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Segundo simposio Historia Religiosa de Valparaíso

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HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO

HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO

EDITORES

María Inés Concha C. Waldo Pacheco C. Fernando Vergara B.

© María Inés Concha C., Waldo Pacheco C. y Fernando Vergara B., Editores 2008 Inscripción N° 174.644

ISBN 978-956-17-0429-9

Derechos Reservados Tirada: 200 ejemplares

Ediciones Universitarias de Valparaíso

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Teléfono: 2273087 – Fax: 2273439

Correo electrónico:euvsa@ucv.cl www.euv.cl

Diseño Gráfico: Guido Olivares S. Asistente de Diseño: Mauricio Guerra P. Asistente de Diagramación: Alejandra Larraín R. Corrección de Pruebas: Osvaldo Oliva P.

Impreso en Libra

HECHO EN CHILE

ACTAS DEL II SIMPOSIO DE HISTORIA RELIGIOSA DE VALPARAÍSO

Pag 9. PRESENTACION

Atilio Bustos G.,

Director del Sistema de Biblioteca PUCV

Presidente de Red ARPA

Pag 11. PALABRAS DE BIENVENIDA EN LA I NAUGURACI ó N

Prof. Dra. María Inés Concha C.

Directora Decano de ICR

Pag 15. PALABRAS SESIóN INAUGURAL

Prof. Dr. Kamel Harire S.

Presidente del Capítulo Académico PUCV

SESION: PERSONAS DE RELIEVE

Pag 19. MONSEÑOR EDUARDO GIMPERT PAUT EN VALPARAÍSO (1906-1937)

Prof. Fernando Vergara B.

Pag 43. LECTURA Y ANÁLISIS DE LA PRIMERA CARTA PASTORAL DE MONSEÑOR EMILIO TAGLE C.

Prof. Dr. Kamel Harire S.

SESION: INSTITUCIONES

Pag 59. PRESENCIA SALESIANA EN VALPARAÍSO.

R.P. Simon Kuzmanich V. sdb

Pag 69. PRIMERA SOCIEDAD BÍBLICA EN VALPARAÍSO: PRESENCIA, PROPóSITO Y OBRA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.

Prof. Waldo Pacheco C.

Pag 101. HISTORIA DEL TRIBUNAL ECLESIÁSTICO Y SU PRESENCIA EN VALPARAÍSO.

Pbro. Luis Eugenio Meneses.

Pag 117. SURGIMIENTO DE LA IGLESIA ANGLICANA ST. PAUL’S DE VALPARAÍSO EN EL CONTEXTO DEL SIGLO XIX.

Prof. Michelle Prain B.

Pag 133. MOVIMIENTO APOSTóLICO DE SCHOENSTATT Y VALPARAÍSO

Prof. Amelia Herrera L.

Pag 145. LOS CAPUCHINO EN VIÑA DEL MAR.

R.P. Sergio Uribe ofm cap.

Pag 201. CAPILLA EVANGÉLICA ALEMANA: TARDÍO TESTIMONIO DE LA PRESENCIA LUTERANA EN VALPARAÍSO DURANTE EL SIGLO XIX.

Srta. Doris Vera P.

Pag 223. ARCHIVOS PARROQUIALES DE LA DIóCESIS DE VALPARAÍSO: ESTUDIO, ANÁLISIS Y SU ESTADO DE CONSERVACIóN

Srtas. Jocelyn Caico P. y Rebeca Yáñez

SESION: ACONTECIMIENTOS

Pag 233. SANTA CRUZ Y LA VIRGEN DE LAS CUARENTA HORAS DE LIMACHE.

Prof. Fernando Venegas E.

Pag 269. EL ECUMENISMO EN VALPARAÍSO.

Prof. Dr. Juan Daniel Escobar.

Pag 283. VALPARAÍSO: CUNA DEL AVIVAMIENTO PENTECOSTAL CHILENO.

Pastor Juan Esteban Sepúlveda G.

Pag 307. SANTOS Y PAPAS EN LA GENEALOGÍA EPISCOPAL DE LOS OBISPOS DE VALPARAÍSO.

Prof. Dr. Carlos Salinas A.

Pag 341. PALABRAS FINALES

Prof. Dra. María Inés Concha C.

PRESENTACIÓN

La historia es la disciplina que nos ayuda a comprender nuestro propio tiempo. Ella es vestigio y tejido que los hombres dejan en su tarea de humanizar el mundo. Cuando se reúne el trabajo histórico y la vida religiosa de una sociedad, entonces, es posible alcanzar una comprensión de ese ser en el tiempo.

Las manifestaciones y prácticas religiosas, las instituciones, la obra de hombres y mujeres suman una heredad que es donada a las generaciones futuras. La forma en que los hombres de hoy reciben y recrean esta heredad es indicativa de la cultura de un pueblo. La tarea de una academia de historia religiosa es, por lo tanto, aportar luz a la forma en que las sociedades reciben dicho legado. El trabajo de tal academia sólo es posible abordarlo desde la universalidad del pensamiento, desde la transdiciplinaridad, desde lo ecuménico y, probablemente en algunos casos, desde lo sincrético.

¿Aporta el estudio de la historia religiosa a la comprensión del Valparaíso de hoy? ¿De qué manera su fe influyó en quienes forjaron esta ciudad? ¿Aportó riqueza espiritual esa diversidad?

El paulatino asentamiento en esta ciudad puerto de comunidades extranjeras con diferentes confesiones religiosas contribuyó a establecer un ambiente cosmopolita. El estudio de esas convivencias brinda a los hombres y mujeres muchas lecciones. Una de ellas es la tolerancia y respeto a la diversidad en un mundo tempranamente global.

Apertura y tolerancia son valores necesarios para generar un dialogo y estudio de estas materias. La Universidad, y particularmente nuestra Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, es un espacio privilegiado donde las diferentes miradas se encuentran. El libro que hoy usted tiene en sus manos es fruto de este dialogo permanente.

Atilio Bustos González

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Red de Archivos y Museos Patrimoniales de Valparaíso

I.

PALA

b RAS DE b IENVENIDA EN LA I NAUGURACIÓN

Hace dos años, en este mismo lugar, en el acto de clausura del Primer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, las palabras finales fueron ¡Hasta pronto!, expresión que auguraba futuros encuentros destinados a ahondar en nuestras raíces religiosas. El anhelo que esa expresión manifestaba se hace realidad hoy, día en que se inaugura el Segundo Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso.

Agradezco vuestra presencia en este acto; presencia que nos alienta y estimula puesto que constituye un manifiesto interés por el cultivo de nuestra memoria religiosa regional.

¿Que puede significar para el Valparaíso de hoy el conocimiento de su historia religiosa?

En principio, configura un requerimiento que apela a nuestra naturaleza social y espiritual; es un medio que nos permite afirmar la pertenencia y la identidad a un suelo, a una comunidad; es el vehículo de enlace entre lo que hemos sido y lo que somos. Por tanto, tenemos la firme convicción de que no podemos vivir ajenos al conocimiento de su pasado. En efecto, entendemos que la cultura de un pueblo no es un conjunto de hechos aislados, sino un proceso coherente de diario trabajo, de continuidad en el transcurso de la vida, de la cual queremos participar activamente.

Es evidente que todo aquello que es histórico está sujeto a la ley de la precariedad, sin embargo, la religión es una expresión siempre eterna de la búsqueda que el hombre hace de Dios. Desde esta perspectiva, pareciera que historia y religión no anduvieran de acuerdo. No obstante, la búsqueda de Dios en el tiempo deja huellas, que ciertamente denotan una constante: la constante del deseo profundo de superar la propia historia, la misma historia que se habita, la constante de habitar la historia trascendiéndola a través de aquellas aspiraciones, aquellos valores, que en la experiencia del pueblo creyente, la divinidad siempre ha inspirado.

La historia religiosa de una comunidad es el testimonio de su esfuerzo por construir no solamente el futuro en la andadura presente, sino del interés de eternidad de la propia vida individual y comunitaria. La historia religiosa se nutre, por tanto, de episodios, de construcciones, de asociaciones, de documentos, de palabras… Pero principalmente, la historia religiosa se expresa en la historia de la comunidad, la in-forma de diversas maneras.

Pensemos en nuestro país, en su formación, en cómo la interacción y la apertura a lo sagrado ha encontrado fecundas expresiones que han forjado nuestra sociedad. Nuestro interés por la historia religiosa no es sólo investigación acerca de los orígenes, no es sólo memoria: es deseo de comprender mejor el presente para orientar el futuro.

La historia religiosa nos habla de nuestras raíces, raíces que deben custodiarse creativamente, puesto que son expresión de una espiritualidad viviente, y por tanto, en desarrollo permanente; constitutivas de nuestra verdadera identidad.

La historia religiosa nos habla porque, también hoy, nosotros vivimos esa radical apertura a la trascendencia; en el corazón de nuestra cultura encontramos diversas expresiones de acercamiento al misterio de Dios y del hombre; constatamos que no hay cultura que no sea esencialmente religiosa. Nuestra cultura, que define su propia identidad y está abierta al diálogo y a la trascendencia, puede dejarse iluminar y fortalecer por el Evangelio.

La historia religiosa, también, nos habla de nuestro desarrollo en el seno de una determinada sociedad, en una cultura particular, condicionados y enriquecidos por ella: la recibimos, la modificamos de manera creativa y la seguimos transmitiendo. Proceso dinámico, que necesita ser cultivado, es decir, requiere una atención consciente a su evolución porque es nuestro hogar, se define por los lazos estables que construimos con los demás, estableciendo una fisonomía propia que nos identifica, desde una tradición, que marca la identidad fundamental desde la cual actuamos.

La historia religiosa, por tanto, conexa a la identidad de los grupos humanos, expresa tanto la utopía como el enraizamiento.

Finalmente, la historia religiosa, como eco del Cristo viviente, hoy nos anima, espera e interroga con el fin de solicitar nuestra colaboración en la construcción religiosa de nuestro hoy. Sin duda, nos puede decir qué somos para comprender mejor lo que queremos ser.

Personas, instituciones y acontecimientos serán presentados en estos días, no sólo para ser recordados, sino para preguntarnos cómo hoy podemos expresar nuestros valores, cómo los diseñamos, qué sentido de la vida forjamos. En este espíritu y contexto se enmarca la contribución y el alcance que en este campo pretendemos realizar con humildad y realismo.

II. E STAS ACTAS

Esta segunda publicación pone a disposición del lector la mayoría de los trabajos presentados en el Segundo Simposio. Al igual que la edición de 2005, las comunicaciones están organizadas en tres categorías: personas de relieve, instituciones y acontecimientos.

La Academia de Historia Religiosa de Valparaíso espera que esta publicación contribuya al conocimiento y comprensión del valioso pasado religioso de nuestra región, y en cada uno, aliente el anhelo de construir el presente.

Academia de Historia Religiosa de Valparaíso

Agradezco la especial deferencia del Comité Organizador por invitarme, en mi condición de Presidente del Capítulo Académico de la Universidad, para hacer uso de la palabra en la Sesión Inaugural del 2º Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso.

Brevemente, deseo explicar a quienes nos visitan, en qué consiste y cuál es la función de ese Cuerpo Colegiado. Desde su instalación en noviembre de 1988 ha ejercido la “curia” de la Universidad, es decir, el cuidado y vigilancia para que la institución y sus elementos constitutivos de todo orden sean fieles a su misión y objetivos propios. No se trata, sin embargo, del ejercicio de una función fiscalizadora, como quiera que las mismas tareas de fiscalización y control, radicadas en diversas autoridades y organismos, se hallen también dentro del ámbito de las atribuciones del Capítulo Académico. Se trata más bien, de un lugar donde se piensa a la Universidad, pero de un modo ajeno a las urgencias de lo inmediato, a las demandas circunstanciales, a la prisa de lo contingente, porque así se puede custodiar y resguardar el legado institucional constituido por lo más esencial y apreciado del ser específico de la Universidad, esto es, de aquello que define los rasgos distintivos de su fisonomía propia.

Ahora bien, hecha esta necesaria referencia, deseo expresar el beneplácito del Capítulo Académico por la realización de esta Jornada y por el carácter ecuménico de la misma, pues, todo lo que construyamos en pro de la unidad afectiva, redunda necesariamente en la unidad efectiva. Valoramos además este encuentro, pues, bien sabemos que la historia es la ciencia encargada de traer al presente, de algún modo, los siglos y hombres que ya no existen. También es un consabido para nosotros que si esas existencias no se narran lo más rigurosamente y de acuerdo a lo que verdaderamente fueron, entonces deja de ser historia y se entra en otra clase de relato. De allí la importancia que le asignamos a este tipo de encuentros académicos en los cuales, no sólo

1 Art.22 de los Estatutos Generales; Art.104 del Reglamento Orgánico de los Estatutos Generales.

cada investigador tiene la oportunidad de exponer el fruto de su trabajo al juicio especializado de los otros, sino que en conjunto somos capaces de recoger las lecciones del pasado para trazar líneas de futuro.

Al terminar, permítaseme hacer un sincero reconocimiento, tanto a quienes han convocado a este Simposio, como a los que generosamente han aceptado participar. A unos y a otros les dedico con entusiasmo, las palabras pronunciadas por el ilustre filósofo español José Ortega y Gasset en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, donde manifestó su fe en la historia al declarar:

“La historia es hoy para Europa la primera condición de su posible saneamiento y resurgir. Porque cada cual sólo puede tener sus propias virtudes y no las del prójimo. Europa es vieja, no puede aspirar a tener las virtudes de los jóvenes. Su virtud es el ser vieja; es decir, el tener una larga memoria, una larga historia.

Los problemas de su vida se dan en altitudes de complicación que exigen también soluciones muy complicadas, y éstas sólo puede proporcionarlas la historia. De otro modo habría un anacronismo entre la complejidad de sus problemas y la simplicidad juvenil y sin memoria que quisiera dar a sus soluciones. Europa tiene que aprender en la historia, no hallando en ella una norma de lo que puede hacer –la historia no prevé el futuro- sino que tiene que aprender a evitar lo que no hay que hacer; por tanto, a renacer siempre de sí misma evitando el pasado.

Para eso nos sirve: para libertarnos de lo que fue, porque el pasado es un revenant y si no se le domina con la memoria, refrescándole, él vuelve siempre contra nosotros y acaba por estrangularnos.

Esta es mi fe, este es mi entusiasmo por la historia y me complace vivamente y siempre ha sido para mí un gran fervor español ver que en este lugar se condensa la atención sobre el pasado, se pasa sobre el pasado, que es la manera de hacerlo fecundo, como se pasa sobre la vieja tierra con el arado e hiriéndola con el surco la fructifica”2.

Muchas Gracias.

Kamel Harire Seda Presidente Capítulo Académico

Pontificia Universidad Católica De Valparaíso

2 Ortega y Gasset, José, Historia como Sistema, Ediciones de la Revista de Occidente. 6ª Ed. (Madrid, 1970), pp.7172.

SESIÓN:

PERSONAS DE RELIEVE

de 1936

E DUARDO G IMPERT PAUT [1867-1937] EN VALPARAÍSO

F ERNANDO V ERGARA B ENÍTEZ

Fondo Histórico Patrimonial PUCV

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Academia de Historia Religiosa de Valparaíso

I. INTRODUCCIÓN: JUSTIFICACION DE ESTA COMUNICACIÓN

Probablemente, los estudiantes universitarios de nuestra Casa de Estudios estén familiarizados con el nombre de quién encabeza esta comunicación. Y claro, si es el nombre de un edificio contiguo a la Casa Central y, además, el de una de las cinco Bibliotecas Mayores que posee la Universidad. Sin embargo, es más probable aún que ignoren que este 2007 se cumple un doble aniversario: por un lado, el nacimiento de este hombre (hace 140 años) y, por otro, su fallecimiento (hace 70 años atrás).

Considerando estas fechas singulares, y considerando que el tiempo suele cubrir con un manto de olvido a hombres y mujeres que forman parte de esta historia religiosa que nos ocupa, me pareció oportuno considerar esta ‘doble excusa’ y compartir con ustedes algunos aspectos de la vida de este personaje, en aquello que se refiere a su labor apostólica y a su servicio público entre nosotros.

¿Por qué hacerlo aquí? Intentaremos varias explicaciones.

En primer lugar, porque se trata de una autoridad que estuvo más de treinta años al servicio de la iglesia local, período y tópico no suficientemente conocidos en los escritos y estudios sobre Valparaíso y que bien merece estar presente en un Simposio como este.

En segundo lugar, porque este prelado tuvo relevancia para esa ‘porción religiosa’ de la his-

Retrato

toria de Valparaíso. Como intentaremos graficar, fue parte de una nueva realidad en el ámbito eclesial porteño.

En tercer lugar, porque toda aproximación que se haga a su vida y obra tiene el mérito que contribuye a preservar la memoria religiosa de esta ciudad-puerto, una memoria que se nutre de episodios y de instituciones que son testimonio del credo y las prácticas religiosas de nuestros antepasados.

Esta propuesta, eso sí, la hacemos con ayuda de la imagen ¿Por qué de la imagen, se preguntaran ustedes?

La imagen parece ser ese dispositivo que va configurando la memoria colectiva de un Valparaíso que todavía podemos re-descubrir. Cuando se dispone de ella, es el vehículo que nos permite conmemorar y contemplar ‘fielmente’ ese pasado. La imagen, en tanto recuerdo visual, forma parte de eso que llamamos imaginario, entendido como ‘una actividad simbólica’, con lo complejo que resultaría determinar el conjunto de símbolos presentes en el imaginario religioso porteño1 .

No está a nuestro alcance compartir una biografía íntima y exhaustiva de este personaje. De seguro, requeriríamos contar con homilías, cartas personales, comentarios pastorales, oratoria sagrada y otras fuentes documentales que todavía no nos ha sido posible reunir, para luego situar en perspectiva y evaluar su legado a la ciudad-puerto. Sin duda, una tarea pendiente.

Nos mueve tan sólo el hacer un esbozo del quehacer pastoral de más de tres décadas de este hombre de Iglesia, ilustrar con algunos episodios el conocimiento de ese pasado religioso de la ciudad y rendir un sencillo homenaje a quien fuera el primer obispo de nuestra diócesis y el primero de los Grandes Cancilleres de esta Casa de Estudios Superiores.

II. ALGUNOS ANTECEDENTES PERSONALES

Eduardo Gimpert Paut nació en Constitución en el hogar de don Eduardo Gimpert y doña Carolina Paut da Silva el 19 de febrero de 18672. Mons. Carlos Oviedo Cavada, en su obra Los Obispos de Chile3, entrega como él mismo señaló, tan sólo algunas ‘fechas clave’ en la obra episcopal del Obispo, y se inclina por ‘hacerlo nacer’ el 20 de marzo de 1867. Sin embargo, hemos debido creer a la prensa de época y a su secretario personal, el Pbro. Miguel Ulloa4, la

1 Solares, Blanca, Aproximaciones a la noción de imaginario. En: Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, Año XLVIII, Nº 198, septiembre – diciembre de 2006, p. 132.

2 Aun no hay acuerdo entre sus biógrafos para precisar esta fecha.

3 Oviedo Cavada, Carlos, Los Obispos de Chile 1561-1978, Editorial Salesiana (Santiago, 1979). Pp. 92-93.

4 Ulloa, Miguel, Corona filial de recuerdos del Excmo. y Revdo. Señor Dr. Don Eduardo Gimpert Paut, Primer Obispo de Valparaíso, Secretariado Diocesano de Prensa y Propaganda de la Acción Católica de Valparaíso (Valparaíso, 1938) p. 18.

referencia anterior, dada su cercanía con el Obispo. Como también, el hecho que estudió en el Liceo de Talca y continuó su formación en el Seminario de dicha ciudad, para luego trasladarse al Seminario conciliar de Santiago, donde fue ordenado sacerdote el 24/06/1889.

Luego, dictó clases en dicha institución y llegó a ser Ministro en 1893. La prensa ha señalado que, tanto en Talca como en Santiago, el presbítero distinguía por su dedicación al estudio y su marcada vocación eclesiástica (sic). En 1896, recibió su primera designación pastoral, la cual cumplió por una década:

“Santiago, 15 de enero de 1896.-

Estando vacante la Parroquia de San Isidro por renuncia del que la servía, nómbrase para que la desempeñe, en calidad de cura rector interino, al presbítero don Eduardo Gimpert. Póngase en conocimiento del promotor fiscal para que proceda a celebrar el contrato respectivo y expídase al nombrado el correspondiente título.- EL ARZOBISPO DE SANTIAGO.- Silva C., Secretario”5

del Seminario de Santiago.

1906.

5 Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago de Chile, tomo XIII, 1895-1897, Imprenta Cervantes (Santiago, 1899) N º 502, p. 334.

Teólogo
Párroco de San Isidro, entre los años 1896 y

Iglesia San Isidro de Santiago

III. VALPARAISO Y EL GO b ERNADOR

Gobernador Eclesiástico de Valparaíso, entre los años 1906 y 1926.

Antes de situar en Valparaíso al joven sacerdote (llegó al Puerto a los 39 años), conviene aquí recordar algunos hitos de la historia eclesiástica de Valparaíso. En noviembre de 1872, atendiendo el incremento de la ciudad y las necesidades espirituales de su población, se había creado la Gobernación Eclesiástica de Valparaíso6, la primera de las que hubo en el país.

Según señala la Guía de R.S. Tornero, “para no desmerecer de su fama y renombre de ‘activa’, (Valparaíso) hace nacer, morir i casarse a sus habitantes, casi con mas rapidez que cualquiera de las demas capitales de provincia”7. Era una ciudad, lo ha dicho la UNESCO en su declaratoria de 20038, que empezaba a globalizarse.

Existían sólo tres Parroquias: la Iglesia Matriz y Parroquia del Salvador, la Parroquia de Los Doce Apóstoles y la recién erigida Iglesia del Espíritu Santo (el 11 de julio de 1872, en reemplazo del antiguo Templo de San Agustín) frente a la Plaza Victoria. Otros templos, que la toponi-

6 Rehbein Pesce, Antonio, La Gobernación Eclesiástica de Valparaíso (1872-1926), En: Actas del I Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, EUV (Valparaíso, 2005) Pp. 27-36. Waisberg, Myriam, Arquitectura religiosa de Valparaíso, Fondecyt (Santiago, 1992) p. 37.

7 Santos Tornero, Recaredo, Chile Ilustrado, (Valparaíso, 1872), p. 122.

8 Ver http://whc.unesco.org/en/list/959 .

mia religiosa porteña ha borrado, en gran parte y para siempre, eran: la Iglesia y convento de San Francisco, que se ubicaba en el Puerto (o San Antonio de Puerto Claro); la Iglesia y convento de Santo Domingo; la Iglesia y convento de La Merced; la Iglesia de los Sagrados Corazones; la Iglesia del Dulce nombre de Jesús (Compañía de Jesús); el Templo de la Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús (¿?); el Convento del Señor Crucificado y la Casa de ejercicios espirituales (dirigida por los franciscanos en el Cerro Barón); y los tres templos protestantes [Anglicano, de la Unión y Capilla Evangélica]9.

Templo de San Agustín, frente a la actual Plaza Victoria, app. 1865 [fotografía de William Oliver]

Paralelamente al dinamismo comercial, el crecimiento urbano y el aumento demográfico que, desde el último cuarto del siglo XIX, estaban imprimiéndole un nuevo rostro al Puerto (un rostro moderno) la entonces ‘capital financiera’ del país ofrecía también muestras de una intensa vida religiosa. Testigo predilecto de esa intensidad del catolicismo porteño es el Diario La Unión, un periódico que circulaba en la ciudad desde enero de 1885 y que, puede decirse, estaba al ‘servicio’ de la Gobernación. En cambio, para los distintos ‘actos administrativos’ que ocurrían en Valparaíso (nombramientos, disposiciones, prohibiciones, regulaciones, erección de parroquias, decretos arzobispales, etc.) bien pueden consultarse los números del Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago (1830-1926).

9 Santos Tornero, Recaredo, obra citada, p. 122.

Para cuando el Pbro. Gimpert llegó a la ciudad puerto, en marzo de 1906, ‘enviado’ por el Arzobispo Mariano Casanova y, luego, confirmado en los mismos términos por Mons. Juan Ignacio González E., se señaló:

“Santiago, 10 de marzo de 1906.- Hallándose vacante el cargo de Gobernador Eclesiástico de la ciudad de Valparaíso y vicario foráneo de la provincia, nómbrase para que lo desempeñe al Presbítero don Eduardo M. Gimpert, con las mismas facultades de que han gozado sus predecesores10, y constan de los títulos que se expidieron en 10 de marzo de 1906, inclusa la que se otorgó por decreto del 15 de julio de 1902. Despáchese el título correspondiente.-EL ARZOBISPO DE SANTIAGO.- Silva C., Secretario”11.

Las facultades que recibió en su calidad de delegado arzobispal fueron: la jurisdicción voluntaria y contenciosa sobre los fieles y los sacerdotes de la ciudad, comprendiéndose en la jurisdicción contenciosa la necesaria para conocer las causas matrimoniales; la jurisdicción sobre las cofradías, asociaciones piadosas y sobre la administración de los sacramentos; la vigilancia y el cumplimiento de las disposiciones de la Iglesia en todo lo que concierne al régimen de los templos, el culto divino y lo relativo a la liturgia, entre otras12

A meses de haber asumido su cargo, un corresponsal de prensa se refería al gran movimiento de fiestas religiosas y organización de ‘obras santas’ que contribuían a fomentar la piedad y el espíritu cristiano en este puerto:

“El R.P. Arturo Rose-Innes, ayudado de estas piadosas señoras y señoritas que trabajan (Sociedad de señoras), ha instalado un hermosísimo y bien plantado hospital de niños, que lleva el nombre del Niño Jesús. Su inauguración fue regia: asistieron a ella todas las autoridades de Valparaíso, el Gobernador Eclesiástico, el Intendente, etc. En el Cerro Cordillera, los PP. Redentoristas tienen su Centro Obrero que cuenta ya con

10 Gobernadores eclesiásticos: Pbro. Mariano Casanova (1872-1887); Pbro. Salvador Donoso (1887-1892); Pbro. Manuel Tomás Mesa (1892-1894); Pbro. Ramón Ángel Jara (1894-1898); Pbro. Luis Enrique Izquierdo (1898-1906); Pbro. Eduardo Gimpert (1906-1926). Obispos de la Diócesis: Eduardo Gimpert (1926-1937); Rafael Lira I. (19381958); Raúl Silva Henríquez (1959-1961); Emilio Tagle Covarrubias (1962-1982); Francisco Borja V. (1993-1995); M. Jorge Medina E. (1995-1998); M. Francisco Javier Errázuriz (1998-2000); M. Gonzalo Duarte G. (2000- a la fecha).

11 Revista Católica, 17/03/1906: 301; Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago de Chile, tomo XVII, 1908-1910, Imprenta Cervantes (Santiago, 1912) N º 443, p. 293.

12 Rehbein Pesce, Antonio. obra citada, p. 29. En octubre de 1895, por ejemplo, el Arzobispo Casanova concedió al Gobernador de Valparaíso de entonces, la facultad de “dispensar en particular y con justa causa de las obligaciones de la misa y abstinencia de trabajos serviles en días de guarda, del ayuno, abstinencia de carnes y no promiscuación en los días determinados por la Iglesia, y de la recitación del oficio divino por clérigos y monjas”. En: Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago de Chile, tomo XIII, 1895-1897, Imprenta Cervantes (Santiago, 1899) N º 403, p. 254.

70 socios, entre los pobres y humildes que viven en ese populoso barrio. Era éste, uno de los cerros más abandonados y desmoralizados de los muchos que aquí existen […] Sociedades de señoras que llevan la medalla de la Virgen del Perpetuo Socorro, rodean también los altares orando por el prelado y los Jefes de la Iglesia que tan dignamente dirigen al pueblo cristiano […]

La Matriz también tiene su gracia que contar: un grupo de señoras de buena voluntad se han ofrecido espontáneamente para mantener el culto y en número de dieciséis divídense el arreglo de los altares y el barrido de la iglesia.

La Sociedad de señoras de la Caridad, que atiende a enfermos a domicilio desde la Parroquia La Matriz, ha tenido también su hermosa fiesta el día de San Vicente de Paul, uniéndose en espíritu y en animación a todas las otras parroquias y establecimientos de caridad que celebran al Santo de los Pobres, con sus banquetes y repartición de ropa que llevan la alegría a una infinidad de desvalidos”13.

A poco se familiarizaba el Gobernador con estas muestras de religiosidad, tuvo que enfrentar una de las más grandes catástrofes que recuerde nuestra historia local: el terremoto del 16 de agosto de 1906.

Terremoto, vista general extraída de una postal de C. Kirsinger

La misma corresponsal (se trata de una mujer) nos relata aristas de cómo se vivió la tragedia en diversos sectores:

“Era aquella noche un cuadro vivo del juicio final: tres mil almas, lo menos, se hallaban reunidas (en Plaza Echaurren) en una estrechez que apenas permitía mirar hacia el cielo

13 Revista Católica, 4/08/1906: 77-78.

rojo que despedía lenguas de fuego […] unos oraban a gritos y otros blasfemaban […] el padre dominico (José Tomás Valle) atravesaba la plaza absolviendo a todo el mundo; ofrecía la absolución y la daba a todo aquel que la quería recibir […] Pocos segundos después del temblor veíase todo el Puerto;

El clero, sin embargo, olvidado de sí mismo, apareció desde el primer momento en las calles y en todas partes para acudir en auxilio de las víctimas. El señor Gobernador Eclesiástico, Pbro. Monseñor don Eduardo Gimpert, hospedado en el Seminario, después de poner a salvo a los alumnos, salió del establecimiento acompañado de cinco sacerdotes profesores para ir en socorro de la multitud afligida.

Templo La Merced, después del terremoto de agosto de 1906.

Entre escombros, sacó de su refugio a las monjas carmelitas, cuyo convento estaba a pocos pasos del Seminario. Luego las puso en el Asilo del Salvador y más tarde entre las Monjas del Sagrado Corazón […]

El Gobernador y los sacerdotes improvisan camillas para transportar los heridos que llevan ellos mimos por sus propias manos […] El Gobernador atraviesa la Alameda, va a los Salesianos. Gustosos abren sus puertas, ellos con sus niños se acomodarán como puedan;

las mejores salas serán para las 280 enfermas […] Doña Juana Ross le envía al Gobernador 115 cabezas de ganado para distribuirlas convenientemente. Monseñor Gimpert habla con las autoridades civiles para poner a su disposición al clero que pide como un favor cuidar de distribuir a los pobres el pan material”14.

Pero Valparaíso, después del terremoto, con Monseñor Gimpert al frente de la Junta de Reconstrucción, logró sobreponerse.

En lo que respecta únicamente al progreso material, luego de cumplirse el primer centenario de vida republicana, diversos proyectos urbanos y otras obras de reconstrucción le cambiaron la fisonomía a la ciudad. Cabe mencionar el segundo ensanche del plan de la ciudad, la céntrica arteria Avenida Pedro Montt; el Camino Cintura; el Lago Peñuelas, para asegurar el abastecimiento de agua potable; los principales edificios históricos de la Plaza Sotomayor y de la Plaza de la Victoria, y la construcción de las grandes plazas del plan porteño.

Desde 1910 en adelante, el crecimiento fue también marítimo-portuario, por un lado, y financiero, comercial e industrial, por el otro. Y si bien, tras la apertura del Canal de Panamá, el movimiento portuario y los servicios asociados a éste disminuyeron, el progreso urbano continuó desarrollándose: se construyó la avenida España, que une a Valparaíso con Viña del Mar; se realizó el camino Troncal para conectar al puerto con las ciudades del interior; se amplió la Plaza Sotomayor, una vez finalizado el relleno definitivo del bordemar, lo cual, a su vez, permitió

14 Revista Católica, 1/09/1906: 219-237.

Calle Condell, postal de G. Allan, app. 1910

inaugurar el actual Muelle Prat y la Avenida Errázuriz.

En lo que se refiere -permítaseme la expresión- al ‘progreso religioso’, la ciudad no mermó su piedad y devoción. Superada la catástrofe y reconstruida gran parte de la ciudad en los años siguientes, la prensa daba cuenta de innumerables invitaciones, crónicas y reportajes sobre retiros y ejercicios espirituales que se celebran en las distintas parroquias.

El citado Diario La Unión informaba a sus lectores de las conferencias, sermones y catequesis para diversos públicos, a cargo de los distintos sacerdotes, prelados y/o invitados ‘de paso’. También, de las reuniones de cofradías y de un sinnúmero de asociaciones católicas, tanto masculinas como femeninas; de los responsos y novenas; de las profesiones públicas de votos que efectuaba algún religioso o religiosa; de las audiciones y ensayos de algún coro, de los rezos colectivos; de las devociones, celebraciones y festividades en torno a algún patrono o a una figura del santoral católico. Y del mismo modo, el diario comunicaba de las procesiones, romerías, fiestas religiosas y otras solemnidades propias de la Iglesia Católica.

En esta gama de expresiones religiosas aparece el Gobernador Gimpert presidiendo las reuniones permanentes de algunas sociedades, como la femenina de la Congregación de María y la caballeros, San Luis de Gonzaga, en su calidad de director eclesiástico; o como las del Centro del Sagrado Corazón, institución asociada a La Matriz. Asimismo, oficiando responsos en actos conmemorativos, como el de 21 de mayo en la Tumba de los Héroes15. Por supuesto que también, velando por los asuntos administrativos propios de su cargo (como la toma de juramento al nuevo Notario Eclesiástico de la Audiencia Arzobispal de Valparaíso) y la concurrencia a diversos eventos sociales y actos públicos, como la inauguración del Patronato de los SSCC16, los funerales del Presidente Montt17 o la inauguración del primer aeroplano chileno (El ‘Valparaíso’)18. La máxima autoridad eclesiástica local encabezaba, además, los actos solemnes de la Procesión del Corpus, custodiando el ‘Santísimo’.

La prensa de la época señala la asistencia de más de 5 mil personas, entre fieles y clero de la Gobernación, que participaban de estas fiestas19. Probablemente, el mismo entusiasmo demostró la ciudad para cuando el Gobernador fue consagrado obispo titular de Echinos, una diócesis griega. Así narró la Revista Católica tal acontecimiento:

“La Arquidiócesis de Santiago ha visto preconizar y consagrar obispo a uno de sus más pre-

15 Diario La Unión, 20/05/1911: 8; Diario La Unión, 21/05/1912.

16 Diario La Unión, 23/08/1911.

17 Diario La Unión, 6/02/1911.

18 Diario La Unión, 28/09/1913.

19 Diario La Unión, 19/06/1911: 5.

claros sacerdotes, por su virtud, por su ciencia y por muy envidiables prendas de carácter, al que ha sido y es muy ilustre y bondadoso Gobernador Eclesiástico de Valparaíso […] Su consagración ha dado ocasión y motivo a nuestro primer puerto para hacer públicos sus sentimientos de respeto y de amor por su muy querido Gobernador Eclesiástico.

Silenciosamente, sin ostentación ni vanos discursos, la Santa Sede ha premiado las virtudes de este meritorio sacerdote, enviándole la mitra episcopal, después de haber consultado previamente a la Iglesia y al Estado de Chile, y sin esperar a que desde aquí se le dirigieran preces para otorgar lo que ha concedido espontáneamente, motu proprio […]

Fiestas grandiosas y de todas clases celebró alborozada la ciudad en honor del Ilmo. Señor Gimpert; numeroso público acudió a ellas; diversas instituciones sociales, sobretodo las religiosas y católicas, se asociaron a ellas, y sacerdotes de todas las ciudades de la Arquidiócesis rodearon con su afecto al nuevo Obispo en el día de su consagración.

Durante varios días, la prensa de la República entera le ha hecho coro comentando entusiasta las afirmaciones y elogios de aquella”20.

20 Revista Católica, 4/11/1916. En: Isern, Juan, El Buen Pastor en las naciones del Sud de América. Estudio histórico documentado, Sebastián de Amorrortu (Buenos Aires, 1924) tomo II, p. 505. La consagración ocurrió el 28 de octubre de 1916.

Gimpert como Obispo de Equinos, 16 de octubre de 1916.
Gimpert como Obispo de Equinos, después de su investidura episcopal
Gimpert en 1916.

La solemne ceremonia tuvo lugar en la Iglesia del Espíritu Santo, por entonces cabecera de la Gobernación y la presidió Monseñor Ramón Ángel Jara, Obispo de La Serena. Entre los asistentes figuraron en gran número las religiosas del Buen Pastor, pues se trataba de la Consagración de la que Monseñor Gimpert fue gran benefactor y, además, hermano de dos de sus religiosas: Sor María de San Eduardo y la Superiora de la Casa, Sor María de la Cruz.

Entre las numerosas tareas que el nuevo obispo de la Iglesia Católica desarrolla, se registra, por ejemplo: la bendición de los trabajos de la Escuela Parroquial Pablo Torres, que atendía a niños de escasos recursos en el sector de Yerbas Buenas21; la bendición de la nueva Iglesia del Sagrado Corazón, ubicada en la Población Lusitania de Chorillos, en Viña del Mar22.

Junto con atender las tareas propias de su investidura (administrar los Sacramentos)23 o conmemorar eventos religiosos, como el que celebró al Divino Salvador, titular de la Iglesia Matriz y Patrono de la ciudad de Valparaíso24, asistía a las reuniones y asambleas que celebraban diversas asociaciones católicas en Valparaíso y Viña del Mar, como las de las Juventudes femeninas25, o las de los Obreros Católicos. También, participaba de los encuentros del Círculo femenino de Acción Social, que entre sus diversas actividades promovía ‘actos y torneos intelectuales para la mujer’26. Y si se trata de romerías, más de 10 mil fieles asistieron a la procesión que encabezó Monseñor Gimpert para el homenaje a la Virgen del cerro del Seminario (Cerro La Virgen)27.

IV. SERVICIO APOSTÓLICO Y PASTORAL DEL PRIMER ObISPO DIOCESANO:

Hemos dicho que a este prelado le correspondió inaugurar una nueva realidad eclesial.

En efecto, hasta 1925, esta ‘porción del pueblo católico’ perteneció a la Arquidiócesis de Santiago. Al efectuarse ese mismo año la subdivisión y creación de nuevas diócesis, la Gobernación Eclesiástica de Valparaíso fue elevada al rango de obispado, mediante la bula pontificia Apostolici muneris ratio, del 18 de octubre de 1925.

Y Monseñor Gimpert pasó a ser el primer pastor de la Diócesis en el consistorio del 14/12/1925, en el que S.S. el Papa Pío XI lo nombró Obispo de Valparaíso. El lema de su escudo episcopal fue In Cruce Salus, en la Cruz esta la Salud / la Salvación. El Nuncio en Chile,

21 Diario La Unión, 27/12/1917.

22 Diario La Unión, 22/03/1920.

23 Diario La Unión, 21/05/1920: 16.

24 Diario La Unión, 13/08/1923.

25 Diario La Unión, 14/07/1923.

26 Diario La Unión, 26/08/1923.

27 Diario La Unión, 18/08/1924.

D. Benedicto Aloisi Masella, tomó el juramento de estilo al obispo equinense y la consagración (toma de posesión de la sede) en solemne ceremonia el 30 de abril de 192628. Casi simultáneamente a estos acontecimentos, el 21 de septiembre de 1925 se colocó la primera piedra del edificio que albergaría a la Universidad Católica de Valparaíso.

Se trataba de una obra inspirada en los anhelos altruistas de una distinguida benefactora porteña, doña Isabel Caces de Brown, y materializada por sus familiares, a través de la fundación que lleva su nombre. Esta universidad surgió, entonces, como una obra benéfica. Y doña Isabel escribió en su testamento sobre el patrimonio legado: “Estoy cierta que ellas [sus hijas: Isabel y Teresa] lo emplearán íntegramente en obras de beneficencia, instrucción o piedad sin dar cuenta a nadie”29 .

Habiéndose separado la Gobernación de la Arquidiócesis, la nueva Universidad dependería del Ordinario Eclesiástico porteño, es decir, de Monseñor Eduardo Gimpert.

Universidad Católica de Valparaíso, el día de su inauguración. 25 de marzo de 1928.

28 Diario el ilustrado, 30/08/1937: 4.

29 González Förster, Jorge, Universidad Católica de Valparaíso. Fundación Isabel Caces de Brown. Reseña histórica 1928-1961, Imprenta Victoria (Valparaíso, 1961) p. 5. Integraban esta Fundación sus herederos —entre ellos, su yerno e importante hombre público y de negocios de la región, don Rafael Ariztía Lyon— además de miembros del clero diocesano, como el presbítero Rubén Castro Rojas, Notario Eclesiástico de la Gobernación Eclesiástica de Valparaíso hasta 1912.

Gimpert el día de la inauguración junto al nuncio apostólico y los fundadores, 25 de marzo de 1928.

El edificio que hoy nos alberga fue inaugurado hace casi 80 años y abrió sus puertas al estudiantado en la festividad de la Anunciación de la Virgen (25 de marzo de 1928), en presencia del obispo de la diócesis y del representante de S.S., el nuncio apostólico Ettore Felici.

El Diario La Unión señaló que la ciudad había rendido ‘un entusiasta homenaje al representante del Vaticano en Chile’, el cual fue recibido en la Estación de Bellavista por Monseñor Gimpert, junto a personalidades y numerosos católicos que lo acompañaron en su recorrido hacia la Iglesia del Espíritu Santo30.

Ese vínculo que señalamos, que unía a la Universidad Católica de Valparaíso con el Ordina-

30 Diario La Unión, 24/03/1928.

Vista del patio interior de la UCV, 25 de marzo de 1928.

Gimpert junto a otros religiosos y autoridades eclesiásticas.

rio Eclesiástico del lugar, trajo consigo que se convirtiera en el Primer Gran Canciller de esta institución. De acuerdo a los Estatutos de la Universidad, el Gran Canciller es la máxima autoridad y su cargo reside en el obispo pro tempore de la diócesis, o en quien la administre, en el caso que haya sede vacante. Entre otras atribuciones y facultades, al Gran Canciller le corresponde realizar los nombramientos de las más altas autoridades de la Universidad y velar por la ortodoxia y por el cumplimiento de la legislación canónica en la Universidad

Gran Canciller UCV junto a miembros de la comunidad universitaria, app. 1930.

Gran Canciller UCV junto a miembros de la comunidad universitaria en el patio de la Casa Central. Archivo del Patrimonio Fotográfico de Valparaíso, Escuela de Diseño, Universidad de Valparaíso. [FC-0018]

Semanas antes de concretarse este acontecimiento diocesano, que dotó a la ciudad de su primera universidad, el Obispo no cesaba su participación y concurrencia a las asociaciones cívicas, como la que celebró en la Liga Patriótica porteña31. Y, más tarde, oficiando una Misa Pontifical, la procesión, la Oración del Huerto y el lavatorio de pies con los que los católicos conmemoraban el Jueves Santo32 .

Son innumerables los ejemplos y actos que figuran en la prensa de esos años y que involucran al episcopado de Monseñor Gimpert. Por citar algunos: la inauguración del Templo de los Redentoristas en el Cerro Cordillera, ceremonia que se realizó en presencia del clero secular, del regular y de los Superiores de los conventos que los redentoristas poseían en el país33; la entrega de premios con la que los Sagrados Corazones cerraban sus actividades de fin de año en Valparaíso34; la bendición del estandarte social de la Liga de las Sociedades Obreras, institución representativa de la sociabilidad obrera porteña35, etc.

Esta atención preferente por los sectores obreros se materializará, tiempo después, en la

31 Diario La Unión, 3/03/1928.

32 Diario La Unión, 6/04/1928.

33 Diario El Mercurio de Valparaíso, 8/09/1929.

34 Diario El Mercurio de Valparaíso, 19/12/1929.

35 Diario La Unión, 7/12/1930.

dictación de un Edicto referido a la iniciativa de la Acción Católica de Valparaíso, la cual buscaba formar y organizar cristianamente a los elementos católicos, especialmente de los jóvenes y obreros36.

Gimpert en una actividad del Secretariado Diocesano de Prensa y Propaganda de Valparaíso.

Para cuando se conoció la noticia del fallecimiento de Monseñor Crescente Errázuriz, Arzobispo de Santiago, los establecimientos educacionales católicos adhirieron al duelo suspendiendo sus clases y el Obispo Diocesano no sólo comunicó su ‘viaje a la capital’ para asistir a los funerales en representación de la Diócesis, sino que también dispuso que las campanas de las iglesias sonaran en señal de duelo37.

Para la festividad de San Pedro, por ejemplo, se efectuaron misas en la Parroquia de San Pedro de la Caleta El Membrillo (sic) y en la Parroquia de los Doce Apóstoles, actividades que contaron con la presencia del pastor diocesano38. Preocupado por la situación del país, el Obispo acostumbraba a realizar una novena a la Virgen del Carmen, en todas las iglesias y parroquias, para rogar por el bienestar de la Patria39. Y si de festividades se trata, Monseñor encabezó la tradicional procesión en honor de Nuestra Señora del Carmen, para pedirle por las necesidades

36 Diario La Unión, 1/11/1931.

37 Diario La Unión, 6/06/1931; Diario El Mercurio de Valparaíso, 7/06/1931.

38 Diario La Unión, 30/06/1931.

39 Diario La Unión, 6/09/1931.

del país40. Del mismo modo, presidió los festejos asociados a la tradicional romería al Santuario de Lo Vásquez (la misa solemne, confirmaciones y bautizos) devoción que profesan los porteños –más de 10 mil personas participaron de la romería- hacia la Santísima Inmaculada Concepción de María41 .

Gimpert Junto a Voluntarios de la Primera Compañía de Bomberos, bomba americana.

Tomaría gran tiempo y espacio referirnos a su participación en la creación de parroquias, la construcción de templos, capillas y casas de religiosos(as); la promoción de centros y asociaciones piadosas; el establecimiento de escuelas y colegios católicos, la atención de hospitales, casas, reformatorios, sanatorios y asilos de la caridad que, con la generosidad de vecinos y filántropos como doña Juana Ross de Edwards, se vieron materializadas bajo su episcopado. Recojamos, sin embargo, algunas iniciativas42.

Compró el terreno y edificó la Casa parroquial en Villa Moderna del Cerro Placeres. Entre las iglesias y capillas construidas se cuentan: Nuestra Señora de Andacollo en Ramaditas; Nuestra Señora del Pilar en el Cerro Larraín; San Judas Tadeo en el Cerro La Cárcel; Nuestra Señora de Dolores en el Cerro Toro; Nuestra Señora del Carmen en el Cerro Bellavista y San Vicente de Playa Ancha. San Benito y Santo Cristo en Chorrillos; Pasionistas, Cerro Castillo y San Antonio en Viña del Mar.

Hacia el interior: San Isidro de La Cruz; Nogales; Sagrado Corazón de La Cruz; Melón; Hijuelas; Llay-Llay; Puchuncaví; Quilpué; San Nícola Bari de Villa Alemana. Peñablanca; Los Maitenes y San Francisco en Limache; San Pedro de Quillota; Con-Cón; Santa Filomena de Quintero; Lo Vásquez; Casablanca; Lagunillas; Isla de Juan Fernández.

40 Diario La Unión, 18/10/1931.

41 Diario La Unión, 9/12/1932.

42 Diario La Unión, 30/08/1937: 2.

Bajo su gobierno eclesial se han construido, además, dos Casas de Ejercicios: la del Cerro Barón y la de los Jesuitas, y se han ensanchado los cementerios de Viña del Mar, Quilpué y Limache. Pese a que no logró ver finalizada una gran iniciativa, sentó las bases para la finalización de la Catedral. La prensa de la época se refirió a estas obras, señalando que ‘aportaron al bienestar de la ciudad’:

[El Obispo] “construyó casas de ejercicios espirituales; fundó escuelas gratuitas para niños; levantó casas para mojas y hermanas de la caridad: las Religiosas Carmelitas de Viña del Mar, Hermanas de la caridad de Quillota; Religiosas de la Buena Esperanza de Recreo; Religiosas del Corazón de María en el Cerro Castillo; Adoratrices de Valparaíso, etc.

En el terreno educacional […] robustece la labor de la Universidad Católica de Valparaíso, haciéndola eminentemente popular, aparte de sus rumbos técnicos y en ella hacen estudios más de mil obreros que cursan diversos cursos y se especializan en diversas ramas del saber humano; da impulso al Seminario diocesano San Rafael, en donde educa a la juventud del Puerto; funda los colegios de Nuestra Señora de la Misericordia en Los Placeres; el Instituto Rafael Ariztía en Quillota; el Agustín Edwards en Valparaíso.

Obras de beneficencia: durante su gobierno eclesiástico fueron creados los asilos del Buen Pastor en Los Placeres; de Santa Filomena en Viña del Mar; de Santa Rosa en Quillota; el reformatorio de San Juan de Dios y María Auxiliadora en Viña del Mar”43

Gimpert junto a sus colaboradores en el gobierno episcopal

43 Diario el ilustrado, 30/08/1937: 4.

Como Prelado, se comprometió con la organización económica de la Diócesis, como base para futuras obras. Tuvo especial preocupación por el Seminario San Rafael y su profesorado, lo que se tradujo en un aumento considerable del alumnado, que pasó de 230 a más de 400.

De todas sus obras, la Acción Católica porteña parece haber sido uno de sus ‘proyectos’ predilectos. Esta obra había sido impulsada en 1923 por el Papa Pío XI y perseguía la aplicación los principios del catolicismo social, según las enseñanzas de los Pontífices, junto con una participación más activa de los laicos en la Iglesia, realizando actividades de formación, orientación y propaganda.

“La Acción Católica debe estar por encima y fuera de la Política de partido, y, bajo las órdenes del Episcopado, realizar las enseñanzas sociales de la Iglesia, formar y organizar cristianamente a los elementos católicos, especialmente a las juventudes y a nuestros amados obreros”. Edicto Pastoral del Excmo. Sr. Obispo de Valparaíso, Mons. Eduardo Gimpert44.

Desde acá, el Obispo proyectó a su iglesia su compromiso con la doctrina cristiana en materia social. De hecho, estableció un Secretariado para estudiarla y, en 1932, celebró la Semana de Estudios Sociales. El ilustre Prelado dedicó a la Acción Católica mucho esfuerzo en los últimos años de su vida. A su muerte, en todas las parroquias de la diócesis se encontraban organizados los consejos directivos de las cuatro ramas de esta obra pontificia.

Gimpert junto a colaboradores y trabajadores del diario La Unión, 23 de enero de 1935. Archivo del Patrimonio Fotográfico de Valparaíso, Escuela de Diseño, Universidad de Valparaíso. [FC-0026]

44 Revista Católica, 5/12/1931: 846.

V. SU PARTIDA Y SU LEGADO

Monseñor Gimpert falleció un domingo 29 de agosto de 1937, en Valparaíso, a los 70 años de edad. Desde hacía un año que estaba aquejado de salud, la cual empeoró en sus últimos días, debiendo hospitalizarse en Limache. Su enfermedad, había doblegado la robustez y el vigor de este Pastor. Así lo demostraban sus facciones. La prensa católica señaló que él mismo aguardaba ‘sereno’ su desenlace y para cuando falleció, dedicó sus primeras páginas para comunicar la partida del ‘Ilustre Príncipe’ de la Iglesia45.

Estando en su lecho, llamó a sus colaboradores, familiares y amigos para entregar bendiciones y palabras de agradecimiento. Entre ellos figuraban su hermana Teresa, su vicario Rodríguez y su secretario Ulloa; el presidente de la Acción Católica (Carlos Wells Serrano); algunos sacerdotes, como el del Espíritu Santo (Pbro. Nemesio Marambio) y el Superior de los SSCC (R.P. Carlos Monje), a quien solicitó transmitiera sus sentimientos de gratitud a las órdenes religiosas de la diócesis que colaboraron junto a él en su gobierno episcopal. Sus restos, sepultados provisoriamente en el Templo de los SS.CC., yacen en la cripta de los obispos en la Catedral.

Los restos

En términos cuantitativos, en 1927, la Diócesis de Valparaíso tenía 47 sacerdotes diocesanos y 105 religiosos. Para 1937, contaba con 29 Parroquias; 116 iglesias o capillas; 23 conventos de religiosos; 40 de religiosos; 60 sacerdotes del clero secular y regular; 70 religiosos no sacerdotes; 130 religiosas; 23 colegios de enseñanza secundaria y 65 escuelas de instrucción primaria católica46.

45 Diario La Unión, 30/08/1937: 1.

46 Diario La Unión, 30/08/1937: 2.

del Obispo Gimpert en la capilla ardiente erigida en el Salón de Honor del Palacio Episcopal.

Un retrato humano indica que la oratoria de Eduardo Gimpert era sencilla, con sencillez evangélica, pero de hondura espiritual, impregnada de sentimiento. Tenía fama por sus retiros, tanto en Santiago como en el Puerto. Distinguía por su piedad, su modestia y humildad, la que se manifestaba al anularse a sí mismo para atribuir las obras realizadas a sus colaboradores. También eran conocidas su bondad y delicadeza, esas que hacía ‘destellar aún en la reprensión’; su proverbial agudeza y su humor chispeante, que ponía ‘una nota tan simpática y atrayente a su charla’. Siempre estaba cerca del que llegaba hasta su corazón y ‘no necesitaba rangos, llevaba en sí mismo toda su jerarquía’. Tenía gusto por la pintura, la música y el arte47.

Todas aquellas obras en las que participó permiten sostener que el Obispo Gimpert no sólo organizó la Diócesis de Valparaíso, que por supuesto lo hizo48, sino que cimentó el bienestar social, espiritual y material de la Ciudad Puerto.

VI. PALA b RAS FINALES: LO QUE EL OLVIDO RO b A A NUESTRA MEMORIA RELIGIOSA

Ya se trate de la capacidad individual o colectiva con que se cuenta para recordar el ‘pasado religioso’ de la ciudad, en ambos casos es fácil constatar que estamos expuestos a una inevitable ‘pérdida’ del recuerdo. En otras palabras, es casi natural que el olvido nos prive de mantener ‘vivos’ el servicio pastoral y la labor apostólica de quien fuera el primer Obispo que tuvo esta Diócesis de Valparaíso.

En este ‘dramático’ escenario, cabe entonces la pregunta ¿Qué ha quedado en nuestra memoria del legado de Eduardo Gimpert? Y la respuesta puede que no sea mucho más auspiciosa.

Sin embargo, todavía quedan algunas de las instituciones que el Prelado levantó o contribuyó a edificar. Pero dado que aquello no basta para ‘preservar una memoria’ del Pastor, están las muestras de admiración que el Pbro. Miguel Ulloa recogió en su libro49, a un año de la partida del Obispo. Se trata de una serie semblanzas, íntimas, que contienen coronas de recuerdos personales de quienes le conocieron. Nos hablan de las virtudes y de la estatura espiritual de Monseñor Gimpert, digna de la autoridad que se consagra al servicio de los que sufren, en auxilio de los desvalidos. A través de ellas, por ejemplo, nos enteramos de las virtudes que las demás personas le reconocían o de que el Cardenal José María Caro y otros obispos chilenos le llamaban cariñosamente ‘el Gringo Gimpert’.

47 Ídem.

48 Entiéndase por temprana organización de la diócesis los varios nombramientos realizados de quienes fueron conformando su ‘equipo episcopal’ (Revista Católica 19/06/1926: 788); así como la regulación de materias litúrgicas y pastorales, como el regular los turnos para el rezo de la oración de las 40 horas, en aquellas iglesias y capillas que ‘reservaban’ el Santísimo (Revista Católica 04/1930: 174); o la erección de la Parroquia Santa Filomena de Quintero y el nombramiento de su primer cura (Revista Católica 21/02/1931: 142).

49 Ulloa, Miguel, obra citada.

De ellas, quisiéramos destacar las palabras que entregó Monseñor Rafael Lira Infante, sucesor episcopal de Eduardo Gimpert: ‘(tengo el) deseo de pagar crecida deuda de gratitud al que en mi juventud conocí como Párroco abnegado y ejemplar en horas solemnes, y al que me sirvió de guía y de aliento; y de quien siempre recibí muestras inmerecidas de fraternal afecto’.

O las del R. P. Enrique Weber, capellán irlandés de la Parroquia San Luis de Gonzaga:

“su bondad con los pobres no conocía límites, tanto más que ellos forman la aristocracia de la Iglesia […] Valparaíso estaba en ruinas. Qué hermoso ejemplo nos dio, día y noche se desvelaba por sus pobres. Después vino la viruela, y otra vez, como buen general, nos dio el ejemplo, luchando siempre en las primeras filas sin descanso […]

Todavía me recuerdo vivamente de la alegría que tuvo cuando le felicité por el excelente estado en que encontré la Acción Católica y su Secretariado de Prensa y Propaganda Católica de Valparaíso. Y en verdad el floreciente estado de ambas instituciones se deben principalmente al celo de Monseñor Gimpert”50.

La lectura de estas semblanzas de seguro permitirá inferir que Monseñor Gimpert no sólo fue fiel a las facultades con que fue investido, sino que además presenció y contribuyó al desarrollo de la vida porteña en múltiples esferas. Quien lea estas semblanzas, de seguro concluirá que Eduardo Gimpert Paut fue un Pastor de relieve en la iglesia chilena.

Catedral de Valparaíso, diciembre de 2006.

50 Ídem. p. 65.

FUENTES Y b I b LIOGRAFÍA

Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago

Diario La Unión de Valparaíso

Diario El Mercurio de Valparaíso

Diario El Ilustrado de Santiago

La Revista Católica (1906-1937)

Arancibia Salcedo, Raymundo. Diccionario biográfico del clero secular chileno 1918-1969, Neupert, (Santiago, 1969); Figueroa, Virgilio. Diccionario histórico, biográfico y bibliográfico de Chile 1800-1928, Establecimientos Gráficos Balcells & Co., (Santiago, 1929) tomo III; Isern, Juan, El Buen Pastor en las naciones del Sud de América. Estudio histórico documentado, Sebastián de Amorrortu (Buenos Aires, 1924) tomo II; Oviedo Cavada, Carlos, Los Obispos de Chile 1561-1978, Editorial Salesiana (Santiago, 1979); Rehbein, Antonio, La Gobernación Eclesiástica de Valparaíso (1872-1926), En: Actas del I Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, EUV (Valparaíso, 2005) Pp. 27-36; Santos Tornero, Recaredo, Chile Ilustrado, (Valparaíso, 1872); Solares, Blanca, Aproximaciones a la noción de imaginario. En: Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, Año XLVIII, Nº 198, septiembre – diciembre de 2006; Ulloa, Miguel, Corona filial de recuerdos del Excmo. y Revdo. Señor Dr. Don Eduardo Gimpert Paut, Primer Obispo de Valparaíso, Secretariado Diocesano de Prensa y Propaganda de la Acción Católica de Valparaíso (Valparaíso, 1938); Waisberg, Myriam. Arquitectura religiosa de Valparaíso, Fondecyt (Santiago, 1992).

CARTA “NUESTRA ACCIÓN PASTORAL” DE MONSEÑOR

EMILIO

TAGLE COVARRUbIAS: ANÁLISIS LEXICOGRÁFICO Y TEXTUAL.

KAMEL HARIRE SEDA

Profesor Titular Instituto de Ciencias Religiosas

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

ANTECEDENTES PREVIOS

En el marco del Segundo Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso (mayo 2007), hemos considerado pertinente efectuar una modesta contribución. Se trata de un estudio de carácter lexicográfico y textual de algunos conceptos utilizados para describir la evangelización en la Carta “Nuestra Acción Pastoral” dirigida al clero de la Diócesis de Valparaíso por su Arzobispoobispo Monseñor Emilio Tagle Covarrubias, durante la Cuaresma del año 1962.

Dado que los tópicos de este Simposio se refieren a personas, instituciones o acontecimientos, nuestro trabajo se inscribe en el primer ámbito, pues se trata de una aproximación a la persona de Monseñor Tagle. Sin embargo, es preciso aclarar que dicho acercamiento lo haremos desde un ángulo distinto al biográfico, el cual –por lo demás- ha sido ya abordado por otras personas en nuestra diócesis1.

Nuestra propuesta es una interpretación de texto con la intención de llegar a través de él hasta el pensamiento del autor y su carácter, según la clásica premisa de Georges-Louis Leclerc Buffon: “El estilo es el hombre”2. Nos proponemos entonces, y mediante el método señalado,

1 Toledo, David, El Vigía de la Fe, Editorial Senda (Valparaíso, 1988).

2 Leclerc Buffon, Georges-Louis, Histoire Naturelle. Génerale et Particulière avec la Description du Cabinet du Roi, L’Imprimerie Royale (Paris, 1753), Tome quatrième.

efectuar un análisis lexicográfico de los conceptos utilizados por Mons. Tagle para describir la evangelización, referidos a inquietudes, anhelos, afanes y convicciones, con la idea de poder configurar sus rasgos más característicos como Pastor, ya que ese tema parece suscitar su mayor y mejor interés pastoral, cosa que pretendemos demostrar.

Por cierto, nuestro análisis es de carácter “sincrónico” por cuanto examina la Carta en su último estado y no en su génesis. Por lo mismo, todos los juicios hechos respecto del tipo de Pastor que desprendemos de ella, deben entenderse circunscritos estrictamente a dicho texto.

PRESENTACIÓN DE LA CARTA

La Carta fue publicada por Editorial Universidad Católica de Santiago de Chile y es su primer documento de esta naturaleza. Consta de una Introducción y tres apartados: Objetivos Pastorales, Estructura diocesana y disposiciones interiores.

INTRODUCCIóN, en la cual agradece al clero porteño y los invita a “vivir auténticamente el sacerdocio”. Esto es: “El hacer reinar a Cristo en esta hora decisiva” y “llevar a Dios a los hombres y conducir a los hombres a Dios”. Ahora bien, todas las palabras introductorias tienden a un solo objetivo: realizar una “tarea común”, pues el sacerdocio para él es “comunitario”; la unión de los sacerdotes con el obispo constituye la realidad básica. “Pensar en común, para trabajar en común”.

OBJETIVOS PASTORALES, dedicados a la evangelización y comprende seis secciones.

La primera sección nos refiere la evangelización en la predicación; respecto de la cual señala algunas preocupaciones y, por otro lado, alienta a los predicadores a “vivir impregnados del contenido de la Palabra de Dios. Ha de estudiar por eso, constante y asiduamente la Escritura Santa. Permanecerá en la intimidad del Señor y de su Espíritu. Sólo así sus palabras tendrán el indispensable calor de vida”.

En relación con la catequesis, comprueba una doble deficiencia tanto en cantidad como en calidad. Concluye esta primera sección con la sacramentación, pues, a juicio del pastor, la evangelización conduce necesariamente a la sacramentación. La importancia de su correspondencia es subrayada mediante una cita de Mons. Manuel Larraín: “Con frecuencia nos preocupamos sólo de hacer practicantes, descuidando el hacer previamente creyentes” (Líneas de Acción Pastoral).

La segunda sección está dedicada a la liturgia, pues para él: “a la pastoral de la Palabra debe seguir la pastoral litúrgica. La primera proclama la historia de la salvación, la segunda la celebra cada día”.

La tercera sección esta consagrada a la formación de apóstoles: laicos y sacerdotes. En relación

a los laicos enfatiza: “Sin el fermento cristiano de los laicos en todos los ambientes, no hay que pensar que el mundo pueda volver a Dios”. Por cierto, ello, dado que la misión del laico se desarrolla no sólo en el ámbito eclesial, sino sobre todo en el campo de las actividades temporales. En lo que concierne a los sacerdotes, destaca el llamado a “un intenso trabajo vocacional. Esta labor constituirá un objeto preferente de la pastoral de conjunto”.

La cuarta sección tiene un carácter imperativo y de gran fuerza profética: la acción social. Una breve cita resulta ilustrativa: “No podemos callar ante la injusticia. Ni podemos ceder a nadie la vanguardia en el amor y redención del oprimido. Hemos de tener el sentido del pobre. Que nada en nuestra vida disuene ante su mirada. Que sean en la práctica nuestros predilectos”.

La quinta sección referida a los medios de difusión, concede un importante espacio al tema de la influencia del cine y, por lo mismo, a la necesidad de difundir la información sobre la clasificación cinematográfica católica de acuerdo a los lineamientos de S. S. Pío XI en la Encíclica Vigilante Cura.

Finaliza este primer apartado dedicando su última sección al tema de la contribución económica a la Iglesia, en la que “exhorta a todo el clero el deber de promover esta labor conforme a las normas (por él recientemente) establecidas”.

ESTRUCTURA DIOCESANA

La Carta Pastoral presenta un segundo apartado que lleva el nombre de Estructura diocesana. A juicio de Monseñor Tagle, “una pastoral de conjunto, al mismo tiempo que una orientación y un plan de trabajo, requiere de estructuras adecuadas para realizarla”. De allí que plantee la necesidad de establecer zonas y decanatos, revitalizar las parroquias, incorporar a las religiosas y los establecimientos católicos de educación en la pastoral de conjunto.

DISPOSICIONES INTERIORES. La Carta concluye con este tercer apartado, en el cual desarrolla un breve excursus sobre las disposiciones interiores de los sacerdotes, de manera tal que “no se entreguen a un activismo sin sentido. Hay que dar tiempo a la oración y el descanso, al estudio y la lectura […] No podemos prescindir un solo día de nuestra indispensable media hora de oración y de nuestras prácticas de piedad sacerdotales”.

Termina este apartado con exhortaciones. Se trata de breves acápites que reflejan nítidamente los rasgos más sobresalientes de Monseñor Tagle en su dimensión de Pastor: Vivamos en fe; Trabajemos en la esperanza y Crezcamos en el amor

DESCRIPCIÓN DEL MÉTODO3

En el plano de la comprensión e interpretación de todo escrito, especialmente en este caso (texto del año 1962), se debe procurar colocarlo en su contexto histórico, literario y antropológico para alcanzar la percepción de cómo fue organizado, es decir, de su articulación integradora que da unidad dinámica a todos los elementos que lo constituyen. Un texto se ha comprendido sólo cuando sus diversas partes se revelan como tales, vale decir, funcionales y subordinadas a la unidad del conjunto. En otras palabras, cuando las partes hacen ver el todo y éste las ilumina. No olvidemos que vocablos como ‘texto’ o ‘textura’ tienen todos que ver con tejido.

Desde un tiempo a la fecha, con algunas modificaciones en su plan tradicional, hemos venido aplicando a escritos de diversa índole “La Explicación Francesa de Textos”4, que es uno de los variados modos de abordar una materia literaria a fin de hacerla más comprensible y de exponer sus méritos y riquezas y/o sus deficiencias y debilidades. Tal proceso se inicia con la lectura atenta y repetida del texto, pues la interpretación de un escrito nunca se produce instantáneamente; su aproximación se da en movimientos sucesivos. Después de darle un primer ‘golpe de vista’, debe leérsele varias veces para tomar contacto con él y poder así captar el movimiento de las frases y oraciones, sus conexiones y el vocabulario utilizado.

Se trata de una especie de maduración en virtud de un trabajo intelectual y subjetivo a la vez; uno hace que el texto madure en uno mismo, como un fruto al cual se le da tiempo para que exprima su riqueza. Así, una vez establecida cierta familiaridad con lo leído, podrá darse el Primer Paso:

DETERMINAR LA NATURALEZA Y SITUACIÓN DEL TEXTO

Naturaleza, es decir, lo que el texto es: escena de una pieza teatral, poema lírico, fragmento narrativo, cuento, poesía épica, texto argumentativo, ensayo filosófico, etc. Es esencial precisar su naturaleza, pues un error al respecto podría desvirtuar toda la explicación.

Situación. Si se trata de un texto ‘independiente’, basta con decir de qué obra se le ha toma-

3 Respecto de los antecedentes históricos y la evolución del método “Explicación Francesa de Textos” recomendamos: Gazier, Agustin, Traité d’explication française ou Méthode pour expliquer littéralement les auteurs français, Belin (Paris, 1880) XI; Rudler, Gustave, L’Explication française: principes et applications, Armand Colin, (Paris, 1907), 2e éd. [La primera y más conocida de las obras teóricas sobre la «Explicación Francesa de Textos»] ; Aubrit, Jean-Pierre et Preiss, Axel, L’Explication littéraire et le commentaire composé, Armand Colin (Paris, 1994) coll. «Cursus».

4 Nos permitimos citar al menos tres publicaciones para mostrar la diferente naturaleza de escritos en los cuales hemos aplicado “La Explicación Francesa de Textos”: a) “Camilo Henríquez: Un espíritu emancipador en la ‘Aurora’ de la Independencia”, En: Anales XVI Jornada El Bicentenario, vol. V, 2005, p. 319-335. Sociedad Chilena de Teología; b) “La Explicación Francesa de Textos” aplicada al Salmo 77”, En: Revista Veritas, vol. I, Nº15, 2006 p. 353-368. Publicación del Pontificio Seminario Mayor San Rafael de Valparaíso; c) “Uso de la paradoja para el desarrollo progresivo de la revelación: estudio de cinco oráculos en el Segundo Isaías”, En: Religión y Cultura, Nº XII, 2006, p.43-59. Facultad de Filosofía y Humanidades Centro de Estudios Judaicos. Universidad de Chile.

do (compilación, diario, etc.) con los datos que puedan agregarse. Ahora bien, si el texto es un fragmento de una obra mayor, es absolutamente necesario indicar sucintamente lo que antecede, de manera que el lector comprenda bien por qué se desarrollan a continuación los hechos que se dan a conocer, ya sea narrativa, lírica o dramáticamente. Se trata de un ‘encadenamiento’ que no puede ser omitido.

SEGUNDO PASO: EFECTO CENTRAL O RAZÓN DE SER DEL TEXTO

Se trata de un paso tan esencial como la explicación detallada o la conclusión, que describiremos más adelante. Consiste en hacer presente, en forma precisa pero breve, el motivo que tuvo el autor para concebir su texto y qué reacción pretendió provocar en su lector. Su ubicación es susceptible de ser cambiada.

Luego de captar el sentido básico del texto y descubrir su dinamismo, se intenta penetrar la intención del autor. A ella está del todo ligada a la naturaleza del texto; así, por ejemplo, si se trata de una comedia, la intención no podrá ser otra que hacer reír al público. Convencer, demostrar, conmover, ironizar son otras tantas intencionalidades que es preciso sacar a luz de modo concreto.

TERCER PASO: PLAN O COMPOSICIÓN DEL TEXTO

Esta es una etapa cuya ubicación también puede cambiar, según el criterio de quién haga la explicación. En efecto, puede situarse inmediatamente después del paso anterior o hacerlo presente a medida que se va desarrollando la explicación detallada. En todo caso, es muy conveniente dar un título a cada división del texto.

CUARTO PASO: EXPLICACIÓN DETALLADA

Es la parte medular de este procedimiento, pues en ella la palabra ‘explicación’ toma su verdadero y amplio sentido etimológico. Gracias a ella, quien explica puede revelar toda la riqueza contenida en lo escrito.

De manera preponderante, el lector revisará: verbos, personajes y relaciones.

a) El verbo es lo más importante; en torno a él giran las palabras del texto.

b) Cada acción o situación indicada por el verbo hace referencia y compromete a una o varias figuras, llamadas ‘personajes’ , enraizándolas en ellas.

c) Las relaciones: No todos los verbos y personajes se sitúan en el mismo plano de significado. Por ello, deben buscarse otros elementos que permitan distinguir la significación de cada verbo y la situación del personaje que el verbo compromete, ya sea personalmente, con respecto a los demás y al entorno. Así, resultan fundamentales las partículas: conjunciones, pronombres relativos, preposiciones Estas palabras no tienen ningún contenido propio, sino que conectan oraciones con otras (conjunciones) o palabras o grupos de palabras con otras (preposiciones). Los pronombres relativos equivalen al personaje que sustituyen.

Hasta aquí, hemos señalado la importancia de un ejercicio de comprensión de lectura, es decir, atenta y repetida. En ella pueden distinguirse tres momentos en los que captamos: el sentido fundamental del escrito (que puede apoyarse en el análisis de los verbos, personajes y relaciones); el desarrollo o movimiento del texto, y la intención fundamental del autor al escribirlo.

En el fondo, este camino permite reconocer no sólo la manera cómo se organizan, se mueven y desarrollan los conceptos e ideas del autor, sino también cómo el análisis de los elementos gramaticales, estilísticos y otros ayuda a descubrir el espíritu del artículo, su propósito, lo que el autor ha querido sacar de él. Un lector debe alcanzar la percepción de cómo fue organizado, es decir, de su articulación integradora que da unidad dinámica a todos los elementos que lo constituyen. Un texto explicado así hace ver que todas sus partes funcionales están al servicio de la unidad del conjunto –tanto en forma como en fondo- y en la cual se halla su razón de ser. En otras palabras, cuando las partes hacen ver el todo y éste las ilumina y esclarece.

QUINTO PASO: LA CUESTIÓN DEL TÍTULO

Muchos textos ya lo tienen y en tal caso conviene hacerlo presente en la conclusión; si es preciso, justificarlo y ampliarlo. Si el texto no lo posee, es absolutamente necesario intitularlo, lo que convendría hacerse como posible conclusión del Efecto Central, o proponerlo en la Conclusión misma. En todo caso, el título constituye la puerta de entrada al universo del texto, una especie de etiqueta que lo presenta en su aspecto formal. Dejamos bien en claro que, si bien es cierto, ninguno de los pasos mencionados podría ser omitido, no es menos cierto que su ubicación puede variar, pueden ser refundidos y tener mayor alcance.

SEXTO PASO: LA CONCLUSIÓN

Debe desprenderse lógica y convincentemente de la fase anterior, también muy vinculada con el Efecto Central. En ella se destacan los diferentes valores religiosos, éticos, estéticos, estilísticos, psicológicos y filosóficos del texto que constituyen su riqueza y que, a la postre, justifican su elección. Es, por supuesto, una etapa concluyente: dejar convencido al lector (o auditor) de que valía la pena explicarlo.

EXPLICACIÓN DETALLADA

Análisis lexicográfico y textual de la carta

Acabamos de atrevernos a anticipar que la evangelización es un tópico cardinal en la Carta que estamos estudiando. Nos proponemos entonces someterla al procedimiento analítico que hemos descrito, empezando por lo medular del mismo.

Es muy elocuente que el autor haya otorgado el primer lugar a dicho tema dentro de los objetivos pastorales que él expone. Consecuentemente, es en él donde deben concentrase mayormente sus inquietudes, anhelos, afanes, convicciones como Pastor.

En los 11 primeros acápites concernientes a estos objetivos, Monseñor Tagle se refiere, en términos generales, a la evangelización, especialmente, a quienes la ejercen, las circunstancias en que pueden llevarla a cabo y el modo cómo han de proceder. Pero no es sino a partir del acápite 12 donde la aborda directamente.

Por lo tanto, nuestro análisis más detenido se centrará en los números 12, 13 y 14. Pero antes de entrar en ello y con la intención, sobre todo, de emprender un examen lexicográfico más extenso, permítasenos resumir las ideas esenciales contenidas en ese primer párrafo.

I. a) Apartado 12:

“Evangelizar es entregar la Palabra de Dios”“Inmediatamente un paralelismo antitético: NO se trata de hablar de Dios como un profesor; se trata de que Dios hable por nosotros.

“Dios habló por los profetas (en el pasado)“ Los profetas: hablan en lugar de Dios, expresan la Palabra de Dios

Ahora nos habla por su Hijo (en el presente) Jesucristo es Palabra de Dios hecha carne;

Expresión definitiva;

Fuente de todas las ulteriores expresiones“ Jesucristo habla por:

Su Iglesia;

Sus Obispos;

Sacerdotes“ quienes entregan bajo forma humana la Palabra de Dios“ Ellos son sólo ministros y servidores.

La exposición pertenece a los ministros“la Palabra misma es de Dios“ Los ministros prestan su boca para que Dios hable con su poder.

El pueblo (por gracia de Dios)“acoge la Palabra “ no como palabra humana, sino de verdad“he aquí la grandeza de la Evangelización.

En efecto, una definición muy precisa abre el párrafo 12: “Evangelizar es entregar la Palabra de Dios”. Notemos, en primer lugar, que en ella el autor emplea dos infinitivos: evangelizar y entregar, los cuales dan cuenta del carácter activo que esta misión implica. Llama también la atención que, con sólo siete palabras, defina un proceso teológico complejo, nada fácil de realizar: Evangelizar es entregar ‘la Palabra de Dios’, utilizando el verbo ser (cópula verbal es), verbo que define lo esencial.

Podemos asegurar que definir es un rasgo característico de la prosa instructiva de Don Emilio, lo que revela una manera muy lógica de encarar un tema. Al definirlo, él sabe bien en qué consiste, cómo delimitarlo y llevarlo a cabo. Su afán es, pues, conocer a cabalidad el trabajo (de cualquiera índole que sea) al cual es preciso dar cumplimiento y ejecutarlo de modo que, en este caso, perfeccione el funcionamiento de su Diócesis, uno de sus grandes anhelos.

Sin embargo, por muy precisa que sea su definición, no satisface ésta del todo a Monseñor. Ello refleja la preocupación del autor no sólo por mostrar en qué consiste la evangelización sino sobre todo destacar sus fundamentos bíblicos. Necesita sustentarla, apoyarla, esclarecerla y lo hace aportando una decena de citas bíblicas a las que añade un breve comentario. Definición, citas de la Biblia y acotaciones dan cuenta del alto significado que tiene la misión evangelizadora, tanto en sí misma como para nuestro autor y su Iglesia.

El párrafo 13 es todavía más categórico que el anterior, y así como lo hicimos en el acápite que antecede, expongamos también sus conceptos cardinales y estructurantes.

II. b) Apartado 13:

Pero no cualquiera expresión salida del predicador es Palabra de Dios “entregar la Palabra crea una exigencia“ entregarla auténticamente “Decir lo que Dios quiere que se anuncie “ el predicador no tiene que inventar “ su deber es “ transmitirla fielmente.

[…] El clero ha descuidado la genuina y auténtica tradición de la Palabra de Dios

Ha olvidado el sentido de diaconía de la Palabra de Dios

Ha creído que predicar es solamente hablar de un tema religioso o moral

Ha olvidado que el mensaje cristiano posee una estructura original permanente, que es menester respetar, si se quiere ser fiel servidor de la Palabra “ Para comprenderla basta fijarse en los apóstoles.

El apartado lo inicia la conjunción adversativa pero. Por lo tanto, hay, por lo menos, una restricción relativa al acápite 12. Efectivamente, para el autor resulta indispensable calificar y caracterizar concretamente de qué palabra se trata, pues no basta con decir ‘Palabra de Dios’. Para él, surge la inquietud de que el predicador emita expresiones que no corresponden a ‘Verba Dei’.

Semejante temor queda disipado cuando Don Emilio, gracias a una segunda definición, precisa que “entregar la Palabra de Dios…es entregarla auténticamente. Decir lo que Dios quiere que se anuncie”. E insiste: “El predicador no tiene nada que inventar…Su deber es transmitir fielmente”; y en apoyo llama a Monseñor Larraín en “Misión del Predicador”, más cuatro pasajes bíblicos, con el fin de lograr al respecto una meridiana evidencia: La primera predicación de Pedro (Act. II, 14-40), su sermón después de la curación del ciego de nacimiento (Act. III, 12-26); su palabra ante el Sanedrín (Act. IV, 8-12); las pronunciadas después de la liberación (Act. V, 30-32).

Estas consideraciones generales sobre lo que significa evangelizar terminan en el párrafo 14 que presentamos sinópticamente:

III. c) Apartado 14:

El contenido fundamental de la evangelización es “ la narración de la historia de la salvación que culmina y recapitula en el Señor resucitado “ constituye el anuncio jubiloso Buena

Nueva/ Evangelio o Kerygma del Señor.

“ Evangelizar no es:

Cualquiera consideración de la vida del Señor.

Ni siquiera sólo exponer doctrina.

Formular aplicaciones morales y piadosas.

O inculcar deberes de cumplir.

“ Evangelizar es:

Proclamar solemnemente el hecho fundamental de la historia, el misterio de la salvación en Jesucristo.

Es pregonar con energía y vigor la fe en Él.

Es tomar conciencia de la nueva vida que en Él tenemos los que formamos el pueblo santo de los escogidos.

“De aquí brotan consecuencias y actitudes prácticas. Cristo debe ser proclamado con: Alegría/admiración conquistadora “ lo que nosotros anunciemos nadie lo puede superar, sólo nuestra boca expresará la Palabra de Dios “ ha de resonar nuestra voz “ a través de vuestras voces sea a Cristo a quien se escuche.

Aquí, Don Emilio se muestra lleno de certezas y de convicciones. El contenido fundamental de la predicación es: “la narración de la historia de la salvación […] este anuncio jubiloso de la salvación en Jesucristo […] esta proclamación de la Buena Nueva”. Vuelve así a definir lo que es evangelizar, primero en forma negativa y con insistencia: “Evangelizar no es… ni siquiera exponer sólo doctrina”. Enseguida, retoma sus afirmaciones positivas (tres en número): “Evangelizar es proclamar solemnemente el hecho fundamental de la historia, el misterio de la salvación en Jesucristo […] es pregonar con energía y fe en Él […] es tomar conciencia de la nueva vida que en Él tenemos” y, citando a San Pedro, su proposiciones repiten con gran fuerza las verdades de la fe cristiana.

Dan cabo al párrafo las consecuencias y actitudes prácticas derivadas de todas las consideraciones anteriores: mediante voces sacerdotales –sostiene don Emilio- “Cristo será el escuchado”.

En estos tres párrafos -12, 13 y 14- nos encontramos con un Obispo que, si bien es cierto, en un determinado momento y circunstancia manifiesta inquietudes, no es menos cierto que, a lo largo de su exposición, son certezas y convicciones las que predominan, comunicadas con la autoridad que le otorga su rango de Obispo.

Efectivamente, una consideración en conjunto de los 3 párrafos en estudio nos hace ver que, a través de ellos, se configura todo un proceso evolutivo. Como se trata de abordar directamente la evangelización, la mentalidad lógica del autor lo lleva –como lo vimos- a comenzar el párrafo 12 con precisas definiciones y a apoyarlas con 7 citas bíblicas.

Sin embargo, cuando don Emilio afirma que “se trata de que Dios hable por nosotros”, a diferencia de lo que es si otro hablare por Él, uno está en legítimo derecho de preguntarse qué denota esa preposición ‘por’, ya que parece introducir un elemento distractivo. A nuestro juicio, ese ‘por’ denota que el medio por el cual Dios habla somos nosotros, el Pueblo de Dios, con tal que los que pregonan su palabra se atengan estrictamente sólo a ella. Se suscita así una inquietud circunstancial en nuestro autor: el hecho de que no todos los predicadores se ajusten del todo a ella. Pero la redacción de las oraciones que siguen y las instrucciones la eliminan completamente. Además, esa preposición ‘por’ indica también una estrecha relación entre: Dios “ su Palabra “ su transmisión fiel “ su Pueblo. Es así entonces como Dios llega a hablar por nosotros.

Como ya dijimos, el párrafo 13 abunda en certezas y convicciones. Así, la trayectoria del ánimo y pensamiento de don Emilio va de la certidumbre a la duda, al temor de que las cosas no se hagan como debe ser para concluir en la seguridad de que, si los predicadores escuchan y siguen sus indicaciones, la Palabra de Dios será fiel y auténticamente transmitida. Y ése es, justa y precisamente, el anhelo de don Emilio.

A nuestro parecer, se trata de una verdadera travesía, cuyo punto de partida afinca en certezas, prosigue con dudas, temores e inquietudes que se superan en el punto de llegada en el cual todo es certidumbre en cuanto al ejercicio de la evangelización, quedando así satisfecho su anhelo. Que no nos resulte, pues, extraño el hecho de que su redacción sea, más bien, parca, en el sentido de la ausencia casi total de figuras literarias. Ello se explica porque una Carta de esta naturaleza es, primero que nada, un texto explicativo-argumentativo y no una pieza retórica. Además, y como lo veremos más adelante, ese estilo refleja el modo de pensar, de actuar y de instruir del autor. Si verbos hay que caracterizan su manera de expresarse, no pueden ser otros que los del campo semántico de la definición, el énfasis, la instrucción.

Si en el estilo está el hombre, necesario sería concluir que don Emilio, contrariamente a su apariencia física más bien débil y magra, su carácter era fuerte y de gran peso.

Para completar esta explicación, más o menos detallada, de la prosa didáctica de don Emilio, nos queda referirnos a un elemento gramatical que, no sólo articula los 3 párrafos estudiados, sino que les otorga contextura formal y unidad de pensamiento y alcance. Nos referimos al vocablo ‘Palabra’ y al campo semántico que de él se despliega en estos párrafos.

En efecto, el campo semántico enunciado por el vocablo ‘Palabra’ es aludido, bajo una u otra forma gramatical en los 3 párrafos, nada menos que 50 veces (salvo omisión o error). El detalle de esta afirmación entrega lo siguiente:

a) El archilexema ‘Palabra’ está presente 18 veces en los 3 acápites.

b) Lo representan también vocablos y perífrasis como: “narración de la historia de la salvación”; “anuncio jubiloso de la salvación en Jesucristo”; “proclamación de la Buena Nueva”; “hacer cualquiera consideración”; “la exposición es nuestra”; “nuestra voz sacer-

dotal”; “a través de vuestras voces”.

c) El infinitivo ‘hablar’ y sus conjugaciones se manifiestan 11 veces.

d) Significativo es también el empleo de diversos infinitivos (así como de las acciones que ellos denotan) y que se hallan en este mismo campo semántico, pero con acepciones un tanto diferentes:

1. Pregonar = anunciar

2. Exponer (exposición)= explicar

3. Formular = enunciar, manifestar

4. Predicar (predicación) = Pronunciar un sermón

5. Proclamar = aclamar, celebrar.

Nos hemos permitido traer a colación los significados de estas acciones verbales, a fin de demostrar que, en la prosa de Don Emilio, adquieren una denotación precisa, estrictamente aplicada al tema en referencia, expresadas, mayoritariamente, de forma afirmativa. A modo de ejemplo, una de las oraciones ya consignadas: “anuncio jubiloso de la salvación en Jesucristo”.

Semejante reiteración da bien cuenta de que evangelizar (tema central de esos 3 párrafos) significa e implica transmisión de palabras. En nuestro caso: voces que hacen escuchar las Palabras de Dios, pero no sólo para que ellas sean escuchadas, sino, sobre todo, para que ellas sean materializadas, llevadas a la práctica. Así se establece, y se concreta materialmente la estrecha relación, el íntimo contacto entre Dios y su Pueblo, por quien Él habla.

Es muy significativo que en estos 3 párrafos, la preposición ‘para’ no figure nunca en el sentido de: “con la finalidad de”: Dios no habla para, Él habla por, siempre y cuando su Palabra sea bien transmitida.

Gracias al breve estudio que hemos hecho de estos párrafos, nos damos cuenta del parentesco estrechísimo que, en fondo y forma, Don Emilio establece entre evangelización y Palabra de Dios. A muchos podría parecerle, entonces, que los párrafos siguientes del -15 al 20- no son sino una repetición de los anteriores, ya que ahora se adentra en “la Evangelización en la Predicación”, tema –insistimos- en el cual ya había penetrado.

Es cierto, pero ahora el autor sobrepasa la transmisión, en general, de la Palabra divina para afincarla en el ejercicio sacerdotal predicativo: homilías, mes de María, novenas, misiones y retiros. Luego, siguiendo su lógica de andaduría, fija su contenido, lo explicita, comenta y define.

Llega así a esta conclusión: puesto que en Jesucristo, en su Muerte y Resurrección se realiza la salvación del género humano, la prédica debe ser Cristocéntrica. Lo reafirma él con sus propias palabras y, en seguida, de acuerdo con la composición de su Pastoral, la apoya en la cita de I Cor 14 y 15 de San Pablo, respecto al hecho cumbre de la Resurrección, para desembocar en el párrafo 17, en el cual la Parusía es el eje. Tras describirla brevemente con una cita de Tito, que afirma que la Parusía nos abre el corazón a la bienaventurada esperanza en la vida gloriosa de

Jesucristo, y otra de Timoteo, que señala las perspectivas de ese porvenir perteneciente a Dios y a “todos los que esperan con amor”, concluye que la predicación debe ser también escatológica. Explica en qué consiste este atributo, y cómo Cristo no es accesible inmediatamente, sino pasando por la Iglesia, la predicación debe ser también eclesial.

RESULTADOS

Terminadas ya estas consideraciones que se refieren a la Explicación Detallada, de los acápites 12/13 y 14 de la Carta Pastoral, podemos incluir, sucintamente, el resultado obtenido en la aplicación de los otros pasos del método a dichos apartados del documento episcopal. Luego presentaremos, a modo de conclusión, la semblanza de don Emilio como Pastor, lograda a partir del estudio lexicográfico de esos textos.

ORIGEN Y NATURALEZA. Acápites 12, 13 y 14 de la Primera Carta “Nuestra Acción Pastoral” del entonces Arzobispo-obispo de Valparaíso, Monseñor Emilio Tagle C, escrita en marzo de 1962, dirigida a los sacerdotes de su Diócesis.

EFECTO CENTRAL. En estos tres acápites que se sitúan en el capítulo primero (Objetivos Pastorales) el autor hace saber a sus lectores en qué consiste la evangelización, cómo debe ser llevada a cabo y, por medio de comentarios, acotaciones, define claramente su concepto y precisa su alcance, exhortando a quienes la realizan a obrar según sus preceptos e indicaciones.

PLAN O COMPOSICIóN DEL TEXTO. Ordenación de los tres acápites (Plan): el 12 se abre con la definición de lo que es evangelizar, en la cual insiste el autor reafirmándola y apoyándola en numerosas citas bíblicas.

En el 13, introduce una restricción a fin de esclarecer aún más su definición y hacer más plausibles sus anotaciones, de modo muy categórico. En el acápite 14 se encuentran nuevas consideraciones acerca de la evangelización, provenientes todas de la prosa didáctica del autor.

TÍTULOS POSI b LES

El autor ha puesto como título a la Carta “Nuestra Acción Pastoral”. A nuestro juicio, se trata de un buen título, pues, sintetiza el contenido. También podría haberse utilizado los siguientes títulos, entre otros:

− ¿Qué es la evangelización?

− La evangelización: en qué consiste y cómo se la realiza.

− Evangelizar: nuestra vocación.

La carta “Nuestra Acción Pastoral” es un texto muy definitorio que, si se acepta la primera intitulación propuesta por nosotros, responde cabalmente al título interrogativo.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Eminente es el valor teológico y religioso: un texto que abunda en definiciones que evitan dudas e incertidumbres e indica, explícitamente, lo que es la evangelización y cómo llevarla a la práctica. Podemos señalar que el texto contiene también valores psicológicos y éticos que contribuyen a dar un perfil más acabado de la personalidad del autor.

El estilo. Si estilo y autor se reflejan, no hay duda de que un estilo categórico, determinante y conciso –incluso austero, como es el de don Emilio- muestran a un hombre reflexivo pero decidido, capaz de sobrepasar temores e inquietudes, transformándolos en maneras de obrar muy concretas gracias a sus certezas y convicciones.

Un hombre, en fin, convencido de su fe y de su misión evangelizadora como él la entiende y como se la encarga a sus “amados sacerdotes”. Un Pastor con una profunda inquietud y conciencia de estar viviendo una hora difícil y decisiva de la historia. Se trata, a su juicio, de un tiempo de grandes cambios, por lo mismo, se deben elaborar nuevas respuestas.

Se muestra como un Pastor preocupado por lo que él denomina “época de descristianización”. De allí su firme resolución por procurar estar a la altura del momento y de sus exigencias. Está intranquilo por la floración de obras e instituciones que constituyen una enorme disgregación apostólica y donde cada uno habla su propio lenguaje y mira según su personal punto de vista.

Por lo mismo, se le puede definir como Pastor “impaciente por construir la unidad de corazones”. Vivir esa unidad constituyó, sin duda, uno de sus mayores anhelos. “La unión de todas las fuerzas, que hoy se requiere con apremio, exige como condición indispensable un sacerdocio unánime”.

En todo momento, se percibe como Pastor “ansioso por hacerse cargo” de que Cristo pueda reinar en esta hora de la humanidad. Su llamado tiene un carácter imperativo, pues la gran necesidad del momento es la “pastoral de conjunto”. Se trata de un deber respecto de lo cual “no se pueden omitir esfuerzos”. Ahora bien, no obstante la necesidad que él siente de dar respuesta a un mundo cambiante, no se confunde al señalar que, si bien es cierto, la Iglesia se va edificando sobre un mundo en marcha, los pastores en su tarea evangelizadora, deben ser “intransigentes en la doctrina”. Es decir, deben entregar la doctrina en “la forma” que exige la realidad, pues la fidelidad exige responder a lo que Dios pide en ese momento.

Sin embargo, se debe ser muy cuidadoso respecto “del fondo” pues, se trata de valores permanentes, los cuales deben ser entregados auténticamente y respecto de los cuales el predicador no tiene nada que inventar. Sin duda, el autor de la Carta, objeto de nuestro comentario, se muestra como un Pastor, de fe firme, la cual le permite que toda consideración o acontecer humano no logren nublar su mirada de lo que él concibe de manera clara como “lo eterno”.

De manera esquemática podríamos resumirlo así: Jesús es la Palabra de Dios hecha carne; ese mismo Jesús habla por su Iglesia; en la Iglesia, Obispos y sacerdotes son los encargados de entregar esa Palabra bajo la forma de palabra humana; pero, la Palabra de Dios tiene una exigencia evidente, debe ser entregada diciendo lo que Dios quiere que se anuncie. Monseñor Tagle se sabe “portador de lo inmortal”. Él “entrega lo divino” y ante un mundo ensoberbecido y angustiado “lleva la verdad”. Hemos destacado hasta aquí al hombre de fe y de esperanza para el cual “ningún derrotismo puede apoderarse de quien sigue a un Señor que no muere”.

Deseamos terminar esta breve semblanza, destacando su interés por vivir la caridad, la cual concibe como una “exigencia” y un “sacrificio”:

“Si al lado de la fe, de la esperanza, no tuviéramos el ardor y la potencia del amor prescrito por Jesús. ¿Os bastarían las otras virtudes? Ciertamente no. Porque hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, hacer profecías y obrar milagros, sin tener caridad, de nada sirve. La unión que Nos recomendamos es un fruto del amor, y el amor es siempre un sacrificio, parcial o entero, de lo que tenemos y de lo que somos”.

Quede, entonces, bien en claro lo que hemos pretendido hacer con nuestro modesto aporte: dar a conocer el tipo de Pastor que se refleja del análisis de la Carta y, más en concreto, todo lo concerniente a sus inquietudes, anhelos, afanes y convicciones a partir de los acápites referidos a la evangelización

SESIÓN: INSTITUCIONES

LOS SALESIANOS EN VALPARAÍSO

CIENTO VEINTE AÑOS CUMPLEN

LOS SALESIANOS EN CHILE (1887 -2007),

CIENTO TRECE EN VALPARAÍSO (1894 -2007)

PBRO. SIMóN KUZMANICH BUVINIC, SDB.

Procuraré hacer una síntesis de la Presencia Salesiana en Valparaíso y, por extensión, alguna referencia a otras presencias, también salesianas, en la Quinta Región, presencias que suman un total de diez, algunas transitorias, otras que continúan su misión.

I. ALGUNOS ANTECEDENTES GENERALES

El Concilio Vaticano I (1869-1870) fue la ocasión para que algunos chilenos tuvieran conocimiento de la Obra de San Juan Bosco y del instituto religioso por él fundado, diez años antes, el 18 de diciembre de 1859, con el nombre de “Pía Sociedad de San Francisco de Sales”; de allí el nombre de “salesiano” para el integrante del mismo.

A dicho Concilio acudieron los obispos chilenos que, entonces, eran cuatro, correspondientes a otras tantas diócesis: Rafael Valentín Valdivieso Zañartu (de Santiago), José Hipólito Salas Toro (de Concepción), José Manuel Orrego Pizarro (de La Serena) y Juan Francisco de Paula Solar Mery (de Ancud) quienes, en el viaje a Roma, se detuvieron en Turín, capital del entonces Reino Sardo-Piamontés, y visitaron y conocieron la Obra de Don Bosco, la valoraron y se entusiasmaron con ella, considerando la posibilidad de su presencia en Chile como se lo hicieron ver al Santo fundador.

Otros chilenos, eclesiásticos y laicos, tuvieron la misma oportunidad. Pasan de veinte. Cabe destacar a don Abdón Cifuentes Espinoza, Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública (paladín de la libertad de enseñanza) y parlamentario en varias ocasiones, quien visitó a Don

Don Bosco (1815-1888)

Bosco, se alojó en su casa y escribió luego su experiencia en sus “Memorias” presentando, incluso, una descripción del físico y de la personalidad del santo sacerdote.

Algo parecido sucedió con don Manuel Arriarán Barros, hombre de gran fortuna y gran prestigio dedicado a labores de beneficencia y de índole social, como que se le apodó “maestro de la filantropía chilena”, quien en su entrevista con el Santo fundador de los Salesianos le ofreció hacerse cargo de la “Casa de Huérfanos de Santiago”.

Impactante y profundo es el testimonio del pbro. Ramón Ángel Jara Ruz, brillante orador, más tarde obispo de Ancud y de La Serena, y a quien Don Bosco nombró, en persona, Presidente de los Cooperadores Salesianos (rama laical de la familia salesiana), que ya antes de la llegada de los salesianos a Chile pasaban de 200.

Este presbítero tuvo a su cargo la oración fúnebre en la misa exequial celebrada en memoria de Don Bosco, en la catedral de Santiago (28 de abril de 1888), oración en la que, al hacer mención de la mamá de Don Bosco, la hoy sierva de Dios “Mamma Margherita”, compuso su famosa descripción o “boceto de la madre” que se inicia con las palabras: “hay en la vida del hombre una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor...”.

Estos testimonios y otros muchos suscitaron un verdadero interés por contar con la presencia salesiana en nuestro país. Y llovieron las peticiones, para distintos lugares. Medio centenar de cartas y solicitudes se entrecruzan durante la penúltima década del siglo XIX.

PONGAMOS ALGUNAS PREMISAS:

a. La idea de avecindar a los salesianos en Chile partió del mismo Don Bosco1.

b. Contar con la presencia del carisma salesiano fue interés manifiesto de la jerarquía eclesiástica chilena.

c. La anuencia, no exenta de interés y curiosidad, de algunos gobernantes, particularmente del presidente Domingo Santa María González y, una vez llegados los salesianos, del presidente José Manuel Balmaceda Fernández. De entre las múltiples peticiones que recibió de Santiago2, de Valparaíso, Concepción, Talca, Ancud, Traiguén, Mulchén, Chillán Viejo, Los Angeles, Iquique, Punta Arenas y de otras ciudades3, llevó a Don Bosco a seleccionar y a escoger varias de ellas.

La realización concreta de dichos anhelos cuenta con algunos hitos claves, fechas ubicadas en el trienio 1887-1889:

1 Carta al obispo de Concepción, 29/07/1876, M.B., XII, p. 661.

2 El “Asilo de la Patria” y la sección masculina de la “Casa de Huérfanos”.

3 Incluyendo una del semi legendario reino de “Araucanía y Patagonia”.

· El 6 de marzo de 1887, los salesianos asumen en Concepción la escuela-taller “San José”, dependiente, hasta entonces, del Obispado.

· El 21 de julio del mismo año, los salesianos en Punta Arenas fundan el colegio “San José” (ante la carencia de escuela en la aldea) y se inicia la tarea evangelizadora y civilizadora de los indígenas australes, tarea para la cual, el Supremo Gobierno les concedió la Isla Dawson por veinte años.

· El 24 de octubre, en Valdocco, Turín, el pbro. chileno Camilo Ortúzar Montt, quien fuera el capellán del blindado “Cochrane” durante el Combate de Angamos y, después, primer administrador eclesiástico de Tarapacá, luego de la Guerra del Pacífico, visita a Don Bosco, conversa con él y permanece con él, convirtiéndose así en el primer salesiano chileno.

· El 19 de febrero de 1888, se funda el colegio “El Salvador” de Talca, última obra aceptada por Don Bosco, pocas semanas después de su muerte, acaecida el 31 de enero de 1888.

· El 3 de diciembre de 1889, las Hijas de María Auxiliadora, fundadas también por San Juan Bosco, abren un Colegio en Punta Arenas.

Los Salesianos llegan a Chile en una época bastante difícil, con delicados y serios conflictos entre la Iglesia y el Estado, derivados del uso, más o menos sectario, del ‘Derecho de Patronato’ o ‘Regalismo Estatal’, por parte del Estado, derecho heredado de la época colonial, utilizado más para controlar que para proteger a la Iglesia, y de la relativa tolerancia o tácita permisión, por parte de algunos miembros de la Iglesia, de ese mismo ‘Derecho’.

Hacía unos veinte años, aproximadamente, que el Gobierno estaba en manos del liberalismo, dotado éste de una buena dosis de anticlericalismo de mayor o menor tonalidad, según la personalidad del gobernante de turno. Cabe recordar la vacancia de la sede arzobispal de Santiago por casi un decenio, 1878-1886, debido a las trabas puestas por el Gobierno, quien debía aprobar los nombramientos de las autoridades eclesiásticas.

Esta animadversión se mostró muy fuerte durante el quinquenio del presidente don Domingo Santa María González (1881-1886). Eso no impidió que, durante una visita de este mandatario a la Casa de Huérfanos de Santiago (visita realizada en noviembre de 1885) al enterarse de que los niños varones, al cumplir catorce años, debían abandonar la Casa, propuso sin más: “llamen a los Salesianos”.

Al finalizar el siglo XIX ya se contaba con presencias de los salesianos en: Concepción, Punta Arenas, Isla Dawson (misión entre los indígenas), Talca, Santiago (dos), Valparaíso, Iquique, La Serena, y siete presencias de las Hermanas “Hijas de María Auxiliadora”: Punta Arenas, Isla Dawson, Santiago (tres), Melipilla.

II. A NTECEDENTES A LA LLEGADA DE LOS SALESIANOS A VALPARAÍSO

Los ‘antecedentes’, algo pintorescos, por no decir novelescos, oníricos más bien, se remontan

a la noche del 9 al 10 de abril de 1886, en Sarriá -Barcelona, importante ciudad española y el principal puerto de la madre patria.

Ello sucedió en la casa de la noble dama chilena, doña Dorotea de Chopitea vda. de Serra, donde Don Bosco se hospedó. De esta buena y generosa mujer chilena está en curso la Causa de Beatificación y Canonización, habiendo sido ya proclamada “venerable” el 9 de julio de 1983 por el Papa Juan Pablo II.

Esa noche tuvo un sueño (así lo llama él), uno de los tantos ‘sueños’ que le mostraban el futuro de su obra (en varios de los cuales aparece Chile), pero parece haber sido algo más que un sueño, dado que al despertarse se encontraba extenuado por el viaje que en dicho ‘sueño’ realizó.

“Me encontraba, cuenta él, rodeado de niños contemplando montañas, colinas, pequeños valles y... a lo lejos, unas montañas muy altas y un inmenso mar; muy grande, ilimitado. Un niño dijo: ‘allá leo, Valparaíso’.

‘Yo Santiago’, dijo otro. Yo, añadió un tercero, leo las dos cosas.

Y una pastorcilla que le servía de guía (siempre en sueños) le dijo: ‘parte desde ese punto, traza una línea imaginaria que pasando por el centro de África termine en Pekín, China, y sabrás la norma que han de seguir los Salesianos en el porvenir”4

Ello explica por qué cuando se celebró, en 1994, el Centenario de la llegada de los salesianos a Valparaíso, el lema motivador de las celebraciones fue: “ayer un sueño, hoy una realidad”. Y por qué en el frontis de parroquia de San Juan Bosco se lee, en letras de bronce, las palabras: “Valparaíso, Santiago, Centro del África, Pekín”.

La presencia salesiana en el primero y principal puerto de la República era esperada y, en cierto modo, “reclamada”.

Se conservan en el Archivo Central Salesiano de la Casa Generalicia de la Congregación Salesiana, en Roma, algunas cartas relacionadas directamente con Valparaíso, cartas que tuve en mis manos, en la que se solicita una fundación salesiana en esta ciudad.

Una de ellas fechada, en Valparaíso, el 1 de septiembre de 1886, firmada por la señora Antonia Ramírez de Rabussons, dirigida al “Rdo. P. Don Juan Bosco”, pidiendo la presencia salesiana en Valparaíso. Señala entre otras cosas: “en este puerto hai mui buenas disposiciones de parte de sus habitantes para una fundación de talleres salesianos, pues todos desean ver remediada la necesidad de tantos niños que quedan sin oficio porque no tienen quién se lo enseñe”.

4 Memorias Biográficas de S. Juan Bosco, vol. XVI, pp. 71-72, versión española.

No pudo contemplar hecho realidad su anhelo, pues murió un par de meses después de haber escrito esta carta a Don Bosco. Con todo había considerado esta situación y se preocupó de que, después de su muerte, se llevara a cabo su deseo. Por ello delegó en el Arzobispado de Santiago su inquietud, dejando algunos bienes para la futura obra.

En apoyo de esta solicitud el P. Mariano Capdevila, sj., superior de los jesuitas de Valparaíso, dirigió una carta (3 de septiembre de 1886) a mons. Juan Cagliero, representante de Don Bosco en América:

“El obispo de Santiago i el presidente de la República aprueban i desean la fundación de talleres salesianos en esta ciudad i en la capital […] Escribo esta carta a nombre de la sra. Ramírez, pues el mal estado de su salud no le permite hoy escribir [...] Dicha señora ha escrito al P. Superior General Don Bosco proponiéndole todas las condiciones, sin carga alguna, sólo desea que vengan”.

Algunos años más tarde, precisamente en 1892, el arzobispado de Santiago, designado “asignatario sustituto” de la herencia de la señora Ramírez, hará entrega oficial de esos bienes a monseñor Cagliero (30 de noviembre de 1892), representante del Superior General Salesiano en América.

Otra dama chilena de Valparaíso, que se sintió siempre muy admirada y ligada a la Obra Salesiana, mujer de grandes bienes de fortuna pero, sobre todo, dotada de un corazón generoso, de una generosidad exuberante, muy cristiana por lo demás, fue la señora Juana Ross de Edwards5, quien tuvo la alegría de recibir a los salesianos en Valparaíso y proveerlos de residencia y de las primeras ayudas.

Para los Salesianos adquirió la Quinta Waddington, propiedad con algunos antecedentes históricos de cierta relevancia, como que fue la residencia de don Diego Portales, mientras se desempeñó como gobernador y comandante general de marina en Valparaíso.

Dicen las “Memorias Biográficas” que, en 1887, un día que los misioneros salesianos Juan Cagliero (obispo) y José Fagnano (prefecto apostólico) pasaron por Valparaíso para abordar el barco que los llevaría a Punta Arenas “los niños corrían tras ellos, gritando, ¡finalmente han llegado nuestros padres [...] mañana ya podremos ir a la escuela [...] oh, qué alegría!”6. La presencia salesiana era esperada.

5 Nació en La Serena en 1830 y falleció en Valparaíso en 1913.

6 Memorias Biográficas de San Juan Bosco, Vol. XVIII, p. 73, versión española.

III. L LEGADA DE LOS SALESIANOS A VALPARAÍSO (1894)

El censo de población, realizado el 26 de noviembre de 1885, daba el siguiente resultado: 2.524.476 habitantes, con una capital, Santiago, que no llegaba a los doscientos mil habitantes (189.332, más precisamente). La otra ciudad era Valparaíso, con 104.952. Le seguía Concepción, con apenas veintiséis mil.

Fue el 17 de julio de 1894 cuando los salesianos “fundadores” de la presencia en Valparaíso, desembarcaron en este puerto, a bordo del vapor inglés “Britannia”. Ellos eran: P. Spirito Scavini Martinoglio7, superior; P. Fidel Riva Joier, administrador; Domingo Solda ti Soldati, clérigo aún (seminarista); Pascual Richetta Bolatto, clérigo, también; Juan Buffa Lucchini, coadjutor (= hermano); Francisco Fossa, coadjutor; Juan Manzoni Riolfo, aspirante (= seminarista menor, no religioso aún).

A las pocas semanas se inauguran las actividades con 48 muchachos, de los que según señala la Crónica de la Casa: “35 eran gratuitos, 10 con media pensión, 3 con pensión regular”8. Más adelante agrega: “en 1894 los ingresos fueron 800 pesos y los gastos 4.000 pesos”. Como señal de gratitud a la señora Juana Ross, en memoria de su esposo don Agustín Edwards Ossandón, al colegio se le puso el nombre de “Escuela Salesiana de Artes y Oficios San Agustín”.

Con fecha 4 de enero de 1902, ante el notario público don Pedro Flores Zamudio, doña Juana Ross hizo entrega y donación “perpetua e irrevocable de las propiedades de la Alameda de las Delicias9 y Cerro Polanco a don Juan Cagliero”, nombrando a otros salesianos más10. Doña Juana Ross patrocinó y llevó a cabo una veintena de obras de beneficencia (sociales y educacionales) además de la construcción de 16 templos en diversas ciudades y pueblos. Al morir, dejó 50.000 pesos (una fortuna en ese entonces) para las misiones salesianas de la Tierra del Fuego.

En la oración fúnebre, luego de su muerte, el predicador pbro. Clovis Montero, hizo afirmaciones como éstas: “hoy ha entrado un pobre al paraíso” y “es preciso que la sociedad chilena sepa el tesoro que ha perdido”.

En realidad la señora Juana Ross administró mucho dinero, pero era pobre de corazón, por lo que se inscribe en el número de los que Jesucristo dijo “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3; Lc 6, 20).

Conforme a los deseos de la donante el colegio empezó siendo Escuela de Artes y Oficios implementándose los talleres de sastrería, zapatería, carpintería, encuadernación, tipografía, y

7 Nacido el 17 de abril de1851 y muerto el 5 de junio de 1899.

8 Vale decir 10 pesos al mes.

9 Hoy, Avenida Argentina.

10 Cf. Archivo Inspectorial, Santiago de Chile, anaquel “Casa de Valparaíso”.

fabro-mecánica. En 1896 se agregaron los cursos elementales (llamados hoy básicos).

En 1901 comienzan los cursos de comercio que se prolongaron hasta 1931, año en que egresaron los últimos nueve “contadores” titulados. Poco antes, en 1928, se habían iniciado los cursos de la enseñanza humanista-científica. Hasta el año 1910 fue exclusivamente “internado”. En dicho año se empezó a admitir alumnos “externos”, los que fueron aumentando en número, año tras año, hasta los casi 1.700 alumnos de hoy.

Ante el arrollador avance de las industrias y de los nuevos inventos que han ido apareciendo, el Colegio Salesiano hubo de adaptarse a este vertiginoso ritmo de cambios. Los antiguos y tradicionales talleres de “artes y oficios” dieron paso a otros “nuevos”, derivados de la mecánica y la electricidad, de la electrónica y la informática.

Más tarde, junto a la tarea educacional se agregó la pastoral parroquial, a partir de 1915, cuando el encargado de negocios de la Santa Sede, mons. Francisco Vagni, pidió a los salesianos que se preocuparan de la atención espiritual de los inmigrantes italianos (muy numerosos, unos 10.000), petición que es refrendada por el episcopado nacional con fecha 22 de septiembre de 1915.

Entre los obispos firmantes aparece José María Caro Rodriguez, a la sazón vicario apostólico de Tarapacá, futuro primer cardenal chileno. Así se crean las parroquias “personales” para las colectividades italianas de Santiago, Valparaíso y Talca.

El primer párroco, en Valparaíso, fue el P. Julio Dati Flossi quien, diez años más tarde, fue trasladado a Venezuela. Con fecha 14 de mayo de 1961 se convierte en parroquia territorial con el nombre de “San Juan Bosco”, siendo párroco el P. Luciano Pignoni Tullio.

IV. OTRAS PRESENCIAS SALESIANAS EN LA QUINTA R EGIÓN -VALPARAÍSO

En orden cronológico a partir del año de fundación.

1. Salesianos

Jahuel: (1903-1973), centro de vacaciones (1903-1957) para los seminaristas salesianos, y noviciado salesiano de Santa Filomena (1941-1957) y particularmente la atención y animación del popular Santuario de “Santa Filomena”, lo que se hizo por setenta años.

Panquehue: parroquia de “San Maximiliano” (1910-1919). A solicitud del arzobispado de Santiago, se asumió la animación de esta parroquia rural junto a la cual se abrió un Oratorio Cotidiano al estilo salesiano para los niños y jóvenes, servicio que se prestó por diez años.

San Pedro de Quillota: casa de “María Auxiliadora” (1918-1930). Era una propiedad de la señora Antonia Dueñas, quien la donó para la atención pastoral de la población rural, a la vez que serviría como casa de reposo y de vacaciones para niños de escasos recursos.

Catemu: Un gran desarrollo ha adquirido, hoy, la Escuela Agrícola Salesiana “Fundación Huidobro”, existente en la localidad de Catemu hace ya más de medio siglo (1949). Surgió de una antigua propiedad y fundo de la familia García Huidobro y Cazotte, cuyos ancestros se remontan a mediados del siglo XVII. Abrió sus puertas el 15 de abril de 1949, con el primer año de agricultura, siguiendo las disposiciones testamentarias de la familia, empezando con 35 alumnos. Actualmente, superan los 200 alumnos internos.

Pocochay: Escuela Agrícola “Elvira Barros” (1951-1971). Sólo veinte años funcionó esta escuela, en terrenos que pertenecieran a los fundos “Lo Orrego”, “La Hermita” y “Santa Ana”, propiedades de las hermanas Elvira y Adelina Barros. Varias dificultades, particularmente de orden logístico, motivaron su clausura. Las dependencias de la escuela se ocupan, ahora, en el desarrollo de una de las etapas de rehabilitación para jóvenes drogadictos de la obra salesiana Fundación “Programa Don Bosco Vida Compartida”, trabajando en las áreas “Prevención y trabajo de calle”, “Rehabilitación y capacitación” y “Emprendimiento”.

Quilpué: noviciado y posnoviciado (1957-1970). En un sector de esta ciudad llamado “El Retiro”, en propiedad de la señora Cora Wargny vda. de Portón, quien la legó a la Congregación Salesiana ante notario con fecha 18 de agosto de 1953. Varias causas motivaron su cierre como “seminario”. Hoy, se ha convertido en Centro de jornadas, ejercicios espirituales, encuentros, particularmente de índole educacional y vocacional.

2. Hijas de María Auxiliadora

Las tres presencias siguientes pertenecen al Instituto “Hijas de María Auxiliadora”, rama femenina de la familia salesiana, con los mismos fines y propósitos de atención a la juventud más necesitada, no sólo materialmente, sino también espiritualmente.

Fue el año 1866 cuando San Juan Bosco, que ya tenía en mente abrir su apostolado a la juventud femenina, tuvo una conversación con la marquesa Julieta Colbert Ferretti de Barolo, aristocrática y pudiente dama, generosa y caritativa a la vez (como que había abierto, por su cuenta, una especie de asilo que llamó “refugio”, para niñas huérfanas y necesitadas, que contó con más de 400 asiladas), quien le dijo a Don Bosco (que fue capellán del “Refugio”): “Jesucristo vino no sólo para redimir a los muchachos, sino también a las muchachas”.

Seis años más tarde, el 15 de agosto de 1872, ayudado por la joven, hoy santa, María Dominica Mazzarello, funda el Instituto de las “Hijas de María Auxiliadora” con una finalidad idéntica a la de los salesianos. La joven María Dominica pertenecía ya a un grupo pastoral de su parroquia, en la aldea de Momese, grupo que organizara el párroco don Domingo Pestarino quien, al poco tiempo, terminó por hacerse salesiano, también.

En 1889, llegaron las primeras “Hijas de María Auxiliadora” a Chile, específicamente a Punta Arenas y a la misión de la Isla Dawson, para posteriormente extenderse a lo largo de Chile. En Valparaíso y en la Quinta Región se establecen ya avanzado el siglo XX, abriendo sendos

colegios en 1as ciudades de Los Andes, Valparaíso (Playa Ancha) y Viña del Mar.

Los Andes: Colegio “María Auxiliadora” (1925) de gran prestigio en la zona. Directora fundadora, sor Angélica Sorbone.

Valparaíso (Playa Ancha): Colegio “María Auxiliadora” (1927). Obra apoyada en un principio por notables vecinos de la ciudad como don Juan Tyrer y doña Clara de Mosna. Primera directora, sor María Catellí.

Viña del Mar: Colegio “María Auxiliadora” (1935). Gracias a la generosidad de la benemérita cooperadora salesiana, la distinguida señora Elena E. de Irarrázabal. Directora, sor María Catellí, también.

V. A MODO DE CONCLUSIÓN

He presentado, con numerosos vacíos, la presencia salesiana en Valparaíso.

Termino con una reflexión: San Juan Bosco fundó su obra para la atención de la “juventud pobre y abandonada”, pero “pobre y abandonada” en todo sentido, no solamente en lo económico. Cabe recordar que hay variados tipos de pobreza, no sólo la “económica” que, por ser la más visible, impacta y asusta. Las hay, también, de otros tipos, no menos impactantes por que son más ocultas, y que hay que igualmente saber enfrentar. Me refiero a la pobreza “social” que se desarrolla en las “clases populares” que no siempre es económica. La pobreza “afectiva”, más conocida como orfandad.

Cuando el pbro. chileno Blas Cañas fundó “El Patrocinio de San José” (Santiago), que después pasó a los salesianos, lo fundó para “niños pobres de buena cuna”, señaló, no eran pobres en bienes de fortuna, pero sí pobres de afecto y de amor.

La pobreza “moral” que hoy va creciendo y aumentando con la destrucción de las familias tradicionales, ante el debilitamiento del matrimonio o la inexistencia del mismo, “una verdadera plaga en el contexto social actual que afecta en forma creciente, incluso a los ambientes católicos”, señala S.S. Benedicto XVI en su Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis. La pobreza “espiritual”, fruto del ateísmo que inunda la sociedad actual, y que va prescindiendo cada va más de Dios y de su Ley envenenando el alma juvenil.

El salesiano trata de afrontar y ayudar, porque es su tarea y su visión, dentro de sus limitaciones, todos estos tipos de pobreza que van inundando el mundo de hoy y lo van empobreciendo, a pesar de los adelantos y progresos realmente impactantes de los que se enorgullece, con no poca arrogancia.

Primeros adhesivos que figuraron en las contratapas de los libros religiosos que distribuyó la Sociedad bíblica de Valparaíso [Fondo documental de Waldo Pacheco].

LA PRIMERA SOCIEDAD b Í b LICA DE VALPARAÍSO:

PRESENCIA, PROPÓSITO Y O b RA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

WALDO PACHECO C ARREÑO

Pastor Protestante [Presbiteriano]

Academia de Historia Religiosa de Valparaíso

Extranjeros y nacionales avecindados en el Valparaíso del siglo XIX distinguieron esta ciudad convirtiéndola en la capital de la Biblia en la cuenca del Pacífico sur. Por parte de los católicos-romanos, tomos de Biblias y otros libros religiosos llegaron a librerías de españoles y franceses. En lo que respecta a los protestantes-reformados1, al recibir apoyo desde el exterior por las Sociedades Bíblicas, fundaron una entidad de estas en nuestro medio. Estas instituciones independientes, pero afiliadas, por su distribución de literatura religiosa alcanzaron una importancia reconocida, tanto a nivel continental como mundial2.

Establecida la Bible Store of Valparaiso, tuvo una existencia de más de cuatro décadas. Su ubicación privilegiada, el movimiento, las cifras en tonelaje impreso, las personalidades que la conformaron y el alcance geográfico que abarcó, no la hicieron ser menor que aquellas de Londres, New York y las de Alemania. Para un recuento total de ello, tendríamos que disponer de cientos de páginas. Por tal razón, a quienes se interesen en un seguimiento a dicha historia sugerimos investigar algunos de los siguientes tópicos, para complementar esta breve sinopsis: sus

1 En todo nuestro escrito el término reformados(as) se refiere principalmente a los primeros evangélicos nacionales que eran de teología calvinista y de gobierno presbiteriano.

2 Sobre la obra de las Sociedades Bíblicas en América Latina ver: Deiros, Pablo Alberto, Historia del Cristianismo en América Latina (Buenos Aíres, 1992) pp. 639-650.

disputas con la iglesia del Estado3, y quienes dieron apoyo a la Sociedad Bíblica de Valparaíso4; la abundante información administrativa y de Report anuales que generó; los medios escritos e institucionales que utilizó la reacción católica-romana; la historia religiosa protestante chilena [“tampoco se entiende la acción de las diversas Iglesias evangélicas en Chile ni en ninguna parte, si no se conoce el aporte de las Sociedades Bíblicas”5]; y las agrupaciones que fueron parte de las corrientes que producirán cambios en los países ubicados en el hemisferio Sur, como el nuestro6.

I. S AGRADAS E SCRITURAS: CLAVE Y PUNTO DE PARTIDA

Nuestro tema tiene raíces muy antiguas: proviene de los primeros siglos de la Iglesia aún unida. Incluso en el mundo medieval que ella moldea, las Escrituras, por su significado, no quedaron fuera del desarrollo humano que forja. Por contener no solo espiritualidad, desde Europa su influjo repercutirá en América, especialmente en la del Norte (cuya sociedad lectora por tradición del texto sagrado, permitió un espacio significativo a la luz de la Palabra); también, añadiendo a ella, expandirá sus intereses hasta nuestras tierras.

Situándonos desde nuestra latitud austral, al inicio del poblamiento cristiano español, nuestra futura nacionalidad hereda una Iglesia universal dividida, no faltando casos de intolerancia inmisericorde. En este escenario, las versiones latinas comentadas de Trento y subordinadas mayormente al manejo exclusivo del magisterio eclesiástico, tomarán lugar en nuestra cultura indiana, desde el inicio de la época republicana. Su eco no será menor como se podría pensar estando presentes en distintas actividades políticas, sociales, culturales y religiosas7.

Teniendo el mismo origen y tronco, el catolicismo y el protestantismo en Chile fueron dos mundos aparte, incluso en sus coincidencias. Dos maneras de ser ante la vida republicana, y de considerar a las Escrituras dentro de ella. Los últimos introducirán las llamadas versiones “protestantes”, pero se las calificará de “Biblias prohibidas”. De este modo, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, fundada en 1804, aprovechando los nuevos espacios, fue la primera que distribuyó, en forma llana, textos bíblicos, intentando paralelamente que la autoridad de la Escritura tuviera más “peso” que la autoridad eclesiástica del momento, producto del efecto que produce el factor Biblia en nuestros acontecimientos locales, lo cual atrajo a otras sociedades

3 Para mayores detalles, véase: Wehrli, Juan, El Reverendo doctor don David Trumbull, su influencia en el desarrollo de las libertades religiosas y públicas en Chile, 1846 –1889 (Santiago, 1989) pp. 81-96.

4 De aquí en adelante, para referirnos a aquella institución nacida en Valparaíso, utilizaremos la sigla SBV.

5 Muñoz, Humberto, Nuestros hermanos evangélicos (Santiago, 1974) p. 48.

6 Entre los estudios que fundamentan esta tesis están los de: Bastian, Jean-Pierre, Protestantes, liberales y francmasones (México, 1993); Protestantismos y modernidad latinoamericana (México, 1994).

7 Para el primer periodo ver: Guarda, Gabriel, Los laicos en la cristianización de América (Santiago, 1987).

bíblicas, como la de New York, con sus traducciones sin comentarios en sus páginas8, actuando la de Valparaíso como distribuidora.

II. P RESENCIA DE LA S b V EN EL PRIMER SIGLO DE LA R EP úb LICA

Comenzaremos por destacar algunos aspectos previos a cómo se dio la penetración bíblica, protestante, sin faltar el complemento ideológico. Describiremos el inicio de la primera Casa de la Biblia en Chile, señalando qué importancia social llegaron a tener en el medio porteño sus propulsores. Por último, ubicamos la librería en las calles de Valparaíso, desde donde se organizaba la estrategia para diseminar impresos y Biblias.

1. Primeros envíos de las Sociedades bíblicas extranjeras

Por ser un dato histórico no menor, Eyzaguirre afirma que para 1814, el comodoro de la flota naval inglesa, J. Hillyar, reparte Biblias en Valparaíso y en Santiago9. En el contexto del tráfico marítimo de esos años, el comerciante norteamericano Henry Hill, no sólo mandó Escrituras dentro de bultos con armas al ejército patriota. Habiendo vivido en Valparaíso, en 1822 escribe a su socio Estanislao Lynch: “La British and Foreing Bible Society me envió a su recomendación 500 Biblias en español y 500 testamentos en español, los cuales están a disposición, ya sea de venderse o de regalarse”10. En este emporio del Pacífico, el movimiento de Biblias alcanzó a autoridades de la época, como por ejemplo a Don Mariano Egaña11.

Años antes de que fundamentales “Documentos Pontificios” aparecieran haciendo mención a dichas sociedades en un tono de crítica, varios próceres de las Independencias americanas permitieron transitar a los colportores12. En el caso de Chile, el pastor bautista Diego Thompson fue contratado por el gobierno de Don Bernardo O´Higgins para dar inicio a las primeras escuelas públicas. En su calidad de representante del sistema lancasteriano y colportor, enseñaba a leer con textos bíblicos en las cartillas de lectura. Para 1821, contaba con 130 alumnos en Valparaíso.

En estos primeros años de la Republica, qué mejor testimonio de aquello es el que nos deja Bernardo O´Higgins, quien comenta la unión de educación y lectura de la Biblia sin notas:

8 Dicha sociedad mantuvo importantes depósitos en los países iberoamericanos. Tenía acuerdos de distribución de material bíblico con la SBV.

9 Véase Eyzaguirre, Jaime, Historia de Chile (Santiago, 1977) p. 388.

10 Hill, Henry, Recolections of an Octogenarian (Boston, 1884) p. 145. En: Wehrli, Juan. op. cit p. 35.

11 Véase Salvin, Hugo, Diario escrito a bordo del buque de S.M. “Cambridge” [...] En: Revista Chilena de Historia y Geografía (Santiago, 1919) p. 405.

12 Véase Canclini, Arnoldo, Diego Thompson: apóstol de la enseñanza y distribución de la Biblia en América Latina y España (Buenos Aires, 1987).

“Hay dos hechos que señalan la era presente y que son bastante concluyentes. El primero es que cada cristiano sabe o dentro de algunos años sabrá leer. Tal ha sido y continuará siendo el irresistible poder del sistema educacional lancasteriano […] El segundo es que cada cristiano tiene o tendrá en unos años más, una copia de las Sagradas Escrituras, gracias a los loables esfuerzos de las Sociedades de la Biblia, de la cual una sola hace circular millones de copias en cuarenta lenguas diferentes”13.

Edificio de la sociedad Bíblica Británica y Extranjera, ubicado en Londres en el siglo XIX, siendo además la primera Casa de la Biblia a nivel mundial [Fondo documental Waldo Pacheco].

Texto de la Biblia en un solo tomo. Fue promovido en América hispana por Diego Thompson y editado en Londres en 1823, utilizando la versión española del Padre Felipe Scio de San Miguel. Contiene 1.175 páginas e incluye los libros deutero-canónicos. Sus dimensiones son: 0,22 x 0,14 x 0,08 cms., impreso por Augusto Applegath. Entre otras cosas, no nombra la ciudad donde fue impresa, no tiene imprimatur [Fondo bibliográfico franciscano PUCV].

Valparaíso, abierto a tan particular mercancía, evidencia todo este dinamismo. En 1824, llega el agente de la “American Bible Society”, John C. Brigham. Éste, era un promotor de prin-

13 Eyzaguirre, Jaime, La Logia Lautarina (Buenos Aires, 1973) p. 51.

cipios libertarios, abogando en sus cartas por una urgente y amplia difusión del texto bíblico, por ser un elemento fundamental para sustentar la tarea social, reformadora y democrática en las nuevas repúblicas14.

Reforzando este ideario, en 1826, vemos en sus calles vemos al colportor Lucas Mathews. Para 1834, la mencionada sociedad mandó a Isaac Wheelwright, para que convirtiera a Valparaíso en su base de operaciones para toda la costa del Pacífico. Sin embargo, su trabajo se volvió desalentador por la oposición presentada contra él teniendo que cerrar la agencia para 1837, sin olvidar que en la Plaza de Quillota le quemaron una cantidad no menor de Biblias15. Finalmente, se mantuvo una casa-bodega en la residencia del conocido industrial protestante William Wheelwright.

Ante todo esto, destacaron casos particulares. Uno, fue el del ex oficial de la Armada británica Allen F. Gardiner, en 1841. Éste, retiró de las primeras bodegas de la Aduana bultos enviados desde Inglaterra con Biblias en español, sin impedimentos para su internación, logrando comercializarlas en lugares como Valparaíso, Santiago e, incluso, Chiloé16. Además de otros hechos parecidos, al finalizar la década de 1850, cuando al gobierno chileno de turno le reconvenían por permitir la introducción, sin censura alguna, de “la pública propaganda [...] que hacen los ministros bíblicos”17, ya era costumbre regalar Biblias a los niños ingleses en el templo anglicano del Cerro Concepción.

Tempranamente se enseña sobre los beneficios que reporta la lectura bíblica en español18. También, para la opinión pública porteña, pasó a ser un tema ya familiar el estar al tanto sobre el trabajo de dichas Sociedades en el extranjero19. Incluso las disputas públicas terminaron por incentivar la lectura de las Sagradas Escrituras, al margen de que fuesen ediciones “católicas” o “protestantes” puestas a la venta20, en el contexto de la circulación de unas supuestas “Biblias fraudulentas”. A vista de todos, los llamados “ministros bíblicos”, definitivamente se habían es-

14 Para una mejor comprensión de lo imprescindible que consideraban la Biblia para mantener la libertad y fundamentar el inicio de los principios democráticos, véase parte del pensamiento de Brigham en: Paul, Irvin, Un reformador yanqui en Chile. Vida y obra de David Trumbull (Santiago, 1995). pp. 99-102.

15 Véase Kessler, John, Historia de la evangelización en el Perú (Lima, 1960) p. 78. Este autor, afirma que la causa del cierre de dicha oficina por I. Wheelwright fue que se mostró poco interés en comprar sus Biblias

16 En Canclini, Arnoldo, Allen F. Gardiner: marino, misionero, mártir. (Buenos Aires, 1979) pp. 35-39.

17 Eyzaguirre, José Ignacio, Los intereses católicos en América (Paris, 1859) t. I, p. 426.

18 Para estas fechas ya circulaba un texto llamado Auxilio Escriturario: para facilitar con utilidad la lectura de la Biblia (Londres, 1838).

19 Véase una estadística emitida sobre la labor de distribución de la Sociedad Bíblica Prusiana, en: Crónica. El Mercurio de Valparaíso, 24/02/1857.

20 Sobre la venta de versiones “católicas” véase Avisos. El Mercurio de Valparaíso, 10/04/1858.

tablecido en Valparaíso21, y específicamente para 1860 fue tal el impacto no sólo de la entrega, sino que también la explicación que se le daban a ciertas porciones bíblicas que algunos ingleses, lo consideraron atentatorio a la “Constitución y a las leyes de Chile”22.

2. Inicios y fundadores de la primera Bible Store of Valparaiso

En 1858, dos años antes de que la Sociedad Bíblica Británica se instalase en Colombia y se extendiese posteriormente a Lima, el Rev. David Trumbull, en un “acontecimiento nunca visto”, comisiona a Mr. Newton J. Wetherby para vender Biblias y otros libros en las residencias de Santiago. Las advertencias que ponían en resguardo a los feligreses católicos fueron inmediatas y un diario de la capital publicó “anda por estas calles un señor propagandista vendiendo o regalando Biblias protestantes”23.

Ante esto, la principal autoridad religiosa del país, Mons. Rafael Valentín Valdivieso emitió un Edicto pastoral sobre la propaganda protestante. Desde nuestra perspectiva, no se actuó con exageración, pues todo lo que involucraba el ambiente “bíblico”, considerando toda su “carga” doctrinal en los espíritus, también se intentaba instaurar en otros puertos. Asimismo, ya para 1860, se establecía un centro de acopio en Copiapó24. Finalmente, encontrándose comisionado en Valparaíso Richard Cornfield, agente de la Sociedad Bíblica Americana y Extranjera, y en acuerdo con importantes comerciantes, profesionales y el Rev. Trumbull, fundaron en 1861 la Bible Society of Valparaíso. Ésta, para los efectos públicos, se encontraba dentro de la cobertura de una librería, cuyos locales eran de innovación contemporánea y enteramente revolucionarios para la época.

Texto de la Biblia en inglés, distribuida por la Sociedad Bíblica Americana de Nueva York en 1860. Sus dimensiones son de 0,27 x 0,18 x 0,9 cms. Consta de 1.214 páginas [Fondo documental Waldo Pacheco].

21 Véase Martin y Manero, Vicente, Historia eclesiástica de Valparaíso (Valparaíso, 1890) t I, p. 247.

22 Urbina Burgos, Rodolfo, Auge y ocaso del viejo “Pancho” 1830-1930 (Valparaíso, 1999) p. 298.

23 Reminiscencia histórica, El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 30/06/1887, p. 6.

24 Comentando sobre Trumbull, se le recuerda que mandó varios cajones de Biblias a cargo de Ramón Riquelme, quien las repartió en aquel puerto sin no haber pasado por varios impedimentos. En: El Estandarte Católico, Valparaíso, 3/12/1862.

Fue así que, cuando Valparaíso contaba ya con más de 56.000 mil habitantes y una importante cantidad de población extranjera de paso, el 10 de agosto se dio inicio a dicha Sociedad, predecesora de la actual ubicada en Santiago. Se formalizó definitivamente en septiembre de 1861. Contó con el apoyo general de los miembros de la “Union Church”, como los Livinston reconocidos profesionales porteños, destacándose también dos capitalistas del alto comercio: Stephen Williamson y Alexander Balfour.

Es necesario hacer presente que, tanto los gestores como los posteriores componentes del directorio de esta empresa (colportores y agentes) la mayoría sobresale dentro de la pluralista y activa sociedad porteña. Tomando en cuenta a los iniciadores, en 1858 Williamson es ponderado por un acertado artículo sobre las posibilidades del desarrollo económico de Chile y, a los ojos de la comunidad porteña, era un activo vecino que se dedicó al servicio comunitario hasta 1865. En 1862, un grupo importante de independentistas, liderados por altos oficiales del Ejército de Chile ya retirados, cedían un espacio al Rev. Trumbull en un “meeting” para que este diese un discurso. A su vez, a Balfour se le solicita en la primera Bolsa de Comercio del Cono Sur, ante la presencia de autoridades, artesanos y obreros calificados, de distintas naciones, promover una Caja de Ahorro25

3. Territorios abarcados desde el almacén bíblico

El Puerto vivía años de gloria y la actividad de ingleses, alemanes, norteamericanos, empujaba a la ciudad a un dinamismo de progreso, pluralismo, ilustración y tolerancia casi único en ese tiempo en toda Sudamérica. Por sus calles, día a día aumentaba también el transporte de toneladas de libros religiosos y Sagradas Escrituras en distintos formatos. Los destinados a la SBV, llegaban por medio de los barcos contratados por la firma Williamson-Balfour26 y los propios de la Pacific Steam Navigation Company, fundada por W. Wheelwright. Un céntrico local, catalogado como librería, cuyo lugar físico estaba ubicado en la Calle del Cabo N° 93 acera del mar (hoy Esmeralda)27 recibe el material. Dicho depository, desde las primeras horas del día congregaba en sus vitrinas a cuerpos esbeltos, de largas patillas y libretas bancarias debajo del brazo, quienes al salir del local, comentan en inglés y alemán, sobre los textos que llevaban en sus manos28

25 Para más detalles en lo social relativos a W. Wheelwright, D. Trumbull, E. Williamson, A. Balfour, y el agente de la SBV, N. J. Wheterby, véase Pacheco, Waldo, y Chicano, Enrique, Creyentes y Progresistas en el Paralelo 33°, Latitud Sur. En: Vergara, Fernando y otros, Tributo a Valparaíso (Valparaíso, 2007) pp. 15-38.

26 Como ejemplo figuran los cajones de libros impresos despachados a Valparaíso según Manifiesto por Menor, En: La Patria de Valparaíso, 9/09/1863.

27 Consúltense los registros publicados a la Municipalidad de Valparaíso, sobre el pago de patentes comerciales, los cuales, además, contenían los nombres del representante del local. La SBV tenía el giro comercial de Librería y aparece a nombre del alemán Francisco Müller. En: La Patria de Valparaíso, 13/07/1863; 1/08/1865.

28 Una de las Biblias llegadas para esos años fue Holy Bible, University Press, for the British and foreing Bible Society, Oxford, Inglaterra, 1862.

El primer contratado por la SBV fue el colportor alemán de nombre Frank Müller, estipulándose que trabajaría inicialmente tres días a la semana. Se instauró la norma de que cada año se emitiera un reports en forma pública. Uno de los más antiguos, que nos ayuda con las estadísticas fue “The fourth anual report of the Valparaiso Bible Society”. A pesar de la escasa información que nos da I. Vergara, notamos que las visitas hechas a un espacio geográfico reducido, la cantidad de literatura vendida o repartida gratuitamente dentro del radio de la bahía-ciudad, era un indicio de lo que vino más adelante29.

Habiéndose decidido seguir penetrando en localidades del interior y en el bastión católico que era la metrópolis, Müller continuó frecuentando la estación Barón. Ya a bordo del tren y después de haber escuchado el tradicional “¿bizcochuelos patrón?”, nada lo distraía de su entusiasmada plática, en tanto que al llegar a Quilpué, teniendo de fondo los cerros del sector de El Retiro, mantenía Escrituras, libros y folletos abiertos a la vista de posibles compradores del vagón.

Llegando a la Estación Central, bajaban los pasajeros. “Luego es el turno de la carga. En medio del azafrán, té, perfumes, metales y chocolates”, también bajaban Biblias de un solo tomo, Nuevos Testamentos y porciones de los Evangelios, sin el Nihil Obstat, sin el imprimatur. Para estos años, se había abierto un depósito de la SBV en la ciudad de Lota; el crecido aumento de los viajes a Santiago termina por causar la preocupación de la autoridad eclesiástica por estas ideas foráneas30. Para 1868, a F. Müller lo encontramos a más de 960 kilometros de Valparaíso, recorriendo todo Valdivia31.

La SBV con sus colportores, extendió su presencia 437 kilómetros hacia el norte, a los espacios circundantes de Coquimbo y La Serena. Posteriormente, el vapor los desplazaba hasta “Antofagasta, Iquique, alcanzando hasta el Callao”, abarcando una distancia por sobre los 2.000 kilómetros, con estadías de días o semanas de recorrido en amplios radios de cada lugar poblado. Por otro lado, hacia el sur del país se reforzó el envío de material a ciudades como Osorno, un tramo significativo de más de 1.065 kilómetros de Valparaíso, desde el año 187832.

Además, hubo circuitos a zonas específicas, en donde el trabajo de ventas de Biblias se hizo año tras año en cada metro cuadrado de terreno, como es el caso del Valle del Aconcagua,

29 La estadística es de dos años de visitas y ventas (1863-1864) con un total de más de 22.192 unidades impresas que se desglosan en: 499 materiales bíblicos, más otras 1.563publicaciones en castellano. También, más de 17. 779 tratados en otros idiomas y 6.187 revistas y periódicos. En: Vergara, Ignacio, El Protestantismo en Chile (Santiago, 1962) p. 13.

30 En 1867, el Sr. Arzobispo mandó una Circular a todos los curas de Santiago y Valparaíso, para que estos prevengan a sus fieles sobre la distribución pública “en las calles y plazas, de folletos impresos” por los “agentes asalariados de las sociedades bíblicas”. En: El Mercurio de Valparaíso, 14/01/1867.

31 Para complementar la información, véase la sección de Movimiento Marítimo. F. Müller de vuelta llega a Valparaíso en el vapor Guayaquil desde Puerto Montt. El Mercurio de Valparaíso, 11/04/1869.

32 Oyarzún, Arturo, Reminiscencias históricas de la obra evangélica en Chile (Valdivia, 1921) p. 41.

partiendo desde San Felipe en dirección a la costa y en el cual destacó el colportor L. Escobar. Incluso, para visitar la mayor cantidad de casas, se siguió el curso natural de los ríos, visitando “Limache and other places in the Con-Con river”, según la afirmación de una crónica33.

Frontispicio de una Biblia, versión Reina-Valera, utilizada en los púlpitos de los primeros cultos evangélicos chilenos. Este texto fue editado en Madrid el año 1877 y distribuido por la Sociedad Bíblica de Valparaíso [Fondo documental Waldo Pacheco].

Para 1878, la Casa de la Biblia se encontraba en su local de calle Victoria N° 119 acera del mar34. Meses después, y en medio del creciente ambiente bélico, se embarcaron tropas para la Guerra del Pacífico. En este desplazamiento, los católicos repartieron escapularios, dispusieron de capellanes y misas de campañas. Incluso, participaron en aquella lamentable confrontación más de un protestante-evangélico, saliendo relucir versiones “protestantes” en medio de la re-

33 Léase un informe dado en: The Record de Valparaíso, 17/01/1879, p. 6.

34 Véase Contribución de Patentes Municipales, en: La Patria de Valparaíso, 11/06/1878.

friega35. Los colportores se las ingeniaron para entregar a quienes quisieran recibir de las tropas y oficiales, cientos de Nuevos Testamentos, periódicos, y folletos.

Terminado aquel conflicto, dadas las facilidades que daban, entre otras, las firmas inglesas, los colportores comenzaron a internarse definitivamente en las salitreras, recorridos que en la práctica aumentaban considerablemente el kilometraje por causa de las quebradas y desvíos. Trayectos realizados arriba de mulas, sobre carretas o en trenes de mineral. Para surtir de textos al norte, la propia SBV seguirá manteniendo el depósito de Coquimbo y, además, fundó uno en Concepción y otro en Santiago36. Éstos, proveerán de material a las llamadas avanzadas o estaciones misioneras, establecidas en los pueblos del litoral e interior.

Si tomamos las palabras de Oyarzún y las ubicamos en el contexto de lo que informamos, esto permitió en los años siguientes que: “en cada pueblo hubiera pequeños depósitos de Biblias, y cada miembro y cada pastor fuera un colportor en pequeña escala”37.

Por otra parte, una noticia sobre un centro de acopio bíblico en la capital, que en 1883 fue atacado por una turba, formándose una hoguera en la calle en donde fueron quemados varios cajones con cientos de Biblias y otros libros religiosos nos da más luces sobre la situación. Quien estaba a cargo de este depósito era el reconocido colportor judío converso, Moisés Varcovitz, quien acostumbraba vender por las calles libros y biblias38.

Para 1880, la SBV estaba ubicada en la comercial calle San Juan de Dios N°167 (hoy Condell)39. Desde allí, bajo la presidencia del Rev. W. H. Lloyd, cuyo meeting anual era público y a esas alturas en español40, el trabajo por las estadísticas que entregaban las ventas, muestran un aumento en las salidas hacia distintas partes del país y el exterior. Ya de un tiempo a esta parte, hacían colportaje chilenos, principalmente partiendo desde las avanzadas o estaciones misioneras, hacia los pueblos y villorrios cordilleranos. En forma paralela, y a modo de adiestramiento, los misioneros extranjeros que irán llegando y los aspirantes nacionales al pastorado, tenían que pasar su prueba de fuego o noviciado, vendiendo o repartiendo Biblias en compañía de colportores de la SBV.

35 Años después, un militar chileno comentando a un periódico, escribe referente a una de estas versiones: “En las ruinas de Arica, después de la toma, encontré un volumen de la Biblia, y como según las enseñanzas romanas, lo que es sin notas y aprobaciones eclesiásticas, la tenía como Biblia protestante”.

36 Junto al templo de la primera iglesia evangélica chilena, fundada en 1868, funcionaba el depósito de la SBV. Guillermo H. Lester afirma que, para 1877, existía dicho depósito atendido por dos colportores: N. J. Weterbhy y Enrique Duve. En: Apuntes Históricos de la obra evangélica en Chile, 1861–1900. Tomado del Heraldo Evangélico, 17/03/1910 – 11/08/1910, citado por: Chile Evangélico, CAVE-CHILE (Santiago, 1973) p. 28.

37 Oyarzún, Arturo, op. cit. p. 42.

38 La Patria de Valparaíso, 30/05/1883.

39 Véase en Avisos Nuevos en: El Mercurio de Valparaíso, 30/11/1880.

40 Véase en Avisos Nuevos sobre la reunión pública anual, en: La Patria de Valparaíso, 21/03/1881.

La presencia desde la zona central hacia el sur queda ratificada en uno de los tantos informes como el que reproducimos. En él se aprecia uno de los cientos de recorridos de dicha ruta en tren, de más de 430 kilometros, realizado por F. Müller:

Si nuevamente tomamos como referencia el norte de Chile, se repiten constantemente los embarcaderos de Coquimbo, Carrizal, Caldera, Chañaral, Tocopilla, Iquique, Arica, e incluso, El Callao, sirviendo de base para avanzar e internarse en las bocaminas y poblaciones de la pampa. 41

En este constante “marcar presencia”, destacado fue el caso de algunos agentes ambulantes como el porteño N. J. Spanderman42 y su ayudante chileno de apellido Ordóñez, quienes dentro de las zonas más visitadas y bordeando quebrada tras quebrada, recorrieron la antigua Provincia de Coquimbo con sus distritos mineros de más de 200 minas alrededor. Cada vez que divisaban los humos de las chimeneas, para ellos significaba que había una fundición con operarios dispuestos a leer.

Vieron por los senderos a cientos de pirquineros quienes subían y bajaban para realizar sus menesteres. Más de alguna recua de carretones con catadores. A continuación, una mínima porción de dichos encuentros con sus vivencias:

“Huasco: Algunos hicieron oposición a mis libros diciendo que eran protestantes; vendí 2 Biblias, 4 Testamentos, 41 volúmenes y además 9 libros en inglés.

Vallenar: Hallé un considerable número de Biblias y Testamentos, puestas en circulación

41 El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 16/12/1886, p. 5

42 Este colportor pertenecía a una de las entidades públicas que daba apoyo a la llamada causa bíblica, nos referimos a la Sociedad Amantes del Evangelio. Véase Crónica, El Mercurio de Valparaíso, 22/08/1884.

gratis, por un amigo de la causa del Evangelio. Sin embargo, la venta alcanzó a 19 Biblias, 10 Testamentos y 66 volúmenes. Un buen número de ejemplares de El tronco del árbol, había sido también repartido ahí.

Carrizal Alto: ninguna oposición; los que no compraron, decían que no tenían dinero; vendí 12 Biblias, 13 Testamentos, 65 volúmenes, además una Biblia en inglés y un libro.

Chañarcillo: vendí 3 Biblias, 3 Testamentos […]. Este es el lugar donde la labor me pareció mas difícil que en cualquier otro.

Copiapó: bien recibido por los amigos, pero encontré mucha indiferencia, también incredulidad, pero poca oposición del fanatismo. Vendí 14 Biblias en español, 41 Testamentos, 52 volúmenes, 10 Biblias y 20 libros en inglés”43.

La SBV continuó aumentando sus despachos44, especialmente a fines del siglo diecinueve, mudando su local a calle Condell Nº14045. A comienzos del siglo XX, para cuando la SBV se encontraba en la calle Serrano N°2346, ella tenía presencia en la zona central, en todo el centro sur del territorio, incluido la penetración constante en la Araucanía desde 1874; en Chacao, e incluso, en Punta Arenas, por el extremo austral. También, al traspasar las fronteras de Chile, desde 1878, la SBV se había “transformado en una institución de carácter internacional”, abriendo “almacenes de distribución” en naciones como Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia, o enviando esporádicamente Biblias desde Valparaíso hasta Venezuela y Panamá47

III. P ROPÓSITOS DE LA S b V

Tanto los elementos como los contenidos que hemos tomado en cuenta aquí corresponden a sólo una parte de los objetivos. Comenzamos por mostrar lo que se esperaba que la Biblia generase a juicio de los principales involucrados. Posteriormente, incluimos algunos de los cientos de impresos y artículos que comprendían al texto bíblico en lo cotidiano de la lucha ideológica de aquel tiempo. Finalmente, se describen algunos de los periódicos y libros protestantes que la SBV hizo circular en el territorio.

43 Este recorrido comenzó desde La Calera hasta terminar en Copiapó, tomando la actual ruta 5 norte. Algunos tramos se hicieron en mulas, otros en ferrocarriles y, por lógica, otros en vapor. Véase El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 20/10/1887, pp. 6-7.

44 Dentro de los posibles textos despachados desde la calle Condell se encuentra La Sainte Bible, versión J. F. Ostervald. Oxford, 1897. Sus dimensiones son de 0,17 x 0,12 x 0,04 cms., con un total de 1.056 páginas.

45 Véase en Matrículas de patentes, librerías. El Heraldo de Valparaíso, 18/08/1894.

46 Véase en Librerías, Prado Martínez, Anuario de 1903, p. 240.

47 El que fuera colportor de la SBV, E. Olsson, ahora en comisión instalando misioneros en los diversos países nombrados, pide a la SBV periódicos, libros y Biblias para ser enviadas a sus nuevas residencias. En: El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 23/06/1897, p. 626.

1. Cristianizar por medio de la sola Escritura

La SBV, no siempre contó con la solvencia monetaria para promover las ideas cristianas protestantes, a pesar de que quienes la auspiciaban provenían de las naciones con más signos de progreso y desarrollo. No obstante, es innegable que el conjunto de virtudes vocacionales que reunía el Rev. Trumbull fue lo que permitió consolidar el proyecto, frente a todos los problemas que tuvieron que superar él y sus colaboradores más cercanos. Este pastor congregacionalista, asumiendo la tarea de proveer Biblias para países como Perú y Bolivia, hizo un fuerte llamado a las conciencias, al decir: “La Sociedad Misionera de la Iglesia de la Unión de Valparaíso no tiene fondos, ni ánimo ni fuerza vital de ninguna especie para atender en la costa a otra cosa que la misión de los marinos en este puerto”.

Asimismo, con carácter y determinación, el Rev. Trumbull llevó la obra bíblica adelante, en favor de que la población adquiriera una cultura y espiritualidad más bíblica para su expresión cristiana en todos los espacios de la sociedad. En todo el tiempo que estuvo en Chile, inculcó el gran significado y el poder que contenían para una nación las Sagradas Escrituras, y en su parecer con respecto a ellas, eran imprescindibles las Sociedades Bíblicas, pues: “La Biblia es una dádiva que Dios ha hecho al hombre, y al hombre ha de llevarse hasta que no quede dialecto ni lengua en que no resuenen los ecos de estos Sagrados Oráculos”48. Al ir apareciendo obstáculos a este accionar, recurre a una gran cantidad de pasajes bíblicos. Uno de sus preferidos era el mandato hecho por el mismo Señor Jesucristo cuando dijo a sus discípulos: “Escudriñad las Escrituras, en las que vosotros creéis tener la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”49.

Tanto los círculos que colaboraron con la pasada SBV50, el Rev. Trumbull, los colportores, los protestantes más entusiastas de Valparaíso y los diversos contribuyentes, no ponían en duda que el país estaba ya evangelizado en la modalidad del catolicismo tradicional español heredado, sino que, a juicio de ellos, la nación no estaba lo suficientemente cristianizada. Esta tarea, a su parecer, les correspondería cumplirla a ellos, diseminando las páginas del Evangelio, tanto en los que ya eran cristianos como en los nuevos conversos, comparando aquél desafío y su posterior efecto con el esparcimiento de “las hojas del árbol de la vida como sanidad para las naciones”, según San Juan51.

En su persistencia, se apostaba a la influencia que tenían los pasajes que eran de más fácil comprensión, presentes a lo largo de todo el texto bíblico. En su opinión, una vez apropiados por el alma necesitada, la Escritura ejercía, en forma directa, una invisible acción regeneradora como Palabra de Dios permitiendo uno de los propósitos más fundamentales: “dar a conocer el

48 Véase Discurso del cuarto Informe Anual de 1865, en: La Patria de Valparaíso, 17/04/1865.

49 Juan, 5:39. Una de las Biblias en circulación es: La Santa Biblia. [Reina]-Valera (Madrid, 1877).

50 Entre las tantas sociedades existentes en Valparaíso una de las que cooperaron con la causa de la SBV fue la “Sociedad Amantes del Evangelio”. Véase, Avisos Nuevos, en: El Mercurio de Valparaíso, 21/08/1884.

51 Apocalipsis 22: 2.

amor redentor de Jesucristo al que está perdido en el pecado” y, en forma inmediata, este amor lleva “el germen de toda santidad al espíritu degradado”. Incluso, por el carácter que reviste a las Escrituras, texto considerado fuera de lo común de todas las demás literaturas existentes en el mundo, ella seguía dando certeza, a través de los siglos, de ser una “antorcha de luz divina en medio de las preocupaciones y de los errores”. Los mismos colportores no se detuvieron a sopesar el costo de las burlas, sacrificios y obstáculos con tal que pudieran “llevar al corazón angustiado, oprimido, lleno de dolores, todos los consuelos, fuerzas y gozos que encierra el tesoro de la palabra escrita de Dios”52.

No obstante, aquellas intenciones no siempre tuvieron la posibilidad de germinar y, en muchos casos, los colportores tuvieron que apelar a diversas fórmulas, producto que a las personas se les negaba la lectura de dichas ediciones, confiscándoselas y quemándoselas. Uno de sus planteamientos más recurrentes fue que la Escritura era necesaria “desencadenarla”, poniéndola en manos de todos. Uno de los medios consistió en la promoción de lectura popular, de contacto con la Biblia abierta y no cerrada. Los colportores se rehusaron a dar por válidas unas supuestas limitaciones de comprensión sobre un libro de tal naturaleza, especialmente si esto afectaba a las clases más pobres. Reconocían sí, que existían pasajes difíciles en dichas páginas –de ahí la necesidad de notas explicativas por parte de los cientos de tomos folios de Biblias “católicas” ya en circulación-. Aún así, a su juicio, la Escritura era clara e inteligible en las cosas tocantes a la salvación personal entre el lector y Dios53.

De este modo, el texto bíblico se vio inmerso en la lucha que enfrentó al liberalismo con el conservadurismo en la historia política del siglo XIX. Rescatamos, por su importancia en el contexto de dicha lid, una respuesta que pasó a ser de conocimiento público y que hoy debiera considerarse cuando las instancias eclesiales dejan de ser sal y luz.

Para el director de la SBV, cualquiera que fuesen las consecuencias que el protestantismo dejara en el país, ser el puente que llevaría al racionalismo no sería precisamente este caso. El Rev. Trumbull, en respuesta al que fuera un respetable hombre público, un sincero y culto católico practicante, don Zorobabel Rodriguez, sostuvo que, según la experiencia que tuvo con algunos chilenos ilustrados, se demostraba lo contrario:

“A estos [...] con la Biblia abierta, leída y estudiada, ha servido como puente para pasar, no al racionalismo, sino de ello a una fe humilde en Jesucristo, como a la tranquilidad del que se goza al pie de la Cruz. Viven estos y están prontos para corroborar lo que estoi diciendo”54.

52 En cada una de las reuniones anuales se emiten claros propósitos de parte de la SBV. Véase en: Comunicados, La Patria de Valparaíso, 18/03/1874.

53 Estas afirmaciones fueron corrientes, en razón a las críticas católicas de la época. Y los colportores plantearon sus réplicas. Ver: El Heraldo (Evangélico) de Valparaíso, 26 /06/1885.

54 En Comunicados, La Patria de Valparaíso, 23/09/1869.

Evidentemente, en este pensar, la Biblia no es letra “muerta”.

Trumbull, en los cientos de artículos que escribió, no se limitó a hablar sobre los beneficios que proporcionaban las páginas del Evangelio contenido en Biblia. También alentó la idea de que se promoviese más abiertamente la lectura de la Vulgata, presente en el altar mayor de los templos católicos. Poniendo una nota de atención a que sería nefasto que el pueblo creyente de la nación olvidara el contenido de la Joya de la Iglesia, declaró:

“En nuestro dictamen el peligro para la iglesia no está en la Biblia abierta, sino en la Biblia cerrada; no en que su contenido se lea todos los días del Señor en las iglesias, sino en la exclusión del Sagrado Volumen de los templos de Dios; no en que se estudie por el pueblo, sino que éste lo olvide y no haga caso de él”55.

2. Volantes impresos y artículos de diarios

Si se trata de sacar conclusiones atendiendo la trayectoria pública, los Trumbull destacaron en el país del norte. Diremos que sus antepasados participaron en la vida religiosa, intelectual, social y política desde la llegada al Nuevo Mundo. Posteriormente, uno de éstos será el más cercano e importante consejero personal del general G. Washington, en plena guerra por la independencia.

También hay que tener en consideración, que la formación intelectual de David Trumbull la obtuvo en Yale, importante universidad propagadora de ideas protestantes, independentistas y democráticas. Además, quien dirigió desde sus inicios la primera Sociedad Bíblica chilena tuvo un pariente que llegó a ser senador en su tierra de origen.

Los indicadores anteriores apuntan a motivaciones que se vuelven prácticas en Trumbull. En razón de esto, los primeros años del trabajo de la SBV, no estarán al margen de comunicar propósitos ideológico-políticos. Para interiorizarnos de los pormenores de la actividad protestante, con el fin de conseguir mayor apertura en las luchas de los derechos civiles y religiosos, nada mejor citar a un periódico de la curia chilena que, para 1863, denunció aquellas actividades de los “propagadores del protestantismo”. Hizo alusión directa a los colportores en las calles: “Esto es lo que indica el ardor con que introducen biblias adulteradas, la multitud de cuadernitos y folletos de todas clases que distribuyen gratuitamente al pueblo, especialmente en Valparaíso”56

Identificado el material escrito, pero no su contenido, estos formatos aumentaron considerablemente su circulación. Aquellas acciones atentatorias a la Constitución que regían en un país aún confesional llegaron a ser tales “a la luz pública” que, para mediados de 1865, fueron

55 Parte del discurso de una de las Asamblea Anual, del 13/02/1865. En: La Patria de Valparaíso, 2/04/1865.

56 El Estandarte Católico de Valparaíso, 12/09/1863.

denunciadas por el Partido Conservador57. Uno de los diputados se refirió al representante máximo de la SBV en plena sesión parlamentaria cuando deliberaba sobre los alcances de los “artículos de Trumbull”58.

Vistos los dos párrafos anteriores, se hace necesario que aclaremos expresiones tales como Biblias adulteradas o ediciones fraudulentas, vertidas en 1858, y que salieron a relucir en los años venideros en relación a las traducciones protestantes que circularon en el país desde Valparaíso59.

Para esa fecha, Trumbull responde en los periódicos a su oponentes e incluye un dominio de critica textual. Defendiendo lo acertado de las traducciones, destacan sus comentarios en favor de una versión en alemán que se estaba distribuyendo entre los comerciantes y colonos de dicha nacionalidad, cuyo análisis se había tratado ya en tiempos de Lutero.

Fue en razón de la defensa realizada por dichas imputaciones que D. Trumbull se atrevió, además, a discutir públicamente un tema que no dejó de perturbar la ‘esencia nacional’ católica. Ya para este tiempo, un sector cada vez mayor estuvo dispuesto a no aceptar reparos de parte de la autoridad religiosa oficial que planteaba que no se debían leer otras traducciones bíblicas que no tuvieran como base el texto traducido y comentado de la Vulgata Latina.

Para Trumbull y los evangélicos que vinieron, los versículos en discusión eran en sus traducciones, y en cualquiera de los idiomas señalados, “textos más exactos”. El resultado fue que la demanda de dichas versiones fue en aumento cada año60.

En síntesis, este interesante debate que se hizo en forma pública, incluyó el cotejo de versículos bíblicos con versiones ‘católicas’, en distintos idiomas, que ya circulaban en nuestro país. Finalmente, la impresión que queda es que la única victoriosa de todo este conflicto fue la “Biblia”, en general.

Pero antes de pasar a los folletos, consideraremos primero los llamados “cuadernitos”. Estos podían ser de estilo “revistas”, donde algunos alcanzaban a tener más de treinta páginas. Uno de los más próximos a la fecha que estamos tratando, y en español, fue el “Obrero”, el cual venía ilustrado con grabados. Entre los propósitos más evidentes que perseguía aquel material de lectura, distribuido a todo Chile desde el Book Depository de la SBV, se encuentra el intento por culturizar y moralizar a los artesanos y demás trabajadores alfabetizados de aquella época, así como

57 Véase el artículo La propaganda disidente y los equilibristas políticos. En: La Patria de Valparaíso, 13/07/1865.

58 Véase la sesión Nº 12 de la Cámara de Diputados. En: La Patria de Valparaíso, 19/07/1865.

59 Para conocer el estado y manejo de asuntos técnicos relativos a la traducción, especialmente quienes cultivan la dogmática, la exégesis y la crítica textual, véase Cuestion Religiosa, en: El Mercurio de Santiago, 20/04/1858.

60 Véase en Comunicado, en: El Mercurio de Santiago, 27/04/1858; 30/06/1858.

también influir, por medio de la transmisión de una perspectiva protestante, sobre el contenido de las enseñanzas del Evangelio versus el adoctrinamiento católico centrado en la participación partidista, y que al Estado no le era menester proteger la exclusividad de una sola posición religiosa dentro de él. A lo anterior se incluyeron temas concernientes a las libertades políticas y civiles, en un intento por incentivar las primeras reformas, propias de una incipiente democracia.

En lo que respecta a los folletos provistos por la SBV, fue una práctica usual de todos los bandos involucrados en esas décadas, el diseminar en la población tanto las ideas políticas como las religiosas, incluso amalgamadas en una misma temática, utilizando el medio de las “hojasvolantes”, pasando a ser su formato con los años tratados mas reducidos, a tal punto que éstos se seguirán repartiendo a fines del siglo XIX, por parte de los primeros protestantes, dentro de las salas de los navíos en ruta61.

Algunos de ellos, por su variedad, como el caso del escrito de J. M. Ibáñez Guzmán, tuvo por titulo “El culto a María”. De una manera abierta argumentaba en contra del lugar dado dentro del dogma católico a la que es bendita y madre del Salvador62. También, otro folleto distribuido fue “La Tolerancia y el Templo”, afirmando el mismo autor:

“En ella (en la república) el más humilde ciudadano tiene el inviolable derecho de que sus opiniones relijiosas como políticas sean respetadas. Así se llega al establecimiento de la libertad y de la tolerancia, dogmas republicanos de la ley misma de Cristo” 63 .

Otros artículos, como el Nº 75, tenía cuarenta páginas; otro, de 8 páginas, llevaba por título “Vida de la bienaventurada Virgen María”; otro, “La Biblia y el investigador”, de 8 páginas, nos da una idea de la temática. En los dos últimos lustros del siglo XIX, uno más de los tantos folletos aparecidos, llegó a tener un tiraje de 4.050 copias y se tituló “Un llamado a los chilenos”. Tenía la firma de A. Vidaurre, de Constitución. A la par de ser el autor una persona culta, refleja en su escrito un declarado anticatolicismo.

3. Periódicos y libros repartidos por la SbV

A través de nuestro estudio, hemos ido entregando antecedentes de lo necesaria que pasó a ser la Biblia como principal instrumento utilizado para diseminar la fe protestante, incluida la

61 Una nota dice: “Tocopilla... ambos traían tratados para repartir entre la tripulación y los pasajeros del Loa”. En: El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 14/12/1898, p. 1.241.

62 Este tema ingresó como publicación para ser archivado en la Biblioteca Nacional, con el nombre, de: “Breves Conferencias sobre el culto de María por don J. M. Ibáñez Guzmán. – 1 vol. en 8° de 90 pág. Imprenta La Patria”. Véase La Estrella de Chile, Santiago, 5/07/1874, p. 628.

63 Dentro de toda la información que contiene la primera página de dicho folleto, a parte del título y su autor, encontramos: “Nº 6. Trataditos Religiosos, Marzo 8 de 1869. Imprenta del Universo. Valparaíso”. Consta de tres hojas escritas por ambos lados y sus dimensiones son: 0,19 x 0,12 cms.

tradición teológica reformada. Intentar explicar esta realidad tiene también relación con lo que afirmaba R. Blank. Para este misiólogo, tanto la adoración como la prédica de los primeros ministros extranjeros pareció a los chilenos “demasiado intelectual e individualista”64 y con el propósito de acortar este distanciamiento, la SBV contó con colportores nacionales; los extranjeros que ella tenía, más por su empeño que empatía, supieron sacar partido, no sólo a las Biblias y tratados en español, sino también a “periódicos y libros”65. Por otra parte, este servicio lo prestó, además, la prensa independiente editada desde Valparaíso.

Nos parece valioso destacar que ésta puso al tanto a los porteños, que uno de los fines que perseguía la SBV era facilitar sus dependencias para tratar la problemática del alcoholismo. A veinte y cuatro meses de haber sido creada la SBV, los “afectados” de aquellos años contaron con el primer centro público de apoyo conocido para “intentar dejar el vicio”66. Además, ésta facilitó periódicos en español relacionados con la prevención, los cuales fueron distribuidos por los colportores. Uno de ellos llevaba por nombre “El Intemperante”.

El Rev. Trumbull, teniendo la cobertura presencial y comunicacional a lo largo del país que le brindaba un gran número de contactos y simpatizantes, pudo movilizar periódicos de corte religioso, tanto en inglés como en español. Entre los primeros estaban “The Neiburg” y “The Record”.

The Record llegó a tener una amplia cobertura internacional en el medio anglófono y destaca en sus páginas la información sobre la labor bíblica67 y la situación política de Chile. También encontramos en español “La Piedra”, “El Heraldo”, “El Heraldo Evangélico”, los que por su contenido, claramente contienen implicancias religiosas y sociales matizadas con textos bíblicos.

Estos últimos, no sólo incluyeron información internacional, sino que también trataban las noticias de corte nacional, las que afectaban los intereses de los protestantes. Aparecían estudios bíblicos, con un claro sentido doctrinal, sin faltar los avisos de libros llegados para la venta. También, venían insertas ácidas críticas al accionar de la Iglesia católica. Algunos artículos, especialmente los de “La Piedra...”, eran transcritos y editados en diarios de circulación nacional como “La Patria”.

64 Blank, Rodolfo, Teología y Misión en América Latina (St. Luis. 1996) p. 207.

65 Los textos de mayor volumen estaban divididos en cinco categorías: 1° Explicaciones bíblicas; 2° Historia; 3° De lecturas; 4° De controversias y 5° Tratados.

66 Véase una invitación en: Avisos Nuevos, La Patria de Valparaíso, 20/10/1863.

67 Si analizamos el año 1884, los números que van desde el 5 de enero al 31 de diciembre (Nºs 161 al 185), 21 ediciones en total, la sumatoria de lo escrito con respecto a la labor del trabajo de reparto bíblico suma un total de 53 páginas. Esta información fue recopilada para nuestra investigación por Rode Vergara, de la Biblioteca del Honorable Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile, Vol. Nº 13, The Record.

Para entender mejor el interés de dichos lectores más comprometidos, no podemos pensar que los primeros protestantes chilenos tenían idénticos pensamientos al grupo mayoritario de evangélicos de nuestro tiempo, en el sentido de mantener la postura -absurda y extremista- de utilizar sólo la Biblia como única fuente. Desde sus inicios, la SBV fue un apoyo para proveer de literatura religiosa de primer nivel a las iglesias extranjeras y chilena. Es imposible aquí dar un listado de los títulos que se divulgaron en distintos idiomas; sí resultaba evidente que comenzaron tempranamente a ser ofrecidos por medio de avisos en inglés68.

Una ardua labor de ubicar en Valparaíso libros rezagados de la SBV ha dado sus frutos. De los que hemos encontrado, y que fueron utilizados por la confesión luterana, tenemos, entre otros, un Evangelio y un libro bíblico para la juventud69. Por otra parte, en la utilización del servicio religioso anglicano de entonces, disponemos de un libro que aún lleva puesto uno de los stickers de la SBV, el cual dice: “Himnal Companion to the Book of Common Prayer With Tunes and Chants”, cuya edición es de 1878. Otro texto reconocido por su importancia en su tiempo es el “Dictionary of the Bible” de William Smith, editado en 1875, en cuatro voluminosos tomos70.

En cuanto a textos en español que disponemos a mano, incluimos aquí los siguientes contenidos: de lectura, “Pepa y la Virgen” de Emilio Martínez, editado en España; de controversia, “Innovaciones del Romanismo” de C. H. C. editado en Madrid, en 1877; de Apologética, “Las Evidencias Cristianas” por A. Mair, impreso por la “Sociedad Americana de Tratados” en 1890. También, textos fundamentales para la preparación de los primeros pastores chilenos, como el de W. H. Green “Introducción histórica y crítica al estudio del Antiguo Testamento”, 1884; y la “Historia de la Reformación”, editado por la Sociedad Americana de Tratados, edición de 1891. Las afirmaciones introductorias de este último libro, clasificado dentro de la Historia de la Iglesia, son un indicio que los libros traídos de esta naturaleza, no necesariamente eran para descalificar en todo al Vaticano71.

68 Véase un no pequeño espacio publicado en inglés, incluido en los avisos en español. Dentro de los títulos de los libros ofrecidos nos llama la atención “Tischendorff’s a New Testament, 80 cent.”. A nuestro parecer, la base de este texto, posiblemente una traducción del griego al inglés, es un trabajo que corresponde al período crítico moderno dentro del desarrollo de la crítica textual de Nuevo Testamento. Si no hay error en nuestro análisis, la librería manejaba publicaciones relevantes, incluso, en ciertos campos de las ciencias bíblicas emergentes. En, Avisos Nuevos, La Patria de Valparaíso, 6/07/1869.

69 Das Evangelium des Mattehaüs. D. M. Schlatter. Zweite 2°. Stuttgart. 1900; Biblissches Lesebuch die Bible im Auszug für die Jugend in Schule und Haus. Das Alte Testament. D. Martin Luthers. Bremen. 1904. Bremische Bibelgesellschaft.

70 Este Diccionario, de cuatro voluminosos tomos, fue adquirido por el suscrito a una de las hijas, de uno de los últimos empleados que trabajaron en la SBV, en las primeras decadas del siglo XX, de apellido Olivera.

71 Este libro hace un enfoque serio y crítico de los hechos. En el prefacio, el autor escribe: “Por más importantes que sean los puntos de diferencia que separan a los protestantes de los católicos, los puntos en que concuerdan son todavía más esenciales que aquellos. Los que creen que los reformadores estaban exentos de graves errores y debilidades, o

IV. L A O b RA DE LA S b V EN LO ú LTIMO DE LA TIERRA

En este apartado, damos a conocer primeramente lo inquebrantable en que se había convertido, con el paso del tiempo, el propósito de sacar adelante la empresa bíblica. Posteriormente, se describen algunas labores realizadas en ciertos tramos con distintos medios de transporte, incluidas sus dificultades y anécdotas. Finalmente, un resumen del esfuerzo hecho en cuarenta años, según se desprende de las estadísticas.

1. Pensamiento y voluntad llevados a la práctica

Iniciamos nuestro último punto indicando el fundamento de la SBV según su primer artículo: “la Sociedad llevará el nombre de Sociedad Bíblica de Valparaíso, siendo su objeto primordial el fomento de la distribución y de la lectura de las Escrituras Santas en inglés, alemán, castellano, o en cualquier otro idioma”72

Promoción de libros en inglés llegados a la Sociedad Bíblica de Valparaíso, aparecido en el diario La Patria de Valparaíso, 6/07/1869 [Fondo documental Waldo Pacheco].

ignoran su historia o la han estudiado bajo la influencia de graves preocupaciones” p. 9. Al finalizar la nota de la segunda edición, afirma: “Pero aún el mismo Papado, según se muestra, era en la Edad Media en muchos sentidos, una benéfica institución” p. 11.

72 Trumbull, David, Nona Reunión Anual de la Sociedad Bíblica de Valparaíso, Ed. Imprenta La Patria, Valparaíso. 1870, p. 3. En: Wehrli, Juan, op cit. p. 85.

El amor que tenían por la Biblia lo traspasaron a la labor de distribución. Fue asumido aquello con mística, pasión, firmeza y responsabilidad e, incluso, por encima de la mezquindad de la lucha dogmática73. Algunas de estas cualidades las podemos corroborar consultando la lectura de una de las tantas reuniones anuales, de la cual hemos tomado un párrafo donde se plantea un desafío, que a juicio de la SBV, aún en Chile no se había asumido por la iglesia oficial, anunciando así su inquebrantable decisión:

“Pero si así sucede, y si vosotros no lo hacéis, sin embargo, se emprenderá la obra por manos extranjeras. Nosotros sentimos los obstáculos que están de por medio en nuestro camino, pero estamos resueltos a hacer lo que esté a nuestro alcance para poner la lámpara de la vida ante todo habitante de la nación; deseando siempre y rogando a Dios que anime a los hijos del país a percibir la verdad revelada, a posesionarse de ella, y dirijir la empresa hasta hacerla prevalecer en toda ciudad como en el ángulo más retirado de la republica”74.

Uno de los tantos avisajes publicitarios aparecidos en los periódicos porteños del siglo XIX relacionados con las actividades de la Sociedad Bíblica de Valparaíso, diario La Patria de Valparaíso, 21/03/1881 [Fondo documental Waldo Pacheco].

73 La SBV se atrevió a distribuir la edición del Nuevo Testamento “católico” del Rev. Padre Kenelm Vaughan, a pesar de tener cientos de notas dogmáticas. Consúltese: Pacheco, Waldo, Fe y obras: breve perfil ecuménico... En: Concha, María Inés, y otros, Actas del Primer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso (Valparaíso, 2005). pp. 54-60.

74 Véase en Comunicados, La Patria de Valparaíso, 7/09/1869.

Ibáñez Guzmán, de reconocida trayectoria como colportor y pensador, estaba confiado en que a través del Libro de los Libros, existía la posibilidad para una transformación en lo socialreligioso, un cambio positivo de las mentalidades a nivel colectivo, apoyado esto por medio de los reformados chilenos, se entiende.

“Cada Biblia que se interna en nuestras villas y aldeas; cada Evangelio que se atesora en una familia son cimientos, son piedras preciosas que se colocan en el nuevo edificio social y religioso que en nuestro país principia a levantarse”75.

Guzmán, el primer pastor chileno, nunca se hubiera imaginado que sus correligionarios, a más de un siglo ya de su muerte, todavía no estén a la altura de cumplir tal objetivo. En cuanto a los cambios conductuales en lo individual, E. Olsson pidió permiso a la autoridad civil para vender las Sagradas Escrituras en un coche en las poblaciones de Santiago, permiso que no le fue permitido. Aseguraba que la Biblia actuaría como norma dinámica: “porque cuando la palabra de Dios es el Código de las conciencias, se hacen innecesarios los legisladores, los jueces y los tribunales de justicia”76. Aquello se ha cumplido en miles de personas que han dejado de tener conductas que causan daño al Estado, a los semejantes y consigo mismos, pero sólo circunscrito al orden del comportamiento. Aún está pendiente, a nuestro parecer, un cambio cultural en todos aquellos hombres nuevos.

Interpretando versículos de las Escrituras que instan a ser escudriñados, los colportores hicieron suya la idea que la distribución del Verbo escrito debía de hacerse a toda lengua y nación, partiendo por la Bahía de Valparaíso. Destacamos un comentario al respecto:

“Hace pocos días que el Colportor de la Sociedad Bíblica de Valparaíso se acercó a uno de los oficiales de ese buque, solicitando permiso para ir a bordo con ejemplares del Nuevo Testamento en japonés. El oficial respondió: por supuesto tenéis permiso; pero os advierto que casi todos ellos tienen ya este buen libro; hay centenares de copias a bordo”77 .

Probablemente, la referencia anterior es por el colportor F. Müller, quien teniendo 35 años de servicio en la SBV, en 1895, comunicó parte de su ajetreo diario:

“Valparaíso, Viernes, febrero 1º: Todo el día estuve ocupado en la estación del ferrocarril y en la estación del F. C. Urbano donde vendí 4 Biblias, 4 Testamentos y 9 libros; Sábado 2: Otra vez fui a la estación. También envié una caja con 30 Biblias alemanas al

75 Véase parte del informe anual Nº 13, en: Comunicados. La Patria de Valparaíso, 18/03/1874.

76 El Heraldo Evangélico, Valparaíso, 27/11/1895. p. 652.

77 Véase en Remitidos, La Patria de Valparaíso, 9/06/1883.

Rev. Gregor de Llanquihue y el periódico Nach bar a los alemanes del sur;

Lunes 4: Hoy fui a Viña del Mar. En el Hotel ofrecí la Biblia a varios alemanes y a cerca de 30 chilenos. Vendí dos Biblias en castellano por las calles...

Martes 5. En una panadería chilena, donde el mayordomo pagó por todos los trabajadores presentes, vendí 1 Biblia, 1 Testamento y 9 libros.

Miércoles 6. Fui a bordo de 19 buques...

Jueves 7 y viernes 8: Me ocupé especialmente de los enfermos. Además de algunas familias, visité los hospitales Inglés y Alemán.

Sábado 9. Fui a bordo de 13 buques. Vendí 12 libros.

Lunes 11 y martes 12: En la Recova, en algunas bodegas y entre algunas familias chilenas no conseguí vender ni una sola Biblia. Vendí seis libros en la clase más pobre entre los chilenos.

Miércoles 13 y jueves 14. Como Mrs. Muller estaba muy enferma no pude hacer mi deber.

Viernes 15. En una Bodega vendí dos Biblias a los trabajadores.

Sábado 16.- Fui a bordo de 20 buques.

Lunes 18 y martes 19. Pasé cerca de media hora con dos hermanas de la caridad, como se llaman, en la más interesante conversación religiosa.

Miercoles 20. Dos señoras inglesas en lugar de emplear su dinero en cosas inútiles (como dijeron) compraron algunos libros en español para ayudar a la buena causa. También preparé algunos baúles para mi viaje al sur.

Jueves 21. Hice mis preparativos para un viaje al sur.

Viernes 22. Mi labor fue entre los alemanes y en ambos hospitales. En todas partes tuve la oportunidad de confesar a Cristo.

Sábado 23. Me fui a Santiago. El lunes a Concepción”78

Finalizaremos este espacio incluyendo un complemento narrativo a la cita anterior y que por su transversalidad nos da luces sobre la insistencia de vender Biblias a un sector de la población de Valparaíso. Fue realizado por una testigo presencial, quien afirmó:

“Now I must tell you the I have turned organist, a chilean pastor has come among us and he preaches to the people in very plain lenguage, and he has brought a little organ with him, which I play. The Mission has rented him a room at one end of the town where no one has ever preached before and of course the people are so very ignorant and low, and some have never seen a

78 El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 5/06/1895, p. 569; 19/06/1895, p 572.

bible in their lives and as the pastor is a native they all take to him, and he holds”79.

2. Vivencias laborales en función de las personas

Para nuestra descripción de la labor en el extremo sur del país hemos tomado el informe del graduado profesor William McDonald, habiendo llegado a Chile, especialmente contratado por el gobierno de Balmaceda. En uno de los tantos viajes de colportajes, recorriendo más de 580 kilómetros de norte a sur, entre Victoria y Ancud, más las distancias de mar a cordillera, tuvo un percance entre la hermosa y complicada ruta de Osorno y Valdivia, donde todo es verdor y humedad, no faltaron las privaciones y penurias, completamente mojado y llegando el barro hasta sus rodillas, describe:

“Salí de la aldea de San José y cuando llevaba unas diez leguas andadas, el caballo enfermo o fatigado se resistió a seguir viaje… a tres leguas de la casa más cercana y cayendo una lluvia torrencial. Hube, pues, de resignarme a pasar toda la noche al pie de un árbol, sin alimento y sin lumbre, hasta que amaneciera el nuevo día.

Amaneció éste, pero el pobre caballo no había mejorado su condición y sólo me condujo una media legua, hasta que resolví ocultar todo entre el matorral para dirigirme a pié hasta la posesión más cercana, donde antes había vendido una Biblia”80

Tapa perteneciente a una Biblia en alemán de 1890 y enviada por la Sociedad Bíblica alemana, la cual fue repartida en todo el país por los colportores de la Sociedad Bíblica de Valparaíso [Fondo documental Waldo Pacheco].

79 “Ahora estoy convertida en una organista, un pastor chileno ha venido entre nosotros y él predica a la gente en un lenguaje muy llano y ha traído un pequeño órgano con él, el cual yo toco. La Misión ha arrendado a él una pieza al final de la ciudad [Valparaíso], donde nunca antes se había predicado, y la gente es muy ignorante, algunos nunca han visto una Biblia en sus vidas y como el pastor es nativo todos ellos hablan con él” [Correspondencia enviada por una de las hijas de N. J. Wetherby, desde Valparaíso a Estados Unidos]. Documento facilitado al autor por Alex Nielson, descendiente de la familia Wetherby Vicencio (Londres, Inglaterra).

80 El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 6/04/1898, p. 953.

El constante trabajo en el norte comenzaba en un puerto de arenas blancas. Por caminos pedregosos y empinados se llegaba a pueblos mineros y de allí a las cumbres de las montañas andinas. En junio de 1890, Mr. Spaanderman recorrió lugares como el Puerto de Huasco, Freirina, el Mineral de Camarones, etc. Posteriormente, se fue a Carrizal para luego ir a Cerro Blanco y pasar a la Mina Lautaro, a más de 2.200 mts. sobre el nivel del mar. En esta zona, las temperaturas oscilan entre -4º C en la noche y 40º C durante el día. Otros lugares visitados fueron Tierra Amarilla y Chañarcillo ingresando en la mina de la Compañía inglesa “Dulcinea”. Saliendo de los alrededores de Caldera, en la zona de Copiapó escribió por carta: “El lunes 18 voy a Chañaral; después a Taltal y de ahí más al Norte”81. Son abundantes los testimonios del trabajo realizado en los dos puertos anteriores82 y en los campamentos de los desiertos salitreros donde puso “la Palabra de Dios” a no menos de diez mil almas. En noviembre de ese año se encuentra ya en Antofagasta. Desde allí informa nuevamente: “Mañana parto a Iquique, Pisagua y después pienso ir a Arica y Tacna” 83 .

Habiéndonos privado de dar cientos de detalles anecdóticos de lo que fue la venta, nos ayudará un paréntesis sobre el quehacer de un puerto en particular y entender mejor dicho tiempo y lugar. Aquel Pisagua, con un muelle fiscal y otros privados, era la segunda ciudad puerto de Tarapacá y el tercer puerto del país por el tonelaje movilizado de producción salitrera concentrando trabajadores de variados rubros. Antes de atracar el vapor al lugar atestado de lanchas y cachuchos, el colportor nuevamente percibe a la vista que “los edificios han invadido toda la parte plana, rebosando sobre las faldas de los cerros” y, de fondo, una cadena montañosa en corte vertical. Ya en tierra, una de las situaciones cotidianas que más destacan es la actividad de bajar de la pampa por un serpenteante camino polvoriento de cientos de trabajadores de más de seis cantones salitreros. Aparte de los administradores ingleses o alemanes y empleados chilenos, se topará con hombres que cumplían distintas faenas y oficios. Se cruzó con más de algún mecánico, con costreros y cargadores. Es posible que un carretero y un conductor hayan comprado más de una Biblia. De este modo, tanto mayordomos, corraleros, aguadores, canchadores, vieron transitar constantemente a los caballeros que les llevaban el Buen Libro84.

81 El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 28/08/1890, p. 71. Para tener una dimensión de la actividad en el Puerto de Taltal, hacia 1894 movilizó 2.174.711 quintales de salitre, principalmente en barcas y fragatas británicas.

82 En esos años, el colportor José U. Quiroga comenzó a recorrer “las regiones del interior de Chañaral”. En el mismo puerto donde embarcaban cobre y plata, tomaba a la pampa el Ferrocarril de Chañaral, que gran parte del tramo bordeaba la Quebrada del Salado. Los lugares visitados fueron El Salado, Diego de Almagro, Llanta, Enconche y Potrerillos.

83 El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 20/11/1890, p. 95. El historiador Oyarzún, afirma que esta misma ruta fue realizada por Spaanderman en 1878. En: Oyarzún, Arturo, op cit., p. 41.

84 Para conocer mayores detalles sobre las diferentes actividades salitreras en aquellos lugares, ver: GONZÁLEZ MIRANDA, Sergio. Hombres y Mujeres de la Pampa... (Santiago, 2002). pp. 154 -156.

Dentro de las tantas sociedades creadas en Valparaíso existió la Sociedad Amantes del Evangelio, cuyo fin fue apoyar a la Sociedad Bíblica de Valparaíso. En la imagen, un aviso aparecido en El Mercurio de Valparaíso, 21/08/1884 [Fondo documental Waldo Pacheco].

Para Spaanderman, pasar hacia el Perú le era habitual. En 1888, hizo un viaje con el ingeniero, pastor, y colportor, E. Krauss85. Del largo relato personal de este último, extraemos el siguiente pasaje:

“Otra vez montamos nuestros borricos y marchamos en dirección a Paita para tomar el vapor que debía llevarnos a Etén, el puerto del departamento Lambayeque [...] Partimos de Monsefú de a caballo.

Habiendo salido a las dos de la tarde, llegamos a las nueve de la noche al límite entre los departamentos, al río y pueblo de Lagunas.

Durante toda la tarde atravesamos el desierto de la costa, bajo los rayos del sol de diciembre. Descansando por unas tres o cuatro horas en la arena delante de un rancho de indios, nos levantamos a las tres de la madrugada para seguir nuestro viaje [...]

Apenas habíamos dejado las lagunas a la espalda cayó una neblina densa con lluvia [...]

Habríamos andado como una hora más o menos cuando llegamos a un campo verde. Los animales (nueve en número) comenzaron a esparcirse en el plano. El caballo de nuestro arriero se cayó, otros perdimos de vista en la oscuridad y neblina. Cuando hubo aclarado

85 Según fuentes consultadas, una de las obras que aún quedan del ingeniero Krauus es la Torre del reloj en la Plaza de Antofagasta. Además, sus descendientes han ocupado importantes cargos en diversas instituciones del país, llegando uno de ellos a ser Ministro del Interior.

un poco nos echamos a descansar y desayunar un poco con nuestra carne asada y pan que llevamos [...]

A las doce del día llegamos al fin de nuestra jornada a Guadalupe. Es muy conocido en el Perú este pueblo por las pretendidas apariciones de la Virgen María que allí tuvieron lugar, según dicen, en la cima del cerro. Cada año se celebra allí la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe con las conocidas ferias de Guadalupe, que duran como quince días.

En dos días vendimos aquí el resto de nuestros libros, teniendo en Trujillo tres cajones más”86.

En el año de 1895 la ruta que tomó el colportor Emilio Olsson87, le recordó la Tierra Bíblica, por lo sobresaliente de lo pétreo, los cabritos en riscos, viñas, higueras, asnos y sembrados. En la penetración desde una ciudad del norte chico hacia pueblos, aldeas y caseríos, siguiendo el curso natural de los valles cordilleranos, el trabajo de Olsson estuvo acompañado por el pastor metodista W. G. Albright (presumimos que es el padre del que fue posteriormente uno de los más grandes arqueólogos y orientalistas del siglo XX, nacido en Coquimbo, W. F. Albright). Ambos partieron al interior de La Serena, hacia Vicuña. El trayecto era de más de 60 kilómetros, tramo de largas calles polvorientas y muros a la vista calcinados por el sol. Dejaremos que Albright, relate con mayores particularidades la antesala de la llegada de la Biblia a los hombres y mujeres de dicha tierra:

“Ensillados los caballos, salimos de La Serena para un viaje al interior hasta Vicuña, con el objeto de vender Biblias y otros libros evangelísticos y predicar en partes jamás despertadas las Buenas Noticias. En el pueblo de El Panteón algunos lugareños ya poseían la Palabra de Dios; sin embargo vendimos algunos libros [...]

Continuando en un largo camino el hermano Olsson daba voces: aquí tenemos el mejor libro del mundo La Santa Biblia [...] andábamos, hablábamos, vendemos de casa en casa, de trecho en trecho, de aldea en aldea en La Marquesa, pequeña aldea y fundición al pedir alojamiento en una casa nos dicen que no tienen cama, pero ¡que importa!, tenemos abrigo, ¡basta con esto! en el suelo nos acostamos”88.

Meses después, Olsson había salido de la ciudad-puerto de Antofagasta con destino a Bolivia. Para ello tomó el ferrocarril. Antes de llegar a la frontera, sobre los intermedios del recorrido, informa que aprovechó de vender “unos 20 libros en el tren y en todas las estaciones

86 El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 28/06/1888; 28/07/1888.

87 De E. Olsson se dice que, como colportor, dependía de la Sociedad Bíblica Americana. En: El Heraldo (Evangélico) de Santiago, 17/03/1892, p. 231.

88 El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 9/10/1895, p. 624.

sembré la buena semilla distribuyendo tratados evangélicos”89. Olsson, de acuerdo al volumen de información que disponemos, continúa refiriéndose a que cuando estuvo en algunos lugares, como Cebollar y Ollagüe, ofreció Biblias, libros y periódicos, incluso en los puntos en los que el “tren del cielo” hacía sus detenciones para reabastecerse de agua y carbón90. Después de pasar Puquios, a una altitud de 4.200 metros sobre el nivel del mar, internado en territorio boliviano, desde Uyuni llegó a Oruro, ciudad minera distante a más de 920 kilómetros. Vendido el material, regresó por el mismo tramo a Antofagasta.

3. Estadísticas de la labor

En esta última parte hablan las cifras. La SBV visitó con sus representantes todos los puertos más importantes de la época. Logró abarcar sobre un 70% del territorio chileno poblado. Y un dato, no menor para tomar en cuenta, es que al finalizar el mil novecientos las cantidades del reparto se acercaban a los cómputos de personas alfabetizadas. Solo en libros de variados tamaños e idiomas91, hasta el año 1901, había “puesto ya en circulación 533 obras distintas”.

Como ya lo planteamos, Frank Müller fue el primer colportor oficialmente contratado por la SBV. Él no sólo forma parte del grupo extranjero residente que se quedó en nuestro puerto, sino que además fue testigo privilegiado del diario vivir, el crecimiento y las transformaciones que iba teniendo Valparaíso a través de los años. Al ir concluyendo, por razones de edad, su larga carrera de colportor, con más de 41 años de servicio y teniendo ya 84 años, autoriza la publicación de su diario personal: un resumen estadístico de la labor realizada. Según su testimonio, en las cuatro décadas de servicio había repartido “un total de 24.455 ejemplares de las Escrituras Sagradas, 59.847 de otros libros religiosos, 1.390.449 periódicos y tratados”. Dentro de las visitas, se cuentan más de “182.186 a familias, 31.563 a buques; y los hospitales 3.525 veces; total 217.904 visitas”92.

89 El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 10/04/1895, p. 552.

90 Deducimos que aprovechó dicho colportor de promover la Biblia en los trabajadores del ferrocarril. Por las noticias llegadas a Valparaíso desde esa zona, sabemos que en Ollagüe se encontraba por largo tiempo “la cuadrilla N° 31 de camineros del ferrocarril”. Véase noticias de Antofagasta en el diario local: El Heraldo de Valparaíso, 3/10/1894.

91 La SBV tenía catálogos. Aparte de los libros de lecturas que estaban en castellano, inglés y alemán, disponía de ejemplares en portugués, italiano, francés, sueco, etc.

92 El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 2/04/1902.

Tapa y frontispicio del librito de El Evangelio según San Mateo, por Cipriano de Valera, en tapa dura, con 64 páginas, impreso en New York, 1898. Sus dimensiones son de 0,13 x 0,09 x 0,01 cms. [Fondo documental Waldo Pacheco].

El respetado ciudadano porteño dueño de imprenta y agente de la SBV, Mr. N. Y. Wheterby, recopila el monto total de ventas y repartos, realizados por todos los colportores al llegar a la finalización de un siglo. Entregará la cuenta en la reunión anual efectuada el 27 de marzo de 1901, de la cual una muestra es la siguiente:

“Repartido en Chile, Bolivia y Perú 112,483 ejemplares de las Sagradas Escrituras o porciones de ellas y 204.344 de otros libros, cuyo objeto es ayudar en el estudio y aplicación de la Biblia;

102. 662 pesos han sido contribuidos a la sociedad por sus amigos en Chile, además de lo que se ha recibido de las Sociedades Bíblicas en Escocia, Inglaterra y los Estados Unidos. Durante 1900 fueron repartidos casi 4.000 ejemplares de las Escrituras y 9.000 otros libros, además de ejemplares del informe (que está publicado sólo en inglés) se enviarán gratis a las personas que los soliciten”93.

Una de las razones que favorecieron los montos ya indicados se relaciona con la cantidad de

93 El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 10/04/1901, p. 2.252.

colportores que hubo: al concluir un período de cuarenta años, más de 15 colportores, entre extranjeros y chilenos. Finalmente, se encuentra el aporte de Tiburcio Rojas, atendiendo para el año 1901, Punta Arenas94.

V. CONCLUSIÓN

Fotografía tomada en el interior del templo Union Church de Valparaíso en cuyo centro se encuentra una Biblia abierta. Aparecen de izquierda a derecha: N. J. Wetherby, A. M. Milne y el famoso colportor F. Müller [Fondo documental Waldo Pacheco].

Dada la brevedad de este trabajo, mencionaré tan sólo dos aspectos que me parecen relevantes:

1. En nuestros días la Biblia es un libro abierto a todos. Esto ha resultado ser una realidad trivial, puesto que nadie repara en ello. Para el tiempo que tratamos, la exclusividad de la lectura bíblica, ya fuera por razones de la autoridad eclesiástica, motivaciones intelectuales o factores económicos estuvo circunscrita al privilegio de un muy pequeño grupo de personas en Chile. Uno de los grandes méritos o aportes de la SBV fue romper ese estado de exclusión y poner la Biblia en manos del pueblo chileno.

2. Los componentes de la SBV tuvieron la esperanza y la intención de que, por medio de la

94 Sobre este colportor se informa que un supuesto comprador atentó contra su vida: “al encontrarse de espalda el hermano, sacó un cortaplumas e infirió un tajo como de seis centímetros de largo en la cara de Rojas”. En: El Heraldo Evangélico de Valparaíso, 1/05/1901, p. 2.299.

lectura de las Sagradas Escrituras, por su cualidad de ser viva, penetrante y poderosa, lograr una reforma, tanto en los miles de cristianos chilenos pertenecientes a la iglesia mayoritaria como en sus ministros de culto, los sacerdotes, infundiendo una vida cristiana con tremendas implicancias sociales, más apegada al Evangelio95.

bI b LIOGRAFÍA

Bastián, Jean-Pierre, Protestantes, liberales y francmasones (México, 1993); y también, Protestantismos y modernidad latinoamericana (México, 1994); Blanck, Rodolfo, Teología y Misión en América Latina (S. Luis Missouri, 1996); Canclini, Arnoldo, Diego Thompson, Apóstol de la enseñanza y distribución de la Biblia en América Latina y España (Buenos Aires, 1987); y también, Allan F. Gardiner, marino misionero mártir, (Buenos Aires, 1978); Concha, María Inés y otros, Actas del primer simposio de historia religiosa de Valparaíso (Valparaíso, 2005); Correspondencia de la familia de N. J. Wetherby (Valparaíso, 1889-1905); Deiros, Pablo Alberto, Historia del cristianismo en América Latina (Buenos Aires, 1992); Eyzaguirre, Jaime, La Logia Lautarina (Buenos Aires, 1973); y también, Historia de Chile (Santiago, 1977); González Miranda, Sergio, Hombres y Mujeres de la Pampa. Tarapacá en el ciclo de la expansión del Salitre (Santiago, 2002); Guarda, Gabriel, Los laicos en la cristianización de América (Santiago, 1987); Kessler, John, Historia de la evangelización en el Perú (Lima, 1960); Martín y Manero, Vicente, Historia Eclesiástica de Valparaíso (Valparaíso, 1890); Muñoz, Humberto, Nuestros hermanos evangélicos (Santiago, 1974); Oyarzún, Arturo, Reminiscencias históricas de la obra evangélica en Chile (Valdivia, 1921); Paul, Irven, Un reformador Yanqui en Chile (Santiago, 1995); Prado Martínez, Anuario (Valparaíso, 1903); Salvin, Hugo, Diario escrito a bordo del buque S.M. B. ‘Cambridge’…, en: Revista Chilena de Historia y Geografía, N° 36, Año IX, t. XXXII (Santiago, 1919); Urbina Burgos, Rodolfo, Auge y ocaso del Viejo “Pancho” (Valparaíso, 1999); Vergara Benítez, Fernando (Editor), Tributo a Valparaíso (Valparaíso, 2007); Vergara, Ignacio, El Protestantismo en Chile (Santiago, 1962); Eyzaguirre, Ignacio José, Los intereses católicos en América (Paris, 1859); Wehrli, Juan, El Reverendo Doctor Don David Trumbull. Su influencia en el desarrollo de las libertades religiosas y públicas en Chile. Tesis de licenciatura, Departamento de Historia, Universidad de Chile (Santiago, 1989).

P U b LI CACIONES PERIÓDICAS96

El Mercurio (Valparaíso, Chile); La Patria (Valparaíso, Chile); El Heraldo (Valparaíso, Chile). Prensa religiosa: Chile Evangélico (Santiago, Chile); El Estandarte Católico (Valparaíso, Chile); El Heraldo (Santiago, Chile); El Heraldo Evangélico (Valparaíso, Chile); La Estrella de Chile (Santiago, Chile); The Record (Valparaíso, Chile);

95 Para el inicio de siglo XX, los primeros impresos de Escrituras hechos en Chile y a bajo costo para el pueblo, las hace la Iglesia Católica. Un texto que disponemos en rústica, cuya tapa aparece la Sagrada Familia, es: Los Cuatro Evangelios Reunidos en Uno Solo, por Mgr. Alfredo Weber, traducidos de la 514ª edición francesa, Biblioteca Chile, Santiago, 1909. Contiene 488 páginas, y sus dimensiones son: 0,16 x 0,12 x 0,04. Licencia Pbro. Luis Vergara Donoso, y firmada por Román V. G.; Silva C., secretario.

96 En cuanto a la prensa religiosa evangélica en español se destacó “El Heraldo”, el cual posteriormente se denominó “Heraldo Evangélico”, con un tiraje aproximado de 2.300 ejemplares semanales.

Existía simultáneamente en Valparaíso, un diario vespertino denominado también “El Heraldo”, con la diferencia que no fue una publicación de carácter religioso como las dos anteriores.

HISTORIA DEL TRIbUNAL ECLESIASTICO

Y SU PRESENCIA EN VALPARAÍSO

LUIS EUGENIO MENESES ITURRIZAGA

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Vicario Judicial del Obispado de Valparaíso

I. CONSIDERACIONES PRELIMINARES

En todas las sociedades que se rigen por reglamentos o leyes se establece organismos capaces de dirimir los conflictos de intereses contrapuestos entre sus miembros, organismos capaces de dictaminar quién posee el derecho a algo, quién tiene el deber de realizar una conducta o de abstenerse de ella. Ellos son los tribunales y sobre los miembros de esa sociedad ellos deben poseer imperium populi, es decir, autoridad para hacerse obedecer.

La Iglesia Católica, desde la época de la conversión del Imperio Romano a partir del siglo cuarto, fue reconocida como una sociedad que no sólo tenía sus pastores y guías sino que éstos también podían establecer normas de conducta para la buena organización y conducción de la misma. Esto lo realizaron los Obispos en sus diócesis asumiendo su calidad de legisladores y jueces. Pero además, ellos reunidos en sínodos o concilios lo hicieron para las diversas provincias o regiones eclesiásticas. Cuando estos concilios fueron generales sus normas disciplinares se dieron con carácter universal. En muchas ocasiones, desde los más primitivos tiempos, el Obispo de Roma fue el llamado a dirigir, legislar, ejecutar y juzgar con carácter universal. Las cartas de San Clemente, el cuarto papa de la historia, así lo demuestran. Así, en cada diócesis el Obispo se hizo ayudar por expertos de derecho y organizó tribunales a quienes delegó su capacidad de jurisdicción.

La jurisdicción es la capacidad de uis dicere, de decir cuál es el derecho, lo que mirado desde otro punto de vista es la función pública de hacer justicia, de determinar la vigencia de la ley

abstracta para los casos concretos. Esas leyes se establecieron al correr de los años como reglas o cánones para ser acatados por el pueblo de Dios. Así nació el derecho canónico. Y para hacer cumplir ese derecho se establecieron los tribunales eclesiásticos.

Al hablar de tribunales eclesiásticos hablamos de un fuero, palabra que originariamente significó mercado o lugar de negociación. En el orden judicial canónico, el fuero significa radicalmente el lugar o territorio donde el juez de la Iglesia tiene jurisdicción y, más limitadamente, el aula donde ejerce su potestad judicial. En terreno eclesiástico eso se llama tribunal, consistorio o auditorio. Este es el ámbito del fuero eclesiástico y de la jurisdicción canónica. El fuero puede ser judicial si lo determina la ley o convencional si lo determinan las partes como sucede en el juicio arbitral. Ese fuero se ejerce a través de un debido procedimiento, proceso o juicio.

Ahora bien, llamamos competencia, a aquella parte de la jurisdicción eclesiástica que la ley atribuye a cada uno de los tribunales, y es ella la que señala los límites internos de la jurisdicción. La competencia es una medida de la jurisdicción. Todos los jueces tienen jurisdicción, pero no todos tienen la misma competencia.

“La competencia por valor y por grado (que es una variedad de la competencia funcional) determina a la distribución vertical [según las diversas instancias de grados superiores e inferiores o según sea la calidad del sujeto que pide justicia]…

La competencia por razón del territorio es la que determina lo que se podría llamar la distribución horizontal de los tribunales, ya que de la conveniencia de encomendar lites diversas a diversos tribunales en razón de la situación territorial de unas y de otros depende la multiplicación de los tribunales y la dislocación de las respectivas sedes”1.

Luego, es diferente la competencia de los tribunales papales, la Rota Romana y la Signatura Apostólica, que son los tribunales superiores de la que les corresponde a los tribunales diocesanos, propios de cada obispado; esto en el sentido vertical de la competencia. También en sentido horizontal es diferente la competencia del tribunal del territorio del demandante, si reside en Valparaíso, a la del demandado si este reside en Concepción.

El derecho canónico, nacido en sus raíces del Imperio Romano cristiano, se elaboró durante siglos y con diversa vigencia según los lugares. Así, desde el Digesto del año 533 elaborado por Triboniano, bajo el emperador Justiniano, se fueron desarrollando las leyes que bajo la decisión del Papa fueron reunidas en el Decreto de Graciano, en las Decretales de Gregorio IX elaboradas por san Raimundo de Peñafort, en las Extravagantes de Juan XXII, en el Seudo Isidoro, etc., habida cuenta la legislación particular como la nacida de los Concilios de Toledo. Hay que hacer notar que desde el emperador Constantino I, en el siglo IV, toda esta legislación afecta tanto

1 Carnelutti, Francesco, Instituzioni del Processo Civile Italiano.

al ámbito eclesiástico como al ámbito civil, ya que a partir de ese imperio cristiano el Estado Cristiano se hallaba solidariamente unido a la Iglesia en toda su dimensión. Tan extensa legislación necesitaba a finales del siglo XIX una codificación. Ya el mundo era testigo del buen éxito del Código Civil de Napoleón, copiado y adaptado por muchos países. El Papa San Pío X nombró una comisión para elaborar este código en 1904. En ella el cardenal Pietro Gasparri fue su corazón y su promulgación se logró en 1917 bajo el Papa Benedicto XV. Es el Código de Derecho Canónico de 19172.

En lo referente a los Tribunales de la Iglesia, el canon 1561 (CIC 17) estableció que: “§ 1. Por razón del domicilio o cuasi domicilio, todos pueden ser demandados ante el Ordinario del lugar. § 2. El Ordinario del domicilio o cuasi domicilio conserva su jurisdicción sobre el súbdito aunque éste se halle ausente”. Luego, la primera instancia judicial le corresponde al Obispo de cada diócesis, lo que expresamente señalaba el canon 1572: “§ 1. El juez de primera instancia en cada diócesis y para todas las causas expresamente no exceptuadas por el derecho, es el Ordinario local, quien puede ejercer la potestad judicial por sí mismo o por medio de otros...”.

Pero el Obispo no está solo en esta función judicial: El canon 1573 (CIC 17) preceptuaba que:

“§1. Todos los Obispos están obligados a elegir un ‘provisor’ con potestad ordinaria para juzgar, distinto del Vicario General, a no ser que lo reducido de la diócesis o la escasez de asuntos, aconseje encomendar este oficio al mismo Vicario General. § 2. El provisor constituye con el Ordinario del lugar un solo tribunal; pero no puede juzgar las causas que el Obispo a sí mismo se reservare… § 4 Tanto el provisor como los vice-provisores deben ser sacerdotes, de fama intachable, doctores o al menos peritos en derecho canónico y que no cuenten menos de treinta años de edad… § 7. Si el provisor fuese elegido Vicario Capitular, él mismo nombra nuevo provisor”.

Además, en el canon 1574 (CIC 17) se establecía a los jueces que acompañan al provisor para dictar sentencia de manera colegiada: “§ 1. Elíjanse en cada diócesis sacerdotes, no más de doce, de probada honestidad y peritos en derecho canónico, aunque sean de otra diócesis, para que con potestad delegada del Obispo participen en la decisión de los pleitos. A estos se los denomina jueces sinodales, o pro-sinodales, si han sido elegidos fuera del Sínodo”3.

2 En adelante CIC 17.

3 Los sínodos diocesanos debían reunirse por lo menos cada diez años, en cada diócesis, según el canon 356 del CIC 17.

II. L A I GLESIA Y EL E STADO DE C HILE. ¿U NIDAD O DEPENDENCIA?

El hecho que he pensado sobre la realidad y la fuerza jurisdiccional que los tribunales de la Iglesia han tenido en Valparaíso me obliga a recordar la interacción en materia referente al derecho, entre la Iglesia Católica y la República de Chile. Para ello es preciso destacar que, desde la declaración de la primera Junta Nacional de 1810 hasta el año 1925, hemos vivido en un régimen político eclesiástico, propio de nuestra república, en el cual se echó a andar como normal realidad la unión de los dos organismos públicos más centrales de la vida de los ciudadanos: la Iglesia y el Estado.

Es esto una herencia de la corona española. En tiempos del Papa Alejandro VI, los Reyes Católicos, quienes financiaron y realizaron el descubrimiento, la conquista y la evangelización de América, fueron facultados por el Papa con el poder jurídico para proponer el establecimiento de obispados y, por lo tanto, de jueces eclesiásticos. De ello da testimonio la participación de los clérigos en la formación de la vida republicana que nació en 1810, como sucedió con la persona ausente del electo obispo de Santiago José Antonio Martínez de Aldunate, en la primera Junta Nacional, como sacerdotes diputados en el Congreso Nacional, en ministerios del Estado y en tantos otros casos.

El problema que se llegó a plantear fue aclarar el ámbito de la jurisdicción eclesiástica y el ámbito de la jurisdicción civil, propia de los tribunales civiles de la República, en un sistema político y religioso de unión entre la Iglesia y el Estado. Si esta unidad vivió momentos de gran comprensión mutua, también contó con dificultades, al darse cuenta los personeros de ambas instituciones, el aspecto de potestad jurídica que se daba en ambas y que muchos aspiraban a poder manejar y controlar.

La tentación de interactuar desde lo eclesiástico en lo civil y viceversa estaba abierta pues se había dado en la historia de la Iglesia el defecto del cesaro-papismo, es decir, de una intervención abusiva de los gobernantes civiles en la Iglesia, que en Chile se conoció como “las regalías” del gobierno civil. Asimismo, el defecto del clericalismo o intervención abusiva de los eclesiásticos en el gobierno civil. Contra el primero fueron muy susceptibles los obispos y la Santa Sede quienes se veían presionados por los gobernantes. Y contra el segundo fueron los políticos laicos liberales y los miembros de las confesiones protestantes, como los masones y los sin fe, quienes se sentían invadidos por el clero en materias civiles. Esto producía atascamientos en el desarrollo de ambas instituciones.

Así hasta 1925 el gobierno civil no aceptó la creación de nuevas diócesis fuera de La Serena, Santiago, Concepción y Ancud ya que no quiso ampliar el presupuesto nacional para ello. En 1925, la nueva Constitución de la República de Chile terminó con el régimen de “unión de la Iglesia con el Estado”. Era un sistema vigente desde el comienzo de nuestra dependencia de la corona española, ratificado tras la independencia en las constituciones republicanas de 1823, 1828, y 1833. No será sino hasta el siglo XX cuando finaliza esa interacción entre la legislación

canónica y sus tribunales eclesiásticos con la legislación civil y los suyos, en toda la república.

Valparaíso en los años del siglo XIX, a pesar de su importancia como capital comercial de Chile, en materia eclesiástica no contaba con un obispado autónomo. Luego, se era parte del Arzobispado de Santiago, por lo que los únicos tribunales eclesiásticos eran los de esa capital. Por eso hubo dificultades que, incluso, alcanzaron a los protestantes, que en Valparaíso había muchos, debido a que cuando tenían que promover procedimientos judiciales de derecho matrimonial, al estar afectados los dos fueros, el eclesiástico y el civil, tenían que recurrir al arzobispado de Santiago. Por ejemplo, si se preguntaba acerca de la validez de un matrimonio mixto entre una católica y un anglicano, celebrado por un capellán anglicano de barco británico a la cuadra de Valparaíso, había que recurrir al tribunal eclesiástico de Santiago.

III. E L PASO A LA INDEPENDENCIA DESDE EL ESTADO ANTERIOR

En la Constitución que estaba vigente desde 1833 se establecía en el artículo 5º que “La religión de la República de Chile es la Católica Apostólica Romana; con exclusión del ejercicio público de cualquier otra”, y en el artículo 39 estipulaba que “Son atribuciones de la Cámara de Senadores: 3º aprobar las personas que el Presidente de la República presentare para los Arzobispados y Obispados”. Ello demostraba la íntima dependencia entre Iglesia Católica y Estado de Chile, ya que el Ministerio de Justicia, Culto y Educación velaba, desde el poder ejecutivo, por los presupuestos de la Iglesia; del sustento en sueldos, ya que se había suprimido el diezmo; y de los otros beneficios que a ella las leyes civiles otorgaban. Fue en ese Ministerio que se discutía sobre los candidatos a obispos.

Por ello se sentía el gobierno con el derecho de patronato. Tal unión era muy defendida por una mayoría de la jerarquía y, sin embargo, fue puesta en duda por Mons. José María Caro Rodríguez, obispo de Iquique, y más abiertamente atacada por los políticos liberales y por los claramente no religiosos. Las tensiones entre ambas instituciones venían desde la época de la misión del arzobispo de Filipos Mons. Juan Muzi, en tiempos del gobierno de don Ramón Freire y Serrano (1823-1826), y se hicieron más abundantes desde el gobierno de don Manuel Montt Torres (1851-1861). Solo a partir de la nueva constitución de 1925 se iniciará, después de muchas tensiones y discrepancias, un régimen que será denominado de “amigable convivencia” por el Papa Pío XI.

Esta reforma se debió a los esfuerzos del propio Presidente de la República, don Arturo Alessandri Palma, quien estando exiliado en Europa después de su derrocamiento en 1924, fue recibido por el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Gasparri, a quien le planteó la necesidad de llegar una separación acordada entre la Iglesia y el Estado.

Esta autoridad vaticana le recomendó que se inspirara en el modo de separación que se había realizado en los Estados Unidos del Brasil, como en la República Oriental del Uruguay, donde se evitó las confrontaciones que desgraciadamente se dieron en Francia desde la revolución en

1789 y en los Estados de México, en 1910. Para este propósito el Presidente Alessandri, de regreso a su mandato en Chile, halló colaboración en el nuncio apostólico Mons. Benedetto Aloisi Masella, arzobispo titular de Cesarea, quien previa aprobación de la Santa Sede, logró convencer al arzobispo de Santiago que se sumara a ello.

Este era Mons. Crescente Errázuriz Valdivieso, que antes había sido gran defensor de la unión de Iglesia y Estado. Él colaboró con el Presidente Alessandri Palma y se llegó a los acuerdos, donde sin madurar un “concordato” propiamente tal (tratado que firma un Estado con la Santa Sede), se legisló la independencia de ambas sociedades, al aprobarse la nueva Constitución de Chile.

Con esta separación se terminaron las responsabilidades económicas que tenía el Estado respecto de la Iglesia Católica, pero a la vez se terminaban las pretendidas regalías para el gobierno estatal

IV. E L PRO b LEMA DE LAS REGALÍAS

¿Cuáles eran, en concreto, las regalías, nunca reconocidas por Roma, que de hecho estuvieron vigentes normalmente en Chile?

La primera regalía consistía el supuesto derecho de patronato que consistía en una facultad del Presidente de la República que estaba legislada en la Constitución de 1833 en el artículo 82:

“Son atribuciones especiales del Presidente: 8ª Presentar para los Arzobispados, Obispados, dignidades y prebendas de las Iglesias catedrales, a propuesta de terna del Consejo de Estado. La persona en que cayera la elección del Presidente para Arzobispo u Obispo, debe además obtener aprobación del Senado… 13º Ejercer las atribuciones del patronato respecto de las iglesias, beneficios y personas eclesiásticas, con arreglo a las leyes”.

La segunda de las regalías consistía en la atribución que esa Constitución otorgaba al Presidente de la República para gozar de un derecho de exequátur, lo que significaba dar o no dar un decreto de “cúmplase” respecto a las disposiciones papales que deberían ser cumplidas en la Iglesia en Chile. Esta era una grave forma de censura legal o filtro político que separaba a la Iglesia en Chile de Roma. En la Constitución de 1833 señalaba el artículo 82 Nº 14 como facultad del Presidente:

“Conceder el pase o retener los decretos conciliares, bulas pontificias, breves y rescriptos, con acuerdo del Consejo de Estado; pero si ellos contuviesen disposiciones generales sólo podrá concederse el pase o retenerse por medio de una ley”.

La tercera regalía consistía en que el derecho chileno daba la posibilidad a los clérigos y laicos de recurrir judicialmente contra las sentencias de los tribunales eclesiásticos ante la Corte

Suprema de Chile. Este era el llamado recurso de fuerza, o apelación por abuso. El artículo 108 de la Constitución disponía que “la facultad de juzgar las causas civiles y criminales pertenecen exclusivamente a los tribunales establecidos por la ley...”, lo que en el artículo 113 se complementaba con la disposición que colocaba a la Corte Suprema sobre todo otro tribunal en Chile en materias amplias de jurisdicción, dirección, corrección, etc.

La organización y atribuciones de la Corte Suprema quedó sancionada en la Ley Orgánica de los Tribunales de entonces y, en el artículo 200 inciso 5º, se establecía que la Corte Suprema tenía jurisdicción en los recursos de fuerza, en contra de las sentencias de los tribunales eclesiásticos. Esta ley solamente fue modificada y este inciso eliminado por la nueva ley de Atribuciones de los Tribunales del 15 de octubre de 1875, bajo el gobierno del presidente don Federico Errázuriz Zañartu.

V. LOS

CONFLICTOS EN CONCRETO

Hubo muchos problemas por esta interacción de potestades. Pero los que causaron mayor daño a la Iglesia fueron, por su orden, la “cuestión del sacristán” en 1856, y la sucesión del arzobispo Valdivieso, en 1878.

1. La cuestión del sacristán

La llamada cuestión de sacristán comenzó en 1856, cuando el arzobispo de Santiago, Mons. Rafael Valentín Valdivieso y Zañartu se hallaba fuera de la ciudad en visita canónica a sus parroquias que se extendían desde el sur de La Serena hasta el norte de Concepción. Entonces, el sacristán mayor de la Catedral de Santiago, Pbro. Francisco Martínez Garfias despidió sin más de su trabajo al sacristán laico don Pedro Santelices. Éste, recurrió al Cabildo catedralicio, compuesto por el colegio de los canónigos que están encargados de la catedral, pidiendo ser repuesto, y ellos apoyaron al despedido por no haber sido consultados en ese proceder, lo que tenía cierto asidero canónico4.

El vicario general, Mons. Arístegui, ordenó que se mantuviera el despido y conminó a los canónigos a obedecerle bajo pena de suspentio a divinis5. Todos los canónigos se sometieron, menos el arcediano Mons. Juan Francisco Meneses y el doctoral Mons. Pascual Solís de Ovando, quienes decidieron apelar ante el Tribunal Eclesiástico de segunda instancia para Santiago, que era el de La Serena.

Al regresar a su sede el arzobispo Valdivieso decretó denegar el derecho a apelar y mantener la amenaza de suspensión. Fue entonces que ambos canónigos rebeldes “recurrieron de fuerza” el 21 de abril de 1856 ante la Corte Suprema, por sentirse abusados por la facultad judicial del

4 Véase el canon 411 del CIC 17.

5 Suspensión de facultades sacerdotales.

arzobispo. La Corte Suprema acogió en trámite el recurso a favor de los insurgentes, con estas palabras:

“Vistos, otorgándose en ambos efectos la apelación interpuesta de la sentencia de 21 de febrero último, corriente a fojas 29, no hace fuerza la autoridad eclesiástica”.

Esta resolución, fechada el 30 de agosto de 1856 disponía, además, que el arzobispo estaba obligado a levantar la suspensión a los dos canónigos. Éste, el 16 de septiembre de 1856, solamente acogió el enviar a La Serena la apelación pero sólo en su efecto devolutivo, añadiendo un “no ha lugar” a la revocación de la providencia que los suspendía. La Corte Suprema, el 18 de octubre, ordenó al arzobispo que acogiera la apelación en ambos efectos “bajo apercibimiento de extrañamiento de la República”, lo que significaba el destierro para el arzobispo.

El ministro de Culto, señor Ovalle, ya en carta al presidente don Manuel Montt, del 24 de septiembre, había sostenido que el recurso de fuerza era facultad privativa de la Corte Suprema desde la Constitución de 1823, por lo que si el arzobispo no acataba, el presidente debería ordenar su expulsión del territorio nacional. Mientras tanto, en el arzobispado se preparaban los decretos de excomunión para los miembros de la Corte Suprema, el ministro y hasta posiblemente el presidente.

Fue entonces cuando intervino un buen componedor laico, amigo de todos, don Joaquín Tocornal. Éste convenció a los canónigos de retirar su apelación a La Serena y desistirse del recurso de fuerza, a los ministros de la Suprema para que aceptaran el desistimiento y al arzobispo para levantar las censuras. Había vuelto la paz, pero los católicos de Santiago se habían dividido definitivamente en lo político. Este fue un grave problema suscitado por la unión de Iglesia y Estado.

En 1874 se presentó un proyecto de separación de ambas entidades públicas, que significaba el término del derecho de las regalías, pero se suscitó gran discusión entre unos y otros, que todo terminó en nada.

Cabe hoy preguntarnos, después de la derogación, en 1875, del recurso de fuerza, y tras la nueva ley chilena sobre confesiones religiosas que reiteró el reconocimiento a la Iglesia de la plena vigencia del Derecho Canónico en su ámbito, si acaso será ello criterio suficiente para que los ministros de Corte rechacen el acoger un “recurso de protección” planteado para impedir que cumpla una decisión administrativa o judicial de la Iglesia Católica, por aquél que se sienta injustamente afectado.

2. La sucesión del arzobispo Valdivieso

La cuestión de la sucesión del arzobispo de Santiago fue la peor experiencia en este tema que se dio al fallecer Mons. Rafael Valentín Valdivieso, el 8 de junio de 1878 a los 73 años de edad,

momento difícil para la Arquidiócesis, en el que entraron a desempeñar un importante rol civil algunos eclesiásticos de Valparaíso.

El gobierno de carácter liberal que apoyaba al presidente don Aníbal Pinto Garmendía (1876-1881) fue el que decidió, con acuerdo del Senado, postular en reemplazo del arzobispo al presbítero don Francisco de Paula Taforó Zamora. Este sacerdote contaba con la nula simpatía del episcopado y el rechazo de gran parte del clero, por sus desaciertos, por su mentalidad liberal y por sus críticas al arzobispo Valdivieso en la cuestión del sacristán. Todo ello llevó a Roma a esgrimir como impedimento a su nombramiento, su realidad de hijo natural de Rafael Márquez de la Plata, y sólo reconocido por José Ignacio Taforó, lo que era una irregularidad para ser promovido a Obispo ex deffectu natalium (canon 984, 1º. CIC 1917), irregularidad que la podría haber dispensado la Santa Sede.

Al no tener el apoyo del representante del Papa y con el rechazo de los otros obispos chilenos, la Santa Sede postergó el nombramiento y permaneció gobernando desde el 10 de junio de 1878, solamente como vicario capitular de la arquidiócesis el obispo auxiliar, Mons. Joaquín Larraín Gandarillas, que sólo era obispo titular de Martiropolis, quien representaba el ala más conservadora del clero.

El ministro de culto del Presidente Pinto, el liberal don Miguel Luis Amunátegui, instaba a que el presbítero Taforó, una vez que fuera presentado a Roma, se adelantara a asumir el gobierno de la arquidiócesis, antes de la promulgación de las bulas romanas. Taforó declinó hacerlo teniendo en cuenta que ello lo había expresamente prohibido el Papa Pío IX en 1873.

Como el embajador chileno en Roma presionaba a la Santa Sede, el vicario capitular de Santiago, Mons. Larraín Gandarillas, encargó al señor cura de los Doce Apóstoles de Valparaíso, el presbítero José Alejo Infante, que lo representara en Roma pidiendo un nuevo arzobispo que no fuera ni él ni Taforó. En la entrevista que este cura y el embajador de Chile en la Santa Sede tuvieron con el Papa León XIII le propusieron como candidatos al presbítero don Mariano Casanova, presente y muy activo en Valparaíso, o bien, al obispo de Concepción don José Hipólito Salas.

Don Mariano Casanova y Casanova había asumido el cargo de gobernador eclesiástico de Valparaíso, bajo la jurisdicción del arzobispado santiaguino de Mons. Valdivieso. Ello, sin embargo, le daba solamente el carácter de vicario general para esta zona, sin que ella tuviera tribunales eclesiásticos.

Al presbítero Casanova ya antes, en 1868, el arzobispo lo había nombrado cura párroco de la Matriz de Valparaíso y vicario foráneo para la zona porteña (canon 217 CIC 1917). En esa calidad el presbítero Casanova había creado, en 1869, el Seminario San Rafael; el Asilo San José había sido entregado a las religiosas del Buen Pastor; la Sociedad Católica de Instrucción Primaria. También, invitó a abrir un colegio femenino a las Religiosas del Sagrado Corazón. Don

Mariano Casanova tenía muchos méritos y era muy apreciado por sus dotes de gran predicador. Luego pesaba como candidato a ser arzobispo santiaguino. Pero frente a él, Mons. Salas contaba con grandes aprecios y simpatías en el mismo Vaticano.

La pugna entre el Estado de Chile y Roma no cejaba. Durante la Guerra del Pacífico, 1879 a 1884, el asunto de la sucesión episcopal se mantuvo en suspenso ya que la Iglesia entera apoyó a los ejércitos y a la armada chilena en tan difíciles momentos. El presidente Pinto terminaba su mandato el año 1881 y, entonces, ganó las elecciones el liberal don Domingo Santa María González, quien tuvo que seguir la guerra en la sierra peruana para firmar el tratado de Ancón con Perú, en 1883, y la tregua con Bolivia, en 1884. Además, tuvo que reprimir por las armas la rebelión mapuche de 1881, fundando Temuco y reconstruyendo la vieja ciudad española de Villarrica

Para solucionar el conflicto entre la Iglesia y el Estado, la Santa Sede -gobernada ahora por el Papa León XIII- nombró en mayo de 1882 al obispo titular de Himeria, Mons. Celestino del Frate, como delegado apostólico en Chile. Éste llegó por Talcahuano en barco y en tren a Santiago. El clero y el gobierno lo llenaron de atenciones. Del Frate estudió el asunto y dio su juicio desfavorable respecto del Pbro. Taforó.

El Presidente Santa María escribió verdaderas pestes de Mons. Del Frate a su embajador en Roma, amenazando incluso con promulgar leyes laicistas y negarle a la Iglesia el presupuesto del culto. Pero el Secretario de Estado Vaticano, cardenal Jacobini, dio por cerrado el asunto negando la promoción de Taforó. El 20 de diciembre de 1882 se suspendían las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y el 22 de enero, Mons. Del Frate, abandonaba Chile. El presidente Santa María, no obstante, decidió sacar a la Iglesia de toda responsabilidad civil en Chile; contando con una mayoría en el Congreso Nacional, hizo aprobar la Ley de Cementerios laicos, en 1883, que arrebató a la Iglesia su dominio sobre los cementerios. Luego, siguió la Ley de Matrimonio Civil, de 1884, que privó de todo efecto civil al matrimonio religioso, estableciendo otro matrimonio paralelo por cuenta del Estado, lo que se complementó con la Ley de Registro Civil, de 1884, donde se creó el organismo que registrará nacimientos, matrimonios y defunciones en Chile, que antes estaban a cargo de las parroquias de la Iglesia.

Solamente en 1887, en el gobierno de don José Manuel Balmaceda Fernández (1886-1891) una vez restablecidas las relaciones, llegaron las bulas papales, de fecha 3 de diciembre de 1886, para la consagración episcopal del sacerdote de Valparaíso, don Mariano Casanova, como arzobispo de Santiago. En definitiva, la pretendida regalía del patronato trajo las peores consecuencias para la vida eclesial.

VI. VALPARAÍSO EN LOS NUEVOS TIEMPOS ECLESIALES

La independencia de la Iglesia con la nueva Constitución de 1925 trajo beneficios para nuestra ciudad. Don Mariano Casanova había hecho una gran labor en ella siendo administrador

de la gobernación eclesiástica de Valparaíso. Su trabajo estuvo muy unido al Seminario, a la fundación de parroquias y a sus defensas acerca del culto de los santos atacado en la prensa por don David Trumbull, pastor presbiteriano norteamericano.

Tras su promoción a Santiago le había sucedido como gobernador eclesiástico otro sacerdote benemérito y de gran brío pastoral: el presbítero don Salvador Donoso. Al acercarse la crisis del gobierno, en 1891, entre el presidente don José Manuel Balmaceda Fernández y la mayoría del Congreso Nacional, don Salvador Donoso y la benemérita dama porteña, doña Juana Ross de Edwards, tomaron partido por los congresistas que consideraban al presidente fuera de la Constitución. El gobierno encarceló a Mons. Donoso y doña Juana Ross debió abandonar el país. La revolución de 1891 finalmente llevó al triunfo del Congreso sobre Balmaceda en las sangrientas batallas libradas en nuestra zona: Con-Cón y Placilla. De este modo, la situación religiosa de Valparaíso se normalizó.

En la gobernación eclesiástica de Valparaíso, Mons. Ramón Angel Jara sucedió a Mons. Donoso en 1894. Tras este prelado asumió esta gobernación eclesiástica el presbítero Eduardo Gimpert Paut. Dada la importancia creciente de esta ciudad, la Santa Sede decidió que Mons. Gimpert fuera consagrado obispo titular de Equinos y gobernara Valparaíso como obispo auxiliar del arzobispo de Santiago.

Pero en 1925, con el nuevo régimen de amigable convivencia entre el Estado y la Iglesia, se puso fin a todas las regalías que el gobierno se había auto concedido y mantuvo íntegramente el reconocimiento de la calidad de persona jurídica de derecho público a la Iglesia Católica en Chile, dado que entre las disposiciones de garantías constitucionales del art.10 la Carta Constitucional garantizaba:

“la manifestación de todas las creencias, la libertad de conciencia y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público, pudiendo por lo tanto las respectivas confesiones religiosas erigir y conservar templos […] Las Iglesias, las confesiones e instituciones religiosas de cualquier culto tendrán los derechos que otorgan y reconocen, con respecto a los bienes las leyes actualmente en vigor”.

Entre las facultades del presidente de la república se halla la de firmar concordatos, es decir, tratados internacionales con la Iglesia Católica de Roma. Todo ello, en la práctica, sirvió para mantener ese reconocimiento.

VII. LOS T RI

1. Los primeros tiempos

El 18 de octubre de 1925, por las cartas apostólicas Apostolici muneris ratio, la Santa Sede creaba la diócesis de Valparaíso que abarcará toda la provincia civil de ese nombre. El Papa Pío

XI, el 14 de diciembre de ese año, designaba al obispo Gimpert Paut como el primer obispo de esta nueva diócesis. Mons. Gimpert, dado lo reducido del clero porteño, nombró en 1926 como vicario general y provisor oficial6 al Pbro. don Ángel Custodio Rodríguez. Luego, sería el primer juez asociado a la judicatura del obispo diocesano. Nacía así nuestro tribunal. Le servía de notario y secretario el Pbro. don Miguel Ulloa.

El procedimiento canónico para la anulación del matrimonio tenía, entonces, mayores tramitaciones que en la actualidad, como los llamados “testigos de séptima mano” para los procesos en los casos acerca de la impotencia o de la no consumación7. El sistema procesal matrimonial será reglamentado unos años después por “las normas que se han de observar en los tribunales diocesanos” dictadas en la Instrucción Provida Mater de 1936, de la Sagrada Congregación de los Sacramentos, como para el caso de impotencia y no consumación por el decreto del Santo Oficio Qua singulari de 1942. De los primeros años de su funcionamiento no tenemos datos estadísticos ni copias de los documentos de las causas que este Tribunal, en materia matrimonial, tuvo que resolver.

En 1937, falleció Mons. Gimpert y fue sucedido por el -hasta entonces- obispo de Rancagua, Mons. Rafael Lira Infante, quien nombró a don Ernesto Maruri como promotor de justicia y defensor del vínculo. La tarea del promotor de justicia consiste en intervenir en las causas contenciosas en las que, a juicio del obispo, corre peligro el bien público, y también en las causas criminales8. El defensor del vínculo, por su parte, es quien debe intervenir en aquellas causas en las que se trata de la validez o nulidad del vínculo matrimonial o del vínculo que nace de la sagrada ordenación sacerdotal9. Como juez o provisor oficial se designó al Pbro. don Ángel Custodio Rodríguez en 1938. Luego, fue promotor de justicia el Pbro. don José Luis Acevedo y defensor del vínculo el Pbro. don J. Ángel Azócar, en 1939. Así, al morir el obispo Lira Infante, en 1958, el juez provisor era Mons. Jorge Rodríguez.

Don Raúl Silva Henríquez sdb., asumió como obispo sin cambiar la judicatura. El año 1961 fue promovido a arzobispo de Santiago y asumió esta diócesis de Valparaíso el, hasta entonces administrador apostólico de Santiago, Mons. Emilio Tagle Covarrubias, como arzobispo-obispo.

2. Los tiempos que siguieron al Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II abrió nuevos caminos a la pastoral de la Iglesia y, por lo mismo, al cuerpo legislativo de la misma. Junto con echar a andar una pontificia comisión especial para

6 Canon 1573 § 1 del CIC 17.

7 Canon 1975 del CIC 17.

8 Canon 1586 del CIC 17.

9 Canon 1586 del CIC 17.

la revisión del derecho canónico, en marzo de 1963, la Santa Sede emitió una serie de decretos que modificaban los cánones, los enriquecían y desarrollaban las nuevas perspectivas jurídicas. Entre ellas el decreto Christus Dominus de octubre de 1965 creó los llamados vicarios episcopales “con el fin de que el Obispo pueda ejercer de la mejor forma posible el gobierno pastoral de la diócesis ayudado por nuevos colaboradores”. Ellos “gozan de la potestad vicaria ordinaria que el derecho común concede al vicario general en una zona determinada […] o para un tipo de asuntos” (Motu proprio Ecclesiae Sanctae Nº 14 -15).

Así, Mons. Emilio Tagle Covarrubias nombró a Mons. Ángel Calvo como vicario episcopal para los asuntos matrimoniales. Esto no era una función judicial ya que estos vicarios no tienen jurisdicción en esta materia. Más tarde el arzobispo-obispo nombró a Mons. Calvo como juez provisor, como el Pbro, don Federico Brand Wellen lo fue como promotor de justicia. Para formar con el provisor un tribunal colegiado se nombró ad casu a diversos sacerdotes peritos en derecho canónico, como el Pbro. Mons. Barilari, el R.P. Pedro Azócar Ch. ss.cc., el R.P. Estanislao Raveau V. ss.cc.

Después de asumir la calidad de emérito en 1983, Mons. Tagle fue reemplazado como arzobispo-obispo por Mons. Francisco de Borja Valenzuela Ríos, quien venía desde San Felipe después de haber sido arzobispo de Antofagasta. Junto con abrir a los laicos la capacidad de procurar y ser abogados en las causas canónicas, Mons. Valenzuela, en 1984, le pidió al presbítero Mons. Jorge Bosagna Aguayo, perito en materias canónicas, que organizara los Tribunales de Valparaíso según las normas, ya que el Papa Juan Pablo II había promulgado, el 25 de enero de 1983, el nuevo texto del Código de Derecho Canónico reformado10.

El nuevo Código mantuvo el corazón de la vieja tradición canónica y con los aportes presentados por los obispos del mundo y los informes de las facultades de derecho de las universidades católicas se elaboró la renovación. En ella aparece la figura del vicario judicial, en reemplazo del antiguo provisor oficial; aparece con ese nombre de “vicario” para dejar en claro su estricta conexión con la función judicial del obispo11. Colaboran con él los jueces diocesanos12 que deben ser clérigos con títulos en derecho o expertos en esa materia. Asimismo, las Conferencias episcopales podrán decidir que sean también los laicos, de buena fama y, a lo menos, licenciados en derecho. Por otro lado, con la aprobación de la Santa Sede, se pueden establecer tribunales con jurisdicción sobre varias diócesis13 que es lo que sucedió entre nosotros ya que nuestro tribunal con sede en Valparaíso cubre las necesidades de las diócesis de Valparaíso y de San Felipe.

10 En adelante CIC 83.

11 Canon 391 § 2, 1420 del CIC 83.

12 Canon 1421 del CIC 83.

13 Canon 1423 del CIC 83.

En Chile, además, la Conferencia episcopal decidió que la segunda instancia, en vez de estar sujeta a la sede arzobispal correspondiente, en referencia a sus diócesis sufragáneas como lo establece el derecho común14, se ejerza en un Tribunal Nacional de Apelación, con sede propia en Santiago.

El vicario judicial Mons. Bosagna pidió al arzobispo-obispo, en 1984, un vicario judicial adjunto, cargo que fue encomendado al sacerdote mercedario R.P. Julio Cabrera Binimelis o.d.m., como también el nombramiento del pbro. Mons. Enrique Barilari G. como juez diocesano. Además, el mismo vicario judicial logró formar y presidir la Asociación Chilena de Derecho Canónico. Asimismo, con la ayuda de la Universidad Católica de Valparaíso, echó a andar las Jornadas de Derecho Canónico, que se han venido realizando -sobre todo en nuestra diócesisdesde julio de 1985, con cursos dictados por catedráticos canónicos de la Universidad de Salamanca, España, así como jueces del Tribunal de la Rota Romana y de la Rota Española.

Se suma a ello, en 1994, la organización y desarrollo del Primer Congreso Latinoamericano de Derecho Canónico bajo el amparo de las Universidades Católica de Valparaíso y de Salamanca, con intervenciones de catedráticos de la Universidad Católica de Chile y del Ateneo Romano de la Santa Cruz, como Mons Julián Herranz Casado, quien entonces era secretario del Consejo Pontificio para la interpretación de los textos legislativos y que ahora lo preside como cardenal de la Iglesia. Desde 1985 se nombraron jueces a los presbíteros Mons. Jorge Sapunar D. y a quien escribe este artículo.

El R.P. Julio Cabrera asumió como vicario judicial en 1987. Ante la enfermedad de éste sacerdote el autor de estas líneas fue nombrado vicario judicial adjunto, que tras el fallecimiento del titular asumió en propiedad esa vicaría. En 1990 se nombró juez diocesano al doctor en derecho canónico, profesor don Carlos Salinas Araneda; y, al año siguiente, a la señora profesora de derecho civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, doña Inés Pardo de Carvallo.

Las relaciones de este Tribunal Eclesiástico con los otros organismos judiciales civiles han sido muy buenas en medio de una independencia mutua total, de manera que desde esta vicaría se han evacuado informes que han sido pedidos por la Corte de Apelaciones de Valparaíso. Además, desde esta sede eclesiástica, se ha oficiado a los organismos del Estado capaces de hallar a las personas para poder notificarlas, como son el Gabinete de Identificación, el Cuerpo de Carabineros, el Servicio de Registro electoral, etc. y se ha obtenido respuestas y hasta compulsas de los acuerdos en juicios públicos de alimentos, o en general de familia, como antecedentes para el estudio de una anulación matrimonial por la Iglesia. La “amigable convivencia” descrita por el Papa Pío XI en su momento hoy ha rendido muy buenos frutos a favor de los ciudadanos y los fieles.

14 Canon 1438 y 1439 del CIC 83.

En la actualidad, bajo la guía pastoral del obispo diocesano Mons. Gonzalo Duarte García de Cortázar ss.cc., el Tribunal Regional Eclesiástico de Valparaíso se halla organizado con el vicario judicial que escribe esto, con los jueces instructores y ponentes Dr. Don Carlos Salinas Araneda, doña Inés Pardo de Carvallo, doña Loreto Alvarez de Bihan, y la religiosa misionera señorita María Isabel Chacón Gil.

Son jueces sentenciadores los presbíteros Mons. Jorge Bosagna A., Mons. Jorge Sapunar D., y Mons. Jorge Calderón B. Son defensores del vínculo Mons. Oscar Cárdenas B., don Mario Caballero T. y el Pbro. Hernán Garcés B. Como promotor de justicia ejerce el R.P. Celestino Aos B. ofm. cap. Abogados procuradores son don Jaime Guarello F., doña Mónica Germain de Sanhueza, doña Paz Francisca Silva de Valdés, don Sergio de Tezanos Pinto D., don Pablo Felipe Wilson A. y doña Amelia Romero I. Por último, ejercen como peritos psicólogos para los informes de personalidad doña Melita Langdon P., doña Paulina Dauelsberg T., doña María José Paul L. y don Werner Lips C. Son notarios judiciales y actuarios las señoritas doña Sara Rodríguez S. y doña Cecilia Díaz Pinilla.

Esta es la historia, en síntesis, de la judicatura eclesiástica, con sus luces y sombras, en Valparaíso y en Chile.

bI b LIOGRAFÍA

Araneda Bravo, Fidel, Historia de la Iglesia en Chile (Ed. Paulinas, Santiago, 1986); Calm, Lilian, El Chile de Pío IX: 1824 (Ed. Andrés Bello, Santiago, 1987); Carnelutti, Francesco, Instituzioni del Processo Civile Italiano (sin datos); Pacheco Gómez, Máximo, La separación de la Iglesia y el Estado en Chile y la diplomacia vaticana (Ed. Andrés Bello. Santiago 2004); Retamal Fuentes, Fernando, Chilensia Pontificia. Monumenta Ecclesiae Chilensia (Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago, 1998).

S URGIMIENTO DE LA I GLESIA A NGLICANA S AINT PAUL ´ S DE VALPARAÍSO

EN EL CONTEXTO DEL SIGLO XIX

M ICHELLE P RAIN B RICE

Académica Universidad Adolfo Ibáñez

A NTECEDENTES: LA APERTURA A LOS EXTRANJEROS DISIDENTES

A medida que se fueron consolidando los procesos independentistas en Latinoamérica, los gobiernos de las nuevas repúblicas mantuvieron, a través del reconocimiento constitucional, el catolicismo como religión oficial del Estado pero, al mismo tiempo, aceptaron frecuentemente el principio de la libertad de conciencia. Esta circunstancia permitió que en Chile los primeros cristianos protestantes pudieran practicar su fe, aunque solamente en privado.

El protestantismo fue introducido en Hispanoamérica por los comerciantes y artesanos extranjeros, que se establecieron principalmente en las ciudades portuarias, así como por los misioneros y agentes de las sociedades bíblicas. En Valparaíso, podemos pensar inicialmente en el caso de inmigrantes disidentes mayoritariamente británicos y norteamericanos, de tendencias anglicanas, presbiterianas y bautistas, además de alemanes luteranos, que se apostaron en este puerto, y en personajes como David Trumbull, cuya obra merece un capítulo especial.

En esta oportunidad voy a referirme al surgimiento de la Iglesia Anglicana Saint Paul´s, centrándome en los primeros años del anglicanismo en Valparaíso, antes de la construcción del templo que hoy podemos visitar y que data de 1858 y antes de la modificación de la Constitución de 1833. También quisiera destacar la figura del reverendo anglicano John Rowlandson, por ser el primer sacerdote que percibió la necesidad de instaurar una capilla anglicana en nuestro puerto para atender las necesidades espirituales de la comunidad de ciudadanos británicos aquí asentados.

1 Bethell, Leslie, Historia de América Latina, Tomo V, Capítulo 7: La Iglesia y la Independencia de América Latina. Título original: The Cambridge History of Latin America, Cambridge University Press, 1985. Traducción de Angels Solá. Editorial Crítica, Barcelona, 1991, p. 207.

“La independencia abrió con facilidad las puertas de Chile a ingleses y norteamericanos protestantes, a quienes se les permitió sin dificultad el ejercicio privado de su culto”2, afirma Jaime Eyzaguirre. La admisión de los extranjeros en Chile tras la Independencia para fomentar el desarrollo del país, idea fomentada por O’Higgins, llevaba implícita la aceptación de disidentes entre la gran masa de católicos, ya que se entendía que no se podían separar las ideas políticas y económicas modernas, de las creencias y concepciones de vida de los inmigrantes.

De tal modo, la libertad de conciencia quedó asegurada desde el primer momento, adquiriendo este derecho rango constitucional por medio de la Carta de 1822, que en su artículo Nº 22 aseguraba: “A nadie se castigará por pensamiento, ni por manifestación de ellos, cuando no contengan calumnias, injurias o excitaciones a los crímenes”3. No obstante, las distintas constituciones del siglo XIX establecían la oficialidad de la Iglesia Católica Apostólica Romana, vedando el ejercicio público de cualquier otra religión.

Por otra parte, debido al alto número de ciudadanos británicos que llegaban a Valparaíso atraídos por la actividad comercial, Su Majestad Británica envió en 1823 a un representante acreditado, el señor J.R. Nugent, con el objeto de preparar el camino para el reconocimiento oficial por parte de Gran Bretaña del Chile independiente, lo que ocurrió efectivamente en 1825. Nugent había sido instruido por el Primer Ministro inglés, George Canning, para que buscara las garantías necesarias del gobierno de Chile para los súbditos británicos. Esto incluía la tolerancia hacia sus opiniones, libertad y culto religioso, así como el derecho de dar sepultura decentemente a sus muertos, en concordancia con la costumbre protestante, advirtiendo, al mismo tiempo, que los británicos se cuidarían de cualquier exhibición ofensiva u ostentosa de sus credos religiosos4. Así, los anglicanos fueron los primeros disidentes en organizarse en torno al culto privado de su religión.

LOS PRIMEROS CULTOS ANGLICANOS PRIVADOS

Los primeros servicios religiosos anglicanos registrados en Valparaíso fueron realizados en residencias particulares. El primero registrado corresponde a 1825, cuando Thomas Kendall leyó el Servicio de la Iglesia de Inglaterra en su hogar, lo que hizo hasta su alejamiento de Chile en 1828. Después de esto, John Sewell, quien vivía en la Calle Leighton, en el Cerro Alegre, continuó su obra en su propia casa hasta 1835, cuando el Reverendo John Rowlandson llegó desde Inglaterra como tutor y capellán de la familia de Mr. Richard Price, renombrado comerciante del puerto. Aunque lo más probable es que la lectura de los servicios haya sido sólo

2 Eyzaguirre, Jaime, Historia de las instituciones políticas y sociales de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 1998, p. 84.

3 Ormeño Mena, Pedro, Las Primeras Iglesias Reformadas de Chile, Tesis para optar al Grado de Licenciado en Historia, Universidad de Chile, Santiago, 1986, p. 18.

4 Pytches, David, Foreigners and Religious Liberty in Chile 1810-1925, Published by the Anglican Church in Chile, Santiago, 1975, p. 98.

ocasional, también estaban disponibles los servicios religiosos de los capellanes de los barcos de bandera británica recalados en el puerto para los bautizos, matrimonios y funerales, cuando era necesario .

De acuerdo a un artículo publicado en la revista The Anglican Church Chronicle en 1910, dos son los motivos por los cuales no hubo un capellán anglicano estable en Valparaíso entre 1825 y 1835, cuando llegó el reverendo John Rowlandson. En primer lugar, que “en esos tempranos días no había en Chile la misma tolerancia de formas no católicas de fe que hay ahora (1910). La construcción de la iglesia era contraria a la ley de la tierra, y los mercaderes británicos podrían haber sido indispuestos por despertar sensaciones de resentimiento sobre sus clientes chilenos, al importar un artículo tan mal bienvenido como un “Clérigo Inglés en órdenes Sagradas”. En segundo lugar: “el hecho de que Valparaíso era en esos días el centro de operaciones de los Escuadrones Británicos del Pacífico, y casi siempre había uno de los hombres de guerra de S.M.B. en la bahía, con un capellán a bordo” .

A juicio del Reverendo C.H. Hodgson, autor de A Historical Sketch of the Anglican Chaplaincy (1825-1909) en 1917, se podría decir que la verdadera historia de la capellanía anglicana de Valparaíso comienza cuando, el 28 de octubre de 1837, el Reverendo John Rowlandson escribe al Obispo de Exeter contándole que, si bien él tenía la intención de volver a Inglaterra por asuntos familiares, los residentes extranjeros le habían pedido que permaneciera en Valparaíso y que estableciera entre ellos una iglesia protestante, deseada hacía ya tanto tiempo por ellos. Señala que existe una comunidad considerable numéricamente y que goza de gran respetabilidad debido a su intensa actividad comercial y riquezas. Sin embargo, dadas las circunstancias hostiles predominantes en una época que se caracteriza por la falta de libertad religiosa, ellos no podían aspirar a un servicio normal en instalaciones adecuadas, situación que se prolongó hasta que se obtuvo, en forma paulatina, la legalidad del ejercicio del culto protestante .

5 Hodgson, C.H., A Historical Sketch of the Anglican Chaplaincy at Valparaiso, Chile, 1825-1909. Printed by The South Pacific Mail, Valparaíso, 1917, p.5. Traducción libre de la autora.

6 The English Church in Valparaiso 1825-1911, En: The Anglican Church Chronicle, Vol. I, No. 3, november 1910, p. 3. Traducción libre de la autora. “It may seem strange that with an English colony large enough to form a congregation, no regular chaplain was procured to minister to them during these twelve years. But two considerations may largely account for the omission. In those early days in Chile there was not the same toleration of non - Roman Catholic forms of faith as there is now. The building of a church was contrary to the law of the land, and the British merchants may have been indisposed to arouse feelings of resentment among their chilean clients by importing such an unwelcome article as an Enlish “Clerk in Holy Orders”. Another reason is to be found in the fact that Valparaiso was in those days the headquarters of the British Squadrons in the Pacific, and there was nearly always one of H.B.M.´s men of war in the Bay, with a chaplain on board”.

7 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 6.

8 Waisberg, Myriam, La Arquitectura Religiosa de Valparaíso Siglo XVI-Siglo XIX, Facultad de Arte y Tecnología, Universidad de Chile, Sede Valparaíso, Valparaíso, 1992, p. 44.

Cuando el Reverendo Rowlandson escribe al Obispo de Exeter, lo hace con copia al Cónsul General de Su Majestad en Santiago, Mr. Walpole, para que él transmita su inquietud al Secretario de Estado para Asuntos Exteriores de Gran Breteña, Lord Palmerson. En la carta él destaca cuatro puntos: La comunidad protestante posee más de 500 almas; dos tercios de ella es británica; hay en ella importante gente de comercio; hay en ella un importante número de familias y personas jóvenes para quienes son particularmente necesarios el Servicio Divino y la cultura religiosa, y el culto público ha sido imposible debido a los intolerantes términos de la Constitución y al temperamento intolerante de la gente.

No obstante, ese mismo año (1837) el Gobierno de Chile permitió al Cónsul General de S.M.B. que los protestantes mantuvieran una escuela (school room) que sirviera para la celebración del culto protestante. Con ese fin, se acordó entonces que el Reverendo Rowlandson estableciera una residencia privada, por cuenta propia, que facilitara el culto público0 .

La comunidad protestante asumió la responsabilidad de cancelar una suma no inferior a 450 libras esterlinas para el salario del capellán y para propósitos generales. De este modo, y bajo estas condiciones, el primer servicio fue celebrado el 10 de diciembre de 1837, en las dependencias del “school room”, al que el Reverendo Rowlandson se refiere como “iglesia”.

Del puño del propio John Rowlandson se puede leer el siguiente testimonio:

“Cerro Alegre

Valparaíso, diciembre, 10, 1837. Domingo.

Un Servicio Divino fue celebrado bajo circunstancias de gran motivación, por primera vez, en esta iglesia dentro de mi residencia.- este día, 10 de Diciembre de 1837.

Hubo asistencia completa de mis vecinos protestantes; y toda posible demostración de gratificación sincera y general.

Permita Dios misericordioso, en nombre de Cristo, proteger y bendecir nuestra empresa.

¡Gloria a Dios! - ¡Amén!

John Rowlandson. B.A.”2

9 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 6.

10 Bowes, Sir Leslie, Some British Activities in Valparaiso, Past and Present, Published by The British Commonwealth Society of Valparaiso, Valparaíso, 1950, p.5.

11 Ídem, pp. 5-6.

12Archivo Iglesia Anglicana Saint Paul´s, The Register of the Protestant Chaplaincy at Valparaiso in the Kingdom of Chile. Traducción libre de la autora. El testimonio original del Reverendo John Rowlanson es el siguiente: “Cerro Alegre. Valparaiso. Dec. 10. 1837. Sunday. Divine Service was celebrated under circumstances of great encouragment, for

La iniciativa de Rowlandson de mantener un school room en su hogar, que en realidad funcionaba como capilla, tuvo al parecer una buena acogida entre los extranjeros protestantes. Antes de un año, el 21 de octubre de 1838, anotaba en su libro de registros sus apreciaciones sobre la instauración de una nueva “capilla”, más grande que la primera, construida por Edward Loring, un vecino del Cerro Concepción, en una propiedad de Mr. Waddington3:

“Un Servicio Divino fue celebrado en mi nueva capilla, cuyas dimensiones son más del doble de la anterior, por primera vez para el Servicio Matutino de este día. Hubo una gran congregación, entre la cual observé a muchos que no habían asistido con anterioridad”.4

El Reverendo John Rowlandson y los matrimonios disidentes

El Reverendo John Rowlandson mantuvo un estrecho contacto con los capellanes de los barcos de bandera británica que recalaban en el puerto de Valparaíso. Por ejemplo, la primera vez que él celebró la Comunión, lo hizo asistido por el Reverendo Edward Spencer Phelps, quien en 1838 aparece como capellán del buque de S.M.B. Stag, según consta en el libro de anotaciones del Reverendo Rowlandson:

“[Memorandum]

Febrero, 11, 1838

El Sacramento de la Cena del Señor fue administrado, por primera vez aquí, por el reverendo J. Rowlandson. Amablemente asistido por el Reverendo E.S. Phelps: el número de comulgantes fue nueve. J.R.

Las almas sacramentales aportaron

$10.4 Agregando después

$ 2.1 1/4

$12.5 1/4 ”

the first time, in this church within my residence- this day, Dec, 10th 1837. There was a full attendance of my Protestant neighbours; and any possible demonstration of sincere and general gratification. May the God of mercies, for Christ´s sake, protect and bless our undertaking! Glory to God! Amen! John Rowlandson. BA.”

13 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 9.

14 Archivo Iglesia Anglicana Saint Paul´s, The Register of the Protestant Chaplaincy at Valparaiso in the Kingdom of Chile, citado por: Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 9. Traducción libre de la autora:

“Divine Service was celebrated in my new chapel, whose dimensions are more than two fold those of the former one, for the first time at Morning Service on this day. There was a large congregation amongst whom I observed several who have not attended before”.

15 Archivo Iglesia Anglicana Saint Paul´s, The Register of the Protestant Chaplaincy at Valparaiso in the Kingdom of Chile, Traducción libre de la autora:

En lo que respecta a matrimonios disidentes o mixtos entre católicos y protestantes, también fue importante la labor de John Rowlandson junto a los capellanes de los barcos británicos. El primer matrimonio asistido por Rowlandson data del 5 de julio de 1838 y fue celebrado entre Angus Mackay y Elisa Steers, ambos de Santiago. Estuvo presente el cónsul británico de Valparaíso, W.H. Rouse. En noviembre de ese año también se registró el de matrimonio William Muller y Henrietta Burdon, de Concepción, junto a varios bautizos en Santiago. Estas anotaciones demostrarían que el capellán anglicano de Valparaíso era el único sacerdote anglicano disponible para gran parte del país .

Recién el 6 de septiembre de 1844 fue promulgada una ley que reconocía la validez de un matrimonio entre protestantes, mientras se cumpliese con los requerimientos necesarios: ausencia de impedimentos, permiso de los padres, abuelos o guardianes. “La ley de 1844 reconocía el matrimonio de una pareja donde ambos compañeros fuesen no católicos, pero un matrimonio mixto era un asunto bastante diferente”. Entonces cabe la pregunta sobre qué sucedía con los contrayentes protestantes antes de 1844 y con los matrimonios mixtos, entre un protestante y un católico.

El Estado se mantenía de acuerdo con la Iglesia sobre la no validez de un matrimonio mixto para el cual no se hubiesen obtenidos dispensas especiales. Según el Reverendo David Pytches, mientras el Estado estuviese constitucionalmente ligado al Derecho Canónigo, la situación sería tal que cualquier cosa que un individuo pudiese decir o hacer, si la autoridad eclesiástica podía convencer al magistrado de que la madre o el padre no fuera católico al momento del matrimonio, entonces el Estado estaba obligado a declarar su unión marital como ilegal .

Pese a esto, el Reverendo John Rowlandson celebró muchos matrimonios disidentes antes de su regreso a Inglaterra en julio de 1839, según lo ilustra una carta del Arzobispo Electo de la época Monseñor Manuel Vicuña Larraín, al Ministro de Justicia:

“(Memorandum) 1838 - Feb. 11. The Sacrament of the Lord´s Supper was administered, for the first time here, by the Rev. J. Rowlandson. Kindly assisted (sic) by the Revd. E.S. Phelps: the number of the communicants was nine J.R. The Sacramental alms amounted to $10.4, added afterwards $2.1 1/4 = 12.5 ¼.

16 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 8.

17 Pytches, David, Foreigners and Religious […], p. 109.

18 El Mercurio de Valparaíso, 24/04/1880. Citado por: Pytches, David, Foreigners and Religious […], p. 109.

19 Pytches, David, Foreigners and Religious […], p.109. Cfr. Urbina Burgos, Rodolfo, Valparaíso: Auge y Ocaso del Viejo “Pancho” 1830-1930, Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha y Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 1999, p. 85.

“El Arzobispo Electo

Santiago, Marzo 24 de 1840.

Por la carta que en copia acompaño á V.S. se impondrá de los graves males que en el Puerto de Valparaíso el ministro protestante Juan Rowlandson, el que según se dice ha autorizado conforme a sus ritos hasta cuarenta matrimonios. Un atentado de esta naturaleza exije las más serias providencias, y al dirigirme a V.S. espero se dignara de tomar las que juzgue convenientes para contener al referido ministro protestante, y escarmentar á los individuos que han incurrido en semejante delito, sin perjuicio de lo que yo debo practicar en cumplimiento de mi deber.

Dios guíe a V.S.

Monseñor Arzobispo

Electo

Al Señor Ministro de Justicia”20

Un caso ilustrativo es el que se describe en otra epístola del Arzobispo de Santiago al Ministro de Estado en el Departamento de Justicia, sobre la supuesta invalidez del matrimonio de doña Carlota Price con Richard Arsley, celebrado bajo el rito anglicano, por no contar ésta con las dispensas necesarias de la Iglesia Católica. Carlota era hija del ya mencionado Richard Price, anglicano, y de la católica Josefa Claro, casados por el rito católico en la Parroquia del Sagrario de Valparaíso, el 14 de abril de 1819. De ese hecho, el Arzobispo infiere que Ricardo Price habría abjurado de su religión o se habría comprometido a educar a sus hijos en la fe de su esposa, lo que realmente no hizo.

De hecho, John Rowlandson fue contratado por Richard Price como tutor y capellán de su familia desde 1835, fallecida su esposa Josefa Claro, por lo que Carlota recibió enseñanzas del ministro protestante, pese a haber sido bautizada como católica y de haber sido educada en dicha fe por Don Fr. José María Baraguchiascúa cuando niña. Veamos el documento:

“El Arzobispo

Santiago, agosto 24 de 1841 Santiago, septiembre 9 de 1841. Quéjase el oficio acorxxx y xxxxxxxxx.

Montt

Ya no puedo diferir por más tiempo el interpelar la autoridad del Supremo Gobierno en un negocio de la mayor importancia y trascendencia, y en el que he querido que aunque la misma lentitud de los procedimientos acredite la prudencia y la moderación de mis

20 Archivo Nacional, Fondo Arzobispado de Santiago. Carta del Arzobispo Electo al Ministro de Justicia, 24/03/1840.

manejos, y mi detencion para tomar providencia que no me es dado omitir.

A fines de Abril último tuve noticia que Don Ricardo Price trataba de hacer casar a su hija Doña Carlota habida de legítimo matrimonio que dicho Don Ricardo contrajo en la parroquia del Sagrario de esta ciudad con Doña Josefa Claro, chilena, católica según el orden de Nuestra Santa Madre Iglesia en 14 de abril de 1819, según aparece de la partida corriente á 174 del libro de matrimonios de dicho año, de cuyo hecho se colige que ó Don Ricardo para casarse abjuro la secta protestante reconciliándose con la Iglesia Católica, ó fresó la correspondiente capción juratoria de que los hijos que hubiesen en el matrimonio serian educados en la religión de la madre; porque de otro modo no podría haberse verificado el casamiento.

Bajo el concepto que acabo de indicar, y en la ciencia cierta de que Doña Carlota Price había sido bautizada en la misma parroquia del Sagrario á 23 de febrero de 1820, y educada con el mayor esmero en la Religión Católica Apostólica Romana por el finado XXXX XXX Don Fr. José Maria Baraguchiascúa; luego que tuve la noticia dicha mande por auto de 28 del mismo mes de abril que el cura de Valparaíso requisara á Don Ricardo para que se abstuviera de asentir al matrimonio que se me había comunicado.

El mencionado Cura supo por boca del mismo D. Ricardo hubiese ya dado el paso que mi zelo procuraba evitar, al mismo tiempo que justificando su procedimiento espuso que no habia contrahido compromiso alguno al tiempo de casarse, habia llevado a sus hijos a Inglaterra después de muerta su mujer y trajo para su educacion un ministro protestante quien los doctrinaba y practicaba con ellos los ritos de la secta.

En vista de lo dicho por mi de 15 de mayo último dispuse entre otras cosas que el citado cura de Valparaíso hiciese comparecer ante si a Doña Carlota Price y supiere de su misma boca si era cierto que habia contrahido matrimonio según el rito protestante, y si habia contrahido conservando la religión en que nació, y fue educada, ó habia abjurado de ella, y profesaba actualmente alguna de las sectas protestantes. Esta disposición que fue comunicada al predicho cura en 19 del mismo mes de mayo ha sido eludida hasta el día con una bula conocida de la autoridad Eclesiástica; porque el cura de Valparaíso hasta hoy por mas que ha hecho no ha podido conseguir de modo alguno hablar con Doña Carlota. Primeramente en 3 de junio compareció el que se titula marido de la mencionada, diciendo al cura que su mujer era protestante, y que por lo mismo no se creia en obligacion de concurrir; despues se repetió la cita por diferentes ocasiones siempre sin fruto hasta llegar á dirigir una esquela Don Ricardo Arsley que es el marido, diciendo al párroco que en su casa no había ninguna Carlota Price.

Después de estos sucesos el mismo cura por conducto de Doña Dolores Cabrera, y de una criada de Doña Carlota he recibido un recado de esta asegurandole que deseaba mucho hablar con él, pero que su padre y su marido le habia ordenado que no abriese ninguna carta suya ni asistiese á sus llamados, ni hiciese caso alguno de sus amenazas, que el Consul Ingles, y el Almirante constantemente le hablaban sobre el particular, y que

así la tenian engañada; pero que estaba toda sobrecogida, y sin hallar que partido tomar, por que su pretendido marido no la dejaba libre un momento; que su padre en Inglaterra á fuerza de sus consejos y de no darle otra educación que la del protestantismo, y sobre todo por el temor le había apartado de la Iglesia Católica Apostólica Romana, pero que instruida que fuece de la verdad, ella la seguiria de todo corazon. Que ya no podia soportar mas el estado de angustia y de sosobra en que se hallaba, y que estaba resuelta a hablar á su marido de un modo decisivo.

Por el merito de lo espuesto verá V.S. al mismo tiempo la contrariedad que se hace á la autoridad de la Iglesia obligada á velar sobre el órden establecido en ella, y sobre la salud eterna especialmente de aquellos que una vez recibió en su ceno.

Verá V.S. también que si son ciertos, como no es de dudar los recados que el cura ha recibido se hace una fuerza grosera é injusta a una chilena católica de nacimiento, y de educación, fuerza que debe removerse por las autoridades constituidas. La mia no puede hacerlo sin el auxilio de la temporal, y este es el motivo que me obliga á interpelar el de S.E. el Presidente de la República á fin de que se sirva de las ordenes convenientes al gobernador del Puerto de Valparaíso para que haga que Doña Carlota Price se ponga en comunicación franca y libre con el Cura de aquel Puerto, á fin de que este le haga las preguntas prevenidas por mi, y cuyas respuestas son necesarias para formar el juicio conveniente de un hecho que no puedo disimular sin prostituir absolutamente mi ministerio. Espero pues que V.S. se sirva ponerlo todo en la consideracion de S.E., y que tenga la bondad de darme aviso de su resolucion para mi gobierno.

Dios guarde a V.S.

Monseñor Arzozbispo Santiago.

Sr. Ministro de Estado en El departamento de Justicia”2 .

M ATRIMONIOS A b ORDO

Por otra parte, existen testimonios de matrimonios protestantes llevados a cabo a bordo de barcos de Su Majestad Británica en la Bahía d Valparaíso., única solución viable cuando las dispensas necesarias para que un matrimonio entre católico y protestante se realizase, no hubiesen sido obtenidas de la autoridad eclesiástica. Tras el retorno de John Rowlandson a Inglaterra en julio de 1839, el reverendo Alexander Henry Small, B.A. del Emmanuel College de Cambridge y Capellán del Barco de S.M.B. President, parece haber actuado como Capellán de Valparaíso,

21 Manuel Bulnes, electo Presidente de la República el 18 de septiembre de 1841, llamó a don Manuel Montt a desempeñarse como ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, y de Guerra y Marina en forma subrogante.

celebrando funerales y bautizos, como el de Maria Davy, gravemente enferma22 y matrimonios a bordo de su barco. Entre ellos se cuentan el de Theodore Edward Mundt (protestante, nativo de Hamburgo) con Rosaria Aragon (protestante, nativa de Chile), celebrado a bordo; y el de Henry Robinson (de las Islas Shetland) con Patrona Martínez (protestante, nativa de Concepción)23 .

L A IGLESIA ANGLICANA COMO CAPILLA CONSULAR DE VALPARAÍSO

En 1841 llegó William Amstrong, el primer Capellán Consular de Valparaíso legalmente inscrito, hijo del Reverendo John Amstrong, primer capellán británico de Buenos Aires, y tío de la esposa del comerciante británico avecindado en Valparaíso Mr. William Lyon24. Ese mismo año el barco President dejó definitivamente Valparaíso, pero existen registros de matrimonios a bordo de otro barco británico, el Curacoa, y en la “Capilla Episcopal Británica”2. En 1842, por su parte, llegó el primer aporte monetario del gobierno británico (200 libras esterlinas) correspondiente al año 1841. También ese año se registra una Reunión General y el establecimiento de un comité para el manejo de la capilla, en el que aparecen Mr. R.F. Budge y Mr. Samuel Oxley. Hodgson dice que en esa época y durante muchos años, los fideicomisos de la iglesia fueron vistos como representantes de sus firmas comerciales2 .

Sólo 16 años más tarde, el 14 de enero de 1857, la comunidad anglicana logró adquirir los terrenos destinados a la construcción de su iglesia, pagando por ellos la suma de $10.000 a Mr. Waddington, quien hacia 1830 había hecho una fortuna respetable en el mundo del comercio y era considerado uno de los hombres más ricos del país, y que vivía “ al otro lado del estero de las Delicias”, en una casa quinta que sobresalía por su hermosísimo jardín y por tener las características de la “morada de un lord inglés”2

Como la libertad de conciencia era un derecho garantizado constitucionalmente en Chile, pero, a la vez, la Constitución de 1833 prohibía el ejercicio público de cualquier religión que no fuese la católica, el anglicanismo debía quedar restringido al ámbito de lo privado. Por eso el templo de St. Paul´s debía reunir las condiciones necesarias para que se confundiese con una edificación cualquiera y no se distinguiese como una iglesia. Y ello no era fácil, considerando la

22 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 9

23 Pytches, David, Foreigners and Religious […], p. 109; Archivo Iglesia Anglicana Saint Paul´s, The Register of the Protestant Chaplaincy at Valparaiso in the Kingdom of Chile.

24 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 11

25 Ídem, p. 12.

26 Ibíd. p. 13.

27 Vargas Cariola, Juan Eduardo, Aspectos de la Vida Privada de la Clase Alta de Valparaíso: La casa, la familia y el hogar entre 1830 y 1880, En: Revista de Historia, vol. 32. Instituto de Historia Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 1999, p. 631.

escasez de construcciones que existían entonces sobre los cerros. Esto explica por qué la iglesia, a pesar de sus dimensiones, no posee muros de mayor altura, cruz ni campanario. A decir de Sol Serrano2, en esos años hubiese sido inconcebible que las campanas de la fe protestante marcaran las horas de Valparaíso, en un país donde la religión católica era la oficial. De hecho, tampoco cuenta con una puerta principal, sino con dos laterales, en la parte posterior de su única nave.

El Reverendo William Amstrong dejó Chile en 1852. Le sucedió el Reverendo Benjamin Hill, hasta que en 1856 llegó el Reverendo Richard Dennett, antes apostado en la Capilla Británica de Lima. Hasta la construcción de la actual iglesia Saint Paul´s, la capilla anterior funcionaba en el último de los tres edificios de la calle Santa Victorina, junto a la casa de Mr. Rodewald, y era un edificio bajo con ventanas bajas y grandes2 .

El arquitecto encargado de la construcción de la Iglesia Anglicana Saint Paul´s fue William Lloyd, ingeniero del ferrocarril Valparaíso-Santiago, quien dominó los estilos históricos usados en el siglo XIX, en este caso el neogótico. El contrato fue firmado por el Cónsul de S.M.B. en Valparaíso, William Rouse, en nombre de la comunidad. El financiamiento provino de donaciones de los miembros de la iglesia ($3.000), de la venta de los muebles de la capilla previa ($9.416) y de un préstamo otorgado por Agustín Edwards, con un interés al 10% y que fue pagado en seis años gracias a la ayuda de la British Auxiliary Church.

El nuevo edificio fue terminado el 31 de julio de 1858. Éste sufrió algunas intervenciones a través del tiempo, las más importantes a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando se agregó el coro y el órgano memorial de la Reina Victoria, en 1903.

El Arzobispo de Santiago, Rafael Valentín Valdivieso y Zañartu, protestó entonces ante el Gobierno por lo que él consideraba una violación a la Carta Fundamental de la República, en donde se establecía que la religión del Estado era la Católica, Apostólica y Romana, con exclusión de cualquier otra. Entonces, pidió al Presidente Manuel Montt que arrasara con ese edificio “que deshonraba el suelo de la República”30, lo que no sucedido.

Recordemos que en ese período ya se había instalado la disputa pública entre pelucones o conservadores defensores del clericalismo y liberales laicistas, especialmente tras la llamada “Cuestión del sacristán” (1856). A su vez, la presencia de voces como la de David Trumbull, fundador de la Union Church, había logrado poner en el tapete la necesidad de generar espacios para que los cristianos no católicos pudiesen practicar su religión.

28 Serrano, Sol, Conferencia leída en el Palacio Vergara, en las Jornadas de Historia de Valparaíso. Viña del Mar, 1997.

29 Hodgson, C.H., A Historical Sketch […], p. 13.

30 Araya, Eugenio, La posible imposibilidad. Crónicas históricas de Iglesias Evangélicas de Chile, Facultad Evangélica de Teología, Santiago, 1999, p. 16

Es necesario aclarar que la relación de los anglicanos con el grupo protestante encabezado por David Trumbull, si bien fue fraterna, mantuvo sus diferencias. El hecho de que los feligreses de la Iglesia Saint Paul´s no fuesen proselitistas los hacía reticentes a las conductas exhibidas por Trumbull, quien se sentía llamado a difundir su fe y a inculcar doctrinas de origen calvinista en el pueblo chileno. De hecho, Ignacio Vergara destaca que la gran personalidad de Trumbull se mostró en su inquietud por no reducir su labor misionera a los extranjeros de su misma lengua, abarcando también -y sobre todo- a los nativos3 .

Precisamente por esto, en 1860 los anglicanos criticaron la venta que hacían los presbiterianos de biblias entre los chilenos a través de la Valparaiso Bible Society. La crítica la hacía el propio ministro anglicano, Richard Dennet, pastor de Saint Paul´s entre 1856 y 1869, porque, a su juicio, la propaganda contravenía la Constitución y las leyes de Chile32 .

La presencia de inmigrantes que profesaban el protestantismo, que cada vez iban teniendo más injerencia en las actividades sociales y económicas de nuestro país, y que querían ver sus derechos reconocidos, era un hecho indiscutible para 1865. La aguda polémica doctrinal viene a distenderse en parte ese año, bajo la presidencia de don José Joaquín Pérez, siendo Ministro de Relaciones Exteriores y Culto don Federico Errázuriz, a través de la dictación de la trascendente ley interpretativa de la Constitución de 1833 que vino a legitimar la enseñanza y la celebración de cultos no católicos en lugares privados y en forma discreta33:

Artículo I. “Se permite a los que no profesan la Religión Católica(…) el culto que practiquen dentro de su recinto de propiedad particular”.

Artículo II. “Es permitido a los disidentes fundar y sostener escuelas privadas para la enseñanza de sus propios hijos en las doctrinas de su religión”.34

El 27 de julio de 1865, el Congreso Nacional manifestó que aquello significaba que se permitía a los disidentes celebrar en sus templos las funciones propias de su rito con toda libertad, y que lo único que se les prohibía era el “aparato público”. Con esto se trataba de evitar que el culto privado se transformara en público, por lo cual se prohibía el uso de campanas, hacer procesiones o reuniones en lugares públicos. Además, se decía que estas iglesias podrían sostener escuelas privadas para la educación de sus hijos3 .

Según Pedro Ormeño, la reforma del artículo 5º de la Constitución de 1833 buscaba, en el

31 Vergara, Ignacio, El Protestantismo en Chile, Editorial del Pacífico, 3ª edición, Santiago, 1962, pp. 37-38.

32 Urbina Burgos, Rodolfo, Valparaíso: Auge y […], p. 298.

33 Ídem; ver también Waisberg, Myriam, La Arquitectura Religiosa […], p. 51.

34 Vergara, Ignacio, El Protestantismo […], p. 39.

35 Araya, Eugenio, La posible imposibilidad […], p. 43.

fondo, dar rango constitucional a una situación que, de hecho, se venía manifestando en Chile, especialmente en Valparaíso: la tolerancia del culto público y el proselitismo protestante3 .

CONSECUENCIAS PARA LA I GLESIA A NGLICANA S AINT PAUL ´ S

El 31 de julio de 1869, once años después de construida la Iglesia Saint Paul´s y cuatro después de haberse dictado la mencionada ley interpretativa, mediante una declaración oficial se dedicó el templo y se especificó formalmente la finalidad que desempeñaría:

“Nosotros, los fideicomisarios de la propiedad de la Iglesia de esta Comunidad Británica en Valparaíso, por la presente declaramos que el edificio usado actualmente para la alabanza de Dios de acuerdo al uso de la Iglesia Unida de Inglaterra e Irlanda, en esta mencionada ciudad, ha sido erigido por suscripción voluntaria, y que el sitio del mismo, debidamente convenido de acuerdo a la ley, para ser tenido como fideicomiso para siempre, como un lugar de alabanza de la nombrada Iglesia y para ningún otro propósito, cualquiera que fuere.

I.C. Hayne, H. Plunket Bonrchies, Alfred Marshall. Valparaíso, Julio 31 de 1869”3 .

En 1872, mientras la propiedad y el edificio de la iglesia eran evaluados en $45.000, William Lloyd diseñó un “school room” o y una biblioteca para ser construidos junto al templo, en el contexto de la libertad de enseñanza surgida del Artículo 2º de la Ley Interpretativa del artículo 5º de la Constitución de 1833. Sin embargo, el proyecto se pospuso por diez años debido a la falta de fondos para su financiamiento. En ese lugar surgiría después lo que fue el Anglican Institute.

El 9 de diciembre en 1875 el Estado, por medio del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, reconoció oficialmente la Iglesia Anglicana Saint Paul´s, otorgándole la personalidad jurídica como corporación:

“Apruébase en la forma que a continuación se expresan los estatutos por los cuales debe rejirse la Corporación denominada Iglesia Episcopal Anglicana que podrá gozar en consecuencia de los derechos que otorga a las personas jurídicas el Título XXXIII del Libro I del Código Civil”3 .

36 Ormeño Mena, Pedro, Las Primeras Iglesias […], p. 94.

37 Archivo Iglesia Anglicana Saint Paul´s, Minute Book Nº 1, p. 19. Traducción libre de la autora:

“We, the Trustees of the Church property of this British Community in Valparaiso hereby declare that the building now used for the Worship of God, according to the use of the United Church of England and Ireland, in the said City, has been erected by voluntary subscription, and the site of the same, duly conveyed over according to law, to be held in Trust for ever, as a place of Worship of the said Church and for no other purpose whatever. I.C. Hayne, H. Plunket Bonrchies, Alfred Marshall. Valparaiso, July 31st, 1869”

38 Sic, Ídem, p. 114.

Por medio de la declaración se establecieron los puntos referentes a la Corporación, a las juntas generales, a la administración, al capellán de la Iglesia. Probablemente el Artículo I es el más notable, al postular abiertamente la libertad de culto, en el ámbito de los cultos protestantes, pero ciñéndose a las leyes del país:

“Se establece en Valparaíso una Corporación bajo el nombre de Iglesia Episcopal Anglicana con el objeto de que los extranjeros residentes en Valparaíso que profesan la relijión Episcopal Anglicana puedan ejercer el libre culto de su creencia, sujetándose a las leyes del país”3 .

Finalmente, el 13 de septiembre de 1876 el Congreso aprobó el proyecto de ley que otorgaba a la Iglesia el dominio indefinido del templo y del edificio40 y en 1879 se realizó el traspaso definitivo de la propiedad desde el Cónsul Británico a la Corporación Iglesia Episcopal Anglicana, la cual desde 1874 había dejado de contar con la contribución anual del gobierno británico para la mantención del templo4. De este modo, la comunidad anglicana contaba con una mayor autonomía.

Estos hechos marcan un hito dentro de nuestra historia local y nacional, no sólo en cuanto al surgimiento del anglicanismo en Chile, sino también al verificarse por ellos las transformaciones que vivió la sociedad chilena, a partir de la comunidad porteña del siglo XIX, creciendo en la tolerancia religiosa y educacional. La Iglesia Anglicana Saint Paul´s fue protagonista y testigo de estos cambios, forjándose así su valor histórico y patrimonial42

39 Sic, Ibíd.

40 Ibíd., p. 118.

41 Bowes, Sir Leslie, Some British Activities […], p. 6.

42 Ver Prain B., Michelle, La iglesia Saint Paul´s de Valparaíso, patrimonio tangible e intangible de la era Victoriana, En: Archivum, Revista del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, Nº 6, Viña del Mar, 2004.

bI b LIOGRAFÍA

Araya, Eugenio, La posible imposibilidad. Crónicas Históricas de Iglesias Evangélicas de Chile, Facultad Evangélica de Teología, Santiago, 1999.

Archivo Iglesia Anglicana Saint Paul´s, The Register of the Protestant Chaplaincy at Valparaiso in the Kingdom of Chile, 1837.

Archivo Nacional, Fondo Arzobispado de Santiago. Carta del Arzobispo Electo al Ministro de Justicia, 24/03/1840.

Bethell, Leslie, Historia de América Latina, Tomo V, Capítulo 7: La Iglesia y la Independencia de América Latina. Título original: The Cambridge History of Latin America, Cambridge University Press, 1985. Traducción de Angels Solá. Editorial Crítica, Barcelona, 1991.

Bowes, Sir Leslie, Some British Activities in Valparaiso, Past and Present, Published by The British Commonwealth Society of Valparaiso, Valparaíso, 1950.

Eyzaguirre, Jaime, Historia de las instituciones políticas y sociales de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 1998.

Hodgson, C.H., A Historical Sketch of the Anglican Chaplaincy at Valparaiso, Chile, 18251909. Printed by The South Pacific Mail, Valparaíso, 1917. Traducción libre de la autora.

Ormeño Mena, Pedro, Las Primeras Iglesias Reformadas de Chile, Tesis para optar al Grado de Licenciado en Historia, Universidad de Chile, Santiago, 1986.

Prain B., Michelle, La iglesia Saint Paul´s de Valparaíso, patrimonio tangible e intangible de la era Victoriana, En: Archivum, Revista del Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, Nº 6, Viña del Mar, 2004.

Pytches, David, Foreigners and Religious Liberty in Chile 1810-1925, Published by the Anglican Church in Chile, Santiago, 1975.

Serrano, Sol, Conferencia leída en el Palacio Vergara, en las Jornadas de Historia de Valparaíso, Viña del Mar, 1997.

Urbina Burgos, Rodolfo, Valparaíso: Auge y Ocaso del Viejo “Pancho” 1830-1930, Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha y Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 1999.

Vargas Cariola, Juan Eduardo, Aspectos de la Vida Privada de la Clase Alta de Valparaíso: La casa, la familia y el hogar entre 1830 y 1880, En: Revista de Historia, vol. 32. Instituto de Historia Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 1999.

Vergara, Ignacio, El Protestantismo en Chile, Editorial del Pacífico, 3ª edición, Santiago, 1962.

Waisberg, Myriam, La Arquitectura Religiosa de Valparaíso Siglo XVI-Siglo XIX, Facultad de Arte y Tecnología, Universidad de Chile, Sede Valparaíso, Valparaíso, 1992.

Santuario Cenáculo de Bellavista, en La Florida

E L M OVIMIENTO APOSTÓLICO DE S CHOENSTATT Y VALPARAÍSO

A MELIA H ERRERA L AVANCHY

Profesora en Historia y Geografía, PUCV

© Magíster en historia, PUCV

Antes de comenzar debo hacer una aclaración: lo que presentaré a continuación sólo son algunas pinceladas sobre el hecho fundacional de un movimiento religioso, y no es el reflejo de una investigación pormenorizada, la cual sí se está haciendo en distintos niveles. No traigo más documentos que un acta de fundación, la que hoy se conserva en el Santuario Cenáculo de Fundación de Agua Santa, Viña del Mar. Para consultar datos he contado con el valioso apoyo bibliográfico de un libro editado por las Hermanas de María el año 1997, hace diez años atrás, cuando se celebraran los 50 años de la fundación del Movimiento apostólico de Schoenstatt en Chile.

En este libro, cuyo nombre es Raíces de Fundación se recogen variados testimonios, tanto orales como escritos que se han conservado de este proceso. Además del citado libro he tenido presente otras fuentes provenientes, tanto de testimonios personales como de textos informativos (libros, revistas, páginas web). A continuación, por tanto, me propongo presentar un tema, a partir de un filón en la historia religiosa de Valparaíso, que tendrá interesantes y valiosas proyecciones, las que esperamos continúen siendo estudiadas por los cultivadores de la disciplina.

Valparaíso, dentro de nuestro territorio nacional, será una región en que confluirán tradiciones religiosas diversas, fundamentalmente por la presencia de inmigrantes europeos. Justamente, esta particularidad se reflejará en la vida religiosa de nuestro puerto. Comúnmente cuando se habla del patrimonio arquitectónico religioso porteño y se trata del Cerro Alegre se hace mención especial de las iglesias anglicana y luterana.

Esto me llevó a preguntarme qué papel jugaba la iglesia católica de esta localidad porteña, la Iglesia San Luis Gonzaga. La única referencia que tenía hasta ese momento era que desde la vida parroquial, es decir de los sacerdotes y fieles de la Parroquia San Luis, había sido fundado el movimiento apostólico de Schoenstatt a mediados del siglo XX, considerándose por tanto esta parroquia como un hito en la historia de este movimiento. Pero no tenía más conocimiento de la gestación de esta Parroquia.

¿Cuándo había sido fundada su parroquia? ¿Habría sido antes o después de la creación de los templos de los otros credos? Así, me enteré que –efectivamente- la Parroquia San Luis Gonzaga había nacido como una respuesta para contrarrestar la influencia protestante en el sector, es decir, aparte de la siempre necesaria presencia de un centro de culto, en este caso preciso, también había sido erigida como una manera de hacerse presentes los vecinos católicos del Cerro.

Según lo indica Miriam Weisberg en su fundamental trabajo sobre la arquitectura religiosa de Valparaíso, fue en el año 1886 en que, la iniciativa de construir una iglesia en esa zona, se hizo realidad con la donación de doña Juana Ross de Edwards, quien -como en tantas otras buenas obras- asumió su financiamiento. Los planos fueron encargados a Nicolás Marambio y así, el día 5 de agosto de 1886, se procedió a colocar la primera piedra. Dos años después, el día de la Natividad de la Virgen María, el 8 de septiembre de 1888, fue finalmente inaugurada y consagrada la iglesia.

El padre José Kentenich (1885-1968) El Padre José Kentenich el día de su ordenación sacerdotal

Parroquia San Luis Gonzaga, Cerro Alegre.

Ahora, nos aparecía la siguiente pregunta: ¿Qué sacerdotes estuvieron a su cargo? ¿Qué relación habría para que de ahí hubiese surgido el movimiento de Schoenstatt? La Iglesia San Luis había estado en un principio a cargo de los Padre Pasionistas, designándose como párrocos sólo sacerdotes de nacionalidad inglesa hasta el año 1893, pues, en ese año, los Padres Pasionistas renunciaron por no poder asumir las responsabilidad para atender una futura escuela que pedían los fieles del lugar, trasladándose así estos sacerdotes a Viña del Mar.

Fue recién en el año 1904 que se hizo cargo de la Parroquia otra orden religiosa: la Sagrada Orden de la Misión, llamada también Sociedad del Apostolado Católico, y conocida comúnmente como los Padres Pallotinos. A ellos les tocará vivir la reparación de la Iglesia después del terremoto de 1906 y, en el año 1910, procedieron a construir el Salón Parroquial, conocido más tarde como el Teatro San Luis.

La Sagrada Orden de la Misión había sido fundada por San Vicente Palloti en la primera mitad del siglo XIX, y formaba parte de un programa de renovación que contemplaba la participación de todos los fieles como cooperadores de la obra de los consagrados en áreas que a éstos les era difícil cubrir, centrándose especialmente en el apostolado entre los no creyentes, los paganos, como también en el trabajo de profundización de la fe entre quienes ya la poseían, y en la participación de los laicos en la obras de misericordia, tanto temporales como espirituales.

San Vicente Palloti, quien fue canonizado el año 1963 por el Papa Juan XXIII, había sido nombrado por el Papa Pío XI como el prefundador de la Acción Católica, pues con su obra se anticipó en un siglo en materia de ideas de apostolado. Por esta razón es que los sacerdotes pallotinos de la Parroquia San Luis concordarán con los anhelos de sus fieles que participaban en la Acción Católica porteña y así es como también en ellos hará eco el mensaje mariano de conquista del mundo que proponía un hijo alemán de esta congregación, el Padre José Kentenich.

Esta será la confluencia que se dará cita en un día lluvioso hace sesenta años en nuestra ciudad, confluencia de anhelos y de vocaciones de miembros de la Acción Católica porteña, quienes acogieron el mensaje mariano que trae un sacerdote alemán de la Congregación de los Padres que estaban a cargo de la Parroquia San Luis, los pallotinos. Para explicar este acontecimiento, que podría pasar a la historia como una reunión más, pero que veremos tuvo repercusiones en la vida religiosa no sólo de nuestra región, sino también del país, es que me centraré es tres puntos. Explicaré breve y previamente cuáles fueron las corrientes que se dieron cita este día de junio de 1947.

Tenemos a los sacerdotes pallotinos en la Parroquia San Luis, estos sacerdotes eran alemanes. Y aquí nos remontamos a inicios del siglo XX, en momentos de detonarse la Primera Guerra Mundial, cuando muchos jóvenes seminaristas en Alemania tendrán que partir al campo de batalla. Un grupo de estos jóvenes seminaristas, que se llamarán los congregantes héroes, partirán al frente luego de haberse consagrado a la Madre de Dios en una pequeña capilla que se les había cedido en el Seminario de la localidad de Schoenstatt, que en alemán significa valle hermoso.

Éstos son los orígenes del Movimiento que lleva su nombre. El pilar de este movimiento será la devoción a la Madre de Dios, por eso será un movimiento eminentemente mariano, y su centro de devoción se encontrará en el Santuario, pequeña capillita en honor a la Virgen, desde la cual Ella entrega gracias especiales. Por esta razón será que a imagen de ese santuario original luego se construirán santuarios por todo el mundo. Esta devoción se concretiza en un primer grado al realizar una Alianza de Amor con María, muy en la línea de la esclavitud mariana de San Luis María Grignon de Montfort.

Para el caso particular del Padre José Kentenich, la Virgen será propiamente su Mater, Madre en latín, pues su madre biológica lo entregará en un hospicio siendo él pequeño, por lo cual la maternidad de María la palpará de forma no sólo espiritual. Un aspecto fundamental de la doctrina que él postula será la del espíritu filial, es decir de hijos, muy en consonancia con la espiritualidad de la infancia espiritual de Santa Teresita del Niño Jesús, carmelita, cuyos simples y profundos escritos tanto han iluminado y siguen iluminando a los cristianos hoy.

Respecto al espíritu mariano, debemos tener en cuenta también que la devoción a María es la devoción propia de estos tiempos, el turbulento siglo XX. Pensemos, especialmente, en los mensajes de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima.

El Padre Kentenich había ingresado al seminario de los Pallotinos en el año 1904, siendo

ordenado sacerdote el año 1910. Luego de completar sus estudios, el año 1911 fue nombrado profesor de latín y alemán en el seminario menor de Ehrenbreitstein, donde él había estudiado los primeros años. Al año siguiente, fue nombrado Director espiritual de los seminaristas en Schoenstatt, a quienes presentará su programa, que se hará realidad el día 18 de octubre de 1914.

Este programa consistía en desarrollar la santificación propia para transformar la pequeña capillita en un lugar de peregrinación. Es decir, provocar que María se hiciera presente con sus gracias. Y es justamente eso lo que se hará de la antigua capilla de San Miguel que se les había dado a este grupo para reunirse en julio de ese año de 1914. Este programa de santificación lo sellarán realizando una Alianza con María, y no cualquier alianza, sino una Alianza de Amor con Ella.

Si nos fijamos en el año en que este acto se realiza veremos que tenemos a estos primeros fundadores en un contexto muy característico del trágico pasado siglo desde el punto de vista bélico. El humanizar la guerra, esa es la misión que tendrán estos hombres y la arma para esta será la devoción mariana. Un hijo de María podrá morir en el campo de batalla, pero su alma no se perderá, como dice la imagen que está inscrita alrededor de la imagen de María sobre el altar en cada santuario: Servus Mariae nunquam peribit, es decir, un siervo de María nunca perecerá.

Serán muchas las veces en que ellos fueron los únicos que ayudarán a mantener la fe entre los hombres de las trincheras, ¡qué gran esperanza inundaría los corazones de estos hombres, muchos futuros mártires! Esta entrega a la voluntad de Dios que permite que se llegue a vivir en una situación tan adversa a la vida cristiana que busca la paz la veremos nuevamente en la vida del Padre Fundador, y del movimiento en general, más adelante en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, en nuestra región existía un grupo llamado Las Salesas que asistían a reuniones en la Parroquia de Chorrillos, quienes en ausencia del párroco que las dirigía, deciden ingresar a la Acción Católica. Estas damas fueron invitadas el año 1935 a unas clases que dictaba el Padre Clemente Klepper en la Parroquia San Luis del Cerro Alegre de Valparaíso. Allí, él les hablará de un movimiento de Alemania y de unas religiosas que pensaban venir a Chile. A este grupo será invitada luego Benedicta Daiber, oblata benedictina de cultura vastísima, entregada a la catequización de los cerros de Valparaíso.

Ella ayudará al Padre Klepper traduciendo algunos documentos del alemán, descubriendo así la riqueza de este mundo espiritual, de tal modo que esta espiritualidad inundará las charlas que comenzó a dictar a un grupo que le había solicitado su formación, y que eran miembros del Consejo Diocesano de la Acción Católica, una de cuyas integrantes más activas fue doña Rosita de Durney.

Fue así como, progresivamente, las integrantes de este grupo fueron impregnándose de la espiritualidad schoenstattiana y en el año 1941 decidieron depositar el capital de gracias en una

pequeña capillita dedicada a la Mater ter Admirabilis, que se encontraba en la casa de M. Benedicta. También se encontrarán expectantes a la misión que les tocaría realizar pues estaban convencidas que de Valparaíso debía partir ese movimiento de vida católica que había de conquistar Chile para Cristo, y eso lo lograrán viviendo el capital de gracias y educándose para encarnar auténticamente el tipo de santidad chilena.

La Cruz de la Unidad. María recoge la Sangre de su Hijo en la Cruz.

De este modo, el día 28 de abril de 1942 deciden que se consagrarán a la Santísima Virgen María, lo cual se llevó a efecto el día 15 de mayo del mismo año. El 23 de junio ingresaron al movimiento que tanto habían escuchado hablar y se dispusieron a realizar su Alianza de Amor con María.

Volvemos a Alemania. A inicios del año 1942, el Padre José Kentenich será interrogado por la Gestapo; su situación era complicada como lo fue para tantos católicos bajo el régimen del nacionalsocialismo. Pero el día 20 de enero de ese mismo año él decidió rechazar la posibilidad de librarse de ser enviado al campo de concentración de Dachau. Esta decisión sorprendió a muchas personas, pues les parecía que era arriesgada, y obviamente que lo era, pero en vez de ver en su actitud un noble sacrificio, la consideraron como presunción y locura.

Lo cierto es que si pensamos en la vida de muchos mártires de los primeros tiempos del cristianismo, con los ojos materialistas del mundo actual en que perdemos de vista lo verdaderamente importante, naturalmente los consideraremos exagerados y hasta enajenados, pero bien sabemos que su ejemplo nos ha sido de gran valor moral y espiritual, aparte de lo fundamental que es que ya gozan de la gloria eterna. Ahora bien, también en los primeros siglos había cristianos que criticaban a aquellos hombres que daban testimonio de su fe, lo que significa propiamente ser mártir, y se tenía especial cuidado que no provocasen su captura, pero en este caso vemos que el Padre Kentenich sopesó las posibilidades y los frutos de su decisión, y hoy, retrospectivamente, vemos cuán certera fue ésta, y podemos decir también cuán providencial. Pues no sólo la presencia de él, como hombre y especialmente como sacerdote, iluminó esos sórdidos lugares (el 19 de marzo de 1943 celebró la primera misa en Dachau), sino que fuera del campo de concentración dio frutos, quizás aún mayores, que tuvieron repercusiones hasta en tierras tan lejanas como las nuestras.

Benedicta Daiber, quien tenía conocimiento de la espiritualidad mariana de la fundación alemana, como decíamos hace un momento, iba entregando este mensaje a sus pupilas que lo recibieron entusiasmadas y lo harán fructificar de gran manera. Por ejemplo, el ideal de la santificación de la vida diaria y la práctica del capital de gracias que, como dice su nombre, consiste en reunir la máxima cantidad de sacrificios y ofrendas espirituales las cuales se capitalizan para poder ser utilizadas por quien las necesite, todo esto, en el mejor de los “bancos” el Corazón de María. Esta idea, que rindió gran fruto, no es propiamente una novedad, sino sólo una forma práctica de llevarla a cabo y aplicar los principios católicos en la vida ordinaria.

Por otra parte, ya el año 1936, habían llegado a Chile las Hermanas de María, fundación que el año 1926 había hecho el Padre Kentenich. Llegaron seis hermanas, las cuales con sus particulares hábitos azules sólo pasaron por Valparaíso, pues iban a instalarse a la ciudad de Temuco. Será una de ellas, la Hermana M. Marlies, quien tendrá luego un papel importantísimo en la fundación y en la fecunda vida de los primeros años de la Familia Schoenstattiana en Valparaíso.

Aquellas señoras de la Acción Católica, al conocer que el fundador del movimiento -del

cual les hablaba Benedicta Daiber- se encontraba en tal situación, es decir, en un campo de concentración, decidieron ofrecer muchas oraciones, comuniones, rosarios y sacrificios por él, su salvación y su obra. Y veremos que será, fundamentalmente, este mismo grupo de mujeres el que, en 1947, se hará presente para firmar el Acta de fundación.

Al finalizar de la Guerra, el día 20 de mayo de 1945, el P. Kentenich fue liberado y regresó justo para el día de Pentecostés a su terruño, Schoenstatt. A partir de ese momento, se dedicó a viajar por el mundo visitando los lugares hasta donde había llegado su mensaje de humanización y recristianización en María. Es así como en junio del año 1947 pisó por primera vez la tierra chilena.

Justo unos meses antes de que el Padre Kentenich llegara a Chile, dos hermanas marianas habían venido a Valparaíso desde Temuco, donde estaban instaladas, en busca de donaciones. Se puede decir que la Providencia hizo que se encontraran con el señor Roberto Munchmayer, miembro del directorio de la Fundación Mena de la cual dependía el Hospital de Niños en Valparaíso, en el cual se necesitaba urgentemente de algunas religiosas para que se ocupasen del Hospital. Así es como ya estarán instaladas las primeras hermanas marianas en nuestra región a la llegada del Padre Fundador.

Sólo cuatro días después de su arribo a Chile el Padre Kentenich realizará la Fundación del Movimiento Apostólico de Schoenstatt chileno, oficialmente en Valparaíso. Junto a él, se encontrarán las señoras y jóvenes parroquianas del cerro Alegre, quienes pertenecieran a la Acción Católica de Valparaíso y las Hermanas Marianas avecindadas en nuestra región. A continuación se transcribe el documento:

“Acta de Fundación del Movimiento Apostólico en Chile: El viernes 27 de junio del año 1947, a las 16 horas, en la Casa de la Asociación de Mujeres de la Acción Católica, Pje. Quinta No 28 – Valparaíso; el Rev. Padre José Kentenich, P.S.M. y fundador de las Hnas. Marianas; en presencia del Rev. Padre José Kögler, Superior de los Pallotinos en Santiago; del Rev. P. Federico Amberger, Cura Párroco de San Luis; de la Rev. Madre Georgina Wagner, Superiora Provincial en Chile; de la Rev. Madre Ursula, Provincial en Uruguay; y de las siguientes personas: Sras. Luisa M. de Vallejo, Javiera Ch. de Le Roy, Nora P. de Bostelmann, Claudia de Smith, Blanca de Aorostizaga, Aída de Hager, Laura de Bergeot, Julia E. de Winter, Lucy de Elizalde, Ana de Riveros, Rosa B. de Durney y Stas. Rosa Calvo, Luisa Durney, María Andueza, Pilar Moreno y Ruby Young; declaró fundado el Movimiento Apostólico en Chile y a las personas abajo firmantes, miembros fundadores.

El Rev. P. Kentenich hizo notar tres puntos que las fundadoras debían tener siempre presente:

1o.- Que la misión de Schönstatt es una misión divina, por lo tanto no había que fijarse en lo débil de sus instrumentos; sino siempre aspirar a subir más alto confiando en la

Madre Tres Veces Admirable.

2o.- Recordar siempre que éramos fundadoras y por lo tanto pesaba sobre este Grupo una gran responsabilidad.

3o.- Que éramos élite, así que deberían siempre los miembros del Movimiento Apostólico destacarse del común de la masa, dondequiera se encontrasen.

Se dejó constancia que este Grupo había sido formado desde sus comienzos por la Sta. Benedicta Daiber, actualmente en Bolivia, y dirijido desde el año 1942 por el Reverendo Padre José Kögler”.

Exactamente cuatro años después de su libración de Dachau se bendijo el primer santuario en tierra chilena, el Santuario de Bellavista en La Florida, en ese tiempo, situado a las afueras de Santiago, hoy vecino a una estación del metro que lleva su nombre. A fines de ese mismo mes de mayo de 1949, en Bellavista, el Padre Kentenich completó un informe en el que plantea su visión de varios problemas que percibía y palpaba en la sociedad de su tiempo, especialmente poniendo en alerta contra el pensar mecanicista y la alienación del hombre contemporáneo.

Ya para este tiempo se había congregado un grupo de juventud, el cual con mucho ímpetu se formaba y trabajaba por hacer vida el ideal católico. Muchos eran miembros activos de la Acción Católica y, en los retiros y charlas de los sacerdotes pallotino-schoenstattianos, encontraron cómo encauzar sus ideales. Ya en 1948, en su segunda visita a Chile, el Padre Kentenich se encontrará con grupos establecidos y comprometidos en hacer fructificar Schoenstatt en tierra chilena.

El primer grupo de jóvenes “Rosas” con el Padre Fundador y la Hermana Marlies en 1948.

Si bien, el mismo año 1914 el obispo de Treveris había aprobado los Estatutos de la Congregación de Schoenstatt y, el 2 de febrero del año 1921, Fiesta de la Candelaria, el Superior General de los Pallotinos había reconocido al movimiento apostólico como continuación del Apostolado Católico de San Vicente Palloti, los sacerdotes pallotinos que estaban destinados a Chile siguieron siendo pallotinos, aunque algunos hubiesen participado de la fundación en 1914. Este será el caso del Padre Adolfo Baldauf, quien tuvo una importante labor en Valparaíso y falleció aquí el año 1956. Su tumba, actualmente se encuentra junto al Santuario Cenáculo de Fundación. En 1965, la Orden de los Pallotinos se retirará del país, pasando la Parroquia San Luis a la administración diocesana.

En Valparaíso, la Acción Católica congregaba a una juventud que -consciente de los problemas sociales y espirituales del mundo que les tocaba vivir- buscaba soluciones para el mismo. Así tenemos el ejemplo del sacerdote jesuita, hoy, San Alberto Hurtado. Para estos jóvenes anhelantes de encarnar los principios cristianos de la religión, como debe ser, las pocas ideas que habían escuchado acerca del movimiento les parecían atrayentes. Fue así que, al enterarse de la visita del Padre a Chile, hacen las gestiones para que les dicte alguna conferencia. También consiguieron que les predicase un retiro, el que se realizó en el Cerro Barón, y entre los asistentes se encontraban dos jóvenes futuros obispos chilenos.

El ideal schoenstattiano es del hombre íntegro, dispuesto a la voluntad de Dios y profundamente mariano. Ella es el mejor ejemplo a seguir y a Ella debemos aspirar. Este ideal mariano no es exclusivo de las mujeres, sino de todo cristiano, pero sí se preocupa especialmente de la dignidad de la mujer, no de los derechos mal enfocados como los que propugna el mundo actual, sino del verdadero valor de lo femenino y su misión en la sociedad.

Los Cuadernos de Actas de las reuniones de los grupos fundadores son un documento precioso para la reconstrucción de los hechos que se narran y para conocer el carácter de sacrificio y entrega en la misión. Queda así el testimonio directo de cuantos capitales de gracia se habían ofrecido, por ejemplo, para la construcción espiritual del primer santuario en Bellavista.

En los boletines parroquiales de San Luis también se recogen. Por ejemplo, en la construcción del segundo santuario presente en nuestra diócesis, que se inauguró el año 2006 en Los Pinos, Reñaca, no sólo se necesitó sustento material para su edificación sino también sustento espiritual.

Un aspecto importante a destacar de la organización del Movimiento desde sus inicios es el ser familia. De hecho, la estructura que tienen las diversas ramas o grupos, son en torno a la gran familia de Schoenstatt, que debe ser reflejo de las familias cristianas que tienen su centro en María, ejemplo no sólo para las madres y jóvenes, sino también para los hombres.

María, la nueva Eva, la Corredentora, la Reina Victoriosa en el Apocalipsis, Ella es quien guía a sus hijos en estos nuevos tiempos. Es por eso que también a Ella se le corona dentro de las familias, y así a imagen del santuario se instaura la imagen de María en los hogares, en los

llamados santuarios hogares. Otra forma de apostolado es aquel que surgió en Brasil, la Virgen Peregrina, una pequeña imagen altar que visita los hogares con un rosario, para que las familias se congreguen para rezar el rosario a la Virgen. Esta labor, que muchas veces es de misión dentro de las mismas ciudades, está fuertemente enraizada en los santuarios, donde también se convierte en centro de culto, como tantas otras capillas para la celebración del Mes de María en nuestro país.

Hace 59 años, en el Salón de Honor de nuestra PUCV, un sacerdote alemán -invitado por Monseñor Rafael Lira-dictaba una conferencia en la que dio su testimonio de vida y su diagnóstico de los males espirituales que se vivían en la Europa de la posguerra. Este sacerdote era José Kentenich.

Las enseñanzas de este sacerdote están aún vigentes y me pareció que, es justamente por eso, que este Movimiento ha alcanzado tal extensión en la región, entregándose a la Iglesia, y también cosechando vocaciones.

Como lo enunciaba al comienzo, he intentado presentar cómo se entrecruzan y confluyen diversos elementos en esta fundación, tanto externos como locales, los que permitieron que hincara hondo en nuestra tierra y se desarrollara este movimiento mariano que ha logrado ser propiamente apostólico.

LOS C APUCHINOS EN V IÑA

DEL M AR

R.P. S ERGIO U RI b E, OFMCAP

PARROQUIA S AN M IGUEL DE R ECREO, V IÑA DEL M AR

A NTECEDENTES: LOS CAPUCHINOS EN LA REGIÓN DE VALPARAÍSO

E N S AN PEDRO DE QUILLOTA

La presencia de los Hermanos Menores Capuchinos en la que hoy conocemos como Quinta Región de Chile, tiene una historia que se remonta a mediados del s. XIX, aunque esta presencia no haya sido siempre constante o prolongada.

El año 1855 el entonces Cura Párroco de Quillota, don Ramón González, quiso establecer en su Parroquia una casa de capuchinos para tener colaboradores estrechos en su servicio pastoral. El ofrecimiento fue aceptado. El Prefecto Apostólico envió de inmediato a los Padres Claudio de Génova y Gaudencio de Nirasca, ambos ligures, quienes con las limosnas espontáneas de vecinos piadosos lograron levantar una pequeña casa de cinco piezas y desde donde salían a predicar y catequizar a los fieles. Pero apenas un año después, en 1856, un disgusto entre el Prefecto Apostólico y el generoso Párroco señor González, obligó a los hermanos a abandonar la reciente fundación1.

Pero de inmediato se presentó una salida propicia. En las cercanías de la misma ciudad, en San Pedro de Quillota, vivía por aquellos años la aristocrática e influyente familia Dueñas, poseedora de haciendas y vastos campos de cultivo; estaban emparentados muy de cerca con los hermanos Carrera, que tan beneméritos fueron en la guerra de la Independencia nacional. A

1 Relación del Prefecto Damián de Viareggio, Santiago 31/05/1860, a la Congregación de Propaganda Fide, Roma Cfr Archivium Generale Missionum ofmcap, Romae. Missio Chile, H-23. Carpeta H, f127.

comienzos de 1856 don Manuel Dueñas ofreció y después donó un trozo de sus terrenos de San Pedro de Quillota a los capuchinos para que éstos establecieran allí y edificaran un conventillo de su Orden.

Este ofrecimiento perseguía una doble finalidad: los piadosos componentes de esta familia tendrían la posibilidad de frecuentar la Misa y los Sacramentos, logrando así satisfacer su piedad, y los inquilinos y habitantes más alejados de los centros urbanos obtendrían con más regularidad la instrucción y la atención religiosa que necesitaban.

Estos dos ofrecimientos no podían haber sido más oportunos. Los misioneros capuchinos habían llegado algunos años antes al puerto de Valparaíso, el 23 de octubre de 1848. Fueron enviados desde Roma por la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, a solicitud del Gobierno de don Manuel Bulnes, para asumir la responsabilidad de la conversión y civilización de los indios infieles de Araucanía.

El entonces Prefecto Apostólico de las Misiones capuchinas de Chile, fray Ángel Vigilio de Lonigo, desconcertado por la desproporción del inmenso campo de trabajo y el exiguo número de sus misioneros, decidió viajar a Roma para conseguir el refuerzo de personal con qué hacer frente al desafío evangelizador que la Orden había asumido frente a la nación chilena y a los mapuche. Su gestión en Roma fue más exitosa que la que había soñado. A comienzos de 1853 volvió de Italia trayendo una nutrida expedición de cuarenta y dos misioneros capuchinos que fueron repartidos en las Estaciones misionales de Araucanía y que ofrecieron al Prefecto Apostólico la posibilidad, muy acariciada por él de abrir conventos u hospicios capuchinos en varias ciudades del país.

La oportunidad ofrecida por el Cura González primero, y por los Dueñas después, respondía muy adecuadamente a sus planes y deseos de expansión. La tercera fundación capuchina hecha en territorio de fieles fue precisamente la de San Pedro de Quillota, distante de la ciudad de Quillota un cuarto de hora en ferrocarril i a unos veinte minutos de Limache, como precisan las crónicas de esos tiempos. Se hizo a comienzos del año 1856, en el terreno recibido en donación por la familia Dueñas. En los dos primeros años de su estada allí, los frailes levantaron un modesto templo dedicado a San Fidel de Sigmaringa, en donde ejercían su ministerio sacerdotal celebrando la Misa, administrando los Sacramentos y preocupándose de la instrucción catequética de los campesinos.

Contigua al templo edificaron una pequeña casa de adobes y madera para albergar una comunidad de cuatro o cinco hermanos. La existencia de este convento fue fecunda en trabajos apostólicos y en atención pastoral a los vecinos, trabajando por el bienestar de aquellos pobres inquilinos. Especialmente interesante y comprometente fue el apostolado de la predicación, sobre todo en Misiones populares que los hermanos daban en Parroquias y Capillas de Valparaíso y de otros pueblos cercanos. Con diligencia y tenacidad, o tal vez como necesidad del origen campesino de aquellos frailes, plantaron una viña y trabajaron una discreta huerta de frutales.

Pero la historia de esta casa no fue muy prolongada ni muy feliz. La noche de Viernes Santo, el 29 de marzo de 1872, manos sagradas atentaron sacrílegamente contra la vida de los hermanos e incendiaron el templo y la casa que habitaban2. Pocos días después, el 16 de abril, en cumplimiento de las cláusulas de la donación, los Superiores hacían entrega del terreno y de las mejoras hechas a don Manuel Dueñas quien, con mucha generosidad e ilusión, había contribuido a que los capuchinos viviesen y trabajasen 16 años en esos campos3.

E N EL P UERTO DE VALPARAÍSO

También las antiguas crónicas dan cuenta de la presencia estable y continuada de los capuchinos en el Puerto de Valparaíso, al menos entre los años 1860 y 1873. Tal vez la razón principal de esta presencia obedezca a exigencias prácticas. Valparaíso era, en aquellos años, el más importante centro comercial y el nudo de comunicaciones de Chile con el resto del mundo, y eso aconsejaba tener una residencia para los hermanos que llegaban a Chile o salían hacia o volvían desde las misiones de Araucanía. Como también para proveerse y proveerlos del apoyo material que exigía el ejercicio de su ministerio.

Fundado en estas razones el Prefecto Apostólico, P. Ángel Vigilio de Lonigo, solicitaba del Arzobispo de Santiago, en fecha 2 de marzo de 1854, la facultad requerida por la legislación canónica para fundar una casa religiosa capuchina en el Puerto, con una Capilla pública, en el cerro que mira a la Plaza de la Victoria. Consta que el Prelado asumió la solicitud e hizo, como era de rigor, las consultas necesarias de derecho. Nueve días estuvo el Decreto consultivo del Prelado fijado en las puertas de la Iglesia Matriz y en la Parroquia de los XII Apóstoles4.

A pesar de este trámite cumplido, no hubo un Decreto arzobispal que autorizase la erección canónica del deseado convento u hospicio capuchino de Valparaíso. Desconocemos las razones que tuvo el Arzobispo de Santiago para no emitir finalmente el Decreto de fundación. ¿Hubo realmente obstáculos u oposición de algunos religiosos a que los capuchinos se establecieran en Valparaíso? ¿O fueron tal vez las mismas autoridades capuchinas las que, frente a nuevas realidades, retiraron la solicitud? Ni las crónicas de la comunidad ni tampoco el Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago nos entregan detalles.

Pero existen otros testimonios claros de la presencia estable de estos frailes en el Puerto. Tanto los archivos de la Orden como también el Catálogo de los Eclesiásticos del Arzobispado

2 Cfr La Revista Católica, vol. 16 (1873-1874), Pp. 257-280 (número correspondiente al 6/09/1873) trae la sentencia del Tribunal de la Curia Eclesiástica con todos los detalles de este desgraciado suceso.

3 El P. Adeodato de Bolonia, en ese momento pertenecía al convento de San Pedro, aunque estaba ausente el día del incendio, escribió en castellano una detallada relación de los hechos y sus circunstancias con el título Una Beneficencia y una Persecución. El manuscrito se encuentra en el Archivium Generale Missionum ofmcap, Romae, H 23, Missio Araucaniae; Carpeta N, folias 163-180.

4 Archivo Histórico de la Secretaría General del Arzobispado de Santiago, Leg. 105, nº 16.

de Santiago de Chile que se publicaba cada año, nos dan testimonio de sus nombres, de su presencia, de los oficios o funciones ministeriales que los capuchinos realizaban en el Puerto.

Además de los servicios administrativos y materiales que señalamos anteriormente, los hermanos tuvieron una activa participación en la promoción de algunas obras de la Iglesia. Sin duda la más notoria y la más documentada haya sido la colaboración que, por muchos años, prestaron los capuchinos a las Religiosas del Buen Pastor que en aquellos años se establecían en Valparaíso. El P. Vicente de Florencia fue, desde 1861, su solícito Capellán; el P. Octaviano de Niza, además de atender la Capellanía religiosa (1864 y 1865), les consiguió del Gobierno una suculenta subvención en dinero que les permitió a las hermanas mantener y ampliar el ámbito de su servicio en favor de la mujer marginada.

Pero el que más descolló en entrega y servicio a esta causa, fue el P. Adeodato de Bolonia que sirvió la Capellanía desde 1867 hasta 1872. Además de pedir limosna por las calles del Puerto, se fue a Santiago a golpear las puertas de los poderosos y obtener de ellos los recursos para edificar el Monasterio del Buen Pastor, recursos que la ciudad de Valparaíso no les había brindado. En el testimonio del historiador eclesiástico del Puerto, los capuchinos fueron el consuelo y el apoyo que Dios mandó a esas abnegadas religiosas del Buen Pastor. Si las religiosas del Buen Pastor hubiesen pertenecido a su propia Orden, los capuchinos no hubieran hecho más por ellas5 .

En esos mismos años el P. Adeodato de Bolonia intervino con bastante protagonismo en la fundación del Seminario de San Rafael. Era deseo de Mons. Rafael Valentín Valdivieso, entonces Arzobispo de Santiago, y necesidad de la Archidiócesis abrir en este Puerto un Seminario. Y encomendó a quien era Cura Foráneo de la Matriz, don Mariano Casanova, dar los pasos para convertir en realidad este sueño y esta necesidad. Don Mariano, posiblemente conocedor de las cualidades organizativas del P. Adeodato:

“me convidó a ayudarle en la ejecución de este proyecto i le propuse el arriendo de un local que antes había servido a la Escuela Naval. El señor Casanova aceptó mi propuesta [...] i me encargó reformar el interior de dicho Establecimiento i, en pocas semanas, estuvo en estado de recibir los alumnos que, en número de cuarenta y tantos, entraron en el mes de septiembre de 1870”.

Durante un año, hasta octubre de 1871, el P. Adeodato permaneció viviendo en el recién fundado Seminario, sirviendo de director espiritual de los jóvenes seminaristas sin abandonar los servicios de la Capellanía de las monjas del Buen Pastor6.

5 Cfr Martín y Manero, Vicente, Historia Eclesiástica de Valparaíso, Valparaíso, 1891, p. 2 [Cfr. vol II, p. 319].

6 Cfr. Manuscrito antes citado, Una Beneficencia y una Persecución, Cfr. p. 6 del manuscrito original.

Aunque desde 1873 no aparece la presencia estable de una comunidad de capuchinos en Valparaíso, hay datos de frailes que prestaron servicios prolongados en el Puerto o en sus cercanías, servicios que eran remunerados y cuyo testimonio nos entregan los libros de administración económica y de cuentas del convento capuchino de Santiago. Allí se afirma que, entre enero y noviembre de 1883, se recibieron los emolumentos correspondientes al servicio de la Capellanía del Cementerio de Valparaíso, servida por un fraile. Como asimismo se nos habla del servicio de la Capellanía del Hospicio de La Viña del Mar que los capuchinos habrían servicio desde enero de 1885 hasta finales del año 1887.

Ciertamente se sabe que el P. Ramón de Lérida, español que pertenecía a la Provincia capuchina de Saboya, fue el último sacerdote que prestó servicios religiosos en el Campo Santo de Playa Ancha, hasta la ejecución del Decreto de laicización de los Cementerios. Había llegado a Valparaíso el año 1875 para servir los oficios fúnebres en el citado Cementerio de Playa Ancha, viviendo en ese mismo establecimiento. De allí pasó a ser Capellán del Hospicio de La Viña del Mar7, en donde sirvió hasta el día de su muerte. Falleció el 1 de noviembre de 1887 y el 2 de noviembre, en el mismo templo que servía, se le hizo el funeral de rito mayor, para después ser sepultado en el Cementerio Parroquial de La Viña del Mar8.

El año 1909, la Custodia Capuchina de Chile, regentada ya por los religiosos españoles, intentó erigir canónicamente una casa en Valparaíso pero, aunque se veían claras las conveniencias, no se dieron las condiciones propicias y la fundación no prosperó9.

S ERVICIOS EN LA I SLA DE PASCUA

Los capuchinos tuvieron una actuación muy definida, aunque por un tiempo brevísimo, en el servicio pastoral de Isla de Pascua. En cuanto a la jurisdicción eclesiástica esta Isla dependió del Vicariato Apostólico de Tahití. El 28 de noviembre de 1921 el Nuncio Apostólico en Santiago comunicaba a Mons. Crescente Errázuriz, entonces Arzobispo metropolitano de Santiago, que la Isla de Pascua pasaba a formar parte del territorio de su Arquidiócesis. Pero le hacía ver que, por las dificultades de lejanía y transporte, era deseo del Papa que encomendase ese cuidado pastoral a su Auxiliar Mons. Rafael Edwards. Pocos meses después, el 24 diciembre, el Arzobispo extendía el nombramiento en que delegaba a este Obispo Auxiliar la jurisdicción insinuada en documento pontificio10.

7 Cfr. Marín y Manero, o. c., vol. 2, p. 495.

8 Libro Parroquial de Entierros nº I de la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, de Viña del Mar (Cementerio Parroquial), p. 508. En diciembre de 1892, siendo guardián del convento capuchino de Santiago el P. Daniel de Florencia, hizo trasladar sus restos al Cementerio conventual de capuchinos de la Capital, Cfr. en el Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, P. Juan de Guernica, Los Capuchinos en Chile, vol. I, Los Italianos (Manuscrito) p. 167.

9 Cfr. Actas manuscritas del Consejo de la Misión capuchina de Chile y Argentina, 1903-1929; sesión 7-8/02/1909; cfr. p. 22. Archivo de la Provincia Capuchina del Río de la Plata, Bs. As.

10 El documento Pontificio se encuentra en el Boletín Eclesiástico de Santiago de Chile 22 (1921-1923) 240-242. En

Como este Obispo Auxiliar de Santiago era, desde 1910, Vicario General Castrense, fueron los sacerdotes de la Armada de Chile, pertenecientes a la dicha Vicaría, quienes asumieron preferentemente la atención pastoral de la Isla. Don Rafael tomó con mucho entusiasmo y empeño esta encomienda de su Arzobispo solicitando ayuda y apoyo en varias comunidades. También tocó las puertas de los capuchinos de Viña del Mar. Los Superiores mayores, en el mes de junio de 1917, destinaron dos frailes como acompañantes del Obispo en una de sus visitas a Pascua; eran el P. Bienvenido de Estella y fray Modesto de Adiós.

El primer viaje de estos misioneros a la Isla de Pascua fue muy breve, pero como atestiguó don Rafael en la crónica de la Iglesia de la Isla, él volvía al continente: “muy complacido de la actividad verdaderamente apostólica de Nicolás Pakarati [...] y del celo ejemplar de los misioneros que nos han acompañado, el R.P. Bienvenido de Estella y fray Modesto de Adiós, de la santa religión de los menores capuchinos”.

Si la satisfacción del Prelado fue grande, el entusiasmo e interés del P. Bienvenido de Estella fue mayor. El mes de marzo de 1918, volvió a embarcar, esta vez acompañado del P. Domingo de Beire, de la comunidad capuchina de Santiago, para permanecer ocho fecundos meses misionando en la Isla. Durante este tiempo:

“llevaron una vida muy activa, atendiendo el servicio religioso en la Iglesia, enseñando a los niños en la escuela, haciendo plantaciones, alquilando hombres para varios trabajos de arreglo de calles y hermoseamiento de la población. El P. Bienvenido se dedicó a recopilar algunas tradiciones populares y vocablos del idioma rapanui”11.

El P. Bienvenido dio a la prensa dos publicaciones: Los Misterios de la Isla de Pascua, (Santiago, Imprenta Cervantes, 1920, p. 189) y Mis viajes a Pascua, (Santiago, Imprenta Cervantes, 1921; p. 133)12.

No resulta fácil comprender las jurisdicciones territoriales ni dependencias pastorales y eclesiásticas que regían entonces. Ciertamente, la Isla de Pascua y el Archipiélago de Juan Fernández formaban parte de la Parroquia de El Salvador de Valparaíso. Pero el 6 de mayo de 1916 aparece el Inter Nuncio Sebastiano Nicotra, Arzobispo tit. de Hedraclea, nombrando al P. Bienvenido misionero de la Isla de Juan Fernández por un espacio de cuatro años. El 21 de marzo de 1921, Mons. Edwards lo designa Capellán de la Isla de Pascua, dándole amplias facultades ministeriaeste mismo volumen se puede leer el Decreto 433 en el que el Arzobispo encomendaba a Mons. Edwards la responsabilidad pastoral sobre la Isla; cfr. p. 271.

11Texto citado por el P. Sebastián Englert, capuchino. Primer siglo cristiano de la Isla de Pascua, 1864-1964. Publicaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Católica de Eischtätt, 1966; p 164. Cfr. Pp 109-110.

12 Además de estos libros publicados, el Archivo Provincial de Capuchinos de Chile conserva un cuaderno manuscrito del P. Bienvenido rotulado Isla de Pascua. Artículos inéditos, Fondo Araucanía, L. II i 3.4.

les, incluida la de administrar el Sacramento de la Confirmación. Aunque pueda haber desconcierto, se ve una clara política de servicio pastoral a aquellos fieles.

Años después, el 24 de octubre de 1936, el cuidado pastoral de la Isla de Pascua pasará a depender jurídicamente del Vicariato Apostólico de Araucanía y será servido en forma ininterrumpida por varios misioneros capuchinos de ese Vicariato Apostólico13. Pero la historia religiosa de la Isla está ligada a un nombre, el del capuchino P. Sebastián Englert de Dillingen.

Fue conocido, admirado y celebrado por sus investigaciones científicas y arqueológicas. Pero tal vez su mayor mérito sea haber sido el pastor de los isleños, el que se entregó con amor e interés a descubrir, cultivar y hacerles amar sus valores culturales. Esto lo intuyeron, lo experimentaron, lo gozaron los habitantes de la Isla de Pascua que, sobre el sepulcro que guarda las cenizas de este misionero capuchino, escribieron con cariño: habló nuestra lengua.14

P ROYECTADA FUNDACIÓN DE QUILPUÉ

En fechas más cercanas don Francisco Valencia Simns ofreció en donación a los capuchinos una parcela de 17 has. en las cercanías de Quilpué, en la esperanza que los religiosos erigieran allí un convento de su Orden. La propiedad estaba situada en las inmediaciones de la ciudad. Era un predio de tierra fértil, plantada de árboles frutales y forestales y con 4 has. de viña en abundante producción.

El mismo bienhechor había construido a sus expensas en la cumbre de la colina central que dominaba el contorno, una imponente cruz que fue solemnemente bendecida el 14 de septiembre de 1939 por el entonces Obispo de Valparaíso, Mons. Rafael Lira Infante. La mañana de ese día salió desde la Parroquia local una nutrida romería encabezada por el Obispo, el clero local, los capuchinos de Viña del Mar, los alumnos de sus Escuelas Parroquiales y numerosos feligreses de San Miguel, de Quilpué y de lugares aledaños. Durante años este lugar fue atendido periódicamente por la comunidad capuchina viñamarina.

Se hicieron tradicionales la romería y la fiesta que anualmente se celebraba en honor de la Santa Cruz con gran solemnidad y afluencia de fieles el domingo más cercano al 14 de septiembre, día litúrgico de la Exaltación de la Santa Cruz15. Un grupo significativo de fieles de la Parroquia de San Miguel, los alumnos de sus Escuelas parroquiales con padres y apoderados

13 Cfr AAS 29 (1937) 30.

14 Los capuchinos bávaros fueron muy meritorios en su esfuerzo apostólico y evangelizador, en el servicio de los leprosos, en el aprecio y el cultivo de la cultura local. Hay suficientes publicaciones y escritos que ponen de relieve la labor de estos misioneros capuchinos.

15 Según Crónicas...Viña, una de las cláusulas de la donación del Señor Valencia imponía a los capuchinos la obligación de preparar y realizar el culto y esta particular peregrinación a la Santa Cruz, en la llamada Hijuela de San Francisco. Todos los años el generoso donante y su familia participaban en esta devota romería. Cfr. vol. I, p. 124.

viajaban a Quilpué. Desde la Parroquia local iban en procesión hasta la Cruz del cerro, participaban en la Misa solemne y pasaban un día de campo, aprovechando la primavera que ya comenzaba.

Algunos años después, en 1946, los Superiores del Comisariato Capuchino de Chile decidieron establecer en este lugar de Quilpué, una casa para albergar a los religiosos jóvenes y establecer allí el Seminario capuchino de Filosofía y Teología. Con este fin compraron un pequeño terreno conocido con el nombre de Quinta Negra, junto a la parcela ofrecida por el Señor Valencia, ya que dicho terreno no ofrecía las condiciones que el proyectado edificio requería.

El día 12 de mayo de 1947 el Obispo diocesano, Mons. Lira Infante, bendijo la Primera Piedra de la Iglesia y convento de capuchinos. Todo fue muy solemne: El Señor Obispo dio gracias a Dios y se adhirió a la magna obra ofreciendo su apoyo y su concurso; el Señor Alcalde dio gracias a los capuchinos por el gran bien y el verdadero progreso que ofrecían a la ciudad de Quilpué; el Señor Merino, Cura de la Parroquia local, manifestó su satisfacción y anotó que los capuchinos venían a llenar un gran vacío en su extensa Parroquia16 .

Paralelamente, se tramitó la fundación canónica de la casa capuchina que fue aprobada por los legítimos Superiores de la Orden17. Esta fundación no prosperó. Algunos meses después de la aprobación canónica y de su inicio, un incendio destruyó el convento e Iglesia de capuchinos de Constitución, sede entonces del Noviciado provincial; y en ese momento se vio más urgente reconstruir el Noviciado que iniciar la construcción del Seminario Mayor. Y así, después de bendecir solemnemente la Primera piedra, no se pudo la segunda.

A pesar de haberse abandonado este proyecto, no desaparecieron las ilusiones de una presencia capuchina en ese lugar. Años después las Crónicas conventuales del 4/09/1960 anotan:

“El P. Eulogio de Villava, religioso de esta comunidad, recibió del Señor Obispo el nombramiento de Vicario Cooperador de la Parroquia de Quilpué; se hizo cargo en esta fecha de la pequeña iglesita del paradero 39 de Quilpué, y celebró allí por primera vez la santa Misa. Por esos lugares se proyecta hacer una nueva Parroquia de Capuchinos”18.

16 Cfr. Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Fondo Misiones, Parroquias, Conventos, I i 7.1

17 La autorización para erigir una casa de órdenes religiosas la da ordinariamente la Santa Sede; por aquellos años de la postguerra, dadas las dificultades de comunicación con Europa, estas facultades estaban delegadas al Comisario General de los Capuchinos de América Central y Meridional. El documento aprobatorio fue firmado en Buenos Aires por el P. Pascual de Pamplona el 23/04/1946. Archivo Provincial de Capuchinos, Fondo Misiones Conventos. Cfr. también Analecta 64 (1948) 10; cfr. también Lexicon Capuccinum, col. 1436.

18 Cfr. Crónicas...Viña, vol. I, p. 140.

C APUCHINOS EN ACHUPALLAS

Entre los años 1969 y 1972 encontramos un grupo de capuchinos españoles residiendo y trabajando en la Parroquia de Achupallas, en el sector alto de Viña del Mar. Era un equipo misionero que estuvieron prestando servicios pastorales en varias Diócesis de Chile.

Al iniciarse la década de los sesenta se inició en todas las Diócesis del país un interesante proceso de revisión pastoral, sobretodo de los métodos de catequesis y evangelización hasta entonces utilizados, para acomodarlos a las circunstancias y a las nuevas realidades que pastores y fieles vivían. Hubo en esa oportunidad una determinante influencia de pastoralistas franceses que tuvieron fuerte incidencia en la reflexión, en los planes y en la organización de toda la pastoral de la Iglesia. Estos proyectos fueron poco a poco consolidándose, a pesar de la resistencia que algunos importantes sectores eclesiásticos les oponían.

Al poco andar de este camino, el Concilio Vaticano II y algunos años después la II Conferencia del Episcopado latinoamericano de Medellín (1968), canonizaron y oficializaron algunas líneas pastorales que hasta entonces se tenían como métodos probables o intuiciones particulares en el campo de la vida y de la pastoral de la Iglesia.

Si quisiéramos decirlo en pocas palabras, dejando fuera muchos elementos importantes, diríamos que se buscaba acentuar en la acción de la Iglesia una aceptación más personal de Jesucristo, para llevar al convertido a la vivencia testimonial de su fe, testimonio que se debía enmarcar en una comunidad cristiana viva y operante. Estas líneas pretendían penetrar transversalmente toda la vida, el testimonio y la organización de la Iglesia y, como es evidente, con una determinada incidencia en los métodos pastorales.

Entre otros elementos que de hecho pasaron a revisión, se privilegiaron los medios de transmisión de la fe: la catequesis, la predicación, las misiones populares. Descendiendo más precisamente a estas últimas, los capuchinos de Chile habían tenido un positivo aporte a la Iglesia por más un siglo. La predicación de misiones populares en parroquias, campos y fundos rurales había sido, con sus luces y sombras, un apostolado muy característico suyo. Tal vez se les conocía más por este trabajo pastoral, sobre todo en la zona central del país, que por su aporte en la evangelización de los mapuche. Es innegable el aporte de estos misioneros, y de muchos otros religiosos comprometidos en este mismo apostolado, que mantuvieron y maduraron la fe de muchas generaciones, sobre todo entre la gente sencilla.

Esta inquietud misionera que se despertaba después del Concilio no era exclusiva en nuestro país. En toda la Iglesia emergió este empeño evangelizador como respuesta a las necesidades y a la renovada concepción de Iglesia que acentuaba el Concilio.

En este marco llegaron a Chile, a finales del año 1969, cuatro sacerdotes españoles, pertenecientes a la Provincia capuchina de Navarra, Cantabria y Aragón. Su deseo y determinación

era ponerse al servicio de los Obispos que les pidieran una colaboración en el campo misionero de la evangelización, aunque sin integrarse a la Provincia capuchina jurídicamente establecida en Chile ni asumir en las iglesias particulares de Chile un compromiso estable de apostolado. Una prestación de servicios sacerdotales de esta naturaleza, no aparecía lógica o corriente en la estructura disciplinar de la Iglesia de entonces; debía abrirse camino, tarea que no resultó fácil a los hermanos que constituían este equipo misionero. Pero su tesón y su espíritu de disponibilidad les abrieron muchas puertas.

Fueron fraternalmente acogidos por sus hermanos en los conventos capuchinos. Pero los recién llegados, para facilitar su trabajo itinerante, prefirieron aceptar el ofrecimiento que les hacía el Obispo de Valparaíso de una casa en uno de los cerros de Viña del Mar alto, en una población conocida como Las Achupallas, dentro de la Parroquia de San José de Villa Dulce. Allí vivieron y ese fue también el centro de sus actividades ministeriales.

Las Achupallas era una población, ensanche de la gran ciudad, en la que vivían familias modestas en donde, además de su pastoral misionera itinerante, los religiosos podían realizar un apostolado en el marco más estable de una comunidad sectorial.

El trabajo que ofrecían y los objetivos que se proponían eran coincidentes con los planes pastorales del Episcopado chileno; como se oía repetir muy gráficamente en ese tiempo, no se trata de predicar misiones, sino acentuar la Misión de la Iglesia: anunciar el Evangelio, implantar la Iglesia, construir y consolidar una comunidad testimonial en el medio en que se vive, promover y formar líderes cristianos que mantengan viva la fe y la caridad en una comunidad más cercana, donde se faciliten los lazos interpersonales.

El método asumido era el que frecuentemente se utilizaba en este tipo de misiones populares reformadas. Por espacio de dos semanas los misioneros se reunían con los grupos, generalmente no muy numerosos; se tenían reuniones de diálogo, de oración y de culto en estas pequeñas comunidades. Se buscaba y pretendía que el anuncio de Jesucristo provocara la consecuente conversión a Él, con una especial orientación a dejar constituidas Comunidades Cristianas de Base. Y era también en este ambiente donde se detectaban los líderes que en el futuro se deberían convertir en los animadores de esas Comunidades que idealmente quedarían constituidas en el lugar misionado19.

El método utilizado, además de novedoso, era muy activo y estimulante. Pero las personas con quienes se trabajaba no tenían siempre el fundamento sólido de una fe madura y comprometida. Tal vez sea propio aplicar aquí lo que los documentos de la Iglesia solían decir del católico latinoamericano medio: es un bautizado, pero no un convertido. Y esta realidad duramente constatada y fraternalmente reflexionada puso dudas en los hermanos que formaban este equipo

19 Cfr. Crónicas... Viña, vol. I, p. 106 y ss.

misionero. ¿No sería preferible asumir un trabajo más estable, en un lugar determinado y por un tiempo más prolongado, que esta forma transitoria que, si falta el fundamento sólido de la fe, corre el cercano riesgo de quedar en nada? ¿No sería más aconsejable permanecer junto a comunidades concretas y acompañarlas en la maduración y el crecimiento de su fe? No siempre se vio con claridad el camino que se debía seguir.

Los acontecimientos fueron indicando salidas. El mismo Obispo que había encomendado a este equipo misionero de capuchinos navarros la atención pastoral de un sector poblacional de la Parroquia de San José de Villa Dulce, y les había entregado una humilde capilla, viendo el crecimiento del sector de Las Achupallas decidió crear, en fecha 4 de junio de 1971, la Parroquia de la Asunción de María. Y el mismo día que creaba la nueva unidad pastoral, por decreto episcopal nombraba Párroco a uno de los hermanos, Ángel Rodríguez, y a los otros tres hermanos los nombraba Vicarios Parroquiales20.

Este equipo misionero estaba abierto a trabajar en donde requirieran su aporte sacerdotal y evangelizador; de hecho, su acción se centró con preferencia en la región del Norte Chico. Tal vez fue allí donde encontraron una acogida más abierta. Un Obispo les pidió lo acompañaran en las Visitas Pastorales que cursaba a las Parroquias de su Diócesis y este apostolado les ocupó tiempo y en él gastaron muchas energías.

Estos hermanos permanecieron en este apostolado parroquial hasta mediados de 1972. En agosto de ese año, volvieron a su Provincia religiosa de Navarra, dejando entre sus hermanos religiosos un grato recuerdo y una comunidad cristiana muy bien estructurada.

LOS C APUCHINOS EN V IÑA DEL M AR

Antecedentes

A fines del s. XIX eran muy difíciles las circunstancias que vivían los capuchinos en Chile. Los misioneros que habían sido llamados por el Gobierno para la evangelización de los mapuche eran, casi en su totalidad, de origen italiano. Y como la situación de la Iglesia de ese país en general, y de las órdenes religiosas en particular, atravesaba por momentos de incertidumbre, crisis y, en algunos casos, de persecución abierta con motivo de la Unidad de Italia, la situación de las Estaciones misionales y conventos capuchinos de Chile se resintió notablemente y terminó siendo insostenible por escasez de personal religioso.

Para superar esos difíciles momentos que vivía la Misión de Araucanía, los Superiores Generales capuchinos encomiendan, el 11 de abril de 1889, el cuidado y provisión de esta Misión a la Provincia capuchina de España. Pocos meses después, el 22 de julio de ese año, llegaba a Concepción la primera expedición de capuchinos hispanos.

20 Archivo del Obispado de Valparaíso, Libro 3 de Decretos y Oficios, 7/71.

La alegría de los ancianos y cansados misioneros italianos fue grande. Pero también fue grande su frustración, porque los recién llegados no tomaron sus puestos en servicio de los mapuche que ellos habían asumido valerosamente por más de cuatro décadas. Hubo muchas causas que impidieron a los que llegaban su integración a la Misión de Araucanía y también muchas razones justificaron su determinación. Pero desgraciadamente el aporte y la atención que la Orden capuchina había comprometido y hasta entonces realizado abnegadamente en la Misión araucana, quedó sin respuesta ni continuación.

1917. Convento capuchino recién inaugurado, con vista a la playa de Caleta Abarca.

Por aquellos años los frailes capuchinos de España habían asumido una política de exuberante expansión misionera, sobre todo por regiones latinoamericanas. Esta misma política se reflejó en los recién llegados a Chile. A pesar del exiguo número de hermanos, al año de su venida, fundaron un convento en Los Ángeles (1890) y tiempo después otro en Constitución (1900), ambos en la Diócesis de Concepción. A estas fundaciones habría que añadir otras proyectadas en San Carlos de Ñuble, Quinta de Tilcoco y en otros lugares que si no llegaron a realizarse, no fue por falta de deseos y empeños.

Respecto de su vida capuchina y su actividad apostólica, los españoles buscaron trasladar a Chile el modelo que siempre habían realizado y asumido en su tierra. Eso los llevó a priorizar la vida conventual sin abandonar, por cierto, el apostolado entre los fieles. Su trabajo pastoral lo materializaban especialmente en la predicación popular y ambulante de misiones, cuyos fines eran: la mantención y educación de la fe, la motivación y preparación de los fieles a la recepción de los Sacramentos. Desde el punto de vista comunitario y religioso, perseguían la acentuación de una intensa vida comunitaria de observancia regular, de austeridad y pobreza.

También aparece en algunos documentos y cartas que se intercambiaban los Superiores un cierto temor de que la situación de calma y de benévola aceptación que, en esos años, gozaba la vida religiosa en España se trocase en su contra, como lo habían experimentado en tiempos inmediatamente anteriores. Se pensaba que si esto llegase a ocurrir, las casas fundadas en Chile y algún otro país de nuestro continente, podrían convertirse en seguro y buen refugio de los capuchinos españoles, quienes podrían verse víctimas de una expulsión. Así, se puede explicar la insistencia que los llevaba, a veces a pedir y otras a rechazar, las posibilidades de fundaciones. Ciertamente, la Arquidiócesis de Santiago estaba en sus más caras prioridades e intereses21. Pero es preciso subrayar que sobre las posibles causales que hoy podamos sospechar o documentar, aparece muy clara una política expansionista y una preferencia buscada de trabajo entre los fieles ya bautizados.

La fundación de capuchinos españoles en el Arzobispado de Santiago de Chile llegó, al fin, por otras fáciles circunstancias. El año 1903, asumen el convento capuchino de Santiago que frailes italianos habían fundado en 1853 y que habían mantenido como importante apoyo al apostolado de la Arquidiócesis. Jurídicamente, esta casa pertenecía a la jurisdicción de la Araucanía. Aunque a la fecha que historiamos este convento estaba muy desmejorado en personal, había sido fundado como Colegio de Misiones de Propaganda Fide y había sido por años la sede del Prefecto de la Misión araucana.

Hubo intentos de encomendarla a la Provincia capuchina de Toscana, pero estos intentos e intereses no prosperaron22. Cuando los capuchinos bávaros asumieron la responsabilidad total

21 El Ministro Provincial de España presiona en este sentido al Custodio de Chile, P. Gabriel de Adiós. Éste, solicita al Arzobispo de Santiago le permitiera hacer una fundación de capuchinos en alguna ciudad o pueblo que Su Señoría nos señale (carta 30 abril 1901). El Arzobispo, a través de su Secretario, le ofrece como lugar ideal para establecerse la Quinta de Tilcoco (28 mayo 1902). Y cuando ya se han dado pasos para materializar la fundación, el Provincial de España pide esperar un tiempo más, hasta el Capítulo Provincial que se celebraría en marzo de 1903, ya que ha cesado el peligro de expulsión de los religiosos de España (comunicación literal del Custodio de Chile al Arzobispo de Santiago, 20/12/1902). Cfr. documentos originales se encuentran en Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago de Chile, Legajo 97 / 6 / Capuchinos, 1900-1949.

22 Los misioneros toscanos que estuvieron en Chile, tenía el interés que su Provincia religiosa tomase una fundación en Chile, con intenciones de expandirse a otros países vecinos: “En 1888 y 1889 me preocupé del convento de Montevideo y más tarde del de Santiago de Chile. Ahora [diciembre 1910], me intereso por una fundación en la Serena, y de allí a Perú es fácil, porque no hay mucha distancia...”. Cfr. Carta del P. Nicolás de Castiglioni a su Ministro

de esa Misión, manifestaron que no deseaban mantener esta casa en la Capital, ya que eso les habría distraído personal y medios materiales. Entonces los Superiores mayores de Roma la encomendaron a los capuchinos españoles, presentes ya en las ciudades de Concepción, Los Ángeles y Constitución. Desde este momento se puede afirmar que estos religiosos lograron tener un convento canónicamente erigido en la Arquidiócesis de Santiago.

Diez años más tarde, se intenta fundar una segunda presencia capuchina en la Arquidiócesis de Santiago, esta vez en Viña del Mar. El 20 de mayo de 1913, el entonces Custodio Provincial de los capuchinos de Chile, fray Lucio de Obanos, suplica y pide humildemente al Señor Arzobispo de Santiago, el permiso y venia para la fundación de una nueva casa o convento e iglesia de nuestra Orden en la ciudad de Viña del Mar, en la población denominada Recreo, conforme a las leyes canónicas y a los estatutos de nuestra Orden capuchina. La respuesta fue inmediata. El día siguiente, 21 de mayo, con inusitada celeridad, el Arzobispo Mons. Juan Ignacio González Eyzaguirre, expresa que siendo uno de los fines de esta fundación el establecimiento de una Parroquia para el servicio de la numerosa feligresía desprovista de cuidados espirituales, accede benignamente a la petición23 .

Da la impresión que el Arzobispado de Santiago, cuando se preparaba la fundación de la Parroquia y del convento capuchinos de Viña del Mar, no cursó las comunicaciones canónicas ni solicitó el parecer de las otras comunidades religiosas de la ciudad. Así lo podemos suponer del oficio que le cursó el Rector del Retiro pasionista de Viña del Mar. Años antes, estos religiosos habían llegado a Valparaíso y se habían establecido en la Iglesia de San Luis Gonzaga, en el Cerro Alegre. Después, en 1893, se trasladaron a Viña del Mar, a Las Colinas, en donde edificaron su Retiro de San José, es decir, su convento, y la Iglesia en la que todavía ejercen competentemente su ministerio clerical, en el sector conocido hoy como Agua Santa.

El entonces Rector de ese Retiro, P. Gerardo de San José, al dirigirse al Arzobispo de Santiago, le manifiesta:

“[…] teníamos hace algún tiempo noticia extraoficial que los R.R. P.P. Capuchinos intentaban fundar en Villa Moderna un Convento de su Orden, que fuera al propio tiempo parroquia; y sabíamos también extraoficialmente que se daban pasos al objeto de erigir otra parroquia en esta nuestra iglesia [...]

Así, que al saber hace algunos días [...] que el Sr. Arzobispo determinó el viernes próximo pasado no erigir sino una sola parroquia en Villa Moderna [...] con honda pena y profundo

Provincial, en Archivio della Provincia Cappuccina di Toscana, Missioni Estere, America 1889-1910, Lettere dei Missionari. No resultaba fácil a una Provincia capuchina europea asumir el compromiso de dotar de religiosos un convento tan lejano y con tan pocas posibilidades de comunicación y de vida fraterna.

23 Cfr. Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago de Chile, Decreto nº 1272, 18 (1911-1913) 759-760.

disgusto me veo precisado a manifestarle respetuosamente que dicha fundación [...], a más de oponerse a las más fundamentales reglas del Derecho Canónico, irrigaría a esta Comunidad [...] perjuicios gravísimos en el orden moral i económico, hasta el extremo de que no podría esta última vivir, no diré ya con desahogo; pero ni precariamente [...]”.

Como solución ideal, el orante proponía al Arzobispo ser compensados con la creación de otra Parroquia en su Iglesia conventual, lo que además de ser un positivo servicio a los fieles del barrio, sería altamente benéfico a los religiosos y una respuesta decorosa a esa comunidad pasionista que tan leal y desinteresadamente ha trabajado en favor de esta Arquidiócesis de Santiago y, en especial, en favor de la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores de Viña del Mar. La nota proponía, incluso, los posibles límites que en su deseo debería tener esta nueva entidad parroquial24.

Dos meses después el Promotor Fiscal del Arzobispado, Señor Campillo, responde a una información que le había solicitado previamente el Señor Vicario General de la Arquidiócesis de Santiago. Dicho informe fue fechado en la Capital el 20 de agosto, es decir, sólo tres días antes del Decreto arzobispal que crea la Parroquia de San Miguel. En él precisa por oficio los deslindes que, a su juicio, debería tener la nueva entidad parroquial que se proyectaba entregar a los cuidados pastorales de los capuchinos y asume también en parte la queja de los Padres pasionistas. El Fiscal se dice conocedor del barrio o distrito del que trata y, por esa razón, ve con mucha complacencia el plan del Señor Arzobispo de crear una segunda Parroquia en Agua Santa. Considera que el número de personas que habitan el sector es considerable y es racionalmente presumible que este número aumente en un futuro cercano. Esta segunda Parroquia en proyecto podría alcanzar en su servicio hasta unas 15.000 personas.

Da la impresión que los temores de los Padres pasionistas no incidieron en forma decisiva en el proyecto del Arzobispo. La distancia que separaba su Retiro del futuro convento capuchino era suficientemente grande para que pudiera darse menoscabo en el servicio pastoral que ellos ejercían. Como también la accidentada geografía del terreno que mediaba entre ambas instituciones, dificultaba el acceso de una parte a otra.

Pero los temores presentados sí tuvieron repercusión, porque cuando el Arzobispo firmó el Decreto de erección de la nueva Parroquia de Villa Moderna, no le fueron asignados, como estaba convenido de palabra, los sectores poblados más cercanos al templo pasionista, Caleta Abarca y Cerro del Castillo, que siguieron por entonces perteneciendo a la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores de Viña del Mar. El mismo P. Rector del Retiro pasionista hacía ver en el documento antes citado, la inconveniencia de que el límite oriente de la nueva Parroquia de capuchinos, Agua Santa y Calle del Cerro, se asignase a solos cuarenta metros de su templo. Esto habría sellado para siempre una futura posibilidad de erigir su iglesia en centro parroquial.

24 Texto de la Carta del Rector del Retiro pasionista de San José, 12/06/1913, al Arzobispo de Santiago. Cfr. Archivo de la Diócesis de Valparaíso, Oficina Propiedades, Leg. 22, Parroquia de San Miguel de Viña del Mar.

En febrero de 1917 se iniciaron los trabajos de la construcción del nuevo templo parroquial. Para celebrar con mayor dignidad el culto a Dios y para comodidad de los fieles se adaptó un amplio salón parroquial que se acababa de construir y se lo destinó como capilla provisoria. Una elevada cruz que lucÌa sobre el edificio la señalaba a todos como lugar de culto.

Nos consta por tradición oral que el Arzobispo de Santiago fue un entusiasta promotor de la presencia capuchina en Viña del Mar. Además del afecto que profesaba a los religiosos de esta Orden, el Prelado miraba con complacencia el aporte apostólico parroquial que los frailes asumirían en un barrio apartado en ese momento, pero que prometía poblarse con rapidez. Manifestación de su cariño e interés fue, junto con la rápida autorización para la fundación, la ayuda material para la edificación del convento.

Preparativos de la fundación

Con la benevolencia del Prelado arquidiocesano se abrían horizontes seguros para la presencia y el apostolado estable de los capuchinos en Viña del Mar. No había tiempo que perder. El Superior mayor encomendó a fray José de Legarda dar los primeros pasos para materializar la fundación25. Como se trataba de una casa que estaría al servicio de los fieles, y más específi-

25 Melitón Artajona Lizarraga nació en el pueblo navarro de Legarda el 12/03/1871. Siendo casi todavía un niño inició su vida capuchina en el Noviciado de Fuenterrabía, el 19/03/1886, en donde recibió el nombre de fray José. Sacerdote desde el 21/09/1890. En el Capítulo de su Provincia de Navarra, celebrado en 1903, fue elegido Definidor Provincial; a los pocos meses, por renuncia del titular, es nombrado por los Superiores de Roma Ministro Provincial, es decir, Superior mayor de la Provincia capuchina de Navarra. Terminada esta responsabilidad recibió la Obediencia para trasladarse a la Misión de Chile, a donde llega el año 1906, como Custodio o Superior de los capuchinos en Chile. Fue, por más de 25 años ininterrumpidos, en ocasiones Superior mayor y, en otras, Consejero de los Superiores mayores. El 23/10/1947 murió en el convento de capuchinos de Viña del Mar, que él mismo había fundado. Tenía 76 años de edad y 61 años de vida capuchina. Durante 57 años ejerció el ministerio sacerdotal.

camente, al servicio parroquial, la autoridad eclesiástica local tenía previsto y había señalado a los capuchinos, aunque no con precisión total, el sector geográfico que se encomendaría a sus cuidados pastorales. Esta información, aunque escasa, era del todo necesaria para escoger la ubicación del templo y del convento en que vivirían quienes iban a servirla.

Se trataba del sector sur de Viña del Mar, en el lugar llamado El Recreo, más precisamente, en Villa Moderna, el lugar más densamente poblado en ese momento. La geografía de la zona aparecía muy accidentada. Colinas, cerros, quebradas conocidos con diversos nombres: Vista Mar, Caleta Abarca, Cerro del Castillo, Quebrada los Mayos, Esperanza, Santa María, Monterrey, Quebrada Caupolicán, etc. Las edificaciones no mostraban mucho orden y se situaban preferentemente en las partes altas de cerros y colinas; las quebradas estaban casi deshabitadas. Había muchas partes cubiertas de matorrales y arbustos silvestres, pero el paisaje era de una hermosura deslumbrante: un maravilloso balcón abierto sobre el mar.

Esta era el área que iba a constituir la nueva Parroquia en el momento de su erección canónica. Unos treinta kilómetros cuadrados. El dato que nos entregan las crónicas sobre el número de sus habitantes, no es coincidente. Tal vez alcanzaba aproximadamente a unas seis mil personas.

Aunque aparecía bastante despoblado, se preveía que la ciudad extendería su radio hacia este sector. Se pensaba que el lugar ideal para situar la sede parroquial debería ser el centro geográfico, ojalá equidistante de los extremos. Así, además de facilitar el servicio y el desplazamiento, se respetaría una ancestral costumbre de la Iglesia de colocar el lugar de culto y de irradiación apostólica en el centro geográfico de la institución que se proyectaba. Y con ese criterio ideal se encaminaron las búsquedas. Pero las aguas, como suele suceder, discurrieron por otros cauces.

Eran varios los puntos que aparecían convenientes y que respondían a principios o intereses ponderables. Había en el sur de El Recreo un conglomerado poblacional notable que aconsejaba dirigir hacia allá las miradas. Y el grupo de personas católicas que habitaban el sector, hicieron una petición escrita al Arzobispo pidiéndole los prefiriese como sede parroquial. Otros opinaban que la futura población preferiría la belleza del sector inferior de El Recreo, más cercano al mar, y ese detalle aconsejaba privilegiar ese lugar más cercano al camino de Viña del Mar a Valparaíso. Da la impresión que los mismos religiosos capuchinos, los más interesados ciertamente, no tenían muy definidas sus preferencias: las reflexiones que sustentaban sus razones y que nos han llegado, aparecen débiles e inseguras como para avalar una decisión.

Finalmente, se optó por situar el futuro convento e iglesia en la parte baja, sobre el mar, a orillas del camino que une las ciudades cercanas.

Cuando ya estaba la elección del lugar y en los días inmediatamente previos al Decreto arzobispal, el Promotor Fiscal del Arzobispado informa al Vicario General su desacuerdo con dicha elección. En su opinión, el lugar ideal sería El Recreo: así la Parroquia -se refería a sus edificios- quedaría situada en el punto céntrico de su territorio. Este lugar tiene y tendrá en el futuro

más importancia que los sectores aledaños. Es mayor por el número de sus habitantes, por su radio, por las casas que tiene construida i por la categoría de sus dueños.

Paralelamente, desaconsejaba elegir como sede el sector de Villa Moderna porque, además de quedar en un extremo del territorio parroquial, es el núcleo obrero de la Parroquia y todavía en formación. Ese lugar, el de Villa Moderna, que ya habían elegido los capuchinos como sede, y en donde muy pronto se iniciarán las construcciones, “podría servir en el futuro como Vice Parroquia, con un teatro popular, con escuela parroquial i círculo de obreros; es lugar de fábricas de grande importancia y hay allí más de mil obreros”26.

Algunos escritos del Archivo Provincial de Capuchinos dan a entender que, nuevamente, fue determinante la intervención del amigo don Bartolomé Palacios, quien ya antes había señalado a los frailes la conveniencia de ubicarse en la parte baja de la futura Parroquia. Y don Bartolomé aconsejó más: era conveniente comprar la casa quinta de don Fermín Quinteros, edificada sobre el cerro de Villa Moderna, junto a un camino importante por su tránsito y con una maravillosa vista al mar. Aun reconociendo la espléndida belleza del lugar, los frailes insistían en buscar un lugar más céntrico, subido sobre los cerros y más cercano a la población. Pero la urgencia apremiaba, no se podía dejar pasar esta ocasión propicia de adquirir esta dicha propiedad que estaba en venta.

En esta búsqueda se tuvo presente también un dato importante: en el sector más alto de lo que sería la nueva Parroquia, hacia el sur del barrio El Recreo, había una amplia Capilla que, desde antes de la llegada de los capuchinos, prestaba servicios religiosos a los vecinos: era el Hogar de Niñas que mantenían las Religiosas Hijas de San José, Protectoras de la Infancia. Se podía considerar que ese sector poblacional de la parte alta y sur de El Recreo, ya estaba cubierta en cuanto a la atención religiosa de Misas y Sacramentos y eso aconsejaba a los frailes situarse en otro lugar más desprovisto del servicio pastoral.

La casa quinta de don Fermín, que era inmensa, estaba en manos de la familia Quinteros desde el año 1893. Según atestiguaba la inscripción legal, el terreno estaba compuesto de tres porciones o lotes que hoy forman un solo cuerpo. El total de su superficie superaba generosamente los 6.000 metros cuadrados. Los límites, según el testimonio de entonces que ahora nos pueden sonar muy imprecisos, eran: “al norte, camino Viña del Mar-Valparaíso; al poniente, calle de Quinteros, hoy Arturo Prat; al sur y al oriente, la propiedad de don Guillermo Rivera”27.

A simple vista, la propiedad resultaba excesivamente grande para los edificios que deberían

26 Nota del Sr. Campillo, Promotor Fiscal al Vicario General del Arzobispado de Santiago, 20/08/1913. Su texto se encuentra en el Archivo del Obispado de Valparaíso, Oficina Propiedades. Leg 22, Parroquia de San Miguel de Viña del Mar.

27 Cfr. Títulos de propiedad inscrita en Conservador de Bienes Raíces, 07/1913, a fojas 129, nº 213.

construirse; pero los frailes, aconsejados por algunos amigos, adquirieron la propiedad completa, en la esperanza de poder vender parte de ella cuando debiesen construir el templo parroquial que desde entonces proyectaban. Y así ocurrió efectivamente años después.

Los entusiasmos e ilusiones de los fundadores de llevar adelante esta obra eran evidentes, aunque no se veían claros los medios económicos para realizar esta compra. Pero la Providencia acudió en ayuda de la nueva fundación. La casa, juntamente con los terrenos que la circundaban, costaba $ 115.000. Como se veía una posibilidad, aunque lejana, de obtener el dinero, se procedió a la adquisición comprometiéndose los frailes a pagar $ 15.000 al contado, en el momento de la entrega, y los $ 100.000 restantes en cuotas antes del 30/06/1914, es decir, en un año completo.

El Convento Capuchino de Santiago de Chile, por tener personería jurídica, fue el que adquirió para la Santa Sede, a través de su Síndico Apostólico, la propiedad de don Fermín Quinteros por escritura pública otorgada el 12/05/1913 ante el Notario Público de Santiago don Enrique Campino. Posteriormente, el 28/10/1913, fue inscrita en el Conservador de Bienes Raíces de Valparaíso, a fojas 171 vuelta, nº 2634.

1916. El acceso al templo y parroquia se hacía por zigzagueantes senderos peatonales. Los capuchinos cedieron al Municipio la parte de su propiedad que colindaba con el camino a Valparaíso, hoy Avenida España, a condición que Èste hiciera una carretera de subida y construyera los contrafuertes del cerro. La nueva carretera se la llamó oficialmente “Subida de Prat”, aunque todo el mundo la conoció siempre como “Subida de Capuchinos”.

Providencialmente, en esos años la comunidad capuchina de Chile estaba tramitando la venta de parte del terreno en que está emplazado su convento de Santiago. Dicho convento se había edificado en 1853, a las afueras de la ciudad Capital. Además del sitio construido, que era muy grande, el convento tenía espaciosos patios y una gran viña que se cultivaba muy provechosamente y que en sus tiempos de esplendor y abundancia, se hizo famosa por los vinos de misa y mesa que elaboraban sus frailes. Años después, cuando se urbanizó el sector poniente de

Santiago, el terreno quedó reducido a una manzana completa para iglesia, convento y huerta. El posterior crecimiento urbano, por una parte, y el deseo de los capuchinos de reducirse en terreno, por otra, llevó a los Superiores a solicitar de la Santa Sede la debida autorización para enajenar las partes externas de la manzana que habitaban, correspondientes a lo que hoy son las calles Cumming, Santo Domingo, Bulnes y parte de la calle Catedral.

El producto de esta venta estaba determinado previamente por los Superiores capuchinos de Chile y sancionado por la autoridad de la Santa Sede. La parte más importante y sustancial estaba destinada para la compra del solar y para levantar los edificios necesarios de la nueva casa y parroquia de Viña del Mar. El resto, para mejoras sustanciales en el edificio del convento de Santiago y a las necesidades de la Misión de Araucanía, encomendada a los capuchinos.

Pero no todo salió como se había planificado. En junio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, y las repercusiones de este conflicto se hicieron duramente patentes en la economía nacional y mundial: en Chile bajaron las operaciones comerciales y el temor hizo disminuir las compraventas de inmuebles y de propiedades, lo que se tradujo en duros apuros para que los capuchinos pudieran responder con exactitud el compromiso de las cuotas convenidas con la familia Quinteros.

Al no poder ser exactos en la cancelación pactada, desde los primeros meses subió notablemente el monto previsto28. El 3 de enero de 1916 se firma un documento en la Notaría de don Enrique Campino, en Santiago, en el que se pactan de nuevo los plazos de pago, manteniéndose el monto de los intereses de un 12% anuales. Sólo en el mes de junio de 1917 se logró pagar con notable retraso la última cuota de la deuda.

Estos problemas financieros y el involuntario retraso de las cuotas fueron duros quebraderos de cabeza para los religiosos responsables de la obra. En esta línea se explica el temor y la duda de los religiosos sobre el verdadero dueño del solar, el cual con tanto sacrificio había sido adquirido y en donde se levantarían muy lentamente los edificios del convento y, posteriormente, la Iglesia. Las crónicas y cartas que se han conservado de esos años lo ponen de relieve.

Por una parte, los capuchinos tenían la seguridad de las Escrituras de propiedad y otros documentos públicos que aseguraban que el Síndico Apostólico había comprado el terreno a propiedad de la Santa Sede y para el usufructo perpetuo de los frailes capuchinos. Pero, una cláusula del Decreto de erección de la Parroquia les producía inquietudes, porque el Arzobispo de Santiago señalaba como centro de la dicha Parroquia el lugar conocido como Villa Moderna, que es la más central de dichas poblaciones, (donde) se ha puesto a disposición nuestra el terreno suficiente para los edificios y necesidades de la Parroquia. El fraile encargado de la obra temía que esta

28 Documentos del Archivo Provincial de Capuchinos lo testifican: “Recibí de don Alejandro Lira, Síndico de la Comunidad de Capuchinos, la cantidad de $ 750, valor del interés mensual por la deuda de cien mil pesos, precio insoluto de la propiedad vendida según escritura del 12/05/1913 Y firma, por don Fermín Quinteros, doña Zulema Tricot de Quinteros, su esposa. Santiago, 1/10/1913. Cfr. Fondo Misión de Chile, Misiones, Conventos..., I i 6.2.

frase pudiera ser, en el futuro, ocasión de litigio y pudiera traer conflictos sobre la propiedad de este terreno que los capuchinos han poseído pacíficamente desde el día de la fundación29.

L LEGADA DE LOS CAPUCHINOS Y PRIMEROS TRA b AJOS

Los primeros días de junio de 1913 llegó a Valparaíso el que había recibido de sus Superiores capuchinos el encargado de la fundación. Era fray José de Legarda. Le acompañaban los hermanos legos fray Salvador de Legarda, fray José Mª de Ilzarbe y fray Diego de Ostériz: estos últimos se cuidarían de la acomodación material de la casa. Mientras preparaban su lugar de habitación en el sitio que ya habían adquirido y comenzado a pagar, fueron, durante algunas semanas, huéspedes de los Padres de los Sagrados Corazones de Valparaíso que los acogieron con mucha amabilidad.

Su primer empeño fue convertir el más amplio de los espacios edificados de la propiedad, que había sido la cochera de la casa del señor Quinteros, en una primorosa Capilla en la que los cuatro frailes y escasos vecinos invitados celebraron la primera Misa, la mañana del 16 de julio de 1913, fecha emblemática que les permitía poner en manos de la Santísima Virgen el futuro de la casa religiosa que ese mismo día iniciaba su servicio pastoral y su testimonio de vida.

En la antigua construcción de madera levantaron tabiques y acomodaron, como se pudo, las piezas para convertirlas en celdas conventuales. Las salas comunitarias no eran precisamente una comodidad: se nos cuenta que la mesa de su primitivo comedor era una tarima sostenida por dos gruesos tambores de petróleo. La vajilla que utilizaron aquellos días y los colchones de sus camas, fueron amable y oportuno obsequio de un vecino, don Manuel Fernández García que, además de generoso bienhechor, terminó siendo un cercano amigo.

Pocos días después, como en un ensayo de inauguración, fueron invitados los vecinos que repletaron la capilla-cochera para participar fervorosamente en la primera misa pública que se celebraba en el lugar: era el 3 de agosto, que coincidió con la tradicional fiesta de la Porciúncula, día de amor, de perdón y de acogida en la tradición franciscana30 Cuando ya los hermanos estaban instalados, aunque en forma muy precaria, el Arzobispo

29 Carta del P. José de Legarda al don Alejandro Lira, Síndico Apostólico. Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Cfr. Fondo Misión de Chile [Conventos] I i 6.2. Sin duda, buscaba claridad sobre estas dudas para evitar que sus futuros hermanos padecieran las incomodidades que les había tocado enfrentar.

30 El diario La Unión de Valparaíso en la edición de ese mismo día 3 da un escueto programa de lo que efectuará ese día: Hoy a las 07:30 AM se dirá misa por primera vez en la Capilla que han habilitado provisionalmente los RR. PP. Capuchinos, a los cuales ha sido encomendada la parroquia en ese populoso barrio de Viña del Mar. Una segunda misa solemne se cantará a las 09:30, oficiada por el R.P. Lucio de Obanos, Custodio Provincial de la orden, y en la cual predicará el R.P. José de Legarda, que será el futuro párroco de Recreo [...] Entre los vecinos de El Recreo se nota gran entusiasmo por asistir a esta bendición, después de la cual se puede decir que ya es un hecho la erección de un parroquia en ese barrio, tan alejado hasta ahora de todo servicio religioso. El mismo diario, en su edición del lunes 4 de agosto, trae una foto del exterior de la nueva Capilla y otra de algunos eclesiásticos que participaron en la inauguración del día anterior.

metropolitano creó canónicamente, mediante un Decreto, la Parroquia del Santo Arcángel San Miguel de Villa Moderna. El Decreto episcopal fue dado el día 23 de agosto de 1913. La nueva Parroquia se desmembraba del territorio de la Parroquia Placeres, de Valparaíso, y de la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, de Viña del Mar; se le señalaba como centro el grupo urbano de Villa Moderna, por ser el más poblado del sector. Los límites indicados por el Prelado eran: al Norte, el mar; al Sur, los deslindes de la hacienda de Viña del Mar; al Oriente, la Quebrada de Caupolicán, desde los dichos deslindes y continuando por el centro de la calle de Chaigneau hasta el mar; y al Poniente, la Quebrada de los Mayos, desde la mencionada hacienda hasta el mar31.

Meses después se realizó, según costumbre, la celebración solemne y externa de este acontecimiento. En efecto, el 1º de noviembre de 1913 se realizó la proclamación solemne del Decreto arzobispal de creación de la Parroquia en la pequeña capilla que se hizo insuficiente para contener el número de feligreses. El Arzobispo metropolitano, que había prometido su asistencia, no pudo hacerlo y delegó al P. Ignacio de Pamplona, guardián del convento capuchino de Santiago, para que hiciera el anuncio solemne de la nueva fundación e instituyera al Párroco que, pocos días antes, había sido nombrado32.

Días después el Presidente de la República, a través del Decreto Nº 1786, de 30/08/1913 del Ministerio de Relaciones Exteriores “aprueba el auto de erección de la Parroquia de San Miguel de Viña del Mar, espedido por el Ilmo. y Revmo. Arzobispo de Santiago”33.

Las crónicas de esos años nos ponderan la alegría de los feligreses, las ilusiones de los capuchinos que iban engrosando la comunidad religiosa y la elocuencia arrebatadora del P. Ignacio de Pamplona que, en nombre del Arzobispo, pronunció el sermón.

Inicio del apostolado parroquial

Las circunstancias y los compromisos asumidos imponían urgencias pastorales y estructurales. No resultaba fácil la atención de una población de unas 6.000 personas diseminadas en núcleos habitacionales alejados y distantes unos de otros. A lo que hay que añadir un detalle que incide en las prioridades y en los métodos que asumieron los capuchinos en esta primera hora: dentro de la mentalidad capuchina se priorizaba ordinariamente la estructura de la vida conventual sobre el servicio pastoral a los fieles. Tal vez a eso se deba que los frailes, sin descuidar el compromiso apostólico asumido, hayan comenzado por la construcción de su convento que debería servirles de ambiente vigorizante y centro de su apostolado exterior.

31 Decreto de Arzobispo Nº 1428, 23/08/1913, en: Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Santiago, 18 (19111913) 869.

32 Texto del Decreto de nombramiento Nº 1479, 8/10/1913, en: Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Chile, Vol. 18 (1911-1913) 898-899.

33 Texto de la aprobación constitucional del Gobierno, en: Archivo del Obispado de Valparaíso, Oficina de Propiedades, Leg. 22, Parroquia de San Miguel.

Es bueno recordar que, sobre todo en aquellos tiempos, los capuchinos -por tradición y por espiritualidad-no se dedicaban a la atención de Parroquias. Y más, recelaban de ella como un apostolado impropio ya que exigía una estabilidad no del todo coincidente con el carisma capuchino y el ideal evangélico que Francisco propuso a todos sus hijos, de ser y vivir como pasajeros y peregrinos en este mundo34 .

Más aun. Hasta ese entonces,, en Chile, los capuchinos no atendían ninguna Parroquia; la primera que se tomó fue ésta, de San Miguel, en Villa Moderna, y la razón de la fundación y de la presencia de los capuchinos en este lugar fue para que se asumiera conjuntamente el apostolado parroquial. Con el avanzar de los años y ante nuevas exigencias pastorales y estructurales de la Iglesia y de la Orden, que renovaron la mentalidad y que exigieron una incorporación distinta de servicio al Pueblo de Dios, aparecerá más lógico y normal este apostolado entre los frailes capuchinos. En aquellos años debió resultar novedosa, difícil y hasta incómoda esta adaptación.

La construcción del convento se inició con el desmonte del cerro. La propiedad adquirida tenía quebradas y planos irregulares que caían sobre el camino que unía Viña del Mar con Valparaíso. En su capacidad física, el convento que se proyectaba debía albergar hasta doce frailes. Los constructores buscaron darle una sólida consistencia en fundamentos y muros, tal vez por exigencia de la irregularidad del terreno.

Las paredes eran de ladrillo y cemento, fuertemente unidas con gruesas barras de fierro. Las celdas eran muy pequeñas, separadas por frágiles tabiques de adobe. El vigamen, como muchas construcciones chilenas de esa época, era de precioso pino oregón. No faltó el característico solarium, tan propio y tan necesario en las antiguas construcciones capuchinas en que se debía acudir frecuentemente a los rayos del hermano sol para superar los rigores del invierno. En esta construcción se invirtieron $ 50.000 pesos chilenos de esos tiempos.

Como resultaba difícil la entrada a la Capilla parroquial y al convento, se creyó conveniente hacer un nuevo acceso por el camino a Valparaíso. Si se quería entrar por la parte inferior, había sólo unos caminos peatonales que zigzagueaban y ascendían por las laderas del cerro. Mientras se construía el convento se abrió una amplia y cómoda vía inferior; se convino con la Municipalidad que los capuchinos cedieran una franja de 6 metros de ancho a lo largo de toda su propiedad.

La parte que lindaba con el camino de unión entre Viña del Mar y Valparaíso y la institución municipal correspondiente levantaba el muro de contención y formaba una calle de subida. Así nació este amplio acceso que, oficialmente, fue bautizado como Subida de Prat, pero que, por muchos años, en boca de los vecinos y en los planos impresos de la ciudad se la conoció como Subida de Capuchinos35 . Fue obra del ingeniero don Eduardo Budge y del alcalde don Bartolomé

34 Regla [bulada] de San Francisco, cap. 6, 2.

35 Cesión de la Comunidad Capuchina a la I. Municipalidad de Viña del Mar, 12 junio 1920. Documento público

Palacios, de cuya influencia y amistad los capuchinos son eternos deudores.

Servicios Educacionales de la Parroquia

La mayor parte de la población de la Parroquia, situada en la periferia de la ciudad de Viña del Mar, estaba constituida por familias de escasos recursos; y varios de los sectores habitados no estaban en las mejores condiciones de urbanización. La mayor parte de sus habitantes dependía de las ciudades de Viña del Mar y Valparaíso, ya que el sector no ofrecía fuentes laborales suficientes y el comercio no era muy activo. La situación de los niños era todavía más inestable. Las escuelas y colegios existentes no podían asumir toda la población escolar y, a la postre, esto significaba que muchos niños no frecuentaran centros educacionales más lejanos y quedaran, por lo mismo, marginados de la enseñanza a que tenían derecho.

El Padre Cura, fray José de Legarda, viendo el abandono en que estaban estos niños, y las dificultades que tenían para incorporarse a los Colegios públicos establecidos en la zona, propuso a los fieles la fundación de una Escuela Parroquial gratuita. Esta Escuela, en el pensamiento del apostólico Párroco, debería ser un centro de instrucción cristiana y también un medio eficaz para levantar el nivel humano y familiar de los más desposeídos.

Para materializar esta benéfica idea alquiló un casa en la misma calle Arturo Prat, a unas dos cuadras de la sede parroquial.

Es encomiable el espíritu de búsqueda de nuevos métodos y la capacidad de adaptación que demostraron estos capuchinos recién llegados a Viña del Mar al incursionar, tal vez temerariamente, en un campo que, además de no ser de su especialidad, requería competencia y dedicación. Tal vez parezca muy curioso el detalle y sensibilidad de estos religiosos frente a la realidad desafiante que encontraron. Los capuchinos no cuentan entre sus campos apostólicos y carismáticos el de la educación. Y más, se lo mira con una cierta reticencia, como algo ajeno y lejano de su carisma. Curiosamente, en Chile, tenemos excepciones que resultan extrañas.

en la Notaría de don Juan E. Henderson Salamanca, 1920, a fojas 2996. Texto en Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Fondo Misión de Chile. Misiones, Conventos, Parroquias, I i, 3.43.

Vista del Edificio y del Barrio de Recreo

Cuando los primeros capuchinos llegaron a nuestra patria, a mediados del s. XIX, también tuvieron que variar sus proyectos. Los Superiores generales que habían firmado el contrato con el Gobierno chileno, y que dispusieron las condiciones del servicio que sus hermanos habían de prestar en la Misión de Araucanía, excluyeron en forma tajante las actividades docentes36. Pero la realidad que percibieron los misioneros italianos a su llegada los hizo cambiar de parecer y de línea, y se convirtieron en los fundadores de los primeros centros educacionales de un sector en el sur de Chile. En nuestro caso, se repite la misma necesidad y se reacciona en la misma forma, enfrentando creativamente el desafío y dando una solución que les debió resultar difícil y riesgosa.

La idea de la escuela parroquial propuesta por el Párroco despertó interés y entusiasmo en los generosos vecinos y fueron muchos los feligreses que colaboraron en esta obra de servicio educacional. El alquiler de la casa arrendada fue pagado por don Guillermo Valdés Ortúzar y su esposa la señora Julia Larraín de Valdés37.

La Escuela Parroquial Arturo Prat, con este nombre se la conoció desde los comienzos, inició su servicio educativo el 5 de abril de 1915. Precisamente, en esos mismos meses se comenzó la edificación de su sede definitiva en los terrenos de la sede parroquial. Esta edificación resultará más amplia y cómoda que la primitiva sede, la cual por haber sido una casa habitación, no respondía tan plenamente a las exigencias estructurales de salas y patios.

Tampoco en la construcción de la Escuela parroquial faltó la generosidad de los bienhechores. Don Aníbal Herquiñigo y su hijo don Carlos entregaron buena parte de los recursos necesarios en sendos legados. Notable fue igualmente el aporte de la generosa dama, la señora Margarita Sanfuentes.

Dos años después de su fundación la Escuela se trasladó a su sede definitiva junto al templo parroquial. La edificación costó a los bienhechores la apreciable suma de $10.000. Aunque nunca fue un establecimiento educacional grande, fue innegable el servicio que prestó a las familias modestas del barrio. Entre éxitos y estrecheces prolongó su servicio por más de cincuenta años. Cerró sus puertas el año 1969. Varios años después, los capuchinos abrieron una segunda

36 “Que los misioneros estén obligados a servir en la forma y en la Misión en que lo determine la autoridad competente; mas no a hacer clases ni tener cuidado de colegios”. Cfr. texto del Contrato [16/02/1884] en: Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Leg. 1º, p. 7.

37 El Archivo Provincial de Capuchinos de Chile conserva dos interesantes volúmenes manuscritos titulados Crónicas del Convento de Capuchinos de Viña del Mar (Chile). Aunque su narración abarca desde 1913 hasta octubre de 1998, tiene lagunas en varios años. El prólogo del vol. I afirma que “en esta Crónica se contiene todos los datos y sucesos que se encuentran dispersos en cuadernos, notas, apuntes y crónicas de revistas y que se juntan para que puedan servir de pauta a un futuro historiador”. Con todo, siendo éste un documento de primera mano, debemos reconocer que su contenido histórico es relativo y desigual. En la preparación de esta monografía, muchas veces nos hemos servido de él. Lo citaremos en forma abreviada: Crónicas... Viña.

Escuela parroquial, esta vez más alejada de la sede parroquial y de su convento.

Desde el año 1911, existía en el Cerro del Castillo una Escuela de niñas que era dirigida por las Religiosas de la Congregación del Purísimo Corazón de María, establecimiento que había sido construido y, en parte mantenido, por doña Teresa Brown de Cortés. Esta caritativa dama, por iniciativa propia y con el apoyo de los capuchinos, quiso establecer otro centro educacional, esta vez para varones, dándole en nombre de su hijo José y encomendándola a la Parroquia de San Miguel a través de escritura pública38. Era el año de 192139.

Esta Escuela, muy humilde en sus comienzos, se la conoce hoy, después de más de ochenta años de servicio educativo, con el nombre de Liceo José Cortés Brown40. La página web del actual Liceo José Cortés Brown afirma que el 12 de mayo de 1960, Mons. Raúl Silva Henríquez, Obispo de Valparaíso, funda dos Colegios particulares católicos para dar educación a familias de escasos recursos: Liceo José Cortés Brown, en Viña del Mar, de hombres y Juana Ross, en Valparaíso, de niñas, ambos subvencionados.

Los archivos capuchinos afirman que la Escuela José Cortés Brown había sido fundada en 1921, bajo el alero de la entonces llamada Parroquia de Villa Moderna, pero no entregan mayores datos de la existencia y del desarrollo de esta Escuela. Sabemos sí, que los religiosos capuchinos dirigían la Escuela y contrataban a los maestros, además de asumir ellos la enseñanza del ramo de Religión. También los atendían en las celebraciones litúrgicas. Un reciente testimonio de uno de sus exalumnos indica que la Escuela, que estaba junto al templo, tenía comunicación interior por la que pasaban los niños a las celebraciones de las Misas.

Aun después de años deben haber permanecido los derechos y obligaciones que los frailes tuvieron en sus orígenes. El Vicario General de la Diócesis de Valparaíso, en fecha 12 diciembre

38 Crónicas... Viña, vol. I, p. 135.

39 El decreto arzobispal que creó la Parroquia en agosto de 1913, no incluía dentro de sus límites la población del Cerro del Castillo. Posiblemente, esto se debió a la oposición que objetaron los religiosos pasionistas de Agua Santa, a la que antes hicimos referencia. Posteriormente, el 6 de enero de 1921, el mismo Arzobispo rectificará los límites y le añadirá por el nororiente el sector del Cerro del Castillo, abarcando todo lo edificado en él sobre el camino plano a Valparaíso. [Cfr. Archivo del obispado de Valparaíso, Oficina de Propiedades, Leg. 22, Parroquia de San Miguel de Viña del Mar]. Esta es la razón de por qué los capuchinos asumieron el compromiso de esta Escuela Parroquial en lo que pareciera estar fuera de su territorio jurisdiccional.

40 En una estadística de los capuchinos correspondiente al año 1927, consta que la Parroquia de Villa Moderna tenía dos Colegios y, según la matrícula correspondiente a ese año eran 250 los alumnos que se educan en ambos establecimientos, [Cfr. Estadística General de la Provincia Capuchina de Navarra..., Pamplona, 1928, p 142]. Otra estadística posterior, 1932, anota igualmente que la Parroquia de Villa Moderna tenía dos Escuelas Parroquiales: la llamada Arturo Prat, con 92 alumnos, y la José Cortés Brown, con 99 [Cfr. Ziensalas, Julia, Revelaciones, Ed. CVPV (Centro Buena Prensa Valparaíso), 1932. Las Crónicas... Viña cuentan que, en años posteriores, diciembre 1946, las señoras de la AC se preocuparon de dar los premios de fin de año a los alumnos aventajados de las dos Escuelas Parroquiales: 24 premios para cada Escuela y en ello invirtieron $3.000 [Cfr. p. 22].

1969, escribe una nota al Superior y Párroco de San Miguel comunicándole la venta “de parte del terreno de Cerro Castillo, de la que el Obispado recibirá en pago dos departamentos, cuyo usufructo está destinado a la mantención del Liceo José Cortés Brown”41.

Con el pasar del tiempo crecieron las exigencias y aumentó el alumnado. Esto motivó a los frailes capuchinos a buscar religiosos y religiosas cuyo carisma fuera la enseñanza, para responder mejor a la naturaleza de la Escuela y a las expectativas de padres y alumnos. Por un tiempo muy breve estuvo a cargo de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Más adelante, los capuchinos solicitaron la ayuda de unas religiosas españolas, las Madres de los desamparados, quienes asumieron la dirección de la Escuela, primero por un tiempo de experimentación y, después, más comprometidamente. El 20 noviembre de 1957 quedó formalizada la entrega: se confiaba a esas religiosas la dirección de la Escuela y se les entregaba el usufructo del inmueble, de la Sala de Actos y de la casa habitación contigua.

“Se remitió copia del contrato al Obispo diocesano, Mons. Rafael Lira Infante, quien quedó constituido intermediario entre las partes en caso de conflicto”42. Tampoco fue muy prolongada la presencia de las Madres de los desamparados: a comienzos de marzo 1960 cerraron la casa y las religiosas que dirigían la Escuela fueron enviadas al extranjero.

Los primeros días de abril de 1960 se presentan al Obispo diocesano los Superiores provincial y local de los capuchinos para hacerle presente su voluntad de entregar en forma definitiva la Escuela José Corté Brown a la Diócesis. Sus comienzos fueron muy sencillos y llegaría a convertirse en un importante y prestigioso Liceo.

Además de este apoyo directo que los capuchinos de la Parroquia de Villa Moderna prestaron a la educación en el barrio a través de sus dos Escuelas, colaboraron también en forma indirecta ayudando y apoyando, con su ministerio sacramental y catequético, otros establecimientos educacionales de la Iglesia. Las Religiosas Hijas de San José Protectoras de la Infancia tenían, desde antes de la llegada de los capuchinos a Viña del Mar, un Hogar de Niñas en El Recreo. Estas mismas religiosas, ampliando los límites de su servicio educativo abrieron, el 2 de mayo de 1915, un pensionado de niñas que igualmente fue atendido ministerialmente por los capuchinos.

En octubre de 1922 se establecieron en el barrio las Religiosas de la Buena Enseñanza, más conocidas como las Religiosas de la Compañía de María Santísima y fundaron, con un legado del Pbro. don Ignacio Zuazagoitía, un amplio Colegio para señoritas. La Capellanía, la atención de las Misas y Confesiones, tanto de las monjas como de las alumnas, fue asumida por los capuchinos de la Parroquia. Estas religiosas edificaron su casa frente al convento capuchino, en la

41 Cfr. Archivo de la Secretaría General del Obispado de Valparaíso, Carpeta Parroquia de San Miguel de Capuchinos.

42 Cfr Crónicas... Viña, vol I, pp 95 y 134.

propiedad que compraron a don Bartolomé Palacios.

Cuando fueron más numerosos los centros educacionales fiscales en el territorio parroquial, los Padres se ofrecieron, en forma gratuita, para dar clases sistemáticas de Religión en esos centros que, en algunos años, sumaron ocho Escuelas primarias fiscales.

La Nueva Capilla Parroquial, 1917

Contamos que la cochera del señor Quinteros se convirtió en la primera Capilla provisoria y primer lugar de culto de la Parroquia de San Miguel; y aunque fue ampliándose y acomodando su estructura a las nuevas exigencias ministeriales y litúrgicas, resultaba incómoda. Pero ya no admitía más arreglos y se hacía cada día más estrecha para contener las personas que acudían a participar en la Misa y recibir los Sacramentos. Además de aumentar los habitantes de los cerros, iban estructurándose grupos de catequesis infantil, junto a los grupos devocionales y pastorales que buscaban educar y manifestar la fe o favorecer la piedad de los feligreses. Esto exigía locales y espacios más cómodos.

En 1921, con la colaboración generosa y entusiasta de Isabel Brown de Cortés, se fundó un segundo establecimiento de educación primaria, esta vez en el Cerro del Castillo, con el nombre de Escuela “José Cortés Brown”. La foto, tomada hacia 1923, muestra a los pequeños alumnos y sus profesores. Entre éstos, al P. José de Legarda, cura párroco, sentado en medio; al P. Camilo de Uterga, a la derecha; y, asomado en medio de la fila superior, al P. Gonzalo de Abarzuza, celoso Vicario parroquial. Esta escuela, después de más de ochenta años de servicio educativo, se la conoce hoy como Liceo José Cortés Brown.

Para este fin se fueron construyendo paulatinamente la oficina parroquial y otras salas que servirían para acoger esos grupos locales que, en un primer momento, no habían sido considerados tan necesarios ni oportunos. Para los mismos fines se construyó, paralelo al edificio del convento, un salón parroquial suficientemente amplio para reuniones, eventos parroquiales y abierto también a las actividades sociales del barrio.

Desde el comienzo de esta fundación los capuchinos habían pensado edificar un templo amplio y magnífico en su estructura y en su estilo. Como en esos años no se daban las condiciones propicias para una construcción que estuviera a la altura de sus proyectos, los hermanos destinaron el salón parroquial recién construido, debidamente acomodado, como la segunda Capilla dedicada al culto hasta que pudiera levantarse la Iglesia, tan ansiada por sacerdotes y fieles. Una elevada cruz que lucía sobre el edificio, señalaba a todos el lugar de culto. Este salón-Capilla estuvo al servicio litúrgico y religioso de los fieles de esta Parroquia desde febrero de 1917 hasta octubre de 1933, fecha de la inauguración del templo actual.

La Vida Sacramental en aquellos primeros años

En esos tiempos, la acción pastoral de Parroquias y de instituciones de Iglesia privilegiaba dos núcleos de servicios y de irradiación cristiana importantes: el primero y principal, consistía en celebrar la riqueza sacramental de la Iglesia y estructurar el anuncio de la salvación para provocar y estimular la fe: era el aspecto evangelizador. Y el segundo, se ocupaba del fomento de la piedad de los fieles, organizando cofradías, asociaciones piadosas y grupos que ayudaran a los fieles en el conocimiento y expresión de esa misma fe.

Los libros parroquiales nos dan cuenta exacta de estas actividades correspondientes al primer rubro que señalamos. El día 20 de agosto de 1913, precisamente tres días antes que el Arzobispo firmara en Santiago el Decreto de la creación de la Parroquia de San Miguel de Villa Moderna, se administraba el primer Bautismo que iniciará la larga lista de los que posteriormente se celebrarán en su Pila bautismal. Y el futuro Párroco anotará la partida con legal precisión:

“En la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, de Viña del Mar, Capilla de San Miguel, de los Padres Capuchinos, bauticé, puse óleo y crisma a Miguel Batlle y Gaona [...] Y con igual exactitud jurídica firmará, P. José de Legarda, o.m.c., Superior. Pero cuatro días después, el 24 de agosto, cuando administre el Sacramento del Bautismo a Osvaldo Arrián, firmará ya con propiedad, P. José de Legarda, Cura Párroco”43.

El 7 de septiembre de 1913, en la nueva Parroquia se bendecía el primer matrimonio, el de don Luis Espinosa Valdebenito con doña Blanca Villablanca Núñez. En los cinco primeros años de vida parroquial, 1914 al 1918, hubo un promedio anual de 180 Bautismos y, en ese mismo período, se bendijeron unos 30 Matrimonios cada año. Estas cifras aumentaron significativamente en años posteriores.

La estructura de la preparación a la Primera Comunión de los niños era muy distinta a la que hoy conocemos. Como norma genérica se suponía -a veces sin fundamento muy sólido- que los niños eran iniciados en la fe por sus propios padres en el hogar. Por eso, para recibir la Primera

43 Cfr. Parroquia de San Miguel de Villa Moderna, Libro I de Bautismos, p. 1.

Comunión bastaba una breve síntesis que ofrecía la Parroquia u otras instituciones de la Iglesia, preparación que ordinariamente se hacía coincidir con la popular celebración del Mes de María. Aunque esta Parroquia de Capuchinos de Viña del Mar no guardó registros exactos de los niños y jóvenes que hacían su Primera Comunión, se tienen algunos documentos fotográficos antiguos que atestiguan un número aproximado de doscientos niñas y niños que se acercaban a la Eucaristía en la simbólica fiesta de la Purísima Concepción de María, el 8 de diciembre44.

Unido y casi dependiente de este acontecimiento sacramental de la Primera Comunión estaba la celebración del Sacramento de la Confirmación. Como se administraba a los niños recién comulgados por primera vez, no solía tenerse una catequesis especial. Además, la celebración litúrgica no siempre se hacía en el propio templo parroquial. En ocasiones, los confirmandos acudían a Parroquias vecinas en donde el Gobernador Eclesiástico, y más tarde el Obispo de Valparaíso, administraba la Confirmación con motivo de Visitas pastorales o de Fiestas patronales.

Otro apostolado muy cultivado por los capuchinos y, por lo demás, fiel a la tradición de su Orden, fue la atención domiciliaria a los enfermos y a otras personas impedidas de concurrir a la Iglesia. Este servicio pastoral trascendió con mucho los límites geográficos de la Parroquia. Y no sólo la atención de los moribundos, sino también la visita sistemática y periódica, llevando la Comunión a enfermos y ancianos, servicio que fue muy solicitado, apreciado y agradecido por los feligreses de la Parroquia y de la ciudad.

Para ayuda y celosa defensa interna de la vida conventual solía fijarse, junto al timbre externo de la portería, el horario estricto y sagrado de atención a las personas que llegaban; pero se advertía que, para atención de enfermos y moribundos, no corrían los sagrados horarios de oración, de comida o de descanso de los frailes.

Paralelamente al servicio sacramental, los hermanos estaban muy concientes de su responsabilidad evangelizadora que, fuera de provenir de su vocación cristiana y ministerial, estaba en este caso especialmente gravada por el compromiso parroquial. La adhesión, la educación y el fortalecimiento de la fe vienen del anuncio de la Palabra. La praxis pastoral de esos años muy pasados, además de suponer en los fieles la realidad de la fe, se aceptaba que ésta estaba bien motivada y era consciente, educada, madura. En los principios y en la normativa de la Iglesia, esta misión educativa de la fe es responsabilidad muy especial de quien ha recibido del Obispo la misión de regentar una Parroquia.

Según un concepto que, en aquellos años, la Iglesia tenía sancionado en su legislación escrita, cuando el Obispo encomendaba el ministerio parroquial a una Comunidad religiosa, era la Comunidad misma la que asumía dicho servicio; y si era necesario nombrar un Párroco, éste era

44 El año 1927 se dieron 220 Primeras Comuniones en esta Parroquia. Cfr. Estadística General de la Provincia Capuchina de Navarra [...], Pamplona, 1928, ya citada, p. 142.

sólo el coordinador del trabajo y de los empeños pastorales de la que impropiamente podríamos llamar la Comunidad religiosa Párroca. Y por los escritos y crónicas vemos que los capuchinos pretendieron vivir este principio en la Parroquia de San Miguel, que fue la primera que la Orden capuchina asumió en Chile.

Los frailes de esta comunidad capuchina quisieron tomar responsablemente el compromiso de ser anunciadores y predicadores de la Palabra. Y esto lo materializaron en varias formas. Organizaron la catequesis dominical para los niños en la que, en sus mejores tiempos, llegó a reunir semanalmente entre 200 y 250 niños. A esta catequesis estaba incorporado un grupo significativo de catequistas laicas que, con abnegación y cariño, enseñaban las verdades de la fe e iniciaban a los niños en la vida cristiana.

Como ya hemos anotado, durante la semana los sacerdotes de la Parroquia daban clases de Religión en las ocho Escuelas fiscales que, más adelante, hubo en el barrio. En ocasiones, hubo dos sacerdotes capuchinos dedicados casi en forma exclusiva a este apostolado catequético en favor de los niños escolares de Escuelas fiscales.

Según las costumbres antiguas, los domingos se multiplicaban las Misas de complimiento, así se las solía llamar; éstas facilitaban a los fieles la asistencia obligatoria a la Eucaristía dominical aunque el nivel de integración en ella haya sido muy escaso. Según lo estipulado en las leyes y costumbres de aquellos años, sólo era obligatorio predicar en la Misa mayor o parroquial; los capuchinos se propusieron predicar en todas las Misas para dar una más amplia catequesis a sus fieles.

Vitalidad Religiosa y Espiritual de la Parroquia

Por aquellos años, los primeros de la vida de esta Parroquia, la postura de los laicos era preferentemente pasiva. Para expresar su fe y una pertenencia más comprometida a la Iglesia, solían integrarse en los grupos que se organizaban para el fomento de la piedad y de las devociones. Los capuchinos, en esta línea, fomentaron grupos, cofradías o hermandades abiertas a los laicos para satisfacer su piedad para madurar su fe y para hacer más real su pertenencia a la Iglesia.

Como expresión de la satisfacción y del cariño de su propio carisma, instituyeron la Venerable Orden Tercera Franciscana que llegó a ser un grupo de fieles bastante vigoroso y activo en la Parroquia. Su objetivo primordial era buscar la propia santificación en la vivencia evangélica de la vida laical, según el espíritu de San Francisco de Asís, sea en el seno del hogar, sea en el ejercicio de sus actividades laborales y sociales. Sus encuentros mensuales, además de ocuparlos en su formación e instrucción cristiana, era para ellos una privilegiada oportunidad de expresarse en actos devocionales. La misma Regla o Norma de vida de esta institución laical daba contenidos a estos encuentros periódicos, especialmente en la línea de su formación y enriquecimiento espiritual.

El año 1922 se estableció en la Parroquia de San Miguel, la Cofradía de los Adoradores Nocturnos45. Fue obra del celo y la devoción del entonces Superior y Párroco de San Miguel, fray Mateo de Huarte. Tomaron como patrón y protector al franciscano San Pascual Bailón, propuesto por la Iglesia como eximio modelo de devoción a la Eucaristía. Este grupo unía a numerosos y entusiastas varones, jóvenes y adultos. Su principal objetivo era vivir personalmente e irradiar en los demás la devoción al Santísimo Sacramento. Esta asociación de laicos se proyectó en el tiempo y llegó a ser señera y modélica en la Parroquia y en la región. Estos cofrades, una vez al mes, se reunían en vigilia para hacer la adoración del Santísimo Sacramento durante toda una noche de sábado a domingo.

Estos adoradores nocturnos, como se les llamaba, hicieron clásica, bajo la influencia de los frailes que servían la Parroquia y como ya era costumbre en otros conventos capuchinos de Chile, la celebración de la Fiesta de las Espigas. La fiesta de las Espigas estuvo muy ligada a los grupos de Adoración Nocturna. En un sector alto de esta Parroquia, entonces casi deshabitado, había una explanada conocida vulgarmente por los vecinos como la Cancha del Guatero, sector del actual Estadio Español. En el tiempo de la primavera, muchas veces coincidiendo con el fin del Mes de María, los adoradores nocturnos organizaban una solemne procesión eucarística de amanecida, acto religioso que reunía muchísimos fieles de Viña del Mar y de Valparaíso. Los romeros salían en procesión del templo parroquial y, llevando al Señor Sacramentado, subían por las calles y quebradas hasta la Cancha del Guatero, en donde se celebraba una solemne Misa a los pies de una cruz monumental, de seis metros de alto, que los adoradores levantaban e iluminaban varias semanas antes como anuncio y pregón de la fiesta eucarística. Las crónicas nos dan cuenta de unas 1.000 comuniones que se repartieron algún año en esta Misa de las Espigas celebrada en la Cancha del Guatero46 .

Este acontecimiento eucarístico tuvo mucho renombre y notable repercusión en la vida de otras comunidades parroquiales. Sabemos que el Centro parroquial de Adoradores de San Miguel exportó la iniciativa de la Fiesta de las Espigas a Los Placeres, Viña del Mar, Quillota, Limache, Quilpué, Chorrillos y Casablanca.

Con esta simpática devoción, que caló tanto en la vida de la comunidad parroquial, los capuchinos pretendieron unir dos sentimientos y salvar dos valores muy queridos a la tradición cristiana: primero, la devoción a la Eucaristía, como centro y vigor de la vida cristiana, a la que

45 Según La Revista Católica, éste fue uno de los primeros Centros de Adoración Nocturna fundado en Chile. Cfr. Nº 753, 16/09/1933, p. 414.

46 La Revista Católica da cuenta de una Convención Nacional que reunió muchos Centros, celebrada en Quillota el 11 de diciembre de 1927. El Centro de Adoradores de El Recreo y su Capellán tuvieron una actuación privilegiada. Hubo adoración al Santísimo Sacramento toda la noche; a las 04.30 AM salió la procesión del Santísimo desde el templo. El P. José de Legarda celebró la Santa Misa en medio de un campo de espigas, sobre un altar que estaba franqueado por nueve carretas cargadas de simbólicas gavillas. Cfr. La Revista Católica, Nº 753, 16/09/1933, Pp. 341-343.

adoraban y aclamaban con solemne procesión por las calles del sector parroquial. Y, por otra parte, la acción de gracias a Dios por los nuevos frutos que comenzaba a regalar con abundancia la naturaleza que se revitalizaba con la primavera. Por eso todos los fieles que acompañaban al Señor en la procesión llevaban en sus manos unas espigas, aun verdes, que eran bendecidas después de la Misa, juntamente con los campos y sembrados. Los fieles volvían las espigas bendecidas a sus casas como recuerdo de la fiesta y signo alegre y agradecido de la abundancia de los dones de Dios.

También fue significativa la presencia y la acción de las Conferencias de San Vicente de Paul. Se fundaron en los primeros años de vida de la Parroquia con un reducido número de caballeros que, según la estructura de esta institución, eran los que llevaban las ayudas de alimento y vestuario a los necesitados y, junto con esta ayuda material que les repartían, hacían que conocieran más la fe y practicaran obras religiosas, sobre todo sacramentales y cultuales. Alimentaban especial preocupación porque ninguno de sus favorecidos quedase al margen de la recepción de los respectivos Sacramentos. Trabajaron con mucho entusiasmo durante varios años e hicieron un positivo aporte caritativo en favor de los pobres. Cuando disminuyó el número de socios y decayó el entusiasmo de los que quedaban, las damas vicentinas asumieron un papel más preponderante e hicieron muchas y muy señaladas obras de beneficencia, siguiendo y ampliando el aporte material y espiritual a los necesitados47.

La Acción Católica

El magisterio de los Papas de la primera mitad del s. XX, comenzando por San Pío X, impulsaron una saludable incorporación de los laicos en la vida y la actividad de la Iglesia, con una acentuación muy marcada: la de ser los colaboradores del apostolado de la jerarquía. Desde fines de la década de los años veinte comenzó a llamarse Acción Católica. El que más decididamente trabajó esta línea fue el Papa Pío XI (1922-1939), conocido como el Papa de la Acción Católica. Él definía esta organización eclesial como el apostolado de laicos escogidos, católicos bien formados en la doctrina de la Iglesia, preparados y prontos para pelear las sagradas batallas del Señor48. Fundamentalmente, se trataba de laicos auxiliares y colaboradores de la jerarquía que buscaban la santificación de las almas y de las familias, la difusión y práctica de la fe y de la moral cristianas en un amplísimo campo de actividades en los que se privilegiaban en forma especial los servicios intraeclesiales. Fue extraordinario el influjo positivo que marcó la acción Católica en la Iglesia de aquellos años. Y Chile no estuvo al margen de esta realidad.

47 Ciertamente esta asociación benéfica fue muy efectiva y apreciada en la Iglesia de Valparaíso. Cada año solían hacer pública la relación de sus trabajos y de sus cuentas económicas en el Diario La Unión. Durante este año, las socias d el Centro parroquial de señoras vicentinas de San Miguel, repartieron 300 piezas de ropa; avaluadas en $4.200; El día de San Vicente se celebró con Misa de las socias y de las familias protegidas. Se sirvió un desayuno a 300 personas. Entraron este año $8.317.70 y se invirtieron $6.890.80. Cfr. Diario La Unión, 17/12/1945. Eran solemnes y muy concurridas las celebraciones patronales, a fines de septiembre, que reunían un número significativo de feligreses que se preocupaban paternalmente de los pobres del barrio.

48 Encíclica Mens Nostra, 20/12/1929.

En la Parroquia de Villa Moderna, de Viña del Mar, surgieron pujantes los centros o ramas de Acción Católica. Hubo dificultades en los comienzos, porque aunque se gritara como slogan las palabras de Pío XI que este apostolado era tan antiguo como la Iglesia misma, no era fácil a los fieles, después de tan largos años de pasividad laical, la comprensión y, mucho menos, la vivencia de una incorporación apostólica que les resultaba inexplorada y lejana. La Parroquia de San Miguel, como las demás Parroquias de la zona, logró constituir centros de las cuatro ramas de la Acción Católica: de mujeres y de hombres católicos y de juventud femenina y masculina. Las personas incorporadas a estos centros prestaron una valiosa colaboración. Sobre todo fue apreciable el aporte que las damas, adultas y jóvenes, prestaron en la catequesis de los niños y al culto de la Iglesia.

Otra ventaja que resultó también muy positiva de la Acción Católica fue que por su trabajo y su pedagogía logró dar a sus miembros una característica más universal y amplia tanto de la labor apostólica como de la vivencia cristiana: esto facilitó la superación del excesivo individualismo que solía cultivarse en las instituciones de Iglesia. Si bien los centros eran parroquiales, con una organización y estructura autónoma, estaban centralizados a nivel diocesano y nacional, lo que facilitaba el uso de métodos de trabajo y elementos o estructuras formativos comunes que intercambiaban los grupos.

En una época en que la sociedad pretendía y se esforzaba por marginar a la Iglesia y su mensaje, la Acción Católica se convirtió en un baluarte defensivo con el que los católicos buscaban hacer presencia y defensa de los valores cristianos en una sociedad laicista. En este marco hay que entender ciertas expresiones triunfalistas como Asambleas, concentraciones masivas de hombres en las Fiestas de Cristo Rey, Congresos multitudinarios en los que la Acción Católica jugó un papel preponderante. Sin duda que fue el carácter apologético y defensivo el que caracterizó a sus miembros.

Otras Asociaciones y Actividades

Como era costumbre generalizada, se formaron también otros grupos de fieles que permanecieron en el tiempo, aunque algunos de ellos con vitalidad muy fluctuante, debido en ocasiones al entusiasmo con que se les asesoraba, o al mayor o menor incentivo que presentaran las actividades que asumían sus componentes.

Entre estos grupos recordamos los que buscaban rendir un culto de cariño a la Virgen María y se fundaban y alimentaban de la espiritualidad mariana. Hubo grupos marianos, abiertos a varones piadosos, jóvenes y adultos. Paralelamente, las Hijas de María, compuesta preferentemente de señoritas. Ambas asociaciones tenían como objetivo expresar su devoción a la Virgen y fomentarla en los demás. Las Hijas de María fueron siempre más numerosas y activas. Se ocupaban en preparar y solemnizar las fiestas litúrgicas de la Virgen con signos y formas que impactaban y atraían por su originalidad. En épocas prolongadas, sobre todo antes de la Acción Católica, fueron un importante apoyo en el servicio catequético que la Parroquia prestaba a los niños.

En tiempos pasados la afluencia de fieles a los templos era notable. El espíritu religioso de los fieles los llevaba a participar en todo lo que las instituciones católicas organizaban como servicios religiosos, fueran éstos cultuales o devocionales. Esta asiduidad de los fieles, sin desconocer los aspectos ventajosos que contenía, corría el cercano riesgo de perder su fuerza religiosa estimulante. Por eso en los métodos pastorales se utilizaban resortes especiales que fomentaran los elementos positivos y liberaran de la monotonía.

Entre estos métodos de celebración se cuentan las Novenas, los Meses, Triduos, Misiones. Las Novenas eran, tal vez, las más frecuentes. Durante nueve días se tenían encuentros religiosos en el templo, ordinariamente en horas vespertinas, en las que los fieles se reunían para orar y escuchar la predicación, sobre las virtudes de algún Santo particular o sobre algún acontecimiento de la Vida del Señor o de la Virgen. Entre éstas descollaba la Novena de la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos, a mediados de agosto; las Hijas de María y los hombres de la Congregación Mariana la preparaban y la celebraban con entusiasmo como homenaje a su Patrona y Protectora. También se hacía una Novena de preparación a la fiesta de San Miguel Arcángel, titular de la Parroquia, que se culminaba el día de su fiesta litúrgica, el 29 de septiembre. Otras Novenas eran la de San Francisco de Asís, la Novena de las Benditas Ánimas, los últimos días de octubre y el solemne Octavario de preparación a la fiesta de Navidad que reunía preferentemente a los niños y les motivaba para una celebración más cristiana del Nacimiento de Cristo.

Solían predicarse cada año las Misiones populares. Duraban normalmente de lunes a domingo y era una semana en la que los fieles, sobre todo de sectores más apartados de la sede parroquial, tenían la oportunidad de reflexionar sobre las verdades de nuestra fe y prepararse para la Confesión y Comunión anuales, según los mandamientos de la Iglesia. Éstas se tenían como una costumbre anual y solían ser un verdadero acontecimiento religioso de buenas ventajas pastorales.

Los capuchinos de todas las casas de Chile, cuyo apostolado más frecuente y característico fue la predicación de este tipo de Misiones, solían tenerlas en todas las Iglesias que ellos servían. Y así ocurría en esta Parroquia de San Miguel. Aquí se solía aprovechar los últimos días de julio para tener esta Misión como preparación a la Indulgencia Plenaria de la Porciúncula que se celebraba todos los años el día 2 de agosto, como el día del perdón de Dios y de la reconciliación con Él. La atención sacramental era accesible a los parroquianos durante todo el año; pero en esta ocasión solía hacerse en un especial marco de motivación y preparación.

Estas ocasiones se convirtieron en momentos excepcionales de expresión y de experiencia de fe para los feligreses y un método pastoral que resultó altamente positivo en el servicio religioso de la Parroquia.

Construcción del Templo Parroquial

Desde los comienzos los frailes habían deseado construir un templo que, junto con la senci-

llez capuchina, fuera una casa digna donde Dios se comunicara con su pueblo. El domingo 16 de febrero de 1916 se inauguraba el convento capuchino recién construido; y ese mismo día se bendecía la Primera Piedra del soñado templo.

Las obras se iniciaron de inmediato. En los primeros años hubo interrupciones, en ocasiones bastante prolongadas. La razón única de la lentitud y de las suspensiones se debió a la falta de medios económicos. Pero se podría decir que, desde 1923 hasta su finalización el 1933, se trabajó con bastante regularidad, aunque con mucha lentitud.

Los planos de la Iglesia se deben a los arquitectos don Juan Lyon Otaegui, don Luis Azócar y don óscar Larrañaga. La construcción se proyectó en estilo románico. Es de una sola nave, iluminada por ventanales policromados puestos en la altura y un maravilloso rosetón que da luz desde el frontón de la fachada. El presbiterio, suficientemente elevado sobre el nivel de la nave, está coronado con un armónico ábside del mismo estilo románico, flanqueados por cinco vitrales que representan escenas de la vida de San Francisco de Asís. El altar era de mármol, con un templete para la Exposición del Santísimo Sacramento. Junto al presbiterio, una capilla lateral completaba la planta anterior del templo. El diario porteño La Unión, en su edición del 8 octubre 1933, anunciando e invitando a la solemne inauguración, habla escueta y claramente sobre la construcción del templo: Cimientos de piedra. Muros de ladrillo. Super-estructura de concreto armado y ladrillo. Arcos y bóveda de concreto armado. Techumbre de madera y cubierta de tejas curvilíneas de arcilla cocida. En realidad, se proyectaba techar con teja española, pero las prisas de los últimos meses antes de su inauguración sólo proveyeron de planchas de zinc, que todavía techan el templo...

Hay más vitrales policromados que dan su encanto. Además de los que representan cinco escenas de la vida de San Francisco de Asís, hay tres ventanales policromados junto al altar mayor que representan la Sagrada Familia de bello colorido, formando un solo conjunto.

La parte exterior del templo conservó sus paredes de ladrillo a la vista. A mediados del año 1961 se estucó la fachada principal, la que da a calle Prat, lo que hizo resaltar maravillosamente sus líneas arquitectónicas49.

En la parte superior de la única nave, a derecha e izquierda, hay grupos de tres ventanas en cada uno de los espacios entre las columnas por ambos lados del templo. Estas vidrieras, de arcos románicos de medio punto, de factura más simple y de colores más claros, permiten una buena iluminación del espacio. Hay también tres bellísimos y coloridos rosetones, uno en el frontón de fachada y otros dos a los costados superiores del altar mayor. Los vitreaux fueron encargados a Alemania y fabricados por la casa de Franz Meyer, de Munich, y costeados por bienhechores. Los archivos conservan los nombres de los donantes de cada uno de estos vitrales policromados

49 Cfr. Crónicas... Viña, vol. I, p. 147.

y las crónicas aseguran que, a expresa petición de estos bienhechores, sus nombres no quedaron grabados en las vidrieras.

Desde el camino inferior, que conduce a Valparaíso, esta edificación aparece como un imponente castillo, de bella arquitectura. No tiene torre. Las campanas que anuncian la liturgia del templo cuelgan de una armoniosa espadaña de tres arcos que se levanta sobre el ábside. Los fieles tienen acceso desde la calle frontal por una amplia escalera de noble piedra. Una puerta lateral permite la entrada desde la plazuela y calle que está en la parte posterior del templo.

Fueron más de diez años de esforzados trabajos entregados para esta construcción. Fueron muchos los medios empleados y más las personas que con sus ayudas materiales y la actividad de sus manos colaboraron para hacer realidad un proyecto que desafiaba superar las fuerzas y los medios. Fueron muchos los empeños y la ilusión que invirtieron los capuchinos en hacer realidad un proyecto que parecía superarlos.

La colaboración que recibieron fue universal. Como suele suceder, las crónicas y los libros de economía dejaron constancia de algunos aportes: sabemos con precisión de gruesas sumas provenientes de personas o familias pudientes y muy generosas. Pero también se nos habla, aunque en forma anónima, de feligreses que, con el óbolo de la viuda o con horas de trabajo voluntario contribuyeron a levantar esta casa de Dios entre y para los hombres.

Los primeros años se levantaron en el mismo emplazamiento que posteriormente tendría el templo, unos enormes hornos para cocer ladrillos. Esta artesanía no era ajena al ambiente laboral de los vecinos de Villa Moderna: muchas personas la trabajaban. Tal vez la tierra era apta para esta artesanía. La materia prima utilizada sirvió para allanar el terreno que se pretendía construir. Pero la mayor ventaja fue que los ladrillos que se cocieron en estos hornos están sosteniendo hoy las paredes del templo. Otros fueron vendidos y así se pagó el trabajo de los ladrilleros.

Hemos anotado antes que el terreno adquirido en la compra primitiva superaba con mucho los planes de edificación e instalación del convento capuchino y la anexa parroquia. Esto había puesto incertidumbres en los momentos de la compra del terreno.

Pero los laicos que asesoraban la compra aconsejaron sabiamente la adquisición de esa parte que parecía superflua, ya que en el futuro podía venderse para solventar los gastos que exigirían las construcciones previstas. Y, afortunadamente, fue una valedera ayuda. A comienzos de la década del ‘20 los Superiores mayores tramitaron la venta de un sector casi triangular que bajaba por una quebrada hasta el camino inferior, al noroeste de la propiedad que, por su forma geográfica, se la llamaba la puntilla. Eran 1.015 metros cuadrados de terreno. El valor que, según testimonio de los libros de economía fue de $60.000, cantidad que resultó un refrescante alivio

que invirtieron de inmediato en la construcción del templo50.

Se ve que estas obras tuvieron un caminar constante, aunque muy lento. La razón siempre fue la misma: las estrecheces económicas que oscurecían cada fin de mes, al momento de pagar salarios o adquirir materiales.

El 8 de octubre de 1933 fue solemnemente consagrado el nuevo templo. Los arquitectos se han inspirado en el estilo románico español de principios del siglo XIIl Los cimientos del nuevo templo son de piedra; muros de ladrillo; super estructura de concreto armado y ladrillo; arcos y bóveda de concreto armado; techumbre de madera cubierta de tejas curvilíneas de arcilla cocida. Diario La Unión de Valparaíso, 8/10/1933.

50 Se ve que no fue fácil esta venta. Las cartas que cruzaron los Superiores con la Nunciatura Apostólica de Santiago para obtener los permisos canónicos, tienen diversas fechas. Tal vez debieron repetir la solicitud por no haberse concretado en tiempo útil la primera autorización dada por la Santa Sede. Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Misiones y Conventos. Cfr. en especial Fondo Misión de Chile, Misiones, Convento... I i 6.2.

El desaliento de algunos frailes aconsejaba detener las obras y abrir al culto divino el templo aun inconcluso. Pero prevaleció el temor que otros objetaban de eternizar indefinidamente su conclusión. Y, entre dificultades y esperanzas, siguieron levantando muros. Por otra parte conviene recordar que, desde 1917, se había acomodado el salón parroquial como Capilla provisoria que, sin ser el local ideal, prestaba un buen servicio a la feligresía que iba aumentando considerablemente en número.

Consagración del Templo

A mediados del año 1933 se terminaba la construcción del templo. Se programó la consagración del mismo para el día 8 de octubre de ese año.

Uno de los ritos más solemnes e imponentes del Pontifical Romano es la bendición de los templos. Rezuma toda la riqueza del concepto bíblico del templo, ese lugar en el que el Dios trascendente se hace cercano y vecino a los hombres, en donde un lugar concreto se convierte en espacio de manifestación del Dios infinito. Indistintamente se le llamaba consagración o dedicación de un templo: consagrar es darle a una persona o cosa un carácter sagrado, una participación de la santidad de Dios, una relación directa e inmediata con Él.

Dedicación es quitar, en forma total y exclusiva, la persona u objeto dedicados del uso profano para entregarla completamente a Dios. Y para celebrar estos contenidos la Iglesia utiliza ritos altamente significativos: Se rocían las paredes interiores y exteriores del templo con agua bendita; se ungen con santo crisma las puertas de entrada; se consagran con óleo santo doce columnas interiores en recuerdo de los doce Apóstoles de Cristo, que son las columnas sostenedoras y el fundamento de la Iglesia de Cristo.

Este rito consecratorio lo realizó Mons. Guido Beck de Ramberga, obispo capuchino de Araucanía, por delegación y ante la presencia del obispo diocesano, Mons. Eduardo Gimpert. También estaba presente el Nuncio Apostólico, Mons. Ettore Felici.

La primera Misa que se celebró en el templo recién dedicado la presidió el Señor Nuncio Apostólico. Un coro formado por sacerdotes y por personas de la Parroquia interpretó una Misa que había compuesto para esta ocasión el capuchino P. Saturnino de Legarda, en ese tiempo residente en Buenos Aires.

Para perpetua memoria, se colocó en el presbiterio de la Iglesia una placa de mármol escrita en latín, cuyo texto se lee así en nuestra lengua: El Excelentísimo Señor Guido Beck, Obispo Titular de Mastaura y Vicario Apostólico de Araucanía, de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, por delegación del Excelentísimo Señor Obispo don Eduardo Gimpert, que estaba presente, consagró esta Iglesia bajo el Título de San Miguel Arcángel y el patrocinio del bienaventurado San José, el día octavo de los idus [día 8] de octubre del año de 1933, en esta ciudad de Viña del Mar, mientras todo

el mundo celebraba el Jubileo del XX siglo de la Redención. Pío XI reinaba como Pontífice Máximo. ¡Orad por los bienhechores! 51 .

El altar mayor es el principal centro simbólico y sacramental de todo templo. Y por eso la tradición cristiana se ha esmerado en hacerlos magníficos y majestuosos en su ornamentación y en su belleza.

Cuando la construcción del templo de San Miguel, la generosidad de don Manuel Fernández García pagó el altar mayor que se había programado poner bajo el ábside del templo. Era un maravilloso monumento de mármol, construido según las exigencias litúrgicas de esos tiempos y consagrado en el mismo día y momento de la Dedicación del templo por Monseñor Guido Beck de Ramberga, Obispo capuchino de Araucanía. A más de la mesa del sacrificio y del Sacramento, emergía en su centro un artístico Sagrario para la reserva de la Eucaristía. En la parte superior había un elevado expositor del Ssmo. Sacramento, coronado de una cúpula, también de mármol. Hacían juego unas escalinatas laterales para armonía arquitectónica y para adornos florales.

Con la reforma de las celebraciones litúrgicas del post concilio se hicieron cambios estructurales en el presbiterio de la Iglesia y especialmente en el altar. En los primeros años, el altar primitivo se conservó en su total estructura y delante de él se acomodó otro altar de madera que facilitara la celebración de la Misa cara a la asamblea. Más tarde, para dar mayor esplendor y dignidad a este lugar tan importante del culto cristiano, uno de los sacerdotes de la Fraternidad capuchina talló artísticamente un altar de madera noble y, en los días de la Semana Santa de 1981 fue bendecido y dedicado al culto sacramental.

En los años siguientes el mismo sacerdote tallador trabajó de la misma madera una cubierta para el Sagrario y la columna que lo sostenía, un frontal de madera para el ambón y un enorme candelero en forma de columna salomónica que todavía realza el Cirio durante el tiempo litúrgico de la Pascua. El ambón fue inaugurado en septiembre de 1983.

En agosto de 1984 se pretendió dar mayor realce a la sede presidencial, exigida por la Liturgia. El lugar propio de la sede, por exigencia del estilo románico, es el ábside. Se construyó un supedáneo amplio y se vio la conveniencia de quitar el altar primitivo que había presidido la liturgia y la oración de los fieles desde 1933.

Recientemente, entre fines de 2006 y comienzos 2007, se quiso adquirir el altar de la ca-

51 Con motivo de la Dedicación litúrgica del nuevo templo, el buen amigo de los capuchinos, don Bartolomé Palacios, escribió un breve folleto con la historia del templo y con datos de la permanencia de los capuchinos en sus primeros veinte años de estadía en Viña del Mar. Los detalles históricos y las ilustraciones fotográficas de este folleto nos entregan un testimonio de primera mano que hemos utilizado en el presente trabajo. Su texto impreso está en Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Fondo Misión de Chile, Misiones, Conventos, I i 6.5.

pilla del Colegio Ignacio Zuazagoitía, de las Religiosas de la Compañía de María, que están demoliendo la Casa de Ejercicios para hacer nuevas edificaciones. Las Religiosas, gentilmente, obsequiaron su altar de mármol a la Parroquia y de inmediato se instaló. En gratitud se grabó sobre el mármol este recuerdo: Este altar fue donado por las Religiosas de la Compañía de María a esta Parroquia de Capuchinos y reacomodado en enero 2007.

Implementación Posterior de la Iglesia

El templo entregado ya al culto era maravilloso en su armónica simplicidad. Pero las exigencias de las celebraciones cultuales y las devociones de los fieles fue aconsejando y exigiendo añadir altares y otros elementos de ornamentación.

La devoción filial de los frailes y de muchos de sus fieles levantó, lo primero, un altar a San Francisco de Asís, fundador y patrono de la Orden capuchina. Se encargó a Europa una buena escultura del Santo, en madera, trabajada en el taller del afamado escultor barcelonés Francisco Vila, imagen que fue costeada por una devota feligresa. El 27 de septiembre de 1936, cuando se daba comienzo a la Novena del Seráfico Padre, se inauguró y bendijo el sobrio altar y su bien ejecutado retablo de madera.

La devoción a San Antonio de Padua es universal y, como parece lógico, muy cultivada en la familia franciscana. Desde los inicios de la presencia de los capuchinos en Viña del Mar se fomentó su devoción y se organizó la popular obra antoniana conocida como el Pan de los Pobres, que busca canalizar la caridad de los fieles para remediar las necesidades, sobre todo alimenticias, de los marginados. Ya en las capillas provisorias que sirvieron de lugar de culto a la Parroquia de San Miguel, todos los martes se solía celebrar una Misa que reunía numerosos devotos del Santo. En el nuevo templo se le dedicó un altar, con un sobrio retablo de madera sin dorados ni pinturas, como lo exige la tradición capuchina. Fue inaugurado para alegría de los feligreses el 1 de agosto de 1937.

La devoción a Nuestra Señora de las Tres Avemarías no es muy conocida en nuestro país; busca honrar a la Ssma. Virgen María como hija de Dios Padre, como madre de Dios Hijo y como esposa de Dios Espíritu Santo. Los capuchinos la hicieron conocer y honrar en la Parroquia y, a solicitud y con la ayuda de los devotos, le dedicaron un altar muy original, que fue bendecido el 19 de febrero de 1939. Es un alto retablo de estuco, en el que se representa a la Ssma. Trinidad coronando a María. Las tardes de todos los sábados del año se reunían frailes y feligreses delante de este altar para cantar la Salve y los Gozos a la Inmaculada Concepción, Patrona de la Orden seráfica, reafirmando una secular tradición franciscana.

Frente al altar de las Tres Avemarías hay otro de factura semejante dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. En el retablo emerge una maravillosa y acogedora imagen de Jesús con los brazos abiertos sobre un fondo damero. La antigua tradición de utilizar signos determinados para fomentar y mantener devociones y costumbres hizo de este altar el centro cultual de los

primeros viernes de cada mes. En los primeros años después de la inauguración de este altar, era un reducido grupo de fieles los que se reunían en la Misa de comunión por la mañana y, por la tarde, había un encuentro menor para las oraciones vespertinas y la Bendición eucarística.

Pero más adelante, y esta costumbre se conservó por muchos años, se tuvo en este templo un culto especial de adoración los primeros viernes de mes, para dar oportunidad a los fieles de momentos de una más intensa oración personal. A media mañana se exponía el Santísimo Sacramento en el templete del altar mayor y estaba expuesto a la adoración de los fieles hasta las siete de la tarde. Los fieles venían en número considerable y, por turnos, hacían esta adoración. La imagen y el altar fueron bendecidos e inaugurados por el propio Obispo diocesano, Mons. Rafael Lira Infante, el 25 de febrero de 1940.

Las crónicas conventuales dicen que estos dos altares, el del Sagrado Corazón de Jesús el de Nuestra Señora de las Tres Avemarías, son obras del sencillo y humilde, pero habilísimo artista, don Pedro Pablo González, ya fallecido52 .

Es costumbre de las iglesias capuchinas tener a su entrada las imágenes del Calvario, para despertar y fomentar la devoción a la Pasión del Señor, tan importante en la vida de San Francisco de Asís y tan conservada y cultivada por sus hijos. Y este templo no ha sido la excepción. Desde el 10 de agosto de 1936 hasta nuestros días el santo Cristo es el lugar obligado de las miradas y de la oración de muchos de los fieles que entran en la iglesia a rendir culto a Dios.

La devoción que nuestro pueblo chileno rinde a la Ssma. Virgen del Carmen le dedicó también un altar, inaugurado el 18 de abril de 1948. Un sobrio retablo, coronado con una artística corona tallada en madera, recuerda a los fieles la realeza de María sobre la Parroquia y sobre nuestra patria.

Cuando los fieles llegan al atrio del templo parroquial son recibidos por la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, elevada sobre un alto pedestal. Siendo guardián y párroco de esta Iglesia el P. Joaquín de Mendigorría, mandó construir y colocar este monumento mariano a la entrada del templo para que los fieles que entran o salen de él se sientan acogidos y bendecidos por la Madre de la Iglesia. La imagen fue inaugurada en este lugar por Mons. Rafael Lira Infante el 9 de febrero de 1941, en los días de la Novena de la Virgen de Lourdes que, por coincidir con la época veraniega, congregó un numeroso grupo de fieles parroquianos y extraños. Entre los asistentes a esta bendición estaba la señora Juanita Aguirre de Aguirre Cerda, entonces Primera Dama de la nación53.

52 Cfr. Crónicas... Viña, vol. I, p. 13.

53 Aunque no hemos podido documentar la afirmación, hemos escuchado testimonios orales que aseguran que esta imagen de Nuestra Señora de Lourdes es obra del sencillo y humilde escultor don Pedro Pablo González, a quien se debe también, como se anotó más arriba, las imágenes murales de los altares del Sagrado Corazón y de la Virgen de las Tres Avemarías.

Tenemos otro testimonio que reafirma la devoción de nuestro pueblo a la Madre de Dios. Sin duda, ésta lo lleva a multiplicar los signos que la recuerdan. Para responder a instancias de los fieles se mandó esculpir un grupo escultórico de la Virgen de Pompeya, con Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena. Es obra del artista don Juan Guzmán, alumno de la Escuela de Artes de Viña del Mar. El 25 de noviembre de 1959 fue solemnemente bendecida y ubicada provisoriamente en un altar que se le construyó especialmente, semejante a los demás altares que flanquean el templo, en el mismo lugar donde hoy está la puerta lateral de entrada de los fieles.

Este altar se inauguró el 16 de diciembre de 1960. Cuando se vio la conveniencia de abrir la puerta lateral para comodidad de los fieles, se encomendó a don Ernesto Galaz la construcción de un nuevo lugar para la Virgen de Pompeya. Es el que actualmente ocupa, armónicamente situado en la parte anterior, paralelo al púlpito y con una marquesina semejante al tornavoz que cubre las imágenes de María y de los Santos. Este sitial fue inaugurado la tarde del jueves 22 de septiembre de 1960, en presencia de innumerables devotos. Desde entonces, esta imagen es lugar de oración y peregrinación, sobre todo los días jueves54.

1933. Vista de Iglesia y convento desde la playa de Caleta Abarca.

54 Cfr. Crónicas... Viña, Pp. 129, 131, 135, 139, 140 passim.

Resulta sintomático el empeño de los sacerdotes y fieles de multiplicar estos signos sagrados visuales que tal vez hoy puedan resultarnos exagerados. Esta costumbre no es ciertamente monopolio de esta comunidad cristiana, aunque aquí haya sido cultivada con buen esmero. Obedece más bien a una pedagogía pastoral muy simple, siempre presente en la Iglesia y que hunde sus raíces en la misma pedagogía del Verbo encarnado. La fe y los sentimientos religiosos y humanos se despiertan, alimentan y mantienen a través de estímulos sensoriales. Máxime cuando en la principal expresión de esta fe, la Liturgia y los Sacramentos, se utilizaba la lengua latina que no era conocida ni comprendida por los fieles. Sin duda este detalle hacía más necesario el signo expresivo de la imagen y del gesto.

Otras Obras

Poco a poco fueron completándose los adornos y el mobiliario de la Iglesia y se fue respondiendo a las necesidades que aparecían. El hermano fray Juan de Ecala, hábil carpintero de esta comunidad capuchina, hizo los dos confesionarios que fueron colocados en sendos vanos entre las columnas del templo. El mismo capuchino trabajó en muy buena madera las bancas del templo. Con arte y mucho sentido práctico hizo el amoblado y la cajonería de la sacristía. A sus habilidades y buen gusto se debe también el zócalo de madera barnizada de la misma sacristía. Se colgaron dos lámparas a ambos lados del presbiterio para anunciar la presencia del Señor sacramentado.

Se embaldosó el amplio pasadizo que estaba junto a la Iglesia y daba a la portería. Se trabajaron los jardines, quedando un maravilloso bel vedere frente al mar, que fue delicia de propios y extraños.

Poco después de la inauguración del templo nuevo, el 21 de octubre de 1933, falleció en esta casa el hermano fray Salvador de Legarda; se vio la necesidad de tener un mausoleo que sirviera de última morada de los hermanos que fallecieran en esta casa. El diligente P. Gonzalo de Abárzuza, por mandato de los Superiores mayores, agenció con don Martín Cárcamo, Cura de la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores de Viña del Mar, la adquisición de un lugar en el Cementerio, dependiente de esa Parroquia que está muy cerca del convento de capuchinos. Antes de un año ya estaba construido y hoy son varios los religiosos capuchinos que allí esperan la Resurrección55.

Desde la llegada de los frailes a Viña del Mar, hubo siempre la preocupación por mantener y acrecentar la biblioteca conventual con libros, revistas y otras publicaciones que ayudaran a la formación de los hermanos y les sirviera para mantenerse preparados en el ejercicio de su ministerio. Para ello se acomodó un amplio salón del segundo piso, apto para mantener ordenado el material bibliográfico y dar ambiente y comodidad para la lectura y el estudio. Se logró tener

55 Años más tarde los religiosos se preocuparon de mejorar la estructura de este Mausoleo. Por obra y arreglos del mismo se pagaron, en mayo 1956, $ 39.500.-

unos treinta mil volúmenes, de un amplio abanico de contenido. Además de algunas enciclopedias generales, primaba la literatura orientada a la predicación y a la catequesis. También había abundante material referente a Derecho Canónico y Moral, materias consideradas importantes para el ministerio del Confesonario. Había también buena cuota de literatura clásica. En estos últimos años, con motivo de la reducción de la casa, esta biblioteca fue entregada a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Servicios Catequísticos

Cada época trae nuevas exigencias e interrogantes que las instituciones humanas deben enfrentar y responder. Sin duda el Concilio Vaticano II fue para la Iglesia en general y para cada institución eclesial en particular, un acontecimiento que motivó una profunda revisión de sus estructuras, criterios y métodos para vivir y anunciar en forma nueva el Evangelio perenne.

Uno de los elementos más incidentes dijo referencia a los laicos, tanto en la forma de vivir su vida cristiana como en su incorporación a la acción vivencial y pastoral de la Iglesia.

Es verdad que el laicado católico había tenido un significativo avance en este aspecto. La estructura y las líneas de la Acción Católica lo habían invitado a colaborar, como entonces se decía, en el apostolado de la Jerarquía. El Concilio, dando un paso trascendental, sienta como principio que el laico, por un derecho que nace de su propio Bautismo, debe incorporarse, con su testimonio y acción, a la vida de la Iglesia. Y en esta línea se pretendió implementar en esta Parroquia, como ocurrió en todas las demás instituciones eclesiales, una nueva forma de vida y de trabajo pastoral.

El cambio era realmente trascendental y, como era de esperar, se realizaba con y en personas que tenían una mentalidad y una praxis de vida cristiana laical bastante pasiva y en el marco de una Iglesia fundamentada en principios pastorales inamovibles y en mentalidad verticalista y clerical. Las dificultades prácticas que obstaculizaron los comienzos y el deseado avance en este campo fueron precisamente asumir las formas nuevas, pero manteniendo intactos los principios sustentadores que siempre habían regido. Y en toda obra, más si es evangélica, el vino nuevo hay que ponerlo en los odres de una nueva mentalidad si no se quiere fastidiar los odres y perder el vino bueno. Este fue el primer objetivo que se buscó asumir, las nuevas acentuaciones vivenciales y pastorales que se proponían respecto de los laicos. Y esta primera experiencia no fue de todo feliz.

Tal vez, el error no consistió en incorporar a los laicos en la catequesis y en construcción de la comunidad cristiana, sino más bien en no haberlos orientado a aquellos campos que las líneas conciliares les señalan como más específicos y propios del laicado.

Así, se privilegió el servicio de la catequesis, que si bien fue común a las demás Parroquias de la Diócesis, en la de San Miguel adquirió importancia, tanto por el buen servicio prestado como

por el número de personas que involucró su organización.

La razón de un método de Catequesis más rica en contenidos y más prolongada en el tiempo se fundaba en la convicción que los fieles, aunque bautizados, no siempre tenían una fe madura. En este supuesto, el método catequístico venía a preparar al sujeto a una recepción más consciente y religiosa de los Sacramentos y a facilitarle de manera más comprometida la posterior vivencia de su fe en una comunidad cristiana. Tal vez el objetivo fue demasiado ambicioso y eso impidió un éxito mayor.

La estructura de la Catequesis de Primera Comunión, llamada en sus inicios de las Mamás Catequistas, suponía un grupo de personas, generalmente damas, que preparaban y ayudaban a las madres de los niños, a quienes entregaban los contenidos de evangelización que ellas deberían, a su vez, transmitir a sus hijos: con ello se pretendía dar a las mamás los medios y las formas pedagógicas para que ellas mismas asumieran su rol cristiano de ser las evangelizadoras de sus hijos. La Diócesis de Valparaíso organizó instancias de preparación para estas Guías de Catequesis, oportunidades que fueron muy aprovechadas por personas de la Parroquia. Habría que notar que, a la preparación doctrinal y pedagógica que estas personas recibían, se trabajó con ellas una mística apostólica muy apreciable que tuvo determinante importancia en la maduración de la fe de muchos parroquianos.

Más tarde, el sistema se fue implementando y perfeccionando con más personas que asumieron responsabilidades en esta trasmisión familiar de la catequesis. A más de las mamás guías, se incorporaron jóvenes que, en una forma dinámica, reforzaban los contenidos entregados por las mamás. Se quiso, más adelante, que esta catequesis no fuera sólo de las mamás que entregaban contenido de fe a sus hijos, sino de la familia: para eso se le comenzó a llamar Catequesis Familiar, con el objetivo y deseo de incorporar también a los papás varones, ideal que no siempre se logró.

Este sistema conoció mucha resistencia en sus comienzos. El rechazo se fundamentaba, sobretodo, en la praxis catequética inmediatamente anterior, en donde eran los sacerdotes y los profesores/as de religión y no la familia quienes habían prestado siempre este servicio pastoral. Además, costó mucho esfuerzo que las familias aceptaran el largo período de dos años de preparación, demasiado largo en su apreciación, ya que hasta entonces esa misma preparación se había hecho en un mes escaso de tiempo.

El sistema produjo, como suele ocurrir, efectos positivos y negativos. Entre los primeros señalamos la maduración de fe en los adultos de la comunidad parroquial que en muchas ocasiones terminaron incorporándose más comprometidamente con la Iglesia, algunos en grupos organizados de la Parroquia, como la misma Catequesis o en otros grupos de reflexión, de trabajo pastoral o de vida. Otros, los más, en una vivencia más consciente de su fe y de su proyección cristiana en la vida.

1935. Fraternidad Capuchina de Viña del Mar: De pie: Fr. Nicomedes de Eguiarreta; P. Domingo de Beire; P. Francisco de AsÌs Lizarraga; P. Eulogio de Villava; Fr. Diego de Ostériz; Fr. Esteban de Monreal. Sentados: P. José Calasanz de Viscarret; P. JosÈ de Legarda; P. Joaquín de Mendigorría; P. Camilo de Uterga.

Es innegable también la ventaja que se obtuvo en asumir la responsabilidad familiar en la transmisión de la fe a los hijos, responsabilidad que antes los padres hacían descansar solamente en los sacerdotes o en el Colegio que educaba a sus niños. En sus efectos negativos debemos anotar que el número de Primeras Comuniones bajó en la estadística hasta entonces sostenida. Es verdad que esta disminución en la recepción de los Sacramentos tiene muchas causas, sobre todo el notorio avance de la secularización; pero se percibió que las ventajas que la Iglesia postconciliar buscaba para facilitar y personalizar más la recepción de los Sacramentos, resultó en la práctica un obstáculo en el acceso a los mismos, sobre todo en las familias más alejadas o menos maduras en su fe.

Paralelamente a la Catequesis de Primera Comunión se organizaron las catequesis previas al Bautismo para padres y padrinos que pedían el Sacramento para sus hijos y ahijados; la de Confirmación y de preparación al Matrimonio. El objetivo de este empeño catequético era el mismo: permitir a quien recibía el Sacramento, hacerlo en una forma más consciente y madura.

La Catequesis de Confirmación se hace comúnmente en grupos juveniles. La matrimonial está dirigida directamente a los novios que contraerán el Sacramento del Matrimonio. Aunque los sacerdotes asumían parte de estas catequesis, la parte sustancial la tenían los laicos de la Parroquia. Debemos notar el apoyo decisivo que estos catequistas tuvieron en su preparación y capacitación en la escuelas catequéticas que se organizaron a nivel diocesano.

Servicios Sociales

En estos últimos años se desarrollaron mucho los grupos que buscaron servir las necesidades de los pobres. Si es verdad que ha habido una motivación social, condicionada por la sensibilidad muy propia de nuestra época, la Iglesia buscó descubrir, organizar y vivir en este servicio el mandamiento evangélico del amor fraterno. Las estructuras fueron varias en sus nombres y en sus formas, originadas y mantenidas por las necesidades puntuales que se fueron dando. No siempre permanecieron por tiempo prolongado, pero sí fueron ayuda eficaz de problemas concretos de los necesitados y también -era uno de los objetivos que se buscaba- fueron estímulo de la caridad de los parroquianos que ordinariamente viven alejados e insensibles a los problemas que sufren los demás.

En otro lugar hemos hablado de las Conferencias de San Vicente de Paul que fueron fuertes y efectivas en tiempos pasados, tanto las de los caballeros como después las de las damas vicentinas que lograron llevar mucho consuelo espiritual y dar un efectivo apoyo a muchas familias que visitaban.

Los grupos de Caritas, institución mundial que en Chile tuvo un significativo aporte y un servicio muy eficaz al comienzo de la década de los sesenta, daban una ayuda directa e inmediata a las familias necesitadas del sector, sobretodo en alimentos y vestuario. Casi la totalidad de las especies que se repartían provenían del extranjero.

Fueron importantes los comedores que la comunidad parroquial organizó y, en parte sostuvo, para ayuda de los menesterosos. En la población Santa María, parte alta de la Parroquia, la comunidad parroquial de San Miguel mantuvo por más de quince años un comedor infantil en la sede social de dicha población; eran varias las instituciones que lo ayudaban. Además del aporte que los fieles de la Parroquia daban en las Misas de un domingo al mes, se recibía la ayuda de Cáritas diocesana, de los mismos vecinos de la población y de algunas instituciones del barrio. La Municipalidad de Viña del Mar aportó, al menos por algún tiempo, con el salario de las manipuladoras de alimentos que preparaban el almuerzo diario. Se atendían diariamente, en promedio, unos sesenta niños.

Más tarde, el 4 octubre 1983, ante otra necesidad emergente, se abrió un segundo comedor fraterno. Esta vez para personas adultas, en los mismos locales de la Parroquia. También aquí fueron varias las instituciones que colaboraron en su mantenimiento, además del aporte en alimentos no perecibles que una vez al mes entregaban los feligreses que participaban en la Misa dominical. Debemos señalar la abnegada labor que hicieron por años los hermanos de la Orden Franciscana Seglar que atendían a los comensales que llegaban y les servían la comida.

Para ayudar a las personas de bajos recursos y que tenían dificultad de acceder a los servicios estatales de salud, un grupo de damas organizó un Policlínico Parroquial. Es destacable la acción solidaria y caritativa de varios médicos que con generosidad apoyaron profesionalmente su

organización y aportaron en forma eficiente y gratuita sus servicios profesionales en favor de los pobres. Igualmente debemos dejar constancia del aporte hecho por las damas de la Cruz Roja que, con perseverancia y desinterés, prolongaron por años este beneficio que resultó tan útil a los vecinos del barrio de Recreo.

Durante varios años se organizaron en las salas parroquiales, junto al templo, los llamados Talleres de Nazaret, en servicio de mujeres venidas principalmente del sector alto de la Parroquia. Un grupo de señoras las apoyaban enseñándoles costura, tejidos y otras manufacturas que les fueron de mucho provecho. Estos Talleres no fueron muy florecientes en sus comienzos. Debemos constatar que, desde que Caritas diocesana apoyó con personal profesional y con otros medios esta iniciativa parroquial en servicio de los pobres, creció su eficacia y su radio de acción.

A estos servicios hay que añadir otros que, aunque importantes, no aparecieron adornados de muchas estadísticas, como la acogida y el trabajo de rehabilitación de alcohólicos y drogadictos. Si la complejidad de esta ayuda específica los hizo permanecer poco en el tiempo, es innegable el bien y el apoyo que prestaron a muchas personas e indirectamente a sus familias. Las Crónicas del año 1990, testifican que unas 180 personas se beneficiaron de los servicios caritativos y solidarios de la Parroquia56.

También la Parroquia contribuyó con su aporte bastante cuantitativo cuando el Obispo de Valparaíso asumió para su Diócesis la organización que ya estaba establecida en otros lugares de Chile: el Trabajo para un Hermano. Esta obra caritativa pretendía dar oportunidades de trabajo digno y de realización personal en épocas de alto índice de desocupación.

Debemos afirmar que la realidad de los grupos parroquiales, en esta larga historia de la Parroquia de San Miguel, ha sido muy fluctuante. Es ley de todas las instituciones humanas. Una estadística de los inicios de los años ‘90 nos habla de la existencia de 17 grupos activos: devocionales unos, solidarios otros, pastorales los más. Y estos grupos sumaban 230 personas que tenían un buen nivel de compromiso y eran activas en el objetivo del propio grupo o comunidad57.

Casa de Acogida

Durante varios años, desde marzo de 1980 hasta diciembre de 1987, esta casa religiosa de Viña del Mar sirvió como Casa de Aspirantado o Casa de Acogida, que es una de las etapas de formación de los jóvenes que pretenden ingresar en la Orden capuchina. La formación que entonces tenían estos jóvenes suponía varias etapas: luego de uno o dos años de seguimiento vocacional, realizado en sus propias casas viviendo en sus familias, entraban a lo que llamaban Casa de Acogida. La finalidad de esta etapa era dar a los jóvenes aspirantes una oportunidad de

56 Cfr. Crónicas... Viña, vol. II, p. 13.

57 Cfr. Crónicas... Viña, vol. II, p. 19.

vivir en fraternidad con sus compañeros de ideales religiosos y, además, tener una experiencia laboral, ya que la mayoría de estos jóvenes que postulaban a la Orden, provenían de un ambiente estudiantil, sea por haber terminado recién su enseñanza media, sea por venir de la Universidad. Por espacio de un año los jóvenes trabajaban en algunas industrias de la zona, bajo la figura legal de estudiantes en práctica. Después de este año pasaban al Postulantado capuchino, que entonces estaba en la localidad de Paine, para seguir después su Noviciado y los estudios eclesiásticos superiores.

Como es costumbre en los conventos capuchinos, los jóvenes fueron escribiendo las crónicas de sus primeras experiencias de vida comunitaria y fraterna58.

Servicios Ministeriales

Toda Parroquia, por su propia naturaleza, busca el crecimiento y la maduración de la fe y dar a los fieles la oportunidad de un auténtico encuentro con el Señor y de un mínimo, al menos, de vida comunitaria. Y este encuentro se realiza en forma culminante, aunque no exclusiva, a través de la celebración de los Sacramentos y del anuncio de la Palabra. El Concilio Vaticano II dio un impulso eficaz y buscó facilitar las posibilidades de estos servicios, sobre todo a través de la celebración de la Liturgia.

Para una mayor comprensión de la Liturgia se han organizado cursos o catequesis abiertos a todos los fieles y, en la línea de la reforma postconciliar, se han organizado los Ministerios o servicios laicales que buscan hacer más cercana y comprensible la salvación actualizada en la Liturgia. Entre los elementos que se podrían destacar está el servicio de la Comunión a los enfermos e impedidos, asumido por los laicos Ministros extraordinarios de la Comunión, aporte callado que no llena estadísticas, pero que alimenta y sostiene la fe y la esperanza de muchos fieles en momentos difíciles.

A éstos hay que añadir los Lectores de la Palabra y los Acólitos o servidores del altar, que han estado dando, con diversa eficacia y compromiso, su aporte para hacer más cercana la salvación que celebramos en la Liturgia.

C APILLA DE LA P O b LACIÓN S ANTA M ARÍA

Desde los años de su fundación la Parroquia tuvo un especial interés en la atención religiosa a la parte alta del territorio que se conocía como Población Santa María. Con el tiempo el sector se fue poblando, no siempre con orden y planificación. Ese ensanche que se situó preferentemente en las quebradas, en condiciones urbanísticas muy precarias, se le denominaba Ampliación Santa María.

En los primeros años no se fomentaba tanto la atención sacramental en el lugar, ya que era

58 El Archivo Provincial de Capuchinos de Chile conserva dos gruesos libros de estas Crónicas.

en el templo parroquial en donde, por costumbre y tradición, debían celebrarse los Sacramentos. Pero sí se tuvo siempre organizada la catequesis, sobre todo de Primera Comunión, que se hacía en casas particulares de abnegadas catequistas y se daba la oportunidad de la celebración anual del Mes de María. A esta atención religiosa se añadió más tarde el aporte asistencial y, en tiempos difíciles, la Parroquia mantuvo allí, por más de quince años, un comedor infantil, de que hablamos antes.

Más tarde, en la sede social, se celebraba cada domingo la Misa con buena asistencia de fieles. Esto hizo más clara la necesidad de construir un lugar estable de culto, ya que la sede social, además de no estar dedicada al servicio religioso, era utilizada por los vecinos para diversos servicios poblacionales.

Fueron varios los empeños realizados, desde 1984, para hacer realidad esta necesidad de la comunidad que coincidía con el deseo de las familias que allí moraban. Como expresión de este deseo la Junta de Vecinos ofreció una parte considerable de los terrenos comunes, entre la sede de dicha Junta y la Escuela básica del sector, junto a la variante superior de Agua Santa, en Recreo Alto. Hasta 1999 se habían preparado tres proyectos de Capilla y todos, por razones de emplazamiento del lugar o por costos que superaban las posibilidades financieras, habían resultado irrealizables.

En abril de 1998 se inició la construcción de la actual Capilla y de una amplia sala para las reuniones pastorales de la comunidad. El solar fue donado por la señora Clemencia Velásquez, en memoria de un nieto suyo fallecido trágicamente. La Capilla destinada al culto tiene su entrada por la calle Nueve; es de pequeñas proporciones; una grácil columna que simula un campanario coronado de una cruz, anuncia a los vecinos su carácter sagrado y su identidad católica. En el plano superior, con entrada por la calle Ocho, se construyó un salón multiuso con posibilidad de aislarlo interiormente en dos salas para catequesis, para otras reuniones de grupos cristianos o para eventual servicio de los vecinos.

No fue fácil la obtención del dinero para esta construcción, tan necesaria para las casi doscientas familias que esos años habitaban esta parte de Recreo Alto. Los vecinos fueron entusiastas colaboradores que aportaron, en la medida de sus posibilidades, trabajo o dinero. La ayuda recibida de la Comunidad capuchina de Chile, del Obispado de Valparaíso y de algunas entidades extranjeras, hicieron posible que a comienzos del año 2000 se bendijera esta Capilla que sirve de centro religioso en la celebración de los Sacramentos y organización de la Catequesis para niños y jóvenes59.

59 Una lápida puesta a la entrada de la Capilla recuerda: Inaugurada el 25 de marzo de 2000. Levantada con los aportes de la Parroquia de San Miguel [Los Capuchinos], el Obispado de Valparaíso, la Comunidad de Santa María y los benefactores anónimos. En memoria de + Claudio Marcelo Ahumada Espinosa. Arquitecto Enrique Preusser Aguilera. Constructor Orlando González Bravo.

N

UEVAS O b RAS COMPLEMENTARIAS

Hay una constante en la historia de los capuchinos en Viña del Mar: se les ve preocupados de ampliar y adornar el entorno donde viven, tal vez para hacer más grato y eficiente el servicio religioso que prestan a la comunidad.

Los archivos dan cuenta de un proyecto de hermoseamiento de la plazuela situada en la parte posterior de la iglesia. Desde la inauguración de la Iglesia, ésta tuvo un acceso fácil para las personas que vivían en las calles superiores. El arquitecto, Señor Schröder F. hizo, a solicitud de los religiosos, un interesante proyecto que él mismo llamó de la Plazuela de los Capuchinos de Villa Moderna, de Viña del Mar. Dicho proyecto contemplaba una hermosa fuente central, con una calle o pasaje circundante, de forma ovalada, que servía para entrada y salida de vehículos automóviles60.

Este proyecto obedecía a la inquietud de frailes y de vecinos que siempre lamentaron que el templo no luciera su exterior con la belleza que se admiraba en su interior. Por desgracia, las estrecheces económicas fueron de nuevo impedimento para su realización y el plano aun permanece archivado.

Pero éste no había sido el primero de los proyectos por hermosear ese lugar. A fines del año 1953, la Municipalidad viñamarina había suprimido la calle conocida como Subida de Capuchinos que, aunque la había construido el organismo municipal, la había hecho en un terreno cedido y regalado por los frailes.

En los años ‘50 se ensanchaba el camino de unión de Viña del Mar y Valparaíso con la construcción de un moderno puente, justo bajo la Iglesia y convento capuchinos.

El Superior y Párroco de esos años solicitó al Municipio, aunque no mediaban méritos de justicia, una cierta compensación de la supresión de la calle que se había abierto precisamente para un mejor acceso a la Iglesia parroquial, que la Municipalidad convirtiera en plazuela-jardín el sitio casi abandonado que se encontraba detrás del templo. Después de un tiempo, en abril de 1954, se consiguió, después de mucho trabajo, esa linda mejora en favor del convento y Parroquia. Y fue más. Todos los viernes, de 6.30 a 7.30 hrs., la banda de músicos de la Municipalidad de Viña del Mar toca un concierto con mucha afinación y ritmo. Los músicos son traídos y llevados en micro61 .

Desde entonces las dos Escuelas parroquiales utilizaron esta plazuela para conmemoraciones patrióticas, sobretodo para el 18 de septiembre y el 21 de mayo.

60 Los planos firmados por el Sr. Schröder se encuentran en el Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Fondo Misiones, Conventos, Parroquias… I i 6.1.

61 Vea Crónicas... Viña, vol. I, p. 50.

Otra ventaja positiva que trajo esa plazoleta fue la posibilidad de acceso de las personas que viven en la parte alta de la Parroquia que antes debían dar la vuelta por calle Arturo Prat. Se abrió entonces, una puerta lateral que ha facilitado mucho el acceso de los fieles. Esto exigió una remodelación de todo el sector: los hermanos compraron una reja de fierro de más de 17 metros para deslindar la propiedad de capuchinos y embellecer el lugar. También se hizo un bien cultivado jardín entre la plazuela y la pared exterior de la sacristía.

A mediados de 1981 hubo otro intento de transformación del convento que los frailes habían ocupado como habitación desde su llegada. El número de hermanos había disminuido considerablemente. Las nuevas formas de comunidad capuchina ideaban más bien un grupo menor de hermanos en cada casa. La amplitud de pasillos, corredores y salas comunes (como el comedor, la cocina), el coro para la oración, no favorecían el ambiente familiar, fraterno y cercano que se pretendía acentuar. Además, el deterioro material que los años iban acumulando en el edificio aconsejaba una solución de fondo.

Estos valores que se buscaban y estas realidades que se imponían desembocaron el año 1981 en un proyecto bastante radical: la demolición del primitivo convento y la construcción de un nuevo edificio que respondiera a necesidades e ideales actuales de vida. Los planos, que fueron encargados a la arquitecto Ximena Lazo Rivera, enero de 1981, contemplaban una casa nueva, de dos plantas, para habitación de los frailes; estaba adosada al templo, de oriente a poniente. Para hacer posible su edificación, se contemplaba la venta del ángulo nor-poniente de la propiedad, en donde los compradores planificaban la construcción de dos torres de departamentos, una de ocho y la otra de diez pisos62. Nuevamente, este proyecto quedó archivado. Aunque aparecían evidentes las razones que lo sustentaban, hubo otras causas que impidieron su realización.

En esos años la situación jurídica de los capuchinos que vivían en Chile estaba en revisión y en proyectos. Por razones institucionales valederas y muy evidentes, los Superiores generales de Roma propiciaban la unión de las varias circunscripciones capuchinas de Chile en una sola Provincia regular63.

Esto suponía una reestructuración completa del personal capuchino y de las obras que hasta

62 Cfr. Planes y Planos en Archivo Provincial de Capuchinos de Chile, Fondo Misiones, Concentos Parroquias, lc, I i 6.3.

63 Poco tiempo después, el 15 de febrero de 1982, se hizo realidad dicha unificación. Los capuchinos que vivían y trabajaban en Chile, venidos de diversas procedencias, fueron unificados en la sola Provincia Capuchina de San Francisco de Asís en Chile, que reunió a los hermanos de la antigua Provincia chilena, ubicada en el centro-norte de nuestro país, fundada por los hermanos navarros y con un buen número de hermanos chilenos; más a los frailes de la Misión de Araucanía, cuyos misioneros procedían de la Provincia capuchina de Baviera, Alemania; y a los religiosos de las Delegaciones de Holanda (región de Osorno) y de Bélgica walona (casas de Hualpencillo y Rahue). Además de estos capuchinos venidos del extranjero, había un buen número de religiosos chilenos.

entonces se habían mantenido. Y naturalmente se imponía una revisión y priorización de los objetivos, de las opciones apostólicas, de la distribución del personal, del cierre o transformación de casas. En una palabra, no era éste el momento más oportuno para echar andar un proyecto nuevo que podría comprometer situaciones que ya estaban ad portas. Se optó, pues, por dejar las cosas como estaban.

Pero no faltaron los arreglos que hubo que hacer en la casa que, por su estado tan precario, imponía continuas reparaciones, a veces, agravadas por causas ajenas e imprevistas, como el terremoto de marzo de 1985, que obligó a reforzar parte importante del edificio que sufrió duramente en su estructura.

Y siguieron proyectos en abundancia. Años más tarde, en 1991, los Superiores provinciales dieron a esta casa una nueva finalidad. Se pensó, dada la benignidad del clima de Viña del Mar y la posibilidad de acceso fácil a los centros asistenciales de medicina, destinar este convento a casa de ancianos y enfermería de la Provincia. A tal fin se hicieron algunos trabajos sin modificar la estructura de la casa: se acomodaron celdas más amplias y baños en el primer piso y se hicieron otros arreglos menores en baños y celdas del segundo piso, en la sala de estar y en el comedor.

Recientemente, dado el deterioro creciente de la construcción y la dificultad de mantención de un edificio de esta envergadura que lo hacía casi inhabitable, se determinó vender el solar y mantener sólo la Iglesia parroquial. Asimismo, se ha adquirido una propiedad contigua al templo en donde se edificará la casa para los religiosos.

CONCLUSIÓN

Por casi cien años los capuchinos han vivido en este lugar de Recreo, ejerciendo el ministerio parroquial en el barrio de Villa Moderna. Los oleajes de la vida -Providencia suelen llamarse en lenguaje cristiano- los ha ido llevando a recorrer caminos, a acentuar valores y a realizar servicios que no siempre estaban en sus proyectos establecidos ni en los de su comunidad.

Ha sido un itinerario humano como el de todos, que ha conocido los aciertos y las limitaciones, que ha tenido momentos luminosos y otros más oscuros. En ocasiones, su aporte a la educación, o al servicio ministerial, o a obras de desarrollo del barrio han sido señeras en favor de los vecinos de Recreo. Otras, su presencia y su acción han estado más en la penumbra. Pero ha persistido una línea de servicio, de la que Dios se ha servido para su obra.

I NTRODUCCIÓN

C APILLA EVANGÉLICA

A LEMANA: TARDÍO

TESTIMONIO DE LA PRESENCIA ALEMANA LUTERANA EN VALPARAÍSO, DURANTE EL SIGLO XIX

D ORIS V ERA PEREIRA

Profesora de Historia y Geografía

En este trabajo, hemos querido mostrar algunos aspectos de la Historia de la ‘Comunidad Luterana Alemana’ residente en Valparaíso, durante el siglo XIX. El propósito del escrito es aportar antecedentes –a través de la revisión bibliográfica y de información documentalque permitan identificar y esclarecer los factores que influyeron en el retraso de la construcción de la Iglesia Luterana de Valparaíso.

A NTECEDENTES DE LA COMUNIDAD EVANGÉLICA ALEMANA EN VALPARAÍSO

Varios de los autores que han escrito sobre Valparaíso del 1800 coinciden en señalar que la presencia alemana comenzó a notarse hacia la segunda década del siglo XIX, con un paulatino incremento de su población en los años siguientes. Estos escritores han aportado diversos antecedentes históricos respecto de esta colectividad, referidas a sus características sociales y a su relación de fe. Entre ellos, destacamos a Eugenio Araya en su libro “La posible imposibilidad”; a María Graham, en “Diario de mi residencia en Chile en 1822”; a Fritz Mybes en “Historia de la iglesia luterana en Chile originada por la inmigración alemana”; a Adolfo Reccius en “Historia de un Hospital del Puerto. Recuerdo histórico del Hospital Alemán y de su época”; a Juan Sepúlveda en “De peregrinos a ciudadanos, breve historia del Cristianismo Evangélico en Chile”; a Elisabeth von Loe en “Marie Bulling: Una institutriz alemana en Valparaíso. Diario de vida 1850-1861” y a Myriam Waisberg en “La Arquitectura Religiosa de Valparaíso, siglo XVI-XIX”.

Ya en 1822, María Graham en su diario de vida, alude a la existencia de alemanes en Valparaíso y de su participación en las actividades comerciales de la ciudad. Más explícito resulta ser Adolfo Reccius, cuando en uno de sus párrafos señala:

“En 1822 se fundaba la primera casa comercial alemana en el Puerto, Schutte, Post & Cía., durante algunos años la única germana establecida en Chile, que apenas llevaba un lustro de existencia independiente. Aparece luego la firma Huth, Grüning & Cía., posteriormente Huth y Cía., que durante algunos decenios fuera la casa comercial más importante del Puerto [...] Muchas son las empresas comerciales alemanas que se radican en los decenios siguientes en Valparaíso, entre ellas Soltau & Cía., Vorwerck & Cía., Schuchard, Grisar & Cía., Niemeyer e Inghirami, y otras” .

También, se advertía presencia alemana en el servicio religioso de los días domingo, en la Iglesia anglicana Saint Paul’s del cerro Concepción. Eugenio Araya, lo plantea de la siguiente manera: Entre los años 1830 y 1840 asistían a los cultos anglicanos, no sólo ingleses -de diversas denominaciones-, sino también alemanes, que en su mayoría eran luteranos .

J. Sepúlveda refiriéndose al mismo punto señala “[...] Los que estaban interesados en mantener una vida religiosa activa participaban en los cultos celebrados por los capellanes anglicanos y, más tarde, en la Union Church […]” .

Así también, se puede constatar a través del libro de Elisabeth von Loe, en el cual describe: “Octubre 6: el primer domingo en el país; lo celebré naturalmente acudiendo a la iglesia; lamentablemente, no pude reconfortarme del mismo modo que en Alemania, aunque entendía todo, el rito inglés no me agradó, y más encima era muy largo, estuve a punto de quedarme dormida” .

Además, E. von Loe, en una de sus notas a pie de página, nos dice:

1 Reccius, Adolfo, Historia de un Hospital del Puerto. Recuerdo histórico del Hospital Alemán y de su época, p. 10.

2 Araya, Eugenio, La posible imposibilidad, p. 16.

3 Sepúlveda, Juan, De peregrinos a ciudadanos, breve historia del Cristianismo Evangélico en Chile, p. 55.

4 Loe, Elisabeth von, Marie Bulling: Una institutriz alemana en Valparaíso. Diario de vida 1850-1861, p. 21-22.

Talabartería Alemana

“Marie Bulling profesa la fe luterana. Es de suponer que el señor Müller, oriundo del norte de Alemania también es luterano. Antes de la fundación de la comunidad luterana en el año 1867, gran parte de los protestantes alemanes acostumbraban acudir a los oficios religiosos celebrados por la Iglesia Anglicana, que existe en Valparaíso desde 1837. Todos los hijos de los Müller fueron bautizados en esta comunidad religiosa, según consta en el registro bautismal de la misma. La iglesia o capilla, a la cual acudió la familia Müller, se encontraba posiblemente en el Cerro Alegre, a la altura de la actual calle Lautaro Rosas, antiguamente Santa Victoria” .

Hasta aquí, y de acuerdo con lo señalado por los autores antes citados, podemos destacar tres aspectos importantes, como son: La existencia temprana de población alemana en Valparaíso; la participación de los alemanes en oficios religiosos protestantes de otras colectividades extranjeras, primero fueron acogidos por la comunidad anglicana de la Iglesia Saint Paul’s y luego, participaron de los cultos realizados en la Capilla de la Union Church de la calle San Agustín.

De lo cual podemos inferir que los alemanes en esa época todavía no se organizaban congregacionalmente a la luz de la doctrina luterana, es más, muchos concuerdan que la creación de una organización de estas características se da a mediados de la década del ‘60. No obstante, entre la colectividad residente y los que estaban de paso por Valparaíso existía una comunidad luterana viva en la fe, pero carente de estructura, pues participaban de los oficios religiosos de otras denominaciones evangélicas, lo que implicaba sobreponerse a ciertos obstáculos, como el idioma.

La conformación de una entidad luterana y su puesta en funcionamiento demoró más tiempo del que se tomaron las otras congregaciones protestantes para llevarlo a cabo. Myriam Waisberg nos plantea en su libro que, 10 años antes de la creación de la Congregación Evangélica Alemana, ya se había organizado una comunidad alemana en la ciudad

Fritz Mybes en su libro, esclarece bien este punto al indicarnos lo siguiente:

“El 3 de diciembre de 1857, los alemanes que residen en Valparaíso, fundan una ‘Comunidad Alemana en Valparaíso’ para hacerse cargo de los intereses especiales de sus coterráneos en la ciudad y para conservar y divulgar costumbres, idiomas y educación alemana entre ellos. Del protocolo de una reunión general de la Comunidad Alemana en Valparaíso del 8 de julio de 1858 se desprende ‘que esta comunidad al menos por ahora todavía no reviste un carácter eclesiástico y que aún no parece admitir la necesidad de la fundación de un instituto evangélico religioso’, como constata el Servicio de Relaciones

5 La familia Müller es donde llega a trabajar Marie Bulling como institutriz.

6 Loe, Elisabeth von, Marie Bulling [...], p. 22.

7 Waisberg, Myriam, La Arquitectura Religiosa de Valparaíso, siglo XVI-XIX, p. 59.

Exteriores, en Berlín, el 18 de febrero de 1860” .

El primer culto protestante en alemán que se registra en Valparaíso tuvo lugar en mayo de 1865, y fue celebrado por el pastor A. Tysska, quien pertenecía a la congregación luterana de Puerto Montt. La Comunidad de la Iglesia Evangélica de Valparaíso solicitó a Alemania el envío de un pastor. Hasta la llegada de éste, el señor Tysska se hizo cargo en forma esporádica de dicha feligresía. Las misas se hacían en ese entonces en la capilla de la Union Church de la calle San Agustín.

Luego de largos esfuerzos, el día 7 de marzo de 1867 se da inicio a la Congregación Evangélica Alemana en Valparaíso, la cual contaba con un cuerpo directivo, elegido por la comunidad, para organizar, supervisar y tomar decisiones respecto de todo lo concerniente a su congregación. El 27 de octubre de 1867 llega a esta ciudad el que sería el pastor de la iglesia, el señor Dr. Oskar Fiedler de Waltershausen en Thüringen, hecho que aparece registrado en un escrito proporcionado por el pastor Rolando Holtz .

Estos datos también los encontramos en un texto escrito en alemán, titulado Verein, zur Förderung deutsch-evangelischer Bestrebungen in Chile. 2 Bericht. (2. Informe. De la Asociación para la promoción de actividades alemanas evangélicas en Chile), de Albert Schneider y editado en Valdivia en diciembre de 1900, y en el capítulo: Geschichte der deutschen evangel. Kirche zum heiligen Kreuz in Valparaíso (Historia de la Iglesia Evangélica Alemana de la Santa Cruz en Valparaíso) hace una detallada descripción del momento en que se crea la Comunidad Luterana0 .

Antes de que se formara una congregación evangélica en el Puerto, los alemanes ya habían

8 Mybes, Fritz, Historia de la Iglesia Luterana en Chile originada por la inmigración alemana, p. 67.

9 Holtz, Rolando, Los Comienzos de la Comunidad, p. 1. Escrito proporcionado por Pastor de la Iglesia Evangélica Alemana de Valparaíso, que precedió al actual.

10 Schneider, Albert, Verein, zur Förderung deutsch-evangelischer Bestrebungen in Chile, pp. 5-8.

Citaremos algunos párrafos del texto (traducido al castellano por Christel Wiele): Unas de las páginas más destacables dentro de los anales de la colonia alemana de Valparaíso, recuerda las letras escritas con tinta de oro, del entusiasmo y la alegría de algunos hombres que el día 7 de marzo de 1867 se decidieron crear la ‘Iglesia Evangélica Alemana’[...]. El directorio elegido a cargo del señor Hermann Fischer se dirigió a los señores J. G. Fehrmann, F. Diestel y C. W. Lüders en Hamburgo para solicitarles una designación y envió de un pastor, el cual sintiera una verdadera vocación de servicio para la pequeña comunidad religiosa [...]. El señor Tyszka (Tysska), que anteriormente fuera pastor de Osorno y Puerto Montt se hizo cargo en forma interina de la Iglesia [...].

Había llegado el domingo antes de Pascua de resurrección. Fue la primera vez que se encontraba esta pequeña comunidad cristiana para celebrar el primer culto en la Unión Church de la comunidad norteamericana, ubicada en la calle San Agustín, la cual había sido prestada [...]. El predicador de la Corte de Gotha, Carl Schwartz, recomendó al candidato de teología, señor Oscar Fiedler. Su arribo a Valparaíso fue el 27 de octubre de 1867. El día 10 de noviembre del mismo año se hace cargo de la Parroquia y da su primera prédica con el Texto 1 Cor 4, 20 “Porque el reino de Dios no es cuestión de palabras, sino de poder”. Así se ganó los corazones de todos los fieles.

fundado diversas instituciones. Es sabido, lo importante que es para una población de inmigrantes, generar instancias de socialización con sus connacionales, de modo de reafirmar sus valores identitarios. Desde esta perspectiva, la creación de un Club Social o la fundación de un colegio, son tareas vitales para este propósito. Los alemanes fundaron también, un Hospital, un Cuerpo de Bombero, Sociedades de Beneficencia entre otros tantos organismos.

Ello nos habla de las necesidades de la sociedad alemana de ese entonces, y nos hace pensar en su capacidad organizativa, y de los recursos económicos de que debieron disponer para llevar a cabo sus proyectos. Pero, también nos surgen nuevas interrogantes, como por ejemplo: ¿Cuáles eran las prioridades de esta comunidad?, ¿Eran menos importantes las necesidades espirituales para la colectividad alemana?, ¿Era ésta realmente una comunidad primordialmente luterana?, ¿Por qué no existió desde el comienzo el interés de fundar una congregación evangélica y de construir una Iglesia como lo hicieron otras colectividades?

Sin duda, son muchas las interrogantes que aún no se han dilucidado. Lo cual nos lleva al aporte de más información, para otorgarle una visión más panorámica al tema. Debido a ello, incluiremos otros elementos, como por ejemplo, lo relacionado al volumen de población alemana existente en Valparaíso, durante el periodo estudiado; y el análisis de la realidad eclesiástica de las distintas denominaciones protestantes residentes en la ciudad, en esa época.

Para hacernos una idea de la cantidad de población alemana que había en 1867, año en que se funda la congregación luterana, recurriremos al censo de 1865, comparándola con otras comunidades protestantes con presencia en Valparaíso.

Cuadro Comparativo de los diferentes segmentos de población extranjera que habitaba en Valparaíso para el Censo de 1865 .

Inglaterra 804210 1014 Alemania 550233* 783

Estados Unidos 271 45 316

De los extranjeros que vivían en el Puerto, provenientes de países declaradamente protestantes, los ingleses eran los que llevaban la delantera en cantidad de habitantes, seguidos por los ale-

11 Censo Jeneral de la República de Chile, 1865.

*La población alemana que registra el cuadro para el año 1865 excluye de estas cifras a algunos de los Estados germanos que tenían presencia a través de su población en Valparaíso, situación que cambia con el Censo de 1875 donde Alemania ya estaba unificada, y hablábamos entonces de un solo país, y de una sola comunidad germana avecindada en esta Ciudad.

manes y finalmente los norteamericanos que representaban un número pequeño de habitantes, que al paso del siglo aumenta de forma moderada e incluso al final decrece. Las comunidades de habla inglesa no sólo se destacaron por su número o por su influencia en el desarrollo económico de la ciudad, sino, además, por su labor en materia religiosa.

Ya lo dice Eugenio Araya en su libro, al mencionar una serie de hechos que vienen a confirmar lo anterior:

“En el año 1827 el vicario Kendall celebró, en forma privada, el primer culto protestante de que se tenga memoria en Chile.

En 1835 se encontraban varios pastores –o vicarios- anglicanos en Valparaíso.

Desde 1851 había en Valparaíso servicios religiosos sin interrupción. La comunidad anglicana encargó al arquitecto Thomas Lloyd la construcción de un templo. Este fue la Saint Paul’s Catedral, conocida como La Catedral Anglicana del Pacífico. La Iglesia se construyó en 1858.

Pero con el Reverendo Trumbull empezó a producirse un cambio que, poco a poco, se fue transformando en una verdadera revolución. Era un pastor congregacionalista, se juntaron a él algunas personas de habla inglesa que pertenecían a iglesias libres y que se denominaban a sí mismas Free Chapel y que el 27 de enero de 1846 fundaron la Union Church de Valparaíso.

Después de muchos traslados, compraron un terreno y edificaron un templo que se acomodaba a sus necesidades, en la calle de San Agustín. Fue construido en 1855 y dedicado en abril de 1856, pasando a ser el primer templo protestante construido en la costa oeste del Continente Americano, desde California al Estrecho de Magallanes” 12 .

Plano de Valparaíso, 1862

Capilla de Union Church, calle San Agustín Iglesia Anglicana San Pablo del cerro Concepción

12 Araya, Eugenio, La posible […], pp. 15-16; 38-39.

En realidad, hacia la segunda mitad del siglo XIX se realizó en esta ciudad una gran labor evangelizadora, liderada por David Trumbull. Bajo su gestión fue creada también, la librería bíblica ‘Victoria’; también organizó en 1861 la primera Sociedad Bíblica en Valparaíso, además de la labor realizada por los colportores que distribuían biblias por todo Chile. Esto demuestra su interés por abrirse hacia la comunidad porteña y poder entregar el evangelio.

Hacia fines de la década del ’60, periodo en que es fundada la Congregación Evangélica Alemana, ya existía en Valparaíso una basta actividad protestante. Cuando se funda la Congregación Luterana, su población era de 783 personas. Pero no sabemos qué porcentaje de protestantes habían en ese entonces, suponemos que debió ser más de la mitad.

Esta comunidad evangélica sufrió algunos traspiés, que ocasionaron recesos en sus funciones en los años que siguieron a la Guerra del Pacífico. Así es que, sólo hasta el año 1879 se ofrecieron cultos en forma regular en la Union Church de la calle San Agustín, pues, en ese año se produce la disolución de la Congregación evangélica alemana, la cual, por problemas económicos ocasionados por la Guerra decidieron su disolución en la reunión del 15 de abril de 1879.

Muchos de los que escriben sobre el protestantismo en Valparaíso y hacen mención de la comunidad alemana dan también como fecha de receso de las actividades de la congregación, el año 1879. Por ejemplo, F. Mybes, cita en su libro un artículo extraído de El Colono Alemán, año 26, 1888, p. 27, señalando:

“El futuro pastor y director de la escuela en Santiago, Wilhelm Sluyter, escribe sobre el primer comienzo y fin de la comunidad evangélica alemana de Valparaíso: ‘La inicial comunidad alemana en Valparaíso había sido deshecha en el año 1879 después del estallido de la guerra entre Chile y Perú, efectuándose la venta de la iglesia alemana. La mitad del producto se entregó a la escuela alemana y la otra mitad a la asociación alemana de beneficencia. ¿Cómo fue posible que se produjese la venta de una iglesia en una colonia que contaba con más de 2000 miembros? Resulta difícil encontrar los motivos para un hecho de tal naturaleza. Es que entre los coterráneos ya no existía interés por la iglesia y la meditación devota’ [...]” .

Por su parte, el mismo Mybes, dice que producto del conflicto bélico la comunidad se vio en dificultades financieras teniendo que ejecutar su disolución. Junto con ello, el edificio de la iglesia en la calle San Agustín se vende a la Misión Norteamericana.

De todo lo anterior, nos llaman la atención tres hechos importantes:

• Que se haga mención de la venta de la iglesia de la Union Church de la calle San Agustín, dando la idea, de que es la comunidad alemana la encargada de la venta del edificio;

13 Mybes, Fritz, Historia de la iglesia luterana […], p. 68.

• Que el pastor Sluyter diga que en ese entonces, en Valparaíso, la colonia alemana se componía de 2.000 miembros;

• Se da como causa del cierre de la Comunidad, la Guerra del ’79, que habría debilitado sus finanzas.

Sabemos que la Union Church, en 1869, había construido un segundo templo en la calle San Juan de Dios (actual calle Condell) y el de San Agustín había sido prestado a la comunidad luterana para oficiar sus cultos. Pero, hasta ahora, en ninguna parte se menciona que este edificio haya sido vendido a la congregación alemana de esta ciudad.

Por otra parte, M. Waisberg, en su capítulo dedicado al templo de la Union Church de calle Condell, nos señala:

“La iglesia se inaugura oficialmente en 1870. Un poco más adelante, una vez que se decide la venta de la propiedad en la quebrada de San Agustín, se financian nuevas dependencias mediante la construcción de un edificio anexo al templo, destinado al funcionamiento de la escuela dominical y demás actividades sociales [...]” .

Esto indicaría que la iglesia evangélica ubicada en la calle San Agustín siguió siendo propiedad de la ‘Iglesia Unida’, hasta el momento de su venta. Lo que quiere decir, además, que los alemanes nunca antes contaron con un templo propio, y ello sólo se concretó en 1897, con la construcción de su Iglesia en el cerro Concepción.

Sin embargo, Recaredo Santos Tornero en el libro “Chile Ilustrado” señala:

“Capilla Alemana.- Fue construida en 1855 para el servicio de la capilla de la Unión por el constructor Alejandro Livington. Está situada en la quebrada de San Agustín, una y media cuadra de la plaza del mismo nombre y mide 27 mts. de largo, 11 mts. de ancho i 6 de alto. Su interior tiene capacidad para 300 asientos; el costo del edificio fue de $8,000 y de $7,000 el terreno” .

Debemos reconocer que no contamos con documentación de primera mano, que afirme o desmienta lo planteado anteriormente. Sin embargo, al revisar los archivos del Conservador de Bienes Raíces del Archivo Nacional, buscamos en todos los libros correspondientes al periodo que supuestamente se debería haber realizado el traspaso, pero no encontramos indicios de dicha compraventa por parte de los alemanes. Tenemos que decir que no es el único autor que deja entrever una relación de propiedad entre dicha capilla y la comunidad evangélica alemana.

14 Waisberg, Myriam, La Arquitectura Religiosa [...], p. 52.

15 Tornero, Recaredo Santos, Chile Ilustrado, p. 158.

Lo cual genera la legítima duda de pensar en la posibilidad de que esa capilla, en algún momento, pudo haber pertenecido a dicha comunidad.

Respecto a la cifra dada por el señor Sluyter, sobre el número de personas que constituían la colonia alemana, en los momentos en que se disuelve la Congregación, recurriremos nuevamente a los datos censales de la época.

Cuadro Comparativo de la población alemana que habitaba en Valparaíso entre los años  al  .

Según este cuadro, en el año 1875 la población germana superaba por poco los 1100 habitantes y hacia el censo del año 1885 en comparación con el censo anterior, la población alemana había aumentado su número en 31 personas, es decir, creció en un 2,7%. Esto contrasta con lo dicho por el pastor Sluyter, de que la colonia alemana en 1879 contaba con 2000 miembros. Sin embargo, las cifras que arroja el censo, para esa época, no son nada despreciables, sobretodo si hablamos de una colectividad calificada con antelación como protestante, de lo cual suponemos existía una feligresía numéricamente apreciable.

En relación a las repercusiones que hubo a raíz de la Guerra, no podemos decir que ella provocó un estado de Depresión económica, y que la gente salió arrancando ante una inminente debacle. Por el contrario, parece ser que después del conflicto, la ciudad de Valparaíso se levantó

16 Censos de población (1865, 1875 y 1885).

Familia alemana en la terraza de su casa en Valparaíso Óleo de Otto Grashof (1855)

con nuevos bríos; y si bien, algunos sintieron el debilitamiento de sus finanzas, generándose algunas quiebras, esto no fue una situación generalizada en la ciudad.

Respecto al desfinanciamiento de la Congregación -a causa de la Guerra del ’79-, y con su posterior disolución, es un tema que ha sido mencionado por varios autores, sin ser abordado en extenso. Por lo demás, dicho problema no parece haber afectado a toda la colonia alemana radicada en el puerto.

Eugenio Araya analiza los hechos desde otra perspectiva, aportando nuevos elementos y señala:

“Muchos de los que formaron la masonería alemana, cuatro años antes habían dado vida a la congregación y algo curioso es que cuando se produjo la Guerra del Pacífico en 1879 la Congregación Evangélica Alemana en Valparaíso se disolvió y no volvió a funcionar hasta 1893. En cambió, la Logia Lessing que se fundó en Valparaíso en 1877, siguió trabajando y fue un fuerte nexo con los masones de habla alemana del Perú durante la guerra [...]” .

Podemos corroborar esta información diciendo que la primera Logia alemana que se funda en Valparaíso lo hace el 25 de julio de 1871, y lleva por nombre ‘Germania’, y justamente, se crea cuatro años después de la fundación de la Congregación Evangélica, en 1867. Además, el autor hace alusión a los integrantes de esta primera Congregación Evangélica, y nos dice que son los mismos que, años más tarde, darían vida a la Logia Germania.

En realidad, cuesta entender esto desde la lógica del pensamiento católico, pues, parecería imposible ver a un católico en sociedad o participando de una logia masónica, sin embargo, al parecer, en el mundo protestante dicha situación no resulta del todo extravagante. Ya tenemos el caso de David Trumbull, respecto de su participación como miembro de una logia –hecho ya verificado por otros autores-. Pero, debemos reconocer que esta situación de cercanía entre alemanes cristianos y masones, o de personajes que se repiten como fundadores de instituciones -que en su esencia son distintas-, nos genera una serie de interrogantes respecto de la Comunidad evangélica alemana y de sus integrantes.

Quienes han escrito sobre la historia de esta comunidad no se ponen bien de acuerdo en cuanto a la fecha de reinicio las actividades de la congregación religiosa. Unos dicen que fue en los últimos días de febrero de 1889, cuando se elige el directorio provisorio de la congregación; otros toman como fecha el 10 de agosto de 1890, cuando el pastor Benjamín Koegel celebra su primer culto. Fritz Mybes, por ejemplo, sostiene:

17 Araya, Eugenio, La posible […], p. 146.

“En el año 1884 se repite el intento de formar una comunidad religiosa y esta vez por la iniciativa de A. Kreuter, un misionero metodista venido de América del Norte18. El autor, en párrafos posteriores cita un artículo completo, del periódico alemán ‘Deutsche Nachrichten’, en el cual, se hace un llamado a todos los miembros de la colonia alemana de Valparaíso, para que asistan a una reunión, que tiene como finalidad refundar la Congregación Evangélica Alemana; junto a dicho artículo aparece otro, en el mismo periódico, que da respuesta al anterior, con una postura divergente a la idea de fundar una nueva comunidad cristiana”19 .

18 Mybes, Fritz, Historia de la iglesia luterana […], p. 68.

19 Ídem, pp. 68-69. Reproducido textual del periódico Deutsche Nachrichten del mes de abril de 1884, por el autor F. Mybes:

Los firmantes invitan a los miembros de la Colonia alemana en Valparaíso a la reunión que se llevará a efecto el Lunes 19 de mayo de 1884, a las 8 horas de la tarde en la sala de la Compañía Alemana de Bomberos, con el fin de reconstituir o fundar de nuevo una comunidad evangélica alemana.

La necesidad de tomar en cuenta el anhelo religioso de parte importante de la población alemana local y de la esperanza religiosa de la juventud que viene creciendo, en el grado en que esta no pueda ser satisfecha por la escuela, será reconocida también por aquellos que personalmente se encuentran más alejados de la vida religiosa, y eso constituye el interés y el consejo de coterráneos de todas las corrientes de opinión y hace deseable la participación en la deliberación de los representantes de todas las clases sociales.

G. Soltau, G. von Bischoffshausen, C. F. Niemeyer, Karl Gross, R. Gütschow, Peter Schmidt, Ernst Lütjens, G. Holgersen, Dr. F. Stoppenbrink, Christian Walther, George H. Tornquist, Pastor A. Kreuter, A. Wilckens.

Enseguida sigue una respuesta:

Un llamamiento de la colonia alemana local invita a fundar de nuevo o más bien reconstituir la comunidad evangélica alemana que ya había existido aquí. Motiva a los firmantes de este llamamiento el anhelo de meditación religiosa de una parte notable de los alemanes que residen aquí y la preocupación por la salud espiritual de la juventud escolar de Valparaíso. Nosotros preguntamos ¿existe en realidad un anhelo tal en forma notable? Nos atrevemos a responder que si acaso se halla presente, existe sólo en una minoría insignificante de compatriotas radicados aquí, para cuya cura de almas evidentemente no se necesita fundar un club. Pues ya existen bastantes instituciones entre la población alemana, entre ellas también de la índole que permiten manifestar los sentimientos religiosos en forma activa, en vez de escuchar aturdida prédica llenas de unción o de practicar ceremonias eclesiásticas

Y en lo que se refiere a la enseñanza religiosa de la juventud alemana, hay (sic), según nuestra opinión, otros medios y vías para su educación moral que el aprendizaje de memoria de textos de cancioneros o de versos bíblicos. Ya es tiempo de terminar, especialmente sobre este suelo libre de América, con la maraña de milagros (sic) de la pretendida fe cristiana, sobre la cual se basa también la confesión evangélica hasta el presente para confundir mentes juveniles. Las imágenes poco naturales con las que operan las doctrinas religiosas, corresponden sencillamente al cuarto de los trastos viejos, donde también pararon el famoso embuste con reliquias y otras patrañas más Hoy en día el ideal humano precisa de otro sustento como el que le ofrece la estrechez de dogmas y formalismos. Si se quiere hacer algo despiértese el interés, escaso por el momento, por las fuentes siempre vivas de nuestra literatura (sic). Duplíquese en la escuela la enseñanza de las ciencias naturales y aplíquese más tiempo en la explicación de las obras poéticas que en la discusión mística sobre la Trinidad de Dios. Pues una sola obra de la poesía madura de nuestro inmortal Schiller (por ejemplo “Los artistas”) contienen diez veces más vigor moral formativo que el cancionero y el catecismo juntos. ¡Cultívese música alemana, como también arte y costumbres alemanas! ¡Formen seres humanos y gasten menos énfasis en formar devotos y creyentes cristianos! Eso es lo que queremos.

El texto citado por Mybes, que mostramos a pie de página, nos da cuenta de la animosidad existente en 1884, donde los alemanes se aprecian divididos frente a cuestiones de tipo religioso. Ya sea a comienzos de 1889 o a mediados de 1890, la Congregación Evangélica alemana vuelve a funcionar.

Los oficios religiosos más importantes de la comunidad alemana, ahora se realizaban en la iglesia de la Union Church de calle Condell. Si bien la comunidad luterana continúa ocupando templos de otras denominaciones protestantes, también es cierto que sus cultos están dirigidos por pastores de su congregación que predican en su idioma, lo que facilita la cohesión de esta comunidad.

El 15 de septiembre de 1890 se redactan los estatutos en castellano, y dos años más tarde, el 6 de diciembre de 1892, son aceptados por el gobierno de Chile, teniendo, a partir de entonces la Congregación los derechos de una Corporación, esto le va a dar a la Comunidad Evangélica un carácter oficial ante la ley y ante la sociedad chilena.

El pastor Koegel que había estado hasta ese entonces a cargo de la iglesia luterana, regresa a Alemania en julio de 1893, siendo el pastor Ph. Th. Schmidt de Dresden, hasta entonces radicado en Valdivia, quien se hace cargo de la iglesia. Gracias al empeño del pastor Schmidt y a la férrea colaboración de un grupo de caballeros alemanes de firmes principios cristianos, es que se lleva adelante la ardua tarea de construir un templo para los luteranos.

En el escrito de R. Holtz, se señala lo referente a la compra del terreno en donde será edificado el templo y el nombre de los arquitectos encargados de su construcción:

“El 31 de octubre de 1895 se ofreció la oportunidad de adquirir convenientemente el terreno de 375 m2 en la calle Abtao del Cerro Concepción. La construcción de la Iglesia fue solicitada a los Hermanos Biederhaeuser en Valparaíso”20 .

En el periódico alemán ‘Deutsche Nachrichten’, con fecha 6 de febrero de 1897, aparece mencionada la Congregación alemana, con el propósito de dar a conocer los nombres de quienes conforman su nuevo directorio, al cual le corresponderá la labor de dirigir la construcción de la Iglesia. A continuación mostraremos una parte del relato:

“El directorio de la iglesia estaba conformado por los siguientes socios: Presidente, G. von Bischoffshausen; Vice-presidente, E. W. Hardt; Secretario, Pastor Schmidt; Tesorero, E. Sternberg, además de otros socios que también formaban parte del directorio... Quienes componían la ‘Comisión de Fábrica’ eran los mismos que ocupaban los cargos principales, además, del

20 Holtz, Rolando, Los Comienzos de la Comunidad, p. 2.

socio honorario señor cónsul R. Weger y el señor Christiansen como experto en el tema” .

El señor E. W. Hardt, que ocupa el cargo de vice-presidente del directorio, es quien apoya este proyecto y facilita por un tiempo el dinero para la compra del terreno. Pero, no sólo eso, además, según el documento de compraventa de la propiedad22, este señor Hardt figura como la persona que vende la propiedad a nombre de una sociedad a la cual él pertenece.

El día 6 de agosto de 1896 es adquirido el terreno por el valor de $ 11.589,16. El valor del proyecto por la construcción de la iglesia ascendía a $ 45.000, si esto lo sumamos al precio del terreno, tenemos un total de $ 56.589,16. Sin embargo, al parecer no hubo grandes problemas para concretar dicho proyecto, y esto se debe en gran medida a la ayuda económica de don Ernesto Hardt.

“Compraventa

Iglesia Evangélica Alemana

E. W. Hardt

Rp. 77 N º 1305

En Valparaíso, a veinte de Agosto de mil ochocientos noventa i seis, Don Jorje von Bischoffshausen en su carácter de Presidente i representante de la Corporación denominada “Iglesia Evangélica Alemana”, es dueño de una propiedad raíz ubicada en el cerro de la Concepción de esta ciudad, que mide una superficie total de trescientos setenta i cinco metros cuadrados setenta centímetros i deslinda por el norte con propiedad de Don Juan Atkinson, por el sur con la calle de Abtao, por el oriente con la calle de Atkinson i por el poniente con propiedad de Don Juan Ray. Adquirió dicha propiedad de compra, para la institución antes mencionada por compra que hizo a la Sociedad de E. W. Hardt representada por el socio Don Ernesto Walter Hardt, i establecida en esta plaza, en la suma de once mil quinientos ochenta i nueve pesos, diez i seis centavos ($ 11.589,16) al contado.

Así consta de escritura otorgada ante el notario Don Pedro Flores Zamudio, el seis del presente, i que en copia autorizada me presentó Don Enrique Osorio, el diez i nueve del mismo, a las doce i media, según anotación en el Repertorio a fojas setenta i siete vuelta número mil trescientos cinco. El título anterior de dominio está inscrito a fojas ciento ochenta i seis número doscientos doce del Rejistro del año en curso. En comprobante firma.

Enrique Osorio Pedro Flores Zamudio” .

21 Deutsche Nachrichten, 6/02/1897 .

22 Archivo Nacional, Conservador de Bienes Raíces, Compraventa de la propiedad de la Iglesia Evangélica Alemana

23 Ídem.

La primera piedra del edificio es colocada el 7 de febrero de 1897, y el 1º de enero de 1898 fue inaugurada la Iglesia. Así se describe en el texto de Albert Schneider, “Verein, zur Förderung deutsch-evangelischer Bestrebungen in Chile”, el ambiente que se vivió es ese momento:

“La comunidad había venido en forma numerosa y aproximadamente 650 personas llenaban la iglesia hasta el último lugar. Desde la torre se escuchaba la melodía coral: ‘Alabado sea El Señor’ (Lobe den Herren) ejecutada por la banda de la 2ª Cía. Alemana de Bomberos. El órgano comenzó a tocar y el canto de la congregación llenó la iglesia, cuya buena acústica se demostró de inmediato” .

PALA b RAS FINALES

Ya en 1822 teníamos noticias de la presencia de inmigrantes alemanes en la ciudad de Valparaíso, población que experimentaría un claro aumento, sobretodo hacia la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, para esa fecha aún no estaba levantada la Iglesia.

Determinar las razones que demoraron su construcción no es una tarea fácil, pues fueron distintos factores que influyeron en su retraso. No obstante, de todas las causales posibles, la más directa es ‘la tardía organización y conformación de la Congregación Luterana de Valparaíso y su interrumpido funcionamiento en el tiempo’. También están presentes otros factores, como los siguientes:

i. Los alemanes luteranos acudían a cultos religiosos de iglesias protestantes de otras denominaciones –a pesar de los obstáculos idiomáticos- para celebrar el culto, bautizar a sus hijos, celebrar su matrimonio o efectuar ceremonias fúnebres.

24 Acta de Inauguración, 1/01/1898 (hoja impresa en Alemán).

Vista lateral de la Capilla en 1897

ii. La Union Church (Iglesia Unida) perteneciente a la comunidad norteamericana, desde 1865 en adelante, facilitó la Capilla de la calle San Agustín a la comunidad Luterana para que realizasen allí su culto.

iii. La Intolerancia religiosa por parte de la Iglesia Católica hacia las comunidades protestantes, registrada en Chile y particularmente en Valparaíso, durante el siglo XIX.

iv. El tipo de población alemana que llega a Valparaíso, en el transcurso del siglo XIX -principalmente comerciantes de pensamiento liberal, los cuales eran en su mayoría jóvenes solteros, que se venían sin su familia.

v. Las distintas visiones y compromisos ideológicos de quienes conforman la colectividad alemana en Valparaíso, los llevó a posturas contrapuestas respecto de temas religiosos, como los que anotamos a continuación:

•

Decidir qué tipo de educación debían recibir los hijos de alemanes –un ejemplo de ello, es el que mencionamos a continuación: Las autoridades del Colegio alemán, luego de transcurrido un tiempo, decidieron sacar de la malla curricular la asignatura de religión en pos de la libertad de conciencia.

• La decisión de construir un templo luterano fue un tema de larga discusión.

Al parecer los valores culturales identitarios –como es la valoración a la germanidad-, se sobrepusieron a los principios de espiritualidad cristiana. El escrito presentado, que es parte de una tesis de pregrado, se ha trabajado en base a la contrastación de antecedentes. Para ello hemos revisado información variada, la que se expone a continuación:

• Los censos de población de los años 1865 a 1885.

• Antecedentes bibliográficos respecto de la presencia alemana en Valparaíso, a partir de la segunda década del siglo XIX.

• Antecedentes respecto de la Capilla de la Union Church de la calle de San Agustín.

• La Guerra del Pacífico, con relación a los efectos que ocasionó en la economía porteña y particularmente en las finanzas de la Congregación Luterana.

• Antecedentes sobre las colectividades extranjeras de origen protestante.

• Detalles de la construcción de la Iglesia Luterana.

Lo anterior, para explicar qué tan necesaria fue la construcción del templo. Pues, el volumen de la población alemana y su crecimiento, entendiendo que dicha población es catalogada como protestantes aun cuando lo sea sólo nominalmente, es un índice a considerar en la construcción de un Templo.

Por otra parte, al comparar las otras colectividades protestantes con la comunidad luterana, se puede confirmar la hipótesis que hacia la segunda mitad del siglo XIX, en el país estaban dadas las condiciones para el desarrollo normal de la religión evangélica, pese a la tan mencionada intolerancia religiosa que propiciaba la Iglesia Católica en Chile.

Los antecedentes presentados en esta investigación dejan claro que no fueron factores externos los que retrasaron la construcción del templo Luterano, sino más bien, fueron factores internos los que gatillaron en contra de la construcción del edificio. Los problemas surgieron en el seno mismo de la colectividad alemana, radicada en aquellos años en Valparaíso. Sus más claros impedimentos fueron, entre otros, la mentalidad liberal de gran parte de los componentes de dicha colectividad.

Si bien es cierto, existe mucho más por ser investigado respecto este tema, el presente trabajo ha intentado aportar una nueva perspectiva de la historia de esta Comunidad en lo particular, y del Protestantismo en Chile en lo general.

bI b LIOGRAFÍA

Araya, Eugenio, La posible imposibilidad, Ediciones Andrés Bello, Santiago, 1997.

Blancpain, Jean Pierre, Los Alemanes en Chile (1816-1945),Edición Serie Histo-Hachette, Santiago, 1987

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Silva Cotapos, Carlos, Historia Eclesiástica de Chile, Imprenta de San José, Santiago, 1925.

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F UENTES

Acta de inauguración, 1/01/1898 (hoja impresa en Alemán).

Archivo Nacional, Conservador de Bienes Raíces, Documento: Compraventa de la propiedad de la Iglesia Evangélica Alemana. Censos de la República de Chile, años: 1865,1875,1885, 1895 y 1907.

Deutsche Nachrichten, 6/02/1897.

El Mercurio de Valparaíso, Archivo: en los años 1865–1866. Holtz, Rolando, Los comienzos de la comunidad, manuscrito.

Registro Civil y de Identificación de Valparaíso, desde los años 1885 a 1900.

Registros matrimoniales de la Iglesia Evangélica de Valparaíso.

Schneider, Albert, Verein, zur Förderung deutsch-evangelischer Bestrebungen in Chile, traducido al castellano por Christel Wiele.

Sitio web

http://213.191.71.248/kunst/otto_grashof/familie_terrasse_valparaiso_hi.jpg

A NEXO FOTOGRÁFICO

Plano de Vistas

Plano de Ubicación

Detalles arquitectónicos de la Iglesia:

Vista desde el Altar hacia la entrada de la Iglesia
Vista desde la entrada de la Iglesia hacia el Altar
Interior de la Iglesia:
Ventanas
Techumbre de la Iglesia
Torre de la Iglesia
Vista general del templo, mientras se oficia un culto Vistas de diversos lugares hacia la Capilla Evangélica Alemana.:

ARCHIVOS PARROQUIALES DE LA DIÓCESIS DE VALPARAÍSO:

ESTUDIO, ANÁLISIS Y ESTADO DE CONSERVACIÓN

J OCELYN

C AICO PAREDES

R EBECA Y ÁNEZ F UENTES

Bibliotecólogas

En el año 2003-2004 las alumnas Jocelyn Caico Paredes y Rebeca Yánez Fuentes realizaron su tesis de grado para optar al título de Bibliotecólogo de la Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación con el título Archivos Parroquiales de la Diócesis de Valparaíso: Estudio, Análisis y estado de Conservación. Aquí presentamos un resumen de lo que abarcó esta tesis.

1.

Ob JETIVO DE LA I NVESTIGACIÓN

Analizar y evaluar los contenidos de los Archivos Parroquiales de la Diócesis de Valparaíso, con el objeto de poner en valor la importancia de la información que se encuentra en ellos para su conservación

2.

H ISTORIA DE LOS A RCHIVOS PARROQUIALES

La continua y permanente labor pastoral de la Iglesia Católica ha quedado plasmada, desde sus inicios, en los registros de sus archivos parroquiales los cuales han recogido las variadas formas de expresión de la vivencia y actividad religiosa de sus fieles, generando un valioso patrimonio artístico, cultural y religioso.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia, las autoridades eclesiales mostraron su especial preocupación e interés por la preservación testimonial de los acontecimientos y hazañas de sus fieles. Ello explica que la razón para la creación del primer archivo eclesiástico en el año 93 por el Papa Clemente I, fue conservar el testimonio del heroísmo y santidad de los primeros mártires de la Iglesia, conciente de la difusión de la fe cristiana por medio de registros documentarios.

A lo largo de los siglos, los Pontífices se han preocupado por profundizar en la riqueza y patrimonio universal contenidos en los archivos de instituciones religiosas. Mediante la Constitución Máxima Vigilantia, del 14 de junio de 1724, Benedicto XIII propuso organizar los archivos a nivel de la Iglesia universal considerando la obligación del archivero de redactar el inventario y el catálogo de los documentos reunidos en el archivo, junto con la preocupación por normar la seguridad, integridad y conservación de estos documentos.

Siglo y medio más tarde, ocurrió un hito crucial para la historia de los archivos eclesiásticos, promovido por el Breve Saepe numero considerantes: la apertura del Archivo Secreto Vaticano para la investigación pública de los cristianos de todo el mundo, realizada por León XIII el 18 de agosto de 1883. Fue mediante esta ordenanza que la Iglesia fomentó el campo del estudio científico, creado por instituciones que aportaron para el desarrollo de la ciencia y la fe de la época.

La promulgación del Código de Derecho Canónico del año 1917, fue la primera legislación que intentó regular canónicamente el quehacer de la Iglesia. Retomado en el Código de Derecho Canónico de 1983, vigente en nuestros días, el que actualiza las normas generales, la función evangelizadora y procesos de la actividad de la Iglesia. Entre ellas, reglamenta la labor de la Curia Diocesana, en los cánones 482-491, precisa la labor del Canciller y otros Notarios, así como el tema de los Archivos.

Dentro de la preocupación de la Iglesia universal por su patrimonio cultural, debemos destacar el renovado aporte de la Comisión Pontificia para los Bienes Culturales de la Iglesia, impulsada recientemente por Juan Pablo II. A esta entidad se le confió la tarea de promover y custodiar lo relativo a documentos históricos conservados en Bibliotecas y Archivos de Parroquias y Diócesis, considerándolas como testigos de la actividad pastoral de la Iglesia. Fruto del trabajo de esta Comisión, el 2 de febrero de 1997, se publicó la carta Función pastoral de los archivos de la Iglesia, dirigida a todos los obispos, en la cual se rescata el valor esencial de los archivos, como “lugares de la memoria de las comunidades cristianas, cuya particularidad consiste en registrar el recorrido efectuado por la Iglesia a lo largo de los siglos, en las distintas realidades que la componen”

En Chile, desde la llegada de los primeros evangelizadores, se conservan los registros sacramentales en archivos parroquiales, rigiéndose por las disposiciones dispuestas por las Leyes de Indias, los cánones del Concilio de Trento, el III Concilio Limense y los Sínodos Diocesanos.

A inicio de los años ochenta, el entonces Cardenal Arzobispo de Santiago, Monseñor Raúl Silva Henríquez en una carta dirigida a los Párrocos de la Arquidiócesis de Santiago, dejó constancia que muchos Archivos Parroquiales, por su antigüedad habían sido testigos claves de la historia eclesiástica y social de Chile, habían sufrido daños irreparables debido a la ignorancia y negligencia para su conservación.

Fue por ello que consideró conveniente “dando un paso para el bien de nuestro patrimonio histórico” reunir en un solo Archivo la valiosa documentación contenida en las Parroquias. El propósito de esta recopilación esta centrada especialmente en procurar una mejor custodia, conservación y seguridad de los documentos en los archivos parroquiales.

3. A RCHIVOS PARROQUIALES

Esta investigación quiere demostrar la relevancia que estos libros tienen para distintas disciplinas, como es la Genealogía, Historia, Sociología, Medicina, Artística, y toda aquella que tenga interés por información relativa al pasado.

Con el Inventario de los archivos, se pretende realizar un aporte a la Iglesia y a comunidad Investigadora, brindando un conocimiento más claro de las fechas abarcadas en cada libro parroquial, facilitando la búsqueda, evitando la revisión libro por libro, que paulatinamente va aumentando su deterioro. Determina el lugar de los archivos, en caso de traslados de éstos, por cierre de parroquias, o cuando se encuentran depositados en una parroquia más grande de la jurisdicción.

El Inventario cuenta, además, con una evaluación del estado de conservación de los libros parroquiales, lo que permitirá a los encargados de los archivos reconocer los libros más deteriorados o en malas condiciones para que su uso sea más restringido. Por otra parte, permitirá a la Iglesia evaluar el estado general de cada archivo parroquial, para determinar las urgencias para futuros proyecto de Restauración y Conservación Preventiva.

Al visitar cada archivo se trató además de llenar un vacío en la Diócesis de Valparaíso, en cuanto a la información referente a sus parroquias, por lo que junto con los inventarios, se proporciona una fotografía de cada parroquia, sus datos de identificación, como nombre, dirección, Párroco, secretario(a) parroquial, teléfonos, etc. Más la reseña histórica que cada parroquia proporcionó. Lo que significa un aporte valiosísimo al patrimonio cultural, arquitectónico e histórico de Valparaíso.

4. F ONDO D OCUMENTAL

La Iglesia a lo largo de su historia y trabajo pastoral, ha ido generando información de carácter obligatorio como son los Libros Sacramentales. Estos se han ido depositando en el archivo de su respectiva parroquia.

Libros de Bautizos: Tiene por objeto acreditar, quiénes recibieron la fe cristiana haciéndose de esta forma miembros de Cristo e hijos de la Iglesia con los derechos y deberes respectivos.

Libros de Matrimonios: En el libro de matrimonios se registran las actas de quienes canónicamente se casan. Tienen como objeto comprobar el nuevo estado de los que legítimamente se unen. El libro de matrimonios y los expedientes matrimoniales están tan íntimamente vincu-

lados que en realidad forman como dos partes de un solo libro aunque en la organización del archivo parroquial cada serie documental se ubica en sitios distintos.

Libros de Defunciones o de finados: El Libro de Defunciones llamado también de entierros, se forma con las actas respectivas de las personas fallecidas.

Libros de fábrica: Es aquél en donde se anotan los gastos originados por fabricar la Iglesia en el sentido material o espiritual; este último se ocupa de registrar el costo de los ornamentos, vasos sagrados, hostias, vino y cera, elementos que están vinculados a la fábrica espiritual de la Iglesia.

Libro de Visitas: Se recoge en ella la visita pastoral realizada por el prelado, o por algún visitador delegado. La finalidad de la visita es la de controlar todo lo relacionado con la parroquia.

Libros de Hermandades y Cofradías: Constituye la memoria de la sociedad o hermandad piadosa que generalmente está bajo el nombre de una advocación mariana o cristológica.

5. C ARACTERÍSTICAS DEL A RCHIVO PARROQUIAL DE LA D IÓCESIS DE VALPARAÍSO

Los Archivos de la Diócesis se conservan en sus respectivas parroquias, teniendo la responsabilidad de su cuidado el párroco titular, al no contar con un Archivo central donde se puedan depositar los libros más antiguos.

Existen Archivos que no se encuentran en sus respectivas parroquias, ya que han sido trasladadas a otras debido al cierre de ellas o porque el párroco titular de ambas parroquias es el mismo y los archivos son guardados en la parroquia más grande.

Además, existe la preocupación del Obispado que cada vez que un párroco llega a la parroquia, se preocupe de la entrega en buena forma de los libros parroquiales de parte del párroco saliente.

6. EVALUACIÓN DE D OCUMENTOS

Para determinar la evaluación de los documentos se contó con una tabla donde se anotaba el nivel de conservación de ellos, en una escala de bueno, regular o malo, además del tipo de documento y los años que abarcan cada uno de ellos.

a) Buena condición (bueno): Casi no existe daño en la encuadernación o en las páginas de textos. Sin embargo, teniendo en cuenta la antigüedad de ciertas obras, resulta aceptable cierto grado de daño que pueda controlarse sin dificultad. Las obras en este estado no requieren trabajo de restauración ni ahora ni en un futuro previsible, siempre y cuando se almacenen adecuadamente.

b) Deterioro extremo (regular): El libro presenta daños apreciables pero exigen un refuerzo más que una reconstrucción. No obstante, los procedimientos de conservación podrían ser costosos aunque todavía no es necesario poner el volumen aparte. Es poco probable que las piezas en esta condición se deterioren aun más, siempre y cuando se manipulen y guarden correctamente aunque es preciso señalar su fragilidad.

c) Deterioro extremo (malo): El libro está totalmente roto y, tanto la encuadernación como las páginas de textos, están gravemente deterioradas y le faltan algunas partes. Necesita urgentemente una restauración.

7.

C

ARACTERÍSTICAS DEL DESCUIDO DE LOS A RCHIVOS PARROQUIALES

a) Desorden del lugar donde se almacena los documentos

b) Inadecuado manejo y cuidado que los encargados dan a los archivos

c) Descuido por el aseo del lugar

8. P RINCIPALES R ESULTADOS DE LA I NVESTIGACIÓN

Para esta investigación se revisaron 4.029 documentos distribuidos en las 69 parroquias de todos los decanatos de la diócesis de Valparaíso.

La tabla muestra la cantidad de libros total en cada uno de los decanatos de la diócesis de Valparaíso y su estado de conservación.

CANTIDAD DE LIBROS EN CADA DECANATO SEGÚN SU ESTADO DE CONSERVACIóN

DECANATOS BUENOREGULARMALOTOTAL

Decanato Juan XXIII 7868919894

Decanato Santa Maria de El Almendral51110817636

Decanato Santa Maria del Mar 712311744

Decanato Viña del Mar Norte 10260108

Decanato Viña del Mar Sur 16560171

Decanato Santa María de Marga Marga458191478

Decanato La Santa Cruz del Valle 5143521570

Decanato La Calera 2173411262

Decanato Purísima de lo Vásquez 144220166

TOTALES 3609350704029

En el siguiente gráfico se aprecia que, del total de 4.029 documentos evaluados, se puede concluir que la mayoría de los libros está en buen estado con un 89%, mientras un 9% se encuentra en regular estado y, solamente un 2%, está en mal estado.

9. S UGERENCIAS

El primer objetivo que debería plantearse la diócesis de Valparaíso es la creación de un Archivo Histórico, donde se incluirán los documentos que tengan más de 50 años. Con la creación de este archivo se velará por el cuidado de los documentos más valiosos, en un solo lugar destinado a su conservación, donde podría recibir los cuidados adecuados por personal capacitado.

En relación al personal que trabaja en las oficinas parroquiales, es de suma importancia una capacitación sobre el manejo de los documentos y conceptos básicos de conservación preventiva, para evitar que los documentos se sigan deterirorando.

SESIÓN: ACONTECIMIENTOS

LA S ANTA C RUZ Y LA V IRGEN DE LAS C UARENTA H ORAS DE L IMACHE, DOS ICONOS DE UNA TRADICIÓN

RELIGIOSA, SOCIAL Y CULTURAL 1

FERNANDO VENEGAS ESPINOZA

Profesor en Historia y Geografía, Licenciado y Magíster en Historia, PUCV

Doctorando en Historia, Universidad de Chile

I. I NTRODUCCIÓN

Como ya es una tradición desde que así lo estableciera el obispo Emilio Tagle Covarrubias en 1967, el último domingo del mes de febrero de este año se celebró la fiesta de la Virgen de las 40 Horas en el Santuario del mismo nombre, en la Iglesia de la Santa Cruz de Limache. Esta festividad parte con una novena y un extenso calendario de actividades que concluye en una procesión que recorre las calles principales del llamado Limache viejo. Una de las estaciones importantes de esta procesión es la cárcel –ubicada en calle República- en donde los reclusos le rinden un homenaje a la virgen. Durante ese domingo se ofician misas prácticamente hora a hora siendo generalmente la última de ellas concelebrada por el obispo y varios sacerdotes además del párroco.

La cantidad de fieles que concurre a esta festividad bordea las cien mil personas. No está de más agregar que durante los días de la fiesta religiosa y aún habiendo concluido, se instala una feria con una importante cantidad de comerciantes la que también tiene su público. El padre Mauro Ojeda consiguió que la Municipalidad ubicase a los comerciantes no inmediatamente al lado del templo.2

1 Agradecemos el apoyo prestado en el desarrollo de esta investigación por Paula Vargas en la revisión de prensa y transcripción de entrevistas; también agradecemos al sacerdote Mauro Ojeda y a don Juan Bravo; ambos facilitaron la revisión de los Archivos Parroquiales de la Iglesia de la Santa Cruz a mediados de la década de 1990.

2 El Mercurio de Valparaíso: 17, 21, 22, 23, 24 de febrero de 1995; 22, 25,26, 27 de febrero de 1996; 18, 20, 21, 22,

La primera pregunta que surge al momento de realizar este trabajo es desde cuándo se realiza esta veneración, en qué contexto surgió, cómo es que se proyectó en el tiempo. Esa historia ya ha sido más o menos relatada y uno de los propósitos de este trabajo es hacer un ensayo que englobe y precise las aproximaciones anteriores, incorporando documentación que encontramos en el Archivo Histórico Nacional3. El conocimiento histórico siempre será necesario, el saber con claridad cómo y por qué pasaron las cosas nos permite comprender el pasado y valorar nuestras tradiciones; que la comunidad se sienta parte de una corriente que viene avanzando desde hace mucho tiempo por la acción casual o intencionada de personas conocidas o anónimas. Siendo el nuestro un país joven, constatar que una tradición religiosa que se remonta a principios del siglo XVII aún está viva es tremendamente valioso. Para el caso de esta festividad religiosa, se trata de una estructura que ha permanecido en el tiempo durante casi doscientos años, y cuyos orígenes podrían estar en el hallazgo de una imagen de Cristo grabada en un árbol hace casi cuatrocientos años.

En segundo lugar, a partir de esta mirada nos interesa reflexionar sobre la importancia de los santuarios como centros congregantes de la fe, en diferentes contextos históricos, partiendo desde la Colonia, en donde facilitaron la labor misional entre la dispersa población indígena y mestiza. A principios del siglo XIX los santuarios, en un contexto de expansión demográfica y de creciente secularización de la sociedad, debieron enfrentar múltiples desafíos que se tradujeron muchas veces en problemas que para los contemporáneos parecieron imposibles de resolver. Sin embargo, la tormenta pasó.

En este proceso, la formación de más parroquias contribuyó a agilizar, aliviar y optimizar la labor de los sacerdotes. Este último aspecto, al menos en nuestra área de estudio, se desarrolló esencialmente en el siglo XX. No obstante, una parroquia implica diversas tareas diarias que probablemente sólo estas últimas décadas, con el desarrollo de las comunicaciones y el transporte, se han agilizado. La mayor parte del tiempo que estudiaremos es el de los curas que recorrían largas distancias a pie o a caballo y el de una población que siendo católica, vivía la fe de un modo muy profundo y original. Después de todo, al sacerdote era difícil verlo, más complejo era participar de una misa y entender la liturgia, que hasta el Concilio Vaticano II no integraba a los fieles. De allí la importancia de las imágenes como elementos que permitieran a la comu23, 24, 25 de febrero de 1997. En el lapso de tiempo comprendido entre 1995 y 1997, el sacerdote Mauro Ojeda, no sólo consiguió la medida referida al comercio, sino también logró que se estableciera ley seca, iniciativa que no fue compartida por las autoridades locales.

3 Entre los trabajos anteriores se encuentran: una publicación de la Revista Católica, Tomo XIX, Santiago de Chile, 1910, pp. 226–227; el de Torres V., Belarmino, Historia de Limache, Imprenta periodística de Chile, Santiago de Chile, 1957, pp. 61–62; y los del autor de este trabajo, Venegas, Fernando, Limache y su memoria histórica, desde la conquista española hasta la llegada del ferrocarril, 1541–1856, Imprenta La Prensa, Limache, 2000, pp. 29–43; 68-69; 82–85; 135, 142–146; “La historia de la Virgen de las 40 horas, en una entrevista póstuma a Juan Crisóstomo Rodenas”, en: El Observador, Suplemento San Viernes, 28 de febrero de 2003, pp. 3–4; “Presencia Jesuita en el valle de Quillota”, en: El Observador, Suplemento aniversario de la comuna de Quillota, Octubre 2005, pp. 11–15.

nidad cristiana no sólo su educación como lo estableció el Concilio de Trento, sino también, hacerse su propia idea de Jesús, de la Virgen, de los Santos4.

Nuestra hipótesis es que la formación de Santuarios o centros de peregrinación fue muy importante en la difusión de la religión católica durante la Colonia al permitir que, por lo menos una vez al año, la población se concentrara en un lugar, facilitando la labor evangelizadora. Durante la República fueron igualmente importantes, pero ahora en un contexto de expansión demográfica, creciente urbanización, avance del liberalismo y su corriente anticlerical. Los desafíos fueron mayores. A juzgar por la población que congrega un Santuario como el de la Virgen de Las Cuarenta Horas o el de Lo Vásquez en la actualidad, parece evidente que no sólo lograron sobrevivir a estas amenazas, sino que además se mantienen como reservas de la fe del pueblo, en sus formas más tradicionales.

II. U NA MIRADA RETROSPECTIVA A LA LA b OR MISIONAL DURANTE LA CONQUISTA

En el último cuarto del siglo XVI el curso inferior del Aconcagua ya estaba sometido productivamente a los españoles mientras la desestructuración social de los pueblos indígenas avanzaba aceleradamente. En este proceso de consolidación de la presencia hispana fue muy importante el establecimiento de una casa fuerte en el valle de Limache5. El vecino valle de Quillota, por su parte, se transformó en el principal asiento de la evangelización. En efecto, en un ilustrativo testimonio, el vicario general de la orden de los Predicadores, Gil González, recordó que:

“este testigo, viniendo de los reinos del Perú a esta ciudad, pasó por el valle de Quillota (…) e vio que en él había iglesia e tenía altar e imágenes e que estaba bien adornada y que vio tenía campana y la oyó tañer y le dijeron, a lo que ahora se acuerda, que era para

4 Moreno C., Emilio, Historia de la Iglesia desde su establecimiento hasta el pontificado de Pío IX, Tomo IV, Ed. Biblioteca de Espasa Hermanos, Barcelona, 1867, pp. 251–252. El autor explica que el Concilio de Trento dispuso que en los templos debía conservarse de modo especial las imágenes de Jesucristo, de la Virgen Santísima, su Madre, y de los otros Santos, a los cuales debía darse “el honor y la veneración que le son debidos”. El Concilio aclaró que esto no era porque, “se crea que hay en las imágenes alguna divinidad o virtud por la que deben reverenciarse, ni pedirles alguna gracia, ni poner en ellas su confianza como lo hacían los paganos que ponían su confianza en los ídolos, sino que el honor que se les tributa se refiere a los originales que representan, de manera que en las imágenes que besamos y antellas que nos descubrimos y prosternamos, adoramos a Jesucristo y honramos a los Santos cuya semejanza o nombre llevan”. Finalmente, el Concilio dispuso que los obispos debían aplicarse a hacer conocer que las historias de los misterios de la redención, expresadas por la pintura o de otro modo, “sirven para instruir al pueblo y afirmarle en la práctica de acordarse continuamente de los artículos de nuestra fe; que se saca además otra gran ventaja de todas las santas imágenes, no sólo en cuanto ellas recuerdan al pueblo la memoria de los beneficios y gracias que ha recibido de nuestro Señor, sino también porque exponiendo ellas a los ojos de los fieles los milagros que Dios ha obrado, y los ejemplos saludables que nos ha procurado en los Santos, deben servirles de estímulo que los haga agradecidos y que les excite a imitar las acciones virtuosas de los amigos de Dios; de manera que la vista de estos objetos debe moverlos a adorar y a amar a Dios, e incitarlos a que vivan en la piedad”.

5 Sobre el particular revisar Venegas, Fernando, Entre el río y el mar, Concón, tierra de astilleros, pescadores y agricultores, en: Las Dunas de Concón, Taller La Era, Viña del Mar, 2005, pp. 74 y ss.

juntar a los muchachos a la dotrina, y que sabe que un hombre llamado Diego Cabello tenía a cargo dotrinar los dichos indios por mandato del contador Arnao Segarra, porque este testigo, llegado que fue a esta ciudad (Santiago), dio una instrucción al dicho Cabello para como se había de haber la dicha doctrina en tanto que no hubiese sacerdote, y que es verdad que el dicho contador Arnao Segarra ha dicho y pedido a este testigo que vaya a la doctrina de aquel valle o envíe religiosos y le ha ofrecido darle cada un año trescientos pesos de oro de limosna, e que esto se lo ha dicho muchas veces, e por no haber tenido frailes este testigo e por no querer enviar un fraile solo a estar entre indios, no lo ha hecho”6.

En la misma línea anterior, Francisco Salamanca manifestó que:

“este testigo sabe e ha visto de cuatro años a esta parte, poco más o menos, en el valle de Quillota, las veces que en él ha estado, que ha sido cuatro veces, ha visto que los oficiales reales tenían puesta la doctrina que la pregunta dice, y que hicieron hacer iglesia y pusieron retablo de la imagen de nuestro Señor Jesucristo y campana, y vio que dotrinaban cada día dos veces a los indios del dicho valle y llamaban con la dicha campana, y vio que esta doctrina la enseñaban Terrazas e Después Diego Cabello, personas puestas por los oficiales reales para el dicho efecto […]”7.

En el área, incluso, llegó a preocuparse del adoctrinamiento indígena el mismo arzobispo de Santiago. En efecto, Luis Tenorio explicó que “vio ir allí al obispo don Rodrigo González a decir misa y bautizar los niños del valle, hijos de caciques e indias, y vido ansimismo ir muchas veces frailes y estar allí un mes, y otras veces dos meses […]”8.

Quillota se transformó entonces en el principal centro religioso del área, en torno al cual comenzó a concentrarse la población. Ello llevó a que el gobernador García Hurtado de Mendoza se plantease fundar una ciudad9. Ello también estaba relacionado con los lavaderos de oro que se explotaban en el área. Al mismo tiempo, la propiedad comenzó a pasar de manos indígenas a

6 Venegas, Fernando, La Casa Fuerte de Pedro de Valdivia y otras historias del curso inferior del Aconcagua Siglos XVI–XIX, Investigación inédita, 2006, p. 52.

7 Idem.

8 Ibíd., p.54.

9 El poblado en cuestión, si damos crédito a Francisco Riberos, era conocido hasta en el Perú, como que el Gobernador García Hurtado de Mendoza, a penas llegó desde él, pensó en fundar una ciudad allí, idea en la que lo habría desistido el mismo Riberos. En efecto, él recordó en 1563 que cuando se vino a gobernar estas tierras el citado Hurtado de Mendoza, llegado a la ciudad de La Serena, “le envió llamar para comunicar con él cosas tocantes al servicio de S.M. y al bien de la tierra, el cual dicho capitán fue a cumplir el dicho mandado, y llegado, como hombre principal, le dio cuenta de cosas, entre las cuales, le aconsejó no poblase en el valle de Chile un pueblo de españoles que estaba determinado a poblar, e le dio causas muy bastantes, lo cual visto por dicho gobernador Don García, no pobló el dicho pueblo, en lo cual sirvió a su Majestad”.

manos españolas, por merced de tierra o por ventas que de las mismas hicieron los nativos. Este proceso estaba muy avanzado hacia el 160010.

Mapa 1: Topónimos del curso inferior del Aconcagua a mediados del siglo XVI

En estas propiedades, junto a las casas principales, los españoles levantaron capillas que facilitaron en parte la labor de los curas doctrineros de esos años. Sin duda, lo que más complicó a los sacerdotes fue el tema de las distancias y echaron mano a cualquier recurso para tratar de superarlas. En 1610, por ejemplo, uno de los españoles más antiguos de la zona, Pedro León, afirmó que:

“en el asiento que llaman de los pescadores de la otra parte del río de Concón son y han sido tierras de los dichos indios pescadores”, donde las habían ocupado “como suyas propias”, “quieta y pacíficamente”, “hasta que el padre Lope de Landa que [fue] cura de este valle de Quillota les quemó los ranchos que tenían diciendo no podían acudir a doctrinarlos dichos indios por estar el río de por medio, lo cual habrá que pasó diez y seis años” (esto es más o menos en 1595)”.

Estos testimonios fueron corroborados tanto por los indígenas como por españoles que vivían en las proximidades, además del mismo sacerdote aludido. Lope de Landa les quemó los ranchos para que los indígenas se fueran a vivir a Quillota, su acción no surtió el efecto espe-

10 Venegas, Fernando, Entre el río y el mar…, pp. 75 y ss.

rado, los indios se fueron a Quintero11. Sin duda se trató de una decisión extrema, pero que podemos entender a la luz de lo difícil que resultaba para los curas su labor misional.

En este contexto, a fines del siglo XVI, el principal templo del espacio geohistórico del curso inferior del Aconcagua era el que se había erigido en el valle de Quillota; ese había sido el centro de adoctrinamiento de la población aborigen y de las prácticas religiosas hispanas. Pero la fe obviamente no era un imán que atrajese a la población nativa, como lo prueban los excesos en que incurrió el cura Landa para intentar concentrarlos buscando facilitar su adoctrinamiento.

III. E L IMPACTO DEL HALLAZGO DE UN C RISTO GRA b ADO EN UN ÁR b OL NATIVO

Cualquier situación que pudiese ayudar aglutinar a los indígenas para facilitar su evangelización iba a ser de gran ayuda para los sacerdotes y para el proceso de transculturización que pesaba sobre sus espaldas. Ese “milagro” lo constituyó el hallazgo de una cruz grabada en un árbol nativo.

Como explicamos en otro trabajo, a fines del siglo XVI, en Colmo, al español Diego Hernández Corral le fue concedida una merced de tierra. Hernández se preocupó de trabajar su terruño y de fijar nítidamente sus límites. Uno de los hitos más importantes que colocó en el lugar, ampliamente reconocido por indígenas y españoles, fue una cruz. Diego Tureucare, cacique del valle de Quillota, el 7 de diciembre de 1607 señaló que “adelante el río arriba las tierras donde está Juan de Montenegro al presente se llaman Colmo que es donde solía estar Diego Hernández y están unos paredones y la cruz que estaba en el algarrobo [la] puso Diego Hernández diciendo que hasta allí llegaban sus tierras y pastaban hasta allí sus ganados […]”.

Otro cacique, Juan Cadquetipay, concuerda con Tureucare cuando señala:

“que a muchos años que no se acuerda cuantos más de que era mozo que [a] vido como Diego Hernández Corral estuvo sitiado en unas tapias que están ahora caídas en unas lomas donde ahora está Juan Montenegro que eran sus casas y el dicho Diego Hernández sembraba en la tierra de abajo y no pasó del dicho sitio para abajo con sus sementeras [ni] con sus ganados que llegaban hasta la punta de Colmo donde estaba la cruz grande y de allí no pasó acá ni supo este testigo fuese suyo…”.

No era la única cruz que algún creyente español había puesto como hito demarcador en su propiedad según pudimos constatar al revisar la documentación, en diferentes partes de la zona abundaban ya sea como referente demarcador o como manifestación de fe12. Tratándose de una práctica habitual, no parece extraño que un indígena que estaba cortando leña se encontrara con

11 Ibíd., p.79.

12 Ibíd., pp. 76 y ss.

un árbol que tenía forma de cruz. Pero no era una cruz cualquiera, naturalmente o trabajada por un escultor, en su tronco se apreciaba, aunque difusamente, el cuerpo de Jesús. El Jesuita Alonso de Ovalle, que fue quien difundió este hallazgo al mundo, escribió:

“el indio que cortaba este árbol, no haciendo al principio diferencia de él a los demás, fue hacheando e por uno y por otro lado para hacer de él una viga, como de los otros, y así llevó de un hachazo aquella parte que correspondía a la cabeza y el rostro, y hubiera hecho lo mismo con lo demás a no haber la cruz, que le hizo reparar y detenerse”13.

El padre Ovalle, que más tarde vio la cruz en cuestión, dio una explicación bien detallada de ella. Según él,

“cuando se cortó este árbol sería del tamaño de un bien proporcionado y hermoso laurel14, en el cual se ve a proporcionada distancia del nacimiento de la tierra, como a dos estados de altura, atravesada al tronco una rama o ramas, que forman con él una perfectísima cruz: dije rama o ramas, porque en realidad de verdad jamás pude discernir, aunque lo miré con todo cuidado y atención que pude, si era una o dos: la razón natural inclinaba a que fuesen dos, que naciendo una de un lado y otra de otro, pudiesen hacer los brazos de esta cruz, y este parece que era el modo más connatural de formarse esta figura; pero no es así, porque no se ve sino una rama que atraviesa derecha por encima del tronco, pegada a él y sobrepuesta, como si artificiosamente se le hubiera encajado, de manera que parecen estos brazos de la cruz hechos a posta de otro leño, y pegados a este tronco”.

Pero no se trataba sólo de un árbol con forma de cruz, Ovalle da una explicación que no escatima en detalles: “Hasta aquí la cruz, que bastara ella sola a causar admiración en los que la ven; pero no para aquí la maravilla, porque hay otra mayor, y es que sobre esta cruz así formada, se ve un bulto de un crucifijo del mismo árbol, del grueso y tamaño de un hombre perfecto, en el cual se ven clara y distintamente los brazos, que aunque unidos con los de la cruz, se relevan sobre ellos, como si fueran hechos de media talla, el pecho y costados formados de la misma suerte sobre el tronco, con distinción de las costillas, que casi se pueden contar, y los huecos de debajo de los brazos, como si un escultor los hubiese formado, y de esta manera prosigue el cuerpo hasta la cintura. De aquí para abajo, no se ve cosa formada con distinción de miembros, sino a la manera que se pudiera pintar revuelto el cuerpo en la sábana santa; las manos y dedos se ven como en borrón y el rostro y cabeza casi nada”.

13 Ovalle, Alonso de, Histórica Relación del Reino de Chile, COLECHI, Tomo XII, Imprenta Ercilla, Santiago de Chile, 1888, pp. 55.

14 Alcanzan hasta 10 metros de altura.

Dibujo realizado del Cristo encontrado en Limache en 1636 por el padre Agüero.

Ovalle contó que una señora muy noble y muy devota de la Santa Cruz, “que tiene sus haciendas en el mismo valle de Limache, hizo grandes diligencias por haber este tesoro, y habiéndolo alcanzado, lo llevó a su estancia y allí le edificó una iglesia y la colocó en un altar, donde al presente está venerada de todos los que van a visitarla”.

Estamos seguros que la señora a la que alude el padre Ovalle fue Cristobalina de Benavides y Aguilera, que para entonces había enviudado recientemente de Juan de Maluenda y Calatayud.

Ella trasladó el árbol a la capilla de su hacienda que de hecho cambió su nombre. En efecto, a partir de 1640 la propiedad deja de figurar en los documentos como estancia de Limache y se le denomina como “estancia de la Santa Cruz de Limache”.

Probablemente la historia de vida de Cristobalina, especialmente la de su esposo, los hizo ser muy creyentes y debieron dar al hallazgo un significado muy especial15. En la cabezada de la

15 Venegas, Fernando, Limache y su memoria histórica, pp. 55 y 95-102. El esposo de Cristobalina, Juan de Maluenda,

llamada ahora Estancia de la Santa Cruz de Limache en 1630 ya había un templo y es descrito como “una capilla de teja y adobe con un dosel y un frontal”.

Su dueño, Juan de Maluenda y Calatayud, en su testamento de 1627, pidió ser “enterrado como lo fue –según consignó su esposa- en la capilla a donde se enterró de esta estancia que llaman de Limache hacienda y heredad suyas y que sus huesos fuesen trasladados y transferidos y llevados de la sepultura y capilla de donde está internado y depositado a la ciudad de Santiago al convento de Sto. Domingo para que sean enterrados en la capilla de Nuestra Señora del Rosario […]”.

Por todas sus otras disposiciones testamentarias, como ya indicamos, se puede deducir que Maluenda era muy religioso.

A ver la figura del Cristo en el leño concurrió el obispo de Santiago, concediendo indulgencias para quien visitase “aquel santuario”, quedando

“admirado y consolado de ver un tan grande y nuevo argumento de nuestra fe, que como comienza en aquel nuevo mundo a echar sus raíces, quiere el autor de la naturaleza, que de los mesmos árboles broten y den testimonios de ella, no ya en jeroglíficos, sino en la verdadera representación de la muerte y pasión de nuestro Redentor, que fue el único y eficaz medio con que ella se plantó”.

¿Cómo lucía el leño en el templo de doña Cristobalina Benavides? De nuevo es Alonso de Ovalle el que nos cuenta el sobresalto que se llevaban quienes la veían por primera vez:

“Yo confieso ante mí, que luego que de los umbrales de la iglesia vi este prodigioso árbol, y a la primera vista se me presentó en un todo confuso aquella celestial figura del Crucifijo, me sentí movido interiormente y como fuera de mí, reconociendo a vista de ojos lo que apenas se puede creer si no se ve, ni yo había pensado que era tanto aunque me lo habían encarecido como merece”. Por eso, Ovalle adjuntó una estampa, “ajustada a su original todo lo posible”.

nació en Villarrica en 1586 y fue uno de los once sobrevivientes a la destrucción de ese enclave poblacional español por los mapuches en el 1600. Estuvo cautivo de ellos durante cuatro años, desde donde luego pudo salir para radicarse en La Ligua comprando finalmente la estancia de Limache. Su madre, María de Plasencia y Haro estuvo trece años cautiva de los mapuches y fue una de las trece sobrevivientes de la destrucción de La Imperial. Fue rescatada por su hijo. Su padre no sobrevivió y murió en un enfrentamiento con los indígenas en el 1599, pp. 55. Benjamín Vicuña Mackenna creyó que había sido Mariana de Osorio quien había trasladado el Cristo hasta su propiedad –la estancia de Olmué– pero no es claro que Mariana hubiese estado viva por entonces (1636). Además, el Cristo no quedó en su propiedad.

Este significativo hallazgo se transformó en un apoyo importante en la labor misional de los sacerdotes en el área. Empero, no existen referencias directas de cuándo se estableció su veneración, con qué regularidad comenzó a hacerse una vez que comenzó a pasar el entusiasmo inicial que generó el hallazgo y por ejemplo, en qué mes del año se realizó. Hasta ahora no tenemos una respuesta documentada a estas simples pero importantes preguntas. ¿Qué posibilidades hubo?

Teniendo como referente los establecido en el Concilio de Lima de 1582–1583, ya que no tenemos noticia de los días declarados festivos en Chile, se establecieron treinta y ocho fiestas religiosas. De ellas, las únicas devociones que hubo de Jesús fueron la Navidad, la Resurrección, la Invención de la Cruz el 3 de mayo y el Corpus Christi16. Parece algo más o menos evidente pensar que siendo el centro de esta fiesta una cruz, el hallazgo de una con características tan espectaculares por un indígena pudo ser el punto de partida de un importante culto popular, con bailes y procesiones entre otras manifestaciones religiosas. Esta fiesta, para el caso europeo, recogía tradiciones que se remontaban a los carnavales que se realizaban en vísperas de la primavera.

Siendo uno de los grandes portentos de Chile, como lo llama Benjamín Vicuña Mackenna, este Cristo podría haber contribuido a formar una nueva historia religiosa, asociada a las prácticas y tradiciones indígenas locales y lo que resultó de su mezcla con la cultura española. Para comenzar -según el ya citado Vicuña Mackenna- viajaron para contemplar el Cristo no menos de seis obispos, además del ya citado padre Alonso de Ovalle, entre otros sacerdotes de alta fama. El Obispo Villarroel vino por la Dormida a predicar en la inauguración de la iglesia votiva y, por muchos años, el leño fue rival de su memorable contemporáneo el Señor de la agonía de San Agustín17 .

Otra posibilidad, no tan rebuscada aunque lo parece, es que la veneración ocurriese en la devoción de las Cuarenta Horas, celebración religiosa iniciada en 1534 y establecida oficialmente por la Iglesia en 1592, que desarrolló en forma general la adoración al Santísimo Sacramento. Del culto del Santísimo Sacramento existen referencias en la baja Edad Media, en el siglo XIII, no obstante, antes del siglo XV su adoración se hizo esencialmente en el ámbito de la eucaristía18.

Existen diferentes versiones del origen de esta festividad. Habrían sido los capuchinos quienes para reparar los ataques de los protestantes contra la Eucaristía, decidieron incrementar la exposición del Santísimo durante los tres días que precedían a la Cuaresma: “Establecieron así cuarenta horas consecutivas de adoración, el tiempo que transcurrió aproximadamente entre la

16 Barros Arana, Diego, Historia de Chile, Tomo 3, Ed. Universitaria y Centro de Estudios Diego Barros Arana, Santiago de Chile, 1999, pp. 135–136.

17 Vicuña Mackenna, Benjamín, De Valparaíso a Santiago, Ed. Universidad de Chile, Santiago, 1940, pp.40 y ss.

18 Mc Mahon, Joseph, Adoración Perpetua, en: http://www.enciclopediacatólica.com/a/adoracionperpetua.htm

crucifixión y la resurrección de Nuestro Señor”19. Comenzaron por Italia, en Milán. San Felipe Neri introdujo la devoción en Roma20.

Entre los sacerdotes que contribuyeron al afianzamiento y extensión de esta devoción destaca San Carlos Borromeo –sacerdote del que volveremos a hacer referencia- ya que le dio su actual configuración: “Jubileo de las Cuarenta Horas, en el que se expone solemnemente al Santísimo Sacramento, para que los fieles, en el curso de tres días, puedan adorar al Señor sacramentado, con la oración y la penitencia”21.

Nos parece muy relevante para la difusión de este culto, el que hacia 1550, Ignacio de Loyola lo dispusiese como obligatorio en su Orden, la de los Jesuitas. En efecto, según Emilio Moreno, a Ignacio de Loyola

“causóle un gran consuelo el saber que en Mazerata, ciudad de la Marca de Ancona, algunos padres, con el objeto de desagraviar al Señor por las funciones poco cristianas que se habían dispuesto para los días de Carnaval, habían expuesto el Santísimo Sacramento, haciendo rogativas públicas y predicando en los mismos días sobre las verdades eternas; con cuyo motivo una multitud de personas atraídas por la novedad, habían asistido a aquellas funciones religiosas, dejando de tomar parte en las profanas fiestas del Carnaval. San Ignacio, a quien agradó esto sobremanera, dispuso que en adelante se practicase lo mismo en todas las casas de su orden, y tal fue el origen de la devoción de las Cuarenta Horas, establecida después con el mayor éxito en todas partes para desagraviar al señor Sacramentado”22.

Los Papas Pío IV, Clemente VIII y Pablo V la enriquecieron con numerosas indulgencias. Según este autor, fue en España en donde se recogió mayor fruto de esta piadosa devoción23. El carnaval al que hace referencia Emilio Moreno corresponde a una tradición europea muy antigua, asociada esencialmente al equinoccio de marzo, en que la población celebraba la llegada de la primavera. Estas celebraciones paganas –que se mezclaron con la fiesta de la Cruz de Mayo– en vísperas de Semana Santa no eran bienvenidas por la Iglesia Católica, ya que relajaban la Cuaresma o la preparación para ese importante momento del calendario religioso, por ello que varios sacerdotes acogieron la iniciativa de salir a venerar el Santísimo Sacramento.

19 En http://www.corazones.org./diccionario/exposicion_santisimo.htm

20 Ritchte, Sebastián, San Felipe Rómulo Neri, en http://www.enciclopediacatolica.com/f/felipeneri.htm

21 aRquidiócesis de LiMa, Breves apuntes sobre el Jubileo de las Cuareanta Horas, en http://www.arzobispadodelima.org/eventos/granmision/trabajando/010105b.htm

22 Moreno C., Emilio, Historia de la Iglesia […], pp. 273-274.

23 En http://www.corazones.org./diccionario/exposicion_santisimo.htm

Las fiestas del equinoccio de marzo también pasaron a América, pese a que acá era el inicio de los meses fríos y no de la primavera, ello se mezcló con celebraciones y rituales locales que se fueron formando a partir de la nueva historia que se estaba escribiendo en esta otra orilla24. Asimismo, con el arribo de los Jesuitas, esta devoción pudo comenzar a realizarse, ya que para ellos era obligatorio según lo establecido por su fundador.

Al curso inferior del Aconcagua, según el sacerdote Miguel de Olivares, los jesuitas llegaron a principios del siglo XVII y terminaron asentándose en Quillota, en una casa en la que los misioneros “empezaron a ejercitar los ministerios que ejercita la Compañía de Jesús en los colegios, acudiendo a todo el valle, a sanos y enfermos con mucha caridad”. En 1632, tuvieron que vender sus bienes pero desde entonces y hasta 1713, en el que se instalaron definitivamente en la villa de Quillota, se comprometieron a hacer misiones anuales para Semana Santa, para predicar y confesar. Olivares explicó que salían hacerla desde principios de Cuaresma, corriendo antes de llegar al valle, a otros valles y partidos, como “Limache, La Ligua, Catapilco, Concón y Purutún con otros parajes, saliendo muchas veces, por falta de sujetos, los maestros de teología […]”25.

Dada la coyuntura de que un indígena encontrase un Cristo labrado –natural o artificialmente en un árbol– en el valle, de que la devoción de las Cuarenta Horas haya sido establecida como obligatoria por su fundador, también nos parece razonable pensar que los Jesuitas desarrollaron en sus visitas a la comarca la devoción de las Cuarenta Horas. En este caso, probablemente, no había carnavales ni nada parecido y dudamos que en el ambiente apesadumbrado de los conquistadores que residían en el valle en los albores del siglo XVII –no pocos de ellos sobrevivientes del desastre de Curalaba de 1598–, hubiesen ganas de celebrar una tradición de sus padres conquistadores. Pero sí se necesitaba congregar a la población indígena o a la creciente población mestiza y encender su fe de modo tal que esta permaneciese prendida hasta la próxima misión.

Asimismo, era muy importante que esa llama estuviese en un lugar externo específico, al que se pudiese concurrir si la que se había encendido interiormente amenazaba con apagarse. En suma, el Cristo se pudo venerar para la Cruz de Mayo y/o las Cuarenta Horas.

Más concretamente, el hallazgo no tuvo sólo consecuencias religiosas y de devoción popular, también tuvo efectos administrativos y toponímicos. La veneración del Santo Cristo exigió que en la capilla de Limache hubiese un cura de manera más permanente. Ello llevó a que naciese como Doctrina, esto es, un área con jurisdicciones claramente definidas en donde un sacerdote debía “adoctrinar” tanto en la fe como en las costumbres hispanas a la población nativa. Toda

24 El Carnaval de Río de Janeiro, Brasil, se inserta precisamente dentro de esta tradición. Es una gran fiesta que precede a la Cuaresma y que se repite año a año desde el siglo XIX, aunque en un comienzo estaba lejos del carácter actual.

25 Venegas, Fernando, Limache y su memoria histórica, pp. 41.

el área abarcada por el cura doctrinero de Limache pasó a llamarse “Doctrina de Limache”, por lo que Limache pasó a ser el nombre de todo un valle y no sólo el de una hacienda o el de una parte de la comarca.

Sabemos que la Doctrina de Limache ya existía en 1641, porque sale nombrada en una carta que el Obispo de Santiago, Gaspar Villarroel dirige al Gobernador de Chile, Francisco López de Zúñiga. En ese escrito se aprecia, además, lo difícil que era la tarea de los sacerdotes, por las enormes distancias que debían enfrentar. Villarroel explicó:

[Había muchas doctrinas] “de treinta indios y otras de menos, esparcidos en diez y doce estancias, a cuatro y cinco leguas unas de otras; las cuales todas ha de visitar el clérigo, para enseñar la doctrina cristiana en cada una, para decir dos o tres misas los días de fiesta, habiendo caminado después de dichas ellas siete u ocho leguas antes de comer, para confesar, olear, bautizar y desposar a doscientas o trescientas personas, negros, mulatos, mestizos y españoles dueños de estancias, y a todos estos se administra a costa de los treinta indios. Y el triste cura arriesga en ahogarse cada día por sesenta pesos en un año. De este porte son las doctrinas de Melipilla, Limache, Longomilla, Cauquenes, Lora y otras”26.

El problema fundamental que debían resolver los sacerdotes seguía siendo el de las distancias, el de la falta de recursos humanos y materiales para realizar sus tareas misionales, el de la ausencia de buenos caminos, por lo tanto, el poder congregar a la población indígena, a los crecientes mestizos, a los criollos y españoles, era un desafío muchas veces imposible de poder cumplir. En ese contexto, insistimos, la devoción a la “Santa Cruz” pasó a ser un gran apoyo en su trabajo de evangelización.

El 14 de julio de 1662, un Informe que el Obispo Diego de Humanzoro envía al Rey de España nos dice que “La doctrina de Limache tiene de contorno diez leguas y de ancho otras diez, y en ella muchas estancias, pobladas con indios y obrajes, divididas a seis, a siete y a tres leguas”. Por entonces, los límites eran al norte, la doctrina de Quillota; al suroeste, la doctrina de Valparaíso y al sudeste la doctrina de Colina. El vasto territorio jurisdiccional abarcaba el área contenida entre los cerros de la Cordillera de la Costa por el este (Vizcachas y la Campana), los cerros que lo separaban al sur de Colliguay, el río Aconcagua al norte (integrando lo que hoy se conoce como el cajón de San Pedro) y, al oeste, las playas de Concón27.

En 1672 el oidor de la Real Audiencia de Santiago de Chile salió a la visita de la tierra. De ella sacó como gran conclusión la excesiva distancia que tenían los curatos del obispado de Santiago y la imposibilidad de los curas de poder asistir en las estancias a la feligresía. Como

26 Venegas, Fernando, Limache y su memoria histórica, p. 35.

27 Ibíd., p.36.

soluciones propuso añadir en cada jurisdicción uno o más curas doctrineros, para así llenar ese vacío. Por otro lado, manifestó que lo más conveniente sería reducir a los indios a “pueblos de indios”, donde cultivando los árboles y su tierra adquiriesen amor por su localidad facilitando también la labor de los curas.

El obispo de Santiago, Bernardo Carrasco de Saavedra, en cumplimiento de la Real Cédula de septiembre de 1675, hizo las divisiones pertinentes. En lo que corresponde a los curatos de Quillota y Limache, se redistribuyeron sus jurisdicciones para formar un tercer curato (en el partido de Quillota), en la siguiente forma: “la porción que tiene Limache y Quillota, desde la banda del río de Quillota para la Ligua será un curato que se llamará Catapilco, al cual se le asignan 120 pesos, con cargo de 40 misas anuales”. Los curatos de Quillota y Limache quedan con los linderos “que tenían [antes], de esta otra banda del río Quillota hacia abajo (sur), y se asignan a Limache 50 pesos con cargo de 17 misas anuales”. Este documento permite percatarnos que entre 1662 y 1672 (imposible saber con exactitud), a la estructura eclesiástica doctrinal se sobrepuso el Curato28. Esto es, en el valle, en la Iglesia de la Santa Cruz debería residir un cura permanentemente.

Entre los primeros curas que tenemos referencia para el siglo XVII están los sacerdotes Hernando Vásquez, Antonio Fernández y Francisco Ochandiano, todos ellos hacia 1610. Ya avanzado el siglo, nos encontramos con Anselmo de Córdoba, que en 1677 estaba involucrado junto a otros terratenientes en un juicio levantado por Pedro de Alvarado, quien deseaba impedir que entrasen a sacar los frutos de las palmas a su propiedad29.

Alrededor de 1690 se hizo cargo de la Parroquia el sacerdote Nicolás de Maluenda y Lillo, nieto de la señora Cristobalina de Benavides. Recién entonces se abrió un libro de Bautizos (1691) que por desgracia se quemó junto a los nueve siguientes ejemplares en el incendio que afectó a la Parroquia de la Santa Cruz en 1954. La labor de este sacerdote, de más de veinte años, significó el ordenamiento y consolidación definitiva del curato. Levantó “a su costa” una casa cercana a la iglesia, que según dijo su padre en su testamento tenía “una sala y recámara y dos cuartos a los lados con puertas de tablones de alerce y ventana, y las paredes de portes y adobones y el techo de paja”. También cultivó un huerto en donde plantó nogales. El fraile Diego de Escobar, hijo de otro estanciero del lugar, quedó en varias ocasiones administrando el curato en su ausencia30.

28 Ídem.

29 Ibíd., pp. 53 y 102–108.

30 Ibíd., p.38.

IV. E L C URATO DE L IMACHE EN EL SIGLO XVIII

En 1714, Nicolás de Maluenda y Benavides –hijo de la ya citada Cristobalina de Benavides y padre del sacerdote- señaló en su testamento que “aunque el sargento Andrés Bernardo de La Vega vino a hacerme la Iglesia y concertado le di ciento y cincuenta la enmaderación y en cincuenta las puertas, tejas y ventanas que hacen doscientos pesos, dijo que le debía, hallo no deberle nada”. Por esta inserción en su última carta sabemos que el dueño de la estancia de Limache había construido un templo nuevo.

Este terrateniente, donó a su Iglesia algunos objetos de culto que también se preocupó de especificar en su testamento: una imagen de la Limpia Concepción con su corona de plata dorada y la media luna forrada en plata, una cruz de oro esmaltada hecha en Madrid, una lámpara de plata de 22 marcos, una custodia de plata dorada, un incensario con su relicario para llevar el Señor a los enfermos y tres candeleros de plata. Finalmente, donó una cuadra para “la Iglesia de la Santa Cruz y Limpia Concepción por si aconteciese el mudarse la Iglesia a otra parte mejor de la estancia”. Finalmente, don Nicolás de Maluenda, encontrándose en “perfecta salud y memoria”, pidió que su cuerpo fuese enterrado “en esta iglesia Parroquial de Santa Cruz de Limache y acompañe mi cuerpo el cura y sacristán con cruz baja y si fuese hora competente se me cante una misa de cuerpo presente y treinta misas rezadas”.

Parece lógico pensar que el dueño de la estancia pidiese ser enterrado en el templo del curato, pero con el correr de los años, como podremos apreciar, muchos de los vecinos del valle, pese a tener capillas en sus propiedades, desearían ser sepultados en este templo. Ello, a nuestro juicio,

Mapa 2: el curso inferior del Aconcagua a fines del siglo XVII

solo puede explicarse porque esta iglesia era un centro de devoción importante de la comarca.

Hay, por lo menos, otros dos aspectos más para nuestra historia en el citado testamento. Primero, por primera vez aparece en los documentos de la zona el culto mariano, de hecho, la iglesia es denominada en una parte del testamento como de la “Santa Cruz y Limpia Concepción”. En segundo lugar, un tema del que no hemos hecho mención directa, aunque sí se explicita en el mapa 2, y que tiene que ver con el emplazamiento del templo. Una mensura de la hacienda de Limache de 1749 nos indica que este se encontraba en la barranca norte del estero, a la altura de donde se encuentra hoy día el Instituto Santa María (los Hermanos Maristas).

El templo había nacido en un lugar estratégico. Por sus puertas pasaban los caminos a Valparaíso, Quillota y Santiago, vía cuesta la Dormida. Junto al templo se ubicaban las casas principales de la hacienda de Limache y de algunos inquilinos. De allí que cuando, en 1713, Frezier pasó por el valle, llamó “villaje” al lugarejo31. Frezier también se detuvo a dar unas pinceladas gruesas del Limache de aquel entonces y agregó que: “en esta aldea se encontró hace tiempo un árbol del cual el Padre Ovalle da la descripción en su Relación de las misiones de Chile; otro semejante hay en Renca a dos leguas de Santiago”. Luego explica, “es una cruz formada por la naturaleza sobre la cual hay un crucifijo de la misma madera como en bajorrelieve; los escultores la han echado a perder por haberla retocado en muchas partes de modo que no se sabe en qué estado fue hallada”32.

De los comentarios de Frezier da la impresión que hubiese viajado a Limache sólo a ver la cruz que había inmortalizado el libro editado por el padre Ovalle. Pero no deja de ser desalentadora su observación de que los escultores la habían echado a perder. Lo segundo que obviamente llama la atención es su observación de que en Renca había otro Cristo semejante. Ello no se explica como pensó Vicuña Mackenna, porque Limache fue sufragánea de esa parroquia, sino porque el sacerdote Nicolás de Maluenda fue trasladado a esa iglesia, por lo tanto, de allí la vinculación. Parece ser que Nicolás se llevó el Cristo como un bien familiar –después de todo se encontraba en el templo de su estancia–, y que en Limache se construyó una réplica, de allí la decepción de Frezier. ¿Y los devotos de la “Santa Cruz” se fueron a Renca o siguieron en Limache? 33 .

31 Ídem.

32 Ídem.

33 Alba Zárate de Ojeda, en su libro Gotas de Savia que comenzamos a comentar, cuenta que en 1729, un incendio destruyó el templo de Renca, salvándose una parte del Cristo. Entonces, el pueblo chileno “llora su desgracia y no se resigna a perderlo, por eso talla nuevamente un crucifijo en el que incrustan el pecho carcomido del Cristo antiguo”. Según la misma autora, los Jesuitas tomaron una réplica de esta imagen confeccionada con astillas del Cristo original que se quemó y la trasladaron a la ciudad de Córdoba, Argentina. ¿Cuándo?, alrededor de 1730. Al llegar al valle de Coniara, las mulas se detuvieron y no quisieron continuar. Entonces, la imagen quedó allí otorgándole el nombre a ese poblado que a partir de ese momento se llamó Renca. En 1857 Manuel Paz talló una segunda copia del milagroso Cristo de Renca de San Luis y que es según los lugareños de allá, la imagen que todavía se venera en Argentina.

La tradición ya estaba muy arraigada como para difuminarse de la noche a la mañana. No obstante, es muy probable que la devoción al Cristo se haya resentido, pues la hacienda de Limache comenzó un largo proceso de subdivisión motivado porque ninguno de sus tres dueños (Nicolás el sacerdote, Gaspar y Juan de Maluenda) tuvieron hijos. Dos de ellos cedieron su parte a los Mercedarios, el otro a José Ortiz de Zárate. Una evidencia de las tensas relaciones de esos años entre los mercedarios, a cargo del templo, y parte de la comunidad, fueron las dificultades que debió enfrentar el Juez agrimensor del Obispado de Santiago, Juan Francisco Arrechea, cuando vino a deslindar las haciendas de Lliu-Lliu y Doylle (Quebrada de Escobar en 1745) 34:

“[...] y con esto (cuenta Arrechea) caminamos a la orilla del dicho río (el estero de Limache) donde los más de los circundantes ganaron unos a la sombra y otros adentro del río donde también había sombra y en la orilla del dicho río se midió un cordel de setenta y cinco varas y antes en el camino dijo el dicho Don Ignacio que hacía testigo a todos que él no pedía la dicha medida que aquellas tierras eran de los padres de la Merced y que no quería que se enojasen los dichos padres porque se corría cuerda por sus tierras a lo que le respondí que aquella medida era por la distancia que había desde el dicho río a las dichas dos asentadas majadas...”.

El juez agrimensor desestimó las aprensiones de Pedro Ignacio Figueroa, puesto que el tirar las cuerdas en las tierras de la estancia de la Santa Cruz, sólo era un referente para saber a qué distancia del estero habían estado las Majadas del ya difunto Francisco de Fuenzalida. Veamos lo que pasó finalmente:

“[...] y habiendo corrido cuarenta cordeladas vimos venir a toda prisa al padre presidente del hospicio de la villa de San Martín de la Concha, Fray Tomás Talvoy, de la Orden de Nuestra Señora de las Mercedes y detrás del dicho padre al Licenciado Escobar, al Maestro de Campo Buenaventura de Escobar y Don Ramón de Escobar y otros muchos y llegando el dicho padre al que tiraba la cuerda por delante, con muy altas descompuestas e imperiosas voces le dijo que parase, luego y en ese tiempo le salí al encuentro al dicho Padre y le dije que se sosegase su paternidad, que Yo había mandado medir y que se lo diría porque, y sin entender a más razones me dijo que era mucha la desvergüenza el que

Allende Los Andes se tiene muy claro cuál es el origen de la Santa Cruz. Se sabe que es oriundo de Limache y que fue descrito por primera vez por Alonso de Ovalle. La versión, eso sí, tiene matices. Aunque efectivamente todo había ocurrido mientras un indígena cortaba leña, “la aparición le ocurre a un indio ciego de la zona de Limache, cuando estaba cortando con su hacha un espinillo y le saltan dos gotas de savia a sus ojos que al frotárselos vio grabada la imagen de nuestro Señor”. La actual celebración se hace el 3 de mayo y a su veneración concurren fieles de todas las regiones de Argentina. ¿Qué pasó con la imagen del Cristo que quedó en el de Renca, en Santiago de Chile? Se habría quemado en un segundo incendio, en 1799. ¿Y qué pasó con la de Limache? Según Frezier, el Cristo que estaba en Renca era una réplica del que estaba en Limache. No tenemos rastro de él. Será que Frezier nunca estuvo en Limache, le contaron mal la historia y sólo había un Cristo en Renca.

34 Ibíd., p. 39. y ss.

le fuere a medir sus tierras y que me imponía multa de veinticinco pesos para la causa y si, porque adelante que se iba a formarse causa y me excomulgaba por la Bula Insensa Domini [a] lo que le dije:

Padre V.P. tiene la Facultad de excomulgarme a que me respondió que estaba con las veces de cura y vicario de esta doctrina a que volví a decir sosiéguese Padre y le dije porque hago esta medida y habiéndose sosegado algo le dije:

Padre no piense V.P. que alguna de las partes del litigio a que he venido pretende algún daño en esta quebrada, ni en las vertientes que caen para esta parte yo sólo vengo a averiguar la ubicación de la majadas de Francisco de Fuenzalida que se sitúan en esta quebrada y porque las partes han señalado las dichas majadas en distintos parajes por cuyo motivo porque la parte del Real fisco tenía pedido le midiese la distancia que hay de allí hasta el segundo, y que no iba a averiguar los linderos de las tierras de su paternidad sino es por razón individual de esta Real Audiencia de la ubicación de dichas majadas aunque fuese por fuerza’ a que le respondí yo como comisionado de la Real Audiencia y sin atender más mande se prosiguiese con la cuerda [...]”35.

Este pintoresco relato, además de mostrar la tensión que generó en los Mercedarios el citado juicio, deja claro que en la cabezada de la estancia de la Santa Cruz no había ningún pueblo u algo parecido; había una parroquia muy modesta que, reiteramos, transformaba de vez en cuando al lugar en el centro de la vida social del entorno.

Pensamos que fue de nuevo la presencia de los Jesuitas la que reactivó la devoción de las Cuarenta Horas. Ello fue posible porque, en 1740, compraron la vecina hacienda de San Pedro –generando una enorme actividad misional y religiosa en torno a la capilla de esa hacienda– y, en 1754, la hacienda de Limache, que finalmente salió a remate36. Nos parece muy significativo el que en la Capilla de esta hacienda, los jesuitas tuviesen un lienzo, con su “marco dorado” de San Carlos Borromeo, que como señalásemos anteriormente, fue quien organizó el Jubileo de las Cuarenta Horas.

Al revisar el Libro 1º de Matrimonios de la Iglesia de la Santa Cruz –que estaba en la hacienda de Limache- abierto por José González el 8 de febrero de 1761, se constata que durante más de treinta años en la Parroquia se celebraron la mayor cantidad de enlaces de la región: 429 contra 134 que se desarrollaron en las viceparroquias, una diferencia notable si consideramos la distancia a la que estaban. Así, en los momentos más importantes de la existencia individual y familiar, la población se congregaba en el templo de la Santa Cruz, otorgándole una significación afectiva muy especial. Cabe señalar que, hacia 1790, había siete viceparroquias en el curato: San Pedro, Pelumpén, La Dormida, Concón, Colliguay, Lorenzo Maitén Galán y Lliu-Lliu. Ellas se encon-

35 Ibíd., p. 39–40.

36 Ibíd., p. 67 y ss.

traban, al igual que el templo del curato, en una propiedad, por lo que el cuidado y atención dependía exclusivamente de su dueño37.

Mapa 3: el curso inferior del Aconcagua en el tercer cuarto del siglo XVIII. Nótese la importante presencia Jesuita.

Congruente con lo manifestado anteriormente, es lógico pensar que la expulsión de los jesuitas, en 1767, debió tener un impacto negativo en la devoción de las Cuarenta Horas38, aunque pudo mantenerse la celebración de la Cruz de Mayo, que era más popular.

V. U N NUEVO MILAGRO: LA DEVOCIÓN A LA V IRGEN DE LAS C UARENTA H ORAS

En el siglo XIX, Limache comenzó lentamente a cambiar su fisonomía rural. El violento terremoto de 1822 dejó el templo mandado edificar por Nicolás de Maluenda en el suelo. Por su parte, el dueño de la hacienda Trinidad, ubicado en la barranca sur del estero, motivado por esta coyuntura, decidió abrir un camino para conectar su hacienda con el camino real que venía desde Valparaíso. Varios lugareños se instalaron a la vera del camino y en un corto tiempo se congregaron unas mil personas. En ese contexto, los vecinos solicitaron y consiguieron del gobierno el título de Villa Alegre, en 1828, no sin antes un largo y polémico proceso39.

El hermano del hacendado, Ambrosio Tagle, decidió mudar el templo a este naciente poblado, por lo que dejó de estar en la cabezada de la hacienda de Limache. Su sucesor, Diego

37 Ibíd., p. 39.

38 Como ejemplo de ello, se puede apreciar el impacto de la expulsión de los Jesuitas en San Pedro. Ibíd., pp. 68-69; 82–85.

39 Ibíd., pp. 135 y ss.

Bravo, tuvo que decidir dónde se emplazaría definitivamente, cuestión que tras una discusión –en la que intervino la Justicia y el gobierno– se resolvió según un plano que hizo el citado cura Bravo40 –que, además, fue un destacado minero de la zona41–, siendo el lugar elegido por el sacerdote el espacio en donde actualmente se encuentra el templo de la Santa Cruz, frente a una pequeña plaza (La Plaza Independencia llamada también Plaza de las Cuarenta Horas).

Se habilitó un oratorio y comenzó la construcción. Empero, los problemas económicos sumados a los políticos demorarían su levantamiento, lo que se logró veinte años después. Según lo señalado por su sacerdote Martín Olguín a finales de 1850, el edificio tenía 40 varas de largo por 8 de ancho. Desde lejos se distinguía, “una torre bastante ruinosa y en ella, dos campanas regulares y una sola”. Según Olguín, la parroquia había sido saqueada en tiempos de su antecesor por lo que sólo había en ella las alhajas “indispensables para el culto, sin que halla una que llame la atención por su preciosidad”42.

El cambio de ubicación del templo del lugar en que estaba emplazado desde hace más de doscientos años no tiene que haber caído nada de bien a los herederos de la hacienda de Limache43. Esta diferencia, entre José Antonio Tagle, promotor de la fundación de un nuevo pueblo y en particular, Francisco Antonio de la Cerda –esposo de Mercedes, la heredera de la hacienda de Limache– se proyectaría en el tiempo.

Parece ser que uno de los grandes anhelos de don Francisco fue hacer un nuevo pueblo, aspiración que cumpliría su hijo en 1857, cuando consiguió autorización para formarlo en una de las hijuelas de su propiedad y al que bautizó con el nombre de su padre. Pero Ramón de la Cerda se hizo construir una casa y una capilla nueva cerca de la estación del ferrocarril que acababa de llegar a Limache (1856)44. Del antiguo templo no quedaron más que escombros y pronto sería olvidado completamente45.

En el contexto anterior, un nuevo suceso inesperado vino a disminuir los problemas que habían envuelto al templo parroquial. Los pescadores de Concón encontraron flotando un cajón a la deriva del mar. Un documento que recogió la tradición oral, en 1930, explica que los pescadores llevaron el cajón hasta la playa, lo abrieron, “y hallaron dentro una imagen de la Santísima Virgen; la llevaron a sus pobres chozas y comenzaron a honrarla con tanta fe y confianza que ella

40 Ibíd., pp. 142–146.

41 Ibíd., p. 187.

42 Ibíd., p. 146.

43 Ibíd., pp. 190 y ss.

44 Ibíd., pp. 206 y ss.

45 Insistimos en que esta construcción estuvo emplazada junto a las casas principales de la hacienda de Limache y a la de algunos inquilinos, en la barranca norte del estero, en donde actualmente se encuentran los Hermanos Maristas.

empezó a devolverles con singulares favores la devoción de sus amantes hijos”.

El mismo documento agrega que probablemente la imagen era llevada en un barco que naufragó. En cuanto a su procedencia, por sus rasgos les pareció de origen quiteño, ya que por entonces se labraban buenas imágenes de Santos en Ecuador.

Al pasar los años, los pescadores quisieron que la imagen fuese venerada con un culto mayor que el que ellos le prodigaban y con ese fin la llevaron a Limache, adquiriéndola un piadoso vecino, Juan Crisóstomo Rodenas “varón principal y profundamente religioso”46.

No existe una fecha precisa para este hallazgo. En una entrevista dada por el padre Claudio Hormazábal, en 1994, lo fecha hacia 1810, pero es sólo una presunción.

Lo único de lo que se tiene certeza es que por entonces Concón estaba en la Jurisdicción de la Subdelegación de Limache, por lo que no es extraña la conexión y posterior veneración en la Parroquia del Curato.

Imagen de la Virgen de Las Cuarenta Horas encontrada por los pescadores de Concón y donada posteriormente por Juan Crisóstomo Rodenas a su Parroquia de la Santa Cruz. Lamentablemente se quemó en el incendio de 1954.

46 Torres V., Belarmino, Historia de Limache, pp. 61–62. En este trabajo, Torres Vergara insertó un extracto del folleto “Ramillete de Recuerdos”, editado en 1931 por la Sociedad de la Buena Prensa.

No obstante, hay otro documento que da luces respecto del culto a la virgen en el área. Se trata de un folletín impreso, que se conserva en la Sala Medina de la Biblioteca Nacional y que es la publicación del reglamento de la Cofradía a la Virgen Purísima que formó en Limache el sacerdote Juan Ramón del Canto, en consideración a lo dispuesto en 1838 por, el entonces obispo de Santiago, Manuel Vicuña Larraín (nombrado Arzobispo en 1840)47.

Fue justamente el arzobispo quien la autorizó, tras revisar el reglamento, el 17 de agosto de 1840, concediendo indulgencias a los cofrades. El sumario de las indulgencias fue el siguiente:

“Por asentarse en la Cofradía, 40 días. Por vestir el escapulario, 40 días. Por cada Padre Nuestro que recen los hermanos, 40 días. Por nombrar los dulces nombres de Jesús, María y José en la vida y en la hora de la muerte, 40 días, y en fin, por cualquiera otra que practicaren, otros cuarenta días”.

¿Por qué Virgen de las Cuarenta Horas? Ello se explica por el momento en que se estableció la celebración de su fiesta. El reglamento estableció que:

“El Domingo de Cuarenta Horas se solemnizará la fiesta de la Purísima Concepción como Patrona tutelar de esta Cofradía, debiéndose entonces concluir su novena que se hará con la solemnidad posible, aplicándose el novenario de misas, las comuniones y toda obra buena que en este día se practique por los Cofrades y difuntos”.

¿Por qué se estableció la veneración de esta virgen bajo la advocación de las Cuarenta Horas? Existen dos respuestas posibles. La primera es que el culto recogiese una tradición antigua del lugar que venía desde La Colonia. La segunda, que no necesariamente se contradice con la anterior, dice relación con la renovación que recibió esta devoción en el siglo XIX, cuando la Iglesia estaba sufriendo los embates del liberalismo en expansión: “La Iglesia rogó mucho ante el Santísimo Sacramento por el feliz regreso del Papa a Roma. A partir de este momento la devoción se afianzó en Roma y comenzó a extenderse por el mundo católico”.

La devoción fue recibida con entusiasmo en muchas diócesis americanas, muy especialmente en la Arquidiócesis de Lima48. El principal objeto que le dio el sacerdote a esta cofradía fue “hacer memoria y dar culto a María Santísima en su purísima Concepción”, declarándose su Imagen por Patrona y protectora, debiendo ser conservada en el altar mayor “con el aseo y decencia correspondiente”. Según el reglamento que confeccionó el cura Juan, en la cofradía se admitirían hermanos de uno y de otro sexo.

47 “Constitución de la Cofradía de la Virgen Purísima de las Cuarenta Horas”, en Sala Medina, Biblioteca Nacional, Santiago de Chile, 1840.

48 aRquidiócesis de LiMa, Breves apuntes sobre el Jubileo de las Cuarenta Horas, en: http://www.arzobispadodelima.org/eventos/

Cada uno debía contribuir con cuatro reales en el día de su asiento. Habría hermanos mayores y menores; los mayores debían por la luminaria un real mensual, y los menores medio real, o por una vez, ocho pesos, y los mayores diez y seis si querían rescatarse. Debían asistir el domingo primero de cada mes a la misa de Nuestra Señora y, en la noche anterior, el rosario debía salir por las calles. También, debían concurrir a la parroquia a los oficios de sepultura de cada hermano que falleciese, y el que no asistiese rezaría una parte del rosario por el hermano difunto. Había que confesarse y comulgar el día de la fiesta de la Virgen. Asimismo, debían rezarse diariamente tres Padre Nuestro y Ave María gloriados, en acción de gracias a la Santísima Trinidad por los distinguidos favores con que honró a la “Divina Señora” en el primer instante de su Purísima Concepción: estos se aplicarían por los cofrades difuntos y por el acierto del gobierno eclesiástico y secular. Finalmente, la gente que se le diere un empleo en la Cofradía debería ejercerlo sin excusa.

La organización de esta Cofradía fue sin duda muy importante en que este culto mariano tomara fuerza. Desde distintas partes de la Región la veneración a la Virgen comenzó a atraer fieles y, hacia 1850, según pudimos constatar a partir de la revisión de los testamentos de limachinos en el Archivo Notarial de Quillota, cuatro de cada cinco de ellos declararon pertenecer a esta organización.

La afluencia de gente el día de Cuarenta Horas fue en aumento y el Subdelegado de Limache pidió a la Municipalidad de Quillota autorización para tomar medidas al respecto. Una de las respuestas que recibió fue que, “para evitar los desórdenes que pudieran ocurrir en la función de Cuarenta Horas que me anuncia por su nota del 29 del pasado mes, puede Ud. pedir la fuerza necesaria al comandante de ese escuadrón y poner a cubierto la población de cualesquiera asechanza que intentaren los perturbadores del orden público”.

Otro consejo llamativo es el que dio el gobernador de Quillota para que el subdelegado pudiese financiar las fuerzas de orden: “Como Ud. me dice que la subdelegación no tiene fondos para costear los diarios de la guarnición de esos días, y que por costumbre anterior se han puesto ventas en la plaza para subvenir este gasto; espero que Ud. permita la licencia para llenar las exigencias de tan imperiosa necesidad”. De este modo, el comercio que actualmente se desarrolla en la plaza y áreas circundantes, comenzó como un mecanismo para obtener fondos para costear la policía del lugar49.

En diciembre de 1859, a indicación del primer alcalde, Juan Crisóstomo Rodenas –que, además, era el mayordomo de la cofradía– el municipio decidió nombrar a la Virgen Purísima como Patrona de Limache. Para solemnizar su nombramiento, la corporación decidió asistir en cuerpo a misa el día 8 de diciembre, “día de su celebración”50. Esta observación significa que la

49 Venegas, Fernando, Limache y su memoria histórica, pp. 142.

50 Archivo Nacional, Actas de la Municipalidad de Limache, Tomo 1, Sesión del 9 de diciembre de 1859.

cofradía veneraba a la Virgen tanto en la fecha en que se recordaba su Inmaculada Concepción, como en la fecha establecida por el reglamento de 1840. El ya citado Juan Crisóstomo Rodenas, viendo llegado el ocaso de su vida, decidió donar al templo la imagen de la Virgen junto a otros adornos que pertenecían a su culto. Ello se hizo por testamento en 1879:

“[...] Declara que hace muchos años a que es mayordomo de la Cofradía de Nuestra Señora Purísima establecida en esta parroquia, i en calidad de tal ha adquirido lo siguiente: una imagen de bulto que representa la dicha Nuestra Señora de Purísima, con su corona de plata i demás aderezos, otra representando al Ángel San Gabriel también con sus galas i adornos, incluso las andas de ambas imágenes; un alfombra de tripe para el presbiterio; cuatro jarrones de porcelana con sus ramos de flores de mano; una cruz de plata; otra de bronce para el estandarte. Tanto lo relacionado como cuanto contiene una caja en que están guardados los frontales i otras galas para el servicio de dicha cofradía, todo lo lega i deja en beneficio de ella, i la entrega se hará al señor cura de esta parroquia bajo inventario de albacea. Para mayor inteligencia [...] que todas esas existencias las ha adquirido en parte con su propio peculio i otra con donaciones de personas caritativas; i que al hacer este legado encarece i suplica a la autoridad eclesiástica conserve la institución piadosa de la Cofradía dicha, haciéndose la procesión anual en la forma de costumbre”51.

El que el templo se convirtiese en el centro de una importante actividad religiosa aunque por una parte contribuyó a dar identidad a la Iglesia de Limache, también significó una pesada carga para los sacerdotes que lo tenían a cargo. La población de la comarca experimentó un significativo crecimiento durante el siglo XIX bordeando las 15 mil almas a mediados de esta centuria. El que la elite del lugar consiguiese el establecimiento de un municipio (1858) y luego de un Departamento (1864) en medio de una corriente de creciente laicismo trajo consigo una mayor fiscalización de la labor de los sacerdotes de parte de la autoridad civil que a su vez implicó una considerable tirantez entre las autoridades religiosas y políticas locales. La llegada del Ferrocarril y la fundación de un nuevo pueblo, San Francisco (1857), trajo consigo la formación de un barrio industrial y obrero y un acelerado proceso de concentración de la población en la ciudad. Definitivamente, cada vez fue más evidente que un solo sacerdote no podía hacerse cargo de las tareas religiosas de un territorio tan vasto.

Una de las autoridades que más cuestionó la labor de los sacerdotes de Limache fue el gobernador Bartolo Riobó52. En junio de 1865, por ejemplo, la autoridad manifestó al Intendente

51 Ob. cit., Limache y su memoria histórica, pp. 149 – 151. En este trabajo, a partir de los diferentes testamentos de Rodenas y de la revisión del Anuario Estadístico, pude reconstituir a grandes rasgos su vida. Nació en San Felipe en 1811 y llegó a Limache atraído por la fundación de la villa Alegre en 1833. Contrajo matrimonio con Carmen Aguayo, hija de Juan José Aguayo –que tenía un rol destacado en la comunidad– y Josefa Vargas. Tuvieron once hijos. Se desempeñó tempranamente en el servicio público y en él hizo carrera. Fue subdelegado y alcalde de Limache en reiteradas oportunidades. No existiendo un edificio disponible, la municipalidad comenzó funcionando en su casa.

52 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 178.

de Valparaíso que en no menos de cinco oportunidades habían ido a quejarse que el cura de Limache se negaba a acudir puntualmente al llamado de un moribundo que pedía los auxilios generales de la religión. Según la máxima autoridad política de la comarca, había instado a los feligreses a que conversasen con el cura Pedro José Muñoz y que tuviesen en consideración la escasez de sacerdotes. No obstante, lo ocurrido al sereno Lucas Figueroa, “hombre prudente y fidedigno” le parecía increíble. Este se quejó de que el cura se negaba a auxiliar a su padre que estaba en trance de muerte, contestándole “que iba a comer y estaba muy cansado”, y que le dijese a su padre “que hiciese un acto de contrición y se dejara morir”. El gobernador dijo quedar consternado ante tal relación por lo que pidió al mismo sacerdote que explicara lo sucedido. La autoridad le recordó al intendente que el vecindario de Limache había reclamado contra él ante el Arzobispo, rechazando este los reclamos. Ante la situación ocurrida, insistió en el lamentable estado en que se encontraban los habitantes de “esta vastísima parroquia”. Según una detallada descripción esta era la situación:

“Subdelegación de Limache alto, reside el cura; Limache bajo, sacerdote franciscano; Olmué “inmensa extensión”, a pesar de haber capilla no hay ningún sacerdote; Quebrada Alvarado, dos capillas, una en la cabecera de la subdelegación y otra en el pueblo de La Dormida y tampoco hay sacerdotes, en San Francisco, no obstante existir tres capillas, una en la cabecera de la subdelegación, otra en Tabolango y otra en Concón, tampoco hay sacerdote; Quilpué, hay capilla pero no sacerdote; en el pueblo de Escobares, de la Subdelegación de Limache, también hay capillas mas no sacerdotes, en cuarenta y cinco leguas… a pesar de haber diez templos, sólo existen dos sacerdotes”.

Como consecuencia lamentable –agrega la autoridad– los habitantes de La Dormida, Pelumpén, Olmué, Los Maitenes, Lliulliu, Escobares, San Francisco, Tabolango, Concón Alto, Concón Bajo, Quilpué y los habitantes de los campos circunvecinos, “oyen dos o tres veces misa al año”, y esto cuando obtenían que el cura fuese a decirla “por una retribución de tres o cuatro pesos”. Según Riobó, en todos estos pueblos existían “muchachos sin bautizarse hasta la edad de cinco, seis o más años. En una palabra, la Parroquia de Limache necesita tanto de la prédica evangélica como la Araucanía”. El gobernador creía que un cambio de cura en la Parroquia sería un “advenimiento bendecido por todos los feligreses”, cuya remoción tenía como dificultad la oposición del arzobispo.

¿Cuánta razón tenía el gobernador en su crítica? Al analizar la respuesta del sacerdote Pedro José Muñoz, podremos apreciar que en realidad no se trataba de mala voluntad o de falta de compromiso con su trabajo, sino que simplemente no daba abasto para toda la demanda de oficios religiosos que había. Después de trescientos años, el problema no era el de convertir, ya que la mayoría de la población era católica, el problema – y qué problema – era el cómo conservar la fe y entregar los servicios que demandaba el culto:

“Digo a Vuestra Señoría que anoche recién me sentaba a la mesa a tomar el alimento necesario para la vida, se presentó Lucas Figueroa con más arrogancia que sumisión, di-

ciendo: que su padre enfermo de muchos días en aquel lugar pedía auxilios y que pronto debía llevárselos, a lo que le contesté: ya verás que estoy corriendo, que acabo de bajarme del caballo, que a la vista está copiosamente sudado, porque vuelvo de auxiliar una enferma de algunos días en Pelumpén, inquilina de Don Tomás Carvajal, que pudo haberse confesado fácilmente el jueves de la presente semana, cuando volvía de la Quebrada de Alvarado, a donde fue el miércoles 19 del corriente y animado del buen deseo y mejor voluntad de auxiliar espiritual y temporalmente a todos los enfermos de ambos sexos de más o menos gravedad, determiné alojarme en la Quebrada de Alvarado en casa de Don Dionisio Gamboa, inspector de aquel lugar; a la madrugada del día jueves habiendo sido avisado de otro enfermo, pasé a visitarlo; pero los dueños de casa dijeron que el enfermo no estaba avanzado de morir pronto, ni tampoco se encontraba preparado; me bajé del caballo para prepararlo y después se confesaría: tal fue Señor Gobernador la respuesta de un enfermo, para quien se me llamó con demasiada exageración e inútilmente.

Poco después en ese día jueves hablé con el señor subdelegado don Juan Ferrús, y este, interrogado por mí sobre la existencia de algunos otros enfermos, me informó de palabras que solamente tenía noticia de una mujer que se hallaba muy apurada de peste o chavalongo, e inmediatamente pasé a su casa y aceptó gustosa los auxilios espirituales que le administré. Al acercarme de vuelta a este pueblo, salió a mi encuentro el argentino don José Tristan Castro y me llamó en ese día jueves para el rincón del Granizo de Olmué, lugar distante de este curato y con el fui incontinenti y quedó confesada y ungida la enferma a quien apliqué también la indulgencia benedictina.

Si el enfermo hubiera tenido voluntad de recibir los auxilios espirituales, se me hubiera dado aviso por alguno de su familia, u otros muchos feligreses con quienes hablé, por lo que me ha parecido que la enfermedad sea supuesta, o si no lo fuere, ha buscado los últimos extremos que la prudencia cristiana aconseja evitar; quiero decir, me llama entonces a última hora, y cuando me encuentro como imposibilitado por los fuertes y repetidos galopes o viajes a distintos y distantes lugares a que he sido llamado en los días precedentes y a todos he ocurrido con brevedad.

Es de todo punto falso que me haya negado a socorrer a los feligreses enfermos, y no pudiendo recurrir al llamado del que ha motivado esta queja por la falta de voluntad del mismo, puesto que ya estaba algunos días enfermo antes que yo llegase allí […] impulsado por el deber de la caridad y justicia envié hoy a recoger al Reverendo Padre Fray José María Pascual, para que, atendida mi indisposición, fuese en mi lugar a socorrer a ese parroquiano, ofreciéndole con Pedro Moraga caballo ensillado y una buena gratificación y me respondió que le dispensase porque en la mañana iba a salir para Quillota […]”53.

En este relato, escrito al fragor de saberse cuestionado y con la impotencia de no poder hacer nada más, es evidente según adelantamos, que Muñoz estaba absolutamente sobrepasado y

que faltaba comprensión de parte de los que demandaban sus servicios. En su narración figura también un sacerdote franciscano. Este convento franciscano ya estaba en un plano confeccionado por el cura Diego Bravo en 1832. Sabemos que hacia 1850 su superior era Fray Agustín Ahumada y que también había un hermano “cuyo empleo es pedir limosna”54.

Con la llegada del español Fray José María Pascual en 1855, que era muy carismático, la iglesia franciscana, ubicada a sólo unas cuadras del templo parroquial, se transformó en un centro religioso muy valorado por la comunidad55. En su memoria de 1865 el gobernador indicó que el templo de San Francisco se hallaba en estado de servir al culto divino

“Gracias a los esfuerzos y a la simpatía general de que goza el R.P. Fray José María Pascual, pues todo él se ha hecho de limosnas y es mucho mayor y más hermoso que La Matriz. Esta gobernación, queriendo coayudar a la conclusión de este templo, arbitró una tómbola, que dio unos $300, con cuya suma y lo que el R.P. pudo colectar, se ha construido la segunda parte de la torre, en la cual este digno sacerdote tiene la esperanza de colocar un reloj de campana, de cuatro esferas; y ojala fuese el supremo gobierno quien lo obsequiase, para ornato de la villa de Limache”56.

Las simpatías frente a este personaje aumentaron cuando a propósito de la guerra entre Chile y España, en 1865 José María Pascual declaró que aunque era español de nacimiento, era “chileno por adopción”, con más de “treinta años de residencia en Chile”, y que sus sentimientos estaban con la causa chilena ofreciendo los servicios al gobierno, “pues si no me correspondía tomar un fusil, sabría exhortar con la palabra y comunicar su entusiasmo a los soldados a cuyo cuerpo se creyese digno de ser capellán”. El gobierno aceptó sus servicios y lo eligió como capellán de un cuerpo de voluntarios que se estaba formando57

54 Venegas, Fernando, Limache y su memoria histórica, p. 146.

55 En un informe del gobernador sobre los españoles residentes en el área de Limache, se indica que el Rdo. P. Fray José María Pascual era una “dignísima persona que reside hace más de 30 años en Chile y que habita como 10 años esta villa, y a quien el pueblo considera como su gran benefactor”. Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 178.

56 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 178.

57 Ibíd.

Templo franciscano levantado por el Fraile José María Pascual según una pintura de Juan Francisco González.

Frente a las simpatías que despertaba este fraile español, que no tenía la carga del curato sobre sus espaldas, la situación de la Iglesia La Matriz era diferente. Según el gobernador “por su aspecto, hace muchos años que no se ha hecho en ella refacción alguna”, y cuando le solicitó al sacerdote los libros de fábrica, el cura le contestó que “no era de su incumbencia inquirir semejantes datos”.

Empero, por lo menos esas dificultades se allanaron y la autoridad constató que según los libros había cerca de $500 pesos disponibles. Con ese dinero le hizo presente al cura “que podían hacerse las reparaciones necesarias”, a lo que el sacerdote condescendió. Al poco tiempo se dio principio a las obras de reparación, quedando estas en regular estado. La reconstrucción de la torre no se emprendió por tener un costo considerable58.

Hacia 1870 el escenario no había cambiado, y la labor de este sacerdote siguió siendo muy compleja. Parece ser que con el nuevo gobernador, Francisco Antonio del Pedregal, la relación se hizo prácticamente insostenible. El sacerdote se quejó de que arrestaban constantemente a su sacristán “por el sólo hecho de no salir a hacer guardia al ejercicio de la tropa cívica en los días festivos y a la hora de la misa parroquial”. Por otro lado, señaló que se había visto con escándalo de los fieles

“hacerse en esta plaza pública el ejercicio y disciplina militar a la misma hora que la misa parroquial privándose de ella a los soldados, jefes y varios feligreses, extraídos por la

58 Ibíd.

novedad, y verme precisado, suspender e interrumpir la predicación de la palabra divina que con el ruido de la caja cerca de la puerta de la Iglesia no se podía oír. Pudo haberse cambiado la hora y el local para el ejercicio cívico y no se quiso condescender”.

Finalmente, Muñoz se quejó que no se le habían llevado los alumnos para recibir de su párroco la instrucción cristiana59.

Las dificultades con la autoridad política prosiguieron. En marzo de 1871, el gobernador lo acusó al intendente de bautizar a los recién nacidos fuera del templo, en la calle. De esa práctica se habían quejado algunos padres de familia porque al recibir el bautismo sus hijos “es necesario descubrir la cabeza y parte del cuerpo del niño, a toda intemperie, lo que ha ocasionado varios casos de enfermedad, que atribuyen precisamente a esta circunstancia”. Pedregal dijo que había consultado la opinión del facultativo Francisco Javier Tocornal y este manifestó que “esto podía provocar enfermedad especialmente en los meses de junio, julio y agosto”60.

Un tercer tema que fue foco de tensión entre la autoridad y los sacerdotes fue la administración del cementerio. Fue en el período de Martín Olguín en que se creó este, en un terreno donado por algunos vecinos. En el invierno de 1846, el párroco Olguín explicaba al gobernador: “con fecha 29 de mayo último en que me pide razón individual de las entradas y salidas del Panteón de este curato, ni he recibido por él tal panteón ningún derecho y he averiguado de los vecinos y me han dicho que jamás han sacado”. Quien se preocupaba de manejar las llaves era el sacristán, por cuyo trabajo “le dan un real o también nada”.

El cementerio, en medio del campo, contaba ya en 1849 con una capilla dedicada a Nuestra Señora del Tránsito. En 1855 nuestro ya conocido Pedro José Muñoz se quejaba que la Municipalidad de Quillota pretendía quitarle de su administración el cementerio, siendo que la dirección y cuidado corría de su parte. Recalcó que se trataba de un lugar sagrado y afirmó: “he costeado el cementerio y lo sostendré y adelantaré cuanto me sea posible sin exigir retribución alguna de ellos, me satisface el que sean sepultados y honrados los restos de mis feligreses en un cementerio cómodo y decente y costeado de mi peculio”. Por ello, solicitó al gobernador que dejase “seguir en paz a la iglesia de Limache y su cementerio como lo ha estado en tiempo de sus antecesores”61.

Pero los problemas no sólo continuaron, se exacerbaron. El aumento de la población, sobre todo la urbana, significó una mayor demanda del cementerio. Ello obligaba necesariamente a realizar profundos cambios en su administración, cambios que demoraron mucho en llegar. El gobernador se manifestó partidario de hacer un cementerio laico, porque a su juicio, hacer

59 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 244.

60 Ibíd.

61 Ibíd.

mejoras al cementerio existente era tan costoso como hacer otro nuevo. Probablemente, la nota que envió al intendente en septiembre de 1871 sea la más lapidaria de todas:

“Su aspecto –el del cementerio– es el más triste, y a inmediaciones de su entrada principal se ven esparcidos montones de ropa y aún parte de las camillas que han subido para conducir los cadáveres que ya han sepultado y que las arrojan ahí para prenderles fuego, lo cual hace que constantemente exista una atmósfera cargada y desagradable.

Ahora la muralla que circula el recinto del cementerio es tan baja, que da fácil entrada a los perros, sin que estos dejen de poder hacerlo por los albañales. El estado de desplome en que se halla como así mismo gran parte del edificio que queda en pie, es una amenaza constante para los transeúntes.

Mucho más lamentable es su estado interior: no es otra cosa que un potrero donde están esparcidas entre medio del pasto sepulturas sin orden alguno y que se abren a voluntad del deudo que va a dejar un cadáver.

Este estado de cosas debe cesar no sólo por el respeto que se debe al establecimiento, y atender en el término ya indicado a las demás necesidades que se mencionan, pues todas ellas son de un carácter imperioso atendiendo al estado que está ese cementerio”62

Según el gobernador, el cura insistía con dejar en ese estado de abandono el lugar, sin manifestar acato a la autoridad que le encargaba remediar estos males. Pedregal puso al cura párroco como tareas imperativas contar antes de tres días con un portero o cuidador que vigilara constantemente el cementerio, en diez o quince días más, reparar las murallas de circunvalación y elevarlas no menos de 50 cm. o más, finalmente, en la capilla que estaba en ese lugar, “componer aquella parte que esté desplomada reparando sus tejados y haciendo en el interior los trabajos necesarios y que se deben a la decencia y culto de una capilla católica, prohibiéndose que se guarde en ella pasto como se me asegura que en el día está destinada a ese fin”.

A los albañales que daban salida a las aguas debía colocarle rejas de fierro aseguradas estas con marcos sólidos y bien construidos, como único medio de evitar que por allí se introdujesen los perros a devorar los cadáveres, “cuyos hechos por desgracia han tenido lugar en varias ocasiones”. La autoridad le pidió al sacerdote que ordenase el aseo de todo el interior, “mandando cortar el pasto que cubre todo el cementerio y observar en lo sucesivo un orden conveniente para las sepulturas, dividiéndola en dos secciones, una que servirá para los pobres de solemnidad y otra para los que pagan derechos”.

Finalmente, le hizo ver que la hondura de las sepulturas era insuficiente, ya que muchas veces los cadáveres quedaban en la superficie, lo que motivaba la introducción de perros que los devoraban o que en otras oportunidades esto se hacía intencionalmente para poder arrancar con 62 Ibíd.

facilidad el género con que iban envueltos y forrados los ataúdes63.

Tal parece ser que la situación del cementerio no mejoró en lo inmediato, pues la Municipalidad de Limache adquirió un terreno y se decidió a construir otro64. Empero, también rondó la idea de quitarle la administración al párroco, por ello incluso le pidieron a Pedro José Muñoz que demostrara que el cementerio era Parroquial65. En agosto de 1872, la situación parecía ser insostenible. No cumpliéndose las medidas dispuestas por el gobernador, específicamente unas relacionadas con la sepultura de los cadáveres y, específicamente, una estadística de los mismos, la policía interceptó a los deudos y los obligó a dirigirse hacia la Tesorería Departamental a suministrar los datos. Los deudos no lo hicieron y se fueron donde el cura, quien

“mandó traer el cadáver a la plaza, donde se pusieron a velarlo, originando con esto una aglomeración de gente, lo cual se manifestaba de momento en momento más irritada por este acontecimiento. Gran trabajo costó a la policía disolver este tumulto, y para conseguirlo ha tenido que hacer conducir algunas personas presas y entre estas a uno de los deudos del fallecido”66.

La tensión disminuyó con la llegada del sacerdote Plácido Labarca y del nuevo gobernador José Orrego. Labarca se propuso edificar un nuevo templo, pues el existente se encontraba en estado ruinoso. En 1873 consiguió la autorización para demoler el antiguo edificio y construir otro. Para ello, con el apoyo del gobernador, consiguió de los vecinos una suma no inferior a los $12.000. Según la autoridad política, ello “da medida del sentimiento religioso que lo anima, como también su amor por los adelantos de la localidad”. Orrego agregó: “es digna de elogios la actividad con que el Sr. Cura lleva adelante la obra; pues en pocos días más quedarán concluidos los cimientos que son de primera clase”67

Por un informe del siguiente gobernador, Serapio de la Cruz, nos enteramos que Plácido Labarca compró en 1872, en los suburbios del pueblo, unos terrenos en los que proyectó un nuevo cementerio. Una vez que lo habilitó como tal, en 1878, clausuró el antiguo68. Desde entonces el cementerio dejó de ser una preocupación de las autoridades. De hecho, el cementerio laico sólo quedó en un proyecto y pese a que en las sucesivas memorias de los gobernadores se sugiere habilitarlo de modo definitivo, ello nunca llegó a concretarse69.

63 Ibíd.

64 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 280.

65 Ibíd.

66 Ibíd.

67 Ibíd.

68 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 486.

69 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vols. 527 y 664.

Calle de Limache según óleo de Juan Francisco González. Al fondo se ve el templo Parroquial levantado en tiempos de Plácido Labarca.

Por otra parte, la construcción del nuevo templo seguía avanzando. En 1884 se informaba que en orden de importancia para concluir el edificio faltaba: que todo el pavimento esté entablado, “porque se nota que en la concurrencia del pueblo se levanta una nube de polvo de los ladrillos quebrados y mal cocidos en su mayor parte. Siempre se ha tenido como provisorio este pavimento que no corresponde a la elegancia del resto del templo”.

En segundo lugar, debía concluirse, “el altar colateral y hacer de nuevo en la nave correspondiente; así quedarían tres altares que son suficientes para una iglesia de pueblo pequeño”. Finalmente, hacía falta una reja que dividiese el presbiterio del cuerpo del edificio. Con estas obras se concluiría el interior del templo. En el exterior había que “principiar enseguida” con su torre y fachada. Serapio de la Cruz informó que existía un plan de esta obra que convenía ejecutarlo. Había sido formado por el “célebre arquitecto Fermín Vivaceta. Es de forma elegante y gusto artístico y el presupuesto de todo el costo lo hace subir a 900 pesos”70.

La obra tuvo que seguir esperando y en 1885 el gobernador manifestaba su preocupación de que el abandono en que se encontraba estaba “expuesto a sufrir el rigor del invierno”. Habiendo erogado $52.000, los vecinos y $5.000 el gobierno, solicitó $5.000 adicionales para poder concluirlo. Finalmente, al término del periodo de Labarca, en 1887, el templo ya estaba concluido71.

70 Archivo Nacional, Intendencia de Valparaíso, vol. 527. Fermín Vivaceta (1827-1890) fue un destacado arquitecto, además de uno de los precursores del mutualismo en Chile. Entre una de sus principales obras estuvo el edificio de la Universidad de Chile. También, construyó la torre de la Iglesia de San Agustín (en Valparaíso), entre otros múltiples proyectos.

71 Ibíd.

Habiendo ordenado la casa, el prestigio de la Virgen de las Cuarenta Horas aumentó. Hasta en la prensa liberal se publicaba los días de su fiesta, a la que concurrían desde diferentes partes de la región. Cuando Plácido Labarca partió a Concepción, en donde fue nombrado obispo, la comunidad lo lloró, su trabajo había calado hondo. En septiembre de 1893, cuando volvió a Limache como una importante visita, el diario democrático “El Ciudadano” publicó un inserto en donde lo llamó “ilustre prelado de la Iglesia Católica”, indicando que debido a sus “altos y meritorios dotes como por su relevantes virtudes se hizo acreedor al aprecio de todos y se conquistó el aplauso unánime de todo un pueblo que lo aclamó como al verdadero predicador del evangelio de Cristo”72.

En su siguiente edición, junto con consignar que el pueblo entero se había volcado a la estación ferroviaria para recibirlo, atacó al que entonces era el párroco, Onofre Flores, por no ir a recibirlo y por estar en una campaña, al igual que el cura de San Felipe y el de Valparaíso (de la Iglesia de los Doce Apóstoles) –según indicaron– contra la libertad de expresión73.

VI. A MODO DE CONCLUSION

Visto a la luz de la documentación, parece ser que el periodo de Plácido Labarca fue sólo un paréntesis de una cada vez más compleja labor pastoral. Una de las principales soluciones de fondo pasaba por la creación de nuevas parroquias, aspecto que fue acelerado de alguna manera por la Ley de Comuna autónoma, que a partir de 1894 creó cinco municipios en el área en donde hasta ese momento sólo había uno: Quilpué, San Francisco, Olmué, Concón y Villa Alemana vinieron a agregarse al municipio de Limache. Hacia el 1900 la Parroquia de las Cuarenta Horas contaba sólo con seis viceparroquias y, no sin dificultades y resistencias, fue perdiendo la administración de cada una de ellas74.

Ello permitió que los sacerdotes de la Santa Cruz se ocupasen de la labor pastoral de una comunidad acotada, que la administración del cementerio Parroquial fuese más eficiente y sobre todo, que la veneración a la Virgen de las Cuarenta Horas pudiese ser mejor organizada. En una visión panorámica de lo que ocurrió referente a esta festividad podemos señalar que el padre Onofre Flores (1887-1895) se preocupó de darle un sitio de honor a la Virgen en el templo, lo que fue muy bien valorado por el arzobispo de Santiago, Mariano Casanova. En los años que estuvo Manuel de la Cruz Flores (1897-1903), se obtuvo de la Santa Sede, el 30 de junio de 1899, el rescripto pontificio por el cual se concedió a perpetuidad el singular privilegio de que pudiese celebrarse una misa solemne de la Inmaculada Concepción, en el domingo de quincuagésima de cada año.

72 El Ciudadano, N° 5, 2 de septiembre de 1893.

73 El Ciudadano, N° 6, 6 de septiembre de 1893.

74 Sobre este aspecto, ver mi trabajo, “Alberto Wiemers Willecke y su sueño de una catedral para Limache (1917 – 1944)”, en Actas del Primer Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso, Ed. Universitarias de Valparaíso, 2006.

Después vino don Manuel Larraín Aldunate (1903-1906). El encargó a Europa el traje de gala y los ornamentos que se usaban en las antiguas festividades de la virgen. A don Guillermo Ruiz Santander (1907-1912) le tocó la dura tarea de reedificar gran parte del templo parroquial, destruido por el furioso terremoto de 1906. Monseñor Luis Alberto Rivera Andrade, párroco por espacio de 30 años a partir de 1923, dio un gran impulso al Santuario, para darle la solemnidad que el jubileo de las 40 Horas requería. Para ello, en 1935, trasladó los cultos eucarísticos para los días martes, miércoles y jueves dentro del novenario, además dio al Santuario el lema “A Jesús por María”75.

El sucesos que más complicó la situación del Santuario en el siglo XX, fue el incendio que en 1954 (al que hemos aludido en más de una oportunidad) consumió la hermosa Iglesia de madera reconstruida a principios del siglo XX, durante una amarga noche en la que gran parte de la población despertó y se congregó a contemplar el infausto acontecimiento en la plaza Independencia con lágrimas en los ojos. Correspondió a los párrocos Luis Millán, Jorge Vidal, René Pienovi y Claudio Ormazabal levantar el nuevo y actual templo. El último de ellos decía, en febrero de 1994

“todo ha costado mucho para que Limache tenga una nueva casa parroquial y Santuario de la Virgen, lo que constituye un motivo de especial satisfacción para todos los limachinos. Esto porque se trata de la tercera iglesia más antigua de la Diócesis de Valparaíso. La primera es San Martín de Tours de Quillota y la segunda, la Parroquia Matriz de Valparaíso”76.

75 Venegas, Fernando, La historia de la Virgen de las Cuarenta Horas, en una entrevista póstuma a Juan Crisóstomo Rodenas”, pp. 3–4.

76 El Mercurio de Valparaíso, 27 de febrero de 1994.

Ambas imágenes corresponden al templo de la Santa Cruz de Limache levantado por Juan Ramón del Canto y refaccionado tras el terremoto de 1906. La exterior la encontramos en el archivo familiar del connotado poeta y escritor chileno Víctor Domingo Silva. Como ya indicamos, esta Iglesia se consumió en un desgraciado incendio en 1954.

EL ECUMENISMO EN VALPARAÍSO

D R. J UAN D ANIEL E SCOBAR S ORIANO

Profesor Titular Instituto de Ciencias Religiosas

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Academia de Historia Religiosa de Valparaíso

I. E L E CUMENISMO Y LA I GLESIA C ATÓLICA ROMANA

El pasado 21 de noviembre del 2006 se cumplieron 42 años de la promulgación del Decreto sobre el Ecumenismo, Unitatis Redintegratio, del Concilio Vaticano II. Este Decreto, marcó un giro en el compromiso de la Iglesia al servicio de la unidad de los cristianos. Un gran ecumenista, el P. E. Lanne, monje de Chevetogne y durante años director de la Revista ecuménica Irenikon, comentando la importancia del Decreto, sostuvo que hasta antes de su promulgación el movimiento ecuménico había sido considerado sospechoso.

Desde entonces adquirió derecho de ciudadanía eclesial. Y todavía más: se convertiría en una obligación para toda la Iglesia, tanto para fieles como pastores. Desde luego no a todos les concernía por igual. Pero cada cual, según el lugar que ocupa dentro de la Iglesia, debía preocuparse por reconstruir la unidad de los cristianos. El ejercicio del ecumenismo ya no era labor reservada a los especialistas y a los obispos. Todos en la Iglesia debían cooperar1

Así, entonces, los diversos movimientos de renovación que se habían abierto camino, a menudo con muchas dificultades e incluso lágrimas en los diversos campos, dentro de la Iglesia, durante el primer medio siglo XX, desembocaban en el reconocimiento oficial de la dimensión ecuménica de la vida eclesial2

(*) Esta comunicación forma parte del Proyecto de Investigación finalizado en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso D.I. 284.758/2006: Principales Iglesias y confesiones cristianas no católicas en Valparaíso.

1 Cfr. Lanne, E. A veinte años del Decreto de Ecumenismo, en: Pastoral Ecuménica 5 (1985), p.163. Cfr. Escobar, J. El Decreto sobre el Ecumenismo del Concilio Vaticano II, a 40 años de su promulgación, en: Veritas 12 (2004), pp. 108-109.

2 Cfr. Escobar, J. El Decreto sobre el Ecumenismo del Concilio Vaticano II, a 40 años de su promulgación, en: Veritas 12 (2004), pp. 108-109.

A. Líneas fundamentales del decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II

El significado ecuménico del Decreto Conciliar debe contemplarse desde el horizonte más amplio del Concilio Vaticano II, el cual abre a la Iglesia Católica al movimiento ecuménico. El Decreto recoge los principios católicos del ecumenismo, es decir, la Iglesia Católica reconoce que no hay un ecumenismo católico al lado de otro ecumenismo protestante u ortodoxo, sino que hay un único movimiento ecuménico, al que las diferentes Iglesias se unen a partir de sus propias posiciones doctrinales. Pues bien, gracias al Concilio Vaticano II y especialmente a este Decreto, después de una larga espera, la Iglesia Católica se ha incorporado al movimiento con un gran ímpetu y una extraordinaria esperanza3.

La estructura del Decreto, es la siguiente: Un Proemio (n.1) y tres capítulos.

I. Principios católicos sobre el ecumenismo (n. 2-4).

II. La práctica del ecumenismo (n. 5-12).

III. Las Iglesias y las comunidades eclesiales separadas de la Sede Apostólica romana (n. 13-24), que, a su vez, consta de dos secciones:

a. Consideración peculiar de las Iglesias orientales (n. 14-18); y

b. Las Iglesias y comunidades eclesiales separadas en Occidente (n. 19-24).

Algunas afirmaciones que se desprenden del documento y que gozan de una especial relevancia para el progreso del ecumenismo y de sus realizaciones concretas, serían las siguientes:

1. La unidad y unicidad de la Iglesia brotan de la Eucaristía, signo y principio operativo de unidad, y de la presencia del Espíritu Santo (UR 2). Además, la concreción histórica de la Iglesia determina que existan otros elementos de unidad externos y jurídicos, como es el caso de la jerarquía apostólica. Así pues, la eclesiología de comunión subyacente define a la Iglesia como un todo orgánico hecho de lazo espiritual (fe, esperanza y caridad) y de lazos de estructura visible (profesión de fe, economía sacramental y ministerio pastoral) y que culmina en el ministerio eucarístico, fuente y expresión de la unidad de la Iglesia, mejor de la Iglesia una4.

2. Se reconoce que la Iglesia “Una, Santa”, está de algún modo presente en todas las demás Iglesias. Es decir, el decreto reconoce la presencia de acción salvífica en otras comunidades. Hay, por tanto, elementos y bienes de eclesialidad, que llevan a pensar que “Las Iglesias y comunidades separadas, aunque deficientes, no carecen de sentido y peso en el misterio de la salvación, pues

3 Cfr. Escobar, J., Ecumenismo, Presencia Magisterial y Práctica Eclesial. Ponencia Presentada en el Seminario de Ecumenismo organizado por la Comisión Nacional de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile (Valparaíso, 2003), p. 1.

4 Cfr. Ibíd., p. 2.

el Espíritu Santo no rehúsa usarlas como medio de salvación, cuya fuerza deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad confiada a la Iglesia Católica” (UR 3).

3. La eclesiología de comunión permite hablar de una graduación en la pertenencia a la Iglesia. Según el Concilio, en la Iglesia Católica se encuentra la plena comunión; en las comunidades separadas se da una cierta comunión, aunque no perfecta. En el texto latino, no aparece el término est (La Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica), sino que tenemos la expresión subsistit in (la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica) ya no excluye por completo a las demás comunidades de eclesialidad, lo que permite abrirse unas a otras en una fraternidad que impulsa hacia la unidad universal (UR 4)5.

4. En el orden práctico, el Decreto apuesta decididamente por el diálogo como actitud y como método, a través del cual es posible conocer mejor las demandas y posiciones del interlocutor, a la vez que permite expresar la propia fe en un lenguaje más accesible a los demás (UR 4).

5. Superando la tentación de uniformismo como meta de unidad, el decreto reconoce la riqueza y valores de las tradiciones litúrgicas y espirituales y de la disciplina canónica de las Iglesias de Oriente (UR 15-17), así como cuanto hay de legítimo en la herencia cristiana de las Iglesias y comunidades surgidas del movimiento de la reforma protestante (UR 20-23)6.

6. El decreto nos entrega una clara definición del movimiento ecuménico: «Se entiende a las actividades e iniciativas que, según las varias necesidades de la Iglesia y las características de la época se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos» (UR 4).

b. Noción de Ecumenismo

Profundizando más la definición de ecumenismo que nos presenta el Decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II7 y, teniendo en cuenta documentos posteriores8, podemos decir que el Movimiento ecuménico designa una inmensa acción emprendida en todas las comuniones cristianas, que por el diálogo, la cooperación, la integración, la unión de los individuos y de las instituciones, apunta a la aproximación y a la reconciliación de los cristianos, a la curación

5 Cfr. Ibíd., p. 2.

6 Cfr. Ibíd., p. 2.

7 Cfr. UR 4

8 Documentos posteriores importantes son: Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina (1983) y para las Iglesias orientales (1990). Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el Ecumenismo (1993). La Encíclica Ut Unum Sint, de Juan Pablo II. Primera Encíclica en la historia de la Iglesia dedicada al Ecumenismo. Cfr. Escobar, J. Nuevo Directorio para la Aplicación de los Principios y Normas sobre el Ecumenismo, en AAVV., Documentos Eclesiales I (Valparaíso, 1996), pp. 49-54; Sampedro, F. Algunas reflexiones en torno a la Encíclica Ut Unum Sint, en AAVV., Documentos Eclesiales I (Valparaíso, 1996), pp. 41-43.

de las tradiciones heridas, en una palabra, a la plenitud del Cuerpo místico de Cristo9.

El ecumenismo presenta las siguientes características:

1. Es una vocación, a la que todo cristiano está llamado desde el bautismo, sacramento en el que Dios infunde el deseo y el anhelo de la unidad, porque los bautizados en Cristo quedan revestidos de Cristo y hechos uno en Cristo.

2. Es una gracia, porque es el Espíritu quien ha movido a muchas personas, en todas partes, en la dirección ecuménica, y

3. Es un movimiento que, como todo movimiento, se demuestra andando, se realiza a través de un amplio abanico de acciones relacionadas con las tres áreas eclesiales fundamentales, que son: Formación, Acción y Celebración, bien confesional e inter-confesionalmente, bien hacia el interior de las Iglesias, bien solidariamente, en común, hacia la persona y hacia el mundo10.

En síntesis, el ecumenismo es un movimiento que tiende a unir a todos los cristianos en una sola Iglesia, tal como lo desea Cristo, su fundador. Es un movimiento de pensamiento y de acción. Tomando en cuenta todo lo anterior, es necesario que las Iglesias y Confesiones Cristianas, se esfuercen por realizar las siguientes acciones:

• Esfuerzos para eliminar palabras, juicios y acciones que no respondan a la condición de hermanos separados

• Reuniones de los cristianos de diversas Iglesias y Confesiones con diálogo de peritos para presentar las respectivas doctrinas

• Colaboraciones en acciones de bien común y oración

• Examinar la fidelidad a la voluntad de Cristo para poder renovarse y reformarse11.

II. ACTITUD ANTE EL E CUMENISMO DE LAS IGLESIAS Y CONFESIONES CRISTIANAS NO CATÓLICAS

EN VALPARAÍSO

La actitud ecuménica de las Iglesias y confesiones cristianas que encontramos en Valparaíso no es ni ha sido uniforme en una aceptación e incorporación al trabajo que pide el actual movimiento ecuménico. Analizando el tema por cada Iglesia y Confesión, tenemos: Anglicanos: siempre han estado abiertos al ecumenismo. Tanto a nivel nacional como en nuestra ciudad tienen muy buenas relaciones con la Iglesia católica y otras Iglesias. Participan

9 Cfr. González, M. Hacia la Pascua de la unidad. Manual de Ecumenismo (Córdoba-España), p. 45.

10 Cfr. Ibíd., p.105.

11 Cfr. Sampedro, F. Ecumenismo y Tercer Milenio (Bogotá, 2003), p.87.

activamente en actividades ecuménicas.

Luteranos: es una Iglesia ecuménica que está consciente que la división cristiana es algo grave. Su actual Pastor Presidente ha participado en ceremonias y conmemoraciones ecuménicas.

Presbiterianos: generalmente han estado unidos al movimiento ecuménico. Para ellos ha sido más fácil la relación con otras Iglesias afines, como los metodistas y congregacionalistas. Sin embargo, encontramos algunos grupos dentro de esta Iglesia que no son tan abiertos al ecumenismo.

Metodistas: su orientación histórica está en la línea de la unidad de los cristianos. En nuestro país, uno de los fundadores de la Fraternidad Ecuménica de Chile en 1973, fue el recordado Pastor Samuel Vallette, quien fue un incansable promotor del ecumenismo.

Bautistas: su postura ecuménica varía de unas congregaciones a otras. Hay pastores y miembros que tienen una actitud ecuménica. Otros creen perder su autonomía al participar en actividades o conferencias ecuménicas.

Pentecostales: en nuestro país el pentecostalismo presenta múltiples aspectos y es un fenómeno complejo. Esto hay que tenerlo presente para entender sus relaciones ecuménicas. Existen denominaciones pentecostales que son ecuménicas y otras no lo son. Los pentecostales más ecuménicos los encontramos más en Santiago de Chile, que en nuestra ciudad.

Adventistas: para ellos el ecumenismo no es una prioridad, ni siquiera pertenecen al Consejo Mundial de Iglesias. No tienen mucha relación con otras Iglesias Sin embargo, han acogido muy fraternalmente a seminaristas y alumnos católicos que han trabajado esa Confesión en la asignatura de Ecumenismo.

Ejército de Salvación: el Ejército de Salvación se distingue por tener actitudes ecuménicas y muy buenas relaciones con otras Iglesias y Confesiones cristianas. No admiten la polémica y con nuestra Iglesia tiene relaciones muy fraternas. Trabajan activamente por la unión de los cristianos12.

III. E CUMENISMO EN VALPARAÍSO

A. breve historia

En nuestra ciudad, al igual que en otras ciudades del país, después del Concilio Vaticano II el espíritu ecuménico se hace presente y comienzan a darse los primeros encuentros ecuménicos.

12 Cfr. Escobar, J. Protestantes y Evangélicos en Valparaíso: Análisis Ecuménico, en: Concha, M.; Salinas, C.; Vergara, F. (editores), Historia Religiosa de Valparaíso (Valparaíso, 2005), pp. 127-128.

Por esta época encontramos actividades principalmente espontáneas, con mucho sentimiento, pero no siempre con la suficiente preparación y también se cometieron muchos errores.

En una etapa más organizada, y siguiendo las orientaciones del Secretariado para la Unión de los Cristianos13, la Conferencia Episcopal de Chile formará el Departamento de Ecumenismo, el cual impulsará el ecumenismo en las diversas diócesis del país. Esto llevará a que el obispo de Valparaíso, Mons. Emilio Tagle Covarrubias designe Director de Ecumenismo al P. Luis Olivares Molina OFM14, quien inició reuniones con la Asociación Cristiana de Jóvenes de Valparaíso y contactos con pastores de otras Iglesias y Confesiones Cristianas. El año 1974 ingresa como docente al Instituto de Ciencias Religiosas de la actual Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, el P. Francisco Sampedro Nieto CM quien dictará por primera vez el curso de Ecumenismo en dicha Universidad. El P. Sampedro se había formado en Ecumenismo en el Centro de Estudios Orientales y Ecuménicos Juan XXIII de la Universidad Pontificia de Salamanca, en España, donde obtuvo un Diplomado en Ecumenismo.

Posteriormente, el P. Olivares es nombrado Director del Departamento de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile y lo reemplazará el P. Francisco Sampedro, incansable promotor del ecumenismo hasta su fallecimiento el año 2004. Durante el período del P. Sampedro, que va de 1975-1982 y 1985-1992, ya encontramos actividades más organizadas, como la creación de un grupo ecuménico en la Universidad Católica, mesas redondas sobre el tema y encuentros de oración. Paralelamente se vivió durante esa época un importante ecumenismo a nivel social, en que católicos y evangélicos trabajaron fraternalmente en pro de la justicia, los derechos humanos y por los más pobres. En esta tarea se destacó el Pbro. José Gutiérrez15 Posteriormente y al igual que su antecesor, el P. Sampedro será nombrado Director de la Comisión Nacional de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile16.

A fines de los noventa, no encontramos una estructura diocesana propiamente tal, por lo que

13 El Papa Juan XXIII en 1960 fundó el Secretariado para la Unión de los Cristianos con el fin de preocuparse de las relaciones entre la Iglesia Católica y las Iglesias Cristianas no católicas. Fue muy importante en el cambiar la actitud ecuménica en la Iglesia Católica.

14 El P. Olivares fue un gran ecumenista y académico. Se desempeñó como Director y miembro, hasta su fallecimiento, de la Comisión Nacional de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Chile. También fue Profesor y Director - Decano del Instituto de Ciencias Religiosas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Información gentilmente entregada por la Profesora Sra. Loreto Fernández, actual Secretaria de la Comisión Diocesana de Ecumenismo de la diócesis de Valparaíso.

15 Información gentilmente entregada por la Profesora Sra. Loreto Fernández, actual Secretaria de la Comisión Diocesana de Ecumenismo de la diócesis de Valparaíso.

16 En 1985, la Conferencia Episcopal de Chile se reestructura. El Departamento de Ecumenismo se convierte en la Comisión Nacional de Ecumenismo.

los grupos organizados y sus actividades pierden fuerza. Sin embargo, se siguió con la formación ecuménica en la Universidad Católica de Valparaíso a cargo del P. Sampedro y en el Pontificio Seminario Mayor San Rafael, se incorporará el autor de esta investigación, quien había obtenido el doctorado en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, después de haber estudiado con Mons. Adolfo González Montés, gran ecumenista español y hoy obispo de Almería.

A fines de 1999, el Departamento de Educación Católica del Obispado (DEC), propuso para su programación del año 2000, en el contexto del Jubileo, tener un encuentro de oración entre colegios cristianos pertenecientes a diferentes Iglesias y Confesiones cristianas y un foro destinado a educadores cristianos sobre “El desafío del ecumenismo en la educación”. Esta experiencia llevó a buscar acercamientos con las Iglesias y Confesiones cristianas no católicas de nuestra ciudad. Se tuvo el apoyo de las autoridades correspondientes y la ayuda de la Comisión Nacional de Ecumenismo.

El año 2001, se invitó a pastores y miembros de Iglesias hermanas a celebrar en conjunto la Semana de Oración por la Unión de los Cristianos, contando con la asistencia de representantes de las Iglesias: Anglicana, Presbiteriana, Metodista, Asamblea de Dios, Del Nazareno, Pentecostal y Católica. Durante ese año, se efectuaron 15 encuentros ecuménicos, algunos pequeños, sólo con pastores y otros más públicos. Estos fueron de oración, solidaridad, reflexión o un simple compartir.

El año 2002, el actual obispo de Valparaíso, quien ha dado un gran impulso al ecumenismo, nombró al Pbro. José Gutiérrez, Delegado Episcopal de Ecumenismo. Durante ese año, se desarrollaron 21 encuentros, muchos de ellos ya habituales, los cuales presentaremos más adelante. También es importante destacar, la creación del espacio semanal “Cristianos en línea” de la radio diocesana Stella Maris, que promueve el conocimiento de las Iglesias y Confesiones Cristianas no católicas, como así mismo se preocupa de fomentar una espiritualidad ecuménica.

A modo de conclusión, podemos afirmar que el ecumenismo comienza a florecer en nuestra ciudad con la consolidación de organizaciones dedicadas a esta tarea, que no es otra que el deseo de Cristo, quien quería que todos sus fieles estuvieran unidos.

b. Organizaciones Ecuménicas

b1. Comisión Diocesana de Ecumenismo

El 5 de septiembre del 2002, el Obispo católico de Valparaíso Mons. Gonzalo Duarte García de Cortazar SS.CC., con el Decreto Nº 67/2002, nombró Delegado Episcopal de Ecumenismo de la Diócesis de Valparaíso al Pbro. José Gutiérrez y le dio un plazo de 90 días para proponer al Obispo un proyecto de Departamento Diocesano de Ecumenismo. En el proyecto presentado al Sr. Obispo se destaca:

• El Directorio de Ecumenismo establece que el Obispo de una diócesis creará un consejo, comisión o secretariado encargado de llevar a la práctica las directrices u orientaciones que tenga que dar y, de modo más genérico, promover la actividad ecuménica en su diócesis17.

• La Iglesia chilena, fiel al Magisterio, y en comunión con la Iglesia universal, ha planteado en sus Orientaciones Pastorales 2001-2005 la necesidad de trabajar en ecumenismo18.

• En nuestra diócesis desde hace algún tiempo se están efectuando acercamientos con miembros de otras Iglesias y comunidades cristianas, logrando generar un clima de fraternidad y cooperación”19.

Los principales objetivos de esta Comisión, compuesta por presbíteros, religiosas y laicos, son:

• Tener contacto con la Comisión Nacional de Ecumenismo y diálogo Interreligioso (CONEDI), para estar en sintonía con las líneas Eclesiales nacionales sobre el tema20.

• Apoyar la labor de nuestro Obispo diocesano, animando y fortaleciendo El ecumenismo en todas las instancias pastorales de nuestra diócesis (Clero, parroquias, pastorales ambientales, etc.)21.

• Fortalecer los vínculos de conocimiento y colaboración con las otras Iglesias, comunidades e instituciones cristianas de la diócesis, potenciando los vínculos ya existentes22.

b2. Fraternidad Ecuménica de Valparaíso

Nace en el 2001 y sus miembros están a título personal. No tiene estatutos y funciona en base a acuerdos. Los miembros pertenecen a las siguientes Iglesias, Confesiones y Agrupaciones cristianas:

• Iglesia Luterana

17 Proyecto de Comisión Diocesana de Ecumenismo (Obispado de Valparaíso, 2002), p. 1

18 Ibíd., p. l

19 Ibíd., p. l

20 Ibíd., p.2

21 Ibíd., p.2

22 Ibíd., p.2

• Iglesia Anglicana

• Iglesia Presbiteriana

• Iglesia Bautista

• Iglesia Unión Cristiana

• Iglesia del Nazareno

• Ejército de Salvación

• Asociación Cristiana de Jóvenes

Se reúne mensualmente en la sede del Obispado católico y realiza actividades en conjunto con la Comisión Diocesana de Ecumenismo.

b3. Asociación Cristiana de Jóvenes

En el marco de la problemática del siglo XVIII nace la Asociación Cristiana de Jóvenes23. El inspirador es el líder juvenil George Williams quien el 6 de junio de 1844, junto a otros 11 jóvenes y amigos inquietos, la funda en la ciudad de Londres. Según sus seguidores: “Lo pudieron hacer, porque tuvieron las virtudes de la fortaleza espiritual, fe en el Señor, gran deseo de servicio y anhelo de hacer llegar sus ideas y experiencias espirituales a otros jóvenes”24.

Hoy es un gran Movimiento Cristiano Ecuménico Mundial25. A finales del siglo pasado, la Asociación Cristiana de Jóvenes se encontraba en 90 países, tenía 16.000 sedes y agrupaba a 25 millones de personas26. En nuestra ciudad, si bien es cierto que la ACJ lleva funcionando bastante tiempo, es reciente la valoración ecuménica de este grupo por parte de muchos católicos.

C. Formación Ecuménica

En el Instituto de Ciencias Religiosas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso se dicta el curso de Ecumenismo desde 1974 para alumnos que obtendrán el título de Profesores de Religión y Moral. En el Pontificio Seminario Mayor San Rafael, se explica desde 1989 a los futuros sacerdotes de la diócesis. También, desde hace varios años, el Departamento de Catequesis del Obispado de Valparaíso, incluyó en sus cursos de formación para catequistas la asignatura de Ecumenismo y Sectas que se entrega en el 7° Nivel. Todo esto ha ayudado a que las nuevas generaciones de sacerdotes, profesores de religión y catequistas valoren el ecumenismo y puedan establecer relaciones más fraternales con las Iglesias y confesiones cristianas no católicas que encontramos en Valparaíso.

23 Su sigla en inglés es Y.M.C.A. En español A.C.J.

24 Asociación Cristiana de Jóvenes de Santiago de Chile, Memoria 85 (Santiago de Chile 1985), p.2.

25 La sede de Santiago de Chile apoya y cobija a la Fraternidad Ecuménica de Chile desde 1973.

26 Cfr. Sampedro, F. Manual de Ecumenismo (Santiago, 1989), p.70.

D. Principales Actividades Ecuménicas

Semana de Oración por la Unión de los Cristianos. En nuestro país se realiza desde el domingo en que se celebra la Ascensión del Señor al Domingo de Pentecostés. En Valparaíso, cada año está tomando más fuerza.

Te Deum del 18 de Septiembre. Por iniciativa del Sr. Obispo D. Gonzalo Duarte García de Cortazar, desde el 2004 se celebra de forma ecuménica e interreligiosa.

Celebración del mes de la Biblia.

Navidad Ecuménica.

Actividades Ecuménicas en Colegios de la Ciudad.

Actividades Ecuménicas de carácter social.

Onces Fraternas: El Sr. Obispo católico invita a Pastores y miembros de Iglesias y Confesiones cristianas de la ciudad.

Reunión mensual de la Fraternidad Ecuménica de Valparaíso.

El Sr. Obispo católico es invitado a celebraciones de las Iglesias y Confesiones que pertenecen a la Fraternidad Ecuménica de Valparaíso.

Actividades Ecuménicas Académicas: organizadas por la Comisión Diocesana de Ecumenismo, el Pontificio Seminario Mayor San Rafael y el Instituto de Ciencias Religiosas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Ej. Celebración de los 40 años del Decreto Unitatis Redintegratio del Concilio Vaticano II; Celebración de los 5 años de la Declaración conjunta Católica

Luterana sobre la Doctrina de la Justificación.

Programa radial: “Cristianos en línea”, de Radio Stella Maris.

PRIMER TE DEUM ECUMÉNICO EN LA CATEDRAL DE VALPARAÍSO, 18 de septiembre de 2004.

Participantes: Padre Jorge Suez, Iglesia Ortodoxa; Pastor Philip Bentham, Iglesia Anglicana; Pastor Russ Smith, Iglesia Anglicana; Pastor Moisés Salinas [?]; Pbro. José Gutiérrez, Iglesia Católica; Pastor Antonio Vera, Iglesia El Nazareno; Pastor Waldo Pacheco, Iglesia Presbiteriana; Pastor Daniel riveros, Iglesia Asamblea de Dios Autónoma; Obispo Monseñor Gonzalo Duarte G., Iglesia Católica; Pastora Liliana Gardela, Iglesia Presbiteriana; Pastor Víctor Rey, Iglesia Bautista; Pastor Luis PÈrez, Iglesia Metodista; Pastor Manuel Vargas, Iglesia Presbiteriana; Pastor Daniel Lagos, Iglesia Asamblea de Dios; Pastor Rolando Holtz, Iglesia Luterana; Capitán Alejandro Sepúlveda, Ejército de Salvación; Pastor Gabriel Almazón, Iglesia Presbiteriana, entre otros.

SEGUNDO TE DEUM ECUMÉNICO EN LA CATEDRAL DE VALPARAÍSO, 18 de septiembre de 2005.

Participantes: Pastor Waldo Pacheco, Presbiteriano; Rabino Comunidad Israelita; Pastor Eduardo Reyes, Iglesia Anglicana; Pastor Manuel Vargas, Iglesia Presbiteriana; Pastor Víctor Rey, Iglesia Bautista; Pastor Antonio Vera, Iglesia El Nazareno; Padre Jorge Suez, Iglesia Ortodoxa; Obispo Monseñor Gonzalo Duarte G., Iglesia Católica, entre otros.

E. Personalidades:

Por la parte Católica: Mons. Augusto Salinas SS.CC.; P. Luis Olivares OFM; P. Francisco Sampedro CM; S.E.R. Mons. Jorge Cardenal Medina; Pbro. José Gutiérrez; Pbro. José María Zorrilla; Sra. Loreto Fernández; Sr. Pablo Vlostelica; Sra. Georgina Formas; Sra. Loreto Fuentes; Hna. Nancy Arévalo.

Por la parte Evangélica: Rvdo. Héctor Zavala (actual Obispo Anglicano de Chile); Pastor Presidente Luterano, Rvdo. Rolando Holtz; Pastor Oscar Salazar (Metodista); Pastor Gabriel Almazán (Presbiteriano); Pastora Liliana Gardella (Presbiteriana); Rvdo. Terrick Barratt (Anglicano); Sr. Waldo Pacheco (Presbiteriano); Capitán Alejandro Saavedra (Ejército de Salvación).

F. Luces del Ecumenismo Porteño

Los principales promotores del Ecumenismo a nivel nacional han sido hijos nacidos o adoptivos de Valparaíso.

El apoyo progresivo y sostenido del actual Obispo católico ha sido fundamental en el avance del Ecumenismo en nuestra ciudad.

Los vínculos fraternos con los Hermanos separados que ha forjado el Director del Departamento Diocesano de Ecumenismo, Pbro. José Gutiérrez.

El Ecumenismo social con participación de jóvenes.

La mayor cordialidad entre la Iglesia católica porteña y las otras Iglesias y confesiones cristianas que encontramos en la ciudad.

La mayor preparación teológica y ecuménica en muchos líderes de Iglesias no católicas.

La mayor valoración ecuménica en Presbíteros católicos jóvenes.

G. Sombras del Ecumenismo Porteño

Poder superar definitivamente el pasado de polémica y poca fraternidad.

Hacer que el ecumenismo sea una realidad en el pueblo fiel y no se quede solo a nivel de Obispos, Presbíteros, Teólogos y Pastores de las distintas Iglesias cristianas.

Superar los prejuicios y miedos tanto de sectores católicos como evangélicos.

Preparar a un número mayor de especialistas en ecumenismo.

Hacer diálogos teológicos bilaterales que permitan acuerdos específicos.

Superar el actual desconocimiento que existe de los acuerdos oficiales entre la Iglesia católica y otras Iglesias y Confesiones cristianas.

IV. CONCLUSIONES

En los últimos años es mucho lo que se ha avanzado en materia ecuménica en nuestra ciudad. Sin embargo, todavía hay mucho que recorrer para acortar la distancia que nos lleva el ecume-

nismo en otros países. Finalmente, no debemos olvidar que el camino ecuménico es ciertamente laborioso, quizás largo, pero nos anima la esperanza de estar guiados por la presencia de Cristo resucitado y por la fuerza inagotable de su Espíritu, capaz de sorpresas siempre nuevas27.

27

Cfr. Juan Pablo II, Novo millenio ineunte, 12.

Primer templo de la Iglesia Pentecostal ubicado en calle Retamo esquina Colón. Dicho lugar fue adquirido en la década de 1920 y fue sede de la predicación del Rev. W. Hoover.

I NTRODUCCIÓN

VALPARAÍSO, CUNA DEL AVIVAMIENTO PENTECOSTAL CHILENO

J UAN S EPÚLVEDA G.

Director de Desarrollo y Planificación

Institucional del SEPADE

Prof. de la Comunidad Teológica

Evangélica de Chile

Pastor de la Misión “Iglesia Pentecostal”

El papel de Valparaíso como cuna del avivamiento1 pentecostal chileno ha sido suficientemente documentado. Sin embargo, en lo que se refiere a la apreciación de la significación histórico-religiosa de los acontecimientos que sacudieron al naciente metodismo porteño durante la primera década del siglo XX, la importancia de Valparaíso ha sido eclipsada tanto en la literatura académica sobre el pentecostalismo, como en la propia tradición pentecostal chilena.

En los estudios sobre el pentecostalismo mundial, continúa predominando lo que David Martin, sociólogo inglés, resume con la siguiente afirmación: “Lo que la calle Aldersgate, en Londres, fue para el metodismo, fue la calle Azusa, en Los Angeles, para el pentecostalismo”2. Esta comparación da cuenta muy bien del predominio de aquella interpretación histórica que otorga al avivamiento de 1906 en calle Azusa, Los Angeles, Estados Unidos, el privilegio de ser la cuna común del movimiento pentecostal global. Según esta versión, todas las expresiones del pentecostalismo actual tendrían sus raíces, ya sea directa o indirectamente, en el avivamiento de Los Angeles, lo que tiende a obscurecer el papel que le correspondió a otra ciudad del Pacífico, Valparaíso, como escenario de un ‘avivamiento’ independiente que dio origen a una vertiente particular del pentecostalismo mundial, el pentecostalismo chileno.

Con la proximidad del centenario del pentecostalismo local, el liderazgo de las principales denominaciones pentecostales chilenas, influenciado por la ‘versión oficial’ sostenida por la

1 Traducción del inglés revival, ‘avivamiento’ es el término técnico para referirse a los movimientos de renovación espiritual que caracterizaron el desarrollo del cristianismo evangélico en Gran Bretaña y Norteamérica, y más tarde del pentecostalismo.

2 Martin, David, Tongues of Fire: The Explosion of Protestantism in Latin America, Oxford: Basil Blackwell, 1990, p.29.

Iglesia Metodista Pentecostal, ha logrado posicionar el 12 de septiembre de 1909 como la fecha de nacimiento del pentecostalismo chileno3. Dado que esa fecha hace referencia a incidentes ocurridos en Santiago, es esta ciudad la que termina asumiendo el protagonismo, desplazando a Valparaíso del epicentro de los hechos.

Sobre este trasfondo, el propósito de este trabajo es reivindicar el protagonismo que la ciudad de Valparaíso tuvo como cuna del pentecostalismo chileno, un movimiento que -en el contexto más amplio del pentecostalismo mundial- puede reclamar legítimamente cierta especificidad o particularidad. De paso, se plantea la necesidad de reabrir la discusión acerca de la fecha más adecuada para conmemorar el centenario del pentecostalismo chileno.

P ROTAGONISMO DE VALPARAÍSO EN EL AVIVAMIENTO PENTECOSTAL CHILENO

Por su condición de puerto principal, y de lugar de residencia de una creciente colonia de extranjeros venidos del norte de Europa y de Norteamérica, Valparaíso se convirtió en la principal puerta de ingreso del protestantismo a nuestro país, luego que la independencia respecto de España creara un nuevo espacio para el reconocimiento de la libertad de pensamiento, aunque no todavía para la libertad religiosa. Fue en Valparaíso, precisamente en respuesta a la petición de un grupo de extranjeros residentes, donde el gobierno de O’Higgins realizó, en 1819, el primer gesto de apertura a la integración de los protestantes a la vida nacional: la autorización de la instalación de un cementerio para disidentes. Todavía durante el gobierno de O’Higgins, Valparaíso fue una de las ciudades donde Diego Thomson, educador y misionero bautista escocés, organizó -por encargo del propio Director Supremo- una escuela lancasteriana y difundió la Biblia en español4

También en Valparaíso tuvo lugar, alrededor de 1825, el inicio de la celebración privada de cultos anglicanos, y luego la llegada regular de capellanes consulares de cuyo trabajo surgió la primera congregación anglicana de la ciudad5. Luego de vencer variadas resistencias y obstáculos, esta comunidad completó en 1858 la construcción de su templo, la Iglesia San Pablo, declarada Monumento Nacional en 19796

3 Tras convocatoria de un comité denominado “Chile para Cristo”, encabezado por dirigentes de la Iglesia Metodista Pentecostal, el 12 de Septiembre de 2004 se efectuaron a lo largo de todo Chile reuniones masivas de conmemoración del 95° aniversario del pentecostalismo chileno. La reseña histórica leída en esos encuentros se concentró fundamentalmente en los hechos del 12 de Septiembre de 1909 en Santiago. Ver nota de prensa en página web de SEPADE, “Pentecostalismo chileno celebra sus 95 años” , en http://www.sepade.cl/contenido.php?id=89

4 Cfr. Sepúlveda, Juan, De peregrinos a ciudadanos: Breve historia del cristianismo evangélico en Chile. Santiago: Fundación Konrad Adenauer–Facultad Evangélica de Teología, 1999, pp. 25 ss. y 39 ss.; Graham, María, Diario de mi residencia en Chile en 1822. Santiago: Editorial del Pacífico, 1953, pp. 49 y 62.

5 Cfr. Bazley, Bárbara, Somos anglicanos. Santiago: Imprenta Editorial Interamericana, 1995, pp.177-217.

6 Cfr. Covarrubias, Manuel, Iglesia Anglicana de San Pablo, en: El Mercurio, Edición Internacional, 14-20 de abril, 1994, p.8.

En 1844, un grupo de extranjeros residentes en Valparaíso envió a la Sociedad Evangélica Extranjera de Nueva York, y a la Sociedad de Amigos de los Marineros, la solicitud del envío de “un ministro para predicar en inglés, y también para traer el Evangelio a los chilenos”7. En respuesta a este pedido, en la Navidad de 1845 desembarcó en el puerto quien llegaría a ser reconocido como el más influyente pionero de la presencia evangélica en Chile, el pastor congregacionalista David Trumbull.

A partir de su inmediato trabajo pastoral con los extranjeros se organizó, en 1847, la Union Church, cuyo templo –considerado el primer templo protestante construido en la costa del Pacífico– fue inaugurado en 1856. De su predicación entre los chilenos, iniciada recién después de haber logrado en 1865 la “Ley Interpretativa” del artículo V de la Constitución de 1833, nació la obra presbiteriana en Chile. A Trumbull se le atribuye además un papel protagónico en el logro de las llamadas ‘leyes laicas’ de 1883-18848.

Valparaíso fue también el primer punto de contacto con Chile para William Taylor, cuando en 1849 navegaba como misionero metodista desde Baltimore a California, vía el Cabo de Hornos. Durante su breve escala, Taylor fue huésped de Trumbull, y predicó en la Union Church. Años más tarde, su vasta carrera misionera internacional lo llevó a una fructífera estadía en el Sur de India, que lo transformó en un crítico de los métodos misioneros predominantes. La memoria de su paso por Valparaíso inspiró a Taylor para escoger la costa oeste de América del Sur como un campo apropiado para desarrollar su experimento de ‘misiones de sostén propio’. La metodología misionera promovida por Taylor es un antecedente fundamental para comprender el desarrollo posterior del pentecostalismo en Chile. Más que una propuesta de innovación, Taylor entendía su modelo como una restauración de los métodos misioneros de la época apostólica, y en particular, del Apóstol Pablo. Según Taylor,

“Pablo colocó la entera responsabilidad del trabajo de la iglesia y el gobierno eclesiástico sobre sus convertidos nativos, bajo la inmediata supervisión del Espíritu Santo, tan pronto como él y sus experimentados y confiados compañeros misioneros pudieron dejarlos bien organizados, evitando cualquier interferencia foránea. Sus obispos administradores generales fueron nativos de los países extranjeros en los cuales él había plantado iglesias: hombres tales como Timoteo y Tito”9.

Entre octubre de 1877 y marzo de 1878, Taylor realizó un viaje exploratorio entre Callao, en Perú, y Concepción, en Chile. En cada una de sus escalas quedó formado un comité local inte-

7 Smith, Florence, Some Significant Aspects of the History of the Chile Mission, en: Reginald Wheeler, W. (ed.) Modern Missions in Chile and Brazil. Philadelphia: The Westminster Press, 1926, pp.112-151, aquí p.121.

8 Cfr. Paul, Irven, Un reformador yanqui en Chile: Vida y obra de David Trumbull. Santiago: Iglesia Presbiteriana de Chile, 1995, passim

9 Taylor, William, Ten Years of Self-supporting Missions in India. New York: Phillips & Hunt, 1882, p. 66.

grado por extranjeros residentes, con la tarea de recolectar fondos para el traslado de un misionero que el propio Taylor reclutaría en los Estados Unidos. Los misioneros enviados iniciarían su trabajo como educadores en pequeñas escuelas, orientadas primariamente a los hijos de los extranjeros, las que le proveerían su sustento. Pero tendrían como tarea complementaria la celebración de servicios religiosos evangélicos, inicialmente en inglés, y más tarde en castellano.

En la mayoría de los casos, los comités locales no cumplieron su compromiso. Este incumplimiento se atribuye al temor de que la oposición católica local al proyecto podría tener un impacto negativo para los negocios de los extranjeros residentes. Taylor, en cambio, sí cumplió su parte en el acuerdo, y a los pocos meses envió a Chile el primer grupo de misioneros. Para financiar el viaje Taylor debió recolectar rápidamente fondos en los Estados Unidos, con lo que alcanzó solamente para pasajes en cubierta.

Uno de los integrantes de ese primer grupo, el Rev. Ira LaFetra, llegó a Valparaíso el 30 de julio de 187810. Como allí ya se había iniciado el trabajo misionero, y la ciudad contaba con dos templos protestantes, Taylor, probablemente en acuerdo con Trumbull, había resuelto que el misionero enviado se concentraría en el servicio de capellanía a los marineros extranjeros, trabajo que los metodistas denominaban Bethel work. Este servicio consideraba la celebración de cultos en los barcos extranjeros atracados en el puerto, y la visita pastoral a los marineros en sus lugares de residencia temporal, o en el hospital, cuando fuera el caso. La presencia metodista en Valparaíso se mantuvo en este ámbito por más de una década, y al menos dos misioneros sucedieron a Ira LaFetra en esa labor, cuando éste se trasladó a Santiago en 1879, donde llegaría a destacarse por la fundación del Santiago College, y por su liderazgo sobre el conjunto de la Misión Metodista en Chile.

La formación de la congregación local, donde más tarde tendría lugar el avivamiento pentecostal, comenzó con la llegada a Valparaíso, en Abril de 1895, de José Torregrosa11. Convertido al protestantismo en España, José Torregrosa emigró a Argentina junto a su familia, escapando de la intolerancia religiosa en su país de origen. En la Iglesia Metodista Episcopal de La Plata llegó a ser predicador laico, desde donde volvió a emigrar, esta vez con la comisión de trabajar como ‘colportor’12 de la Sociedad Bíblica de Valparaíso. Una vez en Chile, Torregrosa se puso a

10 Para los antecedentes acerca de los inicios de la Iglesia Metodista de Valparaíso hemos seguido a Snow, Florrie, Historiografía de la Iglesia Metodista de Chile: 1878-1918. Concepción: Ediciones Metodistas, 1999. Tomo I, pp. 21 y 252ss.

11 Valenzuela, Raimundo, Breve historia de la Iglesia Metodista de Chile: 1878-1968. Santiago: Ediciones Metodistas, 2000, p.36, hace referencia a un intento anterior de organizar una iglesia local en Valparaíso, entre 1890 y 1894, a cargo de Alberto Vidaurre, mencionado como el primer chileno en servir como pastor de la naciente Iglesia Metodista de Chile. Sin embargo, las fuentes recopiladas por Florrie Snow establecen con claridad que Vidaurre pertenecía, en ese entonces, a la naciente Iglesia Presbiteriana, y es en el nombre de esa iglesia que efectuó dicha labor inconclusa (Op.cit. p.252).

12 El término ‘colportor’ es un galicismo referido a la labor de un vendedor ambulante, que en inglés se aplicó espe-

disposición de Ira LaFetra, quien le encomendó la tarea de iniciar la formación de una congregación metodista en Valparaíso.

La dinámica y efectiva labor misionera de Torregrosa permitió que ya el 8 de diciembre de 1895 se organizara la Iglesia Metodista Episcopal de Valparaíso, en un local ubicado en calle Maipú (actual Av. Pedro Montt) Nº 365, sector El Almendral. Torregrosa fue designado pastor de la joven congregación, responsabilidad que ejerció hasta fines de 1897, cuando fue trasladado a Santiago para encargarse de la formación de una congregación metodista en la capital. Entonces fue reemplazado por el misionero estadounidense Edward Wilson, quien ejerció su ministerio en Valparaíso hasta fines de 1901. Ambos pastores demostraron una gran capacidad para la evangelización y la consolidación de la congregación local, de manera que la naciente Iglesia Metodista de Valparaíso se transformó rápidamente en una de las de mayor crecimiento en Chile13.

Puede afirmarse que la historia del acontecimiento conocido como el ‘avivamiento pentecostal chileno’, comienza con la llegada a la Iglesia Metodista Episcopal de Valparaíso de su nuevo pastor, el Rev. Willis Collins Hoover. El movimiento que comienza a desarrollarse en dicha iglesia desde ese momento, está ampliamente documentado en el testimonio de primera mano dejado por el propio Hoover, publicado por capítulos en Chile Pentecostal, entre los años 1926 y 193014, y más tarde como libro: Historia del avivaviento pentecostal en Chile. Tratándose de una obra de carácter básicamente testimonial -aunque con abundantes citas de cartas, actas y otros documentos contemporáneos a los hechos- podría afirmarse que no cumple con los requerimientos mínimos de un trabajo académico15. Sin embargo, el relato de Hoover calza perfectamente –aunque con diferencias de interpretación- con la reconstrucción de los hechos efectuada por Jean Kessler, sobre la base de su investigación de archivos de la época16, y con la recopilación más reciente de fuentes primarias efectuada por Florrie Snow17.

Al hablar de los efectos del terremoto de 1906, Hoover menciona la destrucción del “local donde por muchos años la iglesia se había reunido, en la calle Chacabuco, esquina con Doce cíficamente al vendedor ambulante de Biblias y literatura cristiana.

13 Valenzuela, Raimundo, Breve historia […], p.40.

14 Cfr. Orellana, Luis, El fuego y la nieve. Historia del movimiento pentecostal en Chile: 1909-1932. Concepción: CEEP Ediciones, 2006, p.136.

15 De entre las distintas ediciones publicadas, hemos utilizado: Hoover, Willis C., Historia del avivamiento pentecostal en Chile. Valparaíso: Imprenta Excelsior, 1948. Hoover cita cartas y notas de su propia autoría y de otras personas. Salvo excepciones, no menciona los autores de tales cartas, por lo que no siempre es posible distinguir acaso se está citando a sí mismo o a otra persona. A pesar que el español fue su segundo idioma, la redacción del texto no fue revisada por los editores, seguramente por respeto a su autoridad eclesiástica.

16 Kessler, J.B.A., A Study of the Older Protestant Missions and Churches in Peru and Chile. Goes: Oosterbaan & Le Contre N.V., 1967, pp. 108-133.

17 Snow, Florrie, Historiografía […], Tomo I, pp. 252-285.

de Febrero”18. Dado que en su relato no menciona el traslado desde el local de calle Maipú Nº 365 -donde la iglesia se organizó originalmente- a esta nueva dirección, podemos suponer que cuando Hoover llegó a Valparaíso, la Iglesia Metodista Episcopal ya estaba funcionando en calle Chacabuco, y éste sería el lugar donde ocurrió la primera fase del avivamiento. Sin embargo, esto no se ha podido establecer fehacientemente, por la ausencia de referencias a este traslado en las fuentes disponibles.

Nacido el 20 de julio de 1858 in Freeport, Illinois, Hoover estudió Medicina en Chicago. Sin embargo, habiendo despertado a la vocación misionera, en 1889 abandonó su carrera para ofrecerse como voluntario a la misión de William Taylor. Ese mismo año fue enviado como profesor al Iquique College, establecimiento que dirigió hasta 1893, año en que decidió dedicarse por entero a la predicación del Evangelio en español. En poco tiempo logró organizar dos congregaciones en Iquique y Huara, y al año siguiente fue nombrado pastor de la Iglesia Metodista de esa ciudad19. Desde Iquique fue trasladado a Valparaíso a comienzos de 190220, en reemplazo de Edward Wilson.

Al preguntarse acerca de la fecha o el evento que podría reconocerse como el comienzo del movimiento que condujo al avivamiento pentecostal chileno, Hoover considera algunos hechos autobiográficos previos a su llegada a Valparaíso, entre otros, una experiencia que le conmovió mucho mientras hacía uso de su año sabático en 1895: su visita a una “iglesia en Chicago que vivía en constante avivamiento”21.

Sin embargo, opta por iniciar su relato en el momento en que se hizo cargo de la Iglesia de Valparaíso. Esta opción parece ser la más adecuada, puesto que su propio relato muestra que la congregación que lo recibió en Valparaíso -y particularmente algunos de sus miembros cuyos nombres no siempre son mencionados– tuvo un alto nivel de protagonismo en el movimiento. Tal protagonismo parece haber sido tan evidente, que muchos años más tarde, la versión de los hechos en un informe –evidentemente crítico- presentado por los pastores Ezra Bauman y Philip Walter ante una Conferencia Evangélica Regional realizada en Santiago en 1916, señalaba que “el pastor de una de las iglesias más grandes, un misionero, lamentablemente se dejó llevar por un desequilibrio en lo religioso y ser sobrepasado por fanáticos ignorantes y a veces maliciosos”22.

18 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], p.13.

19 Kessler, J.B.A., A study […], p.108.

20 Las fuentes citadas por Florrie Snow fechan la llegada de Hoover a Valparaíso el 28 de marzo de 1902, Cfr. Snow, Florrie, Historiografía […] p.252. El propio Hoover menciona febrero de 1902 como fecha de inicio de su conexión con la Iglesia Metodista de Valparaíso (Historia del avivamiento […], p.10). Seguramente, esta última fecha corresponde a su nombramiento, mientras que la primera a su llegada a la ciudad.

21 Ibíd., p.9.

22 Committee on Cooperation on Latin America, Regional Conferences in Latin America. New York: The Missionary Education Movement, 1917, pp. 99-110 y p.101.

Hay, por lo tanto, antecedentes suficientes para afirmar que los hechos se desencadenaron a partir del encuentro entre la congregación metodista de Valparaíso, que vivía entonces una intensa búsqueda espiritual, y un pastor más que dispuesto a acompañarla y guiarla en dicha búsqueda. Esta búsqueda de la congregación se expresó pronto en los estudios bíblicos preparatorios para la Escuela Dominical:

“En el año 1902 se estudiaba los Hechos de los Apóstoles. En un estudio de profesores en el principio del año, un hermano dirigió al pastor una pregunta: ¿Qué impide que nosotros seamos una iglesia como esta iglesia primitiva? El pastor le respondió: No hay impedimento ninguno sino el que esté en nosotros mismos. Así que todo el año en la Escuela Dominical esto era nuestro blanco; y todo acto, toda persona, toda manifestación de Dios en las lecciones se nos presentó como estímulo en esta dirección”23.

El co-protagonismo del propio Hoover en el proceso se expresa en el siguiente texto que da cuenta de su diagnóstico de la situación espiritual de la congregación de Valparaíso, y de su programa de acompañamiento pastoral. Al mismo tiempo, el texto muestra que la convergencia entre la búsqueda de la congregación y la guía de su pastor, condujo ya ese mismo año a un primer avivamiento:

“En los testimonios tan prestos, y aún animados, se notaba en muchos una vaguedad que dio origen a una serie de sermones tendentes [sic] a aclarar el testimonio del Espíritu a la salvación. En seguida, una enseñanza clara y directa sobre la santidad. La semilla cayó en tierra bien preparada y hubo un avivamiento notable durante el año. [...] Se hace mención de estos incidentes para mostrar que el Avivamiento de 1909 tuvo sus antecedentes en el de 1902, y que así la iglesia fue en una manera preparada para esperar manifestaciones cuando Dios obraba. Hubo varios casos de conversión y santificación tan notables que faltaban poco para igualar a los de 1909. La iglesia creció y la organización fue ampliada hasta tener reuniones por casi toda la ciudad. Los guías de clases eran abnegados y muy empeñosos en visitar y atender a su clase. Varios de ellos que disponían de su tiempo en su trabajo, destinaban medio día en la semana para visitar a su clase y eran constantes en informar al pastor del estado de sus miembros. La ganancia de este año de 1902 fue de cerca de cien personas” 24 .

La interpretación de esta primera experiencia se hace enteramente dentro de la tradición wesleyana, con énfasis en el testimonio (certidumbre) de la salvación que se recibe del Espíritu Santo, y en la santificación como una obra de la gracia posterior a la justificación. No aparece todavía un lenguaje específicamente pentecostal. El impacto del avivamiento en la organización

23 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], p.10 (destacado en cursivas en el original).

24 Ídem, Pp.11 y ss.

de la iglesia local, con sus varias ‘clases’ a cargo de guías laicos, se inscribe también claramente dentro de la tradición wesleyana, pero a la vez va a modelar la posterior metodología de crecimiento del pentecostalismo chileno.

Es evidente que este primer avivamiento marcó desde el comienzo la vida espiritual y la práctica misionera de la Iglesia Metodista de Valparaíso. Pero los años inmediatamente siguientes se caracterizaron por la permanencia de este estado de búsqueda espiritual, en un contexto marcado por desafíos internos y externos. Desde el punto de vista interno, la congregación se puso el desafío de la construcción de su templo central, para lo cual adquirió, en febrero de 1903, la propiedad de Calle del Olivar (actual Simón Bolívar) Nº 12425, mientras que el año 1904, el pastor y su familia tuvieron un período sabático para visitar su tierra, quedando como Encargado de Obra el hermano Carlos Leighton, ayudante de Hoover. Desde el punto de vista externo, el año 1905 estuvo marcado por los estragos de la viruela, y el año 1906, por el famoso terremoto del 16 de agosto.

El terremoto y los incendios que le siguieron causaron la destrucción de las edificaciones de las calles Chacabuco y Olivar, por lo que la congregación debió dispersarse en las sedes de las ‘clases’, dando mayor protagonismo a los laicos ‘guías de clase’. Una vez despejado el terreno de Olivar, se instaló una gran carpa enviada por la Sociedad Misionera de la Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos, y se construyó –al fondo del terreno- la casa pastoral. Esto permitió que toda la congregación pudiera volver a reunirse, aunque en condiciones inadecuadas: mucho frío en el invierno y mucho calor en el verano.

Mientras esto ocurría en Valparaíso, en la ciudad de Los Angeles, Estados Unidos, el famoso avivamiento de calle Azusa ya se encontraba en pleno desarrollo. El movimiento allí había comenzado con la llegada, el 22 de febrero de 1906, del predicador negro William Seymour. Su predicación se caracterizaba por la enseñanza de que ‘hablar en lenguas’, cuyo modelo se encuentra en la experiencia de Pentecostés (Hechos 2), es la evidencia física del Bautismo en el Espíritu Santo establecida por la Biblia. Esta doctrina había sido popularizada apenas iniciado el siglo XX por Charles Parham.

Ya en abril de ese año, la predicación de Seymour había generado tal impacto que se hizo necesario arrendar un viejo templo en mal estado, ubicado en la Calle Azusa Nº 312. Este lugar se transformaría rápidamente en la sede de un avivamiento permanente que atrajo a multitudes de personas de diversas razas, al punto que llegaría a ser considerado la cuna del “movimiento pentecostal global”26. En las primeras fases de este avivamiento, se mantuvo la creencia de que las lenguas extrañas que las personas hablaban como evidencia de su bautismo en el Espíritu

25 Ibíd. p. 12 (mencionada en otros lugares como Calle Olivar, y también Olivares).

26 Cfr. Robeck, Cecil M., The Azusa Street Mission & Revival: The Birth of the Global Pentecostal Movement. Nashville, Tennessee, Thomas Nelson Inc, 2006, passim.

Santo, eran lenguas extranjeras vivas. Se trataba, pues de un equipamiento espiritual para la rápida evangelización de todo el mundo.

Es interesante notar que el impacto del terremoto que destruyó la ciudad de San Francisco el 18 de abril de 1906, contribuyó a las condiciones que favorecieron a la difusión del avivamiento de Los Angeles, donde solamente se sintieron algunas réplicas. Miles de ‘tratados’ fueron distribuidos, y muchos sermones predicados, interpretando la catástrofe como una advertencia divina, y la salvación de Los Angeles como una consecuencia del avivamiento que allí se vivía.

El mismo día del terremoto, The Los Angeles Daily Times había publicado el primer artículo reporteando, desde una perspectiva muy negativa, las reuniones de calle Azusa27, lo que parecía confirmar la relación entre ambos acontecimientos. Llama poderosamente la atención que el relato de Hoover no registra indicio alguno de interpretaciones similares del terremoto de Valparaíso, que en este caso los afectó directamente. Posiblemente haya aquí otro indicio interesante sobre las diferencias entre ambos movimientos.

Al año siguiente se produce el primer contacto de Hoover con la emergente teología y experiencia pentecostal, lo que dio un nuevo impulso a la ya intensa búsqueda espiritual de la Iglesia Metodista de Valparaíso:

“En el año 1907 llegó a manos del pastor un folleto que daba la historia de una obra maravillosa del Espíritu Santo, acompañada por fuego, que tuvo lugar en la India en los asilos para niñas viudas de la Pandita Ramabai, en donde tenían asiladas varios centenares de esas niñas. El folleto fue escrito por la Miss Minnie Abrams, una colaboradora con la Pandita, que había sido condiscípula con la Mrs. Hoover en Chicago allí por el año 1887.

La circunstancia de conocer a la autora que era la que nos lo había mandado, nos hizo examinar la historia con más atención. La maravilla para nosotros era que el folleto hablaba de un bautismo claro y definitivo con Espíritu Santo y fuego, como cosa adicional a la justificación y la santificación, cosas que hasta entonces creíamos que comprendían el total de la experiencia cristiana”28.

Entre quienes sostienen la hipótesis del origen común del pentecostalismo global en los eventos de calle Azusa, precisamente este contacto con India es interpretado como una relación indirecta entre los avivamientos de Valparaíso y Los Angeles. Cecil Robeck –quien reconoce cierta autonomía del avivamiento chileno- lo explica de la siguiente manera:

27 Ibíd., pp.76 y ss.

28 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], p.14.

“En Chile, el Reverendo Willis C. Hoover fue tocado por los informes que recibió acerca de calle Azusa a través de correspondencia con Minnie Abrams, quien había recibido su Pentecostés en la calle Azusa. Las iglesias [pentecostales] establecidas más tarde en América Latina –vía inmigración o trabajo misionero– claramente recibieron influencia directa de calle Azusa, mientras las tempranas iglesias autóctonas, tales como la obra de Hoover en Chile, fueron más indirectamente tocadas, y mucho menos influenciadas por fuerzas externas en años posteriores”29.

Pero en realidad, este contacto indio es más bien un argumento a favor de la independencia entre los avivamiento de Valparaíso y Los Angeles. El avivamiento al que se refiere el folleto de Minnie Abrams tuvo lugar en la Misión Mukti, en Kedgaon, India, a mediados de 1905. Se trata, por lo tanto, de un avivamiento completamente independiente de Azusa. Su origen se remonta a la participación de Pandita Ramabai en la Convención de Keswick, Inglaterra, en 1898, donde pidió, ante un público de 4.000 cristianos, la oración “por un derramamiento del Espíritu Santo sobre todos los cristianos de India”30.

Apenas retornó a India, Ramabai inició la búsqueda del avivamiento, formando grupos de oración entre las niñas de sus hogares, y mantuvo contactos con movimientos similares en distintos lugares del imperio británico (Australia y Gales), hasta que finalmente se produjo el avivamiento en 1905, esparciéndose desde Kedgaon a otros lugares de India.

La experiencia de ‘hablar en lenguas’ fue un aspecto importante de las manifestaciones espirituales de este avivamiento, pero no fue considerada como la evidencia del Bautismo en el Espíritu Santo. Minnie Abrams (1859-1912), misionera metodista que desde 1897 colaboraba en la Misión Mukti, escribió la narración que recibieron los Hoover. Recién entre los años 1908 y 1910 estuvo nuevamente en los Estados Unidos. En 1910 Minnie Abrams visitó en Los Angeles la Misión del Aposento Alto, dirigida por Elmer Fisher, una de las iglesias de la rama blanca del pentecostalismo, cuando conflictos entre Parham y Seymour ya habían separado a los pentecostalismos blanco y negro31.

En febrero de 1908, Hoover y su congregación deciden desarmar la carpa e iniciar la construcción de su anhelado templo con recursos y materiales aportados por los propios miembros, lo que concentrará gran parte de sus esfuerzos durante ese año. Esto implicó que la congregación nuevamente tuvo que dispersarse en los distintos locales donde se reunían las ‘clases’, pero

29 Pentecostal origins from a Global Perspective, en: Hunter, H.; Hocken, P. (editores), All Together in One Place: Theological Papers from the Brighton Conference on World Evangelization. Sheffield: Sheffield Academic Press, 1993 Pp. 166-180, y p. 177.

30 Citada por Manohar Adhav, Shamsundar, Pandita Ramabai, Madras: The Christian Literature Society, 1979, p. 216. Este texto contiene una versión del relato de Minnie Abrams, pp. 225-229.

31 Cfr. McGee, Gary, Minnie Abrams, en: Burgess, McGee y Alexander (editores), Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. Grand Rapids: Regency Reference Library, 1988, p.7; Sengupta, Padmini, Pandita Ramabai Saraswati. Her Life and Work, London: Asia Publishing House, 1970, pp.305-308.

el liderazgo de los guías y exhortadores laicos permitió mantener viva la búsqueda espiritual.

Por eso días, Hoover registra la visita a Valparaíso de F. Fransen, un pastor misionero en gira, cuyas predicaciones en las iglesias metodista y presbiteriana se centraron en la próxima venida del Señor. Uno de los tópicos de la conversación privada de Fransen con Hoover,

“versó sobre el bautismo del Espíritu Santo con la manifestación de hablar en nuevas lenguas. Nos contó de una carta que había recibido de un amigo a quien le había venido esta experiencia, en la que describía la extrañeza de sentir las mandíbulas y la lengua movidas sin su volición, emitiendo sonidos y palabras que él no las entendía”32.

Sin embargo, no se menciona explícitamente alguna relación entre esta experiencia y los acontecimientos de calle Azusa, ni con la doctrina de la ‘evidencia inicial’. Este testimonio, sumado a otros similares, estimuló aun más la búsqueda de Hoover y su comunidad.

El nuevo templo, aun sin terminar completamente, fue usado por primera vez el 31 de diciembre para la vigilia de espera del Año Nuevo. Este culto especial señaló el inicio del gran avivamiento de 1909, ya que a través del sermón, los testimonios, la oración y los cánticos, relata Hoover, “entramos en la tierra de promisión”33. Desde ese momento, una serie de hitos irán aumentando la intensidad del avivamiento: la “semana de oración” tradicionalmente celebrada a comienzos de año; vigilias especiales de oración convocadas por iniciativa laica, mientras el pastor participaba en la Conferencia Metodista celebrada en Temuco, pero aprobadas por él a su regreso.

Hoover manifiesta cierta impaciencia, porque mientras muchos integrantes de su congregación, hombres y mujeres de todas las edades, ya han recibido la buscada bendición, él mismo –no obstante ser el pastor- todavía no ha recibido respuesta. Tal respuesta parece haber llegado el 15 de abril:

“En seguida oró el hermano Castillo. Poniendo la mano sobre el hombro del pastor daba gracias por la unión que existía entre los dos en la obra porque, dijo, la obra no es humana. Al oír estas palabras, como que una flecha traspasa el corazón vino una risa al pastor tan violenta e irresistible que quedaron los dos por quince minutos allí bajo su poder.

Sentándose en seguida, se pusieron a conversar sobre la dulzura de la comunión con Dios cuando, de repente, comenzaron las palabras a salir de la boca del pastor en golpes y gritos, como de un volcán en erupción, vino la familia para ver, quedando atónitos. A buen rato la vio-

32 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], p.15; Robeck, Cecil, Pentecostalism and Mission. From Azusa Street to the Ends of the Earth, en: Missiology: An International Review; Vol. XXXV, Nº 1, January 2007, pp. 75-92, y p. 84; identifica a este visitante como el Rev. F. Franson, pastor en la ciudad de Chicago, pero sueco de nacimiento.

33 Ibíd., p.17.

lencia de la manifestación se calmó; pero todo el día el habla vino con golpes como de empuje interior forzándola, acompañada por lágrimas”34.

Con el subtítulo “La lluvia”, metáfora frecuente para describir el derramamiento del Espíritu Santo, Hoover indica que hacia fines de junio estaban llegando “al punto culminante”35. La Iglesia Metodista de Valparaíso se encontraba ya en pleno avivamiento, el que “desde su principio fue acompañado por manifestaciones extraordinarias de diversas clases –risas, lloro, gritos, cantos, lenguas extrañas, visiones, éxtasis- en las que la persona caía al suelo y se sentía trasladada a otra parte –al cielo, al Paraíso, a campos hermosos, con experiencias variadas– hablaban con el Señor, con ángeles, o con el diablo. Los que pasaban por estas experiencias gozaban mucho y generalmente fueron muy cambiados y llenados de alabanzas, del espíritu de oración, de amor”36.

En este listado, las “lenguas extrañas” aparecen mencionadas como una entre otras manifestaciones de la presencia del Espíritu Santo. Respecto a su propia experiencia, citada más arriba, Hoover no aclara si acaso las palabras que emitió en ese momento de habla compulsiva correspondieron a “lenguas extrañas”. La omisión sugiere que se trató más bien de expresiones inteligibles, aunque compulsivas, de alabanza. Todo esto confirma que la doctrina de las “lenguas” como necesaria evidencia inicial del bautismo en el Espíritu, propia del avivamiento norteamericano, estuvo completamente ausente en esta experiencia.

A partir de sus contactos con Minnie Abrams en 1907, Hoover había comenzado a corresponder con otras personas influenciadas por el emergente movimiento pentecostal a nivel mundial. Entre las personas que menciona –aunque sin ubicar en el tiempo el inicio de tales contactos– se puede establecer que dos de ellas recibieron indirectamente el impacto del avivamiento de calle Azusa. Uno de ellos, el pastor metodista noruego Thomas Barratt, recibió el bautismo en el Espíritu Santo, con la evidencia de hablar en lenguas, a mediados de noviembre de 1906.

Esto ocurrió en Nueva York al entrar en contacto con misioneros provenientes de la Misión de Azusa, mientras Barratt estaba en una campaña de recolección de recursos para un proyecto de su iglesia en Christiania37. Al volver a Europa, Barratt se convertiría en uno de los principales líderes pentecostales de ese continente, y un activo misionero mundial. Pero, como se constata en carta dirigida a Hoover después que ya se había producido el cisma en Chile, Barratt tampoco suscribió la doctrina de la ‘evidencia inicial’ y reinterpretó su experiencia pentecostal en el marco de su tradición wesleyana38.

34 Ibíd., p.22

35 Ibíd., p.27.

36 Ibíd., p.32.

37 Robeck, Cecil, The Azusa Street Mission & Revival. pp. 254 y ss.

38 Carta publicada en extenso en el libro de Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], pp. 95-98.

El otro es Max Wood Moorhead, presbiteriano que ocupaba el cargo de Secretario de la YMCA en Ceylon, actual Sri Lanka. Moorhead fue una de las personas que prestó apoyo a Alfred y Lillian Garr, el primer matrimonio de misioneros de Azusa que se embarcó hacia India en enero de 1907, con la confianza de que el Espíritu Santo les permitiría hablar las lenguas locales sin necesidad de aprenderlas previamente. Esta esperanza se vio frustrada, lo que, sumado a otros casos, contribuyó al abandono de esta interpretación del “hablar en lenguas” como xenolalia (lenguas extranjeras vivas), dando paso a su comprensión como glossolalia (lenguas extrañas). Esto obligó a los Garr a limitar su acción, por lo menos al principio, a la población de habla inglesa, lo que implicaba moverse entre cristianos occidentales.

Moorhead arrendó un local en Calcuta para los cultos de avivamiento dirigidos por los Garr, y allí se vivieron experiencias similares a las de calle Azusa39. No tenemos ningún indicio del contenido del intercambio entre Hoover y Moorhead. Lo interesante de su mención es que Moorhead parece ser, como lo ha demostrado Allan Anderson, el responsable de “la errónea suposición de que el avivamiento de India [en la Misión de Pandita Ramabai] fue una consecuencia directa del avivamiento de calle Azusa”40. Esta suposición errónea contribuyó al desarrollo de la hipótesis del origen único del pentecostalismo moderno en calle Azusa.

La única referencia explícita al avivamiento de Los Angeles en las fuentes escritas sobre el avivamiento de Valparaíso, aparece en un artículo con el título Manifestaciones que Hoover incluye como apéndice en su libro, indicando que lo tradujo el año 1909, porque representaba bien su propia posición sobre el tema41.

En este artículo, cuyo autor -no mencionado por Hoover- parece haber participado personalmente en los cultos de la Misión de Azusa, el avivamiento de Los Angeles se menciona entre otros eventos similares, destacando que se caracterizó especialmente por las experiencias de hablar y de cantar en lenguas. Es notable que un participante directo en Azusa haya interpretado la importancia de Azusa en el marco de eventos similares que marcaron los orígenes del pentecostalismo moderno. Se trata, por lo tanto, de una temprana visión policéntrica del nacimiento del pentecostalismo42.

39 Robeck, Cecil, The Azusa […], pp. 250 y ss.

40 The present word-wide revival… brought up in India. Pandita Ramabai and the Origins of Pentecostalism, Paper given at the Society for Pentecostal Studies Annual Meeting, Regent University, Virginia Beach, U.S.A., marzo 2005, p. 9; Cfr. Maxwell, David, Networks and Niches: the worldwide Transmission of the Azusa Street Revival, en: Hunter, Harold; Robeck, Cecil (editores), The Azusa Street Revival and Its Legacy. Cleveland, Tennessee, Pathway Press, 2006, pp. 127-139.

41 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], pp.123-128.

42 Robeck, Cecil, Pentecostalism and Mission […], p.84, ha estudiado cartas que May Hoover, esposa del pastor Hoover, envió a diversas publicaciones pentecostales entre 1909 y 1910. En una carta publicada en The Upper Room 1:6 (enero de 1910), May Hoover menciona un “tratado” (folleto) escrito por George B. Studd, “My Convictions”, publicado por primera vez en Los Angeles, el 22 de julio de 1908, como una de las lecturas que los estimuló en su

El análisis precedente de las fuentes disponibles permite concluir que el avivamiento de Valparaíso fue, efectivamente, un movimiento independiente del avivamiento norteamericano de 1906, en Los Angeles. El movimiento en Valparaíso ya comenzó en 1902, año en que se experimentó un primer avivamiento, aunque tuvo menor impacto nacional y fue interpretado enteramente en el marco de la terminología teológica de la tradición wesleyana.

El primer contacto entre este avivamiento local y experiencias similares en otros lugares del mundo, ocurrió en 1907, a través del folleto de Minnie Abrams que narraba el avivamiento de la Misión Mukti, en India, iniciado en 1905. Este contacto aportó nuevas claves para interpretar la experiencia que estaba viviendo la Iglesia Metodista de Valparaíso en el marco de la emergente terminología pentecostal, y una nueva atención especial a la experiencia de ‘hablar en lenguas’ como una de las manifestaciones de la presencia del Espíritu Santo.

Al avivamiento de India se le ha restado importancia como acontecimiento relevante para los orígenes del pentecostalismo moderno, en parte porque no tuvo como resultado el nacimiento de un movimiento pentecostal independiente en ese país, y en parte porque su asociación explícita con el movimiento pentecostal habría sido formulada a posteriori por terceros43. Sin embargo, el hecho comprobado de que fue ese avivamiento, y no el de Azusa, el que ayudó a encauzar al avivamiento de Valparaíso como un afluente del emergente movimiento pentecostal moderno, es suficiente para reivindicar su importancia histórica.

Otros contactos, como el de Max Wood Moorhead, probablemente ocurrido cuando el avivamiento local ya estaba en pleno desarrollo, no parecen haber tenido ningún impacto particular en su orientación. El intercambio con Thomas Barratt parece haber sido muy importante. Este fue un sabio consejero cuando ya se había producido la ruptura definitiva con la Iglesia Metodista Episcopal. En lo que se refiere a los aspectos diferenciales entre el pentecostalismo nacido en Valparaíso y pentecostalismo nacido en Los Angeles, Hoover encontró en Barratt sobretodo apoyo e inspiración para perseverar en la especificidad del movimiento local.

La demostración de la independencia entre ambos avivamientos no tiene una importancia meramente anecdótica, sino una relevante significación histórico-teológica. El predominio de búsqueda de la experiencia pentecostal. Es muy probable, entonces, que el artículo traducido por Hoover en 1909 e incluido posteriormente como un apéndice en su libro, corresponda al tratado de George Studd, quien efectivamente tuvo una intensa participación en la Misión de Azusa desde Enero de 1908 (C.Robeck The Azusa Street Mission & Revival. pp. 287-299). Este sería, entonces, el contacto más directo entre los avivamientos de Los Angeles y Valparaíso. En todo caso, se trata claramente de un contacto posterior (entre uno y dos años) al tenido con India, que el propio Hoover considera como el más determinante para el movimiento local. Cabe destacar además que Studd rechazó explícitamente la doctrina de la “evidencia inicial” (The Holy Ghost Received, en: The Upper Room, 2:4, January 1911), como lo ha notado Harold Hunter (Aspects of Initial-Evidence Dogma: A European-American Holiness Pentecostal Perspective, en: Asian Journal of Pentecostal Theology 1-2:1998, pp. 185-202).

43 Cfr. Robeck, Cecil, Pentecostal Origins from a Global Perspective, pp.171s.

la hipótesis del origen único del pentecostalismo global en calle Azusa, ha servido de sustento para otorgar a la doctrina de la ‘evidencia inicial’ un carácter normativo universal para la definición de lo que significa ser pentecostal, al menos en el marco del denominado ‘pentecostalismo clásico’. Aquí se origina la visión reduccionista de que ser pentecostal significa hablar o haber hablado en lenguas. Aunque ciertamente debatida, esta autodefinición continúa siendo normativa para las grandes denominaciones pentecostales surgidas del avivamiento norteamericano44.

Desde esta perspectiva, el avivamiento pentecostal de Valparaíso debe ser reconocido como fuente de una construcción distinta de la identidad pentecostal, enriquecida por sus contactos internacionales ajenos a Los Angeles. Al tratarse de un avivamiento prácticamente contemporáneo al de Azusa, esta construcción distinta de identidad no debe interpretarse como una desviación respecto de la ‘identidad pentecostal clásica’, sino como una versión de la identidad pentecostal que ha coexistido desde un principio con aquella.

Punto de predicación, calles Retamo con Hontaneda. De los Hermanos de la Iglesia Pentecostal en Valparaíso.

Se trata de una identidad pentecostal que no se define por la ruptura con el movimiento de santidad de raíz wesleyana, sino por una ampliación o enriquecimiento de esta tradición con el énfasis en la experiencia del poder transformador del Espíritu Santo45. Tal énfasis conlleva la

44 Cfr. McGee, Gary (editor) Initial Evidence: Historical and Biblical Perspectives on the Pentecostal Doctrine of Spirit Baptism. Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 1991. Con ocasión de las celebraciones del Azusa Street Centennial (Los Angeles, 25-29 de abril de 2006), en los discursos y ponencias de los principales oradores predominó la tendencia a reafirmar la doctrina de la ‘evidencia inicial’ como elemento central de la identidad del pentecostalismo global. Sin embargo, una de las importantes publicaciones dadas a conocer a propósito del centenario, asume con toda claridad la diversidad del pentecostalismo mundial, y menciona explícitamente al pentecostalismo chileno como un movimiento independiente del avivamiento de Azusa [Hayford, Jack; Moore, David, The Charismatic Century. The Enduring Impact of the Azusa Street Revival. New York: Warner Faith, 2006, pp.4s y 103s. Lo mismo puede decirse de varios de los artículos publicados en Hunter, Harold & Robeck, Cecil (editores), The Azusa Street Revival […], passim

45 John Fletcher, colaborador suizo de Wesley, ya había anticipado este énfasis pneumatológico al asociar la santifi-

restauración de las ‘manifestaciones’ que acompañaron al derramamiento del Espíritu Santo en los tiempos apostólicos, pero -en línea con la tradición wesleyana- se renuncia a darles a tales manifestaciones, o a una de ellas, un carácter normativo como evidencia definitiva.

En este sentido, como se ilustra en la síntesis ya citada más arriba, el libro de Hoover contiene abundantes referencias que sugieren que el carácter divino de las manifestaciones extraordinarias, se confirma finalmente por las vidas transformadas de quienes las experimentan. Como pastor de la Iglesia de Valparaíso, Hoover admite que prefirió no detener de antemano manifestaciones que parecían excesivas, por el temor de interferir en la obra del Espíritu Santo, confiando en que, con el tiempo, el mismo Espíritu le ayudaría a separar el trigo de la paja46.

El criterio para ese discernimiento parece haber sido siempre el testimonio ulterior, esto es, el cambio de vida de las personas “tocadas” por el avivamiento. Aquí aparece nuevamente la huella de la herencia de Juan Wesley, para quien los “frutos del Espíritu” eran más importantes que los “dones del Espíritu”, aun cuando creía en la vigencia de estos últimos47. El escalamiento del conflicto y la cuestión de la fecha del nacimiento del pentecostalismo chileno

Hasta fines de 1908, lo que ocurría en la Iglesia de Valparaíso era seguido con atención, y hasta con simpatía, por la mayoría de los demás pastores e iglesias metodistas de Chile, como también de otras iglesias evangélicas. Numerosas visitas llegaban a Valparaíso, o partían de allí, para compartir las experiencias y bendiciones espirituales que estaban viviendo. Después de todo, lo que ocurría en Valparaíso se enmarcaba plenamente dentro de la visión que William Taylor -el iniciador de la misión metodista en Chile- había tenido, y Willis Hoover respondía mejor que nadie al perfil del misionero que había imaginado el fundador. Que en 1906 Hoover haya sido nombrado Superintendente del Distrito Metodista Central de Chile48, muestra que su trabajo contaba con el reconocimiento de sus pares.

Cabe notar que por entonces la mayoría de los misioneros metodistas que permanecían en Chile, habían sido reclutados por Taylor -entre adherentes al movimiento wesleyano santidaden el marco de su experimento de “misión de sostén propio”. Sin embargo, este modelo ya había sido oficialmente abandonado tras la muerte de Taylor, luego de un largo y complejo proceso cación con el “bautismo del Espíritu Santo”. Cfr. Dayton, Donald, Raíces teológicas del pentecostalismo. Buenos Aires: Nueva Creación, 1991, pp. 29-31.

46 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], pp. 33-35.

47 Cfr. Dayton, Donald, Raíces teológicas del pentecostalismo, p.25s. Es muy importante notar que el propio William Seymour, líder de la Misión de Azusa, adoptó una posición similar – abandonando, por lo tanto, la doctrina de la “evidencia inicial”, luego que conflictos con Charles Parham provocaran la división entre blancos y negros en el naciente pentecostalismo norteamericano. Cfr. Robeck, Cecil, William Seymour and The Bible Evidente; Cfr. McGee, Gary (editor) Initial Evidence […], pp.72-95.

48 Kessler, J.B.A., A Study of the Older […], p.110.

iniciado años antes49. Ahora todos los misioneros tenían contrato con la Junta Misionera de Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos, y era ésta la que seleccionaba a los nuevos misioneros, quienes tenían una formación teológica de orientación más bien liberal.

Durante el año 1909, a medida que el avivamiento fue tomando fuerza, comenzó a sentirse la oposición de otros pastores. Pero este conflicto entró en un proceso irreversible cuando el avivamiento de Valparaíso impactó con fuerza a la Primera Iglesia Metodista de Santiago -pastoreada por William Rice, quien había llegado a Chile recién en 1908– y la Segunda Iglesia –pastoreada por William Robinson- quien había regresado a Chile en 1906 bajo los auspicios de la Junta Misionera, después de un período anterior bajo la misión de Taylor (1883-1889).

En el mes de septiembre, Nellie Laidlaw, conocida como la hermana Elena, que viajaba a Santiago por motivos personales, recibió carta de recomendación de Hoover para asistir a las iglesias de la capital mientras se encontrara allí. Elena era

“una niña inglesa, tal vez de treinta años de edad, viniendo del hospital convaleciente de una operación [en el mes de agosto]. Fue recibida y acogida por la esposa del pastor. Era una niña mala, habiéndose apartado del camino que le fue inculcado en un orfanatorio metodista donde fue criada. La Mrs. Hoover la llevó a las reuniones y fue convertida de una manera poderosa, y bautizada con el Espíritu Santo”50.

Estando en Santiago, Elena entró en contacto primero con un grupo de la 2ª Iglesia que ya venía celebrando reuniones de avivamiento. La noche del 11 de septiembre participó en una vigilia en casa de un hermano del local de Montiel. En acuerdo con los asistentes, planeó visitar al día siguiente la 2ª Iglesia y su local de Montiel, y por la noche la 1ª Iglesia, con el propósito de compartir las bendiciones del avivamiento de Valparaíso, tal como lo había hecho en la mencionada vigilia. Sin embargo, ni el pastor Robinson ni el pastor Rice le permitieron hablar. En el local de Montiel, los asistentes se reunieron a escucharla en el patio, después del culto.

El intento de un hermano de abrazar al pastor en señal de reconciliación, y para convencerlo de que la visitante traía un mensaje auténticamente divino, terminó con Robinson cayendo al suelo, aparentemente al esquivar a su interlocutor, y con una herida en la cabeza. Rice, por su parte, advertido de la visita de la hermana Elena, solicitó resguardo policial, de manera que cuando esta intentó hablar al término del culto, fue arrestada, generándose un tumulto entre quienes la apoyaban51.

49 Cfr. Arms, Goodsil F., History of the William Taylor Self-Supporting Missions in South America. New York: Methodist Book Concern, 1921; Sepúlveda, Juan, De peregrinos a ciudadanos […], pp.76-81.

50 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], pp. 34 y ss.

51 El texto de Hoover habla del local de “Montel”, pero versiones posteriores hablan de “Montiel”. Hoover narra estos

La consecuencia directa de los incidentes del 12 de Septiembre en Santiago, fue que dos grupos, convencidos de la autenticidad del avivamiento de Valparaíso, siguieron celebrando reuniones de avivamiento al margen de sus respectivas iglesias. Todo esto transformó a Rice y Robinson, pero especialmente al primero, en activos impulsores de acciones orientadas a terminar con el avivamiento de Valparaíso. Tales acciones, relatadas en detalle por Hoover52, incluyeron gestiones ante las autoridades públicas, en las que involucraron al cónsul de los Estados Unidos, y ante las autoridades de la Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos.

A tales esfuerzos se sumaron la prensa local, escandalizada por el “fanatismo religioso” que se expresaba en las reuniones, y los misioneros presbiterianos, preocupados por el descrédito que estos hechos podían traer sobre toda la obra evangélica. Rice, editor de El Cristiano, periódico oficial de la Iglesia Metodista, vetó la publicación de cualquier informe proveniente de la propia Iglesia de Valparaíso, mientras que publicaba artículos en oposición al movimiento.

Los grupos separados de Santiago recurrieron a Hoover en busca de consejo, quién les recomendó acercarse a sus iglesias con espíritu de reconciliación, pidiendo perdón y su reincorporación. Al menos el grupo separado de la 2ª Iglesia, dirigido por Víctor Pavez, siguió este consejo, pero sin ningún resultado. Hoover recomendó entonces escribir cartas de apelación al Obispo Bristol, cosa que hicieron ambos grupos, y esperar que la Conferencia Anual, que se celebraría en Valparaíso en algunos meses, reconsidere su situación. Sin embargo, la Conferencia Trimestral de Santiago, celebrada en diciembre de 1909, resolvió romper toda relación oficial con ambos grupos53.

El resultado de las gestiones ante las autoridades públicas fue la obligación de poner límites a la hora de término de las reuniones, que solían continuar hasta altas horas de la noche, pero esto no impidió la continuación del avivamiento. Así estaban las cosas cuando se celebró la Conferencia Anual, del 4 al 10 de febrero de 1910. Para abordar el problema de Valparaíso se constituyó una comisión especial, la que tras recibir diversos testimonios, redactó una resolución condenatoria del movimiento, y levantó cargos específicos en contra de Hoover.

Pero juzgar al pastor de la iglesia local de mayor crecimiento y desarrollo, cuya vitalidad resultaba evidente para todos los asistentes a la Conferencia, no parecía sencillo. Buscando una salida negociada, la comisión procuró convencer a Hoover que aceptara tomarse un año sabáti-

incidentes sobre la base de citas textuales de cartas que recibió de algunos participantes en los días siguientes, sin identificar sus autores (Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], pp. 35-38). Kessler (Kessler, J.B.A., A Study of the Older […], p.116 y ss.), quien considera poco plausible la versión de Hoover, recoge versiones de otros testigos que contribuyen a una visión bastante más negativa de las intenciones y el papel de Elena en el conflicto. Informa además que las reuniones de avivamiento del grupo la de 2ª Iglesia se habían iniciado, con la autorización del pastor Robinson, después que Víctor Pavéz Toro, el ayudante del pastor, visitara la Iglesia de Valparaíso ya en mayo de 1909.

52 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], pp. 38 y ss.

53 Kessler, J.B.A., A Study of the Older […], p.122.

co. Este finalmente cedió, pensando que eso le daría la oportunidad de informar veraz y directamente acerca del movimiento a la Junta Misionera. Por lo tanto, la Conferencia concluyó con una condena contra algunas de las enseñanzas y manifestaciones del movimiento, consideradas irracionales, anti-metodistas y contrarias a las Escrituras. Los cargos contra Hoover fueron retirados y fue confirmado como pastor de Valparaíso, pero, en el entendido de que pronto viajaría a los Estados Unidos, fue relevado de la Superintendencia del Distrito Central.

Aunque los grupos separados de Santiago habían enviado representantes ante la Conferencia, su situación ni siquiera fue considerada, y el Obispo no cumplió una promesa de visitarlos. En consecuencia, durante el mismo mes de febrero, ambos grupos resolvieron organizarse definitivamente en forma separada, adoptando los nombres de 1ª y 2ª ‘Iglesia Metodista Nacional’54 .

Hoover, por su parte, apenas terminada la Conferencia se arrepintió de haber aceptado la propuesta de un año sabático, al tomar conciencia de que al hacerlo abandonaría a quienes creían en el carácter genuinamente divino del avivamiento. Al día siguiente comunicó al Obispo su decisión de permanecer en Valparaíso. Con esto, es obvio que las relaciones entre la Iglesia de Valparaíso y las demás iglesias metodistas estaban muy tensas. Esta tensión se manifestó en la Conferencia Trimestral, celebrada en Valparaíso el 4 de abril y presidida por William Rice, quien reemplazó a Hoover en la Superintendencia. Los representantes de la Junta de Oficiales de la Iglesia de Valparaíso se sintieron presionados a pronunciarse sobre su lealtad a las autoridades de la Iglesia Metodista o, de lo contrario, presentar su renuncia.

A los pocos días, algunos miembros de la Junta de Oficiales confidenciaron a Hoover su intención de renunciar, lo que lo llevó a considerar su propia situación, en diálogo con su esposa. El 9 de abril, el matrimonio Hoover ya había llegado a la convicción de que debían acompañar a los miembros de la Junta de Oficiales y de la congregación de Valparaíso que decidieran renunciar. Al día siguiente, 18 miembros de la Junta de Oficiales se reunieron y convocaron al matrimonio pastoral para comunicarles su decisión de renunciar. Hoover les pidió esperar una semana antes de hacer pública esa decisión, con el objeto de preparar y redactar su propia renuncia. El domingo 17 de abril de 1909, tras haber celebrado la Santa Cena, Hoover leyó su carta de renuncia ante la congregación, declarando que se separaba, por motivos de conciencia, de la organización de la iglesia, pero no del metodismo. El 25 de mayo, el grupo separado de Valparaíso se organizó con el nombre ‘Iglesia Metodista Pentecostal’, con Willis Hoover como su pastor55. La sede de esta nueva iglesia fue la propiedad de calle Retamo Nº 55556.

Dos semanas más tarde, habiéndose informado de la renuncia del grupo de Valparaíso, los dos

54 Orellana, Luis, El fuego y la nieve. Historia del movimiento pentecostal en Chile: 1909-1932. Concepción: CEEP Ediciones, 2006, p.35.

55 Ibíd., p.36.

56 Ibíd., p.42.

grupos de Santiago deciden unirse a éste, e invitar al pastor Hoover a asumir como Superintendente de la nueva Iglesia. Hoover aceptó, pero luego de pedir que el nombre común de la nueva iglesia sea el que se había adoptado en Valparaíso. Para Hoover, la decisión acerca del nombre no era una cuestión menor, ya que éste debía ser expresivo tanto de los verdaderos motivos de la separación, como de la identidad de la nueva iglesia. En su carta de renuncia había escrito:

“No piense ninguno que hay algo de ‘nacional’ en este acto. Dios perdone tal pensamiento, y nos libre de tal error. [...] Esto no es hostilización contra la Sociedad Misionera [...] ni las misiones extranjeras. Mil veces, no. El enemigo de las almas tendría gusto en sembrar esa semilla infernal. Todo lo que el mundo entero sabe y experimenta del poder de la Sangre de Jesucristo, lo debe a los servicios abnegados de los millares [...] de cristianos que, siguiendo el ejemplo de su divino Maestro, han dejado casa, parentela y tierra, en alegre obediencia a su mandato”57.

Por entonces, uno de los desafíos complejos que enfrentaba el movimiento misionero, era el de cómo enfrentar el proceso de transición desde el liderazgo misionero al liderazgo local de las llamadas ‘iglesias jóvenes’. La convivencia entre los pastores misioneros y los primeros ministros ‘nativos’ estaba cargada de tensiones, entre otras razones, por los desniveles en los salarios y en la participación en las decisiones. En la literatura misionera, la presión de las iglesias jóvenes a favor de su independencia recibía el nombre de ‘nacionalismo’, y la cita precedente deja claro cuál era la opinión de Hoover frente a esa tendencia58

Su vehemencia puede explicarse porque durante su ministerio en Iquique había sufrido en carne propia el impacto del ‘nacionalismo’: Durante su sabático del año 1895, el chileno Alberto Vidaurre había quedado a cargo de la Iglesia de Iquique y su local en Huara. Cuando Hoover regresó, tras fracasar en el intento de mantener el cargo pastoral, Vidaurre se separó con gran parte de la congregación de Iquique y Huara, para formar una iglesia ‘nacional’ que tuvo una existencia efímera59.

Con el cambio de nombre, Hoover quería dejar bien en claro a todo el mundo, pero especialmente a los grupos de Santiago –donde la tensión entre chilenos y misioneros norteameri-

57 Hoover, Willis, Historia del avivamiento […], p.74.

58 Kessler, J.B.A. (A Study of the Older […], p. 288 y ss.) destaca una constante contradicción en el estilo pastoral de Hoover. Por una parte, manifestó un gran respeto a la iniciativa de sus hermanos y hermanas chilenos en la conducción del avivamiento y su difusión, acatando en muchos momentos decisiones e instrucciones de estos. Por otra parte, en lo que se refiere al gobierno eclesiástico, mantuvo hasta su muerte una evidente desconfianza en las capacidades de los chilenos. Su resistencia a delegar el gobierno eclesiástico al liderazgo local, fue un factor determinante de los conflictos que llevarían más tarde a la primera gran división del pentecostalismo chileno.

59 Kessler, J.B.A., A Study of the Older […], p. 108 y ss. Todo el estudio de Kessler sobre las antiguas misiones protestantes en Chile y Perú, se desarrolla desde el punto de vista de la tensión entre misioneros y obreros nacionales.

canos efectivamente había jugado un papel en el conflicto60– cuál era el verdadero motivo de la separación: la libertad para seguir viviendo y predicando la experiencia pentecostal, aunque sin abandonar las raíces metodistas.

Lo dicho hasta aquí es suficiente para demostrar que la elección del 12 de septiembre de 1909 como punto de referencia para celebrar el centenario del avivamiento pentecostal chileno, conlleva, en primer lugar, una injusticia histórica respecto del papel protagónico que efectivamente tuvo la Iglesia de Valparaíso. Pero además, al marcar como fecha de nacimiento un conflicto sobre el cual persisten versiones divergentes, termina definiendo al pentecostalismo como un factor de división. Sería mucho más positivo escoger una fecha que, junto con hacer justicia al protagonismo de Valparaíso, ponga el acento en el aporte positivo de la experiencia y la identidad pentecostal al desarrollo del cristianismo evangélico en Chile.

60 En efecto, el nombre que los grupos de Santiago eligieron inicialmente para la nueva iglesia, sugiere que la reivindicación de los derechos eclesiásticos de los chilenos era para ellos un aspecto central en el conflicto. Kessler muestra, por ejemplo, que el trato que Víctor Pavez Toro recibió de parte de los misioneros, por haber participado en el grupo separado de la 2ª Iglesia, fue un tema muy sensible para ellos. Pavez, uno de los conversos de Torregrosa en Santiago, había recibido su licencia como predicador en 1902, de parte de un pastor chileno, Cecilio Venegas, y al momento del conflicto era el ayudante del pastor Robinson. En virtud de lo anterior, Pavez y su familia vivían en una propiedad de la Iglesia, la que tuvieron que abandonar luego de un litigio (Kessler, J.B.A., A Study of the Older […], pp. 116 y 122).

Interior del templo de la Iglesia Pentecostal ubicado en calle Retamo.

Si la opción es conmemorar el avivamiento propiamente tal, habría que buscar una fecha más temprana. El propio testimonio del pastor Willis Hoover sugiere dos alternativas: la vigilia del 31 de Diciembre de 1908, cuando sintieron que entraron “en tierra de promisión”61; o el 29 de Junio de 1909, fecha en que se inicia el relato de ‘la lluvia’, es decir, el punto culminante del avivamiento62. Si se trata de conmemorar la fecha del nacimiento de la primera iglesia chilena explícitamente pentecostal, la fecha más clara es el 25 de Mayo de 1910, cuando, según lo documenta la edición de Chile Evangélico del 9 de Junio de 1910, se organizó en Valparaíso la “Iglesia Metodista Pentecostal”.

61 Op.cit. p.17

62 Ibid. p. 27

Tumba del Rev. W. Hoover, ubicada en el Panteón Alemán, al interior del Cementerio de Playa Ancha

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S ANTOS Y PAPAS EN LA G ENEALOGÍA E PISCOPAL DE LOS Ob ISPOS DE VALPARAÍSO

C ARLOS S ALINAS A RANEDA

Profesor titular Escuela de Derecho

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Academia de Historia Religiosa de Valparaíso

Es una verdad que nos ha recordado el Concilio Vaticano II que los apóstoles “no sólo tuvieron diversos colaboradores en el ministerio, sino que, a fin de que la misión a ellos confiada se continuara después de su muerte, los apóstoles a modo de testamento confiaron a sus cooperadores inmediatos el encargo de acabar y consolidar la obra por ellos comenzada, encomendándoles que atendieran a toda la grey en medio de la cual el Espíritu Santo los había puesto para apacentar la Iglesia de Dios (cfr. Act. 20, 28). Establecieron, pues, tales colaboradores y les dieron la orden de que, a su vez, otros hombres probados, al morir ellos, se hicieran cargo del ministerio. Entre los varios ministerios que ya desde los primeros tiempos se ejercitan en la Iglesia, según testimonio de la tradición, ocupa el primer lugar el oficio de aquellos que, constituidos en el episcopado, por una sucesión que surge desde el principio, conservan la sucesión de la semilla apostólica primera”1. Y más adelante agrega que “para realizar estos fines tan altos, fueron los apóstoles enriquecidos por Cristo con la efusión especial del Espíritu Santo... y ellos, a su vez, por la imposición de las manos, transmitieron a sus colaboradores el don del Espíritu... que ha llegado hasta nosotros en la consagración episcopal”2. El tema es de “importancia relevante para la vida de la Iglesia católica” y, por lo mismo, la Comisión Teológica Internacional le dedicó el documento de 19733.

Más recientemente, la exhortación apostólica postsinodal Pastores gregis (2003) ha vuelto sobre este tema con gran claridad: “El Señor Jesús, durante su peregrinación terrena, anunció el Evangelio del Reino […] y eligió entre sus discípulos a doce para que ‘estuvieran con Él’... La misión confiada por Jesús a los Apóstoles debe durar hasta el fin del mundo, ya que el Evangelio

1 Concilio Vaticano II, Constitución dogmática ‘Lumen gentium’, Nº 20 b. Los subrayados son míos.

2 Concilio Vaticano II, Constitución dogmática ‘Lumen gentium’, Nº 21 b. El subrayado es mío. Puede verse también Lumen gentium, Nº 18 b, 20 a; decreto Christus Dominus Nº 2 b, 3 a.

3 Comisión Teológica Internacional, La apostolicidad de la Iglesia y la sucesión apostólica (1973), en Comisión Teológica Internacional, Documentos 1969-1996 (BAC, Madrid, 1998), pp. 62-76. El comentario de este documento (pp. 76-81) lo hace Jorge Medina Estévez.

S.S. Pío IX
S.S. Juan Pablo II

que se les encargó transmitir es la vida para la Iglesia de todos los tiempos. Precisamente por esto los Apóstoles se preocuparon de instituir sucesores, de modo que, como dice san Ireneo, se manifestara y conservara la tradición apostólica a través de los siglos. La especial efusión del Espíritu Santo que recibieron los Apóstoles por obra de Jesús resucitado, ellos la transmitieron a sus colaboradores con el gesto de la imposición de las manos. Estos, a su vez, con el mismo gesto, la transmitieron a otros y éstos últimos a otros más. De este modo, el don espiritual de los comienzos ha llegado hasta nosotros mediante la imposición de las manos, es decir, la consagración episcopal, que otorga la plenitud del sacramento del orden, el sumo sacerdocio, la totalidad del sagrado ministerio”4.

De lo dicho hasta ahora queda claro que un obispo para serlo verdaderamente, debe recibir su potestad de otro obispo que, a su vez, la hubiese recibido válidamente de otro y así sucesivamente. Si seguimos la cadena que se forma con las sucesivas consagraciones ésta debería llegar, en teoría, a los Apóstoles y de estos al mismo Cristo5. Esto, sin embargo, sólo en teoría, porque el actual estado de la investigación sólo permite llegar hasta mediados del siglo XVI.

En Valparaíso ha habido ocho obispos diocesanos y tres obispos auxiliares. El primero de los obispos diocesanos fue Eduardo Gimpert Paut que gobernó la diócesis desde su creación en 1925 hasta el 29 de agosto de 1937 año de su fallecimiento. Le sucedió Rafael Lira Infante, trasladado de la diócesis de Rancagua, que dirigió los destinos de la diócesis de Valparaíso entre 1938 y el 26 de septiembre de 1958, fecha de su fallecimiento. Fue sucedido por Raúl Silva Henríquez s.d.b., elegido obispo de Valparaíso por el Papa Juan XXIII el 24 de octubre de 1959 y que estuvo al frente de la diócesis hasta que el mismo Romano Pontífice lo trasladó al arzobispado de Santiago el 25 de abril de 1961, el mismo día en que designó a su sucesor en Valparaíso, Emilio Tagle Covarrubias, quien gobernó la diócesis hasta el 29 de septiembre de 1982, fecha en que Juan Pablo II le aceptó la renuncia al obispado por razón de edad6. Le sucedió Francisco de Borja Valenzuela Ríos, trasladado de la diócesis de San Felipe el 6 de mayo de 1983, reteniendo la dignidad arzobispal, que gobernó la diócesis hasta el 16 de abril de 1993, fecha en que Juan Pablo II le aceptó la renuncia por razón de edad. Su sucesor fue Jorge Medina Estévez,

4 Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal ‘Pastores gregis’, sobre el obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo (2003), n. 6.

5 En una reciente catequesis el Papa Benedicto XVI ha enseñado que “Esta cadena del servicio prosigue hasta hoy, y proseguirá hasta el fin del mundo. En efecto, el mandato que dio Jesús a los Apóstoles fue transmitido por ellos a sus sucesores. Más allá de la experiencia del contacto personal con Cristo, experiencia única e irrepetible, los Apóstoles transmitieron a sus sucesores el envío solemne al mundo que recibieron del Maestro... Así, aunque de manera diversa a la de los apóstoles, también nosotros tenemos una verdadera experiencia personal de la presencia del Señor resucitado. A través del ministerio apostólico Cristo mismo llega así a quienes son llamados a la fe. La distancia de los siglos se supera y el Resucitado se presenta vivo y operante para nosotros, en el hoy de la Iglesia y del mundo. Esta es nuestra gran alegría”. L’Osservatore Romano [ed. en español] 5 mayo 2006, p. 12.

6 Código de Derecho Canónico, canon 401: “§ 1. Al obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta las circunstancias. §

2. Se ruega encarecidamente al obispo diocesano que presente la renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo”.

trasladado en la misma fecha desde el obispado de Rancagua; gobernó la diócesis de Valparaíso hasta el 21 de junio de 1996 en que Juan Pablo II lo nombró pro-prefecto de la Congregación para el culto divino y disciplina de los sacramentos. Fue sucedido por Francisco Javier Errázuriz Ossa, que se había desempeñado como secretario de la Congregación para los institutos de vida consagrada, hasta que fue designado arzobispo-obispo de Valparaíso el 24 de septiembre de 1996, permaneciendo en Valparaíso hasta el 24 de abril de 1998, fecha en la que Juan Pablo II lo trasladó al arzobispado de Santiago. Su sucesor fue Gonzalo Duarte García de Cortazar, designado obispo de Valparaíso por Juan Pablo II el 4 de diciembre de 1998, sin perjuicio de su cargo de obispo castrense. Es el actual obispo de Valparaíso, habiendo sido reemplazado en el obispado castrense por Mons. Juan Barros Madrid [9/11/2004].

Los obispos auxiliares han sido tres. El primero fue Javier Prado Aránguiz ss.cc., que fue designado el 16 de abril de 1988 por el Papa Juan Pablo II, obispo auxiliar de Francisco de Borja Valenzuela Ríos, obispo de Valparaíso, desligándolo de la diócesis de Iquique de la que era obispo diocesano; desempeñó el oficio hasta el 16 de abril de 1993 que fue designado obispo de Rancagua. El segundo fue Juan de la Cruz Barros Madrid, elegido por Juan Pablo II obispo titular de Bilta y auxiliar de Jorge Medina Estévez en la diócesis porteña; desempeñó su oficio desde 1995 hasta el año 2000 en que fue designado obispo diocesano de Iquique. El último de los obispos auxiliares ha sido Santiago Silva Retamales, designado por Juan Pablo II obispo auxiliar de monseñor Gonzalo Duarte ss.cc., obispo de Valparaíso, el 26 de febrero de 2002. Se desempeña en la actualidad como único obispo auxiliar.

Una primera mirada a la genealogía de los obispos porteños permite observar que hay dos Papas que se encuentran en la línea común a todos ellos: el primero es Benedicto XIII, que gobernó la Iglesia entre 1724 y 1730, quien, siendo Romano Pontífice, consagró en Roma, el 16 de julio de 1724, a Próspero Lambertini, Arzobispo titular de Teodosiópolis, que, a su vez, con el tiempo llegaría a ser Benedicto XIV (1740-1758). Este último, siendo Papa, consagró en Roma, el 19 de marzo de 1743, a Carlo Rezónico, que sería años después el Papa Clemente XIII (1758-1769); el mismo año, algunos meses después, el 29 de diciembre de 1743, consagró al arzobispo Enrique Henríquez quien, a pesar de su nombre, era italiano. Con una y otra consagración hechas por Benedicto XIV se inician dos líneas diversas en las que es posible encontrar nuevos Papas. En efecto, en la línea originada por Clemente XIII aparecerán años después, León XII (1823-1829), san Pío X (1903-1914), Benedicto XV (1914-1922), Pío XII (1939-1958), Paulo VI (1963-1978) y Juan Pablo II (1978-2005). Y en la línea originada por Enrique Henríquez, aparecerán Pío VIII (1829-1830) y Pío IX (1846-1878). De lo obispos que ha habido en la diócesis de Valparaíso, son los actuales obispos Gonzalo Duarte y Santiago Silva los que más Papas tienen en su genealogía episcopal, incluyendo nada menos que siete7.

No sólo Romanos Pontífices es posible encontrar en la línea genealógica de los Obispos de

7 Son ellos: Benedicto XIII, Benedicto XIV, Clemente XIII, san Pío X, Benedicto XV, Pío XII y Paulo VI.

Valparaíso, pues, junto a ellos, hay algunos santos y beatos. Entre los santos se encuentra uno de los Papas que acabo de mencionar, en concreto, san Pío X. También está san Eugenio de Mazenaud, canonizado por Juan Pablo II. Entre los beatos está igualmente otro Romano Pontífice, Pío IX, beatificado también por Juan Pablo II. Pueden, además, mencionarse algunos Papas cuyo proceso de beatificación ya está iniciado: Pío XII, Paulo VI y Juan Pablo II.

Hay también algunos ilustres cardenales que han dejado honda huella en la Iglesia, pero de ellos me ocuparé en otra oportunidad. De momento, presento algunos rasgos biográficos de los santos y Papas que se encuentran en la genealogía episcopal de los obispos de Valparaíso a efectos de entender la importancia de su presencia en la genealogía de los obispos de esta Iglesia particular.

I. S ANTOS, b EATOS Y VENERA b LES

1. San Eugenio de Mazenaud

El primero de los santos que aparece en la genealogía de los obispos de Valparaíso cronológicamente hablando es un santo bastante desconocido para los chilenos, san Eugenio de Mazenod (1782-1861) que fuera arzobispo de Marsella en Francia y fundador de la congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Nació en Aix-en-Provence, en la Provenza francesa, al sur del país galo, el 1 de agosto de 1782, siete años antes de la Revolución francesa. Su familia pertenecía a la pequeña nobleza por lo que, al estallar la revolución, cuando el pequeño Carlos José Eugenio tenía ocho años, se exilió en Italia, país en el que vivió un exilio de once años en ciudades como Turín, Venecia, Nápoles y Palermo. Su padre, que había sido presidente del Tribunal de Cuentas, Ayuda y Finanzas de Aix, debió dedicarse al comercio, lo que los llevó casi a la miseria. En Palermo, finalmente, con la ayuda de los duques de Cannizzaro, el futuro santo tuvo su primera experiencia de vivir a lo noble, tomando el título de conde de Mazenod, siguiendo la vida cortesana. En 1802, con veinte años de edad, regresó a Francia con la intención de administrar las propiedades de su familia, pero sintió el llamado de Dios a seguirle más de cerca, en buena parte como consecuencia del impacto que supuso para él descubrir cómo había sido perseguida la Iglesia por el nuevo régimen.

Contra el parecer de su madre que, separada de su padre, quería casarlo con una heredera rica, ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote en Amiens, el 21 de diciembre de 1811. No quiso aceptar parroquia sino que prefirió ejercer su ministerio en Aix-en-Provence entre los más necesitados tanto en el cuerpo como en el alma, los prisioneros, los jóvenes, las empleadas domésticas, los campesinos. Su Misa era a las seis de la mañana, la misa de los peones, criadas y pordioseros, y su predicación era en provenzal, la lengua popular y no en francés, la lengua culta. Esto le trajo no pocas dificultades, incluso del mismo clero, pues se le consideraba que había traicionado a los de su clase. Pero, a pesar de todo, puso en marcha el grupo “Misioneros de Provenza”, dedicados en especial a la ayuda y la predicación de los campesinos. Fueron el punto de partida de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, reconocidos como congregación de

derecho pontificio por el Papa León XII (1823-1829) en 1826. En 1837 fue nombrado obispo de Marsella después de una tensa lucha diplomática entre la Santa Sede y Francia que había suprimido la diócesis. De hecho, su consagración episcopal como obispos auxiliar de Marsella se hizo en Roma, desafiando la pretensión del gobierno francés que se consideraba con derecho a intervenir en tales nombramientos. Posteriormente fue nombrado obispo de la diócesis, pero su labor al frente de la diócesis de Marsella fue de tal envergadura que fue reconocida por el propio Napoleón III que le nombró senador en 1856. A su muerte, ocurrida el 21 de mayo de 1861, cuando tenía 79 años, era el decano de los obispos franceses. La congregación por él fundada se encuentra presente en 68 países, uno de los cuales es Chile.

Fue beatificado por Pablo VI y Juan Pablo II lo canonizó el 3 de diciembre de 1995; en su homilía, Juan Pablo II se refirió a él como “uno de los apóstoles que prepararon los tiempos modernos, nuestro tiempo”. De hecho, forjó su legado espiritual en pleno torbellino de la secularización y la persecución religiosa desencadenada por la Revolución francesa. Se trata, así, de un santo nacido en los albores de la contemporaneidad, bajo los principios seculares establecidos por la Revolución francesa, en los que se asienta la sociedad de hoy. Es, pues, un ejemplo adelantado para estos tiempos de crisis de la religiosidad.

San Eugenio de Mazenod se sitúa en la línea genealógica del segundo de los obispos de Valparaíso, Rafael Lira Infante. A decir verdad, los descendientes del santo obispo de Marsella estaban llamados a ser pocos y oscuros. Aunque él quiso siempre consagrar a los oblatos que eran elevados al episcopado, se trató de media docena de obispos, misioneros todos ellos, sin mayor resonancia. Pero entre ellos estuvo el obispo de Viviers, que con el tiempo pasaría a ser arzobispo de Paris, el cardenal Joseph Guibert, que fue consagrado por Eugenio de Mazenod el 11 de marzo de 1842. El cardenal Guibert consagró a 23 obispos entre los que se contaron el que había de ser cardenal Francis Richard, consagrado por Mazenod el 12 de febrero de 1872, quien, a su vez, consagraría al futuro cardenal Pedro Gasparri, el 6 de marzo de 1898. Este último consagró nada menos que a 23 obispos, entre los que se encuentra Benedetto Aloisi Masella que, siendo nuncio de Su Santidad en Chile, consagraría a Rafael Lira Infante. Se considera que son más de ochocientos los obispos descendientes de Mazenod en el mundo8.

2. Otros santos, beatos y venerables

En la genealogía de los obispos de Valparaíso hay un santo más –san Pío X– y un beato –el beato Pío IX–, pero ambos fueron, además, Romanos Pontífices. A ellos hay que agregar algunos Papas que, encontrándose igualmente en las líneas genealógicas de los obispos porteños, están camino a los altares, habiéndose iniciado los respectivos procesos de beatificación, pero sin que hasta el momento hayan finalizado. Se trata de Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II.

8 De Echeverría, Lamberto, Una nota de santidad oficial en la genealogía de muchos obispos españoles, en Ecclesia 68 (1976) p. 1717.

Las reseñas biográficas de todos ellos las haré en el apartado siguiente dedicado a los Romanos Pontífices. Lo hago así para proporcionar una secuencia cronológica de los mismos y facilitar al lector una mejor comprensión del actuar de cada uno de ellos, en continuidad con los pontificados anteriores y con las épocas históricas en que a cada uno de ellos les correspondió actuar al frente de la Iglesia.

II. ROMANOS P ONTÍFICES

En la genealogía episcopal de los obispos de Valparaíso es posible encontrar nada menos que once Romanos Pontífices: Benedicto XIII (1724-1730); Benedicto XIV (1740-1758); Clemente XIII (1758-1769); León XII (1823-1829); Pío VIII (1829-1830); el beato Pío IX (1846-1878); san Pío X (1903-1914); Benedicto XV (1914-1922); Pío XII (1939-1958); Pablo VI (1963-1978); Juan Pablo II (1978-2005). Me ocuparé de todos ellos siguiendo el orden cronológico de sus pontificados.

1. benedicto XIII9 (29 mayo 1724 – 21 febrero 1730)

Se encuentra en la genealogía episcopal de todos los obispos de Valparaíso, tanto de los obispos diocesanos como de los obispos auxiliares, más aún, en la de todos los obispos de Chile. De hecho, este Papa consagró tal número de obispos que se calcula que dos terceras partes de los obispos del mundo descienden de él. Es el más antiguo de los Papas que es posible encontrar en la genealogía episcopal de los obispos porteños.

Benedicto XIII reinó desde el 29 de mayo de 1724 al 21 de febrero de 1730. Pedro Francisco Orsini fue de noble familia, la familia de los Orsini-Gravina que había dado a la Iglesia dos Papas y numerosos cardenales. A la muerte de su padre, en su calidad de primogénito recibió la investidura del ducado de Gravina, pero renunció muy pronto a sus derechos para entrar en los frailes dominicos, profesando en el convento de Santa Sabina en Roma. Se ordenó sacerdote en 1671 y al año siguiente, por presiones de su familia, recibió la púrpura cardenalicia, debiendo asumir diversos cargos en la curia romana de los que pudo desprenderse para dedicarse a la labor pastoral. En 1675 se hizo cargo de la diócesis de Manfredonia donde permaneció hasta 1680, en que se le promovió a Cesena, diócesis, ambas, en las que trató de ser fiel reflejo del modelo de obispo trazado por el Concilio de Trento (1545-1563); lo mismo sucedió en la difícil diócesis de Benevento a la que fue trasladado en 1686. Elegido Papa para suceder a Inocencio XIII (1721-1724), decidió llamarse Benedicto en memoria del beato Benedicto XI (1303-1304), dominico como él.

Quiso gobernar la Iglesia como un pastor de almas, dando más importancia a la religión que a la política, lo que le valió juicios negativos. Fue devoto del culto de los santos, canonizando,

9 Paredes, Javier (dir.), Diccionario de los Papas y Concilios2 (Editorial Ariel, Barcelona, 1999), pp. 379-381.

entre otros10, a santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606), arzobispo de Lima, que fuera declarado patrono de los obispos latinoamericanos por el Papa Juan Pablo II. Para la mejor formación de los clérigos fomentó la fundación o el buen funcionamiento de los seminarios tridentinos. Además, prestó ayuda a las órdenes religiosas, favoreciendo de manera particular a dominicos y jesuitas.

Murió en Roma el 21 de febrero de 1730 y fue enterrado en la iglesia de Santa María sopra Minerva.

2. benedicto XIV11 (17 julio 1740 – 3 mayo 1758)

Igualmente se encuentra en la genealogía episcopal de todos los obispos de Valparaíso, de sus obispos diocesanos como auxiliares. Además, igual que con el Papa anterior, se encuentra también en la genealogía episcopal de todos los obispos de Chile.

Benedicto XIV (1740-1758), Próspero Lambertini, nació en Bolonia el 3 de marzo de 1675, en el seno de una antigua familia venida a menos, pero recibió una esmerada educación, doctorándose en derecho y en teología, llegando a ser un prestigioso canonista, sin perjuicio de ser un gran conocedor de la historia de la Iglesia, de la literatura humanista y de las ciencias positivas y prácticas que la corriente ilustrada trataba de difundir. Ocupó diversos cargos curiales lo que le valió un amplio dominio de la praxis curialesca que volcó en algunos de sus libros que alcanzaron gran difusión, con diversas ediciones12. Uno de ellos, De sínodo diocesana libri tredecim, editado en Roma en 1748, se encuentra en diversas bibliotecas chilenas del período indiano e incluso republicano13

Benedicto XIII lo consagró obispo titular de Teodosia en 1725 y en 1727 lo nombró obispo de Ancona, otorgándole al año siguiente la púrpura cardenalicia. Clemente XII (1730-1740) lo nombró posteriormente arzobispo de Bolonia donde se encontraba cuando le sucedió en el trono de Pedro, en el cónclave más largo de los últimos siglos –seis meses– tomando el nombre de Benedicto en honor de Benedicto XIII que le había creado cardenal. Su realismo político y capacidad negociadora le consagraron en Europa la fama de un Pontífice sabio y tolerante, siendo su

10 Por ejemplo, san Juan de la Cruz (1542-1591); san Luis Gonzaga (1568-1591); San Estanislao de Kostka (15501568).

11 Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 383-390.

12 Por ejemplo, De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione, editado por primera vez en Bolonia, 17341738 con numerosas ediciones posteriores, en que recoge la experiencia que adquirió en los métodos y normas de la canonización de los santos, y que constituye una monumental sistematización histórico-crítica de la praxis de la Congregación de Ritos.

13 Se encontraba, por ejemplo, en la biblioteca de Mariano Egaña, la más completa biblioteca particular que por esos años había en América Latina. Cfr. Salinas Araneda, Carlos, La biblioteca de don Mariano Egaña, con especial referencia a sus libros de derecho, en Revista de Estudios Histórico-Jurídicos 7 (1982), p. 458 n. 1025.

política concordataria uno de los aspectos más sobresalientes de su pontificado14. Por otra parte, dio un extraordinario impulso a la cultura y las artes, lo que no significó entrar en concesiones cuando ello no era posible; de hecho, confirmó la condena de la masonería15, renovando la que había hecho Clemente XII en 1738, e incluyó en el Índice de libros prohibidos, no sin largas discusiones, el Esprit des lois de Montequieu (1752). El extraordinario conocimiento que tenía del derecho canónico le capacitó para desplegar una gran actividad legislativa16.

Siendo un Papa conocido como tolerante, llama la atención que no entendiera la conducta de los misioneros jesuitas en el Oriente, lo que le llevó a la condena de los ritos chino17 y malabar18, dejándose impresionar por los rumores que, contra los jesuitas, esparcían algunos religiosos venidos de Oriente. Es cierto que no sentía gran simpatía por ellos, pero tampoco tuvo una política contraria a los jesuitas. En lo que a Chile respecta, en concreto, otorgó especiales facultades a las misioneros de la Compañía de Jesús en Chile y otros lugares19. En cambio, confirmó la congregación de los pasionistas de san Pablo de la Cruz (1694-1773)20 y la de los redentoristas de san Alfonso María de Ligorio (1696-1787)21.

Murió cuando tenía 83 años, el 3 de mayo de 1758, y fue enterrado en la Basílica de San Pedro. Se le considera el Papa más importante del siglo XVIII.

3. Clemente XIII22 (6 julio 1758 – 2 febrero 1769)

A diferencia de los Papas anteriores, Clemente XIII no se encuentra en la línea de todos los obispos porteños, pero está en la de la mayoría de ellos, en concreto, en la de los obispos diocesanos Eduardo Gimpert Paut, Rafael Lira Infante, Raúl Silva Henríquez, Jorge Medina Estévez, Francisco Javier Errázuriz Ossa y Gonzalo Duarte García de Cortazar ss. cc.; y en la de los tres obispos auxiliares, esto es, Javier Prado Aranguiz ss.cc., Juan de la Cruz Barros Madrid y Santiago Silva Retamales.

14 Bertone, Tarcisio, Il governo della Chiesa nel pensiero di Benedetto XIV (Roma, 1977), la cita es de Peredes, Javier, cit. (n. 9), p. 385.

15 Bula Providas romanorum, de 18 de marzo de 1751.

16 Su huella se puede seguir en los cuatro tomos del Bullarium romanum que la contiene.

17 Bula Ex quo singulari, de 11 de julio de 1742.

18 Bula Omnium sollicitudinum, de 12 de septiembre de 1744.

19 Retamal Fuentes, Fernando, Chilensia Pontificia. Primera Parte –De Pío IV a Pío IX– (1561-1878), I (Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 1998), I, pp. 160-166. De este Papa se incluye, además, la bula de preconización del XVII obispo de Santiago, don Manuel de Alday y Aspée (1753-1788), Ibíd., pp. 166-169.

20 Es la congregación que tiene a su cargo el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de Miramar, en Viña del Mar.

21 Presentes también en la diócesis.

22 Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 390-394.

Sucesor de Benedicto XIV fue Clemente XIII (1758-1769). Carlos Rezzonico nació en Venecia el 7 de marzo de 1693; hijo de una familia que se había enriquecido con el comercio y había alcanzado la nobleza. Estudió con los jesuitas en Bolonia y posteriormente derecho en la Universidad de Padua; terminados sus estudios ingresó a la carrera curial. Después de diversos cargos, fue creado cardenal por Clemente XII a instancias de la República de Venecia. En 1743 Benedicto XIV lo nombró Obispo de Padua donde permaneció quince años, preocupándose por la revitalización de la vida religiosa, la disciplina eclesiástica y la formación intelectual del clero.

Fue elegido Papa el 6 de julio de 1758 y quiso llamarse Clemente XIII en honor de Clemente XII que le había creado cardenal. A diferencia de su antecesor, no era un sabio, ni siquiera un gran talento, pero tenía una bondad natural y amabilidad que no admitía condescendencias y transacciones en la defensa de los derechos de la Iglesia, lo que ocurre en una época en que alcanzaron gran desarrollo las doctrinas regalistas. Fue durante su pontificado que se desarrollaron las etapas de la gradual expulsión de los jesuitas de los principales Estados católicos: Portugal (1759), Francia (1762), España (1767), Reino de las Dos Sicilias (1767); las protestas elevadas por el Pontífice no tuvieron eco en las monarquías23 que, al final de su pontificado pidieron la supresión total de la Compañía. El Papa se aprestaba a su defensa cuando falleció el 2 de febrero de 1769 a los 76 años de edad.

Aunque su pontificado estuvo oscurecido por la expulsión de los jesuitas, el Papa desarrolló una importante actividad eclesiástica, tanto luchando contra las nuevas ideas24 como impulsando la renovación religiosa25. En lo que a Chile respecta, preconizó XVII obispo de Concepción a fray Pedro Ángel de Espiñeira (1761-1778)26. En Roma continuó con el embellecimiento de la ciudad iniciado por Pontífices anteriores, habiéndole correspondido terminar la famosa Fontana di Trevi.

Falleció en la noche del 2 de febrero de 1769 y con él fallecía el último baluarte de los jesuitas. Fue enterrado en la Basílica de San Pedro en la que el escultor Canova “levantó en su memo-

23 El Papa levantó su voz muchas veces en defensa de los jesuitas, y lo hizo solemnemente con la bula Apostolicum pascendi, de 7 de enero de 1765, haciendo una apología de los jesuitas, pero la bula no sólo no fue atendida, sino que los gobiernos de diversas naciones prohibieron su publicación.

24 Por ejemplo, en 1759 la Congregación del índice condenó la Enciclopedia de D’Alambert y Diderot, y el Emilio de Rousseau. El Papa prohibió la lectura de los libros perniciosos para la doctrina católica e hizo una condena general de las nuevas ideas contrarias a la religión en su encíclica Christianae reipublicae, de 25 de noviembre de 1766.

25 Uno de sus primeros actos de gobierno fue recordar a los obispos su obligación de residencia impuesta por el Concilio de Trento y les exhortó a mostrarse hombre de oración y de doctrina, padres de los pobres y ángeles de la paz. Además, con la bula Cum primum, de 17 de septiembre de 1759, renovó los antiguos cánones que prohibían a los clérigos el ejercicio del comercio y de la industria.

26 Retamal Fuentes, Fernando, cit. (n. 19), pp. 170-175.

ria uno de los más egregios y expresivos monumentos sepulcrales de la basílica vaticana”27.

4. León XII28 (28 septiembre 1823 – 10 febrero 1829)

Se encuentra en la línea genealógica de dos obispos diocesanos de Valparaíso, Jorge Medina Estévez y Francisco Javier Errázuriz Ossa, y del obispo auxiliar consagrado por el primero de ellos, Juan de la Cruz Barros Madrid.

León XII (1823-1829) se sitúa de lleno en el siglo XIX. Annibale della Genga, hijo de familia noble, nació el 22 de agosto de 1760, cerca de Espoleto, en el castillo Della Genga, de su familia. Cursó estudios en la Academia Romana de Nobles Eclesiásticos, desempeñando después cargos diplomáticos de los que tuvo que retirarse por presiones de Napoleón, recluyéndose en la abadía de Monticelli.

De salud delicada, fue elegido Papa el 28 de septiembre de 182329, sucediendo a Pío VII (1800-1823); eligió el nombre de León por veneración al Papa san León Magno (440-461). Durante su pontificado, los Estados hispanoamericanos consolidaron su proceso de independencia por lo que el Papa los puso bajo el cuidado de la Congregación de Propaganda Fide al frente de la cual nombró a Mauro Cappellari, el futuro Gregorio XVI (1831-1846), pero sufrió las intensas presiones de Fernando VII, rey de España (1808-1846), lo que le impidió nombrar obispos para las naciones que se independizaban, debiendo volver al antiguo sistema de nombramiento de vicarios apostólicos para no violar el patronato regio, “lo que provocó un auténtico caos en el gobierno de los católicos del continente americano en los años sucesivos”30. De hecho, el 22 de diciembre de 1828 nombró a Manuel Vicuña vicario apostólico de Santiago31. Además, a este Pontífice le correspondió llevar adelante la Misión Muzi que había sido decidida por su antecesor, el Papa Pío VII (1800-1823)32, lo que permitió que otro futuro Romano Pontífice conociera Chile, pues auditor del delegado apostólico era el entonces sacerdote Juan María Mastai Ferreti que, con el tiempo, sería el Papa Pío IX.

Falleció el 10 de febrero de 1829 tras cinco años y medio de pontificado, consumido por las enfermedades que desde hacía tiempo le aquejaban.

27 Paredes, Javier, cit. (n. 9), p. 394.

28 Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 416-423

29 Al iniciarse el cónclave nadie pensaba en él por lo que él fue el primer sorprendido con la elección al punto que manifestó con sencillez a sus electores “habéis elegido a un cadáver”.

30 Paredes, Javier (dir.), Diccionario de los Papas y Concilios (Editorial Ariel, Barcelona, 1999), p. 421.

31 Retamal Fuentes, Fernando, cit. (n. 19), pp. 260-263.

32 Ibíd., pp. 240-247.

5. Pío VIII33 (31 marzo 1829 – 30 septiembre 1830)

Pío VIII se encuentra en la línea genealógica de sólo dos de los obispos diocesanos de Valparaíso, Emilio Tagle Covarrubias y Francisco de Borja Valenzuela Ríos.

A León XII le sucedió el corto pontificado de Pío VIII (1829-1830) de apenas veinte meses. Francesco Saverio Castiglioni nació el 20 de noviembre de 1761 en Cingoli, cerca de Ancona, en el seno de una familia noble emparentada con san Pío V (1566-1572). Hombre de notable inteligencia, sobresalió en derecho canónico, estudios que hizo en Bolonia y Roma, y que complementó colaborando con mons. Giovanni Devoti (1744-1820) en la compilación de sus Institutiones canonicae (1792), obra que se usó largamente en Chile en la enseñanza del derecho canónico en la Universidad de Chile. Pío VII lo nombró obispo de Montalvo en 1800, desde donde fue trasladado a Ascoli, y posteriormente a Cesena donde fue promovido al cardenalato. Posteriormente desempeñó los cargos de prefecto de la Congregación del Índice y penitenciario mayor (1821) lo que lo significó asistir espiritualmente a Pío VII y a León XII en sus últimos momentos.

Su elección en 1829 no constituyó una sorpresa y fue bien recibida; de hecho, había sido uno de los candidatos para suceder a Pío VII. Sin embargo, a pesar de su breve permanencia en la silla de Pedro, su pontificado no puede ser calificado de transición, pues durante los casi dos años de gobierno supremo debió enfrentar las dificultades propias de un cambio de época, como que su pontificado coincide con el movimiento revolucionario de 1830 que puso término a la Restauración34. Entre otras cosas, sentó la doctrina de la Iglesia sobre los matrimonios mixtos, especialmente con protestantes, tratando de disuadir a los católicos de celebrar dichos matrimonios cuando no se garantizaban las cautelas de la Iglesia en lo que se refiere a la educación religiosa de los hijos; en todo caso, de celebrarse, dichos matrimonios se reconocían como válidos, aunque no se cumpliesen las exigencias establecidas por el Concilio de Trento, y se permitía la asistencia pasiva del sacerdote en dichas celebraciones. Esta solución sería un importante precedente para sus sucesores.

En lo que se refiere a América, supo manejar las tensiones entre el gobierno brasileño y la Iglesia y obtuvo la acreditación de un nuncio ante las autoridades brasileñas, el primer nuncio nombrado como tal para América Latina. Y en Estados Unidos, donde el catolicismo daba muestras de pujanza y vitalidad, el Papa promovió la celebración del Concilio de Baltimore, que se inició el 4 de octubre de 1829. En su única encíclica35, denunció los problemas del liberalismo, anticipándose a plantear los principales problemas que la Iglesia iba a tener con los Estados en los que, en los años posteriores, se consolidó el régimen liberal.

33 Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 423-427.

34 Paredes, Javier, cit. (n. 9), p. 424,

35 Traditi humilitati nostrae, de 24 de mayo de 1829.

El 23 de noviembre de 1830, plenamente consciente, pero en medio de fuertes dolores, recibió los últimos sacramentos, falleciendo una semana después, habiendo durado su pontificado tan sólo veinte meses. Le sucedió Gregorio XVI (1831-1846).

6. beato Pío IX36 (16 junio 1846 – 7 febrero 1878)

El beato Papa Pío IX se encuentra en la genealogía episcopal de dos de los obispos diocesanos de Valparaíso, Emilio Tagle Covarrubias y Francisco de Borja Valenzuela Ríos, que fueron consagrados por el nuncio apostólico de la época, el arzobispo Sebastiano Baggio.

Pío IX (1846-1878) sucedió a Gregorio XVI (1831-1846) y está entrañablemente ligado a Chile. De familia noble, nació en Senigallia, ciudad de la costa adriática cerca de Ancona, el 13 de mayo de 1792. Se ordenó sacerdote el 10 de abril de 1819 y poco después el cardenal Carlo Odescalchi (1786-1841) lo puso en contacto con la espiritualidad ignaciana al punto que el joven sacerdote pensó ingresar a la Compañía de Jesús, decisión de la que fue disuadido por su confesor. En 1823 fue nombrado auditor del delegado apostólico de Chile, mons. Giovanni Muzi, embarcándose en los primeros días de ese año con destino al sur del mundo. Durante casi dos años recorrió Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia y Uruguay, conociendo a fondo la situación misionera de la Iglesia. A su regreso (1825) fue nombrado canónico y poco después, León XII (1823-1829) le encomendó el arzobispado de Spoleto (1827) y después Gregorio XVI lo trasladó a Imola (1832), sedes, ambas, en las que llevó a cabo toda una serie de fecundas iniciativas. El mismo Gregorio XVI lo creó cardenal en 1840, cuando tenía tan sólo 48 años de edad. Fue elegido Papa en un cónclave que apenas duró dos días contra todo presagio, y tomó el nombre de Pío IX en reconocimiento a su bienhechor Pío VII (1800-1823), el Papa que había decidido la misión Muzi a petición de Chile, la primera misión de la Santa Sede a América después de la independencia.

Hasta 1871 circulaba una profecía apócrifa según la cual ningún Papa podría sobrepasar el cuarto de siglo que se atribuye al pontificado romano de san Pedro –annos Petri non videbis–, sin perjuicio de la cual el pontificado de Pío IX superó con creces dicho límite pues duró 31 años, el pontificado más largo de la historia37. Además, gozó de una profunda popularidad entre los fieles. Antes de llegar al pontificado era hombre de profunda vida interior y esto no cambió una vez elegido Papa; fue, además, sencillo, caritativo y siempre sonriente. Y todo esto no cambió a pesar de los sufrimientos que tuvo que padecer en su largo pontificado38 marcado,

36 Balmes, Jaime, Pío IX (Valparaíso, 1848); Cárcel Orti, Vicente, Pío IX (Valencia, 2000); Martina s.j., Giacomo, Pío IX (1846-1850) (Università Gregoriana Editrice, Roma, 1974); Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 438-466.

37 Pío IX poseía un fino sentido del humor por lo que, al cumplir los 25 años de pontificado, hizo colocar en uno de los pilares de la Basílica de San Pedro, justo encima de la imagen de bronce de san Pedro, un mosaico con la fecha de la efemérides.

38 Si consideramos que entre los personajes contemporáneos al Papa se encuentran Pierre-Joseph Proudhom (1809-

entre otros, por la pérdida de los Estados Pontificios39 y su condena del liberalismo40. Durante su pontificado, empero, los católicos más que nunca cerraron filas en torno al sucesor de Pedro; de hecho, la pérdida de los Estados Pontificios coincide con el inicio del progresivo crecimiento de la autoridad moral de los Pontífices romanos, autoridad reconocida, por otra parte, dentro y fuera de la Iglesia. Como pastor de almas, cuidó con esmero el nombramiento de los obispos en todo el mundo, en los que intervino muy directamente. Las órdenes y congregaciones religiosas experimentaron un notable desarrollo y su época fue un período de grandes santos, como san Juan Bosco, o san Juan María Bautista Vianney –el cura de Ars–. Fue además el Papa que declaró el dogma de la Inmaculada Concepción41, que convocó el Concilio Vaticano I (1869-1870) y que durante el mismo declaró el dogma de la infalibilidad papal42. Siendo un gran devoto de san José, el esposo virginal de María, extendió su fiesta a toda la Iglesia y lo proclamó patrono de la Iglesia universal, precisamente el 8 de diciembre de 1870.

1865), Karl Marx (1818-1883), Friedrich Engels (1820-1895), Auguste Compte (1798-1857), Friedrich Nietzsche (1844-1900), Charles Darwin (1809-1882), Metternich (1773-1859), Cavour (1810-1861), Otto von Bismarck (1815-1898) o Napoleón III (1808-1873), no es difícil entender las diversas y no escasas tensiones a las que debió enfrentar su pontificado tanto en lo espiritual como en lo temporal.

39 El Papa, desde la Edad Media, además de su carácter de suprema autoridad para los católicos del mundo entero, había actuado como soberano temporal de los Estados Pontificios lo que, entre otras cosas, le había dado plena independencia respecto de los poderes temporales. El 9 de septiembre de 1870 las tropas italianas iniciaron su avance sobre una Roma indefensa y desguarnecida. En esos momentos estaban reunidos en Roma los obispos del mundo entero en plena celebración del Concilio Vaticano I, que el Papa debió suspender sine die, “en espera de una época más oportuna y propicia”. En 1871 el rey Víctor Manuel fijó la capital en Roma y el gobierno italiano aprobó una Ley de Garantías para regular las relaciones entre el Papa y la Italia unificada, ley que no reconocía al Papa ninguna soberanía territorial. Pío IX rechazó la ley por medio de la encíclica Ubi nos (15 mayo 1871), porque, además de otros motivos, carecía de garantías internacionales y no era irrevocable por lo que en cualquier momento el gobierno italiano podía revocarla unilateralmente. El Papa, además, prohibió a los fieles intervenir en la vida política italiana –ni elegir ni ser elegidos– y se consideró prisionero en el Vaticano, situación que duró cuarenta años, hasta que en 1929 se firmaron los pactos de Letrán entre Pío XI y Musolini que reconocieron el diminuto Estado soberano de la Ciudad del Vaticano, que garantiza la independiente actuación de los Papas en la dirección de la Iglesia universal.

40 Mediante la encíclica Quanta cura, de 8 diciembre 1864, y el Syllabus que le acompañaba.

41 Mediante la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854. “[...] los mensajes de las denuncias y de las condenas de la modernidad en los tiempos en que ésta recogía sus mayores triunfos podían parecer reaccionarios y antihistóricos, pero a la vista de las consecuencias catastróficas de la modernidad [basta pensar en la secuela de horror que han traído al mundo el comunismos, el nazismo y el facismo] resultan más que nunca mensajes auténticamente proféticos. Desde este punto de vista, el magisterio de Pío IX no puede considerarse como un recalcitrante discurso tradicionalista, como a veces ha sido tachado; por el contrario, se levanta como un valiente magisterio profético adelantándose al tiempo”. Paredes, Javier, cit. (n. 9), p. 452.

42 Por medio de la constitución dogmática Pastor aeternus, de 18 de julio de 1870. Se cuenta que el día de la proclamación del dogma había sobre Roma una fuerte tempestad que retumbó en la basílica de san Pedro durante toda la ceremonia, especialmente durante la lectura de la constitución, pero cuando el Papa firmó el documento y se alzó para proclamar el dogma, un rayo de sol atravesó uno de los ventanales de la basílica e iluminó su blanca figura dejando a todos sobrecogidos.

De su paso por Valparaíso quedan huellas en el diario que escribió durante su viaje43: “Valparaíso dista treinta leguas de Santiago, por un camino enteramente transitable aunque necesitado de reparaciones en muchos lugares: este camino es todo por amenos valles y montes, los cuales llegan hasta las playas del mar. En el pequeño espacio que separa los montes de la playa está situada Valparaíso, que consiste principalmente en una sola calle de largo de una legua. En los cerros hay casas, pero de ninguna importancia. Casi la quinta parte de las casas de Valparaíso es de los ingleses y parece que con el tiempo todo será de ellos: el comercio está en sus manos. Los arriendos de las casas son desproporcionados. La casa en que nos hospedamos (por cuenta del Gobierno) estaba alquilada a un hospedero por tres mil escudos y estaban excluidos los almacenes. La casa consistía en un solo piso y muy estrecho.

“La ciudad de Valparaíso fue casi totalmente destruida por un terremoto en noviembre de 1822; esa vez murieron setenta personas. En la actualidad está enteramente construida de nuevo con edificios muy pequeños, pero alegres; la superficie de los muros, especialmente de los nuevos, está cubierta de tablas. La iglesia de los mercedarios está aún destruida en el suelo por el terremoto. La Matriz ha sido reedificada. Pocos días antes de nuestra llegada, la Iglesia de los dominicos había sido hecha cerrar por la irreligiosidad del Gobierno, por el solo motivo de disminuir una iglesia. Existe la iglesia de los agustinos, muy pobre; la de los franciscanos, mediocre; la capilla de los Ejercicios, cuya casa ha sido transformada ahora en hospital. En estas mismas iglesias, y especialmente en la Matriz, monseñor confirmó a varios miles entre adultos y niños.

“El pueblo de Valparaíso está expuesto completamente a los vientos del norte; allí no hay nada construido, ni siquiera un muelle: entonces estaban construyendo y reforzando los fuertes colocados en las dos puntas del puerto. Así son todos los puertos de América, a excepción de alguno que tiene un pequeño muelle. El puerto es muy profundo, de manera que un navío de guerra puede acercarse a la tierra hasta un tiro de pistola”.

Siempre guardó un recuerdo de Chile; “como quería unir el nombre de Chile al de la Inmaculada Concepción –dogma proclamado por él– cada año, en esa fiesta, pedía que a los alumnos chilenos que estudiaban en el Seminario Pío Latino de Roma, se les prepararan alfajores”. Se cuenta igualmente que quedó muy aficionado al charquicán, por lo que “solía recibir a los chilenos que llegaban a su presencia con la frase ‘beati chilenses qui manducant chaquicanem’

43 Breve relación del viaje a Chile del canónigo Juan María Mastai Ferretti de Sinigaglia, en Calm, Lilian, El Chile de Pío IX: 1824 (Editorial Andrés Bello, Santiago, 1987), pp. 98-99. Sobre este viaje también se puede ver D. J. R. D., Viaje de D. Mastai-Ferretti en la América del Sud precedido de un ensayo biográfico de S.S. el Papa Pío IX y seguido de varias encíclicas, breves y el Syllabus (Barcelona, 1876); Belmar, Francisco S., Los legados apostólicos ante el derecho i ante la historia y relaciones diplomáticas entre la Santa Sede i Chile (Santiago de Chile, 1878), I; Gómez Ferreira, Avelino Ignacio, Viajeros pontificios al Río de la Plata y Chile (Córdoba, 1970); de Leturia, Pedro; Batllori, Miguel, La primera misión pontificia a Hispanoamérica 1823-1825. Relación oficial de monseñor Giovanni Muzi (Biblioteca Apostólica Vaticana, Ciudad del Vaticano, 1963); Sallusti, José, Historia de las misiones apostólicas de monseñor Juan Muzi en el Estado de Chile (Santiago, 1906).

(benditos sean los chilenos que comen charquicán)”44. Falleció a los 86 años, el 7 de febrero de 1878. Según sus deseos, está enterrado en la basílica de San Lorenzo Extramuros. Le sucedió León XIII (1878-1903). El Papa Juan Pablo II lo beatificó junto con Juan XXIII, el 3 de septiembre de 2000.

Un balance final de este largo pontificado, a pesar de los hechos aparentemente negativos, como la pérdida de los Estados Pontificios o los ataques contra los católicos provenientes del Kulturkampf de Bismarck, es ampliamente positivo; “pero quizá el fenómeno que convenga especialmente destacar sea la aproximación del Papa al pueblo católico, producido en el curso de este dilatado pontificado. Esa aproximación fue factible gracias al desarrollo de las comunicaciones terrestres y marítimas que posibilitó el viaje a Roma de multitudes de católicos provenientes de todas las partes del mundo. La consecuencia... fue que el Papa dejó de ser un personaje remoto; se hizo próximo y asequible, y sus mismos infortunios y desgracias le acercaron todavía más al corazón de los fieles. Se ha dicho, con razón, que Pío IX fue el primer Papa ‘querido’ de la historia moderna. Por primera vez los católicos miraron y amaron al Papa como a un padre, y su litografía presidió, como un retrato familiar, los hogares de toda la tierra. El Pontificado moderno, son su renovada autoridad en la Iglesia, puede decirse que nació en tiempo de Pío IX”45. En todo caso, su beatificación no ha sido “por sus definiciones dogmáticas ni por sus grandes realizaciones como autoridad suprema de los Estados Pontificios, y ni siquiera por sus actividades pastorales, sino sobre todo porque llevó siempre una vida santa, como joven seminarista, como sacerdote, como obispo y como Pastor supremo de la Iglesia universal, y porque practicó las virtudes teologales y cardinales en grado heroico”46.

7. San Pío X47 (4 agosto 1903 – 20 agosto 1914)

El Papa san Pío X se encuentra en la genealogía episcopal de dos obispos diocesanos, Raúl Silva Henríquez y Gonzalo Duarte García de Cortazar, y en la del obispo auxiliar consagrado por este último, Santiago Silva Retamales.

El segundo santo en la línea genealógica de los obispos porteños, cronológicamente hablando, es un Papa, san Pío X, si bien no es el primero de los Papas que se sitúan en dicha genealogía. Pío X (1903-1914), es el primero de los Papas elegido en el siglo XX. Sucedió a León XIII (1878-1903) que es el Papa que se encuentra entre los dos siglos. A diferencia de los Pontífices que le habían precedido, fue de cuna humilde; su padre era alguacil en Riese, un pueblecito de

44 Calm, Lilian, cit. (n. 43), p.3.

45 Orlandis, José, El pontificado romano en la historia (Madrid, 1996), p. 248.

46 L’Osservatore Romano, 1 septiembre 2000, p. 8.

47 Cabello, Emmanuel, San Pío X y la renovación de la vida cristiana, en Saranyana, Joseph-Ignasi (ed.), Cien años de pontificado romano. De León XIII a Juan Pablo II (Eunsa, Pamplona, 1997), pp. 39-58; Dal-Gal, Jerónimo, San Pío X2 (Barcelona, 1954); Javierre, José María, Pío X (Barcelona, 1951); Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 466-480.

la diócesis de Treviso, en Italia, y por todo patrimonio poseía unos cuantos palmos de tierra de labranza, la casa y una vaca, por lo que la madre tenía que contribuir a incrementar les escasos ingresos con el trabajo de costurera, además de atender a su numerosa familia, en cuyo seno nacieron diez hijos. Riese no tenía más que una pequeña escuelita primaria, donde Giuseppe Melchiore Sarto, que así se llamaba el futuro Papa, dio muestras de poseer un gran talento. Por entonces, el arcipreste, don Tito Fusarini, descubrió las primeras señales de su vocación sacerdotal. La pobreza de los Sarto, sin embargo, hacía impensable su ingreso en el seminario, por lo que el buen arcipreste propuso a su padre que el niño prosiguiera los estudios en Castelfranco, donde funcionaba una escuela secundaria, pensando en convalidarlos más tarde en el seminario. Castelfranco distaba siete kilómetros de Riese pero tampoco había posibilidad de costearle allí una pensión, por lo que el pequeño Giuseppe debió hacer la distancia a pie; de esta manera, todos los días su madre le preparaba la comida, salía de su casa de madrugada y llegaba por la noche. Pero las largas caminatas empezaron a destrozar sus sandalias y sus padres no disponían de dinero para comprarle otras, así que, sin decir nada a sus padres, decidió hacer el recorrido descalzo. Una señora, admirada por el esfuerzo del joven, le ofreció pernoctar en su casa los meses de invierno a cambio de enseñarle las primeras letras a sus hijos. Al cabo de cuatro años de idas y venidas concluyó sus estudios con las notas máximas. Gracias a una beca conseguida por el arcipreste con el cardenal de Venecia, pudo seguir sus estudios en el seminario, donde estaba cuando falleció su padre. A pesar de ello, a su madre ni se le pasó por la cabeza que su hijo mayor abandonara el seminario y la viuda cargó sobre sí la responsabilidad de sacar económicamente a la familia.

Fue ordenado sacerdote en 1858, y enviado como coadjutor a Tombolo y más tarde como párroco a Salzano, en 1867. En 1875 el obispo de Treviso lo nombró canónigo de la catedral, secretario de la curia diocesana y director espiritual del seminario. Sus contemporáneos48, destacan cinco rasgos fundamentales del sacerdote Sarto: el recogimiento con el que celebraba la misa, la dedicación a todas las almas traducida en las muchas horas que permanecía en el confesionario, su afán por la catequesis de los niños, la promoción de las vocaciones sacerdotales y la seriedad con la que se aplicó después de ser ordenado a repasar y ampliar sus estudios de teología.

En 1884 fue nombrado obispo de Mantua, siendo consagrado el 5 de noviembre de 1884 por el cardenal Lucido Parocchi. En 1891 León XIII le ofreció la sede patriarcal de Venecia, que llevaba implícita la púrpura cardenalicia, pero Sarto rehusó por considerarse indigno, lo que a más de uno dejó desconcertado en Roma. Como el Papa insistiera dos años después, comprendió que no podía resistirse. Su gobierno en Venecia no alteró su línea de actuación trazado con nitidez desde sus primeros años sacerdotales: predicación, catequesis, confesionario, atención del seminario, formación del clero, visita a los enfermos, atención a los pobres y marginados. Cuando partió para el cónclave que debía elegir al sucesor de León XIII, se dirigió a sus fieles de Venecia en estos términos: “Rezad para que Dios dirija la elección reuniendo los votos sobre aquel

48 Ferrari, L., Pío X: dalle mie memorie (Vicenza, 1922), la cita la hace Paredes, Javier, cit. (n. 9), p. 467.

que, por su virtud, su inteligencia y su fervor apostólico sea digno sucesor de León XIII”. El cardenal no era consciente de que estaba trazando su propia biografía49.

El pontificado de Pío X se desarrolló en medio de una situación política muy deteriorada50, agravada por diversos magnicidios que se habían producido durante el pontificado de su antecesor51. En su encíclica programática52 fijaba la causa de todos esos males en la lejanía de Dios: “nuestro mundo sufre un mal: la lejanía de Dios. Los hombres se han alejado de Dios, han prescindido de Él en el ordenamiento político y social. Todo lo demás son claras consecuencias de su postura”. Denunciados los males, el Papa señalaba los remedios que, en su conjunto, constituyeron el programa que realizó durante su pontificado y que resumió en las palabras de san Pablo Instaurare omnia in Christo, restaurar todo en Cristo. El balance del mismo no puede ser mejor: “conviene no perder de vista que el fin de la Iglesia, fundada por Jesucristo no es otro que la santificación de todos sus miembros.

Desde esta perspectiva se puede afirmar que el pontificado de san Pío X es uno de los más fecundos y renovadores de la historia, por cuanto su decisiones promovieron la renovación de la vida cristiana y afianzaron la eficacia del gobierno interno de la Iglesia”53. En cuanto a la renovación de la vida cristiana, fueron muchas las decisiones que tomó, las que pueden resumirse en estos cuatro aspectos: la formación doctrinal de los fieles54, la atención a los sacerdotes55, la

49 Cuando se le preguntó si aceptaba su elección como Papa, respondió lloroso y con los labios agitados por el temblor de la plegaria: “Si no es posible que este cáliz pase sí, hágase la voluntad de Dios. Acepto el Pontificado como una cruz”. Y cuando se le pidió el nombre que adoptaría, su respuesta fue: “puesto que los Papas que más han sufrido por la Iglesia en este siglo llevaron el nombre de Pío, tomaré este nombre”. Dal-Gal, Jerónimo, cit. (n. 47), p. 119.

50 A poco de iniciar su pontificado se produjo la separación Iglesia-Estado en Francia mediante una serie de decisiones sectarias contra la Iglesia, que debieron ser condenadas por el Papa con la encíclica Vehementer, de 11 de febrero de 1906, la encíclica Gravísimo officii munere, de 10 de agosto de 1906 y la encíclica Une fois ancore, de 6 de enero de 1907.

51 El presidente de la República francesa, Marie François Sadi Carnot, en 1894; el presidente del gobierno español, Antonio Cánovas del Castillo, en 1897; la esposa de Francisco José I y emperatriz austríaca, Isabel Wittelsbach, en 1898; el rey de Italia, Humberto I, en 1900; el presidente de Estados Unidos, William McKinley, en 1901. Durante su pontificado fueron asesinados el rey de Portugal y su heredero, en 1908; el presidente del gobierno español, José Canalejas, en 1912; y el Papa moriría pocos días después del asesinato, en Sarajevo, del heredero de la corona austríaca, el archiduque Francisco Fernando, en 1914, cuyo asesinato desencadenó la Primera Guerra Mundial.

52 Pío X, E supremi apostolatus (4 octubre 1903). Su texto en Pii X Acta, I, pp. 1-16.

53 Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 468-470.

54 Destaca en este sentido la lucha del Papa contra el modernismo lo que hizo, primero, con la condena de los 65 errores modernistas por medio del decreto Lamentabilis, de 5 de julio de 1907 y, posteriormente, con la encíclica Pascendi, de 8 de septiembre de 1907, el documento más vigoroso de Pío X.

55 El documento que resume todo su afán por una sólida formación del clero según el espíritu de Dios, es la exhortación que el 4 de agosto de 1908 dirigió a todos los sacerdotes del mundo católico en recuerdo de su jubileo sacerdotal. Su texto en Pii X Acta, IV, pp. 237-264.

devoción eucarística y la reforma litúrgica; de hecho, san Pío X será siempre recordado como el Papa que fomentó el culto a la Eucaristía, la comunión frecuente y a ser posible diaria56 y quien rebajó la edad para que los niños pudieran recibir la primera comunión al llegar al uso de razón57.

En cuanto al gobierno de la Iglesia, destaca la codificación del derecho canónico que culminó su sucesor, Benedicto XV con la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917 que, con el tiempo, sería sustituido por otro Pontífice vinculado a los obispos de Valparaíso, Juan Pablo II. Otra reforma importante en lo referido a la vida interna de la Iglesia fue la reforma de la Curia romana que, en sus líneas fundamentales, había quedado sin mayores cambios desde el organigrama original diseñado por Sixto V (1585-1590) al momento de establecerla el 1588; la constitución Sapienti Concilio, de 29 de junio de 1908, estableció una nueva estructura en la que se revisaba totalmente la organización de los oficios, congregaciones y tribunales, que fueron actualizados y cuyas competencias fueron nuevamente definida58. El mismo Papa que sustituiría el Código de Derecho Canónico, Juan Pablo II, se encargaría de introducir nuevas reformas a la Curia romana para ponerla a la altura de los tiempos nuevos del fin del milenio.

Murió el 20 de agosto de 1914, a poco de haberse iniciado la Primera Guerra Mundial. Aportó a la etapa de los grandes pontificados de la época contemporánea no sólo su destacado magisterio, sino también el ejemplo de su vida santa. Fue beatificado por Pío XII el 3 de julio de 1951 y canonizado por el mismo Pontífice el 29 de mayo de 1954. Es el último Papa proclamado santo desde san Pío V (1566-1572). Está enterrado en un altar lateral de la nave izquierda de la Basílica de San Pedro, en Roma.

8. benedicto XV59 (3 septiembre 1914 – 22 enero 1922)

Se encuentra en la línea genealógica del actual obispo diocesano de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortazar ss.cc. y del actual obispo auxiliar consagrado por él, Santiago Silva Retamales.

Benedicto XV (1914-1922) forma parte de la zaga de los grandes Papas del siglo XX, pero

56 Pío X, Decreto Sacra Tridentina Synodus, 20 diciembre 1905, en Pii X Acta, II, p. 254.

57 Pío X, Decreto Quam singulari, 8 agosto 1910, en Acta Apostolicae Sedis 2 (1910), pp. 577-583.

58 Uno de los primeros actos de su pontificado fue fulminar excomunión reservada de modo especial al Papa contra cualquiera que se atreviera a presentar en los cónclaves el veto contra la elección de algún cardenal en particular o se hiciera cómplice del mismo en cualquiera manera. Esto tuvo su origen en el veto presentado al interior del cónclave por el cardenal de Cracovia en nombre del emperador de Austria contra la posible elección del cardenal Mariano Rampolla del Tíndaro que había sido secretario de Estado de León XIII. Constitución Commissum Nobis, de 20 de enero de 1904, en Pii X Acta, I, pp. 289-292.

59 Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 480-489; Requena, Federico M., Benedicto XV, un Papa entre dos mundos, en Saranyana, Joseph-Ignasi, cit. (n. 47), pp. 59-76.

es el menos conocido de todos ellos60. Giacomo della Chiesa nació en Génova, el 21 de noviembre de 1845. Cuando manifestó su deseo de ingresar al seminario, su padre le impuso como condición hacer previamente sus estudios de derecho; obedeciendo a su padre estudió en la universidad de Génova alcanzando el grado de doctor en derecho (1875) lo que le salvó la resistencia paterna y pudo ingresar al seminario y a la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote a los 33 años e ingresó a la Academia de Nobles Eclesiásticos, al tiempo que se doctoró en derecho canónico. Ingresó como auxiliar a la Secretaría de Estado, donde conoció a Mariano Rampolla (1843-1911) quien, cuando fue nombrado nuncio en Madrid, se lo llevó como secretario privado. Cuando Mariano Rampolla fue nombrado cardenal Secretario de Estado por León XIII (1878-1903), se llevó consigo a della Chiesa quien se incorporó nuevamente en la Secretaría de Estado como simple minutante a pesar de la cual, al contar con la confianza del cardenal, desempeñó tareas de cierta importancia incluso fuera de Italia. El mismo cardenal se opuso a que lo nombraran arzobispo de Génova por considerar más valiosa su colaboración a la Iglesia en su calidad de simple minutante de la Secretaría de Estado. El Papa san Pío X lo nombró arzobispo de Bolonia y él mismo lo consagró en la capilla Sixtina (22 diciembre 1907). En su sede el nuevo arzobispo realizó un magnífico trabajo, ganándose el afecto de todos por su bondad y su intensa actividad en la diócesis. El mismo Papa le manifestó por escrito la satisfacción que le producía el desempeño de su cargo como arzobispo de Bolonia, lo que quiso reconocerle creándole cardenal (25 mayo 1914), nombramiento que le permitió, cuatro meses después, participar en el cónclave que lo elegiría Papa con el nombre de Benedicto XV, adoptado en reconocimiento de Próspero Lambertini, que había sido predecesor suyo en la arquidiócesis de Bolonia y Papa con el nombre de Benedicto XIV.

Fue el Papa de la Primera Guerra Mundial, pero sus numerosos llamados a la paz no fueron o no quisieron ser escuchados. Esto no impidió que el Papa desplegara todos sus esfuerzos emprendiendo numerosas acciones caritativas en beneficio de los afectados por la guerra61. Durante la guerra, en mayo de 1917, el Papa consagró obispo a Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, y lo envió como nuncio a Munich, pero a pesar de todo el esfuerzo desplegado, el Papa no sólo no fue escuchado, sino que se le denigró. El corto pontificado de Benedicto XV transcurre durante la guerra europea, a pesar de lo cual no se despreocupó de los asuntos internos de la Iglesia. Prueba

60 A pesar de ello, el actual Pontífice reinante, Benedicto XVI, escogió su nombre inspirado en la figura de Benedicto XV.

61 Dispuso que el sustituto de la Secretaría de Estado en sus propias dependencias una oficina para recabar datos sobre combatientes desaparecidos y dar información a sus familias, iniciativas que se llevaron adelante sin excluir a nadie por motivos de religión o nacionalidad. En conjunto, unos cien mil prisioneros de guerra heridos fueron trasladados a países neutrales. Sólo en Alemania, con el apoyo del episcopado, se siguió la pista de 800.000 desaparecidos, de los que la administración estatal no tenía ninguna noticia; de ellos se pudo localizar el paradero de una octava parte, de la que todavía vivían 66.000 soldados. Además tomo algunas medidas que facilitaran la actuación de los capellanes militares en el frente; por ejemplo, autorizó para los soldados que iban a entrar en combate, la absolución general sin confesión previa de sus pecados, cuando ésta se hacía imposible por el número de personas, con la obligación de que los penitentes los declarasen auricularmente en la primera oportunidad que tuvieran posteriormente. Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 484-485.

de ello es que el 27 de junio de 1917 promulgó el Código de Derecho Canónico cuyos trabajos se habían iniciado bajo el pontificado de su antecesor, san Pío X. Durante su pontificado las misiones conocieron una importante expansión62, y tomó algunas decisiones de carácter ecuménico63. Fue durante su pontificado que la Virgen se apareció a tres pastorcitos en Fátima64.

El Papa falleció el 22 de enero de 1922 y está enterrado en las grutas vaticanas, en un sarcófago con su estatua yacente, costeada por la arquidiócesis de Bolonia. En otro lugar distante, en Estambul, se erigió una estatua de este Pontífice, con una placa en la que se puede leer: “Al gran Papa que vivió la tragedia mundial como benefactor de todos los pueblos, al margen de su nacionalidad o religión”.

9. Pío XII65 (2 marzo 1939 – 9 octubre 1958)

El Papa Pío XII se encuentra en la genealogía episcopal del actual obispos diocesano, Gonzalo Duarte García de Cortazar, y de su auxiliar, Santiago Silva Retamales, consagrado por él.

Eugenio Pacelli era romano; nació en el seno de una familia de las más distinguidas de Roma y estrechamente ligada al Vaticano por los servicios prestados al papado desde generaciones anteriores. Fue su hogar el que le permitió adquirir las sólidas virtudes cristianas que lo caracterizaron siempre, y no el colegio, pues se educó en el liceo estatal Visconti cuyos profesores eran afamados militantes laicistas, ambiente en el que, sin embargo, se fraguó su vocación sacerdotal. Su formación intelectual no anduvo a la zaga; se doctoró en Filosofía y en Teología en la Universidad Gregoriana y, ya ordenado sacerdote, se doctoró en derecho canónico y en derecho civil por el Ateneo Pontificio de San Apolinar. Pronto ingresó a la curia romana y a la diplomacia

62 Encíclica Maximum illud, de 30 de noviembre de 1919, en la que traza las líneas fundamentales de las misiones, presentando la concepción universal de la Iglesia, que acoge a todos los hombres sin discriminaciones nacionales, por ser todos hijos de un mismo Padre y redimidos sin excepción por Jesucristo en la cruz. Se recuerda a los misioneros que no son embajadores de sus Estados, sino de Cristo y se propone como objetivo primordial la formación de un clero indígena, sin rebaja alguna respecto del de Europa, para que, con el tiempo, se le encargara en gobierno de sus iglesias.

63 En febrero de 1916 estableció para toda la Iglesia el octavario para rezar por la unidad de todos los cristianos. Para conseguir la aproximación a los orientales, en 1917 creó una congregación especial para la Iglesia oriental y fundó el Instituto Oriental. Al final de su pontificado tuvo lugar un encuentro con los anglicanos, conocido como las primeras conversaciones de Malinas, celebradas entre el 6 y el 8 de diciembre de 1921.

64 Los pastorcitos se llamaban Jacinta, de siete años, Francisco, de nueve años, y Lucía de diez años. Fueron seis apariciones que ocurrieron cada mes desde el 13 de mayo al 13 de octubre de 1917. Fueron sometidas a proceso canónico desde 1922 y declaradas dignas de crédito en 1930, autorizándose el culto oficial a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima. En la actualidad es uno de los santuarios de mayor peregrinación en el mundo católico. Jacinta y Francisco fueron beatificados por Juan Pablo II y están enterrados en la basílica construida en la explanada de Fátima, en Portugal.

65 Orlandis, José, El Papa Pío XII, en Saranyana, Joseph-Ignasi, cit. (n. 47), pp.121-135; Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 511-526.

pontificia. El Papa Benedicto XV lo nombró nuncio en Alemania (1917) y lo consagró obispo. De regreso a Roma en 1929 fue creado cardenal por el Papa Pío XI (1929) asumiendo poco después la Secretaría de Estado en reemplazo del anciano cardenal Pedro Gasparri (1930). En los años siguientes realizó diversos viajes como legado pontificio, incluida América Latina, viajando en 1934 a Buenos Aires y Río de Janeiro con ocasión de XXXII Congreso Eucarístico Internacional. Al morir Pío XI, “Eugenio Pacelli estaba intelectualmente muy bien dotado, era piadoso, sabía moverse a la perfección en la curia romana y era el personaje eclesiástico más conocido en las chancillerías”66, condiciones todas estas que lo hacían el candidato ideal y que fueron tomadas en cuenta por los cardenales reunidos en cónclave para elegir al nuevo Papa. De hecho, en menos de 24 horas y en apenas 3 votaciones obtuvo la mayoría necesaria, rompiendo con ello el viejo dicho popular romano según el cual quien entra al cónclave como Papa sale cardenal.

Durante su pontificado se desarrolló la Segunda Guerra Mundial. Desde el día siguiente de su elección hizo todo lo posible para evitarla, pero nadie estaba dispuesto a escucharle. A pesar de esto, durante los años que duró la gran guerra, la Santa Sede no escatimó esfuerzos en sus gestiones diplomáticas y en el gran número de gestiones humanitarias que se desplegaron, en las que no faltó la intervención directa y personal del Papa. Las ayudas humanitarias del Papa se dirigieron con especial atención a los grupos más perseguidos, como el de los judíos67. Durante el tiempo de la guerra y en los años posteriores fue unánime el reconocimiento sobre la actuación del Pío XII a favor de los judíos. En 1963, sin embargo, se presentó una obra de teatro denominada “El Vicario”, que, en un alarde de deformación de la realidad, culpaba al Papa de cómplice del holocausto. Se inició así una leyenda negra que grupos interesados se encargaron de alimentar, hasta que el Papa Juan Pablo II, seguro, como dijo, de que la Iglesia no teme la verdad, dispuso que se abriera el Archivo Secreto Vaticano en lo que se refiere a la labor desarrollada por Eugenio Pacelli en Alemania y la labor desplegada por la Santa Sede a favor de los judíos.

Las primeras investigaciones sobre documentos de primera mano están corroborando la ingente labor del Papa a favor de los judíos, mostrando lo escandaloso de las calumnias que se plantearon en los años 60 y siguientes sobre el Papa. “El infundio, no obstante, ha servido para espolear la curiosidad histórica de varios intelectuales, de manera que al día de hoy conocemos con precisión la actuación de Pío XII respecto a los judíos. Es más, me atrevería a afirmar que de no haber sido por ese escándalo, el paso del tiempo hubiera perdido en el olvido muchas de las realizaciones humanitarias de Pío XII”68. El más firme mentís de tales infundios fue el hecho que, terminada la guerra, el gran rabino de Roma, Israel Zolli, se hizo católico y, al bautizarse,

66 Hatch, A.; Walshe, S., Corona de Gloria. Vida del papa Pío XII (Madrid, 1958). La cita es de Paredes, Javier, cit. (n. 9), pp. 513-514.

67 Como lo había hecho Benedicto XV durante la Primera Guerra Mundial, el mismo día en que se desencadenó el conflicto, el Papa organizó los servicios para facilitar información sobre prisioneros de guerra y desaparecidos. Durante todos los años de la guerra se atendió a once millones de peticiones de búsqueda.

68 Paredes, Javier, cit. (n. 9), p. 517.

en homenaje de Pío XII escogió el nombre de Eugenio.

Se ha acusado al Papa de haber guardado silencio, al no haber condenado al nazismo durante la guerra. Lamentablemente, la experiencia mostró que cuando los obispos de algún lugar hacían denuncias públicas, se seguía sistemáticamente una durísima represión, que en algunos lugares, como en Holanda, fue particularmente cruel. Esto hizo aconsejable no realizar condenas públicas que, en el evento de haber sido hechas por el Papa, por el particular eco que ellas habrían tenido, habrían acarreado daños graves a quienes, precisamente, se trataba de proteger69. La historia ha mostrado, empero, que cada vez que pudo, el Papa las hizo, incluso ante los mismos nazis.

El magisterio de Pío XII fue amplio y no quedó reducido a círculos estrechos sino que quiso darle la mayor difusión; en este sentido son famosos sus radiomensajes de Navidad. No es éste el momento de referirnos a este magisterio, pero no puedo silenciar, por ejemplo, la encíclica Mistici Corporis Christi (1943) sobre el cuerpo místico de Cristo70, o la Humani generis (1950) sobre las relaciones entre la fe y la ciencia, desautorizando la llamada ‘nueva teología’, que se presentaba como una nueva versión del modernismo, que ya había sido condenado por san Pío X71.

69 En un testimonio recientemente republicado del siervo de Dios Pirro Scavizi, se puede leer el encuentro que tuvo con Pío XII al volver a Roma del frente ruso, por segunda vez, en 1942, con el tren hospital en el que trabajaba como capellán de la Orden de Malta. Visitaba al Papa para informarle del éxito de la misión de ayuda a los perseguidos, realizada secretamente por encargo del mismo Pontífice, y sobre los horrores nazis en Austria, Alemania, Polonia y Ucrania: “El Papa, de pie junto a mí, me escuchaba emocionado y conmovido; alzó las manos al cielo y me dijo: ‘Diga a todos, a todos los que pueda, que el Papa agoniza por ellos y con ellos. Dígales que muchas veces he pensado en fulminar con la excomunión el nazismo, en denunciar ante el mundo civil la bestialidad del exterminio de los judíos. Hemos escuchado amenazas gravísimas de represalias no contra Nuestra persona, sino contra los pobres hijos que se encuentran bajo el dominio nazi. Por diversos trámites, nos han llegado encarecidas recomendaciones para que la Santa Sede no tome una actitud drástica. Después de muchas lágrimas y muchas oraciones, he llegado a la conclusión de una protesta de mi parte no sólo no habría ayudado a nadie, sino que habría suscitado las iras más feroces contra los judíos y multiplicado los actos de crueldad, pues están indefensos. Quizá mi protesta me habría procurado la alabanza del mundo civil, pero habría provocado una persecución contra los pobres judíos todavía más implacable que la que sufren’”. Pacelli, Emilia Paola, Pío XII: el martirio del silencio. Sólo poniéndose en el plano de la fe se puede valorar correctamente su actuación, en L’Osservatore Romano [ed. español], 24 noviembre 2000, p. 11.

70 Analiza la naturaleza de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo y sale al paso de quienes sostienen que existe una Iglesia carismática y otra jerárquica, al afirmar que “no puede haber... ninguna verdadera oposición o pugna entre la misión invisible del Espíritu Santo y el oficio jurídico que los pastores y doctores han recibido de Cristo”. Esta encíclica es considerada una de las bases más importantes de la eclesiología actual.

71 Según el Papa, todas las ciencias, incluidas la filosofía y la teología, deben tender, más allá del afán de novedad, a la búsqueda de la verdad en su orden. Dentro de la Iglesia, los hallazgos del pasado de las ciencias sagradas deben ser tenidos en cuenta en los desarrollos actuales. Por lo que se refiere a las ciencias profanas, la encíclica subraya su lícita autonomía metodológica, pero sus conclusiones no deben contradecirla, ya que tanto el mundo como el saber teológico tienen su origen en Dios. En cuanto a la libertad de los teólogos se admitía la libertad de establecer discrepancias y de crear escuelas diferenciadas, pero dentro de los márgenes doctrinales del magisterio que delimitan el espacio dentro del cual el teólogo se puede mover con libertad, toda vez que la teología no tiene una autonomía absoluta en cuanto no puede actuar de espaldas ni mucho menos en contra del magisterio.

En materia disciplinar y con el fin de facilitar la confesión frecuente, modificó la disciplina del ayuno eucarístico reduciéndolo a tres horas72; también permitió que se pudiera cumplir con el precepto dominical, asistiendo a misa los sábados por la tarde. Al igual que sus predecesores, continuó el esfuerzo por potenciar las misiones, siendo paradigmático el hecho de haber sido él quien consagrara al primer obispo negro de la historia de la Iglesia73. Y fue este Papa romano el que le dio internacionalidad al colegio cardenalicio74. Por su parte, elevó a los altares a casi un centenar de personas, entre los que se contaba su predecesor san Pío X75. Pero la decisión más importante de todo su pontificado fue la proclamación del dogma de la Asunción al Cielo de la Virgen María en cuerpo y alma76, a la que agregó la consagración del mundo a María e instituyó la solemnidad de María Reina.

Falleció el 9 de octubre de 1958, tras 19 años de pontificado. Pablo VI inició su proceso de beatificación en 1965, el que se encuentra actualmente abierto.

10. Pablo VI77 (21 junio 1963 – 6 agosto 1978)

El Papa Pablo VI se encuentra en la genealogía episcopal del actual obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortazar, y del obispo auxiliar consagrado por él, Santiago Silva Retamales.

Nació el 26 de noviembre de 1897 en la casa de campo que su familia tenía en un lugar cercano a Brescia ciudad donde habitaba la familia Montini integrada por los padres, otros dos hermanos, la abuela paterna y una tía soltera. Su padre era abogado y llegó a ser diputado por el Partido Popular, además de director de un periódico, labores por las que fue duramente perseguido durante el período fascista de Musolini. Desde sus primeros años el joven Giovanni se

72 Hasta entonces se debía ayunar desde las 12 de la noche del día anterior y tampoco se podía beber agua durante esas horas.

73 Quizá con dos novedades respecto de sus predecesores. La primera: Europa debía dejar de ser el único continente del que salieran los misioneros, con lo que se implicaba los demás continentes, especialmente América. La segunda es que debía dejar de identificarse a los misioneros con los religiosos, por lo que el clero secular también tenía que colaborar en la expansión misionera. Cfr. Paredes, Javier, cit. (n. ), p. 524.

74 En su primer consistorio el Papa creó cuatro cardenales italianos y 28 del resto del mundo. En el segundo consistorio, de los 24 cardenales, sólo ocho eran italianos.

75 Fueron 51 beatos y 33 santos entre los que, además de san Pío X, se encuentran san Antonio María Claret (18081870), Santa Gema Galgani (1878-1903), santa María Goretti (1890-1902), santo Domingo Savio (1842-1857), etc.

76 Lo hizo mediante la bula Munificentissimus Deus, de 1 de noviembre de 1950, en una solemne ceremonia a la que asistieron 600 obispos y un gran número de fieles.

77 González Novalín, José Luis, Juan Bautista Montini. Una vida para el papado, en Saranyana, Joseph-Ignasi, cit. (n. 47), pp. 169-208; Guitton, Jean, Paolo VI segreto4 (San Paolo, Torino, 2002); Hebblethwaite, Peter, Pablo VI. El primer Papa moderno (Buenos Aires, 1995); Paredes, Javier, cit. (n.), pp. 547-572;

vio aquejado de continuas enfermedades que le acompañaron hasta su muerte; de hecho, a poco de iniciados sus estudios en un colegio jesuita debió dejar las clases por sus numerosas convalecencias, hasta que tuvo que dejar el colegio. Definida su vocación sacerdotal, la que sorprendió a sus padres quienes entendían que, por su poca salud, no soportaría el régimen de internado en el seminario, consiguió del obispo un permiso para cursar sus estudios seminarísticos como externo, lo que, por lo demás, le permitió compatibilizar sus estudios sacerdotales con la participación activa en diversos movimientos asociativos católicos.

Fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1920 por el obispo de Brescia, quien, una vez ordenado, lo envió a Roma a ampliar sus estudios de teología y derecho canónico, lo que le permitió pasar a ser alumno de la Pontificia Universidad Gregoriana; también se matriculó en la Universidad La Sapienza, de Roma a estudiar letras, pero tuvo que suspender estos estudios. En 1921 inició estudios diplomáticos en la entonces denominada Academia de Nobles Eclesiásticos, que era el centro académico en el que se formaban los futuros diplomáticos de la Iglesia.

En 1923 fue nombrado agregado de la nunciatura en Polonia. De regreso a Roma fue nombrado asistente eclesiástico del Círculo Universitario de Roma, al tiempo que continuaba sus estudios obteniendo el grado de doctor. En 1925 se incorporó a la Secretaría de Estado, iniciando una carrera que, durante treinta años, le hizo pasar desde el más bajo de los minutantes a prosecretario de Estado. El mismo año 1925 fue designado conciliario de los universitarios católicos italianos, cargo en el que se desempeñó hasta 1933 y que fue determinante para la formación de quienes serían los futuros líderes católicos de la Italia posterior al facismo.

El 13 de diciembre de 1937 fue nombrado sustituto de la Secretaría de Estado para Asuntos Eclesiásticos Ordinarios, puesto en el que sirvió a la Iglesia el último año del pontificado de Pío XI, siendo Secretario de Estado el cardenal Eugenio Pacelli, a quien acompañó cuando el cardenal Secretario de Estado fue nombrado legado pontificio al XXXIV Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Busapest en julio de 1938. Por razones de su oficio, monseñor Montini estuvo presente en la agonía de Pío XI en la madrugada del 10 de febrero de 1939.

Cuando el cardenal Pacelli fue elegido Papa con el nombre de Pío XII, designó Secretario de Estado al cardenal Maglione, continuando monseñor Montini con sus tareas; cuando falleció el cardenal Secretario de Estado, el Papa no nombró sucesor sino que asumió él personalmente las tareas que le correspondían, contando con la ayuda de sus dos colaboradores más directos, monseñor Montini y monseñor Tardini a quienes promovió al cargo de prosecretarios de Estado. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Papa Pío XII le encargó numerosas misiones humanitarias especialmente dirigidas a la defensa de los judíos brutalmente perseguidos por los nazis. Terminado el conflicto, monseñor Montini continuó en la Secretaría de Estado, si bien debió sufrir críticas que, no obstante ser infundadas, no podían menos de afectarle anímicamente78.

78 Los antiguos fascistas nunca le perdonaron que interviniera ante el representante de Estados Unidos ante la Santa

El Papa hizo oídos sordos a todas ellas. El 1 de noviembre de 1954, sin embargo, fue nombrado arzobispo de Milán y, por lo mismo, alejado del Vaticano. Pío XII hubiese querido consagrarlo personalmente, pero por encontrarse enfermo, lo hizo el cardenal decano, Eugenio Tisserant en la basílica de San Pedro del Vaticano.

Entró en su diócesis el 6 de enero de 1955 en auto descubierto, acompañado del alcalde socialista79. Al mes de haber tomado posesión de su diócesis publicó su primera carta pastoral80 y al finalizar el primer año había visitado 700 de las 822 parroquias existentes en su diócesis. Esto le permitió conocer la diócesis milanesa y concebir la idea de una Misión en cuya preparación ocupó dos años, y que se celebró del 5 al 24 de noviembre de 1957. “Una misión de nuevo cuño... encaminada a reconciliar la cultura moderna con la tradición religiosa que, pese al secularismo moderno, impregnaba la vida de la ciudad. Le dio del calificativo de ‘urbana’, en vez de ‘popular’, que tradicionalmente se le aplicaba, e insistió en la moderación y sobriedad de los actos, que sin solemnidades ruidosas, deberían llegar al seno de cada casa, como si se tratara de una celebración familiar”81.

A la muerte de Pío XII, el arzobispo de Milán era un candidato indiscutido, pero había un hecho que impedía, al menos por tradición, elegirle Papa: el hecho concreto de que no era cardenal. Aunque la sede milanesa era sede cardenalicia, Pío XII por razones que se desconocen, no lo hizo cardenal. No obstante esto, al parecer en las primeras votaciones, el nombre del arzobispo de Milán apareció en algunas de las papeletas, pero los cardenales no quisieron romper la tradición de que el futuro Papa surgiera del seno del colegio cardenalicio, por lo que eligieron al entonces cardenal patriarca de Venecia que asumió con el nombre de Juan XXIII, un Papa de transición según se dijo entonces, pero la historia se encargaría de demostrar lo equivocado del juicio. Uno de los primeros actos oficiales que hizo Juan XXIII fue nombrarle cardenal82.

Sede con el fin de evitar la entrada de Italia en la guerra. Otras le acusaban de ser filoizquierdista, lo que por esos años era lo mismo que acusarle de ser amigo de los enemigos de la Iglesia, teniendo en cuenta el ataque que por esos años llevaban adelante los comunistas contra la Iglesia.

79 En su primera homilía pronunciada en la catedral de Milán reconocía con humildad que no tenía otro título para presentarse ante ellos que el haber sido enviado por la Iglesia, agregando a continuación con energía “¡Soy apóstol y soy obispo! ¡Pastor, padre, maestro y ministro del Evangelio! No es otro mi cometido entre vosotros”. Cfr. Paredes, Javier, cit. (n.), p. 554.

80 Omnia nobis Christus est (= Cristo es todo para nosotros), de profundo contenido cristológico que se convirtió en tema constante de su predicación junto con la Virgen María a quien se refería como la encarnación de la belleza.

81 González Novalín, J. L., Juan Bautista Montini. Una vida para el papado, en Anuario de Historia de la Iglesia 6 (Pamplona, 1997), la cita es de Paredes, Javier, cit. (n.), p. 555.

82 El día en que Juan XXIII iba a ser coronado, poco antes de bajar a la ceremonia, habiendo decidido ya la creación cardenalicia del arzobispo Montini, pero aún no hecha pública, escribió al cardenal de Milán estas letras: “Excelencia queridísima, estoy a punto de bajar a San Pedro para la gran ceremonia. Pienso en San Carlos, en su sucesor [el arzobispo Montini] y en todos los milaneses juntos, clero y pueblo. En seguida anunciaré el consistorio, en el que figurarán los nombres de monseñor Montini y monseñor Tardini. Pero esto sucederá en el plazo de una semana; mientras

A la muerte de Juan XXIII el cónclave que debía elegir su sucesor no fue muy largo; al segundo día y a la quinta votación fue elegido el cardenal de Milán quien asumió el nombre de Pablo VI, por su particular devoción al Apóstol de las Gentes y la ceremonia de coronación tuvo lugar, precisamente, en su festividad. La ceremonia de coronación se hizo por primera vez en la plaza de San Pedro y fue la última vez que se vio a un Papa con la tiara, la triple corona propia del Romano Pontífice desde el siglo XIII83.

Su pontificado está marcado por la continuación del Concilio Vaticano II y su puesta en práctica84. Fue, además, un pontificado de reformas importantes en la Iglesia. Por ejemplo, dispuso la creación del Sínodo de los Obispos85, se suprimió el índice de libros prohibidos y se reformó profundamente la Congregación del Santo Oficio que pasó a llamarse Congregación para la doctrina de la fe86; se reformó la Curia romana que todavía se regía por las normas dadas por san Pío X en 190887; y con el fin de internacionalizarla se limitó el nombramiento de sus miembros a cinco años. Una reforma, quizá menor en su entidad, pero importante por sus efectos, fue la imponerse el límite de los 75 años a los obispos y otras dignidades para presentar su renuncia como titulares de sus cargos eclesiásticos. El colegio cardenalicio fue más internacionalizado y la proporción de cardenales no italianos sobrepasó con creces la de los italianos; pero

tanto quedará en absoluto secreto”. La respuesta de monseñor Montini fue la siguiente: “Saber que el Papa, en el día de su coronación, en la fiesta de san Carlos, antes de la gran ceremonia, se acuerda del que suscribe humildemente y se digna revelarle secretos, con una simplicidad que enriquece enormemente el valor del documento, es algo que deja sin aliento e impide encontrar una adecuada expresión de gratitud”. Colombo, G., Ricordando Giovanni Battista Montini arcivescovo e papa (Roma, 1989), la cita es de Paredes, Javier, cit. (n.), p. 555. Se dice que cuando Juan XXIII le impuso el capelo cardenalicio, le habría dicho “Bien sabe, su eminencia, que es usted quien debiera estar ocupando el lugar en el que yo me encuentro”.

83 Era de oro macizo y se la habían regalado sus fieles milaneses. Tras la ceremonia fue subastada para recaudar fondos para obras de caridad.

84 Los biógrafos de Pablo VI están contestes en que, por su carácter, no se habría atrevido a convocar un Concilio Ecuménico. Esto es, de haber sido elegido Papa al morir Pío XII –lo que habría sucedido si hubiera sido cardenal, pero Pío XII, por razones no conocidas, no lo hizo– no habría convocado el Concilio y, de paso, el patriarca de Venecia, dada su avanzada edad, habría fallecido. Pero como no era cardenal no fue elegido y se eligió –en términos humanos– un Papa de transición que no dudó en convocarlo cuando entendió que esos eran los deseos de Dios. Juan XXIII lo convocó, lo inauguró, presidió su primera sesión y falleció. Aunque monseñor Montini no habría convocado un Concilio, al ser elegido Papa no pudo sino que continuarlo. Hebblethwaite, Peter, cit. (n. 77), pp. 237-241. Es la historia de la Iglesia que, no obstante las apariencias, es dirigida por Dios.

85 Motu proprio Apostólica sollicitudo, de 15 septiembre 1965, promulgado apenas iniciado el último período conciliar. El Sínodo de los Obispos es definido por el canon 342 del Código de Derecho Canónico como “una asamblea de obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo”.

86 Motu proprio Integrae servandae, de 7 de diciembre de 1965.

87 Constitución apostólica Regimine Ecclesiae universalis, de 15 de agosto de 1967.

se limitó en 80 años la edad para participar en el cónclave elector de un nuevo Papa.

El ecumenismo fue otro de los rasgos importantes de su pontificado, siendo particularmente significativo su fraternal abrazo con el patriarca de Constantinopla Atenágoras I en el Monte de los Olivos los primeros días de enero de 1964 en su viaje a Tierra Santa, el primero de los nueve viajes que hizo fuera de Italia88, a diferencia de Juan XXIII que, si bien había salido fuera de Roma, había viajado sólo al interior de Italia. A Pablo VI le correspondió convocar el año santo de 1975 y a él se debe la costumbre de hacer el Vía crucis cada Viernes Santo en el coliseo de Roma, con la finalidad de resaltar la continuidad entre los cristianos del siglo XX y los mártires de la primera cristiandad. Y el mismo Papa estableció la Jornada Mundial de la Paz que se celebra el primer día de cada año, bajo un lema concreto para que los creyentes mediten y recen. Por otra parte, él fue quien proclamó como doctoras de la Iglesia a las dos primeras mujeres: santa Catalina de Siena (1347-1380) y santa Teresa de Jesús (1515-1582).

El magisterio de Pablo VI debió desenvolverse en medio de circunstancias hasta su tiempo inéditas en la Iglesia. Por cierto que las herejías no eran ninguna novedad, pues, con mayor o menor virulencia, ellas han estado presentes en toda la historia de la Iglesia. Sin embargo, las desviaciones doctrinales de los años de su pontificado tuvieron unas características propias que las distinguen de las de otros períodos: “en primer lugar, llaman la atención por su número y por su diversidad, de manera que puede afirmarse que no hubo aspecto del dogma y de la moral que no fuera rebatido. Por otra parte, los ataques doctrinales del pasado tenían una localización externa, porque o bien procedían de personas que no eran católicas en unos casos, o bien en otros si los promotores eran católicos acababan abandonando la Iglesia; sin embargo, durante el pontificado de Pablo VI, de acuerdo con la táctica del modernismo, el daño y la confusión fue mayor porque no pocos de los que se enfrentaron radicalmente a la doctrina de la Iglesia, permanecieron a la vez dentro de ella. Alguna relación con este calamitoso estado de cosas debe tener la conocida frase de Pablo VI de que el “humo del infierno había penetrado dentro de la Iglesia.- Como algún autor ha afirmado, la defensa del depósito de la fe fue, por tanto, la cruz y la gloria de Pablo VI”89.

88 Tierra Santa (enero 1964); India (2-5 diciembre 1964); Nueva York y la ONU (octubre 1965); Fátima (13 mayo 1967); Turquía (22-26 julio 1967); Bogotá y Medellín (agosto 1968); Ginebra (junio 1969); Uganda (31 julio 1969) y Extremo Oriente (26 noviembre a 5 diciembre 1970), el último y más largo de sus viajes.

89 Paredes, Javier, cit. (n.), pp. 560-561. En lo referido al dogma, está la primera de sus encíclicas, Ecclesiam suam (6 agosto 1964), la encíclica Mysterium fidei (3 septiembre 1965) sobre la doctrina y el culto de la sagrada Eucaristía, el Credo del Pueblo de Dios (30 junio 1968), exposición de la fe de la Iglesia. En cuanto al sacerdocio, la encíclica Sacerdotalis caelibatus (24 junio 1967), confirmando la doctrina del celibato sacerdotal, y la declaración Inter insigniores (15 octubre 1976), en la que expone las razones por la no aceptación de las mujeres al sacerdocio. En materia moral es la constitución apostólica Paenitemini (17 febrero 1966) sobre la mortificación cristiana, el ayuno y la penitencia. En relación con la liturgia es la exhortación apostólica Marialis cultus (2 febrero 1974), y en relación con la espiritualidad es la exhortación apostólica Gaudete in Domino (9 mayo 1975) sobre la alegría cristiana. Pero uno de los documentos postconciliares más citados fue la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975) sobre la evangelización en el mundo contemporáneo. Sobre la familia, quizá el texto más contestado fue la encíclica Humanae vitae

Falleció al atardecer del domingo 6 de agosto de 1978, día en que la Iglesia celebraba la fiesta de Transfiguración del Señor. Sus últimas palabras fueron “Pater noster qui est in coelis”.

11. Juan Pablo II90

Se encuentra en la genealogía episcopal de los obispos diocesanos Jorge Medina Estévez y Francisco Javier Errázuriz Ossa, y del obispo auxiliar Juan de la Cruz Barros Madrid consagrado por monseñor Medina.

Karol Wojtyla nació en Wadowice, cerca de Cracovia, Polonia, el 18 de mayo de 1920, cuando dicha región formaba parte del imperio Austrohúngaro; su familia modesta era encabezada por su padre, militar de profesión, que llegó a ser teniente del ejército polaco que se formó después de la derrota de Austria en la Primera Guerra Mundial. El matrimonio tuvo tres hijos, pero toda ella fue desapareciendo de manera que Karol llegó a su juventud completamente solo. El último en morir fue su padre91.

Sus estudios de bachillerato los cursó brillantemente en el instituto estatal de Wadowice, donde sus compañeros lo reconocían como líder indiscutible92. Siempre fue considerado el mejor alumno del colegio, pero no era un ratón de biblioteca, sino siempre manifestaba un talante alegre, comunicativo y deportivo, “aunque en este último aspecto se debe elogiar más su

sobre la regulación de la natalidad, que el paso del tiempo ha revelado una encíclica profética. Junto con ésta, otra gran encíclica de Pablo VI es la Populorum progessio (26 marzo 1967) que ilumina el desarrollo de los pueblos con la doctrina sobre el orden social, transformándose en uno de los documentos sociales más importantes de la época contemporánea, encíclica complementada con la carta Octogesima adveniens (14 mayo 1971), publicada con ocasión del octogésimo aniversario de la encíclica Rerum novarum de León XIII.

90 De las numerosas biografías de Juan Pablo II, en mi opinión, la mejor de las escritas hasta ahora es la del norteamericano Weigel, George, Biografía de Juan Pablo II, testigo de esperanza (1999, trad. Patricia Antón, Jofre Homedes, Elvira Heredia, Plaza y Janés Editores, Barcelona, 1999). Quizá la primera biografía escrita en castellano fue la de Javierre, José María, De Juan Pablo I a Juan Pablo II. La aventura de la Iglesia en nuestros días (Edicep, Valencia, 1978), en la que presenta la biografía de los dos Papas. Es también de interés o’Brien, Darcy, El Papa oculto (1998, trad. Fernando Mateo, Buenos Aires, 1999). Paredes, Javier, cit. (n.), pp. 577-603; de la Lama, Enrique, Juan Pablo I y Juan Pablo II en los umbrales del tercer milenio, en Saranya, Joseph-Ignasi, cit. (n. 47), pp. 209-244; Frossard, André, Retrato de Juan Pablo II (Planeta, Barcelona, 1989).

91 Su hermana Olga murió muy pequeña; su madre murió en 1929 cuando Karol tenía 9 años. Su hermano mayor, siendo joven médico, murió en el hospital de Bielsko donde trabajaba, al contagiarse de escarlatina. Y a su padre lo encontró muerto el 12 de febrero de 1941 al regresar en la tarde de su trabajo. Años después, siendo Papa, reconocería que nunca como entonces se sintió solo; pasó la noche entera rezando de rodillas ante el cadáver de su padre.

92 Durante la primera sesión del Concilio Vaticano II, llamó la atención la fluidez y elegancia con la que hablaba el latín, cuyo dominio había conseguido siendo bachiller, pues para conseguir la máxima nota en la asignatura tuvo que superar un examen que consistía en responder en dicha lengua y sin preparación previa a las preguntas que le hizo un tribunal durante una hora. Sus conocimientos de griego eran similares, aunque no alcanzó el dominio que tenía en latín. Cfr. Paredes, Javier, cit. (n.), p. 578. Esto muestra la seriedad con que se tomó sus estudios.

buena voluntad que sus destrezas”93. En Wadowice la cuarta parte de la población era de origen judío por lo que entre los compañeros y amigos de Karol los hubo de esa religión, amistades que mantuvo hasta después de haber sido elegido Papa94.

Temprana fue la afición de Karol por la escritura95 y la literatura, lo que le llevó a matricularse, en junio de 1938, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Jagellonica de Cracovia con la intención de estudiar filología polaca. Sus estudios, empero, se vieron abruptamente interrumpidos un año después, al estallar la Segunda Guerra Mundial, siendo ocupada Cracovia cinco días después por los nazis que deportaron a buena parte de los profesores al campo de concentración de Sachsenhausen. “Para evitar la deportación a trabajos forzados en Alemania –son palabras de Juan Pablo II– en el otoño de 1940 empecé a trabajar como obrero en una cantera de piedra vinculada a la fábrica química de Solvay. Estaba situada en Zakrzówek, a casi media hora de mi casa de Debniki, e iba allí cada día... Los responsables de la cantera que eran polacos, trataban de evitarnos a los estudiantes los trabajos más pesados. A mí, por ejemplo, me asignaron el encargo de ayudante del llamado barrenero, de nombre Franciszek Labús. Lo recuerdo porque, algunas veces, se dirigía a mí con palabras de este tipo: ‘Karol, tu deberías ser sacerdote. Cantarás bien, porque tienes una voz bonita y estarás bien’. Lo decía con toda sencillez, expresando de ese modo un convencimiento muy difundido en la sociedad sobre la condición del sacerdote”96.

Para entonces, el joven Karol tenía 20 años pero nada hacía presagiar el futuro que Dios le tenía deparado. Es más, al menos hasta 1938 la posibilidad del sacerdocio estaba claramente excluida. La razón es simple, desde que había empezado a estudiar en la universidad, Karol, a pesar de su juventud, pasaba como un intelectual conocido, y se le auguraba un futuro prometedor en el campo de la literatura. Durante la ocupación nazi participó en las reuniones clandestinas de filólogos y literatos que tenían lugar en Cracovia y formó parte activa del grupo de teatro La Palabra Viva, que había fundado Mieczyslaw Kotlarczyk, a cuyo domicilio se había trasladado a vivir después de la muerte de su padre, en 1941.

93 Paredes, Javier, cit. (n.), p. 578.

94 A poco de ser elegido Papa, Juan Pablo II se reunió con un grupo numeroso de polacos residentes en Roma y venidos de Polonia. Entre los más de tres mil que fueron recibidos en audiencia se encontraba su amigo Jerzy Kluger y su familia, judío de religión y amigo de la infancia con el Papa. Era una más entre los otros cuando fue llamado para una entrevista personal con el Papa que lo saludó con la sencillez que siempre había caracterizado su amistad. Cuando fue a arrodillarse ante el Papa, él lo tomó por los hombros y lo puso de pie, mientras le decía: “Nunca te arrodilles ante mí, Jurek, permanece de pie como has hecho siempre”. Al día siguiente el titular de un diario romano decía: “El Papa otorga su primera audiencia a un amigo judío”. Cfr. O’Brien, Darcy, cit. (n. 90), pp. 25-26.

95 Su primer trabajo escrito lo redactó como presidente del círculo de monaguillos con motivo de la despedida del párroco, el que fue publicado en Campanita, suplemento de la Campana dominical, un conocido periódico religioso de Cracovia. Cf. Paredes, Javier, cit. (n.), p. 579.

96 Juan Pablo II, Don y misterio (CELAM, Santafé de Bogota, 1996).

La vocación sacerdotal de Karol tiene un tiempo preciso y unos protagonistas concretos. Fue en el otoño de 1942 cuando ya tenía 22 años. Se encuentra cimentada, sin embargo, por una vida de intensa piedad en los años anteriores, en buena parte asumida desde su familia97. “Quien pasará a la historia como uno de los personajes importantes del siglo XX por encauzar a Karol Wojtyla hacia el sacerdocio y colocarle así en disposición de ser el sucesor de san Pedro fue una persona en la que muy pocos reparaban en Cracovia; se trataba de un modestísimo sastre, llamado Jan Tyranowsky (1900-1947)”98. Karol había entrado en contacto con el círculo Rosario Vivo, que funcionaba en su parroquia, regentada por los salesianos; cuando todos ellos fueron deportados por los nazis al campo de concentración de Dachau a excepción de un viejo párroco, ante la carencia de sacerdotes, se encargó al humilde sastre la tarea de que restableciera el contacto con los jóvenes del Rosario Vivo. El sastre, que tenía una profunda vida interior, se transformó en un verdadero director espiritual de los jóvenes; a Karol le descubrió el valor de los escritos de san Juan de la Cruz y de santa Teresa de Jesús y, como consecuencia de las conversaciones mantenidas entre ambos, Karol decidió ingresar al seminario clandestino que había organizado el cardenal Sapieha. A partir de ese momento, compatibilizó sus estudios seminarísticos con su trabajo en la cantera, debiendo mantener en absoluto secreto su primera condición, pues, de saberse que era seminarista, podía ser ejecutado o enviado a algún campo de concentración99.

De esta manera, en 1942 Karol Wojtyla se incorporó al seminario clandestino que había organizado el cardenal Sapieha con siete seminaristas. En 1944 los seminaristas se trasladaron a vivir al palacio arzobispal; en el otoño de ese año recibió que entonces se llamaba las órdenes menores. En enero de 1945, con la huida de los nazis de Cracovia, el seminario dejó de ser clandestino y pasó a formar parte de la Facultad de Teología de la Universidad de Jagellón, por lo que Karol pudo continuar allí sus estudios. Para que Karol pudiera seguir estudios en Roma, el cardenal Sapieha adelantó su ordenación, la que se produjo el 1 de noviembre de 1946 en la capilla privada del cardenal; al día siguiente, día de los fieles difuntos, celebró su primera Misa en la cripta de San Leonardo en la catedral de Cracovia, y como ese día cada sacerdote puede

97 En palabras de Juan Pablo II, “La preparación para el sacerdocio, recibida en el seminario, fue de algún modo precedida por la que me ofrecieron mis padres con su vida y su ejemplo en familia. Mi reconocimiento es sobre todo para mi padre, que enviudó muy pronto. No había recibido aún la primera comunión cuando perdí a mi madre; apenas tenia nueve años. Por eso no tengo conciencia clara de la contribución, seguramente grande, que ella dio a mi educación religiosa. Después de su muerte y, a continuación, después de la muerte de mi hermano mayor, quedé solo con mi padre, que era un hombre profundamente religioso. Podía observar cotidianamente su vida, que era muy austera. Era militar de profesión y, cuando enviudó, su vida fue de constante oración. Sucedía a veces que me despertaba de noche y encontraba a mi padre arrodillado, igual que los veía siempre en la iglesia parroquial. Entre nosotros no se hablaba de vocación al sacerdocio, pero su ejemplo fue para mí, en cierto modo, el primer seminario, una especie de seminario doméstico”. Juan Pablo II, Ibíd.

98 Paredes, Javier, cit. (n.), p. 582.

99 Para entender este riesgo basta saber que durante los cinco años y medio de ocupación alemana, fueron asesinados en Polonia 1.923 sacerdotes, 850 religiosos y 298 religiosas, además de los sacerdotes que fueron encarcelados, de los que sólo en Dachau había 3.000. Ibid.

celebrar tres Misas, “mi ‘primera Misa’ tuvo, por tanto –por así decir–, un carácter triple. Fue una experiencia de especial intensidad”100.

Sus estudios en Roma los hizo en el Angelicum, la universidad de los dominicos, bajo la dirección de A. Garrigou-Lagrange en quien encontró su maestro intelectual; él fue su relator de la tesis de doctorado sobre san Juan de la Cruz que defendió el 19 de junio de 1948. Pocos días después regresó a Polonia donde ya se había iniciado la persecución religiosa en los países controlados por los comunistas. A su regreso de Roma, Karol fue nombrado coadjutor en una parroquia rural, a unos 150 kilómetros de Cracovia, donde permaneció siete meses, desarrollando en ese corto lapso de tiempo “un impresionante trabajo pastoral”101. Fue después nombrado coadjutor en la parroquia de San Florian en Cracovia, lo que le permitió retomar sus actividades universitarias.

El 4 de julio de 1958 fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia, adoptando desde ese momento como lema de su escudo “totus tuus”. Debido a la edad y a las enfermedades del titular de la diócesis, recayó en el obispo auxiliar el trabajo que el arzobispo no podía realizar, lo que le significó visitar todas las parroquias. Durante este tiempo, además de su trabajo pastoral, escribió numerosos artículos, publicó el libro Amor y responsabilidad (1962) y dio a la luz una nueva obra de teatro, El taller del orfebre, que llevaba como subtítulo Meditación sobre el sacramento del matrimonio que de vez en cuando se convierte en drama. Después de la muerte del arzobispo, lo que sucedió el 15 de junio de 1962, el capítulo de la arquidiócesis lo eligió vicario capitular y el 30 de diciembre de 1963 fue nombrado arzobispo metropolitano de la misma iglesia metropolitana.

Para entonces ya había tomado parte en la primera sesión del Concilio, dejando impresionados a los padres conciliares después de su primera intervención. Su protagonismo fue en aumento en las sesiones siguientes, participando activamente en los trabajos de la constitución Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, y fue uno de los redactores de la Declaración sobre la libertad religiosa. Su figura fue igualmente creciendo al interior de Polonia, por lo que a nadie extrañó que Pablo VI lo creara cardenal el 28 de junio de 1967, cuando contaba sólo con 47 años recién cumplidos.

Terminado el Concilio se decidió ponerlo en práctica en su arquidiócesis lo que hizo mediante una incesante serie de ideas innovadoras y proyectos, con un despliegue de actividad que no dejaba de preocupar a las autoridades comunistas de Polonia. Pero el cardenal contaba de antemano con dichas dificultades y mantuvo una impresionante firmeza ante el régimen102.

100 Juan Pablo II, Don y misterio, cit. (n. 96).

101 Paredes, Javier, cit. (n.), p. 584.

102 El mejor ejemplo es la construcción de la iglesia de Nowa Huta. El gobierno comunista había construido el barrio de Nowa Huta como modelo de lo que debía ser la ciudad socialista, por lo que en dicho modelo no había espacio

A la muerte de Pablo VI, el cónclave eligió a Juan Pablo I, pero el cardenal Wojtyla no pasó desapercibido al resto del colegio elector103. Cuando, contra todo pronóstico, el Papa Luciani murió a los 33 días de su elección, la elección del cardenal arzobispo de Cracovia era casi inevitable. Es por lo que, en víspera del conclave que lo elegiría, se le vio apenado y taciturno104.

El pontificado de Juan Pablo II constituye una experiencia personal para todos nosotros. No es posible, en consecuencia, ni siquiera esbozar una historia del mismo, que, de todas maneras, quedaría reducida a una simple crónica. Me parece que lo mejor es poner de relieve los aspectos que se consideran los más relevantes de un pontificado que ha marcado la historia de la Iglesia y del mundo contemporáneo y que ha llevado, no sólo a introducir la causa de canonización de Juan Pablo II, sino que, en el concierto de la historia del papado, ha llevado a no pocos a considerarlo como uno de los pontificados más importantes de la historia de la Iglesia.

Tres son los juicios que pueden afirmarse de su pontificado que concitan la unanimidad105: el primero es que Juan Pablo II, que conocía muy bien el Concilio Vaticano II, lo ha interpretado y aplicado fundamentalmente por medio del Código de Derecho Canónico106, la publicación del Catecismo de la Iglesia y el cuerpo doctrinal que contiene la serie de sus encíclicas107. Segundo, el paso de Juan Pablo II por la cátedra de Pedro ha sido, por las realizaciones del mismo en los diversos campos, uno de los más importantes en la historia de la Iglesia. Tercero, ha sido Juan Pablo II la personalidad más relevante del mundo actual. Es por lo que comparto el juicio de especialistas en historia contemporánea “de que no hay personaje histórico de los dos últimos siglos que se pueda equiparar a Juan Pablo II” y de que “está llamado a convertirse no sólo en uno de los grandes personajes de la edad contemporánea, sino también en uno de los principales protagonistas de la historia de todos los tiempos”, afirmaciones que, por cierto, se apoyan en hechos muy concretos108.

para Dios. Con todo, en 1967 el arzobispo Wojtyla obtuvo un permiso de construcción de una iglesia al que de inmediato se sucedieron toda clase de dificultades para impedir que se terminara la construcción. El arzobispo fue tenaz y después de diez años, cuando ya era cardenal, se pudo inaugurar la iglesia. Cfr. Javierre, José María, cit. (n. 90), pp. 410-413; Paredes, Javier, cit. (n.), p. 588.

103 Javierre, José María, cit. (n. 90), pp. 424-425.

104 Ibíd., pp. 440-442.

105 Paredes, Javier, cit. (n.), p. 590.

106 En la constitución apostólica Sacrae disciplinae leges con la que Juan Pablo II promulgó el Código de Derecho Canónico, afirma que “el instrumento que es el Código es llanamente congruente con la naturaleza de la Iglesia cual es propuesta sobre todo por el magisterio del Concilio Vaticano II visto en su conjunto, y de modo particular por su doctrina eclesiológica. Es más, en cierto modo puede concebirse este nuevo Código como el gran esfuerzo por traducir al lenguaje canonístico esa misma doctrina, es decir, la eclesiología conciliar”.

107 Ratzinger, cardenal Joseph, Las catorce encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II, en L’Osservatore Romano, ed. en español, 15 agosto 2003, pp. 428-429.

108 Paredes, Javier, cit. (n.), p. 590.

SESIÓN:

PERSONAS DE RELIEVE

Con profunda satisfacción y alegría llegamos al término de esta segunda reunión académica sobre la historia religiosa de Valparaíso. El anhelo, la esperanza y el compromiso que contenía ese ¡hasta pronto! de las palabras finales del Dr. Salinas en el primer simposio –como lo recordábamos al comenzar− ahora al concluir, podemos afirmar: la travesía ha tenido viento favorable y se ha llegado a buen puerto, gracias a ustedes.

En nombre de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso, deseo agradecer la colaboración de tantos que han contribuido a esta realización. En primer lugar a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, alma mater de la mayoría de los miembros de la Academia, al Instituto de Ciencias Religiosas; por su interés por el estudio de la historia religiosa; a la Dirección de Biblioteca del PUCV que ha sostenido y estimulado esta iniciativa; y a la Red de Archivos Patrimoniales de Valparaíso (ARPA), por el apoyo en la difusión de esta actividad. En forma especial, agradecemos a cada uno de los investigadores que han presentado comunicaciones, quiénes con entusiasmo, prontitud y generosidad respondieron a nuestra segunda invitación. Gracias, porque ustedes con sus trabajos han sido los actores de este encuentro académico, contribuyendo al rescate de nuestra herencia, que se constituye en estímulo para nuestra misión actual: construir creativamente futuro, a partir de la valiosa memoria religiosa que se ha desplegado en nuestra región y particularmente en esta ciudad.

Asimismo, quisiera relevar la vertiente ecuménica en este simposio. Ha contado con la presencia y los trabajos de iglesias hermanas: anglicana, luterana, presbiteriana y pentecostal. Hemos compartido la riqueza de nuestra tradición porteña. Sin duda, Valparaíso es rico en vida y protagonismo religioso cristiano en el siglo XIX.

Hemos caminado un tramo más en la andadura histórica, que como decía en la inauguración de este simposio, es del todo particular. Contiene el dinamismo y la limitación de lo histórico, como nuestra propia existencia, pero también contiene la constante del deseo profundo de superar la propia historia, de habitar la historia trascendiéndola.

PALA b RAS F INALES

En efecto, este encuentro ha sido ocasión de contactarnos vitalmente con nuestras raíces; raíces que queremos cultivar, porque son las huellas y los signos de una espiritualidad viviente y, por tanto, en desarrollo.

Ayer presentaba la historia religiosa como eco del Cristo vivo que a nosotros, los creyentes, nos anima, espera e interroga en relación a nuestro aporte en la construcción religiosa de nuestro hoy.

No nos cabe duda que desde el bello y variado mosaico construido con vuestros comunicaciones sobre personas, instituciones y acontecimientos, nos separamos no sólo con una mayor comprensión de nuestra historia religiosa, sino también con el corazón más nutrido de lo somos. Sin embargo, lo recibido entraña una pregunta: ¿qué sentido de la vida forjamos, cómo vivimos y expresamos la fe, en el contexto cultural de la sociedad actual, tan necesitada de Dios y tan distraída de su presencia?... Quisiera que esta interrogante fuera una pregunta fecunda, que estimulara nuestro trabajo, y fuera el vínculo que nos mantenga unidos hasta el próximo simposio.

Para finalizar, deseo reiterar nuestra satisfacción y gratitud, decirles que desde ya quedan invitados al III Simposio, que Dios mediante, realizaremos en mayo del 2009. Esperamos tener la posibilidad, a no muy lago plazo, que las actas de este II simposio se plasmen en una publicación. Así lo deseamos.

Muchas Gracias

EstE libro sE tErminó dE imprimir

En El mEs dE octubrE dEl año 2008

Valparaíso - chilE

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