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DOMINGO 16 de agosto de 2015
FOTO DE LA SEMANA: VENTANA
CUENTO
LA NATURALEZA
Foto: José Alberto Romero Ronquillo
Por Heberto J. Peterson Legrand
JOSÉ ALBERTO ROMERO RONQUILLO Ocupación: Arquitecto. Lugar de residencia: Monterrey, Nuevo León.
La Foto de la Semana es un reconocimiento que se otorga por el mayor número de votos, avalando el dominio del tema, en el sitio de Facebook Fotografía Diaria.
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ños de sequía tenían castigado a los ejidatarios de Sal si quieres, quienes vivían sumidos en una pobreza cada día más angustiante. Filemón le dice a su compadre Abundio: “Ayer pasó por aquí un agrónomo de apellido Martínez y me dijo que el clima estaba variando, que llegarían temporadas de lluvia y que el panorama cambiaría para nosotros”. “¡Compadre!, usté fue capaz de tragarse tal disparate, a mí se me hace que ya comenzó a chochear”. “¡Épale, épale!”, contestó Filemón y agregó: “No se me acelere, algún día tendrá que cambiar éste infernal clima”. Abundio, riéndose, le dijo: “Uste siempre ve el vaso medio lleno”, y se volvió a reír, mientras con una rama dibujaba en el piso de tierra unos cerros y una abundante lluvia que caía sobre los sembradíos. Tratando de leerlo, voltearon los dos hacia el cielo; uno, con ojos esperanzadores; el otro, con ojos que sólo ven nubarrones de pesimismo. Sin embargo, el comentario del agrónomo los dejó encarrilados en sus reflexiones. “Abundio”, dijo Filemón, “algo que me preocupa un chingo, es la falta de pantalones del delegado del pueblo, el tal Pérez. La Nopalera, a la que pertenecemos, y de las autoridades municipales, al no saber imponer su autoridad para que las personas no construyan sus casas en el cauce del río Bartolomé. No debemos olvidar que cuando el hombre no respeta a la naturaleza ésta cobra caro con tragedias que producen dolor, por pérdidas humanas y materiales”. Abundio le dice: “A mi hijo Juventino ni a balazos lo saco de allí. ¿Tú crees que va a querer dejar lo que le pertenece y que a construido con esfuerzo? No, compadre, no se azote: ¡Ándele!, vaya y
dígales y lo van a mandar a la...” “Lo sé, no soy tarado, pero no puedo estar indiferente al hecho de que si llegaran las lluvias, en lugar de traernos alegría, enlutaran a no pocas familias”. “¡Dale con la burra al trigo! Usted está peor que la sequía; le aguanto sus comentarios porque es mi compadre y lo quiero…” Pasaron los días y las noches desfilando en aquella rutina de vidas casi inertes, sin estimulo alguno. Eran las once de la noche, se escuchaba el ruido del silencio, cuando de pronto se escuchan unos estruendos y el cielo, iluminado por los rayos, lloraba y una pertinaz lluvia durante horas penetraba por las grietas que la sequía había hecho sobre la piel reseca de la tierra. Abundio de inmediato se acordó de lo dicho por Filemón y salió de su casa envuelto en su impermeable rumbo a la casa de Juventino y su familia. Al llegar el agua, que había buscado su cauce natural, se había adueñado de “Bartolomé”: había tomado su nivel y, desbordado en algunas partes, había arrasado cuanto estaba a su paso. Abundio, desesperado, volteaba para todos lados queriendo localizar a su hijo, nuera y nietos, pero… ¡Nada! ¡Nada!.. Hasta que escuchó: “¡Papá, aquí estamos!”
“Dibujaba en el piso de tierra unos cerros y una abundante lluvia que caía sobre los sembradíos”
Convergieron tragedia y alegría. Sal si quieres enterró bajo tierra algunos de sus hijos. Para otros, el agua les devolvió la vida: sembraron y cosecharon, haciendo florecer aquella costra de tierra castigada por el Sol. petersonheberto@live.com
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LA FUERZA DEL PERIODISMO
LA CERTEZA COMO PATENTE DE LYDIA Mujeres reinventando el poder
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Foto: Archivo /Palabra
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o hay distintas formas de ambición. Quien, enardecido, practica sus sinónimos, lo único que hace es abrir filiales del infierno. Anhelo, aspiración, ideal, pretensión, afán... son cosecha de otro cielo. ¿Qué se necesita para observar con deleite las primeras estrellas que aparecen sobre el horizonte de una revolución? ¿Cuánto tiempo de lectura o de vida nos hace falta para arroparnos en el mesurado abrigo que trae la tonalidad del entendimiento? ¿Cómo es que, testarudos como el retorno, nos hemos adaptado a un periodismo que niega la función intelectual y promueve la idiotez especulativa? Con un deleite pudoroso –cinismo que admitimos no sin inflamada insensatez–, bien podríamos enumeran un centenar de formas de cerrarnos al mundo; maneras de evasión y despojo, métodos que nos obligan, a través de cegueras estudiadas, a transparentar o invisibilizar la miseria, que es otra manera de ocultarnos; sistemas que fincan la superficialidad como destino, dando a entender que la realidad es una categoría cuando no sólo una simple mercancía. Existen cosas o situaciones que nos resultará inútil reconocer en el vértigo del alba o, si así se quiere, en el franco ocaso del sindicalismo en el mundo laboral, con sus tropelías y utopías. Cuando dejemos de ser criados del periodismo, lo que nos espera es nuestra poca vida. Y resulta tan humillante, que quienes lo padecen se avergüenzan y no hablan del asunto. Obsesión que compartimos como un desencanto errante. Mancos de actuar, siempre mutilados de riqueza humana. Cuando Lydia Cacho nos habló de verdades turbias, evidenciando el dolor desmesurado, que sólo intima en el desenfreno, esos cenáculos de la exquisitez potentada, cumbres y palcos donde asoman todas las paradojas del infierno, ahí el silencio se hizo piel y el cuchillo cortó la inocencia de la que estamos hechos: trozos de carne para los demonios del Edén, S. A., y en esa sanguaza el blanco de infancia nupcial se vistió de muerte.
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“A diferencia de los signos llanos, a su trabajo se le llama periodismo de investigación. Y en él se tiene, primero que nada, un sueño de justicia, el cual nos lleva a asumir el riesgo de que nos seduzca despiertos, como le sucedió a Nelson Mandela o a Ernesto Che Guevara” En su ejercicio periodístico, Lydia Cacho es una intermediaria narrativa en el deseo ineludible de lo múltiple. Y, lo queramos o no, todos nos encontramos en su voz, como víctimas o victimarios. A diferencia de los signos llanos, a su trabajo se le llama periodismo de investigación. Y en él se tiene, primero que nada, un sueño de justicia, el cual nos lleva a asumir el riesgo de que nos seduzca despiertos, como le sucedió a Nelson Mandela o a Ernesto Che Guevara, y nos encamine de la mano del poema, o de cuento, o de la novela, o de la epopeya informativa, y cumplamos así con ver la realidad como un desafío, no como un destino; también, muchas veces, nos acarrea a aceptar con dolor las consecuencias brutales de
lo absurdo, más cuando en el papel seco sólo hay una ley inválida. Lydia nos invita a creer en la fuerza del periodismo, que en el escritor multiplica el deseo de narrar la verdad y en el lector redobla el anhelo de hacerse de esa evidencia. ¿Qué se necesita para observar con deleite las primeras estrellas que aparecen sobre el horizonte de una revolución? Se requiere la generosidad sorprendente de creer, en contra del lujo fácil del olvido, en oposición de la cirugía estética de la realidad y el sueño de una noche de veneno, de tal manera que el periodismo ofrezca la dura certeza de un diamante en el brillo innegable de toda verdad. raelart@hotmail.com
n un sistema de gobierno que atenta contra la libertad de expresión, la apología de la indiferencia surge cuando se invita a mirara hacia otro lado, permitiendo que la impunidad amague, golpee, secuestre, exilie o asesine al comunicador. El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece nuestro derecho a “recibir información y opiniones”, pero no está de más decir que existen quienes le agregan el cumplimiento de la veracidad, estableciendo un periodismo de investigación, patentado con los hechos, único territorio donde las fuentes nos son decorativas. Sí, existe el color humano en el periodismo y, más allá de ponerle rostro a una responsabilidad ética, sirve para no ver el crimen como un espectáculo. El modelo lo tenemos en la periodista y escritora Lydia Cacho*, quien es “El reto del periodismo es recontar historias humanas para comprender mejor el mundo que nos rodea”, nos dice de los derechos humanos la reportera internacional, reanudando los lazos del respeto a la persona y denunciando el “abuso de poder” como instrumento de represión, terror y tortura, y de la que ella no deja de ser objeto. La autora de Memorias de una infamia ejerce el periodismo desde la compromiso social y sus interrogantes, observando el mundo de la mujer con una profunda sensibilidad, contrastando los falsos imaginarios del porvenir, carne y el alma que manipula la delincuencia organizada, haciendo explícito lo que, las más de la veces y sin ninguna restricción, la ingenuidad juvenil –tomada de nuestra mano– considera las “Fortunas” de nuestro tiempo: cirugía estética, lujos fáciles, edecanes del narco, paraísos químicos, etc.
Nada más falso. Por ello, los libros y artículos de opinión de Lydia Cacho nos obligan a ver la realidad, no sólo a recordarla (si el trauma lo permite). En la FIL de Guadalajara 2014, tuve el privilegio de escucharla discursar sobre los pormenores de su secuestro, en un testimonio sin precedentes, inteligente y temperamental, desgarrador, sin por ello dejar de ser reflexivo con su responsabilidad de comunicadora; junto a Carmen Aristegui, al lado de Juan Villoro, la honestidad de la periodista se llevó un enorme mar de ovaciones (superior al brindado al italiano Claudio Magris, Premio de Literatura en Lenguas Romances, que ya es decir algo), además del calor y la notoria solidaridad de los cientos de admiradores que se dieron cita en el recinto de convenciones. (R.S.) Foto: Cortesía
Por Rael Salvador
*Directora del Centro Integral de Atención a la Mujeres, cofundadora de la Red de Periodistas de México, Centroamérica y el Caribe, además de ser una especialista en violencia de género para la Agencia de la Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEN) y autora de libros de investigación como Los demonios del Edén: el poder detrás de la pornografía infantil (2005) y Esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo (2010) que, por su valor crítico y revelador –ya que denuncian la mafia de pederastia mexicana y las redes de explotación sexual de menores–, le han conferido reconocimientos y distinciones de orden internacional, entre los que se destacan el Premio Mundial UNESCO-Guillermo Cano de Libertad de Prensa 2008 y el World Press International Hero 2010. Es coautora de un libro de singualr belleza: El silencio es nuestro, con fotografías de Francisco Kochen (Artes de México, Colección Luz portátil).