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Capilla del Sagrado Corazón de Jesús

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Capilla del Sagrado Corazón de Jesús Espacio de puesta en valor de la historia de la Universidad en el contexto de la región de Valparaíso


Capilla del Sagrado Corazón de Jesús Espacio de puesta en valor de la historia de la Universidad en el contexto de la región de Valparaíso


Impulsor del proyecto Fray Cristian Eichin Molina OFM, Vice Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Académico de la Facultad Eclesiástica de Teología. Director del proyecto Jorge Ferrada Herrera Autores (por orden de aparición en el texto) Dr. Cristian Eichin Molina Mg. Rodrigo Quijano Escobar Dr. Jorge Ferrada Herrera Dr. Kamel Harire Seda Mg. Jorge Salomó Flores Mg. Mariel Mancilla García Asesor Historiográfico Dr. Paulo Donoso Johnson Edición y coordinación Rodrigo Quijano Escobar Diseño Gráfico y diagramación Gabriel Weason Guzmán Fotografía Gabriel Weason Guzmán Colaboración especial Fotografía y diagramación: Rodrigo Quijano Escobar

Capilla del Sagrado Corazón de Jesús Espacio de puesta en valor de la historia de la Universidad en el contexto de la región de Valparaíso.

Investigación Pastoral: Jazna Villarroel Rivera. Directora Pastoral PUCV Investigación litúrgica: Victor Mella Videla, seminarista Investigación patrimonial: Sandra Serrano Morales Agradecimiento a

Primera edición, septiembre 2025. ISBN: 978-956-17-1194-5

La Dirección de Infraestructura y Gestión de Campus, Vicerrectoría de Administración y Finanzas.

Derechos Reservados

Sistema de Biblioteca de la PUCV.

Tirada: 300 ejemplares

Biblioteca Eduardo Budge y Fondo Histórico Patrimonial PUCV. A su encargada Estefania Donoso Johnson.

Impreso en Chile

Rodrigo Navia Carvallo, académico de la PUCV, Director de la Escuela de Negocios y Economía. Observación Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Av. Errázuriz 2930, Valparaíso info@edicionespucv.cl www.edicionespucv.cl Dirección Editorial: David Letelier

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“Para efectos de redacción y en consideración al reconocimiento de Universidad Pontificia realizado por la Santa Sede en 2003 a la Universidad Católica de Valparaíso, el comité editorial utiliza en la obra la denominación PUCV de manera genérica, entendiendo que desde su fundación hasta el 2002, corresponde a la denominación pública institucional de UCV”.


Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV. Año 1937

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L

a Pontificia Universidad Católica de Valparaíso avanza con paso firme hacia la conmemoración de su primer Centenario, que celebraremos en el año 2028. En este itinerario, el 2025 nos brinda una ocasión de especial relevancia: los cien años de la colocación de la primera piedra de nuestra Casa Central, acontecimiento fundacional que marcó el inicio del proyecto universitario que hoy conocemos. Asimismo, este año celebramos el Centenario del Obispado de Valparaíso, estrechamente ligado a nuestra historia. Este aniversario nos invita a volver la mirada al corazón de nuestra Institución, allí donde los fundadores, con visión y fe, decidieron situar la Capilla en el centro mismo de la Casa Central. Con este gesto quisieron expresar, desde el comienzo, que la Universidad nacería inspirada y sostenida por la Iglesia, poniendo a Cristo y a la vida espiritual en el eje de la existencia universitaria. La Capilla fue la semilla germinal de la Universidad: desde allí se irradió una fuerza espiritual que ha acompañado cada hito institucional, constituyéndose en centro y signo de unidad para generaciones de estudiantes, académicos y funcionarios. No fue al azar que eligieran también las imágenes que habrían de presidir este recinto sagrado: el Sagrado Corazón de Jesús, patrono de la Universidad; Santa Isabel de Hungría, testimonio de servicio y caridad; y Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia y maestra de vida interior. En ellas, los fundadores dejaron un signo de lo que querían para esta obra: una Universidad con el corazón en Cristo, animada por el espíritu de servicio y sustentada en una vida interior fecunda que iluminara el camino de las nuevas generaciones.

de sí para edificar la Universidad. En ella reposan, además, los restos de nuestro primer Rector, el presbítero Rubén Castro, a quien la comunidad universitaria guarda eterna gratitud por su visión y entrega en los orígenes de este proyecto. Cada plegaria, cada liturgia y cada celebración, vividos en este recinto, forman parte de la memoria espiritual de nuestra comunidad. En este marco, nada resulta más propicio que conmemorar este doble Centenario con la publicación de un libro dedicado a la Capilla de la Casa Central. Este volumen no solo recoge la historia de un espacio arquitectónico singular, sino que evoca la memoria de las generaciones que, en sus muros, han encontrado la fuerza de la fe y la esperanza. El aporte de esta obra no es únicamente la memoria del espíritu: es también un trabajo patrimonial e interdisciplinario, fruto de la investigación histórica y arquitectónica de nuestros académicos que revela la riqueza de este recinto como lugar vivo de identidad y pertenencia. La Capilla es mucho más que un espacio: es signo y testimonio de nuestra identidad católica, de nuestra tradición universitaria y de nuestro compromiso con la misión que nos inspira. Con este libro, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso honra su historia, agradece la obra de sus fundadores y se abre al porvenir, manteniendo viva la convicción de que custodiar el origen es, al mismo tiempo, proyectar el futuro. Así, en gratitud y compromiso, reafirmamos que en el corazón de la Universidad seguirá latiendo, siempre, el corazón de la Iglesia.

Desde entonces, esta Capilla ha sido lugar de oración y recogimiento, escenario de acontecimientos significativos de la vida institucional y también espacio de despedida agradecida a quienes entregaron lo mejor

Nelson Vásquez Lara Rector Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

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Copón.


E

n el presente año de gracia jubilar, en que celebramos el centenario de la Diócesis de Valparaíso, recibimos con gratitud el reconocimiento patrimonial, teológico e institucional que la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso ha hecho de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. Ubicada en el corazón del edificio fundacional de la Universidad, su presencia nos habla de la visión trascendente que inspiró su construcción hace un siglo. Cuando el 21 de septiembre de 1925, el Presbítero Rubén Castro Rojas colocó en El Almendral la primera piedra de la PUCV “mirando al mar y en dirección al cielo”, expresó la profunda vocación de servir a Valparaíso desde la fe y la educación. La simultánea creación de nuestra diócesis el 18 de octubre de 1925 y la designación de su primer Obispo, Monseñor Eduardo Gimpert Paut, transformó a la Universidad en el primer proyecto de la iglesia local. Pasado un siglo de estos hechos, el Sagrado Corazón de Jesùs nos sigue guiando como comunidad. Poner en valor su dimensión espiritual y fundacional dentro de la diócesis nos permite renovar el compromiso con nuestra identidad católica, abierta al Evangelio, al diálogo con la cultura y a los desafíos de nuestro tiempo.

Monseñor Jorge Vega Velasco SVD Obispo de la diócesis de Valparaíso Gran Canciller Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

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Vitrales pared oriente.


Índice

VI.

Disposición espacial Lugar, memoria y símbolo

63

Jorge Ferrada H. Doctor Arquitecto 6.1. John Brown y la familia Brown Ariztía 6.2. Sitio y lugar, concepciones y relación con la identidad espacial

I.

Prólogo

6.3. Isabel Caces de Brown, la familia fundadora y su legado patrimonial

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Cristian Eichin M. Doctor en Teología

VII.

II.

Proyecto y equipo de investigación

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III.

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Origen a través de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús

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7.1. Estaciones del Vía Crucis 7.2. Esculturas 7.3. Mobiliario litúrgico y funcional 7.4. Objetos litúrgicos menores 7.5. Objetos devocionales y complementarios

3.1. Isabel Caces, un testamento con dimensión social y espiritual

7.6. Lámpara tallada

3.2. Las hermanas Brown, impulso benefactor y red solidaria

VIII. Vestimentas religiosas

3.4 Isabel Brown Caces

8.1. Vestiduras litúrgicas en general

3.5. Rubén Castro, el llamado de las periferias y el proyecto en El Almendral

8.2. Colores litúrgicos

3.6. La Diócesis de Valparaíso, la PUCV al alero del Sagrado Corazón de Jesús

IX.

9.2. Paños de altar 9.3. Otros objetos de uso litúrgico

X.

4.1. Algunas tradiciones religiosas

10.2. Los vitrales de la Capilla del Sagrado Corazón 10.3. Vidrieras ornamentales 10.4. Vidrieras iconográficas de la pared oriente 10.5. Vidrieras iconográficas de la pared poniente

5.2 Diseño arquitectónico 5.3 Espiritualidad y función

5.3 Patrimonio vivo

123

10.1. El vitral en la historia

5.1 Ubicación y contexto urbano

5.5 Relación con la identidad institucional

Vitrales de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús Jorge Salomó F. Magister en Historia Kamel Harire S. Doctor en Teología

57

Jorge Ferrada H. Doctor Arquitecto

5.4 Espacio de comunidad

113

9.1. Vasos sagrados

49

Jorge Salomó F. Magister en Historia Kamel Harire S. Doctor en Teología

La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Descripción arquitectónica de un espacio de recogimiento en medio del paisaje porteño

Objetos litúrgicos Fray Cristian Eichin M. Doctor en Teología

3.7. La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, semilla germinal de la PUCV

V.

103

Fray Cristian Eichin M. Doctor en Teología

3.3. María Teresa Brown Caces

La región de Valparaíso Tradiciones y patrimonio religioso

71

Mariel Mancilla G. Magister en Patrimonio y en Gestión Cultural

Rodrigo Quijano E. Magíster en Dirección Pública

IV.

Catalogación de objetos e inmuebles

XI.

Conclusión: La luz del Jubileo en los cimientos de nuestra Universidad

XII. Referencias y fuentes consultadas

145 151


Detalle Vía Crucis XII.


41

49

65

71

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Ritos Iniciales Introitus “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!” (Salmo 122) “Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre: el Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades” (Salmo 100)


Prólogo

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Custodia del Santísimo Sacramento.

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PRÓLOGO

E

l año 2025, la diócesis de Valparaíso se apresta a conmemorar su centenario. Instituida por el Papa Pío XI en el contexto del Jubileo de 1925, su creación respondió al anhelo de la Iglesia de infundir un espíritu de renovación en el corazón de la comunidad porteña. En el marco de un nuevo año jubilar, este aniversario representa una valiosa ocasión para contemplar el legado espiritual, cultural y educativo que ha marcado la historia de la diócesis y su íntima relación con la región. Entre las obras surgidas en ese horizonte eclesial destaca la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Fundada bajo el patrocinio de la Fundación Isabel Caces de Brown, su primera piedra fue colocada en 1925, en sintonía temporal y espiritual con el nacimiento de la nueva jurisdicción eclesiástica. Esta sincronía es expresión concreta de una vocación compartida: formar personas íntegras, enraizadas en la fe y al servicio del bien común. El alma de este proyecto educativo se encuentra representada simbólicamente en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en el corazón de la Casa Central de la PUCV. Desde sus orígenes ha sido el signo visible de una identidad universitaria que conjuga contemplación y compromiso, fe y razón, memoria y futuro. Cada objeto litúrgico, vitral, escultura y gesto sacramental contenido en ella da testimonio del anhelo de construir una comunidad académica que, desde su diversidad, se congrega en torno a lo esencial.

benefactoras como Isabel Caces y sus hijas, la visión educadora de Rubén Castro, el trabajo de académicos, sacerdotes, estudiantes y funcionarios que, en distintas épocas, han encontrado aquí un punto de anclaje, de consuelo y de impulso. Este libro es un acto de gratitud y de compromiso. Gratitud con quienes dieron origen a nuestra Universidad —transformando el dolor en servicio y la fe en acción educativa—, y compromiso con las generaciones futuras, para que este legado sea custodiado con reverencia y responsabilidad. En el año del centenario diocesano y del Jubileo de la esperanza, que este gesto de memoria sea también un acto de envío. Que el estudio de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús nos renueve en la misión universitaria y nos recuerde que —en palabras de su primer rector— la edificación moral es aún más hermosa que la material. Porque todo verdadero conocimiento nace de la fe y toda verdadera universidad nace del amor.

Fray Cristian Eichin Molina OFM Vice Gran Canciller Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

El siguiente trabajo nace de la convicción de que su patrimonio debe conservarse y releerse a la luz de los signos de los tiempos. La investigación, la catalogación, el estudio arquitectónico, la recopilación de fuentes y testimonios, así como las actividades de vinculación con el medio realizadas, dan cuenta de una comunidad universitaria que vuelve la mirada a su origen para proyectarse con sentido. Así, lo material se transforma en símbolo, lo cotidiano en liturgia, lo académico en acto de fe. En un mundo marcado por la fragmentación y la crisis socioambiental, este espacio sagrado emerge como un lugar de memoria viva y de esperanza. Su luz serena, sus colores filtrados, su silencio lleno de significado, invitan a volver al centro, a recuperar lo esencial. En sus muros se entrelazan la historia de mujeres

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Custodia del Santísimo Sacramento.


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Proyecto y equipo de investigación

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Altar y retablo de la Capilla.

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PROYECTO Y EQUIPO DE INVESTIGACIÓN

E

l proyecto titulado “La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV como espacio de puesta en valor de la historia de la Universidad en el contexto de la región de Valparaíso” nace como respuesta al llamado de Monseñor Jorge Vega Velasco, Obispo de Valparaíso y Gran Canciller de la PUCV, a redescubrir los signos visibles del vínculo existente entre la Iglesia, la Universidad y el territorio. En un tiempo de memoria jubilar marcado por el centenario de la diócesis, es necesario volver la mirada al corazón simbólico y espiritual de nuestra casa de estudios: la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. Bajo la conducción del Vice Gran Canciller, Fray Cristian Eichin Molina OFM, se conformó un equipo interdisciplinario de académicos, funcionarios y estudiantes con el propósito de estudiar, valorar y difundir el significado teológico, patrimonial e institucional de este espacio. Con el respaldo de la Rectoría y la Vicerrectoría de Investigación, Creación e Innovación, esta iniciativa se estructuró como un gesto de reconocimiento y proyección: comprender que la historia de nuestra Universidad no puede ser narrada plenamente sin la centralidad espiritual y simbólica de su Capilla fundacional. Este trabajo fue realizado en concordancia con el Plan de Desarrollo Estratégico Institucional 2023–2029 de la PUCV, que establece como uno de sus objetivos prioritarios el fortalecimiento de la identidad católica.

La publicación que se presenta a continuación está articulada en dos partes complementarias: por un lado, una reconstrucción histórico-simbólica del origen de la Universidad a través de la Capilla de la Casa Central; por otro, una lectura teológica, litúrgica y patrimonial de sus elementos materiales, que constituyen una pedagogía silenciosa del espíritu universitario. En conjunto, este trabajo busca renovar el compromiso con la conservación de su legado. En tiempos en que la misión de las universidades católicas exige un compromiso con su identidad, apertura al diálogo y arraigo comunitario, este proyecto se ofrece como un acto de memoria activa: custodiar el origen para proyectar el futuro. Así, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús vuelve a hablarnos como lo hizo en 1928, cuando su altar fue bendecido por el Nuncio Héctor Felice y el primer Gran Canciller Eduardo Gimpert. Su voz silenciosa sigue recordándonos que la verdad universitaria brota del encuentro entre fe y saber, entre historia y esperanza.

Autores (por orden de aparición) Cristian Eichin Molina Doctor en Teología

Rodrigo Quijano Escobar Magister en Dirección Pública

El equipo, coordinado por el director del Centro de Estudios Patrimoniales de la PUCV Jorge Ferrada Herrera, llevó adelante una serie de acciones articuladas en diversas etapas. Se comenzó con un diagnóstico técnico del estado de conservación de la Capilla, su mobiliario y objetos litúrgicos, al que siguió un proceso riguroso de catalogación patrimonial y levantamiento fotográfico. Esta etapa permitió reconocer la profundidad simbólica de los elementos allí presentes.

Jorge Salomó Flores Magister en Historia

Kamel Harire Seda Doctor en Teología Consejero Superior de la PUCV en representación del Gran Canciller

Jorge Ferrada Herrera Doctor Arquitecto

En paralelo, se emprendió una exhaustiva revisión documental, con el objetivo de reconstruir la vida sacramental de la Capilla. Para ello se consultaron archivos eclesiásticos en la Iglesia de los 12 Apóstoles ubicada en avenida Argentina, permitiendo identificar bautizos, matrimonios y otras celebraciones ligadas a la comunidad universitaria. Esta dimensión fue enriquecida por el valioso testimonio de descendientes de la familia Brown Caces, quienes compartieron registros y memorias en el marco del centenario de la Fundación Isabel Caces de Brown. Uno de los ejes del proyecto fue la integración activa de la comunidad universitaria. Se realizaron presentaciones públicas, exposiciones y visitas patrimoniales —como la desarrollada en el Cementerio N.º 1 de Valparaíso— que propiciaron la participación reflexiva en torno al origen espiritual de la PUCV. De manera especial, la exposición fotográfica de los bienes litúrgicos de la Capilla, presentada en el Claustro Pleno de agosto de 2024, fue un signo de comunión entre la investigación, la vida académica y la experiencia de fe que anima a nuestra Universidad.

Mariel Mancilla García Magíster en Patrimonio y en Gestión Cultural

Asesor Historiográfico Paulo Donoso Johnson Doctor en Historia

Colaboración especial Jazna Villarroel Rivera Magister en Dirección Pública

Víctor Mella Videla Seminarista

Sandra Serrano Morales Licenciada en Ciencias Religiosas y Estudios Pastorales

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Conopeo.


Liturgia de la Palabra Epístola “La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante; los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos; la voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos!” (Salmo 19)

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Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Origen a través de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús

III

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

L

a Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en el edificio principal de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), es un lugar donde convergen el origen espiritual, la identidad y la memoria fundacional de nuestra casa de estudios. En su interior se resguardan signos materiales — vitrales, esculturas, altares, objetos litúrgicos— que, en su conjunto, permiten releer el acto de fundación como una expresión del diálogo entre fe, cultura y territorio. Su construcción —contemplada en el diseño original de la PUCV — refleja la voluntad de situarla como el núcleo desde el cual se proyectaría en adelante la vida universitaria. Su presencia da cuenta de una concepción teológica y pedagógica que concibe lo trascendente como eje articulador de la misión educativa. La simultaneidad entre la colocación de la primera piedra de la Casa Central y la erección canónica de la diócesis de Valparaíso en 1925, es una clave hermenéutica: ambas instituciones nacen hermanadas bajo el signo del Sagrado Corazón de Jesús, portando un mismo anhelo de renovación cristiana en el corazón de la ciudad. La vida y obra de los fundadores pone en relieve su vínculo con la fe católica en el territorio de la región de Valparaíso, proyectando en acciones concretas su convicción sobre el carácter integral de la misión formativa y su orientación al bien común.

3.1. Isabel Caces, un testamento con dimensión social y espiritual El origen de la PUCV está contenido en el testamento de doña Isabel Caces Bravo, redactado en 19161. Si bien el documento no estipuló explícitamente la creación de una universidad, en sus disposiciones confluyen dimensiones sociales y espirituales que sentaron las bases del proyecto educativo. Hija del comerciante español José Caces y de doña Josefa Bravo, contrajo matrimonio en 1846 con John Brown Diffin, un prominente constructor y prestamista estadounidense avecindado en Valparaíso. Tuvieron siete hijos y la exitosa carrera de Brown posicionó a la familia como la cuarta mayor fortuna del país2. Tras la muerte de su esposo en 1877, Caces volvió a contraer matrimonio, esta vez con José María Alfredo Cox Bustillos, de quien también enviudó. En este contexto redactó su segundo testamento en 1916, en el cual estableció “hacer algunas asignaciones con objeto de beneficencia, instrucción o piedad, nombrando como albaceas fiduciarias a sus hijas María Teresa Brown e Isabel Brown, a quienes asignó un millón quinientos mil pesos”3. Desde una lectura social, el acto testamentario de doña Isabel se enmarcó en una tradición de beneficencia promovida por mujeres de la élite

Familia Brown Caces, sin fecha. Fuente: Carolus Brown Barroihlet, Memorias de un agricultor del Valle del Aconcagua.

1Urbina Rodolfo, Buono Core Raúl, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Desde su fundación hasta la Reforma: 1928 - 1973, Un Espíritu, una Identidad. 2ª Edición, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2009. Pág. 17. 2 Ibidem. Pág. 30. 3 Testamento de Isabel Caces de Brown, Valparaíso, 9 de marzo de 1916.

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católica chilena entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Motivadas por una combinación de factores sociales, religiosos y familiares, las impulsoras de estas iniciativas transformaron sus vivencias personales y recursos en acciones concretas que trascendieron el ámbito privado y les permitieron adquirir presencia e influencia en el espacio público4. En este caso, las instituciones de caridad y fe católica levantadas en nombre de Isabel Caces de Brown, posicionaron su nombre y voluntad en una esfera que fue más allá de la memoria familiar, convirtiéndola como una importante figura pública en la historia de Valparaíso. En un contexto marcado por la agudización de la cuestión social —carencias habitacionales, servicios básicos deficientes y precariedad laboral—, la disposición testamentaria de Isabel Caces se inscribió en el horizonte de la doctrina social de la Iglesia y los principios de la encíclica Rerum Novarum (1891), que llamaba a los fieles a comprometerse con una transformación estructural en favor de los sectores más vulnerables, afectados por las desigualdades del desarrollo industrial. Así también, su legado revela una profunda expresión de fe que articula la salvación personal con el bien común. Tal como lo planteó el Premio Nacional de Historia Eduardo Cavieres en su estudio sobre la práctica testamentaria en el Valparaíso decimonónico, los testamentos cumplían un propósito espiritual, orientado a los ritos de la salvación eterna y a la preparación para una buena muerte, conforme a la tradición católica5. En ese sentido, doña Isabel comprendía que la entrega material era su expresión última de confianza en la misericordia divina. Isabel Caces Bravo falleció el martes 4 de abril de 1916. Sus funerales se llevaron a cabo en la Iglesia de La Matriz, lugar donde contrajo matrimonio y bautizó a sus hijos. En cumplimiento de su voluntad, sus hijas María Teresa e Isabel Brown destinaron 500 mil pesos a obras de beneficencia, mientras que el millón restante quedó reservado a la espera de un nuevo destino. El testamento tuvo como resultado generar un profundo compromiso colectivo al interior de la familia Brown, involucrando además de las hijas de Isabel Caces, a sus esposos —Rafael Ariztía y Rafael Brunet—, así como a Juan Brown, otro de sus hijos. Esta determinación familiar fue un factor decisivo para canalizar los aportes que hicieron posible la futura universidad. El legado de doña Isabel y sus hijas es reconocido en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús a través de la presencia simbólica de Santa Isabel de Hungría y Santa Teresa de Ávila en sus naves laterales. Ambas figuras representan la caridad activa y el compromiso contemplativo que caracterizó a las benefactoras de la PUCV, dejando una huella que sigue inspirando la misión educativa de nuestra Universidad.

Figura de Santa Isabel de Hungría.

⁴ Undurraga Verónica, Bravo Valentina, Las que abrieron camino, historia de las mujeres en la Pontificia Universidad Católica de Chile 1877- 1950, Ediciones PUC, Santiago 2025. Pág. 26-27. ⁵ Cavieres Eduardo, El sinceramiento de la vida privada y la recuperación de lo público. individuos, prácticas y familia a través de testamentos en Valparaíso de 1860. Revista de Historia Social y de las Mentalidades Nº X, Vol. 1, 2006. Pág. 6.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

3.2. Las hermanas Brown, impulso benefactor y red solidaria A lo largo de sus vidas, María Teresa e Isabel Brown aportaron de manera activa en diversas obras dentro y fuera de la región, promoviendo redes de colaboración con congregaciones religiosas y actores sociales. Sus iniciativas, nacidas desde significativas experiencias personales, se transformaron en compromiso público y acción solidaria, constituyendo un antecedente clave para comprender la fundación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Las actividades desarrolladas por las hermanas Brown formaron parte de las primeras formas de intervención femenina en el espacio público en Chile, las cuales estuvieron orientadas a resguardar la moral, defender el catolicismo y contribuir a la respuesta frente a los desafíos planteados por la cuestión social6.

3.3. María Teresa Brown Caces Doña María Teresa Brown es descrita en la obra de Crónica de Medio Siglo de Rodolfo Garcés como una mujer con un gran espíritu solidario. Al recibir el testamento de su madre, María Teresa Brown era la esposa de Rafael Ariztía Lyon, una influyente figura pública de Quillota que ocupó los cargos de regidor, primer alcalde y diputado. Vinculado al Partido Conservador, combinó su quehacer político con una destacada labor empresarial. Fue el mayor accionista de la Compañía de Gas de Quillota, director de la Compañía Carbonífera de Lirquén y uno de los fundadores de la Sociedad Fábrica de Cemento Melón. Asimismo, era propietario de la Hacienda La Palma, la cual legó a nuestra Universidad, hoy sede de la Escuela de Agronomía.7. La pérdida de sus dos hijos, Rafael y Adolfo, a causa de la difteria durante las celebraciones de Navidad y Año Nuevo de 1892, marcó profundamente a la pareja, que no tuvo más descendencia. En medio del dolor, contaron con el acompañamiento del párroco de Quillota, Rubén Castro Rojas, con quien mantenían una estrecha amistad. Siguiendo su consejo y movidos por el deseo de dar un sentido esperanzador a su duelo, desarrollaron obras de instrucción, fe y caridad dirigidas a niños y jóvenes de escasos recursos8.

María Teresa Brown. Fuente: PUCV.

A partir de esta convicción, dieron forma en 1914 al Instituto Quillota, un colegio confiado a la Congregación de los Hermanos Maristas. Su concreción fue posible gracias al apoyo de Rafael Ariztía, por lo cual y en reconocimiento a su gesto, el colegio adoptó el nombre Instituto Rafael Ariztía, manteniéndolo hasta el presente. A su vez colaboró

⁶ Undurraga Verónica, Las que abrieron camino, historia de las mujeres en la Pontificia Universidad Católica de Chile 1877- 1950. Pág. 29. ⁷ Estrada Baldomero, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 90 Años de Historia 1928-2018, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2018. Pág. 20. ⁸ Garcés Guzmán Rodolfo, Crónica de Medio Siglo, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 1979. Pág. 34.

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PUCV, ORIGEN A TRAVÉS DE LA CAPILLA

en otras iniciativas locales tales como la Junta de Beneficencia de Quillota y el Hospital de la Caridad de la ciudad9. El matrimonio, también, ordenó la construcción de la Capilla Jesús Crucificado dentro del fundo La Palma en Quillota, reconocida por el arzobispado de Santiago en 1914, que acoge a los vecinos del lugar hasta nuestros días. En su interior, el diseño del Vía Crucis revela una notable similitud con el existente en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV, lo que pone de manifiesto la conexión fundacional entre ambas. Junto con lo anterior, su esposa María Teresa Brown participó de múltiples acciones sociales en Viña del Mar, algunas de las cuales fueron el Hospital de Niños, el Sanatorio Marítimo, el Hogar de Niños Ciegos y la Parroquia San Antonio10. También promovió la creación de la Academia Teresiana en Valparaíso, que junto a la Fábrica de Cemento El Melón, dieron origen a la Escuela Técnica Femenina Teresa Brown de Ariztía en 1941 en La Calera. Destinada a la formación de hijas de trabajadores de la industria, el nombre tributa a su principal benefactora: Colegio Teresa Brown de Ariztía11.

Imagen de la Capilla Jesús Crucificado, 1922, Hacienda la Palma. Fuente: “Chile Agrícola 1922".

Imagenes del Vía Crucis de la Capilla Jesús Crucificado de La Palma. ⁹ Estrada Baldomero, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 90 Años de Historia 1928-2018. Pág. 22. 10 Garcés Guzmán Rodolfo, Crónica de Medio Siglo. Pág. 120. 11 Proyecto Educativo Colegio Teresa Brown de Ariztía, La Calera.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

3.4. Isabel Brown Caces El espíritu de caridad y compromiso que marcó al matrimonio Brown Ariztía se manifestó de igual forma en Isabel Brown. Al momento de recibir el testamento de su madre, había enviudado de su primer esposo, don José Regis del Carmen Cortez Solís, con quien tuvo 8 hijos12. Con el paso del tiempo, contrajo segundas nupcias con José Rafael Brunet, de quien no tuvo descendencia. Tras la muerte de Cortez Solís, Isabel Brown heredó la hacienda El Melón, ubicada en la comuna de Nogales. En ese lugar ordenó levantar la Parroquia Santa Isabel de Hungría, junto a la cual estableció una escuela y un asilo de ancianos. El colegio fundado en 1920, recibió el nombre de Felipe Cortés en memoria de uno de sus hijos fallecido13, el que permanece activo como legado de su memoria. La Parroquia Santa Isabel de Hungría - bendecida el año 1922 - fue diseñada por el arquitecto español Daneri y la construcción se llevó a cabo utilizando materiales, mobiliario e imágenes traídas desde España. Doña Isabel dejó la administración de la iglesia y la escuela a la Orden de los Padres Carmelitas en 1939 y ordenó la construcción de la Escuela de Niñas Santa Isabel bajo el cuidado de las religiosas de la congregación Carmelitas Descalzas, a la cual pertenecía su hija mayor, María Teresa Cortés Brown14. Cabe destacar que Isabel Brown fue una de las principales benefactoras que permitieron la fundación de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Santiago el año 1935, donando la cifra de tres millones de pesos de la época, que corresponden a un estimado de $1.715.133.608 de la actualidad15. La profunda experiencia espiritual y de beneficencia vivida por los fundadores en la zona interior de la región dejó una expresión simbólica en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. En la nave izquierda se ubica la figura de un pelícano que alimenta a sus crías desde su propio corazón, lo que remite a una tradición religiosa de Quillota —vigente entre los siglos XVIII y XIX—, donde un pelícano tallado en madera, portando una imagen de Cristo, era llevado en procesión durante la Semana Santa. Este símbolo refleja el espíritu de caridad y fe de los fundadores, que supo transformar el dolor en esperanza y la fe en servicio.

Doña Isabel Brown Caces. Fuente: PUCV.

Undurraga Verónica, Las que abrieron camino, historia de las mujeres en la Pontificia Universidad Católica de Chile 1877- 1950. Pág. 71. Cruz Campos, Poch, Campos y Tapia, Nogales, puesta en valor de la identidad y patrimonio como eje de desarrollo sostenible, Ministerio de las Culturas, las artes y el Patrimonio, Fundación ProCultura, Marzo 2022. Pág 122. 14 Ídem. Pág. 122. 15 Undurraga Verónica, Las que abrieron camino, historia de las mujeres en la Pontificia Universidad Católica de Chile 1877- 1950. Pág. 67. 12 13

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PUCV, ORIGEN A TRAVÉS DE LA CAPILLA

Vitral del Pelicano.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

3.5. Rubén Castro Rojas, el llamado de las periferias y el proyecto en El Almendral Las obras desarrolladas por la familia Brown en la región adquirieron una nueva proyección cuando el presbítero Rubén Castro propuso la creación de un instituto técnico con impronta católica en la ciudad de Valparaíso. La iniciativa fue acogida con entusiasmo por los matrimonios Brown Ariztía y Brown Brunet, quienes el 6 de agosto de 1924 constituyeron la Fundación Isabel Caces de Brown como base institucional del proyecto educativo. Este proceso fue llevado a cabo al alero de la Arquidiócesis de Santiago y de la Universidad Católica de Santiago (desde 1930 nombrada Pontificia), ya que Valparaíso pertenecía a dicha jurisdicción eclesiástica16. Con el millón de pesos disponible en el testamento de Isabel Caces de Brown - que corresponden aproximadamente a $666.752.94817 de la actualidad - fue adquirido el terreno donde se levantaría la obra. La Junta de la Universidad Católica de Chile - Consejo Superior - se abocó al estudio del programa de construcción del edificio que albergaría el centro politécnico, encargando los planos a los arquitectos egresados de la misma universidad, Ernesto Urquieta y Gregorio Airola. Las proyecciones entregadas recibieron algunos reparos de parte de Rubén Castro, lo cual dio lugar a

Rubén Castro Rojas. Fuente: PUCV. La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús acoge en su interior los restos del presbítero Rubén Castro Rojas, primer rector de la PUCV. En carta de Carlos Casanueva, rector de la Universidad Católica de Santiago, a Rubén Castro escrita el 31 de mayo de 1928, señala que él redactó el acta de fundación. También indica que inicialmente Monseñor Gimpert solo había ideado la construcción de una Escuela de artes y oficios. 17 El cálculo del valor actual de los aportes de los benefactores a la PUCV fue realizado por el académico de la PUCV Rodrigo Navia Carvallo, a partir de los datos históricos del IPC del Instituto Nacional de Estadística (INE) para el periodo 1928 y 2025, mientras que para el periodo 1916-1927, se empleó las estimaciones publicadas en Juan Braun LI., Matías Braun LI., Ignacio Briones, José Díaz B, Rolf Luders S., Gert Wagner, “Economía chilena 1810-1995 : estadísticas históricas” H. Documento de Trabajo nro. 187, Instituto de Economía PUC, Enero de 2000. Para el periodo se presenta la variación del Índice de Wagner (1992) p.132, cuadro IP-5; Índice General de Precios. Con ese índice la inflación 1916 -1927 es de 60,88%. Se asume que el aporte de 1916 fue en diciembre de 1916 y el de 1928 fue en marzo de ese año. Los valores actuales no son lo mismo que hace 100 años cuando el país era mucho más pobre. Es decir, para el nivel de riqueza que existía en Chile en 1916 o 1928 esos montos son mucho mayores en términos relativos al que existe hoy, lo que hace que el aporte sea mucho más relevante a lo que el simple ajuste inflacionario muestra. 16

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PUCV, ORIGEN A TRAVÉS DE LA CAPILLA

3.6. La Diócesis de Valparaíso, la PUCV al alero del Sagrado Corazón de Jesús

Valparaíso, 1930. Fuente: Museo Histórico nacional, Fotografía Patrimonial.

que Rafael Ariztía cambiara de parecer y concibiera la idea de una universidad completa18. Tomada la decisión, los trabajos comenzaron en agosto de 1925 y un mes más tarde, el 21 de septiembre Rubén Castro realizó la bendición de la primera piedra “mirando al mar y en dirección al cielo”19.

El acta que dio origen a la Fundación Isabel Caces de Brown en 1924 estableció que la futura institución educativa quedaría vinculada a la Universidad Católica de Santiago y a la iglesia capitalina. Sin embargo el nacimiento de la diócesis de Valparaíso el 18 de octubre de 1925, abrió el camino para que la PUCV se constituyera como una institución autónoma, bajo la tutela de la nueva jurisdicción eclesiástica y con el obispo de Valparaíso Monseñor Eduardo Gimpert Paut como su primer Gran Canciller. Este proceso no estuvo exento de tensiones ya que desde Santiago se sugería mantener la unidad orgánica y moral entre ambas universidades24.

El edificio fue construido bajo la dirección de Rafael Ariztía en representación de las hermanas Isabel y María Teresa, aportando ambas el dinero necesario para financiar el inmueble, con una inversión de 7.500.000 pesos20, que corresponden a un estimado de $3.108.370.058 de la actualidad21. La elección del emplazamiento fue significativa. La naciente institución educativa se ubicó en la zona periférica de El Almendral, descrita por la prensa de la época como un lugar “con aspecto desconcertante, atormentador, que reflejaba una miseria de alma sucumbiendo en cuartuchos polvorientos, obscuros, entre emanaciones nauseabundas y una fraseología indigna de nuestro pueblo. Ese cuadro con su hacinamiento de latas viejas, pintarrajeadas con eso de colores chillones, cobijando rentas, cocinerías, telarañas, era el primer semblante de la ciudad para el viajero y no olvidaría fácilmente esa primera impresión, esa mueca enfermiza de aquel núcleo degradante para la moral y la salud pública”22. La instalación del proyecto en un sector con estas características refleja la vocación de servicio y renovación espiritual que inspiró a los fundadores, en consonancia con el mensaje de esperanza del Jubileo del año 1925, que instaba a “restaurar la fraternidad mediante la caridad divina”23. En este marco, la creación de la PUCV se configuró como una expresión local del llamado universal de la Iglesia, materializado en un proyecto de formación cristiana y técnica.

Eduardo Gimpert Paut, primer Obispo de la Diócesis de Valparaíso. Fuente: PUCV.

Rubén Castro y Rafael Ariztía respaldaron la idea de una unión moral más no orgánica, en la medida en que esta última comprometía la autonomía y el desarrollo institucional de la universidad porteña25. En palabras de Rafael Ariztía “dejar la Universidad unida orgánicamente a la de Santiago, equivale a quitar al Obispado de Valparaíso la independencia para manejar la primera obra católica de la diócesis”26. Finalmente, se acordó la separación orgánica, preservando la vinculación moral y espiritual dada por el Magisterio de la Iglesia.

Urbina Rodolfo, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Desde su fundación hasta la Reforma: 1928 - 1973. Pág. 23. Ibidem. Pág 24. 20 Ibidem. Pág 23. 21 Cálculo realizado en junio del año 2025 22 Características del “palacio”, Diario La Unión, Valparaíso, 7 de febrero de 1928. 23 Santa Sede, Dei Misericordia, bula del Papa Pío XI, 29 de mayo de 1924, accedido el 24 de junio de 2025. https://www.vatican.va/content/pius-xi/it/bulls/documents/hf_p-xi_bulls_19240529_dei-misericordia.html 24 Urbina Rodolfo, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Desde su fundación hasta la Reforma: 1928 - 1973. Pág. 48. 25 Carta de Rafael Ariztía a Crescente Errazuriz, 9 de junio de 1928. 26 Carta de Rafael Ariztía a Crescente Errazuriz, 2 de marzo de 1928. 18 19

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

3.7. La Capilla de Sagrado Corazón de Jesús, semilla germinal de la PUCV La construcción del edificio de la Casa Central se prolongó por algo más de dos años y debido a su imponente belleza arquitectónica, la opinión pública no tardó en referirse a él como un “palacio”27. Una vez finalizados los trabajos confiados a la firma N. Martín Hansen y H. Hveen y Cía., se celebró el primer acto institucional en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús el sábado 24 de marzo de 1928. La ceremonia estuvo encabezada por el Nuncio apostólico Héctor Felice, el Obispo Gimpert y otros miembros del clero, quienes en cortejo procedieron a bendecir la Capilla “asperjando el Excmo. Sr. Nuncio el altar y las paredes…y elevando los rezos y preces de liturgias en compañía de los asistentes”28. Luego, “ fueron bendecidos los corredores y muros de la Universidad, comenzando por el costado que mira hacia la avenida Argentina, hasta completar todo el recinto del edificio, para regresar nuevamente a la Capilla que lucía sus lamparillas eléctricas encendidas. El altar y sus imágenes estaban especialmente iluminados para recibir al público asistente, y en un costado del altar, ocupando un altillo preferente, estaban los fundadores y sus familias”29.

Rafael Ariztía Lyon. Fuente PUCV. Diario La Estrella con imagen de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV. 24 de marzo de 1928.

Diario La Unión, Valparaíso, 7 de febrero de 1928. Bendición de nuestra Universidad. La Unión, Valparaíso, 24 de marzo de 1928. 29 Urbina Rodolfo, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Desde su fundación hasta la Reforma: 1928 - 1973. Pág. 28. 27 28

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PUCV, ORIGEN A TRAVÉS DE LA CAPILLA

Este acto incluyó la consagración de la casa de estudios al Sagrado Corazón de Jesús, formalizando una orientación previamente declarada por Rubén Castro30 y reafirmando el vínculo moral con la Pontificia Universidad Católica de Santiago, confiada a la misma advocación desde su fundación en 1888. Como expresión tangible de lo anterior, la Capilla de nuestra Universidad fue dedicada a su devoción, con una imagen que preside el altar mayor y un vitral que lo representa en la nave izquierda. De igual manera la PUCV fue encomendada a la protección de la Santísima Virgen del Carmen, un referente simbólico de especial significación para Isabel Brown, quien había puesto bajo su amparo las iniciativas educativas y pastorales desarrolladas en la localidad de El Melón. Ambas devociones —el Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Carmen— han sido profundamente veneradas en la historia del país, inspirando una vasta red de iglesias, capillas e instituciones educativas y de servicio consagradas en sus nombres, desde Arica hasta Punta Arenas. El 25 de mayo de 1928 tuvo lugar la segunda ceremonia institucional, la cual fue la inauguración de nuestra Universidad. En la jornada Monseñor Eduardo Gimpert ofició una misa en la Capilla, a la cual asistieron los alumnos y sus familias. Más tarde se homenajeó a los fundadores e hizo la entrega simbólica de la casa de estudios a la ciudad de Valparaíso, poniendo el acento en el sentido de la educación católica y técnica del nuevo plantel31. En el discurso inaugural el primer rector presbítero Rubén Castro Rojas señaló: “Hoy, por encargo del Pastor de la diócesis y de los fundadores, debo presentar el edificio felizmente terminado y abrir de par en par las puertas a la juventud estudiosa, a fin de que sus maestros empiecen ese otro edificio, científico y moral, mucho más difícil, pero a la vez, mil veces más hermoso que el que ahora tenemos a la vista…la obra moral que realizará esta institución es tan importante como la científica”32. En continuidad con ese mensaje, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús honra la memoria de Rubén Castro, guardando en su interior con respeto y solemnidad sus restos mortales, en gratitud por la huella imborrable del compromiso entregado. En la actualidad la Capilla es una expresión duradera de la relación fundacional que tiene la PUCV con la Iglesia local. Es el espacio litúrgico que conecta a la diócesis de Valparaíso con el interior de nuestra Universidad. El Obispo diocesano en su calidad de Gran Canciller celebra la Eucaristía e imparte su bendición en los actos institucionales más solemnes tales como la inauguración de año académico, día del Sagrado Corazón, y juramento y toma de posesión del rector.

Portada Diario La Estrella, 26 de marzo de 1928, con las ceremonia de inauguración de la PUCV y sus fundadores.

Del mismo modo, desde el interior hacia el exterior, la Capilla de la Casa Central es un espacio de conexión con la Iglesia chilena y universal, configurándose como un lugar abierto para recibir las condolencias, manifestaciones de recogimiento y duelo frente a la partida de los líderes de la Iglesia. Sentidas ceremonias se efectuaron en la Capilla por ejemplo a la muerte del Papa Pío XII en 195833 y también una liturgia de recogimiento por la muerte del Papa Francisco en 2025. Custodia de la memoria fundacional y testigo de los hitos más significativos de nuestra historia, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús permanece como centro espiritual de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, manteniendo viva la alianza entre fe y saber que le dio origen.

Carta de Rubén Castro a Emilio Tagle, 19 de marzo de 1926. Idem. Rubén Castro, Discurso Inaugural Universidad Católica de Valparaíso, 25 de marzo de 1928. 33 Boletín Universitario, Nº 7, cuarto trimestre de 1958. 30 31 32

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Copón.


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La región de Valparaíso Tradiciones y patrimonio religioso

IV

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a historia de Valparaíso está intrínsecamente vinculada al ámbito religioso. La instalación de los dominicos en el antiguo barrio de Santo Domingo; de los franciscanos en la Quebrada de San Francisco, sector sur poniente del villorrio; de los mercedarios en el corazón de El Almendral; de los jesuitas, los padres franceses, los salesianos; dan cuenta de la relación que hubo con la comunidad porteña. Como fue habitual durante el siglo XIX y parte del siglo XX, la Iglesia cumplió labores educativas, con escuelas, colegios y, la propia Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. En el diseño de sus templos se cuenta a arquitectos importantes de nuestro país, como Fermín Vivaceta Rupio (1829-1890) con obras emblemáticas como la Iglesia del Espíritu Santo (Plaza Victoria, hoy desaparecida) y la de Los Doce Apóstoles (Avenida Argentina, en estado de grave deterioro). En Santiago, destacan el Mercado Central y el edificio principal de la Universidad de Chile (cfr. Arturo Blanco, Vida y obras del arquitecto Don Fermín Vivaceta precursor de la Sociabilidad Obrera de Chile). La arquitectura religiosa comprende capillas patrimoniales como la del Colegio Episcopal Seminario San Rafael o la Iglesia de las Monjas de Santa Marta; templos de notable jerarquía artística como el de la Congregación de los Sagrados Corazones de calle Independencia o la Iglesia y convento de la Orden Franciscana en cerro Barón, renovada significativamente en la última década y entregada a la comunidad en mayo de 2024. Esta jerarquía arquitectónica la encontramos, también, en Viña del Mar: la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores; la Iglesia de los Reverendos Padres Carmelitas; la Iglesia de San Miguel de Los Capuchinos; la Iglesia de los Padres Pasionistas y la Gruta de Lourdes; la Iglesia de piedra de los Padres Benedictinos en Miraflores Alto; construcciones que destacan, además, por la existencia de numerosos objetos patrimoniales, casullas, capas pluviales, ostensorios, copones, misales, sagrarios, confesionarios, púlpitos, vitrales, altares, esculturas y figuras sacras, que enriquecen el valor artístico de cada templo y constituyen instrumentos de vinculación de la Iglesia y sus sacerdotes con la feligresía. En la zona interior, la jerarquía arquitectónica destaca en parroquias de Quilpué, Limache, Quillota, San Felipe, Los Andes. Especial mención merecen la Capilla de Los Perales (1859/1900, erigida por la congregación de los Sagrados Corazones); en el conjunto arquitectónico del convento (1865) y la Iglesia de la Merced (1872) en El Almendral, comuna de San Felipe; cercano es el convento y la Iglesia San Francisco de Curimón (activa desde el siglo XVII). El aporte de donaciones legadas por personas y familias generosas, filantrópicas, constituye un valor relevante en la región de Valparaíso. Una notable lista

de benefactores testó a favor de hospitales, hogares de atención humanitaria, compañías de bomberos, escuelas técnicas, agrícolas, bibliotecas, universidades. Muchas de estas representan significativas obras entregadas por personas memorables como Juana Ross, viuda de Agustín Edwards Ossandón; Rafael Ariztía junto a su esposa María Teresa Brown Caces y su cuñada Isabel Brown; el periodista y político Santiago Severín Espina; el empresario Federico Santa María Carrera; el banquero y empresario Carlos van Buren; el empresario salitrero Pascual Baburizza Soletic.

4.1. Algunas tradiciones religiosas de la región de Valparaíso Al iniciar esta descripción, hacemos nuestras las palabras del profesor Amunátegui, al señalar: “en las grandes fiestas religiosas católicas que presentamos en este Sitio, el ser humano, sobrepasa la rutina cotidiana y el exceso de preocupaciones terrenas, pone de algún modo entre paréntesis la temporalidad que lo envuelve y limita diariamente, para pedir a Dios que le permita entrar, gozoso, en el tiempo primigenio de lo sacro. Allí donde se asoma de algún modo al no-tiempo; es decir, donde vislumbra, por una fe avivada por acción del Espíritu Santo, algo de la eternidad”34. Estas fiestas, tradiciones y manifestaciones religiosas las encontramos en templos y lugares de la región de Valparaíso.

La Virgen de Las Cuarenta Horas de Limache El fervor religioso de la comuna de Limache rinde culto a la Santísima Virgen María, con la figura que la tradición vincula al hallazgo que un grupo de pescadores realizó en la desembocadura del río Aconcagua hacia 1831. Posteriormente, la imagen la adquirió Juan Crisóstomo Rodenas, vecino limachino, que inició el culto popular en su hogar. Rápidamente, creció el número de fieles que llegaba a su casa y presentaba sus respetos y peticiones. Poco antes de morir, expresó la voluntad de que la imagen se instalará en la Parroquia de la Santa Cruz. La coincidencia con el jubileo de la exposición de las 40 horas del Santísimo –las horas que pasó Jesús en el Santo Sepulcro– ha impulsado una tradición de fervor que alcanza su momento culminante cada año el último domingo de febrero. Este proceso devocional puede interpretarse como una expresión de sincretismo religioso, en la medida en que una imagen católica, hallada en un entorno natural, fue incorporada a las formas de religiosidad popular, integrando elementos simbólicos vinculados a la vida cotidiana, como la pesca y la relación con el río. La progresiva sacralización de la imagen —desde su veneración doméstica hasta su entronización en el templo parroquial— manifiesta la articulación entre

34 Amunátegui Mönckeberg, Patricio, Fiestas religiosas populares de Chile, Identidad y Futuro. Accedido el 24 de junio de 2025. https://identidadyfuturo.cl/ autor/patricio-amunategui-monckeberg/

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TRADICIONES Y PATRIMONIO RELIGIOSO

La procesión del Pelícano en Quillota Recoge una manifestación de sincretismo cultural que tenían los pueblos costeros en los márgenes del Aconcagua, de las culturas del Mauco y El Boco, que celebraban la generosidad de esta ave, que brinda como alimento a sus crías la sangre que brota al picar su propio pecho. En la segunda mitad del siglo XVIII, aún en tiempos coloniales, y hasta 1906, se vivió en Semana Santa la Procesión del Pelícano y la sepultación del Cristo con brazos articulados, recordando la muerte y resurrección del Salvador en la ciudad de Quillota. Caravanas de fieles llegaban a la iglesia de San Agustín, desde Valparaíso y la capital. Cofradías similares a los de Andalucía, España, sacaban en andas las imágenes y representaban los momentos trascendentales de las estaciones del Vía Crucis, acompañada por una comparsa caracterizada como soldados y pueblo romano.

Virgen de las 40 horas de Limache. Fuente: Redes sociales Santuario Nuestra Purísima de las 40 horas-Limache.

el sistema religioso institucional y las prácticas de fe del pueblo. En este proceso de resignificación activa, lo sagrado se construye en diálogo con el territorio, la memoria colectiva y las sensibilidades espirituales locales. La tradición mariana de Limache refleja una dinámica cultural más amplia de recreación simbólica del cristianismo en contextos populares.

El 16 de agosto de 1906, el violento terremoto que afectó a Chile central destruyó el templo agustino. Pocos meses después, una pared se desplomó y sepultó la figura del pelícano que picaba su pecho para alimentar a sus polluelos. Se intentó reeditar la tradición en algunas ocasiones, pero no tuvo el arraigo del pasado. La imagen del Cristo articulado que se enterraba para los días de Semana Santa hoy se encuentra en la Parroquia de los Desamparados, población CORVI, Quillota.

El Vía Crucis y auto sacramental con la representación viva de Semana Santa en Rinconada de Silva, Putaendo En Rinconada de Silva, comuna de Putaendo, los vecinos del lugar representan un auto sacramental, sobre las últimas horas de Jesús en el camino al Calvario hasta el momento de su crucifixión en el Gólgota. El Viernes Santo, una multitud acude al lugar para ser testigos de la crucifixión que se exalta con emotivo realismo. La representación se acompaña con el relato de las estaciones dolorosas y gloriosas, formando una tradición que se consolida por la devoción que genera en quienes participan de esta singular puesta en escena, generalmente acompañada del frío andino propio del otoño en que transcurre la representación sacramental. En cualquier momento, el recorrido por la colina del lugar permite observar las estaciones del Vía Crucis allí instaladas. Cabe destacar la imagen de un gran Cristo de Palo, realizada por Peter Horn Werner, escultor alemán radicado en Chile: “Mi arte deseaba ser la más fiel expresión del sentir cristiano, teniendo como última razón de ser, el estar en los templos y ayudar a los fieles a una mejor comprensión de temas sagrados”35.

El anda del Pelicano llevado en la procesión. Fuente: Ilustre Municipalidad de Quillota. Web Institucional.

Horn Werner, Peter. Estrategia visual. Museo Nacional de Bellas Artes, Artistas Visuales Chilenos (AVCh). Accedido el 24 de junio de 2025. https://www. artistasvisualeschilenos.cl/658/w3-article-40310.html 35

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La procesión de la Virgen del Carmen en Nogales.

La devoción de San Expedito en la Parroquia de Santa María de Los Ángeles de Reñaca

La devoción a la Virgen del Carmen en Nogales forma parte de una historia que une fe, territorio y comunidad desde los primeros pasos del pueblo. Cuando aún se proyectaban los cimientos de la localidad, su imagen fue llevada por los terrenos donde se levantarán las primeras casas y calles, en un gesto que buscaba consagrar el futuro urbano a su cuidado maternal. Ese acto, sencillo pero cargado de sentido, dejó una huella que con los años se transformó en una tradición colectiva. A fines de septiembre o a principios del mes de octubre, vecinos, instituciones y grupos religiosos se congregan para celebrar una fiesta que honra a su patrona y revive el momento en que la espiritualidad marcó el inicio de la vida comunal. Lo que alguna vez fue una procesión fundacional, hoy es una expresión viva de identidad local, donde lo sagrado y lo cotidiano caminan juntos en la memoria compartida de Nogales.

San Expedito, según la tradición, es un mártir del cristianismo primitivo en Armenia, se promueve como veneración en nuestro país desde la época republicana. En la parroquia viñamarina de Nuestra Señora de los Dolores se dispuso un altar lateral y en la Iglesia de los Padres Pasionistas de Agua Santa un vitral en su honor. La devoción decayó, y recién en el año 2000 se restituye su devoción en la parroquia de Reñaca y se construyó un altar contiguo al templo. Cada día 19 del mes, la devoción al santo mártir reúne cientos de fieles que llevan sus peticiones o la gratitud por favores concedidos, exaltando el fervor a su fuerza milagrosa. Devociones similares encontramos a la Virgen de Pompeya en Playa Ancha, al Cristo de la Columna en la Iglesia de los 12 Apóstoles en avenida Argentina (vigente en el oratorio lateral de calle Juana Ross), a Santa Rita de Casia en la iglesia de San Francisco en cerro Barón.

La procesión de San Pedro en la Caleta de Pescadores de “El Membrillo”

Virgen del Carmen en la Parroquia Santa Isabel de Hungría. Comuna de El Melón.

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En brazos de los pescadores de la caleta “El Membrillo”, ubicada en el poniente de Valparaíso, las figuras de San Pedro y la Virgen del Carmen, salen en una colorida y festiva procesión en sus botes y lanchas cuidadosamente engalanadas con guirnaldas y flores, acompañando a la embarcación principal que lleva las imágenes tutelares por la rada porteña, cada 29 de junio celebrando el onomástico del patrono. La tradición, nace en tiempos coloniales, pero se consolida a mediados del siglo XIX. Se tributa a Pedro, apóstol pescador, delegado por Cristo en la fundación de la Iglesia Católica. Ahora, son los pescadores de nuestro tiempo los que agradecen la protección en su dura y arriesgada faena, y unen sus oraciones para contar con las bendiciones cotidianas a sus manos, redes, botes y familias, que viven igual que los primeros discípulos, en torno a la caleta y la pesca.

La procesión de Cuasimodo

Nuestra Señora Purísima de Lo Vásquez

La tradición de Cuasimodo se mantiene en lugares campesinos, con el propósito de llevar la santa comunión y atender espiritualmente a las personas desvalidas o enfermas que no pudieron acudir al templo en Semana Santa. Se realiza, por ende, al domingo siguiente de Pascua de Resurrección. Así, los cuasimodistas cubren sus cabellos con paños blancos y montan en sus caballos para recorrer el campo en cofradías que cuidan al cura, el copón, la Biblia o el misal, el altar portátil, los hábitos sacerdotales y recorren con cánticos las casas que esperan la llegada del sacramento a sus hogares. En lugares como La Calera, Hijuelas, Los Andes, esta tradición es de absoluta chilenidad. Esta cabalgata recoge su nombre del introito del segundo domingo de Pascua: Quasimodo genti infantes, “Así como niños recién nacidos”.

Lo Vásquez se ubica en la localidad de Casablanca, a 32 kilómetros de Valparaíso. La adoración de la Purísima Virgen nace en la hacienda de don José Ulloa, a mediados del siglo XIX, al disponer de un galpón para ubicar la figura que perteneció originalmente al vecino del sector Vicente Vásquez. Al parecer, la capilla en que se inician las procesiones no reunía las condiciones adecuadas, entonces el párroco mercedario José Manuel Troncoso decide trasladar la devoción a un galpón al sur del camino entre Valparaíso y Santiago, que reemplazó la ruta colonial por La Dormida. En 1854, una nueva imagen elaborada en España, se ubica en la locación actual, para afianzar una de las tradiciones de devoción popular más importantes y masivas de nuestro país, que cada 8 de diciembre convoca a cientos de miles de fieles que llegan de


distintas latitudes a rendir sus ofrendas y oraciones a la Purísima Virgen de Lo Vásquez. En 1951 se llevó a efecto el X Congreso Eucarístico Nacional de Valparaíso y, para realizar la preparación espiritual del pueblo cristiano se promovió a la imagen de la Purísima Virgen de Lo Vásquez como la Virgen Misionera. Desde el 31 de julio, la venerable figura visitó las parroquias de la diócesis hasta llegar a la Catedral, para dar inicio a las ceremonias del Congreso Eucarístico. El 13 de octubre, en una solemne Misa Pontifical celebrada en la Plaza de la Victoria, por decreto de S.S. Pío XII, el obispo de Valparaíso coronó la imagen de la Purísima Virgen de Lo Vásquez ante la clamorosa alegría de miles de fieles. Al alero del santuario se instaló el Seminario Pontificio Mayor “San Rafael”, institución formada por numerosos sacerdotes.

El Niño Dios de Las Palmas en La Dormida En Quebrada Alvarado, en las faldas del cerro El Roble, a 18 kilómetros de Olmué, se encuentra una pequeña capilla, oratorio de caminantes y peregrinos que recorrían las colinas entre Santiago y Valparaíso. En ese lugar, se levantaron improvisadas posadas y fondas, que permitían dormir a medio camino de la ruta, motivo de la denominación “La Dormida”, que perdura en el tiempo. La tradición oral de la zona, informa que en las primeras décadas del siglo XVIII un leñador recorría Caleu cuando encontró una figura del Niño Jesús de Praga, que se adora hasta nuestros días en el pequeño santuario. Cada noche del 24 de diciembre, después de la santa misa, se inicia una procesión de peregrinos. Los campesinos agradecen con ofrendas los favores concedidos y piden bendiciones para el nuevo año. Una gran fiesta popular con bailes de chinos se realiza hasta horas del amanecer. Fogatas, danzas, cantos y oraciones comunitarias, acompañan el transcurrir de las horas en esta devoción junto al Niño Dios de las Palmas.

Vitral Sagrado Corazón de María.

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Sagrado Corazón de Jesús.


Liturgia de la Eucaristía Ad offertorium “Dichoso el que tú eliges y acercas para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo” (Salmo 65) “Recuerdo las proezas del Señor, sí, recuerdo tus antiguos portentos, medito todas tus obras y considero todas tus hazañas. Dios mío, tus caminos son santos; ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?” (Salmo 77)

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La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Descripción arquitectónica de un espacio de recogimiento en medio del paisaje porteño

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a Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) es mucho más que un recinto religioso. Es un punto de encuentro espiritual, arquitectónico y simbólico que refleja tanto la identidad de nuestra Universidad como su vínculo con la ciudad y el entorno que la rodea. Ubicada en el corazón de la Casa Central, la Capilla representa uno de los espacios más significativos dentro de la vida universitaria, integrando fe al estudio con una presencia sobria pero elocuente.

5.1. Ubicación y contexto urbano Situada en la Avenida Brasil, en pleno centro de Valparaíso, la Capilla está inserta en un contexto urbano activo y ruidoso. Sin embargo, su interior ofrece un fuerte contraste: silencio, luz tenue y una atmósfera de contemplación. Esta tensión entre exterior e interior es parte de su carácter. Desde afuera, la Capilla no se impone con grandilocuencia. No busca destacarse con torres o cúpulas visibles a la distancia. Al contrario, se integra con discreción al conjunto de la Casa Central. Su presencia se revela a través del recorrido del edificio, no desde lejos; cual avistamiento, lo cual la hace aún más íntima, próxima y cercana.

5.3. Espiritualidad y función Aunque pertenece a una institución católica, la Capilla de la Casa Central de la PUCV está abierta a toda la comunidad universitaria, sin distinción de creencias. Su diseño y su uso reflejan esta apertura. Durante el año, se celebran misas, matrimonios, actividades pastorales y encuentros de oración, siendo también un espacio para momentos de duelo, reflexión colectiva y ceremonias institucionales. La Capilla funciona como un punto de equilibrio dentro de la vida agitada de nuestra Universidad. Para muchos estudiantes y académicos, es un espacio al que se acude buscando tranquilidad, un lugar donde se puede pensar en silencio, desconectarse un momento del ritmo académico y reconectar con uno mismo. En ese sentido, su valor es religioso, simbólico y emocional. Y que conlleva a sostener un saludo, tanto desde su puerta como en su interior, un saludo, a través de su presencia. Algunos se detienen, otros se persignan, como también otros solo al pasar miran hacia el interior. Tal como el encuentro que ocurre entre personas en la subida y bajada de la escalera, una mirada, un gesto de reconocimiento.

5.4. Espacio de comunidad 5.2. Diseño arquitectónico El diseño de la Capilla responde a una lógica moderna pero con respeto por la tradición. Fue inaugurada en 1928 y proyectada por los arquitectos egresados de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Ernesto Urquieta y Gregorio Airola. Su arquitectura es sencilla, funcional y enfocada en el uso del espacio más que en la ornamentación. Presenta una planta rectangular, de proporciones modestas, que calza junto con unas salas posteriores con el ancho del patio central, generando dos patios rectangulares del claustro central del edificio matriz. El interior se abre hacia un altar frontal que se convierte en el centro visual y espiritual del lugar. Los muros están construidos con materiales sobrios: albañilería y estuco, lo que refuerza su austeridad y solidez. La luz natural entra de forma tamizada y medida a través de aberturas laterales, que alojan vitrales en ambos lados, diseñados para evitar el deslumbramiento y favorecer una atmósfera introspectiva. Uno de los elementos que más destaca en el diseño es la integración de la luz. En lugar de vitrales estampados o coloridos, se opta por vidrieras de colores simples que bañan el interior suavemente. Esto no solo crea un juego interesante entre sombras y volúmenes, sino que también genera un ambiente propicio para la meditación. La luz cumple un rol simbólico evidente: es guía, revelación, esperanza. Los vitrales a su vez tienen un orden de lectura y una serie de símbolos que dan cuenta del origen de nuestra Universidad, de su enraizamiento en la región de Valparaíso y de la estructura canónica que la soporta.

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La Capilla también ha sido testigo de múltiples generaciones de estudiantes y profesores que han pasado por la PUCV. Muchas historias personales y comunitarias han tenido lugar ahí. Desde matrimonios de exalumnos hasta despedidas a profesores fallecidos, la Capilla ha estado presente en momentos clave de la vida universitaria. Sin albergar grandes obras de arte, posee elementos simbólicos significativos. La imagen del Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María, y San José con el niño Jesús, no intenta impresionar, sino acompañar su sentido expiatorio. Los bancos de madera, sin lujos, invitan a sentarse sin apuro. El silencio del lugar es parte de su riqueza. Todo en la Capilla está pensado para facilitar el encuentro con lo trascendente, sin distracciones.

Misa en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús.


DESCRIPCIÓN ARQUITECTÓNICA

Planta de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús.

5.5. Relación con la identidad institucional La Capilla de la PUCV refleja los valores de nuestra Universidad: sobriedad, vocación pública, respeto por la tradición y apertura a la diversidad. La PUCV eligió una capilla modesta, coherente con su carácter académico, su misión formativa y su inserción en la realidad social de Valparaíso. Además, es un símbolo del vínculo entre fe y trabajo, una relación que nuestra Universidad ha promovido desde sus orígenes. La existencia de este espacio dentro de la Casa Central responde a una necesidad litúrgica, y representa una apuesta por el diálogo entre conocimiento y espiritualidad. Es un recordatorio permanente de que la educación no solo debe formar profesionales, sino también personas conscientes, éticas y con sentido de trascendencia.

5.6. Patrimonio vivo Si bien la Casa Central es un edificio declarado monumento histórico, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV, tiene por su por sí misma un valor patrimonial. Su permanencia, su espacialidad coherente con las actividades que en ella se realizan, su lugar dentro de la vida cotidiana de nuestra Universidad y su significado simbólico la convierten en un bien cultural importante para la comunidad porteña. Es parte del patrimonio inmaterial de la ciudad, ese que no siempre se mide en términos turísticos o comerciales, pero que moldea el sentido de pertenencia de quienes viven, estudian y trabajan en Valparaíso. En una ciudad marcada por los acontecimientos infaustos, la inequidad y las crisis sociales, la Capilla representa un pequeño refugio, una pausa, un lugar donde todavía es posible el recogimiento y la esperanza.

Actividades culturales en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús.

La Capilla del edificio fundacional no es un espacio que impresione por su tamaño ni por su opulencia. Su valor está en lo contrario: en su sobriedad, su calidez, su silencio. Es un lugar que habla bajo, pero que dice mucho. Es una arquitectura del recogimiento en medio de una ciudad que no para. Y aunque su función principal es religiosa, su significado va más allá de la fe: es un símbolo de comunidad, memoria, búsqueda y humanidad. Para quienes han pasado por la Casa Central de nuestra Universidad, la Capilla suele quedar en la memoria como un rincón especial, un lugar al que se vuelve aunque sea en recuerdo. En ese sentido, sigue cumpliendo su rol: ser una casa pequeña para lo trascendente, dentro de una universidad que también busca formar para algo más que lo inmediato.

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Frontis Casa Central PUCV.


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Disposición espacial Lugar, memoria y símbolo

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Fachada Casa Central PUCV.

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LUGAR, MEMORIA Y SÍMBOLO

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a Capilla de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) es un espacio religioso enclavado en el corazón del edificio fundacional de una institución de educación superior. Es, además, un lugar que condensa una serie de valores, tradiciones y potencialidades, que permiten que este espacio se abra a nuevos usos y significados. La Capilla entonces, puede ser vista desde su valor patrimonial, histórico, y también desde su condición de "lugar" en sentido fenomenológico y simbólico. Así, se exploran las nociones de sitio y lugar, el genius loci, y la posibilidad de que este espacio pueda ser resignificado en el contexto de una universidad plural, acogiendo manifestaciones culturales, filosóficas y artísticas sin perder su catolicidad y advocación a la que fue dedicada.

John Brown se integró a la sociedad local por medio del matrimonio con Isabel Caces, dejando una huella material a través de su obra y también a través de su familia. Su actividad como constructor y promotor de una visión moderna del espacio, influenciada por principios estadounidenses y europeos, ayudó a establecer una manera de habitar que conjugaba la función con el decoro religioso y cívico.

6.1. John Brown y la familia Brown Ariztía, fundaciones en el Valparaíso del siglo XIX El arquitecto John Brown, nacido en Estados Unidos en 1808, arribó a Chile en 1832. Aunque su figura es poco conocida, resulta fundamental para comprender una parte significativa de la historia de la arquitectura civil en la región de Valparaíso. El edificio de La Aduana, y otros edificios tanto públicos como habitacionales, fueron una manifestación clara de los principios arquitectónicos traídos por Brown, junto con innovadoras soluciones constructivas como el Balloon Frame, de amplia difusión en el país norteamericano durante el siglo XX.

Edificio ubicado en la plaza Anibal Pinto de Valparaíso, construido por John Brown.

La influencia de su familia se expandió principalmente en Quillota, San Felipe, La Calera y Valparaíso participando en obras públicas, actividades comerciales y movimientos intelectuales de la época. Este contexto de apertura y formación de una nueva clase urbana en Valparaíso sirve como trasfondo para entender la manera en que ciertos espacios —como la Capilla de la Casa Central de la PUCV— pueden tener raíces profundas en un proyecto cultural y espiritual de largo aliento, tal como también en los pensamientos de una época de industrialización y de una crisis universal de la economía que causó estragos en todo el mundo.

Edificio de la Aduana de Valparaíso construido en 1855 por John Brown.

Chile en una etapa tardía de industrialización, promovió una arquitectura ecléctica que vendría luego a dar paso a una modernidad, lo cual se vio reflejado directamente en los equipamientos industriales y de servicio, a ferrocarriles y ascensores, que trajeron a la ciudad la posibilidad de encontrarse con una arquitectura más simplificada y abierta a cambios. En ese contexto, y junto a la gran crisis del 29, la fundación Isabel Caces de Brown, inaugura la institución de nuestra Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

6.2. Sitio y lugar, concepciones y su relación con la identidad espacial Para comprender cómo la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús puede servir como un espacio simbólico y de inclusión, es crucial primero abordar la distinción entre "sitio" y "lugar", términos que aunque a menudo se usan de forma intercambiable, tienen implicaciones en la experiencia humana de habitar el espacio arquitectónico y urbano. La relación entre sitio y lugar, desde el punto de vista arquitectónico, filosófico, tiene raíces profundas que exploran el espacio físico y también su significado cultural y emocional. En este contexto, un sitio se refiere generalmente a la ubicación geográfica o a la situación física en la que se establece un edificio, mientras que el lugar se entiende como un espacio habitado y dotado de sentido para una comunidad, un entorno donde las personas pueden desarrollar una relación existencial. Heidegger habla del lugar como un espacio de morada en su concepto de habitar, en el que el lugar va más allá del simple sitio geográfico y se convierte en una extensión del ser humano, un espacio en el que las personas pueden conectar su existencia con el mundo que les rodea. Es la Arquitectura la disciplina que está llamada a construir y constituir lugares. Este tipo de lugar tiene un valor intangible que trasciende la materialidad del sitio. Por otro lado, el concepto de locus, de origen latino, y el genius loci, se refieren al espíritu o esencia de un lugar. En la tradición romana, el genius loci era el espíritu protector del lugar, una presencia divina que otorgaba a cada espacio su carácter único. En arquitectura, Christian Norberg-Schulz utiliza este término para describir cómo los arquitectos deben reconocer y respetar el carácter inherente de un lugar en sus diseños, integrando elementos que reflejan la historia, la cultura y la naturaleza del sitio.

La imagen del lugar, según Lynch, es esencial para que los habitantes se identifiquen con su entorno. Es esta imagen, construida a través de la interacción y las percepciones colectivas, lo que permite que un espacio trascienda su función utilitaria y se convierta en un lugar significativo para la comunidad.

6.3. Isabel Caces de Brown, la familia fundadora y su legado patrimonial La fundación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso se entiende entonces a partir del rol fundamental de su benefactora, Isabel Caces de Brown, quien junto a sus hijas entregó un significativo legado patrimonial a la Iglesia y la ciudad. Este gesto permitió la creación de una institución de educación superior católica en Valparaíso y dio forma al conjunto arquitectónico que albergaría su sede central, incluyendo la capilla, como núcleo espiritual del edificio. Este legado patrimonial se inscribe dentro de una lógica histórica de fundaciones educativas religiosas en América Latina, donde el mecenazgo de familias aristocráticas y burguesas jugó un rol central en el desarrollo de la infraestructura institucional de la Iglesia. En este caso, la Capilla de la Casa central de la PUCV y los espacios aledaños fueron concebidos como un conjunto simbólico que articulaba saber, fe y ciudad. Su construcción en estilo neorrománico, con elementos eclécticos y materiales nobles, da cuenta de una voluntad de permanencia y trascendencia que supera lo meramente funcional. Según consta en los archivos notariales y eclesiásticos de la época, el legado de Isabel Caces fue clave para que la Iglesia iniciara un proyecto educativo de largo aliento en Valparaíso, distinto de los ya existentes en

La integración de estos conceptos implica que el arquitecto debe considerar el sitio físico y también el lugar simbólico y emocional, creando espacios que permitan a las personas "habitar" de una forma auténtica y significativa. Así, un espacio arquitectónico ideal se convierte en un lugar en el que se manifiestan tanto el locus físico como el genius loci, el espíritu o carácter que le confiere sentido y lo conecta con la experiencia humana. Kevin Lynch, en su obra The Image of the City (1960), argumenta que la forma en que los individuos perciben su entorno urbano depende de varios elementos que permiten reconocer y orientarse en la ciudad, como los caminos, los bordes, los distritos, los hitos y los nodos. Estos elementos definen el espacio y contribuyen a construir la imagen mental de la ciudad. Lynch subraya que un lugar puede ser significativo si es "legible", es decir, si sus elementos están organizados de forma que las personas puedan crear una imagen coherente y significativa del entorno.

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Ubicación de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús. 1928. Fuente: PUCV.


LUGAR, MEMORIA Y SÍMBOLO

Santiago o Concepción. En este sentido, la figura de Isabel Caces de Brown representa una benefactora, sino una verdadera fundadora institucional cuya visión patrimonial ha perdurado por casi un siglo. Desde un punto de vista descriptivo la Capilla, revistió con claridad al parecer un encargo preciso de la familia fundadora, cual fuera su carácter sobrio, austero, ejemplo visible de aquello que fuera proclamado en la fundación de nuestra Universidad, fe y trabajo, “Fides et Labor”. La Capilla se caracteriza por su sobria monumentalidad y su estructura robusta. El diseño arquitectónico retoma elementos clásicos de la arquitectura románica, como los arcos de medio punto, que organizan el espacio en una nave central flanqueada por dos naves laterales, principios claros de neoclasicismo tardío. Esta estructura confiere al interior un carácter solemne y recogido, acentuado por el uso de molduras de hormigón y columnas macizas, que refuerzan la estabilidad visual y simbólica del templo. A pesar de ser una capilla que se desarrolla en un segundo piso, sobre columnas, pareciera estar a ras de suelo, pero con una luz clara proveniente de su elevación.

desde donde operaba importando matrices de diseño desde Europa y desarrollando también creaciones propias. Su producción abasteció numerosos edificios del país, desde viviendas particulares hasta espacios públicos e instituciones, otorgando una identidad visual única a muchos de los suelos chilenos de fines del siglo XIX e inicios del XX. Entre sus obras destacan la Iglesia SSCC de Valparaíso, la Iglesia Los Carmelitas en Viña del Mar, el Paseo Andaluz en la piscina de Recreo, la Universidad Técnica Federico Santa María. También realizó embaldosados de muchas veredas, tales como calle Condell, avenida Brasil, en la remodelación de la Estación Bellavista (1929), Caleta Portales, Teatro Velarde en 1931 (Actual Teatro Municipal de Valparaíso), el Museo Naval de Valparaíso, entre otros36. Complementando la espacialidad, los vitrales que decoran la capilla fueron producidos por la fábrica Adolfo Schlack & Cía, empresa nacional fundada en 1895 en Valparaíso y especializada en vitrales, vidrios grabados y espejos artísticos. Esta industria, que cesó su actividad hacia 1930, alcanzó gran reconocimiento al instalar vitrales en edificios emblemáticos como la Biblioteca Nacional de Chile y el Colegio de Arquitectos, aportando al desarrollo de una estética local influida por técnicas europeas. Sin embargo cabe destacar que los vitrales, compuestos en su mayoría por vidrios de colores y por otros estampados sólo en aquellos elementos que sostienen una simbología intencionada, dando cuenta así, de una pulcritud y precisión que conserva el decoro y la sutileza, de una certera austeridad. La capilla del Sagrado Corazón de Jesús debe comprenderse dentro del contexto histórico y cultural del Valparaíso de comienzos del siglo XX, cuando se evidenció un renacer del catolicismo, tras décadas marcadas por la expansión de comunidades anglicanas y protestantes, así como de logias masónicas, que habían establecido una presencia significativa durante el siglo XIX. La construcción de este templo simboliza así no solo un acto de fe, sino también una afirmación de la identidad católica en el espacio urbano, en una ciudad marcada por la diversidad espiritual y por los debates en torno al laicismo y la secularización del Estado.

Baldosas de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús.

Su interior mantiene una atmósfera de recogimiento y simplicidad, subrayada por el uso de materiales nobles y detalles cuidadosamente seleccionados. El pavimento de baldosas de mosaico fue diseñado y fabricado por la histórica fábrica El Sol, una de las pioneras en el arte de las baldosas decorativas en Chile. Fundada en Valparaíso y ubicada en avenida Brasil, esta fábrica arrendaba una manzana completa cerca del mercado,

Valparaíso entonces, se constituye desde un punto de vista urbano como una ciudad puerto, con dos puertas claramente definidas, una la del puerto propiamente tal y la otra la puerta urbana hacia el interior del territorio, una puerta flanqueada por la estación Barón y por nuestra Universidad.

Fischer Felipa, Carabelli del Nido Marcela, Baldosas en Valparaíso, Oficio y Patrimonio, Fondo Nacional del Desarrollo de Cultura y las Artes, Ministerio de las culturas, las artes y el patrimonio, 2019. Pág. 26. 36

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Frontis Casa Central PUCV.

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LUGAR, MEMORIA Y SÍMBOLO

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Catalogación Objetos e inmuebles

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l inventario patrimonial que recoge las estaciones del Vía Crucis, las esculturas devocionales y el mobiliario litúrgico de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV permite relevar el valor artístico de las piezas conservadas, junto con la profundidad de su dimensión simbólica y formativa. Estas expresiones materiales condensan una espiritualidad arraigada en la tradición católica, manifestada en objetos que fueron concebidos para sostener el culto, educar en la fe y proyectar la identidad de nuestra Universidad.

7.1. Estaciones del Vía Crucis

Las estaciones del Vía Crucis, con su detallado relato de la Pasión, invitan al recogimiento a través de un lenguaje plástico que combina solemnidad y drama, situando al espectador en un itinerario de contemplación. Las esculturas, cuidadosamente dispuestas en el templo, ofrecen modelos de virtud cristiana que acompañan los ritos y fortalecen la memoria espiritual de quienes las contemplan. El mobiliario litúrgico, por su parte, revela una preocupación por integrar belleza y funcionalidad en un estilo sobrio, coherente con el carácter de una universidad que nació desde la austeridad y el compromiso con el Evangelio. En su conjunto, estos elementos configuran un espacio donde la materia se transforma en signo, y la arquitectura se vuelve una pedagogía del espíritu.

Dimensiones

Con el fin de poner en valor esta dimensión integral del templo, a continuación se ofrece un recorrido sistemático del conjunto de bienes materiales conservados en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, organizados por tipologías. Esta clasificación permite comprender la riqueza de las piezas presentes y facilita su valoración desde perspectivas litúrgicas, simbólicas, históricas y estéticas. Se incluyen más de 83 objetos, entre los cuales destacan esculturas, mobiliario litúrgico y piezas devocionales, cada una con un aporte específico a la atmósfera espiritual y formativa del recinto universitario.

I.

La condena de Cristo en el pretorio

II.

Jesús cargando la cruz

III.

Primera caída de Cristo

IV.

Encuentro con la Virgen

V.

El Cireneo ayuda a cargar la cruz

VI.

Verónica limpia el rostro de Jesús

VII.

Segunda caída de Cristo

Uno de los conjuntos escultóricos más sobresalientes de la Capilla es el Vía Crucis, compuesto por 14 estaciones que narran la pasión y muerte de Jesucristo. Estas piezas están elaboradas en madera y pintura dorada, con figuras en relieve de yeso esmaltado o pasta de marfil policromada. Su diseño corresponde a un estilo clásico-barroco, que combina elementos arquitectónicos, ornamentales y narrativos.

Marco: 117 x 58 x 13 cm Figura: 35,5 x 26,3 x 1,5 cm Característica principales Marcos arquitectónicos con cenefas, columnas laterales, frontones curvos o rectos. Figuras expresivas de Cristo, soldados romanos, mujeres piadosas, Simón de Cirene, entre otros. Estaciones representadas

VIII. Encuentro con las mujeres de Jerusalén IX.

Tercera caída de Cristo

X.

Despojo de las vestiduras

XI.

La Crucifixión

XII.

La muerte

XIII. El descenso XIV.

Columna de madera con detalle de pintura dorada.

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Jesús es depositado en el sepulcro


OBJETOS E INMUEBLES

Detalle Vía Crucis V.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

I. La condena de Cristo en el pretorio

II. Jesús cargando la cruz

Evangelio según San Marcos (15, 12-15)

Evangelio según San Marcos (15, 20)

Pilato otra vez les preguntó: “¿Y qué quieren que haga con el que ustedes llaman “el rey de los judíos”?”. Ellos contestaron a gritos: “¡Crucifícalo!”. Pilato les replicó: “Pero ¿qué mal ha hecho?”. Sin embargo, ellos gritaban aún más fuerte: “¡Crucifícalo!”. Entonces Pilato, para complacer a la gente, dejó en libertad a Barrabás y a Jesús, en cambio, después de hacerlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Después de burlarse de Jesús le quitaron el manto de color púrpura, lo vistieron con su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Aquel que es el autor de la vida es condenado a la muerte. Este Dios todopoderoso es conducido como un cordero hacia el matadero, no se queja, no se opone, sino que se abaja y acepta la condena injusta en su contra. Cristo muestra una mansedumbre sin precedentes, sabe que su momento de dar la vida por nosotros ha llegado. No es que no tenga miedo, él sabe, en medio de ese silencio orante, que su hora ha llegado, y que por esta muerte muchos podrán alcanzar la vida eterna.

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Cristo carga con la cruz, con la herramienta que lo llevará a su muerte, y, sin embargo, es también el signo de su victoria. No todo termina en ella, sino que comienza, a través de la cruz es que Cristo consumó lo que estaba escrito desde el tiempo de los profetas. A través de ella sabemos que la muerte ya no triunfa, sino que es Cristo mismo quién tomándola en sus hombros es capaz de superar el “fin” y señala el camino para seguirlo hacia la vida eterna.


OBJETOS E INMUEBLES

III. Primera caída de Cristo Isaías (53, 4-5). Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades.

Detalle Vía Crucis III.

Cargar con la cruz no es fácil, menos después de haber sido azotado y humillado. Los hombros cansados de Jesús cargan con el madero, y cae por el peso de este. Sin embargo, se levanta, no se deja estar bajo esta herramienta de la muerte, sigue cargando con ella, aunque todo parece carecer de sentido. Dios es vulnerado, su caída es la muestra de una fortaleza que viene desde la debilidad, pero que sin embargo logra aún en medio del dolor demostrar su amor, disponibilidad al Padre y misión salvadora.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Detalle Vía Crucis II.

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OBJETOS E INMUEBLES

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

IV. Encuentro con la Virgen Evangelio según San Juan (19,26-27) Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús […] dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. El cruce de miradas entre María y Jesús tuvo que haber sido desgarrador. Una madre que ve y acompaña el sufrimiento de su hijo, y que guarda todas cosas en su corazón (Lc 2,19). Ella no solo vio sufrir al Hijo de Dios, sino que también vio a su niño, a aquel que acunó en su vientre. Se quedó hasta el final, acompañando su dolorosa misión con un amor siempre fiel, que todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor 13,4-7). Vía Crucis V.

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OBJETOS E INMUEBLES

V. El cireneo ayuda a cargar la cruz Evangelio según san Lucas (23,26) Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Ante el sufrimiento de Cristo, le asiste una insólita ayuda. Es el Cireneo, un hombre que nada tenía que ver con esta situación, venía del trabajo y, sin embargo, termina ayudando a Jesús a cargar con la cruz, una carga que no le era propia, ni para él ni para Cristo, y que sin ella nada tendría sentido. Este hombre sin saberlo terminaría por ir detrás de Dios cargando en sus espaldas el árbol de la vida por el cual muchos tendrán un lugar en el banquete celestial.

VI. Verónica limpia el rostro de Jesús Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto (2 Cor 1,3-5) Bendito sea Dios […] Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo […]. Porque, así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo.

Detalle Vía Crucis V.

Siguen las muestras de misericordia. En medio de este escenario grotesco se acerca Verónica, quién al ver al siervo sufriente se compadece de él y limpia su rostro con un paño. Un gesto sencillo, pero no menos importante, en medio de la humillación del Señor ella es capaz de compadecerse y prestarle su ayuda con los medios que disponía en el momento, dándole un momento de humanidad en medio de tanta barbarie.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Detalle Vía Crucis VI.

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OBJETOS E INMUEBLES

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

VII. Segunda caída de Cristo Primera Carta del Apóstol San Pedro (2,22.24) Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Él cargó sobre su cuerpo nuestros pecados, llevándolos al madero, para que, muertos al pecado, viviéramos para lo que es justo. Jesús vuelve a caer, la cruz cada vez más se hace pesada, el agotamiento se hace patente, no solo el físico, sino también el espiritual, mental y emocional. No son solo los dolores del cuerpo, sino del alma los que acompañan esta caída. No es solo un símbolo, sino que es la realidad que conlleva el tomar la cruz, cuando se toma es posible caer varias veces, tal como le sucede al Hijo de Dios en medio de su pasión.

Detalle Vía Crucis VII.

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OBJETOS E INMUEBLES

VIII. Encuentro con las mujeres de Jerusalén

IX. Tercera caída de Cristo

Evangelio según San Lucas (23,27-28)

Evangelio según San Juan (12,24-25)

Seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: “¡Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí! Lloren más bien por ustedes y por sus hijos”.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere queda solo; pero si muere da mucho fruto. El que se apega a su vida la perderá; el que desprecia la vida en este mundo la conservará para la vida eterna.

Jesús intenta, a pesar de su situación, seguir dando un mensaje al pueblo que pidió su crucifixión. Cristo les habla a ellas, a las que siempre fueron parte de su mensaje, les habla a las mujeres, a los niños, a los que no son preferidos en la sociedad de su tiempo. No son sus discípulos, ni sus apóstoles, los adinerados ni los poderosos los que lo acompañan en este momento, son los vulnerables, los descartados, los últimos, quienes a pesar de todo están allí junto a él.

Jesús cae por tercera vez, es la confirmación de un momento incomprensible. El Hijo de Dios vuelve a caer, escándalo para unos, necedad para otros (cf. 1Cor. 1,22). Si Dios es tan omnipotente ¿cómo es que vuelve a caer por el peso de la cruz? ¿por qué no se revela? ¿Qué es Señor aquello que te hace aceptar este trato tan indigno? Pero el Hijo no responde, vuelve a ponerse en pie, siendo una vez más ejemplo para aquellos que al igual que él han decidido abrazar la cruz.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Detalle Vía Crucis VIII.

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OBJETOS E INMUEBLES

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X. Despojo de las vestiduras

XI. La crucifixión

Evangelio según San Juan (19,23)

Evangelio según San Lucas (23, 33-34)

Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.

Cuando llegaron al lugar llamado “ del Cráneo”, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

No bastó con azotarlo, coronarlo de espinas, humillarlo, cargarlo con la cruz, como quién manda a alguien a cavar su propia tumba, además, decidieron repartirse sus vestiduras. Sin embargo, incluso aquella acción se convierte en mensaje. Sus ropas fueron repartidas pero no divididas, al igual que su palabra, la que rescató a muchos para la vida eterna, esta unidad es también la imposibilidad de romper la comunión de Jesús y su Padre, de Jesús y sus fieles, de su comunidad fundada por Él y que en Jesús mantienen la unidad.

Jesús es crucificado. Sufre la más injusta y criminal de las condenas, y, sin embargo, solo tiene palabras de perdón. Desde la cruz Cristo enseña la misericordia ante la ofensa, ante la injusticia, ante la violencia. No es el ojo por ojo, sino el perdón. En el dolor pide por sus perseguidores, encarnando la frase dicha por el mismo: “Dichosos serán cuando los insulten, los persigan, y digan toda clase de mal por mi causa (…) porque su recompensa será grande en el Reino de los Cielos” (Mt 5,11).


OBJETOS E INMUEBLES

Detalle Vía Crucis XI.

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Detalle Vía Crucis XII.

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OBJETOS E INMUEBLES

XII. La muerte Evangelio según san Lucas (23, 44b-49) El sol se eclipsó […] El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: “Realmente este hombre era un justo”. Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Jesús, la víctima vicaria del Padre, por quién la muerte y el pecado es derrotado muere. Se consuma la voluntad del Padre para con su Hijo y con el género humano. Muere en plena confianza con su Padre, clamando: “En tus manos encomiendo mi espíritu”, aquel que es la vida es asesinado. Su cuerpo y su sangre, derramados por nuestras faltas, se convierten en las llaves de la libertad que rompen con las cadenas generadas por nuestra falta de amor, origen y vocación humana.

Detalle Vía Crucis XII.

Vía Crucis XII.

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XIII. El descenso Evangelio según san Lucas (23, 50-53a) Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después [lo bajó] de la cruz. Jesús es bajado de la cruz, su cuerpo inerte es pedido por José de Arimatea, hombre justo que se arriesga a pedir permiso para sepultar el cuerpo de un supuesto ‘criminal’. Cristo es llevado al sepulcro, acompañado solo por las mujeres y por José. Sus discípulos no están, sus más fieles seguidores no están, están con él las descartadas, las humildes y José.

Detalle Vía Crucis XIII.

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OBJETOS E INMUEBLES

XIV. Jesús es depositado en el sepulcro Evangelio según san Lucas (23, 53b-56) Lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado. Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley. Cristo es sepultado ante la mirada atónita de sus seguidores. Aquel que sería la salvación del pueblo elegido por Dios, el Mesías, muere y es sepultado. La constatación de su muerte es el sepulcro, la esperanza de sus seguidores mengua y la crisis de fe se hace patente. Aún les falta la fe, creer en la resurrección del Señor que fue prometida por él desde antiguo, anunciada en múltiples ocasiones por los profetas y por el Hijo, que se consumará dentro de tres días, desde aquel momento y para siempre.

Detalle Vía Crucis XIV.

Vía Crucis XIV.

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Detalle Vía Crucis XIV.

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OBJETOS E INMUEBLES

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Sagrado Corazón de Jesús (Patrono de la PUCV).

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7.2. Esculturas Entre las piezas tridimensionales de carácter devocional presentes en la Capilla, destacan cinco esculturas realizadas en materiales mixtos, como yeso policromado, madera y resina, con acabados en tonos suaves y dorados. Se inscriben dentro de una estética figurativa sacra propia de los siglos XIX y XX, caracterizada por el detallismo en los rostros, gestos expresivos y simbología religiosa. Estas obras de tamaño mediano, cuyas dimensiones oscilan entre 1,37 y 1,55 metros de alto, están dispuestas en puntos estratégicos del espacio, subrayando su función litúrgica, devocional y ornamental. Cada escultura representa una figura relevante de la tradición católica: Sagrado Corazón de Jesús (Patrono de la PUCV) La figura muestra a Jesús de pie, con una expresión serena y compasiva. Viste una túnica blanca y un manto rojo, colores asociados a la pureza y al sacrificio. En el centro de su pecho destaca el Sagrado Corazón, en relieve, rodeado por una corona de espinas y coronado por una llama, elementos esenciales de esta iconografía. Su mano izquierda señala el corazón, mientras la derecha se alza en gesto de bendición. La figura se enmarca con un resplandor dorado en forma de rayos que emanan desde su cabeza, simbolizando su divinidad. Este resplandor se monta sobre una estructura arquitectónica de forma arqueada, decorada con detalles dorados y neogóticos que refuerzan la solemnidad del conjunto. Virgen María Representada en actitud de oración, la Virgen aparece con las manos juntas sobre el pecho, la cabeza ligeramente inclinada y la mirada baja, transmitiendo humildad y recogimiento espiritual. Su rostro sereno presenta mejillas sonrojadas que acentúan su delicadeza. Viste una túnica blanca cubierta por un manto azul celeste decorado con motivos vegetales dorados, entre ellos flores de lis, símbolos de pureza y nobleza. Un velo blanco con bordes dorados cubre su cabeza. Está descalza sobre una piedra, y sus pies presentan una estilización de tipo griego.

Virgen María.

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San José con el Niño Jesús La escultura representa a San José junto al Niño Jesús, resaltando el vínculo afectivo y protector entre ambos. San José sostiene un bastón de lirios con su mano derecha, símbolo tradicional de pureza y de su rol como esposo de la Virgen. Su mano izquierda reposa sobre el hombro del Niño, en un gesto paternal. Viste una túnica marrón decorada con motivos vegetales dorados, ceñida con un cinturón dorado. Sobre los hombros lleva una capa con bordes ornamentados. El Niño Jesús, ligeramente adelantado, se presenta descalzo sobre una piedra. Su túnica crema, adornada con detalles dorados, enmarca el símbolo del Sagrado Corazón que señala con la mano izquierda, mientras con la derecha bendice. Santa Isabel de Hungría La escultura presenta a la santa de pie, en actitud contemplativa. Viste un hábito de tonos oscuros cubierto por un manto rosado con ornamentación floral dorada, cuyo forro interior es azul celeste. Destaca el detallado tratamiento de los pliegues que le dan movimiento y peso a sus vestimentas. Su rostro transmite serenidad y dulzura, con la cabeza levemente inclinada. En sus brazos sostiene una canasta con flores, aludiendo al milagro de las rosas: cuando su esposo le prohibió dar limosnas, las provisiones que ocultaba bajo su manto se transformaron en flores, símbolo de su caridad y del respaldo divino a su misión. Santa Teresa de Ávila Santa Teresa está representada con el hábito de las carmelitas descalzas: túnica marrón oscuro con detalles dorados, manto claro con bordes ornamentados y velo negro sobre toca blanca. Sostiene un libro abierto en su mano izquierda, símbolo de su legado espiritual y literario. Su mano derecha se alza en un gesto que sugiere inspiración divina o enseñanza. Su postura transmite introspección, recogimiento y la profundidad de su vida mística.

San José con el Niño Jesús.

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OBJETOS E INMUEBLES

Santa Teresa de Ávila.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Lámpara tallada.

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OBJETOS E INMUEBLES

7.3. Mobiliario litúrgico y funcional

7.4. Objetos litúrgicos menores

El mobiliario ha sido concebido para cumplir funciones estéticas y litúrgicas. Destacan:

Ambón

Se registran al menos 15 objetos menores utilizados en la liturgia eucarística: • Cálices de metal dorado y plateado, algunos con grabados ornamentales. • Patenas lisas o doradas. • Copones (uno grande y otro pequeño) para el pan consagrado. • Custodia de metal dorado en excelente estado. • Vinajeras de vidrio y metal con bandejas litúrgicas. • Incensarios, porta incienso y navetas, usados en celebraciones solemnes.

De madera y metal, en excelente estado. Forma vertical que evoca firmeza.

7.5. Objetos devocionales y complementarios

Altar principal Madera de pino y roble barnizado, con aplicaciones doradas. Diseño sobrio.

Retablo de madera tallada Con columnas decorativas que enmarcan el sagrario, de estilo barroco e hispánico. Otros muebles funcionales registrados

Además de los objetos litúrgicos, la capilla conserva otros elementos que enriquecen su dimensión cultural y comunitaria: • Fotografías enmarcadas de santos nacionales (San Alberto Hurtado, Santa Teresita de Los Andes). • Un armonio (instrumento de viento con teclado). • Campanas, candelabros y copas de agua bendita.

• Credenzas para preparación del pan y vino. • Reclinatorios y bancas de madera con tapiz de cuerina. • Sillas del presbiterio en distintos modelos. • Confesionarios de madera tallada: Roble barnizado con columnas jónicas laterales. La puerta inferior tiene aldaba e inscripciones en latín. • Bancas

7.6. Lámpara tallada

Inscripciones en los confesionarios

Inscripciones en latín: Mariae sanctissimo hvjvs altaris sacramento vallisparadisi tabernacvlorvm Español: Al Hijo Santísimo de María presente en el Tabernáculo de Valparaíso.

Nave lateral derecha Latín: Et tibi dabo claves regni coelorum. Español: Y te daré las llaves del reino de los cielos. Nave lateral izquierda Latín: Quorum remiseritis peccata remittuntur eis. Español: A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados.

Lámpara tallada en madera de roble barnizado, donada por Héctor Herrera Cajas, profesor y exdirector del Instituto de Historia de la PUCV. Esta lámpara alberga un testigo (luz perpetua), símbolo de la presencia constante de Cristo, en referencia a la profecía de Simeón: “Cristo es luz para iluminar a todas las naciones”.

Otros muebles • Mesa de sacristía. • Banquillos de apoyo.

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Retablo de la Capilla.


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Vestimentas litúrgicas

VIII

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

E

l conjunto de vestiduras litúrgicas conservadas en la sacristía de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús constituye una expresión tangible del ritmo espiritual que sostiene la vida sacramental de nuestra Universidad. Dicho patrimonio refleja una estética y un simbolismo que conectan la santa misa con el tiempo, la comunidad y la misión formativa de la PUCV. Su estudio permite comprender cómo el arte textil sagrado se convierte en parte de una pedagogía del signo, donde cada color, forma y oración al revestirse comunica el misterio celebrado.

8.1. Vestiduras litúrgicas en general A través de la cotidianidad de sus celebraciones, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús ofrece diversas vestiduras de uso litúrgico utilizadas por los ministros ordenados de la Iglesia, encargados de presidir la celebración de los sacramentos. Estas vestiduras particulares reciben el nombre de vestiduras litúrgicas o sagradas, de ellas nos dice la Instrucción general del Misal Romano: “en la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, no todos los miembros desempeñan el mismo ministerio. Esta diversidad de ministerios se manifiesta exteriormente en la celebración de la Eucaristía por la diferencia de las vestiduras sagradas que, por lo tanto, deben sobresalir como un signo del servicio propio de cada ministro”37. Dichas vestiduras, cada una a su modo, son el reflejo de una reflexión teológica en cuanto a estas prendas, que como hemos presentado en un inicio, son solo de uso litúrgico, es decir, su implementación es la expresión de la Iglesia que va marcando el tiempo litúrgico. Su uso es un signo visible de la expresión de fe de un pueblo que eleva su oración a Dios y que se reúnen en su nombre a celebrar el encuentro con él. La fe cristiana, o es un encuentro vivo con Él, o no es. La Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. No nos sirve un vago recuerdo de la Última Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena, poder escuchar su voz, comer su Cuerpo y beber su Sangre: le necesitamos a Él. En la Eucaristía y en todos los Sacramentos se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos con el Señor Jesús y de ser alcanzados por el poder de su Pascua38. Estas vestiduras se utilizan en la celebración eucarística y en la administración de todos los sacramentos. Es importante tener un particular respeto por ellas, al igual que se cuide la sobriedad, la dignidad y el respeto por la belleza y el arte que

en ella se expresen39, las cuales pueden ir variando y adaptándose a las realidades culturales de cada uno de los contextos eclesiales40. Los ornamentos y vestiduras litúrgicas que se encuentran en la sacristía de la Capilla de Casa Central son todas para la celebración en el rito litúrgico latino, expresado en el rito romano, ampliamente extendido en el occidente cristiano. Dentro de los ornamentos que podemos encontrar en la sacristía de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús están: Amito Es una pieza de tela cuadrado, de color blanco que se ata alrededor del cuello, pudiendo ser utilizado por ministros ordenados (Obispos, presbíteros y diáconos) y al mismo tiempo por ministros instituidos (acólitos), es especialmente útil cuando el alba no cubre el vestido común alrededor del cuello. “Pon, Señor, sobre mi cabeza el casco de salvación, para rechazar los asaltos del enemigo”. Alba “La vestidura sagrada para todos los ministros ordenados e instituidos, de cualquier grado, es el alba, que debe ser atada a la cintura con el cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que se adapte al cuerpo aun sin él”41. El alba, generalmente de color blanco, es la túnica que recuerda la pureza del bautismo, la oración que dice el sacerdote al revestirse de ella: “Hazme puro, Señor, y limpia mi corazón, para que, santificado por la Sangre del Cordero, pueda gozar de las delicias eternas” ayuda a recordar su uso como un recuerdo profundo del bautismo, tanto de él como de los otros ministros ordenados e instituidos que le acompañan. Cíngulo Es un cordón o cinta de tela que generalmente está rematado con algún tipo de borla del mismo color del cíngulo, esta pieza sirve para ceñir el alba al cuerpo, generalmente es de color blanco, sin embargo, también los hay de los distintos colores litúrgicos. Este sirve además para recordar la pureza y la castidad, diciendo la oración para su uso: “Cíñeme, Señor, Con un cíngulo de la pureza, y extingue en mí la llama de la pasión, para que permanezca en mí”.

Instrucción General del Misal Romano, n. 335, accedido el 19 de junio de 2025. https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/ rc_con_ccdds_doc_20030317_ordinamento-messale_sp.html. 38 Papa Francisco. Desiderio Desideravi. Carta apostólica en forma de motu proprio, n. 10–11. 29 de junio de 2022. Accedido el 24 de junio de 2025. https:// www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html. 39 Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, n. 124. 4 de diciembre de 1963. Accedido el 24 de junio de 2025. https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html. 40 Ibidem, n. 128. 41 Instrucción General del Misal Romano, n. 336. 37

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VESTIMENTAS LITÚRGICAS

Estolas.

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Estolas.

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VESTIMENTAS LITÚRGICAS

Estola “El sacerdote lleva la estola alrededor del cuello y pendiendo ante el pecho; pero el diácono la lleva desde el hombro izquierdo pasando sobre el pecho hacia el lado derecho del tronco, donde se sujeta”42. La estola es el símbolo del ministro ordenado por excelencia, no solo utilizado en las celebraciones eucarísticas, sino también en las bendiciones y la administración de los sacramentos en general. Su color corresponde a la celebración litúrgica, al igual que los otros ornamentos, y pueden ser simples o ricamente ornamentadas. La oración para su uso reza: “Devuélveme, Señor, la túnica de la inmortalidad, que perdí por el pecado de los primeros padres; y, aunque me acerco a tus sagrados misterios indignamente, haz que merezca, no obstante, el gozo eterno” Dentro del catálogo de la Capilla, podemos encontrarlas de los cuatro colores principales de la liturgia, e incluso, podemos advertir la existencia de una añosa estola una de color celeste. Casulla “La vestidura propia del sacerdote celebrante, en la misa y en otras acciones sagradas que se relacionan directamente con la misa, es la casulla o planeta, a no ser que se determinara otra cosa, vestida sobre el alba y la estola”43.Al igual que todas las anteriores vestiduras litúrgicas, la oración del sacerdote al revestirse de este ornamento, nos trae a la memoria algunos elementos que demuestran la riqueza espiritual que refleja el uso de este ornamento: “Señor, que dijiste: ‘mi yugo es suave y mi carga ligera’: haz que lo lleve de tal manera que alcance tu gracia”. Este ornamento es asociado a la casa, una casa común en la cual cada uno de los cristianos, hermanos en la fe, se reúnen para la celebración de la Eucaristía, por ello su uso no se encuentra fuera de ella.

Su uso es para las procesiones y la administración del bautismo o matrimonio, en las que no se celebre la eucaristía. De la misma manera, puede ser utilizado en otros actos litúrgicos, como la presidencia del rezo de la Liturgia de las Horas y en la adoración eucarística. Generalmente son de color blanco, dado que, al utilizarse mayoritariamente en la adoración eucarística, la administración de ciertos sacramentos, y las procesiones, el color litúrgico que corresponde a estos actos es justamente el color blanco, sin embargo, bien podrían existir de los otros colores litúrgicos sin ningún problema. Paño Humeral También llamado velo humeral, es una pieza rectangular que se utiliza alrededor de los hombros. Su uso actual se limita a la adoración eucarística y al traslado de la cruz en el Viernes Santo. Por ello su color habitual es el color blanco o dorado, sin embargo, en el caso de utilizarse en la celebración de la pasión del Señor, es posible advertir el uso del velo humeral de color rojo45. Es de uso del ministro ordenado, dado que se utiliza para tomar la custodia en medio de la adoración eucarística y realizar la bendición solemne con ella al Pueblo de Dios. De la misma manera, es también utilizado para tomar el crucifijo y comenzar la adoración de la cruz en el Viernes Santo.

Las hay de varios estilos, sin embargo, en la sacristía de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, imperan las de corte cónico, es decir, recuerdan a las antiguas casullas góticas, que se diferencian de las romanas, al ser estas últimas con un corte que semejan una guitarra (por ello se les llama casulla de “guitarra”). Capa Pluvial “El sacerdote lleva el pluvial, o capa pluvial, en las procesiones y en otras acciones sagradas, según las rúbricas de cada rito”44. Si bien es cierto, la Instrucción general del Misal Romano advierte su uso en cuanto al sacerdote, en realidad es también ampliamente utilizada por los diáconos. Es una capa que es adornada con una capucha o escudo en su parte trasera.

Estolas.

Ibidem, n. 340. Ibidem, n. 337. Ibidem, n. 341. 45 Ceremonial de los Obispos, n. 315, Librería Editrice Vaticana, 1984. Accedido el 24 de junio de 2025. https://liturgiapapal.org/attachments/article/1015/A1.pdf. 42 43 44

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8.2. Colores litúrgicos46 Expuesto aquello, es necesario explicar algunos elementos generales sobre estas vestiduras. Una de ellas, que es la más evidente quizás, corresponde a los colores que se implementan en cada celebración.

español, así como sus anteriores territorios, dado por San Pio X en el Actae Sanctae Sedis de 1903, en el numeral 66 de las facultades ordinarias que pueden obtenerse por medio de la Sagrada Congregación de Ritos48. Negro

Utilizado en el Tiempo Pascual, en las celebraciones del Señor (que no sean su pasión), en celebraciones de la Santísima Virgen, los Santos Ángeles, y en solemnidades, fiestas, memorias obligatorias y memorias libres que no sean de Santos mártires. También es utilizado en la celebración del Bautismo, la Primera Comunión, Ordenación Sacerdotal, Matrimonio y la bendición en general de espacios, objetos, lugares y personas.

Generalmente utilizado en las exequias de difuntos, anteriormente en el Vetus Ordo49 también eran utilizados en la celebración del Viernes Santo y en la conmemoración de los Fieles difuntos. No ha sido suprimido su uso, sin embargo, se solicita que se utilice solo en donde aún hay costumbre de aquello. Dicho esto, en la Capilla de la Casa Central este color litúrgico no está presente, dado que es generalmente reemplazado por el color morado, el cual acompaña a los difuntos en la oración por ellos que se realiza en la celebración de las exequias.

Rojo

Rosado

De uso en las celebraciones que recuerdan la acción del Espíritu Santo y el derramamiento de sangre, tal como La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, Viernes Santo, Pentecostés, Las Fiestas de los Apóstoles y Evangelistas y en cada una de las celebraciones de los mártires. También es utilizado en la administración del Sacramento de la Confirmación.

De uso no obligatorio, es solo utilizado en dos días del año, en Gaudete (tercer domingo de adviento) y en Laetare (cuarto domingo de cuaresma). El color rosado sirvió en el Vetus Ordo para señalar la cercanía del término de sus respectivos tiempos litúrgicos, y el inicio de la Navidad y la Semana Santa correspondientemente. Su uso, al igual que el color negro, no ha sido suprimido, sin embargo, se ha dado la posibilidad de reemplazarlo por el color morado, dado que, es propio del tiempo de cuaresma y adviento. En la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, actualmente no se encuentra ornamento alguno con este color, debido al recambio de ornamentos que se ha dado constantemente, así como su poca visibilidad por el ínfimo uso que este tiene dentro de la liturgia del Novus Ordo50.

Blanco

Verde Utilizado ampliamente en el Tiempo Ordinario47. Morado Asociado a tiempos litúrgicos de espera, tal como los tiempos de Adviento y Cuaresma, además de la celebración de funerales y la administración de los sacramentos de sanación, como la Reconciliación (confesión) y Santa Unción. Este color terminó por reemplazar el uso del Negro en la celebración de las exequias, en la conmemoración de los fieles difuntos y en el Viernes Santo. Celeste Se usa en reemplazo del color blanco para la celebración de la Inmaculada Concepción, la octava de aquella solemnidad, y en las misas votivas de la Virgen. Color no convencional, dado que no es parte del estándar de la liturgia convencional. Sin embargo, está registrado como un privilegio eclesiástico reconocido al imperio

Instrucción general del Misal Romano, n. 346. Tiempo de la Iglesia que no corresponde ni a Semana Santa, ni al Tiempo Pascual, Cuaresma, Adviento y Navidad. Son 34 semanas. 48 Acta Sanctae Sedis 36 (1903). 49 Uso litúrgico anterior al Concilio Vaticano II, que utiliza el misal de San Pío V. También llamada misa tridentina. Las cuales hoy son sólo permitidas bajo la mirada del Motu Proprio Traditionis Custodes y la autorización del Obispo del lugar. 50 Uso actual de la liturgia, también llamada postconciliar, debido a su institución e implementación dada a partir del Concilio Vaticano II, el cual reformuló aspectos varios de la Iglesia, incluyendo la liturgia. 46 47

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VESTIMENTAS LITÚRGICAS

Estolas.

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Estolas.


Objetos litúrgicos

IX

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os objetos sagrados y de uso litúrgico constituyen un componente esencial en la celebración de la Eucaristía y en el desarrollo de otras acciones rituales dentro del espacio sacro, en cuanto median materialmente el encuentro entre lo visible y lo invisible, entre lo humano y lo divino. Cada uno de estos elementos responde a una función específica, posee una carga simbólica teológicamente fundada y se encuentra regulado por las normas litúrgicas establecidas por la Iglesia, como expresión de su lex orandi y de su tradición viva. Su disposición, uso y conservación manifiestan la dimensión mistagógica de la liturgia, que introduce al pueblo fiel en el misterio de la salvación. La presente sección ofrece una descripción detallada de los principales objetos utilizados en las celebraciones que tienen lugar en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV, incluyendo tanto los vasos sagrados como los paños litúrgicos, libros, ornamentos, utensilios complementarios y signos rituales, los cuales expresan visiblemente la fe celebrada y la eclesiología que subyace a la acción litúrgica.

en la liturgia. Suelen tener forma de copa a la cual se le añade una tapa. Se le puede agregar el cubre copon o capillo, una especie de velo que indica la presencia de Cristo al interior de dicho vaso sagrado, que suele ser de color dorado o blanco. Este objeto sagrado, luego será depositado al interior del sagrario, lugar dentro del templo en el que se resguarda el Santísimo Sacramento. En nuestro templo universitario, el sagrario descansa sobre el altar fijo, en medio del retablo de la Capilla. El sagrario puede estar adornado con una especie de cortina llamada conopeo, que generalmente será del color correspondiente al tiempo litúrgico que se esté viviendo como Iglesia. Su presencia no es obligatoria, sin embargo, no solo embellece, sino también ayuda a los fieles a reconocer que el sagrario no está vacío, sino que efectivamente, hay hostias consagradas en el interior. Al ser un elemento en desuso, la Capilla solo posee seis conopeos, tres de ellos de color morado uno de color rojo, uno de color blanco con ribetes celestes y uno de color verde.

9.1. Vasos sagrados “Entre lo que se requiere para la celebración de la Misa, merecen especial honor los vasos sagrados y, entre éstos, el cáliz y la patena, en los que el vino y el pan se ofrecen, se consagran y se consumen”51. El cáliz es la copa, generalmente de un metal precioso, o de cualquier otro material que reporte dignidad a la celebración eucarística, la cual servirá para contener el vino que se convertirá en la Sangre de Cristo. Disponemos algunos de estos para las celebraciones eucarísticas, siendo a lo menos tres cálices de bronce los normalmente utilizados. Por norma general, el cáliz va siempre en compañía de la patena, un platillo redondo, generalmente metálico (al igual que el cáliz) en donde se deposita la hostia durante la Eucaristía. Patena no es solo el ‘platillo’ que va sobre el cáliz, sino también aquellas fuentes que sirvan para la distribución de la Sagrada Comunión. También puede advertirse la existencia de la patena para la comunión, que se diferencia de las otras por tener un mango o anillo por el cual el acólito o monaguillo, sujetándolo bajo la mano del sacerdote en la comunión del pueblo fiel, evita que caiga alguna partícula, o que incluso, el cuerpo de Cristo caiga en un lugar no deseado. Estos vasos sagrados suelen dejarse juntos en la credencia, mesa cercana al altar en la cual reposan los principales objetos de uso litúrgico para la confección del sacramento de la Eucaristía. Así mismo, además de estos vasos sagrados, se añade el copón, un recipiente metálico en donde se guardan las hostias consagradas durante la misa. Estos suelen estar finamente labrados, siendo al igual que los vasos sagrados anteriores, de bronce o de algún otro material adecuado para su uso 51

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Instrucción General del Misal Romano, n. 327.

Cáliz, vaso sagrado que contiene el vino que se convertirá en la Sangre de Cristo.


OBJETOS LITÚRGICOS

Copón, vaso sagrado destinado a contener las hostias consagradas.

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9.2. Paños de altar Corresponden a diversos paños de uso litúrgico. El primero que podemos advertir es la Palia, que es un trozo de tela cuadrado, generalmente reforzado con un material duro (como la madera o el cartón) que se pone sobre el cáliz y la patena. Su función es evitar que algún elemento externo ingrese al cáliz (como algún insecto o polvo del ambiente); suelen ser de color blanco y estar adornados con diversos motivos cristianos, pero podrían ser de diversos colores, según el tiempo litúrgico o la celebración que se esté dando. El Corporal es un trozo de tela cuadrado, que, a diferencia de la palia, no está reforzado con algún elemento sólido que le proporcione dureza, sino que es una tela más grande, de color blanco, adornada sucintamente y, sobre la cual, se depositan el cáliz con el vino y la palia con el pan en la misa. Sobre ella se consagran estos dones. Fuera de la misa, el Corporal también es utilizado en la adoración eucarística, en la cual la custodia es depositada sobre el Corporal que ha sido extendido sobre el altar previamente. El purificador es un lienzo rectangular de color blanco, el cual puede estar adornado de manera muy discreta, dado que su uso es el de una toalla para los vasos sagrados. Con este se ‘purifican’, se limpian los vasos sagrados luego de la sagrada comunión. Al inicio de la ceremonia eucarística, el purificador se encuentra sobre el cáliz, pero bajo la patena, para el ofertorio este es puesto al costado del corporal extendido sobre el altar, y finalmente, al terminar la comunión, es utilizado para lo que fue diseñado, purificando las

partículas del Cuerpo de Cristo que han podido quedar en la patena, y secando la Sangre de Cristo vertida al interior del cáliz. Estos paños litúrgicos, pueden ser guardados al interior de una bolsa de corporales, la cual consiste en una funda de dos tapas cuadradas, pudiendo ser de cualquier color, y estar adornada de la manera más adecuada para la ocasión. De estas poseemos dos, las cuales son una de color carmesí con una cruz dorada en sus caras, y otra de color blanco con una cruz bordada del mismo color. La bolsa de corporales no es de uso obligatorio, al igual que el velum, un velo que se coloca sobre el cáliz y el resto de los paños litúrgicos, que es del mismo color de la casulla, este es retirado de los vasos sagrados al comenzar con el ofertorio. Su uso está cargado de símbolos, dado que, velan la riqueza que está debajo de ellas, no en un sentido material, sino más bien en cuanto a que tanto en el cáliz como en la patena se llevará a cabo la transustanciación52. Si bien es patente su desuso, la Capilla posee tres de este tipo, siendo dos de color morado y uno de color rojo. Estos dos últimos, si bien es cierto, no son paños litúrgicos del todo, están estrechamente relacionados con los anteriores; su implementación no es obligatoria, pero son un recuerdo de una liturgia pretérita que aún significan dentro del espacio litúrgico, y que no solo sirven para el ornato, sino que también guardan en su implementación y resguardo signo visible que ayuda a comprender de mejor manera el misterio que acaece en la celebración de la misa.

Cubre Copón.

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Conversión de la substancia del Pan y Vino al cuerpo y Sangre de Cristo en la misa.


OBJETOS LITÚRGICOS

9.3. Otros objetos de uso litúrgico En la liturgia se utilizan otros objetos que, no siendo litúrgicos o sagrados, de igual manera se implementan en las diversas celebraciones. Entre ellos se encuentran los candelabros: “colóquense en forma apropiada los candelabros que se requieren para cada acción litúrgica, como manifestación de veneración o de celebración festiva”53. Estos por lo menos deben ser dos en o cerca del altar. Otro tipo de cirio o vela utilizado en la Capilla corresponde al cirio pascual, una gran vela adornada con una cruz, las letras alpha y omega, además del año que se utilizará. Este es bendecido y encendido en la Vigilia Pascual y ampliamente utilizado durante todo el tiempo litúrgico correspondiente (Tiempo Pascual), así como en funerales y bautismos. El cirio es acompañado con las llagas, cinco esferas de incienso que son clavadas en torno a la cruz (una a cada extremo de la cruz y una en el centro). Así mismo, durante el tiempo de Adviento, podemos advertir cerca del altar cuatro velas, tres de color morado y una de color rosado, las cuales estarán en un soporte circular adornada con ramas de color verde. Esta es la corona de Adviento, por semana se irá encendiendo una vela a la vez, hasta que las cuatro hayan sido encendidas, señalando el fin del adviento y el inicio de la Navidad. Sobre el altar, además del mantel, podemos encontrar el misal, un libro que contiene las oraciones y ritos para la celebración eucarística54. Suele reposar sobre el atril y puede ser de diversos materiales, siendo, en el caso de la Capilla, una especie de cojín de color rojo, bordado con dos elefantes y algunos otros motivos en este. No es el único libro que de común es utilizado en las misas, dado que, sobre el ambón, descansa el Leccionario con las lecturas que se proclamarán durante la celebración eucarística; estos corresponden a los del ciclo dominical (A, B y C), los de la feria semanal (I y II) y el para las Fiestas, solemnidades y memorias de los Santos. Sobre la credencia, además de los vasos sagrados, y los paños anteriormente expuestos, podemos encontrar las vinajeras, dos botellas de vidrio con una tapa apropiada (generalmente de algún metal), las cuales contienen vino y agua respectivamente. También se encuentra la jofaina y el aguamanil, una fuente y un jarro con agua con el cual el sacerdote realizará la ablución de manos, las cuales se secará con el manutergio, una toalla utilizada solo para este fin litúrgico. Y cercana a la credencia se encontrarán las campanillas, campanas de uso no obligatorio que señalan la elevación de las especies eucarísticas durante la misa. Estas pueden ser de cualquier metal, siempre y cuando sirva para su uso. Las que dispone la Capilla son de color plateado y en ellas se contienen tres campanillas unidas por una argolla y que poseen una base para su estabilidad. 53 54

Candelabro.

Instrucción General del Misal Romano, n. 307. Ibidem, n. 15.

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Naveta incienciaria.

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OBJETOS LITÚRGICOS

Existen también objetos que pueden ser utilizados, incluso fuera de la celebración de la misa, tal como el turíbulo. Es una fuente metálica suspendida por cadenas y una anilla en su parte superior, que tiene por función quemar el incienso, que se deposita al interior de esta, y que acompaña dentro de la misa a la procesión de entrada, la incensación del evangelio antes de su proclamación sobre el ambón y de las especies eucarísticas y el altar en el ofertorio. Fuera de la misa, el turíbulo puede también servir en el rezo de la liturgia de las horas o en la adoración eucarística. La naveta es otro recipiente metálico que sirve para dispensar el incienso dentro del turíbulo. Esta contiene una cuchara con la cual se tomará el incienso y se dispondrá sobre las brasas encendidas para que el incienso pueda quemarse correctamente. Usualmente el incienso es utilizado para resaltar el honor de lo sagrado, haciendo subir hacia Dios las oraciones, “como el humo del incienso que se quema en su presencia” - Salmo 141,2 -, así como estos objetos, también se encuentran la dupla del acetre y el hisopo. El acetre es una fuente en donde se deposita el agua bendita para la aspersión de los fieles, así como la bendición de objetos y espacios, mientras que el hisopo es una varilla, generalmente de metal la cual termina en una esfera hueca, esta al sumergirse en el agua bendita absorbe pequeñas cantidades de agua que finalmente son asperjadas sobre las personas u objetos establecidos. Finalmente, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús de la PUCV posee un palio, término que dentro de los elementos litúrgicos puede tener dos significados, en el primer término, podría ser un ornamento de lana que utilizan los arzobispos, y, en segundo término, podría aludir a un gran paño rectangular ricamente adornado, que es sostenido a modo de techo por cuatro largas varas. Es este último que está presente en la sacristía del templo, su uso se ejecuta durante las procesiones en donde haya traslado del Santísimo Sacramento dentro de la custodia. El palio actúa como un techo sobre el ministro que camina con la custodia entre sus manos, mientras cuatro personas sostienen la estructura, cada una desde su respectiva vara. Este palio en particular es de confección francesa.

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Acetre con Hisopo.


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Vitrales de la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús

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as primeras vidrieras aparecen en el siglo III d.C., utilizadas en ventanas de iglesias orientales y occidentales; su uso derivó de la aplicación decorativa del mosaico. Sin embargo, por su frágil elaboración, las vidrieras más antiguas que se conservan sólo datan del siglo IX de nuestra era. Las vidrieras se confeccionaban con trozos coloreados, mezcla de pastas fusionadas con óxidos metálicos. En la época románica –siglo XII– se llegó a la aplicación de estas pastas sobre vidrio traslúcido, con colores vitrificables como esmaltes que se fijaban por medio del calor. Las maderas o yesos que engastaban los vidrios fueron paulatinamente reemplazadas por una redecilla de plomo, un material más blando y manejable con el que se logró fabricar tiras más estrechas y altas, que empezaron a contener y ensamblar los fragmentos de vidrio. En esta técnica se utilizaban piezas blancas o coloreadas, cortadas según un boceto previo. El corte de los trozos de vidrio se realizaba por medio de un hilo de hierro enrojecido al fuego, después reemplazado por el uso del diamante. Los trozos de vidrios se unían con la redecilla metálica, configurando la estructura final, que se integraba al soporte definitivo de hierro sólido.

Mejores hornos y mayor calor de cocción permitieron incorporar la técnica de la grisalla, pedazos de vidrios blanco verdosos unidos en arabesco por el entrelazado de plomo, entregando al vitral mayor fuerza en la tridimensionalidad y la ilusión óptica en el espacio. A los temas religiosos se agregaron narraciones históricas con matices heroicos, creando sentimientos de adhesión regional hacia personajes y líderes políticos y militares de la época, reflejo del incipiente nacionalismo de los tiempos modernos. Los arquitectos del romanticismo, como Eugene de Viollet Le Duc y Jacques Felix Duban, la restauración de algunos templos góticos y la aparición del neogótico, revitalizaron el vitral en Europa. Fábricas francesas, belgas, alemanas e inglesas promovieron el uso de las vidrieras en el mundo. El uso del vitral otorga calidez al espacio interior, proyecta la naturaleza de su color y crea sensaciones emotivas en el feligrés de calidez o de frialdad, se genera una atmósfera en las diferentes naves de las Iglesias. Por sus matices, los vitrales atraen

Un debate vigente entre los historiadores del arte, corresponde al sitio de origen del vitral. Existen fundadas razones para vincularlo con Alemania, pero no cabe duda alguna que el sello estilístico a través del tiempo lo otorgó la escuela francesa. Inglaterra y Bélgica alcanzaron un papel relevante en la continuidad de la escuela francesa. En España e Italia, en cambio, la importancia del vitral fue menor y su uso sólo destaca en algunas construcciones del siglo XVI. Los primeros vitrales recogieron temas del Antiguo y Nuevo Testamento y escenas de vidas de santos. Se manifiestan con imágenes simétricas, en vidrios coloreados complementados, principalmente con adornos florales, rodeando cada vidriera con amplios bordes de ribetes decorativos. Las barras cortadas en ángulos rectos y los plomos dibujando contornos divididos, colores primarios como el rojo, amarillo, verde, azul y violeta, formas rígidas, cuerpos hieráticos, sin matices de valorización, luces o sombras, primando colores planos y figuras recortadas típicas del estilo románico. En los siglos XIII y XIV los vidrieros alcanzaron mayor oficio y se abrieron centros de producción en París, Lyon (de tradición más bizantina) y Chartres, sitio que se transformó finalmente en capital internacional del vitral, título con que se le reconoce hasta ahora. Destacan monumentales vitrales en la Catedral de Chartres, como "Nuestra Señora de la Bella Vidriera", o los magníficos de Notre Dame y la Sainte Chapelle de París, que dan cuenta del progreso alcanzado en el dibujo, con figuras que adquieren soltura y amplias gamas cromáticas.

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Detalle vitrales pared poniente.


VITRALES DE LA CAPILLA

la atención del espectador, actuando directamente en su sensibilidad. Sus motivos son instrumentos de evangelización, disponen espiritualmente al observador, promoviendo la solemnidad y concentración desde el amanecer al tramonto. La consolidación política y económica de Chile tras cincuenta años de vida republicana, motivó la convocatoria de una primera Exposición Internacional organizada por la Sociedad Nacional de Agricultura. En 1873 se abrió la invitación que recibió la respuesta favorable de naciones latinoamericanas como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela. También de Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, y desde Europa Alemania, Gran Bretaña, Italia, y Suiza. Bélgica y Francia se comprometieron con pabellones exclusivos, que permitieron traer a Chile los mejores avances tecnológicos, de la moda y de la cultura internacional. La Exposición Internacional se inauguró el 16 de septiembre de 1875. En Quinta Normal se presentaron los primeros vitrales importados a Chile de los que existe referencia, ofrecidos como una novedosa expresión de modernidad en el pabellón belga. Si bien no existe un catastro pormenorizado de vidrieras en nuestro país, podemos señalar qué tras la Exposición en Chile, el interés por traer estas piezas desde Europa se incrementó notablemente. La influencia en Chile del arquitecto francés Eugène Joannon Crozier y de su compatriota artista Ernst Courtois de Bonnencontre, incentivaron la admiración por la belle époque, que se plasmó en el estilo decorativo de barrios capitalinos como el entorno de la Iglesia de San Francisco, calles París y Londres; barrio Yungay, casas en calle Brasil; calle y barrio Providencia. Uno de los exponentes importantes de este periodo fue el arquitecto chileno de ancestros franceses Emilio Jequier, que asumió la reconstrucción de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores de Viña del Mar, tras el devastador terremoto del 16 de agosto de 1906. El diseño del nuevo templo incluyó grandes vanos en las naves laterales, para instalar icónicas vidrieras elaboradas en la fábrica alemana Mayer de Múnich, fundada por Franz Mayer en 1847. En la Capilla del Sagrado Corazón de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, los conjuntos temáticos agrupados en cuatro vitrales son fundamentales para ofrecer una interpretación iconográfica a quienes llegan al recinto sacro. Los vitrales, creados por la fábrica chilena Adolfo Schlack & Cía, filtran la luz natural, generando un ambiente sereno y contemplativo. La industria Adolfo Schlack & Cía, dedicada principalmente a la producción de vitrales, vidrios grabados y espejos, fue fundada en 1895 en Valparaíso y cesó su producción hacia 1930. Esta industria es especialmente reconocida por crear e instalar vitrales en instituciones tales como la Biblioteca Nacional de Chile y el Colegio de Arquitectos.

Detalle vitrales pared poniente

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

10.1. Los vitrales en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús La fundación de nuestra Universidad, desde 2003 Pontificia, se realiza en tiempos del Papa Pío XI, periodo entre guerras de graves contradicciones para la humanidad. En ese contexto, su creación puede ser interpretada como una determinación de esperanza en la formación, la investigación y la transferencia de conocimientos que inspira la iniciativa eclesiástica en Valparaíso, para entonces el principal puerto de nuestro país. Jaime González Colville, miembro de la Academia Chilena de la Historia, entrega información relevante respecto a la instalación en la región del Maule, de Cipriano Ratti, hermano de Ambrogio, que compra una propiedad en Lumaco. En 1922, Ambrogio es elegido Papa para suceder a Benedicto XV, y su hermano Cipriano se embarca a solicitud del Pontífice, para colaborar en sus nuevas obligaciones. La preocupación de Pío XI por nuestro país se expresó en 1923, al designar a la Virgen del Carmen, “Patrona de Chile”. Podemos deducir que, la intención de fundar una Universidad Católica en Valparaíso, debió ser también materia de su interés y preocupación. Los vitrales de la Capilla universitaria se disponen en las naves laterales, orientadas al levante y poniente del templo. La luminosidad se orienta desde la aurora al crepúsculo; por ende, el resplandor transita desde el oriente –Monte Aconcagua– al poniente en el Océano Pacífico. La luz que se filtra a través de las vidrieras en la interioridad del templo, invita a la contemplación de sus coloridos matices y al recogimiento fundamental propio para este lugar. En estas páginas, brindamos una visita descriptiva e interpretativa, fundamentalmente de las vidrieras de la Capilla. Todos fueron fabricados por S.A. Vidrios y Cerámica, en Santiago, Chile, ca. 1927, solicitados a la medida de los vanos de las ventanas, de acuerdo al diseño de los arquitectos Ernesto Urquieta y Gregorio Airola.

Detalle de ornamentas.

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La generosidad de la familia Brown, con el compromiso de su primer rector, presbítero Rubén Castro consolidan las bases de la primera universidad fundada en Valparaíso, y la segunda católica en el país. La responsabilidad es inmensa, ante ello la disposición de los vitrales referidos a la iglesia y su trascendencia espiritual y material, confirman la preocupación de monseñor Eduardo Gimpert, primer obispo de Valparaíso, inspirada en su lema, “En la cruz está la salvación”. La disposición arquitectónica simétrica de la Capilla consta de una nave central y dos laterales, todas a la misma altura. En ambas naves laterales aparecen tres vidrieras reducidas de carácter ornamental, y dos conjuntos de tres vidrieras iconográficas respectivamente. En ambas naves laterales de la Capilla encontramos un total de 24 vidrieras. En las doce vidrieras de cada nave encontramos un conjunto de seis vidrieras ornamentales y dos trípticos temáticos en cada una.

10.2. Vidrieras ornamentales Los motivos ornamentales de las seis vidrieras de cada nave están inspirados en tréboles y flores de estilo geométrico. El trébol de cuatro hojas utilizado en estos vitrales, representan la fe, la esperanza, el amor y la buena fortuna. Estas vidrieras destacan los trípticos centrales, dándole al espacio un sentido equilibrado, que se reafirma en la geometría de cada composición. Al observar el conjunto arquitectónico, podemos advertir que todos los vitrales tienen la base ornamental, ofreciendo así un sentido de uniformidad, equilibrio y ritmo, brindando de esta forma una atmósfera integral que ayuda en la experiencia espiritual de cada persona. En el centro, los dos trípticos temáticos de cada nave presentan en el cuerpo superior, motivos iconográficos religiosos instalados en igual proporción.


VITRALES DE LA CAPILLA

Detalle de ornamentas.

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Acetre con Hisopo.


CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Vitrales: La Pasión y La Muerte.

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VITRALES DE LA CAPILLA

10.3. Vidrieras iconográficas de la pared oriente Tríptico oriente 1. La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús

el lugar fuera de los muros de la ciudad destinado a la crucifixión. Allí Jesús se entrega y hace suya la expiación de la humanidad, momento crucial para nuestra propia existencia.

Este conjunto contiene tres vidrieras que representan la Pasión, Muerte y la Resurrección de Jesús.

La cima del Monte de la Calavera es el sitio señalado y las cruces vacías dan cuenta de quienes fueron allí ajusticiados:

La Pasión: La cruz y el pelícano

“Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda” (Mc 15, 27-28).

“Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. (Jn 6, 53-54).

En el centro de la imagen está el cáliz que se yergue desde la base hasta la cima del Monte de la Calavera. Esta copa recoge la sangre del crucificado, y desde su interior emerge el monograma JHS (que la tradición, entre otras formas, ha traducido como Jesús Salvador de los Hombres).

A partir de la tradición quillotana de la adoración del pelícano, de la que la familia Ariztía fue partícipe, se replica aquí este emblemático ícono, que representa la muerte y resurrección de Jesús: “Antaño, con el pretexto de que alimentaba a sus crías con su carne y su sangre, se vio en el pelícano, ave acuática, un símbolo del amor paternal. Por esta razón, la iconografía cristiana lo considera símbolo de Cristo, pero también hay una razón más profunda… El Pelícano se toma como figura del sacrificio de Cristo y de su resurrección, así como de la de Lázaro. Por ello su imagen, algunas veces, sustituye a la del fénix. El simbolismo Crístico también se funda en la llaga del corazón de donde mana sangre y agua, licores de vida”55. Esta ave, símbolo del amor engrandecido por la generosidad absoluta de dar el alimento del propio corazón, el mismo que representa el sentido principal de la Capilla de nuestra Universidad, consagrada al Sagrado Corazón, dispuesto al acto de máxima expresión de entrega, rasgando su pecho para ofrecer la esencia del alimento cristiano: “Despiértate, cristiano muerto, escribe Silesius, fíjate, nuestro pelícano te riega con su sangre y con el agua de su corazón. Si la recibes bien… al instante estarás vivo y con buena salud”56. La Muerte: El cáliz en el Gólgota (afueras de Jerusalén) “Jesús, cargando la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “ del cráneo”, en hebreo “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la hizo poner sobre la cruz”. (Jn 19, 17-19). La cruz con el paño de la pureza continúa con el desarrollo simbólico teológico contribuyendo así al sentido total del conjunto. En El Gólgota, la muerte se inscribe en el tiempo y el espacio de la historia, 55 56

Cristo Salvador del mundo corresponde a la advocación del templo porteño de La Matriz. En la Capilla de nuestra Universidad, destaca su lugar y atributo reconciliador de la humanidad con el Padre creador: la cruz se rodea de rayos luminosos, que imponen su luz triunfal sobre cualquier circunstancia de muerte y tinieblas. La esperanza culminante nos lleva de la muerte a la resurrección. Sobre la enfermedad, la limitación, la debilidad, el pecado, llega la convicción, la pureza, la vida eterna, el paraíso. La Resurrección: Cordero místico sobre la Biblia portando estandarte de la Cruz “Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. A él me refería cuando dije: Después de mí viene un hombre que me ha tomado la delantera porque existía antes que yo””. (Jn 1, 29-30) “Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús”. (Jn 1, 35-37) La figura del cordero evoca los sacrificios de Israel, incluido el del Cordero Pascual, y de Él Servidor sufriente de Isaías 53, 12. El evangelista San Juan, particularmente ubicará la muerte de Jesús en el día de la víspera de la Pascua, cuando se sacrificaban los corderos: “Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido. E, inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Era el día de la preparación de la Pascua” (Jn 19, 30-31) En esta vidriera destacamos que el cordero porta la cruz y el estandarte. En la cultura semita los estandartes son importantes, como símbolo de compromiso: “Yahvéh es mi bandera.” (Ex 17, 15)

Chevallier y Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, editorial Herder, quinta edición, Barcelona.1995. Pág 810. Idem.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

El cristianismo seguirá esta representación, otorgándole un carácter protector, pues simboliza la victoria del Cristo resucitado y glorioso.

Tríptico oriente 2. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María en torno a la Pasión

La cruz latina está levemente modificada por la exagerada longitud del madero central respecto a la proporción de su travesaño. La base de la misma afirmada en el lomo del libro permite inferir que la cruz hunde sus raíces a lo largo de toda la Revelación.

Este conjunto contiene tres vidrieras que representan el Corazón encadenado y con flamas, la Cruz, IHS, la Corona de espinas, el libro, el rosario junto con la espiga y el Sagrado Corazón mariano atravesado por la flecha, envuelto por rosas y flamas solares.

El cordero es parte del rebaño, obedece a su pastor, propicio para la Pascua judeocristiana. Alma caída y alma salvada, transita de los peligros del barranco al éxtasis de la representación del espíritu que se eleva resplandeciente como signo de salvación.

En cada una de las vidrieras, un medallón con rayos solares, enfatiza la importancia de cada elemento central. Los dos corazones brillan con la luz solar que los contiene.

El cordero descansa confiado sobre las Sagradas Escrituras, con dos marcadores que probablemente señalan los momentos relevantes de los relatos de la Pasión del Señor. Portador así del mensaje de la Revelación, se dispone a esperar su destino: tránsito que asciende a lo alto de la cruz y desde allí es exaltado junto a Dios su Padre. “Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorificame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera” (Jn 17, 4-5)

Destaca en este sector, inmediatamente debajo del tríptico, la tumba con los restos del obispo y primer rector de nuestra Universidad, presbítero Rubén Castro. El Corazón encadenado y con flamas “Él les respondió: ¡Hipócritas!. Bien profetizó de ustedes Isaías en el pasaje de la Escritura que dice: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos”. (Mc 7, 6-7) Estos vitrales, centrados en los Sagrados Corazones de Jesús y de María, son fundamentales para el sentido iconográfico total de esta capilla. Son manifestación evidente del sacrificio redentor que motivó a Rubén Castro y al matrimonio Ariztía Brown, al ubicar la capilla en el punto central del edificio, en el descanso del segundo piso; ciertamente, quisieron que fuese recinto mediador entre el mundo exterior y sus afanes, y el mundo interior y sus reflexiones. En la tradición bíblica, el corazón simboliza el hombre interior, su vida afectiva, sede de la inteligencia y la sabiduría. El corazón es al hombre interior lo que el cuerpo es al hombre exterior. Las cadenas son un símbolo ambivalente, pues tanto representan el amor, la fuerza de los lazos que perduran porque cuesta romper sus eslabones, como también son expresión de sometimiento, agravio, atadura y trabazón. El acto de “romper cadenas” constituye un sentimiento humano consustancial a la vida. En la mitología griega se representa con la figura de Prometeo, quien roba el fuego a Zeus y, tras ser sorprendido, queda atado por su osadía57. Desde el Sagrado Corazón surge la cruz, reiterando el significado que la pasión es expresión de amor.

Vitral: Cordero místico sobre la Biblia portando.

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Noël, J.F.M, Diccionario de Mitología Universal, Edicomunicación S.A., Barcelona, 1991.


VITRALES DE LA CAPILLA

Vitral: El Corazón encadenado y con flamas.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Vitrales: La Cruz, IHS, la Corona de espinas, el libro, el rosario y la espiga y Sagrado Corazón mariano atravesado por la flecha, envuelto por rosas y flamas solares.

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VITRALES DE LA CAPILLA

La Cruz, IHS, la Corona de espinas, el libro, el rosario y la espiga “Pilato mandó entonces a azotar a Jesús. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza”. (Jn 19, 2) En este vitral, todos los elementos son expresión elocuente de Cristo Salvador de los Hombres: por su pasión dolorosa y gloriosa redención: sintetizadas aquí por la espiga, la corona, la cruz, la Palabra y la oración –el Rosario–. El contenido de la Revelación se nos ofrece a los pies de la cruz, mediante un libro abierto, pues, en Cristo, Palabra de Dios hecho Hombre, se cumplen todas las profecías entregadas por siglos a Israel. El Siervo Sufriente ha experimentado en la carne todos los padecimientos para rescatar de la esclavitud al cautivo. En la intersección de los maderos, el monograma Jesús Salvador de los Hombres (IHS), aparece rodeado con la agraviante corona de espinas. No importa la oscuridad de las tinieblas, ahora surge el sentido absoluto del dolor, la pérdida, para pasar del valle de lágrimas al camino de la gloria. A este efecto, cabe recordar que el matrimonio Ariztía Brown padeció la dolorosa pérdida de sus hijos siendo aún pequeños. “Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda sólo; pero si muere, da muchos frutos”. (Jn 12, 24) La espiga y la corona de espinas dan cuenta del sentido profundo de la Pasión y de la Muerte de Jesús, sobre la que triunfa con su Resurrección. La luminosidad de la cruz orienta el sendero a través de la resurrección a la vida eterna. Sagrado Corazón mariano atravesado por la flecha, envuelto por rosas y flamas solares Ahora, el Sagrado Corazón de María destaca su maternidad, reemplazando la cadena por rosas marianas. Atravesado por una espada, profetizada en su encuentro con Simeón: “Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel, será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón”. (Lc 2, 34-35). En este conjunto temático de la nave oriente, dedicado a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, y a los Sagrados Corazones de Jesús y de María en torno a la Pasión, podemos concluir que las tribulaciones cotidianas, por grandes que parezcan, resisten fortalecidas por el amor, virtud que se hace eterna en Pentecostés.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Vitrales: La madre y El Espíritu Santo.

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VITRALES DE LA CAPILLA

10.4. Vidrieras iconográficas de la pared poniente

El Espíritu Santo: símbolo trinitario

Tríptico poniente 1. Las manifestaciones del amor de Dios en la historia

“Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, y que yo os enviaré de junto al Padre, él dará testimonio de mí.” (Jn 15, 26)

Este conjunto está compuesto por tres vidrieras que representan distintas dimensiones de la fe: la Madre, simbolizada por las letras 'MA' junto a una cruz; el Espíritu Santo, representado por un símbolo trinitario; y la Iglesia, evocada mediante una flor, una espiga y una corona rodeada por once estrellas.

La segunda manifestación del amor divino a la humanidad corresponde al Espíritu Santo. La paloma lo simboliza sobre el triángulo piramidal que representa al Padre y la Cruz que corresponde al hijo, conjunto trinitario del que encontramos los primeros vestigios en el paleo cristianismo oficial, cuando las antiguas comunidades abandonan las catacumbas y se instalan en sitios de evangelización.

La madre: MA y Cruz “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofas, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa”. (Jn 19, 25-27) La primera manifestación del amor divino se expresa en el amor de María Santísima Madre, simbolizado en el color rojo y las letras MA compuestas como acróstico a los pies de la cruz. Alude a la presencia de la Madre en el momento doloroso de la partida. La oblación (ofrenda) de la madre, que entrega lo más preciado de su existencia, se representa en este vitral. Al duelo (dolor) se contrasta la esperanza (espera). La madre, fortalecida por el ejemplo de Cristo clavado en la cruz, se convierte en Madre y nosotros en Discípulos. La flor de seis pétalos, traslada a los recuerdos y la nostalgia del amor. En un trazo en que resalta el dibujo por sobre la ausencia de color, la representación floral exalta su sentido icónico para enfatizar su rol en torno a la memoria, sin poner sello cromático alguno. En ese contexto, se confirma el entorno pétreo, árido, que envuelve la Cruz como la vida cotidiana. La salvación se encuentra en el sacrificio, que atraviesa por la muerte para alcanzar la verdadera y final resurrección. Los seis pétalos representan la perfección. La delicadeza de la flor la ubica en un fino límite: lozana y marchita. Cómo la vida, ayer plena de energía, hoy cansada, vuelve a la tierra para resurgir como los tiernos madrigales del desierto florido, que desaparecen por largo tiempo, y luego, con un ligero rocío de humedad y viento, reaparecen desde la sequedad y convierten el vacío en plenitud. Teresa Brown de Ariztía, a los pies de Cristo, ha sido también partícipe del dolor de la prematura partida de sus hijos.

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En palabras de Marco Bussagli, “A partir de estas formas de expresión, se desarrolló en el decurso del siglo III un repertorio cristiano variado e inspirado en un contenido preeminentemente escatológicosoteriológico, muy rico en símbolos, que acabaría constituyendo una de las bases más importantes del arte paleocristiano”58. Esta iconografía nos pone en un ámbito intelectual, propio del alfa y omega de la historia. La pirámide traslada al antiguo Egipto, a la tierra en que transcurren importantes momentos de las páginas bíblicas. La Cruz comunica el tiempo culminante de la fe cristiana. La paloma es presencia de Dios, que se hace parte de la vida humana, abraza desde la eternidad con su mensaje de virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. La fe y la esperanza son finitas, la caridad (amor) trasciende al infinito. Ese amor, en este caso el amor filial, se plasma en el fuego que envuelve la esfera del universo terrenal y produce las flamas, llamaradas que queman para llegar a envolver con su calor y templar el espíritu, como las llamas fraguan las espadas en los ritos castrenses. La paloma, mensajera de esperanza y purificación, bendice el bautismo de Jesús en las aguas del río Jordán. “Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que vienes a mí encuentro!”. Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección". (Mt 3, 13-17)

Bussagli Marc, Roma, arte y arquitectura, editorial Tándem Verlag GmbH, segunda edición española, Barcelona, 2007. Pág. 154.

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CAPILLA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Si relacionamos la interpretación iconográfica con el tercer vitral de este conjunto, encontramos la representación de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se manifiesta a los 11 discípulos, representados en las estrellas doradas que acompañan la flor y la corona. Es el comienzo de la historia de la Iglesia, “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces, vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse”. (Hechos 2, 1-4) La Iglesia: Flor, espiga y corona sobre once estrellas

es que ahora hay cizaña en él?”. Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”. Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. “No –les dijo el dueño–, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: ”Arranquen primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero””. (Mt 13, 24-30) El análisis de la parábola del buen sembrador ofrece reflexiones: junto a la buena semilla del trigo encontramos la cizaña, que no podemos diferenciar en las etapas primarias del cultivo. No obstante, la recomendación de Jesús es esperar a que crezcan juntas, sólo entonces arrancar la maleza y llevar la espiga sana para convertirla en harina. También, una condición de la vida cristiana, pasar por el sacrificio para entregar los mejores frutos.

“Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andres, Felipe y Tomas, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús, y de sus hermanos”. (Hch 1, 13-14). La tercera manifestación del amor divino es la Iglesia. La flor se entrega como ofrenda, en su condición de belleza, regalo generoso que a través de la naturaleza entrega Dios a la humanidad. La corona alude a la realeza, transitoria en su condición humana, sometida a ambiciones, vanidad, circunstancias cambiantes. El Reino de Dios es eterno y prevalece sobre el dolor, el temor, la inseguridad, la muerte. Los Apóstoles se representan en las once estrellas doradas, dispuestas en la parte inferior de este ícono. Judas, es marginado de la representación, que da cuenta de la fiesta de Pentecostés, con la que Jesús se manifiesta a los discípulos (ver explicación en punto 2). Los mártires portan espigas en sus manos. Así, dan cuenta del proceso de entrega, sacrificio, que precede al alimento. Macerado el trigo, llegamos al pan, la esencia que nos convoca en torno a la mesa, al altar. La gramínea es constructora de grandes condiciones de vida, pueblos, culturas, abarca plantas fundamentales para la humanidad como la avena, la cebada, el arroz, el maíz y el trigo. De ellas derivan galletas y panes que permiten recorrer grandes áreas y superficies áridas, lejanas o de altura, con el sustento seguro. Un hito del papel del trigo en la sociedad, es la enseñanza que entrega Jesús en la Parábola del Buen Sembrador. “El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo

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Vitral: La Iglesia.


VITRALES DE LA CAPILLA

Tríptico poniente 2. La Iglesia y su misión universal Este conjunto está compuesto por tres vidrieras que representan: una mitra con ínfulas, una cruz y un báculo episcopal; una cruz roja con el lienzo de pureza (perizonium) aferrado al travesaño; y el símbolo de atar y desatar. La mitra con ínfulas, la cruz y el báculo “Aunque cruce por oscuras quebradas no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu bastón me infunden confianza”. (Salmo 23, 4) En este conjunto de vitrales, destaca la mitra blanca con ínfulas. Nótese el ángulo de las insignias de la jerarquía eclesiástica, en que la feligresía observa al pastor de espalda, como fue hasta antes del Concilio Vaticano II, mientras la autoridad eclesial mira en dirección al altar y al presbiterio, aspecto que se deduce de la posición de las ínfulas, que se ondulan hasta la base de la cruz y del báculo respectivamente. El obispado confiere a su autoridad jerárquica la transferencia de mediar entre Cristo y la humanidad, y en este caso específico, hacerlo a través de los miles de jóvenes que estudiarán en las aulas de la naciente Universidad Católica de Valparaíso, inspirados por los valores del Evangelio. Este rol de guía representado en la Iglesia y sus representantes, se manifiesta en el ícono del báculo de pastor con bastón pastoral curvado. La cruz en rojo con el lienzo de pureza (perizonium) aferrado al travesaño “Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza entregó su espíritu”. (Jn 19, 30) La Cruz latina representa al crucificado y su papel en el plan de redención de la humanidad. El palo vertical se interpreta icónicamente como el ámbito divino que conecta lo terrenal con lo celestial. El travesaño horizontal se interpreta como el ámbito de la humanidad, el tiempo transitorio, pasajero, que pone a las personas, en uso de su libre albedrío, a desarrollar sus desafíos y talentos. La formación universitaria, un gran momento en el desarrollo de cada persona, el desafío de estudiar, capacitarse, trabajar en equipo, investigar, crear, ofrecer alternativas innovadoras.

Vitral: La mitra con ínfulas, la cruz y el báculo.

La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, pensada en el centro de la construcción fundacional de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, se convierte en eje protagónico para entregar a sus estudiantes, una expectativa que otorga sentido al tiempo del sacrificio, necesario para llegar al tiempo de la redención. La cruz se convierte en símbolo de amor, de confianza, de aceptación.

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Se plasma este paso de la horizontal racional a la vertical espiritual, con la presencia inmanente del crucificado, esbozada en el perizonium que representa el dolor del Vía Crucis, en el Viernes Santo, el tránsito al Gólgota, calvario que se pone de manifiesto silente y puro, en el lienzo aferrado sin estridencia al madero. También, al acto de desnudar, despojar de ropas a Jesús en la cruz es también, un espacio que invita a despojarse de las rudezas de la ignorancia y recibir la luz de la sabiduría, la erudición, que enfatiza en la condición de despojo de las tapas del tronco para llegar a la madera noble que se esconde bajo las asperezas. El ícono del perizonium, según Paul Thoby, tiene sus inicios desde el siglo VIII d.C. en adelante59. Atar y desatar “Tomando la palabra Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el hijo del Dios vivo. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. (Mt 16, 16-19) En equilibrio con el vitral de la izquierda, este conjunto dedicado a la autoridad eclesiástica se presenta a través de las llaves cruzadas, símbolo pontificio que conduce a San Pedro, pontífice fundador en quien delega el propio Jesús sus atribuciones pastorales y evangelizadoras. La facultad de atar y desatar hace referencia a la condición de perdón de los pecados, atribución que se manifiesta por medio del sacramento de la Confesión. Regularmente, en la historia del arte, se realiza una distinción entre la llave dorada y la llave plateada, que son las potencias sacerdotales para atar y desatar, como lo expresa el Evangelio citado de San Mateo. El símbolo de las cruces se inserta en las 15 estaciones del Vía Crucis, que transitan por los misterios dolorosos y gloriosos, desde la sentencia de Jesús a muerte hasta la Resurrección.

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Thoby Paul, Le crucifix des origines au Concile de Trente: étude iconographique, Editorial Bellanger, París, 1963.


VITRALES DE LA CAPILLA

Vitrales: La cruz en rojo con el lienzo de pureza (perizonium) aferrado al travesaño y Atar y desatar.

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Vitrales pared oriente

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VITRALES DE LA CAPILLA

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Rito de conclusión y envío Poscommunio Ite missae est “Vean: qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos” (Salmo 133) “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche” (Salmo 1)

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Conclusiones La luz del Jubileo en los cimientos de nuestra Universidad

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Sagrario.

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CONCLUSIONES

D

esde sus orígenes, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso ha estado vinculada a los tiempos de gracia. Así ocurrió en el año Santo de 1925, cuando fue colocada la primera piedra institucional en El Almendral; y esa misma resonancia espiritual se actualiza un siglo más tarde con la conmemoración del centenario de la diócesis porteña, en el marco de un nuevo jubileo. El periodo que vio nacer a la PUCV fue complejo para la región y el mundo. El escenario posterior a la Primera Guerra Mundial, sumado a las múltiples crisis que afectaban a la ciudad —pestes, incendios y terremotos— dieron lugar a una profunda necesidad de renovación y sentido. En ese panorama, nuestra casa de estudios surgió como un signo de transformación simbólica, expresión de una fe que enfrenta el sufrimiento y lo redime. Su edificación en una zona periférica y de precario del tejido urbano encarnó el mensaje de justicia social y caridad universal promovido por la encíclica Rerum Novarum (1891), proyectando un horizonte de esperanza en medio de la incertidumbre. Este gesto fundacional se insertó en una red más amplia de iniciativas filantrópicas impulsadas por familias, congregaciones y actores sociales que contribuyeron a dar forma a una identidad solidaria en Valparaíso. A lo largo de las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, se multiplicaron las obras que articularon salud, educación y acompañamiento espiritual en favor de los desamparados: hospitales, escuelas gratuitas, asilos, hogares para niñas, capillas rurales, parroquias en sectores mineros y comedores populares. En este tejido de caridad, nuestra Universidad vino a ocupar un lugar clave como proyecto educativo orientado al bien común y al desarrollo integral de la sociedad porteña.

En su ubicación su forma es signo: el corazón del edificio —física y simbólicamente— articula la comunidad en torno al Misterio, configurando un lugar con plenitud de sentido. Lo que inicialmente se pensó como un instituto de formación técnica derivó —gracias a la visión de del Presbítero Rubén Castro y la familia fundadora— en la consolidación de nuestra Universidad con todas sus letras. La ampliación del proyecto fue una profundización de sentido: educar para el trabajo y el servicio con valores espirituales. En coherencia con esta dimensión simbólica, espiritual y educativa, sus elementos materiales —vitrales, esculturas y objetos litúrgicos— son portadores de memoria, conservando signos visibles de un tiempo y de una ciudad en transformación, donde se entretejen saberes, devociones y estilos de vida. Son huellas vivas de un Valparaíso productivo y, también de una ciudad marcada por la fe y la esperanza que construye desde la infausta fragilidad. En el año del Jubileo de la Esperanza y del centenario diocesano, releer el origen institucional desde la Capilla provoca una conmoción interior: comprender que aquel espacio conserva la clave interpretativa de nuestra identidad más profunda, invita a renovar con convicción el compromiso de su preservación. Cuidar la Capilla significa, además de mantener su infraestructura, custodiar un sentido y una promesa. Es salvaguardar el corazón simbólico de un proyecto que nació de la fe y se orientó al servicio. El patrimonio que conmueve es aquel que transforma, el que nos interpela desde el pasado y nos proyecta hacia el futuro, recordándonos —como proclama el lema fundacional— que todo conocimiento debe nacer de la fe y conducir al servicio: Fides et Labor.

Las acciones de la familia Brown y del presbítero Rubén Castro dieron forma a una filantropía que fue más allá de una donación puntual y expresaron la voluntad de que sus obras trascendieran en el tiempo. La visión integral del ser humano y de la sociedad que animó a los fundadores se refleja hoy en la Visión y la Misión de la PUCV, las cuales manifiestan el compromiso de continuar esa herencia mediante una formación inspirada en el Evangelio y abierta a los desafíos del tiempo presente. En esta matriz de sentido histórico y social, donde la PUCV surgió como respuesta concreta a las urgencias de su tiempo, la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús adquiere un valor fundacional y simbólico. Más que una decisión arquitectónica, la Capilla responde a una lógica espiritual que sitúa lo trascendente en el corazón del quehacer universitario. Su equilibrada monumentalidad y austeridad dialogan con una concepción del espacio sagrado que privilegia el recogimiento y la permanencia.

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Confecionario nave oriente.

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CONCLUSIONES

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Referencias y fuentes consultadas

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Fuentes primarias

Fuentes virtuales

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Custodia del Santísimo Sacramento.

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REFERENCIAS Y FUENTES

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C o l o f ó n El contenido sacro y religioso definió la línea gráfica de este libro objeto. Se utilizó una combinación de la tipografía Utopia Std y sus variaciones para los textos internos, y Baskerville para los títulos de las portadas y detalles. El papel utilizado, couché opaco 170 grs., enriquece la experiencia de lectura y la contemplación del libro. Los íconos y símbolos de la capilla, y los colores litúrgicos aplicados al libro, crean un lenguaje coherente entre el diseño y el contenido. La publicación estuvo a cargo de Ediciones PUCV, este libro pertenece a la Colección Centenario, terminando su impresión el mes de septiembre del año dos mil veinticinco.


Misa en la Capilla Sagrado Corazón de Jesús.


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