COMO ME VES

![]()

MUSEO ETNOGRÁFICO PROVINCIAL DE LEÓN
MANSILLA DE LAS MULAS











Exposición Temporal
“Como me ves, te verás. Muerte, ritos y costumbres”
Lugar
Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas
Fechas
Del 30 de noviembre de 2018 al 24 de marzo de 2019
Autores Textos y Comisariado
Francisco Javier Lagartos Pacho, Agustín Rilova Simón y Carlos Luís Santos Martínez
Fotografía
Adelina Martínez González, Agustín Rilova Simón y Francisco Javier Lagartos Pacho
Montaje
Museo Etnográfico Provincial de León
Diseño y Cartelería
Editorial MIC
Edición
Instituto Leonés de Cultura Diputación de León
Impresión
Editorial MIC
ISBN: 978-84-89410-60-2
Depósito Legal: LE 438-2018












Siempre es una satisfacción para mí poder presentar una exposición que suma como aliciente, además de una faceta social, cultural y didáctica, la labor de investigación que se manifiesta en la elaboración de un catálogo, como en esta ocasión para Como me ves te verás. Muerte, ritos y costumbres.
Además, resultan significativos, tanto exposición como catálogo, por que se aproximan a la visión de la temática de la muerte en la cultura tradicional, uno de los aspectos que más ha preocupado y preocupa al ser humano, a través de la mirada de una selección de piezas y obras de arte que muestran algunos de los conceptos, tradiciones, ritos y costumbres que giran alrededor de esta cuestión.
Esta exposición y catálogo quieren sumarse al conocimiento, reflexión y difusión de los diferentes aspectos presentes en esta etapa final en el ciclo de vida del hombre. La muerte ha sido y ha estado presente en el camino de la vida y, aunque en la actualidad se evita hablar de este tema, ha sido un elemento con mucha presencia en la sociedad tradicional. Las representaciones, las costumbres y ritos en torno a la muerte, la celebración
del recuerdo de los que nos han precedido, conmemoraciones y aniversarios, la tradición de la memoria de los difuntos, la religión como elemento propiciatorio para enfrentarnos y comprender la muerte en las sociedades antiguas o, en lo terrenal, la ayuda y auxilio que se proporciona desde las cofradías, constituyen otros ámbitos que trascienden mucho más allá del propio momento de la muerte física y que en esta exposición y catálogo forman el eje científico y vertebrador de los mismos.
Resulta una oportunidad única poder contemplar reunidos en el Museo Etnográfico Provincial de León, de la Diputación de León, en Mansilla de las Mulas, algunos de los objetos que mejor representan la visión antropológica de la muerte en la cultura tradicional. Por eso, agradezco la colaboración desinteresada por parte de los propietarios y responsables para sacar adelante la exposición temporal, germen de este catálogo.
Esperamos que exposición y catálogo confirmen la importancia y el merecido valor cultural de los diferentes objetos y manifestaciones religioso-populares asociadas a la muerte dentro del patrimonio cultural etnográfico leonés.
Juan Martínez Majo
P
residente
d i P utación de L eón
La muerte del justo. El justo ve llegar la muerte sin que por eso se aflija: el ángel baja del Cielo para defenderle. Por medio de su muerte alcanza la vida y sube a la gloria con los bienaventurados
José Aragón (estampador)
Estampa litografía sobre papel y marco de madera con papel dorado
Siglo XIX
52,5 x 65,5 cm. Colección privada (Burgos)




La muerte y la vida son una realidad en el tiempo del ser humano, siendo la muerte un elemento cotidiano y cercano, presente en el camino. Aunque en la actualidad es casi un tema que se evita y del cual no se hace argumento de tertulia. A pesar de que es la única certeza en el trascurso del Hombre en esta tierra, la única, todo lo que sucede entre el nacimiento y la muerte, la vida, puede estar condicionado por la propia existencia y sus circunstancias. La longevidad del ser humano, que se ha ido alargando con el devenir de los tiempos, gracias a los desarrollos sociales, científicos y médicos, ha marcado la comprensión y valoración de la mortalidad y ha modificado las formas de la despedida o del cambio de la persona en este mundo, así como la celebración del recuerdo de los que nos han precedido.
La muerte ha sido y ha estado muy presente en el transcurso de la vida. Se convivía con ella de forma natural, se aceptaba, se asumía como un elemento más de lo cotidiano, del día a día. Tanto era así, que incluso los empedrados de los atrios de muchas iglesias conservan huesos humanos mezclados con las piedras y realzando algunas partes de esos dibujos del suelo, para que al entrar en el templo se recuerde a los que ya no están y lo poco que somos. Un ejemplo muy notorio es el solado de entrada de la iglesia de Villadangos del Páramo (León). Otras veces los huesos son de animales, pero con el mismo planteamiento de partida. Como ejemplo, los restos del empedrado del antiguo convento de San Agustín en Mansilla de las Mulas (León), actualmente Museo Etnográfico Provincial de León, pero hoy no es así, la muerte se omite. En la sociedad actual está vigente una marginación de la muerte.Se reúsa, se aparta, se ignora y oculta su presencia, centrándose su representación a los ámbitos profesionales mortuorios, tanatorios y cementerios y se circunscribe su contacto a días señalados, el día del entierro, aniversarios y un recuerdo el día de Todos los Santos 1 . Hoy la muerte ha sido apartada y separada de la vida pública y cotidiana.
1 CABRIA ORTEGA, J. L. (Cood.). Fichas sobre: La Muerte y el Morir. Burgos, 2009. Pág. 153.

LA MUERTE DEL PECADOR. Contempla pecador en el fin, que le espera, tiembla, y si quieres escaparte de los sufrimientos eternos, para con tiempo la venganza de Dios mediante un sincero arrepentimiento y una penitencia que te haga merecer el perdón de tus culpas. José Aragón (estampador). Estampa litografía sobre papel y marco de madera con papel dorado. Siglo XIX. 52,5 x 65,5 cm. Colección privada (Burgos).
Esta separación entre el ser humano y la muerte es una realidad actual debido a la profesionalización de agentes que en ella intervienen y, por supuesto, de planteamientos sanitarios, perdiendo con ello una vivencia importante del ser humano. En tiempos anteriores y no lejanos, la relación con la muerte ha sido muy diferente, la muerte se vivía.
La muerte tenía presencia en la cotidianidad con una naturalidad propia. A través de sus diversas formas se compartía en la casa, en la calle, en los templos, formando parte del grupo social y con un desarrollo y normas establecidas, se conllevaba, se apoyaba, se ayudaba, se actuaba. Esta muestra pretende exponer cómo la sociedad vivía el hecho de la muerte, cómo se articulaba y se desarrollaba.
Las diferentes sociedades han considerado el hecho de la muerte como algo simbólico, importante y presente. No existe grupo, por primitivo o arcaico que sea, que no trate a sus muertos con las formas y rituales convenientes 2 , siendo la religión la que establece una homogeneidad de ritos y formas. En nuestra sociedad, la religión cristiana católica
tiene una presencia fundamental, creando una unidad en los ritos y celebraciones, aunque cada núcleo social aportará su elemento propio, que no diferenciador. Se muestran valores antropológicos y etnográficos, tanto en las formas de actuar, como en sus representaciones materiales. Las celebraciones sociales, el acompañar y estar junto a la familia, el comunicar al grupo mediante los diferentes toques de campana y la colocación de esquelas, las viandas y vestimentas que rodean los ritos mortuorios, el trato y respeto al finado, su acondicionamiento y despedida. El hombre también ha creado elementos, enseres que le ayudan a llevar o exponer su situación, incorporándolos a las diferentes etapas de su vivencia y, por su puesto, de su muerte. Se sirve de ellos para expresarse, los usa, los crea para su servicio, también como forma de comunicarse con la sociedad en donde se localiza 3 , que muestran a la sociedad de la cual forma parte el trance por el cual esta pasando, aportando a estos elementos un valioso significado.
La religión cristiana católica tuvo una gran importancia en lo que se refiere a la apreciación de la muerte por aquella sociedad, como elemento para enfrentarse
2 ÁLVAREZ COUREL, J. Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. León, 2009. Pág. 211.
3 ALONSO PONGA, J. L. Los objetos al servicio del hombre, en DÍAZ J., PIÑEL C., DACOSTA A. y GOMÉZ LACORT E. (coord.). ENSERES. Madrid, 2002. Págs. 155-157.
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
4
y comprenderla, como un elemento de apoyo y ayuda. El Cristianismo postula claramente que hay algo después de la muerte 4 . Por eso es apreciada como un cambio, un tránsito que explica una transformación del cuerpo humano en la tierra hacia el cielo. También marcará los actos, la forma de actuar y de comportarse las sociedades y usos de elementos. En los actos religiosos y sociales relativos a un funeral, hombres y mujeres ocupan su sitio y función, se indica la forma de vestimenta, la posición y la obligación de una presencia, el qué decir y el cómo actuar.
También la representación física y visual de la muerte ha estado y está presente en el recorrido de la vida y no solo en las representaciones directas. También como una idea, a través de las formas, los sonidos, el color, los recuerdos que como tesoros valiosos o dolorosos dejan en el ser humano. Esqueletos y seres cubiertos de capas negras con guadañas, dragones y demonios, La Parca, La Flaca, La Calva, La Enlutada, La Segadora y tantos nombres que la nombran sin mencionarla, muestran la capacidad del ser humano para

Pendón mortuorio. Anónimo
Seda adamascada y madera policromada
Siglos XIX-XX.
395 x 250 cm.
Parroquia de Santa María, Mansilla de las Mulas (León)
tenerla presente sin decir su nombre. Episodios de muerte en estampas, para decorar casas y tenerla presente. La religión, con la Virgen María como máxima protectora, vinculada a las cofradías de Ánimas, cuya función primordial era y es el rogar por el buen acomodo de las almas de los difuntos en los cielos, con una especial advocación hacia la Virgen del Carmen. Santas y Santos de gran devoción popular, siendo San José, el padre de Cristo en la tierra el protector de la buena muerte. San Cristóbal, por ser protector de no incurrir en pecado cuando la muerte nos llegue y con ello conseguir y lograr la entrada del alma en los cielos. Estas imágenes mantienen presente a la muerte en la sociedad, tanto en ámbitos públicos como en los privados y personales, pues medallas y estampas estarán en contacto físico con la persona.
No debemos de olvidar la función que han desarrollado las cofradías, instituciones que dentro de sus obligaciones estaban sujetas a la ayuda de sus cofrades en el momento del fallecimiento de los mismos, con obligaciones explícitas para sus miembros, con indicaciones claras de penalizaciones de no cumplirse. Cofradías que no solo socorrían a sus miembros, sino que eran un elemento de apoyo a toda una sociedad, pues también ayudaban a cualquier individuo necesitado en este trance. Coordinaban actos, participaban, velaban, señalaban la casa y los recorridos, aportaban, ayudaban y rezaban por el alma de los difuntos. Algo muy presente es la presencia y recuerdo hacia los miembros de la

sociedad que ya han partido, con la exaltación de las ánimas, por las cuales se rezaba y se ofrecían ofrendas para misas por la salvación de las mismas. También dentro de la muerte está el “miedo” y dolor popular por las almas del purgatorio, los miedos a que los muertos vuelvan o no se marchen, el ayudarles a encontrar el descanso eterno y que no tornen a “molestar” o a “increpar” a los vivos, será también un momento lleno de supersticiones, que conviven con las creencias religiosas.
Estandarte Ánimas, Cofradía de la Vera Cruz
Pilar González
Terciopelo negro y pintura al óleo
Siglo XIX, 1891
110 x 84 cm.
Colección particular (Burgos)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES


El rito de la despedida se convertía en un hecho social ineludible que unía a una comunidad. Incluso si existía alguna enemistad con el finado, se apartaba. Se asistía al velatorio, se participaba en los funerales y en el entierro; la familia, amigos e invitados residían en la casa del difunto haciéndose partícipes del dolor. Existían normas de vestimenta, se comía y se bebía, dentro de un orden y de las posibilidades de la propia familia, el comportamiento y participación social estaban perfectamente organizados, hombres y mujeres separados, tanto en habitaciones en la casa como en los cortejos fúnebres y celebraciones religiosas.
El cuerpo del finado era tratado con sumo respeto. Se amortajaba con hábito o sus mejores prendas y se depositaba en su ataúd, elemento que muchas veces, en tiempos no muy pasados, no estaba al alcance de muchos y se convertía en una manta. La conducción del cuerpo se hacía en unas andas o ataúd de cofradía comunitario. Siempre se debían realizar los funerales con el cuerpo presente, ya que existía la convicción de que era más afectivo para la salvación del alma del difunto.
Catecismo de la Doctrina Cristiana explicado y adaptado a la capacidad de los niños
San Antonio Claret
Imprenta de Pablo Riera, Barcelona, 1862
Libro impreso en papel
15,5 x 10,5 x 3 cm.
Colección Juan Carlos
Pascual de Cruz (Valladolid)
La única cosa necesaria o reflexiones, pensamientos y oraciones para morirse santamente.
María José de Geramb
Imprenta de Pablo Riera, Barcelona, 1865
Libro impreso en papel
19,5 x 13 x 2,5 cm.
Colección Juan Carlos
Pascual de Cruz (Valladolid)
El lugar del reposo, el cementerio donde descansará el cuerpo, sitio sagrado y cuidado. Se colocan elementos que recuerdan al ser querido que allí reposa; una cruz, una lápida, un panteón, señalizarán el lugar. Lugares para volver a orar y pedir por los que ya han partido.
La muerte también deja el recuerdo, se crean y se mantienen en nuestra memoria y en nuestras acciones hacia el difunto, esquelas, recordatorios, aniversarios, objetos y costumbres que nos los hacen presentes. Y la obligación legal y social del finado hacia los que aquí se quedan, sus últimas voluntades, los testamentos, a veces cargas llenas de compromisos, a veces sorpresas de bienes materiales no esperados, pero la gran mayoría repartos más o menos supuestos de lo que los muertos dejan. Muchos dejarán peticiones para que se rece por sus almas, obligaciones sociales y religiosas con el encargo de misas y donativos a cargo de los bienes que aquí dejan.
La muerte sí es un elemento presente o lo ha sido, de una forma constante, con o sin miedos, o miedos controlados, a través del día a día de la vida. Se han escri -

to cuentos, novelas, poemas y difundido historias reales, ficticias, inventadas o supuestas. Y cómo no, el sonido. El de las campanas, que cuentan a la sociedad la partida de uno de sus miembros, es también el que nos lo recuerda en las celebraciones religiosas. La música, los sonidos que se inspiran en la nostalgia de la marcha y pérdida de los seres queridos. La sociedad ha creado supersticiones sobre la muerte que, a veces, hasta superan a la realidad. Tradiciones y costumbres para conmemorar y recordar a los difuntos e incluso para tener presente muestra propia muerte.
Retrato post mortem de niño Matías Viejo Suárez Anónimo. Papel impreso 1918, 8,4 x 6,2 cm. María Jesús Díez Viejo
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES

La enferma y su familia
Teófilo Ceballos Quevedo (Tudela de Duero, Valladolid).
Papel. 1940-1950
Exposición Temporal
Sueños de plata. El tiempo y los ritos. Fotografía y antropología en Castilla y León (2012)
Museo Etnográfico de Castilla y León, Zamora Fundación Joaquín Díaz, Urueña (Valladolid



No puede haber algo tan vinculado a la propia vida como la muerte. En nuestra sociedad, la religión cristina católica tiene una notable presencia, participando en los momentos más importantes del hombre y, por su puesto, en la partida del mismo de este mundo, incluso podríamos definirlo como religiosidad popular, ya que el temor a lo que se desconoce, al después de la muerte, hace que el ser humano actúe con comportamientos vinculados a lo religioso 5 . La muerte se hace presente y lo último que recibían los enfermos y moribundos son los Viáticos de la Extrema Unción 6 . Los Santos Óleos, la despedida religiosa que con la unción preparaban el alma a través del cuerpo para ayudarles en la partida.
A la muerte se le da forma material en elementos claros y concisos, por medio de esqueletos, huesos, calaveras que, al fin, son los restos visibles del ser humano, pero también a través de formas y expresiones simbólicas y alusivas. En las tierras leonesas, el Pendón se mantiene como elemento representativo de una comunidad 7 . Los hay diferentes dentro de una misma población que, con sus valores y formas, se muestran y participan en los diferentes actos sociales y religiosos. Por supuesto, en el momento del fallecimiento se hacen presentes, con sus grandes paños negros ondeando en las calles, mostrando la muerte y encabezando las exequias del difunto. También los estandartes, en imágenes no alusivas sino explícitas, de calave -
ras y tibias señalizan la muerte en el hogar donde ha estado y el camino del cuerpo hasta su morada final.
Es en el siglo XIX, en la época llamada del Romanticismo, cuando la muerte va a tener un valor literario y una presencia social muy notoria. Se publicarán numerosos libros y tratados sobre la muerte, incluso catecismos con elaboradas explicaciones en torno a ella, así como escritos enfocados a la educación o influencia infantil con la intención de inculcar ciertos valores e ideas relacionados con este tema, como el ejemplo del catecismo escrito por el que fuera confesor de la propia

Collar. Anónimo Azabache
Siglo XVIII-XIX, 36 cm. Colección privada (León)
7 MARTÍNEZ GARCÍA, P., LAGARTOS PACHO, F.J., Pendon_es. León, 2017. Págs. 11-13.
6 MARTÍNEZ GARCÍA, P., LAGARTOS PACHO, F.J., Pendon_es. León, 2017. Págs. 11-13.
5 CASADO C. y ARIAS M. (Coord). Museo de la arriería maragata Ventura Alonso. Santiagomillas (León). Salamanca, 2000. Pág. 77.
Reloj de pared. Anónimo. Madera policromada y metal. Siglos XIX-XX.
33 x 24,5 x 15 cm.
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

Reina Isabel II, San Antonio María Claret; “Catecismo de la doctrina cristiana”, editado en 1862, explicado y adaptado a la capacidad de los niños, con numerosas ilustraciones.
Otro de los diferentes ejemplos de estas ediciones es el libro del Trapense R.P. María José de Geramb; “La única cosa necesaria, o reflexiones, pensamientos y oraciones para morir santamente. La eternidad se acerca y no pensamos en ello”, publicado en 1865, que pretendía influir en el pensamiento social de la época. No solo escritos, si no también estampas y láminas que representaban el hecho de la muerte se exponían en los hogares. Siempre desde un punto de vista religioso, con ángeles y demonios, santos y santas, en el fin de los días de permanencia en la tierra. Como ejemplo sirven las estampas de la “ La muerte del pecador ” y “ la muerte del justo ”, imágenes que estaban presentes en el día a día.
Un elemento que siempre ha estado ligado a los hombres es el reloj, el que mide el tiempo. Es una manera que el hombre ha tenido para controlar la vida, su transcurso y su final, instrumento que marca los hitos del ser humano. Siempre las sociedades han marcado el transcurrir del tiempo, señalando acontecimientos, muchos y variados y, cómo no, la muerte y despedida de los seres queridos es algo muy presente entre los vivos, marcando los cabos de año, los aniversarios 8 , etc. Los relojes marcan en la vida los tiempos y recuerdos de los muertos e, incluso, se heredaban de una forma muy especial como recordatorio, de generación en generación, de persona a persona.
Los espejos velados son utilizados como símbolo de la presencia de la muerte en una casa. Cumplen una función para el acicalamiento y la coquetería, ya que reflejan y muestran a los que a ellos se asoman. Estas acciones no están bien vistas en los momentos de dolor dentro de una casa y menos por la partida de un ser querido. También de una forma supersticiosa, los espejos son tomados como ventanas al otro lado de la vida por donde los espíritus pueden asomarse. Por estas ideas los espejos se velaban, se tapaban 9 para que en los días de sepelio sus funciones de reflejo no alterasen el transcurrir del duelo, además de mostrar el triste acontecimiento que sucede en la casa. Estos elementos no son muy llamativos en las casas más humildes, a veces de pequeño tamaño, los cuales se ocultaban, siendo los de pared los que se cubrían. Son muchos los objetos que muestran el luto, el
Reloj de bolsillo con cadena.
Anónimo, Metal dorado. Siglo XIX, 8 x 5,5 x 1,5 cm. y 29 cm (cadena). Colección privada (León)

8 ESPINA BARRIO, A. B. Medida del Tiempo. Obsesión del individuo por regular y medir el tiempo en VV. AA. Catálogo de la colección del Museo Etnográfico de Castilla y León. Madrid, 2004. Págs. 53-54.

Retrato post mortem de niña (Soria)
Rafael Romera
Papel
Exposición Temporal Sueños de plata. El tiempo y los ritos. Fotografía y antropología en Castilla y León (2012)
Museo Etnográfico de Castilla y León, Zamora
Archivo Histórico Provincial de Soria.
Fondo Rafael Romera
dolor, la pérdida del ser querido, que nos recuerdan la muerte presente en la vida cotidiana, las prendas de vestir visibles se vuelven negras, hacheros de velas encendidas nos los recuerdan en la iglesia durante los ritos y celebraciones. Elementos personales, pendientes, anillos, rosarios, todos ellos realizados en azabache están presentes como elementos preventivos y como amuletos en contra de la enfermedad y de la muerte, aunque también se han utilizado como representación del luto y de la propia muerte 10 , ya que piezas de esta piedra negra han sido encontradas en enterramientos en las tierras de León. Este elemento del azabache ha estado ligado a las tierras leonesas de una forma muy directa, siendo las peregrinaciones hacia Santiago uno de los motores que impulsaron este comercio, apareciendo incluso un amplio sector artesanal hasta el siglo XVII en la propia ciudad de León, conservándose aún hoy día el nombre de la calle Azabachería 11 .

Espejo. Anónimo Madera dorada y policromada
Siglo XIX
84 x 54 x 9 cm. Colección privada (Burgos)
Figa. Anónimo. Azabache
Siglo XVIII. 13 x 5 x 1,7 cm. Colección Museo. Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

11 ALONSO GONZÁLEZ, J. A., Colección etnográfica. Museo de León. León, 1997. Pág. 129.
10 ALONSO GONZÁLEZ, J. A., Colección etnográfica. Museo de León. León, 1997. Pág. 35.

9 FRAILE GIL, J. M. Nacimiento, juventud, boda, muerte. Las edades del hombre en VV. AA. Catálogo de la colección del Museo Etnográfico de Castilla y León. Madrid, 2004. Pág. 66.
COMO ME VES TE VERÁS MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES

Ceremonia de entierro de cuerpo presente
Teófilo Ceballos
Quevedo (Tudela de Duero, Valladolid), Papel. 1940-1950. Exposición Temporal
Sueños de plata. El tiempo y los ritos. Fotografía y antropología en Castilla y León (2012). Museo Etnográfico de Castilla y León, Zamora . Fundación
Joaquín Díaz, Urueña (Valladolid)
Los hacheros, esos grandes candeleros para poner las enormes velas, las hachas, que son la ofrenda y el recuerdo en los templos. Velas que se encendían en oración como ofrecimiento por el descanso de los difuntos, y que han sido el testimonio de comunidad dentro de las celebraciones religiosas del pueblo. Estos elementos estaban presentes en todas las casas y los llevaban a las iglesias en los periodos de luto para su uso; un uso privado en la celebración de los ritos religiosos comunitarios.
Si hay algo que comunica la presencia de la muerte en una comunidad, es el sonido, la voz de las campanas, cuyo tañido notifica la partida de este mundo de un ser, de un miembro del colectivo. Los toques de las campanas se suelen realizar en series de tres, que a su vez se repiten y son de diferente duración en cada localidad 12 , incluso se diferencian para hombre y mujer o para párvulo, niños de corta edad.
Pendientes.
Anónimo
Azabache y metal dorado
Siglo XIX.
3 x 1,5 cm.
Colección privada (León)

Campana, Anónimo
Bronce fundido, Siglo XVII, año 1660
55 x 37 x 37 cm.
Parroquia de San Esteban Protomártir, Hormaza (Burgos)
Las imágenes hablan por sí solas y en el caso de la muerte muestran la forma de vivirla, de comportarse y actuar del ser humano, cómo cuidaban la despedida y cómo se asumía dentro de la sociedad. Se retrató la muerte con valores sociales y culturales, pero además la propia familia quería tener un recuerdo de la despedida de este mundo, del ser querido y no se dudaba en retratar al finado y el momento del adiós como algo cercano y digno de tener presente.



Collar. Anónimo Azabache.
Siglo XVIII-XIX
27 cm. Colección privada (León)
Misterio del rosario
Anónimo,. Azabache
Siglo XVII 22 cm. Colección privada (León)
12 ALVAREZ COUREL, J., Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. León, 2009. Pág. 214.
Nª Sª de Los Desamparados
Anónimo. Estampa calcográfica sobre papel. Siglo XIX, año 1826
52 x 37 cm. Colección privada (Burgos)


La religión ayuda; es un fuerte pilar para sobrellevar la marcha de este mundo; es consuelo y esperanza, un elemento clave en la sociedad tradicional. A la muerte la vestimos de negro convirtiéndose en el color del duelo y del luto, de las prendas que lucirán los sacerdotes en las ceremonias de despedida, con capas pluviales utilizadas en los desplazamientos por las calles para ir a recoger el cuerpo del finado a su casa y posteriormente depositarlo en la tierra, en el cementerio, y en las ceremonias en la iglesia, vestirán casullas negras. No debemos olvidar los viáticos, las ceremonias de atención al agonizante en los momentos previos a la despedida de este mundo. El sacerdote dispensaba los últimos auxilios religiosos, llevaba consigo una caja, en muchas ocasiones en forma de libro que, en realidad, era un pequeño altar que se utilizaba para oficiar el sacramento de la Extrema Unción al moribundo, llevar los Santos Óleos e, incluso, valer para celebrar la Santa Eucaristía.
Ha venido la muerte a la casa. Toca preparar el cuerpo del difunto. Se le amortaja en la esfera más íntima y privada, se le vela y ya aparece la familia y vecinos que comparten y alientan. Se traslada el cuerpo del fallecido a la iglesia en donde se realiza el oficio de difuntos. La Eucaristía, como acto central de petición e intersección ante el Señor y, al final, el “absolutio”, el responso, la interpelación al Señor por el descanso eterno del alma

ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Insignia Cofradía de Ánimas.
Anónimo
Metal. Siglos XVIII
11 x 8 cm.
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

13 CABRIA ORTEGA, J. L. (Cood.). Fichas sobre: La Muerte y el Morir. Burgos, 2009. Pág. 292.
del finado. Desde la iglesia se procede al traslado en procesión del cuerpo al cementerio 13 , allí se le despide, se reza por su eterno descanso y del descanso de las almas de todos los difuntos y se procede a la sepultura del cadáver, siempre con la presencia de la sociedad y con un representante que pueda dar fe del hecho, siendo el sacerdote el encargado de esta última labor. La despedida del ser está ligada a la religión con lazos muy fuertes, en aquella sociedad no se entendía este adiós sin la constante presencia del ideal cristiano. Tenemos que resaltar que el rito del entierro en el ámbito de toda la península es muy rico en tradiciones y se adaptan a muchas tradiciones locales, costumbres y usos propios de cada pueblo.

Mortaja de hombre.
Anónimo
Algodón. Siglo XX
140 x 44 cm.
Junta Vecinal de Quintana de Fuseros (León)
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
El cuerpo del difunto es tratado con sumo respeto. Se acondiciona para su despedida y se viste con las mejores galas, por eso la expresión popular de las modistas y de los sastres que alude a que sus mejores atuendos 14 están en los cementerios. La vestimenta que se ponía a los difuntos siempre ha sido algo complicado y con una importante carga simbólica. Desde una prenda blanca y sencilla, símbolo de humildad y prenda igualitaria para hombres y mujeres, se ha ido evolucionando hasta el punto de vestir a los difuntos con sus mejores atuendos. Muchos de los fallecidos dejarán indicaciones en los testamentos para la adecuación de la mortaja 15 e incluso la dejarán preparada en vida. Van desde grandes camisolas blancas, hábitos de cofradías y de órdenes religiosas (San Francisco y del Carmen) hasta trajes de gala de estamentos militares o civiles e, incluso, trajes de la boda. Un detalle lleno de mayor tristeza son las mortajas infantiles, generalmente blancas. Eran las propias madres quienes disponían el cuerpo de sus hijos para la despedida 16 . Solían poner sobre el cuerpo del finado símbolos religiosos, rosarios entrelazados en sus manos, cruces, medallas o estampas, además de introducir en el ataúd Bulas que el difunto tendría compradas por los días de indulgencias que habría conseguido en vida.

Mortaja de mujer
Anónimo
Algodón estampado
Siglo XX
100 x 44 cm.
Junta Vecinal de Quintana de Fuseros (León)
Colección Museo
Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
16 ALVAREZ COUREL, J., J., Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. León, 2009. Pág. 212.
15 CASADO C. y ARIAS M. (Coord)., Museo de la arriería maragata Ventura Alonso. Santiagomillas (León). Salamanca, 2000. Pág. 78.
14 FRAILE GIL, J. M Nacimiento, juventud, boda, muerte. Las edades del hombre en VV. AA. Catálogo de la colección del Museo Etnográfico de Castilla y León. Madrid, 2004. Pág. 66.
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Medalla y capa
Metal plateado y tejido de paño
Siglos XIX-XX
8,5 x 6,3 cm. y 108 x 67 cm.

Elementos de Cofradía
Anónimo Cofradía de Santa Eugenia, Mansilla de las Mulas (León)
Campana
Bronce y madera
Siglos XVIII
14,3 x 18 cm.


Vara Orfebrería en plata
Siglos XVIII
157,5 x 7 cm.
Estandarte
Seda adamascada, pasamanería y óleo sobre lienzo
Siglo XIX
247,5 x 109 x 2 cm.




Gorro de mortaja de párvulo
Anónimo
Algodón estampado Siglos XIX-XX
33 x 36 cm. y 13 x 11 x 13 cm.
Colección Particular (León)
Mortaja y gorro de párvulo
Anónimo
Algodón estampado con apliques de tela Siglos XIX-XX
79 x 60 cm. y 13 x 11 x 13 cm.
Parroquia de Santa Colomba, Villanueva del Carnero (León)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES

Vitrina de San José. Anónimo Vitrina en madera dorada, barro cocido y policromado, estampas litografías sobre papel y medallas de metal. Siglos XIX y XX 60,5 x 49 x 11 cm. Colección privada (Burgos)
Hachero Anónimo Madera pintada Siglo XIX 120 x 114 x 35 cm.
María Victoria Alonso Fernández Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Una vez amortajado el cadáver, se deposita en el ataúd, si lo hubiera. Aunque hoy en día es un elemento común, antiguamente suponía un lujo que muchas veces no era alcanzable y una manta o sábana blanca en el suelo lo suplía. La mayor parte de los ataúdes eran realizados por los carpinteros de la zona, de forma muy sencilla y con materiales muy baratos. Hay que mencionar expresamente la utilización que han tenido los ataúdes comunitarios, normalmente propiedad de alguna cofradía o de la propia

“Como me ves te verás.
¿Qué sois hombres?

Andas funerarias, adultos. Anónimo Madera pintada y metal, Siglo XX 297 x 78,5 x 50 cm. Parroquia de Santiago Apóstol, Malillos de los Oteros (León)
Tapa de ataúd de párvulos
Anónimo
Madera policromada
Siglo XVIII.
97 x 47 x 14 cm.
Parroquia de San Esteban Protomártir, Hormaza (Burgos)
Pero este ataúd no era válido para todo el mundo ya que, desafortunadamente, la mortandad infantil ha sido muy alta y para la despedida de estos pequeños se realizaron ataúdes especiales también comunitarios, blancos o decorados con ángeles, que mostrasen la pureza de los infantes que en ellos iban y el cuidado y delicadeza con que se trataban. Un ejemplo notable es la tapa de ataúd de párvulos que se conserva en la Parroquia de San Estaban Protomártir de Hormaza (Burgos), que tiene representado un ángel portando una azucena en su mano derecha, símbolo de la pureza e inocencia, mientras que con la mano izquierda señala al cielo, lugar de destino del alma del infante que lleve el ataúd.


Porta viático
Anónimo
Madera, madera pintada y metal
Siglos XIX-XX
33 x 21 x 17 cm.
Parroquia de Nuestra Señora La Blanca, Campazas (León)

Ataúd comunitario. Anónimo.
Madera policromada.
Siglos XIX-XX. 270 x 59 x 95 cm.
Parroquia de la Inmaculada, Hontanas (Burgos)


Andas funerarias párvulos
Anónimo
Madera pintada y metal
Siglo XX
175 x 55,5 x 51cm.
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTES, RITOS Y COSTUMBRES


Otro ejemplo de este tipo es el Ataúd de la Caridad de la iglesia parroquial de Nuestra Señora La Blanca, de la localidad leonesa de Campazas. Aunque sin una cronología definida, fue utilizado para los enterramientos de los pobres de solemnidad o que no tenían los suficientes recursos económicos como para costearse uno propio. Se utilizaba durante el velatorio del cadáver y el transporte al cementerio y una vez allí se depositaba el cadáver directamente en la sepultura de tierra y se regresaba con el ataúd a la iglesia para que fuera utilizado de nuevo cuando fuese necesario. Esta forma de actuar, con estos elementos, ha estado muy presente en casi todas las parroquias e incluso también se utilizaba para la creación de túmulos funerarios conmemorativos en diferentes celebraciones religiosas.
La celebración del entierro o despedida religiosa se tiene que oficiar en lengua vernácula y, por supuesto, el “absolutio” o responso siempre sobre el cuerpo presente. Esta celebración se debe realizar acompañada de cantos, por la importancia del acto de despedida, porque de esta forma se tiene más certeza de que el ofrecimiento religioso tiene más valor a los oídos del Señor. Estos cánticos deben de ser pascuales y los ornamentos litúrgicos utilizados morados, correspondientes al periodo de
17 CABRIA ORTEGA, J. L. (Cood.). Fichas sobre: La Muerte y el Morir. Burgos, 2009. Pág. 293.
Crismera del Arciprestazgo. Anónimo Orfebrería en plata. Siglos XVIII
40 x 17 x 27 cm. Parroquia de Santa María, Mansilla de las Mulas (León).
Cuadro Virgen del Camino. Anónimo Estampa litografía sobre papel y marco de madera dorado
Siglo XX
31 x 38,5 x 1,5 cm.
Adelino Lagartos Herreras, Vallecillo (León)
la Pasión. Een muchas ocasiones este color cambia o se combina con el negro (el negro para todos los fieles y morado 17 para los miembros de la jerarquía eclesiástica).
La religión y su valor no solo está en el momento de la despedida de este mundo. Siempre se ha tenido presente a lo largo de la vida mediante los santos y santas protectores, rogándoles su protección, no de la muerte, que la tenemos como un hecho real y por el que todos debemos pasar, sino de una mala muerte. San Cristóbal, santo al cual se suplicaba que la muerte no nos cogiese en pecado y no morir de muerte súbita. Solo con mirarlo nos protegía ese día, eso sí, había que mirarlo y rezarlo todos los días, de ahí la existencia de grandes imágenes del santo en las iglesias. San José, padre de Cristo en la tierra, como abogado e intercesor de las almas al llegar a las puertas del cielo y abogado de la buena muerte. Otros santos serán objeto de nuestros rezos y ruegos, como San Jerónimo, intercesor de las ánimas del purgatorio y mencionado en la mayor parte de los cantares de las novenas de ánimas como el de Abelgas de Luna (León):
“Quien San Jerónimo fuera
Para poder explicar
Lo que padecen las almas
Que’n el purgatorio están”
No debemos olvidar a la Virgen María, siempre como Madre protectora, a la cual nos confiamos. En cada pueblo, comarca o gran urbe hay una devoción hacia la advocación de una Virgen. En León, la Virgen del Camino o en La Maragatería, la Virgen

del Castro, cuentan con una llamativa devoción. También debemos de recordar a la Virgen de los Desamparados de Valencia, patrona de la ciudad, cuya figura fue realizada para acompañar de los difuntos a su última morada y cuenta con una notable y extendida devoción hacia su figura como madre protectora por toda la península. Son muy numerosas las estampas, cuadros e imágenes que se colocarán en los hogares como electo de protección y para propiciar el recuerdo y la oración. También las medallas personales, que se portearán de forma continua, siendo las figuras de la Virgen María y de San José las más numerosas.
San Jerónimo, Anónimo
Tejido, brocados, apliques, madera y papel
Siglo XVIII. 36 x 30,5 x 1,5 cm. Colección Museo
Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Virgen de la Soledad. Anónimo
Escuela Castellana. Óleo sobre lienzo. Siglo XVII
65 x 52 x 4 cm. Colección privada (Burgos)
19 RILOVA SIMÓN, A., Catálogo de obras pictóricas de los centros religiosos de Palacios de Benaver, Sasamón, Villasandino y Melgar de Fernamental. Villas burgalesas en el Camino de Santiago. Vitoria, 2015. Pág. 139.
18 LLAMAZARES
RODRÍGUEZ, F., Los pasos de la Semana Santa de León. Madrid, 1992. Págs. 12-13.
En León existe una notable devoción a la Virgen de la Soledad, Virgen de luto, que con un gran manto negro cubre su cuerpo. Tenemos diferentes tallas con esta representación en diferentes iglesias de la provincia, como en la de Nuestra Señora del Mercado en la capital o en la Parroquia de Santa María en Mansilla de las Mulas (León). La Cofradía Sacramental de Minerva y Vera Cruz, de la ciudad de León, saca en procesión una talla de la Virgen de la Amargura, que es en realidad una imagen de la Virgen de la Soledad, conocida popularmente como Virgen de la Paloma 18 , ya que a partir del siglo XVII gozó de una gran fama y veneración con una amplia difusión. Estas imágenes están en actitud orante, de rodillas y con las manos entrelazadas. Viste túnica blanca y un gran manto negro que la cubre por completo. Es la indumentaria propia de viudas del siglo XVII 19 , como prueba de dolor del ser querido, un ejemplo a seguir por las mujeres de la familia.
Los planteamientos religiosos han llevado a la creación de agrupaciones sociales vinculadas con el organigrama de la Iglesia, las llamadas cofradías. Estas instituciones religiosas tienen como fin primordial honrar al Señor a través de diferentes advocaciones, pero teniendo muchas veces la obligación y el mandato de cuidar o estar presentes en las despedidas de este mundo de los miembros cofrades, mediante la ayuda, el socorro y la participación directa en las exequias y funerales, el ayudar en los



momentos siempre difíciles de la muerte. Esta forma de actuar viene dada por que la sociedad siempre ha tenido conciencia de la despedida de sus miembros como algo comunitario, como un deber, una ayuda del grupo al individuo, no solo la familia directa, sino toda la comunidad. Las cofradías no solo ayudaban a sus miembros participantes, sino que muchas de ellas se involucraban en la despedida de cualquier miembro de la sociedad que así lo necesitase, incluso había algunas que eran creadas con ese propósito de asistencia.
Las cofradías podían estar presentes en todos los actos públicos de los funerales, encargarse de tocar o repicar las campanas, señalizar la casa de duelo, acompañar a la familia y al finado, hacer los traslados del cuerpo a la iglesia y al cementerio, participar en los ritos religiosos y dar santa sepultura al cadáver 20 . Todo estaba reglado en las normas
o estatutos de las cofradías, cómo se debería de actuar y las obligaciones de los cofrades. Tanto es así que la falta sin justificación a estas obligaciones estaba sancionada mediante un pago económico, que iba destinado a la redención de las almas de los difuntos.
Normalmente, en los actos que estaban presentes los cofrades, había uno que portaba la insignia de la cofradía y la casa del finado, en muchas ocasiones, era señalada con un estandarte de la Cofradía. Si poseía uno mortuorio, era el que se utilizaba y estaba presente durante todos los momentos de las exequias fúnebres. Son muy numerosas las cofradías de la Santa Vera Cruz que, en sus normas fundacionales, incluyen la atención de los difuntos, darles santa sepultura, fueran o no miembros de la misma. Un ejemplo de este tipo de cofradías es la que se localiza en la localidad leonesa de Castrotierra de Valmadrigal, donde en el capítulo XVII de su regla dice:
Tablas de anotación.
Anónimo Madera, tejido y papel
Siglo XVIII
42 x 18 x 2,5 cm. Narciso González González
20 REPRESA FERNÁNDEZ, D. Donde el conocimiento no llega. Creencia y religiosidad popular en la comarca burgalesa de Cervera en VV.AA. Estudios de etnología en Castilla y León (1992-1999). Valladolid, 2001. Págs. 193-202.
Hachero con cajón
Anónimo
Madera pintada
Siglos XIX
113 x 29 x 20 cm.
María Victoria Alonso Fernández
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León,
Mansilla de las Mulas (León)

“Tan pronto como algún hermano muera mandara el abad o mayordomo al muñidor, si estuviese en el pueblo o si no a otro hermano, tocar la campanilla de la cofradía una vez por las calles; además nombrara un hermano o dos, según siga la vez para que toquen las campanas a muerto hasta dar sepultura; a otros dos, hacer la sepultura, llevar las andas en casa del difunto, colocarle en ellas. Y por este trabajo recibirán de parte de la casa del difunto un azumbre de vino y una libra de pan” 21 .
Llama la atención la presencia en muchos templos de cajas limosneras, dedicadas exclusivamente a la salvaguarda de las Ánimas, cuya constante recolecta estaba destinada a oficiar misas por el eterno descanso y salvación de las almas del purgatorio, procurando su entrada en el cielo. Además, existían carteleras que incluso indicaban la ceremonia en que se iba a oficiar: “Hoy se saca ánima del purgatorio”. Dentro de esta costumbre de aportaciones para la salvación del alma están también los donativos y presentes que en vida podía hacer una persona; las Bulas, documentos religiosos por los que, mediante el preceptivo pago, justificaban o excluían de una obligación, sin incurrir por ello en falta o pecado. En muchas ocasiones se introducían en la mortaja del difunto, pues con ellas se ganaban días de indulgencias.
21 CASADO LOBATO C. El nacer y el morir en tierras leonesas. León, 1992. Págs. 39-40.
Limosnera de plato
Anónimo
Madera policromada
Siglos XVIII-XIX
17 x 11 x 12 cm.
Colección Museo
Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

Limosnera. Anónimo Madera policromada
Siglos XVIII-XIX
40 x 14 x 17 cm.
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)



Paño de ofrendas
Anónimo
Tejido, encaje y bordado a punto de cruz
Finales siglo XIX
100 x 60 cm.
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Diferentes tipos de cirios y velas Cerería Leopoldo Moro de La Bañeza.
Cera. Siglo XX
20,5 x 11 cm.,
8,5 x 3 cm. y 17 x 5 cm. (aprox.). Leopoldo Moro Fernández.
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Certificado de participación perpetua Anónimo Papel impreso 1950
24,5 x 36 x 1,5 cm. Colección privada (León)

COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Cuadro de Ánimas, Virgen del Carmen.
Anónimo
Pintura al óleo
sobre tela
Siglo XVII
x 101 cm.

Dentro de esa intencionalidad de la participación social por parte de la comunidad se debe de tener en cuenta la presencia también de las cofradías de Ánimas, cual fin primordial era o es el de recordar a los difuntos y tenerlos presentes para rogar por la salvación de sus almas. La muerte, presente en el día a día con la intención de salvar las almas de los fieles difuntos de las llamas del purgatorio y rogar por su ingreso en el paraíso del cielo. En todos los pueblos ha existido esta clase de cofradías, agrupaciones para rezar y promulgar mediante las ofrendas el tránsito de las almas del purgatorio a los cielos. Estas agrupaciones, además, tenían como patronos a las advocaciones patronales de cada pueblo. Destacamos la presencia de la Virgen María: nadie como una madre para interceder por un hijo. La más socorrida y presente es la Virgen del Carmen. Suele presentarse con el hábito carmelita, vistiendo túnica oscura y capa blanca, normalmente sobre fondos de nubes celestiales que ensalzan su figura y a la vez la sostienen. Siempre se representa a la Madre de Dios como protectora, mostrando los brazos abiertos en actitud de protección y de recibimiento, con actitud piadosa y de afabilidad. En la parte inferior de
las imágenes suelen aparecer las ánimas en el purgatorio, representadas en cuerpos desnudos, de hombre y mujer, y entre ellos representadas las llamas del infierno. Estas figuras suelen dirigir su mirada hacia la Virgen, en actitud de oración y de súplica de intersección por ellos. Este esquema de representación es el más usual: son un intercesor al cual recurren las ánimas para su salvación, con ayuda de las oraciones de la comunidad de los vivos. Mencionamos el cuadro de Ánimas de la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Confalón de Astorga, que remonta su existencia documental hasta el siglo XV 22 . Además de ser una cofradía que tenía en su regla la participación de sus cofrades en los ritos funerarios de sus miembros, posee una pintura devocional hacia la Virgen del Carmen como protectora de ánimas.
Dentro de este recordatorio continuo por los que han partido están las conmemoraciones que se realizan durante todo el año, ya que el recuerdo hacia los muertos está

Tabla “hoi se gana indulgencia plenaria”
Anónimo
Madera policromada.
Siglo XIX.
15 x 25,5 x 2,5 cm.
Colección privada (Burgos).

Tabla “oy se saca ánima del purgatorio”
Anónimo
Madera policromada.
Siglo XVIII
23,5 x 31,5 x 1,5 cm.
Colección privada (Burgos).

muy arraigado en la sociedad. Se guardaba luto, el negro lucía en la vida, con más o menos proliferación y dependiendo el grado de parentesco del finado con los vivos 23 . El “Cabo de Año” era una fecha muy señalada para recordar que había pasado un año desde la partida. Durante ese periodo, los hacheros permanecían encendidos en la iglesia y serían ofrenda y rezo por el alma del difunto. Después, los aniversarios como un recuerdo constante.
Tabla “oy se saca ánima”
Anónimo.
Madera policromada
Siglos XVIII-XIX
25 x 20 x 2,5 cm.
Colección Museo Etnográfico
22 VV. AA. Semana Santa. Astorga. León, 1996. Pág. 94.
23 ALVAREZ COUREL, J., Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. León, 2009. Pág. 221.

Bula de indulgencia
Anónimo
Papel impreso
Siglos XX
24 x 17,5 cm.
Colección privada (Burgos)

Indumentaria religiosa: Dalmática.
Estola y capa pluvial
Anónimo
Confección de seda adamascada y aplicación de pasamanería
Siglos XIX-XX
152 x 88 (aprox.)
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

Farol que acompaña al viático. Anónimo. Metal y cristal
Siglo XIX. 35 x 25 x 50 cm.
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Limosnera. Anónimo
Madera policromada. Siglos XVIII-XIX
43,5 x 22 x 17 cm.
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)


El recuerdo hacia el difunto tiene como uno de los elementos iniciales la “oferta”, el presente y ofrenda en alimentos, velas y dinero que se depositaban en las ceremonias religiosas en la iglesia con la intención de rogar por el eterno descanso del alma del fallecido. Estas ofrendas, cubiertas con un delicado paño, se destapaban durante la ceremonia religiosa y tenían como destino repartirse entre los más pobres y necesitados de la comunidad, así como promulgar misas por el alma del difunto. Por ejemplo, en Sahelices del Payuelo (León), se hacía la oferta de ocho panes u obladas, una jarra de vino y ocho velas y esto se repetía cada misa de domingo durante un año 24 .
Libro Rituale Romanum
Pauli V y revisado por Laurentio Salvati Papel impreso
1888
15,5 x 10,5 x 4 cm.
Parroquia de Santa María, Mansilla de las Mulas (León).


Libro Ritual que para mayor comodidad de los señores párrocos comprende solo el orden de administrar a los enfermos el Sagrado Viático y Santa Unción
Comisario General de la Santa Cruzada
Papel impreso
1743
20,5 x 14,5 x 1,5 cm.
Concha Casado Lobato
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)


Altar portátil. Anónimo Seda, bordados con hilo metálico, apliques, madera, cuero y metal .
Siglos XVIII.
47 x 34,5 x 9 cm.
Parroquia de Nuestra Señora La Blanca, Campazas (León)
Crismera
Anónimo
Orfebrería en plata
Siglos XVIII
13 x 7,5 x 7,5 cm.
Parroquia de Santiago, Luengos (León)
Crismera
Anónimo Orfebrería en plata
Siglos XVII-XVIII
14 x 9 x 9 cm.
Parroquia de Santa María, Mansilla de las Mulas (León)

COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Indumentaria femenina de luto
Anónimo
Terciopelo, seda, etc.
Siglo XX
155 x 75 cm. (aprox.)
Colección Museo
Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)





La despedida del ser fallecido tiene tres localizaciones primordiales: en la casa del difunto, en la iglesia y en el cementerio 25 . Un orden lógico de actuación, con su vital importancia y función cada uno, pero siendo la residencia del finado el lugar más cercano para la reunión y acompañamiento al duelo.
Si algo nos señala y nos condiciona es el hecho propio del adiós del finado, durante el tiempo que el cuerpo está presente, hay que despedirse y apoyar a la familia y allegados. En estos momentos la sociedad participa, colabora, ayuda, está presente y dispuesta. Se solía permanecer en la casa del difunto, donde se congregaba la gente, se participaba en el velatorio y se daba el pésame. Una vez amortajado el cadáver se disponía en una habitación para ser velado, en un ataúd sobre un paño negro, flanqueado por cirios y presidiendo un crucifijo. Las campanas sonarán informando de que la muerte ya se ha hecho presente.
25 CABRIA ORTEGA, J. L. (Cood.). Fichas sobre: La Muerte y el Morir. Burgos, 2009. Pág. 295.
Indumentaria tradicional femenina de luto
Anónimo
Paños, seda, pasamanería, etc. Siglos XVIII-XIX.
156 x 80 cm. (aprox.)
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Se procede a la visita y consuelo de familiares, amigos y vecinos, que irán pasando por la casa del difunto, manifestando su pesar, convirtiendo este acto en todo un rito social, incluso con sus normas de comportamiento. Por supuesto, los rezos y oraciones serán una constante. El rosario será el más presente, por ese acercamiento a la Virgen María como súplica, que pide su protección e invitando a la vez a la participación comunitaria. En muchas ocasiones, las mujeres y los hombres se reparten en estancias separadas de la casa. El velatorio duraba todo el tiempo trascurrido desde la exposición del cuerpo del finado hasta su traslado a la iglesia, día y noche, turnándose durante ese tiempo para acompañar a la familia. El velatorio es un momento de compañía, pero también de celebrar la vida sobre la muerte. Un acto grupal de la sociedad y, en muchos casos, hasta la distensión en estos actos llega a compartir el dolor de la pérdida con la fortuna de la vida 26 . También ayuda que en los velatorios se convidaba a los asistentes con comida y bebida y, en diversas ocasiones, los familiares y vecinos colaboraban con aportaciones de alimentos, prestando incluso piezas de vajillas para poder atender a los participantes al sepelio. Desde luego, el ofrecimiento de alimentos y bebida también iba acorde con la disponibilidad de la familia, llegando incluso las propias cofradías asistenciales a cubrir o ayudar en este menester.
Indumentaria tradicional masculina de luto.
Anónimo. Estameña, paño, lienzo, etc.
Siglos XVIII-XIX. 168 x 95 cm. (aprox.) Colección privada (León)
26
ALVAREZ COUREL, J., Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. León, 2009. Págs. 214-216.


Indumentaria femenina de luto.
Anónimo Terciopelo, seda, etc.
Siglo XX
155 x 75 cm. (aprox.).
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

Gorro de acristianar, Alfoz de Burgos. Anónimo Seda, terciopelo y apliques
Siglos XIX-XX 15 x 15 x 12cm.
Colección Vicente Ausín Martínez (Burgos)
Indumentaria masculina de luto
Anónimo Paño, algodón, etc.
Siglo XX
162 x 80 cm. (aprox.)
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

Rosario. Anónimo Azabache y pasta vítrea. Siglo XVIII 28 cm. Colección privada (León)
Rosario. Anónimo Azabache. Siglo XVIII 24 cm. Colección


COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Anónimo

En una sociedad en la que la muerte, aunque con dolor, se acepta como una parte más de la vida, la despedida comienza con la extremaunción. Una vez avisado el cura, cuando alguien estaba enfermo de gravedad, la visita se realizaba con pompa y boato, no eraun acto privado. Un repique de campanas marcaba la partida del sacerdote hacia la casa de la persona gravemente enferma. Le seguía un séquito de vecinos que haciendo una larga fila arropaban al sacerdote y al Viático. Al sacerdote le precede en la calle la cruz procesional y los faroles, vestido con roquete y estola y portando los santos óleos y la forma consagrada por si puede y quiere todavía recibir la comunión; el sacristán o el monaguillo tocando la esquila. La gente que se encuentra el paso de esta procesión se santigua y echa una oración o se arrodilla, porque el cura porta “El Santísimo” y se incorporarán a este cortejo si el tiempo o sus quehaceres se lo permiten y llegarán hasta la misma cama del enfermo. Solamente si puede hablar y pide confesión se le dejará a solas con el sacerdote. La casa se acondiciona de forma especial para el momento, con mayor incidencia en la habitación del enfermo. Allí se colocaba un pequeño altar con una cruz, se encendían velas, se bendecían las diferentes estancias de la casa con agua bendita, etc. A esta escenografía artificial creada

para el momento se unían los diferentes rezos y oraciones hasta que llegaba el instante del fatal desenlace con la muerte 27. Una vez recibido este último sacramento, con la importancia que tenía, ya estaba el enfermo preparado para la última hora y, en cuanto se producía el óbito, ya encordaban o tocaban a muerto la primera vez.
Lámparas para catafalco. Anónimo Metal dorado y pintado y cristal impreso
Siglo XX. 162 x 80 cm. (aprox.)
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
27 CASADO LOBATO C. El nacer y el morir en tierras leonesas. León, 1992. Págs. 38-39.
Ofrenda. Anónimo Madera, lienzo, hilo, cerámica y cera.
Siglo XX.
79 x 53,5 x 81 cm. Colección privada (León). Colección
Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Llegó el momento de preparar el velatorio. Para ello, se busca quien prepare el cuerpo y lo amortaje, alguien de la familia, cercano o que tuviera costumbre de hacerlo. Dependiendo de los lugares, se dispone una habitación, siempre la mejor de la casa, donde se colocaba el cuerpo y era alumbrado con cera.
Lo más común son mortajas blancas de lino, algodón o lana, para los adultos y percales estampados para los niños. En el siglo XX se generaliza el uso de las mejores ropas (generalmente las de la boda). Esta costumbre o tradición ha traído más de una circunstancia que se recuerdan como ejemplo de quehaceres, que no hay que hacer, historias como la que se narra en el pueblo de Valdevimbre (León):

Ataúd de la caridad. Anónimo Madera y metal. Siglos XIX-XX
161 x 33 x 26 cm.
Parroquia de Nuestra Señora
La Blanca, Campazas (León)
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

“murió una mujer y la amortajaron con la ropa de la boda, se casó de saya, una saya rameada, cuando ya la habían puesto pa velarla, una nuera decidió que era un desperdicio de tela tanto vuelo como tenía aquella saya y todo pa la tierra y le quitó dos paños de atrás pa sacar un mandil pa ella que también vestía de saya, las hijas sobre todo la mayor lloraban porque cuando se levante madre en el valle de Josafat y en el juicio final lleve to las enaguas al aire, que vergüenza, les duró el disgusto hasta que murieron ellas”
Esta narración fue tomada en el pueblo mencionado, contada por las vecinas Piedad Álvarez Sutil y Mercedes Lamas en el año de Dios de 1996.
Hasta las primeras décadas del S. XX no era común que cada difunto tuviera su “caja” o ataúd. Solía haber una caja comunal, perteneciente bien a la parroquia, a una cofradía o al concejo y aparecía a la hora del traslado del cuerpo para el sepelio. La mayor parte de las veces se velaba al difunto en una cama o un sencillo catafalco com -

puesto por una mesa cubierta por un paño negro. Será a partir del primer tercio del S. XX cuando los ataúdes se generalizan; primero, serían realizados por carpinteros locales; después, se venderían en el comercio del pueblo, donde se ofertaba de todo.
A lo largo del tiempo que dura el velatorio y hasta después de dar sepultura al cuerpo se “encuerda” (toca a muerto) o “se toca a posa” (toca a muerto en pequeños intervalos). Los toques van a indicar si el difunto es hombre o mujer y variarán en número de unos pueblos a otros. Generalmente, para el hombre se daban dos toques más que para las mujeres. También para los hombres se solía empezar con la campana grande, con sonido más grave. Para las mujeres, con la pequeña de sonido más agudo. Mención especial merecen los toques de niño, sin diferencias entre ambos sexos. Son los llamados “toques de gloria”, ya que los niños no iban a pasar por el purgatorio. Para tocar la campana existía una retahíla cuya prosodia rítmica ayuda a desarrollar este toque: “bien va, bien va, a la gloria va”. Los encargados de “encordar” o “tocar a posa” también varían. En unos casos son las cofradías y en otros los familiares directos, hijos, nietos o, como en el caso de muchos pueblos del Páramo leonés, los ahijados.
Cerillas. Anónimo Cera y papel.
Siglo XX León 12 x 6,5 cm.
Colección privada (Burgos)
La gente se va reuniendo para el velatorio. En una habitación los hombres y en otras las mujeres, que eran las que estaban en el cuarto con el finado rezando. A lo largo del día y, sobre todo, de la noche solían pasar con vino y pan y, más tarde, con orujo y dulces. Principalmente se rezaba el rosario y, a continuación, el “rezador” o “rezadora” (persona que se encarga de ello) comenzaba con las oraciones de difuntos.
Exponemos a continuación las que se rezaban en Villadangos (León), escuchadas a Dª.
Lauriana Martínez en 1996 durante el transcurso de un velatorio:

“- Por las benditas ánimas del purgatorio y el ánima de……..
- Al santo Ángel de la Guarda, al santo de su nombre y al santo de su devoción, que intercedan a Dios por él.
- Para que pueda disfrutar de la gloria eterna en compañía de sus padres hermanos y demás familiares difuntos.
- Al Patriarca S. José, abogado de la buena muerte para que lo ayudara en su última hora.
- Al Patriarca S. José abogado de la buena muerte, para que nos conceda una buena muerte y en gracia de Dios.
- Por si le quedo algún voto o promesa en vida por cumplir, que podamos librarlo con esta corta oración
- Por el ánima de…
Y las obligaciones difuntas de todos los presentes.
- Por el primero de los presentes que sea llamado a presencia del señor.
- Por el ánima de... y nuestros bienhechores difuntos.
- Por el ánima de…… y por aquella ánima más pobre y necesitada que está en las penas del purgatorio que no hay quien por ella haga si no son las oraciones de sus bienhechores”.
Añadiéndose al final de cada jaculatoria, padrenuestro, ave maría y gloria.
“-Virgen Santa del Carmelo cogedlo con vuestro manto, llevadlo con vos al cielo” se repite 3 veces y se añade la salve.
- “Por su ánima diremos la oración del santo sudario…”
Estas oraciones se van a repetir varias veces a lo largo del velatorio y los nueve días que se hacen de novena, después de misa, en casa del difunto.

Cruz de azogue.
Anónimo
Metal. Siglo XVIII
5 x 3,5 cm.
Colección privada (León)
Portavelas de ánimas
Anónimo. Cobre dorado. Siglo XVII
15 x 11 x 11 cm.
Colección privada (Burgos)

En algunos pueblos que no tenían cofradía de ánimas se hacen las “ventaciones” o “aventaciones”, como en Velilla de la Reina (León), que se siguen haciendo a día de hoy. Este ritual se realiza de la siguiente manera: avisados por toque de campana acuden los hombres a la “Casa Concejo”, uno al menos de cada casa, para que estén representados todos los vecinos. La familia del finado tiene que aportar media cántara de vino y las jarras para beberlo. Allí se reza por el difunto y se recuerdan hechos y sucesos de la vida del difunto y era donde se decidía quiénes iban al cementerio a abrir la fosa en el caso de que, para esta labor, no hubiese hombres en la familia; quiénes pujarían el ataúd hasta la iglesia y de allí al cementerio o quiénes iban a atender los animales de la familia del duelo, para que estos sólo tuvieran que ocuparse del velatorio. Similar a la organización de las cofradías, pero sin estar al amparo de la iglesia.
Candil cuatro cabos
Anónimo. Cobre dorado. Siglo XVIII
44,5 x 10,5 cm.
Colección privada (Burgos)



Acudía todo el pueblo, al menos uno de cada casa, como recoge Concha Casado Lobato en su libro Nacer y Morir en Tierras Leonesas, recogiéndose esta obligatoriedad en algunas ordenanzas concejiles, como estas de Valdevimbre (León): “Todas las veces que sucediere fallecer algún vecino, sea grande o pequeño, habiendo tocado la campana por el tal difunto y estando en término de esta villa, cogiéndole la voz de dicha campana, aunque vaya afuera, ha de ser obligado cualquier vecino de esta villa de volver al tal entierro y asistir a él hasta que el cuerpo sea enterrado pena de medio cántaro de vino para el concejo” (ordenanzas s. XVII) 28 .
En el velatorio, al llegar, se saludaba con el pésame “te acompaño en el sentimiento”. Después se presentaban los respetos al difunto entrando donde estaba, santiguándose y rezando una corta oración y, al finalizar, cada uno a donde correspondía por sexo u edad, despidiéndose al marchar para casa con otra fórmula de cortesía establecida “que en el cielo nos veamos”. Mientras se está en el velatorio se reza, pero también se habla y cuantas más “parvas” de vino o de orujo van pasando más se habla, llegando muchas veces a conversaciones incluso divertidas. Es la forma de romper con
28 CASADO LOBATO C. El nacer y el morir en tierras leonesas. León, 1992. Pág. 43.
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
la severidad de las normas establecidas de una sociedad totalmente reglada como es la sociedad tradicional.
En estos también se producían situaciones curiosas, como un caso que contaba D. José Santos González de Robledo de la Valdoncina (León):
“allá por los años treinta del pasado siglo habiendo fallecido un hombre estaba todo el pueblo como se acostumbra velando al difunto y rezando, el aparentemente finado amortajado para la ocasión, abre los ojos y se incorpora en el ataúd, con el consiguiente susto espanto, voces carreras y esparavanes, y el sin entender porque de todo aquello, hasta que asimiló la situación, fue un caso de catalepsia, se desmonto el velatorio y al día siguiente llevó la caja para la cueva (bodega) donde la tuvo a la orilla de una cuba hasta que le hizo falta de verdad, aunque ese segundo velatorio lo prolongaron mas en el tiempo por si acaso”.
El momento del sepelio se hacía inminente. El cura, con la cruz, los faroles y la pendoneta negra iba a buscar al difunto a casa, rezándose a la puerta el primer responso. Después se caminaba hasta la iglesia donde se hacía el funeral y luego, de la iglesia al cementerio. Anteriormente se enterraba en el suelo de las propias iglesias hasta que una Real Cédula de Carlos III dictada en 1787 prohibía las inhumaciones en las iglesias salvo para los prelados, patronos y religiosos que estipulaba el Ritual Romano y la Novísima Recopilación, aunque esta orden no fue acatada con la misma celeridad en todos los lugares, llegando algunos a la última década del s. XIX. Bien entrado el s. XX las mujeres, antes de la colocación de los bancos en las iglesias, solían poner los reclinatorios y estar durante los oficios religiosos, más o menos, donde estaban los suyos (difuntos de la familia). Esta situación cambia al colocar bancos en la iglesia. Más tarde, se acompa -
ña al difunto al cementerio. A todos se les enterraba con la cruz de cabecera menos a los curas, que se les enterraba mirando para la cruz y orientada esta sepultura de forma que viera el pueblo donde habían sido párrocos.
Los entierros se solían celebrar con tres misas de funeral: la del sepelio, de cuerpo presente; la de honras, al día siguiente y la del duelo, al domingo próximo. En ellas los familiares ofrecían pan, vino y cera: es la Oferta u Oblada, que varía tanto el nombre como lo que se ofrece de unos pueblos a otros. Veamos algunos ejemplos de los pueblos de las tierras leonesas:
- Sahelices del Payuelo: ocho panes y una jarra de vino, en cada pan prendida una vela.
- Gordaliza del Pino: nueve obladas o panes con dos blandones de cera.
- Prioro: hasta catorce obladas con una vela en cada una de ellas.
- Fresno de la Vega: un mollete con dos blandones de cera.
- Gradefes: panes velas y vino.
- Aldea del Puente: una cesta con granos de trigo y varias velas.
- Cabrera: centeno en grano y varias velas.
- Villacidayo: ofrecen treinta veces a partir del entierro.
29 Estos datos extractados de CASADO LOBATO C. El nacer y el morir en tierras leonesas. León, 1992. Pág. 44-45 junto con otros datos aportados por nuestros informantes en distintos trabajos de campo, nos dan una idea clara de la importancia que el rito de la oferta tenía en los funerales de nuestros pueblos.
- Castrovega de Valmadrigal: ofrecen todos los domingos durante un año.
- Trobajo del Camino: ofrecían siete hogazas los siete primeros domingos después del entierro 29 .
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
30 CASADO LOBATO
C. Así nos vieron.
La vida tradicional según los viajeros. Salamanca, 1994.
Pág.125.
Esta costumbre estuvo muy arraigada e incluso algunos viajeros extranjeros la pusieron de manifiesto, como el peregrino francés Guillaume Manier, que nos ofrece un relato sobre este tipo de ofrendas por los difuntos a su paso por Mayorga de Campos (Valladolid):
Corona de difunto
Anónimo
Pluma y tela policromada
Siglos XIX-XX
92 x 15 cm. y 70 x 15 cm.
María Victoria Alonso Fernández
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
“Por todos estos contornos en los pueblos se hacen panecillos de una libra llamados panes de difuntos. Los llevan el domingo a la iglesia y los ponen delante de ellos en el suelo con una candelilla, que luego encienden... El Cura bendice el agua y luego bendice los panes de cada una de estas mujeres, que ellas llevan a sus casas y dan de limosna a los pobres” 30 .
Como ejemplo, veamos de forma más extensa todo el rito de un pueblo que lo conservó hasta las postrimerías del s. XX, en Villadangos del Páramo (León): “en la oferta participan los dos hombres de mayor edad allegados al difunto: uno con dos velas de libra y el otro con una jarra de vino; detrás, la mujer de mayor edad con un pan y el resto de las mujeres de la familia del difunto con un trozo de cerilla de cera encendida. Al ofertorio salen en este orden, dan una vuelta alrededor del féretro; el cura sale delante del altar, saca la punta de la estola de debajo de la casulla y, uno a uno, van besando la cruz de la estola y entregando la ofrenda, que recoge el sacristán. Se repite la oferta en las tres misas, la del funeral, la de honras y la del duelo”. Este rito

era denominado el besamanos y la última vez que se realizó en esta villa fue un entierro a principio del año 2006.
Después de acompañar el cuerpo al cementerio, cuando se despedían de la familia del finado, la formula más extendida era, “salud para encomendarlo a Dios” y se daba limosna para mandar decir misas, que se anunciaban como misas de oferta. Tras el entierro, que era de mañana, daban una comida a los asistentes, sobre todo a los que venían de fuera. En el Páramo y la Ribera del Órbigo esta comida era de vigilia, garbanzos con bacalao o patatas con bacalao y, en el buen tiempo, escabeche y pan. En el resto de la provincia variaba poco y la vigilia se respetaba.
Viene tras el funeral el período del luto, otro rito social establecido que hay que cumplir. Si miramos hacia atrás, es tal la importancia que algunos estatutos de cofradías dejan claro la importancia del luto en los hermanos y las penas que se ponían si esto no se respetaba: “los hermanos capa de vuelta y no de capillo y las hermanas mantilla negra”.
La duración varía de unos lugares a otros y también por el grado de parentesco. Los más largos, por padres y maridos, podían llegar a durar de tres a siete años, aunque el más riguroso es siempre el primero, se va a manifestar con signos externos y determinadas costumbres. Las mujeres visten de negro desde el s. XIX. Antes se utilizaban pardos, morados o determinados signos externos como algún complemento o ausencia del mismo.
Los que todavía se recuerdan son los lutos de negro para las mujeres y, si no se tenía bastante ropa negra, se teñía en casa de manera rápida siendo unos días de auténtico desasosiego para que nada que no fuera negro saliera a la calle. No se puede salir al baile, no se puede cantar y se evita toda manifestación de alegría.Hasta no hace tantos años, cuando había un difunto en la familia, ni siquiera se ponía la televisión o la radio en una temporada. Muchas viudas portaron el luto durante toda su vida, ya que esta convención social, al igual que muchas otras, a quien más afectaba era a las mujeres. Los hombres no solían variar su indumentaria, sino añadir o cambiar algo que indicara el estado de luto. Así, hasta los años setenta era común ver a los hombres con corbata negra y un brazalete del mismo color en la manga de la camisa, chaqueta o abrigo, siempre visible. Esto ha sido así desde tiempos anteriores, por ejemplo, en la zona de La Valdería (León), an -

Platos de sal.
Anónimo Cerámica policromada
Siglo XVIII.
19,5 x 7,8 cm. y 17,5 x 6,5 cm.
Obispado de León Museo Diocesano de León


de sal y tijeras Anónimo.

tiguamente era señal de luto llevar el pico de la montera hacia atrás.
El luto ha sido muy riguroso, incluso cuando sucedía la alegría más significativa que podía tener una familia: la llegada de un nuevo ser a este mundo. Si este nuevo miembro nacía después de la muerte de su padre, debería ser llevado a la pila del bautismo de luto, con gorro de acristianar en tonos oscuros y negro. Su entrada en la Fe debía ser de luto.
Pero tampoco debemos olvidar las creencias populares con respecto a la muerte, con tradiciones y costumbres que se realizan en las exequias mortuorias que están también muy presentes, de orígenes diversos, de otros ritos y creencias que se mezclan con los cristianos. Al finado siempre se le saca y conduce con los pies por delante, mientras que en la iglesia se coloca al finado siempre con los pies hacia la puerta 31 , para que el difunto no vuelva y así no


recuerde el camino. También un plato de sal encima del cuerpo, a la altura del pecho del cuerpo del finado, como pago del salario de la muerte que lo lleva o lo más sutil, para que neutralice olores de la muerte. Tampoco debemos olvidar las tijeras que, junto al plato de sal, se colocaban al lado del difunto para cortar y romper las ligaduras que el difunto tuviera con la tierra y así poder realizar el camino sin ataduras. También unas monedas se le dan al difunto, unas “perras gordas” o “perronas”, para pagar al portero que cierra y abre puertas. Las mismas que sirven para cerrar los ojos y que no se abran hasta que se produzca el rigor mortis. Cruces de azogue, cruces huecas que contienen mercurio, para echar por las esquinas y evitar que el ánima del difunto se quede en la casa. No olvidemos, como ya hemos mencionado, que las supersticiones y otras creencias conviven con la religión cristiana.
Monedas “perronas” Anónimo. Metal
Siglo XIX. 2,8 cm. Colección privada (León)
31 ALVAREZ COUREL, J., Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. León, 2009. Pág. 218.

Fotografía retrato para panteón de Esperanza
Simón Burgos.
Anónimo Emulsión bicromatada en cerámica
1959, 12 x 9 cm.
Colección privada (Burgos)



Al difunto ya se le ha dado santa sepultura. Se fue su cuerpo y ahora toca mantener el recuerdo y cumplir sus últimas voluntades espirituales y terrenales, lectura del testamento y el reparto de sus bienes. Serán muchos los que dejen prebendas para que se rece y se den donativos a costa de sus bienes para la eterna salvación de sus almas. Dejarán estipuladas misas, ofrendas y limosnas a repartir entre los más necesitados. Siempre estas voluntades finales contaban con dos intenciones, una para procurar la salvación del alma del difunto, para lo cual dejaban estipulados unos bienes y la segunda en donde se estipulaba el reparto posterior entre sus herederos de todos sus bienes.




Lápida Sepulcral de Dª. Dominica Rodríguez de la Iglesia, 1888. Anónimo Mármol negro 42 x 65 x 2 cm.
Antiguo Cementerio
Parroquial de Santa María la Real de Sasamón (Burgos)
Lápida Sepulcral del niño Timoteo García Gutiérrez. Anónima.
Mármol Blanco. 1888. 40 x 53 x 1,5 cm.
Antiguo Cementerio
Parroquial de Santa María la Real de Sasamón (Burgos)
Lápida Sepulcral de D. Benito Martínez
Sancidrián, 1899.
Anónimo Mármol negro.
43,5 x 64 x 2 cm.
Antiguo Cementerio
Parroquial de Santa María la Real de Sasamón (Burgos)
Lápida Sepulcral de D. Santos Sainz Reinoso y Dª. María Asunción Baltierra Dueñas, Carlos Ortega
Mármol negro, 1894
Antiguo Cementerio
Parroquial de Santa María la Real de Sasamón (Burgos).
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Cruz de cementerio
Anónimo.
Hierro fundido
Siglo XX, 100 x 80 cm.
Ayuntamiento de Vallecillo (León)

33 ARCHIVO
HISTÓRICO
PROVINCIAL DE LEÓN en adelante
AHPL, José Antonio García Siero, Caja 4524.
32 CHACÓN JIMÉNEZ, F. Historia social de la familia en España. Alicante, 1990. Pág. 32.
La herencia es un asunto que siempre ha traído sus dificultades, especialmente cuando las familias eran grandes y los bienes no lo eran tanto. Antiguamente la apreciación de los bienes materiales estaba sujeta a valores y funciones de los mismos; hoy prima la economía y su rentabilidad. El inicio del proceso de la herencia partía de la voluntad redactada y escrita por el ya difunto, donde exponía sus deseos dentro de lo que podía y deseaba, ya que había normas establecidas por las reglas jurídicas y legales que había que seguir y cumplir. Estas normas se deberían tener en cuenta por los escribanos y notarios a la hora de redactar y ejecutar los testamentos.
La lectura del contenido del testamento, aun siendo un trámite de legislación civil, solía tener una importante y llamativa carga religiosa en el preámbulo, donde se expresaban las intenciones espirituales del fallecido, además de encomendar su alma al Señor y, a su vez, destinar parte de sus propiedades para que así sea, repartiendo el resto de sus bienes entre sus familiares más cercanos.
En el testamento se detallan los comportamientos económicos internos de la familia relacionados con el reparto de los bienes 32 , pero también nos acerca a la evolución del sistema hereditario y su capacidad de protección familiar a la hora de la muerte de uno de los cónyuges. Estas escrituras están formadas por una serie de apartados que, en muchos casos, se repiten de forma constante. En primer lugar, podemos agrupar una serie de apartados relacionados con el ámbito religioso. Así tenemos la frase con la que comienza todo testamento: Indei nomine amen. Sepan cuantos esta mi carta de testamento vieren como yo (nombre y localidad del
testador) ... 33 . A continuación se encuentra lo que se conoce como el preludio e invocación de marcado carácter religioso; continua con todos los aspectos referentes a la ceremonia religiosa, donde se fijan las pautas formales de la misma; después, el apartado de la ofrenda, el número de misas que manda el testador. En segundo lugar, encontramos el ámbito más material, como son las mandas testamentarias donde el testador expresa sus preferencias a hora de dirimir a quién y a dónde van a parar sus bienes. En este apartado se insertan los siguientes aspectos: las declaraciones, donde el testador informa sobre actuaciones que ha llevado a cabo y guardan relación con la herencia.
“... declaro para el descanso de mi conciencia que tengo entregado a (nombre) mi hijo legitimo y de (nombre) mi primer mujer vecino que fue de la villa de Melgar de Abajo toda la legitima que le correspondía de la dicha su madre y mi primera mujer y por cuenta de la paterna le tengo entregado mil trescientos reales como constará... 34 ” o simplemente son informaciones que ofrece el testador; “... declaro ser hermano de las Cofradías (nombre) a quienes encargo me asistan como a los demás hermanos...” 35
Llaves de ataúd. Anónimo Metal. Siglo XIX
10 x 5,5 cm. , 6 x 2 cm, 3 x 1,5 cm y 3,5 x 1,8 cm
María Victoria Alonso Fernández Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)




Y las deudas: el testador deja por escrito la cantidad y las personas a las que debe o le deben algún bien material o dinero en efectivo. A veces, también se especifican los bienes sobre los que debe de recaer el pago de las deudas. En la manda queda expuesta la persona a la que se destina, el bien material, las cláusulas que debe de cumplir el beneficiario de la manda para que esta se pueda llevar a cabo y una frase final que dice así :
“... me encomiende a Dios…”.
Seguidamente, se en -
35
34
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES

Cruz de cementerio
Anónimo
Hierro fundido y metal pintado de blanco 1954
101 x 80,5 cm.
Ayuntamiento de Vallecillo (León)

Esquela de periódico Diario de Burgos. Papel impreso 1928
62 x 44,5 cm.
Colección privada (Burgos)
cuentra el apartado referente a los testamentarios que son personas nombradas por el testador para llevar adelante la consecución final del testamento, por este motivo suelen ser personas de confianza del testador bien familiares o personas ajenas pero con buena relación. Se fijan todas las actuaciones que el testador les permite realizar para poder cumplir el testamento: vender, enajenar, sacar a pública subasta, etc. Y de todos sus actos el testamentario debe de rendir cuentas a la hora de realizar la partija o división de los bienes entre los herederos instituidos por el fallecido.
Por último, aparece dentro de la escritura de testamento lo que se denomina los herederos del testamento o, como figura en las escrituras testamentarias, “únicos y universales herederos”, que son las personas a las que van dirigidas todos los bienes una vez descontadas las mandas y todos los gastos propios del funeral 36 . La designación de herederos fue uno de los aspectos más importantes a los que tenía que hacer frente una persona en sus últimos días de vida. Según las leyes 37 establecidas, los herederos deben ser establecidos en el testamento y no en otra escritura pública. A grandes rasgos, tres pueden ser las situaciones que se produzcan ante el nombramiento de herederos:
36 Así es como aparece en un ejemplo tipo de escrituras “... cumplido y pagado en el remanente que quedase de todos mis bienes derechos y acciones que me puedan tocar toquen y pertenezcan en cualquiera forma dejo nombro e instituyo por mis únicos y universales herederos a los dichos...” AHPL, Caja 4437.
37 El establecimiento del heredero debe ser hecho solo en testamento y no en otra escritura. Siete Partidas del Sabio Rey D. Alfonso El Nono, glosadas por el Licenciado Gregorio López del Consejo Real de Indias de su Majestad. Sexta Partida, Ley VII. Salamanca, 1555.
Vitrina con corona de difunto
Anónimo
Madera, cristal, plumas y tela Siglo XX
94 x 105,5 x 34,5 cm.
Colección privada (León)
María Victoria Alonso Fernández
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
1. Cuando hay hijos, son estos los que son instituidos como herederos siguiendo la tradición legislativa castellana, llegando a ser herederos los nietos del testador como depositarios de la legítima materna y paterna que le corresponde al hijo difunto.
2. Cuando no hay hijos, entonces es el otro cónyuge el que se hace con los bienes del testador en un intento de rehacer su vida o, por lo menos, acabar esta de la forma más digna posible.
3. Cuando no hay ni hijos ni cónyuge, es decir, estamos hablando de los solteros o viudos, entonces serán los hermanos del testador quienes son instituidos como herederos con el objetivo de que los bienes permanezcan en el núcleo familiar.


Fotografía retrato de D. Dámaso Burgos Campo, Canónigo de la Catedral de Valencia Anónimo. Fotografía trabajada sobre papel, con marco original Siglo XX, año 1900 72,5 x 63 cm. Colección privada (Burgos)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Según dicha legislación 38 , a la hora de la herencia, el reparto debía de ser igualitario entre todos los hijos fruto del matrimonio 39 . Pero a ese igualitarismo no era tal, ya que se le unían dos mecanismos correctores: el quinto de libre disposición y el tercio de mejora; o ambos a la vez, ocasionando la contradicción entre las prescripciones que imponía la ley castellana y la práctica habitual de la sociedad. Pero, ¿cómo se fraccionaba la herencia para luego realizar el reparto? El testador castellano dividía la herencia en cinco partes, de las cuales, cuatro debe transmitirlas forzosamente a sus descendientes; de ellas, dos partes debe repartirlas igualitariamente entre hijos y nietos y la parte restante entre quien estime oportuno: es el denominado tercio de mejora. La quinta parte que faltaba para completar la herencia es lo que conocemos como quinto de libre disposición 40 y se dedicaba al pago de las

38 El sistema hereditario castellano estuvo regulado en toda la Edad Media por dos documentos: El Fuero Real y Las Partidas. Ambos dieron origen a la fijación del derecho castellano que se produjo con las Leyes de Toro (1505). Luego se mantuvo, con alguna modificación, en la Novísima Recopilación que realizó Carlos IV (1804) donde se reforma la recopilación publicada por Felipe III en 1567 y se incorporan las pragmáticas, cédulas, decretos, órdenes y resoluciones reales, y otras providencias no recopiladas y expedidas hasta 1804; GACTO FERNÁNDEZ, E. El grupo familiar en le Edad Moderna en los territorios de Mediterráneo Hispánico: Una visión jurídica, en La familia en la Historia de España, Barcelona, 1987. Págs. 40-60.
39 De esta forma aparece en la legislación: Como debe ser partida la herencia entre los herederos cuando son muchos. La herencia debe ser partida igualmente entre todos pero si el testador quiere dar a uno de ellos algo más debe decir cuánto más. Sexta Partida, Ley XVII, Siete Partidas del Sabio Rey D. Alfonso El Nono op. cit. Además este hecho queda fijado en las Leyes de Toro de 1505 del Derecho Castellano. GACTO FERNÁNDEZ, E. op. cit., Págs. 40-60.
40 Ibídem. Págs. 50 y ss. Véase también el Libro X, Ley IX (Ley 30 de Toro): Los gastos del funeral se sacan del quinto de los bienes del difunto y no del cuerpo de ellos, en la Novísima recopilación de las leyes de España. Formada por Carlos IV, Madrid, 1805. Es una reforma de la recopilación publicada por el Señor Don Felipe III en 1567 y reimpresa en 1775. A ella se incorporan las pragmáticas, cédulas, decretos, órdenes y resoluciones reales, y otras providencias no recopiladas y expedidas hasta 1804.

Recuerdo difunto
Anónimo
Madera, cristal, tejidos, tela pintada, papel impreso y pelo humano
Siglo XIX
92 x 71 x 8 cm.
Araceli Flores Fernández
Colección Museo
Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
mandas piadosas y los gastos destinados al entierro, pudiendo ser legado a alguno de sus herederos la parte de éste que sobrase.
El testamento finaliza con unas cláusulas protocolarias que lo rematan además de aparecer los testigos y la fecha con la firma del escribano y de esos mismos testigos.
En relación con los testamentos y derivados de ellos, tenemos otro tipo de documentación civil que se conoce genéricamente con la denominación de Partijas de Bienes o Particiones de Bienes 41 . Es un corpus

Recuerdo difunto. Anónimo. Madera dorada, cristal y pelo humano
Siglo XIX.
56,5 x 42 x 5,5 cm. José María Fernández Criado. Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Arca
Anónimo
Madera y metal
Siglo XIX
153,5 x 66 x
73,5 cm.
Colección Museo
Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Fotografía retrato de Julián Burgos
González
A. Gil
Composición fotográfica sobre papel, con marco original Siglo XX, año 1936
68 x 58 cm.
Colección privada (Burgos)
documental compuesto por varias partes donde se refleja con gran exactitud las propiedades del difunto, su procedencia y su destino, es decir, los adjudicatarios de esos bienes. Formarían este documento el testamento, auto de inicio del proceso con la puesta en conocimiento de la muerte de la persona, una serie de anotaciones y autos protocolarios, un Inventario Post-mortem realizado instantes después a la muerte de la persona y donde aparecería la tasación de cada bien con una suma final del global inventariado, si existiese algún tipo de deuda a favor o en contra del difunto, alguna tutoría de personas menores, o cualquier otra circunstancia reseñable desde el punto de vista económico, debería de aparecer y por último, la/s Hijuela/s de cada uno de los herederos y donde se especifican los bienes que le corresponden y su valoración económica con una suma final del global de la adjudicación. El momento de la recepción de la herencia a través de la hijuela, conocida


también como legítima, era uno de los más importantes en la vida personal y familiar era cuando se producía la posibilidad de incrementar el patrimonio mediante la herencia recibida por causa del fallecimiento de uno o de los dos progenitores o de cualquier otra persona.
Desafortunadamente, la interpretación o el propio contenido de estos documentos, a veces, traen dificultades internas dentro de la propia familia por la diversidad de criterios ante el mismo por parte de los
41 Este tipo de documentación se encuentra en los Protocolos Notariales que se conservan en los diferentes Archivos Históricos Provinciales y, en concreto, es muy común en el Partido Judicial de Sahagún (León).
herederos, dando lugar a pleitos por el reparto de la herencia en los casos más extremos. Pero en un desarrollo normal y de buen entendimiento, la herencia se repartía, se cubrían los estipendios de misas, rogativas y donativos a beneficencia, los notarios y escribientes hacían su trabajo, se redactaban y firmaban documentos, las hijuelas se entregaban a cada uno de los herederos, en donde se especificaba la parte correspondiente que le tocaba del reparto.
Por otro lado, tenemos los inventarios post-mortem, un tipo de escritura que se realiza inmediatamente después de la muerte del individuo y en ella se plasman los enseres de cada persona, sus objetos, que con valor sentimental y funcional el difunto había guardado, utilizado o custodiado, pequeños o grandes recuerdos de familia o de gestas personales, desde el ajuar de bodas, herencias recibidas y guardadas, utensilios de casa o de trabajo, incluso los muebles de la vivienda. Todo tenía su valor y su uso, que los herederos repartían previamente a suertes o por designación directa mediante mandas testamentarias del propio difunto. Arcas y arcones que en mayor o menor medida guardaban aquellas pertenencias materiales que el finado dejó. Estos elementos han sido los custodios de la mayoría de estos bienes y existen una gran variedad, con cerraduras y con una decoración más o menos elaborada, desde las arcas de boda, donde se iban guardando los bienes para el comienzo de una nueva vida de unión, hasta arcas de almacén y custodia de uso domestico 42 . A esto se deben de añadir todos los elementos de un hogar: sillas, mesas, camas y toda clase de enseres. Después están los efectos más personales que, normalmente, si no eran repartidas por las mandas testamentarias designadas por el finado, correspondían a los hijos en correlación, empezando por los primogénitos, las cosas del padre para los hijos, las cosas de la madre para las hijas, claro está, siempre que existieran tales bienes.
El luto es algo muy notorio que estará presente como elemento visible sobre las personas del entorno más cercano. El color negro y tonos pardos y oscuros, como muestra pública y social del dolor, de la pérdida del ser querido, de forma general el color negro, sin adornos y sencillo, marcarán todas las prendas, especialmente las femeninas.


Recordatorio y sobre
Imprenta Hijos de S, Rodriguez-Burgos. Papel impreso. 1932.
11,5 x 5 cm. y 14,5 x 6,5 cm.
Colección privada (Burgos)
42 RUIZ EZQUERRO, J. J. Fundación de Blas-Villodres. El Burgo de Osma (Soria). Colecciones. Soria, 2004. Págs. 27-53.
Recordatorios. Anónimo
Papel impreso
1920-1960
12,5 x 9 cm., 12 x 8 cm., 11,5 x 8 cm., 11,5 x 7,5 cm. y 10 x 5,5 cm.
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Recordatorio 1º
Aniversario
Imprenta de Cariñena
Papel impreso
1897. 13 x 7,5 cm.
Colección privada (Burgos)
El recuerdo y la señalización del lugar de entierro dentro del cementerio es importante. Dependiendo de las circunstancias sociales y económicas esta señalización puede cambiar, desde humildes fosas de tierra con una sencilla cruz de madera sobre la cual escribir el nombre del difunto y la fecha, a grandes estructuras de pequeñas capillas con mármoles y piedras talladas. Dentro de lo cotidiano de la sociedad se han indicado estos lugares con cruces metálicas, de forja o fundición, a la que se añadían placas de cerámica o porcelana, hierro esmaltado, con el nombre y datos del difunto. También pequeñas lapidas de mármol, con los nombres incisos y tallados y con pequeñas jaculatorias o palabras de recuerdo, están muy presentes en nuestros camposantos. La propiedad del lugar del cementerio suele ser pública, con un uso comunitario, respetando tiempos, pero no quita que familias pudientes desarrollasen elaborados y llamativos panteones, pudiendo existir la compra a perpetuidad del terreno.

Recordatorio
Funeraria Viuda e Hijos de B. Matute
Papel impreso
1920
13 x 7,5 cm.
Colección privada (León)

Pero si hay algo que nos define y delimita el recuerdo es la esquela. La pública, que se exponía en la calle o se publicaba en la prensa y la personal, el recordatorio, que se entregaba a la familia y allegados, como recuerdo perenne del fallecido, con los datos de su partida, vivencias más significativas, profesión, años vividos, lugares e incluso fotografía pero, sobre todo, la súplica de rogar por el alma del finado, incluyendo oraciones y jaculatorias para su













Sobres de recordatorios
Anónimo
Papel impreso
Siglo XX
9,5 x 4,5 cm. y 10,5 x 7 cm
María Victoria Alonso Fernández
Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
salvación. Las esquelas públicas de los finados habían sido colocadas de forma que comunicasen a la sociedad la marcha de un ser así como el lugar de celebración de las exequias fúnebres. Estas esquelas se distribuían por los lugares públicos de la población, que normalmente estaban ya designados para tales anuncios. Si los posibles de la familia lo permitía, también se publicaba en los periódicos locales la esquela para su difusión. Posteriormente, la familia mandaba hacer los recordatorios del difunto, pequeñas tarjetas en las que, junto a la referencia del fallecido, se ruega una oración por el descanso de su alma. Estas tarjetas, de gran sobriedad con un marcado tono negro, se repartían a la familia y allegados, como recordatorio del fallecido, metidas en sobres blancos ribeteados de negro, creando una imagen inconfundible de su contenido. En las familias más acomodadas, además, se solía mandar recordatorios del cabo de año del difunto, indicando las misas y honras que se iban a llevar a cabo en conmemoración del aniversario, de la misma forma que se suele poner una esquela pública recordando el aniversario del fallecido.
Hay diferentes formas de dar noticia pública de los óbitos acaecidos. En algunas poblaciones es el alguacil, con su habitual forma de pregonero, el que se encargaba de recordar, los aniversarios, además de las noticias comunes del Ayuntamiento. En otras localidades, será el sacristán el responsable
Hijuela
Agustin Melón Errero
Papel manuscrito
1836. 31,8 x 22 x 0,5 cm.
Javier Baro Treceño




Partija. Faustino Caballero y Ana Reguero.
Papel manuscrito 1879.
31,5 x 22 x 1 cm.
Javier Baro Treceño

Carta de luto
Luis Antolínez. Papel manuscrito 1926
19,5 x 15,5 cm. y 31 x 19,5 cm. Colección privada (León)
Testamento Agustín Melón
Papel manuscrito 1836.
32 x 22 x 0,5 cm.
Javier Baro Treceño
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Revista Nuevo Mundo, colección.
Editores José del Perojo y Mariano Zavala
Impreso sobre papel 1894-1933, año 1910-13.
28 x 20 cm.
Colección privada (Castrojeriz, Burgos)

de este cometido, soliendo a tocar una esquila, con la cual iba dando el recordatorio de los cabos de año, en ambos casos con previo pago de tal menester por parte de la familia, tal y como manda la tradición. Por otro lado, los medios de comunicación del momento también se hacían eco de la muerte, exponiendo de forma explícita la realidad de la misma, sin tapujos ni sensacionalismo. Ejemplos tenemos en las innumerables ediciones periódicas publicadas en nuestro país, como la revista Nuevo Mundo donde en su número 893 del año 1911 se muestra al finado y todo lo que rodea al proceso de la muerte, exposición y despedida del mismo. Este tratamiento natural de la muerte llegó incluso al hecho de realizar un número extraordinario sobre el asesinato, el 12 de octubre de 1912, de José Canalejas y Méndez, Presidente del Consejo de Ministros, mostrando su cuerpo inerte y el posterior Funeral de Estado.
Los muertos se van, pero son los vivos, muchas veces, los que no queremos que nos dejen y nos aferramos a su recuerdo. Por eso se crean elementos que ayudan a mantener la memoria de los seres queridos que han marchado, retratos especialmente enmarcados que presidirán las estancias de la casa más importantes;


Documento de enterramiento
Anónimo. Papel impreso y manuscrito 1896, 21 x 15 cm.
María Victoria Alonso Fernández Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
fotos, en su mayoría en papel, aunque muchas veces también se pondrán sobre las lápidas y tumbas para mantener el recuerdo de su imagen, pero en emulsiones bicromatadas sobre cerámica para que durasen y resistiesen la intemperie. Unos casos muy interesantes son los marcos-vitrina, a modo de relicarios, pero sin ese sentido religioso, donde poder recoger y agrupar los recuerdos más personales del ser que nos ha dejado. Estos marcos-vitrina son muy singulares, ya que conservan elementos tan únicos como trozos de melena del finado, bien arreglados claro está, junto a fotos del mismo, con medallas, rosarios, escritos, pañuelos y pequeños objetos que le pertenecieron y que son fuente de su memoria. Se crea una especie de relicario personal, con elementos ligados directamente al difunto y al recuerdo dentro de su familia.
Documento compra de coronas de difunto
Anónimo Papel impreso y manuscrito 1896
32,5 x 22 cm.
María Victoria Alonso Fernández
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES

Fotografía retrato de Esperanza Simón Burgos
Melchor Santoyo Pérez
(Astudillo – Palencia)
Fotografía sobre papel, con marco original
Siglo XX, año 1959
62 x 54 cm.
Colección privada (Burgos)
En relación a este tipo de recuerdos encontramos algunos testimonios significativos, como los que podemos ver en el libro Disquisiciones Galanas, donde se recoge un testimonio en Covarrubias (Burgos) de una moza que muere con dieciocho años y la amortajan con unos buenos pañuelos, pero antes de enterrarla se los quitaron todos por miedo a que fueran a buscarlos. En este mismo libro se recoge un poema de Gabriel y Galán (1870-1905) que habla de la hija del sepulturero y la ropa que lleva:
“¿Qué t endrá la hija del sepulturero, que con asco la miran los mozos que las mozas la miran con miedo cuando llega el domingo a la plaza y esta el bailoteo como el sol de alegre vivo como el fuego?
No parece sino que una nube se atraviesa delante del cielo no parece sino que se anuncia que se acerca que pasa un entierro una ola de opacos rumores sustituye al cerril charloteo se cambian miradas que expresan recelos y el ritmo del baile se torna más lento y hasta los repiques alegres y secos de las castañuelas callan un momento Un momento no más dura todo más ¿Qué será aquello que da falsas notas la gaita por hacer un gesto
con sus gruesos labios el tamborilero?
No hay memoria de amores manchados porque nunca, a pesar de ser bellos ¡buenos ojos tienes! le ha dicho un mancebo.
Y ella sigue desdenes rumiando y ella sigue rumiando desprecios pero siempre acercándose a todos siempre sonriendo presentándose en fiestas y bailes y estrenando más ricos pañuelos
¿ que tendrá la hija del sepulturero?
Me lo dijo un mozo:
¿ve usted esos pañuelos pues se cuenta que son de otras mozas de otras mozas que ya están pudriendo Y es verdad que parece que huelen que huelen a muerto”.
Este temor que vemos reflejado en estos dos testimonios, se extiende en la época en la que se deja de vestir a los difuntos con sencillas mortajas blancas y se les comienza a vestir con ropa de calle, generalmente la mejor que tenía. Para evitar que se desenterrara a los difuntos por la codicia de acaparar esta indumentaria, se solía estropear o inutilizar, rasgando o cortando algún trozo. En algunos casos,, estos trozos se ponían o colocaban en cuadros o vitrinas con composiciones a modo de recordatorio del finado, añadiendo pelo y algunas flores de las que le acompañaron al cementerio.
El difunto deja, sobre todo, un recuerdo que dura todo el año, pero en especial el Día de los Difuntos y por cercanía el Día de Todos los Santos, en muchas casas se cultivaban flores para realizar ramos que colocaban sobre las tumbas de sus seres queridos. En muchas casas se guardaron las coronas de plumas, las mismas que se compraron para el día del entierro del difunto, incluso se hacían vitrinas para contenerlas y así conservarlas y poder llevarlas otra vez al cementerio los días señalados para su recuerdo. Y así, año tras año, hasta que la corona se estropeaba y se sustituía por otra.

Higa. Anónimo Azabache Siglo XVII, 5,5 x 1,8 x 0,5 cm. Colección privada (León)
que se siente, lo que se trasmite



La muerte es algo tan próximo que ha convivido con nosotros de una forma natural y eso nos ha permitido crear costumbres, leyendas, cuentos e historias, que se conocían y se decían en voz baja, siempre en voz baja, ya que no es fácil mencionar o hablar de este tema. Unas veces por miedo, otras por precaución, del no creer creyendo... y de eso mejor no hablar... por si acaso. Si los miedos son algo inherente al ser humano y la muerte, aunque asumida por inevitable, nos da miedo, miedo a la desconocido y a todo lo que la rodea, por este miedo nos envolvemos de amuletos que nos protejan, realizados con todo tipo de elementos y materiales, siendo el azabache un material muy usado en estas tierras, con formas e interpretaciones diversas para que nos protejan y nos ayuden ante la muerte.
Hay historias de muertos que quieren volver o simplemente que todavía no se han ido y sus almas rondan en pena por este mundo esperando su partida. El demonio, como carnación del mal y del mal de la muerte, siempre ha sido un elemento utilizado para representarla, por eso en cuentos, historias y leyendas se ha utilizado mucho como forma de representación.
Dentro de la cultura tradicional, la muerte está presente en todo tiempo y lugar, pero no por cotidiano es un hecho menos doloroso. A veces se produce de forma inesperada, por eso hay barruntos y determinados hechos que sirven para predecirla. El más extendido es el aullido de los perros, de noche y de forma repetitiva, recogido en la lírica popular en muchas canciones y coplas, como esta de Pepe y Elena (recogida en Castrillo de la Valduerna, de Manuela Argüello Alonso):
“a las dos de la noche aullaba un perro y a las tres de la noche ya se había muerto”
Más no es éste el único animal anunciador, en la mayor parte de los pueblos del Páramo leonés son las pegas (urracas): “ cuando la pega canta en el corral o en el alero hay muerte en la casa ”. También las campanas cuando están doblando o encordando al volver del cementerio de un entierro, si suenan de determinada forma;:“ Cae el sonido muy a plomo, están llamando a otro ”.
Al igual que los barruntos o presagios, existe toda una serie de ritos, manías y costumbres en el velatorio y a lo largo de toda la despedida. Veamos algunos ejemplos en los párrafos siguientes.
Los espejos se quitaban o se velaban con una tela negra o simplemente se daban la vuelta en el cuarto donde está el difunto velándose y en el resto de la casa. Los espejos siempre han tenido un componente mágico. Son una ventana al otro lado, de ahí el quitarlos o velarlos, porque el ánima del difunto podría asomarse por ellos. Hasta tal punto se consideraban ventanas al otro mundo que en muchos lugares de La Maragatería (León), se consideraba que al mirarse en un espejo a la media noche, en vez de ver el reflejo de la persona se puede asomar el diablo 43 .
Al difunto se le lleva con los pies por delante, para que el ánima no vea el
camino de vuelta a casa y retorne allí para atormentar a los vivos. Era común la creencia de que el alma del difunto estaba en tránsito durante el primer año y hasta no celebrar el cabo de año no va al lugar definitivo, de ahí la importancia del rigor del luto ese primer año, de las misas del mes, de los novenarios y todas las obras y ritos que se celebran por aquel que se fue.
Otra forma de evitar que el ánima del difunto se quedara en la casa, era echar mercurio en las esquinas del cuarto donde se vela al difunto y en otros lugares de la casa, rito que se llevó a cabo en lugares como La Baña (León), hasta finales del s. XX.
Muchas de las arraigadas costumbres en torno a las ánimas y los aparecidos se van a dar en el mes de noviembre, conocido como mes de ánimas que, aunque siempre se tienen presentes, es en esta época del año cuando se hacen mucho más visibles. La iglesia católica en el s. XI a través de San Odilón declara el 2 de noviembre como consagrado para el culto a las ánimas del purgatorio, lo que en la actualidad se conoce como el día de los Fieles Difuntos.
Si viajamos atrás en la historia, los celtas ya celebraban la Fiesta del Samain, el año nuevo solar de su calendario y durante tres días desaparecía la barrera entre los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos y
43 FRAILE GIL, J. M. Disquisiciones Galanas. Salamanca, 2008.
estos últimos podían llevarse al otro lado a parientes deudos y amigos. De aquí derivan costumbres arraigadas en otros países como las calabazas de la fiesta de Hallowen y que en esta tierra fueron nabos y remolachas lo que se vaciaba para poner una vela dentro, ya que la calabaza era un cultivo inexistente por estos lares. Se ponían en las ventanas, en las tapias del corral y en los caminos cercanos al pueblo, cruces para asustar a los espíritus y que estos no vinieran a molestar.
Las luces siempre han estado muy presentes como culto a los difuntos.
Así, en la zona de La Valduerna (León), encendían mariposas de aceite (lamparillas) a los difuntos en la estancia donde murió

Libro “Don Juan Tenorio. Drama religioso-fantástico”
José Zorrilla
Papel impreso 1892
16 x 11 x 2 cm.
Colección Museo
Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)

Cuento “Una visita al cielo” Saturnino Calleja
Papel impreso. Siglo XX 7 x 5 cm.
Ana María Gago del Río Adelino Lagartos Herreras, Vallecillo (León)
prolongándose durante el año del luto. En la mayor parte de los pueblos de la zona de La Valdería y La Cabrera (León) se sigue poniendo luces (velas) sobre las sepulturas la noche de ánimas y la noche de difuntos, quedando los cementerios iluminados. Pretendían que las ánimas volvieran a su lugar después de esas noches que están sueltas.
COMO ME VES TE VERÁS / MUERTE, RITOS Y COSTUMBRES
Si nos referimos a las ánimas que están sueltas o penan por los caminos no podemos dejar de referirnos a La Huéspeda de Ánimas o Estantigua (derivación de hueste antigua), que es como se conoce en León a la archiconocida Santa Compaña gallega, si bien carece de parte de la maldad de ésta. La creencia en las procesiones de muertos está muy arraigada en toda la zona norte de la Península Ibérica y otras zonas del occidente, como Extremadura, quizá por la influencia leonesa.
La Huestia o Huéspeda tendrá al menos cinco miembros, delante un ente o espectro de mayor tamaño, que puja una cruz de madera; otra ánima porta un estandarte, una tercera el hisopo y el acetre, la siguiente un farol y el viático y el último una campanilla. Éstos son los elementos mínimos y en muchos lugares hablan de una procesión grande que porta luces de cera o huesos prendidos. Son frecuentes los relatos por La Cepeda, Cabrera, Bierzo Alto y la Montaña. Buscan vivos que van a morir próximamente para avisarles, o personas que les libren de promesas incumplidas, o solo oraciones por la salvación de sus almas. En algunos lugares van retailando para avisar a los vivos antes de que se crucen con ellos: “ andar de día que la noche es mía ”.
Hay una dualidad en torno a las ánimas: por una parte, temor hasta el punto de creer que hablar de ellas o mentarlas demasiado puede hacer que te llamen (Riolago y otros pueblos babianos (León) y, por otra, a tenerlas como conseguidoras, invocándolas para encontrar cosas perdidas, rezando siempre por ellas, al igual que el llamado reloj de las ánimas, invocándolas al acostarte y rezando por ellas te despiertan a la hora deseada y sin sueño. Creencia muy extendida por gran parte de la provincia.
Existen muchas costumbres en torno a la comida, esto podría estar relacionado con los banquetes de difuntos de la antigüedad, en los que se creía que el alma del difunto participaba con el resto de los comensales. Quizá la más conocida sean los magostos que, aunque han perdido su carácter ritual, se siguen celebrando. Antiguamente siempre se hacían la noche de ánimas o el Día de los Santos por la tarde, cerca del cementerio o a las tapias del mismo como seguían haciendo en Felechares de la Valdería (León), los niños y jóvenes en el año 2009. Típicos sobre todo del Bierzo y La Valdería, se asaban castañas sobre brasas, dejando algunas sin picar y cuando reventaba la tercera estaban todas asadas. Se bebía vino caliente, se bailaba. Era una fiesta terminada la cual se dejaban unos puñados
de castañas asadas al lado de las brasas para las ánimas. El resto de las fiestas similares que se hacían en otras fechas, eran castañadas y no magostos y no se dejaban castañas para las ánimas.
En las matanzas, en lugares del Bierzo Alto y la montaña, había una costumbre que nos podría recordar esto: después de chamuscar el cerdo, se dejaba sobre brasas una punta de rabo y un trozo de la barbada, que se quemaba por los difuntos del año, aunque no podían disfrutar del cerdo que les llegara el olor.
Compartida con lugares de Galicia, en El Bierzo también existía la costumbre de dejar la puerta abierta la noche de ánimas para que entren a calentarse a la lumbre (ese día se echaba de noche un tuero o tronco grande al fuego para que resistiera toda la noche) y junto a ella castañas y peras para que los difuntos coman de ellas. Costumbre que en la Montaña Oriental se trasladaba a las fechas navideñas, momento en el que los muertos volvían a casa para compartir esas fiestas y se dejaba comida junto al fuego para ellos, tras pasar los reyes se iba haciendo ruido por toda la casa para que no se quedaran en ella.
Para que las ánimas no se quedaran en el mundo de los vivos, hay costumbres que han llegado hasta nuestros días como bendecir las casas con el agua de la vigilia pascual y el ramo bendecido del domingo de ramos, con en -

Jaculatorias, Anónimo
Papel impreso 1946-1962
11,5 x 8 cm., 11,5 x 7 cm. y 10 x 6 cm.
Colección Museo
Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
salmos: “ Demonios y brujas marcharos de aquí que el agua de pascua la traigo con mi, ánimas benditas seguid camino que el agua de pascua la traigo conmigo ”.
Reflejo de la importancia que han tenido las ánimas son los ejemplos que encontramos en la literatura de tradición oral. Desde las más recientes, en las que aparecen casas donde se producen ruidos de noche, se arrastran y cambian muebles y los habitantes, que sospechan que es un alma en pena, le ofrecen misas por la redención de sus penas para que todos esos fenómenos cesen, hasta los romances antiguos, con versiones conocidas desde el s. XVI. Algunos bien podrían haber servido para inspirar a Tirso de Molina o a José Zorrilla para escribir El Burlador de Sevilla o D. Juan Tenorio respectivamente, en los cuales, los dos protagonistas invitan a cenar a un muerto. Esta versión la recogió en Omaña, en el pueblo de Cureña, Menéndez Pidal:
Pa misa diba un galán
Caminito de la iglesia
No diba por oír misa
Ni pa estar atento d´ella
Que diba por ver las damas
Las que van guapas y frescas
En el medio del camino
Encontró una calavera
Mirándola muy mirada
Un gran puntapié le diera
Arregañaba los dientes
Como si ella se riera.
- Calavera te convido
Esta noche a la mi fiesta.
- No hagas burla caballero
Mi palabra doy por prenda
El galán todo aturdido
Para casa se volviera
Todo el día anduvo triste

Collar
Anónimo
Azabache.
Siglo XIX
42 cm.

Colección Museo Etnográfico
Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)
Hasta que la noche llega
De que la noche llegó
Mandó disponer la cena
Aún no comiera un bocado
Cuando pican a la puerta
Manda un paje de los suyos
Que saliese a ver quien era
- Dile criado a tu amo
Si de lo dicho se acuerda
- Dile que si mi criado
Entre pa´ca norabuena
Pusierale silla d´oro
Su cuerpo sentara n´ella
Pone de muchas comidas
Y de ninguna comiera.
- No vengo por verte a ti
Ni por comer de tu cena
Vengo a que vayas conmigo
A media noche a la iglesia
A las doce de la noche
Cantan los gallos afuera
A las doce de la noche
Van camino de la iglesia
En la iglesia hay en el medio
Una sepultura abierta
- Entra entra el caballero
Entra sin recelo´n ella
Dormiras aquí conmigo
Comerás de la mi cena
- Yo aquí no me meteré
No me ha dado Dios licencia
- Si no fuera porque hay Dios
Y el nombre de Dios apelas
Y por ese relicario
Que sobre tu pecho cuelga
Aquí habrías de entrar vivo
Quisieras o no quisieras
Vuélvete para tu casa
Villano y de mala tierra
Y otra vez que encuentres otra
Hácele la reverencia
Y rézale un pater noster
Y échala pa la guesera
Así querrás que a ti te hagan
Cuando vayas de esta tierra.
Los cuentos y leyendas de ánimas tienen un carácter ejemplarizante, hay que deshacer algo que el difunto dejó mal hecho o se pena mucho por cambiar o mover mojones. En base a estas historias se va introduciendo en los pequeños el respeto por la propiedad ajena, mezclado de un temor reverencial.
Referente a las murias de dos lugares se contaba en la zona de La Cepeda (León) esta historia:

Rollos de pianola
Victoria
Papel impreso y perforado y cartón
Siglo XIX-XX
32,5 x 6,5 x 5,5 cm. (aprox.)
Consuelo Valle Fernández
Colección Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas (León)
Discutían dos hombres del lugar donde debía estar la muria que separase los términos, y uno de ellos muy enfadado grito:” antes me han de llevar los demonios en cuerpo y alma al infierno que se mueva la muria de aquí”. Al poco murió y lo enterraron con una mortaja bendecida, desque enterrado se aparecía a uno que guardaba un atajo de ovejas allí justo a la muria y le mandaba quitar la mortaja. El pastor tenía miedo pero allí donde la muria había buenas hierbas de pacer, y pa ramear las cabras, lo contó a la mujer y la mujer habló al cura y este subió con el párroco donde la muria, bendijo un trozo de tierra y una hoz atada a un palo, diciéndole que quitara la mortaja pero sin salir del trozo de tierra bendecida, al oscurecer volvió el ánima, pidiendo lo mismo, que le quitara la mortaja, cortó con la hoz las ataduras y empujó la mortaja al suelo, se oyó un ruido grande y una voz que decía “maldito el que tanto te enseño, o tan condenado serias como yo”. Pues saliéndose de la tierra bendita lo hubiera llevado con el a penar. El se condenó por no echar la muria donde era y además jurar. Versión recogida en Quintanilla y Antoñan del Valle (León) en el año 1998.
La música de los actos religiosos es muy importante, ya que siempre se ha dicho que antes le llegan al Señor las súplicas y oraciones si están acompañadas por bellos sonidos de instrumentos y voces. Pero nosotros aquí nos referimos a las canciones más populares, dichos y coplas, refranes con soniquete que se repiten y se entonan como canciones. También aquellas músicas que han compuesto para recordar pérdidas de seres queridos, para exaltar la memoria de las personas que ya no están o sonidos simplemente bellos y melancólicos que evocan la tristeza de la pérdida y el vacío que deja la muerte. Y otra vez el sonido, el repicar de las campanas, nos recuerda la muerte, nos transmite a través de su música el recuerdo, no solo nos llama y avisa de los actos litúrgicos si no que nos trasmite la evocación, la obligación de honrar y orar por las almas de los files difuntos, nos trae en su tocar, en la música que martillea en el aire la memoria que nos deja la muerte.


Jaculatorias
Anónimo Papel impreso 1946-1962
11,5 x 8 cm., 11,5 x 7 cm. y 10 x 6 cm.
Colección Museo Etnográfico Provincial de León, Mansilla de las Mulas (León)



ALONSO GONZÁLEZ, J. A. Colección etnográfica. Museo de León. Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura. León, 1997.
ALONSO PONGA, J. L. Los objetos al servicio del hombre, en Díaz J., Piñel C., Dacosta A. y Goméz Lacorte E. (coord.). Enseres. Junta de Castilla y León y Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León. Madrid, 2002.
ALVAREZ COUREL, J. , Nacimiento, Matrimonio y Muerte en León y su provincia. Encuesta del Ateneo. Diputación Provincial de León, Instituto Leonés de Cultura. León, 2009.
CABRIA ORTEGA, J. L . (Cood.). Fichas sobre: La Muerte y el Morir. Monte Carmelo, Burgos, 2009.
CASADO LOBATO, C. El nacer y el morir en tierras leonesas. Caja España. León. 1992.
CASADO LOBATO C. Así nos vieron. La vida tradicional según los viajeros. Salamanca, 1994.
CASADO C. Y ARIAS M. (coords). Museo de la Arriería Maragata “Ventura Alonso”. Santiagomillas (León). Instituto Leonés de Cultura, Diputación de León. Salamanca, 2000.
CHACÓN JIMÉNEZ, F. Historia social de la familia en España. Alicante, 1990.
DÍAZ J., PIÑEL C. , Dacosta A. y Goméz Lacort E. (coords.). Enseres. Junta de Castilla y León y Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León. Madrid, 2002.
ESPINA BARRIO, A. B. Medida del Tiempo. Obsesión del individuo por regular y medir el tiempo, en VV. AA. Museo Etnográfico. Castilla y León. Junta de Castilla y León y Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León. Madrid, 2004.
FRAILE GIL, J. M. Disquisiciones Galanas. Diputación de Salamanca, Centro de Cultura Tradicional Ángel Carril. Salamanca, 2008.
FRAILE GIL, J. M. Nacimiento, juventud, boda, muerte. Las edades del hombre, en VV. AA. Museo Etnográfico. Castilla y León. Junta de Castilla y León y Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León. Madrid, 2004.
GACTO FERNÁNDEZ, E. El grupo familiar en la Edad Moderna en los territorios del Mediterráneo Hispánico: Una visión jurídica en la familia en la Historia de España, Barcelona, 1987.
LAGARTOS PACHO, F. J. Población, sociedad y familia en Tierra de Campos leonesa. La comarca de Sahagún en el siglo
XVII. Tesis Doctoral inédita. Universidad de León. León, 2015.
MARTÍNEZ - GAYOL, N. Vida Eterna, en Cabria Ortega, J. L. (Cood.) Fichas sobre: La Muerte y el Morir. Monte Carmelo, Burgos, 2009.
MARTÍNEZ GARCÍA, P. Y LAGARTOS PACHO, F. J. Pendon_es. Instituto Leonés de Cultura. Diputación de León. León, 2017.
LLAMAZARES RODRÍGUEZ, F. Los pasos de la Semana Santa de León. Junta Mayor de la Semana Santa de León. Madrid, 1992.
REPRESA FERNÁNDEZ, D. Donde el conocimiento no llega. Creencia y religiosidad popular en la comarca burgalesa de Cerveraç, en VV.AA. Estudios de etnología en Castilla y León (1992-1999). Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura. Valladolid, 2001.
RILOVA SIMÓN, A. Catálogo de las obras pictóricas de los centros religiosos de Palacios de Benaver, Sasamón, Villasandino y Melgar de Fernamental. Villas burgalesas en el Camino de Santiago. Diputación Provincial de Burgos. Vitoria, 2015.
RÚA ALLER, F. J. Y RUBIO GAGO, M. E. La piedra celeste. Creencias Populares Leonesas. Breviarios de la Calle del Pez. Excma. Diputación Provincial de Leon. 1986.
RUIZ EZQUERRO, J. J. Fundación De Blas-Villodres. El Burgo de Osma (Soria). Colecciones. Fundación De Blas-Villodres.
El Burgo de Osma. Soria, 2004.
VV. AA. Estudios de etnología en Castilla y León (19921999). Edita, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura. Valladolid, 2001.
VV. AA. Museo Etnográfico. Castilla y León. Junta de Castilla y León y Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León. Madrid, 2004.
VV. AA. SEMANA SANTA. Astorga. Junta Pro-Fomento de la Semana Santa de Astorga. León, 1996.


Ayuntamiento de Mansilla de las Mulas (León)
Ayuntamiento de Hontanas (Burgos)
Archivo Histórico Provincial de Soria
Ayuntamiento de Vallecillo (León)
Cofradía de la Vera Cruz y Confalón, Astorga (León)
Cofradía de Santa Eugenia, Mansilla de las Mulas (León)
Cofradía de la Ermita de la Virgen del Castro, Villanueva del Carnero (León)
Fundación Joaquín Díaz, Urueña (Valladolid)
Junta Vecinal de Hormaza (Burgos)
Junta Vecinal de Malillos de los Oteros (León)
Junta Vecinal de Matallana de Valmadrigal (León)
Museo Etnográfico de Castilla y León, Zamora
Narciso González González
Obispado de León
Parroquia de la Inmaculada, Hontanas (Burgos)
Parroquia de Nuestra Señora La Blanca, Campazas (León)
Parroquia de San Esteban Protomártir, Hormaza (Burgos)
Parroquia de San Juan Bautista, Matallana de Valmadrigal (León)
Parroquia de Santa Colomba, Villanueva del Carnero (León)
Parroquia de Santa María, Mansilla de las Mulas (León)
Parroquia de Santa María la Real, Sasamón (Burgos)
Parroquia de Santiago Apóstol, Luengos (León)
Parroquia de Santiago Apóstol, Malillos de Oteros (León)
Vicente Ausín Martínez
Javier Baro Treceño
María Jesús Díez Viejo
Narciso González González
Adelino Lagartos Herreras
Juan Carlos Pascual de Cruz
Francisco Javier del Río Díez
María Caridad Simón Burgos




“COMO TE VES YO ME VI


COMO ME VES TE VERÁS
ACUÉRDATE AHORA DE MÍ


QUE NO TE ARREPENTIRÁS






CUANDO TE LLAMEN A TÍ

COMO TE VES YO ME VI


COMO ME VES TE VERÁS


RUEGA A DIOS POR MÍ




Y EN EL CIELOME HALLARÁS




COMO TE VES YO ME VI


COMO ME VES TE VERÁS


TODO ACABA EN ESTA AQUÍ

PIÉNSALO Y NO PECARÁS”






“COMO TE VES YO ME VI
COMO ME VES TE VERÁS
ACUÉRDATE AHORA DE MÍ
QUE NO TE ARREPENTIRÁS
CUANDO TE LLAMEN A TÍ
COMO TE VES YO ME VI
COMO ME VES TE VERÁS
RUEGA A DIOS POR MÍ
Y EN EL CIELO ME HALLARÁS
COMO TE VES YO ME VI
COMO ME VES TE VERÁS
TODO ACABA EN ESTA AQUÍ
PIÉNSALO Y NO PECARÁS”
JACULATORIAS TRADICIONALES


