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Codelco

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Trabajadores

de Codelco División Andina

Toda una vida de compromisosocial con

Los Andes

“Ayudar en un plan contra la pobreza marcó mi vida” Ana María Alvear Vera Asistente Social Dirección de Administración de Personal Gerencia de Recursos Humanos P. 2

“Con el básquetbol del Mixto dimos muchas alegría a Los Andes” Juan Cortés Jordán Analista Especialista Área de Adquisición de Bienes de Operación Gerencia de Administración P. 3

“Valoro trabajar con las familias andinas desde la Iglesia” Patricio González Larraín Técnico en Administración Supervisor de Gestión Gerencia Minas P. 4


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“Ayudar en un plan de superación de la pobreza marcó mi vida” Ana María Alvear Vera ha pasado fuera de Los Andes sólo 12 años de su vida. Fue cuando Miguel, su padre carabinero, cumplía con una destinación en la Intendencia de Santiago. Pero después decidió volver a la tranquilidad andina y trabajar el negocio que Ema, su esposa, había heredado de su madre. Era un pequeño restaurante, en la Avenida Argentina, conocido por varias décadas como “La Económica”. Ahí trabajaban todos. También Ana María, quien recuerda esos años con mucha emoción, desde su oficina de asistente social, en la Dirección de Administración de Personal, perteneciente a la Gerencia de Recursos Humanos, de Codelco División Andina. Titulada en la sede Valparaíso de la Universidad de Chile (hoy Universidad de Valparaíso), ya suma 36 años de servicio en la cuprífera estatal, desde que ingresó como su segundo empleo, en 1980. “Mi primer trabajo había sido en la Gobernación de Los Andes, apoyando los catastros en terreno cuando había que enfrentar emergencias, junto a la Onemi. El episodio más duro fue un aluvión que afectó a El Higueral, en San Esteban, donde lodo, desechos y piedras entraron por las casas. Fue terrible. Pero ahí sentí que el granito de arena que uno aporta en casos así es muy grande para la gente. Encontré todo el sentido a esta profesión, donde uno puede coordinar voluntades para encontrar soluciones, cuando los demás no las ven”, comenta. Ahora ve resultados de esa dedicación en sus tres hijos: el primero, ingeniero agrónomo, radicado en Canadá hace dos años; el segundo, tesista de Ingeniería Industrial; y, el tercero, a punto de ser odontólogo. “Acá estamos de 8 a 18 horas y lo que queda es para dedicarlo

a la familia. Ellos ahora están terminando sus estudios, después de un gran esfuerzo familiar. Eso hace más difícil dedicar tiempo a la labor social, pero, desde que uno palpa las necesidades de las personas, se genera motivación, inquietud y ganas de ayudar”, comenta.

más allá de la empresa, ese interés por ayudar a las personas de ese Los Andes más vulnerable. “El gobernador de la época, Pedro Barrera, solicitó colaboración a distintas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales para enfrentar un plan para superar los estándares de pobreza de la gente de Los Andes. A mi me nombraron como representante de Codelco ante la Gobernación para trabajar con él y los alcaldes en esa tarea”, recuerda. Así fue como desarrolló un arduo trabajo en terreno, de poco más de dos años, con juntas de vecinos y entidades públicas, visitando los sectores más carenciados, para identificarlos y hacer un levantamiento de información sobre sus necesidades más urgentes. “Teníamos que ver de qué manera podíamos aportar. Había una labor hermosa que hacer. En ese tiempo, los sectores más vulnerables eran la René Schneider, Pucará; hacia las zonas altas estaban Primera Quebrada, Las Vizcachas y varios otros. Nos separábamos en grupos y, una vez hecho el trabajo en terreno, aportábamos la información, ayudábamos en el diagnóstico y, luego, se destinaban recursos, pero eso era gestión de la Gobernación y los alcaldes”, detalla. Esa tarea representando a Codelco marcó su vida: “En ese momento, mi aporte y el de la empresa dándome todas las facilidades para hacerlo, me enriqueció desde el punto de vista profesional y personal. Fue una realización sentir que estaba aportando”.

“La situación de los niños en estado de necesidad es la que más me impacta” GLORIOSO LICEO “MAX SALAS” Esa inspiración se originó en su infancia, ayudada por su hermana mayor, quien ya había dado el paso de estudiar Trabajo Social. Ella le contó lo hermosa que era la carrera, cuando Ana María vestía orgullosamente el uniforme del Liceo Maximiliano Salas Marchán. “El glorioso Max Salas”, dice. “De ahí tengo muy buenos recuerdos, porque me dio una excelente formación, en una época donde era difícil entrar a la universidad. Eran años de disciplina, desde el uniforme impecable, hasta las exigencias de buen rendimiento “, rememora. “Mi hermana mayor me había dado luces de lo que era la carrera, con un aspecto social que permitía trabajar con la comunidad y las personas directamente, para contribuir a mejorar sus estándares de vida y educar en el acceso a beneficios”, explica. Y eso es lo que hace hoy en Andina, donde Ana María distribuye el tiempo casi matemáticamente para atender el tiempo suficiente a cada funcionario que llegue pidiendo orientación por un problema social o familiar. PLAN DE SUPERACIÓN DE LA POBREZA Pero fue en 1994 cuando se presentó la oportunidad de volcar,

SUEÑO PARA LOS NIÑOS Paralelo a esta experiencia, varias veces pudo colaborar con escuelas de escasos recursos, cuando

Ana María Alvear Vera Asistente Social Dirección de Administración de Personal Gerencia de Recursos Humanos Ex alumna Liceo Max Salas Hija de dueños de “La Económica”

fue apoderada de su hijo mayor en el Instituto Chacabuco. También aquellas en que algunos regalos de Navidad de la corporación quedaban y ella los hacía llegar a hogares de ancianos y de menores. Justamente, esa capacidad de gestión es la que quiere volcar en su gran proyecto personal, una vez terminada su carrera en Codelco: crear un hogar de menores en Los Andes. “La situación de los niños en estado de necesidad es la que más me impacta. ¿Cómo contribuir para que ellos puedan ser técnicos, profesionales y autónomos en lo que harán a futuro? Uno quisiera tener recursos para ayudarlos directamente, pero no se puede. En-

tonces, este proyecto buscará algún tipo de patrocinio, para hacer un hogar desde el cual los niños en situación de riesgo puedan salir a estudiar. Primero las cosas hay que soñarlas. Yo he soñado mucho con esto. Y los sueños se pueden concretar”, dice Ana María. Y concluye: “Cuando las personas se sienten escuchadas, generan un agradecimiento inmediato. Y sienten mucho más si les abres pequeñas ventanas para solucionar algo. A veces es sólo cosa de articular voluntades. Y así surge mi sueño del hogar de menores, para aportar desde ahí a la comunidad. La idea es no quedarme en mi trayectoria en Codelco, sino aprovechar mi experiencia profesional al servicio de las personas de Los Andes”.


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“Con el básquetbol de Liceo Mixto dimos muchas alegrías a Los Andes” Juan Guillermo Cortés Jordán

Analista Especialista Área de Adquisición de Bienes de Operación Ex Basquetbolista Dirigente del Club Deportivo del Liceo Mixto Ex director Junta de Vecinos de la Villa Los Castaños En 1969, Juan Guillermo Cortés Jordán llegó a Los Andes desde La Calera. Actualmente tiene 67 años, está casado con Adelaida Salinas Cocio desde 1981, a quien conoció en el trabajo y con quien tiene dos hijos, Juan Francisco y Pía Francisca, que -tal como ella- nacieron en Los Andes. Juan llegó en tiempos en que la antigua Andina estaba administrada por “los gringos” -como llamaban a los controladores norteamericanos que tenía la compañía en esos años-. Juan explica que fue como encargado del “Manpower Report Diario”. Es decir, debía elaborar un informe donde se detallaba en qué áreas de la división había personas trabajando, para que los empresarios se enteraran, a miles de kilómetros de distancia, cómo se desarrollaban las obras. “Eso era en la época de la construcción de la mina. Entonces, los Pasatiempos, que eran aquellos trabajadores que iban chequeando a la gente, me iban pasando la información y yo la recopilaba y la ingresaba a un documento, que se enviaba todos los días a Estados Unidos, donde estaban los dueños de la empresa, que en este caso era Cerro de Pasco Corporation”, recuerda. Una vez terminada la construcción, a Juan se le ofreció pasar al área de Bodegas de la Minera Andina. En un principio tuvo como labor separar la documentación correspondiente a la que había antes y después de la inauguración. Posteriormente, se desempeñó como encargado de Recepción de Bodega y jefe de Bodega de Víveres. Luego, pasó al Área de Planificación y de ahí a Compras, específicamente, en el Área de Adquisición de Bienes de Operación, lugar donde trabaja hace más de veinte años, siendo uno de los funcionarios con más años de servicios de Codelco División Andina.

existen hoy. Fue linda la vida en Saladillo y se recuerdan hasta hoy los torneos de baby fútbol que se hacían entre las diversas áreas”, rememora Juan. ÉPOCA DE ORO DE “LICEO MIXTO” El recuerdo deportivo es importante para este experimentado funcionario, porque, desde el colegio, Juan ha dedicado parte importante de su vida al deporte. Y, en el, el básquetbol tiene lugar fundamental. Cuenta que aprendió a jugar cuando era niño y estudiaba en la Escuela N 18 de La Calera y que lo continuó desarrollando cuando ingresó a un liceo fiscal de la misma comuna (actual Liceo Pedro de Valdivia). También durante el tiempo que estuvo como interno en el Liceo de Hombres de San Felipe. “Aunque jugué vóleibol también, siempre fui jugador de básquetbol. Cuando entré a Andina, eran años en que la empresa tenía equipos que participaban en las competencias locales, tanto de fútbol como de básquetbol y vóleibol. Entonces teníamos

hizo fanática del básquetbol”, cuenta este ex dirigente. Esas vivencias sufrieron una interrupción hace algunos años, debido a que su madre se enfermó, pero explicó que hace poco pudo reincorporarse y volver a apoyar al club, aunque en una liga menor en comparación a esos años de oro. “Siento que con el básquetbol del Mixto dimos muchas alegrías a Los Andes”, comenta. DIRIGENTE VECINAL Otras de las área en que Juan ha tenido participación es en la dirigencia vecinal, a través de la Junta de Vecinos de la Villa Los Castaños, hasta donde llegó a vivir una vez que dejó el campamento de Saladillo. En ese barrio, ubicado al lado de la Iglesia Los Pasionistas, vivió hasta que se cambió a El Encuentro, hace cinco años. “La Junta de Vecinos logró pavimentar las calles que están en torno a la plaza y otra que está en el fondo, a través de una iniciativa que incluyó el aporte de todos los vecinos y entidades públicas. En ese tiempo, la presidenta era doña Érika Valencia y parece que todavía es ella. Trabajábamos todos juntos”, señala. “Hace como cuarenta años, que es el tiempo desde que existe Los Castaños, se ha hecho siempre una Fiesta de Navidad y todo el mundo participaba. Después, hacíamos otra fiesta para todos los vecinos, con choripán; y para las Fiestas Patrias hacíamos una ramada, con Carlitos Riquelme, que era un vecino que le gusta el folclor. Así que era muy entretenida la vida en esa villa”, destaca. Alrededor de sesenta familias eran las que participaban en esas fiestas, lo que para Juan representa un grato recuerdo de un momento donde, además, siente que aportó con el esfuerzo que hacía un grupo de vecinos al mejoramiento de su entorno. Pero -según sus palabrashay otra evocación que lo supera: “La de mis hijos jugando en el barrio, porque haberlos visto crecer ahí es lejos el recuerdo más lindo”.

“Teníamos mucho acercamiento con la comunidad por medio del deporte”

LOS AÑOS EN SALADILLO Este largo recorrido por la compañía lo hacen conocedor de todas las etapas de la empresa y recuerda con cariño los años viviendo en el campamento de Saladillo, una ciudadela con tantos o más servicios de los que había en el centro de Los Andes. “Estaba el colegio, además de la escuela para los gringos y, aunque las zonas estaban divididas según los roles, la plaza, la cancha, el supermercado, la plazuela y todos los espacios eran comunes y ahí nos encontrábamos todos. El supermercado era el gran paseo del día, porque, en esos años, nosotros ya teníamos uno como los modernos que

mucho acercamiento con la comunidad por medio del deporte”, comenta. Era talentoso. Tanto así, que jugó hasta los 50 años y, tiempo después, se le abriría la posibilidad de gozar de esta disciplina como dirigente, dando algunas de las alegrías deportivas más importantes a Los Andes. “Tuve la suerte de que me invitó don Patricio Cornejo, el sostenedor del Liceo Mixto, a formar parte de la directiva del club profesional que se creó y que participó en la mejor competencia de basquetbol chileno que ha existido: la DIMAYOR”, cuenta, recordando todo lo que vivió en el club fundado el año 2000. “Fue hermoso, porque pude vivir todos lo logros, cuando llegamos a cuatro finales seguidas y fuimos campeones en tres de ellas. Luego el club volvería a ganar”, destaca. Él era el secretario del club, en la directiva presidida por Giovanni de Paoli; César Contreras, como vicepresidente; y Jorge Torres, como tesorero. Pero su participación como dirigente la sumaba a la de espectador de los partidos, a los cuales asistía con su esposa e hijos. “Mi esposa, desde que me conoció, se


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“Valoro trabajar con las familias andinas y transmitir lo aprendido en la vida” Patricio González Larraín

Supervisor de Gestión Gerencia Minas Catequista y ex coordinador parroquial Ex tesorero Junta de Vecinos de la villa Sor Teresa de Los Andes Para el andino Patricio González Larraín, la búsqueda de su vida ha sido encontrar la felicidad. No solo para él, sino para toda su familia. Nacido en Santiago, a los tres años arribó a Los Andes y sus primeros años de infancia están llenos de gratos recuerdos. Llegó a vivir con sus padres a calle Membrillar y, junto a sus amigos, jugaba en la Plaza de Armas. La mayoría de las veces a la pelota. Otras, siguiendo a los carros victoria. “Hoy uno ve a la juventud y está en otra sintonía y me preocupa un poco eso”, comenta Patricio, al comparar los juegos de aquella época con los de hoy. Completó su educación primaria en la Escuela América N°1 de Los Andes -actual Liceo Politécnico América. Por recomendación de su profesor jefe, postuló a la Escuela Industrial de San Felipe. Le dijo que le “faltaban” habilidades para los números y la administración. La forma de ingresar a este establecimiento era a través de una prueba de admisión. Pero Patricio se quedó dormido, perdió el autobús y la ilusión de ingresar al establecimiento. Sin embargo, igual salió y llegó una hora más tarde. El profesor le dijo que no podía ingresar y, luego de algunas gestiones, pudo rendir el examen. Para sorpresa del supervisor, fue el primero en terminar. Esa tarde se entregaban los resultados y Patricio obtuvo la mejor nota. “Pero no podía ni lijar un palo y nunca pude hacer un perno en los talleres de forja. Fue un suplicio”, confiesa.

Ante esta desilusión, se matriculó en el Instituto Comercial de Los Andes, donde estudió para ser agente viajante. En eso trabajó tres meses antes de ingresar a la UTEM, a la carrera de Ingeniería en Industrias Textiles. Confiesa que aún no sabe por qué. INGRESO AL MUNDO LABORAL Debido a la gran cantidad de paros y movilizaciones, Patricio abandonó la carrera y estuvo un tiempo sin actividad en Los Andes. Pero a los 19 años recibió una oferta que cambiaría su vida: convertirse en profesor. Comenzó en la Escuela La Florida de San Esteban y descubrió que enseñar era su vocación. Realizó varios perfeccionamientos, que le valieron regresar a

mecánica. Como docente ganaba 17 mil 500 escudos (350 mil pesos) y por el reemplazo le ofrecían 49 mil (700 mil pesos). No lo pensó dos veces y aceptó. El titular del cargo había renunciado, por lo que le ofrecieron el puesto. Optó por quedarse, porque estaba casado y tenía una familia que mantener. Su esposa, Elena Ríos, siempre apoyó sus decisiones y, por lo mismo, él la define como su compañera más fiel, tras 44 años de matrimonio, cuatro hijos y seis nietos. LLEGADA A CODELCO Llegó a ser el administrador del casino de Cormecánica. Pero, debido a problemas durante el Golpe Militar, tuvo que dejar su cargo luego de cinco años y buscar otro

“Ser dirigente vecinal ha sido de las cosas más importante para mí” la Escuela América. “Uno de mis desafíos fue tomar a niños de Segundo Básico que no sabían leer, escribir, ni sumar. Me di cuenta que les encantaba jugar a la pelota, por lo que los motivé por ese lado. De los 32 alumnos, 30 leyeron; y, de esos 30, 24 sumaron y restaron, cosa que no habían hecho nunca”, dijo Patricio. Sin embargo, su vida volvería a dar un giro. Durante las vacaciones, recibió una invitación para hacer un reemplazo como bodeguero en Cor-

trabajo. Fue vendedor por cuatro años, época define como “la más difícil de mi vida”. Recibió la oportunidad de administrar el Autoservicio de Maipú en San Felipe por cuatro meses, hasta una solicitud de trabajo en Codelco fue respondida, en septiembre de 1979. En 1980, le notificaron que había sido contratado. Su primer día de trabajo fue el 5 de agosto de ese año, en la mina, como secretario técnico de Ingeniería. Pero le volvió a pasar

lo mismo que al postular al liceo: se quedó dormido. Corrió hasta calle General del Canto para tomar un colectivo a Rio Colorado; tomó otro colectivo a Saladillo y llegó a la barrera principal a las 8, mismo horario en que debía estar en el hall. Sin pensarlo corrió 5 kilómetros hasta el nuevo ingreso y una camioneta que iba en su misma dirección lo llevó. Llegó a las 9. “Mi jefe estaba esperando ‘al nuevo’ que venía atrasado. Me presenté, me miró y me dijo: usted no me sirve así. Le dije: ‘Me quedé dormido’ y él me respondió que de ahí en adelante nunca más me quedaría dormido. Nunca más me he quedado dormido, en 37 años en Codelco”, cuenta Patricio. En 1995, se convirtió en Coordinador de Contratos, hasta que finalmente se transformó en Supervisor de Gestión, función que cumple hasta hoy y probablemente mantenga hasta el próximo año, cuando espera jubilar. “Llegué a trabajar en la minería sin saber nada. Pero con el tiempo pude aprender todo sobre este negocio. Incluso estudié Técnico en Administración de Empresas con Mención en Finanzas, en 1999”, agrega. DIRIGINTE SOCIAL Y TRABAJO RELIGIOSO En estas casi cuatro décadas en Andina, su vida no solo ha sido trabajo. En su historia hay tres ramas de labor social: sindical, vecinal y religiosa. En el primer apartado, destaca haber sido un socio activo del Sin-

dicato Unificado de Trabajadores (SUT), donde aportó en el avance de la Ley de Trabajo Pesado. En el tema vecinal, fue tesorero de la junta de vecinos de la villa Sor Teresa, donde reside actualmente, logrando gestionar diversos proyectos para su comunidad. Entre ellos, una cancha de baby fútbol y la iluminación de la plazoleta del barrio. “Por seis años me desempeñé como tesorero. Hasta conseguimos una sede. Después opté por retirarme para dar llegada a gente nueva, pero sin duda ser dirigente vecinal ha sido de las cosas más importante para mí”, comparte. En materia religiosa, se desempeñó en la parroquia Nuestra Señora de Fátima de Centenario. Ahí, su labor ha sido clave en la formación de familias, pues ha estado a cargo de charlas bautismales, primera comunión, y la preparación de las parejas que van a casarse, entre otras funciones. Incluso, fue coordinador general de la parroquia, y ahora cumple con el rol de catequista en la Parroquia de Plaza Vieja. “Pude participar activamente en las citaciones que hacía la diócesis de San Felipe, acudiendo a distintas partes para cumplir con las misiones encomendadas. Cuando mis hijos crecieron me comencé a alejar, ya que no me quedaba tiempo. Pero iba a misa a la Parroquia Santa Rosa y donde me tomaron para ser catequista para padres en Plaza Vieja, donde continúo actualmente, ya que valoro trabajar con las familias y transmitir lo aprendido en la vida”, señala, contento.


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