
Actas del Quinto Simposio
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Actas del Quinto Simposio
©Actas del Quinto Simposio
Historia Religiosa de Valparaíso
María Inés Concha Contreras - Editora
Registro de Propiedad Intelectual Nº xxx.xxx
ISBN: 978-956-17-0722-1
Derechos Reservados
Tirada: 300 ejemplares
Ediciones Universitarias de Valparaíso
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Calle 12 de Febrero 21, Valparaíso
Fono 32 227 3902 - Fax 32 227 3937
Email: euvsa@pucv.cl www.euv.cl
Jefe de Diseño: Guido Olivares S.
Diseño: Mauricio Guerra P. / Alejandra Larraín R.
Corrección de Pruebas: Osvaldo Oliva P.
Imprenta Salesianos S.A. HECHO EN CHILE
7 Prólogo
Claudio Elórtegui Raffo
Rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
9 Presentación
María Inés Concha Contreras
Presidenta Academia de Historia Religiosa de Valparaíso
I. Actas del Quinto Simposio
13 DOÑA ANTONIA RAMÍREZ ROSALES DE RABUSSON: UNA GENEROSA PORTEÑA OLVIDADA
René Cortínez Castro, S.J.
37 PRESENCIA E IMPORTANCIA DE LAS PRINCIPALES IGLESIAS Y CONFESIONES CRISTIANAS NO CATÓLICAS EN VALPARAÍSO, DESDE UNA PERSPECTIVA ECUMÉNICA
Dr. Juan Daniel Escobar Soriano
63 ALGUNAS NOTAS HISTÓRICAS SOBRE LA DEVOCIÓN DE NUESTRA SEÑORA
PURÍSIMA DE LAS CUARENTA HORAS, PATRONA DE LIMACHE
Sebastián Eduardo Molina Carrasco
83 SEMINARIO SAN RAFAEL DE VALPARAÍSO: IMPRONTA DE SERVICIO 1960-1980
Rafael Escobar Collins
Juan Tapia Contreras
95 JURISDICCIÓN DE OBISPOS EXTRANJEROS EN LOS TERRITORIOS OCUPADOS POR CHILE EN LA GUERRA DEL PACÍFICO, SEGÚN LOS PROYECTOS DE CONCORDATO DE 1928
Carlos Salinas Araneda
111 CATOLICISMO EN ESPACIOS DE FRONTERA: IGLESIA EN LA PAMPA SALITRERA ENTRE LOS AÑOS 1912 A 1926. NOTAS PRELIMINARES PARA SU ESTUDIO
Benjamín Silva Torrealba
129 MONSEÑOR JAIME FERNÁNDEZ SANFUENTES, UN EJEMPLO DE VIDA SACERDOTAL (1923-2012)
David O. Toledo y Juan D. Escobar
143 Informe privado sobre la situación religiosa y social de Chile enviado por el párroco de la parroquia Divino Redentor, del arzobispado de Santiago, presbítero Emilio Tagle Covarrubias, al secretario de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, arzobispo Giuseppe Pizzardo, el 22 de enero de 1937. Introducción, edición, traducción y notas
Carlos Salinas Araneda
El conocimiento de la historia religiosa de Valparaíso es un vehículo que nos permite descubrir, conocer y afirmar la pertenencia y la identidad a una tierra, a una comunidad; nos invita conectar lo que hemos sido con lo que somos. Esta es la razón, de que no podemos olvidar, ni dejar de conocer nuestro pasado.
La Academia de Historia Religiosa de Valparaíso se ha dedicado en sus 13 años de existencia a reflexionar, investigar, promover y difundir la Historia Religiosa de Valparaíso. Desde su fundación hasta hoy ha tenido un fructífero trabajo, que ya es recogido y valorado fuera de nuestras fronteras, como lo es, por el Pontificio Consejo de la Cultura y diversas Universidades Latinoamericanas y de Europa.
El libro que el lector tiene en sus manos, recoge las Actas del Quinto Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso. Este volumen es un aporte desde diferentes aproximaciones a la consolidación de un valioso espacio de reflexión y de divulgación sobre el devenir de la historia religiosa y sus instituciones, personas, prácticas y acontecimientos de mayor relieve.
Es nuestro rol principal como Universidad Católica y Pontificia, cultivar y divulgar el conocimiento en los campos científico-humanistas, en el arte, la cultura, la historia, en toda otra expresión del devenir social. De esta forma, cumplimos los objetivos de nuestra universidad como entidad educadora y formadora. Esta tarea cobra especial relevancia cuando pone en el centro del análisis, la presencia de la religiosidad en el devenir histórico y en el desarrollo de los acontecimientos sociales.
Claudio Elórtegui Raffo
Rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Valparaíso, julio de 2017
Para la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso siempre es causa de satisfacción entregar a sus lectores el trabajo de investigación que se acopia en cada uno de los simposios que realiza. En la edición actual se presenta la mayoría de las comunicaciones registradas en el Quinto simposio, trabajos que proyectan el interés por ampliar y profundizar el conocimiento de nuestra historia religiosa.
René Cortínez Castro con su investigación Doña Antonia Ramírez Rosales de Rabusson: una generosa porteña olvidada, rescata la figura de esta importante y destacada dama porteña, de su acción perseverante, fecunda y silenciosa por los necesitados y de su colaboración en el advenimiento a Valparaíso de la obra de Don Bosco.
Presencia e importancia de las principales iglesias y confesiones cristianas no católicas en Valparaíso, desde una perspectiva ecuménica, del profesor Juan Daniel Escobar Soriano proporciona una visión sintética de las Iglesias y Confesiones cristianas no católicas presentes en Valparaíso a partir de mediados del siglo XIX; se destaca la actividad notable desplegada a diferentes niveles.
Seminario San Rafael de Valparaíso: impronta de servicio 1960-1980, es el título del trabajo de Rafael Escobar Collins y Juan Tapia Contreras. Muestra la relevancia de la acción pastoral en el proceso educativo de los estudiantes de esta importante institución porteña; servicio a la Iglesia y la comunidad con el fin de inculcar en los jóvenes el sentido de justicia social y compromiso solidario.
Sebastián Eduardo Molina Carrasco con su trabajo Algunas notas históricas sobre la devoción de nuestra señora purísima de las cuarenta horas, patrona de Limache, nos da a conocer documentadamente aspectos importantes de la consolidación en el tiempo de esta tradicional y masiva devoción limachina, deteniéndose en la celebración de su festividad.
El profesor Carlos Salinas Araneda con su estudio Jurisdicción de obispos extranjeros en los territorios ocupados por chile en la guerra del pacífico según los proyectos de concordato de 1928,
muestra, en ese contexto determinado, la necesidad del poder espiritual y del poder temporal de concordar en materias que son de interés común. El Tratado de Lima, celebrado el 3 de junio de 1929 permitió superar el conflicto del que trata.
Catolicismo en espacios de frontera: Iglesia en la pampa salitrera entre los años 1912 a 1926. Notas preliminares para su estudio de Benjamín Silva Torrealba, analiza, desde una nueva vertiente investigativa, la acción re-evangelizadora de la Iglesia católica en esa zona nortina en el período indicado examinando el rol jugado por los diversos agentes pastorales.
David O. Toledo y Juan D. Escobar en el trabajo Monseñor Jaime Fernández Sanfuentes un ejemplo de vida sacerdotal (1923 – 2012) muestran el apreciable aporte realizado por monseñor Fernández a la Iglesia Particular de Valparaíso en diversos ámbitos, tales como, la atención parroquial, la gestión educacional y el servicio pastoral diocesano.
La segunda parte de esta edición corresponde a Fuentes documentales. Sección que se inició en el volumen anterior y que continuamos convencidos de la importancia de contar con un espacio para dar a conocer fuentes inéditas.
En esta ocasión, el profesor Salinas presenta dos documentos que se encuentra en el Archivo Histórico de la Secretaría de Estado del Vaticano, en la sección correspondiente al pontificado de Pío XI (1922-1939). El primero, una carta manuscrita enviada por el presbítero Emilio Tagle Covarrubias, párroco de la parroquia Divino Redentor del arzobispado de Santiago, al secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios el arzobispo Giuseppe Pizzardo, de fecha 22 de enero de 1937, conteniendo una exposición de la situación eclesiástica de Chile. El segundo, es un resumen de la carta del párroco Tagle, escrito con seguridad –de acuerdo a lo propuesto por el profesor Salinas– por algún minutante de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. La edición cuenta con Introducción, traducción y notas.
En diciembre de 2015 nos ha dejado el P. Luis Vaccaro Cuevas (QEPD), quien colaboró con interés y entusiasmo en algunas de la Mesas Redondas organizadas por la Academia y en el Sexto Simposio de Historia Religiosa con la comunicación El imaginario social y eclesial durante el gobierno pastoral de monseñor Carlos González Cruchaga (1967-1995). Retenemos en la memoria su apreciable participación.
Finalmente, agradecemos a los autores por su contribución y, también, a quienes nos animan a continuar esta tarea de hacer presente personas, acciones e instituciones que en nuestra sociedad han dejado su impronta valórica sustentada por convicciones religiosas.
Dra. María Inés Concha Contreras Presidenta Academia de Historia Religiosa de Valparaíso


René Cortínez Castro, S.J.
Licenciado en Derecho y magíster en Derecho Público con mención en Derecho Constitucional, Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Alberto Hurtado.
Nuestro personaje perteneció a una familia destacada e históricamente arraigada en Valparaíso, con numerosos vínculos políticos, comerciales, sociales y religiosos en dicha ciudad. Compartió época con una célebre benefactora, doña Juana Ross de Edwards, su amiga entrañable, por lo que no es coincidencia que numerosas obras las vinculan a ambas. Más adelante veremos que doña Juana respaldará y continuará generosamente la concreción de un sueño de su amiga difunta, traer a Valparaíso la obra de Don Bosco.
Sin embargo, doña Antonia Ramírez ha devenido en un personaje olvidado, desconocido en muchos aspectos, incluso para quienes la mencionan a propósito de sus buenas acciones. Tal vez siendo contemporánea de doña Juana Ross de Edwards, sus obras quedaron veladas por la munificencia de esta otra viuda y madre golpeada por la muerte de sus hijos, cuyo nombre se encuentra asociado a las obras de beneficencia, educación, y progreso social más importantes de Valparaíso.
Cuando pareciera que sólo los recursos materiales pueden salvar Valparaíso, conviene recordar que su pasado esplendor está asociado no sólo al comercio marítimo sino a personas, como las mencionadas mujeres, que sobreponiéndose a sus propias desgracias supieron dar vida a otros.
La protección y puesta en valor del patrimonio histórico y cultural de Valparaíso supone recordar, con memoria agradecida, a quienes le entregaron lo mejor de sí, que constituyen modelos a imitar, y cuyo conocimiento puede animar a las buenas obras a quienes comparten hoy sus antiguos espacios.
En este trabajo queremos dar algo de luz a lo que doña Antonia Ramírez de Rabusson hizo, en silencio humilde, por los pobres y necesitados de Valparaíso.
Su padre Francisco de Paula Ramírez Saldaña Velasco y Cañas del Portillo1 (en adelante Francisco Ramírez Saldaña) (¿? – 1821) era hijo de José Demetrio Ramírez Saldaña y de Margarita Velasco y Cañas del Portillo2, de ellos, doña Antonia, heredó la suma de $72.0003.
Ramírez fue un destacado comerciante y patriota en tiempos difíciles. Así cuando el gobernador don Francisco Casimiro Marcó del Pont conociendo la derrota de Chacabuco huyó de Santiago y pretendió embarcarse en el bergatín español San Miguel, fue tomado prisionero en un bosque de la Hacienda Las Tablas4, de propiedad de Francisco Ramírez.
El mismo concurrió a la firma del acta del cabildo del 18 de septiembre de 1810, y con ocasión del triunfo de las armas patriotas en Chacabuco ofreció un baile en su casa a los jefes y oficiales del Ejército5 e incursionó en la incipiente marina mercante promovida por la apertura comercial de las nuevas autoridades en 1811. El 26 de junio de 1818 el General Bernardo O’Higgins otorgó la primera patente de navegación a la nave de comercio Gertrudis de la Fortuna “, de propiedad del armador don Francisco Ramírez, fecha que fue instituida por Decreto Supremo Nº 106, de agosto de 1992, del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones como Día de la Marina Mercante de Chile6.
No sabemos si el Gobernador de Valparaíso la adquirió o bien tomó en arriendo, pero al parecer en 1818, habiendo arribado al puerto Lord Cochrane y sin encontrar una vivienda apropiada para su esposa y dos pequeños hijos, se le entregó la casa de don Francisco Ramírez Saldaña, que “estaba quizá junto a sus bodegas de la esquina suroriente de Calle de la Aduana (Prat) con la del Almendro (Urriola). Esta residencia, como muchas otras, fue afectada por el terremoto del 19
1 En su novela “La sombra de la historia”, Jorge Edwards creó un personaje inspirado seguramente en Ramírez Saldaña, bajo el nombre de “Bernardo Llanete”.
2 Cfr. Undurraga V., Francisco. R., Recuerdos de 80 años (Santiago de Chile, 1943), Imprenta El Imparcial, pp. 12-15.
3 Suma considerable teniendo en cuenta que en 1822 doce criados del Instituto Nacional ganaban, $58 mensuales. Chile en cuatro momentos, 1810 (Santiago, 2010), p. 11.
4 Campos Harriet, Fernando, Los defensores del Rey (Santiago, 1976), p. 143. Según Benjamín Vicuña Mackenna esta hacienda perteneció a la Compañía de Jesús, y habría sido adquirida por don Francisco Ruiz de Balmaceda, luego de su expulsión bajo el reinado de Carlos III. Vicuña Mackenna, Benjamín, Obras completas, Historia de Santiago, Tomo II, Volumen XI, Universidad de Chile, 1936, pp. 88-89.
5 Cfr. Cárdenas Gueudinot, Mario, Francisco Ramírez Velasco, armador y comerciante de la época de la Independencia, Revista Libertador O´Higgins (1999) 16, pp. 95-101 y O´Higgins y la Junta de Secuestros de Valparaíso (1996) 13, pp.77-86. Estos interesantes y documentados ensayos proporcionan detalles de las vicisitudes de su actividad comercial en los primeros años de vida independiente de nuestro país, estrechamente ligada a la V Región.
6 http://filanaval.blogspot.com/2012/02/valparaiso-segunda-parte.html
de noviembre de 1822, como relata el mismo Lord Cochrane en sus Memorias, ocasión en que perdió muchos documentos particulares esparcidos y mojados por la lluvia”7.
Don Francisco Ramírez casó con Gertrudis Rosales Larraín, y tuvo 10 hijos8: Teresa; Rosa; José Manuel; Miguel José; María del Rosario; Antonia Josefa; Juan Enrique; Pedro Buenaventura; Felipe Buenaventura y Francisco de Paula9.
También sus abuelos merecen algunas líneas. Fue su abuelo materno Juan Enrique Rosales Fuentes10 (1749-1825) hijo de Jerónimo de Rosales (corregidor, justicia mayor y capitán a guerra de San Felipe el Real, y maestre de campo) y de Margarita de Fuentes (hija de Pedro Joaquín Rodríguez de Fuentes y María Josefa del Solar) bautizado en la Catedral de Santiago por el jesuita padre Carlos Haimbhausen11. Fue Colegial del Real Seminario del Santo Ángel de la Guarda (1763), teniente del Tribunal del Consulado (1795) y regidor auxiliar del cabildo de Santiago. Participó en el cabildo abierto del 18 de septiembre de 1810 y fue designado vocal interino de la Primera Junta Nacional de Gobierno. El historiador Barros Arana dice que era “el que estaba dotado de mayor entereza de carácter y de más conocimiento de los hombres y de los asuntos políticos por haber viajado a Europa y porque frecuentaba íntimamente el trato de los instigadores del movimiento revolucionario”12, y don Manuel Antonio Tocornal agrega que había residido en España “observando de cerca los progresos de la civilización europea, podía calcular las ventajas del cambio político, llevando su patria al rango de los pueblos libres”13. Le correspondió instruir sumario al coronel don Tomás de Figueroa, fue presidente del Tribunal Ejecutivo (1811) y diputado suplente por Quillota (1813). Con motivo de la Reconquista española debió ocultarse en los ranchos de Tunquén de las Tablas, cerca de Valparaíso, donde anciano y enfermo fue apresado y relegado
7 Valparaíso en 1818, El Mercurio, Valparaíso, 5-XII-1976 (recorte de prensa en poder del autor).
8 Para reconstruir la genealogía hemos recurrido a varias fuentes, entre otras: Espejo, Juan Luis, Nobiliario de la Capitanía General de Chile, Editorial Andrés Bello, Santiago, 1967; http://www.genealog.cl/Apellidos/ Ramirez/; Gaceta de los Tribunales, Año XXI (1862) 1.048, Doña Antonia Ramírez i compartes con don Juan Enrique Ramírez sobre reivindicación de una hijuela (1, 593).
9 Las fechas de bautismo y padrinos fueron tomados de un texto manuscrito por doña Luisa Ramírez Cortés en poder del autor. Varios de los hermanos Ramírez Rosales se encuentran sepultados en el Cementerio N°1 de Valparaíso, sepultura N°66, Cuartel N°1, adquirida por doña Gertrudis Rosales (8 de agosto de 1853), y luego comprada por don Camilo Mori Gana.
10 Su retrato y el de su esposa aparecen en un óleo del pintor Monvoisin, de grandes proporciones, que se encuentra en el Salón Azul del Palacio de la Moneda, junto a don Santiago Rosales Larraín y su hija Clorinda y Teresa Ramírez Rosales.
11 Célebre por su vinculación con la actividad artística de los coadjutores bávaros en Calera de Tango.
12 Guarda G. Gabriel, osb, Los Ochocientos. La Rama menor de la familia Larraín y las élites en 1810, 2015, p. 49.
13 Memoria sobre el primer Congreso Nacional, sesión pública de la U. de Chile, 147, p. 112.
a la isla de Juan Fernández 14 de donde sólo pudo regresar después del triunfo de Chacabuco15 Casó con María del Rosario de Larraín16 (1761-1825) hija de Martín José de Larraín y Vicuña (1718-1770) y María Antonia de Salas y Ramírez de Salas (1731-1815).
Tío de doña Antonia Ramírez fue Francisco Javier Rosales Larraín (1799-1875), colegial del Real Convictorio Carolino de Nobles, agente confidencial en Buenos Aires, encargado de negocios en Francia desde 1836, correspondiéndole tratar con Luis Felipe de Orleans, la II República y el emperador Napoleón III. Acreditado ante la Santa Sede, el Imperio Austro-Húngaro y España, obtuvo el reconocimiento de la independencia de Chile por parte de los dos primeros. Representó a nuestro país ante la reina Victoria de Inglaterra para solucionar el conflicto con los tenedores de bonos del empréstito que contrajo Irisarri17.
El abuelo paterno de doña Antonia, José Demetrio Ramírez Saldaña (1744-1799) fue Alcalde de Santiago (1792), Regidor Perpetuo (1792-1799), Prior del Tribunal del Consulado (1795). Habría costeado las dos primeras salas de la reconstrucción del antiguo Hospital San Juan de Dios (1797)18. Su casa diseñada por Toesca, fue construida en Santiago, en la calle de la Merced esquina Norponiente de San Antonio. Luego pasó a poder de los Condes de Quinta Alegre.
Doña Antonia Josefa Ramírez, nuestro personaje, fue bautizada en Santiago en marzo de 1810 o 1816 19. De sus estudios poco o nada sabemos, ni de su formación religiosa20. ¿Serían influencia de su marido el francés Rabusson? Nos dice don Vicente Martín y Manero, quien afirma haberla conocido muy de cerca:
“que no habiendo en Valparaíso una sola escuela, menos había de haberlas en la hacienda de sus padres donde vivían la mayor parte del año… El temor santo de Dios, que es el principio de la sabiduría, era toda su ciencia; y entre la mujer que esta posee, y las que sin ella entienden todos los idiomas y saben
14 Sobre las condiciones de vida de los desterrados, sus descargos y peticiones a las autoridades españolas pueden verse los documentos respectivos en Guerrero Lira, Cristián E., Repertorio de Fuentes Documentales para el estudio de la Independencia de Chile 1808-1823.
15 Reyes, J. Rafael, Don Juan Enrique Rosales. Presidente del Tribunal Ejecutivo Nacional, Revista de Estudios Históricos, Año XXXV, (1983) 28, pp. 7-10.
16 “Pertenece a una familia con importantes y extendidos lazos en la sociedad santiaguina de la época, razón por la cual esta rama de los Larraín fue denominada los Ochocientos o familia otomana” (Raúl Fernández Daza, Francisco Javier Rosales Larraín. Personaje irreverente e ilustrado, 2013.
17 Reyes, J. Rafael, Don Juan Enrique Rosales. Presidente del Tribunal Ejecutivo Nacional, cit. , p. 10. Cfr. VILLALOBOS, Sergio, Origen y ascenso de la burguesía chilena (Santiago, 1987), pp. 84-85.
18 Vicuña Mackenna, Benjamín, Obras completas, Historia de Santiago, Tomo II, Volumen XI, Universidad de Chile, 1936, pp. 280-281.
19 Apunte manuscrito sobre los hermanos Ramírez Rosales, en poder del autor. Tal vez en la Parroquia de Santa Ana como su hermano mayor José Manuel.
20 En cuanto a su caridad y devoción suponemos que la experiencia de la enfermedad y muerte de su cónyuge y de su hija única la llevan a profundizar la fe recibida en la infancia. Quizás tuvo algo que ver la familia de su abuela paterna, los Larraín, familia levítica, benefactores de la Compañía de Jesús en Valparaíso.
danzar todos los bailes, y vestir á la última moda, estamos y siempre estaremos por las primeras, por ser más útiles á la sociedad”.
Doña Antonia le habría contado al presbítero historiador que a los catorce años “sabía perfectamente gobernar una casa; pero no sabía leer”, y este fue el expediente que utilizó para salir de esta situación: “preguntando disimuladamente á las visitas que á casa de sus padres llegaban, aprendió á deletrear, luego á leer, y más tarde á escribir y contar, y se hizo profesora de sus hermanos y de otras amigas”21
Sobre el carácter de doña Antonia nos dice este autor que “era mujer de genio y de arranques; y que los tenía nadie podrá negarlo, de cuantos como el que esto escribe, hayan tenido el gusto de tratarla”22 y más adelante afirma que “su corazón era grande, sus juicios también, pero adolecían de la falta de principios, principios que los dá (sic) la educación”23.
Entre sus hermanos destacamos a dos de ellos. El primero, José Manuel Ramírez Rosales (1804-1877) cuya biografía ofrece material para una novela. Fue enviado a Europa al Grand Tour, vivió en Francia, Italia, e Inglaterra y visitó África, se formó en pintura y canto. Es considerado el primer pintor chileno propiamente tal. “Aunque su obra es de gran calidad Ramírez Rosales no fue un artista de tiempo completo, por lo que su producción fue escasa. Compartió su afición a la pintura con los viajes, un inquieto espíritu de aventura y sus labores de agricultor, empresario e inventor”24. Fue retratado varias veces por su amigo el pintor R.Q. Monvoisin, y por Joseph D. Court, el pintor de la corte de Luis XVIII.
“En asociación con el inglés John Sampson se embarca en la fragata Julia el 8 de enero de 1849 a buscar oro a California, Estados Unidos durante la Fiebre del oro. En esas tierras, tras sufrir hostigamientos por parte de bandas organizadas y el establecimiento de un impuesto de extracción especial para los mineros extranjeros, él y su socio cambian los planes originales y, junto al estadounidense Theodore Sicard, adquieren… gran parte del Rancho Cordua ubicado en el condado de Yuba y fundan la ciudad de Marysville. Ramírez Rosales desarrolló una pionera y próspera labor agrícola. Importó desde Chile las primeras cepas de vino fino que se cultivaron en California, y en 1853, el político e historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, lo encuentra en su fundo produciendo “las mejores sandías de California”. Con maderas nativas traídas de su país natal se hizo construir una magnífica residencia
21 Martín y Manero, Vicente, Historia Eclesiástica de Valparaíso (Valparaíso, 1891), II, p.358. Al respecto me escribe don Raúl Fernández Daza lo siguiente: “El que no supiera leer a los 14 años se contradice con los comentarios de don Joaquín Tocornal, quien al hacer una reseña de don Juan Enrique Rosales, abuelo de doña Antonia, comenta que les dio una muy buena educación a sus hijas mujeres, caso muy extraño en la época. Un ejemplo de lo anterior son las cartas de Rosario Rosales, hija natural de don Juan Enrique, a su sobrino Pérez Rosales, bien escritas, con bastante chispa y que se conservan en el Archivo Santa María. Parece raro que doña Gertrudis Rosales no haya hecho lo mismo con sus propias hijas y que sólo se concentrara en los hombres”.
22 Ibid.
23 Ibid. p. 359.
24 http://www.artistasplasticoschilenos.cl/biografia.aspx?itmid=350
que décadas más tarde pasaría a ser conocida como el Castillo Ellis-Ramírez, que todavía se alza en el centro de Marysville”25.
El otro hermano que destacamos es Juan Enrique Ramírez Rosales, el Diccionario Biográfico Americano de José Domingo Cortés nos dice de él lo siguiente:
“industrial chileno. Su nombre se vió al frente de toda empresa de provecho i adelanto para el país. Llevó a cabo por sí mismo, merced a su contracción y laboriosidad, empresas como la Compañía de consumidores de gas i la del Ferrocarril urbano de Valparaíso, obras tanto más difíciles de realizar, cuanto que el país, podría decirse era incipiente en sociedades de crédito. La agricultura de Chile le debe la introducción i aplicación de sus mejores instrumentos de labranza. En los últimos años, con particular empeño i con no poco sacrificio logró plantear en su país la fabricación de tejidos de cáñamo, cuyos beneficios principian hoi a palparse. Murió súbitamente en Iquique en 1872”26.
En el anuario de estadísticas de la República de Chile, correspondiente a los años 1871 y 1872, editado por la Imprenta Nacional, el año 1872, aparece en la página 306 la fábrica de sacos establecida por Juan Enrique Ramírez en Artificio, Hijuela de Purutún. En la página 310, aparece como el propietario del fundo de Artificio a José Manuel Ramírez, con 200 hectáreas de riego y 800 de rulo27.
A pesar de esta elogiosa biografía encontramos que en su fábrica de sacos tejidos de lino y cáñamo ubicada en La Calera habría ocupado fundamentalmente mujeres y niños entre los 12 y los 14 años (El Mercurio de Valparaíso, 11 de marzo de 1869)28. Según Gilberto Harris el empleo de estas personas como mano de obra barata y no siempre en actividades apropiadas a su condición fue recurrente en la temprana industrialización chilena durante toda la mitad del siglo XIX y comienzos del XX 29. Sin embargo el mismo autor señala que Ramírez Rosales habría obtenido un privilegio exclusivo “cuestión que involucraba necesariamente introducir procedimientos modernos y tecnología avanzada”30.
Doña Antonia Ramírez contrajo matrimonio con el francés Eugène Rabusson, a quien Martín y Manero describe como “hombre de maneras insinuantes, de fina educación y de carácter aún más dulce”31. No hemos hallado la partida de matrimonio, sin embargo el 12 de enero de 1833
25 http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Manuel_Ram%C3%ADrez_Rosales
26 Cortés, José Domingo, Diccionario Biográfico Americano (París, 1876), p. 407 (hemos conservado la ortografía del texto). En: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/diccionario-biografico-americano/ html/12e1a47a-a415-11e1-b1fb-00163ebf5e63_420.html
27 Cortesía de don Raúl Fernández Daza.
28 Harris Bucher, Gilberto, Estudios sobre Economía y Sociedad en el contexto de la temprana industrialización porteña y chilena del siglo XIX. Editorial Puntángeles, Universidad de Playa Ancha, 2003, p. 34.
29 Ibid p. 33.
30 Ibid pp.55-56.
31 Martín y Manero, Vicente, cit., II, p. 358.
Rabusson figura como testigo en la inscripción del nacimiento de un ciudadano francés32. En el referido documento se afirma que es de nacionalidad francés, nacido en París, de 30 años (habría nacido en 1803), negociante33 y domiciliado en Valparaíso34.
Por otra parte descubrimos que en el Boletín de las leyes i de las ordenes i decretos del gobierno Chile, 35 del 19 de diciembre de 1828 publica que el Presidente de la República tomando en cuenta que el Cónsul General de Francia en Chile “se ha servido nombrar a Mr. Eugene Rabusson, ajente consular francés (sic), residente en el puerto de Valparaíso, para que atienda a todo lo relativo a la provision y demas necesario a la marina de su nación: por tanto se reconocerá al expresado Mr. Rabusson como tal ajente consular francés”.
En 1835 fue nombrado, por el Cónsul de Francia en Valparaíso, junto a los señores Barroilhet y Dabich como expertos en la cuestión promovida por el capitán Melcher Melcherts, comandante del navío de comercio Jeune-Nelly36. Este caso al parecer resultó de gran interés para el derecho marítimo de aquella época porque figura en importantes recopilaciones de jurisprudencia37.
En la Recopilación que don Andrés Bello hizo de los documentos de la Cancillería Chilena, encontramos citado el nombre de Rabusson en una nota del Canciller de Chile don Joaquín Tocornal, de fecha 20 de junio de 1833, dirigida al señor Raguenau de la Chainaye, Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia. Habiendo fallecido el señor Carbonnery, socio de la Casa de Goubert y Carbonnery, de Valparaíso, su socio exigía la entrega de los fondos pertenecientes a dicha empresa, que se encontraban bajo la custodia de Eugéne Rabusson. Por su parte
32 El niño inscrito es Joseph-Thomas Ernest Renard, hijo de Charles Prosper Renard y de Josephe ¿Lurquin? Comparece también como testigo el médico Charles Marie ¿Buston?, nacido en Saint Malo, de 36 años de edad.
33 Cfr. También Handels-Almanach oder Uebersicht des in den verschiedenen Ländern der Erde Wissenswürdigsten für den Handel Verlag des Landes-Industrie-Comptoir, 1838 http://books.google.cl/books?id=QU k7AAAAcAAJ&dq=rabusson+valparaiso&hl=es&source=gbs_navlinks_s
34 AMBASSADE DE FRANCE AU CHILI. REGISTRE DES ACTES DE L´ ETAT CIVIL N°0 du 1er juillet 1832 au 12 décembre 1846 , en: http://genfrancesa.com/regnantes/chile/Santiago%20de%20Chile/ Estado%20Civil%201832%20-%201846/index.html#cadn_1043.jpg
35 José A. Gandarillas, José Clemente Fábres y Fernandez, Felipe Herrera, Imprenta La Independencia, 1839. Puede verse en: http://books.google.cl/books?id=SvMqAQAAMAAJ&dq=rabusson+valparaiso&hl=es&so urce=gbs_navlinks_s
36 Dicho nombramiento así como los conflictos que surgieron entre los designados y el cónsul francés, que incluso los llevó a apelar de una condena de éste para indemnizar daños ante la Corte Real de Bordeaux , que los absolvió de cualquier responsabilidad. Los antecedentes fueron publicados en Archives du Commerce, ou Guide des commerçans, recueil de tous les documens officiels, renseignemens, faits et avis, pouvant intéresser les négocians, Volúmenes 19-20, que pueden verse en: http://books.google.com/books?id=NsA6AAAAcAAJ& printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q=&f=false
37 Cfr. Désiré Dalloz, Armand Dalloz, Bureau de la jurisprudence générale du royaume, 1851Répertoire méthodique et alphabétique de législation, de doctrine et de jurisprudence en matière de droit civil, commercial, criminel, administratif, de droit des gens et de droit public, Volumen 12.
el Cónsul del Rey de los Franceses reclamaba del Gobierno de Chile la entrega de los fondos referidos y la extradición de Goubert para ser juzgado por fraude en los tribunales franceses. El Ministro Tocornal defendió la competencia de los tribunales chilenos y la no concurrencia de los requisitos que el derecho internacional establece para conceder la extradición solicitada38. El destacado jurista, político y Ministro de Estado, don Mariano Egaña Fabres, en su diario, refiere haber recurrido a los servicios de Rabusson para la revisión de los libros y cuenta final de un importante juicio de partición39.
Con los antecedentes familiares de doña Antonia y los de su esposo ya esbozados, todo auguraba una vida sin sobresaltos. Sin embargo, ésta en nada se asemejó a la de su encumbrada parentela. A los pocos años de casados Eugenio Rabusson enfermó gravemente, consumiendo todo el haber de los esposos los médicos y medicinas, que no fueron escatimados para salvar su vida.
Esta situación la hizo comprender “que la virtud no está sólo en ir al templo y rezar mucho, sino en ir al templo á tiempo y en trabajar, y con el sudor de su rostro ganar su pan, sin preocuparse en que es ó no de familia, sino en que el trabajo honra á la familia, porque es consecuencia de la virtud”40 Comenzó –en los ratos libres que le dejaba el cuidado y atención de su marido– preparando en casa dulces ayudada por una empleada que luego los vendía, con el producto pudo mantener modestamente su hogar y proporcionarle al enfermo los cuidados necesarios.
Según Martín y Manero este trabajo, continuado después de la muerte de Rabusson, le permitió reunir una respetable fortuna. Sobre la administración de sus bienes afirma que “era de carácter económico para no malversar sus entradas, para saber hacerlas producir, para no gastar fausto en su persona… en lo demás la señora Ramírez era generosa y dadivosa, como la que más”41.
Amelia Rabusson Ramírez fue la única hija de Eugenio Rabusson y Antonia Ramírez. Casi nada sabemos de ella, aunque lo suficiente para comprender que su prematura muerte, así como la viudez, fue otro motivo para acercar a doña Antonia y doña Juana Ross como amigas. En la tumba familiar, del Cementerio N°1 de Valparaíso, se menciona que habría fallecido el 15 de julio de 1860, sin embargo no figura inscrita en el libro de sepulturas42.
Joaquín Edwards Bello, en El bombardeo de Valparaíso y su época, menciona a una tal Piedad
38 Bello, Andrés - Obras completas. Vol. 12. Derecho Internacional III. Documentos de la cancillería chilena, en:http://es.scribd.com/doc/72284611/Bello-Andres-Obras-completas-Vol-12-Derecho-Internacional-IIIDocumentos-de-la-cancilleria-chilena
39 Diario de don Mariano Egaña (1833-1836) por don Jaime Eyzaguirre. Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Año I, N°1, 1933, p. 73.
40 Martín y Manero, Vicente, cit., II, p. 359.
41 Ibid. Si bien sus padres al final de sus días tuvieron severos reveses de fortuna, tal vez algo del haber de doña Antonia haya que atribuirlo a la herencia de estos, porque el negocio descrito no puede haber permitido ahorrar demasiado.
42 En su testamento doña Antonia señala que fue su única hija y que falleció soltera.
(sic) Rabusson como una de las visitantes de la sociedad porteña a la flota española que luego bombardeará el puerto indefenso43.
Sobre los proyectos de doña Antonia se nos dice que “no le gustaba ni podía detenerse en cosas pequeñas. Sus proyectos abarcaban la regeneración de la sociedad pero del modo que ella creía y comprendía que debía hacerse (y que) a pesar de este modo de ser, estaba con todo el que se ocupaba del bien moral de la sociedad y lo protegía”. El mismo autor agrega que era “franca hasta rayar en imprudente, se hacía oír de todos y parece que todos estaban obligados á escuchar sus advertencias, y á condescender con sus deseos, que nunca eran mezquinos ni personales, sino en pro de la humanidad”44 .
Con ocasión de la ley de cementerios laicos, Doña Antonia Ramírez45, junto a 20.000 personas46, firmó una solicitud al Presidente de la República47 que decía:
“Los católicos abajo suscritos, habitantes de la ciudad de Valparaíso, en nombre de nuestras conciencias, cuya libertad nos garante la Constitución Política del Estado, que, bajo solemne juramento, V. E. ha
43 La pone en compañía de María Lamarca (¿será hija de doña Petrona Coronel de Lamarca, socia del Asilo del Salvador –igual que doña Antonia Ramírez– esposa del cónsul argentino en Valparaíso?) y una aya, y dice que son “de lo mejorcito del puerto”. Obras Completas de Joaquín Edwards Bello, XIV, Ediciones Ercilla, Santiago de Chile, 1934, pp. 40-41. Una vez más el autor refiere acontecimientos y personas sin precisión histórica, porque si se refería a la hija de doña Antonia (a quien conoce, por lo que más adelante diremos) ella había fallecido varios años antes del bombardeo. El texto puede consultarse en: http://books.google.cl/books?id=eXxKAAAAMAAJ&q=rabusson+valparaiso&dq=rabusson+valpara iso&source=bl&ots=GJDFx2t9e2&sig=h6ZI5Fpf9X92Ul0puzzR0q0QzyE&hl=es&sa=X&ei=L7IQU KiTFoTb0QHgmoCQCg&ved=0CEMQ6AEwAQ
44 Martín y Manero, Vicente, cit., II, p. 360.
45 En la publicación de la carta se la individualiza como “Antonia Ramírez de Rawson”. Los errores al consignar el apellido de su esposo la acompañarán en vida y más allá. En la documentación eclesiástica relativa al cumplimiento de sus disposiciones testamentarias se la individualiza como Antonia Ramírez de Rawson (Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, fojas 63 vta., 62 vta. y 62, entre otras) .
46 Entre los firmantes destacados encontramos a las siguientes personas: Arturo Lyon (Presidente de la Junta de los trabajos católicos de Valparaíso), Juan A. Walker Martínez, Salvador Donoso, Vicente Martín Manero, Juan Ignacio González, Ruperto Marchant Pereira, Samuel Vives, Francisco Prieto Navajas, Osvaldo Prieto Goñi, Víctor Delpiano Morel, Carlos Findlay, Mariano Egaña, W. H. Walton, Santiago Lyon Pérez, Emilio Larraín Urriola, Ricardo Lyon Pérez, Ignacio Larraín Zañartu, Juan R. Salas Errázuriz, Guillermo Middleton, José Manuel Soffia, José Luis Romaní M., R. Saint Marie, Vicente Alcérreca, Carmen Santa María de Lyon, Gertrudis Pérez de Lyon, Mercedes Pérez de la Fuente, Elvira Otaegui de Lyon, María L. Arrieta de Lyon, Elena Peña de Lyon, Elisa Zegers, y de Cabieses.
47 Las Reformas Teológicas de 1883 Ante el País y la Historia, Imprenta Victoria, de H. Izquierdo y Cía., 1884. Puede verse en: http://74.125.47.132/search?q=cache:U_LwPTUkdvMJ:www.historia.uchile.cl/ CDA/fh_article/0,1389,SCID%25253D8656%252526ISID%25253D417%252526PRT%25253D865 5%252526JNID%25253D12,00.html+antonia+ram%C3%ADrez+valpara%C3%ADso&cd=26&hl=es &ct=clnk&gl=es
prometido proteger y respetar, solicitamos de V. E. que se nos otorgue, al menos, lo que en este puerto se ha concedido a los disidentes extranjeros: un pedazo de tierra, separado del cementerio común en que podamos sepultarnos y sepultar a los nuestros según los principios de nuestra religión”.
En cuanto al resultado que tuvo esta petición transcribimos la información de la prensa conservadora:
“Conforme lo habíamos anunciado, ayer a las 12 y media P.M. llegó a Santiago la honorable comisión del heroico y levantado pueblo de Valparaíso… que han venido a nombre de los católicos del vecino puerto, con el fin de expresar al Presidente de la República los sentimientos religiosos y las legítimas esperanzas que abrigan los habitantes del primer puerto del Pacífico. … vienen también, como representantes del cuerpo de obreros, (algunos) distinguidos miembros, … (el Presidente) Insistió en recomendarles la necesidad de dirigirse al Vicario Capitular que con tan extraña precipitación había tomado la medida de execrar los cementerios. Hizo presente que no consideraba la solicitud que traían los comisionados como una expresión de la voluntad del pueblo de Valparaíso, sino únicamente de los amigos personales de éstos, que sabía de antemano que esa solicitud no contenía más que firmas de niños, y que, de todas maneras, no daba importancia alguna a esta clase de solicitudes, porque él sabía muy bien cómo se hicieron. Observó, además, que desearía discutir con personas frías y desapasionadas, pues ya le había acontecido convencer con sus razones a otras personas que habían presentado igual solicitud. En esta virtud, les hizo presente que no aceptaba la solicitud que le traían, aunque viniese suscrita por 30 o 40.000 firmas, y que no pondría al pié ninguna providencia ni favorable ni desfavorable. Agregó, por último, que él, como Presidente, estaba dispuesto a hacer cumplir todas las leyes que dictase el Congreso. …. Con esto, los distinguidos miembros de la comisión abandonaron el palacio de la Moneda, cuyas escaleras habían subido con la entereza de quien pide justicia, y que bajaron desairados porque no eran ellos del número de los que se arrastran para ir a pedir mercedes a los poderosos”48
Sobre el medio en el que doña Antonia se desenvolvía tomemos al menos un testimonio destacado. Don Benjamín Vicuña Mackenna en su obra Páginas de mi diario, que relata tres años de sus viajes entre 1853 y 1855, al consignar su estadía en Mendoza (Argentina) en septiembre de 1855 relata:
“Pero a nadie debíamos en Mendoza una más bondadosa acogida que a nuestra excelente amiga, la señora doña Antonia Ramírez de Rabusson, que había pasado los Andes por motivos de salud y cuya casa fue para nosotros un agradabilísimo pedazo de Chile, que nos sirvió como para aclimatarnos en aquel trato de cordial bondad que anhelábamos encontrar en los confines de la patria, a la puerta ya del codiciado hogar”49.
En el ámbito económico y patrimonial sabemos, por un juicio que tuvo lugar con motivo de
48 Las reformas teológicas de 1883 ante el país y la historia, (Santiago, 1884). El documento citado puede verse en:http://www.historia.uchile.cl/CDA/fh_article/0,1389,SCID%253D8658%2526ISID%253D417%25 26PRT%253D8655%2526JNID%253D12,00.html
49 Obras completas, Páginas de mi diario durante tres años de viaje, volumen II, Universidad de Chile, 1936, p. 504.
la sucesión de doña Gertrudis Rosales Larraín, que doña Antonia Ramírez –a pesar de su empobrecimiento– y su familia, estuvo vinculada a bienes raíces en la Quinta Región hoy de gran importancia, como Quintay, Pitama y Las Tablas50.
Además, habiendo su hermano, Juan Enrique Ramírez Rosales, concurrido a la constitución de la Compañía de Consumidores de Gas de Valparaíso (1860)51, doña Antonia suscribió 4 acciones, considerando que don José Tomás Ramos sólo suscribió 50, estas deben haber tenido un alto valor.
Joaquín Edwards Bello, nada proclive a las alabanzas, y menos en materia religiosa, dice del puerto:
“Ciudad acechada por los dragones del vicio y de las pestes, necesita esas damas abnegadas y las encuentra siempre: Isabel de Arlegui, Antonia Ramírez de Rabusson… La ola deteriorada de los cerros, sobreviviente de los changos de Quintil, estará siempre sujeta por esas santas que, cual doña Antonia, son la flor del plan. Valparaíso ha sujetado siempre el paganismo ingénito o indiferencia por la moral, con una cintura de sociedades de beneficencia, hospitales y colegios”52.
Perteneció a la Sociedad de Beneficencia de Señoras y a la Sociedad del Asilo del Salvador de Valparaíso, en las que entre otras damas estaba su amiga doña Juana Ross de Edwards. El motivo de la fundación del asilo lo refieren las socias en los términos siguientes: “La población flotante que diariamente aflije a Valparaíso, si contribuye eficazmente a su prosperidad, pone también en mas (sic) peligro la moralidad del pueblo, y exige mayores esfuerzos… para atacar la corrupción en su origen e impedir que el vicio predomine en nuestra clase pobre”53.
Las socias y voluntarias lavaban, vestían y daban de comer personalmente a los niños que concurrían al dispensario, sin embargo, los fondos escasean frente a tantas necesidades que deben ser atendidas. Es por esto que en 1857 escriben al Presidente de la República, don Manuel
50 Gaceta de los Tribunales, Año XXI (1862) 1.048, Doña Antonia Ramírez i compartes con don Juan Enrique Ramírez sobre reivindicación de una hijuela (1, 593). La sentencia de la Corte de Apelaciones de Valparaíso puede verse en: http://books.google.cl/books?id=PmMvAQAAMAAJ&pg=PA591&lpg=PA591&dq=ramirez+rosales+and+valparaiso&source=bl&ots=xp-9cjIdPP&sig=gwOhBdN-TPqyF7D pchmSil1tJdA&hl=es-419&sa=X&ei=0OR9UfCvJ4afrgHP84CgBA&ved=0CD0Q6AEwAzgK#v=onepa ge&q=ramirez%20rosales%20and%20valparaiso&f=false
51 Los estatutos, así como los antecedentes de su origen se encuentran en el Boletín de las Leyes i Decretos del Gobierno (junio de 1860 y 1861) y pueden verse en: http://books.google.cl/books?id=fvYqAQAAMAAJ&p g=PA165&lpg=PA165&dq=rabusson+ramirez&source=bl&ots=8ERcGhYbxZ&sig=klhBZYBtp8-fSOm0 nRu3Rew4NZc&hl=es-419&sa=X&ei=oepYUZu3Jbji4AOyq4G4AQ&ved=0CD4Q6AEwAg#v=onepag e&q=rabusson%20ramirez&f=false
52 Op. Cit. pp 119-120.
53 Toledo, David O., Juana Ross de Edwards. El valor de la pobreza, 2013, p. 40
Montt54, para pedirle el apoyo oficial del gobierno para construir un edificio propio que acoja a los huérfanos de Valparaíso55, en el terreno que la Municipalidad les ha cedido. En la mencionada carta señalan que la Sociedad,
“sin contar siquiera con un local aparente para recibir las huérfanas que tocasen a sus puertas comenzó por alquilar una casa particular en la cual ha podido recibir hasta 41 niñas cuyo alimento, vestido y educación… han pagado y atendido hasta ahora sin contar mas (sic) renta fija que 25 p. mensuales, único auspicio con que Nuestra Municipalidad siempre escasa de recurso, en medio de sus grandes atenciones ha podido manifestar el vivo interés que le inspiran los esfuerzos de esta asociación”56
En 1866 durante el conflicto con España, Valparaíso fue bombardeado:
“la ruina económica se sumó a la secuela de muertos y heridos, dejando consecuencias similares a un terremoto. El comercio se paralizó, las ruinas físicas impedían el normal desarrollo de la producción y la economía se resintió ostensiblemente. En tales circunstancias, al Asilo del Salvador le resultaba imposible la obtención de los aportes económicos mensuales de los socios, y de las eventuales subvenciones municipales y gubernamentales”57.
En estas circunstancias doña Juana Ross y doña Antonia Ramírez de Rabusson asumieron “la responsabilidad de mantener las obras benéficas lo más estables posibles. Y aunque se debió cerrar la escuela gratuita externa por algún tiempo y suspender la atención domiciliaria a enfermos e indigentes, el internado de huérfanas y el dispensario siguieron prestando servicios”58 .
Don Vicente Martín y Manero dice que “mucho le debe la parroquia del Espíritu Santo. Su preciosa custodia, su palio y vendas, con otros muchos objetos de Culto, debidos son á su generosidad y fe. Las tres parroquias deben sus bonitos Vía Crucis y sus lámparas con otras muchas limosnas”59 .
En su Historia de la parroquia, David Toledo señala que habiéndose erigido canónicamente en 1844, se dio impulso a las obras de construcción del actual templo, siendo rector interino el presbítero don José Alejo Infante (1871). Entre quienes “participaron” de los aportes financieros menciona a doña Juana Ross de Edwards y a doña Antonia Ramírez de Rawson (sic)60.
54 Que al parecer conocía y apoyaba la sociedad.
55 También resulta necesario financiar la manutención de tres religiosas de la Providencia que ayudarán en las tareas.
56 Ibid. p. 41.
57 Ibid. p. 57.
58 Ibid. pp. 56 y 57.
59 Martín y Manero, Vicente, cit., II, p. 360.
60 Toledo O. David, Historia de la Parroquia de los Doce Apóstoles de Valparaíso (1844-2001) (Valparaíso, 2001), p. 27.
Además da cuenta de la existencia de un “Libro de Oro. Parroquia de los Doce Apóstoles (18451945)” confeccionado con ocasión del centenario de su creación: “de grandes dimensiones y hermosa tapa dorada, en relieve con incrustaciones metálicas y que tiene inserta la imagen de cada uno de los apóstoles. En sus páginas quedaron inscritas en hermosa letra gótica un fragmento del Decreto de Erección de la Parroquia, un registro con fotografías de los primeros benefactores, una descripción de los curas párrocos y una referencia testimonial de los acontecimientos más importantes de la historia parroquial, además de saludos y recuerdos de sacerdotes, obispos y cardenales que han visitado el templo”61
En una página sin numerar de este Libro de Oro, con un título en el centro que dice “Bienhechores de la Parroquia de este siglo”, aparece, sobre éste, la fotografía y nombre de doña Juana Ross de Edwards, y bajo el referido título la de doña Antonia Ramírez de Rabouson (sic). En los costados de la página aparecen en cada uno de ellos una columna con recuadros coloreados con 21 nombres de benefactores, sin fotografías.
En su testamento, doña Antonia, legó $235 mensuales a la Sociedad de Señoras de San Vicente de Paúl de la Parroquia de los Doce Apóstoles de Valparaíso, para socorrer a señoras pobres62gravando con esta carga a la donación que había hecho al Arzobispado de Santiago para la Parroquia San José.
Este legado a su vez fue gravado por doña Antonia en los siguientes términos: “con la carga de reparar en el Cementerio General63 los deterioros que sufrieren los mausoleos tanto mío como pertenecientes a mi señora madre Doña Gertrudis Rosales y de mi hermana Doña Rosa Ramírez, lo mismo que mandarnos a aplicar seis misas rezadas en el día de las Ánimas”.
2. Los claretianos y la capilla de Lourdes en el Cerro La Cruz
Habiendo sido nombrado don Mariano Casanova como Gobernador Eclesiástico de Valparaíso llamó a los Hijos del Inmaculado Corazón de María64, conocida como Congregación Claretiana, ofreciéndoles la capellanía del hospital de la Caridad65. Como este servicio no estaba entre las
61 Ibid, p. 56. Por gentileza del párroco el autor tuvo ocasión de examinarlo y tomar algunas fotografías, encontrándose el libro en la casa parroquial.
62 La donación y la carga consta en la Pastoral del Illmo. y Rvmo. Sr. Dr. Don Mariano Casanova, arzobispo de Santiago de Chile, sobre el culto de San José, nota acerca de la nueva parroquia de san José en Valparaíso.
63 No sabemos si se refiere al Cementerio General de Santiago o bien al Cementerio N°1 de Valparaíso, ya que en este último existía una tumba adquirida por doña Gertrudis Rosales Larraín y también la tumba de la testadora, su marido e hija.
64 Reproducimos aquí la información que proporciona la Breve Historia de La Provincia Claretiana de San José de Chile. En: http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:N6PbgG25xJcJ:issuu.com/claretianos/docs/chile+antonia+ram%C3%ADrez+de+rabusson&cd=7&hl=es&ct=clnk&gl=cl&source=www. google.cl
65 Paradojalmente el fundador fue el Obispo Antonio María Claret, infortunado capellán de Isabel II de España, cuya flota bombardeó un indefenso Valparaíso.
prioridades de la misión que se proponían los religiosos aceptaron el encargo interinamente, instalándose una comunidad en el mismo hospital el 1° de enero de 1873, la experiencia duró sólo cinco meses. A pesar del fallido intento los claretianos mantenían su deseo de establecerse en Valparaíso con una residencia fija, en razón de las necesidades pastorales de este y también para acoger la llegada de nuevos misioneros.
Doña Antonia Ramírez de Rabusson “había levantado a su costa una capilla llamada de Lourdes66 y una pequeña casa para un posible capellán”. Al parecer esto fue así literalmente porque Martín y Manero nos dice que “ella fue la arquitecta, sobrestante y ejecutora; pues todo se hacía como ella lo ordenaba”67.
El mismo Casanova les ofreció la capellanía que fue prontamente aceptada. “Doña Antonia hizo donación a la Curia de la capilla y sus paramentos litúrgicos, expresando su deseo que la Curia la cediese a la congregación”68 .
Don Joaquín Edwards Bello, porteño, famoso memorialista, novelista y polemista nos dice que “el padre Claret, confesor y consejero de Isabel II, ha fundado en Valparaíso, por medio de su amigo y paisano el R. P. Xifré, ... en pocos años ha hecho tres visitas a Chile, auspiciado por la señora doña Antonia Ramírez de Rabusson”69 .
El 25 de julio de 1880 doña Antonia entregó a la comunidad una casa amoblada convenientemente y la Curia les cedió la capilla. Radicados desde 1880 en el lugar, los sacerdotes ejercen su trabajo pastoral, en especial en el hospital San Juan de Dios y en el asilo del Buen Pastor.
En la Pastoral del Iltmo. y Rvmo. Sr. Dr. Don Mariano Casanova, arzobispo de Santiago de Chile, sobre el culto de San José se incluye una nota acerca de la nueva parroquia de san José en Valparaíso en la que se expresa: “Esta nueva parroquia fue erigida el 11 de febrero de 1895 y está situada en el populoso barrio del Cardonal, en que no existía iglesia ni capilla ninguna. El terreno fue legado por doña Antonia Ramírez de Rabusson”70. Estaba edificado en la esquina de las calles del Olivar y
66 A la que dotó de ornamentos e imágenes. Leopoldo Sáez Godoy la sitúa a los pies del cerro de la Cruz y señala que sus dimensiones eran de 20,50 metros de largo por 6, 72 metros de ancho, y que poseía una torrecilla con campanario y reloj. Diccionario Histórico Cultural de Valparaíso (Valparaíso, 2010), p. 220.
67 Esto mismo hace decir al autor sobre la capilla resultante que “no es edificio muy arreglado a los principios del arte, pero nada falta a los de la piedad que eran los únicos que conocía su fundadora”, Martín y Manero, Vicente, cit., II, p. 360).
68 Leopoldo Sáez Godoy la sitúa a los pies del cerro de la Cruz y señala que sus dimensiones eran de 20,50 metros de largo por 6, 72 metros de ancho, y que poseía una torrecilla con campanario y reloj. Diccionario Histórico Cultural de Valparaíso (Valparaíso, 2010), p. 220.
69 Edwards Bello, Joaquín, El bombardeo de Valparaíso y su época (1965), p. 140.
70 En la referida nota se consigna que la imagen de San José allí venerada fue comprada con el producto de la venta de las joyas donadas por doña Teodolinda Lamarca de Lyón (sic) religiosa del Sagrados Corazones,
Yungay de Valparaíso.71. El inmueble donado (que al parecer incluía almacenes) tenía una carga, cual era pagar $235 mensuales a la Sociedad de Señoras de San Vicente de Paul de la Parroquia de los Doce Apóstoles de Valparaíso72.
4. La Compañía de Jesús
La historia domus de la comunidad jesuita consigna que:
“en 1884 adquirieron un terreno al costado norte de la Iglesia del Sagrado Corazón, para levantar la escuela del Apostolado de la Oración, que en parte ya existía, pero era muy pequeña. Con aportes de personas como Maximiano Errázuriz, Arturo Lyon, Carlos Sánchez Fontecilla, Antonia Ramírez, entre otros, se logran costear los 14.900 pesos que costó el terreno y el edificio con cinco salas de clase. Parte de los costos los asumió la Compañía. La sucesión de Agustín Edwards, dona cada año 900 pesos para el funcionamiento de la escuela, aunque no es del todo suficiente73.
En la misma fuente se encuentran interesantes noticias sobre la participación de la orden en la llegada a Valparaíso de los salesianos.
5. Los salesianos
En el Libro de Valparaíso (1536-1946) encontramos que “Doña Antonia Ramírez Rabulson (sic), piadosa dama, conocedora de la obra de Don Bosco fué la primera en pensar traer a los Salesianos a Valparaíso” y que su amiga Doña Juana Ross de Edwards se hizo cargo de la idea, con la participación de Monseñor Ramón Ángel Jara, que había conocido personalmente a Don Bosco74 .
Según el historiador de la orden75, los antecedentes de la presencia salesiana en Valparaíso:
“se remontan a la noche del 9 al 10 de Abril de 1886, en Sarriá – Barcelona, importante ciudad española y el principal puerto de la madre patria. Ello sucedió en la casa de la noble dama chilena, doña Dorotea de Chopitea vda. de Serra, donde Don Bosco se hospedó. Esa noche tuvo un sueño (así residente a la fecha en España. Y que en la construcción de la iglesia y casa parroquial se invirtieron $50.000 de la herencia de doña Rita Cifuentes de Cifuentes. Imprenta Cervantes; Santiago, Chile. Puede verse en: http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080023048/1080023048_67.pdf
71 Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, fojas 62.
72 Según el informe del administrador de estos bienes por encargo del Arzobispado de Santiago, el año 1902 rentaron $2.820. Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, fojas 67.
73 Sotomayor Larraín, Cristián, s.j. y Correa Castelblanco, Jaime, s.j. (editores y comentaristas) Historia de la Residencia de la Compañía de Jesús en Valparaíso (1850-1952). Síntesis reproducida que agradecemos al historiador don Santiago Montero Necochea.
74 Aguirre Echiburu, Luis, El libro de Valparaíso...: 1536-1946 (Valparaíso, 1946), p. 162.
75 Extracto de “Trilogía Sobre Don Bosco” escrito por Pbro. Simón Kuzmanich Buvinic, sdb. En: http://www.salesianovalparaiso.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=1&Itemid=3
lo llama él), uno de los tantos “sueños” que le mostraban el futuro de su obra, pero parece haber sido una verdadera visión, dado que al despertarse se encontraba extenuado del viaje que, en dicho “sueño”, realizó. Se encontraba, decía él, rodeado de niños contemplando montañas, colinas, pequeños valles y…, a lo lejos unas montañas muy altas y un inmenso mar, muy grande, ilimitado. Un niño dijo: “allá leo: Valparaíso”. Yo “Santiago”, dijo otro. Yo, añadió un tercero, leo las dos cosas. Y una pastorcilla que le servía de guía (siempre en sueños) le dijo: “…parte desde aquel punto y sabrás la norma que han de seguir los Salesianos en el porvenir”76.
Es la primera vez que nos consta que Don Bosco oyó, y tal vez pronunció, el nombre de Valparaíso”77. Correspondió a doña Antonia Ramírez, como decíamos, la iniciativa de pedir la venida a Chile de los religiosos salesianos.
El Vicario Capitular del Arzobispado de Santiago, monseñor José Ramón Astorga, viajó a Turín ex profeso para hablar con don Bosco sobre la fundación de una casa de los salesianos en Santiago, pero también le informó que “en la ciudad de Valparaíso hai (sic) una Señora mui rica, sin hijos i con mucha voluntad de destinar sus bienes para fundar una Casa de Salesianos en esa ciudad, si se ve la posibilidad de que en un tiempo no remoto, se pueda llevar a cabo esta fundación”78 .
En mayo del mismo año el presbítero José A. Infante, que había acompañado a monseñor Astorga en el mencionado viaje, escribía a Don Bosco, para decirle que “en Valparaíso la Sra. Ramírez, que está mui (sic) enferma, tiene mui buena disposición para dejar una buena parte de sus bienes para la fundación de una casa de Salesianos en dicho puerto”79
Así, en carta fechada en Valparaíso el 1° de septiembre de 1886, decía al “Rvdo. P. Don Juan Bosco”80:
“cuento con la aprobación del Gobierno Eclesiástico y también del Presidente de la República que desea la fundación de la Congregación de los Padres Salesianos… Los Padres quedarán en completa libertad para que se establezcan según sus Constituciones, quedando completamente libres en la dirección de la casa… En este puerto hay muy buenas disposiciones de parte de sus habitantes para la fundación de talleres salesianos, pues todos desean ver remediada la necesidad de tantos niños que quedan sin oficio porque no tienen quien se lo enseñe. Para dar principio a la obra doy a los Padres una casa que he edificado en terrenos de mi propiedad y que me ha costado 15.000 pesos, tiene diecinueve piezas incluso con algunos salones que por su capacidad sirven para la escuela o Talleres… Durante los días
76 Memorias Biográficas de S. Juan Bosco, vol. XVIII, págs. 71 – 72, versión española.
77 Extracto de “Trilogía Sobre Don Bosco” escrito por el Pbro. Simón Kuzmanich Buvinic, sdb http://74.125.93.132/search?q=cache:-ZdQd5s2tg8J:www.salesianovalparaiso.com/historia.html+antonia+ramirez+valparaiso&cd=7&hl=es&ct=clnk&gl=cl . La correspondencia se conserva en el Archivo Central Salesiano de la Casa Generalicia de la Congregación Salesiana, en Roma (ACS, microfilm 185, B9/B10, y S 1262 y 27331, Cagliero).
78 Carta a Monseñor Cagliero de fecha 1° de abril de 1886, en Kuzmanich, Simón. sdb, Presencia Salesiana. 100 años en Chile. Los inicios: 1887, 1987, pp. 108-110.
79 Ibid. pp. 111 y 112.
80 Ibid.
de mi vida daré a los Padres cien pesos mensuales, y …después de mi muerte unos terrenos edificados que producen cuatrocientos pesos mensuales… Pagaré el viaje de los primeros que vengan a fundar… si yo faltare antes que vengan los Padres, mi albacea cumplirá lo antedicho, como lo dejo en mi testamento… Pido por amor a Dios al Padre Bosco que me dé su bendición y me mande la medalla de Ntra. Sra. Auxiliadora 81
Apoyando la petición el P. Mariano Capdevila (también Capdevilla), S.J., superior de la residencia jesuita de Valparaíso, escribió el 3 de septiembre de 1886 a Mons. Juan Cagliero, en su carta precisaba que “...el Obispo de Santiago y el Presidente de la República aprueban y desean la fundación de Talleres Salesianos en esta ciudad” , y dejaba constancia que escribía “a nombre de la Sra. Ramírez pues el mal estado de su salud no le permite escribir, pues le van hacer una operación en estos días”. Al mismo tiempo sugería que Mons. Cagliero viese todo personalmente antes de fundar, ofreciéndole al efecto hospitalidad en la comunidad jesuita, la que este aceptaría el año siguiente.
A pesar de su enfermedad “llena de entusiasmo transformó las casas de su propiedad que tenía arrendadas en el Cerro de La Cruz; edificó escuelas y las aperó con catres y colchones y cuanto una comunidad podía desear. A pesar de que en sus dos últimos años apenas podía andar, a causa de su gravísima enfermedad, se hacía conducir al cerro y dirigía los trabajos”82 .
Como lo previó en su testamento, faltó doña Antonia en el curso de la realización del proyecto, ya que falleció antes de ver la llegada de los salesianos al Puerto. Para esto dispuso en su testamento83 que el legado fuese recibido por el Arzobispado de Santiago para entregarlo a éstos tan pronto vinieran a Valparaíso84.
Las propiedades legadas con este fin habrían sido dos: Cerro Colorado85 y todos los terrenos y edificios en el Cerro de la Cruz, exceptuada la hijuela legada al Nuevo Hospital de Mujeres “incluyendo aquellos terrenos y edificios del pié del mismo Cerro que dan frente a la Plazuela de Hontaneda y a la Calle de San Ignacio”86 .
Al parecer no resultó pacífico este legado ya que Santiago Rosales, sobrino de la testadora, habría solicitado que se le declarase heredero universal. Existe en el respectivo expediente arzobispal una
81 El autor oyó a Doña Ana Cortés Jullián, Premio Nacional de Pintura, y descendiente de don José Manuel Ramírez Rosales, lamentar el extravío de las cartas que Don Bosco escribió a doña Antonia y que habría conservado su sobrina Luisa Ramírez Cortés y luego doña María Ramírez Cortés hasta su muerte.
82 Martín y Manero, Vicente, cit., II, p. 360.
83 Protocolizado por resolución judicial en la Notaría de Valparaíso de don Francisco Pastene., el 3 de enero de 1887.
84 El abogado Mariano Egaña, de la misma ciudad fue designado para administrar el legado (Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, fojas 48).
85 No hemos encontrado una individualización más clara, sólo que se trataría de 70 cuadras. Fue transferida por el Arzobispo de Santiago a la comunidad salesiana en 1893, que la habría vendido en 1916.
86 Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, informe jurídico de 1943.
carta en la que se expresa que esta petición se sustenta “en cuanto la señora testadora no dispuso de todos sus bienes. Hace esta demanda no obstante de tener en el testamento una asignación de $2.000”.
En el mismo documento se consigna el temor respecto de la referida solicitud: “Aunque la demanda no lo dice, pero bien se puede sospechar que su intención sea atacar después (sic) los legados hechos al Arzobispado i a Don Bosco en la cláusulas 10 i 12, por cuanto son las más valiosas, pretenderá que falta a los legatarios personería jurídica. Yo tengo que sostener naturalmente las disposiciones del testamento i seguir el juicio, el cual podrá causar algún entorpecimiento en su ejecución”87.
Además en la prensa local se produjo una polémica interesante a propósito del servicio que prestarían los religiosos y los legados con fines similares al de doña Antonia.
El 19 de diciembre de 188788se adjudicaron estos bienes al Arzobispado de Santiago “en dominio i propiedad, como asignatario sustituto instituido por la testadora para el caso de no existir a su fallecimiento la institución denominada de Don Bosco”. Por decreto del 30 de noviembre de 1892, Don Mariano Casanova, Arzobispo de Santiago, transfirió al Ilustrísimo señor don Juan Cagliero, “para que establezca en ellos una escuela-taller para la enseñanza de artes y oficios a los niños pobres del pueblo”.
La cesión duraría hasta que se establezca en Valparaíso la “Sociedad Salesiana denominada de don Bosco”, conservando en el intertanto el Arzobispo el derecho de vigilancia en el referido establecimiento. El decreto establecía que “El Iltmo. señor don Juan Cagliero se obliga a fundar i sostener en Valparaíso un establecimiento de educación católica e industrial para niños pobres, debiendo invertir en ellos, a lo menos seis mil pesos al año, que es, por término medio, el monto calculado de las entradas líquidas que producen los bienes cedidos”89 .
Dicen las “Memorias Biográficas de San Juan Bosco” que, en 1887, un día que los misioneros salesianos Juan Cagliero (Obispo) y José Fagnano (Prefecto Apostólico) pasaron por Valparaíso para abordar el barco que los llevaría a Punta Arenas: “...más de 200 niños corrían, tras ellos, gritando ¡Finalmente han llegado nuestros padres... mañana ya podremos ir a la escuela... oh, qué alegría” (Vol. XVIII, pág. 73, versión española)90. La llegada de los salesianos a Valparaíso fue el 17 de julio de 1894, fecha en la que desembarcaron los salesianos “fundadores” de la Presencia Salesiana en Valparaíso91.
87 Carta de don M. Idalgo (sic) C., extendida en Valparaíso el 17 de marzo de 1887. (Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, fojas 1 y 2).
88 Escritura pública otorgada en Valparaíso en la Notaría de don José María Vega.
89 Boletín Eclesiástico del Arzobispado, N°395, p. 329. Extracto de “Trilogía Sobre Don Bosco” escrito por el Pbro. Simón Kuzmanich Buvinic, sdb.
90 Ibid Extracto de “Trilogía Sobre Don Bosco” escrito por el Pbro. Simón Kuzmanich Buvinic, sdb.
91 1894 (25.05), don Miguel Rua, Sucesor de Don Bosco, despide, en Turín, a los Salesianos “Fundadores” de la Casa de Valparaíso. Extracto de “Trilogía Sobre Don Bosco” escrito por el Pbro. Simón Kuzmanich Buvinic, sdb.

Extraído del libro de la Parroquia de los Doce Apóstoles 1845-1945
Los primeros salesianos en la ciudad de Valparaíso fueron dos sacerdotes, dos clérigos, dos hermanos coadjutores y un seminarista menor92. A las pocas semanas se inauguran las actividades con 48 muchachos los que según señala la Crónica de la Casa: “35 eran gratuitos, 10 con media pensión, 3 con pensión regular” (que eran 10 pesos al mes). Más adelante agrega: “en 1894 los ingresos fueron 800 pesos y los gastos 4.000 pesos”93 .
No fue pacífica la llegada de los salesianos, la prensa anticatólica de la época criticó su presencia diciendo:
“…esos Boscos serán constructores, serán albañiles, serán carpinteros y no dejarán a los obreros chilenos sino el sobrante, es decir el acarreo de las basuras, el oficio de peón. ¿Qué mejor ganga? Así se hacía en la colonia cuando los jesuitas monopolizaron todo, desde la gloria eterna hasta la estracción (sic) sin dolor de los uñeros y ojos de gallo. Todo, todo, se lo apropiaron y para que soltaran su presa fue preciso armar ejércitos y barrerlos como se arroja en las pampas arjentinas (sic) las plagas de las langostas”94.
Con respecto al rol que cupo a doña Antonia Ramírez en la instalación de la obra salesiana en Valparaíso, más recientemente, decía el senador Juan Hamilton ante el Senado durante el homenaje que dicha cámara rindió al centenario del Colegio Salesiano de Valparaíso:
“Para San Juan Bosco, la naciente República de Chile no le era ajena, como tampoco las ciudades de Talca, Santiago, Concepción, Valdivia y Valparaíso: el joven sacerdote chileno Camilo Ortúzar Montt había pasado a visitar a Don Bosco para solicitarle consejo, y el Santo le ofreció “Pan, trabajo y paraíso”. Así, se convirtió en el primer salesiano chileno. La Casa de Valparaíso también es fruto de autóctonas semillas locales que prepararon la tierra y transformaron una señorial Quinta en un vergel de científicos, historiadores, músicos y mecánicos. Una eminente dama porteña, doña Antonia Ramírez de Rabusson, veía con evangélica preocupación que cientos de niños y jóvenes deambulaban por los cerros de Valparaíso, sin destino y sin futuro. Sus amistades le contaron que en Turín había un sacerdote con fama de santo que, junto a otros, aplicaba un método educativo basado en el trabajo y la alegría. “Había que traer a los Boscos”, como los llamaba ella cariñosamente. Todo lo previo para instalarlos en esta ciudad, cediendo, con ese fin, una pequeña fortuna. Pero Dios no permitió que esta iniciativa fuera mérito de una sola persona: doña Antonia murió sin alcanzar a verlos llegar. Fue otra distinguida dama porteña la que completaría esa labor: doña Juana Ross de Edwards, quien, en su rica opulencia, fue maestra de generosidad y modelo de virtud. Ella compra especialmente para los salesianos —como ya se los conoce en ese tiempo— la Quinta Waddington, en las inmediaciones de este lugar”95.
92 P. Spiritu Scavini Martinoglio; P. Fidel Riva Joier ; Clérigo aún (seminarista) Domingo Soldati Soldati ; Clérigo, también, Pascual Richetta Bolatto; Coadjutor (=hermano) Juan Buffa Lucchini; Coadjutor Francisco Fossa Fossa; y el Aspirante (=seminarista menor, no religioso aún) Juan Manzoni Riolfo . Ibid Extracto de “Trilogía Sobre Don Bosco” escrito por el Pbro. Simón Kuzmanich Buvinic, sdb.
93 Domingo Comati (¿?) pidió $3.500 para costear los pasajes. Archivo Histórico del Arzobispado de Santiago, legajo 29, expediente 40, Antonia Ramírez Rosales, fojas 36. El apellido podría ser Soldati, que corresponde a uno de los sacerdotes salesianos llegados al puerto.
94 Kuzmanich, Simón sdb, Presencia Salesiana. 100 años en Chile. Los inicios: 1887, 1987, pp. 207 y 208.
95 En su homenaje también recordaba que “dicha Congregación ha dado al país muchos sacerdotes ilustres, como el Padre Valentín Panzarasa, uno de los precursores del socialcristianismo en Chile; el Cardenal Raúl Silva Henrí-
Juan D. Ugarte Yávar, en su Recopilación histórica, comercial y social menciona el Monumento a María Auxiliadora:
“Situado a la entrada del Colegio Comercial de los Reverendos Padres Salecianos (sic), en el Pasage (sic) Brown, mirando hácia (sic) la Alameda de las Delicias”. Según el autor este se compone de “una artística capilla de estilo gótico coronada por la estátua de María, en cuyo frontis se lée (sic) la siguiente inscripción en una plancha de mármol: “El pueblo de Valparaíso agradecido á María Auxiliadora de los cristianos por su visible protección en el terremoto del 16 de agosto de 1906”.
Continuando con la descripción Yávar nos informa que en los muros del frontis de la capilla hay dos grandes planchas de mármol en las que “se da a conocer en una los nombres de los principales benefactores de las Escuelas talleres; y en la otra se dedica un grato recuerdo á las respetables señoras doña Juana Ross de Edwards, quien fue la que obsequió el sitio y casas en que funciona La Casa de los Salecianos (sic), y doña Antonia Ramírez de Rabusson que legó una casa á las Escuelas Talleres”96 .
V. SU FIN
Doña Antonia había sobrevivido a su esposo y única hija, no sin enorme pena podemos suponer, así da cuenta el texto que hizo grabar en la sepultura que luego ella misma ocuparía: “Aquí descansa Eujenio Rabusson bondadoso y tierno esposo falleció el 19 de noviembre de 1850 (¿?) y su digna y ¿amorosa? hija Amelia lo acompaña desde el 15 de julio de 1860. Su esposa y triste madre les consagra este pequeño recuerdo”97
Sabemos que en 1855 estaba enferma y que don Benjamín Vicuña Mackenna la encuentra en Mendoza a donde había viajado en búsqueda de salud. Por la correspondencia con San Juan Bosco sabemos que también lo estaba en septiembre de 1886 y –por el superior de los jesuitasque se haya próxima a una operación que hace temer por su vida.
Don Luis Aguirre Echiburu98 nos informa que la asistió en sus últimos momentos su amiga doña Juana Ross de Edwards, nuevo testimonio de la estrecha relación entre ambas. Doña Anto-
quez, uno de los hombres más ilustres de la historia de la Iglesia chilena, y el Padre Egidio Vignanó, actual rector mayor de la Congregación, quien trabajó en Chile por más de 30 años y adoptó nuestra nacionalidad. También han pasado por sus colegios hombres que ocuparon o actualmente ocupan cargos de responsabilidad en los Poderes del Estado, como el ex Presidente de la República don Patricio Aylwin; el Presidente de la Corte Suprema, don Marcos Aburto, y los actuales Ministros de Transportes y Telecomunicaciones y de Vivienda y Urbanismo, señores Narciso Irureta y Edmundo Hermosilla, respectivamente”. Homenaje al Colegio Salesiano en su centenario. En: http://www.senado.cl/appsenado/templates/sesionessala/pags/pags/diar/21061107110547.html
96 Ugarte Yávar, Juan, Recopilación histórica, comercial y social. Valparaíso 1536 – 1910. Imprenta Minerva (Valparaíso, 1910), p. 62. La cursiva es nuestra. Puede verse esta obra en: http://www.memoriachilena.cl/ archivos2/pdfs/MC0007060.pdf
97 Apunte tomado por el autor de una de las leyendas escritas en el monumento sepulcral de doña Antonia Ramírez de Rabusson en el Cementerio N°1 de Valparaíso.
98 Aguirre Echiburu, Luis, El libro de Valparaíso...: 1536-1946 (Valparaíso, 1946), p. 162.
nia descansa en el Cementerio N°1 de Valparaíso, un monumento marmóreo sobre su sepultura, hermoseado con placas esculpidas con temas alusivos, tiene las siguientes leyendas: “Aquí descansa doña Antonia Ramires de Rabousons (sic). Modelo de virtud y de amor. Falleció el ¿? De diciembre de 18¿? Legando toda su fortuna para obras de beneficencia… educación del pueblo”99 y en otra de sus caras “La Parroquia de los Doce Apóstoles agradecida a su insigne bienhechora Doña Antonia Ramírez de Rabusson. Cuida de este mausoleo”.
No promovemos públicos homenajes y reconocimientos, no fue ese su deseo en vida, después de sus días no sería honesto contrariar su voluntad, pero sí recordarla. El testimonio de esta laica, de sufrida existencia, que sobreponiéndose a sus penas supo salir de sí para compartir sus bienes con los más pobres de sus hermanos, sin que su mano derecha se enterara, sirva de ejemplo para que otros atesoren aquellos bienes que nadie puede robar y que no se destruyen. Aunque sólo tuvo una hija de sus entrañas, cuya muerte debió herirla profundamente, esta, sin embargo, no acabó con su fecundidad. La solidaridad con sus bienes la hizo madre de muchos infortunados, hombres, mujeres y niños, que recibieron el alimento del cuerpo y del alma de las obras que se beneficiaron de su generosidad. Antonia Ramírez de Rabusson fue parte de la secreta agricultura de Dios, en la que el grano de trigo sólo da vida entregando la propia en lo oculto de la tierra.
99 A pesar que se incluyó esta tumba entre las sepulturas históricas recomendadas al visitante, se encuentra descuidada, y los textos grabados en el mármol ilegibles y próximos a desaparecer definitivamente por la erosión. Algunos metros más allá también en este histórico cementerio porteño se encuentran otras tumbas familiares como la de su hermano José Manuel Ramírez Rosales, la de don Eugenio Cortés y Azúa (suegro del anterior, que participó en la Independencia de Méjico, intervino políticamente en el Perú y heredó el rico mayorazgo vinculado al marquesado de Cañada Hermosa de San Bartolomé, título de Castilla) la de los Cortés Solís, Wormald, Lorca Sánchez, Nordenflycht, Simms, por nombrar sólo algunas.

Dr. Juan Daniel Escobar Soriano
Profesor Titular Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Miembro de número de la Academia de Historia Religiosa de Valparaíso.
La Iglesia Católica romana era la única confesión oficial cuando llegan y comienzan a actuar en Chile, a mediados del siglo XIX, Iglesias y Confesiones cristianas que tuvieron su origen en la primera, segunda y tercera reforma. Esta situación provocó desencuentros y polémicas, de tal manera que estos grupos fueron considerados “disidentes”. Incluso en un primer momento tuvieron que actuar de un modo más bien oculto.
Sin embargo, progresivamente y especialmente debido a la influencia de personalidades destacadas, como las de David Trumbull, Willis Hoover, Juan Canut de Bon y muchos otros, fueron ganando espacio y consiguieron el apoyo de otras instituciones y personas influyentes del campo político y social.
A partir de la situación indicada comienzan a mostrar una importante influencia en Valparaíso, a niveles, religioso, político, educacional, social e incluso arquitectónico. Algunas de estas acciones han quedado plasmadas en instituciones, escritos y edificios históricos que hoy son considerados patrimonio de la humanidad.
A continuación, pretendo presentar en forma muy sintética y siguiendo un criterio ecuménico, la presencia y obras en nuestra ciudad de las principales Iglesias y Confesiones cristianas no católicas.
1. Los Primeros
Los primeros anglicanos que llegan a nuestro país son navegantes, corsarios, exploradores ingleses, entran por el estrecho de Magallanes hacia el 20 de junio de 1578.

Estos son los marineros del barco “Pelican”, comandado por Francis Drake y que traen a bordo un capellán de nombre Francis Fletcher, el cual celebraba en cubierta servicios religiosos. Uno de estos fue el de “Acción de Gracias”, que se celebró a la salida norte del Estrecho de Magallanes1.
Una segunda escuadrilla, de tres navíos de corsarios, al mando de Tomás Cavendish en 1587, permaneció en los alrededores de Valparaíso. En una escaramuza con los españoles, en la rada de Quintero, fueron hechos prisioneros nueve marineros, de los cuales seis de ellos fueron ajusticiados en la Plaza de Armas de Santiago de Chile, pesando en su contra el hecho de ser protestantes2.
Entre los años de transición del fin de la colonia, a los primeros años del comienzo de la Patria Vieja, comienzan a desembarcar en Valparaíso marineros de flotillas balleneras inglesas. En 1808, encontramos a dos ingleses3. Ya para 1814 deambulan por las calles de Valparaíso tripulantes de dos navíos ingleses, cuya misión era proteger el comercio inglés en estas latitudes. Generalmente, las naves inglesas tenían capellanes navales, que cuando oficiaban servicios religiosos se adherían los súbditos de la corona que desde tierra eran transportados en botes a las cubiertas de esos barcos que se transformaban en verdaderas capillas.
Un hecho muy importante será la llegada de Thomas Cochrane, quien en 1819, junto a una serie de oficiales navales ingleses, anglicanos nominales y profesantes, ayudarán a formar la Marina chilena desde Valparaíso. Algunos de ellos morirán en combate4, y varios de los sobrevivientes harán carrera naval al servicio de Chile5
1 Cf. basley, b., Somos Anglicanos (Santiago de Chile, 1995), p. 11.
2 Cf. medina, j., Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile (Santiago de Chile, 1952), pp. 255-259.
3 Cf. Urbina, r., Valparaíso. Auge y Ocaso del Viejo “Pancho” (Valparaíso, 1999), p. 76.
4 Como el caso del Teniente Coronel de Infantería de Marina, Sr. Jaime Charles. Cf. Un heroico oficial inglés muerto al servicio de Chile en el campo de batalla, en Rev. Sucesos 626 (1914). s/p.
5 Es interesante destacar, que uno de los textos que recogen la presencia naval inglesa estable en Valparaíso, su vida religiosa y costumbres es la obra de María Graham, Diario de mi Residencia en Chile en 1822
Otro antecedente que nos ayuda a conocer la presencia anglicana es la información sobre las casas comerciales inglesas en Valparaíso en 18196. Esto está relacionado a que los dueños de estas casas, junto al cónsul británico, elevaron una petición al Director Supremo Bernardo O’Higgins para tener un cementerio para los disidentes. Charles Hillmann, en su libro Old Timer British and American in Chile, nos entrega una lista de residentes protestantes, responsables del entierro de disidentes. Con respecto a los británicos anglicanos y casas comerciales ya establecidas, Hillmann entrega la siguiente lista: Chilean Minino Association, George Cood, William Hodgson y Joshua Waddington. A. C. Millar, Taylor Newton y Cia. S.S. Barnard, Fry y Scout, Humphrey Bunster, J. R. Nugent, British Consul, Gibbs, Crawley y Co. John Heyworth y Co. Edward Widder, Angus
Livingtone, Thomas E. Brown and S. P. Robinson, Andrew Blest and Collin Cambell, Roskell and Crof, William Thompson, R. Dunn, Thomas Davies, John Sewell, John White, Fred Hill, William Hoseason, S. Moore, G. Walker, Thomas Kendall, Joseph Turner, A. MacFarlane, William MacKay, Edwards Neil, J. Martin, George Metcalf, William Rouse, L. T. Ashton, Charles E. Mitchell, William Henderson, G. Burch, Postts y Macfarle. A. E. Robson and John Duncan, B. O. Fagan, Mattew Jackson and John French, Captain Foster, Charles Black, R. Amley, H.D. Burdon, Peter Dillom and Mark W. Walton7.
Estas compañías y personas particulares requerían un considerable número de empleados de paso, lo que aumentará la cantidad de extranjeros residentes, los cuales necesitaran una adecuada asistencia espiritual. Este hecho determina el nacimiento dentro de la ciudad de una iglesia de capellanía y no de misión. Los primeros cultos anglicanos se realizarán en forma privada en el cerro Concepción (Reina Victoria). El primer registro de un capellán celebrando cultos de rito anglicano, aunque de vez en cuando, lo encontramos en el consulado británico de Valparaíso, y fueron realizados por el Rvdo. Thomas Kendall, quien también cumplía la misión de ser profesor particular de los hijos del vice-consul, A. W. Rousse. Posteriormente, oficiará el Rvdo. John Roowlanson, que desde 1837, aparte de ser profesor de los hijos del empresario Richard Price, oficiará matrimonios y bautizos8
La comunidad anglicana en Valparaíso comienza a consolidarse por medio de las erogaciones hechas por los representantes de las empresas británicas en nuestra ciudad. También se logró que el gobierno inglés sosteniera económicamente el culto por un número determinado de años. El Revdo. William Armstrong es nombrado en abril de 1841 como primer capellán consular británico en Chile. Posteriormente, con el Rvdo. Richard Dennett se comenzó con la construcción de un templo, que se inauguró en 1858 y que en 1979 fue declarado Monumento Nacional y hoy es Patrimonio de la Humanidad9.
6 Entre los comerciantes ingleses establecidos en Valparaíso, encontramos a Diego Powditch, Onofre Bunster, Andrés Blest, Juan Callon, Guillermo Taylor, Guillermo Forbes.
7 Cf. Hillmann, Ch., Old Timers British and American in Chile (Santiago de Chile, s/f), pp.34-38.
8 Cf. Bazley, B., Somos… (nota 27), pp.70-90.
9 Cf. Escobar, J., Protestantes y Evangélicos en Valparaíso: Análisis Ecuménico, en Concha, m. – Salinas, C.,
Según el investigador protestante y porteño Waldo Pacheco faltaría consignar con mayor fuerza el primer espacio físico donde se establecieron los ingleses anglicanos en Valparaíso. Este primer espacio fue a orillas de la bahía, actualmente frente al edificio de la Iª Zona Naval, allí se encontraba amarrada por ciertos periodos la flota naval de la empresa Albion establecida en el Pacífico.
Luego, encontramos casas habitaciones para ingleses en La Planchada (actual calle Serrano) y Aduana (actual calle Prat), dos principales arterias del comienzo comercial de Valparaíso10.
El paso de los ingleses y de otros extranjeros del plan de la ciudad a los cerros, específicamente en el caso que nos ocupa a los cerros Concepción (Reina Victoria) y Alegre, han tenido diversas interpretaciones. Estas parten de la idea de que se quería propiciar una discriminación socioeconómica hasta el afirmar que querían tener un lugar exclusivo para no tener ningún contacto con el pueblo común11. Sin embargo, un aspecto importante que no se debe olvidar es que la construcción de un templo, por disposiciones municipales tenía que quedar fuera de los límites de la ciudad. Los cerros anteriormente nombrados reunían las condiciones para ello.
El primer movimiento urbano de ingleses hacia las alturas del puerto fue en el Cerro Alegre, en que un comerciante inglés de apellido Bateman, edificó allí la primera casa en 182212. Un autor inglés nos dice: “en lo que respecta a su lugar de residencia estaban segregados en distritos tales como el Cerro Gordo de Valparaíso… Tenían pocos contactos sociales con los chilenos y preferían desarrollar su propia vida institucional”13 .
La construcción del templo Saint Paul’s en el cerro Concepción logró que a sus alrededores se construyeran casas, cuya arquitectura denunciaba estilos y elementos típicos británicos. A mediados del siglo XIX, casi todas estas nacientes casas estaban habitadas por extranjeros que profesaban la religión protestante14.
3. Personajes Importantes
Anglicanos fueron algunos de los primeros oficiales ingleses que formaron nuestra Armada nacional, entre muchos otros, podemos destacar: Almirante Robert Simpson, Vicealmirante Santiago Baynon, Teniente Coronel Jaime Charles15, Capitán William Wilquinson.
– Vergara, F. (edits.), Historia Religiosa de Valparaíso (Valparaíso, 2005), p.117.
10 En 1825 había 34 casas mayoristas en estas calles.
11 Cf. Pacheco, w. – Chicano, R., “Creyentes Progresistas en el Paralelo 33 grados Latitud sur”, en Vergara F., (edit.), Tributo a Valparaíso (Valparaíso 2007), pp. 13-38.
12 Cf. Estrada, B. (et alü), Valparaíso. Sociedad y Economía en el Siglo XIX (Viña del Mar, 2000), p. 187.
13 Maldwyn, j., El Reino Unido y América: Emigración Británica (Madrid, 1992), p. 314.
14 Prain, M., La Iglesia anglicana Saint Paul’s como expresión de las transformaciones religiosas, culturales y sociales de Valparaíso. 1858-1906 (Viña del Mar, 2001), pp. 24-28.
15 Nombre que lleva la Escuela de Infantería de Marina.
En el campo de la ingeniería: William Lloyd participó en la construcción del templo Saint Paul’s y en el ferrocarril Valparaíso – Santiago. Henry Meigss, de reconocida labor en la construcción del ferrocarril al sur. El constructor Carlos Claussen y el ingeniero Arthur Guillermar, entre otros.
Desde la medicina: Andrew Blest, director del Hospital San Juan de Dios. William Cunningham, primer director de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. John Blest, conocido oftalmólogo de Valparaíso. Thomas Amstrong, radicado en Valparaíso. Thomas Bate, John Houston, entre otros.
4.
El anglicanismo como institución eclesial ha estado muy estrechamente relacionado con todas las actividades de la colectividad británica, e incluso de la norteamericana, en ciudades como Valparaíso, Santiago, Concepción y otras menores desde el siglo XIX. Su presencia espiritual será significativa dentro de su ámbito de acción. Debemos destacar que las virtudes y deberes que los anglicanos inculcaban desde sus púlpitos llevó a una gran cantidad de fieles a participar en proyectos de bien común, caritativos, recreativos, u otros a favor de toda la sociedad chilena.
En el aspecto económico, hoy es innegable la importancia de las firmas comerciales inglesas para el desarrollo de la ciudad. E. Cavieres, afirma que “Anthony Gibbs, Duncan Fox, Balfour Williamson y Frederick Huth, entre otras, ocuparon las más altas posiciones del poder y del prestigio entre los empresarios y comerciantes de las costas sudamericanas”16. También podemos añadir la casa de la Bolsa Comercial de Valparaíso, la Cámara Británica de Comercio, Banco Anglo-Americano, Banco de Londres y América del Sud Ltda. En la segunda mitad del siglo XX encontramos más de 36 grandes casas comerciales inglesas, las cuales estaban establecidas en Valparaíso17.
En el plano educacional18: Valparaíso Literary and Scientific Society fundada en 1857. La fundación Artizan School (hoy Colegio Mackay), fundada en 1857. English College para señoritas, fundado en el mismo año que los anteriores. Anglican Institute of Valparaíso. Chilean-British Cultural Institute of Valparaíso. La Biblioteca del Templo Anglicano. También podemos citar los colegios que en sus inicios son confesionales y hoy funcionan en Viña del Mar: Saint Peter’s School y Saint Margarets School for Girls.
En asistencia social y médica: The British American Club. Valparaíso Seamen’s Institute. En Valparaíso encontramos la primera Y.M.C.A. (As. Cristiana de Jóvenes) en el país. British American Hospital. En recreación: The Badminton Sport Club. British Rowing Club. British Scout Troop. Valparaíso Cricket Club. The Valparaíso Rangers Football Club. Valparaíso Polo Club. British
16 Cavieres, E., Comercio Chileno y Comerciantes Ingleses. 1820-1880 (Santiago de Chile, 1999), p. 73.
17 Waldo Pacheco prueba esta afirmación con el artículo: Gran Bretaña y la Marina de Guerra Chilena, en El Esfuerzo Británico en Valparaíso y Álbum de Chile (Valparaíso, 1925).
18 Algunas están extinguidas y otras siguen funcionando en Valparaíso y Viña del Mar.
Riffle Club. También debemos destacar la 11 Fire Company “George Garland” (11ª Compañía de Bomberos, más conocida como “Bomba Inglesa”.
Valparaíso por medio de la presencia británica en el Pacífico Sur logró recibir a notables personalidades que aportaron costumbres, ideas, desarrollo y progreso en todos los ámbitos donde los británicos anglicanos desarrollaron sus actividades, partiendo por el inicio en gran escala del comercio marítimo y la Armada de Chile, luego la formación de las primeras casas bancarias y compañías de seguros. Fue en Valparaíso donde se formó la primera burguesía mercantil inglesa protestante, la cual aportará reformas al comercio y en lo político, introduciendo conceptos liberales adelantados para la época.
Desde el punto de vista religioso, la Iglesia Anglicana en Valparaíso fue la primera Iglesia Evangélica en obtener la personalidad jurídica de derecho privado, el año 187519. El templo San Pablo, que hoy es considerado patrimonio de la humanidad, es de arquitectura sobria, reviste la curiosa forma de un barco al revés, no tiene torre ni se corona con una cruz, ya que cuando se construyó no existía la libertad de culto. Este templo tiene un elaborado trabajo en madera. En 1903 se le instaló el actual órgano, que es una verdadera joya musical. Los vitrales muestran pasajes bíblicos y en el Altar Mayor se encuentran las Tablas de la Ley, una a cada lado.
Los anglicanos apoyaron la traída de miles de ejemplares de Biblias protestantes, que se repartieron en varias ciudades del país. También debemos mencionar la importancia del Cementerio protestante o inglés que encontramos en Playa Ancha. Por lo tanto, no cabe duda que de todas las comunidades extranjeras de origen protestante que se han establecido en Valparaíso, la británica se destacará por los grandes aportes que ha hecho en nuestra ciudad.
En la actualidad la Iglesia Anglicana en Chile constituye una diócesis, que pertenece a la provincia del Cono Sur de América, junto con las diócesis de Argentina, Paraguay, Perú y Uruguay. Las provincias anglicanas son autónomas, pero están unidas en afecto y lealtad con la Comunión Anglicana. El obispo diocesano actual es un hijo de Valparaíso y durante años avecindado en Playa Ancha, el Rvdo. Héctor Zavala Muñoz. También hay un obispo auxiliar para la zona sur de nuestro país, el Rvdo, Avelino Apeleo Puel20
III. LUTERANOS EN VALPARAÍSO
1. Los Primeros
Según Waldo Pacheco es difícil saber a ciencia cierta si todos los alemanes que llegaron a Chile y en especial a Valparaíso por más de un siglo eran todos luteranos, esto se debe a que no
19 Cf. Escobar, J., cit. (n. 9), p. 117.
20 Cf. Ibíd., p.117.
hay mayores estudios que nos afirmen la pertenencia religiosa de los llegados y debido a que los historiadores chilenos, casi siempre, omiten el credo religioso de los alemanes estudiados.
El historiador luterano Juan Wehrli, refiriéndose a este problema nos aclara: “No existen datos fidedignos sobre la cantidad exacta de luteranos que llegaron como colonos a Chile…Lo que sí está claro es que no todos los protestantes eran luteranos; y no todos los luteranos pertenecían a la misma Iglesia…”21
Tomando siempre en cuenta esta situación, podemos decir que la presencia en Chile de los primeros alemanes de creencias luteranas es posible por un permiso real en el siglo XVIII, que permitió la llegada a nuestras costas del Barón de Nordeflicht. El cual viene con una misión muy puntual a favor de la corona22.
En los inicios de la República, los germanos-evangélicos llegados a nuestra ciudad y por razones obvias no mostrarán abiertamente sus creencias religiosas, esto nos lleva a no poder distinguir si sus líneas religiosas pertenecían a la Iglesia Evangélica Luterana o a la Iglesia de la Unión (luteranos y calvinistas). Lo que sí es un hecho que los centros más importantes donde llegaron alemanes luteranos fue a Valparaíso23 y a la zona de Valdivia y Puerto Montt en el sur de nuestro país. La procedencia de muchos de ellos de las zonas de Prusia y Sajonia avalan su origen y pertenencia a la Iglesia luterana24
En lo que respecta a los oficios y profesiones de los alemanes luteranos llegados a nuestra ciudad, tenemos: médicos, farmacéuticos, educadores, ingenieros, capitalistas, industriales, militares, etc. En la zona sur del país, se destaca a los colonos, mineros y campesinos.
2. Donde se Establecieron
El primer culto luterano en nuestro país se celebró en Valparaíso en el mes de mayo de 1865 por el pastor A. Tyszka, a bordo de un buque anclado en la bahía; posteriormente y en forma esporádica se atendió a los luteranos de origen alemán en la Union Church que estaba ubicada en la antigua calle San Agustín. Donde hoy encontramos los Tribunales de Justicia de la ciudad. La Comunidad luterana propiamente tal se constituyó el 7 de marzo de 186725
El 27 de octubre de 1867 llegó a Valparaíso quien sería el primer pastor de la Iglesia luterana
21 Wehrli, J., Historia de los inicios de la Iglesia Luterana en Chile. Los pioneros y sus realidades de fe (La Unión, 1993), p. 4.
22 Cf. Medina, J. T., Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Lima (Santiago de Chile, 1887) II, p. 381.
23 Es interesante destacar como ejemplo, el libro de Elisabeth von Loe, Marie Bulling: Una Institutriz Alemana en Valparaíso. Marie es luterana y nos dice que por falta de un templo luterano, los adherentes a esa Iglesia se unen a los servicios religiosos de los anglicanos en Valparaíso. Todo esto sucede entre 1850 y 1861.
24 Cf. Blancpain, J., Los Alemanes en Chile (1816-1945) (Santiago de Chile, 1987), pp. 37-87.
25 Cf. Escobar, J., cit. (n. 9), p.119.
en nuestra ciudad, el Rvdo. Oskar Fiedler, quien siguió atendiendo en forma regular en la Union Church. El 15 de abril de 1879 se disolvió la comunidad, debido a los problemas económicos que originó la guerra del Pacífico. Sólo en 1889 se organizó un directorio provisorio de la comunidad, el cual llamó al pastor Benjamín Kögel para servir religiosamente a los miembros de la comunidad porteña. Durante este proceso de reorganización, la comunidad luterana siguió contando con la ayuda de la Unión Church, que les facilitó su nuevo templo de la actual calle Condell para que pudieran celebrar sus servicios religiosos. Además, la Iglesia Anglicana ofreció el Instituto Anglicano del Cerro Concepción para la realización de actividades comunitarias26
Posteriormente, un sector de la ciudad se identificará con los alemanes residentes, ya que muchas familias de ese origen lo elegirán para vivir, nos referimos al actual Cerro Alegre.
Las principales instituciones alemanas nacidas en Valparaíso están influenciadas por el espíritu liberal que encontramos en la ciudad, el cual permitió la unión de alemanes que procedían de diferentes Estados germanos, ya sean liberales, conservadores, reinos, principados, ducados, ciudades hanseáticas y como antes hemos visto, de distintas tradiciones cristianas. Por lo tanto, no es difícil encontrar a luteranos, católicos, calvinistas y agnósticos participando de muchas de estas instituciones. Sin lugar a dudas, la única organización solo de luteranos es la Iglesia evangélica alemana de Valparaíso.
Las instituciones más relevantes son:
a) Iglesia Evangélica Alemana de Valparaíso
La Iglesia luterana en Valparaíso, que tenía desde 1867, el nombre de Comunidad Iglesia Evangélica Alemana, obtuvo por parte del gobierno de Chile la personalidad de derecho privado, con el título de “Iglesia evangélica alemana de Valparaíso27.
En 1897 se construyó el templo que encontramos en el Cerro Concepción y que hoy es considerado patrimonio de la humanidad. Este templo posee una alta torre y un elevado muro de contención. Su interior tiene una nave cuadrada dibujada por arcos apuntados y balcones, ambos construidos en madera. Tiene un antiguo órgano en funcionamiento, el que es original de la Iglesia anglicana Saint Paul, donde fue usado entre 1855 y 190128.
b) Colegio Alemán “Deutsche Schul-Ansalt”
Se considera como el día de la fundación del Colegio, el 7 de noviembre de 1857. Entre los
26 Cf. Ibíd., p. 119.
27 Cf. Salinas, C., Confesiones Religiosas y Personalidad Jurídica en el Derecho de Estado de Chile, en Anuario Derecho Eclesiástico del Estado (España) 17 (2002), p. 143.
28 Cf. Escobar, J., Protestantes y… (n. 9), p.119.
objetivos, se llega a la conclusión que es un Colegio para alemanes, y que no se pretendía su apertura a otras personas o hacerlo lugar de encuentro o intercambio cultural, tal como es hoy en día. Además se destacará el carácter laico del Colegio, lo que permitió que estudiaran alemanes y descendientes que no solo profesaban la fe luterana29. El primer edificio en que funcionó el Colegio Alemán estaba en la esquina de la Plaza Victoria y la actual calle Chacabuco. En este lugar estuvo desde 1858 a 1870. En 1871 se trasladó al edificio del Cerro Concepción y hoy lo encontramos en Viña del Mar.
c) Hospital Alemán
En el Cerro Alegre surgió a mediados del siglo XIX, la idea de de crear una sociedad destinada a fundar un nuevo centro de salud, para completar la labor del Hospital San Juan de Dios, hoy “Carlos Van Buren”. La idea original era fundar un Hospital Alemán que sirviera también a la creciente colectividad germana residente en Valparaíso, y perteneció a los doctores Aquinas Ried y Theodor Piderit30.

El primer directorio de la sociedad fue presidido por Heinrich Brunswig y asesorado por los doctores Heinrich von Dessauer y Theodor von Schröders y el arquitecto Benito Mannheim. Con donaciones y ayudas se compró la Quinta Buchanan en los altos del Cerro Alegre que hasta hoy forma parte del Hospital. Aquí se acondicionó un centro asistencial con 28 camas, atendiendo al principio pacientes de medicina interna y cirugía31.
El 21 de octubre de 1877 se inauguró el Hospital Alemán, quedando hasta la fecha unido a la historia de la ciudad. Meritoria fue su acción en la atención a los heridos de las batallas de Concón
29 Cf. Visto en: www.desvalparaíso.cl, pp. 1-11.
30 Cf. Visto en: www.hav.cl, pp.1-4.
31 Cf. Ibíd.
y Placilla en 1891. Sufrió los terremotos de 1906, 1965, 1971 y 1985 junto a los porteños y, a pesar de considerables daños propios, pudo ayudar en cada oportunidad32.
También es digno de destacar el que el Hospital Alemán fuera el promotor de la carrera de Enfermería en Valparaíso, cuando en nuestro país esta carrera no existía. En 1914 se contrató por primera vez enfermeras en Alemania que durante muchos años desempeñaron una abnegada y profesional labor. Se recuerda todavía a las “Schwester”33 ya que con ellas se organizaron durante bastantes años cursos de enfermería, precursores de las carreras formales de enfermeras universitarias y auxiliares paramédicos34.
d) Otras Instituciones
Muchas son las instituciones fundadas por alemanes en Valparaíso y en las cuales participaron luteranos. Solo destacaremos las que nos parecen más relevantes.
1822 Se funda la primera casa comercial alemana en el Puerto: Schutte, Post & Cía.
1834 Primer consulado de la ciudad hanseática de Hamburgo.
1838 Club Alemán.
1851 Segunda Compañía de Bombas (Bomba Germania).
1854 Botica de don Guillermo Munich.
1870 Club Gimnástico Alemán de Valparaíso35
1931 Farmacia Alemana Knop de Valparaíso.
4. Personajes y Familias Alemanas Relevantes
Desde el siglo XIX hasta hoy son muchas las personas y familias de origen alemán, ya sean luteranas o no, que han aportado a la ciudad en diversos ámbitos, como fueron la medicina, el comercio, la educación, la cultura, el campo militar y la filantropía.
En el ámbito luterano nos encontramos con Otto Von Moltke, capitán del Regimiento Chacabuco, muerto en la batalla de Chorrillos en la guerra del Pacífico. El vendedor de Biblias, representante de la Sociedad Bíblica de Valparaíso, Franc Müller. Gustav Soltau, comerciante. Guillermo Oesterle, Farmacéutico.
32 Cf. Ibíd.
33 “Schwester”, así se denomina a las “Enfermeras” en Alemania.
34 Un buen trabajo sobre los comienzos del Hospital Alemán es el realizado por el médico, historiador y durante muchos años Director del Hospital, Dr. Adolfo Reccius Ellwanger (1898-1990), en su libro Reccius, A., Das deutsche Krankenhaus in Valparaíso (Santiago de Chile, 1971).
35 Para mayores datos sobre estas Instituciones Cf. Reccius, A., Historia de un Hospital del Puerto (Santiago de Chile, 1973), pp. 9-14.
También tenemos conocidas familias alemanas, en que algunos de sus miembros participaron de distintas formas en la Iglesia luterana. Tal es el caso de las familias Hucke, Valk, Münich, Reccius, Sther, Oesterle, Sielfeld, Wittemann, Von la Roche, Zohr, Fischer, y muchas otras que serían largo de nombrar.
1. Los Primeros
A finales del siglo XVI, por medio de expediciones holandesas o corsarios escoceses, encontramos una esporádica presencia de presbiterianos o reformados en el territorio marítimo de Chile.
Desde el inicio de la República, la presencia presbiteriana comienza a notarse en Valparaíso, con el cónsul de los Estados Unidos de América Joel Robert Poinsett. En 1843 un importante contingente de extranjeros angloparlantes que pertenecían a la Iglesia Anglicana y que se mostraban disconformes con la liturgia de esa Iglesia, pasaron a formar en nuestra ciudad la Union Church, la cual confesará un credo cristiano de carácter protestante y calvinista. Este hecho favoreció la venida de pastores y misioneros, en su mayoría norteamericanos, a nuestra ciudad y a otras regiones del país. Los primeros dirigentes de la naciente comunidad fueron William Wheelwright y John Brigham. Los cuales, a comienzos de 1844, acordaron pedir a The Foreign Evangelical Society en New York, un ministro evangélico de Credo calvinista y Gobierno Presbiteriano, para predicar en inglés y llevar el evangelio a los chilenos. Esta petición es traspasada al Seminario Presbiteriano de la Universidad de Princeton, quien enviará al Rvdo. Dr. David Trumbull, teólogo y pastor congregacionalista, el cual arribará a Valparaíso el 25 de diciembre de 184536.
En 1865, Trumbull gestionó la venida de un pastor para realizar cultos en español. El 20 de mayo de 1868, organiza la primera Iglesia Evangélica chilena en Santiago de Chile. La segunda Iglesia Evangélica de Chile fue fundada en nuestra ciudad el 8 de octubre de 1869. Para ello Trumbull logró contactarse con más de un centenar de porteños. Las primeras personas que pasaron oficialmente a ser parte de la congregación con su respectiva firma a favor de las doctrinas de esa comunidad fueron Lorenzo Escobar, Carmen Ruiz, Mercedes de Kruniske, Gumercinda Sáez y Policarpo Flores37.
2. Dónde se Establecieron
En 1856, la Union Church se estableció en la Quebrada de San Agustín, actual calle J. Ramos. En 1869 se inaugura el templo que hasta hoy encontramos en la calle Condell (antigua
36 Cf. Pacheco, W., Fe y Obras: Breve Perfil Ecuménico y de su Servicio Social del Rev. Dr. David Trumbull (1870-1889), en Concha, M. – Salinas, C. – Vergara, F., Historia Religiosa de Valparaíso (Valparaíso, 2005), pp. 51-67.
37 Oyarzún, A., Reminiscencias Históricas de la Obra Evangélica en Chile (Valdivia, 1921), p. 30.
calle San Juan de Dios). Este templo tiene líneas de inspiración británica y fue construido por el arquitecto John Livingstone38. Actualmente es monumento nacional y pertenece a la Iglesia Presbiteriana de Chile.

En 1833 se organiza en Valparaíso el Presbiterio de Chile, con cinco Ministros y tres Iglesias (Valparaíso, Santiago y Concepción). En 1888 la Iglesia Presbiteriana “Unión Evangélica” obtiene por parte del gobierno de Chile la personalidad jurídica de derecho privado39.
El presbiterianismo en nuestra ciudad y en los otros lugares del país en que se estableció apoyó abiertamente la causa liberal del laicismo del siglo XIX y creó algunas instituciones que fomentaron esta idea. Fue el precursor del periodismo evangélico, con la fundación de varios periódicos en inglés y español. La creación de un dispensario que funcionó en las primeras décadas del siglo XX en nuestra ciudad. La Valparaíso Seamen`s Mission. Escuela Popular (Colegio David Trumbull). The Artizan School (precursor del actual Colegio Mackay). Valparaíso Literary and Scientific
38 Cf. Escobar, J., cit. (n. 9), p. 121.
39 Cf. Ibíd.
Society. Primera Sociedad Bíblica nacida en Chile y fundada en Valparaíso. Asilo de huérfanos Sheltering Home. En muchas de estas organizaciones tuvo una destacada participación el Rvdo. David Trumbull40.
En el aspecto social llama la atención la nutrida participación de presbiterianos, en las primeras Logias o Sociedades41 antialcohólicas formadas en Valparaíso y que posteriormente se fundaran en otros lugares del país. En la actividad comercial, muchos pertenecieron al alto comercio, o fueron esforzados empleados de reconocida laboriosidad y honestidad. Su decidida participación en lo cívico les permitió ganarse un espacio en más de un partido político.
4. Personajes Relevantes
Es indudable que el personaje más relevante de esta Iglesia es el Rvdo. Dr. David Trumbull y que hoy es reconocido por los aportes que hizo a Valparaíso. El no pertenecía en los Estados Unidos de Norteamérica a la Iglesia presbiteriana, pero su formación calvinista le ayudó a adaptarse a nuestra ciudad y país y tomar el mando del trabajo misionero protestante en Chile, logrando generar una verdadera identidad presbiteriana. Como decíamos anteriormente, participó en destacadas instituciones fundadas por los presbiterianos en Valparaíso. Fue uno de los fundadores de las primeras Sociedades de Temperancia. Participó en la creación de la primera Cruz Roja Chilena por motivo de la guerra del Pacífico. También trabajó en la Comisión de Higiene Pública. Tuvo una destacada actuación política, llegó a ser consejero de presidentes y ministros. Apoyó públicamente reformas constitucionales; luchó abiertamente por la separación de la Iglesia del Estado; se pronunció ante el país sobre la necesidad de los cementerios laicos, el matrimonio civil y la creación de un Registro Civil42. El 1 de febrero muere el Rvdo. Trumbull. El Congreso de Chile suspendió sus funciones en señal de duelo43.
En el mundo presbiteriano-calvinista encontramos muchos personajes que se destacaron por su aporte a la ciudad y al país. Tomemos como ejemplo a Peter Mackay, educador escocés. John Trumbull, médico. Policarpo Flores, soldado en la guerra del Pacífico. N. Wetherby, destacado periodista44. Guillermo Kraus, ingeniero. Ricardo Trumbull, diputado suplente por Concepción y Talcahuano. J. M. Guzmán, se dice que fue el primer pastor evangélico ordenado en Chile y Latinoamérica.
40 Información entregada por el investigador presbiteriano Waldo Pacheco.
41 Ibíd.
42 Cf. Pacheco, W., cit. (n. 36), pp. 51-67.
43 Cf. Escobar, L., cit. (n. 9), p.121.
44 Cf. Ugarte, J., Valparaíso 1536-1910. Recopilación Histórica Comercial y Social (Valparaíso, 1910), p.284.
Fueron ministros de culto los que iniciaron la obra de la Iglesia metodista episcopal en Chile, y desde dos frentes geográficos. La entrada por el norte, principalmente por misioneros norteamericanos, y su establecimiento en el sur, por dos pastores alemanes que atenderán a colonos metodistas de esa nacionalidad.
Su trabajo misionero es de un ámbito integral, abarcando la evangelización, la educación, y una profunda conciencia de servicio social. Dentro de esta realidad, el metodismo en Chile ha pasado por las siguientes etapas:
a) La llegada de misioneros extranjeros.
b) Inicios de la obra en español.
c) El avivamiento espiritual 1902-1909.
d) La autonomía afiliada45.
Se considera el primero al Rvdo. William Taylor, quien habiendo estado en 1849 en Valparaíso, financiará un proyecto particular metodista, con su participación y la de otros voluntarios, que comenzará oficialmente en 1878. En su grupo viene el Rvdo. Ira Haynes La Fetra, que estará poco tiempo en nuestra ciudad ya que desarrollará su ministerio en Valdivia. Para 1890, retomará la obra metodista Alberto Vidaurre, quien es considerado el iniciador del metodismo en nuestra ciudad. Lamentablemente, después del derrocamiento del presidente Balmaceda, tendrá que salir hacia Argentina y la congregación se disolvió46.
En 1895, llega a Valparaíso el español José Torregrosa con su familia conformada por su esposa Rosa Visen y cuatro hijos. En 1898, al ser trasladado Torregrosa, dejó una congregación de 80 probandos, 54 en plena comunión y 100 adherentes. En 1902, llega como pastor el Rvdo. Willis C. Hoover, quien tendrá un importantísimo papel en el avivamiento pentecostal que se producirá en Valparaíso unos años después. Hoover, tenía estudios de teología, medicina y arquitectura. A su llegada a nuestra ciudad, contaba con 44 años de edad.
2. Dónde se establecieron
Según W. Pacheco, y como afirmamos anteriormente, la obra de los metodistas en Valparaíso comenzó con A. Vidaurre, presumiblemente en la parte más comercial de nuestro puerto, donde
45 Cf. Stevens, T., Lectura teológica y Eclesiológica del metodismo en la Sociedad Chilena, en El Cristiano 1 (1998), pp. 9-13.
46 Cf. ñ., cit. (n. 37), p.46.
recalaban los barcos provenientes de Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica, ya que muchos marinos y capitanes de naves que bajaban a tierra eran de confesión metodista.
En 1895 se reanudan los cultos metodistas en Valparaíso, que se suspendieron con la revolución de 1891. Se establecen en la antigua calle Maipú (actual Pedro Montt), para cambiarse en 1896 a la esquina de la actual calle Chacabuco con 12 de Febrero.
Hasta hoy, han seguido en el sector del Almendral.
Muchos metodistas dejaron una profunda huella en la historia de la religiosidad y educación chilena. Hay que destacar a tantos pastores – educadores que han formado a miles de niños en los English College, los Colegios Metodistas y las Escuelas Rurales47.
Un importante personaje de esta Iglesia fue Juan Bautista Canut de Bon48, el cual era de nacionalidad española. Nació en San Juan de Valencia, provincia de Cataluña. A los 18 años entró a un seminario de la Compañía de Jesús en Lérida. Su formación fue desde labores manuales y oficios, más una formación teológica como “novicio coadjutor”. Junto a otros miembros de la orden, se enrolan en la misión Chileno-Paraguaya. En 1870, estando en Argentina, es asignado a Chile. En 1871 se establece en la ciudad de Los Andes y ese mismo año se retira de la Compañía de Jesús. En la vida civil, ejerce como médico homeópata y como sastre. Contrajo matrimonio en la parroquia Santa Ana de Los Andes, con Virginia Robles Aguilar, de cuyo matrimonio tuvieron diez hijos y sobrevivieron cuatro. De estos, se destacaron Carlos Elías (1878-1945), pintor y escultor figura de la bohemia balzaciana y Juan Barack (1891-1958), estudió en la Escuela de Bellas Artes, siendo miembro de lo que hoy se conoce como la generación del 13. Además fue Inspector en la Educación Secundaria de Santiago de Chile49.
Los inicios de Juan Bautista Canut de Bon en la confesión evangélica es en la Iglesia Presbiteriana con David Trumbull. Posteriormente estará en la Iglesia metodista donde tendrá responsabilidades pastorales. En esta Iglesia dejará una huella imborrable. Canut de Bon tuvo constantes desencuentros con sacerdotes católicos y sufrió bastantes hostilidades50
Otro español que marcó profundamente al metodismo porteño y nacional fue José Torregroza, el que ejerció su ministerio en nuestra ciudad. Tenía una profunda conciencia de la necesidad del servicio misionero-social, ayudando a muchas personas con problemas de alcoholismo.
47 Cf. Snow, F., Historiografía Iglesia Metodista de Chile (Concepción, 1999).
48 Canut de Bon es hoy un símbolo en el mundo Evangélico chileno. En su apellido está el origen del término peyorativo “canutos”, que designaba en forma despectiva a los evangélicos en Valparaíso y el resto del país. Hoy día, por la mayor tolerancia y el trabajo ecuménico este término se está perdiendo.
49 Cf. Canut de Bon, A., Juan Bautista Canut de Bon. El Pastor que dejó un nombre (Santiago de Chile, 1996).
50 Cf. Ibíd.
4. Instituciones Relevantes
El metodismo se ha destacado dentro de las Iglesias evangélicas por su aspecto de servicio social. Instituciones creadas por esta Iglesia y que se mantienen hasta hoy, son:
a. Escuelas Dominicales.
b. Sociedades Femeninas.
c. Ligas de Jóvenes.
d. Ligas contra la Intemperancia.
e. Frentes Preventivos (salud, educación, etc.)
f. Comedores Abiertos.
g. Hogares de Niños y Niñas.
h. Talleres de Costura.
i. Talleres de Repostería.
j. Talleres Artesanales y muchos otros51.
1.
Los inicios del Movimiento pentecostal de Chile lo encontramos dentro de la Iglesia metodista episcopal establecida en Valparaíso y Santiago de Chile. Producto del rechazo a las manifestaciones pentecostales por parte de las autoridades del metodismo, se producirá un cisma, dando así origen a un nuevo grupo religioso criollo. En este nuevo grupo, se destaca el Rvdo. W. Hoover. Todo esto sucedió en los primeros años del siglo XX (1909).
A finales del siglo XIX, algunos miembros de las Iglesias presbiterianas y metodistas en nuestra ciudad buscaban una espiritualidad más profunda y de un mayor compromiso. Para ello asistían a reuniones de adoración, vigilias de largas horas y una constante lectura bíblica, en especial se estudiaba el libro de los Hechos de los Apóstoles, creyendo que las promesas y obra visible del llamado “Bautismo del Espíritu Santo” podían repetirse en cualquier época. Todo esto lo hacían al margen de los cultos tradicionales.
Valparaíso como puerto cosmopolita daba la posibilidad de mantener un contacto actualizado con todas partes del mundo. Fue así que en los primeros años del 1900, por medio de correspondencia y literatura impresa en el extranjero, llegarán a nuestra ciudad escritos como “La Lluvia
51 Cf. Salazar, J., Ministerio Social Metodista en El Cristiano 1 (1998), pp. 26 -27.
Tardía” y “Testimonio Pentecostal”. Los cuales tuvieron gran aceptación en algunos miembros de las Iglesias señaladas anteriormente.
El Pastor W. Hoover, su esposa Mary Hilton, y otros metodistas comenzaron a vivir las experiencias pentecostales52 y las denominaron una “visita del Espíritu”. Esto tuvo como resultado una gran convulsión en las Iglesias porteñas metodista y presbiteriana, que terminará con un cisma en dichas Iglesias. Los primeros pastores de las nuevas congregaciones que formaran el Movimiento Pentecostal en nuestra ciudad fueron Manuel García, Daniel Venegas, José Flores, Carlos Gómez, Guillermo Castillo. También encontramos mujeres que se destacaron por ser grandes promotoras del naciente movimiento, tal es el caso de Rosa Escobar de Pino, Natalia Arancibia, y la polémica Nellie Laidlaw, más conocida como la Hermana Helena53.
En otros lugares del país serán importantes: Manuel Umaña y Víctor Pavez en Santiago. Carlos Morán y Enrique Coppmann en Concepción. En Valdivia, llama la atención que los adherentes al pentecostalismo no abandonaron sus Iglesias de origen. Según W. Pacheco, por el tratamiento dado a estas ideas por el misionero H. Weiss.
2. Dónde se Establecieron
Para los pentecostales porteños, el sector del Almendral y sus Cerros colindantes, que por esa fecha eran más de doce, les fue propicio para desarrollar sus vivencias de acuerdo a sus creencias, principalmente en medio de una geografía humana rural de niveles sociales bajos. Los primeros lugares de reunión fueron a los pies del Cerro Barón, en una casa donde se celebraron cultos, escuelas dominicales, estudios bíblicos, reuniones generales y designación de misioneros para otras ciudades del país. Posteriormente, arriendan un local más amplio en la parte alta del Cerro Barón, calle Arratia. Entre 1914 y 1918, se cambiaron de local varias veces. Estuvieron un tiempo en la calle San José, después en Almirante Barroso, y por último en la Avenida Argentina54.
En 1918, los pentecostales porteños adquieren un local en la calle Retamo casi esquina con Colón, el cual había sido una bodega de licores. De aquí saldrán nuevos pastores que irán más allá de nuestras fronteras, como lo fue a la Argentina en 193055. Para los porteños no pentecostales fue novedoso y lamentablemente no respetado, las primeras predicaciones que este Movimiento desarrolló al aire libre, las cuales se convirtieron en elementos integrales de la acción cultual evangélica pentecostal porteña y chilena.
52 Las cuales explicamos en el Capítulo anterior.
53 Para una mayor comprensión del Pentecostalismo Chileno Cf. Hoover, W., Historia del Avivamiento Pentecostal (Valparaíso, 1966). Rasmussen, A. (et alü), Las Iglesia Metodista Pentecostal Ayer y Hoy (Santiago de Chile, 1987).
54 Cf. Hoover, W., cit. (n. 53), p. 378.
55 Cf. Ibíd., p.379.
Sin lugar a dudas, el Rvdo. Dr. Willis Collins Hoover Kirck es el personaje más sobresaliente del Movimiento Pentecostal de Chile. Nació el 20 de julio de 1858 en Freeport, Illinois (U.S.A.), miembro de una respetable familia. Estudió medicina y cirugía, obteniendo un Diplomado en Chicago en 1884. Además tenía avanzados conocimientos en arquitectura. Ejerció por seis años como médico en un vecindario de población alemana en Oak Park, fue allí donde obedecerá el llamado a ser misionero en Chile. Entre 1890 y 1893 fue Director del Iquique English Collage. Entre 1894 y 1901 fue Pastor de la Iglesia Metodista Episcopal de Iquique. Ese último año es trasladado como Pastor a la Iglesia Metodista de Valparaíso.
Hoover se destacó también por sus sentimientos solidarios, siempre compartía su mesa con cualquier tipo de porteño necesitado56. Hoover es considerado hoy día como el padre del pentecostalismo chileno. Llama la atención lo poco conocido que es en nuestra ciudad su vida y obra.
Otro de los personajes muy ligados a la historia del pentecostalismo en Chile fue el limachino Manuel Umaña, metodista desde 1905, de oficio cerrajero, carpintero y dependiente de ferretería. Fue consagrado en septiembre de 1909 y desempeñó funciones ministeriales en San Francisco de Limache, su ciudad natal. Umaña es muy respetado por los pentecostales, ya que según ellos tuvo una experiencia pentecostal57que le permitía “hablar en lenguas”. En 1930, los primeros misioneros pentecostales enviados a la Argentina fueron el carpintero-bilingüe Enrique Mourgues Bernard y el peluquero Elías López. En la primera ciudad Argentina que se establecieron fue Mendoza. Otros importantes líderes pentecostales de mediados del siglo XX, son: Eduardo Valencia, José Guerra, Francisco Anabalón, Javier Vásquez, Narciso Sepúlveda; José Osorio, Arturo Palma, por nombrar algunos58.
4. Instituciones Relevantes
En sus comienzos, el pentecostalismo no se preocupa de crear Instituciones del tipo que hemos expuesto anteriormente. Es un Movimiento que no tiene las mismas estructuras de las otras Iglesias, ya que se le da más importancia a lo carismático que a lo institucional. Su finalidad exclusiva es predicar a un Cristo crucificado y resucitado. Su praxis está orientada a la persona necesitada de salvación, en especial en los estratos bajos. Se cree que el Espíritu Santo es capaz de cambiar una vida de pecado, tanto para la persona, como a su familia. El resultado es un ciudadano modelo que se destacará en cualquier institución a la que pertenezca.
Lo anterior no ha sido obstáculo para que los pentecostales hayan prestado una efectiva ayuda
56 El historiador presbiteriano Waldo Pacheco entrevistó a un nieto de Hoover, el Sr. Mario G. Hoover, el 30 de diciembre del 2002, quien refiriéndose a su abuelo comentó: “Tenía un temperamento muy caritativo, nunca cerraba la puerta a nadie, era muy hospitalario, siempre había un invitado en su casa todos los días”.
57 Cf. Rasmussen, A., cit. (n. 53), pp. 119-121.
58 Cf. Palma, I. (edit.), En Tierra Extraña. Itinerario del Pueblo Pentecostal de Chile (Santiago 1988), pp. 1-275.
social en momentos de catástrofes, o acciones de bien común. Es reconocido su trabajo en sectores poblacionales apartados y de escasos recursos. Tampoco debemos olvidar, la gran cantidad de personas que han recuperado del alcoholismo, de la delincuencia, de las drogas, etc. En Valparaíso se les reconoce el trabajo en el campo de la salud, tarea que han realizado desde sus orígenes. Hoy siguen ofreciendo una ayuda espiritual en los hospitales.
Otras obras a nivel nacional son: La Imprenta Eben–Ezer (1955). El Colegio Willie Hoover, en Santiago. El año 2006 se creó la “Corporación Evangélica para el Desarrollo”59, institución sin fines de lucro y ligada a la Catedral Evangélica de Santiago. Finalmente podemos afirmar, que el hecho pentecostal en nuestra ciudad puso a Valparaíso dentro de los hitos contemporáneos más importantes de la historia del cristianismo mundial.
El desarrollo de esta Iglesia está más relacionado con un trabajo de evangelización en el sur de Chile y con la asistencia a colonos venidos principalmente de Alemania a finales del siglo XIX60
1. Los Primeros
Según D. Amunátegui, uno de los primeros Bautistas en llegar a Chile fue Diego Thompson, escocés, representante de la Sociedad Bíblica Británica, y a la vez profesor del Sistema Lancaster61. Este destacado maestro es invitado a Chile por el Director Supremo Bernardo O’Higgins en 1820 con el fin de dar comienzo a lo que posteriormente serán las escuelas públicas62.
2. La Iglesia Bautista en Valparaíso
No encontramos documentos o escritos que nos hablen del desarrollo de esta Iglesia en nuestra ciudad. Sin embargo, hay bastante material para analizar la acción e importancia de los bautistas en el sur de Chile. Lo poco que hemos recogido, lo podemos sintetizar en que el 15 de marzo de 1936, un grupo de personas junto al pastor Isaías Valdivia se reunieron en un local de Valparaíso para organizar la Primera Iglesia Bautista en esta ciudad. El 22 de junio de 1951, se inauguró el templo de esta congregación, ubicado en Avenida Pedro Montt 2590. El 11 de noviembre de 1991, se conformó la Corporación “Primera Iglesia Bautista de Valparaíso” cuyo decreto ley 1336 otorga
59 Cf. Diario El Mercurio de Santiago (24.09. 2006), Cuerpo C, p. 2.
60 Cf. Sepúlveda, J., De Peregrinos a Ciudadanos (Santiago de Chile, 1987), pp. 83-90.
61 El Sistema Lancaster es un método de enseñanza mutua creado en Inglaterra por Joseph Lancaster (17691825). Se caracteriza por valerse de los alumnos sobresalientes para ayudar al maestro en su accionar.
62 Cf. Amunátegui, D., El Sistema Lancaster en Chile y otros países sudamericanos (Santiago de Chile, 1895), p. 87.
la personalidad jurídica respectiva. El 26 de junio de 1995, la Corporación compra los derechos de propiedad sobre el edificio de Av. Pedro Montt, directamente a la Sociedad Evangélica de Chile63.

Iglesia Bautista
Su misión está basada en la cita del Evangelio de San Mateo: “Es la del mensaje salvador de nuestro Señor Jesucristo”64. Bajo esta visión, la Iglesia Bautista se ha empeñado en el desarrollo de un servicio integral y de mayor alcance en la comunidad de Valparaíso, respondiendo así al impacto de las diferentes amenazas en el tiempo actual y sus consecuencias para la vida del hombre65. Muchos son los factores que influyen en la vida de la Iglesia en pro de una organización consistente y de principios bíblicos sustentables, entre algunos aspectos a considerar tienen: El desordenado crecimiento urbano, el deterioro de las relaciones familiares, el desarrollo de tecnologías inadecuadas, el impacto social de una cultura consumista, etc.66. Por esto el desafío de la Iglesia de hoy, es ir más lejos de su propio templo, alcanzando incluso aspectos de la vida en sociedad que no los caracterizan tradicionalmente67.
63 Cf. Iª Iglesia Bautista de Valparaíso, en www.geocities.com/Colosseum/Loge/3746quien.html?200728, pp. 1-3.
64 Mt 27,19-20.
65 Cf. Iº Iglesia Bautista… cit. (n. 63), p. 2.
66 Cf. Ibíd.
67 Cf. Ibíd.
4. Aporte a Valparaíso
El aporte a nuestra ciudad no solo ha estado en el ámbito espiritual, sino también en el campo educativo y social. La Iglesia de la Avenida Pedro Montt mantiene un colegio con un jardín infantil. Durante muchos años tuvieron una librería evangélica en el mismo lugar. También se han destacado en la prevención del uso de las drogas. Fueron pioneros en la recuperación de drogadictos. En 1982 un grupo de miembros de la Iglesia, entre los que se encontraba el ex alcalde de Viña del Mar Don Roberto Parra Vallette, fundaron la Casa de acogida Hogar la Roca.
1. Los Primeros
Los pastores e historiadores adventistas Juan Salazar y Leopoldo Zambra concuerdan en que desde Francia el matrimonio formado por Claudio y Antonia Dessignet fueron los primeros adventistas que llegaron a Chile el año 1855. Eran laicos, y vendrán a nuestro país en el marco de los programas de colonización impulsados por el gobierno de la época. Se establecen en el sector de la Araucanía, junto al estero Chanco, cerca del camino que va de Traiguén a Quino y cerca también de Púa, en la provincia de Malleco. De esta manera la familia de adventistas franceses, se convierte en forma fortuita e imprevisible para ellos en los primeros adventistas bautizados que no solo llegan a Chile, sino a Sudamérica68
En 1894 arribará desde Argentina al puerto de Valparaíso, el colportor69 adventista Clair A. Nowlin, quien estará breve tiempo en nuestra ciudad. A finales de ese año, Nowlin recibirá a los misioneros T. H. Davis y F. W. Bishop, procedentes de San Francisco, Estados Unidos de Norteamérica70. Davis y Bishop habían venido a Chile a propagar el mensaje adventista. Con esta finalidad comienzan en Valparaíso con la venta de libros adventistas puerta a puerta.
2. Adventistas en Valparaíso
El primer pastor adventista designado por la asociación General Adventista fue el Rvdo. G. H. Baber, quien se radicará en nuestra ciudad para instalar la sede de la obra adventista de la Misión chilena hasta el mes de mayo de 1902. El pastor Baber venía con el cargo de Superintendente o Presidente de este intenso campo misionero71. Desde Valparaíso, Baber realizó varias giras misioneras tanto al norte como al sur del país. En 1897 tenía la idea que el territorio de la Misión chilena debía abarcar también los países de Ecuador, Perú y Bolivia. Desde Valparaíso, enviará a
68 Cf. Salazar, J., En la Senda de la Fe (Wandersleben, 2006), p. 25.- Zambra, L., Con su Espíritu (Santiago de Chile, 1994), p. 25.
69 El colportaje es la venta de libros religiosos cristianos. Es considerado un verdadero ministerio.
70 Zambra, L., cit. (n. 68), p. 33.
71 Cf. Ibíd., p.52.
J. Pereira a Bolivia. En 1898 destina dos grupos de adventistas al Perú.72. En noviembre de 1901 llega a Valparaíso el pastor Alfredo Ogden, quien reemplazaría al pastor Baber en la dirección de la Misión.
En 1900 la Misión compró una prensa movida a mano. Esta pequeña imprenta comenzó a funcionar en julio del mismo año imprimiendo el periódico misionero “Las Señales de los Tiempos”. Con esto se instalaba en Valparaíso la primera imprenta adventista en el continente sudamericano. En 1902, en el mes de junio la imprenta es trasladada a Iquique, recibiendo el nombre de “Imprenta Adventista”. En 1904 volverá a Valparaíso73. La imprenta y las oficinas de la Misión se ubicaron en la calle Las Heras de nuestra ciudad. El 10 de noviembre de 1905, comenzó un gran incendio en dicha calle que destruyó la imprenta y las oficinas de la Misión. Después del terremoto de 1906 se adquirió una nueva imprenta74.
3. Aporte a Valparaíso
Los adventistas no solo se han destacado por su espíritu misionero, sino también por sus importantes trabajos en los campos de la educación, salud, servicio social y en programas de radio y televisión. En nuestra ciudad y región tienen varios colegios. Han participado en campañas de prevención de drogas. Tienen actualmente una casa de acogida para jóvenes universitarios que funciona en la Avenida Brasil, colindante a su templo. Hoy día, encontramos muchos adventistas que son historiadores, profesores, comerciantes, ingenieros, Directores de colegios, etc., que están haciendo un muy buen aporte al desarrollo de nuestra ciudad.
1. Los Primeros
El 1 de octubre de 1909, el brigadier Bonnett junto a su esposa y pequeño hijo Stanleyn acompañados de la teniente Elizabeth Wright, arribarán al puerto de Valparaíso. Su primer acercamiento a los porteños lo efectuaron en la actual Plaza Echaurren del sector puerto75.
Las primeras reuniones salvacionistas se realizaron en una casa de familia ubicada en el pasaje Daneri de la subida Cumming. También es importante nombrar a Isidora García, quien venida desde Antofagasta abrirá las puertas de su casa en Playa Ancha, para comenzar la obra salvacionista en este Cerro de Valparaíso76.
72 Cf. Ibíd., p.60.
73 Cf. Ibíd., p. 119.
74 Cf. Ibid., pp. 119-121.
75 Existe actualmente a ras de suelo una inscripción que recuerda el acontecimiento
76 Cf. Martínez, S. – Maldonado, C. Resumen histórico del Cuerpo de Playa Ancha, en www.salvos.com/ playaancha/historia.asp

2. Salvacionistas en Valparaíso
En 1910, es fundado el primer cuerpo salvacionista de Valparaíso y segundo en Chile. Una de las primeras obras sociales de este grupo en nuestra ciudad, fue la apertura del Hogar de Hombres, ubicado en el sector puerto cerca de la Plaza Echaurren. En 1942, se inaugura con una sencilla construcción de madera el cuerpo de Playa Ancha. En 1968, el Cuerpo es trasladado a su actual ubicación en calle Riofrío 45077
En la década del 60 son típicas las vigilias, reuniones unidas con otros Cuerpos de Valparaíso, la predicación y marchas de testimonio por las calles del cerro y el Muelle Barón. En esta década y por medio de algunos oficiales misioneros se obtiene la donación de algunos instrumentos para la formación de la banda en Playa Ancha78. La década del 80 está marcada por la importante inauguración del Centro Abierto, actual Jardín Infantil, por el Jefe Territorial Coronel Rubén D. Nuesch79. Actualmente, el Ejército de salvación continúa con su importante obra misionera y social.
3. Aporte a Valparaíso
Una de las principales características del Ejército de Salvación es actuar en forma humilde y silenciosa. Según nuestro parecer, esta sería la razón de lo poco conocido y valorado que es este grupo en nuestra ciudad. Desde sus comienzos en nuestra ciudad, han desarrollado una abnegada labor social con los más necesitados. También se han hecho presente en las diversas catástrofes que han azotado a nuestra ciudad80. Para ellos son importantes los que padecen hambre, los sin hogar,
77 Ibíd., p.2.
78 Cf. Ibíd.
79 Cf. Ibíd.
80 El sábado 3 de marzo de 2007, fueron reconocidos por la Ilustre Municipalidad de Valparaíso, por su trabajo con motivo de la explosión en calle Serrano el 3 de febrero del 2007.
los que no tienen trabajo, los afligidos, los que sufren opresión, los vagabundos etc. Conocidas son sus hospederías y la ayuda a los indigentes en nuestra ciudad.
Los medios que los Salvacionistas utilizan en su labor social comprenden: 1) El alivio inmediato de todo sufrimiento. 2) La simpatía y el afecto, como asimismo estimular la esperanza y el esfuerzo por realizar una nueva tentativa. 3) La búsqueda de una ocupación o empleo y el aprendizaje de un oficio. Y 4) Esfuerzos por lograr una transformación por medio de una regeneración espiritual81
Hoy en nuestra ciudad encontramos muchas iglesias y Oorganizaciones que tienen una preocupación social. El gran valor del Ejército de Salvación es que fue uno de los primeros grupos cristianos que desarrolló esta preocupación y que a lo largo del siglo XX , influyó y despertó la simpatía y admiración de otras Iglesias cristianas, incluida la católica – romana. Creemos que la labor del Ejército de Salvación en nuestra ciudad merece un reconocimiento que hasta hoy no se ha realizado.
81 EJÉRCITO de SALVACIÓN, ¿Conoce Ud. al Ejército de Salvación? (Santiago de Chile, s/f), p. 47.


Sebastián Eduardo Molina Carrasco Bachiller en Ciencias Religiosas, Licenciado en Educación, Profesor de Religión y Moral. Egresado de Licenciatura en Ciencias Religiosas, Estudiante de Bachiller Canónico en Teología, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Correo electrónico: sebaedu.mc@gmail.com
Desde el siglo XIX hasta nuestros días, en Limache, se venera con singular fe, piedad y amor a Nuestra Señora Purísima de las Cuarenta Horas, especialmente en el mes de febrero, que se celebra su Novena y Festividad. Durante estos días, la ciudad se desborda de peregrinos que vienen a adorar al Señor Sacramentado y a honrar a la Santísima Virgen en su Purísima Concepción. En el siguiente escrito, se pretende dar a conocer algunas notas históricas sobre esta tradicional devoción limachina.
Desde el siglo XVI se celebra en la Iglesia el Jubileo Eucarístico de las Cuarenta Horas, en el cual, por tres días, durante Cuarenta Horas, se adora solemnemente al Santísimo Sacramento del Altar para perseverar en oración ante el Señor, recordando el tiempo que permaneció en el sepulcro. Benedicto XIV con la constitución Inter Caetera del 1° enero de 1748 introdujo la celebración de este Jubileo desde el Domingo de la Quincuagésima hasta el martes antes de Ceniza, para que los fieles adoren al Señor, no participen de las diversiones profanas del Carnaval, expíen las faltas cometidas en estas fiestas y se preparen para el tiempo penitencial de Cuaresma1. Esta práctica eucarística es celebrada en la Parroquia Matriz de Limache, el día establecido, siguiendo las exhortaciones pontificias y episcopales de la época.
En una fecha que no se ha podido precisar, unos pescadores encontraron en las playas de la entonces modesta caleta de Concón un cajón cerrado que contenía una bella imagen de la Purísi-
1 Cfr. Iraburu José María, Las Cuarenta Horas, en: http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo =468&capitulo=5819.
ma, vestida con traje blanco y manto azul2. Por sus rasgos, probablemente era de origen quiteña, donde se labraban hermosas estatuas religiosas3.
El diario porteño “La Unión” afirma:
“Se cuenta que (la imagen) fue encontrada en las playas de Concón, por numerosos pescadores que fueron los primeros en rendirle culto, después de saberla arrancada de las aguas, tal vez, durante el naufragio de algún velero español”.4
Al pasar algunos años, esta milagrosa imagen fue adquirida por Juan Crisóstomo Rodenas, conocido vecino de Limache, respetable y muy religioso, quien la llevó a su hogar y comenzó a rendirle tributo5.
El ya citado diario “La Unión”, dice: “La Imagen de Nuestra Señora de las Cuarenta Horas pasó más tarde a poder del vecino limachino Juan Crisóstomo Rodenas, quien legó a la Parroquia de la Santa Cruz, a su fallecimiento, ocurrido en 1879”6 .
Se puede fechar la llegada de la Imagen de la Purísima de las Cuarenta Horas a Limache antes de 1838, pues en ese año ya se tiene conocimiento de una devoción y celebración establecida y arraigada en la Parroquia Matriz la Santa Cruz de esta ciudad7.
La tradición oral en la comunidad limachina afirma que Juan Crisóstomo tiene en su casa la bendita y popular imagen de Nuestra Señora, que es llevada al templo de la Parroquia Matriz para las fiestas de las Cuarenta Horas, que comienzan nueve días antes del domingo de la Quincuagésima8 y se prolongan hasta el martes, previo al Miércoles de Ceniza.
2 Cfr. Diario La Prensa, edición 2 de marzo de 1935.
3 Torres Vergara Belarmino, Historia de Limache, Santiago – Chile, 1957, p. 61.
4 Diario La Unión, edición 16 de diciembre de 1954, p.3.
5 Cfr. Santuario de la Virgen de las Cuarenta Horas, ¿Por qué se le llama Virgen de las 40 Horas?
6 Diario La Unión, edición 16 de diciembre de 1954, p.3.
7 Cfr. Constitución de la nueva Cofradía de la Purísima Concepción de la parroquia de Limache, Santiago de Chile, 1840, p.3. El diario “El Independiente” en su edición del 12 de febrero de 1893, se refiere a la festividad de la Virgen como a una tradición de más de medio siglo: “Desde las primeras horas de la mañana llegan a cumplir sus mandas los devotos de la Virgen de Purísima que hace más de medio siglo atrae a sus pies numerosos favorecidos con sus milagros”.
8 “Es el período de cincuenta días que preceden a la Pascua. Comienza con el domingo anterior al Miércoles de Ceniza, llamado Dominica in Quinquagesima o Esto mihi, por las palabras iniciales del introito de la Misa. Es un domingo de segunda clase y el color de los ornamentos es morado. Para muchos cristianos este domingo señalaba el inicio del ayuno anterior a la Pascua… Como los días previos a la Cuaresma eran con frecuencia destinados al desenfreno, Benedicto XIV, por medio de la constitución “Inter Caetera” (1 enero de 1748) introdujo una especie de “devoción de las cuarenta horas” para proteger a los fieles de diversiones peligrosas y para llevar a cabo alguna reparación por los pecados cometidos. Quinquagesima también indica el tiempo entre Pascua y Pentecostés, o entre el domingo siguiente a la Pascua y el domingo siguiente de Pentecostés”. Tomado de “Enciclopedia Católica Online – ECWIKI”: http://ec.aciprensa.com/wiki/Quincuag%C3%A9sima
Siguiendo las exhortaciones del papa Benedicto XIV, la Parroquia Matriz celebra el Jubileo Eucarístico de las Cuarenta Horas, para reparar los pecados cometidos contra el Santísimo Sacramento del Altar, y honrar a la Purísima, que se venera en la ciudad de Limache, agradeciendo los miles de favores recibidos por sus devotos hijos.
El diario “La Unión” explica el título eucarístico de la Purísima Virgen venerada en Limache: “La denominación de la Virgen de las Cuarenta Horas nació de un grupo de católicos que se opusieron a los excesos de las fiestas carnavalescas de la época, invocando el nombre de Jesús y de su Santa Madre.
Vino entonces un homenaje de reparación a Jesús Sacramentado, que se dedicó especialmente también a la Virgen; fundiéndose para siempre ambas devociones. Antes del Domingo de la Quincuagésima se celebró la primera Novena, reservándose para el domingo siguiente el Jubileo de las Cuarenta Horas que culminó con una gran peregrinación desde todos los puntos del país”9
En la parroquia la Santa de Cruz de Limache se forma la Cofradía de la Purísima Concepción, con el objetivo de “hacer memoria y dar culto a María Santísima en su Purísima Concepción”10, este grupo ya está afianzado y organizado el año 1838.
IV. LA CONSTITUCIÓN DE LA COFRADÍA DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN Y EL SURGIMIENTO DE LA ADVOCACIÓN MARIANA – EUCARÍSTICA DE LAS CUARENTA HORAS
En agosto de 1838 Monseñor Manuel Vicuña Larraín, obispo de Santiago, diócesis a la cual pertenecía Limache, realiza una visita pastoral a la parroquia de esta ciudad. Dentro de los temas que busca estar al tanto, uno de ellos es sobre la presencia, erección y estado de las asociaciones laicales con sus respectivos reglamentos, actividades y condición económica11. Por lo cual conoce la Cofradía de la Purísima Concepción, formada por el Cura y Vicario don Juan Ramón del Canto, y dispone en el auto de visita expedido el 11 de agosto de ese año formar el proyecto de una Constitución para el más acertado culto de la Santísima Virgen y el bien espiritual de los hermanos12. El 4 de noviembre de 1839 el padre Juan Ramón del Canto finaliza la Constitución y la presenta al arzobispado de Santiago. El 17 de agosto de 1840, Monseñor Vicuña, arzobispo electo de Santiago, aprueba la Constitución y concede cuarenta días de indulgencias para los cófrades13.
Esta Constitución es muy importante para el desarrollo de la devoción de la Purísima Virgen
9 Diario La Unión, edición 16 de diciembre de 1954, p.3.
10 Constitución de la nueva Cofradía de la Purísima Concepción de la parroquia de Limache, Santiago de Chile, 1840, capítulo 1, artículo 1, p.3.
11 Cfr. Concha María Inés, La sede episcopal de Santiago de Chile a mediados del siglo XIX: Aspectos de la vida cristiana a través de las visitas pastorales¸ Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2007, p. 79.
12 Constitución de la nueva Cofradía de la Purísima Concepción de la parroquia de Limache, Santiago de Chile, 1840, p. 7.
13 Cfr. Idem, pp. 6-8.

de las Cuarenta Horas, pues es la aprobación eclesiástica, tanto para la Cofradía como para el culto y celebraciones que se realizan en su honor.
Este reglamento dispone que la imagen de la Virgen es patrona y protectora de la Cofradía, por lo cual se debe conservar en el altar mayor con el aseo y decencia correspondiente14. Además, declara que el domingo de Cuarenta Horas se solemnizará su fiesta como Patrona tutelar de este grupo, debiéndose concluir su novena que se hará con toda la solemnidad posible:
“El domingo de cuarenta horas se solemnizará la fiesta de la Purísima Concepción como Patrona tutelar de esta Cofradía, debiéndose entonces concluir su novena que se hará con la solemnidad posible, aplicándose el novenario de misas, las comuniones y toda obra buena que en este día se practique por los Cófrades vivos y difuntos”15.
La Cofradía es formada por hombres y mujeres, quienes tienen por obligación contribuir con un monto económico, tanto en el momento de su ingreso como mensualmente; asistir cada mes a la Misa de Nuestra Señora y al Santo Rosario; participar de los oficios de sepultura de los hermanos, y si no pudieran, rezar una parte del Rosario por su alma; confesarse y comulgar el día de la fiesta de la Patrona; rezar diariamente tres Padres Nuestros y tres Aves Marías en acción de gracias a la Santísima Trinidad por los favores con que honró a la Santísima Señora en su Purísima Concepción, por los cófrades difuntos y por el gobierno eclesiástico y secular; ejercer debidamente el empleo que se les dé dentro de la Cofradía16.
La Cofradía tiene como obligaciones celebrar una Misa con rito de entierro; costear los primeros domingos una Misa cantada, finalizando con una procesión con el Santísimo Sacramento y un responso por los hermanos difuntos; celebrar el aniversario de los hermanos fallecidos el lunes después del primer domingo de noviembre; celebrar la novena y fiesta de la Purísima Concepción el domingo de Cuarenta Horas17.
Esta asociación cuenta con las siguientes labores:
- Capellán primer hermano y jefe de la Cofradía, puesto que ocupa el Cura de la Parroquia. Debe nombrar cada dos años a doce hermanos de entre los cuales se elegirá al primer y al segundo mayordomo, y entre las hermanas a una mayor y una menor; exigir a los mayordomos fianza segura a los bienes muebles y alhajas de la asociación; velar por el cumplimiento de los empleos del grupo; presidir el Rosario y la Misa de cada mes, y la de la fiesta de Nuestra Señora18.
- Primer mayordomo: Debe tener dos libros, uno de ingreso y egreso, y otro para asentar a
14 Idem, art.1, p. 3.
15 Idem, art. 12, p.5.
16 Idem, arts. 2-8, pp. 3-4.
17 Idem, arts. 9-12, pp. 4-5.
18 Idem, art. 14, p. 5.
los hermanos; custodiar los paramentos sacerdotales y demás alhajas de la Cofradía; dar anualmente cuenta al párroco del estado de los bienes, para que luego éste las presente al obispo; asentar en el libro de hermandad a los que están en peligro de muerte, para que puedan obtener las gracias y concesiones correspondientes; nombrar procuradores para que desempeñen el oficio que se les diere; preocuparse del guión en las procesiones y dirigirlas19.
- Segundo mayordomo: Debe subrogar al primero en caso de ausencia, enfermedad o muerte del primero20.
En la constitución se percibe el doble objetivo de la Cofradía: Hacer memoria y dar culto a María Santísima en su Purísima Concepción, y el bien espiritual de los hermanos de la Cofradía. Esto último se observa en las obligaciones que se entregan a los hermanos de asistir a Misas, comulgar, rezar el Santo Rosario, ofrecer oraciones por los hermanos vivos y difuntos; junto a ello, el arzobispo de Santiago concede cuarenta días de indulgencia21 a los hermanos por asentarse en la Cofradía, por vestir el escapulario, por cada Padre Nuestro rezado, por nombrar los dulces nombres de Jesús, María y José en la vida y en la hora de la muerte, y por cualquier obra buena que practicasen.
Otro elemento que se descubre en la Constitución es la forma de celebrar a la Santísima Virgen de las Cuarenta Horas a finales de la década de 1830: Una Misa cantada en su honor el primer domingo de cada mes, y una solemne el día de su fiesta - el domingo de cuarenta horas; una procesión mensual por las calles en la noche anterior al primer domingo, rezando el Santo Rosario; una procesión con el Santísimo Sacramento, después de la Misa del primer domingo, y un responso por los cófrades difuntos. Lo más importante es que se decreta la celebración de una solemne novena en honor a la Purísima como preparación para su fiesta, y el establecimiento canónico de la festividad de la Patrona de la Cofradía el domingo de Cuarenta Horas.
En la Constitución se fundamenta todo el desarrollo de esta tradicional advocación que tiene una doble identidad, por un lado, realiza memoria al Jubileo Eucarístico de las Cuarenta Horas, y por otro, a la Purísima Concepción de María Santísima. Desde esta época se fusionan ambas devociones y la Patrona de la Cofradía comienza a ser conocida como Virgen de las Cuarenta Horas, por celebrarse su fiesta el Domingo de Cuarenta Horas.
19 Idem, art. 15, pp. 5-6.
20 Idem, art. 16, p. 6.
21 La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos (Código de Derecho Canónico de 1983, canon 992).
Juan Crisóstomo Rodenas se convierte en el mayordomo o hermano mayor de la Cofradía, dentro de sus funciones le corresponde tener a cargo las alhajas del grupo22, por lo cual se entiende que él siga siendo el dueño de la bendita imagen de la Patrona de la asociación. Aunque, no se ha podido precisar si la imagen permanecía en su domicilio o en la Parroquia Matriz, por la Constitución de la Cofradía se puede determinar que se conserva en el altar mayor23.
En 1858 se crea la Municipalidad de Limache y el señor Rodenas se convierte en su primer alcalde. El 8 de diciembre de 1859 se declara a la Virgen Purísima como patrona de la ciudad. El 11 de abril de 1870 lega por testamento la imagen de la Virgen y otras alhajas a la Parroquia Matriz, con la condición que se conserve la Cofradía, debiéndose realizar la tradicional procesión anual. El insigne cófrade fallece el 27 de febrero de 1881, pasando la Milagrosa Señora a propiedad de la comunidad parroquial24.
Todos los párrocos y rectores del Santuario limachino se han preocupado de difundir la devoción y darle la mayor solemnidad posible a las celebraciones. El padre Plácido Labarca (1872-1887), futuro obispo de Concepción, construye el antiguo templo, que posteriormente se incendia; el padre Onofre Flores (1887-1895) concede un lugar de honor, en el templo, a la Santísima Señora; el padre Manuel de la Cruz Flores (1897-1903) obtiene de la Santa Sede el privilegio de celebrar una Misa en honor a la Purísima Concepción el domingo de la Quincuagésima, mediante un rescripto pontificio del 30 de junio de 1899.
Asimismo, el padre Manuel Larraín Aldunate (1903-1906) encarga a Europa el traje de gala de la Virgen Santísima, los ornamentos y palio usado para las solemnidades del Jubileo Eucarístico de las Cuarenta Horas; el padre Guillermo Ruiz Santander (1907-1912) reedifica gran parte del Templo parroquial, afectado por el terremoto de 1906 y edifica un camarín para la Virgen. Monseñor Luis Alberto Rivera, párroco por 31 años (1922-1953) trabaja con gran esmero por difundir y hacer crecer esta devoción, da al Santuario el lema “A Jesús por María”25; consigue indulgencia plenaria, mediante un rescrito pontificio del 29 de agosto de 1929, para todos los fieles que visitasen el Santuario el día de la fiesta, se confesaran y comulgaran, y rezaran por las intenciones del Santo Padre, e indulgencia parcial de 300 días a los fieles que visitaran y oraran a Nuestra Señora. Traslada el jubileo Eucarístico para los días martes, miércoles y jueves de la novena; construye, en 1940, una capilla lateral para la Virgen e inicia el proyecto de la construcción de un
22 Constitución de la nueva Cofradía de la Purísima Concepción de la parroquia de Limache, Santiago de Chile, 1840, art. 15, p.6.
23 “Se declara su Imagen por Patrona y protectora de dicha Cofradía, conservándola en el altar mayor con el aseo y decencia correspondiente” (Constitución de la nueva Cofradía de la Purísima Concepción de la parroquia de Limache, Santiago de Chile, 1840, art. 1, p. 3).
24 Diario La Prensa, edición 2 de marzo de 1935.
25 Idem.
nuevo Santuario, cuya primera piedra es bendecida por Monseñor Rafael Lira Infante, obispo de Valparaíso, el domingo 15 de febrero de 1953, un mes después del fallecimiento de este apóstol de la Virgen de las Cuarenta Horas26.
En las notas de diversos diarios revisados (El Ilustrado, La Prensa, La Unión, El Mercurio y La Estrella) se observa el modo de celebrar la novena y festividad a lo largo de los años.
En “El Ilustrado” del jueves 2 de febrero de 1893 se perciben diversos elementos celebrativos: La novena de la Virgen es solemnizada con cantantes líricos religiosos de la capital y un sacerdote jesuita la predica. El día de la fiesta se realiza una Misa solemne con sermón y un mayor número de cantores; a las cuatro y media de la tarde sale la procesión por plaza Independencia, y el Jubileo Eucarístico comienza el día de la fiesta hasta el martes antes de Ceniza27. Se estima que ese año participan dos mil personas, que llegaron al Santuario a pie, a caballo o por ferrocarril28, provenientes de Quillota, Valparaíso, Calera, Llay Llay y otras poblaciones próximas29.
“Desde las primeras horas del domingo se notó un gran movimiento de transeúntes en la población. Eran romeros que a pie o a caballo se encaminaban a Limache a depositar sus ofrendas a los pies de la milagrosa imajen de Purísima.
Conmovía este espectáculo. En este tiempo de incredulidad, ahora que se hace gala de materialismo o racionalismo, una inmensa muchedumbre dando muestras de su fé relijiosa, es una cosa que impone… La afluencia de romeros subió de punto con la llegada del tren de 8 ½ A.M. y los demás que se siguieron. Sin hipérbole puede calcularse en dos mil las personas que por ferrocarril u otros medios de locomoción llegaron el día mencionado”30
En relatos de la prensa, de las décadas de 1920 y 1930, se encuentra la siguiente estructura de la Novena y Festividad: A las 8 de la mañana Misa, a las 9 conferencia para señoras y señoritas. Por la tarde, a las 20:30 hrs: Rosario, letanías cantadas, plática, exposición del Santísimo Sacramento y rezo de la Novena. Desde 1935, el Jubileo Eucarístico se realiza los días martes, miércoles y jueves de la novena, concluyendo con una procesión con el Santísimo Sacramento31. El sábado, víspera de la festividad, se realiza una Misa en la mañana de comunión general y de reglamento para la cofradía de Nuestra Señora, y a las 17.00 horas Confirmaciones, impartidas por el obispo diocesano32. El domingo de la Quincuagésima a las 6:30 hrs, el cura párroco recibe a los peregrinos, luego, se realizan diversas Eucaristías, entre ellas, una celebrada por el obispo diocesano, otra de Semi Pontifical, en la que el Ordinario asiste desde su trono; y por la tarde se
26 Cfr. Diario La Unión, edición 16 de febrero de 1953, p.12.
27 Diario El Independiente, edición 2 de febrero de 1893.
28 Idem, edición 16 de febrero de 1893.
29 Idem, edición 12 de febrero de 1893.
30 Idem, edición 16 de febrero de 1893.
31 Diario La Prensa, edición 20 de febrero de 1935.
32 Idem, edición 27 de febrero de 1935.
efectúa la procesión que recorre la plaza Independencia33. A la festividad concurren connotados sacerdotes, que ofrecen sendos sermones y panegíricos en honor a la Purísima, destacados cantores que ofrecen un homenaje musical a la Santísima Virgen durante el trayecto de la procesión, en la cual se lucen tres andas: la de la milagrosa imagen de la Virgen Purísima de las Cuarenta Horas, la del Niño Jesús de Praga y la del Santo Ángel Custodio. Al regresar al Santuario, el orador despide a las multitudes y se da la bendición con el Santísimo Sacramento del Altar. En la procesión participa el obispo de Valparaíso, el Vicario General, numeroso clero, religiosas, diversas instituciones católicas, autoridades políticas y los miles de devotos, que repletan las calles de Limache34
“La tradicional festividad que en esta ciudad se celebra desde tiempo inmemorial, el domingo de la Quincuagésima, en homenaje a la Santísima Virgen de las Cuarenta Horas, que se caracteriza por la afluencia de peregrinos que acuden desde puntos lejanos de la República, alcanzó ayer enormes proporciones…
Presidió esta gran manifestación de fe el Iltmo. Señor Obispo Diocesano (Monseñor Eduardo Gimpert), acompañado de numeroso clero.
Se lucieron las andas de la Santísima Virgen de las Cuarenta Horas, que llevaba su rico traje de gala de terciopelo y oro, que por su antigüedad y valor constituye una preciosa reliquia.
El Ángel de Chile, fue arreglado con todo gusto artístico por las Hermanas de la Providencia, secundadas por un grupo de señoritas de la localidad. Cerraba la procesión el andas del Niño Jesús de Praga…”35
En efecto, año a año crece más la concurrencia a la festividad de Nuestra Señora, una crónica de la festividad de 1943, entregada por el diario “La Unión”36, afirma que millares de católicos rindieron un homenaje a Nuestra Señora, en su festividad, desde las primeras horas de la mañana, rezándose Misas en los distintos altares del templo. A las 10 de la mañana era tal la concurrencia, que se hace extremadamente dificultoso la entrada al Santuario, debiéndose hacer turnos para acercarse al trono de la Purísima, los devotos ocupan hasta el atrio del templo. La plaza Independencia y lugares adyacentes, al término de los actos de la mañana, permanecen con gran concurrencia de gente. Días antes de la festividad, el Sagrario de la vecina parroquia de Nuestra Señora de Lourdes de San Francisco de Limache fue profanado por lo que se aprovechó esta gran festividad para realizar un acto público de reparación. La procesión con las andas de la Santísima Virgen de las Cuarenta Horas, del Niño Jesús de Praga y del Ángel de Chile, comienza a las 16 horas desde el Santuario con dirección a la vecina parroquia de la Virgen de Lourdes, encabezada por el obispo de Valparaíso, Monseñor Rafael Lira Infante; retorna al Santuario alrededor de las 20 horas, durante todo el trayecto, participó una interminable columna de fieles37.
33 Idem, ediciones 2 de marzo de 1935 y 22 de febrero de 1936.
34 Cfr. El Mercurio de Valparaíso, ediciones 12 de febrero de 1923 y 23 de febrero de 1930. La Estrella, edición 2 de marzo de 1935.
35 Diario La Unión, edición 4 de marzo de 1935.
36 Idem, edición 8 de marzo de 1943, pp.1 y 4.
37 Cfr. Idem.
“A las 16 horas se puso en marcha la Procesión con una interminable columna de fieles que, precedidos por la Santa Cruz, no cesaron durante el trayecto en cantar alabanzas al Señor, conservando una organización acabada… Congregados los romeros frente a la Parroquia, la Santísima Virgen dio su saludo cariñoso a los fieles que en forma triunfal la habían llevado a visitar la vecina Parroquia para lavar en parte las ofensas inferidas a su Divino Hijo.
Como final de acción pública, los presentes a los acordes de la banda de músicos, entonaron el Himno Nacional, mientras los numerosos estandartes de las sociedades católicas…se agitaban mecidas por piadosas manos”38
Debido a la cantidad creciente de peregrinos que acuden a honrar a la Santísima Señora, el templo parroquial queda estrecho. En 1952, el párroco, Monseñor Rivera, planea la construcción de una nueva iglesia, al lado de la actual; sin embargo, no alcanza a ver ni siquiera la colocación de la primera piedra, pues fallece en la madrugada del 14 de enero de 195339. El domingo 15 de febrero de 1953, fiesta de la Purísima de las Cuarenta Horas, Monseñor Rafael Lira Infante, prelado de Valparaíso, en compañía de autoridades eclesiásticas y civiles, y de una gran muchedumbre, bendice la primera piedra del nuevo Templo. Ese año, las crónicas del diario “La Unión” señalan que participan cincuenta mil fieles, que desde la una de la madrugada comenzaron a llegar, para participar de la primera Misa a las 4 de la mañana, que contó con un templo repleto de fieles, por lo que, muchos debieron colocarse en la calle; luego, las Misas continuaron hasta el mediodía. Durante la procesión, por la tarde, la cantidad de fieles fue tal, que el traslado de la bendita imagen fue lentamente, la plaza Independencia quedó llena de peregrinos que no pudieron avanzar por las calles debido a las multitudes40
“Cincuenta mil fieles tributaron ayer un homenaje de devoción a la Virgen de las Cuarenta Horas de Limache, como jamás se había presenciado en esa localidad…
La Virgen fué sacada en andas y se inició la tradicional procesión. Se inició lentamente el traslado de la Imagen ya que la cantidad de gente que había en la plaza y las calles adyacentes era tal, que impedía desplazarse a la columna que llevaba en andas…
Mientras se efectuaba la procesión, varios millares de personas debieron quedarse en la plaza, llenándola totalmente, debido a que era virtualmente imposible participar en la procesión, dado el excepcional número de fieles que formaban la columna a lo ancho de (avenida) República”41
En los archivos de prensa revisados después de 193542, no se menciona la existencia de la Cofradía y no se tienen datos del momento de su desaparición. El año 1953, tras la muerte de Monseñor Luis Alberto Rivera, asume como párroco y rector el presbítero Luis Millán, a quien le
38 Idem.
39 Cfr. Diario La Unión, edición 14 de enero de 1953, pp. 1 y 5.
40 Cfr. Idem, edición 16 de febrero de 1953, p.12.
41 Idem.
42 Diario La Unión, ediciones 1 y 8 de marzo de 1943, 15 febrero de 1953, 10 y 18 de febrero de 1955, 15 de febrero de 1958, 10 y 11 de febrero de 1964.
toca enfrentar el acontecimiento más difícil y doloroso de la historia de la devoción de la Virgen de las Cuarenta Horas, el incendio del 14 de diciembre de 1954.
El martes 14 de diciembre de 1954 a las 22 horas se produjo un cortocircuito43 en el entretecho del templo parroquial, al darse nuevamente la corriente, a los pocos minutos estallan las chispas que ocasionan el demoledor incendio, que arde hasta las 7 de la mañana del día siguiente, el cual consume todo el Templo, incluso el nuevo que se estaba construyendo44, la milagrosa imagen de la Virgen de las Cuarenta Horas, la casa del párroco y los históricos archivos parroquiales45, que datan de 166246.
El espectáculo es muy doloroso, para evitar una tragedia mayor se corta la luz en todo Limache, el Templo se convierte en una gran hoguera que se podía observar desde las ciudades vecinas, acuden a controlar el siniestro voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Limache, Quillota, Quilpué, Villa Alemana y La Calera. Los hijos devotos de este Santuario al ver esta pavorosa escena manifiestan de diversas formas su dolor, muchos se arrodillan en las losas de la plaza, lloran amargamente y oran al Señor47
El párroco padre Millán, alienta a la comunidad a iniciar lo antes posible la construcción de un nuevo Santuario y promete realizar una nueva imagen de la Virgen de las Cuarenta Horas48: “Tendremos una copia de la Virgen de las Cuarenta Horas para que sea venerada como antes, con igual fervor por todos los devotos. Vamos a trabajar en la reconstrucción del nuevo Templo, con la ayuda de vosotros”49
43 “El fuego comenzó en el entretecho de la Parroquia, debido, al parecer, a un cortocircuito. A las 22 se produjo un corte de la corriente eléctrica. Fue al darse nuevamente la corriente, a los pocos minutos después cuando estallaron las chispas que ocasionaron el incendio… el cortocircuito se produjo en uno de los empalmes de los cables de la luz eléctrica los que eran muy viejos y estaban en mal estado”. (Diario La Unión, edición 15 de diciembre de 1954, p.1).
44 “Junto a la Parroquia incendiada se estaba construyendo un templo nuevo que también sufrió daños considerables por efecto del fuego. Las llamas devoraron todo el material que era combustible”. (Diario La Unión, edición 15 de diciembre de 1954, p.1).
45 “La Iglesia llamada de la Santa Cruz, fué construída en 1662, siendo destruída más tarde por el terremoto de 1906. Fue reconstruída y desde entonces se convirtió en el Templo con mayor tradición en la provincia. Poseía valiosos archivos de la colonia que fueron consumidos anoche totalmente por las llamas. Esto sólo representa una pérdida de un valor inapreciable por los antecedentes históricos que guardaba”. (Diario La Unión, edición 15 de diciembre de 1954, p.2).
46 Cfr. Diario La Unión, edición 15 de diciembre de 1954, p.2, y diario La Estrella, edición 15 de diciembre de 1954, p.8.
47 Diario La Estrella, edición 15 de diciembre de 1954, p. 8.
48 Diario La Unión, edición 21 de diciembre de 1954, p.11.
49 Idem.
El diario “La Unión” entrega el siguiente testimonio sobre el incendio:
“Alrededor de 30 millones de pesos de pérdidas causó el incendio que estalló anoche en la Parroquia Matriz de Limache. Las llamas destruyeron totalmente el edificio, que tenía cerca de 300 años de existencia, y la casa parroquial, desapareciendo además en el siniestro la Virgen de las Cuarenta Horas. Solamente se pudo rescatar de entre los escombros parte de su corona. La milagrosa imagen, cuya fama se había extendido a todo el territorio no pudo ser rescatada debido a la rapidez con que se produjeron los acontecimientos”50.
A casi dos meses del siniestro, en febrero de 1955, la comunidad enfrenta una nueva novena en honor a la Virgen Santísima, la cual se realiza entre el colegio parroquial y un santuario provisorio levantado en el lugar del antiguo templo. En la mañana se celebran Misas a las 7 y 8 horas, por la tarde, a las 20:30 horas se reza el Santo Rosario, se cantan las letanías, se efectúa la predicación y se expone solemnemente el Santísimo Sacramento51. La celebración de la novena se desarrolla sin la imagen de Nuestra Señora.
El sábado 18 de febrero, en la Iglesia Catedral de Valparaíso, antes de la Misa de 9 horas es bendecida por Monseñor Rafael Lira Infante la nueva imagen de la Virgen Purísima la cual es totalmente de madera, viste un manto confeccionado por las Madres Adoratrices de Valparaíso, y luce una valiosa diadema de brillantes, que logró rescatarse del incendio52.
Luego de la bendición y celebración de la Santa Misa, la bendita imagen, en caravana de automóviles, es trasladada en una masiva romería encabezada por el obispo diocesano a su Santuario,donde es recibida por multitudes emocionadas, a las 16:00 horas53.
Este año los fieles son miles y por primera vez se encuentran datos de que la procesión pasa por frente de la Cárcel Pública, donde los reos entonan con emoción cantos sagrados a la Santísima Virgen54.
“En la mañana de ayer fue bendecida en la Iglesia Catedral de nuestra ciudad (Valparaíso), la nueva imagen de la Virgen de las Cuarenta Horas, por el Excelentísimo sr. Obispo de Valparaíso, Monseñor Rafael Lira Infante, momentos antes de iniciar la Misa de 9. Una gran concurrencia llenó el Templo Catedral de Nuestra Señora del Carmen, para presenciar la ceremonia de bendición de la nueva imagen y la Misa Solemne que ofició luego el Cura Párroco de Limache don Luis Millán”55.
50 Diario La Unión, edición 15 de diciembre de 1954, p.1.
51 Cfr. Idem, edición 21 de febrero de 1955, p.6.
52 Cfr. Idem, edición 20 de febrero de 1955, p.7.
53 Cfr. Idem.
54 Idem, edición 21 de febrero de 1955, p.6.
55 Idem, edición 20 de febrero de 1955, p.7.
En febrero de 1959 Monseñor Nemesio Marambio, Vicario Capitular de Valparaíso, bendice la capilla de la Virgen de las Cuarenta Horas y se continúa con la construcción del nuevo Santuario56.
Desde fines de la década de 1950 la festividad sigue creciendo en fieles devotos, al pasar los años se debe aumentar el número de Misas celebradas el día de la fiesta57. En la década de 1960 la capilla de la Virgen se hace estrecha para recibir a todos los peregrinos y se debe abrir el Templo en construcción, que no cuenta ni con piso ni techo y sus ladrillos están sin estucar; por lo cual se adornan los muros con hojas de palmeras, se cubre con una lona y el piso de tierra es mojado por bomberos.
“Mayor afluencia de peregrinos que en años anteriores hubo ayer hasta el Santuario de la Virgen Purísima de las Cuarenta Horas, que se venera en el Santuario de la Parroquia de la Santa Cruz de Limache. A las 4 de la madrugada se rezó la primera Misa de saludo a los peregrinos, que fue oficiada por el Cura Párroco Jorge Vidal y luego hubo misas cada una hora hasta el mediodía”58.
En 1967 el arzobispo – obispo de Valparaíso, Monseñor Emilio Tagle Covarrubias, traslada la festividad para el último domingo del mes de febrero59
El 1° de septiembre de 1974 el padre Claudio Ormazábal, párroco y rector del Santuario, funda el Centro de Servidores de la Virgen de las Cuarenta Horas “Monseñor Luis Alberto Rivera”, grupo que de alguna forma continúa la tradición de la desaparecida Cofradía. Su fin principal es cargar el anda de la Virgen y estar al servicio de las diversas actividades que se desarrollan en el Santuario.
Bajo el rectorado del ya nombrado padre Ormazábal60 se finaliza provisoriamente las obras de construcción del Templo Mayor, ya que su techo y campanario son momentáneos, hasta que se logre reunir dinero para uno de mayor esplendor.
Para 1983 se calcula la participación de más de sesenta mil personas61 y para el año 2003 de cien mil62; por lo que continúa creciendo la cantidad de peregrinos que acuden a los pies de Nuestra Señora a celebrar su tradicional festividad.
“La festividad religiosa de las 40 Horas fue celebrada con una concurrencia que superó las 60 mil personas.
La procesión se extendió a lo largo de toda la calle República, llegando hasta el Centro de Detención Preventiva.
56 Idem, edición 7 de febrero de 1959.
57 Se celebran misas desde las 4 de la mañana, cada una hora, hasta el mediodía. Y una última, a las 20:00 horas.
58 Diario La Unión, edición 10 de febrero de 1964, p.13.
59 Venegas Espinoza Fernando, “La Santa Cruz y la Virgen de las Cuarenta Horas …” en Actas del Segundo Simposio Religioso de Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2008, p. 233.
60 1973-1994.
61 Cfr. Diario El Mercurio, edición 28 de febrero de 1983.
62 Cfr. Idem, edición 24 de febrero de 2003, p.6.
La procesión de la Virgen contó con la presencia del Arzobispo – Obispo de Valparaíso, Monseñor Emilio Tagle, quien presidió la ceremonia. La muchedumbre dio un extraordinario aspecto a Limache, en especial en los lugares cercanos a la Plaza, donde miles de personas siguieron con fervor las misas que a distintas horas fueron oficiadas”63
El 1° de marzo de 1998 asume como párroco y rector del Santuario el padre Mario Lisperguer, quien inicia una serie de obras que buscan hermosear el Templo parroquial: se cambia el piso, el altar y ambón, se realiza el mural iconográfico de estilo oriental, se construyen los salones parroquiales y se adquieren diversos trajes para la Santísima Virgen y una nueva corona de gala.
Del 19 al 26 de febrero de 2010, con mucho esplendor y júbilo se realizan las celebraciones de la novena y estando todo dispuesto para la festividad, que tenía como intención especial el Bicentenario nacional, el Año Sacerdotal y la Campaña Milagro 2010 (para cambiar la techumbre del Templo), en la madrugada del 27 de febrero, vísperas de la festividad, la zona centro – sur del país es afectada por un gran terremoto, que daña seriamente el Templo, sin embargo, la imagen de la Santísima Virgen queda intacta. Los devotos de Nuestra Señora a las pocas horas del siniestro se acercan al Santuario a retirar escombros y limpiar. En la mañana de ese día, el rector se reúne con autoridades civiles y deciden continuar con la festividad de la Virgen, aunque de una manera distinta y fuera del Templo, el cual es cerrado por posibles riesgos. Ese día por la tarde se realiza una Misa de campaña en la plaza de la ciudad, presidida por Monseñor Gonzalo Duarte, obispo de Valparaíso. Al día siguiente, día de la festividad, se realizan 5 Eucaristías en la plaza Independencia, mientras la bendita imagen permanece en el atrio del Templo Mayor; la Misa de 10 de la mañana es presidida por el obispo diocesano y la de 12, por el señor Cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago, quien había sido invitado a presidir la festividad del bicentenario. Por preocupación y cuidado a los devotos, la procesión se suspende64
“(El cardenal) Errázuriz asistió a la festividad de la Virgen de las 40 horas, que se celebra en Limache y que este año, debido a los serios daños en la infraestructura de su iglesia debió suspender la procesión, aunque sí llevó a cabo misas frente al templo.
A pesar de los llamados del gobierno a no asistir a reuniones o eventos multitudinarios, más de un centenar de feligreses participó en las eucaristías que también tuvieron la participación del párroco de Limache Mario Lisperguer y el obispo de Valparaíso, monseñor Gonzalo Duarte”65.
63 Idem, edición 28 de febrero de 1983.
64 “La procesión se suspendió debido a que el recinto de la cárcel quedó en muy mala situación; también se hacía una ceremonia con ellos, pero los daños en su infraestructura y en nuestra iglesia hacen que sea imposible por este año realizarlo, declaro el párroco de la iglesia de Limache Mario Lisperguer”. (Diario El Mercurio, edición 1 de marzo de 2010).
65 Diario El Mercurio, edición 1 de marzo de 2010.











ALGUNAS NOTAS HISTÓRICAS SOBRE LA DEVOCIÓN















Desde marzo de 2010 hasta agosto de 2012 se trabaja arduamente en la reconstrucción y conclusión del querido Santuario de la Virgen, obras que finalizan tras 58 años, el 14 de octubre de 2012, con la bendición del nuevo campanario y vitrales, realizada por el obispo de Valparaíso, Monseñor Gonzalo Duarte.
El 25 de marzo de 2016, Viernes Santo, se vive una difícil jornada en el Santuario, el colegio Pasionista, ubicado a un costado del Templo, sufre un incendio que lo destruye completamente, poniendo en grave peligro la iglesia, las oficinas, salones y casa parroquial. A tal punto llega el peligro, que se decide sacar los muebles y objetos sagrados del Templo, y la imagen de Nuestra Señora es movida de su trono y puesta en un lugar seguro del fuego. Se teme volver a vivir el cruel incendio de 1954, sin embargo, el santuario queda intacto, y la Santísima Virgen vuelve a su lugar de honor.
En la actualidad Nuestra Señora Purísima de las Cuarenta Horas es visitada por más de 200 mil peregrinos66 en los días de su Novena y Festividad, demostrando que ni incendios ni terremotos pueden disminuir el amor y devoción a la Santísima Virgen, y gracias a Dios y al trabajo de hombres y mujeres sigue con más vitalidad y esplendor que nunca cumpliendo su lema: “A Jesús por María”, acercando a los fieles al Señor Sacramentado por medio de su Madre Purísima.
prIvIlegIos pontIfIcIos concedIdos Al sAntuArIo67
León XIII:
Rescripto Pontificio del 30 de junio de 1899: Facultad de celebrar una Misa Solemne de la Inmaculada Concepción el Domingo de la Quincuagésima, día de la fiesta patronal de Nuestra Señora Purísima.
Pío XI:
Rescripto Pontificio del 29 de agosto de 1929:
1) Una indulgencia plenaria, el domingo de Quincuagésima día de la fiesta a todos los fieles que confesados y comulgados visitaren la Iglesia de la Santa Cruz de Limache y la venerada Imagen de Purísima de las 40 Horas y recen por las intenciones del Sumo Pontífice.
2) Indulgencia parcial de 300 días para todos los fieles, cuantas veces, a lo menos con corazón contrito, hiciesen dicha visita y oración.
66 Cfr, Idem, edición 24 de febrero de 2013.
67 Documento “El estado de la Iglesia en Chile”, Acción Católica, 1946, en: http://chile-iglesias-catolicas. blogspot.cl/2014/01/blog-post_5941.html
párrocos de lA pArroQuIA lA sAntA cruz de lImAche de 1761 A 1838:
1. Presbítero González.
2. Presbítero Gerónimo Jossef.
3. Presbítero Ambrosio Fagley.
4. Presbítero Juan de Dios Herrera.
párrocos de lA pArroQuIA lA sAntA cruz de lImAche y rectores del sAntuArIo de nuestrA señorA purísImA de lAs cuArentA horAs de 1838 - 201668:
1. Presbítero Juan Ramón del Canto.
2. Presbítero Pedro José Correas.
3. Presbítero Martín Olguín.
4. Presbítero Pedro Antonio de Ortúzar.
5. Presbítero Pedro José Muñoz.
6. Monseñor Plácido Labarca.
1. Presbítero Onofre Flores.
2. Presbítero Ramón Donoso.
3. Presbítero Abraham Donoso.
4. Presbítero Manuel de la Cruz Flores.
5. Presbítero Manuel Larraín Aldunate.
6. Presbítero Francisco Cardeñoso.
7. Presbítero Jerónimo Venegas.
8. Presbítero Guillermo Ruiz Santander.
9. Monseñor Luis Alberto Rivera Andrade.
10. Monseñor Luis Millán Escobar.
11. Presbítero Carlos Gómez Macker (suplente).
12. Presbítero Jorge Vidal.
13. Monseñor René Pienovi Masafierro.
14. Presbítero Claudio Ormazábal Anríquez.
15. Presbítero Mauro Ojeda Videla.
16. Presbítero Mario Lisperguer Santibáñez.
68 Se considera Santuario desde la existencia de la devoción de Nuestra Señora Purísima de las Cuarenta Horas en la Parroquia la Santa Cruz.

Rafael Escobar Collins
Juan Tapia Contreras
Alumnos de tercer año de Pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
La Historia Religiosa de una Diócesis –o de un país–, generalmente se enmarca en la Historia de las Instituciones que llevan a cabo la catequesis, doctrina y evangelización de los pueblos, así como la exaltación de las figuras que conducen y promueven dichas actividades. Su desarrollo contribuye a personalizar la Historia, siguiendo el ejemplo de la Historia tradicional y con el tinte cristiano de la religión personal. Es por esto que se entienda que una investigación sobre Historia Religiosa se enmarque, precisamente, en aquel aspecto de las instituciones y personajes a las que se pretende acceder desde el método historiográfico.
No obstante lo anterior, en este momento queremos presentar un caso de este nivel poniendo un acento distintivo. No se trata de reproducir al modo tradicional y de manera cronológica los acontecimientos que marcan la Historia que se pretende abordar, debido a que trataremos con una institución local de la vida eclesial de Valparaíso, que cumple con determinadas funciones religiosas que sobrepasan las fronteras físicas y geográficas a las que se circunscribe, cuyo acento distintivo, en este caso, radicará en la selección de los acontecimientos que se han realizado, tomando como origen, evidentemente, el aspecto religioso de la institución para realzar la contribución de esta a la comunidad local, principalmente, haciendo también una mención de su contribución a la comunidad extra-local.
No usaremos como pretexto el escrito histórico para exaltar la figura y la obra que pretendemos describir, pues solo queremos presentar una lista de acciones que constituirán los argumentos que han sido seleccionados para estos efectos. Será necesario que sea inicialmente así, pues, al concluir estos planteamientos, hemos de disponer algunas interrogantes que nos permitirán comprender o analizar más críticamente todo lo que ha salido a la luz, a raíz de las fuentes utilizadas.
El Seminario San Rafael de Valparaíso se funda en 1870 como un Colegio Episcopal o Seminario Menor, dependiente del Seminario Mayor de los Santos Ángeles Custodios de la Diócesis de Santiago de Chile, por lo que su visión institucional y su vocación ha estado ligada indefectiblemente
a la formación de varones íntegros, tanto moral como psicológica, física e intelectualmente, para desempeñarse como cristianos comprometidos con su entorno social, capaces de contribuir a las tareas más nobles de la sociedad chilena, desde la consagración de sus vidas al servicio de Dios, así como las responsabilidades laicales en medio del ambiente secular, con mayor énfasis desde su apertura a las distintas realidades civiles.
Una vez efectuada la creación de la nueva Diócesis de Valparaíso (1925), esta se encarga de la administración del Colegio Episcopal Seminario San Rafael, y con las posterior erección del Seminario Mayor, el establecimiento se va enfocando cada vez más a la formación de laicos comprometidos en los diversos ámbitos de la sociedad, despegándose de su orientación a la formación sacerdotal de los jóvenes. Esto se concretiza en la gran labor social que se inculca a los estudiantes desde la superestructura, tanto a nivel local, como a nivel nacional, en el plano del servicio social, caritativo, de apoyo en la emergencia, misional, artístico, cultural y deportivo.
Un establecimiento educacional de tales características no puede, por supuesto, ser una institución que solo se imponga como tarea resaltar a nivel regional y nacional en el ámbito académico, en comparación con otras entidades educativas de similares características. Es por esto que el enfoque en que nos hemos detenido para resolver la problemática que nos orienta en esta ocasión es concerniente a un ámbito que escapa al nivel meramente estudiantil y académico de un Colegio. Ni mucho menos la exposición y comprensión de los argumentos será exclusivamente de carácter religioso –por su carácter de Episcopal–, sino que de este último ámbito –el religioso– se desprenderá lo que plantearemos, y usando como pretexto y soporte el primer ámbito –el académico–, se pasará revista a algunos momentos que nos ayuden a aproximarnos a contestar ¿Cuál es la importancia de la labor social del Colegio Episcopal Seminario San Rafael de Valparaíso entre 1960-1980?
Desde la perspectiva documental, hemos querido echar mano a los propios anales de la institución que ayudarán a comprender aquello que nos hemos planteado más arriba. Estos anales –o anuarios– se conocen con el nombre de “Revista LUX”, y se configuran como los instrumentos informativos institucionales del año académico en donde no solo participan los directivos y docentes en su redacción, sino que también los mismos estudiantes, de acuerdo a sus propios intereses. Esta última característica es la que nos impulsa a echar mano al material que nos proporciona la revista LUX, para conocer de primera fuente, lo que los estudiantes realizan en el servicio comunitario a instancias de su formación académica y personal, y para tener la visión de cómo ellos mismos conciben las actividades que el Colegio promociona.
Con este apoyo documental, nos atrevemos a proponer que el Colegio Seminario San Rafael sí jugó un papel importante en cuanto a su contribución a la comunidad, como se desprende de la misma pregunta originante. Ahora bien, en cuanto a su importancia podemos decir que es muy relevante debido a la gran variedad de alternativas que ofrece como cuerpo integrador y de promoción de las habilidades sociales y culturales del estudiantado en pro del bien común de la sociedad en la que se inserta.
Como el objetivo de nuestro artículo es establecer la impronta de servicio del Colegio en un tiempo específico de su Historia, es preciso que definamos lo que, en este escrito, entenderemos por impronta. Para ello, ocuparemos la definición común que nos entrega el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, al decirnos que se trata de una “marca o huella que, en el orden moral, deja una cosa en otra”1. Es decir, las acciones que consignaremos en adelante, generaron, necesariamente, una marca moral en la comunidad en que se ejecutaron. Esta huella perdura en el tiempo y es susceptible de ser recogida en la medida en que se acceden a fuentes documentales, como las que hemos mencionado en los párrafos anteriores. Y no solo es posible hallar esta huella en la misma comunidad destinataria o interlocutora de la actividad de servicio, sino que también es dable encontrarla en los estudiantes que fueron protagonistas de ella –de donde se entiende que la recojan en sus escritos de la Revista LUX, por ejemplo.
Ahora bien, en este mismo marco, el servicio2 puede ser entendido como el aprovechamiento o la acción de ser de utilidad en algo para alguien. La característica clave, en este punto –y como lo utilizaremos nosotros–, consiste en ser una persona activa en esta acción de beneficio o utilidad hacia una persona o un grupo de personas, siempre con las cualidades propias que cultiva el cristianismo, tanto espiritual como moralmente. Estas cualidades serán las del amor cristiano, de acuerdo a lo descrito por san Pablo en su primera carta a los corintios. Por ello, el servicio que se desprenda de las actividades llevadas a cabo por el Colegio, no serán del mismo tenor que las ejecutadas por los organismos sociales o estatales, ya que el servicio social cristiano tiene este tinte y esta huella que le diferencia de otras formas de servicio.
Así, pues, a medida que comencemos nuestra argumentación iremos desvelando acontecimientos importantes que nos ayudarán a descubrir la magnitud del trabajo que realizó el Colegio Seminario San Rafael en el periodo de tiempo establecido, cuyos ejes temporales son meramente referenciales, pero, sin duda, marcan hitos importantes en la vida del Colegio.
La presentación de los argumentos van en directa relación con la descripción de los sucesos que se han considerado vitales para responder a la pregunta planteada, y estos no necesariamente seguirán un orden cronológico estricto, puesto que para nuestros objetivos los efectos no han de ser valorados en torno a su sucesión, sino que, más bien, en lo relativo a su impacto en la vida de los estudiantes y de la sociedad misma.
1. Experiencia del Terremoto de 1971 “Había algo en nuestro interior que nos incitaba a continuar, a luchar y a vencer contra tanta miseria y desgracia, era esa fuerza la que los jóvenes entendemos por cristianismo, nacida violentamente ante la imagen desconocida, a veces, de esa miseria encontrada en la orilla del camino, y que en esencia es creador, vital y fuerte.”3
1 Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Tomo II. 21° ed. Ediciones UNIGRAF, S.L.: Madrid, España. 1992. p. 1148.
2 Cfr. Ídem. pp. 1871-1872.
3 Ganderants, Leopoldo y Pienovi, Eduardo. El temblor de los corazones En: Revista LUX. 1971. p. 54.
Coincidimos en que una imagen hábilmente seleccionada para un determinado contexto es más fuerte y elocuente que un discurso bien construido para los mismos fines. Y eso lo entienden muy bien los estudiantes del Seminario. La imagen desgarradora de un puerto que sucumbe un 8 de julio de 1971 ante un fuerte terremoto que afecta a gran parte de la zona central del país, es la que despierta el interés de un gran grupo de estudiantes y profesores de diversos colegios cristianos particulares de Valparaíso y Viña del Mar, especialmente del Seminario, –motivados por el Obispo Tagle– y suscita en ellos fuertes sentimientos de ayuda y solidaridad a la comunidad más afectada, sobre todo a aquella que vive en los cerros de la ciudad-puerto.
La idea que nace de estos grupos de jóvenes estudiantes es crear “Patrullas de Emergencia”, unidades humanas que nacen circunstancialmente y que están compuestas por hombres y mujeres de los distintos colegios, cuya labor principal es responder de forma rápida y efectiva a la catástrofe, ofreciendo ayuda manual, en víveres y medicinas, que se materializan prontamente en el retiro de escombros, la confección de terraplenes para la construcción de casas, la distribución de alimentos, agua para beber, ropa, elementos de aseo y medicinas, así como la atención de enfermos, y la necesaria ayuda espiritual para hacer frente a las secuelas que produjo el evento (dando consejos y escuchando las historias de tristeza y dolor de los pobladores).
Sin duda, podemos observar que este acto no es una iniciativa propia del Colegio, puesto que cuenta con la intervención de otros establecimientos educacionales que actúan en la misma medida y con igual rapidez frente a la crisis, respondiendo al llamado realizado por la Autoridad eclesiástica competente. No obstante, la labor del Seminario no se puede considerar menos importante por lo anteriormente planteado, ya que, si bien, no fue el promotor inicial de esta ayuda social, sí se posiciona como el actor que coordina y gestiona las operaciones durante todo el tiempo que se llevaron a cabo que, en la opinión de los mismos estudiantes, fueron semanas de trabajo. Además, sus estudiantes son quienes se muestran muy motivados y tienen una gran participación en dicha labor, pues en sus palabras, “en esas semanas de trabajo, comprendimos que ayudando se puede dar y recibir más de lo que se gana en muchas y largas horas de pedagogía”4 y también, de este episodio nace la obligación moral de revivir constantemente la ayuda al prójimo, sin la necesidad de que ocurran catástrofes similares, todo ello amparado, por supuesto, por los sacerdotes, profesores y empleados (administrativos y auxiliares) que siempre se mostraron dispuestos a la ayuda hacia la comunidad y hacia los jóvenes.
Esto es un aliciente para reafirmar el espíritu del Colegio Seminario, un espíritu que se materializa en el Proyecto Educativo Institucional, compartido por profesores, administrativos, auxiliares, apoderados y estudiantes, en aquella fase de la historia en que, de alguna manera, se laiciza la enseñanza, pero que, sin embargo, no se pierde el espíritu evangélico de la misma.
4 Ídem.
Así es como para el Seminario, el Evangelio de Jesucristo cumple un rol fundamental en el proceso educativo y también de formación personal y comunitaria. En esta línea, los mismos estudiantes destacan esta dimensión especial que les inspira el Colegio en sus vidas, planteando que el Evangelio para ellos es un todo, que se refleja en la alegría, justicia y caridad que se desprende de sus páginas leídas y vividas en la vida cotidiana.
Como misión de la Iglesia, el Evangelio no puede quedarse solo en la vana palabrería o en recursividades retóricas que inspiren las vidas de las personas, sino que debe ser fermento vivo de los procesos sociales y culturales que se llevan a cabo a diario en las distintas realidades impregnadas por la acción humana. Así,
“El Evangelio es base de nuestras comunidades, base de nuestras vidas y aunque no todos lo tomen así, hay un grupo del colegio formado por profesores, alumnos, personal administrativo, empleados y apoderados que el Evangelio nos inquieta y nos obliga a extendernos a la comunidad de Valparaíso, y más todavía….. de Chile”. 5
Pues, no todo es acción social ni proceso de enseñanza-aprendizaje al interior del Seminario. La acción misional, la propagación del Evangelio, es parte fundante de su compromiso con la sociedad. Pues en ella, el anuncio del Kerygma, como acción primaria, es el que infunde de alegría a los jóvenes misioneros en realidades distantes a la propia, y les impulsa a que, con su testimonio de vida y dejando de lado las comodidades de sus ambientes, lleven la alegría de la vida joven y el sacrificio propio de aquel tiempo de gracias a personas que solo se les unen en la confesión de una misma fe.
La Misión del Colegio Seminario se refleja, desde 1972 con mayor fuerza, en acciones tendientes a abarcar dos grandes realidades como campo de misión. Una de ellas perteneciente a una diócesis extrema del país, como es el caso de la Isla Grande de Chiloé y la otra al interior de la misma diócesis de Valparaíso, en los sectores de Pucalán y Los Maquis, pertenecientes a la comuna de Puchuncaví. Esto, sin duda, es un gran avance, y un hito fundamental, puesto que se realiza una experiencia de misión que se mantiene en el tiempo en un lugar tan complejo de acceder, como Chiloé. Sin embargo, la idea fundamental del Colegio en torno a las experiencias misioneras radica en afianzar y proclamar el Evangelio en la zona local para, posteriormente, replicar la experiencia a un ámbito mucho más amplio, dentro de los márgenes del territorio nacional.
En el campo de las ideas, los estudiantes verifican estas actividades argumentando que se sigue el ideal de Jesús, que se sobrepone a las adversidades propias del tiempo y las circunstancias, de modo de reflejar el ideal cristiano en la sociedad: dar sin importar lo que se pueda recibir a cambio, aunque es sabido que este dar implica, claramente, recibir grandes satisfacciones a nivel personal, pues la Misión es parte integrante para la vida del pueblo y de los jóvenes.
5 Reyes, Javier. Evangelio y Seminario. Revista LUX, 1973. p. 48.
La vida de los jóvenes es también entrega a la creación. El prójimo y Dios son parte fundamental en la vida de un cristiano, pero la historia del Colegio Seminario nos indica también que la entrega del estudiante del Seminario San Rafael se da hacia la creación y esa relación con la naturaleza como lugar de encuentro consigo mismos y con Dios.
La vida de un Scout del Seminario San Rafael está marcada por varios ejes que le dan sentido a su actividad, hay una ayuda y entrega entre el equipo, hacia los líderes, con el que recién se incorpora. Se cultivan la responsabilidad y el compromiso comunitario que favorecen la vida en sociedad y dan sentido al proyecto institucional y la misión del establecimiento. Ligan al estudiantado en sí mismos a la lealtad y al don de mando que son necesarios en las relaciones humanas, así como la adecuada formación de nuevos y buenos líderes al servicio de la comunidad. Contribuyen a la generación de alegría entre los scouts, sobre todo cuando favorecen el cuidado de la naturaleza y la creación, vinculando todas sus actividades hacia Dios.
Es importante rescatar que este movimiento surge al amparo de la rectoría del Colegio, a partir de la década de 1940, pero que se potencia desde los 60 debido una nueva forma de pensar el Colegio, proponiendo una reforma educativo-pastoral, que sacaría del letargo al Seminario para ponerlo en una nueva senda. Estas reformas afectan a todas las áreas, pero esta se lleva la mejor parte –al igual que el teatro–, debido a que mediante estas actividades se recanalizan las aptitudes y actitudes del estudiantado. Es por esto que, desde aquí, el escoutismo no se entiende como una anécdota o actividad realizada, sino que se posiciona como una forma de vida basada en los mismos valores que se practican, mientras se valida la permanencia en la comunidad.
El Colegio Seminario, a lo largo de sus años de existencia, se ha preocupado del desarrollo integral de sus alumnos, como ya hemos visto. Destaca en este sentido todo aquello que hemos presentado, lo que, sin duda, constituye un movimiento poco usual al interior de las comunidades educativas. Si bien, como hemos aventurado, no es el único ni el mejor exponente al respecto, sí podemos afirmar que ha sido uno de los que cuenta con la mayor aprobación de sus pares, en ocasiones se posiciona como el pionero, y en otras, simplemente –lo que no es menor–, mantiene sus acciones en el tiempo sin que pierdan sus carácter significante.
En este último punto reluce también aquel grupo de jóvenes que busca trascender en el tiempo y en las sensibilidades de la gente, mediante el esfuerzo conjunto y poniendo en práctica el don del canto. Los cantares organizados por el Colegio no solo han mostrado una faceta de entretención y de desarrollo de las potencialidades artísticas, de trabajo duro y constante del conjunto y sus organizadores, sino que, también, se aplican en conmemorar acontecimientos importantes para el Colegio, como la celebración del Centenario de su creación, o bien, la motivación para ir en directa ayuda de quienes muestran más necesidades, ya sea en comedores públicos, centros
juveniles y hogares de ancianos, como en hospitales, sobre todo para la recaudación de fondos para dichas instituciones.
El trabajo y la demostración de tales actividades pretenden unificar el desarrollo artístico –como parte integrante del currículo escolar– integral de la persona, junto con el movimiento que suscita en los jóvenes la ayuda en la emergencia y en la necesidad siempre constante que generan las carencias sociales, ora materiales, ora espirituales. Por ello, los mismos estudiantes expresan que no se canta solo por cantar, pues hay en el trasfondo un sentimiento mucho más fuerte, aunque quizá no sea manifiesto en ocasiones, lo que permite que se genere este sentido de trascendencia que mencionábamos algunos párrafos más arriba.
5. Visitas a hospitales
En la línea de la ayuda solidaria, de la cual se ha hecho mención a raíz del terremoto de 1971, y de otras iniciativas que se van realizando a lo largo de la trayectoria del Colegio, van destacando obras que se relacionan con la visita a distintos centros de atención de salud, que no solo se vinculan con lo mencionado a partir de los cantares donde se recolecta la ayuda económica y material para dichas instituciones, sino que, además, se realizan acompañamientos espirituales que permiten que los internos del Sanatorio Marítimo o el Hospital de Niños, por ejemplo, tengan un momento grato mientras dura su convalecencia. Todo esto a partir de conversaciones, juegos, cantos, convivencias y otras actividades que los mismos estudiantes organizan y ejecutan para tales encuentros.
En ocasiones –y solo a modo de ejemplo– estas visitas se realizan en conjunto con otros colegios, tales como las actividades en favor del Hospital de Niños en 1969, donde el Liceo N° 1 de Niñas interviene y complementa esta labor solidaria.
El capital solidario del Colegio Seminario San Rafael de Valparaíso es un aporte constante a la formación de los estudiantes mientras dura su estadía en el establecimiento educativo. Hemos destacado que no solo nos referimos a la formación académica, y con estas ideas que se han planteado, se observa que la formación trasciendes este plano, y se mueve hacia una esfera mucho más integral en la conformación de la persona humana que el Colegio pretende llevar a cabo.
Ahora bien, no solo se realiza este gran aporte a la vida de los estudiantes –que, no obstante, les permite egresar del Colegio con una impronta que los marca por muchos años de su vida, porque les permite crear lazos que los motiva a reunirse hasta muchísimos años después de haber terminado su formación escolar media, como grupos de amigos o de ex alumnos: los Old Boys, los cuales, con la experiencia vivida y después de asumida con el paso de los años, continúan realizando muchas de aquellas actividades que les unieron en su vida académica al interior del Seminario, y generan la trascendencia que el Colegio quiere lograr en sus estudiantes–, sino que también, esta línea traspasa los límites que imponen los marcos curriculares y extra-curriculares, así como las fronteras territoriales a las que se circunscribe el Seminario y su campo de acción, para generar un destacable impacto en la sociedad que se refleja –sobre todo, en tiempos de emer-
gencia y necesidad– en el actuar concreto de iniciativas que se despliegan favoreciendo los aportes físicos y materiales, así como los de índole afectiva y espiritual, del entorno más inmediato, y de otros lugares más alejados, que podrían considerarse descontextualizados de su comunidad, no obstante, el ideal de salir de las fronteras impuesto por el mismo Jesucristo, que se toma como ejemplo a seguir, es el que impulsa a diseñar acciones orgánicas, que se mantengan en el tiempo, y que contribuyan a llevar el mensaje de Cristo de dar Vida en todas sus formas a todos los pueblos.
En estas tareas, el Seminario, como también hemos visto, no se inscribe como el único establecimiento educacional que se propone ayudar a la sociedad, saliendo del marco curricular, o trayendo estas actividades como complemento del mismo, puesto que, en dicha labor no está solo al realizar múltiples acciones en conjunto con otros colegios de la zona, aunque generalmente “se ve” o “se hace ver” como el principal gestor de las mismas, debido, quizá, a la antigüedad del Colegio –y, por lo tanto, a su experiencia–, o a la imagen que proyecta en su intervención social.
Ante todo el cuerpo argumental que hemos presentado más arriba, es lógico que, asimismo, nos cuestionemos ciertos aspectos que influyen en nuestra compresión de la problemática planteada.
En primer lugar, surge poner en duda la naturaleza y validez de los argumentos utilizados. ¿Existe carácter de objetividad en las acciones descritas, reflexionadas y analizadas? ¿Podemos establecer criterios que ayuden en la comprensión de que estos hechos son trascendentes para el entorno social al que afectan y para los estudiantes que son protagonistas de ellos? Solo una idea a modo de respuesta: Los artículos utilizados forman parte de un cuerpo documental amplio que son escritos por los mismos estudiantes protagonistas u observadores de las acciones, por lo que, de alguna forma, pretenden resaltar las obras que se han llevado a cabo.
En segundo lugar, tenemos que poner en duda el medio que nos ha servido como respaldo de un hecho o acontecimiento que tiene carácter, en ocasiones, de regional o extra regional. ¿Hay algún medio que permita verificar la información proporcionada por el anuario del Colegio? ¿Es posible corroborar el impacto histórico, mediato o no, que tiene una acción realizada en un lugar fuera de la región, sin el soporte informativo adecuado? Como respuesta podemos aventurar que no disponemos de medios informativos documentales externos que nos sirvan para contrastar las informaciones presentadas, debido a lo específico de las acciones escogidas. Asimismo, las acciones que pudieran resultar importantes, como la ayuda post terremoto o las misiones en Chiloé, serían, para la época o el lugar, situaciones recurrentes, por lo que no estarían consignadas en otros medios de difusión.
En tercer lugar, se puede recurrir al hecho de presentar al Colegio como pionero o señero en ciertas actividades, lo que podría ser refutado por nosotros mismos o por terceros. ¿Es realmente el Colegio Seminario el único, o el primero, en realizar tales actividades sociales? ¿Cómo es la relación de ayuda entre el Seminario y otras entidades educativas?, ¿el Seminario las ve al mismo nivel? Podemos decir que el Seminario se presenta como pionero o imagen para otros establecimientos
porque es la institución que hemos escogido para el desarrollo de este artículo y, por lo tanto, no necesariamente es el único que, quizá, se presente como pionero en las mismas u otras acciones.
En último lugar, nos referimos al rango temporal escogido (1960-1980). ¿Por qué se considera lo acaecido en este periodo y no en otro? ¿Significa que aquí tienen su origen las actividades presentadas más arriba? ¿Será que las acciones de esta época sean más importantes que las de períodos anteriores o posteriores? Como respuesta inicial, presentamos que solo se trataba de un marco temporal específico que serviría de referencia para argumentar la hipótesis planteada, eligiendo algunos hitos importantes. Sin embargo, a raíz de la misma investigación hemos podido acceder a una nueva compresión del momento histórico elegido como mero marco de referencia temporal. Nos preguntamos, pues, ¿qué significa todo este “mar” de acciones, el tremendo material documental de este periodo, distinto de décadas anteriores o posteriores? Y vemos que el Colegio Seminario pasa por un periodo de profunda crisis económica, administrativa, curricular, pedagógica, estructural, entre otros aspectos… Todo lo cual sucede en las décadas anteriores a 1960. Desde este año, comienza una reestructuración y renovación en todos los ámbitos. La esencia e imagen del Seminario se refuerza a nivel interno, institucional, académico, extra curricular, sobre todo, pastoral. Pero con una creciente baja en las matrículas, era necesaria una renovación y refuerzo de la imagen que se proyecta hacia el exterior, lo que, tal vez, le lograba con este medio de información: la revista “LUX”.
“Educamos hoy para una época de cambios que recién ha comenzado.”
“La educación en el Seminario San Rafael no es masiva, sino fundada en las diferencias individuales, en que cada alumno de acuerdo a su ser, a través de experiencias, va adquiriendo una vivencia en Cristo y de las ciencias.”6
No podemos finalizar este artículo con aquello que se suele llamar conclusión, porque consideramos que los procesos históricos no concluyen, sino que continúen y se funden en nuevos y originales procesos. Es lo que llamamos Historia. De todos modos, haremos un esfuerzo al respecto.
Vemos que los cambios a los que alude la cita anterior, se corresponden íntegramente con esta nueva visión que tiene el Colegio Seminario de sí mismo, a raíz de su reestructuración. Estos cambios van a generar una nueva forma de educación en el establecimiento, la cual se va a basar en la formación de sujetos íntegros con un gran conocimiento académico y, por sobre todo, guiado por el camino que lleva al Encuentro con Cristo en la vida cotidiana.
A partir de 1960, el Colegio Seminario toma un nuevo impulso en la realización de sus actividades extra programáticas. No queremos plantear que ellas nacen en esta época, sino que, más bien, cobran un mayor realce, se ven con un espíritu nuevo y sirven para una nuevo fin,
6 El Mercurio, 17 de octubre de 1970. En: Toledo, David. Seminario San Rafael. 125 años de educación, amor y fe. Apuntes históricos. 1 ed. Ediciones Seminario San Rafael: Valparaíso, Chile. 1996. p. 196.
que es el de potenciar la imagen de la institución y la formación de los estudiantes. No hay que dejar afuera, por supuesto, que la acción pastoral se estructura, esta vez, en un Departamento organizado, y empieza a retomar una nueva importancia en el proceso educativo de los alumnos, transformándose en el eje central de la actividad escolar, lo cual se expresaba en quehaceres al servicio de la Iglesia y la comunidad dentro y fuera de la Diócesis, tal como ya hemos visto. Todo ello, trataba de inculcar en los jóvenes el sentido de justicia social y compromiso solidario hacia los más desposeídos.

Carlos Salinas Araneda
Catedrático de Historia del Derecho y Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Dirección postal: Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Facultad de Derecho, Avenida Brasil 2950, Casilla 4059, Valparaíso, Chile. Correo electrónico: csalinas@ucv.cl. Esta investigación ha sido realizada con ocasión del Proyecto Fondecyt 1120345 del que su autor es investigador responsable.
La Iglesia, presente en todas las naciones, cumple una función espiritual que puede resumirse en la expresión evangélica de que las almas tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10, 10). Pero los fieles, al mismo tiempo que son fieles de la Iglesia, son ciudadanos de un Estado, de donde emerge la necesidad de que el poder espiritual se relacione con el poder temporal a efectos de concordar aquellas materias que son de interés común para no situar al fiel en las dificultades de conciencia de tener que asumir comportamientos contradictorios según actúe como fiel o como ciudadano. Estos acuerdos permiten al poder temporal otorgar a la Iglesia las facilidades que necesita para cumplir su misión.
Desde la Edad Media se han ido diseñando mecanismos técnicos en el ámbito del derecho para escriturar estos acuerdos, siendo el concordato el instituto técnico por excelencia. Se considera el Concordato de Worms (1122) como el ejemplo más remoto, en el que el papa Calixto II (11191124) y el emperador Enrique V (1111-1125) pusieron fin a la querella de las investiduras. Desde esa fecha, la historia registra numerosos ejemplos de acuerdos concordatarios que, desde que en el siglo XVI se consolidó la fórmula jurídico-política de los Estados modernos, se han concebido como instrumentos de relaciones entre estos y la Santa Sede.
1. Los intentos de concordato entre Chile y la Santa Sede durante el siglo XIX
Las relaciones entre Chile y la Santa Sede se iniciaron pronto después de la independencia y, con diversas vicisitudes, abordaron los principales temas de interés común1. Al principio fueron contactos directos entre Santiago y Roma, sin carácter diplomático, entre los cuales se cuenta la
1 González Echenique, Javier, Esquema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado 1541-1925, en Diplomacia 39 (1987), pp. 31-40; Oviedo Cavada, Carlos, Un siglo de relaciones entre la Santa Sede y Chile, 1822-1925, en Diplomacia 39 (1987), pp. 18-30; Él mismo, Negociaciones chilenas sobre convenios con la Santa Sede, en Finis Terrae 19 (1958), pp. 37-53; Él mismo, La misión Irarrázabal en Roma 1847-1850 (Santiago, 1962);
primera misión diplomática enviada por la Santa Sede a Hispanoamérica después de la independencia, la misión Muzzi (1824). Después de reconocida la independencia (1849), las relaciones fueron a nivel diplomático. Con todo, el que las primeras no fueran diplomáticas no restó nada al interés y al empeño con que fueron tratados los asuntos; por el contrario, fue en ese período en el que se realizó una de las misiones de mayor relevancia enviadas por Chile a la Santa Sede, la encabezada por el canónigo Cienfuegos (1822).
La misión de mayor envergadura enviada por Chile durante el siglo XIX fue la Misión encabezada por Ramón Luis Irarrázabal entre 1847 y 1850. En calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, presentó sus credenciales al nuevo pontífice Pío IX, el 22 de junio de 18472. Las materias que debía abordar la misión eran amplias y alguna, como la preconización del nuevo arzobispo de Santiago, don Rafael Valentín Valdivieso, fue de fácil despacho; alguna otra, como la designación de Justo Donoso como obispo de Ancud, fue más laboriosa. El resto de las materias, por sugerencia de la misma Santa Sede, serían abordadas en un proyecto de concordato, entre las cuales se consideraban la concesión del patronato, el indulto de la bula de cruzada, una nueva organización de las sociedades religiosas de seglares, un tribunal eclesiástico de tercera instancia en Santiago, la reforma de las órdenes de regulares, diversas facultades para los obispos diocesanos, una jurisdicción castrense y un ambicioso plan de misiones para el sur del país, desde Arauco a Magallanes. Poco se pudo avanzar en el concordato, el que, a pesar de las dificultades por la que pasaba la Santa Sede –las que obligaron a Pío IX huir a Gaeta, donde viajó Irarrázabal– fue estudiado por una comisión de cardenales a petición del mismo pontífice. Pero, aunque los cardenales estimaron que se podía conceder al presidente de la República el derecho de nominación de obispos y canónigos, entendían que no podían acceder al patronato en los términos propuestos por el representante chileno. Llegada a su fin la misión por decisión del Congreso chileno, la Santa Sede accedió a varias de las materias propuestas, como el tribunal de tercera instancia para Chile, la reforma de las órdenes religiosas, la jurisdicción eclesiástica castrense, la bula de cruzada, el traslado del ayuno en las témporas de septiembre y las organizaciones de seglares, pero la Constitución chilena de 1833 fue el obstáculo principal y, por lo mismo, no se pudo llegar a un acuerdo general. Resulta interesante, sin embargo, advertir que detrás de esta misión y, en general, de aquellas que perseguían obtener de la Santa Sede el reconocimiento del patronato, se puede advertir la falta de convencimiento de las autoridades chilenas de que la mera invocación de heredero de los derechos de la antigua monarquía española fuese título suficiente para justificarlo; de allí su interés de obtener un reconocimiento directo del mismo por la autoridad pontificia. Todos sus esfuerzos, empero, fueron en vano.
Nuevos intentos hizo Blanco Encalada, a la sazón ministro en Paris, quien, proyectando pasar
Salinas Araneda, Carlos, Relaciones Iglesia-Estado, en Sánchez Gaete, Marcial (dir.) Historia de la Iglesia en Chile, III: Los nuevos caminos: la Iglesia y el Estado (Santiago, 2011), pp. 251-256.
2 Retamal Fuentes, Fernando, Chilensia Pontificia. Monumenta Ecclesiae Chilensia (Santiago, 1998), vol. I, tomo 1, p. 323. Oviedo Cavada, Carlos, La Misión Irarrázabal, cit. (n. 1).
la Semana Santa de 1855 en Roma, se ofreció al gobierno para abordar algún asunto en que éste tuviera interés. El gobierno le encomendó, entre otros, continuar con las conversaciones para concluir el concordato, pero éste no avanzó, aun cuando el encargado de la Santa Sede para este asunto, Giuseppe Barnabó, viajó a París a continuar las conversaciones con Blanco Encalada, siendo la Constitución de 1833 el gran escollo.
Las dificultades por las que pasaron después las relaciones entre Chile la Santa Sede, que llegaron a la ruptura de relaciones, no permitieron seguir insistiendo en un posible concordato el cual fue finalmente excluido por parte del presidente José Manuel Balmaceda (1886-1891), a pesar del empeño que puso en superar las tensiones.
2. Los proyectos de concordato de 1928
La Constitución de 1925 definió por primera vez en Chile la separación entre la Iglesia católica y el Estado, poderes ambos que, desde los inicios mismos de Chile como nación, habían estado unidos, primero de iure, como consecuencia de la concesión del patronato regio por la Santa Sede a los reyes de Castilla3, y después de facto, como consecuencia de la decisión unilateral de las autoridades republicanas de continuar con las prácticas patronatistas después de obtenida la independencia política.
Con ocasión de las conversaciones sostenidas por el presidente de la República de entonces, Arturo Alessandri Palma, con el secretario de Estado de Pío XI (1922-1939), el cardenal Pedro Gasparri, para proceder a la amigable separación de 1925, se habló una vez mas de la posibilidad de un concordato entre Chile y la Santa Sede4, pero dicho documento finalmente no se materializó, porque, como cuenta Oviedo Cavada5, la Santa Sede puso cinco condiciones para convenir en la
3 Julio II (1503-1513), bula Universalis Ecclesiae Regiminis, de 28 de julio de 1508. La mejor edición es la de Leturia, Pedro, La bula del patronato de las Indias españolas que falta en el Archivo Vaticano, en Él mismo, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica, 1: Época del real patronato 1493-1880 (Caracas, 1959), pp. 253-258.
4 González, José Antonio, En torno a la separación de la Iglesia y el Estado: un esquema, en Anuario de Historia de la Iglesia en Chile 1 (1983), pp. 63-94; González Ransanz, Juan Carlos, La separación de la Iglesia y el Estado en la administración Alessandri, en AA.VV., Ensayos sobre Arturo Alessandri Palma (Santiago, 1979), pp. 259-300; Oviedo Cavada, Carlos, Carácter de la separación entre Iglesia y Estado en Chile, en Finis Terrae 12 (1956), pp. 50-56 = La Revista Católica 980 (1958), pp. 1931-1934; Él mismo, La jerarquía eclesiástica y la separación de la Iglesia y el Estado en 1925, en Boletín de la Academia Chilena de la Historia 89 (1975-1976), pp. 13-32; Pimstein Scroggie, María Elena, La separación de la Iglesia y el Estado en las constituciones de 1925 y 1980 (Santiago, Memoria Pontificia Universidad Católica de Chile, 1980); Tagle Domínguez, Matías, La separación de la Iglesia y el Estado en Chile. Historiografía y debate, en Historia 30 (1997), pp. 383-439; Vial, Gonzalo, Historia de Chile (1891-1973) (Santiago, 1987), III, pp. 557-577.
5 Oviedo Cavada, Carlos, La jerarquía, cit. (n. 4), p. 28. Las condiciones eran: i) Chile no debía convertirse en Estado ateo y, por eso, habría de obtenerse la invocación del nombre de Dios en la promulgación de la nueva Constitución; ii) la libertad de enseñanza para dar cabida a la educación particular y que, en ciertos tipos de enseñanza, se indicara su obligatoriedad, sin añadir la palabra “laica”; iii) derogación expresa de todos los abusos regalistas de la Constitución de 1833, como el patronato, el pase regio, etc.; iv) entre los pactos
separación que se solicitaba, todas las cuales se cumplieron con la excepción de la celebración del concordato, pues el presidente Alessandri habría hecho ver la carencia de tiempo para una gestión de esa envergadura, interesado, como estaba, en aprobar prontamente la nueva Constitución.
El gobierno de Chile, sin embargo, no abandonó sin más la idea, pero poco se ha sabido hasta ahora sobre el particular, si bien no han faltado antecedentes6, algunos recientes7, que reconducen a la idea de que había habido más que buenas intenciones en orden a concluir un acuerdo formal entre Chile y la Santa Sede. La reciente apertura en el Archivo Secreto Vaticano de los fondos referidos al pontificado de Pío XI decretada por el papa Benedicto XVI8 ha venido a mostrar que, efectivamente, hubo conversaciones oficiales entre el gobierno y la Santa Sede tendentes a la conclusión de un concordato, conversaciones que, esta vez, partieron por iniciativa de la Santa Sede.
En 1928 era presidente de la República, Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931); ministro de Relaciones Exteriores, Conrado Ríos Gallardo9; y embajador de Chile ante la Santa Sede, Ramón Subercaseaux. Secretario de Estado de Pío XI era el cardenal Pedro Gasparri10 y nuncio apostólico
internacionales había de hacerse expresa mención de los concordatos; v) la celebración de un concordato y una compensación económica del Estado al suprimir el presupuesto del culto.
6 P. ej., Lira, Alejandro, Memorias (Santiago, 1950), pp. 168-183.
7 González Errázuriz, Juan Ignacio, El Estado de Chile ante la Iglesia católica. ¿Existió un concordato en 1925?, en Ius Publicum 5 (2000), pp. 47-57.
8 Bolletino della Sala Stampa della Santa Sede, 30 junio 2006 nº 0340, en www.vatican.va [consultado el 24 de mayo de 2011].
9 Conrado Ríos Gallardo nació en Santiago, el 14 de mayo de 1896. Estudió derecho en la Universidad de Chile. Trabajó en el diario La Nación donde alcanzó el cargo de redactor-jefe. Fue ministro de Relaciones Exteriores del 9 de febrero de 1927 al 31 de agosto de 1929, período durante el cual se solucionó el litigio con Perú, firmándose el tratado de Lima el 28 de julio de 1929. Fue ministro interino de Fomento en 1928 y ministro subrogante del Interior en 1929. Fue embajador de Chile en España en 1929 y en Perú en 1930. Fue también embajador en Argentina. Uno de los fundadores de la revista Hoy. Fue académico de número de la Academia Chilena de la Historia y miembro de la masonería. De Ramón, Armando et alii, Biografías de chilenos. Miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (Santiago, 2003), IV, pp. 31-32, con bibliografía.
10 Pedro Gasparri nació el 5 de mayo de 1852 en Capovallazza, diócesis de Norcia, Italia. Estudió en el seminario de Nepi hasta 1870 y después en el Seminario Pontificio Romano y en el Pontificio Ateneo S. Apollinare, doctorándose en teología, en filosofía y en ambos derechos, canónico y civil. Fue ordenado sacerdote el 31 de marzo de 1877 en Roma. Entre otras actividades, enseñó historia de la Iglesia y teología en el Seminario Pontificio Romano y derecho canónico en el Pontificio Ateneo Urbaniano de Propaganda Fide, en el Pontificio Ateneo de S. Apollinare y en el Instituto Católico de Paris. El papa León XIII (1878-1903) lo eligió arzobispo titular de Cesarea de Palestina el 2 de enero de 1898. Fue consagrado en Paris el 6 de marzo de 1898. Entre las tareas más relevantes que realizó, fue secretario de la Comisión Pontificia encargada de la codificación del derecho canónico. Fue creado cardenal presbítero por san Pío X (1903-1914), recibiendo el capelo cardenalicio y el título de S. Bernardo in Terme el 19 de diciembre de 1907. Participó en el cónclave de 1914 que eligió a Benedicto XV (1914-1922) que lo nombró secretario de Estado el 13 de octubre de 1914. Participó igualmente en el cónclave siguiente que eligió a Pío XI (1922-1939) quien lo nombró nuevamente secretario de Estado. En tal calidad participó en las negociaciones con el gobierno de Italia que condujeron a la firma de los Pactos de Letrán, en las conversaciones con el presidente chileno Arturo
en Chile el arzobispo Ettore Felici Faggiolo11. El martes 1 de mayo de 1928, el embajador de Chile ante la Santa Sede hizo entrega extraoficial de un proyecto de concordato, diciendo que tenía instrucciones de pedir el parecer de la Secretaría de Estado y que regresaría el viernes siguiente a recibir la respuesta. A este documento le denominaré Proyecto I12. Posteriormente, el gobierno de Chile entregó extraoficialmente al nuncio en Santiago un nuevo texto, que seguía de cerca el proyecto presentado en Roma, pero que le introducía algunas modificaciones; a este segundo texto lo denominaré Proyecto II13. Al hacer entrega de este segundo proyecto, el ministro chileno de Relaciones Exteriores le solicitó al nuncio que le hiciera llegar sus observaciones, lo que el representante diplomático hizo presentando un nuevo proyecto completo de concordato, una suerte de contraproyecto, al que denominaré Proyecto III14.
Mientras los territorios ocupados por Chile durante la Guerra del Pacífico quedaron sometidos a la autoridad política y militar de Chile, la jurisdicción eclesiástica siguió en manos de los obispos peruanos o bolivianos a quienes correspondía la atención pastoral de esos territorios. Resuelta que fue la situación de Antofagasta, el conflicto se suscitó en los territorios de Tacna y Arica que quedaron espiritualmente sometidas a la autoridad del obispo de Arequipa, fray Mariano Holguín15. Preocupada del abandono espiritual de quienes allí vivían, la Santa Sede intentó facilitar
Alessandri Palma en orden a la separación Iglesia-Estado consagrada en la Constitución de 1925, y en las gestiones tendentes a la firma del concordato de que se da cuenta en estas páginas. Se desempeñó como secretario de Estado hasta el 7 de febrero de 1930. Falleció en Roma el 18 de noviembre de 1934.
11 Ettore Felici Faggiolo nació en Segni, Italia, el 12 de marzo de 1881. Estudió en el seminario de Segni y el Pontificio Ateneo S. Apollinare de Roma, doctorándose en filosofía, en teología y en derecho canónico. Ingresó al servicio diplomático donde se desempeñó sucesivamente como adicto, secretario y auditor, sirviendo en las nunciaturas de Yugoslavia, Portugal y Chile. Pío XI (1922-1939) lo eligió arzobispo titular de Corinto y nuncio apostólico en Chile el 6 de noviembre de 1927, siendo consagrado en Santiago, el 30 de diciembre de 1927. Presentó sus credenciales el 2 de enero de 1928 al presidente Carlos Ibáñez del Campo. Cesó en sus funciones en Chile al ser trasladado a la nunciatura de Yugoslavia el 20 de abril de 1938, donde permaneció hasta la entrada de las tropas alemanas. Trabajó en la Secretaría de Estado en el Vaticano, conservando su título de nuncio en Yugoslavia hasta 1946. En 1949 fue nombrado nuncio en Irlanda, falleciendo en Dublín, Irlanda, el 9 de mayo de 1951. Está sepultado en la pro-catedral de Dublín. Oviedo Cavada, Carlos, Los obispos de Chile (Santiago, 1996), p. 120; Ducasse Medina, Ignacio, Servidores del Evangelio. Los obispos de Chile 1561-2007 (Santiago, 2008), pp. 154-155.
12 Archivo Secreto Vaticano (=ASV), Sacra Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinari (=AES), Cile 1927-1928. Pos. 283-285 PO. Fasc. 47, ff. 29-36. Salinas Araneda, Carlos, Un primer proyecto de concordato entre Chile y la Santa Sede en 1928, en Revista Chilena de Derecho 39 (2012), 3, pp. 665-698.
13 ASV. AES, Cile, anno 1927-1933, Pos. 283-285 P.O. Fasc. 47, ff. 47-55.
14 ASV. AES, Cile, anno 1927-1933, Pos. 283-285 P.O. Fasc. 47, ff. 56-64. Salinas Araneda, Carlos, El tercer proyecto de concordato entre Chile y la Santa Sede en 1928. Texto y comentario, en Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso 42 (1er Semestre 2014), pp. 555-595.
15 Francisco Mariano Holguín Maldonado ofm., nació en Arequipa, el 5 de octubre de 1860 y falleció en Lima, el 24 de diciembre de 1945. En 1881 ingresó a la orden franciscana y fue ordenado presbítero el 28
una solución, animando a los gobiernos a ponerse de acuerdo y sugiriendo el envío de un clero extranjero ajeno al conflicto, pero cualquier solución encontró siempre el rechazo del obispo de Arequipa, quien negó licencia a los sacerdotes chilenos para ejercer su ministerio en Tacna, salvo a dos de ellos, con las consiguientes consecuencias para los fieles no peruanos, especialmente la población chilena radicada en Tacna y Arica que había crecido considerablemente por esos años. En una circular diplomática del ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Agustín Edwards M., expresaba al respecto que “en territorio sometido a la soberanía de Chile, regido por las leyes de la república, los chilenos no encontraban lo que, seguramente no se les niega hoy en Lima mismo, si su desgracia los lleva a morir en los hospitales de aquella ciudad”16.
Chile trató de superar la dificultad a través de la delegación apostólica en Lima, donde viajó Ramón Ángel Jara, pero no hubo una acogida favorable ni tampoco cuando, poco después, se le enviaron las licencias de ejercicio ministerial que necesitaban los sacerdotes chilenos para que el delegado apostólico obtuviera la firma del obispo Holguín, las que fueron devueltas sin que el delegado apostólico hiciera gestión alguna por temor de ser expulsado del Perú. Desde antes Chile había sugerido diversas soluciones directamente a la Santa Sede, como separar Tacna y Arica de Arequipa, dándole la categoría de Vicariato Apostólico; o que dichas provincias, aun continuando su dependencia de Arequipa, tuvieren un vicario general extranjero, ni chileno ni peruano17. Pero tampoco nada se obtuvo por esta vía, pues el gobierno peruano se negaba a cualquier cambio eclesiástico en Tacna y Arica, lo que daba al problema un marcado carácter político que impedía actuar a la Santa Sede que no podía abanderizarse18.
Esta situación, que dejaba en una situación desmejorada a los católicos chilenos respecto de los católicos peruanos en territorios sobre el que Chile ejercía jurisdicción, se vio agravada por el de febrero de 1886. En 1891 fue elegido guardián de su convento y en 1899 comisario de la provincia franciscana de los XII Apóstoles. Estando en Roma en 1904, donde había viajado para participar en el capítulo general de su orden, fue nombrado obispo de Huaráz. Dos años después fue promovido al obispado de Arequipa, del que tomó posesión el 13 de noviembre de 1906, manteniéndose al frente de dicha diócesis hasta su muerte. En 1931, después de la renuncia del arzobispo de Lima, Emilio Lissón, fue nombrado administrador apostólico de dicha arquidiócesis en cuya calidad, el 1 de marzo de 1931, le correspondió presidir la Junta de Notables ante la que renunció la Junta de Gobierno que presidía el teniente coronel Luis Sánchez Cerro, después de lo cual la Junta de Notables eligió un gobierno provisorio a la cabeza del cual estaba el presidente de la Corte Suprema, por lo que al obispo Holguín le correspondió ejercer la presidencia de la República por algunas horas, en lo que la historia conoce como “el gobierno de pocas horas”. Disputó el arzobispado de Lima, pero, al no reunir los votos necesarios como lo requería el patronato existente, retornó a Arequipa, convirtiéndose en su primer arzobispo cuando, en 1943, creó la arquidiócesis. Falleció dos años después, en 1945, al frente de la arquidiócesis. Basadre, Jorge, Historia de la República del Perú 1822-1933 (8ed., Santiago de Chile, 1998), XII, pp. 3126-3127; Guerra, Margarita, Historia general del Perú, XII: La república contemporánea (1919-1950) (Lima, 1984), p. 89.
16 La cita es de Pérez Canto, Julio, El conflicto después de la victoria (Santiago, 1918), pp. 486-488.
17 Véase al respecto, Ruptura de relaciones diplomáticas con el Perú. Solución satisfactoria de la cuestión religiosa de Tacna y Arica, en La Revista Católica 9 (2 abril 1910), 200, pp. 439-441, donde se habla de estos esfuerzos.
18 Vial, Gonzalo, Historia de Chile (1891-1973) (3ª ed., Santiago, Zig-Zag, 1996), II, pp. 481-483.
hecho de que los curas peruanos se dedicaban abiertamente a una propaganda antichilena en los mismos territorios –las provincias cautivas como las denominaba el obispo de Arequipa en los telegramas que enviaba a sus fieles–, a todo lo cual se agregaba la escasa moral privada que mostraban algunos de dichos curas pues, además de amancebarse con frecuencia, eran comúnmente vistos disolutos en fiestas, bebiendo, cantando y bailando sin cortapisa19.
Ante este estado de cosas el gobierno chileno decidió actuar: amparado por el derecho de patronato que le otorgaba la Constitución de 183320, exigió en 1909 que los curas, para ejercer sus funciones en dichos territorios, debiesen obtener el pase del gobierno. Como ninguno de ellos lo solicitó, el 23 de noviembre de 1909 el gobierno de Chile cerró las iglesias parroquiales de Estique, Belén, Codpa y Arica. No cerró la de Tacna por deferencia al párroco, sacerdote ejemplar respetado por todos, pero fue cerrada a su muerte. Los curas siguieron ejerciendo sus funciones disimuladamente en casas y oratorios privados, lo que era conocido por las autoridades pero que, de momento no intervinieron más, en espera de una solución por parte del Perú. Como ésta no llegó, las autoridades chilenas tomaron una medida extrema: la detención y expulsión de los curas peruanos21. Aunque el internuncio en Santiago obtuvo el retraso de la medida en 48 horas, transcurridas las mismas, la orden se cumplió22. Cuando días después dos de ellos regresaron de incógnito, fueron detenidos y expulsados. Tacna y Arica, así, se quedaron sin servicios religiosos porque el arzobispo de Arequipa no sólo no autorizó licencia alguna a sacerdotes chilenos, sino que, incluso, se la quitó a los dos que estaban autorizados por él. Pudo más en el prelado su interés político que el cuidado de las almas a él encomendadas. La medida fue aplaudida en Chile por unos, como los radicales chilenos, quienes veían en ella el primer paso para expulsar del país a los sacerdotes extranjeros. Otros, en cambio, la criticaron abiertamente, incluso desde las páginas de La Revista Católica23 .
Una vez producida la expulsión, el papa Pío X (1903-1914), a petición del gobierno de Chile, mediante el breve In hac Beatissimi Petri Cathedra, de 3 de mayo de 191024, creó un vicariato
19 Ibíd., p. 482, quien cuenta que uno de dichos curas se había fugado con una feligresa menor de edad a quienes la policía sacó de un barco en Arica donde, para evitar la cárcel, se casó civilmente. Con todo, hubo notables excepciones, como la del cura de Arica, Juan Gualberto Guevara que, con el tiempo, llegaría a ser arzobispo de Lima y el primer cardenal peruano.
20 Art. 82: “Son atribuciones especiales del Presidente: 13ª Ejercer las atribuciones del patronato respecto de las Iglesias, beneficios y personas eclesiásticas, con arreglo á las leyes”.
21 El texto del decreto del intendente de Tacna, que lleva fecha 3 de marzo de 1910, en La Revista Católica 9 (19 marzo 1910), 208, p. 364.
22 Véase la Nota de protesta del cura de Tacna, José María Flores Mestre, fechada en Tacna el 4 de marzo de 1910, ibíd. Uno de los expulsados, Juan Gualberto Guevara, al que me he referido en nota anterior, con el tiempo, sería arzobispo de Lima y el primer cardenal peruano. Véase antes nota 19.
23 El destierro de los sacerdotes peruanos, en La Revista Católica 9 (19 marzo 1910), 208, pp. 281-285.
24 Su texto, en latín y castellano, en González Errázuriz, Juan Ignacio, El vicariato castrense en Chile. Génesis histórica y canónica de su establecimiento. De la independencia al conflicto eclesiástico de Tacna (1810-1915). Estudio documental (Santiago, 1997), pp. 261-264.
castrense para Chile, con jurisdicción independiente de los obispos de las diócesis de Chile. Poco después, el presidente Ramón Barros Luco (1910-1915) promulgó la ley 2.463 organizando la vicaría castrense25. Vicario general castrense fue designado Rafael Edwards Salas26, quien después sería nombrado obispo titular de Dodona27.
Lamentablemente, el conflicto no terminó aquí. El vicario general castrense se trasladó al norte, hizo abrir bajo inventario las iglesias clausuradas y las entregó a capellanes militares nombrados por él, a quienes concedía plenitud de atribuciones sólo respecto de los militares chilenos y sus familias, excluyendo a la población general, la que, sin embargo, podía asistir a las misas y ser atendida en alguna urgencia religiosa personal. “Pero, con sacerdotes presentes, iglesias abiertas, culto público y una interpretación sin duda generosa de las «emergencias», de hecho el servicio religioso se reimplantaba en Tacna y Arica”28. Con todo, y aunque el vicario envió carta conciliadora al obispo arequipeño, éste, el 23 de junio de 1911, decretó el entredicho local sobre todos los templos de Tacna y Arica29, lo que impedía la celebración de cualquier función sagrada en ellos30. El vicario recibió este decreto por correo, cuando estaba revestido para celebrar Misa
25 Publicada en el Diario Oficial de 15 de febrero de 1911. El Consejo de Estado había aprobado la creación del vicariato el 10 de octubre de 1910. El texto de la ley despachada por el Congreso fue publicado en La Revista Católica 11 (4 febrero 1911), 228, pp. 76-77.
26 Rafael Edwards Salas nació en Santiago, el 6 de enero de 1878. Después de estudiar en el seminario de Santiago y en la Universidad Gregoriana, fue ordenado presbítero en Roma, el 23 de marzo de 1901. De regreso en Chile, fue profesor de filosofía y de teología en el seminario de Santiago. Entre 1901 y 1905 fue director del diario El Porvenir. Fue párroco de La Estampa y profesor en el Instituto de Humanidades. San Pío X lo nombró vicario general castrense el 27 de mayo de 1910. Cinco años después, el 21 de abril de 1915, Benedicto XV lo eligió obispo titular de Dodona; fue consagrado en la catedral de Santiago por Ramón Ángel Jara, obispo de La Serena, el 31 de octubre de 1915, asistido por Luis Enrique Izquierdo, obispo de Concepción, y Pedro Armengol Valenzuela, obispo de San Carlos de Ancud. Su lema episcopal fue “In hoc signo vinces”. El mismo pontífice lo nombró obispo auxiliar del arzobispo de Santiago, Crescente Errázuriz. Fue promotor de los congresos eucarísticos en Chile, fundador y asesor de la Acción Católica Femenina y otras instituciones, miembro de instituciones culturales y recibió numerosas condecoraciones de gobiernos extranjeros. Fue igualmente asistente al solio pontificio desde el 22 de octubre de 1934. Falleció el 5 de agosto de 1938 a bordo del vapor “Orbita”, de regreso a Chile desde Europa. Está sepultado en Santiago, en la basílica del Salvador. Araneda Bravo, Fidel, El obispo Rafael Edwards Salas: rostros de nuestra historia, en La Revista Católica 88 (octubre-diciembre 1988), 1080, pp. 353-354; Oviedo Cavada, Carlos, Los obispos, cit. (n. 11), pp. 111-112; Ducasse Medina, Ignacio, cit. (n. 11), p. 142; Bibliografía eclesiástica chilena preparada por la Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago, Editorial Universidad Católica, 1950), pp. 88-89.
27 González Errázuriz, Juan Ignacio, El vicariato, cit. (n. 23); Matte Varas, José Joaquín, Historia del vicariato castrense en Chile (1811-1911), en Boletín de la Academia Chilena de la Historia 92 (1981), pp. 167-232; Él mismo, Historia del obispado castrense de Chile (Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2010); Oviedo Cavada, Carlos, 50 años del vicariato castrense en Chile, en La Revista Católica 987 (1960), pp. 742-760; Vicaría castrense. Su origen, su objeto y su obra, ibíd., 403 (1918), pp. 742-760.
28 Vial, Gonzalo, cit. (n. 18), p. 558.
29 Su texto en La Revista Católica 12 (5 agosto 1911), 240, pp. 89-90.
30 El conflicto eclesiástico de Tacna. Antecedentes y documentos oficiales, ibíd., pp. 84-90.
ante toda la guarnición tacneña en la iglesia del Espíritu Santo. Su decisión fue inmediata: sacó al altar a la calle y siguió con la celebración.
El prelado sostenía que la jurisdicción del vicario castrense sólo se extendía a los militares y marinos, sus familias y a quienes, a cualquier título, formaran parte de dichos cuerpos armados, con lo que el pueblo común seguía quedando sin atención espiritual31. Si tenemos en cuenta que la vida parroquial se centraba en la instrucción catequética y en la vida sacramental, la actitud del obispo de Arequipa afectaba al corazón mismo de la vida espiritual de dichas zonas32. Esto llevó al gobierno a disponer que se considerarían auxiliares del ejército a prácticamente toda la población chilena que residiera en Tacna y Arica33, aún cuando la opinión general, incluso al interior de la iglesia chilena, fue que el decreto arequipeño era nulo34. El vicario castrense aguardó algún tiempo en busca de una solución. Después, reocupó las iglesias y, aun cuando el entredicho siguió vigente, sus efectos prácticos fueron, si no nulos, en todo caso mínimos35.
1. El primer proyecto
Según el artículo 14º del Proyecto I, “Ninguna parte del territorio de Chile dependerá de un obispo que tenga residencia fuera de las fronteras de la República”. Según el canon 338 § 1 del Código de Derecho Canónico vigente al tiempo del Proyecto, “a los obispos les obliga la ley de residencia personal en la diócesis, aunque tengan coadjutor”, sin perjuicio de las ausencias que el mismo canon les permitía, pero se trataba de ausencias limitadas. Podía suceder, sin embargo, que el obispo, por razones ajenas a su voluntad, se viera obligado a residir, por algún tiempo, fuera de su diócesis pero dentro del país, al ser confinado por decreto judicial a un paraje determinado, o fuera del país, al ser desterrado de la misma manera fuera de la república. En estos casos, el Codex entendía que la
31 En la Relación de la visita practicada por Rafael Edwards, vicario general castrense a las guarniciones y demás dependencias militares de la provincia de Tacna, de 26 de julio de 1911, se puede leer: “¿Cuántas veces han llegado a la puerta de nuestro corazón los clamores de quienes pedían en vano, con lágrimas en los ojos, que les diésemos el perdón de sus culpas en el tribunal de la penitencia? ¿Cómo no sentir despedazarse el alma al tener que negarse a estos clamores? […] Señor, nos decía una pobre mujer, ¿qué culpa en esto nosotros? Confiésenos, señor. ¿Será preciso acaso decir cuántas veces hemos hecho levantarse en el tribunal de la penitencia a quienes iban a buscar en él el perdón de Dios?”. La Revista Católica 12 (2 septiembre 1911), 242, p. 261.
32 Concha Contreras, María Inés, La sede episcopal de Santiago de Chile a mediados del siglo XIX: aspectos de la vida cristiana a través de las visitas pastorales (Valparaíso, 2007), pp. 123-165.
33 Ley 2.463, art. 5, publicada en el Diario Oficial de 23 de marzo de 1911.
34 Fermandoiz C., José Luis, ¿Fue válido el entredicho del arzobispo de Arequipa?, en La Revista Católica 11 (15 julio 1911), 239, pp. 958-964.
35 Fermandoiz, José Luis, El conflicto eclesiástico de Tacna, en Revista Chilena de Historia y Geografía43 (1921), pp. 353-389; 45 (1922), pp. 298-357; 46 (1922), pp. 429-477; 48 (1922), pp. 415-433.
sede estaba impedida, por lo que preveía los medios para que la diócesis no quedara sin gobierno, pero en el entendido que el obispo conservaba su autoridad sobre su iglesia particular (can. 429).
Por su parte el Código Civil dispone en el artículo 66 que “los obispos, curas y otros eclesiásticos obligados a una residencia determinada, tienen su domicilio en ella”; en el artículo anterior, había dispuesto que el domicilio civil, esto es, el “relativo a una parte determinada del territorio del Estado” (art. 61), “no se muda por el hecho de residir el individuo largo tiempo en otra parte, voluntaria o forzadamente, conservando su familia y el asiento principal de sus negocios en el domicilio anterior” (art. 65 inc. 1º), y explicaba en el inciso siguiente que el desterrado por decreto judicial fuera de la República “retendrá el domicilio anterior, mientras conserve en él su familia y el principal asiento de sus negocios” (art. 65 inc. 2º).
La hipótesis en la que se colocaba el artículo 14 del Proyecto I era del todo excepcional, si bien canónicamente estaba prevista la solución a la misma, como había sucedido con el destierro del obispo de Santiago en el período de la independencia, José Santiago Rodríguez Zorrilla, cuyos dos destierros no habían significado dejar sin gobierno la diócesis. El artículo del Proyecto I, sin embargo, utilizaba una expresión amplia, “dependerá”, con lo que, sin perjuicio de que, de acuerdo con la ley civil, el obispo conservaba civilmente su domicilio en la diócesis, y de que, de acuerdo con los cánones, conservaba la titularidad de la diócesis, parecía indicar el artículo proyectado que esto último, o sea, la conservación de la titularidad de la diócesis, le era desconocida.
Parece claro que este artículo venía a ofrecer una solución al conflicto suscitado en los territorios ocupados por el ejército chileno durante la Guerra del Pacífico. Sin embargo, en los años inmediatamente anteriores a este proyecto, bajo el pontificado del mismo Pío XI, la Santa Sede había celebrado diversos concordatos con Estados bálticos y danubiano que habían contemplado la misma situación en sus articulados. Se trataba de una materia sensible a estos Estados, interesados, como estaban, de asegurar sus nuevas fronteras. Uno de ellos, el celebrado con Lituania (1927)36, fue tenido a la vista por las autoridades chilenas al momento de preparar estos proyectos y le sirvió de modelo no solo en cuanto a las materias reguladas en el proyecto, sino, incluso, en la redacción de algunos de los artículos. En la específica materia que estoy tratando, la cercanía
36 En una carta enviada por el nuncio Felici al cardenal secretario de Estado el 15 de marzo de 1928, le manifestaba que el subsecretario de relaciones exteriores, que había tenido oportunidad de leer el proyecto de concordato que se preparaba, éste seguía, con ligeras modificaciones, el concordato celebrado por la Santa Sede con Lituania, texto que el mismo nuncio había creído oportuno dar a conocer al ministro de relaciones exteriores para “animarlo a seguir el ejemplo de la joven república”. ASV. AES, Cile, anno 1927-1933, Pos. 283-285 P.O. Fasc. 47, f. 26.
con él es notoria37, materia que igualmente se encuentra en términos similares en los concordatos con Polonia (1925)38 y Rumania (1927)39.
El artículo, así, recogiendo la solución que la Santa Sede ofrecía en otros lugares, venía a hacerse cargo de un conflicto que aún estaba pendiente. Si hasta el momento la Santa Sede se había abstenido de intervenir por entender que se trataba de un problema político, ahora, con un compromiso concordatario de por medio, podía hacerlo sin por ello herir las susceptibilidades del Perú.
2. El segundo proyecto
El artículo 12 recogía, con nueva redacción, el artículo 14º del Proyecto I: “Ninguna jurisdicción eclesiástica del territorio de Chile dependerá de un Obispo que tenga su residencia fuera de las fronteras de la República”. Como se puede ver, el Proyecto II conservaba la idea, pero daba una nueva redacción al artículo, nueva redacción que podría significar algo más que un simple cambio de formulación de la misma idea. Porque en el nuevo artículo ya no se hablaba del “territorio de Chile” dependiente de un obispo con residencia fuera del país, como ocurría con el obispo de Arequipa respecto de los territorios nortinos, sino que ahora se hablaba de que ninguna “jurisdicción del territorio de Chile”. Podría entenderse que la palabra “jurisdicción” es utilizada como sinónimo de “territorio”, en cuyo caso el cambio no entrañaría mayor diferencia. Pero la “jurisdicción” en derecho canónico, tal como la definía el Código de Derecho Canónico vigente al tiempo de estos proyectos, era entendida como “potestad de gobierno” la que, “que por divina institución” existía en la Iglesia, potestad que podía ser tanto “del fuero externo” , como “del fuero interno o de la conciencia, ya sacramental, ya extrasacramental” (c.196). De esta manera, ya no eran sólo los “territorios” los que no podían depender de un obispo con residencia fuera de Chile, sino cualquier eclesiástico que ejerciera “jurisdicción” dentro del territorio de Chile, como los vicarios generales, los vicarios capitulares o los superiores mayores de las religiones clericales
37 Concordato con el Gobierno de Lituania, 27 de septiembre de 1927, art. IX: “Aucune partie de la République de Lithuanie ne dépendra d’un Evêque dont le siège se truverait en dehors des frontières de l’Etat lithuanien” = “Ninguna parte de la República de Lituania dependerá de un obispo cuya sede se encuentre fuera de las fronteras del Estado lituano”. El artículo, que es más extenso, sigue refiriéndose a la provincia eclesiástica cuyas diócesis y prelaturas fueron fijadas por la bula Lithuanorumgente. Enchiridion dei concordati. Due secoli di storia dei rapporti Chiesa-Stato (Bologna, 2003), p. 700 nº 1395.
38 Concordato con la República de Polonia, 10 de febrero de 1925, art. IX: “Aucune partie de la République de Pologne ne dépendra d’un Evêque dont le siège se truverait en dehors des frontières de l’Etat polonais” = “Ninguna parte de la República de Polonia dependerá de un obispo cuya sede se encuentre fuera de las fronteras del Estado polaco”. El artículo sigue describiendo la constitución de la jerarquía polaca. Ibíd., p. 658 nº 1291.
39 Concordato con el reino de Rumania, 10 de mayo de 1927, art. III: “Aucune partie du Royaume de Roumanie ne dépendra d’un Evêque dont le Siège se truverait hors des frontières de l’Etat roumain; de même aucun Diocèse de Roumanie no pourra s’étendre au-delà des frontirès du pays” = “Ninguna parte del Reino de Rumania dependerá de un obispo cuya sede se encuentre fuera de las fronteras del Estado rumano; de la misma manera ninguna diócesis de Rumania podrá extenderse más allá de las fronteras del país”. Ibíd., p. 682 nº 1339.
exentas. Conforme a esto, la nueva redacción ampliaba el campo de aplicación de este artículo bastante más allá de lo señalado, no sólo por el Proyecto I, sino por los concordatos anteriores que pudieron servirles de modelo, especialmente el de Lituania, todos los cuales sólo se referían a “territorios” y ninguno a “jurisdicción”.
Esta nueva redacción entrañaba un nuevo problema, porque ¿acaso el Romano Pontífice, de quien depende toda autoridad al interior de la Iglesia y, por lo mismo, toda “jurisdicción”, no ejerce su autoridad precisamente por ser el “obispo” de Roma40? No pienso que los redactores de este artículo hubiesen querido entrar en mayores profundidades teológicas, pero lo que es cierto es que la nueva redacción no era inocua.
3. El contraproyecto del nuncio
El nuncio, en la carta con la que envió a Roma el contraproyecto elaborado por él, al que he denominado Proyecto III, hacía presente que entre las concesiones requeridas por el gobierno de Chile estaba “la sustracción de los organismos eclesiásticos de la jurisdicción de los obispos residentes fuera de las fronteras de la República”. Al respecto, ilustraba a Roma sobre las dificultades que presentaba el artículo 12, cuya aplicación sustraería de la jurisdicción del ordinario de Arequipa los territorios contestados de Tacna y Arica. “El gobierno le otorga, naturalmente, enorme importancia, y no temo exagerar afirmando que está en éste y en el artículo 14 el verdadero motivo de la simpatía con la que han sido acogidos los pasos dados por mí para alcanzar la conclusión de un concordato”41. Teniendo presente que los territorios mencionados de encontraban de hecho bajo el dominio de la república de Chile, el nuncio sugería, en forma de pregunta, una solución que había sido avanzada por Chile con anterioridad: “¿se podría nombrar provisoriamente un administrador apostólico de Tacna y Arica, dejando sin prejuzgar la cuestión pendiente entre los dos Estados, como se hizo en Fiume?”42 .
40 Código de Derecho Canónico (1917), canon 218: “§ 1. El Romano Pontífice, sucesor de San Pedro en el Primado, no solamente tiene el Primado de honor, sino la suprema y plena potestad de jurisdicción en la Iglesia universal, tanto en las cosas de fe y costumbres como en las que se refieren a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe. § 2. Esta potestad es verdaderamente episcopal, ordinaria e inmediata, lo mismo sobre todas y cada una de las Iglesias que sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles, e independiente de cualquier autoridad humana”.
41 El artículo 14 del Proyecto II regulaba el nombramiento de arzobispos y obispos y en él se concedía al gobierno la facultad de oponer objeciones al candidato que había escogido la Santa Sede, la que se obligaba a dar a conocer su nombre al gobierno antes de su nombramiento”.
42 El puerto de Fiume –actual Rijeka, en Croacia– se encuentra en la costa del Mar Adriático y, después de la primera Guerra Mundial, fue disputado entre Italia y Yugoslavia. En 1919 un ejército italiano, al frente del cual estaba el poeta italiano Gabriele D’Annunzio, ocupó la ciudad estableciéndola como Estado soberano desde 1920 a 1924.El mismo año 1920 la Santa Sede erigió una administración apostólica, con el nombre latino de Fluminensis. Con el ascenso de Mussolini al poder, tras el golpe de 1922, el Estado libre de Fiume fue ocupado por las tropas fascistas y dos años más tarde anexionado a Italia. Una vez que Fiume fue incorporado a Italia, fue erigida en obispado, el 25 de abril de 1925. Actualmente es la arquidiócesis de Rijeka, en Croacia. Cf. En la web, Hierarchia Catholica
Tal medida, entendía el nuncio, sólo modificaría la situación jurídica de ambas provincia, que se encontraban, de hecho, bajo la jurisdicción del vicario castrense chileno, y mejoraría sensiblemente la situación religiosa que dejaba no poco que desear, ya que los elementos peruanos, mirando a los capellanes militares como “propagandistas asalariados del chilenismo”, se habían ido progresivamente alejando de la Iglesia, con grave daño para la fe y las costumbres. No cabía dudas al nuncio que una medida como la propuesta iba a encontrar obstáculos por parte del gobierno peruano, pero, si ese era el precio necesario de un acuerdo con la Moneda, valía la pena tentar todas las vías de la persuasión para superarlas, en vista de las grandes ventajas que un concordato como el que se proyectaba, aseguraría a la Iglesia.
Sobre la base de lo anterior, el nuncio conservaba, sin introducir modificación alguna, el mismo texto propuesto por el gobierno en el Proyecto II: “Art. 12. Ninguna jurisdicción eclesiástica del territorio de Chile dependerá de un obispo que tenga residencia fuera de las fronteras de la República”. Es de suponer, por una parte, que el nuncio desconocía el primer proyecto consultado por el embajador de Chile ante la Santa Sede, en el que se hablaba de que ninguna “parte del territorio de Chile” dependería de un obispo que tuviere residencia fuera de las fronteras de la república. Pero, por otra, parece claro que, conociendo la actividad concordataria llevada adelante por Pío XI en los años anteriores, especialmente el concordato con Lituania que él mismo había entregado al gobierno, debía conocer también que en ellos, si bien se recogía una cláusula similar, siempre se referían a “territorio” y nunca a “jurisdicción”. Es por lo que llama la atención que el nuncio, sin más, recogiera la fórmula propuesta por el gobierno, con las implicancias que esa fórmula llevaba consigo, como lo he señalado antes.
En esta materia, como en otras incluidas en el proyecto, el nuncio actuó con una gran condescendencia hacia gobierno de Chile, desconociendo, incluso, actuaciones recientes llevadas adelante por la Santa Sede en sus relaciones con el gobierno chileno, como la relativa al nombramiento de los obispos. Lo movía el laudable propósito de concertar un acuerdo que, según su criterio, aseguraría grandes ventajas a la Iglesia. Pero su visión estaba condicionada por realidades exteriores no transferibles sin más a la chilena y no se percató –o no quiso hacerlo, por el interés personal que tenía de que el proyectado concordato llegara a feliz término– de los cambios que se empezaban a producir en las relaciones entre Chile y la Santa Sede, precisamente, en los momentos en que se llevaban adelante estas conversaciones. Esa visión la tenía la Santa Sede, razón por la que el propio Pío XI dispuso que no se siguiera adelante en estas conversaciones, al menos en los términos propuestos por el gobierno chileno43.
43 Así quedó consignado en un pro memoria redactado al día siguiente, el 2 de mayo, por el cardenal secretario de Estado, texto en el que se agregaba que dicho secretario de Estado había examinado el concordato y había hecho relación de él al Santo Padre, encontrando que “el gobierno no concede nada o casi nada; mientras pide muchísimas cosas, no obstante el régimen de separación”. Agrega dicho pro memoria que el Santo Padre, una vez enterado de su contenido, había dicho al cardenal que respondiese con las siguientes palabras que le había dictado: “así planteado el concordato, no se ve para la Santa Sede la oportunidad de hacerlo. Podemos ir
El Tratado de Lima, celebrado en dicha ciudad el 3 de junio de 192944 puso fin al conflicto, estableciendo, en lo que ahora me interesa, que la provincia de Tacna se reincorporaba a Perú permaneciendo la de Arica en poder de Chile. Poco después, el 29 de diciembre del mismo año 1929, Pío XI creó la diócesis de Iquique, siendo Carlos Labbé su primer obispo45. Juan XXIII (1958-1963), el 17 de enero de 1959, creó la prelatura de Arica, y Juan Pablo II (1978-2005) la diócesis de Arica, siendo Ramón Salas Valdés s.j., su primer obispo46. En otras palabras, el problema de la atención espiritual del norte de Chile quedó y está del todo superado, con lo que el problema coyuntural a que pretendía dar respuesta el proyecto de concordato en el artículo estudiado ya no existe.
Dicha cláusula, si bien venía a superar un problema presente en nuestro contexto nacional, no era original, sino que se encontraba en otros concordatos de la época. Cabe, pues, preguntarse, de cara a un eventual nuevo concordato, si en su texto tendría cabida una cláusula semejante. La incorporación de esa cláusula en los concordatos firmados por Pío XI con los Estados bálticos y danubianos tuvo su origen en la necesidad de dichos Estados de asegurar, incluso en lo espiritual, la independencia recientemente adquirida, sobre unos territorios cuyas fronteras no siempre habían sido pacíficas. Dicha cláusula servía a los intereses de Chile para solucionar un problema que aún estaba pendiente, pero que con el paso del tiempo quedó superado. Me parece, así, que, al no existir en la actualidad el problema que justificaba dicho artículo, una cláusula semejante no tendría mayor utilidad, salvo la mera retórica que, en un instrumento como un concordato, carece de sentido.
Por otra parte, su uno mira los concordatos celebrados en los años posteriores al Concilio Vaticano II (1962-1965), uno advierte que el acento se coloca en otros temas, como la defensa de los derechos humanos y, más recientemente, la protección del patrimonio cultural, materias, éstas, que merecen una atención particular. viviendo sin concordato”. El papa había agregado que esto se debía decir por buena táctica. ASV. AES, Cile 1927-1928. Pos. 283-285 PO. Fasc. 47. f. 28.
44 Su texto en el Diario Oficial de 16 de agosto de 1929.
45 Oviedo Cavada, Carlos, Los obispos, cit. (n. 11), pp. 43-44, 149-150; Ducasse Medina, Ignacio, cit. (n. 11), pp. 53-54, 190.
46 Oviedo Cavada, Carlos, Los obispos, cit. (n. 11), pp. 48, 204; Ducasse Medina, Ignacio, cit. (n. 11), pp. 59, 255.

Benjamín Silva Torrealba
Coordinador Centro de Cultura Americana (CCA). Correo electrónico: benjamin@cecaamericana.com. Este trabajo forma parte del proyecto Fondecyt regular nro. 1140159, “La historia de Tarapacá y Arica durante el siglo XIX: sociedad regional, poblaciones indígenas y el proyecto nacional-republicano peruanos 1821-1879”.
El desarrollo histórico del cristianismo de matriz romana, en el norte de Chile desde fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, ha estado marcado por dos grandes corrientes de estudio. La primera1, desarrollada a partir de los años sesenta –vinculada a la pastoral andina, con influencia antropológica–, ha centrado sus aportes en el estudio de los conflictos entre la religiosidad popular andina, peruana y boliviana, y los agentes pastorales chilenos, arribados a fines del siglo XIX, con posterioridad al fin de la Guerra del Pacífico. Estos sacerdotes, misioneros y agentes pastorales habrían tenido como principal objetivo chilenizar a los grupos humanos de los espacios estudiados, buscando que los mismos se identificaran con el nuevo estado-nación. Junto a ellos, los trabajos inscritos en esta corriente han progresado en el estudio de la relación entre las comunidades del interior y las fiestas de matriz cristiano-romana de raigambre colonial. Junto a lo mencionado, además, se han desarrollado trabajos sobre la constitución, origen y significado de la Fiesta de la Virgen de la Tirana, asociada en estos años a bailes de matriz andina y pampina.
1 Van Kessel, Juan, El desierto canta a María. Bailes chinos en los santuarios marianos del norte grande (Santiago, 1970). Van Kessel, Juan, La Iglesia Católica y los aymara (Santiago, 1989). Van Kessel, Juan, Holocausto al Progreso (La Paz, 1992). Uribe, Juan, Fiesta Tirana de Tarapacá (Valparaíso, 1968). Koster, Piet, Religiosidad Popular en el norte de Chile, en CIS. 18 (1986), pp. 15-45. Tudela, Patricio, Transformaciones religiosas y desintegración de la comunidad aymara tradicional en el norte de Chile (Bonn, 1992). Núñez, Lautaro, La Tirana del Tamarugal: del misterio al sacramento (Antofagasta, 1989). González, Sergio, La presencia indígena en el enclave salitrero: una reflexión en torno a la Fiesta de la Tirana, en RCH. 38 (2006), pp. 35-49. García, Pablo, Fiesta de la Tirana en el contexto del Centenario del 1910: mito y consolidación temprana de su origen y prestigio en RCS. 23 (2009), pp. 23-57. Díaz, Alberto, En la pampa los diablos andan sueltos. Demonios danzantes de la fiesta del Santuario de la Tirana, en RMCH Año LXV (2011) 216, pp. 5897. Díaz, Alberto y Lamas, Paulo, Al compás de un danzar telúrico. Pampinos e indígenas en la Fiesta de la Virgen de la Tirana, 1900-1950, en González, Sergio (compilador), La Sociedad del Salitre. Protagonistas, migraciones, cultura urbana y espacio públicos (Santiago 2013).
La segundo corriente2 ha centrado sus trabajos en el estudio sobre el catolicismo del puerto de Iquique, donde se habría establecido un incipiente y creciente cristianismo social tarapaqueño en que figuras como Martín Rucker, Daniel Merino y José María Caro tuvieron un rol protagónico. Con dichas figuras la Iglesia local habría dejado el primado de los temas en contra del laicismo de origen masónico –debates predominantes durante el siglo XIX, corriente con fuerte presencia en puertos nortinos–, pasando a desarrollar un pensamiento más marcado por la cuestión social, sobre todo a partir de la crisis económica del norte de Chile gestada por el fin del siglo de expansión basado en la explotación del salitre.
En los últimos años ha surgido una tercera corriente3, a la luz de trabajos que se han desarrollado sobre la base de un amplio corpus documental presente en el Obispado de Iquique, escasamente estudiado por las corrientes arriba presentadas. Esta última vertiente de estudios ha minimizado el rol chilenizador, si es que lo tuvo, de la Iglesia católica, demostrando que su acción central en
2 García, Pablo, El pensamiento y desarrollo de la cuestión social en la Iglesia de Iquique 1900-1933, en RHR.1 (2001), pp. 14-28. Michel, José, La huelga de jornaleros de Iquique y la participación del presbítero Don Daniel Merino Benítez, 1916, en AHÍ. 10 (1989), pp. 14-28. Castro, Luis, La cuestión social y la Iglesia católica de Tarapacá: una visión a través del semanario “Las Cuestiones Sociales” (1921-1927), en REH. 1 (2002), pp. 13-53. Castro, Luis. La cuestión social y la visión de la Iglesia católica a través del semanario “Las cuestiones sociales” (1921-1927), en RCS. 15 (2005), pp. 66-89. González, Sergio, El dios cautivo: las Ligas Patrióticas en la chilenización compulsiva de Tarapacá (1910-1922), (Santiago, 2004). León, Marco Antonio, Martín Rücker Sotomayor y el vicariato apostólico de Tarapacá. En AHI. 16 (1988), pp. 54-72.
3 Figueroa, Carolina, Las contradicciones del culto en la Parroquia de Tarapacá (1880-1897): articulando la devoción, en RHSM. 12 (2009) 2, pp. 147-168. Figueroa, Carolina, La genética como discurso político: la escuela rural y la transformación del indígena (Tarapacá 1880-1910), en RNA. 4 (2010), pp. 75-98. Figueroa, Carolina, Cartografiando el progreso: espacio de civilización y barbarie en la Provincia de Tarapacá Norte de Chile (1825-1884), en RSN XV (2011), 370 pp. 5-23 (http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-370.htm). Figueroa, Carolina - Silva, Benjamín, Documentos para la Historia regional. Visitas pastorales de las parroquias de la Provincia de Tarapacá (1922-1926). José María Caro R. Obispo de Milas y Vicario Apostólico de Tarapacá (Santiago, 2008). Figueroa, Carolina - Silva, Benjamín. Documentos para la historia regional. Luis Friedrich y su acción clerical, rearticulando la memoria e identidad del pueblo de San Andrés de Pica (1898-1925) (Valparaíso, 2010). Silva, Benjamín, Evangelizando Tarapacá: iglesia regional bajo los ojos del José María Caro. 1911- 1926, en AHI. 27 (2009), pp. 135-148. Silva, Benjamín, Registros sobre la infancia. Una mirada desde la escuela primaria y sus actores. Tarapacá Norte de Chile 1880-1922, en RHSM. 13 (2009) 2, pp. 121-147. Silva, Benjamín, Reflexiones historiográficas el vicariato apostólico de Tarapacá, Norte de Chile 1882-1927, en AHI. 28 (2010), pp. 179-194. Silva, Benjamín, Voces de Maestras Primarias en la Provincia de Tarapacá. Las silenciadas críticas al sistema de Instrucción Pública. Norte de Chile 1880-1900, en CI. 14 (2010) 8, pp.73-86. Ríos, Pamela El discurso de protección sobre la infancia: una mirada a través del periódico El Tarapacá 19101920, memoria de Grado y Título, Universidad Andrés Bello (Viña del Mar, 2011). Catalán, Fernanda, ¿Instruir o educar a la infancia? La visión católica de la educación tarapaqueña a través del semanario La Luz 1912-1926, memoria de Grado y Título, Universidad Andrés Bello (Viña del Mar, 2011). Figueroa, Carolina, Desde Camilo Ortúzar a Guillermo Juan Carter. La instauración de una iglesia moderna o la ocupación moral del territorio tarapaqueño, 1882-1906, en González, Sergio (compilador), La Sociedad del Salitre. Protagonistas, migraciones, cultura urbana y espacio públicos (Santiago 2013). Silva, Benjamín - Ríos, Pamela, Infancia regional como fuente de debate político laico. Registro desde el diario ‘El Tarapacá’ (Provincia de Tarapacá, Norte de Chile, 1910-1920), en AHI. 30 (2012), pp. 120-140.
el Norte de Chile fue evangelizar a los y las habitantes de las áridas tierras tarapaqueñas. En estos heterogéneos procesos de reevangelización fue central el rol jugado por clérigos y laicos en cuanto a promoción de la escolarización infantil, defensa de la infancia popular ante la cuestión social, debates con las ideologías obreras, controversias y encuentros con las heterogéneas masonerías locales, promoción de las mujeres como evangelizadoras, amparo de las minorías nacionales atacadas por la ligas patrióticas, defensa de los recursos naturales de las y los tarapaqueños.
El presente trabajo se inserta dentro de esta última corriente de estudios. Nuestra idea preliminar es analizar el estudio de la Iglesia Católica en un espacio específico como lo fue la pampa salitrera entre los años 1917 y 1926. Como hipótesis de trabajo inicial postulamos que los agentes pastorales católicos –léase clero, integrantes de cofradías, catequistas y Vicario Apostólico– buscaron, sin gran éxito, re-evangelizar a los habitantes pampinos, buscando incidir en su comportamiento cotidiano que, según sus cánones, distaba mucho de los modos de vida “correctos”, levantándose la pampa salitrera como frontera extrema para la expansión de esta nueva fe, territorio marcado como un espacio de caos, desorden moral, explotación y vicios.
En este sentido, entenderemos como espacio de frontera aquellas “prácticas culturales móviles, vale decir espacios cambiantes intermediarios entre espacios físicos que ellos conectan”. De esta forma, el mundo fronterizo, para el agente externo o que se entiende como externo a él, corresponde a aquellos lugares “extraños”, como ha trabajado Nestor García Canclini4. Lo propio y lo ajeno se entienden así como la amenaza que representan los espacios fronterizos, el peligro de la diversidad temida a la cual se busca o intenta, sin gran convicción, cambiar, lo que para nuestro estudio entendemos como re-evangelizar. Debido al tipo de territorio, la pampa tarapaqueña, marcada por la cuestión social, la industria salitrera y las contradicciones que dichas variables generaron en Chile, fue vista por los agentes que se definían como católicos como un territorio de la maldad, de la amenaza, donde las grandes mayorías, con sus problemáticas y características, eran vistas como un peligro, una diversidad incompresible.
Como primera arista de aproximación a nuestro tema de estudio, analizaremos la búsqueda, encabezada por el Vicario Apostólico José María Caro y sus diversos agentes pastorales, por instalar en la pampa salitrera, en los años de estudio, dos herramientas que eran centrales en los procesos de evangelización de la zona central, tanto en espacios urbanos como rurales: las cofradías y el catecismo. En términos globales, ambas eran propuestas reiteradamente lanzadas al conjunto de la población pampina en medio del rechazo y la indiferencia de sus habitantes, sobre todo los hombres, los cuales se manifestaron muy hostiles al clericalismo dominante en los agentes pastorales católicos.
En este sentido, para desarrollar el tema de las cofradías nos parece pertinente reseñar la si-
4 García Canclini, Néstor, Culturas Híbricas (México, 1990).
guiente cita, extraída de una visita pastoral realizada por el Vicario Apostólico José María Caro, a la parroquia de Lagunas, localidad ubicada en medio de la pampa salitrera tarapaqueña. En el registro elaborado por el presbítero, este último indicó que:
“Como no hay otras cofradías, que la de Doctrina Cristiana, recién establecida y no hay facilidad de establecer otras, a causa de la poca piedad de los fieles, procuré que las socias de dicha Cofradía se reunieran en sesión presidida por mí: les expuse el objeto, la organización e importancia de la Cofradía, animando a las socias a trabajar con interés en acrecentarla con nuevas socias y con nuevos centros catequísticos donde fuera posible. En seguida se eligieron tres personas que hicieran de Presidenta, Secretaria y Tesorera de la Cofradía, siendo elegidas respectivamente la Señora Elisa viuda de Montalva, Administradora de Correo, Señorita Bartolina Gallegillos Directora de la Escuela y la Señora Olilia de Gutiérrez, Señora del Jefe de la Estación. Les obsequié una “Vida en estampa de la Santísima Virgen” o un “Feligrés Ilustrado”, exhortándolas mucho a la práctica de la vida cristiana para que el Señor bendiga sus esfuerzos, que son una cooperación al Apostolado Cristiano. Les dejé también varios otros opúsculos para que los distribuyeran entre personas que pudieran aprovecharlos”5 .
Evidenciamos en la texto presentado, y en otros registros analizados en el desarrollo de este trabajo, la impresión de que el espacio salitrero era entendido como un territorio donde había una resistencia persistente de la población a todo lo que estuviera relacionado con el progreso y desarrollo de instituciones correctas, como eran entendidas las instituciones promovidas. La obstinación de los grupos humanos habitantes de la pampa chocaba evidentemente con el deseo de expandir y difundir dichas cofradías, sobre todo la más importante a juicio de agentes pastorales analizados para un espacio de frontera como este: la implementación de la Doctrina Cristiana, como explícitamente refiere Caro en sus palabras. En este sentido, el registro presentado deja la impresión, ratificada por un conjunto amplio de documentos de la época, de que los pueblos, villas y cantones salitreros eran entendidos como espacios hostiles para la expansión y desarrollo de la correcta fe, siendo expresada esta última por parte de una minoría humana que era evidentemente rechazada por el conjunto amplio de la población pampina. De esta forma la mayor parte de quienes vivían en el espacio salitrero eran entendidos, en palabras de Caro y otros agentes pastorales, como personas de poca fe o carentes de una adecuada piedad, evidenciando así prácticas culturales que manifestaron un claro rechazo a los planteamientos invocados por los agentes pastorales analizados en la composición del presente estudio.
Esta resistencia se manifestaba en la falta de personas preparadas o educadas para formar y vivir correctamente en la vida cristiana oficial. Entonces un mecanismo para intentar convertir o re-evangelizar, en medio de la percepción de vivir en espacios de horror, consistía en conformar grupos de apoyo que aglutinaran a las pocas personas cercanas a las directrices proclamadas por el conjunto de agentes pastorales cercanos a las líneas de acción oficiales. Estos grupos humanos en los que normalmente primaban mujeres que tuvieron familias oficialmente constituidas, debían
5 Figueroa, Carolina y Silva, Benjamín, Visitas Pastorales de las Parroquias de Tarapacá (1922-1926). (Santiago 2008), p 17.
estar encabezados por personas que dieran garantías de fidelidad, deseando vivir y comportarse de acuerdo a los ejes centrales promovidos para la adecuada vida cristiana.
De esta forma, su primera acción consistía en testimoniar que la forma de vivir promovida por los agentes pastorales era un camino posible en los espacios pampinos, pero no solo una ruta alcanzable, basada en un comportamiento correcto y acorde con los postulados promovidos, sino un camino vital que implicaba una mayor realización de la humanidad, de cada quien dejaba el comportamiento inadecuado vivido en las salitreras, siguiendo así la forma de vida cristiana. Se estableció así la promesa para estas personas de que frente a todas las dificultades, resistencias, condenas y sacrificios que implicaban la correcta forma de entender la vida cristiana, había una apuesta futura por una mayor realización de la humanidad de quienes se comprometían con esta forma de vivir. Esta apuesta por una mejor vida futura era el primer postulado de los agentes clericales para captar a un conjunto, aunque pequeño, fiel de seguidores, pero sobre todo de seguidoras –Caro, en el párrafo citado, solo incorporó mujeres–, que lograra entusiasmarse por intentar, pese a las constantes dificultades reseñadas, vivir la fe cristiana como un camino posible de realización de una humanidad plena en medio de estos espacios de horror y resistencia, como era entendido el conjunto de territorios fronterizos de la pampa salitrera.
En este sentido, una de las primeras acciones a que eran invitadas e invitados quienes conformaban estos pequeños grupos de apoyo clerical, era a combatir de forma enérgica y clara todas las formas de resistencia y franca hostilidad que existían en este espacio fronterizo, formándose así como integrantes de un verdadero apostolado cristiano, como refiere el mismo Caro en la cita reseñada. El primer y más eficaz camino de combate frente a los y las hostiles era la ruta de la oración, la cual ayudaría en primera instancia a asegurar y afianzar el verdadero deseo de la propia conversión, respondiendo así a la hostilidad de quienes se resistían al cambio, buscando ampliar el radio de acción de futuras conversiones. Por ello, en el registro presentado de Caro, se llamó a quienes han de mantenerse firmes en la oración, por ellas mismas, sus cercanos y por el conjunto de quienes habitaban el espacio fronterizo. La oración fue entendida como poderoso camino de auto conversión y evangelización del resto de los y las habitantes, siendo así vista como la primera, eficaz y sobre todo redentora obra de este grupo de adeptos y adeptas que deseaban educar y formar al conjunto de agentes pastorales consultados para elaborar este estudio.
Una segunda tarea, sumada a mantenerse fieles en la oración, era conformar una Cofradía, donde –como vemos en el registro de Caro– la vida cristiana era la central. Ello se debía a que estas agrupaciones, si eran fieles a los objetivos que las motivaban –en la visión de los agentes pastorales consultados–, ayudaban a fomentar una aproximación más verdadera y vital a la auténtica vida cristiana. Ello porque reforzaban, en su desarrollo, la integración de los principios más básicos para entender el cambio religioso buscado por los agentes pastorales, sobre todo en cuanto a la cofradía de la vida cristiana, la cual se dedicaba preferentemente a la formación de personas con mayores conocimiento sobre las ideas centrales promovidas por estos agentes pastorales, como explícitamente reseñó Caro a las personas que integraron dicha instancia, lo que queda claro en el texto recientemente citado.

En este sentido, una de las tareas relevantes de estos grupos de apoyo era lograr identificar e instruir, de la mejor forma posible, a un conjunto de catequistas. Estas personas, una vez que hubieran integrado las ideas o principios centrales suscitados por los agentes pastorales consultados, eran motivadas a dedicarse, en sus labores de fomento de su conversión, a crear nuevos grupos de seres humanos, sobre todo de niños y niñas, que desearan integrarse a esta nueva y verdadera forma de vivir el cristianismo.
Como una forma de profundizar en el rol y significado que se deseaba que conocieran los y las catequistas en estos espacios fronterizos, citamos el siguiente texto:
“Por la noche, después de hablar a los asistentes sobre su carácter de miembros de la Iglesia, a la cual pertenecemos todos los pastores y fieles, bajo la Cabeza Invisible, Jesucristo, y bajo la visible, el Papa, les recomendé el interés con que debían ayudar al Señor Cura para tener en la parroquia todas las cosas necesarias al buen servicio, mencionándoles especialmente la custodia y el palio, por falta de los cuales no se había podido hacer manifestación en honor del Santísimo Sacramento. Les hablé enseguida de la cooperación, aun pecuniaria, con que esperaba contribuyeran a la instrucción cristiana de los niños; les recordé la obligación fundamental y primaria de amar a Dios y de adorarlo, reconociéndole su soberanía y sus beneficios. Especialmente les recordé e inculqué la obligación de oír misa el Domingo o festivo. Les hablé enseguida de Nuestro Señor Jesucristo, a quien debemos reconocer como un personaje real, vivo en medio de nosotros, para con el cual tenemos inmensas deudas. Finalmente les recomendé la asistencia al Mes de María, y un amor grande a la Santísima Virgen”6 .
6 Figueroa, Carolina y Silva, Benjamín, cit (6), p 18.
Este texto fue escrito por José María Caro el año 1922 en una visita suya a la Parroquia de Lagunas XXX, localidad ubicada en pleno espacio salitrero. Una primera idea a resaltar la vemos reflejada en la en el punto referido a que todos los fieles –entendidos como los y las pocas que siguen las directrices promovidas por estos agentes pastorales, pero sobre todo las y los catequistas– conforman y deben educarse dentro del marco general de su integración a la Iglesia Católica Romana, representado aquello en la referencia al Papado. Esto implicaba que se buscaba formar a catequistas como símbolos visibles de una pertenencia y filiación mayor a una entidad más universal, que tenía como rostro visible y cabeza a Roma, la cual poseía como autoridad local al Vicario Apostólico residente en Iquique7, que en los años que abarca este estudio fue José María Caro. Esta pertenencia a una institución mayor marcó las propuestas de estos agentes pastorales, entregando así la certeza de pertenecer a un camino de vida cierto y seguro, siguiendo el cual se concretaría la promesa de una vida más plena y feliz, garantía entregada –en las visión de esos hombres y mujeres– con el desarrollo histórico de la institución a la cual pertenecían, la cual llevaba 1900 años prometiendo a sus seguidores el cumplimiento de esta promesa, vía validada para estos y estas catequistas pese a la complejidades presentes en este espacio fronterizo.
En segundo lugar, la acción cotidiana y las prácticas religiosas asociadas debían estar en la mayor unidad posible, con las directrices emanadas del cura párroco y el Vicario Apostólico. Como se ve en el registro presentado, y en los múltiples documentos consultados para la elaboración de este trabajo, se hizo un constante y reiterado llamado a aglutinar a los fieles, pero sobre todo a las y los catequistas, en una ruta de trabajo en unidad con el párroco. A este último debían ayudar para conseguir los elementos básicos para la concreción de este proceso de evangelización. En el caso presentado se habla de la ayuda pecuniaria para útiles elementales –como se refiere a la custodia y palio– sin los cuales no se podía implementar acciones pastorales primarias, como la exposición del Santísimo Sacramento. De esta forma, el grupo de personas que los y las catequistas tenían que aglutinar debía estar en comunión con lo que planteaban los curas párrocos, que a su vez debía estar en unidad de búsquedas con el Vicario Apostólico. Así se reflejaba la común pertenencia a las acciones y valores promovidos por la Iglesia Católica Universal, que como sus agentes capilares a estos y estas catequistas, los y las que buscaban así evidenciar un nuevo y distinto tipo de vida en estos espacios fronterizos, territorios marcados por los peligros y amenazas.
7 Esta unidad administrativa de derecho eclesiástico fue creada por el Vaticano en 1882, en pleno desarrollo de la Guerra del Pacífico. Esto implicó que la administración eclesiástica dejó de depender de la arquidiócesis de Arequipa, situación heredada desde el período colonial. Dicho ordenamiento se mantuvo hasta 1929, cuando se creó el Obispado de Iquique. Para más noticias sobre las implicaciones administrativas y jurídicas del Vicariato Apostólico, ver Artigas, Hernán, El Vicariato Castrense de Chile (Santiago, 1965); González, Juan Ignacio, El Vicariato Apostólico Castrense de Chile. Génesis histórica de su establecimiento De la Independencia al conflicto eclesiástico de Tacna (1810-1915) (Santiago 1996); González, Juan Ignacio, Iglesia y Fuerzas Armadas: estudio canónico y jurídico sobre la asistencia espiritual de las Fuerzas Armadas en Chile (Santiago, 1994). Matte, Joaquín, Presencia de los capellanes castrenses en la Guerra del Pacífico, en RH. 15 (1980), pp. 120-160. Matte, Joaquín, Correspondencia del capellán mayor presbítero don Florencio Fontencilla Sánchez durante la Guerra del Pacífico, en RCHG. 150 (1982), pp. 80-110.
Junto con ser símbolo de la Iglesia Católica y promover la implementación de cofradías, esta congregación de fieles, encabezada por los catequistas, tenía como misión, al igual que los párrocos, promover la implementación y expansión de los sacramentos. Estos últimos eran vistos como una herramienta muy útil y efectiva para promover el proceso de re-evangelización, en primera instancia para los propios fieles, además de convertir a los no creyentes y grupos humanos francamente hostiles. Debido a ello, se buscó sumar al bautismo, comunión y matrimonio –triada central de sacramentos principales– para encauzar y fortalecer a quienes formaban los pequeños grupos de partidarios, canalizando así sus energías en vivir experiencias ciertas de fe, como eran entendidos los sacramentos por este grupo de agentes pastorales.
Una de las preocupaciones expresadas por agentes pastorales y el Vicario Apostólico Caro, donde buscaron ser secundado por el conjunto de párrocos expandidos en la pampa salitrera –a los cuales sumaron a misioneros estivales, tanto residentes en Iquique, como venidos de la Zona Central– era poder influir en el proceso de la escolarización de los niños y niñas que habitaban este territorio fronterizo. Los agentes pastorales consultados para elaborar este trabajo evidenciaron una permanente y constante preocupación por expandir la cantidad y calidad de las escuelas primarias en los pueblos de la pampa salitrera. Había que lograr sumar a un conjunto más amplio de niñas y niños que asistieran a las instituciones educativas –privadas pagadas, estatales y particulares subvencionadas– en las que los infantes recibieran conocimientos básicos, los cuales les permitieran surgir en la vida, entendiendo así a la escolarización infantil como un proceso de promoción y justicia social.
De esta forma, un primer sector que se buscaba favorecer con esta promoción de la escolarización era el de niños y niñas que habitaban en este territorio. Ellos serán vistos como las principales víctimas de los males que marcaban –según las expresiones de los agentes pastorales consultados–a los grupos humanos localizados en la pampa salitrera. El alcoholismo, promiscuidad sexual, abusos y violencia física tenían como primer y más lamentable víctima a los niños y niñas. A ellos y ellas había que salvar de forma urgente de esta vida, la cual era vista como condenable y altamente inadecuada.
Asimismo, los propios infantes fueron vistos como la primera esperanza de cambio o transformación social, mutación que implicaba el dejar ese tipo de vida inconveniente para tomar la ruta del camino de la fe. Esta lucha por la salvación infantil, que implicaba defender –en primera instancia– a las y los niños, tuvo como medio importante la incorporación permanente y estable a la escuela primaria. Esta última institución permitía ayudar a expandir tanto los conocimientos básicos –lecto-escritura y primeras nociones de matemáticas–, además de algunos valores –obediencia, principio de autoridad, orden y respeto–, los cuales en su conjunto ayudarían a promover y cambiar a las y los infantes beneficiados. Estos últimos colaborarían con su mutación para ser agentes de transformación de las prácticas y nociones culturales del mundo adulto, que como hemos visto eran fuertemente condenadas por estos agentes pastorales.
Uno de los ejes de este proceso de promoción escolar era el rol que estos agentes pastorales le dieron a las docentes a cargo de las escuelas elementales. Para analizar esta temática presentamos un texto escrito por José María Caro en una visita pastoral a la Parroquia de Pozo Almonte, localidad ubicada en medio de la llamada pampa salitrera. En este registro, escrito en noviembre de 1922, Caro reseñó que:
“Me acompañó el Reverendo Padre Augusto O.F. N. En la estación fui recibido por el Reverendo Padre Avelino Maes, cura administrador, acompañado de varios caballeros, de la Directora de la Escuela de Señoritas Ernestina Matis con muchas de sus alumnas, y de varias señoras o señoritas. La banda del pueblo prestó también su concurso.
Después de breve demora me dirigí a la iglesia, en donde, después de dar gracias a Dios, agradecí a los presentes a los niños y banda en especial, su acogida benévola, implorando para ellos y para sus hogares las bendiciones de Dios […] Hice catecismo a los niños explicándoles la doctrina cristiana tanto en la tarde, después que despedí a los de la recepción, como en la noche, después de la comida, en que hubo asistencia de personas grandes, casi todas mujeres, como la maestra de la Escuela que con su ejemplo exhorta a sus párvulas. Los invité a todos a honrar al Santísimo Sacramento, que se expuso al final, para hacerle ese homenaje y dar bendición. La asistencia de la noche dejó muy contento al Reverendo Padre Cura […] Les pedí limosna para ayudar a las víctimas del terremoto de Atacama y Coquimbo y los invité a la reunión de la noche, y a los niños al catecismo de la tarde […] Al Catecismo de la tarde concurrió gran cantidad de niños donde expuse sus deberes con fieles cristianos con su Iglesia”8 .
En el registro presentado podemos constatar algunas ideas en las que es bueno detenerse, con las cuales podemos profundizar en el rol y relación relevante que le dieron los agentes pastorales a las docentes femeninas de las escuelas primarias, ya trabajaran en instituciones públicas o privadas, estas últimas pagadas o subvencionadas por el estado o empresas salitreras. En primer término, vemos que Caro registró a los y las adultas que fueron a recibirlo, cura párroco, misioneros, niños, niñas y señoritas, registrando especialmente el nombre de la maestra de la escuela pública, docente Ernestina Matis. Esta última estaba a cargo de la Escuela de Niñas de dicha localidad, donde se desempeñó con buenos registros escolares, representados en los resultados dejados en las actas9. La vida de dicho establecimiento se caracterizó por altos indicadores en matrícula y asistencia media10, resultados valorados por los agentes pastorales que, de esta forma, daban alta importancia al aumento de la cobertura escolar, buscando que los niños y niñas enfrentaran permanentes y constantes procesos de escolarización como un camino de cambio en las condiciones de vida y posibilidades de la infancia en estos espacios fronterizos de terror y horror.
8 Figueroa, Carolina y Silva, Benjamín, cit (6), p19-21.
9 Las actas escolares, eran los registro que dejaba la comisión examinadora de cada escuela primaria, tanto fiscal como privada. Esta acta, escrita por las autoridades locales, deja actos centrales del año y los resultados de los exámenes finales, los cuales definían la promoción o no de año escolar. Más detalles sobre este tipo de registros y su forma de entrar en las aulas escolares, ver Figueroa Silva 2006 2011 2013 2015 Silva 2010ª 2010b 2013.
10 En ambos indicadores superaba el 70% en cambio a escala nacional eran de un 50% y al nivel regional eran del 60%.
Una segunda variable, presente en el registro de Caro, fue la visualización del alto número de niñas asistentes a los distintos actos públicos que implicaban la visita a dicha localidad por parte de la máxima autoridad católica de la zona. En las distintas acciones registradas en la cita –se reseñan bienvenida, bendiciones, catecismo, recepción nocturna y exposición de Santísimo Sacramento–, además de otras realizadas durante los tres días de visita –sacramentos, revisión de cuentas, difusión de medios escritos y visita a autoridades–, se evidenciaron los altos niveles de concurrencia infantil, resultados exitosos que fueron atribuidos al adecuado símbolo que representaba la maestra Matis. Ella era entendida como un agente difusor de las ideas y prácticas que fueron entendidas por los agentes pastorales estudiados como correctas. Su reconocida, valorada y educada fe era un estímulo para que sus niñas se vincularan con la presencia del Vicario Apostólico, pero sobre todo con un compromiso significativo con la nueva forma de vida que se postulaba debían vivir los niños y niñas. Esta buena presencia, como fue entendida la labor de la maestra, era contrastada con la de docente masculino a cargo de la escuela de niños. Este último era visto como peligrosamente cercano a la masonería, entidad que en dichos años era entendida como altamente peligrosa en años previos a la separación entre Iglesia y Estado, instancia que solo se dio en la Constitución de 1925. Así, la maestra era un símbolo de esperanza y cambio social, buenas prácticas culturales, trabajo mancomunado con el párroco –como se explicitó en la cita de Caro–, instancias todas consideradas muy buenas prácticas, las cuales auguraban buenos resultados en cuanto a los cambios de vida de las niñas que asistían a su escuela.
Una tercera instancia positiva que reseñó Caro en la cita referida, la que se encuentra presente en múltiples documentos de los agentes pastorales estudiados, consistía en entender a la maestra como ejemplo positivo para las demás señoras y señoritas del pueblo de Pozo Almonte. Dicha categoría era atribuida al comportamiento de la mencionada funcionaria, ya que ella trabajaba en conjunto con el párroco, reforzando las clases de religión que este último dictaba en la mencionada escuela, además de realizar un trabajo de catequesis con sus estudiantes y otras niñas y niños. Además, daba parte de su remuneración a la Parroquia –siempre carente de fondos–, asistía a la misa dominical, practicaba los sacramentos y formaba parte del grupo de apoyo a las acciones promovidas por otros agentes pastorales. En síntesis, era vista como un símbolo de la forma de vida correcta, siendo así un ejemplo para las féminas locales, transformándose en un estímulo para que otras mujeres comenzaran a cambiar y se acercaran a la forma de vida promovida en este proceso de re-evangelización.
Finalmente, vemos en el registro de Caro –como también otros agentes pastorales reseñaron en los años de estudio– que fue alabada la gran concurrencia, tanto de adultos como de infantes, que suscitaron las acciones pastorales implementadas a raíz de la visita del Vicario Apostólico. Este éxito en el número de concurrentes, sobre todo de adultos, fue visto como un esperanzador indicio de consolidación de un grupo de personas que se conformaría como un eje de cambio para el pueblo de Pozo Almonte. En múltiples documentos de la época vemos los bajos indicadores que mostraban todas las acciones pastorales promovidas, cuestión que contrasta con lo ocurrido en Pozo Almonte. Ello fue visto como signo de esperanza de que pese a las contrariedades y proble-
mas se podía orientar un cambio social –como era entendida la reevangelización promovida– en la medida que se contara con un grupo de adultos activos y unidos al cura párroco y sus agentes pastorales oficiales.
En síntesis, el poder convencer a las maestras primarias, tanto privadas como públicas, representaba un camino y una herramienta relevantes en pos de la implementación del proceso de reevangelización postulado de forma insistente y reiterada, pese a las dificultades con que se enfrentaba, por los agentes pastorales estudiados para la confección de este trabajo. Las maestras convertidas o fieles a la correcta forma de vivir la fe cristiana eran entendidas como promotoras claves por su rol de educadoras, eventualmente de madres y de mujeres comprometidas, implicadas así en las acciones y prácticas culturales promovidas, correlato de que era posible un cambio de vida que ellas mismas simbolizaban, transformación que podía traer a este espacio fronterizo los beneficios y promesas que portaba la verdadera vida cristiana.
Una de las primeras gestiones que hizo el Vicario Apostólico José María Caro, desde su arribo a Iquique a mediados de 1911, fue conversar con diversas personas conocidas y respetadas de la provincia nortina, además de pedir ayuda a diversos amigos y conocidos de la zona central, gestiones desarrolladas con la meta de poder implementar una publicación periódica a través de la cual expresar, en medio de un escenario en que la prensa parecía hostil a su causa, las ideas, principios y acciones con las que se identificó, las cuales entendemos en el contexto de un proceso de reevangelización de los espacios fronterizos que analizamos. Con dicha obra Caro buscó expandir y promover, dentro de la población local, sus nociones sobre el catolicismo adecuado para este territorio, el cual distaba bastante de las prácticas pastorales y acciones cotidianas que observó entre los diversos grupos humanos localizados en la pampa salitrera.
Para lograr este fin, estuvo más de un año recolectando los fondos necesarios –siempre dijo que eran insuficiente– para poder dar vida y sostener en el tiempo una publicación que difundiera el verdadero catolicismo. A esta publicación la llamó La Luz, ya que entendía que Tarapacá era un espacio fronterizo marcado por múltiples oscuridades, como él calificaba a los diversos grupos humanos que habitaban el territorio analizado. Debido a lo antes mencionado, hemos decidido detenernos en los contenidos centrales del primer editorial que tuvo este semanario, publicada el 3 de noviembre de 1912. En dicho apartado se expresó una motivación para implementar La Luz, situación reseñada en los siguientes términos: “La necesidad de una publicación, aunque pequeña, que defienda la Religión Católica en esta Provincia, hace tiempo que es muy sentida entre los católicos que aman su Religión”11
Como vemos presente en las iniciales palabras de este editorial, en primer término esta publicación buscó expresarse al grupo de personas identificadas con las directrices centrales del Vicario
11 La Luz, 3 de noviembre de 1912, Número 1, p. 1.
Apostólico. Advertimos cómo para Caro y sus principales colaboradores, quienes dieron vida a los significativos textos aparecidos en La Luz, era extremadamente necesario poder aglutinar y dar voz pública al conjunto de hombres y mujeres que se reconocían pertenecientes y empáticos con su visión sobre el cristianismo romano, la cual fue entendida como la única forma de comprender, vivir y pertenecer al catolicismo.
En la cita presentada y los contenidos de La luz notamos un claro deseo de educar a las mismas personas que se identificaban con el Vicario Apostólico, buscando ayudarlas, por medio de la lectura de los textos aparecidos en La luz, para que conocieran y profundizaran de mejor forma en cuanto a las principales aristas sobre cómo la autoridad eclesiástica entendía el cristianismo de vertiente romana. En consecuencia, creían que era necesario dar voz pública a estos sujetos junto con educarlos, intentando orientarlos en los criterios emanados desde las autoridades eclesiásticas locales. De esta forma, los primeros y más importantes destinatarios de esta publicación fueron los mismos partidarios, dentro de los cuales destacan: catequistas, integrantes de cofradías y maestras primarias como las referidas en los apartados anteriores.
Por esta vía, estos cristianos amigos o leales serían los primeros destinatarios de esta publicación, cuyos contenidos buscaban transformarlos en promotores e irradiadores de las directrices y prácticas pastorales promovidas por La Luz. En consecuencia, podemos postular que una de las primaras funciones de esta publicación fue evangelizar y representar justamente a quienes se identificaban con las formas y prácticas promovidas por el Vicario Apostólico con sus representantes más próximos, entre los cuales debían ser protagonistas aquellos de quienes hemos hablado más arriba.
Asimismo, para quienes sostenían esta publicación, que era gratuita y se debía repartir en la totalidad de las parroquias locales a la salida de las misas dominicales, existió una percepción sobre el catolicismo que ellos promovían que podía y debía levantarse como una respuesta frente a las problemáticas cotidianas con las que convivían los habitantes de este territorio12. En este sentido, postularon, con el propio nombre de la publicación, que su visión sobre dichas creencias era una luz de esperanza para la atribulada población local, marcada por la crisis del rentismo salitrero13 que en los años de estudio comenzó a generar serias problemas que evidenciaron las relevantes desigualdades presentes en un entorno que ostentaba inmensa riqueza asociada a la producción salitrera, pero grandes focos de clara desigualdad y pobreza.
En este sentido, nos parece útil citar un segundo extracto del mencionado primer editorial, donde se reseñó que:
“Esta hojita se llamará La Luz, porque sus pretensiones son hacer conocer a Jesucristo Luz y Maestro de la Humanidad, exponer sus doctrinas, ignoradas por algunos, mal comprendidas por otros, y dar a
12 Sobre las atribuladas condiciones de vida de las y los habitantes de la pampa, ver González, Sergio, Hombres y mujeres de la pampa (Santiago, 2002).
13 Sobre la crisis del llamado rentismo salitrero, ver Castro, Luis, Regionalismo y desarrollo regional: debate público, proyectos económicos y actores locales (Tarapacá 1880-1930) (Viña de Mar, 2005).
conocer la obra que ha realizado a favor de la civilización y el bienestar moral de los pueblos.
Con el mismo amor sincero y profundo con que amamos a todos los hombres, cualesquiera que sean sus opiniones, lamentamos sus extravíos y errores. Jamás nos apartaremos de este criterio. Los que odian y ofenden nuestra religión pueden estar seguros de que fuera del amor de la verdad, al contradecirles, no nos mueve más que el de su propio bien y el de todos sus lectores. No usaremos, pues, jamás la ofensa, que solo es arma para el que no tiene razones”14 .
En el apartado citado vemos expresado un segundo gran objetivo de esta publicación: La Luz era entendida como un arma para combatir a los hombres y mujeres, pero sobre todo sus prácticas culturales enemigas del catolicismo. El criterio citado para que Caro y sus agentes pastorales afines identificaran opositores a la correcta fe estaba determinado por el hecho de que los mismos no compartían, por rechazo o indiferencia, los aspectos centrales del dogma cristiano que se postulaba comunicar en el nuevo proceso de re-evangelización.
A juicio de los sostenedores de este semanario, estos errores y extravíos que contenían los odios y ofensas que La Iglesia recibía cotidianamente representaban las más graves amenazas para quienes se identificaban con la correcta forma de vivir la fe. Debido a ello, y casi como una lógica consecuencia, La luz buscó darle vida y expresión pública a aquellas ideas verdaderas que ayudarían a identificar a la población local con la obra civilizadora que debía proyectar la Iglesia en tierras nortinas.
Pero, ¿por qué usar la prensa para impulsar esta campaña de defensa de cómo debía entenderse el cristianismo romano? Con ello no solo se buscaba proteger y educar a los adeptos y convertir a los opositores, como queda claro en la siguiente cita:
“No puede ser de otra manera: si la Religión es combatida por la prensa, el arma más poderosa con que cuentan las doctrinas, es justo que con ellas se defienda. El derecho de defensa es sagrado hasta para los criminales y usaremos, pues, de ese derecho, que es de nosotros un deber […] Las ofensas a la Religión no solo nos hieren en lo más sagrado de nuestros sentimientos, sino que ofenden a nuestros honores, a nuestros mayores, a los Padres de la Patria misma; puesto que en nuestra Constitución, como nuestra historia, tanto las tradiciones de familia, como la gran tradición nacional, miran la Religión como su ornamento más preclaro. Y si nuestra Patria querida puede gloriarse de la sabiduría de su Constitución, de la grandeza de sus glorias y progresos y de la respetabilidad de su nombre entre las naciones civilizadas, no hay que olvidar que el alma nacional ha sido y es profundamente religiosa. A la vez que la obra religiosa realizaremos, pues, una obra de amor patrio […] Los católicos deben mirar esta hojita como cosa propia, deben tener interés por difundirla y ayudarla. Después de la bendición de Dios, con el fervor de los católicos prosperará. Ella les llevará la voz de aliento, de amor y confraternidad del Vicario y del Clero de este Vicariato. La Luz debe entrar en todos los hogares; su lectura será bendecida por todos; para nadie ofensiva o perjudicial”15 .
14 La Luz, 3 de noviembre de 1912, Número 1, p.1.
15 Ibíd.
En el largo apartado citado vemos las ideas y acciones que se buscó promover en los espacios fronterizos de la pampa salitrera. Expresaremos estas ideas a modo de pequeñas síntesis, ya que La luz, durante sus 14 años de vida –entre los años 1912 y 1926–, debe ser fruto de una publicación más extensa, texto al cual estamos abocados y que esperamos salga publicado el año 2017.
En primer lugar, vemos que esta publicación fue entendida como una herramienta para combatir a la prensa local, un espacio privilegiado en que se difundían las ideas y principios de los enemigos. Tanto Caro como los agentes pastorales que los seguían entendían el conjunto de diarios y revistas que se difundían en Iquique y la pampa salitrera, tanto de inspiración laica-masónica como de orientación obrera –anarquista, socialista, demócrata y comunista–, como escritos que expresaban un conjunto de mentiras, tanto sobre la Iglesia como la Humanidad misma. En este sentido, entendieron a La Luz como una relevante arma para expresar lo que consideraron el legítimo derecho a defensa frente a lo que veían como constantes ataques hacia sus ideas, principios, acciones y prácticas culturales. Así vemos como todo lo vivido y expresado por la población local, que leía los diarios enemigos, era entendido como un espacio de debate y una oportunidad para volver a convertir a estos hijos e hijas descarriados por la prensa de los enemigos.
Un segundo tema que marcó el desarrollo de La Luz durante sus años de vida, y que se evidencia en el editorial de La Luz fundadora que comentamos, fue la defensa de la tradición católica de Chile. Esta última, como se ve en el registro presentado, estuvo expresada en las diversas constituciones de Chile. De esta forma, Caro y sus agentes pastorales se veían y entendían como los verdaderos representantes de las tradiciones políticas de Chile, las cuales veían identificadas con la Iglesia encabezada por Roma. Por ello cuestionaron a aquellas personas que buscaban, con sus ideas y principios, cambiarle el rostro católico a Chile. Es interesante, a este respecto, reseñar que no se cuestionan dos ámbitos culturales heterogéneos, como eran el cristianismo protestante16 y religiosidad andina colonial. Ambos, con matices divergentes de Roma, no formaban parte de los enemigos, ya que finalmente de forma polifónica defendían a Cristo como eje de sus vidas. Si bien esta última temática requiere un estudio más profundo, al cual también estamos abocados, en este espacio lo indicamos como una arista relevante de mencionar.
Un tercer objetivo de La Luz era, en la visión de estos agentes pastorales, ser un poderoso instrumento para que los partidarios evangelizaran a los enemigos, compartiendo con estos los contenidos de la publicación semanal para propiciar debates en torno a sus ideas. De esta forma, La Luz era pensada como un espacio de encuentro y debate con otros, espacio que solo podría lograrse si los partidarios de Caro y sus agentes tomaban un rol activo y dinámico como promotores de los contenidos de esta publicación para así combatir y convertir a los múltiples enemigos que existían en este espacio fronterizo. De esta forma la existencia de La Luz era una invitación para sacar a los y las católicas a las calles, plazas y espacios públicos para que difundieran esta publicación y las ideas que en ella se expresaban, de la misma forma con la que los enemigos
16 Sobre esta temática ver Gaete, Daniela y Montecinos, Carolina, Historia del cristianismo Tomo II (Viña del Mar, 2015), pp. 20-35.
difundían sus ideas. Se buscaba así darle un nuevo rol protagónico a los hombres y mujeres que se identificaban con la forma de vivir la fe romana, de modo que fueran ellos activos y propositivos difusores de las ideas y conceptos promovidos, buscando así expandir una luz de verdad en medio de los espacios de tinieblas, como era entendido este territorio fronterizo.
Finalmente un cuarto objetivo presente en la cita previamente expuesta, vigente en todos los años de vida de este semanario, fue entender a La Luz como mecanismo de arribo para el Vicario y agentes pastorales en los espacios de la vida privada y familiar. Había una noción muy fuertemente defendida en esta publicación en torno a que la familia, entendida como el núcleo padre-madre-hijos en torno al matrimonio, era central en la constitución de la sociedad, unidad base para el correcto desarrollo social. De esta forma, La Luz era una herramienta para llegar a familias educadamente constituidas, de modo de mantenerlas firmes en la verdadera fe, amenazada en estos espacios por múltiples enemigos, de modo que fueran ellas, como ejemplo de vida correctamente vivida, las que contagiaran con su alegría y esperanza a quienes se encontraran descarriados en la vida.
En este último apartado expondremos un conjunto de ideas y nociones que surgen del trabajo en torno a este estudio que esperamos retomar en futuras publicaciones. En primer término, creemos que la hipótesis de este trabajo queda confirmada. Es decir, los agentes pastorales católicos –léase clero, integrantes de cofradías, catequistas y Vicario Apostólico– buscaron, sin gran éxito, re-evangelizar a los habitantes pampinos, buscando incidir en su comportamiento cotidiano que, según sus cánones, se hallaba muy distante de los modos de vida correctos, levantándose la pampa salitrera como frontera extrema para la expansión de esta nueva fe, territorio marcado como un espacio de caos, desorden moral, explotación y vicios.
A partir de dicha sugerencia interpretativa, entendemos que las tres variables analizadas –cofradías y catequistas, maestras primarias y La Luz– reflejaron tres instrumentos claros y definidos de lo que nosotros llamamos proceso de re-evangelización de este espacio fronterizo. De esta forma, los males y críticas que evidenció la población tarapaqueña eran entendidos como amenazas por los agentes pastorales, los cuales en todo vieron más oscuridad que luces, a partir de lo cual se condenó el comportamiento y prácticas culturales de los habitantes de este espacio fronterizo que corresponde a la pampa salitrera, donde la alteridad de la formas, como dice García Canclini17, era sobre dimensionada por ser parte de este espacio en el que todo era condenado.
Este texto nos deja algunas ideas que nos parece interesante reseñar. En primer término, referimos que en todo este proceso de re-evangelización la relevancia de la Iglesia como agente chilenizador, si alguna vez la tuvo, queda completamente minimizada, dejando de lado a nuestro
17 García Canclini, Néstor, cit (6)
juicio aquellas interpretaciones que han sobredimensionado el rol nacionalizador y chilenizador de la Iglesia católica.
Otro tema, brevemente reseñado en el tercer apartado de este texto, es que en la condena de los múltiples enemigos que Caro y sus seguidores ven en estos espacios de frontera, no se encuentran los indígenas y su religiosidad andina colonial ni los grupos protestantes o cristianos disidentes, como se refieren en la época. Ambos grupos existieron, existe bibliografía que los ha estudiado, pero simplemente no son vistos como una amenaza en el espacio pampino. Podemos postular que los enemigos en los espacios fronterizos son aquellos que con su poder y acción amenazan los discursos hegemónicos que se intentan imponer en este proceso de re-evangelización. Protestantes e indígenas no eran vistos como amenazas, entonces, ya que no cuestionaron la construcción hegemónica que implicaba el proceso de re-evangelización, pese a representar prácticas culturales opuestas a las promovidas. El debate no se da entre religiosidad popular y discursos hegemónicos, ya que protestantes e indígenas serían parte de la religiosidad popular. La categoría de amenaza o enemigo, en este espacio fronterizo, está dada en relación con un discurso que se levanta como una oposición a la construcción de hegemonía, en este caso por parte de estos agentes pastorales, compartiendo y aceptando discursos diversos que no cuestionan la construcción hegemónica.
Finalmente, este texto deja, de forma intencional, espacios para desarrollar otros estudios. ¿Cuál fue el rol de estos agentes pastorales en la escolarización infantil? ¿Qué relación tuvieron los protagonistas de este texto con los grupos indígenas, de ascendencia aymara, además de peruanos y bolivianos, sobre todo en cuanto a la existencia de las Ligas Patrióticas? ¿Cómo fueron vistas las ideologías obreras? ¿Cómo avanzó o retrocedió este proceso de re-evangelización? ¿Cómo fue entendida la cuestión social? Estas y otras interrogantes las dejamos planteadas a la espera de ser respondidas en otras instancias para que otras y otros investigadores se animen a estudiarlas. Para terminar, quisiéramos decir que este proceso de re-evangelización que postularon Caro y sus seguidores puede ser entendido como un anticipo del juicio levantado en los años cuarenta por el Padre Hurtado en torno a reseñar las fragilidades culturales del catolicismo romano del siglo XX. En este sentido, podemos entender a Tarapacá como un espacio embrionario en que surgen problemáticas vividas y respuestas propuestas por parte del catolicismo en el resto del territorio chileno. Asimismo, el norte de Chile, con su amplia heterogeneidad y riqueza cultural, puede ser visto como un espacio que anticipó procesos de cambio y resistencia que vivió la Iglesia católica en el resto de Chile en años posteriores a los estudiados en este trabajo.

Juan Escobar, Doctor en Teología, Profesor de la Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Academia de Historia Religiosa de Valparaíso. juan. escobar@pucv.cl.
David Toledo, Profesor, autor de varios libros sobre historia religiosa de Valparaíso; Academia de Historia Religiosa de Valparaíso. toledo.dot@gmail.com.
Entre las numerosas personalidades que se han destacado en esta Iglesia Particular de Valparaíso, con el aporte de sus conocimientos, su personal carisma, pero por sobre todo su profundo e inquebrantable espíritu pastoral, recordamos a monseñor Jaime Fernández Sanfuentes. Su abnegado y humilde espíritu de servicio en la caridad, quedó de manifiesto a través de la asistencia pastoral a siete obispos, desde don Rafael Lira Infante hasta el actual, don Gonzalo Duarte García de Cortázar.
Variados fueron los frentes que cubrió con incomparable voluntad, gran capacidad y proverbial simpatía. La atención parroquial, la gestión educacional, la vocacional religiosa, el servicio pastoral diocesano y, por circunstancias y deber apologético, el enfrentamiento político, cuando formó equipo en la defensa de los derechos de los niños y la libertad de enseñanza. No tuvo prejuicios ni respeto humano cuando se trató de manifestar a Jesucristo y su Evangelio frente a filosofías adversas. Sus votos sacerdotales los cauteló con entereza inquebrantable y plena vocación.
Poseedor de una memoria privilegiada, un estilo de conversación amena y chispeante con una forma rápida, casi precipitada, refería hechos, testimonios, anécdotas y descripciones vivificantes que su vasta cultura le permitían iluminar, constituyendo un insoslayable centro de atención de sus interlocutores ya fuera a nivel de niños, jóvenes, adultos; gente de modesta formación o las más destacadas autoridades, como Presidentes de la República o el propio Papa Juan Pablo Segundo quien le instó a imitar a su prima Santa Teresa de Los Andes. Fue un trabajador perseverante, incansable, fecundo, que privilegió su voto de obediencia religiosa hasta el agotamiento. Nunca dijo “no puedo, no quiero o no tengo tiempo”. Humilde en sus actos, mesurado ante el error ajeno, sólo le impacientaba la negligencia en el servicio de Dios.
Tres grandes intereses tuvo el padre Jaime durante su vida sacerdotal: Las Obras Misionales Pontificias de la que fue director diocesano por largos años, en la cual tiene un papel preponderante la Infancia Misionera que agrupa a centenares de niños de toda la diócesis. Otra inquietud
de suma importancia fueron las vocaciones sacerdotales y religiosas a las que dedicó toda su capacidad intelectual, su fuerza espiritual y sus oraciones. Y, en tercer lugar, la devoción a Santa Teresa de Los Andes, su hermana, proyectándose en la asistencia espiritual al grupo familiar que la sobrevivió en particular a sus otros primos.
Fue un servidor fiel, leal y humilde, porque entendía que todo acto cristiano es, o debe ser, convergente con Dios. Por eso manifestó: “Estoy muy contento, muy agradecido del Señor, por lo que me ha dado y por lo que me ha permitido hacer. Ha sido muy grato para mí también haber contado con el apoyo de mis obispos (…); he tratado de responder a esa confianza”1
Don Jaime Fernández Sanfuentes nació en Quillota el 23 de julio de 1923, en el hogar de una distinguida y numerosa familia privilegiada en el espíritu por la fe religiosa y la caridad cristiana. Sus padres fueron don Vicente Fernández Jaraquemada y doña Marta Sanfuentes Echeñique quienes procrearon seis hijos: cinco varones y una dama. Criado en los principios católicos, a los siete años ingresó al Instituto Rafael Ariztía de los Hermanos Maristas en Quillota donde cursó hasta el 6° Año de Humanidades, hoy 4° Medio.
Durante su adolescencia tuvo la oportunidad de incorporarse a la JEC, Juventud Estudiantil Católica, que dirigía el sacerdote José Luis Lizana Caro. En esta actividad que tenía su énfasis en el compromiso cristiano y el servicio social, don Jaime profundizó la responsabilidad que implica definirse seguidor de Cristo. Participó en jornadas y retiros espirituales que predicaba, entre otros, el padre Alberto Hurtado Cruchaga en la Casa de Ejercicios jesuita en Santiago. En este entusiasmo juvenil participó en la organización de una escuela nocturna para obreros en la que ejerció como profesor y luego, director. El recordaría más tarde: “La pobreza de esas personas y las necesidades que vi en ellos me impulsaron a incorporarme al clero diocesano”2 En efecto estas vivencias lo llevaron a escuchar el llamado del Señor, discerniendo su vocación sacerdotal. En este proceso solicitó al propio padre Hurtado que fuera su director espiritual.
El recordará esas vivencias en otro testimonio: “Mientras estudiaba las preparatorias quise ser Hermano Marista, pero en mi familia no me dieron permiso. Lloré mucho por este rechazo, pero mi hermana me consoló: Si quieres servir al Señor ¿por qué no eres sacerdote? Es la forma más sublime de servirlo en la Eucaristía.” Y me quedé pensándolo3. (Más tarde) pensé en estudiar medicina, y estuve probándome, porque me gustaba sobre todo la neurología. Sin embargo, durante mis humanidades y a través del contacto y dirección espiritual que recibí del padre Alberto Hurtado, reapareció mi vocación sacerdotal”4.
1 Revista Lux, SSR (1985), p. 4.
2 Ibid. p. 4.
3 Radio Stella Maris, Prog. Vidas Ejemplares, 2011.
4 Revista Lux, SSR (1985), p. 4.
A. Un Sacerdote Pobre.
Una vez madurada su decisión, se la comunicó a sus padres quienes ya habían apreciado las inequívocas señales de su hijo. Su padre le aconsejó: “Si vas a ser sacerdote debes ser un sacerdote pobre, para servir a los pobres”5
Porque lo hicieron crecer en la sencillez y la humildad él afirmaría después:
“El espíritu religioso de pobreza y desprendimiento de los bienes materiales que me heredaron mis padres, se fue uniendo con el llamado que me hacia el Señor al sacerdocio. Vi tanta pobreza espiritual que sentí un deber ayudar a otros a encontrar la felicidad que yo había hallado”6
En marzo de 1942 ingresó al Pontificio Seminario Mayor de los Santos Ángeles Custodios de Santiago donde su director espiritual fue don Emilio Tagle Covarrubias quien luego sería su rector y, en el devenir de los años, su obispo en Valparaíso. El 23 de septiembre de 1950 fue ordenado sacerdote en la recién inaugurada Catedral de Valparaíso por el obispo Rafael Lira Infante quien lo destinó al Seminario Menor de cerro Alegre donde ejerció como profesor e inspector.
El 3 de abril de 1957 fue nombrado párroco de la Purificación de Nuestra Señora, de Algarrobo donde se integró con gran cariño y dedicación no sólo en el plano pastoral sino que también en variadas esferas sociales como la cooperativa de pescadores, la escuela y hasta en la propia alcaldía, aportando sus iniciativas en la perspectiva solidaria con los más necesitados. Estas actividades le fueron configurando su carácter sacerdotal. Don Jaime lo definiría así: “La parroquia es la forma más acabada de expresar el sacerdocio, por el contacto directo que se tiene con la gente”7
Sin embargo, tres años más tarde debió abandonar la parroquia por orden superior para asumir la rectoría del Seminario San Rafael.
“Una efervescente protesta provocó la noticia entre los feligreses de Algarrobo. Desde los más humildes trabajadores de la pesca artesanal hasta las autoridades edilicias reaccionaron alteradamente, trasladándose en caravana a expresar su protesta ante el prelado y pedirle el revocamiento de su decisión. Pero la iglesia diocesana necesitaba con urgencia recuperar el Seminario, y el obispo fue firme en su determinación”8
B. Formador de Juventudes.
Con fecha 26 de julio de 1960 el entonces obispo Raúl Silva Henríquez lo nombró rector del Seminario San Rafael en sucesión de monseñor José Ángel Azócar. La economía del colegio Seminario era precaria, con muchos compromisos y escasos ingresos debido a un déficit de matrícula;
5 Radio Stella Maris, programa Vidas Ejemplares, año 2012
6 Revista Lux, SSR, (1975), p. 13.
7 Toledo, David, 125 años de educación, amor y fe (Valparaíso, 1996), p. 187.
8 Revista Lux, SSR (1985), p. 5.
don Jaime recibía un plantel de 198 alumnos y un exceso de becados. Por otra parte, el edificio mostraba un serio deterioro, todo lo cual plasmaba un panorama desalentador.
Provisto de su mejor ánimo y con plena confianza en el Espíritu Santo, don Jaime emprendió la enorme tarea; tenía entonces 37 años de edad y diez de sacerdocio. Al año siguiente, 1961, el obispo Silva dispuso el cierre del Seminario Menor de cerro Alegre incorporando a sus alumnos al colegio de la avenida Santa Elena. El padre Jaime asumió este nuevo compromiso, reabriendo el internado y el medio pupilaje.
Se inició una primera etapa de promoción publicitaria para aumentar el alumnado; se creó el Centro General de Padres y Apoderados; se estableció un estamento directivo, nombrando ministros laicos para niveles de preparatoria (Enseñanza Básica) y humanidades (Enseñanza Media); aumentaron los profesores de asignatura laicos y se formó el Consejo de Profesores Jefes. Por otra parte se crearon las actividades extra-programáticas donde el deporte, el teatro y el scoutismo recuperaron su rol destacado.
Pero don Jaime no quedó conforme sólo como rector del Seminario, con su proyecto de reformas incorporó al Seminario a la Fide Secundaria (Federación de Colegios Particulares Católicos) que presta asistencia jurídica y asesoría técnica a los establecimientos de Iglesia. Durante largos años ejerció la presidencia de este organismo en Valparaíso, logrando afianzar fuertes lazos de unión entre todos los colegios de la diócesis.
En el segundo semestre de 1961, al asumir el obispo Emilio Tagle Covarrubias, don Jaime Fernández fue autorizado para reintegrarse a la parroquia de Algarrobo en tiempo compartido con la rectoría del colegio lo que provocó una gran alegría en la comunidad del balneario. Al mismo tiempo debió hacerse cargo del Oficio Diocesano de Educación Católica, hoy Fundación Odec. Desde este nuevo cargo debió recuperar y fortalecer a una veintena de escuelas que se encontraban debilitadas en su institucionalidad por fallas en su administración escolar y financiera.
Otra destacada gestión que le correspondió realizar desde esta tribuna fue la proyección y puesta en marcha de la Escuela Normal Católica de Valparaíso para lo cual se suscribió un convenio con la Universidad Católica. Es importante señalar que esa fue la génesis de la actual escuela de Pedagogía de la universidad.
C. Pontificio Seminario Mayor San Rafael.
Desde hacía algún tiempo se venía conversando en círculos clericales, la necesidad de fundar un Seminario Mayor en Valparaíso. Entre ellos estaban los sacerdotes Enrique Barilari, Enrique Pascal, Mario Sanguinetti y don Jaime.
Cuando en 1969 se cumplían cien años desde la creación del Seminario que fundara el Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso en Valparaíso, se fundó el Seminario Mayor San Rafael, concretándose el anhelo de muchos.
La dirección le fue confiada a don Jaime Fernández sin dispensarle la rectoría del colegio ni las labores de la Odec ni la Fide Secundaria. El afirmaría más tarde que la fundación del Seminario
Mayor “fue como construir la cúpula del antiguo colegio”9. Respecto a esta nueva misión expresó el espíritu que lo inspiraba:
“Formar sacerdotes, siguiendo las normas de la Iglesia, profundamente preparados en lo humano, en lo espiritual, en lo intelectual y en lo pastoral, de manera que sean capaces de colaborar en forma eficiente y fiel con el obispo con quien tengan que trabajar y en cualquier medio que les corresponda desempeñarse”10 .
D. Su Espíritu Paternal.
Los seminaristas valoraban el espíritu solícito y paternal del padre Jaime y lo calificaban con un simpático juego de palabras que resultaba un fiel retrato de sus afectos: “¡Qué buena madre es mi padre!”.
El sacerdote Enrique Opaso lo explica así:
“(El rector) no solo se preocupaba de nuestra vida espiritual y académica, sino también se preocupaba de nuestras familias. Para nosotros, traía las más ricas mermeladas y dulces de los campos conseguidos con sus sobrinas. Se preocupaba de los detalles más increíbles: dinero para locomoción, los mejores médicos especialmente entre sus familiares, y de ellos, también dinero para adquirirnos libros (…) El no era barrero, a todos nos quería por igual, sin distinción”11
En una conversación coloquial con los seminaristas de cuarto año de Teología, les confesó “que no fueron pocos los que lo habían criticado por “querer mucho a los seminaristas”, pero él no se arrepentía de nada, pues siempre quiso entregarse por completo, de cuerpo y alma, al servicio de aquellos que Dios le había encomendado”.
Por lo mismo, agregó:
“Uno de los momentos más tristes en su vida sacerdotal fue decirle a algunos seminaristas que ese no era su camino, que Dios no los había elegido para ello. Sin embargo, al cabo de un tiempo esos mismos que se habían ido llorando, luego llegaban plenos para contarle que era el mejor consejo que habían recibido pues hallaron su auténtica vocación”. (sic)12.
El emblemático y anhelado centro vocacional, inició sus actividades con nueve seminaristas y año tras año fue creciendo en postulantes, lo que obligó a don Jaime a delegar algunas tareas. No obstante permaneció como rector del colegio hasta 1988; ya habían trascurrido 28 años al frente del establecimiento que se encontraba en un excelente nivel.
Para asumir la Vicaría de Educación, creada en 1975, traspasó la rectoría del Seminario Mayor al padre René Pienovi. Don Jaime retomó el cargo en 1980 hasta 1987 y por tercera vez, en 1994
9 Ibid p. 5.
10 Ibid p. 6
11 Radio Stella Maris, prog. Vidas Ejemplares, 2012.
12 Testimonio escrito de los alumnos. de 4° de Teología 2012 en su visita a la clínica de la U.C. en Santiago.
hasta 1998. Respecto a estas múltiples y simultáneas tareas don Jaime, que siempre manifestó un alto espíritu de obediencia, expresó: “He cumplido mis dos funciones (ambas rectorías) con todo mi ser. Esta experiencia vivida me llena de confianza y optimismo, porque he estado donde la Iglesia me ha puesto. Mi tarea ha sido el testimonio de un sacerdote diocesano. El obispo es el padre que conoce a sus hijos, los sacerdotes y las necesidades de su familia que es la diócesis. Él nos coloca donde mejor cree que podemos servir a Dios”13 .
E. Frente a un Proyecto Gubernamental Controvertido y Tiempos Difíciles.
Pero ni siquiera la grata y estimulante tarea de formar a la juventud resultó fácil para el padre Jaime. Su espíritu afable y conciliador se transformó en circunstancias del inminente peligro de la libertad de enseñanza.
En 1972, el gobierno del presidente Salvador Allende, elaboró un proyecto de reforma educacional denominado “Escuela Nacional Unificada”, ENU, que por su discutible intencionalidad despertó un enérgico rechazo en gran parte del país y, por cierto, en la Iglesia.
El obispo de Valparaíso, monseñor Emilio Tagle, fue el primero en manifestar su preocupación por el tema, no en lo referente a aspectos políticos partidistas, ni económicos,… sino por el espíritu que eso conllevaba, señaló el prelado. Preocupaba el tema de la libertad de enseñanza y la dignidad de la persona humana. Encomendó entonces a don Jaime Fernández que en su calidad de director de Odec, organizara y encabezara un equipo de asesores eruditos para que elaboraran un estudio crítico que se concretó en el documento “Nuestro Pensamiento a la Comunidad” donde con argumentos de orden técnico, filosófico y valórico, refutaron uno a uno los postulados del gobierno.
El texto fue muy bien acogido por la opinión pública, derivando en asambleas de estudio y consecuente rechazo al proyecto educativo estatal14. Don Jaime recordaba: “Comencé a visitar algunas instituciones y sindicatos para pedir que se opusieran a la ENU”15. Luego de haberse desarrollado un amplio debate a nivel nacional, el ministro del ramo retiró el proyecto con fecha 12 de abril de 1973. La Iglesia había cautelado con éxito los derechos del niño y la libertad de enseñanza16 y don Jaime pudo volver a sus labores habituales.
Sin embargo, algún tiempo después, otras circunstancias lo volvieron a inquietar. Frente a dolorosos acontecimientos sufridos por algunos sacerdotes durante el gobierno militar, primó en don Jaime el espíritu de la hermandad sacerdotal. Así ocurrió cuando la autoridad de facto, accediendo a las gestiones del obispo diocesano, liberó a un sacerdote sometido a la justicia marcial a cambio de su entrañamiento. Don Jaime, junto a otra autoridad eclesiástica, acompañó y protegió
13 Revista Lux, SSR (1985), p. 6.
14 Toledo, David, Vigía de la fe (1988), p. 106.
15 Revista Lux, SSR (1985), p. 5.
16 Cfr. Toledo, cit., p. 106.
al relegado hasta otra diócesis distante a mil kilómetros de Valparaíso, salvando los numerosos controles militares emplazados a lo largo de la ruta17.
F. Vicario de la Educación.
En 1975, el obispo Tagle creó la Vicaria para la Educación, designando a don Jaime como responsable de la tarea; para lo cual debió renunciar a la rectoría del Seminario Mayor. Junto con establecer administrativamente este nuevo organismo, le fue encomendada la tarea de vicario cooperador de la parroquia de Placilla, cubriendo la localidad de Quintay y sucesivamente, vicario cooperador de la parroquia San Luis de cerro Alegre.
A pesar del recargo de trabajo, su aspecto personal era de una gran serenidad. No le agobiaba el trabajo. Es que toda su vida fue un crecimiento en el servicio. Cuanto más compartía con la gente sencilla más realizado se sentía en su sacerdocio. Por eso que al asumir el obispo Francisco de Borja Valenzuela en 1983 recibió el gran regalo de ser destinado nuevamente a su querida parroquia de Algarrobo “Tú tienes algarrobitis”, le diagnosticó el obispo. Y le asignó la parroquia y el cargo de Vicario de la Zona Rural Costa que se extiende desde Placilla al sur, y por el norte, Quintero, Ventanas hasta Puchuncaví. A pesar de la complejidad de las distancias, don Jaime lo aceptó con santa obediencia.
G. Vicario General.
Con la instalación del obispo Jorge Medina Estévez, hubo cambios. Era el año 1993 y el prelado, antiguo compañero y amigo, lo eligió como su Vicario General. Su desempeño solícito, discreto y activo permitió un vínculo amplio y facilitador con el clero, las religiosas y, por cierto, con los laicos.
Al crearse por decreto episcopal y ministerial la Fundación Rafael Valentín Valdivieso el 30 de octubre de 1995, el obispo Medina lo nombró vicepresidente de ésta lo que permitió a don Jaime volver a cautelar los intereses de su querido colegio Seminario.
H. Humilde Orgullo.
La humildad y espíritu de pobreza que adornaron la personalidad del padre Jaime se vio premiada con la canonización de la primera santa chilena, su prima-hermana Juanita Fernández Solar, religiosa carmelita Santa Teresa de Jesús de Los Andes. Y aunque no la conoció personalmente, pues don Jaime nació tres años después del fallecimiento de la religiosa, en su familia se hablaba frecuentemente de esa prima que había muerto en “fama de santidad”.
El emocionado sacerdote tuvo la honda satisfacción de participar activamente en el proceso de beatificación y, finalmente, la inmensa alegría de asistir a la canonización realizada en Roma en marzo de 1993. Al día siguiente, el Papa Juan Pablo Segundo celebró una misa para la comunidad chilena que había viajado al Vaticano, ocasión en que el padre Jaime tuvo una más amplia
17 Cfr. Toledo, David, Crónicas de la Diócesis de Valparaíso (Valparaíso, 2016), p. 379.
conversación con el Santo Padre. Dicen que el Papa le recomendó refiriéndose a su prima: “Tienes que ser como ella”.
I. A las Puertas de la Gloria.
Don Jaime fue siempre de temperamento nervioso positivo; rápido en sus cometidos y “apurón” en sus encargos. Hasta tenía una técnica personal para que sus pies le dieran mayor impulso al caminar rápido.
Hasta finales del año 2011, repartía su tiempo de párroco de Algarrobo con su dedicación a las Obras Misionales Pontificias, con la que se sentía profunda y cariñosamente comprometido acudiendo semanalmente a la oficina de la Curia. Al mismo tiempo colaboró con muy buena voluntad en programas de Radio Stella Maris donde dio pruebas sorprendentes de su memoria para aportar a la serie Vidas Ejemplares su testimonio de sacerdotes que han marcado una época en la diócesis. Su proverbial amenidad en la conversación contribuyó a rememoranzas realmente atractivas.
Optimista y alegre, nunca exaltaba sus dolencias o enfermedades. Sin embargo, estas se precipitaron radicalmente a fines del verano del año 2012.
El 4 de marzo el sacerdote Enrique Opaso solicitó al obispo el permiso para no asistir al retiro anual del clero y así poder acompañar al padre Jaime en su estadía en Bucalemu donde debía recuperar sus energías. Allí en la calidez de la vida campesina podía fortalecerse y juntos hacer el retiro espiritual.
Casi de forma imprevista su salud se complicó. Un sobrino medico lo internó en la clínica de la Universidad Católica para un examen general, siendo hospitalizado el 19 de marzo. Se diagnosticó un cáncer generalizado.
Durante los 30 días que permaneció internado lo visitaron numerosas personas. Sus familiares, amigos y colaboradores, nuestro obispo Gonzalo Duarte, sus hermanos sacerdotes y los seminaristas a quienes los saludo diciendo: “Aquí estoy, esperando que se abran las puertas de la gloria.” Y les entregó emocionantes consejos sobre la vida sacerdotal. Fue su última lección.
Su alma traspasó las puertas de la gloria el 19 de abril de 2012.
BIBLIOGRAFÍA
- Revista LUX, Edición 1975, SSR.
- Revista LUX, Edición 1985, SSR.
- Toledo David ,125 Años de Educación, Amor y Fe. SSR, 1996.
- Toledo David, Vigía de la Fe, Editorial Senda, 1988.
- Toledo David, Crónicas de la Diócesis de Valparaíso, EUV. 2016.
- Radio Stella Maris, Prog. Vidas Ejemplares, año 2011.
- Radio Stella Maris, Prog. Vidas Ejemplares, año 2012.
- Testimonio del Pbro. Enrique Opaso Valdivieso.


Informe privado sobre la situación religiosa y social de Chile enviado por el párroco de la parroquia
Divino Redentor, del arzobispado de Santiago, presbítero Emilio Tagle Covarrubias, al secretario de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, arzobispo Giuseppe Pizzardo, el 22 de enero de 1937.
Introducción, edición, traducción y notas
Carlos Salinas Araneda
Catedrático de Historia del Derecho y Derecho Canónico en la Pontificia
Universidad Católica de Valparaíso. Correo electrónico: csalinas@ucv.cl
1. Se encuentra en el Archivo Histórico de la Secretaría de Estado del Vaticano, en la sección correspondiente al pontificado de Pío XI (1922-1939) –la última que ha sido abierta para consulta de los investigadores– una carta enviada por el párroco de la parroquia Divino Redentor, del arzobispado de Santiago, el presbítero Emilio Tagle Covarrubias, al secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios1, el arzobispo Giuseppe Pizzardo2,
1 Sus orígenes se encuentran en 1793 en la Congregación sobre los Negocios Eclesiásticos del Reino de Francia. Con diversas interrupciones, debidas a las ausencias obligadas de los Romanos Pontífices de Roma, se restableció en 1814 con una nueva denominación, Congregatio extraordinaria praeposita negotiis ecclesiasticis orbis catholicis, extendiendo sus atribuciones a todas las cuestiones en que tuvieren intereses otras naciones, adquiriendo un carácter universal. Con la reorganización de la curia romana llevada adelante por san Pío X en 1908, la Sagrada Congregación no sufrió cambios, siguiendo a cargo de todos los asuntos en los que debía actuar la Iglesia de común acuerdo con los Estados y de cualquier cuestión especial de carácter político-religioso, entre las que estaba la de estipular concordatos con las autoridades civiles. Pío XI dispuso que la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios fuera una Congregación autónoma siendo su prefecto el cardenal secretario de Estado. Posteriormente el beato Paulo VI (1963-1978) la excluyó de las Congregaciones y la elevó al rango de segundo organismo curial, inmediatamente después de la Secretaría de Estado, con el nombre de Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia. Dejó de existir en 1988 y san Juan Pablo II, en la constitución apostólica Pastor bonus (1988) traspasó sus funciones a la Segunda Sección de la Secretaría de Estado, teniendo como funciones propias todos los asuntos que se refieren a las relaciones de la Iglesia con los gobiernos civiles. Del Re, Nicolè, La curia romana. Lineamenti storico-giuridici (4ª edición, Città del Vaticano, Librería Editrice Vaticana, 1998), pp. 428-434.
2 Giuseppe Pizzardo nació en Sabona, ciudad italiana de la región de Liguria, a 45 kilómetros de Génova, el 13 de julio de 1877. Hizo sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana, en el Pontificio Ateneo de San Apolinar y en la Academia Eclesiástica Pontificia, donde se formaban los diplomáticos de la Santa Sede. Fue ordenado presbítero el 19 de septiembre de 1903. Ingresó a la Secretaría de Estado y pronto fue nombrado secretario de la nunciatura apostólica en Baviera. Posteriormente sirvió como minutante en la Secretaría de Estado entre 1912 y 1920; fue subsecretario de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, sustituto de la misma Sagrada Congregación y asistente eclesiástico del Comité Central de la Acción Católica Italiana. El 8 de junio de 1929 fue
fechado en Santiago, el 22 de enero de 1937, en la que le presenta al prelado vaticano “una exposición de la situación eclesiástica de Chile”3. En el mes de agosto anterior el párroco santiaguino había estado en Roma, ocasión en la que se había entrevistado con el arzobispo Pizzardo quien, según se desprende de la carta, le había invitado a que le hiciera la exposición que desarrolla en la carta. Es seguro que la situación de la Iglesia local debió ser motivo de conversación entre ambos y, de allí, la invitación a poner por escrito lo expuesto por el párroco. Pero es posible, además, que dicha invitación tuviera su origen en el hecho que lo que preocupaba a Emilio Tagle no fueran hechos desconocidos por la Santa Sede. En efecto, junto a la carta del sacerdote chileno se encuentra un resumen elaborado por algún minutante4 de la Sagrada Congregación, en el que se hace referencia a “otros relatores privados” y a “las valientes palabras del doctor Arturo Droguett del Fierro a la Semana de Estudios Médicos de Santiago, reporteadas por L’Osservatore Romano (2 de febrero de 1937, pág. 45)”. De allí el interés de la Santa de obtener mayores antecedentes, sobre todo de un testigo tan autorizado como podía serlo un párroco del arzobispado.
2. Emilio Tagle Covarrubias, nacido en Santiago el 19 de agosto de 1907, había sido ordenado presbítero en la capilla del Seminario de Santiago, el 20 de noviembre de 1930, por Rafael Lira Infante, entonces obispo de Rancagua, incardinándose en el arzobispado de Santiago6. Tres años después fue nombrado primer párroco de la recién creada parroquia Divino
nombrado secretario de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, seguido de lo cual fue elegido arzobispo titular de Cirro, el 28 de marzo de 1930, siendo transferido a la sede titular de Nicea el 22 de abril siguiente. Recibió la consagración episcopal en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro el 27 de abril de 1930, de manos del cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado de Pío XI y arcipreste de la Patriarcal Basílica Vaticana. El 21 de diciembre de 1934 fue nombrado presidente de la Pontificia Comisión para Rusia y, poco después de su encuentro con Emilio Tagle, el 12 de mayo de 1937, fue el enviado papal para la coronación del rey Jorge VI de Inglaterra. A fines del mismo año, Pío XI lo creó cardenal, el 13 de diciembre de 1937. El 14 de marzo de 1938 fue nombrado prefecto de la Sagrada Congregación para Seminarios y Universidades. Posteriormente sirvió como secretario de la Sagrada Congregación del Santo Oficio entre 1951 y 1959. Fue vicedecano del Sagrado Colegio Cardenalicio. Falleció el 1 de agosto de 1970. Web: Cardinal Giuseppe Pizzardo (1877-1979). Find a Grave Memorial; Catholic-Hierarchy.org; The cardinals of the holy Roman Church.
3 Archivo Histórico de la Secretaría de Estado, Sacra Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinari, Cile, anno 1921-1938, Pos. 233-237 P.O. fasc. 13.
4 Minutante es el funcionario de la curia romana encargado de preparar la primera redacción de las cartas, breves y otros documentos.
5 La cita es a la edición italiana, pues la edición semanal en castellano sería iniciada recién el 5 de enero de 1969.
6 Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Bibliografía eclesiástica Chilena (Santiago, Editorial Universidad Católica, 1959), p. 281; Diccionario biográfico de Chile (12ª edición, Santiago, Empresa Periodística de Chile, 1964, p. 1.346; Ducasse Medina, Ignacio, Los obispos de Chile 1561-2007 (Santiago, Conferencia Episcopal de Chile, 2008), pp. 281-282; Harire Seda, Kamel, Lectura y análisis de la primera carta pastoral de monseñor Emilio Tagle Covarrubias: análisis lexicográfico y textual, en Concha, María Inés; Pacheco, Waldo; Vergara, Fernando (eds.), Actas del
Redentor, erigida el 15 de junio de 1933 por el arzobispo de Santiago, José Horacio Campillo (1931-1939), en el fundo parcelado San José de la Estrella, situado en el sector de la estación Los Quillayes, del ferrocarril de Pirque. El joven párroco tenía 26 años de edad y pronto fue catalogado de “terriblemente avanzado” por tratar de aplicar las encíclicas de Pío XI (19221939). Precisamente dos años antes, el 15 de mayo de 1931, el Papa Pío XI había publicado la encíclica Quadragesimo anno, sobre la cuestión social. Cuando fue creada la parroquia, tuvo que instalarse en una capilla en la casa patronal de dos pisos del fundo San José de la Estrella7.
3. Una primera idea expuesta por el joven sacerdote se refiere a la situación política y social del país, dividido, en su opinión, en dos grupos claramente diferenciados, con el problema para la Iglesia que uno de ellos, el representado por el Partido Conservador, aparecía estrechamente unido a la Iglesia, lo que significaba para la Iglesia un problema no menor toda vez que, aunque el Partido se presentaba en sus declaraciones como afín y defensor de los intereses de la Iglesia, en la práctica, sus integrantes se comportaban, en materia de justicia social, bastante lejanos al mensaje de la Iglesia.
El problema se veía agravado por el hecho que la misma Iglesia tenía comportamientos que no se avenían con el mensaje pontificio, poco antes renovado por Pío XI con la encíclica Quadragesimo anno (15 de mayo de 1931)8, en conmemoración de los 40 años de la encíclica Rerum Novarum (15 de mayo de 1891) del Papa León XIII (1878-1903), primera gran encíclica social. Como el párroco relata en su carta, el arzobispado de Santiago era propietario de un predio agrícola situado en la jurisdicción de su propia parroquia, en el que “los obreros están en pésimas condiciones, viviendas malsanas, carecen de salario familiar y existe gran descontento por ese motivo contra la Iglesia”. Descontento que era aprovechado por los opositores a la Iglesia que conformaban el otro grupo político.
4. La segunda idea expuesta por Emilio Tagle es más delicada y queda de alguna manera
Segundo Simposio de Historia Religiosa de Valparaíso (Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2008), pp. 43-56; Monseñor Emilio Tagle, en Servicio 158 (octubre 1991), p. 9; Falch, Jorge, Diccionario biográfico del clero secular chileno 1983-2000 (Santiago, Editorial Toberíades, 2008), pp. 149-150; Oviedo Cavada, Carlos, Homilía de mons. Carlos Oviedo Cavada, arzobispo de Santiago, en el funeral de mons. Emilio Tagle Covarrubias, en La Revista Católica 41 (octubre-diciembre 1991), 1092, pp. 347350 = Él mismo, Documentos pastorales (Departamento de Opinión Pública Arzobispado de Santiago, Santiago, 1998), II, pp. 181-184; Oviedo Cavada, Carlos, Los obispos de Chile (Santiago, Editorial Andrés Bello, 1996) pp. 226-227; Piñera, Bernardino, 33 años del episcopado chileno (1958-1990), pp. 59-61; Salinas Araneda, Carlos, Genealogía episcopal de los obispos de Valparaíso (Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2015), pp. 191-217; Toledo, David, Monseñor Emilio Tagle: vigía de la fe (Valparaíso, 1988), 263 pp.
7 Web: Historia de la parroquia Divino Redentor.
8 La encíclica Quadragesimo anno junto con las encíclicas Divini illius Magistri (31 de diciembre de 1929) sobre la educación, y Casti connubi (31 de diciembre de 1930) sobre el matrimonio, constituyen la trilogía doctrinal de Pío XI. A pesar de los años que han trascurrido, la encíclica sobre la educación es aún punto de referencia sobre la doctrina de la Iglesia en materia de educación.
velada en la carta. Ella apunta a la solución de los problemas que él identifica en su carta, pero “desgraciadamente nada podemos esperar de la autoridad eclesiástica de Santiago”, al punto que “si la Iglesia estuviera en otras manos, se podría mirar con más tranquilidad el porvenir”. Aunque no lo nombra, parece claro que la queja del párroco santiaguino se refiere al arzobispo de Santiago, José Horacio Campillo9, quien había sido nombrado por Pío XI el 11 de agosto de 1931 a instancias del nuncio en Chile, Ettore Felici10, quien es expresamente aludido en
9 José Horacio Campillo Infante nació en Santiago, el 16 de octubre de 1872. Estudió en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Chile y se tituló de abogado en 1896. Después de ejercer por breve tiempo su profesión, ingresó al Seminario de Santiago y fue ordenado presbítero del clero de Santiago el 9 de junio de 1900, en la catedral de Santiago, por Mariano Casanova Casanova arzobispo de Santiago. Fue profesor en el seminario de Santiago y en la Universidad Católica de Chile. Dedicado a los estudios jurídico-eclesiásticos, publicó el libro Opúsculo sobre la condición jurídica y civil de la Iglesia católica en general y especialmente en Chile después de separada del Estado y en conformidad a la actual Constitución (Santiago, 1932), 133 pp. Desempeñó diversos cargos en la curia arzobispal, siendo promotor de justicia, secretario y vicario general. Fundó los liceos católicos José Miguel Infante, Centenario y Santiago, además de haber ayudado con su patrimonio a variados colegios católicos en diversas partes de Chile. Fundó el instituto religioso de las Esclavas Reparadoras de Jesús Eucaristía, que atendió hasta poco antes de caer enfermo. Por decreto de la Sagrada Congregación consistorial de 27 de febrero de 1930 fue nombrado administrador apostólico de Santiago en vista de la futura vacancia del arzobispado, tomando posesión del arzobispado el 7 de junio de 1931, al haber fallecido Crescente Errázuriz Valdivieso al 5 de junio de 1931. Pío XI (1922-1939) lo eligió VI arzobispo de Santiago el 11 de agosto de 1931, siendo consagrado en la catedral metropolitana el 6 de septiembre de 1931. Celebró el I Concilio provincial de Chile en 1938. Por renuncia suya al arzobispado de Santiago, fue trasladado por Pío XII (1939-1958) a la sede titular de Larissa el 30 de agosto de 1939, sucediéndole José María Caro Rodríguez, trasladado desde La Serena. Falleció en Santiago el 14 de junio de 1956 y fue sepultado en la catedral de Santiago. Araneda Bravo, Fidel, Historia de la Iglesia en Chile (Santiago, Ediciones Paulinas, 1986), pp. 768-780; Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cit. (n. 6), pp. 43-44; Ducasse Medina, Ignacio, cit. (n. 6), pp. 106-107; Oviedo Cavada, Carlos, cit. (n. 6), pp. 85-86; Retamal Ávila, Julio, Monseñor Horacio Campillo Infante, 1931-1939. Sexto arzobispo de Santiago (Santiago de Chile, Editorial Salesiana, 1982), 26 pp. 10 Ettore Felici nació en Segni, Italia, el 12 de marzo de 1881. Estudió en el seminario de Segni y el Pontificio Ateneo San Apollinare de Roma, doctorándose en filosofía, en teología y en derecho canónico. Ingresó al servicio diplomático donde se desempeñó sucesivamente como adicto, secretario y auditor, sirviendo en las nunciaturas de Yugoslavia, Portugal y Chile. Pío XI (1922-1939) lo eligió arzobispo titular de Corinto y nuncio apostólico en Chile el 6 de noviembre de 1927, siendo consagrado en Santiago, el 30 de diciembre de 1927. Presentó sus credenciales el 2 de enero de 1928 al presidente Carlos Ibáñez del Campo. Entre las instrucciones que traía a Chile estaba la de intentar un concordato entre Chile y la Santa Sede, labor que inició con entusiasmo, pero que no prosperó por los intentos del gobierno de chileno de la época de recuperar, por medio del proyectado concordato, atribuciones que le otorgaba el antiguo patronato en relación con la Iglesia, que había sido abolido con la Constitución de 1925. Cesó en sus funciones en Chile al ser trasladado a la nunciatura de Yugoslavia el 20 de abril de 1938, donde tuvo que vivir la terrible experiencia de la entrada de las tropas alemanas; aunque debió abandonar Yugoslavia, conservó el título de nuncio en dicha nación hasta 1946, si bien trabajando en la Secretaría de Estado en el Vaticano. En 1949 fue nombrado nuncio en Irlanda, falleciendo en Dublín, Irlanda, el 9 de mayo de 1951. Está sepultado en la pro-catedral de Dublín. Ducasse Medina, Ignacio, cit. (n. 6), pp. 154-155; Oviedo Cavada, Carlos, cit. (n. 6), p. 120; Salinas Araneda, Carlos, Los proyectos de concordato entre Chile y la Santa Sede discutidos en 1928, una vez producida la separación entre
la carta como responsable de ese nombramiento, que había resultado poco feliz11. ¿Cuál era la solución? El párroco no la menciona expresamente, pero parece tenerla clara y la insinúa veladamente en su carta cuando expresa al prelado vaticano que “después de Dios, nuestra única esperanza está en Roma”, por lo que “junto con elevar nuestras plegarias al Señor, imploramos acá en Chile a la autoridad del Padre Común en demanda de mejores días”. En otras palabras, lo que se insinúa es, derechamente, el cambio de arzobispo, decisión que sólo podía tomar el Papa. Y el Papa la tomó. A petición del Romano Pontífice, el arzobispo de Santiago presentó su renuncia el 24 de julio de 1939, y le sucedió José María Caro, procedente del recién erigido arzobispado de La Serena12.
5. Dos son los documentos que publico a continuación. El primero es la carta enviada por el párroco Emilio Tagle al arzobispo Pizzardo. Se trata de una carta manuscrita, redactada en tres hojas por ambas caras, que hacen un total de seis páginas completas. Está escrita con tinta, a trazos firmes y continuos, sin que haya correcciones ni palabras intercaladas entre renglones, con excepción del pronombre “mi” que es intercalado en el último renglón del penúltimo párrafo de la carta, cuando le pide al arzobispo romano que haga llegar al cardenal secretario de Estado, Eugenio Pacelli, “el homenaje humilde de «mi»13 profundo respeto y veneración”.
La carta aparece manuscrita a línea corrida, sin mayores separaciones, pero con algunos subtítulos que el redactor no separa mayormente. Para facilitar su lectura, los mismos títulos que Tagle escribe en su carta a línea corrida, los he separado. Cuando yo he agregado algún subtítulo, lo escribo entre corchetes [ ]. Al margen de las páginas del original de la carta se han trazado algunas líneas verticales con lápiz grafito, como una manera de llamar la atención sobre algunas frases contenidas en ella, trazos hechos, con seguridad, en las oficinas vaticanas. Las abreviaturas que aparecen en el texto las he desarrollado, agregando entre corchetes [ ] las letras que faltan; todas ellas, en todo caso, se usan cuando Emilio Tagle escribe el tratamiento de cortesía que corresponde al hacer referencia a alguna autoridad. Cuando me ha parecido oportuno, he agregado algunas notas que ayuden a comprender mejor el texto.
El segundo documento es un resumen de la carta del párroco santiaguino, escrito, con seguridad, por algún minutante de la Sagrada Congregación para quien la realidad chilena no le era desconocida. Está escrito en italiano, en máquina de escribir, y en él se desliza alguna idea
la Iglesia y el Estado, en Sánchez Gaete, Marcial (ed.), Historia de la Iglesia en Chile, IV: Una sociedad en cambio (Santiago, Editorial Universitaria, 2014), pp. 53-82.
11 Araneda Bravo destaca el influjo que, en torno al nombramiento de Campillo, ejerció en el nuncio el cura párroco de la parroquia El Sagrario, de Santiago, el presbítero Luis Arturo Pérez. Araneda Bravo, Fidel, cit. (n. 9), pp. 764-769.
12 José Horacio Campillo se retiró a la vida privada y nunca se quejó de las burlas de que fue víctima por haber sido nombrado arzobispo titular de Larissa, “nombre que causaba hilaridad”. Araneda Bravo, Fidel, cit. (n. 9), p. 779.
13 Intercalado en el original.
que no aparece en la carta que resume, así como alguna referencia a “otros relatores privados”, y a textos no mencionados en ésta, como la que hace al artículo del doctor Arturo Droguett del Fierro publicado en L’Osservatore Romano, y a algunas ideas expuestas por “Mons. Casanova”, quien, según el resumen, había solicitado una carta pontificia sobre la Acción Católica en Chile.
ICarta del presbítero Emilio Tagle Covarrubias, párroco de la parroquia Divino Redentor, del arzobispado de Santiago, al arzobispo Giuseppe Pizzardo, secretario de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios
Santiago, 22 de enero de 1937
[Archivo Histórico de la Secretaría de Estado del Vaticano
Sacra Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinari Cile, anno 1921-1938, Pos. 233-237 P.O. fasc. 13]
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Santiago de Chile, enero 22 de 1937.
Ex[celentísi]mo y R[e]v[eren]d[ísi]mo S[eño]r G[iuseppe] Pizzardo
Ciudad del Vaticano
Ex[celentísi]mo y R[e]v[eren]d[ísi]mo S[eño]r:
La benévola acogida que V[uestra] E[xcelencia] R[everendísima] me dispensó, en el Vaticano en el mes de agosto pasado, y la insinuación que V[uestra] E[xcelencia] me hizo de hacerle una exposición de la situación eclesiástica de Chile, me mueve a escribir estas líneas en la convicción que Roma puede dar la solución que acá tan ardientemente deseamos, antes que vengan días muy dolorosos para esta tierra tan querida. El estado de mi salud, me ha impedido enviar a V[uestra] E[xcelencia] esta comunicación con la oportunidad que había deseado.
Situación política
La lucha política chilena gira alrededor del problema social: éste es agudísimo tanto por razón de las condiciones de vida imposibles en que se hallan las clases trabajadoras, como porque éstas tienen conciencia bien formada de la situación de injusticia de que son víctimas y voluntad decidida de librarse de ella. En esta situación, el campo político se ha dividido en dos bandos bien marcados: defensa del capitalismo y defensa del trabajo. Los primeros dispuestos a mantener la actual situación de ventajas del capitalismo sin ceder sino a la fuerza y después de agotados todos los recursos de autoridad e influjo, aún en casos en que es impo-
sible desconocer que la actual situación es injusta, v[erbi] g[ratia] oposición, hace un año, a la ley de colonización14 y actual oposición a la ley de salario mínimo en la agricultura15. Los segundos, dispuestos a [página 2] redimir el proletariado y aún de darle la preponderancia, atropellando a todo el que se oponga a ello.
Toda otra cuestión política gira alrededor de ésta y las posiciones que se toman dependen de la influencia que pueden tener en ésta y aún los que persiguen otros fines ideológicos o personales se abren campo para realizarlos, afirmándose o disfrazándose con la solución de este problema social.
Ambos bandos realizan una exagerada política de clases y por lo tanto ninguno corresponde al equilibrio de una política inspirada en los principios católicos.
Sin embargo, un grupo considerable del primero de esos bandos, el Partido Conservador, se tiene y es considerado corrientemente como típico representante de las ideas católicas. Esto se debe a su historia, a sus hombres y a su programa en abstracto.
Su historia.
En el siglo pasado, la lucha política giró en Chile alrededor de las cuestiones teológicas, o sea, de las relaciones de la Iglesia y del Estado, con todo lo que implican en la enseñanza, familia y libertad de cultos16. El Partido Conservador tenía como programa la defensa de la Iglesia en ese terreno y lo hizo, si no siempre con acierto, por lo menos, en general, con discreción y entusiasmo.
Sus hombres.
Hay en él muchos católicos de convicción, que se proclaman tales en todo momento, practican el culto y defienden y propagan la influencia de la Iglesia.
14 Desde la década de los años 30 del siglo pasado, grupos de izquierda y socialcristianos habían empezado a presionar por la subdivisión de los “latifundios”. Una respuesta moderada a tales presiones fue la actividad desplegada por la Caja de Colonización Agrícola que subdividió y vendió, a bajo costo, predios fiscales o de particulares que los ofrecieron voluntariamente. La materia fue regulada por la ley 5.604, de Colonización Nacional, publicada en el Diario Oficial de 16 de febrero de 1935. Vial, Gonzalo, Historia de Chile (1891-1973) (Santiago, Zig-Zag, 2001), V, pp. 381-383.
15 El proyecto fue planteado por el gobierno de Arturo Alessandri, pero la tenaz oposición de los propietarios agrícolas lo hizo finalmente fracasar, a pesar que fue apoyado por el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Jaime Larraín, discípulo del jesuita Fernando Vives. Este proyecto, y el del salario mínimo de los obreros mineros y fabriles, era apoyado por los obispos y por algunos empresarios católicos, seguidores de las encíclicas, lo que produjo un choque en el seno del conservadurismo. Pero la tenaz resistencia de los agricultores y otros empresarios hizo fracasar el proyecto, así como el de la asignación familiar. Vial, Gonzalo, cit. (n. 14), V, pp. 376-377.
16 Por todos, Salinas Araneda, Carlos, Las relaciones Iglesia-Estado en Chile en el siglo XIX, en Sánchez Gaete, Marcial (dir.), Historia de la Iglesia en Chile, III: Los nuevos caminos: la Iglesia y el Estado (Santiago, Editorial Universitaria, 2011), pp. 231-277, con bibliografía.
Su programa.
Tiene declaraciones de sumisión a las doctrinas de la Iglesia no sólo en las cuestiones teológicas, sino también en las encíclicas [página 3] sociales; así pretenden presentarse en la línea de la doctrina católica. Sin embargo, apenas se baja a la realización del justo equilibrio entre el capital y el trabajo, declaran comunista opuesto al derecho de propiedad o anticatólico todo lo que recorte algo de lo que actualmente recibe el capital y, de hecho, no dan, en general, el salario suficiente familiar a sus propios obreros, especialmente agrícolas, que en Chile se hallan en gran número y en muy difícil situación17.
La declaración de catolicismo en la realidad concreta sólo viene a servir para hacer aparecer a la Iglesia como amparadora de esa situación injusta.
El segundo grupo de partidos, a pesar de contener junto con algunos puntos inaceptables, otros muchos que son netamente cristianos, en realidad se presenta, sin embargo, como opuesto a la Iglesia. Esto se debe, en parte, a la tendencia anterior de sus miembros (restos de luchas teológicas, masonería, etc., que, aunque en segundo plano, todavía aparecen) pero también, y sobre todo entre el pueblo de un modo especial, a consecuencia de esa afirmación de catolicismo de sus adversarios y de la actitud francamente favorecedora de estos, por lo menos con el silencio, que ha tenido la Iglesia. Hoy día estos partidos están férreamente unidos y constituyen el Frente Popular18 cuya inspiración y actuación es tan temible.
[página 4] En los primeros días de marzo próximo se efectuarán las elecciones de diputados y de una parte de los senadores. El Frente Popular ha triunfado en algunas elecciones parciales que se han efectuado, y es muy probable su triunfo en las elecciones de marzo19.
[Situación de la Iglesia chilena]
Antes esta situación se impone una actitud de franca independencia de la Iglesia, que no aparezca ligada al criterio liberal individualista de los que se muestran como sus defensores. Es menester adoptar una actitud católica neta, y aún de avanzada, pues debe aparecer prác-
17 Al margen izquierdo de la hoja, a la altura de la última frase de este párrafo, que empieza con las palabras “no dan en general”, se ha trazado una línea vertical, con lápiz grafito, para destacarla.
18 Vial, Gonzalo, cit. (n. 14), V, pp. 449-464; Gazmuri, Cristián, Historia de Chile 1891-1994. Política, economía, sociedad, cultura, vida privada, episodios (Santiago, Instituto de Historia Pontificia Universidad Católica de Chile, Ril Editores, 2012), pp. 177-186.
19 El afianzamiento del Frente Popular se había visto favorecido por las elecciones extraordinarias que se habían realizado en abril de 1936, ocasión en la que había triunfado su representante, el hacendado radical Cristóbal Sáenz, elegido para reemplazar a Artemio Gutiérrez, senador por Bío-Bío y Cautín, quien había fallecido, lo que probó el poder electoral de la coalición de centroizquierda. Pero, contra lo temido por Emilio Tagle, en las elecciones parlamentarias de 1937 los resultados fueron favorables al oficialismo, lo que puso en peligro la coalición que integraba el Frente Popular, a pesar de lo cual, en las elecciones presidenciales siguientes presentaron como candidato a Pedro Aguirre Cerda, quien triunfó. Gazmuri, Cristián, cit. (n. 18), pp.179-181; Vial, Gonzalo, cit. (n. 14), V, pp. 449-464; Valencia Avaria, Luis, Anales de la República (2ª edición, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1986), II, p. 503.
ticamente, como en las grandes épocas de la historia, como la defensora del pueblo. No se da hoy la doctrina social pura –sólo hace únicamente algunos días ha aparecido una pastoral colectiva recordando los principios cristianos acerca del salario20– y en ningún caso existe una acción enérgica de los prelados para realizar lo que con tanto apremio inculca Nuestro Santísimo Padre Pío XI21.
Carecemos en absoluto de organizaciones obreras modernas, que respondan a los anhelos de justicia social que tiene el pueblo; no tenemos sindicatos cristianos, ni obra de penetración en los sindicatos neutros, ni tampoco organizaciones obreras de Acción Católica. Las masas obreras están totalmente desvinculadas de la [página 5] Iglesia22. En las grandes propiedades agrícolas de una gran mayoría de católicos, los obreros se hallan en muy triste situación, como tengo ocasión de comprobarlo personalmente en mi labor parroquial.
20 La Revista Católica 824 (1937), pp. 9-25; Boletín de la Acción Católica de Chile 3 (1937), p. 544. La pastoral encomendaba a la Acción Católica la tarea de lograr una justicia social cristiana. Aliaga Rojas, Fernando, La Acción Católica en Chile, en Sánchez Gaete, Marcial (ed.), Historia de la Iglesia en Chile, IV: Una sociedad en cambio (Santiago, Editorial Universitaria, 2014), pp. 257-261.
21 El párroco chileno está haciendo alusión a la encíclica del Papa Pío XI, Quadragesimo anno, de 15 de mayo de 1931. Al margen de la frase en que se hace alusión a la pastoral colectiva se ha trazado una línea vertical con lápiz grafito para llamar la atención.
22 Al margen de este párrafo se ha trazado una línea vertical con lápiz grafito para llamar la atención sobre el mismo. Cuando, poco después, el 17 de mayo de 1937, el arzobispo Campillo envió un informe al Papa, después de la reunión anual de los obispos de la provincia eclesiástica de Chile, centrado principalmente en la Acción Católica en Chile, aludió, entre otros aspectos, a las organizaciones obreras, pero lo hizo con grandes generalidades, lo que, entiendo, corrobora la apreciación de Emilio Tagle: “El secretariado Económico-Social [de la Acción Católica] se empeña activamente en difundir, sin exageraciones ni atenuaciones, la doctrina que V[ues]tra Santidad ha expuesto con tan maravillosa claridad y precisión en la encíclica Quadragesimo anno. Trata también de atraer en el mayor número posible a los obreros a instituciones cristianas y en este momento se esfuerza en formar núcleos de propagandistas obreros ya que, como lo ha recordado tan sabiamente V[ues]tra Santidad, los principales apóstoles de los obreros han de ser los mismos obreros. En general se trabaja por dar desarrollo a organizaciones de carácter corporativo y profesional”. Retamal Fuentes, Fernando, Chilensia Pontificia. Monumenta Ecclesiae Chilensia II (Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2005), IV, p. 1880. La respuesta del cardenal secretario de Estado, Eugenio Pacelli, fechada el 4 de junio, animaba a seguir adelante en la acción, “perseverando con denuedo y fidelidad en la faena emprendida”. Ibíd., pp. 1882-1883. Doce años después, en carta del sustituto de la Secretaría de Estado, Juan Bautista Montini, el futuro beato Paulo VI, al cardenal José María Caro, arzobispo de Santiago, le manifestaba que el canónigo José Cardijn, fundador de la Juventud Obrera Católica (JOC), de paso por Roma, “me ha referido el eco de comprensión y apoyo tan benévolos que ha encontrado en Vuestra Eminencia, con ocasión de su reciente viaje por la América del Sur. He sabido por él mismo que Vuestra Eminencia ha manifestado una especial preocupación de orientar hacia el apostolado obrero a cierto número de miembros del clero –tanto secular como regular– de su arquidiócesis, y que Vuestra Eminencia se había dignado presidir por sí mismo la primera Semana Nacional de Estudios para los asesores jocistas […] El Santo Padre se alegra de ver a jefes de importantes diócesis, como la de Vuestra Eminencia, que prestan a la solución de estos problemas toda la atención y emplean su celo en la obra capital de la recristianización de las masas trabajadoras”. Ibíd., pp. 2.180-2.183.
Si no se va a una acción grande y enérgica en favor del pueblo es muy de temer que al triunfar el pueblo, vengan como en España23, días muy dolorosos para esta tierra24.
Desgraciadamente nada podemos esperar de la autoridad eclesiástica de Santiago25.
A esa falta de formación eclesiástica de que V[uestra] E[xcelencia] R[everendísima] me hablaba en Roma, con tan claro conocimiento, se añade una incomprensión total del momento actual26. Si la Iglesia estuviera en otras manos, se podría mirar con más tranquilidad el porvenir. Sólo diré a V[uestra] E[xcelencia] como un ejemplo, que en una propiedad agrícola del arzobispado, que está en mi parroquia, los obreros están en pésimas condiciones, viviendas
23 Durante los meses anteriores La Revista Católica había estado publicando diversos reportajes sobre la guerra civil española, con especial énfasis en las brutalidades cometidas por los agentes de la izquierda española: La tragedia hispánica, en La Revista Católica 814 (8 agosto 1936), pp. 140-142; El horror de España mártir, ibíd., 819 (24 octubre 1936), pp. 424-433; Para la historia de España roja, ibíd., 820 (14 noviembre 1936), pp. 488-489; Un homenaje a los héroes españoles, ibíd., 489-490; España, la persecución de los rojos, ibíd., 821 (28 noviembre 1936), pp. 550-553. Y siguieron apareciendo en los meses siguientes: Una hora de oración por España, ibíd., 824 (23 enero 1937), pp. 56-60; Documento oficial acerca de los horrores cometidos por los rojos, ibíd., pp. 119-120; Feliú Velasco, Florencio, El alcázar de Toledo, ibíd., 827 (10 abril 1937), pp. 231-235; Discurso notable del general Franco, ibíd., pp. 255-258.
24 Al margen de la frase que hace referencia a la situación de España, se ha trazado una línea vertical con lápiz grafito para llamar la atención sobre ellas. Para los sectores de derecha, y también, al parecer, para el párroco Tagle, el triunfo del Frente Popular era sinónimo de la dictadura comunista, al asimilarlo al Frente Popular español. Gazmuri, Cristián, cit. (n. 15), p. 180. El Frente popular español era una coalición electoral creada en enero de 1936 por los principales partidos de izquierda españoles. El 16 de febrero de 1936 consiguió ganar las últimas elecciones antes del pronunciamiento militar del 17-18 de julio de ese año, que dio inicio a la guerra civil que prolongaría hasta 1939. Es decir, cuando Emilio Tagle escribe su carta, la guerra civil española está en pleno desarrollo. Poco después de escrita esta carta, Emilio Tagle publicó en La Revista Católica un artículo titulado Por nuestros obreros, en el que escribía: “Los sucesos de España son una lección harto elocuente y dolorosa de lo que puede un pueblo sin Dios. Tenemos entre nosotros los mismos síntomas que presagian la catástrofe”. Tagle Covarruvias, Emilio, Por nuestros obreros, en La Revista Católica 826 (27 marzo 1937), pp. 142-153, esp. 144.
25 Al margen de esta frase se ha trazado una línea vertical con lápiz grafito para llamar la atención sobre ella.
26 Ídem.
malsanas27, carecen de salario familiar28 y existe gran descontento por ese motivo contra la Iglesia29. Yo, como párroco, he manifestado muchas veces esta situación al prelado sin hallar sino excusas y buenas palabras de parte suya30.
El Ex[celentísi]mo S[eño]r Nuncio que en estos días llegará a Roma, podrá informar cabalmente a V[uestra] E[xcelencia] R[everendísima]
[página 6] Es cierto que el Ex[celentísi]mo S[eño]r Felici tiene buena responsabilidad en la gestación del actual gobierno eclesiástico, pero confiamos acá, en que S[u] E[xcelencia] reconocerá francamente el grave error en que incurrió, así como lo reconoció privadamente entre nosotros y no querrá, con su silencio o con cierta defensa imposible, amparar una situación que cada día se hace más intolerable31 y cuyas consecuencias podrían ser irremediables.
Ex[celentísi]mo y R[everen]d[ísi]mo S[eño]r: me dirijo a V[uestra] E[xcelencia] con toda
27 En su artículo titulado Por nuestros obreros, en un pasaje, hablando en general, Tagle escribía: “Hay que decirlo: la gran vergüenza de nuestros campos la constituyen las casas de los inquilinos, y lo que es peor aún, los alojamientos de los afuerinos o forasteros. Estos últimos alojan en conventillos tan infectos como los de las ciudades, y muchas veces esta pobre gente debe pasar la noche en un montón de paja que se echa en una esquina del corral de los animales o en algún galpón o junto a alguna muralla vieja. ¡Los he visto! Las casas de obreros son un baldón para una sociedad que se precia de cristiana […] Yo me lleno de santa indignación, cuando visito aquellas casas de los campesinos, que se hallan en fundos de católicos, porque veo que son éstos los que están contribuyendo con más eficacia que nadie a desprestigiar la doctrina de Cristo en los medios populares […] visitando esas casas uno da en la clave de todas las miserias morales […] casas indignas de seres humanos. Casas indignas de cristianos. Indignas de hijos de Dios. Pocilgas propias de animales donde a suelo pelado se han levantado unos míseros cuartuchos. Donde viven amontonados sobre algunos jergones o desvencijadas payasas. Esos tristes ranchos donde no hay alegría ni bienestar. Donde penetra en los inviernos el viento helado y donde cae en abundancia la lluvia […]”. Tagle Covarrubias, Emilio, cit. (n. 24), 146.
28 En su artículo Por nuestros obreros, Tagle escribía: “El salario familiar no existe. Esto significa que las familias obreras carecen de los medios de subsistencia humana y racional, de aquel mínimo indispensable de bienestar de que habla Sto. Tomás”. Tagle Covarrubias, Emilio, cit. (n. 24) p. 148. En marzo de 1938, La Revista Católica publicó un artículo, sin firma, titulado “El problema del salario”, el que utilizaba un informe presentado por la Escuela de Servicio Social Elvira Matte de Cruchaga a la comisión de salario creada por decreto supremo de octubre de 1935. El artículo finalizaba con este párrafo: “La primera solución que debe darse a la situación precaria en que se halla el elemento asalariado, es la determinación del salario mínimo”. La Revista Católica 805 (28 marzo 1938), pp. 277-279.
29 Al margen de esta frase se ha trazado una línea vertical con lápiz grafito para llamar la atención sobre ella. El mismo párroco, en su artículo “Por nuestros obreros”, escribía “Demos bienestar y las ideas disolventes se encontrarán como planta exótica, desprovista del ahorro y alimento que le dan vida”. Tagle Covarrubias, Emilio, cit. (n. 26), p. 144.
30 Correspondió al cardenal Raúl Silva Henríquez, en la década de los años 60 del siglo pasado, llevar adelante la tarea de entregar a los campesinos los cuatro fundos que tenía el arzobispado. Junto con el obispo de Talca, Manuel Larraín, fueron pioneros de la reforma agraria en Chile. Cavallo, Ascanio, Memorias cardenal Raúl Silva Henríquez (Santiago, Ediciones Copygraph, 1991), I, pp. 243-251.
31 Al margen de la frase que empieza con las palabras “y no querrá con”, se ha trazado una línea vertical con lápiz grafito para llamar la atención sobre ella.
la sinceridad y franqueza que me inspira el acceso a la S[anta] Iglesia y la acogedora benevolencia de V[uestra] E[xcelencia]. Después de Dios, nuestra única esperanza está en Roma y junto con elevar nuestras plegarias al Señor, imploramos acá en Chile a la autoridad del Padre Común en demanda de mejores días.
El clero chileno lo espera todo del Em[imentísi]mo S[eño]r Cardenal Secretario de Estado32, cuya persona y cuyos méritos son debidamente apreciados y a quien ruego, E[xcelencia] R[everendísima] hacer llegar el homenaje humilde de «mi»33 profundo respeto y veneración.
No quiero terminar sin agradecer una vez más a V[uestra] E[xcelencia] el interés que ha demostrado en este asunto y manifestarle cuanto se espera del celo e inteligencia de V[uestra] E[xcelencia].
Del Ex[celentísi]mo S[eño]r Arzobispo humilde y obsecuente servidor
Emilio Tagle Covarrubias
Cura párroco
Relación del Rev[erendo] Tagle Covarrubias. Párroco del Divino Redentor de Santiago, sobre la situación religiosa y social de Chile.
[Resumen elaborado en la Secretaría de Estado del Vaticano. Traducción del italiano34]
Archivo Histórico de la Secretaría de Estado del Vaticano Sacra Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinari
Cile, anno 1921-1938, Pos. 233-237 P.O. fasc. 13
También él, como otros relatores privados, es muy pesimista y teme una revolución como en España.
El Partido Conservador comprende muchos católicos practicantes, en teoría acepta todas las enseñanzas de la Iglesia, pero en la práctica cada uno en particular faltan a la justicia social teniendo a sus propios dependientes en un estado de inferioridad. A la inversa, los partidos del Frente Popular son enemigos de la Iglesia, pero en su programa tienen reivindicaciones que en sí serían cristianas. Es necesario que la Iglesia no se solidarice con algún partido, mantenga
32 El cardenal Eugenio Pacelli quien, a la muerte de Pío XI sería elegido su sucesor en el trono pontificio, asumiendo el nombre de Pío XII (1939-1958).
33 Intercalado en el original.
34 El texto está escrito en máquina de escribir.
una posición independiente, de lo contrario (para la elección de mayo se prevé la victoria del Frente Popular35) estará envuelta en la venganza de los revolucionarios.
Sin embargo, esto no se comprende por los superiores36, sobre todo el arzobispo de Santiago que sólo quiere “quieta non movere” [que todo permanezca quieto, sin moverse]; también en un fundo del arzobispado, que se encuentra en la parroquia del relator, los trabajadores se encuentran en condiciones muy miserables, sin salario familiar; por este motivo están irritados contra la Iglesia.
Falta la formación del clero, falta en el clero la comprensión del momento actual. El relator hace responsable de este estado de cosas al nuncio, sin embargo, desea que a él le sea solicitada esta información, estando también él, al menos, en parte, de acuerdo con la equivocación.
Se duele sobre todo que en la Acción Católica para los trabajadores no se haga absolutamente nada.
Corrobórese esto con las valientes palabras del doctor Arturo Droguett del Fierro a la Semana de Estudios Médicos de Santiago37, reporteadas por L’Osservatore Romano (2 de febrero de 1937, pág. 438).
Sobre muchos puntos el relator coincide con lo que ha expuesto M[onseñor] Casanova, el cual, por esto, ha solicitado una Carta Pontificia sobre la Acción Católica en Chile.
35 Véase antes nota 19.
36 En el original “non si capisce in alto”.
37 La Primera Jornada Católica de Estudios Médicos en Chile, fue anunciada en La Revista Católica 817 (26 septiembre 1936), pp. 310-311, en la que anunciaba, para la sesión final, un discurso de Arturo Droguett del Fierro; y en la Revista siguiente, pp. 373-374, se daba cuenta de haberse realizado, pero nada se dice acerca de la intervención de Arturo Droguett del Fierro.
38 La cita es a la edición italiana, pues la edición semanal en castellano sería iniciada recién el 5 de enero de 1969. Arturo Droguett del Fierro nació en Valdivia, el 30 de diciembre de 1906. Estudió en el Liceo Alemán de Santiago e ingresó a la carrera de medicina en la Universidad de Chile, donde se tituló de médico cirujano en 1930, especializándose en medicina interna. Ejerció privadamente la medicina y fue profesor extraordinario en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. En lo que ahora me interesa, fue el primer presidente de la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos (ANEC) en 1927. Siendo militante del Partido Conservador, fue elegido diputado por Santiago para el período 1945-1949. Falleció en Santiago, el 23 de febrero de 1977. De Ramón, Armando, Biografías de chilenos miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial 1876-1973 (Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1999), II, pp. 26-26; Web: Historia política legislativa del Congreso Nacional de Chile. Reseña biográfica parlamentaria

Este libro se terminó de imprimir en julio de 2017.
