P E Ñ A S , C U LT URA, P OBL A C I O N E S Y D IC TAD URA EN VA L PA R A Í S O Y V I ÑA D EL M A R
FELIPE A. LÓPEZ MUÑOZ
PEÑ A S, C ULT U R A , POBLA C IO N ES Y D ICTA D U R A
EN VA L PA R A Í SO Y V I ÑA D E L M AR
FELIPE A. LÓPEZ MUÑOZ
¿QUÉ PASABA EN LOS CERROS? Peñas, cultura, poblaciones y dictadura en Valparaíso y Viña del Mar © Felipe López Muñoz Primera edición, octubre 2025. Fotografía de portada: Juan Hernández y Pedro Prado en peña de casa particular en Cerro Achupallas, 1974. Facilitada por Juan Hernández. Registro de Propiedad Intelectual 2025-A-10051 ISBN: 978-956-17-1205-8 Derechos Reservados Tirada: 400 ejemplares Impreso en Chile
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Av. Errázuriz 2930, Valparaíso info@edicionespucv.cl www.edicionespucv.cl Dirección Editorial: David Letelier Diseño: Jorge Espinoza / Alejandra Larraín
Obra licenciada bajo Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode.es
ÍNDICE 7.
PRÓLOGO
11 .
INTRODUCCIÓN
19 .
PARTE 1 LA PEÑA POBLACIONAL EN VALPARAÍSO Y VIÑA DEL MAR
19 .
1.1
Preludio: el nacimiento de las peñas
25 .
1.2
La peña poblacional en Valparaíso y Viña del Mar
35 .
1.3
Lugares y localidades
43 .
1.4
Motivos y periodicidad
48 .
1.5
Platas, comidas y entradas
54 .
1.6
Difusión y prensa
61 .
1.7
Caracterización política
70 .
1.8
Otras expresiones artística s
73 .
1.9
Represión y miedo
83 .
PARTE 2 UNA HISTORIA DE CERROS
83 .
2.1
Fisionomía de las ciudades y los primeros años de dictadura
90 .
2.2 Valparaíso y el auge de las peñas establecidas
91 . La peña del Instituto Chileno-francés de Cultura 93 . La peña El Brasero 96 . El Boliche la Obra 97 . Otras peñas establecidas y relación con los cerros 98 .
2.3 Viña del Mar, la Agrupación de Organismos Juveniles y la Comisión Juvenil
105 .
2.4 Valparaíso y la lucha territorial
107 .
2.5 El ocaso de las peñas
112 .
2.6 Mapa de Valparaíso y Viña del Mar
113 .
CONCLUSIÓN
117 .
AGRADECIMIENTOS
119 .
REFERENCIAS
125 .
LISTA DE ENTREVISTADOS
127 .
ARCHIVOS VISITADOS
129 .
FOTOGRAFÍAS
PRÓLOGO
por Claudio Llanos Reyes
E
n lo que respecta al periodo de la dictadura en Chile, los grandes relatos —centrados en las historias de sectores políticos, élites u organizaciones— han sido ampliamente estudiados, opacando en cierta medida la historia de muchos sectores populares que, presentes a lo largo del territorio nacional, vivieron la dictadura
como una experiencia cotidiana de represión, disciplinamiento y miedo. Fue un tiempo en que las condiciones materiales de existencia se vieron profundamente marcadas por el desempleo y una pobreza que, al término del régimen dictatorial, superaba el cuarenta por ciento de la población. La investigación desarrollada por Felipe A. López Muñoz, con el acertado título ¿Qué pasaba en los cerros? Peñas, cultura, poblaciones y dictadura en Valparaíso y Viña del Mar, representa un aporte significativo al conocimiento de las expresiones culturales que emergieron en un periodo de represión y censura. Su trabajo visibiliza la importancia de las peñas folclóricas como espacios de resistencia y construcción de comunidad, particularmente en los cerros de ambas ciudades.
7
El libro de Felipe López reafirma la relevancia de las peñas folclóricas como espacios de expresión y organización durante el llamado “apagón cultural”, en un contexto fuertemente marcado por la censura. En los cerros y los “centros” de Viña del Mar y Valparaíso, la cultura no se apagó: encontró refugio en parroquias, clubes deportivos, centros culturales y tantos otros espacios que asumieron que la cultura no se restringía a la impuesta por la dictadura y sus funcionarios. A través de las páginas de este libro nos aproximamos a un fenómeno sociocultural que, hasta ahora, ha recibido escasa atención desde la historiografía, a pesar de que la experiencia de la “peña folclórica” durante la dictadura fue compartida por muchas personas. Felipe López no solo reconstruye la trayectoria de estas peñas, sino que también problematiza su papel dentro de la resistencia cultural, adoptando una mirada amplia sobre estos eventos que, muchas veces en la clandestinidad, fueron espacios de transmisión de experiencias, ideas y expresiones artísticas que el régimen buscó arrinconar y borrar de la vida social. En los cerros de Valparaíso y Viña del Mar, la peña folclórica formaba parte de encuentros sociales que permitían compartir vivencias y esperanzas entre generaciones. Son momentos que permanecen en la memoria de muchas personas, como es mi caso: recuerdo las peñas del cerro Los Placeres, donde para ingresar al recinto —entre pasillos y un amplio salón— era necesario conocer una contraseña. Felipe López plantea que las peñas de los cerros se desarrollaron de manera paralela y diferenciada respecto de las del plan de Valparaíso y el centro de Viña del Mar. Mientras las peñas establecidas se concentraban en sectores más visibles, en los cerros y poblaciones emergió una red cultural que trascendió la dictadura, proyectándose incluso más allá del retorno a la democracia. Las peñas, en su dimensión cotidiana y más allá de lo musical, se configuraron como espacios de encuentro político y social, con fuerte presencia de agrupaciones juveniles vinculadas a la militancia comunista, al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, así como a organizaciones comunitarias y religiosas, particularmente católicos de base. En este horizonte, el libro permite apreciar las diferencias entre los contextos de Valparaíso y Viña del Mar.
8
Es importante destacar que la historia escrita por Felipe López conjuga testimonios orales, fuentes escritas, imágenes y propaganda. La historia reciente y los estudios de la memoria presentan desafíos metodológicos particulares, pero el autor logra articular su análisis de manera rigurosa. El estudio de Felipe López abre nuevas líneas de investigación sobre la vida cultural popular y su memoria. Su trabajo nos invita a pensar una historia más extensa y profunda, que valore los testimonios y registros de los sectores populares como fuentes fundamentales para comprender la cultura en tiempos de represión. Su investigación no solo contribuye a la reconstrucción del pasado, sino que también nos interpela sobre la importancia de la memoria cultural en la configuración del presente. Es una obra que, desde la investigación histórica, nos ofrece una esperanza necesaria: aun cuando desde el poder autoritario se intente imponer una visión única de la cultura, desde muchos y diversos rincones de la sociedad se resiste, se preservan memorias, se comparten sueños y luchas.
9
INTRODUCCIÓN
C
orrían los últimos años de la década de 1970 y los resabios del golpe militar suponían todavía una pesadilla de la que miles de chilenos aún no podían despertar. La represión seguía allí, pero el paso del tiempo había permitido sacudirse el polvo de los primeros años y buscar nuevamente formas de resistencia. Así, cada fin de semana, aquellos hombres y mujeres del puerto de Valparaíso que antaño simpatizaron con el gobierno derrocado, comenzaron a concurrir algunos lugares donde volvieron a compartir ideas, culturas subterráneas y también vino navegado. Pese a todo pronóstico, las peñas folclóricas prosperaban. La mítica peña del francés en calle Esmeralda o la peña El Brasero frente al pedagógico en Playa Ancha fueron verdaderos centros de rearticulación para los disidentes políticos fracturados por el golpe, y así mismo, se irguieron como los principales canales de difusión para todo un aparato cultural que la dictadura buscaba silenciar a toda costa. Pero esta es parte de una historia relativamente conocida. A la fecha en que este libro se envía a su proceso de edición, la historia de las peñas
11
establecidas de Valparaíso fue recientemente investigada por brillantes personalidades como lo son el periodista Cristian González y la musicóloga Catalina Jordán, cuyos resultados se plasmarán en el libro Canciones del viento, las peñas folklóricas en el Gran Valparaíso (1965-1986), el cual se publicará en unas pocas semanas. A la fecha en que el presente libro esté disponible al público, Canciones del viento ya habrá salido a la venta hace un par de meses, y se considerará una parada obligatoria para aproximarse a las peñas folclóricas erguidas durante la dictadura en la región. Por supuesto, junto al presente libro, formarán un complemento excelente. La realidad es que la Joya del Pacífico siempre guarda algunos misterios, y es que, tras la clandestinidad en que se levantaron estos célebres espacios, decenas de otros circuitos alternativos empezaron a proliferar también en los cerros y las poblaciones de Valparaíso y de Viña del Mar. Las peñas de los cerros guardan una crónica que, si bien tenían estrecha relación con las míticas peñas de las zonas concurridas, suponen un universo aparte el cual tiene mucho que contarnos. Remontémonos un poco y volvamos a la década de 1960. Aquellos años son abordados por los historiadores Simon Collier y William Sater como un periodo de radicalización, polarización y movilización1, en donde las demandas sociales que se venían arrastrando desde hace un par de décadas se fueron acentuando cada vez más. Con la llegada de Frei Montalva al poder en 1964 nos estaremos aproximando lentamente hacia el estallido de una serie de problemáticas que Romy Rebolledo ha conceptualizado como las frustraciones acumuladas, a saber, en este periodo las demandas sociales aumentaron a tasas cada vez mayores, superando los avances en materia de crecimiento económico. Sumado a ello, la industria comenzó a disminuir su capacidad para crear nuevos empleos, y las medidas destinadas a solventar el desarrollo manufacturero significaron costos cada vez más altos para el resto de los sectores productivos, generando masivos y cada vez más profundos sentimientos de frustración2. 1
Collier, Simon y Sater, William, Historia de Chile. 1808-1994. Cambridge, Cambridge University Press, 1996. p. 276.
2
Rebolledo, Romy, “La crisis económica de 1967 en el contexto de la ruptura del sistema democrático”. Universum. v.20. N°1. 2005.
12
Las frustraciones acumuladas quedan en evidencia si nos detenemos a mirar la cantidad de huelgas que se efectuaron en aquellos años. Entre 1960 y 1964 se registraron únicamente 98 huelgas; solo en 1965 se contaron 146, y para el año siguiente ya habían aumentado a 5683. En 1967, las perspectivas para una segunda presidencia del Partido Demócrata Cristiano no parecían muy buenas, pues su apoyo para entonces se había erosionado. Sin embargo el PDC dejó un importante legado que marcará las siguientes décadas: el desarrollo de la promoción popular, es decir, el fomento de la formación de redes de organizaciones locales y de autoayuda, especialmente en las poblaciones desorganizadas de los barrios marginales4. Este fenómeno se materializó con la Ley de Juntas de Vecinos promulgada en 1968. Estos organismos, tal como afirma Gonzalo Delamaza, cobran importancia en este proceso de movilización en la medida que se entendieron como la organización representativa más genuina de las localidades, todo ello dentro del marco de una institucionalidad política elitaria5. Desde un inicio la promoción popular se impulsó con fuerza: proliferaron las juntas de vecinos, los centros de madres, las asociaciones de padres, los clubes para jóvenes y las asociaciones deportivas. Hacia 1970, unas 20.000 unidades de este tipo habían cobrado vida6. De esta manera, hacia 1968 y 1969 tendremos, como menciona Michael Fleet, un punto álgido en donde el gobierno es cada vez menos capaz de manejar los disturbios y la movilización popular7. Es en este contexto de agitación popular que nacerán las primeras peñas folclóricas del país. Para Collier y Sater, un cambio cultural asociado con este periodo de radicalización fue la aparición de la Nueva Canción Chile3
Meller, Patricio, Un siglo de economía política chilena (1890-1990). Santiago, Editorial Andrés Bello, 1996, p. 111.
4
Collier y Sater, Historia de Chile. p. 269.
5
Delamaza, Gonzálo, “Las juntas de vecinos en Chile. Claroscuros de una larga trayectoria”. Delamaza, Escobar (Coord.). Juntas de vecinos en Chile. 50 años, historia y desafíos de participación. Santiago. Ediciones Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. 2018. p. 27.
6
Collier y Sater, Historia de Chile. p. 269.
7
Fleet, Michael, “La Democracia Cristiana Chilena en el Poder”. Estudios Públicos. N°32. 1988, p. 292.
13
na, y con la creación de la peña de Ángel e Isabel Parra, hijos de Violeta, la peña folclórica se convirtió en el escenario por excelencia de este movimiento musical, con apariciones regulares de cantantes como los mismos Parra, Rolando Alarcón, Patricio Manns y, quizá el más memorable, Víctor Jara, que más tarde encontraría un final horriblemente brutal en manos de los militares en 19738. Como afirma Claudio Rolle, la Revolución Cubana en 1959 había despertado en toda América Latina una oleada de entusiasmo entre las diversas corrientes de izquierda que, según las realidades nacionales, vieron en el fenómeno vivido por Cuba un ejemplo a seguir. Esta posición se fortaleció cuando en 1964 la izquierda chilena sufrió una nueva derrota electoral, tal como había ocurrido en 19589. Es en este escenario que podemos encontrar algunos antecedentes de la Nueva Canción Chilena ya desde 1962, por ejemplo, con la canción Deja la vida volar de Víctor Jara, la cual ya se puede entender desde la idea de canción política10. Sin embargo, tendrían que pasar un par de años para que el movimiento cobrara peso. Es también en este prematuro despliegue que el movimiento fue despreciado e ignorado por las parrillas programáticas o las líneas editoriales de los medios. Muchas emisoras excluían de su programación a determinados intérpretes, y los sellos disqueros tampoco alentaban a los creadores de la Nueva Canción11. En esencia, en sus más tempranos inicios, la música protesta en Chile no tenía un lugar en donde desenvolverse, y esta problemática fue rápida y fortuitamente enmendada por Ángel e Isabel Parra con la inauguración de su peña en 1964. Reflejo también de la marginalidad (por parte de los medios oficiales) de la que gozó este movimiento en sus primeros años fue la necesidad de crear un sello discográfico que diera espacio a la Nueva Canción Chilena 8
Collier y Sater, Historia de Chile. pp. 277-278.
9
Rolle, Claudio, “La Nueva Canción Chilena, el proyecto cultural popular y la campaña presidencial y gobierno de Salvador Allende”. Pensamiento Crítico. N°2. 2002.
10
Martínez, Jorge, “Música política, militante, de protesta, comprometida, canción social, nueva canción, de vanguardia, música identitaria, de proyección folklórica: muchas cuerdas para un mismo trompo...”. Grau, Olga et al. (eds.). La instancia de la música. Santiago. Ediciones Universidad de Chile. 2014. p. 33.
11
Bravo, Gabriela y González, Cristian, Ecos del tiempo subterráneo. Las peñas en Santiago durante el régimen militar (1973-1983). Santiago, LOM Ediciones, 2009, p. 28.
14
sin la censura que solían aplicar los otros sellos, dando como resultado la Discoteca del Cantar Popular o DICAP12. Habiendo entendido esto es necesario volver a una pregunta básica, y es, ¿qué es una peña? Para la Real Academia Española la peña supone un grupo de personas que participan conjuntamente en fiestas populares o en actividades diversas. Así mismo, el folclore se entiende como un conjunto de costumbres, tradiciones y manifestaciones artísticas de un pueblo. Las peñas folclóricas, de esta forma, las entenderemos como un espacio cultural; como un grupo de personas que, a través de la música folclórica, expresarán las distintas demandas sociales que traía consigo este agitado periodo. Para Sandra Molina, la peña folclórica supuso un lugar de agrupamiento entorno al arte y también como expresión política. Ellas fueron un producto de la cultura y se articularon como un elemento importante a la hora de promover la empatía, la solidaridad y la organización social13. El folclore chileno de los años sesenta se articuló en torno a una música que era percibida como autentica, entendiéndose esta autenticidad en el marco de un emergente sentimiento latinoamericanista en la época14, y que en el caso chileno se llevó a cabo a través de la Nueva Canción Chilena. Así, la aleación de estos tres componentes: el movimiento musical emergente; la agitación popular desde mediados de la década de los sesenta; y de la peña folclórica como espacio en que se difundieron estas corrientes, fueron parte clave del movimiento contrahegemónico de la época. Como afirma McSherry, la peña folclórica en la década de 1960 estuvo sumamente ligada al desarrollo de la movilización popular y la participación política del periodo, en donde los músicos cumplieron un rol clave al momento de denunciar injusticias, honrar las vidas de los humildes y transmitir la posibilidad de una sociedad nueva de manera emotiva y popular. De esta forma la Nueva Canción Chilena se convirtió en parte de un nuevo proyecto social político que estuvo sumamente 12
Solar, Lorena, La Nueva Canción Chilena como posibilitadora de conciencia social y política en los sectores populares entre 1965-1973. Tesis de grado. Universidad del Bío-Bío. 2012. p. 78.
13
Molina, Sandra, “Las peñas folklóricas en Chile (1973-1986). El refugio cultural y político para la disidencia” Aletheia [En línea]. N°1(2). 2011. p. 13.
14
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 17.
15
presente en las luchas por el cambio progresista de Chile desde mediados de la década de 1960 hasta el Golpe Militar de 197315, y dada su naturaleza, la peña folclórica fue el espacio por excelencia en donde se desenvolvió dicho movimiento. Toda esta rama cultural sufrió un duro revés con el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe, la Nueva Canción Chilena fue identificada con la Unidad Popular, por lo que la dictadura de Pinochet actuó brutalmente para revertir todos los cambios sociales de los años recientes, proceso que los músicos sufrieron en carne propia16. Aquí es donde surge la canción como forma de divergencia o resistencia simbólica ante el régimen, como vehículo de memoria, construcción de identidad colectiva, y como escuela para nuevas generaciones de músicos y audiencias17. Luego del golpe militar de 1973, y pese al contexto represivo, vuelven a resurgir una serie de peñas folclóricas en un carácter semiclandestino. Retomando las raíces de la peña de los sesenta, la peña folclórica en dictadura volvió a reencontrarse con la Nueva Canción Chilena y ahora con un nuevo movimiento fruto de la represión, el Canto Nuevo. Se volvieron a realizar reuniones y recitales, pero esta vez bajo el foco de la policía y la represión. Los cantantes siempre corrían el riesgo de ser interrogados; se inspeccionaban las letras; se prohibían ciertas canciones y artistas; y era común la presencia de infiltrados en la peña. Las fuerzas de inteligencia vigilaban, registraban, y en ocasiones arrestaban a las personas que asistían a las peñas que existían18, todo este periodo fue vigilado por agentes de la inteligencia, quienes amedrentaban a los jóvenes permanentemente19.
15
McSherry, Joan Patrice, “La dictadura y la música popular en Chile: los primeros años de plomo”. Resonancias. Vol. 23. N°45. 2019. pp. 148-150.
16
Ibíd., p. 150.
17
González, Juan Pablo, “Nueva Canción Chilena en dictadura: divergencia, memoria, escuela (1973-1983)”. E.I.A.L. Vol. 27. N°1. 2016. p. 64.
18
McSherry, “La dictadura y la música popular en Chile”. p. 153.
19
Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Archivos de la memoria en Chile. Investigación, catastro y recopilación de patrimonio tangible e intangible sobre los derechos humanos en la región de Valparaíso. Santiago, MMDH, 2020, p. 59.
16
Debido al contexto represivo, la peña sufrió una serie de mutaciones respecto de lo que había sido en los sesenta. Para Sandra Molina, las peñas folclóricas luego de golpe permitieron la reactivación y reunificación del movimiento popular chileno. Se convirtieron en el cauce de un movimiento alternativo de difusión, de expresión, de política y de subjetividades, en paralelo a las disposiciones culturales del régimen de facto. La cultura se transformó en el mayor y en el más diverso de los espacios de desarrollo y expresión democrática que tuvieron los grupos opositores durante la dictadura militar, sobre todo para los jóvenes militantes20. Gabriela Bravo y Cristian González en su libro Ecos del tiempo subterráneo, dedicado a las peñas folclóricas de Santiago durante el periodo de dictadura, abordan una distinción clave que da sentido al tipo de peña que estudian: la peña establecida, aquella caracterizada por operar en un local fijo y de forma periódica. Paralelamente a estas se realizaron otros tipos de peñas en el Gran Santiago, la peña universitaria y la peña poblacional21. Esta última se caracterizó por ser esporádica y operar específicamente desde las poblaciones. Es esta misma distinción que realizan Bravo y González para el caso de la capital que da sentido a este libro, y es que, más allá de los que sucedía con las peñas establecidas de la región de Valparaíso, ¿qué pasaba en los cerros? Teniendo claro esto, la premisa principal de este libro tiene que ver con que la peña folclórica se convirtió en una celebración que caló profundamente, no solo en aquellos lugares céntricos de Valparaíso, sino también en los cerros y poblaciones de la ciudad puerto, y su vecina, la ciudad jardín, convirtiéndose estos sectores en verdaderos bastiones de resistencia cultural y en centros de reunión para las disidencias políticas del periodo. En todo este proceso, tal como observaremos en las siguientes páginas, las grandes peñas establecidas de Valparaíso colaboraron con los exmilitantes de los cerros para así promover la creación y celebración de estos espacios culturales, convirtiendo a la peña en un mítico recuerdo que aun resuena por las calles de los cerros. Y es que, la presencia de peñas folclóricas en los cerros, así como también su actividad cultural en un sentido más amplio, funcionó de forma paralela y difirió en varios 20
Molina, “Las peñas folklóricas en Chile”. p. 13.
21
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 69.
17
sentidos al cómo se vivía la cultura en el plan de Valparaíso y el centro de Viña del Mar. De esta forma, mientras que las peñas establecidas se concentraron las zonas concurridas de Valparaíso, los cerros y poblaciones de ambas ciudades observaron un florecer de peñas folclóricas y actividades culturales que se extendieron desde los primeros años de la dictadura hasta su fin, incluso proyectándose más allá del retorno a la democracia. Dada la complejidad del periodo y el carácter clandestino que adquirió la cultura en el tiempo en que se extendió de dictadura, el estudio las peñas poblacionales en Valparaíso y Viña del Mar hasta antes de esta investigación era prácticamente inexistente. Sumado a ello, la escasez de documentos escritos supuso un gran obstáculo metodológico para realizar este libro. Al respecto, Bravo y González en su investigación sobre las peñas de Santiago, al percatarse de que dicha historia se reconocía casi exclusivamente mediante la vía oral optaron por una metodología más flexible que otro tipo de estudios22. Me posiciono desde la misma mirada y opté porque fueran aquellos mismos, quienes vivieron este convulsionado periodo, los que nos prestaran su voz para escribir las siguientes páginas. Por último, debo mencionar que este libro no tiene como pretensión abordar el fenómeno en su totalidad, sino iniciar a tientas un camino investigativo a la actividad cultural y contrahegemónica de aquellos espacios que se articularon desde los cerros de Valparaíso y Viña del Mar, en la clandestinidad y marginalidad a la que la dictadura relegó las poblaciones.
22
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 12.
18
PA RT E 1 LA PEÑA POBLACIONAL EN VA L PA R A Í S O Y V I Ñ A D E L M A R
1.1 Preludio: el nacimiento de las peñas
E
l nacimiento de las peñas ya ha sido relatado en otras ocasiones. Tal como exponen Bravo y González, la llegada de la peña folclórica a Chile se remonta a 1964, momento en que Ángel e Isabel Parra vuelven de París con una idea en mente: crear un espacio para la Nueva Canción Chilena, aquel canto que surgía en un contexto de acumulación de problemáticas sociales cada vez más evidentes, y que era despreciado por las parrillas programáticas y líneas editoriales de los medios oficiales1. Las peñas se articularon, en ese entonces, como una mezcla de las tradiciones españolas (lugar de reunión popular y bohemia donde el público generalmente salía a cantar) y las cuevas parisinas donde Ángel e Isabel estaban cantando junto a Violeta2.
1
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 28.
2
Godoy, Álvaro, “La peña de los Parra: donde se quedó el canto”. La Bicicleta. N°62. 1985. p. 12.
19
La Nueva Canción Chilena se irguió entonces como un movimiento musical que revolucionó la escena cultural de Chile desde inicios de la década de 1960 hasta 19733. Esta corriente adquirirá un volumen tal, que llegando a fines de la década de 1960 estará sumamente intrincada con los valores de la Unidad Popular, cumpliendo el rol de propagar el rescate de prácticas e identidades populares e incluso sirviendo como plataforma para la campaña presidencial de Salvador Allende en 19704. Surgió así todo un movimiento de artistas chilenos comprometidos con el pueblo, al servicio de su causa y participantes de sus batallas. Se desarrollaron conjuntos tan maduros artísticamente como lo fue el Quilapayún o el Inti-Illimani, sin mencionar a Violeta Parra, Víctor Jara, Patricio Manns, Tiempo Nuevo, Ángel Parra, entre muchos otros. Estos artistas habían comprobado algo fundamental, y es que las canciones podían ser más elocuentes que los discursos5. Es en este convulsionado periodo que Ángel e Isabel Parra inauguran la peña de los Parra en 1965. La idea fue fraguada en las calles parisinas, donde los cantores conocieron y actuaron en dos peñas: La Candelaria y La Escala. No habría que esperar mucho para que la peña de los Parra se transformara en el corazón de la Nueva Canción Chilena, y una vez inaugurado este espacio, el fenómeno peñas se expandió por todo el país6. “Las calles santiaguinas se poblaron de muchachos que sin inhibiciones lucían su guitarra bajo el brazo. Peñas por todas partes. Peñas en los liceos, en los Sindicatos. La Juventud Comunista inauguró la suya por allá por Avenida Matta. Los estudiantes de la Universidad Técnica se reunían todos los viernes y sábados para cantar”7, relataba en 1977 desde el exilio René Largo Farías, conductor radial y director de la mítica peña Chile Ríe y Canta.
3
McSherry, “La dictadura y la música popular en Chile”. p. 150.
4
Rolle, Claudio, “La Nueva Canción Chilena”.
5
Mansilla, Luis, “Presente y futuro de las canciones del pueblo”. Chile Ríe y Canta. N°1. Santiago. 1970. p. 19.
6
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. pp. 28-29.
7
Largo, René, “La nueva canción chilena: II Parte”. Chile Ríe y Canta. Santiago. Marzo de 1992. p. 4.
20
A la peña de los Parra le seguirá otra famosa peña que buscaría imitar, en Valparaíso, lo que para entonces sucedía en la capital. Así, en 1965 nacería la peña Folclórica de la Universidad de Chile, la cual se mantendría activa hasta su colapso en 19738. Tal como relatan Catalina Jordán y Cristian González, esta tuvo como equipo fundador a un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile (actual Universidad de Playa Ancha), varios de los cuales posteriormente tendrían una importante carrera musical, como Osvaldo “Gitano” Rodríguez, Payo Grondona, o los integrantes del grupo Tiempo Nuevo. Estos muchachos tomaron como inspiración la peña de los Parra, guiados, al igual que sus referentes, por las inquietudes político-sociales de la época. Esta peña tuvo varias etapas y funcionó en distintos locales, la más emblemática fue su tercer y última sede: un subterráneo que le decían “el Hoyo”, ubicado en un edificio de la manzana de Bellavista con Blanco, actualmente demolido. Esta peña gozó de mucha popularidad, recibiendo a eminencias de la época como Violeta Parra, Quilapayún, Víctor Jara, Patricio Manns, Ángel Parra, Inti Illimani, Pablo de Rokha, Pablo Neruda, entre muchos otros9.
8
Donoso, Christian, “La Peña de la Universidad de Chile de Valparaíso a través de los ojos de Luis Díaz Alvayay”. Revista Promús. 2014.
9
González, Cristian y Jordán, Catalina, “Las peñas en el Gran Valparaíso (1965-1990): nuevas escenas musicales y resistencia cultural”. Coloquios de investigación, Carrera Pedagogía en Educación Musical UPLA. Primera Jornada (27 de mayo de 2021). Disponible en: https://www.upla.cl/noticias/2021/06/03/coloquio-de-investigacion-demusica-upla-convoco-a-profesionales-y-estudiantes-de-la-disciplina/
21
F o t o g ra fía 1 . Margot Loyola y Osvaldo Cádiz en la peña folclórica de la Universidad de Chile. Extraída del libro “La Cueca: Danza de la vida y de la muerte”10.
A partir de ciertas divisiones internas en la mencionada peña surgirá otra, esta vez en Viña del Mar. Esta peña tuvo como nombre la peña del Mar y prontamente mutó en la peña Folclórica de Viña del Mar, con el Gitano Rodríguez y el Payo Grondona a la cabeza11. El 11 de septiembre de 1973 vino a desbaratar toda la rama cultural construida durante la década anterior. Mientras las peñas se clausuraban, los referentes de la Nueva Canción Chilena sufrían los rigores de un régimen impuesto por la vía de la fuerza12. Al respecto, René Largo Farías hacía un resumen del triste panorama en 1977: “Víctor Jara fue brutalmente asesinado; Héctor Pavez murió en el exilio en 1975; Ángel Parra estuvo largo tiempo encarcelado; Juan Fianelli, folclorista y dirigente del magisterio, fue detenido y figura en la siniestra 10
Loyola, Margot y Cádiz, Osvaldo, La Cueca: Danza de la vida y de la muerte. Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso PUCV, 2010, p. 107.
11
Largo, René, “La nueva canción chilena: II Parte”. p. 4.
12
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 37.
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lista de “desaparecidos”; la DINA secuestró en Buenos Aires a Kiko Elgueta, primera voz del Conjunto “Quilmay”, y no se ha vuelto a saber de él. Patricio Manns, Isabel y Ángel Parra, Sergio Ortega y Patricio Castillo viven en París. Allí tiene su sede el Quilapayún (...); y también junto al Sena, con valiosa asesoría de Edmundo Vásquez, los compañeros Pablo Armijo, Julio Salas, Ramón Pavez, Hernán Saavedra y Carlos Morales crearon el grupo Trabunche. Jóvenes cantores populares crearon el Licanantay en Ciudad de México. “Los Pehuenches” en Montreal, Canadá. Payo Grondona, el Aparcoa y el Tiempo Nuevo están en la República Democrática Alemana. En Roma anclaron los Inti Illimani, y en cualquier lugar de Europa viven, luchas y sueñan Los Amerindios de Julio Numhauser, Charo Jofré, Hugo Arévalo, Inés Carmona, Marta Contreras, Osvaldo Rodríguez, integrantes del Curcumén y del Wiracocha viven en Suecia. Los Emigrantes fueron a dar a Cuba y Canadá. Guitarras y voces de Chile que el huracán pinochetista echó a rodar por el mundo; hombres y mujeres, artistas populares, luchadores revolucionarios que no han cerrado la boca ni se han cruzado de brazos. Todos están cumpliendo su tarea, esperando el retorno, que llegará, sin duda alguna”13. Se instaló un proyecto autoritario que tuvo como tarea primigenia demoler los cimientos construidos por los gobiernos anteriores a 1973. En concreto, se buscó erradicar todos los vestigios heredados del régimen de la Unidad Popular14. La dictadura militar chilena fue acompañada de lo que la historiadora Karen Donoso ha conceptualizado como un periodo de apagón cultural. La autora explica este fenómeno en la disminución de la creación, producción y circulación de bienes culturales en el interior del país a partir de 1973, entendiendo el origen de este fenómeno como una política desde arriba. Pese a esto, la autora hace énfasis en que el concepto posteriormente fue utilizado tanto por adherentes como opositores a la Junta Militar, proponiendo que la dictadura, a pesar de tener un discurso público basado en el nacionalismo y la exaltación de la patria, planificó políticas culturales en función del nuevo proyecto a implementar, el neoliberalismo, disminuyendo la influencia del Estado en la producción cultural y difusión artística. Este hecho, en específico, 13
Largo, René, “La nueva canción chilena: II Parte”. p. 6.
14
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 39.
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fue lo que provocó el apagón cultural15. Por supuesto, esta planificación cultural por parte de la dictadura va de la mano con el intento de suprimir todos los vestigios culturales de los tiempos de la Unidad Popular. Como señalan Bravo y González, en la Política Cultural del Gobierno de Chile, un documento elaborado por la junta en 1975 se manifestó explícitamente el rechazo y la crítica hacia una supuesta “instrumentalización” de la cultura, perpetrada en el gobierno de la UP. “El desenvolvimiento cultural en nuestro país no ha seguido más pautas que las dictadas espontáneamente por quienes lo han enriquecido, salvo en el caso del trienio 1970-1973, en que el marxismo intervino, orientó y manejó la creación cultural chilena ajustándola estrictamente a los cánones que estuvieran de acuerdo con sus objetivos políticos”16. Tal como señala Valentina Arévalo, la idea del apagón cultural en ocasiones ha sido ha sido criticada en tanto no comprende en su análisis el desarrollo de prácticas artísticas de resistencia acaecidas al margen del discurso oficial17. En esta misma línea, Cristi y Manzi señalan que, sin desconocer el impacto de la censura y las múltiples restricciones a toda forma de oposición pública, es posible rebatir la idea de apagón cultural puesto que esta busca ensombrecer el amplio despliegue de la cultura alternativa18. Nos ubicamos por tanto en un panorama que da cuenta de ambas realidades: como plantea Karen Donoso, entendemos el apagón cultural como una política desde arriba que repercutió catastróficamente en la vida cultural nacional, pero así mismo comprendemos el desarrollo de una cultura alternativa y disidente en el marco de una política que buscó eliminar todo antecedente cultural anterior al nuevo proyecto neoliberal, generando una nueva cultura que quedó relegada a la clandestinidad. En este debate la pregunta queda abierta y esperamos develar alguna respuesta en el transcurso de este libro ¿Hubo realmente un apagón cultural? 15
Donoso, Karen, “El ‘apagón cultural’ en Chile: políticas culturales y censura en la dictadura de Pinochet 1973-1983”. Outros Tempos. Vol. 10. N°16. 2013. pp. 105-106.
16
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 48.
17
Arévalo, Valentina, La cultura en el campo de las ideas (1973-1985): prácticas y discursos de la institucionalidad de la dictadura chilena y el movimiento artístico-cultural de resistencia (UNAC y CADA). Tesis de magíster en Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, p. 83.
18
Cristi, Nicole y Manzi, Javiera, Resistencia gráfica dictadura en Chile. APJ - Tallersol. Santiago, LOM Ediciones, 2016, p. 266.
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Dejando por un momento aquel tema de lado, es en este contexto dictatorial que las peñas existentes desaparecieron, fueron allanadas, clausuradas, y sus organizadores perseguidos y hostigados por el régimen. Los militares asumieron el control del país siguiendo un plan de guerra, convencidos de que la Unidad Popular era un movimiento que amparaba grupos armados, y por ende, actuaron como si estuvieran en el frente de batalla19. En la oscura época que suponen los primeros años de la dictadura nacerán, en el oscurantismo, las primeras peñas en los cerros de Valparaíso y de Viña del Mar.
1.2 La peña poblacional en Valparaíso y Viña del Mar La primera parte de este libro tiene como fin caracterizar las peñas poblacionales que florecieron en los cerros de Valparaíso y Viña del Mar durante la dictadura militar, mientras que la segunda parte tendrá como foco reconstruir un relato sobre las vivencias culturales de ambas ciudades. Un buen punto para iniciar este apartado es la fisionomía de la peña folclórica tras el golpe militar. Tal como afirman Bravo y González, luego de 1973 las peñas conservan ciertos rasgos de formato y contenido, pero muchos otros aspectos se ven notablemente alterados. En estos locales se mantiene la intimidad, ya que continúan siendo espacios reducidos, aptos para la interacción más directa entre artista y público. Sin embargo, su carácter acogedor experimenta una variación debido al contexto intimidatorio de ciertas normativas a las que se exponen quienes quebrantan dichas normas. Ronda el miedo, la decoración conserva su aspecto rústico pero se eliminan los símbolos que guarden cualquier relación con el periodo anterior al golpe. Nadie se siente con libertad de instalar una bandera o un afiche alusivo a una posición ideológica20. El vino navegado y la empanada desde antes de 1973 ya se habían instalado como los platos típicos de la peña. Esta característica atravesará todo el periodo dictatorial e incluso en nuestros días seguirán caracterizando a los mencionados espacios. Lo gastronómico en la peña en 19
Huneeus, El régimen de Pinochet. Santiago. p. 98.
20
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 66.
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dictadura, al igual que lo era antes, permanece en un rol secundario, pues la atención sigue centrándose en el espectáculo que brinda el artista. Dicho espectáculo se diversificará, la música seguirá teniendo un rol protagónico, pero a su vez se incorporan obras de teatro, poesía, danza, y otras expresiones artísticas21. De la misma forma, el movimiento musical también sufrirá una gran transformación. Los cantores que en un inicio reinterpretan obras de la Nueva Canción Chilena van creando una nueva estética fruto de su contexto, dando como resultado un movimiento sucesor denominado el Canto Nuevo. Este, desde un inicio se entiende como una continuación (y restauración) de una tradición entendida como democrática, en oposición a un presente marcado por el autoritarismo. En este contexto, los músicos del Canto Nuevo que surgieron tras el golpe buscaron establecer una continuidad con la Nueva Canción Chilena, especialmente a través de la utilización de instrumentos andinos y folclóricos. Las letras del Canto Nuevo supondrán un modo de enunciación colectivo, condicionado por la necesidad de sobrellevar un silencio producido por la desaparición de sus referentes culturales22. Las letras del Canto Nuevo, dado el contexto represivo, se articularon en los primeros años con un lenguaje cuidadoso que tendió a lo metafórico, a fin de no llamar la atención de los aparatos de inteligencia. Sin embargo, esta definición del movimiento no está exenta de polémicas. Javier Osorio afirma que, a pesar de que comúnmente se señala la construcción poética las letras del Canto Nuevo como “metafóricas”, ellas se ubican más bien en un espacio poético intermedio entre la significación directa e indirecta de un mensaje, que busca ser decodificado claramente por un público auditor. Con el inicio de las movilizaciones en contra de la dictadura, en los primeros años de la década de 1980, estas letras comenzarán a ser cada vez más una herramienta importante para la denuncia y la expresión pública o directa de un descontento23. Cualquiera 21
Ibíd.
22
Osorio, Javier, “La bicicleta, el Canto Nuevo y las tramas musicales de la disidencia. Música popular, juventud y política en Chile durante la dictadura, 1976-1984”. A Contracorriente. Vol. 8. N°3. 2011. pp. 257-259.
23
Íbid., p. 263.
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sea el caso, el Canto Nuevo aparece ante la necesidad de comunicar en un contexto represivo. ¿Dónde nace el Canto Nuevo? se preguntaba ya en 1977 René Largo Farías. ¿Cómo surge? ¿Quién o quiénes fueron sus impulsores? ¿Quién puede decir... yo estuve en su gestación, o yo lo parí? Pensamos que es difícil precisarlo, y que nadie puede atribuirse la paternidad del Canto Nuevo. Creemos que se trata de un caso de paternidad colectiva”24. Entre los tantos exponentes del movimiento podemos mencionar a Barroco Andino, Ortiga, Santiago del Nuevo Extremo, Schwenke y Nilo, Sol y Lluvia, Congreso, Nano Acevedo, Eduardo Peralta, Rebeca Godoy o Isabel Aldunate, entre varios otros25. Afirmé anteriormente que para abordar el fenómeno de las peñas en Santiago, Bravo y González establecieron una clasificación en donde ubicar las peñas establecidas. En nuestro caso, resulta lógico iniciar desde esta clasificación para desglosar la realidad que se vivió en Valparaíso y Viña del Mar, que si bien resultó bastante peculiar, es similar en otros aspectos al caso de la capital. En primer lugar, los autores clasificaron las peñas bajo el orden dictatorial en tres grandes bloques26: a)
Peñas establecidas.
b)
Peñas universitarias.
c)
Peñas poblacionales o sindicales.
Tanto la investigación de Bravo y González como la de González y Jordán se centran exclusivamente en las peñas establecidas, es decir, aquellas que operaban bajo un local fijo27. Las peñas poblacionales aún permanecen como un fenómeno escasamente estudiado, lo cual nos lleva a la necesidad de establecer nuestra propia caracterización de las peñas poblacionales de Valparaíso y Viña del Mar. Partiré afirmando que las peñas poblacionales de Valparaíso y Viña del Mar pueden dividirse en dos tipos, los cuales son: 24
Largo, René, “La nueva canción chilena”. Chile Ríe y Canta. Santiago. Diciembre de 1991. p. 5.
25
McSherry, “La dictadura y la música popular en Chile”. p. 153.
26
Bravo y González, Ecos del tiempo subterráneo. p. 69.
27
Íbid.
27
1) Peñas poblacionales sin ningún alero. 2) Peñas poblacionales al alero de organizaciones sociales base. Las primeras aparecen asociadas a los primeros años de la dictadura y se entienden en el contexto de desarticulación de los movimientos políticos ligados a la izquierda. Mientras que las segundas surgen a la par que las organizaciones sociales comienzan a reconstruirse desde mediados de la década de 1970. Lógicamente, tanto Valparaíso como Viña del Mar presencian la transición del primer tipo de peñas a las segundas, sin embargo, existirán grandes particularidades que darán un rumbo propio a la historia de cada ciudad y que intentaremos abordar en las siguientes páginas.
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Este libro fue compuesto con la familia tipográfica Univers light 10 puntos. Impreso en papel bond ahuesado de 80 grs. Fue maquetado en la ciudad de Valparaíso y confiado a imprenta Gràfhika Impresores, durante octubre de 2025.
E
l libro ¿Qué pasaba en los cerros? Peñas, cultura, poblaciones y dictadura en Valparaíso y Viña del Mar es una investigación rigurosa y sensible que recupera la memoria cultural de los cerros porteños y viñamarinos durante la dictadura militar. Frente al relato hegemónico centrado en las élites o en la represión política, este estudio se centra en un territorio poco explorado, el de las peñas folclóricas y el de los espacios populares como signos de resistencia, reunión y persistencia del tejido social. Con base en testimonios orales, archivos y material gráfico, el autor reconstruye cómo la música, la poesía y la solidaridad permitieron a las comunidades mantener viva una cultura popular asediada por la censura y el miedo. Las peñas y otros espacios similares, surgidos en parroquias, clubes deportivos o casas particulares, se convirtieron en refugios colectivos de memoria. Este libro rescata las voces individuales y colectivas de quienes, desde el margen, sostuvieron la vida cultural de Valparaíso y Viña del Mar, trazando un mapa humano que conecta arte, política y colectivos populares. Esta publicación es una obra imprescindible para comprender cómo la cultura, en regiones, siguió siendo una forma de libertad durante la dictadura.