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CUENCA SEMANA SANTA 2026

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Documentación

Comisión de Publicaciones de la Junta de Cofradías de Cuenca

Coordinación

Antonio Abarca Contreras

Diseño y Maquetación

La Red Creativa

Edita

Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca

Fotografía de Portada

Julio Palencia

Agradecimientos

A las Juntas de Diputación de las Vbles. Hdades. de Semana Santa y a los autores de los artículos y las fotografías

Imprime

Editorial Mic

Depósito Legal: CU-510/2008

Saludas

07 Jorge Sánchez Albendea Presidente de la Junta de Cofradías de Cuenca

09 Joaquín Ruiz Requena Delegado episcopal en la Junta de Cofradías

Entrevistas

12 Pedro José Ruiz Soria. Cartelista de la Semana Santa 2026

Por Berta López

26 Mons. José María Yanguas. Pregonero de la Semana Santa 2026 Por Berta López

Opinión

36 Museo de Semana Santa: donde late el corazón de los conquenses por Berta López

48 Un tesoro en el museo. Actas e inventarios inéditos iluminan la Semana Santa conquense (S. XVI-XVII) por Samuel López

54 El Huerto de San Esteban. Cien años de fidelidad hechos oración en las calles de Cuenca por Rafael Torres Muelas

58 Aprobación en el suspenso por Juan Ignacio Cantero de Julián

64 Cuando la fe se arremanga. La I Cuaresma solidaria de donación de sangre en Cuenca por Samuel López

66 Homenaje al tiempo nazareno en algunos de sus personajes y protagonistas por Miguel Romero Saiz

76 En homenaje a Jesús Mateo Navalón por José Miguel Carretero Escribano

85 In Memoriam. Nazenos en la Procesión Eterna Cuaresma 2025 - Cuaresma 2026

86 Veinte años abriendo procesión por Berta López

94 75 años de Esperanza para Cuenca por Carlos Julián Martínez Soria

100 40 horas para la Resurrección por la Junra de Diputación de la Hermandad de Ntro. Sr. Jesucristo Resucitado y María Stma. del Amparo

102 Vble. Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y las Santas Marías. Diez años tras un sueño por la Junta de Diputación de la Hermandad

106 Cuenca y Sevilla, unidas por el Prendimiento por José Julián Espada Ramos

114 El nuevo guion de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz. Arte, fe y simbolismo por la Junta de Diputación de la Hermandad

118 La Santa Cena de Pedro Mercedes por la Junta de Diputación de la Hermandad Hablan las Hermandades

Investigación

128 La imagen de Jesucristo en los primero años del cristianismo y la celebración de la Semana Santa hasta la edad media por Julián Recuenco Pérez

134 El paso de la Exaltación de Luis Marco Pérez. 75 años de historia por José Manuel Alarcón Sepúlveda

156 Custodios de la tradición. La presencia histórica de la Guardia Civil en las escoltas de honor de la Semana Santa de Cuenca por Juan Carlos Peñuelas Ayllón

174 La Semana Santa de Cuenca en 1919 por Enrique Valero Moscardó

Saluda
Cuenca Nazarena 6

Presidente de la Junta de Cofradías

Jorge Sánchez Albendea

Con alegría y renovada ilusión me dirijo nuevamente a toda la comunidad nazarena a través de una nueva edición de la revista oficial de la Semana Santa de nuestra ciudad: Cuenca Nazarena. Una publicación que ve nuevamente la luz gracias al esfuerzo y compromiso de la comisión de publicaciones, con Antonio Abarca al frente de la misma.

Si algo pretende esta revista que ahora tienes en tus manos es ser reflejo de la vida de nuestras Hermandades, altavoz de la actualidad nazarena y fiel cronista de nuestra historia.

Desde la Junta de Cofradías trabajamos intensamente en los preparativos de este año.

Intentamos cuidar todos los detalles, coordinar peticiones y aunar voluntades y todo ello con el único fin de que los desfiles procesionales luzcan con la solemnidad y excelencia que nos son propios.

Nuestras treinta y tres hermandades y las Turbas de Cuenca intensifican sus actividades: revisan sus andas e imágenes y cuidan que sus enseres estén preparados; las juntas generales se suceden; las funciones nos reúnen en torno a esa talla que tanto veneramos; los actos programados llenan salas de nazarenos ansiosos de escuchar aquello que anhelan el resto del año… Cuenca es un clamor en torno a su Semana Santa.

Los nazarenos abrimos los armarios para volver a sacar túnicas, capuces, fajines y cordones. Son nuestra segunda piel. Aquella que nos recuerda lo que somos. Aquella que nos emociona cuando pensamos en los que ya desfilan en la Procesión Eterna. Aquella que nos obliga a ser ejemplo y espejo en donde se miran nuestros hijos.

Me gustaría destacar la ilusión que todos tenemos, creo, con el Museo Nazareno. Hoy ya es una realidad y todos nos sentimos orgullosos de él. Ha sido mucho el tiempo invertido y un trabajo arduo y continuo pero hoy podemos afirmar que nuestro Museo rebosa vida. Es un espacio alegre y un punto de referencia para la cultura de nuestra ciudad, además de cumplir fielmente nuestro principal objetivo: mostrar la esencia de la Semana Santa de Cuenca

Como no dedicar unas breves líneas a nuestros más jóvenes… A los nazarenos de la fila del medio. Un año más, ¡que rápido se ha consolidado!, la procesión infantil será el momento de volver a llenar las calles de inocente emoción. Es esencial cuidar bien a los que hoy nos observan y nos tienen como sus referentes: No podemos defraudarles.

Y al mismo tiempo, nosotros, los nazarenos que tenemos responsabilidades, por acción o por omisión, debemos ser conscientes de la importancia de permanecer unidos y plenamente conscientes de donde estamos y hacía donde

debemos y queremos ir. Por ello, es un motivo de alegría ver como las Jornadas de Formación y Convivencia se están consolidando entre los directivos de nuestras Hermandades.

Como siempre, la seguridad y el orden serán una prioridad. Para garantizarlas trabajamos “hombro con hombro” con las autoridades competentes a las cuales hay que agradecer su implicación y buen hacer. Son muchas las peticiones que reciben por parte de la Junta de Cofradías y todas ellas son atendidas. Nosotros seguiremos dando pasos firmes, con especial cuidado en la Procesión Camino del Calvario, donde la mejoría cada año es notable. Pero no hay que bajar la guardia y caer en la autocomplacencia, todavía hay personas que desconocen cuál es el verdadero rito de las Turbas. Es responsabilidad de todos conseguir que cada vez “molesten” menos delante del guion de nuestra Hermandad del Jesús del Salvador.

El mayor de mis reconocimientos a las juntas de diputación de cada una de las hermandades integrantes en la Junta de Cofradías. Gracias por vuestro trabajo continuo a lo largo del año. Gracias por comprender que en la Semana Santa de Cuenca no caben individualidades, que sólo el permanecer unidos permitirá mantener la excelencia de nuestros desfiles. Sólo cuando te sientas “al otro lado de la mesa” eres consciente del inmenso esfuerzo que supone trabajar de manera callada y sacrificada por todos y para todo. Esa es la Comisión Ejecutiva de la Junta de Cofradías. A ellos el reconocimiento más sincero. Y como no, poner en valor al gabinete de comunicación de la institución por saber transmitir nuestros valores e informar de nuestros actos y mensajes.

Queridos Nazarenos, me despido con el deseo sincero de que sigamos viviendo nuestra fe con ilusión, compromiso y unidad. Os animo a participar activamente en nuestros desfiles procesionales, no solo como una tradición, sino como una auténtica expresión pública de amor, respeto y devoción. Que cada paso que demos juntos sea un testimonio vivo de nuestra identidad nazarena y de nuestro profundo sentir cristiano. Sigamos construyendo, entre todos, una Semana Santa llena de fe, ilusión y esperanza para las generaciones futuras.

A mis padres que me educaron en unos sólidos valores; a mi abuelo que me enseñó qué era ser Nazareno; a mi mujer, ejemplar compañera de viaje, sin la cual nada de esto hubiera sido posible; y a mis hijos a los que tanto tiempo he robado… Y a todos vosotros, gracias por dejarme cumplir un sueño.

Disfrutad de nuestra Semana Santa. Cuidarla y no dejéis que nada ni nadie pudiera servirse de ella.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Saluda

Delegado Episcopal en la Junta de Cofradías

Joaquín Ruiz Requena

Acercarnos a celebrar el Misterio central de nuestra fe, Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, nos lleva a detenernos para contemplar este misterio de amor, este misterio en el que el Hijo de Dios entrega su vida en la cruz por cada uno de nosotros. Es el acto supremo de amor de Dios Padre por la Humanidad: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, Jn. 3, 16-17”.

Este amor, en el que Dios nos ama gratuitamente sin esperar nada a cambio, nos ofrece acoger libremente la salvación que Él nos da. Pero este amor que Dios nos da, no se queda sólo en un corresponder a Dios, a su amor; nos impulsa a corresponder a este amor también en el prójimo, en quien está a nuestro lado.

Nuestras Hermandades, nuestras Cofradías, son esto: un grupo de personas que nos sabemos hermanos unos de los otros, porque nos sabemos hijos de un mismo Padre por el Bautismo. Es lo que rezamos cada día en la oración del Padre nuestro y queremos vivirlo cada día, porque descubrimos el rostro de Dios en cada persona que encontramos.

Esto es una de las características esenciales de nuestras hermandades, de la vida cristiana: ser hermanos, ser prójimos, (próximos), cercanos unos de otros. A Jesús le pregunta uno que lo escuchaba quién es mi prójimo y Jesús le responde con la parábola del buen samaritano, Lc. 10,25-37.

Para vivir la verdadera cercanía con cualquier prójimo hace falta ponerse a practicar este amor con tesón, superando los obstáculos de la pereza, el orgullo y la indiferencia. El amor no es un mero sentimiento: es mucho, mucho más; es un comportamiento. Y requiere todo nuestro esfuerzo.

Así pues, el verdadero amor exige esfuerzo y disciplina, humildad y paciencia, valentía y decisión.

Se puede describir un arte de amar con puntos sencillos de recordar, simples y, al mismo tiempo, exigentes. Estos son los puntos concretos: amar a todos, sin prejuicios ni discriminaciones, porque en cada uno está presente el propio Jesús; tomar la iniciativa de amar, haciéndose «prójimos» activamente; amar al prójimo como a sí mismo, siguiendo la ley hebraica transmitida por Moisés y retomada y extendida a todos por Jesús, amar a los enemigos y amar con un amor que se hace uno con el otro.

Esta expresión hacerse uno, que remite al hacerse todo a todos paulino (1 Co 9,22), entró en la vida cristiana desde los inicios. ¿De qué se trata? Se trata de hacerse uno con el otro, que significa hacer nuestros sus pesos, sus pensamientos, «vivir sus preocupaciones, sus dolores y sus alegrías: todo excepto el pecado». Abarca todas las dimensiones humanas: «mente, corazón y manos», y también la voluntad.

Esto es lo que vivimos en nuestra Semana Santa. Cuando preparamos los enseres para que nuestras pasos desfilen por las calles de nuestra ciudad, cuando arreglamos nuestras túnicas y capuces para acompañar a nuestras imágenes en la procesión, cuando participamos en los diferentes actos litúrgicos de la Semana Santa lo que hacemos es prepararnos para encontrarnos con este Cristo muerto y resucitado, con su madre María santísima, para que la presencia de este Dios hecho hombre nos ayude a construir una civilización basada en el respeto, en el amor, en el perdón.

A cada persona que participáis estos días en los diferentes momentos de nuestra Semana Santa, os animo a dejaos encontrar con este Cristo muerto y resucitado para construir una civilización basada en el respeto, en el perdón, en el amor.

¡Feliz Semana Santa!

“Ojalá el Cartel ayude a la gente a vivir la Semana Santa desde la Eucaristía y la Eucaristía desde la Semana Santa”

Entrevista al Cartelista de la Semana Santa 2026

Vamos a hacer, Señor, un Cartel que llegue a la gente con un mensaje claro y que, además de ayudar a vivir la Semana Santa, ayude a la gente a buscarte a través de él”. Dice Pedro José Ruiz Soria, autor de la frase que abre esta entrevista y Cartelista de la Semana Santa de Cuenca de 2026 que, desde que recibió la noticia de la designación, cada vez que levantaba el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía tenía una sola idea en mente: que los nazarenos veamos al Señor a través de su obra. Y que sepamos, por añadidura, que se recoge en la Eucaristía y por entero todo el misterio de nuestra celebración capital. Ha habido, en su proceso de creación, mucho de oración. Más incluso – dice – que de técnica. Y ha guiado este proceso a cuatro manos (las propias y las del Señor) un único objetivo: mostrarle a Él. Plenamente a Él. Por encima de todo, a Él. En esta conversación hablamos de técnica, composición, simbolismo y liturgia pero, sobre todo, de cómo acercarse a Cristo a través del misterio de la Eucaristía y la Semana Santa recogido en el Cartel.

Fotografía: Las Noticias de Cuenca.
Lola Pineda
“Sé que mi elección ha venido sobre todo por el cariño y es algo que agradezco y me emociona”

En la conversación que tuvimos nada más ser nombrado Cartelista de la Semana Santa de Cuenca de 2026 reconociste que, al principio, sentiste vértigo. ¿Sigue ese vértigo contigo?

Sí, claro. ¡Incluso acrecentado! Era consciente de la importancia del Cartel… O eso creía, porque realmente me he dado cuenta de que lo es muchísimo más. No podía imaginar el nivel de repercusión que tiene entre la gente de Cuenca. ¡Es impresionante! Desde que se conoció mi designación, ha sido la gran preocupación de toda la gente que me quiere y me rodea, y de la que me encontraba por la calle. La pregunta a la que más he respondido en este tiempo ha sido “Pedro, ¿cómo va el cartel?” (Risas).

¿Te ha acompañado ese vértigo en el proceso de diseño del Cartel? ¿Desapareció tras la presentación?

Sí que me ha acompañado, claro. Y más conociendo el elenco de personajes que han sido cartelistas de esta gran Semana, seña de identidad de nuestra ciudad. El Cartel es para mí una empresa grandiosa y quería estar a la altura, por eso el vértigo. No. No desapareció. Porque ser cartelista de

la Semana Santa de Cuenca, y más como nazareno, es un gran honor y una satisfacción, convertida en vértigo, que permanecerá siempre. Aumentó con la preocupación por que gustase o, por lo menos, se acercase a las expectativas generadas.

¿Cómo se gestiona esto, las expectativas? Porque en Cuenca, cuando uno es nombrado Cartelista (en tu caso) o Pregonero, todo lo demás desaparece. Es decir: en Cuenca todos conocemos a Pedro José Ruiz, en sus múltiples facetas. Pero desde septiembre de 2025, Pedro José es el Cartelista, un título que eclipsa todo lo demás. ¿Cómo se gestiona eso?

Pues, siendo sincero, a mí es algo que me supera porque siempre intento estar en un segundo plano. No me gusta ser protagonista y no he pretendido serlo, pero soy consciente de que, desde el día de la elección, cambia mi rol y he de convivir con ello. También siento mucho agradecimiento por el cariño de la gente. Te lo dije el primer día: sé que mi elección ha venido sobre todo por el cariño y es algo que agradezco y me emociona.

Fotografía: Las Noticias de Cuenca. Lola Pineda
La unidad en la redención.
Por eso, este cartel tiene un título que surgió inmediatamente: “Ut unun sint”, “Para que sean uno”

Vamos a entrar en harina, Pedro. Ahora que los nazarenos conocemos ya tu Cartel, hablemos de esa arquitectura previa necesaria para concebirlo. ¿Cómo construiste los cimientos de la obra? ¿Cuál fue el punto de partida para llegar hasta este Cartel?

La idea, es verdad que la tuve clara desde el principio. El cartel anunciador de la Semana Santa tenía que manifestarla, por supuesto, pero además quería que pudiera contener un tema que me parece fundamental e intrínsecamente relacionado con ella… la UNIDAD. La vivencia cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor desde la unidad. La unidad en la que a todos los cristianos y a todos los nazarenos se nos introduce por el Bautismo y por la que Cristo sufrió todo y se entregó. La unidad en el amor. La unidad en la redención. Por eso este Cartel tiene un título que surgió inmediatamente: “Ut unum sint”, “Para que sean uno”. Está tomado del Evangelio de San Juan y es el sueño y deseo del mismo Cristo en su oración al Padre: “Te ruego por ellos… para que sean uno, como tú Padre en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno como nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”. Nuestra Semana Santa es manifestación de nuestra fe, es manifestación para que el mundo crea. Y para que se cumpla el fin, el fundamento está claro: tenemos que ser uno. Tenemos que formar una verdadera familia. Una familia nazarena. Y vivir verdaderamente como tal el misterio de nuestra redención. A lo mejor esto es una utopía, pero yo creo que es realizable. Y a la vez surgió, claro, cómo visualizar esa unidad en el papel, que a veces es lo complicado. Para mí, todas las Her-

mandades y elementos que participan en la Semana Santa procesional, debían aparecer, incluso con el riesgo que esto suponía a la hora de componer. Y por otra parte tenía que aparecer el Sacramento de la unidad, la Eucaristía, fundado en el seno de la Semana Santa y actualización constante de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Así que, la forma más gráfica que encontré para representar esta unidad, simbolizada en todos estos elementos y dentro de mi simplicidad y de la simplicidad del propio diseño, fue un gran círculo, la forma perfecta que lo recoja todo. Un círculo que es la Comunión Eucarística y que tiene su continuidad, en el diseño del cartel, en el cáliz. Cuerpo y Sangre.

Y quería que reflejase la Semana Santa, vinculado a la vez con la Eucaristía, como el gran episodio de la redención humana por medio de Jesucristo. Así que pensé en introducir siete frases (el siete también es un número muy simbólico) concisas, profundas y cargadas de significado que colaborasen a ello. Produciendo un quiasmo perfecto: desde la existencia de Jesús eternamente junto al Padre (“In principio erat Verbum”, “En el principio existía la Palabra”), pasando por la promesa de redención del género humano por medio de Él (“Ipsa conteret caput”, “Este mismo aplastará la cabeza”), su abajamiento, aparición y reconocimiento en la tierra (“Ecce Agnus Dei”, “He aquí el Cordero de Dios”), donde se entrega completamente a la voluntad del Padre (“Non mea voluntas sed tua fiat”, “No se haga mi voluntad, sino la tuya”), en el centro del cartel, para volver, tras su presentación a las gentes (“Ecce Homo”, “He aquí al hombre”) y la manifestación de la culminación de su misión redentora (“Consummatum

est”, “¡Todo está cumplido!”), por su Resurrección (“Surrexit non est hic”, “Ha resucitado, no está aquí”), a la unidad junto al Padre. Un círculo que se cierra perfectamente. En realidad: unidad, más Eucaristía, más redención, en Semana Santa, forman un único anuncio del amor con locura de Dios en Cristo por cada uno de nosotros.

De todas las ideas que representa tu Cartel y que hemos ido desgranando hasta ahora, me gustaría quedarme con esa idea radical de unidad, que definías tú como utópica. Y quiero quedarme con ella porque, si pensamos en las enseñanzas de Cristo en su contexto, no es solo que fueran revolucionarias: es que Cristo era utópico. Así que, siguiéndole a Él, si los cristianos no somos utópicos a veces en nuestros planteamientos… ¿Quién lo será? He agradecido al Espíritu Santo que me haya iluminado por ahí, aunque fuera arriesgado. Por eso mencionaba la utopía. Porque nuestra Semana Santa solo va a funcionar si estamos todos unidos y trabajando por lo mismo. Y somos utópicos, porque confiamos en Dios. Y para Él, nada hay imposible.

Unidad, utopía y la tercera idea con la que me quedo es con la reivindicación (si me permites llamarlo así) que tu Cartel hace de la Eucaristía. Es curiosa la relación que tenemos en la Semana Santa de Cuenca con ella porque, pensando por ejemplo en el Miércoles Santo y con todo lo voluminoso e impresionante que es el paso de la Santa Cena, que abre además la procesión, pasa en cierto modo

‘desapercibido’ dentro del cortejo. Este Cartel, que apela a ese Misterio aunque sea de forma simbólica, puede ser también una forma de ponerlo de relieve.

Así es. La Eucaristía es lo más importante que tenemos para vivir la Semana Santa y debemos darle, como nazarenos, la importancia que tiene.

¿La comprendemos los nazarenos?

No. Claramente, no.

¿Y qué podemos hacer para comprenderla, para acercarnos a ella?

Lo primero, interesarnos por ella. En el sentido de querer participar, con intensidad, con devoción, con sinceridad. No ir por ir, sino ir para formar parte. Y descubrir lo que es de verdad, porque no llegamos a conocer el alcance que tiene, la importancia que tiene la Eucaristía, pero ni yo mismo siendo sacerdote y a pesar de estar tan cerca. Eso sí, cada vez que he levantado en la Eucaristía la Forma Consagrada, he visto una oportunidad de que eso se reflejase en el Cartel. Cada vez que levantaba el Cuerpo de Cristo con las manos, tenía claro que era lo que tenía que ver la gente. Pero no en el Cartel: en la Eucaristía. Y ahí descubrir de verdad cómo Jesús se entrega por nosotros en cada momento, como a la vez resucita y está con nosotros en cada momento y como ahí podemos encontrar de verdad la fortaleza y el consuelo para el día a día, ante las adversidades y problemas que nos rodean a todos. Ojalá ayude a la gente a vivir la Semana Santa desde la Eucaristía y la Eucaristía desde la Semana Santa.

Fotografía: Las Noticias de Cuenca. Lola Pineda
“Quería que el cartel reflejase la Semana Santa, vinculado a la vez con la Eucaristía, como el gran episodio de la redención humana por medio de Jesucristo”

Hablábamos antes de la arquitectura del Cartel y de esas frases que lo vertebran. Formal y estéticamente, las frases guían la vista en su recorrido por la imagen. Pero quiero ir un paso más allá porque, al estar en latín, nos evocan la época en la que sucedieron los hechos que se anuncian. ¿Qué motivó esta decisión?

Con las frases en latín me la jugué, aunque creo que se entienden bastante bien, porque he procurado que sean frases concisas, de las que solemos tener en el subconsciente porque hemos visto muchas veces asociadas a nuestra Semana Santa y a la vida cristiana, aunque estén en latín. El hecho de que lo estén, nos facilita el intentar ver la Semana Santa como ese estar en el momento de convivir con Jesús en la Pasión, que es algo que deberíamos hacer todos los años: ponernos en el papel de Jesús.

Adelantaste en su día que el cartel tendría dos elementos esenciales: el Misterio y el vínculo con la ciudad. ¿Has mantenido la idea?

Sí, sí.

¿Cómo los has conjugado para dar lugar a la obra que representa este año a nuestra Semana Santa?

La referencia al Misterio de nuestra fe y redención se manifiesta simbolizado en la Eucaristía, pan y vino, el cáliz, la corona de espinas de Jesús en su entrega, las frases… y Cuenca. Cuenca aparece en sus icónicas y genuinas tallas procesionales, la textura de roca caliza y el skyline kárstico característico, ese que todos los conquenses llevamos en el corazón y que cuando lo vemos, pensamos: ésta es mi casa. Todo tiene lugar en Cuenca, bajo la mirada de Cuenca, perfecto Calvario donde se desarrolla la pasión y fe de un pueblo. Y, a la vez, sobre ella, el anuncio de la Resurrección de Jesucristo, el anuncio más luminoso, completamente sobre blanco, que da sentido a nuestra vida y celebración.

¿ Cómo ha sido el proceso de creación? ¿Te ha resultado diferente al de otras obras, por ser éste el Cartel de nuestra celebración capital, o has seguido tu proceso habitual? El proceso ha sido muy parecido al de siempre. Prueba y error, conjugar composiciones de los elementos, probar y probar, ajustar… hasta que me parece realmente sugerente. He disfrutado mucho con su concepción, también porque he rezado mucho (risas). Y ha habido momentos en los que he disfrutado especialmente, sobre todo a la hora de diseñar y componer la distribución interior de esa gran Forma o Comunión, Cuerpo de Cristo que todos formamos. Para

ello ha vuelto a coger mi escuadra y cartabón, mis pinturas, he vuelto a visualizar obras de grandes artistas abstractos, distribuir, disponer, ordenar y equilibrar… Conseguir la presencia de todos y, a la vez, buscando la aparición de una silueta claramente nazarena… Dando color a los elementos, pero procurando que no quitasen protagonismo a la unidad.

Las Hermandades, las bandas, las turbas, elementos como las palmas, las tulipas, nuestro Calvario de la Virgen de la Luz tan característica… aparecen, pero de manera homogénea, sin sobresalir, sin destacar una sobre otra, dándole la verdadera importancia a la unidad. Aparece también la corona de espinas como el elemento de la pasión por el que Cristo derrama su sangre, recogida en el cáliz. La fotografía de la corona también ha llevado cierto proceso artístico: lo intenté con varias, hasta que di con la que encajaba perfectamente con lo que yo buscaba. Y luego trabajé sobre su iluminación, queriendo hacer ver que la luz que ilumina su cometido, como también la luz que debe iluminar nuestras vidas nazarenas, surge de la Eucaristía.

¿Cuál ha sido el mayor desafío técnico para lograr que esa idea base que tenías en la cabeza no perdiera fuerza o significado al trasladarla al Cartel?

Es muy difícil que una idea, cargada de connotaciones y, en este caso, tantas experiencias nazarenas y eucarísticas, y con un significado tan potente, pueda plasmarse en una imagen. Creo que puedo decirte que no hay ninguna técnica que aglutine todo y pueda conseguirlo. Espero haberme acercado algo. El significado primero que quería transmitir creo que sí puede ser visualizado, alcanzado y comprendido.

Como sacerdote, decías que querías que el cartel comunicara un mensaje claro. ¿Cuál es ese mensaje que tu Cartel transmite a los nazarenos de Cuenca? ¿Qué piensas que nos dice Cristo a través de él?

La unidad. La unidad en la vivencia de la fe, la unidad en la manifestación de nuestra fe, la unidad en la experiencia de la hermandad, la unidad en la identificación con Cristo, la unidad en la celebración de la Eucaristía, de la actualización de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, de la Semana Santa. Sin crear dificultades, enfrentamientos, comparaciones, rivalidades y celos.

Nuestra Semana Santa debe unirnos con la misma intensidad y profundidad con la que somos unidos, con Cristo, en la Eucaristía. Lugar que nos hace uno, verdaderos nazarenos en el Nazareno.

Tu Cartel me recuerda, por la carga litúrgica y simbólica, al de Perona. ¿Cómo piensas tú que debe ser un Cartel de Semana Santa para Cuenca?

En Semana Santa, si uno está anunciando el hecho, el acontecimiento de la entrega de Cristo, y no solo una procesión, bajo mi punto de vista debe tener profundidad teológica, experiencial y vivencial, para que ayude a la fe de la gente. Debe tener imagen, no solo ser figurativo, abstracto, y debe contener referencias explícitas a Cuenca. En este cartel, además de las referencias a Cuenca, sobre todo con la imagen de sus hermandades y el skyline, he intentado que haya un elemento que mueva a todos a acercarse a la verdadera entrega de Jesús, que es la Eucaristía. Eso no quiere decir que lo vaya a conseguir, porque evocar lo que pretendes en todo el mundo, teniendo cada persona sus particularidades y peculiaridades, no es fácil. Pero, pensé que el Cartel podía funcionar así y así lo he hecho.

Volvamos al momento en que Antonio Abarca, vicepresidente de la JdC, te comunica que has sido elegido Cartelista. Más allá del honor, ¿qué pensaste? Como nazareno de cuna que nació nada menos que un Martes Santo... ¿Sentiste que se cerraba un círculo vital?

¿Qué pensé? Que se me brindaba la oportunidad más grande en nuestra querida ciudad para anunciar el amor más grande por el que podemos ser amados. Y el siguiente paso ya fue el vértigo y la cuestión: ¿Y cómo lo voy a hacer?

¿Cerrarse un círculo vital? No, cerrarse, para nada. Nuestra Semana Santa tiene que seguir creciendo, en autenticidad,

en compromiso, en pureza. Y cada uno de nosotros, en mi opinión, tiene que seguir creciendo con ella. Con diferentes episodios, acontecimientos y experiencias, sí. Pero no se puede cerrar ningún círculo vital. La Semana Santa, y la vivencia sincera de ella, es oportunidad de continuo crecimiento en la fe, para la vida.

Eres secretario del Huerto de San Antón, sucediendo a tu padre, Pedro Antonio, a quien todos queríamos. Él está muy presente en tu vida nazarena. Creo que hablo por todos los nazarenos si te digo que somos conscientes de que este encargo tenía una carga emocional fuerte, vinculada a tu padre y a tu historia familiar. A la hora de afrontar el lienzo en blanco, ¿cuánto ha habido de homenaje a esa herencia familiar y a esa sangre nazarena que corre por tus venas? El Cartel pretende ser un Cartel por y para los nazarenos de Cuenca. Aunque es cierto que en el trasfondo de cada cartel se cuenta una historia personal, la del autor, y que el cartel quizás refleja los sentimientos del autor en el momento de crearlo, he pretendido concebirlo como un mensaje válido para todos.

En este año y poco que ha transcurrido desde la muerte de mi padre, todavía hablar de él me genera un nudo en el pecho, pero a la vez inmenso agradecimiento y orgullo. Y cuando encima es relacionado con nuestra Semana Santa, emoción y total admiración, por el gran trabajo y dedicación que realizó en favor de ella.

En el centro del Cartel aparecen las palabras de Jesús al Padre en ese momento de abandono total, quizás de incom-

prensión, pero de total aceptación, en el que la historia de nuestra salvación alcanza su cenit: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. He sido consciente, tras reflejarlas en la obra, de que debían seguir latiendo en mi interior, casi inconscientemente, porque fueron palabras que me acompañaron y consolaron mucho en el momento del fallecimiento de mi padre. Ha sido un proceso de elaboración en el que él ha estado muy presente.

Me emocioné mucho (y aún lo hago al recordarlo) cuando, después de mi elección, mucha gente me decía: “¡Qué orgulloso estaría tu padre!”. Ha sido inevitable no acordarme de él continuamente y aceptar y hacerlo, en parte, por él. Y por centrar la repuesta: mucho. Ha habido mucho homenaje, a él, a mi familia nazarena y a todos los padres y madres, a todas nuestras familias nazarenas que nos han transmitido esta pasión, que, como dices, corre por nuestras venas y nos inunda hasta los tuétanos. Es, en la Eucaristía, donde la unión con ellos, en Cristo, se vuelve posible y más cercana. También quería hacer un guiño a ello con este diseño.

Eres el primer sacerdote en la historia de nuestra Semana Santa que ha sido designado oficialmente para firmar su Cartel anunciador (hubo otro sacerdote, cuyo cartel ganó uno de los concursos convocados por la JdC). Tu condición sacerdotal ¿te da una perspectiva visual diferente a la que tendría un artista laico? ¿Tu cartel nace más de la técnica o de la oración?

Pues creo que sí. El Cartel anunciador nace desde la sinceridad de la misma dinámica que tiene la propia Semana San-

ta. Puedes pretender vivir la Semana Santa en su parte más tradicional, “litúrgica” y folclórica, pero si no la vives como cristiano, identificándote con Cristo y unido a Él en la experiencia de lo que conmemora y actualiza, te estarás perdiendo su esencia, su profundidad y su verdadero significado. La manera auténtica de vivirla.

Pues crear un cartel desde la laicidad es lo mismo: podrá ser precioso y compositivamente atractivo, pero si no tienes la oportunidad de diseñarlo y crearlo desde la experiencia de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús en tu vida, estará huérfano de esa esencia y de ese valor añadido que le da la fe. Claramente, un cartel que anuncie la Semana Santa, debe estar concebido desde la oración y la confianza en la acción de la Providencia, por el Espíritu Santo… En este caso, puedo decir que hay mucha más oración que técnica. Técnicamente, no soy ningún genio.

Arquitecto primero, sacerdote después. La arquitectura busca estructura, orden y luz; la fe, misterio y trascendencia. En tu proceso creativo, ¿quién ha mandado más: el arquitecto y su búsqueda de la composición perfecta o el sacerdote que transmite el mensaje de Nuestro Señor? Creo que han conseguido trabajar muy bien conjuntamente, apoyándose y completándose siempre el uno en y con el otro. Ha comenzado el sacerdote, queriendo comunicar el sentido claro teológico del acontecimiento, pero luego se ha dejado hacer por las particularidades y perfeccionalismos del arquitecto, que ha buscado poder componer, de manera humilde, este gran reto.

Fotografía: Las Noticias de Cuenca. Lola Pineda

Te formaste en los talleres de dos gigantes como Miguel Ángel Moset y Emilio Morales. ¿Qué hay de ellos, de sus enseñanzas, en Pedro José hoy y qué hay de ellos (si hay algo) en tu Cartel?

Ojalá pudiese considerarme discípulo de ellos, pero mi paso por sus talleres fue discreto, aunque para mí muy enriquecedor. Sí que hay en el cartel un elemento que, en parte, lo debo a ellos, y es el color rojo. Yo lo empleo en este caso con su significado y referencialidad a la sangre, pasión, sufrimiento, martirio… pero también, acordándome de ellos y de sus comentarios sobre el color, la luz. El rojo es un color de luz. En el Cartel se quiere producir el tránsito, de manera creciente, de abajo a arriba, del rojo de la Pasión, al blanco de la luz y la Resurrección. Pero, a la vez, el cartel en rojo y blanco puede considerarse un cartel luminoso en su totalidad. Podríamos decir que todo él centrado en Cristo, nuestra Luz.

Fíjate que, al verlo, lo que a mí me evoca el rojo son nuestros atardeceres en Semana Santa, esas procesiones, esa vivencia entre dos luces que tenemos tantos días los nazarenos en Cuenca. Y, si me apuras, el rojo litúrgico del Viernes Santo. Pues no es en lo que pensé, pero sí es cierto que puede recordar a esas vistas de nuestra Semana Santa, desde la Audiencia hacia el Hospital de Santiago. A ese rojo nuestro. A esa luz.

Hemos diseccionado el Cartel, pero hay una pre gunta sobre el proceso que no quiero dejar de hacerte. Siendo secretario particular del obispo y con responsabilidades en tantas hermandades, seguro que no miento si afirmo que tu agenda es complicada. ¿Cómo has encontrado ese espacio de soledad necesario para la creación artística, en medio de tanta actividad pastoral?

Pues esperando, efectivamente, a que bajase el ritmo de la agenda del Sr. Obispo, principalmente. Cosa que no he

conseguido hasta casi las propias Navidades. Antes de la Navidad fue complicado, porque todos los días tenía el Sr. Obispo alguna celebración o acto, además de las actividades propias de despacho, pero algunos días conseguía sacar huecos para ir dando forma a la idea y sus variantes. Le he dedicado muchas tardes (quizás cuando el trabajo de despacho disminuía) y, luego, en Navidades, días enteros. Para la Epifanía, antes de reiniciar las actividades del Sr. Obispo, ya estaba el cartel casi finalizado.

De regalo de Reyes (risas). (Risas) Así es.

Para terminar, Pedro. Sabes que el Cartel, una vez se presenta, deja de ser tuyo y pasa a ser de todos los conquenses. Cuando hablamos en septiembre del año pasado decías ser consciente de que es difícil que guste a todo el mundo. Es algo que has repetido también en esta entrevista. Sin embargo, más allá de ese ‘gusto’, cuando pase la Semana Santa de 2026 y mires atrás, ¿qué te gustaría que la gente sintiera al volver a ver tu Cartel?

La necesidad de vivir con mayor sinceridad la unidad. Tanto en el trabajo y dedicación a nuestra Semana Santa, como en la vida cotidiana verdaderamente cristiana. La ilusión por vivir la fe en comunidad y en verdadera familiaridad, no sólo dentro de las Hermandades, sino entre ellas también.

Me gustaría que, al ver el Cartel, descubrieran la posibilidad de encontrar en la Eucaristía la fortaleza necesaria para vivir con mayor profundidad la Semana Santa y la vida cristiana de cada día. Ya que el sacramento eucarístico, que se instituye en el tiempo de Semana Santa, es la expresión más real de que el Señor resucitado se encuentra hoy y siempre entre nosotros.

Fotografía: Antonio Abarca Contreras
Fotografía: Águeda Lucas
Pretendo que sean nuestros pasos los que hablen, que nuestras procesiones se pregonen a sí mismas

Por Berta López

Desde que en 2006 escuchó ya como obispo de Cuenca su primer Pregón nazareno; desde aquella primera Junta General previa a la Pasión y desde su primera vez pronunciando la Primera Palabra el Lunes Santo, la relación de monseñor José María Yanguas con nuestra Semana Santa ha sido estrecha, larga y prolífica. Siempre cercano, dialogante y abierto a trabajar por nuestra Pasión teniendo muy presente la necesidad de representar y preservar con ella el mensaje de Cristo, durante su pastoreo, nuestra Semana Santa ha vivido además algunos de sus momentos clave en la historia reciente. Veinte años después, monseñor Yanguas se dirigirá a los nazarenos como su Pregonero el próximo Viernes de Dolores. En esta conversación reflexiona sobre los Misterios que celebramos y sobre la necesidad de seguir trabajando por mantener nuestra verdadera seña de identidad como lo que es: un profundo y comprometido acto de fe.

“Nuestros pasos con sus sagradas imágenes son ya expresión de los misterios que celebramos estos días”

Don José María, permítame comenzar con una mirada atrás, con un momento que compartimos hace 20 años, usted como obispo y yo como periodista novel que cubría uno de sus primeros actos importantes. Cuando pronuncie el Pregón de la Semana Santa de Cuenca de este año, habrán pasado 20 desde su ordenación como obispo y posterior toma de posesión en la Diócesis de Cuenca. Si pudiera hablar con aquel José María, recién llegado a Cuenca desde Roma, ¿le creería si le dijese que dos décadas después sería la voz encargada de anunciar la Semana Santa de la ciudad?

No, con certeza. En aquellos primeros momentos no sabía lo que significa para Cuenca el momento del Pregón de su Semana Santa ni la responsabilidad que uno adquiere al aceptar ser Pregonero, ni tampoco cómo se elige a este ni cuáles son los criterios para su elección. O sea, que sabía bien poco del acto del Pregón y nada de lo relativo al Pregonero.

Es usted el segundo obispo en la historia que pregonará nuestra Pasión, tomando el testigo de D. José Guerra Campos casi 30 años después. ¿Qué supone para usted la figura de D. José y el hecho de sucederle en el oficio de Pregonero de nuestra Semana Santa?

La figura humana, intelectual, sacerdotal y episcopal de D. José resulta sobradamente conocida para los conquenses después de 23 años de ministerio como sucesor de San Julián de Cuenca: su finura de pensamiento, la amplitud de sus conocimientos, su saber de todo lo relativo al apóstol Santiago y a Compostela, su ciencia teológica, su profunda exposición de la doctrina católica en escritos y homilías. Esas cualidades de su persona hacen que sea para mí un honor tomar su testigo de pregonero de nuestra Semana Santa.

Don José María, usted tiene una vasta producción escrita: tesis, artículos teológicos, cartas pastorales... El género del pregón, sin embargo, podemos decir que es para usted nuevo, por ser éste el primero que pronunciará. A la hora de sentarse frente al folio en blanco, ¿le ha costado cambiar el rol del teólogo académico por el del Pregonero de quien se espera más emoción que lección (aunque de ambas haya en el texto)? ¿Cómo ha sido ese proceso de escritura? La primera pregunta que me hice al conocer mi designación como Pregonero fue justamente esta: ¿Qué es exactamente un pregón? Y no cualquier pregón, sino uno de Semana Santa. Y no una cualquiera, sino el pregón de la Semana Santa conquense, con la variedad de acentos y sensibilidades de las

personas que han asumido la responsabilidad de “darlo”. Sí, mi primera pregunta, fue, en efecto: ¿Qué es un pregón? ¿A qué género literario pertenece? La segunda fue: ¿Qué esperan los conquenses de un Pregonero, de un obispo pregonero? Antes de comenzar a escribir debí darme a mí mismo una respuesta, porque lo único que sabía era que no se trata de una investigación, ni de una lección, ni de una clase, ni de una charla, ni de un sermón, homilía o meditación.

El Pregón tiene un componente literario y escénico muy marcado. ¿Veremos en el escenario del Auditorio un estilo sobrio y solemne, acorde a su cargo episcopal, o se va a permitir alguna licencia poética o personal más propia del nazareno de a pie?

Al margen de mi parecer sobre el Pregón que he escrito, he querido que sea sobrio, pulcro literariamente, sin adornos poéticos buscados, sentido. He pretendido que sean nuestros “pasos” los que hablen; he querido dejarles hablar. Que no sea mi pregón; que sean nuestros desfiles procesionales los que “se pregonen a sí mismos”.

Ha dicho que siente un respeto profundo por el atril del Auditorio y que su intención es ponerse delante de las Sagradas Imágenes y dejar que ellas hablen. Usted conoce bien la dualidad de nuestra fe: conoce la teología y que el nazareno de a pie se mueve sin embargo y más bien por sentimientos. ¿Cómo va a traducir el misterio dogmático de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor al lenguaje del corazón que espera el público del Teatro Auditorio?

¡Es que nuestros pasos con sus sagradas imágenes son ya expresión de los misterios que celebramos en esos días! ¡Es que son ellos los que hacen la traducción de la verdad de los dogmas al mundo de los afectos y sentimientos! Yo solo querría mover a quienes me escuchen a abrir sus oídos y sus corazones a lo que “dicen” nuestros pasos, sin miedo a dejarse remover y conmover.

Sin desvelarnos el contenido de su Pregón, ¿qué estructura ha elegido para las ideas que quiere transmitir?

¿Seguiremos un orden cronológico procesional o ha tejido el texto de otra manera?

¿Estructura, método? No sé; como he dicho, me he propuesto simplemente “escuchar” y “expresar” lo que me dicen los desfiles y las imágenes sagradas, las escenas, los misterios de cada día de la Semana Santa.

Cuenca Nazarena
Fotografía: Lola
Pineda
“
¡Cristo en la Cruz!

Porque

jamás ha tenido nadie un corazón humano con una mayor carga de amor”

En su labor pastoral ha definido nuestras procesiones como un Evangelio escenificado, como flashes del Evangelio en la calle. Como Pregonero, ¿cuál es ese flash, esa escena concreta de nuestra Semana Santa que más le ha impactado en estos 20 años y que tal vez encontremos reflejada en su texto?

¡Cristo en la Cruz! Porque jamás ha tenido nadie un corazón humano con una mayor carga de amor, hondísimo, generoso, gratuito, universal, infinito. Y no necesitamos “comprender” ese misterio, que supera con mucho nuestro entendimiento, que no está a nuestro alcance: pero sí podemos, humildemente, arrodillarnos, adorar, llorar y amar. Sí, la escena de Cristo en la Cruz, Redentor del hombre con su sangre, es decir, con el oro purísimo de su amor.

Decía que quiere ponerse, metafóricamente, de rodillas ante las imágenes en diálogo íntimo. Teniendo esto en cuenta, durante la preparación del texto, ¿ha redescubierto algún matiz de nuestra Semana Santa que, tras 20 años aquí, le haya sorprendido a usted mismo al ponerlo por escrito?

El gesto – lo he contado alguna vez – de aquel hombre, hace años, en el cruce de las calles Alfonso VIII y Zapaterías, mediana edad, ojos quietamente fijos en el Cristo doblado bajo el peso de la Cruz, húmedos por las lágrimas a punto de manar, sus labios mudos... Este hombre, me dije, está rezando, no con los labios sino ¡con los ojos del alma! Con el corazón. ¡Qué cosa más tremendamente seria, más profundamente humana, me dije, es una oración auténtica!

Ha sido siempre un obispo cercano a nuestras hermandades y a nuestra Semana Santa. Cuando hablan de usted, los nazarenos repiten mucho tres palabras: diálogo, comprensión y colaboración. ¿Cómo ha evolucionado su relación con la Semana Santa de Cuenca en estos 20 años? ¿Es muy diferente la visión que tiene, ahora que la conoce bien y de primera mano, de la que tenía cuando llegó? No es cosa fácil establecer una comparativa entre la experiencia de algo vivida hace 20 años y la que, sobre lo mismo, se tiene hoy. Y es que, generalmente, uno evoluciona sin caer en la cuenta de cada paso del cambio que se va lentamente produciendo. El crecimiento es silencioso. No lo advierte uno, lo notan los demás. Y en general aciertan. Quizás ha madurado el aprecio, el respeto… y también la exigencia; precisamente porque se advierte mejor la “potencialidad” evangelizadora de nuestra Semana Santa conquense. Desearía que incidiese todavía más en el “cada día” de la vida de Nazarenos y Hermandades. Hacia ahí debemos seguir caminando. Sus frutos no deben ser flor de un día, ni reducirse ella misma a mera tradición o costumbre religiosa.

¿Qué papel y actitud considera que debe tener la jerarquía eclesiástica, en este caso el Obispado, hacia la celebración de la Semana Santa? ¿Cómo puede la Semana Santa ayudar a las personas a acercarse a la vivencia de la fe y a la figura de Cristo?

Por lo que acabo de decir, la actitud debe ser positiva. Pero es que además el Papa Francisco en varios momentos expresó su gran aprecio por la religiosidad popular, de la que la celebración de la Semana Santa por parte de nuestras Hermandades es una clara expresión. Eso no quiere decir que no haya cosas que se puedan mejorar y que pulir sin

descanso; pero es que, además, hay que tener en cuenta que cada Hermandad es una realidad distinta y dentro de ellas hay situaciones personales muy variadas, humana y cristianamente.

La celebración de la Semana Santa en la modalidad a que se refiere su pregunta, es algo indudablemente positivo. La representación de los misterios, las imágenes, especialmente del Señor y de la Virgen en distintos momentos de la Pasión, favorece que la verdad impregne los sentimientos humanos y que se arraigue más hondamente en los corazones. Ojalá que después lo haga también con todas las actividades de cada fiel. Debemos confesar la fe con los labios, con el corazón y con las obras.

¿Estamos los nazarenos de Cuenca lo suficientemente comprometidos con el mensaje de Nuestro Señor? ¿Con esa labor de difusión que nos pide a todos? ¿Cómo nos ve nuestro obispo, en este sentido?

Esta es una repuesta que debe responder cada Nazareno. No es que no quiera darla; sencillamente no sé cuál es esa repuesta. De todos modos, es una pregunta importante que debería ser respondida con sinceridad y valentía por cada uno.

No dejamos de hablar de evolución, pues nos gustaría saber a los nazarenos cómo piensa monseñor que ha evolucionado nuestra Semana Santa en estos 20 años. ¿Qué aciertos y qué errores destacaría? ¿Cómo podemos trabajar para mejorar, bajo su punto de vista?

Antes de nada, decir que, a mi juicio, se ha producido en estos años una evolución positiva. Pienso que es más viva y más generalizada la idea de lo que es en su esencia nuestra Semana Santa, aunque siempre esté al acecho la idea de que

su “grandeza” radica sobre todo en factores externos a la misma, que pueden falsearla sin pretenderlo. Me parece positivo que la Semana Santa con sus Hermandades “viva” también fuera de esos días y, además de los momentos tan propios como las “funciones” de cada Hermandad y las Misas por los hermanos difuntos, dé lugar a nuevas iniciativas como la “Ruta de los belenes”, cada vez con mayor aceptación; la formación de los niños en el espíritu y tradiciones de la Semana Santa, así como a otras actividades lúdicas o culturales. Sería deseable que se diera una mayor formación en todas las Hermandades con una numerosa participación de Hermanos, y que estos, al comienzo de la Cuaresma, pudieran acercarse al sacramento de la Penitencia en sus respectivas Hermandades o en el lugar donde se encuentran sus sagradas imágenes, así como también a la Eucaristía como el mejor modo de iniciar el tiempo santo de la Cuaresma que culminará en la Semana Santa. El capellán de la Hermandad deberá facilitar que se lleven a cabo iniciativas de este tipo.

Hablemos de su legado nazareno, que es extenso. Bajo su pastoreo hemos vivido hitos como la creación de la procesión del Duelo para el Sábado Santo, la participación de El Descendimiento en la JMJ o la presentación de la Semana Santa de Cuenca en Roma. De todos ellos, ¿de cuál se siente más orgulloso como nuestro obispo, al ver cómo ha calado en la piedad de los conquenses?

No es posible dar una respuesta neta, tajante, como tampoco lo es para una madre indicar a cuál de los hijos quiere más; también se siente en embarazo el niño a quien se le pregunta si quiere más a su padre o a su madre. Los tres acontecimientos de los que habla Ud. han sido relevantes en la historia de nuestra Semana Santa. Quizás por su

resonancia a nivel de Iglesia universal y porque afectó a todo el mundo nazareno, la presentación de la Semana Santa de Cuenca en Roma, primero en una audiencia general con el Papa y luego en la embajada española ante la Santa Sede, constituyó el momento álgido de su centenaria historia.

Hay un gesto suyo que cada año emociona a la ciudad: cuando abre las puertas del Palacio Episcopal para recibir a la Madre en nuestras advocaciones nazarenas. En ese momento de intimidad, cuando se encuentra cara a cara con la Madre en su propia casa, ¿qué le pide Don José María a la Virgen por Cuenca?

Que no sea inútil su dolor, que no lo sea, sobre todo, el de su divino Hijo. ¡Muere por nosotros, para que tengamos vida, la suya, la de Dios!

Usted dijo en Roma que la Semana Santa es la verdadera seña de identidad de Cuenca, nuestro Big Ben particular. El próximo Viernes de Dolores, cuando se apaguen las luces y quede ante el atril, y ojo que no digo solo, porque a uno no lo deja nunca solo Nuestro Señor... ¿Qué mensaje le gustaría dejar grabado en el alma de los nazarenos de Cuenca a quienes lleva acompañando dos décadas?

Mes gustaría dejar más de uno, pero si debiera escoger uno solo, este sería un ruego que formulo con total sinceridad: Nazarenos de Cuenca, no dejen que la Semana Santa sea principalmente un acontecimiento de interés turístico internacional, algo para “mostrar” a los demás, quienes podrán admirar una u otra de sus facetas. Es la celebración de un misterio vivo, actual, de permanente valor: un misterio de amor, de entrega, de generosidad sin límites, del que, de un modo particular, hacemos memoria, conmovidos, en estos días sagrados de la Semana Santa.

Fotografía: Lola Pineda
Cuenca Nazarena

Por Berta López

“Con esta remodelación, podemos decir orgullosos que el Museo de Semana Santa es el único museo donde late el corazón de los conquenses”. Esta frase del presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, pronunciada durante la inauguración de la reforma del Museo el 25 de junio de 2025, condensa la esencia de uno de los principales proyectos acometidos por la institución nazarena en el presente.

Ésta es la crónica de una remodelación, del trabajo que hizo falta para conseguirla y de cómo la ilusión y el empuje de todos los nazarenos la hicieron posible. Pero, sobre todo, es la crónica de cómo en la ciudad en la que siempre es Semana Santa, el Museo da testimonio perenne de ella. De cómo en ese tiempo de compás de espera en que no cuelgan de nuestra cintura ni borlas ni rosarios, en el que no nos envuelven los aromas del incienso y de la cera, en que duermen capuces y túnicas en sus armarios, en su nave las andas y aguardan en silencio en sus capillas las Sagradas Imágenes que al hombro amamos… El Museo que fue, el que hoy es y el que sin duda será, vuelve nuestra Semana Santa... eterna.

EL PROYECTO

Iniciado en 2022, el proyecto del Museo ha sido impulsado muy especialmente por el presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, y el vicepresidente, Antonio Abarca. Durante los tres años de trabajos, la institución ha puesto a disposición de la reforma todos sus recursos, especialmente humanos, así como la incansable labor de la Comisión Ejecutiva y de todas las personas que han pasado por ella en este periodo, dando lugar a un trabajo coral, cuya filosofía responde, también en la metodología de trabajo, a la que caracteriza a nuestra Semana Santa: la suma de muchas voluntades, esfuerzos, ideas y voces, así como de mucho trabajo silencioso, para dar como resultado algo que es mucho más que un museo. Es un legado para los nazarenos del mañana, los de la fila del medio, que disfrutan ya los nazarenos del presente.

La reforma ha contado con la colaboración de la Junta de Cofradías, el Ayuntamiento de Cuenca, la Diputación Provincial, la Junta de Comunidades de Castilla-La Man-

cha, el Consorcio de la Ciudad de Cuenca, Construcciones Sarrión y Fundación Globalcaja Cuenca. Concebido, dirigido y supervisado por la Junta de Cofradías, el proyecto ha sido desarrollado por el diseñador Emilio Palacios, responsable de la dirección creativa y artística, y el arquitecto y fotógrafo (además de Cartelista de nuestra Pasión en 2022) Enrique Martínez Gil, director de obra, en colaboración con la periodista especializada en Semana Santa y directora del Gabinete de Comunicación de la JdC, Berta López.

El equipo de trabajo ha contado además con el asesoramiento, aporte de ideas y supervisión constantes de la institución nazarena, labores estas desarrolladas principalmente mediante la figura del vicepresidente, quien aportando su criterio y visión global de la Semana Santa ha ayudado a definir tanto las líneas argumentales como los detalles del proyecto, para que el resultado final reflejara la Pasión desde un punto de vista holístico.

LOS OBJETIVOS

El primer objetivo de este proyecto coral ha sido revitalizar el Museo, actualizando el contenido expositivo estrenado 16 años antes y que había quedado ya obsoleto; el proyecto ha seguido la línea de actualización y renovación que han ido experimentando otros museos de la ciudad, como el de las Ciencias. Dos premisas eran claras en cuanto al futuro proyecto: debía reflejar nuestra Semana Santa en su conjunto, cosa que ya no sucedía, al no estar incluida en el recorrido expositivo la procesión más reciente, El Duelo, y mantener el espíritu tecnológico y de vanguardia que había guiado los pasos del Museo desde el proyecto inaugurado en 2007.

Un equipo interprofesional, supervisado por la Junta de Cofradías, ha sido el encargado de dotar al Museo de alma, mediante un proyecto en el que los aspectos emocional, divulgativo, tecnológico, didáctico y de conservación se han unido con un objetivo: conmover el corazón del nazareno y del visitante que no lo es, mostrando las señas de identidad de nuestra Pasión de una forma innovadora, sin perder su esen-

cia. Además, desde la institución nazarena se ha apostado desde el principio por contar con profesionales de Cuenca para todos los oficios que han intervenido en los trabajos del Museo, poniendo así en valor los recursos y talento de la ciudad. El Museo de Semana Santa cumple con tres funciones: la de conservación, reflejada en la parte expositiva más al uso y en la que se incluyen piezas de gran valor, como el Stmo. Cristo de Marfil, la corona de la Virgen de la Esperanza, una de las clámides de Ntro. Padre Jesús con la Caña o una de las piezas de ajuar más representativas de María Magdalena, diseñada y elaborada por el modisto Eduardo Ladrón de Guevara; la de divulgación, representada de forma consistente en todas las salas y, muy especialmente, en la sala Cuenca, Cronológica Pasión y en la zona Aprende Jugando ; y la didáctica, que en el caso del Museo de Semana Santa se concentra en el espacio Aprende Jugando y que, pese a estar diseñado especialmente para los más jóvenes, tiene en cuenta al público de todas las edades.

MUSEO DE SEMANA SANTA DE CUENCA: LOS RETOS

Varios han sido los retos que ha planteado la reforma del Museo. El primero y más importante ha sido sacar adelante un proyecto de absoluta vanguardia, con un presupuesto limitado. En este punto ha jugado un papel clave el apoyo de la Junta de Diputación, que desde el primer momento creyó en el proyecto del Museo y lo ha apoyado en todas sus etapas, así como la propia labor de la Comisión Ejecutiva y, en este caso, del presidente de la institución, para conseguir la financiación necesaria con la que hacer realidad el proyecto. Además, para que la limitación de presupuesto no supusiera el menoscabo en el desarrollo del proyecto, se ha llevado a cabo una intensa labor de upcycling: se han aprovechado y reutilizado numerosos elementos del anterior Museo, como proyectores, equipos de sonido, vitrinas, elementos arquitectónicos… tanto por una cuestión de presupuesto y abaratar costes, como por la filosofía de reaprovechamiento que rige la Junta de Cofradías y nuestra Semana Santa.

A nivel de concepto, el reto principal era concebir un Museo capaz de llegar tanto al conquense conocedor de la Semana Santa como al visitante – especialmente de fuera –que llega sin referencias. Para ello, era necesario deconstruir nuestra Pasión, llegar al fondo de su esencia, para poder después transmitirlo con cada pieza del Museo.

Así, el Museo toca, a través del uso de distintos elementos muy representativos de la ciudad, distintos puntos de vista para que todo el mundo pueda sentirse identificado. Esto se traduce, por ejemplo, en el abrazo de tulipas al Stmo. Cristo de Marfil que recuerdan a la forma en que acompañamos los nazarenos a nuestras Imágenes en la calle, o en la reproducción exacta de una calle del Casco Antiguo de Cuenca por la que pasa la procesión.

En cuanto a los retos arquitectónicos, integrar el edificio histórico dentro del discurso narrativo para que fuera un elemento más y se pusiera en valor; crear espacios más amplios, abiertos y accesibles, respetando las indicaciones de Patrimonio y convirtiendo el Museo en un espacio amable con el visitante; recuperar elementos arquitectónicos valiosos a los que merecía la pena dar protagonismo; diseñar recorridos claros y sencillos, respetando la libertad del visitante de moverse por donde quiera; gamificar el recorrido sin perder la esencia de museo y de la Semana Santa; y dosificar los impactos y organizarlos de tal modo que el Museo no deje de sorprender al visitante, pero tampoco lo abrume en exceso, han sido algunos de ellos.

Además, el Museo se rige por el principio de sostenibilidad: todos los contenidos se han planteado para que puedan ser corregidos y reemplazados fácilmente, tanto por motivos técnicos como de actualización. De este modo, se facilita la gestión de contenidos y futuras actualizaciones, así como se permite versatilizar las salas, especialmente la inicial, que es la que está conectada con las salas de exposiciones temporales.

El nuevo concepto de Museo resuelve además cinco problemas: la ausencia de la procesión del Duelo, la obsolescencia del anterior concepto y de la tecnología y medios técnicos asociados, la falta de comprensibilidad del anterior contenido y pasar de una propuesta cerrada a una más abierta y configurable, integrar el edificio dentro del concepto del propio Museo y convertirlo en un espacio interactivo y vivo y, por último aunque no menos importante, mejorar en accesibilidad, tanto a nivel arquitectónico como de los propios contenidos.

En definitiva, el concepto muestra un Museo que tiene en cuenta al espectador, que dialoga con él, sea nazareno o no, y que está lleno de detalles, para quien sepa buscarlos.

Así, la tecnología de vanguardia está al servicio del concepto del Museo y sirve para envolver al visitante hasta el punto de perder la noción del tiempo y el espacio una vez dentro, de modo que pueda sentirse en Cuenca y en Semana Santa a lo largo de todo el recorrido, sea cual sea el momento del año en que lo visite.

A lograr el efecto contribuye también la voz narrativa: el peso del discurso narrativo lo lleva la ciudad de Cuenca, que es quien ejerce de guía y anfitriona, explicando al visitante qué es nuestra Semana Santa, qué es lo que ocurre en la ciudad antes, durante y después de nuestra semana clave, cómo se vive la Semana Santa en Cuenca y cómo la propia Cuenca, como un actor más, vive su Semana Santa.

EL ESPACIO

La remodelación del Museo de Semana Santa ha supuesto la reconfiguración completa de los espacios, para poner en valor el edificio histórico en que se enclava el recurso museístico, por un lado, y para generar salas más amplias, limpias y amables con el visitante, en las que sea cómodo y agradable estar y que posibiliten, además, una visita más accesible, adaptada a los nuevos tiempos. Además, todos los espacios se han configurado con la idea del doble uso.

En cuanto al edificio en sí, se ha dado valor a recursos como el techo de bovedillas de madera, una pieza antigua y de valor histórico, que queda

a la vista, integrando el edificio con el contexto del Museo y el recorrido expositivo.

El nuevo diseño de espacios ha permitido, además, integrar los diferentes usos y potenciales actividades del Museo dentro de las salas del mismo. Esto se aprecia claramente en las remodeladas entrada y primera sala permanente, que ahora forman un espacio amplio con el objetivo tanto de facilitar la visita a grupos y hacerla más cómoda, como de mejorar la accesibilidad e interacción con las salas temporales, y que incluso se pueda proyectar en un momento dado, en la pantalla de la sala inicial, contenido relacionado con esas muestras.

EL RECORRIDO Y LAS SALAS

El Museo propone al visitante un recorrido libre y abierto, en contraposición con el recorrido totalmente dirigido del concepto anterior. Pese a que existe una ruta recomendada, el concepto del Museo permite visitarlo de manera libre sin que pierda su significado y siendo plenamente inteligible. Las salas y espacios propuestos funcionan tanto en conjunto como por separado y con cualquier recorrido escogido.

Todas las salas están concebidas en dos momentos: pausa, en el que el visitante puede recorrer, ver, contemplar, meditar… Y reproducción, en el que Cuenca habla al espectador y se abre ante él, dejando entrever su corazón de nazarena. Para quienes prefieran un recorrido más tradicional y orientado, la propuesta por salas es: Cuenca Ciudad Nazarena, Cronológica Pasión, Capilla, Pasillo de los imagineros, Espacio Marco Pérez, Somos Nazarenos y Dentro de la Semana Santa.

La Sala inicial, Cuenca Ciudad Nazarena , ha sido diseñada como una auténtica declaración de intenciones. Recibe al visitante con el primer impacto visual: el Stmo. Cristo de Marfil, ubicado así en un espacio coherente con la importancia de la pieza. Se trata de un espacio concebido para uso múltiple, amplio y pensado como una plaza abierta que evoca las plazas frente a las iglesias de las que salen nuestros pasos en Semana Santa. Es el principio del camino.

En el momento pausa, se puede contemplar el Cristo abrazado por las tulipas, un muro de velas y el skyline de Cuenca retroiluminado. En el momento reproducción, Cuenca recibe al visitante, se presenta y le dice quién es y cómo se siente en Semana Santa. Desde este momento, será guía para el visitante y le mostrará los entresijos de su alma nazarena.

La Sala Cuenca, Cronológica Pasión tiene como objetivo aportar información sobre nuestra Semana Santa, destacando una de sus señas de identidad diferenciadoras: que en Cuenca se representa la Pasión en perfecta cronología bíblica. Preside la sala a la derecha un retroiluminado con el diseño de las puertas de El Salvador de Miguel Zapata y su Cartel y, a la izquierda, una estructura en forma de

tríptico que ofrece, con el Cartel de Saura como fondo, información de las 10 procesiones de nuestra Semana Santa, a través de sus correspondientes códigos QR.

La Sala Silencio y Oración recoge el carácter religioso, indisociable de nuestra Semana Santa. Reproduce el interior de una capilla y cuenta con piezas especiales, como una barandilla de los hermanos Pérez del Moral, procedente de la antigua iglesia de San Andrés, la puerta del antiguo Sagrario de la parroquia de San Julián (Fuente del Oro) o tres bancos para que el visitante pueda sentarse a contemplar o meditar, integra el Calvario de Luis Marco Pérez que anteriormente formaba parte de su Espacio.

En el momento pausa, la bóveda de luz se ilumina y el visitante escucha diferentes piezas corales de nuestra Pasión, interpretadas por tres de los coros que toman parte en ella: Coro del Conservatorio, Coro de la Capilla de Música de la Catedral y Coro de Cámara ‘Alonso Lobo’. En el momento reproducción, en el retroiluminado que preside el altar se reproduce un audiovisual que explica al visitante qué sucede en las iglesias en Cuaresma y Semana Santa, la parte más devocional y de fe. Posteriormente, un contenido semi holográfico muestra todas las Imágenes procesionales de nuestra Pasión, con información de dónde reciben culto o están ubicadas.

Formado por paneles informativos y retroiluminados, el Pasillo de los Imagineros reúne a todos los artistas de la gubia que tienen obra en nuestra Semana Santa. El espacio está configurado en una estructura de triángulos concéntricos, que representan tanto los capuces como a la Stma. Trinidad. Preside el espacio el chaleco capa granate de María Magdalena, diseñado por Eduardo Ladrón de Guevara. El pasillo enlaza directamente con el Espacio Marco Pérez, que en esta nueva concepción del Museo está totalmente integrado en el recorrido museístico. El Espacio contará próximamente con una nueva pieza: se trata del Divino Maestro y será una cesión de la UCLM para la que se están ultimando los detalles; esta cesión se enmarca dentro de la línea de colaboración constante de la Universidad con la Semana Santa.

La Sala Somos Nazarenos está concebida en dos partes, una primera expositiva y una segunda experiencial. En la primera parte de la sala, concebida como espacio de exposición, recibe al visitante un holograma de los principales hitos de la Semana Santa desde los orígenes hasta hoy. Preside la sala una escultura en hierro de un nazareno, obra de José Luis Martínez, montada sobre una peana con el padrenuestro. Completa esta parte un primer audiovisual de fotografías cedidas por las hermandades, agrupadas en cuatro conceptos: patrimonio, devoción, historia y tradición, y un juego de vitrinas con documentos y elementos históricos.

La segunda parte de la sala reproduce, con todo detalle, una calle de Cuenca, de las que forman parte del recorrido procesional por el Casco Antiguo; protagoniza esta parte de la sala un anda ampliada con juego de espejos, que evoca el Calvario y el Huerto de los Olivos. La sala está pensada para que el visitante se fotografíe en ella ejerciendo el oficio de bancero.

En el momento pausa, se proyecta el audiovisual de fotografías mientras suenan de fondo diferentes marchas interpretadas por la Banda de Trompetas y Tambores de la JdC y la Banda de Música de Cuenca, nuestras dos bandas. En el momento reproducción, Cuenca explica desde la emoción cómo viven la Pasión los diferentes oficios y figuras asociadas a la Semana Santa.

Dentro de la Semana Santa es la sala final, la más emocional, en la que Cuenca misma abre de par en par las puertas de su alma y se muestra como lo que es: por encima de todo, nazarena. Busca, mediante la tecnología al servicio de la Pasión, que el visitante se sienta literalmente dentro de la procesión. En el momento pausa, la sala se muestra como un espacio expositivo que recoge algunas de las principales piezas del ajuar de nuestra Pasión, cedidas por las hermandades para el anterior concepto museístico y que están presentes también en el nuevo. En el momento de reproducción, la visita comienza en la sala aneja, mediante un audiovisual que explica lo que pasa justo antes de que los pasos toquen calle. Al finalizar, el

audiovisual llama al visitante a la sala grande, donde se proyecta la cronología pasional completa en un juego de espejos que provoca que el visitante se sienta dentro de la propia procesión.

El Museo cuenta además con un espacio didáctico pensado especialmente para los más jóvenes, aunque ofrece opciones para todas las edades: la sala Aprende Jugando, donde el visitante podrá conocer un poco más sobre diversos aspectos de la Semana Santa (procesiones, hermandades, hitos, cartelistas y pregoneros) y un juego interactivo que podrá a prueba los conocimientos del visitante para obtener el Certificado Nazareno.

En cuanto a la recepción, se ha remodelado el espacio para mejorar la accesibilidad, lograr un mejor aprovechamiento y más coherente del espacio, dotar a la entrada del protagonismo que merece y que funcione como conector entre la primera sala de la exposición permanente y las salas de exposiciones temporales. Sobre estas últimas, se mantienen las dos que había y se integran en el discurso del Museo.

UNO PARA TODOS

Desde el principio, el concepto y planteamiento del Museo tiene la vocación de ser uno para todos, integrando al conquense que es nazareno y a quien no lo es, al visitante que viene teniendo nociones sobre la Semana Santa y al que no, así como mejorar en accesibilidad para que sea, en verdad, un Museo de todos y para todos.

Por eso, el Museo está concebido en esa doble vertiente: pensando en contar la Semana Santa de forma coherente para el visitante que no la conoce, pero también para el que la conoce bien porque la vive en su día a día.

Además, se ha llevado a cabo la remodelación arquitectónica para mejorar la accesibilidad del Museo, tanto a nivel de movilidad (eliminación de escalones, nivelación del suelo, espacios más amplios) como otras acciones de adaptación; por ejemplo, los vídeos están subtitulados para facilitar la comprensión a las personas sordas.

Fotografía: Águeda Lucas

“El Museo es un templo de memoria, un lugar para los sentimientos que nos acompañan cada primavera. No solamente es presente, no solo es un homenaje al pasado: es una promesa de futuro”

Jorge Sánchez Albendea, presidente de la Junta de Cofradías y del Patronato de la Fundación del Museo.

“Éste es un Museo que está no a la altura de las circunstancias, sino mucho más allá. Con una sensibilidad magnífica, con innovación, con unos recorridos que van a sorprender a propios y extraños”

Darío Dolz, alcalde de Cuenca.

“Este Museo es una realidad a la vanguardia de los museos, que va a sumar muchos logros. La Semana Santa de Cuenca es identidad cultural y ese Museo lo refleja”

M.ª Ángeles Martínez, diputada de Cultura.

“La Semana Santa es la joya de la corona, desde el punto de vista turístico. Por eso hay que poner en valor este Museo, que permitirá vivir la Semana Santa a los nazarenos y los conquenses siempre que quieran venir, pero también que el visitante que viene a Cuenca fuera de las fechas de la Semana Santa pueda llevarse un poco de su espíritu y, lo que es más importante, que quieran volver a Cuenca en Semana Santa, para vivir lo que significa”

José Luis Martínez Guijarro, vicepresidente del Gobierno de Castilla-La Mancha.

“Un pueblo que no sueña, nunca será grande. Los sueños van siempre más allá de las posibilidades. Los grandes proyectos, como este Museo, empiezan siempre con un sueño. Y estamos en tierra de sueños. Hay que seguir soñando, porque si todos soñamos un poco, hay comunión de voluntades y trabajo, el éxito está asegurado”

Monseñor José María Yanguas, obispo de la Diócesis de Cuenca.

“Hemos trabajado y puesto especial cuidado para que el Museo refleje fielmente lo que es nuestra Semana Santa y que todos los nazarenos se vean representados en su Museo” Antonio Abarca, vicepresidente de la Junta de Cofradías.

“La Semana Santa es Pasión y esa Pasión debe estar en el Museo. Es una de las cosas que hemos tenido claras desde el principio y es la idea que ha sobrevolado todo el proyecto, todo el contenido, todos los aspectos del mismo. Lo que buscamos con el Museo es llegar al corazón”

Emilio Palacios, Dirección creativa.

“Hemos trabajando en quitar todo lo accesorio para dejar lo esencial, la esencia de la Semana Santa. El pilar más importante de la Semana Santa es el sentimiento, el resto es complemento. Con ese sentimiento hemos querido apelar al visitante de Cuenca”

Enrique Martínez Gil, Dirección de obra.

“El discurso narrativo apela a la emoción más pura: Cuenca personifica su propia esencia y se convierte en una nazarena más, que habla al visitante y le expresa su sentimiento más profundo: el que brota en el corazón de cada conquense en Semana Santa” Berta López, textos y voz narrativa de Cuenca en el Museo.

Por Samuel López

La Semana Santa de Cuenca no solo es una de las semana santas más importantes a nivel nacional o internacional dada su trascendencia y calidad artística, sino que también es una de las más antiguas y añejas de la geografía castellana.

Su historia se remonta siglos atrás, algo que a veces a los propios conquenses nos cuesta interiorizar, y probablemente de lo que no presumimos. Seguramente un factor que influya en esta desmemoria sea o haya sido causado por algunos episodios que han borrado de un soplo algunas de las páginas donde se recogían testimonios de cómo eran las cosas antaño, episodios como la Guerra Civil, la Guerra de Independencia contra el ejército Francés o el famoso “Saco de Cuenca” en la II Guerra Carlista.

En estas páginas históricas, probablemente desaparecidas, se podrían leer seguramente cómo era la Semana Santa de épocas pretéritas, pero no únicamente eso, sino también detalles de cómo era Cuenca, cómo eran los conquenses, cómo se relacionaban y en que creían.

Numerosos investigadores, entre ellos nombres como los de Julián Recuenco, el Dr. Pedro Miguel Ibáñez, Israel Pérez Calleja, Antonio Pérez Valero, han dedicado gran parte de su valioso tiempo a escudriñar libros, escritos, legajos y testimonios por museos y archivos privados, para así tratar de aportar tesela a tesela la reconstrucción de un mosaico que nos haga tratar de ilustrar como era en el pasado nuestra ciudad.

Con rigurosidad en sus estudios, pues sus conocimientos y criterios así lo aseguran, han escrito e interpretado algunos datos de cómo era o podría ser la Semana Santa desde el siglo XV y XVI. Escrito e interpretado, pues en ocasiones la información había de ser descifrada y entendida para entender el contexto pues era parcial o testimonial. Una serendipia es un descubrimiento afortunado y valioso que ocurre por accidente o casualidad cuando se

busca algo distinto. En ocasiones estas situaciones son importantes para arrojar luz a huecos de oscuridad histórica. Esta suerte de aparición, a veces ocasional, también se puede buscar. Acciones o proyectos como la rehabilitación del Museo de la Semana Santa, con el enorme trabajo que ha conllevado por parte de la Junta de Cofradías y el esfuerzo irrecompensable de su Comisión Ejecutiva ha hecho que una de esas apariciones haya sido una serie de documentos y libros históricos. Probablemente los documentos o libros de actas e inventarios más antiguos de los que se disponen y se han dispuesto de la Semana Santa de Cuenca a día de hoy.

Estos son un grupo de legajos y documentos manuscritos que datan de finales del siglo XVI, hasta finales del siglo XVIII, ni más ni menos que 200 años de historia. Documentos que recogen actas, situaciones, inventarios y nombres de personas concretas. Echen la vista atrás, y si en 2025 les parece lejano el 1825 (200 años atrás), remóntense al 1611, inicio de los libros de la serendipia de dicho hallazgo.

Documentos de este añejo, antiguo y desaparecido Cabildo de la Vera Cruz, la Sangre de Cristo y la Misericordia, sito en la ermita de San Roque de la Ciudad de Cuenca, antecedente histórico de la Archicofradía de Paz y Caridad, según la sitúan los estudiosos anteriormente mencionados.

Ni más ni menos que papel moneda, usado para redactar las actas, de época de Felipe III y Felipe IV dan soporte al papel escrito de este documento, que probablemente tras su lectura, análisis y comprensión aporte negro sobre blanco acerca de algunas cuestiones históricas sobre hermandades, su participación, patrimonio, cómo eran o qué hacían las hermandades, cómo se organizaban y quiénes las formaban, con nombre y apellidos, una serendipia en toda regla. Pues para ello, aquí va una muestra.

En la ciudad de Cuenca a seis días del mes de marzo de mil y seiscientos y quarenta y ocho años estando en la cofradía del señor San Vicente de esta ciudad junto elcavildo dela Santa Beracruz desta porhaberse quemado Lacofradia que tenia dispuesta para sus Juntas, especialemnete los señores Martin Galindo Patiño pero este Gabriel Muñoz Malo, Juan demontesinos Martín devillardolalla Juan de pareja Juan Muñoz de Aguilera Damián Bermejo Luis caxa de huélamo Fernando de valdemoro Gabriel Domínguez, Alonso de Morales y Pedro vaquero todos peostes viejos de dicho Cabildo y el licenciado Blas López cofrade de dicho Cabildo, Luis López Cala… hermano mayor de la hermandad de nuestra señora de la soledad y Gaspar Muñoz hermano mayor de la hermandad del paso del huerto…

Dicho Don Martín Galindo dixo que para lo que aecho muñir al dicho cabildo y hermandades hera para que nombrasen diputados para que vayan a la procesión solemne que convenga al dicho cabildo…

Libro de decretos de las Juntas del Cavildo de la Misericordia y la Sangre de Cristo sito en la Germita de Sr. S. Roque extramuros de la ciudad de Cuenca De que actualmente son peostes y actúan los señores Martín Antello prebendado de la Santa iglesia Catedral de esta ciudad rector del colegio seminario del señor San Julián de ella, don Lucas Suárez piñango beneficiado de la Iglesia parroquial de San Miguel, don Ignacio Romero y Moya notario mayor perpetuo de uno de los cuatro de la audiencia Episcopal de este obispado y Matías Orozco administrador general de la renta del tabaco de este partido de Cuenca, y secretario de dicho Cabildo Manuel de Rivera su señor regidor de perpetuo de nuestra ciudad y secretario mayor de rentas reales de su partido. Gobernando La Santa iglesia romana el excelentísimo señor Benedicto decimocuarto, este obispado el ilustrísimo Joseph Flores Ossorio y la monarquía española Fernando el sexto siendo corregidor de esta ciudad el señor Francisco Barona y Rozas caballero de la orden de Calatraba marqués de villaitre y da principio el día 7 de abril de este año de del nacimiento de nuestro señor Salvador Jesucristo de 1719 con el nombramiento de prioste siguiente.

MEMORIA DE LOS PEOSTRES VIEXOS QUE ENESTE AÑO

DE 1700 TIENE EL CAVILDO DE LA SANGRE DE CHRISTO

SITO EN LA HERMITA DE SAN ROQUE

D.Alonso de Pedraza Pacheco

D. Juan de Cabrera

D. Juan Nicolas Alvarez de Toledo

D. Matheo del Castillo

D.Joseph Cavallero

D. Julián Belazquez Chirino

D.Alonso de Piquieras

D. Luis de Cuellar

D. Juan de Peñalver

D. Lorenzo López Montenegro

D.Pedro Bermexo

D. Marcos Bermexo

D. Pedro Agustín Vélez

D. Juan de Mochales

D. José de Villoría y Guzmán

D. Nicolas Lopez de Cuellar

D.Pedro de Torres

D.Domingo Rubio

D.Pedro Antelo y Pazos

D. Bernane Rubio Quixano

D.Juan Domingez Jaramillo

D. Miguel Sanz Paniagua

D. Alonso Carrascosa

D.Juan Francisco de Torres

D. Juan de Mena

D. Domingo Juarez

D.Balthasar Pedro del Castillo

D. Pedro Mathias Villodre

Estos son algunos nombres legibles de los que aporta. Nombres de personas concretas que recoge en su participación y sus actas, sin duda protagonistas de la historia de dicho cabildo y también de la ciudad.

Cien años de historia, de fe callada y de pasos silenciosos que recorren las calles de Cuenca. Hoy, el Huerto de San Esteban no solo camina, resuena en cada corazón que sostiene una vela, que acompaña el paso, que eleva una oración en la noche. Cada túnica, cada gesto, cada mirada descubierta es un puente entre generaciones, un hilo de devoción que nos recuerda que ser Huerto es vivir la oración, el compromiso y la memoria en cada instante.

Hay procesiones que nacen del calendario litúrgico y otras que surgen de una necesidad más profunda, casi íntima, de una Hermandad por cerrar un capítulo de su historia como merece. La Procesión Extraordinaria de Jesús Orando en el Huerto de San Esteban, celebrada el 4 de mayo de 2024 pertenece, sin duda, a estas últimas. No fue un desfile añadido ni una repetición, sino la culminación natural y sentida del Centenario fundacional de una de las hermandades más sobrias, coherentes y reconocibles de la Semana Santa de Cuenca.

Fundada en 1923, en el ámbito parroquial de San Esteban protomártir, la Hermandad del Huerto vino a enriquecer el relato pasionista conquense incorporando el momento evangélico de Getsemaní. Instante de soledad, angustia y entrega absoluta de Cristo. Desde sus orígenes, la corporación ha mantenido una identidad clara y sin estridencias, construida en torno al silencio, la oración interior y la fidelidad a una forma muy concreta de hacer estación de penitencia. Un siglo después, esos mismos pilares siguen sosteniendo su caminar.

UN CENTENARIO MARCADO POR LA ESPERA

Los actos conmemorativos del Centenario comenzaron el 2 de diciembre de 2023 con una solemne Eucaristía celebrada en la iglesia de San Esteban, oficiada por el consiliario de la Hermandad y acompañada musicalmente por la Banda de Música de Cuenca, con la que el Huerto mantiene lazos de hermanamiento. Aquella celebración abrió un año especialmente significativo que debía encontrar su momento culminante en la Semana Santa de 2024.

Sin embargo, la noche del Miércoles Santo, 27 de marzo, la lluvia persistente y el fuerte viento obligaron a suspender la procesión del Silencio. El Huerto no pudo salir. La imagen permaneció en su templo y con ella quedó suspendida, simbólicamente, la estación de penitencia del Centenario. Para una Hermandad cuya razón de ser se expresa, sobre todo, en la calle, aquella suspensión fue vivida con un lógico sentimiento de frustración, mitigado únicamente por la serenidad y el respeto con los que siempre ha sabido afrontar las adversidades.

De ahí que la solicitud de una procesión extraordinaria no respondiera a un deseo excepcional, sino a la necesidad espiritual y simbólica de cerrar adecuadamente una efeméride histórica. La dispensa episcopal concedida permitió fijar una fecha en tiempo pascual para devolver al Huerto a las calles y completar, de forma plena, un Centenario que no podía quedar incompleto. La Hermandad agradeció públicamente tanto a la autoridad eclesiástica como al Ayuntamiento de Cuenca su colaboración y sensibilidad para hacer posible un acontecimiento de estas características.

GETSEMANÍ

VUELVE A CUENCA

A las siete de la tarde del sábado 4 de mayo, las puertas de San Esteban se abrieron de nuevo. Ya no era tiempo penitencial, sino Pascua. Y, sin embargo, la escena de Jesús orando en el Huerto recuperó toda su fuerza catequética al reencontrarse con la ciudad. Cristo aparece arrodillado, en actitud de súplica confiada, acompañado por el ángel confortador, en una iconografía que sintetiza como pocas la humanidad del Hijo de Dios ante el misterio de la Pasión inminente.

El cortejo mantuvo la estructura tradicional del Miércoles Santo, adaptada al carácter extraordinario del acto. Los hermanos y hermanas desfilaron sin capuz, dejando el rostro descubierto, signo visible de una fe vivida a plena luz, pero conservando la túnica morada, el rosario, los cordones y el zapato negro. Las tulipas fueron sustituidas por velas con salvacera, aportando una iluminación más abierta y serena, acorde con el tiempo litúrgico.

Tras la cabecera de la Hermandad, los hermanos desfilaron en dos filas, mientras los más pequeños ocuparon la fila central tras el guion corporativo. Junto a este, tuvo una presencia destacada el guion del Hermanamiento con la Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús orando en el Huerto de San Antón, símbolo de una unión histórica que trasciende imágenes y sedes para convertirse en auténtica comunión cofrade.

UNA HERMANDAD VIVA Y PARTICIPATIVA

Uno de los aspectos más significativos de la procesión fue la extraordinaria respuesta de los banceros. Cerca de doscientos hermanos se ofrecieron para portar el paso, una cifra que habla por sí sola del compromiso y del sentimiento de pertenencia a la Hermandad. Para dar cabida a todos, se organizaron cuatro turnos de banceros a lo largo del recorrido, priorizando a los adjudicatarios de la última subasta, especialmente en la salida y la llegada al templo.

Desde la Hermandad se quiso subrayar el carácter abierto de esta participación, permitiendo portar el paso a cualquier hermano mayor de 18 años, sin distinción de sexo, reflejo de una corporación plenamente integrada en la realidad actual de la Semana Santa conquense y consciente de su responsabilidad de futuro.

EL HUERTO Y LA CIUDAD

La procesión extraordinaria fue también una manifestación elocuente de la unidad de la Semana Santa de Cuenca. Todas las hermandades fueron invitadas a participar con sus cabeceras completas y hermanos mayores. Tuvieron especial protagonismo la Hermandad del Huerto de San Antón y la Hermandad de San Isidro de Abajo, por su estrecha vinculación con nuestra Hermandad, y La Hermandad del Prendimiento, con la que el Huerto desfiló antes de su fundación y que ostenta la presidencia del Miércoles Santo.

Tras el paso figuró la Presidencia Eclesiástica, a la que fue invitado el obispo de la Diócesis, monseñor José María Yanguas, así como la Presidencia Institucional, con represen-

tación de la Junta de Cofradías y del Ayuntamiento de Cuenca, escenificando el respaldo de la ciudad a una Hermandad centenaria.

UN RECORRIDO CARGADO DE MEMORIA

El itinerario fue muy similar al de la procesión del Silencio: Aguirre, Las Torres, Alonso de Ojeda, Solera y Peso; Puerta de San Juan, curvas de la Audiencia, Palafox, Puente de la Trinidad, Calderón de la Barca y Carretería, para regresar finalmente a San Esteban. En las escalerillas del Hospital de Santiago se repitió uno de los gestos más entrañables de la tradición conquense: el saludo del paso a los enfermos, que volvió a emocionar a cuantos lo presenciaron.

Musicalmente, abrió el cortejo la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, dirigida por Francisco Javier Poyatos, y lo cerró la Agrupación Musical Iniestense, bajo la dirección de David Flores, con una interpretación sobria y medida, plenamente al servicio de la oración.

CIEN AÑOS DESPUÉS

Con esta procesión extraordinaria, el Huerto de San Esteban puso el broche de oro a su Centenario. No lo hizo con alardes ni artificios, sino fiel a su identidad: silencio, oración y testimonio. Cien años después de su fundación, la Hermandad no celebró únicamente un pasado glorioso, sino que reafirmó un modo de estar en la Semana Santa de Cuenca que sigue teniendo pleno sentido. Aquella tarde de mayo, Cuenca volvió a ser Getsemaní. Y el Huerto, una vez más, enseñó que hay procesiones que no se olvidan porque no nacen de la excepción, sino de la fidelidad.

Por Juan Ignacio Cantero de Julián

Hay una verdad que quien no vive la Pasión no conoce: lo que más duele al nazareno es que se suspenda la procesión. La suspensión supone ver pasar un año de espera en décimas de segundos. Es dejar la pólvora de la ilusión mojada y a la intemperie, mientras las imágenes que despiertan los sentimientos y emociones se quedan a buen recaudo. La suspensión es asumir que el trabajo se queda hecho, pero no tendrá reflejo en el fin para el que había sido concebido. Son lágrimas de desconsuelo que discurren por los cauces de la amargura hasta desembocar en un mar de resignación.

Una procesión termina cuando el último de los pasos regresa a su templo, y la siguiente empieza cuando se quedan en borriquetas. Y entonces comienza a pensarse en la siguiente y a trabajar para que sea perfecta. Pero hay cosas que no se pueden prever y contra las que no se puede luchar, y días antes del gran momento, el cielo gobierna sobre la tierra y todas las miradas se posan sobre las nubes para adivinar su forma, color y trayectoria. La Agencia Estatal de Meteorología se convierte en un oráculo al que todos acuden para conocer el sino de su desfile, y las oraciones se bifurcan dejando algunas rogativas para que Dios Nuestro Señor escuche nuestras súplicas y haga desaparecer las inclemencias meteorológicas.

Nervios y reuniones. Reuniones y nervios. Llamadas y predicciones que van siendo más y más frecuentes según se va acercando la hora de decidir. Y en esa hora… algunos piensan que es fácil y que se hace a la ligera… Y algunos se atreven a decir que había intención de suspender o de salir a procesionar por capricho. Y algunos osan a juzgar las decisiones pensando que se toman a la ligera…

Pues disculpen que refute el pensamiento de aquellos que no ven más allá de su prisma mental, pero nada más lejos de la realidad. No es fácil dejar a tu Hermandad, a tus hermanos y a tu familia, para tener que poner tus cinco sentidos en la coyuntura. No es fácil encerrarse entre cuatro paredes para saber qué es lo mejor que ha de hacerse una vez se esté fuera. No es fácil decidir por las miles de personas que esperan, ni ver las túnicas, capuces y miradas de ilusión al otro lado de las ventanas.

Representantes ante la Junta de Cofradías de las diferentes Hermandades. Presidente de la Junta de Cofradías. Mi querida responsable del gabinete de la Institución Nazarena. Qué ingrata vuestra labor sufriendo antes del veredicto por tener que emitirlo, y después del mismo por tener que dar la cara cuando todos intentan ponértela colorada.

“No teníais que haber salido”, “estaba claro que iba a caer”, “si a la hora de salir no llovía, tendríais que haber ido a la calle”, “no sé por qué habéis esperado para salir si cuanto antes salgamos antes llegamos”… A posteriori todo se ve muy fácil, o hablando más en plata y con menos decoro, a cojones vistos, macho seguro. En este caso, a decisión tomada, bronca asegurada.

Y si sales porque sales, si no sales porque no sales. Si aplicas protocolo, entonces están para romperlos. Si los soslayas un poco, entonces son losas inamovibles que hay que seguir al pie de la letra. Si tomas el recorrido corto, has privado al nazareno de su disfrute. Si sales por el largo, has hecho que el desfile se desluzca. La decisión en cualquier caso siempre es errónea. Y por supuesto que se cometen errores. Por supuesto que no siempre se acierta. Pero unas pocas personas han de ser quienes tengan esa última palabra, y de momento no tienen el don de la adivinación ni la clarividencia. A veces pensamos que ojalá el modelo de elección fuera directo y no representativo. Y todos y cada uno de los nazarenos pudieran elegir, pero, por suerte o por desgracia, se designa a unos pocos para que decidan por todos. Y creo sinceramente que, si aquellos que creen que las decisiones se toman lanzando una moneda al aire, tuvieran sobre su tejado alguna vez la espada de Damocles y fuese de ellos la resolución final de la que dependiera la procesión, sabrían realmente que no es un juego de niños.

Lo más fácil es señalar al árbitro cuando no se está conforme con la falta, pero lo difícil es apreciar que ha tenido que señalarla en apenas unos segundos mientras le afectan un sinfín de condicionantes. Y así es a veces de desagradecida la labor en la Semana Santa de Cuenca, en la que cuando vienen mal dadas, se acaba la comprensión y las buenas palabras para muchos que aprovechan para verter su frustración tras un perfil de redes sociales. Cuando llega el comunicado oficial, tan complejo como la toma de decisiones, pero sobre el que se descargan todos los exabruptos y agravios como los que la turba profirió a Jesús en su camino al Gólgota. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

No pretendo con este artículo excusar las decisiones ni eludir las responsabilidades. Pero sí que hago una llamada a la comprensión y la empatía, para que cuando se dé una de estas situaciones, no hagan como hizo el rey armenio Tigranes y maten al mensajero por no gustarles el mensaje. Les pido que en medio del desasosiego que genera un suspenso, sean capaces de aprobar al examinado, teniendo en cuenta que si no ha obtenido el resultado exigido, no ha sido por falta de interés, ganas o ahínco.

Les invito a vivir la Pasión entre bambalinas. Donde no es coger la tulipa o la horquilla y salir en la procesión, sino tener preparadas las velas y los pasos para que pueda salir a la calle. Donde se sufre en las propias carnes las incidencias, y se tiñe el alma del más oscuro de los negros, cuando se levanta el día con nubes de tormenta.

Quienes deciden no buscan la palmadita en la espalda por realizar su labor, pero tampoco quieren recibir el golpe en la cara por ser quienes la ponen de frente en el momento crucial. Quienes adquieren un cargo de responsabilidad, saben las consecuencias que ello conlleva, pero no por ello se legitima a los demás a ser inquisidores y verdugos del devenir nazareno. Juzguen ustedes sí, pero no sentencien sobre lo que ahora se sabe, sino sobre lo que no se sabía previamente. Si se ponen en el lugar del otro, sabrán apreciar que la posición no era tan cómoda, y que el compromiso pesa mucho más que el deseo o el orgullo.

De modo que, en esta oposición nazarena que ninguno hemos pasado, les planteo un supuesto práctico. ¿Qué hacer cuando el día tiene un aspecto estupendo, pero desde el teléfono la AEMET te dice que amenaza lluvia? ¿Qué determinar si a la hora de la salida está lloviendo a rajas, pero te aseguran que cuando pasen las horas la tormenta amainará?

Tienen una hora para pensarlo desde que hayan leído el enunciado en este artículo. Llamen a la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías para ir avisándoles, y pongan en alerta a sus hermanos y juntas directivas que esperan nerviosos e optimistas en la puerta de la iglesia. Preparen los plásticos y avisen a los músicos que vienen desde diferentes puntos de nuestra geografía del estado de situación. Cuenten con seguridad y organización local para que en el caso de haber acaecimientos o retrasos tengan en cuenta el acontecer de la procesión… En media hora volvemos a vernos y votamos para tomar la decisión definitiva. Tiempo…

62 Cuenca Nazarena

Por Samuel López

La Cuaresma siempre ha sido tiempo de reflexión, sacrificio y compromiso. Pero en Cuenca, este año, además, ha sido tiempo de mangas remangadas, de brazos extendidos y de solidaridad muy concreta. Bajo esa premisa nació la “I Cuaresma Solidaria de Donación de Sangre”, una iniciativa impulsada por la Hermandad de Donantes de Sangre y la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca que ha demostrado que la tradición no solo se conserva, también se reinventa.

Entre el Miércoles de Ceniza y el Viernes de Dolores, fechas clave del calendario litúrgico, decenas de nazarenos cambiaron el capuz por la tarjeta sanitaria durante unos minutos para acudir al Hospital Virgen de la Luz. No iban a ver procesiones ni a escuchar marchas. Iban a algo mucho más urgente: donar sangre de forma altruista. Un gesto sencillo, apenas unos minutos, pero con un impacto enorme para los pacientes que dependen dia-

riamente de este bien tan preciado y, por desgracia, tan escaso. La iniciativa tenía, además, un aliciente añadido que despertó el espíritu competitivo —sano, eso sí— de las hermandades: cada nazareno que donaba sangre otorgaba un punto a la hermandad a la que pertenecía. El resultado fue una especie de liga solidaria cuaresmal, donde contaba la generosidad y el compromiso con la vida. Y ahí, Cuenca respondió.

Durante las semanas que duró la campaña, la clasificación estuvo muy disputada. Hubo cambios constantes en los puestos de pódium, adelantamientos inesperados y remontadas que habrían firmado los mejores comentaristas deportivos. Hermandades que lideraban una semana caían a la siguiente, y otras que parecían rezagadas volvían a engancharse a la lucha gracias a nuevos donantes. La emoción estaba servida, pero siempre con una sonrisa y un objetivo común: ayudar.

Finalmente, tras el recuento definitivo, la Hermandad de la Borriquilla se alzó con la victoria, convirtiéndose en la que más donantes aportó y, por tanto, en la gran vencedora de esta primera edición. Un triunfo que no se mide en trofeos, sino en bolsas de sangre y en vidas que podrán seguir adelante. En segundo lugar quedó la hermandad de San Juan Evangelista, que mantuvo una regularidad admirable durante toda la campaña. Y el tercer puesto fue compartido, en un empate muy simbólico, entre el Amarrado a la Columna y la Soledad del Puente, demostrando que en solidaridad también caben los empates… y las manos unidas. Las cuatro hermandades recibieron una escultura de un nazareno donante, obra del ceramista conquense Tomás Bux, donadas por la hermandad de Donantes. En total, 59 nazarenos se convirtieron en donantes durante esta Cuaresma solidaria. Cincuenta y nueve personas que decidieron que su fe no se quedara solo en palabras o gestos rituales, sino que se tradujera en acción directa. Cada uno de ellos aportó su granito de arena —o mejor dicho, su bolsita de sangre— a los pacientes que lo necesitan en el Hospital Virgen de la Luz. Pacientes anónimos, desconocidos, pero profundamente agradecidos, aunque nunca lleguen a saber el nombre de quien les ayudó.

Desde la Hermandad de Donantes de Sangre se ha valorado muy positivamente la respuesta obtenida, tanto por el número de donaciones como por la implicación de las cofradías. No era una campaña fácil: la donación de sangre sigue arrastrando miedos, mitos y excusas clásicas (“yo me

mareo”, “no tengo tiempo”, “ya iré otro día”). Pero la combinación de tradición, sentido comunitario y un pequeño componente lúdico logró romper muchas barreras. Porque cuando la solidaridad se vive en grupo, cuesta menos dar el paso.

Por su parte, la Junta de Cofradías ha subrayado que esta iniciativa encaja perfectamente con los valores que la Semana Santa pretende transmitir: entrega, sacrificio y amor al prójimo. Y lo hace, además, proyectándolos hacia el presente y el futuro. Porque las cofradías no son solo historia y patrimonio; también son tejido social, capacidad de movilización y compromiso con la realidad que las rodea. En este caso, con una necesidad tan básica como la sangre en los hospitales.

La “I Cuaresma Solidaria de Donación de Sangre” deja, por tanto, un balance muy positivo y una sensación generalizada: esto no puede quedarse aquí. La experiencia ha demostrado que Cuenca responde cuando se le propone algo con sentido, bien organizado y con impacto real. Y que la Semana Santa, lejos de ser un elemento estático, puede convertirse en un motor de solidaridad activa.

Quizá dentro de unos años nadie recuerde quién ganó aquella primera clasificación. Pero seguro que alguien, en alguna habitación del Hospital Virgen de la Luz, seguirá viviendo gracias a aquel gesto anónimo de un nazareno que, en plena Cuaresma, decidió que la mejor penitencia era ayudar a los demás. Y eso, se mire como se mire, es ganar por goleada.

Por Miguel Romero Saiz. Cronista y nazareno

Esta es la Cuenca de los milagros. Lo es en esos días de la Semana de Pasión, cuando desde el alba hasta el anochecer, las tulipas alumbran sin mesura y el sonido de las horquillas rompe la quietud de una ciudad anclada en la historia. Es, amigos, el misterio profundo de nuestra Semana Santa. Homenajear al tiempo nazareno conquense, es homenajear a hombres y mujeres que han dejado su sentir en el mayor Credo posible: la muerte y resurrección de Cristo.

Tal vez sea un poco presuntuoso titular esta crónica como lo he hecho; y tal vez, sea subjetivo en modo alto, elegir personajes que, por su condición, humildad, obra y sentimiento, han dado “vida al ritual de la Pasión”, analizando bajo su crítica personal o bajo su prisma profesional, ese sentimiento no tan austero, que ellos mismos han sentido y dejado sentir.

Elegir puede resultar fácil porque son muchos los buenos narradores que han escrito, comentado y visualizado nuestra Semana Santa desde tiempo inmemorial y en momentos trascendentes; pero a la vez, es difícil elegir, porque en todos, el alma del penitente se ha unido a la pluma hábil, dando vida a una simbiosis perfecta de palabra y sentimiento.

Y quedan esos otros, los que no escribieron con letra y lo hicieron con gubia, significando talento entre sus creaciones y donde la Cuenca Nazarena se ha sentido fiel y pasionalmente representada.

Son muchos los lugares que hay en esta ciudad, meritorios de servir de caminar nazareno; los hay ahora porque los hubo siempre. Entre subir y bajar, cada recorrido pasional de nuestra Internacional Semana de Pasión, nos viene siempre al recuerdo, esa plaza de la Constitución, la misma que ha recibido diversos nombres a lo largo de su historia: primero fue plaza Carretería de San Agustín luego, plaza Cánovas del Castillo y en la modernidad, plaza de la Constitución y cariñosamente ahora, plaza del Nazareno. Y cierto es, que aquel primer nombre siempre dejó una clara huella, pues la orden de frailes Agustinos Calzados, orden mendicante de la iglesia católica fundamentada en la Regla de San Agustín, caracterizada por la vida comunitaria, la búsqueda de interioridad y la caridad, lucieron su hábito negro y cinturón de cuero con ese bien hacer de educar y hacer apostolado. “Este lugar, es punto de intersección de nuestra Semana Santa. Se acorte o se alargue el camino, su recibimiento se hace en olor de multitudes…”

San Agustín de Hipona, obispo y teólogo, conocido por su conversión personal y su lucha contra las herejías, sentaría las bases para esa filosofía medieval que unía la fe y la razón en su pensamiento. Sin duda, esa razón potenció la idea para que Cuenca, ciudad mesiánica en tiempos del Medievo y conventual durante la llegada de la Edad Moderna, recibiese a esta orden levantando un convento, allá por el año de 1585. Y no solo quedarían ahí sus labores pastorales, sino que esta congregación mantuvo siempre su ejercicio espiritual, igual para refrendar su apuesta dentro de la convivencia de la ciudad –cosechando vino de las viñas de aquella ladera del cerro de la Majestad, a los pies de la ermita de San Toribio, en pugna con los dominicos de San Pablo-, sino también siendo sede del Cabildo Sacramental de San Nicolás de Tolentino, origen de la procesión del Viernes Santo, Camino del Calvario. Muchos investigadores nos han aportado conocimiento en el nacimiento de nuestras Cofradías, desde el inicio hasta la actualidad. Los escritos publicados por Pedro Miguel Ibáñez, José Miguel Carretero, Carlos Julián Martínez, Julián Recuenco o Pérez Valero, entre otros, han sido y son fundamentales para analizar el peso histórico de esta tradición solemne y todas sus particularidades; y por otro lado estarían esos periodistas o escritores –antes y ahora- como plumas selectas para narrar tiempos de Semana Santa, en épocas políticas diferentes, con perspectivas contradictorias en muchos casos, pero con razones poderosas para airear la Pasión y el Sentimiento del conquense en cada momento de su Calvario. Los hubo y seguirá habiendo. Recordar al asturiano González Blanco y su maravillosa narración; al diplomático chileno Morla Lynch en su visita describiendo en su libro ese viaje con García Lorca; o qué decir de Miguel de Unamuno, Alejo Carpentier, Armando Cristóbal o González Ruano. Tantos y tantos, que dejaron sellada su pluma para el beneplácito de nuestra Tierra y de nuestra ciudad en días pasionales. Por eso en este tiempo de cuaresma y reflexión, los santos son invocados por la oración constante de cada Hermandad. Cuando están cerca, todo se transforma. Los milagros suceden y Cuenca se hace milagrosa.

Podía haber elegido cualquier otro rincón de los muchos que aporta nuestra ciudad para el Desfile Procesional. Cada uno de

ellos tiene su propia personalidad y los tiempos podrán cambiar el trazado urbano, pero jamás cambiarán el trazado sentimental y pasional.

Este lugar que ahora hace esquina entre las actuales calles, por un lado Calderón de la Barca y por otro, la calle de Fray Luis de León, antigua del Agua, no podía ser mejor sitio para mantener ·un encuentro nazareno· entre dos conquenses que, sencillamente, aman a Cuenca y la plasman en sus mensajes.

Por eso, una mañana de la primavera del 2024, nos encontrábamos Luis Cañas –recordado y admirado entre mis más sinceras amistades–, quien falleciera un poco tiempo después, y un servidor –en ese habitual carretear al que soy dado a lo largo de muchos días del año– y juntos, pasábamos a la Cafetería Carralero para degustar ese café que habitualmente mantenía tertulia diaria con un excelso grupo de amigos.

- ¡Qué tal Luis! ¿cómo va esa salud? –le hice el saludo habitual–.

- ¡Regular, amigo Miguel!, pero normal porque los años que tengo son los que son y eso no me lo quita ni “el Tato” –contestó el bueno de Luis–.

Me gustó la expresión, habitual en quien tanto sabe de refranes, anécdotas y curiosidades conquenses.

Sin duda, para mí este hombre ha sido, junto a Juanjo Gómez Brihuega y mi admirado Antonio Rodríguez Saiz, los tres mejores “guardadores” de nuestro pasado, pues sus bibliotecas privadas son de las más completas que he podido ver, respecto a todo lo que Cuenca en su historia pasada y presente ha contribuido a ejecutar como Memoria viva del tiempo. Y como tal, el mismo Luis Cañas tuvo a bien ofrecerme la visita al lugar donde ha guardado esos contenidos, riqueza bibliográfica incalculable, para ofrecerme alguno de sus muy valorados escritos y documentos de tiempos pasados.

Se acercaba la Semana Santa de ese 2024 y a bien tuvo, mi amigo Luis, de comentarme a uno de sus personajes favoritos: el periodista Luis Martínez Kleiser, al que siempre admiró y del que guardó cuanto pudo encontrar de su vida y obra.

- Miguel, estamos a punto de que se inicie nuestra Semana Santa y quisiera, como amante que eres de todo lo de Cuenca, enseñarte un escrito de mi tocayo Luis Martínez Kleiser. ¿Me quieres acompañar?

- Por supuesto, vamos pues –contesté con esa ansiedad que genera todo cuanto haga referencia a la Semana Santa de Cuenca–.

- Pues acompáñame…

- ¡Espera un momento Luis, que llevo aquí un escrito mío y quisiera, en este punto de encuentro que estamos, leértelo y oír tu opinión. Sé benévolo…

- Lo seré, claro que sí, es mi deber.

Nos sentamos en los bancos que la plaza de la Constitución nos ofrecía, al lado de la mirada de ese niño nazareno que, acompañando a su padre, parece inducirte al sentimiento más profundo donde el Credo católico ocupa su lugar.

- Recuerdo y mucho, cuando aquí estaba la escultura del pastor de las Huesas –me refirió Luis–. Ahora esta ocupó su lugar. No es que no me guste, pero aquella representaba el alma del pueblo conquense. Bueno, tampoco está mal donde la colocaron, mirando al Huécar.

- ¡Cierto Luis! Allí tiene más libertad, mira el camino de la trashumancia, el que tantas veces tendría que hacer llevando sus rebaños. Le bendice el Sagrado Corazón en lo alto del cerro del Socorro. Dese Tierra Muerta y el camino de Palomera, llegaban los ganados camino del Reino. Cruzar el campo de San Francisco siempre fue un momento muy tradicional para Cuenca. Donde la han colocado, creo que es un bonito lugar y Marco Pérez lo hubiera aplaudido.

- La verdad es que de Historia te defiendes bien, puñetero, pero yo te podría contar muchas anécdotas de esta ciudad que seguro estoy, no conoces.

- Pues escucha Luis, porque quisiera reflejar lo que verdaderamente yo siento en este tiempo cuaresmal y lo hago al correr esa tinta con letra no excesivamente cursi.

Estábamos muy cómodos y comencé a leerle mis palabras escritas:

“Uno que mece canas –y ya ni eso– y el tiempo ha hecho letargo en tu sentimiento, adviertes la luz que esta ciudad emana alrededor de cada día en época cuaresmal. Pero, sin duda, calle arriba o calle abajo, por la Carretería o por la Calle del Agua, rechinan los pétalos de cada espina clavada en el fluir advenedizo de estos tiempos de futuro incierto. Mientras, los días de Semana Santa relumbran en potestad iluminada y por la cuesta, trabajosa y agria, avanzan lentamente las procesiones por angostas espesuras, formando cauce al cortejo piadoso, hablando las esquinas del roce de cada momento. Por Alfonso VIII o, tal vez, por Solera, el Peso y Alonso de Ojeda, brillan las lámparas mortecinas del alumbrado público, mientras los faroles en pálido amarillo, recrean la compostura del nazareno más austero”.

- ¡Bonito Miguel, bonito! Me ha gustado mucho y te felicito. Pero vayamos a leer esos buenos textos de “enconquensados” y hombres ilustres.

- Gracias amigo. Es solo un fragmento de lo que me gustaría expresar e insistir en todas las virtudes que tiene nuestra Semana Santa. Las tiene por sí misma, pero también, porque esta ciudad es única e irrepetible, lo es en su Casco Histórico, pero también en todo este trazado urbano por el que cada Paso deja sentir su pasional sentido como Cofradía, como colectivo, como sentimiento.

- Sin duda Miguel. Veo que eres un buen conquense. Por muchas razones, pero especialmente, por cómo vives esta ciudad.

- Así es Luis, así es…

Recorrimos en poco tiempo, como “alma que lleva el diablo” la calle Calderón de la Barca, dejamos el parquecillo de la Trinidad, cruzamos el puente de San Antón y al pasar por delante de la maravillosa portada barroca de la iglesia de la Virgen de la Luz, inconmensurable rincón de arte y sentimiento, Luis Cañas hizo su ritual: giró el cuerpo y se santiguó.

Al llegar a la fuente, me hizo parar para beber un poco de agua y dijo:

-Siempre lo hago, Miguel. Mi padre me dijo que esta agua es milagrosa y creo que es verdad, porque mira los años que tengo y sigo en pie y coleccionando libros, periódicos, recuerdos, sin que mi mente note el desgaste…

- Y que lo digas, te admiro y respeto, pero sobre todo, te envidio por esa naturaleza que Dios te ha dado.

Seguimos la calle de San Lázaro, mientras charlábamos del porqué del nombre. Le relataba que allí hubo un hospital con ese mismo nombre, en el que atendían a los arrieros y peregrinos que desde el siglo XVI cruzaban nuestra ciudad. Siempre le gustaba todo cuanto podía contarle en función de mis humildes conocimientos históricos. Cuenca es un fondo de armario dentro de ese rico pasado que una ciudad como la nuestra mantiene.

Accedimos a un portal, situado en la mitad del trazado de la calle y allí dentro, un inimaginable cúmulo de estanterías, libros, revistas, documentos, cuadros, objetos me recibían ante mis atónitos ojos, sorprendidos por todo cuanto allí me esperaba.

Buscó con rapidez en una parte de aquel ordenado lugar, una carpeta que abría para enseñarme algo y sacando un papel me leyó un fragmento:

CUENCA

Sobre un lecho de riscos recostada dominando la placida llanura, vencida alguna vez, jamás domada, hablándonos ésta de su bravura solo por escoger cama tan dura.

- ¡Preciosos versos! ¿De quién son? –le insté con mesura.

- Aquí lo dejo… es un Soneto que don Luis Martínez Kleiser escribió a Cuenca. Pero no venimos a eso, venimos a encontrar alguno de sus escritos sobre la Semana Santa, ahora que estamos en tiempo de Cuaresma. Y…, aquí tengo uno que te gustará porque relata tiempos difíciles y por eso tiene mucha más esencia.

- Dejádmelo a ver, Luis –Lo cogí y lo leía despacio-. El texto era maravilloso y tal cual, lo reflejo en esta crónica:

“Humilde, ignorada, solemne en su modestia y augusta en su sencillez, la Semana Santa de Cuenca, en aquellos años del 36 era diferente. Por entonces, no se desbordaba por las calles un río de oro ni un torrente de luz; no se convertía la ciudad en un pasmoso Museo ambulante, ni desfilaban las joyas con fulgido relampagueo ante los ojos, como el vértigo luminoso de una lluvia de estrellas; ni deslumbraban con los reflejos de su policromía mágica los mantos bordados ni los palios de tisú. En la santa equidad entre Cofradías, que por entonces ya se convirtieron en emulación vocinglera entre ciudades, ¿cómo, sin perder la sensata cordura, pudiera soñar Cuenca –por entonces– en competir

con la perfumada Sevilla, con la augusta Toledo, con la riente Málaga, con la deliciosa Murcia, con la patriarcal Valladolid. Pero, sin Montañés, sin Salzillo, sin la Roldada, sin Pedro de Mena, sin Alonso Cano, sin Pedro Roldán, sin alhajas, sin ostentación, sin lujo y sin montes de cera ante las imágenes, escondida entre sus riscos, pensando solo en sí misma, llegando a ser una Semana Santa severa, devota, pletórica de visualidad, de interés y de armonía, que despierta emociones, que mueve afectos, que roba las miradas, que caldea los espíritus, que atrae, que subyuga, que predica, que fija la atención en la entraña representativa, sin distraerla con las llamas de la riqueza, ni con los destellos del arte.

En aquel tiempo, cada conquense sentía, en sí mismo, el amor de su Cofradía y se interesaba en mayor grado por el prestigio total de la Semana Santa, y antes que pensar en su paso para que éste sea el más rico, se desvivía porque todos fueran buenos y porque el conjunto cautivase al espectador. Y, ahora, ¿qué? Nazareno, ahora cómo lo ves en tu distraída metáfora religiosa.”

Después de leerlo, en su parte inferior llevaba escrito: En el año 1944, la Diputación editó el libro “Cuenca, Paisajes y Monumentos”, con veinticuatro artículos de Luis Martínez Kleiser publicados en ABC y Blanco y Negro, con prólogo de Ángel González Palencia, y el 16 de enero de 1946, fue recibido como Académico de Lengua de la Real Academia Española, con el sillón R.

Acabamos la jornada de la que podríamos contar, largo y tendido. Luis Cañas López, hijo de un comerciante de zapatos, me había vuelto a sorprender. “El coleccionista de recuerdos”, título de su libro, publicado en el 2011 y que relata en recuerdos y anécdotas multitud de acontecimientos, detalles, lugares, comercios, personajes y fiestas. Murió a los 97 años de edad, en el año recién acabado de 2025, dejando un vacío para aquellas personas que como yo, sentimos el pasado como eje primordial para entender el presente y provocar sinergias hacia un futuro esperanzador.

En sus páginas, nos cuenta multitud de anécdotas de la Cuenca de la posguerra. Una memoria viva en papel, tal cual él había siempre alabado, guardando y guardando todo cuánto encontraba, se publicaba o se escribía. La Semana Santa para Luis Cañas fue siempre su fiesta, su sentimiento. Creyó en ella, la vivió intensamente, la defendió y la significó en todo cuanto pudo, por eso, mi humilde homenaje en ese deambular entre escritores y “enconquensados”.

Y como siempre me dijo, para él igual que lo ha sido y será para otros muchos, el ilustre personaje que debe de tener todo el reconocimiento posible, es don Luis Marco Pérez. Increíble su moral y su arte, por cuanto quiso a nuestra Tierra y por lo que hizo para que la Semana Santa de Cuenca, internacional y austera, sea la más bella del mundo, en imaginería y pasión.

Y en ese homenajear al tiempo nazareno, cabeza de mi artículo tengo la tremenda obligación por admiración y orgullo de hacer semblanza –especialmente artística– hacia don Luis Marco Pérez, hombre que colocó a la Serranía de Cuenca en ese más alto pedestal de la gloria, por su sencillez y por su magnífica obra escultórica, la que desde su muerte ha adquirido todavía más, trascendencia y reconocimiento.

Hacía ya mucho tiempo que no veía a mi gran amigo José Benedicto Sacristán, taxista valenciano nacido en Fuentelespino de Moya, tierra indómita, de buenos y curtidos hombres que defendieron en tiempos al marquesado de los Cabrera y Bobadilla y que luego en momentos modernos, fuese el hogar natal de hombres del tiempo.

Luis Cañas nos había facilitado la narrativa de un periodista que en tiempos de preguerra civil, visitaba Cuenca con frecuencia, escribiendo sus crónicas hilvanadas a fuerza de excelente pluma. La visión de Martínez Kleiser no dejaba de ser una visión de la Cuenca de los años 30, católica y paternalista, dedicada a la madera y las ricas huertas que las aguas del Huécar y Júcar bien regaban. Ahora necesitaba hacer un alto en el camino histórico y buscaba ese otro tiempo de la historia que como posguerra ha quedado escrito entre páginas de hambruna, sacrificio, ausencia de libertad y hermetismo religioso. Un tiempo, entre las décadas de los 40, 50 y 60, en el que la ciudad y sus gentes necesitaban una reconversión hacia la profunda serenidad de tiempos de paz, sosiego, reflexión y obligados por las circunstancias del momento era muy necesaria una fe de sentimiento.

Por eso, al ver a Pepe Benedicto junto al profesor Portela Sandoval se me abrió el alma. ¡Qué ocasión más especial para hablar de don Luis Marco Pérez. Estaba con sus excelsos biógrafos, albacea el primero y experto crítico el segundo. Necesitaba saber más. Nos sentamos en el parque de San Julián, otro lugar emblemático que sin ser bendecido por los numerosos Pasos de nuestras procesiones, siente en su profundo corazón verde, las

lagrimas de Dolorosas y Soledades, de Cristos y Nazarenos, de Juanes y estandartes.

- Profesor, ¡qué alegría! Me acuerdo mucho de usted, de la presentación de su libro en Cuenca, de sus palabras, de su investigación, de su gran trabajo sobre nuestro paisano.

- Hola, amigo Miguel. Fue un gran placer y lo hice con ese mimo que todo investigador aporta cuando ve a la persona ideal, al hombre culto y sencillo, al escultor que imaginaba en cada obra todo su profundo amor a su Tierra y a su Historia.

- Cierto, así era don Luis –contestaba Benedicto Sacristán–.

- Y qué me podría decir para todos los conquenses, profesor –fueron mis palabras–.

- Poco por mi timidez en público y mucho por lo que he aprendido.

- Pues léame algo de su trabajo:

Un placer hacerlo:

“Nos dijo el conceller valenciano Manuel Tarancón, que la escultura constituye siempre un punto de partida para el pensamiento de la perspectiva como un atributo consustancial del espacio que aspira a trasgredir sus dimensiones físicas. Luis Marco Pérez supo bien lo que quería y cómo hacerlo. Fue creador de un espacio comprometido con el arte figurativo, sus diversas incursiones en el universo del retrato y sobre todo, la temática religiosa, le distinguieron por la originalidad con que asumió el hecho estético hasta dotarlo de una cualidad vital que logra transmitir una serie de mensajes que trascienden cualquier interpretación en el ámbito del contenido y la forma”. ¡Qué mejor manera de definir este trabajo- diría yo.

- Ustedes no tuvieron a un Juan de Juni, un Martínez Montañés o un Gregorio Fernández, ni siquiera a un Salzillo, pero han tenido a un Marco Pérez, y eso es un privilegio de pocos –me afirmaba con rotundidad don Francisco Portela Sandoval–.

- Así es y orgullosos estamos, sus paisanos como Vicente Pérez de la Sierra y un servidor, José Benedicto Sacristán.

- Pues denme su narrativa, su apreciación, sus valores, para dejar constancia en esta breve crónica de amigos –le dije con sencillez–.

“Ya en los años finales de la década de los años 20, Marco Pérez llevó a cabo algunos pasos procesionales de su Semana Santa, como fue la Oración en el Huerto o El Descendido y La Santa Cena , buen anticipo de la amplia producción pasional que acometería entre 1940 y 1957. Entonces, por encargo de la Junta de Cofradías se ocupó de exponer las obras que habían sido destruidas durante la Guerra Civil hasta alcanzar una veintena de pasos con un total de más de treinta figuras, en las que no siempre consiguió mantener el mismo nivel de calidad. Esta amplia serie, se iniciaría con la figura de Jesús Nazareno (1940), a la que acompañó el Cirineo (1945); le siguió La Flagelación (1941), en una frenética actividad que basada, en el recuerdo de los grandes imagineros barrocos, se prolongó en un nuevo paso de la Oración en el Huerto (1941) –completado doce años después con las figuras de los Apóstoles- y los de San Juan Evangelista, San Juan Bautista y el Beso de Judas, todos en 1942. Del año siguiente sería el Yacente y el Cristo de los Espejos, así como la doliente Virgen de las Angustias, por la que siempre demostró una singular predilección.

- Maravillosa descripción de un trabajo bien hecho, sin duda, señor Portela. Me siento un privilegiado de conocerle, de presentarle en Cuenca y de felicitarle por ese magnífico trabajo realizado –fueron mis agradecidas palabras.

- Pero Miguel –interrumpió Benedicto- hablar de Marco Pérez es hablar de arte compositivo, ya que después de todo eso, empezó a desarrollar un trabajo en el que incrementaba el número de figuras en los Pasos y a ir valorando cada vez más todos aquellos aspectos que pudieran resultar teatrales

y escenográficos, sin duda, como consecuencia de las exigencias de las hermandades y cofradías conquenses. Eso lo vemos claramente en el Nazareno o el San Juan Bautista con las dos versiones del Descendimiento o con San Pedro Apóstol , sin olvidar la Exaltación

- Si claro, así es Pepe. Me asombra su realismo y la idealización que plasma, en sus sendas rutas estéticas por las que artista transitó en varios momentos de su vida. Por ejemplo, en la desaparecida Santa Cena, tallada en 1929, por encargo de la Junta de Cofradías de Cuenca, donde el autor llevaría a cabo esa galería de rostros populares a pesar del sentido religioso del grupo, dejando las figuras en su color, sin policromía, así estaban más naturales y eso era parte del barroco castellano –dije leyendo un texto de Portela.

- Sí, sí, eso lo escribí para el libro que me encargo la Generalitat Valenciana, y así lo entiendo yo, desde luego.

- Por supuesto, yo no he hecho más que leer su trabajo y exponerlo para el conocimiento de todos. Gracias profesor –fueron mis palabras agradecidas.

Bueno, podríamos seguir hablando largo y tendido de este gran imaginero castellano, nacido en Fuentelespino de Moya, formado en Valencia y “hacedor” de un amplio repertorio de excelsas figuras, retratos, relieves y sobre todo, por lo que nos toca en tiempo de Cuaresma, a esos excelsos pasos de la Semana Santa de Cuenca que, como nazarenos, tan orgullosos portamos para la devoción, el disfrute y el sentimiento pasional.

Nos han primado en este texto tres Luises: Luis Cañas López, Luis Martínez Kleiser y Luis Marco Pérez, sin duda, un tripartito sentido de la misión que me ha guiado y que no es otra, que aportar aspectos novedosos a la dialéctica semasantera de Cuenca, donde tan excelentes artículos aparecen, año tras año, en esa bien cuidada Revista de la Junta de Cofradías que como CUENCA NAZARENA aparece.

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Cuenca Nazarena
Cuenca Nazarena 76
Con el Alcalde Andrés Moya, un Domingo de Ramos. (Colección familia Mateo).

Por José Miguel Carretero Escribano

Muy honrado y de mil amores, escribo para “CUENCA NAZARENA” este texto en memoria de nuestro querido hermano Jesús Mateo Navalón. Él merece ser recordado y así, con toda justicia, se manifestó la Junta de Diputación de nuestra Junta de Cofradías. La Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz me confía tal misión de ponerle palabras a muchos y bellos hechos.

Ya tuve el honor hace casi un año y a iniciativa propia, de elaborar y publicar una semblanza de Jesús, con todo mi cariño y muy personal, en el “Miserere” que, como extraordinario de Semana Santa, edita “La Tribuna de Cuenca” : sigue accesible en la red, y en las hemerotecas digitales y físicas, y a su contenido me remito también.

Aquí y ahora enfocaremos en especial la apasionada y muy fructífera relación suya con la organización general de la Semana Santa, desde sus responsabilidades municipales y siempre en leal y común acción con la Junta de Cofradías.

Es que esa pasión por Cuenca y lo mejor de su esencia le venía de cuna, en la sapiencia de los genes, y era vital, vitalista, entusiasta y amorosa. Ya la había mostrado y demostrado Jesús, por supuesto que en su condición de nazareno en todas sus varias Hermandades y además, muy singularmente, poniendo su talento y su talante creador, avanzado a su tiempo, como cineasta: “Viernes Santo en Cuenca” y “Procesiones de mi Cuenca” son criaturas genuinas de su hechura, en todos los sentidos.

Y en su punto y momento llegó ese cuatrienio ubérrimo, que así lo tengo llamado. Para Cuenca fue el primer Ayuntamiento democrático (1979-1983) y para la Semana Santa, una bendición: la afirmación consciente; el reconocimiento más oficial, dentro y fuera de España; un crecimiento imparable, Paso a Paso, a pasos agigantados; el abrazo de lo antiguo y lo nuevo; los sueños y anhelos que se hacen realidad; la buena letra y la óptima música.

Muchas manos se unieron en un afán común; codo con codo el compartido esfuerzo; hombros alzando en andas el peso de una orgullosa historia: vigor, honor, fervor. Amor.

Jesús fue clave liderando, porque tenía todas las legitimidades, cívicas y cofrades, sagradas unas y otras, y, desde luego, las ideas clarísimas. Y se aplicó sabiendo unir, virtud fundamental cuya ausencia tantas veces ha lastrado la prosperidad de esta Ciudad nuestra y de sus gentes.

La Semana Santa siempre ha sido, lo sigue siendo, la joya de esa corona que supieron lograr quienes nos precedieron, singular como lo es Cuenca, fascinante en su ser físico, rocosa y tierna a la vez en la expresión de su espíritu. Y era apremiante el premio de un impulso para poner más en valor lo más valioso. Se fijaron propósitos desafiando evidencias y se trabajó a destajo para alcanzarlos.

En el Consistorio capitalino, Mateo Navalón formó tándem con el Alcalde Andrés Moya: dos temperamentos fuertes y una mutua lealtad admirable que jamás debería ser excepción, ni antes ni hoy. Y a la vez Jesús fue el decisivo y seguro nexo con la máxima Institución nazarena, corazón organizativo y referente moral: conectó a la perfección con quienes integraban aquella Mesa mítica que los de mi generación enunciábamos de corrido, esto es, Eduardo Fernández Palomo,

Aurelio Cabañas Cabeza, José López Moya, Luis Villanueva Vergara y, al frente, Asesor Religioso-Presidente, Santos Sáiz Gómez, o sea, Don Santos, él padre de almas y hermanos los otros cuatro.

Y, como en el verso, se hizo camino al andar.

CUENCA, NAZARENA Y PRECIOSA.

Con la mejor imaginería procesional de toda España de su época (Marco Pérez, Coullaut-Valera, Capuz, Leonardo) y una Ciudadpaisaje excepcional y asombrosa, se trataba de cuidar y acrecer, de sumar y multiplicar.

El esmero fue máximo para poner el escenario a punto. Se repasó al detalle ese recorrido que los venerables antañones llamaban “la carrera” : ninguna coquera en los pétreos muros; nada de zanjas y todo bien zanjado, que para eso y para más estaba el capaz Capataz de obras José Serrano; repeinadas las hiedras verde Esperanza; luciendo en su exacto tono y tino las farolas sobre la estirada hilera de las tulipas, “hilván dorado” en el soneto inmortal de Federico; cantarina Mangana; ancha y sin tropiezos Carretería, lisa y llanamente. Todo con esa humildad veraz que es el mayor de los señoríos.

Eran, de suyo y por ley, entonces como ahora, competencias municipales. Pero además es que en esa época el presupuesto de la Semana Santa lo cubría casi por entero el Ayuntamiento: nada que ver con el presente. Era menester incrementarlo, con generosidad e inteligencia, por justicia y para así poner a nuestra Pasión a la más alta altura. Lo hicieron nuestros ediles, denominación con remembranzas del Derecho Romano, aunque en éste la palabra tiene un sentido todavía más sacral (de aedes ), según enseñaba mi inolvidable Maestro el Catedrático Pablo Fuenteseca. Y se alzó la vista oteando la proyección exterior.

Presidencia Municipal. De izq. a dcha. Santos Lara, Jesús Mateo, Andrés Moya, Nicolás Alcarria y Francisco Fernández. (Colección familia Mateo).

LA DECLARACIÓN DE INTERÉS TURÍSTICO INTERNACIONAL.

Se buscó y se consiguió, en buena lid, moviendo Roma con Santiago hasta ganar Madrid. Y ganamos. Es gloria bendita leer y releer, entre parpadeos, el Boletín Oficial del Estado de fecha 16 de febrero de 1980, páginas 3783 y 3784. Invito a hacerlo para ver y creer, como San Juan la Resurrección o cual el incrédulo Tomás hasta palpar el costado del Señor. Es también, como los Evangelios, historia sagrada.

Se gestionó a la perfección y además doblemente: para la Semana Santa y para la Semana de Música Religiosa. Antonio Rodríguez Sáiz, fuente cristalina, lo tiene bien contado (la vez más reciente en su magno libro “Cuenca, memoria recordada” ), él íntimo de Jesús Mateo, hasta en lo político, centristas centrados. Gobernaba Adolfo Suárez y fue el Secretario de Estado de Turismo Ignacio Aguirre, culto y competente, quien firmó la Resolución que nos hacía justicia.

Tan sólo son declaradas dieciséis Fiestas de Interés Turístico Internacional y en esa muy corta lista primigenia está la verdadera flor y nata de España, indiscutible y flamante. Por eso entre lo profano, nunca profanado, se hallan las Fallas de Valencia, los Sanfermines, la Feria de Abril de Sevilla o los Carnavales de Cádiz y Tenerife. Y a su lado, netamente cristianas, el Corpus toledano, el Misterio de Elche y, con sus cosas, la Romería del Rocío. O sea, palabras mayores.

Y, selectísimas, únicamente cuatro Semanas Santas. A saber, y por este orden en el documento legal: Cuenca, Málaga, Sevilla y Valladolid. Nada más que estas cuatro. Y Cuenca la primera. Y además, literalmente, reza así: “Cuenca.- Semana Santa y Semana de Música Religiosa” . Lo nunca visto y leído. Era de ley. Es oro de ley.

Pronto hará medio siglo de lo que fue y es un gran éxito colectivo. Miramos de tú a tú; nos miraron, admirados; nos reconocieron y quisieron conocernos mejor. Formamos pues el tetramorfos nazareno, las cuatro; de dos en dos Castilla y Andalucía, parejas a la par.

Cinco años después, en el 85, se sumaría Zamora para formar el consabido quinteto. Bien jugado. Intuyo que siguieron nuestros inteligentes pasos y les vinieron de lujo contactos, consejos y el pico de oro de sus mantenedores, a alguno de los cuales, muy brillante, luego traté.

Esa maravillosa epifanía nuestra nos hizo ser referentes, con el innegable valor añadido de la Música Sacra elevando, en volandas hacia el Cielo, una inefable espiritualidad: recuerdo al gran Maestro Odón Alonso contemplando conmovido el paso de las Procesiones por Alfonso VIII antes de irse para San Pablo a dirigir la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española, con Alberto Blancafort al frente de los Coros.

Es que no hay parangón y aquí no hay trampantojo que valga. Luego vendrían los intentos por imitar y replicar, en concreto, nuestro Festival musical, pero incluso así y pese a peripecias, éste pervive entre las citas internacionales principalísimas de su género y ninguno otro español ha logrado la Declaración que sí tiene, única, Cuenca.

En cuanto a Semanas Santas, la lista sí ha crecido en oleadas; la más reciente es Badajoz (2025) y me llama la atención que sólo hay una tercera andaluza (Granada), mientras por otros lares se han prodigado expedientes. Y siendo ello así, es patente en todos los ámbitos, incluido el del grupo de las elegidas, el respeto reverencial hacia las cuatro del origen: nadie nos discute el peso y la solera, nombres a su vez de dos Calles con magnetismo a media ladera de la Cuenca medieval y bella. Y la primogenitura es para siempre.

Cuenca Nazarena
Acto en Aranjuez. Con traje civil, de izq. a dcha., Julián Espada, Aurelio Cabañas, Eduardo Fernández, Jesús Mateo y Pedro Yuste. (Colección familia Mateo).
Cuenca Nazarena
Delante de su Cristo de los Espejos, con cetro de Hermano Mayor y junto a su hijo Jesús. (Colección familia Mateo).

Aquel año de gracia 1980 marcó rumbo. Fue cartel anunciador de nuestra Pasión nazarena una estupenda fotografía hecha por Ramón Herráiz al Cristo de los Espejos, vertical entre fachadas alargadas y polícromas y bajo un cielo de suavidades. La Comisión Municipal Permanente (porque la decisión final era del Ayuntamiento) aprobó el fallo del concurso en la sesión de 1 de febrero, conforme relata, fidedigno, el Doctor Javier Chaler Villanueva en su monumental Tesis, página 171, nota 466: casi en términos constitucionales, todos tenemos el deber de conocerla y el derecho a usarla, citándola; leída el 29 de noviembre de 2024 en la Universidad de Castilla-La Mancha.

A toda prisa y máquina se imprimió el cartel de Ramón, al igual que el folleto oficial, del cual fue portada, y por eso no pudo figurar al pie la leyenda legendaria, “declarada de Interés Turístico Internacional” , porque la Declaración se produjo quince días después.

Y el Viernes de Dolores pregonó José Luis Lucas Aledón: “Cuando la noche sea un hermoso terciopelo el ruiseñor cantará en la Puerta de San Juan” . Pidió y obtuvo, entre emociones, hacerlo en San Miguel y con el Ecce Homo. Narrado tengo que me lo perdí por un puñetero examen en la Autónoma, pero lo sigo disfrutando eternamente: el Pregón.

Con él se inició una entera década de pregoneros conquenses. Memoro aquí y ahora, con José Luis, a los tres siguientes, inolvidables. En el 81, Ángel Martínez Soriano: “Yo te diré, viajero, cómo es Cuenca” . En el 82, Enrique Domínguez Millán, un cuarto de siglo después de su primera vez: “y siempre queda algo sin definir en esta ciudad indefinible” . Y en el 83 el otro albacea literario de Federico Muelas, o sea, Carlos de la Rica Domínguez, poeta declamando en prosa: “Es la hora de Cuenca…”

Es que impresionan. Y en sus elecciones, dando en el clavo, está la mano firme de Jesús Mateo, apostando sobre seguro. Viven todos, porque “scripta manent”

LAS MEJORES BANDAS MILITARES.

Era otra ensoñación. Y se conjugaron todos los factores: querer, saber y poder; convencer para vencer. Había que atreverse a salir de pesca milagrosa por las más altas instancias castrenses y hacerles sugestivo el venir a Cuenca, tan cerca y tan lejos, tan interesante ahora con su Interés Internacional recién estrenado, hasta aceptar el reto de entrar en sus Procesiones difíciles y duras, muy largas en recorrido y duración, con esas cuestas y el rigor de los refriores. Ah, pero diferentes, singulares, como lo es la Ciudad misma: es verdad, Cuenca es única, como haber Dios.

Jesús Mateo tenía bien caldeado el familiar Horno de Genaro Navalón (“huele a pan tierno, recién hecho” ) y marcados los objetivos. Y se fue a por todas. A su lado y de su lado, dos alfiles de ajedrez, más listos que el hambre y expertos conocedores de ese percal de la milicia.

Deben constar y constan; me consta lo que bregaron, los afanes y trajines. Uno es, fue y será Pedro Yuste Gómez; el otro, Julián Espada Vergaz. Lo de Pedro es increíble, pero cierto: se las sabía todas, tenía acceso franqueado a las cabeceras del escalafón y la magia de hacer valer su carta decisiva: el comodín de la llamada al Duque de Alburquerque, que le debía imprescriptible gratitud, pues socorrió a su familia en trágicas circunstancias. Espada, a su vez, aportaba infinidad de contactos y se

movía por los recovecos cuarteleros con un desparpajo que dejaba atónitos a los demás mortales. De Julián siempre me viene, y se lo tengo dicho a su hijo de igual nombre, el recuerdo de su último Viernes Santo: el sol acariciaba el terciopelo de su capuz verde del San Juan, él adelantado al cortejo mientras las Turbas ya llegaban a su meta en El Salvador.

Y vamos con las preseas. Año 1980. Al caleidoscopio de nuestras túnicas y capuces se suman los coloristas húsares del Regimiento de Caballería Acorazado “Pavía” n.º 4, con su Banda de Cornetas, Tambores y Gastadores. Los entonces jóvenes de mi quinta lo vivimos sorprendidos: los mayores, con mucha mili, sí sabían de qué iba esto. Cierro los ojos y los sigo viendo abriendo marcial marcha; también despidiendo al Yacente con aquellos “puntos de cornetín” como gustaba llamar, en su grave y profunda voz, Alejandro de la Cruz.

En ese mismo año, Miércoles Santo, otra llegada espléndida: la Banda de Música de la Agrupación de Infantería de Marina con sede en Madrid. No podía casar mejor el blanco de sus uniformes con el de los capuces del Silencio. Mi padre y yo acudimos a San Esteban a la salida, provistos de una pequeña grabadora; coincidimos con Antonio Armero que llevaba otra mejor y unos auriculares; se acordará. Y empezaron a tocar.

La primera marcha fue “Juana de Arco” de Charles François Gounod, antiquísima (1873) y dulce. De seguido, “Cristo de la Sangre” de Emilio Cebrián, rotunda y sugerente, y, ya por Las Torres, la “Marcha lenta” de Jerónimo Oliver, patética y solemne. Lo nunca oído. En esas se nos acercó Aurelio Cabañas, tapado y con su capa morada de Presidente por El Beso; estaba entusiasmado: “Miguel, es que suena como un órgano” . Sentencia firme.

Por esas buenas causalidades de la vida, hoy, en un muro de Alonso de Ojeda, a tirada de banzo de la mítica curva, lucen juntas sendas placas de homenaje, una a la Marina Española, con un ancla evocadora, y la otra, reciente, para Aurelio, aprobada en Pleno Municipal por unanimidad, que no es una nimiedad.

Pasamos a 1981. Repitió La Marina y advino la Banda (Música) del Regimiento Inmemorial del Rey n.º 1. Su número lo dice todo, como su historia, Y se emplearon a fondo los boinas granates de Cibeles en nuestro mediodía del Viernes. Ahí descubrí yo “Mater mea” , la insuperable marcha de Ricardo Dorado, marcándonos el paso por Carretería; caían a plomo el sol y el peso de la Cruz. Tuve la suerte de vivirlo bajo el banzo y los músicos se dejaron el alma interpretando la obra de quien había sido su gran Director.

Cuenca quedó ligada al memorable Inmemorial, que luego retornaría otro Viernes Santo y, ya en nuestro siglo, a tres Conciertos de inicio de Cuaresma. Del último (2024), que presenté, hay subido a la red un “Mi Amargura” aplaudidísimo.

En 1982 se recuperó, por única vez, una estampa de comienzos del XX testimoniada en añejas filmaciones: abriendo el cortejo procesional, una disciplinada formación ecuestre. Obviamente Mateo Navalón, nazareno y cinéfilo, conocía esas imágenes y fue su empeño personal, conseguido, el atraer y traer la Banda de Clarines y Timbales de la Policía Nacional a Caballo. Dicho y hecho. Así fue, precediendo sus agudos sones a la campanilla ritual de Paz y Caridad.

Y añado otro recuerdo mío. Me gustaba ver, oír y sentir bajar la Procesión del Perdón desde las antiguas huertas del Puente de Palo, cerca de la perdida Fuente de la Doncella; en eso seguía las enseñanzas de los mejores: Federico Muelas, Salvador Zanón, Manolo Sáiz Abad; casi nada; todo. Y aquel año, el 82, Martes, ya de noche plena, el zigzagueo del Escardillo y la Audiencia ayudó al prodigio: se mezclaron los roncos metales de “Pavía” y los casi hirientes de la Guardia Civil (Banda de Cornetas y Tambores de la 103 Comandancia), juntos “pregonando Juicio Final al horizonte de estrellas” . No sé si volverá; para mí no se ha ido ni lo hará. Y llegamos: 1983. Completamos con la Banda de Cornetas y Tambores del Ejército del Aire con sede en Manises; por tierra, mar y aire, dice la expresión, por entero aplicable. Otra meta cumplida: ésta. Pero el cénit arribó el Jueves Santo. Fue, con seguridad, la misión más compleja. Y echamos el resto. Era inimaginable lo que se consiguió: en Cuenca y para Cuenca la Banda y Música de la Guardia Real. Y en este pícaro mundo donde tanto imperan los egos narcisistas, muy paletos al fin, es todavía más destacable cómo quienes intervinieron en aquello ni se dieron autobombo ni pasaron factura. Sólo se lo curraron y, claro está, lo disfrutamos, todos y para siempre.

Ahora nos miran, desde el otro lado de la Procesión. Y desde éste, proclamamos que aquel Jueves relució más que el sol. La buena ventura fue completa porque dirigía la Real Banda, por nombramiento legal, el Maestro José López Calvo, y viva la madre que lo parió en Cuenca. Él siempre irradió conquensismo y presumió de sus amigos que, con aquiescencia y buena ciencia, lo llamaban “Pepe el Morros” , verbigracia Pedro Yuste.

Por supuesto que arrimó el ascua para su escarpada tierra, haciendo piña con sus paisanos del Ayuntamiento y la Junta (cofrade) exigiendo el imposible. Y claro que se pudo, aña-

diendo el regalo de los Reales Pífanos con chocante y vistoso traje de época. Vinieron, con todo el equipo, de absoluta gala y, tras una parada militar por Fermín Caballero, se plantaron en el Bulevar, a la vera del Puente y sobre el Júcar, para la Procesión. De nuevo, lo nunca visto.

Y además el Maestro preparó una virguería al modo de los Directores de la Filarmónica de Viena en sus celebrados conciertos: hacer cantar a los músicos. Así es que les enseñó el Miserere de Cuenca , y de qué manera.

Sonó a gloria en varios elegidos puntos del recorrido. Jesús Mateo lo escuchó en Las Torres, en su esquina y hogar, con los balcones repletos de obsequiados miembros de las Casas del Rey. Yo lo viví en la casa de Carretería, cercanos ya el final y la medianoche.

López Calvo fue el primer Director musical de la Guardia Real en la Monarquía Democrática y hasta 1988; luego lo sucedería Grau (“La Quinta Angustia” ) y a éste Antonio Sendra (“Banceros de la Pasión”, “Santísimo Cristo de la Luz” ). Mucha Cuenca. Al sin igual Pepe, agraciado por la vida, vecino de Madrid, Calle Linneo, Dios le concedió morir en su lar natal. Así es que, para él, de Cuenca al Cielo.

Cuatro años de gloria musical, por lo militar. También por lo civil, porque no faltaron, leales, nuestras entrañables Bandas de la Provincia (Horcajo, Villamayor, Las Pedroñeras). Y al Ayuntamiento de Cuenca llegó (1981), para dirigir a su Banda, Aurelio Fernández-Cabrera Pérez-Cejuela, él número 1 de su promoción (por oposición) en el Cuerpo Nacional de Directores de Bandas de Músicas Civiles y nombrado para Cuenca por la Dirección General de Administración Local. Providencial. Fetén.

Todo aquello pasó, para quedarse. No digas que fue un sueño, como así tituló, inspirándose en Kavafis, una novela Terenci Moix, inmortal y rosa.

José López Calvo, Director musical de la Guardia Real

RECUPERAR LA SANTA CENA.

Muchos sólo la conocíamos de las fotos de preguerra, sobre todo una buenísima de la colección de Don Emilio Sáiz y su mujer Matilde, y de alguna deslumbrante filmina: era la asombrosa Santa Cena (popular “merienda de negros” ) de Marco Pérez, con sus figuras oscurecidas sin policromar, el Jesús que mucho me recuerda cierta talla en piedra sin firmar para una tumba del Cementerio Municipal, no muy lejana del monumento funerario de Caballer; sobre todo, ese Judas retratado en su tortura moral, retorcido y agónico.

Recuperar aquel Paso fue el desidérátum de nuestros fenecidos abuelos y de los padres que sí la vieron de niños. Se sucedieron las décadas y los conatos; quedó nonato el ideal onírico de Fausto Culebras, salvo unas pocas piezas gigantonas avanzadas y varadas en el silencio. Es que no había manera; tampoco con el propio Marco, superviviente, que se fue avejentando tras ser capaz aún de hacer La Exaltación. Incluso un grupito de todavía chavales fabuló con una idea a ejecutar por Javier Florén, uno de los artistas que se movían por el Antiguo Asilo, acogedor cobijo de vanguardias: lo sé porque estuve en alguna reunión y hasta en la radio con Luis Calvo y Pedro Romero Sequí, que ya despuntaba. Pero no había con qué.

Hasta que se remangaron, decididos, en el Ayuntamiento y en la Junta de Cofradías. De la mano. En aquel tiempo, como dice el Sacerdote introduciendo la lectura del fragmento evangélico. Los mismos ya citados. Seguimos en el cuatrienio.

Lo principal era poner los medios dinerarios, multiplicando por miles, muchos, las monedas de la bolsa del pobre Apóstol; hasta setenta veces siete y otro tanto tantas veces. Se abrieron las esperanzas y las arcas municipales: habría presupuesto, por supuesto. Moya y Mateo tiraron para delante y en

la Casa común de la Plaza Mayor hicieron su trabajo probos funcionarios liderados por José Luis Paz Maroto (Secretario) y Rafael Miranzo (Oficial Mayor, Interventor accidental y factótum); grandes señores.

Con esa seguridad, la Junta de Cofradías movió ficha y la Comisión Diocesana de Arte se aprestó a intervenir. Y aunque cambió la Corporación Municipal, la nueva con José Ignacio Navarrete de Alcalde y mi muy querido Fernando Herráez de número dos, continuó decidida el camino, en feliz sucesión.

Llegaron las propuestas y, con ellas, algunas curiosidades. Por ejemplo, llamó la atención el boceto en el cual un discípulo parecía despistarse de la escena dándole de comer a un perrete listo y atento.

En realidad, la presencia de un humilde can en las representaciones de la Santa Cena, nada tiene de estrambótico; aparece en varias pictóricas, como también algún gato solo o riñendo con él en plan descalzaperros. Y lo propio sucede en varios Pasos de Semana Santa. Así, cito el de Zamora (1991), la Santa Cena de Fernando Mayoral: allí llaman “Mesa” a lo que nosotros andas, o trono los andaluces, y en una esquina está el animal canino enroscado, durmiendo en paz. Y en Jerez otro congénere bonico se halla sentado a los pies de la Mesa del Señor, pendiente de si le cae algo.

Luego están las explicaciones teóricas sobre los simbolismos. Que si el perro de Judas y la traición, cargando las tintas. Que si la fidelidad: me quedo con ésta. Y añado, de paso, al paso, otra lección que nos dio cierto día el Obispo Guerra Campos a propósito del perro esculpido bien visible en la magnífica fachada principal de nuestro Convento de San Pablo, vulgo “Los Paúles”, ahora Parador, antes fulgor de dominicos: nos recordó y glosó ese “domini canis” , que él tradujo “perrillos del Señor” , representativo de la Orden. Y sí, ahí sigue el mejor amigo del Hombre, vigilante y enhiesto.

Presidiendo la Procesión del Silencio con Eduardo Fernández Palomo y José López Moya. (Colección familia Mateo).

Aquí, al final, el perro quedó fuera del reparto de actores secundarios. Y además se descartó otro proyecto sugerente, en sí y por los proponentes: Federico Coullaut-Valera y su hijo Lorenzo (“Covatelo” para el Arte). Mateo estaba por él, pero en la amplia Comisión valoradora jugaron su papel de aguafiestas los inocentes arcos de la Plaza Mayor, como muchos años antes pasase con el nombrado Cristo del Largo Padecer, de San Pedro, cuya sí que larguísima cruz no cabía en vertical para pasar esos arcos en Procesión. Los Coullaut plantearon una mesa rectangular y trece figuras exentas (el Maestro y los doce), pero no necesariamente en disposición leonardesca cercana a la versión del Paso leonés de Víctor de los Ríos, autor también del mentado Cristo según las escrituras. Fallamos el penalti por malentendido, porque bastaba girar noventa grados la mesa y ponerla no a lo ancho. Una pena, máxima.

Y fue elegido Salvador Octavio Vicent Cortina, escultor con un más que notable, sobresaliente, currículum, descollando el Monumento al Maestro Serrano (1960) de Valencia y autor también de la Virgen de la Paz para su Parroquia conquense capitalina.

Vicent, con expreso permiso de Enrique Galarza Moreno, gran imaginero y valencianos ambos, casi replicó para Cuenca la versión oriolana de éste, aunque con pequeñas variaciones. Fue generoso Galarza, en esto y en toda su prolongadísima vida (falleció a los ciento cuatro). Y humildísimo: trabajó una barbaridad para el taller de Rabasa y Royo en los años duros de posguerra, sin firmar sus obras, innumerables y repartidas por media España.

Tengo para mí que es suya Las Angustias nuestra de la Ermita, con el desenclavado Yacente clavadito a otra talla de

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

su segura autoría. Algunas cosas le contó a José Javier Ortí Robles, por vínculo familiar, y fue nuestro paisano el primero en salir en prensa, harto, a reivindicarlo.

Ahora han pasado más de cuarenta años. La Hermandad y el Paso de la Santa Cena brillan pujantes en Cuenca. Parece que estuvieron siempre. Y parece que fue ayer lo relatado. Y el tiempo no se detiene, fugitivo, inexorable.

PERENNE GRATITUD.

Cerramos el círculo y abrimos los brazos, para abrazar. Jesús Mateo Navalón fue un hombre de ideas e ideales, sentimental, católico y nazareno. Y lo aplicó, en su vida y obras, a la Semana Santa, comprometido y enamorado hasta los tuétanos. Supo entender y respetar la primacía moral de la Junta de Cofradias, por encima de dineros, tácticas y oropeles. Y ésta se lo supo agradecer.

Por eso, entre todos los numerosos agasajos públicos que él recibió en diferentes ámbitos, reservó muy preferente lugar en esa casa suya repleta de libros y cuadros, delicados objetos y recuerdos, a una sencilla placa que esto dice: “La Junta de Cofradías en reconocimiento de los méritos contraídos por su labor en pro de nuestra Semana Santa tiene a bien conceder a Don Jesús Mateo Navalón el nombramiento de Hermano Honorario de la misma. Cuenca Marzo 1983”.

No se marchitan las gratitudes. Permanecen por siempre. Y ahora que nosotros somos él debajo de cualquier capuz en cada Procesión, queda también este homenaje, gráfico y escrito, en nuestra Revista Oficial que no puede tener un título mejor, precioso y preciso: “CUENCA NAZARENA” .

CALVO CORTIJO, LUIS: “50 años, y … un día, de la Semana Santa de Cuenca (1940-1990)”. Ed. Excmo. Ayuntamiento de Cuenca. 1990.

CALVO CORTIJO, LUIS: “Pregones y pregoneros. Semana Santa de Cuenca 1945-1991”. Ed. Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real. 1992.

CARRETERO ESCRIBANO, JOSÉ MIGUEL: “Jesús Mateo Navalón”, en “Miserere” de “La Tribuna de Cuenca”, 2025.

CHALER VILLANUEVA, JAVIER: “El Cartel de Semana Santa de Cuenca. 1941-2023”. Tesis Doctoral. Universidad de Castilla-La Mancha. 2024.

PÉREZ VALERO, ANTONIO: “A través de mi capuz”. Ed. Excma. Diputación Provincial de Cuenca. 1997. PÉREZ VALERO, ANTONIO: “Apuntes para la Historia Nazarena Conquense”. Dos volúmenes. Ed. Excma. Diputación Provincial de Cuenca. 2021. RODRÍGUEZ SÁIZ, ANTONIO: “Cuenca, memoria recordada”. Ed, Excma. Diputación Provincial de Cuenca. 2024. Fuentes hemerográficas: “Diario de Cuenca”, “El Día de Cuenca”, “El Banzo”, “Gaceta Conquense”, “Nuevo Diario del Júcar”. Programas oficiales de Semana Santa editados por el Excmo. Ayuntamiento de Cuenca y la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca.

Placa de nombramiento honorario de Jesús Mateo por la Junta de Cofradías. (Colección familia Mateo).

FÉLIX SORIANO DE LA HOZ

19 DE FEBRERO DE 2025

RAFAEL LUIS LADRÓN DE GUEVARA

6 DE ABRIL DE 2025

JOSÉ IGNACIO ALBENTOSA HERNÁNDEZ

28 DE MAYO DE 2025

PEDRO MALO SANZ

28 DE JULIO DE 2025

RAMÓN CULEBRAS SERRANO

18 DE AGOSTO DE 2025

LUIS CAÑAS LÓPEZ

21 DE SEPTIEMBRE DE 2025

JOSÉ MARÍA ABELLÁN LÓPEZ

21 DE SEPTIEMBRE DE 2025

DESCANSEN EN PAZ. ROGAMOS UNA ORACIÓN POR SU ALMA

Por Berta López

“Rompe el redoble de la Banda de la JdC. Abre San Andrés”. Durante los años en los que la Junta de Cofradías retransmitió las procesiones de nuestra Semana Santa a través de Twitter (hoy X), éste era el tuit con el que daba comienzo nuestra Pasión. Condensaba, en doce palabras, la esencia misma de ese momento que llevábamos los nazarenos un año esperando. Y evocaba, además, uno de los sonidos más icónicos de nuestra Semana Santa actual: el del redoble de la percusión de la Banda de Trompetas, Tambores y Gaitas de la Junta de Cofradías.

Sin embargo, el camino hasta convertirse en un icono, en parte imprescindible de nuestra Pasión y de la propia Jun-

ta, no ha sido ni corto, ni fácil. En 2025, la Banda cumplió 20 años abriendo procesión. Con motivo de la efeméride, se editó un documental que puede verse en el canal de Youtube de la institución nazarena y un CD que acompañó el año pasado a las Publicaciones Oficiales de la Junta de Cofradías. Este reportaje está basado en ese documental, pero también en lo que los nazarenos recordamos y hemos vivido en estos veinte años siendo testigos del nacimiento, crecimiento y consolidación de la Banda de la que, quizá, a día de hoy nos sentimos más orgullosos. De nuestra banda nazarena. Éste es un reportaje al redoble de tambor, al solo de trompeta y, por supuesto, al extraordinario toque de caja.

Aquellos maravillosos (y difíciles) años

Los inicios nunca son fáciles. No por manida deja de ser la frase, cierta. Tampoco lo fueron los de la Banda de la Junta de Cofradías. El reto de pasar de la antigua formación “Amigos de Cuenca” a una formación musical integrada en el seno de la máxima institución nazarena era toda una novedad y supuso un esfuerzo titánico en uniformidad, instrumentación y, sobre todo, en mentalidad. Hoy, con la perspectiva que dan dos décadas, podemos afirmar que la institución ya no se entiende sin su Banda, y la Banda es, por derecho propio, parte indisoluble de la institución. El proyecto que hoy vemos consolidado nació en 2005, año en que un puñado de atrevidos y entusiastas músicos aficionados, como los define en el documental Antonio Abarca, vicepresidente de la institución nazarena y responsable de la Banda (aunque ese cargo no refleje, en realidad, el compromiso férreo y el trabajo de Antonio mano a mano con la formación), se atrevió a dar el paso adelante que cambiaría nuestra historia musical reciente. Puede sonar pretencioso, pero no podría ser más real. Llevados por su amor a la Semana Santa y a la música (aquí el orden de los factores sí es importante), fundaron la Banda bajo una premisa clara: recuperar el toque característico de Cuenca.

La Banda desfiló por primera vez en 2006, bajo la dirección de José María Izquierdo, con su reconocible uni-

forme de casaca roja y pantalón negro que recordamos los nazarenos con tanto cariño. “Es una alegría que estemos hoy donde estamos”, reconoce el presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, quien recuerda los inicios como especialmente complicados tanto para la Banda como para la institución: “El reto que se asumía era grande, tanto de sonido, como de puesta en escena, vestuario, exigencia en cuanto a la excelencia en todo, de aceptación por parte de la gente, de los nazarenos... Además veníamos de precedentes que no cumplían con lo que se exigía para la Semana Santa de Cuenca y había muchas dudas”, rememora. Otro reto no menos pequeño era que la Banda asumiera su nueva identidad: que era Junta de Cofradías y, como tal, debía representar en todo momento a la institución, y que llegaban para ser parte esencial de nuestra Pasión.

Es por eso que el presidente valora más si cabe la extraordinaria evolución que ha experimentado la Banda y esa consolidación dentro de nuestra Semana Santa, hasta el punto de que “nuestros desfiles procesionales ya no se conciben sin ellos”. Es algo que debemos agradecerles y darles el mérito que merece, porque se lo han ganado ellos, igual que el respeto de todos los actores de nuestra Pasión. En la Junta de Cofradías nos sentimos muy orgullosos de ellos”, señala Sánchez Albendea.

Crecer y fortalecerse

La Banda iba creciendo y fortaleciéndose en el espíritu, igual que Nuestro Señor. Musicalmente, el primer punto de inflexión para la Banda llegó en 2010, en el Teatro Auditorio. Allí, en la participación de la Banda en el Concierto de inicio de Cuaresma, fue donde por primera vez los músicos escucharon algo que no habían experimentado nunca hasta ese momento: el calor del aplauso, pues en Cuenca es bien sabido que no se aplaude en Semana Santa, por más que sus actuaciones lo merecieran. “Recuerdo perfectamente la tensión y el nerviosismo de todos los componentes de la Banda, minutos antes de su aparición en el escenario”, recuerda Antonio Abarca. “Era algo para ellos totalmente novedoso”. En 2011, la Banda grabó su primer CD en la nave de andas, es decir: en su local de ensayo. “Después de valorar diversos espacios, decidimos grabar el disco en la nave, por todo lo que significa para ellos”, recuerda Antonio. El siguiente punto de inflexión fue el concierto de 2013 en el Auditorio, en solitario. Un momento “especialmente sensible y entrañable para todos ellos, especialmente por los aplausos. Fue para ellos muy especial”. A partir de ahí, la Banda se creyó su papel esencial dentro de nuestras procesiones.

El Domingo de Resurrección de 2014, José María Izquierdo deja la dirección, que recae en el trompeta solista

Francisco Javier Poyatos. Bajo su guía, la Banda dejaba atrás la intuición a la hora de ensayar para abrazar la técnica. “Antes tocábamos simplemente de oído; oíamos una marcha y directamente nos poníamos a escribirla. Ahora nos ceñimos más a las partituras y seguimos más el guion”, explica Poyatos en el documental, subrayando que la autoexigencia es el motor del grupo: “Cada vez vamos alcanzando un poquito más de nivel y nos vamos complicando un poco más la vida”.

En 2015, otro hito importante: la Banda cambia de uniformidad, sustituyendo la muy reconocible casaca roja por traje azul marino de corte más sobrio y militar, gorra blanca de plato y puños de la chaqueta en morado nazareno con el escudo de la JdC bordado, mientras que las solapas del cuello, también moradas, llevan el de Cuenca; un cordón dorado trenzado cruzando el pecho da el toque militar al conjunto, así como el fino cordón dorado que adorna en el lateral las perneras de los pantalones. Los nuevos uniformes – y el nuevo director – se estrenaron en un brillante concierto en el Paraninfo Universitario de la ciudad.

Paralelamente, en cuanto al crecimiento musical, la incorporación de nuevos instrumentos de viento ha permitido que las marchas ganen en complejidad y formación. A las trompetas y tambores se han sumado en estos años cornetas, trombones de varas, tubas y hasta un bombardino.

También la puesta en escena ha ido evolucionando con el tiempo hasta adquirir el marcado estilo propio actual: pasos como la formación en Cruz, la presentación floreada de los instrumentos de viento al paso por zonas como Carretería o las maniobras de cruce y cambio de sentido, absolutamente perfectas especialmente en espacios muy reducidos, como el Puente de San Antón el Jueves Santo, les han valido la admiración de toda la ciudad.

Eso por no hablar de esas marchas que, interpretadas por ellos, permanecen en el corazón de todos los nazarenos incluso aunque algunas ya no formen parte de su repertorio en la calle: Al Señor del Rescate, Caridad del Guadalquivir, El Sacramento de Nuestra Fe (con ese toque de turba incorporado expresamente por nuestra Banda y que estremece el alma), El Bautista para San Juan bajo arcos, Pasa la Soledad para la Soledad y la Cruz en el final del Santo Entierro, o la más reciente

En la Cena del Señor. O del redoble al susurro del Santo Entierro, del toque de oración que fue una vez para María Stma. del Amparo, de la llegada del Huerto del Jueves a la Plaza Mayor o al final de su desfile en la Iglesia de la Virgen de la Luz, del toque de caja que se hace quizá más presente en los Domingos de Ramos y de Resurrección. Eso por no hablar. Porque, podríamos hablar tanto sin dejar de emocionarnos… En 2026, la Banda cuenta con récord de integrantes, 58, así como con un elevado número de mujeres entre sus filas, reforzando la idea de la plena incorporación de la mujer a la Semana Santa de Cuenca en todos sus aspectos y facetas, también en la musical y también en la Banda nazarena.

Un sacrificio que nace del amor a Cuenca

Detrás de cada nota hay un sacrificio que, desde la acera, incluso bajo el capuz, no siempre se percibe. No siempre se ve. Un sacrificio antes, durante y después. Antes, porque nuestros nazarenos de la Banda de la Junta de Cofradías son músicos aficionados, de calle, hombres y mujeres que, tras cumplir con sus jornadas de trabajo o estudio, acuden a ensayar en las frías noches del invierno conquense. “Pocos nazarenos estarían dispuestos a tener ese sacrificio”, se repite más de una vez en el documental, y al comentario no le falta razón. Ese compromiso es el que ha forjado a nuestra Banda. La de todos los nazarenos.

Sacrificio durante porque solo quienes lo hemos vivido de cerca sabemos el desgaste que supone participar en siete de diez procesiones y dos en el mismo día. Solo quienes hemos visto subir corriendo y sin perder la compostura, cargados con sus instrumentos, del Salvador a la Plaza Mayor a los músicos de la Banda de la Junta de Cofradías después de despedir a la Agonía para formar delante del cortejo del Santo Entierro, sabemos lo que cuesta y lo que significa. Y a ese esfuerzo en Semana Santa hay que sumar el Corpus y, también, la Procesión Infantil.

Sacrificio después porque ser nazareno en Cuenca no se acaba nunca, mucho menos si eres integrante de la Banda de la Junta de Cofradías. Un sacrificio que ha conformado la banda sonora de nuestra nazarena vida en los últimos 20 años y que ha convertido al redoble y el toque de caja, junto con el golpe de horquilla, en el latido mismo de nuestra ciudad.

Fotografía: Alex Simón
92 Cuenca Nazarena
Cuenca Nazarena

Por Carlos Julián Martínez Soria

Setenta y cinco años no son únicamente una cifra redonda ni un simple hito cronológico. Son, ante todo, un caudal de memoria, de fe compartida, de trabajo silencioso y de devoción transmitida de generación en generación. Cuando el 1º de abril de 1951 un grupo de nazarenos decidió fundar la Venerable Hermandad de María Santísima de la Esperanza, quizá ninguno de ellos podía imaginar que aquel gesto, humilde y decidido, se convertiría con el paso del tiempo en una de las expresiones más profundas de la religiosidad popular de nuestra ciudad. Hoy, tres cuartos de siglo después, la Hermandad celebra su aniversario mirando hacia atrás con gratitud y hacia adelante con renovada ilusión.

La historia de la Hermandad es, en buena medida, la historia de tantas familias conquenses que han encontrado en la Virgen de la Esperanza un refugio espiritual, un símbolo de consuelo y un motivo de unidad. Desde sus primeros pasos, la corporación supo conjugar la solemnidad de la tradición

con la cercanía del servicio, convirtiéndose en un espacio donde la fe se hace vida y donde la devoción se transforma en compromiso. La imagen de María Santísima de la Esperanza, obra del escultor Leonardo Martínez Bueno, ha presidido durante décadas los anhelos, las súplicas y las alegrías de quienes se acercan a Ella, y ha acompañado a la ciudad cada Semana Santa.

Este 75 aniversario no es, por tanto, una celebración más: es una oportunidad para reconocer el legado recibido, para agradecer la entrega de quienes han sostenido la Hermandad durante décadas, y para proyectar hacia el futuro una devoción que sigue viva, fecunda y profundamente arraigada en Cuenca. Con este espíritu se ha diseñado un amplio Programa de Actividades Conmemorativas, que abarca desde iniciativas culturales y formativas hasta actos litúrgicos y obras de caridad, y que pretende implicar a hermanos, devotos y a toda la ciudad en un año verdaderamente histórico.

UN RECORRIDO CULTURAL

PARA ABRIR EL ANIVERSARIO

La primera de las actividades programadas fue una Visita Cultural de Hermandad a la exposición “La Esperanza”, integrada en la 28ª edición de Las Edades del Hombre, realizada por un grupo de hermanos el pasado mes de noviembre de 2025. Esta propuesta no solo permitió a estos hermanos adentrarse en una de las muestras de arte sacro más prestigiosas de España, sino que enlazó de manera simbólica con el propio nombre y espíritu de la Cofradía homónima y hermana de Zamora. Así, la contemplación de obras de arte que, a lo largo de los siglos, han representado la virtud teologal de la esperanza fue una forma de iniciar el aniversario desde la contemplación, la belleza y la reflexión.

LA MÚSICA

COMO PLEGARIA COMPARTIDA

La celebración continuó con un Concierto de Marchas Procesionales, a cargo de la prestigiosa Agrupación Musical “Nuestro Padre Jesús de la Pasión”, de Linares (Jaén). El concierto tuvo lugar en el Teatro Auditorio de Cuenca, el pasado día 24 de enero. La música procesional es, sin duda, uno de los lenguajes más profundos de la Semana Santa. En ella se funden emoción, tradición y espiritualidad. Escuchar marchas dedicadas a la Pasión de Nuestro Señor, interpretadas por una formación de reconocido prestigio, permitió a los asistentes que abarrotaron el Auditorio, revivir momentos esenciales de la Pasión y prepararse interiormente para un año cargado de significado.

UNA CASA PARA LA HERMANDAD, UN HOGAR PARA TODOS

Uno de los hitos más esperados de este aniversario fue la Bendición de la Casa de Hermandad, situada en la calle Cristo del Amparo, el pasado 7 de febrero.

La Hermandad, a lo largo de su historia, ha encontrado siempre espacios donde reunirse, trabajar y custodiar su patrimonio. Sin embargo, disponer de una Casa de Hermandad propia supone un paso decisivo hacia la consolidación institucional y hacia la creación de un lugar estable donde los hermanos puedan encontrarse, formarse y fortalecer los vínculos que los unen. Esta casa será, sin duda, un punto de referencia para las generaciones futuras.

EL PATRIMONIO

COMO MEMORIA VIVA

Entre el 9 y el 25 de mayo de 2026, el Salón de Actos del Palacio de la Diputación Provincial de Cuenca acogerá la exposición “Patrimonio Histórico y Artístico de la Hermandad de María Santísima de la Esperanza”.

Esta muestra permitirá contemplar de cerca enseres, documentos, fotografías, vestimentas, piezas de orfebrería y otros elementos que forman parte del tesoro material e inmaterial de la Hermandad. Cada objeto expuesto será un fragmento de historia, un testimonio de la devoción de quienes han contribuido a engrandecer la corporación durante siete décadas y media. La exposición aspira a ser, además, un espacio pedagógico para quienes deseen conocer mejor la evolución de la Hermandad y su aportación a la Semana Santa conquense.

UN LIBRO

PARA CUSTODIAR LA MEMORIA

En octubre de 2026 está prevista la edición de la obra María Santísima de la Esperanza. 75 años de devoción para Cuenca, publicada por la Diputación Provincial de Cuenca a través de su Servicio de Publicaciones.

Este libro, elaborado por varios autores, recogerá estudios históricos, análisis artísticos e investigaciones que permitirán comprender en profundidad la trayectoria de la Hermandad.

LA CARIDAD:

EL CORAZÓN DEL ANIVERSARIO

La Hermandad ha querido que este 75 aniversario no se limite a actos culturales o celebrativos, sino que tenga también una dimensión social y solidaria. Por ello, durante el mes de octubre de 2026 se desarrollará la iniciativa “Llevemos la Esperanza al corazón de los necesitados”, mediante la cual la imagen de la Virgen será llevada al culto a las capillas de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, del Hospital de Santiago y del Centro Penitenciario de Cuenca.

Este gesto, profundamente evangélico, recuerda que la devoción mariana solo cobra pleno sentido cuando se traduce en cercanía, consuelo y acompañamiento. La presencia de la Virgen en estos lugares será un signo de ternura y de luz para quienes más lo necesitan.

EL CORAZÓN ESPIRITUAL DEL ANIVERSARIO

El mes de diciembre de 2026 concentrará los actos litúrgicos más solemnes del aniversario.

Del 17 al 19 de diciembre se celebrará el Solemne Triduo en Honor a María Santísima de la Esperanza, en la Capilla de la Esperanza de la Parroquia de El Salvador. Este triduo será un tiempo de oración, de renovación espiritual y de acción de gracias por los dones recibidos a lo largo de estos 75 años.

El sábado 19 de diciembre tendrá lugar la Solemne Misa de Difuntos, en la misma parroquia, en sufragio por todos los hermanos fallecidos. Tras esta celebración, se realizará el Traslado Procesional de la Venerada Imagen de María Santísima de la Esperanza desde la Iglesia Parroquial de El Salvador hasta la Santa Iglesia Catedral Basílica de Cuenca. Será uno de los momentos más emotivos del aniversario: la Virgen recorrerá las calles de la ciudad que la venera, acompañada por hermanos, devotos y por toda Cuenca. El domingo 20 de diciembre se celebrará en la Catedral la Solemne Función Religiosa de la Hermandad, culmen espiritual de todo el programa conmemorativo. La Eucaristía será una acción de gracias colectiva por la protección de la Virgen y por la vida de la Hermandad.

UN HOMENAJE

AL ESCULTOR DE LA ESPERANZA

Finalmente, en abril de 2027 está prevista la inauguración de la exposición “La vida y la obra del escultor e imaginero Leonardo Martínez Bueno” (título provisional), que se desarrollará en las salas del Museo de Cuenca y otros espacios expositivos de la capital. Esta actividad está siendo organizada juntamente con las hermandades de Ntro. Padre Jesús Caído y la Verónica, del Stmo. Cristo de la Luz y de Ntro. Señor Jesucristo Resucitado y María Santísima del Amparo.

Esta Vble. Hdad. desea felicitar también en su 75 Aniversario, a la Real Esclavitud de Ntro. Padre Jesús de Medinaceli, y por supuesto, a la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca, que decidió crear en el año 1951 la Procesión del Perdón, en la tarde-noche del Martes Santo, hoy convertida en una de los más brillantes y emotivos cortejos procesionales de cuantos engrandecen nuestra Semana de Pasión.

TARANCÓN ACOGERÁ ESTE 2026 EL II CONGRESO DE HERMANDADES

DEL RESUCITADO

Por la Junta de Diputación de la Hermandad de Ntro. Sr. Jesucristo Resucitado y María Santísima del Amparo

Tras la celebración de un primer congreso en Córdoba, la ciudad de Tarancón fue designada para acoger la próxima cita, que tiene una periodicidad bienal. Así, durante los días 23, 24 y 25 de octubre, hermandades de toda España se darán cita en Tarancón, con la vocación de ser un espacio de encuentro, reflexión y profundización en el misterio pascual de la Resurrección, para rendir homenaje a quienes viven con devoción cada Domingo de Pascua. El congreso será un punto de convergencia entre tradición, arte y cultura religiosa, con una programación que abarcará ponencias, actos litúrgicos, debates teológicos y actividades culturales. Además, se prevé que congregue a representantes de más de una treintena de

hermandades llegadas desde distintas provincias, fortaleciendo así los lazos de fraternidad entre cofradías de toda España.

DEVOCIÓN Y ARTE

Tarancón ha sido elegido como sede de esta segunda edición gracias a la trayectoria y arraigo de su cofradía anfitriona, la Muy Antigua Hermandad de las Cuarenta Horas y Resurrección Gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo, fundada en 1640. De este modo, de la mano de la más antigua de las hermandades de la Semana Santa local, Tarancón acogerá por primera vez un evento de estas características, poniendo a esta ciudad y su forma de ce-

Hablan

lebrar la Pasión, Muerte y, especialmente, la Resurrección de nuestro Señor en el foco de la comunidad cofrade nacional. Paralelo al congreso, Tarancón vivirá un momento especialmente significativo con la bendición de una nueva imagen de Jesús Resucitado, obra del imaginero sevillano José Antonio Navarro Arteaga, cuyo proceso culminará con su presentación en el transcurso del congreso en 2026. Esta nueva talla no solo enriquecerá el patrimonio artístico de la hermandad, sino que se convertirá en un símbolo vivo de la fe que impulsa este encuentro.

AGENDA

Los actos comenzarán en la tarde de la jornada del viernes, 23 de octubre, con la recepción de las delegaciones de hermandades y asistentes en el auditorio municipal. Así mismo, se procederá a la ponencia inaugural del congreso, completando la agenda del día el concierto de la Agrupación Musical Ntra. Sra. de Riánsares.

La jornada del sábado 24 será la de mayor intensidad académica y cultural. Durante la mañana tendrán lugar el grueso de las ponencias y charlas académicas en las que se conjugarán ponentes religiosos, artísticos -con presencia del imaginero José Antonio Navarro Arteaga- y las experiencias de las propias cofradías de la resurrección.

Tras la comida de convivencia, donde los congresistas e invitados podrán disfrutar de la gastronomía más típica

de Tarancón, comenzará el tiempo reservado a la cultura en el congreso, disfrutando de la comarca de la ciudad anfitriona, visitando enclaves turísticos de la provincia de Cuenca. Finalizará esta jornada con la cena de gala del congreso.

La jornada dominical quedará reservada para las emociones. El día comenzará con una visita a los lugares más destacados de la localidad para, de manera previa a la Eucaristía final del congreso, contemplar una de las joyas de Tarancón: la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, sede canónica de la hermandad anfitriona.

Durante la Eucaristía de clausura, se procederá a la bendición de la nueva imagen de Ntro. Padre Jesús Resucitado, obra de José Antonio Navarro Arteaga, que supondrá un broche de oro para la II edición de este encuentro nacional.

PREPARATIVOS

El pistoletazo de salida a este congreso tuvo lugar el pasado 22 de noviembre de 2025. Una visita a los templos más significativos de la Semana Santa de la localidad, una Eucaristía de acción de gracias - con la entrega de la luz, símbolo de la Resurrección, por parte de la Hermandad del Resucitado de Córdoba, organizadora de la primera edición del congreso, y una cena de convivencia, con representantes de hasta seis hermandades de la Resurrección, fueron los primeros actos de este II congreso nacional.

Por la Junta de Diputación de la Hermandad

¿En qué momento concreto podemos decir que nace una Hermandad? ¿Qué evento marca con certeza el inicio de su andadura? Esta pregunta, cuya respuesta es más compleja de lo que parece, fue la que nos rondaba a los miembros de la directiva allá por 2016, y este fue el motivo por el que se decidió organizar un acto fundacional, con el fin de solemnizar y hacer patente entre el mundo nazareno lo que, ya por entonces, era un proyecto en firme.

Porque si se trata de buscar algún hito anterior, bien podríamos viajar un poco más atrás en el tiempo, concretamente a noviembre de 2009, cuando un grupo de hermanos se reúnen en una primitiva Junta de Diputación de una Hermandad cuyo nombre se fija en ese mismo momento. Aquel grupo de jóvenes mezclaba por igual dosis de candidez y entusiasmo, espoleado por la primera toma de contacto con el Presidente de la Junta de Cofradías, auténtico padre de la Hermandad: cada reunión mantenida con él en todos estos años ha tenido el mismo efecto benéfico.

Fue en aquella cafetería ya desaparecida de la ciudad en la que se celebró la Junta de Diputación donde se establecieron las líneas generales del proyecto: crear una hermandad que llene el vacío del único día de nuestra Semana Santa sin procesión, incluyendo la participación en la Vigilia Pascual. Para ello, recuperamos la advocación de la Dolorosa; una imagen, la de Mena, que desfiló hace setenta años por las calles de Cuenca, pasando por las Casas Colgadas.

Aquella procesión de Penitencia del Sábado, ya perdida en la neblina de la historia, alimentaba la imaginación de aquellos hermanos y usuarios del foro del Amarrado, que leíamos maravillados las crónicas que pregoneros y periodistas hicieron de aquel cortejo. Este año, con motivo del aniversario, rememoraremos aquella procesión mágica en un Rosario Vespertino por la hoz del Huécar.

Todo estaba ya ahí y, sin embargo, mucho ha cambiado desde entonces.

Con el paso del tiempo ese cúmulo de ideas que era el proyecto fue evolucionando hasta convertirse en una Hermandad reconocible por cualquier nazareno de Cuenca, con peculiaridades propias del Sábado Santo que le aporta un marcado carácter, pero indudablemente conquense. El principio de realidad se había abierto paso entre aquellos bisoños jóvenes, que fueron centrándose en hacer un proyecto viable, especialmente en lo económico, por el entorno de crisis que predominaba por entonces.

Siete años duró aquel período de maduración, de los cuales tres de ellos la hermandad permaneció hibernando, esperando que el clima fuera más propicio. Quien tocó a rebato en 2015 fue, de nuevo, Jorge, el cual nos lanzó un guante afirmando públicamente que había llegado nuestro momento, que era hora de que Cuenca tuviese nazarenos procesionando el Sábado: los hermanos aceptamos el envite y nos pusimos a trabajar.

En ese momento los acontecimientos se sucedieron a una velocidad de vértigo; eran los inicios de 2016 y ya teníamos un imaginero, habíamos comenzado a recaudar las cuotas y acabábamos de presentar unos estatutos al Obispado. El 13 de febrero de 2016 sesenta personas firman el acta fundacional de la Hermandad en un acto que servía como aldabonazo sobre el cual seguir construyendo un proyecto que ya tenía forma. En aquel acto el Presidente de la Junta de Cofradías dirigió unas palabras que todavía hoy resuenan en nuestra cabeza: estáis haciendo historia en la Semana Santa de Cuenca.

Tras aquel acto parecía que ya no hubiera nada que nos pudiera detener. Lo que hasta hace semanas era un proyecto impreso en un dossier que íbamos presentando a cualquier institución que nos quisiera recibir, iba materializándose ante nuestros ojos en aspectos concretos. Aquel verano, en una calurosa Lucena, contemplamos por primera vez el rostro de Nuestra Señora en barro, era perfecta, tal y como la habíamos imaginado, el resto de imágenes fueron madurando hasta llegar a lo que son, una Salomé más severa en el rostro y una Magda-

lena inspirada en un ángel de una tumba en Milán. Se dieron a conocer al público en 2017, ya con la hermandad en el seno de la Junta de Cofradías.

El año de la primera procesión supuso una auténtica aventura que contaremos a nuestros nietos, y es que no podíamos imaginar lo complejo que es organizar una procesión desde cero. En aquel momento tuvimos que tomar una infinidad de pequeñas decisiones que, actualmente, con el paso del tiempo, realizamos de forma automática. En ese sentido cabe destacar la inestimable ayuda del resto de hermandades que nos prestaron enseres como horquillas, faroles o cetros.

A las siete de la tarde de aquel Sábado Santo toda la tensión, incertidumbre y nervios acumulados durante meses se esfumaron por la puerta de San Esteban en el momento que se abrió y la Hermandad se desplegó ante la mirada de cientos de personas que se congregaban en la plaza. No habíamos imaginado un mejor desenlace; era como si cada hermano en su interior tuviera en la cabeza una procesión, y conjuntamente, de manera casi mágica, se pusiera en la calle ante los ojos de los nazarenos de Cuenca.

A lo largo de los años se han ido puliendo numerosos aspectos, y mejorado el patrimonio de la hermandad, pero esa primera procesión dejó marcada nuestra personalidad: un cortejo elegante, íntimo, sencillo, con una música sin estridencias, y cargados de simbolismo que alcanza su punto álgido en las naves de la Catedral de Cuenca donde celebra la Vigilia Pascual.

Los hermanos llegamos prácticamente a mitificar aquella primera procesión, y más después de la cadena de suspensiones que sufrimos por la lluvia y la pandemia. La hermandad esperó cuatro años para volver a vivir las mismas sensaciones, pero con un cierto grado de madurez, en el que se fue corrigiendo los detalles como hace un orfebre con sus obras.

Cada una de las cuatro procesiones del Duelo que hemos vivido hasta ahora nos han insuflado fuerzas para que la institución crezca en otros muchos aspectos. A lo largo de estos años hemos inaugurado una sede, organizado conciertos, y participado en la vida nazarena de la ciudad, como son la ruta de los Belenes, el torneo de fútbol 7 o la procesión infantil. Esa participación a lo largo del año tiene un reflejo directo cada Sábado Santo; no hay imagen más representativa del éxito del proyecto es la larga fila de niños que participaron en la pasada procesión.

En todos estos años la Hermandad se ha hecho. Se ha llenado de hermanos; de personas que viven su experiencia en la procesión y fuera de ella, que rezan a Nuestra Señora, que se estremecen cuando escuchan el stabat mater, o sienten un cosquilleo cuando reciben el cirio minutos antes de salir; que comparten una copa de resoli con sus compañeros de banzo o visitan la sede tras una Junta General. La hermandad es ya suya; aquel proyecto de un grupo de jóvenes se ha desvanecido para convertirse en algo mucho más grande, un grupo humano de casi ochocientas personas que viven el Sábado Santo como no se había hecho nunca en Cuenca.

Cuenca Nazarena

PROCESIÓN EXTRAORDINARIA Y CONCIERTO DE LAS CIGARRERAS EN EL 120 ANIVERSARIO

Por José Julián Espada Ramos

UN ANIVERSARIO CON VOCACIÓN DE HISTORIA

La conmemoración de 120 años de la Venerable Hermandad de El Prendimiento de Jesús (Beso de Judas) no podía entenderse como una simple efeméride. Desde el primer momento, la hermandad conquense concibió esta celebración como una oportunidad para mirar a su pasado, reafirmar su identidad y proyectar su legado hacia el futuro. Así, el pasado 1 de marzo, Cuenca fue testigo de una jornada que trascendió lo conmemorativo para convertirse en un acontecimiento histórico, marcado por la devoción, la participación ciudadana y una música que actuó como auténtico hilo conductor entre dos ciudades unidas por la fe: Cuenca y Sevilla.

LA GÉNESIS DE UNA PROCESIÓN EXTRAORDINARIA

Fundada el 19 de marzo de 1905 en la parroquial de san Esteban, la Hermandad de El Prendimiento de Jesús ha sido desde sus orígenes una pieza clave de la Semana Santa conquense. No en vano, ese mismo año impulsó la primera “Procesión del Silencio”, una seña de identidad que aún hoy define el carácter sobrio y recogido del Miércoles Santo en la ciudad.

Para celebrar sus 120 años de historia, la hermandad optó por recuperar una estampa casi olvidada: aquella de sus primeros años, cuando llegó a procesionar con cuatro misterios en la calle. De esta idea nació una procesión extraordinaria concebida como una recreación histórica y devocional, en la que cada imagen y cada detalle tenían un profundo significado. El germen se empieza a gestionar a finales de 2022 cuando se barajan los principales actos conmemorativos que se iban a llevar a cabo durante el año de celebración.

Una vez definido el proyecto, a comienzos de junio de 2024, fue presentado a las hermandades que habrían de participar con sus Sagradas Imágenes. Este recibió respuesta afirmativa por parte de todas ellas y una implicación activa desde el primer momento: Jesús Orando en el Huerto de San Clemente, Jesús ante el Pretorio de Casas de Fernando Alonso, La Negación de san Pedro y El Beso de Judas, ambas de Cuenca.

En el mes de julio de 2024, se realizó una visita in situ a la localidad de Casas de Fernando Alonso (Cuenca), con el fin de contemplar la venerada talla, establecer un primer contacto con su hermandad y estudiar detenidamente la logística necesaria para su posible traslado y participación en la procesión. En septiembre de ese mismo año se llevó a cabo una visita similar a la localidad de San Clemente (Cuenca), siguiendo el mismo propósito organizativo y fraternal.

Obtenidos los permisos pertinentes, se procedió a la definición del recorrido procesional. La Magna Procesión tenía prevista su salida desde la Parroquia de San Esteban, recorriendo las calles Aguirre, Las Torres, Puerta de Valencia, Alonso Ojeda, Plaza del Salvador, Solera y Peso, para culminar con la subida a la Plaza Mayor y el encierro en la S. I. Catedral. No obstante, por causas ajenas a la organización, fue necesario modificar dicho itinerario bajando desde calle Peso, Audiencia, Palafox, Puente de la Trinidad, Calderón de la Barca y Carretería.

Entre los meses de noviembre y diciembre quedó cerrado el acompañamiento musical, que estaría a cargo de la Agrupación Musical “La Concepción” de Horcajo de Santiago (Cuenca). Banda con la que tenemos un vínculo especial. No en vano estamos hermanados desde hace más de 30 años y nos acompaña todos y a cada uno de los Miércoles Santo. Además, la Banda de Música “Las Cigarreras” de Sevilla, fue la encargada de ofrecer el concierto extraordinario titulado Escuchando el Silencio. Era la segunda vez

que, invitada por la cofradía anfitriona, tras el concierto del primer certamen de composición de marchas celebrado en 2024 nos acompañaba la banda hispalense.

Durante el mes de diciembre, se abrió la convocatoria para los banceros voluntarios que desearan participar en la procesión. No sólo de las hermandades participantes, sino de otras que voluntariamente se acercaran y compartieran con nosotros el acontecimiento. Así se alcanzó una respuesta extraordinaria que llegó a reunir a banceros de hermandades que quisieron acompañarnos, reflejo del entusiasmo y la devoción suscitados por este evento.

En enero, se cursó invitación formal a las distintas hermandades que asistirían con sus representantes y guiones procesionales, invitación que fue aceptada en su totalidad. Además, se presentó en las redes sociales de la hermandad el cartel anunciador del concierto Escuchando el Silencio.

En febrero, se hizo lo propio con el cartel de la Procesión Extraordinaria, ambos realizados por nuestro hermano Fernando Ruipérez. Durante la última semana de dicho mes tuvo lugar el traslado de las Sagradas Imágenes de Jesús ante el Pretorio y del Huerto de San Clemente desde sus respectivas localidades hasta la capital conquense. El día 28 de febrero se celebró la puesta en andas en la Parroquia de San Esteban, en un acto cargado de solemnidad y emoción.

Para tan señalado acontecimiento, la ciudad se engalanó con reposteros alusivos a El Prendimiento, con la imagen y el escudo de la hermandad, así como de la Negación, el Huerto de San Antón, y también de las corporaciones de Horcajo de Santiago y Las Cigarreras. Todos ellos contribuyendo a realzar el ambiente solemne y festivo que envolvió a Cuenca en esos días.

CUATRO MISTERIOS, UNA MISMA FE

El cortejo estuvo compuesto, además de los guiones del miércoles santo y las Hermandades que participaron en la procesión (Huerto de san Antón, el Descendimiento, Cofradía

Jesús El Nazareno, Santo Cristo y Santo Sepulcro (Casas de Fernando Alonso) y Cofradía de Jesús Orando en el Huerto (San Clemente), por cuatro pasos que evocaron los orígenes de la hermandad:

El Beso de Judas, Luis Marco Pérez (1941), misterio titular de El Prendimiento, verdadero eje espiritual del cortejo y símbolo inequívoco de la corporación. Tras él acompañaba la Banda de Música de las Cigarreras.

Jesús ante el Pretorio, conjunto escultórico de Javier Barrios llegado desde Casas de Fernando Alonso, formó parte de la historia procesional de El Prendimiento entre 1987 y 1990.

Jesús Orando en el Huerto, procedente de San Clemente, obra de Luis Marco Pérez de (1926) y que recibe culto en la Iglesia Colegial Parroquial de Santiago Apóstol. El paso recuerda los primeros años en los que la hermandad aún no disponía de imagen propia para esta escena evangélica.

La Negación de san Pedro, obra de Vicente Marín, se denominó “El arrepentimiento de san Pedro” (1905). A fecha de hoy, continúa procesionando cada Miércoles Santo y recuerda el vínculo histórico entre ambas hermandades. Este día desfiló con la imagen de san Pedro, con las andas y faroles del vía crucis, cedidas por la hermandad de Jesús Amarrado a la Columna. Cerrando el cortejo la Asociación Musical la Concepción de Horcajo de Santiago.

Cerca de 250 banceros y 8 capataces en varios turnos previamente organizados, participaron en la procesión, hecho que reflejó la enorme respuesta del mundo cofrade. Muchos de ellos pertenecían a hermandades históricamente vinculadas al Prendimiento, como el Descendimiento, el Huerto de san Esteban. Así se reforzó la idea de comunidad y memoria compartida. Los hermanos que acompañaron las imágenes portaban ramilletes de olivo, aportando una estética sobria y profundamente simbólica. La participación de hermanos fue muy numerosa, ya que vinieron de toda la geografía nacional.

SEVILLA PONE MÚSICA A CUENCA

Si la procesión fue un ejercicio de memoria histórica, la música se convirtió en el lenguaje universal que conectó emociones y sensibilidades. El acompañamiento musical corrió a cargo de la Asociación Musical “La Concepción” de Horcajo de Santiago y de la Banda de Música María Santísima de la Victoria “Las Cigarreras” de Sevilla. La presencia de Las Cigarreras supuso uno de los grandes hitos del aniversario. La formación sevillana acompañó al paso de El Prendimiento con un repertorio cuidadosamente seleccionado, pensado para integrarse en el paisaje y la espiritualidad conquense sin perder su sello propio. Entre otras marchas, se interpretaron: “De la Traición a la Victoria”, “Triana”, “Al Cielo la Reina de Triana”, “Jerusalén”, “Pasan los Campanilleros”, “Siempre la Esperanza”, “Salve Maestro! Y lo besó”, “Mi amargura”, “Reina la Esperanza”, “Al Cielo la Reina de Triana” y “Esperanza de Triana Coronada”. Durante el recorrido, varios músicos de las Cigarreras pudieron compartir banzo con los hermanos de El Prendimiento, con un enorme impacto emocional. En palabras del director de Las Cigarreras, José Manuel Toscano: “supone un antes y un después de la música procesional llevada a lugares inimaginables para nuestra formación ya consolidada en Sevilla”. Me comentaba en el trascurso de la procesión: “intento contar cada cuántos pasos marcháis hacia atrás...” a lo que le contesté: “eso fluye con el sentimiento del bancero al escuchar la melodía, no hay reglas...”

La procesión tuvo un impacto muy significativo en la ciudad, reflejado especialmente en la altísima ocupación hotelera registrada durante esos días, alcanzando prácticamente el lleno técnico en numerosos establecimientos. Este incremento de visitantes se tradujo en una notable afluencia de personas procedentes tanto de la región como de otros puntos del país, generando un importante movimiento turístico, cultural y económico en la ciudad.

La repercusión mediática fue igualmente destacable. La procesión contó con una amplia cobertura en la prensa digital local, publicaciones previas a la celebración que generaron expectación, así como crónicas y reportajes posteriores que valoraron muy positivamente el desarrollo de los actos. Asimismo, el evento fue recogido por la televisión regional de Castilla-La Mancha, que contribuyó a ampliar su difusión a nivel autonómico. A nivel nacional, el medio digital Semana Santa de España se hizo eco del acontecimiento. La publicación de contenidos tanto antes como después de la procesión, permitió proyectar la imagen de la ciudad y de su Semana Santa a un público especializado.

En el ámbito de las redes sociales, el impacto fue extraordinario. Destaca especialmente la difusión alcanzada por la Banda de Música “Las Cigarreras”, cuyo perfil oficial de Instagram registró 6,9 millones de reproducciones en uno de los vídeos publicados sobre la procesión. Del mismo modo, el creador de contenido @arteperea alcanzó 3,5 millones de reproducciones en su perfil de Instagram con un vídeo relacionado con el evento, así como 2,5 millones

de visualizaciones en TikTok con otra publicación dedicada a la procesión. Estos datos evidencian el enorme alcance y la capacidad de atracción del evento en el entorno digital, consolidándolo como un referente de gran interés dentro del panorama cofrade y cultural.

“ESCUCHANDO EL SILENCIO”: CUANDO LA MÚSICA HABLA

La jornada culminó por la tarde con el concierto de marchas procesionales Escuchando el Silencio, celebrado en el Teatro Auditorio José Luis Perales completamente lleno y localidades que duraron minutos en taquilla. Bajo la dirección de José Manuel Toscano, y presentado por Carlos Ruiz (Cantores de Híspalis) y Berta López, Las Cigarreras ofrecieron un programa que supo unir tradición, emoción y mensaje.

El repertorio incluyó marchas de gran peso musical y devocional: “La misión de la Esperanza”, “Margot”, “Centenario de los Campanilleros”, “Virgen del Valle”, “Al cielo la Reina de Triana”, “Suspiros de España”, “Salve Maestro; y lo besó”,

“En ti me veo”, “Creo en la Esperanza”, “De la traición a la Victoria”, dedicada a la Hermandad de El Prendimiento. Cada interpretación fue acogida con largas ovaciones, en un ambiente de profundo respeto y admiración.

Uno de los momentos más significativos llegó con la interpretación de Shemá , marcha compuesta por Rubén Jordán para la Semana Santa de Cuenca, ofrecida como regalo a la ciudad. Esta pieza, cargada de simbolismo, se convirtió en un verdadero puente musical entre Cuenca y Sevilla, arrancando al público una emoción difícil de contener.

HERMANAMIENTOS QUE MIRAN AL FUTURO

Durante el concierto se formalizaron los hermanamientos entre las hermandades de El Prendimiento y la Negación de San Pedro, y nuestra cofradía con la Banda de Música Las Cigarreras. Más allá del acto protocolario, estos hermanamientos simbolizan una relación basada en la amistad, la colaboración y el respeto mutuo, nacida al calor de la música y de la devoción compartida. Como expresó el propio director de Las

Cigarreras, Cuenca dejó una huella imborrable en el corazón cigarrero. Y, de igual modo, la ciudad acogió a la banda sevillana como parte de su historia reciente. La música procesional se erigió así en vehículo de unión entre dos formas distintas de vivir la Semana Santa, pero profundamente hermanadas en sentimiento.

EPÍLOGO DE UNA JORNADA IRREPETIBLE

El 1 de marzo de 2025 quedará inscrito con letras doradas en la historia de la Hermandad de El Prendimiento de Jesús. No solo por la magnitud de los actos celebrados, sino por haber logrado algo aún más difícil: emocionar, unir y dejar huella. Cuenca y Sevilla quedaron prendidas para siempre por una jornada en la que la fe caminó por las calles, el silencio habló a través de la música y la historia volvió a hacerse presente ante los ojos de todos. En palabras del presidente de la Banda de las Cigarreras, José María Gutiérrez, en el Concierto sentenció: “Formáis parte para siempre de la historia de la banda de música de Las Cigarreras” y ésta de nuestra hermandad de El Prendimiento.

112 Cuenca Nazarena
Cuenca Nazarena

EL NUEVO GUION DE LA CONGREGACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD Y LA CRUZ:

Por la Junta de Diputación de la Hermandad

Las insignias de las cofradías de Semana Santa constituyen uno de los elementos más representativos y simbólicos de las procesiones. Lejos de ser simples adornos, cada estandarte, cruz, o bandera encierra un profundo significado histórico y espiritual, reflejando la identidad y el carisma de cada Hermandad. En concreto, los guiones de nuestras hermandades son la primera imagen visible del desfile, y el elemento representativo de la corporación en otras procesiones, desfiles, cultos, actos e incluso, en el momento de decir adiós a los hermanos difuntos. A través de materiales nobles, bordados, orfebrería y emblemas propios, estas insignias narran la historia de la cofradía y su compromiso con la fe. En el discurrir procesional, estas insignias marcan el orden y el sentido del cortejo, convirtiéndose en signos visibles de tradición y pertenencia. De este modo, las insignias no solo enriquecen el patrimonio artístico de nuestra Semana Santa, sino que también actúan como testimonio

vivo de una fe compartida y transmitida de generación en generación.

A finales del año 2021, la Junta de Diputación de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz planteó su deseo de realizar un nuevo guion para esta corporación pasionista, una de las más antiguas de cuantas conforman la Semana Santa de Cuenca, pues se documenta su existencia desde la segunda mitad del siglo XVI. La Congregación se encuentra actualmente inmersa en un importantísimo proceso de renovación, en el marco del cual se entiende la intención de comenzar a definir un sello propio para su puesta en la calle, una identidad que refleje su larga historia y su carácter clásico, así como su papel como fundadora y promotora de la Procesión del Santo Entierro de la noche del Viernes Santo, que tradicionalmente siempre fue el desfile más elegante y solemne de la Semana Santa conquense.

Para ello, el diseñador conquense Adrián López, realizó una propuesta diferente a la tipología de guion que actualmente porta la Congregación. Para ello, se toma referente estético su época fundacional: la segunda mitad del siglo XVI y los inicios del XVII. Más concretamente, se buscó inspiración en el bordado del Renacimiento pleno y final, así como el primer Barroco, en la corte de los Habsburgo, a cuya área de influencia Cuenca, por cercanía, siempre perteneció. Este estilo reúne los principales elementos del cortejo de la Congregación: clasicismo, elegancia y sobriedad.

A partir de esta fuente de inspiración se desarrolló, para el motivo principal del guion, que es el escudo central y su decoración circundante, un diseño sencillo pero muy equilibrado. En el centro del mismo, un medallón circular de fondo dorado, acoge el escudo de la Congregación, una cruz popularmente conocida como la Venera, muy similar a la de Calatrava tanto por sus brazos flordelisados como por su fondo de color rojo, pero con un círculo en su intersección. El borde de este medallón es abrazado por una vistosa tarja recortada que se riza sobre sí misma, de la que parten cuatro motivos principales, alineados con los brazos de la cruz, y otros cuatro secundarios, en las diagonales y de menor tamaño, todos ellos compuestos por decoración vegetal muy clásica, de acantos y finos tallos. Los motivos se engarzan unos con otros mediante los tallos y caracolillos que los rematan, conformando una trama compacta, cuya silueta exterior es vagamente octogonal, lo que nos remite a los casetones de muchos de los artesonados renacentistas, sin ir más lejos los que adornan el espectacular techo de la Sala Capitular de la Catedral.

El diseño, siguiendo la tradición de insignias, estará bordado en hilo de oro fino, evitando las sedas de colores, para darle ese tono pretendido en el diseño de elegancia, y sobriedad que recuerden a los bordados renacentistas. El material de base será el damasco de color negro, manteniéndose así el tipo de tela que tiene el guion actual que abre el cortejo procesional de la Congregación, siendo uno de los más antiguos de la Semana Santa de Cuenca. Y sin dejar nada al azar, para el forro trasero, se utilizará seda color morado, haciendo referencia al color litúrgico

eclesiástico que simboliza la penitencia, austeridad, preparación, espera, y luto.

Las técnicas utilizadas han tratado de respetar el bordado más clásico, usando referencias de la elementos de la indumentaria litúrgica de la Catedral de Cuenca, y con una clara inspiración en el techo de palio de la Virgen de la Angustia de Sevilla, bordado por el taller sevillano de Elena Caro en 1958, diseñado por Joaquín Castilla, usando técnicas de puntadas clásicas como el cetillo, ladrillo, la muestra armada, la hojilla o mosqueta.

Así mismo, la cordonería ha sido realizada por el artesano Jesús Spínola, de “Cordonería Alba”, con un cordón realizado a mano, con broca, en oro fino, rematado con unos borlones de bellota, que pretenden ahondar en el clasicismo, sobriedad y elegancia de la ejecución de la pieza.

Este cordón, más allá de ser un elemento accesorio, será un elemento central de la pieza. Ahondando en la simbología e importancia, el guion, durante la procesión del Santo Entierro de Viernes Santo, desfilará con una antigua costumbre simbólica y de luto: estará atado al asta. Su origen va mucho más allá de una tradición, ya que será un acto de extrema simbología dentro de la Congregación. Los pendones se ataban por la muerte del rey, donde banderas del reino, no se bajaban, pero se enrollaban atándolos al asta para que no ondearan libremente, como señal de respeto y luto por el monarca fallecido, mostrando la interrupción del poder y la solemnidad del momento.

Esta metáfora histórica, que describe cómo las insignias del poder se “silenciaban”, es un acto ceremonial que entronca con el luto por la muerte del Rey de Reyes, y la esperanza por la llegada de la Resurrección y salvación de la humanidad.

En un mundo en constante transformación, la pervivencia de los símbolos, supone un compromiso con la memoria y el legado cultural, garantizando que esta tradición continúe evolucionando sin perder su esencia. Así, el patrimonio de las hermandades, sigue siendo un vínculo entre pasado y presente, una expresión tangible de fe y arte que mantiene viva la riqueza patrimonial de la Semana Santa de Cuenca para las generaciones futuras.

Por la Junta de Diputación de la Hermandad

Cuenca Nazarena

El día 11 de junio de 2024 fue un día histórico para la Venerable Hermandad de la Santa Cena de Cuenca. En efecto, ese día, Luis Miguel Jiménez Patón, Hermano Mayor de la cofradía, y Armando Martorell Montero, secretario de la misma, firmaban el contrato de adquisición de una colección de platos de cerámica del famoso alfarero y ceramista conquense, Pedro Mercedes Sánchez (1921-2008), relacionados, por su significativa iconografía, con el momento representado en el paso que, cada Miércoles Santo, la instauración de la Eucaristía por Jesús, durante la celebración de la última cena de Jesús con los Apóstoles. En efecto, se trata de trece platos de cerámica, que fueron adquiridos a un co -

leccionista particular, y que representan, cada uno de ellos, tanto a Jesús como a los doce apóstoles. Cada una de las piezas, tiene un diámetro de diecisiete centímetros, menos la correspondiente a Cristo, que es un poco más grande: veintitrés centímetros de diámetro. Pero más allá de las medidas, lo más significativo de la colección es la elegante elaboración de todos los platos. En efecto, estos hacen gala de todas las características propias de la mejor obra del ceramista conquense: el empleo de la técnica del rayado, a base de ir retirando con un buril u otro objeto metálico la capa de engobe que recubre el conjunto de la obra; la bicromía producida por el rayado, en negro sobre rojo; el

horror vacui que recubre toda la pieza; la mezcla de simbolismo y de expresionismo en la representación de los temas,… En definitiva, se trata de una gran adquisición por parte de la hermandad, que a partir de este momento pasará a formar parte de su patrimonio artístico, un patrimonio que no sólo enriquece a la propia hermandad y a nuestra Semana Santa, sino a toda la ciudad, que ha podido recuperar, de esta manera, unas obras de arte que, por el hecho de haber salido de las manos de nuestro mejor alfarero, son también parte de Cuenca. Así, el Miércoles Santo de 2025, cuando nuestra magna catedral, la más antigua catedral gótica de España, abrió sus puertas para dar salida al paso titular de

Octavio Vicent, éste se vio a ver enriquecido con esas trece piezas de barro; de barro, el material más humilde, pero a la vez el más importante de todos, porque es el resultado de la fusión de los cuatro elementos de los clásicos: la tierra, el agua, el fuego y el aire.

A continuación, vamos a describir cada uno de los trece platos que conforman la colección, siguiendo para ello la distribución formal de los apóstoles en el paso de la Santa Cena, que es su actual propietaria, empezando por el propio Cristo y, siguiendo por su derecha, para terminar con el que corresponde a Judas Iscariote, el último de los que se encuentran a la izquierda del Maestro.

JESÚS

El plato representa a Jesús mediante el símbolo central del cordero pascual, que alude tanto a la cena ritual judía como a Cristo como “Cordero de Dios”. Se acompañan el pan, el vino y una rama de olivo, símbolos de la Eucaristía y del sacrificio redentor.

PEDRO

La pieza muestra las dos llaves que simbolizan la autoridad de Pedro como fundamento de la Iglesia, junto al gallo que recuerda sus negaciones. Ambos elementos reflejan la misión del apóstol y la fragilidad humana transformada por la gracia tras la resurrección de Cristo.

SANTIAGO EL MAYOR

La iconografía combina conchas de vieira, una calabaza de peregrino y la cruz de Santiago, símbolos del Camino y de la orden militar medieval. El caballo alude a la tradición de Santiago Matamoros y a su legendaria intervención en la batalla de Clavijo.

ANDRÉS

El plato se organiza en torno a la cruz en aspa donde fue martirizado, dividendo la pieza en cuatro cuadrantes. Las gotas de sangre representan su sacrificio y su firmeza en la fe, evocando el testimonio heroico que ofreció en Acaya pese a la persecución romana.

BARTOLOMÉ

El plato recoge los símbolos de su martirio: el cuchillo con el que fue desollado y la piel que suele portar en la iconografía cristiana. El pie firme representa su resistencia ante la persecución. El conjunto se completa con el característico horror vacui mercediano.

MATEO

La obra combina un libro abierto, que simboliza su evangelio, y una vela, emblema de iluminación espiritual, inspiración divina y vigilancia. Remite a la parábola de las vírgenes prudentes, subrayando la importancia de la preparación interior y la luz que aporta su enseñanza.

JUDAS TADEO

La representación es esquemática: una forma triangular y una escuadra que evocan de manera abstracta el hacha de su martirio o un instrumento similar. La simplicidad de líneas no impide reconocer la referencia a su muerte y a su condición de apóstol y misionero.

JUAN

El plato muestra un águila, símbolo tradicional del evangelista, asociado a su visión elevada y teológica de Cristo. El animal expresa la profundidad espiritual del cuarto evangelio y la capacidad de Juan para contemplar la divinidad sin quedar cegado por su luz.

SANTIAGO EL MENOR

El pergamino simboliza su enseñanza y la epístola atribuida al apóstol, mientras que la palma recuerda su martirio en Jerusalén. Su figura se asocia a la caída desde el templo y al apedreamiento posterior, aunque el ceramista elige una iconografía sobria y esencial.

TOMÁS

La composición muestra la mano de Tomás introduciendo sus dedos en el costado de Cristo, en alusión a su duda y posterior confesión de fe. La herida y el brazo del Señor completan la escena, mientras una interrogación enmarca el simbolismo de la incredulidad superada.

SIMÓN EL CANANEO

La obra presenta una figura que puede interpretarse como una flecha o una vela, símbolos de su martirio y de su misión evangelizadora. Representa tanto la muerte violenta del apóstol como su labor de llevar la luz de la fe hasta tierras lejanas.

FELIPE

El plato está cubierto por hojas e higos, evocando la escena evangélica en la que Jesús dice haber visto a Bartolomé bajo la higuera. Aunque la iconografía tradicional suele mostrar una cruz o piedras, aquí se subraya la dimensión bíblica más relacionada con su vocación.

JUDAS ISCARIOTE

La bolsa con las treinta monedas ocupa la mayor parte del plato, aludiendo a la traición. Junto a ella aparecen la pequeña horca, símbolo de su suicidio, y un cáliz volcado que derrama su contenido, representando la ruptura sacrílega del vínculo con Jesús y la Eucaristía.

Cuenca Nazarena
Cuenca Nazarena
Por Julián Recuenco Pérez

Ahora que se acerca la celebración de la Semana Santa, debemos decir que ésta es una de las celebraciones más importantes del cristianismo, porque conmemora, como todos sabemos, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. La imagen actual de la Semana Santa, tal y como la vemos ahora, sobre todo en España y en algunos países mediterráneos y americanos, surgió en las primeras décadas del siglo XVI, aunque su estructura actual se consolidó con el tiempo, sobre todo a partir del Barroco y su concepción teatralizadora, para lo que fue muy importante la celebración del concilio Vaticano II. Sin embargo, ya en los primeros siglos del cristianismo, y a lo largo de toda la Edad Media, se desarrollaron diversas formas de celebración que, con el tiempo, sentaron las bases de las tradiciones actuales. Uno de los elementos más antiguos de la Semana Santa es la Vigilia Pascual, que ya en el siglo II tenía un carácter central en la celebración. Durante esta vigilia, los catecúmenos (futuros cristianos) eran bautizados, y se leía la historia de la salvación a través de textos del Antiguo y el Nuevo Testamento. La Resurrección de Cristo era el eje fundamental de la celebración.

En efecto, ya las primeras comunidades cristianas, cuando aún estaban siendo perseguidas por el Imperio Romano, celebraban la Semana Santa de manera muy discreta, centrando sus actos en la oración interior, el ayuno y la lectura de las Sagradas Escrituras. No obstante, las primeras referen-

cias a estas celebraciones se encuentran en los escritos de los Padres de la Iglesia, como Orígenes y San Ireneo de Lyon. El primero, nacido en Alejandría, aproximadamente en el año 184, y fallecido en 253, fue uno de los teólogos y pensadores más influyentes de los primeros siglos del cristianismo. En su obra más influyente, “De Principiis” (“Sobre los Principios”), Orígenes reflexiona sobre la muerte de Cristo como un acto de amor divino que busca la salvación de la humanidad. En este contexto, el sufrimiento de Cristo, no solo es un evento histórico, sino que tiene un profundo significado espiritual para todos los creyentes que, tal y como Jesús hizo al entregarse a su propia muerte, deben renunciar a los placeres mundanos y luchar contra el pecado.

Y por lo que se refiere a San Ireneo de Lyon, nacido también un poco antes, aproximadamente en el 125, y fallecido en el año 202, también subraya la importancia de la resurrección, como principio y fundamento de una nueva creación. Para él, la resurrección de Jesús no solo confirma la verdad de su divinidad, sino que también inaugura una nueva etapa en el plan de la salvación divina. A través de su propia muerte, y sobre todo de su resurrección, Cristo vence al poder de la muerte, y también a Satanás, restaurando la vida eterna para todos los que creen en Él. Este punto de vista de Ireneo sobre la resurrección tiene un vínculo directo con las celebraciones de Semana Santa, pues la resurrección de Cristo es el punto culminante de la Semana Santa.

A finales del siglo IV, con la oficialización del cristianismo en el Imperio Romano tras el Edicto de Milán, decretado por el emperador Constantino en el año 313, las celebraciones en las que se conmemoraba la muerte y la resurrección de Cristo se hicieron más públicas y estructuradas. Por otra parte, el conocimiento que tenemos de la celebración de la Semana Santa primitiva debe mucho al libro de Egeria, una mujer de origen gallego que vivió en el siglo IV, quien, como parte de una peregrinación religiosa, viajó desde su tierra natal hasta Jerusalén y a otras partes del Medio Oriente durante los días de la Semana Santa y la celebración de la Pascua. Aunque no se sabe mucho de su vida personal, el relato de su peregrinación es uno de los primeros testimonios sobre cómo se celebraban las festividades cristianas en Tierra Santa, específicamente en Jerusalén, en aquella época. Así, Egeria nos narra una serie de ritos litúrgicos muy marcados. Uno de los elementos más destacados es la procesión del Domingo de Ramos, en la que los fieles se reunían a las puertas de la ciudad para conmemorar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, y después recorrían las calles de de la ciudad, en una procesión solemne, portando palmas y cantando himnos, evocando la entrada de Jesús en la ciudad antes de su pasión.

El Viernes Santo, según el relato de Egeria , era un día de gran recogimiento y solemnidad. Los cristianos de la ciudad se reunían para rememorar la Pasión de Cristo, siguiendo un rito litúrgico que incluía lecturas bíblicas, oraciones, y una reflexión sobre el sacrificio de Jesús. En particular, Egeria describe las visitas a lugares clave, como era el Gólgota, donde se cree que Jesús fue crucificado, y el sepulcro vacío.

Estas visitas a los lugares santos en Jerusalén fueron parte de

las prácticas litúrgicas de la Semana Santa. Finalmente, en la noche del Sábado Santo ya se celebraba también la liturgia de la Resurrección. Egeria cuenta cómo, en la noche de Pascua, se celebraba una vigilia en la que los cristianos se reunían para orar, cantar himnos, y meditar sobre la resurrección de Jesucristo. Esta celebración incluía el bautismo de los nuevos conversos, y se culminaba con la alegría de la resurrección al amanecer del domingo. Así pues, la Vigilia Pascual ya era una ceremonia central en la Semana Santa cristiana, llena de símbolos de luz y resurrección.

Avanzando ya en el tiempo, durante la Edad Media, la celebración de la Semana Santa adquirió un carácter mucho más solemne y teatralizado. Sin embargo, la Iglesia siguió estructurando todas las celebraciones en función de aquellos tres días que ya venían asimilando la mayor parte de las celebraciones desde los primeros tiempos del cristianismo, aquello que ha venido a llamarse el Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo), con liturgias que incluían cantos gregorianos, representaciones dramáticas y procesiones. Uno de los elementos más característicos de esta época fue el drama litúrgico, que consistía en representaciones teatrales dentro de las iglesias o en plazas públicas. Estas obras escenificaban la Pasión de Cristo con diálogos tomados de los Evangelios y fueron el origen de las actuales procesiones y pasos de Semana Santa. Y dentro de ese drama litúrgico, otro elemento fundamental de la Semana Santa medieval fue el Oficio de Tinieblas, una serie de rezos y cánticos realizados en la oscuridad, donde se apagaban progresivamente las velas de un candelabro llamado “tenebrario” hasta dejar la iglesia en completa penumbra, simbolizando así la muerte de Cris-

to. Éste es el origen de algunos ritos que, en algunos lugares, se han mantenido a través de los tiempos, como la llamada ceremonia del desenclavo y entierro de Cristo.

Es en este marco teatral en el que las celebraciones empiezan a salir fuera de las iglesias, dando origen a las primeras procesiones, ya en los últimos tiempos de Edad Media, especialmente en España, Francia e Italia. Aquí, hermandades y cofradías se encargaban de organizar desfiles en los que se portaban reliquias, imágenes de Cristo crucificado y de la Virgen María, al tiempo que los fieles realizaban actos de penitencia, como el uso de cilicios o el caminar descalzos. En efecto, sabemos que, hasta muy avanzado el siglo XVIII, existieron en muchos lugares los llamados hermanos de sangre, llamados así porque, durante la procesión, iban por la calle disciplinándose. Fue el rey Carlos III, con su mentalidad ilustrada, la que prohibió este tipo de procesiones, aunque en algunas poblaciones, como en San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), estas celebraciones han llegado hasta este siglo XXI.

Y cuando hablamos de la Semana Santa, uno de los aspectos que tampoco pueden dejarse de lado es cómo ha ido cambiando la imagen de Jesús a través de los tiempos, y como ha influido, en ese cambio de imagen, la historia que hay detrás de una reliquia tan importante para los cristianos, pese a toda la polémica que se ha suscitado a su alrededor, y de la que sería necesario hablar más detenidamente, como es la Sábana Santa, que se venera en la catedral italiana de Turín. En, este sentido, en los primeros siglos, los cristianos recurrieron a símbolos y figuras alegóricas para representar a Cristo sin ser identificados fácilmente por los perseguidores romanos.

Así, una de las imágenes más comunes era la del Buen Pastor, un joven imberbe con túnica corta que carga una oveja sobre sus hombros. Esta representación, inspirada en la iconografía pagana de Hermes Criophoros, transmitía la idea de Cristo como guía y protector de su rebaño. Otras representaciones tempranas incluyen la imagen de Cristo como un maestro filosófico, vestido con una toga y con aspecto juvenil, siguiendo el modelo de los pensadores griegos. Este tipo de representaciones sería, en esencia, la transliteración de la imagen de los antiguos dioses paganos a ese nuevo dios, creador de la nueva religión. En las catacumbas de Roma se encuentran frescos en los que aparece realizando milagros o enseñando a sus discípulos, sin rasgos distintivos que lo diferencien de otros personajes del mundo greco-romano; y por supuesto, siempre sin barba.

A partir del siglo IV, con el Edicto de Milán y el creciente apoyo imperial al cristianismo, la iconografía cristiana evolucionó hacia formas más solemnes y reconocibles. Es en este contexto cuando, poco tiempo después, aparece una de las imágenes más influyentes de Cristo: la imagen de Edesa (también conocida como el Mandilion), una tela en la que, según la tradición, quedó impreso milagrosamente el rostro de Jesús. Hay que tener en cuenta de que la imagen tradicional de Jesucristo, tal y como hoy la conocemos, como un hombre más o menos joven, barbado, empezó a desarrollarse en Europa oriental, en el mundo bizantino, y que desde allí sería extendido por todo el mundo conocido, también en Europa occidental, a través del arte románico y gótico, llegando a ser muy importante para su difusión, como veremos a continuación, las cruzadas a Tierra Santa.

El Mandilion es una imagen de Cristo que, según la tradición cristiana, fue impresa milagrosamente sobre un paño o lienzo. Esta imagen es especialmente famosa por su asociación con la ciudad de Edesa (actualmente en Turquía), donde, según la leyenda, se encontraba un paño con la cara de Cristo que habría sido transferido milagrosamente a un lienzo. La leyenda cuenta que el Mandilion fue enviado al rey de Edesa, Abgar V, quien sufría de una enfermedad grave. El rey Abgar, en su desesperación, solicitó a Cristo que viniera a sanarlo, pero Cristo respondió que no podría ir a Edesa en persona. Sin embargo, según la tradición, Cristo envió una imagen de sí mismo que se habría impreso en un lienzo por un acto milagroso, cuando Cristo habría limpiado su rostro con un paño (el Mandilion) y luego lo envió a Edesa. Algunas teorías identifican el Mandilion, cuya historicidad, más allá de las leyendas que nos hablan del objeto, está bien atestiguada a través de múltiples textos, con la propia Sábana Santa, que actualmente se venera en la catedral de Turín. Los que defienden la teoría han podido seguir los pasos de esta reliquia, desde la ciudad turca hasta el norte de Italia, pasando por varias ciudades europeas. Así, en el siglo VII, en un contexto de conflictos con el imperio persa, los cristianos de Edesa temieron que la ciudad fuera tomada

por las tropas de Cosroes I, pero la llegada de los árabes a la ciudad turca llegó, incluso, a salvar a la reliquia sagrada de los propios cristianos iconoclastas. Y algún tiempo después, en agosto del año 944, en tiempos del emperador bizantino Constantino VII Porfirogénito (905 – 959), y en el marco de las luchas entre los bizantinos y los musulmanes, el Mandilion fue trasladado a la capital bizantina, Constantinopla, donde empezó a ser venerada en la iglesia de Santa María de las Blanquernas donde era veneraba como una reliquia sagrada, y era centro de una procesión anual, en la que el lienzo era mostrado al pueblo.

El evento clave que marca el siguiente capítulo en la historia del Mandilion es la caída de Constantinopla, en el marco de la cuarta Cruzada, en el año 1204. Con la toma de la capital bizantina por parte de los propios cruzados cristianos, muchas reliquias fueron saqueadas o trasladadas. Hay documentos históricos que afirman el saqueo de la ciudad por parte de los venecianos y de los franceses, y se cree que el Mandilion fue robado. En este sentido, existe una carta de un familiar del emperador bizantino al papa, solicitando que le fueran devueltas las reliquias robadas, y especialmente, el lienzo sagrado. En ese documento se afirma que la reliquia había sido robada por un francés, y que se había

llevado hasta Atenas. Según algunos estudiosos, la persona que había robado el Mandilion no podía ser otro que Otón de la Roche, un noble francés de origen borgoñón que participó en la cuarta cruzada, en la que fue nombrado duque de Atenas y señor de Argos y de Nauplia. Hay que tener en cuenta que la primera vez que aparece la Síndone, es decir, la Sábana Santa, en Europa, ya en el siglo XIV, lo hace en manos de Godofredo de Charny, hijo de Jean de Charny, señor de Lirey, también en Borgoña, quien, por otra parte, estaba casado con Jeanne de Vergy, quien era tataranieta del propio Otón de la Roche. Así lo demuestra, además, una placa de la Ostensión de la Síndone, fechada en 1355, en la que aparecen los escudos heráldicos de las dos familias, los Cherny y los Vergy, lo que demuestra que la posesión del objeto por parte de la familia era debida al patrimonio personal de la mujer.

Un siglo más tarde, en 1453, la última descendiente de la dinastía Charny, que había quedado empobrecida al haber quedado viuda, regaló la Síndone a Ana de Lusignano, esposa del duque Luis de Saboya, a cambio de unas tierras que habían pertenecido al ducado, para que ella pudiera vivir cómodamente, siendo venerada, a partir de ese momento, en la que entonces era la capital del ducado, la actual ciudad

francesa de Chambery, muy cerca de las fronteras con Italia y Suiza. Allí, en Chambery, sufrió un pavoroso incendio que fundió parcialmente el arca de plata que la protegía (por este hecho es por lo que no es concluyente las pruebas de carbono 14 que se han hecho sobre la reliquia). Y el papa Julio II, a principios del siglo XVI, aprobó la celebración de una misa propia para la Sábana Santa, iniciándose, de manera oficial, el culto público de la reliquia. Finalmente, la Sábana Santa sería llevada a la nueva capital del ducado, Turín, en 1578, por orden del duque Manuel Filiberto, en el contexto de la nueva situación geopolítica provocada por el tratado de Cateau-Cambrésis, que había otorgado la posesión de la parte francesa del ducado al rey de Francia.

Este rostro, con barba y cabello largo, influiría profundamente en las representaciones posteriores de Cristo. A partir del siglo V, la tradición bizantina consolidó en sus iconos una imagen más estandarizada de Jesús: un hombre con barba, cabello largo, semblante serio y majestuoso, vestido con túnicas largas. Del arte bizantino pasaría, primero, al arte románico, en el que el rostro de Jesús se fue identificando con el Pantocrátor, el Dios todopoderoso y creador, de las iglesias medievales, y después, a todo el arte cristiano.

Cuenca Nazarena

Por José Manuel Alarcón Sepúlveda

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”. Juan 3, 14-15

Este fragmento del Evangelio según San Juan, al que cada año se da lectura en la misa de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, contiene las palabras de Jesús dirigidas a Nicodemo, con las que adelantaba el estremecedor momento de su Pasión en el que iba a ser alzado sobre la cruz en la cima del monte Calvario, que es el que recrea el monumental Paso que tallase Marco Pérez, de cuya primera salida procesional se cumplirá el Viernes Santo de este año 2026 el septuagésimo quinto aniversario, efeméride a la que este artículo quiere honrar junto a las personas que han hecho posible llegar hasta aquí, haciendo un breve repaso de lo que ha sido la Historia de tan singular conjunto escultórico.

1902 – 1936. La creación del Paso de la Exaltación en el nacimiento de la procesión En el Calvario, su pronta renovación y la destrucción de 1936.

Aunque no sea éste el objeto del presente escrito, no podemos dejar de recordar los inicios de la Hermandad, y sobre todo los primeros grupos que representaron a la Exaltación de Jesús crucificado, que desfilaron en el mediodía de Viernes Santo desde los primeros años del siglo XX hasta 1936.

Siguiendo a Antonio Pérez Valero en su magnífico y documentado estudio sobre la Historia de las cofradías pasionales conquenses titulado “Apuntes para la Historia Nazarena Conquense”, el Paso de la Exaltación fue creado bajo el auspicio de la Hermandad del Santísimo Cristo del Amparo, fundada en el año 1813 pero recogiendo el testigo de una corporación anterior, la Hermandad de la Cruz del castizo y entrañable barrio de Tiradores.

No obstante, la iniciativa de formar el Paso e incorporarse a la procesión En el Calvario no partió de la Hermandad, sino de un grupo definido al que en las actas de la corporación del Cristo se alude como los señores de La Exaltación, que dentro del contexto de impulso ilusionado que en los primeros compases del siglo pasado dio como fruto la creación de los

desfiles procesionales del Miércoles Santo y del mediodía el Viernes Santo, quisieron sumar a éste último la representación de ese Misterio.

La procesión En el Calvario ya había recorrido las calles de Cuenca por primera vez cuando aquellos señores solicitan su ingreso en la Hermandad del Cristo del Amparo, quedando constancia de ello en el acta de la Junta General de la misma celebrada el 6 de abril de 1902. Proponen formar el Paso en torno a la venerada imagen de Jesús crucificado que recibía culto en su ermita, comprometiéndose estas personas a sufragar todos los gastos que ello generase. Aceptada la propuesta por la Hermandad se firmó una nueva concordia para incluirla en la procesión del mediodía del Viernes Santo el 14 de septiembre de 1902, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

No abundaré en este apartado reflejando excesivos datos ni nombres, pues versa este artículo sobre el Paso que tallase Marco Pérez, y para ello remito a los lectores que deseen ampliar su conocimiento respecto a ello a la mencionada obra de Pérez Valero (Apuntes para la Historia Nazarena Conquense II, páginas 264 a 279 ).

Lo cierto es que se formalizó contrato con el escultor barcelonés José Quixal que incluyó la restauración y adaptación del Cristo del Amparo al Paso y la talla del resto de imágenes que componían el momento pasional. Llegado a Cuenca, el conjunto escultórico fue bendecido el Domingo de Ramos 5 de abril de 1903 por el Obispo de la Diócesis, D. Wenceslao Sangüesa y Guía, para desfilar en procesión cinco días más tarde.

La peculiar naturaleza jurídico canónica con la que los señores de La Exaltación estaban incluidos en la Hermandad del Santísimo Cristo del Amparo y las tensiones derivadas de la pretensión de imponer a los componentes de la antigua corporación la obligatoriedad de participar en el desfile del Viernes Santo - lo que aparejaba un desembolso económico para proveerse de hábito y tulipa -, desemboca en la decisión de la Hermandad de Tiradores de recuperar su total independencia, separándose de los devotos de La Exaltación, determinación tomada en Junta General Extraordinaria celebrada el Domingo 25 de junio de 1905.

Apenas una semana más tarde, el siguiente Domingo 2 de julio, se funda la actual cofradía bajo el nombre de Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón, en el Misterio de la Exaltación de Jesús Crucificado, que celebra su asamblea constituyente cuatro días después, el 6 de julio, siendo 26 los hermanos fundadores - 25 hombres y una mujer -. Obviamente, a renglón seguido fue preciso encargar una imagen de Cristo, lo que se concertó con el autor del resto del Paso, José Quixal, llegando la nueva talla titular a Cuenca el 11 de marzo de 1906 para ser bendecida por el párroco de San Esteban, D. Jesús de la Plaza, un mes más tarde, el Miércoles Santo 11 de abril. No tenemos documento gráfico alguno que nos permita conocer cómo era aquel primer grupo escultórico de La Exaltación obra de José Quixal, mas los testimonios escritos y los hechos evidencian que sus imágenes eran de un tamaño inferior al natural, hasta el punto de que ya en mayo del mismo año 1906 se promovieron iniciativas para captar fondos con los que poder acometer la construcción de uno nuevo que lo sustituyese.

El recordado nazareno Ángel Martínez Soriano, pionero de la investigación y divulgación de la Historia de la Semana Santa de Cuenca, refiere en su obra Pinceladas Históricas de las Cofradías de la Semana Santa de Cuenca que el hermano Juan Julián Jiménez encargó a título personal al escultor valenciano José Tena la ejecución de un Paso de la Exaltación de tamaño natural y al parecer de mayor calidad artística que el de Quixal, comunicando a la Hermandad el 22 de julio de 1909 que imágenes y andas ya obraban en su poder, habiéndole supuesto un desembolso de 2.000 pesetas y lo ponía a disposición de la Hermandad pero sin ceder el derecho de su propiedad, salvo que la Cofradía le hiciese efectivo el citado importe. Para ello que daba todas las facilidades, pudiendo la corporación abonárselo en los plazos y forma que quisiera y le fuese posible. La Hermandad aceptó gustosa el ofrecimiento, hasta el punto de que nombró Depositario al señor Jiménez, facultándole para que él mismo fuese recuperando el dinero por él pagado.

Las fotografías antiguas nos han permitido conocer cómo era aquel Paso de Tena, en el que el precario equilibrio de la cruz sobre la que Cristo es elevado, vencida de uno de sus brazos, incrementaba si cabe el dramatismo de la escena.

Las calles conquenses vieron pasar a aquel segundo Paso de la Hermandad en el mediodía del Viernes Santo de cada año, desde 1910 hasta que fue destruido sin dejar rastro en los aciagos acontecimientos que acompañaron a la Guerra Civil Española de 1936. La Hermandad perdió todo en lo material, pero Cuenca no olvidó y conservó muy dentro el anhelo de recuperar La Exaltación para sus procesiones.

1947 – 1951. El Paso de la Exaltación de Luis Marco Pérez. Encargo, construcción y llegada a Cuenca. Pasaron los años y todas las hermandades de la Semana Santa conquense que existían cuando se desató la contienda civil fueron recuperando su actividad y su desfile procesional. Todas menos la del Santísimo Cristo del Perdón en el Misterio de la

Exaltación. Como causa principal puede aventurarse el hecho objetivo de que su grupo escultórico era el más costoso por el número de imágenes que debían figurar en él, por lo que la Junta de Cofradías, que tras unos años de actividad efectiva había sido constituida en enero de 1946, no habría podido acometer un encargo de tal calibre hasta no haber recuperado muchos otros pasos que no requerían de un desembolso tan cuantioso. No obstante, no se pueden desdeñar otros factores más relacionados con los estratos sociales a los que pertenecerían la mayoría de las personas que habían formado la Hermandad hasta la guerra y lo modesto de sus economías domésticas, lo que propiciaría una carencia de medios materiales con los que afrontar la reorganización de la Hermandad aun sin Paso al que rendir culto en aquellos años de posguerra, pues el único vestigio de actividad de la corporación en aquellos años fue la participación de hermanos de la misma en el desfile del Viernes Santo de 1940, acompañando a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía.

En ese contexto fue la Junta de Cofradías de Semana Santa la que tomó la iniciativa, y lo hizo en la Sesión Plenaria Extraordinaria que celebraba el 9 de noviembre de 1947 en las escuelas de San Antón, por entonces su lugar habitual de reunión. El objeto de la convocatoria de aquella reunión era la construcción de los apóstoles con los que debía completarse el Paso de Jesús Orando en el Huerto de San Esteban, parece que aprovechando las 10.000 pesetas que tenía presupuestada ese año la Excelentísima Diputación Provincial para la recuperación de la Semana Santa, pero tal y como refleja el acta de aquella asamblea la decisión tomada fue otra bien distinta. Transcribo parcialmente la misma por lo relevante de su contenido, expresado con meridiana claridad:

“Varios miembros de la Junta exponen que teniendo en cuenta que ya solo falta, de las Hermandades constituidas antes del año 1936, La Exaltación, se acuerda tratar de su construcción, para lo cual se proyecta hacer un concurso de bocetos o dibujos del mismo, cuyo premio consistiría en el encargo de la realización del referido Paso y oficiar a los antiguos hermanos, que se recuerda son: D. Federico Sáiz, D. Pedro Alegría, D. Francisco Jiménez y D. Constancio Jiménez, para que reorganicen la Hermandad y rápidamente nombre el Representante en esta Junta. Que se podría contar para su realización con las diez mil pesetas presupuestadas por la Excma. Diputación en el año actual y con lo que se presupuestara por el Excmo. Ayuntamiento y Excma. Diputación para el año próximo, oficiando a las referidas corporaciones al objeto de recabar fondos para este proyecto.”

El 7 de diciembre de 1947 se celebra nueva Sesión Plenaria, también con carácter extraordinario, iniciándose la misma con

la aprobación del acta de la reunión anterior pero con el voto en contra de D. Francisco Jiménez, histórico directivo de la Oración del Huerto del Miércoles Santo, que no había podido asistir a la asamblea de noviembre por causa justificada, motivo por el que había solicitado por escrito que en ella no se tratase lo referente al encargo de los apóstoles del Paso de su Hermandad. Proseguía el señor Jiménez argumentando que se había tomado un acuerdo sobre la construcción de La Exaltación cuando ese asunto no figuraba en el orden del día, y que existía un derecho a terminar la Oración del Huerto antes de acometer la adquisición de La Exaltación, opinando que los referidos apóstoles podían encargarse con el dinero presupuestado por la Diputación Provincial, que sin embargo era escaso para el mucho coste que aparejaba la recuperación del Paso del Viernes Santo.

Los asistentes a la sesión toman una decisión salomónica, pues acuerdan dedicar la aportación de la Diputación al encargo de los tres apóstoles de la Oración del Huerto, pero al mismo tiempo deciden mantener la vigencia del acuerdo sobre la construcción del Paso de la Exaltación, si bien renuncian a la convocatoria del concurso de bocetos y toman la determinación de pedir un proyecto y presupuesto al escultor Luis Marco Pérez.

Así se debió comunicar a la Diputación pero sin embargo la Junta de Cofradías dirige nuevo escrito a la administración provincial, que aparece fechado el 3 de enero de 1948 y que firma Carlos Albendea en su calidad de Presidente de la institución nazarena, en el que explica que por error de interpretación se había trasladado a la Diputación que la subvención se dedicaba al encargo de las imágenes de los Apóstoles del Paso

del Huerto, cuando el acuerdo tomado por la Junta era el que fuera destinada a la construcción de La Exaltación, habiendo dado ya las órdenes oportunas a Marco Pérez para que lo comenzase.

No obstante, es en la Sesión Plenaria que se celebra 8 días más tarde, el 11 de enero, en la que se toma el acuerdo de encargar el grupo escultórico al escultor de Fuentelespino de Moya con un precio total de 60.000 pesetas, a pagar en varios plazos según la disponibilidad de fondos que vaya teniendo la Junta. D. Cayo Conversa informa también en esa reunión de que ha realizado gestiones junto con otros vocales con la empresa maderera encabezada por Félix Pérez y otros socios, comprometiéndose a formar con sus obreros la Hermandad de la Exaltación y dando por seguro que esos industriales aportarían dinero para sufragar la construcción del Paso.

Los pagos se van sucediendo de manera irregular, y así la Sesión Plenaria de la Junta de Cofradías de 10 de octubre de 1948 decide entregar a Marco Pérez la cantidad de 4.000 pesetas a cuenta de la hechura de las imágenes, lo que eleva a 9.000 lo que se le ha pagado a la fecha por ello, por lo que al final no se habría dedicado a este conjunto escultórico la totalidad de la subvención de la Diputación correspondiente a sus presupuestos de 1947, pues aquella era de 10.000 pesetas y sin embargo se habían adelantado a Luis Marco Pérez por el encargo de la Exaltación sólo la mitad, 5.000 pesetas.

La siguiente noticia que nos ha llegado sobre la evolución del proyecto se limita a expresar en el acta de la asamblea de la Junta de Cofradías de 24 de abril de 1949 que se acuerda organizar la Hermandad de la Exaltación, señal inequívoca de que los contactos anteriores con antiguos integrantes de la misma no

habían conseguido los frutos deseados. Más adelante, el 23 de agosto, el Pleno de la Excma. Diputación Provincial acordaba librar a D. Carlos Albendea, Presidente de la Junta de Cofradías, una subvención de 20.000 pesetas destinadas a pagar a Marco Pérez parte de la construcción del Paso.

El 19 de diciembre de ese año escribe el escultor a Manuel Saiz Abad, con quien siempre guardó una relación muy cercana, manifestando haber recibido un total de 25.000 pesetas a cuenta de la hechura del conjunto, reflejando que se le ha indicado el pronto pago de 5.000 pesetas más, y dando un precio total superior al inicial, pues en la misiva expresa como algo ya acordado que el importe total es de 70.000 pesetas, frente a las 60.000 que se presupuestaron en enero de 1948, aparte de expresar que le es posible terminar el Paso para la Semana Santa de 1950, pero siempre que se le abonen a la entrega las 45.000 pesetas que faltarían, aseverando que él va pudiendo trabajar en función del dinero que va percibiendo. Menor importancia entiendo que tiene la discordancia entre subvenciones concedidas a la Junta de Cofradías con anterioridad y pagos recibidos por el artista, toda vez que las administraciones no siempre liquidaban aquellas con celeridad y que en esos años la economía de la Junta de Cofradías, embarcada en múltiples proyectos y gastos, acarreaba un significativo movimiento de caja, que en ocasiones exigía concertar operaciones de crédito y, a buen seguro, dedicar parte del dinero de alguna partida a otra de forma temporal para luego responder de lo que faltase con otro ingreso. No podemos sino agradecer y admirar el tesón y el inmenso trabajo de aquellos apasionados que regían la Junta en aquellos años. Gracias a ellos nuestra Semana Santa ha alcanzado las cotas que hemos visto, tal y como ellos soñaron.

Se traslada a la Sesión Plenaria de la institución nazarena celebrada el 29 de enero de 1950 que Marco Pérez asegura que La Exaltación figurará en la procesión En el Calvario de ese año, pero nada se dice del condicionante del importe que faltaría por pagarle, por lo que acuerdan convocar una reunión el 5 de febrero siguiente en la que se citaría a los antiguos hermanos de la Exaltación, incluso publicando un anuncio al respecto en el bisemanario Ofensiva , y a los industriales de la madera que habrían ofrecido sacar el Paso y asumir gastos, todo ello para reorganizar la Hermandad y preparar todo lo necesario para su primera salida procesional. Interviene en ese punto D. Franciso Jiménez, manifestando que tenía en su poder el cetro de la Hermandad y que las túnicas y capas estaban inservibles, por lo que era preciso hacerlas nuevas.

Como anécdota cabe señalar que el anuncio en Ofensiva se hizo inicialmente en la segunda página del ejemplar número 798 de la publicación, de dos de febrero, pero tan breve era la nota que se limitaba a decir que se había fijado el Domingo próximo para la constitución de la Hermandad, sin especificar hora ni lugar y, sobre todo, sin indicar que se trataba de la del Santísimo Cristo del Perdón. Esto se trató de enmendar en el siguiente número 799 del mismo 5 de febrero, en el que se decía: “El próximo Domingo se reunirá la Junta de Cofradías en los locales de las escuelas de San Antón para tratar de la organización de la Hermandad de la Exaltación, que engrosará los desfiles de la Semana Santa conquense. La imagen será obra del laureado escultor conquense don Luis Marco Pérez”. Al celebrarse la reunión ese mismo día 5, también podía inducir a equivoco este breve de Ofensiva

Del acta de esa sesión se deduce con claridad que tampoco entonces se logró reorganizar la Hermandad, pues se limita a reflejar el acuerdo tomado a propuesta de D. José Pérez Madera, consistente en oficiar a los madereros con el fin de que facilitasen los nombres de los obreros de sus fábricas que deseasen pertenecer a La Exaltación.

Sin duda prosiguieron las gestiones y, así, en la asamblea ordinaria de la Junta de 6 de marzo siguiente, se puso de relieve la preocupación por la posibilidad de que el Paso no llegase para poder desfilar en la Semana Santa de 1950, por lo que se acordó dirigir carta a Marco Pérez y celebrar con él una conferencia telefónica urgente para pedirle que hiciese lo posible de cara a terminarlo a tiempo y con ello “evitar el disgusto que produciría en la Excma. Diputación y de todo Cuenca”.

El conjunto escultórico no llegó y el 16 de abril la Sesión de la Junta de Cofradías decide que se fije a Marco Pérez un plazo de entrega del conjunto, que debe ser anterior al 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Asimismo, se refleja la primera noticia firme sobre la constitución de la Hermandad pues se ha recibido carta de la empresa J. Sanjuan y J. del Pozo en la que detalla el nombre de todos los trabajadores de la misma que desean pertenecer a la Hermandad, lo que motiva el acuerdo de constituir inmediatamente la Cofradía citando a todas las personas apuntadas hasta ese momento.

No tenemos noticias documentadas de que eso se produjese con esa premura, pero sí de que la Junta de Cofradías ya contaba a la Hermandad de la Exaltación como una de sus integrantes, pues el 30 de abril de 1950 se sortean cetros y capas entre las hermandades más pobres, siendo la del Santísimo Cristo del Perdón una de las agraciadas.

Volvemos a la hechura del Paso. El 26 de junio envía carta el escultor a Manuel Saiz Abad en la que le informa de que está terminando de tallar la última imagen y que Enrique Gimeno Monrabal está policromando otras dos, por lo que el conjunto está casi terminado. Un mes más tarde, el 27 de julio, una nueva atenta de Marco comunica que el Paso podía quedar a disposición de la Junta de Cofradías en septiembre, pues ya había entregado la última figura a Gimeno, el eminentísimo policromador y dorador que tanta importancia tuvo en la imaginería procesional de Marco Pérez y de otros tallistas de la época.

Extracto de la portada de Ofensiva de 18 de marzo de 1951 Fuente: Patrimonio Digital de Castilla – La Mancha

Otra carta del escultor, como todas las anteriores dirigida a Manuel Saiz Abad y fechada el 27 de septiembre de 1950, documenta que el Paso no había sido entregado aún a pesar de estar terminado, según parece por el silencio de la Junta de Cofradías tras la última atenta del artista en la que comunicaba que el conjunto estaba terminado. En toda la correspondencia de Marco se recordaba lo concerniente a los pagos pendientes y su abono se ponía como condición para entregar el Paso, aunque ahora admitía dejar para más adelante las últimas 15.000 pesetas si se le daban las garantías de cobro debidas, y no es descabellado aventurar que la falta de liquidez de la Junta en ese momento estaría detrás de esa ausencia de comunicación con el escultor para recogerlo.

También pedía Marco Pérez que le avisasen con al menos dos semanas de antelación respecto a la fecha en la que fueran a recoger el conjunto, para poder empaquetar debidamente figuras y andas.

Se da cuenta de esa carta en la Sesión que celebra la institución nazarena el 10 de octubre, en la que además de tomar acuerdo de pago de una nueva cantidad y decidir hacer todas las gestiones posibles para conseguir las 15.000 pesetas que faltarían para el completo pago al escultor, se determina recoger el Paso en el estudio del artista entre los días 20 y 25 de ese mismo mes, lo que fue comunicado a éste sin dilación, pues el 17 de octubre contestaba de nuevo por vía postal, aceptando que se le pagasen las mencionadas 15.000 pesetas que faltaban con los fondos que se consiguieran en adelante y poniendo de manifiesto que no podía entregar el grupo escultórico en las fechas propuestas por la Junta de Cofradías, pues como ya había dicho con anterioridad necesitaba dos semanas para embalarlo adecuadamente, proponiendo para ello los días 30 o 31 de octubre y avisando de que un camión no podría hacer el porte con un solo viaje, siendo precisos dos, pues además de las siete imágenes, la cruz y la escalera, había que traer la

plataforma, entendiendo por tal las andas, que tenían unas medidas de 3,80 por 2,25 metros.

No consta confirmación de la fecha en la que finalmente se realizó la recogida y traslado a Cuenca, pero sí que fue antes del 17 de diciembre de 1950, pues Marco Pérez escribe de nuevo en esa fecha, y por los términos recogidos en su carta parece que el porte se había realizado poco antes, dejando la escalera en su estudio, que fue remitida por la empresa de mensajería La Madrileña al día siguiente. Se interesaba también el escultor por el momento en el que hubiese que montar el Paso, si en esas fechas o cerca de la Semana Santa, se entiende que para poder estar presente.

La Sesión Ordinaria de la Junta de Cofradías celebrada el 7 de enero de 1951 acuerda solicitar a la Excma. Diputación Provincial una subvención de 15.000 pesetas para completar el pago a Marco Pérez por el Paso y citar a la siguiente asamblea de la Junta a los hermanos de La Exaltación para hacerles entrega del mismo, lo que se verifica el día 14 del mismo mes. Merece la pena transcribir el literal del acta de esa reunión en lo que se refiere a ello: “Queda constituida la Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón (Paso de la Exaltación de Jesús Crucificado), y se hace entrega del mismo a una comisión constituida por los siguientes señores: D. Ángel González, D. Félix de la Torre, D. Antonio Cruz Cruz, D. Primitivo Atienza Serrano, D. Santiago Herrero Cohete, D. Ambrosio Andrés y D. Julián Andrés Colmenar.”

La mencionada subvención fue concedida por la Diputación conquense por acuerdo de su pleno de 23 de enero de 1951, con lo que se pudo terminar de abonar a Luis Marco Pérez el precio de su obra. Dentro del expediente económico tramitado al respecto resulta de especial valor el contenido del escrito en el que el Presidente de la Junta de Cofradías, D. Carlos Albendea, formula la solicitud ante la institución provincial, pues tras las distintas cantidades manejadas como

presupuesto a lo largo de los tres años transcurridos desde el inicio de tan anhelado proyecto, en esa instancia queda fijada la suma definitiva a la que ascendió la hechura de tan magnífico Misterio: 75.000 pesetas, con pagos anteriores que habían sumado la cantidad de 60.000 pesetas, a las que ahora se unían las últimas 15.000 que completaban el precio.

El 4 de febrero la Sesión Ordinaria de la Junta de Cofradías decide adquirir 50 túnicas para la Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón y organizar una exposición con el Paso en las escuelas de Aguirre, cuya entrada sería gratuita. Por los testimonios gráficos que nos han llegado sabemos que la muestra se celebró, pero no hay constancia de las fechas exactas en las que permaneció abierta, como tampoco conocemos cuándo fue bendecido el conjunto escultórico, pues no consta en documentos ni actas de la Hermandad o de la Junta de Cofradías, mientras que la prensa local no se hizo eco de ello.

Es buena lógica los fondos propios de la Hermandad debían ser escasos todavía, por lo que ésta tuvo que pedir a la Junta de Cofradías que anticipase el importe de adquisición de los dos banzos necesarios para portar el Paso, a lo que la institución nazarena accedió mediante acuerdo tomado en su Sesión extraordinaria de 25 de febrero.

A las once y media de la mañana del Domingo día 4 de marzo de 1951 celebra la Hermandad Junta General en el Hogar del Flecha del Frente de Juventudes (antiguo cine Royal), en cuyo orden del día figura lo concerniente a la procesión de Viernes Santo y el nombramiento de Hermano Mayor, la subasta de banzos y la adjudicación de túnicas para los hermanos, además del clásico punto de ruegos y preguntas, publicando la citación en el número 913 de Ofensiva , correspondiente a ese mismo día en el que tenía lugar la asamblea.

La medida de la expectación que se había generado en torno al Paso y de su importancia a la hora de culminar la re -

cuperación tras la destrucción sufrida en el inicio de la Guerra Civil, la podemos deducir del hecho de que la única fotografía que aparecía en la portada del ejemplar número 917 de ese bisemanario, correspondiente a fecha tan señalada como el Domingo de Ramos, era la de La Exaltación. En el texto que acompañaba a la instantánea se destacaba la incorporación de este conjunto escultórico a la procesión En el Calvario del Viernes Santo como una de las grandes novedades de la Semana Santa que ese día comenzaba, junto al nuevo desfile procesional del Martes Santo.

Y hace setenta y cinco años, el Viernes Santo 23 de marzo de 1951, 32 banceros portaron por primera vez el monumental Paso labrado por Marco Pérez, y el pueblo de Cuenca pudo contemplar al fin de nuevo el Misterio de la Exaltación de Jesús Crucificado.

1951 – 1979. Cuando conseguir que el Paso desfilase cada Viernes Santo ya era un logro.

La Exaltación ya estaba en Cuenca y había salido a la calle aquel Viernes Santo del año 1951, pero a quienes velaban por mantener la vida de la Cofradía y conseguir consolidar el Misterio en la procesión En el Calvario les esperaba una larga travesía llena de dificultades y estrecheces por lo precario de su economía, el corto número de hermanos y el peso considerable del Paso.

No hay que olvidar que fue la Junta de Cofradías la que, además de asumir la captación de fondos y prácticamente todos los gastos, tuvo que impulsar lo que podríamos considerar la refundación de la Hermandad, con varios intentos de constituirla sin éxito que dieron lugar a que fuese necesario implicar a empresas del sector de la madera para poder sacarla adelante. Es posible que detrás de esas dificultades estuviesen los muchos años de inactividad de la Cofradía, junto con otros factores de corte sociológico.

Lo cierto es que, según lo que se deduce de los testimonios orales y de los documentos disponibles (la mayoría de finales de los años setenta del pasado siglo), en sus listas se podían encontrar bastantes hermanos sin vinculación personal ni familiar anterior con la Hermandad y una mayoría de asalariados en trabajos menestrales, sin nadie pudiente detrás que pudiera o quisiese ayudar a la muy limitada economía de la Hermandad, lo que tuvo que ser suplido con mucho trabajo e ilusión, destacando la figura de Santiago Herrero Cohete, quien lideró este proceso y se mantuvo al frente durante 28 años.

La Junta de Cofradías era consciente de ello y, aunque fueron varios los momentos en los que recordó a La Exaltación que debía cumplir con sus obligaciones pecuniarias para con la institución nazarena, también fue indulgente y comprensiva y rebajó el rigor de sus requerimientos. Ejemplo de ello es la decisión de esta última, tomada en sesión 20 de mayo de 1951 en orden a pedir a la Hermandad que pusiese más celo de cara a cumplir los compromisos adquiridos, que vino seguida del acuerdo del mismo órgano nazareno de 8 de julio siguiente para demorar el pago del descubierto de la Cofradía con la Junta hasta que aquella estuviese en condiciones de poder afrontarlo.

De todo lo expuesto da fe lo reflejado en el acta de la reunión que mantuvo la Comisión de Hacienda de la Junta de Cofradías el 18 de febrero de 1952: “La Venerable Hermandad del Stmo. Cristo del Perdón (La Exaltación), representada por el Hermano Mayor de la misma y el Representante en esta Junta Sr. Cohete, manifiesta que, dado el reducido número de sus componentes (unos 90 hermanos), todos ellos de condición modesta, la recaudación de las cuotas ordinarias les es en extremo laboriosa, no disponiendo de fondo alguno, habiendo empleado todo el anticipo, que asciende a 4.288,80 pesetas, en la adquisición de guion, crucifijo y confección de túnicas para hermanos. Visto su buen deseo de ir satisfaciendo la deuda a medida que sus po-

sibilidades se lo permitan, se acuerda concederle cuatro plazos a razón de la cuarta parte en cada año para su abono.”

Situados en contexto para comprender las muchas limitaciones que la Hermandad afrontaba retomamos lo que concierne al Paso, y ante la carencia de documentación y actas de la Cofradía acudimos a fuentes orales fiables y a las actas de la máxima institución de nuestra Semana Santa para intentar reconstruir lo que fueron los primeros años de La Exaltación en Cuenca.

El Paso se guardaba desmontado durante todo el año, y sólo el Santísimo Cristo del Perdón permanecía expuesto al culto en posición vertical, debajo del coro de la antigua iglesia de San Esteban - o de San Francisco, nombre por el que la conocían la mayoría de conquenses de la época -. Los pies de la imagen recogían la expresión física de la devoción del pueblo, lo que se notaba en la pátina que adquiría su policromía. Así lo recordaba el hermano José Antonio Olivares de la Rosa.

Revelador resulta un breve escrito suelto que nos ha llegado, fechado el 10 de octubre de 1955 y firmado por un representante de la Hermandad que bien podría ser el mencionado Santiago Herrero Cohete, en el que se refleja que las únicas mejoras introducidas en el Paso consistían en el pintado de las andas y en el repaso general de las figuras, lo que había sido costeado por la propia Hermandad, que a esa fecha no tenía deuda alguna, “aunque con mucho sacrificio, debido al poco número de sus hermanos y lo módico de sus cuentas”.

En ese mismo documento se comunicaba que también por cuenta de la Cofradía se habían confeccionado 36 horquillas para banceros valoradas en 750 pesetas y que se tenía la intención de incorporar para el Viernes Santo de 1956 un grupo de faroles o tulipas artísticas en la parte delantera de las andas, manejando un presupuesto para ello de 5.000 pesetas. Parece que ese grupo no llegó a hacerse, pues no hay fotografía alguna del conjunto escultórico en la calle en la que se vea tal elemento.

De aquel trasiego anual de montajes y desmontajes del Paso queda constancia también en las actas de la Junta de Cofradías, junto al comienzo del fin de la existencia del viejo templo de San Esteban. Tras comunicar el párroco D. Augusto Parra Cobo que se había tenido que acotar su nave central por riesgo de ruina, aunque no inminente, y considerar que ello impedía que las hermandades de la Exaltación y el Descendimiento se ordenasen en la iglesia para la salida procesional, pues por tratarse de conjuntos voluminosos restarían mucho espacio a los feligreses, se llega a un acuerdo consistente en situar los pasos en las capillas existentes en la Parroquia que pueden acogerlos por sus dimensiones. Se pone como condición por el regidor de la Parroquia que los grupos escultóricos que han de desfilar en la procesión del Miércoles Santo, Oración del Huerto y Prendimiento de Jesús, se acondicionen en la tarde del Martes Santo y queden totalmente desmontados en la mañana del Jueves, para realizar a renglón seguido el montaje de El Descendimiento y La Exaltación, “de tal forma que nunca estén en la Parroquia más que dos pasos montados”. Así consta en el acta de la Junta General de la Junta de Cofradías celebrada el 5 de marzo de 1958.

El Viernes Santo de 1959, primero en el que la procesión En el Calvario desfiló en el sentido en el que lo hace actualmente, ascendiendo hacia la Plaza Mayor por la Puerta de Valencia, se programó la celebración del Sermón de las Siete Palabras en el atrio de San Esteban, para el cual se planteó colocar dos altares coronados con doseles con sendas imágenes, y tras descartar la primera opción, que era la de que esas tallas fueran las del Santísimo Cristo de la Agonía y la de Nuestra Señora de las Angustias, se propuso a la Hermandad de la Exaltación exponer al culto en aquellos al Santísimo Cristo del Perdón y a la efigie de la Virgen María del Paso, pero se declinó la invitación exponiendo que la labor de desmontaje era costosa y que no mediaba tiempo suficiente para ello entre el final de su desfile procesional y el

comienzo del Sermón. Finalmente fueron las figuras del Santísimo Cristo del Amparo y de la Virgen de las Angustias que se venera en la misma iglesia de San Esteban las que se expusieron en aquellas aras adoseladas.

En junio de ese mismo año el párroco del templo también conocido como San Francisco ya le había comunicado al Presidente de la Junta de Cofradías la decisión de demolerlo y de levantar en su lugar otro de nueva planta. La situación del edificio parece que era por tanto de franco deterioro, sin entrar aquí en viejos debates sobre si era reversible con una rehabilitación adecuada o no, hasta el punto de que la Sesión Plenaria de la Junta de Cofradías de 25 de marzo de 1960 autorizó a la Hermandad de la Exaltación a organizar e iniciar su desfile desde la plaza de San Andrés, siendo la antigua iglesia del mismo nombre lugar de salida y finalización de su carrera procesional desde entonces hasta 1986. En consonancia con ello, accedió también a que la Oración del Huerto del Miércoles Santo continuase recorrido hasta esa misma plazuela junto al Peso, para efectuar allí su desmontaje.

En 1961 se demolía el viejo templo de San Esteban, último vestigio del convento franciscano, y el culto de la parroquia pasó a realizarse en el antiguo edificio de la Zona de Reclutamiento Militar, ubicado entre las actuales calles Noheda y Las Torres. En su altar mayor estaba expuesto para el culto de los fieles el Santísimo Cristo del Perdón, según el testimonio ya mencionado de José Antonio Olivares de la Rosa, expresado con ocasión de la entrevista que se le realizó junto a su hermana María Teresa para el número 1, correspondiente al año 2001, de la publicación de la Hermandad que llevó el nombre de Lignum Crucis. En buena lógica el resto del Paso quedaba en San Andrés, templo desacralizado que era propiedad del Obispado, el cual tenía cedido su uso a la Junta de Cofradías, que lo utilizaba entonces y durante años como almacén de andas.

No obstante, y aunque parezca sorprendente, la Junta de Cofradías no se resignó a que los pasos con sede en San Esteban dejasen de salir de su solar, y así dirigió petición al Ayuntamiento de la ciudad para que construyese un porche de madera desmontable en los terrenos de la iglesia desde el que pudieran realizar su salida procesional los grupos escultóricos en las procesiones de Miércoles y Viernes Santo. En la Junta General de la institución nazarena de 20 de marzo de 1963 consta que la corporación municipal denegó la petición por considerar que el asunto que se le solicitaba no era de su incumbencia.

En esos años el Obispado cede la propiedad de San Andrés al Ayuntamiento, que en 1964 ya proyecta obras de reparación y conservación del edificio para convertirlo en museo de la Semana Santa, lo que genera en la Junta de Cofradías inquietud por buscar una solución al posible problema que ello le podría generar a la hora de guardar andas y algunos pasos, y respecto a la salida procesional de conjuntos escultóricos como La Exaltación. Así, en el otoño de ese año se establecen contactos con el párroco de San Esteban para ver la forma en la que se podría adaptar el patio del inmueble que en ese momento ocupaba la Parroquia, con el fin de que en el mismo pudieran montarse los pasos e incluso que pudiera salir alguna procesión.

Tras el ofrecimiento por parte del Ayuntamiento de diversas soluciones, los grupos escultóricos afectados pudieron seguir saliendo desde San Andrés, aunque la preocupación se vio agravada con el inicio de las obras de la antigua iglesia, que antes de la Cuaresma de 1966 se encontraban en proceso de ejecución, y aunque parece que empezaron a buen ritmo, a finales de ese año no se habían terminado e incluso parece que se encontraban detenidas. El problema principal quedó solucionado por el Consistorio antes de la Semana Santa de 1967, dejando el edificio acondicionado para albergar a los pasos que de allí salían. Mas como la finalidad de las obras era la instalación del museo, el órgano de gobierno nazareno siguió buscando un inmueble para albergar andas, banzos, enseres y juntas, lo que culminó con la compra aquel mismo año del edificio de la calle Solera número 2 por la cantidad de 337.500 pesetas. No obstante, la antigua iglesia de San Andrés y la necesidad de seguir realizando obras en la misma siguió siendo objeto de debate y trabajo por bastantes años más.

La situación de la Hermandad seguía siendo precaria, en mayor medida si cabe durante los años sesenta del pasado siglo en los que se vivió una severa crisis de participación en todos los desfiles, siendo precisa la ayuda de la Junta de Cofradías en varias ocasiones para la compra de túnicas o para cubrir los gastos de montaje y mantenimiento del Paso. En ese contexto también se encontraban serias dificultades a la hora de completar año tras año el grupo de banceros necesario, tarea en la que se implicaban los pocos hermanos que asistían a las juntas y que se prolongaban a veces hasta los momentos previos a la salida del desfile.

Considerable era el peso del conjunto escultórico y tras un amargo Viernes Santo, en el que los agotados banceros de La Exaltación tuvieron que ser auxiliados por miembros de

la banda de cornetas y tambores, se decidió instalar un tercer banzo al Paso, aumentando el número de portadores, que hasta entonces habían sido 32, a 48, si bien esa cifra varió durante bastantes años según los banceros disponibles. La adición de ese palo central podría fecharse hacia 1966 siguiendo a Antonio Pérez Valero y al recordado hermano Emilio Mohorte Atienza, en entrevista que se le realizó para el número 0 de Lignum Crucis, editado en el año 2000. Curiosa resultaba la forma en la que se fijaban las almohadillas durante esa época, atándola al hombro del bancero en lugar de hacerlo al banzo.

El 21 de marzo de 1970, víspera del Domingo de Ramos, el Obispo de Cuenca Monseñor Inocencio Rodríguez Díez dedicaba la nueva iglesia de San Esteban y a ella pudieron ir volviendo los pasos de las hermandades erigidas en el viejo templo. Todos menos el de la Exaltación, cuyo regreso no se contempló, sin que a día de hoy sepamos el motivo, teniendo que permanecer aún en San Andrés durante 17 largos años más. Tampoco la imagen del Santísimo Cristo del Perdón tuvo sitio en la iglesia, quedando junto al resto del Paso sin más culto durante años que el procesional que se le tributaba en las calles de Cuenca cada Viernes Santo.

El conjunto escultórico, que desde su llegada a Cuenca en 1951 lucía una conseguida naturalización de la plataforma a base de tozas de pino que imitaban el suelo del monte Calvario, entre las cuales quedaban encastradas y ocultas a la vista las peanas de las imágenes, se adornaba para la procesión con elementos vegetales, cubriendo las andas con yedra la mayor parte de las veces.

De la situación de la Hermandad a mediados de los años setenta nos ilustra el siguiente párrafo del acta de la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías celebrada el 14 de abril de 1975: “Por considerar necesitada de ayuda a la Hermandad de la Exaltación, que tanto se esfuerza por alcanzar un más alto nivel, la Junta de Diputación acuerda establecer contacto con los directivos de la misma, al objeto de tratar de solucionar en la medida de lo posible sus problemas.”

Acaso fruto de lo anterior, el 28 de febrero de 1977 el mismo órgano decide encargar a su Presidente que realice gestiones con la autoridad eclesiástica con el fin de conseguir que el Paso de la Exaltación sea colocado en la iglesia de San Esteban, al ser el único conjunto que no ha retornado de los cuatro que albergaba la vieja iglesia. La Historia nos dice que no se consiguió entonces el resultado apetecido.

El impulso definitivo y las décadas posteriores. Llegamos a 1979 con la Hermandad atravesando de nuevo problemas de tesorería muy serios, que le llevaron incluso a presentar una carta ante la Junta de Cofradías de la que se informa en la Junta de Diputación de esa institución de 9 de marzo de ese año, en la que se manifestaba la imposibilidad de hacer efectiva la cuota anual al órgano rector de la Semana Santa e incluso el importe del emblema adquirido para los Representantes, por lo que califican como dificultades económicas insalvables. No obstante, finalmente se pide esperar a la Junta de la Hermandad que se celebra a finales de ese mismo mes para ratificar o no lo contenido en el escrito.

Y así llega el 31 de marzo de 1979, día en el que se reúne la Junta General de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón que va a cambiar el ciclo en su Historia. Los muchos años de esfuerzo colectivo habían logrado que el Paso saliese a la calle cada Viernes Santo, pero había llegado el momento y se daban las circunstancias para comenzar a avanzar. Santiago Herrero Cohete como Secretario y el Representante ante la Junta de Cofradías Jesús Serrano cedían el testigo a un ilusionado grupo de hermanos que se hacía cargo de la Hermandad: Ladislao Valera Redondo como Secretario, Jesús Rolanía López en la Depositaría, Gregorio López Monsálvez en el puesto de Contador, el Representante ante la Junta de Cofradías Pedro Navalón Sevilla y los Vocales Bruno Canales Córdoba, Rafael Fernández Jiménez y Miguel Ángel Moset Aparicio.

5 días más tarde se reúnen los componentes de la Junta de Diputación saliente y entrante, recibiendo estos últimos el listado de los 121 hermanos, las llaves del cajón en el que se guardaban las horquillas y las almohadillas del Paso, el guion de la Hermandad, las capas y los cetros y el saldo de la cuenta corriente en ese momento: 35.467,97 pesetas. Eso y el grupo escultórico era en ese momento todo el patrimonio de la Hermandad, que no tenía libros de actas ni de cuentas.

Reflejo estos datos para entender de dónde se partía en ese momento y nunca para generar juicios de valor sobre quienes hasta entonces habían regido la Cofradía, que no habían hecho sino cumplir con creces el objetivo de salir en procesión cada año ante la falta de recursos económicos y de hermanos que aquella había padecido desde el mismo día de su refundación. Sólo ellos sabían cuántos desvelos y sacrificios había costado llegar hasta allí, lo que sólo puede ser objeto de gratitud.

Pasada la Semana Santa de aquel año se reúne la nueva Directiva con José López Moya, Depositario de la Junta de Cofradías, para exponerle la situación de la Hermandad y sondear las ayudas con las que podrían contar. Tienen claro que es necesario cambiar las andas e intentar restaurar alguna imagen, pues el deterioro del Paso era notable, hasta el punto de que la sujeción de las esculturas de los sayones que tiran de las cuerdas estaba reforzada con varas metálicas que iban desde la plataforma de las desvencijadas andas hasta la parte que quedaba debajo de las vestiduras de esas tallas, y es que, según testimonio de Jesús Rolanía López, las peanas de éstas se encontraban afectadas por carcoma.

Aunque ya se había contactado con las hermandades de San Juan Apóstol Evangelista y de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, que ya habían comprometido donativos para sufragar lo mucho que había que hacer, a sugerencia del Depositario de la Junta se dirige carta a todas las hermandades de la Semana Santa. Ésta tiene como respuesta varias aportaciones de las hermandades de Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol, Virgen de la Luz, María Santísima de la Esperanza, Nuestra Señora de la Soledad del Puente, San Juan Bautista, Jesús Entrando en Jerusalén, Ecce-Homo de San Miguel, San Juan Apóstol Evangelista, Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín y Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador, éstas dos últimas de especial relevancia económica. Gracias a todas ellas se pudieron ir afrontando los estimables gastos. Además, la Hermandad de la Soledad de San Agustín donó dos faroles para la cabecera.

También se ocuparon de realizar el diseño del escudo, del que hasta entonces carecía la Hermandad, haciendo las planchas del mismo el Vocal y reconocido artista conquense Miguel Ángel Moset Aparicio, con la participación en tal labor de Jesús Rolanía López, que veló por su impresión sobre tela.

Muchos otros trabajos se afrontaron por aquellos entusiastas componentes de la Junta de Diputación, pero voy a centrarme en aquello que tenía que ver con el grupo escultórico, como fue la construcción de unas nuevas andas, ejecutadas por Nemesio y Modesto Pérez del Moral por un precio de 48.128 pesetas, con las que ya desfiló el Paso el Viernes Santo de 1980.

Entre 1980 y 1983 se van restaurando las imágenes, siendo la primera la de la Virgen María (1980), siguiendo con el Santísimo Cristo y la cruz (1980), María Magdalena (1981) y los cuatro sayones (entre 1981 y 1983), empezando por los que tiran de las cuerdas. El encargado de la restauración fue el hermano Rafael Fernández Jiménez, a quien la Junta General de la Hermandad, celebrada el 13 de marzo de 1983, manifestó su gratitud.

Seguía el Paso en San Andrés, aunque ya en 1980 el recordado sacerdote y Archivero Diocesano Dimas Pérez Ramírez, ejemplar y querido Consiliario de la Hermandad durante casi tres décadas, propuso intentar bajar a San Esteban la imagen del Cristo del Perdón para que estuviese allí todo el año, así como dedicarle en esa iglesia Solemne Función Religiosa el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. La Función se realizó ya aquel año, pero el Santísimo Cristo per-

maneció en San Andrés, decidiendo la Junta General de marzo de 1981 que sólo se llevaría al Titular a la iglesia si se trasladaba allí todo el Paso.

Todas aquellas mejoras trajeron consigo un aumento del número de hermanos y del precio de los banzos, que según costumbre eran adjudicados a un precio fijado por la Junta General, flexibilizando el número de banceros cada año para acoger bajo La Exaltación a todo el que quisiese portarla. Esa forma de ocupar los puestos bajo el Paso se ha mantenido hasta la actualidad con contadas excepciones, y aunque desde hace años el número de banceros ya es fijo, los hermanos siempre intentan llegar a acuerdos para compartir banzo cuando ello es necesario antes que subastar, lo que no es sino muestra del carácter de gran familia que tiene la Hermandad.

En 1985 cambia parte de la Junta de Diputación, que ahora está liderada como Secretario por Rafael Fernández Jiménez y ese año el Paso es trasladado a la Catedral con ocasión del solemne funeral de Luis Marco Pérez, para el que la Hermandad aportó la cantidad de 10.000 pesetas.

Y se hizo de necesidad virtud en 1987, cuando tras el hundimiento de una bóveda de la antigua iglesia de San Andrés fue preciso trasladar La Exaltación a la Catedral. En este punto puedo dar mi propio testimonio, veraz por lo nítido del recuerdo a pesar de mi mocedad por entonces, de que el conjunto se llevó de puerta a puerta a hombros y sin horquillas, introduciendo dos borriquetas bajo el Paso en cada parada para descansar.

Acordó entonces la Junta General de 29 de marzo de 1987 formar una comisión para hablar con el Párroco de San Esteban de cara a procurar que La Exaltación terminase la procesión en esa iglesia y que quedase allí al culto. En aquellas conversaciones tuvieron una participación activa los hermanos Quiterio Martínez Torrecilla, Emilio Mohorte Atienza, Antonio Torralba Martínez, y los miembros de la Junta de Diputación Rafael Fernández Jiménez, Jesús Rolanía López, Bruno Canales Córdoba y el Consiliario, Dimas Pérez Ramírez.

Se consiguió llegar a un acuerdo por el que el Santísimo Cristo del Perdón se situó tras el altar de la iglesia, junto al Sagrario, mientras que el resto de las imágenes y las andas eran guardadas, desmontadas y protegidas por plásticos, en la planta más baja del complejo parroquial, en una estancia diáfana y grande utilizada como trastero, cuyas condiciones de limpieza eran manifiestamente mejorables. De esta manera, el Viernes Santo de 1987 el

desfile del Paso y de su Hermandad fue singular por realizar un trayecto que no se había hecho antes ni se ha repetido después, partiendo de la Catedral para terminar, por fin y 28 años después, en San Esteban.

Como las andas no entraban bien por la puerta del espacio en el que se guardaban, teniendo que pasarlas prácticamente de canto, la Hermandad instaló una puerta, mas sin suponerle coste alguno, porque el hermano Emilio Mohorte Atienza donó todo, material y trabajo. La necesidad de montar el Paso consolida en aquellos años la cita para ello, verificándose tan delicados trabajos a las cuatro de la tarde de cada Domingo de Ramos, mientras que el Sábado Santo por la mañana se ejecutaba la operación inversa.

El ornato en la procesión del grupo escultórico varió a lo largo de la Historia del mismo; pocos fueron los años en los que no se colocó nada sobre la plataforma y bastantes hasta los ochenta del pasado siglo en los que se optó por cubrir aquella con yedra, añadiendo un centro de flores en ocasiones contadas, como sucedió entre 1979 y 1983. Después de ello se optó por alfombrar las andas con romero, lo que se consolidó pronto casi como una tradición junto con la recogida del mismo, que se realiza en la mañana del Jueves Santo por un gran número de hermanos, resultando entrañable también la costumbre surgida espontáneamente por la que los participantes en la procesión, tras depositar el conjunto escultórico en la iglesia, toman un tallo del romero con el que se ha adornado, que se llevan hasta sus hogares como humilde señal de la devoción compartida.

Pocas novedades en torno al Paso se producen en los siguientes años, siendo además de escaso calado hasta llegar a 1992, cuando la Hermandad tuvo el orgullo y el honor de ver a su grupo escultórico protagonizando el cartel anunciador de nuestra Semana Santa, lo que agradeció mediante sendas cartas a su autor, Miguel Ángel Culebras Serrano, y al jurado calificador del concurso convocado al efecto.

En la Junta General de ese año se refleja también el malestar creciente de la Hermandad por el deterioro que están sufriendo andas e imágenes por los desmontajes y montajes de cada año y por las malas condiciones de la estancia en la que están almacenadas, lo que lleva a aprobar que la Junta de Diputación se entreviste con el Párroco de San Esteban para hacerle llegar esa preocupación, en la esperanza de poder mejorar la situación, lo que se conseguiría en años venideros.

El Viernes Santo de 1996 el Paso estrena banzos de madera elaborados por el hermano Quiterio Martínez Torrecilla, que reemplazaban a los que posiblemente eran los originales con los que desfiló por primera vez y que se habían seguido utilizando hasta entonces. En esa misma procesión la Hermandad respondió de forma ejemplar y unánime a la decisión que había sido tomada en Junta General Extraordinaria de 11 de diciembre de 1994, en la que además de ratificar el nombramiento como Secretario de José Manuel Alarcón Sepúlveda – que venía ejerciendo como tal tras la dimisión de Rafael Fernández Jiménez en la Junta General de marzo 1993 -, se aprobó la propuesta de recuperar el color marrón original en el capuz y el fajín, pues el tono de esas prendas había mutado en granate con los años. Con ello se contribuyó de forma decisiva a la mejor uniformidad de los banceros y del resto de hermanos, y se recuperó en toda su plenitud el singular cromatismo de la procesión En el Calvario.

En la asamblea de la Hermandad de 16 de febrero de 1997, y al hilo de la inquietud mostrada el año anterior respecto al estado de conservación del Paso, se da cuenta de que la profesional Elena Suay Vara está preparando un informe y proyecto de restauración de las imágenes, y de que se abierto una cuenta corriente específica para recoger en ella todos los donativos que se quieran destinar a tal fin.

Gracias a que la Hermandad del Prendimiento decide exponer a su Titular al culto sobre una peana o altar, retirando las andas de la iglesia, se consigue entonces que el Paso de la Exaltación permanezca montado todo el año en el templo, con la sola excepción del Santísimo Cristo, que seguía situado en el presbiterio, junto al Sagrario. Aunque no hay reflejo en las actas de la Hermandad de la fecha en la que eso se produjo, sí está documentado en el libro de cuentas de la Cofradía que en 1997 se instala una reja de forja en la pieza de la iglesia en la que estaban los pasos, que incorporaba los escudos de las hermandades de Jesús Orando en el Huerto, del Santísimo Cristo de la Salud y del Santísimo Cristo del Perdón. Esa misma reja, debidamente adaptada, es la que cierra hoy en día el espacio en el que se encuentra el Paso del Descendimiento.

En la procesión de ese año un cimbreo de la imagen del sayón con torso vestido que tira de una de las cuerdas advierte de un problema en la sujeción del mismo, y al revisar su peana se comprueba que había sufrido un serio ataque de carcoma, lo que obligó a sustituirla con la intervención una vez más del hermano Rafael Fernández Jiménez y del escultor conquense Vicente Marín Morte, en cuyo estudio se ejecutó y acopló la nueva base de la escultura. Lo exiguo del cargo para la Hermandad que supuso aquello, apenas 8.000 pesetas que aparecen en sus cuentas de 1998, da fe de que no cobraron nada por su trabajo, pues tan corto importe a duras penas cubriría el material. Aunque se revisaron el resto de imágenes del Paso sin detectar señales de xilófagos en ninguna, se pidió informe y presupuesto a la empresa Denfor, especializada en la erradicación de plagas de ese tipo, pero no se llegó a tomar en consideración porque se estaba a punto de vivir hechos que exigirían otras medidas de mucho más calado.

Y es que el Viernes Santo 10 de abril de 1998 la procesión En el Calvario se vio sorprendida en pleno recorrido por una tormenta que cursó nieve, con hermandades y pasos en la Plaza Mayor y con las puertas de la Catedral cerradas, retomándose la procesión al no tener dónde guarecer aquellos y amainar las inclemencias, que no obstante volvieron a arreciar en diferentes momentos de la bajada. Eran tiempos en los que se carecía de fundas de plástico para proteger las tallas, y de hecho aún se puede encontrar testimonio audiovisual de todo lo dicho en la popular plataforma Youtube.

Pronto, apenas pasados unos días, se pudo constatar que el daño que habían sufrido las imágenes era tremendo y la Junta de Diputación de la Hermandad empezó a trabajar intensamente para recabar proyectos de restauración del Paso y fondos con los que sufragarla, pues su coste era imposible de afrontar con los ingresos ordinarios y los fondos de la Cofradía.

Se visitó a los principales medios de comunicación de la ciudad, cuya colaboración fue imprescindible para concienciar a la sociedad conquense de la grave situación del conjunto escultórico, y se recabaron proyectos y presupuestos para rehabilitarlo, convocando una Junta General Extraordinaria que se celebró el 9 de

mayo de ese año, para la que ya se disponía de un informe valorado de la restauración, elaborado por el Grupo Aprilis. En esa reunión fue decisiva la intervención de Jesús Millán de las Heras, quien habló también en nombre de la Junta de Diputación de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador, animando a que se afrontase de inmediato la restauración pues la Cofradía a la que representaba había acordado donar para tal fin una fuerte suma.

Y así fue y consta en el libro de caja de La Exaltación, en el que se puede comprobar el elevado importe recibido de la Hermandad que preside Camino del Calvario, siendo decisiva para que el Paso pudiera ser restaurado aquel mismo año, junto a una subvención de la Excelentísima Diputación Provincial, a las jugosas donaciones de las hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno - del Puente -, Santa Cena, Jesús Orando en el Huerto de San Esteban, Jesús Orando en el Huerto de San Antón, Jesús de Medinaceli, Santísimo Cristo de la Luz, Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, San Juan Apóstol Evangelista, Nuestra Señora de las Angustias, y del Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de Cuenca, y a un sinfín de donativos de particulares, tanto de hermanos como de conquenses que no figuraban en las listas de la Cofradía. Pocas veces un libro de cuentas ha reflejado semejante expresión de solidaridad, afecto y apoyo.

La rehabilitación de las imágenes se llevó a cabo finalmente por la empresa Albedo S.L. con Carlos Álvaro Chirveches a la cabeza, y una vez finalizados los trabajos se abrió una exposición en la misma iglesia de San Esteban bajo el título “Exaltación. Restauración de un gran Paso”, que permaneció abierta al público del 24 de octubre al 2 de noviembre de 1998.

Mención especial merece el cambio de color que se produjo en la policromía del sayón que empuja la escalera, que hasta entonces había sido el de un hombre de tez muy oscura. Aunque las fotografías antiguas ilustraban que en Cuenca siempre había tenido esa tonalidad, lo cierto es que el restaurador avisó a la Junta de Diputación de la Hermandad de que había comprobado que la capa de ese color era de escasa calidad, con componente plástico en su composición, y que debajo se encontraba la policromía original, ejecutada con las técnicas habituales en los trabajos de Enrique Gi-

meno Monrabal. Eso mismo sucedía con la túnica de la escultura, también mudada en su tono para que contrastase con el cambio en el de las carnaduras. Personada una comisión de la Directiva en el estudio de la empresa de restauración, situado en la ciudad de Madrid, se decidió eliminar esa capa de escasa calidad, por lo que aquella intervención cambió los colores de la talla. En el ámbito de lo que nunca sabremos queda el motivo por el que Gimeno tuvo que realizar un cambio en la tonalidad de vestimenta y carnaduras de esa escultura cuando ya tenía terminada su policromía.

Ya en la Junta General de la Hermandad de 14 de marzo de 1999 se decide que el Santísimo Cristo del Perdón permanezca en el Paso durante todo el año para evitar el deterioro derivado del montaje y desmontaje del Titular y se informa de que se han encargado unas fundas de plástico para las tallas. En esa misma Asamblea se verifica un cambio importante en la composición de la Junta de Diputación, encabezada a partir de ese día por Jesús de la Cruz Langreo como Secretario, durante cuyo mandato el grupo escultórico empezó a ser expuesto al culto durante la Cuaresma a los pies de la iglesia de San Esteban y se empieza a trabajar para conseguir un futuro cambio de andas, a lo que da continuidad la Directiva de su sucesor en el cargo a partir de marzo de 2003, Pedro Martínez Valiente.

En Junta General Extraordinaria de 17 de octubre de 2004 se aprueba sustituir los banzos de madera por unos de duraluminio, reflejando en el acta de aquella asamblea cuál había sido el peso del conjunto en la calle hasta aquel año, quedando patente la maestría de Luis Marco Pérez a la hora de ajustarlo mediante el ahuecado de cada talla, de manera que las imágenes, la cruz y la escalera suman un peso de 445 kilogramos, ascendiendo a 1.030 el del total del Paso.

El 6 de marzo de 2005 la Junta General de la Hermandad acuerda la construcción de nuevas andas, lo que se encarga a Antonio Sánchez Sánchez, artista de la población toledana de Menasalbas, con un proyecto en el que se representan las catorce estaciones del Vía Crucis y el escudo de la Cofradía tallados a mano sobre madera de cedro, encargándose la Hermandad de la construcción de su armazón, que se ejecutaría con tubo de hierro hueco.

Las nuevas andas son bendecidas el 1 de abril de 2006 por Monseñor José María Yanguas Sanz, Obispo de Cuenca, en la Función Religiosa Cuaresmal que se dedica al Santísimo Cristo del Perdón, saliendo a la calle por primera vez el Viernes Santo de ese año, en el que también se bendijo una representación gráfica del grupo de La Exaltación sobre azulejos, situada en la fachada de uno de los inmuebles de la Anteplaza.

El 18 de marzo de 2007 es nombrado Secretario el hermano Miguel Higueras Gallén, que se pone como objetivo conseguir que el Paso reciba culto durante todo el año en un espacio adecuado, pues hasta entonces se encontraba encajonado entre un pilar y la pared del fondo de la pieza de la iglesia en la que se hallaban los conjuntos de la Oración del Huerto y del Descendimiento junto al de la Exaltación, y una nueva restauración de las tallas, pues aparte de que empezaban a mostrar ciertos signos de deterioro, subyacía en la Hermandad el sentimiento de insatisfacción con las terminaciones de algunas imágenes.

Ya en 2008 se consigue que el Paso se ubique todo el año en el lugar en el que se encuentra hoy en día, a los pies de la iglesia, que fue mejorado por cuenta de la Hermandad con la instalación de 3 focos para la iluminación de las tallas y con el panelado en madera de las paredes del fondo, encargando también un artístico reclinatorio al autor de las andas, Antonio Sánchez Sánchez, en cuyo frente se representa el antiguo conjunto escultórico labrado por José Tena, el actual de Marcó Perez y el escudo de la Hermandad.

La Junta General que celebra la Hermandad el 14 de marzo de 2010 acuerda encargar una nueva restauración del Paso a Marta Díaz Martínez, sobre un proyecto y presupuesto que es aumentado apenas unos meses más tarde ante la comprobación de la necesidad de sellar debidamente ciertas grietas, lo que sólo pudo ser advertido durante la ejecución de los trabajos que ya estaban en curso. Esa elevación del coste fue aprobada en asamblea extraordinaria de 19 de junio de ese mismo año, que también acordó cambiar la estructura de las andas sustituyendo la de tubo de hierro hueco por otra de duraluminio, con la que se consiguió una rebaja de peso del conjunto, cuyo número de banceros se había reducido a 46.

La restauración y las modificaciones en el armazón de las andas están concluidas cuando se celebra la Junta General de la Hermandad de 3 de abril de 2011, en la que Marta Díaz realiza

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA PARA LA REALIZACIÓN DEL PRESENTE ARTÍCULO:

• Martínez Soriano, Ángel. Pinceladas Históricas de las Cofradías de la Semana Santa de Cuenca. (Cuenca. Caja Provincial de Ahorros de Cuenca. 1981).

• Pérez Valero, Antonio. A través de mi Capuz. (Cuenca. Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca, 1997).

• Pérez Valero, Antonio. Apuntes para la Historia Nazarena Conquense II. (Cuenca. Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca, 2021).

• Lignum Crucis. Boletín de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón – Paso de la Exaltación -. Cuenca. Números 0, 1, 2, 3 y 7, correspondientes a los años 2000, 2001, 2002 y 2008 respectivamente.

• Actas de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca entre los años 1946 y 1980.

• Bisemanario Ofensiva, en sus números comprendidos entre enero de 1950 y abril de 1951.

una disertación con apoyo fotográfico del proceso de la restauración, siendo su labor y lo módico del precio cobrado objeto de agradecimiento por parte de la asamblea, que también da las gracias al hermano Miguel Higueras Pareja, por lo decisivo de su mediación para conseguir esta nueva rehabilitación de las tallas del Paso. En esa misma Junta se produce un nuevo relevo en la Secretaría, que asume ahora Silvia Muñoz López.

La conciencia tomada en las últimas décadas respecto a la importancia de prevenir las causas de posibles deterioros en las tallas puede estar detrás del feliz hecho de que en los últimos años sólo haya sido necesaria una intervención en las imágenes del grupo escultórico, siendo ésta la restauración de la imagen de María Magdalena, realizada durante el verano del año 2023, de nuevo por Marta Díaz Martínez.

Llegamos así al tiempo presente, cuando se conmemora el septuagésimo quinto aniversario del primer desfile procesional del Paso de la Exaltación obra de Luis Marco Pérez, con policromía de Enrique Gimeno Monrabal, cuando la obra y la Hermandad que da culto a lo que representa se encuentran en la mejor etapa de su Historia, fruto del trabajo callado y de la devoción de tantas personas.

A todas ellas querría dedicar este artículo, mas no citaré nombres por temor a que faltase alguien, a hacer de menos a quien no llegué a conocer y mucho aportó, hermanas y hermanos algunos que ya no están con nosotros pues partieron a la eterna morada un día, que con humildad y entrega nos dejaron una lección de vida y un camino a seguir.

Hora es de terminar, agradeciendo la colaboración a la hora de realizar el estudio sobre el que he escrito a Antonio Pérez Valero, José Manuel Vela Velasco, Silvia Muñoz López y Jesús Rolanía López, con quien tuve el privilegio de trabajar en la Junta de Diputación en los años noventa del pasado siglo, y que puso a mi disposición sus recuerdos y su archivo. Sin la ayuda de todos ellos no hubiera sido posible este humilde trabajo. Llegará otro Viernes Santo y tantos como Él quiera hasta que seamos eternidad, cuando nuestros nombres sean aquí poco más que un recuerdo y se reúnan en el campo de San Francisco quienes nos sucedieron, en torno al Paso que cumplió un anhelo cuando casi todo estaba por hacer, para poner a los pies de Cristo entre el romero en flor, oraciones, lágrimas y sueños.

• Libros de actas de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón –Paso de la Exaltación -, desde su apertura en 1979 hasta 2024.

• Libro de cuentas de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón – Paso de la Exaltación -, de los ejercicios comprendidos entre 1979 y 2011.

• Testimonio oral de Jesús Rolanía López.

• Cartas enviadas por Luis Marco Pérez a la Junta de Cofradías entre diciembre de 1949 y diciembre de 1950.

• Documentos del archivo de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca relacionados con las subvenciones destinadas a costear el Paso de la Exaltación, de enero de 1948 a enero de 1951.

• Escrito suelto de 10 de octubre de 1955 que la Hermandad de la Exaltación dirige a la Junta de Cofradías.

FOTOGRAFÍAS:

Archivo de José Manuel Vela Velasco, Goliardo, Archivo de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón – Paso de la Exaltación -, Silvia Muñoz López.

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Cuenca Nazarena
El caballero, la muerte y el diablo. Grabado de A. Durero,1513, BNE

Introducción

Cuando el genial novelista Galdós dedicó esas elogiosas palabras a la Guardia Civil, la Institución había rebasado ya el medio siglo de vida íntimamente ligada al convulso siglo XIX que tan bien conocía. Poseedora de una continuidad histórica indiscutible que arranca en 1844, los enormes cambios experimentados en estos casi dos siglos no han mermado la mayoría de sus cometidos y valores originales. Entre ellos, su constante trabajo al servicio de la Ley y los derechos de los ciudadanos hasta convertirse en un pilar fundamental de nuestra democracia. Tampoco su compromiso y vocación de servicio acompañando a las sagradas imágenes, símbolo de tradición y compromiso histórico con las expresiones del fervor popular. Máxime cuando se lleva a cabo en los cortejos procesionales de la Semana Santa, donde su histórica presencia ayuda a ennoblecerlos. Eso mismo sucede en Cuenca desde la propia fundación del Cuerpo. Una de las viejas capitales castellanas donde este rito festivo e identitario es su principal y más brillante expresión, y donde la Benemérita sigue cumpliendo su honorifico cometido con disciplina y lealtad a las más arraigadas tradiciones.

La prevalencia del catolicismo en las filas de los Ejércitos Españoles

La mítica figura del Miles Christi, el caballero cristiano medieval, ha sido durante siglos en Europa el modelo del verdadero soldado de Cristo dispuesto a defender su fe. De hecho, los estatutos de las órdenes de caballería alcanzaron el estadio más avanzado de este sacro ideal sometiéndose a los votos propios de la vida monacal. Acatando, por añadidura, la autoridad pontificia a través de sus grandes maestres como ocurrió en España y otros países europeos. Algo muy propio de una época procelosa donde lo religioso y lo místico lo abarcaban todo, y el más alto ideal era la defensa a ultranza de sus creencias y valores religiosos. El honor, la disciplina y la observancia de las virtudes cristianas tan enraizadas en los guerreros de la época, ayudaron a mantener la unión entre la

“Fue creado en el seno de España un ser grande, eficaz y de robusta vida: La Guardia Civil.” Benito Pérez Galdós, Bodas Reales. Episodios Nacionales, 1900.

milicia y la religión. Fuente ésta última de “gracia y virtud” en la sociedad medieval, donde el soldado podía salvar su alma como los religiosos perpetuando unos “valores considerados como eternos” (Espinazo,1987:24). Como pone de relieve el magnífico grabado El Caballero, la Muerte y el Diablo (1513), una de las obras maestras del artista alemán Alberto Durero (1471-1528), su virtuosismo muestra una representación alegórica del perfecto caballero cristiano, y una prueba de la persistencia de estos ideales en pleno Renacimiento. En perfecta armonía con el Enquiridion o Manual del Caballero Cristiano (1503) de Erasmo de Rotterdam, una obra fundamental del humanismo muy bien acogida en la España del siglo XVI, que abogaba por una religiosidad más auténtica y espiritual ajena a los dogmas rígidos.

Sin embargo, el objetivo de los Reyes Católicos de lograr la unidad religiosa de todos los reinos peninsulares para garantizar su cohesión política, ya anticipaba de facto el conocido principio Cuius regio, eius religio que avalaba que la confesión religiosa de un príncipe determinaba la de todos sus súbditos. De hecho, la Monarquía Hispánica va a erigirse en un auténtico bastión de la Contrarreforma en defensa del catolicismo como única religión verdadera . Dentro de esta lógica política, los ejércitos de Su Majestad constituyeron una auténtica milicia católica a lo largo de toda la Edad Moderna. Así lo puso de manifiesto la doctrina militar que emanaba de las obras de numerosos literatos que también habían abrazado el ejercicio de las armas. Empezando por Miguel de Cervantes en la II parte del Quijote, para quien Dios siempre era la “primera razón del soldado”, en tanto que el más poderoso motivo por el que las “repúblicas bien concertadas” y los “varones prudentes” debían desenvainar la espada para defender la fe católica. Por ello, las ordenanzas militares eran consideradas como simples normas complementarias de la ley divina, fortaleciendo valores inherentes a la milicia como el valor, la abnegación y la disciplina que los situaba en un plano superior a sus enemigos (Domínguez, 2021:90).

PorJuan Carlos Peñuelas Ayllón, Doctor en Historia

El decisivo papel de las Reales Ordenanzas de Carlos III. Inalterables en el tiempo, estos fundamentos fueron recogidos en la nueva reglamentación borbónica del XVIII de una manera tan sólida, que la religiosidad se exteriorizaba en todos los órdenes de la vida castrense (Domínguez, 2023:238). Especialmente en las ceremonias para jurar la bandera y la bendición de estandartes, navíos, etc., y la participación en las procesiones más solemnes. En este sentido, las Ordenanzas de Carlos III promulgadas en 1768 (Tratado III, art.1º.) especifican con detalle la participación en la conducción del “Viático, procesiones, traslado de imágenes de Cristo, La Virgen y los Santos”, así como la guardia que debía establecerse en los tradicionales “Monumentos” del Jueves Santo. A la hora de rendir Honores Militares en la vía pública al Santísimo Sacramento, la tropa debía presentar “armas” y el “tambor tocar la marcha” cuando se aproximaba, poniendo la “rodilla derecha en tierra” sin “sombrero o gorra” al pasar por delante. Posteriormente, dos soldados debían darle escolta “con sus armas afianzadas” como se mandaba en la procesión del Corpus Christi, donde una “compañía de soldados armados, pero sin gorra” debía marchar a los lados del palio mientras una “compañía” cerraba el desfile detrás de las autoridades. Un buen ejemplo de la enorme relevancia que tenían esta celebración eucarística, la encontramos en Cuenca el 11 de junio de 1808 durante la Guerra de la Independencia. Ese día el mariscal francés Moncey, que poco antes había tomado la ciudad, ordenó cubrir la carrera de la procesión “con sus lujosas tropas” (Trifón, 1860:486).

El artículo 6º dedicado a las procesiones con la imagen del “Santísimo Cristo, la Virgen u otro Santo”, estipulaba que los soldados debían descansar “sobre las armas desde su principio hasta el fin”. Una orden que también afectaba al “tambor”, que debía tener “la caja al hombro”, mientras el oficial terciaba su fusil “haciendo cortesía” y la “Caballería” inclinaba sus “sables” en señal de respeto. A continuación, el artículo 9º referido al duelo que debía mantenerse a partir del Jueves Santo, señalaba

que las armas debían colocarse “a la funerala”, a la vez que se envolvían las “banderas y estandartes” y se colocaban “sordinas” a los instrumentos musicales. Una medida para disminuir su sonoridad y variar su timbre “hasta el repique de campanas el Sábado Santo” (Ordenanzas,1768:325-329). Unos años más tarde, en 1777, Carlos III prohibió las procesiones de “disciplinantes”, siendo común otro ritual por el que grupos de “hombres armados” pasaban la noche velando la imagen de Cristo colocado en los efímeros monumentos que representaban su sepulcro (Brisset, 2009:432).

Para lograr una reafirmación tan acusada del catolicismo en la milicia, aquí desempeñaban un papel fundamental los capellanes castrenses. Una figura nombrada entre el clero secular por los coroneles de los regimientos reales con un cometido muy claro. Velar “cuanto conduce al bien espiritual, no solo de los oficiales y tropa, sino también de las mujeres, hijos, criados y demás personas dependientes de ellos” especialmente durante el tiempo de la “Cuaresma” (Ordenanzas,1768: 6,13).

La perdurabilidad de la reglamentación militar borbónica en los siglos XIX y XX.

Esa innegable impronta católica de los ejércitos españoles fue constante incluso durante la primera mitad del siglo XIX, cuando el país ya se había adentrado en la Edad Contemporánea. En este sentido, no existieron grandes contradicciones entre el nuevo constitucionalismo liberal, confesionalmente católico, y las antiguas ordenanzas. Como recogía la Constitución de Cádiz de 1812, la religión católica era la “única verdadera” excluyendo a las demás (Ciaurriz, 2012). Una confesionalidad reafirmada en las siguientes constituciones, y sobre todo en el Concordato de 1851, que ponía trabas a la libertad religiosa hasta la promulgación de la Constitución de 1869. Un texto elaborado durante el Sexenio Democrático que contemplaba el compromiso de sostener el culto católico y a sus ministros, pero que también reconocía formalmente por vez primera la libertad religiosa y de culto.

Portada de las Reales Ordenanzas de Carlos III,1768
Uniformidad de Gala de la época fundacional, 1845

No obstante, la religión oficial del Estado continuaba siendo la católica, y sus detractores podían profesar otra confesión de forma pública o privada, pero ello no les eximía de concurrir a todos los actos religiosos a los que tuviera que acudir su unidad. Primeramente, por tratarse de actos obligatorios del servicio prescritos en las Ordenanzas del Ejército. Lo contrario, según se pensaba, podía erosionar la disciplina sobre la que se sustentaba el férreo ordenamiento militar contradiciendo el tradicional espíritu militar español, tan vinculado “desde siempre a las creencias y devociones católicas” (Domínguez, 2023:244).

Por estas razones, no debe de sorprender que en el periodo revolucionario posterior a la “Gloriosa”, en la procesión del “Santo Entierro” de 1869 en Cuenca concurriera incluso “un piquete de Voluntarios de la Libertad”1. La milicia civil armada que pretendía salvaguardar este proceso y la nueva Constitución, y que en la capital conquense contaba con 350 miembros.

Su influencia en los reglamentos de la Guardia Civil. Como cabía esperar, la Guardia Civil un cuerpo de seguridad estatal de naturaleza militar fundado en mayo de 1844, se regía por las estrictas normas de las Ordenanzas de 1768. Una dependencia que le hacía estar ligada desde sus inicios a la jurisdicción eclesiástica castrense. Por estos motivos, el Patriarca Vicario General del Ejército procedió al nombramiento de algunos capellanes para atender a las necesidades espirituales de sus miembros. Hombres a los que se intentaba modelar para que fueran ejemplares tanto en el terreno militar como en el humano, y cuya moralidad fuera intachable como su conducta. Por ello, debían cumplir puntualmente con sus deberes como buenos cristianos, debiendo asistir con la debida compostura a la iglesia más cercana a sus acuartelamientos como había ordenado su fundador. Ahumada fue nombrado “Inspector General” del nuevo Cuerpo, y durante los diez años que duró su mandato, le imprimió su sesgo personal, serio y disciplinado. Como recogía una circular suya en marzo

de 1846 de cara a la Semana Santa de ese año, todos los guardias debían visitar los sagrarios el Jueves Santo, y solemnizar las funciones religiosas con su asistencia “en cuanto las atenciones del servicio” lo permitieran. Asimismo, el “cumplimiento de Iglesia” se debería hacer “en los tres primeros días de Pascua con toda solemnidad”, asistiendo todos “los individuos con uniforme de gala” (Recopilación,1846:391). Especialmente los más jóvenes, que debían confesarse “una vez” por lo menos cada trimestre, “eligiendo para ello los días de fiesta solemnes” que celebraba la Iglesia. Cuidando, como se recalcaba, su preparación religiosa “para un acto tan sublime” (Recopilación,1856:63-64). Por estos motivos, cualquier muestra irrespetuosa sería sancionada, más si cabe si se producía en el interior de un templo. Así le ocurrió, por ejemplo, a un cabo que fue amonestado por no arrodillarse durante la Consagración. Si asistía una “fuerza considerable” a los oficios divinos, lo haría al igual que las tropas del Ejército, “con armas y con la cabeza descubierta” según estipulaba la Real Orden de 5 de octubre de 1859. Una norma que contemplaba, además, que las bandas militares debían interpretar la “Marcha Real” durante la ceremonia.

Esa misma corriente era claramente visible en la Constitución de 1876 que daba paso al periodo de la Restauración, manteniendo la vigencia de las viejas Ordenanzas. Durante este periodo, caracterizado por el reinado de Alfonso XIII (19021931), la rendición de honores a las imágenes religiosas siguió consolidándose. Un buen ejemplo fue la Virgen del Pilar, que en octubre de 1908 se le concedieron en sus principales solemnidades los mismos honores que se tributaban al Capitán General del Ejército. Uno de los más simbólicos nexos “entre el culto católico y la estructura militar” (Brisset, 2011:16). Precisamente la advocación mariana que fue declarada patrona de la Guardia Civil en febrero de 1913, por la mucha devoción que ya existía en el seno del Cuerpo desde que, en 1864 se había iniciado su culto en el Colegio de Guardias Jóvenes.

1. El Eco de Cuenca , núm.306 (28-3-69). p.2.
El Corpus Christi , óleo sobre lienzo, obra de Arcadio Mas y Fondevila,1887. Museo del Prado,Madrid

Una ruptura histórica: la legislación laicista de la II República.

La nueva Constitución republicana de 1931 recogía la separación efectiva de la Iglesia y el Estado, y la supremacía e independencia del poder civil sobre el religioso por primera vez en nuestra historia. Por ello, la asistencia de militares a los actos religiosos fue limitada por la supresión de la obligatoriedad como lo venían haciendo de forma oficial. Suprimidos los honores a las imágenes religiosas y las escoltas de “honor”, la presencia protocolaria de la Guardia Civil en las procesiones quedó única y exclusivamente reducida a garantizar el orden público. Restringiéndose, además, el uso de la uniformidad de “gala” en las festividades religiosas para exteriorizar esta neutralidad del Estado. Especialmente durante el Primer Bienio, cuando los decretos de Azaña pretendieron reorganizar y modernizar el Ejército para asegurar su neutralidad y subordinación al poder civil, en un contexto de creciente hostilidad contra estas medidas. La legislación también fue muy prolífica para lograr la progresiva secularización en todos los ámbitos. Además de la enseñanza, el otro aspecto más sensible fue el relacionado con las ceremonias religiosas y las manifestaciones públicas de culto, en especial las procesiones. Una aplicación efectiva que dio lugar a una enorme casuística dependiendo de numerosos factores. Entre ellos, la voluntad política de cada ayuntamiento, así como la capacidad de presión ejercida por los sectores más anticlericales. En el caso de Cuenca, las medidas fueron escasas, y en algunos casos temporales, no afectando a la celebración de la Semana Santa por la actitud de la corporación municipal. Consciente de la importancia que tenían tanto en el aspecto religioso, como por su indudable valor turístico y económico para una pequeña capital sumida en una aguda crisis económica (Peñuelas,2009,2023).

Todas estas medidas fueron contrarrestadas cuando las derechas alcanzaron el poder tras su victoria electoral en noviembre de 1933, a pesar de que la Constitución seguía vigente. Durante el Segundo Bienio Republicano la vuelta de los militares uniformados a las ceremonias religiosas se normalizó, buscando significar con su presencia su alianza con los sectores católicos

conservadores frente a las izquierdas anticlericales. Unas fuerzas que, una vez iniciada la Guerra Civil, iniciaron en las zonas de la retaguardia republicana una feroz iconoclastia que acabó con buena parte del patrimonio artístico religioso. Reduciendo además el culto católico a la clandestinidad como sucedió en Cuenca en medio de una sangrienta clerofobia (Peñuelas,2013). Finalizada la Guerra Civil todas estas medidas fueron totalmente revertidas durante la dictadura franquista, que mantuvo vigente la reglamentación borbónica como base del espíritu y la ética del nuevo Estado militarista. Retornando asimismo la estrecha vinculación entre la Benemérita y las cofradías, cuyos lazos se reforzaron aún más bajo el nacionalcatolicismo (Rina, 2017:251). Institucionalizándose, además, la figura de los Hermanos Mayores Honorarios para los altos mandos. Un periodo, además, donde los excombatientes del bando nacionalista enrolados en la “División Azul” fundaron su propia hermandad en 1943 bajo la advocación de San Pedro Apóstol (Valero, 2021:321;Villaverde,2022).

Por estos motivos, esta auténtica regla moral de los ejércitos ha tenido una vigencia de más de doscientos años, y sus preceptos siguieron influyendo hasta diciembre de 1978 con la llegada de la Democracia. En esa fecha concreta, bajo el reinado de Juan Carlos I, fueron promulgadas las nuevas Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, un verdadero hito en nuestra larga historia militar. No sólo en su vertiente estrictamente legislativa, sino también la que afectaba al espíritu castrense, renovando conceptos anacrónicos referentes al concepto mismo del honor y la disciplina poco acordes con una sociedad moderna (Salas, 1986:119-120).

Siguiendo esta nueva pauta para adaptarse a la nueva Constitución, un nuevo Real Decreto de fecha 11 de abril de 1984 (RD 834/1984), recogía el nuevo Reglamento de Honores Militares. Un texto que eliminaba por primera vez la obligación de rendirlos a símbolos religiosos para reservarlos exclusivamente a la Bandera de España, miembros de la Familia Real, y autoridades civiles y militares. Aun así, al “Santísimo Sacramento” se le tributarían los Honores “especiales” previstos en su artículo 58 “de arma presentada” y la interpre-

Colección familiar José Carlos Martínez Vicente

tación de la “primera parte completa” del Himno Nacional. Reservando para las celebraciones de carácter religioso con “tradicional participación castrense” como las procesiones, el permiso a las autoridades militares para que pudieran designar “piquetes” o “escoltas” adecuados al acto. De esta manera, la participación podía seguir ordenándose como si fuera un “acto de servicio” limitando la capacidad de objeción de los agentes, aunque comenzara a respetarse formalmente el derecho a la libertad religiosa de los militares. Desde ese momento, ante la presencia de imágenes sagradas, solamente se adoptaría la “posición de firmes” como estipulaba el artículo 60. Casi tres décadas más tarde, un nuevo Real Decreto de 20 de mayo de 2010 (RD 684/2010) impulsado por la ministra de Defensa, la socialista Carme Chacón, reflejaba la evolución hacia una mayor aconfesionalidad. Zanjando definitivamente, entre otros puntos, el espinoso asunto de la participación y otros aspectos igualmente polémicos. Concretamente porque sustituía los anteriores “honores especiales”, por una serie de normas para compaginar “el respeto a tradiciones arraigadas en la sociedad”, con el principio constitucional “de libertad religiosa”. Anulaba los honores a los símbolos religiosos y la interpretación del Himno por parte de unidades de música militares en los actos litúrgicos. Siendo aún más novedoso, que la autorización de escoltas en las celebraciones de carácter religioso con tradicional participación castrense, lo fuera con “carácter voluntario” para salvaguardar el derecho a la libertad religiosa. Esta normativa provocó airadas protestas de algunos sectores de la sociedad que invocaron la tradición para seguir rindiendo honores, por ejemplo, al Santísimo Sacramento en la procesión del Corpus Christi de Toledo. Una polémica que también fue muy intensa un año antes en Málaga, cuando desde el Ministerio de Defensa se redujo la presencia de la Legión en el tradicional traslado del “Cristo de la Buena Muerte” el Jueves Santo. Una ceremonia muy enraizada en la sociedad malagueña que consiguió su propósito de que no quedara desvirtuada. Dos celebraciones, en todo caso, que son las que reflejan “mayor vinculación emocional entre el rito religioso y el ejército” (Brisset, 2011:2).

No hay duda de que aquí existe una fuerte imbricación entre la tradición, la cultura y la historia, cuando se nombran comisiones, escoltas, o piquetes de honores para participar en estos actos. Depositarios de una larga tradición, y teniendo presente que la profesión militar siempre ha tendido a mantenerla viva, su presencia en los desfiles procesionales se ha venido ejerciendo a través de dos funciones complementarias y muy relevantes. Buscando siempre la brillantez de los mismos, en primer lugar, preservando el orden público y, sobre todo, ejerciendo una función honorífica y protocolaria como representantes del Estado. Sin lugar a dudas, la faceta más vistosa acompañando a las autoridades civiles en los cortejos, y la escolta armada de las imágenes que tienen por su relevancia una mayor vinculación con las unidades participantes. Sin olvidar, el realce que añade la participación de las bandas militares que tradicionalmente combinan la marcialidad castrense con la excelencia musical. Hoy en día junto a las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil, es habitual la presencia del Cuerpo Nacional de Policía en la escolta de pasos procesionales en Semana Santa y el Corpus Christi. Así sucede en la ciudad de Cuenca y otros muchos lugares donde su participación es intensamente demandada por las cofradías organizadoras, conscientes de su alta valoración por la sociedad civil. Como reconocía el propio Ministerio de Defensa en marzo de 2013, militares de los tres ejércitos tenían prevista su participación en más de un centenar de actos públicos de carácter religioso en toda España. Acallando las voces críticas, se hacía especial hincapié en que su participación a título personal y voluntario, no conllevaba la rendición de honores, aunque sí la cortesía militar por deferencia a su condición de actos públicos. Recuperándose brevemente entre 2018 y 2019 cuando la popular María Dolores de Cospedal ocupaba la cartera de Defensa, la tradición secular de arriar la enseña nacional a media asta en señal de duelo por la muerte de Cristo. Concretamente desde las catorce horas del Jueves Santo hasta la madrugada que daba inicio al Domingo de Resurrección en todos los acuartelamientos y bases.

Foto de Campos, principios del siglo XX

La presencia de la Guardia Civil en Cuenca. Como recogía el primer Reglamento del Cuerpo para el Servicio promulgado el 9 de octubre de 1844, esta institución se había creado “únicamente para asegurar el imperio de las Leyes, la quietud y el orden interior de los pueblos, y las personas y bienes de los hombres pacíficos y honrados” 2 . Unos días después, el 14 de octubre se publica el primer Reglamento Militar para la Guardia Civil por el ministro de la Guerra, el general Narváez. Según reconocía el Real Decreto, los primeros pasos para crear el Cuerpo dados en mayo ya estaban muy avanzados y la nueva institución ya estaba prácticamente lista para “ejercer sus funciones”3. Se alumbraba así un nuevo modelo policial inédito en España que, sin estar integrado en el Ejército, se regía por un estatuto militar y dependía de las autoridades civiles para prestar sus servicios ordinarios. Todo lo concerniente al servicio y a los acuartelamientos dependía por entero del Ministerio de la Gobernación. De ahí el doble carácter de la nueva institución que dejaba en manos del ministerio de la Guerra la parte que correspondía a personal, organización, material, haberes y disciplina. Una faceta esta última que también se hallaba regida por las ordenanzas generales del Ejército. De hecho, según su primer reglamento militar, si la disciplina era el elemento principal de todo cuerpo, lo era aún más en la Guardia Civil por la dispersión de sus efectivos por toda la geografía nacional. Un logro, aunque fuera de manera muy precaria, que progresivamente le hizo estar presente en todos sus rincones como garantes de la seguridad pública y la representatividad del Estado en todas las provincias. El nuevo modelo administrativo territorial y judicial al que supo adaptarse con precisión, “a modo de eficaz instrumento centralizador e integrador” (Viqueira, 2023:448). Salvando, además, multitud de problemas y recelos incluso entre los propios gobernantes, su profesionalidad pronto le hizo ganarse el respeto para no tener “más enemigos que los criminales” (Pirala, 1875:251). Teniendo en cuenta, además, la escasa plantilla con la que contaba en un primer momento, porque en diciembre de 1844 apenas llegaba a los tres mil hombres (Díaz, 1858:206). Encuadrada la provincia de Cuenca dentro del Primer Tercio que radicaba en Madrid, capital del Reino y cabecera del distrito militar de Castilla La Nueva, en octubre de 1844 ya se había ordenado que la distribución de la tropa en sus provincias debía completarse antes de tres meses. Cumpliendo lo ordenado, la 4º Compañía compuesta de 134 hombres de Infantería y una sección de Caballería con 24 jinetes, fue la encargada de iniciar su despliegue en tierras conquenses al mando de un oficial. Una labor que se estima se había completado sin incidencias reseñables a lo largo del mes de noviembre de ese mismo año. Creándose al efecto los primeros puestos en Cuenca, Quintanar del Rey, Cañete, Huete, Mota del Cuervo, Belmonte, El Provencio, Priego, Saelices y Tarancón, con una plantilla mínima de seis efectivos en cada uno. Incluido el importante puesto de Requena, hasta que en junio de 1851 su término fue agregado definitivamente a la provincia de Valencia. Precisamente en esta población consta el

2. Gaceta de Madrid , núm.3679, (10-10-44), pp.1,2.

3. Gaceta de Madrid , núm.3685, (16-10-44), pp.1,2.

4. Durante el transcurso de la sesión ordinaria municipal celebrada el 11 de diciembre, se leyó un oficio del “segundo comandante” solicitando “se le “componga” el “local de las monjas benitas” (sic). Un edificio que había que evaluar para conocer el coste de las obras necesarias para acondicionarlo. A.M.C. Negociado General, Libro de Actas, leg.381, exp.1.

primer servicio destacado del Instituto, cuando las fuerzas allí acuarteladas redujeron a prisión a los cabecillas que pretendían levantar una partida carlista (Historial, 1844:1). A finales del siglo XIX la plantilla ya se había triplicado, pero todavía era insuficiente para cubrir una provincia muy extensa con casi trescientos ayuntamientos, y una población que no superaba los 250.000 habitantes. En todo caso el Instituto fue “un formidable obstáculo infranqueable contra cualquier desafuero” (Peñuelas, 2023:179).

El nuevo Estado liberal estaba reutilizando los edificios religiosos desamortizados para ubicar las dependencias de los nuevos organismos oficiales. La Guardia Civil se hallaba presente en la capital conquense a comienzos de noviembre sin un alojamiento predeterminado. Por esta razón, a comienzos del mes de diciembre su “segundo comandante de Infantería” solicitaba al Ayuntamiento la cesión del exconvento de las “monjas Benitas” para “acuartelar a la fuerza”4. Sin embargo, el edifico fue descartado, y tras sucesivas reformas en el “Cuartel de la Misericordia Vieja” por cuenta del municipio, la fuerza se establece allí en febrero de 18455. Un edificio situado en el callejón de “La Misericordia”, “frente a los corrales del exconvento de San Francisco” en la parte baja de la ciudad, que había sido construido en 1782 por el arquitecto Aldehuela a expensas del Obispado para destinarlo a hospicio. Una casa, a juicio del arcediano Palafox, “mal situada, sin ventilación ni desahogo” que acabaría siendo trasladada a la “Casa de Recogidas” o “Beneficencia” en el puente de San Antón que él mismo había ampliado para este fin (Trifón, 1860: 319,423,474). Quizá, el último vestigio de la hermandad homónima que se había fundado siglos atrás con ese nombre en la ciudad (Recuenco, 2024:681). Por estos motivos, una vez desamortizado este inmueble, desde 1836 el “Cuartel de Banderas” como también era conocido, fue ocupado por diferentes unidades militares y los “quintos” de la provincia en un trasiego constante de tropas fruto de la coyuntura bélica del momento. Especialmente las guerras carlistas, cuyas tropas asaltaron la ciudad en julio de 1874 resultando dañado el edificio. Por este motivo, en diciembre el acuartelamiento se hallaba ubicada en el exconvento de San Felipe Neri6. Un alojamiento provisional, a tenor de los datos disponibles, porque unos años más tarde volvía a su emplazamiento original junto a la “Carretería” como recogen las guías contemporáneas. Por ejemplo, según las referencias del periodista Santiago López, en el último lustro del siglo XIX el comandante de la Guardia Civil era D. Rafael de Rada y Costines, y la Casa-Cuartel se hallaba en la calle Mariano Catalina, número 95 (López, 1894: 441,446-447). Una céntrica ubicación donde permanecería hasta la inauguración de la nueva Comandancia el 17 de julio de 1967. Sin olvidar, que la parte alta, antiguo centro político y administrativo de la capital, mantuvo hasta mediados de los años treinta del pasado siglo un puesto. Concretamente en la calle de San Pedro, que servía de retén a la fuerza que prestaba servicio en la cercana cárcel provincial ubicada en la antigua sede inquisitorial del “Castillo”.

5. Sesión ordinaria celebrada en el Ayuntamiento de Cuenca el 15 de febrero de 1845. A.M.C. Negociado General, Libro de Actas, leg.381, exp.1.

6. El 14 de diciembre de 1874, un oficio del comandante jefe de la Comandancia, solicitaba al Ayuntamiento el suministro de agua para el citado inmueble situado en la calle Caballeros, núm. 2. A.M.C. Negociado de Propios, leg.678, exp.39.

Uniformidad de Infantería de Gran Gala 1889-1909. J. Robles Ruiz y J. Valero Capilla. (1986)
Uniformidad de Infantería de Gran Gala 1911-1922. J. Robles Ruiz y J. Valero Capilla. (1986)

El uniforme: “espejo de virtudes”

También conocemos con certeza que, una vez llegada la fuerza a Cuenca, de inmediato fue requerida para solemnizar con su presencia un acto muy relevante para otra institución coetánea como fue el nuevo instituto de segunda enseñanza. Un hito significativo en el sistema educativo español que, en el caso de Cuenca, debía su fundación a una Real Orden emitida el 5 de octubre. Precisamente el solemne acto inaugural celebrado el 1 de diciembre en la antigua iglesia de la Merced, sede de la este nuevo centro hasta 1861, estuvo precedido de una comitiva oficial que estuvo acompañada “de un piquete de la guardia civil de infantería, que vestía el lujoso uniforme de gala” (Torres, 1878: 495-496). Una uniformidad de color azul muy oscuro para la casaca y el pantalón, mientras la solapa era de color granate como el cuello cerrado y las vueltas de las mangas. Utilizando siempre guantes blancos, su característico sombrero era de fieltro negro y tenía las alas muy anchas para transmitir una imagen de severidad y elegancia.

A diferencia del resto del Ejército, en la Guardia Civil y la Guardia Real existía una uniformidad de “gala” con prendas diferentes a las usadas de ordinario. En este sentido, en la Guardia Civil el traje de “gala” contemplaba tres gradaciones: media gala, gala y gran gala. Ésta última reservada exclusivamente para las celebraciones oficiales más solemnes como indicaba su “Cartilla de Uniformidad”: “Jueves Santo, Corpus Christi, días de SS.MM. los Reyes y el Príncipe de Asturias,

así como para las recepciones en los Reales Sitios” 7. Un traje que añadía un calzón de punto blanco con polainas azul oscuro para la Infantería, y pantalón blanco y botas altas de montar para la Caballería. Manteniéndose, además, como se recordaba todavía en 1930, las preceptivas órdenes contempladas en las Ordenanzas referentes a la Semana Santa. Unas fechas tan señaladas donde las “tropas” tenían la obligación de llevar las “armas a la funerala” el Jueves y el Viernes Santo, sin “mudarse” de esta posición, aunque el “Rey pasara por delante”8. Reglado el uso del uniforme en todos sus extremos, en 1922 por ejemplo, el Jueves Santo debía vestirse la uniformidad de “Gran gala”, mientras el de “Gala” quedaba reservado para el Viernes y el Sábado Santo “hasta el toque de gloria y salvas” que preludiaba el Domingo de Resurrección (Robles, Valero, 1986).

Hay que tener presente que la uniformidad del Cuerpo, diseñada hasta el más mínimo detalle por el Duque de Ahumada, fue una cuestión fundamental porque el aspecto exterior, al igual que su conducta moral, iba a determinar su imagen pública. Más aún si cabe, debido a la obligación de vestirlo honrosamente porque se prohibía vestir de paisano. Como recogía la Cartilla del Guardia Civil (1845):

“lo bien colocado de sus prendas y su limpieza personal han de contribuir en gran parte a granjearle la consideración pública. El desaliño en el vestir infunde desprecio”.

7. Revista Técnica de la Guardia Civil, núm.143 (enero de 1922), pp.8-9.
8. Revista Técnica de la Guardia Civil , núm.245, (julio de1930). pp.296-297.
Soledad y la Cruz, 1925. Foto Campos

Las escoltas honoríficas de la Guardia Civil en las procesiones de Cuenca

Como se ha puesto de manifiesto, desde el primer momento la Guardia Civil hizo acto de presencia en los más destacados actos de la capital y los pueblos de la provincia. Especialmente en los de carácter religioso más solemne como era preceptivo, teniendo en cuenta que la permanencia de unidades militares había sido circunstancial por las guerras carlistas y había desaparecido una vez finalizadas en el último tercio del siglo XIX9. La presencia de una guarnición militar fija en la capital ha sido un viejo anhelo de las élites locales a lo largo del siglo XX. Por estos motivos, a la Benemérita le ha correspondido históricamente ejercer las escoltas de honor, reforzando aún más los lazos que la ligaban a esta ciudad. Fundamentalmente, en las dos solemnidades más importantes como la procesión del

Corpus Christi y la del “Santo Sepulcro”, además de otras extraordinarias. Por ejemplo, con ocasión del VII Centenario del “Glorioso Tránsito de San Julián” celebrado el 5 de septiembre de 1908. Ese día, las fuerzas del Instituto dieron escolta a la artística urna de plata que contenía los restos del santo patrón de la capital. Un hecho que se había repetido seis años antes, cuando el hundimiento de la torre de campanas de la catedral obligó a trasladar las santas reliquias al Seminario Conciliar de San Julián en medio de una emotiva procesión.

En el caso de los desfiles de Semana Santa, una celebración con unos orígenes muy bien definidos que hunde sus raíces en el siglo XVI (Ibáñez, 2007), su presencia se ha limitado a custodiar hasta fechas relativamente recientes la procesión del “Santo Entierro”. La más solemne de todas las procesiones por la significación del mismo como se encargaban de realzar con

9. Por ejemplo, dos años antes de la brutal entrada carlista en la ciudad, a la procesión del “Santo Sepulcro” asistió “un piquete del ejército, y otro de la fuerza ciudadana”. El Eco de Cuenca , núm.622 (30-3-72), p.2.

de Caballería de la Guardia Civil en la fuente del “Escardillo” en la procesión del Santo Entierro (1917). Fotografia de Rafael Ramírez

Procesion VII Centenario Glorioso Tránsito de S. Julián, 5 de septiembre de 1908. Fotografía de la revista La Hormiga de Oro
Piquete

su presencia todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas encabezadas por el Obispo de la Diócesis. Una asistencia donde sus representantes ya mostraban cierto celo en la segunda mitad del siglo XIX, para ocupar el puesto que protocolariamente les correspondía “para darle mayor esplendor” como reconocía el gobernador civil10. Históricamente para acompañar la imagen de Ntra. Sra. de la Soledad, cuya hermandad ya procesionaba acompañada de hermanos y disciplinantes a finales del siglo XVI, y la posterior incorporación de Cristo yacente. Estando documentado los avatares de este antiguo cabildo establecido en la antigua iglesia de El Salvador donde recibían culto y se iniciaba el desfile en la tarde del Viernes Santo (Valero, 2021:370,396-397). Un cortejo que, hasta 1931, encabezaba un vistoso piquete de la sección de Caballería como muestran algunas viejas fotografías estereoscópicas. Mención aparte merece la participación de

la Banda de Tambores y Cornetas de la 103º Comandancia de Cuenca abriendo los cortejos procesionales. Un grato recuerdo para la mayoría de los conquenses que pudieron disfrutar de su enorme profesionalidad en los desfiles en un largo periodo que abarca entre 1967 y 1985 (Calleja, 2006).

En el caso de la Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, depositaria de la enorme veneración popular que el pueblo de Cuenca ha venido dispensando desde hace siglos a este culto mariano, la vinculación con la Benemérita también es especial. Cofradía centenaria, aunque su presencia en la procesión “En el Calvario” del Viernes Santa se inicia a comienzos del siglo XX, no es hasta 1948 cuando da comienzo la escolta honorífica de su nueva imagen titular. Una excelente talla obra del imaginero conquense Luis Marco Pérez que desfila por vez primera en 1943.

10. A.M.C. Negociado General, leg.728, exp.2.
Piquete de Caballería de la Guardia Civil en la Calle Andrés de Cabrera abriendo el cortejo de la procesión del Sto. Entierro. Foto Campos
Procesión del Corpus Christi, principios siglo XX. Colecc. Familia Ortega Muñoz
Procesión del Santo Entierro. Calle Solera, principios del siglo XX. Colecc. Familia Ortega Muñoz

Honrados con la marcial presencia de sus agentes, en mayo de 1950 la Comandancia de Cuenca recibe el título de “Cofrade Mayor Honorífica”. Estrechándose así unos lazos que poco a poco se van difuminando hasta desaparecer completamente los acompañamientos en los años ochenta. Sin embargo, el cambio de siglo trajo consigo la recuperación de esta tradición. Primordialmente con la presencia de varias agentes vinculadas afectivamente a la Cofradía como hermanas o simples devotas como el resto de sus compañeros. Constituyendo así un numeroso piquete que ha alcanzado a partir de 2010 su máxima vistosidad el “Sábado de Pasión” con la recuperación del “Solemne Traslado”. Una procesión de penitencia que tuvo una breve existencia a mediados de los años cincuenta, y que actualmente es el preludio perfecto a la Semana de Pasión. Estos lazos se oficializaron en los actos festivos de la Virgen del Pilar de ese mismo año, cuando se conmemoraron los sesenta años de la primera escolta

con la donación de un banderín que luce orgullosa todos los Viernes Santos desde 2011. Gracias, en primer lugar, al impulso de la junta directiva de la Cofradía, y la decisiva ayuda del teniente coronel D. Amador Escalada, Primer Jefe de la Comandancia hasta 2013. Un papel que han seguido ejerciendo sus sucesores, tanto D. Fernando Montes como Dña. María Jesús Pascual, la primera mujer en regir el Cuerpo en la provincia. Fruto de esta estrecha colaboración institucional que prestigia a ambas intuiciones, el 13 de mayo de 2013 con motivo del 169º Aniversario de la Fundación del Cuerpo, la Cofradía fue honrada con la concesión de la Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco. Sin olvidar la presencia del Cuerpo en los actos de la Coronación Canónica celebrados el 6 de mayo de 2017, y la Magna Procesión Mariana que tuvo lugar el pasado 4 de octubre para conmemorar el Primer Centenario de la Cofradía. Un acto memorable que tuvo su preámbulo en marzo, cuando la

Unidad de Música de la Guardia Civil ofreció un concierto para conmemorar el 75º Aniversario de su título honorífico de “Cofrade de Honor”.

Añeja también es la vinculación con la Venerable Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad de San Agustín, una de las más reconocidas y cuyos orígenes se remontan al primer tercio del siglo XVII (Valero,2021:233-250). La imagen, una bellísima talla del escultor e imaginero Federico Coullaut Valera comenzó a desfilar en 1947. Pocos años después, en 1956, el paso tuvo su primer acompañamiento oficial de la fuerza del Instituto en la madrugada del Viernes Santo. Un honroso hecho que fue reconocido en abril de 1970 cuando la hermandad, de manera unánime, le concedió a la Comandancia el título de “Cofrade de Honor”. Pero tristemente, los crecientes problemas de orden público que enturbiaban la procesión “Camino del Calvario” en los años ochenta, acabaron con esta presencia. No obstante, la hermandad ha seguido manteniendo sus vínculos acudiendo

a los actos que conmemoran anualmente a la patrona del Cuerpo. Un ejemplo de la seriedad y buen hacer de esta hermandad como siempre ha sido reconocido. En el caso de la Real, Ilustre y Venerable Hermandad de Ntra. Sra. de la Amargura y San Juan Apóstol, paso que cierra la procesión de “El Silencio”, su incorporación al desfile se produjo en 1909 y la fundación de la Hermandad finalmente tuvo lugar en 1928 (Valero,2021:355-356). Precisamente, coincidiendo con el I Centenario de su incorporación al desfile del Miércoles Santo, en 2009 la procesión extraordinaria celebrada en marzo fue escoltada por primera vez por la Guardia Civil. Un acompañamiento brillante que no ha dejado de repetirse desde 2010, y que ha merecido el nombramiento de la Comandancia como “Hermana Mayor Honorífica” en 2017. Un gesto muy honroso que se quiso simbolizar regalando un nuevo manto a la Virgen del Pilar que se venera en la capilla del acuartelamiento.

Por último, la Comandancia también lleva a gala su condición de “Hermana Mayor Honorífica” de la Venerable Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad del Puente. Una distinción otorgada en marzo de 2014, tras ser aprobada en Junta General un año antes para agradecer la presencia por vez primera de varios agentes escoltando la imagen la tarde del Jueves Santo. Un hermanamiento que simboliza el banderín que en 2018 la Hermandad hizo entrega a la Comandancia, y que encabeza desde entonces la escolta de esta hermandad cuyos orígenes se remontan documentalmente al siglo XVIII (Valero, 2021:85-87).

Más reciente es la incorporación del Cuerpo Nacional de Policía, el otro pilar fundamental de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, a las escoltas honoríficas. En este caso, acompañando desde 2017 a la Venerable Hermandad de María Santísima de la Esperanza en la procesión de “El Perdón”. Una de las más antiguas veneraciones que se conservan en Cuenca

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- Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil. Dirección General de la Guardia Civil, Madrid

desde finales del siglo XVI, y cuya advocación mariana sirvió para crear en 1951 esta nueva hermandad penitencial incorporando al desfile del Martes Santo la preciosa talla del escultor conquense Leonardo Martínez Bueno (Valero,2021:256-258). Una imagen que en el año 2020 recibió la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco, al mismo tiempo que la bicentenaria institución policial recibía el título de “Hermano Honorífico”. Como ha venido siendo tradicional, la uniformidad ha sido el principal elemento simbólico que ha distinguido al personal civil de los militares y las fuerzas del orden. Un colectivo ciudadano que ha asumido las señas de identidad tradicionales de sus respectivas unidades o cuerpos, para llevar consigo una vocación de servicio y una devoción que enaltece con su presencia cualquier acto público de carácter religioso. Aumentando aún más si cabe, el respeto y la solemnidad que siempre han caracterizado a los cortejos procesionales en toda España, y en particular, en la ciudad de Cuenca.

- “Turismo y devoción. Los orígenes de la promoción turística de la Semana Santa de Cuenca”, Gólgota, Revista de Semana Santa , 2023, pp.68-70.

- “Las manifestaciones públicas de culto durante el Primer Bienio republicano: El caso de la Semana Santa de Cuenca”, Cuadernos de Semana Santa , Cuenca, 2009, Real, Antiquísima, Ilustre y Venerable Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno de El Salvador, pp.66-99.

- “Las manifestaciones públicas de culto desde el Segundo Bienio republicano hasta la iconoclastia de la Guerra Civil. El ejemplo de la Semana Santa de Cuenca”, Cuadernos de Semana Santa , Cuenca, 2013, Real, Antiquísima, Ilustre y Venerable Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno de El Salvador, pp.10-35.

-PÉREZ CALLEJA, Israel José, “Recuerdo (y anhelo” de la Banda de Cornetas y Tambores de la Guardia Civil en la Semana Santa de Cuenca”, Cuenca Nazarena 2006 , Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca, pp.93-111.

- PÉREZ VALERO, Antonio, Apuntes para la Historia Nazarena Conquense, Vols. I, II, Cuenca, Diputación Provincial, 2021.

- PIRALA CRIADO, Antonio, Historia contemporánea: anales desde 1843 hasta la conclusión de la actual guerra civil , Madrid, Imprenta de Manuel Tello, Tomo I, 1875.

- Recopilación de las Reales Órdenes y Circulares de interés general para la Guardia Civil , Madrid, 1856, Tomo XI, Imprenta de Victoriano Hernando.

- RECUENCO PÉREZ, Julián, “La Hermandad de la Misericordia de Cuenca. Una entidad benéfica aprobada por el emperador Carlos V”, en VV. AA, Carolvs. De Flandes a Yuste. Carlos de Gante una figura poliédrica , Jaén, Ayuntamiento de Alcalá la Real, 2024, pp.681-690.

- RINA SIMÓN, César, “Fascismo, nacionalcatolicismo y religiosidad popular. Combates por la significación de la dictadura (1936-1940), Historia y Política , 37 (2017), pp.241-266, doi: https://doi.org/10.18042/hp.37.09

- ROBLES RUIZ, Jesús y VALERO CAPILLA, Juan, “La uniformidad de la Guardia Civil, IV”, en Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil , núm.35 (1986), pp.143-189.

- RODRÍGUEZ BLANCO, Miguel, “La celebración de ceremonias y actos religiosos en el ámbito de las Fuerzas Armadas”, Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado, vol. XXVIII (2012), pp.253-281.

- SALAS LÓPEZ, Fernando de, LAGUNA SANQUIRICO, Francisco, “Las Reales Ordenanzas en el momento actual de la sociedad española. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, núm.36 (1986), pp.119-139.

- TORRES MENA, José, Noticias Conquenses, Madrid, 1878.

- VALLECILLO, A, Ordenanzas de SM para el Régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Ejércitos. Ilustradas por artículos con las Reales Órdenes expedidas hasta la fecha , Madrid, 1850.

FUENTES HEMEROGRÁFICAS

- El Eco de Cuenca.

- Gaceta de Madrid.

- La Hormiga de Oro

- Revista Técnica de la Guardia Civil.

Fotografía: Juan José Gómez del Río
Cuenca Nazarena
Cuenca Nazarena
Cuenca Nazarena 174
Visión magnífica de Jueves Santo en Cuenca, alrededor de 1919. Jesús Amarrado a la Columna con su Hermandad, saliendo de la ermita de San Antón y emprendiendo la carrera procesional que les llevará durante varias horas por las intrincadas calles de la antigua ciudad.
Fotografía: EFE

La Semana Santa de Cuenca en

Por Enrique Valero Moscardó

Ldo. Humanidades e Historia

Textos: El Liberal, El Progreso Conquense, La Reforma, El Centro, El Día de Cuenca, Julián Velasco de Toledo y Enrique Valero

Fotografías: El Fígaro (Madrid), Agencia EFE, Heliotipia Artística Española, ABC, Rafael Campos, Emilio Saiz, Jesús Mora y Enrique Valero.

Colaboración: Hemeroteca Nacional de España, Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Fermín Caballero de Cuenca, Junta de Cofradías de Cuenca, Cuenca Nazarena, La Tribuna de Cuenca y José Vicente Ávila .

Nada perturba tanto la vida como la ignorancia del bien y el mal.

Cicerón

¿Cómo fue la Semana Santa de 1919 en Cuenca? Al indagar en ello poco o nada había que discernir al respecto. Fue un año muy duro para los conquenses, porque comenzó con una terrible pandemia gripal. En poco tiempo murieron 1600 almas en la provincia, 360 en la capital. Había terminado la primera Gran Guerra pero en vez de traer alegrías y bienestar, trajo todo lo contrario; desató una enorme demanda de los productos necesarios para la vida. El alza constante de los precios en Europa provocó la gran especulación interior y un encarecimiento del 300 por ciento en los alimentos básicos. Todo se transformó en imparables subsistencias, que sucedían en cualquier lugar. La prensa local no cesaba de informar, de abrir nuevas listas de ayuda, de colectas y de atenciones médicas urgentes. Frenar tanta desgracia era lo más importante. Por otro lado, no faltaron: las críticas, revueltas y los enfrentamientos; hubo trágicos motines, como el famoso de Tarancón, ya olvidado pero con nefastas consecuencias. La agitación social era palpable, latente, visible…y los soldados conquenses marchaban nuevamente hacia África para combatir.

Ante la situación antes descrita, durante la Cuaresma de 1919, las autoridades de Cuenca organizaron importantes actos religiosos. Había que rogar para que se marcharan los males y las desgracias de una vez por todas. Hubo misas, novenas, singulares procesiones... La Semana Santa también, iba a desarrollarse según lo establecido por el orbe cristiano y conforme a las tradiciones.

No hubo anunciados preparativos, ni edición de programas oficiales1 , bastó con el publicado por la prensa. Sin embargo, cabe decir que tenemos noticias de aquel año, gracias a los antiguos periódicos y a quienes los conservaron, a los periodistas que redactaron, como Julián Velasco, más conocido como El Tío Corujo; y gracias también a los fotógrafos de aquella época que nos legaron las impresionantes fotografías, con todo ello podemos ahora regresar en el tiempo, a nuestra antigua ciudad y estar allí durante unos momentos en la Semana Santa de 1919.

1. No existen programas conocidos de la Semana Santa de Cuenca desde 1918 a 1924.

Solemne Novenario. 2

La Real e Ilustre congregación de esclavos de María Santísima de las Angustias consagrará en el presente 1919, en su ermita, un solemne novenario. A extramuros de la ciudad, dará principio el 2 de abril y terminará el 11 del mismo, con la festividad de Nuestra Señora. Misas cantadas, novenas, rezos a la Corona, sermones, Gozos, Salves. La música a cargo de la Capilla de música de la Santa Iglesia Catedral Basílica.

Novenas por la epidemia gripal, campañas benéficas y procesión de rogativa.

Terminada la Novena, que ha sido dedicada en la parroquia del Salvador, con motivo de la actual epidemia, a la patrona de Cuenca, la Santísima Virgen de la Luz, a Jesús Nazareno del Puente y a San Roque, el Ayuntamiento ha acordado, que para llevar dichas imágenes a la ermita de San Antón, desde la que fueron trasladadas, se organice una solemne procesión, que será presidida por el Sr. Gobernador civil y el Ayuntamiento en Corporación, y que está señalada para hoy día 2, a las seis y media de la tarde, si el tiempo no lo impide, o se celebrará en caso contrario el próximo domingo día 6. El recorrido de la religiosa comitiva en la que figuran las tres imágenes referidas con sus respectivas hermandades, será: Plaza del Salvador y calles: de San Vicente, Alonso de Ojeda, Puerta de Valencia, Quince de Julio, San Francisco, Mariano Catalina, Calderón de la Barca y Cardenal Paya hasta San Antón. Asistirá al solemne acto la Banda Municipal y la presidirá el mismo Gobernador Civil. Se invita a todo el vecindario para que asista a tan piadoso acto, llevando velas de su peculio particular

Ayuntamiento. Sesión del 31 de marzo de 1919.

Se da lectura a una instancia que los vecinos de la parte alta han dirigido al Ayuntamiento, pidiendo que la procesión de la Virgen de la Luz suba a la Plaza mayor. Se acuerda que no se varíe el itinerario. 3

Suspensión- Día 3 de abril.

A causa del mal tiempo se suspendió ayer la procesión de rogativa, quedando fijada para el día 6.

Campaña Benéfica: iglesias, centros educativos, prensa… Por circunstancias graves: cese de la guerra y grandes abstinencias, subsistencias epidemia gripal la cual asola nuestra provincia (314 enfermos en la ciudad en este momento) suspensión de las clases en centros docentes, carestía muy seria de la vida, se promueven intensificaciones de repartos y comisiones repartidoras para los enfermos pobres, se aceptan todo tipo de donativos en metálico y en especie.

Solemne Procesión

Para el próximo domingo, día 6, a las seis y media de la tarde, está señalada la solemne procesión, que saliendo de la parroquia del Salvador, recorrerá el itinerario señalado por el Excmo. Ayuntamiento, con las imágenes de Jesús Nazareno, Virgen de la Luz y San Roque; acto que se celebra en acción de gracias por haber decrecido bastante la epidemia actual, que en un principio tenía a Cuenca sumida en angustioso trance. Sería una lástima que por causa del tiempo fuera otra vez suspendida. Al acto asistirá la Banda Municipal. 4

Día 6. La Procesión de Rogativa

A la hora fijada salió de la iglesia parroquial del Salvador la Procesión de Rogativa. Apenas habían llegado las imágenes de San Roque, Jesús Nazareno (del puente) y Nuestra Señora de la Luz, a la calle de D. Mariano Catalina, la lluvia arreció de tal manera que se hizo imposible el ordenado desfile. La presidencia constituida por los señores Gobernador Civil, Alcalde y los concejales Garrido, Muñoz, Marco y González Espejo, de acuerdo con los señores sacerdotes, dispuso que se siguiera el itinerario trazado con la mayor celeridad posible, y a los pocos minutos entraban las sagradas imágenes en la iglesia de San Antón, acompañadas de gran número de personas que resistieron el tremendo aguacero sin abandonar la procesión. De haberlo consentido el tiempo, es seguro que toda la población hubiera contemplado la solemne rogativa. 5

Nuevos uniformes y Espectáculos.

En la acreditada sastrería de Martí, ha quedado expuesto el nuevo modelo de uniforme de los guardias municipales, que a su sencillez une cierta vistosidad militar. Los primeros habrán de ser entregados para que puedan ser lucidos en la Semana Santa. Hora era ya de ver desaparecer de los guardias del orden esos antiguos uniformes, impropios de ser paseados por las calles de una capital de provincia.

Para esta Semana Santa es casi seguro que actuará en el Ideal Artístico una cupletista de cartel. El Sábado de Gloría debutará un cuadro de varietés, excéntricos musicales y una bailarina. El domingo próximo, en el Cine Ideal, se reanudarán las funciones cinematográficas, suspendidas a causa de la epidemia, proyectándose una de las mejores películas hasta hoy conocidas, que lleva por título <<Carnavalescas>> interpretada por la genial e incomparable artista Lyda Borelli.

Foto: HAE

2. El Liberal. 2 de abril de 1919.
3. El Liberal. 2 de abril de 1919.
4. La Reforma. 3 de abril de 1919.
5. El Liberal. 9 de abril de 1919. El Kiosco de la Banda Provincial de Cuenca en los jardines de la Diputación fue un regalo de la corporación a todos los conquenses pero desapareció años más tarde de haberse construido.

Virgen de la Luz de Cuenca. La primera e inédita fotografía de la imagen, realizada por R. Campos unos días antes de la procesión de Rogativa de 1919.

Foto: Campos

Sorteo de una Virgen de las Angustias.

Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno del Puente. En sus antiguas andas a las puertas de la ermita de San Antón. Cuenca, 1919

Foto: Col.: E. Valero

Con destino a la rifa de objetos que ha de celebrarse en la ermita de la Virgen de las Angustias, para el socorro a familias y enfermos pobres y con ocasión de la epidemia; hemos tenido ocasión de admirar una preciosa imagen de Nuestra Señora de las Angustias, donada por el Sr. Arturo Ballesteros y su distinguida esposa. La imagen es de una factura muy esmerada, y por su belleza ha merecido los elogios de cuantas personas han tenido ocasión de verlas, lo cual hace asegurar un verdadero éxito en los rendimientos del sorteo de la misma.

Ayuntamiento. Sesión del día 7 de abril.

Se acuerda que asista la Banda Municipal a las procesiones de Semana Santa, asimismo se acuerda dar una gratificación a dicha Banda de 250 pesetas y que la presidencia de dichas procesiones se verifique como en años anteriores.

Para Semana Santa.

Las circunstancias no han permitido la organización de los acostumbrados festejos para la próxima Semana Santa. Se celebrarán en la forma acostumbrada las solemnes procesiones, con los mismos itinerarios que en años anteriores si el tiempo lo permite, y presumimos que no será escaso el número de forasteros que nos visitarán en estos días para presenciarlas.

Imagen muy antigua de San Roque de Cuenca. Venerado como santo sanador y patrón contra las epidemias, es celebrado en Cuenca (España) cada 16 de agosto con una tradicional procesión que cumple un juramento de más de cinco siglos.

La Cuestión de la Banda Provincial.

No debemos tolerar que se prive a Cuenca de un elemento esencialísimo de vida y de cultura, gracias a la desfachatez e intemperancia de unos cuantos señorones a los que sin duda importa una futesa el que Cuenca descienda al nivel de villorrio en que tienen sentados sus reales; porque como no conviven con nosotros e ignoran las necesidades y la importancia que debe tener una capital de provincia, desconocen que esta necesita de recreos y atracciones para aportar elementos que sumen animación y vida a la población, singularmente en ciertos actos y festividades. Nos hallamos en vísperas de Semana Santa y las procesiones de Cuenca que habían adquirido gran renombre en España entera, se van a ver este año deslucidas, porque a unos señores Diputados se les haya ocurrido como única solución el acordar la disolución de la banda de música Provincial que tan importante concurso prestaba a dichas solemnidades. Seguirán a estas las muchas procesiones que se celebran, las clásicas verbenas, las ferias de Septiembre… y todo resultará con el mayor deslucimiento, pues hay que tener en cuenta que la banda provincial imprimía una nota simpática a todo ello. No olvidemos los notables conciertos de la Glorieta que nos ofrecía en las noches de verano. Todo Cuenca afluía a los jardines de la Diputación ¿Vamos a consentir que se nos prive de este atractivo y quedemos sumidos en el mayor aburrimiento, no pudiendo ofrecer al forastero que nos visite un rato de distracción durante las horas que permanezca en Cuenca?

Miércoles Santo

(Y de las principales funciones religiosas con que se celebrará)

16 de Abril.- A las nueve de la mañana en la S.I. Catedral, se celebrará misa conventual, cantándose en ella la Pasión según San Lucas. A las cuatro de la tarde, en la expresada Iglesia se cantarán maitines y al final un Miserere a toda orquesta. A las ocho de la noche, saldrá de la parroquia de San Esteban la procesión “Del Silencio” en la que forman los pasos; Jesús Orando en el Huerto, El Beso de Judas, Jesús en el Pretorio, Arrepentimiento de San Pedro, Jesús ultrajado ante Anás y Caifás (Ecce-Homo) y Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol.

Jueves Santo

17 de Abril.- A las nueve de la mañana, en S.I. Catedral, y a las diez en las Iglesias parroquiales se celebrarán los Oficios propios de día, quedando expuesto S.D.M. en los Monumentos hasta las diez de la noche. En los oficios de la Catedral tendrá lugar la solemnísima Consagración de los Santos Oleos por el Excmo. Sr. Obispo. A los oficios del Salvador concurrirá en corporación el muy ilustre Cabildo de Caballeros de Nuestra Señora de la Soledad y el Santo Sepulcro, y a las cuatro de la tarde, se hará, en la Catedral, por el excelentísimo señor obispo, la piadosa, edificante y humilde ceremonia del Lavatorio de los pies a doce pobres. A las cinco de la tarde saldrá de la ermita de San Antonio Abad, la procesión de “Pasión” que organiza la Archicofradía de Paz y Caridad, y en la que forman seis hermandades presididas por el Santísimo Cristo de las Misericordias, con los pasos: Jesús Orando en el Huerto, Jesús en la Columna, Jesús con la Caña, Santo Ecce-Homo, Jesús Nazareno con el Cirineo y Nuestra Señora de la Soledad.

Viernes Santo

18 de Abril.- A las seis de la mañana saldrá de la iglesia del Salvador la procesión “Camino del Calvario” en la que forman los pasos de Jesús Nazareno caminando cargado con la Cruz, La Primera Caída del Nazareno y la Verónica con el Santo Rostro, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Soledad, con sus respectivas hermandades, recorriendo las calles de Alonso de Ojeda, Puerta de Valencia, Quince de Julio, Mariano Catalina, Calderón de la Barca, Palafox, Andrés de Cabrera y Alfonso VIII a la Plaza Mayor, regresando por la de Alfonso VIII, Andrés de Cabrera, Peso y Solera al Salvador.

A las once de la mañana, de dicha parroquia del Salvador y de San Esteban, saldrá la procesión “En el Calvario” compuesta de las hermandades y pasos: Crucifixión, Exaltación de Jesús Crucificado, Agonía, Muerte y Lanzada, Descendimiento y Nuestra Señora de las Angustias, recorriendo las calles de costumbre.

A las cinco de la tarde saldrá de la parroquia del Salvador la solemne procesión del “Santo Entierro” con asistencia de los acogidos en la Casa de Beneficencia, de todas las hermandades, Seminarios, Cabildo

Catedral y de Santa Catalina, Excmo. Ayuntamiento bajo mazas, gobernadores civil y militar, y el Excmo. Sr. Obispo con el Tribunal eclesiástico. En esta procesión forman heraldos de la Fama de Armas, Niños Pasionarios, Marta, Samaritana, Verónica y las tres Marías, los Caballeros de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Sepulcro, que la costean, que concurrirán con los hábitos y distintivos capitulares, recorriendo las calles del Espejo, Santo Domingo, Palafox, Andrés de Cabrera, Alfonso VIII y Plaza Mayor, regresando a su punto de partida por las del Peso y Solera.

En este día se cantará en la Catedral el sublime Miserere del gran conquense del siglo XVIII Sr. Pradas.

Durante toda la noche, hasta el toque de Gloria, estará abierta la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, para que los fieles puedan acompañar a la Santísima Virgen en su Soledad (Ayuno con abstinencia).

Sábado Santo o de Gloria 19 de Abril.- A las nueve de la mañana en la S.I.C. y en las demás iglesias se celebrarán los Oficios y misas de Gloria. Haciéndose un repique general de campanas a la indicación de aquella.

Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador en el interior de su iglesia, fotografía inédita de 1919
Fotografía: Colecc. Jesús Mora Pastor

El longevo aforismo, por todos sabido, dice “Domingo de Ramos, el que no estrena no tiene manos”, estrenamos un tiempo post-primaveral, delicioso, alegre y remozador. Estos días en que la ropa de abrigo es un estorbo, ha llenado de ruido, de gentío y de claridad las calles de la vetusta ciudad, antes tan barrosas, solitarias y frías.

El buen tiempo ha llegado entre palmas y vítores, y ha borrado las huellas siniestras de la dolencia y de la privación, del pasado azote calamitoso.

Ya las gentes bullen, charlan y ríen, los días tienen más luz solar, los campos más verdor y las personas un rosado optimismo en los rostros. Y es que el túnel invernal que hemos pasado era penosísimo y ya en la salida no volvamos la vista atrás.

En la Catedral, se celebró, con la acostumbrada solemnidad, la función religiosa de tan señalado día, bendiciendo las palmas el reverendísimo e ilustrísimo prelado doctor Sangüesa.6

A la hora del vermout, Carretería estuvo concurridísima, pareciendo una rúa de una capital de primera con sindicalistas y todo. Hubo estrenos de indumentaria de la fragante temporada y el desfile de algunas forasteras que se encuentran entre nosotros con motivo de las fiestas religiosas. Por la tarde, puro, café y sol. El tríptico domingo de todo castellano centralizador. El parque de Canalejas abrió sus soleados salones a chicos, criadas y zagalones. La tranquilidad, excesivamente paradisiaca, ni una ratería, ni una copa de más. Ya entrada la noche, paseo va y paseo viene, y dos dedos de polvo en el calzado ¡y a buen precio que va el pobrecito!

Singular fotografía de Carretería (calle de Mariano Catalina en 1919) con transeúntes y árboles
Día festivo en el Parque de Canalejas de Cuenca, 1919.
Fotografía: M. Arribas
Fotografía: Solsona
6. “Naderias”. El Tío Corujo. EL Día de Cuenca 14 de Abril de 1919.

A doble página podemos admirar, por vez primera, el gran momento de aquel Jueves Santo de 1919, captado artísticamente por un gran fotógrafo de la época. La claridad y la nitidez del encuadre llaman poderosamente la atención, el efecto buscado con los pasos, la ermita, el barrio y toda la parte fi nal de la procesión de Paz y Caridad. No sólo contemplamos a un primordial Jesús del Puente con su Cirineo y a su hermandad que lo acompaña hace más de cien años, sino que también descubrimos al Cristo de las Misericordias y a la Virgen de la Soledad del Puente. Nazarenos, pasos, músicos, cantores y público, todos juntos en este preciso momento, tan conquense. Un verdadero portal a nuestro pasado.

Fotografía: Colección: E. Valero Investigación

Silenciosamente, mansamente, han transcurrido los días de Pasión, las ceremonias que evocan los históricos días de Jerusalén, las sollozantes amarguras del Gólgota, en este recóndito lugarejo de Castilla que tiene el prurito de empequeñecerse, mientras el de Toledo, Sevilla y Murcia, lo es de afanoso ensalzamiento, de atractiva superioridad.

Quizá todos tengamos buena parte de que así desgraciadamente suceda, más lo cierto y lamentable es que tal sucede y ni unos, ni otros, ni nadie, despunta en iniciativa para salir de este atranco calamitoso en que estamos bloqueados.

Estos grandiosos actos religiosos, celebrados estos días en nuestra capital, de mística devoción y de ferviente religiosidad, este año no han dejado de ser puramente caseros, perdiendo con la ausencia de elementos extraños la magnificencia y el esplendor que deberían ser, dando a entender con ello, más que el verdadero aprecio de lo que para la población representa, nuestra pérdida total de vanidad instintiva.

No deseo para las pasadas festividades el desenfreno paganismo meridional, ni la emoción extática atesorada en las imágenes vivientes, ni la chispeante bullanguería de Las Turbas , ni la majeza de los clásicos atavíos mujeriles, ni los fragantes claveles prendidos, ni los tránsitos invadidos de un oleaje curioso y descreído, no; no entra en mi ánimo lo que nunca podríamos alcanzar, pero si el que no transcurran lánguidamente en una exhibición externa y seca, en un indiferentismo secular, y este año, vuelvo a repetir, ha sobrepasado tristemente mis pesimistas afirmaciones.

Ni una cara desconocida, ni un turista extraviado, ni un serrano con alforjas, ¡Y no será porque el tiempo se haya puesto en contra nuestra! Las calles solitarias, los cafés vacíos, las iglesias exhaustas, las hospederías esperando. Esto se desmorona, esto se va esto se pierde. De dos músicas una, las cofradías con claros, el desorden mandando.

Yo quisiera, que los que tengan la obligación de pensar, piensen en lo que dejamos apuntado y Cuenca se lo agradecerá.

El Tío Corujo. 1919

en aquella época y comercializada por la Heliotipia Artística Española

Julián Velasco de Toledo, buen escritor costumbrista y director del periódico El Día de Cuenca en 1919. Fue conocido también como “El Tío Corujo” pseudónimo con el que le gustaba firmar sus artículos. Gracias a él hemos podido saber más sobre la Semana Santa de 1919 en Cuenca. Dos mujeres con las típicas mantillas durante la Semana Santa.

Fotografía: Colección.: J. Vicente Ávila Fotografía: Blanco y Negro. 1919

Antes de la guerra civil unos turbos posan para la posteridad. Julián de Velasco escribiría por primera vez en 1919: .- “las Turbas” definiéndolas como una “chispeante bullanguería procesional”

Bella imagen del paso de San Juan en la mañana del Viernes Santo de Cuenca. La fotografía corresponde a una postal aparecida
Inédita imagen de la procesión En el Calvario, sin público, a su paso por la calle de Calderón de la Barca. Los nazarenos trascurren por encima de las aceras.
Fotografía: HAE
Fotografía: Álvaro Aguilar
Fotografía: Blanco y Negro. 1919

El día 19 de abril de 1919, el periódico Fígaro

esta

a su

de Madrid publicó
magnífica fotografía de la Virgen de las Angustias
paso por una calle de Cuenca. Fotografía: El Fígaro, 1919

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