

Historia Religiosa de Valparaíso
Actas de los Simposios
Sexto y Séptimo Nacionales Primero Latinoamericano
María Inés Concha C. editora
HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO
Actas de los Simposios Sexto y Séptimo Nacionales Primero Latinoamericano
©María Inés Concha C. - Editora, 2021
Registro de Propiedad Intelectual Nº 2020-A-xxxx
ISBN: 978-956-17-XXXX-X
Derechos Reservados
Tirada: 300 ejemplares
Ediciones Universitarias de Valparaíso
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Calle 12 de Febrero 21, Valparaíso
Fono: 32 227 3902 - Fax: 32 227 3937
Email: euvsa@pucv.cl
www.euv.cl
Coordinadora área diseño: Alejandra Salinas C.
Diseño: Mauricio Guerra P.
Corrector: Aldo Espina A.
Foto de portada: XXXXXX
Imprenta Salesianos S.A.
HECHO EN CHILE
9 Prólogo
Monseñor PEDRO OSSANDÓN BULJEVIC
Administrador Apostólico diócesis de Valparaíso
11 Presentación
MARÍA INÉS CONCHA CONTRERAS
Presidenta Academia de Historia Religiosa de Valparaíso
I. A ct A s del s exto s I mpos I o
15 PBRO. D. RUPERTO MARCHANT PEREIRA: LA GUERRA DEL PACÍFICO, EL SEGUNDO DE LÍNEA Y VALPARAÍSO (1846-1934).
Juan Daniel Escobar S. y Rafael Escobar C.
31 VALPARAÍSO Y EL CRISTO DEL PELÍCANO QUILLOTANO, HISTORIA DE UNA ESTRECHA RELACIÓN.
Hugo Quilodrán Jiménez
47 LOS PROFESORES ECLESIÁSTICOS DEL CURSO DE LEYES DE LOS SAGRADOS CORAZONES DE VALPARAÍSO (1894-1946).
Carlos Salinas Araneda
71 JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ GUZMÁN: PRIMER PASTOR EVANGÉLICO DE HABLA ESPAÑOLA ORDENADO EN SUDAMÉRICA (1841-1875).
Waldo Pacheco
85 COLEGIO SEMINARIO SAN RAFAEL, UN BALUARTE DE LA FE.
David Toledo
II. A ctA s del s épt I mo s I mpos I o N A c I o NA l y p r I mero l A t IN o A mer I c AN o
109 CONFERENCIA INAUGURAL. LA LEGISLACIÓN DE LOS GRANDES CONCILIOS TERCEROS DE LIMA (1583) Y MÉXICO (1585) Y LA RELIGIOSIDAD LOCAL. UNA PROPUESTA DE ESTUDIO DE LAS MUTUAS INFLUENCIAS.
Luis Martínez Ferrer
127 PANORAMA HISTÓRICO DEL MOVIMIENTO ECUMÉNICO EN CHILE.
Juan Daniel Escobar Soriano
139 LA RESTAURACIÓN DE LA PROVINCIA CHILENA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS Y REFUNDACIÓN DE LA RESIDENCIA DE VALPARAÍSO.
Pedro Espinosa Santander, s.j.
155 RECONOCER, DELIMITAR Y TRANSITAR EL TERRITORIO. LA CONSTRUCCIÓN DE LA TERRITORIALIDAD ECLESIÁSTICA EN LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA (ARGENTINA) DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.
Milagros Gallardo
181 JOSÉ LUCRECIO ARELLANO. EL PATRIARCA DE TALCA, DIRIGENTE OBRERO Y LAICO EVANGÉLICO.
Juan Rodrigo Ortiz
189 BREVES ANTECEDENTES DE LA INMIGRACIÓN RELIGIOSA PROTESTANTE EN EL CONO SUR DEL ATLÁNTICO: SU RELACIÓN CON LAS BASES Y PROYECTO DE LA CONSTITUCIÓN ARGENTINA, 1853.
Waldo Pacheco Carreño
205 REFORMAS AL DERECHO CANÓNICO PROPUESTAS POR LOS OBISPOS ESPAÑOLES Y LATINOAMERICANOS AL INICIO DEL PROCESO DE CODIFICACIÓN DEL DERECHO CANÓNICO DE 1917 INSPIRADAS EN REALIDADES ECLESIALES LOCALES.
Carlos Salinas Araneda
227 HISTORIA DE LA PARROQUIA MARÍA AUXILIADORA DE LINARES. CHILE. Marcial Sánchez Gaete
245 APONTAMENTOS SOBRE A ESTADUALIZAÇÃO DA HIERARQUIA ECLESIÁSTICA NO BRASIL (1890-1930).
Edgar da Silva Gomes
257 NOTAS SOBRE EL CATOLICISMO Y LA DICTADURA MILITAR EN BRASIL, LA SITUACIÓN DE SAN PABLO.
Ney de Souza
269 PONTIFICIO SEMINARIO MAYOR SAN RAFAEL. APUNTES HISTÓRICOS.
David Toledo
287 DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA: SU ORIGEN Y PRESENCIA EN CHILE.
Alex Yergues Pérez
301 PALABRAS DE CLAUSURA DEL SIMPOSIO.
303 ACTA FUNDACIONAL.
309 LA ACADEMIA DE HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO EN EL TIEMPO (2004-2019).
Conagrado presento este nuevo volumen, el sexto de los publicados, con el que la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso pone a disposición de los lectores otro conjunto de estudios selectos en que se aborda, desde perspectivas diversas, un único tema central: la acción comprometida que hombres y mujeres de nuestra región y de otras regiones de nuestra patria y nuestro continente han realizado para hacer realidad y expresar esa tendencia del ser humano hacia lo sobrenatural, bellamente expresada por san Agustín cuando, en la primera página de sus Confesiones, escribió “nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Ti”; vivencia y certeza que el creyente expresa en obras.
No se trata solamente de una historia de la Iglesia católica, aunque temas de ella el lector encontrará en estas páginas, sino de una historia religiosa con una mirada hacia horizontes más amplios. Es así, desde el principio de sus actividades la Academia ha transitado la senda del ecumenismo, manifestando una íntima conexión con el sentir de la Iglesia.
El cultivo de la historia religiosa presente en estas páginas, espero sea fuente de inspiración para el lector, de modo de encontrar pistas y orientaciones que motiven aspectos de la situación actual. En un contexto cultural de sectores de la sociedad que presentan desinterés por la historia y olvida su propio pasado, existe el riesgo de quedar desprovista de criterios valiosos adquiridos a través de la experiencia. En efecto, así como la pérdida de la memoria produce en el individuo la pérdida de su identidad, de modo análogo este fenómeno se verifica para la sociedad. La comunidad que se nutre del conocimiento de su pasado religioso permite recordar y conocer el proceso de recepción y transmisión de la fe que ha sustanciado la ingente labor evangelizadora del cristianismo y puede darnos luces para llevar adelante la bella misión de transmitir el mensaje de Cristo en este tercer milenio.
Es por lo que me resulta particularmente grato presentar estas Actas, agradeciendo a la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso su constante y comprometida labor realizada durante dieciséis años, por su actividad en pro de mantener viva esa memoria. Por tanto, la animo a no desfallecer en su entusiasmo por el cultivo académico de la historia religiosa local, nacional y continental, en la certeza de que, a través de su trabajo de reflexión, investigación, difusión y promoción –como se manifiesta en sus estatutos– ofrece a nuestros contemporáneos las experiencias religiosas de nuestros antepasados, contribuyendo de ese modo a compartir esa inquietud que tanto animó el espíritu de Agustín.
Monseñor Pedro Ossandón Buljevic
Administrador Apostólico Diócesis de Valparaíso
Pro Gran Canciller Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Palabras al inicio
En este sexto volumen de la colección Actas de los Simposio de Historia de Religiosa de Valparaíso se encuentran algunos de los trabajos presentados en el Sexto y Séptimo Simposios Nacionales y el Primer Simposio Latinoamericano.
Para la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso es causa de satisfacción que aparezca esta publicación la cual trae al lector un abanico amplio y variado de temas de investigación, puesto que se ha ampliado el horizonte de la pesquisa histórico-religiosa más allá de los espacios porteño, regional y nacional. En efecto, Valparaíso, nuestra Universidad y nuestra Academia han recibido a historiadores de Argentina, Bolivia, Brasil y Perú, quienes movidos por la pasión por la ciencia histórica, prontamente respondieron a nuestra invitación y han presentado sus trabajos en esta jornada internacional.
Sin duda ha sido una importante instancia académica. Realidades sustentadas en el pasado religioso y su valía, proporcionan a la memoria histórica –en un ámbito integrador como es el espacio religioso– un aporte sugerente y enriquecedor para nuestro quehacer y situación actuales. Asimismo, se ha establecido una instancia apreciable de colaboración mediante la creación de la Asociación Latinoamericana de Historia Religiosa.
En el correr de estas páginas el lector encontrará desde diferentes ópticas históricas, trazas de la presencia, de las acciones y de las obras realizadas por personas e instituciones evangélicas y católicas. Herencia forjada con la certeza de sus concepciones y con una variada gama de próvidas realizaciones que han contribuido, a su modo, al desarrollo patrimonial, cultural y social. De igual forma, observamos cómo la dimensión religiosa personal y colectiva rescata aquello que sustenta y da sentido a lo pasajero; espacio transitorio propicio para la Teofanía.
Expresamos nuestro agradecimiento a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso por su colaboración y reconocimiento de nuestro trabajo en cuanto es una expresión del sello valórico de nuestra Universidad. También, agradecemos el aporte de los autores y de todas las personas que, de una y otra manera, apoyan nuestro trabajo.
Este libro aparece cuando Chile y el mundo se encuentran viviendo una grave crisis sanitaria y social consecuencia del impacto epidemiológico provocado por el Covid-19. La pandemia ha hecho evidente la fragilidad propia de nuestra condición humana, que –paradójicamente– busca y cuestiona la Trascendencia. Quizás sea una invitación a reconocer nuestra propia creaturidad y caminar hacia el encuentro interpersonal y comunitario. Transitamos entre el sufrimiento y la esperanza. Sin embargo, no estamos solos, Jesucristo, desde la precariedad humana asumida y redimida nos acompaña y nos abre a la Vida.
Dra. María Inés Concha Contreras

I. Actas del Sexto Simposio

PBRO. D. RUPERTO MARCHANT
PEREIRA: LA GUERRA DEL PACÍFICO, EL 2º DE LÍNEA Y VALPARAÍSO
Juan Daniel Escobar Soriano*
Rafael Escobar Collins**
* Doctor en Teología, Académico de Número de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso y Profesor Titular de la Facultad Eclesiástica de Teología, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
** Alumno egresado de Pedagogía en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
I. INTRODUCCIÓN
Don Ruperto Marchant Pereira es uno de los más conocidos capellanes castrenses de la Guerra del Pacífico. Un sacerdote ejemplar, un intelectual, una persona cuya humildad lo llevó a rechazar el nombramiento episcopal y que al año y medio de su ordenación sacerdotal, se ofrece como capellán castrense lleno de amor a la Patria y de caridad cristiana.
Don Ruperto, estará indisolublemente unido a nuestra ciudad a través de su destacada actuación en dos queridas instituciones, que han significado mucho en la vida de los autores de esta investigación, nos referimos al Seminario San Rafael, en el cual estudiamos parte de nuestra enseñanza básica y toda la media, y al Regimiento de Infantería Nº 2 Maipo, en el cual, el doctor Escobar Soriano realizó su servicio militar, como voluntario, en la compañía de estudiantes de 1972, obteniendo a los 16 años el grado de cabo 2 de reserva y luego, movilizado en el duro Diciembre de 1978.
II. PBRO. D. RUPERTO MARCHANT PEREIRA: VIDA Y OBRA
Ruperto Marchant Pereira, nació el 6 de junio de 1846, en la ciudad de Santiago de Chile. Perteneció a una familia católica practicante, acomodada y muy influyente en los comienzos de la vida independiente de nuestro país, pues su abuelo materno Don Luis Pereira Arguibel, fue director de la Escuela Militar de Chile, y estuvo en contacto con O`higgins, especialmente en el momento de su abdicación1.
Don Ruperto tuvo una familia numerosa, ya que era el cuarto de seis hermanos. Dos de ellos murieron por enfermedades a una temprana edad, pero los otros cuatro, contándolo a él, al momento de crecer y llegar a la adultez se convirtieron en personas pertenecientes a una posición
1 Cf. Matte, J., Ruperto Marchant Pereira: Héroe del Evangelio (Santiago de Chile s/f), p.2.
social destacada. En su niñez se pueden apreciar dos episodios muy tristes, los cuales fueron la muerte de sus padres, pues su padre muere en 1853, cuando él tan solo tenía ocho años de edad; y su madre, quien se volvió a casar en 1854, muere cinco años después, dejando completamente huérfano al joven Ruperto a la edad de 14 años. Esta situación tan dramática sin duda lo golpeó muy fuerte en su vida, pero pudo salir adelante, ya que junto a sus hermanos pasaron a estar bajo el cuidado de su abuela materna Doña Rosario Cotapos y de su tío Julio Pereira, quien además se convertiría en su tutor. Esta “nueva familia” influyó de gran manera en su vida, ya que continuaron con la labor que habían comenzado sus padres, pues su formación tanto académica como personal estuvo muy marcada por una gran impronta religiosa y cultural. Cosa que finalmente influyó en la decisión de convertirse en sacerdote.
En cuanto a su formación académica, estudió en el colegio de SS. CC. de Valparaíso, entre 1855 y 1860. Un año más adelante se trasladó a la sede de Santiago para terminar sus estudios humanísticos en 1864. Posteriormente ingresó a la Universidad de Chile para estudiar leyes, carrera en la cual se destacó bastante, pero dejó inconclusa.
Una faceta muy destacada en la vida de Don Ruperto, fue que se caracterizó por ser un gran literato, ya que desde muy joven tuvo un gran amor, gusto y aptitudes por las letras y la escritura2. Esto se demostró notoriamente durante su labor de profesor en el Colegio de SS. CC. de Santiago, pues desarrolló dotes de escritor y dramaturgo, además de fomentar el teatro. Algunas de las acciones en donde se puede apreciar notoriamente su gran condición de literato fueron: en la contribución que hizo en el periódico escolar “El Sol de Septiembre” (perteneciente al Colegio Sagrados Corazones), escribir en la Revista Católica en el año 1914 (meses de abril, mayo y junio) “Apuntes de un capellán de Guerra del Pacífico”3, escribir en la “Estrella de Chile”, publicar numerosas hojas catequísticas sobre varios temas religiosos, además de escribir múltiples libros como: El Cerro la Campana (1870), Dos Meses de Vacaciones (1871), Santa Filomena, Virgen y Mártir (1923), entre otros, y obras teatrales como: Los Scandemberg, Los últimos días en Polonia, El renegado, La medalla milagrosa, etc. las cuales fueron representadas en el Teatro Municipal de Santiago4.
Don Ruperto en 1867 ingresó a la Compañía de Bomberos “Bomba del Oriente” de Santiago. Acá participó activamente de dos incendios que marcaron hitos en Santiago, uno de ellos fue el Portal de Sierra Bella y el otro fue el del Teatro Municipal5. A su vez, en su paso como bombero, se caracterizó por ser muy carismático y cooperador, además perteneció al grupo de jóvenes que generaron un cambio radical en la renovación del material utilizado por la compañía. Sus aventuras como bombero llegaron a su fin, cuando decidió seguir el camino del Señor.
2 Cf. Ibíd., p. 5.
3 Cf. Ibíd., p. 6.
4 Cf. Ibíd., p. 7.
5 Cf. Ibíd.,p. 12.
En 1876, ocurre un cambio trascendental en la vida de Ruperto Marchant Pereira, pues escucha el llamado del Señor e ingresa al seminario a la edad de 30 años. Es importante dejar en claro que, anteriormente, cuando aún era más joven, él ya tenía dentro de sus planes seguir el camino de Dios debido a que intentó ingresar a la Compañía de Jesús, pero le dijeron que esperara, ya que lo consideraban muy joven.
Una vez ya consagrado, un hito que recordó durante toda su vida, fue el canto de su primera Misa, realizado un 8 de diciembre de 1877, en la iglesia San Ignacio de Santiago. Por lo demás, se puede decir que durante toda su vida sacerdotal, es decir, por más de 50 años, conservó un bellísimo carácter orientado hacia la bondad y la mansedumbre y destinado al servicio del Señor, de la Iglesia, de la educación, de la vida parroquial y en la atención castrense.
Una vez finalizada su labor de Capellán Castrense entre 1879–1881, regresa a Santiago para hacerse cargo de la clase de Historia de América y Chile en el Seminario de dicha ciudad. Pero en 1883, vuelve a cambiar de aires, ya que es nombrado Rector del Seminario San Rafael de Valparaíso6, por ser un ejemplo de sacerdote santo e impulsar las vocaciones sacerdotales locales.
En el año 1889, Don Ruperto renunció a su cargo de Rector del Seminario de Valparaíso, retorna nuevamente a Santiago, donde se convierte en el Capellán de la Casa de Ejercicios Espirituales San Juan Bautista hasta 1891. En este lugar, fue un gran protagonista activo, pues esta Casa de Ejercicios atendida por las Madres de la Providencia y ubicada en el barrio Independencia, era el principal centro de ejercicios espirituales para sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos de la ciudad. Don Ruperto, en su puesto de Capellán, era la persona encargada de ayudar espiritualmente a los ejercitantes para que pudieran sacar máximo provecho durante su estadía. Esto “lo convierte en un pionero dentro de los sacerdotes diocesanos en dar ejercicios, ya que la mayoría de las veces los daban los religiosos”7 .
Otra parte muy importante dentro de su vida clerical, fue la gran devoción activa que tuvo a Santa Filomena. En 1890, se designa a Ruperto Marchant Pereira como el promotor del Santuario de Santa Filomena en Santiago, por lo tanto, fue autorizado a recaudar fondos para concretar dicha acción. En 1891 se inaugura el Santuario en una pequeña Iglesia en la “calle los hermanos” (actual Santa Filomena)8. Acá, Don Ruperto hizo un particular y hermoso trabajo espiritual, que con el correr de los años, dio grandes frutos convirtiendo el barrio (de la chimba) en un lugar de paz y armonía. Pero Don Ruperto no se conformaría con la construcción de un pequeño Santuario, sino que además se encargó de gestionar todo lo necesario para construir una Parroquia en honor a Santa Filomena. Por eso en 1892 se contactó con el Arquitecto Francés Don Eugenio Joannon, para que realizara el Templo Parroquial Santa Filomena. Esta Iglesia fue inaugurada en 1910, y tiene la gracia de que fue construida solamente por limosnas de devotos recolectadas
6 Cf. Ibíd., p. 39.
7 Cf.Ibíd., p. 44.
8 Cf. Ibíd., p. 61.
por Don Ruperto. Es más, cuando los recursos no alcanzaban, él mismo trabajaba como obrero colocando ladrillo sobre ladrillo9.
Estuvo como párroco de la Parroquia hasta 1930 y su labor fue muy importante, ya que “en pocos años este barrio, pobrísimo entonces y bien desamparado espiritualmente, se transformó y vino a ser, sin duda, el más moral y el más tranquilo de Santiago”10. Año tras año, llegaban a él muchas personas ya fueran ricos o pobres, conocidos o desconocidos a confesar sus pecados y tratar de comenzar una vida nueva. Además, en este lugar se celebraban las “Glorias de la Patria”, pues llegaban los sobrevivientes de Tacna y compañeros de jornadas.
Debido a las nuevas dinámicas internas del país durante la primera mitad del siglo XX, ocurre una gran crisis espiritual, debido a los movimientos producidos por la cuestión social, además de los efectos de la crisis económica de 1930. Por lo cual, un viejo y ya cansado Don Ruperto encuentra en la Villa Trinidad de Quintero, un lugar de tranquilidad y de paz, para así dedicarse a la oración y penitencia hasta el final de sus días.
El 3 de enero de 1934 fallece Ruperto Marchant Pereira. Su cuerpo fue trasladado a Santiago a la Parroquia Santa Filomena, lugar en donde se realizó su funeral en compañía del arzobispo de Santiago, múltiples sacerdotes, feligreses, bomberos y militares.
III. PBRO. D. RUPERTO MARCHANT PEREIRA Y LA GUERRA DEL PACÍFICO
1. La capellanía castrense
Durante la corona española existió una Vicaría General Castrense con sede en España, la que tenía amplias facultades tanto de carácter ordinario como episcopal, otorgadas por el Papa Clemente XIII (1758 – 1769). Este pontífice, por petición de Carlos III, quién reestructuró el ejército y la armada española, el 10 de Marzo de 1762 unió el Vicariato Único de todos los Ejércitos de España con el Patriarcado de las Indias11.
Después de la Independencia esta jurisdicción quedo abolida. Los capellanes militares comienzan a quedar dependientes de la jurisdicción eclesiástica de los obispos por donde pasaban, con las consecuentes problemáticas que esto representaban en especial en caso de guerra. El primer Vicario Castrense, sin nombramiento canónico, fue dado por José Miguel Carrera en la persona del Pbro. D. Julián Uribe, el 11 de Agosto de 181412. Don Bernardo O’Higgins nombrará
9 Cf. Ibíd., p. 64.
10 Hunneus, A, Perfiles Sacerdotales (Santiago de Chile s/f), p. 19.
11 Cf. ¿Qué es el Arzobispado Castrense?, en www. Arzobispadocastrense.com (20.IV. 2015).
12 Cf. Matte, J., “Presencia de Capellanes Castrenses en la Guerra del Pacífico”, en Historia Nº 15 (Santiago de chile, 1980), p. 179.
al segundo Vicario castrense, Pbro. Casimiro Albano Pereira, después de Chacabuco, el 18 de Marzo de 181713.
El Vicariato Castrense de Chile fue creado por la Santa Sede el 3 de mayo de 1910, muy posterior al desembarco de las tropas chilenas en Antofagasta y a la declaración de guerra en abril de 1879.
Monseñor Rafael Valentín Valdivieso obtuvo el decreto “Suplicatum est” de la Santa Sede el 20 de Junio de 1850, para promover el servicio religioso en nuestros ejércitos. Esta concesiones y después de una prórroga caducaron en 1878, por lo que surgió el problema del que al salir un regimiento del país, se quedaba sujeto a la jurisdicción del obispo del territorio adversario, situación difícil para los capellanes y al Servicio Religioso del Ejército14
Ante esta problemática y la inminencia de la guerra, el Vicario Capitular de Santiago. Mons. Joaquín Larraín Gandarillas, escribió dos cartas al Delegado Apostólico ante el gobierno del Perú, Monseñor Mario Mocenni, haciéndole ver el problema de la jurisdicción castrense. En una de sus cartas, Monseñor Larraín dice:
“En las graves circunstancias en que se encuentra la República creí necesario dirigirme al Excmo. Y Rdmo. Sr. Delegado Apostólico y al supremo Gobierno, llamándole la atención sobre la urgente necesidad de proveer las necesidades espirituales de nuestros marinos y de nuestros solados durante la presente guerra”15.
La respuesta del Delegado Apostólico es pedir restituir las facultades que tenía Valdivieso para el fuero castrense y las necesidades espirituales del Ejército y Marina, además dictó las siguientes normas:
“El Ejército acuartelado en Chile se halla bajo la jurisdicción de sus respectivos obispos; el Ejército y la Marina expedicionarios están bajo la jurisdicción del obispo del puerto o territorio del que partieron y será de su responsabilidad el proveer de capellanes”16
El 2 de Mayo de 1879, el Papa León XIII, prorroga por diez años las facultades dadas al Arzobispo Valdivieso en 1850. Los primeros capellanes nombrados, de acuerdo a las facultades dadas por el Delegado Apostólico en Lima, fueron ocho:
Pbro. D. Florencio Fontecilla, capellán Mayor.
Pbro. D. Ruperto Marchant.
Pbro. D. Francisco Valdés.
Fray Nicolás Correa, O.P.
Fray Juan Pacheco, O.F.M.
13 Ibíd., p. 179.
14 Ibíd., p. 180.
15 Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago, VII, p. 388.
16 Ibid., p. 391.
Fray Luis Pozo, O.P.
Fray Ramón Llanos, O.de M.
Fray
José Madariaga, O.F.M.17
2. Pbro. D. Ruperto Marchant Pereira Capellán Castrense
El proceso de nombramiento de los Presbíteros Fontecilla y Marchant, fue el siguiente:
“Arzobispado de Santiago de Chile Nº 78, Santiago, 4 de marzo de 1879
Las necesidades religiosas de nuestros compatriotas que van a prestar sus servicios en el litoral del norte han excitado el celo de varios sacerdotes que se muestran dispuestos a ir a ejercer su ministerio en aquellos lugares. Desde luego se ofrecen a partir los presbíteros don Florencio Fontecilla i don Ruperto Marchant. No exigen ni aceptan renta por sus servicios, pero cuentan con que el Supremo Gobierno proveerá a la subsistencia de los capellanes del ejército nacional. Si Ud. Tiene a bien acoger favorablemente este ofrecimiento, sírvase anunciármelo para tomar las medidas que el caso requiere. Seguiré practicando las diligencias convenientes para obtener de otros sacerdotes servicios análogos i oportunamente daré a conocer a Ud. Su resultado. Dios que a U.S. (sic) Joaquín, Obispo de Martyropolis Vic. Cap. De Santiago. Al Señor Ministro de Guerra i Marina”18
La respuesta fue la siguiente:
Nº 379, Santiago, marzo 5 de 1879
S.E. decretó hoy lo que sigue: “Vista la nota que precede, nombrase capellán del ejército de operaciones en el Norte de la República, sin goce de sueldo a los presbíteros don Florencio Fontecilla i don Ruperto Marchant. Tómese razón i comuníquese. Lo que comunico a V.S. (Iltma) en contestación a la estimable nota de Ud. Iltma. de 4 del actual, ofreciendo a V.S. Iltma, con este motivo los agradecimientos del Gobierno por el celo con que V.S. Iltma. ha procurado se atienda sin gravamen para el fisco el servicio religioso del ejército expedicionario del Norte. Dios a V.S. Iltma. C. Saavedra, al Ilmo. Sr. Obispo de Martyropolis i Vicario Capitular de Santiago.19
Sobre la actuación de los capellanes militares, G. Bulnes nos dice:
“Corresponde a obras especiales recordar la labor de algunos de esos servicios, como el de la Intendencia que apenas he esbozado en estas páginas, el de Sanidad y el Religioso, y me limitaré a decir respecto de los últimos que tanto los médicos como los capellanes dieron admirables pruebas de abnegación, distribuyéndose en las zonas peligrosas de los campos de batalla para atender a los heridos o para abrir a los moribundos, con la bendición de la Iglesia, la fuente de las supremas esperanzas”20 .
17 Cf. Matte, J., 0p .cit., p. 186.
18 Citado por: Matte, J., “Correspondencia del Capellán de la Guerra del Pacífico Pbro. D. Ruperto Marchant Pereira”, en Historia 18 (Santiago de Chile 1985), 349 -350.
19 Ibíd., 350.
20 Bulnes, G., Historia de la Guerra del Pacífico (Santiago de Chile 1934) II, 244-245.
En lo que respecta al trabajo del Pbro. Marchant, tenemos mucha información que alaba su actuación en los duros tiempos de guerra. Queremos destacar el juicio del corresponsal de guerra Eduardo Hempel González:
“Encontré al capellán señor Ruperto Marchant Pereira, quien con caridad verdaderamente evangélica se había bajado de su caballo para colocar sobre él a dos soldados heridos. El señor Marchant Pereira marchaba a pie, tirando de la brida del caballo, sin importarle las balas y consolando a los heridos con cariñosas palabras. Consigno este hecho que enaltece a los capellanes de nuestro Ejército, que como Marchant, no abandonaron un momento a los heridos, prodigándoles toda clase de atenciones y los consuelos de la religión”21.
Don Ruperto, también participó en las solemnes Honras fúnebres por el Almirante Miguel Grau y los caídos en Angamos el 9 de Octubre de 1879. Este oficio se celebró en Mejillones y a bordo del Huáscar. Se oficiaron tres misas de réquiem, una al alba por Ruperto Marchant, otra a las 7.30 por fray José Madariaga y la de exequias, por el Capellán en Jefe Florencio Fontecilla. Es interesante destacar que a estos oficios fúnebres asistieron, el Ministro de Marina Rafael Sotomayor, el General en Jefe Erasmo Escala, el Jefe del Estado Mayor General Emilio Sotomayor, Comandantes de Regimientos y Jefes y oficiales del Ejército y la Marina22
El Pbro. Marchant, se destacó por su celo ministerial y apego irrestricto a la disciplina eclesiástica en lo litúrgico y sacramental, aun en tiempos de guerra. Hay cartas al Pro Vicario Capitular Jorge Montes, en que le comunica haber realizado bautizos a niños en Taltal, sus quejan contra un cura que él denomina “liberal”, en Antofagasta, que no usa sotana, que parece que enterró a un protestante en el cementerio católico, que parece que es casado, que no se reserva el Santísimo, que han tenido que celebrar misa con velas de cebo y no de cera, las vinajeras son dos frascos y que el vino era un oporto23.
Don Ruperto tuvo una destacada labor como capellán castrense en Antofagasta, Pisagua, Dolores, Tarapacá, Moquegua y Tacna. Antes de entrar a la batalla de Tacna, dio la bendición general, con las siguientes palabras que ya son históricas: “Hermanos, antes de morir por la patria, elevad el corazón a Dios”24 Don Ruperto se desempeñó como Capellán Castrense entre 1879 y 1881.
3. El segundo de línea y Valparaíso
La página Web de “museos región Valparaíso”, nos presenta un breve y fundamentado resumen de la historia del Regimiento Maipo, indisolublemente unido a la historia y vida de Valparaíso.
El Regimiento de Infantería Nº 2 Maipo nació como el Batallón Nº 2 Infantes de la Patria
21 Correspondencia El Ferrocarril, citado por Matte, J., Presencia de…(n.2), 190.
22 Cf. Pelayo, M., Honras fúnebres a Grau y caídos en Angamos, en www.chiletumemoria.cl (18.03.2015).
23 Cartas de D. Ruperto Marchant a D. Jorge Montes, pro Vicario del arzobispado de Santiago, 14 marzo 1879. 18 marzo 1879. 30 marzo 1879. 5 abril 1879, por citar algunas.
24 Boletín 31 Galería de Quintinos “Don Ruperto Marchant Pereira”, en www.firmelaquinta.cl (15.01. 2015).
el 20 de Octubre de 1811. Después del cruce de los Andes, San Martín y O’Higgins, crearon nuevas unidades militares para engrosar las filas del Ejército Libertador. Aquí reaparece, pero como Batallón de Infantes de Línea Nº 2 de Chile, cuya base fue una compañía que estaba en Santiago de Chile. Su cuartel se ubicó en la Recoleta Dominica.25
Este regimiento tuvo presencia en las ciudades de Santiago, Coquimbo, Viña del Mar y finalmente en Valparaíso. Fue protagonista de hechos históricos importantes, ya que participó en las batallas de Cancha Rayada y Maipú, en la defensa de Valparaíso contra la escuadra española en 1818, y la Expedición Libertadora del Perú. En la Guerra del Pacífico, participó en la Batalla de Tarapacá, donde muere su héroe máximo, el comandante Eleuterio Ramírez, de esta batalla nos referiremos a continuación. En la Revolución de 1891, fue parte de las fuerzas leales al Presidente Balmaceda26
En 1902 lleva el nombre de Batallón Maipú Nº 2. Durante ese mismo año, su dotación es elevada a Regimiento y denominado Regimiento Maipo Nº 2 y su guarnición está en la ciudad de Viña del Mar, en el sector de Vergara27. Con motivo del terremoto de 1906, el Regimiento se traslada a Valparaíso, para quedar indefinidamente instalados en su actual Cuartel en Playa Ancha, un año después, en 190728. Actualmente, su denominación es: Regimiento de Infantería Nº 2 Maipo del Comandante Eleuterio Ramírez Molina.
4. La batalla de Tarapacá
En la madrugada del 27 de noviembre de 1879 se dispuso una hora de alto para la tropa, la que venía marchando a toda prisa para llegar a Tarapacá, a pesar de tener graves problemas de agua.
El pequeño ejército fue dividido en tres fracciones: la primera al mando del teniente Coronel Eleuterio Ramírez, compuesta por la mayor parte del 2º de línea, los cuales debían posesionarse de Huaraciña; la segunda, a las órdenes del jefe de la división, Coronel Arteaga, formada por el regimiento de Artillería de Marina, el Batallón Chacabuco, las cuatro piezas de voces y dos secciones Krupp encargados de atacar el centro, frente al mismo pueblo de Tarapacá, y la tercera, al mando del Comandante Santa Cruz y compuesta por el primer destacamento, al que se agregó la cuarta compañía del primer batallón del regimiento 2º de línea, a las órdenes del capitán Emilio Larraín, y otra sección de artillería Krupp, que debía ocupar el pequeño pueblo de Quillahuasa al interior de Tarapacá29.
25 Cf. www.museosregionvalparaiso.cl (4.06.2015).
26 Cf. Ibíd.
27 Cf. Ibíd.
28 Cf. El Mercurio de Valparaíso (13.10.2007).
29 Cf. Boletín de la Guerra del Pacífico I (Santiago de Chile 19. 12. 1879), 486-488. Resumen elaborado por Orellana, M.
Estos últimos fueron los primeros en ponerse en marcha, pero perdieron el camino debido a la densa niebla de la camanchaca. A las nueve de la mañana, el segundo de línea comienza a bajar de la cuesta a la quebrada frente a Huaraciña y formar para la batalla, avanzando en dirección al pueblo y contestando el fuego que recibía desde los cerros30. Cerca de las doce y media del día, el segundo de línea había ocupado dos trincheras peruanas al fondo de la quebrada. Sin embargo, el cansancio y la sed se iban apoderando de las tropas, así como la falta de municiones, aunque el fuego ceso quedando como victoriosas las tropas chilenas, provocando grandes bajas en los batallones peruanos. Lamentablemente, las tropas chilenas no pensaron que el ejército peruano volvería con su reserva a eso de las 15:30 de la tarde31.
El Comandante Ramírez, herido en cinco oportunidades, tanto en la lucha de la mañana como en la de la tarde, seguía disparando y dirigiendo desde una casucha, junto a las cantineras a pocas cuadras de Tarapacá32. El portaestandarte del 2º de Línea era el subteniente Telésforo Barahona. Tan pronto comprendió que estaban atrapados, intentó colocar la bandera roja con una estrella de plata bordada en realce en su centro, sobre la cima de un monillo que dominaba a Tarapacá, pero apenas llegó a la cumbre fue herido en un hombro. No obstante no soltó la bandera, incluso después de ser acribillado. Se dice que 22 soldados murieron tratando de recuperar el estandarte, entre los que se cuentan, el cabo Gutiérrez, los capitanes Silva y Necochea y otros soldados33. A pesar de no contar con fuerzas y municiones, el 2º de Línea resistió hasta el asalto final. Eleuterio Ramírez, rodeado por tres cantineras, se defendió hasta el último instante con un revolver de dieciocho tiros que le había obsequiado el teniente Pedro Fárraga34. Ramírez intentó dar de baja a un teniente que iba ingresando al lugar, pero este, arrebatándole el revólver, le da un disparo a quemarropa al comandante que termina con su vida definitivamente35.
Los peruanos se llevan algunos prisioneros y queman el lugar. El 75% de las tropas del 2º de Línea cayeron en combate en aquella quebrada de Tarapacá el 27 de noviembre de 187936. El estandarte del 2º de Línea fue recogido por soldados del regimiento peruano Nº 5 y entregado al teniente de ese cuerpo, Enrique Vargas, quien le dio el tiro de gracia al comandante Eleuterio Ramírez. Nada se sabrá del estandarte hasta el 27 de mayo de 188037.
30 Cf. Idem.
31 Cf. Idem.
32 Cf. Inostroza, S., El Estandarte del 2º de Línea, en www.laguerradelpacífico.cl (17.01.2015), p. 2.
33 Cf. Idem.
34 Cf. Ibíd., p.3.
35 Cf. Boletín de la Guerra…(n. 19), p. 486-488.
36 Cf. Idem.
37 Cf. Inostroza, S., El Estandarte...(n.22), p. 3.
5. D. Ruperto Marchant Pereira recupera el estandarte del segundo de línea.
El ejército chileno continuó su avance hacia el norte. El 25 de mayo se encontraba frente al Campo de la Alianza y se daba comienzo a la batalla de Tacna. Don Ruperto se pasó la noche del 25 confesando y dando la comunión a los soldados, y el 27, consumada la victoria chilena, fue al campo de batalla a socorrer a los heridos. Estaba bastante enfermo38, a punto de que el comandante del 3º de Línea, coronel Rodolfo Castro, tuvo que ocultarle el caballo para obligarlo a permanecer en su carpa. Al día siguiente lo envió a Tacna, donde se hospedó en la casa del párroco de la Iglesia de San Ramón. Este párroco lo recibió por la fuerza, ya que era acérrimo enemigo de los chilenos39.
Pese a su enfermedad, don Ruperto acudía todos los días a los hospitales para ayudar a los heridos y en algunas ocasiones confesaba a los habitantes de Tacna. Fue por boca de una mujer que tuvo la primera noticia que el Estandarte del 2º de Línea se encontraba en la iglesia de San Ramón40. Don Ruperto, cada día que pasa, comienza a obsesionarse con la idea que el Estandarte estaba en la parroquia en que celebraba misa todas las mañanas. Pocos días después, llega hasta él el capitán Enrique Munizaga, quien le comunica que había escuchado en la estación del ferrocarril de Arica a unos peruanos que hablaban del Estandarte del 2º de Línea y que estaba en la iglesia de San Ramón, y que el párroco podía dar alguna luz sobre el Estandarte. Ambos hablan con el señor cura, quien una vez impuesto de lo que se trataba, y pese a sus protestas, aceptó permitir que se revisara la iglesia, siendo don Ruperto el responsable de lo que pudiese ocurrir. El mismo le solicita al capitán Munizaga que lleve dos soldados y que lo iba a esperar en la puerta del templo, que quedaba a unas cuadras de la casa parroquial, y que estaba cerrada y las llaves estaban en poder del sacristán, a quien el párroco lo iba a hacer llamar, para ordenarle abrir, bajo el pretexto de un bautismo41. El sacristán, cuya libertad había obtenido el propio capellán Marchant, abrió de mala forma el templo y receloso comenzó a arreglar la lámpara del Santísimo. Don Ruperto permanecía inmóvil y el capitán Munizaga no acababa nunca de santiguarse en la pila de agua bendita. Cuando el sacristán se retiró, don Ruperto llamó a un soldado y corriendo el cerrojo del portón del templo, le dijo: “Firme en su puesto. Y no se abre a nadie, aunque sea el mismo general”42. Dicho esto, junto al capitán y un sargento, caminaron hacia el altar mayor. Al entrar al presbiterio, don Ruperto se arrodilló y con voz trémula dijo: “Perdónanos, Señor, por lo que vamos a hacer, pero se trata de la patria”. La sacristía estaba con llave, por lo que los tres rompieron la cerradura a empellones. En el interior se encontraban objetos de culto, los que registraron du-
38 Fiebre Palúdica: Causada por un protozoario y transmitida por las hembras de mosquitos del género Anopheles. Sus síntomas más frecuentes son: Fiebre, diarrea, tos, decaimiento y dolor de cabeza.
39 Cf. Inostroza, S., El Estandarte…(n.22), p. 3.
40 Cf. Idem.
41 Cf. Matte, J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe…(n.1), 146–147. Inostroza S., El Estandarte…(n.23), p. 3-4.
42 Matte, J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe.. (n.1), 147.
rante largo rato. Por último, don Ruperto divisó una imagen de bulto que estaba en el fondo y le dio la orden al sargento de quitar el santo y abrir la caja. El viejo sargento obedeció y exclamo: “Ángel mío, le dijo, no hay remedio, tenís que entregar el Estandarte”43 . Don Ruperto alzó la tapa y se arrodilló para sacar mejor unas almohadas hallando debajo de la última un saco de brin que dejaba en descubierto la punta de una cinta tricolor. Metió las dos manos y de un tirón extrajo del interior el Estandarte del 2º de Línea44
Don Ruperto, el capitán y el sargento no pudieron contener las lágrimas, ¡El Estandarte!, el ¡Estandarte! Repetían acariciándolo y besándolo. Pasado este primer momento, don Ruperto se desabotona la sotana y se forra con el Estandarte y dice: “Ahora, capitán, parta Ud., a Arica a dar cuenta al general; y Uds., sargento y soldado a su cuartel, mientras yo voy a hacer entrega al Estado Mayor”45 Don Ruperto se dirigió a toda prisa hasta donde su ubicaba el Estado Mayor, al llegar casi sin aliento, los jefes y oficiales le preguntan: “¡Qué sucede, capellán? Y él, sin contestar, desabrochando a dos manos la sotana, muestra la estrella plateada de la preciosa reliquia que portaba46. Vuelto a la casa parroquial, el párroco y el sacristán lo esperaban: ¡Qué hubo del bautismo preguntó el cura! Don Ruperto le contesta: ¡Qué bautismo ni qué nada! El Estandarte lo tenemos en nuestro poder, causando estupor en el cura y sacristán. Como a la una de la mañana, llamaron violentamente a la puerta solicitando una confesión; el párroco se excusó, diciendo que se sentía indispuesto; Don Ruperto se ofreció, más con cierto recelo; por lo que al pasar por un cuerpo de guardia pidió un soldado armado que lo acompañara. El que solicitaba la confesión escapó, y se refugió en una casucha de una calle lateral. Don Ruperto y el soldado lo siguen, pero en lugar de hallarlo en la casucha, encuentran en un dormitorio un bulto que asemejaba a un enfermo en una cama. Mi capellán le advierte el soldado, retirémonos mejor, esta es una celada. Y pasando bala a su fusil salió cubriendo las espaldas de don Ruperto47. Al día siguiente, el párroco le solicita a don Ruperto un salvoconducto, ya que temía por su seguridad, pierda cuidado, contesto el capellán, hoy mismo me traslado a Arica, y traeré lo que Ud., desea48.
El Estandarte del 2º de Línea fue devuelto a esa unidad el 11 de enero de 1881, en una solemne ceremonia, en la que todos sus sobrevivientes formaron en cuadro, enmarcados por las filas de otros batallones. Oficiada una misa, en la que se bendijo el Estandarte, el presbítero Esteban Vivanco lo puso en manos del nuevo comandante del regimiento, coronel Estanislao del Canto;
43 Idem.
44 Inostroza, S., El Estandarte…(n.23), 3. MATTE, Ruperto Marchant Pereira. Heroe…(n.1), p. 147-148.
45 Matte, J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe..(n.1), p. 148.
46 Cf. Ibid., p. 148.
47 Cf. Idem.
48 Cf. Ibíd., p. 148-149.
Daniel
y la gloriosa insignia, traspasada por diecinueve balas, acompañó al 2º de Línea durante los cuatro años de guerra que siguieron, hasta la victoria final49.
Por motivos de salud, don Ruperto tuvo que abandonar su trabajo como capellán, y se trasladó primero a Iquique, luego a Curicó, Panimávida y finalmente Santiago, donde tendrá una casi milagrosa curación50. Cuando el general Baquedano hacía su entrada triunfal en Santiago, una de sus primeras visitas fue a don Ruperto en el Seminario de Santiago y, al estrecharle entre sus brazos, le dijo: “Capellán, le aguardé hasta la vísperas de las batallas, porque deseaba que Ud. y no otro hubiese entregado el Estandarte al 2º de Línea…”51.
IV. PBRO. D. RUPERTO MARCHANT PEREIRA Y VALPARAÍSO
Terminada su labor como Capellán Castrense, por motivos de salud, don Ruperto vuelve a Santiago y se desempeñará como profesor de Historia de América y Chile, hasta 1883. Este año, por decreto del 24 de Abril, don Ruperto es nombrado Rector del Seminario de San Rafael de Valparaíso, en calidad de interino y luego es nombrado en propiedad52
El Decreto es el siguiente:
“Santiago, 8 de Enero de 1887. Habiendo desaparecido los motivos que se tuvieron presente para proveer solo interinamente desde Octubre de 1879 el cargo de Rector del Seminario de San Rafael, nombrase Rector en propiedad de ese establecimiento al Presbítero Don Ruperto Marchant que lo ha tenido a su cargo desde Abril de 1883 en calidad de Rector interino. Expidiese título al nombrado. El obispo de Martyrópolis Vicario capitular de Santiago. Almarza, secretario53.
La razón de que antes era interino, se debió a que el rector era el presbítero Mariano Casanova que, por motivos de salud, no podía desempeñarse como tal, y además era Gobernador Eclesiástico de Valparaíso.
Su nombramiento tenía el objetivo de que la dirección de un Sacerdote ejemplo diera un impulso a las vocaciones sacerdotales, ya que nuestra ciudad, por la cantidad de extranjeros que aquí residían y las distintas tradiciones cristianas que convivían, no se distinguía por el número de vocaciones sacerdotales salidas de la ciudad54.
Una de las primeras preocupaciones de don Ruperto, como rector, fue construir un muro
49 Cf. Inostroza, S., “El Estandarte…(n.23), 4-5.80 Años de una Ceremonia Impresionante: Entrega del Estandarte del 2º de Línea”, Las Últimas Noticias (12.01.1961).
50 Cf. Matte J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe…(n.1), p. 150.
51 Cf. Idem.
52 Cf. Ibid., p. 40.
53 Citado por Matte, J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe…(n.1), p.40.
54 Cf. Ibíd., p. 39.
alrededor del Colegio, tanto en la parte alta del cerro como en la orilla del Estero de las Delicias (actual Avda. Santa Elena)55. Entre sus colaboradores más próximos contó al Presbítero Carlos Cruzat, que igual que él, había servido como Capellán Castrense en la Guerra del Pacífico y había sido ministro y rector suplente. También contó con el destacado sacerdote don Salvador Donoso, quien sería entre 1885 a 1891 Gobernador Eclesiástico de Valparaíso, y el ex alumno don Arturo Edwards Ross, hijo de la gran benefactora Juana Ross56
Don Ruperto permanecerá por 6 años en el cargo de Rector. Durante los cuales, 11 de los prefectos y alumnos fueron sacerdotes, entre ellos don Martín Rucker, quien después sería Obispo de Chillán. El ejemplo del Rector influyó en el crecimiento de las vocaciones sacerdotales y su virtud era pública y notoria en Valparaíso. Algunos afirman que el rectorado de don Ruperto fue la edad de oro del Seminario de San Rafael57
El 7 de Marzo de 1889 renuncia al cargo y lo sucederá el Presbítero don Juan Ignacio González Eyzaguirre 58. El diario la “Unión de Valparaíso” manifestó lo siguiente sobre el rectorado de don Ruperto:
“El Rector del Seminario de este puerto hace años, dejó huella imborrable de su paso por ese cargo, en el cual desarrolló una labor educacional recordada con admiración y afecto”59.
Cabe destacar que encontramos discrepancias en las fuentes consultadas en cuanto al cargo de Gobernador Eclesiástico de Valparaíso de don Ruperto. Joaquín Matte afirma que fue Gobernador Eclesiástico de Valparaíso, mientras que, Antonio Rehbein no lo incluye en la lista de Gobernadores Eclesiásticos de nuestra ciudad60.
Don Ruperto rechazó la mitra episcopal que se le ofreció. En cambio, siempre quiso ser el capellán de los Veteranos del 79. Su amigo, el General Baquedano, lo llamó en su lecho de agonía para que le administrase los últimos sacramentos61.
55 Cf. Toledo, D., Seminario San Rafael 125 años de educación. Amor y fe (Valparaíso 1996), p. 63.
56 Cf. Ibíd., p. 63.
57 Cf. Matte, J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe…(n.1), p. 41.
58 Cf. Toledo, D., Seminario…(n.56), p. 69.
59 Citado por Matte, J., Ruperto Marchant Pereira. Héroe (n.1), p. 41.
60 Cf. Matte, J., Presencia de Capellanes…(n.12), p. 179 – 236. Documentos, Correspondencia del Capellán de la Guerra del Pacífico Pbro. D. Ruperto Marchant Pereira, en Historia Nº 18 (Santiago de Chile 1983), pp. 345 -365. Rehbein, A., La Gobernación Eclesiástica de Valparaíso (1872 -1925), en Concha, M., Salinas, C., Vergara, F., Actas del Primer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso (Valparaíso 2005), p. 36.
61 Cf. Toledo, D., Seminario…(n.46), p. 67.
V. CONCLUSIÓN
Sin lugar a dudas, la vida y obra de don Ruperto fue extraordinaria y apasionante para los investigadores. Queremos terminar, a modo de conclusión, con palabras del mismo don Ruperto, en que se refiere a los capellanes que sirvieron en la Guerra del Pacífico:
“Conviene tener presente que cada uno de los capellanes de aquel glorioso Ejército supieron cumplir abnegadamente con su deber. Ya descansan en la tumba: Fontecilla, Ortúzar, Cristi, atacado por la fiebre amarilla asistiendo a los heridos en los hospitales de Lima; Madariaga, Valdés, Carrera, Fabres y otros más, como tantos y tantos de nuestros heroicos soldados que regresaron a la Patria para venir a morir víctimas de la enfermedad que, sin temor a exagerar, fue la que durante toda la guerra ocasionó el mayor número de bajas”62.
62 Matte, J, Presencia de Capellanes…(n. 12), p. 189-190.

VALPARAÍSO Y EL CRISTO DEL PELÍCANO QUILLOTANO, HISTORIA DE UNA ESTRECHA RELACIÓN
Hugo Quilodrán Jiménez
Diplomado en Humanidades. Recopilador Histórico. Integrante del Grupo Aspillaga (Círculo de Amigos del M.H.A.Q.), Coordinador del Grupo ISPAKUL KILLOTA, Miembro de Número de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía (Filial Quillota) y de la Academia de Historia Naval y Marítima.
I. INTRODUCCIÓN
Siendo una de las más grandes festividades religiosas de la Quinta Región, es curioso, por decirlo menos, que no exista iconografía histórica patrimonial al respecto. El mismo M.H.A.Q.1, no posee ninguna pieza de su colección permanente que haga referencia a esta festividad centenaria y en la Plaza de Armas de esa ciudad solo existe un modesto trabajo de un desconocido artesano. En estricto rigor es una alegoría, sin ningún tipo de título, leyenda o explicación, que pretende entregar una idea para quien no tenga conocimiento alguno del tema.
Entendiendo el significado de lo que implica un simposio, agradezco el permitirme plantear esta aproximación a quienes son expertos en la temática religiosa. Los siguientes antecedentes históricos son una sincera invitación a la Academia de Historia Religiosa a pronunciarse e incorporar este tema como un futuro proyecto investigativo para sus alumnos, considerando que hasta el momento no existe un estudio en profundidad desde esa perspectiva, que explique el contenido, la forma y el fondo de esta gran expresión de religiosidad popular.

Alegoría a la Procesión del Pelícano en la Plaza de Armas de Quillota.
* El autor expresa sus agradecimientos a los profesores Luz Gatica y Herman Arellano, por sus aportes y luces a esta investigación.
1 Museo Histórico y Arqueológico de Quillota.
II. HISTORIA DE QUILLOTA
Los orígenes de Quillota se remontan a la existencia de un emergente asentamiento en torno a una fábrica de jarcias de cáñamo2, que obligó al Virrey del Perú, Conde de Castelar a pensar en transformarlo en pueblo el año 1675.
La iglesia, como institución eclesiástica, forma parte de su historia con la presencia de distintas órdenes durante el paso de los años. Desde una modesta “Doctrina de Indios”, pasando por los Franciscanos, los Jesuitas, los Dominicos, los Agustinos, los Mercedarios, las Carmelitas, etc. Por ello no es de extrañar que dentro de las fiestas populares, existan algunas del tipo religioso.

Vista de Quillota, 1825. Caldcleugh.
Lo que no sabemos con exactitud es ¿cuándo estos habitantes españoles se dieron la tarea de implementar esta marcha religiosa? Que consistía en un desfile de “pasos”3 llevados en andas4
Quizás el registro más temprano es el que menciona Rodolfo Lens, refiriéndose a las Actas del Cabildo de Santiago del año 15535, cuando se enumeran algunas procesiones.
Finalmente, un fértil valle, vecino a un puerto de paso obligado para toda nave que necesitara recargar vivires y suministros, fue lo que influyó en que fuera fundada oficialmente como villa el año 1717.
2 Vicuña M. Benjamín, De Valparaíso a Santiago, Santiago, 1877, p. 235.
3 Paso procesional: es el nombre que reciben las imágenes que desfilan en las procesiones de semana santa, sobre las andas.
4 Anda o andas: según la definición de la real academia de la lengua española, es: “tablero que, sostenido por dos varas paralelas y horizontales, sirve para conducir efigies, personas o cosas”. Pero también acepta: “féretro o caja con varas, en que se llevan a enterrar a los muertos”. Este vocablo también hace referencia a llevar algo a hombros o en vilo.
5 Lenz, Rodolfo, Diccionario Etimológico, Santiago, 1910, p. 183.
III. PROCESIONES
La conquista de América incluyó la transferencia de una religión, con añejas tradiciones. Una de ellas son las procesiones del Corpus Christi, por ello no hay dudas respecto de su origen español. La semana santa quillotana tiene rasgos y similitudes con la semana santa sevillana, con sus famosas “Cofradías de Penitencia de Sangre y Luz”, pero con rasgos propios.El Pelícano que aparece en el “anda” del paso del Santísimo Cristo del Amor de Sevilla, parece haber sido cedido como herencia cultural.
En un principio se le llamó “Procesión de la Soledad”, “Del descendimiento” o “Del Entierro de Cristo”, porque el principal “paso” era ese: un sencillo ataúd que llevaba en su interior un Cristo especialmente construido para este fin. Efectivamente, necesitaba características únicas porque sus brazos necesariamente debían ser rebatibles. Aproximadamente, el año 1775 este cajón mortuorio fue reemplazado por otro con forma de Pelícano y desde entonces cambió de nombre e hizo famosa a Quillota, como: “la Ciudad del Pelícano”.
IV. COMPONENTES INDISPENSABLES
Hay elementos claves y otros indispensables en esta romería que la hacen única: las Andas Procesionales con sus Pasos, las Cofradías, los Actos de tipo Auto sacramental y las Estaciones, son claves. Mientras que los Cucuruchos6, el Pelícano y el Cristo mismo, son indispensables. Si bien es cierto, como ya hemos dicho es una herencia religiosa española, desde un principio fue adoptada y modificada de acuerdo a la realidad local. Durante la semana santa, los templos eran adornados con muchas plantas de día y de noche alumbrados magníficamente, pero el viernes era el día más esperado, cuando el desfile de andas recorría el sector céntrico.
En una esquina de la plaza se construía un escenario a escala real, donde se realizaba un claro ejemplo de auto sacramental7, representando la escena del descendimiento. Mientras que en la esquina poniente se representaba el Monte del Calvario, con tres cruces en su cima. Además se acostumbraba pasar por cuatro estaciones, definidas por la ubicación de los templos de la Matriz, Santo Domingo, San Francisco y de la Merced.
La solemnidad con que se realizaba se entiende porque durante el siglo XVIII le estaba prohibido a toda persona seglar mantenerse en pie y no doblar su rodilla ante la Procesión del Cuerpo de Cristo, bajo pena de Excomunión Mayor8. Durante esos días, tampoco se podía jugar chueca,
6 Cucuruchos, capirotes o encapuchados:cucurucho de cartón cubierto de lienzo que vestían los disciplinantes de la cuaresma.
7 Pieza de teatro religioso, clase de drama litúrgico, de estructura alegórica y por lo general en un acto, con tema preferentemente eucarístico, que se representaba el día del Corpus entre los siglos XVI y XVIII hasta la prohibición del género en 1765.
8 Alday M., Synodo Diosesana del Obispado de Santiago de Chile, Lima, 1764, pp. 26, 88-90.
correr caballos y toros, rodeos de ganado y mingacos. En la práctica esto significaba bajarse del coche o calesa, desmontarse si se está sobre una caballería y sacarse el gorro o birrete.
Sumado a esto, el Cucurucho le otorgaba un aspecto terrorífico por su aspecto y vestimenta. Pero lo que realmente llamaba la atención era el tamaño del ave, que con las alas abiertas era capaz de llevar en sus espaldas un Cristo especialmente construido para este fin.
Para formarse una imagen de la opinión que se llevaron algunos destacados viajeros que pasaron por Quillota, en los tiempos de esta marcha, se sugiere leer el excelente resumen que nos entrega Matthei9.
V. EL PASO PROCESIONAL Y LAS ANDAS
El paso es una escena que generalmente representa sufrimiento. Se monta sobre una plataforma que puede ser llevada a cuestas gracias a las andas. En el caso particular quillotano, se entiende que en las representaciones se ocupaban esculturas especialmente diseñadas para este fin, así también como de actores reales de carne y hueso. Esto nos hace presumir sobre la resistencia de los materiales con que se confeccionaban las andas, el tamaño que deben haber tenido y el peso que podían soportar.
a. Las Cofradías de Semana Santa
La Cofradía es una asociación de fieles cristianos laicos y del clero, su fin es el culto público. Tienden a ser confundidas con las Pías Uniones, creadas para ejercitarse en obras de piedad o caridad y que constituidas a modo de cuerpo orgánico, se denominan Hermandades.La cofradía de semana santa es una herencia española, pero que en América se adaptó.Tanto es así, que el Diccionario Panhispánico de Dudas asegura que en Chile incluso nos hemos dado el gusto de cambiar la pronunciación de la palabra cofrade10 por cófrade.
Es necesario aclarar que, sin la intervención de estas organizaciones, la Iglesia no habría podido hacerse cargo de tan magno evento.Estas entidades tenían además la ingrata misión de pedir ofrendas o limosnas, como quiera llamársele, con la finalidad de costear los gastos.
El estudio de la dinámica de las cofradías en Quillota está en pañales. No se han identificado aún registros de sus integrantes. Lo que sí tenemos claro es que la organización de esta marcha fúnebre estaba a cargo de una Cofradía del tipo Penitencial11. Esta investigación solo ha podido identificar a los Cofrades del Santo Sepulcro como la cofradía a cargo de esta festividad.
Al estudiar la prensa de la época en que se enumera y lista el orden de la procesión, se menciona
9 Matthei, Mauro, La Mujer Prodigiosa de Quillota. María del Carmen Benavides Mujica, Valparaíso, 1996, p. 33.
10 Persona que pertenece a una cofradía.
11 Que hacen públicas las Estaciones de Penitencia en Semana Santa.
que va encabezada por el Hermano Mayor. Este cargo resulta conocido para quienes conocen la estructura típica de una cofradía.
En general, las cofradías se caracterizaban por tener un tipo de canto particular. En unas de las últimas exposiciones dictadas por Margot Loyola en Quillota, se le consultó sobre la posibilidad de realizar un rescate de la sonoridad y su respuesta fue: “en base a experiencias similares, la respuesta está en la propia comunidad”. Ahora, después de su partida, sus palabras hacen eco y es posible entender su punto de vista. Todo es posible en la medida que exista un interés real de conocer nuestras raíces.
La cofradía tiene una estructura jerarquizada que es compatible con la participación de gente influyente, con un respaldo económico y muchas veces solo simpatizante. Estos cargos y responsabilidades son reconocidos y respetados celosamente.
Cuando se le asigna la misión de alhajar un anda, a una jovencita acomodada, por el costo que implicaba adornarlas, lo que en realidad se hace es involucrar a la familia del cófrade.
b. Composición del desfile
Con la penumbra comenzaba el desfile12 donde participaba un gran número de personas y objetos, en el siguiente orden:
- La Cruz Parroquial y dos Ciriales.
- Dos hileras de Alumbrantes, algunos con cirios, ramos de palma y de olivo.
- Por el centro el Hermano Mayor, con arreos morados portando una cruz verde que enarbolaba el velo de la Verónica.
- Le seguían de dos en dos, los Cofrades del Santo Sepulcro, vestidos de negro con capirote o cucuruchos.
- Luego a 50 metros los “pasos” sobre las andas, llevadas al hombro por al menos 40 cargadores, entre ellos:
o El paso de la Oración del Huerto (el Señor y el Ángel Consolador).
o El paso de la Flagelación (el Señor en la Columna y dos Sayones13).
o El paso de del Señor de la Caña (un judío con el puño en alto para herirlo).
o El paso de del Cirineo ayudando al Señor (se refiere a Simón de Cirene).
o El paso del Calvario (el Crucificado, la Virgen, San Juan, la Magdalena).
o El paso del Descendimieto (con José de Arimatea, Nicodemo, etc.)
12 Diario La Unión, 21 de Mayo 1949.
13 Sayón: verdugo, persona encargada de ejecutar a los condenados a muerte.
o El paso del Pelícano con el Cristo Yaciente y delante del ave, dos angelitos llorosos.
o El paso de la Dolorosa, rodeada de seis angelitos vivos con túnicas de lama de plata y alas doradas.
- Entre estas dos últimas andas iban los Judíos o Soldados Romanos.
- Después el Preste, el Clero, las Órdenes Religiosas y los vecinos principales.
- Luego la Banda de Músicos y 100 Hombres de Caballería.
Después de analizar la composición oficial del desfile, deducimos la participación activa de al menos unas 500 personas directamente involucradas. Sin embargo, a este listado no podríamos agregar la presencia de algún tipo de baile de Catimbaos14, danzantes o pifaneros u otro similar a lo que hoy conocemos como chinos, por no contar con la suficiente información.
c. La Procesión como actividad folclórica y popular
El recorrido de la procesión comenzaba en el costado poniente de la plaza, para continuar por el costado sur y oriente, tomar Maipú, Freire, hasta la Plazuela de San Francisco, para volver por Chacabuco, O´Higgins y entrar por el costado norte de la plaza, hasta la Iglesia Matriz.
En la plaza, se instalaba una feria para poder atender la gran cantidad de visitantes. En general, no eran más que ramadas donde se expendía una amplia variedad de artículos, alimentos y bebestibles, desde el pescado frito, los escabechados de ave, los adobados de cerdo, dulces, tortillas, buñuelos, etc.

14 Palabra de origen posiblemente africano según Zorobabel Rodríguez.
Fotografía de la Plaza de Quillota.
En una investigación paralela, sobre la Guerra Civil de 189115, se pudo constatar la realidad de Quillota para el año 1890. Un relato descriptivo de la semana santa quillotana en un diario de Valparaíso nos deja una clara visión de los pormenores que se sucedían16 cuando los jóvenes porteños se descontrolaban durante su estadía. Esta declaración podría interpretarse como parcial y con una clara tendencia, pero muchos años después nos encontramos con el mismo pensamiento emitido por un molesto habitante de la capital del Departamento de Quillota17
Los factores que se deben considerar para evaluar el impacto que causaba esta masiva invasión son los siguientes y apuntan específicamente al vector salubridad, que se veía afectado por la inexistencia de una Red de Agua Potable y de Sistema de Alcantarillado. Así mismo, otros factores diversos afectaban la situación, tales como, una gran epidemia de cólera18, la prostitución y el desenfreno, sumado a un incontrolado consumo de bebidas alcohólicas19, la informalidad del Comercio Ambulante, la falta de capacidad hotelera, robos, peleas y riñas.
Esta masiva ocupación traía consigo los efectos propios de un gran conglomerado de personas y sus necesidades básicas.Considerando que hasta 1890 Quillota no contaba con agua potable. El agua utilizada se extraía desde pozos o del canal más cercano y limpio. No había forma de proveer servicios higiénicos para tanta gente. Se acostumbraba a construir los retretes sobre una acequia y no se conocía el concepto de “baños portátiles”. La capacidad hotelera era insuficiente y la gente pasaba las noches deambulando o en ramadas construidas para este fin. El poco control en la venta de alimentos y la falta de una cadena de frío.
De este desfile religioso, lamentablemente, casi no hay registros fotográficos y solo se cuenta con dos fotografías del ave en sí, que son de un incalculable valor patrimonial.

15 Quilodrán Jiménez, Hugo, “Quillotanos en la Guerra Civil de 1891. Indiferencia, Resiliencia y Olvido” , en Boletín de la Sociedad de Historia y Geografía del Marga Marga, (7, 2013) 114.
16 El Diario de Valparaíso, 28 de Marzo de 1856.
17 Diario La Unión, Jueves 14 de Marzo de 1901.
18 Laval R., Enrique, “El cólera en Chile (1886-1888)”, en RChI (2003) 1.
19 La Procesión del Pelícano, Luz i Sombra, Santiago, 1900, p. 6.
Fotografía del Pelícano N°1.

del Pelícano N°2.
VI. RELACIÓN DE VALPARAÍSO Y QUILLOTA EN ESTA PROCESIÓN
La estrecha relación entre Quillota y Valparaíso en torno a esta fiesta religiosa tiene varias causas: Valparaíso es el Puerto de Quillota, refiriéndose a esa eterna relación comercial, donde la producción quillotana abastece no solo los mercados porteños, sino también a las naves que recalaban en él. Quillota es el edén o jardín de Valparaíso, debido a la falta de superficies planas, entiéndase terrenos cultivables. Ambos son destinos turísticos entre sí, porque el valle ofrece la tranquilidad del campo y las riveras del Río Aconcagua, mientras que Valparaíso las playas y su mar.
No se ha podido establecer fehacientemente el tamaño de las andas, por lo que se hace difícil dimensionar su peso y sin ese antecedente no es posible afirmar cuántas personas se necesitaban para transportarlas. Mientras algunos registros indican que el Gremio de Jornaleros y Lancheros del Puerto tenía como manda llevar en hombros las andas de la Dolorosa y el Pelícano. Para ello 40 o 60 cargadores, correctamente vestidos de traje negro, se presentaban cada año durante la Semana Mayor20
a. El tren como medio masificador
No tenemos muchos datos estadísticos para analizar, pero este es muy aclarador. Durante la semana santa, la ciudad era invadida por muchos visitantes de los lugares cercanos, pero principalmente de Valparaíso. Un claro ejemplo de esto es que el año 1865,Quillota contaba con 8.000 habitantes aproximadamente, los que según el censo de 1891 aumentaron a 9.621. El año 1896 se recibieron nada menos que 5.000 visitantes durante la semana santa. Un universo flotante de personas, que superaba la mitad de sus habitantes.
20 Revista de Artes y Letras, Tomo XV, (1889).
Fotografía
Estas peregrinaciones se vieron beneficiadas con la puesta en marcha del tren el año 1864, en su tramo Valparaíso – Quillota, que se demoraba en promedio tres horas y media.Tiempo inmejorable comparado con una travesía en carreta o a caballo.
VII. VERSIONES RESPECTO AL ORIGEN DE LA UTILIZACIÓN DEL PELÍCANO
Respecto de las versiones de cómo se incorporó el ave a la procesión, hay dos: La primera le atribuye a doña Nota Álvarez de Araya la idea de cambiar el tosco cajón por la forma tan particular de esta ave. La segunda, también tiene como protagonista a un personaje anónimo y de condición acomodada, que maravillado por el misterio de la pasión, encuentra en el Pelícano la mejor representación.
En la literatura, no son pocos los que asombrados han querido registrar sus impresiones. Ellas pasan a formar parte hoy en día de las fuentes documentales. Con una amplia variedad de artículos y textos, se destacan los siguientes autores:
- María del Carmen Benavides Mujica (Beatita Benavides).
- Benjamín Vicuña Mackenna (gran historiador de la zona).
- Zorobabel Rodríguez (escritor quillotano de nacimiento)
- Lautaro Yankas
- Oreste Plath
- Juan Bautista Alberdi
a. El ave zoológica
Respecto al Pelícano, desde el punto de visto zoológico, es una de las aves marinas más comunes. Característica de todo puerto, caleta y paisaje costero. Por ello no resulta curioso que hubiera sido incluido en el Bestiario Medieval21. Conocida mundialmente como Alcatraz, en el norte de nuestro país se denomina Huajache.
No es pelágica, porque normalmente se encuentra cercana a la costa. Puede alcanzar una altura de 1,75 metros y una envergadura cercana a los 3 metros, con las alas extendidas. De las que vuelan, es quizás la más pesada, sin embargo, lo hace elegantemente, en formación “v”, mezclando vuelo y planeo, logrando altura y distancias considerables de hasta 150 km. y puede llegar a vivir 25 años. Es ovíparo.
Posee tres características morfológicas curiosas:
- Gracias a sus “glándulas de sal”, es capaz de convertir el agua salada en agua dulce.
21 Bestiario Medieval: compendio de bestias.
- Sus dedos totipalmeados le dan cualidades únicas al nadar ya que se transforman en verdaderas aletas y al volar actúan como frenos, impidiendo que alcance velocidades peligrosas.
- Una bolsa en su maxilar inferior denominada gular y que utiliza para pescar puede almacenar más de 10 litros de agua después de llenarla, la drena, dejando atrapados los peces en su interior, también le sirve para transportar a sus polluelos.
b. El ave mitológica
Sin embargo, como ave mitológica posee un espectro mucho más amplio de interpretaciones. La Biblia, por ejemplo, en su versión Reina Valera de 1960, lo menciona en cinco oportunidades. Para comenzar, la Ley Mosaica lo declaró: inmundo, mientras que en otros pasajes de las escrituras representa la soledad total y el desaliento. El mismo rey David, presa de una profunda depresión, se comparó a un “Pelícano del Desierto”. Desde entonces también es conocido como Pelícano de la Soledad.
En algún momento de la Edad Media, se hizo creer que era capaz de romperse el pecho para alimentar a sus crías en tiempo de escasez y aunque no es cierto, esa idea no ha podido ser borrada del subconsciente colectivo. Es el símbolo de expiación y redención y fuente de inspiración de letras para poesías y canto a lo divino. En la procesión quillotana, sin embargo, estaba relacionado directamente con la representación de la muerte, ya que reemplazaba a un féretro.
c. El pelícano eucarístico y sagrario
Representado con tres polluelos, en clara alusión a la trinidad, es el símbolo de expiación y redención. Forma parte del misterio “Pelícano, Búho y Gorrión” y se encuentra en las principales catedrales sudamericanas, formando parte de sus objetos culturales, por ejemplo: el Cusco, Mar del Plata y la Catedral Metropolitana de Santiago de Chile. En la última, el Pelícano se encuentra ubicado en el Altar Mayor, que es considerado como objeto cultural. Su estilo es barroco y obra de los jesuitas bávaros.
El Pelícano junto a la vid con las espigas es la imagen iconográfica de la Eucaristía. Tomás de Aquino lo incluyó en su himno “Te adoro con devoción”, que antiguamente era enseñado en las escuelas de Quillota.
El Pelícano Masón
No es el fin de este artículo afirmar o desmentir alguna relación de la masonería con esta festividad quillotana. Pero es imposible no entregar este antecedente para el estudio en su globalidad. El pelícano, como símbolo masón, se diferencia porque lleva siete polluelos y representa a los Rosacruces y la Francmasonería.
En este contexto, la trazabilidad mitológica de esta ave es posible estudiarla mediante la Egiptología, desde la época de las pirámides en el antiguo Egipto. Henet, diosa de los muertos,
tenía cabeza de pelícano. Esta tendencia a ligarlo a la muerte se mantiene con el tiempo, según lo explica Martínez22:
“Sofocada la llama el hombre muere “el alma se va” (´al nafáshalás), en palabras de la tradición islámica, seguidas de muerte. El alma se va como la llama de una lámpara que con un soplo se apaga, tan inmaterial e inasible como ella. Se va con el último suspiro. Cuando se trata de la muerte natural, esto es, sin enfermedad, porque ya se ha cumplido con la vida, el alma se va en el último aliento, aligerada y alegre. Este es el buen morir (atribuido a Moisés) fue conocido como la muerte por el beso de Dios (´al pi yáh). Si cercanos monumentos escenifican la muerte en efigie pálida y demacrada, con el rostro velado y portadora de la guadaña (como también vemos en logia), un pensamiento ancestral la representa mejor con la Metamorfosis de la mariposa, como ave remontando el vuelo, en la rosa que se marchita, en el Ave Fénix y en el Pelícano”.
La Guerra Civil de 1891
La Guerra Civil de 1891 se desarrolló entre el 7 de Enero y el 31 de Agosto aproximadamente. La Semana Santa Quillotana de ese año, se efectuó sin mayores inconvenientes y no hubo motivos para impedir su realización23. Por ello resulta poco creíble que posteriormente, por el solo hecho de haber perdido las andas a causa del terremotono volviera a ejecutar.
El Terremoto de Valparaíso de 1906
La historia oficial indica que todas las andas se almacenaban en la iglesia San Agustín24, que funcionaba por entonces como depósito y que el terremoto de Valparaíso del año 1906 las destruyó, casi en su totalidad25. Es cuando los comerciantes sacan la voz y reconocen que al no poder realizar esta festividad pierden una importante fuente de ingresos.
DISCREPANCIA CON LA HISTORIA OFICIAL
Sin embargo, después de haber entrevistado a varias personas, habitantes antiguos de Quillota, estos afirman haber presenciado la procesión.
Segundo Araya: Comerciante, asegura haber visto los restos del Pelícano en la Parroquia de San Martín de Tours.
Gustavo Boldrini: Historiador, dice que en la década del cincuenta, mientras era monaguillo, vio el ave en la Parroquia de San Martín de Tours.
22 Martínez Otero, Luis, La Masonería. Historia, símbolos y misterios, Barcelona, 2009, pp. 84-85.
23 Borroni Ricardi, Enzo, Segundo Congreso Regional de Zonas y Barrios Patrimoniales de Valparaíso, IPFN° 41438, (2012), p.76.
24 Rodríguez Rozas, Alfredo, La Catástrofe del 16 de Agosto de 1906 en la República de Chile, Santiago, 1906, pp. 255-269.
25 Diario La Unión de Valparaíso, 10 de Septiembre de 1906.
Luz Gatica: Profesora y Gestora Cultural, recuerda el sonido de las matracas y el desfile con el Pelícano entre los encapuchados.
Por eso es normal hacerse la pregunta: ¿Se extinguió efectivamente con la destrucción de las andas?
El Cristo del Pelícano
Según palabras del Monseñor Ulises Aliaga26, el Cristo del Pelícano Quillotano, dañado en el terremoto de 1906, fue “resguardado” por la familia Calcagno en una capilla privada hasta el año 1962. Después lo entregaron a la Parroquia de San Juan Bosco.
Actualmente, tiene en su base una placa con la leyenda: “Jesús del Gran Perdón Tened Piedad de Nosotros”.
Las preguntas que cabe hacerse, son: ¿Cómo es que un objeto de tan alto valor patrimonial y con una carga sentimental y religiosa tan alta, no ha sido reclamado por su ciudad de origen, después de haberse hecho pública la noticia?¿Cuál es el objetivo de cambiar su nombre?
ÚLTIMAS INICIATIVAS
La historia es cíclica y cada cierto tiempo se despierta alguna iniciativa tendiente a revalorar esta procesión como patrimonial cultural inmaterial, los últimos ejemplos son:
a) El historiador Roberto Silva Bijit ha utilizado sugestivamente la marca “Colección Pelícano” desde sus inicios en sus publicaciones.
b) El año 2012, el artesano y folclorista Sebastián Freddy Gómez Muñoz, solicitó antecedentes al Museo de Quillota respecto a esta procesión, con el objeto de confeccionar una maqueta a escala del ave, que sirviera de base para una de tamaño real. Participaron de una reunión las siguientes personas:
- Herman Arellano, profesor de historia, director del museo de La Cruz, ex director del Museo de Quillota.
- Rodrigo Aspé, profesor de historia, por entonces investigador del museo La Cruz, hoy encargado del Área Educación y Extensión del M.H.A.Q.
- Hugo Quilodrán, historiador oral.
Lamentablemente, esta iniciativa no se concretó.
c) El año 2014, el Museo de Quillota apoyó una investigación realizada por alumnas de enseñanza media y que prontamente será publicado en la Revista Archivum
d) Ese mismo año se creó el Colectivo Cultural El Pelícano, quienes junto al grupo musical
El Mercurio de Valparaíso domingo 31 de Marzo de 1991.
“Los Moltar” han realizado conciertos en base a la novela “La cueva del loco Eustaquio”, trayendo a colación esta materia.
CONCLUSIONES
En relación a lo anteriormente expuesto, me permito presentarles las siguientes reflexiones y conjeturas respecto a la estrecha relación entre Quillota y Valparaíso, que se manifiestan en esta procesión, por los siguientes motivos:
- El Pelícano como ave marina, llena de significancia, es totalmente ajena al entorno agrícola, pero completamente ligada a la ciudad puerto.
- El Gremio de Lancheros de Valparaíso tuvo una activa participación como portadores del anda del Pelícano.
- Era una fiesta popular a la que concurrían miles de porteños.
- Oficialmente el terremoto de Valparaíso de 1906 acabó con ella.
- Valparaíso ha resguardado al Cristo del Pelícano, hasta el día de hoy.
Por último, es necesario mencionar que actualmente a puertas de la celebración del tricentenario de la fundación de la ciudad, es sencillamente imperdonable no saldar esta deuda histórica. Es de esperar que estos apuntes despierten el interés en revalorar este patrimonio intangible regional.

LOS PROFESORES ECLESIÁSTICOS
DEL CURSO DE LEYES DE LOS SAGRADOS CORAZONES DE VALPARAÍSO (1894-1946)
Carlos Salinas Araneda
Doctor en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en derecho canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomas in Urbe, Angelicum, de Roma.
El domingo 28 de enero de 1894 apareció en el diario La Unión de Valparaíso un aviso que anunciaba que “accediendo a los deseos manifestados por diversos padres de familia y contando con la cooperación de un respetable y escogido número de abogados”, el Colegio de los Sagrados Corazones había resuelto abrir un curso completo de leyes, al cual podrían ingresar no solo los alumnos que hubiesen hecho sus estudios en dicho establecimiento, sino también todos aquellos que lo desearen y que cumplieren con los requisitos reglamentarios. Este aviso, que siguió publicándose en días sucesivos hasta que el domingo 25 de marzo un nuevo aviso en el diario La Unión comunicaba que las clases se iniciarían el 2 de abril siguiente y proporcionaba la nómina de las distintas asignaturas, el horario de cada una de ellas y los profesores que las tendrían a su cargo. El sábado 14 de abril y en los días siguientes volvió a aparecer el aviso que especificaba asignaturas y profesores, pero esta vez para anunciar que dichas clases habían empezado el 2 de abril de 1894.
En las páginas que siguen presento un esbozo biográfico de los profesores que tuvo el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones que ostentaban la calidad de sacerdotes, ya del clero secular como regular, al haber sido sellados con el sacramento del orden. El año 1946, el obispado de Valparaíso llegó a un acuerdo con la congregación de los Sagrados Corazones que permitió la incorporación del Curso de Leyes a la Universidad Católica de Valparaíso fundada casi veinte años antes, convirtiéndose en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso, la que, sin solución de continuidad, ha seguido desarrollando sus tareas hasta la actualidad. Como la incorporación del Curso de Leyes a la Universidad Católica de Valparaíso significó un nuevo período en su historia, en estas páginas me referiré solo a aquellos profesores que, siendo clérigos, se desempeñaron en el Curso de Leyes hasta que se incorporó a la Universidad Católica de Valparaíso, esto es, durante los años 1894-1946.
I. LA PRIMERA GENERACIÓN FUNDADORA (1894-1895)
Los primeros sacerdotes que formaron parte del claustro de profesores fundadores del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, fueron dos miembros de la comunidad de padres franceses y un sacerdote del clero secular. El resto de las asignaturas, por la naturaleza de las mismas, eran impartidas por profesores laicos, todos ellos investidos de la calidad de abogados.
1. Padres de los Sagrados Corazones
a) R. P. Cosme Löhr, ss.cc (1845-1928)
El primer director del Curso de Leyes fue el padre Cosme Löhr ss.cc., quien solo se dedicó a la dirección del mismo, sin haber asumido responsabilidades docentes. R. P. Cosme Löhr, ss.cc. nació en Koblenza, Alemania, el 6 de agosto de 1845. Tomó hábito en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus, en Lovaina, Bélgica, el 28 de septiembre de 1864. Sus votos los pronunció en Picpus, París, el 22 de abril de1866, viajando posteriormente a Chile. Llegó a Chile, como estudiante, en 1869 y al año siguiente recibió la ordenación sacerdotal. Seguidamente se desempeñó como profesor en el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso, del que en 1874 fue nombrado rector. En 1882 fue enviado como superior del Colegio de los Sagrados Corazones de Santiago, de donde volvió a Valparaíso como director en 1888. Durante el gobierno del presidente Manuel Balmaceda (1886-1891) sufrió violentas persecuciones hasta ser desterrado a Lima, de donde regresó a Santiago para ocupar en 1894 el puesto de ministro del colegio, dejando fama de estricto, pero también de justo.
Fue el director fundador del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, cuando inició sus actividades en 1894, desempeñándose como tal hasta mediados de 1895 cuando sus superiores lo nombraron superior en Santiago; regresó como prior a Valparaíso en 1896 y en 1899 fue rector del colegio hasta 1902. Este último año fue enviado a fundar una casa en Curicó, obra que no pudo mantenerse y que solo tuvo dos años de existencia. En 1908 viajó a Europa para representar a su provincia en el Capítulo General.
De regreso a América se radicó en Perú, donde gobernó a la comunidad hasta 1913. Fue maestro de novicios, vice provincial y visitador de las comunidades de América Latina.
Falleció en Lima, el 15 de febrero de 1928, a la edad de 82 años y 62 de profesión religiosa. De él se dijo en Lima que la Congregación de los Sagrados Corazones perdía, con su partida a la casa del Padre, a uno de sus miembros más ilustres y la sociedad peruana perdía a un educador que había entendido los deberes que imponía la educación de la juventud.
El obispo auxiliar de Santiago, Antonio Castro, escribió de él en el diario La Unión de Valparaíso, con ocasión de su fallecimiento en Lima: “fue un educador distinguido y numerosos son los obispos, sacerdotes, ministros de Estado, magistrados eminentes, padres de familia ejemplares que han sido formados en su escuela. Se hacía notar por una abnegación sin límites, un trabajo constante y una rectitud sin flaqueza, a lo cual hay que añadir una justicia que no toleraba excepción
y una piedad por supuesto. A pesar que su labor educativa fue ya muy importante, sabía encontrar la manera de dedicarse al ministerio de las almas como director espiritual y consejero. Austero y un poco rígido por la disciplina, escondía en su corazón tesoros de ternura que se manifestaban afuera por una caridad sin límites, aliviando las miserias humanas. El Sumo Pontífice reconoció el mérito de este humilde religioso y lo honró varias veces de distinciones honoríficas”1.
b) R. P. Agustín Serrano, ss.cc. (¿?-¿?)
Según los avisos de la prensa, entre las asignaturas del primer año estaba la de Derecho Natural a cargo del R. P. Agustín Serrano ss.cc., los martes, jueves y sábados de cuatro a cinco de la tarde.
Sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus, de nacionalidad ecuatoriana. Bajo la segunda presidencia, en Ecuador, de Gabriel García Moreno (1869-1875), el Ecuador se había consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María (25 de marzo de 1873), siendo el primer país del mundo en hacerlo, pero los gobiernos liberales posteriores iniciaron una violenta persecución contra la Iglesia, después de que García Moreno fuera asesinado cuando se aprontaba a iniciar un tercer período tras unas elecciones en que había obtenido un aplastante triunfo, por lo que el R. P. Agustín Serrano, ss.cc. viajó a Chile, portando consigo la imagen oficial de la consagración nacional para evitar profanaciones, la que conoció el R. P. Mateo Crawley ss.cc., hecho que fue el punto de partida del apasionado apostolado que inició por el mundo predicando la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Formó parte del primer claustro fundador del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, teniendo a su cargo la asignatura de Derecho Natural; como la asignatura que enseñaba correspondía al primer año, es muy probable que la haya dictado durante los dos años que funcionó el Curso en este primer período.
Cuando el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones reinició sus actividades en 1903, gracias al impulso y bajo la dirección del R. P. Mateo Crawley ss.cc., el R. P. Agustín Serrano, ss.cc. no volvió a aparecer como profesor. Son las únicas noticias que se tienen de este sacerdote2
1 Azocar, Pedro, La Congregación de los SS. CC. y el colegio de Valparaíso, en La revista escolar del colegio de Valparaíso 47 (octubre de 1953), 400, p. 5; Diario La Unión de Valparaíso, 19 de febrero de 1928; Hernández C., Roberto, El Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Reminiscencias de una iniciativa particular con treinta años de vida (1894-1895) (1903-1931) (s.l. [pero Valparaíso], Fisher Hnos. Impresores, 1932), pp. 15, 26; Salinas Araneda, Carlos, 120 años enseñando el derecho. Noticias biográficas de los profesores fallecidos del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso y de la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2014), pp. 194-195; Congregación de los Sagrados Corazones, Provincia del Perú (web).
2 Diario La Unión de Valparaíso, marzo-abril 1894, passim; Gómez Jurado, Severo, Vida del hombre que honra al hombre2 (Guayaquil, Biblioteca Municipal, 2003), 452 pp.; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), p. 303.
2. Sacerdotes del clero secular
Manuel Tomás Meza Albornoz (1854-1934)
Entre las asignaturas de segundo año estaba la de Derecho Canónico, a cargo del presbítero don Manuel Tomás Mesa, los lunes, miércoles y viernes de tres a cuatro de la tarde. Nació en Constitución, el 10 de noviembre de 1854, en el seno de la familia formada por don Isidro Mesa Letelier y doña Mercedes Albornoz Letelier. Sus estudios de humanidades los hizo en Talca, continuando en Santiago sus estudios de Derecho en la Universidad de Chile, obteniendo su título de abogado el 22 de abril de 1908.
Una vez titulado de abogado, regresó a Talca donde ejerció libremente la profesión hasta que se enroló en el ejército para participar en la Guerra del Pacífico. Una vez terminada la guerra decidió ingresar al Seminario de Santiago, ordenándose presbítero al 17 de diciembre de 1881. En sus primeros años de ministerio, fue teniente cura de la parroquia de los Doce Apóstoles en Valparaíso, ciudad dependiente entonces del arzobispado de Santiago. Después fue párroco de Molina (1884) y de Curicó (1886). Posteriormente fue rector de los seminarios de Talca y de Valparaíso, ciudad esta última de la que fue gobernador eclesiástico entre 1891 y 1894, precisamente el período en que el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones iniciaba sus actividades. De regreso en Santiago, fue rector interino del Seminario de Santiago y visitador diocesano. A la muerte del arzobispo Mariano Casanova (1886-1908), el vicario capitular Juan Ignacio González Eyzaguirre, que gobernaba la arquidiócesis en sede vacante, lo nombró juez en el proceso de Non cultu de fray Filomeno García. Elegido arzobispo de Santiago el mismo Juan Ignacio González Eyzaguirre (1908-1918), lo designó vicario general, cuya tarea era ayudar al arzobispo en todo el territorio del arzobispado con potestad ordinaria, y provisor, es decir, encargado, con potestad ordinaria, de administrar justicia en el arzobispado. El mismo arzobispo lo nombró canónigo de la catedral el 17 de enero de 1911, y director de la Casa de San Juan Evangelista. Cuando falleció el arzobispo (1918), el cabildo eclesiástico lo nombró vicario capitular3, encargado de gobernar el arzobispado en sede vacante.
La Santa Sede lo honró con el título de prelado doméstico de Su Santidad4 en 1927 y, dos
3 Producida la vacante de una diócesis, la jurisdicción sobre la misma pasaba al cabildo eclesiástico, pero, por la dificultad que siempre entraña el gobierno colegiado, dispuso el Concilio de Trento (sess. 24, cap. 16 de ref.) que en el plazo de ocho días el cabildo designara un vicario capitular para el gobierno de la diócesis durante la vacante. Donoso, Justo, Instituciones de derecho canónico americano (Valparaíso, 1848), I, pp. 236-241.
4 Los prelados domésticos de su santidad fueron una categoría de prelados romanos rara en el siglo XVIII, pero en expansión en los siglos XIX y XX, con la que se recompensan los méritos de numerosos responsables diocesanos y funcionarios de la curia romana. Hay quienes alcanzan dicha categoría por el desempeño de un oficio, como los auditores de la Rota de la nunciatura de Madrid o el arcipreste de la parroquia de los santos Celso y Julián, parroquia romana en la que fue bautizado Pío XII. Con el motu proprio Pontificalis domus, de 28 de marzo de 1968, pasaron a denominarse prelados de honor de su santidad. Pasan a formar parte de la Familia Pontificia, es decir, el entorno papal formado por dos ramas, una eclesiástica y otra laical,
años después, ocupó en el cabildo eclesiástico la dignidad de deán, esto es, quien preside el cabildo, en reemplazo del fallecido Luis Campino. Se le conoció como un sacerdote benemérito y se distinguió por su caridad. En Constitución fundó un colegio en memoria de su tío el presbítero Manuel Tomás Albornoz.Falleció en Santiago, el 17 de febrero de 19345.
II. LA SEGUNDA GENERACIÓN FUNDADORA
Pero este primer esfuerzo llevado adelante por los padres de los Sagrados Corazones tuvo una duración breve. En efecto, iniciado el curso en abril de 1894, sus actividades de detuvieron a fines del año siguiente, 1895; dos años en total. La razón estuvo en el hecho que la iniciativa de los padres franceses había sugerido al vecino de Valparaíso, don Federico Varela, conocido mecenas de la prensa radical, la posibilidad de fundar un curso de leyes paralelo, prometiendo un subsidio amplísimo para este nuevo curso. Alumnos para dos cursos del mismo carácter no los había por entonces en Valparaíso, por lo que la congregación estimó prudente no empeñarse en una competencia que carecía de objeto y decidió cerrar el Curso fundado el año anterior.
Sin embargo, los fines propagandistas del nuevo curso de leyes pronto resultaron evidentes, por lo que un grupo de sus alumnos volvió al colegio de los padres franceses solicitando la reanudación de la antigua iniciativa. Director del colegio era por esos años el padre Augusto Jamet quien acogió favorablemente la solicitud por lo que en La Unión del 1 de abril de 1903, la congregación de los Sagrados Corazones anunciaba que “después de maduro estudio y después de reunir los elementos de diverso género que se necesitaban”, había resuelto fundar un Curso de Derecho, que, en realidad, era la reapertura del que había empezado a funcionar en 1894. Y el 14 de abril
Familia Pontificia no que no hay que confundir con las parientes del romano pontífice. Los clérigos de la Familia Pontificia tienen derecho al tratamiento de monseñor, a vestir sotana con botonadura, ribetes y fajín morados y a puestos de honor en las ceremonias papales. Últimamente, el papa Francisco ha decidido que el título de prelado de honor no podrá concederse a menores de 65 años. El único título honorífico que los obispos podrán solicitar para sacerdotes menores de 65 años es el de capellán de su santidad. Cf. instrucción Ut sive, de la Secretaría de Estado, de 31 de marzo de 1969, en Acta Apostolicae Sedis 61 (1969), pp. 334340, confirmada por una instrucción de la Congregación para el Clero sobre reforma de los túnicas del coro, del 30 de octubre de 1970. Berthod, Bernard; Blanchard, Pierre, Trésors inconnus du Vatican. Cérémonial et liturgie (Paris, Les Éditions de l’Amateur, 2001), pp. 73, 223
5 Arancibia Salcedo, Raymundo, Diccionario biográfico del clero secular chileno 1918-1969 (Santiago, Editorial Neupert, 1969), p. 139; Diario La Unión de Valparaíso, marzo-abril 1894, passim; González Errázuriz, Juan Ignacio, El arzobispo del centenario Juan Ignacio González Eyzaguirre (Santiago, 2003), passim; Lista alfabética de los abogados recibidos en Chile desde el 13 de diciembre de 1788 hasta el 15 de enero de 1931, en Guía del Poder Judicial y Foro de Chile (Santiago de Chile, Muirhead & Cía. Ltda., 1931), 2ª parte, p. 165; Rebheim Pesce, Antonio, La gobernación eclesiástica de Valparaíso 1872-1925, en Concha C., María Inés; Salinas A., Carlos; Vergara B., Fernando (eds.), Actas del Primer Simposio de historia religiosa de Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2005, pp. 27-36; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), pp. 208-209.
de 1903 el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones reinició sus actividades, las que ahora no se volverían a interrumpir. Poco después, el curso del señor Varela desapareció6.
1. Padres de los Sagrados Corazones
No se trató empero, de una simple reapertura del antiguo Curso, sino que hubo detrás de ella una clara intención evangelizadora, congruente con el hecho de ser una obra de Iglesia. Nuevo director del Curso fue el padre Mateo Crawley ss.cc., y a sus empeños e iniciativas se debió no solo la reapertura, sino la tarea de dar al Curso la vitalidad que necesitaba para continuar en el tiempo. El Curso reinició solo con las asignaturas de primer año, servidas todas ellas por profesores laicos7, por lo que, de momento, no hubo clérigos entre los profesores. Sólo el director. Pero en los años siguientes, al implementarse el resto de los cursos, se incorporaron otros.
a) R.P. Mateo Crawley-Boevey Murga, ss.cc. (1876-1960)
Además de la dirección del Curso de Leyes, asumió el curso de Filosofía del Derecho, cuando su titular, el profesor Roberto Peragallo, debió trasladarse a Santiago.
El R. P. Mateo Crawley-Boevey Murga ss.cc. nació en Tingo, localidad de Arequipa, Perú, en el seno de la familia formada por el caballero inglés protestante don Carlos Octavio Crawley-Boevey y la dama arequipeña doña María Murga, el 18 de noviembre de 1876, y fue bautizado con el nombre de Edward Maxim. Cuando tenía 18 meses su padre fue trasladado a Inglaterra pero, como era muy pequeño, decidieron dejarlo en Perú con sus abuelos maternos, lo que le permitió crecer en un ambiente católico de lengua española. Sus padres regresaron siete años después, con sus dos hermanos mayores y otros tres nacidos en Inglaterra. Cuando tenía nueve años de edad, su padre, que trabajaba en la Compañía Grace, fue trasladado a Valparaíso, ciudad en la que fue educado en el colegio que la Congregación de los Sagrados Corazones tenía en este puerto.
Pronto sintió el llamado de la vocación, de manera que a los quince años de edad, el 2 de febrero de 1891, tomó el hábito de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus, con el nombre de hermano José Estanislao, que pronto cambiaría por el definitivo de Mateo. De él escribiría el padre provincial al superior general: “mañana tendrá lugar la profesión de un joven novicio peruano, encantador niño, modelo de piedad, de penitencia y de buen carácter. Es lo mejor que hemos tenido en el noviciado de América”. En 1897, a los 22 años de edad fue ordenado presbítero por el arzobispo de Santiago, Mariano Casanova. Cuando ello ocurría, el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso había iniciado sus actividades
6 Hernández, Roberto, cit. (n. 1), pp. 35-40; Vergara Rojas, Manuel Patricio, Los cursos libres de leyes de Valparaíso. Crónica sobre los precursores de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso (1878-1904), Viña del Mar, 2012.
7 Las asignaturas eran Derecho Romano, a cargo del abogado Bernardo Solar Avaria; Filosofía del Derecho, a cargo del abogado Roberto Peragallo Silva; y Economía Política, a cargo de Egidio Poblete, quien llegaría a ser director y gerente del diario La Unión de Valparaíso. Hernández, Roberto, cit. (n. 1), p. 41.
en 1894, bajo la dirección del R. P. Cosme Löhr, ss.cc., pero las había suspendido al año siguiente. El devenir posterior del Curso de Leyes, sin embargo, estaría ligado a este novel sacerdote.
En efecto, de vuelta en Valparaíso decidió reanudar dicha obra. Al asumir su primera misión en Valparaíso, conmovió al joven sacerdote la miseria espiritual del pueblo, por lo que abrió un centro social donde los jóvenes, después de salir del colegio, pudiesen completar su formación cristiana y cívica para llegar a ser la levadura de una sociedad espiritualmente regenerada. Comprendió que el mal que corroía la sociedad era el laicismo, es decir, en palabras de san Juan Pablo II (2002), “la exclusión absoluta y total de Dios y de la ley moral natural de todos los aspectos de la vida humana”, por lo que se opone diametralmente, ahora en palabras de Benedicto XVI, “al Reino de Cristo, que es la fuente no solamente de la felicidad del creyente, sino de la armonía de la propia vida pública” (2007). Fue la motivación que lo llevó a reanudar el Curso de Leyes donde las bases de la formación fuesen los principios de la ley moral y de la conciencia cristiana.
Las dificultades que tuvo que superar no fueron pocas: nada menos que disponer de un local para los diversos cursos y encontrar los profesores adecuados. Pero ya empezaban a perfilarse en el joven sacerdote los rasgos de un carácter que pronto lo llevaría a desplegar un apostolado que tendría como campo de misión el mundo entero. Las dificultades eran para superarlas y no para hundirse con ellas, y el 14 de abril de 1903 el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso reanudó sus labores, las que no se suspenderían más. El nuevo director fue, precisamente, el R. P. Mateo Crawley ss.cc. Pero su trabajo al frente del Curso de Leyes fue breve, otras obligaciones que se le habían encomendado y un celo apostólico a toda prueba, intensificado con su entrega desmedida para socorrer a los damnificados del terremoto que sacudió a Valparaíso en 1906, fueron extenuando sus fuerzas, por lo que sus superiores decidieron enviarlo a Europa en 1907.
Las grandes cosas muchas veces empiezan por simples detalles: siendo todavía novicio fue encargado de poner en orden algunos objetos, entre los que encontró, enrollado en el cajón de una mesa, un hermoso cuadro del Sagrado Corazón de Jesús; era un cuadro que había mandado confeccionar el presidente de Ecuador, Gabriel García Moreno, posteriormente asesinado por su fe y que, iniciada la persecución religiosa en dicho país, había sido entregado a un religioso de los Sagrados Corazones para conservarlo y protegerlo en Chile. Con el cuadro entre sus manos empezó a germinar en el padre Mateo la idea de que copias del mismo, que mostraba a Jesús con cetro de rey en una mano y con el mundo en la otra, fueran colocadas en un sitio de honor en los hogares para proclamar a todos que Jesús reinaba en esa casa. Una vez en Francia, el 24 de agosto de 1907, un joven sacerdote enfermo y agotado entró en la capilla de las Apariciones de Paray-le-Monial, en el monasterio de la Visitación donde el Corazón de Jesús se había aparecido por primera vez a una desconocida religiosa, santa Margarita María de Alacoque. Según cuenta el mismo padre Mateo “Allí, me puse a rezar, y sentí en mi interior una extraña sacudida. Acababa de recibir la llamada de la gracia, a la vez muy fuerte e infinitamente suave. Cuando me levanté, estaba completamente curado. Entonces, arrodillado en al santuario, absorto en la acción de gracias, comprendí lo que Nuestro Señor quería de mí. Aquella misma tarde, concebí un plan de conquistar el mundo para entregárselo al amor del Corazón de Jesús, casa por casa y
familia por familia”. Obtuvo personalmente del papa san Pío X la aprobación de la “Obra de la entronización”; el Pontífice no solo la autorizó, sino que le ordenó consagrarse “enteramente a ese gran apostolado. ¡Dios lo quiere!”. Después confidenciaría, con cierto legítimo orgullo, que había confesado al papa san Pío X.
Regresó a Chile en 1908, donde asumió en el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones la asignatura de Filosofía del Derecho conjuntamente con el R. P. Teófanes Calmes ss.cc.; las clases eran los días martes, miércoles, jueves y sábado, de 8:00 a 9:00 de la mañana. Poco después, en 1910 reasumió como director del Curso de Leyes, al frente del cual estuvo hasta 1914, el mismo año en que se iniciaba la primera Guerra Mundial.
Como buen organizador, empezó lo que constituiría el centro de su actividad el resto de su vida. El arzobispado de Santiago fue el primero en aprobar oficialmente la “Obra de la entronización”8. Luego vendrían Perú, Uruguay, Argentina, Estados Unidos de Norteamérica, países europeos y la misma Palestina. En 1914 pasaban del millón las familias que habían entronizado el Corazón de Jesús en sus hogares. Ese mismo año salió de Chile con destino a Francia; fue el comienzo de una vuelta al mundo que duraría exactamente 49 años y que lo llevaría a Europa, América y Asia. Hasta en Hong Kong se escuchó su apasionada palabra “hablando en seis idiomas del Rey del Amor”, como él escribiera en una carta. El papa Pío XI (1922-1939), que lo llamó el apóstol mundial del Sagrado Corazón, le había dado la misión de instruir a los misioneros en la India, Ceilán, China, Indochina, Japón, las islas Hawai y otras tierras de misión. En sus correrías por Paquistán, convirtió a un arzobispo, seis obispos y 300.000 fieles de la Iglesia ortodoxa. Aunque no poseía una especial oratoria, los templos se llenaban horas antes que llegara a predicar, pero al hablar, su convicción era tan profunda, que contagiaba a los asistentes.
Muchas fueron las anécdotas de sus viajes: nunca se había mareado en sus viajes salvo una travesía que tuvo que hacer en camello por el desierto de Libia. Como no tenía ninguna piedra en la que la que poner el altar portátil, el guía hizo que el camello se inclinase y sobre él pudo instalar el altar y celebrar Misa, sin que el noble animal se moviese durante toda la celebración. Estaba descansando del mareo, cuando apareció una banda de asaltantes premunidos de carabinas máuser, lo que los obligó a montar a toda prisa y arrancar pese a las molestias del mareo, pudiendo librarse de los bandoleros gracias a una tormenta de arena que se interpuso entre los que arrancaban y sus perseguidores.
El corazón geográfico de España lo constituye un pequeño cerrito situado muy próximo a Madrid, el Cerro de los Ángeles. Durante la guerra civil española uno de los actos de salvajismo que causo más estupor fue el “fusilamiento” que milicianos rojos hicieron de una gran estatua de piedra del Corazón de Jesús que se hallaba en ese lugar, estatua que poco después fue dinamitada por ellos mismos. Esa granítica imagen, hoy restablecida, había sido erigida en ese lugar con oc-
8 Crawley, Mateo, ss.cc., Rey del Amor13 (Madrid, Secretariado Nacional de la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús, 1960).
asión de la consagración de España al Corazón de Jesús hecha por el rey Alfonso XIII en 1919, acto que era la culminación del paso del padre Mateo por tierras españolas predicando, incluso en la misma casa real, la obra que había nacido en el puerto de Valparaíso, junto al Curso de Leyes. En el otoño de su vida, corría ya el año 1956, regresó a Valparaíso donde pasó los últimos años de su vida cargando el peso de una penosa enfermedad. Por especial privilegio de la Santa Sede, tenía junto a su habitación un oratorio privado con el Santísimo Sacramento. Fue un hombre grande y, precisamente, por haber sido un hombre grande, ese mismo Jesús, al que condujo innumerables almas, lo anonadó hasta el extremo, lo que le permitió hacer vida lo que antes había escrito: “cuando ya no pueda predicar, escribiré; cuando ya no pueda escribir, rezaré; cuando ya no pueda rezar, siempre podré amar sufriendo y sufrir amando”. Falleció el 4 de mayo de 1960, y presidió sus funerales el obispo de Valparaíso, don Raúl Silva Henríquez. Está enterrado en la cripta de la Iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Cuando el papa san Juan XXIII supo de su muerte envió al superior general de la Congregación de los Sagrados Corazones, por medio del cardenal Secretario de Estado, el siguiente mensaje: “El Santo Padre está totalmente familiarizado con la misión que este infatigable apóstol llevó a cabo durante toda su vida: la difusión del culto del Sagrado Corazón. Por esto es consolador el pensar que la triste pérdida que ha sufrido la Congregación de los Sagrados Corazones se compensa con la presencia en el cielo, como podemos creer, de un nuevo y poderoso protector”.
El Centro de Alumnos de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso, que presidía don Osvaldo Giannini, quien posteriormente sería profesor de la misma, decidió asistir en cuerpo a sus funerales y pedir a los estudiantes que asistieran a la Misa que al día siguiente celebraría en la capilla de la Universidad el R. P. Eduardo Lobos ss.cc. que había sido por largos años director del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones y director de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso9.
b) R.P. Teófanes Calmes, ss.cc. (1868-1959)
Tuvo a su cargo el curso de Derecho Canónico e Historia General de Derecho; y, en ausencia del padre Mateo Crawley, ss.cc., asumió también el curso de Filosofía del Derecho. Y cuando este último dejó la dirección del Curso, al viajar al extranjero, asumió la dirección del mismo.
El R. P. Teófanes Calmes ss.cc. nació en Lodève (Hérault, Francia), el 7 de octubre de 1868. Ingresó al noviciado de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus, el 21 de noviembre de 1889. Nueve meses después, en agosto de 1890, fue enviado a hacer sus
9 Curso de Leyes de los Sagrados Corazones, Programa para el año 1908 (Valparaíso, Imprenta y Encuadernación Gutemberg, 1908), p. 3; Diario La Unión de Valparaíso, 5, 6 de mayo de 1960; Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), passim; Salinas Araneda, Carlos, A propósito de un centenario: el padre Mateo Crawley, director de Curso de Leyes de los Sagrados Corazones, en El Mercurio de Valparaíso, 6 de octubre de 1994; Él mismo, 120 años, cit. (n. 1), pp. 77-81; Salinas Fuenzalida ss.cc., Augusto, El padre Mateo: apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús (Santiago, Paulinas, 1983); Abadía San José de Clairval, Carta espiritual, 24 octubre 2008 (web).
estudios eclesiásticos en la Universidad de Lovaina. Fue ordenado presbítero el 21 de junio de 1893. Obtuvo el grado de bachiller en Teología el 6 de junio de 1894, después de lo cual pasó a Ruan y se licenció en Filosofía en el Instituto de Filosofía Tomista de Lovaina, en 1895. Una vez terminados sus estudios fue incorporado al Gran Seminario Normando donde se le encomendaron las cátedras de Filosofía y de Exégesis Bíblica. Para esta última le habían sido de especial utilidad sus viajes por Oriente, especialmente por Palestina, que lo habían convertido en “un formidable exégeta”.
El 2 de septiembre de 1906 se embarcó para Valparaíso, cuando el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones había reanudado sus actividades desde 1903 bajo el impulso y la dirección del R. P. Mateo Crawley ss.cc. Cuando este debió viajar a Europa, el padre Teófanes Calmes asumió la dirección del Curso de Leyes, estando al frente del mismo desde 1907 hasta 1910, al tiempo que se desempeñaba como profesor de Filosofía del Derecho, como suplente del R. P. Mateo Crawley ss.cc., y de Derecho Canónico e Historia General del Derecho. Las clases de Filosofía del Derecho eran los días martes, miércoles, jueves y sábado de ocho a nueve de la mañana, asignatura que correspondía al primer año del Curso y estaba distribuida en dos semestres, el primero de los cuales comprendía los fundamentos del Derecho y el Derecho Individual, dedicándose todo el segundo semestre al Derecho Social. Las clases de Derecho Canónico de Historia General del Derecho, asignatura que correspondía el segundo año de la carrera, eran los días lunes, miércoles y viernes, de diez a once de la mañana; también estaba distribuida en dos semestres, comprendiendo el primero la constitución de la Iglesia católica y las relaciones entre la Iglesia y los Estados, especialmente en la República de Chile; el segundo semestre se dedicaba a presentar un bosquejo de la historia general del Derecho y los orígenes del Derecho chileno.
Espíritu incansable, poseedor de ideas propias y no repetidor de ideas ajenas, mientras estuvo al frente del Curso de Leyes implantó en él una serie de prácticas, una de las cuales fue la inauguración del año académico con una ceremonia solemne con asistencia de autoridades y personalidades invitadas. Así, al comenzar el año escolar de 1908, el padre Teófanes Calmes quiso que, por primera vez, se procediese a iniciar las actividades con toda solemnidad, lo que se hizo el miércoles 1 de abril, día en el que, después de la Misa en la iglesia del Colegio con asistencia de la principales autoridades locales judiciales y administrativas, se celebró un acto académico en el que el religioso leyó una disertación sobre los principios fundamentales del Derecho.
Al año siguiente, la inauguración se hizo con la misma solemnidad y en esa ocasión leyó un discurso en el que se felicitaba de que la obra del Curso de Leyes, tan modestamente iniciada bajo la protección de los Sagrados Corazones, podía considerarse ya con el cimiento más sólido. Un reconocimiento público merecían los profesores del Curso, que realizaban sus tareas con la superioridad innegable del profesor por vocación. Merece la pena transcribir como explicaba lo que entendía por un profesor por vocación: “¿Qué es el profesor por vocación? Permitidme que os responda con toda franqueza. No basta, en mi humilde opinión, para ser un profesor, llevar a los alumnos a buen éxito en los exámenes. Ni aun daría yo ese título al que pone en los exámenes del grado su principal preocupación. Todo esto puede hacer un simple pasante. Y no ignoráis que
el pasante ocupa en la jerarquía universitaria un lugar harto modesto; es un término medio entre el profesor y el libro de texto; es un instrumento pedagógico estrictamente subordinado a un programa oficial. Por eso su papel empieza en los últimos meses, cuando solo se trata de preparar o, si me consentís una palabra de la jerga escolar, de calentar los exámenes”.
“Muy distinta es la misión de aquel a quien la reverencia y el afecto han decorado con el título de maestro. No sin razón se ha atribuido a este último una especie de paternidad intelectual. Más libre, en efecto, de esas barreras de preparar exámenes, aspira, sobre todo, a formar discípulos. Esta formación puede obtenerse únicamente como el resultado de un comercio íntimo y permanente. Exige una especie de compenetración de inteligencias, en que el profesor ejerce sobre el alumno una influencia decisiva. Grato me es hacer constar, señores profesores, que estas ideas son las vuestras. Al poner vuestro saber y vuestra abnegación al servicio del Curso de Leyes, no habéis pensado, ciertamente, en las funciones del simple pasante. Otro ha sido vuestro fin, más noble ha sido vuestra ambición. Bien habéis comprendido que los jóvenes encomendados a vuestra solicitud para que los formarais en la carrera del foro, necesitan, no solamente guías experimentados que les den una orientación práctica, sino también maestros que les impriman una dirección intelectual”.
Dotado de especiales condiciones de mando, sus resoluciones en orden a disciplina, puntual asistencia de profesores y de alumnos, promedio de asistencia para presentarse a examen, no tenían réplica ni excepción en obsequio de nadie. Fue él quien dotó al Curso de Leyes con el escudo que hasta hoy se mantiene como emblema.
El año 1910 reasumió la dirección del Curso de Leyes el R. P. Mateo Crawley ss.cc., lo que le permitió al padre Teófanes Calmes viajar a Lima, donde pasó los 49 últimos años de su vida.
Dictó clases en el Colegio de los Sagrados Corazones de Recoleta, donde fue ecónomo, haciéndose cargo después de la parroquia de la Recoleta, oficio que desempeñó durante 32 años, junto con la dirección de la Asociación de los Sagrados Corazones y la revista de la institución.
El 2 de mayo de 1951 recibió la Croix de la Légiond’Honneur de manos del embajador de Francia en reconocimiento de su prolongada labor en Lima. Falleció en Lima, a la edad de 91 años, en el anochecer del 24 de marzo de 195910
2. Sacerdotes del clero secular
Durante este período los únicos eclesiásticos que tuvieron a su cargo asignaturas en el Curso de Leyes fueron sacerdotes de la congregación de los Sagrados Corazones, sin que se hubiese incorporado al mismo algún presbítero del clero secular.
10 Curso, cit. (n. 7), pp. 3, 4; Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), pp. 42, 56, 59-62, 73, 83, 132; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), pp. 61-63; Congregación de los Sagrados Corazones, Provincia del Perú (web).
III. PROFESORES POSTERIORES
La consolidación del Curso llevó consigo la participación de nuevos profesores sellados con el orden sagrado.
1. Padres de los Sagrados Corazones
Puesto que se trataba de un Curso fundado y llevado adelante por la congregación de los Sagrados Corazones, la dirección del mismo estuvo siempre a cargo de un miembro de la comunidad. A las de los padres Cosme Löhr, ss.cc. (1894-1895), Mateo Crawley, ss.cc. (1903-1906; 1910-1914) y Teófanes Calmes, ss.cc. (1907-1910), hay que agregar las de los padres Mariano Sivori, ss.cc. (1914-1918), Ignacio Janiot, ss.cc. (1919-1921) y Eduardo Lobos, ss.cc. (1922-1946).
a) R. P. Mariano Sivori Chiarella, ss.cc. (1871-1948)
Nació en 1871. Fue sacerdote chileno de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus. Sucedió al R. P. Mateo Crawley ss.cc. en la dirección del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, en 1914 y estuvo al frente del mismo hasta 1918, asumiendo seguidamente la dirección del Curso de Leyes el R. P. Ignacio Janiot ss.cc. No obstante haber sido director del Curso de Leyes, nunca impartió clases en el mismo.
Siendo director del Curso de Leyes solicitó a la Junta Electoral, junto con el R. P. Carlos Monge Mira ss.cc. quien sería profesor del Curso, que se les inscribiera en los registros electorales, inscripción que les fue denegada por tener la calidad de eclesiásticos regulares y, por ende, suspendida su ciudadanía, pues de acuerdo con la ley electoral vigente en Chile desde el 20 de agosto de 1890, no podían ser inscritos quienes tuviesen la calidad de eclesiásticos regulares (art. 26 nº 9); la razón era que los mismos carecían de la independencia que requerían para obrar libre y reflexivamente al estar sujetos al voto de obediencia. No contento con lo resuelto por la autoridad administrativa, ambos interpusieron separadamente reclamo ante el juez de letras, como la misma ley lo permitía. Su argumento fue simple: de acuerdo con el artículo 547 inciso 2º del Código Civil, la Congregación a la que pertenecía era persona jurídica de derecho público, que se regía por leyes especiales, siendo esta ley especial el Derecho Canónico según el cual, siguiendo la regla de interpretación del mismo Código Civil según la cual las palabras técnicas de toda ciencia o arte debían tomarse en el sentido que le daban quienes la profesaban (art. 21), eclesiásticos regulares eran quienes emitían votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, en circunstancias que los miembros de su congregación solo emitían votos simples, lo que les permitía ejercer el derecho de propiedad, no morían civilmente y siempre habían ejercido el derecho de sufragio sin oposición. El juez de primera instancia acogió el reclamo. Pesó en su decisión un informe del arzobispado de Santiago según el cual, los religiosos de los Sagrados Corazones no eran regulares en el sentido canónico del término, el que solo se aplicaba a los que emitían votos solemnes, situación que no era la del reclamante que solo había emitido votos simples. La sentencia, sin embargo, tenía que ser consultada y la Corte de Apelaciones de Valparaíso la revocó. Los jueces de alzada entendieron
que los miembros de la Congregación de los Sagrados Corazones, como no pertenecían al clero secular y vivían bajo una regla o instituto religioso haciendo votos de pobreza, castidad y obediencia, debían ser incluidos en la categoría de “eclesiásticos regulares” de que hablaba la ley de elecciones. Más aún, la Corte sostuvo que, si bien había algunos canonistas que bajo la denominación de “regulares” incluían solo a los religiosos de votos solemnes, otros canonistas daban a esa palabra un sentido lato, comprendiendo a los religiosos de votos solemnes y a los de votos simples. Esta disparidad de opiniones los autorizaba para ocupar otra regla hermenéutica del Código Civil (art. 19) que permitía mirar la intención o espíritu de la ley el que, en el caso de la ley de elecciones era privar de sufragios a todos los religiosos por carecer de la libertad necesaria, pues, por el voto de obediencia se obligaban no solo a hacer lo que el superior les ordenaba y no hacer lo que el superior les prohibía, sino a no hacer nada, por poco considerable que fuere, sin permiso del superior, situación en la que se encontraba el religioso reclamante. El voto del presidente de la Corte fue confirmar la sentencia consultada, pero no fue suficiente; la sentencia fue revocada y el R. P. Mariano SivoriChiarella ss.cc. se quedó sin inscripción y sin voto. Falleció el año 194811.
b) R. P. Ignacio Janiot, ss.cc. (¿?-¿?)
El R. P. Ignacio Janiot ss.cc. fue sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus. Fue director del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso entre los años 1919 y 1921. Sucedió en la dirección del Curso al R. P. Mariano Sivori ss.cc. y fue sucedido por el R. P. Eduardo Lobos ss.cc. quien dirigiría el Curso de Leyes hasta 1958. A pesar de la haber sido director del Curso de Leyes, no impartió clases en él12.
c) R. P. Eduardo Lobos Peña, ss.cc. (1884-1963)
Nació en Santiago, el 20 de abril de 1884, en el seno de la familia formada por don José Manuel Lobos y doña Fermina Peña. Después de sus estudios en el colegio San Luis, estudió para contador, título que tenía en 1905 cuando, en agosto de ese año, ingresó a la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus. En el noviciado fue compañero del R. P. Carlos Monge ss.cc., que sería profesor del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Terminado el noviciado, fue aceptado a la profesión de los votos religiosos, que tuvo lugar el 24 de febrero de 1907.
El 15 de marzo de 1911 fue trasladado a Concepción, para desempeñarse como profesor de Castellano y Matemáticas en el recién fundado colegio, donde sirvió durante 11 años, colegio en el que, además, estuvo encargado de las funciones de procurador. Durante esos años demostró apreciables cualidades de responsabilidad, un exacto cumplimiento del deber y un gran espíritu
11 Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), p. 137; Salinas Araneda, Carlos, Ecos de un centenario: dos profesores del Curso de Leyes de los SS. CC. privados de su derecho a voto, en El Mercurio de Valparaíso, 5 de marzo de 1995; Él mismo, 120 años, cit. (n. 1), pp. 312-313.
12 Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), p. 137; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n.1), p. 166-167.
religioso y de piedad. Fue ordenado presbítero en Concepción, el 30 de diciembre de 1913, por el obispo de dicha diócesis, don Luis Enrique Izquierdo Vargas.
El año 1922 sus superiores le encargaron que asumiera la dirección del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, cargo en el que permanecería hasta 1957. Era hombre de carácter recio, de pocas palabras, resultando a veces hosco o demasiado brusco, pero quienes le conocieron sabían que detrás de esos gestos externos se ocultaba un corazón de gran generosidad y sensibilidad. Un ex alumno del Curso de Leyes estaba de novio, pero su situación económica le impedía obsequiar a su novia las argollas de compromiso. Una mañana, el padre Lobos le pidió que lo acompañara porque tenía que hacer una diligencia; al pasar por frente a una joyería entraron y, una vez que el sacerdote escogió un par de argollas, se las pasó. Como el novio no supo que responder, el padre simplemente le dijo: “¡vámonos!”.
La dirección del Curso de Leyes no lo separaba de sus deberes de religioso, siendo consejero local, ecónomo de la comunidad y ecónomo provincial. Su caridad consistía en atenderlos a todos, pero no decir amabilidades. Cada mañana, antes de la primera hora de clases, distribuía la Eucaristía a los alumnos del colegio, en una breve ceremonia en la que escuchaban las palabras de acción de gracias que el padre les sugería. Vivía a diario estas palabras de Lacordaire que estaban colgadas en la cabecera de su cama: “Vivir en el mundo sin desear sus placeres / Ser miembro de todas las familias sin pertenecer a ninguna / Compartir todos los sufrimientos, penetrar todos los secretos, curar todas las heridas / Ir de los hombres a Dios y ofrecer sus oraciones / Tener un corazón de fuego para la caridad y un corazón de bronce para la castidad / Enseñar y perdonar, bendecir y consolar siempre / Dios mío que vida. Y esta es tu vida, oh sacerdote de Jesucristo”.
Amigo de los sacerdotes de la diócesis, que le apreciaban, fue visitado una vez por don Malaquías Morales, que fue rector de la Universidad Católica de Valparaíso, quien deseaba su opinión acerca de un hecho nuevo que se estaba presentando en el ambiente universitario, cual era que las alumnas estaban empezando a asistir a clases sin medias. La respuesta del padre, muy propia de carácter, estuvo muy lejos de la locuacidad, tan solo le dijo: “yo no miro las piernas”.
Al cumplirse los 20 años desde que el padre Lobos se había hecho cargo de la dirección del Curso de Leyes, se organizó un homenaje en el que se puso de relieve que, si los años del Curso eran 40, la mitad de ellos había correspondido a la dirección abnegada e inteligente del homenajeado. Cuatro años después, en 1946, cuando el Curso de Leyes aún funcionaba junto al Colegio de los Sagrados Corazones, recibió un nuevo homenaje, esta vez junto al R. P. Gildás Le Tarnec ss. cc., al cumplir ambos 40 años de vida religiosa, ocasión en la que recibieron una especial bendición apostólica del papa Pío XII (1939-1958), enviada por medio del sustituto de la Secretaría de Estado, Giovanni Batista Montini quien, con los años, sería el papa Paulo VI (1963-1978). En parte de sus agradecimientos dijo: “materialmente no es mucho lo que nuestro colegio ha cambiado, pero, en cambio, ha visto aumentar cada vez más el caudal de jóvenes que bajo su protección han recibido y reciben de los padres aquí presentes su palabra y ejemplo cristiano. Son ustedes también a quienes corresponde enseñar, dentro de sus respectivas órbitas,
el ejemplo y enseñanzas recibidas de mi querido padre Gildás y de los RR. PP. Mateo, Vicente Monge, Félix, Cipriano, Nataniel, Carlos Monge y tantos otros que coadyuvaron a encender en ustedes la llama del amor cristiano, el conocimiento de la ciencia y la devoción a la patria. No he olvidado ni olvidaré jamás en mis oraciones diarias a ninguno de ustedes, mis queridos ex alumnos, amigos, ni a vuestros familiares”.
Al año siguiente, en 1947, el Curso de Leyes se incorporó a la Universidad Católica de Valparaíso, el padre Lobos siguió siendo su director. Ese mismo año, el 12 de octubre de 1947, la municipalidad de Valparaíso lo declaró ciudadano benemérito, con motivo de haber celebrado 25 años al frente del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, concediéndole una medalla de oro y un pergamino, ceremonia en la que estuvieron presentes el obispo de Valparaíso, don Rafael Lira Infante, y el intendente, con Humberto Molina Luco. Entre los regidores se encontraba don Eduardo Budge, erudito benefactor de la Universidad.
En 1957, con 73 años de edad, dejó la dirección del Curso, sucediéndole el R. P. Renato Vio Valdivieso ss.cc. Se le asignó entonces, como rector de la Iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso, pero no pasó mucho tiempo para que su estado de salud se deteriorara, falleciendo, finalmente, el 10 de octubre de 1963. Su cuerpo espera la resurrección de los muertos en la cripta de la misma iglesia de la que fue rector los últimos años de su vida.
La oración fúnebre la pronuncio el profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso y ex alumno del Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso y del Curso de Leyes, el presbítero Enrique Pascal García Huidobro, que en parte de su intervención dijo: “Si el padre Eduardo Lobos hubiera entrado ahora a esta iglesia, con su paso menudo, y hubiera visto cuántos estaban aquí, hubiera movido la cabeza con gesto típico y habría dicho que no era digno de este homenaje. Por su modestia, el Señor lo colmó de todo y su pequeña figura se agiganta y nos hace comprender que no ha sido solo un sacerdote, un apóstol, sino alguien que llenaba el corazón de todos, que los hacía vibrar.
“Su modestia era tan grande que luego de colocar a Dios en las almas, se apartaba, como para que no quedara en ella resto humano. Pero el Señor nunca permitió que se retirara del alma de los que había ayudado o sanado. En sus 70 años, tan colmados, y cuando iba a cumplir 50 años de sacerdocio, corroído por un mal, se sentía más ciudadano de la eternidad que del mundo. El Señor quiso que en vísperas de su santo, llegara a Él.
“El padre Eduardo deja la impresión que el que vive para los demás, engrandece a Dios, y que lo único que vale es la bondad y la humildad. Si Dios ha permitido que conozcamos a personas como él, era para que fuéramos mejores, y cuando se cumpla para nosotros el plazo que solo Dios conoce y dejemos el tiempo para entrar en la eternidad, encontraremos una figura pequeña, afable, humilde, que solo nos dirá: «Te esperaba»”.
Un hermoso retrato suyo adorna la oficina de profesores de la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Escuela en la que durante mucho tiempo llevó su
nombre el Salón de Grados y de ceremonias. Recuerda igualmente su memoria el premio “R. P. Eduardo Lobos ss.cc.” que se entrega al licenciado de Ciencias Jurídicas que haya obtenido su grado con la más alta calificación final en el año inmediatamente anterior a su otorgamiento13.
La naturaleza de las materias que comprendían la mayor parte de las asignaturas enseñadas, todas las que requerían la calidad profesional de abogado, hacía que la labor docente de los padres de la comunidad de padres franceses quedase reducida a aquellas cuya particular formación les permitía. Entre estos podemos mencionar a los siguientes:
a) R.P. Félix Jaffuel, ss.cc. (1874-1939)
Nació en Francia, el 25 de marzo de 1874, en una familia muy cristiana del departamento de Lozère, en el pequeño pueblo de Crouzet. Viajó a Chile junto al padre Julián Laurent, el año 1892, en calidad de postulante para iniciar sus estudios en el noviciado que la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus, tenía en Los Perales.
Fue profesor de Filosofía del Derecho, Historia del Derecho y Derecho Canónico en el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso hasta el año 1912, año en que fue nombrado director del Curso de Ingenieros y Arquitectos. Fuera de las aulas del Curso de Leyes, se desempeñó como docente en otras áreas del conocimiento tales como Biología, Historia, Algebra, Geometría, Cosmografía, Filosofía e Historia de la Literatura.
Fue superior de varias casas de la congregación. Desde el año 1914 a1917 fue rector del Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Fue provincial de la Congregación entre los años 1924 y 1938.
Desempeñó un papel importante en el desarrollo científico de nuestro país de comienzos del siglo XX, publicando algunas monografías en la Revista Chilena de Historia Natural14. A su vez, fue uno de los fundadores de la Sociedad Entomológica de Chile y en 1917 adaptó al castellano el Vocabulario de la lengua de la Isla de Pascua del P. Hipólito Roussel15.
13 Diccionario biográfico de Chile2 (Santiago, Empresa Periodística de Chile, 1939), p. 699; Diccionario biográfico de Chile11 (Santiago, Empresa Periodística de Chile, 1961), p. 776; Diario La Unión de Valparaíso, 7 de julio de 1946; 11, 12, 13 de octubre de 1963; El padre Eduardo Lobos, en La revista escolar del colegio de los SS. CC. 51 (diciembre de 1957), 412, p. 49; Monteverde, Domingo, El R. P. Eduardo Lobos, en La revista escolar 57 (noviembre 1963), 422, p. 25;Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), pp. 191-194; Salinas Fuenzalida, ss. cc., Augusto, Apóstoles del Corazón de Jesús. Nuestras raíces. (Biografías de quienes nos antecedieron en la fe) (Santiago, Corporación de Educación Popular, 1986), pp. 78-89.
14 Jaffuel, ss.cc., Félix, Aves observadas en el Valle de Marga Marga, en Revista Chilena de Historia Natural 31(1927), pp. 102-115 [con Anastasio Prion]; Él mismo, Las culebras matan a los ratones por asfixia, ibíd., 34 (1930), pp. 120-122; Él mismo, Notas sobre mis colectas entomológicas en las termas de Chillan, ibíd., 37 (1933), pp. 148-152; Él mismo, Excursiones botánicas a los alrededores de Tocopilla, ibíd., 40 (1936), pp. 265-274.
15 Russel, Hipólito; Jaffuel, ss.cc., Félix, Vocabulario de la lengua de la Isla de Pascua (s.l., San José, 1917), 189 pp.
Antes de su regreso a Francia, recibió en Valparaíso el diploma de miembro correspondiente del Instituto de Ciencias, Letras y Arte de Campinas, Estado de Sao Paulo, Brasil. Falleció en el noviciado de Montgeron el 3 de mayo de 1939, tras viajar a Francia para ser maestro de los novicios en su país natal. Llegado a Chile como novicio, pasó casi toda su vida religiosa en nuestro país encariñándose de tal manera que, como lo reconocía en algunas de sus últimas cartas, murió de nostalgia por Chile16
b) R. P. Fortunato Couffignal, ss.cc. (¿?-¿?)
Fue sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Picpus. Consta que fue profesor del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso en los primeros años del mismo, cuando reinició sus actividades a partir de 1903, pero no hay constancia de la asignatura que enseñaba. Fue rector o ministro del Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso entre los años 1901-190417.
c) R. P. Cipriano Deltor, ss.cc. (¿?-1935)
Llegó a Chile hacia el año 1872. Fue formado bajo los principios enciclopedistas, de acuerdo a los cuales desarrolló los más variados aspectos del conocimiento humano, pasando por la botánica, la música, la cosmografía y las ciencias jurídicas.
En el programa del Curso de Leyes de 1908 es el profesor de Medicina Legal, asignatura del primer semestre del quinto año de la Carrera, que se impartía los lunes, martes y jueves de 17:30 a 18:30 de la tarde. El programa comprendía las siguientes materias: peritaje médico; principio de la existencia de la persona; matrimonio; incapacidades jurídicas y responsabilidad; ataques a la honestidad e integridad de las personas; fin de la existencia de las personas.
Fue profesor en el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso, del cual fue rector entre los años 1908-1909 y 1920-1924. Además es autor de la música del himno de dicho colegio y del himno de la Juventud Católica Femenina18.
No solo ha trascendido por su trabajo intelectual19, sino también por sus cualidades personales; sus ex alumnos recuerdan que el padre Deltor, desde que entraba en la sala de clases, creaba un ambiente de completa tranquilidad y concentración. Su legado ha permitido dejar registros del estado de la naturaleza en Chile durante el siglo XIX. Falleció en 193520
16 Azocar, ss.cc., Pedro, cit. (n. 1), pp. 6-7; Comte, Pierre, Biographie du R .P. Félix Jaffuel (web); Hernández C., Roberto, cit. (n.1), p. 132; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n.1), pp. 165-166; Valenzuela, Álvaro, Padres Franceses en el Valle de Marga Marga, en Revista Geográfica de Valparaíso, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso 37 (2006), 1, pp. 89-98.
17 Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), p. 132; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), p. 77.
18 Himno de la Juventud Católica Femenina (s.l. [pero Valparaíso], Ed. Casa Amarilla, 1937), 6 pp.
19 Elementos de cosmografía (s.l. [pero Valparaíso], Imprenta Kosmos, 1914), 240 pp.; hay segunda edición (Santiago, Ed, Universo, 1927), 200 pp.
20 Azocar, ss.cc., Pedro, cit. (n. 1), p. 6; Curso, cit. (n. 7), p. 7; Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), pp. 15,
d) R. P. [José Manuel] Carlos Monge Mira, ss.cc. (1887-1942)
Nació el año 1887, en el seno de lafamilia constituida por don Joaquín Monge Vergara y doña Carolina Mira Mancheño, matrimonio que tuvo otros cuatro hijos: María Isabel, Joaquín, Vicente y Luis Monge Mira. Fue sobrino de José Manuel Alberto Sixto, quien tomó el hábito religioso con el nombre de hermano Vicente de Paul, quien influyó de manera importante en su decisión de adoptar el hábito religioso.
Cursó sus estudios básicos en el Colegio de los Sagrados Corazones de Santiago, donde fue matriculado en el año 1895, a la edad de ocho años. Según escritos del R. P. Mateo Crawley ss.cc., gran amigo de la familia Monge Mira, a los diez años José Manuel pensaba “seriamente consagrar su vida a Dios”, lo cual fue ratificado por el mismo José Manuel a los trece años, cuando prometió darse a Dios como religioso de los Sagrados Corazones.
Después de finalizar las humanidades entró al noviciado de la Congregación de los Sagrados Corazones, el 25 de mayo de 1904, donde adoptó el nombre de “Carlos”, en recuerdo y devoción a su madre, Carolina. Ese mismo año, el 15 de abril, tomó hábito, cuando tenía solo diecisiete años. En mayo de 1906 inició el escolasticado en la casa de Valparaíso. Cuatro años más tarde, el 4 de diciembre de 1910, fue ordenado presbítero en la catedral metropolitana de Santiago, celebrando su primera misa el domingo 11 de diciembre siguiente, en el Colegio de los Sagrados Corazones de Santiago.
En 1914, con ocasión del viaje del R. P. Mateo Crawley, ss.cc. a Europa, el padre Carlos Monge asumió como director de la Asociación de los Sagrados Corazones de Valparaíso, hecho que le permitió acercarse al Curso de Leyes de los Sagrados Corazones, donde fue profesor de Filosofía del Derecho (1918-1919, 1927), de Historia General del Derecho (1919) y de Introducción al Derecho (1929-1930).
En 1915, junto con el R. P. Mariano Sivori Chiarella ss.cc., director del Curso de Leyes, solicitó, como lo indiqué al tratar a aquél, que se le inscribiera en los registros electorales, inscripción que le fue denegada por tener la calidad de eclesiásticos regulares y, por ende, suspendida su ciudadanía, pues de acuerdo con la ley electoral vigente en Chile desde el 20 de agosto de 1890, no podían ser inscritos quienes tuviesen la calidad de eclesiásticos regulares (art. 26 nº 9); la razón era que los mismos carecían de la independencia que requerían para obrar libre y reflexivamente al estar sujetos al voto de obediencia. No contento con lo resuelto por la autoridad administrativa, ambos interpusieron separadamente reclamo ante el juez de letras, como la misma ley lo permitía, con una argumentación simple, como lo indiqué. Aunque la sentencia de primera instancia les favoreció, la de segunda instancia la revocó, con los argumentos que expliqué más arriba, los que, 57, 132; Jaffuel, ss.cc., Felix, Notas,cit., (n. 12), pp. 148-152; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), pp. 96-97; Valenzuela F., Álvaro, Padres, cit. (n. 14),pp. 89-98; Él mismo, Leyendas del Colegio de los Sagrados Corazones de Uno Norte (Viña del Mar, 2013).
por cierto, muestran el conocimiento que, del Derecho Canónico, tenían los ministros de la Corte de Apelaciones, con lo que el R. P. Carlos Monge Mira ss.cc. se quedó sin inscripción y sin voto.
Sin descuidar las diversas actividades que su vocación le requería, incluyendo el cargo de provincial de América, de superior de Los Perales y de director del escolasticado, se dedicó a impartir, además, clases de Química a alumnos de sexto año en el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso. Hizo también clases de Filosofía, Literatura universal y, por períodos, de Francés, Matemáticas y otras materias. Cabe destacar de entre sus alumnos a quien, con los años, sería el primer decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Católica de Valparaíso, don Enrique Wiegand Frödden, cuando el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones se incorporó, sin solución de continuidad, a dicha Universidad, con quien cultivó una prolongada amistad.
Durante su estadía en Valparaíso, se mostró cercano a diversos personajes relacionados con la que sería la Universidad Católica de Valparaíso. Así, cabe destacar se amistad con monseñor Eduardo Gimpert Paut quien primero fue gobernador eclesiástico (1906-1925) y luego obispo de Valparaíso entre 1925 y 1937, de quien fuera súbdito fiel; su cordial relación con el monseñor Rubén Castro, quien fuera el primer rector de la Universidad; su amistad fiel con el segundo rector de esta casa de estudios superiores, presbítero Malaquías Morales; y la cercanía que tuvo con la familia Barroilhet Cannon uno de cuyos integrantes, Enrique Barroilhet Canon, sería profesor de Derecho Comercial Marítimo en el Curso de Leyes.
En un despacho enviado por el nuncio apostólico Ettore Felici al cardenal Carlo Perosi, pro secretario de la Sagrada Congregación Consistorial, el 23 de agosto de 1928, proponía para suceder al renunciado obispo administrador de la administración apostólica de Valdivia, don Augusto Klinke Leier, al R. P. Carlos Monge ss.cc. a quien el nuncio anterior, Benedetto Aloisi Masella, ya había propuesto para el mismo lugar. Según el nuncio, el padre Monge contaba con poco más de 40 años “y está provisto de todas las dotes de piedad, de cultura, de celo y de prudencia que pueden pedirse de un pastor de almas. A las cualidades morales, que hacen de él uno de los miembros más distinguidos de la comunidad de Valparaíso, por no decir de la Congregación, agrega las ventajas del patrimonio y de una vastísima red de relaciones sociales, elemento no despreciable en un país donde rige, desde hace tres años, el régimen de separación”. Lo cierto es que una vez que le fue hecha la propuesta, el padre no aceptó tal nombramiento.
El padre Carlos Monge disfrutó de la estima y respeto de muchos, tanto en la región como en el extranjero. Nunca dejó de lado sus tareas religiosas, confesando hasta tarde o atendiendo las necesidades espirituales de sus feligreses incluso en las noches. Fue esto lo que ocurrió el 13 de noviembre de 1942, época en que lo aquejaba una crisis cardíaca. Así, luego de haberse acostado más tarde de lo habitual debido a la gran cantidad de personas que deseaban confesarse con él, lo que le impidió incluso su habitual confesión con el padre Mauricio Bertho, no despertó la mañana del 14 de noviembre.
La noticia de su muerte se propagó rápidamente por la ciudad, llegando gran cantidad de
Carlos Salinas
personas a la capilla mortuoria donde reposaban sus restos. El lunes 16 de noviembre de 1942 se realizó la ceremonia de sus exequias, a la que acudieron diversas autoridades de la zona, como el intendente de la provincia, Alfredo Rodríguez Mac-Iver; el comandante en jefe de la Armada, almirante Julio Allard; el alcalde de Valparaíso, Abelardo Contreras; y el alcalde de Viña del Mar, Gastón Hamel de Souza.
“El Padre Carlos había conquistado el corazón de todos; era el consultor íntimo, bondadoso y sabio de todas las conciencias. Cuántos hogares, la unión sagrada de cuyos padres él había bendecido, lo tenían por su padre y protector. Había un vacío en la ciudad. Ya no estaba el que era amigo de todos, el que a todos consolaba, el que era su guía”.
Sus restos fueron sepultados, el domingo 15 de noviembre de 1942, en la cripta cavada en el subterráneo del presbiterio de la Iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso, donde se encuentran los restos mortales de más de un centenar de religiosos de los Sagrados Corazones.
En la prensa de esa época fueron diversos los homenajes al padre Carlos Monge, entre ellos los del diario La Unión de Valparaíso, donde se indicó que “su actividad era maravillosa: desde el rayar el alba hasta la última hora de la noche, se le veía trabajar sin descanso y sin interrupción, de la clase acudía al confesionario, del confesionario al altar, al hospital, o a la modesta habitación obrera, que lo requería para pedirle un sacramento y un consuelo. A nadie dijo jamás que no, y siempre su contestación fue sonriente, exquisita de amabilidad y de afecto”21.
e) Mons. Augusto Osvaldo Salinas Fuenzalida, ss.cc. (1899-1991)
Nació en Santiago, el 11 de septiembre de 1899. Hijo de don Manuel Salinas y de doña Teresa Fuenzalida. Realizó sus estudios en el Colegio de los Sagrados Corazones, Padres Franceses, de Santiago y luego ingresó a estudiar Derecho en la Universidad Católica de Chile. Su memoria se tituló Algunos caracteres de la propiedad minera22. Juró como abogado el 1 de septiembre de 1923. Ingresó al noviciado que la congregación de los Sagrados Corazones tenía en la localidad de Los Perales en las cercanías de Quilpué. Fue ordenado presbítero en Valparaíso, el 16 de diciembre de 1928, por su tío, Gilberto Fuenzalida Guzmán, obispo de Concepción.
Fue profesor de Filosofía del Derecho en el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso y profesor de Cultura Religiosa en la Universidad Católica de Valparaíso. Fue también
21 Archivo Secreto Vaticano, Archivio Nunziatura Apostolica in Cile, Fasc. 202 (12 b), pp. 20-21; Hernández C., Roberto, cit. (n. 1), pp. 15, 16; Recuerdos del Reverendo Padre Carlos Monge Mira, ss.cc., en Revista Escolar (Valparaíso, 1943), p. 112; Salinas Araneda, Carlos, Ecos de un centenario: dos profesores del Curso de Leyes de los SS. CC. privados de su derecho a voto, en El Mercurio de Valparaíso, 5 de marzo de 1995; Él mismo, 120 años, cit. (n. 1), pp. 213-216; Salinas Fuenzalida, Augusto (Monseñor), Un apóstol del corazón de Jesús. El Padre Carlos Monge Mira, ss.cc. (Santiago, Corporación de Educación Popular, 1981), 149 pp.
22 Salinas Fuenzalida, Augusto, Algunos caracteres de la propiedad minera (Memoria Universidad Católica de Chile, Santiago, Imprenta Chile, 1923), 67 pp.
profesor de Castellano, Educación Cívica, Economía Política23 y Religión en el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso del que, entre los años 1938 y 1939, fue superior.
Pío XII (1939-1958) lo eligió obispo de Temuco el 29 de agosto de 1939. Fue consagrado en Valparaíso, el 26 de noviembre de 1939 por el nuncio apostólico en Chile, Aldo Laghi, tomando posesión de su diócesis a fines de ese mismo año. Su lema episcopal fue Ut ament te [= para que te amen]24. Sucedió en Temuco a Alfredo Silva Santiago. El 9 de febrero de 1941 Pio XII lo nombró obispo titular deNisiro y auxiliar del arzobispado de Santiago, cuyo titular era José María Caro, sucediéndole en Temuco Alejandro Menchaca. El 3 de agosto de 1950, el mismo Pío XII lo trasladó a la diócesis de San Carlos de Ancud, sucediendo a Cándido Rada, diócesis en la que celebró el Cuarto Sínodo de Ancud25 (1954). El 15 de junio de 1958 fue trasladado por el mismo Pontífice, en una de sus últimas designaciones episcopales, a la diócesis de Linares, sucediendo a Roberto Moreira, fallecido ese mismo año, celebrando en ella el Primer Sínodo de Linares (1967). El 14 de diciembre de 1976, el beato Paulo VI (1963-1978) le aceptó su renuncia a la diócesis en razón de su edad, retirándose a la residencia de su congregación en Valparaíso. Con posterioridad cultivó el género de las biografías, escribiendo sendas biografías del R. P. Carlos Monge Mira, ss.cc.26, del cardenal José María Caro27 y del R. P. Mateo Crawley, ss.cc.28
Fue asesor general de la Acción Católica entre 1942 y 195029. Participó en el Primer Concilio Plenario Chileno (1946), en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965) y en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín, Colombia (1968).
El general Augusto Pinochet Ugarte, que fue ex alumno del Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso, sentía un particular afecto por monseñor Salinas a quien fue a visitar a Valparaíso,
23 Elementos de economía política y social (Valparaíso, Colegio de los SagradosCorazones, 1934), 288 pp.; segunda edición en Valparaíso, Imprenta y Litografía Universo, 1942, 264 pp.
24 Carta pastoral que el obispo de la diócesis de San José de Temuco [Augusto Salinas Fuenzalida, ss.cc.] dirige al clero y fieles (Padre Las Casas, Imprenta San Francisco, 1940), 8 pp.
25 Código de Derecho Canónico (1983), canon 460: “El sínodo diocesano es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una iglesia particular, que prestan su ayuda al obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana […]”. Canon 466: “El obispo diocesano es el único legislador en el sínodo diocesano, y los demás miembros de éste tienen solo voto consultivo; únicamente él suscribe las declaraciones y decretos del sínodo, que pueden publicarse solo en virtud de su autoridad”.
26 Salinas Fuenzalida, ss.cc., Osvaldo, Un apóstol del Corazón de Jesús: el reverendo padre Carlos Monge Mira de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (Santiago, Corporación de Educación Popular, 1981), 147 pp.
27 Salinas Fuenzalida, ss.cc., Augusto, Un pastor santo: el eminentísimo señor cardenal José María Caro Rodríguez (1866-1958) (Santiago, Andrés Bello, 1981), 399 pp.
28 Salinas Fuenzalida, ss.cc., Augusto, El padre Mateo: apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús (Santiago, Paulinas, 1983), 153 pp.
29 Carta del excelentísimo y reverendísimo monseñor Augusto Salinas Fuenzalida sobre orientaciones de la jerarquía a la Asociación de Jóvenes de la Acción Católica (Santiago, Secretariado Nacional de Prensa y Propaganda de la Acción Católica, 1947), 20 pp.
Carlos
antes de que falleciera. Cuenta un testigo ocular haber visto al general, que por entonces era el presidente de la República, salir de la habitación del obispo que estaba en cama, con un bacín en la mano, dirigirse al baño y después regresar a la habitación de monseñor con el mismo objeto, cerrando la puerta tras de sí. Falleció en Valparaíso el 1 de agosto de 1991. Está sepultado en la cripta de la Iglesia de los Sagrados Corazones de Valparaíso30.
2. Sacerdotes del clero secular
La especial naturaleza de las materias enseñadas no facilitó que presbíteros del clero secular se incorporaran al claustro de profesores mientras el Curso de Leyes de los Sagrados Corazones permaneció como una entidad autónoma.
IV. LA ESCUELA DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO
En 1946, el obispado de Valparaíso y la congregación de los Sagrados Corazones llegaron a un acuerdo según el cual el Curso de Leyes se incorporaba a la Universidad Católica de Valparaíso, constituyendo la Escuela de Derecho de la misma, lo que permitiría, al mismo tiempo, la instalación de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Se iniciaba una nueva etapa en la historia del Curso, no obstante lo cual, la presencia de miembros de la comunidad de los padres franceses continuó sin mayores obstáculos; el primer director una vez incorporado a la Universidad, siguió siendo quien ya estaba al frente del mismo desde hacía años, el R. P. Eduardo Lobos, ss.cc., a quien le sucedió el R. P. Renato Vio Valdivieso, ss.cc. (1958-1960). A partir de este último, los directores posteriores han sido todos profesores laicos. También se incorporaron nuevos profesores de la misma comunidad: R.P. Andrés Aninat de Viale Rigo, ss.cc.; R. P. Pedro Azocar Chávez, ss.cc.; R. P. Rafael Gandolfo Barón, ss.cc.; R. P. Eugenio León Bourgeois, ss.cc.; R. P. Osvaldo Lira Pérez, ss.cc. Y ha habido también presbíteros del clero secular, como Florencio Infante Díaz; Fernando Jara Viancos; Eduardo Méndez Gavilán; Enrique Pascal García Huidobro y Miguel Poradowski Bieneka. Pero todos ellos fueron profesores en lo que podríamos llamar la segunda etapa del Curso de Leyes de los Sagrados Corazones de Valparaíso, por lo que quedan fuera el período que nos fijamos al iniciar estas páginas, pero serán los protagonistas de otro trabajo.
30 Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Bibliografía eclesiástica chilena (Santiago, Editorial Universidad Católica, 1959), p. 264; Diccionario biográfico de Chile13 (Santiago, Empresa Periodística de Chile, s.d. [pero 1967]), p. 1405; Ducasse Medina, Ignacio, Servidores del Evangelio. Los obispos de Chile 1561-2007 (Santiago, Conferencia Episcopal de Chile, 2008), pp. 257-258; Lista alfabética de los abogados recibidos en Chile desde el 13 de diciembre de 1788 hasta el 15 de enero de 1931, en Guía del Poder Judicial y Foro de Chile (Santiago de Chile, Muirhead & Cía. Ltda., 1931), 2ª parte, p. 175; Oviedo Cavada, Carlos, Los obispos de Chile (Santiago, Editorial Andrés Bello, 1996), pp. 205-206; Salinas Araneda, Carlos, 120 años, cit. (n. 1), pp. 301-302; Diócesis de San Ambrosio de Linares Chile (web).

JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ GUZMÁN:
PRIMER PASTOR EVANGÉLICO DE HABLA ESPAÑOLA ORDENADO EN SUDAMÉRICA (1841-1875)
Waldo Pacheco Carreño
Pastor Protestante presbiteriano. Ha sido capellán Colegio “Emanuel”
Viña del Mar. Profesor área historia Seminario Presbiteriano
“J. M. I. Guzmán”. Miembro de número Academia de Historia
Religiosa de Valparaíso.
Nuestrainvestigación da a conocer la vida y obra de quien se afirma fue en Chile, también en la América del Sur, el primer pastor de habla castellana protestante-evangélico ordenado al sagrado ministerio, de cuya importancia no solo se hacen cada vez más conscientes sus correligionarios, también sus descendientes1, en razón a la participación que le cabe en la historia religiosa chilena disidente. En el presente, existe interés de conocer, no solo el perfil de los primeros componentes del protestantismo en Chile, sino también lo ligado con las primeras Iglesias Reformadas y Evangélicas Chilenas2
Parte de la vida del Rev. José Manuel Ibáñez Guzmán3 la hemos situado desde su mover en el Valparaíso “protestante”, que a la luz pública por sus actividades en este puerto, pasó por ser un reconocido dirigente de las dos primeras Iglesias evangélicas chilenas. Su labor pastoral la conjugó siendo un activo e ilustrado hombre público, muy propio para esos tiempos del talante de la tradición de confesión cristiana reformada a la cual perteneció, y por su formación personal dentro de una reconocida y respetable familia sanfelipeña. Su cultura cristiana era de carácter universal, no sectario, y con quienes compartían la fe en el mismo Señor junto a él, no dudó en llamarles por medio de escritos, miembros pertenecientes a la iglesia mayoritaria chilena, de: “mi hermano católico romano, oíd las palabras de nuestro común Redentor Jesús…”4.
1 Para inicios del año 2017, nos juntamos a conversar –en el “Puro Café”, en Valparaíso, con Gonzalo Ibáñez Santa María, profesor universitario, y ex diputado del Congreso Nacional– sobre Don José Manuel, uno de sus varios ilustres antepasados. La reconocida familia Ibáñez Guzmán, oriunda del Valle Central, a través de su historia ha dado a Chile reconocidos industriales, profesionales, académicos, y políticos.
2 Pera entender su relación directa, véase: Pacheco Carreño, Waldo, Inicios del Presbiterianismo en Chile (1845-1873), en: Meditad sobre vuestros caminos. Reflexiones en torno a los 150 años del presbiterianismo en Chile, Marcone Becerra, Carvalho, ed., Santiago, 2018, 143-156.
3 Para mayores referencias sobre nuestro personaje, en Figueroa, Virgilio, Diccionario Histórico, Biográfico, y Bibliográfico de Chile 1800-1928 t. III, Santiago, 1929, 514-515.
4 Véase en Remitidos El Culto a María, en: El Mercurio de Valparaíso, 19 diciembre 1872.
Nuestro enfoque en este trabajo se abordará en cuatro puntos: 1º la participación activa propia de la congregación dentro del contexto religioso-político que le tocó vivir como uno de los más activos disidentes protestantes en el medio público. 2º se dará a conocer, a modo de resumen, lo que la historiografía evangélica hasta hoy ha publicado con respecto de Ibáñez Guzmán. 3º, se presentan antecedentes hasta hoy inéditos sobre la vida religiosa-pública de nuestro personaje, y 4º, unas breves conclusiones finales.
I. J. M. IBÁÑEZ GUZMÁN Y LA PROBLEMÁTICA
RELIGIOSA-POLÍTICA EN SUS ÚLTIMOS
AÑOS DE VIDA
Nuestra investigación la hemos iniciado con este primer espacio, en razón a que el tipo de confesión de fe protestante-evangélica la cual gestó el apoyo a Ibáñez Guzmán, y gestionó la creación del inicio de la Iglesia Evangélica Chilena donde fue su primer pastor, estuvo muy ligada a los acontecimientos histórico-político-económicos en la consolidación de los inicios de la naciente república en el siglo XIX, con una activa participación intramundana de todos sus miembros en el desarrollo del país5.
Desde una mirada evangélica, los años en vida de Ibáñez Guzmán en el ejercicio de la práctica de su fe estuvieron marcados por una serie de hechos, los cuales por sus efectos prácticos afectaban a sus primeros correligionarios chilenos, pues si estos no se reformaban eran considerados como injusticias impositivas las cuales requerían un cambio, y esa transformación solo podía ser por medio de la predicación del Evangelio, y por medio de la participación dentro del espacio político. A eso se debe añadir un aspecto puntual de su ministerio, fue notoria la actuación pública de Ibáñez Guzmán por causa de “salir a predicar” por las calles utilizando el ofrecimiento de Biblias6. Para la época aquello levantaba no solo la convivencia social, también afectaba lo político ya que era prohibitivo en el espacio público, lo que llevó a levantar voces de reclamo ante dicho impedimento por parte de los protestantes tanto extranjeros y uno que otro nacional.
En dicho contexto, Ibáñez Guzmán junto a otros, se pronunciaron en favor de los cambios, aportando desde lo religioso-político “protestante” y simpatizará abiertamente con el naciente liberalismo chileno y la masonería, principalmente en cuanto a lograr ciertas libertades individuales y públicas dentro de un Estado confesional católico7.
5 Pacheco C., Waldo, “Union Church: hechos y legado por una comunidad evangélica reformada en Valparaíso del siglo XIX (1847-1883)”, en Concha C., María Inés, (ed.) Actas del Tercer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 2011, 53-81.
6 Pacheco C., Waldo, “La primera Sociedad Bíblica de Valparaíso: presencia, propósito y obra en la segunda mitad del siglo XIX”, en Concha C., María Inés; Pacheco C., Waldo; Vergara, Fernando (eds.) .Actas del Segundo Simposio Historia Religiosa de Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2008, 69-99.
7 Araya, Eugenio, Los evangélicos, la política y el mundo, Santiago, 1988, 63-68.
Aquello era debido a que el Revdo. David Trumbull, mentor de Ibáñez Guzmán, un pequeño grupo de compatriotas, y un sector de extranjeros disidentes en religión, eran afectados por una fuerte restricción que involucraba la imposibilidad de su expresión religiosa pública. Fue un logro constitucional el hecho de haber luchado por que se consiguiera la reinterpretación del artículo 5° de la Constitución de 1833 en el año de 18658. Si bien es cierto, aquella conquista constitucional aprueba por primera vez, una tolerancia religiosa no católica, solo para disidentes extranjeros y sus hijos, abrirá la posibilidad a futuro para los chilenos. Dichos dos reglamentos en el papel, evidentemente no daban espacio a la expresión religiosa de chilenos conversos al protestantismo evangélico, y a tener escuelas para sus niños. La solución fue reunirse inicialmente al alero de los templos para extranjeros, crear escuelas populares laicas para por los primeros misioneros, las cuales lograron sortear los obstáculos de cierre del establecimiento como la “Escuela Popular” (hoy Colegio David Trumbull)9
Ante el lento incremento de adherentes protestantes chilenos para 1870, no fue impedimento para que la propia opinión pública comenzara a tomar interés, por ejemplo, en cuanto a las imposibilidades de entierro en cementerios parroquiales consagrados por su calidad de disidentes, lo cual también por causa del pronunciamiento de ellos se dará impulso en proponer espacios, los llamados cementerios laicos con administración exclusiva municipal, para ciertas ciudades en la zona centro-norte10. Asimismo, resultaba apremiante una ley de matrimonio civil, por causa de las uniones de compromisos matrimoniales de carácter mixtos, entre un protestante y una católica. Para aquellos años, la vida que presenciaba Ibáñez Guzmán, si bien los sacerdotes actuaban como oficiales civiles ante la unión matrimonial de extranjeros protestantes, estos por diversas disposiciones negaban la unión matrimonial a parejas mixtas, lo cual conlleva finalmente que la prensa de la época consigne una serie de humillaciones que los evangélicos, tanto extranjeros como chilenos, consideraban inaceptables en medio de una creciente polémica que se daba a nivel país, como en el caso de Concepción11.
No obstante, dentro de otras peticiones de reformas no menores, existían otras más puntuales, pero igual de urgentes de plantear, las cuales Ibáñez Guzmán las enumera en un discurso dado desde un púlpito, y en su calidad de ministro religioso, ya ordenado pastor: “He aquí algunas de esas injusticias: 1° Hoy día, todos los que no somos católicos romanos, nú-
8 Araus Durán, Patricio Leonardo, Dios en la igualdad. David Trumbull y la libertad de cultos en Chile (1845-1865). Tesis de licenciatura, Departamento de Humanidades, Universidad Andrés Bello, Viña del Mar, 2015.
9 Paul, Irven, Un reformador yanqui en Chile, vida y obra de David Trumbull, Santiago, 1995, 122-123.
10 Para una lectura documentada del problema que acarreaba la muerte de un disidente en religión, véase Pacheco, Waldo, “Los expatriados del cielo y la tierra: el caso de la <otra muerte> en un contexto de cristiandad dividida en el chile del siglo XIX”, en: Historia del Cristianismo en Chile, América, t. IV, B. Silva, y B. Villarroel, Compiladores, Valparaíso, 2017, 135-136.
11 La Patria, Valparaíso. Chile, 05 enero de 1870.
mero considerable si se consulta la estadística del confesionario, estamos obligados a contribuir al sostenimiento y propagación de una iglesia cuya autoridad rechazamos.
2° Ningún ciudadano de opiniones religiosas contrarias a las de la Iglesia romana puede subir a la silla presidencial, sin contrariar su conciencia al jurar protección a dicha Iglesia.
3° Hoy..., de dominio político y social, lejitima o ilejitima la familia a su antojo con los cánones, elude las prescripciones de la ley civil, y pronuncia divorcios, fundándose en que el marido no se confiesa y entabla recursos de fuerza. Hasta ahora, el extranjero disidente de principios religiosos no muy fijos que ha llegado a nuestras playas, y ha deseado formar familia con alguna hija del país, se ha visto obligado por las leyes curiales a hacer una de tres cosas: o formar una familia ilegítima, o pasar hipócritamente por católico romano, u obtener a costa de dinero una licencia que trae compromisos humillantes.
4° Existe el fuero eclesiástico, el cual, como todo fuero, está en contradicción con el principio republicano que dice: igualdad ante la ley.
5° La creencia religiosa de algunos obliga a otros a guardar ciertos días del año, arrancando a éstos contra su voluntad de su trabajo y comercio.
6° El que por sus opiniones ha salido de hecho de la Iglesia romana y no se halla incorporado visiblemente a otra sociedad religiosa, está obligado a hacer bautizar sus hijos en la Iglesia, a fin de darles estado civil.
7° El artículo 5° de la Constitución, aun acompañado de la ley interpretativa, establece una odiosa diferencia entre ciudadanos chilenos, no reconociendo a los disidentes en toda su plenitud la libertad de conciencia…”12.
II. RASGOS YA PUBLICADOS POR LA HISTORIOGRAFÍA EVANGÉLICA SOBRE J. M.
IBÁÑEZ GUZMÁN
Para este espacio, hemos elegido formarnos una idea general habiendo leído a dos cronistas evangélicos que citaremos, en razón a que ellos son los que más información aportan sobre Ibáñez Guzmán hasta este momento. El primero es J. H. McLean quien tiene a su favor el haber llegado a Chile en 1907, haber sido profesor de Literatura Inglesa en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile13. Como misionero evangélico realizó el trabajo de recuperar información de primeras fuentes, a través de personas ancianas que conocieron a Ibáñez a su llegada al país, no más de 40 años de acaecida la abrupta muerte de nuestro personaje. El segundo, fallecido recientemente, es el historiador Revdo., Juan Wehrli, quien destacó por ser uno de los más entendidos en la historia del protestantismo de nuestro país, y un conocedor a fondo de la primera iglesia reformada evangélica chilena.
En base a los conocimientos adquiridos de los dos profesores mencionados, partiremos co-
12 La Patria, Valparaíso, Chile, 26 diciembre de 1873. Solo a modo de ejemplo, para el 4° punto, véase para una mejor interiorización general del momento religioso-político que se denuncia, en: La Patria, Valparaíso, Chile, 17 y 19 de Octubre de 1874.
13 Muñoz, Humberto, Nuestros hermanos Evangélicos, Santiago, 1974, 119.
mentando que en 1841, en un hogar pudiente ubicado en la ciudad atravesada por canales de regadío, sembrados, y faldeos cordilleranos, como lo es San Felipe, y dentro del hogar matrimonial conformado por Don José Manuel Ibáñez y Doña Rita Guzmán de Ibáñez, “descendientes de hidalgas familias españolas”14, venía al mundo despertando a la vida en tierras del Valle Central, dando sus primeros pasos, y balbuceando sus primeras sílabas, J. M. Ibáñez Guzmán, quien ya adulto salió al extranjero y volverá a su tierra natal para distribuir Biblias y predicar. Luego, se dará a conocer públicamente en las dos ciudades más importantes del siglo XIX, Valparaíso y Santiago. Contrajo matrimonio con Mary Grundy; en cuanto a su vocación ministerial fue el primer pastor ordenado al sagrado ministerio en la América del Sur de habla española.
Datos particulares acerca de su adolescencia y juventud, según el estado presente de la investigación no es posible dar referencias mayores, salvo que “su primer contacto con la Iglesia Presbiteriana lo tuvo en California”15. Los historiadores evangélicos que escriben sobre Ibáñez Guzmán, comienzan su exposición desde que vuelve a Chile, después de haber estado en la zona oeste de los Estados Unidos de Norteamérica estudiando teología eclesial.
Por lo que nos informa McLean, Ibáñez Guzmán “recibió una educación esmerada en la ciudad de Sacramento, estado de California”16. Con respecto a aquella estadía, Wehrli nos pone al tanto de su residencia de varios años en dicha ciudad. Asimismo, en aquel lugar conoció el cristianismo en su expresión protestante evangélica y dio comienzo a “sus estudios de teología en el Seminario de Sacramento con miras a convertirse en ministro misionero y predicar el evangelio en Chile”17
Si seguimos el trabajo del Revdo. Wehrli en su tesis, afirma que Ibáñez Guzmán “finalizados sus estudios regresó a su Patria, lugar donde culminó su preparación bajo la dirección del Rev. Trumbull”18. Fue evidente que estando en Valparaíso, se esforzó con ahínco y dedicación junto con otras actividades, a repasar y completar sus estudios para rendir las exigencias académicas requeridas para su ordenación pastoral. Llegado el día fijado, se reunió una comisión eclesiástica, todos misioneros extranjeros, con sus respectivos grados académicos, quienes atendían congregaciones de habla inglesa, y dos de ellas de habla castellana. Fue así que el Rev. Nataniel Gilbert hizo de anfitrión en Santiago para tan importante ocasión en los inicios de la Iglesia Evangélica Chilena. Asimismo, de la industriosa ciudad de Copiapó, asistió el reconocido estudioso Rev. Dr. Samuel J. Christen. Desde la avanzada misionera que se pretendía consolidar en la ciudad de Talca se encontraba presente el Rev. Sylvano Sayre, quien tuvo que sortear complicados obstáculos sociales y geográficos para cumplir su misión. De la pujante ciudad de Concepción, llegaría el
14 Mclean, J. H, Historia de la Iglesia Presbiteriana en Chile, Santiago, 1954, 49.
15 Wehrli Romo, J. R, El Reverendo Doctor don David Trumbull y su influencia en el desarrollo de las libertades religiosas y públicas en Chile.Tesis de Licenciatura, Departamento de Historia, Universidad de Chile, Santiago, 1989, 109.
16 Mclean, J. M, cit.(n. 14), 49.
17 Wehrli Romo, J, R, cit (n. 15), 109.
18 Idem.
Rev. Dr. J. A. Swaney. Todos los ya nombrados, junto al Rev. Alejandro M. Merwin y al Rev. Dr. David Trumbull, quienes representaban a la Iglesia Evangélica Chilena, y el segundo a la iglesia congregacionalista Union Church con asiento en Valparaíso.
En una sala adaptada para tan histórica ocasión, hacen pasar para examinar al aspirante al sagrado ministerio: el alumno Ibáñez, que estaba bajo cuidado del “Presbiterio reformado” aún no oficializado, fue respondiendo una serie de preguntas, gran parte de ellas en forma oral, y presumimos que algunas fueron en forma escrita, materias que se referían a Biblia, idiomas, e historia. Ibáñez demostró dominio de las siguientes asignaturas: “Santas Escrituras en Hebreo y Griego, Historia Bíblica y Eclesiástica, Teología Dogmática, Deberes Pastorales”19. Según lo recabado por el profesor Wehrli, “seis horas duró el examen, siendo aprobado por unanimidad”20. El hecho de su ordenación en un país confesional con un 99 % de la población que se consideraba Católica Romana, no pasó desapercibida, tanto para la prensa extranjera y nacional21. Ante lo expuesto, más otros méritos personales, Ibáñez se procedió a la ordenación como “pastor de la Iglesia Reformada Chilena el 1° de noviembre de 1871 en el templo de <La Santísima Trinidad> de Santiago”22. Desde dicho lugar pasaría oficialmente a realizar su labor pastoral.
Por su capacidad de evangelismo y predicación, Wehrli afirma que Ibánez: “logró la creación de pequeñas congregaciones en San Felipe”23. y una de sus actividades más recurrentes fue la distribución de Biblias: “una de las Biblias repartidas por él fue abandonada en la estación de ferrocarriles de Quillota y encontrada por el ex hermano, laico, jesuita español, el médico homeópata don Juan Canut De Bon, quien vería su apellido ligado íntimamente a la obra protestante chilena”24.
Ibáñez Guzmán reunía cualidades que serán reconocidas y destacadas. McLean afirma que el primer pastor de religión reformada, se caracterizó por tener un “cerebro fértil y corazón audaz”25. En cuanto al desarrollo de la comunicación de la verdad del Evangelio, escribía con elegancia de estilo y también, causaba buena impresión ante un auditorio de creyentes cultos y serios. Es necesario señalar que Ibáñez Guzmán, reunía a juicio de un pariente una “extensa cultura…, era hombre de batalla”26. Además, tenía carisma y resultaba creíble ante aquellos que comenzaban a acoger las ideas religiosas protestantes y sus contenidos acerca de lo contingente. Fue capaz de reunir el primer auditorio que puso atención a la relación de Evangelio y libertades civiles. Según
19 Ibíd, 110.
20 Idem.
21 En Santiago y Valparaíso comentaron de su ordenación: “La República”, “El Independiente”, “El Mercurio”, “El Ferrocarril”.
22 Wehrli Romo, J.R, cit. (n. 15),109.
23 Ibíd, 110.
24 Idem.
25 McLean, J, M. cit (n. 14), 50.
26 Idem.
McLean: “Ministros de la Corte, regidores, abogados, médicos y negociantes de alta alcurnia”27 La obra de Wehrli afirma que en dichas homilías “siempre había un apreciable número de estudiantes de la Universidad de Chile, de ideas liberales y gran cantidad de miembros del partido radical”28. Asimismo, entre sus numerosas actividades “se cuenta la apertura de una escuela diurna en Santiago, publicación de numerosos artículos, folletos y tratados los que fueron publicados en la prensa de la época”29; sin dejar de añadir que fundadores de la primera Sociedad de Artesanos en Chile, fueron miembros comulgantes en su congregación30.
Por su parte, McLean, deja la impresión que obtiene datos directos de personas ya adultas, las cuales recordaban a Ibáñez. A nuestro parecer dicho misionero y profesor consigue opiniones de misioneros que pasaron por Chile, formándose así un mejor perfil en su descripción. Afirma que dicho pastor “siempre andaba inmaculado en su indumentaria, un modelo de limpieza y buen gusto”31. Además, muestra a Ibáñez Guzmán con sus dotes pastorales y de comunicador al indicar que “glorificaba a su Salvador y Señor por los atractivos de su pensamiento y por el singular encanto de su personalidad radiante”32. Tal llamativa dignidad formada en el seno de su hogar desde la niñez, lo perfiló como un modelo a imitar; “primer pastor chileno digno de emulación, en todo detalle de su carrera heroica”33
La muerte de Ibáñez Guzmán fue prematura, y por la valía de dicho ministro de culto, vino a ser una pérdida enorme para una iglesia evangélica chilena que nacía en cuna de oro, daba sus primeros pasos bajo una fuerte crítica de desmerecimiento por el sector conservador. Se afirma que cayó “repentinamente, víctima de un cólico fulminante”34. Ante eso se “se corría el rumor de que su muerte, aparentemente prematura, se debió a un envenenamiento criminal”35, sin embargo, su familia afirmó que dicha muerte “fue el resultado de causas enteramente naturales”36.
Los restos del pastor consagrado, de carácter varonil, productivo, y promotor de un cristianismo ilustrado, valorado por sus responsabilidades pastorales públicas y de capilla, se encuentran en
27 Ibíd, McLean, J, M, cit (n. 14), 51.
28 Wehrli Romo, J. R, cit. (n. 15), 110.
29 Idem.
30 Uno de los dirigentes destacados de la Sociedad de Artesanos fue Ambrosio Larracheda , del cual se hace alusión que se integró a la Iglesia Evangélica Chilena de Santiago ya en el pastorado del misionero N. Gilbert, quien traspasa a Ibáñez Guzmán dicho cargo, en: La Piedra Viva, Verdadera y Divina, Valparaíso, Chile, Mayo de 1978, N° 96, Año IX, 659.
31 McLean, J. M, cit. (n. 14), 53.
32 Idem.
33 Idem.
34 McLean J. M, cit. (n. 14), 51.
35 Idem.
36 Idem.
el Patio de disidentes del Cementerio General de Santiago, y en cuya lápida aparece el siguiente epitafio:
“EN MEMORIA JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ GUZMÁN Presbítero, Ministro de la Iglesia Reformada en esta ciudad. Nació en San Felipe y murió en Santiago, el 13 de Septiembre de 1875, a la edad de 34 años.Sus amigos en ésta y otras ciudades, asociándose con la esposa aflijida deploran la pérdida de un entusiasta obrero de la ilustración, y de un resuelto defensor de la libertad. Fue un elocuente orador, pastor instruido, patriota ilustrado, amigo constante y cristiano puro y abnegado”37
III. ACTIVIDADES ECLESIALES Y PÚBLICAS DE J. M. IBÁÑEZ GUZMÁN
A continuación se dará a conocer información inédita de Ibáñez Guzmán, sobre crónica evangélica chilena. Para ello, hemos investigado principalmente en los periódicos y diarios de la época y que fueron publicados principalmente desde Valparaíso. En las siguientes líneas no se describe el trabajo pastoral con sus singulares detalles en las ya organizadas dos primeras congregaciones evangélicas compuestas por chilenos, (Santiago 1868 y Valparaíso 1869); nuestra información confirma su esfuerzo evangelizador y la consideración que se mantenía de su persona.
A Ibáñez Guzmán lo encontramos en Valparaíso para 1864. Llegado de Estados Unidos, se dedicó en el puerto a trabajar como profesor38 y traductor de inglés por algunos años. Así los primeros indicios públicos sobre él se refieren a un discurso dado por D. Trumbull en el mes de febrero de 1865, el cual fue publicado en español en el diario La Patria, en cuyo encabezado aparecerá el nombre de Ibáñez Guzmán como responsable de la traducción39.
Para 1869, Ibáñez Guzmán aparece ante la opinión pública, por participar activamente dentro de la sociedad que reúne a extranjeros santiaguinos, donde fue incluido en el programa eclesial que inaugura el templo evangélico de la “Trinidad”, ubicado en un sector céntrico de Santiago, y cuyo discurso principal lo da D. Trumbull40. Previamente a dicha actividad eclesial y social, Ibáñez Guzmán fue incluido en uno de los sermones en la instalación de la primera piedra del segundo templo de la Union Church el cual se levantaría en el boulevard de la calle San Juan de Dios (hoy calle Condell); alocución desarrollada ante lo más selecto de la sociedad extranjera protestante41.
Para 1870, los protestantes evangélicos porteños, propiamente chilenos, se adelantaban al culto católico teniendo tanto la liturgia como la prédica en español. En el espacio de Avisos Nuevos,
37 MacLean J. M, cit. (n. 14), 52.
38 El apellido de Ibáñez, en los años siguientes de 1869, aparece nombrado como uno de los profesores en el ramo de inglés, en Con un homenaje a sus fundadores el Colegio Mckay celebra 95 años de vida, La Unión, Valparaíso Chile, 11 octubre de 1952, 7.
39 Véase en Discurso. La Patria, Valparaíso, Chile, 12 abril de 1865.
40 La Patria, Valparaíso, Chile, 3 julio de 1869.
41 El Mercurio, Valparaíso, 5 marzo de 1869; Valparaíso and West Coast Mail, Valpo, march 10, 1869, 3.
aparecían constantemente invitaciones a dichos cultos, los cuales incluían el tema del sermón con su respectivo texto bíblico42; presumimos que ya Ibáñez Guzmán llevaba la predicación como líder local. En medio de este tipo de actividades cada vez más públicas, suponemos que es Ibáñez Guzmán quien no solo podría haber sido el encargado del “Colegio de protestantes para niños, por un chileno”43, o posiblemente como el que escribe artículos en diarios de la capital44. Para ese mismo año, meses previos a las fechas de la información de prensa, realiza un viaje al norte chico, haciendo de colportor-predicador en una zona que no faltaron residentes extranjeros con sus familias a las cuales visitaba. Así Ibáñez Guzmán llegaba por vapor hasta Caldera, pasando por Copiapó, y bajando al pujante puerto de aquel entonces llamado Carrizal Bajo, localidad cuya importancia para el colportor-predicador era en razón de la gran cantidad de trabajadores que se concentraban en dichos lugares a causa de la extracción y embarque de mineral45.
Para 1871, los sermones evangélicos se hacían cada vez más comunes en las ciudades del centro del país. Fue en una estadía en Talcahuano-Concepción, que el diario local publicó sobre las actividades de Ibáñez Guzmán, a cuyas reuniones asistían “varias familias de extranjeros y muchos chilenos curiosos”46. Es más que probable que fueron las pláticas de Ibáñez Guzmán las que originaron un revuelo de acusaciones por algunos chilenos de Talcahuano, a lo cual reaccionaron los afectados al ser indicados con nombres y apellidos de haber “apostatado de la religión católica”, ante cuyos dichos estigmatizantes publicados por La Tarántula, llegaron incluso hasta la corte de apelaciones de Santiago47. En ese mismo año, Ibáñez Guzmán vuelve a visitar puntos de la zona del norte chico partiendo desde el activo puerto de Carrizal. De vuelta, viajará a su San Felipe, a lo cual estuvo atento El Observador en cuya crónica, fuera de confundir su persona con el porteño Constancio Ibáñez, incluye un inserto que hoy resulta valioso para nuestra investigación, ya que saldrán publicados parte de los temas doctrinarios tratados abiertamente:
“Los puntos capitales que trató el reformador, fueron el apoyo al Libre Examen, la negación de la confesión auricular, de la eucaristía, de la infalibilidad de la iglesia, del purgatorio, del sacramento de la confirmación, del matrimonio, y finalmente del bien y el mal moral.Concluyó su propaganda por esta vez con dar la bendición a sus oyentes, citándolos para hoy a las doce”48.
42 El Mercurio, Valparaíso, Chile, 23 julio de 1870. En cuanto a los sermones de Ibáñez Guzmán, uno de ellos con el título de “Cristo todo en Todo”, fue publicado, en: El Heraldo (Evangélico), Valparaíso, Chile, 5 junio de 1885.
43 Véase Santiago, en: El Mercurio, Valparaíso, Chile, 17 octubre 1870.
44 El día 13 diciembre de 1870, en La Libertad, de la ciudad de Santiago, apareció un artículo redactado por un protestante chileno. Presumimos que pertenece a Ibáñez, en: El Mercurio, Valparaíso, Chile, 20 diciembre de 1870.
45 En Marítima, aparece llegado del puerto de Carrizal, un tal J. M. Ibáñez, en: El Mercurio, Valparaíso, Chile, 12 agosto de 1870.
46 Tomado de La Tarántula de Concepción, en: La Patria, Valparaíso Chile, 13 febrero de 1871.
47 Véase una cita sobre dicho hecho en Crónica: La Patria. Valparaíso, Chile, 15 de marzo de 1871; El Mercurio, Valparaíso, Chile. 29 marzo de 1871.
48 Tomado de El Observador, en: El Mercurio, Valparaíso, Chile, 23 agosto de 1871.
Corregida por la prensa la confusión de nombres, pero no de apellido ya arriba indicada, El Mercurio define a Ibáñez Guzmán de “cura protestante que ha ido a hacer propaganda a San Felipe”. Al ya no pasar inadvertido a causa de sus propuestas rupturistas en religión, dicho diario informado por los corresponsales que le seguían sus pasos, en el espacio de noticias del interior, en un intento de hacer ver no solo improductiva dicha visita a dicha zona del Aconcagua, sino que además para ridiculizar a los protestantes, algo que comenzaba a ser muy típico ya en esos tiempos, y cuyo relato termina indicando “que el propagandista Ibáñez tuvo que tomar las de Villadiego para no entumecerse hasta los huesos”49
Desde 1857, comenzaba a ser cada vez más común que las controversias religiosas con ideas protestantes se ventilaran por la prensa escrita. Dicha libertad de prensa, a pesar de la normativa constitucional, llegaba al espacio público con enseñanzas de una religión solo permitida en el espacio privado. Fue así que a misioneros extranjeros como D. Trumbull y Swaney le publicaron más de una decena de artículos teológico-políticos, a lo que se añadiría la pluma del chileno Ibáñez Guzmán, quien no estuvo ajeno a las confrontaciones de las libertades civiles en público, no faltando confrontarse con más de un católico ilustrado, los cuales haciendo uso de sus creencias les refutaban en un intento de hacer atendibles sus argumentos dirigidos al pastor reformado, y un ejemplo de ello es lo publicado a finales de 187250.
Al llegar al año de 1873, Ibáñez Guzmán forma parte de un grupo con tres misioneros extranjeros presbiterianos que ya se encontraban en Chile, dos congregaciones ya organizadas, y él como ministro de culto chileno, en un período de transición al inicio de su ministerio pastoral. La Misión Chilena era apoyada por La Unión Cristiana Americana y Extranjera, compuesta por varias denominaciones Norteamericanas, entre estas un número importante de congregacionalistas. Ya para inicios de 1873, dicha Misión queda ahora al cuidado y sustento del Board of Foreign Missions, de la iglesia presbiteriana de USA, pasando dicho pastor no solo a ser oficialmente presbiteriano, sino también las dos primeras iglesias evangélicas chilenas con el venir de los años.
También se dio la ocasión de que abiertamente le publicaran dogmática con respecto a mariología desde una mirada crítica, en una serie de prédicas que reunió para ser divulgadas por la prensa. Tanto El Ferrocarril, diario del gobierno de turno, como a la vez por El Mercurio, en la sección de “Remitidos” se incluyeron sus sermones pronunciados en Santiago sobre El Culto a María51, encontrando una cantidad no menor de razonamientos y de citas bíblicas utilizadas en razón de no aceptar desde su confesión protestante dicha práctica52.
49 El Mercurio, Valparaíso, Chile, 9 septiembre de 1871.
50 Información aparecida en El Independiente, y que se publica, en: El Mercurio, Valparaíso, Chile, 24 diciembre 1872.
51 Dicho escrito ingresa como publicación para ser archivada en la Biblioteca Nacional con el nombre de “Breves Conferencias sobre el Culto de María por don J.M. Ibáñez Guzmán.- I vol. En 8° de 90 págs. Imprenta La Patria”, En, La Estrella de Chile, Santiago, Chile, 5 de julio de 1874, 628.
52 El Mercurio, Valparaíso, Chile, 19 diciembre de 1872; El Mercurio, Valparaíso, Chile, 31 diciembre de 1872.
No cabe duda que por medio del uso de la prensa, sus francas opiniones en teología política que inicialmente eran en ocasiones proclamas desde el púlpito, dan a conocer el sentir no solo particular de Ibáñez Guzmán, sino también la opinión de los primeros evangélicos chilenos que comenzaban a adherirse al protestantismo en su versión calvinista. Uno de estos es un sermón político que hemos incluido al final de nuestro escrito, donde se pueden ubicar una serie de puntos que ponen en evidencia una realidad de la cual eran ellos directamente afectados en esa época. Por nuestra parte consignamos que la participación evangélica nacional en cuanto entendemos por políticas públicas, se pronunciaron abiertamente en el medio nacional ya desde los inicios de la gestación de sus dos primeras iglesias; dichos miembros o simpatizaban abiertamente, o se afiliaban a las corrientes partidistas liberales, y radicales.
Dentro de la prolífica labor que Ibáñez Guzmán realizó en su tiempo no solo se encuentra el reparto de Biblias como colportor, sino que incluye una ideología en práctica. Si para 1874, a D. Trumbull no le sería un impedimento apoyar, por medio de la labor de la Sociedad Bíblica de Valparaíso, la distribución del Nuevo Testamento del Rev. P. Kenelm Vaughan con anotaciones dogmáticas católicas en sus páginas, Ibáñez promoviendo la lectura del Buen Libro, se ponía en la línea de los padres reformadores del siglo XVI, pues consideraba que ella causaría en la nación cambios en la mentalidad y en el orden ético:
“Cuando una nueva línea de vapores llega a nuestras costas, cuando la nueva vía férrea se proyecta o se53 concluye, cuando el hilo eléctrico llega a nuestro pueblo entre sí o con naciones vecinas, nos regocijamos y con entusiasmo decimos -¡Adelante! Mas ¿qué son ferrocarriles, telégrafos y vapores al lado de la regeneración moral y espiritual de un pueblo? ¿Qué son todos los progresos materiales imaginables al lado del progreso espiritual hacia Dios? Y La Biblia aceptada, creída, significa para un pueblo regeneración, engrandecimiento, y progreso en el alto sentido…”54
Asimismo no deja de llamarnos la atención el profundo patriotismo razonado que transmite al país por medio de una publicación cuyo encabezamiento era oración solemne, acto celebrado en ocasión del Servicio de Acción de Gracias realizado el 18 de septiembre de 1874. Para Ibáñez Guzmán, con la emancipación de los españoles a causa de los heroicos hechos acaecidos en la Independencia de Chile, se habría iniciado “la grande obra de nuestra regeneración política y social”. Aquel hecho pasado del cual habían solo transcurrido no más de 60 años hasta el presente de Ibáñez, pregonaba que dicha gesta de Independencia unía a los ciudadanos a luchar por un porvenir con propósitos dignos que no se contraponían con ideales que la ética bíblica exigía en su quehacer cotidiano:
“Pero si el 18 de septiembre es un día de gloriosos recuerdos que conmueven hondamente al espíritu y llenan de gratitud el corazón, debe también ser un día de grandes inspiraciones, un día de nobles y firmes propósitos que redunden en bien de la patria. En su día, los héroes cuya memoria hoy ensalzamos, fueron innovadores y reformadores, e incumbe a cada generación imitar su ejemplo
53 La Patria, Valparaíso, Chile, 28 de marzo de 1874.
54 Idem.
y llevar adelante la obra por ellos encomendada. Que fuego Sagrado, pues, que animaba a esos apóstoles de nuestras libertades, arda también en nuestros corazones. Impulsados por su espíritu, preguntémonos bajo que bandera de grandes principios debemos agruparnos, preguntémonos por qué causa santa debemos ofrecer hoy sobre el altar de la patria nuestras oraciones como cristianos, nuestros votos como ciudadanos, nuestro influjo social como particulares”55
IV. CONCLUSIONES
Nuestro personaje, delante de la clase social acomodada e ilustrada, no solo causó un profundo interés por su pensamiento, sino que también le acompañaba un valor agregado por provenir de una cuna familiar reconocida y pudiente. Pero, para la mayoría del pueblo de la época, él pasó más que nada como un pintoresco caballero, el cual llamaba considerablemente la atención ante los ojos de los fieles católicos por el hecho de ser uno de los primeros protestantes chilenos, toda una novedad, cuyas miradas acompañaban una tremenda carga de desmerecimiento por su religión disidente para ese tiempo. Es importante el tener muy presente que el Revdo. J.M. Ibáñez Guzmán adquirió una mayor formación cívico religiosa en Norteamérica, la cual desarrolló posteriormente en Chile, dentro de tradiciones cristianas protestantes evangélicas provenientes de Inglaterra, y posteriormente como lo fueron los Congregacionalistas, y los Presbiterianos, quienes no solo participaron activamente en consolidar políticamente la República Norteamericana, sino también aportaronsu pensamiento político protestante en las libertades públicas y civiles en nuestra tierra.
El perfil de Ibáñez Guzmán reúne por medio de una formación integral y acabada, todos los requisitos y cualidades de un ministro religioso consagrado que es capaz no solamente de atender en su capilla a una heterogénea feligresía, sino también crear espacios de educación para el pueblo, manejarse con disciplinas bíblico-teológicas a un nivel superior, hacer labor de evangelización en zonas distantes, relacionarse de igual a igual con la pudiente sociedad anglosajona de su tiempo, aportar con su pensamiento religioso-político a los legisladores chilenos, crear conciencia e identidad del rol de los evangélicos dentro del lugar que Chile tiene como nación cristiana. Dichos antecedentes, en el día de hoy, pasan a ser un testimonio a la práctica de la fe y una esmerada preparación intelectual, lo que hace un directo llamado de atención no solo a evangélicos, como a pentecostales, y a quienes ignoran la conformación y participación del primer protestantismo chileno en la vida pública chilena.
55 La Patria, Valparaíso, Chile, 23 septiembre de 1874.

COLEGIO SEMINARIO SAN RAFAEL, UN BALUARTE DE LA FE
David O. Toledo
Profesor. Miembro de número de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso.
UN COMPLEJO ESCENARIO
La creación del Seminario San Rafael de Valparaíso se debe a una serie de circunstancias que se fueron entretejiendo hasta formar una trama de gran peso para el quehacer pastoral de la Iglesia. Luego de un período donde las relaciones de la Iglesia y el Estado eran llevadas con cierto respeto y altura de miras, a mediados del siglo XIX estas fueron declinando en gran parte de las esferas de la vida nacional.
El creciente desarrollo comercial del puerto de Valparaíso atrajo a pioneros europeos que rápidamente se incorporaron a diversas tareas de producción y servicios como la minería y el comercio. Esta presencia anglosajona principalmente, implicó la influencia cultural y religiosa que anida y crece en este puerto. Por otra parte, un afluente de ideas “modernas y avanzadas” empezaron a cautivar a la población y clase dirigente de Chile. Otro elemento desorientador para la tradicional cultura católica de Valparaíso, lo constituyó la masonería que, animosamente anticlerical, realizaba una activa campaña desintegradora de la fe y la práctica religiosa desde 1852.
Frente a esta realidad, el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso asumió la idea de fundar un establecimiento educacional en Valparaíso, cuyo propósito fuera la enseñanza cristiana a la luz de las orientaciones de la Iglesia y la preparación de los futuros sacerdotes de la zona que pudieran consagrarse al servicio espiritual del principal puerto de Chile. El Vicario Foráneo de Valparaíso y párroco de la iglesia Matriz, don Mariano Casanova, se comprometió a colaborar estrechamente por el desarrollo de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
UN DOCUMENTO HISTÓRICO
Con fecha 2 de julio de 1869 –coincidiendo con el aniversario episcopal del Arzobispo Valdivieso– se dio a conocer el decreto de erección del Seminario San Rafael que dio la partida a la más importante obra de la Iglesia en Valparaíso durante el siglo XIX. El extenso edicto, en el que se describe detalladamente la realidad de la Iglesia, su misión salvadora y la urgente necesidad
de aumentar el número de sus hombres consagrados a Dios, está provisto de fundamentadas y explícitas razones, constituyendo un real documento histórico.
En su parte medular, dice:
“Todo ha prosperado en Valparaíso, el número de habitantes, las riquezas, los establecimientos de diverso género, y este progreso ha sido rápido; solo las iglesias y el número de sacerdotes se han estacionado y quedado muy atrás respecto del general incremento. (…) no hay en Valparaíso la mitad de lo que debía haber (…). No es de creer que los habitantes acomodados de una ciudad opulenta, como Valparaíso, tan interesados en la prosperidad local, hayan resistido proveer a la necesidad de los templos; y juzgamos que no han llegado a conocer bastante por la escasez misma de sacerdotes allí residentes1”.
Más adelante afirma:
“Valparaíso carece de ellos, y es tal vez el único pueblo notable del Arzobispado que no cuenta en el clero con un solo sacerdote oriundo de ella”.
Por lo tanto…
“Invocando pues el Santo Nombre de Nuestro Señor Jesucristo y el patrocinio de su Santísima Madre y del Glorioso Arcángel San Rafael, bajo el título de éste, disponemos que se erija un Seminario en la Ciudad de Valparaíso, dependiente del Arzobispado de Santiago, constituyéndose promotor de esta importantísima obra a nuestro Vicario Foráneo en la misma ciudad de Valparaíso, don Mariano Casanova2”.
El Pbro. Mariano Casanova, una de las personalidades eclesiásticas más destacadas del siglo XIX, fue ordenado sacerdote a los 23 años de edad cuando ya era abogado, intelectual de carácter conciliador y amena conversación, conquistaba la simpatía de cuantos le conocían. Versado en variados temas religiosas, se constituyó en un eximio orador sagrado y, frente a determinadas circunstancias, en un franco apologista. En 1868 fue destinado a la parroquia Matriz de Valparaíso lo que significó a la Iglesia una representación de alto fuste que concitó el respeto de las autoridades y la ciudadanía en general.
LA JUNTA DIRECTIVA
Junto con la publicación del decreto y de acuerdo con las instrucciones vertidas allí, el Pbro. Casanova se dio a la tarea de interesar personalmente a distinguidos vecinos para organizar la campaña de recolección de fondos y posteriormente, dirigir los trabajos de construcción. Escasos 24 días después, el Arzobispo daba su aprobación a la Junta propuesta por el Vicario Foráneo y promotor de la obra. Estaba integrada por los señores Maximiano Errázuriz, en calidad de presidente, Nicolás Schut, Ricardo Escobar; Buenaventura Sánchez; Santiago Lyon, Juan de Dios
1 Cfr. Decreto del erección, SSR Archivo histórico.
2 Idem.
Vergara, Joaquín Segundo Iglesias y el R.P. Lorenzo Morales. Secretarios fueron los señores Juan de la Fuente y Carlos Brown3. Con singular espíritu, los miembros designados, se dieron a la tarea de aunar voluntades y adhesiones económicas para la noble y plausible causa.
Para este propósito tuvo lugar una reunión de alto nivel en la Parroquia Matriz del Salvador el día 1º de agosto, a las 13:00 hrs., donde Casanova, en encendida motivación, empleó los mejores argumentos ante un selecto grupo de vecinos encabezados por el intendente, don José R. Lira. Precisó que el Colegio estaría destinado preferentemente a la formación de quienes desearan abrazar la carrera eclesiástica, y luego a educar cristianamente a los demás alumnos. En esa ocasión, expresó en parte:
“La especialidad del Seminario será por cierto la formación de sacerdotes que hagan honor al pueblo y que sean fieles intérpretes de la verdad católica. La necesidad de buenossacerdotes es evidente, y no lo es menos el que, entre todas las carreras, ninguna hay que necesite de más esmerada preparación”.
IDEAS SOBRE EL SACERDOCIO
“Es obra ardua, señores, el tallar las piedras vivas del santuario. Deben adornar al sacerdote virtudes no vulgares. ¿No veis que es el sacerdote a quien de oficio toca servir a sus hermanos, consolarlos, instruirlos en su fe, y conservar en ellos con su palabra y su ejemplo siempre viva la llama de la caridad, siempre vigoroso el sentido moral?; ¿quién puede improvisar tales hombres? Hombres de Dios y hombres del pueblo, a quienes encargáis los más caros intereses, a quienes confiáis los actos más solemnes de la vida, a quienes, en fin, ligáis vuestra eterna suerte4?”.
“Es, pues, señores, de un interés social y patrio la formación de buenos sacerdotes, y un Seminario en esta ciudad reina del Pacífico, es, vuelvo a decirlo, un nuevo beneficio con que va a dotarla el cielo. Si algún punto de Chile necesita de sacerdotes evangélicos es sin duda Valparaíso. Las razones vosotros las comprendéis. ¡Cuán grande es el bien que puede hacer un buen sacerdote, y al mismo tiempo, qué males tan terribles nos trae un sacerdote indigno de tal nombre!”.
OTRAS OPCIONES
“Más el Seminario procurará que los jóvenes que eduque estén preparados para cualquier carrera, si llegado el momento de la elección desean ser abogados, comerciantes o seguir otro camino honroso que asegure su porvenir. Así las humanidades deberán enseñar tan ampliamente como lo exigen los programas universitarios, por lo menos para el bachillerato de humanidades5”.
3 Cfr. Decreto del 02.07.1869, Arzobispado de Santiago.
4 Discurso del plesbítero Mariano Casanova en la iglesia Matriz, 01.08.1869.
5 Idem.
DEBATE PÚBLICO
Sin embargo, como era de suponer, esta encomiable idea del Arzobispado de Santiago no encontró la misma acogida en todas las esferas de opinión. En efecto, provocó reacciones contradictorias, y un debate público que se condensa en los artículos de prensa transcritos parcialmente a continuación.
EL DIARIO “LA PATRIA”
“La fundación del Seminario de Valparaíso es un ensayo en un buen camino, en el camino único e inevitable del porvenir. Las aptitudes del funcionario, a cuya actividad y discreción se ha confiado la importante empresa, es una garantía de que ella producirá resultados satisfactorios6”.
Tan “amables” apreciaciones, velaban sin embargo, propósitos absolutamente contrarios que se sustentaban en una propuesta separatista. Así lo evidenció el Diario “El Independiente” que arremetió con energía para desenmascarar las hábiles maniobras laicas.
RESPUESTA DE “EL INDEPENDIENTE”
“Teniendo presente el prurito que mueve siempre a los incrédulos hacia el campo, cerrado para ellos, de las discusiones religiosas, no es de extrañar mucho que “La Patria” haya dedicado para prodigar de sus elogios; y tanto que ello sería inconcebible sino fuera cierto que así como la araña suele enredarse en tela propia, la astucia suele engañarse a sí misma. En todo caso no tenemos por qué aceptar los elogios de “La Patria”, ni por qué no felicitarnos de que la proyectada fundación cuente desde luego con un protector tan desinteresado y generoso. No es mal comienzo para un establecimiento destinado a formar sacerdotes virtuosos y capaces de combatir con éxito la propaganda protestante, el encomio del órgano del protestantismo7”.
Tal era el tenor del debate público que reinaba en torno a la misión de la Iglesia, el Estado y el proyecto del nuevo Seminario de Valparaíso. Cuánto más necesario parecía entonces la creación de este establecimiento que, impugnado por sus detractores, vendría a constituir un baluarte de fe en el medio social porteño. Así lo sabía el Vicario Foráneo quien debía sostener arduos debates ideológicos a través de la prensa y el púlpito, con aquellos obstinados intransigentes que creían ver en la Iglesia un obstáculo para el desarrollo del pensamiento libre.
PRIMERAS DONACIONES
Mientras la polémica mantenía los ánimos agitados, un flujo silencioso de solidaridad iba formando la base económica que haría posible la concreción de la obra. La Junta trabajaba con dedicación constante, comprometiendo voluntades y aportes económicos.
6 Diario La Patria, 05.08.1869.
7 Diario El Independiente, 07.08.1869.
Su presidente, don Maximiano Errázuriz, hizo una donación ejemplar de $17.000.-, don Arturo Lyon, abonó $12.000. Y el primer aporte del Arzobispo Valdivieso fue de $2.250. Don Juan José González de Hontaneda, en artículo de muerte, testó para la obra una propiedad ubicada entre las calles Victoria y Las Delicias (actualmente Avda. Argentina), cuyo valor era de $15.0008.
UNA QUEBRADA FECUNDA
No fue fácil encontrar un terreno apropiado. Debía reunir diversos requisitos convenientes a los propósitos de sus gestores. Con motivo de su viaje a Roma para participar en las sesiones del Concilio Ecuménico Vaticano I, el Arzobispo Valdivieso pasó por Valparaíso el 10 de septiembre de 1869 donde permaneció dos días, ocasión que aprovechó para dedicarse en forma especial a conocer las alternativas del proyecto.
Junto al rector del Seminario de Santiago, Pbro. don Joaquín Larraín Gandarillas, visitó la quinta de Los Lavados de propiedad de doña Adela Salvá de Hernández. A pesar de que los terrenos se encontraban hipotecados, el Señor Arzobispo consideró que estos reunían todas las características para construir el edificio del Seminario. Con esta apreciación y por votación unánime, la Junta aprobó la adquisición de dicha propiedad en sesión del 28 de septiembre, realizada en los salones de la Bolsa de Valores de Valparaíso9.
El 17 de octubre de 1869 se llevó a efecto una reunión solemne, en el salón de honor de la Universidad del Estado en Santiago, donde una escogida concurrencia tomó conocimiento de una campaña en procura de los medios económicos. Entre otros conspicuos miembros de la sociedad santiaguina, se encontraban el Obispo de Himería y Vicario General de Santiago, Dr. don José Miguel Arístegui, don Francisco Echaurren, don Melchor Concha y Toro y don Joaquín Blest Gana, entonces Ministro de Estado. Además se contó en esa oportunidad con la presencia del señor Intendente de Valparaíso don José María de la Cruz y del rector de la Universidad en cuyo seno se comenzaba a gestar la obra, don Ignacio Domeyko10.
Las conclusiones de lo que se denominó meeting fueron sumar el esfuerzo de todos los católicos para que el Seminario pudiera abrir sus puertas en el menor tiempo posible. Con el fin de obtener recursos, se designaron las comisiones que acordaron reunirse en casa de Joaquín Larraín Gandarillas. El trabajo de las comisiones fue rápido y efectivo. Parece que la tarea encomendada había provocado un verdadero entusiasmo y alto espíritu de compromiso entre sus miembros.
8 Cfr. SSR. Libro de Donaciones Archivo histórico.
9 Cfr. Palma José Manuel Pbro. Historia del Seminario San Rafael de Valparaíso, Revista Lux, Valparaíso, 1928, p. 33.
10 Marambio Espinosa, Luis, Breve Historia del Seminario San Rafael, Editorial La Unión 1940.
EL PRIMER PROSPECTO
Los preparativos de la puesta en marcha del nuevo establecimiento no descuidaron detalles. Se elaboró un prospecto el que fue enviado a familias prominentes de la ciudad y parte del cual se publicó en la prensa de Valparaíso y Santiago y que transcribimos en parte.
I EDUCACION
*El Seminario se propone educar cristianamente a sus alumnos preparándolos para cualquier carrera.
*La religión, que será siempre el alma de la educación del Seminario, se estudia teórica y prácticamente.
*Se cuidará de atender a la educación moral, intelectual y física de los alumnos, poniendo solo en juego los resortes morales, despertando en los alumnos los delicados sentimientos de la emulación y del honor.
*Se habituará a los jóvenes a tener modales cultos y a observar en todo orden, aseo y limpieza.
*El alimento será sano y abundante.
*La vigilancia de los superiores será continua11
II INSTRUCCIÓN
*La instrucción que se dará en el Seminario será conforme al plan de estudios de la Universidad Nacional para el bachillerato de humanidades, y comprende por ahora los siguientes ramos: Religión, Gramática, Latín, Inglés, Francés, Historia Sagrada y Profana, Historia de América y de Chile, Geografía, Cosmografía, Matemáticas Elementales y, además ramos útiles al comercio.
*La clase de Religión, de Urbanidad y de Gramática práctica, serán obligatorias a todos los alumnos mientras permanezcan en el establecimiento. Esta última clase comprende varios ejercicios de composición y declamación en prosa y verso12
15 DE MAYO DE 1870: SE INICIAN LAS CLASES
Con fecha 1º de abril de 1870, en la calle del Hospital, se arrendó un inmueble de propiedad de don Domingo Espiñeira y que hasta entonces ocupaba la Escuela Naval. Esta debió abandonar el edificio en orden a que una medida del Supremo Gobierno dispuso su traslado a Santiago. La propiedad fue arrendada por cinco años forzosos por ambas partes en $ 2.500.- anuales, canon que el señor Espiñeira declinó recibir durante el primer año, en colaboración con la obra. Por decreto de fecha 11 de abril se nombró Vicerrector al Pbro. don Juan Ignacio González Eyzaguirre, quedando el plantel directivo fundador compuesto de la siguiente forma:
Rector
Pbro. don Mariano Casanova Casanova
Vicerrector Pbro. don Juan Ignacio González Eyzaguirre
Inspector Pbro. don Domingo González
Profesor Diácono don Rodolfo Vergara
11 Idem.
12 Idem.
Rápidamente se desarrollaron las gestiones gracias al interés de un grupo de generosos benefactores que, fuertemente motivados por el señor Casanova, hicieron posible que el 15 de mayo de 1870 se iniciaran oficialmente las clases, con 29 alumnos.
RECONOCIMIENTO DE EXAMENES
A la alegría general de la inauguración del año escolar el 15 de mayo, se unió la del reconocimiento, por parte del Ministerio de Justicia e Instrucción de la validez de los exámenes que el Seminario tomara a sus alumnos. La satisfacción tenía un doble motivo por cuanto el Consejo Universitario había rechazado en principio tal solicitud. Pero el Vicario General del Obispado insistió en la siguiente nota:
“Santiago, Mayo 6 de 1870.
Se ha conseguido al fin, después de muchas diligencias, abrir el Seminario Eclesiástico de San Rafael en la ciudad y puerto de Valparaíso, bajo el régimen y plan de estudios que se observa en el Seminario principal de la arquidiócesis. Como US. conoce, será de mucho estímulo e interés para los alumnos que sus exámenes sean valederos para grados universitarios, espero que US. se servirá otorgar esta gracia para el indicado de Valparaíso, como por iguales razones hace poco tiempo se hizo una declaración análoga para el recientemente fundado en la ciudad de Talca.
Dios guarde a US., (fdo) José Miguel, Obispo de Himería13
Al señor Ministro del Culto”.
Seis días habían transcurrido desde la sesión del Consejo Universitario en que se negó el privilegio a que tenía derecho nuestro Seminario, cuando el Ministro de Justicia e Instrucción emitió el siguiente decreto:
“Ministerio de Justicia, República de Chile N. 846. Santiago, Mayo 20 de 1870. El Presidente de la República, con fecha de hoy, ha decretado lo siguiente: N. 929.- Vista la nota que precede y teniendo presente que en el Seminario establecido en la ciudad de Valparaíso rige el mismo plan de estudio que en el Seminario de esta capital, decreto: se declaran válidos para obtener grados universitarios los exámenes que se rindan en el Seminario de la Ciudad de Valparaíso.
Anótese y comuníquese.
Lo transcribo a V.S.I., en contestación a su nota núm. 3049 de 6 del actual.
Dios guarde a V.S.I. – F. Vargas Fontecilla”14.
CONTINUAN LAS DIFICULTADES: LA PRENSA
Pero “la guerra sostenida, mordaz y satírica que se levantó en contra de tan bella idea no cesaba en el espíritu de los adversarios poderosos y temibles que por largos años reinaban sin contrapeso
13 Marambio Espinosa, Luis, Breve Historia del Seminario San Rafael, Editorial La Unión 1940.
14 Idem.
dueños del campo y con recursos inagotables”15. Con ocasión del privilegio que hemos anotado la prensa se expresó en esta manera:
El Independiente del día 27:
“Para apreciar el valor de este acto que nosotros consideramos de estricta justicia, basta recordar que esta provincia ha sido tomada contra la opinión del Consejo Universitario que informando sobre este punto, había sido de parecer que no se concediese al seminario de Valparaíso el privilegio solicitado.
El señor Vargas Fontecilla, a pesar de esto y de muchas otras consideraciones que pesan mucho en los espíritus débiles, se decidió a dar el decreto que hemos copiado dando con ello una prueba elocuente de honradez y de respeto a la justicia. Por eso mismo, semejante acto merece nuestros más sinceros aplausos”16.
Sin embargo, no todos se congratulaban con esta decisión. La Patria del día 29:
El partido clerical hace progresos: hace poco, sus miembros van teniendo cada día más influjo en la administración y sobreponiéndose a la autoridad que encuentran débil y a propósito para sus miras.
El decreto del Ministro de Instrucción Pública sobre el Seminario de Valparaíso es una prueba de lo que decimos.
El señor Vargas Fontecilla, ¿qué objeto tuvo en vista el consultar al Consejo Universitario sobre la solicitud?
Una vez pasado el informe por el Consejo no podía hacerse otra cosa que negarse a las exigencias del Seminario. Así debía ser y todo el mundo lo esperaba: pero el señor Ministro tuvo sus razones privadas, y de aquí la concesión.
El Consejo debe haber quedado muy satisfecho de la conducta de su señoría; en tratándose de asuntos con el clero se ven absurdos como este.
Pero no se tendrá a mal que digamos para su explicación que la solicitud fue patrocinada por el decano de la facultad de teología, don Casimiro Vargas, hermano del Ministro de Justicia”17.
La réplica estuvo a cargo de la Revista Católica del 4 de junio que en parte expresa:
“Al consignar en nuestras columnas el anterior decreto, no podemos menos de aplaudir la conducta del señor Ministro que ha sabido hacer justicia a la libertad de enseñanza, a los intereses de la Iglesia chilena y de la provincia de Valparaíso, a pesar de los recelosos consejos del cuerpo encargado de dirigir la instrucción pública de Chile.
Vigente entre nosotros el actual sistema de exámenes anuales y particulares de cada ramo, es muy justo conceder el privilegio de recibirlos válidamente a todos aquellos colegios que ofrecen
15 Palma, J. M., op. cit. p.17
16 Idem.
17 Idem.
garantías suficientes de buen régimen, librándolos así de trabas odiosas que embarazan su marcha, comprometen sobre todo su porvenir y de todas maneras lo privan del vuelo que podrán cobrar”18.
EL DECRETO DE FUNDACION
Al cabo del primer año de actividades, don Mariano renunció al rectorado.
Excelente inicio tuvo su sucesor don Rómulo Garrido. Al día siguiente de su designación, el 28 de febrero de 1871 se publicaba el decreto de Fundación del Seminario San Rafael, luego de un año de actividad escolar.En su parte medular, el documento establece:
“Por tanto, invocando el nombre del Señor y usando de nuestra jurisdicción, en conformidad a lo dispuesto en el Santo Concilio de Trento, capítulo XVIII, erigimos, fundamos y establecemos un Seminario en la ciudad de Valparaíso, sita en la parte occidental del Arzobispado, para que en él se formen y eduquen jóvenes que se dediquen al estado eclesiástico, colocando el establecimiento bajo la protección de la santísima Virgen María y el patrocinio del Glorioso Arcángel San Rafael, el que será titular de dicho Seminario”19
En seguida el prelado puntualiza:
“1ª El dicho Seminario del Arcángel San Rafael, será regido conforme a lo que disponen los Sagrados Cánones, en todo sometido a la autoridad ordinaria diocesana y administrado con la dependencia del Seminario principal de los Santos Ángeles Custodios de esta ciudad de Santiago, como lo dispone el arriba citado capítulo XVIII sobre reforma, de la sesión XXIII del Tridentino”20
En el mencionado decreto, el Arzobispo Valdivieso dicta las normas y orientaciones necesarias que regirán a este establecimiento, otorgándole una subvención de $6.000.- anuales y doce becas para aquellos alumnos “que no tengan cómo costear sus estudios y que reúnan cualidades que hagan esperar con fundamento que sean útiles para la iglesia”21.
En su informe anual al Parlamento el 15 de agosto de 1871, el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, señor Eulogio Altamirano Aracena, se refiere al Seminario San Rafael en los siguientes términos que resumen el quehacer del primer año de trabajo educativo:
“El Seminario de Valparaíso, abierto en el año último, es ya un plantel de educación de primer orden y que inspira merecida confianza a los padres de familia. Cuenta actualmente con cuarenta y ocho alumnos internos y veintidós externos. Su plan de estudios es el mismo que se sigue en el Seminario de Santiago, con la agresión (sic.) de los ramos que necesitan aprender los que se dedican al comercio. La autoridad eclesiástica, teniendo presente el auxilio de $6.000.- que
18 Revista Católica de 1870.
19 Cfr. Decreto de Fundación.SSR. Archivo histórico
20 Idem.
21 Idem.
consulta el presupuesto del año corriente, ha mandado fundar doce becas gratuitas para jóvenes pobres, y esas becas están ya ocupadas”22.
UN ILUSTRE ADVERSARIO
La actitud hostil de un sector del ámbito político hacia la Iglesia, no era una simple apreciación. Su influencia a través de la prensa, el foro y los corrillos sociales, concientizaban a un vasto sector popular que con ignorante agresividad causaban un cierto daño entre los fieles y las esferas eclesiásticas.
Una figura destacada emergió, por entonces, contra la educación católica: don Diego Barros Arana, político, diplomático, historiador y educador. Tuvo singular actuación nacional con aciertos y desaciertos para el país. La alta investidura de Barros Arana, otorgaba a sus opiniones un importante valor, era entonces, además de rector del Instituto Nacional, diputado por San Fernando en representación del Partido Liberal Doctrinario y desde el Parlamento fustigaba a la jerarquía eclesiástica y a su apostolado educativo.
En 1871, inició, desde el Congreso Nacional, una artera campaña en contra de los colegios católicos “con saña incalificable” como observó algún contemporáneo. A él se sumaron ciertos políticos librepensadores cuyas opiniones sectarias buscaban el descrédito de la misión educacional. En diciembre de 1871, la Revista Católica replicaba a las arremetidas del diputado Barros Arana en los siguientes términos:
“El señor Barros Arana ha querido descender a la palestra para defender la acción del Estado en la enseñanza. Nada más natural. Es el rector de nuestro instituto i desde años atrás ha ejercido una especie de superintendencia sobre todos los colejios nacionales. Con esto queda todo dicho (…)
A su modo de pensar solo es perfecto el sistema de enseñanza que el mismo ha ideado i puesto en planta. Por eso sin miramiento de ninguna clase, ocupa largas columnas en alabar su propia obra e incensarla por todos lados para ver si puede así conseguir que despida buen olor”23.
La defensa no fue sencilla:
“Pero lo que sobre todo nos admira es el ataque miserable, solapado i de mala fe contra los colejios particulares, en que ese buen señor ha querido al mismo tiempo convertir su famosa defensa de la enseñanza dada en los colejios nacionales”.
Respecto a los Seminarios de reciente formación, entre los que se encontraba el nuestro, el combativo parlamentario también tuvo severas críticas a las que la Revista Católica se encargó de responder:
22 Cfr. Marambio Espinosa, Luis, op. cit. p. 9.
23 Idem.
“Pero agrega el señor Barros Arana, los seminarios gozan, de las misma manera que los colejios del Estado, el privilejio de que los exámenes rendidos en ellos por sus alumnos sean válidos para optar grados universitarios, I bien, ¿dónde están las innovaciones provechosas que se ha introducido allí en la enseñanza? dónde los testos que han hecho sus profesores? dónde los nuevos planes que en esos establecimientos se han ensayado en la instrucción? ¿No es cierto que, encontrándose en las mismas circunstancias los seminarios i los colejios nacionales, aquellos no han hecho más que seguir servilmente las huellas de estos?”24
Como se ha podido apreciar, el combate frontal hacia la educación privada, mayoritariamente católica, y a los Seminarios en particular, hacía muy difícil el noble apostolado de la educación, que era probado cada día en su fortaleza y entereza. Pero la verdad siempre brilla en las tinieblas, estas arremetidas solo consiguieron fortalecer la imagen de la Iglesia y del Seminario porteño.
El funcionamiento en el inmueble de calle del Hospital solo alcanzó a tres años, pues el proyecto de la Quebrada de los Lavados se levantó con gran rapidez, constituyendo un destacado aporte urbano en el sector sur de la avenida de las Delicias. El traslado del plantel se realizó el 23 de septiembre de 1873, consolidándose un admirable avance pedagógico que incluyó el sistema de medio-pupilaje e internado lo que hizo posible el ingreso de los alumnos procedentes de localidades rurales. Pero los ecos del rechazo anticlerical seguía resonando en la prensa, en el Congreso y hasta en los Ministerios, por lo que el combativo Mariano Casanova debía dedicar especial atención a este problema.
MARIS STELLA, UN FARO ESPIRITUAL PARA VALPARAISO
El Gobernador Eclesiástico y promotor de la obra, don Mariano Casanova, al observar que faltaba un lugar de oración donde convergieran las inquietudes y clamores de los fieles, pensó en establecer una presencia de la fe en la cumbre del cerro Seminario, en la imagen de la Madre de Dios. Como la ubicación sería visible desde todos los rincones del puerto, especialmente de los navegantes, le pareció de la mayor conveniencia que se erigiera bajo la advocación de Maris Stella, María Estrella de Mar.
Expuso, entonces, sus ideas al señor Arzobispo en la siguiente carta:
“Valparaíso, junio 19 de 1873. En los terrenos del Seminario de esta ciudad, hay una elevada planicie de regular extensión que domina la bahía y la ciudad toda.
Esa planicie entraba solo en pequeña parte en el terreno comprado a doña Adela Salvá de Hernández que la cedió posteriormente en vista del piadoso fin que tengo el honor de proponer a V.S. I. R. Se desea ardientemente erigir en el lugar indicado una gran imagen a María Santísima Inmaculada, con el título de “Maris Stella” que fuera la protectora del puerto y ciudad, y muy especial del Seminario, que quedará a sus pies.
24 Revista Católica, 1871. SSRR. Archivo Histórico.
La imagen sería guardada con una reja circular, de modo que solo se llegue hasta ella por el interior del Seminario; para que el público pudiera reverenciarla por la parte exterior; quitando así el más leve temor de irreverencias. Para proporcionarse los fondos necesarios se ha menester nombrar una comisión que se encargará de colectarlos entre los fieles de esta ciudad.
La creación de este monumento contribuirá sin duda a aumentar la devoción a María Santísima, y nos haría merecer su protección en tan difíciles tiempos.
Más, ante todo deseo saber si este pensamiento y el modo de realizarlo merecería la aprobación de V.S.I.R. (fdo) Mariano Casanova”.
La respuesta del prelado no se hizo esperar y su aprobación quedó expresada el 24 de junio de 1873.
“Santiago, Junio 24 de 1873.
Aprobamos con plena satisfacción nuestra el pensamiento que V.S. nos propone en su comunicación del 19, de erigir una estatua a la Santísima Virgen Inmaculada, con el título de Maris Stella, sobre las alturas del cerro Seminario, en la planicie formada por parte del terreno de dicho Seminario y el que ha cedido para este efecto doña Adela Salvá de Hernández (…)
Dios guarde a V.S. - + Rafael Valentín, Arzobispo de Santiago”.
Menos de un año bastó para que la piadosa iniciativa llegara a feliz término. Con gran entusiasmo, sacerdotes y fieles se dieron a la tarea de hacer pronta realidad el monumento a la Virgen Madre de Dios, en un santuario que sirviera de orientación y consuelo a la fe popular. Se reunieron los fondos; se desarrolló el proyecto y se encontraron los medios para encargar a la industria Val D’Osne de Francia, la escultura en fierro fundido de una imagen de la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos, la serpiente bajo su pie y una estrella sobre su cabeza. Levantada sobre una base de concreto, mide 10 metros de alto. La imagen pesa 9 toneladas y se encuentra emplazada mirando al Seminario.
BENDICION DE LA IMAGEN
El domingo, 24 de mayo de 1874, fiesta de Pentecostés, se llevó a cabo la solemne bendición de la imagen. La fecha correspondía, además, a la festividad de María Auxilio de los Cristianos.
A las 15 hrs., momento del inicio de la ceremonia, una nutrida concurrencia estimada en alrededor de 20 mil personas entre vecinos, cofradías, colegios, marinos y soldados, colmaban las calles, desde la iglesia de la Merced hasta la cumbre del Seminario, por un camino que pasó a llamarse de la Virgen. Las casas del recorrido de la precesión se mostraban engalanadas con el pabellón nacional. Una montaña de flores cubría la base de la Virgen pintada de blanco y rodeada de banderas. Los tres párrocos de la ciudad, acompañaban al Gobernador Eclesiástico quien procedió a la solemne bendición en representación del señor Arzobispo. Eran las 16 hrs.
Su ubicación permite que con su mirada cubra toda la bahía y gran parte de la población, sirviendo, además, como punto de orientación para los numerosos barcos que empezaban a llegar a nuestras costas. En el pedestal, costado interior, una plancha de mármol tiene la siguiente
inscripción: INTERVENI PRO CLERO. En el costado que mira la ciudad, hay otra: ORA PRO POPULO. Quedaba así bendecido e inaugurado un monumento a la fe mariana, verdadero faro espiritual de Valparaíso25. En los años siguientes, y hasta la década de los años 40, tanto el pueblo como los alumnos del Seminario hacían sendas procesiones, romerías y mandas, constituyéndose en un tradicional lugar de oración, en especial, durante el Mes de María.
LA CAPILLA Y OTROS APORTES
Cuando el tercer rector en sucesión, don Claudio Sánchez Fontecilla asumió la dirección del Seminario (1875-1879), los alumnos aún carecían del corazón palpitante que impulsara su diario vivir espiritual: una capilla. Hasta entonces solo había “un pequeño oratorio doméstico” y para las grandes ceremonias litúrgicas, estudiantes y profesores debían trasladarse a la parroquia Matriz, pues la de los Doce Apóstoles tampoco estaba habilitada. El rector Sánchez se propuso construir una iglesia digna del entonces flamante establecimiento y que al mismo tiempo pudiera servir al vecindario Con estas razones cursó la debida solicitud al señor arzobispo, señalando que el presupuesto del Seminario no podía cubrir los costos por lo que forzosamente se requeriría de erogaciones externas. El arzobispo Valdivieso autorizo el proyecto y la campaña de recaudación de limosnas y donaciones por espacio de dos años26. No esperó el rector juntar los fondos, y procedió a la construcción de tan anhelada obra, aportando los bienes de su propia familia27. A mediados del año 1876, la iglesia estaba en condiciones de ser bendecida, por lo que don Rafael Valentín Valdivieso extendió el siguiente decreto:
Santiago, junio 23 de 1876.
Vistos: se erige en iglesia pública en honor de San Rafael Arcángel, la del Seminario de Valparaíso (…) Astorga, V. G. – Almarza, secretario”.
El 25 de julio de 1876, se realizó la ceremonia de bendición oficiado por el Pbro. Francisco Lisboa, ministro del Seminario28. El funcionamiento de la hermosa capilla que a diario ha acogido a las numerosas generaciones de alumnos, completó el propósito original del fundador: educar en la fe. Ahí, se ha podido celebrar misa y administrar sacramentos numerosos sacerdotes ex-alumnos; ellos han sido la corona de la fundación. A través del tiempo diversas autoridades han ido adecuando la capilla a la modernidad litúrgica y física, pero en su esencia mantiene los lineamientos arquitectónicos originales29 que presenta un estilo románico neoclásico.
A la actividad religiosa se sumaron otras de notable importancia, como son los gabinetes de
25 Cfr. Maris Stella. Erección de una estatua de la Santísima Virjen, Opúsculo I.mpta y Lit. Excelsior, 1901, 2º ed.
26 Comunicación del Vicario Gnral. José Ramón Astorga del 23.10.1875.
27 Martín y Manero, V., op. cit. p. 266.
28 Marambio Espinosa, L., op. cit. pp. 12-13
29 Martín y Manero, Vicente, op. cit. p. 266
Historia Natural, Física y Química, donados por el ex alumno y luego profesor don Arturo Edwards Ross, adquiridos en 1881 en Europa y enviado a su querido establecimiento para lo cual dispuso la construcción de un edificio ad hoc en 188630. Con este aporte didáctico, el Seminario se ubicó a la vanguardia de la pedagogía de su tiempo. Este preciado obsequio para la formación de los alumnos aún se conserva, habiéndose incorporado recientemente la antigua biblioteca “Arturo Constancín” al edificio del museo.
En 1884 Arturo Edwards donó los vitrales para la capilla, los que fueron importados de Burdeos, Francia. La señora madre de don Arturo, doña Juana Ross, madrina de la obra educacional, no fue menos que su hijo y financió la construcción del llamado segundo patio con sus respectivas salas y un salón de actos31.
CONTINGENCIAS
A pesar de su discutida condición eclesiástica, el Seminario no estuvo ajeno a las contingencias sociales y políticas del país. Frente a la Guerra del Pacifico, varios sacerdotes debieron desempeñarse como capellanes de guerra, en tanto exalumnos y otros profesores cumplieron tareas en el frente de batalla. El edificio fue habilitado como hospital de campaña, llamado entonces “hospital de sangre”, donde arribaron numerosos soldados heridos que fueron asistidos por el personal que aún permanecía en el plantel.
Igual compromiso se asumió frente a las contingencias de la guerra civil de 1891, donde el edificio fue ocupado por el ejército leal al Supremo Gobierno, sirviendo primero de cuartel y luego de “hospital de sangre”, en tanto sus sacerdotes nuevamente se desempeñaron como capellanes de ambos bandos32.
1906 fue otro año complejo debido al trágico terremoto del 16 de agosto, en el que, a pesar de su deterioro, fue habilitado como albergue para los damnificados, por lo cual una vez más las actividades académicas estuvieron suspendidas por algún tiempo. Al cumplir 50 años de existencia en 1930, el Seminario acaudalaba un bagaje de gran envergadura en lo social, cultural y pastoral, cuyos mejores frutos eran los ya numerosos sacerdotes formados en el plantel porteño y enviados al Seminario Mayor de Santiago a completar sus estudios eclesiásticos. La mayoría regresaba a Valparaíso a servir como profesores del Seminario, párrocos o capellanes, en tanto otros eran destinados a zonas rurales del interior o de otros lugares del país33.
El año 1931 trajo grandes sorpresas al país en el aspecto político y económico. Consecuencia de ello fue el levantamiento del Regimiento Maipo, motivo por el cual el Regimiento Escuela de
30 Idem., p. 267
31 Idem. p.268
32 Diario La Unión, 18 de mayo de 1894
33 Marambio Espinosa, Luis., op. cit. p. 30-31
Infantería de San Bernardo ocupó militarmente el Seminario por espacio de 15 días, tiempo que demoró el sofocamiento de los insurrectos.
UN CENTRO PASTORAL
Como la absurda tutela del Estado no propiciaba la creación de un Obispado, el Seminario San Rafael se constituyó en un centro pastoral estratégico que permitió a la Gobernación Eclesiástica desarrollar su misión con menos dificultad.
El hospedaje de sacerdotes y prelados en tránsito, la recepción protocolar de obispos y nuncios para lo cual se disponía de numerosas habitaciones especialmente preparadas. Por una parte, y por otra, servía de sede de numerosas concentraciones de orden pastoral tanto a nivel local como nacional: Jornadas de Acción Católica, y otros movimientos de apostolado, base de procesiones y diversas actividades ciudadanas como el X Congreso Eucarístico Nacional en 1951. La instalación del Obispado contó con el apoyo logístico del Seminario como lo acreditan las crónicas de la época.
Es importante señalar que a pesar de ser un establecimiento de “elite”, su rol social-cristiano se experimentaba en todas sus dimensiones según las normas orientadas por la iglesia. A la amplia oferta de becas estudiantiles, se sumaban los compromisos solidarios con la comunidad como la disposición de ollas comunes (“Olla del pobre”) con la que asistían a las familias en crisis económica en diversas circunstancias políticas o de catástrofe como terremotos, guerras internas y externas o la propia depresión económica en la década del treinta, ocasión en que otras instituciones debieron entornar sus puertas por un tiempo.
COLEGIO EPISCOPAL
Luego del fallecimiento del obispo Eduardo Gimpert en 1937, asumió como Vicario Capitular don Prudencio Contardo quién había ejercido como obispo de Temuco. Entre sus primeras medidas ordenó el cumplimiento de las normas vaticanas, disponiendo el traslado de la totalidad de la sección eclesiástica al Seminario de Santiago. El Seminario de Valparaíso quedaba como Colegio Episcopal.
Al tomar posesión del Obispado, el nuevo obispo don Rafael Lira Infante manifestó su preocupación por la situación en que se encontraba el establecimiento, y manifestó su deseo que en la diócesis existiera una entidad eclesial que acogiera y suscitara vocaciones sacerdotales. En su visita ad límina apostolorum, en Roma, pudo conocer las nuevas disposiciones canónicas y el pensamiento del Papa Pío XI. De vuelta a Valparaíso, adoptó las medidas correspondientes para habilitar un recinto destinado para el Seminario Menor, el que se encontró en el cerro Alegre. Un edicto fundamentó su decisión34.
34 Edicto del 25 de marzo de 1941. Cfr. Toledo T., D 125 Años de Educación, Amor y Fe, pp. 187-188
El prelado se preocupó personalmente de allegar fondos, disponiendo un porcentaje de las limosnas que se reunían en los Santuarios de la Virgen de Lo Vásquez y el de las Cuarenta Horas, de Limache para la sustentación de su querido Seminario Menor. Hizo construir un segundo piso en la propiedad adquirida donde se distribuyeron en mejor forma las dependencias del internado, los baños y otros espacios para los alumnos aspirantes al sacerdocio. El proyecto fue fecundo, pues ahí pudieron fructificar varias vocaciones sacerdotales que más tarde han constituido un valioso aporte a la Curia diocesana.
EL COLEGIO SEMINARIO, LA NUEVA ETAPA
El año 1961 fue el inicio de una nueva etapa del Seminario del arzobispo Valdivieso. Don Raúl Silva Henríquez, nuevo obispo de Valparaíso suprimió la sección eclesiástica. Entre las variadas razones que movieron a esta determinación, se consideró el costo económico que implicaba su mantención, y aunque se habían cultivado destacadas vocaciones sacerdotales, el proyecto experimental concluyó incorporando a los alumnos al colegio de avenida Santa Elena.
La década de los años sesenta fue un tiempo de modernización bajo la orientación del rector Jaime Fernández Sanfuentes, que supo asesorarse por profesionales de la educación, diseñando un proyecto de acuerdo a los tiempos. A pesar de haber recibido una economía deficitaria, logró implementar el currículum con un moderno material didáctico que elevó la enseñanza a una primera línea. Organizó un equipo de profesores jefes y nombró encargados laicos en las diversas secciones escolares. Hasta entonces la mayoría de los profesores eran sacerdotes, solo un reducido número de laicos le secundaban. El rector Fernández incorporó a numerosos educadores de destacada trayectoria profesional con los que consiguió otorgar una nueva imagen al colegio. En 1972 se creó el cargo de director, el que fue confiado al profesor Hernán Johnson Hoses, de claros conceptos pedagógicos y notable criterio administrativo, lo que le permitió un franco despegue económico y educativo. Aumentó el alumnado y mejoró las instalaciones del internado y medio pupilaje. Pero el proceso de modernización no impidió el trabajo pastoral que significó una adecuación a los tiempos y surgieron algunas vocaciones sacerdotales con satisfactorios resultados.
La fundación del Seminario Mayor fue significativa para el Colegio, pues las actividades académicas se iniciaron el 19 de marzo de 1969 en el mismo local de avenida Santa Elena, con nueve seminaristas. Con estos hechos se consolidaba, al cabo de cien años, el proyecto del arzobispo Rafael Valentín Valdivieso, de formar integralmente en Valparaíso a los futuros sacerdotes.
Luego de celebrar en 1970 su centenario, al Seminario le cupo una activa participación en el debate nacional generado sobre un intento de Reforma Educacional denominado, ENU, Escuela Nacional Unificada, con manifiesto espíritu estatista. El obispo Emilio Tagle convocó a destacados educadores católicos, formando un equipo integrado en parte importante por profesores del colegio
Seminario San Rafael, cuyo pensamiento se canalizó en documentos que definían la postura de la Iglesia respecto a la defensa del alma y la moral de la familia y los hijos35.
El Centro General de Padres y Apoderados organizado en 1961 por el rector Jaime Fernández, constituyó un importante apoyo en la gestión por la libertad de enseñanza tarea que fue expandida a las familias de todos los colegios de la Iglesia de la diócesis en virtud de que el rector Fernández era a la vez, presidente de la Fide Secundaria de la diócesis. Este mismo organismo de apoderados sería más tarde el pedestal más sólido en los futuros proyectos administrativos y orientacionales del colegio Seminario, entre otros, la reconstrucción y ampliación de las sedes.
En 1977 se dio inicio a la Escuela de Padres, método orientacional y pastoral que se ha mantenido por espacio de 38 años con eficientes resultados al otorgar herramientas de prácticas cristianas para la educación intrafamiliar de los hijos sustentados en psicólogos, sacerdotes y educadores especialistas en el tema.
LA SEDE VIÑA DEL MAR Y OTRAS OBRAS
En 1975, se iniciaron las actividades docentes de la recién creada sede viñamarina. La gestión fue solicitada por el obispo Tagle con el propósito de cubrir las necesidades producidas por el cierre del colegio “Viña del Mar” que administraban los padres Benedictinos. El Seminario comenzó a funcionar en las dependencias parroquiales acogiendo a gran parte del alumnado existente y en sistema mixto, para lo cual el obispo otorgó una autorización especial. Diez años después fue posible el traslado del plantel a un edificio propio levantando en calle Álvarez 2496.
Entre tanto, el 5 de junio de 1981 se había inaugurado en los terrenos de Valparaíso, otro edificio destinado a la enseñanza básica. De este modo comenzaba la renovación del antiguo local construido por el rector fundador. La renovación total del inmueble de avenida Santa Elena se realizó en 1999, preservando de este modo la continuidad del centro educacional fundado en 1870 que, a través de 130 años, había soportado terremotos y aluviones de gran envergadura. Desde entonces, la fuente educacional y la fuente laboral quedaban garantizadas, y Valparaíso conservaba un importante patrimonio histórico.
Simultáneamente, el Seminario asumió otra responsabilidad al hacerse cargo de administrar los centros pastorales en las localidades de Maitencillo y Los Perales y que también requerían de urgente rehabilitación. El Obispado encomendó esta tarea administrativa y pastoral a la dirección del colegio, lo que ha permitido a la diócesis disponer de sendos recintos para jornadas y retiros espirituales.
35 Carta pastoral de Emilio Tagle 1972. Archivo Obispado de Valparaíso. Cfr. Toledo, D., Vigía de la Fe, Edit. Senda, Valparaíso, 1988, pp. 102 – 106.
El 29 de septiembre del año 2014 fue inaugurado un nuevo edificio que alberga a los alumnos de la sección básica y que se levantó aledaño a la sede viñamarina. Está dotado de casino, piscina temperada y gimnasio entre otras dependencias escolares.
Pero la historia del colegio Seminario de las últimas décadas no se ha centrado solo en obras materiales, de suyo importantes, también se ha desarrollado en forma destacada su dimensión pedagógica, logrando importantes resultados académicos, acreditado por profesionales comprometidos con su rol de cristianos al servicio de la sociedad.
Y no han faltado las vocaciones sacerdotales y religiosas de jóvenes generosos que han sabido asumir el llamado apostólico de Jesucristo. El Seminario Mayor y la Congregación de las Religiosas Carmelitas testimonian este compromiso. La historia vocacional del Seminario registra más de ciento veinte sacerdotes ex alumnos. Cuatro de ellos han alcanzadola mitra episcopal; ellos son: don Martín Rücker Sotomayor, obispo de Chillán (1923); don Alejandro Menchaca Lira, obispo de Temuco (1941); don Roberto Moreira Martínez, obispo de Linares (1941) y don Francisco Javier Gilmore Stock, obispo titular, Vicario General Castrense (1962)36.
LA ERA DE LOS RECTORES LAICOS
A contar de 1988 se realizó un cambio significativo en la dirección del establecimiento. El arzobispo-obispo Francisco de Borja Valenzuela Ríos dispuso por decreto episcopal la designación de un rector laico al frente del Seminario. Este primer nombramiento recayó en el profesor Hernán Johnson Hoses quien había detentado el cargo de director por espacio de dieciséis años. Al mismo tiempo el decreto ordenaba la designación de vicerrectores para colaborar en la tarea educativa. Sucesivamente han asumido la rectoría, el profesor y psicólogo Floridor Acevedo Rebillar (2002-2012) y desde el año 2013, el profesor José Ignacio Latorre Zúñiga.
FUNDACIÓN ARZOBISPO RAFAEL VALENTÍN VALDIVIESO
Desde 1995 rige un cambio fundamental en el establecimiento. Luego de su puesta en marcha, don Mariano Casanova estableció, con la anuencia del arzobispo Valdivieso, que la dirección educativo–pastoral y la administración económica del Seminario se concentrara en la persona del rector en funciones, “en una sola mano”37, gestión que se mantuvo en el tiempo hasta que por disposición del obispo Jorge Medina se creó una entidad que lleva el nombre del arzobispo fundador, y que tiene bajo su responsabilidad, la supervisión y custodia total38. Su primer presidente fue monseñor Jorge Sapunar Dubravcic, sucedido por don Edgardo Fernández Apablaza, entonces Vicario de Educación y ex alumno del colegio. En octubre de 2018 asumió el cargo el
36 Toledo, David, 125 años de educación, amor y fe, ed., SSRR. 1996.
37 Marambio Espinosa, Luis., op. cit. p. 12
38 Decreto Nº 1081 del 30.10.1995 del Ministerio de Justicia.. Obispado de Valparaíso, Libro de Decretos.
abogado don Juan Magasich Airola, quien hasta entonces integraba el directorio de la Fundación. El actual presidente es el nuevo vicario de educación, el presbítero Erwin Prieto.
TIENDA Y ANTORCHA
El baluarte de ayer, el que enfrentó a los detractores agnósticos, aquel establecimiento que enseñaba los valores del Evangelio y esgrimía la apologética para defender los derechos de la educación católica, es en la actualidad, desde hace algunas décadas, un colegio en misión permanente. Su proyecto pastoral ha privilegiado el trabajo en campaña para anunciar la Buena Nueva. Desde 1971, en olvidadas localidades de la zona sur, y después en las poblaciones más desfavorecidas de la diócesis; en trabajo social en Hogares de caridad de niños y adultos mayores39.
Los alumnos misioneros ya no se quedan tras los muros del establecimiento sino que, como ha invitado el Papa Francisco, salen con un candil y una tienda para levantarla entre los más pobres en la fe. Allí han sabido trasmitirle la fe, esperanza y caridad. Y Dios ha sabido recompensarlos llamando a algunos por su nombre para integrarlos a la Iglesia como sacerdotes de Cristo40. Los demás son una pléyade de ex alumnos que, inmersos en el mundo profesional, laboral y dirigencial, en su mayoría esgrimen la fe y las enseñanzas que los identifican como cristianos comprometidos con su entorno social.
39 Cfr SSR. Colección Revista LUX 1971 y ss.
40 Archivo Seminario. Mayor San Rafael. Toledo, David, 125 años de Educación, Amor y Fe, Edit. SSR., 1996

II . Actas del Séptimo Simposio Nacional y Primero

CONFERENCIA INAUGURAL.
LA LEGISLACIÓN DE LOS GRANDES CONCILIOS TERCEROS DE LIMA (1583) Y MÉXICO (1585)
Y LA RELIGIOSIDAD LOCAL. UNA PROPUESTA DE ESTUDIO DE LAS MUTUAS INFLUENCIAS
Luis Martínez Ferrer
Profesor Ordinario de Historia de la Iglesia Moderna y Contemporánea en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma.
Siento el gratísimo deber de iniciar mis palabras con un profundo agradecimiento a la profesora doctora María Inés Concha Contreras, Presidenta de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, y al profesor doctor Carlos Salinas Araneda, por su generosa invitación a participar en este Simposio Latinoamericano de Historia Religiosa Local. Debo decir que conocí al Prof. Salinas en Roma en 2007 y tuvo la gentileza de regalarme las actas del Primer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, donde pude tomar contacto con su riqueza cultural y espiritual1. Les estoy muy reconocido por haberme proporcionado la ocasión de conocer esta bella ciudad y puerto, y ofrecerme la ocasión de dirigirme a tan distinguido público.
La enunciación del tema de esta conferencia inaugural “La legislación de los grandes Concilios Terceros de Lima (1583) y México (1585) y la religiosidad local. Una propuesta de estudio de las mutuas influencias” parte de una base: el Derecho Canónico Indiano y la religiosidad local son realidades diversas, independientes, pero a la vez tiene claros puntos en común, y pueden ser trazadas las líneas de confluencia, respetando siempre los ámbitos propios. Estos influjos pueden a su vez, es mi convencimiento, ayudar a una mayor cabal comprensión tanto del Derecho Canónico Indiano como de la religiosidad local.
Un primer episodio puede servir como anticipación a lo que deseo expresar. En julio de 2010 un grupo de seis expedicionarios académicos, acompañados de un padre agustino, recorrían un trayecto de la selva boliviana, en concreto entre Pelechuco y Apolo, tras las huellas del viaje de Juan Recio de León, un conquistador español de principios del siglo XVII2. Después de tres días
1 María Inés Concha C., Carlos Salinas A., Fernando Vergara B. (eds.), Historia religiosa de Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso 2005.
2 Cf. la narración tomada de uno de los componentes de la expedición: Andrés Eichmann, Dos expediciones y un volumen manuscrito. El libro «de baptismos, entierros, casamientos, y sacristía» de San Juan de Sahagún de Mojos (1792-1934), en «Historia y cultura» 38/39 (La Paz, Bolivia 2015) 189-202. Agradezco al Dr. Eichmann el haberme proporcionado el artículo y explicado algunos detalles de la expedición.
Luis Martínez Ferrer
de caminata en la selva, llegaron al pueblo de San Juan de Sahagún de Mojos, situado a más de mil quinientos metros sobre el nivel del mal. Es una villa fundada en 1616 y atendida espiritualmente primero por agustinos y luego por franciscanos. Actualmente tendrá unos trescientos habitantes. Al día siguiente de la llegada de los expedicionarios algunos pobladores les pidieron visitar la que llamaban “casa de los santos”.
La tal “casa” era una común construcción, pero que guardaba preciados tesoros para la comunidad; eran los restos que habían podido recuperar de la iglesia parroquial hacía años desmoronada: alguna campana rota, vestiduras litúrgicas, una estatua del santo Juan de Sahagún, y un libro parroquial, sobre el que nos vamos a detener. El libro contenía anotaciones desde junio de 1798 hasta septiembre de 1799, fruto de la escritura de varios franciscanos que habían atendido San Juan de Sahagún y pueblos colindantes. En él había noticias de bautizos, casamientos y entierros, además de observaciones de los visitadores, alabando o recriminando el celo de los ministros. Un pequeño botón de muestra, referido a la localidad de San Agustín de Quiara puede dar pie a algún comentario. Dice así:
En la iglesia de san Agustín de Quiara, en veinte y seis días del mes de septiembre de mil setecientos noventa y dos años, yo, fray Pablo Manresa, predicador apostólico y cura doctrinero del pueblo de Mojos, habiendo precedido el mutuo consentimiento, y después de leídas las tres proclamas en tres días festivos a tiempo de Misa mayor, según lo ordena el santo concilio de Trento y no habiendo resultado impedimento, ca[sé] y velé in facie Ecclesiae a Miguel, soltero e hijo legítimo de Melchor Qui[spi] y de Josefa Chura, con María, soltera e hija legítima de Diego Ma[mani] y de Antonia Flores. Fueron padrinos Sebastián Condori y Asencia Ra[mí]rez y testigos Andrés Condori, Esteban Turpo y Lucas Quispi. Y par[a] que [así] conste lo firmé: Fray Pablo Manresa3.
Es evidente que los pobladores de San Juan de Sahagún al ver entre los expedicionarios a un sacerdote, se apresuraron a mostrarles la “casa de los santos”, porque significaba para ellos un “lugar de la memoria” y, en concreto, parte esencial de su patrimonio cultural religioso. No se trataba de cosas viejas arrinconadas, eran señas de identidad conservadas en un puesto provisional, pero seguro. Entre esas señas de identidad se encontraba el libro parroquial, un objeto exquisitamente canónico. Y aquí enlazamos con el tema de nuestra prolusión. Para Fray Pablo Manresa llevar en orden el libro parroquial era una obligación de justicia, exigida explícitamente por el derecho canónico. En efecto, entre las normas del Tercer Concilio Limense de 1583 se preceptuaba: […] mándese a los curas que tengan libro el qual guarden con cuydado, assentando en él los nombres de los que se casan, y de los testigos, y el día y lugar de el casamiento, en otra manera sean por los visitadores castigados con rigor4
3 Casa de los Santos, Mojos, Libro Parroquial, f. 1r, cit. en Eichmann, Dos expediciones, p. 200.
4 Concilium Limense tertium, […], et Sumario del Concilio provincial, que se celebró en la ciudad de los Reyes, el año de mil y quinientos y sesenta y siete. Fecho y sacado por orden y con auctoridad del último concilio Provincial, que se celebró en la dicha Ciudad, este año de mil quinientos y ochenta y tres, Matías Clavijo, Sevilla 1614, Parte primera, nº 18, pp. 5-6.
Además, entre los preceptos del Tercer Limense, se ordena que los nombres de los indios al bautizarse sean tomados entre los usados por los cristianos, mientras que los apellidos podían continuar siendo los tradicionales5. Como se ve, los preceptos del Concilio Limense se habían convertido en cauce de la incorporación de las poblaciones locales al catolicismo y, a través de la obediencia jurídica y pastoral de Fray Pablo, en expresión de la identidad religiosa de los moradores de la región de San Juan de Sahagún.
Podemos ya esbozar la pregunta que guía nuestras reflexiones: ¿Se puede establecer una relación de interdependencia entre los decretos de los III Concilios de Lima y México y las prácticas de religiosidad locales americanas, sea entre indígenas, blancos o afroamericanos?
Para avanzar con paso seguro es necesario definir los conceptos que vamos a emplear de religiosidad local y de Derecho Canónico Indiano, al menos en sus rasgos esenciales. Por lo que respecta a la religión hay que combinar dos elementos, uno de carácter antropológico y otro teológico. En el ámbito antropológico nos identificamos plenamente con esta definición de Manuel Marzal: Sistema simbólico integrado por creencias, ritos, formas de organización y normas éticas, que es propio de una determinada sociedad o cultura y por medio del cual los miembros de la misma tratan de comunicarse con Dios y encontrar sentido trascendente a su vida6.
Es una definición descriptiva pero también abierta al sentido último de la religión: la comunicación con Dios. A partir de ahí se puede engarzar el sentido teológico de la religión, que da al hombre su mayor dignidad, en cuanto tiende a la comunión con Dios. Bellamente lo expresa el Vaticano II:
El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento, pues no existe sino porque, creado por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador7.
Ya en la América prehispánica hubo rasgos de profunda y genuina religiosidad. Algunos misioneros lo señalaron. Es el caso del franciscano Jerónimo de Oré, quien fue obispo de Concepción y de la Imperial, que recoge una oración del Inca Capac Yupanqui al Supremo Hacedor:
Oh hazedor, que estás desde los cimientos y principio del mundo, hasta en los fines dél, poderoso, rico, misericordioso, que diste ser y valor a los hombres, y con decir sea éste hombre, y ésta sea muger, hiziste, formaste y pintaste a los hombres y a las mugeres: a todos estos que hiziste y diste ser, guárdalos y vivan sanos y salvos, sin peligro y en paz. ¿Adónde estás? ¿Por ventura en lo alto del cielo, o abaxo, o en las nuves y nublados o en los abysmos? Óyeme y respóndeme y
5 Tercer Concilio Limense, Acción 2, cap. 11. Utilizamos la edición de Luis Martínez Ferrer con la traducción de José Luis Gutiérrez, Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Lima, Roma, en proceso de impresión.
6 Manuel Marzal, La religión quechua surandina peruana, en Idem (coord.), El rostro indio de Dios, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima 1991, p. 198.
7 Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, nº 9.
concédeme lo que te pido, dános perpetua vida para siempre, tennos de tu mano, y esta ofrenda recíbela a do quiera que estuvieres, oh hazedor8.
El comentario de Oré es que se trata de una oración tan genuinamente religiosa, que San Pablo podría apoyarse en ella, como hizo en el areópago de Atenas, para predicar a Jesucristo. La línea seguida por Oré no es la del indiferentismo, sino la de subrayar la continuidad de lo mejor del mundo religioso prehispánico con la revelación cristiana, que supone una purificación y elevación de la religiosidad natural para ponerla en contacto con el único salvador, Jesucristo.
Pasando en concreto a la religiosidad local, la definición que da la Conferencia de Puebla de 1979 refleja un doble movimiento de llamada de Dios y respuesta de la comunidad:
Por religión del pueblo, religiosidad popular o piedad popular, entendemos el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, de las actitudes básicas que de esas convicciones derivan y las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o de la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado9.
Y es que, como decía la doctora Inés Concha en la Introducción al Primer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, Dios se ha hecho presente en estas tierras desde el inicio, dando origen a una «variada gama de experiencias de vida, de expresiones íntimas de un sentir» que son testigos de «un Dios cercano, presente en su cotidianidad, tanto en lo urbano como en lo rural, en los cerros y en el mar»10, de modo que la fuerza del Evangelio ha provocado una serie de acciones en las personas, que han contribuido a humanizar la sociedad.
Pasemos a la segunda premisa: los Concilios Terceros de México y Lima, expresiones del Derecho Canónico Indiano. En modo general, se puede considerar el Derecho Canónico como «el derecho vigente en la comunidad religiosa formada por quienes creen en Cristo, Hijo de Dios, agrupados bajo la obediencia a la Iglesia católica»11. Este derecho confiere a la Iglesia «la estructura de una sociedad jurídicamente organizada»12. Siguiendo a Lombardía, se debe distinguir en el Derecho Canónico un fin inmediato y otro mediato o último. Respecto al fin último, este no es otro que la implantación de la Iglesia y la salvación eterna de los hombres, fines generales de la Iglesia, de naturaleza sobrenatural, meta-jurídica; en cambio, el fin inmediato, de orden estrictamente jurídico, se identifica con la implantación de la justicia en el seno de la colectividad de los bautizados, sin que ello equivalga a que todas y cada una de las normas persigan inmedia-
8 Symbolo catholico indiano …, Antonio Ricardo, Lima 1598, f. 40r.
9 Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1979, Puebla, nº 444.
10 María Inés Concha Contreras, Introducción, en Concha, Salinas, Vergara (eds.), Historia religiosa, pp. 11-12.
11 Gaetano Lo Castro, Derecho canónico, en Javier Otaduy, Antonio Viana, Joaquín Sedano (eds.), Diccionario General de Derecho Canónico, vol. 2, Universidad de Navarra, Thomson Reuters, Cizur Menor (Navarra) 2012, p. 74.
12 Pedro Lombardía, Lezioni di diritto canonico, Giuffrè, Milano 1985, p. 1. Traducción nuestra.
tamente la salvación, aunque, por supuesto, no pueden darse normas en contraposición al fin general de la Iglesia13. En otras palabras, el Derecho Canónico es un instrumento jurídico de la Iglesia para procurar la salvación de los hombres, pero no es el único instrumento, ni tampoco el más importante. Esta no identificación entre el fin de la Iglesia y el fin inmediato del Derecho Canónico permite afrontar las relaciones entre derecho y espiritualidad, pues esta se mueve en un nivel diverso del derecho, pero se relaciona con él en cuanto que toda colectividad necesita del derecho adecuado para cumplir sus fines.
Por su parte, el Derecho Canónico Indiano es el resultado de un proceso de recreación, de una translatio iuris en América del derecho común y del derecho pontificio, en principio emanado para realidades europeas14. Como explica Salinas, «poco a poco surgió la necesidad de ir elaborando un derecho complementario, de origen pontificio, que debió asumir, a veces con originalidad, las exigencias que la Iglesia empezaba a enfrentar»15. Muchas veces fueron los propios misioneros los que improvisaron soluciones a los nuevos problemas pastorales y elevaron sus dudas a las autoridades superiores, dando lugar a nuevos desarrollos doctrinales y normativos.
Aunque el derecho de los concilios provinciales no agota, ni mucho menos, el Derecho Canónico Indiano, supone uno de sus elementos principales. Es muy claro que en los Terceros Concilios de Lima y México confluyeron diversas tradiciones: el Derecho común, el Derecho Canónico universal, las leyes patronales, la doctrina canónica y muy particularmente la vida de las personas residentes en América quienes, directa o indirectamente, hicieron llegar sus propuestas y súplicas a las aulas conciliares. Como afirma García y García, «si el derecho tiene alguna razón de ser, es en función de regular la vida. El punto más neurálgico de toda valoración de un ordenamiento jurídico está precisamente en la línea de contacto o de falta de contacto entre la vida y el derecho»16. Resulta, por tanto, a nuestro juicio equivocado confundir el derecho con las normas positivas, pues se desvincularía de su savia vital. Es necesario, sentencia Tau Anzoátegui, «reemplazar la cultura legalista por la cultura jurídica, que permita colocar a la ley dentro del ordenamiento de su propio lugar […] y que posibilite un “lectura inteligente” –que no es ingenua ni maliciosa– de los textos legales, interrogándolos a la luz de una concepción amplia del fenómeno jurídico»17.
13 Cf. Pedro Lombardía, Sobre las características peculiares del ordenamiento canónico [orig. 1959], en Idem, Escritos de Derecho Canónico, Universidad de Navarra, Pamplona 1973, pp. 183-191.
14 Cf. Eutimio Sastre Santos, Storia dei sistemi di diritto canonico, Edizioni Istituto Giuridico Claretiano, Roma 2011, p. 345.
15 Carlos Salinas Araneda, Estudios históricos. El derecho canónico en Chile. Derecho canónico indiano, Valparaíso 2014, p. 52.
16 Antonio García y García, Iglesia, sociedad y derecho, vol. 2, Universidad Pontificia de Salamanca (Bibliotheca Salmanticensis. Estudios, 74), Biblioteca de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, Salamanca 1985, p. 426.
17 Víctor Tau Anzoátegui, Nuevos horizontes en el estudio histórico del Derecho Indiano, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, Buenos Aires 1997, p. 43.
Nuestra particular “lectura inteligente” del Derecho Canónico Indiano versará, pues, sobre las confluencias entre dos de los repertorios de normas más importantes, los Terceros Concilios de Lima y México y la religiosidad local. Es firme nuestra convicción de la esencial compatibilidad entre vida religiosa y experiencia jurídica, siempre y cuando las normas positivas faciliten, o al menos no se opongan, al encuentro de los fieles con Dios, pues es entonces cuando el Derecho Canónico se encuentra abrazado por la obra redentora de Jesús de Nazareth. Son muy iluminantes, en este sentido, las palabras del gran historiador de los concilios, Hubert Jedin:
Los decretos de los concilios pueden favorecer la acción del espíritu –que en la Iglesia solo puede ser el Espíritu Santo–, le pueden abrir el camino, pero no lo pueden producir. En la Iglesia de Dios todo lo que es grande –lo que significa que es santo– crece en silencio; el derecho y la ley vienen después, no lo preceden18.
El derecho, entonces, reconoce la genuinidad de la vida espiritual, que no ha creado él, y pasa a protegerla y fomentarla. Otra vez estamos delante del derecho concebido al servicio de la vida.
Antes de pasar al estudio directo de nuestro objeto de análisis no está de más apuntar algunas medidas de prudencia metodológicas. Hacemos nuestras las observaciones de García y García sobre las posibilidades y límites del estudio de las normas del derecho de los sínodos para la historia religiosa. De sus reflexiones he extraído cuatro normas hermenéuticas19:
La primera es que los textos sinodales no pretenden dar una imagen completa de la sociedad. García y García, quizás exagerando, dice que procuran «tan solo corregir abusos»20. Aunque quizás sea excesivo reducir la intención de los decretos a corregir abusos, sí es una de sus líneas prioritarias. En este sentido, no podemos sacar una imagen correcta, por ejemplo, de la vida sacerdotal de una región a partir solo de los textos sinodales o conciliares, puesto que muchas veces se insiste sobre todo en los vicios que hay que erradicar.
La segunda regla, relacionada con la primera, es que las normas sinodales (o conciliares) no tienen necesariamente que ser reflejo de la sociedad en cuanto tal del momento. Pueden ser a veces, por ejemplo, reflejo de la mentalidad particular del arzobispo, de un obispo, o de algunos consultores de la asamblea.
La tercera regla puede enunciarse así: Los sínodos (y los concilios) no legislan fuera de una tradición. Siguen modelos precedentes y muchas veces reiteran prohibiciones precedentes y formulan directrices precedentes. En otros casos aportan soluciones nuevas a cuestiones locales en forma relativamente original. Dependerá de la competencia profesional del estudioso el que pueda sopesar lo nuevo (nunca lo revolucionario) dentro de lo tradicional.
18 Hubert Jedin, Concilio episcopale o parlamento della Chiesa? Un contributo all’ecclesiologia dei concili di Costanza e Basilea [orig. alemán: Basilea 1963], en Idem, La Chiesa della fede. La Chiesa della storia, Morcelliana, Brescia 1972, p. 144. Traducción nuestra.
19 Cf. García y García, Iglesia, sociedad, vol. 2, pp. 387-388.
20 Ibidem, p. 387.
Finalmente, la cuarta regla es la separación conceptual entre la norma del sínodo (o concilio) y su puesta en práctica. Las dificultades para poner en ejecución las normas del Derecho Canónico Indiano fueron, como es bien sabido, múltiples y muy poderosas.
Es decir, que se trata de fuentes muy valiosas, que tienen una naturaleza propia, en este caso jurídico-normativa, que deben ser contrastadas con otras fuentes si se desea obtener una visión de conjunto; pero que, al mismo tiempo, pueden ofrecer luces particulares para entender el rico mundo de la espiritualidad.
No podemos tampoco equiparar la situación en la provincia eclesiástica mexicana y en la peruana. En la Nueva España el contexto era más estable, por razón de la conquista y evangelización más temprana, la menor complejidad orográfica y la mayor cercanía a la Península ibérica. En cambio, el Perú había sido conquistado más tarde, había sufrido el terrible fenómeno de las guerras civiles, se encontraba fragmentado orográficamente y con mayor lejanía de la Península.
En este sentido, los padres conciliares de México y Lima iniciaron sus deliberaciones a partir del clero y del pueblo fiel a ellos encomendados. Junto a los hispanos y primeros criollos convivían los naturales –muy probados por la caída demográfica, la desestructuración social y los abusos micro y macroscópicos que sufrían–; junto a ellos, hay que considerar a los afroamericanos, mulatos, y mestizos quienes a fines del siglo XVI constituían grupos poblacionales importantes. ¿Cómo respondieron los padres conciliares a la espiritualidad de estos grupos? ¿La respetaron, la purificaron, la prohibieron, la fomentaron? Vamos a centrarnos tan solo en dos cuestiones: las ceremonias del culto y el culto a los santos.
LAS CEREMONIAS DEL CULTO DIVINO
Casi al final de su legislación, el Tercer Concilio de Lima aborda la cuestión con estas palabras: «puesto que consta con evidencia que la nación de los indios se siente atraída sobremanera al conocimiento y a la veneración de Dios Todopoderoso por las ceremonias externas y el esplendor del culto divino»21, se pide a los ministros que cuiden con esmero todo lo referente a la preparación de los rituales. Concretamente, les manda que «no descuiden la música, esmerándose en la preparación de los cantores y en el uso de flautas y otros instrumentos»22. Como expresa el concilio en otro momento, la idea antropológica del indio es que para él «únicamente cuenta o es despreciable lo que perciben con sus ojos»23, sin ser capaz de apreciar las realidades puramente espirituales. Por ello las ceremonias católicas deben ser solemnes y atrayentes. De otra parte, hay
21 Tercer Concilio Limense, Acción 5, cap. 5.
22 Ibidem. El original latín habla de «musicis fistularum». En la versión española del siglo XVI se dice «flautas y chirimías». Cf. III Concilio Provincial Lima 1582-1583, ed. Enrique T. Bartra, Facultad Pontificia y Civil de Teología de Lima, Lima 1982, p. 127.
23 Tercer Concilio Limense, Acción 4, cap. 7. En otro momento dice que son tímidos por naturaleza (cf. Acción 4, cap. 8).
referencias muy negativas a las ceremonias de su antigua superstición, de las que se conserva la memoria en los famosos quipos24, y que son objeto de eliminación y castigo25.
Es una visión pesimista quizás reconducible a la visión negativa que tenía del indígena el gran mentor de los decretos, el jesuita José de Acosta, que tiende a minusvalorar el pasado prehispánico26. En una línea similar se movía en 1574 el virrey Toledo, que señalaba el gran aprecio de los indígenas por las ceremonias, pero que podía ser peligroso. Para el gobernante, a los naturales «les haze daño ver variedad en las ceremonias y les parece que es un dios el que se venera de una manera y otro dios el que veneran otros con otra, como ellos lo hazían cuando veneraban muchos»27. Es decir, la unificación de las ceremonias es clave para preservar la ortodoxia.
Juan Carlos Estenssoro ha mostrado que esta actitud negativa del Tercer Limense hacia las ceremonias indígenas supone un cambio muy significativo respecto de la primera evangelización en Perú como muestra algún decreto del II Limense de 1567/156828. En los primeros tiempos, según este autor, los evangelizadores entendieron las ceremonias sea como una anticipación de la plenitud cristiana, sea como una oportunidad de darles una nueva identidad particular a través de nuevas formas rituales. Se trataba de erradicar los elementos idolátricos de las ceremonias, no de suprimirlas29. En cualquier caso, la referencia tan explícita del decreto del Tercer Limense a la música puede complementar el juicio tan negativo de Estenssoro, puesto que el concilio muestra aquí una positiva valoración de las capacidades musicales de los naturales, que no se pueden entender solo por su bajeza de ingenio, ya que conectan con la importancia que se daba a la música litúrgica en la Península ibérica30.
La posición del Tercer Concilio Mexicano es en parte diversa a la del homólogo limense. Así se expresa dentro del título dedicado a los beneficiados:
24 Tercer Concilio Limense, Acción 3, cap. 37.
25 Tercer Concilio Limense, Acción 4, cap. 7.
26 No entramos en profundidad en la cuestión. Remitimos a Juan Carlos Estenssoro Fuchs, Del paganismo a la santidad : la incorporación de los indios del Perú al catolicismo, 1532-1750, Instituto Francés de Estudios Andinos, Instituto Riva Agüero, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima 2003, pp. 188-193. En cualquier caso, pensamos que la postura de Acosta no sea la única entre los misioneros de los últimos años del siglo XVI. Véase por ejemplo Jerónimo de Oré.
27 Carta del virrey Toledo a Felipe II, La Plata, 20 de marzo de 1574, cit. en Estenssoro Fuchs, Del paganismo a la santidad, p. 183.
28 Segundo Concilio Limense, Constitución 104 para indios, ed. Rubén Vargas Ugarte, Concilios Limenses, Lima 1951, p. 209, donde hay un fenómeno de transposición de las peticiones a las antiguas divinidades al Dios único verdadero: «illa ergo quae olim, et forte hodie usque ignoranter ab aliquibus fiunt, in honorem diaboli, deberi abusu salubriter commutato, in honorem Dei fieri».
29 Estenssoro Fuchs, Del paganismo a la santidad, pp. 146-178. El autor cita, entre otros, a El Inca Garcilaso de la Vega, Antonio de la Calancha, Felipe Huamán Poma de Ayala, Juan Polo de Ondegardo, Francisco de la Cruz.
30 Sobre el tema Antonio García-Abásolo (coord.), La música de las catedrales andaluzas y su proyección en América, Universidad de Córdoba, Córdoba 2010.
Atendiendo a que el medio más eficaz que puede aprovecharse con mayor éxito para mantener la devoción del pueblo cristiano, es establecer un orden admirable en el culto divino, para que brille la maravillosa hermosura de la Iglesia militante, con la diversidad de ornato…31
Es decir, no hay alusión diferenciada a categorías raciales o sociales en el pueblo: todos deben ser atraídos al culto de Dios a través de la belleza, una belleza que implica el orden de los diversos elementos. En el original se habla de «Ecclesiae ornatae varietate pulchritudo mirifica cernitur»32. Para el Concilio Mexicano, siguiendo la tradición de la Iglesia, el cuidado del culto litúrgico ayuda enormemente a la espiritualidad del pueblo.
En este ámbito, conviene señalar las intervenciones de un médico castellano asentado en México, Pedro López, quien ya en 1569 había escrito a la Santa Sede para que se corrigiese un defecto en el modo de cantar el Gloria Patri de las Vísperas en la catedral de México, y que volvió a insistir ante el Tercer Mexicano, pidiendo que se respetaran las posturas corporales en algunos momentos de la liturgia con referencia al canto del coro o del órgano33. También el arzobispo de Lima, en una de sus dudas enviadas a la Congregación del Concilio de la Santa Sede hacia 1586, expresó la siguiente:
Si el pueblo que oye el sacrificio de la Misa debe sentarse al canto del Gloria in excelsis y del Credo y otras partes de que se habla en el misal, considerando la costumbre de estar de pie en dichas partes de la Misa; y si en lo demás debe estar de rodillas34.
De todo esto podemos concluir que los decretos conciliares mexicanos volaban más altos que los limenses. Dirigidos a todo el pueblo, consideraban un objetivo pastoral fundamental deleitar con la belleza de las ceremonias para introducir a todos en los misterios cristianos, no solo para superar deficiencias en las mentes indígenas, sino por la natural composición de alma y cuerpo de todos los hombres, a los que la belleza puede ayudar la elevación del entendimiento y la voluntad. La preocupación de dos personajes de gran sensibilidad religiosa, como Pedro López en
31 Tercer Concilio Mexicano, Libro 3, tit. 3, De assistentia beneficiorum divinis officis debita, § 1, nº 323, pp. 229-230 [indicamos el número correlativo de la edición latina de Luis Martínez Ferrer, El Colegio de Michoacán, Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Zamora, Mich. 2009; utilizamos la traducción castellana de Basilio de Arrillaga en la edición de Mariano Galván Rivera, Barcelona 1870].
32 Recuerda algunas palabras del salmo 44 (Vulgata) que la Iglesia aplica a la Virgen María: «Astitit regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circumdata varietate…»
33 Cf. Luis Martínez Ferrer, Pedro López y la Santa Sede, en María Luisa Rodríguez-Sala, Luis Martínez Ferrer (eds.), Socialización y religiosidad del médico Pedro López (1527-1597): de Dueñas (Castilla) a la ciudad de México, Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Autónoma de México (Serie Los médicos en la Nueva España, 2), México 2013, pp. 123-148
34 Toribio de Mogrovejo, Dudas propuestas por el arzobispo del Perú a la Congregación del Concilio [1586 ca.], en Alberto Carrillo Cázares (ed.), Manuscritos del Concilio Tercero Provincial Mexicano (1585), […] (Mexican Manuscripts 268, The Bancroft Library), II/1, El Colegio de Michoacán, Universidad Pontificia de México, Zamora, Mich. 2007, pp. 41, 50. Original en latín. La respuesta fue más bien genérica: «Se han de observar las rúbricas del misal y también las laudables costumbres» (ibidem).
México y Toribio de Mogrovejo en Perú muestran una finura por comprender la importancia de la armonía en la liturgia para la espiritualidad.
EL CULTO A LOS SANTOS
La cuestión del culto a los santos guarda muchas similitudes con el tema de las ceremonias, aunque ofrece perfiles específicos. Es claro que en Europa, y en particular en España, existía un abultado santoral litúrgico, reafirmado doctrinalmente en el Concilio de Trento35. El culto a los santos, y en particular al santo patrón local o de toda la nación (la Inmaculada, Santiago Apóstol), suponían una ocasión de petición por alguna necesidad concreta espiritual o material, de rezar por las autoridades o por el bienestar de la propia comunidad. Sin que la espiritualidad católica se reduzca únicamente a este aspecto, es evidente que el culto a los diversos santos daba una textura muy característica a las personas y a los grupos sociales de la Europa cristiana católica. Los españoles que pasaron a Indias llevaron consigo también sus particulares devociones a los santos. En lo referente a los indígenas, en algunos casos el culto a los santos fue una ocasión de rescatar la religiosidad prehispánica dirigida a las divinidades o espíritus intermedios, y darles un nuevo sentido, más o menos ortodoxo, contando siempre con el tiempo como factor de purificación. Refiriéndose a la zona quechua del Perú, el ya citado Marzal se refiere en concreto al culto del santo patrón como intercesor y aglutinador de la comunidad. Para este autor existían tres lógicas que explicaban estas fiestas:
a) La lógica de los misioneros, que proponían la celebración de los misterios de Cristo, la Virgen y los santos como ocasión de proclamar el Evangelio.
b) La lógica de los funcionarios reales, que pretendían fijar a las poblaciones autóctonas en reducciones con el nombre de santos cristianos.
c) Finalmente, la lógica de las comunidades indígenas que «deseaban restaurar un mundo religioso ante la desaparición de muchas Wakas y restablecer su solidaridad social ante la desorganización de sus ayllus»36.
Naturalmente, las lógicas de los misioneros y de los naturales, según este esquema, no son contrapuestas. Se trataría de verificar la delicadísima operación de inculturar una religiosidad ancestral, trasportando el culto a unos espíritus incompatibles con la ortodoxia cristiana –las Wakas– hacia otros seres no divinos, pero mediadores subordinados, como los santos del cielo. Recordemos la anécdota inicial de esta intervención, en la que se evocaba el edificio donde los habitantes de la aldea boliviana custodiaban los objetos religiosos: este venía denominado como “Casa de los santos”.
¿Cuál fue la recepción de este rico caudal espiritual en los Terceros Concilios de Lima y México?
35 Concilio de Trento, Sess. XXV (3-4 dec. 1563), De invocatione, veneratione et reliquiis sanctorum et de sacris imaginibus.
36 Marzal, La religión quechua, p. 240.
Podemos comenzar por la lista oficial de fiestas de guardar para los indígenas de ambos concilios. Como consecuencia de las diversas juntas de operadores pastorales llevadas a cabo en México, se decidió recurrir a la Santa Sede para recibir una orientación vinculante para todos37. Fruto de esta solicitud es la bula Altitudo divini consilii (1537) de Pablo III, en la que se reducían notablemente las obligaciones canónicas de los neófitos del Nuevo Mundo y, en particular, las fiestas de precepto. Su número quedaba limitado a los domingos, las tres Pascuas de Navidad, Resurrección y Pentecostés, la Circuncisión, Epifanía, Ascensión y Corpus Christi; cuatro celebraciones de la Virgen: Natividad, Anunciación, Purificación y Asunción; y tan solo obligatoria una fiesta de santos: San Pedro y San Pablo38. Naturalmente, este elenco del Tercer Limense venía ya preceptuado en el tradición conciliar anterior39.
Además, un nuevo párrafo añadido en 1583 –y que fue incorporado textualmente en el Tercer Concilio de México40– supuso, entre otras cosas, una apertura hacia el fomento de la espiritualidad indígena:
Sin embargo, si algunos indios quieren observar otros días de fiesta según nuestra costumbre, y abstenerse en ellos de los trabajos serviles, se les ha de reconocer la libertad de hacerlo por devoción, y de ninguna manera se les debe obligar a trabajar en esos días41.
Es decir, se concede libertad a la devoción de los naturales para que puedan aumentar el número de fiestas, como hacen los españoles, sin peligro de sufrir la presión de trabajar por parte de curacas, encomenderos o corregidores. Como dicen los juristas, los privilegios de la bula Altitudo se les habían otorgado «no para detrimento o molestia suya, sino para su comodidad»42. Sin pretender una interpretación triunfalista, nos parece un texto paradigmático de cómo el derecho puede recibir y fomentar la devoción popular, protegiéndola con medidas represivas frente a los intereses de los poderosos.
Por lo que se refiere a los españoles y criollos, el Tercer Limense presenta una lista lógicamente mucho más abultada. A las fiestas obligatorias para los indígenas se añaden las de la Santísima Trinidad, la Invención de la Santa Cruz, y la Transfiguración, además de la celebración de los dos días siguientes a las tres Pascuas de Navidad, Resurrección y Pentecostés. A las festividades de la Virgen se añade la Inmaculada Concepción, que en el I Limense de 1551 era solo obligatoria en
37 Cf. Luis Martínez Ferrer, Carmen José Alejos Grau, Las asambleas eclesiásticas anteriores a la recepción de Trento, en Josep-Ignasi Saranyana (dir.), Teología en América Latina, vol. I: Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión, 1493-1715, Iberoamericana - Vervuert, Madrid - Frankfurt am Main 1999, pp. 100-102.
38 Cf. Tercer Concilio Limense, Acción 4, cap. 9; Sumario del II Limense, nº 90.
39 Cf. Primer Concilio Limense, const. 21 para naturales; Segundo Concilio Limense, Sección 3, const. 90 para naturales.
40 Tercer Concilio Mexicano, Libro 2, tit. 3, § 9 [225].
41 Tercer Concilio Limense, Acción 4, cap. 9.
42 Francisco José Hernáez, Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la Iglesia de América y Filipinas, Klaus Reprint, Vaduz 19642 [orig. Bruselas 1879], p. 74.
la ciudad de Lima. En cambio, el número de las fiestas de guardar en honor de los santos crece muy significativamente: de solo la de San Pedro y San Pablo se pasa a las de San Miguel Arcángel, San Juan Bautista, los Apóstoles, San Matías, San Esteban protomártir, San Lucas, además de cinco fiestas que en la legislación del I Limense afectaban solamente a la ciudad de Lima: Santa Ana, San Marcos, San Bernabé, Santa María Magdalena, Santo Domingo, y la mencionada fiesta de la Inmaculada43
El decreto continúa con una importante nota, en parte homóloga a la referida a los indígenas: «Además de esos días, se han de observar devotamente en cada región aquellos otros, si los hay, que son festivos por costumbres legítimas o por privilegio»44. De nuevo nos encontramos con una lista de fiestas obligatorias abierta para acoger nuevas celebraciones según la devoción popular u otras causas legítimas; se sigue el principio no declarado de que el derecho está al servicio de la vida cristiana, siempre cuando esta se desarrolle legítimamente.
En el Tercer Concilio Mexicano, encontramos documentación sobre algunos santos en particular: San Roque, Santo Tomás de Aquino y San José. En primer lugar tenemos que volver a referirnos al médico castellano Pedro López que pidió al Concilio que la fiesta de San Roque fuera reconocida como fiesta de guardar45. Así lo argumentaba el galeno:
En esta tierra ay munchas pestilençias de quando en quando, y yo con la deboçión grande que tengo al bienaventurado San Roque, a quien en Castilla toman las gentes por abogado de la pestilençia, y en muchos pueblos que le huelgan, suplico a vuestra señoría ilustrísima haga su día fiesta de guardar que es a diez y seis de agosto, y que esta tierra tenga particular deboçión con él y su fiesta46
El médico parte de una devoción personal para abrirla a las necesidades generales del territorio, tan flagelado por diversas pestilencias. La respuesta del concilio fue negativa, aunque no nos ha llegado la motivación. Puede ser que crear una nueva fiesta justo el día después del 15 de agosto hubiera supuesto dos días seguidos sin trabajos serviles; o quizás era una resolución demasiado comprometida para ser provocada solamente por una petición individual, por muy honrado y
43 Primer Concilio Limense, const. 55 para españoles.
44 Tercer Concilio Limense, Acción 4, cap. 9.
45 En realidad la beatificación oficial llegó en 1629, pero el pueblo lo celebraba mucho antes. Cf. André Vauchez, Rocco, en Andrea Riccardi et alii, Il grande libro dei santi: dizionario enciclopedico, San Paolo, Cinisello Balsamo 1998, pp. 1724-1727. Cf. Luis Martínez Ferrer, Los memoriales de Pedro López al Tercer Concilio Mexicano. Introducción e implicaciones personales, en María Luisa Rodríguez-Sala, Luis Martínez Ferrer (eds.), Socialización y religiosidad, pp. 162.
46 Memorial de Pedro López al Tercer Concilio Mexicano, en Carrillo Cázares (ed.), Manuscritos del Concilio, I/2, p. 422. De hecho el médico había erigido en su Hospital de San Lázaro un altar dedicado a San Roque. Cfr. Cayetano Cabrera y Quintero, Escudo de armas de Mexico : celestial protección de esta nobilissima ciudad, de la Nueva España, y de casi todo el Nuevo Mundo, María Santissima, en su portentosa imagen del mexicano Guadalupe…, por la Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, Impressora Real y Apostolico tribunal de la Santa Cruzada en todo este Reyno, México 1746, p. 142.
buen cristiano que fuera el peticionario. Por otro lado, sabemos que en Puebla, y probablemente en otros lugares, se invocaba a nivel popular e institucional a San Sebastián como protector contra la peste, santo que ya estaba incluido entre las fiestas de guardar el 20 de enero47.
Muy distinto es el caso de Santo Tomás de Aquino, cuya fiesta –entonces el 7 de marzo– pasó a engrosar, a partir del Tercer Concilio Mexicano, la lista de fiestas de guardar para españoles 48. En primer lugar, el Aquinate no solo era un santo “canonizado”, sino también desde 1567 doctor de la Iglesia. Su influjo no fue solamente espiritual, sino sobre todo doctrinal, ofreciendo unas bases filosóficas y teológicas tan firmes que quizás solo pueden ser comparables a las de San Agustín, salvando las oportunas distancias.
Al Tercer Concilio Mexicano llegaron nada menos que cuatro memoriales específicos suplicando su inclusión entre las fiestas de precepto: los documentos provenían de la Provincia Dominicana de Santiago de México, del cabildo de la ciudad de México, del cabildo de la catedral metropolitana y de la Real y Pontificia Universidad de México. Cuatro escritos que, en su conjunto, representaban una petición al concilio de gran solidez institucional, además de que tres de los obispos reunidos eran dominicos49. El memorial más extenso es el de la Provincia dominica, que esgrime argumentos de conveniencia tanto por ser México parte de la Iglesia universal como por motivos locales: facilitar la conversión de los indios, el estudio de las letras y de la escolástica, la honra de la Orden dominica y el bien espiritual de la gente sencilla. Sobre esto último, el provincial Fray Andrés de Ubilla expone:
Y animaría mucho a su estudio y devoçión ver que todo el pueblo guarda y festeja la solemnidad de su maestro y doctor. Y si en otra parte era menester esto, para más afiçionar los ánimos a este sancto y su doctrina, mucho más en esta tierra donde el mucho regalo y ocassiones della podrían desafiçionar a muchos de los sagrados estudios, que de tanta importancia son, y donde como en tierra nueva ay más neçessidad de que los estudios se entablen con todo favor y devoçión posible50.
El provincial argumenta también que la ausencia de trabajos serviles posibilitaría que los fieles pudieran ganar las indulgencias previstas al venerar las reliquias del santo conservadas en México. Es interesante observar como la palabra «devoción» viene utilizada tanto para referirse a la espiritualidad como al estudio. La fiesta litúrgica se ve como ocasión de emular el amor por los estudios eclesiásticos superiores.
47 Cf. Jesús Joel Peña Espinosa, Construyendo la república cristiana de Indias. El catolicismo en la ciudad episcopal de Puebla de los Ángeles, 1526-1606, Tesis de Maestría en Historia del Catolicismo en México, Universidad Pontificia de México, Tlalpan, Puebla de los Ángeles 2005, pro manuscripto, pp. 143-146. Agradezco al autor la gentileza de haberme facilitado la lectura del manuscrito.
48 Luis Martínez Ferrer, La presencia de Santo Tomás de Aquino en la Nueva España: el decreto del Tercer Concilio Mexicano (1585) sobre la fiesta del Doctor Angélico, en «Relaciones», 97 (2004), 253-283.
49 Fray Bartolomé de Ledesma, de Oaxaca, Fray Domingo de Alzola, de Guadalajara, Fray Gregorio de Montalvo, de Yucatán.
50 Texto en Carrillo Cázares (ed.), Manuscritos del Concilio, I/2, p. 788.
Los textos de los tres memoriales restantes son muy similares entre sí, con algunas notas características referidas a la institución que los origina: el cabildo de la ciudad, de la catedral o la Universidad. Los tres quieren reflejar una devoción ya en acto en el pueblo hacia Santo Tomás, que llevaba a unos rezos y celebraciones particulares sobre todo en la ciudad de México, que justificaba la petición de oficializar el culto a través de la inclusión de Santo Tomás entre las fiestas de precepto.
El 14 de mayo, el Concilio decretó que la fiesta se incluyera entre las fiestas de guardar. Es posible distinguir en el origen de la petición el deseo de la Orden dominica de ver ensalzado a uno de sus grandes santos, recientemente elevado a doctor de la Iglesia, pero también el real influjo del santo en la vida universitaria y en las devociones del pueblo fiel. Un nuevo caso de acogida del derecho de la espiritualidad precedente.
Pasemos ahora al caso de San José. Ya en 1555 el I Concilio Provincial Mexicano había decidido nombrarle patrón general de la provincia eclesiástica:
Y porque de parte de toda la República, assi Eclesiastica, como Seglar, con grande instancia nos fue suplicado, mandássemos guardar, y celebrar la Fiesta de el glorioso San Joseph, Esposo de nuestra Señora, y le recibiéssemos por Abogado, y patrón de esta nueva Iglesia, especialmente para que sea Abogado, é intercesor contra las tempestades, truenos, rayos, y piedra, con que esta tierra es muy molestada; y considerando los méritos y prerrogativas de este glorioso santo, y la grande devoción que el pueblo le tiene, y la veneración con que de los indios y españoles ha sido y es venerado, S.A.C. recibimos al dicho glorioso San José por patrón general de esta nueva iglesia51.
En particular se determina establecer una «fiesta de doble mayor, o primera dignidad», que debe debe ser celebrada al igual que otras solemnidades de la Iglesia romana. En la ciudad de Puebla de Los Ángeles ya en 1556 se decidió construir un templo parroquial dedicado a San José, que se terminó de construir en 159552.
¿De dónde nacían las instancias de parte eclesiástica y seglar para dar esa solemnidad a la fiesta de San José? Es seguro que la devoción josefina tomó cuerpo en Nueva España en buena parte gracias a los franciscanos53. Ya Fray Pedro de Gante había puesto bajo la tutela de San José su Escuela de Naturales, imitando a sus hermanos en religión de Flandes, que habían tomado al esposo de la Virgen como patrón. El cronista Mendieta nos informa que los Doce Apóstoles franciscanos, llegados en 1524, lo tomaron «por especial patrón para la conversión de los indios»54. Y fue otro
51 Primer Concilio Mexicano, const. 18.
52 Además de por motivos devocionales, la construcción de una parroquia encargada al clero secular pretendía sustraer a un importante número de indígenas del influjo de los religiosos. Cf. Peña Espinosa, Construyendo la república, pp. 139-140.
53 Cf. Peña Espinosa, Construyendo la república, pp. 135-143. Agradecemos la gentileza del Autor que nos ha proporcionado el manuscrito, con permiso de citación.
54 Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, lib. 4, cap. 20.
hijo de San Francisco, el murciano Fray Juan de Béjar, quien influyó con sus predicaciones más directamente en la declaración del I Mexicano55.
Pero no solo fueron los franciscanos los responsables de la devoción. También los artesanos y mercaderes mantenían este fervor devocional56. Sabemos que el referido médico Pedro López tenía a San José como el primero de sus «devotos abogados»57.
El Tercer Mexicano continuó reafirmando el patronato de san José, siguiendo lo establecido en el precedente concilio, con un texto más abierto, sin referirse en particular a los rayos, pedriscos y tempestades, sino aludiendo en general a los particulares beneficios que había conseguido de Dios el santo para la Nueva España58
Ciertamente nos encontramos ante una encrucijada entre derecho y espiritualidad muy significativa. La fiesta de San José fue solo fiesta de guardar en la Iglesia universal a partir de 1621, y fue declarado patrón de España, por detrás de Santiago, en 167959. Como se ve, mucho antes, desde 1555, en el virreinato del Norte era honrado este santo de manera particular, y reconocida su devoción nada menos que con un patronato, con todas las consecuencias litúrgicas –Misa, Vísperas, Oficio divino,– y socioreligiosas –ausencia de trabajos serviles–. Ese patronato no se dio en Lima, donde la memoria de San José no era fiesta de precepto. Aunque los estudios sobre cofradías, sobre todo en el siglo XVIII, nos hablan de una presencia importante de San José60, lo cierto es que no aparece mencionado este santo en el Tercer Limense. Por otro lado, sabemos que la devoción josefina cundió en Nueva España en el período colonial, mayormente en el siglo XVIII, con el respaldo jurídico de las declaraciones conciliares61. Es decir, un caso paradigmático en el que el derecho acoge una devoción y la eleva a rango de ley, creando por una parte condiciones favorables para la piedad, y por otra instituyendo nuevas obligaciones exigibles legalmente.
55 Así lo afirma el cronista Juan de Torquemada en su Monarquía Indiana, lib. 20, cap. 65.
56 Cf. Peña Espinosa, Construyendo la república, p. 136.
57 Pedro López, Testamento, en Natalia Ferreiro, Nelly Sigaut, Testamento del “fundador” Dr. Pedro López. Documentos para la historia del Hospital de San Juan de Dios, en «Historia Mexicana», 217 (2005) 168.
58 Tercer Concilio Mexicano, lib. 2, tit. 3, § 2 [217].
59 Para más detalles cf. los comentarios de Basilio de Arrillaga al decreto en la edición del Tercer Mexicano de Galván Rivera que seguimos. Ver también la documentada obra de Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA, Cofradías de San José en el mundo Hispánico, Estudios Superiores de El Escorial, San Lorenzo del Escorial 2014, pp. 13-19.
60 Cf. Campos y Fernández de Sevilla, Cofradías, pp. 23-49.
61 Sobre las cofradías josefinas cf. Campos y Fernández de Sevilla, Cofradías, pp. 61-69 y el intersante artículo de Jorge Luis Merlo Solorio, Palpitando fuerte y apasionado. Culto novohispano al corazón de San José, s. XVIII, en «Estudios josefinos» 140 (2016) 137-165.
REFLEXIONES FINALES
Podemos hacer un breve balance de lo hasta aquí expuesto, conscientes de que los temas abordados podrían ser mucho más numerosos, pero excederían las posibilidades de esta presentación.
En cuanto a lo dicho sobre el culto, se puede afirmar que el Derecho Canónico Indiano, representado en los dos concilios provinciales, fomentó la belleza en la liturgia, y en particular la música, como medio para impulsar la espiritualidad. Hay un matiz importante en el Tercer Mexicano, que estimuló la belleza en las ceremonias refiriéndose a todos los fieles en general, y sin matices peyorativos para con los indios; en cambio, parece que el Tercer Limense insistió que las ceremonias, dada la cortedad intelectual de los naturales, servían para erradicar las idolatrías.
El hecho de que personalidades concretas, particularmente devotas, ligadas a los concilios, como Toribio de Mogrovejo y Pedro López, expusieran peticiones de clarificación de posturas litúrgicas a las autoridades competentes, implica la creencia de que el derecho podía contribuir a salvaguardar los gestos litúrgicos, y por tanto la devoción del pueblo.
Respecto al culto a los santos las consultas de los agentes pastorales habían originado que la Santa Sede concediera, mediante la bula Altitudo, un régimen particular en las fiestas de guardar distinto para indios (y negros) que para españoles y criollos. Sin embargo, la posibilidad que introduce el Tercero de Lima y luego el Tercero de México de flexibilizar las celebraciones no depende ya de Roma, sino del Derecho Canónico Indiano, que procura dejar abiertas las puertas para que nuevas devociones populares fueran protegidas ulteriormente por el derecho.
Por lo que se refiere al culto de algunos santos, cuya documentación conocemos solo para el Tercer Mexicano, consignamos que el Concilio acoge la tradición ya no solo popular, sino jurídico del patrocinio de San José, aunque le da un realce mayor; se pliega a un fuerte apremio institucional por crear una nueva fiesta de precepto, la de santo Tomás de Aquino, y se opone, a nuestro juicio con buen criterio, a dar luz verde a una nueva fiesta de precepto, la de San Roque, solo por la petición de un particular. En este caso la devoción de una solo persona, Pedro López, no era en ningún modo obstaculizada por el Derecho, pero tampoco podía asumir una praxis personal y convertirla en norma general.
Vemos así que los dos concilios reciben diversos movimientos devocionales y deciden acogerlos, manteniéndolos o aumentando su capacidad de operatividad social, o simplemente ignoran aspectos devocionales no asumibles jurídicamente. Sobre el influjo de estos concilios en la espiritualidad de América Latina quizás podamos escuchar sabrosos testimonios en estos días de congreso. Algunos, tan sencillos como el de la “Casa de los santos” en la aldea boliviana de San Juan de Sahagún, nos podrán ilustrar de cómo el derecho puede generar identidad social a través de las generaciones.

PANORAMA HISTÓRICO DEL MOVIMIENTO ECUMÉNICO EN CHILE
Dr. Juan Daniel Escobar Soriano*
Prof. Lic. Rafael Escobar Collins**
* Profesor Titular de la Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Miembro de Número de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso.
INTRODUCCIÓN
Afinales del presente año, se cumplirán 54 años de la Promulgación del Decreto Unitatis Redintegratio y 53 de la Clausura solemne del Concilio Vaticano II. Estos hechos fueron muy importantes para el desarrollo del Movimiento Ecumémico en la Iglesia Católica-Romana. En Chile, el ecumenismo comienza con mucho entusiasmo y su caminar ha tenido momentos de alta y baja. Pensamos que es importante presentar, analizar y comentar el desarrollo del ecumenismo en nuestro país, a través de hechos, instituciones y personas que han participado activamente en este proceso.
La presente investigación comenzará con una Introducción donde se explicará la importancia de hablar más de Movimiento Ecuménico, que de Ecumenismo. En segundo lugar, presentaremos el desarrollo de las principales organizaciones ecuménicas de nuestro país y sus principales actividades. Finalmente, presentaremos a destacados ecumenistas de nuestra Iglesia, como de otras Iglesias y Confesiones Cristianas.
El marco cronológico de nuestra investigación es desde el cierre del Concilio Vaticano II (1965), hasta nuestros días.
I. EL MOVIMIENTO ECUMÉNICO
Todavía es común escuchar ciertas afirmaciones como: “verdadero Ecumenismo”, “ecumenismo católico” y otras que reflejan una falta de conocimiento acerca del tema. El Decreto sobre Ecumenismo “Unitatis Redintegratio” del Concilio Vaticano II, reconoce que no hay un ecumenismo católico al lado de otro ecumenismo protestante u ortodoxo, sino que hay un único movimiento ecuménico, al que las diferentes Iglesias se unen a partir de sus propias posiciones doctrinales1.
1 Cf. Escobar, J., El Ecumenismo en Valparaíso, en Concha, M. I. – Pacheco, W. – Vergara, F. (edit.), Historia Religiosa de Valparaíso, Valparaíso 2008, p. 270.
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El Decreto nos dice que técnicamente debemos hablar de “Movimiento Ecuménico”, más que de “Ecumenismo”: “Por movimiento ecuménico se entiende el conjunto de actividades2 y de empresas que conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos”3.
Profundizando más esta definición, y teniendo en cuenta documentos posteriores4, podemos afirmar que por Movimiento Ecuménico se entiende una inmensa acción emprendida en todas las Iglesias y Confesiones Cristianas, por el diálogo, la cooperación, la integración, la unión de los individuos y de las instituciones, apuntando a la aproximación y reconciliación de los cristianos, a la curación de las tradiciones heridas, en una palabra, a la plenitud del Cuerpo Místico de Cristo5.
El movimiento ecuménico presenta las siguientes características:
1. Es una vocación, a la que todo cristiano está llamado desde el bautismo, ya que en este sacramento Dios nos infunde el deseo y el anhelo de la unidad, debido a que los bautizados en Cristo quedamos revestidos de Él y hechos uno con Él.
2. Es, como decíamos anteriormente, un movimiento, que como todo movimiento, se demuestra andando y se construye a través de un amplio abanico de acciones relacionadas con las tres áreas eclesiales fundamentales: Formación, Acción y celebración. Pudiendo ser confesional e inter-confesional, hacia el interior de las Iglesias, o bien solidariamente, en común, hacia la persona y hacia el mundo6.
II. EL CAMINAR ECUMÉNICO: PRINCIPALES INSTITUCIONES
El espíritu ecuménico del Concilio Vaticano II rápidamente comienza a hacerse presente en nuestro país. En un primer momento, tenemos una serie de lo que podríamos llamar “actos espontáneos” que quieren mostrar fraternidad y búsqueda de la unidad, donde la amistad previa jugaba un papel importante y no siempre se hicieron con la suficiente preparación y conocimiento, pero lo importante era el sentimiento de conocerse más, hacer cosas juntos y buscar la anhelada unidad de los cristianos, tal como Cristo lo quería y la Iglesia, ahora en tiempos nuevos, lo mandaba.
2 Ejemplo: Liturgias, Encuentros, Estudios, trabajos sociales, Jornadas, hasta un turismo ecuménico y muchos otros.
3 UR, 4.
4 Algunos importantes a considerar son: Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina (1983) y para las Iglesias Orientales (1990). Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo (1993). Encíclica Ut Unum Sint, de San Juan Pablo II (1995).
5 Cf. González, M., Hacia la Pascua de la Unidad Córdoba – España 2000), p. 45. Escobar, J., El estado actual del Ecumenismo en Chile, en Notas de Diálogo (Chile) 21 (2015), p. 3.
6 Cf. Escobar, J., cit. (n.1), p. 272.
II.1 DEPARTAMENTO NACIONAL DE FE Y ECUMENISMO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE
Siguiendo las instrucciones del antiguo Secretariado para la Unidad de los Cristianos, fundado por Juan XXIII, el 5 de Junio de 1960, la Conferencia Episcopal de Chile creará el Departamento Nacional de Fe y Ecumenismo. En la Asamblea Plenaria del 18 de febrero de 1965, se le encargará al obispo de Linares, Mons. Augusto Salinas Ramírez, SSCC, hacer realidad la idea de contar con un órgano dedicado al Ecumenismo y que pudiese servir a las diócesis en esta importante tarea para la Iglesia. Es interesante destacar, que Mons. Salinas concretará rápidamente el deseo de los obispos, y con fecha 17 de abril del mismo año, nacerá el Departamento.
Con la creación de este Departamento, comienza una etapa de mayor organización y de apoyo institucional en los inicios del caminar ecuménico chileno. Lo ecuménico, ya no será solo lo “espontáneo” y los “contactos personales”.
El Departamento de Fe y Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile, nace con los siguientes miembros:
Mons. Augusto Salinas Morandé, SSCC: PRESIDENTE.
Pbro. Humberto Muñoz Ramírez: DIRECTOR.
P. Carlos Pape, SVD: SECRETARIO.
Pbro.Jean Robert: PROSECRETARIO.
P. Juan Ochagavía, SJ: MIEMBRO.
P.Beltrán Villegas, SSCC: MIEMBRO.
Pbro. Jorge Medina: MIEMBRO.
Pbro. Vicente Ahumada: MIEMBRO.
II.2 COMISIÓN NACIONAL DE ECUMENISMO Y DIÁLOGO INTERRELIGIOSO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE
En 1985, debido a una racionalización realizada por la Conferencia Episcopal de Chile en todos sus organismos nacionales, el Departamento Nacional de Fe y Ecumenismo pasará a llamarse Comisión Nacional de Ecumenismo. Esta Comisión tiene como misión introducir, fomentar y fortalecer la perspectiva ecuménica en la pastoral de la Iglesia, promoviendo el diálogo y el contacto entre las Iglesias y las religiones del país7.
Su objetivo General es:“Inaugurar una nueva etapa en nuestras relaciones con las Iglesias y comunidades eclesiales hermanas, para hacer del tercer milenio del cristianismo el milenio de la unidad”8. Esta comisión ha tenido destacados y reconocidos ecumenistas entre sus directores y miembros9.
7 Cf. www.iglesia.cl/areas_pastorales/eclesial/ecumenismo_eclesial.php (10.04.018). p.1.
8 Cf. Ibíd. p. 1.
9 Algunos, ya se durmieron en el Señor de la Unidad: Mons. Augusto Salinas, Pbro. Humberto Muñoz, P.
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Desde 1985 a la fecha, son múltiples las actividades ecuménicas que la Comisión ha organizado o ha participado como invitada en actos de otras Iglesias y Confesiones Cristianas del país10.
El Ecumenismo Espiritual también ha sido trabajado y profundizado por la Comisión. Se han dedicado importantes esfuerzos en fomentar, difundir y apoyar la celebración de la Semana de Oración por la Unión de los Cristianos. Se ha participado junto a otras Iglesias en la celebración de la Navidad Ecuménica y tener en forma periódica Encuentros de Oración Ecuménica. La Comisión, también ha apoyado y participado en diferentes Liturgias y Te Deum ecuménicos.
La producción de Boletines, Fichas, Artículos, Documentos, etc. y diversos materiales de apoyo, tanto a nivel pastoral como teológico, tampoco han estado ausente del trabajo de la Comisión11
En la actualidad la Comisión está conformada de la siguiente manera:
Mons. Jorge Vega, SVD, Prelado de Illapel: PRESIDENTE
P. José Arenas, SJ: DIRECTOR
Sr. Francisco Lazo: SECRETARIO
MIEMBROS COLABORADORES:
P. José Zorrilla.
Sr. Luis Morales.
Pbro. Vladimir Gutiérrez.
Sr. Raúl Rosales.
Sra. Mónica Baeza.
Srta. Natalia Escobar.
Sr. Juan Escobar12.
La Comisión se reúne los terceros martes de cada mes, en la sede de la Conferencia Episcopal de Chile de Santiago de Chile.
II.3 FACULTAD DE TEOLOGÍA DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE.
La Facultad respondió rápidamente al deseo y mandato del Concilio Vaticano II de estudiar y promover el ecumenismo. En 1965, el P. León Tolosa, OSB, dictará el primer curso sobre Ecu-
Luis Olivares, Mons. Santiago Tapia, P. Francisco Sampedro. Hna. Isabel Vranken. Otros continúan su peregrinaje por este mundo: P. Roberto Mosher, Prof. Luis Morales, y sería largo enumerar a más.
10 Ejemplos de actividades ecuménicas son: Diálogos Teológicos Multilaterales, Jornadas, Cursos, Charlas, Talleres, participación de miembros en Congresos nacionales e internacionales, etc. Cf. Escobar, J., cit. (n.5), pp. 4-5.
11 En este contexto destacamos: Notas Ecuménicas, que dio paso al actual Boletín virtual Notas de Diálogo. Elementos para Orientar la Acción Ecuménica (Santiago de Chile 2012). Los trabajos del colaborador de la Comisión: Morales, L., Texto Básico de Ecumenismo (Santiago de Chile 2015) 2 Edición. Morales, L., Oraciones y Poemas por la Unidad (Santiago de Chile 2015).
12 www.iglesia.cl., cit. (n. 7), p. 1.
menismo. Entre 1967 a 1968, el curso estará a cargo del P. Carlos Pape, SVD, primer Secretario del Departamento de Fe y Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile, y a partir de 1969, lo dictará el Pbro. Humberto Muñoz, primer Director del Departamento de Fe y Ecumenismo y un pionero del ecumenismo en nuestro país. También en ese año, el ecumenismo tendrá un gran impulso en la Facultad, gracias al Decano P. Juan Ochagavía, SJ , ya que por mandato del Decano, se dictarán dos cursos de ecumenismo: uno general, sobre la problemática del ecumenismo y que pudiera servir de introducción al tema, y el otro, sobre el protestantismo en Chile. Estos cursos dieron origen a dos textos, que hoy son considerados “clásicos” en el estudio del ecumenismo en Chile13 . Al Decano Ochagavía, le importaba mucho que el profesor de ecumenismo tuviera contactos con Iglesias no católicas del país. Esto se cumplió a cabalidad, por visitas, encuentros, etc., realizados en ese tiempo14.
También debemos destacar, que ya desde antes de finalizar el Concilio, la revista de la Facultad: Teología y Vida, específicamente en el año 1964, dedicó un número entero dedicado al ecumenismo15, y ha seguido publicando temas relacionados con el ecumenismo.
Otro elemento importante, fue el gran aporte de profesores de la Facultad en el antiguo Departamento de Fe y Ecumenismo y en la Comisión Nacional de Ecumenismo. También debemos presentar la destacada participación que cumplió el Pbro. Prof. Dr. Jorge Medina en el Consejo Mundial de Iglesias, donde integró la comisión de Fe y Constitución, además fue miembro del Consejo del Instituto Ecuménico de Jerusalén, auspiciado por el Papa Paulo VI, y no debemos olvidar que Mons. Medina fue invitado como perito observador a la asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Lausana (Suecia), del 4 al 20 de Julio de 196816.
Lamentablemente este auspicioso comienzo no se mantuvo en el tiempo, salvo por el Pbro. Prof. Dr. Fernando Retamal (Q.E.P.D.), que siguió siendo miembro de la Comisión Nacional de Ecumenismo y aportando desde su especialidad, que era el Derecho Canónico. Los dos cursos, que anteriormente presentamos, no se siguieron dictando y la materia de ecumenismo se integró dentro de otra asignatura. En los últimos años, se está revirtiendo esta situación, ya que dos jóvenes profesores, el Pbro. Prof. Dr. Rodrigo Polanco, y la Prof. Dra. Sandra Arenas se están dedicando a estudiar y promover el ecumenismo teológico. Este año, bajo la dirección de estos profesores, la Facultad organizó un Congreso Internacional de Ecumenismo con bastante participación y gran éxito. Esta actividad se desarrolló en el mes de Abril.
13 El primer Curso, dio origen a: Muñoz, H., La Iglesia Una del Futuro (Santiago de Chile 1970), y el lectura obligada en cada curso de ecumenismo en la actualidad, que se desprende del segundo curso dictado: Muñoz, H., Nuestros Hermanos Evangélicos, Santiago de Chile 1974.
14 Muñoz, H., “El Ecumenismo en Chile”, en Teología y Vida (1979), p. 184.
15 Cf. Teología y Vida, de los meses de Abril – Junio de 1964.
16 Cf. Muñoz, H., (cit. 14), p. 184-185.
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II.4 INSTITUTO DE CIENCIAS RELIGIOSAS DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO
Actualmente, el Instituto de Ciencias Religiosas depende de la recientemente creada Facultad Eclesiástica de Teología, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
El Instituto de Ciencias Religiosas tiene sus raíces en el Instituto de Teología fundado en 1970, y que desde 1972 comienza a tener alumnos propios. El 6 de Enero de 1981, la Sagrada Congregación para la Educación Católica, creó y declaró canónicamente erigido el Instituto de Ciencias Religiosas Ad Instar Facultatis (a modo de Facultad)17.
La Asignatura de Ecumenismo comienza a ser parte del plan de estudios de forma obligatoria, con cuatro horas a la semana, desde 1974. Para dictar este curso, se contrata al P. Francisco Sampedro Nieto, CM, que venía desde España con estudios sobre el tema en la Universidad Pontificia de Salamanca y había sido discípulo de los grandes ecumenistas españoles: José Sánchez Vaquero, Profesor en Salamanca, Fundador y Director del Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII, dependiente de la Universidad Pontificia de Salamanca y autor de numerosas obras sobre el tema. Don José falleció el 2013. También fue discípulo de otro pionero del ecumenismo español: Don Julián García Hernando, quién fuera durante 30 años Director del Secretariado de Ecumenismo y de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, además fundó el Centro Ecuménico: “Misioneras de la Unidad” y dirigió la Revista Pastoral Ecuménica. Don Julián falleció el 2008. El P. Sampedro se dedicó por entero a trabajar por el ecumenismo teológico y pastoral, hasta su muerte el 2004. Hoy, todos los que trabajan en ecumenismo en nuestro país están de acuerdo en que el P. Sampedro fue un gran promotor y defensor del ecumenismo en todos sus ámbitos, dejando además una gran cantidad de obras sobre el tema18.
El Instituto de Ciencias Religiosas ha estado ligado estrechamente al desarrollo del ecumenismo en nuestro país, a través de la colaboración de varios de sus profesores en la Comisión Nacional de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile. El P. Luis Olivares, OFM, fue Director-Decano del Instituto, Director y miembro de la Comisión Nacional hasta su encuentro con el Señor de la Unidad. El P. Sampedro, fue Director de la Comisión hasta 1994. El Prof. Dr. Antonio Rehbein (Q.E.P.D.), fue miembro de la Comisión, aportando desde su especialidad, la Historia de la Iglesia. El Prof. Dr. Juan Daniel Escobar, fue Secretario Adjunto de la Comisión, desde 1990 a 1994, y hoy sigue siendo colaborador.
El curso de ecumenismo se sigue dictando tanto en el Instituto como en la Facultad y se han mantenido en el tiempo las investigaciones, publicaciones, encuentros, asistencia a congresos nacionales e internacionales y otras actividades relacionadas con el ecumenismo.
17 Cf. Cabrié, A., Cuadragésimo Aniversario del Instituto de Ciencias Religiosas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en Concha, M., (edit.), Historia Religiosa de Valparaíso, Valparaíso 2011, p. 202 – 205.
18 Cf. Escobar, J., Recordando al Padre Francisco Sampedro, CM (1941-2004), en Servicio 326 (2017), 22.
En Junio del 2015, se firmó un acuerdo entre la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, a través del Instituto con la Comunidad Teológica Evangélica. Este acuerdo, comprende el reconocimiento de los estudios realizados en la Comunidad Teológica y la creación de los grados académicos de Bachiller y Licenciado en Estudios Teológicos, Bíblicos y Diálogo Ecuménico.
El trabajo ecuménico del Instituto siempre ha sido apoyado y alentado por los diferentes obispos de Valparaíso y las autoridades superiores de la Universidad.
II.5 FRATERNIDAD ECUMÉNICA DE CHILE
Se creó oficialmente el 8 de agosto de 1973 con la finalidad de contribuir personalmente y como grupo a la unidad de los cristianos de nuestro país. La Fraternidad ha organizado y participado en múltiples actividades ecuménicas que se han realizado en el país, destacándose la Semana de Oración por la Unión de los Cristianos y la Navidad Ecuménica. Los Presidentes de Chile, Señores Patricio Aylwin (Q. E. P. D.), y Eduardo Frei recibieron en audiencia oficial a la directiva de la Fraternidad de los años 1990 y 1993. En ambas audiencias, los Presidentes reconocieron e instaron a la Fraternidad a seguir trabajando por la unidad de los cristianos y de Chile. Las Iglesias y Confesiones Cristianas con más representación y participación en las actividades de la Fraternidad han sido: Anglicanos, Ortodoxos del Patriarcado de Antioquía, Luteranos, Metodistas, Metodista Pentecostal, Asambleas de Dios, Ejército de Salvación y Católica Romana19.
El nacimiento y desarrollo de la Fraternidad Ecuménica de Chile se logró en gran medida por el incansable trabajo ecuménico de los pastores Samuel Vallette (Q.E.P.D.), José Guerra (Q.E.P.D.), Juan Sepúlveda, Juana Albornoz, por nombrar algunos, sin desmerecer el trabajo de otros, y de los sacerdotes católicos, Pbro. Humberto Muñoz, P. Luis Olivares (Q.E.P.D.), y P. Francisco Sampedro (Q.E.P.D.)20.
II.6 ASOCIACIÓN CRISTIANA DE JÓVENES
Esta organización nació en el contexto de los Movimientos de Estudiantes Cristianos de finales del siglo XVIII en Europa. El fundador de la Asociación Cristiana de Jóvenes fue el líder juvenil George Williams, quien el 6 de Junio de 1844, junto a 11 amigos la fundó en Londres. Su finalidad está en un gran deseo de servicio y anhelo de hacer llegar sus ideas y experiencias cristianas a otros jóvenes21. En la actualidad es considerada como una organización ecuménica, que a finales del siglo XX, se encontraba en 90 países, con 16.000 sedes y agrupaba a 25 millones de personas.
En Chile, la sede de Santiago ha colaborado con la Fraternidad Ecuménica de Chile, inclu-
19 Cf. Escobar, J., cit. (n. 5), p. 6.
20 Cf. Ibíd., p. 6.
21 Cf. Sampedro, F., Manual de Ecumenismo: Iglesias Cristianas y Pastoral Ecuménica, Santiago de Chile, 1989, p. 100.
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so algunos miembros católicos romanos de la Fraternidad han ocupado cargos directivos en la Asociación.
La promoción del ecumenismo siempre ha sido preocupación de la Asociación, y así lo ha demostrado la sede de Santiago de Chile. Además no debemos olvidar, que J. Mott, laico metodista, quien preparó la Conferencia de las Misiones en Edimburgo (1910), y hoy considerado el padre del movimiento ecuménico, fue Secretario General de la Asociación Cristiana de Jóvenes22
III.7 COMUNIDAD TEOLÓGICA EVANGÉLICA DE CHILE
Fue fundada en 1964 y posee sedes en Santiago, que es la central, y en Concepción; la iniciativa de fundar una verdadera Facultad de Teología protestante fue obra de las Iglesias Metodista, Luterana, Presbiteriana, Anglicana, Wesleyana, Pentecostal de Chile y Misión Iglesia Pentecostal. El objetivo principal fue promover una educación teológica para el mundo evangélico chileno. Sus programas de formación están dirigidos a pastores, pastoras, laicos y profesionales. Esta labor se realiza a través de un Programa Universitario y uno de Educación Teológica de base o extensión23
La Comunidad Teológica Evangélica ha tenido y tiene muy buenas relaciones con nuestra Iglesia. Ha realizado trabajos en conjunto con la Comisión Nacional de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Conferencia Episcopal de Chile y otras organizaciones católicas romanas24
III.8 CENTRO ECUMÉNICO DIEGO DE MEDELLÍN
Este Centro debe su nombre a Diego de Medellín OFM, (1496-1592), Obispo de Santiago de Chile entre 1574 y 1592, y se destacó por las importantes obras que realizó en la diócesis, entre las que destacamos la defensa de los indios, el impulso al conocimiento del “mapudungun” entre los sacerdotes y la fundación del Seminario Conciliar, para la formación de sacerdotes25.
El Centro Diego de Medellín nació en 1983 para apoyar y acompañar, desde una perspectiva teológica y ecuménica, a los cristianos católicos y evangélicos del mundo popular chileno y a sus organizaciones de base, en la práctica cotidiana de la reflexión teológica y la asesoría especializada. Desarrollan diversas actividades en colaboración con pastores, pastoras, sacerdotes, religiosas, catequistas, mujeres, animadores comunitarios y grupos organizados entre los pobres, principalmente en Santiago de Chile, Concepción y Copiapó. Técnicamente, el ecumenismo que realiza
22 Cf. Diez, J., “La Conferencia Misionera de Edimburgo 1910 producto del esfuerzo de muchos cristianos en la acción misionera y el ecumenismo”, en Pastoral Ecuménica (España) 80 (2010), pp. 9- 20.
23 Cf. Escobar, J., cit. (n. 5), p.7.
24 Como lo fue en el Primer Diálogo Teológico Multilateral de Iglesias de nuestro país en 1993, y el convenio con la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, firmado el 2015, y del que hablamos anteriormente.
25 Cf. Sánchez, M., “Fray Diego de Medellín, el organizador de la diócesis de Santiago”, en Encuentro con la Iglesia de Santiago (Chile), 53 (2011). P. 14.
este centro es social y pastoral. Aunque también ha habido un ecumenismo doctrinal. Este centro edita la revista Pastoral Popular26 .
III.9 ACADEMIA DE HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO
Esta Academia nació el año 2004, con el objetivo de reflexionar, investigar, promover y difundir la Historia Religiosa de Valparaíso. Desde su fundación hasta hoy ha tenido un fructífero trabajo, que ya es recogido y valorado fuera de nuestras fronteras, como lo es por el Pontificio Consejo de la Cultura y diversas Universidades Latinoamericanas y de Europa.
Como la mayoría de las Iglesias y Confesiones Cristianas no católicas llegan a nuestro país por Valparaíso, y no existiendo estudios específicos ecuménicos sobre este hecho, la Academia desde sus inicios se ha preocupado de estudiar también este tema. Así lo han demostrado los Simposios que se han realizado y están recogidos en los 5 libros hasta ahora editados. Además, desde su fundación cuenta con un miembro que es un reconocido historiador protestante. Algunos temas históricos-ecuménicos que se han estudiado, son:
- “Fe y Obras: Breve perfil ecuménico y de su servicio del Rev. David Trumbull (1870-1889”).
- “Protestantes y Evangélicos en Valparaíso: Análisis Ecuménico”.
- “Primera Sociedad Bíblica en Valparaíso”.
- “Surgimiento de la Iglesia Anglicana Saint Paul de Valparaíso en el contexto del Siglo XIX”.
- “Capilla Evangélica Alemana: Tardío testimonio de la presencia Luterana en Valparaíso durante el Siglo XIX”.
- “El Ecumenismo en Valparaíso”.
“ Valparaíso: Cuna del Avivamiento Pentecostal”.
- “Union Church: Hechos y legado por una comunidad evangélica reformada del Siglo XIX (18471883)”.
“ Valparaíso y el arribo de los primeros Adventistas a Chile”.
- “Pentecostalismo Exógeno: El caso de las Asambleas de Dios en el Gran Valparaíso (1945-1985)”.
- “Presencia e Importancia de las Principales Iglesias y Confesiones Cristianas No Católicas en Valparaíso, Desde Una Perspectiva Ecuménica”27.
Uno de los libros publicados por la Academia fue financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del Estado de Chile en la convocatoria del 2011. Desde su Fundación hasta hoy, la Presidenta de la Academia ha sido la Hna. Dra. María Inés Concha, Doctora en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana de Roma y cuenta con destacados investigadores como Académicos de Número. Sesiona en la Sala Budge de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
26 Cf. Escobar, J., cit., (n.5), p. 7.
27 Cf. Actas de los Simposios de Historia Religiosa de Valparaíso, años: 2005, 2008, 2011, 2015, 2017.
Dr.
Juan
Daniel Escobar
Soriano; Prof.
Lic.
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LA RESTAURACIÓN DE LA PROVINCIA CHILENA DE LA COMPAÑÍA DE JESUS Y REFUNDACIÓN DE LA RESIDENCIA DE VALPARAÍSO
Pedro Espinosa Santander, s.j.
Licenciado en Teología, especialidad Historia de la Iglesia por la Pontificia Universidad de Comillas.
I. LOS PRIMEROS INTENTOS DE RESTABLECIMIENTO (1810 – 1816)
Cuando quedaba solo un grupo de ancianos jesuitas de la antigua Compañía, los Monarcas españoles comenzaron a suavizar el rigor persecutorio contra la Orden. Carlos IV permitió, en mayo de 1798, a los ex jesuitas regresar a su país de origen o residir en conventos de otras Órdenes religiosas. Aprovecharon diez antiguos jesuitas chilenos la ocasión y seis lograron llegar a Chile, eran: Juan Crisóstomo Aguirre, los hermanos Francisco Javier y José Antonio Caldera, Domingo Valdés Carrera, Juan González Carvajal y Felipe Gómez de Vidaurre1.
En diciembre de 1810 en las Cortes de Cádiz, todos los diputados americanos, excepto el de Quito, pidieron el restablecimiento de la Compañía de Jesús en América. Representaban a Chile los diputados Joaquín Fernández de Leiva y Erdoiza y Miguel Riesco y Puente. Sin embargo, la influencia del pensamiento liberal en la Asamblea hizo que se rechazara la petición americana.
Finalmente, la Compañía de Jesús fue restaurada universalmente por Pío VII en 1814: el 31 de julio, día de San Ignacio, fue leída solemnemente por el papa la bula de aprobación en Roma, delante del Colegio cardenalicio y de ochenta y siete ancianos jesuitas de la antigua Compañía. Entre estos estaban los chilenos: Francisco Ríos, Martín Recabarren, Santiago Fuentecillas, Juan Valgoitíay Marcelo Valdivieso. Ninguno de ellos regresó a Chile.
En España, la Compañía va a ser restaurada el 29 de mayo de 1815 por Fernando VII. El Procurador General de Santiago de Chile, Pedro Ovalle y Landa, solicitó el restablecimiento de la Orden el 12 de marzo de 1816, pleno período de la Reconquista española; el Presidente Casimiro Marcó del Pont emitió el decreto de restablecimiento que quedó detenido en el Cabildo eclesiástico de Santiago durmiendo el sueño de los justos, pues muy pronto el triunfo del ejército de los Andes en Chacabuco y Maipú acabará con el dominio colonial español en el país.
1 Hanisch Espíndola, Walter, Historia de la Compañía de Jesús en Chile. Editorial Francisco de Aguirre, Buenos Aires, 1974, páginas 191 y ss.
Mala cosa habría sido para la Compañía restablecerse en el país a la sombra del agonizante régimen colonial.
Después de incontables vicisitudes, la Orden solo logrará su restablecimiento en territorio chileno, de hecho, aunque no jurídico, en el período republicano. Jamás se le devolvieron sus propiedades, ni se pidió que vinieran de Europa los jesuitas chilenos que se habían reincorporado allá.
II. RELACIONES DEL ESTADO DE CHILE CON LA IGLESIA Y LA SANTA SEDE
Establecer relaciones con la Santa Sede fue un objetivo importante de los gobiernos republicanos chilenos, para lograr el reconocimiento de las potencias europeas.
A pesar de la actitud antiespañola de los intelectuales liberales, en 1844 el gobierno de Manuel Bulnes llevó a buen término las negociaciones por las que la antigua metrópoli reconocía la independencia del país. Madrid y Santiago intercambiaron Encargados de Negocios.
Por lo que toca a las relaciones con la Santa Sede, se entrecruzan los intereses internacionales con la política interna de las relaciones Iglesia-Estado. A los sucesivos gobiernos les interesa el reconocimiento de la independencia nacional por parte del papado; pero también les interesa conservar la sujeción de la Iglesia al poder estatal, expresada jurídicamente en las “regalías” que el Estado chileno pretendía haber heredado de la Corona española.
Con Gregorio XVI no hay inconvenientes para aceptar “de facto” la independencia de la República chilena; pero Roma no estaba dispuesta a mantener las regalías. La organización eclesiástica en el país será objeto de lentas negociaciones y de constantes disputas. El papa concederá generalmente “motu proprio” lo que le pide el Estado chileno y este aceptará las decisiones romanas dejando siempre en claro que su aceptación se limita a aquello que no vulnera las regalías que pretende haber heredado de la Corona española.
El Gobierno chileno es patronatista y regalista. El Estado es oficialmente católico y la Constitución de 1833 excluye el culto de cualquiera otra confesión. Pero –especialmente por el auge del comercio en Valparaíso, en el que participa activamente una fuerte colonia inglesa anglicana– la población no católica aumenta rápidamente2. La exclusión constitucional muy pronto será interpretada solo como prohibición del culto público, entendiéndose como tal el que se efectúa fuera de un recinto destinado a él. Aunque la jerarquía eclesiástica protestó, porque vio en esta medida un atentado contra la confesionalidad del Estado, no consiguió cambiar la situación.
Para los creadores de la institucionalidad portaliana era evidente que el Estado podía y debía ejercer tuición sobre la Iglesia. Este es el marco histórico que vivirán los jesuitas que intentarán el restablecimiento de la Compañía en el país en el siglo XIX.
2 Cf. Krebs W. Ricardo, La Iglesia de América Latina en el Siglo XIX, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2002, pp.176 y ss.
III. EL GOBIERNO ECLESIÁSTICO DE SANTIAGO
Cuando en 1840 Santiago fue elevada a sede metropolitana, don Manuel Vicuña Larraín, que la gobernaba desde 1828, fue nombrado su primer Arzobispo. El gobierno eclesiástico de Vicuña fue en gran medida un momento de transición hacia una Iglesia más organizada y con una personalidad propia. El primer Arzobispo murió apenas tres años después de que fuese decretada la reorganización de las jurisdicciones eclesiásticas. Legó a su sucesor una sede metropolitana que lo era solo en el nombre, pero que mostraba signos de vitalidad muy esperanzadores: un clero relativamente abundante, con una preparación canónica y teológica suficiente para las necesidades del momento.
En marzo de 1843 habían arribado al país los tres primeros jesuitas que llegaban desde la expulsión de 1767. El principal apoyo que su Superior (P. Mariano Berdugo) les había prometido al enviarlos desde la Argentina era el del Arzobispo Vicuña. De los tres parece que solo uno pudo entrevistarse con el Arzobispo en Valparaíso, lugar donde el Prelado vivía sus últimos meses, ya que fallecía el 3 de mayo de ese mismo año.
Estos primeros jesuitas se encontraron entonces en el país en una ocasión privilegiada para apreciar las ventajas y limitaciones en que se movía la Iglesia en Chile. De acuerdo con el pretendido derecho de Patronato, a la muerte de Monseñor Vicuña, el Consejo de Estado elaboró una terna de entre los eclesiásticos distinguidos del país. La encabezaba el Deán del Cabildo Metropolitano, don José Alejo Eyzaguirre, que fue elegido por el Presidente de la República (Manuel Bulnes), para que ocupase la sede vacante. Mientras se tramitaban las bulas correspondientes ante la Santa Sede, el Presidente envió al Cabildo las “Cartas de Ruego y Encargo”, para que el Arzobispo electo fuese elegido Vicario Capitular y comenzase a ejercer jurisdicción sobre su sede. No hubo inconvenientes en el procedimiento y Eyzaguirre comenzó a desempeñar sus funciones.
Pero en los primeros meses de 1845, al parecer cansado de los frecuentes conflictos con las autoridades políticas y administrativas el Arzobispo electo presentó su renuncia al Presidente. El 22 de abril, Bulnes aceptó la renuncia y, tras la repetición del procedimiento anterior, el 13 de mayo de 1845, de acuerdo con del derecho de patronato, el Presidente Bulnes eligió para el Arzobispado de Santiago a don Rafael Valentín Valdivieso y Zañartu, distinguido sacerdote de 40 años de edad, mientras se tramitaban las bulas correspondientes ante Roma. Con Monseñor Valdivieso (que ocupará la sede hasta su muerte en 1878), se ponía al frente de la Iglesia metropolitana a un gran organizador, que marcaría profundamente no solo a la Iglesia de Santiago, sino a toda la estructura social y política del país en el siglo XIX. En este contexto, Monseñor Valdivieso desempeñará un rol esencial en el restablecimiento de hecho de la Compañía de Jesús en el país.
IV. PRIMEROS INTENTOS DE RESTABLECER LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN CHILE3
1. Invitación a los Jesuitas del Río de la Plata
Retrocediendo en el tiempo, en agosto de 1836, un grupo de jesuitas expulsados y perseguidos en España encontraba asilo en el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, los recibía con toda solemnidad.
En 1841, el Superior de la Misión de Buenos Aires era el P. Mariano Berdugo, quien, antes de organizar la expedición misional había sido profesor de filosofía en el Colegio Imperial del Madrid y Maestro de novicios. Allí había padecido en 1834 el terror de las tristemente célebres matanzas de frailes, en las que cayeron 14 jesuitas del Colegio Imperial.
En 1843 el P. Berdugo recibía la primera invitación desde Chile. El 22 de marzo le escribía el Presbítero Ramón Zisternas; invitando a los jesuitas al país que trabajaran en la educación y en las misiones rurales. Se prometía entregar haciendas y legados que la Compañía podría reclamar y que financiarían sus actividades en caso de ser oficialmente restablecida; lo cual constituirá más adelante uno de los principales motivos para que se impida el restablecimiento legal de la Orden en el país. Pues si se concretaba, resultarían lesionados demasiados intereses, algunos de personas altamente situadas. La carta de Zisternas fue enviada a Roma y hasta ahí llegó el asunto.
2. El Proyecto de Evangelización de Arauco de D. Pedro Palazuelos
Otro intento de restablecer la Compañía en Chile está incluido en un plan de vastas proporciones que se presenta en la Cámara de Diputados en agosto de 1840. Su autor es un diputado que representa al departamento de Itata, don Pedro Palazuelos, que forma parte de un núcleo de católicos ilustrados organizados en la Sociedad Chilena de Agricultura y Beneficencia. Su proyecto plantea la presencia de los jesuitas para civilizar e integrar a la República a los araucanos.
Nuevamente el tema de los bienes que poseía la Compañía antes de la expulsión es uno de los principales obstáculos que se oponen a su reconocimiento oficial por el Estado chileno. Se opone también una corriente regalista mayoritaria en el Gobierno, que ve en la Compañía un poder opuesto a ella.
Por lo que respecta a la Iglesia, el episcopado aparece favorable al restablecimiento de la Compañía, en especial porque percibe la necesidad de su labor educativa. El grupo laico que representa el diputado Palazuelos no rechaza, pero tampoco pide a los jesuitas para esa tarea, sino para las misiones entre infieles, y su principal argumento para demostrar que se debe promover esa actividad es la necesidad de preservar la integridad del territorio nacional, puesta en peligro porque el pueblo mapuche no se une a la República.
3 Arenas, José, El Restablecimiento de la Compañía de Jesús en Chile 1838-1858, Capítulo II, pp. 1 y ss., Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1987.
Entre los opuestos al restablecimiento de los jesuitas, más adelante se manejará otro argumento, que tal vez haya sido usado en 1840, ya que uno de sus principales defensores era don Manuel Montt, en ese año Presidente de la Cámara y Ministro del Interior. Para Montt era innecesaria una ley para admitir a los jesuitas, porque ellos, como ciudadanos particulares, tenían pleno derecho a venir al país, al amparo de una Constitución que no vetaba a nadie el derecho de vivir en él, si se observaban sus leyes. Es posible que por este motivo se haya aplazado ‘sine die’ una nueva discusión del proyecto de Palazuelos.
En Chile. En 1842, el Pbro. Don Pedro Ignacio de Castro Barros4, escribe en varias ocasiones al P. Mariano Berdugo. Primero le anuncia una petición que hará don Francisco Ruiz-Tagle5, de dos o tres Padres para que desde su Hacienda en Calera de Tango den misiones rurales. Le indica que para esto se contaba con la aprobación del Gobierno y de los Ministros. Al parecer, el P. Berdugo no dio muchas esperanzas de una respuesta positiva.
El Arzobispo de Santiago, Monseñor Manuel Vicuña, había apoyado la petición del Sr. RuizTagle. El P. Berdugo, en una carta al Arzobispo de Santiago, expresa su aprobación al proyecto:
“Viendo abrirse a los de la Compañía un campo vastísimo donde con libertad puedan ejercitar el santo ministerio en favor de las almas. Veo también y admiro las trazas de la Amable Providencia del Señor, que sabe convertir los males en bienes y conducir las cosas al cumplimiento de sus designios: y aunque los que en este asunto pretenda no estén a nuestros alcances, siempre serán de bondad y misericordia”6.
3. Envío de la primera Misión Chilena
Continúa la carta del P. Berdugo presentando al Arzobispo a los jesuitas que ha decidido enviar a Chile: el P. Ignacio Gomila, el P. Cesáreo González y el Hno. Gabriel Ramis. El P. Gomila llegó a Santiago el 19 de febrero de 1843; el P. González con el Hno. Ramis un poco más tarde.
4 Clérigo argentino, cuyo nombre en la correspondencia de la época se suele abreviar como “Dr. Castro”. Participó en forma activa en el proceso de Independencia de su país, y fue Rector de la Universidad de Córdoba. Refugiado en Chile durante la época del dictador Rosas, es considerado como uno de los “padres espirituales” del clero partidario de la libertad de la Iglesia frente al Estado, al igual que su sobrino, también sacerdote, don Vitaliano Molina. Ambos fueron muy amigos de los jesuitas. Nota en: José Arenas, El Restablecimiento de la Compañía de Jesús en Chile 1838-1858, Capítulo III, p.1, Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1987.
5 Político conservador, Presidente de la República en 1829. Sus excelentes relaciones con el clero le permitían tener Capellán permanente en su Hacienda de Calera de Tango (la principal propiedad rural de la Antigua Compañía en Chile) y albergar a menudo en ella a los clérigos más destacados. Por ejemplo, en 1824 había hospedado allí al Vicario Apostólico Giovanni Muzi, con sus acompañantes MM.SS. Sallusti y Mastai Ferreti.
6 Carta del P. Berdugo a Mons. Vicuña, Montevideo, 20 diciembre 1842. Citada en José Arenas, El Restablecimiento de la Compañía de Jesús en Chile 1838-1858, Capítulo III, página 1, Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1987.
Fueron acogidos por don Francisco Ruiz-Tagle, y es de suponer que visitarían o harían saber su presencia al Arzobispo don Manuel Vicuña, que se encontraba enfermo en Valparaíso.
Se pidió al P. Gomila que predicara un sermón de misión el 4 de abril en la Catedral de Santiago. Ese mismo día inauguraron una Misión que predicaron en la iglesia de San Diego7, con gran concurrencia. La prensa dio cuenta elogiosamente de la labor de los dos jesuitas. Sin embargo, el P. Gomila no quedó contento con los resultados de estos primeros trabajos. En primer lugar, echó de menos la colaboración del clero en la misión de San Diego, donde faltaron sacerdotes para escuchar confesiones.
Pero el principal motivo de desilusión lo tenía el P. Gomila en la falta de recursos con que se encontraba. Nadie parecía preocuparse de que debieran subsistir, excepto don Francisco Ruiz Tagle que los hospedaba y sustentaba en su casa.
Mientras tanto, navegaban hacia Chile un grupo de cuatro padres y un hermano, expulsados recientemente desde Buenos Aires con el resto de la comunidad jesuita. Se embarcaron en Montevideo en los primeros días de abril, y llegaron a Valparaíso el 2 de junio.
El nuevo grupo estaba formado por los PP. Juan de Mata Macarrón, Ramón Escudero, Miguel Ignacio Landa y Tomás Mateos y el Hno. José García.
Se trataba de un grupo bastante disparejo. El P. Macarrón era el que tenía mayor preparación, y lo encontraremos más tarde dedicado a la formación de los jesuitas. Pero su salud psíquica no parece haber sido muy firme: se nos dice que era un hombre muy escrupuloso, que quedó inutilizado a una edad relativamente temprana. Al P. Ramón Escudero se lo consideraba apto para el ministerio de la enseñanza, pero igualmente “perdido por sus escrúpulos”. El P. Miguel Ignacio Landa había sido ordenado un poco precipitadamente en los días en que se producía la dispersión en Buenos Aires, y el P. Berdugo era muy consciente de su falta de estudios. Sin embargo, será el único sacerdote de este primer grupo que más tarde regresará a Chile, y desarrollará un fructuoso apostolado en Valparaíso.
El cuarto sacerdote de este grupo era el P. Tomás Mateos. El P. Berdugo lo describe como: “... un raro, tosco y bueno solo para estar como estaba en Buenos Aires en el rincón de Salinas, y cierto que muchas veces cuando se halla con gente me ha sacado los colores al rostro por su grosería. Ya va siendo viejo, y aún en él la dispersión ha causado daño, resintiéndose, como otros varios, de la codicia”8
7 Pequeña iglesia propiedad de los Franciscanos, en la calle del mismo nombre. Fue demolida para construir en su sitio el edificio del Instituto Nacional.
8 Carta del P. Berdugo a P. Lerdo. El P. Gomila describe alguna de las rarezas del P. Mateos, que seguramente también “le sacaban los colores al rostro”: “toma su taza de leche, y en ella echa manzanas crudas, y trozos de perdiz escabechada; hace por gracia estos revoltijos, y esto lo contó públicamente D José Manuel Roque (que probablemente será el arzobispo)” . Citado por José Arenas. El Restablecimiento de la Compañía de Jesús en Chile 1838-1858, Capítulo III, op. cit., p. 8.
El grupo de los llegados el 2 de junio se completaba con el Hno. José García, que el 15 de agosto siguiente se transformó en el primer jesuita que hizo sus Últimos Votos en territorio chileno después de la expulsión de 1767. Su trabajo era muy apreciado por sus compañeros de misión, precisamente en Valparaíso.
El P. Gomila aceptó que se quedasen en Valparaíso los PP. Escudero y Macarrón con el Hno. García, mientras los PP. Landa y Mateos pasaban con el Hno. Ramis a Calera de Tango. Él mismo, con el P. González, residían en casa de don Francisco Ruiz Tagle, en Santiago.
Los jesuitas de Valparaíso ayudaban al franciscano fray Andrés, quien los había acogido a su llegada, les había procurado alojamiento, y hasta les había proporcionado una casita. A cambio de esta, debían ayudar en la casa de Ejercicios, dándolos alternadamente cada mes a hombres y mujeres. Solían reunirse unas cincuenta personas. Además, predicaban a veces en la Parroquia Matriz, y dos veces por semana en la cárcel. Pero, en frase del P. Gomila, “no tienen aplicación los más de los días9. Las condiciones de vida eran casi miserables.
4. Cambios en la Iglesia de Santiago y en la Misión de Chile
En 1845 se producía en Santiago la renuncia del Arzobispo electo, don José Alejo Eyzaguirre, siendo reemplazado por Rafael Valentín Valdivieso. El nuevo Arzobispo electo, en poco más de diez años de sacerdocio había servido a la Iglesia en diversos puestos y encargos. Había dedicado bastante tiempo a las misiones rurales, y con un grupo de clérigos amigos pensaba fundar un Instituto religioso parecido a la Compañía de Jesús.
En 1848 Monseñor Valdivieso fue consagrado como Arzobispo de Santiago. Cuando ocupó este cargo, tuvo lugar la denominada ‘cuestión del sacristán’, durante el gobierno de Manuel Montt (1851-1861), que de pequeño incidente pasó a ser un grave conflicto entre la Iglesia y el gobierno, que tuvo como consecuencia la tensión entre ambos y la escisión del partido gubernamental entre conservadores (que defendían los intereses de la Iglesia) y nacionales (que promovían la supremacía del Estado). En esencia, el enfrentamiento se reducía a la posición del Presidente y el ministro Antonio Varas, quienes defendían el derecho de patronato, frente a la del Arzobispo Valdivieso, que apelaba al fuero eclesiástico, o independencia de la Iglesia con respecto al Estado para tratar sus propios asuntos. Mons. Valdivieso fue tenaz en su oposición a la intromisión del poder civil en las cuestiones que él consideraba meramente eclesiásticas.
Monseñor Valdivieso, al ser promovido al episcopado, tomará una decidida actitud de apoyo al restablecimiento de la Compañía en Chile, y trabajará en ello desde sus primeros meses al frente de la Arquidiócesis.
9 En la carta del 13 de septiembre 1843. Ibid, p.11.
5. Plan del Arzobispo Valdivieso
A mediados de noviembre de 1845, Monseñor Valdivieso propuso a Antonio Varas, Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, ciertas bases para que la Compañía se hiciera cargo de las misiones en territorio mapuche. Para actuar con mayor seguridad, se las propone primero al P. Berdugo, a quien le señala que el Ministro Montt (que ocupa ahora la cartera de Interior y Relaciones Exteriores) está muy decidido a que la Compañía se establezca en Chile, y que el Ministro Varas es un poco menos entusiasta, no por falta de interés en ella, sino porque cree que la Compañía pone demasiados obstáculos.
Se esperaba que, logrado un acuerdo entre el Ministro Varas y el P. Berdugo, el plenipotenciario que sería enviado a Roma podría conseguir que el P. General enviase más misioneros. Pero las negociaciones no prosperaron: tanto el Gobierno como el P. Berdugo desconfiaban de las intenciones del otro. Estamos asistiendo al comienzo de la larga agonía del Patronato estatal sobre las Misiones y demás asuntos eclesiásticos.
6. El Restablecimiento “de hecho”
Las conversaciones del P. Berdugo con el Ministro Varas (1846) fueron el último intento de restablecer la Compañía en Chile con acuerdo oficial o por convenio con el Gobierno. Habrá más tarde un nuevo intento para lograr en el Poder Legislativo la revocación de la Pragmática Sanción de Carlos III, pero también fracasará.
Mientras tanto, los jesuitas se habían establecido nuevamente en Chile; establecían una residencia propia en Valparaíso y estaban a punto de abrir un Colegio en Santiago, al que seguirá otro fundado por jesuitas alemanes en Puerto Montt. Oficialmente inexistente mientras dure la unión Iglesia y Estado, la Compañía de Jesús se implantará y echará raíces en el país. Y, paradojalmente, gozará de mayor tranquilidad y paz que en cualquiera de los otros países de Hispanoamérica.
Para llegar a esto fue necesario un proceso no exento de circunstancias azarosas, debidas en su mayor parte a la situación interna de la Orden y de la comunidad jesuita que se formaba en Chile, y no tanto a persecuciones estatales o problemas extra eclesiales.
Al irse de Chile, a fines de marzo de 1846, el P. Mariano Berdugo se sentía profundamente amargado, con un sentimiento que lo acompañaría hasta el fin de sus días. Pero, al mismo tiempo, llevaba el convencimiento de que no estaban del todo perdidas las esperanzas de restablecer la Compañía en Chile. No había que contar con el Gobierno, cuyas pretensiones regalistas no eran compatibles con el Instituto de la Compañía, y cuyo temor a despertar a la oposición liberal le impediría tomar cualquier medida que favoreciera a los jesuitas. Pero, como la misma experiencia demostraba, tampoco había que temer del Gobierno ninguna medida persecutoria, porque se limitaría a ignorar la existencia de la Compañía, sin interferir en lo que ocurriera dentro de casa, como de hecho había ocurrido durante los dos años que el P. Berdugo estuvo en el país. Todo
dependía de que hubiera jesuitas disponibles para instalarse en Chile, y esto dependería de la evolución de las Provincias Argentinas.
7. Expulsión de Argentina y Superiorato del P. La Peña (1848-1852)
A comienzos de 1846, el P. Berdugo temía la expulsión de los jesuitas que aún permanecían en las Provincias Argentinas como algo inminente. A fines de 1847, el dictador Rosas se quejó de que los jesuitas permaneciesen todavía en Córdoba. Se desencadenó el proceso de expulsión de los jesuitas de esa Provincia, de Catamarca y de San Juan.
Promulgado ya el decreto de expulsión, la comunidad se dividió. El P. Fondá (Superior) dispuso que el P. Martín Piñero pasase a Santa Catalina en el Sur de Brasil y que en el viaje lo acompañasen el P. José Clos y el Hno. Antonio Domingo. Como a ellos no les era posible pasar por Buenos Aires, debían cruzar la cordillera y embarcarse en Valparaíso.
El grupo formado por los Padres Ildefonso de la Peña y Juan de Mata Macarrón, con cinco juniores llegó a San Juan el 9 de marzo; allí encontraron consternados al P. Francisco Colldeforns, al Gobernador y al Obispo, ambos muy amigos de la Compañía. El Gobernador consideró que el nuevo grupo no podía permanecer en la ciudad, de modo que siguieron viaje hacia Valparaíso, para embarcarse desde allí hacia Montevideo y Santa Catalina.
Llegaron a Valparaíso a comienzos de abril de 1848, y fueron hospedados por la comunidad de los Sagrados Corazones. El P. La Peña escribió a Santiago a algunos sacerdotes amigos, para que el Arzobispo le extendiese las licencias para celebrar Misa y confesar. Le respondió don José Hipólito Salas, Secretario del Arzobispado, concediéndoselas e invitándolo en nombre del Arzobispo y de otros amigos del clero, a ir a Santiago a dar ejercicios para “jóvenes decentes que desean muy de veras consagrar unos días al retiro”10. Terminada esta tanda, comenzó otra, ahora sí en la casa de Ejercicios de San José, a 114 hombres, entre ellos 5 ó 6 mayorazgos.
Cuando estaba dedicado a estos ministerios, cuenta el P. La Peña:
“El Sr. Arzobispo me visitó confidencialmente, y me dijo que debía venir a Santiago un número de los NN. idóneos a abrir un Colegio; en lo que no hallaríamos el menor obstáculo. Que entonces con el mayor ascendiente nuestro, etc. el Gobierno (de quien franca y reservadamente decía que ahora no podíamos esperar cooperación) no podría resistirse a reconocernos”11
Los PP. Clos y Piñero traían la noticia de que el P. Fondá autorizaba que se quedasen algunos en Chile, si se presentaba coyuntura favorable. Se comunicó esa resolución al Arzobispo, quien manifestó mucha complacencia y tomó inmediatamente las medidas para el P. La Peña iniciase misiones en Aconcagua.
10 Carta de José Hipólito Salas al P. La Peña. Citada por José Arenas. Capítulo IV, pp. 14 y ss., op. cit. 11 Ibíd.
Entre fines de 1848 y comienzos de 1849 llegaron los cuatro jesuitas que habían permanecido en San Juan: los PP. Francisco Colldeforns, José Francisco Ugarte, el P. Francisco Enrich y el H. Lorenzo Esteva.
En 1848, el P. La Peña era el Superior de los jesuitas que llegaban a Chile. Más adelante, el P. Parés ordenó que todos los que estaban en Argentina y Bolivia se reuniesen en Chile. El P. Juan Coris, con autoridad delegada del P. Parés, nombró al P. La Peña Superior de esa parte de la Misión, por carta del 2 de agosto de 1849. Le advertía, sin embargo, que no se comprometiera “a cosas de enseñanza, hasta que de acá o de Europa se disponga otra cosa”12.
8. Actividades apostólicas del P. La Peña
El P. La Peña comenzó una incansable actividad misionera en las provincias de Valparaíso y Aconcagua. Lo acompañaba el Hno. Antonio Domingo, que en muchas ocasiones le ayudaba en la catequesis de los niños, y fray Gregorio Machuca, joven sacerdote mercedario, que le ayudaba en las confesiones13.
Las misiones tenían una duración variable, según la magnitud de la parroquia respectiva, entre 2 y 12 ó 15 días. Las actividades desarrolladas y los frutos conseguidos los encontramos descritos por el P. La Peña en carta al P. General:
“Por la mañana hago una plática sobre el Credo o Símbolo de la Fe, a horas de Vísperas adoctrino a niños y niñas de Primera Comunión; por la noche, al Ave María otra plática sobre las partes o calidades de una buena confesión, sobre los diez Mandamientos, etc; en seguida con breve interrupción de canto análogo, el sermón moral sobre Novísimos, etc. El Arzobispo me envió de Santiago un buen joven religioso mercedario a ayudarme en oír confesiones; confiesa mucho y canta muy bien las Saetas, etc. Si bien aquí se practican continuamente Misiones y Ejercicios por las ciudades y campaña, vamos remediando (con el auxilio divino) a muchos que de 10, 20 y más años no se confesaban; y he revalidado ya muchas confesiones de toda la vida, y matrimonios nulos; otros descompuestos se han reunido; públicamente enemistados se han reconciliado; amancebados o se han casado o dividido con mejores garantías de perseverancia, etc., frutos que V. P. sabe acostumbra conceder el Señor a las Misiones como ex opere operato”14
A fines de octubre de 1848 informaba el P. La Peña haber terminado ya las diez misiones circulares encargadas por Monseñor Valdivieso. En cuanto al fruto de esas misiones, que el P. Gomila consideraba tan escaso por la frecuencia de las mismas, en sus cartas de 1843, el P. La Peña pinta un cuadro muy diferente:
“El concurso en todas ha sido extraordinario, asegurándome los ancianos de cada lugar, no haber
12 Copia y extractos en Documentos P. Ginebra, fol. 24, doc. 38. Archivo Provincia Chilena SJ. Citado por José Arenas. Capítulo IV, página 14, op. cit.
13 Carta del P. La Peña al P. General, Valparaíso, 30 mayo 1848. Ibid.
14 Valparaíso, 22 julio 1848, en José Arenas, Capítulo IV, p. 15, op. cit.
visto jamás otro tan numeroso ni tantas confesiones; ni aún ahora diez años en que el finado Arzobispo Vicuña anduvo por estas dos provincias de Valparaíso y Aconcagua, confirmando y misionando con buen surtido de confesores. Lo que más me sorprende es ver tal concurso y fervor, en un país donde cada año, casi en cada ángulo, se dan misiones y ejercicios; y así temía que ni me oyesen; a lo menos en este último año por el mes de marzo se habían dado misiones para publicar el Jubileo (...). Después de cada misión me han seguido varios hasta dos y tres jornadas, y aun a pie por confesarse conmigo; y ordinariamente eran los que tenían necesidad de confesión general. Me enternecía verlos derramar lágrimas de consuelo, y expresar con todo el hombre exterior su júbilo por haber llegado finalmente a confesarse. Saliendo una vez de un lugar en que terminó la misión para otro en que iba a abrirla tuve que confesar en una mañana, caminando a caballo, y casi galopando a unos 40 de los que no habían podido hacerla en la misión ( ... )”15
9. Orígenes de la Residencia de Valparaíso
El 5 de junio de 1850 llegaron al país el P. Miguel Ignacio Landa y el Hno. Manuel Nieto, con lo que la primera comunidad de Santiago quedó formada por doce sujetos. El P. La Peña seguía en continuas misiones por la zona norte de la Arquidiócesis de Santiago, es decir, en las provincias de Valparaíso y Aconcagua. A comienzos de mayo de 1850 tenía posibilidades de recibir una casa de Ejercicios en Valparaíso. El lugar le parecía muy apropiado para instalar una comunidad, porque sería normalmente el sitio de llegada de quienes viniesen por barco a formar parte de la misión, y convendría tener allí un Procurador que se encargase de las comunicaciones con Europa. Además, ese puerto tenía mucho menos clero que la capital, y habría suficiente trabajo para los que formasen esa comunidad.
Aunque la idea de tener y administrar una casa de Ejercicios no era del agrado de los compañeros, y tampoco parece haber contado con la total aprobación del Arzobispo, el P. La Peña la llevó a cabo. Comenzó por arrendar en Valparaíso, en el sector conocido con el nombre de “La Rinconada”, en octubre de 1850. Mientras tanto, conversaba con don José Vicente Larraín Espinosa sobre una propiedad que este y su mujer ofrecían ceder a los jesuitas en el mismo puerto. El matrimonio se proponía edificar una iglesia en un terreno de su propiedad y donar ambos a los jesuitas para que estos edificasen en el terreno una casa para la comunidad y otra para Ejercicios.
Al P. La Peña le interesó sobre todo la posibilidad de obtener una casa en Valparaíso, y en la carta con que remite al P. General la proposición del Sr. Larraín, subraya sobre todo las ventajas de ese terreno. Dice que el sitio es “el mejor de Valparaíso”, y que junto a él “hay mucha población (...) y esta se multiplica por allí cada día extraordinariamente”16. De las desventajas solo señala que está un poco distante del centro de la ciudad, y omite cualquier referencia a la catadura del vecindario.
15 Idem.
16 Carta del P. La Peña al P. General, Valparaíso, 30 mayo 1850. Citada por José Arenas. Capítulo IV, op. cit., p. 21.
Desde Roma se le respondió dejando la decisión de aceptar o no la donación, en manos del P. Berdugo, aunque el P. Asistente, en nombre del P. General, le señalaba diversos inconvenientes que allá se veían: especialmente el que la incipiente comunidad se obligase a levantar tres edificios, y la carga de Misas que los donantes querían imponer.
Se edificó la iglesia, y el P. La Peña consiguió limosnas para iniciar la construcción de las casas. A comienzos de 1852, el P. La Peña aceptó verbalmente la donación, al parecer autorizado por el P. General. La iglesia, aún sin altares, se bendijo el 30 de julio de 1852 y se inauguró al día siguiente, con la solemne celebración de San Ignacio. En los meses siguientes los jesuitas comenzaron también a vivir en la casa. Pasados unos primeros años muy críticos, esa residencia se consolidó y se conserva en el mismo lugar, aunque los edificios de iglesia y casas han sido totalmente cambiados.
10. Residencias de Valparaíso y Santiago
Fuera del Colegio San Ignacio de Santiago, la Misión chilena de los jesuitas conservaba las dos residencias abiertas desde los tiempos del P. Ildefonso La Peña. En la de Valparaíso habitaban los PP. Martos y Landa, que continuaban la obra de Ejercicios y atendían la iglesia.
Las misiones en 1858 no eran tan continuas como en tiempos del P. La Peña, pero no dejaron de darse. Entre los tres integrantes del equipo misionero, en un año, habían dado 29 misiones: 15 en el arzobispado de Santiago y 14 en el obispado de Concepción.
En 1858, año en que podemos considerar asentada la Misión Chilena, había en el país veintinueve jesuitas, de los cuales diecinueve eran sacerdotes, un escolar, seis hermanos coadjutores y tres novicios.
También en 1858 el Colegio San Ignacio de Santiago comenzaba ya a marchar con mejores perspectivas, y las dos Residencias (Santiago y Valparaíso) no tenían problemas graves. Más aún, se anunciaba la apertura de un nuevo frente de acción con la llegada de dos Padres y un Hermano alemanes, para atender a las necesidades espirituales de los inmigrantes católicos radicados en la diócesis de Ancud17.
Empezaron los PP atendiendo a los alemanes en sus necesidades espirituales y abrieron también una escuela. En sus excursiones evangelizadoras recorrieron las riveras del gran lago Llanquihue y sus aledaños, llegando hasta Valdivia. Desde 1869 hasta 1877 fue Superior el gran historiador P. Francisco Enrich; que levantó la iglesia de Puerto Montt según planos hechos por él mismo, en un solo año (1871). Se dedicó luego con gran entusiasmo a las Misiones hasta 1876.
En 1882 se abrió el internado de San Francisco Javier. La Parroquia fue recibida en 1862 con 12.000 habitantes y la extensión de una diócesis. Notables evangelizadores de esa grande y hermosísima zona, los jesuitas fueron construyendo capillas que en 1892 eran cuarenta para
17 Carta del P. General a P. Parés, Roma, 16 octubre 1858. José Arenas, op. cit.
atender a unos 24.000 fieles. Lugares de misión fueron Llanquihue, Puerto Varas, Puerto Octay, Cochamó, Las Quemas, Quilanto, Línea Pantanosa, Los Muermos, Panitao, etc.
Durante todo el tiempo trascurrido entre 1859 y 1914, la Provincia de Alemania estuvo enviado jesuitas que residían en Puerto Montt, pero que dependían de la Misión Chileno Paraguaya, aunque seguían perteneciendo a la Provincia Alemana.
Diversas Parroquias y Colegios fundados por los jesuitas fueron entregados luego a la diócesis. En una labor misionera que bien podemos calificar de heroica, estos PP y Hermanos dieron lo mejor de sus vidas y esfuerzos por sembrar semillas del Reino en el hermoso sur de Chile.
A pesar de las grandes necesidades y la precariedad de los medios, la Residencia de Valparaíso, con la iglesia y la casa de ejercicios, siguió sirviendo a la Iglesia en el puerto. Varias decenas de jesuitas dejarán lo mejor de sus esfuerzos en esta Región. Testimonio de sus vidas entregadas, son las 31 tumbas de Padres y Hermanos de la Compañía que descansan en la cripta de nuestro templo. En esta ocasión, los recordamos y agradecemos sus trabajos sirviendo al Pueblo de Dios en esta porción de su Iglesia. Esperamos y deseamos que el Señor siga acompañando a los jesuitas de hoy, sosteniendo y bendiciendo sus vidas y trabajos en la iglesia de Valparaíso.

RECONOCER, DELIMITAR Y TRANSITAR EL TERRITORIO.
LA CONSTRUCCIÓN DE
LA
TERRITORIALIDAD ECLESIÁSTICA
EN LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA (ARGENTINA) DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
Milagros Gallardo
Licenciada en Historia, Universidad Nacional del Litoral. Doctora en Historia por la Universidad Nacional de la Plata. Miembro de número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Docente e investigadora del Centro de Estudios Sociales de América Latina (CESAL) de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), Tandil, Argentina. Profesora titular de Historia de la Cultura e Historia de la Iglesia en la Universidad Fasta. Tandil - Mar del Plata. Especialización en Historia Religiosa, siglos XIX y XX.
I. INTRODUCCIÓN
El propósito de este trabajo es analizar el proceso de institucionalización de la Iglesia argentina, en particular la diocesana de Córdoba. Para ello, uno de los ejes fundamentales de análisis se vincula con la construcción de una territorialidad eclesiástica cada vez más autónoma durante el tercer cuarto del siglo XIX, cuando el Estado comienza a disputar con la Iglesia el control de los habitantes. Una de las preocupaciones es abordar la dimensión material de la religión, tomando el territorio como un espacio de encuentro entre la religión y la sociedad. Nos interesa ver el impacto de la religión en el territorio. Para ello, se privilegia la dimensión material de la religión, pues como señalan varios autores1, los lugares de culto son indicadores de pertenencia religiosa visible en el espacio. Iglesias, capillas y cementerios nos permiten analizar la configuración territorial y social de la iglesia diocesana de Córdoba y acercarnos a la dimensión espacial de lo social y a las dimensiones socio-espaciales de la religión. Esto nos llevó a pensar cómo las instituciones producen su espacio.
A partir de los trabajos pioneros de Henry Lefebvre (1970), comienza a difundirse el uso de términos como espacio, espacialidad y espacial entre geógrafos, antropólogos y sociólogos;
1 Le Bras, Gabriel, “Pour l’étude de la paroisse rurale”, Revue d’Histoire de l’Église de France, n° 101, 1973; L’Église et le village, Flammarion, Paris, 1976; Lauwers, Michel, “Territorium non facere diocesim’. Conflits, limites et représentation territoriale du diocèse, Ve-XIIIe siècle”, en Florian Mazel (coord.), L’espace du diocèse. Genèse d’unterritoire dans l’Occident médiéval (Ve-XIIIe siècle), Presses Universitaires de Rennes, Rennes, 2008; Iogna-Prat, Dominique y Zadora-Rio, Elisabeth, “Formation et transformations des territoires paroissiaux”, Médiévales: langue, textes, histoire”, n° 49, Paris, 2005. Disponible en: http://medievales.revues.Org/1200; Mazel, Florian, “Cujus dominus, ejus episcopatus? Pouvoir seigneurial et territoires diocésains (Xe-XIIIe siècle)”, en (dir.), L’espace du diocèse. Genèse d’unterritoire dans l’Occident médiéval (Ve-XIIIesiècles), PUR, Rennes 2008; Provost, Georges, “Territoire en communauté: les paroisses urbaines en question dan la Bretagne du XVIII siecle”, en B. Merdrignac, D. Pichot, L. Plouchard y G. Provost (eds.), Paroisse, Communauté et Territoire. Constitucion et recomposition du maillage paroissial, PUR, Rennes, 2013.
conceptos y enfoques que más tarde tomaron los historiadores. Los avances de los últimos años podrían agruparse, según Devroey y Lauwers, en función de tres grandes campos de análisis: los territorios, los poblamientos y los espacios simbólicos2.
En este sentido, se abrió al campo de estudio de los “territorios” y la “territorialidad” para cuestiones vinculadas a la dominación y organización del territorio por parte de un poder particular. Uno de los aportes más sólidos está vinculado al estudio de los procesos de territorialización del poder. Estos permitieron dar el paso de la idea de “territorio” como un espacio limitado, definido, controlado por el ejercicio de la autoridad, a la concepción de una pluralidad de “territorios”. Entendiendo que el espacio jurisdiccional no es cerrado, sino que está permeado por otros espacios. Los historiadores comenzaron a plantearse el problema relativo a la superposición compleja de espacios civil, parroquial, agrario, lingüístico, etc.3
La presentación analiza la transformación de la diócesis en una verdadera unidad de base para gobernar de la Iglesia argentina en vías de romanización. La diócesis es la fuente de poder de cada obispo, que vela por la liturgia, las costumbres, la circulación de información, etc. Las decisiones episcopales surgen, con frecuencia, a partir de viajes destinados a conocer la heterogeneidad del territorio diocesano. Dichos viajes son los que definen, en gran medida, las divisiones eclesiásticas, dando lugar a la creación de nuevas entidades parroquiales. De esta manera, la cartografía de la “cristiandad local” empieza a densificarse con el aumento de jurisdicciones parroquiales.
La fragilidad de la territorialidad diocesana fue manifiesta hasta finales del siglo XIX. Esta puede advertirse en los largos períodos de vacancia episcopal, el abandono de las sedes y la porosidad de los patronatos laicos, que, al apoyarse en las relaciones personales más que en las territoriales, dificultaron la aparición de una territorialidad eclesiástica autónoma. En este contexto, analizamos cómo de un poder fragmentado en una multiplicidad de figuras (miembros del cabildo, capellanes, párrocos, patronos), emerge un actor central, el Obispo, que procura establecer un vínculo directo hacia abajo (con los párrocos) y hacia arriba (con el Papado), y marcar una autonomía cada vez mayor con el Estado (a nivel local, provincial y nacional).
La territorialización eclesiástica aumentó la densidad de la red parroquial e implicó la fragmentación de antiguas parroquias, de grandes dimensiones físicas, acompañando, a su vez, la multiplicación de núcleos de poblamiento, que la administración eclesiástica trataba de controlar. En este contexto, comienza a gestarse lo que Zambarbieri denomina una “eclesiología de la visibilidad y de la autoridad” centrada en la figura del Obispo a nivel regional, del párroco a nivel local y del Papa a nivel central4
2 Devroey, Jean-Pierre y Lauwers, Michel, L”’Espace” des historiens medievistes: quelques remarques en guise de conclusion. Construction de l’espace au Moyen Age: pratiques et réprésentations. XXXVII e Congrès de la SHMES (Mulhouse, 2-4 juin 2006), 2007, p. 439 Disponible en https://halshs.archives-ouvertes.fr/ halshs-00275562/document
3 Lagrée, Michel, Religion et culture en Bretagne, 1850-1950, Fayard, Paris, 1992.
4 Zambarbieri, Annibale, “Roma “Romanitas” un´eclesiología della visibilita nel secondo Ottocento”, en I
En esta perspectiva de análisis, la Iglesia cordobesa se aplica a garantizar una presencia real y efectiva en el territorio y velar por la adecuación de las conductas de los feligreses a los principios morales y creencias católicas. Para lograrlo, entre otras cosas, fomentó y acompañó la construcción de nuevos templos, aspirando a la existencia de un templo cada tres o cuatro leguas. Sin embargo, los prelados eran conscientes de que si bien el templo era necesario no era suficiente, no bastaba con atraer a los fieles al templo, había que salir del templo y estar presente en todo el espacio social, plazas, calles, campos, etc. De esta manera, el “espacio social”, se dinamiza por medios de procesiones, actos litúrgicos celebrados en plazas, calles, campos, y se convierte en un “espacio religioso” que trasciende las fronteras locales para ejercer una influencia a nivel regional. Materializando, de esta manera, lo que Boutry denominó como la “teología de la visibilidad”5. En este contexto se inscriben las misiones volantes y las visitas pastorales, las cuales coadyuvaban a que la religión no fuera solo una doctrina para ser conocida, sino para ser vivida.
II. LA PROVINCIA DE CÓRDOBA: CARTOGRAFÍA POLÍTICA Y ORGANIZACIÓN TERRITORIAL
La provincia de Córdoba, hacia mediados del siglo XIX, abarcaba un territorio considerablemente menor al actual y solo una parte del mismo se hallaba efectivamente ocupado. Silvia Romano señala que en 1850 se estimaba que la superficie de la provincia era de 8.000 leguas cuadradas, limitando al noroeste con las provincias de La Rioja y Catamarca, hacia donde se extendía el vasto y despoblado desierto de las Salinas con una extensión de 20.000 kilómetros cuadrados. Hasta 1879 la población se concentró en el centro y oeste provincial, que eran las zonas más ricas de la provincia, y la fortuna de las grandes familias se basaba principalmente en el comercio de mulas6. En 1867, la provincia comprendía 5.000 leguas cuadradas con una población aproximada de 60.000 habitantes. Es una provincia mediterránea que comprende una zona templada y que limita al norte y al noroeste con las provincias de Santiago del Estero y Catamarca y al sur con la Gobernación Nacional de la Pampa (hoy provincia); al este con las provincias de Santa Fe y Buenos Aires y al oeste con las de La Rioja y San Luis. Estos límites se fueron definiendo a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX.
El territorio es una extensa llanura que se eleva de este a oeste hasta formar un macizo montañoso que atraviesa la provincia de norte a sur denominado las sierras de Córdoba y San Luis. De la región comprendida al oeste de dicho macizo, pertenecen a la provincia 20.000 km2 y corresponden desde el punto de vista geográfico a los llanos de La Rioja. Al noroeste y nordeste, posee
Cattolici e lo stato liberale nell´eta di Leone XIII. Istituto Veneto di Scienze, Lettere et Arti, Venezia 2008.
5 BOUTRY, Philippe, “Une théologie de la visibilité. Le projet “zelante” de resacralisation de Rome et son échec (1823-1829)”, en Catherine Brice y Maria Antonietta Visceglia (éd), Cérémonial et rituel à Rome (XVIe – XIXe siècles), Rome, Collection de l’Ecole française de Rome, 1997.
6 CONVERSO, Félix, “Los negocios y la política. Las redes mercantiles y el poder”, n° 16, Córdoba, Junta Provincial de Historia de Córdoba, 1997.
una extensa depresión donde se encuentran las Salinas Grandes y la laguna de Mar Chiquita; al norte de esta última existen otras lagunas como la de los Porongos, del Toro, etc. Los ríos que se desprenden de la zona montañosa sirvieron para realizar la demarcación política de la provincia. La llanura que comienza al pie de la falda montañosa se extiende hacia el litoral y comprende lo que habitualmente se denomina la región pampeana. Cinco ríos principales atraviesan esa llanura de oeste a este7. Como puede observarse en el Mapa 1, la provincia de Córdoba abarcaba una amplia circunscripción formada por territorios heterogéneos, tanto desde el punto de vista geográfico y económico como social y cultural.
Mapa 1. Provincia de Córdoba. Accidentes Geográficos

Fuente: Elaboración propia en base al Mapa de la Provincia de Córdoba de 1871.
Hasta entrada la década de 1870, una amplia zona del este y sur sufría las invasiones y malones de las naciones indígenas. Si bien la necesidad de avanzar y fortalecer la línea de frontera fue una preocupación del Gobierno provincial, este anhelo no llegó a concretarse pese a los esfuerzos y a diversas iniciativas. A decir verdad, la línea de fronteras se mantuvo prácticamente inalterable desde el siglo XVIII. Según Silvia Romano, la política de frontera se limitó a repeler invasiones indígenas o bien a conservar cierto statu quo mediante relaciones amistosas entre parcialidades y mantener despejadas las rutas comerciales que atravesaban la región8.
7 RIO, Manuel y ACHAVAL, Luis, Geografía de la Provincia de Córdoba, Publicación Oficial del Gobierno de la Provincia de Córdoba, Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, Córdoba. Vol. I y II, 1904.
8 ROMANO, Silvia, “Economía y Sociedad en Córdoba, 1830-1855, Grupos dominantes y poder político”, Tesis de Doctorado, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1993.
Mapa 2. Departamentos/curatos de la Provincia de Córdoba en 1855

Fuente: Elaboración propia en base al Mapa de la Provincia de Córdoba de 1871 y los decretos gubernamentales de creación de departamentos (1858-1870).
A partir de 1852, vemos un creciente interés por parte del estado provincial para llevar adelante el proceso de formación y delimitación del territorio. En 1856, por decreto del gobernador Ferreyra, se divide el departamento de Punilla, del cual se desprende uno nuevo, Cruz del Eje9. En 1858, el gobernador Fragueiro dividió los departamentos de Anejos, Tulumba y Río Seco10: Anejos Norte con cabecera en Jesús María y Anejos Sur con cabecera en Alta Gracia. Luego, el departamento de Tulumba se fracciona y se crea el de Totoral y el de Río Seco, que se divide para fundar el de Sobremonte. A su vez, el departamento de San Javier dividido da lugar al nuevo departamento de San Alberto. El 1º de diciembre de 1859 el mismo gobernador fragmenta el departamento de Río Segundo y crea, por decreto, el nuevo de San Justo (en honor a Justo José de Urquiza), con cabecera en Villa Concepción11. En 1860, la villa de Fraile Muerto, luego denominada Bell Ville, pasa a ser cabecera del nuevo departamento de Unión, desprendiéndose del antiguo curato de
9 AAC, Libro de Notas, 1859-1873, f. 15.
10 AAC, Leg. 2, T2. Cabildo Eclesiástico (1858-1910) s/f. Decreto del Gobernador Fragueiro del 12/10/1858. Auto del Provisor en Sede Vacante Eduardo Ramírez de Arellano del 18/11/1858. Dictamen del Cabildo Eclesiástico del 09/11/1858: “Quedan divididos los tres curatos de Anejos, Tulumba y Río Seco, cada uno en dos doctrinas o beneficios curados cuya comprensión y denominación será en lo espiritual y eclesiástico la misma que se les determina en las respectivas secciones por los decretos del Gno del 12 y 16 del Cte”.
11 AAC, Leg. 2, T2. Cabildo Eclesiástico (1858-1910) s/f. Decreto del Gobernador Fragueiro del 01/12/1859.
Tercero Abajo12. En 1862, el gobernador Justiniano Posse divide el departamento de Pocho en dos secciones administrativas y se crea el de San Carlos Minas13. Luego de una década, la provincia está organizada y sus límites territoriales comienzan a definirse. La Constitución provincial de 1870 contempla la existencia de 22 departamentos (Mapa 3).
Mapa 3. Departamentos de la Provincia de Córdoba 1871

Fuente: Elaboración propia en base al Mapa de la Provincia de Córdoba 1871, Departamento Topográfico de la Provincia.
“Art 3°: No obstante estar colado el actual beneficios del Río 2°, el Gobño de acuerdo con la autoridad diocesana procederá a la división Ecca en conformidad a la administrativa, tan luego como pueda verificarse”.
12 AAC, Libro de Notas 1859-1873 s/f.
13 AAC, Leg. 2, T2. Cabildo Eclesiástico (1858-1910) s/f. Decreto del Gobernador Justiniano Posse del 23/05/1862. “Art 1°: queda dividido el departamento de Pocho en dos secciones administrativas separadas por una línea de Este a Oeste, comprendiendo la sección del Sud que continuará conservando el nombre del departamento actual las pedanías de Chancani, Pocho y Salsacate con sus límites, y la del Norte que tomará el nombre de Departamento de Minas las pedanías de Palmas, Guasapampa, San Carlos y Siénagadel Coro con sus límites”.
III. LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA DURANTE LA GESTIÓN DEL OBISPO JOSÉ VICENTE RAMÍREZ DE ARELLANO (1859-1873)
A partir del advenimiento de José Vicente Ramírez de Arellano14, la diócesis comienza a organizarse institucionalmente. La fragmentación de las jurisdicciones eclesiásticas fue más frecuente y tuvo mayor impacto como mecanismo promovido por la Santa Sede para hacer más eficientes las administraciones diocesanas, que, durante el período anterior, se habían caracterizado por una extensión territorial difícil de gobernar.
A la sazón, la diócesis contaba con catorce curatos en Córdoba y seis en La Rioja. Los de Córdoba habían sido fundados, en su mayoría, en tiempos coloniales y estaban ubicados en la región de antigua colonización, vale decir, al norte, oeste y centro de la provincia, salvo el de Río Cuarto, asentado en el sur, y el de Tercero Abajo, con cabecera en Villanueva, erigido en 1838.
Al recibir el obispado, Ramírez de Arellano advierte el estado de precariedad y debilidad institucional en que se encontraba la diócesis: los curatos estaban mal servidos, el escaso clero se concentraba en la ciudad y el número de parroquias de campaña era reducido, sus templos –iglesias, capillas y oratorios– se encontraban en mal estado y varios al borde de la ruina.
Ni bien accede al obispado, el Internuncio Marino Marini solicita al obispo un informe detallado. El mismo consta de cincuenta y cinco puntos. Entre otras cosas, se pide información sobre la fecha de fundación, composición y extensión del obispado; sus límites, provincias que lo comprenden, número de villas y cantidad de habitantes; la existencia de extranjeros católicos y sus necesidades; la relación con la Santa Sede y con el gobierno nacional; libertad de la Iglesia para adquirir bienes temporales; el diezmo; erección de capellanía; si hay “infieles y qué tribus”; composición del cabildo y atribuciones; cantidad de parroquias y cómo están atendidas, cantidad de capillas dependientes, rentas y obligación de residencia de los curas; predicación y catequesis; seminario; número de clérigos, si visten traje determinado; la formación del clero, títulos y ordenaciones; conventos de regulares, su sujeción al obispo, cantidad de miembros; establecimientos de instrucción pública, etc.15
El prelado responde que el Obispado comprendía en una extensión de 14.300 leguas cuadradas, y limitaba al este con la Provincia de Santa Fe, al nordeste con parte del Gran Chaco; al norte con la de Santiago del Estero y la provincia de Catamarca; al oeste con la cordillera de los Andes y Chile y al sur con “las provincias de San Juan, San Luis de la Punta y los desiertos de la pampa ocupados por indios salvajes”. Contaba con las ciudades capitales de Córdoba y la Rioja, en la primera residía el obispo y tenía una población de treinta a cuarenta mil almas, pero ascendía a más de cien mil si se consideraba la población diseminada en la campaña provincial. Advertía que las villas diseminadas en la campaña eran 22, con una población de alrededor de
14 José Vicente Ramírez de Arellano, elegido por Pío IX el 23 de diciembre de 1858, tomó posesión de la sede el 22 de agosto de 1860 y murió el 31 de agosto de 1873.
15 AAC, Leg. 44, Comunicaciones con el internuncio 1851-1881. Fecha 5/12/1859.
“mil almas” aproximadamente. Especifica que “la población se halla diseminada en la campaña, en los establecimientos pastoriles o de labranza conocidos con el nombre de puestos, estancias o haciendas de campo”. La provincia de Córdoba estaba dividida en 22 departamentos o parroquias y cada parroquia comprendía muchas leguas y pequeños centros poblados. Además de la iglesia parroquial en donde residía el párroco, había otras iglesias sucursales, generalmente atendidas por el mismo cura, o con menos frecuencia, por algún otro sacerdote en calidad de su ayudante. Termina el informe señalando que el territorio del Obispado, en la Provincia de Córdoba, abarcaba como 110 leguas de sur a norte y de 130 de este a oeste16
Dos años después, el Obispo diocesano eleva un informe al Ministro de Justicia, Culto e Instrucción de la Nación17, el contenido es similar al enviado al internuncio, solo especifica que de los 22 curatos “solo uno se encuentra vacante por falta de un sacerdote que lo sirva”18. Detalla la provisión de los mismos:
[…] “Los demás curatos de la provincia son servidos por uno o más sacerdotes según su extensión, un cura y un ayudante y aún hay muchos que aun siendo extensos están atendidos por solo el cura debido a la escasez de sacerdotes. Estos curas se sostienen de los derechos de estola uniformados por un arancel vigente en este obispado y las primicias que pagan los fieles de granos que recogen en sus labranzas. De todos los curas de la provincia solo seis son colados, son los dos curas rectores que tiene esta catedral; el de Santa Rosa, el de Villa del Rosario, el de Tulumba, y el de Soconcho, de los demás curatos son servidos por interinos. Hará dos años y medio se sacaron a oposición aquellos y se proveyeron en propiedad, en algunos otros aunque había oposiciones no se hizo lo mismo porque estos no reunían todas las condiciones legales”19.
El tema de la provisión de curatos era sin duda complejo, esos cuatro curatos de campaña fueron los únicos que salieron a concurso en toda la segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del XX. Años después, en 1883, el entonces provisor del Obispado, Jerónimo Clara, dirigiéndose al Nuncio Luis Mattera hace una retrospectiva histórica del tema y señala la dificultad para hallar “sacerdotes medianamente aptos para servir parroquias”20, motivo por el cual los obispos recurrían a nombrar párrocos en forma interina, bajo la fórmula “amovibles ad mutum”, de esta manera, la mayoría de las parroquias eran provistas directamente por el prelado, lo que garantizaba cierta movilidad y la posibilidad de remover fácilmente del cargo.
La mayor preocupación del Obispo Arellano fue alcanzar con la mayor prontitud posible el conocimiento directo del estado –material y espiritual– del obispado. Para ello, dispuso de varias medidas orientadas a este fin. Entre ellas, la realización más asidua de las visitas pastorales
16 AAC, Leg. 44 s/f. Informe solicitado por el Internuncio Marino Marini del 4/12/1860.
17 AAC, Libro de notas 1859-1873, f. 105-107. Nota del 7/04/1863.
18 AAC, Libro de notas 1859-1873, f. 106.
19 AAC, Libro de notas 1859-1873, f. 106.
20 AAC, Copiador de Notas. Secretaría del Obispado, 1882-1902, fs.41-43.
y la solicitud, a los curas de campaña, de documentación pertinente a tal objeto. Cada párroco debía enviar un informe detallando el número de capillas y su ubicación geográfica, a fin de que el obispo designase la iglesia que sirviera como parroquia y residencia del párroco. Los informes fueron llegando a la curia y el obispo comenzó a recorrer el territorio diocesano provincial.
IV. LA TERRITORIALIZACIÓN ECLESIÁSTICA
Lo escarpado de la geografía en la zona occidental serrana, las inmensas planicies del oriente, que conformaban la pampa húmeda agrícola ganadera, y las llanuras o pampa seca con sus salitres al norte, hacían de la diócesis un mosaico poco integrado y con un deficiente control por parte del obispo, en este contexto retoma la práctica de la visita canónica21, abandonada desde el proceso independentista.
Las visitas pastorales del Prelado
La visita se abría mediante una comunicación del obispo a los párrocos y, eventualmente, la publicación de una circular, a través de la cual se informaba al clero y a los fieles de la diócesis, el inicio, los requerimientos y los frutos que se esperaban de la misma22. Los libros de confirmaciones nos permitieron reconstruir los itinerarios de las mismas, pues no hemos podido acceder, y no tenemos conocimiento de que existan, las crónicas de las visitas del obispo Arellano. El prelado dedicó gran parte de su gobierno a tomar conocimiento, de manera directa, del estado en que recibía la diócesis. Para ello recorrió personalmente el territorio. En el viaje de regreso de su consagración en Paraná, el 17 y 18 de agosto de 1859, se detuvo a realizar confirmaciones en Concepción del Tío y luego en el oratorio de Costasacate, curato de Villa del Rosario, departamento de Río Segundo. En 1860, visitó el norte de la provincia de Córdoba. Del 26 de mayo al 3 de junio, confirmó en la capilla de Sto. Domingo –curato de Anejos Norte–, y del 10 al 19 de julio celebró confirmaciones en Jesús María (curato de Totoral). El 12 de agosto llegó a Tulumba y confirmó en la villa durante más de una semana, dirigiéndose luego a las dos vice parroquias. El 27 de agosto administró confirmaciones en San Pedro y el 5 de septiembre regresó al curato de Tulumba y confirmó en la vice parroquia de San José de la Dormida. El 6 confirmó en la capilla
21 El Concilio de Trento estableció la obligación de los obispos de residir en sus Diócesis y de visitarla personalmente, o en caso de legítimo impedimento, a través del Vicario General o de otro visitador designado para esa tarea. El objetivo principal de estas visitas era “introducir la doctrina sana y católica y desterrar las herejías; mantener las buenas costumbres y corregir las malas; inflamar al pueblo con exhortaciones y consejos a la religión, paz e inocencia, y arreglar todas las demás cosas en utilidad de los fieles, según la prudencia de los visitadores, y permitan el lugar, el tiempo y las circunstancias” (Sesión XXIV, De Reformatione, 11/11/1563, c 3). El Concilio indica las visitas pastorales como una premisa de las periódicas Visitas ad Limina
22 Para ampliar el tema puede consultarse Gallardo, Milagros, “Los alcances de la visita pastoral como fuente para analizar los procesos de territorialización del poder eclesiástico. Córdoba, Argentina 1875-1925” en Estudos Históricos Latino-Americanos: conexões Brasil e América Latina. Org. Camila Silva, Cyanna Missaglia de Fochesatto, Estela Carvalho Benevenuto, Jonathan Fachini da Silva, Lidiane Elizabete Friderichs, Priscilla Almaleh. UNISINOS, Porto Alegre, 2017. Formato I-book, ISBN 978-85-63229-17-5.
de Chuñahuasi (curato de Chañar) y del 8 al 16 lo hizo en la iglesia parroquial de San Francisco del Chañar. El 2 de octubre visitó el archivo de la Iglesia parroquial de Río Seco, pero no realizó confirmaciones y de allí siguió rumbo al Totoral, donde administró la confirmación del 20 al 29 de octubre. Durante todo el mes de mayo, gran parte de julio y los meses de agosto, septiembre y octubre de 1860, el prelado recorrió la diócesis, acompañado por el secretario de la visita José Apolinario Argañarás, sacerdote recién ordenado en la diócesis. Paralelamente, en noviembre de 1860, el Obispo de San Juan de Cuyo, con licencia del diocesano cordobés, confirmó en la Villa de Río Cuarto y en Achiras de camino a su diócesis.
Cuadro 1.
Confirmaciones en la provincia de Córdoba (1859-1860)
Curato Lugar FechaN° confirmadosFuente
Río Segundo Vice Parroquia V. Concepción del Tío 18-19/08/1859139
Capilla Sto Domingo 25/053/06/1860 494
Anejos Norte
Chañar
Tulumba
Vice parr. Igl. Jesús María 11- 19/07/1860949
Capilla Chuñahuasi6/09/1860 159
Igl. Parroquial. San Francisco 7-16/09/18602681
Igl. Parroquial12-16 /08/18601591
Vice Parroquia San Pedro 27/08/1860136
Vice Parroquia de San José 5/09/1860 932
Río SecoIgl. Parroquial 2/10/1860No hay registro
Totoral
Igl. Parroquial Totoral 20-28/10/18601967
Confirmaciones, Libro 1
Confirmaciones, Libro 1, f. 1-52
Confirmaciones, Libro 1, f. 53
Confirmaciones, Libro 1, f. 1-9
Confirmaciones, Libro 1, f. 10-88, Libro 2, f. 1-85
Confirmaciones, Libro 1, f. 1-14
Confirmaciones, Libro 1, f. 97-105
Confirmaciones, Libro 1, f. 105-174
Defunciones, Libro 1, f. 55
Confirmaciones, Libro 1, f. 42-179
Río CuartoIgl. Parroquial29/11/1860414Conf. 1860-1870*
*El ministro fue el Obispo de San Juan de Cuyo, Nicolás Aldazor, con licencia del obispo de Córdoba
Para analizar el impacto de la presencia del obispo en las regiones visitadas, comparamos el número de confirmaciones con la población de la pedanía donde se asentaba el templo, censada en 1857, apenas tres años antes de la visita.
Cuadro 2.
Relación población/confirmaciones
DepartamentoTemplo
Anejos Norte
Chañar
Tulumba
Sto. Domingo
Jesús María
PedaníaCenso 1857N° Confirmaciones
San Vicente 985 494
Las Cañas 1221 949
San Francisco SolanoSan Francisco1337 2681
Chuñahuasi673 159
Ntra. Sra. Rosario Tulumba 1367 1591
San José S.J Dormida2167 932
San Pedro San Pedro 1416 136
TotoralNtra. Sra CandelariaCandelaria1199 1967
Llama la atención que en los templos parroquiales de San Francisco del Chañar, Tulumba y Totoral, las confirmaciones superaran a la población total de la pedanía. En Chañar y Totoral en más de un 100% y en Tulumba cerca de un 9%. Estas cifras nos indican los desplazamientos de la población para recibir el sacramento de la confirmación.
Al año siguiente, el obispo, acompañado por tres sacerdotes jesuitas, realizó una gira de seis meses en La Rioja, dejando a su hermano Eduardo al frente del obispado.
A lo largo de 1867, 1868, 1872 y 1873, recorrió el este y sur de la provincia de Córdoba. Del 11 al 27 de agosto de 1867, lo encontramos en la Parroquia de Santa Rosa de Río Primero realizando confirmaciones. El 29 sube a Villa Concepción del Tío (curato de San Justo) y el 30 y 31 vuelve a confirmar en Santa Rosa. De regreso a Córdoba, el 9 de septiembre, se detiene a confirmar en el oratorio de Peralta. Al año siguiente, 1868, en los meses de mayo y primeros días de junio, confirma en Villa del Rosario. En 1872 se dirige a Cruz del Eje, donde confirma del 5 al 23 de mayo y luego pasa a Cosquín (curato de Punilla), regresando el 26 a Córdoba. Durante el mes de mayo de 1873, celebra confirmaciones en Villa Nueva.
Cuadro 3.
Confirmaciones en la provincia de Córdoba (1862-1873)
Curato Lugar FechaN° ConfirmacionesFuente
Río PrimeroSanta Rosa
11-27/08/1867 30-31/08/1867 4931
San Justo Villa Concepción 29/08/1867
303
Villa del Rosario 13 y 20/02/1861 414
Villa del Rosario4 y 5 /02/186220
16; 22 y 26 /01/1865 17
Rio Segundo Abajo
Libro 1, Conf. s/f. Libro 2, Conf. f. 1-318
Libro 1, Conf., f. 1-31
Libro 1, Conf. f. 11-23; f. 143.v-145
Libro 1, Conf. f. 23-24; f. 145.v
Libro 1, Conf. f. 24-25
Costasacate 27/01/1865 1 Libro 1, Conf. f. 24
V. del Rosario1/03/1865 8 Libro 1, Conf. f. 25
V. del Rosario 4,11,15 y 18/02/1866 48
Libro 1, Conf. f. 25-26v.
Pedanía Peralta. Casa de Santiago Argüello 9/09/1867 20 Libro 1, Conf. f. 27
V. del Rosario
Cruz del Eje
24-31/05/1868 1-2 y 11/06/1868
2757
Capilla de Soto5-23/05/18723521
Iglesia Parroquial
PunillaCosquín
Tercero AbajoVillanueva
26/05/1872
490
00/05/18733051
Libro 1, Conf. f. 37.v-143v.
Libro1, Conf. Cruz Del Eje f. 1.203
Libro 2, Conf. Punilla, s/f.
Libro 1, Conf. Villanueva, f. 1-86v
La visita pastoral a Villa del Rosario el obispo la realizó entre el 24 de mayo y el 11 de junio de 1868, pero como puede verse en el Cuadro 3 pasó varias veces por la localidad rumbo a otros destinos y, en esas ocasiones, también se detuvo uno o dos días a confirmar.
Establecer una relación entre el número de confirmaciones y la población no es fácil, debido a que el censo de 1869 no trae desagregado el número de habitantes por pedanía, solo hace referencia al departamento y, en caso de tener centro poblado, a la población urbana. En algunos casos como Villa del Rosario, Santa Rosa y Villanueva, el censo constata la población urbana de cada pedanía, donde se encontraba la iglesia parroquial. Este dato nos permite ver que en Villa del Rosario las confirmaciones casi triplicaron a la población urbana y constituyeron un 29,61%
del total de los habitantes. En Santa Rosa de Río Primero, las confirmaciones duplicaron a la población urbana y constituyeron un 33,12% del total de la población del departamento. En Cruz del Eje alcanzaron el 28,73% y en el Tercero Abajo el 46,41%. En El Tío y Cosquín, las confirmaciones fueron escasas, suponemos que porque se trató solo de una parada en el trayecto hacia la realización o el regreso de la visita pastoral.
Cuadro 4.
Relación número de confirmaciones/población
DepartamentoPedaníaTemplo
RÍO 2°ABAJO
N° Confirmados Población departamental Censo 1869
Parroquial. Ntra.
Del Rosario
CostasacateCapilla 11811009911280
Oratorio de Peralta
Sra. Rosario 3341 UrbanaRuralTotal
Casa de Santiago Arguello
SAN JUSTOConcepciónIgl. Parroquial303 5156
RÍO 1°Santa RosaIgl. Parroquial493128691201514884
CRUZ DEL EJE
La HigueraCap. Soto 3521 12252
Cruz del EjeIgl. Parroquial
PUNILLARosarioIgl. Cosquín 490 6823
RÍO 3° ABAJOVillanueva Igl. Parroquial Villanueva 3051334532286573
Mapa 4. Las visitas Canónicas de Ramírez de Arellano 1859-1873

Fuente: Mapa de la Provincia de Córdoba 1866.
Nota: En círculo gris figuran las sedes parroquiales y en círculo blanco las capillas visitadas.
La creación de nuevas parroquias
En sintonía con las divisiones civiles, el Obispo Ramírez de Arellano, en el auto del 18 de noviembre de 1859, dispuso la división de la parroquia de Anejos23. Luego, procedió al desmembramiento del antiguo Curato de Segundo Abajo y a los extensos curatos de Tulumba, Río Seco, Pocho, San Javier, Punilla y San Justo24, creando los de Totoral, Sobremonte, Minas, San Alberto, Anejos Norte, Chalacea, Cruz del Eje y Unión (Fraile Muerto). El 12 de noviembre 1869 dividió el antiguo curato de Calamuchita en dos, el nuevo, con sede en Río de los Sauces25. La última parroquia creada por el Obispo Ramírez de Arellano fue la Inmaculada Concepción de Pampayasta, por división del curato de Río Tercero Arriba, pero fue suprimida al año siguiente26. El diocesano se preocupó por hacer coincidir las jurisdicciones eclesiásticas con las civiles. Sin embargo, en algunas ocasiones, cuando la división civil no permitía la congrua sustentación del
23 AAC, Libro de notas 1859-1873, f. 2.
24 AAC, Libro de notas 1859-1873, f. 15.
25 AAC, Leg. 2, Cabildo Eclesiástico, Tomo 2 s/f. Auto del 12/11/1869.
26 Bruno, Cayetano, Historia de la Iglesia Argentina, Buenos Aires, Editorial Don Bosco,1972. T.VIII, 149.
nuevo curato, la autoridad eclesiástica solicitaba modificar la jurisdicción departamental a fin de lograr la congrua sustentación para ambos curatos27. En 1862, el gobernador Justiniano Posse dividió el departamento de Pocho en dos secciones administrativas y creó el de San Carlos Minas28. Un mes después, el poder ejecutivo provincial, a pedido de la autoridad eclesiástica, para salvar la incongruidad en que había quedado el curato de Pocho, modificó las divisiones administrativas a fin de que ambos curatos pudieran tener congrua sustentación para sus párrocos29. El decreto eclesiástico de división del curato de Pocho señala las razones para acompañar las decisiones del ejecutivo. La primera se vincula a que la extensión de territorio en los curatos de campaña, dificulta que los “beneficios de la Religión lleguen con facilidad y frecuencia a la población”; y la segunda hace referencia a la necesidad de que reine la uniformidad de la división territorial, de manera que el ejercicio de la jurisdicción civil y eclesiástica sea armónica y beneficiosa para la población30.
Ramírez de Arellano inicia su gestión con veinte curatos en la provincia de Córdoba y la finaliza con veintiocho. Esta política de expansión parroquial continuó y se afianzó luego de su fallecimiento. Durante la vacancia (1873-1875), el arcediano Gaspar Martiarena erigió las parroquias de Villa María y Jesús Nazareno desmembrándolas de Villa Nueva31.
27 Cfr. expedientes de división de los curatos de Tulumba y Pocho. Leg, 2 T.2 (Cabildo eclesiástico) s/f.
28 AAC, Leg. 2, T2. Cabildo Eclesiástico (1858-1910) s/f. Decreto del Gobernador Justiniano Posse del 23/05/1862. “Art 1°: queda dividido el departamento de Pocho en dos secciones administrativas separadas por una línea de Este a Oeste, comprendiendo la sección del Sud que continuará conservando el nombre del departamento actual las pedanías de Chancani, Pocho y Salsacate con sus límites reconosidos, y la del Norte que tomará el nombre de Departamento de Minas las pedanías de Palmas, Guasapampa, San Carlos y Siénaga del Coro con sus límites”.
29 El 28 de junio de 1862 el Poder Ejecutivo decreta que: “Debiendo establecerse por la autoridad eclesiástica dos beneficios canónicos en los departamentos de ‘Pocho’ y ‘Minas’ en reemplazo del actual curato de Pocho y a fin de obviar el inconveniente que pudiera presentar la reducida extensión del 1° de dichos departamentos por no ofrecer suficiente congrua el beneficio que en él se funda, acuerda y decreta: Art 1° Queda dividida la Pedanía Las palmas en dos secciones separadas por una línea que tirada del puesto denominado Agua Blanca se prolongará por la quebrada del mismo nombre hacia el naciente siguiendo la cuchilla de Macho Gayco hasta los cerros, y de éstos tomado el camino que va a Salsacate […] hasta tocar los límites convenidos de la Pedanía de Salsacate. Art. 2° La sección que queda al Sud de dicha línea queda anexada a la Pedanía de Pocho, del de departamento del mismo nombre y la sección del norte que continuará perteneciendo al departamento de Minas. Art. 3° Comuníquese, publíquese y dese al libro de Acuerdos”.
30 AAC, Leg. 30 s/f. Decreto del 9/07/1862.
31 AAC, AAC, Libro de Autos 1876-1905, f.1. El Curato de Jesús nazareno fue creado el 28/12/1874 y suprimido el 9/08/1876, quedó anexado a Villa María.
Mapa 5. Curatos erigidos entre 1858 y 1871

Dificultades en la definición de los territorios
Definir los territorios que conforman cada una de las parroquias supuso una labor compleja, pues era necesario tener en cuenta varias voluntades. La voluntad del párroco a cargo y de otros curas involucrados; la voluntad del obispo y el acuerdo del cabildo eclesiástico; y finalmente la voluntad de los feligreses. Una vez tomada la decisión de crear o dividir un curato, luego de haber escuchado a las partes, esta podía volver a modificarse pasado un breve período de tiempo, si alguno de los actores consideraba la necesidad de un cambio. Veamos el caso de la pedanía de Mercedes, capilla de Citón, desprendida del Curato de Tulumba. En 1858, el gobierno civil creó el departamento de Totoral, segregando las pedanías de Citón y Macha del de Tulumba y anexándolas al nuevo de Totoral. El obispo diocesano, a fin de uniformar en lo posible la división eclesiástica a la civil, las segregó también en lo eclesiástico, sin previa consulta al cura de Tulumba, por lo cual el cura comenzó a reclamar, arguyendo la nulidad del decreto por la omisión de una prescripción jurídica. El obispo elevó el reclamo al Deán del cabildo, el Dr. Castellano, constituido en fiscal “ad hoc para el caso”, quien confirmó la nulidad del decreto, restituyendo las pedanías afectadas
al curato de Tulumba32. En 1871, se creó el curato de Chalacea, desagregándolo del de Santa Rosa. El auto deja constancia que, de acuerdo con el cura colado del beneficio de Santa Rosa de Lima, se dividió dicho curato en dos vicarías independientes, el nuevo se denominó Chalacea y comprendía tres pedanías, Chalacea, Castaños y Timón Cruz, manteniendo los mismos límites que la jurisdicción civil. Los libros quedaron en el archivo del antiguo curato que mantenía el nombre de Santa Rosa. El decreto aclara que el nuevo curato es “libre de encomienda” y que en tiempo oportuno se realizará la institución y colación canónica, nombrándose al cura que lo servirá33. El decreto de erección no establecía la sede o Iglesia matriz, razón por la cual el cura fue itinerante y dividía su labor pastoral permaneciendo un tiempo en cada capilla, sin establecer residencia fija.
En marzo de 1875, Doroteo García de la Serna –cura de Chalacea– aborda la cuestión de la sede parroquial y envía a la curia dos solicitudes de las feligresías. Una, del curato de Tulumba pertenecientes a la capilla de Citón, pedanía de Mercedes en el departamento de Totoral, pidiendo sean agregados en lo eclesiástico al Curato de Chalacea, pidiendo a su vez que fuera nombrada parroquia la capilla de nuestra señora del Rosario de las Encrucijadas34. La otra correspondía a los fieles del curato de Chalacea pedanía de Castaños, solicitando que el nombramiento de parroquia recaiga en la capilla de la Purísima Concepción de las Saladas, construida con sus limosnas y advertían que el decreto de erección no señalaba ninguna de sus capillas como iglesia matriz. Transcurridos cuatro años, el cura no había fijado residencia en ninguna capilla a fin de evitar las pujas y rivalidades entre los feligreses, que aspiraban a que sea la iglesia de su pedanía la que obtenga el título de Parroquia. Para evitar conflictos, el cura se trasladaba provisoriamente y por igual número de días a cada capilla. El parecer del cura era que los feligreses también se perjudicaban con esta situación, pues, en la duda de cuál de las capillas iba a ser la parroquia, no se animaban ni a edificar sus casas en los terrenos contiguos a las capillas, ni a establecer escuelas. Estas razones fundamentaron la solicitud del cura respecto a la necesidad de designar a una de las capillas como parroquia. El informe también solicita que, en razón de la incongruidad del curato, convendría la agregación de la pedanía de Mercedes –solicitada por los feligreses de Tulumba– y, en ese caso, designar como parroquia a la Capilla Ntra. Sra. del Rosario de las Encrucijadas, que quedaría en el lugar más céntrico del curato, teniendo seis leguas de extensión por el norte, nueve por el sur, cinco por el oeste y diez o doce por el este y sudeste, hasta su límite en la Costa de Castaño, zona a la sazón despoblada y peligrosa, por limitar con territorios invadidos frecuentemente por los
32 AAC, Libro 48 Chalacea, Santa Rosa y San Justo, s/f. Expediente sobre límites de los curatos de Chalacea, Santa Rosa y Totoral.
33 AAC, Leg. 30 s/f; Libro de notas 1859-1873, f. 304.
34 La nota enviada por los vecinos señala que la distancia que los separa de la Iglesia de Tulumba, residencia habitual del cura, es de 16 leguas, situación que se agrava porque las ocupaciones del cura lo llevan a otras capillas, en cuyo caso la distancia es aún mayor. Que ellos acuden para oír misa los días de fiesta, confesarse y sepultar a sus finados a la capilla de Encrucijada perteneciente al curato de Chalacea, distante seis leguas. Por esta razón les resultaría más conveniente pertenecer eclesiásticamente al curato de Chalacea, siempre que su parroquia o Iglesia Matriz sea Encrucijadas (cfr. AAC, Libro 48 Curatos de Chalacea, Santa Rosa y San Justo s/f.).
indios. Para reforzar su argumentación, el cura señala que dicha capilla queda en la confluencia de los caminos reales de Santa Fe a Santiago y de Córdoba a los límites norte de la provincia y de las poblaciones del este a los departamentos del oeste y estaciones del ferrocarril a Tucumán, siendo por consiguiente uno de los lugares de mayor tránsito del curato. Por último, advierte que si no se hace lugar a dicha agregación, debería nombrarse como parroquia, con carácter provisorio, a la capilla de Las Saladas, por las razones fijadas en la petición de los feligreses y por ser la que reunía a sus alrededores el mayor número de población35.
Seis meses después, el cura vuelve a informar sobre la cuestión de límites de su curato tanto al sur (con el de Santa Rosa) como al oeste, e insiste sobre la anexión de la Capilla de Citón, situada en la pedanía de Mercedes. Señala que, luego de haber consultado la opinión de los vecinos, la agregación de la pedanía de Mercedes conviene hacerse por los límites que la separan del departamento de Totoral y de la pedanía de San José perteneciente al de Tulumba y que son: “[…] saliendo de la cañada de Luca y del lugar denominado de Los Teros (hasta donde llega el camino que viniendo de El Jume divide los departamentos de Totoral y Santa Rosa), seguirá el camino en dirección N. O, pasa por los Valores, Puesto de Ordoñez, Puesto de Dn Segundo Peralta a Rangel. Línea que divide en lo eclesiástico la pedanía de Mercedes dejando al sur el curato de Totoral. Desde Rangel toma rumbo al norte por la línea trazada por don Nuñez, divisoria de los derechos de los señores Castro y terrenos fiscal del Piquillín, hasta lindar con los derechos de El Bañado, pedanía de San José, en este punto se incluirá el rumbo NE hasta el lugar denominado la Masita, lindante con el departamento de Río Seco, cuyos límites actuales continuarían dividiendo estos curatos. Trazada esta división del curato de Tulumba con el de Chalacea, queda perteneciente a éste toda la pedanía de Mercedes y la capilla Ntra. Sra. del Rosario de Encrucijada, situada en un punto aproximadamente igual a los extremos del curato, lo mismo por la parte que confina con el de Santa Rosa que con la que toca al de Río Seco, que será la distancia mayor comprendida en la extensión de Chalacea, correspondiendo por tanto a la misma capilla el nombramiento de Parroquia36 .
A su vez, otros vecinos de la pedanía de Mercedes se oponen a la separación del curato de Tulumba, señalando motivos históricos de pertenencia. En sintonía con la nota elevada por esos vecinos respetables, el cura de Tulumba, Evaristo López Arcante, desestima la posible separación de dicha Pedanía de su curato, “soy de parecer que toda la pedanía de Mercedes nunca será conveniente que se segregue de este curato”. El 20 de abril de 1876 el expediente pasó al cura rector, quien señaló que si bien era cierto que ciertas poblaciones podían estar más distantes de la parroquia, dada la extensión de los curatos, esa dificultad podía remediarse animando a los vecinos a levantar capillas, de esta manera no habría necesidad de desplazamientos, y el cura, visitándolas con frecuencia, facilitaría a los feligreses el cumplimiento de sus deberes religiosos, por tanto si los vecinos eran atendidos con regularidad no había motivo para tal desmembración.
Por último, el fiscal eclesiástico Adolfo Luque se expidió sobre el asunto. El informe señala
35 AAC, Libro 48 Curatos de Chalacea, Santa Rosa y San Justo s/f.
36 AAC, Libro 48, Curato de Chalacea, Santa Rosa y San Justo s/f. fecha El 6/10/ 1875.
que los curas de los tres curatos se reunieron con el obispo a fines de junio de 1875 para definir la cuestión de límites y la mejora de la atención espiritual de los feligreses. El cura de Santa Rosa, Juan Bula y el de Chalacea, García de la Serna, expusieron al obispo las dificultades y los inconvenientes prácticos para el buen servicio de sus parroquias debido a la manera irregular en que estaban divididos. El fiscal sentencia que:
“[ … ] por todo lo expuesto, creo poder afirmar que en todos los documentos que figuran en este expediente, no se ha apuntado ninguna razón jurídica, que manifiesta haber inconveniente en segregar la pedanía de Citón del Curato de Tulumba. Por lo que es de opinión que V.S. efectúe dicha segregación si es necesario para regularizar el curato de Chalacea, juzgo no obstante que convendría una conferencia de ambos párrocos con V.S. para determinar las probabilidades de acierto la línea divisoria que ha de establecerse entre ambos curatos”37
Finalmente, la Purísima de Citón, es segregada de Tulumba y anexada al curato de Totoral, con una leve modificación de límites, pasará a formar parte de la pedanía Candelaria. Este es uno de tantos casos que muestran la complejidad y dificultad para la demarcación de límites, es interesante ver la participación que en estas decisiones tienen los mismos feligreses.
La construcción de iglesias
En la introducción, decíamos que otra de las estrategias de territorialización eclesiástica fue la construcción de iglesias, lo señalábamos ut supra cuando ante el expediente de la capilla de Citon, el cura rector recomienda animar a los vecinos a levantar capillas. Efectivamente, se inició un movimiento de renovación edilicia. Las antiguas capillas comenzaron a ser restauradas y se edificaron nuevas para reemplazar a las que se encontraban en ruinas. Así, en 1869, los vecinos de Los Molinos, curato de Calamuchita, manifestaban la necesidad de edificar un templo “que pueda llamarse verdadera casa de Dios… pues la que actualmente existe de trece años a esta parte, es una pequeña y ruinosa pieza y por lo mismo no satisface las necesidades de la población”. El cura Adolfo Villafañe acompaña la petición e informa que la antigua capilla, denominada de Soconcho es efectivamente una “pieza ruinosa y sumamente reducida, próxima a desaparecer”. Y que además, el patrono (el Sr. Astrada), había convertido la pieza contigua a la capilla en un establo, “la ha dedicado a pesebre de caballo, más antes, a depósito de frutos mercantiles”. La nota termina comunicando que para la reconstrucción de esa antigua capilla cuenta con cuarenta y tantas mil piezas de material cocido y la puerta principal de la sacristía38
En 1870, el cura de Tercero Abajo, Antonio Lima solicita licencia para celebrar misa en Ballesteros en una casa particular porque “la capilla que allí hai está en ruinas”39. En 1874, el curade Anejos Sud informa que ha recorrido las capillas de su curato y “las Iglesias de San Antonio y
37 AAC, Libro 48, Chalacea, Santa Rosa y San Justo s/f. Informe del 17/06/1876.
38 AAC, Leg.7. Capillas y cementerios, sin foliar (año 1869).
39 AAC, Legajo Villanueva s/f. Nota de fecha 9/07/1870.
Lagunilla se encuentran sin cementerio y la primera estaba por caer”. En 1878, el cura y vicario de Minas Olegario Villa informa al obispo Manuel E. Álvarez que el oratorio de Pinas, “acaba de venirse abajo, destruyéndose completamente” como consecuencia de las quiebras que tenía y de las copiosas lluvias, solamente se pudieron salvar las imágenes de la divina Pastora y San Roque. El cura entonces solicita al obispo autorización para levantar una subvención con el objeto de comprar los terrenos al patrono del oratorio y levantar una nueva capilla de carácter público, dada la necesidad de un templo en aquel lugar40. La multiplicidad de informes similares dan cuenta del deterioro en que se encontraban los edificios. A modo de ejemplo, el caso del curato de Soto es ejemplificador. Contaba con edificios de la época colonial. La capilla de La Higuera, a 24 km. de la villa, había sido construida en el siglo XVII41. La capilla sufrió los asaltos de caciques levantados en armas durante la primera mitad del siglo XIX y las embestidas de los montoneros del Chacho Peñaloza, no se mantuvo en pie y la construcción cedió ante el persistente abandono y la pobreza de sus pobladores. En 1879, el cura Pretel, ayudante a la sazón del párroco de Villa de Soto, comenzó la edificación de la capilla dedicada a la Santísima Virgen del Rosario, a 10mts del antiguo emplazamiento, bendiciendo solemnemente la piedra fundamental42.
Con frecuencia, piezas prestadas –y luego donadas– se convertían en templos provisorios y con el correr del tiempo en capillas. En 1873, el cura de Chalacea informaba al obispo que había realizado una misión y confesado en la Pedanía de Castaño, advertía que “la gente en aquella frontera abandonada se encuentra totalmente privada de los auxilios de la religión” y al reflexionar sobre el abandono de aquella gente, manifestó a un hacendado del lugar, su preocupación por atender espiritualmente a esa población “pobre y abandonada de la frontera norte”, el interlocutor, le ofreció “una pieza de las tantas que tiene, con objeto que se administre en ellas los santos sacramentos, cuya pieza es de azotea muy decente de siete varas de luz”43.
La iniciativa de construir nuevos templos partía de intereses comunes, por un lado las feligresías solicitaban asistencia espiritual, comprometiéndose con frecuencia a costear los gastos de edificación, realidad que no siempre pudo ser efectiva. Por otro lado, la jerarquía episcopal veía con preocupación el abandono en que vivían las poblaciones rurales en algunos parajes, la voluntad de asistirlos chocaba con la precariedad de medios disponibles, en este contexto era frecuente que vecinos respetables de la zona, facilitasen, en calidad de patronos, la construcción, cuidado y mantenimiento de capillas particulares. El estado provincial y nacional veía el templo como una imagen de progreso, civilización y, en las zonas de frontera, de estabilidad44 y otorgaba subsidios para reparaciones y edificación.
40 AAC, Curato del Tránsito, Salsacate, San Carlos y San Pedro 1863-1887, s/f.
41 Figura en el empadronamiento de 1785 y enviado a la curia diocesana por el párroco Rodríguez
42 Boletín Eclesiástico del Obispado de Córdoba [en adelante BEOC], vol. II, n° 11, septiembre de 1925, pp. 251-255.
43 AAC. Leg.40, TIII: Cartas de los Sres. curas a los Sres. Obispos 1842-1908. Curato de Chalacea, 24/08/1873.
44 El tema ha sido tragado en Gallardo, Milagros, “Los lugares sagrados: santuarios, parroquias y capillas,
Cerramos este apartado, con una reflexión sobre el lugar que ocupaba el templo en las comunidades rurales. El deterioro material de los templos de campaña es un claro indicio de que no constituían un espacio habitualmente frecuentado por las feligresías. El templo, en la campaña cordobesa, no tenía demasiada importancia en la vida de las personas, se acudía a él pocas veces al año (fiestas patronales) e, incluso, pocas veces en la vida. El bautismo era administrado con frecuencia por bautizadores seglares; muchos de los que contraían matrimonio, lo hacían en domicilios particulares; quizás la presencia en el templo era frecuente al final de la existencia, a la hora de las honras y los ritos fúnebres, como un rito de pasaje a la otra vida; la enseñanza religiosa solía impartirse en el seno de cada familia y la catequesis no estaba en absoluto regulada ni era sistemática; el cura no siempre cumplía con el deber de residencia y además predicaba poco, en circunstancias especiales, como algún día festivo (patrono) y la semana santa. De hecho, como hemos visto muchos templos de la campaña, estaban en ruinas. ¿Por dónde pasaba entonces la vida parroquial en la campaña?, dejamos abierta la pregunta para futuras investigaciones.
IV. EL ROL DEL CLERO EN LA CONFORMACIÓN TERRITORIAL Y LA ELABORACIÓN DE UNA CARTOGRAFÍA PROVINCIAL
El cura era quizá la persona que más conocimiento tenía del espacio territorial en el último tercio del siglo XIX. Así lo expresaba el cura de Tránsito, José Gabriel Brochero, “aunque no soy nadie, ni sepa nada, ni sea capaz de expresarme en forma elegante, conozco palmo a palmo y mejor que cualquier literato todas las sierras de Córdoba y he pasado en ellas los mejores años de mi vida, levantando templos y escuelas y luchando con las dificultades” (CEA, 1999: 545-546)45 Realmente, era el que conocía la jurisdicción de su curato. En enero de 1869, el gobernador de la provincia solicita al obispo que “obtenga de los respectivos párrocos de los curatos, cuales son los límites de sus parroquias en los puntos que ellas confinan con otras provincias a fin de suministrar al Gobierno los datos que necesita para pasar al Exmo. Gobierno de la República un informe que le ha pedido sobre los límites de la Provincia”46, “especificando cuáles son las últimas poblaciones pertenecientes a esta provincia y cuál es el que se ha considerado y se considera como límite jurisdiccional. Enviar un informe con los datos que se puedan tener en el archivo parroquial como los que podrían suministrarle los colectores de primicias encargados de las capillas más distantes y otras personas conocedoras del curato principalmente las que tengan sus su función en la ocupación territorial y en las transformaciones socio-espaciales del sudeste cordobés”, en Hugo Cancino, Rogelio de la Mora V., Lenà Medeiros de Menezes, y Silvano G. A. Benito Moya (eds.), Miradas desde la historia social y la historia intelectual. América Latina en sus culturas: de los procesos independistas a la globalización, Centro de Estudios Históricos Prof. Carlos S.A. Segreti; Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Católica de Córdoba; Universidad Veracruzana, México e Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, 2012, 843-866. E-Book. ISBN 978-987-26481-7-6.
45 Carta al Ingeniero y Diputado Nacional Francisco Seguí (Agosto de 1905).
46 Libro de notas 1859-1873, f. 228.
poblaciones más cercanas a la provincia indicada”47. El obispo diocesano responde a la solicitud con sus conocimientos personales, en lo que respecta al curato de Punilla del que fuera otrora cura párroco de 1830 a 1847. En dicha nota señala que:
“Ante la solicitud del gobierno sobre hasta dónde llegan los[límites] jurisdiccionales del curato de la Punilla según los antecedentes que me son conocidos y hasta donde han alcanzado las poblaciones sujetas a la jurisdicción eclesiástica y civil de esta provincia. El curato de Punilla en la extensión que actualmente tiene no es limítrofe con otra Provincia. Lindando por el sud, poniente y norte con los curatos de Ischilín, Cruz del Eje, Pocho y Minas. Más el curato de Cruz del Eje en la época que yo serví el de Punilla, formaba parte de él, linda con la provincia de Catamarca y la Rioja y sobre esos límites puedo informar a VE que en esa época se han conocido. Hacia el norte de dicho curato que por esta linda con la provincia de Catamarca, la última población que he conocido y perteneciente a él es el Cajón, distante de dieciocho a veinte leguas de la Parroquia, según recuerdos, sin contar los campos en donde se extienden las haciendas. Más que se ha conocido como línea divisoria en esta provincia y la de Catamarca son las Salinas que en ese punto tienen como nueve leguas de latitud. Al Sudoeste del Cajón y siguiendo la misma costa de las Salinas las poblaciones que había pertenecientes a la Cruz del Eje, en los límites de ese curato con Catamarca eran los puestos denominados el uno San Francisco, del que es propietario don Manuel a Carranza y la Isla, distante del anterior dos o tres leguas. Al poniente de las poblaciones indicadas se extienden campos desiertos que se consideran como fiscales pertenecientes a esta provincia y en ellos suelen hechas sus haciendas los vecinos de la Cruz del Eje, en tiempos de agua por la buena calidad de sus pastos, sin contradicción por parte de los vecinos de Los Carrillos, población perteneciente a la provincia de Catamarca. De la Isla al sur siguen campos desiertos y las poblaciones que había pertenecientes al curato de la Cruz del Eje y limítrofes entre esta Provincia y la de la Rioja eran La Batea y Valdes de Navor siendo advertir que al poniente de estas poblaciones hay una gran extensión de campos desiertos de los que una gran parte se han considerado siempre como pertenecientes a esta Provincia. Continuado la misma línea a sur se encuentran las poblaciones llamadas “Pinas” estancia que fue de los Salguero, limítrofe igualmente con la Rioja, pero que pertenece ya al curato de Minas de lo que podrá informar mejor el cura respectivo”48.
El Cura de Minas, Pantaleón Abregu, también envió la información solicitada a vuelta de correo, allí señalaba que “en la cabecera sur la línea que divide este curato de la Rioja y del curato de San Alberto es un punto denominado Balde de la Isla de Correa en la estancia de Don Fabián Murula, el punto que divide el curato de Pocho del curato de Minas”49. En ambas citas podemos observar un conocimiento certero del espacio. Incluso, si volcamos los datos suministrados en un mapa de época, podemos constatar que los límites interprovinciales están vinculados a los puntos señalados por los curas.
47 AAC, Leg. Curato Tránsito, Salsacate, San Carlos y San Pedro 1863-1887 s/f. Nota del 26/01/1869.
48 Libro de notas 1859-1873, f. 229.
49 AAC, Leg. Curato Tránsito, Salsacate, San Carlos y San Pedro 1863-1887 s/f.

A MODO DE CIERRE

En esta década, la administración eclesiástica fue de la mano, y algunas veces un paso adelante, de la administración civil, ya que varios centros de población se organizaron por la labor de sus curas y construyeron sus templos antes de tener oficinas estatales. Tal es el caso de Fraile Muerto, que sufrió una importante transformación cuando se convirtió en terminal del ferrocarril en 1868. El cura párroco se abocó a la organización política del poblado, en 1869 creó la comuna de San Gerónimo, cuya acta de fundación deja constancia de que la primera presidencia le cupo a su fundador, el cura párroco Rubén Márquez. Además, el cura se ocupó de la construcción de un nuevo templo más espacioso y de la demarcación de terrenos, pertenecientes a la iglesia, para organizar lo que sería el centro de la villa, la plaza, la municipalidad, la alcaldía y la venta de los “terrenos de la virgen”, a fin de fomentar el poblamiento. La antigua posta se convirtió en villa en los terrenos otrora donados a la iglesia. Como vemos, era frecuente que el cura párroco cumpliera las funciones de jefe comunal y llevase adelante el proceso de urbanización del territorio. En este caso, el cura párroco, Filemón Cabanillas distribuyó las tierras de la iglesia para ser pobladas, creó la comuna, fue nombrado su primer presidente e hizo erigir un sólido y monumental templo. Lo mismo sucedió en el curato de Santa Rosa de Río Primero y el de Calamuchita.
Por otra parte, se observa que el cura es percibido como un funcionario del estado provincial. El gobernador provincial, Roque Ferreyra, en abril de 1864, expidió un decreto por el cual
Detalle Mapa de la Provincia de Córdoba 1871Detalle Mapa de la Provincia de Córdoba 1924
debían crearse Comisiones de Escuelas destinadas a crear establecimientos educativos en los departamentos, cuyas presidencias estuvieran a cargo del cura párroco de los respectivos curatos. Desde la curia, se informó la decisión del gobierno a los párrocos, señalando la importancia de “la buena educación, instrucción, moralidad religiosa y cristiana de la juventud”, necesidad de estos establecimientos y el rol del cura:
“[…] el Sr obispo me ordena recomiende a Ud. encarecidamente no tan solo vigilancia y cuidado en el buen orden y sostenimiento de ellas sino también que éstas al paso que ilustren los entendimientos de la juventud sirviesen o dulcifiquen sus sentimientos moralizando sus costumbres con la enseñanza de la santa doctrina. El descuido y negligencia de los PP de familia en nuestra campaña con que miran la educación de sus hijos hace de necesidad y suma importancia el influjo y voz viva de los mismos párrocos, quienes en sus pláticas doctrinales y en las diferentes capillas del departamento, que en cumplimiento de los deberes del ministerio tienen el deber de recorrer, les hablen eficazmente internándoles con su lenguaje persuasivo el adelanto y bien de ellos mismos como seguro resultado de la instrucción moral y religiosa de los niños, quienes formarán con el tiempo nuestra misma sociedad de una manera honorífica y digna de los nobles sentimientos de una juventud educada con esmero y desde la infancia en la dignidad de sus actos y en las virtudes cristianas”50
Estos ejemplos nos permiten pensar que la presencia territorial de la Iglesia en el espacio rural está fuertemente vinculada al Estado. Se lo asocia al progreso material de la campaña y al concepto de civilidad. Iglesia y Estado caminan juntos hacia el progreso y combaten las manifestaciones de “desorden y barbarie”. Llegarán tiempos en que estos caminos comiencen a bifurcarse y ambas instituciones disputen el control de las poblaciones.La Iglesia buscará proyectarse sobre el espacio y hacer más visible su poder. los templos, esos lugares de encuentro entre la religión y la sociedad cobrarán cada vez mayor centralidad e importancia, pues son una manera de plasmar la dimensión material de la religión en el territorio, la iglesia edificio, a partir del último cuarto del siglo XIX, se impone en el paisaje y busca convertirse en el lugar de congregación de la población.
50 AAC, Libro de Notas, 1859-1873, f. 85.

JOSÉ LUCRECIO ARELLANO.
EL PATRIARCA DE TALCA, DIRIGENTE OBRERO Y LAICO EVANGÉLICO
Juan Rodrigo Ortiz
Centro de Educación y Cultura Americana, Chile.
DeJosé Lucrecio Arellano poseemos muy escasa información biográfica1. No contando con datos sobre su nacimiento y familia paterna, ni en el cementerio de la ciudad de Talca aparece registrado su entierro. Sin embargo, pese a esta falta de información sobre él, se puede verificar su relevancia para el establecimiento de la Iglesia Evangélica Chilena en Talca el año 1869, y su importancia en el liderazgo de la Sociedad de Artesanos de la ciudad en las décadas de 1860 a 1870.
Don Lucrecio, como era conocido, destacaba por sus habilidades como sastre, su elocuencia discursiva, la firmeza de sus convicciones, su patriotismo, su cultura y su liderazgo entre los trabajadores y artesanos de la provincia del Maule. Era un hombre solidario, respetado por todos en Talca, llegando su reputación a conocerse en la misma capital del país. De ideas políticas liberales, laicistas y democráticas. Autodidacta, asiduo lector y maestro, comprometido por completo con las reivindicaciones económicas y sociales de los artesanos y obreros del país; sostenía los ideales igualitarios de la Sociedad de la Igualdad, que le habían sido transmitidos por sus mentores: el sombrerero Ambrosio Larrecheda y el tipógrafo Victorino Laynes.
Ambrosio Larrecheda había participado en la Sociedad de la Igualdad, liderada por Francisco Bilbao en el año 1850, mantuvo hasta el final de sus días un especial aprecio por la Sociedad de Artesanos de Talca que él había ayudado a constituir, por ser la que mejor mantenía los ideales
1 Fuentes: El Artesano, Talca, 26 de enero de 1867; 23 de febrero de 1867, 16 de enero de 1868, 1 de septiembre de 1872. El Obrero Católico, Talca, 16 de enero de 1868, 13 de agosto de 1868. La Democracia, Talca, 19 de enero de 1873. La Opinión, Talca, 16 de abril de 1878. El taller, Santiago, 1 de febrero de 1879. La Libertad, Talca, 8 y 9 de agosto de 1882. La Alianza Evangélica, Valparaíso, 1 de septiembre de 1882. Boletín Guerra del Pacífico 1879-1881, año 1, n°1, Santiago, 22 de Abril, pág. 20. Opazo, Gustavo; Historia de Talca. Santiago, Universitaria, 1942; pp. 340-341. Grez, Sergio; De la regeneración del Pueblo a la Huelga General. Capítulo XIII, 485-525; Ril Editores, Santiago, 2007. Illanes, María Angélica La Revolución Solidaria; Sedej, Santiago, 1990.
sociopolíticos de la Sociedad de la Igualdad, en donde la lucha social de los artesanos por su dignidad era complementada con su visión de reforma política y religiosa del país2.
Por su parte, Victorino Laynes se trasladó a vivir a Talca en el año 1861, entregando a los artesanos sus conocimientos en el manejo de la imprenta, siéndoles muy útiles cuando el empresario y político liberal de la ciudad, Francisco Opazo, en el año 1866, con motivo de la creación de la Sociedad de Artesanos efectuada el 1 de julio de ese mismo año, donó una imprenta para que publicasen su primer periódico, El Artesano, que comenzó a circular el día 11 de noviembre de ese año, y entre cuyos redactores estaba don Lucrecio (Opazo, 1942: 340-341).
La Sociedad de Artesanos de Talca tenía entre sus objetivos “la instrucción de la clase obrera para hacerle conocer sus deberes sociales, religiosos y políticos [de tal modo que se conforme] un solo cuerpo que le haga respetable tanto en el ejercicio de sus derechos políticos, como en la expresión de sus sentimientos y deseos, en cuanto tengan relación con el bien público” (Grez, 2007:488).
Don Lucrecio Arellano fue el primer presidente de la Sociedad de Artesanos de Talca, elegido en virtud de su instrucción y liderazgo, para que llevara a cabo sus objetivos, tanto mutualistas, como los de reformas políticas y religiosas. Pero esta participación en la política electoral de los artesanos de Talca no era de manera ingenua o clientelística, pues estaban plenamente consciente de que la elite oligárquica que gobernaba el país, solo pretendía utilizarlos electoralmente para dirimir sus pugnas por el poder, y es así que don Lucrecio lo expresó en El Artesano el día 26 de enero de 1867, respondiendo la pregunta de otro artesano sobre si debían o no participar en la política del país, expresando que:
“He aquí una pregunta que muchos artesanos, entre ellos nosotros mismos, nos inclinamos a contestar negativamente. La sola palabra política nos es odiosa (...), no por lo que ella es en sí, sino por los fines a que se le encamina, por el grado de prostitución en que yace. Comprendemos –prosigue– lo que debiera ser esta gran palabra en que deben estar cifradas las aspiraciones santas y generosas de los verdaderos y patriotas republicanos. Pero lo que es hoy día la política, es solamente una fuente de malas inspiraciones, de rastreras y miserables pasiones (...).Lo que vemos es que los políticos del día, cual más, cual menos, persiguen un fin particular, un objeto de interés propio, sin curarse para nada de lo ajeno.
Y el pueblo -siempre el pobre pueblo- es el que lleva el gasto de la fiesta para que goce el gran señor, para que tras el saludo y la sonrisa de hoy, se nos dé mañana un puntapié, una mirada de soberano desprecio; para que suba a los puestos públicos el hijo de don fulano, el pariente de don sutano, no importa que sea un tunante (...), mientras numerosos jóvenes honrados y competentes vegetan muchas veces en la miseria y el aislamiento, porque no tienen empeños de ricos, recomendaciones de un señor, que es el único medio que hoy prevalece sobre todos. Oh, ¡Por eso aborrecemos la política del día!” (Illanes, 1990:71).
Don Lucrecio terminaba su artículo, diciendo que solamente si se presentase algún diputado que “contemplara la mejor fórmula que procurara el bien de la clase obrera”, participarían en la
2 Silva, Graciano. (1878). “El ciudadano Larrecheda”. La Opinión, Talca, 23 de abril.
política electoral, pero de lo contrario, recomendaba abstenerse de participar. Sin embargo, esta negativa a participar en la política con fines clientelistas, no implicaba que los artesanos talquinos no valorasen la política, muy por el contrario, su opción por la democratización del país, los llevó al convencimiento de que debían aprovechar la vía electoral para alcanzar sus objetivos,
“porque vale más acercarnos a las urnas electorales a luchar pacíficamente por nuestras convicciones y nuestros principios, que apelar después al derecho de insurrección que si bien necesario en circunstancias supremas, trastorna y desequilibra siempre el edificio social antes de producir los beneficios de un nuevo orden de cosas”(Ibid., 72).
Es así entonces que en el año 1867, con motivo de la campaña electoral para diputados, la Sociedad de Artesanos de Talca elaboró un programa que fue presentado a todos los candidatos liberales de la provincia del Maule, para que se comprometiesen a trabajar en la cámara para su puesta en práctica cuando fuesen elegidos. Este programa incluía el estímulo al trabajo, la educación y bienestar de los trabajadores, e instaba a los artesanos a “no vender” su voto.
Para su objetivo de reforma religiosa, don Lucrecio, por medio de Ambrosio Larrecheda, logró traer a Talca al misionero evangélico Nathaniel Gilbert, con el objetivo que realizase un ciclo de conferencias evangelísticas. Actividad que se inició el día domingo 12 de enero del año 1868, extendiéndose por todo un mes, provocando gran escándalo en la ciudad, fruto de la firme oposición de la Iglesia Católica del Maule, la cual por medio de su periódico El Obrero Católico, daba a conocer su visión sobre este alarmante suceso:
“Un apóstol del error ha tenido la imprudencia de levantar su voz para enseñar públicamente una doctrina contraria a la doctrina pura y santa que solo enseña la Iglesia Católica. Dejando a un lado los respetos y consideraciones debidas a las creencias de la totalidad, no ha temido excitar su indignación, invitando públicamente para sus sermones y derramando con profusión biblias truncadas, libros prohibidos y cuadernos de falsa devoción. Semejante crimen solo era dado consumarlo a los que nada creen, a los que hacen de la religión un comercio, a los que se constituyen en apóstoles por asegurar pingües rentas y subvenir a las necesidades de la mujer e hijos que llevan…
No abrigamos ningún temor de que la palabra del ministro protestante logre en Talca engrosar las filas de los que viven obcecados en el error; podrá quizás conquistarse prosélitos entre los que habían ya abjurado su religión por el odio a la santa iglesia y por la saña empleada en un lenguaje torpe y cochino contra el sacerdocio católico. Puede ser que también llegue a medrar entre los incautos y sencillos que no alcanzan a descubrir los lazos de seducción a su fe; pero estéril sería la misión de aquel que solo llevará por preciosas conquistas a lo más abyecto y perdido de nuestro pueblo. El paniaguado que, tan tristes desengaños, hubiera tocado, no merecería bien de las fanáticas Sociedades Bíblicas, si solo pudiera presentar, como trofeos de su apostolado, unos cuantos imbéciles, seducidos con los halagos de la licencia y del desenfreno”3.
En cambio, para los artesanos la campaña evangelística del misionero protestante Nathaniel
3 1868: “Propaganda protestante en Talca”. El Obrero Católico, Talca, 16 de enero.
Gilbert, era un gran acontecimiento, de importancia nacional, por su aporte a la libertad de conciencia y contra la dominación clerical sobre los trabajadores. Se estima abriéndose paso a la verdad sustancial del cristianismo expresada en los evangelios; ligado ello a la libertad política; expresando don Lucrecio que “Sabido es que donde no hay buenos cristianos, tampoco hay buenos ciudadanos” (Illanes, 1990:73).
Fue tan grande la reacción de la Iglesia Católica Talquina, que generó un ambiente cargado de hostilidad tanto hacia la Sociedad de Artesanos, como a su presidente y el misionero Gilbert, llegando a efectuarse actos de violencia en contra de ellos, generando además una fuerte tensión al interior de la misma sociedad de artesanos; iniciándose en ella una crisis interna, lo que llevó a que don Lucrecio renunciara a su presidencia, quedando como secretario. No obstante, la polémica desatada a partir de la cuestión política electoral, afectó de tal manera el funcionamiento interno de la Sociedad de Artesanos, cuya ideologización atravesó su trabajo cotidiano, por lo que se sintió peligrar la unidad y sobrevivencia de la misma organización.
El nuevo presidente de la Sociedad de Artesanos, Martín Machicao, trató de revertir esta situación, abogando por la abstención en la disputa religiosa y política para salvar la asociación. Hizo ver a los artesanos que la participación tan activa que había tomado la asociación tanto en política como en religión “la desviaba del verdadero espíritu y del objeto que se había propuesto”, abogando para que la asociación se concentrara en socorrer y moralizar a la clase trabajadora y a “cultivar las artes”. Pero esta postura de neutralidad, en vez de solucionar la crisis, la radicalizó aún más; llevando a un quiebre definitivo, saliendo de la sociedad don Lucrecio y varios artesanos que mantenían su pensamiento igualitario de reformas sociales, política y religiosas; quedando el periódico El Artesano en manos de la sociedad, que trataba de reivindicarse ante la Iglesia Católica, publicando artículos pro católicos; y Arellano con los disidentes pasaron a escribir artículos en el periódico del Partido Radical La Democracia.
En el año 1869, fruto del trabajo evangelístico de Gilbert y Larrecheda, se formó la Iglesia Evangélica Chilena de Talca. Don Lucrecio Arellano fue nombrado laico responsable en caso de ausencia del pastor. La capilla evangélica estaba localizada en la calle 2 Sur N° 105. Don Lucrecio, en cuanto líder laico evangélico, mantuvo su trabajo dirigencial y de apoyo de los artesanos de Talca que lo seguían. Es así, que lo encontramos en el año 1875 formando parte de la directiva de la Sociedad Industrial, llamada también Directorio Industrial, institución que agrupaba a artesanos y empresarios industriales de todo Chile, preocupados por la protección de las manufacturas nacionales frente a la fuerte competencia de productos extranjeros, generando una verdadera campaña de presión sobre los políticos y el gobierno para que se decidiera por esta opción; esta campaña se extendió hasta el surgimiento de la Guerra del Pacífico en 1879.
Entre los años 1875 y 1876, don Lucrecio participó activamente en la campaña presidencial del candidato liberal y ex igualitario, Benjamín Vicuña Mackenna, acompañándolo hasta Santiago, siendo allí, donde Vicuña Mackenna le dio el título de “el Patriarca de Talca”. Cuando estalló la guerra del Pacífico, en 1879, don Lucrecio demostró su fuerte compromiso con su patria, al donar
al ejército chileno el corte de 800 uniformes para el batallón cívico; y ese mismo año colaboraba en el periódico obrero santiaguino El Taller, editado por Buenaventura Morán.
En el año 1878, con motivo del fallecimiento de Ambrosio Larrecheda, en el diario La Opinión de Talca, diez días después de su muerte se publicó un perfil biográfico de Larrecheda en donde se destacaba su vida pública entregada por completo a la causa de la dignidad de los obreros y trabajadores de Chile. Y en el mismo diario los días 24 y 25 de abril, se publicó íntegramente su testamento político dirigido a los artesanos de Chile redactado el año 1865, y entregado por el propio Larrecheda a la Sociedad de Artesanos de Talca en el año 1868, para que fuese publicado en el momento de su fallecimiento; en consideración de que la Sociedad de Artesanos de esa ciudad, era la que mejor reflejaba su programa de reformas sociales, políticas y religiosas, heredado de la Sociedad de la Igualdad, y siendo don Lucrecio quien mejor encarnaba sus ideales4
Los largos años de trabajo como sastre, dirigente artesanal y de la Iglesia Evangélica talquina, llevaron a don Lucrecio a enfermarse, perdiendo primero una pierna en el verano del año 1882, y finalmente en los primeros días de agosto del mismo año, le sobrevino una especie de ataque cerebral que lo llevó finalmente a su deceso el día 8 de agosto, dejando a sus dos hermanos ancianos que vivían con él, y mantenía con su trabajo, a vivir en la más sobrecogedora pobreza5.
Fallecía así un hombre de gran corazón, pobre en su condición económica, pero rico en sus obras a favor de los trabajadores de Chile, un digno representante de la clase obrera. El periódico de la Iglesia Presbiteriana de Valparaíso, La Alianza Evangélica, expresaba sobre este digno personaje de la historia del protestantismo chileno que “el país ha perdido uno de sus más dignos y distinguidos representantes; el país ha perdido uno de sus hijos más nobles y la Iglesia Evangélica uno de sus más queridos y fieles miembros”6.
Sin duda que el ciudadano talquino José Lucrecio Arellano, fue un personaje relevante en la historia de la ciudad, en virtud de su liderazgo en medio de los artesanos y de la naciente iglesia evangélica chilena; aunando en una sola visión integral, la reforma social, económica, política y religiosa, en beneficio de los sectores populares y de todo el país, por lo cual merece ser rescatado del olvido y destacarse en la memoria histórica de la ciudad, de los trabajadores y del protestantismo chileno, pues su vida, pensamientos y obras pueden dar luces para la acción social, política y religiosa del Chile del siglo XXI, donde los sectores sociales subalternos o minoritarios, desde su marginalidad pueden tener una participación activa en el espacio público nacional y local.
4 1878: “El ciudadano Larrecheda.” La Opinión, Talca, 23 de abril.
5 1882: “Don Lucrecio Arellano.” La Libertad. Talca, 9 de agosto.
6 1882: “Un digno representante de la clase obrera.” La Alianza Evangélica, Valparaíso, 1 de septiembre.

BREVES ANTECEDENTES DE LA INMIGRACIÓN RELIGIOSA
PROTESTANTE EN EL CONO SUR DEL ATLÁNTICO: SU RELACIÓN
CON LAS BASES Y PROYECTO DE CONSTITUCIÓN ARGENTINA, 1853
Waldo Pacheco
Pastor protestante (presbiteriano), ejerció como capellán del colegió “Emanuel”, Viña del Mar. Profesor área de historia Seminario Presbiteriano “José Manuel Ibáñez Guzmán”. Miembro de número e la Academia Religiosa de Valparaíso.
Lacuestión religiosa siempre ha estado presente en los proyectos constitucionales del período formativo de Argentina. Ante dicha realidad, la siguiente investigación se ha desarrollado tomando en cuenta lo generado por el tema en artículos de derecho constitucional argentino, y en función a ellos existió una estrecha relación de protestantismo con inmigración1. Dicha ligazón comenzaría más tempranamente en la zona territorial correspondiente a Buenos Aires donde a medida que pasa el tiempo se produjo la manifestación de diversos factores2 relacionados con las creencias protestantes, sobresaliendo por sobre los países de la región3 incluso previamente a la implementación de las Bases y Proyecto de Constitución de 1853. Desde dicha perspectiva, el desarrollo de nuestro tema no considera tratar sobre derecho constitucional o historia constitucional propiamente tal, ni menos una interpretación jurídica sobre las Bases y Proyecto de Constitución de 18534.
Por tanto, nuestro objetivo es conocer los resultados públicos en la implementación de un
1 Seiguer, Paula, Dossier. Protestantismo e inmigración en la Argentina, siglos XIX-XX., en historia politica. com/dossiers/protestantismo-e-inmigracion/ Visto el 12-11-18.
2 Argentina no estuvo exenta al nuevo fenómeno religioso protestante que se comenzaba a dar en toda Latinoamérica, pues cuatro serán los factores que se entrecruzan, los cuales son: políticos y económicos, sociales y demográficos, ideológicos y culturales, espirituales y religiosos, en: Deiros, Pablo, A., Historia del cristianismo en América Latina, (Texas, 2018), pp. 682-691.
3 La inmigración protestante tanto en Chile como en Perú fue muy por debajo que en Argentina, y una de las razones fue el hecho sobre la libertad religiosa. En Chile, solo para 1865, por el Congreso se hace una reinterpretación al Artículo 5°, de la Constitución de 1833, cuyo culto privado viene además solo a favorecer a extranjeros protestantes, no a los nacionales, es de una libertad religiosa precaria. En Perú, se omite en sus primeras constituciones del siglo XIX la libertad religiosa, solo se vino a consagrar en la Constitución de 1933, donde se reconoce la libertad de cultos. En Brasil solo en la Constitución Federal de 1891.
4 Desde ahora en adelante nos referiremos solo a Bases y Proyecto la cual se sancionó en Santa Fe como Constitución nacional para 1853. Buenos Aires se separó de la Confederación Argentina lo cual se prolongaría hasta 1861.
particular conjunto de leyes, temática que nos obliga a describir lo acontecido previamente, y desde allí pasar a lo por venir en función de las consecuencias que van dejando aquellas Bases y Proyecto desde que se oficializan en lo referente a los inmigrantes provenientes de países protestantes con resguardo constitucional en la Argentina. Para ilustrar todo el desarrollo de nuestro enfoque, hemos incluido comentarios públicos aparecidos en la prensa desde inicios de la segunda mitad del siglo XIX, y citamos investigaciones recientes en función a lo que a la vista del investigador moderno ha dejado la aplicación de aquel número determinado de artículos constitucionales directamente ligados, o del perfil que mostraba la inmigración en los espacios públicos por los antecedentes que muestran los libros de historia religiosa. Dichas citas, nos proveen la comprensión, a grandes rasgos dentro de las políticas públicas, del proceso migratorio que implicaba directamente a comunidades de fe protestante en medio de las primeras décadas de haberse puesto en marcha dicha apertura constitucional, a lo cual por otra parte, haremos un pequeño paralelo con Chile.
Propuesto nuestro objetivo con dicho marco general, hemos añadido un complemento adicional, pues por su ligazón contextual no se puede dejar de hacer especial mención a personajes transandinos que se radicaron por un tiempo en Chile, y que al estar vinculados directamente con nuestro tema a tratar, logramos una panorámica más completa en cuanto a la forma que se fue dando el devenir de nuestra historia constitucional religiosa disidente, ante lo cual, no debe de pasar inadvertida la ciudad puerto de Valparaíso, por haber sido también escenario de acción de estos personajes.
I. LEYES DE CONTENCIÓN A LAS IDEAS RELIGIOSAS FORÁNEAS.
Inicialmente, la catolicidad española que se asienta en los actuales espacios territoriales argentinos, para la Colonia llega acompañada por un corpus de leyes que regirán a una sociedad europea y a su Iglesia, cuya primera etapa de consolidación ya para 1620 “puede considerarse concluida”5 Pero a la vez, las potencias enemigas de España, dentro de lo bélico incluían razones religiosas, como eran los casos de Inglaterra y Holanda, potencias que disputaran las vías marítimas, lo que también se dará en toda la larga costa argentina, navíos hostiles, que entre otros, incluyeron capellanes, como en el de Francis Drake, o las flotas de Simon de Cordes, o los navíos al mando de Henry Brower, que transitan desde el Atlántico para pasar al Pacífico, traían una carga adicional, la religión disidente con sus marinos colonos.
Aquellas correrías navieras no católicas, en ocasiones por la vía fluvial, se internaran hasta Buenos Aires. Ejemplo de ello fueron los marinos holandeses, los cuales no solo ejercían el contrabando, pues parte de su afán era desembarcar en la costa con sus ideas religiosas calvinistas consideradas herejes, y muy de cuidado.
“La presencia de protestantes en Buenos Aires era tan temida como inevitable, en razón de su
5 Di Stefano, Roberto; Zanatta, Loris, Historia Iglesia Argentina (Desde la Conquista hasta fines del siglo XX), Buenos Aires, 2009, p. 53.
calidad de puerto y en virtud también de las características de la hegemonía marítima holandesa e inglesa, naciones que en el siglo XVI crearon una nueva política imperial basada en el control de los mares más que en la expansión territorial”6.
En consecuencia, ya en Buenos Aires, a pesar que se pedía la formación de un tribunal del Santo Oficio para 1713; una de las causas era el funcionamiento de un “asiento ingles de esclavos”. Una segunda instancia para aplicar medidas punitivas incluso a los incumplimientos de las responsabilidades religiosas católicas, o en el que se diera la posibilidad de una soterrada manifestación de propaganda protestante en medio de una celosa sociedad medieval católica, era que al brazo secular lo podía activar la propia autoridad eclesial, partiendo por un párroco, haciendo una petición para ello tanto al Alcalde, como al Gobernador. Así, pasa a ser “la justicia civil la que se encarga de juzgar y dictar sentencia en cuestiones de índole religiosa”7.
A pesar de lo ya indicado, presumimos que las imperativas exigencias con lo foráneo en cuanto al control de personas de religión no católica fueron mucho menos rígidas por este sector del Atlántico, y las autoridades tuvieron un trato más abierto con los navíos provenientes de países protestantes que lo sucedido en las costas del Pacifico hasta finalizar la Colonia e inclusive hasta la segunda década del primer siglo de la República. Pues, previamente a la implantación de la legislación constitucional de la que tratamos, la que pasaría a futuro a tomar autoridad suprema desde 1854, entendemos que dicho largo previo proceso por más de tres siglos y medio, fue menos traumático, y complejo que lo sucedido en Chile8.
II. NORMAS JURÍDICAS SOBRE EL PROTESTANTISMO, PREVIAS A LAS BASES Y PROYECTO DE 1853.
En los primeros años del siglo XIX en Buenos Aires, esencialmente por lo que genera el intercambio comercial, empuja la venida de un variado contingente de individualidades como comerciantes, inversionistas, industriales, artesanos, mineros, marinos, y educadores misioneros desde Inglaterra9, y se añade a ello, el dar asistencia espiritual por misioneros norteamericanos, dando paso a una tolerancia de los cultos religiosos disidentes en espacios habitados, lo que quedó establecido en dos tempranos hechos jurídico-religiosos. El primero, el 2 de febrero 1825, se firmó un Tratado de Amistad y Comercio entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y su Majestad Británica. En segundo lugar, el 12 de octubre de 1825 se promulga una ley de tolerancia de cultos
6 Ibid, p, 90.
7 Ibid, p. 93.
8 Un breve texto orientador, es, Lagos S, Humberto, Evangélicos y protestantes desde la colonia hasta 1925 (Santiago, 2009). Para un estudio a fondo, en: Toribio Medina, José, Historia del tribunal del santo oficio de la inquisición en Chile (Santiago, 1952).
9 Canclini, Arnoldo, Diego Thomson Apóstol de la enseñanza y distribución de la Biblia en América latina y España) (Argentina, 1987), pp. 27-51.
no católicos, pero circunscrita solo al territorio de la Provincia de Buenos Aires, que por ende es inicialmente un protestantismo circunscrito a una determinada zona urbana10.
a) Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las Provincias Unidas y la Ley de tolerancia o libertad de cultos en Buenos Aíres.
En un período republicano formativo, y aun no unificada territorialmente como conocemos hoy a la República Argentina, en lo referente a la estadía inicial de personas de religión protestante, el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica en su artículo 12°, indica:
“Los súbditos de S.M.B. residentes en las Provincias Unidas del Río de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión, más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas; celebrando el oficio divino, ya dentro de sus propias casas, o en sus propias y particulares iglesias o capillas, las que estarán facultadas para edificar y mantener en los sitios convenientes, que sean aprobados por el Gobierno de dichas Provincias Unidas: también será permitido enterrar a los súbditos de S.M.B..que murieren en los territorios de dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios que ´podrán del mismo modo libremente establecer y mantener”11.
Bajo este tratado se abre por primera vez el camino para que se establecieran las primeras iglesias de disidentes. Los profesores Di Stefano y Zanatta afirman que debido a la consecuencia del artículo 12° de 1825, ya arriba señalado, el gobierno de Buenos Aires “en octubre de ese mismo año, amplío los beneficios de la tolerancia a todos los cultos cristianos no católicos”12. Dicha Ley de libertad de cultos indicaba:
“Art 1. Es inviolable en el territorio de la Provincia el derecho que todo hombre tiene para culto a Dios todopoderoso según su conciencia. Art 2. El uso de la libertad religiosa, que se declara por el artículo anterior, queda sujeto a lo que prescriben la moral, el orden público y las leyes existentes en el país”13
b) Protestantismos en Buenos Aíres, bajo el Tratado de Amistad y Comercio, y Ley de libertad de cultos, previamente a las futuras Bases y Proyecto de 1853.
10 Para entender la restricción impuesta en cuanto a toda fe religiosa foránea, se debe de tener en cuenta que Buenos Aires no solo era la excepción, también era una Provincia más de las tantas que ya existían, y su territorio era muy menor a dichas provincias para 1825, en Argentina.
11 Argentina. Colección de tratados celebrados por la República de Argentina con las naciones extranjeras. Publicación oficial (Buenos Aires, 1884), citado en: Scharenberg, Martin, Pioneros presbiterianos: Una historia de las primeras misiones estadounidenses enviadas a la Argentina (1818-1858, (Buenos Aires, 2017), p. 9.
12 DI Stefano, Roberto; Zanatta. Loris, cit. ( n. 5), p. 223.
13 Angelis, Pedro de, Trelles, M., Recopilación de las leyes y decretos promulgados en Buenos Aires, desde el 25 de mayo de 1810, hasta fin de diciembre de 1835, con un índice general., citado en: Scharenberg, Martin, cit. ( n, 11 ), p, 32.
Una breve síntesis sobre la incipiente presencia protestante, circunscrita, como ya lo hemos arriba hecho presente, a un territorio limitado que data desde la invasión inglesa para 1806 y 1807, nos permite desde ya entender la significancia expansiva que tendrán más adelante en lo territorial quienes se pondrán a futuro bajo el alero de las Bases y Proyecto. Fue así, que súbditos ingleses de cuna anglicana se paseaban en las calles de Buenos Aíres para antes de 1820. El escritor argentino Arnaldo Canclini nos aporta un interesante dato al afirmar que dentro de “la labor de D. Thomson es la de haber efectuado la primera reunión de carácter protestante de que se tenga noticia en Buenos Aíres”14. En 1823 desembarcan desde USA los misioneros T. Parvin y J. C. Brighan, los cuales harán una labor espiritual por varios años en dicha ciudad-puerto entre extranjeros. Luego, en 1827 llega William Torrey, el cual daría comienzo a la predicación entre los propios argentinos, no sin inconvenientes15. Es interesante indicar como precedente a lo que a futuro pretenden las Bases y Proyecto, que para 1825, se ejecuta un proyecto de minería aprobado por las autoridades, el cual consistía en traer mineros, trabajadores especializados, siendo designado para dicha labor en Europa el agente B. Rivadavia. Este, en forma personal, intentaba impulsar no solo la explotación minera, también fue adicionado un proyecto inmigratorio16, donde la religión disidente era un factor de peso en consideración a tomar por las autoridades a cargo. Inicialmente llegaron dos barcos, uno con mineros galeses desde Inglaterra, y otro navío con mineros alemanes, estos últimos trabajarán solo por un tiempo corto en las minas en Famatina, emigrando a Chile una parte de ellos17.Tendrán que pasar varias décadas para que nuevamente lleguen en cantidad mineros de naciones protestantes a la Argentina; lo que es a Chile, en el desarrollo de la minería tanto durante la primera y segunda mitad del siglo XIX, incluyó constantemente en su fuerza laboral, mayormente administrativa, extranjeros, gran parte proveniente de naciones protestantes.
Por las gestiones de B. Rivadavia en Buenos Aires para 1825, no solo se “establece en Monte Grande una colonia de presbiterianos escoceses”18, y como indicio de la circulación de personas de cuna protestantes, ya años antes la Sociedad Bíblica Británica había comenzado a surtir de Biblias a la activa ciudad-puerto19. Con los años el aumento de protestantes alemanes se hace notorio, pues “en 1843 se fundó la Congregación Alemana de Buenos Aires”20, con membrecía de tradición mixta luterana y calvinista. También, en medio de dichos años, se había construido un templo anglicano para 183121, terreno que según Goslin fue donado por el gobierno de Buenos
14 Canclini, Arnaldo, cit. ( n. 9 ), p. 47.
15 Scharenberg, Martin, cit. (n.11), pp. 21, 43.
16 González, Justo; Cardoza, Julio, Historia General de las Misiones, (España, 2005), p. 235.
17 www.Bibliotecadigital.econ.uba.ar/download/tpos/1502 - 1079_BazanRE.pdf pp.79-82 Consultado 22/12/18.
18 Di Stefano, Roberto; Zanatta Loris, cit. (n. 5), p. 224.
19 Canclini, Arnoldo, cit. (n°9), pp.61-92.
20 Blank, Rodolfo, Teología y misión en América Latina (St. Louis, EE.UU.), p.169.
21 Deiros, Pablo Alberto, Historia del Cristianismo en América latina( El Paso, Texas, EE.UU), p. 625.
Aíres22. El flujo de extranjeros con los años seguía en aumento a dicha ciudad, lo cual fue causa de reunir también en un mismo lugar de culto a norteamericanos y europeos, pertenecientes en sus naciones de origen a la pluralidad del protestantismo, los cuales pasaron a conformar la primera Union Church en América Latina, como congregación para 183623; y la segunda de aquella línea en el continente fue la de Valparaíso, organizada oficialmente para 184724.
c) El Valparaíso “Protestante” del forjador, y del sostenedor de las Bases y Proyecto de 1853.
En ambos puertos, tanto en Buenos Aíres como en Valparaíso, entre el período de 1810 a 1825, inicialmente serán anglófonos, sin faltar alemanes, los extranjeros de mayor influencia económica y cultural. En dichos puertos se concentraron una diversidad de profesiones y oficios varios, y que a un porcentaje no menor los caracterizaba por ser sobrios, metódicos, disciplinados, pujantes, y en varios casos solventes.
Estos profesaban ideas políticas liberales, generaban un modelo de desarrollo económico estable y productivo, y crean un espacio de libertad de pensamiento con prensa incluida donde las comunidades disidentes ya tenían sus propios periódicos mercantiles25, replicando modelos de sus sociedades de ultramar. En este contexto que no dejaba indiferente a ningún europeo y sudamericano de paso, el dinámico puerto de Valparaíso acogerá también al grupo que fue el de mayor número de inmigrantes que llegaron a sus calles para el tiempo que tratamos, los provenientes de Argentina26. De ellos, tres grandes hombres de dicha nacionalidad no desestimaron las ideas que nacían de la activa vida mercantil de dicho puerto, y para esa época, dos de los cuales estarán muy estrechamente ligados a las Bases y Proyecto, quienes dieron un marco de orden y progreso a la construcción de la futura Argentina moderna.
A pesar que en Chile regía la conservadora Constitución de 1833, Valparaíso se diferenciaba al resto del país, de tal manera, que considerando lo inadecuada que era dicha constitución para los
22 Goslin, S, Tomas, Los Evangélicos en la América Latina (Buenos Aires, 1956), p. 33.
23 Sinclair, John, “Union Churches en América Latina”, en: Diccionario de Historia de la Iglesia. Nelson, Wilton ed. (Nashville, 1989) p. 1033.
24 Incluyo esta información ya que es evidente que tanto J. B. Alverdi, como D. F. Sarmiento en persona conocieron en Valparaíso a miembros de dicha congregación, en que también algunos de sus componentes se pronunciaron públicamente por la prensa a favor de la inmigración proveniente de países protestantes, incluso hicieron referencia a Buenos Aires en citas de diarios más abajo por nuestra parte citados en este trabajo. Pacheco, Waldo “Unión Church: hechos y legado por una comunidad evangélica reformada en Valparaíso del siglo XIX (1847-1883)”, en: Actas del Tercer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, Concha Contreras, María Inés, ed., Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Valparaíso, 2011), pp. 53-81.
25 El pastor de la Union Church, el Revdo., D. Trumbull fundo el periódico mercantil The Neibour, en Valparaíso.
26 Para el censo de 1854, en Chile residían un total de 11.551 ciudadanos argentinos, 1.934 ingleses, 1.822 alemanes, 680 americanos, entre otras nacionalidades, véase en: Santiago, El Mercurio, Valparaíso Chile, 3 de septiembre 1855.
disidentes extranjeros, un inmigrante escoses desde dicho puerto, colocándolo en contraste con las demás ciudades chilenas, afirmaba: “se puede probar que, si no en Valparaíso, a lo menos en otras partes de la república su práctica ha influido maléficamente en el carácter de los disidentes…”27. Ante esto, fue evidente que dicho ambiente de tolerancia religiosa –implícito el crecimiento económico– al que se refiere la nota, lo tomaran como ejemplo para la futura Argentina dichos estadistas transandinos, pues recalcamos nuevamente, que el aspecto religioso, que añadía una serie de otros elementos, estaba considerado, causando tal impacto, que habiendo ellos tomado en cuenta dicho valor, hasta el día de hoy aquello se comenta por uno de sus connacionales:
“Durante las décadas de 1840 y 1850 los futuros presidentes Domingo Sarmiento y Bartolomé Mitre; Juan Bautista Alberdi, entre otros, desde El Mercurio de Valparaíso proponen construir una república civilizada abierta al progreso, dotada de leyes e instituciones, y con un clima favorable a recibir inmigración y capitales.”28.
Tanto Juan Bautista Alberdi, como Domingo Faustino Sarmiento, los dos reunían una vasta cultura constitucional, ya pesar de sus diferencias políticas y personales, mantienen un conjunto variado de ideas afines a las cuales, a nuestro juicio, Valparaíso les aporto una inmensa variedad de información de orden teórico y práctico.
El abogado Alberdi, estando en Valparaíso29 para 1852, se dedicará a estudiar la Constitución política chilena de 1833, al llegar al plano económico afirmara que los gestores de la Constitución de 1833 “contrariaban mortalmente la necesidad capital de Chile, que es la de su población por inmigraciones de los hombres laboriosos y excelentes que ofrece la Europa protestante y disidente”30. También, se abocó al estudio de la Carta fundamental de la Norteamérica “protestante”; esta última se verá en gran parte reflejada en la elaboración final de Bases y Proyecto de 1853. En lo segundo, para aquel mismo año de 1852, terminada en dicho puerto Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, es capaz de ir “proyectando con implacable realismo la conducta a seguir oficialmente para encauzar al país por la senda de la civilización y del progreso material…”31, donde entre otros afirma que a los inmigrantes, el
27 Williamson, Esteven, Literatura Contemporánea de Chile, en: Folletin, El Mercurio, Valparaíso Chile, 16 enero 1857.
28 Santiváñez Vieyra, Hermán, El Exilio argentino y El Mercurio de Valparaíso, en: El Mercurio de Valparaíso, Edición Aniversario 190 años, 1827-2017, La Fuerza de los inmigrantes, Valparaíso, 10 de septiembre 2017, p. 26.
29 Laborde, Francisco, “Juan Bautista Alberdi. Estudio Crítico” Digibis, fecha de edición digital 2014. www. larramendi.es/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1000613, consultado 01/10/18
30 Alberdi, Juan Bautista, Argentina 1852. Bases y Puntos de partida para la Organización Política de la República Argentina, p.39, véase en: https://books.geogle.cl/books?id=8etQeHiOJ1lC&lpg=PA39&dq=hom bres+laboriosos+y+excelentesque+ofrece+la+Europa+protestante .&source=bl&ots=FG-z-Mdt, consultado 05/10/18.
31 Sanguinetti, Horacio, Alberdi: Revisión Crítica, p.7. https://www.ancmyp.org.ar/user/files/09-Sanguinetti. pdf, consultado 20/11/18.
“traerlos sin su culto es traerlos sin el agente que les hace hacer lo que son”32, evidenciando además el factor social y demográfico al llevar a cabo su lema “gobernar es poblar”33,y “la libertad religiosa es un medio de poblar”34. En tercer lugar, le causaba un interés personal la práctica de vida industriosa del ciudadano norteamericano protestante, que ante aquello vino también a ser biógrafo de uno de los más renombrados en la historia económica e industrial de este lado del cono sur de América, quien no solo fue un vecino comprometido en los adelantos en este puerto, fue también miembro fundador de la Union Church de Valparaíso, destacando por grandes obras de adelanto35; nos referimos a Mrs. Williams Wheelwright.
En referencia al político y educador F. Sarmiento que nos interesa destacar para nuestro tema, ya fuese por su paso por Valparaíso, como por el conocimiento adquirido en sus constantes viajes a Europa desde 1845 a 1847, inferimos que le permitieron aplicar, en unos años más, una serie de políticas para los inmigrantes en su país, pues ya se había familiarizado con los resultados que produce formarse en la ciudad de puerto libre de Valparaíso36, y ya radicado en Argentina se aplicaría a alabar la libertad de comercio, sin dejar de denunciar por la prensa las ideas conservadoras que interferían en el espíritu de las mismas Bases y Proyecto de la Constitución de 1853, que al menoscabar a los inmigrantes ya establecidos y/o por llegar, fue contrario a discriminar por asunto de religión; a pesar de que tuvieran estos inmigrantes una diferente acta de bautismo:
“Aquí, la más absoluta libertad de comercio. La legislación comercial de Buenos Aíres…, es en liberalidad la más adelantada del mundo. Ella deja a tras a Chile, a Inglaterra, a Estados Unidos. Los ríos del Estado están abiertos a todos los buques del mundo… La inmigración europea es de 1000 hombres cada mes. En este año [1856] de la estadística 11.000 inmigrantes tres veces o cuatro de la cifra de inmigración en Chile, costeada ahí por el Estado, y aquí sin un peso de gasto al tesoro […]
Somos nosotros los que aquí, como en Chile, combatimos ese exclusivismo estrecho que pide al hombre su fe de bautismo para reconocerle el derecho de morir por la libertad de un pueblo, o de sacrificarle al menos la tranquilidad de su vida. Esto les demostrará de qué lado está el sentimiento y la conciencia de la nacionalidad, y en cuál bando se forman las estrechas y mezquinas aspiraciones del provincialismo…”37.
32 Alberdi, Juan Bautista, Argentina. Bases y puntos de partida para la Organización Política de la República Argentina, p. 70, véase en:http://bookgeogle.cl/books?id=8etQeHiOJ1lC&pg=PA70&lpg=PA70&dq=trae rlos+sin+su+cultoes+traerlos, consultado 28/11/18.
33 Alberdi, Juan Bautista, Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina, pp. 5-11, véase en: www.hacer.org/pdf/Basespdf, consultado 10/12/18
34 Alberdi, Juan Bautista, Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina (Buenos Aires, 1974), citado por Deiros, Pablo A., cit. (n° 21), p. 685.
35 Iglesias, Julio, H., Wheelwright. Voluntario de la civilización, (Santiago, 1947).
36 Véase las observaciones hechas por Sarmiento al funcionamiento del comercio de Valparaíso, en: Santiago, El Mercurio, Valparaíso, Chile, 21 diciembre, 1855.
37 Folletín, en: El Mercurio, Valparaíso, Chile, 5 de febrero 1857.
Sarmiento mostrará una predisposición manifiesta en contra de la herencia cultural de la religiosidad medieval, por considerar que era un atraso38, no así a las consecuencias que dejarían al ser aplicadas las Bases y Proyecto, entre otros, en cuanto a la libertad religiosa.
En una primera instancia en su viaje desde Chile a Norteamérica, para 1847, y ya estando Sarmiento con responsabilidades de Estado en Argentina, viaja a la nación del norte para 18651868, que según algunos posiblemente le fue dado en Valparaíso el nombre de Mrs. Horace Mann, habiendo hecho los contactos con el ya nombrado educador, se dedicó a visitar y conocer todo lo que involucraba el espíritu religioso, político, y educacional39 que practicaban desde las ciudades fundadas en Nueva Inglaterra, y organizadas principalmente por los puritanos ingleses, escoceses e irlandeses llegados desde Europa.
El énfasis asumido por estos estadistas en función a la perspectiva de enfoque que trata nuestro tema, posesionan a Buenos Aires a llevar la delantera ante las demás Provincias Unidas, pues resultaba ser uno de los lugares más convenientes de destino, incluso para los protestantes que querían salir de Chile por mayor libertad y posibilidades de crecimiento, al indicarse a modo de consejo desde la bahía de Valparaíso, que: “si alguno de mis pobres compatriotas [escoceses protestantes] me preguntasen a donde sería conveniente emigrar, les diría que a Australia, al Canadá o a Buenos Aires; donde se brinda completa libertad”40.
III. LAS BASES Y PROYECTO EN SUS ALCANCES RELIGIOSOS EN ARGENTINA.
Religión, política, desarrollo, proyecto cultural iban finalmente unidas, e inmigración era sinónimo, como ya lo indicamos, de extranjeros calificados e industriosos como les llamaban, o en su generalidad colonos agrupados en diversas comunidades, que para nuestro caso son mayormente los de fe protestante. La mayor cantidad llegada de dicho tipo de extranjeros, a juicio de Paula Seugur, es entre 1869 a 193041, previamente se comienza a implantar una política de acogida, aportando a ello la unificación política de las Provincias del Rio de la Plata42, viniendo a favorecer la colonización con la llegada de una diversidad de mano de obra. Para 1865, se especulaba que ingresaría una gran cantidad, pues “se espera que unos 130 mil inmigrantes se
38 Parte de dicho pensamiento es expresados en una forma pintoresca en dos libros compuesto por Sarmiento, teniendo como títulos Facundo, y Recuerdos de Provincia.
39 Entre 1869 y 1898, Sarmiento alcanzó a traer 65 docentes a la Argentina, de las cuales 60 educadoras eran de religión protestantes, en:https://es.scribd.com/document/365661481/La-Historia-de-Las-MaestrasNorteamericanas-Que-Trajo-Sarmiento, p.2. consultado 12/01/19
40 Willianson, Esteven, cit. (n° 27).
41 Seigeur, Paula, “Los inicios de un debate: el lugar del protestantismo histórico en la Argentina”, Revista Iberoamericana, ix, 34, 2009, p.163.
42 Véase un artículo que habla sobre las políticas de inmigración que tomara Argentina, en: “Inmigración”, El Mercurio, Valparaíso, Chile, 22 diciembre 1855.
establezcan en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe…”43, lo cual jamás fue así, y menos en el caso de Chile, donde en esta última nación, en medio del debate religioso y político, a pesar de que algunas voces deseaban tal perfil de contingente humano44. Pero la imposibilidad de dicha entrada se producía por impedimentos de carácter religioso al no desearse colonos protestantes45, ante una eventual llegada masiva de estos46.
a) El cambio de fisonomía producto de la inmigración apoyado por las leyes que favorecen la expansión de la religión.
Haciendo en su libro, una consecución resumida de acontecimientos entre un período anterior y al que viene a tratarse, Di Stefano y Zanatta, ponen en perspectiva para el lector las consecuencias que dejan la aplicación de las políticas migratorias en dichos años, al indicar:
“Contemporáneamente se acelera un fenómeno que hemos visto delinearse en el período anterior [1830-1865] y que incide significativamente en la configuración social y religiosa de la Argentina: la inmigración extranjera. Si la misma inmigración católica constituye un elemento de cambio, por la introducción en Argentina de otras sensibilidades y tradiciones religiosas y devocionales, mucho mayor es el impacto de los contingentes de confesiones protestantes que a partir de Caseros llegan al Río de la Plata cada vez con mayor consistencia numérica, auspiciados por una política estatal favorable. Alberdi, como se sabe, otorga gran importancia a la fe religiosa de los individuos que han de protagonizar el proceso de poblamiento, considerado elemento central en la construcción de la Argentina moderna…[Para Alberdi] la idea –que hoy llamaríamos weberiana– es que la fe protestante está en el origen del progreso económico del norte de Europa y que la radicación en la Argentina de inmigrantes provenientes de esos países permitirá eliminar lo que Rivadavia, en 1818, denominaba las funesta “habitudes españolas”. En otras palabras, reproducir en aquel rincón de la América del Sur el modelo de desarrollo nord-europeo, sustituir el rancho criollo por los primorosos hogares protestantes que tanto agradaban a Sarmiento”47
Dichas políticas migratorias que alcanzaron a franceses, italianos, y españoles, y que de un modo explícito favorecieron también, por iniciativa estatal al creyente protestante al amparo de las Bases y Proyecto, pues estos últimos fueron vistos como sinónimo de progreso48
43 Afirmación que aparece en el Diario del Ferrocarril, de Santiago, a lo cual se comenta por Esteven Willianson, en: La Patria, Valparaíso, Chile, 24 junio de 1865.
44 Copiamos a continuación un corto extracto de una publicación de carácter crítico con respecto a las razones de la necesidad de inmigración y quienes la detienen, su valor para Chile: “Mucho tiempo hace que las necesidades materiales del país reclaman urgentemente que se traiga hacia nosotros la inmigración extranjera; industria, minería, agricultura, todas nuestras fuentes de riqueza se resienten de la carencia de brazos…, nuestro ilustrado gobierno permanece inactivo…” Véase “Inmigración-educación”, en: La Patria, Valparaíso, Chile, 17 marzo de 1857.
45 Collier, Simon, La construcción de una república 1830-1865. Política e ideas (Santiago, 2005) pp.162-165.
46 Véase “Inmigración”, en: El Mercurio de Valparaíso, 1 septiembre de 1860.
47 Di Stefano, Roberto; Zanatta, Loris, cit. (n. 5), pp. 280-281.
48 Bastián, Jean-Pierre, Protestantismos y modernidad latinoamericana (México, 1994), pp. 86-87.
b) El influjo de la libertad religiosa, y sus consecuencias a partir de las Bases y Proyecto
Dada ya la unificación definitiva de las provincias argentinas, los inmigrantes ahora llegaban a “Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Chubut, y la capital federal”49. Así, con el correr de los años, a pesar que en comparación a la población argentina fue mínima dicha inmigración, pero a nuestro entender, dicha cantidad mínima no sería superada por la acogida de ninguna otra ciudad puerto bajo la latitud sur, ya que:
“El aspecto de Buenos Aires ofrece mayores atractivos a un extranjero que el de Valparaíso; los edificios de este no pueden compararse con las sólidas y elegantes construcciones que se ven aquí. Me sorprende ver el gran número de extranjeros que hay en este pueblo, comparado con los naturales del país. Se nota una gran diferencia entre este pueblo y Valparaíso. Hay aquí más movimiento, el elemento extranjero predomina muy notablemente, y en su consecuencia, sus recursos se desarrollaran con más rapidez que en Chile. Durante los seis primeros de 1862, llegaron a este país de diez a doce mil inmigrantes, y me dicen que se exportaron 70.000 grandes pacas de lana, cuyo valor supongo no será menos de ocho y medio millones de pesos. No es verosímil que la corriente de la inmigración se dirija a Chile, mientras no se les ofrezca la tolerancia religiosa porque ¿Quién desearía establecerse en un país donde el gobierno puede cerrar el día que se le antoje las iglesias protestantes, y hacer de este modo muy desagradable la residencia en el país? Aquí se permite a los extranjeros la más completa libertad religiosa, y pueden adorar a Dios como gusten”50
c) La consolidación definitiva de los protestantismos que irán llegando bajo el amparo de las Bases y Proyecto.
Gran parte de las Bases y Proyecto aportadas por Alberdi, y con el tiempo llevadas a cabo por Sarmiento, pasaron a ser una extensión para las Constituciones argentinas por venir, y por ende, lo religioso cristiano no católico no solamente quedaba resguardado, también consagraba su expansión en el territorio no solo a los ámbitos rurales, o a lo largo del litoral atlántico. Un testimonio particular de aquello, se puede verificar, por ejemplo, en una historia publicada sobre la inmigración protestante holandesa en la Argentina51
Un resumen de lo que fue la llegada migratoria en lo religioso y su establecimiento, estando presentes los factores a los cuales nos referimos en el primer párrafo del inicio de este trabajo, pero resumidos a modo de claves históricas nos las entrega el libro titulado “Las Iglesias del Trasplante. Protestantismo de Inmigración en la Argentina”52. Dicho texto nos ilustra a su haber con censos, varios mapas, en cuyas zonas se encuentran provincias, incluidos cuadros estadísticos
49 Ibid, p.85.
50 “Inmigración”, La Patria, Valparaíso, Chile, 24 de junio 1865.
51 Oberman, Gerardo C., Antiquum peractum sit: La historia de la inmigración holandesa en la Argentina y los orígenes del movimiento reformado (1888-1910), (Argentina, 1993).
52 Villalpando Waldo Luis, Las Iglesias del Trasplante. Protestantismo de inmigración en la Argentina, Ed. (Argentina, 1970).
sobre confesionalidad53, y las fases de penetración al interior54 en lo que a futuro fue sucediendo a consecuencia de las Bases y Proyecto de 1853. De este modo, en una mirada de conjunto muy bien resumida, Villalpando clasifica: desde 1806 a 1852, iglesia de residentes, desde 1852 a 1899, consolidación de la iglesia migratoria. De 1880 al 1930 irrumpe la iglesia misionera, y las de carácter disidentes, mayormente norteamericanas. Y, el último espacio se define como la iglesia residual, presente entre 1930 y 197055
Teniendo muy en cuenta las Bases y Proyecto de 1853, principios de fundamento constitucional que se van repitiendo hasta el día de hoy en la presente Constitución que rige a la Argentina, y que en su momento para poblar las grandes extensiones territoriales, las autoridades estuvieron “privilegiando la inmigración de los pueblos industriosos de las naciones protestantes”56. Dicha afirmación calza entre el período de la iglesia migratoria, rango resumido de los años vistos ya en el párrafo anterior, rango que por lo demás ha concentrado mayormente nuestro trabajo. Todo aquello no solo se dio a la luz de los decretos constitucionales, pues en su justo contexto también se incluye la presencia del liberalismo dentro de grandes debates, dando cuenta de un espectro mucho mayor en lo político, y que para cerrar esta comunicación, Paula Seigeur lo resume, así: “se planteaba el sentido de las fórmulas constitucionales que garantizaban la libertad de culto, y la relación de la Iglesia Católica y el Estado”57.
CONCLUSIÓN.
Nuestra investigación está en sintonía con el interés despertado en estos últimos años por los estudios sobre los fenómenos religiosos de minorías como los protestantismos, tanto por historiadores, como por cientistas sociales transandinos.
El nacimiento del Estado Argentino estuvo relacionado con la cuestión religiosa desde sus inicios, pues no solo es evidente una relación entre historia religiosa de distintas confesiones de fe protestantes en ciertos puntos de historia constitucional argentina antes y especialmente después de 1853, e incluso la relación de dos puertos como lo fueron Valparaíso y Buenos Aires, sino que además se generó una relación muy abierta de representantes de tradición liberal, personajes públicos, con la religiosidad protestante, que fue mucho más allá que simpatizar con ellos, al ir construyendo una nación moderna, lo cual no se pudo dar a ese grado en Chile.
Argentina toma la delantera en la inmigración pues a consecuencia de las Bases y Proyecto que heredan las Constituciones que vendrán, no solo se les facilita el ingreso, sino que en compara-
53 Ibid. pp. 35-54; 99-159.
54 Ibid. pp. 77-97
55 Ibid, pp.177-199.
56 Di Estefano, Roberto, Zanatta, Loris, cit. (n. 5 ), p 353.
57 Seiguer, Paula, El protestantismo histórico en la Argentina 1870-1930:perspectivas historiográficas, p. 106, en: www.diversidadcultural.net/articulos/nro001/01-06-seiguer-paula.pdf, consultado 13/02/19.
ción a los países vecinos, era más conveniente a todos quienes desean inmigrar desde ultramar, podían iniciar el viaje confiados en la respuesta de la pregunta: ¿hay culto libre en el país donde nos radicaremos? Ante la respuesta de que si lo había en Argentina, considerando todo lo que encerraba esa respuesta, a la larga vino a significar progreso para dicho país, también representaba para la historia religiosa de la religión protestante una oportunidad más en su expansión e historia, pasando Argentina a ser la primera nación en los países de alrededor del Cono Sur de América en brindar y consagrar la libertad religiosa habiendo superado en el tiempo a Perú y a Chile.

REFORMAS AL DERECHO CANÓNICO PROPUESTAS POR LOS OBISPOS ESPAÑOLES Y LATINOAMERICANOS AL INICIO DEL PROCESO DE CODIFICACIÓN DEL DERECHO CANÓNICO DE 1917, INSPIRADAS EN REALIDADES ECLESIALES LOCALES*
Carlos Salinas Araneda
Doctor en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en derecho canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomas in Urbe, Angelicum, de Roma.
El 4 de agosto de 1903, durante el cónclave celebrado tras el fallecimiento del León XIII (1878-1903), fue elegido para sucederle el cardenal patriarca de Venecia, Giuseppe Melchiore Sarto, quien asumió el nombre de Pío X (1903-1914)1. El nuevo pontífice no era un jurista, pero a lo largo de su vida pastoral pudo advertir, por un lado, la importancia del derecho canónico para el gobierno de la Iglesia y, por otra, el lamentable estable estado que presentaba el derecho canónico vigente, recogido sustancialmente en el Corpus Iuris Canonici, una colección de libros canónicos iniciada en 1140 con el Decreto del maestro Graciano, complementada por una abultada colección de textos que recogían el derecho extravagante al Corpus, y una amplia literatura dedicada a comentar e interpretar dichos textos, todo lo cual hacía muy difícil el estudio, la comprensión y la aplicación del derecho de la Iglesia, dificultad que había sido puesta de relieve durante el Concilio Vaticano I (1869-1870)2. No es de extrañar, en consecuencia, que una decisión suya al inicio del pontificado diera inicio a la ingente tarea de sustituir el viejo Corpus Iuris Canonici por un nuevo texto que fijara el derecho de la Iglesia según el nuevo modo de fijar el derecho desarrollado en los derechos estatales al amparo de la codificación ius-racionalista, un moderno Codex Iuris Canonici.
Los trabajos oficiales de codificación, se iniciaron el 19 de marzo de 1904 mediante el motu
* Este artículo forma parte del proyecto Fondecyt regular 1160298 del que el autor de investigador responsable.
1 La más actual y completa biografía es la de Romanato, Gianpaolo, Pio X. Alleoriggini del cattolicesimocontemporaneo (Torino, Lindau, 2014). También puede verse La Bella, Gianni (a cura di), Pio X e ilsuo tempo (Bologna, IlMulino, 2003).
2 Un postulatum de los obispos napolitanos decía: “la colección concreta de nuestros cánones sería tan pesada, que un camello tendría dificultades para transportarla. De donde se sigue que, sobre muchos puntos, se pueden sostener muy bien el pro y el contra, y textos se citan y textos se objetan, decisiones y sentencias en cualquier sentido, con lo que jamás las controversias pueden ser dirimidas. Esto no es digno de la Iglesia que debe volver a ser lo que era antaño: un modelo y una luz para los otros legisladores”. Mansi, J. D., Sacrorum conciliorum nova et amplissima collectio, Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani, 53, col. 552-553.
proprio“Arduum sane munus” quefue publicado bajo un título decidor: “De Ecclesiaelegibus in unumredigendis”, esto es, acerca de la unificación de las leyes de la Iglesia3. En él, el romano pontífice, además de las decisiones pertinentes, manifestaba su deseo que todo el episcopado, conformándose a las reglas que serían dadas en tiempo oportuno, colaboraran y concurrieran a esta obra tan importante.
Esta consulta al episcopado mundial se articuló en dos momentos: el primero, al inicio de las labores de codificación, fue llevada a la práctica mediante la circular Pergratummihi, de la Secretaría de Estado, de fecha 25 de marzo de 1904, enviada a todos los metropolitanos de la Iglesia latina4, en la que se disponía que los arzobispos, después de haber oído a sus sufragáneos y otros ordinarios que debían estar presente en el concilio provincial, debían hacer llegar a la Santa Sede, dentro de los cuatro meses siguientes, en pocas palabras, las principales modificaciones y correcciones que debían hacerse al derecho canónico en vigor. Como se indicaba en la misma circular, era deseo formal del papa ver a todo el episcopado concurrir y tomar parte activa en un asunto que interesaba en grado máximo el bien y utilidad de toda la Iglesia católica5. Esta primera consulta dio origen a los postulata episcoporum, las peticiones de los obispos, que empezaron a llegar a Roma provenientes de diversas partes del mundo. El segundo momento se produjo cuando empezaron a estar redactados los proyectos de los cinco libros que compondrían el futuro Codex que fueron enviados a los obispos requiriendo sus observaciones6. Esta segunda consulta dio origen a las animadversiones episcoporum, las observaciones de los obispos. De estos dos momentos, ahora me interesa el primero.
Tanto los obispos españoles como latinoamericanos fueron consultados, y sus respuestas pronto empezaron a arribar a Roma. En todas ellas, los diversos episcopados presentaron al romano pontífice las propuestas de reforma al derecho canónico vigente que les parecían necesarias, algunas de las cuales tenían su origen en las realidades locales a las que cotidianamente se veían enfrentados, las que suscitaban en ellos la necesidad de regularlas de una manera diversa a la que sostenía el derecho vigente. Este tipo de propuestas se encuentran en los postulata de los metropolitanos españoles, de los arzobispos de Burgos y Tarragona, ambos arzobispados españoles, y en los de los arzobispos
3 Acta Sanctae Sedis, 36 (1903-1904), pp. 549-551.
4 Ibíd., pp. 603-604.
5 Se solicitó la colaboración del episcopado para que los consultores, con frecuencia hombres más bien teóricos, fuesen iluminados por las condiciones de vida particular en los diferentes países; la consulta era necesaria para asegurar que el nuevo código tuviese un carácter eminentemente práctico y para que, gracias a las sugerencias de los obispos, se eliminasen todas las imperfecciones del derecho vigente, introduciéndole al mismo tiempo las reformas necesarias. Vetulani, A., Codex Juris Canonici, en Dictionnaire de Droit Canonique (Paris, 1942), III, col. 920.
6 Por medio de una carta circular firmada por el cardenal Pedro Gasparri, presidente de la comisión codificadora, fechada el 20 de marzo de 1912, se envió a los obispos y a los superiores generales de las órdenes religiosas el proyecto de Libro I, Normae generales, y del Libro II, De personis, contenidos ambos en un solo volumen.Un año después, el 1 de abril de 1913, se envió el Libro III, De rebus, anunciándose el envío del Libro IV, De delictis et poenis, y del Libro V, De iudicis ecclesiasticis, que les serían transmitidos, respectivamente, el 1 de julio de 1913 y el 15 de noviembre de 1914.
de Santiago de Chile, Lima y de los obispos chilenos de San Carlos de Ancud y de Concepción, propuestas que analizo a continuación.
I. SÍNODO DIOCESANO: AMPLIACIÓN DE PLAZOS PARA SU CELEBRACIÓN
Era obispo de San Carlos de Ancud don Ramón Ángel Jara, quien, sin perjuicio de haber hecho suyas las propuestas del arzobispo de Santiago de Chile, envió unas proposiciones separadas7, en una de las cuales pretendía ampliar el tiempo dentro del cual debía de celebrarse en las diócesis de América el sínodo diocesano, pues consideraba que las disposiciones contenidas al respecto en el Concilio Plenario Latinoamericano no alcanzaban a subsanar las dificultades para que ellos tuviesen lugar con la frecuencia establecida8.
Un concepto moderno de sínodo diocesano9 lo define como una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una iglesia particular, que prestan ayuda al obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana. Se trata de una antigua institución en la Iglesia que durante mucho tiempo reunió dos veces al año al obispo con su clero y fieles con el fin de promulgar, al interior de la diócesis, los decretos emitidos por el conjunto de obispos de una provincia eclesiástica reunidos en concilio provincial también dos veces al año. Como esta disciplina entrara en decadencia, el IV Concilio Lateranense (1215) celebrado bajo el pontificado de Inocencio III (1198-1216), dispuso la celebración anual de sínodos diocesanos para velar por la disciplina eclesiástica (can. 6). Esta fue la disciplina que permaneció en el tiempo, que fue reiterada por el Concilio de Trento (1545-1563)10 y que estaba vigente cuando el obispo de Ancud emitió su parecer solicitando una ampliación del plazo.
La experiencia del gobierno pastoral a la que hacía referencia al iniciar sus sugerencias11, le había mostrado la dificultad con que debía enfrentar una tal obligación, especialmente en una iglesia
7 Su texto en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scat. 96. Sobre este texto véase Salinas Araneda, Carlos, El primer aporte de los obispos chilenos a la codificación del derecho canónico de 1917: los postulata del obispo de Ancud, Ramón Ángel Jara, en Boletín de la Academia Chilena de la Historia, 117 (2008), pp. 161-189.
8 Concilio Plenario de la América Latina: “n. 286. Procuren los obispos con empeño vencer las dificultades que se opongan a la frecuente celebración de los sínodos […] Por lo demás, estas dificultades no son por cierto mayores que los impedimentos que se atraviesan en los países de misión, y con todo la Sede Apostólica varias veces ha creído debe urgir para la celebración, aún en ellos, de las reuniones sinodales […]”. “n. 287. No asusten al obispo las necesidades de los fieles que tienen escaso número de sacerdotes; porque en este caso, obteniendo indulto Apostólico, «el obispo podrá llamar al sínodo cada vez a la mitad de los curas, o los que en conciencia juzgue que debe llamar». Pero si, por dificultades insuperables, no pueden celebrar sínodos diocesanos en toda forma, procuren los obispos, al menos cada dos años, convocar una junta de los párrocos y sacerdotes más eminentes por su doctrina y prudencia, en que se traten y decreten con autoridad del obispo, todas aquellas cosas que en conciencia parecieren convenir para el bien de la Iglesia y el gobierno del pueblo cristiano”.
9 Código de Derecho Canónico [1983], can. 460.
10 Conc. Trid., sess. 24 c. 2 de ref.
11 “Séame no obstante permitido llamar la atención de V. S. I. y R. ya que bondadosamente se digna invitarme a
particular como la de Ancud, en la que las comunicaciones no eran fáciles. Se trataba, empero, de una dificultad generalizada, pues, como reconocía Justo Donoso12 “sensible es en extremo que, en América, donde son tanto más graves las necesidades espirituales, y tanto más necesaria, por diferentes causas, la frecuente celebración de sínodos diocesanas, se haya hecho tan poco caso de este punto tan importante de la disciplina eclesiástica, que son raros los obispos que las hayan convocado una vez en su vida”.
Problema que también se había presentado en la América indiana, no obstante las recomendaciones legales emitidas por los monarcas13. Con todo, Donoso14 se hacía cargo de las dificultades que había en tierras americanas para llevar a cabal cumplimiento la obligación tridentina de convocar anualmente sínodo diocesano, “ya por lo muy dilatado de sus territorios, ya por lo fragoso y pésimo de sus caminos, y los ríos caudalosos que los cruzan, ya en fin por la general escasez de clero que hace tan difícil encontrar eclesiásticos que subroguen las ausencias de los párrocos”, dificultades todas estas que “pueden dispensar hasta cierto punto en la observancia del precepto del Tridentino”. Sin embargo, y no obstante dichas dificultades reales, este autor no podía entender y, por ende, no podía disculpar “ni aún con apariencia de justicia, a los obispos que durante todo el período de su gobierno, tal vez muy largo, no reúnen una sola vez el concilio diocesano, ni tampoco a los que presidiendo diócesis, en las que quizá hoy no existe la gravedad de esos inconvenientes, difieren por muchos años, sin suficiente causa, el cumplimiento de tan sagrado deber”15.
El tema planteado por el obispo de Ancud constituía un problema no solo en su diócesis, sino que era compartido por los otros obispos chilenos quienes en el informe enviado por el arzobispo
Casanova a Roma16 habían pedido que se entregase al concilio provincial la potestad de establecer el espacio de tiempo dentro del cual se había de celebrar el sínodo diocesano. Era preocupación compartida también por otros episcopados algunos de los cuales pedían, en general, una menor
ello al final de la nota que contesto, hacia los siguientes puntos cuya reforma me atrevería indicar, apoyado en la experiencia del gobierno pastoral”.
12 Donoso, Justo, Instituciones de derecho canónico americano (Valparaíso, Imprenta y Librería del Mercurio, 1848), I, p. 34.
13 Rec. Ind. 1, 8, 3: “Rogamos y encargamos a los obispos de nuestras Indias, que cumpliendo con lo dispuesto por el Santo Concilio de Trento, convoquen y junten en cada un año, concilios sinodales en sus iglesias, disponiendo las materias de su obligación, de forma que se consiga el servicio de Dios Nuestro Señor, y bien de sus súbditos. Y mandamos a nuestros virreyes, presidentes, audiencias y gobernadores, que escriban todos los años a los prelados de sus distritos, haciéndoles particular memoria de lo referido, para que por todas partes tenga efecto lo que tanto importa”.
14 Donoso, Justo, cit. (n. 12), I, p. 36.
15 Ramón Ángel Jara celebró en 1907 el tercer sínodo de Ancud, cuya preparación inició, precisamente, al año siguiente de haber respondido la circular de la Santa Sede.
16 El original en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scatola 96. Sobre este texto, Salinas Araneda, Carlos, El primer aporte de los obispos chilenos a la codificación del derecho canónico de 1917: los postulata episcoporum, en Revista de Estudios Histórico Jurídicos, 30 (Valparaíso, 2008), pp. 317-342.
frecuencia entre ellos sin sugerir plazos17, o señalaban tiempos concretos para su celebración, los que variaban desde cada dos o tres años18, cada tres años19, cada cinco años20, hasta cada diez años21.
El código finalmente aprobado se hizo eco de estas inquietudes, variando en no poca medida la disciplina vigente cuando en el canon 356 § 1 dispuso que en todas las diócesis se debía celebrar, al menos cada diez años, sínodo diocesano, en el cual únicamente se debía tratar de las cosas concernientes a las necesidades o utilidad particulares del clero y pueblo de la diócesis.
II. CLÉRIGOS
a) obligación de residencia de los párrocos en la parroquia
Respondiendo la primera de las consultas romanas, el mismo obispo chileno de la diócesis de San Carlos de Ancud, Ramón Ángel Jara, sugería agregar a las facultades del obispo diocesano el que este pudiese reducir a los días festivos la residencia canónica de los párrocos cuando se reunían circunstancias excepcionales, como ser la falta de congrua sustentación para el cura por la pobreza del lugar, la imposibilidad de que el párroco residiese habitualmente en el curato propio, fuese por carecer de casa parroquial y no poder arrendar otra, fuese porque las inundaciones del invierno lo dejaban aislado, etc. Era grave dificultad, según el obispo, tener que solicitar de la Santa Sede la dispensa de la residencia cada vez que ocurría uno de los casos indicados.
Tenía el párroco, y tiene también hoy, la gravísima obligación de residir en su parroquia, obligación que, si bien no es de derecho divino, es de gravísimo precepto eclesiástico, repetido con frecuencia por los cánones. Es por lo que el Concilio de Trento22 había declarado que los párrocos no residentes, no solo cometían un grave pecado, sino que no hacían suyos los frutos del beneficio pro rata absentia, quedando obligados a restituirlos a la fábrica de la iglesia o a los pobres. Explicaba Donoso23 que la residencia del párroco tenía que ser personal, de manera que ausentándose, faltaba gravemente aun cuando dejase sustituto que con igual o mayor exactitud desempeñase el ministerio. Además, no era suficiente la residencia simplemente material, es decir, inactiva y ociosa, sino que tenía que ser formal de manera que faltaba a su deber si, no mediando algún legítimo impedimento, descargaba todo el trabajo o la mayor parte del mismo en el vicario o en el teniente cura. Podía, empero, haber circunstancias que hicieran conveniente
17 Los padres de las provincias longobarda y lígure, en Klumper, Bernardin, Codex Iuris Canonici. Postulata epsicoporum (Romae, TypisVaticanis, 1905), p. 61.
18 Los padres de la provincia de Holanda, ibíd.
19 Vicario capitular de la diócesis de Avezzano, metropolitanos españoles, obispo de Kumbakonam, ibíd., p. 61.
20 Los padres de las provincias de Bombay, de Lyon, de Salzburgo y de Lvov, ibíd., p. 62.
21 Los padres de la provincia de Poznan, ibíd., p. 61.
22 Conc. Trid., sess. 23 c. 1 de ref.
23 Donoso, Justo, cit. (n. 12), I, pp. 249-250.
o necesaria la ausencia del párroco de su parroquia, para lo cual era necesario nombramiento de sustituto, licencia del obispo y causa legítima, causa que, para ausencias breves debía ser racional, pero para una ausencia mayor debía ser grave.
La importancia de la residencia personal y permanente del párroco en su parroquia había sido reiterada por los sínodos chilenos del período indiano, tanto de Santiago24 como de Concepción25, por la legislación real indiana26 y fue igualmente recogida en el Concilio Plenario Latinoamericano que en el capítulo IX, dedicado a los párrocos y los registros parroquiales, dispuso que los párrocos debían residir en la propia parroquia “como lo pide la íntima naturaleza de su cargo, so pena de pecado mortal y bajo las penas también que prescribe el derecho” (n. 259).
Todo obispo estaba facultado para conceder licencias a los párrocos que debían ausentarse de la parroquia. Pero una cosa era la ausencia de la parroquia y otra diversa la dispensa para no residir permanentemente en ella. Y era la facultad para conceder esto último lo que el obispo de Ancud solicitaba. Había autores27 que opinaban que el obispo podía dispensar de las leyes universales de la Iglesia, bien fuesen pontificias o conciliares, dispensa que les correspondía por derecho propio e innato, tan esencial que no podía ser legítimamente restringido por ninguna reserva pontificia. Esta opinión, calificada de temeraria por otros autores, fue expresamente rechazada por Pío VI (1775-1799) en lo que se refería a las reservas pontificias, las que, además de su legitimidad, estaban confirmadas por costumbres de siglos y por la constitución misma de la Iglesia. En lo demás, esto es, en la facultad de dispensar de las leyes universales pontificia o conciliares, los autores estaban divididos entre quienes sostenían que el obispo podía dispensarlas en su diócesis, sin ninguna restricción, siempre que la dispensa no hubiese sido expresamente reservada al papa; y quienes, en contrario, negaban esta posibilidad aun cuando no hubiese reserva pontificia, admitiendo la posibilidad de la dispensa solo en caso de haber delegación expresa, general o particular, o mediando legítima costumbre. La primera de estas opiniones había sido calificada de falsa y peligrosa por Benedicto XIV en su obra sobre los sínodos28, si bien reconocía que estaba apoyada por el sufragio de “plurium et non infimeaenotaedoctorum”. Es por lo que Donoso confesaba que “nos place más la segunda opinión”. Y de la misma opinión era el obispo de Ancud de momento que, por una parte mostraba la práctica mantenida en ese sentido al afirmar que era “grave dificultad tener que solicitar de la Santa Sede la dispensa de la residencia cada vez que ocurre uno de los casos indicados”;
24 Sínodo de Santiago 1688, cap. 4, const. 8; Sínodo de Santiago 1763, tit. 10, const. 9.
25 Sínodo de Concepción 1744, cap. 5, const. 3.
26 Real cédula de 21 julio 1685 al obispo de Santiago; real cédula de 7 noviembre 1682 al obispo de Santiago. Las cita el Sínodo de Santiago de 1688.
27 Donoso, Justo, cit. (n. 12), I, pp. 189-190. Opinión regalista defendida por juristas franceses y portugueses del siglo XVIII.
28 Benedictus XIV, De synodo diocesana libritredecim in duos tomos distributi (Ferrariae, 1764), lib. 9, cap. 1, nn. 5-7.
y por otra, solicitaba se delegase en los obispos esta facultad para dispensar de la obligación de residencia establecida en ley universal conciliar y reiterada numerosas veces.
La propuesta del obispo Jara fue recogida por Klumper en el capítulo dedicado a la residencia de los clérigos29; junto a la suya se encuentran otras sugerencias, algunas de las cuales apuntan a conceder al obispo la facultad para conceder esta dispensa cuando, por ejemplo, por la supresión de las pensiones gubernamentales, resulte conveniente a varios párrocos vivir juntos30. El código finalmente aprobado se hizo eco solo en parte de esta reclamación, cuando en el canon 465 § 1 dispuso que el párroco tiene la obligación de residir en la casa parroquial cerca de su iglesia, pudiendo, sin embargo, el ordinario, con justa causa, permitirle que habite en otro lugar, siempre que la casa no se halle tan distante de la iglesia parroquial que forzosamente haya de sufrir algún daño el cumplimiento de las funciones parroquiales. Una obligación que, en los términos expuestos, dejaba de lado toda posibilidad de acoger la inquietud del obispo de Ancud, pero que en el § 2 proporcionaba los elementos para hacerla posible cuando establecía que se le podía permitir al párroco ausentarse de la parroquia cada año durante dos meses a lo sumo, seguidos o interpolados, “a no ser que una causa grave, a juicio del ordinario, reclame una ausencia más prolongada o la imponga más breve”.
b) fuero eclesiástico
Fue una propuesta de los metropolitanos españoles31, recogida textualmente por el arzobispo de Tarragona32, la que abordó el tema del fuero eclesiástico y de la comparecencia de los clérigos ante los tribunales estatales, recogiendo una práctica quese estaba desarrollando en el reino de España. Decían los prelados: “Como las sapientísimas normas de nuestro derecho que atañen al fuero de los clérigos, nunca se observan y no es raro que un clérigo tenga que comparecer ante un juez laico, en situaciones similares, pueden ser prescritas las siguientes o similares normas como sigue: 1º Un clérigo llamado como testigo, comparezca ante el ordinario a pedir licencia; 2º Lo mismo haga el clérigo citado ante un juez laico, pero en este caso extiéndase al ordinario el libelo o causa por la cual es citado; 3º Si por cualquier razón no puede acudir al ordinario por licencia, comparezca, sin embargo, ante el juez y ante el mismo declare y jure cuanto sea necesario, emitiendo protesta de no renunciar al fuero y otros derechos, y lo ponga en conocimiento del ordinario tan pronto como sea posible; 4º El clérigo no necesita licencia del ordinario para poder reconvenir ante un juez laico a una persona igualmente laica que antes lo había citado ante el mismo juez”.
Un conocido manual español de derecho canónico33, utilizado en España en la enseñanza
29 Klumper, Bernardin, cit. (n. 17), p. 41.
30 Los padres de la provincia de Reims, Francia, y el obispo de Tulle, Francia, ibíd.
31 El original en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scat. 84, propuesta nº 30.
32 El original en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scat. 84, propuesta nº 40.
33 Manjón y Manjón, Andrés, Derecho eclesiástico general y español, II: Parte especial (3ª ed., Granada, 1900), p. 36.
universitaria de la disciplina al tiempo de la codificación canónica, definía el fuero como “el derecho que tienen las personas dedicadas al servicio de Dios por la ordenación o profesión religiosa a ser juzgadas por tribunales eclesiásticos en los casos no exceptuados, llamados de desafuero”. Agregaba que se trataba de un derecho practicado “en todos los siglos”, sancionado y reconocido por las leyes civiles de los Estados cristianos desde que se había dado la paz a la Iglesia. No consistía en la impunidad, sino en garantizar la libertad de la Iglesia “y mirar por el respeto y veneración del sacerdocio”34. Sin embargo, no en todos los asuntos civiles y criminales gozaban los clérigos de fuero, pues, tanto por derecho canónico general como particular eran numerosos los casos de desafuero, p. ej., los asuntos en que el clérigo demandaba a un laico sobre cosa que este decía ser suya; las cuestiones de nobleza y las de apostasía clerical, o cuando los clérigos no usaban hábito y tonsura, carecían de adscripción a iglesia, beneficio o residencia. A estos y otros casos de desafuero definidos por el derecho de la Iglesia, había que agregar numerosos casos de desafuero que habían sido definidos por las Partidas, la Nueva y la Novísima Recopilación, las que fueron preparando el camino para la abolición del mismo. En efecto, si bien la Constitución española de 1812 había conservado a los clérigos sus privilegios, las Cortes de 1820, por decreto del 26 de septiembre de ese año, sujetaron los clérigos a los tribunales civiles hasta en los delitos comunes, a pesar de los reclamos de los prelados y de las obras que se escribieron en su defensa. En el artículo 1 del concordato de 1837 entre España y la Santa Sede se pactó que se continuaría conociendo por los jueces eclesiásticos en los asuntos de la inmunidad, pero un decreto-ley de 6 de diciembre de 1868 abolió el fuero eclesiástico en España, en todo, menos en las causas sacramentales, beneficiales, delitos eclesiásticos, divorcio y nulidad del matrimonio35. Es por lo que finalizando el siglo se reconocía que “en nuestros días únicamente conoce la Iglesia de las causas sacramentales y beneficiales y de los delitos puramente religiosos”36
La propuesta de los obispos españoles era realista en cuanto a reconocer la nueva situación que se estaba dando en la península, pero no dejaba de lado el fuero, haciendo intervenir al ordinario cuando un clérigo debía presentarse como parte o testigo ante un tribunal del reino. No se hacía cargo, sin embargo, de la situación producida cuando el clérigo citado a estrados estatales, acudía al ordinario en busca de licencia y este no se la daba; quizá, por analogía, debía actuar conforme a la tercera de las sugerencias.
El Código de Derecho Canónico ratificó el privilegio del fuero en el canon 120 § 1: “los clérigos deben ser emplazados ante el juez eclesiástico en todas las causas, tanto contenciosas como criminales, a no ser que se hubiera provisto legítimamente otra cosa para lugares particulares”. Podían, empero, ser emplazados ante un juez laico, pero, previamente, el actor debía recabar la licencia de la autoridad
34 Ibíd., pp. 37-38.
35 Ibíd., p. 38.
36 Juseu y Castanera, Juan, Instituciones de derecho canónico general y particular de España (2ª ed., Valencia, 1899), I, p. 181.
respectiva37, autoridad que “no negará su licencia sin justa y grave causa, principalmente cuando el actor es un seglar, y, sobre todo, cuando el ordinario ha tratado de avenir a las partes sin conseguirlo” (can. 120 § 2). Si eran emplazados sin que el actor hubiere obtenido previamente licencia para ello, los clérigos podían comparecer “por razón de la necesidad y para evitar mayores males, avisando al superior cuya venia no se obtuvo” (can. 120 § 3). Preciso es tener en cuenta, sin embargo, que el código exigía la licencia previa para demandar a un clérigo ante juez civil, no para otro tipo de comparecencias, como podían ser actuar de testigo o perito; y la licencia era necesaria cuando el clérigo era demandado en nombre propio, por lo que era lícito demandarlos ante jueces civiles, sin la previa licencia, cuando eran citados como tutores, procuradores, administradores o representes de otros. Tampoco se requería licencia previa en los casos en los que el clérigo demandaba a un laico ante un juez laico, en virtud del principio procesal según el cual “el actor debe seguir el fuero del reo”, cuando se trataba de causas contenciosas o criminales de orden meramente temporal. Quienes quebrantaban este privilegio, incurrían en las sanciones que el mismo código establecía en el canon 234138.
El Codex acogía, así la inquietud de los prelados españoles, y deba cumplida respuesta a la situación del clérigo que acudía emplazado al tribunal civil sin haber obtenido la licencia de su ordinario.
III. MATRIMONIO
a) esponsales celebrados por escritura pública
“Es preciso dejar establecido que los esponsales no tienen ningún valor, a no ser que hayan sido investidos con todas las solemnidades como en España, pero, incluso, investidos con ellas, pierden su valor si no se renovaren anualmente […]”. Así rezaba una de las propuestas de los metropolitanos españoles enviadas a Roma39, y lo mismo sugería el arzobispo de Burgos40, quien
37 Se requería licencia de la Sede Apostólica para emplazar ante un juez laico, por los asuntos pertenecientes a su cargo, a los cardenales, los legados de la Sede Apostólica, los obispos, aun los titulares, los abades o prelados nullius, los superiores supremos de las religiones de derecho pontificio, los oficiales mayores de la curia romana; la licencia debía darla el ordinario del lugar donde se instruía la causa en los demás casos (can. 120 § 2).
38 Código de Derecho Canónico [1917], can. 2341: “Si alguien, en contra de lo que se prescribe en el canon 120, se atreviese a llevar ante un juez laical a un cardenal de la Santa Iglesia Romana, o a un legado de la Sede Apostólica, o a algún oficial mayor de la curia romana por asuntos propios de su cargo, o a su ordinario propio, cae ipso facto en excomunión reservada de un modo especial a la Sede Apostólica; si a otro obispo, aunque sea meramente titular, o a un abad o prelado nullius, o a alguno de los superiores supremos de las religiones de derecho pontificio, en excomunión lataesententiae simplemente reservada a la Sede Apostólica; finalmente, si se atreve a llevar, sin haber obtenido licencia del ordinario local, a otra persona que goce del privilegio del fuero, el clérigo incurre ipso facto en suspensión del oficio reservada al ordinario, y el seglar debe ser castigado por su ordinario propio con penas proporcionadas a la gravedad de la culpa”.
39 El original cit. (n. 31), propuesta nº XLIV.
40 El original en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scat. 84. Corresponde a la propuesta Lib. 4º tít. 1.
precisaba que fueren inválidos los esponsales que fueren contraídos sin escritura pública ante notario y testigos. En ambas se recogía una práctica que, en relación con los esponsales, se había desarrollado en España.
Manjón41definía los esponsales como “mutua promesa de futuro matrimonio entre varón y mujer hábiles”, y se especificaba que, si bien no había forma especial para celebrarlos definida por el derecho canónico común, en España se debían celebrar, bajo pena de nulidad, por escritura pública ante notario civil o eclesiástico, porque así lo disponía el Código Civil español (art. 43). Se trataba, sin embargo, de una práctica que venía desde 1803 y, si bien con algunas vicisitudes42, seguía vigente a principios del siglo XX. Esta exigencia civil anterior había quedado sancionada canónicamente al ser reconocida por la S. Congregación del Concilio en 188043 que, respondiendo una duda, había declarado que “los esponsales celebrados en España sin escritura pública, deben ser considerados nulos”.
La pragmática española de 1803, había sancionado legalmente una práctica anterior que se había desarrollado, sin embargo, no solo en la península ibérica, sino también en la América Española. En efecto, el IV Concilio provincial mexicano reunido el 1771, además de mandar a los provisores –jueces diocesanos– que no admitieren en los tribunales demandas de esponsales contraídos sin conocimiento de los padres, dispuso que dos de sus miembros compusiesen unos papeles sobre la utilidad de rodear el contrato esponsalicio de algunas solemnidades, como la de ser celebrado ante escribano público y en presencia de testigos, so pena de nulidad. Muy poco después, el Sínodo de la Plata de 1773 exhortaba a los curas a que desde el púlpito y el confesionario aconsejaren a aquellos de sus feligreses que andaban en ajustes matrimoniales hacer sus esponsales por escrito, con la firma de ambos esposos y de dos o tres testigos44. El desarrollo de esta práctica también en la América indiana suscitó que algún episcopado latinoamericano formulase una sugerencia similar. En efecto, el informe del arzobispo de Santiago, Mariano Casanova45, proponía que se tuvieren como nulos los esponsales que no se hubieren contraído por escritura pública, para lo cual el futuro código habría que decretar y declarar esta escritura para que nunca y de ningún modo pudiere ser sustituida por aquellos escritos que, en Chile, se llamaban informaciones matrimonia-
41 Manjón y Manjón, Andrés, cit. (n. 33), p. 223.
42 Así lo disponía una pragmática de 1803, que fue recogida en Novísima Recopilación 10, 2, 18, norma que estuvo vigente hasta que el art. 3 de la ley provisional del matrimonio civil, de 18 de junio de 1870 la dejó sin efecto, declarando que la promesa de futuro matrimonio no producía obligación civil alguna, cualesquiera que hubiesen sido las formas y solemnidades con que se hubiese otorgado. Esta ley fue posteriormente anulada por decreto del Ministerio-Regencia de 9 de febrero de 1875. Cfr. Gómez Salazar, Francisco, Instituciones de derecho canónico (2ª ed., Madrid, 1883), III, p. 187.
43 Su texto en Retamal Fuentes, Fernando, Chilensia Pontificia. Monumenta Ecclesiae Chilensia (Santiago, Ediciones Universidad Católica, 2002), II/2, pp. 634-645.
44 Ripodas Ardanaz, Daisy, El matrimonio en Indias, realidad social y regulación jurídica (Buenos Aires, 1977), p. 64.
45 El original, cit. (n. 16), propuesta nº 39.
les o por aquellos por los cuales se pedía una dispensa de impedimentos matrimoniales. Entre las normas dictadas por la nueva república, el tema de los esponsales no había sido ajeno, por lo que una exigencia similar se hacía en la ley patria chilena dictada sobre el matrimonio de los menores y conocida como pragmática de matrimonios46, en la que se podía leer que “ninguna demanda de esponsales de los que no tienen edad para deliberar por sí, se admitirá en los tribunales del Estado, si no ha precedido el consentimiento de los padres o personas autorizadas para ello en un instrumento público y fehaciente”. El Código Civil (1855), sin embargo, cambió radicalmente la disciplina al disponer que los esponsales “o sea la promesa de matrimonio mutuamente aceptada, es un hecho privado, que las leyes someten enteramente al honor y conciencia del individuo, y que no produce obligación alguna ante la ley civil” (art. 98 inc. 1°).
No obstante que la norma civil chilena negaba todo valor a los esponsales en el fuero civil, ellos seguían existiendo en el fuero canónico, por lo que el arzobispo Casanova en 1894 solicitó a la S. Congregación del Concilio que se extendiera a la arquidiócesis de Santiago la vigencia de la respuesta dada en 1880 para los esponsales celebrados en España47. Por su parte, el Concilio Plenario Latinoamericano abordó el tema expresamente, al punto que había parecido a los padres conciliares, quizá inspirados por Casanova, solicitar al papa León XIII la extensión a América Latina de la declaración que, para España, había dado la S. Congregación del Concilio el 31 de enero de 1880, es decir, pedir que se extendiera para todo el continente, lo que Casanova había pedido para su arquidiócesis, a saber “los esponsales en nuestras provincias, son inválidos, si no se contraen mediante escritura pública, a cuya escritura no pueden suplir las informaciones matrimoniales, ni las diligencias practicadas en la curia diocesana, o en otra parte, con el fin de obtener la dispensa de algún impedimento, aunque de ellas se infiera la promesa formal de contraer matrimonio”. Esta petición conciliar fue benignamente acogida por el romano pontífice quien, por decreto de la S. Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios de 1 de enero de 190048, concedió la extensión solicitada de la que se dejó expresa constancia en las actas del concilio49. Me parece que ha sido esta norma vigente en España, recogida por el Concilio Plenario Latinoamericano, quizá motivada por el propio arzobispo Casanova, la que ha inspirado inmediatamente a los obispos chilenos, si bien, ella venía a materializar una práctica que había estado vigente en Chile durante largos años por disponerlo así la ley civil y que ahora estaba vigente en el fuero canónico por la extensión hecha por León XIII no solo para Chile, sino para todo el continente.
El Código de Derecho Canónico, dispuso que la promesa de matrimonio, tanto la unilateral
46 Art. 19 ley de 9 septiembre 1820, pragmática de matrimonios, en Boletín de Leyes, 1846, pp. 158-167. Salinas Araneda, Carlos, Algunas consideraciones sobre el matrimonio en la legislación civil de Chile antes del Código Civil (1810-1857), en Pinard, Gustavo E.; Merchán, Antonio, Libro homenaje in memoriam Carlos Díaz Rementería (Huelva, Universidad de Huelva, 1998), pp. 644-653.
47 Véase antes n. 43.
48 Su texto en Retamal Fuentes, Fernando, cit. (n. 43), II/2º, pp. 952-953, nº I.
49 Concilio Plenario de la América Latina, 592 n. 1.
como la bilateral o esponsales, era nula en ambos fueros “si no se hace por medio de escritura firmada por las partes y además por el párroco u ordinario del lugar, o al menos por dos testigos” (can. 1017 § 1)50. Esto es, dispuso una formalidad expresa para la validez de los esponsales, con lo cual se hacía eco de las peticiones hechas en este sentido; pero no llegó a exigir una escritura pública como lo sugerían los obispos chilenos, proposición que, al poder extenderse la escritura pública ante una autoridad estatal y no eclesiástica, no estaba exenta de un cierto sabor regalista. Por otra parte, la doctrina de la Iglesia como sociedad jurídicamente perfecta sostenida por esos años por el derecho público eclesiástico no favorecía recoger una solución como la postulada por los arzobispos de Burgos y de Santiago de Chile51.
b) el racionalismo como impedimento impediente
Según un divulgado manual de la época, los impedimentos matrimoniales impedientes eran “los que sin invalidarlo [el matrimonio], impiden su lícita celebración”52 y, al tiempo de la codificación, se recogían en este verso “Ecclesia vetitum, tempos, sponsalia, votum”53. El primero de ellos –vetitum– comprendía las prohibiciones de celebrar matrimonio establecidas por la Iglesia, entre las que había que entender no solo las prohibiciones emanadas de las leyes generales de la Iglesia54, sino también los mandatos especiales de un superior eclesiástico que, con justa causa, hubiese prohibido el matrimonio55.
En cuanto al tiempo, se prohibían las nupcias solemnes desde el primer domingo de Adviento hasta la Epifanía; y desde el Miércoles de Cenizas hasta la octava de Pascua inclusive. Durante estos tiempos, empero, en la América española no se suspendía la celebración de los matrimonios, sino solo la solemne bendición nupcial.
Los esponsales, esto es, la “mutua promissio et aceptatio futurarum nuptiarum”, siendo válidos, aun cuando fueran celebrados sin las formalidades exigidas por las leyes civiles, obligaban en conciencia bajo grave culpa. Pero si, a pesar de su válida celebración, el matrimonio prometido no se celebraba sino que se contraía con otra persona, este segundo matrimonio era válido, si bien ilícito.
En lo referido al voto, no quedaba comprendido en este el voto solemne de castidad, que era
50 Antes del Codex, la presencia del párroco y testigos era contradicha por la doctrina española. En efecto, según Manjón: “es de advertir, que no podrá establecerse en las constituciones diocesanas como necesaria en la celebración de los esponsales la presencia del párroco y testigos”. Lo que hace pensar que esta exigencia se establecía, de hecho, en algunas constituciones diocesanas. Manjón y Manjón, Andrés, cit. (n. 33), p. 224.
51 Fernández Concha, Rafael, Derecho público eclesiástico (Santiago de Chile, 1872), 2 vols., passim.
52 Donoso, Justo, cit. (n. 12), II, p. 154.
53 Ibíd., p. 171.
54 Como la de contraer matrimonio con excomulgado denunciado, con los herejes, o sin que precediere el consentimiento paterno, las amonestaciones, las proclamas o la instrucción de los contrayentes en los rudimentos de la fe.
55 Prohibiciones que podían imponer el obispo, los vicarios y aún el párroco cuando, por ejemplo, se hacía legítima oposición al matrimonio, o había que hacer averiguaciones acerca de algún impedimento.
uno de los impedimentos dirimentes, sino que los votos simples de castidad, o de entrar en religión, o de recibir las órdenes sagradas, o de no casarse, todos los cuales obligaban por derecho natural y hacían ilícito el matrimonio celebrado después de haberlos emitido, a menos que mediara dispensa. Si el voto simple de castidad era perpetuo, su dispensa estaba reservada a la Santa Sede, pero los obispos de la América española solían disponer de la facultad de dispensarlo.
La facultad de establecer nuevos impedimentos, dirimentes o impedientes, correspondía solo a la autoridad suprema de la Iglesia, esto es, el concilio general o el romano pontífice; y aunque “en sentir de muchos teólogos” correspondía también esta facultad a los obispos, “es menester confesar que este es un asunto reservado, hoy día, exclusivamente al concilio general y a la Silla Apostólica”56. Es por lo que el informe solicitado por Roma era la ocasión para sugerir el establecimiento de un nuevo impedimento. Es lo que hizo el arzobispo de Santiago de Chile, Mariano Casanova57, quien junto a los obispos de su provincia eclesiástica propuso que el racionalismo fuese considerado un impedimento impediente; es decir, que estuviese prohibido el matrimonio con personas que profesasen dichas ideas, de manera de verse obligadas, antes de celebrar matrimonio, a pedir la respectiva dispensa. No es difícil encontrar el origen de esta sugerencia en las fuertes tensiones que habían caracterizado las relaciones de la Iglesia chilena con las corrientes ideológicas que habían ido desarrollándose en Chile especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX58.
El informe del arzobispo Casanova fue el único en hacer una sugerencia de esta naturaleza, la que no tuvo mayor suceso, porque el código nada dijo sobre el racionalismo en particular. Pero la idea que subyacía a esta sugerencia de los obispos chilenos fue en parte recogida en términos más generales por el Código de 1917 cuando dispuso en el canon 1065 § 1, “apártese igualmente a los fieles de contraer matrimonio con aquellos que notoriamente abandonaron la fe católica, aunque no estén afiliados a una secta acatólica, o con los que dieron su nombre a asociaciones condenadas por la Iglesia”. La hipótesis del informe chileno quedaba de lleno incluida en dicho canon, el que, además, tenía la virtud de permitir la inclusión de otras figuras en las que los prelados chilenos quizá no habían pensado. Pero, si a pesar de todo, el matrimonio se celebraba, era válido.
c) dispensa de proclamas matrimoniales
En relación con el matrimonio, pero en materia de dispensas, hubo durante la primera consulta un postulatum del obispo de San Carlos de Ancud, en Chile, Ramón Ángel Jara, obispado que se encuentra en la más grande de las islas del territorio insular chileno –Chiloé– y que abarca un número importante de islas menores, en un clima, por lo general lluvioso y tormentoso. Sugería
56 Donoso, Justo, cit. (n. 12), II, p. 155.
57 Su texto original, cit. (n. 16). Véase, Salinas Araneda, Carlos, El primer aporte de los obispos chilenos a la codificación del derecho canónico de 1917: los postulataepiscoporum acerca del matrimonio, en Historia, 41 (Santiago de Chile, 2008), pp. 413-446.
58 Krebs, Ricardo et alii, Catolicismo y laicismo. Las bases doctrinarias del conflicto entre la Iglesia y el Estado en Chile 1875-1885 (Santiago de Chile, 1981); Araneda Bravo, Fidel, Historia de la Iglesia en Chile (Santiago, Paulinas, 1986), pp. 458-624.
el obispo59 que se ampliaren las causales por las que el obispo pudiere dispensar las proclamas matrimoniales con facultad de subdelegar dicha facultad a los curas. Argumentaba que, dadas las dificultades creadas por la ley civil a la celebración del sacramento del matrimonio y en atención a las graves molestias que un viaje reiterado imponía a los fieles cuando estos necesitaban atravesar mares borrascosos y senderos peligrosísimos, eran innumerables los casos en que los fieles faltos de recursos rehusaban aguardar la trina proclamación, contentándose con la inscripción civil y permaneciendo en concubinato.
Las moniciones o proclamas que debían preceder al matrimonio, fueron prescritas por primera vez en el IV Concilio de Letrán (1215) pero, habiendo caído en desuso, fueron renovadas por el Concilio de Trento (1545-1563)60 que les dio una nueva forma, a saber: i) debían ser hechas por el párroco ante quien se celebraría el matrimonio, y si los contrayentes eran de parroquias distintas, debían hacerse en ambas parroquias; ii) durante tres días festivos de precepto; iii) debía tratarse de tres días continuos, sin interrumpir las proclamas ya iniciadas; iv) en iglesia o lugar sagrado donde celebrase el párroco con asistencia de fieles; v) durante la misa solemne; vi) públicamente, en alta voz, de manera que todos entendiesen el nombre de los contrayentes y los de sus padres, origen, domicilio y otras circunstancias según la costumbre del lugar. El Concilio de Trento reservaba al obispo la facultad de dispensar las proclamas con justa causa. Estas justas causas no eran enumeradas por el concilio ni siquiera a manera de ejemplo, por lo que la sugerencia del obispo Jara hemos de entenderla en el sentido de que, entre esas justas causas, se comprendieran las que él proponía.
La propuesta del obispo Jara fue la única presentada en sus términos. Otros episcopados, aunque se refirieron a las proclamas, plantearon derechamente abolirlas y reemplazarlas por dos testigos fidedignos61, o disminuir su número62, reduciéndolas a una proclamación63 o a dos64.
El Código en materia de proclamas prácticamente no innovó. Además de conservar su obligatoriedad, dispuso que podían hacerse oralmente en la iglesia, durante la misa o durante otros oficios divinos en que hubiese mayor concurrencia de fieles, en tres domingos consecutivos o días de precepto (can. 1024); pero podía hacerse por avisos escritos que debían fijarse en las puertas de la iglesia parroquial o de otra iglesia durante ocho días por lo menos, siempre que en dicho plazo coincidieran dos días festivos de precepto (can. 1025). Se entregaba igualmente al ordinario del lugar la facultad para dispensar de las proclamas, con causa legítima (can. 1028). De esta manera, con la nueva disciplina, la sugerencia de Ramón Ángel Jara quedaba asumida por el derecho de la
59 El original de la carta en la que hace ésta y otras sugerencias, cit. (n. 7).
60 Conc. Trid., sess. 24 c. 1 de ref. matrim.
61 El obispo de Natchete, USA, en Klumper, Bernardin, cit. (n. 17), p. 146.
62 Los padres de la provincia de Halifax, Canadá, y el arzobispo de Cambrai, Francia, ibíd., p. 146.
63 El arzobispo de Bamberg, Alemania, y los padres de la provincia de Munich, Alemania, ibíd., p. 144.
64 El obispo de Londres, Canadá, y los padres de la provincia de Lyon, Francia, ibíd., pp. 145, 146.
Iglesia, pero no se entregó esta materia a los párrocos. En todo caso, como se trataba de una facultad episcopal ordinaria, podía el obispo delegarla en los párrocos, para casos singulares o en general65.
d) facultad para que los párrocos casasen feligreses de parroquias limítrofes de distintas repúblicas
Una de las propuestas del obispo chileno Plácido Labarca66, obispo de la diócesis chilena de Concepción, era que consideraba conveniente que los párrocos tuviesen facultad para casar a feligreses de parroquias limítrofes de distintas repúblicas, usando aún de la facultad de dispensar impedimentos, si fuere necesario, todo en atención a que las diócesis de América eran muy extensas y a la gran dificultad que había de recurrir a los ordinarios, dificultad que a veces era verdadera imposibilidad.
Hasta el Concilio de Trento (1545-1563) la Iglesia no dictó normas por las que se estableciera una forma jurídica necesaria para la validez del matrimonio. Fue el famoso capítulo Tametsi del tridentino67 el que introdujo una innovación fundamental al exigir para la validez del matrimonio que este se celebrase ante el párroco propio y dos testigos, o ante otro sacerdote con licencia del mismo párroco o del ordinario. De esta manera el párroco solo podía casar a sus propios parroquianos, pues, para celebrar matrimonio con parroquianos de otra parroquia, lo que en principio le estaba prohibido, necesitaba la respectiva licencia. Es más, el mismo capítulo Tametsi se colocaba en esta posibilidad cuando disponía que “si un párroco u otro sacerdote, religioso o secular, se atreviese a unir en matrimonio o a bendecir a esposos de otra parroquia sin licencia de un párroco, aunque presumiera que le era esto lícito por privilegio o costumbre inmemorial, quede suspenso ipso iure hasta que sea absuelto por el ordinario del párroco que debía asistir al matrimonio, o del que había de dar la bendición”.
Conforme a lo anterior, la sugerencia planteada por el obispo chileno se refería a un problema para el que el derecho vigente tenía solución: la licencia del párroco propio, pero que, en la práctica de los hechos concretos, se veía dificultada por la extensión de las parroquias que hacían muy difícil o imposible obtener la respectiva licencia. La propuesta del obispo penquista, empero, se refería a parroquianos de parroquias fronterizas, pero de otra república; la facultad que se pedía, en consecuencia, no era para casar sin más a parroquianos de otras parroquias sin la respectiva licencia, sino de parroquias fronterizas de repúblicas diversas, en el caso concreto de Concepción, de la vecina república de Argentina. En este caso parece clara la dificultad de acudir al ordinario de la vecina república; a decir verdad, no era menester acudir al ordinario, sino que bastaba la licencia del párroco propio, licencia que, con seguridad, no era fácilmente conseguible, lo que exigía acudir al ordinario. El código no innovó en esta materia pues, siguiendo la disciplina anterior, dispuso que “solamente
65 Conte a Coronata, M., Institutiones iuris canonici. De sacramentis tractatus canonicus, III: De matrimonio et de sacramentalibus (Marieti, 1957), p. 118.
66 El original en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scat. 96. Véase, Salinas Araneda, Carlos, El primer aporte de los obispos chilenos a la codificación de 1917: los postulata del obispo de Concepción, Plácido Labarca Olivares, en Revista de Derecho de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, 17/1 (2008), pp. 89-105.
67 Conc. Trid.,sess. 24 c. 1 de ref. matrim.
son válidos aquellos matrimonios que se celebran ante el párroco, o ante el ordinario del lugar, o ante un sacerdote delegado por uno otro, y además ante dos testigos por los menos” (can. 1094). Ninguna referencia se hizo al problema planteado por el obispo de Concepción el que, en consecuencia, debió ser resuelto por el derecho común.
IV. EUCARISTÍA EN DOMICILIO PRIVADO
Los Hechos de los Apóstoles68 narran sobre la fracción del pan realizada en casas particulares, probablemente de cristianos acomodados para poder albergar, por ser más espaciosas, a los primeros cristianos que acudían en número cada vez mayor. Que ello ocurriera así era explicable, pues había relativamente pocos fieles y la Iglesia no tenía edificios en propiedad para esos fines. Una vez que pudo actuar con libertad inició la construcción de lugares apropiados para los actos cultuales, los que, con el correr de los siglos, se edificaron con profusión, con mayor o menor dimensión y suntuosidad según el número de fieles a quienes se destinaba o la devoción o titular que se iba a venerar69. Durante los siglos de persecución, es explicable que la misa se celebrara en casas particulares e, incluso, en las habitaciones de los enfermos. Terminadas las persecuciones, y no obstante que ya no era necesario, se generalizó la práctica de celebrar la Eucaristía en casas particulares, lo que llevó a abusos graves por lo que el Concilio de Trento debió ocuparse del tema, limitando mucho las facultades al respecto70. Es por lo que el arzobispo de Lima, Manuel Tovar y Chamorro, respondiendo la primera de las consultas romanas71, solicitaba se concediese a los obispos el poder permitir la celebración de la misa en domicilio privado, por causas justas, a su arbitrio72.
Cuando ya se había iniciado el proceso codificador del derecho canónico y el arzobispo de Lima había enviado a Roma hacía algunos años sus postulata, la S. Congregación de Sacramentos, mediante el decreto In plenario, de 23 de diciembre de 191273, dictó unas normas sobre la materia que me
68 Act. 2, 46: “46Todos los días, con un solo corazón, frecuentaban asiduamente el Templo, partían el pan en las casas, tomaban juntos el alimento con alegría y sencillez de corazón”. Act. 20, 7-8: “7El primer día de la semana nos reunimos para partir el pan. Pablo, que iba a partir al día siguiente, hablaba con ellos y prolongó el discurso hasta media noche 8Había muchas lámparas en el aposento alto en que estábamos reunidos”.
69 Alonso Lobo, op., Arturo; Mígueles Domínguez, Lorenzo; Alonso Morán, op., Sabino, Comentarios al Código de Derecho Canónico, II: Cánones 682-1321 (Madrid, Bac, 1963), pp. 226-227.
70 Cons. Trid.,sess. 22, decr. sobre la misa: “En segundo lugar, para evitar toda irreverencia, ordene cada obispo en su diócesis […] ni toleren que se celebre este santo Sacrificio por sacerdotes seculares o regulares, cualesquiera que sean, en casas particulares, y absolutamente fuera de la iglesia y de los oratorios dedicados exclusivamente al culto divino”.
71 El texto de la carta en Archivio Segreto Vaticano, Commissione cod. Diritto Canonico, scat. 96. Véase Salinas Araneda, Carlos, La participación de los obispos del Perú en la codificación del derecho canónico de 1917 (Lima, Publicaciones del Instituto Riva-Agüero, 2011), pp. 149-152.
72 Los obispos de las regiones de Campania y de Aprutorium, ambas en Italia, pidieron lo mismo por razón de enfermedad o de otras causas graves a criterio de los obispos y por modo de acto. Klumper, Bernardin, cit. (n. 17), p. 113.
73 Acta Apostolicae Sedis, 4 (Ciudad del Vaticano, 1912), p. 725.
ocupa las que sustancialmente pasaron al proyecto de Libro III y de allí al código. En efecto, en lo que me interesa, el canon 101 del proyecto74 disponía que los ordinarios locales podían otorgar licencia para celebrar fuera de una iglesia u oratorio, existiendo causa justa y razonable, en algún caso extraordinario y a manera de acto (§ 3). En términos similares, con alguna precisión añadida, esta disciplina pasó al Código de Derecho Canónico que en el canon 822 reguló esta materia; en lo que me interesa, disponía que “el ordinario local[…] pueden, solo con causa justa y razonable, en algún caso extraordinario y a manera de acto, conceder licencia para celebrar fuera de la iglesia u oratorio, sobre un ara consagrada y en lugar decoroso, pero nunca en el cuarto de dormir” (§ 4). La doctrina posterior75 precisaría los términos del canon explicando, por ejemplo, que esta gracia podía concederse solo en casos extraordinarios, es decir, en circunstancias que no ocurren con frecuencia; con tal que exista justa causa, esto es causa objetiva, y razonable, o sea, apreciada como tal por la autoridad, sin que fuera necesario que fuera grave; y debía ser por tiempo transitorio o en una necesidad pasajera, como enfermedades transitorias.
Como se puede apreciar, la petición del arzobispo de Lima fue acogida, pero solo en parte, porque, si bien se concedió autorización a los ordinarios para que pudieren conceder licencia para celebrar la misa fuera de las iglesias u oratorios, la concesión fue con limitaciones, no aceptándose la amplitud con que era postulada desde el Perú, en la que el límite era la causa justa a arbitrio del prelado.
V. CONCILIACIÓN OBLIGATORIA EN LOS PROCESOS CANÓNICOS
La materia procesal fue abordada con detención por los metropolitanos españoles76, entre las cuales la conciliación fue expresamente tratada,sugeriendo que fuere un trámite obligatorio en el proceso canónico, para lo cual argumentaban la experiencia que se había producido en los tribunales hispanos. Esta propuesta fue reproducida textualmente por el arzobispo de Tarragona77, y decía así: “El acto de conciliación tiene que ser muy bien regulado, como institución obligatoria general, sin la cual la comunicación escrita de la demanda no puede tener lugar. Asimismo han de definirse los casos en los cuales razones de bien público u otras especiales impidan intentar una conciliación. Ahora bien, el acto debiera celebrarse ante un juez, de allí que estando presentes los defensores (entre nosotros hombre buenos) el juez tenga la potestad de pronunciarse justa y equitativamente, por ejemplo, la separación semestral en las causas de divorcio, etc., sobre todo
74 Proyecto de Libro III, can. 101: “§ 1. La misa debe celebrarse sobre ara consagrada y en iglesia u oratorio a norma de los cánones 438-481. § 2. El privilegio de celebrar dondequiera, en lugar honesto y decente y sobre piedra sagrada, esto es el privilegio de altar portátil, es concedido por la Sede Apostólica. § 3. El ordinario del lugar o, si se trata de una casa de religión exenta, el superior mayor pueden conceder celebrar fuera de iglesia u oratorio solo con causa justa y razonable en algún caso extraordinario y a manera de acto transitorio. § 4. El privilegio de altar portátil no otorga facultad de celebrar en el mar”.
75 Alonso Lobo, op., Arturo; Míguelez Domínguez, Lorenzo; Alonso Morán, op., Sabino, cit. (n. 69), pp. 229-230.
76 El original, cit. (n. 31), propuesta nº 23.
77 El original, cit. (n. 32), propuesta nº 36.
cuando la discordia tiene como fundamento un movimiento repentino de ira, u otra causa leve o de breve duración. A través de esta vía se han evitado innumerables divorcios en algunas diócesis de España, donde la práctica anteriormente mencionada se ha arraigado, la cual ayuda admirablemente a la conciliación de las voluntades”.
Explicaban Gómez Salazar y De la Fuente78, que el juicio canónico civil ordinario se dividía en cinco grandes períodos, el primero de los cuales era la preparación del juicio, denominado también antejuicio, el que tenía lugar, entre otras, en aquellas causas que podían ser terminadas por avenencia. Agregaban que en las causas de divorcio –precisamente las causas a la que aludían los prelados hispanos– “a veces hay este antejuicio y acto de conciliación, con objeto de evitar que el litigio pase adelante, calmados los primeros ímpetus de la cólera”79. El buen resultado que este antejuicio producía, según la experiencia de los tribunales españoles, movía a los obispos a sugerir la ampliación del mismo a toda la Iglesia con carácter obligatorio.
El Código no acogió la propuesta española en los términos formulados por los prelados hispanos en lo referido a su obligatoriedad, pero entre los modos de evitar el juicio contencioso, sancionó en primer lugar la transacción, a la que dedicó los cánones 1925-1928. Reconocía el primero de ellos que era muy de desear que se evitasen litigios entre los fieles, pero, producidos estos, el juez, para dirimir en forma judicial la controversia contenciosa que afecte al bien privado, debía exhortar a las partes “a zanjar el pleito por medio de una transacción, si se vislumbra alguna esperanza de avenencia” (§ 1). Esta “obligación” –como la calificaba el mismo canon (§ 2)– podía el juez cumplirla antes de que las partes fueren citada a juicio, o cuando comparecieren por primera vez ante el tribunal –el antejuicio de los tribunales españoles– o en cualquier momento en que se juzgare que la transacción pudiere intentarse más eficaz y oportunamente. El efecto de la transacción “terminada felizmente” se llamaba “composición o concordia” (can. 1928). Quedaban expresamente excluidas de posible transacción las causas criminales, las contenciosas en las que se trataba la disolución del matrimonio y algunas causas beneficiales (can. 1927 § 1).
Como puede verse, el código hizo suya la propuesta española, al contemplar la posibilidad de la conciliación –que el Codex denominó transacción– y al hacerla obligatoria para el juez “si vislumbra alguna esperanza de avenencia”, al tiempo que definió con claridad aquellas materias en las que la transacción no era posible. El mismo código dejó en claro que quedaban excluidas de posible composición las causas contenciosas en las que se discutía sobre la existencia del vínculo matrimonial; pero surgió la duda sobre la posibilidad de transacción en las causas de separación o divorcio, precisamente las causas alegadas como ejemplo por los metropolitanos hispanos, en las que la existencia del vínculo no estaba en duda. En esta materia la doctrina se dividió, pues mientras hubo autores que negaban esta posibilidad, alegando el carácter público que otorgaban a las causas de separación las normas de la Rota Romana y de la Rota de la nunciatura en España; otros, en
78 Gómez Salazar, Francisco; De la Fuente, Vicente, Lecciones de disciplina eclesiástica (3ed., Madrid, 1880), I, p. 328.
79 Ibíd.
cambio, la aceptaban cuando el juez viere que en la causa de separación prevalece el bien privado, en cuyo caso podía exhortar a las partes a zanjar el pleito por medio de la transacción80. Esta segunda interpretación, hecha por canonistas hispanos, estaba en directa continuidad con la práctica que, desarrollada localmente en España, había movido a los metropolitanos españoles a proponer su extensión a toda la Iglesia y en todo orden a materias en las que razones de bien público u otras especiales impidiesen intentar una conciliación.
VI. A MODO DE CONCLUSIÓN
Llegado al final de estas explicaciones en las que he intentado aproximarme a aquellas experiencias locales que inspiraron a obispos españoles y latinoamericanos a sugerir reformas al derecho canónico universal, acogiendo el llamado de Pio X de sugerir las reformas que ellos consideraban necesarias a la disciplina canónica vigente al tiempo de iniciarse la sustitución del viejo Corpus Iuris Canonici por un moderno Codex Iuris Canonici, es posible concluirlas con las siguientes consideraciones:
1º Las expectativas puestas en Roma al sugerir a los episcopados que intervinieran en el momento inicial de la codificación, aportando sus experiencias en el gobierno eclesial para enriquecer la tarea codificadora fueron adecuadamente satisfechas, toda vez que los episcopados respondieron con seriedad y prontitud, tanto en España como en América Latina. Las propuestas llegadas a Roma desde España y algunos países latinoamericanos fueron variadas, razonadas cuando lo consideraron necesario y de extensión diversa, sobresaliendo en esto las españolas y la chilena.
2º Algunas de estas propuestas fueron motivadas por experiencias locales que, entendiendo los prelados que eran experiencias positivas, valía la pena pensar en su extensión a la totalidad de la Iglesia. Si habían resultado provechosas en sus iglesias particulares, podían igualmente resultar provechosas en otros lugares donde la Iglesia ejercía su acción benéfica.
3º Algunas de ellas fueron acogidas. No me atrevo, sin embargo, a sostener que estas propuestas hayan sido la razón de algunos cánones incluidos finalmente en el código promulgado, pero, al menos, pudieron reafirmar las ideas que en cada caso pudieron tener los miembros de la comisión codificadora y estar presentes al momento de las discusiones.
4º Otras propuestas fueron acogidas en parte y otras simplemente no se tuvieron en cuenta en la forma sugerida por los obispos. Estas últimas, sin embargo, no quedaron sin más fuera del texto codicial, porque en algunos casos pudieron ser reconducidas a normas codiciales más amplias que permitían que algunas propuestas parciales, originadas en realidad muy locales –pienso en el racionalismo como impedimento matrimonial impediente propuesto desde Chile– fueran incluidas en disposiciones que, incluyendo las especificidades propuestas por los obispos, las trascendieran extendiendo la protección canónica a otras situaciones similares a las específicamente propuestas.
80 Alonso Morán op., Sabino; Cabreros de Anta cmf., Marcelino, Comentarios al Código de Derecho Canónico, III: Cánones 1322-1998 (Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1964), pp. 662-663.
5º La presencia de localismos eclesiales como situaciones inspiradoras de sugerencias hechas por los episcopados hispanos y latinoamericanos no se agotaron con la primera de las consultas fechas con ocasión de la codificación canónica de 1917. En efecto, la segunda consulta hecha cuando empezaron a estar redactados los diversos proyectos parciales referidos a los cinco libros en que estaría dividido el código proyectado, fueron una nueva ocasión para que realidades locales motivaran, ahora, observaciones –animadversiones– a los proyectos consultados. Ello ocurrió, por ejemplo, con algunos episcopados que no participaron en la primera consulta, pero que lo hicieran a propósito de los proyectos que se les enviaron en consulta –pienso en el episcopado de Paraguay–. Pero nos encontramos en otro momento de la codificación que queda fuera del límite cronológico de estas páginas, por lo que me limito solo a enunciarlo. Pero las realidades locales de los episcopados españoles y latinoamericanos siguieron animando las respuestas episcopales que continuaron arribando a los palacios vaticanos desde España y América Latina, enriqueciendo el código que se preparaba.
6º Puesto que las propuestas consideradas en las páginas que preceden tuvieron sus orígenes en realidades locales que se desarrollaban en las iglesias particulares que dirigían los obispos que las proponían, tienen todas ellas una fuerte nota de originalidad. Pero, siendo ello cierto, no es menos cierto que algunas de esas realidades locales vividas en España o en América Latina no eran exclusivas de dichos territorios episcopales, pues ellas se habían desarrollado también en otros lugares donde la Iglesia desarrollaba el mandato de su Maestro de predicar el Evangelio a todas las gentes. Es por lo que algunas de las sugerencias de los obispos hispanos y latinoamericanos coincidieron en la solución sugerida. Esto no significa que entre dichos episcopados hubiera habido un concierto previo, sino que dichas coincidencias se explica por el simple hecho que, enfrentados los hombres a dar una respuesta jurídica a un mismo problema, cuando las realidades que enfrentan son similares, tienden a dar una respuesta similar. Y la realidad que enfrentaba la Iglesia en los diversos lugares del mundo latino en que desarrollaba su labor, sin perjuicio de las circunstancias específicas de cada iglesia particular, era muy similar.

HISTORIA DE LA PARROQUIA MARÍA AUXILIADORA DE LINARES. CHILE
Marcial Sánchez Gaete
Doctor en Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Magíster en Historia, Universidad de Chile. Profesor de Historia y Geografía Universidad Católica Raúl Silva Henríquez. Investigador del Centro de Estudios Bicentenario; Miembro permanente de la Sociedad de Historia de la Iglesia en Chile.
I. LA PARROQUIA
El
término parroquia tiene su origen en la palabra griega “paroikia”, cuya traducción más correcta sería avecindamiento. A su vez dicha palabra deriva de “pároikos”, que significa vecino, pero una de sus acepciones dice relación con el distrito, lo cual le entrega el significado territorial y administrativo que es más cercano a nosotros y que permitió que hacia el siglo IV D.C.se entendiera como sinónimo de diócesis, adquiriendo después el sentido de pequeñas subdivisiones de ella1. Esa combinación de territorio y humanidad quedó plasmada en la definición oficial, que hacia mediados del siglo XIX era expresada de la siguiente manera:
“Entiéndase por parroquia un distrito o territorio designado por el obispo, con límites fijos, donde existe un rector permanente con facultad de rejir al pueblo comprendido en él, i de administrarle los sacramentos i otros auxilios espirituales. Dáse también el nombre de parroquia a la iglesia parroquial, i aún se aplica esta palabra, algunas veces, para designar a todos los habitantes de una parroquia tomados colectivamente”2.
Las parroquias cobijaban comunidades de personas que tuvieron múltiples orígenes, tanto en la geografía y la vecindad, en la identidad de la actividad económica (que en el campo equivalía normalmente a la agricultura), como también en un estatus jurídico, pues todos sus componentes estaban sometidos al mismo derecho público y privado, y vivían dentro de un mismo marco político y administrativo. Por supuesto, también podían tener su origen en la religión, en la fe y sus estructuras; como asimismo en la tradición, la cultura y la mentalidad, las creencias, las
1 Sobre la evolución del concepto y las realidades locales, véase Genicot, Léopold. Comunidades rurales en el Occidente medieval. Editorial Crítica, Barcelona, 1993; Rojas, Mauricio “Las parroquias rurales en Occidente (S. IV-XI)”, en Revista de Historia, Vol. 5, Departamento de Ciencias Históricas. Universidad de Concepción, Concepción, 1995, 260-271.
2 Donoso, Justo Diccionario teolójico, canónico, jurídico, litúrjico, bíblico, etc. T. IV, Valparaíso, Imprenta i Librería del Mercurio, 1859, 166.
HISTORIA
costumbres y los valores compartidos. Todos estos elementos comunes no eran excluyentes, sino complementarios, pues muchos de ellos existían a la vez.
Por ello, la parroquia y la comunidad en torno a ella no era solo una realidad objetiva, registrada en documentos administrativos o en mapas; sino también era una realidad subjetiva, con rasgos distintivos que debían ser conscientes y generadores de solidaridad. Las parroquias tenían límites claros que se imponían a la realidad humana. Mediante su organización, estaba presente y activa en todos los acontecimientos tanto de la vida individual como colectiva, pero además espiritual (incluyendo la caridad y la enseñanza) y materialmente hablando.
Pero antes de entrar en particularidades, revisemos el panorama general. En Chile3, una vez consolidada la independencia y pasadas algunas décadas, la alta jerarquía de la Iglesia Católica seguía expresando de manera explícita la vital importancia que le otorgaba a las parroquias, legado administrativo de la época colonial, en el proceso de evangelización de las áreas urbanas y rurales. En un artículo publicado en La Revista Católica, a mediados del siglo XIX, se insistía en estas ideas, destacándose también el papel de los sacerdotes, quienes debían enfrentarse a inconvenientes de todo tipo y a realidades que sobrepasaban sus buenas intenciones. En tal sentido, la acción de los párrocos estaba llamada a:
“influir poderosamente en la mejora de las condiciones morales del pueblo, pero por desgracia esa influencia no puede menos que ser mui débil, tanto por la extensión excesiva de nuestras parroquias, como por la falta de iglesias en donde pueden reunirse los fieles a escuchar las exhortaciones del párroco, que han de ir disipando las tinieblas de su entendimiento i disponiendo favorablemente su corazón a la práctica de las virtudes cristianas i los deberes de su estado...”4
La acción misionera había tenido una destacada participación en el proceso evangelizador en la zona central de Chile. De esta forma, se había cimentado una estructura misional y doctrinaria que debió adaptarse a las nuevas exigencias y realidades surgidas a partir del proceso emancipador y que darían forma a la naciente República chilena. Por ello, fue preciso no solo continuar con la labor desarrollada por las órdenes religiosas en materia espiritual, sino además reforzar la precaria institucionalidad de la Iglesia republicana con la fundación de nuevos pilares de apoyo. En tal sentido, la institucionalidad promovida desde el Estado se sobrepuso a la matriz misionera de antaño, como bien lo ha explicado la investigación de Macarena Ponce de León para el caso de Chiloé5, ya que administrativamente el párroco reemplazó al misionero y la parroquia a las
3 Sánchez Gaete, Marcial (Dir.), Castillo Navasal, María José (Edit.). Historia de los Templos Parroquiales de la Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua, Santiago, Editorial Centro de Estudios Bicentenario, 2017; Sánchez Gaete, Marcial (Dir.), Castillo Navasal, María José (ed.). Historia de los Templos Parroquiales de la Diócesis San Ambrosio de Linares, Editorial Centro de Estudios Bicentenario, 2017.
4 La Revista Católica, Santiago, 15 de octubre de 1859, 243.
5 Ponce de León Atria, Macarena. Historia institucional de la Iglesia en Chiloé en los siglos XVII, XVIII y XIX Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia. Instituto de Historia. Santiago, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1996.
jurisdicciones misionales, sin por ello neutralizar las formas religiosas definidas desde el período colonial6.
Así, el asentamiento religioso territorial de los misioneros sobrevivió en la época republicana, pues la estructura de parroquias continuó y utilizó el desarrollo registrado por las capillas. La inexistencia de pueblos formales en la organización social de una buena parte del Chile central y la extrema dispersión de la población, llevó a establecer una red de puntos fijos de oración en cada uno de los lugares poblados, muchos de los cuales se transformaron en centros de permanente vida comunitaria7. Tal hecho reforzó la relación entre parroquias y habitantes mediante el levantamiento de estadísticas generales de sus habitantes, lugares de culto, escuelas y cementerios; como lo había planteado el obispo Justo Donoso a mediados de siglo8.
Desde el siglo XIX y hasta las primeras décadas del XX, se aprecian diferentes problemas relativos a la infraestructura de las parroquias, a las entradas de fábrica, la división territorial de las mismas, la participación de los hacendados y la comunidad rural en la construcción de parroquias y en solicitudes para nuevas erecciones de estas. Acercándonos al cambio de siglo aún se hacía notorio que el Estado no tenía una participación real a pesar del tutelaje que este sustentaba sobre la Iglesia Católica a través del derecho de Patronato (reiterado en la Constitución de 1833), delegando dicha responsabilidad en los hacendados y feligresía donde estaba inserta la parroquia. Respecto del financiamiento, en no pocas oportunidades el párroco debió utilizar criterios económicos en la administración de los bienes y propiedades para cumplir con su misión apostólica y social9. El exiguo aporte del Estado no era suficiente, como tampoco las entradas por los aranceles forzosos y voluntarios de los bautismos, informaciones y celebraciones matrimoniales, funerales y documentos parroquiales. Desde un punto de vista formal, era el Estado el responsable de estas materias, pero en definitiva ello se delegó en los fieles. En una circular del 21 de enero de 1882, se indicaba explícitamente que “aquellos templos católicos, que tienen alta importancia religiosa y social, han sido erigidos en su mayor parte mediante la piadosa liberalidad de los fieles”10.
Cuando el gobierno brindaba apoyo en la creación de parroquias o en la simple reparación de ellas, se debían sortear varios obstáculos. De hecho, el párroco debía elaborar un informe completo respecto de la parroquia que deseaba erigir. Se debía especificar el dinero de que disponía
6 Castillo Navasal, María José, “Sistemas Constructivos y Materialidades en las Edificaciones del chile Virreinal, en Bicentenario”, Revista de Historia de Chile y América, Vol. 15, N°1, Santiago, 2016, 75-98
7 Serrano, Sol ¿Qué hacer con Dios en la República? Política y secularización en Chile (1845-1885). Santiago, F.C.E., 2008, 289 y ss.
8 Donoso, Justo. Manual del párroco americano o instrucción teolójico-canónico-legal dirigida al párroco americano i particularmente al chileno. Valparaíso, Imprenta de El Mercurio, 1862.
9 Sobre este y otros aspectos de la organización parroquial decimonónica, Leal Pino, Cristián, “Las parroquias rurales en Chile: su gestación y medios de financiamiento, 1880-1920”, en Anuario de Historia de la Iglesia en Chile (AHICH), V. 9, Santiago, 1991, 51-65.
10 Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago, (BEAS), T. VIII, 1881-1882, 285.
HISTORIA
la comunidad, los planos, la nómina de la Junta de Fábrica, el lugar de erección y el dinero que se solicitaba al gobierno. En dicha tramitación participaba además del párroco, el Intendente, el Gobernador, el Prelado y el presidente de la República.
Fueron muy significativas las donaciones de particulares pudientes que se identificaban con la religión y el sector donde vivían. Así respaldaban la construcción de una capilla que más tarde se elevaría a la categoría de vice parroquia o parroquia. En muchos testamentos se dejaban “retazos de suelo”, algunas cuadras de terreno, fundos e importantes sumas de dinero en beneficio de la Iglesia para este fin. A veces se provocaban inconvenientes debido a que los párrocos no veían con buenos ojos la creación de una vice parroquia dentro de sus límites, pues ello les significaba menores entradas de dinero al disminuir la población de su parroquia11. En tal sentido, los párrocos recurrieron a diversos medios de financiamiento pasando desde los censos, capellanías, erogaciones forzosas y voluntarias por servicios parroquiales; hasta los arrendamientos y ventas de terrenos para llegar finalmente a utilizar los depósitos a interés, los préstamos hipotecarios y las inversiones. Otro factor a tener en consideración era la gran extensión de muchas parroquias, especialmente las de carácter rural. Según cálculos realizados por José M. Corral para 1925, y aparecidos en La Revista Católica de ese año, cada sacerdote secular debía atender en promedio 7.000 almas en una extensión de 262 kilómetros, solo en la Arquidiócesis de Santiago12.
11 Estas y otras apreciaciones similares se encuentran en el completo estudio realizado, a mediados del siglo XX, por Larraín Eyzaguirre, Iván. Estatuto Jurídico de la Parroquia, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 1956.
12 Leal Pino. Cristián “Las parroquias rurales en Chile…, p. 62.
II. PARROQUIA MARÍA AUXILIADORA DE LINARES.
Frontis de la parroquia

El 7 de febrero de 1905 llegó a Linares el primer sacerdote salesiano, Juan Grattarola, quien se alojó durante cuatro meses en el Hospital San Juan de Dios. A los pocos meses abrió un Oratorio Festivo a campo abierto en los terrenos baldíos que existían cerca del hospital, instancia que fue una novedad para los linarenses y mucho más para los niños que acudían a recrearse. Con posterioridad llegó el P. José Rivolta, buscando la salud en las aguas termales de Panimávida, pero enfermó gravemente y falleció el 4 de marzo de 1905. En junio, del mismo año las señoritas Jesús y Juana María Campos, donaron una quinta de 62 hectáreas llamada “Las Animas”, para que se establecieran los salesianos en forma definitiva, lo que dio origen posteriormente a Escuela Agrícola. Con el apoyo de la comunidad, el 15 de agosto, Fiesta de la Virgen, se inauguró una Capilla dedicada a María Auxiliadora13.
El 31 de diciembre de 1907 fue bendecida la primera piedra de la Iglesia, los trabajos del templo se vieron interrumpidos y solo en 1920 se reanudaron, inaugurándose cinco años después (1925)14. Todo lo anterior, llevó al Obispo de Chillán Monseñor Martín Rucker a crear el 18 de enero de 1925 la Parroquia María Auxiliadora, siendo nombrado como primer Párroco, Crisóstomo Gavirati15.
13 AHOL (Archivo Histórico Obispado de Linares), FP (Fondo Parroquias), Los Salesianos de Linares, Parroquia María Auxiliadora en los 75 años de su llegada 1905-1980, folleto.
14 Videla, Alfredo, Don Bosco en Chile. Notas para una historia de los salesianos en Chile, Santiago, Editorial Salesiana. 1983, 120.
15 “Habiéndose creado en la ciudad de Linares la parroquia de María Auxiliadora, nombramos para que la des-
HISTORIA
La fundación de esta nueva parroquia venía a cumplir el anhelo de la comunidad linarense, especialmente de la Población Oriente de la ciudad, como se constata en una carta del 20 de julio de 1924 dirigida al Obispo, en donde los habitantes de dicho lugar solicitaban la creación de la Parroquia de la Iglesia de los Reverendos Padres Salesianos:
“Los pobladores que firman esta petición, que la consideran muy justa, nos comprometemos a ayudar como siempre con nuestro modesto concurso, a la gran obra que realizan con tanto entusiasmo y perseverancia los Reverendos Padres Salesianos; para lo cual hemos nombrado un Comité que ha quedado compuesto por los Señores: Juan Bta. Encina, José Luis Kaigar, Juan Domingo González, Froilán Manuel Fuentes y don Augusto Bascuñan a fin de que S.S. lima, se digne hacerles”16.
Asimismo, en el auto de erección de la parroquia, una de las causas esgrimidas por el obispo para dicha fundación fue la petición hecha por los pobladores:
“Auto de Erección de la Parroquia de María Auxiliadora de Linares. - Nos Martín Rucker Sotomayor, Obispo Titular de Mariamés y Gobernador Eclesiástico de Chillán. - Por cuanto desde hace tiempo la Población llamada “Oriente” de Linares viene pidiendo con instancias la creación de una parroquia en esa parte de la ciudad y estando Nos convencidos de que creando dicha parroquia el servicio religioso mejorará notablemente en la nombrada ciudad; Por tanto, en uso de nuestra jurisdicción ordinaria de Gobernador Eclesiástico de las Provincias de Nuble, Maule y Linares separamos dividimos y desmembramos de la Parroquia San Ambrosio de Linares el distrito que vamos a indicar, y en él instituimos fundamos y erigimos una nueva parroquia que tendrá por asiento dicha Población Oriente de Linares bajo la advocación de María Auxiliadora cuya fiesta deberá celebrarse anualmente con el rito y solemnidad que para el titular prescribe la sagrada liturgia”17
Los límites fueron fijados en común acuerdo con el párroco de San Ambrosio de Linares y abarcaron las siguientes zonas: “Por el Oriente la República Argentina; por el Poniente la Avenida Matadero; por el Sur la calle de Rengo, siguiendo el desvío del Molino y el camino a la Cordillera y después los filos del primer Cerro hasta llegar al Río Achibueno en el lugar el “Peñasco”; por el Norte la Avenida del Cementerio y camino a Panimávida hasta el Río Putagán y el límite con la Parroquia Panimávida”18.
El auto de Erección de la Parroquia de María Auxiliadora, también estipula que:
“Sometemos a la jurisdicción y cuidado espiritual del párroco que fuere nombrado y de los que le sucedieren canónicamente en el oficio, a los habitantes de dicho territorio. Ordenamos que empeñe en calidad de Cura Párroco al Pbro. Don Juan Crisóstomo Gavirati sacerdote salesiano”. EnAHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Linares, Chillán, 17 de enero de 1925.
16 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Linares, julio 20 de 1924, s/f.
17 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Linares, Auto de Erección de la Parroquia de María Auxiliadora de Linares,18 de enero de 1925, s/f.
18 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Linares, Auto de Erección, s/f.
sea tenida por iglesia parroquial la misma iglesia que ahora tiene la Congregación Salesiana en la población “Oriente” de Linares. Dicha iglesia gozará de todos los privilegios y exenciones que por derecho le corresponden, incluso los de conservar la Sagrada Eucaristía, tener Bautisterio y Pila Bautismal. Asimismo, ordenamos que abra el Párroco los libros prescritos por derecho y se proporcione un sello parroquial y tenga un archivo propio. Mandamos que se acuda al Párroco lo mismo que a la Fábrica de la iglesia con todos los emolumentos subvenciones derechos y primicias que le son debidos por estatutos, leyes usos y costumbres legítimas. En esta virtud, damos por instituida y erigida la mencionada parroquia de María Auxiliadora y ordenamos que este nuestro auto de erección sea publicado en los tres días festivos inmediato a su recepción en la Iglesia Parroquia de San Ambrosio de Linares y en la nuevamente creada a la hora de mayor concurrencia de fieles. Dado en Chillán a dieciocho de enero do mil novecientos veinticinco. -
Martín Obispo y Gobernador Eclesiástico”19
El 22 de febrero de 1925 se desarrolló la inauguración de la Parroquia, con la participación del obispo de Chillán, más las autoridades de la ciudad. Según las noticias y las crónicas de época fue un gran acontecimiento, en donde las calles se adornaron, y la feligresía acudió en gran número a participar del solemne acontecimiento:
“Viene a inaugurarla S.S. Iltma. Monseñor Martín Rucker S. Llega el Prelado en el tren de 9 ½ siendo recibido en la Estación por el nuevo Cura Párroco Pbro. Don Juan Crisóstomo Gavirati recientemente nombrado como primer Párroco, por numerosísimo público que ovaciona cariñosamente y repetidamente a Monseñor a los acordes de la banda de la Casa Salesiana de Linares. - E1 Sr. Pbro. Don Antonio Cerrina salesiano leyó el acto de erección de la nueva parroquia; acto seguido el nuevo Cura prestó el juramento de estilo. El Sr. Obispo hizo una alocución y presenta al nuevo cura a los fieles. Habla por fin el Sr. Cura agradeciendo al Sr. Obispo el cariño que dispensa a los Salesianos. A las 12 M., almuerzo con varios convidados del Centro y los vecinos más caracterizados de la Población. Se tomó una vista fotográfica como recuerdo de la fiesta. A la 6 M., gran función teatral tan concurrida como aplaudida, a las 9 P.M. fuegos artificiales y Biógrafo al aire libre”20.
Unos meses más tarde, el 19 de abril, fue nombrado Vicario Cooperador de la Parroquia el sacerdote salesiano Daniel Meza, quien tuvo como primera actividad, en compañía del párroco, la preparación de los enfermos del Hospital para cumplir con la Iglesia el Domingo de Cuasimodo. Asimismo, participó, el día 26 de abril, en el fundo San Víctor, de la primera Comunión, donde comulgaron 17 niños y 23 niñitas, más 4 adultos, todos ellos habían sido preparadas por la Señora Raquel Izquierdo de Álamos. Posteriormente, en el día de Pentecostés, bendijo el agua de la pila Bautismal por ausencia del Párroco21
19 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Linares, Auto de Erección, s/f.
20 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, De la crónica de la parroquia de María Auxiliadora de Linares, febrero 22 de 1925, s/f.
21 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, De la crónica de la parroquia de María Auxiliadora de Linares, s/f.
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Como se ha visto, la actividad parroquial desde sus inicios fue muy intensa. Así, el segundo domingo de septiembre se celebró misa en la puerta de San Antonio y el seis de septiembre quedó organizado definitivamente el Centro Población Oriente de la Unión Nacional con la siguiente mesa Directiva; Carlos Gutiérrez Presidente; Zorobabel Azocar, Vice-Presidente; Juan Ángel Contreras, Secretario; Pedro Ibáñez, pro-secretario; Luis Kaijar Tesorero; Juan Domingo González, Pro-Tesorero y Directores los siguientes: Juan Bautista Encina, Froilán Fuentes, Julio Torres, Edmundo Sepúlveda y Anastasio Ortega. El 21 de septiembre el Presidente del Directorio General de la Unión Nacional visitó oficialmente el Centro Población Oriente de Linares “quedando gratamente impresionado y complacido de saber que hay más de cuarenta socios incorporados como fundadores. Se dio plazo hasta los primeros días de octubre para considerar como fundadores los socios que se incorporen dentro de ese plazo”22.
El 10 de octubre, fue un día especial porque “quedó despejada la iglesia parroquial de los palos y andamios de la parte terminada de la Iglesia dando un hermoso golpe de vista y mucha comodidad a los fieles”. En el mes de noviembre en la Capilla de Pejerrey se continuó con los trabajos de construcción del templo “con la corta de adobes para seguir los trabajos interrumpidos a cargo de Don Manuel Guzmán”23
Grandes apoyadores en todo este trabajo fueron las religiosas del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, quienes fueron muy cercanas al primer Obispo de Linares Miguel León Prado, no solo por el hecho de haberlas traído al territorio, sino también porque las ayudó a establecerse en casi todas las casas que fueron fundando. Según las crónicas de la casa de Linares llegaron a esta ciudad el 27 de junio de 1915, apoyadas por el obispo de Concepción Luis Enrique Izquierdo24 y el presidente de la República Barros Luco, ubicándose en la Avenida Constitución n° 659. La vivienda tuvo un valor de 13.500 pesos sin sumar las reparaciones que ascendieron a 378,25 pesos dineros recibidos en donación de Giovanina de Jesús del Campo “gracias a la influencia de nuestro insigne benefactor Monseñor Miguel León Prado”25 con la finalidad de favorecer la educación religiosa de señoritas de la ciudad de Linares. Las cuatro primeras religiosas que llegaron fueron Sor Jacoba Canobio, Sor Angelina Camiloto, Sor Liberata Lagos, y Sor Julia Patri. Acompañaba la Madre Inspectora de Chile Sor Luisa Claudia Rezzónico. Más de dos mil personas las esperaban en la estación de ferrocarriles que las acompañaron con toda cordialidad hasta el templo parroquial donde el Cura de Linares don Roberto Rodríguez dio lectura al Decreto del Obispo de Concepción, que autorizaba la creación del nuevo Establecimiento Educacional. Las hermanas siempre tuvieron una vida muy activa en la ciudad de Linares, insertándose en la comunidad con las distintas obras que emprendieron en dicho lugar lo que trajo consigo el acercamiento de
22 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, De la crónica, s/f
23 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, De la crónica, s/f
24 Monseñor Luis Enrique Izquierdo Vargas, Obispo de Concepción entre los años 1906- 1917.
25 Archivo Hermanas de María Auxiliadora, Monografía casa de Linares, año 1915, s/f.
muchas niñas por conocer más por el carisma de la congregación y de otras por entrar definitivamente en la vida consagrada26.
Crisóstomo Gavirati estuvo ocupando el cargo de párroco, desde 1925 hasta 1941, fue un largo y fructífero período, donde se sentaron las bases del asentamiento salesiano en Linares, y especialmente se evidenció el crecimiento de la ciudad y en especial de la Población Oriente. Lo que se demuestra en el informe de la visita pastoral de 1939 que, entre otros aspectos, daba cuenta de la existencia de siete oratorios activos y de los cuales la parroquia debía velar. Estos eran:
“Oratorio del Hospital
Oratorio en San Antonio, Casa del Sr D. Moreno. Es una pieza arreglada ex profeso para el culto. Se reza misa todos los primeros Domingos del mes; y se celebra con mucha solemnidad la novena y San Antonio de Padua.
Capilla de Pejerrey. Grande y espaciosa. Se reza misa los segundos Domingos del mes; se predica cada año la Santa Misión por dos Sacerdotes. Tiene todo lo necesario para las funciones del culto.
Oratorio de Chupallar. En una pieza separada destinada al culto y tiene todo lo necesario para las funciones religiosas. Es propiedad de la viuda de D. Felipe Carrasco.
Oratorio en Vega de Salas. En la casa del Sr D. Juan Lillo. Es una piececita al final de un corredor, cerrada; tiene un altar y todo lo necesario para el culto. Se predica la Sta. Misión todos los años por un Sacerdote y se reza misa cuando el Sacerdote es llamado a sacramentar enfermos. Oratorio en la Cruzada de la muerte. Es una pieza que se arrienda y en donde cada Domingo se reza misa para dar facilidades a los feligreses de ese sector a cumplir con su obligación. Tiene todo lo necesario.
Oratorio en Vara Gruesa. Es una pieza chica; una buena señora la facilita; pero la misa se reza en corredor para que puedan así oiría el mayor número de feligreses. El tercer Domingo del mes es para la Misa en Vara Gruesa”27
Para la fecha de esta visita pastoral, se contaba con varias reliquias que se veneraban públicamente, que eran: “ex carne de S. Juan Bosco con su auténtica, Reliquia de San Juan Bosco con su auténtica en el Oratorio del Hospital, Reliquia de San Juan Bosco con su auténtica en la Capilla de Pejerrey, Reliquia del Beato Cafasso con su auténtica, Reliquia de Santa Teresita del Niño Jesús con su auténtica, Reliquias de varios Santos distribuidas en cuatro relicarios de madera”28.
De las cofradías, se sabe que hacia 1940 estaban en actividad la de: María Auxiliadora, Doctrina Cristiana, Sagrado Corazón de Jesús, Sociedad de las Hijas de María, Cruzadas y Cruzados, Pajes del Santísimo Sacramento, Aspirantes de la Acción Católica y Santísimo Sacramento.
Un aspecto que caracterizó a esta parroquia desde sus inicios, fue su íntima relación con la feligresía, que se evidenciaba en forma permanente a través de sus encuentros, fiestas y demás
26 Sánchez Gaete, Marcial, De los barriales de San Miguel a la Diócesis de Linares: Miguel León Prado, sacerdote de una iglesia militante, Santiago, Centro de estudios Bicentenario, 2016, 211-213.
27 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, visita pastoral de 1939, s/f.
28 Idem.
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solemnidades públicas, cada una de las cuales congregaba gran cantidad de personas. De las que tenemos noticias para mediados del siglo XX son:
“Fiesta de María Auxiliadora. Patrona de la Parroquia, presidida por un mes con rosario, lectura del raes, predica y Bendición con el SSmo.
Fiesta de Purísima precedida por un mes entero con lectura predicación diaria y Bendición con el SSmo. Durante estos dos meses se preparan niños y niñas a la primera comunión.
Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús precedida por un mes con lectura diaria del mes y predica los últimos nueve días.
Fiesta de San Juan Bosco precedida por una novena solemne con lectura predica y Bendición diaria con el SSmo”29.
También se celebraban las: Novena y Fiesta del Carmen, Novena y Fiesta del Tránsito, Novena y Fiesta del Niño Dios, Novena de Sta. Teresa la del Niño Jesús, Novena de Ánimas, Novena de San Antonio tanto en la parroquia como en San Antonio. Asimismo, las procesiones de CORPUS, de María Auxiliadora, de San Juan Bosco, en Fiesta de Cristo Rey, de la Cruz el 3 de mayo. Y, además, todos los meses el 24 y 26 se hace procesión en el interior de la Iglesia con la estatua de María Auxiliadora y la Reliquias de Don Bosco.
Otro aspecto a destacar fueron los avances en la construcción del templo. Así, el 26 de julio 1938 “Se completa la obra del frontis con los trabajos de estuco de las torres”. Se inician los trabajos del estuco, que tendrán un inapreciable valor tanto por su belleza, como por la grandiosidad de su construcción. Y cuyos trabajos adelantaban rápidamente que serán verdaderas joya en su género30.
El 30 de mayo de 1943 asume la administración de la parroquia el religioso salesiano Guido Tento, quien además ocupaba el cargo de director de la Escuela Agrícola. Estará solamente tres años en la Parroquia María Auxiliadora, ya que en marzo de 1946 debe retirarse, como se manifiesta en carta del obispo explicando sus nuevas responsabilidades, quedándose a cargo como suplente el sacerdote Ángel Biaslón31
Con posterioridad, el 18 de febrero de 1946, es nombrado párroco Juan Sebben, hasta el 22 de abril de 1952, fecha de su fallecimiento. En su acta de nombramiento dice:
Hallándose vacante por traslado del Rdo. Padre Guido Tento de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, el de Cura Párroco de María Auxiliadora de esta ciudad…confiado en la virtud, idoneidad y prudencia y demás cualidades que concurren en la persona del Rdo. Padre Juan Sebben de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, nombramos al expresado Padre del Rdo. Padre Juan Sebben por cura Barroco de la citada Parroquia, y en consecuencia le concedemos…
29 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, visita pastoral de 1939, s/f.
30 Templo María Auxiliadora Linares, http://www.salesianoslinares.cl/noticia.php?idnoticia=484.
31 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Linares, 18 de enero de 1946, s/f.
todas las facultades y licencias para la administración de los Santos Sacramentos y demás funciones anexas al ministerio parroquial”32.
Bajo su administración tiene la responsabilidad de recibir desde el 17 al 31 de agosto de 1947 una visita pastoral, por la que tenemos la oportunidad de ver la marcha de la parroquia, en ella se expresa la:
“satisfacción y consuelo de comprobar, cómo el Señor párroco, sus Vicarios Cooperadores y toda la Comunidad Salesiana, se preocupan preferentemente del Culto Divino y de atender esmeradamente las necesidades espirituales de los fieles encomendados a sus cuidados. Felicitamos al Señor cura por la intensa piedad que se practica en la parroquia y que hemos podido constatar una vez más...Aprobamos y bendecimos las distintas formas del culto y la celebración de las fiestas principales de la Iglesia, como igualmente las diferentes prácticas piadosas con que mantienen el fervor de los fieles…Felicitamos al Señor Cura por el bien pie en que se encuentran las diferentes instituciones parroquiales, especialmente la Acción Católica, y le estimulamos a que continúe trabajando con el mismo celo que hasta ahora lo ha hecho en dichas instituciones”33.
Por la muerte repentina del cura párroco Juan Sebben se le solicita, por decreto del 22 de abril de 1952, hacerse cargo de la administración de la parroquia al religioso salesiano Juan Crisóstomo Gavirati, quien debió suplir algunas falencias encontradas en los libros sacramentales, como también poner al día las “firmas en los libros de defunciones, confirmaciones y borrador de bautismo”34. Por su avanzada edad estuvo este sacerdote solo un año en este cargo el cual deja en marzo de 1953, siendo reemplazado por R.P. José Tardivo, (marzo de 1953 hasta marzo de 1955).
José Tardivo al asumir la responsabilidad de cura párroco era “relativamente joven, lleno de energías, preparado espiritualmente a realizar una labor apostólica de grandes alcances”, decía en carta al Obispo de Linares Roberto Moreira el Inspector de los Salesianos José M. Bertola35. El trabajo realizado cumplió con las expectativas, ya que este sacerdote fue uno de los más queridos por la feligresía, debido a su entrega misional y atenta presencia con la gente. Estuvo solo dos años como párroco de María Auxiliadora, ya que fue nombrado, el 12 de mayo de 1955, director de la casa de los salesianos en Linares36.
“Confiados en las virtudes, suficiencia, y demás buenas cualidades que concurren en la persona del Rvdo. Padre Elías Martínez de Maranón, seguro que cumplirá fielmente lo que Nos le fuere encomendado y hallándose vacante la Parroquia de María Auxiliadora, por renuncia del que la servía, en propiedad el Rvdo. .P. José Tardivo, elegimos y nombramos al expresado Rvdo. Padre Elías Martínez de Maranón, por cura párroco de María Auxiliadora y en consecuencia lo concedemos todas las facultades y licencias para la administración de los santos sacramentos y demás
32 Idem.
33 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Visita pastoral, Linares,17 al 31 de agosto de 1947, s/f.
34 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, 28 de junio de 1952, s/f.
35 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, 8 de marzo de 1953, s/f.
36 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, 12 de mayo de 1955, s/f.
funciones del ministerio parroquial. Le encargamos y mandamos tenga especial cuidado de celar y evitar los pecados públicos y procurar con su ejemplo que los actos del ministerio se conformen con lo dispuesto en los cánones 138-140; de enseñar a sus (fieles) feligreses doctrina cristiana; explicarles el Santo Evangelio los días Domingos y festivos y cumplir con toda fidelidad cuanto se ordena en el Derecho Canónico y en las demás disposiciones eclesiásticas en orden al culto divino y el régimen de almas”37.
De esta forma se nombró como nuevo párroco a Elías Martínez de Marañón, quien ocupó dicha plaza hasta el 1° de febrero de 1963. Fecha en que será reemplazado, solo por algunos meses por el religioso Abilio Díaz Oréda, quien a los pocos días de ser nombrado fallece, a principio de 1964. Por los siguientes dos años (1963-1965), asume la responsabilidad de párroco Francisco Rojas Sánchez, quien en un principio fue Vicario Sustituto durante la enfermedad del P. Díaz.
Imagen: mapa que muestra el espacio jurisdiccional de la Parroquia María Auxiliadora. AHOL, PF, Parroquia María Auxiliadora, 1959, s/f.

A continuación, llegará a la parroquia el 21 de febrero de 1965 R.P. Andrés Battezzati Quaglia, quien estará en la administración parroquial hasta el 10 de marzo de 1974. Este salesiano volvió a impregnar en la comunidad un verdadero sentido de pertenencia parroquial, haciendo crecer la piedad, como también el compromiso de los feligreses. Hombre cercano y conocedor de la vida parroquial, que no escatimó esfuerzos para reconocer el sacrificio y la entrega desinteresada. Como lo demuestra el reconocimiento que solicitó al Nuncio Apostólico para la Sra. Dorila Rosa Durand viuda de Moreno, que dice:
37 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, 14 de marzo, 1955, s/f.
“Excmo. Mons. Al cumplirse los 81 años de edad de una benemérita Parroquiana, es deseo mío y de muchos otros parroquianos, conseguir de Su Excelencia, una Condecoración Pontificia a favor de Sra. Dorila Rosa Durand viuda de Moreno. Esta ilustre señora originaria de la ciudad de Curicó donde nació el 17 de mayo de 1885. Se estableció en la Comuna de San Antonio de esta ciudad, el año 1917. Dos años antes, 1915, se unía en matrimonio con don Froilán Moreno Muñoz.Madre ejemplar, de profunda vida cristiana, dio esmerada educación a cinco hijos, realizando así su primera misión de formar y vivificar cristianamente a su hogar.
Pero no quedó ahí su fervor religioso. A lo largo de 25 años, cooperó con verdadero espíritu de sacrificio y amor a las almas en la acción apostólica de la Parroquia, acompañando a los Misioneros en sus giras apostólicas en la montaña, entre los cuales es grato recordar a los Ilustres Sres. obispos de entonces, Mons. Subercaseaux y Mons. Moreira. - Superando las dificultades propias de esos agrestes lugares, los viajes a caballo y en carreta, el alojamiento no siempre confortable, cooperaba con el Misionero en la enseñanza del Catecismo, preparando a los niños y adultos a la Primera Comunión y Confirmación, visitando a los enfermos y disponiendo a todos a recibir con fruto los Santos Sacramentos.
En su misma casa de San Antonio, todos los años se hace la Misión,siendo ella el alma y vida de los ejercicios de piedad, que quiere tener el honor de dirigir, constituyendo la atracción de todos los habitantes que ven en la Sra. Dorila la llama que ilumina y dando resplandores de bondad y caridad. A pesar de sus 81 años, aún hoy no deja pasar ningún domingo sin hacer el Catecismo a los niños, con paciencia y cariño maternales, distribuyéndoles el Pan de la Doctrina Cristiana. Si cada año, para el tiempo de la misión hay un buen, grupo de Primeras Comuniones y Confirmaciones, es porque la Sra. Dorila los ha preparado a lo largo de todo el año. Por estas y por muchísimas otras benemerencias que hacen de esta dama ejemplar a la más ilustre Parroquiana, modelo de vida cristiana y amor a la Iglesia, pedimos a su Excia. Iltma. le otorgue en esta ocasión, al cumplir sus 81 años de vida, una Condecoración Eclesiástica, para que sea un reconocimiento oficial de la Iglesia, a quien ella tanto ama y sirvió a lo largo de toda su vida”38
Con posterioridad asumió el encargo de dirigir la parroquia Livio Vellere Nicolazzo, el 10 de marzo de 1974, quien murió en el cargo en 1978, fecha en que será reemplazado por el P. Battezzati.
La Parroquia de María Auxiliadora desde sus inicios se hizo cargo de atender una parte importante de la localidad de Linares, lo que, en el tiempo, se vio incrementado por el aumento de la población y por en crecimiento lógico de la ciudad. Así, para 1976 la población que se contaba bajo el alero de la parroquia eran: Población “Linares”; Población “Las Rosas”; Población “Salgado”; Población “Alonso” Sectores: Patricio Lynch - Manuel Montt- Santa María - Carlos Condell y Rengo; Población “Estadio Sur”; Población “Esfuerzo”; Población “Carlos Cortes”. Sectores: Baquedano, Carampangue – Bellavista; Población “12 de octubre”; Población “Gidi” y Población “Nueva Esperanza”39.
Para el año de 1979, la Población aproximada de la Parroquia alcanzaba a unos 12.000 ha-
38 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, 22 de noviembre de 1966, s/f.
39 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, “Poblaciones que pertenecen a la parroquia de María Auxiliadora de linares. Año 1976”, s/f.
HISTORIA
bitqntes en la ciudad y 8.000 en la montaña, de los cuales sobre el 90 % eran católicos, es decir unas 18.000 personas. Asimismo, se contaba con el cementerio parroquial de “Pejerrey” y los contribuyentes a la Iglesia (CALI) sumaban 40 almas. Con respecto a las principales asociaciones activas encontramos: Catequesis Primera Comunión (8-10) años, Juventud Parroquial Chilena (JUPACH) (10-15) años, Dirigentes de catequesis, de JUPACH: (16 a 22 años), Centro Juvenil Parroquial (Post confirmados), Grupo Juvenil “Movimiento Salesiano” (14 - 18 años), Legión de María (4 grupos). (8 por grupo). Cofradía de María Auxiliadora (43 personas) y Cofradía del Sagrado Corazón (25 personas)40
En carta dirigida al obispo Carlos Camus, del 7 de febrero de 1979, nos enteramos de la voluntad de la Congregación de cambiar al párroco al P. Battezzati por avanzado de su edad41:
“En primer lugar el cambio de párroco, como se propone en la hoja adjunta. Nuestra intención no es la de sacar al P.Battezzati de Linares, pero estimamos que la edad ya no le permite estar al frente de una parroquia tan extensa y bastante exigente desde el punto de vista pastoral. Por esta razón proponemos como párroco al P. Juan Garbarino de unos 45 arios de edad y 18 de sacerdocio. El P.Garbarino ha trabajado hace años en la obra salesiana de Linares. Nunca ha sido párroco, pero en estos últimos años, estando en Concepción, ha trabajado en el ámbito parroquial y en comunidades cristianas. Espero que pueda continuar con más fuerza y juventud la obra del P. Battezzati. Este último seguirá allí como Vice párroco, para que haya continuidad en la labor y para que pueda encaminar al nuevo párroco”42
El templo parroquial sufrió un brutal atentado incendiario el 12 de agosto de 1983, que es recordado por el religioso Juan Garbarino de la siguiente forma: “Eran las 6 de la mañana del 12 de agosto, el técnico agrícola Sebastián Acuña, encargado de la lechería, entró a la iglesia para dirigirse a la escuela, cuando vio que se estaba incendiando el altar de San Sebastián. Inmediatamente dio alarma a la comunidad de lo que estaba sucediendo. Golpea la puerta gritando: “Se está incendiando el altar de San Sebastián. Todos los padres acudimos a la iglesia y pudimos constatar que la puerta lateral izquierda estaba abierta, forzada por unos antisociales quienes prendieron fuego a las bancas, altares, manteles, que estaban a medio quemar y que solo prendió el altar de San Sebastián, elevándose las llamas a gran altura, hasta casi encender el cielo raso de la nave lateral izquierda. El padre José Hardy al ver que las llamas estaban por llegar al techo, con un fierro a modo de gancho comenzó a tirar al suelo los palos encendidos, evitando que el fuego cundiera. Y así salvó del incendio que habría no solo arrasado con la iglesia, sino también con la antigua construcción de la comunidad, segundo piso, y las oficinas primer piso”43
Por su parte, el periódico de la diócesis Buena Nueva titulaba: “Trataron de quemar la parroquia
40 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Datos pedidos por el Obispado de Linares, 1979, s/f.
41 El decreto de ratificación del cambio de párroco, tuvo fecha 12 de marzo de 1980, en AHOL, PF, Parroquia María Auxiliadora, s/f.
42 AHOL, FP, Parroquia María Auxiliadora, Santiago, 7 de febrero de 1979, s/f.
43 Templo María Auxiliadora Linares, http://www.salesianoslinares.cl/noticia.php?idnoticia=484.
Salesiana. Autores de vandálico sacrilegio serían “manos enguantadas” de extrema derecha.”, la noticia da cuenta del odioso clima que se vivía en el país por aquella época, en donde la iglesia católica ya había tomado una postura clara por la violación a los derechos humanos en el país por parte de los gobernantes. Así lo reflejó la declaración de un sacerdote salesiano quien dijo: “Es otra de tantas amenazas que siguen haciendo en forma planificada contra la Iglesia Católica que ha sido fiel al pueblo y leal en decir las cosas”44. Sabemos que comenzaron las reparaciones del templo casi de inmediato, y la comunidad en su conjunto, al margen de deplorar lo sucedido, ayudó en colocar la parroquia en buen estado.
Pasaran los años, hasta que el sábado 27 de febrero de 2010 a las 3:34 hrs, un fuerte terremoto de 8,8 grados Richter desplomó los muros de adobe de las naves laterales, derrumbando el techo de la nave central, sepultando estrepitosamente las imágenes y las bancas. Sólo quedaron en pie los muros del ábside en muy mal estado, donde estaba la imagen de María Auxiliadora que se mantuvo incólume en su nicho. El frontis de la iglesia, construcción sólida de cemento armado, se mantuvo en pie.
Los estragos causados fueron de mucha consideración, lo que llevo cuatro años de arduo trabajo para volver a levantar el templo de María Auxiliadora, el que fue reinaugurado 26 enero 2014 con la presencia del Arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati y el Obispo de Linares Tomislav Koljatic. Según informaciones periodísticas de la época, asistieron cientos de linarenses y autoridades comunales y regionales. “Los Salesianos vendieron parte de sus hectáreas de terreno para que la Universidad de Talca construya su nuevo Campus Linares, y con ese dinero se pudo levantar el templo, lo cual es muy meritorio”, expresó el obispo de Linares, Tomislav Koljatic, tras ser consultado sobre cómo se logró recuperar el edificio. La reconstrucción del Templo Parroquial “María Auxiliadora de Linares” fue encargada al arquitecto Boris Díaz. La estructura interior, paredes y cielo de la iglesia, fue realizada con maderas finas de formas curvas, lo que asemeja a un moderno teatro con capacidad para casi 500 personas y con un avanzado sistema de iluminación. “Es impactante estar acá y ver reconstruida esta iglesia, es algo que la comunidad esperaba harto. Quedó muy moderno y acogedor”, comentó Gonzalo Flores, uno de los feligreses. La ceremonia de consagración incluyó diversos ritos religiosos, como la apertura simbólica de puertas que monseñor Ricardo Ezzati instruyó a viva voz, la bendición de las paredes del templo, el ungimiento del altar con aceite e incienso, la entrega de presentes al altar por parte de la comunidad local, entre otros. “A Linares le digo que pueden encontrar en este templo un espacio espiritual para mirar confiadamente hacia el Señor”, afirmó el arzobispo de Santiago45.
44 Periódico Buena Nueva, septiembre de 1983.
45 http://www.utalca.cl/link.cgi//SalaPrensa/Institucional/7287
HISTORIA
Párrocos
Parroquia María Auxiliadora de Linares
Nombre INIcIo termINo
P. Crisóstomo Gavirati 1925 1941
P. Guido Tento 1943 1946
P. Juan Sebben 1946 1952
P. José Tardivo 1953 1955
P. Elías Martínez de Marañón 1955 1963
P. Abilio Díaz 1963 1965
P. Andrés Battezzati 1965 1973
P. Livio VellereNicolazzo 1974 1978
P. Juan Garbarino 1979 1989
P. Emilio Pastori 1990 1993
P. Roberto Sánchez 1994 2000
P. Enrique Fortin 2001 2002
P. Raúl Ibarra 2003 2006
P. Carlos Terán Castillo 2006 2014
P. Esteban Merino Gómez 2015

APONTAMENTOS SOBRE A ESTADUALIZAÇÃO DA HIERARQUIA ECLESIÁSTICA NO BRASIL (1890-1930)
Edgar da Silva Gomes
Doctor en Historia Social PUC-SP, Maestro em Teología (área Historia Eclesiástica). Investigador en Historia Social, énfasis en Historia del Brasil Transición Imperio-República y Primera República. Miembro del Consejo Consultivo de la ANPU-SP. El investigador del NEHSC (PUC-SP) y del Grupo de Investigación Religión y Política en Brasil Contemporáneo (PUC-SP), Coordinador Del Bachillerato em Teología, Universidad Cruzeiro do Sul.
I Vesi. (Vescovo/i) diedero all’Arciv°(Arcivescovo) commissione di trattare questo assunto coll’Internunzio Che poi ne sarebbe riferito Allá S.Sede. Per i motivi chel’Arciv° dirà e Che io appoggio, quando più posto per la mia conoscenza Del vecchio elemento vescovile e della situazione politico religiosa, l’E.V. si persuaderà della necessità, se si vuol salvare questa chiesa, Le nuove diocesi secondo i limiti esistenti dei vari stati, di dispensare per i primi anni dalle prescrizioni del Tridentino e di nominare súbito i Vesi. (vescovi) È chiaro, che se questo affare si dovesse trattare per via di corrispondenza si andrebbe troppo per le lunghe, mentre il tempo urge per provvedervi. D’Altronde Esso è serio per ragione che non è bene porre in iscritto, ma che Il Arch°, animato da vivo zelo per Il risorgimento di questa chiesa esporrà alla S.Sede meglio a voce. Voglia l’E.V. prestare all’Arciv° confidenza e fidúcia La magiore possibile [sic]
[...] Nel telegramma l’E.V. mi ingiungeva Che domandassi il consenso dei Vesci. Interessati ad eccesione di quello del para e lo transmetesse unitamente al mio parere. Risposi com quattro parole: ottenuto, consenso, approvo, progetto [...] Quanto al mio parere lo espressi con le parole approvo progetto. L’affare dell’aumento delle diocesi in principio non solo è stato sempre riconsciuto opportuno dal governo, e necessario daí vescovi ma la S.Sede sulle Istruzione gl’Internunzii há sempre insistito, perche se ne attenesse La realizzazione. Tengo sotto gli occhi Le Istruzioni da le Mgr. Mocenni [...] dove si ripete a lungo La stessa cosa colle stesse parole. Quanto al modo dalle mie conversazioni con i Vescovi io ho tratto la persuazione che Il progetto proposto da Mgr. Arciv° non potendosi per ora a motivo della situazione materiale precária di questa chiesa formare una diocesi per ciascuno stato, è ragionevole, pratico e provisoriamente sufficiente [...] Vi aggiungo la viva raccomandazione che Il progetto sia effettuato il piu presto possibile a motivo di previsioni politiche che protebbero piu tardi trastornarlo. È indispensabile Che gli avvenimenti futuri trovino già, per quanto più si può compiutalari organizzazione di questa chiesa a vantaggio degl’interessi religiosi e conforme alle saggie vedute della S.Sede [sic]
I. INTRODUÇÃO
Esta comunicação pretende apresentar as questões que envolveram a reestruturação diocesana da Igreja Católica no Brasil e suas ligações com o Estado Republicano após a separação Estado-Igreja, pelo Decreto 119 A, de 7 de janeiro de 1890. Com uma rede diocesana insignificante, erguida durante o período colonial e imperial brasileiro, uma rápida articulação política foi necessária para reestruturar administrativamente o catolicismo no território brasileiro, essa
urgência, apesar da falta de recursos, foi explicada pelo fato de que o republicanismo afirmava uma autonomia antes inexistente.
No primeiro encontro do episcopado brasileiro, na cidade de São Paulo, no ano de 1890, houve uma grande mobilização em torno da expansão proposta da rede diocesana, com o apoio da Santa Sé, foi implementado um plano ambicioso de no menor espaço de tempo possível, se erigisse pelo menos uma diocese em cada Estado da Federação. A pesquisa realizada, principalmente nos Arquivos Secretos do Vaticano, traz uma variedade de documentos sobre as articulações políticas necessárias para executar este ambicioso projeto do episcopado brasileiro do período em analise.
II. “A FIM DE EXPANDIR A ESTRUTURA ORGANIZACIONAL DO CATOLICISMO”
Nos documentos acima podemos verificar o início das articulações das autoridades eclesiásticas a fim de expandir a estrutura organizacional do catolicismo pelo país, ou seja, suas dioceses, que no Império, ficaram restritas aos Estados que, de alguma forma, movimentavam a economia e abrigavam as elites dominantes, ao longo da nossa história. No entanto, naquele momento de incertezas políticas para as instituições e se sentindo alijado de seus “direitos adquiridos”, o catolicismo buscou alternativas práticas para caminhar com suas próprias pernas, face ao novo cenário.
Numa reunião ocorrida em agosto de 1890 na cidade de São Paulo Mons. Spolverini, internúncio apostólico, pediu um parecer à comissão formada por três bispos1 para elaborar uma proposta de reorganização eclesiástica no território brasileiro. Nela, foi elaborado o modelo de “estadualização” da hierarquia eclesiástica como o objetivo de acompanhar a descentralização do poder civil, que parecia inevitável, apesar dos militares no poder que ainda defendiam um poder central forte.
Para o catolicismo, naquele momento, era inviável se descentralizar na mesma velocidade que o poder civil. Uma das causas alegadas foi a situação econômica, mesmo assim seria necessário acompanhar os acontecimentos porque devido à autonomia dos Estados, quanto mais se protelasse tal medida se correria o risco de, num futuro próximo, encontrar resistência do poder local para instalar uma diocese.
Mas, assim como Lampedusa escreveu, nos anos 50 do século 20, que, “Se quisermos que tudo fique como está é preciso que tudo mude”2, mudou-se o sistema político brasileiro, mudaram-se alguns atores em cena, mas a força manipuladora do jogo continuava a mesma, pois uma coisa é ter cargo, outra é governar de fato. Segundo Décio Saes, a classe média, no novo sistema político, continuou sendo manipulada pelas oligarquias3, pois ela teve sua origem dentro deste sistema e a ele permanecia ligado. Nesse sentido, o Brasil pouco mudou política e socialmente.
1 Esta comissão foi composta pelos bispos do Pará, D. Joaquim, de Olinda D. José, e pelo futuro Cardeal D. Arcoverde.
2 Lampedusa, Giuseppe Tomasi di. Il gatoppardo. Milano: Feltrinelli, 1959.
3 Para saber mais: Parissinoto, Renato M Classes dominantes e hegemonia na República Velha. Campinas:
O catolicismo, durante a Primeira República, conseguiu articular-se politicamente com as lideranças locais para se manter atrelado ao poder e conquistou vantagens, em grande parte do território brasileiro, para instalar suas dioceses. Ele foi se expandindo, primeiro, em cada Estado da federação e, depois, de acordo com as solicitações e vantagens oferecidas pelos poderes locais, foi ampliando progressivamente sua estrutura administrativa. Apesar de todos os conflitos e disputas internas por poder, as lideranças políticas, em grande parte, comandadas por grupos oligárquicos não faziam nada mais do que defender seus interesses pessoais e, nessa configuração, o catolicismo foi se aproveitando das brechas para se reerguer e conquistar poder num âmbito em que o toma lá da cá prevaleceu,
As camadas médias tradicionais viveram mergulhadas, durante toda Primeira República, no universo da ideologia dominante, o que facilitou a aceitação, em linhas gerais, da dominação oligárquica. As raízes desse “empréstimo” ideológico estão na própria situação de dependência familiar, social e econômica em que tais setores viveram com relação aos clãs aristocráticos rurais. Isto é, o liberalismo político e econômico, na forma em que era professado pelas elites rurais, acabou fornecendo as coordenadas do pensamento dos grupos médios e condicionando, desse modo, a sua atuação política [...] uma concepção democrática elitista era absolutamente ineficaz e irrealista na Europa dos fins do século XIX, ela era bastante viável e menos chocante no Brasil agrário e aristocrático dos anos 1889-1930, quando as massas agrárias [...] analfabetas e privadas de direitos políticos, viam-se, contudo, impossibilitadas de superar o estágio de absoluta incultura política, e conseqüentemente, a situação de completa marginalidade com relação ao sistema político [...] Evidentemente, a versão elitista brasileira de democracia liberal mascarava a discriminação sócio-econômica [...]4
Após a proclamação da república no Brasil pouca coisa mudou na política, pois as oligarquias regionais continuaram a dar as cartas no jogo político de acordo com seus interesses, em cada região, onde, loteado desde sua formação na terra da Santa Cruz, a classe média, bastante citada na historiografia como um dos fatores para a queda do antigo regime pouco lucrou com a mudança, [...] os laços de dependência familiar, social e econômica, bem como a identidade ideológica, forneceram as bases para o nascimento de uma atitude de fidelidade e expectativa positiva das camadas médias urbanas tradicionais para com as situações oligárquicas. Não é por acaso, por exemplo, que os batalhões patrióticos, organizados pela situação paulista para a defesa contra a revolução “tenentista” de 1924, se compunham de um número considerável de profissionais liberais e altos burocratas, de modo geral egressos dos setores tradicionais5.
Ed. UNICAMP, 1994; Miceli, Sérgio. Poder, sexo e letras na República Velha. São Paulo: Perspectiva, 1997; Machado, Paulo Pinheiro Lideranças do Contestado: a atuação e a formação das chefias caboclas (19121916). Campinas: Ed. UNICAMP, 2004; Vilaça, Marcos Vinicius; Albuquerque, Roberto Cavalcanti de. Coronel, coronéis: apogeu e declínio do coronelismo no Nordeste. 5 ed. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil, 2006; Prata, Marco Antonio Mestres, Santos e Pecadores: educação, religião e ideologia na Primeira República brasileira. São Carlos: RIMA, 2002.
4 Saes, Décio. Classe media e política na primeira república brasileira (1889-1930). Petrópolis: Vozes, 1975. p. 65-66.
5 Idem, p. 67.
No catolicismo, no período entre 1889 e 1930, devido aos problemas práticos a serem solucionados, houve certa plasticidade, inclusive na elaboração de seus quadros de comando para atender às diversas situações que aconteciam nos campos político, econômico e social. Para isso, seria necessário não apenas uma política de doutrinação, a romanização, mas, mais que isso, seria necessária também uma política de acomodação da instituição no novo sistema político. Para essa política funcionar seria preciso uma estratégia que pudesse conciliar sua doutrina moral com as políticas oligárquicas, poderíamos dizer que houve nesse período, no Brasil, uma adaptabilidade do imutável, ou seja, uma instituição milenar como o catolicismo não cansa de forjar maneiras de estar vinculado aos poderes constituídos, apesar de ter suas verdades e dogmas. Na política, em especial naquele período o catolicismo não se cansou de condenar a modernidade e seus “males”, embora tenha procurado uma maneira de não ficar fora da cena política quando isto lhe interessasse. Entre suas táticas para manter os vínculos políticos no Brasil, o “material humano” foi tratado com bastante cuidado entre a elite eclesiástica brasileira, observando o que estava à sua disposição e trabalhando para obter o melhor resultado. Segundo Miceli:
O perfil social do episcopado brasileiro ao longo da República Velha traduz [...] o empenho na consolidação da máquina organizacional através da imposição de linhas hierárquicas de comando e autoridade[...] viabiliza tais metas organizacionais através de sólidas alianças com setores oligárquicos. O intento de atrair ao corpo episcopal filhos de famílias ilustres da classe dirigente [...] uma cota mínima de padres de origem humilde, educados às custas de patrocínio eclesiástico [...] social e politicamente desamparados fora da organização, constituíram os princípios de composição dos altos escalões eclesiásticos que mais pareciam se ajustar às pretensões de influência da Igreja nas circunstâncias da época. Entre esse dois grupos, situavam-se os descendentes de linhagens tradicionais cujas famílias se encontravam em estágio acentuado de declínio social e material e aqueles poucos padres recrutados nas ordens religiosas6.
Outro dado importante, fornecido pela pesquisa de Miceli, é o da origem regional dos prelados atuantes durante a Primeira República:
Quase 50% dos prelados atuantes na Republica Velha eram originários dos estados nordestinos, seguidos pelos 20% nascidos e educados em Minas Gerais e pelos 14% provenientes de São Paulo, então a mais dinâmica frente de expansão da organização eclesiástica. Essa distribuição reflete o processo histórico de expansão territorial da Igreja Católica no país através da implantação de circunscrições, seminários e casas de formação, sendo ainda indissociável do grau de influência organizacional logrado por alguns lideres do episcopado à frente de suas dioceses por mais de duas ou até três décadas [...] à pujança dos movimentos católicos [...] dividendos materiais e institucionais carreados através de compromissos firmados com círculos oligárquicos7
A formação do quadro episcopal deu a ossatura da estrutura da instituição eclesiástica: uma equipe administrativa capaz de montar e fazer as articulações com os poderes constituídos em cada região do país. Esse batalhão comandava também, articulado com o baixo clero e com a
6 Miceli, Sérgio. A elite eclesiástica brasileira. Rio de janeiro: Bertrand Brasil, 1988, pp. 81-82.
7 Ibid.
intelectualidade laica, uma frente de batalha, paralela à hierarquia e por ela manipulada, para conseguir reaver sua participação na estrutura político-social da república.
O episcopado tentou em vão persuadir o governo provisório e o primeiro governo republicano, sob o comando do Mal. Deodoro, com uma pastoral coletiva dirigida ao clero e aos fiéis do catolicismo8. Oscar Lustosa9 comentou que, durante os primeiros anos de governo republicano, o catolicismo manteve distância estratégica do poder no Brasil, como se estivesse estudando a melhor forma de agir – opinião difícil de ser aceita se olharmos para documentação produzida entre aqueles que buscavam tirar proveito da importância um do outro. Mais correto é afirmar que o que não existiu foi a instrumentalização de um poder em relação ao outro, como havia sido no império. Em um âmbito mais geral, Ivan Manoel10 afirma que houve um longo período de “recolhimento” da igreja para que ela se reestruturasse internamente.
A igreja “afastada’ do jogo político, não se dava por vencida, continuava se articulando e fazendo sua política. O catolicismo era, ainda, aquele projetado pela instituição hierárquica, intrinsecamente ligada às elites, com a preocupação exacerbada de se reestruturar politicamente através de conchavos com a parte de cima da pirâmide político-social. Apesar do discurso abrangente, o extrato mais pobre da sociedade serviu sempre como massa de manobra política para demonstrar que o catolicismo ainda era digno de crédito, por parte do Estado, que não estava morto e que não poderia ser descartado por qualquer regime político que fosse. Afinal, essa instituição duas vezes milenar não sobreviveu a inúmeras turbulências por obra de milagres ou do sobrenatural: essa instituição está acostumada a fazer parte do jogo político e a jogá-lo para vencer.
ASV. Fasc. 344, p. 58v

8 Cf. Gomes, Edgar da Silva. A dança dos poderes. São Paulo: D’Escrever, 2009.
9 Cf. Lustosa, Oscar Figueiredo. A igreja Católica no Brasil República. São Paulo: Paulinas, 1991.
10 Cf. Manoel, Ivan Aparecido. O pêndulo da história: tempo e eternidade no pensamento católico (18001960). Maringá: UEM, 2004.
III. “DUAS MODALIDADES BÁSICAS DE ESTRATÉGIAS ADOTADAS...”
A expansão organizacional do catolicismo precisou adaptar-se às peculiaridades sociais e aos seus atores de cada região para criar novas dioceses. Gradativamente, foi sendo realizada a “estadualização” do poder eclesiástico durante a Primeira República ou para ser mais de acordo com a situação política daquele contexto, o catolicismo também se federalizou no território nacional. Como vemos no documento a acima, existiu a preocupação com a autonomia dos estados federados no novo regime. Mas ao se adequar a cada situação especifica não deixou de pertencer ao eixo normatizador – Roma – sem perder de vista o especifico de cada situação, trabalhou de forma a implementar uma diretriz reguladora de toda situação para não perder de vista sua identidade, ou seja, em razão da especificidade em que deveria atuar a hierarquia católica para se ligar novamente ao poder político nos diversos estados brasileiros, mantendo-se fiel ao projeto romano. Para Miceli, [...] o dimensionamento das áreas vizinhas de influência em termos de recursos mobilizáveis em favor do patrimônio diocesano também entraram em linha de conta para a definição das prioridades dessa política. O reparte do território paulista e da região sul de minas gerais constituiu, por exemplo, a resposta pronta e lucrativa da hierarquia às frentes de prosperidade impulsionadas pela expansão do café [...] os detentores dos postos de decisão na alta hierarquia concentraram seus esforços e investimentos na área mais próxima de influência [...] é possível identificar duas modalidades básicas de estratégias adotadas pela hierarquia eclesiástica no contexto mais geral da política de “estadualização”. Naqueles estados menos importantes em termos do valor de sua contribuição econômica, demográfica e política, a organização eclesiástica buscou assentar suas possibilidades de expansão e consolidação em alianças explícitas com alguma das facções oligárquicas dominantes. Na Paraíba do norte, no espírito santo, em mato grosso, entre outros, onde a luta política se resumia à competição envolvendo alguns poucos clãs e lideranças de estilo coronelista, os dirigentes eclesiásticos se viram obrigados a sujeitarem suas pretensões expansionistas à proteção dispensadas pelas lideranças oligárquicas. Essa tendência podia se traduzir numa aliança de prestação de serviços de que se beneficiavam mutuamente a autoridade episcopal e os chefes oligárquicos [...] a outra modalidade de “estadualização” do poder eclesiástico ocorreu nos estados mais desenvolvidos do país11.
A questão que Miceli levanta sobre “duas modalidades básicas de estratégias adotadas pela hierarquia eclesiástica no contexto mais geral da política de estadualização”, dividiu o país em dois “eixos de ação”, a saber, Norte-Sul. No eixo Norte estava concentrado os Estados de menor poder aquisitivo e também dominados por oligarquias mais ligadas a terra e no eixo Sul as oligarquias estavam expandindo seus negócios para as cidades com o capital adquirido nas lavouras de café, principalmente em São Paulo e no Sul de Minas Gerais. Essa estratégia adotada pelo catolicismo levou em conta, basicamente, as possibilidades financeiras que cada região podia oferecer de vantagens para sua expansão.
A “elite eclesiástica” concentrou forças para fazer a expansão diocesana no mais breve espaço de tempo possível por temer mudanças bruscas na política nascente, como vimos nos documentos
11 Miceli, Sérgio. A elite eclesiástica brasileira. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil, 1988, pp. 67-79.
acima12. Com isso o quadro de expansão ficou distribuído desta maneira: das 56 novas dioceses criadas no período de 1890-1930, 36 estavam localizadas no eixo Sul e apenas 20 no eixo Norte, ou seja, dos 20 estados, mais o distrito Federal, apenas 7 Estados receberam 36 novas dioceses, sendo que os outros 13 Estados do eixo Norte receberam 20 dioceses. A maior expansão, portanto, se deu nos Estados de maior poder aquisitivo, ou seja, nos Estados que constituem ainda hoje o polo de maior concentração de renda e, já naquele período estavam localizados nas regiões sul-sudeste, aqui denominadas como eixo-Sul13.
Isso fica bastante perceptível na documentação pesquisada no Arquivo Secreto Vaticano, onde sem exceção, para se criar uma nova diocese, a questão financeira era largamente discutida e sempre o ônus para a criação recaía nos ombros da região solicitante. Apesar de o interesse ser da instituição, a impressão que se tem, ao analisar esses documentos, é que o poder civil, de alguma forma fazia mesmo questão de ter criada uma diocese na sua região, ou mesmo elevar uma região em província eclesiástica. Este é o caso, por exemplo, do Paraná, que, a partir de 1924, se empenhou, por meio do então presidente do Estado, para ter novas dioceses e tornar o Estado uma província eclesiástica, como podemos ver em parte do documento transcrito abaixo, disse-me no trem o Presidente que havia recebido do Ministro do Exterior communicação particular de que viria aqui um Visitador Apostolico... e que elle, presidente, se lembrara em Ponta Grossa de auscultar personagens influentes a respeito da creação de um bispado alli, e que estes personagens se haviam mostrado dispostos a contribuir, etc, etc... e que isso traria de certo comsigo, vir a ser Corytiba arcebispado e o Paraná província independente de S.Paulo. [...] já por lhe parecer que o grau de importância do Parana não bem se coadunaria com a Idea de simples prelazias em seu território, já porque o território de Guarapuava deveria precisamente fazer parte da nova diocese de Ponta Grossa. Sorri, sim, o Sr. Presidente a idéia da 2ª nova diocese, no norte do Paraná [...] melhormente confrontar o plano PRELAZIA e o plano TRES DIOCESES (Corytiba, Ponta Grossa, Jacarezinho)14. [sic]
No eixo-Sul, mais rico, o patrimônio para criação de novas dioceses, ou para qualquer outra despesa de maior vulto, como adquirir um no Palácio Episcopal, ou mesmo reformar o antigo, contava quase sempre com o apoio das oligarquias ou do próprio poder civil. Para a criação da diocese de Pouso Alegre, o acento esteve no progresso da região com a construção da estrada de ferro e uma fervorosa campanha da cidade e da região15, principalmente por intermédio da imprensa local16.
12 ASV. LIBRI 60, p. 86v; ASV. LIBRI 61, pp. 38 v, 39r, 50v, 51r.
13 Eixo-Sul, ou Eixo-Norte, nada tem a ver com as divisões geográficas do Brasil. Não é uma divisão rígida. Mas, é apenas, uma opção para tratar na tese, as duas características político-sociais da divisão diocesana ocorrida durante a Primeira República.
14 ASV. Fasc. 1017, pp. 24-27.
15 Conselheiro Capivary, Cambuhy, Estiva, Jaguary, Anna de Sá, São José dos Ouros, São José do Congonhal, Santo Antônio de Jacutinga. ASV. Fasc. 389, pp. 2-3; 5-6; 9-11; 17-24.
16 ASV. Fasc. 389, 471, 615.
Silva
No eixo-Norte, as dificuldades financeiras para se criar uma nova diocese estiveram sempre presentes. Enquanto as coisas eram facilitadas pelo poder local no eixo-Sul o eixo-Norte precisava estar sempre atento às mudanças de humor das disputas oligárquicas em sua região. Estar ligado a uma oligarquia era sempre muito importante para um bispo do eixo-Norte. Como salientou Miceli, por exemplo, na diocese do Piauí, o bispo D. Joaquim de Almeida se tornou aliado político de Antonio Freire quando o dirigente local arbitrou em favor do bispo uma disputa por patrimônio subtraído de sua diocese, no ano de 1908, que, segundo consta na documentação pesquisada, as fazendas eram:
[...] pertencentes ao patrimônio do bispado do Piauhy, revolucionariamente arrancadas da posse do ex.mosenr. D. Joaquim de Almeida por uma sociedade leiga, organisada da noite para o dia”, voltaram para as mãos da diocese graças a intervenção do chefe do poder temporal, pondo-se ao lado do chefe do poder espiritual para restabelecel-o na posse dos direitos sagrados, offerece-nos nestes tempos um espetáculo novo e admirável. É motivo justo, sejamos francos, para darmos parabéns ao Estado. O accordo, realisado por influencia do exmo. Sr. governador, foi lançado no seguinte contracto [...] Acceitando, como acceitou, a benéfica e espontânea intervenção do Governador do Estado para immediata solução do pleito, revellou-se na altura da sua missão sagrada e sublime. Agora cumpre-nos dizer a atitude do exmo. Sr. dr. Antonio Freire, lançando o nosso julgamento com a franqueza e independência que nos caracterisao, sem as prevenções de opposicionistas e muito menos as curvaturas do aulicismo [...]manifestada por vezes a muitos catholicos, foi, parece, sempre favorável aos legítimos interesses da Egreja, affirmando que seria um dos primeiros actos do seu governo a reparação completa da injustiça. Estavao em jogo paixões desordenadas, chocavao-se empenhos de peso, tumultuavao embaraços de tal ordem que muita gente chegou a duvidar da realidade da promessa. Mas, a verdade é que o governador agia com firmeza e sinceridade17. [sic]
O bispo do Piauí não deve ter tido uma relação muito boa com o antigo Presidente do Estado: “A situação Anizio de Abreu tão prodiga em factos anormaes e nunca vistos, - cabe tremenda responsabilidade nesse attentado contra os bens da Egreja, [...] por sua manifesta cumplicidade consentindo na publicação de pretensos estatutos no jornal official”18. Mas, também, nem tudo aconteceu da maneira planejada. No entanto, após os contratempos com o antigo governo a situação voltou à normalidade na diocese e, mesmo não sendo partidário, até então, do presidente do Estado, Antônio Freire, contou com seu apoio, que interveio na situação que se arrastava há pelo menos dois conforme nota do mesmo jornal.
17 ASV. Fasc. 1118, p. 20. Recorte de jornal local s/d, s/n, arquivado no ASV.
18 ASV. Fasc. 1118, p. 20.
IV. CONSIDERAÇÕES FINAIS
Por motivos como os citados acima para reorganizar o catolicismo no território brasileiro após sua separação do Estado, além de erigir novas dioceses, era necessário alocar, em cada diocese existente, um prelado que pudesse ter alguma influência política ou flexibilidade no trato com o novo regime. Contudo, nem sempre essa estratégia foi imediatamente conseguida. Por exemplo, na capital federal houve duros embates entre o episcopado para que o bispo deixasse seu cargo, algo que só aconteceu após sua morte. Tentou-se também colocar em cada região um bispo com a “mesma” ideologia política dos dirigentes políticos locais, ou neutralizar a ideologia do opositor, às vezes o opositor pertenceu ao próprio clero.
Como no caso da difícil escolha de um bispo para a diocese do Crato, onde o padre Cícero estava envolvido na política local, descontentado a hierarquia eclesiástica. Para apaziguar esta situação o bispo do Ceará, hoje Fortaleza, D. Manoel pediu a nomeação do padre lazarista Manoel dos Santos, que, por sua vez, após ser aceito pela Santa Sé, recusou a nomeação, que foi ocupada pelo Mons. Quintino. A escolha do padre Manoel dos Santos parece ter sido articulada sem seu conhecimento, haja vista que na indicação de seu nome para o episcopado o bispo do Ceará estava de férias no mês de janeiro de 1914 na casa dos Lazaristas no Rio de Janeiro: “Minha residência aqui é na rua General Severiano, 62, Botafogo, na casa dos Lazaristas (sic),” sugerindo uma articulação da Ordem para elevar um de seus religiosos ao episcopado19.
Diversas manobras politicas foram realizadas entre as elites do poder espiritual e temporal no Brasil durante a Primeira Republica para que o catolicismo permanecesse ligadoas elites e desta forma manipular a população crédula a favor dos interesses dos poderosos das duas instituições secularmente aliadas em prol de interesses comuns: a manutenção do poder e da dominação secularmente conhecida e reconhecida pela historiografia.
19 ASV. Fasc. 714, p. 4v.

NOTAS SOBRE O CATOLICISMO E A DITADURA MILITAR NO BRASIL, A
SITUAÇÃO DE SÃO PAULO
Ney de Souza
Pós-doutorado em Teologia PUC Rio. Doutor em História eclesiástica pela Gregoriana e registro USP. Professor da Pós Graduação e Graduação em Teologia da PUC SP – Brasil. Fonte ACMSP (Arquivo da Cúria Metropolitana de São Paulo) Documentos em fase de catalogação – textos censurados do jornal O São Paulo. Todos os textos vetados disponíveis em http://www.uel.br/cch/cdph/portal/pages/ paginas-censuradas-d-o-sao-paulo.php. Livro do Tombo da Sé, 19541977, cota 2-3-48.
INTRODUÇÃO
Opresente estudo analisa primeiramente a relação de aspectos do catolicismo em São Paulo com a ditadura militar (1964-1985), revelando como aos poucos, um segmento da Igreja católica foi despertando para a violenta realidade em que estava inserida; em seguida realiza uma análise crítica de um artigo censurado, vetado do jornal O São Paulo (OSP), semanário da arquidiocese de São Paulo.O termo Vetado era a marca deixada pelo carimbo utilizado pela censura nas folhas de todos os artigos censurados na íntegra. Ao analisar e, ao mesmo tempo, apresentar o artigo censurado tem-se por finalidade devolver, parte do que foi roubado dos cidadãos, seus direitos de saber, pensar, decidir e viver de fato a democracia. Ainda, o objetivo é uma explícita e total condenação da violência destes atos obscenos de coibir unilateralmente a expressão livre de ideias e ações políticas chegando ao cumulo da irracionalidade: tirar vidas. Condenando, é outro objetivo, a sonegação de informações comprometedoras, de um governo que calava tudo e todos que não concordassem com as posições das forças tidas como vencedoras. O estudo tem também por interesse questionar o cenário político atual. Não para duvidar que se vive num país melhor, mas para verificar e discutir sobre os estilhaços, não tão pequenos e poucos, que estão introjetados como legados da ditadura no mais íntimo do tecido moral desta sociedade. É sempre dentro de um espirito critico que se vai consolidando o regime democrático que a sociedade brasileira começou apenas a engatinhar nele. Há muito ainda que se discutir sobre o trágico momento da recente história dos brasileiros. São entrelaçamentos que subsistem entre o passado sombrio da ditadura e o presente democrático. São inúmeras fontes que necessitam ser visitadas para um debate amplo sobre esse passado polêmico de personagens mortos, desaparecidos e alguns vivos que são fundamentais para compor o sujeito brasileiro do tempo hodierno.
O semanário censurado, O São Paulo, foi fundado pelo cardeal arcebispo D. Carlos Carmelo de Vasconcelos Motta em 1956. Durante a ditadura militar (1964-1985) mais de 80 artigos foram censurados na integra e parte de artigos aprovados com cortes pelo governo. As colunas onde seriam publicados os artigos apareciam em branco, como acontecia com os outros jornais.
Como o governo percebeu que até isso seria motivo de reflexão crítica e por que alguns padres explicavam a seus fiéis nas missas o motivo de páginas em branco, a ditadura impôs novamente. No lugar dos artigos censurados deveriam ser publicados anúncios do jornal (Leia e divulgue O São Paulo), salmos e até receitas de bolo. A investigação resultante desta pesquisa apresentada aqui no formato de artigo segue a tese da historiadora Beatriz Kushnir1, ou seja, que os jornais de grande porte passaram a ser colaboracionistas apesar de censurados. Jornais pequenos como O São Paulo seguem outro caminho, o da resistência, afirmando que é censurado. O silêncio de jornais, revistas e outros meios de comunicação em relação aos acontecimentos da mais alta violência que acontecia comandada pelo Estado é sinal de autocensura, conivência com a mesma violência impetrada pelo regime autoritário que reinou no país. O semanário católico entra em outra situação: a censura prévia2.
1. IGREJA CATÓLICA E DITADURA MILITAR EM SÃO PAULO
A história do Brasil, desde o período da conquista e colonização, passando pela fase da independência política até a atualidade, é inseparável da história da implantação e institucionalização do catolicismo neste território3. Como religião oficial até o final do Império (1889), o catolicismo estabeleceu fortes vínculos com o Estado, convertendo-se numa força conservadora que atuou, durante séculos, em conformidade com os interesses das elites dominantes4. A partir de 1960, profundas mudanças no interior do país levarão setores do catolicismo a estreitar laços com os movimentos sociais, engajando-se em programas de reformas de mudanças sociais 5. Neste processo, estes setores da Igreja católica no Brasil destacaram-se ao se projetar na vanguarda da militância em defesa dos princípios de justiça social, dos direitos humanos e ao se envolver nas lutas sociais e políticas daquele período histórico. No contexto de uma ditadura militar repressiva6 o ativismo sociopolítico do catolicismo brasileiro engendrou um crescente conflito entre a Igreja católica e o Estado militarizado. É evidente que este texto tratará das atividades concernentes à instituição católica, não esquecendo que outros segmentos da sociedade entraram nesta árdua luta pela redemocratização e contra a ditadura no Brasil.
Antes de chegar a um posicionamento firme contra a ditadura militar por parte de um setor da hierarquia católica, o catolicismo realizou um percurso repleto de contradições. Parte desta hierarquia apoiou o golpe de Estado (31/03/1964) contra o presidente João Goulart (1961-
1 Beatriz. Kushnir. Cães de guarda. Jornalistas e censores, do AI-5 à Constituição de 1988, São Paulo: Boitempo editorial, 2012.
2 O autor estuda há anos a temática da censura neste semanário. Outro artigo com esta temática foi publicado em Franciscanum Revista de las ciências del espíritu LVIII(2016) pp. pp. 375-405.
3 Ney de Souza,“Os caminhos do Padroado na evangelização do Brasil”. In: REB 247 (2002) pp. 683-694.
4 Riolando Azzi, A cristandade colonial. Um projeto autoritário. (São Paulo: Paulinas, 1987) pp. 24-35.
5 Scott Mainwaring, Igreja Católica e política no Brasil (1916-1985). (SÃO Paulo: Brasiliense, 2004) pp. 102-138.
6 Daniel Aarão Reis. Ditadura e democracia no Brasil. (Rio de Janeiro: Zahar, 2014).
1964), organizando as Marchas da Família, com Deus, pela Liberdade, que foram amplamente noticiadas e tiveram um grande impacto juntamente com a Campanha Anticomunista, expressando a conivência da maior parte do clero com a ordem política estabelecida. Dois meses após o golpe, a CNBB (Conferência Nacional dos Bispos do Brasil) emitiu um manifesto apoiando o golpe7. O colorido das contradições eclesiásticas se revela neste texto da CNBB. Se por um lado o episcopado agradecia aos militares por salvarem o país, por outro lado incluía parágrafos críticos ao regime. Os bispos afirmam que não abrirão mão de uma linha social que a CNBB vinha defendendo, “nem se curvará às injunções da política partidária, nem às pressões de grupos de qualquer natureza, que pretendam, por acaso, silenciar a nossa voz em favor do pobre e das vítimas da perseguição e da injustiça”8. O golpe foi “um divisor de águas na história da Igreja no Brasil porque estabeleceu-se um conflito latente nas relações entre o governo e o clero católico”, e mais “neste processo, a Igreja se transformou na principal força de oposição a ditadura militar”9. Desse modo, “a hierarquia católica move-se com firmeza na direção da defesa dos direitos humanos e da oposição ao regime militar. A reação do governo levou a prisão e mesmo a assassinatos de padres”. No entanto, a Igreja “era poderosa demais para ser intimidada, como o foram os partidos políticos e os sindicatos. Ela se tornou um baluarte da luta contra a ditadura”10.
No final dos anos 1960 e início da década de 1970, setores da hierarquia começaram a mudar seu posicionamento frente à ditadura militar confrontando-se com as atitudes desumanas promovidas pelas ações militares e paramilitares. Este setor da Igreja “enfrenta o Estado e as classes dominantes, criticando seu sistema econômico e sua política impiedosa” 11. Michel Lowy considera a Igreja católica como a principal adversária da ditadura12 levando-a a ser acusada pelos militares de subversiva, inspirada no marxismo e opositora do progresso e da modernização. Desgastada a histórica aliança entre Igreja e Estado, afirma Serbin13, o regime burocrático-autoritário do Brasil prosseguiu em seus planos de desenvolvimento sem o costumeiro apoio moral, intelectual e político da Igreja. O mesmo brasilianista sustenta que o “Estado e a Igreja estavam abandonando suas cosmologias conjuntas de dominação social”. Constata que somente “encontros secretos entre os bispos e os generais durante os piores anos do regime impediram a ruptura das relações”14.
7 Luiz Gomes De SOUZA, Lima, Evolução política dos católicos e da Igreja no Brasil. (Petrópolis: Vozes, 1979), p. 147.
8 Ibidem, p. 149.
9 Renato Cancian, Igreja Católica e ditadura militar no Brasil. (São Paulo: Editora Claridade, 2011) p. 38.
10 José Murillo de Carvalho, Cidadania no Brasil, o longo caminho. (Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2011), p. 183.
11 Roberto Romano, Brasil: Igreja contra Estado. (São Paulo: Kairos, 1979), p. 251.
12 M. Lowy, Marxismo e teologia da libertação (São Paulo: Cortez, 1991), 55.
13 Kenneth Servin. Padres, celibato e conflito social. Uma história da Igreja católica no Brasil. (São Paulo: Companhia das Letras, 2008), p. 187.
14 Idem. Diálogos na Sombra. Bispos e militares, tortura e justiça social na ditadura. (São Paulo: Companhia das Letras, 2001), p. 98.
Encontros estes realizados numa entidade formal, desconhecida do público: a Comissão Bipartite, criada em novembro de 1970, no Rio de Janeiro.
O catolicismo local, em São Paulo, seguia este mesmo percurso de contradições do catolicismo no Brasil15. Na década de 1960 havia grande dinamismo nas bases da Igreja de São Paulo. O primeiro cardeal de São Paulo, Carlos Carmelo de Vasconcelos Motta, havia realizado importantes reformas de cunho social nesta arquidiocese, dentre outras o fortalecimento do Círculo Operário Paulistano. Quando efetuada a sua transferência para Aparecida SP em 1964 foram veiculadas notícias que tudo havia sido uma orquestração da ditadura militar. O livro do Tombo da Sé16 afirma que foi necessário que a Santa Sé se manifestasse afirmando que o pedido de transferência havia partido do cardeal, dois anos antes. A motivação era sua idade, 74 anos, e problemas de saúde. Em Aparecida Motta trabalhou vigorosamente e impulsionou as obras do santuário nacional. No interior paulista faleceu aos 92 anos de idade em 1982. Após sua partida de São Paulo as diversas lideranças pastorais deram continuidade ao trabalho social junto aos operários. Neste período nasceram as primeiras comunidades de base de São Paulo. Afirma o brasilianista Scott Mainwaring que “os padres de São Paulo tinham a responsabilidade maior pelas cartas coletivas que clamavam por maior engajamento episcopal nos esforços de criar uma Igreja renovada”17. Os movimentos da Ação Católica Brasileira, a Juventude Operária Católica e a Ação Católica Operária até 1970 viviam em um grande dinamismo. Esses movimentos estavam na base da formação da Comissão Pastoral Operária18.
O novo arcebispo, sucessor do cardeal Motta, D. Agnelo Rossi (1964-1970) legitimou o regime autoritário, neutralizando o trabalho de base realizado até aquele momento19. Em 1965 declarou que o governo de Castello Branco realizara as reformas sociais que a Igreja desejava há muitos anos. Embora conhecesse as dificuldades que a alta taxa de desemprego causava, afirmou que a burguesia também fora afetada adversamente pela crise econômica e elogiava os esforços e intenções do governo20. Anteriormente, em Ribeirão Preto SP já eram estas as posições de D. Agnelo. À época trabalhava na cidade um futuro bispo auxiliar de São Paulo, padre Angélico Sândalo Bernardino21 que, em entrevista posterior afirmou que naquela “época [...] era D. Agnelo
15 Ney de Souza. Catolicismo em São Paulo. 450 anos da presença da Igreja em São Paulo (1554-2004). (São Paulo: Paulinas, 2004), pp. 466-589; Idem. O bispo e as greves do operariado no ABC, disputas e tensões entre a Igreja católica e a ditadura militar, In História e Cultura. v. 4, 277-301, Franca: 2015.
16 ACMSP, cota 2-3-48, 400.
17 Scott Mainwaring, op. cit. p. 123
18 C. P. Ferreira de Camargo et alii. “Comunidades Eclesiais de Base”. In: Paul Singer; Vinicius Caldeira Brant (eds.). São Paulo: o povo em movimento. (Petrópolis: Vozes, 1980), pp. 62-68.
19 Paulo César Gomes. Os bispos católicos e a ditadura militar brasileira. A visão da espionagem. (São Paulo: Record, 2014), p. 62.
20 CPV - Centro de Pastoral Vergueiro, vol. 1, pp. 23-24; Scott Mainwaring, op. cit. p. 124.
21 Outras informações sobre este importante bispo jornalista que trabalhou no Jornal O São Paulo em Waldir
Rossi muito querido, mas politicamente equivocado, no começo apoiou o movimento militar e participou da Marcha por Deus, pela Família e pela propriedade, era um equívoco”22.
Em 1970, o cardeal Rossi convocou a imprensa para anunciar que havia sido transferido para Roma onde seria o prefeito da Sagrada Congregação para a Evangelização dos Povos e para apresentar o novo arcebispo. A notícia causou um grande impacto tanto pela nomeação de um brasileiro para um cargo tão importante em Roma quanto pela nomeação de dom Paulo Evaristo Arns para arcebispo de São Paulo. Na imprensa nacional e internacional circulavam notícias que suspeitavam desta transferência para Roma. Na tentativa de encerrar os comentários D. Agnelo lançou uma nota no jornal (31 de outubro de 1970) para responder à imprensa e afirmava ser de caráter político sua transferência. O cardeal enfatizava que Roma necessitava de sangue novo para oferecer uma contribuição para o bem do Povo de Deus. A partir deste momento a situação do catolicismo em São Paulo tomará um outro rumo. É de grande importância ter conhecimento das matrizes que nortearam tais mudanças para entender os textos censurados do jornal católico O São Paulo.
Nomeado arcebispo de São Paulo no dia 22 de outubro de 1970, d. Paulo assume a Arquidiocese no dia primeiro de novembro. Uma das primeiras visitas que D. Paulo fez como representante do catolicismo em São Paulo foi aos dominicanos presos. Logo depois do dia 22, quando soube oficialmente da nomeação, D. Paulo Evaristo foi ao Presídio Tiradentes para dizer àqueles que lá se encontravam que não iria abandoná-los. Visitas como essa significavam muito para os presos. Naqueles tempos de repressão era muito importante saber que tinha alguém do lado de fora solidário à situação que estavam passando dentro das prisões.
Foi num clima de intensa repressão à participação democrática em partidos, sindicatos23, na vida eclesial, na censura à imprensa, que D. Paulo assumiu o cargo de arcebispo da maior arquidiocese católica do mundo24. Seus anos seguintes seriam de um grande percurso entre visitas e apoio incondicional a presos políticos, torturados, famílias de desaparecidos, menores abandonados e à definição da Igreja de São Paulo: Pastoral das Comunidades Eclesiais de Base, dos Direitos Humanos e Marginalizados, do Mundo do Trabalho e da Periferia e áreas carentes.
Assim que assumiu a arquidiocese incrementou a participação do laicato seguindo os passos do Concilio Vaticano II (1962-1965). Realizou a Operação Periferia (1972), vendendo o Palácio Episcopal e assumindo destemida defesa dos direitos humanos constantemente violados pela
Augusti (org.). Dom Angélico Sândalo Bernardino bispo profeta dos pobres e da justiça. (São Paulo: Secretaria de Estado da Cultura: 2012).
22 Angélico Sândalo Bernardino. Entrevista. In: Fabio Lanza, O regime militar no discurso memória da Igreja católica na região metropolitana de São Paulo (1964-1985). Dissertação de mestrado UNESP. Franca: 2001, p. 137.
23 Marco Aurélio Santana, Trabalhadores, sindicatos e regime militar no Brasil. In: Milton Pinheiro (org.). Ditadura: o que resta da transição. (São Paulo: Boitempo Editorial, 2014) pp.171-194.
24 O São Paulo. 29 de outubro de 1982.
ditadura militar. O cardeal se tornou a voz dos sem voz, um dos verdadeiros arautos da justiça social no Brasil. É de sua responsabilidade a edição e relatório do Brasil nunca mais, marco da luta contra a tortura. Afirmava Arns que “As angustias e esperanças do Povo devem ser compartilhadas pela Igreja. Afinal, o próprio Cristo, que passou pela terra fazendo o bem, foi perseguido, torturado e morto. Legou-nos a missão de trabalhar pelo Reino de Deus, que consiste na justiça, verdade, liberdade e amor”25
Avenida Higienópolis, 890. Este era um dos endereços mais procurados na América Latina durante o período da ditadura militar. Neste local ainda se localiza a Cúria Metropolitana de São Paulo. Era para onde iam refugiados políticos e familiares de desaparecidos desesperados e sem ter a quem recorrer. No Brasil, que timidamente começava uma abertura política, continuavam existindo provas de que muita coisa ainda precisava ser feita para acabar com os desmandos do regime militar. As mortes de Vladimir Herzog e Manoel Fiel Filho não representaram o fim das arbitrariedades. No dia 30 de outubro de 1979, mais um operário foi morto: Santo Dias da Silva. O cardeal Arns relata como foi informado da morte de Santo Dias e todos os seus desdobramentos26 e afirma quando visitou o Instituto Médico Legal de São Paulo: “Todos se retiraram e eu me aproximei do cadáver, colocando o dedo indicador dentro da ferida e rezando o pai-nosso, olhando ao mesmo tempo para Deus e para mais ou menos uma dúzia de delegados que me assistiam naquele momento”. Continua afirmando que “Ao ver Ana, a esposa, entrando, falei aos funcionários da polícia ‘vejam o que vocês fizeram’!”27.
Em 1998 o cardeal Arns se tornou arcebispo emérito e, na atualidade, mora na região metropolitana da cidade de São Paulo.
2. O SÃO PAULO IMPRENSA CALADA, MEMÓRIA REVELADA
A perseguição à imprensa, no contexto da ditadura, se intensificou. O progresso tão alardeado no país produziu um ônus que está sendo pago até hoje. A riqueza de uma minoria foi construída sobre a miséria e a ignorância da maioria da população. Educação e consciência para quê? Uma população ignorante e sem senso crítico seria mais fácil de manipular. E foi por isso que os jornalistas que queriam informar foram perseguidos. Os jornais e revistas foram censurados, rádios e televisões amordaçadas.A Rádio 9 de Julho (1953) emissora da arquidiocese de São Paulo foi lacrada pelo governo Médici, sendo reinaugurada vinte e seis anos depois.
O jornal O São Paulo foi um veículo de comunicação importantíssimo para a Igreja de São
25 O texto é de D. Paulo Evaristo Arns no prefacio de Brasil Nunca Mais. (Petrópolis: Vozes, 1985) p. 11. Este livro é indispensável para quem quer, mais do que somente cristãos, mas todos os cidadãos, tomar conhecimento da tortura no Brasil da repressão e não somente adquirir conhecimento, mas ser convidado a reconhecer a verdadeira identidade de Jesus de Nazaré através das faces desfiguradas dos torturados e torturadores, afirmando mais uma vez o direito, a justiça e a dignidade do ser humano.
26 D. Paulo Evaristo Arns, Da Esperança à Utopia. Testemunho de uma vida. (Rio de Janeiro: Sextante, 2001) pp.195-196.
27 Ibidem, p.196.
Paulo e para o Brasil. Mesmo com toda perseguição, a luta pela liberdade aconteceu na arquidiocese paulistana. Qualquer artigo destinado a conscientizar a população era censurado. Em poucas oportunidades no período do regime militar a imprensa nacional conseguiu uma chance para se posicionar em relação às arbitrariedades cometidas contra a população brasileira. O cerceamento à liberdade editorial imposta ao semanário se tornou pública pelo organismo arquidiocesano que editava o jornal, o Centro de Informações Ecclesia (Ciec), dirigido pelo cônego depois bispo Amaury Castanho. O Boletim informativo não esteve sob restrição pelo fato de ser dirigido aos órgãos de comunicação. O informativo registrou em suas páginas todas as investidas contra o jornal. Necessário reafirmar a importância deste jornal que esteve sempre sob censura prévia e nunca sob autocensura.
O Presidente Médici (1969-1974) confirmou a censura prévia que foi publicada no Diário Oficial da União no dia 20 de junho de 1973. O MDB tentou convocar o Ministro Alfredo Buzaid para falar sobre a censura. A tentativa foi obstruída na Câmara dos deputados pela ARENA que rejeitou o pedido. O líder da Arena, Geraldo Freire se pronunciou sobre a legalidade do ato presidencial. Alegou ele que era um ato que defendia os ideais da Revolução, “(...) para o povo brasileiro ter o direito de pensar como quer. Porque se não fosse a Revolução, os elementos do MDB estariam neste momento com um cadeado prendendo-lhes os lábios”28.
3. RECUPERANDO MEM Ó RIAS PROIBIDAS
Este artigo vetado é uma oração, sem autor, sua extensão é de meia lauda. É datado somente com o ano, 1978. Seu conteúdo é altamente contextualizado na situação da realidade vivenciada por tantos brasileiros naquele período. Oração dirigida a Deus reconhecendo seu amor e que este amor ofereceu a liberdade. Liberdade está também entendida como liberdade de expressão que é um direito humano fundamental que consta no artigo 19 da Declaração dos Direitos Humanos. A oração, na sua continuidade revela, certamente, os motivos pelos quais foi vetada: “Você [Deus} nos ensinou a amar o nosso próximo, a lutar por uma sobrevivência digna de um ser humano, e nos rebelar contra os opressores mostrando a sua justiça e dar testemunho da verdade, pelo seu Espirito que vive dentro de nós”. E prossegue a oração na sua crítica social,
E quantas vezes o medo nos faz calar diante das injustiças sofridas pelos nossos irmãos; quantas vezes aceitamos resignados os salários de fome, o abuso no horário de trabalho ou nos calamos não procurando melhorias em nossos bairros, pelo direito de estudar se instruir por melhores condições de saúde e higiene e tantas omissões. Venha em nosso socorro. Assim como libertou o seu povo da escravidão do Egito através de Moisés, use-nos como instrumentos para levar a paz e a justiça ao seu povo oprimido. Abre os nossos olhos, para que possamos ver a tua mão agindo no nosso meio, abre as nossas bocas para que possamos proclamar a sua justiça. Para que tenhamos coragem de enfrentar nossos opressores. Assim seja, Aleluia29.
28 ACMSP, catalogação.
29 OSP, 1978.
A liberdade, uma das temáticas deste artigo do jornal O São Paulo, é para Arendt um direito para participar democraticamente do espaço público da palavra e da ação. Liberdade, nesta definição, e a política surgem do diálogo no plural, que aparece quando existe este espaço público que permite a palavra viva e a ação vivida, numa unidade criativa e criadora30. Se há nas manifestações contra o regime, seja através de orações, manifestos e outros instrumentos um teor de violência, segundo alguns, se dá pois os cidadãos visam desmascarar a hipocrisia dos governantes, e estes quando se veem na contingência de recorrer apenas à violência para se manterem no governo, é porque as instituições políticas, enquanto manifestações e materializações do poder, estão petrificadas e decadentes, esvaziadas do sopro da vida gerado pelo poder que resulta do apoio da comunidade31. Donde se conclui que o poder não é poder sobre os outros, mas poder que surge com os outros, um poder relacional em contraste com o poder unilateral. O poder não é mantido dentro do agente, mas reside entre agentes quando eles atuam juntos32. A filosofa oferece preciosa contribuição neste seu ensaio quando afirma que o declínio do poder em uma comunidade é um convite aberto à violência, visto que os líderes, erroneamente, pensam que podem manter o controle através de meios violentos33.
CONSIDERAÇÕES FINAIS
Aqui foram apresentados não somente alguns dos acontecimentos do regime militar e o artigo censurado do jornal O São Paulo, mas relatos de vidas, vidas destruídas por um regime desumano, famílias desagregadas para sempre. É importante preservar a memória na busca permanente da identidade. Identidade que se identifica com milhares que não puderam falar e viver a democracia. Lembrar é resistir. Lembrar é constatar que por vezes o catolicismo foi conivente com a ditadura, mas outras vezes, parte da instituição, tornou-se voz e, voz única da multidão que sofreu não uma ditabranda, mas uma ditadura militar que ceifou vidas e sonhos de brasileiros.
Os parâmetros que estruturaram os artigos censurados são os documentos da Igreja que reafirmam o compromisso social e com a dignidade da pessoa. O discurso contido nos textos vetados pela censura prévia, proporciona uma visão do papel deste setor do catolicismo no Brasil no período pós conciliar e a indiscutível importância do documento dos bispos da América Latina produzido em Medellín em 1968 e, obviamente da Teologia da Libertação, com seu discurso teológico contextual e criativo que ofereceu substrato para o material jornalístico vetado. Diante da repressão à imprensa em geral, um dos únicos jornais que permaneceu na resistência foi o semanário da arquidiocese de São Paulo. É claro que o que foi realizado pela Igreja católica no Brasil e em São Paulo não é de caráter homogêneo. Diante das atrocidades do regime um setor da Igreja se manteve no combate à dinâmica dos militares, incluindo neste segmento o semanário
30 Hannah Arendt, Entre o passado e o futuro:(São Paulo: Editora Perspectiva, 1992) pp.188-220.
31 Hannah Arendt, op. cit. 1972, 40, pp.162-163.
32 Ibidem. p. 143.
33 Ibidem. p. 184.
O São Paulo. Esta complexidade de atuação da Igreja de forma alguma lhe tira a importância de baluarte na defesa dos direitos humanos, tão bem defendidos em inúmeros artigos vetados. É evidente que a instituição católica é uma dentre outras instituições de grande importância que se insurge contra o governo ditatorial. O estudo também conclui que os vetos poderiam ainda ter sido maiores ao jornal. Isto não ocorreu, pois, os militares tinham certeza que sua imagem seria muito mais maculada devido à repercussão de seus atos de violência contra a Igreja católica. Quanto mais a conscientização de parte da Igreja evoluía mais se estava próximo da redemocratização do país. Todo este papel desempenhado pela Igreja não esconde um setor eclesiástico colaboracionista da ditadura. Por sua vez, é evidente que outros organismos da sociedade brasileira também contribuíram imensamente neste processo de vetar o regime autoritário.
Fonte ACMSP (Arquivo da Cúria Metropolitana de São Paulo) Documentos em fase de catalogação – textos censurados do jornal O São Paulo. Todos os textos vetados disponíveis em http://www.uel.br/cch/cdph/portal/pages/paginas-censuradas-d-o-sao-paulo.php. Livro do Tombo da Sé, 1954-1977, cota 2-3-48.

PONTIFICIO SEMINARIO MAYOR
SAN RAFAEL. APUNTES HISTÓRICOS
David Omar Toledo
Profesor. Miembro de número de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso. Autor de diversas obras de Historia diocesana de Valparaíso.
SU FUNDAMENTO
Una de las entidades más emblemáticas de la Iglesia son los Seminarios Mayores. Legítimos canales de la Pastoral Vocacional, tienen la responsabilidad canónica de ponderar, formar y confirmar a los aspirantes al sacerdocio.
El Seminario Mayor es: “sobre todo, una comunidad educativa en camino: la comunidad promovida por el obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce”. Su identidad más profunda es, por lo tanto,
“… ser a su manera una continuación en la Iglesia de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús”.
“Desde este marco de referencia, el Seminario Mayor se constituye como una comunidad humana eclesial, diocesana, educativa en proceso, a la que el obispo, según las normas de la Iglesia, confía la tarea de formar a los futuros sacerdotes seculares diocesanos” 1 .
El Pontificio Seminario Mayor San Rafael de Lo Vásquez ha cumplido, este año 2019, cincuenta años de existencia. Desde el año 1983 tiene el rango de Pontificio, otorgado por la Santa Sede. Y en 1995 el entonces obispo de Valparaíso, monseñor Jorge Medina Estévez, reguló su condición jurídica conforme al Derecho Canónico.
La fundación del actual colegio Seminario San Rafael, decretada por el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso en 1869, como un semillero vocacional en Valparaíso, vino a germinar cien
1 Fuentes consultadas: Obispado de Valparaíso, Archivo Episcopal: Libro de Decretos y Libro de Nombramientos. Archivo del Pontificio Seminario Mayor. Obras del autor: 125 años de Educación Amor y Fe, Seminario San Rafael, 1996; Emilio Tagle, Vigía de la Fe, 1988; Crónicas de la Diócesis de Valparaíso, 2016. Fotografías: Raúl Palacios y Archivo del autor.
años después con la fundación del Seminario Mayor, lo que se reconoce específicamente en el artículo 2º del citado decreto episcopal de regulación canónica.
La creación del Seminario Mayor, el 19 de marzo de 1969, fiesta de San José, ha brindado una fructífera secuela de estimulantes resultados, aunque no exentas de las dolorosas desazones propias de su condición humana.
Desde su fundación a la fecha del cincuentenario, el Pontificio Seminario Mayor San Rafael, ha sido dirigido por ocho rectores, a través de diez períodos. Uno de ellos, monseñor Jaime Fernández Sanfuentes, prestó servicios en tres períodos diferentes, según requerimientos episcopales de la Diócesis. Hay que considerar en esto su profundo sentido de pertenencia, por cuanto él fue el rector fundador del proyecto.
La idea de esta misión eclesial bien puede atribuirse a la inspiración maternal de la Santísima Virgen María, pues la conversación sobre el tema se generó en una reunión a propósito de la celebración del mes que la liturgia dedica a honrar a la Madre de Dios en la fiesta de la Inmaculada Concepción.
SUS INICIOS
Cuando monseñor Emilio Tagle Covarrubias tomó posesión de la Diócesis en 1961, encontró un escaso clero para el servicio pastoral que excedía la medianía de edad, más otros sacerdotes próximos a su retiro. Así lo dio a conocer a la feligresía porteña en una carta pastoral publicada en 1974, que en parte, afirmaba: “De los sacerdotes diocesanos, solo cuatro tienen menos de 40 años. El término medio de la edad es de 57 años”.
A comienzos de 1969 se proyectó la fundación del Seminario Mayor para formar a los futuros sacerdotes de Valparaíso. Una vez conformado el cuerpo docente, se procedió a elaborar los planes y programas de estudio que se basaron en la doctrina de Santo Tomás de Aquino y un manual de normas para la formación de los alumnos aspirantes al sacerdocio.
La designación de los profesores más adecuados y el lugar para el funcionamiento provisorio de las clases además de la residencia de los seminaristas, se resolvió con la habilitación de algunas dependencias del colegio episcopal Seminario San Rafael como el lugar más apropiado, donde el rector era el Pbro. Jaime Fernández Sanfuentes, uno de los sacerdotes más comprometidos con el proyecto.
El rector fundador, monseñor Jaime Fernández Sanfuentes , nació en Quillota, el 23 de julio de 1923. Estudió en el Instituto Rafael Ariztía de la misma ciudad. Un retiro espiritual lo hizo decidir la inquietud de su niñez e ingresó en 1942 al Seminario Mayor de Santiago. El 23 de septiembre de 1950 fue ordenado sacerdote. Su primer destino fue como profesor e inspector del Seminario Menor; luego párroco y rector del colegio episcopal Seminario San Rafael, donde ejerció por 28 años.
En 1969 fue nombrado rector del Seminario Mayor, cargo que desempeñó en tres oportuni-
dades: 1969 -1975; 1980 -1987 y 1994 -1998. En total ejerció el rectorado por espacio de 18 años. Simultáneamente fue director de ODEC, Vicario de Educación, presidente de la FIDE secundaria; dirigió las Obras Misionales Pontificias, presidió el Club Serra para las vocaciones sacerdotales, y ejerció como Vicario General.
LA INAUGURACIÓN
Menos de tres meses después de ser concebida la idea, el 19 de marzo de 1969, a las 19.00 horas, fue inaugurado el Seminario Mayor San Rafael de Valparaíso.
En una Eucaristía celebrada en la capilla del Colegio Episcopal de avenida Santa Elena, el arzobispo obispo monseñor Emilio Tagle Covarrubias, recibió oficialmente a los once seminaristas que integraron el Primer Año de Filosofía. A la significativa ceremonia asistieron numerosos sacerdotes, familiares de los jóvenes aspirantes, los profesores que impartirían las clases y destacados invitados.
Con la creación del Seminario Mayor se completaba la iniciativa del arzobispo metropolitano Rafael Valentín Valdivieso Zañartu, quien el 2 de julio de 1869 había erigido el colegio Seminario de Valparaíso.
Los seminaristas permanecieron todo el año de 1969 en el colegio episcopal Seminario San Rafael, compartiendo casa y estudios con los alumnos de enseñanza media, en tanto se les habilitaba el edificio que había servido como Seminario Menor en el cerro Alegre, propiedad que había pertenecido a la familia de don Rafael Luis Barahona Stahr, notario y ex-senador de la República.
En marzo de 1970, el Seminario Mayor se instaló en la casa ubicada en calle Dr. Münich Nº 338 del cerro Alegre a cargo del nuevo vicerrector, Pbro. Reinaldo Orellana Rodríguez. Pero los alumnos del nuevo Primer Año permanecieron en el colegio de avenida Santa Elena. Finalmente, en julio del mismo año, pudieron reunirse todos los seminaristas en el cerro Alegre donde permanecieron por espacio de cinco años.
EL SEMINARIO MAYOR EN LO VÁSQUEZ
A partir de 1975 el Seminario Mayor fue trasladado a dependencias anexas al Santuario de Lo Vásquez, ocupando sectores que habían servido como casa de retiros. Ese mismo año asumió la rectoría el Pbro. René Pienovi Masafierro, a la vez director co-fundador de la Obra de beneficencia infantil “Refugio de Cristo”.
El rector Pbro. René Pienovi Masafierro nació en Valparaíso el 21 de enero de 1923. Estudió en el colegio de los Hermanos de La Salle y en el Seminario Metropolitano, siendo ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1948. Fue capellán de la Catedral; profesor y formador del Seminario Menor y del colegio de los Sagrados Corazones; párroco de San Martín de Tours, en Quillota y de Nuestra Señora del Rosario, en Quilpué.
En ese tiempo se reanudó la campaña vocacional que permitió en breve tiempo acrecentar el número de postulantes en un 90%. A la campaña de prensa, radio y televisión, se le reforzó con una cadena de oraciones del Santo Rosario cuyos frutos muy pronto pudo apreciar la comunidad católica.
Por disposición episcopal, en enero de 1980, reasume la rectoría el Pbro. Jaime Fernández Sanfuentes. En el curso de ese año se inauguró un nuevo pabellón destinado a los cursos de Teología, alcanzando una capacidad total para ochenta seminaristas. Gestor de la obra fue Mons. Jorge Bosagna Aguayo.
CAMPAÑA
PARA UN NUEVO EDIFICIO
A pesar de las adaptaciones físicas, el Seminario se hacía estrecho frente a la demanda de postulantes. Fue necesario proyectar nuevas habilitaciones. Pero la Diócesis carecía de recursos económicos para este propósito, solo disponía del tesoro de la Fe. Y se buscaron recursos en la Fundación María Teresa Brown de Ariztía, gracias a la generosa disposición de monseñor Félix Ruiz de Escudero, sacerdote español de la Orden de los Clérigos de San Viator, avecindado en Chile en la parroquia San Antonio de Viña del Mar; un aporte de Adveniat de Alemania y donaciones particulares de la comunidad de la Diócesis.
Para la motivación se elaboraron tres spots publicitarios de televisión producidos por el Obispado que se difundieron por los canales 4 de UCV TV, 7 TVN y 13 de la UC, a través de todo el país.
EL PODER DE LA ORACIÓN
Junto a la campaña económica se reforzó la campaña de oración por las vocaciones. Decenas y decenas de compromisos para rezar un rosario diariamente fueron llegando al Seminario. A esta, se sumó la de predicación en los púlpitos de todos los templos de la Diócesis a cargo de sacerdotes destacados.
Una carta abierta del obispo, “Trabajo de Vacaciones”, que instaba a los fieles a participar activamente con este propósito, fue repartida en las parroquias y capillas de todos los balnearios de la Región de Valparaíso. El amor y la esperanza, son capaces de organizar y sincronizar las fuerzas de todos en beneficio del bien, porque solo el amor es fecundo.
La afirmación que hacía de que “Valparaíso era una Diócesis que crecía espiritualmente”, provocó no pocos comentarios críticos en esferas eclesiásticas. Pero las pruebas estaban vivas y plenas de fe en los numerosos jóvenes que se preparaban en el Seminario y en aquellos otros que se disponían a entrar.
El extraordinario esfuerzo de la gran cantidad de personas que se movilizó en favor de esta campaña pro edificio del Seminario Mayor, se vio coronada cuando el 16 de marzo de 1983, aniversario episcopal de monseñor Tagle, se inauguraron las nuevas dependencias en
Lo Vásquez. Ya la demanda era considerable. Ese año postularon 70 jóvenes, seleccionándose solo a 12, porque la exigencia fue mayor. En los últimos tres años las vocaciones habían aumentado al doble.
Pontificio Seminario Mayor Lo Vásquez Ingreso

“El momento cumbre de su vida”, según lo definió el propio obispo, lo vivió el día de la inauguración. Atrás quedaban la campaña, el esfuerzo y el sacrificio de muchos, para bendecir el fruto nuevo.
El edificio, emplazado en el lado sur del Santuario, tiene una superficie de 5.230 mts.2 construidos, fue proyectado por el arquitecto Cristián Fernández Cox y la obra estuvo a cargo del constructor civil Javier Ruiz-Tagle. El costo total del proyecto alcanzó a la suma de US$ 886.000.- en moneda y valor de la época, y fue financiada con importantes donativos particulares e institucionales producto de la “Campaña Pro Seminario”.
La obra fue entregada por el arquitecto Cristián Fernández Cox y recibida por el rector del Seminario, monseñor Jaime Fernández Sanfuentes. En parte de su exposición el arquitecto expresó:
“Lo que fundamentalmente pedía el Obispado de Valparaíso en sus claras orientaciones era la ‘casa de una familia religiosa formadora de sacerdotes (...)”. Encabezados por el Sumo Pontífice, los sacerdotes están llamados a ser pontífices, esto es, fabricantes de puentes. El puente, es el nexo de unión entre dos mundos: los hombres con Dios; lo natural con lo sobrenatural; fabricantes de puentes que unan el abajo de la tierra con el arriba del cielo.
La arquitectura de patios de este Seminario, quiso también simbolizar esta misión pontifical. El abajo de patio, que es el medio terrenal de la familia (…). Analógicamente, el patio quiere significar el ascenso de la tierra hacia el cielo, que constituye la vocación pontifical del sacerdote…”.
En efecto, el flamante edificio representa una casa colonial de campo cubierta de tejas y con amplios patios con fuentes de agua y hermosos jardines que invitan a la meditación, el estudio y el silencio. Así lo proyectó el arquitecto y así lo realizó el constructor civil, Javier Ruiz-Tagle.
A las 19.25 horas, el arzobispo obispo de Valparaíso, monseñor Emilio Tagle Covarrubias, bendijo la obra: “Entrego este Seminario para los chilenos, los jóvenes, los patriotas, los seminaristas de hoy que serán mañana los sacerdotes santos bajo el regazo de María, para los que construyen la Patria”.
SOLICITUD AL VATICANO
Pero coronar los esfuerzos –personales y de la comunidad de Valparaíso– con la inauguración de las flamantes instalaciones no fue suficiente para monseñor Tagle. Deseaba para el Seminario Mayor un mejor futuro y considerando la importancia fundamental que tiene una más estrecha relación con el Santo Padre, creyó oportuno y muy conveniente pedir al Papa el título de Pontificio para el Seminario Mayor San Rafael.
La solicitud de la que fueron portadores el propio rector y dos seminaristas diáconos que viajaron a recibir la ordenación sacerdotal de manos del Papa, fue elevada a él mismo y a la Sagrada Congregación para la Educación. La carta al Santo Padre, en parte expresaba:
“Deseando como el que más, la vinculación más profunda de la Diócesis con la Santa Sede y próximo a entregarla a mi sucesor, me atrevo a solicitar a Vuestra Santidad tenga a bien otorgar a nuestro Seminario para la formación del clero el don que de un modo único tiende a estrecharla.
Suplico a Vuestra Santidad quiera conferir el título de Pontificio a nuestro Seminario Mayor, situado junto al primer Santuario Mariano de Chile, en Lo Vásquez”. (fdo.) Emilio Tagle Covarrubias, arzobispo obispo de Valparaíso”.
Y a la Sagrada Consagración para la Educación, monseñor Emilio Tagle, escribió:
“¿ Será un sueño pensar esto para Valparaíso ?
¿Requisitos para ello? No lo sé. ¿Méritos ? Son escasos.
Lo anhelo vivamente porque comprendo que es el medio de la eficacia única para formar al clero en el amor y adhesión al Santo Padre y con eso, a toda la comunidad diocesana. (fdo.) Emilio Tagle Covarrubias, arzobispo obispo de Valparaíso”.
DIMITE EL OBISPO FUNDADOR
En cumplimiento de las disposiciones del Código de Derecho Canónico, monseñor Emilio Tagle Covarrubias, arzobispo obispo de Valparaíso, y fundador del Seminario Mayor San Rafael,
presentó su renuncia al Papa al cumplir los 75 años de edad. Había dedicado toda su vida a su ministerio sacerdotal. Y no le fue fácil, pues desde muy joven debió luchar contra una delicada enfermedad que no le auguraba un promisorio futuro. Sin embargo, a pesar de todo realizó importantes obras religiosas y sociales al punto de ser calificado en un tiempo como “el cura rojo” por su acción pastoral en defensa de los campesinos, donde consiguió para ellos una forma de asignación familiar cuando esta no existía aun legalmente.
Procedía a su retiro, habiendo solicitado para su más importante realización, la distinción vaticana que le otorgaría realce al Seminario Mayor San Rafael de Lo Vásquez. Su alejamiento del cargo dio motivo a numerosos actos y ceremonias de la comunidad eclesial, autoridades civiles y militares y sus hermanos en el Episcopado. Ya se había retirado del ejercicio de su cargo y en su lugar servía a la Diócesis el arzobispo obispo Francisco de Borja Valenzuela Ríos, cuando llegó la respuesta de la Santa Sede.
EL SEMINARIO SE CONSTITUYE EN PONTIFICIO
La respuesta afirmativa de la Santa Sede llegó a Valparaíso el 27 de junio de 1983. Fue recibida por monseñor Francisco de Borja Valenzuela Ríos, quien junto con comunicar la feliz noticia al obispo dimisionario, procedió a preparar la ceremonia para oficializar la designación. El siguiente es el texto del decreto de la Sede Apostólica que fue dirigida al sucesor de monseñor Tagle:
“Por la presente nos apresuramos a dar respuesta a las instancias presentadas a esta Sagrada Congregación por su Excmo. predecesor, Mons. Emilio Tagle Covarrubias, con carta del 31 de mayo último, dirigidas a obtener para el Seminario Mayor ‘San Rafael’ de Valparaíso el título de ‘Pontificio’.
Esta Sagrada Congregación no ha dejado de hacer presente tal solicitud al Santo Padre, el cual, atendido el celo con que ha favorecido al Pío Instituto el Excmo. Arzobispo Obispo ya dimisionario de esa Diócesis y la buena marcha y promisoria situación del mismo, ha acogido la súplica y concedido la gracia implorada.
Hacemos presente a V. Excelencia que el título de ‘Pontificio’, aunque no implique limitación a la autoridad del Obispo interesado, sin embargo, comporta la idea de un vínculo de más estrecha unión con la Santa Sede y con el Sumo Pontífice y, por lo tanto, exige una mayor responsabilidad de los Superiores y Alumnos para salvaguarda de la dignidad que dicho título concede. Seguro de que el Seminario Mayor de esa Diócesis, que en adelante podrá llevar el título de ‘Pontificio Seminario Mayor San Rafael’, honrará este nombre con su buena marcha y rogando a V. Excelencia se digne hacer partícipe de esta concesión al Excmo. Mons. Emilio Tagle Covarrubias, aprovecho con gusto la ocasión para desear a V. Excia. abundantes frutos pastorales en su nueva misión, confirmándome con profunda estima. (fdo.) Cardenal Baum”.
Pero es necesario mencionar algo más que retrata a monseñor Tagle consecuente con su singular sentido de la gratitud. Obtiene, para quienes han colaborado más directamente en la realización de la construcción de Lo Vásquez, una bendición apostólica y un reconocimiento pontificio para la directiva del Comité Económico integrado por los señores Beltrán Urenda, Arturo Troncoso, Hugo Rojas, Guillermo Morera y Gabriel Cunich.
DELEGADOS DEL CELAM, VISITARON LO VÁSQUEZ
En el mes de marzo del año 1981, el Seminario Mayor de Lo Vásquez fue el centro de atención con la visita de varios obispos latinoamericanos integrantes de la Conferencia Episcopal Latinoamericana CELAM, que por esos días sesionaban en Punta de Tralca. Estando en pleno desarrollo la Asamblea, monseñor Tagle consiguió que diez obispos de diversos países suspendieran sus actividades por algunas horas para conocer el Seminario Mayor.
Los delegados del CELAM, encabezados por el cardenal primado de la Argentina, monseñor Francisco José Primatesta, fueron recibidos por el rector, Pbro. Jaime Fernández Sanfuentes, sus 46 seminaristas, sacerdotes, autoridades eclesiásticas, algunos invitados especiales y numerosos periodistas.
El presidente del CELAM, monseñor Alfonso López Trujillo, obispo de Medellín, y que luego sería cardenal de Colombia, habló a los seminaristas, asegurándoles que monseñor Emilio Tagle era un apóstol de América Latina y un enamorado del CELAM, destacando su permanente preocupación e interés por las actividades y objetivos de la Conferencia, de la cual había formado parte en anteriores oportunidades. Respecto de las vocaciones sacerdotales afirmó que hay un despertar alegre y optimista en la juventud latinoamericana.
LA VISITA DE SAN JUAN PABLO II
La invitación que fue extendida al Papa Juan Pablo II para visitar Chile, se efectuó en el año 1985. Pero el Santo Padre recién pudo acceder en 1987, llenando de alegría a un país agradecido por haber consolidado la paz entre Chile y Argentina.
El segundo día de su visita, llegó a nuestra Diócesis. Era el jueves 2 de abril, cuando el magno acontecimiento se realizó en Rodelillo, donde se reunieron alrededor de quinientas mil personas que permanecieron durante todo el día a la espera del Papa, quien presidió la Eucaristía de la Familia. El Pontificio Seminario Mayor San Rafael tuvo una importante participación en este prolongado evento pastoral. Era rector entonces monseñor Jaime Fernández Sanfuentes, quien ejercía su segundo período a cargo de su querido centro formador eclesial.
En esta magna ocasión tuvo la responsabilidad de ejercer como maestro de ceremonia en la Eucaristía, y los seminaristas, el privilegio de poder participar activamente junto al Santo Padre con quien pudieron intercambiar palabras en torno al acto litúrgico de Rodelillo. Un recuerdo imperecedero.
Don Oscar Cárdenas fue el sacerdote que, en 1988, monseñor Francisco de Borja Valenzuela, nombró rector del Pontificio Seminario Mayor. Monseñor José Óscar Cárdenas Barría nació en Tenaún, Chiloé, el 21 de febrero de 1934. Hizo sus primeros estudios en la escuela de su localidad y en el Seminario Conciliar de Ancud. Luego pasó al Seminario Mayor de Concepción, siendo ordenado sacerdote el 25 de octubre de 1959.
Trasladado a Valparaíso, sirvió ocho parroquias. Ejerció la docencia como rector del Liceo
Juan XXIII, además de ser profesor en el liceo fiscal de Villa Alemana y en la escuela de El Belloto. Entre los años 1988 y 1993 ejerció la rectoría del Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Luego volvió a ejercer como párroco y se desempeñó como Defensor del Vínculo Matrimonial en el Tribunal Eclesiástico. Falleció el 17 de octubre de 2010.
UNA “DIÁSPORA” INCONGRUENTE
A fines del año 1988, un grave acontecimiento afectó al Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Dos sacerdotes y cinco seminaristas teólogos solicitaron su traslado al Seminario Mayor San Pedro Apóstol de la naciente Diócesis de San Bernardo cuyo obispo era monseñor Orozimbo Fuenzalida y Fuenzalida.
El Pbro. Jesús Del Castillo los acompañó para incrementar el nuevo Seminario. Posteriormente también se incorporó a este el Pbro. Antonio Pérez-Mozo.
El arzobispo obispo de Valparaíso, monseñor Francisco de Borja Valenzuela Ríos (1983 - 1993), que sucedió en la conducción de la Diócesis al fundador del Seminario, anunciaba decisivos cambios en el proceso formativo del Seminario con el propósito de adecuarlo a los nuevos tiempos. Para este propósito pidió la renuncia de algunos de sus formadores, rompiendo el esquema conservador que lo había identificado en los años recientes, contrariando a muchos partícipes de ese estilo.
Una invitación de monseñor Orozimbo Fuenzalida, que ostentaba un franco esquema tradicionalista en su pensamiento pastoral, motivó al grupo de disidentes que solicitó su traslado al Seminario de la diócesis de San Bernardo.
Largas fueron las conversaciones tanto con el rector Pbro. Oscar Cárdenas, como con el propio obispo Valenzuela; inútiles los esfuerzos para que los seminaristas reconsideraran la decisión y muy dolorosa su partida de la comunidad del Pontificio Seminario Mayor de Lo Vásquez.
En cambio para la Diócesis de monseñor Fuenzalida, el incremento de sacerdotes y seminaristas vino a fortalecer esa nueva Iglesia Particular. Los sacerdotes incardinados fueron destinados al Obispado de San Bernardo y al Seminario San Pedro Apóstol, en tanto que los seminaristas una vez que completaron sus estudios y formación fueron ordenados por monseñor Orozimbo Fuenzalida en la Catedral de San Bernardo.
Algunos años después de la ruptura, cuatro de los cinco disidentes, por diversos motivos solicitaron y obtuvieron las dispensas sacerdotales, reduciéndose al estado laical.
REGULACIÓN CANÓNICA DEL SEMINARIO MAYOR
Monseñor Jorge Medina Estévez, tomó posesión como obispo de la Diócesis de Valparaíso el 9 de junio de 1993, sucediendo a Mons. Valenzuela, que se acogió a retiro por razones de edad.
Procedía del Obispado de Rancagua donde había ejercido su “oficio de pastor” por espacio
de tres años y tres meses. Amplia y compleja fue para él la tarea de conocer la diversidad de instituciones y actividades de Valparaíso.
Uno de los más destacados fue el Pontificio Seminario Mayor San Rafael donde observó que la obra eclesial más querida de su fundador, monseñor Emilio Tagle, carecía de la condición jurídica que la regulara conforme al Derecho Canónico, lo que determinó al nuevo prelado a expedir –tras fundamentados “considerandos”– un decreto episcopal que en parte expresaba:
1ª Declárase canónicamente establecido y erigido el Pontificio Seminario Mayor de San Rafael de la Diócesis de Valparaíso, y dotado en consecuencia de personalidad jurídica pública ante el derecho canónico y ante el ordenamiento civil.
( … )
3ª El Pontificio Seminario Mayor de San Rafael se rige por las disposiciones del Código de Derecho Canónico y por la legislación particular que le sea aplicable.
DE RECTOR A OBISPO
Cuando monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar, ss.cc. recién había tomado posesión del cargo como Obispo de Valparaíso, en 1998, nombró rector del Pontificio Seminario Mayor San Rafael al ex-alumno Pbro. Santiago Silva Retamales, quien sucedió en el cargo a don Jaime Fernández. Fue el primer sacerdote formado en este centro vocacional que volvía a Lo Vásquez para hacerse cargo de la dirección, por lo que le resultó relativamente fácil y grata esta gestión, aunque vista ahora desde el prisma del superior.
El rector Pbro. Santiago Silva Retamales nació en La Calera, el 17 de junio de 1955. Estudió en colegios de su localidad. Luego de una experiencia religiosa en Argentina, ingresó al Seminario Mayor San Rafael, siendo ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1980.
El rector Silva permaneció al frente de los seminaristas por espacio de cuatro años solamente, pues el 6 de abril de 2002 recibió, del Papa Juan Pablo II, el nombramiento de obispo auxiliar de Valparaíso. Durante este período se organizaron dos eventos de particular importancia para la Iglesia y en especial para los seminaristas.
Posteriormente ha cumplido importantes responsabilidades en Chile y en el CELAM, donde también ejerció la presidencia. Es Licenciado en Teología Dogmática y Sagradas Escrituras. Desde el año 2015 es obispo castrense de Chile. Posteriormente fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Chile.
ACONTECIMIENTOS PASTORALES
Periódicamente surgen en la comunidad eclesial actividades extraordinarias que alteran positivamente la rutina seminarista, enriqueciendo la experiencia personal y el crecimiento humano.
En el mes de octubre de 1998, la Conferencia Episcopal Latinoamericana, convocó a un
Encuentro Continental de Jóvenes, en el que participaron todos los seminaristas de Chile, y por cierto los de nuestra Diócesis.
Al entonces seminarista, hoy rector Andrés Valenzuela se le asignó la responsabilidad de la coordinación. La actividad fue un éxito en el plano humano y pastoral, y además tuvo un notable resultado para los aspirantes al sacerdocio.
La experiencia adquirida en la actividad centrada en Santiago, más tarde sirvió de base en el Jubileo del año 2000. En este segundo evento de cuatro días de duración, se concentró a la juventud en Punta de Tralca y la Catedral de Valparaíso.
MODERNIZACIÓN DE LAS DEPENDENCIAS
Ante el inesperado nombramiento episcopal del rector Santiago Silva, el obispo Gonzalo Duarte nombró en su lugar al Pbro. Mauro Ojeda.
El rector Pbro. Mauro Esteban Ojeda Videla nació en Viña del Mar, el 22 de agosto de 1962. Realizó sus estudios en el colegio Seminario San Rafael de la ciudad jardín, concluyendo su último curso en el colegio San Pedro Nolasco de Valparaíso. Ahí fue donde pudo discernir definitivamente su vocación sacerdotal, ingresando al Pontificio Seminario Mayor San Rafael, el 19 de marzo del año 1981. Fue ordenado sacerdote por monseñor Francisco de Borja Valenzuela Ríos, el 20 de noviembre de 1988. Luego de ejercer como director espiritual, asumió el rectorado del Pontificio Seminario Mayor el año 2002.
Quien se había formado como alumno para el ministerio eclesiástico, volvía ahora en calidad de rector. Durante su breve rectorado (2002 -2005) se preocupó da dotar de mayores comodidades a los seminaristas, modernizando algunas dependencias para un mejor estar.
El auditorio y las salas de clases cambiaron una imagen que se mantuvo por más de veinte años, desde su habilitación junto al Santuario. Asimismo, otras instalaciones vivieron un modesto pero significativo aggiornamiento.
MODERNIZACIÓN PEDAGÓGICA
El año 2005 asumió la rectoría el Pbro. Erwin Prieto López, también ex-alumno del mismo Seminario.
El rector Pbro. Erwin Prieto López nació en Viña del Mar, el 2 de enero de 1970. Sus primeros estudios los realizó en una escuela fiscal de Quilpué, pasando luego al Liceo Juan XXIII de El Belloto. Posteriormente estudió Historia en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, carrera que suspendió “para responder el llamado del Señor”, e ingresó al Pontificio Seminario Mayor. El 1º de julio del año 2000 fue ordenado sacerdote por el obispo Gonzalo Duarte. Su primer destino fue integrar la Unidad Pastoral de Playa Ancha que servía a las parroquias Medalla Milagrosa y Buen Pastor, en cuyas funciones fue vicario parroquial. Luego fue enviado
al Pontificio Seminario Mayor en carácter de formador de los alumnos de Filosofía; después le fueron encargados los Propedéuticos hasta asumir la rectoría el año 2005.
NUEVO PROYECTO EDUCATIVO
El año 2008 se inició un estudio destinado a reformular los fundamentos y objetivos del Proyecto Educativo con la participación de un equipo integrado por profesores, seminaristas y directores espirituales, quienes abordaron los diversos aspectos académicos, pastorales y de formación humana y espiritual.
El acucioso estudio se concentró en un documento corporativo que se sometió a la revisión del obispo. La puesta en marcha de los nuevos planes y programas se cursó a partir del año 2013 en adelante.
CURSO PARA FORMADORES
Bajo el patrocinio de OSLAM (Organización de Seminarios de América Latina y el Caribe), el mismo año 2009 se convocó a un curso para formadores de Seminarios de habla hispana de todo el continente. A dicho curso, desarrollado entre el 6 y el 31 de julio, concurrieron alrededor de sesenta participantes procedentes de diversos países de la región, que durante un mes se concentraron en las dependencias de Lo Vásquez para estudiar las normas y directrices dispuestas por el Vaticano, con resultados altamente satisfactorios para los concurrentes y muy útiles para sus Seminarios. El Pbro. Erwin Prieto dejó la rectoría del Seminario el año 2010.
Fue sucedido en el cargo por el Pbro. Claudio Ortiz, por el período comprendido entre los años 2011 y 2016. El rector Pbro. Claudio Ortiz Vásquez nació en Viña del Mar, el 2 de diciembre de 1965. Estudió en el Panamerican College y el colegio Rubén Castro de Viña del Mar. Realizó sus estudios eclesiásticos en el Pontificio Seminario Mayor San Rafael, siendo ordenado sacerdote por monseñor Gonzalo Duarte, el 12 de octubre de 1997. Pastoralmente se inició como vicario en la parroquia del Espíritu Santo (1997-1998); luego en la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, de Quillota (1999 -2006), cargo que dejó para trasladarse a Argentina donde cursó una licenciatura en Derecho Canónico.
De vueltas en Valparaíso, fue destinado a la parroquia San Pablo de Placilla, hasta cuando el obispo Duarte lo nombró rector del Pontificio Seminario Mayor. Correspondió al nuevo rector aplicar el Proyecto Educativo planificado en el período anterior, iniciándose a contar del año 2013.
En el año 2014, se establece la Facultad Eclesiástica de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Luego se formalizó un convenio entre el Pontificio Seminario Mayor y la PUCV, para que los seminaristas se integrasen a cursar la Teología en esta Universidad. Hasta entonces la Teología se impartía en el Pontificio Seminario de Lo Vásquez con profesores contratados directamente.
SERVICIO A LA COMUNIDAD
El Seminario Mayor no es un claustro cerrado. La actividad eclesiástica formativa implica un conocimiento vivencial de su entorno que muchas veces requiere de asistencia social y, por cierto, pastoral.
La participación activa se hace evidente cada año en el período del Mes de María y en particular en los días próximos a la festividad de la Inmaculada Concepción de María, en la que los seminaristas constituyen un factor clave y privilegiado en la asistencia a los peregrinos, con el apoyo físico, pastoral y espiritual a millares de fieles que solicitan su ayuda y bendición.
Otro acontecimiento particularmente sensible y dramático ocurrió durante los días 12, 13 y 14 de abril del año 2014, cuando se desató un voraz incendio que se extendió por cinco cerros de la ciudad-puerto, destruyendo centenares de viviendas. En aquella ocasión, los alumnos del Pontificio Seminario Mayor se integraron a la parroquia Inmaculado Corazón de María de Valparaíso para prestar asistencia social y consuelo a centenares de familias damnificadas que perdieron sus casas y pertenencias. La tarea se prolongó por varias semanas en que los seminaristas debían alternar sus horarios de clases con la colaboración física en apoyo a los damnificados.
En tanto, el Santuario de Lo Vásquez, como los recintos del Pontificio Seminario Mayor fueron dispuestos para los contingentes de Carabineros procedentes de la Escuela de Suboficiales de Santiago, que por la misma causa, instalaron y mantuvieron su base de operaciones por alrededor de tres meses.
La formación pastoral del Seminario incluye en la práctica, la solidaridad sustentada en la Caridad cristiana para con la población civil en todo evento.
EL PAPA FRANCISCO
El Papa Francisco visitó el país invitado por la Conferencia Episcopal de Chile, en el curso del mes enero del 2018. A pesar de su breve permanencia, el acontecimiento no fue ajeno a los seminaristas de Lo Vásquez, pues a pesar de que nuestra Diócesis no estaba en el itinerario del Santo Padre, los seminaristas tuvieron la ocasión de alternar con él durante el servicio litúrgico celebrado en el Parque O’Higgins de Santiago, hasta donde concurrieron el día martes 16 de enero del citado año.
Fue este encuentro un recuerdo imperecedero para los seminaristas, su presencia y palabras de afecto y estímulo, además de su personal bendición.
Otro recuerdo señero fue la reunión convocada en la Catedral metropolitana donde Su Santidad se reunió con sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados y, por cierto, los seminaristas provenientes de los diversos puntos del país.
UN TIEMPO DIFÍCIL
El actual rector del Pontificio Seminario Mayor, fue nombrado como tal, el 1º de febrero del año 2017, sucediendo al Pbro. Claudio Ortiz Vásquez. Al igual que sus predecesores, es exalumno del establecimiento eclesiástico.
El rector Pbro. Andrés Valenzuela Acevedo nació en Viña del Mar el 26 de febrero de 1978. Cursó sus estudios humanistas en el colegio Rubén Castro donde adquirió un mayor conocimiento de la doctrina cristiana. Acompañado de sus padres, asistía a la misa dominical celebrada en una modesta capilla de su barrio. El desenvolvimiento del padre Pepo Gutiérrez, su destacada sensibilidad por los más necesitados y el animado trabajo social de la pequeña comunidad, lo llevaron a pensar en el sacerdocio. La certera aseveración de una de las animadoras pastorales, lo tocó: “tú tienes condiciones de líder positivo” , le dijo y le encomendó una misión.
Discernida su vocación, se incorporó al Pontificio Seminario Mayor San Rafael el 19 de marzo de 1998, durante la rectoría de monseñor Santiago Silva Retamales. Fue ordenado sacerdote el 21 de abril de 2007 por monseñor Gonzalo Duarte. Ejerció como párroco de Nuestra Señora del Rosario de Puchuncaví, y simultáneamente, como asesor de la Pastoral Vocacional Diocesana.
Durante el período que ha tenido a su cargo la responsabilidad de guiar a los seminaristas, le ha correspondido enfrentar tiempos aciagos y, en particular, complejos para la Iglesia, por lo que ha debido acentuar su misión formativa, especialmente en el fortalecimiento espiritual y moral de los aspirantes al ministerio sacerdotal.
DIMISIÓN DE MONS. GONZALO DUARTE
En cumplimiento a lo recomendado por el Código de Derecho Canónico, monseñor Gonzalo Duarte presentó su dimisión a la responsabilidad pastoral como Obispo de la Diócesis al cumplir el 27 de septiembre del 2017, los 75 años de edad. Sin embargo, a petición de la Santa Sede, permaneció en sus funciones en tanto se designaba un sucesor.
El 12 de junio de 2018, se concretó su retiro, nombrando la Santa Sede a monseñor Pedro Ossandón Buljevic, en carácter de Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso, responsabilidad que sustenta hasta la fecha.
A los pocos días de haber tomado posesión, monseñor Ossandón visitó el Seminario Mayor para conocer su funcionamiento y compartir con los seminaristas.
FRUTOS DE UN ÁRBOL FRONDOSO
Durante los 50 años de existencia del Pontificio Seminario Mayor San Rafael, se han desarrollado 10 rectorados, atendidos por ocho rectores. En tres períodos diferentes se desempeñó como tal el rector fundador. Cinco rectores se formaron como seminaristas en el mismo esta-
blecimiento. Y uno de ellos fue consagrado obispo, luego elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Chile y miembro del CELAM.
Son los frutos de un árbol frondoso. Los actuales seminaristas tienen fortaleza ante los embates que sufre la Iglesia; perseverancia en la fe y la vocación. Ellos “han elegido la mejor parte”: servir al Señor.

Pontificio Seminario Mayor Lo Vásquez Patio interior

DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS
DE PRAGA: SU ORIGEN Y PRESENCIA EN CHILE
Alex Ignacio Yergues Pérez
Bachiller en Ciencias Religiosas, Licenciado en Educación, Profesor de Religión y Moral. Estudiante de Bachiller Canónico en Teología, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
I. INTRODUCCIÓN
Desde los primeros siglos del cristianismo hasta nuestros días se venera en el mundo entero la infancia de Jesús. La Orden del Carmelo Descalzo ha promovido esta devoción. El presente artículo tiene como objetivo desarrollar la devoción al Niño Jesús de Praga, desde sus orígenes, en Chile y en la ciudad de Viña del Mar.
La devoción al Niño Jesús desde el punto de vista teológico hace referencia a su infancia en virtud de la Encarnación, Jesús se ha hecho niño. Así lo manifiesta el Papa Benedicto XVI, cuando señala:
“Hacerse hombre y también aparecer en figura de hombre quiere decir: aceptar el camino escondido que comienza en la humildad de la concepción en el seno materno, el camino que se inicia en la infancia. Ser hombre implica hacerse niño. ¿Qué significa «ser niño»? Significa, ante todo, dependencia, necesidad de ayuda, tener que recurrir a los demás. Jesús, en cuanto niño, no solo proviene de Dios, sino también de otros hombres. Ha vivido en el seno de una mujer, de la que ha recibido su carne y su sangre, los latidos de su corazón, su comportamiento y su palabra. Ha recibido la vida de la vida de otro ser humano. El que provenga de otro aquello que es propio de uno no es un hecho puramente biológico. Significa que incluso la forma de pensar y de observar, la hechura de su alma, la recibió Jesús de hombres que existieron antes que él y, en último término, de su Madre”1.
La devoción a la infancia de Jesús se expandió a toda Europa desde hace 300 años. En América Latina, existen diferentes advocaciones de la infancia de Jesús, entre las más conocidas destacan la del Santo Niño de Atocha (México), el Divino Niño de Bogotá (Colombia) y en Chile el Niño Dios de las Palmas (Olmué) y el Niño Jesús de Malloco.
1 Ratzinger Joseph, El Camino Pascual, Madrid-España, 1990, pp. 81-89.
II. HISTORIA DE LA DEVOCIÓN DEL NIÑO JESÚS EN PRAGA
En el año 1547, se establece en Praga el Emperador Maximiliano con su esposa Isabel y su hija María Manríquez de Lara, quien contrajo matrimonio con el noble checo don Vratislao de Pernsteins, Gran Canciller del Reino de Bohemia. El día de su boda, su madre le regala una imagen del Niño Jesús2.
De este matrimonio nace su hija Polyxena quien se casó con Guillermo de Rosenberg, perteneciente a una de las familias más nobles del Imperio, quien durante treinta y tres años fue Gobernador Supremo del Reino de Bohemia, el cual falleció en 1592. Su madre, Doña María Manríquez de Lara, princesa de Pignatelli, el día de la boda le regaló una imagen del Niño Jesús. La princesa llevó esta imagen a Bohemia.Después de quedar viuda, contrajo matrimonio con el noble checo Alberto Lobkovitz, quien muere en 16283.A la muerte de su esposo la princesa Polyxena se dedicó a desarrollar su espiritualidad y a ejercer numerosas y constantes obras de caridad. Los religiosos de la Orden del Carmen en Praga, fueron favorecidos por la generosa asistencia de la princesa.
Europa, a comienzos del siglo XVII se ve envuelta en cruentas guerras, como fue la “guerra de los treinta años” (1618-1648); conflicto internacional en que se enfrentaron dos grandes bloques, católicos y protestantes. Se inicia en el Sacro Imperio Romano Germánico convirtiéndose en una guerra europea por el control del poder dinástico y la defensa de intereses particulares, por cuanto las monarquías europeas protestantes pretendían acabar con la supremacía de los católicos de Habsburgo. Ante esta situación España puso sus ejércitos al servicio de la causa imperial. Esto implicó que ciudades enteras fueran arrasadas, campos destruidos y muchísimas víctimas4.
Estos eventos se inician a partir de la Batalla de Monte Blanco, lugar cercano a la ciudad de Praga, en la que después de la Pascua de Pentecostés, el 8 de noviembre de 1620, el Emperador Fernando II derrotó a los protestantes confederados. Esta fue una victoria para la casa de Habsburgo y para la causa del catolicismo en Bohemia.
El Papa Paulo V5, interesado en aquella lucha religiosa más que política, nombró Legado a latere a Fray Domingo de Jesús María, General de la Orden de los Padres Carmelitas Descalzos, con el objeto de animar mediante sus oraciones y exhortaciones al ejército católico.
Fernando II, en acción de gracias por la victoria lograda, construyó a los Carmelitas varios templos en Viena en el transcurso del año 1622 y en la ciudad de Praga un templo que fue con-
2 Alvarado Enrique, ¿Quién eres Milagroso Niño Jesús de Praga?, Viña del Mar-Chile, 2010, p. 35.
3 Padre Alberto, o.c.d, Historia del Milagroso Niño Jesús de Praga, Madrid- España, 1960, pp. 26-27.
4 Hughes Philip, Síntesis de Historia de la Iglesia, Barcelona-España, 2001, p. 236.
5 Sumo Pontífice (1605-1621) fue un hombre piadoso y un inteligente gobernante del Estado Pontificio. Terminó la nave principal de San Pedro, cuya fachada aún hoy ostenta su nombre en letras gigantescas. Siguiendo la mala costumbre de su época, enriqueció tanto a su familia, los Borghese, que en lo sucesivo fue una de las más opulentas de Roma. Los historiadores lo recuerdan como fundador del Archivo Vaticano, Hertling Ludwing, Historía de la Iglesia, Barcelona-España, 1981, p. 384.
sagrado a la Virgen María el día 8 de septiembre de año 1624 bajo la advocación de “Nuestra Señora de la Victoria”.
En el año 1628 estalló la guerra en Praga y el monasterio de los monjes fue reducido al extremo de la pobreza. En aquellos días, la Princesa Polyxenia se presentó a la puerta del monasterio con su estatua y dijo así: “Aquí les traigo el objeto de mi mayor aprecio en este mundo. Honrad y respetad al Niño Jesús y nunca os faltará lo necesario”6
La estatua fue colocada en el oratorio del convento. Muy pronto sus palabras resultaron ciertas. Mientras los religiosos mantuvieron la devoción al Divino Infante de Praga, gozaron de la prosperidad. En 1631 el ejército de Sajonia entró en Praga y los Padres Carmelitas se trasladaron a Munich sin llevarse la estatua, la que terminó arrojada a los escombros por manos de los invasores.
En el año 1635 terminó la guerra y regresaron los carmelitas a su convento en la ciudad de Praga, pero las condiciones de vida eran muy malas. Uno de los frailes, llamado Cirilo de la Madre de Dios, regresó a Praga después de siete años, encontrando la ciudad en pésimas condiciones, en la cual los ciudadanos corrían el peligro de perder hasta la fe. Fue entonces que el Padre Cirilo, quién había recibido anteriormente gran ayuda espiritual por medio de su devoción al Santo Niño de Praga, quiso restaurar la devoción. Con mucha diligencia comenzó a buscar la estatua. Al cabo de cierto tiempo, el Padre la encontró entre los escombros detrás del altar, donde los invasores la habían arrojado. Estaba cubierta por un manto. El Padre Cirilo volvió a colocar al Santo Niño en su lugar, en el Oratorio donde los carmelitas lo veneraron con gran devoción y confianza7. Un día, mientras el Padre Cirilo rezaba ante la estatua, oyó una voz que le decía: “Ten piedad de mí y yo tendré piedad de vosotros. Devolvedme mis manos y yo os daré la paz. Cuánto más me honren, tanto más os bendeciré.”8
Asombrado de oír estas palabras, el Padre Cirilo quitó el manto que cubría al Divino Niño, encontrando que ambas manos estaban quebradas. Ante esta situación, el Padre Cirilo en reiteradas oportunidades se dirigió a sus superiores con el propósito de restaurar la imagen del Niño Jesús con el dinero que recibían de los fieles, pero estos se negaron debido a que existían otras prioridades, como era la hambruna y la pobreza en la cual vivían en el convento. Un día el Padre Cirilo escuchó que el Niño Jesús le decía:”Colócame a la entrada de la sacristía, y encontrarás quien se compadezca de mí.”
Se presentó un desconocido, el cual notando que el Niño no tenía manos, se ofreció espontáneamente a repararlas. Al poco tiempo el desconocido ganó un juicio en el que recuperó una fortuna. Innumerables beneficios fueron recibidos por los devotos. Al ver estos prodigios, los carmelitas edificaron una capilla pública, teniendo en cuenta que el sitio donde debían levantarla, había sido ya indicado por la Santísima Virgen al Padre Cirilo.
6 Alvarado Enrique, ¿Quién eres Milagroso Niño Jesús de Praga?, Viña del Mar-Chile, 2010, p. 40.
7 Padre Alberto, o.c.d, Manual del Niño Jesús de Praga, Barcelona-España, 1900, p. 18.
8 Alvarado Enrique, ¿Quién eres Milagroso Niño Jesús de Praga?, Viña del Mar-Chile, 2010, p. 44.
Finalmente, en el 1642, la Princesa Lobkowitz edificó un santuario que se inauguró en 1644, el día de la fiesta del Santo Nombre de Jesús. Acudían devotos de todas partes y de toda condición. En 1655, el Conde Martinitz, Gran Marqués de Bohemia, regaló una preciosa corona de oro esmaltada con perlas y diamantes. El Reverendo José de Corte se la colocó al Niño Jesús en una solemne ceremonia de coronación9.
III. LA DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA EN CHILE
Hasta fines del siglo XIX, tanto el Niño Jesús, como los propagadores de su devoción, los Padres Carmelitas descalzos, eran desconocidos en Chile. En el año 1899, los hermanos Ernesto de Jesús y Epifanio de la purificación, provenientes del Carmelo de Burgos, arribaron a Valparaíso el 11 de febrero de 1899. Recién llegados a la ciudad, el presbítero Cristóbal Villalobos, quién era párroco de la Parroquia Espíritu Santo, les ofreció una capilla dedicada a San José, ubicada en el cerro Bellavista10.
Después de su llegada a Valparaíso, los Padres Carmelitas Descalzos se trasladan a la ciudad de Santiago de Chile, en donde el 27 de noviembre de 1899 inauguraron una primera capilla en la calle Lastra, bajo la advocación de la Virgen del Carmen. Inmediatamente, comenzaron una intensa labor de propagación de la devoción al Niño Jesús de Praga. Desde aquella fecha se le dedicó el cuarto domingo de mes, los días 25, más una novena en octubre. Los diez primeros años transcurrieron sin novedad para esta devoción, pero sirvieron de semilla para el próximo desarrollo que se acercaba.
El Padre Jerónimo de Jesús OCD, quién había sido profesor de Teología Dogmática y Moral en Pamplona, su tierra natal, fue el gran apóstol de la devoción al Divino Infante en Chile, señalando que:
“Al trasladarnos de la calle Lastra al local, en que hoy se encuentra la Comunidad, todos los conventuales estuvieron conformes en dedicar al Niño Jesús de Praga un altar. La imagen, que hasta entonces se veneraba, era de pequeñas dimensiones, se encargó otra al escultor señor Font, en Madrid; imagen que se bendijo con gran solemnidad”11.
Las sanaciones, favores concedidos y consentimientos a las súplicas de los fieles devotos fueron tan admirables y prodigiosas que ya a partir de la década de 1910, las fiestas en honor del Divino Niño Jesús de Praga eran masivas.
Se debe tener presente el poco tiempo que tardó la construcción del nuevo santuario. La primera piedra se colocó el 24 de abril de 1917 y se inauguró solemnemente el 28 de noviembre de 1920. Este santuario se construyó durante la Primera Guerra Mundial en medio de la más grave
9 Padre Alberto, o.c.d, Historia del Milagroso Niño Jesús de Praga, Madrid- España, 1960, p. 30.
10 Duchens Myriam, La Virgen del Carmen en Chile. Historia y devoción, Santiago-Chile, 2010, p. 107.
11 Esteban de Santa Teresa, o.c.d, El Carmelo y Praga, Santiago-Chile, 1924, p. 64.
crisis económica-financiera, aunque se inició sin contar con los recursos y fondos necesarios, jamás hubo que suspender las obras por falta de estos. Los aportes de los fieles llegaban en monedas de escaso valor, las que eran depositadas en una alcancía destinada a dichos efectos, colocada a los pies de la imagen del Divino Niño Jesús de Praga. Muy pocas veces se contó con grandes aportes de dinero, tanto así que la prensa de la época opinaba que el templo-santuario se había levantado con el aporte de los pobres y humildes más que con el dinero de los ricos.
El templo Santuario del Milagroso Niño Jesús de Praga, se encuentra ubicado en calle Borgoño, esquina de Avenida Independencia en Santiago de Chile12.
IV. LA COFRADÍA DEL NIÑO JESÚS DE PRAGA EN EL SANTUARIO DE INDEPENDENCIA
El 1° de diciembre de 1909, el señor Arzobispo Juan Ignacio González Eyzaguirre13, quien gobernó la Arquidiócesis de Santiago entre los años 1908 y 1918, daba licencia para erigir la Cofradía del Niño Jesús de Praga; solicitud de la comunidad debido al crecimiento de la devoción al Niño de Praga.
El Padre Esteban de Santa Teresa, fue el primer director de la Cofradía, quien se valió de su personalidad para promover el amor al Divino Infante en el corazón de sus feligreses. Publicó numerosos folletos de propaganda y dio una mayor importancia a las Novena anuales, que se celebraban en honor del Niño Jesús de Praga.
En el año 1913, se restauró el Convento de Praga, ocasión en que el General de la Orden pidió al Sumo Pontífice facultad exclusiva para erigir Cofradías del Niño Jesús en todo el mundo. Mediante el breve “Significabit Nobis”, promulgado el 30 de marzo de 1913, el Papa Pío X concedió a la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, facultades absolutas y exclusivas en esta devoción.
El Padre Clemente de los Santos Faustino y Jovita, General de la Orden, daba a los Padres de Santiago licencia para erigir la Cofradía el 9 de noviembre de 1915. Por este motivo, no se pudo erigir canónicamente la Cofradía en el Convento de Santiago hasta el 1° de diciembre de 1915; aunque ya en 1909 se contaba con la autorización del señor Arzobispo y se le daba culto desde el año 189914. Con este acontecimiento se acerca la época del florecimiento de esta devoción y el momento de las grandes manifestaciones del Divino Niño Jesús de Praga.
12 Alvarado Enrique, ¿Quién eres Milagroso Niño Jesús de Praga?, Viña del Mar-Chile, 2010, p. 53.
13 Al fallecer el arzobispo Mariano Casanova en 1908, le sucedió un verdadero apóstol social, Juan Ignacio González Eyzaguirre (1908-1918); contemporáneos lo llamaron “el arzobispo de los obreros”. Su modestia y humildad han conspirado para que su gran obra social y auténtica santidad no sean ampliamente conocidas. Fue de una austeridad ejemplar. Su cuantiosa fortuna la destinó ocultamente para financiar los gastos de las misiones en la Araucanía y en Tierra del Fuego. Numerosas instituciones asistenciales y educacionales registraron sus generosos aportes para educar a la juventud y asistir a los enfermos. Marciano Barrios, Chile y su Iglesia: una sola historia, Santiago- Chile, 1992.
14 Lázaro de la Asunción, Historia de la Orden del Carmen Descalzo en Chile, 1899 - 1935, 1936, p. 222.
V. PRIMER MILAGRO DEL NIÑO JESÚS DE PRAGA EN CHILE
Referirnos a la historia del Niño Jesús de Praga en el convento de Independencia y omitir los milagros obrados por Él, sería omitir lo más importante. Por tal motivo haré referencia del primer milagro que realizó el Niño Jesús de Praga a la señora Rosa Fernández de Ruiz Tagle, tía y madrina de Juanita Fernández Solar, más conocida como Santa Teresa de Jesús de los Andes15.
La señora Rosa Fernández se encontraba aquejada de una incurable enfermedad a los tobillos, provocado por un desgarro de los tejidos sufrido por un accidente, produciéndole finalmente un encogimiento de los nervios del pie, que le hinchaba las piernas al extremo de impedirle caminar durante diecinueve meses, lo que trajo como consecuencia una flebitis que varios médicos de la época no pudieron sanar, a pesar de incontables tratamientos realizados16.
Esta situación llevó a la señora Rosa Fernández, desde su lecho de enferma y con gran fe, a rezar la Novena al Divino Niño Jesús de Praga. El día 29 de octubre de 1916, fecha en la cual se celebraba al Divino Infante en su templo Santuario ubicado en calle Borgoño esquina de Avenida Independencia en Santiago. Por tanto, solicitó a uno de sus hijos y a una de sus hermanas que la llevaran en silla de ruedas al templo de los Padres Carmelitas, para participar de la procesión con la cual culminaban las celebraciones del Niño Jesús de Praga.
La señora Fernández, al encontrarse en el templo esperando que volviera la procesión, comenzó a sentir que la pierna le hormigueaba y, ante el asombro de quienes se encontraban allí, su pierna comenzó a deshincharse y a desaparecer los tremendos dolores que le aquejaban, pudiendo ponerse de pie por sus propios medios y caminar con la agilidad de una persona sana hacia el altar del Divino Niño Jesús de Praga, para agradecer el milagro que le había hecho.Doña Rosa Fernández de Ruiz Tagle, firmó una declaración notarial jurada, la cual contiene los informes médicos de los numerosos profesionales que la atendieron y que acreditaban su estado de salud, todo lo cual finalmente fue ratificado por Monseñor Carlos Casanueva Canónigo de la Catedral Metropolitana de Santiago y Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile17.
También se pueden constatar otros milagros realizados por el Niño Jesús de Praga, dentro de los cuales se encuentran: conversión milagrosa de un matrimonio protestante, quienes provenían
15 Primera Santa Chilena. Juanita Fernández Solar. Nació el 13 de julio de 1900 en Santiago de Chile. Sus padres eran Miguel Fernández y Lucía Solar. A la edad de 6 años ingresa al colegio del Sagrado Corazón. El 11 de septiembre de 1910 recibe su Primera Comunión. A los 15 años siente la inquietud vocacional de convertirse en carmelita descalza. El 12 de mayo de 1919 ingresa al Monasterio del Espíritu Santo en la ciudad de Los Andes. El 14 de octubre de 1919 toma el hábito de carmelita. Después de 11 meses en el convento enferma gravemente de tifus y septicemia. Muere el 12 de abril de 1920. Es beatificada por San Juan Pablo II el 3 de abril de 1987, en la ciudad Santiago de Chile. Es canonizada por el mismo Sumo Pontífice el 21 de marzo de 1993, en la Basílica de San Pedro.
16 Opúsculo, Cofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga, Santiago-Chile, 1919, p. 14.
17 Lázaro de la Asunción, Historia de la Orden del Carmen Descalzo en Chile, 1899 - 1935, 1936, pp. 227, 230.
de una Iglesia presbiteriana de Suiza. Este milagro ocurrió un 25 de junio de 1918. Otro milagro es la curación de un niño envenenado, el cual comió semillas de una planta tóxica. Los médicos de la época señalaban que era demasiado tarde para poder auxiliarlo. Al escuchar esto, pidieron el auxilio del Niño Jesús de Praga para que el pequeño de seis años se recuperara. Al día siguiente a las ocho de la mañana, el niño despertó en completo estado de sanidad18.
Es así como el Milagroso Niño Jesús de Praga ha ido realizando diversos tipos de milagros, en su mayoría curaciones, tanto físicas como espirituales y conversiones.
VI. CORONACIÓN SOLEMNE DE LA IMAGEN DEL NIÑO JESÚS DE PRAGA EN INDEPENDENCIA
La comunidad y los fieles no sabían cómo dar gracias al Divino Niño Jesús de Praga, por tantos beneficios y milagros que había realizado. Es en este contexto donde surge la idea de la Coronación de la Imagen del Santuario de Independencia para hacerle una manifestación de agradecimiento19.
Las damas y señoritas de Santiago se desprendieron de cadenas de oro, anillos, joyas, collares y brazaletes para hacer la Corona al Divino Infante. El trabajo de engaste lo costeó la señora Rosa Fernández de Ruiz Tagle, como un homenaje y agradecimiento por el gran milagro que le había realizado.
Se acercaba la fiesta, los Padres carmelitas Prudencio y Elías predicaron la novena de preparación, llegando así el día 25 de octubre de 1919. Todo Santiago se congregó en el Santuario de Independencia y se pudo apreciar cómo el representante del Papa, Monseñor Misuraca colocaba la Corona al Divino Niño Jesús de Praga ¡Santiago era un segundo Praga!
Este suceso contribuyó a extender aún más en Santiago la devoción al Milagroso Niño Jesús. En estos días de la Coronación, sanó milagrosamente por obra del Niño de Praga la pequeña María de Pinto, que se había tragado un alfiler grande.
En 1920, cuando los Padres celebraban la inauguración del nuevo Templo dedicado al Divino Infante, sanaba milagrosamente a una persona ciega. En octubre de 1923, cuando se preparaba su novena anual, el Milagroso Niño Jesús de Praga sanaba al pequeño Augusto Somarriva, quien en un accidente se había roto el cráneo20
18 Idem.
19 Esteban de Santa Teresa, o.c.d, El Carmelo y Praga, Santiago-Chile, 1919, p. 43.
20 Lázaro de la Asunción, Historia de la Orden del Carmen Descalzo en Chile, 1899 - 1935, 1936, pp. 267268.
VII. LA DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA EN LA PARROQUIA VIRGEN DEL CARMEN DE VIÑA DEL MAR
Antes de profundizar en la devoción al Niño Jesús de Praga en la Parroquia Virgen del Carmen de Viña del Mar, es bueno hacer mención a los orígenes de este Templo tan querido por los viñamarinos.
La idea de fundar un convento de la Orden del Carmelo Descalzo en esta ciudad fue del Padre Epifanio de la Purificación, Superior de Valparaíso. El 5 de septiembre de 1905, se adquirió un terreno en la Población Vergara, en la Avenida Libertad y Cinco Norte. Esta autorización fue otorgada por Mariano Casanova, Arzobispo de Santiago21.
La obra de la capilla y convento, fue encargada al Hermano Cirilo de la Cruz, quien diseñó los planos. Esta capilla se mantuvo solo 7 meses, pues fue destruida por el terremoto de 1906. En la reconstrucción de la capilla, la orden contó con el apoyo financiero de Juana Ross de Edwards y con donaciones directas del Rey Alfonso XIII, siendo reinaugurada el 8 de abril de 1907.
Debido al aumento de la población, la Orden del Carmelo Descalzo aprobó la construcción de un nuevo templo. Dicha obra fue encomendada al Hermano Rufo de San José. Se acordó además que la nueva Iglesia debía ser imponente, de estilo gótico, reproduciendo la grandeza de la Catedral de Burgos22.
El nuevo templo fue inaugurado el 11 de diciembre de 1926. En su interior se encuentra el Altar Mayor, así como los laterales del Niño Jesús de Praga y de Santa Teresa de los Andes. El camarín de la Virgen del Carmen está diseñado con columna23
Rápidamente en la Iglesia se organizó la Corte de la Virgen del Carmen y la Cofradía del Niño Jesús de Praga. También tuvo una publicación quincenal iniciada en 1922. Asimismo, se fundó el Club Deportivo Carmelo y Praga. En el año 1963, por decreto de la diócesis, la Iglesia se constituyó como Parroquia de la Virgen del Carmen.
Dentro de los diferentes grupos que se habían erigido en el Templo, se encuentra una devoción tan característica de la Orden de los Padres Carmelitas Descalzos como es la devoción al Niño Jesús de Praga. Así el Padre Epifanio de la Purificación, solicitó a Roma la licencia para erigir la Fraternidad, licencia que le fue concedida el 12 de noviembre de 1915. Su erección canónica se hizo el 24 de junio de 1917, teniendo al Padre Gervasio de la Asunción como Primer Director de ella. La Cofradía creció rápidamente y en 1920 contaba con 500 socios, para llegar en 1928 a 1200 activos24
El 14 de noviembre de 1960, el Padre Feliciano Epelde fue nombrado Asesor de esta Cofradía.
21 Duchens Myriam, La Virgen del Carmen en Chile. Historia y devoción, Santiago-Chile, 2010, pp. 118.
22 Ibid, p. 119.
23 Carmelitas Descalzos, Historia en Viña del Mar (1905-2005), Valparaíso-Chile, 2005, p. 17.
24 Lázaro de la Asunción, Historia de la Orden del Carmen Descalzo en Chile, 1899 - 1935, 1936, p. 233.
Habiendo sido trasladado a Chillán y luego a San Fernando, naturalmente dejó esta asesoría que reinició en 199025.
En el año 2010, mediante la participación del embajador de Chile en la República Checa, don Enrique Krauss y su señora esposa, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, hacen llegar a la Parroquia Virgen del Carmen de Viña del Mar una réplica exacta de la imagen del Divino Infante que se encuentra en Praga26
En la actual Iglesia, la imagen del Divino Niño Jesús de Praga se encuentra en un esplendido y artístico altar gótico en la nave derecha del Templo.
Actualmente el asesor de la Cofradía del Niño Jesús de Praga es el Reverendo Padre Fray José Miguel Medina OCD y cuenta con 200 cofrades. El Divino Infante es honrado todos los días martes del año, en la Eucaristía de las 19:00 horas.
25 Carmelitas Descalzos, Historia en Viña del Mar (1905-2005), Valparaíso-Chile, 2005, p. 32.
26 Alvarado Enrique, ¿Quién eres Milagroso Niño Jesús de Praga?, Viña del Mar-Chile, 2010, pp. 54-55.
DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA EN LA PARROQUIA VIRGEN DEL CARMEN DE VIÑA DEL MAR






Santa Teresa de Los Andes
Iglesia del Carmen alto. Santiago Sra. Rosa Fernández Ruiz Tagle

PALABRAS DE CLAUSURA DEL SIMPOSIO
ACTA FUNDACIONAL DE LA
ASOCIACIÓN
LATINOAMERICANA DE HISTORIA RELIGIOSA
Palabras de clausura del Séptimo Simposio Nacional y del Primer Simposio Latinoamericano de Historia Religiosa
Cumplo el grato encargo de dirigir unas palabras para poner término a este Séptimo Simposio de Historia Religiosa Local de Valparaíso y Primer Simposio Latinoamericano de Historia Religiosa. Aflora de inmediato el sentimiento de gratitud hacia los distinguidos ponentes de este Simposio, lo mismo que hacia sus demás intervinientes, precisamente por su participación en él. Todos quisieron acoger nuestra convocatoria e invitación, y ello ha asegurado el éxito de los trabajos y del entero simposio.
Un especial sentimiento va dedicado a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso que desde el primer momento acogió con entusiasmo esta iniciativa, asegurándonos su apoyo para llevar adelante este simposio que reunía por primera vez en nuestra patria grande, América Latina, a un grupo selecto de cultores de la historia religiosa local en diversos países de nuestro continente, iniciando un caminar que, esperamos que forme parte de los designios de Dios, tenga un futuro promisorio.
También el deseo y el deber me impelen a agradecer a las personas que intervinieron en la operación que hizo posible el desarrollo de las actividades que hoy terminan, entre quienes contamos no solo a los académicos de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, sino a un escogido grupo de ayudantes de la Facultad de Derecho y del Instituto de Ciencias Religiosas que han colaborado con el entusiasmo propio de quienes se están iniciando en las actividades académicas. La mayoría de los presentes conoce cuán compleja y esforzada es la organización de actividades de este género y apreciarán en consecuencia la justeza de estos reconocimientos. Tenemos la sensación de haber hecho todo lo posible para convertir en grata, amable, cómoda la permanencia de nuestros visitantes. Si lo conseguimos, no nos toca a nosotros juzgarlo, pero sí nos corresponde solicitar la benevolencia y la comprensión por los defectos, que nunca se debieron a la voluntad.
Cinco naciones latinoamericanas han estado presentes en esta reunión científica, poniendo de relieve una vez más, que nuestra comunidad cultural tiene más fuerza que las eventuales diferencias coyunturales. Comunidad cultural que alcanza mayor fuerza cuando se fundamenta
en la religiosidad de quienes buscan el auxilio de lo sobrenatural para llevar adelante sus anhelos individuales y comunitarios. No en vano hombres y mujeres tendemos naturalmente a lo sobrenatural, cualquiera sea el nombre que le demos a lo sobrenatural. Y ello ha quedado demostrado en las diversas comunicaciones presentadas en estos dos días, las que, desde naciones diversas, han analizados personas, instituciones y acontecimientos que tienen en común ser manifestaciones locales de esta tendencia natural a lo sobrenatural. Han sido, además, expresión plástica de que la religiosidad de los hombres, las mujeres y las culturas de nuestros pueblos de América Latina han forjado el continente y le han dado un sello indeleble, a pesar de los intentos por ignorarlo al no poder borrarlo.
Parece que ha llegado el momento de que los intentos valiosos que se hacen en nuestros países por estudiar las diversas manifestaciones locales de esta religiosidad vivenciada en nuestros pueblos encuentren un espacio común que, junto con incentivarlos, facilite la divulgación de sus resultados. Es por lo que este acto, en el que ponemos término a las tareas académicas de este Primer Simposio Latinoamericano de Historia Religiosa, es, al mismo tiempo, el momento fundacional de la Asociación Latinoamericana de Historia Religiosa. El objetivo de la misma será la promoción y difusión de los estudios de historia religiosa en América Latina, cualquiera sea la nacionalidad de quienes la cultiven.
Invito a la doctora María Inés Concha, presidenta de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, para que proceda a entregar los certificados a quienes han intervenido en este Simposio.
Debo ahora terminar. Y lo hago presentando nuestros respetos y saludos a los distinguidos visitantes, a quienes les deseamos un feliz retorno a sus tierra y a quienes esperamos, además, saludar con la mayor de las cordialidades en algún lugar de nuestra patria común. Muchas gracias.
Carlos Salinas Araneda
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso
Acta de fundación de la Asociación Latinoamericana de Historia Religiosa
En la ciudad y puerto de Valparaíso, en Chile, el día 4 de agosto de 2017, en los salones de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, con ocasión del Séptimo Simposio de Historia Religiosa Local y Primer Simposio Latinoamericano de Historia Religiosa, reunido los académicos abajo indicados, procedentes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Perú.
Considerando
1º Que la religión ha constituido un elemento que ha estado presente permanentemente en la historia del continente Latinoamericano, constituyendo un elemento esencial de su identidad;
2º Que esta religiosidad, en sus diversas manifestaciones, ha sido vivida por los habitantes del Continente, en la cotidianeidad de sus vidas personales y comunitarias, principalmente en los niveles locales desde donde se ha proyectado a los niveles nacionales y continentales;
3º Que el conocimiento de la historia religiosa del Continente a nivel local constituye un instrumento eficaz que permite conocer con mayor profundidad el presente, a partir del cual se proyecte la vivencia religiosa individual y comunitaria en los tiempos por venir,
Vienen en
Fundar la Asociación Latinoamericana de Historia Religiosa, cuya tarea principal será profundizar y promover el conocimiento y la divulgación de la historia religiosa local del Continente Latinoamericano. Para hacer operativo el inicio del funcionamiento de esta Asociación,
Acuerdan
1º Constituir un Comité integrado por los profesores Milagros Gallardo de Argentina; Ney de Souza de Brasil; Rafael Sánchez de Perú; Manuel Gómez de Bolivia; y María Inés Concha Contreras, de Chile, quien actuará como coordinadora del Comité.
2º Tarea de este Comité será preparar un proyecto de estatutos para ser sometido a conocimiento y aprobación de los miembros de la Asociación, en la próxima sesión de la Asociación,
la que se realizará en el Segundo Simposio Latinoamericano de Historia Religiosa, cuya sede y fecha de realización será definida por el mismo Comité.
3º La duración de este Comité será hasta que se constituya la directiva de la Asociación Latinoamericana de Historia Religiosa; en el próximo Simposio el Comité dará cuenta de la gestión realizada.
María José Castillo
Sociedad Chilena de Historia de la Iglesia, Chile
María Inés Concha Contreras
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Ricardo Cubas
Universidad de Los Andes, Santiago, Chile
Edgar da Silva
Universidade Cruzeiro do Sul, Brasil
Alexandrine de la Taille
Universidad de Los Andes, Santiago de Chile
Ney de Souza
Pontificia Universidade Catolica de Sao Paulo, Brasil
Rafael Escobar Collins
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile
Juan Daniel Escobar Soriano
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile
Pedro Espinosa
Pontificia Universidad Católica de Chile
Alejandra Fuentes
Universidad de Los Andes, Santiago, Chile
Milagros Gallardo
Universidad Nacional del Centro, Buenos Aires, Argentina
Manuel Gómez Mendoza
Centro Eclesial de Documentación, Tarija, Bolivia
Tiago Geyrdenn
Pontificia Universidade Catolica de Sao Paulo, Brasil
Sergio Latini
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Cristián Leal
Universidad del Bío-Bío, Chile
Juan Pablo López
Federación Latinoamericana de Ciudades Turísticas, Chile
Luis Martínez Ferrer
Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma
Rodrigo Moreno Jeria
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago de Chile
Juan Rodrigo Ortiz
Centro de Educación y Cultura Americana, Chile
Waldo Pacheco
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Carlos Salinas Araneda
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile
Marcial Sánchez Gaete
Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, Chile
Rafael Sánchez Concha
Pontificia Universidad Católica del Perú
David Toledo
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Jorge Troisi
Universidad Nacional La Plata, Argentina
Benjamín Silva
Centro de Educación y Cultura Americana, Chile
Fernando Vergara Benítez
Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, Chile
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile
Alex Yergues
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile

Algunos Momentos de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso
ALGUNOS MOMENTOS DE LA ACADEMIA DE HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO (2004-2019)

Waldo Pacheco, Monseñor Gonzalo Duarte, Obispo de Valparaíso y Gran Canciller de la PUCV y Carlos Salinas. Inauguración del Primer Simposio.

Pbro. Dietrich Lorenz, Vice Gran Canciller de la PUCV, Apertura del Tercer Simposio de Historia Religiosa.
Lanzamiento de Actas del Tercer Simposio de Historia Religiosa



Público asistente.
Dr. Carlos Salinas.
Cuarto Simposio de Historia Religiosa.

Primera sesión, modera el profesor Rodrigo Moreno y expone Mauricio Molina, académico del Instituto de Historia de la PUCV.
Presentación Actas del Cuarto Simposio de Historia Religiosa.

Dr. Cristian Leal, Académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Bío-Bío; monseñor Leopoldo Núñez, Vicario General de la Diosesis de Valparaíso y María Inés Concha C., editora del libro.
Bienvenida a nuevo académico de número.


David Toledo firma el libro de Actas.
Miembros de la Academia: Rodrigo Moreno, Waldo Pacheco, María Inés Concha, David Toledo, Juan Daniel Escobar, Carlos Salinas y Fernando Vergara.
Inauguración del Quinto Simposio de Historia Religiosa.

Presiden Monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar, Gran Canciller de la PUCV y Obispo de Valparaíso, y el Sr. Rector Claudio Elórtegui Raffo.
Lanzamiento de Actas del Quinto Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso.


Monseñor Gonzalo Duarte y María Ines Concha C., Editora.
Carlos Salinas, Monseñor Gonzalo Duarte y Fernando Vergara.
Inauguración Séptimo Simposio Nacional y Primero Latinoamericano de Historia Religiosa.

Dra. María Inés Concha C. Presidenta de la Academia, Dr. Luis Martínez Ferrer profesor invitado de la Universidad de la Santa Cruz, Roma y Dr. Arturo Chicano, Vicerrector de Desarrollo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Alexandrine de la Taille, Alejandra Fuentes, Antonio Ibacache.

Luis Martínez, Ricardo Cubas, Milagros Gallardo y Sergio Latini.



Waldo Pacheco, Juan Ortíz, Carlos Salinas, Milagros Gallardo, Ney de Souza, Manuel Gómez, Ricardo Cubas y Fernando Vergara.
Mesas Redonda sobre archivos.
