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Especial en homenaje a la festividad de San Lorenzo, patrono de los trabajadores de la minerĂa.
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CAPITALIZACIÓN
2 - ESPECIAL DE MINERÍA
¿Por qué es tan importante para el país? La importancia radica en que esta empresa es la que permite recaudar alrededor del 18% de los recursos que El Estado utiliza en la ejecución de obras sociales, educación, salud, carreteras, etc. Hoy en día el 70% de la explotación minera nacional la desarrolla la empresa privada. Empresas extranjeras, transnacionales que pagan muy pocos impuestos y las “utilidades” que logran se entregan a sus dueños, es decir, personas dueñas de estas empresas que disfrutan sólo ellos de esta riqueza. Los trabajadores de Codelco hemos sido majaderos en exigir a los gobiernos de la Concertación, de la Alianza y ahora a la Nueva Mayoría para que potencie la empresa de todos los chilenos y la única que entrega divisas para su uso en desarrollo y mejor calidad de vida. Sin embargo la sociedad no ha sido eco de esta exigencia y se confunde con la publicidad pagada por los intereses privados que desacreditan los resultados y nos convencen que los únicos favorecidos somos quienes trabajamos en ella. Esto no es correcto, lo cierto es que cada chilena y chileno goza de una mejor vida porque El Estado es capaz de invertir los recursos que genera esta empresa, pero es necesario estar a la altura de la competencia para no perder el protagonismo en los mercados internacionales y continuar con este rentable negocio. De esta manera, el actual gobierno ha declarado que compromete la reinversión de alrededor de 800 millones de dólares promedio por año y así asegurar el futuro de nuestro empresa por los próximos 50 años. Sin duda que esta situación nos llena de orgullo porque es un pequeño avance en la demanda de recuperar las riquezas naturales, ya que nos pone a la altura de los competidores extranjeros que sólo nos dejarán residuos y zonas explotadas, sin retornar nada para las comunidades y ciudadanos de las comunidades aledañas.
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“Mis recuerdos de la planta de Ventanas se remontan a la niñez”
Hemos escuchado y visto a través de los medios que el Gobierno ha decidido realizar una capitalización de 4 mil millones de dólares en Codelco. Pero, ¿Qué significa eso? Significa que el Gobierno permitirá que parte de las “utilidades” de la empresa estatal más importante del planeta, se utilicen para realizar nuevas explotaciones mineras, adquirir equipos modernos, renovar tecnologías e invertir en mejorar el medio ambiente a través de una mejor forma de producir, más amigable y sustentable con el ecosistema y las comunidades cercanas a nuestros centros productivos.
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El trabajador de Codelco Ventanas, Alejandro Castro Tapia, conoció a sus actuales colegas de trabajo cuando niño. Ahora es su jefe y agradece el compañerismo que estos le han demostrado
“M
is recuerdos de la planta se remontan a la niñez, con el club deportivo ‘Chispitas’ de la empresa. A partir de los 10 años, acompañé a mi padre en todos sus partidos”. Así de importante es para la vida de Alejandro Castro Tapia su vínculo con la División Ventanas de Codelco, que en ese tiempo era la planta de Enami: un lugar que le dio la posibilidad de compartir una de sus grandes pasiones junto a quien le dio la vida, José Castro García. Corría el año 2003 y llegaba la tan esperada hora del retiro de Castro García de la -entonces- Enami, de su rol de capataz de la planta, dedicándose al rubro de la carpintería por más de 42 años. El momento traía consigo una sorpresa, pues el puesto que ocupó por tanto tiempo sería heredado por su hijo, gracias a un tradicional sistema de cambio de la estatal. Sin embargo, el joven aún no terminaba sus estudios, cuando su padre le ofreció esta oportunidad. “Cuando entré a trabajar me quedaba un semestre de estudios para egresar de Inge-
niero Electrónico. No obstante, acepté la oportunidad, a pesar de que no tenía contemplado trabajar en la planta. Además, me dieron la facilidad para trabajar y estudiar a la vez, gracias al horario de ocho a cinco de la tarde”, cuenta quien finalmente obtuvo su título de ingeniero. Alejandro Castro Tapia sabía muy bien a lo que iba, ya que desde su niñez tuvo esa estrecha relación con la planta de Ventanas, debido a la serie de actividades que ofrecía la empresa a los hijos de los funcionarios. “Todos los años nos daban regalos muy buenos en Navidad. Pero lo que me marcó fue participar de la liga de fútbol con mi padre y sus compañeros. Salíamos con los ‘viejitos’ para todos lados, íbamos juntos a Casablanca, Limache, Rancagua, Santiago, entre otras ciudades. Él me llevaba. Cuando se retiró, yo continué, por lo que los papeles se intercambiaron y yo lo invitaba a él”, comenta el profesional de Codelco Ventanas. Gracias a que, en su pri-
A la derecha, Alejandro Castro Tapia, jefe de Plásticos y Plomería, en medio de una faena de Mantención de la Refinería Electrolítica Ventanas, en el año 2004. Junto a él, Humberto Villegas y Mario Olivares, ambos mantenedores plasticistas de turno. mera etapa en la planta, pudo compatibilizar sus estudios con el trabajo, ahora el trabajador de 34 años es jefe en el área donde su padre era capataz, desempeñándose como plasticista, cargo en el cual debe realizar mantenciones en líneas de ácido y de cañerías plásticas, en una Planta de Ácido. Ahora le toca dirigir a varios de quienes fueron compañeros de José. “Llevo un poco más de once años trabajando en la empresa y me ha tocado trabajar con aquellas personas a las cuales yo acompañaba en el club de fútbol, cuando era niño. Ahora que soy adulto me tocó ser su jefe, lo que hace que nuestra relación sea mucho más especial”, cuenta. TIEMPO PARA LA FAMILIA Y LOS AMIGOS Gracias al horario administrativo de ocho a cinco de la tarde, de lunes a viernes, el trabajador ha conseguido tener lo que él describe como “una rica
vida familiar”, donde ha podido compartir junto a sus hijas, pero también con sus amigos de la planta, con quienes se reúne una vez al mes. Lo mismo hace con su padre, con quien se junta a conversar sobre las últimas novedades de la planta, sabiendo que él nunca ha roto el vínculo emocional con Ventanas. “Aunque mi trabajo es estresante, el horario ha sido muy bueno para no perderme ningún momento en la vida de mi familia, ni de mis amigos. Estoy feliz de haber tomado la decisión de trabajar acá. He tenido buenos desafíos, todos bien exitosos. Además me llevo bien con todas las personas, ya que, igual que en la época de mi padre, hay un gran compañerismo, no hay diferencias con nadie, somos todos muy buenos camaradas. Ésa es la clave para haberme desarrollado bien en mi trabajo”, consigna, el ingeniero.
También se ha comprometido la emisión de un proyecto de ley que asegure esta capitalización de manera ordenada y permanente y que no dependa de la decisión de cada gobierno, esta decisión se valora y se agradece. Finamente los trabajadores estaremos atentos a estas medidas y seguiremos defendiendo a la empresa más importante y generadora de riqueza para todos los chilenos; Para lograr que algún día seamos capaces de financiar la reforma educacional o mejorar las coberturas de salud o aportar a los fondos de pensión de los trabajadores.
El trabajador de Codelco Ventanas, Alejandro Castro Tapia, participando en el plantel del Club Deportivo Chispitas, el año 2006.
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El ingeniero posando en la planta Codelco Ventanas.
“Muchos de los niños con los que iba a campamento ahora son mis compañeros” Reinaldo Orellana Castillo trabajador de Codelco Ventanas cuenta cómo la empresa le otorgó trabajo a su padre, a él y a su hermano, permitiéndoles llevar una buena vida familiar
R
einaldo Orellana Castillo vive en Valparaíso, se levanta todos los días a las seis de la madrugada y un bus lo pasa a buscar a las seis y media, para dirigirlo hasta su trabajo en Codelco Ventanas, donde se desempeña como encargado de Mantención Mecánica de Puentes Grúas. Durante 35 años, su padre, quien también se llama Reinaldo, realizó exactamente la misma rutina. La planta, que en ese entonces estaba a cargo de Enami, tenía un acuerdo con los trabajadores que iban a jubilar, pudiendo optar a traspasar sus labores a sus hijos y, de esta forma, asegurarles un futuro en la división ubicada en Puchuncaví, idea que en un primer momento no fue aceptada por el mecánico. “Yo en ese tiempo ya trabajaba en Ventanas, porque había entrado a la planta a contrata. Cuando él me propuso tomar su puesto, yo no quería, porque yo fui papá muy joven y quería valerme por mi mismo, no quería que él asumiera esa responsabilidad. Pero me insistió y me dijo que quería ayudarme a salir adelante. Insistí en que no. Él no me hizo caso y, a mis espaldas, igual me inscribió. Un día me llamaron para hacerme los exámenes y quedé. No obstante, le prometí a mi padre que seguiría estudiando y perfeccionándome”, cuenta Reinaldo Orellana Castillo. Esto sucedió hace diez años. Gracias a su padre, el trabajador pudo entrar a la Maestranza como mecánico, lo que le permitió forjarse un futuro mejor, ya que la empresa le dio la oportunidad de estudiar, para primero convertirse en técnico y, finalmente, en ingeniero. Sin embargo, para él lo más importante es que Codeldo Ventanas le da la oportunidad de ser un hombre de familia, tal como lo era su padre con él. “Mi padre trabajaba en el mismo turno, de ocho a cinco de la tarde, pero en un puesto di-
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Reinaldo Orellana Castillo junto a su padre, en un encuentro deportivo de la empresa en Mendoza. ferente, como encargado de Transporte. Como mi padre salía temprano, tenía todo el tiempo del mundo para jugar conmigo y mis hermanos, compartiendo la mayor parte de su tiempo libre con nosotros, dándonos una educación orientada a los valores. Tuvimos una familia súper bien constituida. Ahora yo hago lo mismo con mis dos hijos y el tercero que viene en camino, ya que tengo el mismo horario que él, lo que me da tiempo de estar con mi familia y hacer lo que mis padres me enseñaron: que la vida es más que trabajar, es compartir con la familia. Ésa es la filosofía de vida que yo tengo, de compartir bastante tiempo con ellos y eso, gracias a Dios, en Codelco Ventanas, lo tengo”, cuenta el profesional. AMIGOS DE LA NIÑEZ Muchos de los recuerdos de la vida de Reinaldo Orellana Castillo tienen que ver con la planta. Entre ellos se encuentran las fiestas de C disfraces, los regalos de Navidad y los campamentos de verano, instancias donde compartía M con los hijos de los compañeros de su padre. “Yo participé entre los ocho y los doce años Yde estos campamentos. Nos íbamos por una semaCM na con hijos de otros funcionarios a Quintero, Olmué, entre otros lugares. Esos veranos fueMY ron bien entretenidos. De hecho, muchos de los CY niños con los que iba a campamento, ahora son mis compañeros, ya que sus padres hicieron el CMY mismo cambio que el mío, así que las conversaciones de nuestra niñez son habituales. Siempre K rememoramos nuestras historias, cuando jugábamos e íbamos a los campamentos. Son bonitos recuerdos”, cuenta. Él joven de 30 años también fue acogido por ex compañeros de labor de su padre, que aún trabajan en la planta. Ellos siempre le recuerdan la bondad del “Pelao” Orellana, apodo con el cual era conocido. UNA FAMILIA COMPLETA AL SERVICIO DE LA MINERÍA La tradición minera no se terminó con Reinaldo Orellana Castillo. Continuó con uno de los tres hermanos del mecánico, Fernando, quien tuvo la oportunidad de realizar la práctica en Codelco Ventanas. “Él la hizo hace dos años atrás y quedó contratado en un sistema de aprendiz, donde le enseñaron durante un año cómo trabajar en las faenas de Codelco. Él quedó contratado y actualmente se desempeña en Rancagua. Así que somos tres personas que trabajamos en la empresa en este momento. Estamos muy agradecidos”, concluye el ingeniero.
El mecánico trabajando en una maniobra de levantamiento de un colgador de olla en la fundición.
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Seremi de Minería: “Se incrementará a 20 mil toneladas al mes la compra de Enami a pequeños y medianos mineros” El seremi de Minería, Alonso Retamales Campos explicó cómo se está apoyando a los productores pequeños y medianos y los desafíos de la expansión de la División Andina de Codelco
correctivas y puede llegar hasta el cierre temporal de las faenas o un cierre definitivo”.
L
a minería es uno de los rubros productivos más importantes de la región, así como también uno de los más antiguos y tradicionales. Esta labor ha traído consigo un gran desarrollo en cada una de las provincias en las que se ejecuta, con altas tasas de empleabilidad, que, al año 2012, sobrepasaba las 16 mil personas en la Región de Valparaíso, creando un impacto además en las familias de cada uno de ellos. Aunque en la zona una gran tajada de este rubro se lo lleva la gran minería -con dos grandes empresas, Anglo American y Codelco-, una parte importante también es aportada por artesanos y pequeños mineros, quienes día a día compiten y luchan por obtener frutos de esta labor, que muchos han heredado a través de generaciones. Es por ello que el Gobierno, a través de cada uno de los servicios vinculados a la minería, ha tratado de generar programas para capacitar, mejorar y desarrollar competencias técnicas, en
Los números de la minería en la Quinta Región Personas que viven de la minería De acuerdo al Censo del año 2002, aparecido en el Atlas de Faenas Mineras de Chile, se generan más de 16 mil empleos directos de una fuerza laboral de un millón 540 mil aproximadamente, sin contar un grupo importante de faenas de menor escala que funcionan sin entregar dichos datos. Condiciones laborales de la pequeña minería Previsión y salud: un 85% no cuenta con previsión, ni fondos de salud. Nivel educacional: un segmento importante de pirquineros no tiene instrucción o solo tiene instrucción primaria. El 67,7% no logra acceder a la Enseñanza Media; el 23,7% accedió a algún curso de educación media; solo un 1,3% tiene formación técnico-profesional y en un 3,9% se constató ausencia total de educación. Rangos de edad y tamaño del grupo familiar El rango de edad predominante está comprendido entre los 26 y los 40 años, existiendo importantes concentraciones de pirquineros menores de 18 años. Respecto del tamaño del grupo familiar es en promedio, de la muestra, entre 4 y 7 personas, siendo un 63% quienes poseen este grupo familiar, solo un 9,2 por ciento presenta un grupo más grande. Principales mercados extranjeros Nuestro país es el mayor productor de cobre en el mundo. El principal mercado es el continente asiático (47%), seguido por Europa (35%), Norteamérica (11%) y Sudamérica (7%), según datos del 2003.
Alonso Retamales Campos, secretario regional ministerial de Minería.
las faenas de menor escala. El acento también ha sido puesto en la seguridad de los trabajadores, sobre todo luego del accidente de los 33 mineros en Copiapó; y en las variables ambientales, considerando el impacto de los nuevos proyectos de expansión, como Andina 244. Por ello, en este Especial de Minería conversamos con el secretario regional ministerial de Minería, Alonso Retamales Campos, aconcagüino y muy conocedor de las zonas de producción de la región, quien se refirió a cada uno de estos temas. - Usted está en medio de una región con una gran diversidad minera: con gran minería, en Los Andes; pequeña y mediana en San Felipe; y familias de pirquineros entre Putaendo y Petorca. ¿En cuál de estos grupos está poniendo acento su gestión? “En la región la gran minería está representada por Codelco Andina y Anglo American. En cuanto a la mediana, tenemos producción en la empresa Amalia, en Catemu; como en Las Cenizas, en Cabildo. Todas ellas extraen cobre. En cuanto a la producción de oro, esta la mina El Pimentón, en la comuna de San Esteban. Actualmente, hay un par de proyectos en carpeta, para rehabilitar la minera El Bronce, en Petorca, que está a cargo de la minera Can Can, que pertenece al grupo Angelini. Por otra parte, la minería pequeña y artesanal se desarrolla básicamente en las provincias de Petorca y San Felipe. Como Ministerio de Minería, estamos enfocados al fomento de lo que es la pequeña y la mediana minería. Muestra de ello es que nuestra política está orientada en fortalecer el rol que le
corresponde a Enami a nivel nacional, a través de inyección de recursos y el desarrollo de algunos proyectos emblemáticos. Un ejemplo de esto es la instalación de un nuevo poder de compra en Guayacán, Cabildo. Gracias a esto, los pequeños mineros podrán aumentar su capacidad de entrega de material a Enami y a Amalia (Catemu) y Las Cenizas (Cabildo). Ellos recibirán un tonelaje limitado de material que provee la mediana y pequeña minería y que lo compra directamente Enami. Actualmente, el poder de compra a través de privados tiene un tope de menos de 10 mil toneladas. Con el nuevo poder de compra se incrementará a 20 mil toneladas mensuales”. - ¿Qué porcentaje de los pequeños mineros está en condiciones de vender a Enami y qué se está haciendo para que todos queden en esa condición? “Los pequeños mineros que deseen vender a Enami sólo necesitan regularizar sus faenas. Esto implica que deben contar con los requerimientos del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y otros servicios que se requieran, dependiendo del tipo de faena, de si va a tener campamento o no. Generalmente, el empadronamiento de los pequeños mineros es menor a cinco toneladas, por lo tanto no pasa por el Sistema de Evaluación Ambiental, sólo por Sernageomin, lo que posteriormente les permite empadronarse en Enami. Nosotros tenemos un programa directamente relacionado a ellos, que vela por la regularización de las faenas mineras, que es financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo
Regional (FNDR), recursos cercanos a los mil millones de pesos para ejecución en un periodo de dos años, del cual llevamos dos. Pretendemos que este proyecto se mantenga y se potencie, con la incorporación de nuevos profesionales”. - La Provincia de Petorca y de San Felipe fueron escenario de muchos accidentes en pirquenes hasta hace un año atrás. ¿Qué se ha hecho para evitar que éstos continúen? “Las normativas no se cumplían, pero cuando ocurrió el accidente de los 33 mineros en Copiapó, todo cambió. Antes de este suceso no había mayor capacidad de supervisión del Sernageomin, que es el servicio por el cual el Ministerio de Minería fiscaliza y aprueba los planes de explotación y de cierre. Hoy en día, se exige y se tiene una mayor cobertura, a través de más personal y dotación de equipamiento. Paralelamente, el programa que estamos ejecutando en la pequeña minería, donde la tasa de accidentabilidad es un poco mayor, contempla el asesoramiento en seguridad minera. Para eso tenemos un profesional encargado, que entrega manuales y constantes charlas de seguridad minera”. - ¿Hay mucho desacato a las normas de seguridad en la pequeña minería? “En general, no. Los mineros tienen una cultura en torno a los estándares de seguridad. Ellos saben que, al descuidar su labor, pueden afectar a un tercero, que regularmente es un compañero de trabajo. Por tanto, se toman muy en serio su seguridad. Sin embargo, si ellos se desvían de esto, el Sernageomin toma medidas
- Tanto la producción como la fundición, en algún momento, proyecta expandirse. Así avanza el proyecto 244. Sin embargo, hay un fenómeno de oposición a proyectos mineros de gran envergadura. ¿Cómo se enfrenta este fenómeno, cuidando la salud ambiental de la región, pero sin despreocuparse del desarrollo de la industria? “Se hicieron muchas preguntas en torno a este tema, a nuestra Presidenta Michelle Bachelet, cuando estaba en campaña. Ella siempre respondió que los grandes proyectos estructurales de las industrias del país, que tuvieran algún impacto, fueran o no mineros, debían estudiarse. Debían ser viables. No tan sólo del punto de vista económico, sino ambiental y social. La semana antepasada, Codelco entregó la primera respuesta a las observaciones realizadas a la expansión Andina 244 y ahora viene el proceso de revisión y de aclaraciones. Esto es un ejemplo, de la política gubernamental. Hoy en día, cada proyecto debe pasar por la Evaluación Ambiental, para demostrar que es viable tanto por su impacto en el medio ambiente, económico y social que trae. La tarea principal es de Codelco, ellos son responsables de su proyecto. Sin embargo, nosotros como autoridades tenemos la obligación de que exista la mayor cantidad de información y espacio para ésta, para que las personas vayan conociendo cada una de las intervenciones”. - Y, en eso, ¿Codelco tiene más responsabilidad por ser una empresa pública? “Andina 244 es un proyecto más, dentro de los que tiene Codelco, que son bastante importantes, ya que apuntan a que Chile sea el principal productor de cobre del mundo en el largo plazo. Recordemos que Chile tiene el 27 por ciento de las reservas del mundo. Es por esto que debemos hacer que la industria sea compatible con el tema medioambiental. Para continuar siendo el número uno, Codelco requiere entre 24 mil a 28 mil millones de dólares. Nosotros debemos potenciar esto, porque a diferencia de una empresa privada, las utilidades de Codelco se invierten en el Estado a través de programas sociales, educación, salud, entre otras cosas. Es nuestra primera industria nacional y debemos apoyarla”.
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Katya Jara: la primera mujer que operó camiones en El Soldado La madre calerana cuenta que llegó a operar camiones gigantes de la minería casi sin darse cuenta, labor que realiza desde hace seis años
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atya Jara Ibacache jamás pensó que a los 40 años su destino cambiaría completamente. Vivía en La Calera y trabajaba en Quillota, hasta que apareció una nueva oportunidad laboral, sin saber que estaba marcando un hito en la minería regional. Al salir del Liceo de Niñas de Quillota, su sueño era estudiar Ingeniería en Pesca, plan que cumplió durante un tiempo, pero que rápidamente se vio truncada por lo que describe como “situaciones de la vida”. Por ello su actividad laboral giró en torno al rubro administrativo, en diferentes empresas. Pero el año 2008, la empresa minera Anglo American ofrecía los primeros puestos de trabajo para mujeres en la división El Soldado, en el marco de su política de inclusión femenina en labores que históricamente fueron consideradas masculinas. Recibió la llamada de una dibujante técnica de la empresa minera, pero siempre pensó que se trataba de labores de ofi-
cina. “Pero la sorpresa me la llevé cuando llegué a la planta y me enteré de que el trabajo era para manejar maquinaria pesada. En ese momento pensé: ‘Ya estoy aquí, así que daré las pruebas y, si me va bien, es porque éste era mi destino’”, cuenta. UN LARGO CAMINO Katya nunca ha olvidado el primer día de capacitación en El Soldado. Dice que fue muy difícil, en un campo totalmente desconocido. Sabía que los camiones que debería manejar eran grandes, pero nunca el monstruoso tamaño que tenían. “Lo primero que hicieron fue darnos un recorrido y después nos mostraron los tipos de camiones que manejaríamos. ¡Eran inmensamente grandes! No sabía si iba a ser capaz. Pero después pensé que las mujeres estábamos cada día entrando más a todos los rubros”, cuenta. Durante tres meses, sorteó varias pruebas, exámenes y largas jornadas de estudio y práctica. Había tres cupos. “Pero llegaron 98 mujeres y
sólo quedamos tres. La primera parte del curso era teórico. Para pasar a la parte práctica, debías pasar todas las pruebas. Después nos hicieron exámenes médicos y ahí se definió quiénes estaban aptas para el puesto”, cuenta. Cuando le avisaron que había quedado, la sorpresa fue máxima: “Estaba feliz, no podía creerlo. Antes de llegar ahí, no sabía de qué se trataba la minería, qué era la extracción, ni la operación. Mucha gente me felicitó, porque fui una de las pioneras. Antes de mí y mis compañeras, ninguna mujer
trabajaba en esta división. Mi familia se sintió orgullosa, sobre todo mi hijo”. Cuenta que, cuando llegó a las faenas no sintió prejuicio entre sus compañeros varones. Es más. Dice que la llegada del grupo femenino generó un efecto adicional: “Llevaba unos meses trabajando, cuando se nos acercó el superintendente para informarnos de que nuestros compañeros habían mejorado su aspecto personal, además de su forma de hablar”. UN TRABAJO PESADO Katya se define como una mujer en constante búsqueda
de desafíos. Por ello, en febrero decidió postular a la mina Los Bronces, en Santiago. Está ahí hace algunos meses. Empieza a trabajar a las 8 de la mañana, pero debe despertarse con muchas horas de anticipación, para alcanzar a estar atenta a su labor de 12 horas seguidas, en un turno de cuatro días trabajados y cuatro descansados. “El trabajo es pesado por el horario y por lo que hacemos. Yo opero camiones Caterpillar y Komatsu, que sirven para el transporte de material. El camión trabaja con un circuito que va desde la tronadura,
Katya Jara Ibacache y otras dos compañeras fueron las pioneras del oficio en esta división de Anglo American en Nogales.
donde están las palas y los cargadores y después se arroja a un botadero o chancador. Uno se acostumbra, sobre todo porque la empresa te da facilidades de distracción en tu tiempo libre, en las zonas de descanso o con las áreas de entretención, como el pub sin alcohol, salas de cine, gimnasio, entre otros. Además conoces muy buenas personas que te ayudan bastante. Eso sí, se necesita harta dedicación, seguridad y concentración”, advierte. A pesar del desgaste y del sacrificio que involucra este oficio, Katya ha obtenido grandes beneficios y agradece cada día haber llegado a la minería, pues pudo pagar su casa, comprarse un departamento, tener su auto, ir de vacaciones al extranjero y -lo más importante- costear los estudios universitarios a su hijo de 24 años. “Este trabajo me ha permitido tener una muy buena calidad de vida y la oportunidad de ofrecerle estudios a mi hijo. Estoy muy tranquila en la parte económica. Pero eso no es todo, ya que también me ha permitido ir obteniendo metas, ir aprendiendo otros rubros diferentes del que sabía e ir perfeccionándome. Estoy muy contenta con mi trabajo, que llegó de forma tan inesperada”, finaliza.
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El cine de Andina: matiné, vermouth y noche en la cordillera La sala de Saladillo fue una de las grandes atracciones que tuvo la división en su época de esplendo y es recordada como una actividad que unió a la familia minera
N
inguna película generó más expectación que “Fiebre de Sábado por la Noche”, clásica cinta protagonizada por John Travolta, que se exhibió a ta blero vuelto en las funciones vermouth y noche del cine de Saladillo. Era el año 1978. La cartelera que un par de días antes anunció su estreno se esparció como un murmullo por las casas del campamento minero de Andina, entusiasmando a grandes y chicos. Las maletas con las cintas de celuloide viajaban desde Valparaíso y Santiago, arrendadas por las distribuidoras locales. Cientos de kilómetros vía terrestre para arribar hasta la cuenca del Río Blanco, a los pies de la cordillera de Los Andes, y acercar a las grandes estrellas de Hollywood a los trabajadores y sus familias, quienes recibieron por años las novedades del séptimo arte. Una película como “El Bueno, El Malo y El Feo”, protagonizada por Clint Eatswood; y varios filmes de Terence Hill y Bud Spencer estaban entre los favoritos. El Pato Donald, Mickey Mouse y “Tom y Jerry” lideraban los gustos de los menores de
14 años. Mientras, los más grandes se regocijaban con la llegada de “La Guerra de las Galaxias”, “King Kong”, “Rambo”, “Rocky”, “Superman” y la saga de “Tiburón”. Las dueñas de casa vibraban con las historias de amor. El campamento recibía la señal televisiva de Televisión Nacional, pero dependía del clima. Posteriormente contaría con un canal interno. Por esto, el cine representaba la principal entretención durante casi todo el año. Desde su origen, en 1968, hasta finales de la década de los años 80, fue uno de los principales atractivos para toda la comunidad laboral de Andina. Se estima que se exhibieron casi mil películas, durante sus más de dos décadas de funcionamiento. La sala contaba con tecnología de punta para la época: dos proyectores de celuloide y uno de diapositivas, una caseta de operaciones y un moderno sistema surround que, en su primer día de uso, hizo escapar a todos los espectadores, porque los bajos asemejaban el inicio de un temblor. Las butacas eran de cuero y hasta hoy se mantienen en el campamento. Recibían a más de 200 personas, en tres funcio-
Arnulfo Campos “Campitos”, en la sala de cine El Saladillo.
nes: Matiné (15 horas), Vermouth (18:45 horas); y Noche (21 horas). NOS CREÍAMOS KARATECAS Berta Vidal, hija de un extrabajador de la planta, vivió en Saladillo por más de 20 años y hoy es una suerte de presidenta honoraria del grupo que se formó en Facebook para recordar anécdotas del campamento minero. A la última junta, en 2012, vino gente hasta de Suecia, y el cine fue uno de los lugares más fotografiados. Allí, varios tuvieron sus primeros romances y forjaron amistades que perduran hasta hoy. “Al cine llegábamos en la ‘cantuta’ (una vieja micro en forma de bototo). Las primeras películas que recuerdo eran las de Luis Miguel y que, cuando había películas de terror, nos escondíamos debajo de las butacas. Íbamos en familia y luego paseábamos por la plaza. Fueron días maravillosos”, recuerda Berta. Cristián Flanega vivió en Saladillo junto a sus padres y hermanos. Lo que más recuerda del cine son “los encuentros con amigos y las pololas”. Jorge Ojeda, hijo homónimo de un ex funcionario de la planta, cuenta que el terremoto del 3 de marzo de 1985 los pilló en la sala, viendo una película china protagonizada por Jackie Chan: “El Maestro Borracho”. “Nos criamos viendo películas. En ese entonces, el cine estaba en el casino central de los trabajadores, luego se fue a su ubicación actual, aunque también funcionó un año en el club social por remodelación. Recuerdo los western italianos que encantaban a los mineros y las películas de karate. Todos salíamos quebrando ramas y haciendo travesuras. Pero lo
Un ejemplar de la cartel era del cine qu e entretenía a los trabajadores de Andina.
peor fue cuando dieron ‘Tarzán’: hicimos una liana en el cerro y varios amigos se accidentaron. Los días de familia en el cine eran todo un acontecimiento”, cuenta Jorge. “CAMPITOS” Arnulfo Campos, operador de la sala de cine de Saladillo en la década de los 70, recuerda con especial nostalgia el significado que ese lugar tuvo para todos los trabajadores de la División. Hoy jubilado, “Campitos” -personaje fundamental del entretenimiento andino por más de 20 años- construyó artesanalmente una réplica a escala de las máquinas que proyectaban los principales estrenos de la época en Saladillo. Su esposa cuenta que la mayoría del tiempo evoca sus tareas de mantención de máquinas y proyección de cintas. “A veces creo que me pasó lo mismo que al protagonista de la película ‘Tarzán’, que se volvió loco”, bromea el ex trabajador. El proyector fue construido con materiales de desperdicio, entre ellos una vieja tetera y un motor de una
enceradora, y reflejan la creatividad de un hombre que se formó a pulso desde su natal Santa María, siendo apenas un adolescente. Actualmente la máquina reposa en el living de su casa, junto a las cintas que ambientaban la previa de cada función: el legendario “El Mundo al Instante” y varios casetes con música de películas en clave jazz. En ese lugar, “Campitos” recuerda la noche en que una de las maletas de celuloide cayó del bus que la transportaba rumbo a Saladillo y rodó por la quebrada Los Azules. “Se movieron Bomberos, Carabineros y hasta el Ejército y lograron rescatar la película, toda desarmada, desde un barranco. Esa sería mi labor: arreglar el celuloide, proyectarlo y cumplir con la programación”, explica. Es por ello que “Campitos” sabe que genera un recuerdo especial en las personas ligadas a la División Andina de Codelco. “Cuando la gente me ve, se acuerda del cine y de un tiempo muy lindo, con grandes recuerdos”, dice.
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Viernes 9 de agosto de 2013
Juan Cortez Jordan: “La historia de Codelco Andina, es mi vida” A propósito del 44º aniversario de esta División, el trabajador activo más antiguo recuerda los inicios de esta unidad productiva
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uan Cortez Jordán llegó a Andina el 22 de septiembre de 1970, para desempeñarse en un cargo cuyo nombre no recuerda, pero sí su función: organizar los valores y gastos de la construcción y puesta en marcha del yacimiento, lugar en el que ha estado desde sus inicios. Es por ello que recuerda muy bien la inauguración de la -entonces “Minera Andina”, que contó con la presencia del Presidente de la República Eduardo Frei Montalva. “Cuando llegó el momento de dar el ‘vamos’ y apretar el botón para que comenzara a pasar el mineral, la correa hizo caer una nube de polvo que dejó a todas las autoridades -incluido el Presidente- empolvadas completamente. Al salir de la Planta de Filtros, todavía recuerdo sus figuras grises cubiertas de concentrado”, recuerda sonriendo. “Eso demuestra lo que hoy ha avanzado la minería en estos 44 años de la Andina”, dice. Durante toda su vida se desempeñó en cargos administrativos: primero llegó a trabajar con un gringo (Robert Kenrrie) como asistente de Ingeniería de Costos y a su cargo estaba el “manpower” del personal, que correspondía al listado de las personas que se encontraban trabajando y que se enviaba por valija, una vez al mes, a Estados Unidos. “Debía entregar un informe diario de toda la fuerza laboral que tenía la empresa. En ese entonces,
la información la entregaban los pasatiempos y, como se demoraban mucho, (Kenrrie) me exigió que tenía que ir todos los días a terreno y levantar yo el catastro”, describe. El problema era que muchas veces los números que el trabajador traía no concordaban con el estimativo que tenían, razón por cual lo hacían volver a registrarlos. “Muchas veces bajaba en camioneta, tarde, de noche, entre el silencio y la oscuridad de la montaña. Pero, como siente la gran mayoría, era un ambiente que nos envolvía, que nos seducía”, reconoce. Uno de los grandes problemas de ese entonces era el idioma, porque los jefes eran norteamericanos y en Chile el dominio del inglés era bajísimo. Para resolver el problema, existía un puesto específico: “Los gringos tenían una especie de secretarios traductores; para poder comunicarnos”. SE ROMPÍAN LAS PIEDRAS A MANO En ese tiempo no existía la tecnología de hoy y las tareas se realizaban a mano. Actualmente, en las parrillas existen martillos picadores, que permiten reducir el tamaño de las rocas. En ese tiempo, esta labor la desempeñaban los llamado “buitreros”, que -según explica Juan- “eran trabajadores que, con un mazo, golpeaban a pulso una y otra vez las piedras, hasta que finalmente lograban fracturarlas para que pasaran por el buitre (pa-
Juan Cortez Jordán llegó a Andina el 22 de septiembre de 1970.
El trabajador contando a través de fotografías de época la historia de su vida en la división Andina de Codelco.
rrilla). Se ponían canilleras para que las piedras que saltaban no les hicieran daño. Era una labor muy desgastadora”. También era muy difícil ingresar a la mina. Juan describe que “se hacía en un tren con las rodillas cruzadas, un trabajador frente a otro. Las micros eran súper incómodas, con asientos duros y en los asientos cabía ‘una persona y media’, en vez de dos. Pero lo recuerdo con cariño”. Ese cariño surgió, en parte, porque la vida en el campamento generaba otra mística: una unión, una cercanía casi familiar entre los trabajadores. Muchos coinciden en que “eran tiempos en que tu compañero de trabajo era tu vecino y mejor amigo”. “Son cariños entrañables, lazos difíciles de romper, éramos una gran familia. Imagínate que hacíamos todo juntos: los padrinos de nuestros hijos, apoderados en el colegio, nos encontrábamos en el supermercado de Saladillo, en el cine, el gimnasio”, comenta. LAS HOJAS AMARILLAS Al momento de conversar con Juan, él trae en sus manos unas hojas amarillas. Dice que “es una sorpresa”. Dándolas vuelta, como destapando una placa conmemorativa, muestra una revista de aquellos años. En la portada aparece un dibujo de jugadores de básquetbol, que rememora los partidos que se dis-
putaban en aquellos años. Más abajo, los nacimientos que se habían producido en ese mes. “Mis dos hijos nacieron
en el hospital de Saladillo”, comenta al mostrar el recuadro. “En esos años se hacían muchas actividades. Yo era
miembro de la Selección de Básquetbol de la Andina y jugábamos campeonatos. Venían equipos de otras ciudades, viajábamos a otras divisiones. Teníamos excelentes selecciones en varias disciplinas, como vóleibol, fútbol y tenis”, recuerda. La vida de campamento, la convivencia que ello generaba y las décadas de innovación tecnológica que separan esa Andina de la nueva etapa que vive actualmente. Sin embargo, este trabajador dice que la esencia es la misma, pues en su historia de permanente crecimiento, sus altos y bajos, se mantiene el compañerismo. “Cómo olvidar esos tiempos”, dice suspirando. “Son años de historia, de vida, de amigos. Particularmente mi vida la hice en Andina. Llegué con 20 años, a mi esposa la conocí aquí, a mis grandes amigos los conocí aquí. Su historia es mi vida”, replica Juan Cortez, el miembro activo de mayor antigüedad de la División.