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Experiencias de un sabático académico (preview)

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COLECCIÓN FORO PÚBLICO

EX PER IENC I A S DE UN SABÁTI C O ACA DÉMICO

Ignacio Sánchez Díaz


EXPERIENCIAS DE UN SABÁTICO ACADÉMICO

© Ignacio Sánchez Díaz Primera edición, junio 2026 ISBN: 978-956-17-1254-6 Derechos Reservados Tirada: 400 ejemplares Impreso en Chile

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Av. Errázuriz 2930, Valparaíso info@edicionespucv.cl www.edicionespucv.cl Director y Editor General: David Letelier Diseño: Alejandra Larraín

Obra licenciada bajo Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode.es


E X PE R IEN CIA S DE U N S ABÁT I C O ACADÉ MI CO Ignacio Sánchez Díaz


Índice

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Presentación

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Prefacio

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Relato de la experiencia vivida

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Descripción de cada uno de los lugares, en dos maravillosas ciudades

59

Temas académicos desarrollados en el período sabático

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Hacia un balance final

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Columnas y cartas en medios, Artículos en UWN y entrevistas

87

Columnas y cartas en medios

181

Artículos publicados en University World News

215

Entrevistas

235

Artículos publicados en revistas nacionales e internacionales

237

Ética institucional. Una mirada desde la academia

261

Características de un liderazgo universitario

269

Desafíos que enfrentan las humanidades y las artes en instituciones universitarias complejas e integrales

289

Ampliar oportunidades en las universidades

311

Mentorías en las universidades: la importancia del acompañamiento académico

319

Autonomía universitaria: revisitar un tema crucial

327

Comunidad y convivencia universitaria. Un desafío relevante


339

Presente y futuro de las universidades católicas en latinoamérica

359

Impacto y proyecciones de la inteligencia artificial en las universidades y en la educación médica. (IA en la educación superior y médica)

375

Los mensajes de León XIV

383

Capítulos de libro y prólogos

385

Making a Difference Through Entrepreneurship: A Latin American Perspective En: The future of universities thoughtbook. University industry innovation network.

389

El Cruch en el desarrollo de la Ciencia y Tecnología En:70 años del Consejo de Rectoras y Rectores de Chile

397

La génesis del proyecto En: Dos décadas mirando a Chile. 2006-2025. Veinte años de la Encuesta Bicentenario UC

399

Prólogo En: Parque Tantauco. El lado salvaje de Chiloé

401

Foreword En: Sexual Crimes Against Children: A Decade of Insights.

405

Selección de discursos relevantes

407

Discurso del Papa Francisco en la UC

413

Discurso de bienvenida del rector Ignacio Sánchez al Papa Francisco

417

Ceremonia de despedida. Ceremonia de cambio de mando de rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile

427

Introduccción del posfacio

431

Informe de traspaso de rectoría

435

Resumen de actividades

437

University of Edinburgh, Escocia, Reino Unido (abril-agosto de 2025) / New York University (NYU), Nueva York, EE. UU. (septiembre de 2025 - febrero de 2026)


Presentación

E

s una alegría presentar este libro, surgido durante el desarrollo de un período sabático académico, como una manera de compartir experiencias y testimonios de este tiempo, así como de recopilar y articular el trabajo realizado en diferentes ámbitos del quehacer académico. Es cierto que, también —de manera colateral— permite entregar un resumen sistematizado de las actividades a las autoridades de la propia universidad. Sin embargo, la principal motivación fue transmitir percepciones, miradas, acciones y también sentimientos vividos durante este año, el que ha sido diferente en una trayectoria académica de más de tres décadas. Este trabajo incluye una recopilación de los principales temas estudiados y desarrollados, parte de lo publicado en artículos nacionales e internacionales, capítulos de libros, columnas de opinión y cartas, entre otros escritos. Se adjunta, además, un detallado resumen de actividades de todo lo publicado para efecto de tener un registro completo de la actividad académica realizada. Esta es la razón del título del libro, Experiencias de un sabático académico, pues como se apreciará en sus páginas, recoge testimonios y experiencias de un año sabático desarrollado en las universidades de Edimburgo en Escocia (Reino Unido) y de Nueva York (Estados Unidos), específicamente en sus unidades de investigación y análisis en educación superior, así como en las Facultades de Medicina y dependencias clínicas de sus hospitales pediátricos y sus respectivas áreas ambulatorias. Realizar esta estadía ha sido una gran oportunidad, que implicó una cuidadosa logística y planificación, aspectos

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que se describen en detalle en el Prefacio, orientado a académicos que desarrollen a futuro un programa sabático. La presentación de los objetivos, los planes, la realidad encontrada, los ajustes necesarios, los logros alcanzados y también aquello que no fue posible concretar constituye, a mi juicio, un material de especial interés para profesores y profesoras jóvenes que, en un futuro cercano, planifiquen su período sabático con la misma ilusión con que lo hicimos nosotros. Así también puede ser de utilidad para los profesores de larga trayectoria que hacen un alto en el camino y planifican un período sabático para proyectar los años siguientes en su desarrollo académico. Por otra parte, he incluido también vivencias personales —algunas complejas, otras curiosas y otras divertidas—, con el propósito de reflejar, con la mayor amplitud y fidelidad posibles, cómo vivimos este período tan especial de casi un año. Todo lo anterior puede ser de interés, en especial en la comunidad académica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que, bajo una iniciativa de la rectoría, está avanzando de manera significativa en la instalación de un robusto programa sabático para sus académicos y académicas. Sin duda, es importante agradecer la oportunidad de haber realizado este período sabático. Agradezco a Dios por esta posibilidad, por su compañía y cuidado; especialmente a mi esposa, la Dra. Salesa Barja, con quien emprendimos conjuntamente esta aventura y quien, además de desarrollar de manera sobresaliente y muy productiva su propio programa sabático académico, fue mi compañera y apoyo permanente a lo largo de toda esta travesía. Agradezco también a la familia —los hijos y el nieto mayor nos visitaron y alegraron durante ambas estadías—, a los amigos que se mantuvieron en contacto, a quienes nos recibieron en estas hermosas ciudades, y a los nuevos profesores y amigos que conocimos en las universidades y hospitales de ambos países y ciudades; cada uno de ellos fue fundamental en el desarrollo del programa y en especial, en la percepción positiva de nuestras experiencias. Mi reconocimiento a la señora Andrea Pinochet, por su apoyo constante a lo largo de más de veinte años; su cercanía y acompañamiento permanente han sido vitales. Agradezco asimismo a Ediciones PUCV, editorial de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, por la acogida y el respaldo para editar este libro con el cuidado y profesionalismo que se reflejan en sus páginas. Sin este apoyo, su publicación no habría sido posible. En especial agradezco al rector Nelson Vásquez por su confianza, al director David Letelier y a todo su equipo en la editorial por el compromiso y el trabajo realizado.

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Escribo esta presentación en febrero, en las últimas semanas de mi estadía, desde mi oficina en Steinhardt, en el invierno nevado de Nueva York, con temperaturas extremas bajo cero, después de una tormenta de nieve —la mayor en los últimos 6 años—. Ya luego se acerca el regreso a Chile, el futuro y nuevos desafíos se abren ante nosotros. En el retorno a la Pontificia Universidad Católica de Chile, continuaré desarrollando mi vida académica con líneas de investigación a través de un proyecto FONDECYT que estudia la ética institucional en las universidades, obtenido en conjunto con investigadores de la Universidad de Tarapacá. Junto a esto, se realizará el estudio de diversos temas relacionados a la educación superior aportando en el Foro que propicia la Fundación Aequalis, con un análisis interdisciplinario en mayor profundidad. Además, me reintegraré a la Facultad de Medicina, realizando docencia clínica en sus hospitales públicos asociados, en contacto con estudiantes de pre y posgrado. Así también, hay proyectos muy interesantes por realizar en las fundaciones vinculadas a las áreas de la salud, la educación escolar y la cultura. Se vislumbran importantes desafíos, que se irán presentando y que exigirán la voluntad, prudencia y el compromiso necesario para enfrentarlos. Como se podrá apreciar, al leer este libro, el trabajo académico es generoso en ideas y proyectos a realizar. Por esto, las últimas palabras de esta presentación son expresar mi agradecimiento a todos quienes han colaborado para tener la oportunidad de realizar este año sabático. Dr. Ignacio Sánchez D. Santiago, marzo de 2026

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PREFACIO 11


I. RELATO DE LA EXPERIENCIA VIVIDA Introducción El período sabático es una de las prácticas académicas más valoradas dentro de la vida universitaria. En un número importante de universidades de calidad, se ha consolidado como un espacio de reflexión, desarrollo profesional y proyección académica futura. Junto a los conocidos beneficios para el académico, para la institución constituye un mecanismo que contribuye al fortalecimiento del conocimiento, la innovación, la internacionalización y el mejoramiento continuo de la calidad académica. Aunque con frecuencia, en la actualidad es entendido como un tiempo de descanso o incluso de merecidas vacaciones por quienes no pertenecen al mundo académico, este período dista considerablemente de serlo. Muy por el contrario, se trata de un tiempo que puede ser muy productivo, caracterizado por una amplia libertad e independencia, orientado a fortalecer la capacidad académica presente y, especialmente, futura del profesor y, por extensión, de la propia institución universitaria. En este sentido, el sabático ha sido concebido por las grandes universidades a nivel internacional desde sus orígenes como una inversión institucional, y no como un beneficio individual aislado.

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Así, en la vida académica, luego de un período prolongado de dedicación intensiva a labores específicas de docencia, investigación y, en muchos casos, de gestión académica, resulta necesario detenerse, revisar conceptos fundamentales (siempre necesarios de revisitar una y otra vez), reflexionar sobre el presente y el futuro y planificar una nueva etapa a desarrollar, que en numerosos casos corresponde a los siguientes diez o quince años de vida académica. Este ejercicio es especialmente relevante, pues fortalece el pensamiento y la libertad académica, apoya de manera significativa el desarrollo de los profesores y contribuye al prestigio institucional de la universidad. En general, la mayoría de las universidades a nivel internacional define el período sabático como un semestre cada seis años de trabajo académico, orientado, como se ha descrito, a potenciar el intercambio académico y las relaciones con diferentes centros nacionales e internacionales. En algunos casos, dicho período se puede extender a un año, especialmente cuando representa el reconocimiento de una trayectoria académica de más de doce años. Esta fue mi situación personal, ya que, luego de cumplir más de treinta y dos años como profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile —incluidos más de veinte años en labores de gestión académica, quince de ellos en la Rectoría—, se presentó la posibilidad, y yo diría la necesidad, de desarrollar un año sabático en el extranjero. En las siguientes paginas se describe el proceso desarrollado.

Historia y definiciones El nombre de sabático proviene del término y concepto hebreo shabbat, que remite al descanso, la pausa y la renovación. Fue adoptado por las universidades occidentales desde el siglo XIX. En su sentido bíblico, el descanso sabático alude a «cesar regularmente del trabajo y disfrutar de sus resultados». No tiene relación directa con el descanso o el ocio, sino más bien con un tiempo de trabajo productivo muy libre, orientado a una tarea posterior, entendido como una preparación para realizar una nueva etapa. En este sentido, se describe que el sabático busca proporcionar equilibrio, fortaleza, ponderación, reflexión y también sabiduría. Tal como señala el propio texto bíblico: «Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo destinado a tu Dios» (Éxodo 20:9—10). Esto es lo que se extrapola a un período sabático. En la actualidad, el concepto ha incorporado nuevas definiciones, las que han consistido en una ausencia prolongada y temporal en la carrera profesional de una persona, con objetivos previamente definidos. Entre estos objetivos académicos se pueden contar la escritura de un libro, el desarrollo de investigaciones, la redacción

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conjunta de artículos científicos, la adquisición de destrezas docentes, la interacción con equipos internacionales de investigación, el conocimiento de buenas prácticas académicas, experiencias clínicas y profesionales en diferentes áreas del conocimiento, y el establecimiento de alianzas de largo plazo con otros centros universitarios, entre otros. En suma, el sabático constituye un tiempo para pensar con libertad y mayor tranquilidad, orientado a aprender aspectos nuevos —no solo vinculados a la vida universitaria—, a crear y reflexionar sobre nuevas ideas, a escribir sobre temas del presente y del futuro y, de manera muy relevante, a compartir y conocer nuevas personas. Todo ello se realiza sin el apremio cotidiano ni la presión de obligaciones urgentes, lo que produce una profunda sensación de paz y satisfacción con la tarea realizada. Es, también, un período de gran libertad para llevar adelante el plan de trabajo académico que uno mismo se ha propuesto, con horarios definidos de manera flexible y una planificación personal del tiempo. Ese manejo del horario que durante muchos años ha estado administrado por las obligaciones académicas y que ha estado ajeno a nuestras posibilidades de cuestionarlo. Sin embargo, a pesar de esta larga tradición universitaria asociada a estos conceptos, es comprensible que el periodo sabático no resulte fácil de entender para quienes se sitúan fuera del mundo académico. Esto se debe a que no existen períodos similares en la mayor parte de los trabajos fuera del ámbito de la educación superior y a que los profesores universitarios estamos habituados a un trabajo intenso y sostenido, muchas veces fuera de horario, y a que la realización del período sabático no constituye una excepción en términos de esfuerzo y tiempo invertido. Con frecuencia, implica largas jornadas de trabajo, que se realizan con alegría de manera autónoma y personal, lo que transforma ese esfuerzo en una experiencia gratificante, orientada al cumplimiento de los objetivos trazados con anterioridad y a la concreción de metas previamente definidas. Así, la claridad en los objetivos y la planificación del programa a realizar serán claves al momento de su implementación con gran libertad y creatividad.

Beneficios En términos generales, como se ha descrito, el período sabático ofrece múltiples beneficios, ya que facilita un espacio propicio para el avance de proyectos de investigación que requieren dedicación intensiva, recopilación de datos, conocimiento de nuevas prácticas docentes, fortalecimiento de la escritura académica y establecimien-

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to de redes internacionales, entre otros. El tiempo disponible durante este período suele traducirse en una alta productividad académica. Asimismo, permite la actualización de conocimientos, el aprendizaje de nuevas metodologías y la incorporación temporal a centros extranjeros de investigación, docencia o práctica clínica, que pueden significar lazos más profundos a futuro, lo que además va a contribuir de manera significativa a la vigencia y calidad académica de cada profesor y académico. En este sentido, el sabático es un espacio inigualable de reflexión intelectual que se realiza en profundidad y que posibilita la apertura a nuevos horizontes, una mirada diferente de la universidad y de la cultura, la formulación de nuevas preguntas, la construcción de innovadores planes de investigación y el fomento de la colaboración inter y transdisciplinaria en la búsqueda de proyectos de carácter más integral. Es importante señalar que, junto con los beneficios que recibe el académico, el período sabático genera múltiples ventajas para la universidad. Entre ellas se cuentan el fortalecimiento de la calidad académica global, la consolidación de redes y convenios internacionales y el estímulo del sentido de pertenencia del cuerpo académico. Todo ello contribuye, además, a una mayor retención de los profesores e investigadores, dado que el sabático es un beneficio altamente valorado dentro de la carrera académica. Por esta razón, resulta necesario reconocer y agradecer el esfuerzo institucional que implica su implementación, ya que supone un esfuerzo de planificación y financiero significativo, asociado principalmente a la cobertura académica de la docencia y otras actividades durante la programación de la agenda anual. Desde esta perspectiva, más que un privilegio, el sabático debe entenderse como una condición y oportunidad necesaria para la renovación de conocimientos y el estímulo académico de los profesores, así como para el crecimiento en la calidad de las universidades que van avanzando en el concierto internacional. Asimismo, es necesario valorar que, en el caso de la Pontificia Universidad Católica de Chile este programa tenga una larga tradición y que en el último tiempo los criterios asociados al período sabático se hayan flexibilizado con el fin de adaptarse a la presencia de las diversas necesidades familiares y personales de los profesores y profesoras. De este modo, se han incorporado modalidades más flexibles, tales como sabáticos fraccionados en tiempos parciales, formatos virtuales, estadías intercaladas orientadas a la colaboración internacional y programas institucionales que vinculan directamente el sabático con la innovación docente y la transferencia tecnológica, entre otros. Estos cambios han surgido a través de propuestas de la propia comunidad académica, y como se ha expresado, han sido considerados como una manera de poder compatibilizar esta experiencia con la realidad y obligaciones familiares. Estas modalidades

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requieren una evaluación permanente de los indicadores de actividad y de los logros alcanzados, con la presentación de informes de actividades adecuados, que redundan en beneficio tanto del académico como de la institución. Así también, durante el período sabático resulta fundamental mantener un contacto permanente con la universidad de origen, a fin de evitar procesos de desconexión respecto de los desarrollos y cambios institucionales, los cuales podrían dificultar el retorno a la actividad universitaria y la adecuada reinserción académica. Esto es válido para nuestro país y también para las universidades internacionales de calidad con las que interactuamos y tenemos proyectos en común.

Mi trayectoria académica Mi carrera académica se inició tras finalizar mis estudios de pregrado en Medicina y de posgrado en Pediatría en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Posteriormente, con el apoyo de la universidad y las Becas Chile de ese tiempo realicé un Doctoral Fellowship Program en la Universidad de Manitoba, en Winnipeg, Canadá, donde me especialicé en enfermedades respiratorias del niño en el Health Sciences Centre, bajo la dirección del profesor Víctor Chernick, respetado docente e investigador en el área y editor del principal libro de la especialidad. Luego de cerca de cuatro años de una experiencia altamente enriquecedora en docencia, actividad asistencial e investigación clínica —que se tradujo en numerosas investigaciones y publicaciones científicas— y habiendo ejercido un semestre las tareas de un profesor asistente en Winnipeg, a comienzos de marzo de 1993 me incorporé a la Facultad de Medicina de la UC como profesor en la categoría de Instructor. Se iniciaba así una carrera académica con crecientes responsabilidades. Desde mi incorporación y hasta el año 2000, dediqué una parte sustantiva de mi actividad académica a la docencia y la investigación clínica, desarrollando el creciente equipo del grupo de Respiratorio Pediátrico del Departamento de Pediatría UC. Durante este período, mantuve una estrecha interacción con estudiantes de pre y posgrado, en particular con los residentes o becados de Pediatría con quienes realizamos variados proyectos de investigación. Así también, obtuve dos proyectos FONDECYT en el área del diagnóstico por medio del análisis de los ruidos respiratorios en pacientes con obstrucción bronquial. En el año 2000 asumí la Jefatura del Departamento de Pediatría, integrado por más de noventa académicos, el más numeroso de la Escuela de Medicina y que representaba un tamaño superior de profesores al de la mayoría de las Facultades de la Universidad.

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Luego de cuatro años de arduo trabajo, con cerca de la mitad de mi tiempo dedicado a labores de gestión académica, el decano Dr. Gonzalo Grebe me nombró director de la Escuela de Medicina, un cargo de alta responsabilidad que, en ese entonces, comprendía más de treinta departamentos académicos y alrededor de ochocientos profesores, al menos un tercio de ellos con dedicación exclusiva a labores universitarias. En esa época correspondían a más de un tercio de todos los profesores de la universidad. Esta función implicó un desafío significativo y una dedicación cercana al 80% de mi tiempo a la gestión académica, durante un nuevo período de cuatro años. Esta tarea la recuerdo con gran satisfacción por haber podido conducir una gran Escuela con enormes desafíos y gran aporte a la universidad. Finalizada esta etapa de gran aprendizaje y contacto directo con los profesores, en junio del año 2008 fui electo Decano de la Facultad de Medicina, cargo que desempeñé por un período breve de dieciocho meses. De esta manera, los primeros diez años desde mi incorporación como profesor estuvieron marcados por una intensa actividad y productividad académica, particularmente en el ámbito de la docencia e investigación clínica, con publicaciones relevantes y la consolidación de un grupo de trabajo innovador a nivel nacional. Junto a lo anterior, como he descrito, me fui involucrando de manera progresiva en la gestión académica al interior de la Facultad de Medicina. Como resultado de esta trayectoria que fue muy intensa y fructífera, pude avanzar en la carrera académica hasta ser nombrado Profesor Titular por el Honorable Consejo Superior de la Universidad Católica en junio de 2009. Posteriormente, al aparecer mi nombre dentro de la terna y ser nombrado Rector de la Universidad Católica en marzo del año 2010, mi dedicación a la gestión académica fue prácticamente total, reservando solo algunas horas semanales para el seguimiento ambulatorio de mis pacientes pediátricos de larga evolución con enfermedades respiratorias. Tuve que renunciar a seguir realizando investigación clínica, ya que esta tarea requería mucha dedicación. La actividad clínica, que fue siempre significativa y gratificante, pude mantenerla por más de diez años, hasta el inicio de la grave pandemia que afectó al país y al mundo, situación que representó enormes desafíos para la Universidad y que en lo personal exigió mi completa dedicación al cargo para poder enfrentar esta emergencia. He realizado este breve recuento solo para destacar que, a lo largo de mi trayectoria universitaria, existió un período de dedicación académica ininterrumpida de más de treinta años, sin pausas ni períodos sabáticos. De ellos, más de veinticinco años estuvieron marcados por una dedicación prioritaria a la gestión académica, tanto en el liderazgo de la Facultad de Medicina —durante una década— como en la conducción

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de la Rectoría de la Universidad —por quince años—. Ha sido un largo período de gran dedicación y de tener que enfrentar diferentes situaciones, algunas propias de los cargos asumidos, y otras poco predecibles para las que había que desarrollar flexibilidad y un grado mayor de adaptación y creatividad. Considerando estos antecedentes y la trayectoria descrita, resultaba especialmente relevante planificar un período académico en el extranjero una vez finalizada mi labor como rector. Las motivaciones fueron múltiples: entre las principales, conocer de primera fuente la realidad de universidades de reconocido prestigio en Europa y Norteamérica, analizar la evolución y las tendencias futuras de las políticas de educación superior en lugares que estuvieran en la frontera del conocimiento y la investigación y, al mismo tiempo, propiciar una reinserción académica y clínica en la Facultad de Medicina de la Universidad en el área de las enfermedades respiratorias pediátricas, con la posibilidad de poder tener una actualización e integrarme a equipos clínicos en hospitales y redes de salud de excelencia internacional. Junto a estas razones, existió también una consideración institucional relevante vinculada a las nuevas autoridades de la UC, en particular al nuevo rector, con el propósito de generar las mejores condiciones y espacios de libertad para el desarrollo de su gestión, así como para que tuviera toda la tranquilidad para la implementación de los cambios y proyectos que él y su equipo estimaran pertinentes. En ese contexto, una presencia distante y prudente por parte de un exrector que había ejercido tres períodos consecutivos en la conducción de la Universidad podía constituir un apoyo efectivo y una contribución real. Por supuesto, manteniendo siempre una voluntad explícita de colaboración y plena disponibilidad para apoyar en lo que me fuese requerido por el rector y las nuevas autoridades. Esto quedó formalizado y por escrito para mayor claridad.

Iniciar la planificación de un período sabático En primer lugar, es importante resaltar que la planificación de un período sabático se debe realizar con gran anticipación, ya que existen diversas etapas que cumplir tanto en la institución de origen como en las universidades con las que se desea interactuar. En mi caso, es relevante indicar que cerca de dos años antes de finalizar mi período como rector —es decir, en mayo de 2023—, tomé la decisión de no estar disponible para un cuarto período en la Rectoría de la UC. En ese momento, el Cardenal Monseñor Celestino Aós OFMCap. era nuestro Gran Canciller, a quien debo reconocer públicamente su labor, ya que realizó un gran trabajo y me entregó siempre

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todo su respaldo. Se sabía que, próximamente, el Santo Padre aceptaría su renuncia; sin embargo, no se conocía quién lo sucedería. Consideré que ese tiempo era el momento más adecuado para comunicar mi decisión al equipo más cercano. De esta manera no se relacionaría mi decisión al nombre de quien asumiría posteriormente como Gran Canciller de la Universidad. Y efectivamente en ese segundo semestre se conocieron los cambios previstos. Por supuesto, una eventual renovación mía en el cargo no dependía exclusivamente de mí, considerando que el proceso formal del nombramiento de rector implica el apoyo de la comunidad universitaria, el acuerdo del Gran Canciller y la aprobación final de la Santa Sede. Sin embargo, la primera condición es tener la disponibilidad personal de continuar en el cargo. Yo consideré que, después de quince años, era importante y saludable para la institución —y también para mí, en lo personal— propiciar un cambio en la conducción de la Rectoría. Esto sería beneficioso para la universidad, en tanto permitiría desarrollar un nuevo estilo de trabajo, conformar un equipo diferente e impulsar nuevas ideas. Por otra parte, desde el punto de vista académico y personal, también resultaba necesario iniciar nuevos proyectos futuros e innovadores que pudieran ser un aporte al mejor desarrollo de la UC y, también, de la propia Facultad de Medicina. La planificación del destino y la definición de los objetivos a desarrollar son aspectos que se determinan en familia. En conjunto con mi esposa, la Dra. Salesa Barja —profesora titular de la Universidad y especialista en Nutrición, perteneciente a la División de Pediatría del Departamento de Gastroenterología y Nutrición—, debíamos evaluar las mejores alternativas académicas para ambos, considerando además aspectos familiares y la experiencia de vida asociada al período sabático a desarrollar. Estas dos últimas variables son muy importantes de considerar. Nuestra realidad familiar, siete hijos y ocho nietos, cuatro de nuestros hijos residiendo en el extranjero, por motivos de estudios o trabajo: dos en Europa (Copenhague y Barcelona) y dos en Norteamérica (Toronto y Boston), era un elemento que naturalmente debíamos considerar. Asimismo, estimamos que, desde la perspectiva académica, científica y profesional, como también desde el punto de vista cultural y de experiencia de vida familiar, realizar un semestre en cada región —Europa y Norteamérica— parecía ser lo más indicado, y reunía varias condiciones que hacían de esta opción especialmente atractiva e interesante en la toma final de decisiones.

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Avanzando en decisiones de fechas y lugares Con estos elementos en consideración, en diciembre de 2023 —es decir, cerca de un año y cuatro meses antes del término de mi período como rector— contacté por primera vez a autoridades de la Universidad de Edimburgo y de la Universidad de Nueva York (NYU), con el fin de iniciar un diálogo abierto que permitiera planificar una estadía académica. El propósito era desarrollar líneas de trabajo vinculadas a la educación superior, junto con la posibilidad de realizar una rotación clínica en los hospitales pediátricos asociados a estas prestigiosas universidades. Esta experiencia permitiría actualizar conocimientos, fortalecer la investigación, enriquecer la práctica clínica y perfeccionar destrezas en el ámbito de las enfermedades respiratorias del niño, área en la que he desarrollado mi trayectoria académica y profesional al interior de la Facultad de Medicina. Desde esta perspectiva, era muy relevante contar precozmente con el apoyo y respaldo institucional de las universidades elegidas, para obtener la aprobación oficial cumpliendo todos los requisitos para postular a un período sabático. El intercambio de correspondencia se inició en primer lugar con las principales autoridades de ambas universidades, para luego contactar a las áreas más específicas. En Edimburgo, el profesor Peter Mathieson, Vice-Chancellor de la Universidad, con quien compartimos el trabajo en la red Universitas 21, y a quien yo conocía desde hacía varios años, me puso en contacto con la profesora Sean Bayne, directora del Department of Digital Education del Institute for the Futures, y con el profesor Dr. Don Urquhart, jefe de la Sección de Respiratorio Pediátrico del Royal Hospital for Children and Young People, NHS Lothian, de Edimburgo. Con ambos sostuvimos una correspondencia fructífera y muy acogedora, y en más de una ocasión sostuvimos reuniones a distancia mediante plataformas virtuales. Desde el primer momento percibí la buena acogida de ambos. Por su parte, en Nueva York, la principal autoridad de NYU, la presidenta y profesora Linda Mills, a solicitud de la ex decana de la Facultad de College Liberal Studies, la profesora Julie Mostov, nos presentó al decano Jack Knott del Steinhardt School of Culture, Education, and Human Development, y a los profesores Mike Funk, director del Department of Administration, Leadership and Technology en Steinhardt, y también al Dr. Mikhail Kazachkov destacado especialista en broncopulmonar infantil del Hassenfeld Children´s Hospital, NYU Langone Health Network. Nuevamente ambos tuvieron la mayor voluntad y predisposición para integrarme a sus equipos de trabajo.

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Paralelamente, mi esposa, la Dra. Barja, considerando su amplia experiencia docente y su gran desarrollo en investigación, estableció sus contactos directamente con las autoridades del área de Nutrición y Gastroenterología de ambas instituciones y sus respectivos hospitales pediátricos, con el objetivo de realizar una rotación clínica y de investigación en su área. Al igual que en mi caso, ella tuvo una gran acogida en ambos centros, con gran libertad para desarrollar sus propios proyectos académicos. Como es posible apreciar y también inferir, la correspondencia fue bastante abundante y sostenida, con el propósito de aclarar en detalle todas las oportunidades disponibles en estos centros. Las reuniones virtuales facilitaron de manera significativa el poder avanzar en la comprensión de las alternativas académicas y clínicas, y permitieron precisar con mayor profundidad las posibilidades concretas en cada lugar. Sin duda, esta planificación y tiempo empleado fue clave para el desarrollo del período en ambos centros universitarios, por lo que la considero una práctica muy recomendable. Finalmente, en noviembre de 2024 obtuvimos las confirmaciones formales de ambas estadías, cada una de cinco meses de duración: entre abril y agosto de 2025 en Edimburgo, y desde septiembre de 2025 hasta febrero de 2026 en Nueva York. El trabajo realizado con bastante anticipación había rendido frutos; ahora solo quedaba consolidar los objetivos, definir las actividades a realizar y ajustar el plan de trabajo en cada uno de los lugares, considerando las fortalezas de cada institución. En este proceso, el intercambio de cartas, las conversaciones, la revisión de los antecedentes disponibles en las páginas web institucionales, así como el análisis de los currículos y publicaciones de los profesores encargados y que trabajaban en cada lugar, nos ayudaron a identificar los temas y proyectos más pertinentes en cada universidad. Fue un procedimiento que en los meses siguientes pudimos valorar y agradecer. Es importante destacar que toda esta planificación se realizó en paralelo a las múltiples responsabilidades propias de la UC. En mi caso, los meses finales fueron particularmente intensos, debido a la necesidad de cerrar de la mejor manera un período de quince años a cargo de la conducción de los destinos de la Universidad. Esto significó una gran tarea de realizar los trabajos pendientes, síntesis, balance y cierre, así como de planificación para entregar toda la información, detallada y ordenada, sobre la marcha de la institución a las nuevas autoridades. Esto se pudo lograr de forma muy rigurosa gracias al trabajo y apoyo de un gran equipo en el Comité Directivo de la Dirección Superior, que contribuyó a concretar y resumir los logros más importantes obtenidos en estos períodos. Así también, se pudo sintetizar el trabajo que estaba en desarrollo y todos los proyectos y desafíos pendientes, para el completo conocimiento

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y evaluación de todas las nuevas autoridades, algo muy importante, en especial para el primer período de instalación.

La llegada de marzo 2025 La llegada del mes de marzo y, por ende, de las últimas dos semanas de la Rectoría, fue un período muy especial. Por una parte, se concentraron numerosas actividades programadas, entre las que se contaban la recepción de los nuevos estudiantes, diversas inauguraciones en distintos ámbitos de la universidad, un viaje a Roma para despedirme y cerrar el período con las autoridades de la Santa Sede. En esas semanas ya se veía al Papa Francisco muy enfermo, recién había sido dado de alta, por lo que no fue posible solicitar un encuentro con él, ya que estaba en reposo, con actividades muy medidas. Recuerdo que tenía una reunión con el Cardenal Robert Prevost, Prefecto del Dicasterio de los Obispos, quien solicitó cambio al día en que yo viajaba de vuelta, por lo que lamentablemente no me pude reunir con quien unos meses después sería entronizado como León XIV. Así también, en ese tiempo y de manera especial en la UC hubo varias reuniones de cierre con el nuevo rector para poder hacer una completa y ordenada síntesis de los principales desafíos en la entrega del cargo. Y por supuesto, también me reuní con el Gran Canciller para agradecer el apoyo entregado y entregar una mirada de futuro del estado de la universidad y del Sistema de Educación Superior. En realidad, y aun cuando por supuesto mi opinión tiene una inevitable carga de subjetividad, puedo afirmar que nos esmeramos por llevar a cabo un traspaso del trabajo de la mejor manera posible, tanto con el rector entrante como con las futuras autoridades de la Dirección Superior. Esto se realizó de manera prolija, dejando documentos y constancia de ello. Hubo una dedicación especial a la preparación de informes extensos y también de resúmenes ejecutivos elaborados por las Prorrectorías, la Secretaría General y las Vicerrectorías. Se organizaron archivadores, libros y documentos de interés, los que quedaron disponibles con bastante anticipación en una pequeña oficina especialmente habilitada y organizada en las dependencias de la Rectoría, de modo que el Rector electo pudiera allí realizar sus reuniones durante la primera quincena de marzo. De esta manera se le entregaban todas las facilidades para su llegada. Así también, entregué al rector electo un documento de síntesis de más de noventa páginas, en el que, en un apartado especial —que está incluido en la Parte V de este libro, como uno de sus anexos—, dejé constancia explícita de mi voluntad de colaboración, tanto en la instalación como en los años que siguieran. Explicité mi deseo de

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continuar aportando desde el trabajo de las fundaciones, varias de las cuales habían sido creadas en los últimos años y a las que yo dedicaba una parte importante de mi tiempo y compromiso. Era una propuesta de colaboración, tal como la que yo recibí de mis antecesores en el cargo.

La ceremonia De esta manera, con el tráfago de actividades descrito y sin casi darme cuenta, llegó el día de la ceremonia, el 18 de marzo 2025. En un salón Fresno colmado de asistentes, se celebró una gran eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago y Gran Canciller UC, el cardenal Fernando Chomali, quien entregó interesantes mensajes respecto del valor de la Universidad y su relevante papel en el desarrollo del país. Agradecí la profundidad de sus palabras y la asistencia de muchos sacerdotes a concelebrar la eucaristía con la que agradecíamos lo realizado y pedíamos lo mejor para el nuevo período, junto con la oportunidad de servir a la universidad y al país. En lo personal, durante la ceremonia sentí de manera muy cercana el cariño de la comunidad universitaria UC, con muestras de afecto muy emotivas, aplausos prolongados y un respaldo muy claro a la gestión realizada. En los anexos de la Parte V se incluye el discurso que pronuncié en la ceremonia de entrega de la Rectoría. Es sin duda muy gratificante finalizar esta gran tarea encomendada por la Iglesia con la satisfacción de haber entregado lo mejor de uno, contando con el apoyo de un gran equipo directivo y el respaldo permanente de la familia. Ese día, en especial durante la Misa, al hacer un rápido recuento de los quince años, di gracias a Dios por su acompañamiento permanente en esta tarea; sin ello no hubiera sido posible cumplir con el desafío. Me alegró, también, de manera especial, el cálido recibimiento con que la comunidad recibió el nuevo rector. Este apoyo fue muy importante, pues mostró la alegría por este traspaso y esta transición. La ceremonia estuvo muy bien lograda, con actos simbólicos destacados, en especial la entrega por mi parte de la medalla rectoral a la nueva autoridad. Al término, hubo una recepción en la que se percibía la alegría de la comunidad universitaria por la realización y cierre de este proceso de cambio. Los invitados se sentían honrados de ser partícipes de una ceremonia y de una fecha relevantes en la historia de la UC. Por mi parte, luego de saludar durante una media hora a diversos integrantes de la comunidad universitaria en la plaza del Centro de Extensión Rector Juan de Dios Vial Correa, me retiré junto a mi familia, considerando importante que el nuevo

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rector asumiera plenamente su rol como anfitrión y nueva autoridad visible de la Universidad. En especial los asistentes externos requerían esta señal. Para ello, la colaboración de todos los miembros de la comunidad era fundamental.

El mes de marzo, posterior a la ceremonia En el mismo sentido descrito, de poder contribuir al mayor posicionamiento de la figura del nuevo rector, continué trabajando de manera intensa durante la segunda quincena de marzo, ya como exrector, desde mi casa, en modalidad a distancia. Este trabajo contempló reuniones de cierre, de planificación del viaje, y de resolución de temas administrativos, con algunas escasas reuniones presenciales fuera de la UC. Previo a la entrega del cargo, tomé la determinación de no volver de manera presencial durante el mes de marzo, precisamente para favorecer el inicio de la nueva gestión, manteniéndome, no obstante, plenamente disponible para colaborar en lo que se me requiriera. De acuerdo con lo descrito previamente, en el documento de síntesis entregado, en sus páginas finales (incluidas en la Sección V del libro), manifesté de modo formal mi disposición a colaborar, detallando las áreas de mi interés que, por supuesto, estaban fuera de la gestión interna de la Universidad. Estas se vinculaban fundamentalmente al trabajo desarrollado en las variadas fundaciones relacionadas con la Universidad, las que en su mayor parte son de carácter cultural, educativo y de salud, que habían sido creadas o fortalecidas de manera significativa en los últimos años y que habían presentado un crecimiento muy significativo, requiriendo un trabajo y dedicación especial. Las reuniones formales de entrega del cargo con el rector electo, realizadas en febrero y marzo —al menos cinco en total, con duraciones que oscilaron entre una y cinco horas— fueron siempre muy cordiales. En ellas, el rector electo reconoció y agradeció nuestra gran labor, indicando además que se sentía parte de los logros alcanzados, al haber sido decano de la Facultad de Ingeniería durante doce años. Asimismo, en un almuerzo que se le ofreció a los pocos días de conocerse su nombramiento, públicamente frente al Comité Directivo de la universidad felicitó nuestra labor y valoró el excelente estado en que recibía la institución. En nuestras reuniones personales, si bien el rector electo emitió comentarios muy generales respecto de eventuales apoyos que podría solicitarme en el ámbito de las relaciones con otras universidades y redes nacionales e internacionales, no hubo antes de la ceremonia de entrega del cargo una acción concreta ni una confirmación oficial de

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las funciones y labor que me solicitaría respecto de lo planteado en mi informe escrito. Es así como la decisión final del rector la conocí una vez que comenzaba mi período sabático, al recibir un correo electrónico en el que me solicitaba la renuncia a todas las fundaciones —siete en total— en las que participaba. Durante la breve conversación que sostuvimos por WhatsApp, el rector me señaló su intención de nombrar directores más cercanos, de su confianza y miembros de su equipo directivo. Este argumento fue muy claro, pude comprender el mensaje y el sentido de su decisión, por lo que envié por escrito mi renuncia a las fundaciones, con copia a los directores/as de cada una de ellas. En la comunicación, agradecí el apoyo y la confianza que me entregaron quienes me acompañaron en los Directorios, fueron largos años de esfuerzo, entrega y trabajo conjunto, orientado de manera muy abnegada al mayor desarrollo de la UC y del país. Siempre es necesario reconocer y agradecer a tantas personas que entregan su tiempo de manera desinteresada a la institución y que con visión de futuro miran el aporte y desarrollo de la universidad como único norte de su labor. Esta situación descrita tuvo, sin duda, un impacto importante en el desarrollo de la planificación del período sabático, ya que esta incluía un tiempo protegido para aportar a estas fundaciones. El resultado fue que pude disponer de mayor tiempo para mis actividades académicas personales, así como para replantear la planificación de mi agenda y mi relación con las actividades realizadas en la universidad. Esta fue una de las primeras pruebas de resiliencia y de poder reestructurar un cambio sobre la marcha que no fue fácil, pero que se asumió con tranquilidad y una mirada de futuro con el objetivo de entregar lo mejor desde el punto de vista académico. Luego de describir con cierto detalle esta situación que tuvo un impacto en los resultados del período, en las siguientes páginas retomo los preparativos del viaje y la llegada a Edimburgo, con la ilusión renovada por lo que venía por delante.

El gran aporte y colaboración de Andrea Pinochet Dentro de los aspectos que deben considerarse en un proyecto —y en una verdadera empresa de este tipo— es importante reconocer la colaboración y ayuda de quienes contribuyen de manera decisiva para que los objetivos se cumplan y los sueños y proyectos se hagan realidad. En este sentido, reconozco y agradezco la colaboración, muy importante y clave, en cada una de las etapas de la señora Andrea Pinochet, con quien he tenido la alegría de trabajar estrechamente por cerca de veinte años.

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En este proyecto, y en muchos otros, Andrea ha sabido aterrizar y concretar los proyectos, solicitudes, ideas, y numerosos y tediosos trámites administrativos, mediante la redacción de cartas, llenado de formularios, llamadas telefónicas, procesos de solicitud de visas (la que se requirió para Estados Unidos tuvo complejidades importantes), y un gran etcétera. Por esto, estas líneas buscan agradecer a la señora Andrea Pinochet por su dedicación en la preparación del período sabático y que el proyecto se hiciera realidad, manteniendo una comunicación semanal durante todo el período, para su mejor realización. Lo descrito, junto a la planificación de mi posterior regreso a la UC —incluida la instalación e infraestructura de la nueva oficina, el calendario de actividades a desarrollar, la interacción con los encargados de estos proyectos, entre muchos otros aspectos— fueron tareas cotidianas durante el año en que permanecí en este sabático académico, que van a permitir una adaptación más fluida a las nuevas tareas a realizar dentro y fuera de la Universidad.

Planes académicos del inicio del sabático Entre los principales objetivos del período sabático se encontraba, por una parte, la inquietud de reflexionar con mayor profundidad académica sobre los grandes temas y desafíos de la educación superior, especialmente aquellos que tuvieran pertinencia e impacto en los futuros proyectos y etapa académica a desarrollar. Esto incluía artículos científicos, capítulos de libros y también columnas de opinión y cartas que difundieran el pensamiento y diferentes posturas sobre temas relevantes en la sociedad. En este sentido, en el trabajo de difusión y compromiso con la sociedad es interesante destacar que la primera carta publicada, en abril de 2025, se refirió a las características encontradas en Edimburgo y la última del período, en febrero de 2026, destaca la necesidad de un mayor encuentro y diálogo en la educación superior con el objeto de avanzar en la calidad y pertinencia del sistema. Aspecto muy necesario de plantear, en especial dado el cambio de autoridades y la posibilidad de aportar con nuevas propuestas para avanzar en un Sistema de Educación Superior más integrado. Por otra parte, otro objetivo muy relevante era la posibilidad de vivir la experiencia en hospitales y áreas ambulatorias dentro de mi especialidad de Enfermedades Respiratorias Pediátricas. Esto, con el objetivo de actualizar y reforzar conceptos y experiencia clínica que había quedado en receso tras el largo período dedicado a labores de gestión académica en la universidad, lo que era imprescindible para poder retomar la docencia clínica. Por esto, como lo he descrito previamente, resultaba muy

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relevante una planificación adecuada y anticipada de las actividades a realizar durante el sabático. En este contexto, la propuesta y el compromiso fue realizar un trabajo que pudiera aportar e impactar positivamente en el desarrollo futuro de la universidad y del país. Para esto, se realizó la mejor planificación posible, considerando planes, objetivos, propuestas, tareas, y expectativas, siempre conscientes —en lo inicial al menos— de los hechos fortuitos e imponderables que pueden ocurrir en el tiempo, y que requieren de resiliencia y flexibilidad. En la mayoría de los casos, los acuerdos con las instituciones de destino se formalizaron por escrito. En algunos contados casos, estos fueron de palabra, sin respaldo escrito, lo que significó demoras y cambios una vez en el lugar (se describirá en mayor detalle en la estadía en Hassenfeld Children´s Hospital de NYU Langone). Esta experiencia refuerza la necesidad de insistir en la formalización previa de las condiciones del trabajo académico, dentro de un marco y acuerdo general y por escrito, con el objeto de evitar malentendidos o discrepancias al momento de iniciar las actividades, considerando todos los planes que conlleva un programa de este tipo.

La llegada a Edimburgo Tal como mencioné anteriormente, el lunes 31 de marzo de 2025 llegó y el viaje a Edimburgo (Air France vía París) se hizo realidad. Trasladar maletas para una estadía de cinco meses no es fácil; sin embargo, enfrentábamos el vuelo con gran esperanza, con una escala en París y el aterrizaje en Edimburgo, en donde todo comenzaba a ser novedoso. Lo primero que aprendimos fue que el nombre de la ciudad se pronuncia Edimbrá o Edimbará no Edinburgh, lo que cuando se incorpora, hace ya una diferencia y un acercamiento a los escoceses. La población nos pareció cálida y muy cercana, interesante, con un buen sentido del humor, trabajadora, esforzada, resistente al clima adverso y adoradores del escaso sol que Dios les ha proporcionado. Desde el principio nos sentimos muy cercanos, identificados y representados por sus inquietudes. También desde el comienzo —y hasta el final de nuestra estadía— tuvimos serias dificultades para comprender el acento de algunos de ellos, en particular de quienes provenían de la zona oeste, incluido los alrededores de Glasgow. Nos tranquilizaba saber que incluso la mayoría de los escoceses con los que compartíamos tampoco les entendían, lo que no era motivo de preocupación para nadie. Le pido al lector imaginar

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cómo esta situación empeoraba en algunas condiciones más complejas, como al estar dentro de un pabellón clínico, utilizando mascarillas, y con numerosos participantes; en esos casos, sin duda, había que realizar un esfuerzo adicional para comprender, lo que se acompañaba de una cuota importante de imaginación. Teníamos confirmado el arriendo de un departamento de la Universidad. Si bien no conocíamos el área, nos habían informado previamente sobre sus características, y según el sitio web, se veía cómodo y bien ubicado, casi equidistante del Hospital de Niños y del Instituto del Futuro de la Universidad. En el aeropuerto tomamos un taxi amplio (para las 6 maletas y equipaje de mano), fuimos a buscar las llaves que estaban en un sobre en un campus de la Universidad de Edimburgo y luego, posterior a ya cerca de 18 horas de viaje, llegamos a nuestro cómodo departamento. Ubicado en un segundo piso (de un edificio de cuatro), el inmueble formaba parte de un condominio muy seguro, emplazado en un barrio tranquilo y muy agradable, a dos cuadras de un gran centro comercial con supermercados y tiendas de artículos para el hogar, que fueron de gran utilidad durante toda nuestra estadía. En realidad, siempre valoramos el lugar, por su calidad, sencillez y también ubicación. Ese mismo día estuvo dedicado a organizarnos y a instalarnos en el departamento, amoblado, sin lujos, pero con las comodidades básicas. Era más amplio de lo que habíamos imaginado: tenía dos dormitorios y dos baños, cocina separada, muy luminoso y con una buena distribución. El arriendo era de un valor razonable y, lo más importante, era que la administración estaba a cargo de una oficina de la Universidad, cuyos funcionarios fueron siempre atentos y diligentes para solucionar los problemas y desperfectos que aparecieran. Es decir, un lujo de departamento para la etapa que iniciábamos. Ese mismo día compramos los enseres más urgentes para alojar el primer día en nuestro nuevo hogar. La ubicación resultó ser óptima: estábamos a treinta minutos caminando del Hospital de Niños y a cuarenta y cinco minutos del Instituto del Futuro, el espacio interdisciplinario de la Universidad de Edimburgo donde podría interactuar con estudiantes y académicos, reflexionar y desarrollar temas de educación superior. Al día siguiente de nuestra llegada, recuerdo que fuimos caminando a ambos lugares (algo que hicimos al dar la PAA, actual prueba PAES), para reconocer terreno, calcular los tiempos y vías de acceso y también poder organizarnos en las diarias tareas.

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Primeras impresiones: lo académico e interdisciplinario Si bien ambas universidades son de primera calidad internacional y destacan por su prestigio y altos estándares, lo que se reflejan en altos rankings de calidad, es crucial vivir esta realidad para asimilarla por completo. La mirada externa que uno tiene de un centro universitario que se propone visitar y conocer puede diferir mucho de la realidad. Es así como, en algunos aspectos la realidad puede superar lo que se observa desde fuera; en otras ocasiones, ocurre lo opuesto y ponemos mayores expectativas de lo que finalmente se encuentra. Este tipo de contrastes puede ocurrir durante un periodo sabático, ya que implica enfrentarse permanentemente a nuevas realidades. En este sentido es clave siempre tener la mirada más bien en lo positivo, en las experiencias fructíferas que se pueden encontrar. Las diferencias que se encuentran se manifiestan en múltiples dimensiones: la infraestructura, la capacidad instalada de equipos y tecnologías —particularmente en el ámbito de la salud—, los procedimientos clínicos, las líneas y profundidad de la investigación, la formación docente, la capacitación continua del personal y la diversidad de procedencia de los profesores y estudiantes, entre muchos otros aspectos. Al realizar una evaluación crítica, de manera general, es preciso decir que tenemos una universidad, una Facultad de Medicina y un sistema hospitalario y ambulatorio a través de la Red de Salud UC Christus de alto nivel internacional. Esta realidad se aprecia con mayor claridad a la distancia, y permite reconocer de manera especial la labor desarrollada por nuestros profesores, estudiantes, profesionales y personal administrativo, quienes día a día se esfuerzan por entregar lo mejor de sí en beneficio del mayor bienestar y desarrollo de los estudiantes. En el caso de la Facultad de Medicina y áreas de salud, también es necesario destacar la calidad de atención de salud, lo que es muy relevante al momento de evaluar el bienestar de los pacientes y sus familias. Junto con valorar de manera muy significativa las capacidades humanas, profesionales y académicas del equipo docente, es necesario destacar la calidad de la formación de nuestros propios estudiantes. Al tener esta experiencia internacional se constata que la docencia que se realiza en nuestra institución es, a mi juicio, de una gran calidad internacional, caracterizada por una preparación exigente y sistemática, que permite que nuestros estudiantes de pre y posgrado se destaquen en su área a nivel nacional y por supuesto al salir a estudiar o a trabajar en el extranjero. Esto se aprecia en primer término por la calidad de nuestros profesores y por la diaria entrega que se aprecia en su labor académica.

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En este contexto, la valoración de la propia institución adquiere especial relevancia, pues permite evaluar en perspectiva el trabajo realizado en los diferentes ámbitos de la vida universitaria, docencia, investigación y vinculación con la sociedad. En el ámbito de la medicina, esto se junta con la calidad de la atención a los pacientes, aspecto crucial en la tarea formativa de los estudiantes de medicina. En todo grupo de trabajo existen personas clave que permiten aunar un sentido de equipo y comunidad. En los espacios en que nos incorporamos encontramos líderes no solo académicos, sino también humanos, capaces de conducir y cohesionar equipos de trabajo, compuestos por académicos, profesionales y estudiantes en formación. Este tipo de liderazgo imprimía apertura, empatía y la disposición de acoger a los profesores visitantes, quienes se presentaban llenos de ideas, preguntas e interrogantes que requerían inversión de tiempo, muchas veces fuera del lugar de trabajo, incorporándonos en actividades sociales y familiares. Esto siempre se recuerda y agradece, y es un aspecto fundamental, en especial al momento de recibir profesores visitantes a futuro. En las páginas siguientes se describen diferentes experiencias vividas en cada uno de los lugares visitados durante el periodo sabático.

La docencia, investigación e innovación en las dependencias de salud Mención especial merecen las características y aspectos propios de las Facultades de Medicina, las redes de salud y los hospitales pediátricos de ambos lugares visitados. Entre los elementos comunes destaca la fortaleza y el aporte de las facultades a sus respectivas universidades, así como su integración, el trabajo colaborativo y el desarrollo de una educación innovadora e investigación de frontera. Se observa la fuerza e influencia de las Facultades y Escuelas de Medicina en cada una de las instituciones en las que vivimos la experiencia académica. A lo largo de la estadía fue posible constatar, a través de diversas situaciones y experiencias concretas, la validez de estas impresiones iniciales, especialmente en diálogo entre investigación, transferencia del conocimiento e impacto en la docencia de pre y posgrado. En el ámbito de las áreas clínicas, destacan los dos centros y hospitales pediátricos que conocimos por su robustez, fortaleza y relevancia en la atención pediátrica en cada una de las ciudades, por la confianza y valoración de la población y por su infraestructura y capacidad para resolver las patologías que reciben, tanto de derivación del área, de la propia ciudad y también de las diversas regiones de ambos países. Para estas comunidades, el hospital de niños tiene un atractivo e importancia especial, ya

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que se reconoce como un espacio de calidad dedicado al cuidado, a la prevención y restauración de la salud de los niños, lo que indudablemente fortalece el vínculo entre el hospital y el personal de salud con su entorno comunitario. Estas experiencias sin duda son muy relevantes y de gran aprendizaje. En nuestro país tenemos mucho que aprender sobre la interacción entre los hospitales, el cuidado pediátrico y la comunidad, como una manera de potenciar los cuidados de salud del niño y del adolescente. Tenemos una sólida formación académica de nuestros profesores y estudiantes; sin embargo, nos falta comunicar de mejor manera nuestros logros e indicadores de calidad a la población y sociedad en general, para sentirnos orgullosos como país de lo que hacemos día a día. Este constituye, sin duda, uno de los aprendizajes más significativos del período sabático y un desafío prioritario a desarrollar con mayor profundidad en las tareas que podamos emprender en nuestro regreso a Chile, lo que se valora de manera muy especial.

La relevancia de lo doméstico, en ambos lugares Un periodo de esta duración exige trabajar y colaborar de manera muy activa en las labores domésticas necesarias para sostener la vida cotidiana: preparación de las comidas, el aseo, el orden y otras labores necesarias para el buen funcionamiento del hogar. En este contexto, cada uno debe ser muy autocritico respecto de lo que sabe hacer y le gusta, como también de sus propias limitaciones y debilidades, reconociendo por supuesto las fortalezas y capacidades. Si esto es válido para el diario rodaje de un departamento con dos personas, lo es más aún al recibir visitas que pueden aumentar de manera considerable el volumen de trabajo. En mi caso, me llevo bien con el orden, el aseo y la limpieza, y me llevo no tan bien (por no decir mal), con la cocina y la preparación de almuerzos y comidas. Por esto, mi esposa, desde siempre una excelente chef y cocinera, se encargó naturalmente de las comidas, mientras yo lo hice del lavado de platos, ollas, cubiertos y otros utensilios. A estas tareas se sumaron las tareas de preparación del desayuno (aprovechando mi hiperactividad matinal), hacer en forma diaria la cama y el aseo muy básico del departamento. Esto fue solo un aporte marginal y sencillo a la diaria tarea de la dueña de casa. Esta distribución de funciones, que se realizaba con la evaluación necesaria y en especial con apertura y abiertos a recibir la crítica constructiva, nos permitió disfrutar de aspectos simples y comunes del diario vivir, recibir a nuestros hijos y compartir y disfrutar con ellos estas tareas. Había algo reconfortante dentro de lo diario y rutinario (a veces también tedioso de estas tareas), que se encontraba en un día habitual.

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Un aspecto interesante era constatar lo gratificante que resultaba realizar bien el trabajo que se hacía en el departamento. Estas tareas se realizaban en pareja y al interior del matrimonio, con el aporte de los hijos cuando nos visitaban. Admiro el trabajo diario realizado por mi esposa, permanente y en todo momento. En lo personal, para mí era una satisfacción terminar el día con toda la cocina limpia y ordenada, para descansar y luego comenzar un nuevo día. Una rutina que podría parecer aburrida, pero no lo es, ya que tenía algo de atractivo e interesante esta diaria seguridad y tranquilidad, la que recuerdo con cariño a la distancia.

II. DESCRIPCIÓN DE CADA UNO DE LOS LUGARES, EN DOS MARAVILLOSAS CIUDADES A continuación, intentaré desarrollar con mayor profundidad la experiencia, las vivencias, la realidad y las potencialidades de cada uno de los lugares en los que tuvimos la extraordinaria oportunidad de vivir. Aunque resulta difícil abordar un desafío de este tipo, creo que es lo más indicado para resumir de forma apropiada y completa las realidades que vivimos. En los detalles y en la experiencia concreta creo que se encuentran las enseñanzas más relevantes de este escrito, en especial para los académicos jóvenes que proyecten planificar su propia experiencia de un período sabático. Las vivencias y testimonios vividos en el período se detallan en las siguientes líneas.

Ciudad de Edimburgo Escribir sobre Edimburgo puede resultar al mismo tiempo, muy fácil y difícil. Fácil, porque bastaría con afirmar que se trata de una de las ciudades más hermosas del mundo, por su historia, geografía y entorno natural, por sus construcciones que datan de varios siglos, por su escala, tamaño y organización, así como por las características de su gente que es alegre, acogedora y resiliente. La tarea es difícil, en cambio, si se quiere detallar las bellezas y fortalezas de la ciudad, lo que significaría un esfuerzo mayor, ya que pese a ser una ciudad relativamente pequeña, alberga miles de rincones que requieren de tiempo para conocerlos y mucho espacio en estas líneas para describirlos.

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Para nosotros, conocer Edimburgo fue un ejercicio lento, constante y persistente. De manera organizada, y aprovechando plenamente los fines de semana, visitamos sus lugares más emblemáticos: castillos, plazas, áreas verdes y edificios históricos. La visita a un extraordinario palacio, a un castillo, a los meadows o jardines en el medio de la ciudad, se combinaban con salidas a comer a lugares pintorescos y también los fines de semana con visitas a bares con música en vivo. Resulta imposible no mencionar de manera específica la Royal Mile, gran calle que une centros históricos de la ciudad, con cientos de turistas a toda hora; en un extremo está el histórico Castillo de Edimburgo, y en el otro el Palacio de Holyrood, donde se aloja la familia real cuando visita la ciudad. En realidad, es un circuito de visitas programadas que pueden tomar varios días de conocer, pero que resume toda su actividad en el centro de la ciudad. Edimburgo es, además, una ciudad muy cultural, con grandes atracciones durante todo el año y orientada a personas con diferentes miradas y para todo tipo de bolsillos, tanto en su casco histórico, como en sus alrededores. Los fines de semana eran muy activos, los sábados en la tarde a las 5 p.m. asistíamos a misa en la catedral católica de St. Marys y posteriormente disfrutábamos de una salida a comer o de alguna actividad musical. Todo quedaba cerca, caminábamos mucho, pero en un circuito muy conocido. Mención aparte merece la serie de conciertos a los que asistimos en la Catedral St. Giles, perteneciente a la Iglesia de Escocia. El ciclo St. Giles at 6 pm ofrecía en forma gratuita, cada domingo, un concierto en el que se presentaban los más variados intérpretes de música clásica y también destacados coros. Para nosotros, estas presentaciones se transformaron en parte del cierre del fin de semana: tras un precioso concierto, en una histórica catedral, iniciábamos una caminata de regreso a casa, atravesando el centro de la ciudad y sus grandes parques y jardines, con un clima fresco, ventoso, el alma llena de alegría y con la música aún resonando en nuestros oídos. Era una muy buena forma de terminar una semana de trabajo y de crecimiento cultural los fines de semana. Si bien la ciudad ofrece innumerables panoramas para cada fin de semana, es importante también considerar que existen lugares muy interesantes en los alrededores cercanos. A menos de una hora en tren está Glasgow y a solo treinta minutos hay más de diez o quince pueblos y localidades muy bonitos, llenos de historia, castillos y paisajes por descubrir. Es así como nuestras caminatas a la estación de trenes de Waverley, ubicada en el centro de la ciudad, se hicieron muy habituales. Poder reco-

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rrer Escocia en tren es la manera más segura y económica de conocer el país. Si bien esto es válido durante todo el año, hay que recalcar que lo es independientemente del clima. Cabe destacar que el escocés no se preocupa por las condiciones climáticas: realiza de manera habitual sus actividades. Y claro, ¡cómo va a preocuparse!, si la realidad es que allá llueve casi todos los días del año. Muy a menudo solo a algunas horas, a veces solo en la noche, a veces solo a alguna hora en el día, pero…, siempre puede llegar la lluvia, y la intensidad se verá en el momento que ocurre. No tienen la costumbre de usar paraguas, por el gran viento que es habitual. Las frecuentes lluvias probablemente son la principal razón por la cual el pasto más verde y lindo que uno se pueda imaginar está, sin duda, en el gran país que uno descubre en Escocia.

Instituto del Futuro, Universidad de Edimburgo El apoyo y la amistad del profesor Peter Mathieson, Vice-Chancellor de la Universidad de Edimburgo, vínculo que surgió a partir de nuestro trabajo conjunto en Universitas 21, es un hecho a destacar de manera especial. No sólo por su apoyo inicial para desarrollar el período sabático, sino también por su permanente cercanía y preocupación por colaborar en todos los ámbitos que se requirieran. Este tipo de apoyo se valora, en particular cuando ya no se ejerce un cargo institucional, y queda solo la persona y los lazos de amistad construidos en el pasado. Esta amistad ha sido duradera y se fortaleció durante nuestra estadía en Escocia. A los dos días de llegar a la ciudad ya tuve mi primera reunión con la profesora Sian Bayne, quien fue muy amable, me presentó al equipo de trabajo y me dio un espacio para poder desarrollar las actividades con el formato que yo quisiera. La libertad de horarios, de actividades, de trabajo y de todo lo que uno quiera desarrollar es una de las características clave y más importantes del período sabático. De esta manera, siguiendo mi costumbre, llegaba siempre muy temprano, antes de las 8:00 a.m., lo cual me significó ser el que recibía y saludaba a todos quienes iban llegando. Por algún motivo que desconozco, ser madrugador siempre impresiona, a pesar de que muchos de quienes llegaban y se sorprendían de verme en el escritorio, podían trabajar aún más por trasnochar en sus hogares y quedarse hasta muy tarde en sus tareas académicas. El trabajo en el Instituto del Futuro era realmente espectacular. El Instituto funciona en un antiguo hospital público de la ciudad, construido en el siglo XVIII. De hecho, nuestro espacio de trabajo común había sido en sus orígenes una sala de pacientes de cirugía, con toda su distribución original, con ventanas entre los espacios que alojaban las camas de hospitalización, un espacio reservado para hablar con los familia-

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Este libro fue compuesto con las tipografías Minion Variable Concept y Superclarendon. Impreso en papel bond ahuesado de 80 gramos, formato de 17 x 24 cm. Fue maquetado en la ciudad de Valparaíso y confiado a Gràfhika Impresores, en julio de 2026.


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ruto de un período sabático de un año iniciado en marzo de 2025 entre la Universidad de Edimburgo y la Universidad de Nueva York, este libro reúne testimonios y reflexiones surgidos en torno a la educación superior, la vida universitaria, el trabajo clínico en hospitales pediátricos y los desafíos contemporáneos de la formación integral.

Desde la premisa de transmitir una experiencia académica y humana, el volumen se configura como un testimonio intelectual sobre la universidad contemporánea y ambos sistemas de salud. La combinación entre reflexión institucional, memoria personal y observación crítica permite reconocer una escritura en movimiento, elaborada desde la distancia del sabático y desde la cercanía de quien ha participado activamente en algunas de las principales discusiones de la vida pública y universitaria de los últimos años en nuestro país. Junto con artículos académicos, columnas, entrevistas y experiencias personales, el libro incorpora una reflexión sobre diversos procesos sociales y culturales que han marcado la discusión pública chilena en los últimos años. Estas páginas constituyen una mirada sobre el sentido de la universidad, el retorno a la docencia de la pediatría y el lugar que ocupa el pensamiento crítico en tiempos de transformación e incertidumbre.


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