Editor: Rael Salvador l DiseĂąo: Arturo Corpus l raelart@hotmail.com / palabra@elvigia.net
DOMINGO 12 de abril de 2015 / NĂşm. 210
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DOMINGO 12 de abril de 2015
También somos de Oaxaca
Suplemento Cultural de
Por Iliana Hernández Partida No. 210/ 12 de abril / 2015
“Viajar por los mares del silencio volverse nada en la espuma como si el cuerpo no tuviera signo”. Natalia Toledo.
Director Editorial Enhoc Santoyo Cid Gerente Administrativo Mauro Bojórquez Gastélum
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Editor Rael Salvador
Foto: Iliana Hernández P.
ntes de llegar a Oaxaca todo era ciudad con tráfico, era un cansancio visual causado por los brotes de mercados de letras blancas y rojas por cada esquina, como esas plagas que se riegan por los jardines y que de tanto verlas ahí parece que pertenecen, que tienen derecho a cubrir los vecindarios y las carreteras. Pero la ciudad de Oaxaca también es de los bajacalifornianos, es un México que se nos olvida en el presente y que despierta en uno cuando se anda por las calles de su centro histórico, como si se abrieran los ojos a un lugar del que se partió para regresar al origen, a la familia. El Templo de Santo Domingo de Guzmán es una joya para los sentidos: caminé por sus pasillos en Viernes Santo entre guías de turistas, ancianas devotas, niños acalorados, hombres con rostros reflexivos, las mujeres tristes por el cristo desfallecido en el ataúd, con el rostro doliente; había una fila larga que esperaba por tocar la mortaja del hombre que murió por la salvación de todos los demás. Las monjas iban y venían organizando las oraciones en las capillas interiores del templo, el olor a cera derretida y la concentración de los fieles crea un silencio del que sólo se puede participar entrando en la reflexión que borra las voces y los taconeos de la gente que va y viene buscando un alivio, esperando, pidiendo, cumpliendo una promesa. Esa misma noche de viernes cené tlayuda con tasajo, acompañada de un chocoatole de masa y seguí a un montón de gente que se dirigía a la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, en el patio central estaba la virgen vestida de terciopelo negro, cientos de personas la rodeaban cantando: “Perdona a tu pueblo, Señor”, los rostros de jóvenes apagados escuchan: Perdona a tu pueblo, Señor. Perdona a tu pueblo. Perdónalo, Señor La voz de una mujer dirige las estrofas que flotan en el viento muy fresco de la noche oaxaqueña, son las nueve y nadie tiene sueño, cantan implorando: No estés eternamente enojado. No estés eternamente enojado. Perdónale, Señor. Me dan escalofríos y busco en la oscuridad la mano gigante y fatal que ha de arrasar a la humanidad, entro al templo y hay también una fila de personas que esperan para decirle algo al rostro agónico de Jesús; me formo y al llegar a él toco sus cabellos y veo de nuevo
“La ciudad de Oaxaca también es de los bajacalifornianos, es un México que se nos olvida en el presente y que despierta en uno cuando se anda por las calles de su centro histórico” a mi padre tendido en su último lecho, ajeno a este mundo que pudo haberlo tratado mejor, le digo que tome mis ojos y que siga viendo todo lo que le faltó contemplar. El estallido de cohetes anuncia el Sábado de Gloria, la mañana llega con el café y los tamales de mole negro con pollo, uno va por la calle y la gente se mueve como en una gran casa en la que nadie es un desconocido, los oaxaqueños miran a los ojos de uno y transmiten simpatía, calidez; generalmente sonríen confiados, las calles son de los niños en bicicleta, de los motociclistas que serpentean entre taxis, autobuses, camiones urgidos por quien sabe qué prisa de llegar a los destinos más singulares: todo es paisaje verde y fragante en la tierra de Juárez.
Las jacarandas acompañan por todos los pueblos, sueltan sus flores como carcajadas violetas, les da lo mismo tapizar los canales de San Agustín Etla que forrar los sembradíos, pintar de inocencia las rejas de las ventanas que asoman la cabeza por las banquetas. Los árboles oaxaqueños son dioses presentes que todo lo cuidan. Sin embargo, Oaxaca no escapa a la violencia que cubre este país, hay pancartas y grafittis que reprueban desapariciones y encarcelamientos, existen sitios de protección para activistas sociales, el descontento está plasmado en murales de mujeres con el rostro cubierto con paliacates (recuerdan a las que trabajan en los sembradíos de San Quintín), Emiliano Zapata observa la situación de la gente desde grabados, camisetas y posters en los cruceros. Amanecer en Oaxaca ha sido experiencia de color y canto de aves, nieve de mezcal, café con hilos aromáticos que usan las ancianas para bordar sentadas en las bancas, en el piso; anochecer en Oaxaca ha sido agradecer el viento refrescante y la luna llena, la lluvia repentina, los santos con cruces que junto a los danzantes conviven con los mortales, esos que encontramos hogares bajo las jacarandas y los ahuehuetes memorables. premoniciones@hotmail.com
Críticos / Colaboradores Héctor García Mejía, Marcela Danemann, Ruth Gámez, Arnulfo Estrada, Federico Campbell (†), Olga Aragón, Javier Cruz, Jorge L. Osiris Fernández, Gerardo Sánchez, Montserrat Buendía, Sergio Gómez Montero, Elia Cárdenas, Jesús López Gorosave, Patrick Liotta, Paúl Nazar, Renata Sández Oseguera, Lauro Acevedo, Benjamín Pacheco, Heberto J. Peterson L., Iliana Hernández P., María Eugenia Bonifaz de Novelo, Kepa Murua, Ana M. Mora, Herandy Rojas, Alina I. Gallardo, Ramiro Padilla, Daniel Salinas, Óscar Ángeles Reyes, Gerardo Ortega, Deÿ López, Aldo Calderoni Etcheverri, Elba Jordán S., Gabriel Ríos C., Diana Venegas, Fernando Macillas T., Jaime E. Delfín V., Manuel Quintero, Martín Caparrós, Eduardo Cruz Vázquez, Norma Herrera, Jorge Valenzuela, Miguel Lozano, Jhonnatan Curiel, Gustavo Dessal, Óscar Villarino Ruiz, Alberto Manguel, Alicia González, Carmen Gaitán, Myriam Moscona, Martín Solares, Daniel Iván Arellano G., Carlos Patiño, Joatam De Basabe, Jorge Calderón y Leobardo Sarbia Quiroz. Corresponsal en Francia Cony Singüenza Corresponsal en Italia Ferdinando Scianna Corresponsal en Chile Ramón Ángel Acevedo, “Rakar” Fotografía Enrique Botello Correo electrónico raelart@hotmail.com palabra@elvigia.net Teléfonos para publicidad 120.55.55, ext. 1023 Ensenada, B.C. México.
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ALEATORIEDADES
GATUPERIO
SUEÑO DE SUEÑOS
PUROS CUENTOS Por Gerardo Sánchez García
que valgan. Todo, absolutamente todo, es posible. ¿Para qué limitarse entonces? Celebro que la Editorial Anagrama haya tenido la brillante idea de incluir dos obras cortas de Antonio Tabucchi en un mismo volumen. Después de Sueños de sueños, el sello catalán tuvo a bien incluir el relato corto Los tres últimos días de Fernando Pessoa. No son pocos los artistas que están obsesionados con la figura del gran poeta portugués y sus heterónimos. Los tres últimos días de Fernando Pessoa es también ficción pura, y que me perdone Tabucchi por la odiosa comparación, pero irremediablemente me remite a una obra bastante más larga aunque de estructura similar: El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago. Es el 28 de noviembre de 1935 y el solitario Pessoa es visitado por sus heterónimos en una vieja pensión de Lisboa. Al igual que a Saramago, a Tabucchi también lo sedujo la idea del diálogo entre Pessoa y Álvaro de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, o la presencia de los enigmáticos Bernardo Soares y Antonio Mora. La diferencia, además del inconfundible sello de Saramago, es que en el relato del portugués el personaje principal es Ricardo Reis y Pessoa es el fantasma, mientras que con Tabucchi es Pessoa quien recibe a sus heterónimos. El resultado es el breve diálogo interno de un poeta que es muchos poetas a la vez y que, en medio del desasosiego, dice adiós a la vida. danibasave@hotmail.com
EDMUNDO VALADÉS es autor de uno Realizó dos antologías de la mencionade los cuentos más leídos de la literatura da revista: Los grandes cuentos del Siglo mexicana: “La muerte tiene permiso”, y XX y Los cuentos de El Cuento. de otro cuyo título es mejor que el relato Decisión difícil, confiesa en la adveral que da nombre: “Sólo los sueños y los tencia de esa segunda selección: “por deseos son inmortales, palomita”. ello pensé siempre en quien habría de Es responsable de la antología El libro leerlos, los lectores. (...) Es decir tende la imaginación, ejemplar que reúne dí a elegir en lo posible, aquellos que textos y fragmentos literarios breves, di- el cuentista armó con un dispositivo versos y sorprendentes. que hiciera estallar la sonrisa agradePeriodista y literato, escribió los libros cida, la fantasía incalculada, la recrea(cuyos cuentos refrenda): La muerte tie- ción sorpresiva o inesperada de la reane permiso, Las cualidades funestas y lidad; que produjera la revelación fulSólo los sueños y los deseos son inmor- minante o prodigiosa…” tales, palomita. Fue también columnista, Pero además de buen su colaboración Excerpta, “Era un adicto publicada en el diario cuentista, Valadés fue uno de los más imporExcélsior era expresión de y apóstol tantes promotores de la gran cultura literaria de del género, ese género literario a Valadés, pues reunía entravés de la revista El sayos breves, reflexiones, literalmente cuento, la cual publicó anécdotas, testimonios, durante 30 años y en la vivía del cuento conjugadas con un humor que dio a conocer a es- y para el cuento” poco común. critores mexicanos e hisEl caso de la mujer de culpanomericanos, autores tura alrevesada –visitante ya consolidados y a nuevos narradores. constante de sus columnas– le permitía En esa publicación se encontraban burlarse de quienes con pedantería estambién cuentistas de todo el mundo, cribían o decían barbaridades al hacerlos famosos y prestigiados y los poco se pasar por personas cultas. conocidos, pero cuyos relatos eran maLo mismo podía disertar sobre Proust, gistrales. Borges, la censura y el ombligo o bien El propio Valadés reconoció, en varias burlarse de los millonarios regiomontaentrevistas, haber leído y publicado mi- nos, que en una sesión espiritista invocales de ese tipo de piezas y su fascinación ron el alma de Napoleón Bonaparte, y al e interés por leer y publicar todavía más aparecerse el genial militar, les preguntó de ellas. con un extraño acento norteño-francés: Era un adicto y apóstol del género, li- “¿Qué pasó güercos, on toy?”. teralmente vivía del cuento y para el cuento. elsopordelbuitre@hotmail.com
Foto: Cortesía
EN LA LITERATURA fantástica y en el psicoanálisis la obsesión es recurrente: alguien sueña con soñar el sueño de otro. El sueño, emanación del subconsciente, es en sí mismo otredad, pues revela esos deseos y temores de nuestro ser que a menudo nosotros mismos desconocemos. Al enfrentar al subconsciente, de una u otra forma, enfrentamos al otro. Luego entonces, tratar de penetrar en el sueño de un otro absoluto es una idea más que seductora, aunque en la praxis difícil. Sin tratar de complicarse la vida en laberintos psicoanalíticos o filosóficos, el italiano Antonio Tabucchi da rienda suelta a un capricho personal y valiéndose de la licencia literaria, que acaso el historiador alguna vez envidie, nos entrega 20 narraciones cortas donde nos describe 20 diferentes sueños que ocurren en las cabezas de igual número de personajes de la historia. Los sueños de poetas, novelistas, pintores, filósofos y hasta un personaje mitológico, son recreados por Tabucchi en este interesante ejercicio literario. En su nota introductoria, el italiano se confiesa asaltado por el deseo y la curiosidad de conocer los sueños de aquellos artistas a los que admira y el libro Sueños de sueños no es más que una añeja tentación transformada en papel. Aun así, Tabucchi admite que los sueños que puso en las mentes de sus artistas admirados, son simples suposiciones nacidas en su cabeza. “Me doy cuenta de que en estas narraciones vicarias, que un nostálgico de sueños ignotos ha intentado imaginar, son tan sólo pobres suposiciones, pálidas ilusiones, inútiles prótesis. Que como tales sean leídas, y que las almas de mis personajes, que ahora estarán soñando en la Otra Orilla, sean indulgentes con su pobre sucesor”, nos dice textualmente el italiano. Y es que resulta de lo más atractivo imaginar qué pudieron soñar pintores como Francisco de Goya o Tolousse Lautrec, o poetas como Arthur Rimbaud, Fernando Pessoa o Federico García Lorca, por mencionar solo algunos. El primer sueño narrado es el de Dédalo, un personaje de la mitología griega, padre de Ícaro y aeronauta por vocación, y concluye, vaya paradoja, con el intérprete de sueños Sigmund Freud, en lo que es por cierto una de las mejores narraciones del libro. ¿Se vale jugar de esa manera con los sueños de personajes históricos? Por fortuna, en los territorios de la literatura y el sueño, no hay reglas
Foto: Cortesía
Por Daniel Salinas Basave
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A 100 AÑOS DEL NACIMINETO DE
De los recuerdos imborrables
Doña Goyita y don Edmundo Por Eduardo Cruz Vázquez
luego. Segundos eternos, su mirada por encima de los lentes, su media calva, la tez blanca. Más tardé en llegar al edi�cio de Reforma 18, que en entrar y salir. Don Edmundo Valadés, el entonces editor de cultura en Excélsior, no me obsequió más palabras. Fue, en esos días, inalcanzable. Tiempo después, soltó una sonrisa. Apenado me explicó que eran tantos los que querían publicar en las páginas culturales, que le resultaba imposible atender a cada solicitante de su padrinazgo. Hacia �nales de la década de los 80, a instancias de mi jefe en el Programa Cultural de las Fronteras (PCF), organismo de la SEP, el gran Alejandro Ordorica Saavedra, compartimos no sólo episodios periodísticos... También viajes, parrandas y un afecto cómplice. De ese tiempo formaron parte los ya desaparecidos Martín Reyes Vayssade, que era el Subsecretario de Cultura, y Enrique Velasco Ugalde, quien coordinaba el proyecto de radio del PCF; colegas como Miguel Ángel Sánchez de Armas y Raúl Navarro Benítez. Ellos y muchos más, como los escritores Sergio Gómez Montero y Leobardo Sarabia Quiroz, formaron parte de los empeños de la revista Cultura Norte (la versión del sur la dirigía el poeta Óscar Oliva). Una publicación que renovó el sentido del trabajo desde una visión regional tan vasta como la frontera norte. Y sin duda, la última empresa periodística de don Edmundo. En ese entorno de vida, sólo una mujer se atrevió a darle un manotazo al guaymense. Va el cuento. Pocas poblaciones del norte me han impactado tanto como Parras de la Fuente. Con don Edmundo y colegas de distintos estados, fuimos a pasar el día, una vez cumplidos los afanes en Saltillo. Como nunca había visto viñedos, ni sabía de la producción de vinos, quedé impac-
Es el epígrafe estéril el que marca el deseo avieso de los muertos. C. Yasenza: “Argentina”.
F Foto: Alejandro Ordorica Saavedra
L
Sergio Gómez Montero*
e pido lea esta crónica y ojalá la publique, maestro Valadés. –Muchas gracias, joven. Hasta
Alejandro Ordorica, Edmundo Valadés y Martín Reyes Vayssade.
tado. El paisaje, en ese momento de la década de los ochentas, fue una suerte de paraíso. Las calles del pueblo, su tranquilidad, el calorón, el vislumbre de la siesta parreña, la atmósfera histórica al saberme en la cuna de Francisco I. Madero: la visita a un microcosmos inolvidable. Además de los vinos, una de las joyas de Parras era (tras su fallecimiento en 2003, a la edad de 100 años, su negocio lo sigue siendo) doña Goyita. Su dulcería se ubica en la calle de Ramos Arizpe. El local, pequeño, con estantería de madera, crisol de los sabores del dulce artesanal: chabacanos cristalizados, Glorias, cuadritos de leche con nuez, con higo, mermeladas, cocadas, etc. Qué banquete. Doña Goyita nos recibió: daba explicaciones y precios sin ninguna probadita. En un momento dado, don Edmundo llevó su mano a uno de los dulces y que le dan grito y manotazo. La legendaria repostera parrense se molestó. Vino entonces una suerte de sermón sobre el mal hábito de tomarse
sin permiso sus productos. Un alegato a favor de “compráramos de todo” si tanto nos daba curiosidad. El querido Edmundo se disculpó. Vaya que nos hicimos de la variedad de golosinas. La anécdota no es asunto menor. Se trató del encontronazo entre dos personajes. De dos grandes que no sabían el uno del otro. En perspectiva de la riqueza cultural del país, tanto vale el hacedor de literatura y periodismo, como quien concibe y sostiene un negocio basado en la creatividad generadora de una calidad culinaria. Gran jugador de dominó, estupendo conversador, amante de trotar por las calles para descubrir y documentar historias, con aguante para las develadas, genial para asumir la belleza femenina, suave a la hora de discutir sobre asuntos de trabajo, cariñoso. Esa estampa guardo de Edmundo Valadés, a quien me une a su vez que nacimos un 22 de febrero. asesoresencultura@yahoo.com.mx
uimos desde que nos conocimos buenos amigos. Aunque, desde muchos años antes (digamos 64 ó 65), me tocó leer en la facultad de Filosofía y Letras en la UNAM su libro emblemático La muerte tiene permiso y elaborar, desde entonces, algunas notas sobre él. Luego, entre 70 y 75, lo conocí personalmente en sus oficinas de El Cuento, en División del Norte, y desde entonces hicimos amistad; nos veíamos y nos sentábamos a platicar de temas diversos. Él, como Rulfo, era incansable para verter en palabras sus recuerdos y uno para nada se cansaba de escucharlos. Por el contrario, podía uno pasarse horas enteras escuchando y tomando con lentitud, una tras otra, las copas de tequila. Más adelante (mediados de los ochenta, fines de los noventa), gracias a Eduardo Cruz, la amistad con don Edmundo se hizo mucho más estrecha, pues a él le tocó ser director de la revista de Cultura Norte y eso nos permitió (contradictoriamente, a pesar de la distancia: él en el DF, yo en Mexicali) convenir en diversos lugares (Ciudad Juárez, Hermosillo, Monterrey, Tijuana) y platicar largo y tendido sobre las singularidades de la literatura producida en la frontera norte del país y coincidir en esas pláticas con múltiples amigos y compañeros: Miguel Méndez (apenas fallecido en el 2013 y cuya muerte ape-
“Él, como Rulfo, era incansable para verter en palabras sus recuerdos y uno para nada se cansaba de escucharlos” nas y fue tomada en cuenta), Gerardo Cornejo, el Oso Manríquez, José Javier Villarreal y Margarita, su esposa, Carlos Montemayor, Evodio Escalante y otros varios, para quienes don Edmundo siempre causaba respeto y admiración. Escribir pues de él, para mí, tiene múltiples facetas imposibles de abordar ellas en unas cuantas palabras, ya que es evidente que su personalidad implicaba sabiduría en muchos sentidos y sus escritos, por ende, conllevaban aristas diversas que nos hacían ver la compleja realidad social que se fue conformando durante las épocas (pues no fue sólo una) de la posrevolución o de cómo ir construyendo la historia de las literaturas regionales con el rigor requerido. Así, de los cuentos de La muerte tiene permiso, a partir de los diálogos y cavilaciones de sus personajes, se desprende una reflexión global sobre la cual poco hemos puesto atención: si alguien perdió, paradójicamente, después del conflicto armado 10-17, fueron aquellos que inicialmente tomaron las armas para reivindicar sus peticiones y reclamos: los campesinos; para ellos, luego de las polvareda, la pólvora quemada, el tronido de los cañones, las carabinas y las pistolas, de la sangre y los muertos, no sólo todo siguió igual, sino que
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EDMUNDO VALADÉS (1915-1994)
Un siglo de Valadés Por Leobardo Sarabia Quiroz
MEMORI A
“No, fíjese que no, por ahí no va la cosa…”
el engaño que para ellos, de manera inicial, implicó la revolución, ella terminó siendo un retroceso que aún no termina. Y, desde luego, las lecciones de sobriedad, de rigor, de mesura que destilan las páginas de ese libro nos conducen desde entonces (1955) a ver con una inmensa tristeza lo mismo al país que devino luego del conflicto revolucionario, que al país de hoy, al que le ha tocado tragarse –hasta ahorita, en silencio– a un México que resuma corrupción, injusticia y carencia de libertades. Pero no se piense que eso que se desprende del libro de don Edmundo lo avalo sólo yo, sino que estoy seguro que si ahora pudiéramos, él y yo, estar sentados en cualquier lugar frente a sendas copas de tequila, él me estaría diciendo que por qué sobre esa temática –cómo se refleja el fracaso de la revolución 10-17 en la literatura posrevolucionaria– no escribía un breve ensayo para el siguiente número de Cultura Norte, la inolvidable revista que a él le tocó dirigir. Ya tendremos, don Edmundo, oportunidad de seguir platicando. *Soy quien escribe de los recuerdos.
gomeboka@gmail.com
II Valadés fue un autor con un cúmulo de lecturas, desde los básicos semanarios americanos hasta los magazines parisinos. En su revista El Cuento promovió una nómina de escritores, hoy escasamente leídos. O’ Henry, Saroyan, Papini, el siempre polémico Curzio Malaparte, vaya hasta Lovecra. Impulso antes que nadie a Italo Calvino entre nosotros. Cosa curiosa, se anticipó al auge de la mini�cción y tenía una franco�lia militante muy de la época (que deberíamos mantener, por cierto). Hizo un gran trabajo el viejo Valadés como editor. III El aprecio por El Cuento no es nuevo. Juan Rulfo colaboró durante una época y no sólo como autor, sino como editor y compilador. Lo mismo Elena Poniatowska. Mempo Giardinelli, uno de sus editores, al regreso a Argentina de su exilio mexicano, fundó allá, la revista Puro cuento y se volvió un tenaz
Por José Emilio Pacheco
Foto: Cortesía
Foto: Cortesía
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I ste año es el centenario de don Edmundo Valadés (1915-1994), autor originario de Guaymas, Sonora. El centenario de Valadés si bien no ha pasado desapercibido, no ha tenido la proyección mayúscula del año anterior (Con Revueltas, Paz, Cortázar, Huerta, et al.). Valadés, periodista notable, fue un maestro de generaciones y animador activísimo del cuento, como género literario. Ferviente impulsor de revistas, entre ellas la legendaria El Cuento, donde se dice que empezó Juan Rulfo, y Cultura Norte, donde desde sus páginas apoyó esmeradamente a los escritores de la frontera. Vital, sonriente, generoso, dueño de una vasta memoria cultural, así lo recordamos.
promotor del género. Vemos con agrado que recientemente se sistematizó en sitio web los contenidos de la revista. Falta aún una visión crítica y pormenorizada del gran servicio que prestó a la cultura mexicana. No solo promovió el conocimiento de decenas de autores centrales sino que ganó multitud de lectores, por el formato y atractivo de la revista. El Cuento fue una apuesta tenaz por la calidad, y una hazaña de difusión literaria. Hubo una época en que la personalidad misma de Valadés y la identidad de la revista eran indistinguibles, por la expresión de los intereses vitales del editor en esas páginas. IV Siempre prevaleció su vena de periodista. La revista que editó, animado por el Programa Cultural de las Fronteras, Cultura Norte, apoyó decisivamente la cultura y la literatura del noroeste, que fue un puente de conocimiento e intercambio. Sus páginas hospedaron la creación literaria y artística de los talentos del norte. Detrás de cada número se adivinaba la diestra mano de editor de Edmundo Valadés. Ajeno a la estridencia y al protago-
nismo, hizo este trabajo mayúsculo con la sencillez de un artesano. Aún no se ha revalorado este vasto servicio cultural. V En lo diario, Valadés era un ser sumamente amable, atento, generoso con los jóvenes escritores y periodistas, a quienes trataba como iguales. En la plática era insuperable, ameno a más no poder. Era de una generación donde la conversación era un arte, un medio de relacionarse y una forma de activar la memoria personal y colectiva. Me gustaba especialmente cuando recordaba a Los Contemporáneos (así, �esh and blood). Se detenía especialmente en Novo y Villaurrutia. También era memorioso con los periodistas de la vieja guardia, los días y noches en las redacciones, la relación entre prensa y poder bajo la hegemonía priista. El anecdotario que �uía en su conversación trazaba un mural vivo, irritante a tramos pero seductor de la cultura mexicana del pasado. VI Este aniversario es un buen motivo para celebrar y releer a un autor signi�cativo en nuestra tradición.
I Es un domingo de 1957 ó 1958, son muchos domingos de aquellos años, voy por donde había árboles y ahora cruza un eje vial, vamos Carlos Monsiváis y yo por avenida Eugenia o entre las calles de Portales. En su casa de la colonia del Periodista nos espera Edmundo Valadés, va a regalarnos la mañana de su único día de descanso, porque en esta época, entre quién sabe cuántas otras cosas, hace la página de espectáculos de Novedades y publica tres veces por semana “Tertulia literaria”. 2 Con qué paciencia, con qué atenta generosidad Valadés escuchará los primeros borradores de nuestro aprendizaje interminable. El escritor y los aprendices somos adictos a los cuentos, en primer término a leerlos y en seguida a escribirlos. (Durante muchos años Monsiváis escondió su vocación de cuentista o disfrazó de crónicas sus cuentos, hasta que no le quedó más remedio y publicó al fin su libro, su Nuevo catecismo para indios remisos.) Pero entonces con cuánta delicadeza, con cuánto pudor Valadés me decía: “No, fíjese que no, por ahí no va la cosa; el tema da para mucho y ese lenguaje como que no funciona, está muy denso. ¿Por qué no lo guarda un tiempo y después lo relee?”.
A un animador impar y dedicado de un género como el cuento, a un promotor cultural entregado y a un periodista de la vieja guardia, cuyos escritos sintetizan la visión de una época, un estilo y una convergencia de tradiciones y parajes culturales que se han desvanecido. sarabialeobardo@gmail.com
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LA VIDA MISMA ES CREADORA DE FORMAS
FOTO DE LA SEMANA: GASTRONOMÍA
Por José Gabriel Ríos Cortés
FERNANDO BRICEÑO AGUIÑAGA Ocupación: técnico en Teléfonos de México. Originario: Lagos de Moreno, Jalisco. La fotografía fue tomada en un lugar, muy peculiar, llamado: Fonda Murales, en Lagos de Moreno. La Foto de la Semana es un reconocimiento que se otorga por el mayor número de votos, avalando el dominio del tema, en el sitio de Facebook Fotografía Diaria.
Foto: Cortesía
Foto: Fernando Briseño Aguiñaga
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esde inicios del siglo XX hasta el día de hoy, un caudal de libros de auto-ayuda mantienen “ocupadas” a millares de personas en al mundo. Se utilizan como artefactos reciclados, para periodos de crisis educativa, política y económica. Me parece correcto, pero a mí me ofrecen más conocimiento otros textos. Curioseando en las librerías de la ciudad, me encontré con una “novedad” editorial o, mejor, con una sorpresa atractiva: la de un documento emblemático, el cual forma parte de la obra de Jean Piaget: Psicología de la inteligencia. En estos días, a alguien, no recuerdo quién, le preguntaron que cómo le hacía para conservar su mente fresca y lúcida, y la persona respondió, pensando. Si abundamos que, además aprovecha ciertas lecturas como la citada, “saborea” el intelecto de otros espíritus que suscitan preguntas y respuestas. El volumen contiene, en sustancia, las lecciones que dictó Piaget en el año de 1942 en el Collège de France, “en un momento en que los universitarios, maestros y alumnos, experimentaban la necesidad de destacar sus sentimientos solidarios en contra de la violencia, y su fidelidad hacia valores universales”. Se dice, en la primera parte del libro, que cualquier interpretación psicológica se apoya en la biología y en la lógica; inferimos que la inteligencia, en el entramado u organización mental, se presenta como adaptación-readaptación. Explica Jean Piaget acerca de las conductas que estudia la psicología, operando a distancia en el espacio y el tiempo. Algo irreversible sería entonces, la conexión entre vidas afectivas y cognoscitivas, personas, ánimas, ideas y cosas. Acerca de la “historia” de la psicología del pensamiento, el autor la trabaja y acompaña con una crítica asertiva, que desemboca en el equilibrio–móvil o permanente– y la génesis, comparada por Piaget con la embriología y morfología. Se le rinde un homenaje a la teoría de la forma –Capítulo III– por haber renovado el enunciado de muchos problemas. En esencia, por haber formulado un tratado completo de la inteligencia, un mo-
delo de interpretación coherente. Después de haber criticado a la Gestalt, Jean Piaget dice que la vida misma es creadora de formas, citando al instinto como “la prolongación funcional de la estructura de los órganos… y en esta condición se puede llegar a configurar una conducta y su realización, en el planisferio de complejas operaciones”. Constituyen otras formas, el hábito y la percepción, que fijan las leyes de su organización, dice Piaget, y aduce que en el caso de la inteligencia, se le podría considerar en la línea de lo móvil y reversible, en el estrado de lo posible. Al final deviene el equilibrio más puro, haciendo posible que se comprenda la evolución mental y los agregados que hasta entonces rígidos, se vuelven, en efecto, susceptibles de una movilidad de composición que asegura su estabilidad. Brevedad de la reseña: asimilación de la síntesis de la psicogenética, el papel de la inteligencia frente a procesos adaptativos, agrupaciones de las operaciones con arreglo a estructuras definidas, problema de las relaciones de la inteligencia con la percepción-hábito, y las premisas de desarrollo y socialización. En palabras de Piaget, para quien quiera acercarse a la psicología de la inteligenca, sólo necesita leer con atención los diversos cambios que sufre el concepto a lo largo de seis capítulos sobre su naturaleza motriz y pensamiento. gabrielrioscortes@yahoo.com.mx
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A C E R C A M I E N TO C ON EL AUTOR HEBERTO JAVIER PETERSON LEGRAND
Narrativa de pertenencia e identidad Cuentos y Coloquios
Por Joatam De Basabe
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Foto: Joatam De Basabe
u libro Cuentos y S Coloquios está escrito de una manera senci-
El escritor Heberto Peterson en su estudio.
“Ensenada es una ciudad donde todavía se puede contemplar el cielo azul, que tiene una hermosa bahía y donde todavía uno se puede encontrar amigos caminando por el centro o los cafés de la zona turística”, describió don Heberto Peterson. Peterson Legrand ha escogido escribir en género de cuento y de coloquio debido a que ha notado el desinterés de los jóvenes por leer textos largos, de modo que si se puede sintetizar en menos de dos cuartillas, supone que serán más las personas que se animen a leerlo y con esto el objetivo estaría cumplido. “Actualmente hay personas que ven
Fotos: Cortesía
ocas personas conocen a detalle la historia de Ensenada y les apasiona en verdad trasmitir ese conocimiento, acompañado de anécdotas y vivencias, tanto propias como de sus padres y abuelos, quienes fueron de los primeros en llegar al puerto, por allá de 1886; cuando se charla con don Heberto Peterson, se percibe fuertemente el amor por la ciudad que lo vio crecer. Fundador del Archivo Histórico de Ensenada, cronista de la ciudad y autor de los libros Crónicas ensenadenses, en dos tomos, don Heberto Javier Peterson Legrand deja un legado a las futuras generaciones, para que no se pierda la historia, sino que se documente y difunda desde las escuelas, conla intención de que sienta un sentido de pertenencia e identidad entre los ensenadenses. Su trayectoria es muy extensa, ha pasado por varios cargos públicos, ha colaborado para los principales periódicos de la región, tiene más de dos mil artículos publicados, se podrían llenar todas las páginas de Palabra si se hace una descripción detallada de sus actividades a lo largo de 74 años; pero hay un libro que de momento es importante mencionar y describir: Cuentos y Coloquios, el cual se presenta este martes 14 de abril, a las 19:00 horas, en Ceart Ensenada. Don Heberto ha escrito decenas de cuentos para el suplemento cultural Palabra, del periódico El Vigía, con el propósito de invitar a la re�exión, exponiendo el tema de los valores en cada uno de ellos. Además de dichos cuentos, la segunda parte del libro se conforma por una compilación de coloquios, diálogos, en los que también aborda temas de re�exión orientados a formar un criterio argumentado en sus lectores. Al ser don Heberto una persona de valores y tener un inmenso cariño por Ensenada, el resultado de sus textos es una doble enseñanza: por un lado, inculcar valores y actitudes positivas; y por otro, introduce en cada uno de sus cuentos una visión detallada del puerto.
un texto largo y les da �ojera leerlo, esto en parte se debe a que las nuevas tecnologías ofrecen todo de manera más visual que escrita, entonces creo que al hacer cuentos cortos es más probable que más personas lo lean, y esa es la intención: que lo lean y llegue el mensaje”, explicó don Heberto. Otros de los géneros en los que le gustaría incursionar es el ensayo y la novela, aunque para este segundo admite que necesitaría más tiempo del que dispone, ya que tendías que dejar de hacer cualquier otra actividad para concentrarse de lleno a escribir. “Tengo un hijo que estudió �losofía y me dice que debería de intentar escribir ensayo, para abordar los temas que toco en mis cuentos, y lo estoy considerando”, comentó el autor de Crónicas ensenadenses.
“El autor ha escrito decenas de cuentos para el suplemento cultural Palabra, del periódico El Vigía, con el propósito de invitar a la reflexión, exponiendo el tema de los valores en cada uno de ellos”
lla, no por falta de léxico o de contenido, sino porque don Heberto Peterson es de la idea de que mientras menos palabras rimbombantes se usen, más directo llegará el mensaje y más fácil de entender será para la mayoría. El contenido de los cuentos y coloquios revelan la personalidad seria, a la vez que alegre, de don Heberto, quien se percibe es una persona que predica con el ejemplo y habla de los valores y las buenas costumbres desde su experiencia de vida. Don Heberto trata de provocar la re�exión más que imponer una manera de pensar, respetando todas las creencias y posturas políticas, consiguiendo estimular el pensamiento crítico de quien lo lee. Cuentos variados que pasan de temas tabú a otros chuscos; en muchos de ellos se muestran escenarios del puerto, como El Cañón de Doña Petra o la Ex Aduana, donde ahora es un museo del INAH, así como anécdotas de personalidades que pasaron por la ciudad en sus inicios. En resumen, en este libro se plasma gran parte de la personalidad y manera de pensar de don Heberto, cumplien-
“Don Heberto Peterson trata de provocar la reflexión más que imponer una manera de pensar, respetando todas las creencias y posturas políticas, consiguiendo estimular el pensamiento crítico de quien lo lee” do así el objetivo de que futuras generaciones lo conozcan a través de su letras tal cual como es hoy en día. Actualmente don Heberto Peterson Legrand vive con su esposa y su suegra, ya que sus tres hijos ya viven con sus respectivas familias; tiene como propósito sacar un libro de re�exiones próximamente. Y, por el momento, nos invita a la presentación de su más reciente libro, Cuentos y Coloquios ,el cual dedica al pueblo de Ensenada. (J.B.) joatam24@gmail.com
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DOMINGO 12 de abril de 2015
EN SÉNECA EL ÁRBOL MÁGICO CUANDO LOS PÁJAROS VUELEN A TRAVÉS DE NOSOTROS…
“El poema es el único ángel que queda”. Artur Lundkvist.
VOY A ESCRIBIR, IMAGEN a la vista, sobre el Árbol Mágico de una pequeña.
Árbol perenne de la infancia, tronco de relampagueantes ramas y raíces esparcidas, de muchas hojas etéreas, follaje de colores vivos, memoria del paraíso, realizado escrupulosamente en un estado feliz por la inocente pureza de una niña de ocho años. A través de la historia, el “Árbol Má-
gico” –como en su dócil seriedad la niña lo llama– es una elevación mítica, una fresca escalera de frutos hacia las nubes de la realización, un recurso del instinto para volar fuera del mundo onírico. Le pregunto a ella y, más o menos, me dice – amplia sonrisa pintada de miel– que “el Árbol Mágico está pensado y crecido en los sueños geométricos de los dulces que saboreó en una clase de español dictada desde la poesía”. Su Árbol Mágico es de tal hermosura vibrante que convierte a su espectador en un humilde candidato a no encontrase indispuesto, a no estar mal consigo mismo ni con nadie, porque la belleza sana (no hay que olvidar que el ejercicio del arte es uno de los instrumentos de sanación más poderosos que existen). Deja te cuento: Cuando nacemos, la nueva realidad se revela como un estallido y, ciegos de luz (fuera del traje de carne y la levitación amniótica), el descubrimiento del ambiente se vuelve sensitivo: frío extremo, ruido inmediato y destanteante –ya no está el líquido de la transmisión lenta, donde todo era orquestado desde la multipolaridad de una esfera escarlata tejida en pasmos centelleantes–, para dar paso así a las agresiones disfrazadas de mimos sinceros. Cuando nacemos y la realidad nos recibe, el Árbol Mágico es apenas una diminuta gota de oro eléctrico que concentra en su temblor continuo todas las posibilidades universales: una semilla cosmoschispeante entre los ojos del animal humano. ¿Qué mirada es esa que registra en tu memoria interior las con�guraciones vividas n la narcosis de tus noches? ¿Te has preguntado alguna vez con qué ojo miras tus sueños? No ocupo respuesta, mucho menos la premura banal de la inmediatez o la idiotez. En el sueño la ley de la gravitación no existe, tampoco la muerte: “Igual que en un sueño –escribió Artur Lundkvist–, en el poema una tonelada no puede esclavizar a un gramo, ni tampoco un gramo esclavizar a una tonelada”. Voy a escribir sobre el Árbol Mágico de una pequeña. Árbol perenne de la infancia, tronco de relampagueantes ramas y raíces
esparcidas, de muchas hojas etéreas, follaje de colores vivos, memoria del paraíso, realizado escrupulosamente en un estado feliz por la inocente pureza de una niña de ocho años… que ahora me retrata
“Cuando nacemos y la realidad nos recibe, el Árbol Mágico es apenas una diminuta gota de oro eléctrico que concentra en su temblor continuo todas las posibilidades universales” con su lápiz en la fría llanura del escritorio y, ojos inagotable en el in�nito de mis ojos, me dice: “Cuando los pájaros vuelen a través de nosotros se nos verán las alas”. raelart@hotmail.com
Para no hacerle al cuento y leer a Edmundo Valadés: 1955, La muerte tiene permiso. 1960, La Revolución y las letras. 1967, Las dualidades funestas. 1970, El libro de la imaginación. 1974, Por caminos de Proust. 1986, Sólo los sueños y los deseos son inmortales, palomita / No como al soñar.
Antologías de cuentos 1979, Los grandes cuentos del Siglo XX. Fotos: Archivo / Palabra
Por Rael Salvador
NUMERALIA
1985, 23 cuentos de la Revolución mexicana.
Otros Cinco tomos de lo mejor de la revista El Cuento.