La impactante llegada del primer tren a Quillota
El siguiente texto es un adelanto del Tomo 3, “Historia General de Quillota, 1840-1863”, que está escribiendo el historiador Roberto Silva Bijit y que lanzará en abril del próximo año
Dice Benjamín Vicuña Mackenna: “La vía férrea que dejamos inaugurada hasta Limache en la Pascua de 1856, fue detenida todavía seis años por el fatal túnel de San Pedro, que comenzado en junio de 1855, no dio paso al tráfico hasta septiembre de 1861. Pero mediante un ferrocarril provisorio, manejado por bueyes una veces, a vapor otras, se hacía la ascensión y descenso del portezuelo, desde junio de 1857 en que llegó la primera locomotora a la población”. (De “Valparaíso a Santiago”, pág. 318).
Efectivamente, el viernes 15 de mayo de 1857 los ingenieros, el secretario de la empresa, los contratistas y otros pasajeros, salieron en el primer tren desde Valparaíso, en un carro especial, y recorrieron toda la distancia del Puerto hasta la alameda (actual calle Condell) de Quillota en dos horas y media.
Claro que el cruce de la cuesta San Pedro se hizo con la fuerza de bueyes que tiraron el carro especial que conducía a los pasajeros, quedando la máquina que los había traído al otro lado del túnel; una vez al otro lado, la locomotora Vencedora les sirvió para llegar a la ciudad.
En el Hotel París, propiedad del señor Colombert, se
preparó una mesa de ambigú (bufét, una mesa donde se pone la comida para que cada cual saque lo que guste), a la cual asistieron los viajeros y las autoridades civiles y eclesiásticas de Quillota. El gobernador Simpson no pudo asistir por encontrarse enfermo.
En la ocasión se propusieron varios brindis a la salud del Presidente, al feliz éxito de la línea hasta Santiago, a los ingenieros, contratistas y demás cooperadores y a la pronta conclusión de toda la línea.
En la ocasión, las autoridades municipales prometieron dar un baile en Quillota para celebrar la llegada del primer tren ordinario de pasajeros a la ciudad.
Los viajeros regresaron después a la alameda, donde los esperaba el tren, se despidieron de quienes los habían acompañado a celebrar su llegada y salieron de allí a las cuatro y media de la tarde de regreso para Valparaíso, donde llegaron a 18:45, habiendo hecho el viaje en dos horas y cuarto.
IR EN TREN A QUILLOTA, PERO CRUZANDO LA CUESTA DE SAN PEDRO A PIE
El primer tren con pasajeros en recorrido normal llegó oficialmente a Quillota el jue-
ves 11 de junio de 1857, ocasión que se aprovechó para dar por inaugurado ese tramo de la línea.
La línea férrea entró a Quillota por su alameda, la cual con esto perdió mucho de la característica de paseo público que tenía.
Como aún no estaba abierto el túnel San Pedro, la empresa no esperaba hacer llegar aún los carros con pasajeros a Quillota, pero el público, impaciente por probar la novedad, exigió que se inaugurara la ruta.
La empresa esperaba colocar una máquina que permitiera a los pasajeros hacer el paso de la cuesta con comodidad. Quizá se trataba de una especie de funicular, pero la cosa es que el sistema no llegó a estar listo antes que los impacientes viajeros quisieran probar la novedad del tren.
Un aviso publicado en El Mercurio el día nueve de junio, anunció la salida de los primeros trenes:
“Tráfico de trenes entre Valparaíso y Quillota. Las instancias del público para que se establezcan carros desde San Pedro a Quillota, obliga a la empresa a abrir el tráfico antes de estar colocada la máquina que debe pasar a los pasajeros por el portezuelo, por lo que tendrán estos que bajarse a pie y pasar dicho portezuelo para tomar los carros que habrán al otro lado.
“Desde el jueves 11 del presente sale el tren de Valparaíso a las 9 y cuarto de la mañana y 3 y veinticinco de la tarde.
media de la mañana y 2 y media de la tarde.
“El jueves 11, por ser el primer día, habrá un tren más que saldrá de Valparaíso a las 10 de la mañana y otro a la una y media. Valparaíso, junio 9 de 1857. Carlos Pérez”. (El Mercurio. Junio 12, 1857).
La llegada del primer tren de recorrido normal a Quillota tenía conmocionado a sus habitantes y uno de sus vecinos, bajo el seudónimo de “Un Observador”, envió a El Mercurio una emotiva nota con fecha 10 de junio:
“SS.EE. del Mercurio. Quillota, junio 10 de 1857.
“El día de mañana marcará una época en la existencia del pueblo de Quillota. Mañana será el primer día en que el vapor surcando, majestuosa
las calles de esta ciudad, saludará a sus habitantes, ofreciéndoles la prosperidad y progreso a que tanto aspiran los hijos de este hermoso suelo.
“Cuando el humo de la máquina, meciéndose sobre el horizonte, anuncia la presencia de su poder, nacerá un día enteramente nuevo para Quillota. Por una casual coincidencia concurren en este día el cumple años del Presidente de la República y del digno intendente de la provincia, triple circunstancia para que este inauguración sea celebrada con todo el entusiasmo imaginable”.
“Los vecinos, penetrados altamente de este sentimiento, han enviado a Valparaíso una comisión compuesta por tres sujetos con el fin de invitar al jefe de la provincia y a los empresarios y empleados del ferrocarril a un espléndido banquete costeado popularmente en su obsequio, y el cual se ha preparado en el mismo local en que deba formarse la estación”.

“Sale de Quillota a las 7 y
“Estos antecedentes nos hacen creer que el Sr. Intendente, como representante del Supremo Gobierno, que entra como accionista en tan colosal empresa, dará un paso altamente político aceptando un convite popular, donde lo llama el entusiasmo, y que hasta cierto punto es un deber de su puesto oficial, no desdeñar tan afectuosa demostración, lo cual comprometería el aprecio y estimación que le profesan estos habitantes y
que contribuye a consolidar su bien comentado prestigio”.
“Sírvanse V.V., si les place, insertar en su apreciable diario el contenido de estas líneas, que es el voto unánime de Quillota. De VV. Un Observador”. (El Mercurio, 14 Junio, 1857).
Sobre ese 11 de junio de 1857, dice El Mercurio:
“Estaba ese día la alameda tan concurrida como nunca se había visto todavía en Quillota; parecía que todo el pueblo se había convidado para juntarse y despedirse de su antiguo paseo, entregándolo con el mayor gusto al nuevo poseedor.
“Eran las doce 45 minutos, cuando de repente se oye una descarga cerrada ejecutada por el Batallón Cívico de este departamento, que se encontraba hacia el oriente de la estación; señal que anunciaba avistarse la máquina del ferro-carril: luego el pueblo dio gritos de alegría y todos acudieron a la estación a recibir al nuevo huésped; a su llegada el mismo batallón lo saludó por medio de una descarga cerrada, y luego acompañó a los directores hasta el fin de la alameda, donde se encontraba el banquete que se les había preparado para obsequiarlos”. (El Mercurio de Provincias, 18 Junio, 1857). El banquete de celebración prometido tuvo lugar en la cabecera de la Alameda, en casa de la señora Antonia Tapia, en el mismo lugar donde se construirá la estación. (Con más precisión fue en la actual plaza Los Ceibos). La mesa estaba dispuesta para 70 comensales.


Quiero expresar mis felicitaciones y saludar a cada uno de los habitantes de Quillota en este aniversario. Es un honor servir a esta comunidad, contribuyendo al resguardo de su patrimonio, a la certeza jurídica y al desarrollo de la ciudad.
¡Feliz 308° aniversario, Quillota!
2
Quillota
Lo que más llamaba la atención era una pequeña locomotora colocada en medio de la mesa, sin que haya quedado escrito para la historia de qué material estaba hecha la máquina.
Luego del almuerzo, todos se dirigieron hasta el tren, queriendo los vecinos quillotanos subir a él para acompañar a los directores y empresarios del ferrocarril hasta la alameda de San Isidro. El tren partió de regreso a Valparaíso a los sones de la canción nacional.
A los pocos minutos se llegó a San Isidro, pero al querer bajar la gente de Quillota, se les impidió, retrocediendo el tren para dejarlos nuevamente en la ciudad.
Por otro lado, muy poco concurrida estuvo la procesión de Corpus Christi, que se celebraba ese día, por haberse efectuado entre once y doce de la mañana, hora en que llegaba la locomotora, “y como ésta llamase más la atención, la mayor parte de las beatas y frailes abandonaron la procesión, dirigiéndose a la alameda, donde encontraron al pueblo ya reunido”, publicó El Mercurio.
Pero no todo fue perfecto en el banquete dado por la municipalidad de Quillota a
la llegada del primer tren; a él habían sido convidados, hacía tiempo, los ingenieros y contratistas del ferrocarril, pero al presentarse los contratistas se les prohibió la entrada diciéndoles que el convite era tan solo para los ingenieros, de lo que se originó una acalorada disputa que terminó con la retirada de los contratistas. (El Mercurio. Junio14, 1857).
Quillota
respectivamente, los que volverán de Quilpué el primero a las 11:45 y el segundo a las 13:45. (El Mercurio. Agosto 19, 1857).
SE DUDA POR LA RUTA A SEGUIR
La línea de pasajeros pronto fue aumentada en los días festivos, pues la afluencia de paseantes y curiosos crecía. La empresa informó el 18 de junio que los domingos y festivos, además de los dos trenes que iban a Quillota, se había determinado que otros dos trenes más saldrían de Valparaíso para Quilpué a las once de la mañana y la una de la tarde,
Por fin el tren había llegado a Quillota, pero aún faltaba terminar de perforar el túnel San Pedro y sólo se estaba a un tercio del total del camino a Santiago. El costo de llegar a Quillota fue casi igual del que se requirió luego para llegar desde allí a Santiago, es decir, un valor de $5.196.182 y 91 centavos para un trayecto de 55 kilómetros. Los otros dos tercios de la vía, 129 kilómetros, se construyeron después a cargo de un solo contratista y por sólo seis millones de pesos.


Quillota 3
¿Cómo se fue armando el poblado de Quillota?
Por Roberto Silva Bijit
Al comienzo de los tiempos, Quillota recibe unos paleoindios que venían desde Asia, que habían cruzado desde Siberia a Alaska, atravesando el estrecho de Bering, que estaba transformado en puente gracias al período de glaciación de esa época.
Estamos refiriéndonos a un t iempo cercano a los 40.000 años antes de Cristo. Los que ingresaron a América se fueron derivando por la orilla del océano Pacífico hasta llegar al sur de Chile.
Esos grupos de cazadores recolectores eran los neanderthalenses. Su presencia tiene pocas señas, pero a través de un estudio del tercer molar en poblaciones rurales aisladas se ha podido entender su supervivencia en nuestra zona, donde pudieron haber permanecido hasta cerca del año 10.000, en que se produce un cambio de clima, con la llegada del Holoceno, el período de interglaciaciones que estamos viviendo en la actualidad.
Cuesta seguir la pista de esos primeros pobladores que
llegaron para despertar estas soledades, sin embargo, ya en el año 800 antes de Cristo, encontramos la presencia en Quillota, en la orilla del río Aconcagua, del pueblo picunche, también llamados mapuches del norte. Ellos son los que comienzan a practicar la agricultura y la cerámica, llegando a perfeccionarla alrededor del año 1200 después de Cristo, luego de haber recibido la presencia de comunidades diaguitas en la zona. Los pincunche alcanzan un buen nivel de desarrollo alfarero con su cerámica tipo Aconcagua, que logró esos trinacrios que la caracterizan y diferencias de otros grupos. Son también los tiempos en que conviven con otro pueblo indígena, los changos, que vivían en la costa, recolectando mariscos y cazando peces. Todos ellos de rasgos raciales asiáticos.
Un cambio importante recibió Quillota con la llegada de los incas, alrededor del año 1450, que expandiendo el imperio hacia el sur llegaron hasta nuestro valle, donde instalaron un poderoso mitimae
que mejoró las prácticas agrícolas, trazó canales de regadío y mejoró las especies a plantar y sembrar. Pero su presencia sería muy corta, cerca de 80 años, ya que en 1536 llegaría el primer grupo de españoles encabezados por Diego de Almagro.
Aunque para ser exactos, habría que señalar que el primer occidental en llegar a Quillota fue Gonzalo Calvo de Barrientos, un soldado español que se robó parte del tesoro de Atahualpa y que fue expulsado de las tropas españolas. Se casó con una ñusta o princesa del imperio incaico y se fueron a vivir a al lugar más alejado, donde terminaba el camino del Inca y ese lugar era Quillota. El mayor impacto para las comunidades indígenas fue la llegada de los conquistadores españoles, que venían con disposición para quedarse, fundar villas y mandar en el territorio. Si analizamos la presencia española en Quillota tendremos que señalar primero que después de la llegada de Almagro comienzan a llegar los llamados peninsulares, osea, españoles llegados de
España, los que tendrán sus hijos y nietos y las familias se irán relacionando entre ellas, teniendo matrimonios e hijos que al nacer en suelo chileno se convierten en criollos, pero no por eso dejan de ser españoles en un Reino como el de Chile, donde desde 1536 hasta 1810, (274 años) todo se realizó bajo la tuición y dominio de España, la madre patria.
Quillota fue poblada y después fundada en 1717 por orden del Rey, en un espacio que era habitado por familias españolas que trabajaban con indígenas. No había otro tipo de extranjeros y casi ningún negro proveniente de África.
Después de 1810 los nacidos en Chile comienzan a llamarse chilenos y entonces tendríamos que entender que en nuestra ciudad conviven españoles con chilenos y con indígenas.
La ciudad, con la apertura de los puertos a un comercio libre, comienza a recibir viajeros y familias de distintos países de Europa, los que se afincarán en nuestra villa para iniciar variados proyectos.
Será durante todo el siglo
XIX en que familias de distintas nacionalidades de Europa se irán mezclando con americanos y conformando una unidad étnica que caracterizará a la ciudad.
La primera década del siglo XX marca la llegada de emigrantes italianos, franceses y árabes, principalmente, los que lentamente se irán incorporando a la sociedad quillotana, primero casándose entre ellos y después abriéndose a incorporar chilenos en sus familias.
Ese Quillota, avanzando el siglo, irá incorporando a cientos de nuevas familias que llegarán llamadas por sus parientes para que se instalen en la ciudad con comercios o industrias. Mirando los locales de las calles céntricas era fácil ver el crisol de nacionalidades que se había ido formando con el paso de los años, dando lugar a una ciudad con un comercio muy variado, pero compuesto mayoritariamente por descendientes de familias extranjeras.
El cambio se produjo desde comienzos del siglo XXI, donde la llegada de emigrantes cambió de color por pri-
mera vez, llegando a Quillota haitianos, colombianos y venezolanos descendientes de personas de raza negra, los que se han ido incorporando a la vida de la ciudad.
Hacemos esta diferencia porque ellos junto a sus hijos producirán también un cambio en el color de la piel de muchos niños quillotanos y esto no dicho de manera peyorativa, sino como un nuevo componente racial de Quillota. Junto a ellos llegaron una importante cantidad de familias de aspecto racial blanco, como los europeos, provenientes también de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. Muchos de ellos profesionales con sus títulos universitarios y personas de muy distintos oficios que hoy trabajan en la ciudad como dependientes o como empresarios de sus propios emprendimientos.
Las calles y también las escuelas de Quillota muestran hoy una imagen multirracial, con familias de diversos colores y formas de hablar el mismo castellano de siempre. Quillota seguirá siendo un crisol de distintos grupos de emigrantes.

Quillota
Organización internacional desarrolló proyecto
para rescatar el patrimonio del cementerio municipal
Realizó un minucioso proceso de revisión y digitalización de los antiguos libros del camposanto, logrando resguardar más de 38 mil páginas con registros de distintas épocas
En el corazón del cerro Mayaca, el Cementerio Municipal de Quillota guarda más que nombres y fechas. Sus muros y lápidas conservan la memoria profunda de una ciudad que comenzó a escribir su historia mucho antes de lo que se creía. Y hoy, ese legado vuelve a cobrar vida gracias a un proyecto patrimonial impulsado por la organización internacional Family Search, en colaboración con el municipio y el Museo Histórico Arqueológico de Quillota.
Durante dos años, el equipo de Family Search, institución ligada a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Por Gabriel Abarca Armijo
Últimos Días, realizó un minucioso proceso de revisión y digitalización de los antiguos libros del cementerio, logrando rescatar más de 38 mil páginas patrimoniales con registros de distintas épocas. El trabajo permitió no solo ordenar la información funeraria, sino también detener el deterioro de documentos centenarios y abrir una nueva ventana a la historia local. El resultado es un archivo digital que facilita el acceso a genealogías familiares, aporta a las investigaciones históricas y contribuye al resguardo patrimonial del camposanto. Además, parte del proyecto

ha incluido la restauración y señalización de tumbas y mausoleos con materiales que permiten conservar nombres y epitafios, en un esfuerzo conjunto por preservar la memoria y poner en valor el patrimonio fúnebre de la comuna.
Este impulso reciente coincide con los hallazgos recopilados por Pablo Montero Valenzuela, investigador del Museo Histórico Arqueológico de Quillota, quien ha profundizado en los orígenes del recinto y sus vínculos con la historia
Quillota
nacional. Según Montero, la mayoría de los relatos coinciden en circunscribir su nacimiento a los primeros años de la década de 1830, cuando el gobernador José Agustín Morán impulsó su construcción en cumplimiento del decreto de 1823 que ordenaba levantar cementerios fuera de las ciudades.
Sin embargo, su estudio, disponible en el sitio web del museo (museoquillota.cl), aporta una revelación significativa: el cementerio de Quillo-
ta tendría un origen anterior al Cementerio General de Santiago, tradicionalmente considerado el más antiguo del país. Montero señala que el libro de defunciones del Cementerio Antiguo muestra registros desde 1816, lo que situaría a Quillota como el primer cementerio del Chile republicano. Dichos antecedentes se vinculan con prácticas funerarias heredadas de la época colonial y con las disposiciones reales de 1804 que ordenaban construir cementerios alejados de los templos, aunque en Chile esa medida se aplicó plenamente solo tras la Independencia. El relato histórico describe cómo el gobernador Morán llegó incluso a financiar con su propio dinero la construcción inicial del camposanto, afectado por epidemias como la escarlatina y la viruela. Con el tiempo, el cementerio fue ampliándose -primero en 1850 y luego en 1880- gracias a donaciones de vecinos, entre ellos Manuela Rodríguez, viuda de González Orejan, quien cedió
parte de su terreno para su ensanche. Durante el siglo XIX, la necrópolis se consolidó como un símbolo del desarrollo urbano y de la relación entre la comunidad y sus muertos. La investigación también rescata hitos arquitectónicos perdidos, como la antigua capilla del cementerio, inaugurada en 1870 y destruida tras un temblor en 1930. Desde entonces, el espacio fue transformándose, con nuevas secciones, mausoleos familiares y obras de ampliación que acompañaron el crecimiento de la ciudad. El reciente trabajo de digitalización permite ahora recorrer ese pasado con nuevos ojos. Los registros digitalizados no solo revelan la historia de quienes descansan en el cerro Mayaca, sino también la evolución de las familias quillotanas y su papel en la conformación social de la comuna. A través de cada nombre y fecha, se reconstruye una narrativa colectiva que trasciende lo funerario para transformarse en patrimonio vivo.

En Quillota crían a la Gallina Mapuche que busca ser “Monumento Natural”
Conozca la historia de esta ave única en su especie que hoy despierta el interés de científicos, genetistas y amantes del campo. Uno de ellos es Pablo Valderrama, quien instaló su criadero en La Palma
Fueron los primeros españoles quienes, al llegar a estas tierras, se sorprendieron al ver un ave que ponía huevos azules. Al principio pensaron que se trataba de fauna autóctona, quizá emparentada con el pato, que en algunos casos también produce huevos azulados o verdosos.
Sin embargo, al oír que se llamaba Kollonka -palabra que significa “la falta de algo”- y observar que carecía de cola -a diferencia de las gallinas comunes-, comprendieron que estaban frente a la “Gallina Mapuche”, un animal muy
Por Francisco Bonifaz Reyes
valorado por las comunidades originarias que la criaban desde tiempos inmemoriales.
Con el paso de los años, el campo chileno mantuvo esta especie en relativo olvido, hasta que comenzaron a rescatarse sus distintas variantes. La tradicional Kollonka -que presenta el fenotipo rumpless (sin cola)- convive con la Kollonka con aretes, ambas productoras de huevos verde azulado.
A ellas se suma la Ketro, con plumas en las mejillas y presencia de cola, cuyos huevos van del marrón al verde azulado. Estas características

son resultado de una hibridación natural, mezcla de elementos genéticos y biológicos que le otorgan su particular diversidad.
Hoy, estas variedades viven un nuevo esplendor, luego de décadas en que fueron relegadas por la producción avícola industrial, que privilegió la rentabilidad por sobre la conservación. Mientras las gallinas comerciales pueden
producir más de 300 huevos al año, la Mapuche deposita menos, pero con un valor patrimonial y genético incalculable.
Su belleza, historia y singularidad han despertado el interés de investigadores, académicos, criadores y aficionados, quienes trabajan por su estandarización, difusión y eventual reconocimiento como “Monumento Natural”, al igual que el caballo corralero chileno.
Ese objetivo es impulsado por la Asociación de Criaderos de Gallina Indígena Chilena (Asogich), entidad que “trabaja con pasión para conservar y promover la Gallina Mapuche, una joya autóctona de Chile”, señalan desde la organización.
UN CRIADOR QUILLOTANO
Pablo Valderrama es oriundo del sur, pero ha pasado gran parte de su vida en Quillota. Amante de la cocina y las tradiciones nacionales, es dueño del restaurante La Parrilla, donde rescata los sabores criollos. Y
hace un tiempo instaló un criadero de Gallinas Mapuches. Lejos de la alimentación industrial, sus aves se nutren de verduras y alimentos orgánicos, lo que -según él- “devuelve el sabor de campo a los huevos”. “Nací en Victoria, Región de La Araucanía. Hace dos años fui a una exposición en Olmué. Me gustan los caballos corraleros y, cuando conocí la Gallina Mapuche, supe que era algo nuestro”, comenta Valderrama.
En su criadero se cuida cada etapa del proceso. Una vez que las gallinas ponen los huevos, estos se clasifican por color y peso para su venta o consumo. A su vez, los fecundados se trasladan a incubadoras con condiciones controladas de humedad y temperatura. Así se obtienen polluelos sanos, cuya genética se evalúa con análisis de sangre de sus progenitores, enviados a laboratorios especializados.
Para Pablo, la crianza es una forma de vida: “Hay que enseñar a las nuevas genera-

ciones que nuestra fauna tiene un valor enorme. Tenemos la gallina más rústica del mundo. Cuidarlas es una pasión de lunes a lunes: alimentación, salud, veterinario, cuidados (…) Son como hijas para mí”. Pese a su corta trayectoria, ya obtuvo su primer reconocimiento: tercer lugar en la categoría “Ketro Hembra” en la Segunda Expo Aves Mapuches 2025, realizada en Olmué. Un logro que refuerza su convicción de continuar preservando las tradiciones del campo chileno, desde Quillota y para el mundo.

CFT
PUCV
Sede Quillota
celebra 10 años de compromiso con la comunidad y la educación
Por Gabriel Abarca Armijo
Con una emotiva ceremonia desarrollada el miércoles 29 de octubre, el CFT PUCV Sede Quillota celebró una década de vida institucional, reafirmando su compromiso con la formación técnica de excelencia y con el desarrollo social y productivo de la provincia.
La actividad congregó a autoridades locales, representantes de empresas, funcionarios, docentes y estudiantes, quienes compartieron un hito que refleja el impacto del Centro en la transformación educativa de la región.
La ceremonia fue encabezada por el Rector del CFT PUCV, Paulo Solari Alliende, quien destacó el valor de la educación técnica como motor de cambio: “Hoy renovamos nuestro compromiso, agradeciendo a Dios por permitirnos celebrar estos 10 años de Sede Quillota y a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso por confiar en nuestra institución. Seguiremos entregando lo mejor de nosotros a través de nuestros docentes, funcionarios y estudiantes”.
Por su parte, la Directora de
Sede Quillota, Yanina Salinas Finschi, valoró el camino recorrido junto a la comunidad local.
“Agradecemos la presencia de todas las empresas, entidades públicas y privadas que se han vinculado con nosotros desde nuestros inicios en 2015. Son un gran aporte para nosotros, y esperamos seguir siendo un gran aporte para la comunidad”, señaló. Durante la jornada se destacó el rol del CFT PUCV en el fortalecimiento de la educación técnico-profesional, resaltando el fuerte vínculo con los municipios de Quillota, La Cruz, Los Andes, San Felipe, Catemu, Nogales e Hijuelas.
Quillota Quillota

Actualmente cuenta con 2.500 alumnos matriculados y una oferta académica de 20 carreras en áreas como Salud, Tecnología, Educación Social, Administración, Negocios y Servicios.
A nivel institucional, el CFT PUCV se consolida como líder regional, con 8.316 estudiantes y 11.721 titulados en todo el país, reflejo de un modelo educativo comprometido con la calidad, la inclusión y la empleabilidad. Y uno de los hitos más significativos de este 2025 fue la titulación
Primera fila, de izquierda a derecha: Ricardo Ortiz, presidente de la Cámara de Comercio de Quillota; Michael Marín, vicerrector académico CFT PUCV; Luis Mella, alcalde de Quillota; Yanina Salinas, directora Sede Quillota; Maricel Martínez, consejera regional; Lautaro Correa, consejero regional; Angélica Abrigo, directora Sede Limache; y Mariela Monardes, directora Sede La Calera. Segunda fila, de izquierda a derecha: Ignacio León, vicerrector de Vinculación, Innovación y Emprendimiento CFT PUCV; Jorge Santander, vicerrector de Administración y Finanzas CFT PUCV; Paulo Solari Alliende, Rector CFT PUCV; Andrés Valenzuela, presbitero sacerdote de la Parroquia San Martín de Tours de Quillota; Marta Renard, subsecretaria de Educación; Gary Vilchez, jefe provincial de Educación; Alejandro Villarroel, director Sede Viña del Mar; Hernán Ravest, director (s) de Sede Costa Norte; Hernán Quezada, director Sede La Ligua; y Ricardo Ponce, empresario y dueño de la Sede Quillota.
de Martín Fredes y Matías Carrasco, primera generación de Técnicos de Nivel Superior en Computación e Informática que se comunican mediante lengua de señas, marcando un precedente en la educación superior inclusiva.
La sede ha establecido más de 170 convenios con organizaciones públicas y privadas,
generando oportunidades de prácticas, empleabilidad y vinculación con el entorno. También ha impulsado iniciativas como el Taller Experimental Agrícola, creado a partir de la adquisición de media hectárea del Campus Experimental de la Facultad de Agronomía de la PUCV, que funciona como espacio de investigación y formación aplicada.
El aporte comunitario de la sede se refleja además en programas como Ocúpate, del Centro Académico de Orientación Social y Comunitaria, desde donde estudiantes de Trabajo Social desarrollan acciones socioeducativas y de apoyo a vecinos de Quillota y comunas aledañas. Asimismo, la institución ha brindado apoyo a más de 1.500 emprendedores,
fortaleciendo el tejido productivo local y regional. Durante la ceremonia, se reconoció la trayectoria de docentes y funcionarios que han acompañado este proceso desde sus inicios, como Paulina Bernal, Jorge Carcey, Patricio Quezada y Antonio Aguilera, además de un homenaje a estudiantes que representan los valores de la institución. Desde la institución valoraron especialmente la Acreditación Avanzada alcanzada por el CFT PUCV, que ratifica su compromiso con la calidad y el aseguramiento continuo de los procesos formativos. Y mirando hacia el futuro, se proyectan nuevos desafíos: consolidar la inserción del CFT PUCV en la comuna, fortalecer la relación con la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y abrir el campus a la comunidad como espacio cultural y educativo. Con una década de historia, la Sede Quillota se ha consolidado como un referente de educación técnico-profesional, inclusión y compromiso social, reflejando el espíritu transformador que inspira al CFT PUCV en cada una de sus sedes.

Ex arquero canario encontró una nueva vida en Australia
José Ignacio Lártiga sigue a la distancia la suerte de San Luis, mientras sueña con consolidarse en el extranjero
A los nueve años, José Ignacio Lártiga Olivares se puso los guantes por casualidad. El arquero del equipo faltó, y como era el más grande del grupo lo mandaron a cubrir dicha posición. “Y de ahí no salí más”, recuerda entre risas desde Adelaide, Australia, donde vive actualmente. Y lo que partió como una improvisación infantil terminó marcando su vida, tanto dentro como fuera de la cancha.
Nacido en Quillota, José Ignacio pasó sus primeros años entre Lo Garzo y la población
Aconcagua Sur, donde creció rodeado de amigos, fútbol y el fervor por San Luis. “Mis abuelos fueron fundamentales. Eran hinchas acérrimos del club y fueron los que me metieron el amor por la pelota”, cuenta.
A los diez años ya jugaba en el Club Nacional de su ba-
Por Juan Pablo Rojas Ahumada
rrio y poco después llegó a San Luis gracias a Víctor “Pititore” Cabrera, quien era un conocido de su abuelo. Ingresó como lateral izquierdo, pero el destino tenía otros planes: “Un día el arquero no llegó y me pusieron a mí. Desde ese día nunca más salí del arco”, dijo.
EL CARÁCTER QUE FORJA UN ARQUERO
Su paso por las divisiones inferiores de San Luis no fue fácil. “Los primeros años fueron horribles. No había entrenadores de arqueros, todo era pelotazo. Aprendí mucho solo, con personalidad, porque era medio loco”, dice. Ese temperamento -el mismo que define a muchos guardametas- lo llevó a destacar.
A los 13 años fue citado a la selección chilena sub 14, iniciando un proceso que lo mantuvo varios años en las con-
vocatorias nacionales, incluso antes del Mundial Sub 17 de Chile. “Tuve como cien nominaciones, viajé harto. Jugamos la Copa Nike en Inglaterra. Fue una tremenda experiencia”, comenta.
Su despegue coincidió con una etapa de crecimiento en San Luis. A los 13 ya entrenaba con el primer equipo y, a pesar de su juventud, no se achicaba ante nadie. “Siempre tuve personalidad fuerte. Si el capitán me gritaba, yo lo encaraba. Me trataban de rebelde”, admite.
Con Miguel Ramírez en la banca vivió su mejor etapa: “Me dio confianza, me dijo que dependía de mí. Y ahí no bajé más del primer equipo”. También recuerda con cariño a técnicos como Osvaldo Cataldo y Fernando Guajardo, quienes -dice- “sabían llevar al jugador, no solo entrenarlo”.
LA OTRA CARA DEL FÚTBOL
Pero la carrera de un futbolista joven no siempre sigue la línea soñada. Después de varios años en el club, una lesión y los cambios en la dirigencia marcaron su salida. “Tuve
muy malas experiencias con los empresarios argentinos que estaban a cargo. Muchos compañeros se fueron sin un peso”, relata.
Aún bajo contrato, San Luis le ofreció un “permiso con goce de sueldo”, pero sin dejarlo entrenar. “No me daban ropa, era como si no existiera. Firmé ese papel y después finiquité”. En 2022 se fue a jugar a Linares,

donde recuperó la confianza, pero el desgaste emocional ya era profundo. El cambio llegó desde el otro lado del mundo. “Mi mejor amigo vivía en Australia y me dijo que me fuera para allá. Me vine sin saber inglés, fue un todo o nada”, recuerda. Se inscribió en un curso de idioma para obtener visa y, mientras estudiaba, buscó equipo.
“En una semana ya me estaban pidiendo el transfer. Ascendimos ese mismo año. Después jugué dos temporadas en Vipers, en la liga NPL del sur de Australia”, relata. Sin embargo, una nueva regla de la federación australiana -que prohibió a los arqueros extranjeros jugar profesionalmentevolvió a cambiar su destino. “Tuve que bajar a un club de tercera, los Pitbulls, fundado por chilenos. Pero ahora parece que van a eliminar la regla y podría volver a jugar arriba”.
UN NUEVO PARTIDO EN LA VIDA
Instalado en Adelaide, José Ignacio divide su tiempo entre el trabajo, el estudio y el fútbol. “Aquí no se puede vi-
vir solo del deporte, la vida es cara. Pero también hay tiempo para todo: trabajar, entrenar, ir al gimnasio, estudiar. Eso no pasa en Chile”, dice. Pese a los kilómetros de distancia, su corazón sigue en Quillota. “San Luis es parte de mi vida. No veo todos los partidos, pero sigo al club, veo los resúmenes. Mis abuelos siguen siendo hinchas y yo igual”. Su historia es la de muchos jóvenes que persiguen un sueño que, aunque cambie de forma, nunca se apaga.
El joven quillotano también se dio el tiempo de dejar un mensaje para los que vienen detrás: “Luchen por sus sueños. No se rindan. Yo no aproveché las oportunidades cuando chico, y eso me marcó. Pero todo llega cuando tiene que llegar. Hay que ser perseverante y estar listo cuando la oportunidad aparezca”.
Desde Adelaide, José Ignacio Lártiga sigue jugando su partido más importante: el de la vida, lejos de casa, pero con la misma pasión con la que un día, en una cancha de Quillota, se puso los guantes por primera vez.

Quillota
Luis Mella: “Un alcalde no puede ser solo un administrador, debe ser un gestor de sueños”
El jefe comunal reflexiona sobre sus experiencias en la gestión de emblemáticos proyectos
Por Gabriel Abarca Armijo
Para Luis Mella Gajardo, la gestión no es una tarea administrativa: es una forma de entender la vocación pública, transformando los sueños colectivos en realidades tangibles. Esa convicción -dice- ha guiado casi tres
décadas de servicio y explica por qué Quillota cambió tanto durante su liderazgo. “Un alcalde debe tener claro qué quiere y hacia dónde va”, reflexiona. “Escuchar a la gente, reconocer los problemas y soñar


en grande. Si uno no se atreve a pensar en grande, nunca pasará de la idea al proyecto”. En su voz hay experiencia más que teoría: la gestión, insiste, nace de la calle, de la observación y de la fe en que incluso lo que parece imposible puede lograrse.
Así comenzó el camino que convirtió a Quillota en una ciudad distinta. Su relato sobre el cambio de la línea férrea, la creación de la avenida Condell y la apertura de una nueva zona de desarrollo urbano se ha transformado en una verdadera lección de gestión pública.
LAS BATALLAS DE UNA CIUDAD
El primer gran obstáculo de aquel proyecto llegó en una oficina de Santiago, frente al gerente de EFE. “Le presenté la propuesta y me respondió que no era un problema de ellos, que ese era un tema urbano, no ferroviario”, rememora. Pero fue precisamente en esa negativa donde Mella descubrió una clave que marcaría toda su carrera: la gestión requiere transformar los no en oportunidades.
Mientras regresaba a Quillota, pensó en lo que el gerente había dicho: Ferrocarriles debía hacer negocios. Entonces reformuló la propuesta. En lugar de insistir con el proyecto urbano, volvió a Santiago con una idea distinta: “Le propusimos un negocio. Si cambiaban la línea, quedaban cuatro hectáreas disponibles en pleno centro. Eso podía generar recursos. Cuando se dio cuenta de eso, la conversación cambió”. Esa perseverancia fue el punto de inflexión. Con la alianza de EFE, el Ministerio de Vivienda
Quillota

y Urbanismo y el Gobierno Regional, el proyecto tomó forma. Mella recuerda las horas de conversación con intendentes, ministros y parlamentarios. Ignacio Walker, por ejemplo, fue un apoyo clave para abrir puertas en Santiago. “Para lograr grandes cosas -dice- hay que llegar a los que deciden, pero también saber conectar con ellos”.
La gestión, agrega, es también un ejercicio de fe. Fe en el equipo, en la gente, y en que nada es imposible. “Si me cierran una puerta, busco otra. Si no hay camino, lo invento. Eso es gestionar”, resume. Esa filosofía fue la que permitió concretar obras emblemáticas que hoy definen el rostro de la ciudad.
Pero el aprendizaje no terminó ahí. Con el estadio Lucio
Fariña Fernández, por ejemplo, la historia se repitió. “Nos dijeron que el proyecto no se haría porque Quillota no sería sede del Mundial femenino. Era más fácil rendirse, pero no lo hicimos”, cuenta.
Con apoyo político transversal y una dosis de insistencia, el sueño volvió a tomar fuerza. De hecho, Mella aún recuerda el día en que la presidenta Michelle Bachelet, en plena visita a la ciudad, anunció públicamente: “He decidido que el Estadio Bicentenario de la Quinta Región será el Lucio Fariña”.
EL LEGADO DE LA PERSEVERANCIA
Hablar de gestión, dice el alcalde, es hablar de resiliencia y convicción. Cada obstáculo,

cada negativa, se transforma en un desafío que obliga a repensar estrategias. Lo vivió con el parque industrial que soñó en los noventa, con el Hospital Biprovincial y más recientemente con la comisaría que lleva años pendiente.
“Gestión significa tocar todas las puertas necesarias. Hablar con parlamentarios, ministros, directores, buscar aliados. Y cuando algo afecta a Quillota, me importa, aunque no sea competencia directa del municipio”.
Para Mella, esa es una regla de oro: todo lo que ocurra en la comuna debe importar al alcalde. “Si algo no depende de mí, busco a quien sí puede resolverlo. Eso también es gestión”, enfatiza.
“En cada proyecto trato de conectar con la emoción del que decide. Si logro llegar al corazón, sé que tengo tres cuartos del camino recorrido”, confiesa. “No basta con decir ‘soy el alcalde y quiero esto’. Hay que mostrar para qué sirve, cómo mejora la vida de las personas. Las autoridades también son seres humanos, y cuando sienten que una causa es justa, se comprometen”.
Ese mismo principio aplicó recientemente cuando logró presentar al presidente Gabriel Boric el proyecto del Centro Geriátrico. La visita presidencial no tenía relación con ese tema, pero el equipo municipal supo aprovechar la oportunidad.
“Cuando tuve la palabra, hablé del valor de la salud mental y lo uní con el proyecto. Al final, el presidente se levantó, me dio la mano y me dijo: ‘Muy buen discurso, alcalde. Todos mis respetos para usted’. Supe que el mensaje había llegado”.
En su relato, las anécdotas se entrelazan con una enseñanza constante: la gestión no se improvisa, se prepara. Implica saber cuándo insistir, cuándo esperar y cómo convertir cada oportunidad en una puerta abierta. “No tengo un teléfono directo con los presidentes, como dicen algunos. Lo que tengo es perseverancia. Y eso, en gestión, vale más que cualquier contacto”.
Hoy, mientras continúa impulsando nuevos proyectos y enfrentando desafíos, Mella sostiene que la clave sigue siendo la misma: escuchar, soñar, proyectar y actuar con convicción. Porque, como repite con la serenidad de quien ha visto cambiar su ciudad con sus propios ojos, “un alcalde no puede ser solo un administrador: debe ser un gestor de sueños, capaz de convertir la esperanza en progreso”.