Editor: Rael Salvador l Diseテアo: Arturo Corpus l raelart@hotmail.com / palabra@elvigia.net
DOMINGO 26 de abril de 2015 / Nテコm. 212
OAXACA PROFUNDO: E N L A CALLE DEL PAPALOAPAN
Foto: Rakar
Por Ramテウn テ]gel Acevedo Arce (Rakar)
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DOMINGO 26 de abril de 2015
DE PALABRAS Y PALABRAS
ALEATORIEDADES
LOS VICIOS DEL LENGUAJE
DARLE EL GOLPE AL LIBRO
EN LA PUNTA DE LA LENGUA
No. 212/ 26 de abril / 2015 Director Editorial Enhoc Santoyo Cid
Por Magdalena Calderón Por Daniel Salinas Basave
Ilustración: Cortesía
había encontrado la an�bología por excelencia. ¡Bravo! Durante mis investigaciones descubrí que abundan los vicios del lenguaje, nos rodean, nos acosan, nos persiguen, y entonces me propuse descubrirlos, evidenciarlos para revelar sus malas intenciones: desvirtuar nuestro maravilloso lenguaje, corromperlo, degradarlo; eso no podemos aceptarlo. En nuestro próximo artículo exhibiremos otro vicio del lenguaje: los barbarismos. Y ahora, curiosidades del lenguaje: ¿Sabía usted por qué llamamos payaso al artista ambulante o de circo que nos hace reír con sus gracias? Su origen se encuentra en el italiano pagliaccio: ‘saco o colchón de paja’, y éste a su vez proviene del latín paleam y del italiano paglia: paja. En la comedia tradicional italiana (Commedia dell´arte) el bufón o personaje que hacía de gracioso iba vestido con telas bastas, similares en textura a los materiales con los que se confeccionaban los sacos o colchones de paja. Para terminar, una locución latina: Motu proprio: que se realiza por iniciativa propia. Motu proprio el indiciado confesó su culpa. atena2221@hotmail.com
EN SU ENSAYO Los demasiados libros, mi paisano Gabriel Zaid construye una interesante analogía para referirse a quienes pese a saber leer, no han adquirido el hábito de la lectura. En México hay millones de personas con títulos universitarios que nunca, ni por casualidad, leen un libro. Conocen las letras, saben distinguir las palabras, pueden escribir una frase y, sin embargo, sufren demasiado cuando se enfrentan a un libro, pues se sienten inmersos en un territorio hostil. No pueden concentrarse y a menudo acaban interrumpiendo la lectura por considerarla aburrida o tediosa. Lo que sucede con esas personas, dice Zaid, es que “no le han dado el golpe al libro”, de la misma forma que un no fumador que intenta fumar, se coloca el cigarro entre los labios sin jalar el humo y dar el golpe. Las personas ajenas al cigarro, no pueden entender el placer que experimenta un fumador con el humo en sus pulmones y las ansias que lo invaden cuando no tiene un cigarro. Los libros, a diferencia del tabaco, no dañan los pulmones ni contaminan el entorno, pero adquirir el gusto por la lectura se parece mucho al proceso de una adicción. Quien ha encontrado ya el placer de la lectura, difícilmente podrá dejarlo. En contraparte, quien nunca se ha sumergido en ese hedonismo incomparable, difícilmente podrá, de buenas a primeras, concentrarse en un libro y disfrutarlo. Siguiendo por la línea de Zaid, a mí se me ocurren comparaciones gastronómicas. Por ejemplo, para alguien que ha pasado su vida comiendo comida chatarra y cuya dieta se basa en sabores simples, es muy posible que el sabor del queso azul, de un pulpo al ajillo o de unos caracoles escargot le resulte, de entrada, repugnante y
Gerente Administrativo Mauro Bojórquez Gastélum Ilustración: Cortesía
SÍ, SÍ, LO TENGO en la punta de la lengua… ¿cómo decía? ¡Era tan gracioso!… ¡Ah, ya recordé! Este polvo es muy efectivo para limpiar la casa de las cucarachas. Estuve más de quince minutos pensando cómo sería la casa de las cucarachas y de qué manera ese polvo milagroso la dejaría impecable; después de profundas re�exiones llegué a la conclusión de que el enunciado estaba mal escrito. Pero, ¿cuál era el error? Me puse a investigar y descubrí que el autor de la frase publicitaria había cometido una an�bología. ¡Una an�bología! En mi vida había visto, leído o escuchado esa palabra, pero seguí indagando y encontré que es un error muy común en la comunicación oral y escrita. Veamos: una an�bología es un vicio del lenguaje que consiste en una manera de hablar en la que se da más de una interpretación a lo dicho. Conlleva, pues, ambigüedad en la expresión. Mi padre fue al pueblo de José en su coche. (¿En el coche de quién?) Se solicita habitación para alquilar a señorita soltera. (¿Se alquila la señorita soltera?) Nos vemos en la comida del presidente. (¿La comida que prepara el presidente? ¿Qué le organizaron al presidente?) Yolanda y Lidia fueron al cine con su hija. (¿La hija de Yolnda o de Lidia?) Ventilador de bolsillo eléctrico. (Ventilador eléctrico de bolsillo.) Esta es la plaza más importante de la ciudad, su fundación data del siglo XVI. (¿La ciudad o la plaza?) Enterada ya de este vicio del lenguaje, un día, caminando por una calle bastante conocida de nuestra ciudad, leí lo siguiente: Se vende ropa de dama �na. ¡He aquí una preciosa an�bología!, me dije y entonces descubrí que se había convertido en un vicio buscar tales ambigüedades. Por ese motivo, cuando leí en el periódico (cito de memoria): Se impondrá una fuerte sanción a la persona que sea sorprendida conduciendo un vehículo de motor en estado de ebriedad, no pude contener mi alborozo:
Suplemento Cultural de
no pueda encontrar placer alguno en comerlos, mientras que para alguien cuyo paladar se haya educado en diversos sabores, la experiencia resultará una delicia. El mejor vino del mundo puede no saber a nada o, incluso, resultar repulsivo para quien nunca se ha sumergido en los placeres del producto de la vid. En cambio, el paladar de un aficionado al vino de inmediato reaccionará positivamente ante el sabor, mientras que el paladar de un catador experto o un enólogo, logrará distinguir la composición y su varietal con solo probarlo. Cuando la gente me pregunta qué haría para promover la lectura, me limito a decir que deben encontrar la fuente de goce oculta en un libro. Leer no es un medio, sino un fin en sí mismo, como todos aquellos actos que se realizan por puro y simple principio del placer. Hacerlo por tarea u obligación no tiene sentido alguno. El placer está ahí y creo que cualquiera puede encontrarlo, pero si no se tiene el hábito y la formación, es posible que no se encuentre a la primera y por ello hay que darse la oportunidad y darse un poco de tiempo. En mi caso es ya un vicio irrenunciable; la mayor y más poderosa adicción que he conocido en la vida. La lectura puede ser un vicio más fuerte que la más adictiva de las drogas. Por ejemplo, he encontrado placer en la bebida y, sin embargo, he pasado meses sin probar una gota y no siento incomodidad alguna. En cambio, no podría pasar un solo día de mi vida sin leer. danibasave@hotmail.com
Editor Rael Salvador Críticos / Colaboradores Héctor García Mejía, Marcela Danemann, Ruth Gámez, Arnulfo Estrada, Federico Campbell (†), Olga Aragón, Javier Cruz, Jorge L. Osiris Fernández, Gerardo Sánchez, Montserrat Buendía, Sergio Gómez Montero, Elia Cárdenas, Jesús López Gorosave, Patrick Liotta, Paúl Nazar, Renata Sández Oseguera, Lauro Acevedo, Benjamín Pacheco, Heberto J. Peterson L., Iliana Hernández P., María Eugenia Bonifaz de Novelo, Kepa Murua, Ana M. Mora, Herandy Rojas, Alina I. Gallardo, Ramiro Padilla, Daniel Salinas, Óscar Ángeles Reyes, Gerardo Ortega, Deÿ López, Aldo Calderoni Etcheverri, Elba Jordán S., Gabriel Ríos C., Diana Venegas, Fernando Macillas T., Jaime E. Delfín V., Manuel Quintero, Martín Caparrós, Eduardo Cruz Vázquez, Norma Herrera, Jorge Valenzuela, Miguel Lozano, Jhonnatan Curiel, Gustavo Dessal, Óscar Villarino Ruiz, Alberto Manguel, Alicia González, Carmen Gaitán, Myriam Moscona, Martín Solares, Daniel Iván Arellano G., Carlos Patiño, Joatam De Basabe, Jorge Calderón, Leobardo Sarabia Quiroz y Magdalena Calderón. Corresponsal en Francia Cony Singüenza Corresponsal en Italia Ferdinando Scianna Corresponsal en Chile Ramón Ángel Acevedo, “Rakar” Fotografía Enrique Botello Correo electrónico raelart@hotmail.com palabra@elvigia.net Teléfonos para publicidad 120.55.55, ext. 1023 Ensenada, B.C. México.
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Ramón Ángel Acevedo Arce (Rakar)* Un viaje, mezcla de ansiedad y de romanticismo, donde el autor no devela el pueblo en que probablemente Rulfo se había inspirado para escribir su célebre cuento
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ontaigne decía que viajar es ensayarse, que durante el recorrido el ser humano se construye y aprende el arte de vivir. Según el autor francés, este arte se adquiriría mediante la capacidad de observación, de la conversación y a través de los viajes. Y a quienes le preguntaran a este gran ensayista la razón de sus periplos (por Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia), él les replicaba que “sabía bien de qué huía, pero que ignoraba lo que buscaba”. Yo no podía afirmar exactamente lo mismo, al menos en lo que se refería a este último viaje a México. Sabía, en buena parte (o más bien intuía), lo que buscaba en este territorio cautivante y azaroso, y también sabía de lo que escapaba del mío propio, sin embargo, ignoraba mucho más de todo aquello que encontraría en tierras aztecas. Mi propósito confesado, era visitar aquellas aldeas y poblados que Juan Rulfo había recorrido en el estado de Oaxaca. De hecho, el Proyecto que yo desarrollaba se llamaba: Oaxaca profundo, tras la huella de Juan Rulfo en la cuenca del Papaloapan. Después de transcurrido un tiempo de mi estadía, pude
entrevistarme con Francisco Martínez Neri, Secretario de Culturas y Artes de Oaxaca. Nos encontramos fortuitamente en el elevador y me atendió afablemente en su despacho. Conversamos latamente del Proyecto que me traía a su país y, en particular, a su estado, y también sobre Rulfo, a quien admiraba particularmente. De paso me comentó que en Oaxaca existía un pueblo llamado Luvina, pero que no sabía con precisión si se trataba del mismo lugar en que el escritor jaliscience se habría inspirado para su cuento homólogo (al escuchar sus palabras, de inmediato me asaltó la idea de encontrar y conocer aquel pueblo mítico y polvoriento). Después de algunos minutos de conversación, hizo entrar a su despacho a Lizbeth, encargada de Informaciones Culturales de la institución, a quien yo conocía desde una breve estadía anterior. Después de los saludos de rigor, le comentó que cuando se está fuera de la patria todo es más difícil, que México se caracterizaba por ser un país hospitalario, y acto seguido le encomendó contactarme con las autoridades municipales de los pueblos que yo me proponía visitar. Al día siguiente le pedí a Lizbeth que me hiciera los enlaces pertinentes para conocer el pueblo de San Juan Luvina y San Pablo Macuiltianguis, que es el poblado contiguo y su cabecera municipal. Fue de este modo, y gracias a sus valiosas gestiones, que a la semana siguiente pude dirigirme a Macuiltianguis, y desde allí al lugar que yo anhelaba conocer.
El trayecto
Emprendí mi viaje con una mezcla de ansiedad y un dejo de romanticismo. Conocería el pueblo en que probablemente Rulfo se había inspirado para escribir su célebre cuento. Para mí no era insignificante este hecho; aseme-
jábase a la experiencia de aquellos escritores que viajaban al país de su poeta predilecto para honrarlo ante su tumba. Me subí al autobús en una parada ya distante de la base-terminal. Casi todos los asientos venían ocupados y me dirigí hasta el fondo del pasillo, en donde advertí que habían algunos espacios desocupados en la última fila. Allí permanecí sentado hasta el final del viaje, absorto en el paisaje que se adentraba fugaz por la ventanilla. Durante el trayecto, un joven que ocupaba uno de los lugares contiguos, me preguntó adónde me dirigía. Le informé que a San Pablo Macuiltianguis. Intercambiamos lacónicamente algunas palabras y me enteré que vivía en el mismo Luvina, y que faltaban pocos días para la fiesta del pueblo. A mitad del recorrido se instaló a mi lado un hombre de complexión robusta y que aparentaba uno 50 años, aunque no distinguí muy bien su rostro, pues ya la noche avanzaba entre las colinas y se colaba por los cristales del autobús dejando sólo entrever la silueta de los pasajeros. Conversaron interrumpidamente con el joven durante lo que quedaba del viaje y, por el tenor de la conversación, deduje que eran conocidos y que viajaban juntos. Al rato de sentarse, me preguntó si yo me dirigía a Luvina por alguna investigación. Le respondí que sí, pero con aquella reserva y prudencia de quien informa algo a un desconocido. Al parecer él lo percibió y no volvió a dirigirme la palabra hasta cuando llegamos a nuestro destino y respondió parcamente mi saludo de despedida. Arribé a Macuiltianguis al caer la noche. De inmediato me dirigí al Palacio Municipal y presenté mi Carta de acreditación que me había preparado Lizbeth para el Presidente Municipal. Él ya estaba en conocimiento de mi visita y me recibió con deferencia. Aquella noche pernocté en uno de los cuartos que rentaban atrás del municipio, y al día siguiente me dirigí a San Juan Luvina. Como no había ningún carro disponible, el Regidor de educación me
Fotos: Rakar
OAXACA PROFUNDO: EN LA CALLE DEL PAPALOAPAN
trasladó personalmente en una mototaxi que era de su propiedad (recuerdo que en mitad del camino accedió amablemente a detenerse para que pudiera hacer algunas fotografías del pueblo a la distancia). Al presentarme ante el Agente Municipal para enseñarle mis credenciales, cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con aquel hombre que se había instalado a mi costado en el autobús, pero ahora detrás del escritorio en posesión de su cargo de principal autoridad municipal. Se llamaba Bibiano Serafín Jiménez y me dijo que había reconocido de inmediato el acento de extranjero y el tono de mi voz. Le informé que venía con la intención de conocer el antiguo pueblo de Luvina y de hacer un levantamiento fotográfico en el lugar. Tanto él como el encargado de Bienes Comunales, después de intercambiar unas miradas, que adiviné de extrañeza, me informaron que en el Luvina antiguo, al que yo pretendía dirigirme, ya nada existía, y que sólo se trataba de un sitio agreste y erial. También observé que el Agente Municipal me escrutaba minuciosamente, y cada una de sus escuetas palabras dejaba traslucir una mezcla de desconfianza y formalidad.
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“Yo jamás pensé conocer el Luvina de Rulfo, yo jamás pensé conocer a los habitantes de San Juan Luvina”
Hombre salvaje
En el transcurso de la conversación, y sobre todo después de visitar el pequeño museo de la comunidad llamado Yessi Vani (en zapoteco: “Pueblo Vivo”), pude complementar fehacientemente alguna información que había recabado antes de mi partida. El Luvina actual había sido fundado aproximadamente a mediados del siglo XVI, luego que los habitantes del antiguo asentamiento emigraran del lugar por las sucesivas desapariciones de niños que afectaban a la comunidad, y que atribuyeron a un hombre salvaje y deforme que vivía en una cueva de las montañas, y que llamaron el CheniLala (animal salvaje con alas). Posteriormente, en el nuevo asentamiento, se sucedieron los mismos sucesos que los impulsaron a emigrar, y los habitantes decidieron mancomunarse para destruir el mal que les asolaba; le dieron caza a este extraño ser, y posteriormente le llevaron al centro del pueblo donde fue muerto a garrotazos. Finalmente le ataron una enorme piedra a su espalda y fue arrojado a un profundo pozo ubicado al fondo de un barranco. Gracias a José Ernestino, Síndico municipal del pueblo y avezado guía, pude ver y fotografiar ambos lugares en que ocurrieron estos remotos acontecimientos. Las últimas palabras del Cheni-Lala, según relatan los más viejos, fueron una verdadera profecía de maldición que hasta el día de hoy los habitantes de Luvina no olvidan: si le dejaban con vida el pueblo crecería en habitantes y se podría desarrollar, de lo contrario su población se estancaría y estaría condenada a la pobreza.
En la actualidad San Juan Luvina es un pueblo zapoteco de un poco más de 500 habitantes, y está enclavado en las montañas de la sierra Juárez de Oaxaca (a 1880 m s.n.m.). Pertenece al Municipio de San Pablo Macuiltianguis (y no al de San Gabriel Abejones como se ha afirmado de manera inexacta). En zapoteco tiene varias acepciones, la más lóbrega y poética es “Raíz de la Miseria”(LUÚ: RAÍZ / VII-NAÁ: DE LA MISERIA). También significaría “Gente pobre” (según el historiador y estudioso de la toponimia Rosendo Pérez). Es de suponer que tan sólo el nombre de este pueblo haya concitado el interés de Rulfo por conocer algo más del lugar. Quizás Luvina le sonaría a nombre de cielo, o tal vez de purgatorio. Cuando este escritor recorre los caminos de Oaxaca, escribiendo y haciendo fotografías en la década del 50, Luvina era una aldea rural sumida en la miseria. Como expresión de ella, asolaban las enfermedades, como el paludismo y la desnutrición. Es muy probable que, si bien no personalmente, al menos Rulfo haya conocido de oídas el nombre y la ubicación geográfica de esta comunidad. A la sazón, en este poblado rural no habían caminos de terracería y menos aún automóviles. Todas las actividades de intercambio con los pueblos colindantes, se realizaban a lomo de caballos o de mulas. Sólo recién en 1975, hubo una camioneta en la localidad. Me lo comentó el alcalde de Luvina, quien también recordaba que su padre viajaba a pie toda una noche y parte del día para ir a Oaxaca a proveerse de despensas y víveres.
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Geografía taciturna
En cuanto al modo de expresión de los personajes de El llano en llamas, sostiene Rulfo en la mentada entrevista, que es también inventado, “pues ellos no se expresan así”, son personas comunes y corrientes, como en todas partes, y en ellos no había nada en especial. Si bien es acertado afirmar que los personajes literarios no se expresan necesariamente como los seres de la realidad, al fotografiar varios habitantes del pueblo de Luvina, y sobre todo a los más antiguos, pude comprobar que no se trataba de personas frecuentes que se pudiesen encontrar en cualquier sitio o localidad, sino de hombres y mujeres de rostros taciturnos, con gestos adustos y herméticos, como si estuviesen fundidos con una geografía gris y telúrica, que los condicionara, al igual que los personajes de Rulfo, a un destino de abandono y soledad. Recordemos que el escritor jalisciense, gran admirador de José María Arguedas, describe la naturaleza en función del hombre, tal cual era la idea de este peruano que sostenía que “al escritor hay que dejarle el mundo de los sueños”. Lo ideal, por tanto, no era reflejar la realidad tal cual es, sino ficcionarla. Si lo único real, entonces, es la ubicación (como sostenía Rulfo en aquella entrevista refiriéndose al escenario de sus personajes), no cabe duda que San Juan Luvina de Oaxaca fue el referente y el material inequívoco de su inspiración. De hecho en el cuento se menciona a esta aldea por su propio nombre y no otro: “usted va a ir a San Juan Luvina” se le comunica de manera perentoria a un joven maestro
lizará junto al cineasta alemán Walter Reuter en la región del Zempoaltépetl. En lo que respecta a su producción literaria, algunos cuentos de El llano en llamas aparecen entre 1945 y 1951 en las revistas América de México y Pan de Guadalajara, esta última dirigida por Juan José Arreola. El cuento de “Luvina”, que anticipa magistralmente la novela fantasmal de Pedro Páramo, fue escrito por Rulfo como becario del Centro Mexicano de escritores en 1952, al igual que “No oyes ladrar los perros”, otro de sus relatos más relevantes. Un año más tarde es publicado el libro El llano en llamas. Por consiguiente, si nos atenemos a las fechas como indicadores de presencia, todo coincide igualmente para confirmar que San Juan Luvina de Oaxaca, fue el referente geográfico del Luvina literario.
Rulfo joven
cargado de ideales. En una de las tantas conversaciones que sostuve con el historiador y asesor de Antropología del Colegio de Bachilleres, Sergio Hugo Castilllo (quien actualmente ejerce como Alcalde de Macuiltianguis bajo el régimen de usos y costumbres), y también con la profesora Raquel Eufemia Cruz, oriunda de este mismo poblado, llegamos a concluir que el Luvina de El Llano en Llamas no era otro que San Juan Luvina de Oaxaca, y que no existía otro lugar con las características idénticas o semejantes al cuento de mayor notoriedad de Rulfo. Esta maestra recordaba que, siendo aún una niña, su madre compraba esa piedra calisa que ayudaba a la cocción del maíz y que traían algunos caminantes desde el pueblo contiguo. Además, habiendo ejercido en la escuela de Luvina, a mediados de los años 80, había podido comprobar personalmente la situación de marginalidad que afectaba a sus habitantes; la pediculosis y la sarna arreciaban particularmente en los niños que asistían a sus clases. La pregunta de rigor en aquellas pláticas, entonces, asaltaba de inmediato e insoslayable: si hace 6 lustros la situación de esta comunidad era de abandono, ¿cómo no sería en la década el 50 cuando el escritor trabajó y fotografió por estos pagos? Sabemos que Rulfo mantuvo durante toda su vida un cariño especial por la tierra oaxaqueña y su abigarrado mundo visual. La recorre inicialmente a mediados de la década del 40 y posteriormente cuando trabajara para la Comisión del Papaloapan (entre 1955 y 1957). De hecho, hizo notables fotografías de paisajes, de arquitectura y retratos de indígenas en la zona mixe del estado, cuando se le encomendara, por parte de la Codelpa, la producción del un video sobre las “Danzas mixes” que rea-
Después de haber compartido con los hombres de esta aldea, me imagino a un treintañero Juan Rulfo recorriendo a lomo de caballo por los senderos pedregosos de la Sierra Madre de Oaxaca. Pienso en los maestros educadores que van a tantos “Luvinas”, o a los millares de pueblos olvidados de México o de Chile, a enfrentarse cada día con aquellas realidades de carencia que nos hermanan y nos identifican. Pienso en nuestras clases políticas, absortas en sus cenáculos, esgrimiendo altisonantes y ufanas sus “vocaciones de servicio”, esas pobres y tristes metáforas avaladas sólo por el poder que las aísla. Y es que “el gobierno no tenía madre”, le responden enfáticos los lugareños de Luvina al humilde profesor que intenta, infructuosamente, convencerlos de que la madre del gobierno “era la Patria”, y que abandonaran este poblado moribundo en busca de mejores tierras porque el gobierno les ayudaría. Desde El laberinto de la soledad evoco, entonces, las palabras admonitorias de Octavio Paz que me advierten que aquel que no tiene madre es el “hijo de la Chingada”, el mero engendro de una violación que viene ya de lejos, y que devendría en el chingón actual, impasible y sin escrúpulos, cu-
Fotos: Rakar
Se ha dicho que el Luvina de Rulfo representaría, ante todo, a los pueblos de México y por extensión de Latinoamérica. En una entrevista a fondo que le hiciera Joaquín Soler de la radiotelevisión española, el escritor sostiene que ha tenido que recrear a sus personajes, revivirlos imaginándolos como él hubiera querido que fueran, pues el proceso de creación no es puramente tomando las cosas de la realidad, sino imaginándolas. Lo único real, sostiene Rulfo, es la ubicación. Más adelante nos refiere que para una revista literaria se quiso encontrar y fotografiar los paisajes de El llano en llamas,, pero que nunca fueron encontrados. No obstante, varias son las semejanzas que personalmente pude constatar de estos paisajes con el Luvina actual. La piedra calisa que, según el cuento, abunda en los cerros de la aldea descrita, y que sus habitantes llaman “piedra cruda”, es la misma piedra que se encuentra en los faldeos de los montes que rodean a este poblado, entre ellos el que está justo a su frente y que los lugareños llaman cerro de cerebro o IYA YUVI. Por otra parte, el viento que Rulfo describe en su cuento y que sopla del tal modo “que no deja crecer ni a las dulcamaras, esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas a la tierra…” y “que se lleva el techo de las casas como si se llevara un sombrero de petate”, tiene su referente real en los ventarrones que arrecian durante los meses de febrero y marzo en esta pequeña comunidad.
ya existencia redunda en la fatal división “de la sociedad en fuertes y débiles”, en el poder cínico del chingón y la impotencia del que ha sido chingado por años o por siglos, y cuyos muertos se resisten a ser dejados en el olvido. Yo jamás pensé conocer el Luvina de Rulfo, yo jamás pensé conocer a los habitantes de San Juan Luvina. “Mire las maromas que da el mundo”, le dice el antiguo profesor al joven maestro que arribará dentro de pocas horas a ese pueblo polvoriento, en el que ya ni perros hay que le ladren al silencio. Y es tan cierto, y es tan rotundo, que en cada viaje es preciso detenerse y reparar en esas vueltas que nos depara la vida, y que son las que dejan huellas indelebles en nuestro espíritu, como aquellos surcos profundos que dejan la desolación y la tristeza en los rostros de los hombres y mujeres humildes. Dentro de pocas horas, también, casi de madrugada, estaré arribando a un frío aeropuerto en el extremo sur del mundo. Será el fin de este viaje y el final de mi partida. Y cuando las rotativas estén aún imprimiendo las páginas de este Suplemento, resonarán disonantes en mis oídos los saludos y los lugares comunes de aquellas bienvenidas a las que nunca me acostumbro. Guardaré, entonces, el silencio de los muertos y de los vivos impertérritos que conocí en Luvina, ese mismo silencio que habita en todas las soledades, que viene de las altas montañas y de las hondas barrancas de nuestros pueblos, y también de las cimas del alma, cuando la mirada se torna ensimismada, cuando el viaje es una forma de ensayarse y construirse desde afuera hacia adentro, para intentar volcar luego lo mejor de uno mismo convertido ya en PALABRA(S). elviajederakar@hotmail.com *Final del viaje. En Ciudad de México, abril 26 de 2015.
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DOMINGO 26 de abril de 2015
CUENTO
FOTO DE LA SEMANA: VERDE
LA ESCUELA Por Heberto J. Peterson L.
Foto: Arturo Miguel Almeida Sánchez
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ARTURO MIGUEL ALMEIDA SÁNCHEZ Estudiante de la Licenciatura en Lengua Inglesa, es originario de Xalapa, Veracruz. La Foto de la Semana es un reconocimiento que se otorga por el mayor número de votos, avalando el dominio del tema, en el sitio de Facebook Fotografía Diaria.
elipillo se encontraba sentado al pie de un fresno que se encontraba a un costado y a cierta distancia de uno de los edificios de la escuela. El día era caluroso y el árbol le daba protección con su abundante ramaje. Estaba en quinto año de primaria de la escuela pública Jaime Nunó y era un alumno de buenas calificaciones. Su condición era humilde y prácticamente nunca traía dinero en sus bolsillos para poder disfrutar de alguna golosina. Su carácter era un tanto retraído y se le veía solo, aislado del resto de sus compañeros, ensimismado en sus pensamientos y ajeno a lo que le rodeaba. Al pasar frente a la tiendita de la cooperativa de la escuela, veía cómo muchos de sus compañeros y compañeras compraban dulces, sodas, aguas frescas, jamoncillos, etc., y él sentía antojo pero su pobreza le impedía darse ese gusto. Cierto día, al ir caminando detrás de unos niños, se dio cuenta cuando de la bolsa de uno de ellos se salieron unas monedas. Se agacho y las recogió, y al contarlas vio que eran $15.00 pesos. Lo primero que pensó fue en guardar silencio y correr a la tiendita para darse gusto comprándose las golosinas que más le gustaban. Corrió hacia la tiendita, pero de pronto se detuvo; algo en su interior le decía que estaba obrando mal, que ese dinero no le pertenecía. Volteó hacia donde estaba el amiguito que había perdido su dinero y se encamino hacia él, le tocó el hombro y le dijo lo que había pasado: le devolvió su dinero. Jaimito lo miró, sorprendido, con ojos de agradecimiento. Felipillo dio la media vuelta para alejarse, pero Jaimito le grito: “¡Felipillo! ¡No te vayas! Acompáñame a la tienda, te invito unos dulces”. Junto al asta bandera se encontraba
parado el director, don Pedro Arizmendi, quien había observado el escenario desde su inicio hasta su conclusión, cuando Jaimito, con un gesto de agradecimiento, invitó a Felipillo a compartir lo suyo. Ya en la ceremonia de Honores a la Bandera, y al momento de hacer uso de la palabra, el director llamó a Felipillo y a Jaimito, contó lo sucedido a los alumnos y maestros allí congregados y exaltó los valores de la honradez la gratitud y solidaridad de los dos alumnos, cuyas virtudes puso de ejemplo y felicitó a sus padres, ya que siendo los primeros educadores, de seguro habían imbuido en sus hijos esos valores que ahora ellos habían encarnado con sus actitudes y con ello servían de modelo a sus compañeros, honrando a su escuela y, acto seguido, pidió a la Banda de guerra que tocara en honor de sus distinguidos alumnos. El pequeño humilde y el pudiente habían dado muestra de su tierna calidad humana y, a partir de allí, cultivaron una amistad que les permitió crecer y madurar juntos durante su tránsito por las aulas, que son el Templo del saber…
“Algo en su interior le decía que estaba obrando mal, que ese dinero no le pertenecía…”
petersonheberto@live.com
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DOMINGO NGO 26 de abril de 2015
GATUPERIO
ECONOMÍA CULTURAL: DOMINIOS
¿QUÉ HACER CON LOS MEDIOCRES?
SET CHAMULA
ESTUVE UNOS DÍAS en San Cristóbal de las Casas. Me encontré con el escritor y periodista Fabián Rivera, entrañable amigo. Puso en mis manos la antología Un manojo de lirios para el retorno (Coneculta, Chiapas, 2015). De las páginas 95 a 97 se lee su poema “Muro”. Tomo este fragmento: “Mis raíces buscan esa misma grieta: / el silencio constata mis suspiros./ ¿Quién puede leerme, quién puede leer/ en estos versos mi torpe, dolorosa anatomía?/ Estoy, sigo desnudo y permanezco/en algún rincón del cuarto./ De aire esta camisa que no cubre mi piel,/ el sudor, su tránsito salobre que no escapa/ a la humedad que me condena”. Un hombre acompañado por dos mujeres El poeta y la comida chiapaneca deliciosa (creo su madre y su esposa) coloca sus respec(sopa de chipilín, frijoles con veneno, carnes tivas hileras de cirios (hay un muchacho que se frías coletas, ron Izapa Negro del Soconusco, dedica a levantar como de rayo los despojos de ¡el café!); luego el andar por las calles en las la cera). El señor pone su Coca Cola y una boque deambula el espíritu de mi abuelo Manuel tella rellena de aguardiente. Sus mujeres le miEncarnación, quien fuera gobernador interino ran, absortas. Entra en las profundidades de la en 1923; y a darle al gozo del desfe. De pronto, cosa de segundos, canso en una banca de la plaza con la habilidad del nativo digital, “En esos años principal. Sancris tiene tanto, saca del bolsillo derecho su celusobre todo niños y niñas que se entrar al templo lar, mira la llamada perdida o el disputan el comercio ambulanmensaje, y regresa al pozo de su no era apto te, las limosnas y el uso del ceplegaria. Dios es también territolular. Tiene muchísimos pe- para el turismo rio Telcel. rros sin dueño que dan ternuIglesia llena. Custodios al alba cultural o ra. Y tiene un vecino excepciocon teléfonos para comunicarreligioso. Era se. Guías de turistas que con nal, San Juan Chamula, con su célebre iglesia. otro turismo, tono docto, aleccionan a las doTiempo pasado fue mejor. cenas de adoradores del sincresi se quiere, Digamos por 1980. En esos tismo indígena. El templo exhibe años entrar al templo no era apto antropológico” un reluciente orden, un ambienpara el turismo cultural o religiote aséptico. Es un estupendo set. so. Era otro turismo, si se quieAsí como el parque del templo re, antropológico. Vivencial. Místico. Viajero... Y de Santo Domingo de Sancris fue copado por los adentrarse en el ritual era cosa seria. No les en- ambulantes, de los escasos puestos en los que en gaño. Tengo más de 30 años de acudir al lla- esos años uno adquiría artesanías chamulas sólo mado de mis raíces. Y el santuario chamula, se queda el feliz recuerdo. Docenas de comerciantes convirtió finalmente en un set. Va el cuento y informales llenan las calles del pueblo. De ese talas cuentas. maño es el mercado donde en los textiles manEstacionarse en los alrededores cuesta 20 pe- dan los guatemaltecos: cientos de prendas que se sos (le llaman “derecho de piso”). Se paga 20 pe- adquieren como chiapanecas pero huelen a consos por entrar (no se hace ningún tipo de des- trabando y en ellas, la producción industrial. cuento). Muchos años hace que no se pueden toNo me digan que soy un nostálgico del tiemmar fotografías ni videos. En esta visita, como al po ido, un enemigo de la globalización o de las medio día, el piso reluciente con la paja de pino virtudes místicas de las tecnologías. Todo veré (y con costales de reserva). Un hombre que ofre- del mejor modo, excepto cuando se metan con ce “limpias” por 150 pesos (“incluye todos los el cementerio coleto. Ahí si no concederé nada, materiales”). A esa hora, ardían cerca de mil ve- pues en el mausoleo donde yacen mis bisabueladoras, casi todas recién encendidas, la mayoría los Cruz Acuña, habré de reposar un día de cuerde la Virgen de Guadalupe (imagine el negocio). po entero. Algunos indígenas orando, otros al hacerlo, con gallinas muertas y vivas. asesoresencultura@yahoo.com.mx
“¿QUÉ HACER con los mediocres?”, es el inquietante nombre de un ensayo de Gabriel Zaid. Desde el título, el autor provoca, busca pleito, pues la pregunta peyorativa, ofensiva, se hace con respecto a los demás, a los otros. La interrogante no se realiza en primera persona del singular o del plural (yo, nosotros), sino refiriéndose a ustedes, a ellos, a él, a ella... ¿a ti? La tesis central, incisiva y circular de Zaid, es que los mediocres son aquellos que pretenden evitar la mediocridad. Perros que giran inútilmente preten- “que todos somos mediocres en diéndose morder una cola inal- casi todo, que ello no tiene imcanzable. Que viven en función portancia y que intentar lo máximo en todo es ridículo”. de medir y ser medidos. “La medianía fue neutral, lueSe vuelven jueces, evalúan, esgo positiva, después negativa y tablecen puntajes y descartan lo que no se ajusta a sus propios ahora tabú”, argumenta Zaid. Buscar el justo medio aristotéparámetros. lico no es suficiente, se tiene que Son los que pretenden ser los sobresalir, ocupar el primer simejores políticos, periodistas, científicos, futbolistas o el me- tio, en lo económico, en lo político, en lo ideológico, ser un jor barrendero, en triunfador. No hay una sociedad que ofensa mayor que “Los mediocres busca la excelencia la mediocridad. y la calificación proson aquellos En los inicios de pia y de los demás, y las telenovelas en que pretenden no el goce, el disfruMéxico –fue la sete de las actividades evitar la gunda de ese tipo de por sí mismas. mediocridad” producción televisi“Desgraciadamente va en el país– surgió aquellos que no tieun personaje que se nen interés en lo que están haciendo, sino en ser aprobados”, convirtió en símbolo y expresión argumenta el escritor y filósofo de una sociedad mexicana hambrienta del triunfo y el reconoregiomontano. Todo se vuelve competencia, cimiento: “Gutierritos”. Ángel Gutiérrez –Rafael rivalidad en una sociedad que Banquells– fue convertido por busca el triunfo y que, para obsu esposa, jefes y compañeros tenerlo, no importan valores o principios: lo importante no es en un diminutivo y despreciado “Gutierritos”. Rosa Hernández ganar, es lo único. El creador de los 18 ensayos –María Teresa Rivas– disfrurecopilados en El secreto de la taba con conyugal perversifama, donde se incluye el texto dad deletreándole en su cara a sobre el que se hace esta diserta- “Gutierritos” la palabra: “meción, señala que en una sociedad dio-cre”. que aspira o exige lo máximo, lo más inteligente sería reconocer elsopordelbuitre@hotmail.com
Foto: Cortesía
Por Gerardo Sánchez García
Foto: Cortesía
Por Eduardo Cruz Vázquez
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DOMINGO 26 de abril de 2015
EDUARDO GALEANO (1940-2015)
LIB E R A R LA M E MORIA NUMERALIA
Ilustración: Gonza Rodríguez
s la escuela del mundo al revés, esa que en las turbias marejadas de la modernidad observamos siempre patas arriba, como una ofensa a la lógica de caminar hacia el bienestar. Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-215), re�nado cronista que se especializa en poner orden en la oscuridad de la historia, saca a la luz un libro que, a través de narraciones condensadas e inteligentemente entretejidas, expone las suturas de la pobreza y la marginalidad de la educación en un continente americano, por un lado deshilachado y, por otro, en harapos. Patas arriba. La escuela del mundo al revés (Siglo XXI Editores, 1998), ya simbólicamente clásico, es preparado en especial por el autor austral para dis- La impunidad de los cazadores de gente cernir y remediar las perturbadoras, incoherentes, Y al igual que la educación, el libro también tergiversadas, laberínticas condiciones en que se lleva énfasis en la revelación más inhumana: colapsa, se revuelca y entretiene nuestra escolástica la realidad. La pobreza inagotable de nuestras formación humana. doctrinas, la mina de instantes que nos roban Galeano hace referencia al mágico atrevimien- toda la existencia. Si bien es cierto que, algunas to de los espejos de Lewis Carroll y, recordando, de nuestras verdades colectivas se han transrecopilando, mostrando, nos dice: “Hace ciento formado para el bene�cio y la comodidad de nuestros gobiernos, la treinta años, después de visitar corrupción política que el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para «El autor cuestiona padecemos es un mal que descubrir el mundo al revés. Si no sólo toca a las autoriday pone en tela de Alicia renaciera en nuestros días juicio esa “libertad” des, sino que nos acaricia y no necesitaría atravesar ningún nos desintegra a todos. de empresa, y espejo: le bastaría con asomarse Eduardo Galeano lo sabe a la ventana”. bien, y mucho más que la nos pregunta si Haciendo alusión a la temátirecopilación de datos fuerésta será la única ca, rememoro en su lectura las tes, su libro es la captura oportunidad de justas palabras de Harold Taylor, intacta de nuestra historia. quien dice que ningún escritor Pero en esta ocasión proelegir entre la pongo hacer énfasis en la podrá conseguir un aliado más realidad servida terrible capa moral bajo la útil y formidable que la realidad. de desdichas Por su lado, el ensayista remarca que arropamos las carencias: con precisión las características la ingrata y desleal voluntad amenazantes» del miedo. anómalas de la democracia, representada paradigmáticaLa única promesa ha fallemente por el siempre cuestionado premio Nobel cido. La decadencia social se ha convertido en de economía Milton Friedman, quien en la tinta generadora de necesidades. La humillación no de sus referencias no deja de a�rmar, contra natura destruye la esperanza. Pero Galeano nos dice que la “tasa natural de desempleo”, aniquiladora de la que, a partir de la carente esencia de los medios virtud humana, es presa normal del instinto siempre de comunicación y los centros educativos, los cínico y asesino de las empresas transnacionales y los hombres debemos recordar: integrar la realidad a la memoria. Recordar. Fusionar la justicia a la rapaces países “primermundistas”. El autor cuestiona y pone en tela de juicio esa memoria. “libertad” de empresa, y nos pregunta si ésta será Recordar, y así no aceptar la injusticia en una rígida la única oportunidad de elegir entre la realidad ser- batalla perdida y ya degenerada. Pero, ¿cómo atravesar vida de desdichas amenazantes. “El mundo al revés los recuerdos sin salir herido? Hace falta estar dispues–rea�rma– nos enseña a padecer la realidad en lugar to a acariciar con la yema de la memoria el potente de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escu- canto ideológico de las transformaciones y direccionar charlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: el panorama social hacia nuestra propia experiencia. así practica el crimen y lo recomienda”, haciéndonos Con amor, pero también con mucho coraje. creer que son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. herandyrojas@hotmail.com
10 importantes libros de fotografía:
ESCENARIOS DE ESPUMA CUÁNTICA 1.La fotografía paso a paso,
IMÁGENES ARTICULADAS Por Ana Mora
L
a pasión por la fotografía pareciera adueñarse de muchas personas ante el avance de la tecnología. La facilidad de la imagen digital, en los dispositivos móviles, nos convierte a todos en fotógrafos: captando imágenes aquí y allá al son de un breve click. Pero apasionarse por la fotografía va más allá del acceso tecnológico. El o�cio del fotógrafo real implica, como llamamos comúnmente, “buen ojo”, creatividad, técnica, conocimiento, estar alerta, ver más allá, ir un paso antes de la escena, crear la imagen en su mente. Las imágenes de esta exposición son eso, una
de Michael Langford. 2.El ojo del fotógrafo, de Michael Freeman.
muestra de la pasión de Fabián Sánchez por la fotografía: la imagen más allá de la responsabilidad laboral. Y el Festival Internacional de Danza Contemporánea Espuma Cuántica (FIEC) es un escenario ideal, amplio, intenso, mágico, basto en matices, colores, forma y movimiento, que ofrece mil oportunidades al lente cada año. Lo que ustedes pueden ver en esta muestra fotográ�ca, que se encuentra en el Vestíbulo de Ceart Ensenada, es un paseo por la sexta edición de Espuma Cuántica (2014), un breve pero suntuoso recorrido por coreografías, bailarines, temas y formas. La seducción del fotógrafo ante la danza contemporánea. cearteicbc@gmail.com
3.La cámara lúcida, Roland Barthes. 4.Registro de la luz: El alma de la fotografía, de Michael Freeman. 5.Fotografía de gente, de Michael Gnade. 6.Los secretos de la exposición fotográfica, Bryan Peterson. 7.Sobre la fotografía, Susan Sontag. 8.La visión del fotógrafo, de Michael Freeman. 9.Mercaderes de imágenes. La fotografía como pasión y profesión, de David Duchemin. 10.Composición en fotografía: el lenguaje del arte, José Benito Ruiz .
Fotos: Fabián Sánchez
E
“El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa”. Eduardo Galeano.