Sevilla, que pronto se extendería al resto de Andalucía. Farfán compuso otras piezas como La estrella sublime y El Dulce Nombre, ambas inspiradas en un innovador estilo alegre y rítmico.

La provincia de Zamora, por su parte, no incorporó a

su repertorio musical piezas con este tipo de carácter. Esto permite entender la diferencia que existe entre ambos estilos, esa eterna dualidad del género. La Semana Santa de esta región se ha mantenido fiel al cariz serio de sus marchas, tendente a la muestra del recogimiento y la acendrada austeridad castellana.

Durante los primeros años del siglo XX, al igual que ocurre en la actualidad, en los atriles de la Banda de Música de Toro eran habituales las marchas fúnebres, si bien es cierto que, a lo largo del tiempo y la historia, se han incorporado algunas piezas de carácter distinto que se han entrelazado con la austeridad propia de la tierra.

En 1955 tomó la batuta de la formación don Rogelio Gil García, quien, debido a su origen, otorgó un cierto sabor andaluz al repertorio de algunas procesiones. Por su parte, el maestro Jesús de la Sota, director de la banda desde 1979 hasta 2002, también incorporó obras que eran para él “recuerdos inolvidables de las procesiones andaluzas en las que había participado”. De este modo, marchas como La Madrugá, de Abel Moreno, y La Saeta, se asentaron en la ciudad.

En 1981, De la Sota de-

cidió añadir al repertorio El novio de la muerte. Desde entonces, esta es una de las marchas más representativas de la Semana Santa toresana. En su origen, esta pieza fue compuesta como un cuplé, con música de Juan Acosta Casals y letra de Fidel Prado Duque. Se estrenó en Málaga en 1921 a cargo de Lola Montes y, ese mismo año, el general Millán-Astray, fundador de la Legión Española, la adoptó como propia al sentirse identificado con su espíritu y carácter militar. Con el tiempo, comenzó a interpretarse con ritmo marcial y se tomó como himno oficioso. En 1952, Ángel García Ruiz, director de la Banda de Música del Tercio, realizó una adaptación de la pieza para que fuese interpretada en desfiles procesionales.

El paisaje sonoro de la Semana Santa de Toro está compuesto por marchas como El dolor de una madre, de Ángel Rodríguez, que ya en 1910 se escuchaba en las filas de la Banda del Regimiento de Toledo. Dicho compositor es también autor de otra pieza integrada en el repertorio toresano, La Cruz, una marcha con la que los pasos de la Cofradía de la Santa Vera Cruz de Zamora efectúan su salida procesional la tarde del Jueves Santo.

Texto: Sara Pérez Tamames
Foto: Rocío Gato

Toro, que sabe de alma y de amor, se entregó a la sobrecogedora delicadeza de Ricardo Dorado, exponente clásico de la marcha lenta. La sensibilidad del maestro conmovió especialmente a la ciudad, en la que se interpretan piezas como Getsemaní o Mater mea, que ocupa un lugar innegociable en el corazón de los toresanos y acompasa de manera magistral la cadencia de la Madre de Dios la noche del Viernes de Dolores y la tarde del Sábado Santo.

Estas marchas, junto a La Madrugá, El novio de la muerte y La Saeta, dibujan un particular escenario acústico que sostiene el hermoso discurrir de la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla en el tramo que transcurre desde la Colegiata hasta el Arco del Reloj la mañana del Viernes Santo.

Una de las marchas más emblemáticas de la madrugada toresana es Nuestro Padre Jesús, que llegó a los atriles de la Banda “La Lira” de la mano del maestro De la Sota. Fue compuesta por Emilio Cebrián en 1935 y está dedicada a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Jaén, popularmente conocido como “El Abuelo”. Se trata de la primera marcha interpretada en el interior de la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina para acompasar la salida de la bellísima talla del Nazareno. La cofradía posee, además, un patrimonio musical propio formado por marchas dedicadas ex profeso, como Ánimas de la Campanilla, de Alberto Aneiros Vilariño, y Conquero, de David Rivas.

Esta última presenta un carácter especialmente popular y luminoso, puesto que está inspirada en el acto de Bendición de los Conqueros que tiene lugar la mañana del Jueves Santo. Cebrián también es el autor de otras marchas habituales en Toro, como Jesús preso o Cristo de la sangre, de incontestable universalidad y dedicada al crucificado homónimo de la localidad de Torrijos (Toledo).

La impronta de Carlos Cerveró Alemany también se asentó en las calles de esta tierra. El maestro fue subdirector de la Banda de la Agrupación de Infantería de Marina, y su vínculo con Zamora comenzó en 1981 por la especial relación que existía entre el entonces presidente de la cofradía del Santo Entierro de Zamora y el almirante de la Armada Jesús Salgado Alba, natural de Toro.

En aquel tiempo, la Banda participaba en la procesión de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla de Toro y en la procesión de la Real Cofradía del Santo Entierro de Zamora. Cerveró,

conocedor de los cánones que inspiraban la estética zamorana, compuso con admirable maestría varias marchas, entre ellas, La Esperanza de Zamora, que ha sostenido el bello caminar de Nuestra Señora de los Dolores, o Nazareno de San Frontis, cuyos acordes también pronuncian su oración en la ciudad de Doña Elvira, especialmente, la tarde del Martes Santo junto a la magnífica imagen del Ecce Homo.

Clásicos como Mektub, Cristo del Perdón, Sueño eterno o Adoración enraízan en nuestros días con la identidad sonora de Toro, imprimiendo un hondo dramatismo y una profunda solemnidad a los desfiles procesionales. Sin embargo, la Pasión continúa siendo una inagotable fuente de inspiración que hace que el catálogo de marchas se encuentre en constante renovación.

Con el devenir del tiempo se han incorporado al repertorio toresano composiciones como Nuestra Madre, de Pedro Hernández Garriga; Mi amargura, de

Víctor Ferrer; Hosanna in excelsis, de Óscar Navarro, o Los clavos, de Antonio Pedrero.

Las marchas del prolífico compositor toresano David Rivas integran también el patrimonio sonoro de la ciudad. Los acordes de Llanto por Cristo Muerto, Camino del sepulcro, Tercera caída o Perdónalos son un magnífico entramado de misticismo. Rivas es también el autor de los siete sonetos que interpreta el cuarteto de viento de la cofradía de las Siete Palabras en cada una de las torres del Alcázar, así como del himno Luz del Salvador, que acompasa la sobrecogedora llegada del cortejo a la Colegiata.

El pentagrama sobre el que se ha escrito la historia de la música procesional ha sabido sostener la profunda hondura identitaria de la ciudad. Y es que, a la Semana Santa, sin música, le faltaría el alma. Sus compases son relato y verdad, herencia fraguada en los cimientos de la tradición, pulso y latido de esta bendita tierra que lleva la Pasión prendida al corazón.

LAS SIETE PALABRAS DE CRISTO ANTE EL ALCÁZAR TORESANO

La nueva procesión que se celebra desde hace un par de años en la Semana Santa de Toro sale a la calle en la noche de la víspera de Ramos para efectuar una oración y meditación de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz. Una iniciativa de la Asociación Parroquial Siete Palabras digna de ser apoyada si se entronca en la línea tradicional de las procesiones toresanas, en las que la sencillez y la categoría escultórica van muy unidas a un escenario singular, dotado de una abundante riqueza solariega y, además, fortalecen con su trabajo las muchas necesidades de todo orden que hoy día se plantean en las iglesias locales.

El tradicional sermón y predicación de las Siete Palabras hace ya muchos años que salió de las iglesias, descendió de los púlpitos, perdió la parafernalia solemnemente fúnebre y algo tenebrosa, se desnudó de los ricos ropajes de músicas y coros, y se acercó al pueblo, a su entraña, donde la fe no se mide por la excelente oratoria del predicador, los hubo realmente extraordinarios, sino por el recogi-

miento e invitación al arrepentimiento que inspiran las últimas palabras de Cristo. Perdió la consagración litúrgica antigua de los oradores más preclaros y pasó a ser una sencilla y conmovedora reflexión para acompañar al Señor mientras se moría y pronunciaba su testamento de luz y de verdad. Hoy día, el sermón de las Siete Palabras en Valladolid en el mediodía del Viernes Santo es una magnifica expresión de religiosidad popular y de teología a cargo de excelentes oradores o de relevantes personalidades de la iglesia. Y se hace en la plaza Mayor, ante fieles de toda condición y miembros de las distintas hermandades. Un solemne acto cargado de historia, pues no en balde camina hacia los cien años de su celebración.

En Toro, en mi infancia, no existía ese sermón de las Siete Palabras, al menos como se le titula. Sí tuve ocasión de conocer y de cantar con mis compañeros del Seminario Menor el miserere al Cristo del Amparo en la tarde del Martes Santo, después de un emotivo sermón de la Pasión pronunciado por alguno de

los profesores del propio seminario, y en la noche del Miércoles Santo nos sumábamos al canto de las Cinco Llagas tras el Via Crucis que rezábamos por esas calles de Dios, y que seguía con tanta piedad y silencio el pueblo llano.

Permanecen hoy día en Toro, a pesar de los años y de la disminución del sentimiento y práctica religiosa, el Sermón del Mandato en el prólogo de la procesión de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla en la ma-

drugada del Viernes Santo y el del Santo Entierro, hoy llamado del Desenclavo, en la tarde del mismo día, al iniciarse esta ceremonia que da paso a la procesión del Santo Entierro y la Soledad. Creo recordar que se celebraba también un sermón de la Soledad, pero ya ese dato se me escapa de la memoria.

En la antigüedad, esta ceremonia del sermón, celebrada con la mayor solemnidad en todas las iglesias del orbe, contenía dos

Texto: Luis Felipe
Delgado de Castro
Fotos: Marisol Cámara y Juan Carlos Vergel

partes fundamentales, la palabra del orador y la composición musical del maestro de Capilla de la catedral correspondiente. Y así se alternaban palabra y música a lo largo del sermón. De hecho, hay varias maravillas musicales con este motivo, desperdigadas por distintas catedrales del mundo. En 1787, Joseph Haydn compone la partitura de las Siete Palabras de Cristo en la cruz, que traspasó todas las fronteras. Fue un encargo de un fraile español, regresado a Cádiz de las Misiones de Jesuitas en Perú, José Sáenz de Santamaría, que solicitó al célebre compositor austriaco esta obra y por ello se estrenó en la Cueva Santa de la ciudad andaluza. Tuvo tal éxito que el mismo Haydn compuso después variaciones de la partitura original en instrumentación para cuarteto de cuerda, para piano y para orquesta y coro. Y hoy día continúa siendo una de las composiciones más solicitadas e interpretadas en todo el mundo al llegar los días de Cuaresma y Semana Santa.

Otros dos compositores de reconocida fama, Cesar Frank y Théodore Dubois, también compusieron para orquesta y coro esos mo-

mentos del Evangelio que narran las Siete Palabras. Y en Zamora, hasta los años sesenta del pasado siglo, el sermón de las Siete Palabras que pronunciaba el magistral el Viernes Santo se acompañaba de Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz del compositor Théodore Dubois. Y otros años, de la composición de Gaspar de Arabaolaza, maestro de Capilla del primer templo zamorano, pieza que se interpretó igualmente en un templo madrileño en repetidas ocasiones.

En Zamora, la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras, fundada en 1968, detiene su procesión de la noche del Martes Santo en una de las plazas del itinerario para la lectura del evangelio y la reflexión de uno de sus hermanos. Y en algunos años se intentó acompañarla de alguna salmodia o plegaria cantada, sin terminar de gustar.

Aquí en Toro, esta nueva procesión, alentada por la Asociación Parroquial Siete Palabras, tiene una diferencia que la hace original, distinta a tantas otras. El cortejo se dirige al Alcázar, una valiosa reliquia de la historia de la ciudad, cuyos siete torreones son recorridos por el cortejo mientras se rezan

las Siete Palabras. Y entre oración y oración, un cuarteto de músicos interpreta los temas compuestos para este momento por el músico toresano David Rivas Domínguez, que envuelven de misticismo el recorrido por el glorioso monumento de la ciudad. La idea, ya plasmada en la realidad desde hace dos años, puede llegar a convertirse en otro momento más que sumar a los muchos tan edificantes y hermosos que ofrece esta Pasión de Toro.

Finalmente, me satisface que la imagen que eligieron para esta procesión y futura Hermandad sea la del Santísimo Cristo de la Luz, que preside los cultos en el presbiterio de la Colegiata desde 2017, colocado allí por el entonces párroco don

Roberto Castaño. Es una escultura impresionante de Cristo en la cruz, restaurada en ese tiempo con el patrocinio de la Fundación González Allende. Esta imagen presidió mi pregón en Toro hace dos años y quise iniciarlo con una sencilla oración, un manojo de versos a sus pies. Invitado por esta asociación, si Dios quiere y el tiempo acompaña, comenzaré mi oración de las Siete Palabras ante el Cristo de la Luz, a los pies del Alcázar, ese día 28 de marzo, con otros versos, los de un hombre pecador, incrédulo, que se acerca al calvario, primero por curiosidad, después para maldecir e injuriar al que se dice Mesías y verle morir, y que termina conmovido y arrepentido al escuchar sus últimas palabras.

FOTOS ANTIGUAS

HISTORIA DE UNA COFRADÍA: 10.° Aniversario de la fundación y primera salida procesional de la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de la Misericordia

Los orígenes de la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de la Misericordia se remontan a finales del año 2013, momento en el que un grupo de jóvenes de la ciudad de Toro comenzó a plantear la creación de una nueva cofradía, con el propósito de contribuir al desarrollo y enriquecimiento de la Semana de Pasión toresana.

La iniciativa respondía a la necesidad de completar una Semana Santa que, en aquel tiempo, presentaba carencias en varios de sus días centrales, especialmente, en el periodo comprendido entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Resurrección.

A comienzos del año 2014, hace ya 12 años, se celebraron las primeras tomas de contacto entre

varios miembros del grupo promotor y el entonces párroco y capellán, D. Roberto Castaño. Desde el inicio, el proyecto contó con el respaldo de las parroquias de Toro, si bien se insistió en la conveniencia de abordar el proceso con prudencia y constancia, dado el carácter gradual y prolongado que suele tener este tipo de iniciativas.

Ya en abril de ese mismo año, tras diversas reuniones mantenidas en el centro parroquial de San Julián de los Caballeros, sede actual de la Asociación, se estudió la posibilidad de procesionar con una imagen de Cristo denominada “Cristo de la Misericordia”, venerado en el convento de San José de las Carmelitas Descalzas de la ciudad. No obstante, esta propuesta fue

Texto: Ignacio Mateos Rodríguez
Fotos: Marisol Cámara y Juan Carlos Vergel

finalmente descartada debido a las limitaciones derivadas de las obligaciones de la comunidad religiosa del convento, que impedían asumir la organización de una salida procesional.

Ante esta circunstancia, durante el mes de mayo de 2014, se sucedieron nuevos encuentros en los que se acordó la adquisición de una imagen de Cristo preso en actitud misericordiosa, propiedad de una cofradía de Jerez de la Frontera (Cádiz).

La operación fue posible gracias a la colaboración económica de las parroquias de Toro y de diversas personas interesadas en la consolidación futura de la cofradía. En el verano de ese mismo año se efectuó el desplazamiento a Jerez de la Frontera, formalizándose la adquisición de la imagen que, desde entonces, recibe culto y participa en la Semana Santa de nuestra ciudad.

Entre los meses de marzo y mayo del año siguiente se llevó a cabo la restauración completa de la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, recién adquirida. Un trabajo que fue realizado por los restauradores y escultores toresanos D. Miguel Hernández y D. José Antonio Samaniego, quien ejecutó la talla de un pie con el fin de completar la escultura y mejorar su configuración formal.

Durante el periodo en que se desarrollaron estas labores de restauración tuvieron lugar las reuniones de mayor relevancia y calado, en las que se abordaron cuestiones fundamentales

para la continuidad del proyecto y la estructuración formal de la entidad. En este contexto, se inició la redacción de los estatutos y se solicitó la aprobación canónica como asociación parroquial, autorización que sería concedida por el capellán, D. Roberto Castaño, en fechas posteriores.

El año 2015, primero de actividad religiosa del proyecto de la hermandad, concluyó con la bendición de la imagen del Santísimo Cristo, celebrada el 5 de diciembre en la iglesia parroquial de San Julián de los Caballeros.

El acto, de carácter sencillo y solemne, supuso la presentación oficial de la imagen y de la Asociación Parroquial a la ciudad de Toro, y contó con la asistencia de representantes de las distintas cofradías y de la Junta Pro Semana Santa, pilares fundamentales en los años posteriores para que la imagen del Santísimo Cristo desfilara por las calles de la ciudad.

El 30 de enero de 2016 se celebró la que sería la primera Asamblea General con todas las personas interesadas en formar parte de la Asociación Parroquial. En dicha convocatoria se presentó la primera Junta Directiva, encargada de regir la entidad en sus inicios, así como los diferentes actos que organizaría durante ese año la recién fundada hermandad.

Ya enmarcados en la Semana Santa propiamente dicha, el 20 de marzo de 2016, Domingo de Ramos,

la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de la Misericordia realizó por primera vez el acto del Via Crucis y la primera salida procesional por las calles de la ciudad de Toro. El acto contó con el acompañamiento de la Junta Pro Semana Santa y de las restantes cofradías de la ciudad, y fue recibido con una notable participación y acogida por parte de la población.

En los años posteriores, la Asociación ha ido consolidando su presencia en la Semana Santa toresana hasta el día de hoy. Entre los cambios más significativos, cabe destacar la adopción

de la túnica negra con caperuz burdeos como vestimenta de los hermanos –que los primeros años desfilaron en traje oscuro—, la notable organización y ampliación de los actos religiosos realizados y la progresiva consolidación del paso del Santísimo Cristo de la Misericordia bajo el Arco del Postigo, actual punto cumbre del desfile procesional, con la calle de La Antigua iluminada únicamente por la luz tenue de los hachones que portan los hermanos, como uno de los momentos más reconocibles y representativos de la Semana Santa de Toro.

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, APUNTES HISTÓRICOS

Felipe Gil – 1792

«Simeón los bendijo, y dijo a su madre María: “Mira, este niño está puesto para caída y resurrección de muchos en Israel, y para señal que será contradicha; y a ti una espada traspasará tu alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones”» (Lucas 2, 34-35)

Imagen titular que fue de la Venerable Congregación de la Orden Tercera de Siervos de María, los llamados popularmente Servitas, fundada en 1791 en la parroquia de San Julián de los Caballeros, cuyas ordenanzas fueron aprobadas en 1794. La bendición de la imagen se celebró con toda solemnidad, siendo entronizada en su altar el 27 de mayo de 1792. En 1844 se extingue la congregación servita, fundándose en 1884 una asociación de mujeres que toma como titular esta imagen, aprobando la entrada de hombres en 2011, en el marco de renovación estatutaria impulsado por el Obispado de Zamora. Su congregación organiza la procesión del Viernes de Dolores, así como el novenario que se consagra en su honor los días previos.

Es propiedad de la parroquia de San Julián de los Caballeros y representa a la Virgen María en actitud de súplica, una mano se va hacia el corazón y la otra se despega clamorosa del cuerpo, siendo la forma de los dedos de gran patetismo.

Luce diadema de plata, media luna a los pies y corazón en el pecho; en él lleva clavada una daga del mismo metal. Lleva un magnífico manto de terciopelo negro bordado primorosamente en filigrana de oro, cuya restauración ha sido de gran acierto; viste asimismo mandil a juego y tul bordados todos en oro, con los símbolos de la Pasión.

La imagen posee, además, en su ajuar otro manto de terciopelo tachonado de estrellas, así como diversos mandiles de terciopelo negro bordados en filigrana e hilo y lentejuelas de oro a juego con dos tules de gasa, también bordados en hilo del mismo metal.

La imagen lleva a los pies dos ángeles que sujetan los elementos utilizados en la Pasión, ambos de gran belleza y

expresividad, y cuya mirada dirigen al apenado rostro nacarado de la preciosa Virgen.

Desfila sobre sencilla mesa de madera de pino de A. Bercianos, flanqueada por dos enormes candelabros de plata con tulipas guardabrisas, rematados los cristales con coronillas del mismo metal, formando un hermoso conjunto muy barroco, pero elegante y sobrio.

Procesiona la noche del Viernes de Dolores con su cofradía titular, y sus damas la acompañan con peineta y mantilla española, y los hombres con traje oscuro y capa castellana. Desde hace algunos años, y en decisión acertada, ha recuperado su vela el día del Sábado Santo, esta vez vestida completamente de luto y negro riguroso con manto y mandil de terciopelo con apliques bordados de azabache.

Constituye una de las imágenes marianas más hermosas, no solamente de la ciudad, sino de la provincia, gozando desde tiempos históricos de gran devoción.

Texto y fotos: José Manuel de la Fuente

UN CORO DE CANTO GREGORIANO PARA LA PROCESIÓN DE LAS SIETE PALABRAS

Texto: David Alonso García Fotos: Asociación Parroquial de las Siete Palabras y Antonio Fortuoso Talegón.

Desde los orígenes del proyecto fundacional de la Asociación Parroquial de las Siete Palabras, la junta directiva albergó el anhelo de crear un coro propio que interpretase obras del compositor y maestro zamorano D. Enrique Satué, cuya profunda huella en la música sacra de nuestra tierra es bien conocida. Satué es autor, entre otras composiciones, de Las Siete Palabras que interpreta el coro de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la noche del Lunes Santo, así como de la sobrecogedora pieza para violonchelo que acompaña musicalmente la salida del Cristo de las Injurias en la tarde del Miércoles Santo.

Esta idea surgió durante el proceso de documentación de campo destinado a definir los condicionantes estéticos de la cofradía.

En la antiquísima historia de las cofradías de Toro, el canto polifónico ha estado presente desde los orígenes de nuestras procesiones. Un ejemplo de ello es la participación, ya en el siglo XVII, de la capilla polifónica de la Colegiata en los desfiles de la cofradía de la Vera Cruz.

Más cercano en el tiempo es el recuerdo de la salida de los pasos de la Asociación del Santo Sepulcro y la Soledad, cuando, en los años 40, los seminaristas entonaban cánticos cuaresmales —entre

ellos, las estrofas del conocido Victoria, Tú reinarás— a la salida de las imágenes titulares.

Ya en nuestro siglo, la Semana Santa toresana también se ha visto enriquecida por las aportaciones musicales de José Manuel Chillón. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, faltaba aún una “vuelta de tuerca”: otro sonido, otro matiz, otro sentimiento aplicado a la composición polifónica. Ese sueño, largamente acariciado, se ve cumplido este año.

Han tenido que transcurrir dos años para que, en el tercer año del desfile procesional, este deseo se haga realidad. A partir de ahora procesionará junto a los hermanos el coro zamorano “Capella Ocellum Duri”, dirigido por D. Eduardo Vidal, que se incorpora al cortejo para enriquecer el conjunto musical y espiritual del desfile. Serán sus cantores los encargados de interpretar las obras compuestas por Satué, quien, tras conocer la admiración de la hermandad por su música y el interés por ampliar el repertorio, mostró desde el primer momento su disposición a colaborar.

De este modo, el repertorio se verá enriquecido con tres piezas escritas para canto polifónico.

Lux aeterna, de carácter solemne, se interpretará en el interior del templo de San Salvador de los Caballeros, a puerta cerrada y exclusivamente para los cofrades, antes del inicio de la procesión. Es una súplica a Dios para que conceda la luz eterna a los hermanos difuntos.

La siguiente pieza, Yahvé, compuesta a tres voces, acompañará el recorrido procesional al ritmo de los dos tambores que marcan el caminar del Santo Cristo de la Luz. Se trata de una obra de gran intensidad religiosa, capaz de crear una atmósfera sobrecogedora a lo largo del itinerario, siendo entonada en distintos puntos del recorrido.

Por último, Ero vobiscum omnibus diebus cerrará el desfile en la entrada a la Colegiata de Santa María la Mayor, como un diálogo entre Cristo y los Apóstoles, portador de un mensaje de esperanza: «Estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos». La obra está inspirada en el final del Evangelio según San Mateo y culminará la procesión con un profundo sentido teológico y espiritual.

Todas estas composiciones evocan tiempos pasados, conmueven el alma y despiertan en el espectador un sentimiento de recogimiento a través de las estrofas del maestro Satué.

Estas incorporaciones, junto a las composiciones de David Rivas para cuarteto de viento, configuran un amplio repertorio musical sostenido por la obra de dos grandes músicos que ha dado esta tierra y que, a partir de ahora, forman parte esencial de nuestra identidad procesional.

Desde estas líneas queremos expresar nuestro agradecimiento a las colaboraciones privadas que han hecho posible que este sueño sea una realidad, así como a nuestros párrocos por el apoyo constante brindado a la cofradía.

SOBRE LOS ESTATUTOS DE LA VERA CRUZ DE VILLAVENDIMIO

El día 8 de agosto de 2016 se incorporó al archivo de la Fundación González Allende, como donación de mi profesor y amigo don Valentín Palmero Rabanero, un apreciable códice de la segunda mitad del siglo XVI que inmediatamente inventarié en los siguientes términos:

“Cuaderno integrado por cuatro piezas de pergamino un tanto irregulares, de 64 x 44 cm., aproximadamente, plegadas y cosidas con hilo de lino, de las que resultan ocho folios con las primeras ordenanzas de la cofradía penitencial de la Vera Cruz de Villavendimio.

En portada, una figuración muy ingenua del Calvario, ajustada a un patrón manierista, como la orla de motivos geométricos que la enmarca; a la propia corriente estética responde el tipo de letras de la cartela del INRI, derivadas de capitales romanas. Esta ilustración a toda página fue ejecutada sumariamente y con desmaña punible, dibujando todo ello a pluma y a mano alzada, sirviéndose de una regla y coloreándolo parcialmente en tonos planos, minio, verde y negro, aunque con aplicaciones pueriles de éste al verde del Gólgota para sugerir relieve. En el margen superior de esta primera plana agregaron después a pluma, en tinta ne-

gra y letra del siglo XIX, “Toro Villa de Vendimio”.

El texto comienza al reverso del primer folio con una E gótica muy ornamentada, en minio y morado. Tras las invocaciones e introducción de rigor, las ordenanzas de la “sancta confradía e hermandad llamada de la uera cruz + de los penitentes de Villavendimio disciplinantes” se estructuran en veintinueve capítulos con sus correspondientes títulos o encabezamientos; éstos, escritos en tinta roja de minio y aquéllos en negra; unos y otros en letra gótica próxima a la libraria, sobre renglones y entre orlas conformadas por cadenas estilizadas de remoto abolengo gótico, trazadas en rojo. En una tercera tinta, azul de tono morado, se realizaron algunas iniciales mayúsculas.

Al final, un testimonio notarial de que tales ordenanzas, presentadas por Antonio Martín, mayordomo de la cofradía, ante el doctor Francisco Rodríguez, vicario y visitador en Toro y su vicaría por el obispo de Zamora, don Rodrigo de Castro, fueron aprobadas por el mismo en la ciudad de Toro el 14 de abril de 1576, en presencia del bordador Gómez de Adrada y de un Diego Gómez. Lo suscribe Lorenzo Morán, escribano y notario público numera-

rio de la audiencia episcopal de Toro, que rubricó los textos de cada página en los márgenes inferiores. A continuación, otro breve testimonio del mismo en letra procesal y tinta ferrogálica, muy borrado por el gran deterioro del folio final”.

No es más que una coincidencia fortuita su aprobación durante el período en que regentó la diócesis de Zamora don Rodrigo de Castro, el famoso prócer hijo de la tercera condesa de Lemos, doña Beatriz de Castro, y de don Álvaro Osorio, cuyos leales servicios a Felipe II le valieron el ascenso a arzobispo de Sevilla, a cardenal y al Consejo de Estado, bienhechor del músico Francisco Salinas y de Miguel de Cervantes, así como de los afectados por las graves inundaciones fluviales de Sevilla en 1595 y 1596, y fundador del gran colegio jesuítico de Monforte de Lemos.

Por supuesto, lo más importante de este antiguo documento es su contenido y lo primero que llama la atención al leerlo es su concordancia o correspondencia literal con el texto de los estatutos de la Vera Cruz de Tagarabuena, que reseñé el año pasado en el nº 19 de la revista Toro Cofrade, pp. 2731. Resalta enseguida que su calígrafo era menos esmera-

do que el que escribió mucho antes, en 1524, el ejemplar de Tagarabuena e incurre en algunos descuidos ostensibles: comienza con la letra E mayúscula ornamentada, inicial de la invocación Exaudi nos, Deus, salutaris noster, y se olvida del vocativo Deus, nada menos, aunque lo advierte o se lo advierten y lo escribió abreviado encima. Por lo demás, con algún desliz latino se repiten al pie de la letra las mismas imploraciones para que el Señor nos libre de los enemigos por la señal de la Cruz y nos defienda de peligros por el triunfo de ésta. Prosiguen en total sintonía, situando a Dios en el “comienço, medio y fin” de la obra e impetrando el amparo de la “bendita y gloriosa virgen María, abogada de los peccadores”. A renglón seguido, prescindiendo de encabezamiento o título se copia literalmente el prólogo emocionante que transcribí en el artículo citado y ahora eludo por evitar prolijidad, sin otra alteración que la de suplantar el nombre del lugar de Tagarabuena por el de Villavendimio y alguna variante insustantiva y comprensible del copista.

La primera de las ordenanzas, presentada bajo el encabezamiento de “Capítulo de la yglesia de nuestra advocación”, como en las

Texto y fotos: José Navarro Talegón

de Tagarabuena, es la que designa el lugar sagrado en el que la cofradía establece su sede y en Villavendimio prescribieron que “sea en el humilladero que es camino de Toro”, de donde se deduce que éste ya estaba construido en 1576 donde, por fortuna, hoy subsiste, aunque vulnerado por los paños de cemento con los que no hace demasiados años enfundaron sus alzados. En la redacción de este mandato el copista se limitó a explicitar la mediación de Dios, omitiendo por negligencia la de “nuestra Señora, a quien tomamos por nuestra aduogada en todos los nuestros fechos”, que así constaría en el original. Pero su falta de aplicación en este punto lo llevó a otro descuido mayor: a prescindir tanto del título de la ordenanza siguiente como de la fórmula usual para el comienzo de su redacción, que, enmarañada por efecto de tal mutilación, aparece escrita, además, sin solución de continuidad, enlazando con el texto de la precedente y bajo un título que nada tiene que ver con el que le correspondería, “De la vigilia de la Sancta cruz de mayo”, pues su contenido consistía en regular la asistencia de los cofrades a las vísperas que se cantaban el día anterior al de la celebración festiva de la Cruz de mayo, fijando las cuantías de las sanciones a los inasistentes y a los impuntuales, superiores a las prescritas en el ordenamiento paralelo de Tagarabuena en atención a la progresiva devaluación de

la moneda, sin duda. Se establece que el abad ha de dar sendos cirios a los cofrades, que los mantendrán encendidos durante el canto del Magníficat, “y esto -se añade- sea también a las mugeres cofradas”; además, aquél estaba obligado a procurar a continuación y a costa de la cofradía una “colaçión de fruta y vino”, según la acordase el cabildo, para los cofrades “y para todos los demás que se allegaren”, que después rezarían dos paternoster y dos avemarías por las ánimas del Purgatorio. Estamos ante otro calco de lo que en el mismo artículo segundo disponen las ordenanzas de Tagarabuena, con variaciones nimias, como la que impone un maravedí en lugar de una blanca al que jurare el santo nombre de Dios “estando ansí ayuntados”, por cada vez que lo hiciera, lo que equivale a duplicar la cuantía de la sanción.

Los nueve “capítulos” o artículos siguientes coinciden con los de los estatutos de Tagarabuena en el orden de sucesión, en los contenidos y en los enunciados o títulos, que son los siguientes: De la santa de mayo, De la missa del mes, De los confrades enfermos o pobres, Del que estuuiere a tiempo de la muerte, Del entierro de los confrades, De los que morieren fuera del lugar, De los que demandaren la confradía estando al punto de la muerte, Del confrade que fuere pobre defuncto, De los paniaguados. Las ordenanzas de Villavendimio

prescindieron de un artículo que en las de Tagarabuena sigue a los precitados y se titula “De la división entre los confrades sobre el enterramiento”, dispuesto para evitar enfrentamientos, “por quitar discordia”, tras registrar que “ha avido división” de pareceres “y havía diferencia” sobre si la cofradía estaba o no obligada a participar en las honras fúnebres de los padres del cofrade soltero, lo que resolvieron positivamente usando de “piedad e misericordia” y teniendo en cuenta que “ay muchos confrades moços... porque goçen alguna libertad (debe entenderse liberalidad) de la confradía en premio de sus trabajos”. La alusión en pretérito perfecto a los desencuentros habidos por esta cuestión permite suponer que la hermandad de la Vera Cruz de Tagarabuena nació antes que sus reglas estatutarias, lo que por entonces no era infrecuente. La omisión de tal artículo en los estatutos de Villavendimio sugiere y, con otros indicios que destacaremos, refuerza la probabilidad de que éstos no fueron efecto de los de Tagarabuena sino, como ellos, de los de la Vera Cruz de Toro. También hermanan las disposiciones, encabezamientos y secuencia de los doce artículos siguientes, que tratan De los que dejaren possesión o heredad a la confradía, De la postura del abbad e quatros, De lo

que han de haçer el abbad e mayordomo e quatros, De los que no hicieren lo que el abbad e mayordomo mandaren o defendieren prenda, De los que barajaren, Del que se quejare de su confrade, De los que trajeren armas a cabildo, Del que mal dijere de la confradía, De los que demandaren la cofradía, De las missas que han de deçir por el defuncto, De las diçiplinas del jueues de la çena y Del regir la processión. Tras ellos todavía hallamos otro gemelo del que en el códice de Tagarabuena obligaba al abad a llevar “este ordenamiento” en la víspera de la Cruz de mayo al lugar “donde los confrades se juntaren a tomar la colación” y a hacerlo leer “porque todos sepan lo que han de guardar e cumplir”.

El grado de identidad entre los estatutos de la Vera Cruz de Tagarabuena y Villavendimio en los artículos o “capítulos” enunciados es tal, que la reseña de contenidos de los primeros que el año

pasado publiqué en esta revista es válida para informar con exactitud de los segundos, por lo que la resumo brevemente a continuación.

Expresan en el prólogo que las ordenanzas responden al hondo deseo compartido de abrazarse a la Cruz del Redentor, garante de la salvación del linaje humano, de permanecer cerca de ella en la vida y a la hora de la muerte y, aun reconociéndose indignos, de “derramar con disçiplina nuestra humana sangre en rremembranza de tan buen Señor”, y “en rremisión de nuestras culpas y pecados”, en plena sintonía con el gran valor expiatorio que en aquella época se concedía a la penitencia.

La autoridad suprema correspondía al cabildo o junta de todos los cofrades, cuyas decisiones cobraban validez por mayoría simple de votos, y por comprensibles razones de agilidad y eficacia delegaba todas las funciones de gobierno, salvo las tocantes al manejo de los

de quien los viera o por imposición del cabildo con las penas correspondientes. Para evitar falsos testimonios, al querellante carente de pruebas se imponía la pena que pedía al querellado. No se permitía hablar en las juntas sin haber obtenido el uso de la palabra ni levantarse del asiento y ausentarse “fasta que el nuestro abbad diga vamos de aquí”, ni revelar lo tratado en él a personas ajenas a la cofradía.

recursos económicos y a la admisión de nuevos cofrades, en un abad asistido de cuatro diputados, de los que uno desempeñaba el cargo de mayordomo. Su mandato comenzaba con la elección entre los cofrades casados en el cabildo que se celebraba en cada festividad de la Cruz de mayo y terminaba al año siguiente con la rendición de cuentas en el cabildo del mismo día. Al abad se le exigía especial probidad y solvencia: “sea persona de humildad, abonada e sin rrevuelta”; se imponía respeto a las autoridades y se penalizaba a los que les desobedecían o injuriaban; también aquéllas incurrían en sanciones cuando sus actuaciones no se ajustaran al servicio de Dios y provecho de la cofradía o cuando por negligencia ésta sufriera menoscabo.

El amor fraterno debía regular las relaciones entre los cofrades. Si algunos “barajaren” o contendieren, a la fuerza tendrán que reconciliarse a solicitud preceptiva

Emocionan las asistencias y ayudas que la cofradía prestaba a los hermanos más pobres cuando la enfermedad acrecentaba sus necesidades; cuando no disponían de recursos para socorrerlos, pedían limosna a las buenas gentes. A los que postrados se encontraban en peligro de muerte dos cofrades los velaban y confortaban cada noche hasta que mejoraban o morían. Se disponían prestaciones especiales para honrar y encomendar a Dios a los cofrades difuntos, así como a las viudas, hijos y paniaguados o criados, y a los que escuchando los pasos de la muerte demandaban el ingreso en la cofradía para, a cambio de abonar el canon pertinente, beneficiarse de las honras, gracias, sufragios y perdones a que eran acreedores todos los miembros de la misma. Previa “invitación a la cofradía” sus integrantes tenían que acudir al entierro, a “el trabar de lecho”, a sacarlo de casa y conducirlo y alumbrarlo con cirios hasta la iglesia en que se hubiere de sepultar “en proçessión honesta y hordenadamente”, asistiendo a la inhumación, misa y responso por el finado. Los mismos servicios habían de prestar al cofrade fallecido

fuera del lugar a una distancia no superior a “tres tiros de ballesta” (a 600 pasos o 450 metros, aproximadamente).

Ni a los menores de catorce años hijos de cofrades ni a los paniaguados los alumbraban. Por lo demás, las honras fúnebres eran iguales para todos, así ricos como indigentes. No se hacían distinciones ni con los que legaban bienes a la cofradía ni con los pobres carentes de recursos para costear los gastos del funeral, ya que éstos se los pagaba la cofradía.

Se reconocía una importancia capital a los actos penitenciales en cuanto los consideraban medios para emular, aunque a gran distancia, los padecimientos del Redentor y para la remisión de las culpas y pecados. Los más aparentes se desarrollaban el “jueves de la çena” o Jueves Santo; los perfilaban en un cabildo general celebrado quince días antes. Los disciplinantes estaban obligados a acudir confesados a las 15 horas y al sitio dispuesto por el abad, que no precisan los estatutos, para despojarse de las vestiduras de calle y cubrirse con una sábana o una camisa de lino, abierta por detrás para exponer la espalda a los golpes del flagelo, y para ocultar el rostro bajo un caperuz garante del anonimato que potenciaría el valor expiatorio de la mortificación. Así salían en procesión ordenada flagelándose detrás de la desnuda Cruz titular “e dos niños con dos hachas a par de la alumbrando e cantando cantos de passión”; pasaban por “todas las yglessias -las de San Miguel y San Andrés- e lugares que por nos están ordenados” y retornaban al punto de partida, donde lavaban con “vino rrosso” las

espaldas heridas por las disciplinas. De la iglesia saldrían con sus ropas de calle repuestas.

Estaban excusados de la obligación de disciplinarse los enfermos, “e el que fuere de sesenta años para vajo e por causa legítima que tenga no se deçiplina, que lleue camissa y capirote sin seña o tome vna bara e rrija la processión como fuere visto e acordado”.

Sorprende que los textos de las ordenanzas reguladoras tanto de esta procesión penitencial como de la festiva de mayo no mencionen siquiera a los cofrades de luz, pues los estatutos de Villavendimio ofrecían esa posibilidad junto a la de ser cofrades “de la cruz e deçiplina”. Escasearían porque los que optaran a ella tenían que abonar en concepto de entrada dos ducados además de las tres libras de cera que por el mismo ingreso pagaban los cofrades de disciplina. Aquéllos, de condición económica acomodada, no se flagelaban y asistían a la procesión del

Jueves Santo alumbrando a costa suya a los penitentes con una antorcha de su propiedad “en el lugar más menesteroso, como le fuere mandado”.

Otros artículos novedosos respecto a los estatutos de la Vera Cruz de Tagarabuena penalizaban al cofrade “que diese su camissa e demás aparejos al que no fuere confrade e los negare al que lo fuere”, así como al que “dixere o quisiere salirse afuera del gremio y compañía de los demás hermanos”. Ordenaron también que nadie pidiera el ingreso de su hijo en la cofradía “hasta que sea de años de buena discreçión para poder seruir”. Estipularon que por acuerdo capitular y orden de las autoridades todos estaban obligados a trabajar un día o más, si fuere necesario, “para rreparos de nuestra confradía y hermandad”. Decidieron por fin que “si su Magestad estuviese en peligro o en guerra hagamos processión porque Dios le conserue y dé victoria contra

sus enemigos e que, si differençia oviere en esta proçessión, que sea como la mayor parte de nosotros acordare e que ansí se haga por los buenos temporales”.

Tales artículos alusivos a cofrades de luz y de disciplina, como los documentados en la Vera Cruz de Toro, y a procesiones como las que los regidores de esta ciudad solían promover, con la concurrencia de los penitentes de la Vera Cruz, para implorar a Dios salud o victoria para el rey, así como “buenos temporales”, el cese de sequías, de pestes o epidemias y de plagas, reafirman mí ya fundada convicción de que las cofradías gemelas de la Vera Cruz de Tagarabuena y de Villavendimio y sus bien estructurados estatutos son efectos de la emulación que suscitó en esta comarca la de Toro, hoy extinguida y antaño la más importante y popular de nuestras hermandades penitenciales.

NADIE TIENE AMOR MÁS GRANDE…

Han pasado ya nueve años desde la primera vez que me dieron la oportunidad de participar y compartir mis reflexiones y relatos en la revista Toro Cofrade y, como dirían los más mayores, “parece que fue ayer”. Un año antes, a la salida del Cristo del Amparo de la iglesia de Nuestra Señora de Arbas, mi querido Paco Iglesias se acercó a mí mientras departía con mi padre: “Quiero que escribas el próximo año en la revista”, me dijo, y yo le contesté que estaba poniendo muchas expectativas en lo que humildemente yo podía aportar a nuestra Semana Santa. Él, al igual que harían muchos toresanos unos minutos más tarde, había leído el manifiesto de ese año en aquella procesión (recayó en mi persona y, con toda seguridad, alguien se lo filtró) y parece ser que le tocó en su parte más sensible, ya que me brindó la oportunidad que aún sigo teniendo el placer de alargar en el tiempo.

Han sido muchos los temas sobre los que he reflexionado o he intentado

aportar algo, de forma pedagógica, desde aquel ya lejano 2017: la cruz como elemento de salvación, el significado de la Pasión, el “verdadero rostro” de Verónica, los sentimientos que recorren a cada persona en los gestos o momentos puntuales (“y se abrieron las puertas” o “el mensaje de las manos” en los momentos de la Semana de Pasión)… Y este año, al ser interpelado por los responsables de enhebrar la publicación que tienen entre sus manos y después de responder afirmativamente a su propuesta, me he encontrado con varias ideas que debía casar y ensamblar: reflexiones que me llevan dando vueltas durante estos últimos años y el hecho de poder compartirlas para que, estos días tan importantes para muchos de nosotros, no se queden en un simple desfilar por las calles de nuestra ciudad, cuidando detalles de tipo estético y olvidando otros que nos podrían ayudar a engrandecernos como personas.

Decía San Pablo en uno de los pasajes más relevan-

tes de su primera carta a la comunidad de Corinto lo siguiente: “Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles” (1 Co 1, 22-23). De una manera muy certera, aquel Apóstol que no conoció personalmente al crucificado y perseguía a todos aquellos que lo tenían como modelo vital, muestra la clave de una nueva forma de vivir, de un pensamiento que ha forjado los pilares de la cultura occidental en estos últimos dos mil años.

Si lo reflexionáramos con frialdad, la cruz significa barbarie, humillación, maldición… y, por ello, a los que eran condenados a morir en ella se les conducía a las afueras de la ciudad, expulsados del “ámbito amurallado”, porque aquel gesto removía conciencias y molestaba incluso mirarlo por su terrible significado. Han pasado casi dos milenios desde que ocurrieron los acontecimientos que vamos a celebrar y recordar en estos próximos días y, como si aquello no lo tuviéramos en cuenta, nuestros gestos se resumen en el hecho de procesionar bellas imágenes mientras se mecen al compás de melodías conmovedoras; a veces, también cuidamos nuestras vestimentas, las luces, las túnicas, los rostros… Y todo ello ayuda a unos y distrae a otros, alejándonos del sentido último de la Semana Santa. Si afináramos un poco nuestra manera de enfocar los últimos gestos de Jesús de Nazaret entre nosotros, nos daríamos cuenta de que aquel hombre removió muchas de las estructuras más herméticas de su época, propuso una nueva forma de encontrar la felicidad y ensalzó, hasta el más alto de los niveles, al Amor como la fuerza más importante para trabajar por la justicia y caminar con dignidad en la Historia. Su último gesto fue convertir la cruz en símbolo de redención y enterrar para siempre el escándalo que había supuesto hasta entonces: “Nadie tiene mayor amor que el de dar su vida por sus amigos” (Jn

Texto: Francisco Javier Ucero Pérez Foto: Juan Carlos Vergel

15, 13). Sí, a primera vista, el gesto y la frase nos dejan perplejos y hasta parecen una broma, mucho más en los tiempos convulsos que estamos viviendo, en los que hacer algo importante por los otros lo primero que requiere es una contrapartida; dar la vida por el otro, en nuestros días, es mirar aquello que nos cuesta mirar (aunque sabemos que existe), enfocar las dificultades con espíritu de entrega y de cambio, luchar incluso por el que apenas cuenta… Y hacerlo realmente y no solo con bellas palabras que se quedan vacías a la vuelta de la esquina.

Y de nuestros actos, procesiones, músicas... ¿qué podríamos decir? Personalmente, pienso que todo lo que rodea a estas fechas tan importantes en la vida de nuestra ciudad se ha dignificado, ha mejorado en algunos aspectos y hemos engordado de muchos elementos otros (creo que, a veces, sin necesidad). Me gustaría que primara más la sencillez y la autenticidad: no necesitamos importar muchas cosas porque las nuestras son buenas y, en muchos momentos, profundas; tienen la esencia de lo que nos dejaron nuestros mayores y creo que no deben quedar diluidas en las nuevas formas (a veces, copiadas) que, si no las cuidamos y trabajamos bien, pueden ser más una distracción que nos aparte del mensaje principal. Estoy a favor de la evolución de los ritos, de las innovaciones, de las mejoras…, pero no a cualquier precio; nuestra forma de sentir ha ido cambiando también a lo largo de la historia, pero ello no nos tiene

que hacer perder la raíz de lo que somos y cómo se ha llegado hasta nuestros días manteniendo lo fundamental. El mensaje de salvación que está en el centro de la Semana Santa ha de reflejarse en todo lo que celebremos o representemos; los actos solemnes y las manifestaciones públicas de fe

tienen que tocar el interior del que las vive y las observa: el mensaje de la cruz no solamente se ha de quedar en la estética, sino que debe remover conciencias y tocar el corazón humano. En aquel madero está la clave de la salvación del mundo, para muchos, y en “ese árbol” desnudo o con la imagen de

un Cristo roto, herido, humillado y despreciado, están nuestras miserias y nuestra vulnerabilidad; a pesar de todo ello, su mensaje es el que es y dejó como clave de bóveda para todos aquellos que piensen que “dar la vida por los otros es el mayor gesto de nobleza y amor”.

OFICIO DE TINIEBLAS

En el corazón de la Semana Santa, cuando la liturgia se vuelve más sobria y el tiempo parece detenerse, emerge un antiguo rito que ha sobrevivido a todo tipo de reformas, siglos y silencios. Una celebración que ha conseguido mantener un aura sobrecogedora envolviendo a los fieles en un viaje a lo simbólico y el silencio dentro de una atmósfera de penumbra y recogimiento. El Oficio de Tinieblas no es un rito que se apresure, sino que avanza despacio. Se celebra cuando la tarde se inclina hacia la noche, dejando que cada sombra encuentre su lugar y que cada vela, al apagarse, cuente una historia. Tampoco es un conjunto de oraciones, sino que invita a adentrarse en el sufrimiento y la ausencia, en la desolación y la esperanza. Tiene su origen en lo más antiguo de la liturgia cristiana. En los maitines y laudes de Miércoles, Jueves y Viernes Santos. Ya en la Edad Media comenzó a adquirir un tono mucho más dramático, propiciado por esa espiritualidad medieval, momento en el que también

surgió la costumbre de apagar las velas de un candelabro llamado Tenebrario.

Entre los siglos XV y XVI el rito ya tiene la estructura que conocemos hoy en día, usando diferentes elementos o símbolos, como:

El tenebrario o saettia: es una especie de candelabro triangular que se colocaba en el presbiterio, delante del altar mayor, para que todos los fieles pudieran verlo. Tiene forma triangular porque representa a la Santísima Trinidad y está compuesto por quince velas, que representan a los once apóstoles sin Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús en la Última Cena. Otras tres velas que representan a las tres Marías: María Cleofé, María Salomé y María Magdalena. Y una última vela, situada en la parte más alta del tenebrario, que representa a la Virgen María.

Los responsorios eran cantados con la sobriedad que caracteriza al momento, puesto que tiene semejanza al oficio de difuntos. Eran melodías desgarradas que buscaban acompañar. Cabe destacar que no había him-

nos y no podían usarse elementos metálicos, como las campanas, ni instrumentos musicales, ya que estamos en un momento de recogimiento y Pasión.

El strepitus: era un estruendo final, que aparece cuando toda la iglesia queda a oscuras. Se daban golpes en los bancos, en los libros, y se tocaban carracas y matracas. Representa el momento en el que, según el Evangelio de San Mateo, Jesús murió en la cruz y provocó un gran estruendo. Mt 27, 50-51: “Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, entregó su espíritu. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos partes de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron”.

La vela que no se apaga y que se oculta. Es el símbolo más delicado. Lo que se hace es retirarla de la vista de los fieles como símbolo de esperanza, ya que luego regresa y simboliza que la luz no ha muerto, solo ha esperado. Esta vela es la que representa a la Virgen María, que fue la única que creyó y esperó la resurrección de su hijo Jesús. Es el elemento

más importante, ya que simboliza que, entre la oscuridad más profunda, el comienzo de una claridad empieza a coger fuerza. Cuando se oculta esta vela no significa que sea el final, sino que es una espera contenida. Una espera acompañada por el silencio que sigue al strepitus. A partir de aquí, comienza el Sábado Santo, un día sin liturgia, sin luz. Y es entonces cuando empieza a aparecer la respuesta de la vela que no se apaga: lo que se escondió renace. La Vigilia Pascual, que comienza con el templo completamente a oscuras, encendiendo y bendiciendo un fuego en el atrio, a la entrada del templo. De esta forma, entendemos que el Oficio de Tinieblas y la Vigilia Pascual no son ritos aislados, sino la certeza de que después de la noche siempre llega el amanecer. Era una ceremonia que se lleva a cabo con las luces apagadas y únicamente se ilumina la iglesia con las velas del tenebrario o saettia. Por cada salmo o responsorio se apagaban las velas de una en una y de abajo hacia arriba, quedando úni-

Texto y foto: Ana María de la Iglesia Rivas

camente encendida la vela más alta, la que representa a la Virgen María. Para que la iglesia quede completamente a oscuras, el tenebrario se traslada detrás del altar y se oculta mientras se canta el Miserere y, tras este, se produce el strepitus.

Como se ha mencionado anteriormente, se celebraba de Miércoles a Viernes Santo, siendo los oficios del Miércoles Santo los que recorren la Pasión entera del Señor. Los del Jueves Santo hablan de su muerte y su agonía y los del Viernes Santo honran sus exequias y sepultura.

En el Oficio de Tinieblas no se trata sólo de apagar las velas, sino que se busca contemplar la fragilidad humana. No representa una derrota, sino una espera de una clari-

dad que volverá, como la vela que reaparece al final. Cabe destacar que fue durante el Concilio del Vaticano II (1962-1965), con el Papa Juan XXIII, cuando se terminó perdiendo este ritual y cómo se celebrara en la antigüedad. Sin embargo, hoy en día, en muchos pueblos y parroquias de España, el Oficio de Tinieblas ha renacido como una nueva celebración que atrae tanto a creyentes como a no creyentes, ya que no saben bien qué se van a encontrar.

En la actualidad, la recuperación del antiguo Oficio de Tinieblas es un deseo de rescatar un rito capaz de reunir generaciones distintas, así como combinar el silencio y la memoria en un tiempo marcado por la prisa. Su

renacimiento no es sólo un gesto de nostalgia, sino también una búsqueda de la belleza austera de lo sagrado. Es importante subrayar que se ha ido recuperando gracias a la música. Como es el caso del riguroso estudio realizado por el Ensemble Semura Sonora, cuyos integrantes grabaron el disco Miércoles de tinieblas en la iglesia del Monasterio Sancti Spiritus de Toro en el año 2022. Gracias a ellos, podemos disfrutar de un Miércoles Santo de la década de 1720 con obras de artistas como Juan García Salazar (16391710), maestro de capilla de la Colegiata de Toro, de la Catedral de El Burgo de Osma y de la Catedral de Zamora; y de su alumno Alonso Tomé Cobaleda (1683-

1731), maestro de capilla de la Catedral de Zamora y de la Catedral de Sigüenza. Así como la Asociación Parroquial de las Siete Palabras, junto con el Coro de Voces Graves Capella Ocellum Duri, quienes han recuperado este rito, celebrando un concierto en la Colegiata en febrero de este mismo año.

El Oficio de Tinieblas es, en el fondo, un viaje. Cada vela que muere, cada nota que suena tímida, cada instante en el que el templo queda un poco más en penumbra, se nos invita a detenernos y mirar hacia dentro, porque la última vela, que se oculta para luego regresar, es un recordatorio de que la luz puede desaparecer de la vista, pero nunca del alma.

TORO, EL MILAGRO DE LA RESURRECCIÓN

Sábado de Pasión, 13 de abril de 1957. Hubo una Semana Santa en la que un pueblo vivió la penitencia, el dolor vivo en sus carnes. El fuego en la iglesia de Santa Catalina de Roncesvalles redujo a cenizas sus pasos e imágenes de devoción. Sólo el Ecce Homo se salvó de las llamas por no estar en la iglesia. Ni siquiera las lágrimas pudieron apagar aquel incendio voraz que les robó siglos de historia pero no pudo quemar su devoción.

Los toresanos acudieron a un pinar para hacer una sencilla Cruz de madera con dos troncos. Nunca hubo una Cruz tan de verdad, tan conmovedora como aquella que pesaba sobre los hombros de todas las gentes de Toro. Nunca hubo tampoco procesión más triste.

Casi 70 años después, la historia del incendio de Santa Catalina me sigue sobrecogiendo como la primera vez que la escuché, siendo muy niña, de labios de los propios toresanos. Aquellos niños, aquellos jóvenes, aquellos hombres y mujeres que demostraron una fe férrea y una increíble capacidad de supervivencia. Allí, en esa Cruz desnuda, estaba en verdad crucificado el Hijo de Dios.

Nadie diría ahora, cuando han pasado 69 años, que Toro tuvo que sobreponerse a

la pérdida de grupos e imágenes de devoción que eran su patrimonio más querido desde el siglo XV. Los Cristos, las Vírgenes ante las que aprendieron a rezar, que convertían la ciudad en un templo a cielo abierto cada Viernes Santo con la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla.

No soy capaz de imaginar aquel dolor, aquella impotencia sobre la que se impuso la verdad de la fe, lo intangible, el sentimiento colectivo de un pueblo que afrontó la desgracia unido. Sólo una cruz, dos troncos de pino, sostenía miles de almas.

Aunque Zamora es mi cuna, siempre escucho la llamada de Toro en los días santos; las historias de mi padre y sus amigos cuando iban con Parra al bacalao de la madrugada del Viernes Santo; esa estación santa y gastronómica en los alrededores de la Colegiata, sobre la Vega del Duero, que ahora se ha trasladado al vientre de la tierra, a las bodegas que trazan otra ciudad subterránea en el subsuelo donde durante siglos ha dormido el mosto hasta ser vino.

La lluvia me trajo a Toro de nuevo el año pasado. Era Viernes Santo, con un sol naranja asomando entre las nubes que amenazaban nuevas lluvias; el suelo mojado, los cofrades dispuestos, expec-

tantes, pendientes del cielo y de las previsiones de la Aemet.

Traspasar el Arco del Reloj es como abrir las puertas de mi otra casa, mi propia casa. Esta tierra que tanto quiero y tanto me ha dado, donde en Semana Santa hue-

le a incienso y a verdad, a las manos de una Madre aferrada a una corona de espinas, a las lágrimas de la preciosa y pequeña Dolorosa de San Julián, mi preferida, tan bonita.

Nadie diría que el fuego un día redujo a polvo obras de

Texto: Ana Pedrero Fotos: Marisol Cámara e Isidro Vergel

Gregorio Fernández, Juan de Juni, Antonio Tomé o Felipe de Espinabete. Madera sagrada desgastada de besos y plegarias. Tantas emociones, tantas promesas, tantas plegarias.

Pero Toro puso en pie una cruz que valía más que todo su patrimonio: la de un pueblo que cree, que espera, que no desfallece. Un pueblo que se entregó a la Cruz y se hizo nazareno en la esperanza, fuerte en el dolor.

Y Toro resucitó. Reconstruyó su pasado, su patrimonio, su alma herida. Regresaron a los hombros de los toresanos la hermosa Soledad y el pañuelo al aire de la Verónica; el Nazareno que bendice a su paso, el caballo encabritado de Longinos. Unas veces, reproduciendo el modelo que los toresanos guardaban en su memoria; otras, con nuevos conceptos que reflejan el paso de los siglos. Toro, la ciudad del vino y de los Carnavales, no sería la misma sin la Cruz por sus calles, sin el silencio, sin el sonido sobrecogedor de sus Conqueros o la soberbia estampa de su Cristo del Amparo, sin el cántico emocionado de las Cinco Llagas.

La Semana Santa de Toro es un tesoro devocional, cultural y etnográfico de primer orden; el lazo que une al Dios de los altares con el pueblo que pisa las calles; el invisible cordón que ata a padres e hijos a una túnica, una cofradía, una procesión, un paso.

Como el Cristo Resucitado que se alza sobre el sepulcro, Toro se puso en pie recuperando el pulso, la vida, todo

lo que nace de dentro, lo que pellizca el corazón, las tripas. Lo que nunca muere.

Cuando Toro abre sus brazos en marzo o abril, busco el rastro de aquella Cruz de dos troncos de pino, de aquellas gentes destrozadas que acompañaron como nunca a Cristo, hombre entre los hombres. Esas generaciones de toresanos que han defendido su identidad y su memoria con uñas y dientes, con latidos y lágrimas.

Sus ritos, su esencia, su forma de vivirla; el empuje popular, el silencio y el respeto en las aceras, la emoción de los abades, la solemnidad de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo cobran en Toro el valor de quien ha perdido todo y resurge de sus cenizas. Ese es el milagro.

Siendo como es una de las grandes manifestaciones de Castilla y León, hace ya tiempo que debiera ser de Interés Turístico Nacional, máxime cuando en los últimos años se han reconocido incluso con marchamo internacional celebraciones con menor identidad que van en detrimento de las auténticamente vivas e importantes. Toro es en sí misma una Semana Santa, una ciudad santa de verdad.

Ha renacido, sobrevivido y resucitado a su propia historia, a su pérdida, su tragedia; a la crucifixión colectiva que supuso un incendio voraz aquel sábado maldito.

Su historia, la fuerza inamovible del pueblo, la verdad sin imposturas de su Pasión hablan de la extraordinaria capacidad de supervivencia de

unas gentes desposeídas de todo que se aferraron a una sencilla Cruz sin renunciar al misterio de la fe.

Sin pasos, Vírgenes ni Cristos a los que rezar, cada Semana Santa cuando me escapo a Toro y veo sus procesiones y cofradías en la calle con tanta pasión y solemnidad, la alegría de los niños, el toque de las campanas,

su imponente arquitectura, el rostro curtido de los ancianos, la emoción de las madres, la gente asomada a ventanas y miradores, sus hoteles llenos, la música de su banda, viajo a aquel 13 de abril, doce años antes de que yo naciera, y es entonces cuando me encuentro con el Dios verdadero por sus esquinas, resucitando en el aire.

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TORO SEMANA SANTA 2026 by editorialmic - Issuu