Imágenes y otros textos Pina Juárez Frausto
Ciudad de México, 10 de octubre de 2019
Imágenes y otros textos Pina Juárez Frausto
Ciudad de México, 10 de octubre de 2019
Imรกgenes y otros textos
Esta reunión de textos de juventud celebra a Pina en su 99 aniversario. Tan presente hoy como todos los años que viva en nuestra memoria.
Agradecimientos a Enrique Velázquez por estar junto a mí a Manuel Velázquez González Durán por su pura presencia, su apoyo y entusiasmo a Elena Gaudiešiūtė, siempre con nosotros a Cristina Margain González Durán por su complicidad y talento a Luis Chumacero González Durán por su apoyo, su texto, sus precisiones y consejos a Gabriela Silva Ibargüen y Mariana López Durand por su profesionalismo, su apoyo y su texto sobre Rueca a Silvia González de León por ser la memoria de tantos recuerdos entrañables a Ernesto Ramírez del FCE por los archivos de la revistas electrónicas Tierra Nueva y Rueca y su paciencia a María Eugenia Aguilar del FCE por su solidaridad y escaneo de textos Edición y coordinación Laura González Durán Juárez Diseño y formación Cristina Margain González Durán Escaneo, fotocopiado y encuadernación Corposec Flip Book Carlos A. Orenda © Pina Juárez Frausto
Índice
Conversación con Pina (fragmentos) Luis Chumacero González Durán
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Rueca (1941-1952): editar como un medio de expresión Gabriela Silva Ibargüen y Mariana López Durand
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Imágenes y otros textos El libro del Arcipreste de Talavera y la vida coetána [Separata del tomo Trabajos de Historia Filosófica, Literaria y Artística del Cristianismo y la Edad Media], El Colegio de México, 1942 —Tesina
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Tierra Nueva, núm. 1 Enero-febrero, 1940, pp.31-33 [49-51] Imágenes Faro Ráfagas Riscos Margarita Vitral —Poesía
59
Tierra Nueva, núm. 2 Marzo-abril, 1940, pp.121-122 [159-160] Sobre Prosas de Justo Sierra, prólogo y selección de Antonio caso, Biblioteca del Estudiante Universitario, UNAM, 1939 —Reseña
67
Rueca, núm. 2 Primavera, 1942, pp. 32-35 [104-107] Los celos de la tierra —Cuento
69
Rueca, núm. 2 Primavera, 1942, pp. 60-62 [131-132] Sobre La Casa de al lado de Rosamond Lehmann, Editorial Losada —Cuento
78
Rueca, núm. 3 Verano, 1942, pp. 54-58 [200-204] Sobre Ciudad de José María Benítez, Ediciones Porrúa, 1942 —Reseña
81
Rueca, núm. 4 Otoño, 1942, pp. 33-41 [255-263] Virginia Woolf y sus novelas —Ensayo
89
Rueca, núm. 4 Otoño, 1942, pp. 51-54 [273-276] Sobre Algunos caracteres de la cultura española de Karl Vossler, colección Austral, Espasa Calpe, 1942 —Reseña
101
Rueca, núm. 6 Primavera, 1943, pp. 59-63 [427-431] Sobre El luto humano de José Revueltas, Editorial México, 1943 —Reseña
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Recuerdos Portada Filosofía de Maimónides, José Gaos Dedicatoria de José Gaos Invitación
112
Para dejar de ser la Ăşltima hoja del solo ĂĄrbol del mundo, vuelvo hacia ti mi corazĂłn. J.G.D
Los primeros meses de casada me despertaba en las noches con sobresalto, con la sensaciĂłn de haberme ido de pinta. P.J.F.
Conversación con Pina (fragmentos)
Luis Chumacero González Durán
Pina.
Empiezo por escribir tu nombre. Ya veo tu rostro en mi mente, surcado por líneas de risa, tallado por años de preocupación; ya siento tus manos entre las mías, tu piel vieja siempre suave, tu tez morena coloreada por las máculas del tiempo; ya vuelvo a ver tu cabello gris y blanco, blanco y gris, atado en un chongo que por las mañanas te hacías frente al espejo redondo del tocador. Podría hilvanar allí mi infancia: los ojos de un niño posados sobre los cabellos de su abuela. Me quedé con muchos secretos entre nosotros. No porque nos guardásemos secretos, sino porque el tiempo cerró muchas puertas antes de que siquiera pudiéramos tocarlas. No te voy a preguntar dónde has estado. Esa pregunta no tiene sentido, ninguno que yo pudiera comprender todavía. Más bien podría decirte que no has estado, que me has hecho falta. ¿Podríamos hablar con toda franqueza? ¿Tendríamos que vislumbrar las intenciones del otro detrás de los velos del pudor, el decoro y la vergüenza? Yo espero que ya no. Las conversaciones con los muertos pueden prescindir de los miedos de los vivos. Aquí no estás muerta. Aquí no. Te llevo conmigo. ¿Sientes? En cada latido. Te llevo. Ya estás sentada frente a mí, Pina. Estamos en tu recámara. El sol entra a raudales dorados, polvosos, por entre las cortinas cerradas. Yo me jalé una silla para estar sentado frente a ti. Me sonríes y tu mirada es esa verde, es esa aguda, y me desnuda y me cobija en su espejo clemente. Pina. Mi primera palabra también es esa. Significó muchas cosas. Nadie más que conozca se llama así (sólo una bailarina alemana sobre la que alguna vez vi una película que me conmovió). […] Me has hecho falta. ¿Me das tu mano, Pina? Ahí está escrito el tiempo. Todos los objetos que tocaste, todas las camas que tendiste, los mimos que hiciste, los pesos que levantaste. Es una mano que a menudo debe haber anhelado la fuerza de un puño que pudiera imponerse, que pudiera romper el orden de un mundo que te oprimió con su desorden. […] La luz dorada que entraba a raudales ahora es esa tibia de las lámparas sobre tus burós, esa del techo que nunca terminaba de estar del todo encendida. Es la luz de muchas noches que no tienen fecha, que pasaron por el calendario como si formaran parte de una permanencia indeleble
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que ahora ya no existe. Un momento solté tu mano y volteé la vista y ahora no estás más sobre tu sillón. Tu nombre está ahí al umbral de mis labios pero no lo pronuncio de nuevo. Salgo de tu cuarto apagando las luces. Bajo las escaleras por la casa oscura. Abro la puerta del cancel y desciendo hasta el suelo de piedra del patio. El aire de afuera es un poco frío, unas estrellas asoman por el velo de noche y de nubes. Las miro y me fijo en la silueta de Luis Chumacero González Durán un pino que con los años se me hizo más pequeño: ahí me trepaba de niño. Miro una última vez hacia la casa y al volver la vista al frente estoy en esta otra noche, al filo de la alborada. Estoy lejos del punto de origen, más lejos de lo que puede avanzar un caminante porque se interpone todo un océano. Qué pequeñas son las distancias si las supiera el anhelo o la imaginación. Cuando me duerma me llevaré un suspiro de nuestra conversación, el reflejo de tu mirada, el eco de tu nombre. Estaré más firme porque mis raíces bebieron de nuestra tierra y la tierra siempre aguarda cuando nos desprendemos de la costa. parís, 24 de mayo de 2016
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Rueca (1941-1952): editar como un medio de expresión Gabriela Silva Ibargüen Mariana López Durand
Rueca fue fundada y editada en el otoño de 1941 por varias jóvenes universitarias de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Emma Saro, quien venía de una familia de impresores, tuvo la idea de formar una “Sociedad de Literatura” con el fin de crear un órgano de publicación. Comentó esta idea a su compañera de banca, Carmen Toscano, y ambas se dieron a la tarea de encontrar a más estudiantes que estuvieran interesadas en esta propuesta. Uno de sus profesores, Julio Torri, les recomendó integrar al equipo editorial a María Ramona Rey y a Pina Juárez Frausto. Posteriormente, Emma Sánchez Montalvo demostró interés en el proyecto y pidió ser incluida. Por último, invitaron a la poeta y traductora española, Ernestina de Champourcín, para que se sumara a la edición de la revista. Así fue como en un principio se organizaron y se reunieron las fundadoras de Rueca. No obstante, este cuadro editorial fue fluctuante debido a que el proyecto llamó la atención entre las jóvenes de la facultad. Para el segundo número, Emma Sánchez Montalvo dejó la edición, pero se integró María del Carmen Millán. Para cuando la revista ya había editado 6 números, Laura Elena Alemán se unió al equipo. Aunque el grupo de editoras se mantuvo más o menos estable del primer número al 16, para el número 17, Margarita Mendoza López y Margarita Paz Paredes se unieron a la redacción. En el verano de 1948 otro grupo de editoras retoma la revista y crea una segunda época. Este grupo estuvo conformado por Martha Medrano, Helena Beristáin y Lucero Lozano. El último número lo edita sólo Martha Medrano y la revista deja de publicarse después de diciembre de 1951. En un lapso de once años, Rueca publicó 20 números con interrupciones debido, en parte, a los cambios en el cuadro editorial. Sin embargo cabe señalar una constante significativa: sus editoras siempre fueron estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. Esto es relevante porque se trata de una primera generación de mujeres con el impulso de apropiarse de un medio de divulgación literaria dentro de la universidad. Si bien en su momento las editoras no contaban con el prestigio que ellas hubieran deseado, sí revelaron un camino para las futuras escritoras y editoras cercanas a la comunidad universitaria. Como lo mencionó Helena Beristáin, su generación –a diferencia de las anteriores– fue la primera en asistir a la universidad. En sus palabras: “Nosotras fuimos la generación en que las mujeres empezábamos a invadir campos que tradicionalmente eran de los hombres. Nuestras madres no habían soñado con ir a la universidad. A partir de nuestra generación la mujer
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fue parte activa en la vida cultural en México”.1 Más allá de querer colaborar en otras revistas, las editoras de Rueca reconocieron que –mediante la edición– era posible expresarse y dialogar con la comunidad universitaria. Ahora bien, habría que aclarar que una característica de Rueca fue que –a pesar de ser pionera en este sentido– en ninguno de sus números se presentó una nota de las editoras donde expresaran cuáles eran los propósitos de su publicación. Como ya lo ha dicho la investigadora Elena Urrutia, la ausencia de una nota editorial parece un afán de pasar desapercibidas, lo cual se complementa con la manera en la que firmaban las “notas” o reseñas que aparecían al final de cada número, donde sólo se incluían las iniciales de las editoras.2 Sin embargo, más allá de no presentar notas editoriales o firmar las reseñas que escribían, Rueca fue una arena para experimentar con la edición. Nosotras, en estas líneas, proponemos centrar la atención en cuatro características de la edición de Rueca, que demuestran sus esfuerzos por consolidarse en el campo literario mexicano. La revista Tierra Nueva y su cercanía con Rueca Una prueba de que estas estudiantes veían la necesidad de editar, antes que colaborar en otras revistas, se encuentra en su cercanía con Tierra Nueva, revista editada y fundada en 1940 (un año antes que Rueca) por cuatro estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras: Alí Chumacero, José Luis Martínez, Leopoldo Zea y Jorge González Durán, la cual finalizó en 1942. Las fundadoras de Rueca eran cercanas a Tierra Nueva. María Ramona Rey publicó en sus páginas un cuento3 y una reseña sobre Ignacio Manuel Altamirano; María del Carmen Millán escribió una reseña sobre Agustín Yáñez;4 y Pina Juárez Frausto, algunos poemas en prosa, así como reseñas sobre la obra de Justo Sierra y de Efrén Hernández.5 Escribir reseñas no era suficiente para estas jóvenes universitarias. Por eso, en una entrevista, María Ramona Rey afirmó que si en Tierra Nueva se les hubiera permitido participar activamente y considerarla también su obra, Rueca no se hubiera editado. O, al menos, no por ellas pues ya habrían encontrado su propio medio de afirmación y expresión.6 En gran medida, Tierra Nueva fue apoyada por los mismos profesores de la facultad que ayudaron a la creación de Rueca. Por ejemplo: Alfonso Reyes fue responsable de encontrar el título para
1
Helena Beristáin, Entrevista por Luz del Carmen Fentanes Rodríguez, Índices de Rueca, Tesis de Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, México, df, Universidad Nacional Autónoma de México, 1982, p. 144.
2
Elena Urrutia, Rueca: una revista literaria femenina, en Nueve escritoras mexicanas nacidas en la primera mitad del siglo xx, y una revista, México, El Colegio de México/ Instituto Nacional de las Mujeres, 2006, p. 374.
3
María Ramona Rey, “¿Tú das el paso?...”, Tierra Nueva, núm. 2 (marzo-abril, 1940), p. 97.
4
María del Carmen Millán, “Poesía y música”, Tierra Nueva, núms. 9 y 10 (mayo-agosto, 1941), pp. 178-179.
5
Sobre Justo Sierra: Tierra Nueva, núm. 2 (marzo-abril, 1940), pp. 121-122. Sobre Efrén Hernández: “El cuentista de la divagación”, Tierra Nueva, núms. 9 y 10 (mayo-agosto, 1941), pp. 182-183.
6
M. R. Rey, Entrevista por L. del C. Fentanes Rodríguez, op. cit., p. 125.
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ambas revistas y, para consolidar su prestigio, envió varias colaboraciones; Julio Torri, que asesoraba a los editores de Tierra Nueva, como ya mencionamos presentó a Emma Saro y Carmen Toscano con María Ramona Rey y Pina Juárez Frausto; asimismo, José Gaos, otro faro indiscutible de Tierra Nueva y el responsable de que Leopoldo Zea se integrara al equipo editorial de esa revista, era cercano a María Ramona Rey y Pina Juárez, por lo que les ofrecía ayuda para la edición de Rueca. Por esa razón, no debe sorprender que ambas revistas guarden similitudes. Lo más evidente se encuentra en el terreno de lo visual. Julio Prieto, quien trabajaba en la Imprenta Universitaria, preparó todas las viñetas que aparecieron en Tierra Nueva, a la vez que le dio identidad a Rueca al crear el símbolo de la revista: un grabado de una rueca que adorna las cuartas de forros de todos los números; además de que también ilustró la mayoría de las viñetas de la primera de forros de Rueca.7 Por su parte, en el terreno de lo literario, muchos de los colaboradores de Tierra Nueva también se publicaron en Rueca. La lista es abundante, sin embargo, se puede destacar a Alfonso Reyes, Juan Ramón Jiménez, Max Aub y Francisco Giner de los Ríos. Quizás el vínculo más estrecho entre las dos revistas sea que –asumiéndose como publicaciones de los estudiantes universitarios– publicaron a numerosos autores del exilio español, sin declarar explícitamente una postura política. No obstante, Rueca se distinguió notablemente de Tierra Nueva en cuanto que dio cabida y prioridad a las mujeres españolas, como lo prueban las colaboraciones de María Zambrano y Concha Méndez. En este sentido, no puede obviarse el hecho de que Ernestina de Champourcín fuera invitada a editar la revista. Colaboraciones literarias y artísticas En cuanto al resto de sus contenidos, Rueca no fue tan diferente de otras revistas literarias de la época. La calidad literaria era el criterio predominante de selección de las colaboraciones; además de que buscaban un equilibrio entre escritores jóvenes y consagrados. El género que más abundó fue la poesía, pero también publicaron cuentos, fragmentos de novela, ensayos y artículos. Sin embargo, Rueca se distingue del resto porque –además de publicar a autoras mexicanas como a Concha Urquiza, Clementina Díaz y de Ovando, Rosario Castellanos o la dramaturga, Concepción Sada– dio cabida a escritoras de diferentes partes del continente americano y europeo. Esto lo notó la investigadora Lilia Solórzano cuando expresó que la nómina de mujeres poetas se reparte, más o menos, equitativamente entre mexicanas y extranjeras, de las cuales las hay latinoamericanas, estadounidenses y en algunos casos europeas.8 Por ejemplo, algunas colaboradoras destacadas de Rueca fueron: la cubana Isa Caraballo, las chilenas Gabriela Mistral y Stella Corvalán, la salvadoreña Claudia Lars,9 la estadounidense Muriel Rukeyser y la dominicana Carmen Natalia Martínez Bonilla.
7
En los primeros 16 números se trata de creaciones de Julio Prieto; Raúl Anguiano realizó las del 17 y 18; Nicolás Moreno Orduña, la del 19 y, finalmente, la del 20, Leopoldo Méndez.
8
Lilia Solórzano Esqueda, “Las poetas en la revista literaria mexicana Rueca (1941-1952)”, Nueva Revista del Pacífico (Chile), núm. 68, 2018, p. 150.
9
Seudónimo de Margarita del Carmen Brannon Vega.
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Además de las colaboraciones de tipo literario, la revista también incluía reproducciones de obras pictóricas de artistas nacionales y extranjeros, en ocasiones, alusivas a la temática de algunos ensayos o reseñas críticas sobre pintores o exposiciones de pintura. Y si bien era común que se incluyera la obra pictórica de artistas en revistas literarias, como en la misma Tierra Nueva, las editoras de Rueca tuvieron especial cuidado en incorporar reproducciones de obras de artistas mujeres como María Izquierdo, Frida Kahlo, Olga Costa y Florence Arquin. Financiamiento, distribución y diseño Ahora bien, las editoras lograron que Rueca llegara a sus lectores por sus propios medios. Ellas se encargaban de llevar personalmente los ejemplares a las librerías y posteriormente recogían los que no se habían vendido. Para promover la venta de la revista y como otro modo de subsistencia, al principio, las seis editoras acordaron vender cada una diez suscripciones. También mandaron ejemplares de regalo a intelectuales mexicanos y extranjeros, varios de los cuales acusaron de recibido enviando alguna colaboración. Carmen Toscano sugirió hacer un directorio de personas a quienes se daría la revista como obsequio; la lista fue creciendo poco a poco y así la publicación se envió a varios países latinoamericanos, a Estados Unidos y a España. Por su parte, la SEP, la UNAM y más de 40 universidades estadounidenses compraron la suscripción. Asimismo, Carmen Toscano cuenta que sólo en una ocasión tuvieron que comprar el papel para las impresiones, porque se lo regalaban la UNAM, la SEP y la Dirección de Acción Cívica, las cuales se alternaban para ser sus mecenas.10 De igual manera, el esposo de Carmen Toscano, Manuel Moreno Sánchez, orientó a las editoras en el modo de obtener anuncios para pagar las impresiones. Además de vender anuncios a librerías y revistas literarias internacionales, las editoras anunciaban tiendas de telas e hilos, aprovechando el título de su revista y teniendo en mente a un público femenino. Las tareas de edición, corrección, distribución y financiamiento se repartían de manera colectiva, como lo sugirió en una entrevista María Ramona Rey: Aprendimos mucho, porque todo lo ejecutábamos nosotras. [...] seleccionar y pedir las colaboraciones; [...] ir repetidas veces a la imprenta y corregir con cuidado las pruebas […]; contestar la correspondencia y agradecer los libros con alguna nota; hacer las cuentas, los cálculos y distribuir los fondos; escoger las ilustraciones [...]; decidir la composición de los números y recoger las viñetas. Además […] escribir nuestra colaboración y hacer las notas bibliográficas después de leer los libros escogidos. Claro que nuestra revista era trimestral, pero de todas maneras, y aun repartido el trabajo entre algunas integrantes del grupo, era algo arduo.11 Edición de libros y premios Quizás otra razón por la cual la autora comentara que la labor editorial en Rueca era ardua sea porque paralelamente a la edición de la revista, editaron libros autónomos bajo el sello de las
10
Carmen Toscano, Entrevista por L. del C. Fentanes Rodríguez, op. cit., p. 105.
11
M. R. Rey, Entrevista por L. del C. Fentanes Rodríguez, op. cit., pp. 135-136.
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“Ediciones Rueca” y, además, crearon un premio literario que se otorgó en dos ocasiones a escritores mexicanos. Según Carmen Toscano, la razón por la que pudieron emprender estos dos proyectos fue porque contaban con el dinero suficiente para hacerlo;12 y no sería aventurado decir que la posterior falta de recursos les impidió seguir llevando a cabo estas prácticas, gracias a las cuales el nombre de Rueca se involucró más en el campo literario mexicano. Rueca editó nueve libros, todos ellos, de acuerdo con Carmen Toscano, con un fracaso absoluto de distribución y venta en cada caso.13 Por lo tanto, no debe sorprender que el proyecto editorial se descontinuara después de 1947. El sello editorial de Rueca resulta digno de ser mencionado, no sólo porque dieron prioridad a escritoras (de nueve libros, ocho fueron escritos por mujeres), sino porque en la voluntad de crear un sello editorial se revela su necesidad de evaluar y decidir cuáles libros valen la pena ser leídos y cuáles no; en otras palabras, queda al descubierto su avidez por incidir en las decisiones que forman un canon literario. Siguiendo esta misma lógica, tras alcanzar cierta estabilidad económica –además de establecer su sello editorial–, para 1943 las editoras de Rueca instauraron la entrega anual de un premio a la mejor obra literaria, según un jurado formado por un comité de autores reconocidos. El Homenaje de Rueca, también llamado “Premio Rueca”, que consistía en una rueca de plata montada sobre una placa de madera, fue otorgado a Rafael Solana en 1943 por su obra La música por dentro; un año más tarde lo recibió Alí Chumacero por Páramo de sueños y el tercero, que nunca fue entregado, habría sido para la poeta michoacana, Concha Urquiza, pero murió inesperadamente a mediados de 1945. El jurado de los dos cértamenes que sí se llevaron a cabo estuvo compuesto, primero, por Alfonso Reyes, Julio Jiménez Rueda, Octavio G. Barreda, Alí Chumacero y, representando a Rueca, Carmen Toscano; después, en 1944, por Francisco Monterde, Bernardo Ortiz de Montellano, José Luis Martínez, Jorge González Durán y, representando a Rueca, María Ramona Rey. Si bien las mujeres no conformaban gran parte del jurado, ellas eran las responsables de organizar el concurso y juzgar a un autor sin ser convocadas por las figuras del canon, que generalmente eran hombres. Como lo mencionó María Ramona Rey, pronto advirtieron que “la experiencia editorial les había enseñado que también podían “criticar, e inclusive, premiar”.14 No obstante, esto no hubiera sido posible sin contar con los recursos económicos suficientes. En este sentido es interesante la afirmación de María del Carmen Millán durante el discurso de premiación a Rafael Solana: Nuestra revista está colocada en la situación más favorable para organizar esta clase de concursos. Por su índole misma no obedece a las parcialidades y facciones que caracterizan los cenáculos literarios. Su espíritu, en principio, no ha sido del
12
C. Toscano, Entrevista por L. del C. Fentanes Rodríguez, op. cit., p. 122.
13
E. Urrutia, “Rueca: una revista literaria femenina”, op. cit, p. 375.
14
M. R. Rey, Entrevista por L. del C. Fentanes Rodríguez, op. cit., p. 139.
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todo de la tradición que a la mujer le ha tocado en suerte mantener dentro de la literatura: reunir los valores de cada época, impulsar las corrientes literarias y aun darles una orientación.15 Conclusión Para concluir, quisiéramos dejar asentado que Rueca fue una revista que sin duda consolidó un espacio para la edición hecha por mujeres dentro del estrecho campo de la cultura impresa en México. Si bien sus acciones en este espacio no fueron abiertamente contestatarias, lograron subvertir el orden canónico de la edición mediante ciertas estrategias. Primero, al no contentarse con sólo publicar en Tierra Nueva. Gracias a este antecedente, las fundadoras de Rueca fueron capaces de articular un discurso mediante su propia revista. Sabían que colaborar en otras publicaciones no era suficiente para ser tomadas en cuenta. Y, de hecho, gracias a que se mantuvieron cercanas a Tierra Nueva, no como colaboradoras, sino como editoras de su propia revista, Rueca es una de las pocas publicaciones editadas por mujeres que es posible consultar en su totalidad hoy día, ya que José Luis Martínez –uno de los fundadores de Tierra Nueva– la reimprimió en los facsimilares de la serie Revistas Literarias Mexicanas Modernas del Fondo de Cultura Económica. Además de que, por su pasión bibliográfica, este personaje guardó los ejemplares originales que aún se conservan en la Biblioteca de México en la Ciudadela y que se pueden consultar. Otra estrategia que emplearon las editoras de Rueca para abrirse paso en el ámbito editorial universitario fue la inclusión de colaboradoras, tanto escritoras como pintoras, que de otra manera era difícil conocer. El hecho de que no sólo presentaran a mexicanas, sino a extranjeras fue clave, ya que en esta decisión editorial se revela la curiosidad de las editoras por saber qué creaban sus pares en otras latitudes, sin la mediación del ojo masculino. La manera en la que obtuvieron recursos de distintas instituciones también es digna de ser mencionada como una forma de resistencia ante el campo de la edición universitaria. A diferencia de Tierra Nueva, por ejemplo, las editoras no sólo dependieron de la Universidad o de su Imprenta, sino que improvisaron y se organizaron para reunir dinero de otras instituciones, como la SEP o las embajadas mexicanas de distintos países, así como de tiendas de diversa índole. La prueba más clara de su capacidad de administración y manejo de los recursos económicos fue la instauración del Premio y las Ediciones Rueca. Estas dos últimas prácticas pueden ser entedidas como las estrategias más contundentes para consolidarse como un medio editorial de prestigio. Las editoras supieron entender estos recursos como una medida para legitimar su edición y llevarla más lejos que la edición de una revista. Si bien los galardonados en ambas ocasiones fueron hombres y en los dos jurados sólo había una integrante del cuadro editorial de Rueca, el hecho de organizar este Premio trasluce las intenciones de las editoras; es decir, formar parte de las decisiones que instaura el canon. La edición de libros asoma la misma intención: fijar en un formato –menos efímero que el de la revista– la obra de las escritoras
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M. del C. Millán, sin título, Rueca, núm. 11 (verano, 1944), p. 76.
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que de otra manera no encontraban vías para ser publicadas. La paciencia y meticulosidad con la que fue llevada a cabo la labor editorial de Rueca, es un rasgo poco visible para los lectores que sólo hojean las páginas de la revista; no obstante, señalando estas características creemos que es posible ofrecer otra lectura de Rueca, como un medio de expresión a partir de la edición.
Sobre el nombre de Rueca Respecto al título de la revista, Carmen Toscano explicó por qué se eligió la rueca para representar la identidad de su publicación: “La rueca resulta un bello instrumento de poesía y no el instrumento de esclavitud femenina que pudiera suponerse”. La rueca, el instrumento para hilar, simbólicamente se asocia con el paso del tiempo y el acto de esperar, asimismo, se relaciona con la figura de la mujer. En el título de la revista mexicana se esconde esta presencia femenina, que pacientemente es capaz de hilar y tejer su propia historia. Por eso Carmen Toscano hace hincapié en que no se trata de un instrumento de esclavitud, sino de creación. Sin embargo, esa interpretación vino años después de finalizar Rueca. Alfonso Reyes fue el responsable de nombrar la revista. La anécdota de por qué Reyes eligió el título la relató Carmen Toscano de la siguiente manera: El hallazgo del nombre se lo debemos a Alfonso Reyes, al pequeño juguete que había sobre alguno de sus libreros y que Manuelita, su esposa, tomó una vez para sacudir, mientras don Alfonso escribía un poema. ¿Cómo le pondremos a la revista?, habíamos preguntado al Maestro [Reyes]. Y unos días después, alborozado, nos dice el nombre: “Rueca”, y con aquella su gracia inolvidable nos cuenta la anécdota y la salpica de historias.
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Recuerdos
Nota
Los textos de Rueca y Tierra Nueva fueron tomados de los archivos de las revistas escaneadas por el Fondo de Cultura Económica para la edición digital de la Colección Revistas Literarias Mexicanas Modernas publicadas en 2018. Este formato electrónico forma parte del rescate de las revistas literarias aparecidas en México en la primera mitad del siglo XX recuperado por José Luis Martínez hace más de cuatro décadas.
Imágenes y otros textos se terminó de imprimir en Corposec el 10 de octubre de 2019 para recordar a Pina y conmerorar los 99 años de su nacimiento. Se imprimieron 50 ejemplares.