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el buscador Nelson Lastiri


El autor Nelson D. Lastiri Nació en 1987, en los 90 y en el 2011. Es cordobés. Pero Córdoba le está quedando chica. Es periodista y trabaja en Radio Mitre. Es hijo de su abuelo. Toca la batería. Toca bien bien. Tiene un pizarrón en su habitación y una biblia cuadrada. Anda en bici. Entre sus hazañas se cuenta que grabó un CD, corrió una maratón y que dejó de comerse las uñas. En su familia es el más alto, el pionero y el mejor en muchas cosas. Tiene lo que se llama "inteligencia social" y como él dice es muy cariñoso. AMA el fútbol. Si la comunicación es respirar para él, la escritura es su oxígeno. Ama a Dios, y eso lo impregna por completo y lo hace sentir pequeño. El Dios de las buenas noticias. El Dios del libro. El Verbo.


BOLSILLOS ¿Qué sería de la vida sin bolsillos?

Si no existieran bolsillos... Batman, Superman y el Hombre Araña no tendrían paseos los fines de semana, ni asilo donde esconderse de manos adultas que los arrojan en un cajón como si fueran los peores villanos. No habría autitos en la casa de la nona Pato. Los chupetines o caramelos sin terminar no tardarían días enteros en llegar al tacho de basura. Algunos inofensivos bichos bolita podrían desperezarse, estirarse y salir a andar por la maceta a la que pertenecen. Y no habría escondite para aquel brazalete mágico que - dicen los simples mortales- no es más que una hebilla de la abuela.

Pensaba en Alejo -mi sobrino- y su complicidad con los bolsillos. Imagino sus manitos escondidas, estrujando la tela con ansiedad mientras tuerce alguna piernita o se inclina de lado, con sus ojitos que van y vienen espiando la vidriera y a sus padres que murmuran sobre cuentas y cifras de fin de mes; deseando con todas sus fuerzas un juguete, invocando a la suerte que cree tener por ser un super héroe, cruzando sus deditos, reteniendo su último recurso: el arma que los protagonistas utilizan cuando ya no hay salida... , desenfundando el "¡daaaleee pá comprameeeeee!" Y me emociono al saber que semejante personita -algún día, hace 5 años- cabía nada más y nada menos que en un bolsillo.


INTRODUCCIÓN AL BOXEO En el boxeo y en la vida, arrojar un golpe es

también descuidar la guardia. Arrojarlo es tan peligroso como recibirlo. Por eso es que permanecemos la mayoría del tiempo a la defensiva. Tomar la iniciativa es quedar al descubierto. Mientras tanto, entre fugaces cálculos y conjeturas de conveniencia, dibujamos la estrategia para ser certeros. La ansiedad está en descubrir e interpretar las señales del oponente. ¿Hay miedo en sus ojos? ¿Hay miedo en los míos? Cada centímetro, cada roce, cada mirada. Podemos tener experiencia, pero nunca estamos cómodos en una situación así. Como si fuera poco, la respiración se agita y el corazón se acelera. El tiempo pasa y todavía ninguno ha tomado la decisión de hacer evidentes sus

impulsos. Algunos dicen que es mejor ser los primeros en hacerlo, otros prefieren esperar. Lo importante es no quedar mal parado. El problema es que la campana final va a sonar en algún momento. Lo cierto es que, antes de arrojar un golpe, por un segundo se cierran los ojos y se contiene la respiración. Y antes de decir te quiero, también.


PREGUNTA RETÓRICA ¿Me amarás? Me pregunto si lo harás… Cuando mi cuerpo esté marchito, ¿me abrazarás? Cuando mis piernas estén cansadas, ¿me esperarás? Cuando mis oídos ya no escuchen, ¿repetirás? Cuando mis manos tiemblen, ¿las tomarás? Cuando ya no pueda hacerlo solo, ¿me ayudarás? Cuando mi piel esté arrugada, ¿me mimarás? Y cuando mis labios ya no puedan pronunciar tu nombre, ¿me besarás? Me pregunto si lo harás… ... ¿me amarás?


licencia para matar Eran poco más de las 2 de la ma-

ñana y, de pronto, el susto. Sentí un fuerte impacto en mi desprevenido abdomen. Golpe fuera de contexto, no estaba soñando. El segundo cimbrón me hizo abrir los ojos.Sorpresa descomunalmente inhóspita, confusión total. Imposible que mi organismo no acusara esos golpes. Mamá estaba arrojándose encima de mí, con toda su geografía, una extrema desinhibición y la elástica movilidad de un karateka. Un pequeño envión y una brazada. Envión, brazada. Envión, brazada. Al mismo tiempo, murmuraba frases indescifrables para mí. Su pretenciosos ciento cincuenta

centímetros me aplastaban y yo naturalmente no entendía nada. Mientras trataba de desperezarme pensé que bueno che, sé que soy de buen dormir, que mi sueño es pesado, sé que me han despertado con gritos, que necesito cinco alarmas, que me han rociado con agua fría, que cuesta despertarme… pero ¡tampoco para tanto! Esos métodos nunca antes habían sido utilizados para hacerme reaccionar. Envión, brazada. Envión, brazada. Entonces, cuando pude divisar que en su mano más hábil tenía una ojota, susurré un tímido “¿qué pasa?” Una araña. Eso pasaba, cerca de mí. Y sus

vuelos poco ornamentales eran casi una defensa de rugby. En su respuesta entendí esa fuerza incontenible del amor que va contra los pronósticos, que derriba los límites, que está dispuesta a todo para evitar que me hagan daño. No importó si era una escurridiza araña, un incendio o un desquiciado. No importó que ella ya tenga 50 años. Esa fuerza hace que seamos arriesgadamente ridículos, incontenibles, valientes y obstinados. Envión, brazada y beso. “Qué descanses” me dijo mientras se iba rengueando, con una ojota en el pie y la otra en la mano. Esa fuerza, por instinto, hace de mi madre una mujer con licencia para matar.


MARÍA (Dedicado a todas las madres que sufren por ver a sus hijos muertos en vida) No importó cuán firme era la promesa de resurrección, no fueron suficientes señales los milagros que precedieron a la Cruz. María estuvo allí sufriendo al ver morir a su Hijo y no descansó hasta que volvió a verlo con vida. Porque las madres son así. Vuelven a la tumba, sin cesar, esperando el milagro.


EL NO VERBO Existe un verbo cuyo significado pareciera contradecir su naturaleza. Irritante, espeso e indigerible; prudente y sabio a la vez. Siete letras: cuatro consonantes, tres vocales. Confuso y estresante, ambiguo e imperfecto. Postergado, echado a menos. Insípido pero reflexivo. Enigmático, silencioso e interrogante. Una pregunta constante. La tortura blanca.

El verbo es esperar. ¿Qué hace uno cuando espera? A veces siento que esperar no existe en sí mismo, que esperar requiere de otro verbo. Accionarlo es tan difícil como encontrarle una definición; al esperar de la esperanza y de la desesperación.


domingo Un templado mediodía en la primavera temprana de agosto, mis sentidos merecieron este relato. Me encontraba parado en el patio de la casa de mis abuelos. El sol me daba parcialmente en el rostro mientras perdía la mirada en las macetas floridas del fondo. Desde la cocina el tintinear de cubiertos y utensilios anunciaba que faltaba poco para el banquete. El galopar del agua en la gran olla se confundía con el trote de los niños alegres al entrar. Y el tiritar de una cacerola reía al son de las conversaciones. Entonces, el vapor suspiró que era tiempo. Al centro de la mesa, un jazmín anfitrión nos dio la bienvenida al asunto. El ajo y el tomate se abrazaban ensalzados del mismo amor que luego se los tragaría.

El concierto tinto resonó afinado y preludió el bocado. Los barriletes de ricota eran de alto vuelo. El dorado pan brilló por su ausencia en segundos. Y la sal contagió de sabor los paladares. Finalmente, un sorbo escarlata abrió la reflexión con la sabiduría de un añejo roble. El abuelo habló. Luego las risas continuaron de felicidad en felicidad. Pero esta vez, una cucharita le hacía cosquillas a su tasa, mientras el azúcar no se dejaba atrapar.


¡canté y gané! Una muletilla pícara, astuta y que -aunque

sin valor innato en las palabras que la conforman- imponía un poder indiscutible por repetición. Quien la decía primero tenía la potestad de elegir. Y luego de pronunciada su pretensión, debía exclamar “canté y gané”… “No pongo la mesa…” “Yo uso el vaso de lata…” “No voy al arco…” “Voy adelante en el auto…” “No apago la luz…” “No saco la basura…” “No me como el bollito de pan con coquito…” “Me baño pri…” “¡Vemos el 8!...”

“El tatín negro es para mí…” “Primero para patear…” “No la cuento en la escondida…” “Soy Maradona, yo el Bati…” Y ustedes, ¿para qué usaban ese as de espada? Si fuera tan fácil escoger y tener en la vida… …canté y gané!


OTRA OPORTUNIDAD Tenía 18 años cuando viví la mayor humillación de

mi vida. Por razones absolutamente estúpidas había terminado un noviazgo y estaba pensando en la manera de recuperarlo. No lo merecía, bajo ningún punto de vista. Distraído por un mundo plástico e irreal, tiempo atrás me había escapado de la relación y lastimé profundamente el corazón de esa persona. Entonces, para cuando descubrí cuánto me amaba ya era demasiado tarde. Pero tuve el atrevimiento de pensar en volver a conquistarla. Yo no era más que un inmaduro desesperado por encontrar la fórmula de Cupido. No estaba listo para continuar pero aún así estaba empecinado en volver. Cientos de llamadas y mensajes. Cientos de veces escuché su contestador automático. Ella estaba realmente segura de su decisión. El “no”, para mí, no era una respuesta aceptable. Hasta que un día se me ocurrió una buena idea. Planeé con antelación cada detalle, algunas tareas de investigación, un ensayo nervioso frente al espejo y

toda la fe que cabía en mi pubertad. Pues bien, me desperté a las 6 de la mañana, me bañé y me vestí con lo mejor que tenía. Tomé unas flores, releí el papelito y salí rumbo a esa parada de colectivo. Subí, exactamente dos paradas después de la suya. Tenía pensado decirle que la amaba, que por favor me perdonara. Pero cuando levanté la mirada y me acomodé el pescuezo para comenzar, me derrumbé y viví la mayor humillación de mi vida. Ella no estaba ahí. Parado, firme, como un caballero, tragué saliva, la primera frase se evaporó en mi lengua, escondí el presente, respiré profundo y caminé hasta el fondo con la mirada perdida en el suelo. Luego me enteré de que había ido a trabajar en el auto con una compañera. No puedo describir lo que sentí, pero ese día entendí que tener otra oportunidad no depende de mí, tener otra oportunidad requiere siempre de otra persona. No alcanza con una actitud optimista que quiera llevarse el mundo por delante. Más allá de cuán determinados estemos, no podemos disponer del corazón y la


esperanza del otro como si fuera una macilla para moldear nuestra circunstancia. No depende de cuán perseverantes, obstinados, creativos o valientes seamos. No depende de nosotros. Depende de que haya alguien dispuesto a confiar. Es la tiranía y el desconsuelo de un error que por gravedad o por repetición ya no admite redención. ¿Alguna vez te pusiste a pensar en el valor de otra oportunidad? ¿Entendés de qué se trata? ¿Recordás el instante preciso en el que todo murió? ¿Esa sensación desesperante de haberlo echado a perder?Nadie supo jamás lo que pasó esa mañana, hasta que aprendiendo la lección decidí contarlo. Con los años, aunque sintiendo que ya no cotizaba, conocí a otra persona que estuvo dispuesta a confiar en mí. Fue como una chispa que encendió la hojarasca, como un suspiro en el que exhalé lo que ya no tiene sentido conservar. Fue extraño, sin condiciones me aceptó y escuchó cada rincón de mis memorias. Libre de prejuicios pude abrir mi corazón y llorar la angustia acumulada. De a poquito sentí que tenía valor, la ilusión me inundó como con un cuentagotas.

Esa persona dispuesta a confiar en mí fue Dios, un paciente artesano que me restauró y fabricó una nueva oportunidad para mí. Hoy se que esa es la persona –más que nadie- sin la cual no podemos comenzar de cero. Recién ahí estamos listos para levantar la mirada, acomodar el pescuezo, tragar saliva, respirar profundo, caminar, y pedir-con la ilusión intacta- otra oportunidad.


ENAMOLAPTOP Las luces de mi módem no me dejan dormir y me

dicen que estás del otro lado. Quisiera iniciar sesión en nuestra relación, pero aun no me dijiste bien la password. Y no descifro los códigos de instalación, porque tu monitor del alma está apagado. Sospecho, por lo pronto, que tendrás el antivirus activado. Y yo que no soy ningún troyano. A lo sumo, seré autoejecutable con infinitos gigas de cariño. Te suplico no me pidas “Ctrl+ Z” a lo que siento. Me la paso escribiendo tu nombre en un garabato de molde, con mis manos de teclado. Por los cables me circula taquicardia. La fuente en mi cabeza eleva su temperatura, el funcionamiento empeora. He creado una carpeta con tu nombre. Tus ojos son mi fondo de pantalla. Me tildo al administrar mis tareas. La esperanza me reinicia.

Tengo una cita guardada en el pendrive. Cuando en mi escritorio está tu rostro, el procesador late más fuerte. Y en el explorador me pregunto si podrá nuestro amor ser inalámbrico. Hay tantos archivos temporales que el corazón se me pixela de ilusión. Mientras mi lista de reproducción es invadida por el recuerdo de tu voz. Si me besaras con un doble clic, si me abrazaras más allá de la barra espaciadora. La ansiedad no cabe en la bandeja de entrada, rebalsa toda capacidad de almacenamiento. La esperanza se manifiesta en ese incesante abrir y cerrar del aparato, o en espiar la pantalla cada poco más de un minuto (o mucho menos). Mientras más tarda en llegar, la especulación cala más y más profundo, imparable. Por repetición, el deseo desata un hábito, que crea obsesión, y adicción informática. Es prioridad.


Un masoquismo romántico hace que no le prestemos atención por un tiempo, para que luego la satisfacción de aquellas líneas sea mayor. De lo contario, las sensaciones son cardiovascularmente preocupantes. Despertar, mirar la hora, y ver una costita rectangular amarilla es más movilizador que empezar el día con el pie derecho. Durante la jornada, si mientras hablamos con alguien sentimos el bolsillo vibrar o esa conversación es interrumpida por el tono melódico de nuestros sueños, inmediatamente la atención es conquistada… poco importa lo que nos están diciendo de frente, necesitamos una excusa para leer y responder ese mensaje Y todo eso no es más que la repetición de un pasado renovado tecnológicamente. Como en la antigüedad la felicidad invadía el corazón de aquel enamorado que veía venir la paloma mensajera con un recado… ¿se imaginan la alegría? O como las cartas embarradas redactadas en la guerra, una prueba desactualizada de vida que se escribía sobre superficies inestables y con pequeños lápices, letras desprolijas que De verdad no soy el dueño del panel de control.

Ya no juego al buscaminas ni quiero andar solitario. En tu nombre vacié la papelera y borré el historial. En fin, debo decirlo, estoy al borde de un cortocircuito que mi técnico ha diagnosticado como amor.


ROMANTICÓN Cuando estés entre mis brazos voy a amarte con el alma. Mis manos te acariciarán todas las noches. En silencio hablaremos con miradas. Mis ojos buscarán los tuyos hasta encontrarlos. Voy a besar cada centímetro de tu cuerpo. Y con mi palma recorreré suave tu espalda. En mi mente tu piel será memorizada. Se oirá esa sonrisa de cosquillas en la panza. Un susurro en el oído será la despedida. Entonces dormirás sobre mi pecho. Cuando estés entre mis brazos voy a amarte con el alma. Cuando estés entre mis brazos, bebé… voy a ser el mejor papá del mundo.


() Hay pocas cosas tan tristes como almorzar solo...

“mmm...qué rico!” “¿querés probar?” “...a ver qué te tocó a vos...” “eh, y cómo se llama eso?” “al diablo con la dieta” “uy...qué bien huele...” “Estoy muerto de hambre, pero muerto...” “viste lo que pasó con...??” “¿tus cosas?” “no, no...tragá tranquilo...” “...bueno,...¿vamos?” “...sí, sí..se me hace tarde” “ah, ¿y a qué hora entrás?” “yo,...a las...” “...” En serio, hay muy pocas cosas tan tristes como almorzar solo...


AUTOESTIMA “Nelson:

Te escribo porque hoy entendí algo importante y quería decírtelo. Sinceramente hay muchas cosas de vos que no me gustan, lo sabés... A veces no podemos ponernos de acuerdo y discutimos sin llegar a nada. Sé que tenés buenas intenciones, sueños, talento. Pero también hay actitudes en vos que detesto. Hay momentos en los que nos llevamos bien y a veces desearía no tener que verte todos los días. Si pudiera elegir cambiaría muchas cosas de vos, de tu personalidad, de tu carácter, de tu temperamento. Por dentro, y también por fuera. Tu sonrisa podría ser mejor, quizás un poco más alto, mejor pelo… Pero no, la idea de este mensaje no es juzgarte, aunque lo hago todos los días, hoy quiero decirte que tomé una decisión. Porque entendí que lo único que puedo elegir, lo único que está a mi alcance, es aceptarte.

Y casualmente me hace bien. Nadie mejor que yo conoce tus errores y defectos. Sé tus límites, tus sueños, tus deseos. Eso que te hace bien y eso que te hace mal. Tu pasado lo recuerdo bien. Sé todo lo que sufriste y también a veces me olvido de tus cicatrices. Soy testigo de tu esfuerzo y de que en el fondo sos una buena persona. Por eso, por todo eso, nadie mejor que yo puede amarte. Entonces, perdón por cada reproche falto de paciencia, perdón por cada vez que te lastimé y no te di tiempo, perdón. De ahora en más podemos seguir creciendo juntos. Te amo, tal como sos. Nelson” Cuando La Biblia dice “ama a tu prójimo como a ti mismo”, el primer mandamiento no es “ama a tu prójimo”, es “ámate a ti mismo”


ADICCIÓN Empezaba por los hombros,…no, más precisamente

entre los hombros y los pectorales. Esa unión cuyo nombre desconozco. Era paulatina. Llegaba a ser muy fuerte. Necesitaba apretarme ahí. Con dos o tres dedos. Algunos segundos. Parecía irse. Parecía… También a veces masajeaba mi sien, un poco. Algo me punzaba la satisfacción. Estaba enfermo, era evidente. Lo reconozco. Estaba infectado de angustia, de depresión, de sin sentidos. Porque era un adicto…con todo respeto lo digo. Me convertí en un adicto a la satisfacción. Necesitaba estímulos… de lo que sea… no hablo de cosas materiales. Estaba contaminado y me dominaba. Me hacían falta emociones. Fuertes. Muchas. Toda noche debía tener un plan, aunque sea mirar el cielo y mascar un yuyo. Cada beso sería de novela. Las despedidas, largas. Las frases, la manera de hablar… slogans. ¿Errores? Nunca podía haberlos.

Me agotaba tener que ser siempre quien genera los momentos. Nunca estaba satisfecho, nunca. Reconocimientos por favor, ¿dónde están?, ¡los necesitaba! Acostarme agotado, antes jamás. Adrenalina, vivir a las corridas, exprimir los últimos momentos. ¡¿Por qué no me daba cuenta?! Un mensaje podía inmolarme de alegría. Una frase me enamoraba. Y hasta parecía que sería para siempre. Un gesto atrevido y dulce me golpeaba, noqueándome, y me dibujaba una sonrisa en el rostro. Era un adicto… …a los finales de película donde hay violines, voz en off e imágenes en cámara lenta. …a las partes donde las canciones suben de tono, y los cantantes sostienen vocales abiertas. …a los ataques de risa. Embriagarme con recuerdos. Atragantarme con proyectos y cosas para hacer. Inyectarme sorpresas, novedades.


@

La soledad es la tierra de cultivo de estos momentos: no me acordaba de que tenía prácticamente todo para ser feliz. Sólo me acordaba de que no lo era. Algo había, algo faltaba. Cuando estaba totalmente solo en mi casa, prendía todas las luces. Esa angustia pesaba algunos kilos, dolía. El pecho me dolía. Así, mi alegría era frágil como un terrón de azúcar. La infección me estancaba, la enfermedad me asfixiaba y la adicción me mantenía esclavo. ¿Quién querría vivir con un tipo así? Y empezaba por los hombros. Las emociones llegaban y me rescataban. Para salir de esa arena movediza lo que más funcionaba era pensar en la muerte. Yo sabía que la vida era otra cosa. Gracias a Dios encontré a quien supo enseñármelo.


EL BUSCADOR ¿Acaso sólo estoy en este mundo para llegar a fin de

mes, comprar un auto, alquilar una casa y salir los viernes? En una de las playas que conocí en Brasil había un tipo con un detector de metales que al atardecer, cuando las multitudes se iban, recorría toda la arena esperando el sonido que indicara dónde había un anillo, un reloj, una moneda, una cadenita, o lo que sea. Horas y horas. Un buscador, literalmente. Para él, cada centímetro era importante. Buscaba hasta debajo de sus pies. Entonces pensé en qué estoy buscando, y en que quizás nuestras búsquedas nos definen detalladamente. Plata, reconocimiento, mujeres, fama, placer. Buscamos todo el tiempo, con el hambre de un desposeído y la ilusión de un inmigrante más que con la paciencia y precisión de Sherlock Holmes. Y yo busco. Como los que buscan cartón, tapitas de plástico, monedas en una fuente, frutos en un bosque, colillas de cigarrillos en los subtes, trabajo en los diarios, basura. Como todos esos, yo busco. Y si me preguntaran qué busco, diría, nada menos, que estoy buscando a Dios. Sí, a Dios.

Incansable, constante, entre ceja y ceja, en La Biblia, en la mente, en cada comparación, en cada pensamiento. Mi mente es como el agua en una caverna que se abre camino entre las rocas macizas y la tierra compacta. Esa es mi búsqueda frente al misterio, el enigma, la magnitud, el dilema, lo insondable y lo atractivo de Aquel que todo lo es y todo lo puede. ¿Hay acaso una esperanza mayor? ¿Existe una búsqueda más alta que esa? Yo no sé si voy a lograrlo, pero quizás Él un día se deje encontrar. Y no sé muy bien a dónde está, pero Él sí, sí que sabe bien dónde encontrarme. Mientras tanto, cada centímetro es importante, busco hasta debajo de mis pies.


Extras


Editorial Diosmío ¿Quiénes somos? Somos una editorial de libros artesanales que se relacionan de manera dinámica con los lectores a través de publicaciones digitales, redes sociales y presentaciones. Promovemos autores noveles que tienen una visión novedosa y fresca la vida; de una vida transformada y plena.

Servicios Edición de publicaciones. Promoción de autores. Selección, corrección y traducción de textos. Diseño y creación de los libros, buscando hacer de él un objeto novedoso y único. Organización y participación lecturas públicas que se complementan con otras formas de arte. Dictado de charlas y talleres con el fin de fomentar la lectura y la escritura y dar a conocer nuestra actividad.

Contacto Facebook: http://www.facebook.com/editorial.diosmio Tumblr: http://editorialdiosmio.tumblr.com/ Twiter: http://twitter.com/#!/editoradiosmio Blogg: http://editorialdiosmio.blogspot.com.ar/ ...”todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”


El Buscador  

Ensayo breve y reflexiones

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