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Palabra, 19 de julio de 2015

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Editor: Rael Salvador l DiseĂąo: Arturo Corpus l raelart@hotmail.com / palabra@elvigia.net

DOMINGO 19 de julio de 2015 / NĂşm. 224


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DOMINGO 19 de julio de 2015

DE PALABRAS Y PALABRAS

LA FELICIDAD DE VER EL MAR*

UN EXTRANJERISMO es cualquier vocablo o expresión que un idioma toma de otro, generalmente para llenar un vacío de designación. Puede mantener su grafía y pronunciación originales o puede adaptarlas a las de la lengua meta. Los extranjerismos son un caso especial de préstamo lingüístico. Éste último término también sirve para designar no sólo la adopción de palabras sino también de estructuras gramaticales. Así, F. Lázaro Carreter (1968, s.v.) define el préstamo como “elemento lingüístico (léxico, de ordinario) que una lengua toma de otra, bien adaptándolo en su forma primitiva, bien imitándolo y transformándolo más o menos”. En su forma original nosotros utilizamos una buena cantidad de extranjerismos, como boy scout, kinder, best seller, boutique, clip, ballet, chef. En su forma adaptada: casete, escáner, estándar, mitin, líder, bistec, hotel, alerta... Es importante no confundir el concepto de extranjerismo con neologismo. Los neologismos son palabras que recientemente se han introducido en nuestro idioma para responder a las nuevas necesidades del lenguaje. Por lo general se crean para mencionar objetos o actividades que anteriormente no existían: Bulimia*, textear, internet, láser, software, selfi, empoderar, voucher, friki, laptop, nini, tablet, energizante, blog, antiestres… Estas nuevas palabras que entran en nuestro idioma en cierto momento y atendiendo a necesidades específicas, luego se generalizan y dejan de ser neologismos (ejemplo: televisión, telefonear) y hoy son ya palabras de uso común. Nota bene: la palabra bulimia tiene una curiosa etimología: proviene del griego limos=hambre y bous= buey. Estar hambriento como un buey. Curiosidades del lenguaje Más vale tarde que nunca. Este modismo frecuentemente usado

Por Kepa Murua

Ilustración: Cortesía

Por Magdalena Calderón

y cuya vigencia es totalmente actual, tiene nada más y nada menos que una antigüedad aproximada de veinticuatro siglos y se atribuye al filósofo Diógenes el Cínico, quien vivió entre los siglos V y IV, a.C. Resulta que siendo ya anciano, Diógenes decidió que quería aprender solfeo lo cual se le reprochó debido a su avanzada edad, el filósofo aprovechó el momento para pronunciar la sentencia: Más vale tarde que nunca, que, más de dos mil años después, seguimos utilizando. El latín del día Memento mori. “Recuerda que eres mortal”. La frase tiene su origen en una peculiar costumbre de la Roma antigua. Cuando un general desfilaba victorioso por las calles de la gran ciudad, a su lado, un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana. Imaginemos a Julio César regresando de la guerra de las Galias, entrando por la calzada principal de Roma rumbo al Senado donde rendirá cuentas, mientras la muchedumbre lo aclama por el botín conseguido y las nuevas tierras que se anexarán al Imperio Romano. Fácilmente podía caer en la tentación de sentirse un dios. Una pregunta para mis estimados lectores, con permiso de don Ricardo Espinoza: En una reunión cumbre, están presentes las siguientes personalidades: a) La reina de Inglaterra b) El emperador japonés c) El presidente de México d) El primer ministro de Italia ¿Cuál de ellos se sienta al frente? Vale. atena2221@hotmail.com

La felicidad de ver el mar con otros ojos. La felicidad de esperarte aunque no vengas. No, no es la pérdida sino el encuentro que nos hace reflexionar sobre las oportunidades perdidas. La felicidad de escuchar los vasos sobre la mesa. El orden de los platos y los cubiertos, el murmullo de las voces conocidas, el gesto de los amigos. La risa, la risa más allá de la sonrisa o la bendición de las cosas más simples. Los ojos de los presentes. El ruego de una voz que se alza, el rezo de alguien en silencio. Las anécdotas repetidas que parecían olvidadas como pasos que bajan por la escalera de una casa vieja. La felicidad de verlos con otros ojos.

No. 224/ 19 de julio / 2015 Director General Santiago Garín Walther

De escuchar con otros oídos de moverse con otros pies. De comer con otras manos y brindar con un paladar distinto.

Director Editorial Enhoc Santoyo Cid

No, no es el encuentro sino el motivo. La razón que nos hace reflexionar sobre la pérdida sobre el hallazgo al ver que respiramos de nuevo y vemos las cosas con nuevos ojos como cuando éramos de una manera y lo olvidamos. Cuando éramos de una forma y no lo sabíamos. Cuando éramos nosotros sin serlo. Cuando parecíamos otros porque esperábamos algo que nunca estuvo en el camino. La felicidad de vernos al fin con otros ojos.

*Extracto del poema “La felicidad de ver el mar”, que comienza en la página 114 del libro La felicidad de estar perdido.

Gerente Administrativo Mauro Bojórquez Gastélum Editor Rael Salvador Críticos / Colaboradores Héctor García Mejía, Marcela Danemann, Ruth Gámez, Arnulfo Estrada, Federico Campbell (†), Olga Aragón, Jorge L. Osiris Fernández, Gerardo Sánchez, Montserrat Buendía, Sergio Gómez Montero, Elia Cárdenas, Jesús López Gorosave, Paúl Nazar, Renata Sández Oseguera, Lauro Acevedo, Heberto J. Peterson L., Iliana Hernández P., María Eugenia Bonifaz de Novelo, Kepa Murua, Ana M. Mora, Herandy Rojas, Alina I. Gallardo, Ramiro Padilla, Daniel Salinas, Óscar Ángeles Reyes, Gerardo Ortega, Deÿ López, Aldo Calderoni Etcheverri, Elba Jordán S., Gabriel Ríos C., Diana Venegas, Fernando Macillas T., Jaime E. Delfín V., Manuel Quintero, Martín Caparrós, Eduardo Cruz Vázquez, Jorge Valenzuela, Miguel Lozano, Jhonnatan Curiel, Gustavo Dessal, Óscar Villarino Ruiz, Alberto Manguel, Carmen Gaitán, Myriam Moscona, Martín Solares, Daniel Iván Arellano G., Carlos Patiño, Joatam De Basabe, Jorge Calderón, Leobardo Sarabia Quiroz, Magdalena Calderón, Enrique A. Velasco Santana, Guadalupe Beatriz Aldaco, David Castillo, Gerardo Navarro (Nemónico) y Andrea Torres. Corresponsal en Francia Cony Singüenza Corresponsal en Italia Ferdinando Scianna Corresponsal en Chile Ramón Ángel Acevedo, “Rakar” Corresponsal en Argentina Patrick Liotta Fotografía Enrique Botello

Foto: Cortesía

DE PRÉSTAMOS, EXTRANJERISMOS Y CALCOS IV

Suplemento Cultural de

Correo electrónico raelart@hotmail.com palabra@elvigia.net Teléfonos para publicidad 120.55.55, ext. 1023 Ensenada, B.C. México.


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EL FESTÍN DE PANDORA

CULTURA Y PRECARIEDAD LABORAL

Por Daniel Salinas Basave

Por Eduardo Cruz Vázquez

UNA DE LAS MAYORES contradicciones de nuestra de por sí contradictoria época, yace en nuestra ambivalente relación con la comida. Tal vez la Roma imperial o la Francia de los luises tengan algo que decir al respecto, pero creo que nunca como ahora se había llegado a semejante nivel de endiosamiento de lo gastronómico. En el siglo XXI los chefs son los nuevos popstars, mientras los shows de alta cocina inundan la red y le ganan la audiencia a las series dramáticas o a las comedias románticas. Hoy, lo tope de lo tope y lo trendy de lo trendy es comer sofisticado. Si al universo hipster le quitas sus restaurantes y sus food trucks les quedaría poquísimo o nada para presumir. Quizá lo más cruel y paradójico del asunto (después, obviamente, del hambre en el mundo) es que en una sociedad que ha hecho de la gastronomía su becerro de oro, el gordo sea el nuevo paria, el escalafón más bajo y humillante de una despiadada pirámide. El gordo es también un exiliado del arte y la literatura como fuente de inspiración. Parece ser que la patente la tiene en exclusiva Fernando Botero y que fuera del artista colombiano, nadie se ha atrevido a transformar a la gorda en su personaje principal. Por fortuna existe Liliana Blum y su fantástica Pandora, un personaje revolucionario en el sentido más radical de la expresión. En nuestra era el non plus ultra de lo subversivo no es un encapuchado anarcoterrorista antiglobalización, sino una mujer gorda que no parece tener complejos y admite como algo natural su pasión por la comida. Encontré a Pandora en una librería de Culiacán y se convirtió en la compañera de viaje ideal, pues casi concluyo su lectura en el avión que me trajo de regreso a Tijuana. Los personajes de Liliana Blum son los verdaderos abanderados de la rebelión contra el espíritu de la época, porque si ya de por sí es desafiante encontrar una mujer gorda que no está en guerra con su anatomía, más revolucionario aún es encontrar a un hombre que ha hecho de esa gorda su objeto del deseo. Pandora parece resignada a asumirse como la negación de cualquier vestigio erótico, pero en contraparte tenemos a Gerardo, el exitoso y guapo ginecólogo, perfecto modelo de portada de GQ, cuya libido encarna

LUIS FONCERRADA, como director del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), ha sido de los más insistentes en señalar que, si bien se hacen cuentas alegres de los empleos formales generados, casi todos son precarios. Es decir, el salario que se obtiene no alcanza a cubrir las necesidades básicas. En no pocos casos, son profesionales con títulos de licenciatura y maestría. Es más, salarialmente se regresó muchos lustros atrás. Así de grave. Medir la precariedad laboral en el sector cultural reviste enorme complejidad. Se puede intentar hacer desde las plazas formales que generan las empresas y que registren en el IMSS. Sin embargo, la operación se dificultará por las aún frágiles fronteras en la cadena productiva. Es decir, no es fácil contar unidades económicas culturales, depende de su participación en el servicio, bien o producto que comercia. Por otro lado, se puede medir la precariedad laboral cultural a partir de la informalidad y por el pluriempleo. Esto significa que sabemos de muchos trabajadores de la cultura que cobran por honorarios, como personas físicas con actividad empresarial, o a

en las carnes anchas. A su alrededor tenemos una galería de mujeres que podrían ser sacerdotisas en el culto a la diosa anorexia. La madre de Pandora, con su cintura de avispa asesina y sus vastos desayunos de jugo de apio y pepino, es fría y pérfida como sólo puede serlo una madrastra de Cenicienta y Blancanieves. Qué decir de la hermana mayor, la exitosísima “Barbie” que, no conforme con su belleza, encuentra su fuente de placer en torturar a la gordita de la casa; o de Abril, la anoréxica esposa modelo inmolada en el altar de sacrificios de la figura perfecta, una mujer aferrada a transformarse en hueso sin darse cuenta que su marido delira con las tallas extragrandes. He agotado la tinta de mi pluma de tanto subrayar frases matadoras que podrían ser el epitafio perfecto en la tumba de esta contradictoria era. “La relación comida-mujeres es complicada. Los hombres suelen comer para saciarse y listo. Las mujeres suelen preparar la comida, la rechazan, la desean, la odian, la engullen, la vomitan la añoran”. En Liliana Blum hay humor negro, ironía, desparpajo y también una elevada carga erótica, una dulce mentada de madre a bodrios como Sombras de Gray o porquerías semejantes. Pandora es una novela irreverente, porque al igual que sus personajes se atreve a ser diferente y a desafiar a los trending topic. Y sí, es una novela romántica, erótica, con trama e inesperados giros, pero es de pésimo gusto que un reseñista ande por la vida dando pistas sobre el final de un libro que en verdad vale la pena leer. danibasave@hotmail.com

“Enterarnos de si su labor es fruto de un financiamiento (filantropía) es otra cosa, pero finalmente corrió dinero, con el propósito de generar dinero”

través de organizaciones de la sociedad civil, lo cual se traduce en no tener acceso a las prestaciones sociales básicas (es el régimen del llamado “salario pelón”). Son empleos que tienen variaciones en el flujo de ingresos, ocasionadas por la inconsistencia de la demanda (del mercado interno) o bien por la variedad de fuentes de trabajo (con una cauda de implicaciones fiscales, tales como la evasión o bien el retraso de pago al SAT en el mejor de los casos). Como sabemos, la precariedad es sólo un eslabón en los niveles de pobreza. En la estratificación social. Cuando intentamos ligar la condición económica con el proceso creativo, el grado de dificultad del análisis (y las posibles soluciones) aumenta. Tomemos como muestra al escultor callejero que aparece en la fotografía. Lo encontré hace días en el camellón de avenida Álvaro Obregón, en la colonia Roma. Para estar ahí, el ¿artista? tuvo que realizar varios procesos. Desde obtener el permiso de la delegación, pasando por la propuesta escultórica (papel, lápiz, goma), hasta lo necesario para tener sus implementos de creación. Algún gasto hizo el amigo. Esa cantidad mínima a alguien benefició. Enterarnos de si su labor es fruto de un financiamiento (filantropía) es otra cosa, pero finalmente corrió dinero, con el propósito de generar dinero. Este hombre escribió su demanda por el bien que genera a partir de un concepto que supera el mero asistencialismo, aunque se le pueda acusar de coloquial: pide cooperación. Y especifica: agua, comida, apoyo económico. Episodios en esto de vivir del arte. Foto: Cortesía

ALEATORIEDADES

ECONOMÍA CULTURAL: DOMINIOS

asesoresencultura@yahoo.com.mx


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El locutor da cuenta de sus inicios en la radio, la paulatina transformación de las emisoras en el estado y las rutas que lo llevaron a cumplir con un destino en los medios de comunicación, que en sus palabras, ha sido bueno Por Iliana Hernández Partida

U

na de las voces fundamentales de la radio ensenadense, Luis Lamadrid, nos platicó algunas de sus vivencias fundamentales de su etapa juvenil cuando pensó que trabajar en una estación de radio sería fácil, pronto se dio cuenta que tendría que pasar exámenes para obtener su licencia además de aprender todas las maniobras técnicas que hacen posible una emisión. En marzo de 1954 comienza su trabajo en la XEWS, al haber pasado los exámenes requeridos y gracias a su habilidad en la carpintería, ya que fue un punto a su favor, además de su talento como locutor porque pudo ayudar a construir la cabina que por muchos años sería su lugar de trabajo, era la época en que empresas como la RCA, Columbia y Musart proveían

de discos de pasta quebradiza de 78 revoluciones por minuto, a pesar de que se tenían que renovar constantemente discos y agujas. Don Luis extraña las melodías que tenían un gusto poético, una raíz llena de sentimiento: trae a la memoria los acordes de las bandas que acompañaron las voces de Glenn Miller, Agustín Lara, Jorge Negrete, Gonzalo Curiel, quienes eran cantantes obligados por la preferencia de los escuchas en los programas de complacencias como “Mi canción favorita” y “Ensenada Canta”. En la década de los ochenta incursiona en la televisión, en el Canal 23, donde se creó el primer noticiero que transmitía en video en su totalidad, cuando todavía en Tijuana se utilizaban las transparencias en la presentación de noticias. Don Luis cuenta de la ocasión que entrevistó a

Cantinflas, de la transmisión de la muerte del presidente estadounidense John F. Kennedy y otros eventos importantes que acompañaron a los cambios que la radio local sufriría como la creación de la primera estación FM, la 92.1, inaugurada por el entonces presidente de la república, Carlos Salinas de Gortari. Directo y con una voz profunda, hecha para la radio, don Luis recuerda a sus compañeros de aventura radiofónica; Javier Cruz, Enoc Santoyo, Daniel Vargas, Ana María Mellado, y a las nuevas generaciones de comunicadores en el Canal 23, impulsadas por los cambios promovidos por su director, Jorge Walsh, que se dieron paulatinamente y donde arribaron periodistas como Jaime Nieto, Gerardo Sánchez y


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GATUPERIO TRES ESTAMPAS DE LUIS LAMADRID Por Gerardo Sánchez García

tal que pudo contagiar a su público de la emoción del partido, probando que la creatividad puede hacer de un hecho simple un milagro. Don Luis es prueba de que la vocación aporta sabiduría para minimizar las barreras que son el pan de cada día en cualquier profesión. Lamadrid se interesa en la difusión de la historia del puerto, se encuentra activo en la radio en el noticiero matutino “De jalón y restregón”, al lado del profesor Arturo arroyo; como forjador de la cultura, ha sabido seguir los pasos de un padre que recuerda ordenado, educado, es por eso y más un creador de la radio local, voz ya familiar de las mañanas ensenadenses.

“Si hay que definir el paso de don Luis por la radio, tendría que decirse de él que ha sido un aventurero del sonido, un imaginador de lo imposible...”

Fotos: Cortesía

premoniciones@hotmail.com

Foto: Cortesía

otros con quienes don Luis compartió las labores de conducción y redacción de notas, ya para entonces tenían acceso a la lectura de noticias en teleprompter. Si hay que definir el paso de don Luis por la radio, tendría que decirse de él que ha sido un aventurero del sonido, un imaginador de lo imposible; una anécdota que cae en lo “real-maravilloso” fue la que vivió con su equipo de trabajo: pudo recrear e interpretar una temporada de béisbol que se transmitía desde Estados Unidos, ayudado de apenas algunas claves escritas de lo que sucedía en el partido en vivo; pero fueron capaces de llevarlo a sus radioescuchas como si lo hubieran visto, con entusiasmo

I CONOCÍ A LUIS MARIO Lamadrid Moreno cuando en 1990 inició Notivisa Ensenada. Aunque su voz era muy popular en el puerto, no lo había tratado personalmente y descubrí a un hombre de trato cordial, amplia cultura, pero sobre todo de gran inteligencia y humor verbal. Fue designado conductor titular de ese noticiario, pues diversos estudios lo ubicaban como el locutor más conocido y con más credibilidad de la ciudad. Mi labor inicial en ese informativo era como guionista, y don Luis –así lo llamábamos todos– y yo establecimos un divertido duelo en los breves textos de las presentaciones de las notas y la lectura de las mismas. Se trataba, de mi parte, de ponerle trabas, trampas, dificultades y juegos verbales a los pies de las presentaciones y tratar de que el conductor cayera en ellas, que debería atraer a los nuevos comulo cual en el peor de los casos podía co- nicólogos. rregirse, pues el noticiario se transmitía Hablar con él sobre programas, locupre-grabado y había la posibilidad de la tores, anécdotas es enriquecedor, pero edición. también conoce lo que ha ocurrido deSin embargo, un trás de los micródía cercano a la cefonos, los intereses «Y al día siguiente, lebración del 12 de comerciales, empreentre preocupado diciembre, en el pie sariales, políticos, de la nota escribí: ideológicos. y divertido, don “Al celebrarse un Es una labor penLuis me dijo: “En aniversario más de diente elaborar una las supuestas apalío tremendo me ha versión crítica, más riciones guadaluallá del anecdotario metido. Parafraseando radiofónico y televipanas”. La palabra susivo, y don Luis es a Cervantes: con la puestas iba suun archivo imporbrayada para que Iglesia hemos topado, tante al respecto. el presentador deseñor Sánchez”» cidiera si le daba III lectura o no. Cuando don Luis Conductor y editor no modificaron el era conductor de Notivisa Ensenada texto... Y al día siguiente, entre preocupa- llegó un equipo de Televisa, procedendo y divertido, don Luis me dijo: “En lío te de la Ciudad de México, para redisetremendo me ha metido. Parafraseando ñar el estudio de televisión desde donde a Cervantes: con la Iglesia hemos topa- se transmitía el noticiario. do, señor Sánchez”. El encargado de la remodelación pidió que se ubicaran en el set los encargados II de la conducción del programa. Al ver a Lamadrid Moreno es documento vi- Lamadrid Moreno, exclamó asombrado: viente y testigo del devenir de la radio “¡Ay!, pero él no necesita un estudio, hay y televisión ensenadense. Es una pieza que diseñarle una cueva para oso”. fundamental para elaborar una historia de ambos medios en este puerto, tema elsopordelbuitre@hotmail.co


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POSTA L DE ENSENADA II

VERANO

Por Heberto J. Peterson L.

Foto: Alberto González

E

ALBERTO GONZÁLEZ Originario de Lagos de Moreno, Jalisco. Además de fotógrafos, es especialista en control de inventarios La Foto de la Semana es un reconocimiento que se otorga por el mayor número de votos, avalando el dominio del tema, en el sitio de Facebook Fotografía Diaria.

nsenada nace oficialmente el 15 de mayo de 1882, por el hecho de haberse trasladado allí los poderes de gobierno... Pero, originalmente, ese espacio estuvo ocupado por las etnias nativas pertenecientes a los Yumanos llamados Tipai y, hoy día, conocidos como Kumiai, y a los que estaban en la bahía de Ensenada se les nombraba Pa-tai, la tierra de los hombres altos. Estas etnias –como suele suceder– fueron desplazadas, poco a poco, por los mexicanos, europeos y asiáticos que llegaron posteriormente. Tiempo después, en correspondencia por sus años de servicio como militar, le fueron dadas las tierras al alférez José Manuel Ruiz, el año de 1805, desde Punta Banda hasta San Miguel. Pero aún antes de 1882, sufrió Ensenada la presencia de un nefasto filibustero – nombrado William Walker– y sus huestes en 1853 y 1854, con la intención de apoderarse de estas tierras de Baja California, para establecer una república independiente. El filibustero se instaló en la casa del sargento Francisco Javier Gastélum, yerno del Alférez José Manuel Ruiz, convirtiéndola en el Fuerte McKibbin. Este lugar es donde ac tualmente está el Archivo Histórico de Ensenada, en la Calle Tercera, llamada Dr. Elpidio Berlanga de León, entre la avenida José Manuel Ruiz y calle Francisco Javier Gastélum. Para gloria de Ensenada, brota la presencia de un héroe en la persona de Antonio Meléndrez, originario de La Grulla, quien, junto con familiares y amigos, entre ellos el interesante personaje Jorge Ryerson, defiende esta tierra, ejercitando la guerra de guerrillas, hasta que logró sacarlo y frustrarle su intento de arrebatarnos este espacio de la patria. Conforme pasa el tiempo y diversos autores escriben y hablan sobre Antonio Meléndrez, se va conociendo su hazaña y la dimensión del héroe va acrecentándose y el tiempo haciéndole justicia. Meléndrez fue víctima de una traición, y, absurdamente, una calle de Ensenada,

la Blancarte, lleva el nombre del traidor, esperemos se cambie el nombre. Volviendo al año de 1882, Antonio Jáuregui llega a Real del Castillo el 24 de julio para hacer efectiva la orden de trasladar la subjefatura de Real del Castillo a La Ensenada de Todos Santos, convirtiéndose el puerto en cabecera política. Inicialmente hubo serios problemas de orden económico, ya que la mayor parte de los habitantes dependían, de alguna manera, del sector oficial y los sueldos no llegaban. Había escasez de productos hasta que, poco a poco, se fue normalizando la situación. En apoyo de la autoridad política y militar, se instaló en Ensenada el 21 batallón, integrado por 45 soldados y dos oficiales, para poder preservar el orden si fuera necesario. Sin embargo, en enero de 1885, la guarnición se rebeló por la inconformidad ante la falta de pago por varios meses, acción violenta que cobró la vida del capitán José María Rico y su esposa, hecho lamentable para la naciente cabecera política y militar. Dicha cabecera –gracias a su nueva ubicación– estaba mejor comunicada, ya que las rutas marítimas eran las más apropiadas para relacionarse con los puertos del pacífico o del país y con la California estadounidense. Se conjugaron dos hechos importantes que influyeron en el proceso de población de Ensenada. Por una parte, el antecedente de la Ley de Colonización de 1883, promulgada durante el gobierno de Manuel González –compadre de Porfirio Díaz– que tenía como propósito atraer colonos extranjeros bajo ciertas condiciones para poblar. Había interés de contar con la presencia de europeos, para con ello balancear la colonización. Luis Huller, un alemán naturalizado mexicano, muy bien relacionado con las esferas políticas en la capital, aprovechando la citada ley de colonización, logró obtener del gobierno de la república una concesión para el deslinde de terrenos en el norte de la Baja California. Así, pues, las condiciones estaban dadas con estos dos factores que se conjugaron para iniciar el despegue de la nueva capital del Partido Norte. Foto: Cortesía

FOTO DE LA SEMANA:

petersonheberto@live.com


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EL LECTOR TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Historia mítica de las Américas T

enía yo 15 ó 16 años cuando mi padre me trajo de regreso del Uruguay un librito de un tal Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quien le escriba. Yo y mis amigos, pretenciosos intelectuales adolescentes, nos habíamos dispuesto a explorar la literatura latinoamericana después de leer en clase a Germán Arciniegas y a Rivera, pero nada de lo que habíamos leído se parecía a este extraño relato colombiano que decía tanto sobre la violencia de esas tierras que para nosotros, porteños, nos parecían más exóticas que la China y, al mismo tiempo, no decía nada sobre ella misma. Quiero decir, no había en las apenas cien páginas de la novelita ni una sola acción sangrienta, ni una sola masacre: únicamente una memorable atmósfera agobiante de espera sin esperanza, de peligro invisible e innombrado, de agobio y ahogamiento que se reflejaba, por una parte, en el hambre y la ansiedad constantes de los protagonistas y en el implacable asma de la mujer del Coronel, y por otra, en la desoladora escenografía del pueblo colombiano de polvo y de lluvia. Contemporáneo de los bufones de Beckett, de El extranjero de Camus, del hombre ante las puertas de la ley de Kafka, y a pesar de las advertencias de sus conciudadanos (“Ya nosotros estamos muy grandes para esperar al Mesías”), el coronel a quien nadie escribe, espera.

En el trasfondo del cuento, se alza la misteriosa ciudad de Macondo cuya historia y geografía yo iría descubriendo después en los otros libros de García Márquez, pero que en este, mi primero, cobraba ya una realidad literaria absoluta. Cuenta García Márquez que imaginó la crónica de Macondo a principios de los años cincuenta, cuando visitó Aracataca con su madre, y que escribió el nombre por primera vez en el cuento “Un día después del sábado”, publicado en 1954. La verdad es otra. Macondo fue una invención necesaria, parte de esa cosmografía invisible que nuestra imaginación se empeña constantemente en rescatar para nuestro testarudo mundo consciente. Como la Atlántida o las Islas Bienaventuradas, como la ciudad de Oz o el monasterio de Shangri La, Macondo existe desde siempre, aunque su singular cronista haya reseñado para nosotros, sus lectores, tan solo un solitario siglo. Junto con Eldorado y

“No había en las apenas cien páginas de la novelita ni una sola acción sangrienta, ni una sola masacre: únicamente una memorable atmósfera agobiante de espera sin esperanza, de peligro invisible e innombrado”

la Ciudad de los Césares, Macondo forma parte de la historia mítica de las Américas. Cuando los primeros conquistadores anclaron sus barcas en el Nuevo Mundo y quisieron aprehender el vasto y pavoroso territorio, intentaron descubrir en los ríos y bosques desconocidos y en las flores y bestias extrañas, rasgos de una geografía, una flora y una fauna ocultas en sus propias mitologías. Así reconocieron en los habitantes del sur del continente los gigantes contra los cuales lucharon los antepasados del Quijote y en las tribus matriarcales de la selva las Amazonas enemigas de Hércules. Cristóbal Colón, en la crónica de su primer viaje, cuenta que al descubrir unos manatís cerca de la costa de Guinea, entendió ver “tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero”, agrega fielmente el Almirante, “no eran tan hermosas como las pintan”. A esa fe pertenece Macondo. Thomas More imaginó Utopía para entender mejor la política de su siglo. Macondo existe para entender (o al menos tratar

Ilustración: Cortesía

Por Alberto Manguel

de entender) la sangrienta historia de Colombia y también, por analogía, de todo el resto del continente americano. En 1969, tuve la fortuna de conocer a García Márquez en persona. Por entonces, él estaba viviendo en Barcelona y había empezado a escribir El otoño del patriarca, novela que publicaría seis años más tarde. Seducido por su amabilidad hacia un presuntuoso veinteañero, me atreví a preguntarle por esa violencia encubierta en sus novelas, tan distinta de la violencia obvia, ostentosa, de un Vargas Llosa, por ejemplo. Me dijo que, como hombre de ciudad, no había tenido, en su juventud, una experiencia directa de la violencia, tragedia sobre todo del Norte colombiano, y que por eso decidió que sus novelas transcurriesen en el Sur. Así podría explorar los motivos y raíces de la violencia, y las consecuencias en quienes la sobreviven. También, no había querido caer en la descripción obscena de actos violentos, como hacían algunos de sus contemporáneos. “No me interesa el acto mismo”, me dijo, “si no la amenaza del acto”. Esa amenaza es la que siente el lector, desde el patético primer párrafo del El coronel no tiene quien le escriba en torno a media cucharada de café, hasta la enaltecida y desafiante palabra final: “Mierda”. @albertomanguel


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EN SÉNECA

NUMERALIA

¿CUÁNTA VERDAD NECESITA EL HOMBRE? El filósofo como disfrutador sereno Por Rael Salvador “Ser dueños de nuestras cuatro virtudes: el valor, la penetración, la simpatía, la soledad”. F. Nietzsche.

DE RÜDIGER SAFRANSKI, escritor y �lósofo alemán, conozco algunos libros. Sé que guardo un grato respeto por la cálida enunciación de sus ensayos y la rigurosa plenitud de sus biografías. Por la estética musical de su pensamiento y su iluminado discurso literario, la ética que transparenta en sus escritos parece beber de las raíces orientales, para así montar en dragones de hierro a la �losofía occidental. Es una manera de decir, una re�nada forma de manifestar mi aprecio a través de la alegoría de la provocación. La edición de su Nietzsche (Biografía de su pensamiento) y su Un maestro de Alemania (Martin Heidegger y su tiempo) no se apartan de mis libros de cabecera, amuletos ante los malos sueños de la humanidad

y oráculos a la hora de acercar a la cama la verdad. Ahora que circula la nueva edición de ¿Cuánta verdad necesita el hombre? (Tusquets, 2013), resurge mi deseo de sentarme a contemplar las nubes, libro en mano, agitando delicadamente los dedos de los pies en la arena crepuscular. A Safranski, además de ser un biógrafo seductor, lo hizo célebre la pantalla chica. Por cerca de diez años, junto con Peter Sloterdijk –otro de lo grandes–, realizó para la televisión pública alemana el programa de divulgación: Cuarteto �losó�co co,, que a�anzó su popularidad con el gran público. Se cuenta que allí Safranski desplegó virtudes de excelente comunicador: el

“Por la estética musical de su pensamiento y su iluminado discurso literario, la ética que transparenta en sus escritos parece beber de las raíces orientales, para así montar en dragones de hierro a la filosofía occidental” humor, una vasta cultura y su destreza innata para relatar. Del libro reciente extraigo esta perla del oriental rosario “safranskino”: «Uno de estos relatos oníricos, proveniente de China, cuenta la historia de un pintor que llegó a viejo después de dedicar toda su vida a un único cuadro. Una vez que lo hubo terminado, invitó a los amigos que aún le quedaban para mostrarles su obra: en ella se veía un parque, y entre los prados un estrecho camino que conducía a una casa situada en un alto. Cuando los amigos, listos para dar su opinión, se giraron hacia el pintor, éste ya no se encontraba junto a ellos. Miraron de nuevo

10 libros recomendados por Elena Poniatowska:

1.Pedro Páramo, de Juan Rulfo. 2.La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes. 3.Cerca del corazón

hacia el cuadro: allí estaba él, recorriendo la suave pendiente del camino; abrió la puerta de la casa, se paró un momento, se volvió, sonrió, les dio nuevamente la espalda y cuidadosamente cerró tras de sí la puerta dibujada. El pintor entra en el cuadro como si de su verdadero hogar se tratara, lo que supone alejarse de los demás. Para los que han quedado atrás esta desaparición equivale a la muerte, aunque la historia relata más bien una llegada, una vuelta a casa, momento feliz del que no se explica una palabra a los que quedan fuera del cuadro. Como mucho, se podría observar la pintura y decirles: ahí, en el cuadro, encontraréis expresado ese gozo». Si mi pensamiento fuera un látigo, así como la poesía es un modo de interrogar a los dioses para que hablen, seguro que le daría con él y, entre mechas de sangre y lágrimas dulces, cariñosamente le diría: “Acérquese a la �losofía, la brutalidad, el orden cotidiano se lo exige”. raelart@hotmail.com

salvaje, de Clarice Lispector. 4.La plaza del diamante, de Mercè Rodoreda. 5.Los hermanos Karamazov, de Fiódor Dostoyevski. 6. Ana Karénina, de León Tolstói. 7.La comedia humana, de Honoré de Balzac. 8.El Aleph, de Jorge Luis Borges. 9.Rayuela, de Julio Cortázar. 10.Hambre, de Knut Hamsun.


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