DESIGUALDAD & CLASES SOCIALES Carlos Julio Báez Evertsz República Dominicana, 2024 ISBN: 978-99934-50-18-4 Primera edición: abril 2024 Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Programa República Dominicana (FLACSO-RD) Calle José Joaquin Pérez N°106, Gascue, Santo Domingo, República Dominicana flacso.edu.do | flacso@flacso.org.do
EDICIÓN PUBLICADA COMO PRODUCTO DEL CONVENIO ENTRE FLACSO REPÚBLICA DOMINICANA Y EL PROGRAMA PRESIDENCIAL SUPÉRATE
COORDINACIÓN TÉCNICA DEL CONVENIO:
Carlos De Peña Evertsz (mayo 2022 - julio 2023) DISEÑO DE PORTADA:
Vivian Martínez Hart DIAGRAMACIÓN:
César Steven Toribio | INOA STUDIO IMPRESIÓN:
Amigo del Hogar
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra en formato impreso, multicopiado o digital, sin la autorización escrita del autor y de las instituciones propietarias de la presente edición. IMPRESO Y HECHO EN REPÚBLICA DOMINICANA
| MADE AND PRINTED IN THE DOMINICAN REPUBLIC
Contenido Índice de tablas y figuras
8
Prólogo
11
Prefacio
17
Agradecimientos
21
Introducción
25
1.
La desigualdad social hoy
29
2.
Teorías sociológicas y económicas sobre la desigualdad actual
49
3.
Max Weber: clase, estamentos, partidos
93
4.
El Funcionalismo
113
5.
La teoría de la estratificación social de Parsons
141
6.
Estratificación y desigualdad social: la teoría de Davis y Moore
159
7.
Indicadores funcionalistas de clase social
175
8.
La teoría “superadora” de Dahrendorf
191
9.
La teoría sintética de Lenski
215
10. Convergencia en la concepción de la estructura de clases: Ossowski
233
11. La teoría de las clases sociales de Marx
243
12. La formación de la conciencia de clase
271
13. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: G. Carchedi
299
14. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: Poulantzas
343
15. Críticas a las teorías neomarxistas sobre la nueva pequeña burguesía y la clase obrera
371
16. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: Wright
397
17. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Goldthorpe
423
18. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Giddens
441
19. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Parkin
465
20. Los estudios culturales y la clase social: E. P. Thompson, Stuart Hall y Terry Eagleton
485
21. Culturalismo y análisis de clase: Bourdieu
539
22. El fin de las clases
579
23. Posmarxismo y clases sociales: Laclau y Mouffe
611
24. Posmarxismo y clases sociales: Hardt y Negri
651
25. Conclusiones: las clases en el siglo xxi
689
Referencias Bibliográficas
731
Índice de tablas y de figuras Tablas Tabla 1 La desigualdad total de las rentas (trabajo y capital) en el tiempo y el espacio
65
Tabla 2 Necesidades básicas y concomitantes culturales
120
Tabla 3 Imperativos y concomitantes
121
Tabla 4 vida orgánica y vida social
124
Tabla 5 Medidas seleccionadas de cambio de prestigio 1947-1963, por grupo de ocupación importante Tabla 6 Identificación económica de la burguesía y el proletariado sobre la base de las relaciones de producción Tabla 7 La identificación económica de las clases sociales en el análisis de Carchedi Tabla 8 Prácticas / lucha de clase elaborado por Poulantzas
178
328
340
351
Tabla 9 Criterios de clase en Poulantzas
374
Tabla 10 Combinaciones de criterios para la nueva pequeña burguesía
375
Tabla 11 Criterios para definir a la burguesía y diferenciarla de la pequeña burguesía
381
Tabla 12 Objetos teóricos y niveles de abstracción en el análisis marxista de clase
402
Tabla 13 Ordenes de estratificación a través de los niveles del sistema
599
Tabla 14 Clase media por regiones en porcentaje y en cifras absolutas (millones)
702
figuras
Figura 1 Pirámide de la riqueza global
32
Figura 2 Pirámide de la riqueza global
33
Figura 3 Ritos, usos, costumbres
119
Figura 4 Distribución del privilegio y distribución del poder
221
Figura 5 Diagrama sintético de la teoría general de la estratificación
226
Figura 6 Esquema 1 Capitalismo privado caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital (proceso de trabajo simple) 313 Figura 7 Esquema 2 Capitalismo privado caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital (proceso de trabajo complejo) 313 Figura 8 Esquema 3 Proceso de trabajo en general
313
Figura 9 Esquema 4 La doble naturaleza del trabajo capitalista y la doble función que lleva a cabo como capitalista y como productor
315
Figura 10 Esquema 5
319
Figura 11 Esquema 6
323
Figura 12 Mapas (1) de clases básico de la sociedad capitalista
406
Figura 13 Tipología de las posiciones de clase en la sociedad capitalista avanzada II Mapa de Clases de Wright
412
Figura 14 Distribución de la fuerza de trabajo en EE. UU. y Suecia, utilizando el “Segundo Mapa de Clases” elaborado por Wright
413
Figura 15 Esquemas de clases de Goldthorpe
429
Figura 16 Diamante Estructural
459
Figura 17 Esquema de Clases de Bourdieu
552
Figura 18 Sociedad de clase
601
Figura 19 Sociedad de Estatus-Convencional
604
Prólogo Dra. Josefina Zaiter Psicóloga Social. Profesora de Postgrado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Presidenta del Comité FLACSO República Dominicana.
12
Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
Para la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-FLACSO.República Dominicana, es de gran interés la reedición del libro: Desigualdad Social y Clases Sociales de la autoría de Carlos Julio Báez Evertsz, ya que el mismo enriquece la bibliografía de ciencias sociales dominicana y contribuye de manera significativa a divulgar la producción intelectual acerca del estudio de la realidad social. Este texto representa un valioso aporte al análisis y la reflexión teoría acerca de la producción de conocimiento en las ciencias sociales. Carlos Julio Báez Evertsz es un destacado sociólogo dominicano, con una trayectoria de dedicación al estudio de las características y condiciones de la realidad política y social. Ha ejercido, por años, la docencia en las áreas de sociología, ciencias políticas y comunicación, en universidades dominicanas y españolas destacándose su participación en la Universidad Autónoma de Santo Domingo-UASD; el Instituto Tecnológico de Santo Domingo-INTEC; así como en la Universidad Complutense de Madrid-UCM. Carlos Julio Báez Evertsz ha sabido conjugar el estudio de la teoría sociológica, con una militancia política responsable, a través de la cual ha ejercido una práctica comprometida, en la búsqueda de una sociedad más justa y democrática. En este texto, el Profesor Báez Evertsz, nos presenta un riguroso recorrido analítico por los temas de Desigualdad y Clases Sociales. Dando así sentido, a un extraordinario compendio acerca del pensamiento de las ciencias sociales en torno a la relevancia y el estudio de la desigualdad y las clases sociales. El estudio de la desigualdad social lo realiza en un conjunto de capítulos a través de los cuales va presentando un interesante análisis con el cual aborda la desigualdad social, destacando y reconociendo el sentido que esta tiene para las ciencias sociales. Con el título “La Desigualdad Hoy”, presenta y analiza las teorías sociológicas y económicas que acerca de la desigualdad se han elaborado hasta la actualidad. El abordaje de las clases sociales lo expone de manera detallada y con un análisis riguroso. Presenta los estudios de Max Weber y revisa analíticamente, la teoría funcionalista en torno a la significación de las clases sociales; así como también aborda el conjunto de teorías que van desde la teoría de Parsons, pasando por Davis y Moore, Dahrindorf, Lenski hasta Ossowski ; presentando así , una interesante exposición de estas posiciones teóricas. En el análisis y revisión de la teoría de las clases sociales de Carlos Marx, Báez Everest va a realizar un interesante recorrido acerca de las teorías neomarxistas de Carchedi, Poulantzas y Wright.También estudia y revisa las posiciones de los neoweberianos como Goldthorpe, Giddens y Parkin, así como los estudios culturales de Thompson, Stuart Hall y Terry Eagleton. En su interesante revisión, el autor presenta también, el culturalismo y el análisis de P. Bourdieu ; así como, las posiciones neomarxistas de Laclau y Mouffe, y también las de Hardy y Negri. De esta manera la lectura de este texto aporta una amplia revisión de las principales posiciones teóricas acerca del concepto clases sociales. El autor presenta unas interesantes, y pertinentes conclusiones acerca de la manera en que se considera la temática de las clases sociales en las ciencias sociales, abarcando las posiciones teóricas que se han presentado en lo que va del siglo XXI, con lo cual la obra aporta una visión actualizada.
Prólogo | Dra. Josefina Zaiter
Es importante reconocer que la lectura de este texto dispone al lector a desplegar una mirada crítica hacia los fenómenos sociales ya que la perspectiva crítica es expresada por el autor y está presente en todo el texto. La presencia de una reflexión crítica la valoramos ya que reta a quien lee este texto a agudizar su pensamiento y así hacer posible una reflexión en torno a las problemáticas de la realidad social. Con gran lucidez y dominio de la temática, Carlos Julio Báez Evertsz, lleva al lector a un interesante recorrido acerca del abordaje teórico, del cual han sido objeto la desigualdad y las clases sociales. Con prosa fluida, y maestría didáctica, va exponiendo acerca de los planteamientos, revisiones y críticas que a través de la historia de las ciencias sociales, se han realizado. El autor despliega un análisis crítico, agudo y certero con lo cual aviva el interés hacia lo que significa, y las implicaciones que tiene, el análisis de la realidad social. Luis Martínez Andrade, sociólogo mexicano publica una reseña a la primera edición de este libro en la Revista Rebelión, en la que dice: “…recomendamos la lectura de esta monumental obra puesto que es un finísimo trabajo sobre los diferentes significados de clase social en las principales perspectivas sociológicas. Mientras que los académicos, investigadores y estudiantes de ciencias sociales se beneficiarán de un excelente panorama sobre las discusiones en torno a la clase social y al fenómeno de la desigualdad…”
Carlos Julio Báez Evertsz, al desarrollar el tema de la desigualdad social, enfatiza que la desigualdad social no es algo dado con la naturaleza humana sino que se construye socialmente. De esta manera reta a que la producción de conocimiento en ciencias sociales asuma el propósito de considerarla como una problemática social que requiere respuestas para poder avanzar hacia un modelo de sociedad más justo e igualitario. En tal sentido el autor, de manera categórica, enfatiza lo siguiente: “La desigualdad y la tendencia hacia su incremento es una patología social que debe ser enfrentada de manera decidida, a menos que, por pasividad, inacción, y falta de coraje cívico, estemos dispuestos a ir cada vez más hacia sociedades duales, sin cohesión social y con gobiernos al servicio de la “superclase” plutocrática, que tenderán a adoptar la forma de una “dictatocracia”, aunque esto se haga sobre unos supuestos ideológicos neoliberales, teniendo como base social una ciudadanía pasiva, indiferente a todo lo público y al bien común.” (pág. 50)
Plantea la necesidad de reconocer como un ámbito problemático para las ciencias sociales, la manera en que la desigualdad entre los grupos humanos se manifiesta, así como las implicaciones que tiene para aquellos grupos sociales que están situados en una posición de opresión, de imposibilidad de oportunidades sociales lo cual les impide realizarse como seres humanos en plenitud.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
En este texto el autor nos invita al análisis de la desigualdad reconociendo que, aun cuando el pensamiento democrático tiene entre sus objetivos avanzar hacia la igualdad social: “En nuestras sociedades democráticas hay una tensión entre la idea política de lograr la igualdad, y el hecho de que existe una evidente desigualdad social.” (pág. 50)
Al destacar la importancia que tiene el estudio de la desigualdad social desde las ciencias sociales se nos presentan los planteamientos, que acerca de la desigualdad social, han hecho destacados sociólogos, políticos, economistas y cientistas sociales en la procura de explicarla y hacer propuestas para resolver su problemática, lo que representa un interés en la búsqueda de avanzar hacia cambios sociales que contribuyan a la realización de sociedades menos desiguales. El texto presenta un detallado estudio en torno a las diferentes propuestas que en la historia de las ciencias sociales se han venido exponiendo acerca del tema, abarcando hasta la actualidad. El autor analiza, con gran lucidez y dominio, los diferentes enfoques que para conceptualizar la desigualdad social se han ido presentando; así como las propuestas que desde la política y la socioeconomía se han venido aplicando en diferentes países con el propósito de reducir y superar el problema de la desigualdad social. La obra presta atención a analizar el concepto de clases sociales, el cual ha sido y es de interés para los estudiosos de las ciencias sociales. Con magistral despliegue intelectual se realiza una amplia revisión de los planteamientos que, desde las diferentes corrientes de pensamiento, se han ocupado de su estudio. La relevancia del análisis que presenta Báez Evertsz en este libro y la manera en la que desarrolla sus argumentos, las reconoce el sociólogo Emelio Betances, en la reseña que hace a la primera edición de este libro, para Latin American Perspectives. Emelio Betances se refiere a la pertinencia que tiene el análisis que hace Báez Evertsz del concepto clases sociales , al destacar el hecho de que la mayoría de la población, en las sociedades actuales, se encuentran en condición de explotación y opresión y pondera el análisis hecho por Báez Evertsz , ya que éste es importante para reconocer cómo la desigualdad social es una amenaza en el empeño de construir la democracia en el mundo de hoy . Carlos Julio Báez Evertsz, al revisar el concepto de clase social, se sitúa en Carlos Marx y Max Weber, dos figuras fundamentales de la sociología. La lectura del texto nos posibilita poner en diálogo estas dos corrientes de pensamiento y las diferentes proposiciones que, con nuevos elementos, se han venido realizando a partir de estas. Nos presenta a los Neo-Weberianos y los Neo-Marxistas. De esta manera el texto nos aporta una interesante actualización en torno a las consideraciones del concepto clase social que se han venido haciendo abarcando hasta las primeras décadas del siglo XXI. Al considerar la obra de Carlos Julio Báez Evertsz, y el estudio que en esta se hace del concepto clases sociales, es importante destacar que desde que Carlos Marx, presenta el concepto clase social, y lo aborda, para estudiar el sistema capitalista, la significación que tiene en la lucha política este concepto, se presenta como clave para el análisis de la sociedad.
Prólogo | Dra. Josefina Zaiter
Al revisar los aportes analíticos y teóricos de Carlos Marx, en cuanto al estudio de las clases sociales, el profesor Carlos Julio Báez Evertsz reconoce lo siguiente: “Ciertamente en las sociedades contemporáneas, tanto capitalistas avanzadas como en desarrollo, existen una serie de fenómenos nuevos en la estructura social para cuya comprensión hace falta un desarrollo teórico. Pero para nosotros, a diferencia de los sociólogos estudiados, es en el marxismo y no en la teoría funcionalista, o en pretendidas teorías sintetizadoras o superadoras, que se encuentran los conceptos claves para su desarrollo teórico que permita un análisis concreto de la situación concreta, y a partir de ahí, la comprensión de los procesos de cambio en la estructura de las clases.” (pág. 212)
La amplitud de los planteamientos de Carl Marx, su visión integral e interdisciplinaria de la sociedad, son reconocidos en este texto; ya que Marx procura conjugar el analizar con el hacer, en tal sentido Báez Evertsz plantea que: “Para Marx la cuestión de las clases sociales no se limita a una mera determinación económica, sino que le dio gran importancia a los elementos políticos e ideológicos. En efecto, en Marx la conciencia de clase es un prerrequisito para que la clase pueda alcanzar sus objetivos históricos y, aún más, es necesaria la conciencia y factores políticos para que una clase se constituya verdaderamente como tal y realice una lucha contra otra clase.” (pág. 247)
La lectura de este libro es una fascinante inmersión en el estudio de teorías sociales y las explicaciones acerca de la sociedad ya que esta obra aporta un agudo análisis de las principales teorías que han ido surgiendo en el empeño de explicar la realidad social desde las ciencias sociales. El autor da cierre a su magnífico recorrido teórico y analítico, acerca de la desigualdad y las clases sociales; así como, al significado de las clases sociales en lo que va del siglo XXI, ponderando los intentos, y las posibilidades, de realizar cambios sociales enfatizando lo siguiente: “Lo que nos enseña la historia de las luchas sociales es que lo que hace cien años, e incluso menos, se consideraba por quienes se designaban como pragmáticos, “sueños” o “utopías” irrealizables, han sido realizados y forman parte de nuestro sistema social. De la misma manera, lo que se señala aquí no es una utopía irrealizable sino algo cuya realización dependerá de la capacidad de organizar a gran parte de los agentes sociales que forman el Trabajador Colectivo, para que, de manera proactiva, a través de diversas modalidades de luchas sociales y políticas, se logre construir una democracia igualitaria, un socialismo participativo.” (pág. 724)
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
Coincidimos plenamente con Martínez Andrade cuando expresa que la lectura de la obra es: “Apasionante y ambiciosa a la vez, porque si bien está sustentada sobre una extensa, sólida y rigurosa revisión bibliográfica, la lectura de la misma no es engorrosa, ni críptica…”
Con el texto que nos ofrece Carlos Julio Báez Evertsz en las manos, al leerlo, me permito hacer una gentil invitación a que se dispongan, con interés intelectual, a su lectura. Quien esté interesado en acercarse al estudio de la realidad social y en conocer, y revisar, el conocimiento elaborado por las ciencias sociales acerca de la desigualdad y las clases sociales encuentra en este libro una interesante, enriquecedora y actualizada exposición. Este texto es parte del acervo y la bibliografía dominicana en ciencias sociales. Es una valiosa lectura para académicos, investigadores y estudiosos de las ciencias sociales.
Prefacio
Prefacio
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PREFACIO El libro que dejo a la consideración de los lectores ha sido un producto laborioso fruto de largos años de estudio y reflexión. Comencé a estudiar las clases sociales en la década de los 70 del siglo pasado culminando esa etapa con la presentación de mi tesis doctoral sobre clases sociales en el verano de 1977. Posteriormente, fui profesor universitario de Sociología y Ciencias Políticas, impartiendo cursos y seminarios sobre la teoría de las clases y la estratificación social. En aquél momento el tema estaba en boga, al menos en las universidades, dejando de ser un tema prioritario en la década de los 80 y años siguientes, salvo para un reducido grupo de especialistas. Sin embargo, para mí seguía teniendo interés político y sociológico. No sólo he estudiado durante años las clases y sus conflictos, sino que he estado comprometido con la lucha política social desde mi juventud. Durante los últimos cuatro años y, con las bases puestas en los años 70 y sucesivos, he dedicado miles de horas a la lectura, la reflexión y la escritura para concluir este trabajo. Esto no asegura la excelencia del resultado, tan solo da cuenta de mi esfuerzo personal en tratar de que su contenido pueda ser útil, tanto al estudioso y al estudiante de los asuntos sociales y políticos, como a cualquier persona interesada en comprender la sociedad en que vive, saber por qué estamos en esta situación de desigualdad extrema en el mundo y cuáles son los grupos o agentes sociales que se benefician o perjudican con la misma. Si de la lectura del mismo alguien se ve estimulado, no solo a comprender mejor la sociedad en que vivimos sino también a luchar por cambiarla, entonces creo que mi recompensa por haberlo escrito habrá sido colmada. En su producción he tenido la imprescindible ayuda de los autores citados en cada capítulo sobre cuyos hombros me he subido para concluirlo. Jorge Luis Borges decía que publicaba un libro para no seguir corrigiéndolo perpetuamente. Sus palabras me han convencido. Torrelodones, 8 de marzo, “Día de la mujer trabajadora”, 2016
Agradecimientos
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
AGRADECIMIENTOS Inicio estas palabras, con motivo de la edición por FLACSO-RD de mi libro editado por primera vez en España, Desigualdad y Clases Sociales, puesto en circulación en 2017, con lo que consideró más importante: expresar mi profundo agradecimiento a las personas e instituciones que lo han hecho posible. Para un autor publicar es la manera de que el esfuerzo y tiempo invertido comience a dar sus frutos, ya que es evidente que uno no escribe para sí mismo, sino que siempre se tiene en la imaginación un público objetivo. Para mí era claro que, por las características de este trabajo, el mismo estaba destinado a los estudiantes y estudiosos de las ciencias sociales, en el sentido más amplio posible. Y también a aquellos que intervienen activa y de manera comprometida en la acción social y política, para los cuales los asuntos de los que trato en el libro deben ser esenciales, estén o no de acuerdo con las posiciones que asumo o con las críticas que realizo o expongo. Que FLACSO-RD haya decidido editar este libro asegura no solo su difusión entre los lectores de mi país natal sino que, por la amplia distribución que hacen del libro en formato papel y digital, entre bibliotecas de la Red FLACSO, de universidades de toda América Latina, de América del Norte y de otras instituciones, hace posible que el libro esté disponible a lectores de numerosos países del mundo. Por tanto, como me enseñaron desde mi infancia, que es de bien nacido ser agradecido, doy las gracias a los miembros del Comité FLACSO-RD, a su Presidenta, Dra. Josefina Zaiter, profesora de psicología social y decana de los estudios de doctorado y posgrado en psicología en República Dominicana, quien es la autora del prólogo y quien se ha desvivido porque este libro se publicase. Al vicepresidente, el economista Guarocuya Félix, un prominente alto funcionario del sector económico y amigo desde los tiempos en que se desempeñaba como diplomático en Madrid. Al tesorero, Rafael Emilio Yunén geográfo y experto en estudios de planificación urbana y gestor y exdirector del Centro de Estudios Urbanos y Regionales, además de exdirector del Centro Cultural Eduardo León Jimenes. Al secretario Eric Raful, prominente abogado, especialista en Derecho Penal, Constitucional y Administrativo. A los vocales, todos ellos, personalidades destacadas, el Dr. Pedro Catrain, Senador de la República, abogado y reputado politólogo. El Dr. Wilfredo Lozano, uno de los sociólogos más reconocidos y destacados de la República Dominicana, Director Ejecutivo del Instituto Nacional de Migración y ex Secretario General para Latinoamérica de FLACSO. Don Manuel García Arévalo, empresario, historiador, ex Ministro de Industria y mecenas de investigaciones y publicaciones antropológicas, históricas y sociológicas. Pavel Isa Conde, Ministro de Economía y distinguido funcionario público del sector económico. Y la Dra. Alejandra Liriano, ex directora de FLACSO-RD y prestigiosa politóloga e internacionalista.
agradecimientos
Que éste Comité haya dado su visto bueno para la publicación de este libro me honra, dado su nivel de exigencia y excelencia y, a la vez, me hace deudor de su generosidad con mi trabajo. Muy agradecido. Empero, esta publicación no hubiera sido posible sin el empeño y la capacidad ejecutiva de la directora de FLACSO-RD, la doctora Cheila Valera. Por todo ello doy público testimonio de su espíritu de logro y capacidad negociadora, para la obtención de financiación para la misma. Gracias directora. No puedo concluir mi lista de gratitud a todos aquellos que han hecho posible la edición por FLACSO-RD de este trabajo, al Dr. Carlos Peña Evertsz, quien fue el primero que me solicitó y obtuvo mi aquiescencia para ceder, de manera no venal, los derechos de autor a FLACSO-RD para una primera edición. Al Programa Presidencial Supérate por su apoyo a la publicación de este libro. A Vivian Martínez Hart por su arte y creatividad puesto de manifiesto en la portada. Y a Steven Toribio por su meticuloso trabajo de diagramación. Deseo también expresar mi agradecimiento al Dr. Max Puig, quien en sus clases de sociología recomendó como lectura este libro y a todos aquellos profesores de ciencias políticas y otras disciplinas que lo han hecho. La edición por FLACSO-RD facilita un mayor acceso a este texto en nuestras universidades y en otras instituciones de educación.
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Introducción
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
INTRODUCCIÓN Este libro tiene el propósito de presentar un panorama general de la desigualdad social y las diferentes perspectivas teóricas que la explican, centrada en las clases y la estratificación social, muy especialmente en los diferentes análisis de clases desde Max Weber, Parsons y los funcionalistas, Marx y los marxistas clásicos, los intentos de teorías de síntesis entre marxismo y funcionalismo y de superación de ambas perspectivas. Las teorizaciones que tratan de explicar el surgimiento de una nueva clase media y las teorías neomarxistas y neoweberianas más actuales, así como de los posmodernistas que han decretado la muerte de las clases y los posmarxistas que realizan una crítica de la teoría de Marx y proponen otras interpretaciones del fenómeno de las clases. Como el estudio de las clases ha tenido nuevos enfoques donde se ha dado mucha importancia a las cuestiones de las identidades, hemos entendido que era imprescindible presentar los enfoques más culturalistas que están representados por la llamada escuela inglesa de los estudios culturales y, evidentemente, el enfoque siempre enriquecedor del culturalismo de Pierre Bourdieu. Se ofrece una visión general del campo de estudio de la desigualdad y las clases sociales hasta la actualidad más reciente, que es novedoso, porque, que nosotros sepamos, no hay ningún estudio publicado al momento de finalizarlo (marzo de 2016), que abarque todo el amplio panorama de autores que analizamos. Obviamente, hay aspectos que se tratan en función de los autores escogidos sin centrarnos en un análisis particular de la temática, muy al uso en los manuales de estratificación, como el género, la etnia y la raza, los nacionalismos, y otras identidades. Tratarlos de manera específica hubiera sobrepasado los propósitos que nos fijamos, de manera que más que una laguna del libro ha sido una opción, aunque reconocemos la importancia de estas temáticas y a las mismas nos referimos en algunos de los capítulos. En el último capítulo presentamos una visión general de las clases sociales en los primeros quince años del siglo XXI en las sociedades capitalistas y, exponemos de manera muy resumida, nuestra conclusión sobre las posibilidades materiales para avanzar hacia sociedades que centren su interés principal no en la obtención de lucro y su concentración en una minoría social, sino en las personas, en la colectividad y en la redistribución social del excedente. La realización de esta meta requerirá, previsiblemente, un proceso largo y difícil. Mientras, en la tarea de reducción de la extrema desigualdad social, podrán converger las políticas que sólo buscan humanizar el capitalismo con aquellas cuyo objetivo es superarlo, ya sea mediante una democracia igualitaria o de un socialismo participativo. Aunque hay que ser consciente de la dificultad de todo cambio o transformación, ya que como escribía Maquiavelo en El Principe: “No hay nada más difícil de realizar…que iniciar un nuevo orden de cosas. Pues el reformador tiene enemigos en todos aquellos que sacan provecho del viejo orden, y solo tibios defensores en todos aquellos que sacarían provecho del nuevo orden; esta tibieza surge en parte del temor a sus adversarios, quienes tienen las leyes a su favor, y en parte a la
IntroduccióN
incredulidad de los hombres, que no creen realmente en nada hasta que no hayan tenido experiencia real de ello”.
Sin embargo, no hay que caer en el escepticismo. La dinámica del cambio social se puede obstaculizar y paralizar durante un tiempo, pero es inevitable, si las fuerzas sociales pasan de la pasividad a la acción social; y tienen unas metas claras de dónde quieren llegar, sobre el programa social y político al que se dirige su accionar y las metas intermedias que tienen que ir logrando, en un proceso que no depende solo de la voluntad humana, sino del desarrollo de las fuerzas productivas y de la correlación de fuerzas enfrentadas en cada coyuntura o etapa. Quien no sabe cuál es su meta, nunca podrá ordenar sus acciones con miras a obtenerla.
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1. LA DESIGUALDAD SOCIAL HOY
Ha habido una lucha de clases durante los últimos 20 años, y mi clase ha ganado.
Warren Buffet
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
UNA DESIGUALDAD EXTREMA En 2015, las 62 personas más ricas del mundo tenían la misma cantidad de riqueza que el 50 por 100 de la población, más de 3.600 millones de personas. Esas 62 personas han incrementado su riqueza un 44% en apenas cinco años, hasta alcanzar una riqueza valorada en 1.76 billones de dólares. Mientras esto ocurría, el 50% de la población adulta con menos ingresos se empobrecía aún más, reduciendo en más de 1 billón de dólares su riqueza, es decir, tiene un 41% menos. En España, las 20 personas más supermillonarias acumulan la misma cantidad de riqueza que el 30 por ciento del total de la población española. Es decir, tienen más riqueza que mas de 13 millones de españoles.(¹) En enero de 2015, Oxfam señalaba que el 1 por ciento de la población mundial acaparaba casi el mismo porcentaje de la riqueza mundial total que tenía el 99 por ciento del resto de la población. En 2009, el 1 por ciento acaparaba el 44 por ciento de la riqueza, en 2014 poseía el 48 por ciento. Si la tendencia continúa el 1 por ciento más rico llegará a poseer más del 50 por ciento de la riqueza global en 2016.(²) La directora ejecutiva de Oxfam internacional, Winnie Byanyima, afirmaba en el Foro de Davos en enero de 2015 que si continuaba el incremento de la concentración de la riqueza, al ritmo que lo estaba haciendo desde la crisis y recesión de 2008-2010, estaríamos en una situación peligrosa. Byanyima dijo en una entrevista lo siguiente: “Queremos enviar un mensaje del pueblo de los países más pobres al Foro (de Davos) de los líderes políticos y empresariales más poderosos. El mensaje es que la creciente desigualdad es peligrosa. Es mala para el crecimiento y es mala para la gobernabilidad… ¿Queremos vivir realmente en un mundo donde el 1 por ciento tenga más que el resto de todos nosotros juntos? La extrema desigualdad no es un accidente o una ley natural de la economía. Es el resultado de políticas y con diferentes políticas la desigualdad puede reducirse”. (³)
Desde el inicio de este siglo XXI la mitad más pobre de la población del planeta apenas ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza, mientras el 50% de esa nueva riqueza producida ha ido a parar a manos del 1% más rico. Y por si esto fuera poco, el 10% más pobre de la población mundial ha visto aumentar sus ingresos medios en tan solo menos de tres dólares ¡al año!, es decir, en casi un cuarto de siglo, menos de un centavo de dólar al año.(4) Se puede afirmar que la economía actual está orientada al servicio y beneficio de una ínfima minoría de la población mundial, a los que tienen más dinero y más posesiones. Esta minoría concentra el crecimiento de los ingresos y de la riqueza mundial a un ritmo alarmante. Y lo más grave, tratan por todos los medios a su alcance de evadir el pago de los impuestos que les correspondería pagar, a través de “un complejo entramado de paraísos fiscales y toda una industria de gestores de grandes patrimonios” que “garantizan que esa riqueza no sea redistribuida, quedando fuera del alcance de la ciudadanía en su conjunto y de los Gobiernos”.(5) Según una estimación realizada en 2014 por el profesor de la universidad de Berkeley G. Zucman, la riqueza individual que está escondida en los diferentes paraísos
La desigualdad social hoy
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fiscales es de 7,6 billones de dólares. Para que nos hagamos una idea, esta cantidad es superior al PIB de Alemania y el Reino Unido juntos y supone una pérdida de tributación para las arcas de los Estados de unos 130 mil millones de euros.(6) LA DESIGUALDAD GLOBAL Los últimos datos disponibles sobre la distribución de la riqueza mundial del Global Wealth Report 2015(7) son reveladores de los extremos de la desigualdad que se ha alcanzado. El hecho de que la misma sea una investigación de un conocido banco suizo, quita argumentos a los que tienen como objetivo tratar de negar los hechos, o descalificarlos, como manipulaciones estadísticas de quienes están interesados en desacreditar el capitalismo, la globalización neoliberal y las instituciones que lo sostienen. El informe del Crédit Suisse confirma que la tendencia hacia la concentración de la riqueza en una ínfima minoría ha continuado y es incluso peor de lo esperado, ya que Oxfam estimaba que para 2016 el 1 por ciento de la población podría concentrar el 50 por ciento de la riqueza global y ya a mediados de junio de 2015, el 1 por ciento más rico tenía la mitad de la riqueza global.(8) Si la concentración de la riqueza sigue a este ritmo, las previsiones de Oxfam de que para 2020, el 99 por ciento de la población tendrá apenas el 45 por ciento de la riqueza mundial mientras que el 1 por ciento de los supermillonarios llegaría a acaparar el 55 por ciento de la riqueza mundial, podrían quedarse cortas. LA PIRÁMIDE DE LA RIQUEZA GLOBAL El 0,7% de la población adulta global –con ingresos o riqueza de 1 millón de dólares o superior– tiene el 45.2% del total de la riqueza del mundo. El 7,4% de la población (con riqueza entre 100 mil y 1 millón de dólares), posee el 39,4% de la riqueza. El 21% de la población adulta (con riqueza entre 10 mil a 100 mil dólares), se reparte el 12,5% de la riqueza, y el resto, es decir, el 71% del total de la población adulta del mundo (con riqueza inferior a 10 mil dólares), apenas tiene el 3% del total de la riqueza mundial. Esta población la forman 3,386 millones de hombres y mujeres adultos.(9) En ese 71% de la población global que apenas tiene el 3% de la riqueza del mundo, un 20% pertenece a adultos del mundo desarrollado. Sin embargo un 90% de la población adulta de la India y de África estaría en este segmento, e incluso en algunos países africanos de muy bajos ingresos casi el 100% de la población estaría en este rango de pobreza. Los que poseen más de un millón de dólares, los millonarios, son el 0,7% de la población adulta mundial y está claramente compuesta por millonarios de Estados Unidos, un 46% del total, del Reino Unido un 7%, Japón 6%, Francia y Alemania un 5% cada una, China 4%. Italia, Canadá y Australia un 3% cada país, Suiza y Suecia 2%, y España y Taiwan 1%. En el resto de países del mundo sumados hay un 12% de los millonarios del mundo.(¹0) Esto viene a demostrar la falacia de quienes consideran que con la globalización el capital “no tiene patria” y que estamos ante la obsolescencia del Estado-Nación. Los
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz FIGURA 1 - PIRÁMIDE DE LA RIQUEZA GLOBAL > 1 MILLÓN
34m (0.7%)
DE DÓLARES
DE
100,000 1M
DÓLARES A
10, 000 DÓLARES 100,000 DÓLARES
DE A
<10,000 DÓLARES
349m (7.4%) 1,003m (21.0%)
112.9 TRN DE DÓLARES (45.2 %) 98.5 TRN DE DÓLARES (39.4 %) 31.3 TRN DE DÓLARES (12.5 %)
3,386m (71.0%)
7.4 TRN DE DÓLARES (3.0 %) RIQUEZA TOTAL
RANGO
-
PORCENTAJE
DE RIQUEZA
DE MUNDO
Número de adultos (porcentaje de la población mundial). Fuente: James Davies, Rodrigo Lluberas y Anthony Sorrocks. Credit Suisse Global Wealth Databook 2015.
millonarios y la riqueza mundial se encuentran concentrados en ciudadanos de los EE.UU., el Reino Unido, Europa, Japón, China, Canadá y Australia. Obtienen su riqueza de sus negocios globales, pero tienen detrás Estados nacionales que defienden esos intereses particulares como intereses nacionales. El que no comprende esto y se pierde con las ensoñaciones de los relatos cosmopolitas de ciertos sociólogos y politólogos, no acierta a ver el poder estatal que está detrás de la globalización. Los ultra ricos, aquellos que tienen una fortuna o riqueza por encima de los 50 millones de dólares, se ha calculado que alcanzan el número de 123,800 individuos. De ellos, 44,900 tienen una riqueza de al menos 100 millones y, por encima de 500 millones de dólares, hay unos 4,500 supermillonarios. De ellos, son norteamericanos un 50%, un 24% europeos y un 13% viven en Asia-Pacífico (excluyendo India y China). Los restantes se reparten en el resto del mundo. (¹¹) CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA Y DESIGUALDAD La tendencia en los años recientes ha sido, pues, hacia un incremento de la desigualdad, propiciada en parte por el alza del valor de los bienes financieros, que de una manera desproporcionada está en manos de los individuos más ricos del planeta, pero es evidente que no es ésta la principal causa de esos niveles de concentración y acumulación de renta y patrimonio. Los Estados están en manos de políticos, asesores y técnicos que han realizado las políticas económicas y tributarias más favorables a los grandes poseedores de riqueza y, con su toma de decisiones y legislaciones, han hecho posible la realidad actual de desigualdad extrema. Por tanto, el alza del valor de los bienes que éstos poseen más que ser la verdadera causa es una consecuencia. Obviamente, con políticas dirigidas a fomentar y promover una mayor igualdad, con impuestos progresivos y tipos impositivos marginales que aumenten en función de las rentas adicionales y, sin la posibilidad de evadirlos con
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33 FIGURA 2 - PIRÁMIDE DE LA RIQUEZA GLOBAL. 123,800
> 50 MILLONES DE DÓLARES DE
DE
10 A 50 MILLONES DE DÓLARES
5 A 10 MILLONES DE DÓLARES
De 1 a 5 millones de dólares
1,337, 700
1,003m (21.0%)
3,386m (71.0%)
RANGO DE
2, 499, 100
29, 757, 700
NÚMERO DE
RIQUEZA
ADULTOS
Número de adultos. Fuente: James Davies, Rodrigo Lluberas y Anthony Sorrocks. Credit Suisse Global Wealth Databook 2015.
facilidad a través de las “lagunas” y los “vacíos” legales, el incremento de los valores financieros, hubiera repercutido no en el 1 o el 10 más rico, sino en el resto de la población. Esto se habría logrado si la riqueza y el patrimonio estuviera mejor distribuido, lo cual no tiene como premisa cambiar el sistema capitalista, sino que es factible regulando la vida financiera, económica y evitando los monopolios. La diferencia abismal entre los que más tienen y los que tienen poco, esta desigualdad extrema y radical, es una violación a la dignidad humana, y niega la posibilidad de que centenares de millones de personas puedan desarrollar sus capacidades. Por tanto, la desigualdad, como escribe el sociólogo sueco Göran Therbon: “Puede adoptar múltiples formas y tiene múltiples consecuencias: muerte prematura, mala salud, humillación, subyugación, discriminación, exclusión del conocimiento o de la vida social predominante, pobreza, impotencia, estrés, inseguridad, falta de confianza en uno mismo y de amor propio y exclusión de las oportunidades que ofrece la vida. La desigualdad, por tanto, no se relaciona exclusivamente con el tamaño de la billetera. Es un orden sociocultural que reduce nuestra capacidad (la de la mayoría de las personas) para funcionar como seres humanos, nuestra salud, la auto estima, nuestra percepción del propio yo, así como nuestros recursos para actuar y participar en el mundo”. (¹²)
AUMENTA LA RIQUEZA GLOBAL Y LA DESIGUALDAD En la segunda mitad del siglo XX la desigualdad entre países sufrió una cierta nivelación debido a los procesos de descolonización y, posteriormente, esto ha continuado como consecuencia del auge económico de los llamados países emergentes, especialmente de China e India. También fue debido a los procesos de crecimiento económico en América Latina después de la “década perdida”, y a un crecimiento de la economía en África. Los países “menos desarrollados”, según la terminología de Naciones Unidas, tenían en 2005 una renta per cápita “en torno al 16 por ciento de la
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renta mundial y en 2011 la proporción había descendido hasta el 14 por ciento”. (¹³) La economía mundial ha seguido creciendo, el producto interior bruto (PIB) se ha incrementado en todas las regiones del mundo en las últimas tres décadas. El nivel de la riqueza global (valor total de todos los activos financieros y no financieros menos la deuda total), se ha duplicado en los últimos quince años pasando de 160 billones de dólares en el 2000 a 267 billones de dólares en 2015. En regiones como América Latina y África el nivel de la riqueza se ha más que triplicado e igualmente en China e India.(14) También ha disminuido el porcentaje de la población mundial que vive en situación de pobreza extrema, ésta pasó de ser el 36 por ciento en 1990 al 16% en 2010 según el Banco Mundial y, para 2030, la ONU pretende erradicar la pobreza extrema. En 2015 había 700 millones de personas viviendo con menos de 1.90 dólares por día y si no se redistribuye la riqueza hacia abajo en 2030 no será posible acabar con la misma. (15) Sin embargo, siendo todo esto cierto, también lo es que la participación en los ingresos mundiales pone de manifiesto que los beneficiarios principales del crecimiento de la riqueza global son las personas más ricas. Como ha expuesto Milanovic el 10 por ciento más rico de la población mundial ha acumulado el 46 por ciento del incremento total de los ingresos, mientras que el 10 por ciento más pobre sólo ha recibido el 0,6%. (16) Los ingresos de los pobres del mundo no siguen el mismo ritmo que el crecimiento de la economía, de manera que, la desigualdad no disminuye de manera sustancial. La desigualdad de ingresos conlleva una mayor desigualdad de género, de salud, educativa y de participación tanto en el mercado laboral como en la política. Además es un problema social importante pues tiene incidencia sobre la cohesión social y sobre el crecimiento sostenido de la economía. Por tanto, la desigualdad no es rentable. La redistribución de la riqueza beneficia al conjunto de la ciudadanía, la concentración de la riqueza en una ínfima minoría es disfuncional para las sociedades y una amenaza para la democracia, las libertades y la vigencia de los derechos humanos. LA DESIGUALDAD EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Los Estados Unidos es actualmente la potencia hegemónica mundial incontestable, no solo por su poderío económico sino también por su indudable superioridad militar, también es el centro hegemónico ideológico contemporáneo, a través de la influencia de sus medios audiovisuales en el mundo. Todo ello nos recuerda lo que se dijo hace casi 150 años sobre el papel que juegan los países económicamente más poderosos sobre los demás: “El país más desarrollado industrialmente muestra sencillamente al menos desarrollado la estampa de su propio futuro”. (¹7) Así pues, ver lo que ocurre en Estados Unidos en materia de desigualdad es una lección importante y nos da la clave de la tendencia que se está siguiendo en Europa y en otras partes del mundo.Tendencia que no es inevitable sino que puede revertirse con las políticas adecuadas. Dieciocho años antes de que se produjera la gran crisis de 2008 el premio Nobel de
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Economía Paul Samuelson escribió lo siguiente sobre la desigualdad tratando de refutar las ideas de Marx: “Aunque algunas de las predicciones de Marx sobre el futuro del capitalismo industrial han resultado correctas hasta ahora, su predicción sobre la suerte de la clase trabajadora ha resultado errónea. Su afirmación de que los ricos serán cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres no encuentra respaldo alguno en una investigación histórica y estadística minuciosa. (cursivas mías, CJBE) En Europa y Estados Unidos, los niveles mínimos de vida han experimentado una clara y constante mejora a largo plazo, tanto si se miden alimentos, vestido y vivienda como si se mide en longevidad de la población”. (¹8)
En su análisis afirman Samuelson y Nordhaus que: “A finales de los años veinte la proporción de la renta total que recibía el quintil más pobre de las economías domésticas oscilaba entre el 3,6 y 3,8 %...ascendió a 5,0% después de la Segunda Guerra Mundial, al emigrar a la industria muchas personas que antes hacían trabajos agrícolas de baja renta. Aumentó levemente hasta mediados de los años setenta, tras lo cual disminuyó acusadamente en los ochenta”. (¹9)
Se preguntan estos autores los motivos por los que, después de la Segunda Guerra Mundial, se redujo la desigualdad y la explicación que dan es que ello se debió a la construcción del Estado de Bienestar debido a la política del presidente Roosevelt: “La desigualdad se ha reducido significativamente gracias, en parte, a la intervención del Estado. Algunos programas, como la asistencia social y los cupones de alimentación destinados a los indigentes, la Seguridad Social destinada a los ancianos y el seguro de desempleo mitigan la pobreza abyecta… el sistema de impuesto sobre la renta de Estados Unidos tiende a gravar las rentas más altas que las bajas, tendiendo así a reducir el grado de desigualdad”. (²0)
La creciente desigualdad de la década de 1980 a 1990, durante la época de Reagan se explica por el aumento de las economías domésticas cuyo cabeza de familia es una mujer, el crecimiento de los empleos de bajo salario y el desmantelamiento o reducción de los programas de transferencias del Estado que deprimieron las rentas de la parte más pobre de la población, lo que junto a la bajada de los impuestos sobre la renta de los grupos más ricos, hizo que aumentara su riqueza y amplió la brecha entre la cima y la base de la pirámide social. En su mapa sobre la desigualdad en los Estados Unidos, Atkinson y Morelli afirman que en ese país ha habido períodos donde la desigualdad general cayó y se mantuvo así por un período sostenido de 1929 a 1945. Además, la pobreza también disminuyó de 1948 a 1970, siendo la sociedad estadounidense menos desigualitaria en esa época. Los sectores con muy altos ingresos vieron disminuir su porcentaje en la riqueza total de 1928 hasta mediados de 1970, pero después se ha más que doblado. La desigualdad, por lo tanto, aumentó desde entonces. El decil superior (el 10% de los más ricos), aumentó sus ingresos del 150% de mediana en 1950 a 244 % en 2012. (²¹)
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La desigualdad general se ha ido incrementado en los años siguientes ya que el coeficiente de Gini para los altos ingresos es 7 puntos más alto ahora que en 1980. Lo que significa que la brecha entre ricos y pobres es enorme y se ha ampliado, tanto en los ingresos como en la riqueza. Entre los países de alto desarrollo, los Estados Unidos está entre los más desiguales. Stiglitz ha explicado que el 1 por ciento más rico de los Estados Unidos se queda con el 25 por ciento de los ingresos del país cada año. Y si se trata del patrimonio o de la riqueza ese 1 por ciento controla el 40 por ciento. Hace 25 años las cifras eran respectivamente del 12 y el 33 por ciento. (²²) De acuerdo con el autor durante el período de recesión, de 2007 a 2010, “la mediana de riqueza disminuyó en casi un 40 por ciento, hasta unos niveles parecidos a los de comienzos de la década de 1990.Toda la acumulación de riqueza…ha ido a parar a los de arriba”. La situación ha sido aún peor para los más pobres: “Antes de la crisis, la riqueza media del cuartil inferior era de menos 2.300 dólares. Después de la crisis, el saldo negativo se había multiplicado por 6, hasta 12.800 dólares en números rojos”. (²³) Literalmente, mientras los ricos se enriquecían aún más, los pobres se hacían más pobres, o iban a las cárceles. La población reclusa en este país es la más elevada del mundo, 716 presos por cada 100 mil habitantes. Si se la concentrara en un solo lugar geográfico tendríamos una población semejante a la de Brooklyn, unos 2.2 millones de personas, de los cuales un alto porcentaje son negros.(²4) Hay también una desigualdad importante en materia de salud y esperanza de vida. Las mujeres de Estados Unidos tienen, como media, “la esperanza de vida más baja entre todos los países desarrollados”. Y además, entre 1990 a 2008, las mujeres blancas de origen no hispano, que no tienen estudios secundarios concluídos, perdieron cinco años de esperanza de vida. Y los varones blancos con el mismo nivel de estudios que ellas perdieron tres años de esperanza de vida.(²5) Eso tiene que ver con el hecho de que al disminuir los ingresos y el nivel de vida hay otro tipo de repercusiones sociales, como la malnutrición, el consumo de drogas, problemas de convivencia familiar, todo lo cual incide en la salud y en las expectativas de vida. (²6) La situación de desigualdad es lo que lleva a que se afirme que en los Estados Unidos hay una mezcla de características del primer mundo y del tercer mundo, y una tendencia de esos mundos a alejarse entre sí. La idea que nos viene enseguida es que ese tercer mundo está formado por los inmigrantes relativamente recién llegados, especialmente de origen hispano, pero es un error, “las zonas tercermundistas no son producto de la inmigración reciente:la inmensa mayoría de los pobres de los Estados Unidos nacieron de padres cuyos antepasados han sido americanos durante muchas generaciones”, hay una gran población blanca pobre, aunque la población negra sigue siendo la que tiene a la vez menos ingresos y menos riqueza.(²7) Así pues, Samuelson y Nordhaus tenían razón contra Marx de acuerdo a los datos de desigualdad en los EE.UU. hasta los años 70, pero actualmente los datos presentados y las razones que han provocado la desigualdad le dan la razón a Marx.
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DIFERENCIAS EN LA DESIGUALDAD DE ESTADOS UNIDOS Y EUROPA Estados Unidos es más desigual que los países europeos y no solo de los países más igualitarios del Norte como Islandia, Noruega, Suecia o la República Checa, sino incluso más desigual que los más desiguales de los Estados miembros de la UE, como Estonia, Bulgaria, España, Rumania, Portugal y Grecia. El coeficiente Gini de los Estados Unidos era de 41.1 en 2013, según el Banco Mundial.(²8) La desigualdad del conjunto de los Estados de la Unión Europea (con un coeficiente Gini para la UE-28 del 30.9), se debe a las desigualdades de renta media de los diferentes países, es decir, a que algunos países de la UE son muy ricos y otros son aún pobres relativamente. En otras palabras, que la pobreza está concentrada geográficamente en algunos países. El país más rico de la Unión Europea es Luxemburgo, con una renta per cápita en 2013 de 110.573 dólares mientras que Bulgaria, con una renta de cerca de 6000 es el más pobre de la UE de los 28, lo cual nos da una ratio de algo más de 18 a 1 en cuanto a diferencia de renta per cápita entre esos Estados miembros de la UE. Esa diferencia no se produce entre los estados que forman los Estados Unidos de América.(²9) La desigualdad en los Estados Unidos se debe a que en todos los estados de la Unión hay una mayor brecha entre ricos y pobres, por lo cual la desigualdad no se concentra en unos estados sino que está dispersa entre los cincuentas estados que componen ese país. Como explica Milanovic, las rentas medias de todos los estados están muy agrupadas, y esto ha sido una constante durante los últimos cincuenta años. Hay una especie de convergencia, de manera “que la ratio entre el estado más rico (New Hampshire) y del más pobre (Arkansas) es tan sólo de 1,5 a 1”.(³0) A la vez, cada estado es muy desigual, siendo el coeficiente Gini de los estados más igualitarios (Dakota del Sur y Wisconsin) de los 33 puntos, y los más desiguales (Texas y Tennessee), tienen coeficientes de alrededor de los 45 puntos. Una desigualdad alejada de la de los países desarrollados y más cercana a la de algunos países latinoamericanos.(³¹) Por tanto, la desigualdad en los Estados Unidos es una cuestión de individuos y en la UE depende de los países. De ahí que los programas para tratar de reducir la brecha de la desigualdad deben ser diferentes. Según Milanovic en los Estados Unidos las políticas sociales deben dirigirse a los segmentos de población pobres, independientemente de en qué estado residan, y en la UE las políticas sociales de cohesión deben dirigirse a los países y a las regiones más pobres, porque allí se encuentran los europeos con mayor nivel de pobreza. Esta diferenciación socioeconómica, sin duda, es uno de los obstáculos para una mayor unidad en la UE y puede estar entre las bases sociales de las tendencias euroescépticas. EL AUMENTO DE LA DESIGUALDAD EN LA UNIÓN EUROPEA Aunque Europa en general es una de las zonas ricas del mundo y, muy especialmente, los 28 países de la Unión Europea, cuyo renta per cápita promedio es de más 27 mil euros, en realidad de entre las 503 millones de personas que viven en los 28 Estados
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miembros, existe una población en riesgo de pobreza o exclusión que alcanza los 123 millones de personas, y 50 millones de ellas sufren privaciones materiales severas ya que no tienen ingresos suficientes, por ejemplo, para pagar la calefacción o hacer frente a gastos imprevistos. (³²) Para Eurostat una persona se encuentra en situación de privación material severa cuando no puede permitirse tres bienes de una lista de los nueves siguientes: retraso en el pago de hipotecas u otras deudas, una semana de vacaciones al año, comer carne cada dos días,hacer frente a gastos económicos imprevistos, poder tener o pagarse el teléfono, televisión en color, lavadora, coche y calefacción de su hogar. Obviamente, esto muestra el alto nivel de vida europeo. En la gran mayoría de los países en desarrollo, quien puede permitirse esos nueve bienes son personas de muy altos ingresos, en ellos la gran mayoría de la población está en situación de privación severa, más bien en situación de pobreza, incluso casi de pobreza absoluta (respecto a los indicadores de Eurostat). Ahora bien, la pobreza se tiene que medir según los niveles de vida de cada país. En África no sería aventurado decir que apenas un 5% de la población total tiene niveles de vida materiales comparables a los de un ciudadano europeo de clase trabajadora de ingresos medios. Por tanto, la situación de pobreza es siempre relativa. La desigualdad se acentúa en Europa. Si en 2009 el número de milmillonarios (los que tienen riqueza igual o superior a mil millones de euros) era de 145, su número aumentó a 222 en 2013 y eran 342 en el 2015. Es decir, en un período de crisis y de políticas de austeridad, el número de milmillonarios aumentó en 197 individuos (un aumento del 42%). Al mismo tiempo el sector europeo de bienes de lujo creció un 28% entre 2010-2013. (33) Las diferencias salariales en la UE también se han estado ampliando. Los salarios son la mayor fuente de ingresos para la mayoría de la población adulta de la UE. Según Eurostat, el 9% de los que tienen empleo se encuentran en situación de pobreza debido a salarios insuficientes. El trabajador medio está ganando menos en términos reales y en algunos países disminuye la parte de la “tarta” que está en manos de la población trabajadora, es decir, de los que reciben un salario. A la vez se está reduciendo el porcentaje depuestos de trabajo industriales y de oficina. (³4) La brecha salarial entre el trabajador medio y el salario medio de los directivos se está ampliando. En el Reino Unido el directivo de una empresa gana 130 veces más que un empleado medio. Es el país con un nivel más elevado de desigualdad salarial de la UE. Le sigue en desigualdad salarial en orden decreciente: Irlanda, Letonia, Portugal, Chipre, Alemania, Austria, Lituania, Luxemburgo, Estonia, Polonia, Francia, Países Bajos, Hungría, Italia, España, Suecia, Eslovenia, Grecia y Bélgica. Y entre los que tienen mayor igualdad salarial se encuentra en primer lugar Eslovaquia, seguida de Finlandia, Dinamarca y República Checa.(³5) LOS IMPUESTOS Y LAS TRANSFERENCIAS SOCIALES COMO MECANISMOS DE REDISTRIBUCIÓN Para tener un escenario más cercano a la realidad de la desigualdad en la UE hay que tener en consideración el papel que juegan los impuestos reduciendo las diferencias de ingresos, así como de las transferencias, las pensiones, ayudas por desempleo y otras
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prestaciones de servicios públicos gratuitos. Aplicando este corrector tenemos que en la UE el índice Gini de renta disponible, después de impuestos y transferencias, nos muestra lo siguiente: ›
Los países más igualitarios son los siguientes: Eslovaquia, Eslovenia, República Checa, Suecia y Países Bajos (con índice Gini inferior a 25.0).
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Le siguen Finlandia, Bélgica, Austria, Dinamarca, Malta, Hungría, Alemania, Irlanda, Francia y Reino Unido (con un Gini inferior o igual 30.0).
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Con un índice Gini superior a 30 hasta 30.2 después de impuestos y transferencias, están Luxemburgo, Polonia, Croacia, Chipre, Italia y Estonia.
›
Por último, los siete países con mayor desigualdad de ingresos después de impuestos y transferencias, con índices Gini de entre 33 a 35, están en orden de menor a mayor desigualdad: España, Rumanía, Portugal, Grecia, Lituania, Letonia y Bulgaria. Son estos los países que tienen menos mecanismos redistributivos a través de impuestos y transferencias de la UE, o en otras palabras, un grado menor de redistribución del ingreso.
Las políticas de austeridad al recortar el gasto público en materia de pensiones, educación y salud, lo que hacen es perjudicar a la población con menores recursos e ingresos, y aumenta la desigualdad, quienes la sufren en mayor medida son las personas más vulnerables como las mujeres, los hogares monoparentales, inmigrantes, personas con trabajos a tiempo parcial y parados de larga duración. Si se mantienen las políticas de austeridad podría haber entre 15 y 25 millones de personas más en situación de pobreza en la UE.(³6) LA DESIGUALDAD EN LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA EN EUROPA La distribución de la riqueza en Europa es más desigual que la del ingreso. El 1% más rico posee el 31% de la riqueza europea. El siguiente 9% más rico tiene el 38% de la riqueza existente. El siguiente 50% con mayor riqueza concentra el 30% de la riqueza resultante y el 40% de la población más pobre, se reparte el 1% de la riqueza. Esta distribución tan desigual de la riqueza se traduce en un aumento del poder no sólo económico sino político de la minoría que concentra la riqueza. En la cima del 1%, los que son milmillonarios, 342 europeos en 2015, una parte de ellos han logrado esa riqueza a través de la herencia de propiedades, acciones, bonos y otros activos financieros, no por sus méritos y capacidades de gestión, de innovación o de creación de empresas. De 2014 al 2015 la riqueza de esos mil millonarios aumentó en 52.000 millones de dólares hasta alcanzar la cifra de 1.4 billones.(³7)
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LA DESIGUALDAD EN AMÉRICA LATINA La alta concentración de ingresos y de la riqueza en pocas familias es un rasgo distintivo de Latinoamérica y del Caribe. A diferencia de los Estados Unidos, Europa y China, donde está creciendo la desigualdad, en Latinoamérica se comprueba una ligera tendencia en el descenso de los índices de desigualdad económica. Si bien en la década anterior aumentaba la desigualdad, en la actual hay una mejora en ese aspecto, aunque sigue siendo tan lenta que ese hecho no cambia la situación que la caracteriza “como la región más desigual del mundo”. (³8) En el período 2002-2013 en 15 de los 17 países que estudió la CEPAL, hay mejoras distributivas del ingreso con las únicas dos excepciones de Costa Rica y de República Dominicana, cuyos índices Gini son superiores en 2013 que en 2002, y esto se produce en un contexto de crecimiento económico sostenido y de reducción de la pobreza absoluta en la región. En Latinoamérica la principal fuente de ingresos son los ingresos del trabajo. Los países que más redujeron su desigualdad de ingresos, calculando su índice de Gini en 2002 y 2013, respectivamente, han sido los siguientes: Nicaragua (2002-0.59, 2013-0.49), Argentina (0.58-0.48), Venezuela (0.50-0.40), Uruguay (0.42-0.38), Perú (0.51-0.42), El Salvador (0.51-0.43), Brasil (0.62-0.53), Ecuador (0.50-0.44), Chile (0.52-0.50), Panamá (0.53-0.51), Colombia (0.53-0.51), México (0.50-0.49) y Honduras (0.59-0.58). Los países en que ha subido la desigualdad de ingresos son Costa Rica (0.48-0.50) y República Dominicana (0.51-0.52).(³9) Los datos que maneja la CEPAL muestra que el 20% de los hogares más ricos concentran en promedio el 47% de los ingresos totales, siendo en Brasil la cuota aún mayor el 55% y, en Uruguay, menor, ya que ese promedio es del 35%. El 20% de los hogares con menos ingresos, más pobres, capta un 5% de los ingresos totales y en Uruguay el 10%. Pero hay países aún más desigualitarios como la República Dominicana, Honduras y Paraguay, donde el 20% de los hogares dispone de menos del 4% del ingreso total. El resto de los hogares que se encuentran entre los más ricos y los más pobres, o sea un 60% de los hogares, dispondría del 48% de los ingresos. El 20% de los hogares más ricos concentran el 48% de la riqueza. (40) LA DESIGUALDAD EN AL NO CAMBIA DESPUÉS DE IMPUESTOS Y TRANSFERENCIAS A diferencia de Europa, dónde el índice Gini después de impuestos y transferencias desciende de manera muy importante, y en los países de la OCDE dónde el promedio de disminución después de impuestos y transferencias es, en promedio, de 17 puntos, en América Latina, este coeficiente Gini apenas desciende 3 puntos porcentuales. En países como Argentina, Brasil y Uruguay el índice Gini se reduce un promedio de 7 puntos. En Chile, Costa Rica y México se reduce por encima de la media de 3 puntos, pero en Colombia, El Salvador, Paraguay y República Dominicana la reducción de índice Gini después de impuestos y transferencias se reduce en apenas 1 punto porcentual. (4¹)
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De lo anterior se puede concluir que la desigualdad que provoca el funcionamiento de la economía capitalista en la región Iberoamericana, la desigualdad de mercado, no se logra corregir de manera sustancial con los impuestos sobre las rentas de las personas y con las transferencias y pensiones de la seguridad social. En otras palabras la desigualdad ex ante –del cobro de impuestos sobre la renta, más las transferencias, etc.– , es muy similar a la ex post. O sea, tiene un efecto casi nulo en reducir la desigualdad, porque son sistemas impositivos caracterizados por su falta de progresividad, por una sistemática evasión y elusión fiscal, que perjudica a los más pobres y favorece a los más ricos y a las llamadas “clases medias” de ingresos altos y medio altos. Los sistemas fiscales en Latinoamérica no están cumpliendo un papel redistributivo relevante. Hay una marcada preferencia por impuestos que son regresivos como el IVA, los impuestos indirectos al consumo de ciertos productos (alcohol, tabaco, carburantes), y si bien los impuestos directos sobre la renta tienen un carácter progresivo éstos se centran en las rentas del trabajo, y los que tienen más ingresos, suelen evadirlos, utilizando los vacíos legales y otras formas de eludir pagar los impuestos que les corresponden. Además, como los salarios de la clase trabajadora en sentido amplio, suelen ser muy bajos, muchos no cotizan, de manera que se calcula que el impuesto sobre la renta lo paga apenas aproximadamente el 10% de la población empleada.(4²) Se pueden aportar más datos sobre la desigualdad en Latinoamérica pero los aportados y las explicaciones que hemos expuesto permiten tener una idea clara de por qué, América Latina y el Caribe, es la región más desigual del planeta tierra. OBSTÁCULOS A LA REDUCCIÓN DE LA DESIGUALDAD EN AL Existe una gran dificultad para reducir drásticamente la pobreza y la desigualdad en Latinoamérica, debido a que cuando hay gobiernos que hacen políticas para reducirlas se pone en marcha un mecanismo, tanto interno como internacional –político, económico y mediático–, para cortar las inversiones a esos países, ponerles obstáculos de todo tipo, e intentar desacreditarlos como “populistas”, demagógicos, e inclusive acusarlos de “extremistas”. Es el mismo mecanismo empleado en décadas anteriores en los que se acusaba de comunista a la izquierda democrática de esa región –equivalente a la socialdemocracia e inclusive a la democracia cristiana europea–, si intentaban hacer reformas democráticas que, ineludiblemente, pasan por recortar los privilegios y las evasiones y elusiones fiscales, de la minoría plutocrática y otros sectores privilegiados. En esta tarea contra las medidas reformistas (que debido a la hipérbole de muchos políticos latinoamericanos es proclamada como si fuera una revolución), no es desdeñable sino estratégica, la importancia que juega como colchón defensivo de la minoría superrica, la “clase media” de altos ingresos, que sirve como amplificador y “masa de maniobra” de las medidas destinadas a detener o hacer más regresivas las políticas impositivas y sociales destinadas a lograr una mayor igualdad. Por tanto, intentar hacer reformas sin tocar los intereses de los sectores privilegiados es harto difícil, por no decir imposible, y este obstáculo social y político a toda política reformista profunda en la región, es lo que explica la polarización social que suele darse en Latinoamérica siempre que se intentan ejecutar este tipo de políticas.
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Así pues, América Latina se encuentra entre el dilema de la estagnación social o los enfrentamientos sociales en pos de una redistribución de la riqueza. También esto explica que falte un sentido integrador nacional y no digamos regional latinoamericano. Es imposible construir una nación moderna sin que exista un factor de cohesión social, de búsqueda de extender los derechos de ciudadanía de lo jurídico a lo social y económico, y para esto sólo hay una vía: políticas de redistribución de la riqueza y crecimiento económico sostenido. LA DESIGUALDAD EN EL MUNDO GLOBALIZADO En los países más pobres hay personas que viven con niveles semejantes o parecidos a los países ricos, y en los países ricos hay quienes viven como ciertos pobres de los primeros. Hay primeros mundos en el tercer mundo y tercer mundo en los países ricos. Ahora bien, si no nos quedamos en la simple cuestión de la renta per cápita de los países sino que nos atenemos a las rentas reales que percibe cada habitante de un país se tiene un retrato más real de la situación. Más real y más alarmante, entre otras cosas, porque la conclusión es que en muchos casos la mayoría de las personas que viven en un país rico tienen más dinero que un alto porcentaje de las personas que viven en un país pobre. De manera que lo pertinente en esta materia es combinar la distribución, a nivel nacional e internacional. De esta manera se puede entender mejor lo que muchos pobres perciben por una especie de intuición o instinto de supervivencia, que es mejor ser un pobre en los Estados Unidos que ser un pobre en Haití o en África, pongamos por caso. Lo que explica porqué la gente se sacrifica para inmigrar de África a Europa, de América Latina a los Estados Unidos, aún a sabiendas de que hay recesión, crisis, falta de empleo, y enormes dificultades para los inmigrantes que logran llegar al mundo rico. Siguiendo a Milanovic pongamos el caso de Estados Unidos. Si se clasifica su población en veinte grupos por su renta familiar per cápita del más pobre al más rico y cada ventila representa al 5% de la población de ese país y eso se hace con los demás países, con su propia renta media llevada a dólares internacionales –para hacer posible la comparación entre países–, la mayoría de la población de los Estados Unidos –como país rico–, estará situada en los lugares más altos de la distribución mundial de renta. El 5% más pobre de los Estados Unidos tiene más ingresos que las dos terceras partes de la población mundial, y los que están por encima de ellos en ingresos en los Estados Unidos están aún mejor, porque se sitúan en el percentil más alto del mundo. Igual ocurre, con los cambios que haya que hacer, con los habitantes de Luxemburgo, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España, etc. (4³) Siguiendo esa línea comparativa, los Estados Unidos además de un país rico y como se ha visto anteriormente, con mucha desigualdad comparada con Europa, a nivel internacional es un país de “desigualdad moderada” si se le compara con China o con Brasil, con gran parte de América Latina y del Caribe y con la India. Otra comparación curiosa: “En el caso de India y Estados Unidos, sólo el 3 por ciento de la población India recibe rentas superiores al percentil norteamericano más pobre”. Sólo el 5 por ciento de los cameruneses tienen rentas superiores a los alemanes más pobres e igual ocurre con la población de la República Democrática del Congo
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comparado con Bélgica. En el caso de Costa de Marfil solo el 12 por ciento de la población de ese país tiene rentas superiores a la de los franceses más pobres. (44) África ha estado creciendo económicamente pero su riqueza también se encuentra concentrada en unas élites económicas y políticas y no hay redistribución de la riqueza para la mayoría de la población. Más del 90 por ciento de la población africana se encuentra en los rangos de riqueza inferiores a 10 mil dólares y en los países de más bajos ingresos se puede calcular que el casi 100 por ciento de la población se encuentra en este rango. (45) Sin embargo, en África, obviamente, hay también ricos. En ese continente los ricos tienen un tercio de su riqueza, unos 500.000 millones de dólares, depositados en paraísos fiscales, lo que representa una pérdida anual en recaudación fiscal calculada en 14.000 millones de dólares. Con ese monto de dinero se podría atender las necesidades de salud de la población infantil y permitiría contratar maestros para escolarizar a las niñas y niños africanos. LA DESIGUALDAD EN ESPAÑA En un informe de la OCDE haciendo un cálculo de la evolución de los ingresos de la población entre 2007-2011 se llega a la conclusión que España es el país con más desigualdad de ingresos entre ricos y pobres de los miembros de esa organización. El 10% de los españoles con menos ingresos han tenido un proceso de empobrecimiento de un ritmo del 12,9 % anual. Entre el 10% de españoles con retribuciones más altas el descenso fue de sólo el 1,4%. Esto se atribuye al efecto de la crisis y a la recesión que provocó las medidas de control de gasto público, recortes en gastos sociales, estancamiento, cuando no la reducción de los salarios, aumento del paro y falta de políticas de estimulo económico. La organización recomienda que se le de un trato preferente a la ciudadanía especialmente a los colectivos vulnerables como a los perceptores de bajos ingresos, los jóvenes, los discapacitados y los inmigrantes.(46) La desigualdad ha crecido en España desde 2008 a un ritmo que supera a Grecia La población en riesgo de pobreza alcanza a 13.4 millones de personas, casi un tercio de la población total española (29.2 por ciento), en el año 2014. En la distancia entre las rentas más altas y las más bajas España sólo tiene detrás a Estonia. Lo cual se explica por una reducción del salario medio en España que cayó en un 22 por ciento entre 2007 y 2014.El salario de los más ricos es 18 veces superior al del 10% más pobre.(47) La disminución de la desigualdad no parece previsible dado que la reforma fiscal en vigor desde enero de 2015 permite que España siga siendo uno de los países de la UE con una de las presiones fiscales más bajas. Eso no ha impedido la elusión fiscal ya que 17 de las 35 empresas más importantes que componen el IBEX-35 no pagan el impuesto de sociedades en España, mientras la inversión española en paraísos fiscales ha crecido un 2000%.(48). Por otra parte, el endeudamiento respecto al PIB ha crecido sustancialmente en España. La deuda pública ha superado el 100% del PIB. Sin embargo, se constata que si bien la desigualdad en España medida por el índice Gini es muy alta 0.52, antes de impuestos y transferencias, cuando se le aplica el correctivo fiscal y de las transferencias sociales baja de manera sustancial para situarse en un índice Gini de 0.34 semejante al del Reino Unido y Portugal y muy lejos del de
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países como Noruega, Dinamarca, República Checa e Islandia cuyo índice es de 0.25 siendo el más igualitario después de impuestos Eslovenia con aproximadamente 0.24 (el promedio de los países de la OCDE es de 0.31 después de impuestos y transferencias y antes de éstos de 0.47). Los datos sobre el índice Gini de la OCDE son de 2011. Si comparamos España con Alemania, este país supera en su distribución de renta a España en todo el recorrido pero la diferencia es muy grande entre los grupos más pobres. Los pobres alemanes son menos pobres que los españoles. Los pobres españoles están en el percentil 54 mientras que los más pobres alemanes están en el percentil 80. Si bien entre los ricos hay diferencias mínimas entre alemanes y españoles. Ahora bien si se compara España con argentinos y mejicanos la pauta es parecida a la de España con Alemania, pero más acentuada. España supera en renta a esos dos países en todo el recorrido, siendo más grande la diferencia entre la pobreza de argentinos y mejicanos respecto a los españoles pobres, y se reduce esta diferencia cuando se trata de los más ricos. En cuanto a los africanos subsaharianos –empleando para la comparación a Costa de Marfil–, estos son mucho más pobres que los españoles en un 95% de su población, sólo el 5 por ciento más rico de ese país aproxima su nivel de vida “al de los españoles pobres y de clase media”. (49)
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5.
6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15.
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Oxfam, Una economía al servicio del 1%, Oxfam GB para Oxfam Internacional, Oxford, enero de 2016. Oxfam, Riqueza: tenerlo todo y querer más, Oxfam Internacional, Oxford GB,6 de enero de 2015. Larry Elliot y Ed Pilkington, “New Oxfam report says half of global wealth held by the 1%”, The Guardian, 19 de enero de 2015. Ibidem.,p.2. Gabriel Zucman,“Taxing Across Borders: Tracking Personal Wealth and Corporate Profits”, Journal of Economics Perspectives. http://gabriel-zucman.eu/files/Zucman20142014JEP.pdf . En su libro La richesse cachée des nations. Enquete sur les paradis fiscaux, Seuil, París, 2013, estimaba que el equivalente al 8% del patrimonio financiero de todos los hogares del mundo, o sea, 5.800 millardos de euros se encuentran en paraísos ficales, lo que significa que se evade el pago de impuestos por unos 130 mil millones de euros. Él propone instaurar un impuesto global sobre el capital, al igual que Piketty. También señala que los paraísos fiscales existen porque los Estados Unidos y la UE no se han puesto de acuerdo para eliminarlos. Si ellos tienen la voluntad común de hacerlo ningún territorio se puede oponer a ello. Credit Suisse, Global Wealth Report 2015 (Research Institute), September 2015, Ibid., pp.11-12. Ibid., p.13. Ibid., pp. 24-25. Ibid. p.27. Ibid., Crèdit Suisse, Global Wealth Report 2015, p.7. Göran Therbon, La desigualdad mata, Alianza Editorial, Madrid, 2015, p.11. UNDP, Human Development Report 2011. Vid. Credit Suisse, Global Wealth Databook 2015, Ginebra, 2015. M.Cruz, J. Foster, B. Quillin y P. Schellekens, “Acabar con la pobreza extrema y compartir la prosperidad:progresos y políticas”, Banco Mundial, 2015.Nota de investigación.http://pubdocs. worldbank.org/pubdocs/publicdoc/2015/10/109701443800596288/PRN03-Oct2015-TwinGoals. pdf, cit. en Informe Oxfam 2016, op. cit.p.11. C.Lakner y B.Milanovic, World Panel Income Distribution, 2013 cit. por Oxfam, Informe 2016, p.9. B. Milanovic, en su libro Los que tienen y los que no tienen, Alianza Editorial, Madrid 2012, pp. 115123 explica que como China e India partieron de ser muy pobres su elevado crecimiento ha tenido un efecto nivelador a nivel mundial y parte de sus ciudadanos se acercaron a los niveles de renta de Europa y los Estados Unidos, pero advierte que hoy día “las desigualdades entre países” son mayores de lo que eran en el siglo XIX y gran parte del XX y la desigualdad entre individuos se explica por la nacionalidad de éstos, porque las rentas medias de los países son muy diferentes. Las diferencias de renta per cápita entre Estados Unidos, China e India, por ejemplo, son tan enormes que: Una simple mirada a estas diferencias absolutas debería bastar para dejar a un lado toda esa cháchara sobre la “clase media global”. Karl Marx, Prólogo de 1867 a la primera edición de El capital, El Capital. Critica de la economía política, Vol. I FCE, México,1975,p.XIV. Paul A. Samuelson/ William D. Nordhaus, Economía, 13ª edición, McGraw Hill, Madrid, 1991, pp.742-743. Ibid., p. 749. Ibid. p.749.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz 21. Anthony B. Atkinson y Salvatore Morelli, “Chartbook of Income Inequality”, ECINEQ, Working Paper series 324, marzo 2014,p.63. 22. Vid. Joseph Stiglitz, La gran brecha. Qué hacer con las sociedades desiguales, Taurus, Madrid, 2015, p. 109. 23. J.Stiglitz, El precio de la desigualdad, Punto de Lectura, Madrid, 2014, pp-II y IV. 24. Jeffrey Reiman, “The Rich Get Richer and the Poor Get Prison”, en D. Stanley Eitzen y Janis E. Johnston (eds.), Inequality. Social Classes and Its Consequences, Routledge, Londres-New York, 2007 y Human Rights Watch, Informe Mundial 2014: Estados Unidos, http://www.hrw.org/es/worldreport/2014/country-chapters/260096 25. Human Mortality database, en http:// www.ceda.berkeley.edu7news/NAS-Wilmo thBB-GeogDiffe50.html. 26. Stiglitz, El precio de la desigualdad, op. cit.,pp.IV y V. 27. H.R. Kerbo, op. cit. p.19. 28. Vid.datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI, consultado el 25 de diciembre de 2015. 29. Eurostat, GDP at current market prices. http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index. php/ File:GDP. 30. Branko Milanovic, Los que tienen y los que no tienen, op. cit., p. 197. 31) Ibid.pp.197-198. 31. Deborah Hardon, Datos de referencia de “Europa para la mayoría, no para las élites”, análisis de los datos sobre desigualdad de 28 países de la UE,Oxfam Internacional, septiembre 2015, OxfamGB, Oxford, Reino Unido, p. 5. 32. Ibid., p.3 Los datos son en gran parte los que proporciona Eurostat. 33. C. Dreger, E. López-Bazo et al., “Desigualdad salarial y de ingresos en la Unión Europea”, Bruselas, 2015. htpp://www.europarl.europa.eu/regdata/etudes/ 34. STUD/2015/536294/IPOL Servicios de Estudios del Parlamento Europeo. 35.http:// www.eurofound.europa.eu/publications/report/2015/working-conditions-labour-market/ recentdevelopments-in-the-distribution-of-wages-ineurop%C3A9. 35. D. Hardon, op. cit., p.15. 36. http://www.forbes./billonaires/list. 37. Juan Pablo Jiménez (Editor), Desigualdad, concentración del ingreso y tributación 38. sobre las altas rentas en América Latina, libros de la CEPAL, Nº 134 (LC/G.2638-P), CEPAL, Santiago de Chile, 205, p.12. 39. 39. Ibid., pp. 15-16. 40. Ibid., p.17. 41. Vid. CEPAL-IEF, “Los efectos de la política fiscal sobre la redistribución en AL y la UE”, 42. Estudios Nº 8, Madrid, septiembre 2014, pp-25-26. 43. Juan Pablo Jiménez (ed.), op. cit., pp.28-29. 44. Branko Milanovic, op. cit., pp. 135-136. 44. Ibid. pp.136-137. 45. Credit Suisse, Global Wealth Report 2015, p.24. 46. OECD (2015), “Government at a Glance 2015”, OECD Publishing, París, julio 2015. 47. Vid. Oxfam, Una economía al servicio del 1%, op. cit. 48. Ibid. 49. B. Milanovic, op. cit., pp.138-139.
2. Teorías sociológicas y económicas sobre la desigualdad actual Llamo la atención sobre la naturaleza del problema, porque apunta a la naturaleza del remedio. John Maynard Keynes
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INTRODUCCIÓN La desigualdad y la tendencia hacia su incremento es una patología social que debe ser enfrentada de manera decidida, a menos que, por pasividad, inacción, y falta de coraje cívico, estemos dispuestos a ir cada vez más hacia sociedades duales, sin cohesión social y con gobiernos al servicio de la “superclase” plutocrática, que tenderán a adoptar la forma de una “dictatocracia”, aunque esto se haga sobre unos supuestos ideológicos neoliberales, teniendo como base social una ciudadanía pasiva, indiferente a todo lo público y al bien común.(¹) TENSIONES ENTRE LA IDEA POLÍTICA DE IGUALDAD Y LA DESIGUALDAD SOCIAL En nuestras sociedades democráticas hay una tensión entre la idea política de lograr la igualdad, y el hecho de que existe una evidente desigualdad social. El pensamiento democrático, tiene entre sus objetivos, el avanzar hacia una cada vez mayor igualdad, basada en el principio de que “todos los hombres han sido creados iguales”. Aparte de este principio en la tradición cristiana, la igualdad intrínseca de todos los hombres como “criaturas de Dios”, ha sido transmitida de generación en generación y forma parte del inconsciente colectivo, al menos en el mundo occidental donde el cristianismo está más arraigado. Inclusive, cuando esta idea cristiana se ha difundido y asimilado en determinados grupos fuera de Occidente, donde predominaba una religión y cultura basada en castas, la misma ha servido para que, sobre la idea de la esencial igualdad de las personas, se pusieran los cimientos para asimilar ideas políticas y sociales que propugnan, no ya la igualdad sustancial de los seres humanos, sino la búsqueda de la igualdad política, social y económica básica. Es el caso de India, dónde las ideas marxistas se difundieron con mayor vigor entre las poblaciones que previamente se habían convertido al cristianismo y, por ende, ya tenían un sustrato ideológico en su discurso que aceptaba la idea que todos los hombres eran esencialmente iguales. Las constituciones democráticas recogen el principio de la igualdad política y cada vez más, se considera como uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico, la búsqueda o promoción de una mayor igualdad, que incluye lo social y económico. Hermann Heller (²) fue quien introdujo el concepto “Estado social de Derecho” para referirse al compromiso social del Estado moderno frente al Estado liberal burgués, posteriormente la doctrina conservadora y los liberales lo aceptan produciéndose lo que se llamó “el rapto capitalista del Estado social”. La constitucionalización del concepto se produce en 1947 en la Ley Fundamental de Bonn y aparece en la Constitución francesa de 1958, al concebir a Francia como “una república social” y en la española de 1978. Hoy prácticamente nadie cuestiona abiertamente la igualdad política, los mayores conflictos ocurren sobre la manera de establecer la igualdad de oportunidades, de resultados y de condición. (³) Este conflicto se debe a la contradicción existente en el seno de las sociedades capitalistas y democráticas, entre un sistema que se funda en la igualdad política de todos los ciudadanos de un Estado-nación o de un Estado-plurinacional,
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independientemente de la raza, sexo, religión o cualquier condición personal o social y, un sistema económico, que funciona a través de la competencia y la desigualdad en el acceso a los recursos económicos y sociales EL AVANCE HACIA LA IGUALDAD Desde finales del siglo XIX hasta mediados de la década de los años 70 del siglo XX, las sociedades avanzadas de Occidente se hicieron menos desiguales. Especialmente después de la posguerra. De 1946 a 1975, los llamados “treinta años gloriosos”, se pudo conciliar un capitalismo regulado, una economía mixta, con Estados de Bienestar que redistribuían la riqueza social, y que favoreció a los sectores más pobres de la sociedad. Jean Fourastié fue quien denominó a este período los “treinta gloriosos”, y calificó las transformaciones que se habían producido como la “revolución silenciosa”, utilizando la expresión que mucho antes que él había empleado Karl Mannheim. En un corto período de tiempo las economías europeas recuperaron lo que se había perdido en casi cuarenta años de guerra y depresión económica. Esto, expuesto de manera muy breve, se realizó debido a que los gobiernos en lugar de recortar sus gastos y presupuestos los incrementaron, se invirtió en infraestructuras y viviendas, la inversión pública y privada se centró en actualizar los equipos industriales, lo cual mejoró la eficacia y la productividad, y se incrementó el comercio internacional. Ello condujo a un boom económico con un aumento importante del PIB. Entre 1950 y 1973, Alemania aumentó hasta más del triple su PIB en términos reales. El PIB per cápita en Francia creció en un 150 por ciento. Italia mejoró aún más, si bien partía de niveles muy inferiores. Se había producido lo que se ha llamado un “pacto virtuoso” o “consenso keynesiano”, es decir, gobiernos, empresarios y trabajadores se pusieron de acuerdo en llevar a cabo un alto gasto gubernamental, unos impuestos progresivos y aumentos salariales moderados en función de la productividad.(4) Aunque el llamado Plan Marshall contribuyó a reanimar las economías europeas su papel en la dinámica económica tiene que ser apreciado en su verdadera dimensión. Cierto es que el invierno de 1946-1947 fue el peor en un siglo y se perdió la cosecha de cereales. Hubo hambre en Italia, en Alemania, Francia y en otros países europeos. Los expertos estadounidenses preveían que Europa no podría continuar comprando bienes y alimentos a su país porque no dispondrían de fondos. Unido a ello, crecía la preocupación del auge de las izquierdas en Europa. El secretario de Estado Marshall consideró que era necesario hacer un plan de ayuda económica que además de que contribuyera a eliminar la influencia de los comunistas en la población, abriera los mercados a sus productos, evitando con ello una crisis económica de posguerra en los Estados Unidos.(5) En abril de 1948 el Congreso de los Estados Unidos aprobó el European Recovery Program (ERP), con una dotación de 12.700 millones de dólares, destinados a pagar importaciones de alimentos, materias primas y otros bienes, que obligatoriamente tenían que ser transportados en embarcaciones de Estados Unidos. Unos 650 millones (el cinco por ciento del total de los fondos) se reservaron para financiar actividades de inteligencia y de propaganda por el Gobierno de ese país. La ayuda que recibió Europa representaba el 2,5 por ciento del producto de los
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países que fueron beneficiados por el Plan Marshall y el crecimiento europeo entre 1950-1973 fue de unas tasas entre el 5 y el 6 por ciento anual. Es decir, el crecimiento no se debió principal o exclusivamente al llamado Plan Marshall sino al creciente comercio entre ellos y al comercio internacional y, a la disparidad existente, entre los precios bajos de las materias primas importadas y la venta de productos manufacturados a precios elevados. Esto se puede ver con el caso de Gran Bretaña, ya que habiendo sido el principal receptor de los fondos del plan, creció por debajo del 3 por ciento en ese período. Luego la correlación entre la ayuda del Plan y el crecimiento no fue lineal.(6) En fin, el progreso económico que se produjo en Europa y también en los Estados Unidos (7) hizo posible una mejora sustancial de las condiciones de vida de las masas trabajadoras y una ampliación de lo que se ha denominado la clase media o las clases medias. Entendida no tanto como pequeños propietarios (agrícolas, artesanos, comerciantes y pequeños productores de bienes y servicios), sino como asalariados del sector servicio, de las industrias, profesionales liberales o por cuenta ajena, y maestros, profesores, burócratas, y un largo etcétera, cuyo rasgo distintivo para definirlos es que vivían en condiciones de cierto bienestar material que les “separaba” de lo que eran los estilos de vida y de consumo típicos de la clase trabajadora tradicional. Es decir, expresado con una imagen espacial jerárquica, eran los que no formaban parte de los de arriba ni tampoco de los de abajo, eran un sector intermedio. LOS ESTADOS DE BIENESTAR Durante la guerra, por motivos más que obvios, el Estado comenzó a jugar un importante papel en la vida económica y, una vez terminada la misma, siguió en la misma dinámica, por tanto se estaba ya muy alejado de los postulados del Estado liberal no intervencionista que dejaba que la “mano invisible”, el mercado del laissez faire, actuara sin regulaciones. Aunque las raíces del llamado Estado interventor y dedicado a realizar políticas sociales redistributivas viene de Bismarck, las mismas no se tomaron constreñidos por una ambiente revolucionario como en Francia producto de la experiencia de la Comuna de París de 1871, sino que fueron tomadas por un gobierno liberal-autoritario que no era responsable ante un parlamento. Las medidas de 1883 y 1889 de Bismarck configuraron el primer sistema de seguros sociales del mundo (de enfermedad, de accidentes de trabajo y de jubilación, jornada laboral de 11 horas y prohibición del trabajo nocturno).(8) A partir de 1945, los países capitalistas europeos y también en Norteamérica, se hacen eco del Informe Beveridge que sistematizaba ideas de Keynes sobre el pleno empleo y sostenía la necesidad de una intervención del Estado en la economía y un aumento de las cargas fiscales para reducir las desigualdades socioeconómicas, a través de la seguridad social, seguro de desempleo y otras subvenciones sociales para expandir los programas de bienestar social. (9) Con sus diferencias y especificidades el Estado de Bienestar se fue estableciendo en los países capitalistas avanzados y durante unos treinta años aseguró crecimiento económico, mejora del nivel general de vida de la población, un alto nivel de empleo, salarios que se incrementaban a un ritmo cercano a la productividad, y acceso de los
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ciudadanos a los servicios de salud, educación y a un sistema de jubilación, además de los subsidios por desempleo.(¹0) Los Estados de Bienestar no fueron homogéneos, se produjo un pacto virtuoso entre Estado, empresariado y sindicatos que resolvía los conflictos de manera general a través de las negociaciones colectivas, lo que trajo estabilidad y una reducción en la desigualdad social.(¹¹) Las ideas que hicieron posible el Estado de Bienestar se convirtieron en hegemónicas en la sociedad de manera que: “En las tres décadas que siguieron a la guerra, economistas, políticos, comentaristas y ciudadanos coincidían en que un gasto público alto, administrado por las autoridades nacionales o locales con libertad suficiente para la vida económica…era una buena política. A quienes no estaban de acuerdo se les consideraba curiosidades de un pasado olvidado –ideólogos irracionales que buscaban hacer sus entelequias– o egoístas defensores del interés privado sobre el bienestar público”. (¹²)
La era del Estado del Bienestar es sinónimo de la era del capitalismo avanzado. Pero en los años 70 del siglo pasado se produjeron una serie de hechos económicos que impulsaron de nuevo a los defensores del capitalismo de libre mercado sin regulaciones, que propugnaban una reducción del papel intervencionista del Estado. El gasto público se elevó y había resistencia a aumentar aún más los impuestos, se produjo la llamada crisis fiscal del Estado, lo que unido a un estancamiento económico y a un crecimiento de la inflación dio alas a los que propugnaban abandonar el keynesianismo y volver al capitalismo de mercado sin controles regulatorios. (¹³) Al desarrollo de los Estados de Bienestar se puso fin en la mitad de la década de los setenta en el Reino Unido y en grado variable en el resto de los países europeos, lo cual no implicaba su desaparición. Tuvo lugar un estancamiento y retrocesos notables pero graduales. Se hicieron recortes en el gasto público y especialmente en el gasto social. El motivo para ello fue lo que se denominó la crisis fiscal del Estado. Por ejemplo, en el Reino Unido, “entre 1971 a 1975 la diferencia entre el gasto público y los ingresos del Estado llegó a ser del 11 por ciento del PNB”, lo que provocó un endeudamiento del Estado de “once billones de libras”. La crisis económica de 1973 también influyó con estos recortes ya que el PNB de los países de la OCDE disminuyó un 5 por ciento y el comercio mundial un 14 por ciento. A la vez que aumentaba el desempleo a la cifra consideraba impresionante para la época de 15 millones en los países de la OCDE.(¹4) La inflación aumentó y los países capitalistas avanzados sufrieron un déficit comercial cada vez mayor. Y a todo ello hay que unir un cierto declive de la rentabilidad de empresas industriales y comerciales. “En términos reales, la tasa de ganancia en el Reino Unido descendió del 13% en 1960 al 4% en 1975”.(¹5) A todo esto se unió la labor de los economistas neoliberales y monetaristas contrarios a Keynes y a la difusión en los medios de comunicación de mensajes que hacían culpable de la situación de “recesióninflación” al excesivo gasto del Estado, especialmente en materia de bienestar.
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NEOLIBERALISMO: EL CAMINO DE LA NUEVA SERVIDUMBRE Y LA DESIGUALDAD A partir de mediados de la década de los 70 se hicieron recortes en las políticas sociales, desregulaciones de la economía y políticas impositivas favorables a los poseedores de mayor riqueza, que han llevado a un crecimiento de las desigualdades. Estas han sido la consecuencia, entre otras, del llamado neoliberalismo y la “contrarrevolución” neoconservadora que tuvo como pilares políticos a Reagan, en los EE.UU., y a Thatcher en el Reino Unido, y que pusieron abiertamente en cuestión el llamado “modelo social europeo”. (¹6) En Europa y en muchas otras partes del mundo, se ha ido imponiendo lo que se ha denominado el “modelo americano” de política económica. Este modelo se basa en tres postulados que tienen un fundamento en la teoría economía clásica y que se considera que están probadas en la realidad, por lo cual se deberían aceptar como casi axiomas económicos. Como expone Bourdieu: El primer postulado es que la economía tiene sus leyes naturales que nadie debe perturbar, especialmente el Estado. El segundo, es que el mercado es la mejor manera de organizar el proceso productivo y el intercambio, y que el mismo no debe estar regulado. De esa manera se logrará una sociedad a la par más eficaz y más justa. El tercer postulado, está relacionado con la llamada globalización, que exige que el Estado sea mínimo, reduzca sus gastos sociales, especialmente en empleo y seguridad social, ya que esto supuestamente distorsiona el funcionamiento del mercado y conduce a graves disfuncionalidades.(¹7) Estos postulados los llevó a la práctica en los EE. UU. Reagan y los siguió luego Clinton y, en el Reino Unido, Thatcher y Blair. Lo más importante es que en realidad el gasto estatal no disminuyó en esos gobiernos, creció el gasto militar y aunque la idea era disminuir el gasto social, debido al aumento del paro, hubo que incrementar el gasto en subsidios a los desempleados, sobre todo en el Reino Unido. En Europa ese mismo modelo –sin la vertiente del hiper gasto militar– con diferencias y matices, se ha ido imponiendo y, en ocasiones yendo más allá, como en la coyuntura posterior a la crisis de 2007-2008, donde el presidente Obama aplicó políticas de estimulo a la demanda, mientras que en la UE se insistía en controlar el déficit y la inflación con políticas restrictivas del gasto y austeridad, lo que produjo recesión, sin importar la suerte y el sufrimiento de millones de personas. Tiene mucho interés señalar que en países donde se ha promovido la igualdad como un derecho de los ciudadanos cuesta tratar de recortar los derechos sociales aunque se intente y se encuentre, inclusive, una cierta base social de apoyo entre aquellos que durante las últimas décadas han sido socializados en las ideas del individualismo posesivo, la competencia y los logros individuales. Por tanto, este goteo ideológico sistemático de individualismo insolidario, tiene como consecuencia, que un porcentaje de la población tenga poco interés en los asuntos del común y la solidaridad. Los recortes muchas veces se justifican afirmando que la existencia de un alto nivel de desempleo es debido al gasto excesivo del Estado en políticas sociales y en la sanidad pública universal.
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LA SOCIOLOGÍA Y LA DESIGUALDAD SOCIAL La cuestión de la igualdad requiere una atención especial no sólo para las ciencias sociales, sino para todos los interesados en mantener un cierto grado de estabilidad social y política, ya que los conflictos que desencadena la elevada desigualdad –sobre todo en países donde la misma se ha considerado una aberración tanto económica como política–, abre la puerta no sólo a movimientos sociales y políticos considerados “anti-sistema” y ”populistas” de diverso signo, sino incluso a movimientos violentos. Esto es cierto, pero apenas se menciona, que también puede conducir –sino se está produciendo ya–, a un creciente autoritarismo y cercenamiento de los mecanismos de funcionamiento democrático desde el mismo poder del Estado, tratando de esa manera de mantener un sistema que crea una desigualdad extrema y cuya obstinación en mantenerlo no tiene otra explicación que el gran poder que tienen los llamados “intereses especiales”, de las grandes empresas y del sector financiero, sobre los que toman las decisiones a nivel estatal y los que elaboran las leyes, es decir, sobre el poder político. Todo lo cual conduce a un alejamiento ciudadano de las instituciones políticas, que toma la forma de abstención electoral o de rechazo a las propuestas más tradicionales del sistema político, situación que se exacerba cuando se impone a los gobernantes electos líneas de actuación decididas fuera de los ámbitos de control democrático, creando las bases para la inestabilidad política. Como se ha señalado con acierto, la correlación entre la desigualdad de rentas, las medidas represivas de los gobiernos y la violencia política, todos aunados, conducen a la inestabilidad política: “Un alto nivel de desigualdad y la estructura de un régimen que no es ni democrático ni tampoco totalitario, parecen ser dos potentes ingredientes de una receta para la inestabilidad política”.(¹8)
Así pues, la desigualdad social es un asunto que nos atañe a todos y a poco que seamos mínimamente conscientes, no puede dejar de ser percibida, ya que todos tenemos la capacidad de poder compararnos con otros, ya sea en cuanto a nuestras diferencias individuales, sociales, económicas, e incluso nacionales y globales. Sin embargo, Therbon nos recuerda que la sociología clásica no se interesó demasiado por la desigualdad social y que fue Lenski y Tumin, quienes, desde la sociología académica, le dieron la importancia debida a la misma y que ninguno de los comités de investigación de la Asociación Internacional de Sociología (ISA) se centró en estudiar la desigualdad. Aunque si se ha estudiado la estratificación social un concepto importado de la geología a la sociología por Pitirim Sorokin. Sin embargo, y aún teniendo en consideración lo afirmado por Therbon, debemos señalar que para algunos sociólogos la estratificación social es otra manera de referirse o tratar la desigualdad social, y que dichos términos pueden ser entendidos a efectos prácticos casi como sinónimos. Así entendida la estratificación supone una jerarquía de posiciones o situaciones desiguales respecto a relaciones de poder, de propiedad y riqueza, de evaluación o estimación social, y de capital social. (¹9)
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La sociología, es decir, los sociólogos y los científicos sociales de diversas disciplinas, están estudiando la desigualdad cada vez más, e inclusive, el Congreso Internacional de Sociología de 2014 de la International Sociological Association, ISA, estuvo dedicado a la desigualdad. Por lo cual se reconoce oficialmente que es un tema sobre el cual no se puede mirar hacia otro lado.(²0) La desigualdad surge en las sociedades a partir de la agricultura sedentaria, por tanto, no se puede afirmar que siempre ha existido la desigualdad social. Y a partir de ese error, se extrae la conclusión de que es algo “natural” o creada por Dios. Durante casi todo el período que llamamos la prehistoria, que supone aproximadamente más del 90 por ciento del total de la existencia de la humanidad, o sea, de la historia en sentido amplio, los hombres vivían en grupos en una práctica igualdad entre ellos, aunque por motivos funcionales hubiera una división de tareas y una estimación diferenciada de aquellos que se distinguían por su mayor capacidad o talento natural o adquirido, para la caza, la pesca u otras acciones dentro del grupo. (²¹) Así pues, lo que ha ocurrido durante la mayor parte de la vida del hombre sobre la tierra, más que de tratarse de una desigualdad sociológica puede considerarse una diferenciación. Hay diferencias biológicas, de sexo, de tamaño, de fuerza, de agilidad, destrezas y de lo que hoy se llamaría de “inteligencia emocional”. Hay diferencias de tareas, actividades, de ocupaciones. Y hay diferencias en el aprecio o valor que otorgan los demás miembros del grupo a quienes tienen un desempeño que estiman útil para todos ellos. Pero es a partir de la agricultura sedentaria que se van formando sociedades y a medida que tecnológicamente éstas se van haciendo más complejas, la diferenciación se acentúa por la división social del trabajo. Por tanto, las diferencias existen tanto cuando predominaba la igualdad como cuando prima la desigualdad. Lo que ocurre es que la desigualdad no es algo que viene dado con la naturaleza, las desigualdades se construyen socialmente y pueden aumentarse o disminuirse radicalmente con las acciones sociales y las decisiones del poder político. La desigualdad social, en sentido estricto, se refiere no tanto a posiciones diferenciadas como a un acceso desigual a los recursos de todo tipo. Y cuando la desigualdad se institucionaliza, es decir, cuando hay un sistema de relaciones sociales que establece “quién consigue qué y por qué”, se puede hablar de desigualdad estructurada, entendiendo por tal lo siguiente: “el término estructurado indica una conjunción de elementos: la desigualdad no es fortuita sino que sigue un patrón, manifiesta una constancia y estabilidad relativa, y está respaldada por ideas que la legitiman y justifican”. (²²) A lo que habría que añadir que la desigualdad estructurada conduce a que se produzca un sistema de reclutamiento entre aquellos que desempeñan u ocupan determinadas posiciones, de individuos que tienen características comunes a las suyas para que se preparen a ocupar esas posiciones. Es decir, hay un fenómeno de herencia y de adscripción, aunque la misma es variable y depende de cada sociedad, esto no excluye un reclutamiento que, a la vez, también esté basado en reglas de logro.
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Los principios básicos del sistema de desigualdad social implican una clasificación jerárquica basada en los criterios siguientes: 1.
La desigualdad social no es un simple reflejo de las diferencias individuales, es un sistema de acceso desigual a los recursos.
2.
La desigualdad social persiste a través del tiempo, de las generaciones, las familias trasmiten –en general–, sus recursos y capital social a sus hijos, de manera que las pautas de desigualdad permanecen intergeneraciones. Esto no niega los fenómenos individuales de ascenso social o de caídas sociales (movilidad social ascendente o descendente), pero, la mayoría de las personas permanecen en la clase social en que crecieron, aunque mejoren sus ingresos, tengan más educación formal o un estilo de vida diferente al de sus padres.
3.
La desigualdad social es universal, a partir de un determinado período histórico, pero es variable según las sociedades y épocas.
4.
La desigualdad social se refiere no sólo a los ingresos y propiedades, sino también a las “creencias” o sistema ideológico con el cual se pretende legitimar y justificar la existencia de las desigualdades, que varía según las sociedades. Naturalmente, los más beneficiados por el sistema estructurado de desigualdad, son los que ocupan las posiciones más privilegiadas, que son los que con mayor énfasis apoyan ese sistema ideológico, de manera que están interesados en destinar parte de su riqueza en promover think tanks, fundaciones, publicaciones y medios diversos de difusión de ideas que promuevan la desigualdad y desacrediten las ideas igualitarias como utópicas o anti naturales.
5.
La desigualdad social crea unas “identidades” compartidas y delimita unas categorías sociales diferentes, con sus propios repertorios culturales, para su pertenencia a la misma. Son las llamadas identidades de clase social o de otro tipo. Las personas tienen una identidad ligada a su categoría, posición social y situaciones diferenciales compartidas (género, etnia, nacionalidad, niveles culturales, educación del gusto, opciones sexuales, etc.). Los individuos pueden aceptar esa identidad, tener conflictos con la misma e incluso renegar de ella. Marx denominó a esta identidad interiorizada, conciencia de clase, es decir: saber el lugar que se ocupa en una sociedad dada y lo que ello implica, lo que conllevaría saber quiénes son los tuyos, tus semejantes, tus iguales o tus pares y quiénes son los otros, y por qué se tienen intereses conflictivos en muchos aspectos. De una manera u otra incluso sociólogos no marxistas, han aceptado la existencia de la conciencia de clase, aunque no saquen las consecuencias últimas de la misma y no le den la misma importancia que tiene en Marx.(²³) A lo largo de este libro, en sus sucesivos capítulos se estudiará de manera explícita
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o implícita la desigualdad y las formulaciones que han hecho sobre la misma un grupo escogido de sociólogos, politólogos y científicos sociales, por tanto, pasemos ahora a ver de manera sintética, cómo ha enfocado la desigualdad la economía a través de las teorías más en boga sobre el tema. LA DESIGUALDAD Y LA TEORÍA ECONÓMICA Vilfredo Pareto Para el pensamiento dominante en la economía la desigualdad es algo que tiene que asumirse como un hecho económico y puede considerarse como algo necesario para el desarrollo sano de la misma. Vilfredo Pareto fue de los primeros economistas en señalar que había una especie de “ley de hierro de la desigualdad”, que se producía independientemente de cuál fuera la organización socio-económica. La ley del 80/20 aplicada a la desigualdad entre las personas vendría a establecer que el 20 por ciento de los individuos perciben el 80 por ciento de los ingresos y el 80 por ciento restante se repartía el otro 20 por ciento. Esta sería una ley inmutable y no preveía variación o cambios en esa distribución. Pareto consideraba que la sociología se definía por oposición a la economía, mientras ésta considera las acciones lógicas de los sujetos, la sociología estudia sobre todo las acciones no-lógicas. Las acciones lógicas son aquellas que están motivadas por el razonamiento y su conducta va dirigida a lograr ese objetivo. Mientras que las acciones no-lógicas, en un mayor o menor grado, están motivadas por el sentimiento. De manera general sería un estado de espíritu que no está dirigido por el razonamiento lógico. En su Tratado de sociología general publicado en 1916, se dedica a estudiar lógicamente las acciones no-lógicas, de una manera científica. A los fines que nos interesan, Pareto se opone a la teoría marxista, aunque reconoce que ésta tiene razón en que a través de toda la historia la lucha de clases es un hecho fundamental, no el hecho fundamental, pero el marxismo se equivoca según él, en dos puntos. Primero, la lucha de clases no está determinada exclusivamente por la economía, es decir, por los conflictos sobre la propiedad de los medios de producción (algo que Marx nunca expresó de manera tan reduccionista, como es sabido). Para Pareto siempre hay una oposición entre las élites y las masas, de manera que si desaparece el conflicto por la propiedad de los medios de producción surgirán otros conflictos, por ejemplo, en un sistema socialista, entre los “intelectuales” en sentido amplio, y los “no-intelectuales”, entre los innovadores y los conservadores. En segundo lugar, Marx se equivoca –según Pareto– en que la lucha de clases desaparecerá con el triunfo del proletariado. Lo que ocurrirá es que ese triunfo no conducirá a la dictadura del proletariado, sino a la dominación de quienes hablan en nombre del proletariado, que será una minoría en cierto modo privilegiada, idéntica en lo esencial a todas las élites que la precedieron en la historia. La historia es simplemente un “cementerio de aristocracias”, una sucesión de minorías selectas, que son reemplazadas por otras, es decir, la “circulación de las élites”. En este sentido, siempre hay una estabilidad social, aunque cambie el personal político, económico y de otras élites de la sociedad. Y también se puede deducir que la desigualdad social y económica siempre prevalecerá. La ley del 80/20 permanecerá siempre. Estaríamos condenados a la desigualdad. (²4)
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Simon Kuztnes En 1955 el economista de origen bielorruso y estadounidense de nacionalidad, Simon Kuznets, expuso la teoría del cambio en la distribución de la renta, por la que obtuvo el premio Nobel de Economía en 1971. La desigualdad entre las personas no es la misma en todas las sociedades, sino que varia a medida que la sociedad se desarrolla. En las sociedades muy pobres existiría una desigualdad reducida, pero a medida que la economía creciera y se pasara de la casi simple supervivencia a una sociedad con producción industrial, se daría una mayor diferenciación económica entre los ingresos de la población campesina y los trabajadores industriales y del sector servicios. La diferenciación de ingresos tendría que ver con la mayor diversificación de las tareas y su contraparte de remuneraciones. De manera que se daría una mayor desigualdad de ingresos en la población. Ahora bien, en una etapa posterior el Estado juega un papel redistributivo, se generaliza la educación, y hay un reparto menos desigual de los ingresos, ya sean estos directos o indirectos, a través de las políticas sociales redistributivas. La desigualdad en esta etapa disminuye.(²5) Kuznets formula la llamada hipótesis que lleva su nombre y que representa con una curva en forma de campana, una U invertida, que representa una correlación entre dos variables, el desarrollo económico que usa como índice el producto interior bruto (PIB) per capita, en el eje horizontal, y la tasa de desigualdad (medido por el índice de Gini, o sea, por la relación entre el primer y el último percentil), en el eje vertical. El desarrollo produce en una primera etapa desigualdad, pero llegará a un punto en el cual comenzará a generar más igualdad o menos desigualdad. Como se ha expuesto, la curva de Kuznets se estableció estudiando en el largo plazo las economías de los países de la primera industrialización, teniendo en cuenta su transición desde una economía agraria a una industrial.(²6) La curva de Kuznets fue utilizada por los neoliberales para justificar que la cuestión de la desigualdad no debía ser motivo de preocupación, que lo importante era crecer, y que los problemas de la desigualdad y de la justicia social se irían solucionando en el transcurso del tiempo, “receta” que recomendaban a los países en desarrollo. Inclusive se aplicó esta curva al medio ambiente para justificar que no importaba la degradación que provoca el desarrollo industrial aunque al principio no respete el medio ambiente, porque, a la larga, se terminaría respetándolo e invirtiendo en nuevas tecnologías más limpias y eficientes. Lo que se puede afirmar es que tanto en Europa como en los Estados Unidos ha habido desde el triunfo del neoliberalismo de Thatcher y Reagan y de sus seguidores y continuadores, sea conservadores o de la “tercera vía”, un ascenso de la desigualdad de renta con lo cual lo que tenemos no es una U invertida sino una especie de curva ascendente desde una menor a una mayor desigualdad, es decir una especie de S horizontal pero con una curva ascendente de desigualdad. (²7) Arthur Laffer En la justificación de la desigualdad ha tenido mucha importancia la llamada teoría del lado de la oferta, que sostenía los efectos desincentivadores de los elevados tipos impositivos marginales, que serían responsables de un bajo ahorro, una recesión, un
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estancamiento de la productividad y de una alta inflación. En los años 80 del siglo pasado Arthur Laffer expuso la llamada curva de Laffer que sirvió para abogar por una reducción de los impuestos a los perceptores de rentas más altas y de grandes patrimonios. El mismo Laffer también fue uno de los promotores en California de un impuesto sobre el patrimonio que sólo tributara el 1 por ciento de su valor. En la curva de Laffer, en el eje horizontal, están los tipos impositivos y en el eje vertical los ingresos fiscales totales. Si el tipo impositivo fuera cero no habría ingresos fiscales si fuera del ciento por ciento nadie trabajaría y tampoco habría ingresos. De manera que, a medida que aumentan los tipos impositivos a partir de cero también aumentan los ingresos pero llega un momento en que si los impuestos son demasiado altos la gente trabaja menos o comienza a desviar sus actividades hacia la economía sumergida. Por tanto, hay un punto donde se maximizan los impuestos recaudados, este punto se sitúa, digamos, en un 50 por ciento de tipo impositivo máximo (aunque no consta que Laffer propugnara ese nivel impositivo). Por encima de ese punto de equilibrio se entra en una zona o renglón impositivo prohibitivo que desincentiva la actividad económica, la inversión, y promueve la evasión fiscal. Es decir, si se suben los impuestos el efecto desincentivador sería mayor que el efecto ingreso, y la recaudación disminuye. La conclusión es que rebajando los tipos impositivos se eleva la eficiencia económica y aumenta la recaudación fiscal. Sin embargo, otros economistas tras realizar y analizar estudios econométricos han expuesto que “una reducción de los impuestos provocaría una reducción cuantitativamente proporcional de la recaudación fiscal”. En efecto, los ingresos federales disminuyeron y el presupuesto federal que en 1979 estaba casi equilibrado pasó “a mostrar un déficit de 200.000 mil millones después de 1983”. “La predicción fundamental de los economistas del lado de la oferta –a saber, que el trabajo y el ahorro aumentan espectacularmente cuando se bajan los tipos impositivos– ha resultado errónea hasta ahora”. (²8) Se afirma que los economistas del lado de la oferta y Laffer personalmente, influyeron en que Reagan bajara el tipo máximo del impuesto marginal sobre la renta del 50 por ciento hasta el 28 por ciento para los más ricos y el impuesto de sociedades del 46 por ciento al 34 por ciento. Las consecuencias han sido negativas porque ha aumentado la desigualdad. De manera que toda la teorización del “goteo hacia abajo”, basado en que teniendo más rentas disponibles los más ricos, se aumentaría la inversión, se crearía más empleo y se disminuiría la desigualdad, ha demostrado ser una falacia. Durante los años de Thatcher y luego de Blair, el índice de Gini –que mide la desigualdad de una sociedad–, pasó en el Reino Unido de 0,26 en los años setenta a 0,35 a finales de los noventa, es decir, aumentó significativamente. En Estados Unidos donde el índice de Gini había sido en 1968 del 0,38 pasó en 2012 al 0,48, mostrando una extrema desigualdad para un país desarrollado. Es decir, la conclusión que se puede extraer de esas prácticas políticas impositivas y desregulatorias es que, a mayor neoliberalismo mayor desigualdad social. (²9)
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THOMAS PIKETTY: EL CAPITAL EN EL SIGLO XXI Y LA DESIGUALDAD El economista e historiador francés Piketty con su obra El Capital en el siglo XXI (³0), ha alcanzado un éxito de ventas bastante inaudito para un libro sobre economía que trata asuntos que no suelen ser materia de best sellers y, a la vez, ha suscitado un gran interés de la comunidad académica y un reconocimiento de su trabajo, aunque no falten voces críticas, como es natural, tanto por la materia tratada como por las conclusiones de su trabajo que van en contra de la visión económica hegemónica. Lo importante del libro de Piketty es que sus análisis están basados en un banco de datos estadístico impresionante sobre la cuestión de la desigualdad desde el siglo XVIII al siglo XXI (hasta el 2010), proporcionando una perspectiva histórica del crecimiento y la distribución de la renta y la riqueza en unos veinte países, mostrando así las tendencias a largo plazo de la desigualdad. Una de sus conclusiones es que la diferencia que hay entre el crecimiento de la economía y el rendimiento del capital y que éste último supere al crecimiento del producto interno bruto, conlleva un aumento de la desigualdad que amenaza la estabilidad del capitalismo. Señala Piketty sobre su libro que: “El Capital en el siglo XXI es principalmente un libro sobre la historia de la distribución de la renta y del patrimonio. Gracias a los esfuerzos acumulados de varias docenas de eruditos, hemos podido recopilar una base de datos histórica relativamente grande sobre la estructura de la renta nacional y del patrimonio nacional y sobre la evolución de la distribución de la renta y el patrimonio, que abarca tres siglos y más de veinte países…a partir de la revolución industrial…confío en que este trabajo pueda contribuir a resituar el estudio de la distribución y del largo plazo en el centro del pensamiento económico”. (³¹)
El enfoque de Piketty pretende tener en cuenta los procesos económicos, sociales, políticos y culturales y tratar la distribución y las desigualdades entre las clases sociales, colocándolos como afirma “en el centro de la reflexión económica, social y política”. Haciendo algo diferente a lo que durante el siglo XX muchos economistas han intentado “con demasiada frecuencia, separarse de las otras ciencias sociales (tentación ilusoria donde las haya) y descuidar los fundamentos sociales y políticos de la economía”.(³²)Este enfoque multidimensional se nutre, también, de la historia de precios y de salarios, de las rentas y fortunas y los trabajos sociológicos sobre las desigualdades de capital cultural y las disparidades salariales. Y por si queda alguna duda sobre este enfoque de ciencia social el autor nos las aclara con esta afirmación tajante: “La principal conclusión de este trabajo es que hay que desconfiar de cualquier determinismo económico: la historia de la distribución de la riqueza es siempre una historia profundamente política, y no podría resumirse en mecanismos puramente económicos”. (³³)
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CAPITAL Y CLASES SOCIALES Piketty distingue dos jerarquías sociales fundamentales basadas en los patrimonios (la riqueza) y las rentas del trabajo (los salarios o remuneraciones); aunque puedan estar relacionadas, y en algunas sociedades puedan incluso casi coincidir no son iguales. El autor distingue tres clases sociales, una clase baja formada por el 50% inferior, en función de sus remuneraciones, una clase media constituida por el 40% por sus remuneraciones más elevadas y el patrimonio que pueda tener, y un 10% superior en patrimonio y remuneraciones, que constituye una clase alta, y dentro de esta clase alta diferencia al 1% de la cima de patrimonio e ingresos que constituiría la clase dominante. Ambas jerarquías tienen sus específicos modos de reproducción y mecanismos de dominación y de producción de desigualdades. La jerarquía de los patrimonios pone en marcha procesos de acumulación de capital inmobiliario, financiero, profesional, y estrategias de inversión; lograr normas legales e impositivas que les sean favorables en todos los sectores y la capacidad de poder transmitir en las mejores condiciones posibles y con la menor merma, su patrimonio a sus herederos. Mientras que la jerarquía de las rentas del trabajo depende de las normas e instituciones que fijan los contratos de trabajo, los salarios y remuneraciones, y de las diferencias en cualificaciones de los agentes. Aquí introduce Piketty las elaboraciones de Bourdieu sobre el papel del sistema educativo y de la jerarquía del capital cultural. Las jerarquías del capital financiero y del capital cultural se corresponden a diferentes sistemas de discursos y de justificaciones. La jerarquía del capital financiero actual pretende justificar su riqueza y su derecho a su patrimonio en una ideología de tipo meritocrático, (tener mentalidad de logro, ser emprendedor, arriesgarse, tener capacidad inversora), la productividad y hasta la virtud (capacidad de ahorro, esfuerzo y trabajo duro, persistencia, voluntad, etc.).En este sistema de justificaciones hay implícita una estigmatización del pobre que no tendría ni méritos ni capacidades para tener riqueza o poder aspirar a ser como los de la clase alta y dominante. El fundador en 1872 de la Escuela Libre de Ciencias Políticas, en París, la creó teniendo como objetivo una “misión”: “…las clases que se llaman a sí mismas clases altas solo pueden conservar su hegemonía política invocando el derecho del más capaz”. Y continuaba advirtiendo contra los más numerosos: “el mar de la democracia tiene que chocar con una segunda fortificación (aparte de la tradición) hecha de méritos brillantes y útiles, de superioridad cuyo prestigio se imponga, de capacidades de las que no podemos privarnos sin locura”. (³4) Hay que tener en cuenta que se venía de aplastar la Comuna de París y se había restablecido el sufragio universal masculino, de manera que se apela a la meritocracia para dar sentido a la desigualdades y legitimar por qué los vencedores y los ricos tenían prerrogativa para su dominación, ante el peligro que podían representar las “clases peligrosas”–en su componente masculino– ahora con derecho al voto y con una ideología igualitaria difundida en su seno. Piketty formula la hipótesis de que en el siglo XXI puede surgir un modelo desigualitario que combine las desigualdades patrimoniales y capitalistas del pasado con formas extremas de dominación basadas en el capital cultural y simbólico, y en culpabilizar a las víctimas, a los perdedores. Y afirma que los actuales discursos
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meritocráticos contemporáneos, son una abierta hipocresía. Pone el ejemplo de que en las instituciones educativas más elitistas de Francia, que reclutan a sus miembros entre sectores, generalmente de muy altos ingresos, el Estado invierte tres o cuatroveces más por alumno que en las instituciones abiertas a todos. Y en Estados Unidos, en la Universidad de Harvard, “la renta media de los padres de los estudiantes…se corresponde a la renta media del 2% de estadounidenses más ricos”. Y, además de este acceso privilegiado al capital cultural y simbólico, han incrementado “su capacidad de pagarse a sí mismas remuneraciones extravagantes por falta de un contrapoder sindical y fiscal adecuado”.(³5) Como corolario a lo anterior hace esta reflexión que me parece muy pertinente: “para comprender las relaciones de producción y de poder en el siglo XXI, hace falta –creo– combinar los análisis de Marx y los de Bourdieu, a fin de desarrollar una verdadera economía política e histórica del capital y de las desigualdades entre las clases sociales”.(³6) DESIGUALDAD EN LA DISTRIBUCIÓN DEL CAPITAL Y DE LAS RENTAS DEL TRABAJO Voy a prescindir, en la medida de lo posible, de fórmulas y ecuaciones que no hacen más que disuadir a la mayor parte de los lectores de seguir leyendo, como muy bien dijo el científico Stephen Hawking, “por cada ecuación restas la mitad de los lectores”, (every equation halves the number of readers). Cuando la variación entre los rendimientos del capital y el crecimiento económico es muy dispar y esta tendencia se impone, estamos ante una situación dónde la riqueza heredada se sobrepone a las rentas de las personas, y esto acentúa las contradicciones del sistema. Deja entonces de existir esa relación entre el crecimiento de la economía y la ampliación de las llamadas clases medias que fue característico de muchos países europeos y de América del Norte.(³7) Piketty nos muestra –aparte de la variación de los rendimientos del capital y el crecimiento económico–, que la desigualdad que se produce en la distribución de la renta se produce también en las remuneraciones salariales, ensanchándose el abanico entre lo que percibe el trabajador o asalariado medio con lo que perciben los cuadros superiores y los gerentes de las empresas, y muy especialmente, los sueldos y bonificaciones de los directivos del sector financiero. Esta situación de desigualdad produce un estancamiento e incluso una reducción de la movilidad social que se convierte en obstáculo no sólo para el mismo crecimiento económico sino que repercute en las instituciones políticas. Hay un cuestionamiento de la democracia al percibir los ciudadanos que la misma se encuentra secuestrada por unas minorías supermillonarias que son las que en última instancia influyen sobre las políticas que se adoptan, que favorecen desproporcionadamente a los llamados por Stiglitz los “intereses especiales”, en contra del interés y el beneficio de la mayoría de la población. El tamaño de la diferencia entre la tasa de rendimiento del capital (r) y la tasa de crecimiento de la economía (g) puede permitirnos, en parte, explicar las variaciones de la desigualdad del patrimonio. Cuando la relación r > g fue muy elevada, hasta la
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Primera Guerra Mundial, en casi todas las sociedades, la desigualdad de patrimonio fue muy extrema. Pero la dinámica política y los cambios institucionales pueden influir en la desigualdad. Tampoco r >g puede dar cuenta de la creciente desigualdad de la renta del trabajo, debida entre otros elementos, al papel de la formación educativa y las aptitudes individuales. En el caso de los Estados Unidos la desigualdad de las rentas del trabajo se puede explicar por la creciente desigualdad en el acceso a la cualificación y a la enseñanza superior, por un lado, y por el excesivo aumento de las remuneraciones de los altos directivos unido a la reducción de los impuestos directos sobre las rentas, el impuesto de sociedades y el impuesto de sucesiones. ³8) En lo que se refiere a la desigualdad de las rentas del capital, lo más importante en este asunto es el proceso de ahorro e inversión, y las normas sobre transmisiones y sucesiones, además del cada vez más importante, funcionamiento de los mercados inmobiliarios y financieros con sus ganancias extraordinarias. Como expone Piketty, la desigualdad respecto al capital es siempre mayor que la desigualdad respecto a las rentas del trabajo, debido a una mayor concentración de la propiedad del capital y de las rentas que de él se derivan. La proporción que obtiene el 10 por ciento de las personas con la renta del trabajo más elevada es del orden del 25-30 por ciento del total de las rentas del trabajo, mientras que el 10 por ciento de las personas con el patrimonio más elevado obtienen siempre una proporción superior al 50 por ciento del total de los patrimonios, e incluso asciende al 90 por ciento, en algunas sociedades. Por ello se pude afirmar que: “Las desigualdades respecto al trabajo se presentan la mayoría de las veces como desigualdades modestas, moderadas y casi razonables (en la medida en que pueda serlo una desigualdad…)…mientras que, en comparación, las desigualdades respecto al capital son siempre desigualdades extremas”. (³9)
La concentración del capital (del patrimonio y las rentas de alquileres, dividendos, intereses, royalties beneficios, etc.), se explica no solo por el ahorro de rentas del trabajo con fines de mantener un consumo en el momento de la jubilación, el llamado ahorro de ciclo vital o el preventivo, lo que hace que como media, los mayores suelen tener más riqueza que los jóvenes, pero esto no puede llevar a conclusiones fáciles del tipo que “la lucha de edades ha reemplazado la lucha de clases”, sino que la concentración de capital tiene su explicación “por la importancia de la herencia y de sus efectos acumulativos”. (40) Se entiende por desigualdad total cuando se suman las rentas del trabajo y las del capital. En el cuadro que se presenta a continuación Piketty expone la desigualdad total de las rentas del trabajo y el capital entre los diversos grupos de rentas, y aclara que las denominaciones de clase que emplea son arbitrarias y que las utiliza, de manera que se puede sustituir por una clasificación como clase A, B, C. Reconoce, empero, que en el debate público las cuestiones de denominaciones tienen importancia ya que ”la manera como unos u otros dividen la sociedad a menudo refleja posturas implícitas o explícitas con respecto a la justificación y la legitimidad de los niveles de renta y de patrimonio que posee tal o cual grupo”.(4¹)
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TABLA 1 - LA DESIGUALDAD TOTAL DE LAS RENTAS (TRABAJO Y CAPITAL) EN EL TIEMPO Y EL ESPACIO Fuente: Thomas Piketty, op. cit., p.330
Proporción de los diversos grupos en el total de la renta
Desigualdad baja (=países escandinavos 1970-1980)
Desigualdad media (= Europa 2010)
Desigualdad alta (= Estados Unidos 2010. Europa 1910)
Desigualdad muy alta (= Estados Unidos ¿2030?)
El 10% de los más ricos (“Clase alta”)
25%
35%
50%
60%
Que incluye el 1% de los más ricos (“Clase dominante”)
7%
10%
20%
25%
Que incluye el otro 9% (“Clase acomodada”)
18%
25%
30%
35%
El 40% del medio (“Clase media”)
45%
40%
30%
25%
El 50% más pobre (“Clase baja”)
30%
25%
20%
15%
Coeficiente de Gini correspondiente (indicador sintético de desigualdad)
0,26
0,36
0,49
0,58
Así pues, Piketty considera que el uso que hace de la “clase media” como ese 40% que se encuentra “en medio”, aunque discutible, puede ser pertinente, ya que, generalmente, el empleo de la expresión es para referirse a quienes les va bastante mejor que a la masa del pueblo, aunque estén muy alejados de las verdaderas élites económicas, de los verdaderos ricos por propiedad de capital. Su análisis se basa en conceptos estadísticos basados en deciles, el 10% más alto, el 40% del medio y el 50% inferior; y en centiles, el 1% superior, que permiten una definición exacta en diversas sociedades y hacer comparaciones en función de la desigualdad de capital, de sus rentas del trabajo y de su desigualdad total. En las sociedades donde la desigualdad total de las rentas del trabajo es relativamente baja como en los países escandinavos en el período de 1970-1980, el 10% más rico posee en torno al 25% de la renta total, y el 50% más pobre, alrededor del 30%, esto se corresponde con un coeficiente de Gini del 0,26%. Mientras que en los Estados Unidos de 2010 y como fue el caso en Europa un siglo atrás, es decir, en 1910, el 10% más rico posee el 50% de la renta total y el 50% más pobre tan sólo el 20% de dicha renta total, para un índice de Gini del 0,49. Como es sabido, según el índice de Gini la igualdad perfecta tiene un índice de 0 y la desigualdad perfecta o absoluta un índice de 1. Mientras más cerca se esté de uno de los dos polos una sociedad será más o menos igualitaria o desigualitaria. Hay que señalar que en el grupo del 50% de remuneraciones más bajas las mujeres están sobrerrepresentadas en, prácticamente, todos los países. De seguir la tendencia observada en los Estados Unidos (en 2010), de creciente concentración de las rentas del trabajo, hacia 2030 el 50% de la población madura peor
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pagada podría percibir la mitad de la masa salarial que obtiene el 10% mejor pagado. En ese mismo país según una encuesta de la Reserva Federal de 2010-2011 se indica que el decil superior, el 10% de los más ricos, posee el 72% del patrimonio de ese país, y que el 50% inferior apenas posee el 2%. Unos niveles de desigualdad de los más acentuados en sociedades de capitalismo avanzado. Pero la situación también es semejante en Francia ya que los datos para esos mismos años muestran que el 10% más rico tiene el 62% del patrimonio total, mientras que el 50% más pobre tiene sólo el 4%, es decir, carece realmente de patrimonio y vive sólo de las rentas del trabajo. (4²) Respecto al patrimonio, las verdaderas fortunas se componen de activos financieros, de acciones y participaciones. Los que le siguen en riqueza suelen tener de una tercera parte a una mitad de su patrimonio en bienes inmuebles, especialmente viviendas, y compone el patrimonio principal, si no casi el único, de las llamadas clases medias, es decir, el patrimonio de estos sectores está invertido en el ladrillo (en vivienda). TRIBUTACIÓN SOBRE LA HERENCIA Y RENTA DEL TRABAJO La teoría de la tributación que propone Piketty(4³) se basa en un modelo bidimensional de la desigualdad en la cual los individuos se diferencian por sus retribuciones laborales y por su patrimonio heredado. La política tributaria también es bidimensional, lo cual conlleva un impuesto progresivo sobre la renta del trabajo y un impuesto progresivo sobre el patrimonio heredado. “Para unos valores empíricos realistas, encontramos que el tipo impositivo óptimo para la herencia podría llegar al 50-60%, o incluso más para los legados más elevados, en sintonía con la experiencia histórica”.(44) Esos tipos impositivos óptimos sobre el patrimonio, deben adaptarse en la medida en que crecen los patrimonios con el fin de estabilizar el nivel de concentración. De manera que si los patrimonios mayores crecen en un 6-7% anual, mientras que los de nivel medio lo hacen en 1-2%, en términos reales, a los patrimonios mayores se les deben aplican tipos impositivos de hasta un 5% anual o mayores. La idea es evitar la concentración de capital pero también distinguir entre el patrimonio heredado y el meritocrático, conseguido por uno mismo, el cual se gravaría a un tipo más bajo. La idea de poner un impuesto al consumo, como alternativa, no es eficaz, ya que los que tienen un mayor patrimonio gastan una parte proporcional muy pequeña en consumo y, por muy ostentoso que este sea, la mayor parte de sus gastos y recursos se destinan “en comprar influencia, prestigio y poder”. (45) En los Estados Unidos la tasa superior del impuesto sobre sucesiones era del 70% de 1940 a la década de los 70, y a partir de la década de los 80 se redujo al 55%. En 2013 es del 35%. Aunque Bush pretendía irla rebajando hasta alcanzar el 0%, es decir, suprimiendo la llamada death tax. En Francia, en las décadas de 1960 y 1970 era del 1520% y desde 1983 la tasa superior es del 40% pero aplicable a las sucesiones mayores a 2 millones de euros por heredero, pero en legados menores a un millón de euros para el cónyuge y los hijos puede con las exenciones ser de apenas 15%. Pero “la tasa media de imposición de las sucesiones y donaciones es de apenas un 5%; y alcanza tan sólo el 20%” para los muy ricos(46) Las dos grandes innovaciones fiscales del siglo XX fueron la creación del impuesto
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progresivo sobre la renta y el impuesto progresivo de sucesiones que contribuyeron a reducir las desigualdades en el siglo pasado, y que “en la actualidad se ve seriamente amenazada por las fuerzas de la competencia fiscal entre países”. Lo que conlleva que la fiscalidad se está volviendo regresiva en lo alto de la jerarquía de la riqueza, lo que se explica por “la importancia adquirida por las rentas del capital y por el hecho de que estas escapen en gran medida al baremo progresivo”, y esto sin contar las rentas ocultas en paraísos fiscales. Esto conduciría a una mayor concentración del capital y a un incremento de las desigualdades patrimoniales. Esto mina la cohesión social porque los sectores medios tenderán a rebelarse por pagar más impuestos que la clase alta, estimulando el individualismo, los egoísmos y la insolidaridad. Por todo ello se convierte en crucial que el sistema fiscal “conserve un mínimo de progresividad, o por lo menos no se vuelva netamente regresivo en lo más alto”.(47) Lo que las políticas neoliberales pretenden es ir reduciendo los impuestos a los patrimonios y el impuesto de sociedades o de los beneficios para de esa manera que la fiscalidad del Estado dependa cada vez en mayor medida del trabajo. Su objetivo es transferir dinero de los pobres y de los que tienen ingresos medios, e incluso de los menos ricos, a los más ricos. Que sean estos –los asalariados, los empleados de todos los niveles jerárquicos–, quienes carguen con el coste del sistema de educación, de salud, de la administración pública, de la seguridad y la defensa nacional. De ahí que decir que bajar los impuestos sobre la renta es de izquierdas sólo se puede entender como una broma de mal gusto, o de una entrega de la socialdemocracia al neoliberalismo, cuyo caso paradigmático fue el de Blair en el Reino Unido, de quien dijo Nigel Lawson “un antiguo ministro de Hacienda conservador” que éste era el verdadero heredero de Thatcher.(48) Ya solo falta que se diga, parodiando a Indalecio Prieto:“soy socialista a fuer de neoliberal”, lo que es una contradictio in adjecto. Ahora bien, lo que propone Piketty para intentar solucionar esta situación de desigualdad excesiva no es tanto un cambio del sistema capitalista sino una reforma del mismo, salir del que llama capitalismo patrimonial hacia el capitalismo que se puso en marcha en la posguerra en Europa y en los Estados Unidos, un capitalismo regulado, con una potente intervención del Estado, con capital mixto (privado y público), en determinadas empresas, y sobre todo con otra concepción impositiva o fiscal, donde la progresividad del impuesto sea efectiva, y la imposición marginal llegue a niveles muy altos para las grandes fortunas o los grandes beneficios empresariales. Se trata de tipos elevados que pueden llegar inclusive hasta el 70 por ciento o más para las rentas de los superricos. PAPEL DE LA POLÍTICA EN LA DESIGUALDAD SOCIAL La estructura de las desigualdades se ha transformado desde el siglo XIX jugando un papel importante las guerras mundiales en el período 1914-1945 en que se redujera la desigualdad. Desde 1970 en adelante se ha producido un aumento de las desigualdades, aunque muy variable según los países, lo que vendría a reforzar la idea de que “los factores institucionales y políticos han desempeñado un papel fundamental” en el aumento o reducción de la desigualdad.(49) Como ha explicado este autor, las mutaciones y transformaciones del capital
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producen en cada etapa “nuevos compromisos sociales e institucionales que permiten regular las interrelaciones entre grupos sociales y las relaciones de producción”. Esto es así porque el capital no es “un concepto inmutable” sino que refleja el estado y el desarrollo de las relaciones sociales de una sociedad, ya que “la frontera entre lo que puede o no ser propiedad de individuos privados evoluciona sobremanera en el tiempo y en el espacio, como ilustra de forma extrema el caso de la esclavitud. Lo mismo ocurre con el aire, el mar, las montañas…Ciertos intereses privados querrían poder poseerlos, anteponiendo a veces razones de eficacia, y no solo su propio interés; pero no es seguro en absoluto que ello coincida con el interés general”.(50) De manera que, como señala Piketty, desde las tierras agrícolas hasta el moderno capital financiero, cada tipo de activo tiene su propia historia económica y política y pone en juego relaciones de fuerza y compromisos sociales concretos. Por ello la cuestión de la desigualdad y de la distribución de la riqueza es siempre: “Una historia profundamente política, y no podría resumirse en mecanismos puramente económicos. En particular, la reducción de las desigualdades observadas en los países desarrollados entre los períodos de 1900-1910 y 1950-1960 es ante todo el producto de las guerras y de las políticas implementadas a raíz de su impacto. Del mismo modo, el repunte de las desigualdades a partir del período 1970-1980 le debe mucho a los marcados cambios políticos de las últimas décadas, particularmente en materia fiscal y financiera”. (5¹)
Por ello, sigue señalando Piketty: “La historia de las desigualdades depende de las representaciones que se forjan los agentes económicos, políticos y sociales de lo que es justo y lo que no lo es, de las relaciones de fuerza entre dichos agentes, y de las decisiones colectivas que de ello se derivan; es la que configuran todos los actores”. (5²) Para Piketty los mecanismos o fuerzas de la convergencia que favorecen la reducción de las desigualdades son la difusión de conocimientos y la inversión en cualificación y formación, ya que esto permite el incremento general de la productividad y reducir las desigualdades tanto en el plano interno como en el internacional, como demuestra el caso de China y otros países emergentes, que están acortando distancia con los países ricos. Más que un mecanismo de mercado y de apertura comercial, se trata del proceso de difusión de conocimientos, de compartir el saber, que es “un bien público por excelencia”. Otro elemento que actúa a favor de una mayor igualdad son las tecnologías de producción que conceden una importancia al trabajo humano y a las aptitudes del trabajador, aumentando la parte de las rentas correspondientes al trabajo y que tiende a disminuir la parte correspondiente al capital. Es lo que llama Piketty “el ascenso del capital humano” (y que el marxismo explica como la “tendencia decreciente de la cuota media de ganancia”), que llevaría “al triunfo del capital humano sobre el capital financiero e inmobilia-rio”. Obviamente, ese razonamiento es muy optimista y Piketty reconoce que la parte correspondiente al trabajo en la renta nacional no ha aumentado de manera significativa, de ahí concluye que la principal fuerza de equiparación, es decir, hacia una mayor igualdad, es la difusión de conocimientos y cualificaciones. Sin embargo, entendemos que en este sentido no reconoce –o no hace alusión a ello– que lo que ha llevado a una mayor desigualdad es entre otras cosas lo siguiente: El
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incremento de la explotación de los trabajadores, lo que se refleja en que los aumentos de la productividad del trabajo no se han visto recompensados con aumentos de salarios en consonancia. Como señala un Informe mundial sobre los salarios de la OIT: “Desde el decenio de 1980, la mayoría de los países han experimentado una tendencia a la baja de la participación de los ingresos del trabajo, lo que significa que se ha destinado una proporción menor de la renta anual a la remuneración de la mano de obra y una proporción mayor a las rentas procedentes del capital. Esta situación se ha dado sobre todo en los países que han registrado un estancamiento de los salarios, pero también en aquellos en que los salarios reales han sufrido un fuerte aumento”. (5³)
Entre 1999 y 2001 la productividad laboral promedio en las economías desarrolladas aumentó el doble que los salarios promedio. En Alemania la productividad laboral aumentó un 25% durante las dos últimas décadas mientras que los salarios reales mensuales se mantuvieron sin cambio. Y en otro de los países de referencia mundiales, los Estados Unidos, la productividad laboral real por hora en el sector no agrícola aumentó en un 85% desde 1980 a 2012, mientras que la remuneración real por hora aumentó sólo el 35%. La tendencia mundial ha ido hacia un cambio en la distribución del ingreso nacional, siendo menor la participación en el mismo de los trabajadores (los asalariados), mientras que la participación del capital en la renta aumenta en la mayoría de los países. (54) En el informe de 2014-2015 la OIT vuelve a comprobar una desaceleración en el crecimiento de los salarios. El salario real –que se había prácticamente estancado con relación a la productividad– sufrió una drástica caída durante la crisis de 2008. A nivel mundial el crecimiento del salario real promedio fue del 2.2%, pero si se excluyen los datos de China – que es la que determinó gran parte del porcentaje del crecimiento del salario mundial, el resultado es que el crecimiento del salario real mundial se reduce a casi la mitad, pasando a ser del 1.1 % en 2013 y de 1.3% en 2012. Ahora bien, la situación es peor para los trabajadores en las economías desarrolladas, pues el salario creció un 0.1% en 2012 y 0.2% en 2013. En algunos países –como España, Grecia, Irlanda, Italia, Reino Unido y Japón– el nivel del salario medio real en 2013 fue inferior al de 2007. Todo ello habiendo crecido la productividad laboral entre 1999 al 2013 por encima del crecimiento del salario real. También se redujo la participación salarial en la renta nacional (la proporción del PBI correspondiente al trabajo). La importancia de todo esto en la vida de las familias es dramática, teniendo en cuenta que en las economías desarrolladas, los salarios constituyen entre el 70 y el 80% del total de los ingresos de los hogares que tienen al menos un miembro en edad de trabajar. (55) Las fuerzas de la divergencia, o sea, el factor que favorece una mayor desigualdad es cuando la tasa de rendimiento del capital (r) (“lo que reporta como media el capital en un año, en forma de beneficios, dividendos, intereses, alquileres y otras rentas del capital, expresado como porcentaje de su valor”) es mayor que la tasa de crecimiento de la economía (g) ( “el incremento anual de la renta y de la producción”), es decir, cuando r >g, ello supone que los patrimonios procedentes del pasado se recapitalizan más deprisa que el ritmo de crecimiento de la producción y de las rentas.
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De lo que resulta que los patrimonios heredados dominen a los patrimonios constituidos a lo largo de una vida de trabajo y que se produzca una concentración del capital extremadamente alta, incompatible con los valores meritocráticos y con los principios de la justicia social, lo cual va minando a una sociedad democrática. Pero esta situación no es inevitable, pues como afirma Piketty, puede modificarse. PRINCIPALES CRÍTICAS A PIKETTY Critica neoliberal: un “extremismo de izquierda” El libro de Piketty El capital en el siglo XXI al convertirse en un best seller y defender ideas de reducción de la desigualdad promoviendo impuestos progresivos sobre la renta y altas tasas marginales para los elevados ingresos y las fortunas, despertó una viva reacción de los sectores conservadores y de los economistas del establishment. Enseguida se puso en marcha la maquinaria de los think tanks conservadores neoliberales para atacar las ideas que propugnaba el libro. Hay que decir que Piketty junto con Emmanuel Saez ya había publicado trabajos de series históricas sobre la desigualdad y específicamente sobre la desigualdad en los Estados Unidos, sin provocar una reacción tan álgida de estos sectores. La fama, la notoriedad, la atención de los medios de comunicación y del gran público era algo que no se debía tolerar porque iba en contra de las ideas que durante más de tres décadas estaban defendiendo esos sectores neoliberales. El Cato Institute es uno de esos centros neoliberales empeñados en defender las ideas del neoliberalismo, del fundamentalismo de mercado y allí se han publicado algunos trabajos de crítica a Piketty. Nos vamos a referir a uno de los últimos trabajos críticos publicados por esa institución, en el de Deirdre N. McCloskey.(56) Lo primero que llama la atención es que ante un científico social de la categoría intelectual indudable y de la reputación mundial de Piketty, la autora utilice un tratamiento de entrada tan minusvalorador como acusarle de que no sabe leer e interpretar correctamente una tabla, algo que aprende cualquier alumno de economía en su primer semestre de estudio, como afirma la autora. El motivo de los supuestos fallos técnicos en los argumentos que emplea Piketty, es que como “hombre de izquierda” no entiende cómo funcionan los mercados. Tiene –afirma McCloskey– una idea vaga y confusa sobre cómo la oferta responde a precios más altos. Y pone como ejemplo lo que afirma Williams Nordhaus que ha calculado que los inventores y empresarios hoy en día ganan apenas un 2 por ciento del valor social de sus inventos, si bien todos en el mundo nos enriquecemos con ellos. Sigue afirmando que Piketty tampoco comprende la riqueza ya que no incluye en la misma el “capital humano”, que es propiedad de los trabajadores, de los asalariados. Estos hoy tienen algo más que sus manos y espaldas, son portadores de conocimientos y esa es su principal fuente de ingresos. Utiliza este argumento para concluir que la omisión la emplea el autor al que critica, para afirmar que el capital está distribuido de manera más desigual que las remuneraciones. Y concluye que si se incluye el capital humano toda su tesis se cae. Algo que es difícil de entender leyendo a Piketty ya que éste –cómo se ha visto–, lo que señala es que el trabajo se encuentra poco remunerado –por no decir que
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estancado e incluso con retrocesos salariales respecto a la productividad del trabajo–, salvo en la cúpula directiva, los directivos empresariales y la gente de su entorno, cuyas remunera-ciones son superiores 200, 300 veces e incluso más, a los salarios del trabajador medio de sus empresas. Además Piketty expresamente señala que las diferencias por remuneraciones le parecen una desigualdad menor frente a las fortunas, que son en gran parte heredadas; de manera que la crítica de McCloskey en este aspecto está traída por los pelos, es inconsistente. Pero siguiendo la lógica implícita en su mecanismo fundamentalista de mercado achaca la culpa de que exista concentración de la riqueza a las políticas de los gobiernos. Por tanto, el culpable, como no, es el Estado. Lo que silencia es que las grandes empresas utilizan a sus lobbys, consultores, abogados, etc. precisamente para que los gobiernos tomen las decisiones o dejen los vacíos legales que les permiten pagar menos impuestos, evadir el fisco e incrementar aún más la concentración de su riqueza. Aparte de la crítica de incompetencia técnica en interpretar las tablas estadísticas el problema clave, central, que tiene Piketty está relacionado con la ética. Para McCloskey los superricos deberían estar donando parte de sus extremas ganancias a organizaciones benéficas –si ellos lo quieren así–, pero nunca como quiere Piketty que sea el Estado quien se los confisque a través de elevados impuestos. Esta tutela del Estado nos llevaría a un modelo semejante al que existía en la República Democrática Alemana hasta 1989 y al régimen actual de Corea del Norte. Como se puede ver nada de medias tintas, nada de matices. O se acepta el fundamentalismo de mercado o estamos en el totalitarismo. Lo que Piketty no reconoce –sigue afirmando McCloskey– es que si bien los ricos se hacen más ricos, los pobres también se hacen más ricos, de manera que la preocupación de Piketty, no es científica, es ética, rechaza la diferencia entre los que más tienen y los que tienen menos, debido a un sentimiento de “envidia elevado a una propuesta teórica y ética”. Y, además, no es cierto que los más pobres estén mal o peor que antes. Cita un estudio de Steven Horowitz basado en datos de consumo que vendría a demostrar que: “los estadounidenses pobres viven mejor ahora que nunca. De hecho…viven mejor (que como) lo hicieron sus homólogos de clase media en los años 70”. Es decir, el pastel ha aumentado, los ricos tienen más fortuna que antes pero los pobres también se han beneficiado. Por otra parte, la existencia de pobres no significa que el sistema no esté funcionando, ellos están mejorando su condición y el porcentaje de los muy pobres se está acercando a cero. Por tanto, concluye la autora, el libro de Piketty es un error. Crítica de un economista convencional: Pissarides El profesor de Economía de la Escuela Económica de Londres (LSE), Christopher Pissarides, ganó el Premio Nobel de Economía en 2010 y es un especialista en mercado de trabajo. La crítica indirecta que hace de las ideas de Piketty se refiere a un diferente enfoque sobre el uso de los impuestos por los gobiernos y no tiene que ser antagónico con las posiciones de Piketty, a lo más complementarias. Como explicó en el Foro Económico Mundial de Davos en 2015, lo que deben hacer los gobiernos para combatir la desigualdad es utilizar el impuesto sobre las rentas para crear empleos, más que redistribuir el dinero de los ricos hacia los pobres. Admite la existencia de una extrema desigualdad en el mundo
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pero considera que la respuesta adecuada para reducirla no es castigar a las personas con altos ingresos. “No pienso que poner impuestos elevados a los altos ingresos y simplemente tomar este dinero para pasarlo a través de transferencias a los de bajos ingresos pueda ser efectivo en un mundo abierto y globalizado como en el de hoy día”. La redistribución de los ingresos lo que hace es quitarles incentivos a las personas con bajos ingresos y bajas cualificaciones para adquirir las cualificaciones que requiere el mercado de trabajo, a la vez que desincentiva a los que tienen altos ingresos para permanecer en el país que le ponga altos impuestos, trabajar duro y buscar nuevas oportunidades para hacer negocios, para ganar dinero.(57) En vez de ello, Pissarides hace un llamado a los gobiernos para que sean más imaginativos y utilicen otras vías para producir un mayor equilibrio en los ingresos creando más y mejores empleos en la parte más baja de la pirámide de ingresos e invirtiendo más en una mejor educación. Como ejemplo de una tal innovación pone a Suecia. En ese país los impuestos pueden llegar a ser tan altos como para alcanzar un tipo del 60 por ciento pero lo recaudado por los impuestos es empleado para proveer servicios que no podría crear el mercado libre por un precio razonable. El mejor ejemplo son los subsidios para el cuidado de los niños (guarderías infantiles), que permiten a ambos en las parejas trabajar y hacer una carrera laboral. Se trata, pues, de mejorar los ingresos de las familias a la vez que se crean empleos para los cuidados de los niños y estos empleos están subsidiados, con lo cual se reduce la desigualdad. De esa manera las familias con bajos ingresos que no podrían ser capaces de afrontar los costosos cuidados de sus niños en las guarderías, pueden criar a sus hijos a la vez que permanecen como fuerza de trabajo activa, algo que de lo contrario sólo podrán hacerlo los que tienen altos ingresos. Esa es una medida útil para reducir la desigualdad. Para Pissarides la razón de que este modelo tenga éxito en Suecia es que allí la gente tiene confianza en el Estado: “Tienen confianza en el sector público porque allí no suele haber corrupción, y saben que se hará buen uso del dinero público, por ello la gente paga sus impuestos y la evasión y elusión fiscal es muy baja”. Esto es muy diferente en países como Italia, donde los ciudadanos no ven los resultados de pagar sus impuestos y lo que perciben es que los políticos y los funcionarios tienen unas remuneraciones muy elevadas. “Los impuestos en Italia son casi tan elevados como en Suecia, pero el dinero va a los políticos, a los altos funcionarios del Estado y a un enorme aparato burocrático”, no se emplea “en la provisión de servicios que puedan crear empleos útiles”.(58)
Respecto a la extrema desigualdad consistente en que el 1 por ciento de la población del mundo tenga más riqueza que el otro 99 por ciento, Pissarides considera que es “una estadística muy chocante pero que sobre la desigualdad también se pueden construir otras estadísticas igualmente impactantes. Obviamente es algo de qué preocuparse, pero desde mi punto de vista lo que realmente está en cuestión, y lo que debe arreglarse, es la situación de pobreza. Pienso que deberíamos poner el énfasis en buscar vías para reducir la pobreza más que hacer sensacionalismo diciendo que los muy ricos se están haciendo aún más ricos”.
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Crítica sobre las fuentes de datos: B. Milanovic Señala uno de los grandes especialistas en desigualdad, Branko Malinovic, que Piketty, Sáez y sus colaboradores, con sus estudios de la desigualdad en una serie de países han desmontado la hipótesis de Kuznets, mostrando que la desigualdad en vez de disminuir ha aumentado en las naciones occidentales en los últimos 25 años, después de haber producido una disminución de la misma. Su aporte es dar una explicación política basada en las decisiones de los gobiernos de aumentar o disminuir los impuestos directos sobre la renta y el impuesto de sucesiones, y el efecto que tuvieron las dos guerras mundiales al producirse la destrucción de parte del capital físico y disminuyendo la renta de los capitalistas. Los estudios de Piketty sobre el siglo XX se han basado en las estadísticas fiscales– como lo hizo Pareto–, pero resulta que ese tipo de información ha sido reemplazada por las encuestas de las familias o de los hogares, al ser más fiable ya las estadísticas fiscales abarcan el extremo superior de la distribución de los ingresos, dejando fuera un importante sector, aquellos de bajos ingresos, que en muchos países no pagan impuestos directos. Las encuestas a los hogares incluyen a todos. La renta imponible que utiliza Piketty es la renta de mercado o antes de impuestos, dejando fuera los impuestos pagados y las transferencias del gobierno (como las prestaciones por desempleo y otro tipo de ayudas sociales). Para Milanovic lo que verdaderamente interesa conocer es la desigualdad de las rentas disponibles, la que disponen los hogares y los individuos después de pagar sus impuestos y de haber recibido las mencionadas transferencias gubernamentales, ya que, “si los impuestos o las transferencias cambian, la desigualdad de renta de mercado y la desigualdad de renta disponible pueden evolucionar en direcciones diferentes”.(59) La cuestión es que para Milanovic las estadísticas sobre desigualdad deben incluir la renta de todas las personas y no sólo la de los ricos, porque pueden darse el caso que aumentaran las rentas del extremo superior y del inferior en detrimento de la parte proporcional de la clase media, y no podríamos deducir el aumento de la desigualdad total, como sí lo haríamos si se analizara sólo el aumento de la parte de los más ricos. Como no se dispone de encuestas sobre el gasto de la población desde períodos muy remotos, se recurre a los datos fiscales que son más imprecisos. Milanovic considera que del debate sobre la desigualdad propuesto por Kuztnes y Piketty no se puede concluir que haya un ganador, ya que considera que ninguno tiene razón, para lo cual sería suficiente con efectuar “una evaluación de la desigualdad o comprender cómo evoluciona ésta, lo que nos lleva al núcleo del debate sobre si la desigualdad es necesaria para que crezca la economía y, en tal caso, qué dimensiones debe idealmente tener”. Además, Milanovic critica el concepto de capital que emplea Piketty por ser excesivamente amplio ya que abarca las viviendas, la tierra, los equipos, los títulos financieros (obligaciones, acciones, etc.), y la propiedad intelectual. Esa definición está más cerca “de lo que se llama habitualmente riqueza”. Por otra parte, rechaza la distinción entre la riqueza que se emplea en actividades improductivas y las que se utilizan en actividades productivas. Para Piketty: “Todo activo que permite obtener un rendimiento a su propietario es capital”.(60)
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Crítica de David Harvey Para David Harvey, uno de los marxistas académicos más reputados, el libro de Piketty Capital en el siglo XXI no es una puesta a punto del de Marx, en él no se trata del capital ni nos dice el por qué se produjo la crisis de 2008. Lo que sí demuestra con datos es que el capital tiende en su historia a producir cada vez niveles mayores de desigualdad, conclusión que no es nada novedosa y que Marx, afirmaba, en el primer tomo de El Capital. Pero hay más, Piketty mismo ha confesado no haber leído El Capital. Desmintiendo de esta manera a sus críticos neoliberales que lo acusan de ser marxista. Para Piketty la desigualdad se debe a que la tasa de rendimiento del capital (r) supera la tasa de crecimiento de los ingresos (g), aquí se encuentra “la contradicción central capital”, pero no dice que fuerzas producen esa contradicción. Para Marx la explicación sería que hay un desequilibrio de poder entre el capital y el trabajo. Esto lo explicó con toda claridad Alan Budd, consejero económico de Margaret Thatcher: “Las medidas neoliberales tomadas por el gobierno Thatcher “tenían como objetivo aumentar el desempleo, lo cual era muy importante y deseable, a fin de reducir la fuerza de la clase trabajadora…Lo que hicimos era lo que Karl Marx definió como la crisis del capitalismo, que consiste en expandir el desempleo, lo que permite la bajada de salarios y el aumento de la rentabilidad del capital a partir de entonces”. (6¹)
Estas medidas tuvieron tanto éxito que la disparidad en la remuneración entre los trabajadores promedio y los altos directivos, ha ido teniendo una brecha cada vez mayor. Ascendía en 1970 de 30 a 1, mientras que ahora está muy por encima de 300 a 1 y, en el caso de McDonalds, está sobre 1.210 a 1.(6²) Sin embargo, esto trae problemas no sólo para los asalariados sino también para los poseedores del capital de las empresas. En el tomo segundo de El Capital, Marx explica como la tendencia del capital a reducir los salarios lleva en algún momento a limitar la capacidad del mercado para adquirir los productos del capital. Hay una contracción de la demanda que puede llegar a provocar una deflación. Por tanto, encuentra Harvey que hay una dificultad central en el argumento de Piketty que se apoya en su definición errónea del capital. Para éste el capital son todos los activos en poder de los particulares, empresas y gobiernos que pueden ser comercializados en el mercado aunque no se utilicen. El dinero, las tierras, los bienes raíces, plantas y equipos que no se están utilizando de forma productiva no son capital. Harvey considera que el capital es un proceso no una cosa. Es un proceso de acumulación en el que el dinero se utiliza para hacer más dinero a través de la explotación de la fuerza de trabajo, aunque no sea esta la manera exclusiva de incrementar o acumular dinero. Por otra parte, la explicación de Piketty de por qué surgen las desigualdades y las tendencias oligárquicas es, según Harvey, defectuosa y sus propuestas para superar o disminuir la desigualdad ingenua si no utópica. Por lo que concluye que, aunque sea un trabajo importante, no puede sustituir la obra de Marx para explicar el capitalismo del siglo XXI, para ello el trabajo de Marx de análisis del capitalismo sigue siendo una clave esencial.
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Otras críticas marxistas Otros autores marxistas han criticado a Piketty centrando sus dardos en la concepción errónea de éste sobre el capital. Destacamos entre ellos a Michel Husson, un economista crítico miembro del consejo científico de ATTAC en Francia y autor, entre otros, del libro Capitalismo puro.(6³) Este autor considera que el libro de Piketty, El capital en el siglo XXI, ha proporcionado una base de datos monumental sobre la historia del capitalismo así como elementos esenciales para el estudio de su dinámica a medio y largo plazo. Aún más si cabe, la que denomina “red Piketty” (Tony Atkinson y Emmanuel Sáez, entre otros) ha proporcionado buena parte de los argumentos utilizados por los movimientos sociales recientes (Occupy Wall Street, los “indignados”) e inclusive uno de sus lemas: “somos el 99 por ciento”, aunque, en mi opinión, considero que este lema también puede deber su paternidad al economista Stiglitz. (64) Husson, a pesar de esos reconocimientos es crítico con Piketty, debido a que estima que el marco teórico que emplea no está a la altura de la riqueza de datos que contiene su obra. Para demostrarlo se centra en las dos leyes fundamentales del capitalismo de la que se sirve Piketty para interpretar sus datos. Piketty mezclaría de modo incoherente dos definiciones del capital, como “factor de producción” y como conjunto de “derechos de emisión” sobre la renta. Por tanto, le critica por su enfoque relativo a los beneficios y por la manera en que enfoca la ratio capital/ renta. La conclusión a que llega Husson es que las “leyes” del capitalismo que emplea Piketty conducen a periodizaciones descriptivas, lo que muestra la fragilidad de las bases teóricas de su obra y que no pueden ni siquiera explicar la crisis financiera de 2008, ya que hacerlo por la excesiva desigualdad, es una explicación muy insuficiente. Por último, considera que la definición del capital de Piketty es excesivamente amplia y viene a ser sinónimo de riqueza. En fin, la obra de Piketty tendría una enorme riqueza de datos, pero muestra a la vez una pobreza teórica. En una línea semejante se centran las críticas de Rolando Astarita(65) quien sobre todo señala la divergencia que existe entre el concepto de capital en Piketty y en Marx y como esto le lleva a cometer errores o a ignorar cuestiones esenciales en el marxismo como la tendencia a la baja de la tasa de ganancia y las crisis periódicas del capitalismo. V. NAVARRO: LA AUSENCIA DE LA EXPLOTACIÓN Y DE LA LUCHA DE CLASES EN EL ENFOQUE DE PIKETTY Vicenç Navarro es un economista español que ha desarrollado su carrera académica e investigadora centrada en políticas públicas en universidades de Estados Unidos y en Cataluña. Es un economista crítico con las concepciones neoclásicas y con el neoliberalismo y tiene un alto reconocimiento entre el sector de pensamiento crítico. Este autor considera que el enorme éxito alcanzado por los trabajos de Piketty tanto en Estados Unidos como en Europa, se debe a que explica de manera documental la concentración de la riqueza y de la propiedad de capital de los últimos treinta años y, cómo esta riqueza, ha pasado de manos de padres a hijos estableciéndose una oligarquía que sustenta este capitalismo patrimonialista y que por sus tentáculos con los poderes del Estado asegura que las políticas permitan la continuidad de su dominio. Para Navarro hay un malestar con la creciente desigualdad, que se manifiesta en
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los porcentajes de las encuestas que recogen que la desigualdad es demasiado extrema, es del 78% en Europa y del 72 % en los Estados Unidos. Si el capitalismo ideológicamente trataba de legitimar su superioridad en que era un sistema meritocrático, abierto a los que tenían mentalidad de logro, esfuerzo, capacidad de innovación y de riesgo, lo que demuestra factualmente Piketty es que el capitalismo actual no es nada meritocrático sino adscriptivo, patrimonial. La riqueza no está en manos de quienes se lo han ganado sino que ha sido heredada o tiene que ver con otras circunstancias que no tienen nada que ver con el mérito, entre las cuales podemos recordar las elaboraciones de Galbraith sobre la “tecnoestructura” y su dominio sobre las corporaciones otorgándose remuneraciones, stock options y bonos, debido a su control real sobre las decisiones, y a la desregulación de sector financiero que propició una serie de abusos y acciones especulativas que han enriquecido a los poseedores de valores financieros y acciones. Una de las demostraciones más relevantes de Piketty es que desarma el dogma neoliberal de que el capitalismo desregulado, termina produciendo más igualdad y por ende menos concentración de la riqueza. Lo que muestra Piketty es que ha sido en los momentos históricos de mayor intervención pública en la economía (período 1932-1979)cuando las desigualdades de riqueza y de renta han disminuido tanto en los Estados Unidos como en Europa. Por otra parte, Piketty muestra que la tasa de crecimiento es más alta cuando la carga fiscal al capital y los impuestos a las rentas superiores fueron más elevados, que cuando éstos fueron mucho más bajos. Eso por sí solo nos explica porque se ha tachado a Piketty –como ya hemos visto– de un extremista de izquierda y a su obra de ser un “panfleto comunista”. Casi siempre que alguien acusa a un trabajo de panfletario es porque ha tocado un punto sensible a los intereses del sistema, y por ello los portavoces de los amos del mundo enfilan en su contra para tratar de desprestigiarlo. Navarro, aunque crítico con Piketty no lo es con la exposición documentada que hace sobre la correlación entre altos impuestos a los más ricos e intervención pública en la economía y disminución de las desigualdades y al contrario, sino porque para este autor la fórmula que emplea Piketty para explicar la causa de las desigualdades r > g, lo que explica es un síntoma no la causa de las desigualdades. Su error es que sintetiza todo su trabajo en que la rentabilidad del capital (r) es siempre mayor que la tasa de crecimiento de la economía (g), y ello lleva a una concentración de la riqueza y la desigualdad, como ya hemos explicado anteriormente. ¿Cuál es la causa principal de la desigualdad existente? La ruptura del pacto social establecido entre 1945-1980 que dio lugar a que “las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas totales alcanzaran unos niveles elevados (entre el 70 y el 75%) de la renta nacional en la mayoría de los países a ambos lados del atlántico Norte (EE.UU. y Europa Occidental)….durante este período las políticas fiscales fueron claramente progresivas…Fue en esta época cuando el Estado del Bienestar se estableció y expandió”. (66). Esto tuvo que ver con la fuerza que tenían las organizaciones sindicales, de manera que puede establecerse una correlación entre dicha potencia del sindicalismo y una mejor distribución de la riqueza y por ende una menor desigualdad. Navarro deja muy claro, como tantos otros autores, que la ruptura del pacto social se produce en los tiempos de Reagan y Thatcher, cuyos objetivos eran debilitar el
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mundo del trabajo para recuperar el poder del capital y en ausencia del contrapeso de la URSS este objetivo se hizo más agresivo. Debilitar a los trabajadores, a sus organizaciones, a su idea de pertenencia a una comunidad unida por una memoria histórica compartida de luchas para lograr el progreso social y las conquistas sociales era imprescindible para el neoliberalismo y así lo hicieron sin miramientos.(67) Piketty tampoco le da la importancia debida a los costes de producción en el cual los salarios desempeñan un papel primordial, ya que los elevados beneficios empresariales están directamente relacionados con el estancamiento y descenso de los salarios. Los beneficios han subido a costa de los salarios. Navarro recalca que esto era lo que Marx llamaba explotación de clase y ésta en vez de desaparecer o de disminuir ha aumentado. Por ejemplo, durante el período de gobierno de Clinton el 45% de la riqueza creada en los EE.UU. fue a manos del 1% de la población, y ya durante el período de Bush de 2001 a 2008 pasó del 65% hasta alcanzar el 95% que fue a parar al 1% desde entonces al gobierno de Obama.(68) Ahora bien, la parte de la renta que va a los salarios es más desigual aún si se tiene en cuenta un hecho evidente que en el cómputo de los salarios y remuneraciones se incluyen la de los altos directivos de las empresas y del sector financiero, éstos al ser tan elevados suben el promedio y como muy bien afirma Navarro: “si no se tiene en cuenta estos salarios de los ejecutivos y gestores de las empresas financieras y productivas, entonces el estancamiento y descenso salarial es incluso más marcado de lo que señalan las estadísticas que toman los promedios de crecimiento salarial”.(69) Por eso insiste este autor que Piketty no resalta lo suficiente la explotación capitalista. Que los beneficios, además de la actividad financiera especulativa, de la desregulación y de los bajos impuestos para los que tienen más rentas y patrimonio, se basa en la “reducción de los costes de producción” por la baja del precio del trabajo, es decir, de los salarios. Un dato que lo demuestra de manera fehaciente es que entre 1973 y 2011 la productividad por trabajador en los EE.UU. creció en un 80% y el salario por hora promedio creció sólo un 4%, y algo semejante ocurrió en Europa en la eurozona.(70) A Navarro le parece que las propuestas de Piketty son insuficientes, no basta el impuesto internacional al capital, aunque no lo rechaza, pero lo cree inviable dada la correlación de fuerzas imperantes, aunque considera factible gravar el capital a nivel estatal. Tampoco es suficiente el control público, la regularización y la imposición de tipo elevados a las rentas más altas. Es imprescindible, dice, incrementar las rentas del trabajo, aumentar los salarios. Y concluye su crítica con esta afirmación: “Los llamados problemas económicos son, en realidad, problemas políticos, y por mucho que se intente silenciar, la lucha de clases sigue siendo, como muy bien dijo Karl Marx, el motor de la historia. Cómo tiene lugar esta lucha de clases, y a través de qué instrumentos, es el mayor reto del análisis de la realidad que persigue el fin de cambiarla”. (7¹)
ATKINSON: CÓMO DISMINUIR LA DESIGUALDAD Como expone Paul Krugman en su blog del New York Times, Tony Atkinson es el padre de la investigación moderna sobre la desigualdad. Recientemente ha publicado su último libro sobre este tema(7²) una contribución esencial ya que actualmente la
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desigualdad se encuentra como uno de los temas fundamentales del debate político, aunque no se trata de un asunto nuevo, y menos para Atkinson, que ha venido tratando el tema desde que se graduó como economista en 1966. Recientemente, en 2014, también publicó un trabajo de gran importancia, donde estudiaba la evolución de la desigualdad durante unos cien años en 25 países que comprenden más de un tercio de la población mundial, y cuyos resultados se presentan en mapas por países.(7³) Este autor trata la desigualdad como un problema económico, especialmente la desigualdad de ingresos, en las sociedades avanzadas. Lo cual ilustra con la siguiente paradoja: mientras hay gente muy rica que compra billetes para hacer viajes de placer en el espacio, hay miles y miles haciendo cola para obtener comida en los bancos de alimentos que proliferan en este tipo de sociedades. Lo importante, para nuestro propósito, y en ello nos vamos a centrar en lo referente a este último libro de Atkinson, es que ofrece una serie de propuestas de políticas concretas para tratar de invertir la tendencia hacia una desigualdad creciente. Pero antes veamos algunas de las ideas de Atkinson, tal como las expone su autor en una entrevista.(74) Señala Atkinson que su espíritu era optimista al escribir el libro, porque está convencido que la desigualdad no es algo inevitable, aunque sea un gran problema, pero se le puede afrontar colectivamente y luchar contra las fuerzas que hoy parecen estar fuera de nuestro control. Se ha llegado hasta esta situación de desigualdad porque los economistas durante décadas han ignorado las cuestiones distributivas. Estaban interesados en comprender el crecimiento económico y otros asuntos macroeconómicos, pero no se preocupaban por los problemas de las divisiones de clases sociales o las diferencias, porque esto no era necesario para el tipo de trabajo que hacían. Para los economistas de la vieja tradición de economía política las cuestiones de la distribución sí eran importantes, debido, entre otras cosas, a que las inversiones las hacía la clase capitalista no los fondos de pensiones o grupos de este tipo, como ocurre ahora. Así pues, la naturaleza de la economía se ha modificado y también el sentimiento de que en la posguerra, con el Estado del Bienestar, el pleno empleo y el alza de los salarios en consonancia con la productividad, los asuntos distributivos eran menos urgentes. Sin embargo, como señala Atkinson, desde mediados de la década de los 60 él y otros comenzaron a darse cuenta que la gente estaba preocupada por asuntos tales como la pobreza infantil en los segmentos de más bajo ingresos de la población. Por ello ya en los años 70 comenzó a investigar lo que estaba ocurriendo en la cima de la pirámide social. Desde 1979 en adelante se hicieron recortes en el Estado de Bienestar en el Reino Unido, incluidas las pensiones. Por ejemplo, había subsidios relacionados con los ingresos por desempleo para ayudar a la gente a cambiar de trabajo, pero todo eso se abandonó. Quizás todos esos recortes contribuyeron a la caída sustancial en el índice de Gini en el Reino Unido. Lo que unido a todas las leyes que se aprobaron en los años de 1980 para reducir los poderes y poner obstáculos en el camino de los sindicatos, contribuyó al aumento de la desigualdad. Recuérdese que J.K. Galbraith ya en 1950, escribió sobre la importancia que tenía para una sociedad democrática la existencia de contra balances efectivos al poder. Antes y más aún ahora se necesitan esos contrapoderes. Para volver a los niveles de desigualdad que existían a mediados de 1965 sería
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necesario elevar el impuesto sobre la renta un 16%, de lo cual concluye Atkinson que la desigualdad no puede ser suprimida o reducida de manera sustancial exclusivamente apelando a “medidas fiscales”. Una de las razones por las cuales escribió su libro es porque consideró que Piketty ponía mucho énfasis en la distribución del ingreso en el tope superior y él entiende que el foco debe ser puesto primariamente en la parte inferior, en los más pobres. Una de las propuestas de Atkinson, es que haya una estructura del impuesto sobre la renta más progresiva, que para el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), pueda llegar a una tasa marginal de hasta del 65%. Muy lejos, por tanto, de las posibles tasas que sugiere Piketty de un 75 u 80%. La razón de unos impuestos elevados para los que más riquezas tienen es que la desigualdad actual ofende a una concepción elemental de la justicia social. Inclusive actualmente, tanto el FMI como el Banco Mundial han expuesto en algunos de sus informes que los altos niveles de desigualdad son malos para el crecimiento.(75) En la posguerra numerosos países actuaron para reducir la desigualdad. El fracaso para cambiar las cosas es parcialmente un fallo de imaginación. Hay cada vez más personas que consideran que el estado actual de desigualdad es excesivo, lo cual no significa que todos estén de acuerdo en ir más lejos para modificar esta situación, pero si en que debemos hacer algo para cambiar este estado de cosas. ¿QUÉ HACER PARA REDUCIR LA DESIGUALDAD? Como señala Tom Clark(76) a diferencia de Piketty –del que Atkinson fue profesor–, y cuyo libro ilumina sus datos con las categorías de un intelectual continental, tales como “capital”, “trabajo”, Atkinson escribe dentro de la tradición más mesurada de un empirista inglés, aún siendo sus conclusiones tan disruptivas o más que las de Piketty. Sin embargo, la ambición de Atkinson es reducir la brecha de la desigualdad, un sueño realizable, de hecho ya existe en los países más igualitarios del Norte de Europa, pero para eso tendrían los electores que elegir gobiernos reformistas interesados en modificar la situación de desigualdad, no gobiernos indiferentes a la misma e incluso que con sus políticas aumentan la brecha entre los que más tienen y los que no tienen o tienen poco. Atkinson señala en su libro Inequality que la respuesta estándar a la pregunta ¿Cómo podemos combatir la desigualdad creciente? es abogar por un incremento en educación y en formación. Aunque él no está en contra de tales inversiones en educación e incluso en ayudar a las familias en necesidad, considera que deben tomarse medidas más radicales, por eso sus propuestas requieren repensar aspectos fundamentales de nuestras sociedades modernas y dejar a un lado un conjunto de ideas políticas que han sido dominantes en las décadas recientes. Precisamente, debido a la prevalencia de las mismas ideas convencionales, estima que sus propuestas pueden ser vistas como impracticables y fuera de nuestro mundo.(77) Una de las principales objeciones es que las mismas se tornan insostenibles si nos remitimos a la aritmética presupuestaria, pero la principal y más general es la que se refiere a que sus propuestas plantean un conflicto inevitable entre la eficiencia económica y la equidad, basada en el argumento de que la redistribución de la riqueza provoca desincentivar las inversiones. Otro razonamiento empleado contra sus
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propuestas es que el estado existente de globalización impide que un país pueda embarcarse en un camino tan radical como el que propone. Sin embargo, los impuestos y los costos de las transferenciales sociales que propone en su libro, dependen de la estructura institucional y de otras cuestiones que son particulares a un país y no son una variable dependiente de la globalización neoliberal existente hoy en día. Obviamente, sus propuestas se alejan del pensamiento dominante entre los economistas mainstream, y Atkinson tiene la modestia, a la vez que la inteligencia, de exponer que no considera que su enfoque es superior a los adoptados por esa legión de economistas sino que es diferente, y que es un error pensar que sólo hay “un camino” de hacer economía. Atkinson dice que le enseñaron –en Cambridge, Inglaterra y en Cambridge, Massachussets, es decir, en las universidades de Cambridge y de Harvard–, a preguntarse, ¿Quién gana y quién pierde? con un cambio económico o con un cambio de política. Constata que esa pregunta suele estar ausente tanto en la discusión de los medios de comunicación como del debate político, siendo como es una pregunta clave. Tampoco la misma se encuentra en los trabajos de tantos economistas que debaten sobre modelos económicos muy sofisticados, pero en los cuales las cuestiones distributivas están simplemente ausentes, no dejando espacio para considerar el asunto de la justicia en los resultados. Por ello insiste en que no hay solo una Economía. LA DESIGUALDAD, REDUCIRLA, NO ELIMINARLA Para entender la posición de Atkinson hay que partir de su confesión intelectual de que no está tratando de eliminar todas las diferencias en los resultados económicos y sociales existentes en las sociedades modernas. Por tanto, su objetivo no es lograr una total igualdad, ya que considera que ciertas desigualdades en las recompensas económicas son justificables. Su meta es reducir la desigualdad que se encuentra en un nivel demasiado elevado. “Se puede diferir sobre el nivel de desigualdad que es aceptable, coincidiendo en valorar que el nivel de desigualdad actual es intolerable o insostenible”.(78) Cuando se trata de la desigualdad, en muchos discursos políticos y académicos se la trata como “desigualdad de oportunidades”, entendida en el sentido de Tawney como la igual capacidad de hacer lo mejor de los poderes que uno posee. Recientemente, siguiendo a John Roemer los determinantes de los resultados económicos se dividen entre aquellos debidos a las “circunstancias”, que están más allá del control personal (como los antecedentes familiares), y los que dependen del “esfuerzo”, de los que cada persona es responsable. La igualdad de oportunidades se logra cuando las circunstancias no tienen ningún papel en los resultados obtenidos. Por ejemplo, si algunas personas trabajan duro en la escuela y sacan notas altas en los exámenes, y pueden ir a una Facultad de Medicina, y se gradúan de médicos, sus salarios o remuneraciones elevadas se pueden atribuir a sus esfuerzos. Pero si se accede a dicha institución porque sus padres han sido miembros de esa escuela de medicina (ex alumni), y eso les da preferencias para entrar a la misma, se trata aquí de desigualdad de oportunidades. Para Atkinson aunque la igualdad de oportunidades es importante, la igualdad de resultados también lo es. La igualdad de oportunidades es un concepto ex ante (se trata de tener un similar punto de partida), pero hay mucho de actividad redistributiva en lo
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que se refiere a los ex post, es decir, a los resultados obtenidos. Por ello, es falso creer que asegurar un determinado nivel de similitud de punto de partida es ya suficiente (por ejemplo, un acceso igual a la escuela y universidad pública a todos, independientemente de sus posibilidades económicas), y que, por tanto, la igualdad de resultados es irrelevante. Para nuestro autor esto no es así por tres razones: I.
Algunos no logran llegar en una carrera a la “meta” por cuestiones de mala suerte, problemas de salud, falta de esfuerzo, voluntad, etc., y no por ello deben ser abandonados por la sociedad.
II. Hay una igualdad de oportunidades competitiva y no-competitiva. Según la primera, todos pueden participar en una carrera donde hay diferentes premios según el lugar en que se llegue a la meta. Depende de la construcción social que se hace de las recompensas si las mismas pueden ser extremadamente desiguales o más igualitarias. III. La igualdad de resultados afecta directamente a la igualdad de oportunidades para las próximas generaciones: los que se benefician de la desigualdad de oportunidades hoy, transmiten una ventaja a sus hijos mañana. Lo que afecta a la igualdad de resultados y limita la movilidad social, lo que conduce a que la distribución de los ingresos y de la riqueza sea más desigual. Si estamos interesados en la igualdad de oportunidades en el futuro, necesitamos estar interesados acerca de la desigualdad de resultados en el presente.(79) Los estudios sobre la desigualdad realizados por John Stiglitz(80), y los de Kate Pickett y Richard Wilkinson (8¹) exponen una serie de motivos instrumentales por los cuales es del interés general de la sociedad tratar de solucionar la desigualdad de resultados. El incremento de la desigualdad influye en la falta de una mayor cohesión social, en un incremento de la criminalidad y de la inseguridad ciudadana, en el aumento de presos en las cárceles, en el incremento de las enfermedades, la disminución de la esperanza de vida, en la violencia intrafamiliar, asesinatos de mujeres por sus maridos o compañeros sentimentales, fomenta un crecimiento de los embarazos de adolescentes, de la obesidad, del abandono escolar, de las frustraciones individuales y de la agresividad en las relaciones interpersonales, y en muchos otros problemas sociales que tienen una alto coste para la convivencia social. (8²) Además, como expone Stiglitz, la gran desigualdad de ingresos y riqueza, debilita el sistema democrático ya que otorga un poder desmedido a los que llama “intereses especiales” (de las grandes corporaciones, los lobbies, las grandes fortunas, etc.), sobre las decisiones que se toman en los parlamentos y en los gobiernos, y, por ende, en los partidos políticos, que van perdiendo su papel de articulación plural de intereses para convertirse en partidos que sirven a los más ricos y poderosos. El principio democrático de una mujer o un hombre un voto, es sustituido por un dólar un voto, de manera que los que tienen más influyen más o deciden sobre quién gobierna y cómo gobiernan:
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“La desigualdad de Estados Unidos tiene un coste adicional. Más allá de (la) pérdida del sentido de identidad y más allá de la forma en que está debilitando nuestra economía: está poniendo en peligro nuestra democracia”. (8³)
Este peligro se hizo más real aún cuando el Tribunal Supremo aprobó que las empresas pudieran hacer un gasto ilimitado para contribuir a financiar las campañas electorales de los partidos, lo cual significó, en la práctica, privar de su poder o capacidad política a los ciudadanos estadounidenses corrientes, a favor de las grandes fortunas, de los “intereses especiales”.(84) Este razonamiento no es de ningún “extremista de izquierda”, como suelen denominar los conservadores y los llamados “extremistas de centro” (85) a los que discrepan de sus ideas y propugnan por una sociedad realmente democrática, por tanto, más igualitaria, sino de un Premio Nobel de Economía, ex economista jefe del Banco Mundial, ex asesor del presidente Bill Clinton, por ende, no un outsider (un intruso, alguien ajeno al sistema) sino de un insider (alguien que está dentro del establishment), que forma parte de la élite académica mundial, un intelectual (no un simple técnico de la economía), racional, democrático y coherente con las ideas de progreso social. Sostiene Atkinson que reducir la desigualdad existente no se debe hacer teniendo sólo en cuenta las malas consecuencias señaladas más arriba, sino también por razones que denomina “intrínsecas” que se apoyan en una concepción de la teoría de la justicia como puede ser la que favorece a los menos favorecidos, algo que puede verse como radical pero que no está muy lejos de las posiciones de esos políticos que argumentan –expone Atkinson–, que la bajada de los impuestos favorece la actividad económica y que ésta al incrementar los ingresos puede permitir que estos sean empleados para elevar los ingresos de los más pobres. Rawls(86) inició un debate sobre el alcance de la justicia social que tenía como principio relevante que el acceso a los “bienes sociales primarios –la libertad y las oportunidades, los ingresos y la riqueza, y las bases del respeto a sí mismo–, deben ser distribuidos igualmente, a menos que una distribución desigual de uno de esos bienes sea favorable para los menos favorecidos”.(87) Una sociedad justa deberá corregir los defectos del sistema por una intervención que compense las desigualdades iniciales para hacer posible que las posiciones sociales sean realmente abiertas a todos. Así se “impedirá las acumulaciones excesivas de propiedad y de riqueza” y se “mantendrá la posibilidad de educación igual para todos”.(88) Amartya Sen, por su parte, ha propuesto que es más importante ir de los llamados bienes primarios a las “capacidades”, definiendo la justicia social en términos de las oportunidades abiertas a la gente de acuerdo a su funcionamiento, lo que difiere del enfoque de Rawls. Considera Amartya Sen que los bienes pueden hacer algo por la gente pero en sus circunstancias particulares, ya que, por ejemplo, una persona con discapacidad tiene un coste más alto que las personas hábiles para poder funcionar en una serie de actividades. Como indica Callinicos: “El enfoque de las capacidades de Sen tiene el mérito de indicar que el igualitarismo no sólo es
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impulsado por el justificado deseo de eliminar las perniciosas consecuencias de la suerte bruta, sino por el objetivo de garantizar que todos tengan igualdad de acceso al bienestar, entendiendo por bienestar la persecución eficaz de objetivos valiosos y libremente elegidos”. (89)
El enfoque de las capacidades ha ampliado las dimensiones a lo social y lo económico, influenciando el Índice de Desarrollo Humano establecido por Mahbub ul Haq, que establece un rango de los países según su nivel de desarrollo, atendiendo al nivel educativo y la esperanza de vida, además de los ingresos. (90) Aunque esto es un avance,–como afirma Atkinson–, sigue siendo un hecho que el logro de recursos económicos es una de las principales fuentes de injusticia,por ello aunque se tenga en cuenta la multidimensionalidad de la desigualdad, la dimensión económica sigue siendo de primordial importancia. (9¹) PROPUESTAS PARA REDUCIR LA DESIGUALDAD El libro Inequality, como afirma su autor, tiene como principal objetivo responder a la pregunta, ¿Si deseamos reducir la desigualdad, qué debemos hacer? Así pues, si se reduce la desigualdad de resultados, esto puede contribuir a asegurar la igualdad de oportunidades, cuestión esencial para una sociedad democrática moderna. Teniendo en cuenta que el autor no trata de hacer un ejercicio de utopismo y establecer cuál debería ser un estado deseable ideal de igualdad, sino proponer medidas aplicables, realistas y concretas para evitar males mayores a los que nos lleva la actual situación de desigualdad. Así pues, sus propuestas tratan de proporcionar “razones instrumentales para reducir la pobreza y la desigualdad”, ya que esa “extrema desigualdad es contraria a la concepción de una buena sociedad”.(9²) Ese enfoque pragmático de Atkinson le lleva a poner el énfasis en cuestiones como tener en cuenta lo que denomina los episodios históricos más que las tendencias a largo plazo y de esa manera se puede aprender de lo que se hizo en los períodos cuando la desigualdad se redujo. Disminuir la desigualdad implica hacer cambios en el mercado de ingresos, así como en los gastos y los impuestos. Las fuentes del incremento de la desigualdad se encuentran tanto en el mercado de capitales como en el de trabajo, por tanto no es solo un asunto de incrementar los premios o las recompensas sobre las cualificaciones educacionales. El mercado de poder juega un papel muy importante y por ello hay que investigar los lugares en que se toman las decisiones y lograr un contrapeso o contra balance del poder. También llama la atención sobre el hecho de que “el mundo está cambiando en aspectos muy significativos, notablemente en la naturaleza del empleo y en la relación entre riqueza (como una fuente de ingresos) y el capital (como una fuente de control)”.(9³) Lo importante es que Atkinson no acepta que el aumento de la desigualdad es algo inevitable, que sea el producto de fuerzas que están fuera de nuestro control. Los gobiernos pueden tomar medidas para reducirla, sea actuando individualmente o junto a otros colectivos, como las empresas, los sindicatos, las organizaciones de consumidores, e incluso por los ciudadanos actuando individualmente, con el objetivo de reducir el nivel actual de desigualdad. Pasamos inmediatamente a exponer de manera sumaria las principales propuestas de Atkinson para reducir la desigualdad en las sociedades modernas.
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1.
La dirección que se adopte del cambio tecnológico debe ser algo que se haga explícito por los que toman las decisiones políticas, buscando estimular la innovación en una manera que incremente el empleo de trabajadores, enfatizando la dimensión humana de la provisión de servicios.
2.
La política pública debe tener como objetivo un adecuado balance de poder entre todas las partes implicadas y, para este fin, debe: (a) introducir una dimensión distributiva dentro de la política de competencia, (b) asegurar un marco legal que permita a los sindicatos representar a los trabajadores y, (c) establecer, dónde no exista, un Consejo Económico y Social donde estén representados los interlocutores y otros agentes no gubernamentales.
3.
El gobierno debe adoptar una meta explicita para prevenir y reducir el desempleo y para ejecutarlo debe ofrecer empleo público garantizado con un salario mínimo a quienes lo estén buscando.
4.
Debe haber una política nacional de remuneraciones consistente en dos elementos. Un salario mínimo obligatorio que permita vivir dignamente, y un código de prácticas de pago por encima de este mínimo, acordada como parte de un “diálogo nacional” en que este envuelto el Consejo Económico y Social.
5.
El gobierno debe ofrecer vía los bonos de ahorro nacional, una garantía de una tasa de interés positiva sobre los ahorros, estableciendo un máximo de adquisición de bonos por persona.
6.
Debe crearse una autoridad pública de inversiones, operando como un fondo de riqueza soberano, con el fin de levantar la riqueza neta del Estado haciendo inversiones en compañías y propiedades.
7.
Se debe volver a una estructura más progresiva del impuesto sobre la renta de las personas, con unas tasas marginales que se incrementen por los rangos de ingresos, hasta alcanzar un tipo máximo del 65 por ciento, acompañadas por una ampliación de la base de imposición.
8.
El gobierno debe introducir dentro del impuesto sobre la renta un descuento sobre los ingresos limitado a los que tengan ingresos más bajos.
9.
Los cobros de herencia y las donaciones inter vivos deben ser tasadas bajo un impuesto progresivo de cobros de capital.
10. Debe haber un impuesto proporcional o progresivo, sobre las propiedades, cuya tasación debe adecuarse a las puestas al día de las evaluaciones de las mismas. 11. Los beneficios para los niños deben ser pagados para todos con una tasa sustancial
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y deben ser considerados como un ingreso. 12. Como alternativa a la propuesta anterior: Debe haber una renovación de la protección social, elevando el nivel de los beneficios y ampliando su cobertura. 13. Los países ricos deben elevar sus objetivos para la Ayuda Oficial al Desarrollo a un 1 por ciento del PIB.(94) Reducir la desigualdad, aplicando estas medidas no es algo exclusivo de los gobiernos, de la ONU, del Banco Mundial, de la UE, de los gobiernos locales, sino también implica a los ciudadanos que con sus votos hacen posible la formación de gobiernos que pueden ser, más o menos favorables, a realizar los cambios necesarios en las políticas para reducir la desigualdad. Además, también pueden actuar como ciudadanos individuales o como miembros de grupos y asociaciones haciendo lobby, influyendo en los medios de comunicación, y también como consumidores, ahorradores, inversores, trabajadores y empleados, difundiendo la necesidad de realizar políticas de igualdad. Se trata del empoderamiento de los ciudadanos a favor de políticas igualitarias. CONCLUSIONES: IGUALDAD Y CAPITALISMO La cuestión con los liberales igualitarios, como Rawls y otros, e inclusive con los considerados socialdemócratas, es que hay una enorme dificultad para lograr las metas que proponen de reducir sustancialmente la igualdad, ya que el mecanismo de funcionamiento de la economía capitalista neoliberal hace difícil, por no decir imposible, el impedir esa acumulación extrema de “propiedad y riqueza”, en la cima, por un lado, y tener parte de la población en situación, comparativa y relativa, de pobreza y desigualdad, por otra parte. Durante los intentos de “tercera vía”, en Europa (Blair, Schroeder, etc.) e incluso con el “centrismo” de Clinton, en los Estados Unidos, no se lograron grandes progresos en disminuir la desigualdad.Y es que los socialdemócratas que han aceptado el neoliberalismo al igual que los neoliberales, están convencidos que el crecimiento del gasto público y las intervenciones del Estado son negativas. Un buen conocedor del proceso político y de la vida económica, así como de estas corrientes políticas, él mismo un socialdemócrata moderado, Jacques Attali, hace una evaluación certera del comportamiento político y las concepciones que han llevado al transformismo y desnaturalización de la socialdemocracia y que la tiene en una situación de crisis de credibilidad: “De creerlos, para ellos, el Estado no debe interferir en las decisiones de las empresas quienes, por naturaleza, saben mejor lo que es bueno para ellas. El poder público no debe tampoco tratar de influir sobre los consumidores, a quienes la mundialización ha hecho más independientes, mejor informados y aparentemente más libres. La doctrina económica de los socialdemócratas se calca poco a poco de aquella de los liberales. En momentos diferentes según los países, esa socialdemocracia de mercado ha renunciado
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progresivamente a la nacionalización de los servicios públicos, al aumento de los gastos colectivos, a las grandes obras públicas, a los empleos públicos, a la fijación de salarios y de precios, al curso de las monedas, de las tasas de interés, de los derechos de aduana y del nivel del déficit presupuestario, así como a la imposición sobre el ahorro y el capital. También ha renunciado a tomar el poder en el seno de la empresa. Ha concentrado sus esfuerzos en la protección social de lo logrado por la clase media, todo ello aceptando la privatización de una parte de los servicios públicos y animando a los individuos en situación de poder trabajar a que tomen riesgos…Nos hablan solamente de cosas prosaicas, de impacto inmediato, sin ninguna referencia histórica o ideológica…no consagran ninguna reflexión a la naturaleza del mundo y a las relaciones de fuerza que están en juego. Raramente la política ha sido tan poco intelectual como hoy día”.(95)
Se ha comprobado que los intentos socialdemócratas de querer compatibilizar búsqueda de reducir la desigualdad, manteniendo las políticas económicas neoliberales, no han sido eficaces para reducir la desigualdad. Cuando se ha tratado de establecer políticas keynesianas, los “mercados” las rechazan y combaten, como le ocurrió a Mitterrand en Francia después de las nacionalizaciones de empresas y bancos. (96) También lo logran creando escasez de bienes de primera necesidad, huelgas de inversión y de transportes de mercancías, etc., como ocurrió en el Chile de Allende.(97) Imagínense lo que puede ocurrir cuando se plantean políticas abiertamente socialistas que quieren quitar –aunque sea a través de un proceso de reformas graduales–, el control a los capitalistas y sustituirla por el de los “productores asociados”. Teniendo todo ello en cuenta, una lucha por reducir la desigualdad, implica estar conscientes que, tocar los intereses de la superclase que controla gran parte de la riqueza mundial, es un camino lleno de obstáculos. Exigir la igualdad es de hecho proponer un cambio radical en la organización de las relaciones sociales, que deberá llevarse a cabo en una larga marcha en la cual habrá avances y retrocesos, conflictos sociales diversos no sólo entre “los que tienen y los que no tienen”, sino entre los que se resisten a aceptar los cambios necesarios para una redistribución de la riqueza y los ingresos, aunque éstos les vayan a beneficiar. Empero, no se puede rechazar, con el argumento de que con el sistema capitalista es imposible acabar con la desigualdad, las políticas redistributivas que tratan no de acabar con ella sino de reducirlas. Apoyarlas y luchar a favor de medidas impositivas, laborales, educacionales, de ampliación de servicios sociales, de potenciar el papel de la mujer en la economía, la política y la sociedad, y un largo etcétera que hemos expuesto en este capítulo, es la mejor manera de que nuestras sociedades sean realmente más democráticas, ya que hay una relación directa entre mayor igualdad y una democracia de más calidad. Cada vez es más urgente que el pastel se reparta con la gente que lo cocinó.
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NOTAS. 1.
Vid. David Rothkopf, El club de los elegidos. Cómo la élite del poder global gobierna el mundo, Tendencias editores, Barcelona, 2008, donde utiliza el término “superclass” para referirse a esa ínfima minoría de supermillonarios que emplea sus recursos financieros para imponer al mundo sus intereses por encima del interés general y el bien común. 2. Herman Heller, Escritos políticos, Alianza, Madrid, 1985, pp.283 y ss. 3. Vid.Ángel Luis y José Antonio Alonso de Antonio, Derecho Constitucional Español, Editorial Universitas, Madrid, 1998,pp. 145 y ss; Elías Díaz, Estado de derecho y sociedad democrática, Cuadernos para el diálogo, Madrid, 1966 ; Jorge de Esteban, Las Constituciones de España, Taurus, Madrid, 1981.Ver en la parte dedicada a la Constitución de 1978, los articulo 14, y el capítulo tercero: “De los principios rectores de la política social y económica,” pp.286 y 293-295. 4. Vid. Tony Judt, Posguerra. Una historia de Europa desde 1945, Taurus, Madrid,2010, pp. 475 y ss. 5. La posibilidad de una crisis que creara un enorme desempleo y de dislocación de la industria fue anunciada como una posibilidad por Paul Samuelson en “Full employment after the war”, en S. Harris, ed., Post-war Economic Problems, Nueva York, 1943, p.51, cit. por Eric Hobsbawm,Historia del siglo XX, Critica, Barcelona, 2011, p. 234. 6. Vid. Josep Fontana, Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945, Ediciones Pasado y Presente, Barcelona, 2011, pp.68-72. 7. Los principales beneficiarios económicos de la Segunda Guerra Mundial fueron los países más ricos Estados Unidos, Suiza, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Entre 1939 y 1945 el PIB per cápita de los EE.UU. se incrementó en un 80 por ciento, Canadá creció casi un 60 por ciento, Suiza y Australia un 20 por ciento, e inclusive otros países productores de carne, trigo y cereales, crecieron sustancialmente, como Argentina, un 10 por ciento. Vid. Brancko Milanovich, Los que tienen y los que no tienen, op. cit. p.163. 8. Mª Josefa Rubio Lara, La formación del Estado Social, Ministerio de Trabajo y Seguridad social, Madrid, 1994 pp. 69-73. 9. Vid. Karel Williams y John Williams (comp.), Antología de Beveridge, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1990. 10. El Estado de Bienestar significa que el estado asume la responsabilidad de asegurar unos mínimos básicos de protección social para sus ciudadanos pero no debe reducirse a esto. En los llamados estados de bienestar residuales solo asume sus responsabilidades sociales cuando falla la familia o el mercado, y se dirige a los grupos marginales y necesitados. Los llamados Estados de bienestar institucionales dirigen su acción a toda la población, la protección social es universalista. Pero la idea esencial es la propuesta por T.H. Marshall de que la ciudadanía social constituye la idea central de un Estado de bienestar. Es decir, que todos puedan tener condiciones de vida dignas. Lo que conlleva una desmercantilización, ya que los derechos sociales implican una pérdida del estatus de mercancía de las personas. Se presta un servicio social como un derecho de los ciudadanos y que éstos pueden ganarse la vida sin depender del mercado. Los Estados de Bienestar escandinavos son los mas desmercantilizadores y los anglosajones los menos. Gosta Esping-Andersen, Los tres mundos del bienestar, Edicions Alfons El magnanim, Valencia, 1993, pp, 37-43 y T.H. Marshall y Tom Bottomore, Ciudadanía y clase social, Alianza Editorial, Madrid, 1992. 11. Tony Judt, Posguerra,op. cit. y Tony Judt con Thimothy Snyder, Pensar el siglo XX, Taurus, Madrid,2012. 12. T. Judt, op. cit., 2010, p.69.
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TEORÍAS SOCIOLÓGICAS Y ECONÓMICAS SOBRE LA DESIGUALDAD ACTUAL 30. Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, RBA, Madrid, 2015, edición por la cual citaremos. La primera edición en español es la del FCE de México,2014 y la edición original francesa es Le Capital au XXIe Siècle, Editions du Seuil, París, 2013. 31. Thomas Piketty, “Sobre El Capital en el siglo XXI”, American Economic Review, vol. 105, nº 5, mayo de 2015, pp.48-53, citado de Thomas Piketty, “Hacia una economía política e histórica. Reflexiones sobre El Capital en el siglo XXI” y “Sobre El Capital en el siglo XXI”, RBA, Madrid, 2015, p.3. 32. T. Piketty, Hacia una economía política e histórica…, op. cit., p.14. 33. Ibid., p.16. 34. Vid.Émile Boutmy, “Quelques idées sur la création d’une Faculté libre d’enseignement supérieur”, 1871, cit. por T. Piketty, El capital en el siglo XXI, p. 657. 35. T. Piketty, Hacia una economía…op. cit., pp.26. 36. Ibid., p. 27. 37. Ibid., Prólogo de Emilio Ontiveros, p.9. 38. Piketty, Idem., pp. 32-33 39. T.Piketty, El capital, op. cit., p.324. 40) Ibid., p.326. 40. Ibid., p.331 41. Ibid. pp.338-340. 42. Vid. T.Piketty y Emmanuel Saez, “A Theory of Optimal Inheritance Taxation”, Econometrica, 81, 5, 2013, pp. 1.851-1.886. 43. T. Piketty, “Sobre El Capital en el siglo XXI”, op. cit., p.39. 44. Ibid., p.40. 45. Thomas Piketty, La crisis del capital en el siglo XXI, Anagrama, Barcelona, 2015,pp.66-67 Y 46. El capital en el siglo XXI, p.67. En el Reino Unido alcanzó en algún momento el 98% pp.686-688. 47. T. Piketty, El capital en el siglo XXI, op. cit., pp.665 y 670. 48. Cit. por Tariq Ali, El extremo centro, Alianza, Madrid, 2015, p.15. 49. T. Piketty, El capital en el siglo XXI, op. cit., p.358 50. T. Piketty, “Hacia una economía política e histórica. Reflexiones sobre el Capital en el siglo XXI”, Annales HSS,vol.70, nº1, enero-marzo de 2015, pp.125-138. 51. T. Pikketty, El capital en el siglo XXI, op. cit., p.40. 52. Ibid., p.40. 53. OIT, Informe mundial sobre salarios 2012-2013,Ginebra, diciembre 2012., p.vi. 54. Ibid.pp.xvi, 18 y 68. 55. OIT, Informe Mundial sobre salarios 2014/2015, Ginebra, pp.1-6. 56. Deirdre N. McCloskey,”How Piketty missses point”, Cato Policy Report, julio-agosto 2015. Www.cato.org/policy-report/july-august-2015/how-piketty-misses-point visitado el 19/11/2015 57. Winnie Agbonlahor, “Punishing the rich is not the answer to inequality, warns top economist”, 58. The Guardian, 23 de enero de 2015. 59. Ibid. 60. B. Milanovic, op. cit., p.33. 61. Branko Milanovic, “The return of “patrimonial capitalism”: review of Thomas Piketty`s Capital in the 21ts century”, MPRA Paper Nº 52384, octubre 2013. 62. The Observer, 21 de junio de 1992, cit, por David Harvey. 63. David Harvey, “Afterthoughts on Piketty’s Capital”, 17 de mayo 2014 en davidharvey.org, consultado el 29 de octubre de 2015. 64. Michel Husson, Capitalismo puro, Maia Ediciones,Madrid, 2009.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz 65. Joseph Stiglitz, El precio de la desigualdad, op. cit. 66. R.Astarita, “Reflexiones desde el marxismo sobre el libro de Piketty”, vid. htpp:// rolandoastarita.wordprees.com 67. Vicenç Navarro, Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica del pensamiento económico 68. dominante, Anagrama, Barcelona, 2015, p.187. 69. Vid. a Will Hutton, The State We’re in, Vintage, London, 1996,pp.169 ss sobre la sociedad de mercado, la desregulación, el debilitamiento del trabajo y, la flexibilidad laboral, unido a la disminución de las políticas sociales durante el Thatcherismo. 70. Ibid. p.190. 71. Ibid. p.191. 72. Ibid. p.193. 73. Anthony Atkinson, Inequality.What can be done?, Harvard University Press, Harvard, 2015. 74. Anthony B. Atkinson y Salvatore Morelli, Chartbook of Economic Inequality. Society for the Study of Economic Inequality (ECINEQ), WP 2014-324,, March 2014 www.ecineq.or 75. “Inequality and what can be done about it: an interview with Anthony Atkinson”, por Jonathan Derbyshire, Prospect Magazine, Londres, 9 de abril de 2015. 76. Christine Lagarde, presidenta del FMI, en su discurso de 2012 en la reunión anual del FMI y del Banco Mundial, dijo que su tercer objetivo era la desigualdad y la calidad del crecimiento en el mundo. Y afirmó que “recientes investigaciones del FMI nos señalan que menos desigualdad está asociada con una mayor estabilidad macroeconómica y más crecimiento sostenible”. Vid. también A.G.Berg, J.D.Ostry, “Inequality and Unsustainable Growth: Two Sides of the Same Coin”, IMF,Staff Discussion Note, 8 de abril de 2011. 77. Tom Clark, “Inequality: What can be done? Anthony B. Atkinson review a concrete plan for a fairer society”, The Guardian, 26 de junio de 2015. 78. A.B. Atkinson, Inequality, op.cit., p.4. 79. Ibid. p.9. 80. Ibid. pp. 9-11. 81. El precio de la desigualdad, Taurus, Madrid, 2012 y La gran brecha,Taurus, Madrid, 2015. 82. Pickett y Richard Wilkinson, The Spirit Level, Penguin, Londres, 2010 y Richard Wilkinson, The Impact of Inequality. How to make sick societies healthier, The New Press, New York/Londres, 2015. 83. R.Wilkinson y K. Pickett, op. cit., The Cost of Inequality, pp. 49-169. 84. J. Stiglitz, El precio de la desigualdad, op. cit,p.171. 83) Ibid., p.187. 85. Vid. Tariq Ali, El extremo centro, Alianza editorial, Madrid, 2015 86. John Rawls, Teoría de la justicia, FCE,México, 1979 y El liberalismo político, Biblioteca de Bolsillo, Barcelona, 2006. 87. Vid.Philippe Nemo, Histoire des idées politiques aux Temps modernes et contemporaines, PUF, París,2003, p.1383. 88. J.Rawls,Teoría de la justicia, op. cit., p. 104. 89. Alex Callinicos, Igualdad, Siglo XXI,Madrid, 2003, p.158. 90. Vid. Amartya Sen, Development as Freedom, Oxford University Prees, Oxford,1999 y http:// hdr.undp.org/en/content/human-development-index-hd 91. Atkinson, Ibid. pp.12-14. 92. Ibid. p.301. 93. Ibid. p.302. 94. A.B. Atkinson, Inequality, op. cit. pp.303-304.
TEORÍAS SOCIOLÓGICAS Y ECONÓMICAS SOBRE LA DESIGUALDAD ACTUAL 95. Jacques Attali, La voie humaine. Pour une nouvelle social-démocratie, Fayard, París, 2004, pp. 94-95. 96. Franz.Olivier Giesbert, Le Président, Editions du Seuil,París,1990,pp.216 y ss. El 23 de septiembre de 1981 Mitterrand nacionalizó al 100 por ciento las sociedades madres de cinco grupos industriales y los treinta y seis bancos más grandes de Francia. La gran parte tenía déficit. Años después serían reprivatizadas por gobiernos de la derecha obteniendo el Estado grandes ingresos por ellas. 97. Mario Amorós, Allende. La biografía, Ediciones B, Madrid, 2013.
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3. Max Weber: clase, estamentos, partidos La distinción entre poder político, clase económica y estatus social, llega a su plena explicitación teórica en la obra de Max Weber. R. Nisbet
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INTRODUCCIÓN Max Weber ha influido de manera decisiva en el pensamiento sociológico contemporáneo y especialmente en la sociología de orientación no marxista, para la cual ha jugado un papel semejante al de Marx para la sociología marxista, tanto es así que se le ha denominado “el Marx de la burguesía”. Esta influencia de Weber se ha dejado sentir en su teoría de la estratificación que ha tenido un gran peso en las elaboraciones teóricas de los sociólogos funcionalistas de la estratificación social, tanto de aquellos ortodoxamente funcionalistas como Kingsley Davis y Talcott Parsons, así como de quienes consideran que el funcionalismo necesita una severa crítica para hacerlo más adecuado al análisis social. Entre los que se puede citar los nombres de algunos de los más preclaros de entre ellos en la cuestión que nos ocupa: Dahrendorf, Lenski y Tumin. Así pues, la autoridad de Weber ha sido persistente en la sociología y también los llamados neoweberianos siguen dándole una gran importancia en sus análisis a las categorías weberianas como los autores que analizaremos más adelante: Giddens, Goldthorpe, Parkin y otros. En lo relativo a las clases sociales, los trabajos de Weber han sido y continúan siendo utilizados para contrarrestar y oponer las explicaciones de Marx sobre la cuestión de las clases sociales. Se ha señalado que la importancia de Weber, al respecto, es que plantea determinados problemas que no fueron tenidos en cuenta por Marx y que contribuyen a un más profundo conocimiento de la desigualdad social. Yendo más lejos en este razonamiento, llegan a la conclusión de que Weber supera la teoría de las clases de Marx, en tanto que la enriquece y la completa, convirtiéndose la teoría weberiana sobre la estratificación en la teoría realmente sociológica en torno a este tema. Se considera que Weber ofrece un estudio explícito del concepto de clase, algo que algunos sociólogos estiman que no existe en Marx, además, al diferenciar entre clase, estatus y partido, su modelo sería más complejo, si bien también se encuentra en Weber, con fines muy específicos, un modelo dicotómico de clases que recuerda a Marx, aunque lo que predomina es una concepción pluralista de las clases. El estudio que vamos a llevar a cabo de las ideas de Weber sobre clase, estamento o estatus, y poder, nos permitirá analizar las ideas de Weber sobre las clases sociales y, en función de ello, poder llegar a conclusiones que nos permitan apreciar hasta que punto esta teoría proporciona verdaderamente los elementos teóricos metodológicos más pertinentes para un análisis dinámico de las clases y sus conflictos. Hay que señalar que Weber rechaza las teorías que buscan o pretenden dar una explicación global del proceso histórico social, lo cual iba dirigido a rechazar, entre otras teorías las del desarrollo histórico como la de Hegel y la del marxismo. Le parecía, una teoría insostenible como concepción de la historia, ya que era, para Weber, una explicación monocausal del proceso histórico que no permitía una reconstrucción correcta de las relaciones sociales e históricas. Weber considera que Marx tiene una perspectiva parcial, que reduce la multiplicidad de factores causales a un teorema de un solo factor, en este sentido, rechaza el materialismo histórico por su supuesta pretensión de “establecer una secuencia causal universal única”. El rechazo de las teorías globales sobre el desarrollo
MAX WEBER: CLASE, ESTAMENTOS, PARTIDOS
histórico conlleva que en un plano más específico se conviertan también en inaceptables aquellas teorías que le dan un predominio causal en el desarrollo social a las relaciones de producción, a las clases y la lucha de clases. (¹) LA TRIDIMENSIONALIDAD DE LA ESTRATIFICACIÓN Weber en su trabajo sobre las clases, estamentos y partidos, busca una explicación del fenómeno de la estratificación basado en la denominada tridimensionalidad de la estratificación, según la cual cada dimensión se distingue en el plano conceptual de las otras y, en el plano empírico, se producirá una influencia de cada una de ellas sobre las demás. Los textos donde Weber trata estos temas se encuentran en su obra Economía y Sociedad. En el primer tomo trata sobre “Estamentos y Clases”, y en el segundo tomo estudia la “Divísión del poder en la comunidad: clases, estamentos, partidos”. (²) Ambas partes dedicadas al tema se caracterizan por su brevedad, dándose en esto un paralelismo con Marx, en cuya obra tampoco existen textos amplios específicamente dedicados al análisis de clases. En Weber encontramos un esqueleto conceptual sobre el tema, pero insuficientemente desarrollado para constituir una teoría acabada sobre esta cuestión. Sin embargo, el hecho de que estos textos hayan podido jugar el papel que han desempeñado en el plano teórico, es un indicio de la potencia intelectual de su autor, que ha podido brindar, de manera sintética, las ideas claves para una interpretación de un tema de por sí muy complejo. LA ACCIÓN ECONÓMICA Y EL PAPEL DEL MERCADO La concepción de las clases en Weber encuentra su explicación en un análisis de carácter más general basado en la acción económica en el mercado. Señala que la acción económica es como el mercader que busca, utilizando medios específicos, obtener el control de las utilidades deseadas, las cuales pueden ser tanto bienes como servicios. El mercado se va a distinguir del trueque porque incluye una acción económica especulativa orientada hacia la obtención de utilidades a través del comercio competitivo. Para Weber las clases sólo aparecen, y únicamente pueden tener existencia, cuando se da la realidad del mercado y la existencia del mercado implica una economía monetaria. Ya que el uso del dinero trae una serie de consecuencias fundamentales que conllevan una disgregación de la economía natural local y produce el predominio de relaciones económicas basadas en la propiedad, y la existencia de bienes y servicios en un mercado competitivo. Con esta situación se inicia la lucha de clases. Weber señala cómo: “La posibilidad de disponer de instrumentos móviles de producción o de medios de subsistencia de toda especie, sobre todo de dinero o de objetos fácilmente convertibles en dinero; la posesión de productos del trabajo propio o ajeno, cuyo valor varia según la mayor o menor proporción de su consumo; la posesión de monopolios negociables de toda clase, todas estas situaciones producen una diferenciación en la posición de clase ocupada por los poseedores...Y también se diferencian considerablemente entre sí los no poseedores que ofrecen los productos del trabajo según los utilicen en el curso de una relación continuada con un consumidor o sólo cuando las
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circunstancias lo requieran. No obstante, corresponde siempre al concepto de clase el hecho de que las probabilidades que se tienen en el mercado constituyen el resorte que condiciona el destino del individuo. La `situación de clase´ significa, últimamente, en este sentido, la `posición ocupada en el mercado”. (³)
Unido al papel del mercado –competencia-clases-lucha de clases–, se halla la de la “situación en el mercado” que tendrá que ver con la situación de clase. Weber define la situación de mercado de cualquier objeto de intercambio como: “la totalidad de las probabilidades de cambio mismo contra dinero que puedan ser conocidas por los partícipes en su orientación por la lucha de precios y de competencias”. (4) El modo en que se encuentra distribuida la posesión de bienes de intercambio creará determinadas posibilidades específicas de existencia, es decir, los que tienen la misma situación de mercado o situación de clase estarán sometidos a similares exigencias de tipo económico que influirán sobre sus modos de vida, concepciones, etc. EL CONCEPTO DE CLASE ¿Qué es una clase para Weber? La clase es todo “grupo humano que se encuentra en una igual situación de clase”, o dicho de otro modo, para Weber se habla de clase cuando: 1. “Es común a cierto número de hombres un componente causal específico de sus probabilidades de existencia, en tanto que, 2. tal componente está representado exclusivamente por intereses lucrativos y de posesión de bienes, 3. en las condiciones determinadas por el mercado (de bienes o de trabajo) (“situación de clase”). (5)
Lo que quiere señalar es que en función de una misma situación de clase, los que poseen propiedad se pueden diferenciar, según lo que poseen y cómo lo utilizan para sus fines económicos. Los que carecen de propiedad y que sólo pueden ofrecer trabajo en el mercado se dividirán según los tipos de trabajo que puedan ofrecer. Es importante destacar que Weber va a reconocer que la posesión contra la no posesión de propiedad, es la base más importante de la división de clases en un mercado competitivo. Hay quienes señalan que Weber sigue en este punto a Marx, de la misma manera que lo hace cuando distingue entre los que poseen propiedad, a las clases rentistas y las clases empresariales, a las que Weber denomina “clases poseedoras”y “clases comerciales”. LOS ESQUEMAS DE CLASES Weber presenta una serie de esquemas de las clases utilizando diversos criterios. En primer lugar, lo que denomina clase propietaria, en la que las diferencias de propiedad es el determinante fundamental de la situación de clase. En ese sentido presenta el
MAX WEBER: CLASE, ESTAMENTOS, PARTIDOS
siguiente esquema tripartito, teniendo cada una de las situaciones de clase diversas clasificaciones según el tipo de propiedad. Pasamos a exponer el cuadro clasificador de Weber tal como aparece en “Estamentos y Clases”: I.
Clases propietarias positivamente privilegiadas son típicamente los rentistas. Estos pueden ser: a. b. c. d. e. f. a. b. c. g.
rentistas de esclavos (propietarios de esclavos). rentistas de tierras. rentistas de minas. rentistas de instalaciones (propietarios de instalaciones de trabajo y aparatos). rentistas de barcos. los acreedores: acreedores de ganado. acreedores de cosechas. acreedores de dinero. rentistas de valores.
II. Clases propietarias negativamente privilegiadas son típicamente: a. objetos de propiedad (serviles). b. déclassés (proletarii en el sentido de los antiguos). c. deudores. d. “pobres”. III. Entre ambas están las “clases medias”, que se hallan integradas por las capas de toda especie de los que equipados con propiedades o con cualidades de edución, sacan de ellas sus ingresos. Algunas de éstas pueden ser “clases lucrativas” (empresarios positivamente privilegiados, proletarios negativamente privilegiados). Pero no todas lo son: “campesinos, artesanos, empleados”. (6) El segundo esquema de estratificación que presenta Weber se refiere a las clases lucrativas, cuya situación de clase viene dada por la valorización de sus bienes y servicios (trabajo) en el mercado: I.
Clases lucrativas positivamente privilegiadas son típicamente empresarios. a. comerciantes. b. armadores. c. industriales d. empresarios agrarios e. banqueros y financieros y en determinadas circunstancias f. “profesionales liberales” con capacidades o formación de valor preferencial (abogados, médicos, artistas). g. trabajadores con cualidades monopólicas (propias o adquiridas).
II. Clases lucrativas negativamente privilegiadas son típicamente trabajadores.
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a. calificados. b. semicalificados. c. no calificados o braceros. III. En medio se encuentran, también como “clases medias”, los campesinos y artesanos independientes. Además: a. funcionarios (públicos y privados). b. los citados en la categoría I.f y los trabajadores con cualidades monopólicas excepcionales (propias o adquiridas).(7) La última de las clasificaciones que realiza Weber, después de diferenciar las clases en cuanto a la posesión y las clases lucrativas, es la que denomina clases sociales. Se podrá hablar de una clase social en la medida en que los individuos puedan trasladarse libremente, dentro de un conjunto común de situaciones de clase. Weber describe el capitalismo como integrado por las siguientes clases sociales: 1. 2. 3.
El proletariado en su conjunto, es tanto mayor cuanto más automático es el proceso de trabajo. La pequeña burguesía. La inteligencia sin propiedad y los expertos profesionales (técnicos, “empleados” comerciantes o de otra clase, burócratas), eventualmente pueden estar muy separados entre sí en lo social, en proporción a los costos de su educación. INTERESES DE CLASES, CONCIENCIA Y LUCHA DE CLASES
Weber plantea que la relación entre intereses de clases comunes y la manifestación abierta de la lucha de clases puede variar históricamente. Un grupo de individuos puede tener una misma situación de clase sin que por ello exista conciencia de esta situación común, y sin que se produzca una articulación de intereses formalizando la creación de una organización para la defensa de sus intereses comunes. En ese sentido, señala Weber lo siguiente: “Dada la misma posición de clase y las mismas circunstancias, la dirección en la cual cada trabajador persigue su interés puede ser muy diferente según esté, en virtud de sus actitudes, alta, mediana o pésimamente calificado para la obra que tiene que realizar.”
Más adelante señala de manera tajante que: “En modo alguno constituye un fenómeno universal que, a consecuencia de una posición común de clase, surja una socialización, o inclusive una acción comunitaria”.(8) Weber hace referencia a que la existencia de grandes desigualdades en la distribución de la propiedad no siempre conduce a la lucha de clases. El conflicto clasista tiene más oportunidades de estallar allí donde esta desigualdad no es percibida como algo fatal, inevitable. La historia nos muestra numerosos ejemplos de cómo las
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clases no poseedoras aceptan la legitimidad de su situación de evidente desigualdad. La conciencia de clase se desarrolla con mayor rapidez cuando, en primer lugar, la clase enemiga es un grupo que aparece visiblemente en directa competencia económica. En ese sentido Weber dice lo siguiente: “Un fenómeno muy general que aquí debemos mencionar de las oposiciones de clase condicionadas por la situación del mercado consiste en el hecho de que tales oposiciones suelen ser sobre todo ásperas entre los que se enfrentan de un modo directamente real en la lucha por los salarios. No son los rentistas, los accionistas y los banqueros quienes resultan afectados por el encono del trabajador (aunque obtienen justamente ganancias a veces mayores o con `menos trabajo´ que las del fabricante o del director de empresa). Son casi exclusivamente los fabricantes y directores de empresa mismos, considerados como los enemigos directos en la lucha por los salarios”. (9)
En segundo lugar, también contribuye al desarrollo de la conciencia de clase allí donde hay un gran número de personas que compartan una situación de clase. Lo cual tendería a favorecer una toma de conciencia de clase allí donde el mismo desarrollo de la producción conduzca a agrupamientos que permitan en el mismo proceso de trabajo el “descubrimiento” de esa situación común. El papel de las ciudades y la localización por barrios de las personas que comparten una misma situación de clase posibilita una “conducta homogénea de clase”. En tercer lugar, donde hay “posibilidad técnica” de una fácil reunión, especialmente en comunidades de trabajo localmente determinadas, “comunidad de taller”. O sea, la posibilidad de organizar a los miembros que se encuentran ya agrupados permite que se de una fácil comunicación entre ellos y esto es facilitado por la gran empresa moderna, al igual que en el punto anterior. De ahí el papel, sino decisivo, de gran importancia que tiene para la conciencia de clase la gran empresa capitalista. Por último, se facilita el adquirir la conciencia de clase, allí donde la clase logra tener una dirección consciente con fines claros “que regularmente se dan e interpretan por personas no pertenecientes a las clases intelectuales”. En este punto se da una semejanza en la percepción del papel de la conciencia en cierto modo introducida “desde fuera” por los intelectuales que Lenin, siguiendo a Kautsky, colocó como factor fundamental para el logro de una conciencia de clase que debe llevar a los trabajadores a luchar por organizar la sociedad en función de sus intereses objetivos e históricos, y que tendría su órgano fundamental en el partido de los trabajadores, considerado como el intelectual colectivo de la clase obrera. Sin embargo, esa semejanza de punto de partida no conduce a las mismas consecuencias, ya que esa conciencia no debe llevar en Weber a una agudización de la lucha de clases y mucho menos a una superación del capitalismo por una organización superior, socialista, de la sociedad, a la cual Weber se opuso con una pasión nada “libre de valores”. Para Weber el problema de la lucha de clases, entendida como una acción comunitaria derivada de una posición común de clase no constituye un fenómeno universal, es decir, la existencia de ciertos intereses comunes no lleva necesariamente a la lucha de clases entendida en el sentido marxista, ya que, para Weber, esto va a
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depender de la actitud o calificación personal de los trabajadores, lo cual lo llevará a buscar su interés de manera muy diferente. Weber aclara aún más su idea sobre aquellos individuos mejor dotados, con más recursos personales para ofrecer en el “mercado”, que podrían beneficiarse de las acciones que puedan emprender en común para el logro de sus intereses, pero en razón de sus cualificaciones o recursos, pueden obtener sus logros individuales sin que para ello tengan que esperar un acceso colectivo de los miembros de la misma clase.Es decir, ellos tienen una situación relativamente privilegiada en lo individual que les permite buscar su promoción o movilidad social ascendente sin esperar a lograrlo por la acción colectiva. Weber lo explica de esta manera: “El final interrumpido de El Capital de Marx, quería ocuparse notoriamente del problema de la unidad de clase del proletariado, a pesar de su diferenciación cualitativa. Para ello, es decisiva la significación creciente, y en un plazo no muy largo, que con el maquinismo alcanzan los obreros semi-calificados a costa de los obreros calificados…El tránsito a la pequeña burguesía “independiente” fue en otro tiempo el ideal de todo trabajador. Pero la posibilidad de su realización es cada día más pequeña”. (¹0)
Para él, en el capitalismo moderno, el ascenso social más factible es el que se produce entre individuos pertenecientes al proletariado, así como también de individuos de la pequeña burguesía al sector que denomina de la inteligencia, entendida ésta en un sentido muy amplio, ya que abarca a los técnicos, todo tipo de empleados y burócratas, y que no se caracterizan precisamente por la homogeneidad social o de sus condiciones de trabajo, sino porque existe una gran diferenciación en el seno de los mismos. Esto tiene mucho que ver con los costos de su educación, lo que repercutirá tanto en su estatus social como en su nivel de ingresos. Esto implica lo que señalábamos más arriba, en el sentido de que Weber destaca los fenómenos de movilidad social ascendente más que la lucha de clases. Para este autor, dentro de la empresa capitalista debe existir una cooperación entre los trabajadores y los gerentes, ya que tienen un interés común de desarrollo de la misma, aunque surjan conflictos derivados de la lucha salarial. En definitiva, lo importante no es la lucha de clases sino el logro personal, el ascenso social, lo cual dependerá de los recursos y cualidades de los diferentes individuos para colocarse en situación privilegiada o no privilegiada en función de sus aptitudes y es de suponer de sus actitudes hacia la dirección. Weber señala que la gran modificación que se ha producido en la lucha de clases, puede resumirse en: “que la lucha producida por la situación de clase ha pasado de la fase de crédito de consumo a la competencia en el mercado de bienes y, finalmente, a la lucha de precios en el mercado de trabajo. Las `luchas de clases´ de la antigüedad –en tanto que eran efectivamente `luchas de clases´, y no más bien `luchas de estamentos´– fueron, ante todo, luchas sostenidas por los deudores campesinos –y también entre ellos, artesanos amenazados por la servidumbre, por deudas contra los acreedores ricos de las ciudades… El monopolio, la compra anticipada, el acaparamiento y la retención de mercancías con el fin de elevar los precios han sido los hechos contra los cuales han protestado los desposeídos en la antigüedad y en la edad media. En cambio, la lucha por los salarios
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constituye actualmente la cuestión principal”. (Las cursivas son nuestras, CJBE). (¹¹) El hecho de que Weber ponga el acento principal de la lucha de clases en la cuestión salarial, indica claramente la percepción que tiene de la misma, ya que la lucha salarial no conduce a una negación de la estructura organizacional de la empresa ni de la sociedad, sino que acepta de manera positiva el criterio racionalizador de las mismas. Si bien las luchas salariales constituyen uno de los conflictos de clase más importantes de la sociedad capitalista, reducir la lucha de clases a las mismas es situarla en un callejón sin salida del sistema capitalista. La lucha salarial se queda dentro de los límites de la producción capitalista.Weber no ve necesario ni beneficioso ir más allá del capitalismo para defender los intereses grupales de los asalariados. LOS ESTAMENTOS La situación estamental de una persona hace referencia a las evaluaciones que los demás miembros de una sociedad hacen de él, atribuyéndole alguna “cuota” (mayor o menor) de deferencia social o de prestigio. Un estamento consiste en un número de individuos que comparten la misma situación estamental. Weber define lo que es un estamento y cómo los mismos pueden originarse de una manera muy precisa, en su trabajo, “Estamentos y Clases`, allí dice lo siguiente: “Estamento se llama a un conjunto de hombres que, dentro de una asociación, reclaman de un modo efectivo: a. una consideración estamental exclusiva y eventualmente también, b. un monopolio exclusivo de carácter estamental. Los estamentos pueden originarse: a. primariamente, por un modo de vida estamental propio, y en particular, dentro de lo anterior, por la naturaleza de la profesión (estamentos de modos de vida y profesionales). b. secundariamente, por carisma hereditario a través de pretensiones efectivas de prestigio, en méritos de una procedencia estamental (estamentos hereditarios). c. por aprobación estamental, como monopolio, de poderes de mando políticos o hierocráticos (estamentos políticos e hierocráticos.(¹²) A diferencia de los que forman parte de una clase, que no siempre tienen conciencia de su pertenencia clasista, los que pertenecen a un estamento suelen ser conscientes de esa posición social. Quienes constituyen un estamento manifiestan su pertenencia a través de un delimitado estilo de vida que los caracteriza y distingue de los que no forman parte del mismo. Incluso se puede llegar a impedir o limitar las relaciones de los demás con los miembros de dicho estamento. El honor que corresponde a un estamento y que se expresa en determinados modos de vida obliga a todos los que pertenecen a él y conduce a una especie de endogamia social que se refiere muy especialmente al matrimonio y que va
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conduciendo progresivamente a un cierto aislamiento del estamento con vistas a mantener una cierta “pureza” estamental. En los casos más extremos y debido a una especie de selección de los miembros ciertos estamentos llegan a producir un determinado “tipo antropológico”. Los estamentos pueden ir logrando un determinado monopolio sobre ciertos bienes materiales que, a su vez, van a reforzar el exclusivismo de los mismos. Weber explica esto muy claramente cuando señala: “Ciertos bienes así como determinadas profesiones, se convierten en objeto de monopolio por parte de un estamento y ello ocurre tanto en sentido positivo –de modo que sólo el grupo en cuestión los posea y explote–, como en sentido negativo –de suerte que no los posea o explote para conservar precisamente su modo de vida específico. Pues el papel decisivo que desempeña el “modo de vivir` para el “honor” del grupo implica que los “estamentos sean los mantenedores específicos de todas las “convenciones”. Toda “estilización” de la vida, cualesquiera que sean sus manifestaciones.” (¹³)
Esta situación conduce a que en los estamentos más privilegiados existan una serie de principios que van a erigirse en rasgos típicos de los mismos.Tenemos que estos grupos estamentales privilegiados consideran que el trabajo físico, la actividad de empresario industrial, y la dedicación a actividades artísticas y literarias con fines de lucro, constituyen un rebajamiento social. Esto se explica por la oposición a una regulación puramente –económica de la distribución del poder que conllevaría a la ruptura de la concepción estamental del orden social. Weber señala que existen ejemplos históricos que demuestran que la posesión de bienes materiales no es siempre un medio suficiente para poder formar parte de un determinado estamento que ocupa un lugar dominante en una sociedad. La actitud hacia los nuevos ricos, los parvenu, por parte de los estamentos de la nobleza en las primeras etapas del surgimiento del capitalismo es típica de esta situación. En etapas posteriores del desarrollo del capitalismo se fue dando una progresiva integración entre la nobleza y la burguesía, a través de políticas matrimoniales y la disminución del peso de la propiedad territorial, como base económica fundamental, para la nobleza, del mantenimiento de su modo de vida. Es decir, a la larga, la posesión de riquezas va a ser reconocida como una importante cualificación estamental y transcurrido un tiempo permitirá el acceso, antes vedado, a los nuevos ricos. Weber expresa como el honor característico de los estamentos puede relacionarse también con una situación de clase: “Las diferencias de clase pueden combinarse con las más diversas diferencias estamentales y, tal como hemos observado, la posesión de bienes en cuanto tal no es siempre suficiente, pero con extraordinaria frecuencia llega a tener a la larga importancia para el estamento. Pero el honor correspondiente al estamento no debe necesariamente relacionarse con una “situación de clase”. Normalmente, se halla más bien en radical oposición a las pretensiones de la pura posesión de bienes. Poseedores y desposeídos pueden pertenecer al mismo estamento y esto ocurre con frecuencia y con evidente consecuencias, por precaria que pueda ser a la larga la “igualdad” en la apreciación social”. (¹4)
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La prevalencia de los estamentos en una sociedad viene dada por la magnitud y rapidez de los cambios económicos. Si éstos apenas existen, se producirá un fortalecimiento del estamento, y al contrario, si las mutaciones económicas son rápidas, esto hará que las clases y no los estamentos sean los que prevalezcan en la sociedad. Por tanto se puede señalar, afirma Weber, que: “las clases se organizan según las relaciones de producción y de adquisición de bienes, los estamentos, según los principios de su consumo de bienes en las diversas formas específicas de su manera de vivir”. (¹5) Para concluir con lo relativo a los estamentos, es importante indicar que el predominio de la organización estamental se ve favorecida por la estabilidad de las estructuras económicas y sociales, mientras que el cambio económico-social amenaza la organización estamental y coloca en primer lugar la situación de clase. LOS PARTIDOS Ya hemos visto que las clases tienen su base en el orden económico, los estamentos en el orden social y en la esfera de la distribución del honor, y los partidos encuentran su base en la esfera del poder. Un partido es una asociación voluntaria de individuos que buscan obtener el poder o mando de una organización cualquiera con el objetivo de poner en práctica una determinada política. Estas metas pueden ser tanto la realización de un programa como el logro de fines personales para los dirigentes y su séquito. En función de esto se puede señalar que la existencia de partidos es factible de darse en cualquier organización en la que se permita un agrupamiento voluntario de individuos, lo que abarcaría tanto a un club deportivo como a un Estado; siempre y cuando que exista un ordenamiento racional y un aparato personal dispuesto a realizarlo. El fin de los partidos es justamente influir sobre el aparato y si es posible constituirlo con sus partidarios. El reclutamiento de los miembros de los partidos se puede dar en razón de su situación clasista o estamental, pero no por ello pueden ser puros “partidos de clase” o “partidos estamentales”, ya que como dice Weber, “casi siempre lo son sólo en parte y con frecuencia no lo son en absoluto”. En cuanto a los medios para alcanzar el poder son diversos y van desde el empleo de la violencia hasta la propaganda, la compra de votos, la utilización de la astucia y el engaño, etc. Respecto a la estructura del partido, Weber señala que ésta variará de acuerdo con la estructura que tenga la organización que busca dominar o influenciar y también en función de que lo que predomine sea: “la organización de la comunidad en clases o en estamentos y sobre todo de acuerdo con la estructura de dominación que prevalece dentro de ella”.(¹6) Lo anteriormente expuesto es de gran importancia ya que Weber no pierde de vista que los partidos actúan dentro de determinadas coordenadas sociales y que no pueden estar aislados de la realidad en que actúan, si es que pretenden lograr sus objetivos. Por ello insiste en que: “Es necesario el examen de las estructuras de dominación social para poder hablar de la estructura del partido, el cual es una organización que lucha por el dominio y, por lo tanto, suele estar organizado en una forma con frecuencia rigurosamente “autoritaria”. (¹7) Para Weber los partidos están sometidos al proceso de burocratización, ya que esto
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es lo que imprime su sello a la época presente y al futuro previsible. “El futuro es de la burocratización”. Esta idea del proceso generalizado de burocratización es una de las más importantes de la teoría de Weber y en el caso de los partidos políticos realiza un estudio sobre “La institución estatal racional y los partidos políticos y parlamentos modernos (Sociología del Estado)”, donde viene a demostrar cómo los elementos democráticos y de participación de las masas son relativamente ficticios, ya que, en la determinación del programa y la designación de los candidatos, es una minoría la que toma las decisiones, y esto va a suceder siempre. Ya que para él “la existencia de los mismos no se eliminará y aquellas formas de su estructura y su proceder sólo se eliminará a lo sumo en parte”. Así pues, el proceso de burocratización de los partidos es correlativo del que se produce en la administración estatal, en las empresas y en las diferentes asociaciones existentes en la sociedad. Los partidos no se encuentran inmunes a las tendencias que prevalecen en una sociedad. Aún más, históricamente el poder de ciertos partidos ha descansado en la calidad de la organización de esas burocracias y muchas veces la imposibilidad para que se lleven a cabo fusiones entre dos o más partidos estriba en la “enemistad recíproca de dichos aparatos de partido, mucho más que en diferencias de programa”. Los partidos juegan un rol importante en el mantenimiento del sistema político democrático burgués, ya que sirven de mediación entre las masas y el Estado, y tienen un papel de agregación y articulación de intereses dispersos. Los aparatos de los partidos serán órganos de ejecución de las líneas de dirección que formulan una minoría de dirigentes que suelen ser los políticos profesionales. Los políticos profesionales, para poderse consagrar a tiempo completo a esta actividad, tienen que poseer rentas que le permitan dedicarse a la política sin tener que ocuparse en la búsqueda de su sustento, con lo cual tendríamos un reclutamiento plutocrático de los dirigentes políticos, o bien, para evitar esta situación y con la existencia de los partidos de masas, nos encontramos con el político profesional que vive de la política, y no solamente para la política. Tiene, pues, que recibir sus ingresos de esa actividad, lo cual implica un sistema de cuotas de los miembros del partido y el aporte de mecenas que proporcionan las finanzas para que el partido pueda sufragar la manutención de quienes se van a convertir en funcionarios de la actividad política. Para Weber estos políticos profesionales o funcionarios pueden tener cierta tendencia a una rutinización y por ende necesitan que cada cierto tiempo surja lo que él denomina un elemento “cesáreo-plebiscitario”, un jefe político que dinamice la acción de los partidos y logre aunar voluntades alrededor suyo. Los funcionarios partidarios suelen someterse con relativa facilidad a estas personalidades vigorosas ya que “sus intereses materiales e ideales están íntimamente enlazados con la ampliación del poder del partido, que espera de la actuación de aquél”, e incluso va aún más lejos, señalando determinados factores psicológicos que influyen en la aceptación de estos jefes, “el trabajo al servicio de un caudillo proporciona en sí mismo mayor satisfacción interior”. Sin embargo, Weber no deja de constatar lo que implica la jefatura de estos caudillos y cita entre ellos la deshumanización y proletarización espiritual del séquito del mismo, ya que, dice Weber:
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“Para ser utilizable por el caudillo como aparato, tiene que obedecer ciegamente, ha de ser máquina en el sentido norteamericano, no ha de dejarse perturbar por la vanidad de los notables ni por las pretensiones de los puntos de vista propios...este es el precio con que se paga la dirección por un caudillo. Pero no hay más elección que esta democracia de jefe con “máquina”, o democracia sin jefe, esto es, el dominio de los políticos de profesión sin profesión, sin las cualidades internas, carismáticas, que consagran precisamente al jefe. Y esto significa en este caso aquello que la fronda partidista suele designar como dominio de la camarilla. (¹8)
La tensión entre esa democracia de jefe con aparato y los que llama políticos de profesión dominaría la organización futura de los partidos políticos si bien, como se ha podido apreciar, Weber mantiene una posición favorable a los jefes carismáticos apoyados por una burocracia partidaria que asegure a través de una racionalización de sus funciones, el papel de mediadores para el mantenimiento del sistema político. En ese sentido, aunque Weber señale que los partidos no necesariamente son partidos de clase, esta es una pura ficción, ya que éstos, independientemente de lo que crean sus jefes y seguidores, harán siempre una política de acuerdo a los intereses de determinadas clases sociales. La relación entre orden económico, social y político, tiene, pues, una correlación más estrecha de la que Weber pretende al separar la clase, el estatus y el poder como tres dimensiones diferenciadas de la estratificación. WEBER Y MARX Weber había estudiado la obra de Marx y se especula que parte de su teoría es una especie de diálogo con el fantasma de Marx. Pero su sociología y específicamente la de las clases, son opuestas aunque se admite cada vez más una aproximación o enriquecimiento mutuo entre el marxismo y el weberianismo. Específicamente, sobre los conflictos de clase, Weber no cree que el papel de la lucha de clases en la historia tenga la misma importancia que el que le otorga Marx. No cree Weber que la propiedad o no propiedad de medios de producción sea la fuente más importante de la división en clase social. Existen conflictos y luchas entre grupos con posiciones sociales diferentes pero éstas no tienen por qué ser más importantes que las que surgen entre los partidos o entre las diferentes naciones. De ahí que se niegue a admitir que los intereses económicos sean la fuente principal de los conflictos, por ejemplo, hay luchas por el poder entre los partidos políticos y sus intereses no siempre derivan de que sirven a diferentes clases sino a los intereses políticos de sus líderes y de sus aparatos de partido.(¹9) Sin embargo, en las críticas que hace del marxismo suele haber simplificaciones importantes, como considerar que la propiedad de los medios de producción, lo económico, o los llamados “intereses económicos”, es lo que explica todos los fenómenos sociales, cuando en los trabajos de Marx hay mucha mayor riqueza interpretativa que la que se expresa en su supuesto economicismo. Como muy bien lo expresa Giddens: “lo que generalmente se considera como una crítica del concepto de clase de Marx en la realidad adopta como blanco principal una forma empobrecida de marxismo rudimentario”.(²0) Ahora bien, sin ninguna duda Weber cuestiona el papel que le otorga Marx a la lucha
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de clases, ya que considera que en Marx lo relativo a la política o a “lo político” está minusvalorado respecto a las relaciones económicas, y también está en desacuerdo con Marx en que no le de la relevancia debida a las cuestiones del estatus que considera son importantes, ya que a través de ellas se forman grupos sociales que no se pueden explicar como relaciones clasistas, aunque, reconoce que en el capitalismo las clases tienen más importancia que las “situaciones de estatus”.(²¹) Las principales distinciones entre las teorías originales de Marx y Weber serían las siguientes: a. Para Marx las clases tienen una estructura objetiva de posiciones de clases, mientras que para Weber las clases se construyen en el marco de una teoría de la acción social. b. En Marx las relaciones de clases son fundamentales, mientras Weber tiene una concepción multidimensional en la que las relaciones de clase son igual de importantes que el estatus y el partido, y a veces éstas últimas son aún más importantes que las relaciones de clase. c. En Marx la teoría de la explotación es primordial y la dominación política e ideológica son medios para asegura la realización de la explotación, mientras que para Weber la dominación es un fin en sí mismo. d. Para Marx las clases son expresión de las relaciones sociales de producción y para Weber son posiciones comunes respecto del mercado. (²²) A pesar de las diferencias entre Weber y Marx, en el análisis de las sociedades capitalistas avanzadas científicos sociales marxistas han empleado muchas de las ideas, conceptos y categorías weberianas especialmente sobre la burocracia, la legitimación e incluso para introducir ciertos matices en cuestiones de análisis de clase, aunque en esa “apropiación creativa” se hayan hecho cambios respecto a los originales. Igual ha ocurrido con los weberianos, pero menos, porque el marxismo siendo como es tan esencialmente crítico con el capitalismo y como va al “hueso” de lo que entiende la clave de todo el capitalismo: la explotación y expropiación de la plusvalía por una minoría, se presta menos a utilizaciones y matices conciliadores. El marxismo contemporáneo –que trataremos cuando analicemos las teorías neomarxistas–, no se reduce a un estructuralismo donde la estructura de clase todo lo explica, le da importancia a la acción humana, a las decisiones de los agentes sociales implicados en los procesos, luchas y conflictos de clase. Tampoco es unidimensional aunque valore la clase social y sus luchas como un elemento primordial, pero ello no impide saber que hay otras identidades o formas no clasistas de dominación en las sociedades que se tienen que tener en cuenta, aunque siempre se tenga presente, que la clase social sigue siendo importante y que las etnias, razas, género, nacionalidades, religiones, orientaciones sexuales, unen a determinados grupos humanos y los articulan en sus reivindicaciones. No se reduce todo a una cuestión de clase, pero sin restarle importancia a ese otro tipo de luchas, la clase sigue siendo primordial para un análisis marxista. La cuestión es resolver la interconexión compleja, por ejemplo, del racismo y las relaciones de clase, sin querer resolverlo diluyendo el primero en lo segundo.(²³)
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Aunque el marxismo da un claro predominio a la explotación sobre la dominación política –a diferencia de Weber que como se ha visto, considera que la dominación es lo central–, cada vez más ha ido reconociendo objetivos diversos en el ejercicio de la dominación. Weber consideraba que la dominación tenía, aparte del ejercicio de ésta para mantener las condiciones que permiten la explotación económica, otras como la búsqueda del prestigio que el uso del poder otorga y la gratificación del ejercicio del mismo (el poder por el poder). La dominación es uno de los conceptos fundamentales de la teoría de Weber. Para Marx uno de los conceptos claves es el de la explotación, aunque los neomarxistas han empleado el concepto de dominación o cuestiones que se reducen a lo mismo, para tratar de explicar la posición de clase de los directivos y los profesionales empleando para ello explicaciones basadas en la jerarquía del poder, como el desempeño de la función del capital, el ejercicio del control, la vigilancia, la supervisión, etc. Es decir, para analizar las nuevas clases medias de directivos y profesionales asalariados como ha expuesto, entre otros, Parkin, se emplean términos ligados a la dominación.(²4) También se emplea por los neomarxistas en sus explicaciones las relaciones de mercado y no solo relaciones de producción y relaciones sociales de producción.De esa manera se reconoce la importancia que tienen las instituciones del mercado en la distribución desigual de la propiedad y como esto produce como resultado una transferencia explotadora de trabajo de los que son más pobres (en propiedad y otros recursos de mercado), a los más ricos en propiedad y en otra serie de recursos, como admite Roemer.(²5) De todas maneras, en el estudio de las clases en las sociedades capitalistas no hay que olvidar que las relaciones de propiedad preceden a las del mercado, y para entender las clases sociales, al menos en su aspecto de estructura de clases, hay que tener como elemento principal las relaciones sociales de producción. Por ello, nos parece muy acertada la exposición que se hace sobre el enfoque weberiano y el marxista: “estudiar el mercado sin tener en cuenta las relaciones de producción que subyacen al mercado daría como resultado un análisis, incompleto en el mejor de los casos y erróneo en el peor, de la estructura de clases”.(²6) Después de realizar una exposición de las concepciones de Weber y antes de concluir, queremos señalar cómo sus puntos de vista han sido adoptados por los sociólogos funcionalistas en el estudio de la estratificación social, pero a nuestro entender, acentuando muchas veces sus fallos, llevando a cabo un reduccionismo o hipostasiando algunas de sus ideas sobre el tema. De todos modos, las elaboraciones de Weber son más ricas e incluso matizadas que algunas las de sus seguidores y epígonos y por eso, sin seguir su individualismo metodológico, nos permiten tener en cuenta en el análisis social y de clases aspectos que muchas veces quedan fuera del foco de un enfoque más centrado en las relaciones sociales de producción.
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CONCLUSIONES Nuestras conclusiones sobre la teoría de las clases, el estatus y el poder de Weber, las resumimos a continuación: Los aportes teóricos y metodológicos de Weber respecto al tema tratado, nos parecen menos pertinentes para el análisis dinámico de las clases y sus conflictos que el que proporciona Marx, aunque sus ideas son de gran riqueza para el análisis de determinados aspectos del fenómeno de la estratificación social, como el del estatus social, al cual Marx es evidente que no le prestó demasiada atención al no considerarlo como un centro de interés fundamental en su análisis de las clases sociales. Weber considera que el origen de las clases sociales está ligado a la existencia de una economía monetaria de mercado, lo cual conlleva que antes de la existencia de una economía capitalista moderna no existían realmente clases sino estamentos. Siendo las clases un fenómeno típico de las sociedades capitalistas modernas la “situación de clase” predomina sobre la situación de estatus, debido a que en el capitalismo moderno se amplían las relaciones de mercado más allá de los límites de estas operaciones de mercado en sociedades anteriores y, por el hecho que el capitalismo moderno se basa en las relaciones entre el capital y los trabajadores libres. Sin embargo, de esto Weber no saca la conclusión de que las clases, sean el elemento fundamental del capitalismo moderno, sino que para él éste se encuentra en la empresa capitalista racional y por tanto las clases y sus luchas no tienen la importancia que le otorga Marx. Respecto a la cuestión de la conciencia de clase, como ya hemos visto, Weber admite de hecho los criterios de Marx sobre la existencia de la “clase en sí” pero no deriva de esta situación objetiva de clase efectos sobre la conciencia que conlleven a configurar una conciencia de clase en sentido marxista. Para Weber, existiendo una misma situación de clase, no tiene porqué producirse necesariamente entre los individuos conciencia de esa pertenencia clasista ni mucho menos que esto conduzca a una organización y a acciones comunes de clase. Con ello pretende refutar los análisis de Marx sobre la formación de la conciencia de clase y negar el paso de la clase en sí a la clase para sí, presentándolo como si en Marx el mismo tuviera características de determinismo social absoluto, lo cual es evidentemente falso. De todas maneras, merece destacarse que Weber señala que una de las condiciones que favorece el desarrollo de una conciencia de clase es que el 'enemigo´ aparezca visiblemente en directa competencia económica. Esto en Marx puede favorecer a lo más, una conciencia económica de la contraposición de intereses, que no es el grado más elevado de conciencia de clase. Los otros factores que destaca Weber como aceleradores o propiciadores de una toma de conciencia de clase han sido también considerados por Marx, de manera que no representan ninguna aportación al respecto. Weber realiza algunas explicaciones destacables sobre el hecho que la falta de homogeneidad laboral, salarial y de estatus de los trabajadores se convierten en un obstáculo importante para que pueda producirse una acción común de clase, favoreciendo las contradicciones y conflictos entre los diferentes grupos o sectores de una misma clase e impidiendo que una clase actúe conjuntamente contra otra clase. Marx se ha referido también al papel que desempeña la división del trabajo, las diferencias salariales, etc., para que algunos individuos y agregados de individuos
MAX WEBER: CLASE, ESTAMENTOS, PARTIDOS
tengan actitudes que no estén influidas por la clase a que pertenecen, pero entiende, a diferencia de Weber, que su efecto sobre la lucha de clases no es tan determinante, de la misma manera, que el paso al tercer estado de algunos nobles no es el factor decisivo para explicar la Revolución francesa Unido a lo anterior se encuentra la idea del papel que juega la movilidad social ascendente, que es percibida por Weber como el mecanismo fundamental de acceso de los trabajadores a una mejor situación social, tanto económica como de estatus, y en este sentido, minusvalora el papel que desempeña la lucha de clases. La movilidad social se logra mejorando sus condiciones en el mercado en base a más altos niveles educativos o de cualificación técnica o profesional, lo cual se expresará en una lucha por mejores salarios en función de esas cualificaciones y de ascensos en la jerarquía de la empresa obteniendo también mayores cuotas de prestigio social. Esta sería la meta principal de la acción social de los trabajadores y no, como señala Marx, la revolución social. En este aspecto Weber pone el énfasis en los fenómenos cotidianos, “normales” de la vida social, descartando determinados momentos históricos en los cuales es concebible la realización de revoluciones sociales. El marxismo, sin olvidar los aspectos señalados por Weber, considera que la movilidad social ascendente de los trabajadores no basta para dar una explicación macro sociológica, y que a la vez que éstos luchan por mejoras salariales y sociales, esto debe entenderse como “momentos” de una especie de “guerra prolongada” por la transformación del capitalismo y la abolición de sus divisiones de clases. La concepción de Weber sobre las clases conduce a reconocer la existencia de un número extenso de clases y estratos en la sociedad que hace prácticamente imposible la realización de un análisis sociológico significativo del problema de las clases. Este es un escollo de importancia ya que al reconocer una gran pluralidad de clases tiende a considerar que cualquier agregado de individuos que tienen una misma situación en el mercado constituye una clase. Ahora bien, al ser los bienes, posesiones y capacidades de los individuos muy variables entre sí esto podría conducir a que se suponga que existen casi tantas clases como individuos existan en el mercado. Sin necesidad de llegar a estos extremos y si se agrupan a los individuos en cuanto a posesiones y cualificaciones ofrecidas en el mercado en cuotas más o menos semejantes, esto también nos daría un número demasiado elevado de clases en la sociedad para poder realizar un análisis sociológico pertinente. Respecto a los grupos de estatus, a los cuales Weber les dio una gran importancia, es imprescindible destacar como en las sociedades capitalistas estos grupos de estatus, en definitiva, tienen que estar vinculados a posesiones económicas ya que es imposible mantener un determinado nivel de estatus sin una base económica que permita mantener los niveles requeridos por los estilos de vida considerados como correspondientes a grupos de estatus elevados. Cierto que se pueden producir fenómenos conocidos en el lenguaje sociológico como incongruencia de estatus, pero en definitiva, los grupos de estatus y el estatus de un individuo están ligados a las posesiones y cualificaciones, ya que sin las mismas, a largo plazo, es imposible mantener el estilo de vida exigido para tener un alto prestigio social o estatus.
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Por último, es necesario destacar que Weber tuvo el mérito de subrayar el papel que desempeña el poder en los procesos de estratificación. Junto a los factores de mercado, de las clases, del estatus, el destaca el poder, que no es para Weber una dimensión más, ya que le otorga predominio sobre las demás, al considerar que las clases y los grupos de estatus tienen que ver con la distribución del poder en la sociedad.
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26.
Anthony Giddens, El capitalismo en la moderna teoría social, Labor, Barcelona, 1977, p.269. Vid. Max Weber, Economía y Sociedad, F.C.E., México, 1969. pp. 242-248 y 682-694. Ibid. p.684. Ibíd. p.62. Ibíd. p.683. Ibíd. p.243. Ibíd. p.244. Ibíd. p.685. Ibíd. p.687. Ibid.p.244-245. Ibíd. p.686. Ibíd. p.246. Ibíd. p.691. Ibid. p.687-688. Ibid. p.692. Ibíd. p.693. Ibíd. p.694. Ibíd. p.1094. Vid,A. Giddens,op. cit.p.318. Anthony Giddens, La estructura de clases en las sociedades avanzadas, Alianza Universidad, Madrid, 1979, p.45. Ibid., p.55. Vid. Philippe van de Parijs, “La síntesis neomarxista de Marx y Weber sobre las clases”, en J. Carabaña y A. de Francisco (Comps.), Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 1993,pp.128-129. E.O. Wright,“Race, class and income inequality”, American Journal of Sociology,83, 1978, 1368-1369, cit, por van Parijs, op. cit., p. 139. Frank Parkin, Marxismo y teoría de clases. Una crítica burguesa, Espasa Universitaria, Madrid,1984,p.19. John E. Roemer, Teoría general de la explotación y de las clases, Siglo XXI, Madrid, 1989. R. Crompton y J. Gubbay, Economy and class structure, St. Martin Press, Nueva York, 1979, p.18.
4. El Funcionalismo
Porque como es proverbial, nada es tan difícil de ver como lo obvio.
B. Malinowski
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INTRODUCCIÓN En las ciencias sociales contemporáneas, la teoría funcionalista ha tenido una influencia tal que se convirtió en la teoría social no marxista por antonomasia. Teniendo en cuenta la importancia de la misma, nos hemos propuesto llevar a cabo una revisión de las bases teóricas y de los principales postulados de la misma, para poder tener una comprensión cabal de su significado. En función de ello, nos abocaremos a rastrear los orígenes del funcionalismo sociológico contemporáneo, para luego analizar los principales aportes de los sociólogos funcionalistas Merton y Parsons, y realizar una crítica de la teoría funcionalista. Posteriormente, analizaremos las principales teorías de los funcionalistas sobre la estratificación social, parar tener los elementos fundamentales con objeto de realizar una comparación teórico-metodológica entre el funcionalismo y el marxismo, específicamente con relación al tema que nos ocupa, que son la desigualdad y las clases sociales. LOS ORÍGENES DEL FUNCIONALISMO Se ha señalado que los orígenes del funcionalismo se encuentran ligados a las concepciones en boga en las ciencias sociales a finales del siglo XIX, que provenían del darwinismo social. La influencia de estas ideas hizo que se produjera un desplazamiento significativo en el análisis que pasó de preocuparse por las sustancias a enfatizar las relaciones y las actividades. Así pues, según este punto de vista, si las actividades o funciones eran las variables dependientes de una estructura considerada como algo estable, el cambio se expresaba en que ahora las funciones son las variables independientes y la estructura juega un papel menor. Consideramos que los orígenes más directos del funcionalismo moderno los encontramos en Spencer y Durkheim, sin que con ello excluyamos los aportes que han realizado otros autores y que han sido incorporados de un modo u otro en las teorías funcionalistas antropológicas y sociológicas Herbert Spencer La influencia de Spencer en la teoría funcionalista vendrá por la analogía organicista que utilizó en sus análisis de la sociedad. Para este autor se puede encontrar una gran analogía entre el organismo biológico y la sociedad humana, de manera que aquello que es válido para lo biológico, lo es también para lo social. Pese a este tipo de afirmaciones, Spencer se daba cuenta de las diferencias que existían entre la sociedad y el organismo biológico, no obstante su teoría parte de esta analogía como un elemento central. De la misma se ha podido tomar un aspecto básico del funcionalismo moderno en la noción de sistema, la sociedad se percibe como un sistema, entendido como un todo formado por partes interdependientes entre sí que tienen cierta autonomía, y que, con sus acciones, actividades o funciones, contribuyen al mantenimiento del todo. Otro concepto empleado por Spencer en su sociología y que pasará a formar parte esencial del funcionalismo sociológico, es el de estructura y función. Para Spencer, el crecimiento es común, tanto a los conjuntos sociales como a los orgánicos y este crecimiento conduce a un aumento de su estructura, lo que conlleva una diferenciación
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mayor de funciones y un proceso de integración. Cuando se da una mayor diferenciación o heterogeneidad, mayor será la dependencia de las partes entre sí. O bien, como señala: “Si la organización consiste en una estructura del todo que permite que sus partes desempeñen acciones mutuamente dependientes, entonces en la medida en que la organización es elevada, habrá una dependencia tan grande de cada parte respecto de las demás, que la separación será fatal, y a la inversa. Esta verdad la muestran igualmente bien el organismo individual y el organismo social”. (¹)
Spencer también señalaba que en cada etapa de la evolución de las sociedades, existe una interdependencia funcional entre sus diferentes instituciones, que para poder lograr su mantenimiento, deberán tender a una situación de equilibrio. Aquí encontramos la idea, que será tan empleada por el funcionalismo, de la homeostasis, como algo fundamental para el buen funcionamiento de la sociedad. Pese a las claras influencias del pensamiento de Spencer en el funcionalismo, esto no ha sido obstáculo para que el propio Parsons manifestara en una de sus obras más importantes que Spencer estaba muerto.(²) El mismo respondía a su propia pregunta de quién lo había matado, señalando que Spencer había muerto por la misma evolución de la teoría científica, aunque luego reconocería la perdurable validez de algunas de las proposiciones del autor. En efecto, es así, ya que la teoría estructural-funcional tiene una gran deuda intelectual con Spencer, tanto por su organicismo, como por el mismo empleo de sus nociones claves de estructura y función. Entendemos que se podría ir aún más lejos, ya que el funcionalismo hereda también de Spencer –aunque evidentemente no solamente de éste–, una clara conciencia de que la sociología tiene una función conservadora y una ligazón muy estrecha entre la sociología y el liberalismo político, muy especialmente, con el mantenimiento y reproducción del capitalismo.(³) Emile Durkheim Durkheim ha tenido una influencia decisiva sobre el funcionalismo, tanto antropológico como sociológico. Sus ideas influyeron en el desarrollo de la antropología a través de B. Malinowski y de Radcliffe-Brown(4). Incluso se le ha calificado como el padre del análisis funcionalista, por los principios epistemológicos contenidos en su obra Las reglas del método sociológico. En ella, Durkheim establece una clara distinción en el análisis sociológico entre la búsqueda de la causa eficiente de un hecho social y la función que cumple en el conjunto de la vida social: “Cuando se emprende la explicación de un fenómeno social, hay que investigar separadamente la causa eficiente que lo produce y la función que cumple. Nosservimos de
la palabra función, preferentemente a la de fin u objeto, precisamente porque los fenómenos sociales generalmente no existen en vistas de los resultados útiles que produzcan. Lo que es preciso determinar, es si existe correspondencia entre el hecho considerado y las necesidades generales del organismo social y en qué consiste esta correspondencia, sin preocuparse por saber si ha sido o no
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intencional. Por otra parte, todos estos problemas de intención son demasiado subjetivos como para poder ser tratados científicamente”. (5) Para Durkheim, la causa de los hechos sociales debe buscarse en los hechos sociales antecedentes y no en las percepciones de las conciencias individuales y, respecto a la función, considera que ésta siempre tendrá una finalidad de satisfacción de determinadas necesidades sociales, con lo cual las funciones siempre tendrán una utilidad social: “La causa determinante de un hecho social debe ser buscada entre los hechos sociales antecedentes, y no entre los estados de la conciencia individual. la función de un hecho
social sólo puede ser social, es decir que consiste en la producción de efectos socialmente útiles. Por lo tanto, podemos completar la proposición precedente diciendo que: la función de un hecho social siempre debe ser buscada en la relación que sostiene con algún fin social”. (6)
Estas concepciones metodológicas han sido asumidas por el funcionalismo contemporáneo, muy especialmente por el antropológico, aunque también, y quizás con ciertas matizaciones, por el sociológico. También es de interés para el estudio de los aportes de Durkheim al funcionalismo, su idea relativa a que la explicación de los fenómenos sociales debe ser buscada en la estructura de la sociedad, porque es en la naturaleza misma de la sociedad donde hay que buscar la explicación de la vida social. Señala Durkheim que: “El origen primero de todo proceso social de alguna importancia, deberá ser buscado en la constitución del medio social interno”. (7) Esta explicación de los hechos sociales por su medio social, se opone a una explicación histórica según la cual la causa de un fenómeno habría que buscarla en el pasado, lo que llevaría a que: “Las explicaciones sociológicas consistirían exclusivamente en relacionar el presente con el pasado”. (8) Lo cual es insuficiente como explicación científica y, por ello, Durkheim expresa que: “Las causas de los fenómenos sociales son inmanentes a la sociedad”. (9) Es decir, que la explicación de cualquier situación interna de una sociedad sólo se encuentra en su propia estructura interna y no en factores externos, lo que también puede conllevar a un predominio del análisis estructural y estático, sobre otro, que le dé énfasis a las transformaciones sociales, lo cual es estrictamente compartido por el funcionalismo. Aquí entramos al tema de la integración social y el mantenimiento del orden social que, desde Comte, ha sido un elemento central de la sociología y más específicamente de la de orientación no marxista. La teoría de la integración social de Durkheim se encuentra formulada en su obra La división del trabajo social, que trata de dar respuesta a la cuestión de las relaciones entre los individuos y la sociedad y del logro del consenso social. Para Durkheim en las sociedades primitivas y en las sociedades industriales, se produce el consenso de manera diferente. Mientras en las primeras se produce una solidaridad denominada por él mecánica, en las sociedades industriales la solidaridad sería de tipo orgánica. La solidaridad mecánica es una solidaridad por similitud, ya que en las sociedades primitivas sus miembros suelen tener las mismas ideas, se adhieren a los mismos valores y puntos de vista. La sociedad mantiene la solidaridad social de ese modo,
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porque los miembros están muy poco diferenciados. La solidaridad característica de las sociedades industriales es denominada orgánica, ya que el consenso social se produce o es resultado, de la diferenciación existente entre sus miembros en educación, experiencias, concepciones y, en especial, por la división del trabajo social. La diferenciación social es una respuesta a la densidad poblacional, que podría conducir a una lucha darwiniana de todos contra todos por la supervivencia. A través de la diferenciación, cada cual desempeña su papel y cumple con su función, de manera que no tiene que plantearse la eliminación de unos para que otros puedan sobrevivir, como se da en ciertas sociedades segmentarias y en el reino animal, ya que siendo cada miembro de la sociedad diferente, cada cual contribuye con su propio aporte a la vida del conjunto. Así pues, la función fundamental de la división del trabajo no es idéntica en Durkheim que en los economistas. Para estos, la división del trabajo consiste, básicamente, en producir más, para Durkheim esto sería una consecuencia, ya que la especialización se realiza “para poder vivir en las nuevas condiciones de existencia que nos son hechas”. Se ha llegado a afirmar que en La división del trabajo social, Durkheim plantea los problemas del cambio y del desarrollo social en términos relativamente próximos a Marx, y que: “El carácter materialista, determinista v dialéctico del método de Durkheim presenta analogías sorprendentes con el método marxista”. (¹0) Se interpreta que para Marx y Durkheim la división del trabajo es el hecho fundamental para el análisis del desarrollo social, aunque existan discrepancias entre la dialéctica marxista y el análisis estructural-funcional, para Marx la división del trabajo es el origen de contradicciones sociales y la raíz de la enajenación, mientras que para Durkheim el desarrollo de la división del trabajo proporciona un tipo de sociedad donde se logra el más elevado tipo de integración social: “Mientras que el fundador del socialismo científico, encuentra en la división del trabajo la razón última de la lucha de clases, el sociólogo francés afirma desde un principio que tal división es y deviene cada vez más una de las bases fundamentales del orden social”. (¹¹) Este énfasis de Durkheim en los aspectos del orden social, del mantenimiento de la estructura social, del logro del consenso social, junto al rechazo de la lucha de clases, hacen de su teorización un modelo esencialmente contrario al de Marx. Esto no equivale a plantear que Durkheim fuera un inmovilista social contrario a toda idea de reforma, él como parte de los sociólogos funcionalistas actuales, es conservador, no inmovilista. De ahí que Moya señale acertadamente que el análisis estructural funcional se plantea el diagnóstico social como posibilidad de un reformismo conservador: “No es la estructura social lo que hay que poner en cuestión –como hace la dialéctica revolucionaria–, sino que desde ella se ha de definir el carácter normal o patológico de ciertos hechos sociales. En lugar de una salvación total, precedida por la última y definitiva catástrofe social en que se liquidan las estructuras sociales, la terapéutica social estructuralfuncionalista, esencialmente conservadora, es una 'tecnología social oportunista' intentando la 'readaptación fragmentaria’... El diagnóstico sociológico se limitará a establecer la funcionalidad o disfuncionalidad de una cierta institución con respecto a la estructura actualmente dada, observable en cuanto presente fáctico”. (¹²)
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EL FUNCIONALISMO ANTROPOLÓGICO En el surgimiento de una nueva antropología, que se desarrolló teóricamente sobre el terreno o el trabajo de campo las dos figuras principales son Bronislaw Malinowski y A.R.Radcliffe-Brown. Ambos pueden ser considerados los padres fundadores de la antropología moderna y con sus trabajos y su perspectiva teórico-metodológica, influyeron de manera decisiva en el funcionalismo sociológico norteamericano, de la misma manera que los escritos de Durkheim estimularon su producción intelectual. Sin embargo, aunque ambos autores contribuyeron al desarrollo del funcionalismo, los matices que imprimieron a su perspectiva funcionalista, hace imprescindible que los tratemos por separado, ya que el funcionalismo de Malinowski tiene un carácter mucho más rígido que el de Radcliffe-Brown, sobre todo en sus formulaciones teóricas. Bronislaw Kaspar Malinowski Malinowski fue el gran animador del funcionalismo, ya que, como dice Mercier: “Ha intentado definir toda la realidad sociocultural y todos los útiles empleados por el antropólogo a partir de la teoría desarrollada bajo este nombre”.(¹³) Sobre todo, los antropólogos actuales le reconocen sus dotes como investigador de campo, como es el caso de Evans Pritchard, quién afirma: “Si bien el profesor Radcliffe-Brown ha tenido siempre un conocimiento más amplio de la antropología social general y ha demostrado ser un pensador más capaz que Malinowski, éste fue, en cambio, un investigador experimental más cabal”.(¹4) El funcionalismo tal como lo entiende Malinowski plantea que todo rasgo cultural cumple en la sociedad una función, satisface una necesidad. Este autor está interesado no tanto en saber que las sociedades funcionan, cuestión obvia, sino en ver la manera y el modo en que funcionan. Él define la función: “como la satisfacción de necesidades por medio de una actividad en la cual los seres humanos cooperan, usan utensilios y consumen mercancías”.(¹5) Ahora bien, el concepto central del funcionalismo de este autor más que el de función es el de organización, como se encarga de señalar cuando afirma: “Aun esta simple definición implica otro principio, con el cual podemos integrar concretamente cualquier fase del comportamiento cultural. Este concepto esencial es el de organización. Con el propósito de alcanzar cualquier objetivo o alcanzar un fin, los hombres deben organizarse”. (¹6) Reafirmando este aspecto central del funcionalismo antropológico, Malinowski dice que lo esencial de la cultura tal como se la vive y se puede observar con fines de conocimiento científico, es que los individuos humanos se organizan en grupos con carácter permanente. En efecto, nuestra vida discurre satisfaciendo necesidades y llevando a cabo nuestras acciones en grupos organizados y por la organización de actividades, de modo que todas las instituciones sociales están cumpliendo esa función de satisfacción de necesidades. La función social no puede asegurarse sino a través de un sistema de relaciones humanas que necesitan determinados usos, costumbres o normas. De modo que, a diferencia del animal, el hombre no se contenta solamente con alimentarse, sino que lo hace siguiendo ciertas costumbres establecidas en su cultura. La función social no es
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una mera satisfacción biológica inmediata de una necesidad, sino que supone siempre una organización, lo cual ilustramos con el siguiente diagrama: FIGURA 3 - (RITOS, USOS, COSTUMBRES)
ANIMAL
INSTINTO
SATISFACCIÓN DE NECESIDADES
HOMBRE
ORGANIZACIÓN
Se ha afirmado que aunque la idea de función es clave en el funcionalismo de Malinowski desde su primera obra, La familia entre los aborígenes australianos (1913), hasta su obra teórica final Una teoría científica de la cultura (1944), utilizó este término de una manera flexible y exploratoria. Su concepción de la cultura estribaba en considerarla como un conjunto de objetos materiales, tradiciones, costumbres, mediante los cuales los miembros de la sociedad son moldeados y por ella se logra, por parte del grupo social, mantener la integración social y la continuidad. Pero también consideraba el autor a la cultura como una realidad instrumental y subrayó que su origen estaba en las necesidades humanas. Posteriormente nos vamos a referir más ampliamente a este aspecto fundamental del funcionalismo de Malinowski, pero ahora entendemos necesario recalcar lo relativo a la cultura entendida como una totalidad, ya que éste es un elemento de gran interés en el enfoque funcionalista y que será retomado en el funcionalismo sociológico con la noción de sistema. Para Malinowski la cultura debe ser comprendida como una totalidad con gran coherencia interna, de manera que sus diferentes aspectos no deben ser estudiados de manera aislada o de manera atomística. El parentesco, la economía, la religión, la política, etc., todo está interrelacionado. Así pues, el estudio científico de la cultura solo puede ser efectuado partiendo del “hecho social total”, de la totalidad, lo que implica que en la cultura todo tiene importancia, es significativo y, por ende, debe ser estudiado. Refiriéndose al concepto de la cultura de Malinowski, con sus énfasis en lo biológico y lo teleológico de la totalidad cultural, se ha destacado que éste requería de una teoría de las necesidades. Aunque nuestro autor era opuesto a la concepción marxista de la determinación en última instancia de la infraestructura económica, sin embargo, rechazaba las explicaciones metafísicas y optaba por una concepción materialista basada en “una infraestructura fisiológica reducida a los términos del organismo individual”.
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Para él, ante todo, la cultura existe como recurso para satisfacer las necesidades biológicas de los individuos (hambre, amparo contra la intemperie, reproducción sexual, etc.). En todas las sociedades esas necesidades que denomina “primarias”, han exigido que se crease una `intendencia de la comunidad`, cuya misión es satisfacerlas. A su vez, el funcionamiento de dicha `intendencia` crea nuevas necesidades llamadas “secundarias” y que abarcan las tecnológicas, económicas, etc. Finalmente, la multiplicación y la diversificación de las actividades correspondientes a esas dos categorías de necesidades, precisan una coordinación y una integración, sin la cual la comunidad no puede subsistir mucho tiempo. Esta exigencia de integración se manifiesta a través de las necesidades “terciarias”, que se satisfacen con actividades superiores, tales como la religión, el saber o la magia. Queda por ventilar la cuestión de las actividades artísticas y de esparcimiento. Estas responden, según Malinowski, a impulsos biológicos inherentes al organismo de los individuos, el baile y el deporte, en general, encuentran su razón de ser en una “necesidad de movimiento”. El concepto de necesidad que da Malinowski es el siguiente: “Entiendo por necesidad... el sistema de condiciones que se manifiestan en el organismo humano, en el marco cultural y en la relación de ambos con el ambiente físico, y que es suficiente y necesario para la supervivencia del grupo y del organismo”. (¹7)
Malinowski elabora un cuadro sinóptico de las necesidades fundamentales o “primarias” que nos permite ver con toda claridad como a cada una de esas necesidades debe corresponder una respuesta o satisfacción de las mismas. En relación con las necesidades derivadas, se puede decir que ellas son imperativos culturales que les son impuestos a los hombres en función de su tendencia a la búsqueda de seguridad y bienestar, etc. Malinowski dice respecto a ellas que se ha demostrado que el hombre debe cooperar económicamente, establecer y mantener el orden, educar a los nuevos individuos en su desarrollo, para que lleguen a ser ciudadanos y de algún modo, proporcionar los medios para llevar a cabo tales actividades. TABLA 2 - NECESIDADES BÁSICAS Y CONCOMITANTES CULTURALES NECESIDADES BÁSICAS
CONCOMITANTES CULTURALES
1. Metabolismo
1. Abasto
2. Reproducción
2. Parentesco
3. Bienestar corporal (protección del cuerpo)
3. Abrigo/vestimenta
4. Seguridad
4. Protección
5. Movimiento
5. Actividades
6. Crecimiento
6. Ejercitación
7. Salud
7. Higiene
En relación con las necesidades derivadas, se puede decir que son imperativos culturales que les son impuestos a los hombres en función de su tendencia a la búsqueda de
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seguridad y bienestar, etc. Malinowski dice respecto a ellas que se ha demostrado que el hombre debe cooperar económicamente, establecer y mantener el orden, educar a los nuevos individuos en su desarrollo, para que lleguen a ser ciudadanos y de algún modo, proporcionar los medios de compulsión en tales actividades. También se deberá ver como se producen y combinan las actividades, y por último, para aclarar los procesos de derivación y jerarquía, tendremos que demostrar cómo la economía, los mecanismos legales, la religión, la educación y la creatividad artística están directa o indirectamente relacionadas con las necesidades básicas o fisiológicas. La conclusión que saca Malinowski de su análisis es que las necesidades derivadas tienen la misma implacabilidad que las biológicas. Incluso aquellas actividades como la ciencia, el estudio, el arte, la religión, etc., están también vinculadas a la necesidad que tienen los seres humanos de sobrevivir, conservar la salud y un estado normal de eficiencia orgánica. En el cuadro sinóptico que se presenta a continuación veremos claramente cómo las necesidades derivadas que se presentan en la primera columna, deberán tener en la organización social sus concomitantes culturales o respuestas a los imperativos.(¹9) TABLA 3 - IMPERATIVOS Y CONCOMITANTES IMPERATIVOS
CONCOMITANTES
1. El patrimonio cultural constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, debe ser producido, usado, mantenido y reemplazado por nueva producción.
1. Economía
2. La conducta humana en cuanto se refiere a la prescripción técnica, consuetudinaria, legal o moral, debe ser codificada, regulada en acción y sanción.
2. Control social
3. El elemento humano gracias al cual se mantiene toda institución debe ser renovado, formado, disciplinado y provisto del pleno conocimiento de la tradición del grupo.
3. Educación
4. Dentro de cada institución, la autoridad debe ser definida, equipada con poderes y dotada de los medios para la ejecución compulsiva de sus mandatos.
4. Organización política
El papel de las instituciones sociales es precisamente establecer un nexo capaz de lograr una cierta agregación de intereses individuales para poder satisfacer las necesidades. Su función es convertirse en mediadoras entre las exigencias individuales y las colectivas. Para ello, hay que alcanzar un alto grado de integración con el fin de que los individuos tomen conciencia que la satisfacción de las necesidades colectivas implica una colaboración activa de los miembros de la sociedad. El logro de la satisfacción colectiva de las necesidades, implica la adscripción a un orden de valores, costumbres, etc., y el mantenimiento del mismo se convierte en algo fundamental. Malinowski resumió en lo que denominó axiomas generales del funcionalismo los puntos teórico-metodológicos básicos del mismo. Los cinco axiomas los expone de manera muy breve: a.
“La cultura es esencialmente un patrimonio instrumental, por el que el hombre es colocado en la mejor posición para solucionar los problemas concretos y específicos
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que encara dentro de su ambiente, en el curso de la satisfacción de sus necesidades. b.
Es un sistema de objetos, actividades y actitudes en el cual cada parte existe como un medio para un fin.
c.
Es un conjunto integral en el que los varios elementos son interdependientes.
d. Tales actividades, actitudes y objetos están organizados alrededor de importantes y vitales tareas en instituciones como la familia, el clan, la comunidad local, la tribu y los equipos organizados para la cooperación económica, y la actividad política, jurídica y educacional. e.
Desde un punto de vista dinámico, esto es, con referencia al tipo de actividad, la cultura puede ser analizada en cierto número de aspectos como la educación, el control social, la economía, los sistemas de conocimiento, creencia y moralidad y aun modos de expresión artística y creadora”. (²0)
Malinowski concluye su ensayo de 1939, haciendo una profesión de “fe científica” en su funcionalismo cuando señala que su teoría no es hostil al evolucionismo, a la concepción histórica y a la difusionista, pero considera que los mismos pueden llevarnos a la construcción de sistemas fantásticos como los de Morgan, Bachofen o Engels, o bien, a estudios atomísticos, fragmentarios como los de Frazer. Ante estas corrientes antropológicas, Malinowski es tajante: “El funcionalismo insiste decididamente en que tiene fundamental validez como análisis preliminar de la cultura y en que dota al antropólogo con los únicos criterios válidos para la identificación cultural”.(²¹)
El funcionalismo antropológico ha sido sometido a una severa crítica de la cual daremos cuenta y, muy especialmente, el denominado funcionalismo absoluto de Malinowski. Pero también se le han reconocido determinados aportes importantes para su época que brevemente exponemos a continuación: 1.
El funcionalismo de Malinowski constituye la primera tentativa de dotar de un método riguroso para la observación y el análisis de las sociedades arcaicas. Tanto es así que mientras se le hacen muchas críticas al Malinowski teórico, se le coloca en los primeros lugares como ejemplo de investigador sobre el terreno, en el cual fue en cierto modo un pionero.
2.
El procedimiento de estudio propuesto por nuestro autor es de neto corte sociológico, ya que busca interrelacionar fenómenos, al poner de relieve la pertenencia de cada rasgo cultural a un contexto global, y la necesidad de observarlo y analizarlo con relación a dicho hecho social global.
3.
En él se encuentra ya en ciernes la noción de sistema que será un concepto clave de la
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sociología contemporánea, esencialmente de la “gran teoría”de Parsons. Para él la cultura y la sociedad es una totalidad compuesta de diversos elementos integrados entre sí. (²²) Alfred Reginald Radcliffe-Brown Radcliffe-Brown es junto a Malinowski uno de los más importantes representantes del funcionalismo antropológico, aunque negara la existencia de una escuela funcionalista de antropología social, señalando que la misma era un mito inventado por el profesor Malinowski, y se consideraba fuera de ella, ya que eso le parecía “carente de sentido”. Su argumento era que en las ciencias naturales no había lugar para escuelas y consideraba a la antropología como una rama de dichas ciencias naturales ya que: “No hay lugar para ortodoxias o heterodoxias en ciencia. Nada hay que perjudique más a la ciencia que los intentos de establecer adhesiones a doctrinas”.(²³) Esta identificación de la antropología social con las ciencias naturales, le lleva a dar la siguiente explicación sobre su concepción de la antropología social: “Concibo la antropología social como la ciencia natural teórica de la sociedad humana, es decir, la investigación de los fenómenos sociales con métodos esencialmente similares a los que se utilizan en las ciencias físicas y biológicas”. (²4) Su concepción lo llevó a plantear una analogía entre la vida social y la vida orgánica que se basaba en el concepto de función. En este sentido seguía una ya antigua tradición sociológica que se encuentra en Durkheim y en Spencer. Sobre todo su concepto tenía más relación con la noción durkheimiana, aunque le hacía un correctivo, mientras para el sociólogo francés la función está ligada a la satisfacción de las necesidades del organismo social, en Radcliffe-Brown se sustituye el término necesidades por “condiciones necesarias de existencia”, con lo cual buscaba evitar la posibilidad de una interpretación teleológica. Aunque utiliza la analogía entre vida social y vida orgánica lo hace con plena conciencia de las dificultades que se plantean si no se hacen las necesarias precisiones, pero pese a ello, esta analogía es algo central en su análisis y la defiende diciendo que las analogías usadas adecuadamente son de gran utilidad para el desarrollo del pensamiento científico y que existe una analogía significativa entre la estructura orgánica y la estructura social. El organismo tiene una estructura y mientras viva hay una cierta continuidad de la misma aunque se produzcan variaciones. El proceso por el cual se logra esta continuidad de la estructura del organismo, se llama vida. El proceso vital está formado por las actividades y las interacciones de las unidades que lo constituyen como un todo. La vida del organismo se concibe como el funcionamiento de su estructura. Cualquier parte del proceso vital tiene como función contribuir a la vida del organismo como un todo y con sus actividades y funciones cumple con las necesidades o condiciones necesarias de existencia del organismo. En la investigación sistemática de la naturaleza de los organismos, se plantean tres series de problemas: morfológicos, fisiológicos y de desarrollo. En la vida social podemos llevar a cabo una analogía bastante perfecta con la orgánica precedentemente vista. Las unidades básicas en una sociedad son los individuos humanos que la componen, que mantienen unas relaciones sociales dentro de una totalidad integrada que constituye la estructura social.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz TABLA 4 - VIDA ORGÁNICA Y VIDA SOCIAL Vida orgánica UNIDADES BÁSICAS
Vida social CÉLULAS
INDIVIDUOS HUMANOS
Estructura
Relaciones entre células.
Relaciones entre individuos humanos.
Actividades
Conducta observada de las células.
Conducta observada de los individuos y los grupos.
Funciones
Papel de las actividades en el mantenimiento de la estructura o correspondencia entre los efectos de la estructura orgánica.
Papel de las actividades en el mantenimiento de la estructura social o correspondencia entre los efectos de la actividad y las necesidades de la estructura social.
Problemas para el investigador
1.
morfología.
2.
fisiología.
3.
desarrollo polución.
Morfología o estática social fisiología o dinámica social desarrollo social.
La continuidad de la estructura social se mantiene por un proceso de vida social constituida por las actividades e interacciones de los seres humanos y los grupos organizados. La vida social es el funcionamiento de la estructura social y la función de cualquier actividad es su contribución parcial al todo, con lo que se mantiene la continuidad estructural. Dice Radcliffe-Brown que: “El concepto de función...incluye... la noción de una estructura que consiste en una serie de relaciones entre entidades unificadas, la continuidad de cuya estructura se mantiene por un proceso vital compuesto por las actividades de las unidades constitutivas”. (²5)
En la vida social también se plantearían tres problemas para el investigador: 1.
Los problemas de morfología social o de estática social. (¿Qué clases de estructuras sociales hay, cuáles son sus similitudes y diferencias y cómo pueden clasificarse y compararse?).
2.
Los problemas de fisiología social o de la dinámica social. (¿Cómo funcionan las estructuras sociales y cómo persisten?).
3.
Los problemas del desarrollo. (¿Cómo aparecen los nuevos tipos de estructura social?).
Radcliffe-Brown señala que a pesar de la analogía real entre estructura social y orgánica hay dos puntos en los cuales la misma no es posible. Mientras en un organismo animal se puede observar la estructura orgánica independientemente de su funcionamiento, en la sociedad humana la estructura social como un todo sólo puede observarse en su funcionamiento, ya que las relaciones sociales no se pueden captar sino in fieri. El otro punto en que la analogía se cae es que un organismo animal no cambia su tipo estructural en el curso de su vida (un perro no se transforma en león). Una sociedad
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puede en el curso de su historia modificar sustancialmente su tipo estructural sin que se produzca un corte en su continuidad.Teniendo en cuenta estas dos objeciones RadcliffeBrown considera que no hay ninguna dificultad en la aplicación de su analogía. Para él el sistema social tiene una unidad a la que denomina unidad funcional y a la que define de la manera siguiente: “Una condición en la que todas las partes del sistema social trabajan juntas con un grado suficiente de armonía o de consistencia interna, es decir, sin producir constantes conflictos que no puedan resolverse o regularse”. (²6) Esta concepción de la unidad funcional lleva implícita una tendencia del sistema social a la búsqueda del equilibrio social interno, ya que se señala que aunque se produzcan conflictos éstos se resolverán sin modificar el sistema social puesto que todo conflicto puede regularse. También nos encontramos con que, para Radcliffe-Brown, las actividades disfuncionales no son tenidas en cuenta y, por lo tanto, se considera que las actividades del sistema social son funcionales para el conjunto. Es destacable, además, que el autor sostiene la posición de la neutralidad valorativa en el análisis, señalando que la ciencia debe externar sólo juicios objetivos y prescindir de valoraciones sobre el carácter, benéfico o perjudicial de los sistemas. Esto unido a las otras manifestaciones de su teoría nos conduce a una clara percepción de que a Radcliffe-Brown lo que le interesa es destacar la unidad funcional de la sociedad, relegar los conflictos no regulados ni institucionalizados, y buscar la integración social de los miembros de una sociedad. Esto último nos lleva a los otros aspectos. Lo dice con toda claridad el autor con estas palabras: “El punto de vista. “funcionalista”... implica. que es necesario investigar lo más
ampliamente posible todos los aspectos de la vida social, considerados en sus relaciones mutuas, y que una parte esencial de la tarea es la investigación del individuo y del modo como se amolda o se ajusta a la vida social”. (²7)
Así pues, la tarea del científico social es describir la forma estructural de la sociedad, que se puede observar en los mecanismos de control social. Aunque se parte de la continuidad de la estructura social, esto no es visto como algo completamente estático, ya que se tiene en cuenta la continuidad como algo dinámico, con posibilidad de realizar cambios dentro de la estructura, y señalando como excepcional los cambios de los tipos de estructuras. Radcliffe-Brown considera que la persistencia del sistema social es más relevante que la del cambio: “La primera regla importante del análisis, tal como lo concibo, es el estudio sincrónico de la sociedad. Ese estudio es más fundamental que el diacrónico”. (²8) EL FUNCIONALISMO SOCIOLÓGICO Hemos visto, hasta el momento, los autores que han influido de manera decisiva en la teoría funcionalista, pero somos conscientes que con ellos no hemos agotado las influencias, más aún cuando se ha afirmado por uno de los pilares del funcionalismo,B.Malinowski,que los orígenes remotos del mismo se remontan a Herodoto, y cuando él mismo ha dicho que su contribución consiste en haber puesto la etiqueta y colgarla en un corpus ya existente de teoría y método.
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Salustiano del Campo se ha referido a los orígenes filosóficos, biológicos, psicológicos, antropológicos y sociológicos del funcionalismo contemporáneo, lo cual nos proporcionaría una lista muy extensa de proto funcionalistas, precursores y fundadores.(²9) Para nuestro objetivo nos limitamos a quienes entendemos que han contribuido de manera más directa y fundamental al desarrollo de la teoría funcionalista sociológica contemporánea. Somos conscientes del importante papel desempeñado por Vilfredo Pareto y Max Weber en la teoría de Parsons, pero no lo hemos analizado aquí porque nos hemos reducido en el funcionalismo sociológico a Parsons y Merton y además, comparativamente, en el procedimiento funcionalista, la influencia de un Malinowski y Radcliffe-Brown son superiores a las de aquellos. Parsons y Merton En el funcionalismo sociológico las dos grandes figuras son Talcott Parsons y Robert K. Merton, ambos norteamericanos. Si la raíz teórica del funcionalismo está en Europa, su desarrollo actual ha tenido su centro en los Estados Unidos de América. Aun siendo los principales representantes del funcionalismo sociológico, Merton y Parsons no tienen una coincidencia absoluta, por lo cual se pueden distinguir variantes en el funcionalismo de uno y otro. Gouldner se ha referido a esta distinción diciendo que en el funcionalismo de Parsons hay un compromiso total con dicha teoría y en el de Merton habría un compromiso mínimo. (³0) Abundando en la diferencia de enfoque entre ellos señala Gouldner: “Para Parsons los problemas centrales teóricos y empíricos son los que implican a un sistema social como tal y explican cómo se mantiene como un sistema en marcha. Las unidades empíricamente delimitables se hacen para él más importantes a medida que intervienen en el mantenimiento del sistema social, en la satisfacción de sus necesidades o en la resolución de sus problemas. Frente a Merton, Parsons no se centra en la explicación de unidades
empíricamente delimitadas del comportamiento o de las creencias sociales, sino que en vez de ello concentra directamente la atención en el análisis de la estructura contextual como sistema”. (³¹)
La diferencia entre Merton y Parsons estriba, entre otras cosas, en las metas que se proponen en sus pesquisas. Merton busca sobre todo para sus investigaciones fenómenos muy específicos, los cuales le permiten llevar a cabo explicaciones de carácter limitado que no superan lo que se ha denominado teorías de rango medio. A Parsons, por el contrario, le interesa elaborar una teoría general sobre el sistema social con un carácter universal, de ahí que se le haya denominado un constructor de sistemas, o como le llama C. Wright Mills, un constructor de “la gran teoría”, y añade: “Los grandes teóricos están tan preocupados con los sentidos sintácticos y tan desentendidos de las referencias semánticas, están tan rígidamente confinados en niveles tan altos de abstracción, que las tipologías que inventan y el trabajo que realizan para inventarlas más bien parecen un árido juego de conceptos que un esfuerzo para definir sistemáticamente –es decir de una manera clara y ordenada– los problemas que tienen delante y para guiar nuestros esfuerzos dirigidos a resolverlos”. (³²)
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Merton pretende siempre mantenerse en relación estrecha con los hechos y por ello señala en su famoso ensayo “Funciones manifiestas y latentes”, que el análisis funcional depende de una triple alianza entre la teoría, el método y los datos. Por ello, para Merton, el funcionalismo es un medio de análisis, un instrumento para explicar los datos y hechos sociales. El significado del funcionalismo para Merton es el siguiente: “La orientación central del funcionalismo se expresa en la práctica de interpretar los datos sentando sus consecuencias para grandes estructuras en que están comprendidos”. (³³)
Parsons está más interesado en desarrollar determinadas categorías que sean factibles de empleo para la clasificación y ordenamiento de los datos. Estas pueden ser algunas de las más importantes diferencias entre estos dos sociólogos, que además, se manifiesta también en los estilos de sus escritos, ya que los de Merton son perfectamente legibles y tienen gran claridad, mientras Parsons goza de la fama de ser prácticamente ininteligible, lo cual se suele atribuir a sus estudios en Alemania, de cuyos pensadores y filósofos, habría recibido la oscuridad germana. Sobre esta afirmación ha protestado Dahrendorf señalando que no es ahí que se encuentra la razón de la peculiar escritura del sociólogo de Harvard, que ha llevado a Mills a ironizar a su costa: “El hecho es que no resulta fácilmente comprensible, y hasta se sospecha que no sea inteligible en absoluto”. (³4) Como tendremos ocasión de tratar la teoría de la estratificación social de Parsons, hemos preferido, en este capítulo sobre el funcionalismo, dedicar nuestra atención a las concepciones sobre el funcionalismo de R.K. Merton. Robert K. Merton Merton se ha caracterizado dentro del funcionalismo por realizar una crítica de los que ha llamado postulados funcionalistas que han sido expuestos básicamente en las obras de Malinowski y Radcliffe-Brown. Pero, además, ha propuesto una serie de conceptos que tienden a hacer la teoría funcional más apta para la investigación empírica, ya que Merton considera vital para el desarrollo de la sociología buscar una relación más estrecha entre teoría e investigación empírica. El gran aporte de este autor es su paradigma del análisis funcional. A continuación nos abocaremos al análisis del funcionalismo de Merton que ha sido calificado como funcionalismo relativizado en relación con el llamado funcionalismo “puro y duro” de Malinowski, calificado como funcionalismo absoluto. LOS POSTULADOS FUNCIONALISTAS Merton considera que los funcionalistas han aceptado generalmente tres postulados que se encuentran relacionados entre sí. El primer postulado es el de la unidad funcional de la sociedad. Puede ser formulado diciendo que todas las partes del sistema social constituyen una unidad funcional, ya que funcionan en armonía sin que se produzcan conflictos insolubles. Merton lo critica, ya que considera que el grado de unidad es una variable empírica que necesita comprobación y que difiere en las diversas sociedades. Toda sociedad
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necesita cierta unificación, pero no toda sociedad la tiene en ese elevado grado: ”en que toda actividad o creencia culturalmente estandarizada es funcional para el conjunto de la sociedad y uniformemente funciona para las gentes que viven en ella”. (³5) Y agrega que: “los usos o los sentimientos sociales pueden ser funcionales para unos grupos y disfuncionales para otros de la misma sociedad”. (³6) El segundo postulado es el del funcionalismo universal. Conforme al mismo todas las formas sociales o culturales estandarizadas tienen funciones positivas, desempeñan alguna función esencial. Merton no cree que todas las manifestaciones sociales y culturales desempeñan funciones vitales, ya que estas manifestaciones persistentes pueden tener “un saldo líquido de consecuencias funcionales” tanto para la sociedad considerada como unidad, como para ciertos grupos dentro de ella que tratan de conservarlas intactas, por coacción o manipulación persuasoria, ya que sirven a sus intereses. Esto evitaría, dice Merton, que el análisis funcional se concentrara en las funciones positivas olvidándose de poner atención sobre otros tipos de consecuencias. (³7) El tercer postulado es el de la indispensabilidad. Es el más ambiguo de la tríada de postulados funcionalistas. Contiene dos afirmaciones básicas: se parte de la existencia de ciertas funciones indispensables, en el sentido de que su no realización llevaría a la destrucción de la sociedad, y en segundo lugar, “se supone que ciertas formas culturales o sociales son indispensables para la realización de cada una de esas funciones”. Todo esto nos conduce a la existencia de prerrequisitos funcionales necesarios para una sociedad, a la vez que a estructuras especializadas para la realización de estas funciones indispensables, estructuras que se consideran irremplazables. Como crítica a este postulado Merton señala un teorema de análisis funcional: “Así como la misma cosa puede tener múltiples funciones, así puede la misma función ser desempeñada diversamente por cosas diferentes. Todas las necesidades funcionales se consideren permisivas, y no determinantes de estructuras sociales específicas. O en otras palabras hay un margen de variación en las estructuras que realizan la función en cuestión”. (³8)
Frente al postulado de la indispensabilidad Merton opone el concepto de alternativas funcionales, de equivalentes funcionales, o de sustitutos funcionales. La difusión de estos tres postulados, unidos o por separado, es la fuente que ha permitido a algunos autores acusar al funcionalismo de tener un carácter teleológico y sobre todo que implica caer en ciertos compromisos ideológicos de carácter conservador. Merton rechaza estas acusaciones para el análisis funcional, aunque admite que si el mismo se reduce a la versión que él ha criticado es comprensible hacerlo aunque sea “incorrecto”, porque el funcionalismo no se reduce al de Malinowski y ni siquiera al de Radcliffe-Brown. La conclusión de Merton es que el análisis funcional no implica necesariamente un compromiso ideológico específico, aunque en las obras de los funcionalistas se pueda encontrar ese compromiso, pero para él esto parece extrínseco y no intrínseco. En teoría funciona, y en definitiva el funcionalismo sería “neutral en relación con los grandes sistemas ideológicos”.(³9) La fundamentación de un análisis funcional de carácter pretendidamente neutral
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y apto para lograr el máximo de éxito en las investigaciones sociales lo expone Merton con su aporte de los cuatro conceptos funcionales: 1. 2. 3. 4.
La noción del equivalente o sustituto funcional. La noción de disfunción. Las funciones manifiestas. Las funciones latentes.
Para Merton las funciones son las consecuencias observadas que favorecen la adaptación o el ajuste de un sistema dado. Al lado de estos elementos funcionales existen elementos disfuncionales que serían aquellas consecuencias observadas que aminoran la adaptación o ajuste del sistema, e incluso, se pueden dar casos de la existencia de elementos que no sean ni lo uno ni lo otro, o sea, consecuencias a-funcionales. Es importante destacar que la definición que da Merton de función se refiere a las consecuencias observables de carácter objetivas, y por tanto, no a intenciones, motivos y actitudes subjetivas. La función está concebida en términos del observador y no de los actores sociales. El rechazo de Merton a los postulados de unidad funcional y funcionalismo universal, junto al de la indispensabilidad de los elementos existentes en la sociedad, se hace desde una perspectiva netamente empírica. Para él se debe partir en la investigación social del supuesto de que cualquier elemento socio-cultural puede tener diversas consecuencias, que tendrían sus límites en la propia realidad estructural de la sociedad, es de manera empírica que se debe determinar cuáles son las consecuencias. Lo anterior conlleva que el investigador tenga siempre presente la distinción entre las funciones manifiestas y las latentes, que Merton define de la manera siguiente: “Funciones manifiestas son las consecuencias objetivas que contribuyen al ajuste o adaptación del sistema y que son buscados y reconocidas por los participantes en el sistema... Funciones latentes son, correlativamente, las no buscadas ni reconocidas”. (40)
En realidad, Merton adapta al análisis sociológico unas nociones de Freud y Bacon que se refieren a procesos que se encuentran por debajo del umbral de la observación superficial y que se expresan con los conceptos de lo fenomenológico y lo esencial, en el análisis de los procesos sociales e históricos. Marx y los marxistas los han empleado siempre en sus análisis de los discursos ideológicos de los representantes políticos y literarios de las clases dominantes, así como en las prácticas sociales. En este sentido, Merton lo que pretende con la adaptación al funcionalismo del análisis de las funciones manifiestas y latentes es darle profundidad a la sociología funcionalista para que no se quede a nivel superficial en sus investigaciones sociales. Esto lo expresa claramente cuando dice: “Armado con el concepto de función latente, el sociólogo extiende su investigación en aquellas direcciones más prometedoras para el desarrollo teórico de la disciplina... Examina, por ejemplo, las consecuencias del nuevo plan de salarios para, pongamos por caso, el sindicato
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en que están organizados los trabajadores, o las consecuencias de un programa de propaganda no sólo para aumentar su reconocido propósito de despertar entusiasmo patriótico sino también para que un gran número de gentes se muestren renuentes a manifestar sus ideas cuando difieren de la política oficial, etc. En resumen, se sugiere que las aportaciones intelectuales distintivas del sociólogo se encuentran primordialmente en el estudio de las consecuencias inesperadas (entre las que se cuentan las funciones latentes) de prácticas sociales, así como en el estudio de las consecuencias previstas (entre las que se cuentan las funciones manifiestas). Hay algunas pruebas de que precisamente en el momento en que la atención investigadora de los sociólogos pasó del plano de las funciones manifiestas al plano de las funciones latentes, fue cuando hicieron sus aportaciones mayores y distintivas”. (4¹)
Resumiendo, la finalidad heurística de la distinción entre funciones manifiestas y latentes es, según Merton, la siguiente: 1.
Aclarar el análisis de normas sociales aparentemente irracionales, ya que permite la interpretación sociológica de muchas prácticas sociales que persisten aún cuando su finalidad manifiesta evidentemente no se consigue, y que se le suele tratar como conductas irracionales.
2.
Dirigir la atención hacia campos de investigación que sean teóricamente fructíferos, ya que si su tarea se limita a las funciones manifiestas las investigaciones no rebasarían la mera descripción; útiles para hombres prácticos (empresarios, políticos, líderes sindicales, etc.), pero que no son importantes para los problemas teóricos que están en el núcleo de la disciplina.
3.
El descubrimiento de funciones latentes aumenta el conocimiento sociológico al dirigirse a consecuencias no intencionadas e inclusive no reconocidas. Impedir la sustitución del análisis sociológico por juicios morales ingenuos, ya que muchas veces el análisis de las funciones latentes va contra las valoraciones morales predominantes. (4²)
4.
EL PARADIGMA DE ANÁLISIS FUNCIONAL Respecto al paradigma de análisis funcional en sociología, Merton señala que: “la tarea del sociólogo es presentar con lucidez el derecho a proposiciones lógicamente interconectadas empíricamente confirmadas acerca de la conducta del hombre en sus relaciones con otros hombres y de las consecuencias sociales de esa conducta. Los paradigmas para el análisis sociológico tienen por objeto ayudar al sociólogo a realizar su tarea”.(4³) Los paradigmas tendrían las siguientes funciones fundamentales para el análisis cualitativo en sociología: 1.
Una función anotadora para proporcionar un ordenamiento de los conceptos centrales y de sus interrelaciones.
2.
El enunciado explícito de los paradigmas analíticos disminuye la probabilidad de
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incluir sin advertirlos supuestos y conceptos ocultos, ya que cada nuevo supuesto y cada concepto debe ser lógicamente derivable de los términos anteriores del paradigma o estar explícitamente incorporado a él. 3.
Promueven la acumulación de interpretaciones teóricas.
4.
Favorecen la codificación de métodos de análisis cualitativos de una manera que se acerca al rigor lógico, si no al rigor empírico, del análisis cuantitativo. (44)
El paradigma se expresa por Merton en once asuntos que debe atender el investigador para llevar a cabo un análisis funcional: 1.
Identificar los elementos a los que se les atribuyen funciones, el requisito es que el objeto de análisis esté estandarizado.
2.
Tener en cuenta los motivos de los participantes y sus propósitos, que deben ser distinguidos de las actitudes y creencias.
3.
Concretar 1as consecuencias objetivas de los fenómenos, que pueden ser funcionales, disfuncionales o afuncionales. Distinguir las funciones manifiestas y latentes.
4.
Tener en cuenta la unidad con relación a la cual la función cumple con ciertas consecuencias previstas.
5.
Concepción tácita o expresa de la existencia de requisitos funcionales del sistema estudiado. Esta es la cuestión empíricamente más discutible de la teoría funcional.
6.
Mecanismos mediante los cuales se realizan las funciones.
7.
Existencia de alternativas funcionales (equivalentes o sustitutos funcionales).
8.
Tener en cuenta el contexto estructural que limita las posibilidades efectivas de cambio o alternativas funcionales.
9.
El concepto de disfunción abre la vía al análisis del cambio, de la dinámica social.
10. La validación del análisis funcional se ve limitado por la dificultad de los análisis comparativos. 11. El análisis funcional es ideológicamente neutral.(45) Con la elaboración de este paradigma y con su énfasis en hacer del análisis funcional una teoría y un método de investigación adecuado a las sociedades industriales contemporáneas, Merton significó un elemento modernizador dentro de esta corriente,
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que estaba excesivamente influida de los elementos preexistentes en la antropología. Esta característica se puede ver con toda claridad en los intentos de comparación que realiza entre el análisis funcional y el marxismo, donde intenta hacer “maravillas” comparativas, para hacer ver que después de todo no hay una brecha absoluta entre ambas teorías. Todo ello dirigido a hacer ver que el funcionalismo tuviera un carácter neutral ideológicamente y que pudiera ser empleado para el análisis sociológico independientemente de que quién lo utilizara tuviera sus propias valoraciones conservadoras o radicales. Ahora bien, los esfuerzos que tiene que desplegar Merton son el mejor mentís a esa pretendida neutralidad, ya que sus energías intelectuales vienen a destacar que, pese a todo, el funcionalismo no es conservador, que no sólo destaca la estática social y que junto al funcionalismo universal puede destacarse la función específica de cada elemento y la disfuncionalidad. ¡Qué tenga que realizar toda esa titánica labor intelectual para demostrar lo que sociológicamente es obvio es una clara manifestación de que la “función latente”, si no manifiesta, de la teoría funcionalista, es precisamente la que Merton quiere enmendar, al menos, parcialmente! FUNCIONALISMO, CIENCIAS NATURALES, HISTORIA Y DIACRONÍA Además de los postulados que prevalecen en el análisis funcional expuestos por Merton y criticados desde una óptica funcional relativista o revisionista, existen otras ideas claves en el funcionalismo que creemos necesario exponer, sin pretender agotarlas, y someter a crítica. Los funcionalistas presentan una analogía entre biología y sociedad humana y consideran el sistema social como un sistema natural, rechazan la historia como un medio adecuado para el conocimiento de la estructura social, y se desinteresan de los problemas diacrónicos y ponen énfasis en el estudio sincrónico del sistema social. FUNCIONALISMO Y CIENCIAS NATURALES Los sociólogos funcionalistas suelen remitirse a analogías organísmicas. Incluso quienes pretenden hacer una crítica a esta tendencia no logran su superación. Merton, por ejemplo, señala que valerse de la lógica del procedimiento empleado en las ciencias biológicas no es reincidir en homologías no pertinentes. Pero afirma, a continuación, que la lógica del procedimiento de Cannon en fisiología puede proporcionar: “un modelo metodológico que quizá pueda ser derivado hacia la sociología sin adoptar las infortunadas homologías de Cannon entre la estructura de los organismos biológicos y de la sociedad”. (46) Merton deja traslucir cierto desencanto al comprobar que en biología los requisitos para un análisis adecuado están estandarizados, mientras que en sociología esto no ocurre, y concluye con la duda si esta diferencia no tendrá que ver con los datos examinados. Evidentemente, el objeto de estudio de la sociología es intrínsecamente más complejo que el de la biología, aunque sea por el hecho de que hay que enfrentarse con mayor número de variables. Como muy bien afirma Cohen:
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“Con la mavor complejidad de los hechos sociales se relacionan, también, (1) su carácter menos repetible, (2) su observabilidad menos directa, (3) su mayor variabilidad y menor uniformidad; y (4) la mayor dificultad para aislar un sólo factor por vez”. (47)
Otra dificultad que minusvaloran los sociólogos funcionalistas cuando insisten en la aplicación de métodos y procedimientos de las ciencias biológicas y físicas en la sociología, es la gran dificultad de ser “ecuánime” ante el estudio de los problemas sociales. Problemas como el de la desigualdad social, la lucha de clases, el cambio social reformista o revolucionario, no son examinados con la neutralidad axiológica con que se pueden estudiar las teorías acerca del protoplasma, el éter, el átomo, etc. Max Weber (48) pretendió desterrar de las ciencias sociales los juicios de valor y estudiar los problemas sociales con la misma objetividad con que un geómetra contempla sus figuras, pero este es un intento que suele conducir a que los juicios de valor que se exorcizan y se arrojan por la puerta principal, entren incólumes y libres de toda crítica por la puerta trasera. Es indudable que este problema es de gran importancia teórico-práctica. Ralf Dahrendorf señala como el principal, el relativo a lo que denomina “desfiguración ideológica”, es decir, “el intento de presentar como axiomas científicos lo que probablemente no son otra cosa que declaraciones valorativas más allá de cualquier comprobación empírica”. (49) Para este autor al sociólogo se le presentan tres métodos contra las desfiguraciones ideológicas: 1.
Ejercitarse en la objetividad con la ayuda del psicoanálisis y de la sociología del conocimiento.
2.
Exponer los valores que han dirigido al sociólogo en sus investigaciones.
3.
La crítica mutua ejercida por la comunidad de los científicos.
El filósofo marxista polaco Adam Schaff, parte del hecho de la determinación social de las opiniones, y por ello admite que la sociología tiene un carácter ideológico. Se pregunta si en estas condiciones puede ser posible la investigación de la verdad objetiva en ese campo y, en consecuencia, si es posible la existencia de la ciencia social. Su respuesta es la siguiente: “En el dominio de las ciencias sociales, dado que su objetivo es complejo y variable, el conocimiento total y por consecuencia definitivo es imposible, excepto cuando se trata de cuestiones expresamente delimitadas; por ejemplo, la constatación de un hecho histórico. Esto significa que se renuncia en ese dominio a las verdades absolutas definitivamente adquiridas de un solo qolpe, en favor de la teoría de la verdad proceso... Esta perspectiva es más modesta que la que pretende obtener la verdad objetiva definitiva, pero también es más realista y no disminuye en nada el honor de las ciencias sociales en relación a las ciencias naturales que... no se encuentran en mejor postura”. (50)
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Si se aceptan estas ideas, la actitud de tolerancia hacia las proposiciones contrarias, no serían antitéticas con el combate y la denuncia, a la vez, que se admite el carácter progresivo y perfeccionable de las verdades objetivas. Así pues, reconocer las diferencias esenciales entre las ciencias naturales y las sociales, y admitir que éstas últimas no están libres de valores, no tiene que conducir a la actitud ingenua de un relativismo, y mucho menos a sustituir el esfuerzo por el mejoramiento de los métodos de conocimiento social, por la logomaquia y la exaltación del sentido común. FUNCIONALISMO E HISTORIA Malinowski y su escuela funcionalista así como una parte considerable de los antropólogos norteamericanos, han llegado a la conclusión de que el pasado carece de interés para un estudio funcional.Para comprender como funciona el cuerpo humano, o un aeroplano nos valemos de las leyes de la mecánica y de la fisiología, sin tener necesidad de hacer un estudio de la historia de la aeronáutica o de la teoría de la evolución biológica(5¹) Estas concepciones del funcionalismo antropológico han sido adoptadas por los sociólogos y se hace una separación más o menos tajante entre la labor del historiador y la del sociólogo. El sociólogo debe estudiar las sociedades como sistemas naturales cuyas partes son interdependientes, y cada una de ellas llena una necesidad en el mantenimiento del sistema social. Para estudiar el sistema social no es imprescindible conocer como ha llegado a ser lo que es. Chinoy afirma que dentro de la sociología existen dos enfoques esenciales, el funcional y el histórico(5²), con lo cual deja claro que una de las características esenciales del funcionalismo es su a-historicidad. Criticando este desdén por la historia Lévi-Strauss ha dicho que cuando el investigador: “Se limita al instante presente de la vida de una sociedad, resultará en primer lugar víctima de una ilusión, porque todo es historia. Pero sobre todo, el investigador se condena a no conocer este presente porque solo el desarrollo histórico permite sopesar los elementos actuales y estimar sus relaciones respectivas”. (5³)
Nuestra posición es que la historia es imprescindible para obtener una comprensión más profunda del desarrollo social, pero esto no quiere decir que conociendo el pasado de una sociedad, su evolución, se pueda por esto comprender los fenómenos de la realidad presente. El método dialéctico estructural puede proporcionar un punto de partida válido para el conocimiento de la estructura social, sin tener que acudir en todos los análisis al método genético.
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FUNCIONALISMO Y CAMBIO SOCIAL Los funcionalistas, tanto antropólogos como sociólogos, privilegian en sus análisis el factor sincrónico de las sociedades. Según Radcliffe-Brown la tarea fundamental del científico social es descubrir la forma estructural de la sociedad, observable en los usos sociales, que son elementos de control social. Aunque él acepta que se pueden producir cambios, éstos se producirán dentro de la estructura primordialmente. Por esta razón dirá que: “la primera tarea importante del análisis... es el estudio sincrónico de la sociedad. Ese estudio es más fundamental que el diacrónico”. (54) En la sociología funcionalista la personalidad más influyente hasta los años setenta del siglo XX fue Parsons, su teoría del cambio social es suficientemente expresiva de la sincronía que anima a toda la teoría funcionalista. Para Parsons la estructura de un sistema:” es el conjunto de propiedades de sus partes componentes y de sus relaciones y combinaciones que... pueden tratarse lógica y empíricamente como constantes dentro de límites definibles”.(55) La característica del sistema como totalidad es el equilibrio estable, y aunque se puedan producir cambios se volverá de nuevo a un estado de equilibrio. Lo que mantiene la estabilidad son los valores compartidos del sistema: ”normas de acuerdo con las cuales pueden legitimarse sanciones positivas o negativas”.(56) El individuo típico tendrá una integración de valores, y actuará de acuerdo a las expectativas que de su papel se exija. Sobre estas concepciones se ha dicho, que si los valores compartidos definen el sistema, resulta problemático considerar las desviaciones y los conflictos como parte del sistema. Si además, los valores se suponen estables: “Todo este estudio se basó en el supuesto de que el modelo de valor subyacente en el sistema no cambia”.(57) Entonces quedará excluido el cambio estructural de envergadura. Los valores, y por lo tanto, la estructura fundamental del sistema se dan como inalterables, estáticos. (58)
Dahrendorf (59) desde su concepción panconflictualista también somete a una crítica al funcionalismo, el cual considera como su antípoda teórica, en lo que respecta al problema del cambio y del conflicto. Señala que no se pueden concebir conflictos cuando se considera el sistema social basado en un consenso casi total. El que difiere de los valores institucionalizados es considerado, en esta perspectiva, un individuo patológico, un desviado, al que se le reduce por los mecanismos de control social. La teoría funcionalista conduce, en definitiva, y aunque de forma velada, a una concepción conspiracional de los conflictos. Lo anormal en una sociedad, empero, no es la existencia sino la ausencia de conflictos.
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EL FUNCIONALISMO “ORTODOXO” Las principales objeciones que se han expuesto sobre el funcionalismo han sido rechazadas por uno de sus más conspicuos representantes: Kingsley Davis. (60) Para él la polémica sobre el análisis funcional debe ser abandonada, debido a que: “Se basa en la falsa suposición de que existe un método especial o teoría denominado análisis funcional, que puede distinguirse de otros métodos o teorías dentro de la sociología y la antropología social ... el rótulo mismo señala y estimula el mito de un modo homogéneo de análisis distinto de otros modos de análisis sociológico”. (6¹)
Tenemos pues que para Davis, el análisis funcional es sinónimo de análisis sociológico. Las críticas que se le hacen al funcionalismo en lo que se considera que son sus puntos básicos, son vistas por Davis como defectos accidentales o más aún,como extrañas a sus concepciones. Por otra parte, los que se autodenominan funcionalistas no han llegado a un acuerdo entre sí. Este desacuerdo vendría a reforzar la hipótesis de Davis de que el funcionalismo es tan amplio como el análisis sociológico y los problemas y desacuerdos son los que existen en la sociología. Rechaza como estando fuera del dominio de la teoría sociológica, lo que se coloca fuera del funcionalismo, y lo incluye en dos teorías: las reduccionistas y las empiristas. Las principales teorías reduccionistas serían: el psicologismo, el biologismo y el determinismo tecnológico y económico. El psicologismo no puede ser considerado funcionalista, ya que basa su análisis en el individuo considerado como sistema, y lo considera determinante de los fenómenos, mientras que el funcionalismo siguiendo a Durkheim considera que: “La causa determinante de un hecho social debe buscarse entre los hechos sociales que lo preceden y no entre los estados de la conciencia individual”. (6²) El biologismo tampoco tendría nada que ver con el análisis funcional, según Davis, ya que la explicación de los hechos sociales en función de la herencia genética no es contemplada por el funcionalismo. Tampoco acepta el funcionalismo las tesis biológicas del darwinismo social que es radicalmente individualista y no pone ninguna atención a la “integración funcional de la sociedad”. Además de que, el darwinismo social pone mucho énfasis en el conflicto y la lucha por el poder, al contrario de lo que, dicen sus críticos, hace el funcionalismo. En cuanto al reduccionismo del determinismo tecnológico y económico, característico del marxismo según la interpretación de Davis, es rechazado con energía: “Cualquier punto de vista que vea todos los cambios de la sociedad como una consecuencia del cambio tecnológico o económico ofende a los funcionalistas, porque reduce otros aspectos de la sociedad a epifenómenos y trata la conducta no racional como simple ignorancia y error”. (6³)
Las teorías empiristas tampoco serían funcionalistas porque la simple “descripción e información de relaciones estadísticas” está fuera del análisis estructural-funcional. También lo estaría el llamado “enfoque histórico”, ya que antepone a la generalización teórica la explicación por principios abstractos.
EL FUNCIONALISMO
Davis hace una vigorosa crítica a las exposiciones de Merton sobre los tres postulados funcionales. Rechaza que las abstracciones contenidas en los tres postulados funcionales estén reificadas o incluso postuladas, pero se interesa sobre todo por el valor heurística de los postulados, “unidad funcional” y “funcionalismo universal”. Expresa que si se entiende por ellos que existe cierto orden en las sociedades y que las formas sociales deben estudiarse como cumpliendo un papel en la continuidad de la sociedad, puede concluirse que tienen valor heurístico. El tercer postulado afirma que existen funciones esenciales sin las cuales la sociedad no existiría, y que son necesarias ciertas formas sociales o culturales, es decir, estructuras especializadas que se consideran irremplazables. Si sobre la primera parte del postulado apenas hay discusión, sí parece que la hay sobre la segunda. Davis considera que esta afirmación es inofensiva, además: “no es un postulado sobre el cual se construya un sistema; es más bien una predicción resultante de la teoría y los hechos, una predicción en el sentido de que no se encontrará sociedad alguna que carezca de este rasgo”. (64)
Considera valiosa la suposición de Merton de que existen alternativas funcionales, equivalentes funcionales o sustitutos funcionales. Pero a diferencia de Merton cree que de eliminarse los tres postulados el funcionalismo quedaría libre de ciertas trabas analíticas. Davis, por su parte, entiende que deben mantenerse ya que. como suposiciones heurísticas, forman parte integrante del razonamiento sociológico. Lo que si debe eliminarse, dice Davis, es la noción del funcionalismo como un método especial dentro de la sociología. En cuanto a que el funcionalismo no dedica atención suficiente al cambio social, Davis lo justifica como un hecho inherente a la antropología y a la sociología de la época. Además de que las teorías del cambio social son ideológicamente significativas. Afirma que hay que dejar sentado que la antropología y la sociología “de la época” han estado dominadas ideológicamente por el funcionalismo, y en ese sentido es que se puede hacer la afirmación de Davis. Respecto a la significación ideológica de las teorías del cambio social, esto confirma otra de las características esenciales del funcionalismo ya señaladas, su pretensión de neutralidad axiológica, por una parte, y su función de teoría de estática social, por la otra. En Davis el funcionalismo se convierte en una teoría “imperialista”, que abarca la sociología y se confunde con ella. Si Merton pretende un funcionalismo revisado, Davis se erige en el guardián de la ortodoxia funcionalista.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35. 36. 37. 38. 39.
Herbert Spencer, “La evolución de las sociedades”, en Amitai y Eva Etzioni (Comp.), Los cambios sociales, FCE, México, 1968. Talcott Parsons, La estructura de la acción social, Madrid 1968, p.35, tomo 1. Paul Mercier, Historia de la antropología, Península, Barcelona, 1971, p.131. Emile Durkheim, Las reglas del método sociológico, Akal, Madrid, 1982, p.102. Ibidem., p.113. Ibid., p. 115. Ibid., p. 118. Ibid., p. 121. G. Aymard, Durkheim et la science économique, París, 1962, p.218, cit. por Carlos Moya, Sociólogos y sociología, Siglo XXI, Madrid, 1970, p. 81. Carlos Moya, ob. cit., P. 82. Ibidp. 99. Paul Mercier, ob. cit., p.131. E.E. Evans-Pritchard, Antropología social, Nueva Visión, Buenos Aires, 1973, p. 67 B. Malinowski, Una teoría científica de la cultura, Edhasa, Barcelona, 1970. Ibid., p.45. Ibid., p.97. Ibid., p.99. Ibid., pp. 133-34. Ibid., pp. 159-60. Ibid., p.186. Guy Rocher, Sociología general, Herder, Barcelona, 1973, p.p. 334-335. A.R. Radcliffe-Brown, Estructura y función en la sociedad primitiva,edicions 62, Barcelona, 1972, p. 216. Ibid., p. 216. Ibid., p. 206. Ibid., p. 207. Ibid., p. 211. A.R. Radcliffe-Brown, A natural Science o Society, Glencoe, 1957, p.88, cit. por Juan Diez Nicolás, Sociología: entre el funcionalismo y la dialéctica, Guadiana, Madrid, 1971, p.165. Salustiano del Campo, La sociología científica moderna, I.E.P., Madrid, 1962, p. 133-138. Vid. Alvin W. Gouldner, La crisis de la sociología occidental, Amorrortu, Buenos Aires, 1979. Vid. también lo que afirma Gouldner en las pp.150, 192-193 yss. C. Wright Mills, La imaginación sociológica, FCE, México, 1961, p.52. Robert K. Merton, Teoría y estructura sociales, FCE, México, 1964, p. 57. C. W. Mills, ob. cit., p.45. R.K. Merton, ibid. p.36. Ibid. p.37. Ibid. p. 42. Ibid. p. 43. Ibid. p. 52. Ibid. p. 61.
EL FUNCIONALISMO 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46. 47. 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54. 55. 56. 57. 58. 59. 60.
61. 62. 63. 64.
Ibid. p. 76. Ibid. vid. pp.76-91. Ibid. pp. 74-81. Ibid. p. 24. Ibid. pp. 24-25. Ibid.pp. 60-64. Ibid. p.58. Morris R. Cohen, Razón y naturaleza, Paidos, Buenos Aires, 1965, p.436. Vid. Max Weber, Sobre la teoría de las ciencias sociales, Península, Barcelona 1971. Ralf Dahrendorf, Sociedad y libertad, Tecnos, Madrid, 1966, p.48. Adam Schaff, Sociología e ideología, A. Redondo, Barcelona, 1971, p.16. E.E. Evans-Pritchard, Antropología social, Nueva Visión, Buenos Aires, ob. cit., p.16. Ely Chinoy, La sociedad. Una introducción a la sociología, FCE, México, 1966, p.85. Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural, Paidos, Buenos Aires 1969, pp. 12-13. A. R. Radcliffe-Brown, A Natural Science o Society, p.85 cit. por J. Diez Nicolás, ob. cit., p. 165. Talcott Parsons, “Some Considerations on the Theory of Social Change, Rural Sociology”, XXV, 23, reproducido en A. y E. Etzioni, Los cambios sociales, ob. cit., p.84. Ibid., p. 86. Ibid., p. 95. Vid Francesca Cancian, “Functional Analysis of Change”, American Sociological Review, XXV, 1960, en A. y E. Etzioni, ob. cit. p.108 y ss. Ralf Dahrendorf, “Más allá de la Utopía (para una nueva orientación del análisis sociológico)”, en su libro, Sociedad y libertad, ob. cit., pp. 87-107. Kingsley Davis, “El mito del análisis funcional como método especial de la sociología y la antropología”, publicado originalmente en American Sociological Review, 6, 1959. Reproducido como apéndice en la edición española de La Sociedad Humana, EUDEBA, Buenos Aires, 1965. K. Davis, La Sociedad Humana, ob. cit., p. 629. Ibid., p. 633. Ibid., p. 636. Ibid., p. 641.
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5. La teoría de la estratificación social de Parsons Parsons presenta un edificio gigantesco y omnicomprensivo de conceptos que no describen, supuestos que nada explican y modelos de los que nada se sigue. Ralf Dahrendorf
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INTRODUCCIÓN Para Parsons, su teoría de la estratificación está ligada a su teoría general sobre el sistema social, sin embargo, nuestro propósito no es exponer críticamente aquí toda la concepción de Parsons, sino centrarnos en la estratificación social, teniendo siempre como punto de referencia que la misma deriva de su teoría sobre el sistema social. Así pues, tenemos que el punto de partida de Parsons es que la estratificación social está presente en todos los sistemas sociales, por tanto estamos ante la universalidad de la estratificación y, para analizar este fenómeno, debemos utilizar como marco de referencia el que se emplea cuando se estudia la acción social. La acción social es concebida como orientada a alcanzar determinadas metas e incluye los procesos que se llevan a cabo para realizar una selección de las mismas. Considerados en relación con las metas, todos los componentes de los sistemas de acción y de las situaciones en las que la acción tiene lugar, se someten al proceso de evaluación como deseables o indeseables, útiles o inútiles, gratificantes o nocivas. La evaluación, cuando opera en el marco de los sistemas sociales de acción, tiene dos consecuencias fundamentales: 1.
Las unidades de los sistemas sean actos o roles, colectividades o personalidades, se someten a evaluación, la cual sirve para diferenciarlas en un orden jerárquico;
2.
Para que pueda darse la estabilidad de los sistemas sociales debe haber una integración a las normas de valor existentes, por parte de las unidades que componen el sistema social, para constituir de esa manera un sistema de valores común.
En función de lo anterior, Parsons considera que la estratificación es la jerarquización de las unidades de un sistema social, de acuerdo con los estándares del sistema de valores comunes. El aspecto evaluativo, dice Parsons, debe distinguirse en el análisis de otros que se encuentran en el sistema, como la jerarquización, que está relacionada o tienen en cuenta, el aspecto del poder. Las unidades a las que se les aplica la evaluación-jerarquización, es a los roles o papeles de los individuos que participan en el sistema, al que llama complejo estatusrol. Empero, las evaluaciones se aplicarán a los que Parsons denomina propiedades de las unidades, a las que se les compara con otras del sistema. Divide las propiedades en: a. clasificatorias, que son las que caracterizan a una unidad independientemente de sus relaciones con otros objetos en un sistema, por ejemplo, el sexo, edad, habilidades de los actores; b. las llamadas propiedades relacionales, que caracterizan el modo en que se relaciona con otras entidades, por ejemplo, la participación como miembro en una unidad de parentesco. Las propiedades, a las que se le aplican juicios, para de esta manera establecer una jerarquía, Parsons las divide en: cualidades, desempeños o actuaciones y, posesiones o patrimonios.
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JERARQUÍA IDEAL Y JERARQUÍA FACTUAL Parsons destaca que puede haber una jerarquización ideal y una jerarquización factual. La jerarquización ideal es aquella que se hace de acuerdo al sistema de valores comunes y la factual es la jerarquización que se produce en términos de poder, que es definido, como la capacidad real de un actor o actores para efectuar sus intereses incluso contra el sistema de valores aceptado. En ese sentido, la jerarquización en términos de poder, es concebida como una especie de desviación en la jerarquización ideal. El poder sería la resultante de tres conjuntos de factores: 1) la evaluación según los estándares de valores comunes; 2) el grado de desviación permitido con relación a los estándares de valores comúnmente aceptados; 3) el control de las posesiones, que es una fuente de ventajas para la obtención de determinados resultados o para evitar resultados nocivos para el actor. Una total conformidad con los estándares de valores comunes puede llevar a una disminución del poder del sujeto respecto a los otros, que han pasado por alto ciertas normas y que asociados con otros pueden acrecentar su poder. A veces se confunde autoridad y poder, pero la autoridad está más institucionalizada y cuenta con una legitimidad para las sanciones coercitivas y para utilizar como amenazas tales sanciones, para obligar a un ajuste a las expectativas esperadas de sus acciones. La autoridad tiene una gran diversidad de grados y puede estratificarse en función de que todo miembro de un sistema social posee autoridad pero ésta es diferenciada, no existe igualdad al respecto. Ahora bien, para Parsons, el empleo corriente del concepto de autoridad en sociología está ligado a los altos rangos de la estratificación del poder institucionalizado. La distinción que hace Parsons entre el poder y la autoridad tiende a dejar de lado que todo poder da los medios para obtener una legitimidad. En este sentido, como afirma Gouldner, es importante destacar que esta dualidad se produce porque: “Poder y autoridad son observados desde el punto de vista de los estratos superiores de “los que mandan”. De haberse adoptado el punto de vista de los subordinados en el mundo social lo más probable es que el poder y la autoridad se presentaran como estructuras duales, simultáneamente presentes, en una sutil y continua interacción. En resumen, el poder no existe simplemente cuando la autoridad se derrumba o antes de que ésta haya podido madurar. Existe como un factor en la vida de los subordinados, que moldea su conducta y sus creencias en todo momento de sus relaciones con los de arriba... Legitimidad y autoridad nunca eliminan el poder; simplemente apartan la atención de él, lo hacen latente. ¿Cómo podría la ‘autoridad’, eliminar el poder, cuando aquélla no es una simple ‘legitimidad’ en el vacío, sino la legitimidad del poder?”. (¹)
Parsons reconoce que las jerarquizaciones a partir del poder: “Pueden ser empíricamente de suma importancia. Sin embargo, el punto de vista desde el cual encaramos el análisis de la estratificación prescribe que el análisis se centre en el aspecto de las pautas de valores vigentes. Esto se debe esencialmente a que, en términos teóricos generales, podemos afirmar que el 'foco' de la estructura de un sistema de acción radica en el aspecto de las pautas de valor comunes de su cultura”. (²)
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Esta “discriminación” de Parsons implica que para él el elemento central de su visión del sistema social reside en la integración al orden social y, todo lo demás, está subordinado a él. Por ello, aún reconociendo la importancia de la jerarquización de poder, la rechaza, porque la misma, pese a la legitimidad que pueda tener en la cultura dominante de una sociedad, está sujeta a una contestación mayor que la que proporciona una jerarquización que se basa en las acciones enmarcadas dentro de valores, a los cuales se les reconoce como consensualmente admitidos por el conjunto de los participantes en el sistema. Aunque para Parsons las posesiones no son un elemento básico de estratificación, aquéllas posesiones que son otorgadas a los actores como recompensas por sus desempeños, son percibidas como un medio de ajuste al sistema, de integración social. Aun así, la recompensa social de mayor importancia y la esencial, es la deferencia social, el prestigio que nos otorgan los otros en la sociedad, en función de que los desempeños o actuaciones de los actores que responden a las expectativas pautadas por las normas de conducta socialmente aceptadas como positivas. Los estratos sociales surgen de la diferenciación de roles y su clasificación según las pautas de valores dominantes. De ahí que forman un mismo estrato los actores que desempeñan sus roles ocupacionales y que disfrutan de una “cuota” más o menos similar de deferencia social. Un sistema de estratos será un conjunto de unidades clasificadas según su prestigio. El prestigio es dado a los actores en función de diversos factores: cualidades, desempeños y posesiones, lo que implica que el sistema es multidimensional en ese aspecto, pero en definitiva, se reduce a la unidimensionalidad, ya que los estratos se van a diferenciar en razón de otorgárseles una mayor o menor deferencia o prestigio social: “Cada una de las clases representa un escalón que resulta de la aplicación de un sistema de valores generalizado a los diversos roles sociales. Un sistema de estratificación consiste en una serie de escalones unidos a través de una serie de consenso sobre valores. Si en un sistema determinado existe insatisfacción y alejamiento de el por parte de los miembros de los estratos inferiores, es simplemente resultado de la frustración en que han sido imbuidos por el deseo de lograr las posiciones más generosamente recompensadas pero incapaces de recibirla”. (³)
Es decir, que en definitiva, los “actores” que no están situados en las cimas de la jerarquía son individuos incompetentes e incapacitados, y viceversa, que los competentes y capaces lograran siempre estar en las cimas. LOS ESTÁNDARES DE EVALUACIÓN Para Parsons los estándares sobre la base de los cuales se evalúan las cualidades y desempeños se pueden reducir a cuatro normas que corresponden a las cuatro dimensiones de los sistemas de acción. Son las siguientes: 1.
Normas técnicas o de eficiencia basadas en los valores universalistas.
2.
Normas de logro de metas o de éxito.
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3.
Normas de cooperación para la integración, se trata de la contribución de una unidad al mantenimiento de la solidaridad con las otras unidades del sistema.
4.
Normas que se refieren a la socialización y al mantenimiento de pautas.
Los estándares de valor se dan en todos los sistemas sociales, pero siempre habrá una pauta de valor dominante en los mismos. Parsons señala, para el caso de Estados Unidos, que la pauta dominante de valor es el logro de metas, el éxito. Siendo el subsistema estratégico, el ocupacional. De igual manera podría decirse que en el caso soviético, la norma prevaleciente sería la de cooperación. Teniendo también como subsistema estratégico el ocupacional, con mucha más razón que en el caso norteamericano, donde el reconocimiento de los derechos de la propiedad privada y la herencia son un factor adscriptivo que interfiere con el ocupacional y disminuye la universalización del logro. En definitiva, la evaluación se realiza a través de dos vías: 1) el sistema monetario de mercado, y 2) el sistema de comunicación pública. En el primero se distribuirán los recursos financieros que son el medio de “acceso generalizado a las posesiones”, y en el segundo se distribuye la reputación. Para Parsons, en ambos casos, funcionaría un proceso de asignación basado en un mercado competitivo libre, que se vería en parte distorsionado por ciertas intervenciones “equilibradoras” de la balanza, como serían las acciones estatales o de sociedades con fines benéficos o sociales. Tenemos entonces que un elemento básico para el estudio de la estratificación son los ingresos, tal como él lo señala: “La remuneración monetaria puede servir como índice utilizable de la ‘reputación’, de una unidad del sistema, ya sea ésta individual o colectiva”. (4) Todo lo expuesto expresa con claridad lo que Parsons dice sobre la estratificación. No obstante, y aun a riesgo de resultar tedioso, resumimos en unas cuantas proposiciones las ideas fundamentales de la teoría de Parsons sobre las “clases” o estratificación social: 1.
Son las acciones individuales las que, en última instancia, son evaluadas y jerarquizadas.
2.
Lo que se evalúa es el grado de conformidad de la acción con los criterios del sistema común de valores de una sociedad.
3.
La estratificación resulta del control que los miembros de un sistema social ejercen unos sobre otros con la finalidad de asegurar el mantenimiento del sistema de acción colectivo y reforzarlo, recompensando toda acción conforme a los valores comunes y castigando toda orientación que se aparte de dichos valores (es decir que debilite o “destruya” el sistema).
4.
La estratificación es un proceso de control o de integración que tiende a asegurar el equilibrio del sistema social en respuesta a cualquier cambio interno, a cualquier factor de desviación.
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5.
La autoridad es uno de los mecanismos con los que se efectúa la integración, pues tiene la legitimidad para imponer las sanciones que los actos merezcan.
6.
La autoridad está definida, no sólo centralizada, en aparatos especializados, ya que cada actor del sistema social está investido de ella para evaluar las acciones de los demás y los demás la tienen para con él. Esto crea un mecanismo difuso de control social además de los órganos institucionalizados del control social coercitivo.
7.
Las sanciones positivas o negativas que reciben los actores por las conductas son las que fijan el estatus de un individuo o unidad evaluada, su posición en la jerarquía social, aunque el estatus se manifieste en la posesión de ciertos bienes o recompensas, que son la expresión simbólica de las actitudes de los otros actores.
8.
La asignación de bienes se realiza en razón de la contribución de los actores a la realización de los valores. Habrá una ordenación jerárquica de los actores según los bienes de que dispongan y esta jerarquía coincidirá con la de las funciones.
9.
In extremis, en un sistema donde hubiera un consenso general en los valores, se daría una correspondencia perfecta entre la jerarquía de los roles y la del estatus.
10. Los criterios que se emplearán para la atribución de las recompensas variarán de un sistema a otro en función de los valores dominantes en el sistema. 11. La evaluación de un actor deberá hacerse en la gama completa de roles que desempeña, aunque el ocupacional sea estratégico. Esto implica en la práctica una gran dificultad pero, es necesario decirlo ya, se trata menos de estudiar la realidad que de hacer su justificación. EN DEFENSA DE LA DESIGUALDAD Parsons, en su último escrito sobre la estratificación, del que teníamos conocimiento en el momento de redactar este capítulo (5), señalaba que en las sociedades occidentales ha habido tal progreso en el logro de la igualdad social que se hace necesario salir en defensa de las desigualdades, sin las cuales la vida social se vería afectada negativamente. Esta defensa la emprende justificando la desigualdad a partir de la desaparición de la adscripción y el hecho de que la relativa igualdad de oportunidades existentes permite que a través del mérito se produzcan nuevas desigualdades que no podrían ser criticadas, ya que no son consecuencia de la adscripción (origen, nacimiento, herencia, etc.) sino del logro individual de cada cual, y la contribución funcional que se ha hecho al sistema social y, que éste recompensa diversamente. Parsons señala la importancia del mercado, lo cual como se ha visto no significa ninguna novedad, ya que su teoría de la estratificación tiene este “dato” como central para la atribución de recompensas, pero introduce explícitamente no sólo una loa al
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capitalismo, a la libre empresa y a la competencia, sino que critica al socialismo indicando la eficacia superior del capitalismo sobre la forma socialista de economía de planificación centralizada. La justificación de Parsons de la desigualdad social se extiende a todos los campos y no solamente a la economía. La desigualdad en la participación política se defiende en aras de la eficacia en la toma de decisiones y su aplicación. La concepción de Parsons sobre la desigualdad no es novedosa, ya que toda su teoría anterior iba en ese sentido, pero el hecho de que se enfatice tanto en este punto es un signo evidente de que ha llegado el momento (1970) de que se levante una “nueva ola” conservadora frente a las instituciones del Estado del Bienestar, que busca una mayor integración social a través de un incremento relativo del bienestar a los sectores sociales situados en la jerarquía más baja de prestigio y posesiones, y que es percibido cada vez más como un factor disfuncional para la sociedad norteamericana, en la opinión de sociólogos como Parsons. Se trata de un llamado a un liberalismo “puro y duro” que reclama que no haya interferencias en el mercado por parte del Estado, que la acción estatal se minimice, para permitir que la libre competencia, la iniciativa y el logro sean los determinantes del lugar que se ocupe en la sociedad, sea en la economía, la política o en la jerarquía de la estratificación social. En la sociedad norteamericana se ha producido una ofensiva teórica contra la reivindicación y la persistente legitimación de la idea de igualdad. Se afirma que la igualdad, en la Declaración de Independencia, era concebida como igualdad ante Dios. Posteriormente la idea liberal fue penetrando y se pasó a considerar la igualdad como igualdad ante la ley. A esta concepción siguió la igualdad de oportunidades entendida como carrera abierta al talento, sin que se pusieran trabas por razones de color, religión o nacimiento. A ésta siguió una“idea nociva de igualdad”entendida como igualdad de resultados. Esta concepción es llevada a los límites de la caricatura por Milton Friedman cuando dice: “Todos deben tener el mismo nivel de vida o de ingresos, todos deben terminar la carrera a la vez. La igualdad de resultados está en clara contradicción con la libertad. El intento de fomentar esto fue el origen principal de un estado cada vez más poderoso y de restricciones a nuestra libertad impuestas por él”. (6)
La clave de la argumentación es señalar una antinomia entre la libertad y la igualdad, y sacar un corolario de carácter más general que vendría a afirmar que si quiere mantener la libertad es necesario mantener una desigualdad social institucionalizada y legitimada, como un valor aceptado por los políticos, como tomadores de decisiones de carácter global, y asumido como válido y bueno por el pueblo, incluidos los que sufren los efectos de la desigualdad social. “Las medidas estatales que apoyan la igualdad personal o la de oportunidades aumentan la libertad; las medidas estatales que pretenden lograr partes equitativas para todos, reducen la libertad...Una sociedad que anteponga a la libertad la igualdad –en el sentido de los resultados– acabará sin una ni otra”. (7)
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La conclusión es muy clara y explícita, sólo el capitalismo conduce a la igualdad o a un mayor grado de igualdad y, donde existen trabas al funcionamiento del mercado libre, no sólo existe mayor desigualdad sino tampoco existe libertad. Así pues, en este punto, y aunque existen diferencias entre ambos autores, se da un acercamiento entre el liberal Parsons y el conservador Friedman. UNA EVALUACIÓN DE LA APORTACIÓN DE MARX Para Parsons, Marx representó un paso adelante en el desarrollo de la moderna teoría sociológica. Comparado con las teorías del utilitarismo, que proporcionaron el marco de referencia dentro del cual se formuló la economía política clásica. Marx tuvo el mérito, “a diferencia de los utilitaristas”, de poner de relieve el hecho de la estructuración de intereses, en vez de considerarlos como distribuidos al azar, y algo más, la importancia dada por éste a la cuestión de las fuerzas productivas en el capitalismo es de gran interés, además de responder a la realidad. Ahora bien, desde los tiempos de Marx ha habido un refinamiento en el estudio de los hechos históricos, sin que por ello se desmienta la idea marxista del rol de las fuerzas productivas. En consecuencia, la teoría del conflicto entre las clases, que se deriva de la estructura productiva, es materia de singular interés sociológico. Empero, después de este reconocimiento al aporte de Marx, Parsons pasa a criticar sus concepciones, señalando, en primer lugar que éste: “Tendió a tratar la estructura socioeconómica de la empresa capitalista como una única entidad indivisible antes que a fragmentarla analíticamente en un conjunto de variables distintas comprendidas en ella. Es esta fragmentación analítica...el rasgo distintivo del moderno análisis sociológico...(y) lleva a una modificación del punto de vista marxista del sistema mismo, permite el establecimiento de relaciones con otros aspectos del sistema social total, aspectos éstos que Marx percibió”. (8)
El quid de la crítica estriba en que según esta “fragmentación analítica” de la teoría sociológica moderna, lo relevante del estudio no es que la empresa capitalista está orientada hacia el beneficio y la explotación, sino analizar “la estructura de los roles ocupacionales dentro del sistema de la sociedad industrial” (cursivas nuestras CJBE). Lo anterior conduce a una modificación de la perspectiva de estudio del conflicto de clases y de sus fases estructurales: El conflicto no tendría que verse como inevitable sino que dependería de una serie de variables interrelacionadas, cuya combinación es factible de múltiples variaciones. De igual modo, la gravedad del conflicto –oposición antagónica entre el capital y el trabajo, o entre empresario y obreros– no se puede determinar de antemano, sino que debe constatarse en base a estudios empíricos. En Marx prevalecería una visión utópica que se manifiesta en la teoría de la inevitabilidad del conflicto de clases, la revolución social y el logro de la sociedad sin clases.
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LA SOCIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA Y EL ESTUDIO DE LA ESTRATIFICACIÓN Al contrario de Marx, que centró su estudio en la empresa capitalista y a partir de ella generaliza una teoría sobre el sistema social global, para Parsons la sociología moderna parte como unidad fundamental de análisis, del sistema social general y, utilizando este marco de referencia, es que estudia tanto la empresa capitalista, como el fenómeno de la estratificación social, en función de los roles que desempeñan en el sistema social. El análisis de la estratificación social no puede darse sino en relación con el problema más amplio de la integración y del ordenamiento de las interrelaciones sociales en el sistema social, lo cual implica la existencia de normas que rigen las relaciones jerárquicas de superioridad e inferioridad, y que tienen que existir para que el sistema social permanezca estable, aunque de un sistema a otro se den múltiples variaciones. Según Parsons, este ordenamiento jerárquico constituirá el sistema de estratificación y sus normas tenderán a institucionalizarse. El sistema motivacional se adecuará a ellas y sostendrá un apoyo o conformidad hacia las mismas. Habrá un sistema de sanciones para las conductas desviadas, y recompensas a la conformidad y al ajuste social. Nuestro autor ve el mecanismo de la conformidad determinado por: “un sistema de presiones situacionales y elementos motivacionales subjetivos, que se fortalecen recíprocamente y son aspectos complementarios del mismo proceso”. (9) LA OCUPACIÓN Y EL PARENTESCO: BASES DE LA ESTRATIFICACIÓN EN UN SISTEMA SOCIAL INDUSTRIALIZADO Para Parsons, la ocupación es la estructura más importante de la sociedad occidental moderna, ya que ésta se organiza en torno al trabajo. Junto a la ocupación, e interdependientes entre sí, se encuentran el intercambio y la propiedad (“complejo instrumental”). La sociedad moderna occidental otorga el estatus a los individuos en función de sus cualidades personales, y la distribución de estatus y roles y la movilidad de estatus a estatus se hace en términos del individuo y no de grupos de apoyo o solidarios tales como grupos de parentesco, castas, etc. El sistema de estratificación social es jerárquico y tiene dos bases funcionales fundamentales: 1.
Una diferencia en cuanto a niveles de cualificación y destreza. Se necesitan personas con alta cualificación, que son poco frecuentes, por una parte, o con ciertas destrezas que sólo se adquieren mediante un dificultoso adiestramiento.
2.
Una diferenciación de niveles de autoridad, mando o liderazgo. Los que tienen bajo su coordinación a muchos, deben tener un estatus diferente a los que sólo desempeñan un rol.
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El segundo elemento de un sistema de estratificación social de sociedades industriales es el parentesco. Sobre esto afirma Parsons que el principio fundamental de las relaciones de parentesco es la solidaridad de los miembros de la unidad de parentesco, lo que excluye la diferenciación en su seno de fortuna y estatus. La compatibilidad del parentesco con el sistema ocupacional se debe a que la familia moderna no es extensa sino nuclear (“la familia conyugal de los padres y los hijos aún no maduros”). Dentro de ella no se permiten diferencias de estatus, sino sólo en función de los papeles asignados por edad o sexo. Los miembros de la familia comparten el estatus que la sociedad otorga en función del desempeño ocupacional, independientemente de la destreza, competencia o cualificación de cada uno de ellos. Esta articulación de roles ocupacionales y familiares es posible porque, en los casos típicos, es únicamente un miembro de la unidad familiar quien desempeña un papel activo en el sistema ocupacional, y este es generalmente el marido. La mujer comparte el estatus de su marido y los niños el de sus padres. Como hay una jerarquía de estatus entre los padres, habrá inevitablemente un acceso diferencial a las oportunidades en la sociedad para los hijos. LA DEFINICIÓN DE CLASE SOCIAL Parsons señala que sólo habla de clases sociales cuando se produce una articulación del complejo instrumental (ocupación-intercambio-propiedad) y el parentesco. Y propone la siguiente definición de clase social: “Una clase puede pues definirse como una pluralidad de unidades de parentesco que, en aquellos aspectos en los cuales el estatus dentro de un contexto jerárquico es compartido por sus miembros, tienen un estatus aproximadamente igual. Por lo tanto, el estatus de clase de un individuo es el que comparte con los otros miembros de una unidad de parentesco efectiva. En consecuencia, tenemos un sistema de clases sólo en la medida en que las diferenciaciones inherentes a nuestra estructura ocupacional, con sus relaciones diferenciales con el sistema de intercambio y propiedad, remuneración, etc., se han ramificado para constituir un sistema de estratos que implican diferenciaciones de modos de vida familiar, basados en parte en los ingresos, el nivel y el estilo de vida y, por supuesto, en el diferente acceso que tiene la generación más joven a las oportunidades, así como también las diferentes presiones a las que está sometido”. (¹0)
Para Parsons, donde quiera que ha habido sociedad industrial, hubo un sistema de clases en este sentido, si bien con variaciones entre ellas. Ejemplos, en este sentido, son las diferencias del capitalismo industrial europeo y americano. La importancia que le presta el autor a la familia lo justifica por su pertinencia para el análisis del conflicto de clases, en sentido sociológico, como se verá enseguida.
LA TEORÍA DE LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL DE PARSONS
EL ANÁLISIS DEL CONFLICTO DE CLASES El análisis de Parsons del conflicto de clases va a estar dirigido a prever la ocurrencia de conflictos manifiestos de envergadura, o en otras palabras, se relaciona con la preocupación, permanente en Parsons, por la problemática hobbesiana del orden. Esto lo deja entrever cuando señala que el problema del conflicto de clases debe considerarse en función del estudio de los conflictos latentes y de las maneras en que el sistema puede lograr la integración institucional desarrollando mecanismos de control social adecuados. El autor señala seis aspectos principales de la tendencia al desarrollo de conflictos en el sistema social industrial capitalista. Veamos: El sistema ocupacional es individualista y tiene un aspecto intrínsecamente competitivo. Por ende, se dará una inevitable diferenciación entre ganadores y perdedores. El problema es determinar el grado en que el sistema está institucionalizado en términos de genuinas normas de justa competencia. El rol de organización significa que la autoridad y la disciplina ocupan un lugar muy importante. Donde hay necesidad de ellas habrá resistencias, y una oposición entre los que tienen a su cargo la autoridad y los que se someten a ella. Problema de la institucionalización de la autoridad que asegure su aceptación y ofrezca garantías contra abusos. Tendencia general por parte de los poderosos, a explotar a los más débiles o los menos favorablemente ubicados. Los modos en que la tendencia actúa y se la controla son muy variados, y dependen de las sociedades y las situaciones. Parsons rechaza la explicación marxista que ve la explotación capitalista como una combinación integrada de varios factores:la utilización de las posiciones dentro de las organizaciones;la explotación de las situaciones ventajosas en las relaciones de mercado y, la utilización del poder del Estado para beneficio de intereses privados. Para él: “la concepción marxista de este factor debe fragmentarse en componentes que son por cierto independientemente variables, y relacionarse con una serie de otros factores que Marx no consideró”. (¹¹) Hacer esto es difícil, dice Parsons, pero considera que es necesario llevarlo a cabo si se quiere lograr una base científica para emitir juicios válidos sobre la teoría marxista de la dinámica del capitalismo. Las diferencias de ubicación en una estructura social conllevan el desarrollo de “culturas” diferentes. Habrá tendencia a la diferenciación de sistemas de actitudes, ideologías, etc., vinculadas al lugar ocupado en el sistema ocupacional y de los otros componentes del llamado “complejo instrumental”. El desarrollo de estas culturas diferenciadas puede frenar la comunicación a través de las fronteras de estos grupos, y convertir se en un factor de explosión conflictual, a no ser que se vea contrarrestada por mecanismos de integración eficaces. Las diferentes situaciones de los individuos en el sistema ocupacional tienen consecuencias para los ingresos y los estilos de vida de la familia, y conducen a una diferenciación del tipo de familia. Las diferencias son tan importantes que penetran en las más profundas capas psicológicas de la determinación de la actitud, y existen
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indicios de que en los grupos de “clase baja” esta subcultura favorece actitudes que “perjudican a sus miembros en la competencia para el logro de estatus en el sistema ocupacional”. La conclusión que Parsons extrae de lo anteriormente expuesto es que: “El papel de la integración entre la ocupación y el parentesco, por lo tanto, en ciertas circunstancias, puede contribuir no poco a la separación acumulativa entre las clases y a la intensificaci6n de sus conflictos potenciales”. (¹²)
La absoluta Igualdad de oportunidades respecto del sistema ocupacional… que sería el tipo ideal del sistema, resulta en la práctica imposible. Esto se debe a dos situaciones que limitan esa igualdad: a. la solidaridad familiar (herencia de estatus, cooptación, propiedad, etc.) b.
la total institucionalizaciòn de los estándares universalistas y funcionalmente específicos, no es posible aplicarlos en un sistema social en gran escala.
Provocado por un conjunto de problemas tales como: la dificultad de establecer una comparación entre los distintos tipos de logros, la carencia de una adecuación completa de los criterios de juicio objetivos acerca de ellos, y otros, hacen necesario establecer mecanismos que logren evitar una comparación muy directa y favorezcan una comparación más general y somera que precisa. Medidas de este tipo pueden proteger la estabilidad del sistema. El problema fundamental estriba en poder saber, en qué medida esos factores actúan para producir conflictos entre las clases, y en qué medida son contrarrestados por otros factores del sistema. PERTINENCIA DEL ENFOQUE PARA EL ANÁLISIS DE SOCIEDADES INDUSTRIALES Para Parsons el marxismo cae en un reduccionismo al estudiar las clases y sus conflictos ya que pretende explicar todos esos fenómenos por una pauta única. Sin embargo, todas las tendencias conflictuales, que ya se han señalado, vendrían a indicar la riqueza analítica que tiene la teoría propuesta por el “príncipe de la sociología burguesa”, que sería, pues, más pertinente para el estudio de las clases que la marxista. Parsons señala que si nos son dados dos elementos de gran importancia como, la organización en gran escala y la diferenciación por roles ocupacionales de la sociedad industrial y, un sistema familiar, se podrían estudiar los problemas funcionales de la estratificación social y de las clases entre la sociedad capitalista y la socialista, ya que: “Por mi parte no creo que exista una muy aguda y fundamental diferencia sociológica entre la sociedad capitalista y las sociedades industriales no capitalistas. Creo que el conflicto entre clases es endémico en nuestro tipo de sociedad industrial moderna. Sin embargo, no
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creo que haya razón para pensar que ése sea el rasgo dominante de toda sociedad de ese tipo y de su desarrollo dinámico. Su relación con otros tipos de tensión, conflicto y cambio dinámico es un asunto complejo, sobre el que no es posible intentar un tipo de generalización semejante a la marxista en tanto nuestra ciencia no haya alcanzado un grado de madurez que hoy todavía no tiene”. (¹³)
Concluye su trabajo con una evaluación final de la teoría marxista donde mezcla los reconocimientos con la crítica, pero dejando sentado que el marxismo ha sido superado ya como teoría científica de la sociedad. Veamos a continuación cuáles son los argumentos que emplea Parsons para intentar una refutación de la teoría marxista: “La teoría marxista del conflicto de clases vista como un paso en el desarrollo de la ciencia social y no como un toque de clarines que llama a la revolución, representa, pues, un avance muy preciso respecto del marco utilitarista del pensamiento económico que predominaba hace un siglo... significaba un avance más bien al nivel de la observación empírica y de la generalización que ésta permitía, que a nivel del tratamiento analítico de los factores dinámicos del proceso social”. (¹4)
Así pues, para Parsons las ideas marxistas tuvieron gran importancia y fueron un punto de partida para la formulación de muchos de los fundamentos de la teoría de las instituciones sociales. “La concepción marxista de la estructura de clases quedó vindicada de modo muy amplia”. Al contrario de las posiciones marxistas, sigue razonando Parsons, la sociología moderna ha demostrado que los sistemas de estratificación en ciertos aspectos tienen funciones positivas de estabilización de los sistemas sociales. El ideal marxista de una sociedad sin clases es con toda probabilidad utópico, sobre todo, en tanto se mantenga un sistema familiar, pero también por otras razones. Las diferencias entre sociedades capitalistas y socialistas particularmente respecto de la estratificación, no son tan grandes como pensaron Marx y Engels. En ambos tipos de sociedades hay una variedad de fuentes potenciales de conflictos entre clases que se centran en torno al proceso productivo. Pero hay algunas fuentes potenciales de conflictos que no están tan ligadas a la explotación capitalista como lo pensó Marx, sino que son mucho más específicas (por ejemplo, la solidaridad familiar se encuentra fuera de las relaciones de producción).
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CONCLUSIONES La teoría de la estratificación social de Parsons está estrechamente interrelacionada con su teoría general del sistema social. Por tanto, la estratificación será una jerarquización de las unidades del sistema social de acuerdo a los valores aceptados en éste, lo que permitirá una evaluación diferenciada en cuanto que se otorgan mayores logros o recompensas a quienes hayan cumplido con estas exigencias o expectativas. O sea, la integración o ajuste social es la garantía de una óptima jerarquización si unimos a ella cualidades o desempeños que deban ser recompensados por la sociedad de una manera elevada. Junto a la jerarquización de las unidades del sistema social en función de los valores comunes, se da otra producida por el poder. Parsons, siguiendo a Weber, señala como la capacidad de imponer su propia voluntad o intereses inclusive contra la voluntad o intereses de los demás. La autoridad vendría a ser la legitimidad otorgada al poder para actuar, pero con este discurso Parsons vela el hecho de que todo poder tiende a legitimarse para asegurar así la dominación de los que en la jerarquía detentan el poder, la riqueza y los privilegios sociales. Si bien para Parsons las propiedades o posesiones son básicas para el hecho estratificador, considera que la mayor recompensa es el prestigio social, que será otorgado a los que han respondido con sus acciones a las expectativas positivas de la sociedad. Los actores que obtengan un prestigio similar formarán un estrato social y el sistema de estratos será un conjunto de unidades clasificadas según grados diferenciales de prestigio social. De lo cual se puede concluir que la jerarquía social responde a una adecuación o inadecuación a las normas y expectativas y por tanto, la desigualdad está perfectamente legitimada. Se debe destacar, además, que el prestigio social necesita para persistir de una contraparte en posesiones o ingresos, de manera que la recompensa “más importante”, el prestigio, será en la mayoría de los casos una derivación de la posesión o del poder que conlleva recompensas materiales elevadas. Esto último lo tiene que explicitar claramente Parsons cuando dice que la evaluación de las unidades del sistema social se hará a través del sistema monetario y de la opinión pública, o sea, por las posesiones y la deferencia social que les son otorgadas. Pero agrega que los ingresos sirven de hecho de índice de reputación, porque es evidente que en sociedades donde el éxito es un valor social fundamental, este para ser tal, se tiene que manifestar por un estilo de vida que requiere altos ingresos o posesiones. La justificación de la desigualdad social está siempre presente en la teoría de Parsons, aunque como se ha visto, pasa a hacer una loa a la desigualdad como prerrequisito esencial para mantener la libertad. El desarrollo social habría conducido a que en las sociedades industriales occidentales, y específicamente en los EE.UU., hayan virtualmente desaparecido los mecanismos adscriptivos, llegándose a una mayor correspondencia con una jerarquización social ideal basada en el mérito, en los logros obtenidos por la capacidad y la eficacia en los desempeños de los papeles sociales. Esta situación haría imprescindible acentuar el elemento de la desigualdad como medio de asegurar un funcionamiento progresivo de la vida social, lo que dependería del mantenimiento de los valores compartidos en la competencia y el libre mercado.
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Por otra parte, la desigualdad debe mantenerse también en el nivel político, ya que una participación excesiva sería también disfuncional. En este sentido, las preocupaciones de Parsons serian posteriormente retomadas por Huntington en el famoso informe sobre la gobernabilidad de las democracias para la Comisión Trilateral. (¹5) En el análisis de Parsons de la teoría marxista de las clases, su interés fundamental es reducir a elemento “ideológico”, no científico, el énfasis de Marx en la explotación capitalista, y colocar en su lugar la cuestión de la estructura de los papeles ocupacionales, lo que permite diluir el conflicto entre el capital y el trabajo por la apropiación de la plusvalía a una simple problemática de ocupación y desempeño de papeles, lo que derivaría en conflictos interpersonales –más que en conflictos de clase contra clase– como surge del análisis de Marx. En la definición que da Parsons de clase lo decisivo es la ocupación y lo que ésta implica en cuanto a ingresos o posesiones. Las clases se constituyen y se diferencian en cuanto son grupos de familias con ingresos similares lo que repercute en sus niveles y estilos de vida y su grado de deferencia social. El conflicto le interesa sólo en cuanto hay que prevenir su manifestación, ya que en su teoría general el orden, la integración, el consenso, son lo decisivo para el mantenimiento del sistema social. Los conflictos son percibidos como disfuncionales y habría que utilizar medios adecuados para evitar el estallido de conflictos de clase. Sin embargo, hay que destacar que en la teoría de la estratificación, Parsons realiza un avance en sus posiciones iniciales del orden hobbesiano, ya que llega a reconocer que el conflicto es endémico en la sociedad industrial lo que plantea prevenirlos. Como un sociólogo cuya teorización ha sido fundamentalmente a favor de la estabilidad social y más concretamente como el ideólogo supremo en las ciencias sociales del sistema social capitalista, es hasta cierto punto lógico que Parsons recurra a los consabidos clichés de unicausalidad, utopía e inadecuación respecto a la teoría marxista de las clases. Lo sorprendente es que su crítica sea matizada en algunos aspectos y le reconozca a Marx aportes significativos en la teoría social, aunque señale que los mismos han sido ya superados por la moderna teoría social, de la cual la suya sería un exponente de teoría pertinente para analizar las clases en cualquier sistema social. Pese a lo cual, y después del análisis que hemos hecho de sus aportes, no encontramos que signifiquen elementos superadores tales de la teoría marxista de las clases que le permitan ser una alternativa teórico-metodológica válida, respecto a ésta, para el estudio de las clases y sus conflictos.
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Alvin W. Gouldner, La crisis de la sociología occidental, Amorrortu, Buenos Aires, 1973, p.272. Talcott Parsons, Ensayos de teoría sociológica, Paidos, Buenos Aires, p. 339. James Littlejohn, La estratificación social, Alianza, Madrid, 1975 p.40. T. Parsons, ob. cit.,p. 359. T. Parsons, “Equality and Inequality in Modern Society or Social Stratification revisited”, en Sociological Inquiry, vol 40, No 2, 1970. Milton y Rose Friedman, Libertad de elegir, Grijalbo,Barcelona, 1980, p.186. Ibidem,pp.193 y 209. T. Parsons, ob. cit., pp.278-279. Ibidem, p.280. Ibidem, p.283. Ibidem, p.284. Ibidem, p.285. Ibidem, p.286-87. Ibidem, p.287. Samuel Huntington, “La gobernabilidad de la democracia”, Revista Cuadernos Trimestrales, No 2-3, México, 1978.
6. Estratificación y desigualdad social: la teoría de Davis y Moore
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INTRODUCCIÓN La exposición de Davis y Moore en su famoso artículo “Algunos principios de estratificación” (¹), nos parece una de las argumentaciones lógicamente más coherentes de la explicación funcionalista de la desigualdad social. La teoría de Parsons es, ciertamente, de mayor vuelo teórico, pero la de estos autores tiene la virtud de señalar las ideas-fuerzas que se encuentran en la teoría de Parsons, con mayor claridad y transparencia. La nitidez de Davis y Moore, aunque pueda ser tachada de ser una “vulgarización simplificadora” de la teoría parsoniana de la estratificación, cumple una función muy específica: presentar sin rodeos y de manera directa el núcleo esencial de la concepción funcionalista sobre la desigualdad social. En ese sentido, la teoría de Davis y Moore es para nosotros la racionalización más coherente de la desigualdad social y su justificación, como un elemento de carácter funcionalmente positivo, beneficioso, para la sociedad en su conjunto. En este sentido, esta teoría hay que situarla en el período histórico y el contexto social en que fue escrita: un momento de superación de la crisis económica, revitalización de la economía e inicio de la hegemonía mundial norteamericana, unido a un gran consenso en la legitimidad del establecimiento y del American Way of Life. El “credo americano” no se había roto aún y esa sociología era una apología del sistema y una racionalización-justificación del mismo. Pasemos a ver cuáles son los argumentos que presentan los autores para explicar la desigualdad social y la consecuente estratificación de la sociedad. LA UNIVERSALIDAD DE LA ESTRATIFICACIÓN El punto de partida de su exposición es que no existe ninguna sociedad que no tenga cierta estratificación. Aunque en algunas comunidades primitivas muy reducidas no hubiera “clases”, y la estructura social se asentara en la edad, sexo y el parentesco, aun en ellas, se producen formas incipientes de estratificación. De esta observación los autores concluyen que la estratificación es un fenómeno universal, aunque tenga manifestaciones concretas variadas según las sociedades. Su teoría se centra en las posiciones sociales y no en los individuos que las ocupan, pues como afirman los autores, es diferente preguntarse por qué diversas posiciones tienen un grado de prestigio desigual, y otra cosa es inquirir cómo los individuos alcanzan esas posiciones. Si bien hay relación entre una cosa y otra, ellos consideran que el análisis debe separarlas colocando, en primer lugar, dar respuesta al por qué las posiciones sociales tienen un grado diferente de prestigio en la sociedad. Como se puede ver, la estratificación vendría dada por la diferencia existente en el prestigio que tienen las posiciones sociales y, por ende, la que tendrán, por derivación, los individuos que las ocupan o desempeñan. La estratificación hace referencia a grupos que ocupan posiciones diferentes en una estructura social y que tienen un grado desigual de prestigio. Sin embargo, no se considera que toda diferencia sea factible de estratificación: “Las posiciones que pueden ser combinadas en la misma familia
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legítima –por ejemplo, las basadas en el sexo, la edad y el parentesco– no forman parte del sistema de estratificación”.(²) Esto es debido a que la familia es considerada como una unidad en la jerarquía de estratificación, teniendo todos sus componentes el mismo rango. La familia cumple un gran papel en la estratificación, ya que es la fuente de los estatus adscriptivos. Con esta aclaración, los autores buscan separar la estratificación social del tema más amplio del estatus-rol y, por otra parte, se destaca el importante papel desempeñado por la familia en este fenómeno social. LA NECESIDAD FUNCIONAL DE ESTRATIFICACIÓN La tarea de explicar, en términos funcionalistas, la necesidad universal de estratificación, requiere un análisis para comprender los rasgos universales de la estratificación, y otro diferente, para comprender y determinar los rasgos variables que se presentan en las diversas sociedades. Lo que explica, principalmente, la presencia universal de la estratificación es la necesidad que tiene toda sociedad de “colocar y motivar a los individuos en la estructura social”. Las sociedades para existir, para mantenerse, para reproducirse, necesitan que todas las posiciones sociales sean cubiertas, para ello debe distribuir a los individuos en las diferentes posiciones existentes en la estructura social y buscar los medios para que éstos cumplan la tarea atribuida a las mismas. Así pues, distribuir a los miembros de la sociedad es una de las funciones a cumplir, la otra es motivarlos para que hagan eficazmente su labor. Para ello la sociedad debe instaurar un sistema motivacional en dos niveles: 1.
“Inculcando en los propios individuos el deseo de ocupar ciertas posiciones; y
2.
una vez en estas posiciones, el deseo de cumplir con las obligaciones que llevan consigo”.(³)
Davis y Moore hacen aquí una distinción según el tipo de sistema de valores imperante en una sociedad. En un sistema competitivo se le dará mayor importancia a la motivación para obtener o alcanzar las posiciones, mientras que en una sociedad regida por valores no competitivos, el énfasis estará centrado en la motivación para cumplir cabalmente con los deberes de las posiciones. El problema sería del grado en el acento dado a uno y a otro, ya que cualquier sociedad tiene que motivar en ambos sentidos: para acceder a las posiciones, y para cumplir con los deberes de las mismas. No existiría ningún género de dificultad para la colocación de los individuos si las tareas asociadas con las diversas posiciones fueran todas igualmente placenteras, igualmente importantes para la supervivencia social y todas necesitaran igualmente de la misma habilidad o talento. Pero la realidad es que no todas las posiciones son idénticas en estos aspectos y, además, requieren talento o capacitación especiales para su desempeño. Y aún más, algunas posiciones son funcionalmente más importantes que otras. La sociedad partiendo de estas diferencias en las posiciones, en los talentos y las
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capacidades necesarias para su buen desempeño, tiene que instaurar unos incentivos y, éstos incentivos, se tienen que distribuir desigualmente según las posiciones: “Los premios y su distribución llegan a ser una parte del orden social, y así se origina la estratificación”. (4) Las recompensas de que dispone una sociedad para su distribución y asegurar de esta forma su normal funcionamiento son básicamente de tres tipos: 1.
Medios que contribuyen a la subsistencia y comodidad.
2.
Cosas que contribuyen al humor y diversión.
3.
Todo aquello que contribuye al respecto propio y a la expansión del yo.
Para Davis y Moore, en cualquier sistema social estos premios deben distribuirse diferencialmente según las posiciones. Y hay que recalcar que los premios estarían integrados a las posiciones, serían “parte integrante” de la posición. Así, desde el punto de vista del que desempeña la posición social, estos premios constituyen sus derechos, y por parte de la sociedad, constituyen sus obligaciones respecto a esas posiciones, con el fin ya señalado de lograr un desempeño óptimo de las mismas. Ahora bien, si la distribución de las recompensas entre las distintas posiciones es desigual, la sociedad deberá mantener una desigualdad social, es decir, se estratificará. Esta desigualdad es la que asegura que las posiciones funcionalmente más importantes, según la sociedad, serán desempeñadas por las personas más calificadas y la desigualdad sea un factor variable de una sociedad a otra. Así pues, como señalan Davis y Moore: “La desigualdad social es así una idea inconscientemente desarrollada por la que las sociedades aseguran que las posiciones más importantes están conscientemente ocupadas por las personas más cualificadas. De aquí que cada sociedad, no importa que sea simple o compleja, deba diferenciar a las personas en términos de prestigio y de estimación y deba por esto poseer una cierta cantidad de desigualdad institucionalizada”.(5)
LA DETERMINACIÓN DE LA JERARQUÍA DE LAS POSICIONES Fijar la importancia que tienen las posiciones se convierte para la teoría de Davis y Moore en un punto central, ya que, si las posiciones más importantes para la sociedad tendrán mayor recompensa, estipular por qué unas posiciones son funcionalmente más importantes que otras, es una tarea decisiva. Los autores son conscientes de la dificultad que implica establecer la importancia funcional de las posiciones y rechazan como razonamiento circular el afirmar esta importancia en razón del prestigio de que gocen ciertas posiciones. Por ello determinan la importancia funcional de las posiciones según los siguientes criterios: 1.
La importancia de las posiciones para la satisfacción de las necesidades del sistema social.
2.
El grado en que una posición es funcionalmente única, no habiendo otras
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posiciones que puedan realizar la misma función satisfactoriamente. 3.
El grado en que otras posiciones dependan de la posición en cuestión y están subordinadas a la misma.
4.
La escasez de personal calificado para el desempeño de la misma, y el tiempo y costo necesario para obtener las calificaciones requeridas para desempeñarla.
Expresado de manera sintética, las posiciones que tendrán mayores recompensas serán aquellas que: a) sean más importantes para la sociedad, y, b) exijan un talento o educación mayor para su desempeño. En otras palabras, hay que tener en cuenta la importancia funcional diferenciada y la escasez diferencial de personal. No existe una relación de proporción entre la importancia de la posición y los premios o recompensas que se le otorgan. Lo importante es que exista una recompensa o un premio: “Si un puesto es fácilmente ocupado no necesita ser premiado ampliamente, aunque sea importante. De otro lado, si es importante pero difícil de ocupar, el premio debe ser lo suficientemente alto para conseguir que esté bien llevado. La importancia funcional es por esto una causa necesaria pero no suficiente del alto grado asignado a una posición”. (6)
La escasez diferencial de personal es otra cuestión importante en los premios otorgados a las posiciones. Algunas posiciones necesitan personal con alta capacidad innata u obtenida por un entrenamiento. Davis y Moore señalan que es evidente que todas las posiciones requieren cierta destreza o capacidad para su desempeño, pero que ciertas posiciones exigen de quien la desempeñe talentos innatos tan elevados que las personas que los poseen suelen ser escasas en una sociedad, o bien, necesitan personas con talento más o menos abundante en la población, pero que tenga un adiestramiento o educación tan costoso, prolongado o difícil, que el número de los que tengan esta calificación sea relativamente reducido. Ponen el ejemplo de la medicina, la cual aunque no requiere capacidad mental extraordinaria, no es estudiada masivamente por su duración y costo (en los Estados Unidos de América) y el sacrificio que requiere, por lo que la sociedad debe otorgar una recompensa proporcional al sacrificio que hacen los individuos que se dedican a ese estudio. LAS VARIACIONES EN LOS SISTEMAS DE ESTRATIFICACIÓN Davis y Moore conciben dos sistemas ideales –en el sentido del tipo ideal weberiano–, de la estratificación, uno totalmente adscriptivo y otro de logro, basado en la igualdad de oportunidades y el mérito propio. No obstante, en las sociedades concretas, un sistema de estratificación puede acercarse a uno u otro de los dos tipos ideales, pero nunca llegará a a extremos de pureza, más bien, puede afirmarse, que todo sistema de estratificación será mixto, teniendo en diversos grados ambos principios, el de logro y el de adscripción.
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Davis señala que la familia es un limitador de la movilidad vertical en las sociedades que él denomina de “clases abiertas”, entendiendo por ello que existe un alto grado de movilidad social que impide la cristalización de clases con un alto y prolongado nivel de permanencia de sus miembros en una misma clase social. Además, el concepto de clases abiertas subraya el hecho de que el elemento central de la estratificación viene dado por la capacidad de logro, no por elementos de herencias o de influencias familiares. En este sentido, los “sistemas de clases abiertas” corresponderían a sociedades industriales donde la libre competencia y el funcionamiento del mercado asegurarían una redistribución permanente de los individuos en diferentes “clases sociales” en función de elementos de mérito propio. Los mecanismos por los cuales la familia ejerce este papel limitador de la movilidad vertical de tipo adscriptivo, son la herencia y la sucesión en cargos, junto al tráfico de influencia. No obstante, Davis señala que aunque existe en cierto grado una herencia de las posiciones sociales más elevadas, esto no niega de manera total el hecho de que el sistema de prestigio, ejerza su influencia para que las gentes con las capacidades necesarias desempeñen esas posiciones. Por tanto, cree posible que su teoría combine este papel de la familia, con el sistema de recompensas existente en una sociedad de clases. El resultado final sería: “La existencia combinada en la misma sociedad de: a) una graduación diferencial de posiciones estratificadas; b) cierta cantidad de movilidad vertical y, c) una cierta cantidad de herencia de estatus”. (7)
CRITICA A LA TEORÍA DE DAVIS Y MOORE La teoría de Davis y Moore tendría una gran coherencia desde el interés de clase en que se sitúa, si se pasa por alto el problema de la reproducción de la condición de clase. Debido a que esta teoría se mueve dentro de un esquema lógico en el cual se parte de un mercado de competencia perfecta, donde única y exclusivamente el mérito y el talento, son los que situarían a los individuos en las diversas posiciones sociales. La jerarquía social, con su componente de desigualdad, estaría formada en función de simples desempeños, obviando cualquier elemento entorpecedor de esta competencia de talentos y desempeños. Ahora bien, la desigualdad no es consecuencia directa del mérito sino que lo “normal”–en el sentido de la normalidad estadística–, lo habitual, en las sociedades capitalistas –que es en definitiva el marco de referencia de la teoría de Davis y Moore– , es la existencia de mecanismos adscriptivos que llevan a una ruptura con la idea de la que parten los autores, de que la desigualdad sería igual, o un producto natural, del logro o achievement. M. TUMIN: LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Un sociólogo norteamericano que también se inscribe dentro de las concepciones funcionalistas, Melvin Tumin(8), ha indicado que estos mecanismos adscriptivos
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representan una disfuncionalidad en el sistema de estratificación, ya que son un obstáculo a que los individuos más dotados y capacitados accedan a las posiciones más importantes y que esto va a influir de una generación a otra, reproduciéndose una desigualdad por herencia de poder, prestigio y riquezas. La propuesta de este autor es que sólo haciendo posible en una sociedad la igualdad de oportunidades, es que puede hacerse realizable que únicamente el talento sea recompensado, en otras palabras, la precondición de una sociedad basada en el merito, es la existencia de la igualdad de oportunidades. Esta apelación de Tumin a la igualdad de oportunidades no tiene posibilidad real de implementarse en una sociedad capitalista, ya que implicaría la destrucción de la institución de la propiedad privada de los medios de producción y muy especialmente de la herencia. Cuestión que invalidaría la pertinencia de la teoría funcionalista de la estratificación de Davis y Moore, y que la coloca como un mero esquema lógico inaplicable a sociedades concretas donde la herencia de estatus, riquezas y prestigio, constituye el criterio normal de funcionamiento y reproducción de las sociedades capitalistas. La respuesta de Davis(9) es que la disfuncionalidad no viene del sistema de estratificación como tal, sino de la familia y que, como ésta juega un papel de tanta importancia como el de la estratificación, habrá que aceptar esta disfuncionalidad como un mal necesario o menor. La incoherencia de la argumentación salta a la vista, ya que, por una parte, se señala que la estratificación surge como consecuencia de la colocación de los más capacitados en las posiciones más importantes y, por otra, se admite la necesidad –aunque sea como un “mal menor”–, de los mecanismos adscriptivos, a través de la familia y de lo que posteriormente se designaría como capital social. Davis y Moore señalan también como, cuando el capital no ha sido logrado a través del trabajo y esfuerzo propio, sino que es transmitido por herencia, la propiedad privada se convierte en blanco de ataques y críticas que son hasta cierto punto legítimas. Con ello expresan una visión que hace derivar la propiedad del trabajo y la habilidad, admitiendo la concepción típica capitalista del capital como producto del ahorro-trabajo, concepción ésta que ha sido suficientemente criticada como una mistificación por Marx, quien ha demostrado que el capital no es más que plustrabajo apropiado por los capitalistas o producto de los mecanismos de acumulación originaria derivada de la expropiación de los trabajadores directos y de otros mecanismos de acumulación. Siguiendo con la crítica desde los mismos presupuestos funcionalistas, Tumin considera que pueden encontrarse otros medios diferentes a los que indican Davis y Moore para motivar y recompensar a los individuos para desempeñar las diferentes posiciones sociales y específicamente las más importantes funcionalmente. En ese sentido destaca que una motivación alternativa es la de inculcar a los individuos de una sociedad el sentido del “deber social”, “la alegría del trabajo”, el “honor” de desempeñar determinadas posiciones, etc. Esto conduciría a que se convirtiera en inútil una institucionalización de la desigualdad de estatus entre los individuos, y llevaría a que todos cumpliesen con sus deberes para con la sociedad, dándose de este modo una identificación del interés personal y el social. A pesar de ello, Tumin justifica la desigualdad social señalando que la misma no
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debe ser tanto de estatus sino en cuanto a la propiedad y los medios de poder, que deben ser entendidos como simples recursos puestos a disposición de los que necesitan llevar a cabo determinadas tareas o desempeños. Unida a esta desigualdad propugna por una igualdad en la valoración social para todas las posiciones sociales, ya que todas son importantes para la sociedad y para aquellos individuos que cumplen sus tareas de manera eficiente. La desigualdad, de estatus o de prestigio, debe darse de manera fundamental entre aquellos que cumplen las normas institucionalizadas de la sociedad y los que tienen conductas desviadas de esas normas y que realizan acciones que son perjudiciales o inmorales para la sociedad. En la teoría de Davis y Moore se emplea el concepto del sacrificio llevado a cabo por los individuos que se someten a un proceso de capacitación y que en razón de este sacrificio, la sociedad tiene el deber de recompensarlos diferencialmente. La crítica a esta concepción viene dada por el hecho de que, en primer lugar, el “sacrificio” es siempre muy relativo, ya que será posteriormente acompañado de altas recompensas, además, de que el período de capacitación no supone grandes renuncias. En segundo lugar, si se calcula en términos monetarios, la tendencia a la obtención de ingresos, serán aquellos que tienen un nivel más elevado de capacitación, los que recuperen, en un período breve de ejercicio profesional, los niveles de ingresos de aquellos que no han obtenido una capacitación superior. Y a esto se puede añadir que posteriormente los ingresos de los que tienen niveles educativos más elevados tienden a incrementarse en mayor proporción que los de aquellos de baja calificación. A ello se une que, con el transcurso del tiempo, los individuos de alto nivel educativo tienden a incrementar su cualificación mientras que, en los niveles inferiores, se suele dar un estancamiento relativo de los ingresos además de un cierto deterioro u obsolescencia de sus capacidades. Lo anterior lleva a negar la importancia del “sacrificio” como justificador de altos ingresos y las otras recompensas adicionales que la sociedad debe otorgar a aquellos que han adquirido altos niveles de calificación. La crítica puede ir incluso más lejos si la sociedad asume el costo de los gastos educativos, ya que con un sistema de educación público, el “sacrificio” tendría un carácter colectivo más que individual-familiar y facilita la igualdad de oportunidades. LAS DISFUNCIONES DE LA ESTRATIFICACIÓN Tumin expone lo que considera disfunciones de la estratificación que no son tenidas en cuenta en la teoría de Davis y Moore y que, además, plantean que la desigualdad social no es un medio funcional para garantizar siempre, que las posiciones más importantes de una sociedad las desempeñen los individuos más competentes de la misma. Las disfunciones que señala Tumin son las siguientes: 1.
Los sistemas de estratificación social limitan la posibilidad de descubrir toda la gama de talentos existentes en una sociedad, debido al acceso desigual de los miembros de la sociedad a los canales de reclutamiento y a los centros de entrenamiento.
ESTRATIFICACIÓN Y DESIGUALDAD SOCIAL: LA TEORÍA DE DAVIS Y MOORE
2.
Los sistemas de estratificación social limitan la posibilidad de desarrollo de los recursos productivos de la sociedad en razón de la inexistencia de igualdad de oportunidades, lo que sustrae un número elevado de talentos y capacidades que podrían ser utilizadas de manera más productiva si existiera una mayor igualdad de posibilidades.
3.
Los sistemas de estratificación social proporcionan a la élite de la sociedad el poder político necesario para legitimar su situación de poder y privilegio.
4.
Los sistemas de estratificación distribuyen desigualmente auto-imágenes favorables a determinados sectores de la población y en la medida en que las mismas sean requisito para el desarrollo del potencial creador inherente a los individuos, en esa misma medida se estaría limitando el desarrollo de este potencial creativo a determinados sectores de la sociedad.
5.
La existencia de desigualdades sociales que no logren una legitimación entre los sectores no privilegiados de la sociedad tienden a incrementar los conflictos sociales limitando la integración social.
6.
En la medida en que el desempeño de las posiciones sociales consideradas funcionalmente más importantes, suponga para los que las desempeñan, un alto nivel de prestigio social que conlleva ser considerado como miembro significativo de la sociedad, los sistemas de estratificación social contribuyen a que amplios sectores de la sociedad sean considerados como miembros de poca significación para la misma, lo cual genera actitudes tendentes al desarrollo de los conflictos.
7.
El hecho de ser considerado miembro significativo de la sociedad contribuye a una mayor motivación para la participación en la vida social y hace que aquellos que no tienen esa misma significación tiendan a un grado más bajo de participación, con lo cual se puede afirmar que los sistemas de estratificación distribuyen desigualmente en la población la motivación para participar. (¹0)
La crítica de Tumin no se coloca fuera de la teoría funcionalista ni pretende negarla, pero sí destaca la no adecuación de la teoría de Davis y Moore, al poner en evidencia sus debilidades, ya que sus presupuestos teóricos no permiten un análisis adecuado del fenómeno en cuestión. En ese mismo sentido de reprochar a Davis y Moore que su teoría de la estratificación no responde a las exigencias del análisis funcionalista se han referido W.Buckley y D. H. Wrong.(¹¹) Pero aunque esas críticas suelen destacar elementos parciales de la teoría de Davis y Moore, al moverse dentro de su marco teórico general, “el funcionalismo sociológico”, no llegan a una crítica radical de la misma. A continuación vamos a seguir con la crítica a esta teoría de la estratificación tratando de pasar a un nivel de mayor radicalidad en la misma.
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CRÍTICA DE LA CONCEPCIÓN SOBRE LA NATURALEZA HUMANA En la teoría de Davis y Moore va implícita una determinada concepción sobre la naturaleza humana que coincide con la teoría burguesa de la economía política que ve a la naturaleza humana como inmutable. También la categoría de naturaleza humana empleada por los autores coincide con el uso que se hacía de la misma en la época de la Ilustración. Para Davis y Moore la naturaleza humana es caracterizada como teniendo dos impulsos fundamentales: la búsqueda de provecho personal y la tendencia al mínimo esfuerzo. Evidentemente, si existiese una tal naturaleza humana y además ésta fuera invariable, su teoría de la estratificación vendría a ser la expresión lógica de esta naturaleza humana. Convirtiéndose, además de un fenómeno social, en una exigencia natural, biológica. De tal manera que la desigualdad social sería imprescindible de manera universal a través del tiempo, si se pretende que las posiciones más importantes de la sociedad estén ocupadas por las personas de más talento y capacitación. Esta concepción de la naturaleza humana debe ser contrastada con lo que nos señala la psicología social moderna sobre esta temática, cuando afirma que: “Muchos motivos que nosotros, como miembros de nuestra propia sociedad, pensamos que son parte de la naturaleza humana, no son en modo alguno iguales en todo el mundo. Los motivos de falta de prestigio, falta de libertad para liberarse del dominio de la autoridad de otros, celos en las relaciones amorosas, así como los motivos de adquirir propiedad, nos parecen completamente naturales. De hecho son bastante universales en grandes sectores de la sociedad americana. Su universalidad depende, sin embargo, de la universalidad de las condiciones culturales bajo las que son adquiridas. Quizá se pueda decir que representan la 'naturaleza americana de la clase media contemporánea', pero no corresponden a nada universal en la naturaleza humana”. (¹²)
Esta cita proporciona una crítica a la concepción de la naturaleza humana que se encuentra en la teoría de la estratificación funcionalista, ya que viene a destacar cómo la sociedad en cierto modo modela a sus miembros, aunque los hombres no siempre lo perciban de forma consciente. Sin exageración se puede afirmar que las estructuras sociales logran convertirse en en cierto modo, en las estructuras de nuestras conciencias, o, como dice Marx en sus “Tesis sobre Feuerbach”: “la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales”. (¹³) Para Marx el mundo es un producto de la actividad humana y ese mundo crea al hombre. Hay una auto creación del hombre social por medio de la praxis social, en ese sentido Marx señala que “el hombre no es ningún ser abstracto, agazapado fuera del mundo, el hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad”. Si se aceptan los planteamientos de Marx se puede derivar de los mismos que cuando se producen cambios fundamentales en las relaciones sociales de una sociedad determinada, también pueden producirse mutaciones en los tipos de motivaciones con que la sociedad impulsa a sus miembros a actuar. Por lo tanto, si no existe una naturaleza humana inmutable, tampoco pueden ser invariables las motivaciones que emplea una sociedad.
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CRÍTICA DEL SISTEMA MOTIVACIONAL Davis y Moore siguiendo la mejor tradición del funcionalismo de Parsons, parten de darle una gran importancia a la permanencia de la estructura de los valores de una sociedad, de ahí que para ellos el sistema motivacional sea percibido como una constante de acuerdo a los criterios que hemos expuesto anteriormente, donde las recompensas materiales y espirituales eran el leitmotiv para el logro de la colocación de los individuos en las diferentes posiciones sociales. Aunque se pueda señalar que toda cultura tiene determinados elementos o valores comunes junto a valores específicos de cada una de ellas, sin embargo, los valores comunes difieren entre sí por la importancia relativa que se le otorga. O sea, la estructura valorativa de una sociedad puede diferir aunque está compuesta del mismo conjunto de valores. En cualquier caso se puede admitir la posibilidad de la existencia de una cultura en la que la búsqueda de recompensas materiales y de prestigio no sean las motivaciones fundamentales de la acción de los hombres, y que las mismas ocupen un lugar central en la búsqueda de formación con miras al desempeño de posiciones sociales importantes. Pueden darse sistemas motivacionales alternativos al que pretenden universalizar Davis y Moore, poniendo el énfasis en el logro de satisfacción en el trabajo. Esto puede lograrse, o bien, destacando el servicio a la sociedad, motivación que puede ser más decisiva que las que proponen los autores en una sociedad industrial desarrollada. Por ejemplo, la rutinización en ciertos trabajos puede incentivar que determinados miembros de la sociedad puedan estar más interesados en el desempeño de un trabajo donde esta rutinización tenga un carácter secundario y donde la creatividad y la toma de decisiones sea motivo más que suficiente para incentivar el desempeño de posiciones donde puedan darse esas disponibilidades. Davis ha rechazado tajantemente la existencia de estos esquemas motivacionales alternativos, señalando que, si todo el mundo eligiera hacer exactamente lo que desea hacer, la población entera se concentraría en solamente unos pocos tipos de posiciones sociales y la sociedad no puede funcionar con tales criterios y agrega: “Las sociedades supervivientes suponen algún sistema de atractivos sobre y por encima de la alegría en el trabajo que motiva a la gente a hacer lo que de otra forma no haría. Finalmente, en lo que se refiere al sentido del servicio social, cualquier sociólogo debería conocer la inadecuación del altruismo no recompensado como medio de atraer a un comportamiento socialmente adecuado”. (¹³)
Esta afirmación viene a obviar el problema básico que estriba en los sistemas alternativos de motivaciones y naturalmente éstos no tienen que basarse necesariamente, como pretende Davis, en el altruismo. En las sociedades en transición al socialismo o los llamados “socialismos realmente existentes” aunque los tipos de motivaciones a los que se refieren Davis y Moore no desaparecieron, entraron en competencia con otro esquema motivacional que daba primacía a la igualdad, al servicio a la sociedad, al pleno desarrollo de la personalidad y a la educación y formación permanente.
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Si valores alternativos están institucionalizados y los órganos estatales y sociales encargados del proceso de socialización los difunden y pretenden interiorizarlos, se puede esperar que logren irse imponiendo como sustitutos de los esquemas más mercantilizados y utilitaristas. De hecho esto ocurre actualmente en el seno de nuestras sociedades con micro experiencias sociales, cooperativas, de voluntariado, etc. Aún reconociendo el hecho de que, siglos de valores individualistas, no se superan fácilmente ni siquiera en décadas. En las sociedades establecidas en los países del Este europeo y en la URSS, aunque hayan persistido diferencias de ingresos de acuerdo con el rendimiento y la cualificación profesional, esto no implicaba que el estímulo principal que motivaba a la búsqueda de educación fueran las recompensas materiales.Si nos atenemos a los datos que nos proporcionan dos sociólogos polacos: “El sueldo medio de un profesional es sólo dos veces superior al de un obrero no especializado. Esta nivelación relativa del ingreso es mucho más pronunciada en Polonia que en ningún otro país socialista europeo ...En tal situación, existen muchas posibilidades de que factores distintos al ingreso, (por ejemplo, la educación) tengan una influencia poderosa en la estratificación social”.(¹4)
Aún más interesante para destacar la emergencia de esquemas motivacionales alternativos es que la encuesta realizada por los sociólogos polacos ya señalados demostró, que la idea predominante entre todos los grupos a los cuales se les aplicó la encuesta, que era una población dividida en siete grupos socio-ocupacionales que incluía desde los profesionales a los trabajadores sin especializar, demostró que: “la idea predominante entre todos los grupos (aunque no uniformemente) es que las diferencias de salarios no deben ser grandes”.(¹5) En cuanto a la valoración del prestigio social de las ocupaciones los grupos en que se dividió la muestra reclamaron igual prestigio para todas las ocupaciones en un 62.5 por ciento. Siendo el porcentaje en el grupo socio-ocupacional superior –los profesionales–, del 63.1 por ciento, lo cual indica una amplia aceptación de los valores igualitarios.(¹6) CRÍTICA DEL MODELO DE SOCIEDAD Además de concebir invariables tanto la naturaleza humna como los esquemas de motivación, la teoría de la estratificación de Davis y Moore es parte de un modelo de sociedad estático, o si se quiere, con características universales y permanentes. Por eso se postula que la desigualdad social entre las clases es positivamente funcional e inevitable en cualquier sociedad. La inevitabilidad de este “modelo de sociedad” se puede ver seriamente amenazado si concebimos una sociedad donde la escasez de los productos no fuera un problema, donde su distribución se hiciera bajo normas igualitarias y donde existiese suficiente personal capacitado. Pero la posibilidad de existencia de una tal sociedad es rechazada como utópica por los autores, con lo cual se acepta lo que ha sido, y lo que es, como la única forma de existencia social. Ahora bien, como aquí se trata de una teorización a partir de la sociedad
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capitalista, es ésta la que es concebida como la que ha logrado el mayor grado de racionalidad en la vida social, por lo que esta sociedad se adecuaría a los requerimientos de la naturaleza humana. En este sentido, es la teoría que justifica la organización social existente y que busca su legitimación y perpetuación. La teoría de la estratificación de Davis y Moore no tiene pertinencia en las sociedades capitalistas reales y concretas, ya que en las mismas, –como se ha visto– no funciona una libre competencia perfecta de talentos y capacidades, sino que los mecanismos adscriptivos ocupan un lugar importante en las mismas. El papel desempeñado por la familia en la educación de los miembros en la sociedad capitalista, y muy específicamente en la sociedad norteamericana, donde el sistema educativo superior es fundamentalmente privado, implica que una proporción de la población se verá incapacitada de desarrollar sus talentos y capacidades en función de los ingresos de la familia a la cual pertenece. Podemos afirmar, pues, que la escasez relativa de capacidades o talentos en una sociedad será una variable dependiente del sistema de estratificación social. Sin embargo, aunque la familia, al lado de su función reproductora biológica tiene una función reproductora de desigualdad social y aunque Davis haya admitido este papel cuando dice que la familia limita la movilidad vertical por el mecanismo de la herencia y la sucesión.(¹7) No obstante, esto no es obstáculo para que él siga señalando que la estratificación social es una consecuencia de la escasez de talentos y de la necesidad de estimular a los más capaces para el desempeño de las posiciones funcionalmente más importantes. Esta teoría de la estratificación tendría que partir de la existencia de una igualdad de oportunidades, pero demás está decir que ésta es inexistente en las sociedades capitalistas, como el mismo Davis lo admite cuando dice: “Cuanto menor es la oportunidad, tanto mayor será el mérito del éxito. Por lo tanto hay que compadecer al hijo del rico porque comienza en la vida con una ventaja tal, que el hecho de que triunfa en la carrera no constituye una prueba de mérito, una prueba de que ha ejercitado las virtudes del ahorro, la abstinencia y el trabajo intenso”. (¹8)
En esta cita se revela de manera indubitable el carácter ideológico de la teoría de la estratificación de Davis y Moore, ya que reduce el alcance de su teoría solamente a aquellos que han logrado a través del mérito el desempeño de posiciones sociales importantes, sin que considere que esto afecte globalmente a su elaboración teórica, cuando precisamente el ejemplo que pone refuta por sí mismo su pretensión teórica. Además de mostrar una evidente toma de partido por los sectores privilegiados de la sociedad. Entonces se puede concluir que la pretensión de cientificidad de dicha teoría, tiene que ser negada, poniéndose de manifiesto que es un mero discurso ideológico en el marco de los intereses de las clases dominantes en las sociedades capitalistas.
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11.
12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19.
Kingsley Davis y Wilbert E. Moore, “Algunos principios de estratificación”, en Reinhard Bendix y Seymour M. Lipset, Clase, estatus y poder, Madrid, 1972. Kingsley Davis, “Réplica a Tumin”, en R. Bendix y S.M.Lipset, ob. cit., p.188. K. Davis y W.E. Moore, “Algunos principios de estratificación”, loc. cit., p.156. Idem., p. 157. Ibidem. P. 157. Ibidem., p. 158. K. Davis, “Réplica a Tumin”, loc. cit., p. 191. M. Tumin, “Un análisis crítico”, en R. Bendix y S.M.Lipset, ob. cit., pp. 171-85. Vid. K. Davis, “Réplica a Tumin”, loc. cit. M. Tumin, “Un análisis crítico”, loc. cit., pp. 182-183. W. Buckley, “Social Stratification and The Functional Theory o Social Differention”, The American Sociological Review, vol. 23, 1958, Nº 3 y D. H. Wrong, “The Functional Theory o Stratification:Some Neglected Considerations”, The American Sociological Review, Vol. 24, 1959, Nº 6. T.M. Newcomb, Social Psichology, New York, 1950, p. 137. Marx Engels, Obras escogidas, T. 2, Akal, Madrid,1975, p.427. K. Davis, “Réplica a Tumin”, loc. cit., p. 193. W. Wesolowski y K. Slomoczynski, “Estratificación social en tres ciudades polacas”, en J.A. Jackson et. al., Estratificación social, Barcelona, 1971, p. 232. Ibidem., p. 243. Ibidem. ver cuadro Nº 23: ocupación y aspectos psicológicos de la diferenciación social, p. 269. K. Davis, “Réplica a Tumin”, p. 190. La sociedad humana, p. 378.
7. Indicadores funcionalistas de clase social
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INTRODUCCIÓN Bernard Barber(¹) construye su teoría sobre la estratificación en el funcionalismo sociológico, especialmente en las teorías de Talcott Parsons, como puede comprobarse en la definición que nos da del sistema de estratificación social: “Una estructura de desigualdades regularizadas en la que los hombres son situados más arriba o más abajo, de acuerdo con el valor que se concede a sus varios papeles y actividades sociales”. (²)
También tiene en cuenta las teorías de Kingsley Davis sobre la importancia funcionaldiferencial y las recompensas necesarias para incentivar el desempeño de ciertos puestos, cuyo personal es escaso: “Los papeles diferenciados y funcionalmente necesarios de una sociedad no se desempeñarían, o se desempeñarían inadecuadamente, si el sistema de estratificación no suministrase un conjunto de incentivos diferenciados para dicho desempeño. Los individuos de una sociedad se adiestran para ellas y asumen las obligaciones de sus diversos papeles sociales porque creen...que obtendrán cierto grado de aprobación por parte de sus compañeros y cierto número de otras recompensas sociales, tales como posesiones y privilegios valiosos”.(³)
Barber incorpora las críticas que hace Merton(4) al funcionalismo de que ve sólo las funciones positivas “olvidándose” de que también existen disfunciones. Partiendo de esa crítica expone: “que se debe tener en cuenta que en toda sociedad concreta coexisten diversos sistemas de valores, aunque predomine uno de ellos; y que se debe formular la pregunta de para quién es funcional el sistema, por lo que concierne a los valores y para quién es disfuncional. Las relaciones disfuncionales son tan naturales como las funcionales, así pues, es solamente en su resultado final que se puede concebir una sociedad, o en este caso, un sistema de estratificación social como funcional”.(5)
INDICADORES E ÍNDICES Ahora bien, lo que nos interesa de manera fundamental en Barber es la clasificación que realiza de los diferentes indicadores de clase social que son utilizados por los sociólogos funcionalistas. Los párrafos anteriores tenían como objetivos dejar claramente sentado que Barber sigue teóricamente a los autores que han merecido nuestra atención hasta ahora, y que, por lo tanto, sus indicadores de clase social son elaborados a partir de las teorías funcionalistas expuestas. Habiendo aclarado este punto, pasamos a continuación al tema que ocupará nuestra atención en este capítulo: los indicadores de posición de clase social. Los indicadores en la investigación sociológica se utilizan para señalar ciertos fenómenos sociales que ocupan nuestro interés, pero estos indicadores deben tener ciertas características:
INDICADORES FUNCIONALISTAS DE CLASE SOCIAL
“La ciencia busca, ante todo un indicador uniformado, un indicador que pueda aplicarse exactamente del mismo modo para todas las cosas que se supone indica o mide. En segundo lugar, la ciencia busca un indicador fidedigno, que produzca los mismos resultados aunque lo usen muchas gentes diferentes como instrumento indicador de medida. En tercer lugar, la ciencia busca un indicador escalar, es decir, que le permita ordenar diferentes cantidades o grados de un fenómeno dado en una verdadera escala. La mejor clase de escala es, naturalmente, una escala métrica o numérica... La investigación científica no siempre dispone de escalas métricas así. En tales casos pueden idearse a veces otras escalas “cualitativas”... Finalmente, la ciencia busca un indicador económico, que se use fácilmente y dé los mejores resultados con el menor gasto posible de esfuerzo y tiempo”. (6)
Un indicador que reúna estas cuatro características: que sea uniforme, fidedigno, escalar y económico es lo que se llama índice. TIPOS DE INDICADORES DE CLASE SOCIAL Los indicadores utilizados por los sociólogos funcionalistas de las clases han sido fundamentalmente de tres tipos: a) Las valoraciones verbales; b) los tipos de asociaciones; y c) las actividades y posesiones simbólicas. a. Las valoraciones verbales Lo que dice la gente tiene importancia para la sociología de las clases sólo en la medida en que se valoren los papeles sociales funcionalmente importantes para la sociedad y que sean desempeñados como ocupación principal. Las investigaciones se han dirigido en dos direcciones: a verificar cómo se valoran las diferentes profesiones, es decir, el prestigio ocupacional; y cómo se valoran en una sociedad los individuos entre sí en términos de “posición total”. Esto tiene gran importancia para los funcionalistas, ya que esta valoración diferencial de las posiciones sociales deberá proporcionar una desigual recompensa por la sociedad a los que la desempeñan y, esta valoración, está en concordancia con el común sistema de valores de la sociedad, con lo cual la desigualdad estaría legitimada socialmente. b.
Los tipos de asociaciones Este indicador tiene en cuenta lo que hacen los individuos en sociedad. Es decir, estudia las interrelaciones personales basándose en la afirmación de T. H. Marshall de que la esencia de la clase social se encuentra en cómo es tratado un individuo por sus prójimos y, también, como el trata a los otros. Esto remite a los diferentes grupos asociativos que puedan ser observados, sin que sea condición necesaria que éstos sean grupos formales.
c.
Las actividades y posesiones simbólicas El investigador utilizará como indicador de clase social aquello que en una sociedad denote pertenencia a clase social, en razón de determinadas posesiones de
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sus miembros o de las acciones que realice. Los símbolos de adscripción a una clase dada pueden ser muy diversos y van desde la ropa que se use, el modo de hablar, los deportes que se practiquen, la iglesia a la que se asista o el barrio donde se resida. EL PRESTIGIO OCUPACIONAL COMO FORMA DE VALORACIÓN VERBAL La primera investigación de prestigio ocupacional sobre una muestra nacional de los EE.UU., fue la realizada por el Centro de Investigaciones de la Opinión Nacional (NORC), y se valoraron 90 profesiones. En 1963 se llevó a cabo una réplica de esa estimación por R. Hodge, P.M. Siegel y P.H. Rossi (7), cuyos resultados globales fueron muy semejantes a la realizada por el NORC, con el dato curioso que los trabajadores de “cuello azul” tenían puntuaciones más altas. Es decir, había aumentado el prestigio de los trabajadores de “cuello azul” –la clase obrera tradicional–, mientras que los profesionales permanecieron prácticamente igual. Los autores vieron en este dato un futuro desdibujamiento de la distinción entre ocupaciones de cuello blanco-cuello azul. En la tabla se puede ver como el conjunto de las ocupaciones de cuello blanco tuvo un cambio de porcentaje medio de + 0,4, mientras que las de cuello azul tuvieron un cambio de + 3,4: TABLA 5 - MEDIDAS SELECCIONADAS DE CAMBIO DE PRESTIGIO 1947-1963, POR GRUPO DE OCUPACIÓN IMPORTANTE (8) Grupo de ocupación importante
Número de Títulos NORC
Diferencia de puntuación media
Cambio del % medio
Total de todas ocupaciones
90
+0,8
+1,4
Cuello blanco
54
+0,3
+0,4
Profesional
33
+0,7
+0,8
Directorial
16
–0,4
–0,3
Administración y venta
5
–0,2
–0,4
Cuello azul
32
+1,8
+3,4
Artesanos
9
+1,6
+2,3
Operarios
8
+0,9
+1,6
Servicios
9
+2,4
+4,9
Jornalero
6
Granja en general
4
–0,2
–0,0
La comparación realizada sobre las valoraciones de las ocupaciones en cinco países: URSS, Japón, Gran Bretaña, Nueva Zelanda y EE.UU., descubrieron que existen grandes coincidencias en el prestigio ocupacional en todos ellas. Las coincidencias mayores se dieron entre las valoraciones ocupacionales de Alemania y EE.UU., y las que más difieren son las de la URSS y Japón.(9)
INDICADORES FUNCIONALISTAS DE CLASE SOCIAL
Muy posteriormente a este estudio se llevó a cabo otro comparativo sobre 24 países, entre ellos 10 países en desarrollo, cuyos resultados se aceptaron como provisionales ya que por el número de países y los métodos empleados en ellos no se podían extraer conclusiones concluyentes. Teniendo en consideración esas limitaciones se afirmó lo que sigue: “Los datos sugieren hasta ahora que las ocupaciones están casi en el mismo orden de evaluación popular a través de una amplia variedad de naciones de niveles de industrialización y variantes bases culturales”. (¹0)
La explicación de dicha similitud puede encontrarse en la esencial semejanza estructural ya que existen una serie de instituciones especializadas que llevan a cabo funciones políticas, religiosas, económicas, de salud, de educación, etc., en todos los países estudiados, y teniendo en cuenta la importancia de las mismas, no es extraño que se valoren las ocupaciones que están en las cimas de estas estructuras institucionales que, por otra parte, son las que exigen mayor entrenamiento y destreza y a las que se les otorgan mayores recompensas. Sin embargo, la comparación también demostró que las estructuras de prestigio ocupacional entre estos países, especialmente los en vías de desarrollado, y los EE.UU., demuestran más variaciones que el estudio llevado a cabo en cinco países por Inkeles y Rossi, lo cual puede explicarse por las diferencias en los niveles de desarrollo económico. Barber señala ciertas limitaciones de la valoración verbal del prestigio ocupacional ya que: 1.
Su aplicación se ve limitada a las sociedades industriales en las cuales los papeles de jornada completa más importantes son definidos como trabajos ocupacionales especializados. En las sociedades agrícolas, las funciones de trabajo están inextricablemente enlazadas con la posesión de la tierra, en la mayoría de sus miembros, y con posiciones religiosas o políticas, en una minoría. También en las sociedades industriales la población dedicada a la agricultura debe valorarse según la cantidad de tierra poseída y los ingresos que les proporcione, ya que existen muchos estratos dentro de los agricultores para que sean valorados como si fueran una unidad ocupacional.
2.
Otra limitación se puede encontrar en el uso de categorías demasiado amplias que incluyen de hecho individuos de posiciones de clase muy diferentes. En realidad los individuos valoran de forma muy desigual a los miembros de una misma categoría. Por ejemplo, a los médicos o a los abogados.
3.
El punto anterior nos señala otra limitación. Para solucionarlo harían falta categorías más específicas, señalar las distintas especialidades que existen dentro de las ocupaciones, esto conduciría a una lista interminable y muy poco operacional. (¹¹)
A pesar de las limitaciones del estudio del prestigio ocupacional, éste es imprescindible para los funcionalistas,ya que les sirve de legitimador empírico-ideológico de la desigualdad social.
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LA VALORACIÓN VERBAL DE LA POSICIÓN TOTAL DE CLASE: W. L. WARNER W. Lloyd Warner y sus colaboradores realizaron una serie de estudios(¹²) en los cuales pedían a los miembros de ciudades pequeñas de los Estados Unidos, que tenían un conocimiento personal entre sí, o bien, por referencias, que valorasen mutuamente su posición total de clase social. De esta forma se pretendía captar la estructura de clases de estas comunidades. Al método utilizado le llamó participación valorada y se basa en cinco técnicas que son a la vez diferentes y suplementarias. Pasamos a exponerlas de manera muy resumida: a. La primera técnica se denomina de coincidencia equiparada y tiene cuatro etapas. La primera consiste en abstraer de las entrevistas la estructura de clases que perciben en la comunidad. La etapa segunda es la comparación de las diferentes estructuras de clase percibidas por los individuos entrevistados. La tercera es la valoración comparada hecha sobre diferentes concepciones sobre la estructura clasista. La cuarta etapa es comparar en qué clase ha sido situado un determinado individuo para ver el grado de coincidencia en esta asignación de clase. b.
La segunda técnica es la ubicación simbólica. Son tomadas de las valoraciones verbales cotidianas realizadas por los miembros de una sociedad. En casi todas las sociedades los habitantes de un determinado barrio son considerados “gente bien”, o ciertas familias son muy prestigiosas, así como se utilizan términos despectivos para cierta categoría de individuo o etnias. Esta ubicación simbólica sirve sobre todo para darnos los dos polos de la estructura de clase.
c.
La reputación de posición es la tercera técnica de Warner. La valoración se encuentra en las afirmaciones que se hacen sobre ciertas conductas consideradas buenas y que llevan implícito que los individuos están situados en una posición elevada, y conductas malas que implican lo contrario. La utilización consistiría en que se supone que los individuos son valorados por la conducta funcionalmente importante.
d. La cuarta técnica es la de comparación. Se sitúa a un individuo en la estructura de clase, según la valoración que haga de otros individuos como superiores, inferiores o iguales en clase. e.
Por último, la quinta técnica es la mera asignación. El entrevistado coloca a un individuo en una determinada clase social. Esta técnica es usada después que él ha expuesto la estructura de clases dentro de la cual hace la valoración.
Utilizando este método de participación valorada, Warner llegó a la conclusión de que la sociedad norteamericana consta de seis clases: Upper-Upper Class (clase alta alta), Lower-Upper Class (clase alta baja), Upper-Middle Class (clase media alta), LowerMiddle Class (clase media baja), Upper-Lower Class (clase baja alta), y, Lower-Lower Class (clase baja baja).
INDICADORES FUNCIONALISTAS DE CLASE SOCIAL
Barber dirige críticas a la valoración de la posición total de clase. Afirma que quedan sin definir los criterios de valoración empleados, de esta manera los individuos entrevistados usarán criterios diferentes para sus valoraciones sin que se determine cuáles han sido. Además de esto, existe otra limitación, ya que esta técnica de investigación social sólo se puede utilizar en comunidades pequeñas, donde teóricamente, gran parte de sus miembros se conocen personalmente o por referencias. Con esto su valor se ve muy reducido, y más aún cuando existe una tendencia creciente a la urbanización. (¹³) Con el desarrollo de las encuestas se ha venido utilizando mucho la autovaloración como forma de valoración verbal de la pertenencia de clase. Sin embargo, esta técnica da realmente muy poco conocimiento sociológico de la estructura de clases de una sociedad, si bien puede servir para conocer el grado de ignorancia sobre el sistema de estratificación, o las concepciones ideológicas del entrevistado. Además de que se ha podido comprobar que las autovaloraciones dependen en alto grado de cómo sean formuladas las preguntas. Para explicarnos nos basaremos en un ejemplo norteamericano. Las encuestas de Gallup, de 1939, y la de la revista Fortune, de 1940, daba como resultado que del 79 al 88 por ciento de la población encuestada se consideraba de clase media y sólo un seis por ciento se auto valoró como clase superior o inferior. Esto lo que muestra es la importancia que tiene la difusión de ideas de que la sociedad estadounidense es de “clase media”, y como la gente tiene una tendencia a no querer verse como “diferente”. Valoran como poco importante el grado de riqueza que les diferencia de otros, cuando en realidad puede ser sustancial. Salvo en casos “extremos”, quien se sabe rico y se valora como tal, y los muy pobres o excluídos, que están y se sienten tan abajo en la jerarquía social, que no disimulan ni ocultan su situación de malestar. La encuesta de Centers(¹4), demostró que el porcentaje de personas que se declaran pertenecer a la clase media está vinculado a la manera en que están formuladas las preguntas en el cuestionario. Si en vez de formular la pregunta poniendo a escoger entre la pertenencia a la clase superior media e inferior, se plantea la pregunta de manera abierta, dejando al entrevistado la libertad de situarse en la estructura de clase, disminuye el porcentaje de clase media, y aún más cuando entre las respuestas pueden escoger la pertenencia a la “clase trabajadora”, que en algunas encuestas ni siquiera se pone como opción. Es el mecanismo inductor para hacer de “clase media” a gran parte de la población. CÓMO SE ASOCIAN LAS PERSONAS COMO INDICADOR DE CLASE SOCIAL Este segundo indicador es interactivo, o sea, se refiere a la acción recíproca de los individuos. Aquí no interesa lo que las personas dicen acerca de sí mismas o de los otros, sino lo qué hacen. La asociación de las personas entre sí demuestra la forma en que se valoran, ya que existirán diferentes grados de asociación, según consideren a las personas iguales, superiores o inferiores en clase social.
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El punto fundamental del cual se parte en este indicador es que cuando existe intimidad social habrá igualdad social: “El supuesto se apoya en el hecho de que la clase de intercambio de sentimientos e ideas que se realiza en la asociación íntima sólo es posible entre personas que se conocen bien y que se valoran mutuamente como iguales. En otras palabras, sólo es posible entre iguales en clase social, y por lo tanto, es un indicador de igualdad de clase social”. (¹5)
La intimidad social que expresa igualdad social puede tomar diferentes formas: intercambio de visitas, las comidas informales en el hogar, las invitaciones para reuniones informales, el noviazgo, pero, sobre todo, el matrimonio. Es el matrimonio el mejor indicador de que la intimidad social es sinónimo de igualdad social. En las sociedades hasta ahora existentes –excluimos las socialistas– se podrían tomar como ejemplares, a la India, en la cual la elección para el matrimonio es hecha por los familiares, sin la intervención de la voluntad de éstos, o bien, se realiza entre iguales sociales, y la sociedad norteamericana, en la cual existe teóricamente un culto a la libre elección, pero en la práctica la libre elección se ve controlada por la socialización muy clasista, y por la familia, que trata de impedir todo matrimonio fuera de la clase social a la que se pertenece. Tenemos pues que existe una verdadera endogamia de clase social. No obstante, la tendencia actual en las sociedades industriales es hacia la libre elección por efecto de la más temprana independencia de los vínculos familiares, y por ser más difuso el control social que permiten las grandes aglomeraciones urbanas. Pero insistimos, esto es apenas una tendencia, persistiendo las barreras sociales que son difíciles de traspasar. Así pues, se puede concluir que de todas las formas asociativas, como indicadoras de posición de clase social, la del matrimonio, es la más fidedigna. Las otras formas de intimidad necesitan ser medidas en un largo período de tiempo y en circunstancias sociales variadas, ya que se pueden dar por diversos motivos casos de intimidad social temporal y circunstancial que no son representativos de una real intimidad. Se debe tener en cuenta, además, que otros factores, como coincidencias políticas, religiosas, étnicas, ideológicas, etc., pueden en ciertos casos influir más que la pertenencia de clase social. Sin olvidarnos también que: La sociedad moderna parece exhibir, algo más que otras, lo que Merton llamó “pseudocomunidad”, o la fingida pretensión de una intimidad y una solidaridad que en realidad no se sienten. Un individuo puede fingir sentimientos de igualdad y simular intimidad social porque quiere emplear a otro individuo para su propio provecho...cuando tienen lugar, ocultan los verdaderos sentimientos de valoración relativa que forman la esencia del sistema de estratificación. Una buena medida de la intimidad social debe poder descubrir la conducta socialmente fraudulenta. (¹6)
INDICADORES FUNCIONALISTAS DE CLASE SOCIAL
LAS ACTIVIDADES Y POSESIONES SIMBÓLICAS COMO INDICADORES DE CLASE SOCIAL Hay ciertas posesiones y acciones sociales que se suelen considerar como unidas a posiciones sociales funcionalmente importantes, por ello, se utilizan para inferir la clase social de quienes las desempeñan. Entre estos símbolos de clase social, se pueden citar el modo de vestir, los deportes que se practican, la ubicación residencial, la iglesia a la que se pertenece y otras más. Estos indicadores tienen la ventaja de que pueden ser descubiertos fácilmente por el investigador social. El consumo tiene evidentemente una función simbólica que es demostrar la pertenencia a una clase. Talcott Parsons señala esto cuando afirma: “Aunque el 'nivel de vida' de todo grupo debe cubrir sus necesidades intrínsecamente significativas, tales como alimento, albergue, etc., no cabe duda de que un componente sumamente amplio de los niveles de vida se halla dondequiera en la significación simbólica de muchos de sus detalles en relación con el estatus”. (¹7)
También Thorstein Veblen se refiere a esta función simbólica del consumo ostentoso cuando afirma que: “Para ganar y mantener la estimación de los hombres no basta solamente con poseer riqueza o poder. La riqueza y el poder deben ser puestos en evidencia porque el respeto se otorga sólo ante su evidencia”. (¹8)
Quizá una de las distinciones más claras entre las clases sociales lo constituya sus diferentes estilos de vida. Esto es, toda una serie de actividades y posesiones que son características de una clase social y que llegan a simbolizaría. Los que pertenecen a una clase social deberán por lo tanto, mostrar, si no todas y cada una de esas posesiones y actividades, por lo menos el número suficiente de ellas para caracterizarlo. A menos de ser una especie de rara avis. Los estilos de vida más evidentes se daban en las formaciones económico-sociales precapitalistas o en los inicios del capitalismo, ejemplo de ello pueden ser los estilos de vida de la nobleza feudal o del burgués de los orígenes del capitalismo: ahorrador, sobrio, laborioso. Aunque se afirme que: “En las sociedades industriales modernas ... donde se espera que cada individuo tenga un papel ocupacional de jornada completa, las diferencias entre las clases sociales tienden a ser variaciones sutiles sobre un tema y no diferencias en los temas mismos”.(¹9)
Lo cierto es que las desigualdades sociales, aún dentro de las sociedades de capitalismo más desarrollado, son lo suficientemente importantes para que esas “variaciones sutiles” sean suficientes como indicadores de la pertenencia a una clase social determinada. Ahora bien, estos indicadores tienen ciertas limitaciones, como son los que
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provienen de una conducta simbólica inhabitual a los que pertenecen a una clase, cosa que suele ocurrir por motivos fundamentalmente ideológicos. Otra limitación puede ser consecuencia de lo que se denomina ostentación anómala, es decir, la ostentación de símbolos que no se corresponden con la clase a la que se pertenece. En la sociedad de consumo de masas se puede producir también una cierta estandarización de ciertos símbolos en muy amplias clases sociales, como puede ser el caso de la ropa, si bien se puede suplir esta confusión buscando las “variaciones sutiles”. Además, lo que constituye un verdadero símbolo son las ropas femeninas, que dan verdaderamente el indicador de clase social. Pero lo que es importante es tener en consideración que: “La identificación de las clases sociales es un proceso y no un acto, y un proceso que tiene en cuenta varios indicadores simbólicos. Esto mejora la utilidad de los símbolos como indicadores de posición de clase social”. (²0)
ÍNDICES DE CLASE SOCIAL Un índice es un indicador uniforme, fidedigno, escalar y económico. Existen índices por un solo concepto y por conceptos múltiples. En los estudios de estratificación en las sociedades industriales, el índice de concepto único más utilizado es la posición ocupacional. Es un concepto muy útil, ya que es muy fácil obtener el dato de la profesión de los individuos. La clasificación más cuidadosa de las ocupaciones es la Escala Ocupacional de Minnesota, elaborada por Goodenogh y Anderson. Las ocupaciones se dividen en siete grupos: 1.
Profesionales de carrera.
2.
Semiprofesionales y directivos.
3.
Empleados, trabajadores especializados y pequeños negocios.
4.
Agricultores.
5.
Trabajadores semiespecializados, oficinistas de poca categoría y negocios de categoría ínfima.
6.
Trabajadores ligeramente especializados y otras ocupaciones que exigen poco entrenamiento o habilidad.
7.
Trabajadores no especializados. (²¹)
Esta escala se basa en una serie de presunciones: Se supone que el trabajo intelectual es superior al manual; que el trabajo por cuenta propia es superior al por cuenta ajena; que las ocupaciones limpias son superiores a las sucias; que la importancia de las
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ocupaciones de negocios depende del tamaño de éstos; pero no se considera así, para las ocupaciones agrícolas y, por último, que el servicio personal, es degradante. (²²) Los índices de conceptos múltiples parten del supuesto de que si se combinan varios indicadores, se aumenta la validez de un índice. Ahora bien, en contrapartida, estos índices son más costosos para su aplicación en las investigaciones. Warner y sus colaboradores elaboraron un índice de conceptos múltiples que utilizaron en sustitución del método de la participación valorada. Se tomaron seis conceptos para la construcción del índice: 1) profesión, 2) ingresos, 3) fuente de los ingresos, 4) tipo de casa, 5) localización residencial y, 6 )nivel de instrucción. Para cada uno de ellos construyó una escala de siete puntos. Al no considerar a todos los conceptos como de igual importancia, los ponderó de manera desigual para utilizarlos en el cálculo de la puntuación final en el “índice de características de situación”. Por ejemplo, a la ocupación le daba una importancia de 4, a la fuente de ingreso un peso de 3 y a la ubicación residencial de 2. Situando a un individuo en cada uno de los seis conceptos, se multiplicaba su lugar en cada uno por la importancia del concepto, y se podía obtener una puntuación que lo situaba en el índice de posición de clase social, y por lo tanto, en la estructura de clase.(²³) Luego Warner redujo su índice de seis a cuatro conceptos eliminando los conceptos de cantidad de ingresos y de grado de instrucción, esto así porque era más económico y no modificaba fundamentalmente el índice de características de situación (ICS). Hatt(²4) basándose en el índice de cuatro aspectos de Warner, propone que dos conceptos sean uniformes para todos los EE.UU., profesión y fuente de ingresos. Los otros dos: tipo de casa y ubicación residencial son productos de diferencias locales, y pueden ser sustituidos por el valor en renta de la casa, que es más fácil de uniformar. El índice de tres conceptos, además de ser muy operativo y económico, permite alcanzar medidas uniformes para realizar estudios a diferentes niveles tanto locales como nacionales. CONCLUSIONES Los indicadores funcionalistas de clase social, como medio operacional de determinación de las clases, son expresión instrumental de la teoría funcionalista de las clases sociales ampliamente expuesta y, cuyos puntos débiles, hemos criticado en sus principales teóricos Parsons, Davis y Moore. Debemos, no obstante, dejar claramente explicitado que cuando se utiliza el término clase social y se trata de buscar como sus criterios definidores el estatus o posición social, el prestigio, el estilo de vida, la ubicación residencial, la sala, el ingreso, el consumo, la autovaloración, etc.; criterios, “objetivos” o “subjetivos”, independientes o interrelacionados, ninguno de ellos ni todos unidos, pueden en realidad proporcionarnos el conocimiento sociológico de la clase social. Todos estos factores sirven para la construcción de un contínuum jerárquico, y lo único que pueden definir son estratos, capas, o sectores sociales, pero no clases sociales. Concebir las clases como estratos sociales tiene consecuencias sociales relevantes. Al no servir como instrumento de análisis social dinámico, la concepción de las clases sociales como estratos conduce al oscurecimiento de los antagonismos, o bien, al señalamiento de antagonismos de carácter no fundamentales. Cuando se oculta la dominación de una clase sobre otra clase o clases, la única
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alternativa, tanto como análisis social que como superación de la situación existente no es de orden macro sociológica, global, sino micro sociológica o individual. No es una casualidad, sino una rigurosa necesidad lógica de esta teoría, que su categoría dinámica fundamental, la que proporcionará los cambios de la situación social de las clases, sea la movilidad social. La movilidad social ascendente es la que suelen destacar los funcionalistas, pasando por alto los movimientos sociales descendentes que se producen en la estructura social. La movilidad social ascendente estimula, como concepción ideológica, el individualismo y la búsqueda de la ascensión social al margen, y a veces en contra, de la clase a la que se pertenece. Como el criterio básico es el logro de la elevación individual a él se subordinan cualesquiera otras consideraciones, como pueden ser los intentos de lucha, como integrante de una acción de clase, para reivindicar metas socio-económicas y políticas que conduzcan a una “ascensión” colectiva. Lo individual es lo que importa. Por otra parte, se debe señalar que las probabilidades de movilidad social ascendente hacia los grupos que se pueden considerar la élite de una sociedad son muy reducidas. Incluso en las llamadas sociedades de clases abiertas con una supuesta igualdad de oportunidades. El reclutamiento para las élites de estas sociedades tiene un marcado carácter hereditario, por lo que en la realidad lo que existe es un auto reclutamiento en el seno de la élite. Pero incluso fuera de este relativo pequeño grupo, nos encontramos que la movilidad ascendente no suele superar ciertas barreras. Es muy escaso el acceso de las clases trabajadoras a las clases media y superior. (²5) El fenómeno de movilidad social más común es la elevación a un estrato superior, pero en el seno de una misma clase social, elevación de categoría ocupacional, de salarios, de consumo, etc. La concepción teórica funcionalista, al concebir las clases sociales como estratos, bien entendiendo estos dos conceptos como sinónimos, o bien negando la realidad de la clase social y colocando en sustitución la de estrato social, a lo más que puede conducir es a una pura y simple sociografía, pero resulta anti operacional para un análisis social dinámico. Ahora bien, la supervivencia de la categoría, estratos sociales, parece estar asegurada en la sociología, ya que es de gran utilidad en una serie de estudios empíricos. En estos estudios no existen grandes preocupaciones teóricas, en el sentido de buscar la significación de las categorías utilizadas, se pretende encontrar categorías, conceptos, susceptibles de tener la precisión necesaria para ser fácilmente detectadas por indicadores. Mills señala cómo los estudios de estratificación social realizados con estos métodos, que él califica de empirismo abstracto, no han dado ningún conocimiento nuevo de la estructura de clase americana.(²6) Por todo ello hay que tener en cuenta lo que afirma Zetteberg: “No debe exagerarse el rol de las mediciones en el desarrollo teórico de la sociología. En otras ciencias pocos progresos teóricos parecen haber sido inspirados por técnicas de medición refinadas, y no puedo recordar ninguna proposición sociológica que deba su existencia y plausibilidad exclusivamente a un control cuidadoso de los errores de medición”. (²7)
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Si se persiste en esta vía, el sociólogo corre el riesgo de verse convertido en un mero técnico manipulador de estadísticas, dentro de unas coordenadas de investigación perfectamente delimitadas y estandarizadas por los indicadores. Empero rechazar la teoría funcionalista de la estratificación social y su sistema de indicadores, no nos lleva, sin embargo, a la negación de las investigaciones empíricas y a la utilidad de ciertas categorías, que pueden ser empleadas con provecho para el “desencantamiento” de la sociedad, y más particularmente, de la estructura de clases. Ya que, esa tarea es, como decía Max Weber, el objetivo de la sociología. De hecho en los países del llamado “socialismo realmente existente” del Este de Europa se realizaron investigaciones sobre valoración del prestigio ocupacional, movilidad social, etc., sin que, necesariamente, ello indicara que adoptara el marco teórico del funcionalismo. En esas investigaciones no se confunden los estratos de ingresos o los grupos ocupacionales con las clases. Se utilizan precisamente para tener una fotografía más nítida de las diferencias sociales existentes en la sociedad, sin confundir unas categorías sociales con las clases sociales. De manera que queda expresado con toda claridad que nuestra crítica no conlleva un rechazo a efectuar investigaciones sobre estos aspectos, que son muy útiles para afinar el conocimiento de la realidad social, sino que la crítica se orienta a evitar la confusión conceptual entre clase social y estrato social y sus derivaciones para el análisis social y político.
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25.
26. 27.
Bernard Barber, Estratificación social. Un análisis comparativo de la estructura y del proceso, FCE, Madrid, 1974. Ibid, p.17. Idem. R. K. Merton, Teoría y estructura social, ob. cit. B. Barber, ob. cit. pp.18-19. Ibidem, p.171. Robert W. Hodge, Paul M. Siegel y Peter H. Rossi, “El prestigio ocupacional en los Estados Unidos: 1925-1963”, en R. Bendix, S. M. Lipset, Clase, Estatus, Poder, ob. cit., T. II, pp. 327-360. Ibidem, p.354. Alex Inkeles y Peter H. Rossi, “National Comparisons of Occupational Prestige”, en American Journal of Sociology, 61,1956, pp.329-339. Robert W.Hodge,Donald J.Treiman y Peter H.Rossi,“Un estudio comparativo del prestigio ocupacional”,en R. Bendix y S.M. Lipset, ob. cit.T.II P.293. B. Barber, op. cit. pp.114-17. W. Lloyd Warner et al.,The Social Life of Modern Community, Yale U. Press, 1942; Democracy in Jonesville, Harper 1949; Social Class in America, Chicago, 1949. B. Barber, op. cit., pp.122-125. Richard Centers,The Psychology of Social Classes, Princeton University Press, 1949. B. Barber, op.cit., p.126. Ibidem, pp. 136-137. Talcott Parsons, Ensayos sobre teoría sociológica, op. cit. Thorstein Veblen, “La teoría de la clase ociosa”, en R. Bendix y S.M. Lipset, op. cit.,p.135, y del mismo autor su famoso libro publicado en 1899. Teoría de la clase ociosa. FCE, México, 1963. B. Barber, ob. cit. P. 143. Ibidem, p. 169. Theodore Caplow, Sociología del trabajo, Madrid 1958, p.73. Ibidem, p.85. W.L. Warner, M.Meeker y D. Eells, Social Class in America:A Manual for Procedure for the Measurementes of Social Status, Chicago, 1949, capítulos 8-14. Ver B. Barber, op. cit., pp.182183. Vid.Ralph Miliband,El Estado en la sociedad capitalista México,1970,pp.40 y ps.; ver también a Thomas Fox y S. M.Miller,“Variaciones dentro del país: Estratificación ocupacional y movilidad, en R. Bendix y S. M. Lipset, op.cit.,T.III,pp.19l-211. C. W. Mills, La imaginación sociológica, ob.cit., p.72. H. Zettenberg, Teoría y verificación en sociología, Buenos Aires, 1968, p.99.
8. La Teoría “Superadora” De Dahrendorf
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INTRODUCCIÓN La teoría funcionalista de la estratificación presenta un carácter tan estático de la sociedad, que fue sometida a un proceso de crítica no solamente desde la perspectiva marxista sino dentro de corrientes que se colocan de manera global dentro de los mismos presupuestos fundamentales de la teoría funcionalista. Ya hemos tenido ocasión de referirnos a las “críticas internas” a que fueron sometidas las teorías de Parsons y Davis y Moore por sociólogos funcionalistas, pero también se ha criticado esta teoría desde posiciones teórico-metodológicas que se presentan como una “ superación” de las limitaciones no sólo del funcionalismo sino también del marxismo. Este es el caso de Ralf Dahrendorf quien en su obra Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial (1957) pretende proporcionar una teoría alternativa que se adecúe a los cambios que se habían producido en las sociedades industriales modernas y que hacían obsoletas e inadecuadas a las dos grandes teorías empleadas por los científicos sociales para el análisis de los fenómenos de las clases: el funcionalismo y el marxismo. CRÍTICA AL ESTRUCTURAL-FUNCIONALISMO En una serie de ensayos publicados en 1954, 1957 y 1960 (¹), Dahrendorf sometió a una crítica severa las concepciones de Parsons y de los principales teóricos funcionalistas tratando de hacer ver cómo esa escuela sociológica no daba cuenta de manera adecuada de los fenómenos del cambio social ni de los conflictos, que son elementos claves para un entendimiento conveniente de las sociedades contemporáneas. Dahrendorf considera que la concepción de Parsons sobre el sistema social plantea un elemento común a todas las utopías: “Son sociedades en las que falta la evolución”, y señala también que Parsons: “En lugar de abstraer un número limitado de variables y destacar su idoneidad para explicar un problema concreto, presenta un edificio gigantesco y aparentemente omnicomprensivo de conceptos que no describen, supuestos que nada explican y modelos de los que nada se sigue”. (²)
Quiere señalar con ello que la teoría de Parsons sobre el sistema social no es capaz de brindar explicaciones con relación a las sociedades reales.También critica Dahrendorf el consenso universal acerca de los valores de la sociedad que se encuentra en la teoría de Parsons y destaca que los datos empíricos de las sociedades realmente existentes demuestran la no existencia de este consenso universal. A partir de estas negaciones de las aseveraciones de Parsons se centra en el punto que es decisivo para su superación del funcionalismo de Parsons, que es lo relativo a los conflictos sociales, y dice que un conflicto implica siempre disenso acerca de determinados valores y de manera irónica se refiere a que la teología cristiana necesitó del pecado original para explicar el paso del paraíso a la historia, y el marxismo necesitó de la propiedad privada para explicar el paso de la sociedad comunista primitiva a una sociedad de lucha de clases, mientras que los sociólogos estructural-funcionalistas no
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han producido ni siquiera esto: “Ningún vuelo de la fantasía ni siquiera la categoría residual de la “disfunción” puede mover el sistema social, integrado y equilibrado, a producir conflictos serios y sistemáticos en su estructura”.(³) Frente a este tipo de concepciones, Dahrendorf reivindica lo que llama el modelo de conflicto que se fundamenta en la omnipresencia del cambio, no sólo en el tiempo sino también en el espacio, por eso señala que la visión real de las sociedades es que éstas están sometidas a un cambio permanente y que dondequiera que hay vida social encontraremos la existencia del conflicto. Por ello, frente al funcionalismo de Parsons que ve el conflicto como algo patológico, generado por conductas desviadas de los valores establecidos, para él lo anormal no es la presencia sino la ausencia de conflicto. También destaca la teoría de Dahrendorf que las sociedades no se mantienen integradas fundamentalmente por el consenso sino por la coacción, por el control que se lleva a cabo en la sociedad de unos sobre los otros. Ahora bien, pese a llevar a cabo esta crítica al funcionalismo, reconoce que éste ha aportado a la sociología, con su modelo del equilibrio, un esquema importante para el conocimiento de la sociedad, aunque sea limitado, de ahí, la necesidad de una síntesis entre teoría del conflicto y del consenso, presentándolos como las dos caras de la sociedad. Dahrendorf se refiere al aspecto de las clases y su enfoque por los principales teóricos funcionalistas y destaca que esa teoría no permite un conocimiento cabal de las clases, ya que el problema fundamental no estriba en una división de los miembros de la sociedad en función de estratos de ingreso o de niveles de prestigio. Este tipo de análisis no puede lograr más que una descripción superficial de los fenómenos de la desigualdad social y el problema consiste en poder comprender los conflictos sociales, para lo cual la teoría de la estratificación funcionalista no proporciona ninguna respuesta, por lo tanto, hay que distinguir entre análisis y descripción: “La relación entre descripción y análisis corresponde a la de fotografía y obra de arte; mientras que la descripción y la fotografía reproducen con toda exactitud todos los detalles de un objeto, interesa en el análisis y en obra de arte descubrir y hacer resaltar los rasgos esenciales del objeto. En este sentido ningún análisis –ni tampoco obra de arte alguna– representan plenamente la plenitud y multiplicidad de la sociedad”. (4)
El funcionalismo a lo más que puede pretender en el estudio de los fenómenos clasistas es a una descripción de los niveles de ingreso, de prestigio y la jerarquía que se producen a partir de esos indicadores, al contrario de Marx, que estaba interesado sobre todo en el análisis de los conflictos en la sociedad capitalista. Por ello, aunque en la sociedad en la que Marx vivió había muchos estratos, que él no ignoraba, sin embargo, no se interesó en describirlos, ya que su mira estaba puesta en las “fuerzas dominantes en los conflictos sociales”. Como la pretensión de Dahrendorf es intentar superar la teoría marxista de las clases, rechaza por poco útil la teoría de la estratificación funcionalista y cree conveniente elaborar una nueva teoría que trate de responder a las preguntas que intentó responder Marx. Dahrendorf estará, por lo tanto, más interesado en su teoría “superadora” en la crítica a la teoría de Marx, ya que éste es el objetivo central para establecer una teoría alternativa al marxismo sobre las clases sociales.
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CRÍTICA A LA TEORÍA MARXISTA DE LAS CLASES Dahrendorf intenta superar la teoría marxista de las clases sociales con otra teoría que se adapta a los cambios que se han operado en las sociedades industriales desde los tiempos en que Marx y Engels elaboraron su teoría. Para ello pretende realizar una “crítica severa” a la teoría de Marx, en la cual se señalen sus errores. Esta crítica debe también ser hecha a los teóricos modernos que han elaborado teorías sociológicas sobre las clases sociales y el conflicto social, en las cuales, aunque se reconocen ciertos cambios habidos en las sociedades industriales, no han podido elaborar una verdadera teoría superadora de la teoría marxista de las clases sociales, y es ésta, precisamente la labor que intenta realizar Dahrendorf. ELEMENTOS SOCIOLÓGICOS Y FILOSÓFICOS EN LA TEORÍA DE LAS CLASES DE MARX En la teoría de las clases de Marx, afirma Dahrendorf, se encuentran elementos filosóficos y sociológicos. Es decir, hay elementos que pueden ser comprobados empíricamente, y otros que escapan a esta posibilidad de comprobación o refutación empírica, los primeros serían sociológicos, los segundos elementos filosóficos. Las principales características sociológicas de la teoría de las clases de Marx, según el punto de vista de Dahrendorf, serían las siguientes: 1.
El concepto de clases sociales tiene un cometido cognoscitivo analítico y dinámico, que debía servirle para explicar el cambio global en las sociedades.
2.
La concepción bi-clasista se explica por esta intención de conocimiento dinámico y explicativo del cambio estructural.
3.
La causa determinante de la formación de las clases es la relación con los medios de producción, relación de propiedad o carencia de propiedad. Es en las relaciones de producción donde hay que buscar la causa de las clases y de su oposición radical.
4.
Según Dahrendorf, Marx identifica el poder económico y el poder político.
5.
Existe en Marx una explicación genética de la formación de las clases, cuyo primer estadio es la relación con los medios de producción que crea una misma “situación de clase”. Los componentes de esta situación de clase serían: a. Una misma relación respecto a los medios de producción. b.
Situación socio-económica común y,
c.
Situación común de intereses.
LA TEORÍA “SUPERADORA” DE DAHRENDORF
No obstante, esta no es una condición suficiente para la formación de las clases sociales. 6.
Los grupos con situaciones comunes se constituyen en clases sociales cuando participan en las luchas políticas organizadamente. Esto es, cuando organizan en un partido político, lo que lleva implícito en el plano ideológico el desarrollo de una conciencia de clase.
7.
Las clases no existen aisladas sino en lucha contra otra clase organizada, el objeto de esta es relación con los medios de producción y con los demás elementos de dominación.
8.
La teoría de la formación de las clases, se encuentra integrada en otra de mayor amplitud sobre lucha de clases como motor del cambio revolucionario de las sociedades.
9.
La concepción de Marx de la sociedad es que el rasgo fundamental de ella es la mutación permanente de sus elementos, el conflicto es parte estructural de la sociedad y lleva al cambio de su organización global.(5)
Dahrendorf encuentra el punto de unión entre los elementos sociológicos y filosóficos de la teoría de las clases de Marx, en la idea de la sociedad sin clases, la sociedad comunista. La sociedad comunista será una sociedad sin clases porque en ella no existe propiedad privada sobre los medios de producción y por lo tanto, tampoco antagonismo de clases. Aunque en la concepción histórico-filosófica de Marx: “no tienen importancia directa para una teoría sociológica de las clases. No obstante esto, Marx liga ambas mediante un truco definitorio, y de este modo da a su filosofía, un viso de validez empírica y, a su sociología, la fuerza de verdad incuestionable”.(6)
LOS ERRORES DE MARX Dahrendorf considera que los errores principales de Marx se deben a que redujo los conflictos sociales a conflictos de clases, creyó que estos conflictos de clases llegarían a un grado tal de agudización que conducirían a una revolución, y por último, otra fuente de errores, es haber situado el origen de las clases y de sus conflictos en la relación de propiedad respecto a los medios de producción. Realiza una crítica a estos errores señalando que la pretensión de que los conflictos sociales dominantes en toda sociedad sean conflictos de clase, es una generalización inadmisible que frena el análisis sociológico. El conflicto de clase no es una llave maestra que abre todas las puertas que conducen a la solución de los problemas de la transformación social, dice Dahrendorf, citando a Gurvitch. Así pues, el conflicto de clases es sólo una forma del conflicto social. Dahrendorf hace también una crítica muy aguda a la tesis de Marx de que el antagonismo entre proletariado y burguesía, les lleva a una lucha de clases que en
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última instancia conduce a la revolución. Para él esta tesis aparentemente dinámica conduce a un análisis estático de la sociedad. Es cierto que Marx reconoce el dinamismo de la sociedad capitalista, pero para él las transformaciones que se producen no logran cambiar la estructura, cuando este cambio se produce se transforma en otra estructura diferente. Dahrendorf ve en ello una coincidencia entre Parsons y Marx: “Ambos llevan a la sociedad, concibiéndola como un sistema, al agarrotamiento. Con ello, o no existe evolución estructural (esta es la “solución” Parsons, llevada a su último extremo) o sólo cambios revolucionarias (solución Marx)”. (7)
La prueba empírica que presenta para la refutación de la tesis de Marx es que las transformaciones sociales de las últimas décadas, con su carácter paulatino y no violento, niega “que todos los cambios tienen carácter revolucionario”. La conclusión a que llega el autor, en forma de hipótesis, es la que sigue: el cambio social no tiene siempre carácter revolucionario, por el contrario, este es un aspecto constante de las estructuras sociales. Las revoluciones son la excepción y no la regla en los conflictos de clases. El hecho de que la teoría de Marx sobre las clases base el origen de éstas en la propiedad privada de los medios de producción hace que su aplicaci6n se vea reducida a un período limitado de la historia. Cuando existe una separación entre propiedad legal y control real la teoría de Marx pierde, dice Dahrendorf, su valor analítico. En el siglo XIX propiedad y control estaban unidos, pero el desarrollo del capitalismo ha llevado a una dislocación entre ambos. La propiedad se encuentra diseminada entre miles de accionistas, y el poder real, el dominio, está en manos de los tecnócratas o managers que no tienen ningún título jurídico de propiedad sobre las empresas. El control de los medios de producción es un caso de dominación y su relación con la propiedad privada algo casual. “Las clases no están vinculadas a la propiedad privada, a la industria o a la economía sino que, como elementos estructurales y factores causantes de los cambios de estructuras, lo están a su causa determinante: al dominio y a la distribución de éste”. (8)
Con una teoría construida sobre esta base se puede dar cuenta tanto de los hechos pretéritos como de los actuales de la sociedad industrial avanzada. Esta es la pretensión que anima al autor estudiado, construir una teoría de las clases basada en las posiciones de dominación. CAMBIOS EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL Además de una crítica teórica de la teoría marxista de las clases, Dahrendorf presenta argumentos empíricos que constituirán la crítica por la realidad social misma de la teoría marxista. En la sociedad industrial se han producido importantes cambios de estructura que han tenido como corolario transformaciones en la existencia y oposición de las clases. Sin intentar agotar la exposición de todos los cambios acaecidos destaca los que le parecen esenciales.
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1. PROPIEDAD Y CONTROL Se ha producido en gran escala un fenómeno que tuvo su aparición en la segunda mitad del siglo XIX: la sociedad por acciones. Esta forma de empresa económica produce un fenómeno de decisiva importancia, el desdoblamiento de la doble función del empresario-capitalista en dos funciones separadas, la del capitalista o propietario, y la del director o manager. Los accionistas suelen tener poco contacto con su empresa, transformándose su propiedad en una mera inversión de ahorro. Por el contrario, el papel del director o gerente crece, llegando a poseer “una propiedad casi ilimitada sobre una empresa que no les pertenece”. (9) Esto ha llevado a que los directores tengan el control real de la empresa, perdiendo los propietarios su función de control. La consecuencia para la estructura de clases es una modificación del “sector funcional superior” en la producción industrial, que no es ya el capitalista o su heredero, sino los directores reclutados no por su propiedad sino por su capacidad, experiencia y rendimiento. El desempeño de posiciones de autoridad en la empresa cambia de base la legitimación, de la propiedad jurídica a la confirmación de las decisiones de los directores por los accionistas y en el consenso de los miembros de la empresa. Todo ello conduce, según Dahrendorf, a que la estructura de la empresa no sea ya rigurosamente capitalista, porque el propietario legal y el director efectivo no son idénticos. Lo que ha permanecido inmutable es la división entre posiciones de autoridad y posiciones de subordinación, entre empresarios y trabajadores. 2. LA ESTRATIFICACIÓN EN EL SENO DE LA CLASE TRABAJADORA Marx había expuesto que: “Los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquina va borrando las diferencias en el trabajo y reduce el salario, casi en todas partes, a un nivel igualmente bajo”. (¹0) Dahrendorf rechaza esta afirmación ya que en la sociedad industrial moderna se asiste a la formación de grandes diferenciaciones en la clase obrera, por un lado, tenemos a los obreros cualificados, y en el extremo opuesto, a los no cualificados, entre ellos existe una masa de especialistas con una gran gradación en su seno. Al lado de esto, se encuentra una gran complejidad en los sistemas salariales, con muchas escalas retributivas. Todo ello conduce a la conclusión de que, en vez de la uniformidad, la clase obrera ofrece una variada estratificación en sus componentes, que modifica su situación común de clase. 3. LA “NUEVA CLASE MEDIA” Incluso antes de concluir el siglo XIX se produce en las sociedades industriales un cambio de estructura que iba en contra de la tendencia señalada por Marx de la polarización de la sociedad en burgueses y proletarios. Es cierto, como señaló Marx, que se fue reduciendo el sector de las capas intermedias constituido por los campesinos, los pequeños comerciantes, y los artesanos, pero el proceso de polarización se vio frenado por hechos nuevos no previstos por la teoría de Marx.
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Las grandes empresas industriales, y su progresiva racionalización, la presencia de fuerzas burocráticas que atendían a las funciones de programación, contabilidad, marketing, etc. Pero este proceso no quedó reducido a la industria sino que se extendió a la banca, el comercio, los transportes, y a la administración pública. Colin Clark señaló que las sociedades industriales en su progreso económico van desplazando su población activa del sector primario (la agricultura), al secundario (industria), y de ésta a los llamados servicios o sector terciario. (¹¹) Esto es, que asistiremos a una progresiva “tercerización” de la sociedad, a una sociedad donde campesinos y trabajadores industriales sean una minoría social y la gran mayoría está constituida por los empleados, a los cuales se les aplica la denominación de “clase media”, heredada de la que se aplica a los artesanos, comerciantes y campesinos, y para distinguirlas de éstas se les agrega el calificativo de nuevas, es decir, se trataría de una “nueva clase media”. No obstante, no constituyen un sector homogéneo por las diferencias existentes entre ellos en ingresos, posición social, origen social y divergencias de intereses profesionales. Pero lo que realmente interesa destacar, es que su existencia niega –según Dahrendorf–, la polarización de la sociedad en burgueses y proletarios. 4. LA MOVILIDAD SOCIAL Uno de los hechos más importantes de la estructura de la sociedad industrial es su característica de sociedad de “clases abiertas”, es decir, de la posibilidad de movilidad social vertical que existe en su seno. Esto se debe a razones ligadas a su propia organización, que esta orientada hacia la explotación eficaz de sus recursos, lo que tiende a promover una competencia que permita que cada cual ocupe “el lugar que le corresponda”. Cuando se institucionaliza el ascenso y el descenso sociales, la población de tales sociedades se encuentra en un fluir constante. Esta movilidad no fue contemplada en la teoría marxista, que por el contrario, veía en el ascenso social una traición a su clase. 5. LA NUEVA FUNCIÓN DE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS El desarrollo de la sociedad industrial hizo que surgiera una nueva función para las instituciones educativas, además de las tradicionales, de instrucción y 'socialización”. Se trata de “situar” socialmente a los hombres indiferentemente de su origen social. Así pues, esta función está ligada al incremento de la movilidad social vertical en las sociedades industriales, sea esta real o una mera aspiración. La influencia sobre la estructura de clases de esta nueva función es manifiesta. Ya la pertenencia a la clase social no está unida como en la sociedad pre-industrial, o los inicios de la industrial, al nacimiento, que se imponía como “destino” del individuo. El desarrollo cuantitativo de los establecimientos docentes, de los maestros y alumnos, y el cualitativo, con la extensión de la igualdad de educación a nuevos sectores sociales, y el lugar central ocupado por las instituciones de educación en el proceso de ordenación de las posiciones sociales: “Transforma las clases que Marx consideraba constantes y auto generadoras, esto es, a la
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“burguesía” y al “proletariado”, en masas fluctuantes, cuya composición, desde el punto de vista del origen social de sus miembros, está en constante modificación”. (¹²)
6. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL ANTAGONISMO DE CLASES Cuando Marx escribía, los sindicatos se encontraban en rebelión contra las normas jurídicas vigentes. Pero más tarde los argumentos sindicales de que el contrato de trabajo, cuando se realizaba de manera unilateral entre los trabajadores como individuos y el patrón era desigual y favorecía al patrón, fue abandonado, fue reconocido jurídicamente el sindicato y se estableció el sistema de las negociaciones colectivas, esto permitió salarios más homogéneos por categorías laborales. Aunque hubiera diferencias individuales ligadas a la productividad individual, etc. De esta manera se fue institucionalizando el conflicto entre las clases en la empresa, y por lo tanto, se vio sometido al control de unas “reglas de juego”. Esto sirvió, entre otras cosas, para regular el conflicto industrial, disminuir las formas más violentas de los antagonismos, además, ha permitido el desarrollo de los sindicatos, quienes con su actividad: “como organizaciones obreras comenzaron a mejorar los sueldos reales y con ello las condiciones de vida de los trabajadores, proceso que continúa hasta la fecha y que rebate sin duda alguna la teoría marxista de la progresiva depauperación del proletariado”. (¹³) LA “SUPERACIÓN” DE LA TEORÍA MARXISTA DE LAS CLASES Dahrendorf pasa revista a las teorías de las clases sociales de un grupo selecto de sociólogos de los que destacamos a Schumpeter, Burnham, K. Renner, Th. Geiger, Th. Marshall, y E. Mayo, y concluye que ninguno de ellos, aunque toman en cuenta modificaciones producidas en la sociedad industrial avanzada, y en este sentido rebasan la teoría marxista de las clases, no logran superarla. Las causas que dan razón de este fracaso teórico las reduce Dahrendorf a cuatro: “1ª. Algunos sociólogos se limitan a probar que las predicciones de Marx no se han cumplido y que, por tanto, su teoría no se ha confirmado... (con ello) sólo confirman la inadecuación de la teoría marxista, sin sustituirla por otra; 2ª. Una segunda dirección de la teoretización sociológica se basa en supuestos (meta-teoréticos) que hacen imposible el análisis del conflicto social como fenómeno estructural, por lo que tampoco puede aceptarse como satisfactoria...3ª.Algunas teorías sociológicas sobre la sociedad industrial desarrollada desplazan la temática del análisis a aspectos de la estructura social distintos de los que sirven de base a la teoría marxista de las clases...4ª. Finalmente, aquellos intentos tienen en cuenta aspectos parciales de la realidad modificada”. (¹4)
La tarea de Dahrendorf será pues lograr el objetivo de superar la teoría de las clases de Marx, para ello intentará tener en cuenta, en su “teoría superadora”, los fenómenos que explica Marx en su teoría de las clases, además de los nuevos hechos de la sociedad industrial avanzada.
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El intento de superación de la teoría marxista de las clases tiene que atacar la base en que ésta descansa, esto es, las relaciones de propiedad respecto a los medios de producción. Todo el valor de esta teoría se pierde, según la tesis de Dahrendorf, cuando se constata la separación entre propiedad legal, control real y dominio efectivo, que es precisamente uno de los hechos nuevos de las sociedades industriales desarrolladas. Así pues, la superación se realiza si se sustituye la posesión o no de medios de producción en activo, por la exclusión o participación de las posiciones de dominación como el “criterio determinante de la constitución de las clases”. Tenemos entonces que el giro consiste en situar la causa de las clases sociales no en el ámbito de las relaciones de producción sino en el de las estructuras de autoridad. Por ello la definición que da Dahrendorf es la siguiente: “Las clases son agrupaciones sociales en conflicto, cuya causa determinante (y con ello su diferencia específica) se halla en la participación y exclusión de dominio dentro de cualquier asociación de dominación. Las clases se diferencian en este punto de otras agrupaciones en pugna, basadas por ejemplo, en diferencias étnicas o religiosas”. (¹5)
Este concepto de clase tiene que ir ligado a una teoría de las clases que formule las relaciones fundamentales del conflicto de clases y esta teoría de las clases se debe inscribir en una teoría de la sociedad. El “modelo” teórico sobre la sociedad de Dahrendorf es el de la sociedad conflictual basada en las relaciones de dominación. El concepto de dominación lo toma Dahrendorf de Weber.“Por dominación debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato determinado contenido entre personas dadas”. (16) Estas relaciones de dominación se producen en el marco de las “asociaciones de dominación”. En la teoría conflictual de la sociedad la categoría clase social es clave, porque a diferencia de la de estrato permite el análisis social dinámico. 1. INTERESES LATENTES Y MANIFIESTOS El punto de arranque de la teoría de las clases de Dahrendorf es el postulado de que al dominio o exclusión de las posiciones de autoridad, van ligados ciertos intereses que son opuestos. Esto quiere decir, que toda asociación de dominación puede concebirse dividida en dos grupos, uno de los cuales posee autoridad y tiene intereses en el mantenimiento del status quo, y el otro, carente de autoridad, tiene interés en modificar la estructura. Estos intereses forman parte de las funciones asignadas a las posiciones, y desde el punto de vista de los que las desempeñan, son intereses latentes. Se transforman en intereses manifiestos cuando se convierten en objetivos conscientes de los actores de las posiciones, esto es, cuando pasan a ser “programas” de grupos organizados. Brevemente, los intereses latentes guían la conducta de los actores sin ser reconocidos por ellos de manera consciente. Los intereses manifiestos son ya motivos conscientes que inspiran su acción social.
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2. CUASI-GRUPOS Y GRUPOS DE INTERESES Todos los titulares de puestos vinculados a intereses latentes iguales, no forman un grupo en sentido sociológico. A lo más, constituyen un grupo en potencia, o cuasigrupo. Los grupos de intereses son verdaderos grupos en sentido sociológico: “Los grupos son pluralidades de hombres en contacto y comunicación regular, con una estructura reconocible”. (¹7) Como los grupos de intereses son grupos secundarios los contactos regulares y la comunicación, se da a través de sus representantes. Los cuasi-grupos, al ser más amplios que los grupos de intereses, sirven a éstos de campo de reclutamiento. Los estudiantes, por ejemplo, son un grupo agregado, un cuasi-grupo, las distintas asociaciones estudiantiles son grupos de intereses. Aunque en la teoría de las clases de Dahrendorf se tenga “que contar con los dos tipos de agrupaciones que...hemos denominado cuasi-grupos y grupos de intereses, pero que igualmente podrían denominarse “clase en sí” y “clase para sí”. (¹8) El verdadero agente activo de los conflictos es el grupo de interés y no el cuasi-grupo. Importa entonces conocer el proceso por el que surgen los grupos de intereses cuando no se presentan condiciones variantes. Esto es, “bajo condiciones ideales”. He aquí el proceso: “En toda asociación de dominación pueden diferenciarse dos cuasi-grupos unidos por comunes intereses latentes de clase. La orientación de estos intereses aparece determinada, en cada caso, por la participación o exclusión de poder. De los cuasi-grupos se reclutan los grupos de intereses, cuyos programas articulados defienden o impugnan la legitimidad de la estructura de dominación existente. Dos de estos grupos aparecen en conflicto en toda asociación de dominación”. (¹9)
3. MODELO DE LA TEORÍA DE LAS CLASES DE DAHRENDORF Para mayor claridad vamos a presentar a continuación los postulados que constituyen el modelo que sirve de base a la teoría de las clases de Dahrendorf: a. En toda asociación de dominación pueden distinguirse dos grupos de posiciones: las funciones atribuidas a uno de ellos llevan consigo perspectivas de dominación; las atribuidas al otro, excluyen esta posibilidad. b.
Aquellos grupos se distinguen por tener intereses latentes comunes. Son cuasigrupos. Les denominamos intereses latentes, esto es, cuasi-grupos en el sentido de la teoría de las clases (I.L.Tc C.G.Tc).
c.
De los intereses latentes (I.L.Tc.), de los cuasi-grupos (C.G.Tc.) nacen los intereses manifiestos, esto es, los grupos de intereses en el sentido de la teoría de las clases (I.M.Tc.G.I.Tc.), cuando no se interfieren determinadas condiciones variantes (CV).
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d. Los grupos de intereses (G.I.Tc.) se hallan en conflicto social, en el sentido de la teoría de las clases o del conflicto de clases (C.S.Tc., C.C.Tc.) en una relación de oposición, cuya forma especial e intensidad se hallan condicionadas por determinadas condiciones variantes (CVTc.) e.
Los conflictos de clase determinan cambios estructurales en el sentido de la teoría de las clases (C.E.Tc.), cuya forma especial se halla condicionada por determinadas condiciones variantes (CVTc.). (²0) CRÍTICA A LA TEORÍA DE LAS CLASES DE DAHRENDORF
Al modelo de Dahrendorf se le han hecho varias críticas, unas van solo en el sentido de reconsiderar ciertos supuestos, otras van en un sentido más radical. En el primer sentido se puede catalogar el intento de ampliación del modelo que ha llevado a cabo David Willer.(²¹) Para este autor el modelo de Dahrendorf debería, en primer lugar, eliminar la presuposición de que toda posición social lleva a un interés único; en segundo lugar, tener en cuenta que pueden surgir condiciones que hagan imposible que se constituya el grupo de interés; y en tercer lugar, distinguir entre los grupos que han manifestado sus intereses de aquellos que han dado un paso más, los que se han organizado para llevar a cabo sus intereses. También introduce Willer el concepto de exigencia: sentimiento de descontento existente en una colectividad que se produce por la discrepancia entre la situación tal como es y tal como debería ser.La constitución del grupo de interés de Dahrendorf puede ser representado gráficamente de la manera siguiente: INTERESES LATENTES 1,2,3
CUASI-GRUPO
INTERESES MANIFIESTOS 1,2,3
GRUPOS DE INTERÉS
El de Willer sería el siguiente: EXIGENCIA
ARTICULACIÓN
POSICIÓN ESTRUCTURAL
POSICIÓN DE INTERÉS
INTERÉS LATENTE
GRUPO DE INTERÉS
GRUPO DE INTERÉS
GRUPO DE INTERÉS
LATENTE
MANIFIESTO
ORGANIZACIÓN
ORGANIZADO
Así pues, tenemos que las dos innovaciones de Willer son el concepto de “exigencia” (exigency) y, la distinción de un grupo con un interés manifiesto y organizado para su defensa o búsqueda.(²²) Rocher critica a Dahrendorf que tenga, como uno de los puntos centrales de su
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modelo, que la dicotomía de autoridad engendre de manera necesaria antagonismos entre las dos posiciones estructurales.El argumento de Dahrendorf es que las personas o grupos que detentan autoridad tienen siempre interés en el mantenimiento de la situación, del status quo que les beneficia, mientras que las personas o grupos dominados tienen interés en el cambio de la situación. Dice Rocher: “Sin embargo se pueden observar situaciones en las cuales son las personas o grupos con autoridad que proponen o inician cambios, cambios que otros rechazan... Parece, que tales fenómenos no encuentran explicación en el modelo de Dahrendorf ”.(²³) También es necesario señalar que si bien Dahrendorf reprocha a Marx el haber reducido todos los conflictos sociales a la lucha de clases, él ha caído en un reduccionismo semejante cuando considera que todos los conflictos sociales son conflictos de autoridad. Maravall parte de un reconocimiento positivo del aporte de Dahrendorf ya que considera que: “Las diferencias en la distribución del poder posiblemente engloben todos los demás factores que serían casos particulares del factor “poder””. (²4) Es precisamente esta importancia que da al poder Dahrendorf la que plantea una serie de problemas. La sociedad moderna con sus variadas formas de organizaciones crea una multiplicidad de poderes y controles. Cabe entonces preguntarse si todas ellas dan origen a clases sociales antagónicas, y cuál sería la diferencia cualitativa entre una forma de poder y las demás. Todo esto puede conducir, dice Maravall, a una arbitrariedad, además de que la proliferación de clases sociales llevaría a un caos analítico. Pero existe aún otro problema, que estribaría en fijar el límite entre controladores y no controladores, entre dominantes y no dominantes. (²5) Una crítica más radical de Dahrendorf es la que encuentra en su teoría una manifestación del formalismo sociológico. Es evidente que Dahrendorf elimina en su concepto de clases sociales toda conexión concreta al desvin cularla de las relaciones de producción, y centrarla sobre el concepto de dominación. Esto conduce a la división biclasista de la sociedad, en una masa y una élite y lleva a Moya a decir que: La Teoría pura de la dominación “clarifica” progresivamente el esquema de la estratificación social reinterpretando el postulado de “las dos grandes clases”, en términos de ese brillante enfoque formalista que vincula la visión institucional de la estructura social con planteamientos sociológico-políticos precedentes de Mosca y Pareto. Pero con ello, la realidad profunda de la estructura social se reduce a sus niveles institucionalmente explícitos y se consagra el orden político establecido como orden institucional fundamental en cuanto sistema englobante”. (²6) A esta afirmación sobre el elitismo de Dahrendorf se puede aplicar la crítica que contra estas concepciones hace Bottomore: “En las sociedades occidentales las minorías selectas (elites) se encuentran, en su mayor parte, a un lado de la gran barrera que constituyen las divisiones de clases; y, por ello, si concentramos nuestra atención en la competencia entre minorías, y no examinamos los conflictos entre clases y las formas en las que esas minorías se relacionan con las diversas clases sociales, se crea una visión totalmente engañosa de la vida política”. (²7) Además del elitismo a que conduce la teoría de las clases basada en la dominación o autoridad, el reduccionismo, que más arriba hemos expuesto, hay que añadir la arbitrariedad lógica que supone el convertir una teoría de ámbito reducido en una teoría para la estructura y el cambio social en general, el conflicto social que se produce en las
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organizaciones jerárquicas, le lleva a aplicarla a nivel macro social convirtiéndola en una teoría dinámica del cambio social global. Estamos completamente de acuerdo con Moya en que la teoría de Dahrendorf no nos puede proporcionar los conceptos fundamentales para el análisis de las clases y de sus interrelaciones, ya que: “Para alcanzar a explicar los fenómenos del desarrollo histórico-social, hay que ir más allá de este formalismo sociológico institucionalista. Hay que profundizar por debajo de la costra normativa en que la vida social cristaliza, por debajo de las tensiones que las normas regulan y producen, si realmente queremos llegar a entender la dinámica social estructural”. (²8)
CRÍTICA A LAS CONCEPCIONES DE DAHRENDORF SOBRE LA TEORÍA MARXISTA La crítica que lleva a cabo Dahrendorf al marxismo carece de fundamentos sólidos como trataremos de demostrar a continuación. En primer lugar, la separación que hace este autor entre elementos sociológicos y filosóficos en la teoría de las clases de Marx, basada en que hay elementos de la misma que pueden ser comprobados empíricamente y otros que escapan a esta comprobación, se basa en la aplicación de un procedimiento analítico que no responde a la característica sistémica o totalizadora de la teoría marxista. Para Dahrendorf el elemento filosófico no comprobable en la teoría es la idea de una sociedad sin clases, de la sociedad comunista, el papel “mesiánico” del proletariado y la afirmación, para él indemostrable, de que la sociedad capitalista será la última sociedad de clases de la historia. Cuando Marx se refiere a la sociedad comunista no hace ningún tipo de formulación utópica sobre esta sociedad sino que basándose en las tendencias del desarrollo del capitalismo, que lo conducen a un proceso de crisis cíclicas cada vez más profundas, lo que que unido a una voluntad política de lucha contra el sistema capitalista, conduciría a la superación del mismo y a la instauración de una sociedad que iniciaría un proceso de transición que debería conducir, en un plazo al cual Marx nunca fijó ni por asomo ningún tipo de fecha, pero que en función de las características a las que se refirió sobre la sociedad comunista en la “Crítica del Programa de Gotha”, había de ser necesariamente un largo proceso histórico. Así pues, ahí no hay nada que se pueda considerar filosófico, entendido a la manera positivista o neopositivista como “metafísico”, sino un análisis sociológico que no se queda en el aquí y ahora, sino que trata de ver el proceso de evolución, reformas y revolución social, a partir de los datos de la realidad y sus tendencias. Cuando Marx se refiere al capitalismo como la última sociedad de clases de la historia, se está refiriendo a que sería la última sociedad de clases antagónicas en base a la eliminación de la explotación y de la expropiación de plusvalía, pero esto no implica que en las sociedades postcapitalistas no existan formas de desigualdad social ni la existencia de estratos o capas sociales. De todos modos Marx no trató de esbozar una especie de filosofía de la historia universal donde a continuación del capitalismo vendría una sociedad comunista a la cual él se hubiera dedicado a trazar sus formas de organización económica, política y social,
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a grandes rasgos o en detalle. Marx no era un Ray Bradbury, él no hacía ciencia-ficción, sino que señalaba, en base a un estudio científico que: “Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad”. (²9)
Esto indica que cuando la revolución se produce en sociedades de bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas el proceso de transición que conduce al socialismo y al comunismo tiene que cumplir con determinadas exigencias del desarrollo económico y social y que, por ende, no son sociedades socialistas `maduras` o plenamente desarrolladas, sino que persisten en su seno residuos importantes del capitalismo e incluso elementos provenientes de sociedades precapitalistas, lo cual originará determinados elementos en la estructura social que adoptan configuraciones clasistas analógicas con la estructura de clases de las sociedades capitalistas atrasadas. El materialismo histórico de Marx no es un voluntarismo político. Ahora bien, cuando Marx se refiere a formaciones sociales capitalistas como las últimas sociedades de clases de la historia lo dice en el siguiente sentido: “Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso de producción social, no en el sentido de un antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que nace de las condiciones sociales de existencia de los individuos; las fuerzas productoras que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para resolver este antagonismo”. (³0)
Es importante subrayar aquí que Marx se refiere a formas antagónicas en el proceso social de producción y que no se trata de antagonismos individuales, por ende, las relaciones de producción del proceso de transición implican determinadas contradicciones, antagonismos individuales y conflictos. Marx no está planteando, como Dahrendorf criticaba en otro contexto a Parsons, una sociedad sin conflictos, una tal idea no cabía en la perspectiva teórica de Marx, lo que él quería destacar es que en las sociedades socialistas desde el punto de vista de la producción social, no se daban las bases para contradicciones antagónicas ya que no existía ninguna clase explotadora. Como para Dahrendorf su noción de clase va ligada a determinadas posiciones de autoridad-no-autoridad, el elemento de la producción, pierde importancia y es justamente lo contrario de la posición de Marx. La consecuencia por lo tanto es clara, para Dahrendorf, una sociedad sin clases es un absurdo desde su definición formal de clase social, pero para el marxismo al tener en cuenta el fenómeno de la producción y de la explotación, el mismo proceso de desarrollo de las fuerzas productivas conduciría a crear los medios para la existencia de una sociedad que no estuviera dividida en clases en el sentido marxista del término. Eso no es una disquisición filosófica o “metafisica” sino un análisis histórico y social concreto. Respecto a la afirmación de Dahrendorf de que otra concepción filosófica en Marx es el papel mesiánico que otorga al proletariado, no hace más que hacerse eco de una
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vieja crítica que le hacen a Marx teóricos procedentes de diversas corrientes. Nicolás Berdiaeff, un brillante filósofo existencialista cristiano, señalaba sobre Marx que:“su teoría del proletariado no tiene nada de científica; es religiosa, mesiánica, y encierra un mito. Crea el mito del proletariado mesiánico”.(³¹) Es sabido que se ha querido ver en las ideas de Marx una extrapolación de la idea religiosa judía del “pueblo elegido” al proletariado, como la clase social elegida para la redención de la humanidad. Pero esto no tiene nada que ver con Marx sino con la hermenéutica de algunos de sus críticos. En Marx no existe ninguna concepción mesiánica sobre el papel del proletariado, ya que la función emancipadora de esta clase tiene que ver con el propio desarrollo objetivo del capitalismo y de la situación que ocupan un conjunto de agentes sociales en relación con el proceso productivo y con su situación global dentro del sistema capitalista. Esto lo percibió Marx de manera clara por primera vez en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, cuando señala que el papel emancipador del proletariado viene dado por la condición proletaria, como opuesto a las principales características de la burguesía. En ese sentido señala que: “Ninguna clase de la sociedad burguesa, siente la necesidad, ni tiene capacidad para la emancipación general hasta que se ve obligada a ello por la situación inmediata, por la necesidad material, por sus mismas cadenas ¿Dónde reside entonces la posibilidad positiva de emancipación alemana? En la formación de una clase con cadenas radicales, de una clase de la sociedad civil; de un Estado que sea la disolución de los Estados; de una esfera que posea un carácter universal por lo universal de sus sufrimientos, y que no reclame para sí ningún derecho especial, puesto que, contra ella no se ha cometido ningún desafuero en particular, sino el desafuero en sí, absoluto. Una clase a la que le resulte imposible apelar a ningún título histórico, y que se limite a reivindicar su título humano. Que no se encuentre en contradicción unilateral con sus consecuencias, sino en omnilateral contraposición con las premisas del Estado alemán; de una esfera, finalmente, que no pueda emanciparse sin emanciparse en el resto de las esferas de la sociedad, y, simultáneamente, emanciparías a todas ellas; que sea, en una palabra, la pérdida completa del hombre. Esta descomposición de la sociedad, en cuanto clase particular, es el proletariado”.(³²)
Si bien Marx desarrolló posteriormente en lo que Althusser y sus seguidores llaman sus obras “maduras”, desde un punto de vista de la economía política, en qué se basaba el papel, no mesiánico, sino histórico del proletariado, ya en esa obra de juventud, que venimos de citar, encontramos los fundamentos que nos explican por qué la clase trabajadora está llamada a desempeñar una determinada acción histórica. Aquí tampoco encontramos fundamentos válidos alguno para rechazar la teoría de las clases de Marx como conteniendo elementos de carácter fundamentalmente “metafísicos”.
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CRÍTICA A LOS ERRORES DE MARX SEÑALADOS POR DAHRENDORF Para reafirmar el carácter científico de su teoría alternativa al marxismo de las clases sociales, Dahrendorf se da a la tarea de presentar una serie de errores que encuentra en Marx y llega a decir que los principales errores del mismo derivan de que redujo todos los conflictos sociales a conflictos de clase. Hay que rechazar el tipo de interpretación que hace Dahrendorf al respecto, ya que en Marx no existe ningún tipo de reduccionismo en cuanto a los conflictos significativos de la sociedad y los intereses políticos, económicos e ideológicos de las diferentes clases, fracciones o capas. Ya que, en una sociedad clasista, todas las manifestaciones sociales conllevan elementos de valores, percepciones, actitudes e intereses que están originados en las clases sociales, de las que forman parte los diferentes agentes y, esto se manifiesta, en el conjunto de las relaciones sociales. Puede haber conflictos interindividuales donde las líneas de demarcación de los intereses de clase no se manifiestan de manera clara, pero precisamente no es éste el campo privilegiado por el análisis marxista y Marx se refiere en su obra en lo fundamental a aspectos macro sociales no a la micro sociología. Ahora bien, no privilegiar en un enfoque determinados aspectos, no significa de ninguna manera negar los mismos. Otro error que atribuye Dahrendorf a Marx es que éste sólo ve en la sociedad los cambios revolucionarios. En este sentido hace una comparación, traída por los pelos, entre Parsons y Marx, señalando que Parsons ve la sociedad sin evolución estructural, mientras que Marx sólo ve en la sociedad los cambios revolucionarios, y cree refutar a Marx diciendo que las transformaciones sociales existentes, con su carácter gradual y no violento, niegan que los cambios tengan un carácter revolucionario, y dice que las revoluciones son la excepción y no la regla. Este argumento de Dahrendorf falsifica la teoría de Marx ya que desconoce o quizás le interesa metodológicamente, pasar por alto, toda una concepción de una dialéctica de reforma y revolución que caracteriza al marxismo y que se manifiesta, incluso en el marxismo más vulgar, en la famosa ley de la dialéctica del paso de lo cuantitativo a lo cualitativo y de la lucha entre lo viejo y lo nuevo, lo que implica un proceso de reforma que puede conducir a una ruptura revolucionaria. Es cierto que las revoluciones no son un fenómeno habitual en la sociedad, sino momentos históricos excepcionales, y en ese sentido, para el marxismo, no toda modificación social, no toda reforma, ni siquiera un conjunto amplio de ellas, es decir, no todo cambio, es ya una revolución o el prolegómeno de ella. Otra de las críticas que hace Dahrendorf a Marx es que éste concibe o identifica la revolución con la violencia atribuyendo lo que tiene un carácter en cierto modo secundario en la concepción de la revolución en Marx, con su aspecto principal. No es necesario traer a colación aquí los textos donde Marx expresa la posibilidad de una toma del poder político en forma pacífica, electoral, por el proletariado, ya que ésta no es la idea que prima en Marx sobre la revolución social. Para él la revolución se produciría a través de medios violentos porque las clases dominantes llevarían a cabo una guerra civil antes que perder sus privilegios. Pero la
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revolución social para Marx es sobre todo un proceso que se basa en el desarrollo de las fuerzas productivas, en el carácter cada vez más social de la producción que entra en contradicción con el carácter individual y no colectivo de la apropiación del excedente y, la inadecuación de las relaciones de producción que se convierten en trabas para un mayor desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Junto a ello, la concentración y centralización de capitales, la anarquía de la producción, las crisis cíclicas de superproducción y la agudización de las luchas de clase, serían las causas precipitantes de la revolución social que se pueden resumir en el paso del poder político de una clase a otra. Esto es lo fundamental, la violencia o la no violencia, son simples medios instrumentales que dependen, en definitiva, de la correlación de fuerzas existente en cada sociedad específica, de ahí que –como hemos dicho–, Dahrendorf en este punto caricaturiza la teoría de Marx. También refuta nuestro autor a Marx por basar su teoría de las clases sobre la propiedad privada de los medios de producción, señalando que esto hace válida a la teoría de Marx solamente durante un breve período histórico, y agrega que cuando se da una separación entre la propiedad jurídica y el control real de las empresas la teoría de Marx pierde su valor analítico. Para Dahrendorf el capitalismo moderno al separar a los accionistas y los managers otorga el poder de decisión y de mando en estos últimos y por ende, de acuerdo a su teoría, es entre éstos y los que se encuentran subordinados a ellos en la empresa, donde reside el conflicto “de clase” en el seno de estas organizaciones o empresas. Esta concepción viene de Burnham con su tesis sobre la revolución de los managers y es retomada, además de nuestro autor, por las tesis de Galbraith sobre la tecnoestructura, y en otra vertiente, por Charles Bettelheim.(³³) Dahrendorf pretende refutar a Marx por una vía que no le lleva a ninguna parte, porque el capitalismo para Marx no implica que el burgués esté dirigiendo directamente la empresa de la misma manera que para él, el Estado capitalista no implica un Estado que esté dirigido personalmente por los capitalistas sino por representantes políticos del capital. La separación que se da en la empresa entre los dueños de las acciones y el cuerpo “técnico” de gerentes y administradores, no elimina por ello, el carácter capitalista de la empresa, ni el tipo de conflicto que se deriva del tipo de relaciones de producción existente en la misma. Es el propio desarrollo del capitalismo el que lleva a esta “separación” ya que el mismo Marx señalaba que los capitalistas se van haciendo cada vez más parasitarios a medida que se desarrolla el capital financiero y es a través del control de las altas finanzas, de la concentración y centralización de capitales, que la clase capitalista ejerce su dominio sobre los medios de producción. El paso del capitalismo concurrencial al capitalismo monopolista lleva consigo cada vez más que una oligarquía financiera vaya controlando el conjunto de la vida económica y esto se acentúa cada vez más con la conformación de las grandes empresas transnacionales. Precisamente la explicación del paso del capitalismo manufacturero al capitalismo de libre competencia y de éste a la fase del imperialismo y del capitalismo monopolista de Estado e internacional, e incluso a la hoy denominada mundialización o globalización del capital, puede ser explicado acudiendo a las principales categorías de
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análisis desarrolladas por Marx y de cuyas tendencias de desarrollo dio cuenta en El Capital. Por lo tanto, la separación entre propiedad jurídica y control real no puede ser empleada como una refutación “empírica” de la teoría de Marx sino que, al contrario, confirma sus análisis sobre el capitalismo. Otras críticas que hace Dahrendorf se refieren a que se ha producido una estratificación en el seno de la clase trabajadora que modifica su situación común de clase, que no se ha dado la polarización de la sociedad en burgueses y proletarios que Marx anunciara, y que, por el contrario, asistimos al crecimiento de una nueva clase media. También considera Dahrendorf que el proceso de movilidad social de las sociedades industriales ha establecido un sistema de clases abiertas que tiende a hacer menos agudos los conflictos de clase, que se ha dado una democratización de la educación que hace asequible, a través de la obtención de diplomas a individuos de las diferentes clases, el acceso a las posiciones más importantes de la sociedad. Por último, que los conflictos de clase se han institucionalizado perdiendo con ello su carácter explosivo y resolviéndose los conflictos a través de un proceso de negociación, todo lo cual conduciría a convertir la teoría de Marx en obsoleta. Vamos a demostrar brevemente cómo estos cambios en las sociedades industriales no tienen las consecuencias para la teoría marxista que aduce Dahrendorf. En primer lugar, que en la clase trabajadora se produzca una estratificación forma parte del mismo proceso de producción y reproducción del capitalismo a través de la división del trabajo, manual e intelectual, del trabajo de dirección, control, vigilancia, ejecución y de la jerarquía de salarios que la acompaña. Se acentúa la heterogeneidad en la clase trabajadora y esto produce que los elementos comunes se vean desdibujados ante el prestigio social y las diferencias de ingreso que significa el desempeño de ciertas tareas en la sociedad y en la empresa. Por ende, tratar de ver este fenómeno, normal en el proceso social, como una negación de la teoría marxista, es pasar por alto toda la explicación de las afirmaciones marxistas sobre el hecho de que la clase trabajadora no es homogénea desde el punto de vista de sus condiciones sociales de existencia en razón del tipo de empresas en las que trabajan, de sus niveles de cualificación, de la existencia incluso de una llamada “aristocracia obrera” y de las diversas experiencias de todo tipo de los diferentes sectores de trabajadores. El marxismo ha dejado muy claro que la clase obrera no es una masa homogénea de la misma manera que Marx afirmara que no se podía considerar a la burguesía en su conjunto como una “masa reaccionaria”. En segundo lugar, el desarrollo de esa llamada nueva clase media ha sido explicado por Marx cuando en El Capital trató sobre la transformación que se produce en el capitalismo en la obtención de la plusvalía absoluta y el paso a la obtención de la plusvalía relativa. Los cambios en la composición orgánica del capital expuestos por Marx lleva a un desplazamiento de fuerza de trabajo hacia el denominado sector terciario ya que las innovaciones tecnológicas hacen posible una liberación de fuerza de trabajo empleada directamente en la producción de plusvalía, y por ende, se hace necesario que sectores de la población tengan que emplearse en las tareas de acelerar la realización de la plusvalía. Esto lleva a un crecimiento en términos absolutos de la población empleada en esos sectores no directamente productivos o “improductivos”. Es curioso que se pretenda refutar a Marx en un fenómeno como éste del cual él
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brindó, antes que nadie, los instrumentos analíticos para preverlos y analizarlos. Lo cual no quiere decir que sobre las características y modalidades del capitalismo Marx haya dicho ya todo lo que se pueda decir. Afirmar esto es contrario al carácter de análisis científico que va implícito en el marxismo. En tercer lugar, el fenómeno de la movilidad social y de la democratización de la enseñanza tienen que comprenderse por el mismo desarrollo del capitalismo, que en razón de lo explicado anteriormente, necesita, a medida que se producen las innovaciones tecnológicas aceleradas por la competencia entre las grandes corporaciones y la revolución científico-tecnológica, un personal cada vez más capacitado en función de una tecnología cada vez más sofisticada. Esto ha implicado un gran proceso de movilidad social que si bien en los períodos de prosperidad ha sido percibido fundamentalmente como una movilidad vertical ascendente, tiende en los períodos de crisis a convertirse en una movilidad descendente. Los altos niveles de paro existentes en los principales países capitalistas desarrollados son la mejor demostración de que el proceso de movilidad no es únicamente en dirección a las cimas de la “pirámide” social, sino también hacia las bases. Además de que hay un mito sobre la movilidad social, pues el ascenso de un estrato inferior a uno superior es muy limitado porcentualmente, dándose en una proporción mayor ascensos dentro de un mismo nivel de estratos. Si nos situamos en una perspectiva marxista sobre las clases, la movilidad social de una clase a otra es insignificante, ya que son, en términos relativos y absolutos, escasos los individuos que procediendo de la clase obrera acceden a convertirse en miembros de la clase capitalista. De ahí que no hay datos que permitan demostrar que estos cambios en las sociedades capitalistas industrializadas nieguen la validez del marxismo. Por último, la institucionalización de los antagonismos clasistas tampoco puede servir de argumento de refutación del marxismo, ya que la misma se ha producido como consecuencia de lo que Marx denominó las coaliciones de trabajadores. Se organizaron los sindicatos a través de un proceso de luchas sociales y sólo así obtuvieron el reconocimiento por el Estado de sus derechos sindicales. De este modo, se ha logrado un paso de avance en tanto que, para el marxismo, al contrario de determinadas visiones anarquistas-individualistas, a través de un proceso de organización, educación y lucha, la clase trabajadora, va logrando determinados grados de conciencia de clase que lo van conformando para poder lograr objetivos político-sociales de mayor envergadura. Para concluir, la superación que pretende realizar Dahrendorf de la teoría marxista de las clases no logra su propósito y el análisis de sus argumentaciones lo que nos hace ver es que, se trata de la utilización de un cuerpo de conceptos marxistas que son empleados por él despojándolos de sus contenidos y convirtiéndose de ese modo en una teoría simbólico-formalista que, de ningún modo, puede pretender ser una alternativa al análisis marxista de las clases y los conflictos de clase. El principal mérito que puede reconocerse a la teoría de Dahrendorf es haber puesto en evidencia la inadecuación de la teoría de la estratificación estructuralfuncionalista para llevar a cabo un análisis social dinámico, y el haber puesto énfasis en la función de los conflictos sociales, pero falla en su objetivo principal, que era refutar a la teoría marxista de las clases y erigir una teoría que la superara.
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CONCLUSIONES Las teorías sociológicas sobre las clases sociales que hemos estudiado, y sometido a ciertas críticas, no nos proporcionan una concepción adecuada sobre el fenómeno de las clases. Esto radica en que, los criterios que utilizan se refieren a estratos sociales, como hemos demostrado de manera fehaciente. La sustitución de las clases sociales por los estratos sociales cumple una importante función ideológica en la conciencia social, ya que tienden a oscurecer la realidad social de la explotación y la apropiación de plusvalía. Esto se realiza definiendo las clases sociales, no por la posición que ocupan respecto a los medios de producción, o bien, por criterios objetivos, que confluyen en las categorías de estatus-roles, y en definitiva, en la cantidad de rentas de los individuos. Estas teorías no rebasan el que llamó Marx “grosero buen sentido común”, que transforma la distinción de las clases en el tamaño del portamonedas, y que, como se basa en puras diferencias cuantitativas, enlaza a individuos de la misma clase unos contra otros. Los intentos de realizar una síntesis teórica entre funcionalismo y marxismo se nos muestran a todas luces insuficientes. Es harto difícil conciliar funcionalismo y marxismo en un punto tan diametralmente contrapuesto como el de las clases sociales, y por más artes conciliatorias que se muestren, a lo más que se llega es a una teoría tan eclética que en definitiva no llega a tener las virtudes de ninguna de las teorías que se intentan conciliar. Si la teoría funcionalista de las clases muestra su operatividad en el campo de la sociografía, de los análisis socio-profesionales y de mercadología, resulta poco menos que imposible el sintetizarla con la teoría marxista, cuya concepción totalizadora impide toda inserción de otras teorías con fundamentos diametralmente opuestos. La teoría marxista de las clases sociales es un parte componente de la teoría marxista que sólo encuentra explicación refiriéndola al todo, por ello, el campo de su operatividad es la sociología dinámica, y tiene su fundamento en las leyes sociales que señalan la sucesión de los modos de producción en la historia, por la acción del desarrollo de las fuerzas productivas, su contradicción con las relaciones de producción y la lucha de clases. Los intentos de síntesis no conducen más que, en el mejor de los casos, a rectificar planteamientos colaterales, y no esenciales, de las teorías. En los casos estudiados hemos comprobado cómo, en definitiva, las tentativas se suelen quedar dentro de los marcos del funcionalismo, y que la determinación de las clases se hace al nivel de la distribución y no de la producción. En cuanto a la pretensión de superación del marxismo por una teoría radicalmente distinta que escape a los errores y limitaciones del funcionalismo, como quiere ser la teoría de Dahrendorf, el intento demuestra la habilidad del sociólogo alemán para utilizar categorías dinámicas: clase dominante y dominada, conflictos de intereses, etc., y vaciarlas de todo contenido. Esto se produce al reducirlas a problemas de autoridad y poder dentro de las organizaciones, dándole una autonomía absoluta a lo político. Es también el error de Ossowski que determina las clases en las sociedades modernas por las decisiones del poder político. Nos interesa señalar que las teorías estudiadas representan un gran esfuerzo ideológico de los sociólogos no marxistas para presentar una visión más adecuada de la estructura de clase en las sociedades capitalistas. La teoría funcionalista de las clases de
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Parsons y Davis y Moore, es la racionalizaci6n justificadora de las clases dominantes en una sociedad capitalista donde, todavía, la libre competencia y la soberanía del consumidor servían de modelo ideal, y a la vez, de valores básicos para la autoconcepción de la sociedad burguesa capitalista. Las teorías de Dahrendorf, Lenski y Ossowski pretenden hacerse cargo de los fenómenos que ha producido la transformación interna del capitalismo en capitalismo monopolista de Estado, y en particular de los cambios que produce en la estructura de clases la intervención directa y permanente del Estado en la actividad económica, en las relaciones de producción y de cambio, y la unión de la fuerza de los monopolios con la fuerza del Estado en beneficio de la oligarquía monopolista-estatal. No obstante, creemos que los autores estudiados no logran aportar conceptos fecundos para el análisis de la estructura de clases y que las consecuencias tanto políticas como teóricas que se derivan de sus exposiciones no son válidas. La división de la sociedad en clases no se halla determinada por el régimen de distribución, ni por el lugar ocupado en las jerarquías organizativas, ni en la voluntad de un Estado poderoso en lo económico. Por lo tanto, la lucha de de clases no es consecuencia de la modificación del régimen de distribución, por ocupar los puestos superiores en las organizaciones, ni en influir sobre el Estado para que favorezca los intereses de determinadas clases, en suma, por lograr sólo ciertas reformas dentro de la estructura socio-económica. Ciertamente en las sociedades contemporáneas, tanto capitalistas avanzadas como en desarrollo, existen una serie de fenómenos nuevos en la estructura social para cuya comprensión hace falta un desarrollo teórico. Pero para nosotros, a diferencia de los sociólogos estudiados, es en el marxismo y no en la teoría funcionalista, o en pretendidas teorías sintetizadoras o superadoras, que se encuentran los conceptos claves para su desarrollo teórico que permita un análisis concreto de la situación concreta, y a partir de ahí, la comprensión de los procesos de cambio en la estructura de las clases.
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NOTAS. 1.
2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33.
Estos ensayos están recogidos en sus libros Sociedad y Libertad; Hacia un análisis sociológico de la actualidad, Madrid1966. Sociedad y sociología. La ilustración aplicada, Madrid, 1966 y en Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial, Madrid, 1962. Ralf Dahrendorf, Sociedad y Libertad, ob.cit., p.94. bidem, p.95. Ibidem, p. 131. R. Dahrendorf, Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial, ob. cit., pp.34-46. Ibidem, p.48. Ibidem, p.174. Ibidem, p.180. Ibidem, p.60. Carlos Marx y F.Engels, Manifiesto del partido comunista, en Obras Escogidas, I, La Habana, 1963, p.30. Colin Clark, Las condiciones del progreso económico, Alianza,Madrid, 1966. R. Dahrendorf, Las clases sociales y su conflicto, op.cit., p.95. R. Dahrendorf, Sociedad y libertad, op. cit., p.140. R. Dahrendorf, Las clases sociales y su conflicto ... op. cit., pp.157-158. Ibidem, p.182. Max Weber, Economía y sociedad, La Habana, 1971, p.43. Morris Ginsberg, Sociology, 1953, p.40, cit, por R. Dahrendorf, Las clases sociales y su conflicto, op. cit., p.224. R. Dahrendorf, ob. cit., p.224. I9) Ibidem, p.226. Ibidem, p. 261. David Willer, La sociología científica, Amorrortu,Buenos Aires, 1977 Ver José M. Maravall, La sociología de lo posible, Madrid, 1972, pp.175-177. Guy Rocher, Introducción a la sociología general, Herder,Barcelona, 1973, J.M. Maravall, op. cit., p.181. Ibidem, p.178. Carlos Moya, Teoría sociológica. Una introducción crítica, Madrid, 1971, pp. 162-163. T.B. Bottomore, Minorías selectas y sociedad, Madrid, 1965 p.160. Carlos Moya, ob. cit., p.170. K. Marx, Prólogo de la Contribución a la crítica de la Economía Política, Obras Escogidas, pp. 373-374. Ibidem, p.374. Nicolás Berdiaeff, Cristianismo y lucha de clases, Espasa, Madrid, 1963. Carlos Marx, Anales Franco-alemanes, Barcelona, John K. Galbraith, El nuevo estado industrial,Ariel, Barcelona, 1980 y Charles Bettelheim, Cálculo económico y formas de propiedad, Siglo XXI, Madrid, 1973.
9. La teoría sintética de Lenski
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INTRODUCCIÓN G. Lenski, a partir de su experiencia de profesor de estratificación social, percibió que era posible la comprensión de las diferentes teorías sobre las clases sociales dentro de una estructura unificada. Para él esto era posible si se aplicaba la dialéctica hegeliana, la que permitía descubrir pautas significativas en la historia de la teoría de la estratificación. Desde los tiempos más remotos, existen los puntos de vista divergentes de las tesis conservadoras, que señalan que la desigualdad es inevitable y justa, y la antítesis denominada radical o en otros términos, progresista, que considera lo contrario. La utilización de la dialéctica hegeliana le permite a Lenski percibir tendencias de desarrollo y, en ese sentido, capta el surgimiento de una tercera posición teórica, o síntesis hegeliana, entre ambas. Esta síntesis sería el resultado de la aplicación rigurosa del método científico moderno al estudio de la desigualdad social y, en este sentido, se diferencia netamente de las teorías conservadoras y progresistas, que son en esencia –según su punto de vista–, teorías normativas interesadas sobre todo por una evaluación de tipo moral y por la cuestión de la justicia. Lenski se propone como objetivo fundamental estudiar las causas de la estratificación social más que las consecuencias de la misma, y considera que la mayoría de los teóricos suelen interesarse sobre todo por estas últimas, pero para él lo más importante del fenómeno de la estratificación son las causas que provocan la desigualdad social. La síntesis que propone se diferenciará también de las teorías al uso de la estratificación social, por la atención que le da a la cuestión del poder y el privilegio, antes que al prestigio social. Para nuestro autor, la estratificación se centra sobre la distribución, y en este punto su teoría no representa ninguna novedad, respecto a las teorías de la estratificación funcionalistas tradicionales. Esto se desprende de la definición que el propio autor da de la estratificación entendida cómo: “el proceso distributivo en las sociedades humanas, proceso por el cual se distribuyen valores escasos”. (¹) La distribución es el fenómeno básico de la estratificación social y no las clases o estratos que serían solamente:“las unidades estructurales que a veces surgen como resultado de las operaciones del proceso distributivo, pero el fenómeno básico es el proceso en sí”. (²) Otra de las críticas de Lenski a los estudios de estratificación social es que han puesto un énfasis excesivo en los problemas de estructuras en detrimento de los problemas de mayor importancia, como son los procesos que van a generar esas estructuras. Por todo ello, propone denominar este campo de estudio no como estratificación social, sino estudio del proceso distributivo. Indica que esta denominación es más adecuada, ya quelos principales estudiosos de esta esfera de problemas, independientemente de cuáles fueran sus concepciones, se propusieron contestar la pregunta básica de: ¿quién obtiene qué y por qué? (³)
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LA SÍNTESIS: REFORMULACIÓN DE PROBLEMAS Y CONCEPTOS Hemos señalado que Lenski se propone llevar a cabo una síntesis entre teorías conservadoras y progresistas que considera que se prolongan hasta la actualidad en las teorías sociológicas sobre la estratificación del funcionalismo y del marxismo, respectivamente. Aunque nuestro autor incluye dentro de las teorías radicales a un Dahrendorf, que como ya se ha visto(4), no logra superar una concepción, en definitiva, funcionalista, o a lo más, neoweberiana, aunque su teoría le dé más énfasis a los aspectos del conflicto. La síntesis que pretende llevar a cabo Lenski considera que ha sido preparada por la teorización anterior, tanto de los teóricos funcionalistas como del conflicto y, especialmente, considera que los autores que han logrado una mayor aproximación a una síntesis teórica y que, por ende, estima como grandes precursores de la síntesis que él realiza, son Max Weber y Pitirim Sorokin. El primero, si bien, según Lenski, no realizó una teoría sistemática sobre la estratificación, por lo menos incorporó en sus estudios conceptos de ambas tradiciones teóricas. El segundo es visto por Lenski como el autor que fue más lejos en la perspectiva de síntesis, manifestada en la utilización de un enfoque multidimensional de la estratificación. El proceso de síntesis conlleva lo que Lenski denomina la formulación de problemas y conceptos. Los dos modos que concibe Lenski que deben emplearse en la formulación son los siguientes: en primer lugar, la técnica de transformar conceptos categoriales en conceptos variables. La segunda técnica es la separación de conceptos compuestos en sus elementos constitutivos. La técnica de transformar conceptos categoriales en conceptos variables, consiste en abandonar el empleo de los conceptos categoriales, ya que conducen a los dilemas de “esto” o “aquello”, “lo uno u otro”. Sin embargo, si se transforman los conceptos categoriales en variables, no se trata ya de plantearnos el anterior tipo de elección, sino intentar determinar en qué grado está presente un fenómeno determinado. Por ejemplo, cuando se utilizan conceptos categoriales se plantean los problemas del siguiente modo: existen o no existen relaciones de producción feudales en una sociedad. Si se utilizan conceptos variables nos planteamos el problema de otra manera menos limitada y trataríamos de responder: en qué grado están presentes las relaciones de producción feudales en una sociedad. La separación de conceptos compuestos en sus elementos constitutivos conlleva tener en cuenta que los conceptos compuestos incluyen numerosas variables que están interrelacionadas entre sí, que si son separadas, permite tener mayor claridad sobre el fenómeno que se estudia. El autor pone el ejemplo del concepto de movilidad social como un concepto compuesto que es más operativo para la investigación social y se descompone en sus elementos constitutivos, con lo cual podemos distinguir en el análisis, entre la movilidad inter e intra generacional, horizontal y vertical, movilidad ocupacional, educacional, etc. Si el investigador hace generalizaciones a partir de uno de esos tipos de movilidad éstas pueden llevar a conclusiones falsas, si se está refiriendo a un tipo específico de
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movilidad. De ahí que sea de evidente utilidad llevar a cabo un desplazamiento de los conceptos categoriales a los variables y separar los conceptos compuestos en sus elementos constitutivos, ya que, dice Lenski, esto conlleva: “la formulación de más preguntas fructíferas y esto, a su vez, lleva casi siempre a un acuerdo cada vez mayor en puntos de controversia”. (5) NATURALEZA DEL HOMBRE Y DE LA SOCIEDAD La teoría de Lenski consta de unas constantes que están centradas en lo que él denomina la naturaleza del hombre y de la sociedad y que van a constituir el fundamento de su síntesis. Los postulados en que se basa su concepción son el producto de una síntesis teórica entre las ideas conservadoras y progresistas. Vamos a exponer brevemente los principales postulados sobre la naturaleza del hombre. El primer postulado señala la naturaleza social del hombre, entendida como la obligación natural de vivir con otros hombres como miembro de una sociedad. Esto implica que la sociedad modela el carácter y personalidad de sus miembros. El segundo postulado señala que los hombres, cuando tienen que tomar decisiones importantes entre las que tienen que elegir sus propios intereses o los de su grupo y los intereses de otro, la mayoría de las veces elige los primeros. El tercer postulado se refiere a que los bienes deseados por los hombres son escasos. Se podría lograr la satisfacción si sólo se buscase en los bienes la utilidad, pero al lado de ésta se encuentran la búsqueda de estatus, de prestigio, lo cual hace inevitable que la demanda de bienes sea mayor que la existencia de los mismos, aunque se aumente la producción o se limite el crecimiento demográfico. Si se acepta la veracidad de estos tres postulados, la conclusión lógica es que en toda sociedad se librará una lucha por la obtención de los bienes, y que dicha lucha será inevitable. El cuarto postulado señala que los hombres están muy desigualmente dotados por la naturaleza de los atributos necesarios para llevar a cabo estas luchas. Aunque estas desigualdades no constituyen la fuente principal de la desigualdad social, son lo suficientemente importantes para apoyar la tesis conservadora de que la naturaleza es la fuente de la desigualdad social. El quinto postulado señala que los hombres son criaturas de hábitos y que influyen en ellos las costumbres de la sociedad. La importancia de este postulado es que explica la tendencia a la estabilidad de los sistemas existentes de distribución, contribuyendo de esa manera a que se mantenga la desigualdad, sin que los conflictos necesariamente conduzcan a una ruptura del orden distributivo existente. En lo que respecta a la sociedad, Lenski señala cómo los funcionalistas y los teóricos del conflicto mantienen posiciones divergentes. En la tradición conservadora, las sociedades se suelen comparar con organismos biológicos y, como tales, son percibidas como sistemas en los que la supervivencia y bienestar del conjunto se obtiene a través de la cooperación de las diferentes partes. Al lograr el bien del todo se tiene como corolario el de las partes. Este punto de vista es típico de Parsons en su obra El sistema social, en la cual se coloca el sistema social como punto de partida y posteriormente se pretende explicar la acción de las partes en función de las necesidades del todo.
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Los teóricos del conflicto suelen tener una visión anti-sistémica de las sociedades. Se suelen destacar los conflictos y las luchas y por ello se destacan las partes que participan en los conflictos: clases, grupos de intereses, partidos, individuos, que compiten entre sí, para obtener determinados beneficios. Ante estos dos tipos de posiciones sobre la naturaleza de las sociedades, la tercera posición o síntesis de Lenski señala que ambas teorías contienen elementos de verdad. Para él la concepción del sistema social según la óptica conservadora no es admisible ya que: “No existe nada parecido a un sistema social humano perfecto en el que las acciones de los hombres queden subordinadas por completo a las necesidades del conjunto. Esta construcción teórica no tiene contraparte y ni siquiera aproximación remota, en el mundo real”. (6)
De lo anterior concluye Lenski que tanto la cooperación como el conflicto son características permanentes y normales de la sociedad. Por lo tanto, los conflictos no pueden verse como algo patológico, pero tampoco se puede despreciar lo relativo a los grados de integración den la sociedad. También señala la simultaneidad que se da en las sociedades y, específicamente, en los sistemas distributivos, entre las necesidades del sistema y las necesidades de la unidad, lo cual provoca permanentemente un conflicto. Esta idea rompe con las concepciones típicamente conservadoras que niegan el conflicto entre los intereses del grupo y los del individuo, lo cual se ilustra en la famosa mano invisible de Adam Smith, que en definitiva plantearía una armonía final entre el interés individual y el colectivo. Respecto a los intereses individuales, señala que éstos son muy diversos y rechaza la actitud de ciertos teóricos, específicamente los marxistas, que según él creen saber cuáles son los intereses de los individuos. Indica que aunque esto puede ser importante desde el punto de vista político, no lo es desde el punto de vista científico. De ahí que considere que lo correcto es realizar una de estas dos cosas: hacer inducciones sobre enunciados hechos por los mismos individuos o grupos, o hacer inducciones fundadas sobre inferencias de las acciones de los individuos o grupos. Considera que esta última alternativa es más válida ya que los individuos tienden a representarse en forma errónea sus propios intereses, por lo que los juicios deben basarse sobre lo que los individuos hacen más bien que sobre lo que dicen. Esta afirmación de Lenski contrasta con la afirmación que realiza sobre el carácter ideológico y la asunción del papel divino que atribuye a los marxistas, ya que Marx subrayó precisamente que no se debía tener en cuenta lo que los hombres dicen, sino su práctica, debido a que esta última proporcionaría la base para un conocimiento verdadero de las actividades sociales. En este punto, como en otros, se percibe de manera clara cómo hay un interés en desvirtuar los elementos básicos de la sociología del conocimiento marxista, a la vez que se asumen sus presupuestos sin llevarlos hasta sus últimas consecuencias, tanto en el plano científico como en el social y político. Lenski señala que una de las metas fundamentales de los individuos es la supervivencia y que fuera de ésta es difícil señalar cuál es la más importante, aunque considera que las que les siguen en importancia son la salud y el prestigio social. Junto
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a éstas y valoradas en razón de su función instrumental, es decir, como valores medios, señala el dinero como una meta importante y la considera tan importante como el estatus e inclusive como la misma supervivencia. Para el logro de las metas de los individuos éstos emplean todos los recursos con que han sido dotados por la naturaleza y la sociedad y cada individuo los va a emplear con el fin de lograr las cosas que más valora. El autor, partiendo de un concepto sociológico, rechaza las interpretaciones que conciben la lucha por obtener valores como intercambios reglamentados por la ley, por la moral, en definitiva por las reglas establecidas, y destaca que muchos intercambios caen fuera del ámbito de lo establecido. De ahí que la respuesta a la pregunta de ¿quién obtiene que qué y por qué?, debe responderse atendiendo al hecho de que los individuos buscarán sus intereses empleando a menudo medios violentos, inmorales e ilegales. Respecto a los intereses de la sociedad, éstos son más difíciles de establecer que los individuales. Sin embargo, se puede decir que las metas de una sociedad serían: “Aquellos fines hacia los cuales se dirigen los esfuerzos más o menos coordinados del conjunto independientemente del daño que puedan ocasionar a muchos miembros individuales, y aun a la mayoría. Esto significa, en realidad, que en aquellas sociedades fiscalizadas por una clase dominante que tiene el poder de determinar la dirección de los esfuerzos sociales coordinados, las metas de la sociedad, son las de esta clase”.(7)
Esto puede explicar por qué para las clases dominantes se reconoce la convergencia de los intereses del individuo y de la sociedad. Las principales metas de la sociedad serían para Lenki el mantenimiento del status quo político. Para ello, se hace necesario el fortalecimiento de la maquinaria estatal y de todos los mecanismos de control social. La segunda meta básica es llevar al máximo la producción y los recursos de esta sociedad. Visto lo anterior concluye que las sociedades así como los individuos procuran fundamentalmente su propio interés. LA DINÁMICA DISTRIBUTIVA Si los postulados sobre la naturaleza del individuo y de la sociedad que maneja Lenski tienen validez, podría señalarse que los productos que el hombre fabrica se van a distribuir sobre la base de la necesidad y el poder. Así pues, establece dos leyes en la dinámica distributiva. La primera señala que: “Los hombres compartirán el producto de su trabajo en la medida requerida para asegurar la supervivencia y productividad continuada de aquellos otros cuyas acciones son necesarias o beneficiosas para los primeros”. (8)
La segunda ley distributiva indica, siguiendo en este punto a Weber en cuanto a la concepción del poder, que el poder determinará la distribución de casi todos los excedentes para tener en cuenta las acciones altruistas de los individuos que pueden influir en el proceso distributivo.
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Partiendo de lo anterior, se encuentra una relación entre las variables poder y privilegio. Si se define el poder como la probabilidad de poder imponer la voluntad de un individuo o grupo a otros, y el privilegio como la posesión o dominio de una parte del excedente de una sociedad, se puede afirmar que el privilegio será fundamentalmente una función del poder y en un grado menor, una función de las acciones altruistas. Esto conduce a que la explicación de la distribución del privilegio se determina por la distribución del poder. Y el prestigio será una función del poder y el privilegio. La presentación gráfica de este tipo de relaciones entre las diferentes variables se expresa de este modo: FIGURA 4 - DISTRIBUCIÓN DEL PRIVILEGIO Y DISTRIBUCIÓN DEL PODER.
PODER
PRESTIGIO PRIVILEGIO
X.Y.Z
ALTRUISMO
FUENTES PRINCIPALES DE INFLUENCIAS FUENTES SECUNDARIAS DE INFLUENCIAS
Como puede verse en el mismo, el poder constituye el elemento central en la explicación de la dinámica distributiva. Las leyes expuestas sobre la dinámica distributiva nos señalan que será necesario que en la sociedad se produzca un excedente para que pueda darse una distribución en base al poder. A partir de esto, el autor plantea dos hipótesis: La primera señala que en las sociedades más simples en el aspecto tecnológico, los bienes y servicios se distribuirán totalmente o en parte, en función de la necesidad. La segunda señala que con el progreso tecnológico, una proporción cada vez más creciente de los bienes y servicios de una sociedad, se distribuirán sobre la base del poder. Si se aceptan las leyes distributivas y las dos hipótesis anteriores, se podrá concluir que:“la naturaleza de los sistemas distributivos variará en gran medida según el grado tecnológico que hayan alcanzado las sociedades en cuestión”. (9) La tecnología va a ser el factor o variable principal que va a utilizar Lenski para la clasificación de las sociedades, aunque él considere que al tenerse en cuenta la base tecnológica, se tienen en cuenta también otras variables, ya que la tecnología no es una variable aislada. Junto a la variable tecnológica, existen variables secundarias que van a
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determinar variables también secundarias en los sistemas distributivos, de manera tal que los sistemas distributivos variarán en función de la tecnología y su nivel de desarrollo, por las diferencias ambientales, por la proporción de la población adulta que se dedica a operaciones militares, por la etapa del ciclo político en que se encuentre, etc. LA CLASE DE PODER El fenómeno de la estratificación social desde el punto de vista del autor se caracteriza por su multidímensionalidad, lo que proporciona la base para la existencia de concepciones distintas acerca de las clases, sin que ninguna de ellas agote el tema de la estratificación. De esa manera, se puede analizar el fenómeno en función de las clases de prestigio, pero también se puede hacer una clasificaci6n en función del privilegio o del poder. Esto conlleva a que Lenski postule que la definición de las clases no puede ser demasiado estrecha y propugna por una definición en sentido lato y que posteriormente se distinga entre los diferentes tipos de clases. En ese sentido, se puede dar una primera definición de clase, señalándola: “…como un conjunto de personas de una sociedad que ocupan una posición similar respecto de ciertas formas de poder, privilegio o prestigio”. (10) Ahora bien, el interés fundamental de Lenski es responder a la pregunta ¿quién obtiene qué y por qué?, él está interesado no en las clases de prestigio sino en las clases de poder, en razón de que prestigio y privilegio van a estar determinados por la distribución del poder existente. Como el poder se manifiesta a través de la fuerza y el poder institucionalizado, y éste último se subdivide en poder de posición y de propiedad, nos propone definir la clase de poder de la siguiente manera: “…el conjunto de personas de una sociedad que ocupan una posición similar respecto de la fuerza o de alguna forma específica de poder institucionalizado”. (¹¹) La definición de las clases en términos de poder, no quiere decir que todas las clases tengan poder, ya que se trata de una relación asimétrica respecto al poder, de carencia y posesión de poder y de grados diversos de posesión de poder. También es necesario tener en cuenta que esta definición implica que un individuo puede formar parte de una multiplicidad de “clases de poder”. En este sentido, el autor señala que en la sociedad norteamericana un individuo puede formar parte de la clase media en lo que respecta a la propiedad inmobiliaria, a la clase obrera por su actividad en su fábrica, así como ser miembro de “la casta negra”, todo lo cual influirá en las oportunidades que tiene de obtener las cosas que desea. En ese sentido, señala la necesidad que hay de realizar análisis multidimensionales, en el estudio de las clases en las sociedades industriales modernas. Como los miembros de una clase comparten intereses comunes, esto lo lleva a estar, por lo menos potencialmente, en hostilidad frente a otras clases, estén o no conscientes de ello. Por último, el autor precisa que cuando en la definición se refiere al conjunto de personas que ocupan una posición similar, esto no quiere decir que sean total y absolutamente idénticos los miembros de una clase, ya que si se adopta este punto de vista nos encontraríamos frente a un continuo de posiciones que no serían factibles de ningún agrupamiento, lo que nos llevaría a que hubiera tantas clases como
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prácticamente individuos. Esto conduciría a emplear un criterio menos restrictivo haciendo un agrupamiento donde el término similar no indique igualdad absoluta en la posesión de poder, prestigio y privilegio, por lo que se empleará el concepto de manera amplia, aunque puedan hacerse subdivisiones dentro de cada clase de poder. LOS SISTEMAS DE CLASES Un sistema de clases es definido por el autor como una jerarquía de clases clasificadas siguiendo algún criterio único. Todo sistema de clases de una sociedad contendría en su seno a todos los miembros de la misma, ya que participa simultáneamente de alguna clase, dentro del sistema de trabajo, sociedad, etnia y política, los cuales se relacionan con las principales fuentes de poder de la sociedad. Lenski presenta un cuadro donde describe la distribución del poder en una sociedad latinoamericana ficticia, donde habrían cuatro importantes fuentes de poder: actividad política, riqueza, trabajo y raza. Las cuales tendrían diferente grado o peso. En cada sistema hay diferentes clases, cuyo número varía. Los límites entre las clases son variables, algunas estarán bien delimitadas y se muestran con una línea continua, mientras que otras cuyos límites son menos definidos, son divididas con líneas punteadas. En el diagrama se representa a dos individuos con las letras X e Y, encerrados en un círculo, siendo X un terrateniente rico, de ascendencia española que es miembro de la elite política; mientras que Y sería un mestizo de clase media que es un pequeño negociante, que no mantiene actividad política, pero que apoya al régimen existente. Con el gráfico se pretende representar la aplicación de la teoría de Lenski y nos muestra que la lucha por el poder y los privilegios no se da solamente entre individuos y clases, sino también entre sistemas de clases y, por ende, entre diversos principios de distribución. (¹²) Los sistemas de clases varían entre sí de muy diversas maneras, siendo las variaciones más importantes las que se refieren al grado de movilidad que es posible dentro de ellas: a. por el grado de hostilidad que existe entre las clases, la cual el autor supone se relaciona inversamente con las oportunidades de movilidad, aunque esta relación no sea proporcional; b.
por el grado de institucionalización, o sea, por el predominio de las costumbres, los derechos y obligaciones de las distintas clases que gozan de un determinado consenso en la sociedad o en la fuerza. LOS SISTEMAS DISTRIBUTIVOS
Los sistemas distributivos varían en su complejidad,en función del nivel tecnológico logrado por la sociedad.Estos sistemas pueden ser comparados en base a ciertas propiedades,aunque esta comparación no pueda hacerse en función de una medición precisa. Otra dificultad adicional en las comparaciones entre los sistemas distributivos es
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que excluyen la utilización de medidas unidimensionales, ya que ninguna medida única puede dar cuenta con plenitud de la extensión de la desigualdad. Pese a todo, se pueden realizar comparaciones significativas entre los sistemas distributivos, aunque éstas tengan un carácter aproximativo. Se puede señalar que: a. El grado de desigualdad existente en los sistemas distributivos variará en proporción directa con el volumen del excedente de una sociedad; b.
los sistemas distributivos variarán de acuerdo a sus tasas de movilidad vertical y estas tasas podrían variar en proporción directa con la tasa de cambio tecnológico y social, y
c.
otro elemento para llevar a cabo comparaciones, y por lo tanto una tercera característica de los sistemas distributivos, es el grado de hostilidad de clases que tenderá a variar en proporción inversa con la tasa de movilidad ascendente. PRECISIONES TEÓRICAS
La teoría de Lenski pretende encontrar una constatación empírica aplicándola a cinco tipos básicos de sociedades: sociedades de caza y recolección, sociedades horticultoras simples, sociedades horticultoras avanzadas, sociedades agrarias, y sociedades industriales, cuya clasificación se hace fundamentalmente en función de mayor o menor complejidad de la tecnología que es empleada. Luego de aplicar la teoría al estudio de esos cinco tipos de sociedades, Lenski señala que su teoría se constata en lo fundamental, aunque indica ciertas precisiones que deben hacerse a la misma. Entre ellas cabe destacar las siguientes: Primero, la relación entre la tecnología y la organización política no es tan simple como había previsto el autor. Se pueden dar variaciones importantes en el nivel de desarrollo político, sin que se den variaciones importantes en la esfera tecnológica. Por lo cual se puede concluir que, el nivel de avance tecnológico es una causa necesaria, pero no suficiente del progreso político. Esto tiene importancia para el proceso distributivo, ya que el nivel de desarrollo político va a constituir una causa determinante del carácter de los sistemas distributivos. Segundo, se hace una distinción de tipo analítico entre los conceptos de tecnología y de economía. Esto tiene pertinencia, ya que puede haber sociedades que se encuentren en niveles comparables de desarrollo tecnológico, pero en las cuales pueden existir variaciones económicas independientes de la variación tecnológica, y estas variaciones económicas tienen efectos sobre los sistemas distributivos. Tercero, se constató que además de la importancia de la organización tecnológica y social en la configuración de los sistemas distributivos, existe la influencia de otros factores de singular importancia que son: 1) las variaciones de ideología; y 2) las variaciones en los atributos personales de los dirigentes políticos. La ideología influye de manera muy especial en las sociedades más avanzadas, por el hecho de existir instituciones donde hay un gran número de especialistas en los
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aspectos ideológicos que tienen un peso más importante en la determinación de la opinión pública y en las decisiones, lo cual influye muchas veces en la inversión de la tendencia hacia la desigualdad social. Los atributos personales de los dirigentes políticos es innegable, sea en aquellas sociedades donde no hay una gran institucionalización política, o cuando el grado de constitucionalismo es bajo, o bien por los poderes de que disponen los gobernantes en épocas de crisis o revolución. De cualquier manera, los dirigentes de los estados modernos tienen un caudal de poderes a su disposición que utilizarán en función, muchas veces, de sus atributos personales. Lenski afirma que, aunque: “Hay límites obvios a la influencia que puede ejercer el factor personal, no son tan estrechos como para que resulten triviales. Aunque la variable implicada allí es, en esencia, de carácter no-sociológico, las teorías sociológicas deben encontrarle un lugar”. (¹³)
Cuarto, la tasa de desarrollo económico tiene una relación directa con las variaciones en el sistema distributivo, ya que se constató que una elevada tasa de desarrollo económico se relacionaba con una mayor disposición por parte de las clases dominantes a hacer sacrificios relativos, con el fin de asegurar incrementos en términos absolutos. El diagrama (página siguiente) que se presenta a continuación, sintetiza la teoría general de la estratificación de Lenski, incorporando las variaciones antes señaladas. La teoría va a explicar la naturaleza de los sistemas distributivos en función de la influencia de un conjunto de características constantes y los factores variables que influyen también sobre los sistemas distributivos. Las flechas indican el flujo de las influencias y los números romanos la importancia que tiene cada variable. Los símbolos X, Y, Z, indican que la teoría parte del supuesto de que otros factores además de las constantes y las variables que se exponen en la teoría, ejercen influencia en la naturaleza del sistema distributivo. (¹4)
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz FIGURA 5 - DIAGRAMA SINTÉTICO DE LA TEORÍA GENERAL DE LA ESTRATIFICACIÓN
Las constantes
I-
a)
Naturaleza social del hombre
c)
Dotes desiguales del hombre
b)
d) e)
f)
Influencia primaria
II-
Influencia secundaria
III-
II > III
Naturaleza predominantemente
Influencia menor
Influencia secundaria en las sociedades
tecnológicamente primitivas que se
egoísta del hombre
transforma en una influencia menor en las sociedades avanzadas
Confianza del hombre en el hábito y la costumbre
Escasez de recompensas
Las sociedades humanas como sistemas muy imperfectos
Las variables Tipo de sociedad
Nivel y modo de la tecnología
Pautas básicas de organización Política, demográfica y productora I
I y II
Nivel de productividad y volumen del excedente económico
Diferencias de ambiente
Duración, seguridad yorigen del régimen, naturaleza de regímenes anteriores y tasa de desarrollo económico
Tasa de participación militar
Grado de constitucionalismo
X, Y y Z
II Naturaleza del sistema distributivo
II
II o III
LA TEORÍA SINTÉTICA DE LENSKI
BALANCE: LA SÍNTESIS DEL FUNCIONALISMO Y DE LAS TEORÍAS DEL CONFLICTO El mejor modo de determinar el pretendido carácter sintético de la teoría de Lenski es comparando las respuestas o posturas que asume ante una serie de problemas que siempre fueron puntos de ruptura entre los conservadores y los radicales y sus herederos los teóricos funcionalistas y del conflicto (entre los que destacan los marxistas). 1.
NATURALEZA HUMANA Los conservadores consideraron que el hombre era un ser egoísta, mientras que los radicales mantuvieron un punto de vista más optimista. Lenski adopta la concepción conservadora y subraya que los individuos actúan buscando su interés propio.
2.
NATURALEZA DE LA SOCIEDAD Los conservadores consideran la sociedad como un sistema social con necesidades propias que es preciso satisfacer y haciéndolo se obtiene el beneficio general de sus componentes. Los radicales, por el contrario, ven la sociedad como un campo de luchas sociales. En este problema, nuestro autor, se inclina hacia la posición radical.
3.
GRADO EN QUE LOS SISTEMAS DE DESIGUALDAD SE MANTIENEN POR LA COERCIÓN Los conservadores han sostenido que la coerción no ocupa un papel principal, la desigualdad surge del consenso sobre unos valores compartidos por los miembros de la sociedad, y de las diferencias innatas de los hombres. Los radicales afirman que es la coerción la que mantiene las instituciones de desigualdad, Lenski adopta ambas posiciones según el excedente existente en las sociedades. Subraya el elemento consensual en sociedades con poco excedente, y el coercitivo en aquellas donde el excedente es mayor.
4.
GRADO EN QUE LA DESIGUALDAD GENERA CONFLICTOS Para los radicales es una de las consecuencias más notorias de la desigualdad, mientras que los conservadores minusvaloran su importancia. La teoría sintética de Lenski adopta la radical o progresista.
5.
CÓMO SE ADQUIEREN DERECHOS Y PRIVILEGIOS Para los conservadores esto se obtiene por el trabajo y la delegación en otros. Los radicales subrayan el fraude, la herencia y la fuerza. Lenski afirma que ambos se encuentran implicados, los primeros se refieren a la distribución de los medios para la reproducción de la vida, y los segundos, actúan en la distribución del excedente. De todos modos, la situación real es mucho más complicada, y la `síntesis no guarda estrecha semejanza con ninguna de las tradiciones anteriores”.
6.
INEVITABILIDAD DE LA DESIGUALDAD Para los conservadores es inevitable, para los igualitarios, por supuesto, no. Lenski adopta la posición conservadora, ya que la inevitabilidad de la desigualdad está
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relacionada con la naturaleza del hombre, con la observación de que el grado de esta desigualdad es muy diferente en los distintos tipos de sociedades. 7.
NATURALEZA DEL ESTADO Y DE LA LEY Para los radicales eran instrumentos de opresión de las clases gobernantes para su propio beneficio. Los conservadores consideraron que eran órganos encargados de velar por el bien común. La postura del autor de la síntesis es que ambas instituciones, aunque cumplen funciones de opresión, también contribuyen al interés general. Las funciones de estas instituciones dependen de muchos factores: nivel tecnológico, grado de constitucionalismo, compromisos ideológicos de la élite, etc. La síntesis no se identifica con ninguna de las dos posturas tradicionales.
8.
CONCEPCIÓN DE LAS CLASES Los conservadores tienen una concepción nominalista, los radicales una realista. Para Lenski, éste es un problema empírico, aunque dice que las pruebas apoyan la posición conservadora más que la radical. La conclusión del propio autor es que: “se trata de una mezcla extremadamente compleja de elementos de estas dos tradiciones antiguas y, al mismo tiempo algo único y diferente”.(¹5) CONCLUSIONES
A diferencia de Dahrendorf que en lo que respecta a las teorías de las clases sociales de integración y de conflicto considera que las mismas son complementarias y no pueden ser integradas, ya que cada una de ellas se refiere a un aspecto de la sociedad que debe ser descrito con ayuda de teorías diferentes; Lenski plantea que son teorías con elementos verdaderos y erróneos, que pueden ser integrados para formar una síntesis que contenga aspectos de ambas junto con otros elementos a los que no se refieren las teorías conservadoras –integradoras o radicales–conflictuales. Esta divergencia se explica por el tipo de teoría emplea da por ambos autores en sus análisis. Lenski se apoya en una “teoría de proposiciones” que se fundamenta en los resultados obtenidos por diferentes investigaciones. Dahrendorf es un dimensionalista y busca sobre todo clarificar conceptos que pueden ser posteriormente utilizados,más que referirse a propuestas o a hipótesis.(¹6) Pese a estas diferencias entre Lenski y Dahrendorf, ambos autores coinciden en lo fundamental en un aspecto mucho más importante para el tema que nos ocupa: la causa de la aparición de las clases sociales. Como ya se ha visto, para Lenski, las clases aparecen en las sociedades en las que existe un excedente económico. La existencia del mismo hace que surjan luchas y conflictos para su control o posesión, y como en última instancia, la fuerza es la que decide en los asuntos humanos, Lenski concluye que lo que determina la repartición del excedente existente en una sociedad, es el poder y por causa de esta repartición desigual surgen las clases. El poder, el desempeño de posiciones de autoridad, es pues, en Lenski y Dahrendorf un punto clave. Lenski identifica la estratificación social con el proceso de distribución de bienes y valores escasos, para él las clases o estratos sociales son unidades estructurales que surgen como resultado del proceso distributivo, que es el fenómeno básico. Si bien la teoría de Lenski muestra más claramente que la de Dahrendorf que una función fundamental del
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poder es la repartición del excedente, y que una de las formas que asume el poder es la propiedad privada. Permanece dentro de los límites de una teoría política más que económica sobre las clases. Esto, sin referirnos al hecho de que el elemento económico, presente en la teoría, se centra en el proceso distributivo y no en el proceso productivo. Lenski tiene una concepción nominalista sobre las clases que se ve claramente cuando afirma “que las poblaciones humanas están estratificadas de muchos modos y que cada una de estas formas de estratificación “proporciona la base para una concepción distinta de las clases”.(¹7) De manera que dependerá de lo que el investigador esté interesado en estudiar para que se refiera a las clases o estratos según un criterio u otro. Consideramos que pese a sus afirmaciones sobre el haber realizado una teoría de síntesis, su teoría no es tal, ya que no toma en consideración la “teoría radical“ o del conflicto contemporánea más importante sobre las clases sociales, el marxismo; y su síntesis se queda en un agrupamiento de elementos de diversas tradiciones teóricas. Sin embargo, el mérito o aporte principal de Lenski ha sido intentar conferir más dinamismo y concreción a las teorías funcionalistas sobre la estratificación. Abrierndo una vía integradora de ambas tradiciones, lo que es aún más destacable por tratarse de un sociólogo norteamericano que escribe en unos años donde los imperativos de la “guerra fría” se hacían sentir sobre todo el ámbito académico siendo sospechosos todo aquello que tuviera un ligero aire “liberal”, es decir, en la terminología de ese país, “progresista”.
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1. 2. 3.
4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17.
Gerhard E. Lenski, Poder y privilegio.Teoría de la estratificación social, Paidos, Buenos Aires, 1969, p.15. Ibidem. Lenski hace el planteamiento sobre el estudio de las causas de la desigualdad social de manera semejante a cómo planteó Harold Laswell la pregunta fundamental que había que contestar para el estudio de la política: ¿quién obtiene qué, cuándo y cómo? Ver capítulo 6. G. Lenski, ob. cit., p.35. Ibidem, p.48. Ibid., P.55. Ibid., p. 58. Ibid., pp.60-61. Ibid., p.86. Ibid., p.86-87. Ibid., p.92. Ibid., p.449. Vid., pp.101 y 450. Ibid., p.450. Ver a Erik Allardt, “Teorías sobre estratificacion social”, en J.A. Jackson et al., Estratificación social, Peninsula, Barcelona, 1971,p.20. G.Lenski, op. cit.p.86.
10. Convergencia en la concepción de la estructura de clases: Ossowski
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INTRODUCCIÓN El libro de Ossowski, Estructura de clases y conciencia Social(¹), hace un estudio de la relación que se da entre la concepción popular de las clases y los estudios sociológicos, señalando cómo puede haber una cierta coincidencia entre ambos puntos de vista. Desde este enfoque va a señalar la existencia de tres grandes tipos de interpretación de la estructura de clases, tanto en las imágenes populares como en las teorías sociológicas: la dicotómica, la gradacional y la funcional. TIPOS DE INTERPRETACIONES DE LA ESTRUCTURA DE CLASES La visión dicotómica. La concepción dicotómica de la estructura de clases concibe la sociedad como un conjunto de individuos divididos en dos grandes grupos, uno de los cuales está arriba y el otro abajo. La dicotomía se expresa en las tres grandes categorías de privilegios que disfrutan las clases superiores: a. Los que mandan y los que obedecen, es decir, los gobernantes y los gobernados; b. los ricos y los pobres, y, c. para quienes se trabaja y los que trabajan. De hecho estas son las relaciones fundamentales entre las clases superiores e inferiores, siendo siempre la tercera relación una consecuencia de las dos primeras, ya que se trabaja para quienes poseen dinero o para quienes gobiernan. Ahora bien, la visión dicotómica de la estructura de clase choca con la complejidad de la estructura social ya que los criterios dicotómicos empleados están sometidos a una gradación, hay grados de riqueza como hay grados de poder y es difícil establecer una frontera divisoria para la dicotomía clasista. Esta dificultad también se encuentra, según Ossowski, en la visión dicotómica marxista de las clases, basada en los criterios de posesión o no de medios de producción, y el empleo o no, de fuerza de trabajo asalariada. Si partimos de estos criterios tenemos que admitir la existencia de un tercer grupo formado por aquellos que aunque poseen medios de producción, no emplean fuerza de trabajo asalariada. Ossowski explica la amplia difusión de la concepción dicotómica por el hecho de que sirve a los intereses de ciertas clases en momentos dados. En las sociedades en que existe un alto grado de opresión o explotación, sentida o consciente como tal por sus integrantes, la estructura social es concebida en términos antagónicos y la visión dicotómica sirve muy bien a los fines de delimitar con nitidez la gran diferencia entre “ellos” y “nosotros”. Por ello cuando se busca en el discurso favorecer una rápida toma de conciencia y buscar un enfrentamiento, presentar la división de la sociedad en términos dicotómicos es muy útil. Esquema de gradación. Según este esquema la estructura de clases se concibe como una estratificación de tres o más clases, siendo cada una de ellas superior o inferior las otras en cierto aspecto. La gradación puede ser concebida de dos formas, como gradación simple y como gradación sintética. La gradación simple utiliza para la valoración clasista un criterio único de índole
CONVERGENCIA EN LA CONCEPCIÓN DE LA ESTRUCTURA DE CLASES: OSSOWSKI
económica, que puede ser la fortuna o la renta. La gradación sintética se basa en que existe una cierta diferencia entre la clase económica y la clase social. En la determinación de la posición social se incluyen varios factores y la carencia de uno de ellos se puede ver compensada con otro. Los criterios normalmente utilizados en la gradación sintética son: la profesión, fuente de ingresos, ubicación residencial, instrucción, estilo de vida, etc. De todas maneras la riqueza ocupa un lugar privilegiado en la gradación sintética, ya que con ella se pueden obtener gran parte de los rasgos de una posición social elevada. Las diferencias muy notables entre los distintos criterios pueden conducir al fenómeno estudiado entre otros por Lenski y Malewski(²), de la incongruencia de estatus. Esquema funcional. Según esta interpretación de la estructura de clases la sociedad está dividida en clases que se diferencian por las distintas funciones que ejercen en la vida social. Debido a que realizan funciones diversas, las clases se necesitan entre sí, pero esta misma diversidad de funciones lleva a que los intereses de las distintas clases puedan entrar en conflicto. Tanto en el caso que se ponga el acento sobre la armonía, como cuando se pone sobre el conflicto, tenemos que lo que caracteriza al esquema funcional es la relación de interdependencia. Como ciertas funciones se ven privilegiadas con relación a las demás, se puede presentar una jerarquía de clases basada en criterios funcionales. LA SÍNTESIS DE MARX Marx cuando estudia las clases sociales utiliza los tres grandes tipos de interpretaciones de la estructura de clases señalados. Según Ossowski estas distintas interpretaciones que se encuentran en los textos de Marx corresponderían a su triple condición de revolucionario, sociólogo y economista. El Marx revolucionario desarrollaría una concepción dicotómica de la sociedad de clases, mientras que como sociólogo no puede más que reconocer la existencia de clases intermedias entre las dos clases principales. Este término de clases intermedias nos remite a un esquema de gradación. También se encuentra en la obra de Marx una concepción de las clases sociales que es un legado de la economía burguesa, más precisamente, del esquema funcional tripartito de las clases de Adam Smith, basado en las fuentes de ingresos: la renta de la tierra, los beneficios del capital y la remuneración del trabajo. Este es el esquema que encontramos en el capítulo 52 del tercer tomo de El Capital, titulado Las clases y que quedó inconcluso. Allí Marx expone: “Los propietarios de capital y los propietarios de tierras, cuyas respectivas fuentes de ingresos son el salario, la ganancia y la renta del suelo, es decir, los obreros asalariados, los capitalistas y los terratenientes forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, basada en el régimen capitalista de producción”. (³)
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Además de los esquemas dicotómico, gradacional y funcional, Marx, dice Ossowskí, introduce un cuarto esquema con el cruzamiento de dos o tres divisiones dicotómicas, de lo que resulta que se pueden encontrar seis maneras diferentes de representación de la estructura de clase en el capitalismo. De modo acertado reconoce Ossowski que esos diversos esquemas no significan que se sostengan tesis contradictorias. La visión dicotómica señalaría la tendencia del desarrollo capitalista de la sociedad, y los otros esquemas señalarían aspectos transitorios de la misma. DIVERGENCIAS Y CONVERGENCIAS EN LOS ANÁLISIS DE LAS SOCIEDADES “SIN CLASES” Para Ossowski la estructura de clases de una sociedad puede ser estudiada con cualquiera de los tres esquemas mencionados: el dicotómico, el gradacional y el funcional. Un investigador puede aplicar a una sociedad diversos esquemas para estudiar la estructura clasista, también puede aplicar diferentes esquemas a sociedades distintas (por ejemplo sociedades agrícolas y sociedades industriales), y de hecho, nos encontramos que analizando una misma sociedad diferentes autores aplican esquemas interpretativos totalmente distintos. La explicación se encuentra en que generalmente el esquema empleado para estudiar la realidad social, suele coincidir con la relación que el investigador encuentra entre la sociedad estudiada y un determinado tipo ideal, que se entiende responde más adecuadamente a la estructura de clases objetiva de la sociedad que se investiga. También se puede explicar como la manifestación de unos determinados intereses que se defienden y, se realiza una cierta apología de esta sociedad representándola según un cierto esquema. Esto lo podemos comprobar con los análisis que sobre las sociedades soviéticas y norteamericana suelen hacer los sociólogos que representan la concepción oficial dominante en esos países, análisis que aunque se realizan con criterios sociológicos muy diferentes llegan a conclusiones muy semejantes. La concepción de la sociedad norteamericana como una sociedad “sin clases” se basa en los siguientes postulados: 1.
La posición y la situación económica no dependen del origen social, y todos pueden acceder a las más altas funciones;
2.
las posiciones sociales forman un continuum sin que existan barreras que quebranten esta continuidad;
3.
no existen antagonismos permanentes entre las esferas superiores e inferiores de las posiciones;
4.
no existe separación ni limitación en los contactos entre las capas.(4)
Las desigualdades sociales existentes son concebidas como variables dependientes de la cualificación profesional y de la libre competencia de talentos y como hemos visto
CONVERGENCIA EN LA CONCEPCIÓN DE LA ESTRUCTURA DE CLASES: OSSOWSKI
anteriormente en Parsons, Davis y Moore, se supone que tienen su fundamento en la aceptación de las normas vigentes en la sociedad. Los analistas oficiales de la sociedad soviética consideran que aunque existen clases, éstas no son antagónicas(5), ya que ninguna puede apropiarse del trabajo de la otra. Estas clases son la clase obrera y los campesinos, el tercer componente social es la intelectualidad, que se considera una capa social. Sin embargo, la sociedad no se considera clasista ya que las diferencias fundamentales entre las clases han sido superadas, al abolirse la propiedad de los medios de producción. No obstante, persisten desigualdades en la distribución del producto social, y la tendencia hacia la nivelación ha sido condenada como incompatible con el socialismo. Las diferencias de rentas, “incluso las mayores”, se considera que se determinan en función de los méritos y del trabajo de los individuos. “La cuestión respecto a la formación de una nueva clase privilegiada –dice Ossowski–, como resultado de la creciente extensión de la escala de los ingresos, no es tomada, por lo general, en consideración”.(6) Encuentra nuestro autor ciertas convergencias entre las tesis soviéticas y americanas, por ejemplo, el lema socialista de a cada cual según su mérito o trabajo armoniza con la idea americana de que cada hombre debe su posición a sus propios méritos. El argumento socialista contra la nivelación de rentas, coincidiría con el del sociólogo americano Spenger cuando dice que: `El incremento máximo de los esfuerzos en una sociedad orientada hacia la obtención de grandes resultados requiere considerables desigualdades”. (7) Mientras que para los marxistas una sociedad con iguales oportunidades para todos requiere la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción, el American Creed entiende que las condiciones para lograr esto se encuentran en el sistema de propiedad privada. Todo lo ya expuesto lleva al sociólogo polaco a afirmar: “Hipótesis contrarias permiten adoptar unos conceptos análogos de la estructura social en unos países cuyos sistema económico es tan diferente”. (8)
LA INADECUACIÓN DE LA CONCEPCIÓN MARXISTA DE LAS CLASES Ossowski después de probar que la estructura de clases puede ser interpretada de modos diversos, según las sociedades y los intereses del investigador, no desea quedarse en esta mera demostración de relativismo sociológico; da un paso más, intenta demostrar como el desarrollo del capitalismo ha dejado inadecuada para el análisis social la concepción marxista de las clases. Contrariamente a lo previsto por Marx, el desarrollo del capitalismo no ha producido la polarización económica y la desaparición de la clase media. Es cierto que la clase media tradicional de pequeños propietarios de empresas desaparece en los países capitalistas más avanzados, pero se asiste al fenómeno del “crecimiento de una nueva clase media, la clase de los funcionarios y empleados del Estado, de los sindicatos y de los municipios, la clase de los técnicos y de los funcionarios de distinto tipo en las grandes empresas.(9)
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En la actualidad, las clases concebidas en tanto que grupos determinados por las relaciones de producción ha perdido su vigencia, más importante parece, en cambio, el papel jugado por el poder político. Ossowski afirma que: “Allí donde el poder político puede cambiar abierta y eficientemente la estructura de clases, allí donde los privilegios más decisivos para la posición social y entre ellos el privilegio de una mayor participación en la renta social son conferidos por decisión del poder político, allí donde una parte considerable y hasta mayoritaria de la población se halla encuadrada en una estratificación del género de la jerarquía burocrática, el concepto de clase que prevalecía en el siglo XIX se convierte en mayor o menor grado en un anacronismo, y los antagonismos de clase pueden ceder el puesto a nuevas formas de antagonismos sociales”.(¹0)
Con esta afirmación, Ossowski, al igual que Dahrendorf y Lenski, privilegia en la estratificación el factor político, y propugna la primacía del poder político sobre las relaciones de producción. Así, desde puntos de partida diferentes, todos llegan a parecidos resultados. Los intentos de superación y de síntesis conducen en realidad a una radical recusación de la teoría marxista de las clases sociales. CONCLUSIONES La pretensión de Ossowski de encontrar diferentes análisis en Marx como consecuencia de su triple condición de revolucionario, sociólogo y economista, ha tenido precedente en Schumpeter(¹¹), quien veía en Marx cuatro aspectos: el Marx profeta, el sociólogo, el economista y el revolucionario. Decía este autor,que se podían aceptar los resultados de su trabajo en un campo de estudio y rechazarlo en otro. Hemos visto que Ossowski afirma que Marx en su teoría de las clases aplica tres tipos de interpretaciones de las clases sociales, que son correlativas a su triple condición de revolucionario, sociólogo y economista. Esta forma de enfocar el problema es desde nuestro punto de vista erróneo, tanto Ossowski como Schumpeter y otros autores sacan de su contexto los textos de Marx y los analizan desde una perspectiva filosófica analítica. El pensamiento de Marx se caracteriza por la utilización de un método dialéctico, creado por el mismo Marx y por Engels. Cuando se utiliza el método de aislar textos y analizarlos como una totalidad en sí, se desfigura el análisis marxista en general y el de las clases en particular. Como acertadamente dice Dos Santos, con esta metodología se puede fácilmente criticar a Marx, a un Marx deformado, pero “su pensamiento gana toda la fuerza cuando se presenta erguido de pie y vertebrado por la dialéctica materialista”. (¹²) Evidentemente muchas de las contradicciones que aparecen reflejadas en la teoría de Marx se pueden explicar, como lo hace Labriola, por “las condiciones antitéticas mismas de la producción capitalista, las cuales, enunciadas en fórmulas, se presentan como contradicciones al espíritu que las piensa”. (¹³) La complejidad contradictoria de la realidad estudiada se refleja en la teoría, pero encuentra su hermenéutica en el método dialéctico, cuando se trata de explicarlas por el pensamiento analítico la teoría marxista se presenta deformada.
CONVERGENCIA EN LA CONCEPCIÓN DE LA ESTRUCTURA DE CLASES: OSSOWSKI
Ossowski tiene un objetivo más ambicioso que el simple señalamiento de las diversas interpretaciones de las clases en la teoría de Marx, intenta demostrar como el desarrollo del capitalismo ha dejado inadecuada para el análisis social a la concepción marxista de las clases. Para él, contrariamente a lo previsto por Marx, no se ha producido ninguna polarización en dos clases, y por lo tanto la desaparición de la clase media, sino que se asiste al florecimiento de una “nueva clase media”, la de los funcionarios y empleados del Estado, sindicatos, municipios, empresas, etc. Aun reconociendo este crecimiento de una nueva clase media en el capitalismo avanzado, no se puede con estos hechos, como lo hace Ossowski, declarar la obsolescencia analítica de la teoría de Marx. Intentaremos demostrar que es todo lo contrario, el crecimiento de este nuevo sector está contemplado en el desarrollo teórico de Marx, y para hacerlo nos basaremos en un ensayo de Martin Nicolaus(¹4) en el cual explica que la falta de polarización en la sociedad capitalista se puede predecir si se utilizan las grandes contribuciones de Marx al conocimiento del capitalismo: la teoría del valor, la teoría de la plusvalía, y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Cierto es que estas predicciones contradicen las del Manifiesto sobre la polarización creciente entre dos clases, pero para Nicolaus, en esta obra Marx sufre todavía una influencia de la dialéctica hegeliana, que se rompe en los Grundrisse (18571858), época de la que datan las grandes contribuciones de Marx a la economía política. El modelo del Manifiesto es un modelo simple por el cual, mientras más gana el capitalista más se depauperiza el obrero y este proceso llevado a sus extremos lleva a la revolución. El modelo que desarrolla en los Grundrisse y en El Capital es más elaborado y científico, se basa en la teoría de la plusvalía, que conduce al predominio de la plusvalía relativa, y por lo tanto a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esta ley, expuesta de manera esencial, dice que, cuando la clase capitalista invierte más en maquinarias que en salarios, la tasa de ganancia disminuye. Ahora bien, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia conduce generalmente a un aumento de la tasa y masa de plusvalía, porque una vez alcanzado un alto volumen de capital acumulado la depauperización absoluta de los obreros no es una condición esencial de la acumulación capitalista. Así pues, se puede aumentar la tasa de explotación y a la vez la clase obrera adquirir más bienes que antes. Marx refiriéndose a esta cuestión afirma que: “A un nivel bajo de desarrollo de la productividad social del trabajo... la clase de los que viven del trabajo de otros será en principio reducida en relación con el número de obreros. Esta clase puede llegar a adquirir proporciones importantes en la medida en que se desarrolle la productividad, esto es, la plusvalía relativa”.(¹5)
Se puede exponer que estas afirmaciones de Marx no contradicen la tendencia a la polarización de la sociedad capitalista, pero no puede negarse que ella existe, y mucho menos, como lo hace Ossowski, que esa nueva clase media sea una demostración de la incapacidad de la teoría marxista para el análisis de las sociedades contemporáneas.Todo lo contrario, Marx, que sepamos, fue el primero que descubrió los principios económicos del desarrollo capitalista que explican el surgimiento y desarrollo de ese sector que rinde
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servicios importantes en la reproducción ampliada del modo de producción capitalista, y que usualmente se denomina con el término de nueva clase media. Podemos concluir, por tanto, que los argumentos presentados por Ossowski no llegan a demostrar la supuesta inadecuación absoluta de la teoría marxista para el análisis social de las sociedades capitalistas. En cuanto a su afirmación de que tampoco es adecuada para el análisis de la estructura social de los países socialistas, y que en ellos se utiliza una concepción de tipo funcionalista y no marxista, creemos que esto necesita una demostración, y no meras afirmaciones. De todas maneras, entendemos que el marxismo proporciona los elementos teóricos para un análisis de los grupos sociales en las sociedades socialistas y de hecho se han realizado estudios sobre este particular con una metodología que por lo menos se reclama del marxismo, aunque no siempre sus conclusiones sean aceptadas. En este sentido es de gran importancia toda la discusión llevada a cabo por los seguidores de Trotsky sobre la naturaleza social de la URSS y si se trata de un Estado obrero degenerado, de un capitalismo de Estado o de un socialismo estatista autoritario, donde en las empresas existe una jerarquía semejante a las de las empresas capitalistas, es decir, donde los trabajadores no toman parte importante en el proceso de decisión. También hay que destacar el trabajo realizado por Roemer(¹6) en su libro Teoría general de la explotación y de las clases, donde trata de explicar, desde un análisis marxista enriquecido por la teoría matemática de los juegos, que incluso en una sociedad que se llame socialista puede existir la explotación.
CONVERGENCIA EN LA CONCEPCIÓN DE LA ESTRUCTURA DE CLASES: OSSOWSKI
NOTAS. 1. 2.
3. 4. 5.
6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16.
Stanislaw Ossowski, Estructura de clases y conciencia social, Barcelona, 1969. Gerhard Lenski, “Social Participation and Status Crystallization”, American Sociological Review, 21, 1956,pp. 458-64; y Andreej Malewski, “El grado de incongruencia de estatus y sus efectos”, en R. Bendix y S.M. LIpset, Clase, estatus y poder, ob. cit., pp.275-89 Carlos Marx, El capital, III, méxico, 1972, p. 817. S. Ossowski, ob. cit., pp. 140-41. Ossowski afirma que la concepción estalinista sobre las clases antagónicas es una ruptura del concepto marxista y leninista sobre las clases, según estos, hablar de clases no antagónicas es una contradictio in adiecto. Para este autor la concepción de Stalin está más cerca del concepto sobre las clases de Adam Smith: a diferentes tipos de propiedad diferentes fuentes de rentas; que al concepto de clases de Marx y de Lenin. Ver Ossows k¡, ob. cit., pp.146~47. Ibidem. p.149. J.J. Spenger, “Changes in Income Distribution and Social Stratification”, American Journal of Sociology, Nov. 1953; cit. por S. Ossowski, ob. cit. p.150. Ossowski, ob. cit., p.151. Ibidem, p.241. Ibidem, p.244. Joseph Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia, Aguilar, México, 1963. Theotonio dos Santos, El concepto de clases sociales, Cuadernos Universitarios, Santo Domingo, p.7. Antonio Labriola, Socialismo y filosofía, Madrid, 1969, p. 51. Martin Nicolaus, El Marx desconocido, Proletariado y clase media en Marx: coreografía hegeliana y la dialéctica capitalista, Barcelona, 1972. K. Marx, Teorías sobre la plusvalía III, p.49, cit. por M. Nicolaus,op.cit.,p.98. J. Roemer, Teoría general de la explotación y de las clases, Siglo XXI, Madrid, 1989.
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11. La teoría de las clases sociales de Marx La teoría marxista es todopoderosa, porque es verdadera.
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INTRODUCCIÓN Presentaremos de manera breve los que consideramos elementos fundamentales de la teoría de Marx sobre las clases sociales. En este sentido nos interesa destacar que vamos a tratar de la teoría de Marx, no la de los marxistas en general, como suele ser habitual cuando se trata la teoría de las clases sociales marxista y, donde encontramos, junto a las elaboraciones del propio Marx, otras, que corresponden a las interpretaciones de Lenin y otros teóricos marxistas, como si fueran totalmente equivalentes o idénticas. También queremos apartarnos de dar una visión de la teoría de Marx sobre las clases que esté dominada por una interpretación correspondiente a una escuela o corriente del pensamiento marxista, en las cuales más que referirse a lo que Marx dijo, se pretende indicar lo que Marx quiso decir. Así pues, pretendemos dejar sentado lo que Marx dijo, aunque en este intento no siempre podamos escapar de una modesta interpretación si bien, a sabiendas de ello, lo trataremos de reducir a la mínima expresión. Al tratar de la teoría de Marx sobre las clases sociales es imprescindible señalar que en su obra nunca hizo una exposición sistemática sobre las clases sociales, aunque el tema de las clases y sus luchas atraviesa toda su obra, estando omnipresente en la misma. Esto plantea una primera dificultad, ya que, al contrario de otros autores, para captar lo esencial de la teoría de Marx al respecto, hay que remitirse a un gran número de escritos y alusiones al tema dispersas en su obra. Precisamente en el famoso capítulo III del tercer tomo de El Capital cuando Marx va a tratar de manera sistemática de exponer su teoría de las clases sociales el manuscrito se ve interrumpido, privándonos de esta manera de un texto resumido para explicar su concepción. CARÁCTER HISTÓRICO DEL CONCEPTO DE CLASE SOCIAL Marx se encargó de dejarnos una evaluación de su contribución al tema de las clases donde señala que él no ha sido el descubridor de la existencia de las clases en la sociedad moderna y de las luchas que las mismas libran en la sociedad y que este mérito le correspondería a una serie de historiadores y economistas burgueses que se habían referido al tema mucho antes que él. (¹) En efecto, la concepción de la clase como un concepto económico-social se encuentra ya en los fisiócratas, específicamente en la obra de François Quesnay, Tableau économique (Versalles, 1758), donde distingue entre la clase productiva de los agricultores, la clase distributiva de los terratenientes, y la clase estéril, de los comerciantes e industriales. Esta división de clases se refería a una sociedad de predominio de la agricultura. Respecto a las clases en una sociedad industrial es Henri de Saint-Simon, en su Catecismo de los industriales (París, 1823-1824), quien hace un análisis de la Revolución Francesa basado en la lucha de clases y dice que la Revolución significó el tránsito de una sociedad basada en tres clases: los nobles, los burgueses y los industriales, a una sociedad bi-clasista constituida por los burgueses y los industriales.
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Para Saint-Simon la clase de los industriales agrupa tanto a los empresarios como a los trabajadores y se convertiría en la gran mayoría de la población. Esta concepción de Saint-Simon sería criticada por el marxismo ya que identifica los intereses de clase de los propietarios de los medios de producción y de los trabajadores asalariados, pero pese a este tipo de visiones, Marx debe mucho a ciertas ideas de este autor que resultan incluso contradictorias con esta armonización de intereses que expone en su concepto de clase industrial,como las que citamos a continuación, donde será fácil reconocer la influencia que han tenido posteriormente en la concepción de Marx. Afirma Saint-Simon: “El objeto de nuestra investigación...será la explotación del hombre por sus semejantes, representada y continuada hoy por las relaciones entre propietarios y trabajadores, entre patrones y asalariados; podremos observarla en los hechos que la dominan y que son su causa directa: en la institución de la propiedad, en su transmisión entre las familias por medio del derecho hereditario”.
Y continua diciendo: “La ley del progreso... tiende a la constitución de un orden de cosas, en el que ya no las familias, sino el Estado... heredará las riquezas acumuladas... en la medida en que constituyan medios de producción”.
Saint-Simon expone ideas como las que siguen cuya repercusión en la teoría marxista es indudable: “Si la humanidad... camina hacia un estado en el que todos los individuos serán clasificados según sus capacidades y recompensados según sus obras, entonces, evidentemente, la propiedad, tal como ahora existe,ha de ser erradicada,ya que proporciona a una clase de hombres la posibilidad de vivir en pleno ocio del trabajo de otros y mantiene a la parte más útil de la población, la que trabaja y produce, en total dependencia de aquél que sólo sabe destruir”.(²)
Además de Saint-Simon, una concepción económica de las clases se encuentra en los economistas clásicos sobre todo en Adam Smith para quien al estar el proceso de producción constituido por la tierra, el capital y el trabajo, la población implicada en el proceso económico se dividirá en función de las tareas a que se dedique, por tanto tendremos a una clase poseedora de tierra, de propietarios de capital y de trabajadores. Precisamente esta idea se encuentra en Marx cuando comienza a desarrollar el capítulo sobre las clases en el tomo III de El Capital, lo que demuestra que la influencia de Smith está presente en su razonamiento sobre las clases. Ahora bien, lo que nos interesa destacar es que aunque la teoría de Marx lleva la impronta de todo un desarrollo anterior del pensamiento social y económico sobre las clases sociales, su teoría marca una diferenciación radical con todas las anteriores, ya que a través de las clases sociales y sus conflictos, Marx no se limita a la mera descripción de una sociedad, o del tránsito de una sociedad feudal a una sociedad industrial donde los conflictos de clase perderían su virulencia, sino que se basa en la existencia objetiva delas clases y en sus antagonismos, también objetivos, para la
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explicación del cambio social y la inevitable superación de la sociedad capitalista. El carácter histórico de las clases viene dado porque las sociedades de clases son producto de una serie de mutaciones históricas, de manera que Marx no cae en concepciones nominalistas sobre las clases que dependen, en última instancia, del criterio que quiera utilizar el clasificador. Para él la clase es una realidad objetiva que es diferente según cuál sea la fase de desarrollo de las fuerzas productivas y el conjunto de las relaciones de producción o estructura económica de la sociedad. De modo que, aunque las clases en esas sociedades puedan tener unos ciertos rasgos comunes, existen particularidades concretas que dependen de cada modo de producción e incluso, llegando a un nivel de mayor concreción histórica, de cada formación social o sociedad histórica concreta. LA DETERMINACIÓN DE LAS CLASES POR LA PRODUCCIÓN Ya hemos hecho referencia a que Marx no dio una definición formal de clase social. Esto ha conducido a que se considere que la terminología que emplea es a veces imprecisa, pero pese a éstos señalamientos se puede concluir que para Marx lo fundamental en la consideración de una clase social es su función en la producción. Podemos afirmar que una clase social es para Marx el conjunto de hombres que ocupan el mismo lugar en el proceso de producción y que tienen la misma relación respecto a los medios de producción, o sea, que sean propietarios o no de esos medios de producción. Específicamente, en el capitalismo la concepción de Marx de las clases implica cuatro elementos dicotómicos a nivel de lo económico o de la producción: PRODUCTOR/NO PRODUCTOR TRABAJADOR/NO TRABAJADOR PROPIETARIO/NO PROPIETARIO EXPLOTADOR/ NO EXPLOTADOR Estos elementos nos permiten determinar con perfecta claridad las dos clases fundamentales del modo de producción capitalista: la clase capitalista y la clase trabajadora, o si se prefiere usar los términos empleados en la época, burgueses y proletarios. El papel que ocupa la producción en la concepción de Marx de la clase social parte de la idea de que el trabajo, es algo fundamental para el hombre y para el desarrollo social, tanto es así, que para Marx es necesario el estudio de la historia de la industria, de la producción y del intercambio de bienes. Para Marx es la producción y no la distribución, los ingresos o el estatus social, o, la situación de mercado, el elemento clave; lo que se encuentra expresado en el prefacio de El Capital, y más concretamente, sobre la cuestión de las clases, lo deja muy claramente expuesto en su polémica con Proudhon. Dice en Miseria de la Filosofía, que las clases no se definen por el tamaño del portamonedas; y en otro texto denuncia las imágenes de sentido común sobre las clases y sus conflictos: “El sentido común 'vulgar' convierte las diferencias de clase en diferencias en las
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dimensiones de la propia bolsa y reduce el conflicto de clase a una pequeña disputa entre los miembros de las diversas profesiones. Las dimensiones de la bolsa constituyen una diferencia puramente cuantitativa, que puede provocar un conflicto entre dos individuos de la misma clase. Sabido es que los gremios medievales se enfrentaban sobre la base de las diferencias profesionales, de oficios. Pero también es sabido que las modernas diferencias de clase no se basan en las diferencias de oficio; al contrario: la división del trabajo da lugar a ocupaciones muy diversas dentro de una misma clase”.(³)
Esta concepción de Marx sobre las clases sociales, que tendría su clave definitoria básica en la producción, en la relación con los medios de producción, hace que sus ideas al respecto se diferencien de la sociología no marxista que utiliza criterios muy diversos: ingresos, nivel educativo, profesión, prestigio social, ocupar posiciones de mando o subordinación, auto valoración de la pertenencia de clase y un largo etc. En la concepción marxista los indicadores que se suelen emplear en las teorías no marxistas para determinar la clase social son considerados como consecuencias del criterio principal de la relación con los medios de producción. En la teoría de Marx dos hombres con igual nivel de ingresos pueden pertenecer a clases diferentes: un campesino propietario de sus tierras y un obrero de una industria pueden tener los mismos ingresos anuales, pero no pertenecen a una misma clase social. Y con diferencias grandes de ingresos pertenecer a la misma clase: un trabajador cualificado especialista puede tener el doble de salario o más, que un trabajador no cualificado, pero eso no les hace pertenecer a clases diferentes, aunque uno vaya en un vehículo de su propiedad y sea dueño de su vivienda y el otro viaje en autobús y pague un alquiler. Un propietario de una fábrica y un obrero cualificado de la misma pueden tener el mismo nivel educativo formal, ser bachilleres por ejemplo, y sin embargo, pertenecen a diferentes clases sociales, ya que uno es propietario de medíos de producción y el otro es un obrero asalariado, por lo tanto, pertenecen a clases diferentes. Un catedrático universitario suele gozar, en algunas sociedades, de la misma cuota de prestigio social que un médico, pero si éste último tiene una clínica privada donde emplea a personal médico y sanitario asalariado, aunque tengan el mismo prestigio social, pertenecen a clases diferentes. Todo esto no implica un desconocimiento de que en las sociedades existen diferencias de estatus social, educativas, de profesiones, etc., sino que las mismas no son decisivas para definir las clases sociales, y además, para Marx, la cuestión de las clases sociales va unida a los conflictos de clase y a la transformación de las sociedades, de modo que a los criterios empleados para determinar las clases sociales por los sociólogos no marxistas les falta el componente dinámico que va anejo a la conceptualización de Marx. LA FORMACIÓN DE LAS CLASES Y LA CONCIENCIA DE CLASE Para Marx la cuestión de las clases sociales no se limita a una mera determinación económica, sino que le dio gran importancia a los elementos políticos e ideológicos. En efecto, en Marx la conciencia de clase es un prerrequisito para que la clase pueda alcanzar sus objetivos históricos y, aún más, es necesaria la conciencia y factores
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políticos para que una clase se constituya verdaderamente como tal y realice una lucha contra otra clase. Ahora bien, eso no implica que para que exista una clase social sea necesaria la existencia pareja de una conciencia de clase en la misma. En la cuestión de las clases y la conciencia hay textos de Marx que se refieren a diferentes situaciones que pueden llevar a cierta confusión. Unos están más influidos por la dialéctica hegeliana y otros, posteriores a 1848, tienen el distintivo de su profundización en el estudio de la economía política. El surgimiento y desarrollo de una clase social nos puede permitir constatar como históricamente el proceso de producción y los factores de conciencia son decisivos en este proceso. La formación de una clase ha tenido que “cumplir” con determinados hechos que se podrían resumir brevemente del siguiente modo: a. luchas con otras clases por un excedente, que se entiende que debe ser escaso, para que se produzca un conflicto por su control o propiedad; b. condiciones entre los miembros de la clase que faciliten un intercambio de ideas y puntos de vista que pueden propiciar una identificación de su situación común; c. desarrollo de formas de cooperación, ayuda y solidaridad entre los miembros de la misma clase, y d. formación de alguna organización política para la defensa de sus intereses. Podemos ver como Marx trata de la formación de las clases fundamentales del modo de producción capitalista, la burguesía y el proletariado, en unos textos que son ilustrativos al respecto. En primer lugar citaremos el surgimiento de la clase burguesa: “En la Edad Media, los vecinos de cada ciudad veíanse obligados a agruparse en contra de la nobleza rural, para defender su pellejo; la expansión del comercio y el desarrollo de las comunicaciones empujaron a cada ciudad a conocer a otras, que habían hecho valer los mismos intereses, en lucha contra la misma antítesis. De las muchas vecindades locales de las diferentes ciudades fue surgiendo así, paulatinamente, la clase burguesa. Las condiciones de vida de los diferentes burgueses o vecinos de los burgos o ciudades, empujadas por la reacción contra las relaciones existentes o por el tipo de trabajo que ello imponía, convertíanse al mismo tiempo en condiciones comunes a todos ellos e independientes de cada individuo. Los vecinos de las ciudades habían ido creando estas condiciones al separarse de las agrupaciones feudales, a la vez que fueron creados por aquéllas, por cuanto se hallaban condicionadas por su oposición al feudalismo, con el que se habían encontrado. Al entrar en contacto unas ciudades con otras, estas condiciones comunes se desarrollaron hasta convertirse en condiciones de clase. Idénticas condiciones, idénticas antítesis e idénticos intereses tenían necesariamente que provocar en todas partes, muy a grandes rasgos, idénticas costumbres. La burguesía misma comienza a desarrollarse poco a poco con sus condiciones, se escinde luego, bajo la acción de la división del trabajo, en diferentes fracciones y, por último, absorbe todas las clases poseedoras con que se había encontrado al nacer (al paso que hace que la mayoría de la clase desposeída con que se encuentra y una parte de la clase poseedora anterior se desarrollen para formar una nueva clase, el proletariado), en la medida en que toda la propiedad anterior se convierte en capital industrial o comercial. Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven
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obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos con otros, hostilmente, en el plano de la competencia. Y, de otra parte, la clase se sustantivó, a su vez, frente a los individuos que la forman, de tal modo que éstos se encuentran ya con sus condiciones de vida predestinadas, por así decirlo; se encuentran con que la clase les asigna su posición en la vida y, con ello, la trayectoria de su desarrollo personal; se ven absorbidos por ella. Es el mismo fenómeno que el de la absorción de los diferentes individuos por la división del trabajo, y para eliminarlo no hay otro camino que la abolición de la propiedad privada y del trabajo mismo”.(4)
Son claramente identificables en el desarrollo de la burguesía, algunos de los aspectos necesarios para el surgimiento de una clase que ya hemos expuesto. Merece destacarse la referencia de Marx a que una clase existe como tal cuando mantiene una lucha contra otra clase, lo que evita su atomización y competencia interna, para llevarla a agregar sus intereses y enfrentarse unida como clase frente a otra clase considerada enemiga. Pero hay otro aspecto que no sale a relucir en el párrafo citado y se trata de la acción política que lleva a la burguesía de su condición de clase subalterna a clase dominante, que Marx ilustra de esta manera: “La burguesía moderna...es por sí misma fruto de un largo proceso de desarrollo, de una serie de revoluciones en el modo de producción y de cambio.Cada etapa de la revolución recorrida por la burguesía ha ido acompañada del correspondiente éxito político. Estamento oprimido bajo la dominación de los señores feudales; asociación armada y autóctona en la comuna; en unos sitios, República urbana independiente; en otros, “tercer estado” tributario de la monarquía; después, durante el período de la manufactura, contrapeso de la nobleza en las monarquías feudales o absolutas y, en general, piedra angular de las grandes monarquías, la burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado universal, conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del poder político en el Estado representativo moderno. El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la burguesía”.(5)
En lo que se refiere a la formación de la clase obrera es aún más clara, si cabe, su explicación de cómo surge una clase en defensa de intereses económicos, de oposición a otra clase, como esta lucha les da conciencia y les une, de ahí pasan a formar una organización política para tratar de conquistar el poder político. Dice Marx al respecto: “Los primeros intentos de los trabajadores para asociarse han adoptado siempre la forma de coaliciones. La gran industria concentra en un mismo sitio a una masa de personas que no se conocen entre sí. La competencia divide sus intereses. Pero la defensa del salario, este interés común a todos ellos frente a su patrono,los une en una idea común de resistencia: la coalición.Por lo tanto, la coalición persigue siempre una doble finalidad: acabar con la competencia general a los capitalistas. Si el primer fin de la resistencia se reducía a la defensa del salario, después, a medida que los capitalistas se asocian a su vez movidos por la idea de la represión, las coaliciones, en un principio aisladas, forman grupos, y la defensa por los obreros de sus asociaciones frente al capital, siempre unido, acaba siendo para ellos más necesario que la defensa del salario... En esta lucha –verdadera guerra civil– se van uniendo y desarrollando todos los elementos para la batalla
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futura. Al llegar a este punto, la coalición toma carácter político. Las condiciones económicas, transformaron primero a la masa de la población del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aún no es una clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en interés de clase. Pero la lucha de clase contra clase es una lucha política”. (6)
En un texto muy posterior, Marx reafirma la necesidad de esta lucha política de la clase trabajadora dirigida a combatir el poder político del Estado erigido por la burguesía y señala como la lucha económica de los trabajadores, para impedir la intensificación de la explotación del trabajo, debe pasar a convertirse en un movimiento político. En una carta dirigida a Friedrich Bolte, del 23 de noviembre de 1871, Marx escribe: “El objetivo último del movimiento político de la clase obrera es ciertamente, la conquista del poder político para esta clase, lo que requiere naturalmente que la organización de la clase obrera, y la organización que surge de sus luchas económicas, deba alcanzar previamente un cierto grado de desarrollo”.
A continuación Marx hace una distinción importante sobre las luchas económicas, que son aquellas que tienen un carácter parcial, que se producen en empresas aisladas y que enfrentan a los trabajadores de las mismas con el capitalista; y aquellas luchas de carácter más general donde se produce un enfrentamiento colectivo de clase contra clase en función de una reivindicación global para la clase obrera. Afirma Marx: “Por otro lado, cada movimiento en que la clase obrera como clase enfrenta a las clases dominantes e intenta forzarlas, haciendo presión sobre ellas, es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de huelgas, etc., en una industria particular... para obligar a los capitalistas individuales a reducir el horario de trabajo, constituye un movimiento puramente económico. Por otro lado, el movimiento que lucha por la ley de ocho horas, etc. es un movimiento político, esto es, un movimiento de clase, con el objetivo de reforzar sus intereses de una forma general, de una forma que posea una fuerza coercitiva”. (7)
La importancia que daba Marx, junto a las condiciones objetivas en el proceso de producción y la relación con los medios de producción, al elemento subjetivo o de conciencia de clase y a su consecuencia, la organización en defensa de sus intereses de clase tanto en el plano económico como en el político, se trasluce nítidamente en un párrafo ya clásico sobre el campesinado francés. No se trata de dar énfasis a lo político sobre las condiciones económicas sino de mostrar como las determinaciones objetivas presentan límites al nivel político. Por su situación objetiva el campesinado parcelario de Francia de mediados del siglo XIX no llega a constituir una clase, mientras que el obrero industrial debido a la condición objetiva de la empresa capitalista tiene los prerrequisitos para desarrollar su conciencia de clase y crear su organización política, o sea, para ser una clase social en sentido pleno: “Los campesinos parcelarlos forman una masa inmensa, cuyos individuos viven en idéntica situación, pero sin que entre ellos existan muchas relaciones. Su modo de producción los
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aísla a unos de otros, en vez de establecer relaciones mutuas entre ellos... Su campo de producción, la parcela, no admite en su cultivo división alguna del trabajo ni aplicación ninguna de los métodos científicos; no admite, por tanto, multiplicidad de desarrollo, ni diversidad de talentos, ni riqueza de relaciones sociales. Cada familia campesina se basta, sobre poco más o menos, a sí misma, produce directamente ella misma la mayor parte de lo que consume, y obtiene así sus medios de subsistencia más bien en intercambio con la naturaleza que en contacto con la sociedad. La parcela, el campesino y su familia; y al lado otra parcela, otro campesino y otra familia. Unas cuantas unidades de éstas forman una aldea, y unas cuantas aldeas un departamento, Así se forma la gran masa de la nación francesa, por la simple suma de unidades del mismo nombre, al modo como, por ejemplo, las patatas de un saco forman un saco de patatas. En la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen por su modo de vivir, sus intereses y su cultura de otras clases y las oponen a éstas de un modo hostil, aquellas forman una clase. Por cuanto existe entre los campesinos parcelarlos una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política, no forman una clase. Son, por tanto, incapaces de hacer valer su interés de clase en su propio nombre”.(8)
LAS CLASES EN LOS MODOS DE PRODUCCIÓN Y EN LAS SOCIEDADES CONCRETAS Hay que tener en cuenta en los textos de Marx, cuando se refiere a las clases en los modos de producción como modelo puro y cuando se refiere a las clases en situaciones concretas, en formaciones sociales dadas. Para Marx en la historia se habrían sucedido, a partir del comunismo primitivo, “el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués”; éste último sería sustituido por el comunismo que sería una sociedad sin clases.(9) Es imprescindible aclarar que Marx no dice que todos los pueblos han pasado o pasarán necesariamente por todos estos modos de producción, ya que a partir de la comunidad primitiva, que si considera como prácticamente universal, los pueblos de Asia evolucionaron hacia el despotismo oriental que significó un estancamiento de esas sociedades bajo el modo de producción asiático.(¹0) La evolución europea fue diferente ya que de la comunidad primitiva se pasó al denominado modo de producción antiguo o esclavista y, posteriormente a la invasión de los bárbaros, surgió en Europa el modo de producción feudal. En el seno del feudalismo fue germinando el capitalismo y este modo de producción permitió un desarrollo de las fuerzas productivas y un progreso tal, que Marx dedica en el Manifiesto del Partido Comunista varias páginas a destacar el papel revolucionario desempeñado por la burguesía en el mundo y señala que: “La burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas”. (¹¹)
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Para Marx en cada modo de producción existen dos clases fundamentales que están relacionadas con su posición asimétrica respecto a los medíos de producción: propiedad y control, por un lado, que permiten apropiarse del excedente producido, y no propiedad, por otro lado, que permite que sea explotada. Así pues, se constituye una clase dominante basada en la propiedad de los medios de producción y una clase dominada que es a la vez explotada y oprimida. Sobre esto dice Marx: “Donde quiera que una parte de la sociedad posee el monopolio de los medios de producción nos encontramos con el fenómenos de que el trabajador, libre o esclavizado, tiene que añadir al tiempo de trabajo necesario para poder vivir, una cantidad de tiempo suplementario, durante el cual trabaja para producir los medios de vida destinados al propietario de los medios de producción, dando lo mismo que este propietario sea el aristócrata ateniense, el teócrata etrusco, el ciudadano romano, el barón normando, el esclavista norteamericano, el boyardo de la Valaquia, el terrateniente moderno o el capitalista”.(¹²)
Esta dominación económica va a implicar también una dominación política, de manera que la relación entre las clases no es sólo de explotadores y explotados sino también de opresores y oprimidos. Con lo cual las leyes, el Estado y la ideología están al servicio, en mayor o menor medida, de las clases dominantes. La concepción de las clases y los conflictos de clase en Marx conllevan una dialéctica entre una clase ascendente portadora de un nuevo modo de producción más progresivo y la clase dominante que se convierte en un freno para el desarrollo social. Un ejemplo arquetípico de esto es la burguesía que desempeñó un papel revolucionario contra las trabas al desarrollo de las fuerzas productivas que significaban el sistema feudal y su clase dominante, los señores feudales. Sin embargo, cuando la burguesía accede al poder político una vez obtenido el poder económico, cuando de clase ascendente se convierte en clase dominante, comienza a jugar un papel reaccionario y su intento de oponerse a la transformación de la sociedad no hace más que agudizar la lucha de clases que terminará con el sistema capitalista y con el dominio de la clase capitalista: “Los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal. Al alcanzar un cierto grado de desarrollo estos medios de producci6n y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla. Se transformaron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas trabas, y se rompieron. En su lugar se estableció la libre concurrencia, con una constitución social y política adecuada a ella y con la dominación económica y política de la clase burguesa”. Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento análogo. Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha
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desencadenado con sus conjuros. las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya al desarrollo de la civilización burguesa y de las relaciones de propiedad burguesa, por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo cada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad burguesa y amenaza la existencia de la propiedad burguesa. Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar el feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía. Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios”. (¹³)
Hasta ahora hemos hecho referencia al esquema bi-clasista que emplea Marx cuando lleva a cabo un análisis de las clases sociales a nivel de los modos de producción: propietarios de esclavos/esclavos, patricios/plebeyos, señores feudales/vasallos, burgueses/trabajadores. Pero en los textos de Marx se encuentra un segundo nivel de análisis que se sitúa en el plano de las sociedades concretas, donde las relaciones de producción no se limitan a las correspondientes a un modo de producción dominante sino que hay que tener en cuenta el conjunto de las relaciones de producción existentes en el seno de esas sociedades. Ello implica relaciones de producción, de modos de producción ya superados pero que aún se conservan subordinados a las relaciones de producción dominantes e incluso pueden darse gérmenes de relaciones de producción que prefiguran formas más progresivas de relaciones sociales, un nuevo modo de producción que pugna por surgir y superar al existente. Es lógico, pues, que cuando Marx hace descripciones y análisis de estas sociedades concretas ya no se refiera solamente a dos clases sino a una pluralidad de clases e incluso a las fracciones dentro de las clases que también son fuente de conflictos sociales. Aunque Marx realizó análisis de sociedades no europeas, su centro de interés estuvo siempre en los fenómenos acaecidos en Europa y muy especialmente en el estudio del capitalismo. Por esta razón sus estudios de las clases y sus conflictos que aportan mayor riqueza analítica son los realizados sobre la sociedad europea post renacentista que permiten ver el desarrollo de capitalismo y las luchas que llevan entre sí las principales clases sociales que protagonizan este período. En los textos que Marx dedica a estos análisis nos encontramos con una referencia pluriclasista y no bi-clasista, o sea, el análisis no se realiza solamente en torno a las clases fundamentales sino que incluye a las clases no fundamentales. En este sentido enfoca las luchas entre la aristocracia terrateniente, la burguesía y el proletariado, que van a ser consideradas como las fuerzas propulsaras de la sociedad europea por lo menos hasta el momento de las revoluciones burguesas.(¹4) Con estas revoluciones la aristocracia terrateniente pierde el resto de poder social y político que aún les quedaba, y pasa a un primer plano la lucha entre las dos clases fundamentales del capitalismo: la burguesía y los trabajadores. Sin embargo, Marx no reduce su análisis a las mismas sino que tiene en cuenta a otras clases no fundamentales que están presentes en la lucha social para defender sus intereses, es el caso de la
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pequeña burguesía, que tiene de particularidad el no apropiarse del trabajo de otro, que vive fundamentalmente de su trabajo, como propietario personal de sus medios de producción. La pequeña burguesía se caracteriza porque tiene, aunque sea embrionariamente, determinados rasgos que son propios a las dos clases fundamentales, pero que precisamente por ello le dan su característica propia como una clase aparte o diferente a ambas. Para Marx la pequeña burguesía clásica, de pequeños comerciantes, tuvo su época de mayor auge entre los siglos XV e inicios del siglo XIX, y su modo de producción puede considerarse una etapa transicional del paso del feudalismo al capitalismo competitivo, y el propio desarrollo del capitalismo con su tendencia a la concentración y centralización de capitales terminará haciéndolo desaparecer o tener una existencia marginal y muy subordinada.(¹5) También hay que referirse a los intelectuales que nunca son percibidos por Marx como una clase social, pero que juegan un importante papel en el conflicto de clases. En todas las sociedades desde que se produce una división entre el trabajo manual e intelectual, los intelectuales se han especializado en producir y reproducir las concepciones, opiniones e ideología de las diferentes clases, y en períodos de mayor desarrollo social también un sector de la intelectualidad ha prestado un servicio importante a la producción a través de la investigación científica. Los intelectuales, entendidos como categoría social y no como individualidades, nunca han sido sujetos de la relación social fundamental, su papel ha sido siempre secundario, estando al servicio de las diferentes clases dominantes propietarias de los medios de producción y ejerciendo su actividad a cambio de dádivas, sinecuras o como asalariados. Para las clases dominantes su función debe ser la de representantes literarios e ideológicos que tratan de: “Presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta”. (¹6)
Los intelectuales realizan esa función de ideólogos de las clases dominantes no como simples cínicos que trabajan a sueldo y distorsionan a sabiendas la realidad social,ya que de hacerlo así “se habría acabado toda ideología”.(¹7) Existe una base social para este papel de justificadores de la sociedad y se encuentra como dice Marx en “su posición práctica en la vida, por sus negocios y por la división del trabajo”.(¹8) Pero hay que insistir que para Marx y Engels lo determinante en la formulación de las ideas de estos ideólogos de las clases dominantes es que consideran como verdades sus elaboraciones, lo que se entiende por el papel que juega en ello la ideología: “La ideología es un proceso que se opera por el llamado `pensador´ conscientemente, en efecto, pero con una conciencia falsa. Las verdaderas fuerzas propulsaras que lo mueven, permanecen ignoradas para él; de otro modo, no sería tal proceso ideológico”. (¹9)
Ahora bien, para Marx, los intelectuales como totalidad no sirven exclusivamente a las
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clases dominantes, una parte de ellos emplea sus conocimientos para defender los intereses de los explotados y oprimidos, se convierten en los ideólogos de las clases subalternas. La teoría de Marx trata de superar las ideologías elaboradas por los socialistas utópicos y los anarquistas y constituirse en una ciencia en desarrollo que desvelará las urdimbres de la explotación capitalista y serviría a la lucha de la clase trabajadora contra el capitalismo. LAS CLASES NO FUNDAMENTALES Hay que destacar que en el estudio de las clases sociales en las sociedades históricoconcretas, se debe tener en cuenta que hay múltiples relaciones sociales de producción aunque domine una de ellas. Pero este dominio no ha conducido a una desaparición de todas las demás relaciones de producción que serían sustituidas por las relaciones de producción dominantes en esa sociedad, que, de este modo, se convertirían en las únicas existentes. Lo que si se produce es lo que señala Marx: “En todas las formas de sociedad hay una determinada producción que decide sobre el rango e influencia de todas las demás... Es una luz general que se expande sobre todos los demás colores modificándolos en su particularidad. Es una atmósfera particular que determina el peso específico de todo cuanto recubre”.(²0)
En este sentido las relaciones de producción “que decide sobre el rango e influencia de todas las demás” va transformando, y termina determinando el lugar de los sujetos sociales en la estructura de la sociedad. De modo que no bastaría simplificar el análisis de las clases sociales realizando una especie de suma o agregado de las clases fundamentales de cada modo de producción, cuyas relaciones de producción se constaten en una determinada formación social, haciendo una clasificación de dichas clases en las cuales se consideran clases fundamentales a las dos clases del modo de producción dominante y considerando: a. “Clases de transición” a aquellas que son residuos de un conjunto superado de relaciones de producción que se mantienen o prolongan dentro de una sociedad en la que otro modo de producción es ya dominante (caso de las llamadas clases feudales en las sociedades capitalistas europeas, que mantuvieron cierta importancia hasta el siglo XIX). b.
Un segundo tipo de “clases de transición” serían las que se encuentran en un proceso de formación dentro de una sociedad (caso de la burguesía y de los trabajadores urbanos libres en el feudalismo y más concretamente hacia el otoño del mismo).
Esta concepción de las clases de transición es discutible porque lleva implícita una idea que es contraria a la evidencia histórica, y que consiste en presuponer que la evolución de una formación social dada conduciría necesariamente a la futura desaparición de todas las relaciones de producción que no sean las del modo de producción dominante
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y que, por tanto, en las sociedades concretas se llegaría a un monopolio de un `tipo´ único de relaciones de producción; es decir, que el modelo o esquema bi-clasista de análisis de las clases a nivel de los modos de producción “puros”, llegaría a materializarse en las formaciones sociales, que se convertirían en sociedades bi-clasistas. Por otra parte, esta concepción conlleva percibir a “las clases de transición” como algo, en cierto modo, ajeno o “exterior” a la formación social (residuos o embriones), en vez, de concebirlas como ligadas al modo de producción dominante que las utiliza y modifica a la vez. Otra cuestión a tenerse en cuenta es que el mismo término de “transición” señala una durabilidad relativamente corta o históricamente breve, por lo menos, si se las compara con las clases fundamentales, lo cual se ha demostrado que no es tal sino que su supervivencia es muy larga y se van adaptando a los cambios que se producen en las formaciones sociales (caso paradigmático del campesinado). Ahora bien, lo importante en estos casos es subrayar como en el mismo desarrollo social las clases sociales también se van transformando y esto es válido tanto para las clases fundamentales como para las llamadas de “transición”. De manera que consideramos que en la concepción de Marx sobre las clases es más pertinente la utilización de los términos clases fundamentales y no fundamentales que sustituir este último por el polémico e históricamente discutible de “clase de transición”. (²¹) FRACCIONES DE CLASE En Marx las clases sociales no son concebidas como totalidades sociales absolutamente homogéneas en su seno, sino que al ser su análisis fundamentalmente histórico, Marx pudo darse cuenta de cómo en la vida social las clases se fraccionan e incluso mantienen conflictos abiertos entre sí por la defensa de sus intereses específicos. Las fracciones o subdivisiones que se producen dentro de las clases suelen tener los rasgos o elementos que caracterizan a su clase respectiva, pero poseen además determinados elementos propios. Es decir, como clase se contrapone y tiene contradicciones con otra u otras clases opuestas o antagónicas, y como fracción con intereses en conflicto con otras fracciones de su clase, plantean luchas en función de competencias basadas en diversas causas: apropiación de plusvalía, propiedades, división del trabajo, salarios y otras que pueden ser de género, étnicas, por nacionalidades, hasta religiosas, pero que tienen un carácter menos esencial. La clase capitalista es percibida por Marx como dividida en tres grandes fracciones: comercial, financiera e industrial. Entre estas fracciones, y sus subdivisiones en grupos económicos, se producen antagonismos por lograr una proporción mayor en la repartición de la masa de plusvalía, por lo cual entran en una feroz competencia entre sí. De todos modos hay que tener en cuenta que el propio desarrollo del capitalismo va haciendo que la clase capitalista se vaya dividiendo en grupos o corporaciones económicas cuyos capitales se suelen distribuir entre las distintas ramas y sectores de la economía, lo que hace que si bien sea teóricamente fácil captar las distintas fracciones del capital, en el plano del análisis concreto de cada sociedad su determinación precisa es más complicada por la razón antes expuesta.(²²) También la pequeña burguesía tiene sus subdivisiones entre los pequeños
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propietarios campesinos, los comerciantes y artesanos, produciéndose conflictos debido a que los comerciantes aplican el principio de comprar barato y vender caro, y de esta manera esquilman a los campesinos y a los propietarios de pequeños talleres en la compra de sus productos. La reacción de los productores pequeñoburgueses, a lo que consideran un espolio por parte de los comerciantes, ha dado lugar a la ideología pequeño burguesa que considera que la eliminación de los intermediarios sería el logro de la justicia social, cuando en realidad el comerciante es un engranaje vital del sistema de mercado. A la vez que mantienen antagonismos entre sí por los precios, la comercialización, el tamaño y volumen de los negocios, la pequeña burguesía entra en conflicto en razón del monto del capital o extensión de la tierra con los medianos, y sobre todo, con los grandes propietarios de tierras y con los grandes comerciantes e industriales. A pesar de todos esos conflictos, la pequeña burguesía tiene el interés común de clase de mantener la pequeña propiedad y el capitalismo, tratando de que éste no pase de la etapa competitiva. Por ello, a medida que el capitalismo pasa a su etapa monopolística, la pequeña burguesía tiende a convertirse en cada vez más corporativa e intenta detener en sus ramas económicas el avance de las grandes corporaciones comerciales, industriales y agrícolas.(²³) La clase obrera también se encuentra dividida en varios estratos que suelen tener relación con sus cualificaciones profesionales. De ahí la división en obreros sin cualificar, semicualificados y cualificados, división que no es banal ya que implica una heterogeneidad salarial y diferencias quizá poco significativas, pero importantes en la práctica social, en cuanto a niveles de vida, y que históricamente se han manifestado en conflictos dentro de la clase trabajadora. Marx señala que los capitalistas han utilizado la política salarial como un medio para dividir a los trabajadores y tratar de que sectores de esta clase apoyaran al capitalismo, además de obvias razones técnicas de la empresa capitalista que conllevan una jerarquía de salarios. Posteriormente, Engels utilizaría el término de “aristocracia obrera” para referirse a un sector de trabajadores cualificados, más o menos privilegiados dentro de su clase, que brindaron su apoyo al capitalismo y que se beneficiaron del imperialismo inglés. (²4) Si se emplea un concepto amplio de clase trabajadora no reduciéndola exclusivamente a la clase obrera en sentido estricto, tendremos también un fraccionamiento basado en la división entre el trabajo manual y el intelectual, ya que esta división lleva aneja diferencias salariales, en la jerarquía de la empresa capitalista y en prestigio social, todo lo cual contribuye a la heterogeneidad entre los asalariados y a que se constituyan fuentes potenciales de conflictos y a una “distancia social” entre los trabajadores que contribuye al dominio del capital. Estas fracciones de clase mantienen su unidad clasista básicamente en razón de que tienen un interés común como clase y esto es más importante que sus diferencias y conflictos. Esto es cierto y evidente en las clases dominantes que en este sentido tienen una mayor conciencia de clase y saben mantener su unidad frente a la clase o clases opuestas, ya que suelen estar conscientes de que deben conservar su poder económico y político para continuar siendo una clase dominante. La clase trabajadora tiene como interés histórico de clase la sustitución del
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capitalismo y es en este sentido la única clase consecuentemente revolucionaria, pero su actuación revolucionaria implica la adquisición de una conciencia política socialista. Aquí se da una tensión, ya que por una parte su situación objetiva la conduce a conflictos contra el capital: en defensa de su poder de compra, contra los precios inflacionistas, por las condiciones de trabajo, etc., pero su lucha radical contra el capitalismo depende del logro de la conciencia de clase, esto es, de una conciencia política. LA LUCHA DE CLASES Ya hemos señalado como para Marx las sociedades estaban divididas en clases sociales y esto es algo independiente de lo que piensen sobre la cuestión los miembros de la sociedad. La pertenencia a la clase depende, pues, del lugar ocupado en el proceso de producción lo que le da una posición específica en el conjunto de las relaciones sociales. Marx empleó los términos de origen hegeliano “clase-en-sí” y “clase-para-sí”, para distinguir cuando en una clase se da fundamentalmente este elemento objetivo y cuando se ha producido a través de la lucha contra otra clase, una organización consciente de sus intereses de clase, que conduce a realizar una lucha política a favor de los mismos. La distinción entre “clase-en-sí” y “clase-para-sí” se tiene que poner en relación con las nociones de lucha de clases latente y lucha de clases manifiesta. Cuando una clase no ha adquirido una conciencia de clase desarrollada su nivel de conflicto con la clase objetivamente opuesta a ella permanece en estado de latencia, el proceso de producción los coloca en antagonismo pero su falta de conciencia de clase obstaculiza que este antagonismo se exprese de manera abierta en determinadas manifestaciones de conflicto de clase. También suele ocurrir que estallen ciertos conflictos, pero al no existir organización adecuada ni conciencia de la unidad de interés y del objetivo a lograr (lo cual necesita un nivel de racionalización de la lucha), las mismas se quedan en meras protestas, ya sean de tipo pacíficas o de extrema violencia, caracterizadas por su espontaneidad, sin que puedan tener un carácter de lucha prolongada y cuente con programa, organización y dirección. La lucha de clases propiamente dicha implica una “clase-para-sí”, consciente de sus intereses históricos, de su antagonismo con la clase que la explota, organizada y dispuesta a una lucha política hasta transformar el sistema económico y político de manera radical. En este sentido, dice Engels, que se deben distinguir las explosiones sociales de las luchas de clases, las últimas van dirigidas a realizar un cambio social. Para ello se debe someter a un análisis las motivaciones que conducen a una movilización: “…a grandes masas, a pueblos en bloque, y, dentro de cada pueblo, a clases enteras, y no momentáneamente, en explosiones rápidas, como fugaces hogueras de paja, sino en acciones continuadas que se traducen en grandes cambios históricos”. (²5) La lucha de clases se manifiesta en lo económico, lo político y lo ideológico. Es decir, las clases luchan por el producto social, se enfrentan en el plano de las ideas e imágenes sobre la sociedad y sus papeles respectivos, y libran una batalla por el dominio del poder político de la sociedad. Nos vamos a referir a continuación a cada uno de esos planos de la lucha de clases.
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La lucha de clases en el plano económico se refiere a la que libran las dos clases que están en conflicto antagónico sobre la redistribución de bienes, o por la defensa de intereses relacionados con las condiciones de trabajo. Se pueden clasificar dentro de esta lucha económica aquellas que enfrentan en el capitalismo a trabajadores contra capitalistas en determinadas empresas por el aumento de los salarios, mejoramiento del ambiente de trabajo, reducción de horas de trabajo, etc. Lo esencial en la lucha económica es que la misma no va dirigida a cambiar el sistema económico-social sino a obtener mejoras parciales y por lo tanto no logran por sí mismas la emancipación de la clase obrera, pero esta forma de lucha no puede de ningún modo minusvalorarse ya que permite una mayor madurez de los obreros y los prepara para futuros movimientos de carácter más amplios. La lucha ideológica de clases tiene como tarea principal buscar la emancipación de los trabajadores de las influencias múltiples de la ideología burguesa que se manifiesta en la vida cotidiana y en todas las instituciones de la sociedad burguesa. La lucha ideológica se trata de desarrollar buscando organizar a la clase para hacer frente a la tarea disociadora de la clase opuesta, y a la vez, se realiza con miras a debilitar a la clase contra la que se lucha ganando adeptos individuales de la misma. También se persigue buscar aliados o neutralizar a miembros, capas o fracciones de otras clases, que no tienen conflictos antagónicos con la clase en cuestión. La lucha ideológica de la clase obrera persigue éstos objetivos a través de la difusión por todos los medios de la teoría socialista, que permitirá el paso de la lucha latente y espontánea a la lucha consciente. La lucha política de clases es la forma superior de lucha de clases ya que remite no a aspectos parciales de la sociedad sino que se plantea la transformación del modo de producción imperante. Esta lucha implica al conjunto de la clase trabajadora contra la clase capitalista entendida como el paso del poder de una clase a otra clase y la sustitución del modo de producción existente por un modo de producción superior. Engels afirma: “Todas las luchas políticas, tan variadas y complejas, sólo giran en torno al poder social y político de una u otras clases sociales; por parte de las clases viejas, para conservar el poder, y por parte de las ascendentes clases nuevas, para conquistarlo”. (²7)
SOBRE EL TRABAJO PRODUCTIVO E IMPRODUCTIVO Consideramos que se hace imprescindible al tratar de la teoría de Marx sobre las clases sociales, referirnos a la cuestión del trabajo productivo e improductivo, ya que explica un tema fundamental del marxismo: la determinación objetiva de la clase obrera. Esta cuestión se encuentra en el centro de las discusiones entre los marxistas ya que en las sociedades capitalistas se destaca en la estructura social el crecimiento de un sector de trabajadores asalariados que no están ligados directamente a la producción y no son productores directos de plusvalía, y se discute sobre su precisa pertenencia clasista, así como las alianzas de clase que este hecho posibilita, lo cual tiene un indudable interés en la sociología y la política marxista. (²7)
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LA DOBLE DISTINCIÓN DEL TRABAJO PRODUCTIVO E IMPRODUCTIVO Marx realiza una doble distinción entre los dos tipos de trabajo. La primera se refiere al proceso de generación de plusvalía, y según la misma, es solamente trabajo productivo el que es creador de plusvalía. Por tanto, todo trabajo que no crea plusvalía es improductivo. La segunda distinción se refiere a la relación de subsunción o no subsunción del trabajo respecto al capital, y de acuerdo con ésta, es trabajo productivo aquél que se cambia por capital, que se encuentra subsumido al capital; mientras que el trabajo improductivo sería aquél que se cambia por renta, no estando, por tanto, subsumido al capital. Veamos lo que dice Marx al respecto: “Trabajo productivo en el sentido de la producción capitalista es el trabajo asalariado, que en el cambio con la parte variable del capital (la parte del capital gastada en salario), no sólo reproduce esta parte del capital (o el valor de su propia capacidad de trabajo), sino que además produce plusvalía para el capitalista. Sólo a través de esto la mercancía o el dinero se convierte en capital, es producido como capital”.(²8) “Únicamente el trabajo que produce capital es trabajo productivo. Pero la mercancía o el dinero se convierten en capital por el hecho de que son cambiados directamente por la capacidad de trabajo y sólo son cambiados para ser reproducidos por más trabajo del que está contenido en ellos. Pues el valor de uso de la capacidad de trabajo consiste para el capitalista en cuanto tal, no en su valor de uso propiamente dicho, en la utilidad de este trabajo concreto particular... así como tampoco consiste en el valor de uso del producto de este trabajo en cuanto tal, ya que el producto para él es mercancía (y además antes de su primera metamorfosis) y no artículo de consumo, Lo que a él le interesa de la mercancía es que ésta posee más valor de cambio del que él pagó por ella, y así también el valor de uso del trabajo consiste para él en que le devuelve una cantidad mayor de tiempo de trabajo del que ha pagado en forma de salario”. (²9)
De manera más clara y precisa aún nos señala, desde el punto de vista de esta segunda distinción del trabajo productivo e improductivo en función de la subsunción o no subsunción del trabajo al capital, que: “El trabajo productivo... desde el punto de vista de la producción capitalista... (es) trabajo que se cambia de manera inmediata por el capital... Pero de esta forma, se ha fijado también de manera absoluta qué es trabajo improductivo. Es el trabajo que no se cambia con el capital, sino que se cambia de manera inmediata con renta, es decir, con salario o beneficio”. (³0)
Hay que tener presente que Marx hace la distinción entre trabajo productivo e improductivo refiriéndose siempre al modo de producción capitalista, de manera que no se trata de una teoría sobre el trabajo productivo en general, sino sobre el trabajo productivo en el capitalismo. También es preciso aclarar que cuando Marx vincula la cuestión del trabajo productivo con la relación del capital, elimina, por tanto, la imagen de sentido común
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de relacionar el carácter productivo de un trabajo con un determinado tipo de actividad, no importando para su determinación que ésta sea realizada en condiciones de trabajo muy duras o tenga, por el contrario, un carácter aparentemente placentero. Así pues, como dice Marx, el trabajo de un cantante o de un clown puede ser un trabajo productivo, mientras que el de los campesinos o artesanos propietarios de sus medios de producción y que trabajan por sí mismos, sería un trabajo improductivo, en una economía capitalista. Trabajo útil no es trabajo productivo. La doble distinción hecha por Marx permite también despeja el equívoco que relaciona trabajo productivo con trabajo que produce bienes materiales y al trabajo improductivo con aquél que no produce este tipo de bienes. Para Adam Smith el trabajo productivo se relacionaba con la producción de riqueza material, pero Marx señaló que la característica de la mercancía era ser un bien producido para el cambio. De modo que siempre que se produjera para el cambio bajo condiciones capitalistas, el trabajo puede considerarse productivo, siendo indiferente si la mercancía fuera material o inmaterial. Marx lo dice con estas palabras: “Estas determinaciones no son, por lo tanto, tomadas de la determinación material del trabajo (ni de la naturaleza de su producto, ni del carácter determinado del trabajo en cuanto trabajo concreto), sino de la forma social determinada, de las relaciones de producción sociales en las que el trabajo se realiza. Un actor, por ejemplo, incluso un clown, es según esto un trabajador productivo, si trabaja al servicio de un capitalista (de un entrepreneur), al que devuelve más trabajo del que recibe de é1 en la forma de salario, mientras que un sastre que va a casa del capitalista y le cose unos pantalones, le produce un mero valor de uso y es un trabajador improductivo. El trabajo del primero se cambia con capital, el del segundo con renta. El primero produce una plusvalía; en el segundo se consume una renta”. (³¹)
LOS TRABAJADORES PRODUCTIVOS E IMPRODUCTIVOS EN EL CAPITALISMO Las distinciones realizadas por Marx permiten establecer un cuadro general de los trabajadores improductivos en el modo de producción capitalista que serían los siguientes: a) Los trabajadores no subsumidos al capital; b) Los que brindan servicios personales; c) Los que producen al margen de la relación del capital y, d)L o s servidores del Estado (exceptuando los dedicados a las tareas productivas que éste pueda realizar). De acuerdo con esto tendríamos que los trabajadores productivos serían un sector bastante amplio que abarcaría incluso a los trabajadores del comercio, la banca y todo el sector financiero, además del conjunto de los asalariados cuyo trabajo está subsumido al capital. Ahora bien, se puede precisar más la cuestión de los trabajadores productivos si se parte del hecho de que, aunque el proceso de compra-venta y producción de plusvalía sea un proceso conjunto, ya que para que el trabajador produzca plusvalía se tiene que efectuar antes una compra-venta de fuerza de trabajo. Este proceso tiene dos fases:
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Primera fase. Proceso formal: compra-venta = intercambio de dinero y fuerza de trabajo. Segunda fase. Consumo de fuerza de trabajo = valorización = producción de plusvalía. Para que se realice la segunda fase tiene que darse la primera, pero puede darse la primera fase sin que se produzca la segunda. Esto lo explica Marx con toda claridad: “Todo trabajador productivo es un asalariado, pero no todo asalariado es un trabajador productivo. Cuando se compra el trabajo para consumirlo como valor de uso, como servicio, no para ponerlo como factor vivo en lugar del valor del capital variable e incorporarlo al proceso capitalista de producción, el trabajo no es trabajo productivo y el trabajador asalariado no es trabajador productivo”. (³²)
Precisamente esto es lo que acontece con un conjunto de asalariados del comercio, la banca, las finanzas, etc., que no producen plusvalía y por tanto no se les puede considerar como trabajadores productivos. Sobre este particular nos parece importante apelar de nuevo a Marx en un párrafo que no deja lugar a dudas al respecto y en el cual se refiere a los trabajadores del comercio: “Realiza una función necesaria, ya que el proceso de reproducción incluye también funciones improductivas. Trabaja lo mismo que otro cualquiera, con la particularidad de que el contenido de su trabajo no crea valor ni un producto... Su utilidad consiste en destinar a esta función improductiva una cantidad menor de fuerza y tiempo de trabajo de la sociedad”. (³³)
Sin embargo, aunque el comercio y las instituciones que funcionan con el interés no producen plusvalía, existen determinadas actividades comerciales que implican valorización del capital. Los trabajadores del comercio dedicados a la compra-venta de mercancías son trabajadores improductivos, pero los que se dedican al transporte y almacenamiento son trabajadores productivos. Marx afirma: “La relación de trabajo productivo, es decir, del trabajador asalariado con el capital es aquí la misma que en las demás esferas de la producción material. Aquí se añade al objeto de trabajo una modificación material, una modificación espacial, un cambio de lugar. En relación con el transporte de hombres sólo se presenta como un servicio, que les es prestado por el empresario. Pero la relación de comprador y vendedor tiene tan poco que ver con la relación de los trabajadores productivos con el capital, como la del vendedor y comprador de hilo. Si consideramos, por el contrario, el proceso en relación con las mercancías, entonces tiene lugar aquí en el proceso de trabajo una modificación en el objeto de trabajo, en la mercancía. A pesar de que el trabajo real no ha dejado aquí ninguna huella en el valor de uso, sí se ha realizado sin embargo en el valor de cambio de este producto material, y de esta forma tiene vigencia para esta industria como para todas las demás esferas de la producción material, el que ella toma cuerpo en la mercancía, a pesar de que no deja ninguna huella visible en el valor de uso de la mercancía”. (³4)
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También respecto a los asalariados del Estado hay que hacer una distinción ya que si bien la gran mayoría de los mismos no hacen más que ofrecer sus servicios en los diferentes aparatos del Estado en tareas burocráticas administrativas, militares, policiales y de seguridad, y por lo tanto sus trabajos son improductivos, hay un sector de trabajadores del sector público dedicados a la producción de mercancías materiales e inmateriales que son trabajadores productivos. Con lo expuesto hasta aquí se puede llegar a la conclusión de que son trabajadores productivos: a. Los que en el proceso de producción de mercancías materiales e inmateriales producen plusvalía; b. los trabajadores de la industria del transporte y almacenaje de mercancías y, c. los trabajadores del sector público dedicados a la producción de mercancías materiales e inmateriales. Marx hace una importante distinción, que es imprescindible tener en cuenta, sobre los trabajadores productivos en relación con la producción de mercancías. Se trata de los trabajadores directamente productivos, que son aquellos que tienen una relación estrecha con la producción de las mercancías, y los trabajadores indirectamente productivos, que desempeñan tareas de carácter técnico, de supervisión, del proceso productivo. También expone Marx otra distinción entre los trabajadores productivos basada en la producción material e inmaterial. Habría, pues, trabajadores productivos que producen mercancías materiales: medios de producción, bienes de subsistencia y bienes suntuarios de carácter material; y trabajadores productivos que producen mercancías inmateriales: trabajadores del sector servicios que producen bienes de entretenimiento y de conocimiento. TENDENCIA DE LA DINÁMICA DISTRIBUTIVA DEL TRABAJO PRODUCTIVO E IMPRODUCTIVO Las elaboraciones teóricas de Marx sobre la acumulación cpitalista, es decir, la inversión de la plusvalía como capital, va a tener ciertas leyes de funcionamiento que producen consecuencias sobre el trabajo productivo e improductivo. El fondo de acumulación del capitalista se divide en capital constante y capital variable, o sea, el capital empleado en medios de producción y el capital empleado en la compra de fuerza de trabajo. La proporción entre el capital constante y el variable se llama composición orgánica del capital. El desarrollo de las fuerzas productivas y la competencia entre los capitalistas hace que se produzca un incremento del capital constante y un descenso de la producción de capital variable. Así pues, disminuye relativamente la masa de trabajo vivo consumido por el capital en el proceso de producción de mercancías, lo cual conduce a un desplazamiento de los obreros de la producción al ser sustituidos por las máquinas, la automatización y robotización, lo que crea un mayor número de desempleados y una superpoblación relativa. Marx señala como la población obrera al producir la acumulación del capital, como productores de plusvalía, también produce, en proporciones cada vez mayores, los medios para su propio exceso relativo.
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Este proceso produce también una tendencia decreciente a la cuota de ganancia de los capitalistas, ya que al elevarse la composición orgánica del capital social, se produce un decrecimiento de la cuota general de ganancia. Otra causa de la baja de la cuota media de ganancia, es el descenso en el ritmo de rotación del capital como resultado de las dificultades en la venta de mercancías. La baja de la cuota de ganancia conduce a la contradicción entre el crecimiento de la producción y el consumo. Por una parte, los capitalistas para aumentar la masa y cuota de ganancia amplían la producción de mercancías, pero la elevación de la composición orgánica del capital conlleva globalmente una reducción de la demanda de fuerza de trabajo asalariada y eso mismo conduce a una disminución del consumo, con lo que se obstaculiza la producción capitalista. Hay que subrayar que la tendencia decreciente de la tasa de ganancia tiene sus contra tendencias que intentan oponerse a esta baja de la cuota de ganancia, tales como: el incremento de la explotación de la fuerza de trabajo por medios diversos; la existencia misma de una superpoblación relativa; el abaratamiento de los medios de producción o elementos del capital constante; y, las ganancias extras en el comercio exterior. Ahora bien, todo lo anterior se relaciona con la dinámica de la población trabajadora de la manera siguiente: 1.
El alza en el capital constante produce un descenso de los trabajadores productivos directos del renglón de producción de bienes materiales.
2.
El incremento en la productividad que acarrea el alza del capital constante conlleva una mayor complejidad en el proceso de trabajo, que está ligado a la introducción de máquinas cada vez más sofisticadas en la producción. Esto provoca un incremento de los trabajadores productivos indirectos del renglón de producción de bienes materiales.
3.
Crece el ritmo de inversiones y con ello la masa de mercancías, se da un crecimiento del crédito, y este produce un aumento de los trabajadores improductivos del sector financiero y comercial.
4.
Al producirse un alza en la productividad social media se provoca, al menos tendencialmente, lo siguiente: a.
Necesidad de una mayor capacitación de la fuerza de trabajo, lo que implica mayor inversión o gastos en la formación de la mano de obra a todos los niveles.
b.
Mayor disponibilidad de “tiempo libre` y, por ende, crecimiento del equipamiento social destinado a ofrecer bienes de diversión y actividades para ocupar el tiempo libre socialmente disponible.
c.
El capital se ve estimulado a invertir en la esfera de bienes inmateriales, con lo cual se produce un crecimiento de los trabajadores de la producción inmaterial.
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5.
El crecimiento de la riqueza social permite la existencia de un fondo de plusvalía incrementada, apto para ser captado por el Estado a través de la vía impositiva. A la mayor complejidad de la sociedad se verifica una situación semejante en los aparatos del Estado, lo que provoca un crecimiento de los funcionarios o servidores del Estado, con lo que se produce un alza en los trabajadores improductivos.
Así pues, partiendo de la ley general de la acumulación capitalista expuesta por Marx, la tendencia en las sociedades capitalistas, a medida que se produce un crecimiento en el desarrollo de sus fuerzas productivas, es la siguiente: 1.
Una disminución relativa de los trabajadores productivos directos del renglón de producción de bienes materiales.
2.
Aumento relativo de los trabajadores productivos indirectos.
3.
Aumento relativo de los trabajadores productivos del renglón de bienes inmateriales.
4.
Aumento relativo de los trabajadores improductivos.
El análisis de Marx sobre el desarrollo del capitalismo y la tendencia que se produce de una disminución de los trabajadores productivos directos y un aumento del resto de los asalariados, explica muy satisfactoriamente una serie de fenómenos que se están produciendo en los países capitalistas desarrollados y que, contrariamente a lo que pretenden ciertos ideólogos y políticos los mismos, más que refutar a Marx, lo que hacen es confirmar lo esencial de su teoría. EL TRABAJADOR PRODUCTIVO COLECTIVO Otro aspecto que es necesario tener en consideración en la teoría de las clases sociales de Marx es lo relativo al trabajador colectivo. Para Marx el desarrollo del capitalismo conlleva una socialización del proceso de trabajo que hace que surja el trabajador productivo colectivo, y este mismo proceso de socialización del trabajo lleva a una división del trabajo manual y mental, a un divorcio y antagonismo entre ellos. El producto deja de ser el fruto de un trabajo individual para ser un producto social del trabajador colectivo. Este análisis ha servido para interpretaciones diversas, ya que para algunos Marx estaría proporcionando las bases de una ampliación considerable de la clase obrera que prácticamente abarcaría a todos los trabajadores asalariados. Sobre todo se enfatiza que Marx niega la identificación del trabajador manual con el obrero o con el trabajador productivo. Veamos el texto donde Marx expone su pensamiento: “Cuando el proceso de trabajo es puramente individual, se concentran en un solo obrero todas las funciones que más tarde se disocian. Este obrero se vigila a sí mismo en la
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apropiación individual de los objetos que le ofrece la naturaleza para los fines de su vida. Más tarde, es vigilado en esta actividad. El individuo no puede actuar sobre la naturaleza sin poner en acción sus músculos bajo la vigilancia de su propio cerebro. Y, así como en el sistema fisiológico colaboran y se complementan la cabeza y el brazo, en el proceso de trabajo se aúnan el trabajo mental y el trabajo manual, más tarde, estos dos factores se divorcian hasta enfrentarse como factores antagónicos y hostiles. El producto deja de ser fruto directo del productor individual para convertirse en un producto social, en el producto común de un obrero colectivo, es decir de un personal obrero combinado, cuyos miembros tienen una intervención más o menos directa en el manejo del objeto sobre el que recae el trabajo. Con el carácter cooperativo del propio proceso de trabajo se dilata también, forzosamente, el concepto del trabajo productivo y de su agente, el obrero que produce. Ahora, para trabajar productivamente ya no es necesario tener una intervención manual directa en el trabajo; basta con ser órgano del obrero colectivo, con ejecutar una cualquiera de sus funciones desdobladas”. (Subrayado nuestro, CJBE) (³5)
En Marx nunca se da una igualdad entre trabajador manual = clase obrera, ya que existen trabajadores manuales entre el campesinado, artesanos, etc., de manera que este criterio no puede ser nunca esencial, sino precisamente accesorio. Tampoco se refiere Marx como elemento central del concepto de clase obrera a la condición de asalariado, de manera que si bien el trabajador colectivo incluye a los asalariados no todos los asalariados son obreros. Como tampoco se puede admitir que la producción de mercancías materiales sea forzosamente otra característica básica para definir a la clase obrera. De todo lo anteriormente expuesto sobre el trabajo productivo, entendemos que la concepción de Marx de la clase obrera, en sentido más estricto, implica la condición de trabajador, sea manual o no, de asalariado en la producción de mercancías materiales e inmateriales y sobre todo que produce plusvalía que hace rentable al capital De manera que la noción de trabajador colectivo es absolutamente más amplia que la de clase obrera, en sentido estricto. Sin embargo, no podemos concluir sin dejar explicado que la delimitación de la clase obrera y la ampliación que de la misma parece derivarse de textos de Marx de El Capital y del capítulo sexto del mismo, suscitan en la actualidad interpretaciones divergentes entre sí en los teóricos marxistas, lo cual es atribuido a ambigüedades contenidas en los textos de Marx. La polémica al respecto no es ni trivial ni pedante ya que se relaciona con la política de alianzas en la estrategia socialista de lucha de clases, en el seno de un capitalismo en el cual la denominada revolución cientifico-técnica, las nuevas tecnologías de la información y la globalización, determinan cambios importantes en la estructura de todos los elementos básicos de la producción.
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10.
11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22.
23. 24. 25.
Marx, “Carta a Joseph Weydemeyer”, en Marx, Engels, Obras Escogidas II, Moscú, pp. 424-425. “La doctrina de Saint-Simon”, París, 1924, pp. 243-255, en Irving Fetscher, El marxismo, su historia en documentos. Sociología, Política, Madrid, 1976, pp. 315-317. Karl Marx, Sociología y filosofía social, Barcelona, 1967,p.222. Karl Marx, La ideología alemana, Barcelona, 1970, pp.60-61. C. Marx, F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, en Obras Escogidas, I, Akal, Madrid,1975, pp.23-24. C. Marx, Miseria de la filosofía, México, 1974, pp. 157-158. “Carta de Marx a F. Bolte del 23 de noviembre de 1871”, en Marx Engels, Obras Escogidas, T.2, akal, Madrid, pp.497. K. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Barcelona, 1971, pp. 144-145. C. Marx, “Prólogo a Contribución a la crítica de la economía política”, en Obras Escogidas, I, pp.332-333. El empleo de los términos modo de producción asiático y despotismo oriental se puede encontrar en varios trabajos de Marx y Engels además del prólogo a Contribución a la Crítica de la economía politica; veáse Futuros resultados de la dominación británica en la India, Teorías sobre la plusvalía, I, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador), I, y el Anti-Dühring. Posteriormente se fue eliminando de los textos de “marxismo-leninismo” la referencia al modo de producción asiático y todo este período de los pueblos orientales se trató como siendo esclavistas o feudales, universalizando los criterios de evolución histórica europeos. C. Marx, F. Engels, Manifiesto, Obras Escogidas, I. C. Marx, El Capital, I, México, 1964, pp. 180-81. C. Marx, F. Engels, Vid. Manifiesto, op. cit. Ibidem., pp. 22-31. C. Marx, El Capital, III, pp. 746-747. C. Marx, F. Engels, La ideología alemana, Barcelona, 1970,p. 52. F. Engels, “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, en C. Marx, F. Engels, Obras Escogidas, II,p. 396. C. Marx, La ideología alemana, p. 55. “Carta de Engels a Marx del 14 de julio de 1883”, en O.E., II, p. 499. C. Marx, Contribución a la crítica de la economía política, Madrid 1970, pp. 276-77. El uso del término clases de transición comienza a popularizarse tanto, que puede suceder que se convierta no ya en una interpretación sino en una especie de “dogma”, y que cualquier discusión sobre su pertinencia o no, se considere un intento “revisionista”. Razón de más para que el mismo se someta a discusión, y de ese modo, aun cuando se siga empleando por considerarlo más “operativo”, que se tenga al menos en cuenta que su uso no está consensuado como el único y verdadero concepto marxista. Para un análisis de Marx sobre los conflictos entre fracciones de la burguesía, véase su trabajo “La lucha de clases en Francia”. Vid. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, y Manifiesto del Partido Comunista. Carlos Marx, “Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores”,
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O.E., I, P.351, y F. Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, Júcar, Madrid,1979. 26. F. Engels, L. Feuerbach, en O, E. II, p. 391. 27. C. Marx, F. Engels, en O.E., II, p. 160. Por esta razón parece una crítica carente de comprensión de esta cuestión, la que hace F. Parkin cuando se refiere al “espectáculo” a la vez extraño y fascinante de las Facultades de Ciencias Sociales en Europa y más allá de ella donde se contemplan a grupos de diligentes estudiantes y profesores dedicados a la investigación y enfrascados en las páginas de las Teorías sobre la plusvalía en busca de la realidad social”. (Marxismo y teoría de las clases.Una crítica burguesa, Madrid, 1984, p.10). Esta afirmación es un buen indicador de como analistas, por otra parte muy bien documentados y perspicaces, suelen mostrar una miopía muy acuciada cuando examinan los problemas que constituyen centros de interés para los marxistas y consideran que los mismos son puro pedantismo, y además, anacrónico. En las Teorías sobre la plusvalía se encuentran elementos fundamentales para examinar el punto de vista de Marx sobre una cuestión que es de actualidad en el pensamiento y la praxis marxista, de modo que su estudio ni es pedantismo ni mucho menos anacronismo. Más aún, después de la crisis de 2008 las teorías de Marx vuelven a retomar un auge y muy especialmente se puede ver la pertinencia de la teoría marxista en la la ley decreciente de la tasa de ganancia que está unida al cambio de la extracción de plusvalía centrada en la plusvalía absoluta a la relativa, a las inversiones en máquinas, en robótica, en la aplicación de las nuevas tecnologías informáticas, en la automatización, etc. Ver al respecto N. DyerWhiteford, Cyber.Marx: Cycles and Circuits of Struggle in High technology Capitalism, University of Illinois Press, Illinois, 1999. Recientemente Paul Mason, en un estudio sobre el Postcapitalism (Allen Lane, Londres, 2015) reivindica la importancia de la teoría marxista del valor y del proceso de desmercantilización que se está produciendo en las sociedades capitalistas avanzadas de la mano de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, y como eso hace peligrar el capitalismo neoliberal. De manera que más que obsoleta la teoría marxista se va reivindicando como la que proporciona elementos más idóneos para interpretar y ver las tendencias del capitalismo en la situación actual a comienzos del siglo XXI. Solo gente muy frívola o muy desinformada o condicionada por las ideologías procapitalistas puede considerar que el marxismo es algo periclitado, mientras exista capitalismo el marxismo puede alumbrar muchos aspectos del mismo y es esencial para comprender sus mecanismos. 28. K. Marx, Teorías sobre la plusvalía, Barcelona, 1977, p.137. 29. Ibidem., p. 142. 30. Ibidem., P. 143. 31. Ibid., p. 143. 32. K. Marx, El Capital. Capítulo VI (inédito), México, 1973,p. 80. 33. Vid. K. Marx, El Capital, II. 34. K. Marx, Teorías sobre la plusvalía, ob. cit., pp. 432-433. 35. C. Marx, El Capital, I, México, p. 425.
12. La formación de la conciencia de clase La política revolucionaria en condición objetiva no revolucionaria deberá manifestarse a través de un grado específico y particular de conciencia de clase: lo que podríamos denominar conciencia hegemónica estratégica. J.R. Recalde
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INTRODUCCIÓN La cuestión de la conciencia de clase es esencial en el estudio marxista de las clases sociales y, fundamentalmente, en el de la clase trabajadora, ya que este componente “subjetivo” será para Marx decisivo en la lucha política de clase. Es sabido que Marx empleó el término clase en dos sentidos diferentes. En algunos textos, se refiere fundamentalmente a un criterio objetivo, destacando una relación semejante frente a los medios de producción, y utiliza un segundo criterio de tipo subjetivo, donde el elemento conciencia de sus intereses objetivos como clase, sería el factor básico para la definición de clase social. En este último sentido las clases sólo comenzarían a existir como tales en el momento histórico en que empiezan a adquirir conciencia de su situación. Hay que destacar que estos dos criterios o sentidos de clase no están necesariamente en conflicto, sino que tienden a complementarse en el pensamiento de Marx. Sin embargo, se ha querido señalar que cuando se destaca este papel de la conciencia, que ve la constitución de la clase desde un nivel de “clase-en-sí”, hasta su constitución como “clase-para-sí”, se estaría cayendo en una interpretación ontológicogenética de la historia en sentido hegeliano y se rechaza señalando que esta perspectiva “concibe la clase como sujeto de la historia, como factor de engendramiento genético de las estructuras de una formación y como factor de transformaciones”. (¹) Desde una perspectiva alejada de la corriente althusseriana o del estructuralismo marxista, desde un marxismo historicista, también se señala que Marx después de 1848, en sus escritos con mayor maduración de la crítica de la economía política de su época y anterior, no hacía depender la clase de la conciencia de clase. Es decir, una clase existe aunque no haya conciencia de clase. El ejemplo más evidente es el de los esclavos. Marx siempre pensó a los esclavos como una clase, y era prácticamente imposible que los esclavos de la antigüedad pudieran llegar a tener ni conciencia de clase ni actividad política común, por tener lenguas y orígenes diferentes, de lo que se concluye que la conciencia no es un elemento necesario de la clase en Marx.(²) MARX Y LA CONCIENCIA DE CLASE La crítica anterior se dirige sobre todo a los intentos de hacer una hiper politización de las clases señalando que éstas únicamente existen cuando actúan políticamente, lo cual es, evidentemente, una exageración, pero de ahí no se puede concluir en una negación del papel decisivo de la conciencia en el análisis de las clases, ya que en Marx la problemática de la “clase-en-sí” y “para-sí” no es un problema de construcción teórica de conceptos, sino un elemento central para una adecuada comprensión de las clases y de sus luchas. El joven Marx, cuando inicia la elaboración de su teoría de la revolución socialista y plantea a la clase proletaria como la clase revolucionaria en el capitalismo, no lo hace considerando que la clase obrera es de manera espontánea revolucionaria, de ahí que señale que existen diversas fases en el desarrollo del proletariado, que iría pasando de constituir una masa indiferenciada de individuos a convertirse en una clase-en-si, es decir, que esta clase no tiene conciencia de sus intereses históricos y comparte, por ende, las concepciones de la clase dominante. Esta subordinación de la clase obrera a
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la clase dominante permite su explotación que es percibida inclusive como algo natural, que no debe cuestionarse. Sin embargo, esta dominación ideológica será mayor en tanto el sistema se encuentre en momentos de auge y estabilidad, pero a medida que se vayan produciendo crisis, y por ende, se agudicen las contradicciones, se dará un proceso en el cual se pasará a una etapa en la que la clase trabajadora se irá convirtiendo en una “clase-para-sí”, que tendrá no únicamente un enfrentamiento meramente económico-reivindicativo, sino que habrá un mayor grado de conciencia de sus intereses históricos y un enfrentamiento político a la sociedad burguesa y a la clase dominante. No se tratará ya de intentar vender la fuerza de trabajo en las mejores condiciones posibles, sino de cambiar las relaciones sociales de explotación existentes. Las tres fases que señala Marx en el desarrollo del proletariado son: a) un conglomerado disperso de individuos, es decir, atomizados; b) clase-en-sí; y c) clasepara-sí. El proceso por el cual los trabajadores llegan a ese último nivel de conciencia de clase depende de varios factores. En primer lugar, del desarrollo de la industria y de las relaciones de producción capitalista que conducen a un crecimiento de los trabajadores asalariados que tiende a concentrar y a homogeneizar relativamente la situación de los trabajadores y específicamente, de los trabajadores industriales. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, se produce una organización de los trabajadores que conduce al desarrollo de luchas reivindicativas. En tercer lugar, el movimiento se extiende a través de los principales centros de trabajo y se constituyen asociaciones nacionales de trabajadores. En cuarto lugar, los enfrentamientos con el Estado capitalista hacen que la lucha adquiera un carácter político más nítido, elevando su comprensión de que el fenómeno de su explotación y opresión no está limitado a las diferentes unidades de producción sino que se eleva a una percepción de la explotación como una característica del sistema social en su conjunto y que, por lo tanto, la superación de su situación tiene que tener un carácter totalizador. En quinto lugar, se da una organización en partidos políticos de la clase obrera, lo cual viene facilitado porque en los conflictos que se dan entre las diferentes fracciones de la burguesía, las clases trabajadoras son incorporadas a la política para que jueguen un papel de masa de apoyo y maniobra para las diferentes fracciones, proporcionándole de esta manera un aprendizaje político que se convertirá luego en un arma contra la propia burguesía. También es de destacar cómo la incorporación de elementos provenientes de la pequeña burguesía y de la intelectualidad burguesa y pequeño burguesa proporciona un factor teórico-organizativo para la independencia política del proletariado.(³) Así pues, ya tenemos elementos suficientes para comprender lo que entiende Marx por la conciencia de clase: “No se trata de lo que este o aquel proletario o incluso el proletariado en su conjunto, pueda representarse de vez en cuando como meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que está obligado históricamente a hacer, con arreglo a ese ser suyo. Su meta y su acción histórica
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se hallan clara e irrevocablemente predeterminadas por su propia situación de vida y por toda la organización burguesa actual”. (4)
Esa diferencia entre las representaciones y una especie de necesidad histórica se puede concebir como una neta distinción entre conciencia psicológica de clase y conciencia de clase propiamente dicha.(5) Ahora bien, para Marx aunque existen serios obstáculos para que la clase trabajadora tome conciencia racional e histórica de su situación y de su papel como clase, debido a las características mismas de la producción capitalista, esto no implica que el capitalismo pueda evitar, a largo plazo, esa toma de conciencia de clase. Refiriéndose a los efectos de la producción capitalista, Marx señaló en el primer tomo de El Capital que ésta contribuye a formar una clase trabajadora que por educación, tradición y hábito reconoce las exigencias de ese modo de producción como leyes naturales, y de ese modo “la coerción sorda de las relaciones económicas pone su sello a la dominación del capitalista sobre el obrero”. Esto es así, porque en el capitalismo las apariencias del funcionamiento del sistema tratan de velar su realidad esencial, generando la percepción de una pseudo concreción que hace una disyunción entre apariencia y realidad. Este efecto de la producción capitalista sobre sus agentes se ve reforzado por la acción de los intelectuales al servicio del sistema capitalista que racionalizan el mismo y buscan un consenso entre los más amplios sectores de la población, y más específicamente, entre los trabajadores. La consecuencia sería que esto impide una rápida toma de conciencia de clase, la obstaculiza y la bloquea. Ahora bien, el capitalismo tiene otra clase de efectos que van en el sentido de ir poniendo las condiciones para la constitución del proletariado en “clase-para-sí”. La tendencia histórica es que a medida que se da la concentración y centralización de capitales se dará un incremento de la explotación y degradación de la clase obrera que iría acompañada de una resistencia creciente, con un mayor grado de unidad, disciplina y organización, a lo cual contribuye la producción capitalista. En Marx esto adquiere las características de un proceso “histórico-natural” y aunque el proceso pueda ser muy lento, el resultado será en definitiva ineluctable: los expropiadores serían expropiados. La conciencia de clase obrera en Marx es la comprensión de que la emancipación de los trabajadores y la liberación del conjunto de la sociedad, no pueden lograrse sino por la superación del capitalismo y de su Estado. La conciencia de clase es una conciencia revolucionaria de poder. CONCIENCIA DE CLASE Y ORGANIZACIÓN EN MARX Cuando la clase trabajadora logra elevarse a una conciencia revolucionaria necesita un instrumento que le permita realizar la tarea de dirección para poder enfrentar a la clase dominante y su complejo de aparatos e instituciones. Marx y Engels fueron conscientes de la necesidad organizativa y desde fecha muy temprana llevan a cabo una actividad teórico-práctica dirigida a formar una organización y con ese fin formaron el “Comité de Correspondencia Comunista” en 1846, que fue la primera organización política creada por Marx y Engels.
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Posteriormente ingresan en la Liga de los Comunistas, previa modificación de los presupuestos teóricos y organizacionales de la misma. Entre las modificaciones introducidas por Marx y Engels estaba dejar claro el fin de la organización, que era, según los estatutos: “el derrocamiento de la burguesía, el dominio del proletariado, la supresión de la antigua sociedad burguesa fundada en las oposiciones de clases, y la creación de una nueva sociedad sin clases y sin propiedad privada”.(6) También en el Manifiesto Comunista se puede destacar la importancia que le daban Marx y Engels a la auto-organización del proletariado en un proceso de lucha de clases que lo iría constituyendo en partido político. La discusión fundamental, por lo tanto, no puede estribar en si Marx le dio importancia o no a la organización de la clase trabajadora, ya que esto está harto demostrado. En ese sentido el punto central de la discusión radica en la relación entre clase y partido, y en este aspecto es necesario destacar que Marx, sin minusvalorar en ningún momento el papel de la organización, destaca la praxis de la clase, ya que, como dejó escrito en el preámbulo al proyecto de estatutos presentado al Congreso de Ginebra celebrado en 1866, por la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.), “la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”.(7) Lo que subraya es la necesidad de participación de la clase trabajadora en la lucha por su liberación, lo cual no entra en contradicción con la existencia de organizaciones de la clase. EL PARTIDO EN MARX Y ENGELS Respecto al problema organizativo y específicamente respecto al problema del partido, existe una gran flexibilidad en cuanto a las formas organizativas, en ese aspecto Marx y Engels tuvieron a lo largo de su vida y de acuerdo a los diferentes contextos históricos, “diferentes” modelos de partidos. Si se rastrea en los escritos de Marx y Engels y en el movimiento socialista de la época que les tocó vivir, comprobamos que: 1º) apoyaron una pequeña organización internacional de cuadros (la Liga de los Comunistas); 2º) luego a la Asociación Internacional de Trabajadores; 3º) apoyaron a los movimientos obreros cartistas ingleses y la “National Reform Association” norteamericana, y, 4º) a los partidos social demócratas y socialistas (marxistas) en Alemania y Francia. En definitiva, Marx y Engels no se aferran a ninguna forma organizacional dada, sea de organización rígida (la Liga) o amplia (AIT), y a los partidos obreros nacionales, británico y estadounidense (de tipo cartista), cuando se dan cuenta de que el movimiento real las ha sobrepasado y que se están convirtiendo en un obstáculo para el desarrollo de la lucha revolucionaria de los trabajadores. (8) La actitud de Marx y Engels frente al problema del partido fue siempre considerar que debía haber una gran relación de éste con la clase, por lo cual se opusieron a las sectas aisladas y a los conspiradores profesionales a los que denominó “alquimistas de la revolución”. Engels lleva cabo una crítica de la idea de Blanqui de la revolución realizada por una pequeña minoría revolucionaria, porque ésta conduciría a la necesidad de una dictadura no de toda la clase revolucionaria (la clase trabajadora), sino de esa minoría. Lo decisivo es que para Marx y Engels el partido es un instrumento de la clase, su
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expresión política, lo cual no quiere decir que ellos descarten el partido en aras de la clase, sino que hay una relación dialéctica entre ambos. Esto lo expresa con nitidez Engels cuando señala que lo que Marx y él habían estado planteando desde 1847 es que la clase obrera necesita para vencer un partido separado, distinto a todos los otros y opuesto a ellos, un partido consciente de clase, que defendiera los intereses de la clase trabajadora.(9) MARX Y LOS SINDICATOS Aunque la toma de conciencia de clase de los trabajadores tiene un importante medio de expresión en el partido revolucionario, encuentra otros medios organizativos que contribuyen a este proceso de toma de conciencia y que son fundamentales para implementar la lucha de clases contra el capital. En este sentido, habría que destacar el importante papel que juegan los sindicatos así como todas las otras formas de organización que utilizan los trabajadores en la defensa de intereses generales de clase o específicos. Con relación a los sindicatos, Marx destacó el importante papel que juegan en la lucha entre el capital y el trabajo, pero también consideraba que podían ser importantes en la lucha política. Esto se puede percibir claramente en la resolución sobre los sindicatos elaborada por Marx y aprobada en el primer congreso de la A.I.T. en Ginebra en 1866, donde destaca que en la lucha contra el capital, el poder de los trabajadores reside en su número, pero como existe división en su seno, los sindicatos surgieron, en un primer momento, para limitar la competencia entre los propios trabajadores y, a través de esa coalición, lograr condiciones de trabajo más favorables. En ese sentido, los sindicatos han tenido como objetivo inmediato atender a las reivindicaciones cotidianas del trabajo contra el capital, y concretamente los problemas de salarios, jornada laboral y condiciones de trabajo. Ahora bien, los sindicatos se han ido convirtiendo en núcleos organizativos de la clase obrera que además de ser importantes para la lucha cotidiana lo son más como “aparatos organizados para apresurar la abolición del sistema mismo del salario”. Marx expresaba en la resolución su preocupación en el sentido de que los sindicatos se habían centrado exclusivamente en las luchas inmediatas contra el capital y habían perdido en cierto modo la perspectiva de su poder ofensivo contra el modo de producción capitalista. Esto los hacía mantenerse apartados de los movimientos sociales y políticos, y destacaba que para ese período ya se alumbraba un mayor grado de conciencia de su tarea histórica al participar políticamente, como lo hacían en Inglaterra y los Estados Unidos. Y concluía, exhortando a que los sindicatos, trabajarán de manera más consciente con miras a la emancipación completa de la clase obrera, para lo cual era preciso que sostuvieran cualquier movimiento social y político que luchara por ese objetivo. Es importante tener en cuenta que Marx no relega los sindicatos a una mera función económica sino que le atribuye un papel político, aunque no le asigne la misma función que al partido. (¹0)
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LENIN: PARTIDO Y CONCIENCIA SOCIALISTA La posición de Lenin respecto a la transformación del proletariado de “clase-en-sí” en “clase-para-sí”, es que este paso no se puede lograr por la práctica espontánea de la clase obrera, debido a que esta solamente conduciría a una especie de movimiento pendular entre acciones aventureristas y desesperadas y el “tradeunionismo” o sindicalismo. Ninguno de los cuales permite que el proletariado alcance una conciencia socialista. En ese sentido se puede hablar de que para Lenin hay un límite político que el espontaneísmo no puede rebasar. Concibe, pues, que es necesario lograr que las actividades espontáneas de la clase permitan el logro de objetivos políticorevolucionarios para lo cual se hace imprescindible una dirección y una organización. Se puede señalar que uno de los grandes aportes de Lenin es haber destacado la importancia del partido revolucionario. Y no debe restarse mérito al mismo, cuando se examina el papel histórico que jugó ese partido y su evolución posterior hacia el monolitismo y la dictadura del secretario general sobre el conjunto de la organización. Así pues, la clase obrera en sus luchas va creando un conjunto de organizaciones de diversos tipos para organizar su defensa económica y social, pero el partido no surge como un corolario de las luchas sino por un acto consciente de “intelectuales revolucionarios” que han comprendido científicamente el carácter de la sociedad capitalista y sus tendencias de desarrollo y logran captar a una vanguardia revolucionaria en la clase trabajadora. La comprensión que tiene Lenin de este problema es lo que hace que tenga tanta insistencia en el aspecto organizativo dentro de lo que se ha denominado el leninismo. Según Lenin hay dos formas básicas de conciencia: una conciencia espontánea, que surge de las luchas cotidianas y que tiene un carácter de rebelión instintiva contra los explotadores y opresores, consiguiendo su máxima manifestación en la necesidad de formar coaliciones de trabajadores, sindicatos, y se conoce como la conciencia sindicalista, la cual en el plano político alcanzaría su expresión en partidos y políticas reformistas. La conciencia socialista, por el contrario, no surge espontáneamente sino que tiene que ser introducida “desde fuera” por intelectuales socialistas-comunistas, y esto a través de una lucha teórico-práctica contra las manifestaciones sindicalistas y reformistas que no rebasan, en última instancia, la dominación burguesa. Lenin lo dice claramente: “Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia social demócrata. Esta sólo podía ser introducida desde fuera, la historia de todos los países demuestra que la clase obrera exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo puede elaborar una conciencia sindical...En cambio la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que fueron elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por intelectuales. Por su posición social, también los fundadores del socialismo científico contemporáneo, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa”. (¹¹)
La insistencia de Lenin en la necesidad de luchar contra la idea de que el movimiento obrero por sí mismo puede lograr una conciencia socialista consiste en que para él el espontaneísmo no hace más que fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre
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los trabajadores, y la tarea de los comunistas es lograr difundir una conciencia socialista lo cual implica fortalecer el papel del partido para lograr objetivos socialistas. La posición de Lenin en torno a la conciencia de clase del proletariado está relacionada con el carácter que tiene la lucha de la clase trabajadora en el capitalismo. En ese sentido hay una diferencia radical entre la lucha de la burguesía contra el feudalismo y la del proletariado, ya que la burguesía logró autonomizarse relativamente en el seno del feudalismo tanto en el aspecto económico, desarrollando la producción mercantil hasta lograr que el modo de producción capitalista fuera dominante, y junto a este proceso de desarrollo de las relaciones capitalistas, se daba una autonomía ideológica de la burguesía respecto a la ideología feudal. Sin embargo, las relaciones de producción socialistas no surgen en el seno de la sociedad burguesa sino que necesita de un acto político, la toma del poder político por el proletariado. Hasta el momento de esta ruptura revolucionaria la burguesía mantiene su dominio político, económico e inclusive ideológico, aunque se encuentre sometido a una contestación creciente. Para Lenin, aunque el proletariado luche contra la dominación burguesa en todos sus planos, el acceso a la conciencia revolucionaria no se basa simplemente en el rechazo a la explotación y a la opresión, ya que el mismo proceso de la producción capitalista y la acción de sus aparatos ideológicos conduce al proletariado a una falsa conciencia, que bloquea la superación del capitalismo a través de una revolución socialista. Esta revolución necesita una elevación de la conciencia si no de toda la clase, sí al menos de un sector importante de la misma, y esto se logrará llevando a cabo una lucha en todos los planos y tratando de tener un grado de organización y eficacia que le permita combatir a una clase dominante con organizaciones poderosas y bien estructuradas a las cuales no se les puede oponer métodos artesanales de combate y organización. EL PARTIDO DE VANGUARDIA Lenin percibe una heterogeneidad ideológica en el proletariado que es consecuencia de su falta de homogeneidad como clase. En ese sentido destaca la influencia de aspectos tales como el origen, grado de instrucción, tamaño de la empresa, tradiciones sindicales y políticas, y aspectos individuales. Estas diferencias contribuyen a la existencia de capas en la clase trabajadora donde se perciben sectores de trabajadores atrasados políticamente, sectores avanzados, intermedios y, por último, los sectores que denomina de vanguardia, que están organizados en el partido revolucionario. Estos serían los que verdaderamente representan la conciencia más evolucionada de clase, la conciencia para-sí. La función del partido es lograr que el número más amplio de trabajadores acceda a este nivel y para ello debe desplegar en todos los momentos de la lucha una acción dirigida a este objetivo, tanto en los momentos de reflujo, cuando esta vanguardia tiende a reducirse, como en los momentos de auge revolucionario, cuando amplias masas de trabajadores acceden a una conciencia real de su situación de clase. Así pues, la función fundamental del partido consiste en la constitución de la clase trabajadora, en clase revolucionaria. Para ello tiene que realizar políticas que permitan un conocimiento cabal de las fuerzas en conflicto, para lo cual debe llevar a cabo un
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análisis de la situación concreta y trazar a partir de la misma las tareas que debe afrontar la clase trabajadora. En ese sentido, el partido efectúa un proceso de conocimiento de la realidad con vistas a su transformación revolucionaria. Igualmente el partido debe, junto a la elaboración política, dirigir las luchas de la clase trabajadora para lo cual tendrá que haber una gran relación entre la clase y la vanguardia. La labor de dirección va ligada a una función de educación política que debe desplegar permanentemente el partido. En ese sentido, toda lucha de la clase trabajadora es percibida como un momento del desarrollo de la conciencia de clase y el partido debe destacar la relación que hay entre una lucha específica y el cuestionamiento de todo el sistema político. Eso implica reconocer los momentos en que su papel es impulsar las reformas y cuál es el momento en que se trata de unir fuerzas para una lucha de carácter revolucionario. Siempre teniendo en cuenta que los momentos revolucionarios en la historia son escasos. La función organizativa es tenida muy en cuenta por Lenin, ya que, sin la organización de la clase trabajadora a todos los niveles, no podría darse una lucha con posibilidades reales de enfrentamiento al Estado capitalista. El papel del partido es llevar a cabo una transformación en las asociaciones de la clase trabajadora para convertirlas en organizaciones dirigidas a un proceso de lucha de clases. En ese sentido hay que destacar que el “modelo” que va a ser retomado por Lenin va a ser el de la socialdemocracia alemana que era el partido marxista más prestigioso y mejor organizado. Solamente esta red de organizaciones tiene posibilidades de ir conformando entre los trabajadores una autoconciencia de su poder e irlos educando en funciones de dirección y administración. Sin embargo, Lenin no confunde las organizaciones de masas de los trabajadores con la organización de la vanguardia de los mismos. La organización de la vanguardia tiene un fin central: la lucha por la destrucción del Estado capitalista y la revolución socialista, y este objetivo que guía permanentemente la acción del partido revolucionario conlleva principios organizativos que lo diferencian del de las organizaciones de masas. Es por ello que para Lenin la cuestión del centralismo no viene a sustituir el elemento democrático ni es visto como algo contradictorio entre sí (centralismo versus democracia), hay una clara comprensión de que el partido es un ejército disciplinado en lucha contra un Estado poderoso y organizativamente eficaz al cual hay que oponer una organización que no solamente tenga claridad en sus objetivos, sino que esté en capacidad real de llevar con eficacia un enfrentamiento frontal, todo lo cual implica la imbricación existente en la concepción leninista de la organización entre democracia y centralismo. El centralismo implica la necesidad de disciplina y eficacia que debe tener el “ejército revolucionario”, que es para Lenin, el partido. Y esta idea de milicia en tiempo de guerra no es baladí para entender la concepción leninista del partido, y subrayo leninista, no marxista. La democracia destaca la necesidad de la comprensión del momento político y de las tácticas a aplicar para que la lucha sea consciente, además de la relación y expresión política que tiene que tener la vanguardia con respecto a la clase, que dirige, educa, orienta y organiza. Empero, hay que reconocer que entre centralismo y democracia existe un
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problema que va relacionada siempre con momentos históricos concretos por lo cual no hay una solución ideal para esta situación, de ahí que encontremos en Lenin momentos en que el aspecto centralista es subrayado mientras que en determinadas situaciones históricas (1905) destaca los aspectos democráticos. (¹²) Esta flexibilidad organizativa fue quedando en el olvido en el momento de la toma del poder y en los hechos posteriores, donde el elemento democrático fue desapareciendo en aras de un centralismo autoritario de un pequeño grupo de dirigentes, que llevó a una espiral en la cual el partido fue sustituido por el comité central, y luego el comité central fue sustituido por el comité político, y éste, en fin, fue sustituido por un secretario general convertido en el poder decisorio de última instancia. ROSA LUXEMBURGO: PRAXIS REVOLUCIONARIA Y CONCIENCIA DE CLASE Rosa Luxemburgo va a tener respecto a la formación de la conciencia de clase del proletariado una concepción que se asemeja a la mantenida por Marx, en el sentido de concebir que la toma de conciencia no obedece tanto a la acción del partido sino a la praxis revolucionaria. Es a través de ésta que se da el paso de la “clase-en-sí” a “clase-para-sí”. Rosa Luxemburgo señala que el proletariado adquiere su conciencia de clase no por medio de “los folletos o de los panfletos, sino que su educación debe ser adquirida en la escuela política viva, en la lucha y por la lucha en el curso de la revolución en marcha”. (¹²) Relacionando este aspecto de la praxis revolucionaria, a través de la cual se logra una transformación de las condiciones sociales, y que, a la vez, se va interiorizando por la clase trabajadora una conciencia de clase revolucionaria, cuestión que alcanzaría su cénit en el momento de la crisis revolucionaria. CONCIENCIA TEÓRICA LATENTE Y CONCIENCIA ACTIVA O PRÁCTICA Rosa Luxemburgo hace una separación muy importante entre la denominada conciencia teórica latente y la conciencia activa o práctica. La conciencia teórica latente es inculcada a la clase trabajadora en el período de predominio del parlamentarismo burgués por el parlamentarismo socialdemócrata, lo cual conlleva que debido al carácter fundamentalmente electoral de las luchas, sin que se dé una acción directa de las masas, esta conciencia no logra ir más allá. Sin embargo, en los momentos revolucionarios, las masas entran en la escena política y la conciencia teórica latente de la clase trabajadora se convierte en una conciencia práctica y activa: “De este modo un año de revolución ha dado al proletariado ruso esa `educación' que treinta años de luchas parlamentarias y sindicales no pueden dar artificialmente al proletariado alemán. Ciertamente, este instinto de clase viviente y activo que anima al proletariado disminuirá... una vez cerrado el período revolucionario y una vez instituido el régimen parlamentario burgués legal, o al menos, se transformará en una conciencia escondida y latente”. (¹³)
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EL PAPEL DEL PARTIDO Pese a la insistencia de Rosa Luxemburgo en la praxis revolucionaria como medio fundamental del logro de una conciencia de clase-para-sí, en amplios sectores de la clase trabajadora, si no en toda ella, no se puede –a la luz de sus escritos–, tratar de reducir la importancia que tienen para ella los elementos organizativos y educativos que realiza el partido revolucionario. Hacerlo así sería simplificar excesivamente la concepción de Luxemburgo. Sin embargo, tampoco se puede soslayar que algunos de sus textos dejan traslucir una inclinación hacia la praxis que permiten una lectura reduccionista del papel de las organizaciones políticas de la clase trabajadora.(¹4) Tampoco sería equitativo considerar que, por acentuar el factor de la praxis revolucionaria en períodos de crisis, Rosa Luxemburgo elimina la acción del partido sobre todo en los períodos de reformismo y parlamentarismo. Antes al contrario, encontramos en ella un reconocimiento de la labor del partido que tendría que buscar una precipitación de las luchas cuando afirma: “La socialdemocracia es la vanguardia más esclarecida y consciente del proletariado. No puede ni debe esperar con fatalismo, con los brazos cruzados, que se produzca una situación revolucionaria ni que el movimiento espontáneo de las masas caiga del cielo, por el contrario, tiene el deber como siempre de adelantarse al curso de los acontecimientos, de buscar precipitarlos. No lo logrará lanzando al azar no importa en qué momento, oportuno o no, la consigna de la huelga, sino más bien haciendo comprender a las capas más amplias del proletariado que la llegada de un período semejante es inevitable, explicándole las condiciones sociales internas que conducen a ello así como sus consecuencias política”.(¹5)
EL ESPONTANEÍSMO Y SUS LÍMITES Las posiciones mantenidas por Luxemburgo respecto a las luchas de las masas y el partido, fueron consideradas como la matriz teórica de una teoría sobre la espontaneidad, ya que ella señalaba que el movimiento revolucionario de las masas surgiría no por decisión de los dirigentes del partido y los sindicatos sino de manera espontánea en determinadas y concretas condiciones históricas. De esa idea se construyó toda una mitología acerca del espontaneísmo de Rosa Luxemburgo que se puede resumir en los términos siguientes: 1) negación del papel del partido dirigente de la lucha de clases; 2) supravaloración del papel de las masas y de los factores objetivos, y, 3) subestimación de la acción consciente y organizada. Todo lo cual conducía a considerar que para Rosa Luxemburgo el partido no tenía razón de existir. (¹6)
Esta visión del espontaneísmo de Rosa Luxemburgo es inadmisible porque si bien se podría observar una vertiente espontaneísta en ella, Rosa Luxemburgo no mantiene posiciones anti organizativas ni anti partido. Lo que sí puede afirmarse es que no logra percibir en toda su magnitud los límites que tiene el movimiento espontáneo de las masas incluso en los momentos donde la ola revolucionaria se encuentra más elevada. Esto conlleva una visión en la que el partido tendría como misión estar atento a
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que se logre el máximo de objetivos, de radicalizar el movimiento, de llevar a las masas siempre más allá y no de convertirse en un freno de las acciones de las masas. La idea subyacente en Luxemburgo es que una práctica objetivamente revolucionaria engendraría de manera automática una conciencia revolucionaria, lo cual no reconoce los límites del espontaneísmo. Los límites del espontaneísmo vienen dados porque no es cierto que en un proceso de lucha revolucionaria el conjunto de la clase trabajadora acceda a una conciencia de clase-para-sí, y menos aún, que pueda hacer frente a la resolución de todos los problemas relativos a la conquista del poder político. La huelga general y de masas ha demostrado su pertinencia para desarrollar la conciencia de clase de una manera rápida, incluso súbita, pero pasado ese momento suele darse un reflujo en el cual en esos amplios sectores que parecían haber accedido a la forma más elevada de la conciencia de clase sufren un retroceso político que los lleva a la apatía política. Es decir, a través de esas luchas no necesariamente se va a producir una autonomía e independencia política e ideológica de la clase trabajadora, esto no puede lograse a través de las luchas espontáneas, sino que se hace imprescindible la existencia de un partido revolucionario que pueda conducir el movimiento espontáneo, de manera tal, que esa experiencia se convierta en un proceso de pedagogía revolucionaria colectiva y no en fuente posterior de desilusión política. En ese sentido la dirección del partido se convierte en algo fundamental y es en este aspecto en el que Rosa Luxemburgo, se afirma, no aprecia en toda su magnitud porque para ella la praxis revolucionaria del proletariado es el punto decisivo, aunque no único, para la conversión de la clase trabajadora de clase-en sí en clase-para-sí. (¹7) GEORG LUKÁCS Lukács(¹8) trata de manera sistemática la cuestión de la conciencia de clase otorgándole toda la importancia que le dio Marx, y en este sentido sus trabajos vienen a reforzar un aspecto que posteriormente fue minusvalorado en aras de la mera determinación económica de las clases. En este sentido, Lukács emprenderá un análisis de la cuestión de la conciencia de clase ligándola a un análisis crítico de la formas espontaneísta de interpretación de la misma, así como del mecanicismo economicista. Concepciones ambas que someterá a una crítica implacable, para arribar a una concepción de la organización del proletariado que encontrará en el partido comunista su mediación revolucionaria como instrumento de la contribución a la realización de la superación del capitalismo. CONCIENCIA ATRIBUIDA, PSICOLÓGICA Y FALSA Lukács define la conciencia de clase como “la reacción racionalmente adecuada que se atribuye de este modo a una determinada situación típica en el proceso de la producción”, y señala que esta conciencia no puede considerarse ni la suma ni la media de lo que los individuos que forman parte de la clase piensan y sienten acerca de sí mismos y de la sociedad.(¹9)
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Esta definición es la que se conoce como la conciencia atribuida, que se diferencia de la que se denomina conciencia psicológica –que son las ideas que los hombres se hacen sobre su posición en la vida social, que pueden ser descritas y explicables psicológicamente. Abundando sobre esta distinción se referirá a que: “la conciencia de clase no es la conciencia psicológica de proletarios individuales, ni la conciencia de su totalidad (en el sentido de la psicología de las masas), sino en el sentido, de hecho consciente, de la situación histórica de la clase”.(²0) La importancia de la conciencia de clase está relacionada con el dominio que puede ejercer una clase en la sociedad, ya que percibe a través de ella, en función de su conciencia de clase, que puede organizar la totalidad de la sociedad de acuerdo con sus intereses y la conciencia de éstos es fundamental en la lucha de clases. Tratando de este tema Lukács se refiere a la conciencia falsa que identifica, en primer lugar, con la burguesía, ya que la situación de clase de la misma la conduce a esta posición, puesto que para ejercer su dominación es necesario ocultar la esencia de la sociedad burguesa para las otras clases. De ahí que el autor hable del elemento “trágico-dialéctico”, de la situación de clase de la burguesía, ya que, por un lado, necesita tener una clara conciencia de sus intereses de clase sobre las cuestiones particulares, pero ésta se puede convertir en algo catastrófico cuando esa claridad se extiende a la problemática de la totalidad social. Esto está relacionado con que el dominio de la burguesía es de carácter minoritario y sólo puede mantener ese dominio creando un ocultamiento a las otras clases de la esencia del sistema capitalista, de ahí que la burguesía tenga que elaborar concepciones sobre el Estado, sobre la justicia, etc., que impidan conocer las esencias de estas instituciones. También con respecto a sí misma la burguesía tiene una cierta necesidad de encubrimiento de la esencia de la sociedad para evitar percibir las contradicciones irresolubles del sistema. Que la burguesía como clase reconozca el carácter transitorio, explotador del sistema, estaría restándole capacidad ofensiva en la lucha de clases ya que introduciría un descreimiento sobre la legitimidad de su dominación y su papel en la sociedad. Sin embargo, como indica Lukács, los efectos del desarrollo de la “ciencia burguesa” han llevado a intentos desesperados por tratar de ocultar los fundamentos de la sociedad capitalista, llevando a cabo una teorización tanto de carácter general sobre la totalidad social como sobre aspectos particulares. Empero, el propio desarrollo del conocimiento científico sobre la sociedad ha conducido a que sectores importantes de la clase dominante hayan conocido esos fundamentos y sus tendencias de desarrollo. Como indica Lukács: “La historia ideológica de la burguesía no es sino una lucha puramente desesperada contra la comprensión de la verdadera naturaleza de la sociedad por ella producida, contra la conciencia real de su posición de clase”. (²¹)
Esto ha producido – en la época posterior a 1917 y especialmente después de la posguerra de 1945–, una progresiva capitulación de la conciencia de clase de la burguesía ante la del proletariado, que se manifestaba en el paso, de las ideas del
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liberalismo económico clásico a la aceptación de elementos de planificación económica por parte del Estado capitalista, aunque sólo sea como un mal menor, para tratar de paliar las crisis cíclicas del sistema. (²²) Esto provoca una crisis ideológica que es un indicador de decadencia del dominio burgués y que conduce a esta clase a actuar a la defensiva en las luchas sociales desde el punto de vista histórico, lo cual no disminuye su agresividad y carácter ofensivo en determinados momentos coyunturales. Esta situación es cambiante, actualmente la burguesía ha tomado la iniciativa, como se puede constatar a partir de la década de los años 80 del pasado siglo XX, y especialmente después del derrumbe de la URSS, cuando el neoliberalismo más duro y anti estatal volvió a tomar la hegemonía y se asiste a un progresivo desmantelamiento de los Estados del Bienestar que la crisis financiera de 2008 no ha hecho sino acelerar. CONCIENCIA DE CLASE, CLASES NO FUNDAMENTALES Y SITUACIÓN DE CLASE Respecto a las clases no fundamentales (pequeña burguesía, campesinos), Lukács señala que no se puede hablar de la existencia de conciencia de clase referida a ellas ya que una conciencia real de su situación las pondría frente a sus perspectivas históricosociales. La imbricación entre conciencia e interés se daría en ellas como una “contraposición contradictoria” haciéndose imposible el desarrollo de la conciencia en la sociedad capitalista. Esto explica el carácter vacilante de estos sectores y la tendencia que se da, en el caso de la pequeña burguesía, a considerarse por encima de los enfrentamientos entre la burguesía y el proletariado y tenderá a la búsqueda de una armonización de esos intereses. En cuanto al campesino, su situación en este aspecto es semejante a la de la pequeña burguesía tradicional. La clase trabajadora, a diferencia de la burguesía, logra a través del conocimiento de la esencia de la sociedad un fortalecimiento de la lucha de clases, de ahí que el conocimiento de la verdad sea para esta clase un elemento fundamental en la lucha política. Este poderse enfrentar con la esencia de la sociedad, percibirla como una totalidad y actuar para la transformación de esta realidad es el punto en el cual el proletariado tiene una superioridad respecto a la burguesía. De ahí que el elemento de conciencia será capital para la clase trabajadora, de manera que en los momentos de crisis pueda llevarse a cabo la revolución. La clase trabajadora se encuentra con grandes obstáculos para poder realizar la conciencia de clase. Esto es consecuencia de la “cosificación” en que se encuentra el proletariado en el capitalismo. Las clases que en las sociedades anteriores se convirtieron en dominantes, subjetivamente, tenían una tarea más fácil que la del proletariado, ya que su inconciencia no era un obstáculo para ese dominio. Les bastaba imponer sus intereses inmediatos mediante el poder de que disponían. Para el proletariado la situación es radicalmente diferente ya que la transformación de la sociedad que está llamado a emprender no puede efectuarla sino de una manera consiente. Teniendo en cuenta no el interés inmediato sino el objetivo último. Por ello dice Lukács que: “ la victoria revolucionaria del proletariado no es pues, como para las
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demás anteriores, la realización inmediata del ser socialmente dado de la clase, sino – como ya lo vio y formuló agudamente el joven Marx– la auto superación de la clase”. (²³) Precisamente, por esa necesidad que tiene el proletariado de una conciencia de clase para superar el capitalismo a través de la lucha revolucionaria, es que se da una dura batalla político-ideológica para impedir el logro de la misma en amplios sectores de esa clase. Esto se manifiesta en las concepciones y organizaciones de carácter reformista, que se mantienen y conservan al proletariado en el nivel de su “conciencia psicológica”. Otra dificultad en el logro de la conciencia de clase proviene de las “gradaciones” que se producen en la conciencia entre sectores de la clase trabajadora como consecuencia de la estratificación de intereses económicos, lo que lleva a niveles diversos en la distancia entre conciencia psicológica y adecuado conocimiento de la situación total. Por otra parte, el proceso de toma de conciencia de clase no se da únicamente en lucha contra la burguesía sino también en lucha consigo mismo, con los efectos del capitalismo en su propia conciencia de clase, y dice Lukács que no obtendrá su “victoria real más que cuando haya superado esos efectos en sí mismo”.(²4) Es decir, se trata tanto de una lucha interna, en el seno del proletariado, para alcanzar un nivel de conciencia de clase despojado de toda influencia burguesa y reformista, y de una lucha externa, contra la sociedad burguesa sus aparatos y representaciones. EL PROBLEMA ORGANIZATIVO Y LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA DE CLASE Lukács le da una gran importancia a la cuestión organizativa como elemento fundamental para lograr los más elevados niveles de conciencia de clase. En ese sentido para él esta no es materia técnica sino “uno de los principales problemas intelectuales de la revolución”, y el que no se le dé la importancia debida es signo de inmadurez, de “inconciencia” dentro del movimiento. Cuando se analizan las ideas de Lukács sobre la formación de la conciencia de clase y los problemas organizativos se debe tener en cuenta que se estaba viviendo un momento revolucionario no sólo en Rusia sino también en Alemania y que él, además, estaba residiendo en este último país cuando escribió los textos básicos que tratan esta cuestión. Partiendo de esto se ha creído ver la influencia de las ideas de Rosa Luxemburgo en sus concepciones, a pesar de la crítica que lleva a cabo contra lo que considera errores de ésta teórica revolucionaria marxista. (²5) Las concepciones espontaneístas tienen que ser comprendidas por el hecho de que se trata de una reacción contra las posiciones reformistas-evolucionistas (gradualistas), que planteaban que el proletariado alcanzaría el poder legalmente, a través, de un lento crecimiento de su votación en las elecciones. Frente a esto se erigía una alternativa que partía de la situación económica y la crisis, que conduciría a la revolución. La situación revolucionaria pone en movimiento a grandes masas obreras que estaban desorganizadas quienes mostrarían en sus acciones un grado de conciencia de clase superior al del partido y los sindicatos, que los minusvaloran, como inmaduros. La idea subyacente en esta tesis es que la conciencia de clase está latente e inconsciente en el proletariado y se trataría de hacerla consciente a través de acciones espontáneas. Respecto al partido, la posición del espontaneísmo es que éste es el producto de la
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conciencia de clase, del movimiento del proletariado que solamente accede a esa conciencia a través de la lucha, esto plantea una cierta subestimación del papel del partido y de los sindicatos. Lukács critica esos planteamientos señalando que la crisis del capitalismo no conduce inevitablemente a la revolución. El capitalismo podrá encontrar salidas, pero su realización dependerá de la acción del proletariado, de la lucha de clases. El espontaneísmo yerra cuando subestima la influencia de la ideología burguesa en el proletariado, y sobrestima el fatalismo de la crisis capitalista que conduciría al socialismo. La conciencia de clase verdadera no será producto de la crisis ni de las acciones espontáneas, sino que tiene un carácter más complejo en cuya conformación juega un importante papel el partido comunista (“forma de conciencia revolucionaria del proletariado”), que será el armazón organizativo-histórico de la conciencia atribuida o imputada, de la conciencia de clase del proletariado. (²6) Para Lukács “el criterio y la guía de la correcta relación entre el partido y la clase no pueden encontrarse más que en la conciencia de clase del proletariado”. (²7) Como existen diversos grados en la conciencia de clase entre los componentes del proletariado, esto conlleva la necesidad de que exista una separación organizativa entre la clase y el partido. El problema esencial radica aquí en el grado de la conciencia alcanzado, no en la gradación salarial u otras diferencias objetivas que llevan a una estratificación en el seno de la clase. Así pues, se puede decir que no existe ninguna capa obrera que esté objetivamente determinada por su existencia económica a ser socialista o comunista. Lo necesario para lograr su verdadera conciencia de su situación de clase es desarrollar una práctica social y política que eleve su percepción de su papel histórico. Señala Lukács: “La lucha del partido comunista se dirige a la conciencia de clase del proletariado. Su separación organizativa de la clase significa en este caso no una voluntad de luchar en vez de la clase por los intereses de la clase.... Cuando hace eso –cosa que puede ocurrir en el curso de la revolución– no lo hace, ni siquiera entonces principalmente por los objetivos de la lucha en cuestión (que, a largo plazo, no pueden ser de todos modos conquistados ni mantenidos más que por la clase misma), sino para promover el desarrollo de la conciencia de clase y acelerarlo”.(²8)
La existencia de esa vanguardia consciente permite que el proletariado pueda ver ante cualquier acontecimiento político la posición de clase y contribuye a que pueda elevarse hasta el más alto grado de conciencia. El partido comunista tendría el papel de acentuar la relación entre la meta final, el socialismo y el comunismo, y las luchas coyunturales, y esto puede producir en determinados momentos que el partido tome posiciones que se contraponen a la “voluntad presente” de las masas, y que éstas tengan que comprobar post festum y al precio, a veces, de graves errores, lo correcto, o no, de aquella posición. Lo decisivo es que el partido revolucionario contribuya a hacer avanzar hacia los niveles más elevados el nivel de conciencia de clase del conjunto del proletariado, lo cual tiene que lograrse, a través de una interacción entre el partido y la clase. Hay que señalar, finalmente, que Lukács en su ensayo “Táctica y Ética” (1919) se refirió a la
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relación entre partido y clase como siendo siempre contradictoria en la sociedad burguesa y viendo la eliminación de la misma cuando el proletariado se hubiera convertido en clase dominante de la sociedad.(²9) Algo que no se produjo en la URSS y los países del Este. En Historia y Conciencia de Clase hay una posición que está entre Rosa Luxemburgo y Lenin en lo que respecta a la cuestión de la conciencia de clase, producto de las prácticas de la clase y la conciencia que es introducida desde fuera, porque la clase en su actividad práctica no genera espontáneamente “conciencia socialista” sino “conciencia tradeunionista”. No obstante, en un ensayo sobre Lenin escrito en 1924, Lukács plantea una ruptura más radical aún con las concepciones de Rosa Luxemburgo cuando hace el siguiente señalamiento: “Quien imagine que la verdadera conciencia de clase del proletariado, esa conciencia suya de clase que ha de capacitarlo para ocupar el papel dirigente que le corresponde, puede nacer en él de manera progresiva y espontánea, sin tropiezos ni regresiones, como si el proletariado pudiera desarrollar ideológicamente su misión revolucionaria, a partir tan sólo de su posición de clase, no está sino aplicando de manera mecánica el marxismo y entregándose a una ilusión de todo punto contraria a la verdad histórica”. (³0)
Continúa insistiendo sobre este aspecto diciendo que aunque el instinto revolucionario serio de los trabajadores se manifieste a través de acciones espontáneas de clase, este nivel de conciencia de clase se pierde posteriormente y no tiene carácter duradero. De ahí su insistencia en el sentido político del partido en Lenin, quien ante la actualidad de la revolución propugna un partido de organización centralizada en el que participen los elementos más conscientes del proletariado. El partido “es concebido como el instrumento de la lucha de clases en un período revolucionario”. (³¹) Se ha querido ver en esta aceptación post morten del leninismo una “apertura potencial al estalinismo” y a partir de ahí se señala una vertiente totalitaria que estaría ya implícita en la concepción de la conciencia de clase atribuida, que pasaría de la clase al partido. La tesis se basa en una evolución de Lukács que se relaciona con el fracaso de la revolución en occidente y, por tanto, del fracaso de los consejos obreros y el espontaneísmo: “A medida... que la revolución no estalla y se suceden los fracasos, Lukács se endurece, subjetiva la revolución; la situación objetiva no basta (crítica del determinismo). Es necesaria la clase, pero la clase es todavía objetiva, para ser activa, para ser libre, es demasiado objetiva para adecuarse totalmente a la situación (crítica al Luxemburguismo); es necesario el partido, pero la conciencia... no basta. El salto hacia la libertad, la verdadera subjetividad es la acción y su condición la disciplina”. (³²)
Es cierto que Lukács, con su tendencia a tratar todas las cuestiones con un alto nivel filosófico, llega a veces en los aspectos político-organizativos a absolutizaciones discutibles como cuando señala que debido a que el partido desempeña una función mediadora entre “el individuo y la historia”, los miembros del partido deben integrarse al mismo con “toda su personalidad y con toda su existencia”. Esta idea sobrepasa la del partido como un estado mayor, ya que pretende un
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sometimiento de la íntegra personalidad del individuo y tiene fuertes reminiscencias con las intenciones típicas de las iglesias.También es producto de ésta generalización filosófica, el considerar que el partido es inmune a toda “reificación” capitalista en su seno y que no puede producir otro tipo de reificación. Esto se puede ver nítidamente en su recensión del famoso, y ya clásico libro sobre los partidos políticos de Robert Michels, donde éste expone su tesis sobre la “ley de bronce de la oligarquía” en los partidos. Lukács admite que en los partidos socialdemócratas se de esta situación como consecuencia del oportunismo político existente en los mismos, pero rechaza que esa tendencia “oligárquica” pudiera manifestarse en los partidos comunistas. Sin embargo, de ahí a interpretar el pensamiento de Lukács como “protoestalinista” hay un abismo. Nosotros coincidimos con lo expuesto por Sochor cuando afirma: “El estalinismo ha efectuado una radical inversión de relaciones entre el partido y la clase, e incluso entre el partido y sus miembros: el miembro del partido es efectivamente, integrado en el partido “con toda su personalidad y toda su existencia”, pero no en un sentido histórico y existencial elevado como deseaba Lukács, sino en el sentido totalmente terrestre, prosaico y a menudo inhumano de la más elemental subsistencia”. (³³)
Tengamos en consideración que la vinculación partido-clase-pueblo se expresa en la concepción leninista (a que Lukács se adscribe en ese período), por dos elementos: a) la formación del partido con los miembros de más elevada conciencia de clase, y b) el apoyo decidido a todos los explotados y oprimidos en la sociedad capitalista, para integrarlos a la lucha contra la sociedad burguesa. Al respecto dice Lukács: “quedan así unidos de manera dialéctica la inexorable claridad en cuanto a los fines y la universalidad, la dirección de la revolución en un estricto sentido proletario y el carácter nacional (e internacional) general de la revolución”. (³4) No obstante, aunque ya es nítido el alejamiento teórico de las posiciones sobre esta temática de Rosa Luxemburgo, Lukács mantiene la idea de que las masas adquieren conciencia de sus intereses en la acción, en la lucha, lo cual no significa –ya lo hemos visto–, aceptación del espontaneísmo, pero indica una cierta renuencia a aceptar la formulación de Kautsky y de Lenin, de la “conciencia introducida desde fuera” por el partido revolucionario del proletariado. No será en el Lukács de Historia y Conciencia de Clase, ni en el momento de su autocrítica sobre sus desviaciones “izquierdistas”, donde encontraremos una reivindicación abierta de la tesis leninista de la conciencia de clase verdadera “introducida desde fuera”, sino en el Lukács “maduro” (ya cercano a su muerte). En 1966 se refiere a la situación de la clase trabajadora en el capitalismo maduro y constata que las inclinaciones revolucionarias han disminuido con relación a la clase obrera del período en que en el capitalismo predominaba la plusvalía absoluta, y recuerda que en esa época las teorías revolucionarias no brotaron directamente de las luchas de clase de la clase obrera. Afirma, seguidamente, que Lenin, partiendo de Kautsky: “Comprobó certeramente que la teoría de la revolución había sido planteada desde fuera, en el seno del movimiento obrero. En nuestra opinión, la importancia de esta determinación “desde fuera” tiene hoy –cuando la situación objetiva es en múltiples aspectos mucho más
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desfavorable de lo que fue en el capitalismo temprano–, una significación extraordinariamente acrecentada. No cabe más solución que introducir la conciencia de clase desde fuera en el seno de la clase obrera”. (³5)
Esta precisión de Lukács sobre la cuestión de la conciencia de clase constituye una especie de “testamento” teórico-político. Significa que este genial pensador marxista que ha sido un testigo y participante excepcional de las luchas de los trabajadores del siglo XX, ha llegado a la conclusión de que la concepción de Lenin es en lo fundamental no sólo verdadera (en el plano teórico), sino fundamentalmente operativa, práctica, para las luchas de clase. Esto remite a la fundamentación del papel de la vanguardia consciente en la lucha por el socialismo, y por ende, al partido comunista. Lo cual no significa una concepción sectaria del mismo, ya que no se trata del partido y la vanguardia nominal sino de la vanguardia real, no autoproclamada, sino constituida verdaderamente por una práctica revolucionaria marxista consecuente y su ligazón a los núcleos de más alto nivel de conciencia de la clase trabajadora y que logre movilizar a las más amplias masas contra la manipulación, explotación y opresión capitalistas. Se puede concluir con esta cita de Lukács en la que afirma: “El partido llamado a dirigir la revolución proletaria no se presenta como estando ya en disposición de asumir su función directiva: no es, sino que llega a ser”. (³6)
ANTONIO GRAMSCI: LOS INTELECTUALES Y LA CONCIENCIA DE CLASE Gramsci le va a otorgar a los intelectuales un papel destacado en la cuestión de la conciencia de clase. En este aspecto se puede encontrar una relación con el pensamiento de Lenin, si bien Gramsci explicitará con mayor precisión la función del intelectual. Para Gramsci los intelectuales no son un grupo autónomo sino que cada grupo social crea diversos rangos de intelectuales que le van a proporcionar homogeneidad y conciencia de su propia función, tanto en el campo de la producción económica como en el social y el político. En ese sentido, señala cómo una nueva clase desgaja a partir de sus funciones primarias, a medida que se desarrolla y se hacen más complejas estas funciones, un conjunto de especialidades que antes eran centradas en la función básica del nuevo tipo social. Por ejemplo, el ingeniero, el economista, el administrador, el especialista en mercadeo, son especializaciones de la actividad primitiva del empresario capitalista. La función intelectual se suele subdividir en una función económico-técnica y una función ideológico-política. Los primeros tienen como tarea poner en marcha las técnicas y el conjunto de conocimientos imprescindibles para el desenvolvimiento de las actividades de la clase. En ese sentido, cuando nos referíamos a las actividades especializadas de ciertas categorías de intelectuales (ingeniero, economista, etc.), decíamos que éstas eran aspectos parciales de la actividad primitiva del empresario capitalista.
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La función ideológico-política, que es considerada específicamente como la función más propiamente intelectual, es la de ser elaboradores y difusores de la ideología, de los valores y concepciones de una clase o de un grupo social y asumir la de su dirección y representación política, a la vez, que le da conciencia de su papel histórico en el plano económico, político y social. El bloque en el poder emplea a los intelectuales no solamente para ganar apoyo entre el pueblo que los lee o los escucha en los medios de comunicación, sino para modelar a la sociedad en el plano ideológico y moral en función de su propia visión del mundo. son pues agentes de la hegemonía de la clase dominante. Hay que tener en cuenta que la conciencia de una clase necesita ser producida por medio de las acciones de sectores de esa clase, de ahí que no se pueda pensar que el conjunto o totalidad de la clase asuma como homogéneos sus intereses de clase.Tampoco será la totalidad de la clase quien asumirá las tareas de organización y dirección, los sectores que se dediquen a esta función serán los intelectuales de esa clase. Porque para Gramscí, lo que define al intelectual es su función de organizador en la sociedad: “Por intelectuales hay que entender no (sólo) aquellas capas designadas comúnmente con esta denominación, sino en general toda la masa social que ejerce funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción, como en el de la cultura, como en el campo administrativo-político”.(³8)
Es decir, para Gramsci las actividades organizadoras directivas son lo decisivo en la concepción del intelectual, lo que implica un enfoque a partir del lugar que ocupan en las relaciones de producción, en la división social del trabajo, en las funciones que realizan. Por esto es que hace una clara división basada en la función entre el hecho de que, en sentido lato, todos los hombres son intelectuales “pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales”. (³9) Buci-Glucksmann cree encontrar en esta concepción de Gramsci un rechazo tanto de la visión humanista del intelectual como “gran intelectual” que produce ideas no contaminadas por las relaciones sociales, como modelo “hegeliano-lukacsiano que abunda en el marxismo occidental” (de Sartre a Marcuse), y en el que los intelectuales tienen la función de dar su homogeneidad, su visión del mundo, a una clase obrera que sería una especie de instrumento material de la revolución más que su protagonista consciente. Por otra parte, la concepción de Lukács mantendría la función tradicional del intelectual como depositario de la verdad sólo que la misma se asegura ahora desplazándose hacia el “sujeto proletariado”. La gran importancia del aporte de Gramsci, según la autora, es que proporciona una ruptura con ese enfoque, en cierto modo idealista del intelectual, que tiene una relación con la clase trabajadora de tipo fundamentalmente teórica. (40)
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LA ESTRATIFICACIÓN DE LAS FUNCIONES INTELECTUALES Y LA CLASE DOMINANTE A partir de la caracterización del intelectual por su función, se deriva una estratificación de los mismos en tanto desempeñan funciones fundamentalmente de: a) dirección, b) ejecución, y c) realización. Elaboración que se basa en la jerarquía militar donde las diversas funciones son muy nítidas, pero que son aplicables también a la empresa, el partido y la producción intelectual. (4¹) De ahí que se puedan distinguir tres estratos tanto en el orden político como cultural: 1. 1) los dirigentes, 2. los cuadros medios, y 3. los militantes de base; que expresarán esta jerarquía en el partido y que tendrían su correlato en la estratificación en el mundo intelectual entre: a. los grandes intelectuales o creadores; b. los empleados de los aparatos culturales, y c. el público. Señala Gramsci que: “La actividad intelectual debe ser distinguida en grados también desde el punto de vista intrínseco... en el más alto grado se colocarán los creadores de las diversas ciencias, de la filosofía, del arte, etc.; en el nivel más bajo, los más humildes administradores, y divulgadores de la riqueza intelectual ya existente, tradicional, acumulada”. (4²)
Ya nos hemos referido a como cada clase o grupo social tiene o tiende a formar su propia capa de intelectuales. Los vínculos entre los intelectuales y la clase serán aun más “orgánicos” cuando ellos procedan de esa misma clase. Esto es particularmente cierto para las clases dominantes y a ello se refiere Gramsci cuando trata del papel de los moderados en el Risorgimento: “Los moderados eran “intelectuales”, “condensados” ya naturalmente por la organicidad de sus relaciones con las clases de las que constituían expresión (en toda una serie de ellos se realizaba la identidad de representado y representante, de expresado y expresivo, o sea, los intelectuales moderados eran una vanguardia real, orgánica de las clases altas, porque ellos mismos pertenecían económicamente a las clases altas: eran intelectuales y organizadores políticos y al mismo tiempo dirigentes de empresas, grandes propietarios, administradores de fincas, empresarios, comerciantes e industriales etc.)”. (4³)
Estos intelectuales orgánicos de la clase dominante tratarán de ejercer una influencia sobre los intelectuales de otras clases y de subordinarlos a los intereses de la clase dominante. Esto se realizará de manera espontánea cuando los intereses de esas clases jueguen un papel histórico progresista haciendo avanzar a toda la sociedad,y cuando ese papel progresivo se haya agotado, los intentos de subordinación se realizarán no a través de la integración a las diversas funciones superestructurales, sino a través de diversas formas de coerción política, económica, etc.
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Para las clases dominantes, además de las funciones técnico-económicas, la tarea básica de sus intelectuales orgánicos será de asegurarles la dirección en la sociedad, el logro de su hegemonía social y política. Los intelectuales serán los funcionarios de la superestructura en sus dos planos, el de la “sociedad civil', o conjunto de organismos privados de una sociedad y el de la “sociedad política o Estado”. A través de ellos la clase dominante deberá asegurar su hegemonía y dominio: “Los intelectuales son los 'empleados' del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, a saber: 1) del “consenso” espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social por el grupo fundamental dominante, consenso que históricamente nace del prestigio (y por lo tanto de la confianza) que el grupo dominante deriva de su posición y de su función en el mundo de la producción; 2) del aparato de coerción estatal que asegura “legalmente” la disciplina de aquellos grupos que no “consienten”, ni activa ni pasivamente, pero que está preparado para toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis en el comando y en la dirección, casos en que no se da el consenso espontáneo”. (44)
Estas funciones conducen a una estratificación de los intelectuales, a las que ya nos hemos referido, tanto en su jerarquía organizativa como desde el punto de vista intrínseco. Pero lo importante es destacar como para Gramsci la capacidad hegemónica, de dirección política, cultural, moral, y de dominio de una clase sobre el conjunto de la sociedad, va a depender mucho de la cantidad y calidad de los intelectuales orgánicos que produzca o logre asimilar, y esto contribuirá también al grado de organización y conciencia de una clase social. INTELECTUALES ORGÁNICOS Y CONCIENCIA DE CLASE Uno de los aportes de Gramsci a la formación de la conciencia de clase es su análisis de los obstáculos que puede encontrar una clase social ascendente para lograr su plena hegemonía social y política y asegurarse el dominio, si no logra producir un sector de intelectuales orgánicos que pueda presentar su proyecto de manera tal que asegure su hegemonía de clase. Gramsci se sirve del caso italiano para demostrar como el peso de la Iglesia sustrae a la burguesía italiana un contingente de intelectuales que, o bien, tienen que emigrar para escapar a la opresión eclesiástica o son incorporados a la jerarquía, Esto impide a la burguesía italiana constituir sus intelectuales orgánicos y elaborar una ideología y política que les asegure su hegemonía. Y por tanto, no logra ir más allá de la defensa de sus intereses de clase. Al contrario de Italia, en Francia, señala Gramsci, cuando la burguesía accede al poder político en 1789 lo hace con intelectuales que le permiten el logro de su hegemonía. Así pues, la burguesía francesa “luchó por el dominio total de la nación sin avenirse a compromisos esenciales con las viejas clases, sino subordinándolas a sus propios fines”.(45) Esto explica la atracción de la burguesía sobre los intelectuales tradicionales y las concepciones radicales de esta clase como clase ascendente y conquistadora. En Inglaterra se da también una situación diferente. La burguesía inglesa se
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mostró incapaz de crear sus propios intelectuales orgánicos que llevaran a cabo su hegemonía social y política:tuvo un sorprendente desarrollo económico-corporativo pero anduvo a tientas en el campo intelectual-político. Muy vasta es la categoría de los intelectuales orgánicos, surgidos en el mismo terreno industrial con el grupo económico, pero en la esfera más elevada encontramos inalterada la posición de casi monopolio de la vieja clase terrateniente, que pierde la supremacía político-intelectual y es asimilada como “intelectuales tradicionales” y como estrato dirigente por el mismo grupo en el poder”. (46) De estos ejemplos históricos se pueden sacar unas consecuencias de gran importancia sobre la cuestión de los intelectuales y la formación de la conciencia de clase. Tenemos que incluso una clase social como la burguesía, clase fundamental en el capitalismo junto al proletariado, puede mostrarse históricamente incapacitada en determinadas situaciones específicas para producir intelectuales orgánicos capaces de lograr su hegemonía, lo que implica su autonomía tanto ideológica como organizativa. Esta situación conlleva un impedimento importante para el desarrollo de la conciencia de la clase en cuestión, y se manifiesta de manera directa en su capacidad política, obstaculizando su proyecto de dominación y dirección político-intelectual. Por último, la conclusión es que la lucha de clase tiene un momento decisivo en los intentos de neutralizar o bloquear a los intelectuales orgánicos de una clase, ya que ello puede impedir que la clase efectúe su proyecto hegemónico. Cuando Gramsci trata de los intelectuales orgánicos de una clase y específicamente de una clase subalterna como es el proletariado, debemos agregar enseguida que este concepto no es generalizable a todas las clases y sectores subalternos. El campesinado no produce intelectuales orgánicos “aunque cumple una función esencial en el mundo de la producción, no genera sus propios intelectuales “orgánicos”, y tampoco “asimila” ningún grupo de intelectuales “tradicionales”, a pesar de que otros grupos sociales extraen muchos de sus intelectuales de la masa de campesinos, y que gran parte de los intelectuales tradicionales son de origen campesino”. (47) El proletariado, por el contrario, forma sus categorías de intelectuales, pero lo hace no en el dominio de la producción sino a través de sus organizaciones de clase. Por ello se da una producción de intelectuales en el nivel económico-corporativo a través de los sindicatos. Pero el intelectual orgánico de la clase trabajadora, propiamente dicho, se producirá en y a través de la acción del partido revolucionario del proletariado. La importancia que le da Gramsci a esta vinculación partidaria para ser considerado como intelectual orgánico es tal, que ha sido destacado por una de las analistas más profundas del pensamiento de este autor, C. Buci-Glucksmann cuando afirma: “El intelectual orgánico del proletariado no es aquél que se piensa como tal (preeminencia del momento ideológico-crítico) sino aquél que se convierte en intelectual político del proletariado. No son los intelectuales como tales los que posibilitan que una clase subalterna se convierta en dirigente, dominante y hegemónica. Sino más bien el Príncipe moderno, el partido político de vanguardia, como lugar a partir del cual es correcto repensar la función intelectual, las relaciones entre la investigación y la política, sus tensiones reciprocas. Dicho de otra forma, la relación intelectual/ clase se manifiesta de modo distinto si nos referimos
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a la burguesía o al proletariado. En el primer caso, los intelectuales juegan un papel directo en la constitución de clase. En el segundo, juegan un papel esencial pero en el marco de un proceso político más amplio: el de la organización política de la clase, el de la dialéctica que tiende a unificar dirección consciente y espontaneidad, propia del partido en cuanto “intelectual colectivo’”. (48)
Esta concepción de Gramsci rompe con la visión de mesianismo (ilustrado) del intelectual y hace de la condición de intelectual orgánico del proletariado una cuestión político-ideológica y organizativa, y del partido político el centro, el “intelectual colectivo”, quien desempeñará la función social de contribuir a desarrollar la conciencia de clase de los trabajadores. Para hacer posible esta formación de la conciencia de clase e imponer su hegemonía, se necesita asimilar intelectuales tradicionales que se transformen en intelectuales revolucionarios, y a la vez, constituir estratos de intelectuales provenientes de la clase trabajadora. Es de gran importancia para Gramsci esta tarea, pues así como la burguesía encontró obstáculos para ejercer su hegemonía, la clase trabajadora tiene aún mucha mayor dificultad para asimilar intelectuales provenientes de otras clases. De ahí que sea esencial desarrollar una acción y lucha para lograr esta incorporación y, este tiene que ser un componente esencial de la lucha de clases, pues de lo contrario se puede quedar reducida la conciencia al nivel económico-corporativo sin posibilidad real de implementar una política hegemónica. Concluimos con una cita de Gramsci que es prístina sobre el papel que asigna a los intelectuales para la formación de la conciencia de clase: “La autoconciencia crítica significa, histórica y políticamente, la formación de una elite de intelectuales: una masa humana no se “distingue” y no llega a ser independiente per se, sin organizarse (en sentido amplio), y no hay organización sin intelectuales, es decir, sin organizadores y dirigentes, o sea, sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distinga concretamente en un estrato de personas especializadas en la elaboración conceptual y filosófica”. (49)
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17.
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20. 21. 22. 23.
Nicos Poulantzas, Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, Madrid, 1972, p.64. Vid, G.E.M. de Ste. Croix, Las clases en la antigüedad, Zona Abierta, Nº 32 julio-septiembre, 1984. Vid. C. Marx, F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, ob. cit. Carlos Marx, La Sagrada Familia, Grijalbo, México, 1958, pp. 101-102. Quien ha destacado y conceptualizado esta división es G. Lukács en su famosa obra Historia y Conciencia de Clase, México, 1969. “Estatutos de la Liga de los Comunistas”, en Amaro del Rosal, Los Congresos Obreros Internacionales en el Siglo XIX, Grijalbo, Barcelona, 1975, p.97. Ibidem. p. 142. Vid. Monty Johnstone, “Marx, Engels y el concepto del Partido”, en Pensamiento Crítico, Nº 22, 1968, La Habana, pp.143-190, y Carlos Julio Báez Evertsz, “El Partido Socialista por el cual luchamos”, en Realidad Contemporánea, Nº 14-15, pp. 174-179, Santo Domingo, 1980. “Carta de Engels a G. Trier”, 18 de diciembre de 1899, en K.Marx y F. Engels, Correspondencia, Buenos Aires, 1973. Vid. Marx-Engels, Despre Sindicate, Edit. Politica, Bucuresti, 1961. V.I. Lenin, Obras Completas, T.5, Ed. Salvador Allende, México, pp. 430-431, sf. Vid. Las posiciones que mantiene Lenin en el ¿Qué Hacer? con sus escritos de 1905 sobre el Partido, específicamente sobre la reorganización del partido: El partido socialista y el revolucionarismo apartidista, V.I. Lenin, Obras Completas, tomo X. Rosa Luxemburgo, Huelga de masas, partido y sindicatos, Córdoba, 1970, p. 74. Ibidem, p. 100. Vid. G. Lukács, Historia y conciencia de clase, ob. cit. Rosa Luxemburgo. ob. cit., P.101. Vid. Daniel Guérin, Rosa Luxemburgo y la espontaneidad revolucionaria, Buenos Aires, 1973. No se puede considerar que las ideas de Luxemburgo en “Huelga de masas, partido y sindicatos”, agoten todo su pensamiento político, aunque hayan tenido un papel importante en lo que posteriormente se conocerá como luxemburguismo. Estos epígonos han querido minusvalorar al máximo el partido tal como se puede constatar siguiendo su pensamiento en la revista Socialismo o Barbarie (publicada en París). La prueba histórica más clara de que Rosa Luxemburgo no tenía una posición antipartido está en la formación de la Liga Spartacus (Spartakusbund) que sería el núcleo fundador del Partido Comunista Alemán (Vid. Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, La Comuna de Berlín, México, 1971)Otro aspecto que hay que tener en cuenta es la polémica mantenida con Lenin sobre la organización del partido, que no tratamos en este texto ya que aquí nos interesa sobre todo la formación de la conciencia de clase. Vid. D. Guerin, op. cit. y Dario Renzi y Anna Bisceglie, Rosa Luxemburgo, Prospettiva, Madrid, 2000, especialmente el capítulo dedicado al partido: “El partido: un factor entre mucho”, p. 201 y ss. Georg Lukács, Historia y consciencia de clase, Grijalbo, México, 1969. Aunque el autor consideraba en 1967, que ese libro escrito en 1923, estaba ya superado, sigue siendo un referente importante del pensamiento de Lukàcs y del marxismo, Hans Heinz Holz, Leo Kofler y Wolfgang Abendroth: Conversaciones con Lukács, Alianza, Madrid,1971, p.97. Ibid., pp.53-54. Ibid., pp. 54-55 y ss. Ibid., p. 72. El capitalismo trata de adaptarse, de acomodarse, en función de las luchas que se van produciendo. Después de la segunda guerra mundial y del fortalecimiento de la URSS y la creación del llamado sistema socialista en los países del Este de Europa, se aplicaron las políticas que tanto éxito provocaron en los EE.UU., con una mayor intervención del Estado en la economía y un aumento de la capacidad adquisitiva de los asalariados, junto a un incremento de la productividad. Para algunos autores de 1945 a 1960 se dio una transición del dominio de los capitalismos monopolistas nacionales a la constitución de grandes monopolios internacionales. Unido a un dominio del capital americano sobre el Europeo y japonés. A partir de 1960 se produce una etapa de consolidación de la base económica del capitalismo monopolista internacional. A mediados de la década de los 70 y posteriormente, pierde peso hegemónico las ideas más “reformistas” del capitalismo keynesiano y se va asistiendo al auge de las ideas
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28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35. 36. 37. 38. 39. 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46. 47. 48. 49. 50.
neoliberales, teniendo como su “gurú” económico a Milton Friedman. El mercado desregulado, libre, sin intervenciones estatales, es la meta a lograr. Además se eleva el “poder del mercado”, a la precondición para detener el avance que se observa desde los tiempos del New Deal hacia un creciente “totalitarismo”. De manera que se insiste en la correlación necesaria entre libertad económica y libertad política, lo cual implica que se “mantenga al Estado en su sitio, haciendo que sea nuestro servidor y no dejando que se convierta en nuestro amo”, como dicen Milton y Rose Friedman, en Libertad para elegir, Barcelona,Grijalbo, 1980,p. 61. Esta nueva actitud implica un rechazo de las concepciones de Keynes quien de acuerdo a este esquema de pensamiento, sería, haciendo un paralelismo con la política rusa de 1917, una especie de Kerenski de la teoría y política económica. G. Lukács, Historia y consciencia de clase, ob. cit., p.78. Ibid. p.88. Vid. Michael Lowy, La teoría de la revolución en el joven Marx, Madrid, 1973, p.284. El paso de la conciencia psicológica a la atribuida tiene en Lukács un tránsito poco explicado, que resulta fundamentalmente teorético, aunque se apele a la figura histórica del Partido Comunista. En este aspecto se pierde el sentido práctico de este tránsito, que sólo es posible a través de una lucha por introducir esa consciencia a través de la lucha de clases en diversos planos, pero muy especialmente en el político-ideológico (teórico). El modo de enfocar la cuestión en Lukács peca de imprecisión. El mismo cataloga que el cambio de conciencia atribuida en praxis revolucionaría es, en ese texto, un “verdadero milagro”. Prólogo de 1967 a Historia y Consciencia de Clase, ob. cit., p.XX. Ibid., p. 336. Ibid., p. 340. Vid Fritz J. Raddatz, Georg Lukács, Madrid, 1975, p.49. G. Lukács, Lenin, (la coherencia de su pensamiento), México, 1970, p.34. Ibid., p. 37. L. Amodio, “Tra Lenin e Luxemburg. Commentario al período estremistico de Lukács, 19191921”, en Il Corpo, II, 1967, (5), pp. 366-431. Lubomir Sochor, “Lukács y Korsch: la discusión filosófica de los años veinte, en Historia del marxismo”, T. 8, La época de la III Internacional (II), Barcelona, 1983, p. 394. G. Lukács, Lenin, ob. cit., p. 43. Holtz et. al. “Conversaciones con Lukács”, ob. cit., p. 116. Los subrayados son nuestros. G. Lukács, Lenin, ob. cit., p.53. Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, Buenos Aires, 1972, p.10. A. Gramsci, Cuadernos de la cárcel, México, 1981, p. 102. A. Gramsci, “Los intelectuales”, ob. cit., p.13. C. Buci-Glucksmann, Gramsci y el Estado, Hacia una teoría materialista de la filosofía, México, 1979, pp. 44 y ss. Vid. Hugues Portelli, Gramsci y el bloque histórico, México, 1980, pp. 110 y ss. y C. Buci-Glucksmann, ob, cit., pp. 49 y ss. A. Gramsci, Los intelectuales, ob. cit. pp.17., _______, Cuadernos de la Cárcel, I, ob. cit., p. 107. _______, “Los intelectuales”, p.16. _______, Ibid, p.22. _______, Ibid, p.22. _______, Ibid, p.10. C. Buci-Glucksmann, ob. cit. p.48. A. Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Buenos Aires, 1971, p.17.
13. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: G. Carchedi Las clases tienen que ser ‘objetivas’, en el sentido de que la pertenencia a una clase es una cuestión de situación más que de consciencia o acción. Ph. van Parijs
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INTRODUCCIÓN Los sociólogos neomarxistas intentan responder a los nuevos problemas que plantea desde mediados de la década de los 60 en adelante, la existencia de una “nueva clase” de trabajadores asalariados, que tienen una calificación profesional elevada y cuyo trabajo v no es necesariamente manual. Esta clase a la que Nicos Poulantzas denominó la “nueva pequeña burguesía” o “nueva clase media”, aunque antes que él C. Wright Mills, había escrito su libro Los cuellos blancos, donde había anticipado el carácter de clase de este tipo de trabajadores de los servicios. Se partía del hecho de que la antigua clase obrera manual disminuía en términos cuantitativos y que ello parecía desmentir las proyecciones marxistas de una proletarización o generalización del asalariado. Los nuevos marxistas tuvieron el mérito de intentar analizar estos hechos no repitiendo como papagayos las tesis tradicionales, sino indagando en el acerbo marxista y en la realidad social, para tratar de encontrar una explicación sociológica a éstos hechos. La ciencia, incluidas las ciencias “blandas” como son las ciencias sociales, avanzan también con una cierta modalidad del experimento científico: ensayo-errorrectificación, etc. De manera que, aunque no siempre se haya acertado, es positivo el intento de tratar de buscar explicaciones a los cambios que se producen en las sociedades. Vamos a reducir el estudio de los neomarxistas a tres autores para no extendernos excesivamente y porque entendemos que los escogidos representan, de una manera notable, los diferentes énfasis puestos en el análisis del problema de la nueva clase media, pequeña burguesía o nueva clase trabajadora. Dichos énfasis, siendo muy sumarios, serían los siguientes: Carchedi lo pone en la identificación económica, Poulantzas, en los criterios políticos e ideológicos, y Wright, que ha mantenido posiciones `eclécticas´ entre ambas posiciones “extremas”, pone el acento en el estudio de las posiciones contradictorias de clase y vuelve a poner en el centro del análisis de clase la explotación. LA IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DE LA “NUEVA CLASE MEDIA” Guglielmo Carchedi(¹) estudia las clases en relación con la estructura económica, aunque pone cuidado en señalar que no se trata de definir las clases en términos económicos puros. Dado que una definición completa de las clases debe ser tratada en términos de lo económico, lo político e ideológico. Su intento teórico es encontrar cuál es el papel determinante de lo económico en la definición de las clases. De manera más precisa, se trataría de dar ese papel determinante a la estructura económica y dentro de ésta a las relaciones de producción. Las relaciones sociales y la superestructura (política e ideológica) estarían determinadas por la estructura económica. Vamos a exponer de la manera más fiel posible sus elaboraciones, en todo lo que sigue de este capítulo, para evitar hacer interpretaciones en su exposición, señalando de entrada que se trata de una argumentación cuyo carácter abstracto y analítico hace la lectura algo árida, como suele ocurrir con algunos autores que siguen el enfoque estructuralista-marxista de Althusser y de su “escuela”, aunque las conclusiones sean fructíferas y de mucho interés para interpretar los cambios en la estructura de clases en el capitalismo de las sociedades desarrolladas.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: G. CARCHEDI
Para sostener su afirmación sobre el papel de lo económico, Carchedi hace una argumentación sobre la naturaleza de la estructura económica y de sus relaciones con la superestructura y la lucha de clases. Relación que puede ser definida como de determinación y sobredeterminación. Centra su interés en el sistema capitalista en su etapa monopolista, el cuál analiza a un nivel abstracto, empleando conceptos como sobredeterminación directa e indirecta. El objetivo no es otro que la “nueva clase media” identificada en relación con la estructura económica. La “vieja” clase media, los pequeños empresarios y estratos de la pequeña burguesía, que están unidos indirectamente a la estructura económica del sistema capitalista y cuyo análisis se realiza a un nivel más bajo de abstracción, no ocupan su interés fundamental y serán dejados de lado. Los análisis marxistas sobre la nueva clase media resuelven la cuestión con una de las dos posiciones siguientes: A. El concepto de clases medias como trabajadores improductivos. B.
El concepto de clases medias como trabajadores no asalariados.
La crítica de Carchedi se refiere a que en función del alcance de la primera interpretación nos preguntaríamos ¿por qué una enfermera de un hospital público no pertenece a la clase trabajadora y una enfermera en un hospital privado, si? Aún haciendo abstracción de consideraciones políticas o ideológicas, partiendo del punto de vista exclusivamente económico, ¿no es expropiada de su sobre trabajo la enfermera que trabaja en un hospital público como ocurre con un trabajador productivo? La única diferencia es que la enfermera del hospital privado es expropiada de su excedente de trabajo en la forma de plusvalía.Y se pregunta: ¿Por qué tiene que determinar la forma de expropiación la colocación objetiva en la estructura de clases? En la segunda interpretación, se identifica formalmente a los asalariados con el proletariado (y los no asalariados con las clases medias), lo que se sustenta, según Carchedi, en deficiencias metodológicas y conduce a la absurda conclusión de que el manager, el gerente, es objetivamente hablando, parte de la clase trabajadora. Se podría objetar que el gerente no recibe un salario. Pero si se definen los salarios como la renta de la clase trabajadora, el razonamiento es circular. Si los salarios, por otro lado, están tendencialmente relacionados con el valor de la fuerza de trabajo (y en este caso el manager no pertenecería a la clase trabajadora), entonces restringiríamos la definición de clase trabajadora a aquellos asalariados cuyos salarios están determinados, tendencialmente, por el valor de su fuerza de trabajo. Podría entonces ofrecerse una definición en términos de distribución y no en términos de relaciones de producción (el manager podría entonces, en términos de relaciones de producción, formar parte de la clase trabajadora). Las mismas deficiencias metodológicas podrían viciar el concepto de clases medias. En otras palabras, ¿por qué debería recibir la nueva clase media –aquella parte de la clase media que debe su nacimiento y desarrollo al advenimiento del capitalismo monopolista– una renta superior al valor de su fuerza de trabajo? Uno de los elementos esenciales de la respuesta es que esta clase ejecuta ambas
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funciones. La función del trabajador colectivo y la función global del capital. Ellos no poseen (ni legal ni económicamente) los medios de producción y dedican parte de su tiempo a ejecutar la función del capital. Su ingreso está formado por dos componentes, el salario (debido a la ejecución de la función de trabajador colectivo) y el componente renta (conectado con la ejecución de la función global del capital). En otras palabras, su ingreso esta solo parcialmente determinado por el valor de la fuerza de trabajo, ya que otra fuente deriva de su posición de privilegio respecto a la clase trabajadora y eso explica la gran diferenciación con los salarios de ésta.(²) Hay que señalar que estas funciones se combinan con diferentes variaciones, ya que diferentes posiciones pueden combinarse en ratios diferentes, y con el paso del tiempo, la balanza dentro de una posición puede cambiar. Este cambio explica el proceso de “proletarización”, o sea su conversión en asalariados, de la nueva clase media (compuesta básicamente de empleados y técnicos), refiriéndonos en términos de relaciones de producción y no de relaciones de distribución. Carchedi insiste en que ninguna clase social, cuando se analiza una sociedad concreta, puede ser definida solo a nivel económico: su identificación económica es un paso necesario pero no suficiente. De ahí que estime que si su análisis es correcto las implicaciones políticas serían la siguiente: La política de las fuerzas de izquierda que desean una alianza con la nueva clase media, tratando de recuperar para esta clase una posición de privilegio, perdida, está condenada al fracaso. Solo un entendimiento teórico correcto sobre la naturaleza de los procesos sufridos por esta clase, proveerá una base para ganar a esta clase y apartarla de las derechas: “El papel de las fuerzas progresistas debe ser dejar claro a esos estratos en proceso de proletarización que, hablando de manera objetiva, es la clase trabajadora y no la burguesía, la que debe de ser vista como un aliado natural”.(³)
UN BOSQUEJO DE LOS ANTECEDENTES TEÓRICOS Si se examina el proceso de producción capitalista se ve que está formado por tres elementos: a) por el trabajador (productor), b) los medios de producción, c) los no trabajadores (no productores), que se apropian para sí mismos del sobre trabajo bajo forma de plusvalía. Estos tres elementos, para participar en el proceso de producción tienen que entrar en relación uno con otro, deben entrar en relaciones de producción, que son relaciones entre los agentes del proceso de producción y los medios de producción. Bajo el capitalismo el productor no posee los medios de producción (que pertenecen al no-productor, no-trabajador), y por consiguiente debe vender su fuerza de trabajo para obtener o cubrir las necesidades culturalmente determinadas para vivir. Como el no-trabajador posee tantos los medios de producción, como la fuerza de trabajo, posee también el producto resultante y se puede apropiar del plus trabajo incorporado a él. La transformación del producto en dinero (venta) permite al capitalista realizar el plus trabajo incorporado en forma de plusvalía. La renta del capitalista deriva de la plusvalía mientras que la renta del trabajador es dada tendencialmente por el valor de la fuerza de trabajo. De este modo las relaciones de producción determinan las relaciones de distribución.
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Que el proceso de producción capitalista se haga sobre estos tres elementos no nos dice nada sobre la naturaleza específica de este proceso. Marx nos ofrece especialmente en El Capital, tomo I, un análisis cuyo resultado fue identificarlo como la unidad en dominación de dos aspectos de este: el proceso de trabajo (que usando trabajo útil crea con valores de uso dados nuevos valores de uso y los elementos y naturaleza general que nunca cambia), y el proceso de producción de plusvalía. En Carchedi la “unidad en dominación” se refiere a la subordinación del primero al segundo o a que los valores de uso son producidos solo como medios para la producción de valores de cambio. Una implicación de este análisis es que bajo el capitalismo solo el trabajo que produce plusvalía es trabajo productivo. Si el modo de producción determina el proceso de producción y, si bajo el capitalismo, el segundo tiene un doble aspecto (como proceso de trabajo y como proceso de producción de plusvalía), entonces se sigue que debe de haber dos tipos de relaciones de producción o también que las relaciones de producción pueden ser analizadas desde dos perspectivas diferentes. Carchedi llama a estas dos series de relaciones de producción relaciones sobre las cuales descansa el proceso de trabajo y relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de producción de plusvalía. Se puede observar que el primer tipo de relaciones implica solo al productor y los medios de producción, mientras que el último tipo de relaciones implica también al no-productor, al no-trabajador. No solo tenemos dos tipos de relaciones sino que las relaciones sobre las que descansa el proceso de producción de plusvalía dominan las relaciones sobre las que descansa el proceso de trabajo. Más aún, cuando enfocamos el modo de producción capitalista sólo en las relaciones de producción, puede ser definido como la unidad en dominación de dos aspectos de él, el modo de producción sobre el que descansa el proceso de producción de plusvalía y el modo de producción sobre el que descansa el proceso de trabajo. Es la unidad en dominación del modo de producción capitalista la que está en el origen de la naturaleza del proceso de producción capitalista, como la unidad en dominación del proceso de trabajo y del proceso de producción de plusvalía. ¿En qué sentido es el modo de producción el origen del proceso de producción? ¿Cuál es el contenido de la relación entre estos dos elementos de la estructura económica? La respuesta es que hay una relación de determinación. Este concepto, introducido primero por Althusser,(4) se utiliza por Cacherdi modificado. En primer lugar, la instancia determinante (por ejemplo, la estructura económica frente a la superestructura, o dentro de la estructura económica, el modo de producción frente al proceso de producción o dentro del modo de producción, las relaciones de producción frente a las relaciones de distribución, etc.), determina la instancia determinada (superestructura, proceso de producción, relaciones de distribución, etc.), en el sentido que la primera pone en duda la existencia de la segunda como una condición de su propia existencia. Así la estructura económica del capitalismo basada en relaciones de producción antagónicas (de explotación), genera la lucha de clases. Este conflicto puede comprometer la reproducción de la propia estructura económica. La estructura política e ideológica al limitar la lucha de clases hace posible tal reproducción. En segundo lugar, la instancia determinada modifica, al reaccionar sobre ella, a la
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instancia determinante, la instancia determinante es sobredeterminada por la instancia determinada. Por ejemplo, la lucha de clases y en consecuencia la superestructura hacen necesaria la introducción de procesos de producción diferentes de los típicos capitalistas (por ejemplo, con la provisión de servicios por el Estado), y de este modo modifica la estructura económica (en el sentido de que esa estructura no es típicamente capitalista). La sobredeterminación implica, en consecuencia, una relativa autonomía de la instancia determinada frente a la instancia determinante. En tercer lugar, la instancia determinante establece el límite a su sobredeterminación por las instancias determinadas. Por ejemplo, el sector no capitalista debe de estar siempre subordinado al capitalista o cesaría de ser un sistema capitalista. El concepto de sobredeterminación, tal como lo usa Carchedi, le es útil por dos razones: primero, le permite interpretar la relación entre las relaciones de producción y de distribución. Las primeras determinan a las segundas, las que, a su vez, como tienen cierta autonomía, modifican las primeras en cierta medida. Para probarlo el autor acude a los Grundrisse o “Borradores sobre la crítica de la economía política”, de Marx, donde este viene a decir, en síntesis, que es insuficiente ver las relaciones de distribución como una simple expresión de la producción, ya que existen sobredeterminaciones directas e indirectas entre ellas. LA DEFINICIÓN DE LAS CLASES AL NIVEL PURO DE LA ESTRUCTURA ECONÓMICA CAPITALISTA Lo expuesto hasta el momento clarifica la definición de las dos clases fundamentales al nivel más alto de abstracción, porque en ese nivel las clases son definidas puramente en términos de la estructura económica. Necesitamos ahora una definición de las clases para aplicarla no solo a este nivel sino también a niveles más concretos de abstracción. Entre las varias definiciones de clase el autor escoge la muy conocida de Lenin que se refiere a un amplio grupo de personas que difieren unas de otras por el lugar que ocupan en un históricamente determinado sistema social de producción, por sus relaciones (en muchos casos fijada y formulada por la ley) respecto a los medios de producción, por su papel en la organización social del trabajo, y, por las dimensiones del reparto de la riqueza social de la cual ellos disponen y por el modo de adquirirla. Estos cuatro elementos deben ser interpretados, dice Carchedi, cuando se definen las dos clases fundamentales al nivel más alto de abstracción. El primer elemento se centra en el hecho de que, bajo el capitalismo, dentro del proceso de producción, hay una clase que produce y otra clase que no produce. De manera concisa se puede decir que el primer elemento se centra en la dicotomía productor/no-productor. Pero teniendo en cuenta que el proceso de producción capitalista es esencialmente producción de plusvalía, el productor es visto, a este nivel de abstracción, como productor de plusvalía, como trabajador productivo. En consecuencia, el no-productor es considerado como apropiador de plusvalía. Por lo tanto, el primer elemento implica también otra dicotomía: explotador/ explotado. El segundo elemento de la definición de Lenin se centra en la propiedad de los medios de producción o la dicotomía del propietario/no-propietario. Aquí podemos introducir la distinción entre propiedad legal y económica. Hablando estrictamente, la
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diferencia entre propiedad jurídica y real es irrelevante al nivel puro del modo de producción capitalista y será empleada cuando se trate del nivel del sistema socioeconómico no puro, concreto. Son los propietarios los que tienen el control real de los medios de producción, y por consiguiente, explotan a los trabajadores directos a través de la extracción de plusvalía de los trabajadores bajo diversas formas. Esta propiedad debe ser entendida como una propiedad económica real, con un control de los medios de producción, que debe de distinguirse de propiedad jurídica, la que es sancionada por la ley y pertenece a la superestructura jurídica. Generalmente la ley ratifica la propiedad económica, pero es posible para las formas de propiedad el no coincidir con la propiedad económica real. Esta distinción es útil cuando se considera qué cambios en el proceso de producción y, en consecuencia, en la identificación económica de las clases, acompañan el surgimiento de la sociedad por acciones. El tercer elemento se centra en la separación entre los trabajadores y los notrabajadores (por su papel en la organización social del trabajo), dicotomía trabajador/no-trabajador, típica no sólo del capitalismo sino de todas las sociedades divididas en clases. Teniendo en cuenta que el primer elemento de la definición se centra en el productor y el tercer elemento de la definición de clase en el trabajador, y que cuando se considera la esencia del capitalismo, hay una coincidencia entre el productor y el trabajador, entonces parecería que uno de los dos elementos, o criterios de clase, es redundante. Pero esto no es así. El primer elemento se centra en el proceso de producción de plusvalía, y por lo tanto se centra –si nosotros consideramos el nivel puro del modo de producción–, en el hecho de que el proceso de producción capitalista es esencialmente producción de plusvalía. En consecuencia el productor, en un modo de producción capitalista es el productor de plusvalía. Su antagonista es el no productor, el cual se apropia para sí mismo de la plusvalía creada por el productor. En otras palabras, lo que es esencial en esta relación entre el productor y el no productor es el elemento de explotación. Podemos expresarlo más brevemente, diciendo que el primer criterio se centra en el productor como explotado (y por lo tanto en el no-productor como explotador). El tercer criterio se focaliza en la división social del trabajo dentro de proceso de producción capitalista, donde lo más importante es la separación entre el trabajador y el no trabajador. Es decir, se centra en el productor como trabajador. Si nos limitamos al tercer elemento solo acentuaríamos el hecho de que el proceso de producción está dividido, básicamente, entre trabajadores y no trabajadores, perdiendo de vista que el objeto específico y característico del proceso de producción capitalista es la plusvalía. Por otro lado, si nos fijamos sólo en el primer elemento, cogeríamos verdaderamente la esencia del proceso de producción capitalista pero estaríamos excluyendo la posibilidad de considerar cambios que habrían sido traídos por la división social del trabajo afectando a los protagonistas del proceso de producción capitalista. Cuando pasemos a un nivel más concreto veremos que no existe necesariamente identidad entre el productor y el trabajador. Finalmente, en lo que afecta al cuarto elemento en la definición de clase social, o sea, las relaciones de distribución, hay como dice Lenin, una consecuencia de los tres primeros criterios o relaciones de producción. Podemos darle un significado preciso al término “consecuencia”: una relación de determinación. Si se modifica parcialmente el
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cuarto criterio de la definición de Lenin, añadiendo una cualificación más, el origen de la renta o del ingreso. Este abarcaría: a. La proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen, b. el modo de adquisición de ella, y c. el origen de ella. Con ello se tienen los criterios necesarios para una definición de las clases básicas (la clase trabajadora y la clase capitalista), en el nivel de la máxima abstracción de la estructura económica capitalista. La clase trabajadora sería definida: 1. En términos del primer criterio de Lenin, como los productores (en el sentido de producción de plusvalía), y por lo tanto como explotados; 2. en términos del segundo criterio, como no-propietarios de los medios de producción; 3. con respecto al tercer criterio, como los trabajadores; 4. en relación al cuarto criterio (relaciones de distribución, una consecuencia de las relaciones de producción), como aquellos agentes cuyos ingresos: a. están determinados por el valor de su fuerza de trabajo, b. son producidos por ellos mismos, y c. en consecuencia pagados a ellos por los capitalistas. La clase capitalista es exactamente la opositora a la clase trabajadora y por tanto se define como: 1. Los no-productores (y consiguientemente explotadores), 2. los propietarios de los medios de producción, 3. los no-trabajadores, y 4. aquellos cuyos ingresos son: a. derivados de la plusvalía, b. son limitados a la extensión de esa plusvalía (y por las necesidades de la acumulación del capital), y c. no son producidos por ellos, aunque se produce en su propia empresa, por “sus propios” trabajadores. Resumiendo, hasta el momento Carchedi ha introducido cuatro dicotomías fundamentales: el productor/no-productor, el explotado/ explotador, el trabajador/notrabajador y el no-propietario/propietario. Si se agrupan los términos de estas dicotomías tendremos dos equivalencias: TRABAJADOR = NO-PROPIETARIO = PRODUCTOR = EXPLOTADO PROPIETARIO = NO-TRABAJADOR = NO-PRODUCTOR = EXPLOTADOR La primera equivalencia es una manera concisa de definir la clase trabajadora en el nivel puro de la estructura capitalista y considerando solo las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de producción de plusvalía, mientras que la segunda equivalencia describe la clase capitalista, dados los mismos presupuestos.
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LA IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DEL PROLETARIADO Y DE LA BURGUESÍA EN EL NIVEL DEL SISTEMA SOCIO-ECONÓMICO La definición de clase al nivel más elevado de abstracción como un preludio para su aplicación a los niveles más concretos es un paso necesario pero insuficiente. Si nos detenemos ahí no solo cometeríamos un pecado de economicismo sino que aún dentro del marco de una definición puramente económica de las clases, estaríamos imposibilitados de ver cambios importantes que tienen lugar en la estructura económica del capitalismo durante sus diferentes etapas de desarrollo. Es al análisis de estos cambios donde tenemos que ir para llegar a una definición precisa de lo que significa realizar la función del trabajador colectivo y la función global del capital. Sólo cuando estos conceptos han sido trabajados en detalle, podemos ofrecer una definición económica precisa de la nueva clase media. LA SUBORDINACIÓN FORMAL Y REAL DEL TRABAJO AL CAPITAL El modo de producción capitalista es la unidad en subordinación del modo de producción sobre el cual descansa el proceso de trabajo y del modo de producción sobre el que descansa el proceso de producción de plusvalía, tal como lo definimos antes. Carchedi hace un análisis de los cambios que caracterizan el modo de producción sobre el que descansa el proceso de trabajo durante la transición del modo de producción feudal al modo de producción capitalista. Los elementos y la naturaleza general del proceso de trabajo, no cambian, lo que cambian son las condiciones del proceso de trabajo, el modo de producción sobre el que descansa el proceso de trabajo. Como Marx mostró, lo interesante es que estas tres clases de condiciones no tienen que cambiar al mismo tiempo, puede ocurrir, como en la transición del feudalismo al capitalismo, que haya retrasos entre ellas. En este caso, solo las condiciones sociales y económicas (y más precisamente dentro de las condiciones sociales, solo las relaciones de producción) varían, mientras que las condiciones técnicas quedan atrás, al menos en esta etapa. Veamos primero estas últimas condiciones. Primero, la empresa capitalista es un conjunto de artesanos que reunidos bajo un techo producen cada uno de ellos sus propios bienes. “en un principio el capital subordina el trabajo sobre la base de las condiciones técnicas en las que históricamente se encuentran”. Por ejemplo una fábrica de zapatos es tan solo un conjunto de muchos zapateros haciendo cada uno de ellos un número de pares de zapatos a la semana, con los materiales, herramientas, etc. del capitalista y bajo su supervisión. Así las condiciones técnicas del proceso de trabajo no cambian, o no lo hacen drásticamente. Sólo cambia la intensidad y duración del proceso de trabajo incrementado, debido a su subordinación al proceso de producción de plusvalía. Desde el punto de vista de la tecnología el proceso de producción capitalista tiene lugar sobre las bases del antiguo proceso de trabajo pre-capitalista. La cuestión varía si uno mira las condiciones económicas del proceso de producción capitalista. Es cierto que las condiciones económicas del proceso de trabajo no cambian debido a la ausencia de cambio en el proceso técnico: la cantidad de capital necesario para comenzar un cierto proceso de
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trabajo no varía. Pero ahora el proceso de trabajo está subordinado al proceso de producción de plusvalía, es decir, el capitalista comienza un proceso de trabajo solo como medio de iniciar un proceso de producción de plusvalía. Más aún, la cantidad de capital necesario para comenzar está ahora determinada por el proceso de producción de plusvalía. En consecuencia, dentro del modo de producción capitalista, las condiciones económicas del proceso de producción de plusvalía subordinan a ella las correspondientes condiciones del proceso de trabajo. Y como resultado de ello, las condiciones económicas del modo de producción capitalista son diferentes a las mismas condiciones del modo de producción feudal. Un análisis similar se sigue en lo que concierne a las condiciones sociales dadas por las relaciones de producción. Las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de trabajo son las relaciones entre el productor y los medios de producción. El productor es contratado por el capitalista en un proceso de trabajo solo porque, al mismo tiempo, se encuentra en el proceso de producción de plusvalía. Las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de producción de plusvalía son entonces las relaciones de productor/medios de producción/no productor. Como vimos, el hecho de que el productor sea empleado en un proceso de producción en el cual el proceso de producción de plusvalía es dominante, es un reflejo de la subordinación de las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de trabajo a las relaciones de producción sobre las que se basa el proceso de producción de plusvalía. Esto significa que ahora son los medios de producción los que dominan al productor, el trabajo muerto reina sobre el trabajo vivo. En consecuencia las condiciones sociales del proceso de producción cambian no sólo como un resultado de la “introducción” del no-trabajador, sino también debido a la subordinación de las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de trabajo a las relaciones de producción sobre las que se basa el proceso de producción de plusvalía. Estas últimas relaciones introducen el elemento de subordinación (del productor al no productor y a los medios de producción) dentro del proceso de producción. Pero esta subordinación se extiende solo a la parte del modo de producción en que descansa el proceso de trabajo y no abarca las condiciones técnicas del proceso de trabajo. Esta etapa, primera etapa del modo de producción capitalista, es llamada por Marx la etapa de subordinación formal del proceso de trabajo al proceso de producción de plusvalía, o de subordinación del trabajo al capital. Pero la lógica del desarrollo del capitalismo implica también una revolución en las condiciones técnicas del proceso de trabajo, la subordinación del aspecto técnico de este proceso al proceso de producción de plusvalía. Este proceso pasa de ser un proceso simple a uno científicamente organizado, un proceso dividido en gran número de secciones diferentes (tareas, funciones) de acuerdo a la división técnica del trabajo. Una división del trabajo que es característica solo del modo de producción capitalista. La constante revolución en las condiciones técnicas del trabajo y por consiguiente del proceso de producción capitalista, es uno de los rasgos típicos del capitalismo. Lo que llama Marx la subordinación del trabajo al capital, la adaptación del proceso de trabajo puro y simple al proceso de producción de plusvalía, se convierte en un proceso técnicamente dividido y científicamente organizado a través de las líneas dictadas por la necesidad de crear una siempre creciente masa de plusvalía.
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TRABAJO PRODUCTIVO: EXTENSIÓN Y RESTRICCIÓN DEL CONCEPTO El cambio en la naturaleza del proceso de trabajo, su real subordinación alcapital, conlleva también un cambio en la noción de trabajador productivo. El producto final ya no es el producto de un trabajador individual, se convierte en el resultado de un complejo proceso de trabajo en el cual toman parte muchos trabajadores sobre bases cooperativas. Como afirma Marx en el tomo I de El Capital: “El producto deja de ser el producto directo del individuo, y se convierte en un producto social, producido en común por un trabajador colectivo…En orden de hacer un trabajo productivo, ya no es necesario hacer un trabajo manual usted mismo; basta, que sea un órgano del trabajador colectivo, y lleve a cabo uno de sus funciones subordinadas”.(6)
En consecuencia, la noción de trabajador colectivo es extendida aquí a todos aquellos que toman parte en el proceso de trabajo, incluso aquellos que no hacen trabajo manual, incluidos los que no están directamente involucrados en la producción de valores de uso. Los técnicos que trabajan en funciones de control de calidad, por ejemplo, toman parte en el proceso de trabajo tanto como el trabajador que produce directamente los bienes cuya calidad debe de ser controlada. La relación productor/producto dentro del proceso de trabajo ya no es en lo sucesivo una relación individual sino que se convierte en una relación colectiva. La producción de los bienes incluye a un gran número de trabajadores, debido a la introducción de la división técnica del trabajo dentro del proceso de trabajo. El productor se convierte en el trabajador colectivo, la fuerza de trabajo colectiva. Conviene recordar que el concepto de trabajo productivo tiene bajo el capitalismo una doble calificación. Cuando centramos nuestra atención en el proceso que crea plusvalía restringimos nuestra definición de trabajo productivo sólo a aquél trabajo que produce plusvalía: cuando centramos nuestra atención en el proceso de trabajo y en su subordinación real al proceso anterior, entonces extendemos la definición para incluir al trabajador colectivo, es decir, todos aquellos que participan en el proceso de trabajo. Como dice Marx: “Con el desarrollo de la real subordinación del trabajo al capital y en consecuencia del específico modo de producción capitalista, el verdadero agente del proceso de trabajo total no es el trabajador individual sino la fuerza de trabajo combinada cada vez más socialmente y las varias fuerzas de trabajo que cooperan y que fabrican”. (7)
Existe un doble movimiento en la determinación del trabajo productivo bajo el capitalismo. Como señala Balibar(8) no existe una contradicción en esta ampliación y restricción del concepto de trabajo productivo. Este doble movimiento es posible por el hecho de que el proceso de producción capitalista, como una unidad de dos procesos, descansa sobre un modo de producción el cual es la unidad de dos modos de producción y en consecuencia de dos grupos de relaciones sociales de producción.
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De ahí la posibilidad de imponer dos cualificaciones contradictorias sobre el mismo concepto, se basa en la existencia de las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de trabajo y las relaciones de producción sobre las que se basa el proceso de producción de plusvalía, dentro del modo de producción capitalista. La ampliación a trabajador colectivo descansa en las primeras relaciones de producción mientras que la restricción de considerar sólo al trabajador colectivo que produce plusvalía reposa en las segundas relaciones de producción. EXPLOTACIÓN Y OPRESIÓN ECONÓMICA Antes de concluir con lo relativo al trabajo productivo es necesario tener en cuenta una posible fuente de confusión. Se ha visto que el proceso de producción capitalista se basa en la producción y apropiación de trabajo no pagado bajo la forma de valor o de plusvalía. Esta apropiación, y este es el concepto de explotación, no descansa en pagarle al trabajador menos que el valor de su fuerza de trabajo. Por el contrario, el concepto de explotación solo puede ser entendido si ha sido entendido que el trabajador obtiene el valor total de su fuerza de trabajo (aparte de otras consideraciones y fluctuaciones) y, sin embargo, es explotado por la diferencia existente entre el valor de su fuerza de trabajo y el valor que crea mediante su fuerza de trabajo. Entonces, ¿qué ocurre con los trabajadores no-productivos? ¿Pueden ser explotados? Se podría sostener eso teniendo en cuenta que no producen valor y por tanto plusvalía y por consiguiente no pueden ser expropiados de ello ni por tanto explotados. Esto es verdad al menos en lo que concierne a la terminología, pero no se debería de extraer la conclusión de que los trabajadores improductivos obtienen un salario que es equivalente en términos de trabajo a los proporcionados por ellos. Aún así, hablando estrictamente, no se puede decir que hay explotación de los trabajadores improductivos porque no producen, y por tanto, no pueden ser expropiados por ello, no se obtiene de ellos plusvalía, aunque se pueda hablar de opresión económica de estos trabajadores. El valor de su fuerza de trabajo es determinada de la misma manera que el valor de la fuerza de trabajo de los trabajadores productivos (es decir, el valor de los bienes y servicios determinados culturalmente para garantizar el mínimo de subsistencia). La demanda de esta fuerza de trabajo, aunque no cree valor y en consecuencia plusvalía como es el caso del trabajador productivo, no es por el valor de su fuerza de trabajo. Supongamos que el valor de su fuerza de trabajo es el equivalente a cinco horas de las siete horas de un día de trabajo. En las dos horas restantes no produce valor pero provee al capitalista de trabajo no pagado. Esto es, mientras que el trabajador productivo es expropiado de su trabajo bajo la forma de valor, el trabajador improductivo está sujeto a una expropiación directa de trabajo. No se crea plusvalía en la esfera del comercio. El capitalismo comercial solo participa en el reparto de la plusvalía producida en la industria y en otras esferas productivas. El trabajador comercial “no crea plusvalía directa, pero añade a la renta del capitalista al yudarlo a reducir el costo de la realización de la plusvalía, en base a que él realiza parcialmente trabajo no pagado”. (9) Cuanto más trabajo no pagado realiza, más es el agente a través del cual el
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capitalista comercial realiza la plusvalía producido por otros, en las empresas productivas. Desde el punto del vista del capitalista individual no existe diferencia en si su actividad es productora de plusvalía o no. Pero desde el punto de vista colectivo, cuanto mayor sea el número de los trabajadores productivos mayor será la tasa de beneficio, siempre que permanezcan igual otras cosas. CONTENIDO TÉCNICO Y SOCIAL DE LAS FUNCIONES Hemos introducido antes el término “función del trabajador colectivo”, relacionado con los cambios que tienen lugar como resultado de la transición del sistema de capitalismo privado caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital a un sistema de capitalismo privado caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital. Antes de ver que significa realmente ejecutar la función del trabajador colectivo es necesario entender lo que el autor quiere decir con el término “función”. Con la introducción de la división técnica del trabajo dentro del proceso de trabajo, este adquiere una complejidad creciente en el cual ya no es el trabajador individual el que produce toda la mercancía, sino que la mercancía es producida por un conjunto de personas organizadas como un trabajador colectivo, como una fuerza de trabajo colectiva. El proceso de trabajo es subdividido en un número de operaciones fraccionadas lógicamente por una cierta división técnica del trabajo. Como una primera aproximación, podemos decir que cada una de esas operaciones es ejecutada por diferentes agentes de producción. Esto implica que la función ejecutada por un agente que toma parte en el proceso de trabajo siempre tiene un contenido específico determinado por la división técnica del trabajo. Todas las funciones comparten un rasgo común: el de ser funciones que tienen que ser ejecutadas dentro del complejo proceso de trabajo. Todos los agentes que ejecutan una de estas operaciones (funciones), ejecutan una de las funciones del trabajador colectivo, de la fuerza de trabajo colectiva. En breve, ejecutan la función del trabajador colectivo. Con la llegada del capitalismo monopolista se produce una revolución similar dentro del proceso de producción de plusvalía. Cuando el trabajador produce un valor de uso produce también un valor de cambio y en consecuencia participa en la producción de plusvalía. Pero si consideramos el proceso de producción capitalista, el trabajador es un agente sin el cual la plusvalía no sería producida, a pesar de que no la produce directamente. Sin embargo es tan esencial para la producción de plusvalía como el productor directo. Ahora bien, si bajo el capitalismo privado caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital el proceso de producción de plusvalía es revolucionado solo en la medida en que está implicado el trabajador en el proceso de trabajo, bajo el capitalismo monopolista, el proceso total de la producción de plusvalía experimenta un cambio revolucionario. Así como en el capitalismo privado, caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital, cambia la figura del trabajador de individual a colectivo, así cambia también la figura del capitalista bajo el capitalismo monopolista. Lo que bajo el capitalismo privado era la función de un agente, de un capitalista, es subdividido ahora en un número de operaciones fraccionadas, las cuales –no importa cuál sea su contenido técnico–, tienen en común la característica de ser funciones ejecutadas en lo
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adelante por un conjunto de capitalistas. Por consiguiente, todos aquellos agentes que ejecutan una de estas operaciones, no importa su contenido técnico, ejecutan al mismo tiempo la función global del capital. Por tanto, una función tiene siempre un doble contenido, como una operación fraccionada, ya sea del proceso de trabajo o de aquella parte del proceso de producción capitalista que no corresponde al proceso de trabajo. Una función tiene un específico contenido técnico el cual está determinado por la división técnica del trabajo no solo dentro del proceso de trabajo sino también dentro del proceso de producción de plusvalía, como un conjunto (dentro del complejo de funciones ejecutadas por el colectivo capitalista, o el capitalista global, como capitalistas). En general, el contenido social de una función bajo el capitalismo monopolista es determinado por ejecutar la función del trabajador colectivo o por ejecutar la función global del capital. En consecuencia, el contenido específico de una función es determinado por la división técnica del trabajo, mientras que su contenido general es determinado por la división social del trabajo que se encuentra dentro de una empresa, dentro de un proceso de producción capitalista: la división entre el trabajador/productor, por un lado, y el no trabajador/ no productor, por el otro. ¿De dónde viene ese doble contenido de una función? Simplemente del hecho de que el proceso de producción capitalista no es nunca un proceso técnico porque está basado en relaciones de producción (las relaciones de producción sobre las que descansa el proceso de producción de plusvalía), que son de naturaleza antagónica porque se basan en la división entre el productor y el no-productor, en otras palabras, porque al tomar parte en este proceso automáticamente se cae dentro de una de esas dos categorías y en consecuencia, se ejecuta, o bien, la función del trabajador (colectivo), o, la función (global) del capital. Por supuesto que un agente puede ejecutar ambas funciones, por ejemplo, el capitalista del modo de producción del capitalismo privado ejecuta ambas funciones, del trabajador colectivo y la función del capital. Pero no ejecuta ambas funciones al mismo tiempo. Realiza dos funciones que se excluyen una a la otra. Por otro lado, cuando un agente toma parte en un proceso de trabajo y en consecuencia en un proceso de producción de plusvalía, gasta al mismo tiempo, trabajo concreto y trabajo abstracto. La importancia de este punto estriba en que la realización del tiempo que sea que se gaste en ejecutar una función social se le resta a la ejecución de la función social opuesta (el tiempo que se utilice en ejecutar trabajo productivo no puede ser dedicado a trabajo improductivo), y esto es fundamental para entender el proceso de proletarización. El proceso por el cual a través de la devaluación de la fuerza de trabajo, constantemente tiende a reducir el tiempo dedicado a ejecutar la función global del capital y en consecuencia a aumentar el tiempo dedicado a ejecutar la función del trabajador colectivo. Por tanto, la subordinación real del trabajo al capital significa, en lo concerniente a las condiciones técnicas, la subordinación del aspecto técnico del proceso de trabajo al mismo aspecto del proceso de producción de plusvalía. Como sabemos, la naturaleza general (producción de valores) y los elementos (productor y medios de producción) del proceso de trabajo, nunca cambian. Por otro lado, lo que sí cambia son las condiciones sobre las que descansa este proceso. Estos cambios pueden ser resumidos en los esquemas o diagramas que se exponen en la siguiente página(¹0):
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FIGURA 6 - ESQUEMA 1.
CAPITALISMO PRIVADO CARACTERIZADO POR LA SUBORDINACIÓN
FORMAL DEL TRABAJO AL CAPITAL (PROCESO DE TRABAJO SIMPLE).
Trabajador Individual Proceso de trabajo simple
Valor de uso
Herramientas FIGURA 7 - ESQUEMA 2.-
CAPITALISMO PRIVADO CARACTERIZADO POR LA SUBORDINACIÓN
REAL DEL TRABAJO AL CAPITAL (PROCESO DE TRABAJO COMPLEJO).
Trabajador Colectivo Proceso de trabajo complejo
Valor de uso
Máquinas FIGURA 8 - ESQUEMA 3.PROCESO DE TRABAJO EN GENERAL.
Productor Proceso de trabajo Medios de producción
Valor de uso
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LA FUNCIÓN DEL CAPITAL Y LA DOBLE NATURALEZA DEL TRABAJO DE SUPERVISIÓN Y DE GERENCIA Siempre que se trate de una función Carchedi se refiere no sólo a su contenido técnico sino también a su contenido social. La función del productor dentro del proceso de trabajo subordinado al proceso de producción capitalista es solo ejecutar la función del trabajo, ya sea como individuo o ya sea como trabajador colectivo. Se verá a continuación la función del capitalista, ya sea como individuo o ya sea como trabajador colectivo, o sea, del agente de producción que no toma parte en el proceso de trabajo pero que es indispensable para el proceso de producción. Veamos cual es la naturaleza del trabajo del capitalista bajo el capitalismo privado, qué significa ejecutar la función del capital. Bajo las condiciones del capitalismo privado el capitalista ejecuta un trabajo de supervisión y de gerencia que tiene una doble naturaleza. Por un lado, este trabajo es necesario debido a la naturaleza cooperativa del proceso de trabajo (y por tanto del proceso de producción), y consecuentemente, sería necesario, en la hipótesis a-histórica, de un proceso técnico similar basado en relaciones de producción no-antagónicas. Por otro lado, este trabajo es necesario debido al hecho de que, bajo el capitalismo, las relaciones de producción son antagónicas, es decir, que hay una antítesis entre el trabajador como productor de plusvalía (o de sobre trabajo, en el caso de trabajadores improductivos), y los no-trabajadores como apropiadores de plusvalía. Desde este punto de vista, este segundo aspecto del trabajo de supervisión y de gerencia es necesario no solo bajo el capitalismo sino también en cualquier modo de producción antagónico, en el cual exista la expropiación de sobre-trabajo bajo cualquier forma dentro del proceso de producción. Lo que varía de un modo de producción a otro es la forma que toma este segundo aspecto del trabajo de supervisión y control. Por ejemplo, el manager bajo el sistema esclavista es la persona (él mismo esclavo) que toma instrucciones del maestro, que reemplaza al maestro cuando falta, que en consecuencia tiene mayor libertad de acción y una posición de privilegio frente a los demás esclavos y, que tiene la posibilidad de ganar su libertad. Por tanto, el capitalista como capitalista, es decir, como capital personificado, debe de realizar la función del capital, el trabajo de control y de vigilancia. Pero también puede realizar las funciones del trabajador colectivo, las funciones de coordinación y de unidad del proceso de trabajo. Cuanto más ejecute la función del trabajador colectivo, realiza trabajo productivo.Tenemos que tener en cuenta que estamos tratando aquí con el propio proceso de producción capitalista, es decir, el proceso de producción de plusvalía. Si el capitalista opera en una esfera improductiva, como la esfera comercial, entonces incluso la parte de su trabajo de supervisión y gerencia no puede ser considerada como trabajo productivo. Por ejemplo, un capitalista que opera en una actividad productiva ejecutando ambas funciones, la del trabajador colectivo y la función global del capital, es productivo en cuanto que ejecuta la función del trabajador colectivo, pero esto no se debe de confundir con el hecho de que opera en la esfera productiva. Al realizar su trabajo de supervisión y gerencia en la esfera productiva, ejecuta una función productiva, sin tener en cuenta si su trabajo es productivo (función del
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trabajador colectivo), o no, (función global del capital). Para ser más precisos, cuando el capitalista ejecuta la función del capital no realiza ni trabajo productivo ni trabajo improductivo, porque estas dos categorías sólo pueden ser aplicadas a los trabajadores y el capitalista, como tal, es un no-trabajador. En consecuencia, ejecutar una función productiva no tiene nada que ver con ejecutar un trabajo productivo o improductivo. El capitalista ejecuta una función productiva sólo si es el agente a través del cual el capital realiza su tendencia de auto expansión, al ser invertido en el sector productivo. Sólo entonces puede el capitalista ejecutar trabajo productivo (si realiza el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo). El capitalista como tal lleva a cabo el trabajo de control y vigilancia porque debe imponer disciplina a los trabajadores. El trabajo debe llevarse a cabo de manera regular, de manera adecuada y continua. El trabajador no debe dañar las máquinas, no debe desperdiciar material, debe no solo reproducir su propia fuerza de trabajo sino también producir un sobre valor, trabajando más tiempo que el necesario para ganar su salario, etc. De particular importancia es que la cantidad producida es consecuencia de la prolongación de la jornada de trabajo como del grado de la intensidad del trabajo, para lo cual se debe conservar un promedio de intensidad del trabajo. El capitalista a través de su trabajo de supervisión y control, deberá ir viendo si las cosas ocurren como debe ser, y si no, debe forzar a los trabajadores a trabajar con una mayor intensidad, porque de esta extra intensidad va a extraer un sobre valor adicional. También puede, como dice Marx (Cap. VI de El Capital), incrementar al mismo tiempo que lo anterior la plusvalía absoluta. Hay que señalar que si bien la función de control y supervisión es siempre el contenido de la función del capital, las formas que esta función adopta pueden cambiar de las más brutales a las más sutiles, como muy bien muestra H. Braverman con la introducción del taylorismo.(¹¹) Se puede resumir lo expuesto sobre la doble naturaleza del trabajo capitalista de supervisión y gerencia (management) y la doble función que lleva a cabo, como capitalista y como productor en el esquema siguiente (esquema 4):(¹²) FIGURA 9 - ESQUEMA 4.- LA DOBLE NATURALEZA DEL TRABAJO CAPITALISTA Y LA DOBLE FUNCIÓN QUE LLEVA A CABO COMO CAPITALISTA Y COMO PRODUCTOR.
TCV
=FC = sPP
TSG
PPC TCU (TP) = FTC = PT (sPP)
Abreviaciones:
TSG : Trabajo de supervisión y gerencia. TCV: Trabajo de control y vigilancia
TCU: Trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo. TP: Trabajo productivo. FC: Función del capital.
FT: Función del trabajador colectivo. PT: Proceso de trabajo.
sPP: Sobre valor o plusvalía producida en el proceso. PPC: Proceso de producción capitalista.
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LA FUNCIÓN DEL TRABAJADOR COLECTIVO: PRIMERA APROXIMACIÓN El capitalista ejecuta la función del capital la cual ha sido definida como el trabajo de control y de vigilancia. Puede también, como coordinador del proceso de trabajo, ejecutar una de las funciones del trabajador colectivo, el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo. Mientras que sólo el capitalista ejecuta la función del capital, la función del trabajador colectivo es, obviamente, ejecutada también por los trabajadores. Entonces, ¿qué significa ejecutar la función del trabajador colectivo? En el caso del capitalista (como coordinador, no como capitalista), significa, como hemos visto ya, ejecutar el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo. ¿Qué significa ejecutar la función del trabajador colectivo, en general, incluyendo el trabajo de coordinación y unidad ejecutado por el capitalista? Primero, para el trabajador individual del capitalismo privado caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital, su función es realizar todo el proceso de trabajo individualmente, producir valor de uso y en consecuencia producir plusvalía. Entonces, ejecutar la función del trabajo (del trabajador individual) significa tomar parte individualmente en el proceso de trabajo, producir individualmente valores de uso, con la finalidad de producir plusvalía. Significa realizar todo el proceso de trabajo y ser el agente individual a través del cual el capitalista puede producir y apropiarse de plusvalía. Significa ser la fuerza de trabajo individual que permite al capital ejecutar su función siendo expropiada de plus trabajo bajo la forma de plusvalía. Por lo tanto ejecutar la función del trabajador colectivo significa tomar parte en un proceso de trabajo complejo y científicamente organizado, como una parte de la fuerza de trabajo colectiva, para producir colectivamente valores de uso con la finalidad de producir plusvalía. También significa formar parte del agente de producción colectivo cuya explotación permite al capital ejecutar su función, la producción (y en consecuencia la apropiación), de plusvalía. Dado que el proceso de producción capitalista es la unidad en subordinación del proceso de trabajo y del proceso de producción de plusvalía, ser un trabajador significa tomar parte en el proceso de trabajo y en consecuencia ejecutar la función del trabajo (ya sea la del trabajador individual o ya sea la del trabajador colectivo). Ser un no-trabajador significa tomar parte en el proceso de producción capitalista exclusivamente desde el punto de vista del trabajo de control y de vigilancia, ejecutar exclusivamente la función del capital, tomar parte en el proceso de producción capitalista exclusivamente desde el punto de vista del proceso de producción de plusvalía (extracción de plusvalía). En suma, quiere decir tomar parte en el proceso de producción capitalista sin participar en el proceso de trabajo. EL PROCESO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA IMPRODUCTIVO Y LA SEGUNDA APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE LA FUNCIÓN DEL TRABAJADOR COLECTIVO Las definiciones expuestas más arriba conciernen sólo al nivel puro del modo de producción capitalista, representa un primer paso en dirección a definiciones más
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comprehensivas. Un segundo paso en esa dirección debe de considerar la extensión del concepto de la “función” del trabajador colectivo bajo el nivel de abstracción del sistema socioeconómico. Para esto Carchedi introduce el concepto de proceso de producción capitalista improductivo. Introduce el mismo examinando la naturaleza del proceso de producción que tiene lugar dentro de la empresa capitalista típicamente improductiva, la empresa comercial. El trabajo productivo ha sido igualado, a menudo, con ejecutar la función del trabajador colectivo porque en El Capital la discusión del trabajador colectivo ocurre dentro del marco de la discusión del trabajo productivo. Marx implícitamente compara la función de un trabajador productivo cuando el proceso de producción es la unidad de: a. el proceso de trabajo simple y el proceso de producción de valor, y, b. el proceso de trabajo complejo y el proceso de producción de plusvalía. Mientras, en el primer caso, la determinación de si un trabajador es productivo o no se hace sobre bases individuales, en el segundo se hace sobre bases colectivas, debido a la compleja organización del trabajo. Por eso Marx acentúa el hecho de que es el colectivo y no el trabajador individual, el que es productivo. Esto no significa que el trabajador colectivo sea siempre un trabajador productivo. Si tomamos una rama no productiva de plusvalía, como es el comercio, ¿podemos afirmar que dado que no hay producción de plusvalía no hay trabajador colectivo? Esto sería negar la división técnica del trabajo en esta rama, lo cual no tiene sentido. Si hay división del trabajo, tiene que haber trabajador colectivo, sea o no productivo. Una empresa comercial –como una industrial–, está organizada de tal manera que hay aquellos que ejecutan la función del capital (vigilancia y control), y aquellos que ejecutan la función del trabajador colectivo, y hay además, aquellos cuyas funciones tienen una doble naturaleza (por el momento vamos a ignorar a aquellos que ejecutan ambas funciones). La confusión puede surgir aquí sobre el significado de ejecutar las funciones del trabajador colectivo en una empresa improductiva. Antes que la división social del trabajo separase las esferas industrial y comercial, estas estaban combinadas en la figura del entrepreneur (el empresario). La actividad comercial era prerrogativa exclusiva de él, era y continúa siendo, puramente improductiva (el tiempo gastado en vender ha de ser sustraído del tiempo gastado en la producción). En consecuencia, uno estaría tentado de pensar que todos los que trabajan en la empresa comercial no solo son improductivos sino que ejecutan también la función del capital, o sea, que no hay trabajador colectivo en la esfera improductiva. Este podría ser el razonamiento que se encuentra detrás de la identificación del trabajador productivo con la clase trabajadora, y el de la identificación del trabajador improductivo, con la clase capitalista. Carchedi señala que, como se ha visto anteriormente, hay trabajador colectivo en la esfera improductiva, que hay agentes en la esfera improductiva que ejecutan la función del trabajador colectivo. ¿Qué se quiere decir con ello? Para tener esta idea muy clara hay que ir al proceso de producción. El proceso de producción en la empresa improductiva es la unidad del proceso de trabajo y del proceso conectado con la
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apropiación (compartiéndola) de plusvalía producida en cualquier otra parte. Aquí los trabajadores son económicamente oprimidos (apropiación directa de trabajo) mejor que explotados (apropiación de trabajo en forma de valor), y son los agentes a través de los cuales el capitalista se apropia de plusvalía. (subrayado nuestro, CJBE) Por lo tanto, nos encontramos con aquellos que el capitalista expropia de su trabajo siendo este el mecanismo para apropiarse plusvalía (aquellos que están sujetos al mecanismo de opresión económica), y aquellos que ayudan a mantener ese sistema de opresión económica ejecutando la función del capital (esto se puede ver perfectamente utilizando el ejemplo de un banco). Así pues, si se considera el proceso de producción capitalista improductivo tenemos que presentar las siguientes definiciones: ejecutar la función del trabajador colectivo en una empresa capitalista improductiva (según el proceso de producción) significa tomar parte en el proceso de trabajo complejo y científicamente organizado, como una parte de la fuerza de trabajo colectiva, producir colectivamente valores de uso con la finalidad de permitir al capitalista compartir la distribución de plusvalía donde quiera que ésta se produzca. Si combinamos las dos definiciones concernientes a la función del trabajador colectivo, en la esfera productiva (productiva o pura del proceso de producción capitalista) y, en la esfera improductiva (proceso de producción capitalista improductivo), se puede presentar la siguiente definición general: “Ejecutar la función del trabajador colectivo significa tomar parte en el proceso de trabajo complejo y científicamente organizado (en la producción de valores de uso, materiales o no), como una parte del trabajador colectivo, como agentes a través de los cuales el capital en la esfera productiva produce y se apropia directamente de plusvalía (explotación económica), a través del cual el capital en la esfera improductiva participa compartiendo la plusvalía producida en la esfera productiva de la economía (opresión económica)”. (¹³)
Esto significa formar parte de la fuerza de trabajo colectiva que permite al capital ejecutar su función siendo expropiada de plustrabajo, ya sea directamente (opresión económica) o indirectamente en la forma de plusvalía (explotación económica). Esta es la razón de por qué en los términos del tercer criterio o elemento de la definición de clase social de Lenin, el trabajador improductivo es un miembro del proletariado del mismo modo que lo es el trabajador productivo. Si no se considera ningún cambio en la figura del capitalista, o sea, si asumimos que el trabajo de control y de vigilancia (ambos en la esfera productiva e improductiva) es aún realizado bajo bases individuales, podemos completar el esquema 5 (página siguiente)(¹4):
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FIGURA 10 - ESQUEMA 5. FC TCV
=
PT (tp) + PP
= PPC (productivo)
PT (ti) + stPP
= PPC (improductivo)
TSG TCU = FTC =
Abreviaciones a añadir a las ya expuestas en el esquema 3:
stPP: Sobre trabajo o plus trabajo producido en el proceso PT(tp): Proceso trabajo (trabajo productivo) PT (ti): Proceso trabajo (trabajo improductivo) Abreviaciones del esquema 3:
TSG : Trabajo de supervisión y gerencia. TCV: Trabajo de control y vigilancia
TCU: Trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo. TP: Trabajo productivo. FC: Función del capital.
FTC: Función del trabajador colectivo. PT: Proceso de trabajo.
sPP: Sobre valor o plusvalía producida en el proceso. PPC: Proceso de producción capitalista.
EL NO TRABAJADOR BAJO EL CAPITALISMO MONOPÓLICO Y LA FUNCIÓN GLOBAL DEL CAPITAL Ahora se pasara a exponer el análisis que hace Carchedi del otro protagonista del proceso de producción capitalista, el capitalista. En primer lugar, hace un repaso de los cambios que produjo la sociedad por acciones. Como señaló Marx y luego expuso Hilferding, el desarrollo de la sociedad por acciones resultó de la separación entre su propiedad legal y su propiedad económica. Son los accionistas los que tienen la propiedad legal de los medios de producción pero el control real de los medios pertenece a los altos directivos de las sociedades, de las empresas, a los top managers (a los altos gerentes o directivos). Esta separación implica que los propietarios legales (los accionistas) caen fuera del proceso de producción capitalista, o sea, no tienen funciones que ejecutar dentro de este proceso. La función del capital no será en lo sucesivo ejecutada por los propietarios legales, por los accionistas, sino por aquellos que tienen el control de los medios de producción. Son ahora los directivos los que se han convertido en no-trabajadores dentro del proceso de producción capitalista: el trabajo de control y de vigilancia está vinculado con la propiedad real no con la legal. Esto es cierto en una primera aproximación. En realidad, la función del capital no es ejecutada sólo por unos pocos altos gerentes que controlan la empresa. Ahora esta tarea se ha convertido en una de un conjunto organizada jerárquicamente, que de manera colectiva, ejecutan lo que hasta entonces había sido la función de un capitalista individual. Por lo tanto, el trabajo de supervisión y gerencia no solo está separado de la propiedad legal de los medios de producción sino que se realiza colectivamente a través de una estructura burocrática organizada jerárquicamente. O sea, que el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo y el trabajo de control y vigilancia no serán en adelante tareas individuales sino colectivas. Esto significa: Que una ulterior división técnica del trabajo es introducida en el proceso de
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trabajo porque el trabajo de coordinación y unidad se ha convertido en una tarea colectiva (y en consecuencia subdividida en varias operaciones). El equivalente de la división técnica del trabajo en el proceso de trabajo es introducida en el trabajo de control y de vigilancia, que se divide ahora en varias operaciones. El trabajo de supervisión y de gerencia se convierte en un trabajo global, en el cual la función del trabajador colectivo que había sido una función individual del capitalista se ha convertido en una tarea colectiva, realizada no solo por los pocos que tienen el control sino por el gran número de personas que ejecutan algunas partes del trabajo de control y vigilancia sin tener la propiedad real ni la propiedad legal de los medios de producción. Por consiguiente: a. La división técnica del trabajo es llevada a su conclusión lógica y alcanza todos los aspectos del proceso de trabajo y, b. la función del capital se convierte en la tarea de una estructura transformada en la función global del capital. En la cima de esta estructura encontramos a aquellos que solo ejecutan la función global del capital. Mientras que, bajo el capitalismo privado, era posible defender la tesis de que el capitalista estaba ejecutando una actividad “útil” (participaba en el proceso de trabajo). Ahora este argumento no puede ser defendido frente a aquellos que solo ejecutan la función global del capital. Entre los que solo ejecutan la función global del capital hay que distinguir a aquellos (altos gerentes) que tienen la propiedad real y los que no la tienen. Además de las posiciones que ejecutan tan solo la función global del capital hay una graduación completa de posiciones que ejecutan ambos aspectos del trabajo de supervisión y gerencia. Es decir que nos encontramos, por un lado, con aquellos que realizan la función del trabajador colectivo, y por otro, con aquellos que realizan la función de explotación y opresión y con los que ejecutan la función global del capital. En una sociedad por acciones la función global del capital es realizada por una estructura en la cual encontramos no solo agentes que ejecutan la función global del capital sino también agentes que ejecutan ambas, es decir, la función global del capital y la del trabajador colectivo. Pongamos por ejemplo, las posiciones que desempeñan los ingenieros en una empresa. Mientras que en el capitalismo privado la función del capital es siempre dominante frente a la función del trabajador colectivo, en el modo de producción del capitalismo monopolista es una estructura compleja la que ejecuta el trabajo de supervisión y gerencia, de modo que en esa jerarquía de posiciones nos encontramos en la cima con que la función del trabajador colectivo es mínima o inexistente y, en la base, la función del trabajador colectivo es predominante y la función global del capital es casi inexistente. Le llamaremos burocracia privada a aquellos que ejecutan la función global del capital lo hagan de manera exclusiva o no. Podemos resumir los cambios mencionados concernientes a la figura del capitalista en las siguientes afirmaciones: 1.
La función global del capital está separada de la propiedad legal del capital.
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2.
La función global del capital es ejecutada por una estructura cuya primera parte solo ejecuta esa función y tiene la propiedad real del capital, una segunda ejecuta esa función sin tener la propiedad real del capital, y una tercera parte no posee económicamente el capital y ejecuta ambas funciones: la del trabajador colectivo y la función global del capital (en grados variables).
Con el surgimiento de esta estructura compleja que ejecuta la función global del capital, somos testigos del nacimiento de una serie de disciplinas cuyo deseo es ayudar al manager a desarrollar una política económica racional y a organizar de manera eficiente el camino no solo para aquellos agentes que ejecutan la función del trabajador colectivo sino también de aquellos que ejecutan la función global del capital (la organización científica del trabajo). Todas estas disciplinas nuevas tienen un propósito en común llamado la maximización de la tasa de beneficio de la empresa, ya sea reduciendo los costes de producción o ayudando a establecer los precios más altos posibles compatibles con una situación monopolística. EL TRABAJO DE COORDINACIÓN Y UNIDAD EN EL PROCESO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA COMO UN CONJUNTO Expuesta de manera muy breve la reflexión de Carchedi sobre este asunto parte de la síntesis hecha por Marx en el tomo II de El Capital sobre el proceso de circulación de dinero-capital. Ese esquema puede ser subdividido en tres fases. En la primera, el capitalista que dispone de dinero compra fuerza de trabajo y medios de producción, o sea, convierte su dinero en elementos de producción, aunque todavía no ha comenzado el proceso de producción. En la segunda, comienza el proceso de producción al final del cual se obtienen determinados bienes como productos cuyo valor es superior que el de los que entraron en la primera fase del proceso. En la tercera fase, el producto debe de ser vendido en el mercado y el producto es transformado en dinero. En esta tercera fase como en la primera fase, no existe producción propiamente hablando ya que no hay una transformación real de los elementos sino apenas una transformación formal. Con el surgimiento de la sociedad por acciones nos encontramos con que las fases 1 y 3 están ahora caracterizadas por un proceso en el cual encontramos: 1) aquellos que toman parte en el proceso de trabajo y aquellos que toman parte en el proceso de producción de plusvalía como un conjunto, 2) aquellos que solo controlan y de este modo solo toman parte en el proceso de producción de plusvalía y ejecutan solamente la función global del capital, y, 3) aquellos que ejecutan ambas funciones. Esto se ve con más claridad si separamos la empresa productiva de la comercial. Pongamos por ejemplo, un Banco. Allí nos encontramos con aquellos que venden un servicio y con aquellos que velan porque ese servicio sea cambiado por cierto valor, que se aseguran que es cambiado no solo por capital constante y variable sino también por cierta tasa de beneficio. O sea, que buscan que el trabajador esté suficientemente oprimido. Esto significa que ahora el trabajo de coordinación y unidad de este proceso
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de trabajo es realizado por una organización compleja técnica y burocrática como en la empresa productiva. Si volvemos de nuevo a la sociedad por acciones, vemos que el trabajo de coordinación y unidad es realizado en todas las fases del proceso de trabajo y que en todas estas fases hay agentes que al ejecutar colectivamente una parte del proceso del trabajo total, toman parte en el proceso de trabajo y en consecuencia ejecutan la función del trabajador colectivo, mientras que hay otros agentes que al ejecutar el trabajo de control y vigilancia en las tres fases del proceso, ejecutan la función global del capital. En consecuencia, el trabajo de coordinación y unidad puede ser realizado por el capitalista en las tres fases y no sólo en la fase dos. Esto es así debido a que las tres fases son partes técnicamente determinadas, segmentos del proceso de trabajo que son ejecutadas colectivamente. Este es el modo como el capitalista ejecuta la función del trabajador colectivo. Pero desde el momento en que él ejecuta esta función no solo en la segunda fase sino en todas, podemos concluir que aun en un proceso de producción capitalista puro, ejecutar la función del trabajador colectivo cuyo contenido técnico es el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo, es ejecutar trabajo productivo solo en la fase 2 del proceso de trabajo. Esta es la razón de por qué es equivocado asumir una necesaria identidad entre el trabajo de coordinación y unidad (función del trabajador colectivo) y el trabajo productivo. EL PROCESO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA CUANTITATIVAMENTE CONSIDERADO Vamos a considerar las fases 1 y 3. Cuando el capitalista individual compra los elementos del proceso de trabajo gasta trabajo concreto, participa en el proceso de trabajo en su totalidad. Pero cuando compra aquellos medios de producción y fuerza de trabajo (gasto de trabajo concreto), también compra valores de cambio, es decir, cierta cantidad de trabajo abstracto necesario para producirlos. Hemos visto que la compra de valores de uso está subordinada a la compra de valores de cambio. La cuestión que se plantea es: ¿participa el capitalista en el proceso de producción de plusvalía en su totalidad al comprar valores de cambio (ya que él participa en el proceso de trabajo en su totalidad al comprar valores de uso), o bien, es debido a que gasta trabajo abstracto (al gastar muchas horas en la compra de esa máquina)? El mismo problema se aplica también a la tercera fase. La respuesta es que es debido a ambos. Marx hace referencia a la amortización que se produce del capital constante. Pasemos a considerar la fase 2, la fase productiva. Dados los medios de producción y el trabajador, cuando este aplica su fuerza de trabajo a los medios de producción aplica tanto trabajo abstracto como trabajo concreto. Marx mostró que la aplicación de trabajo concreto es la transformación del valor de uso de los medios de producción en el valor de uso del producto. Cada momento del trabajo es al mismo tiempo transferencia de antiguo valor (a través de trabajo concreto) y la creación de nuevo valor (a través del trabajo abstracto). Este nuevo valor es el excedente del valor total del producto, sobre la proporción de su valor que es debida a los medios de producción. Esta es una reproducción real y
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no solo aparente, como es el caso del valor de los medios de producción. La sustitución de un valor por otro es realizada aquí por la creación de nuevo valor, mientras que en el caso de los medios de producción, esta sustitución es efectuada por la transferencia de viejo valor. La creación del sobre valor no es más que la creación de nuevo valor debido a que el trabajador ha creado (a través de trabajo abstracto) valor igual al valor de su fuerza de trabajo. En consecuencia, el proceso de producción capitalista que ha sido caracterizado por la unidad (en subordinación) del proceso de trabajo y del proceso de producción de plusvalía, puede también definirse si solo se considera el aspecto cuantitativo, como la unidad de lo que puede ser llamado proceso de transferencia de valor (que cualitativamente hablando es el proceso de trabajo) y el proceso de creación de valor propio. Veamos en el esquema siguiente el trabajo de coordinación y unidad en la producción capitalista vista como un todo (esquema 6): FIGURA 11 - ESQUEMA 6
Abreviaciones:
PPC = PT = Ppp = PTV + PPp
PPC: Proceso de producción capitalista PT: Proceso de trabajo
PPp: Proceso de producción de plusvalía PTV: Proceso de transferencia de valor (¹5) El signo más (+) en el esquema no indica adición sino unidad.
El proceso de transferencia de valor solo tiene lugar durante el proceso de trabajo pero no es lo mismo que el proceso de trabajo. El proceso de transferencia de valor se refiere al aspecto cuantitativo del proceso de producción, mientras que el proceso de trabajo se refiere a su aspecto cualitativo. Esta es una dimensión solo cuantitativa del análisis del proceso de producción capitalista, que es necesaria para explicar el por qué el valor de intercambio de las mercancías (o bienes) no es solo igual al nuevo valor creado por el trabajo sino también al valor transferido del uso de capital constante. Por este y otros elementos se puede señalar que el capitalista individual toma parte en el proceso de trabajo como un todo: 1) al ejecutar el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo en la fase 2, y 2) al realizar, a través de su trabajo concreto las fases 1 y 3. Por consiguiente, toma parte en el proceso de producción capitalista como un conjunto, cuantitativamente considerado, tanto en la fase 2 donde él realmente produce plusvalía (o sea, es un trabajador productivo), como en la fase 1 y en la 3, en la cual él es un trabajador improductivo. Mientras que el capitalista individual ejecuta en la fase 2 tanto la función del trabajador colectivo como la función del capital, en la fase 1 y 3 sólo ejecuta la función del trabajo. En estas dos fases improductivas no es un capitalista en el sentido que no ejecuta la función del capital. Dicho esto, el papel del capitalista, tanto como capitalista como en el papel de trabajador se entiende mucho mejor. Con el crecimiento de la empresa, y la mayor complejidad de su proceso de producción, las fases 1 y 3 se convierten en ramas separadas de una actividad colectiva, ya sea ramas separadas dentro de una gran empresa como ramas separadas de capital. Actualmente han pasado a ser colectivas las tareas del capitalista individual como
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trabajador. Gastando tanto trabajo concreto como abstracto toma parte en el proceso de trabajo pero también en el proceso de producción de sobre trabajo o plus trabajo. La diferencia estriba en que esta parte del proceso de trabajo (y en consecuencia del proceso de producción de plusvalía como un conjunto), es ejecutado no individualmente sino de manera colectiva. También tenemos que tanto el capitalista individual como el capitalista global realizan el trabajo de control y vigilancia. Se debe tener presente, además, que en el caso de que el trabajo de control y vigilancia sea ejecutado por el capitalista global, hay un número de agentes cuya función es tanto la función del trabajador colectivo como la función global del capital. El capitalista como trabajador toma parte en el proceso de trabajo solo al ejecutar el trabajo de coordinación y unidad del proceso de trabajo en las tres fases. Lo que solía ser su función como trabajador en las fases 1 y 3 fue tomado por el trabajador colectivo. El capitalista como capitalista toma parte en el proceso de producción capitalista también en todas las fases, porque ahora el trabajo de control y vigilancia se ha convertido en necesario en todas estas fases. Cuando las fases 1 y 3 son realizadas por el trabajador colectivo, el capitalista termina su participación en el proceso de trabajo (con la excepción del trabajo de coordinación y unidad), y comienza a ejecutar la función que le es más propia: el trabajo de control y vigilancia. Ahora, el trabajador improductivo de las fases 1 y 3 debe de dar sobre trabajo o plus trabajo y es el capitalista como capitalista el que tiene como función el vigilar que sea así. LA FUNCIÓN GLOBAL DEL CAPITAL Y LA FUNCIÓN DEL TRABAJADOR COLECTIVO: DEFINICIONES FINALES El capitalista como capitalista ejecuta la función conectada con la explotación u opresión de los trabajadores. Los trabajadores son los agentes que, al participar en el proceso de trabajo, participan también en el proceso de producción de plusvalía. El capitalista, por el contrario, participa solo en el proceso de producción de plusvalía: sin él el proceso de trabajo tendría lugar pero no así el proceso de producción de plusvalía. Carchedi reformula de manera más concisa la definición de la función del trabajador colectivo de la manera siguiente: “Ejecutar la función del trabajador colectivo significa tomar parte en el proceso de producción capitalista como un conjunto desde el punto de vista del proceso de trabajo y en consecuencia del proceso de producción de sobre trabajo. Ejecutar la función global del capital significa tomar parte en el proceso de producción capitalista como un conjunto exclusivamente desde el punto de vista del proceso de producción de sobre trabajo”.(¹6)
Las tres fases en que se subdividió el proceso de producción capitalista no son las únicas en que podría dividirse desde el punto de vista técnico este proceso. Cada una de estas tres fases podrían ser subdivididas e incluso podría haber fases que no perteneciesen a ninguna de las mencionadas.
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DEFINICIÓN ECONÓMICA E IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DE LAS CLASES Era necesario, según Carchedi, discutir con amplitud la “función del trabajador colectivo” y la “función global del capital”, ya que estos dos conceptos juegan un papel importante en la definición de las clases. La definición económica de las clases puede y debe de variar de acuerdo con el nivel de abstracción que empleemos. Esto es lo que llama Carchedi, la sobredeterminación indirecta del concepto de clases. Si descendemos del nivel de la estructura económica capitalista pura al nivel del sistema socio-económico, hay al menos dos puntualizaciones que deben hacerse. Primero, consideremos ahora no sólo la instancia económica sino también la instancia política y la ideológica. En consecuencia se introduce la superestructura y la lucha de clases en los tres niveles y las complejas relaciones entre, por un lado, la estructura económica y la superestructura, y la lucha de clases, por otro lado. Esto significa que se hacen presentes los cambios que la superestructura y la lucha de clases introducen en la estructura económica y, por tanto, en la definición económica de una clase. Para enfatizar el hecho de que operamos con un nivel diferente de abstracción en el cual una definición económica de las clases no es suficiente, nos vamos a referir a las clases principales, no como clase trabajadora y capitalista, sino como proletariado y burguesía. Segundo punto, este tiene que ver con el hecho que nosotros introducimos una tercera clase primaria, la pequeña burguesía, la cual está económicamente identificada como la clase media. Pero trataremos de la identificación económica de la pequeña burguesía posteriormente. LA IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DEL PROLETARIADO Y DE LA BURGUESÍA Carchedi propone una periodización del desarrollo capitalista en tres etapas: 1.
El capitalismo privado, caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital,
2.
capitalismo privado caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital, y,
3.
la del capitalismo monopolista. Lo hace así parar limitar la extensión de la exposición ceñida a los propósitos de su trabajo sobre las clases y a sabiendas de que estas etapas pueden coincidir en un momento dado en una misma sociedad, es decir, puede haber una coexistencia de ambas, subordinación formal y real del trabajo al capital.
Durante la primera etapa el proletariado es identificado con todos aquellos agentes que son económicamente explotados u oprimidos, que no poseen medios de producción,
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que son trabajadores en unidades de producción en las cuales la división técnica del trabajo no se aplica todavía. En cuanto a cómo adquieren sus medios de vida, está formado por aquellos cuyo salario está determinado por el valor de su fuerza de trabajo, que es pagado por los capitalistas, y que han sido pagados con parte del valor que ellos mismos han producido (sector productivo del proletariado), o son pagados con parte del valor producido en cualquier parte y en la distribución del cual el capitalista participa, gracias a la expropiación de su sobre trabajo (si consideramos al sector improductivo del proletariado). La burguesía bajo las mismas condiciones es exactamente lo opuesto al proletariado. Está identificada económicamente como todos aquellos que: 1.
Son económicamente explotadores u opresores,
2.
Poseen los medios de producción (la distinción entre legal o real es ahora irrelevante),
3.
Son individualmente no-trabajadores (ejecutan la función del capital), y,
4.
Sus ingresos proceden de la plusvalía, bien producida en sus propias empresas o adquirida por su participación en la distribución de la plusvalía producida en cualquier parte.
Si nos referimos a la segunda fase del capitalismo en cuya producción el trabajo tiene una subordinación real al capital, no se observan cambios en lo que a la burguesía se trata pero si hay que tomar nota de ciertos cambios en lo que respecta a la clase trabajadora. Los elementos de explotación, propiedad de los medios de producción y distribución social del producto no cambian, el cambio se produce en el tercer elemento (el lugar en la división social del trabajo). La clase trabajadora ahora no se constituye por una agregación de trabajadores individualmente considerados como productores sino por la fuerza de trabajo colectiva, esto es, por todos aquellos que ejecutan la función del trabajador colectivo. Así pues, la definición del proletariado o clase trabajadora sería la siguiente: todos aquellos que no poseen los medios de producción, que llevan a cabo la función del trabajador colectivo, y que son o explotados u oprimidos y quienes, consecuentemente, a) son pagados con un salario que está determinado por el valor de su fuerza de trabajo, b) reciben este pago del capitalista, y, c) son pagados con parte del valor que ellos mismos han producido o son pagados por parte de la plusvalía producida en cualquier otro lugar. En el tercer estadio del capitalismo, el capitalismo monopolista, es la burguesía la que requiere que se introduzcan ciertos cambios en su identificación económica como clase. Los elementos relacionados con la explotación y la distribución no cambian, pero en esta fase, no es necesario ser el propietario legal de los medios de producción, tener el control real de dichos medios es suficiente. La función del capital es llevada a cabo ahora por aquellos que tienen la propiedad real y no la propiedad legal. Hay una separación entre el capital como función y el capital como propiedad legal.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: G. CARCHEDI
La función del capital es ejecutada no por los capitalistas individuales sino de manera global, por una estructura organizada, jerarquizada y burocrática, que cumple la función global del capital. Así pues, la burguesía en el modo de producción de capitalismo monopolista es definida como aquellos que: 1) Explotan u oprimen económicamente, 2) tienen la real propiedad económica de los medios de producción, 3) son no-trabajadores en el sentido que ellos ejecutan la función global del capital, y, 4) derivan sus ingresos de la plusvalía, cuyo montante depende de la extensión de la producción de la plusvalía, sea ésta bien producida o apropiada por haber sido producida en cualquier lugar. En la siguiente figura(¹7) se hace una exposición que resume lo expuesto sobre la identificación económica de la burguesía y el proletariado. ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LOS GERENTES (MANAGERS) Cuando se trata de la fase del capitalismo monopolista la identificación de la burguesía se refiere más a los gerentes que a los capitalistas rentistas. Esto es así porque al nivel del sistema socioeconómico, los primeros más que los últimos son los que personifican al capital real. Lo cual no debe entenderse como que los managers están totalmente independizados de los que tienen legalmente la propiedad de los medios de producción. Si bien es cierto que el pequeño y a veces el mediano poseedor de acciones, carece de poder en las empresas, no se puede decir lo mismo de los grandes poseedores de las acciones. Los que están en las cimas de las estructuras suelen también poseer un control real en las sociedades por acciones e incluso desempeñan algunas funciones gerenciales en algunas de ellas (participando en los consejos de administración, por ejemplo). En breve, la propiedad legal de los medios de producción y el control real económico no están tan absolutamente separados como puede parecer a nivel abstracto cuando se estudian las sociedades concreta, sino que están más bien combinadas. No obstante, como señala Carchedi, si se quiere comprender el lugar real que ocupa en la estructura social el gerente debemos tomar nota de ese cambio sustancial que ocurre en el capitalismo monopolista desde los tiempos del capitalismo privado. Así pues, a este nivel el gerente más que el capitalista rentista, es la figura central, es el capital personificado. Lo cual no implica que reemplace al capitalista como clase. Los gerentes (los managers) son solamente una parte de la clase capitalista, la parte más representativa desde el punto de vista de las relaciones de producción típicas en el capitalismo monopolista. Sin considerar los criterios políticos e ideológicos, al nivel de las relaciones de producción, no solo es posible sino incluso es necesario, clasificar a los managers como miembros de la burguesía.(¹8) Carchedi critica la posición de Ernest Mandel, que también los clasifica dentro de la burguesía apelando sobre todo a motivaciones políticas, ideológicas y también económicas, pero aunque esas observaciones sean ciertas “la cuestión decisiva” estriba en lo económico: “El punto decisivo es que los gerentes (managers) tienen la propiedad real de los medios de producción y además forman parte del complejo burocrático-jerárquico que ejecuta la función global del capital y consecuentemente explota y económicamente oprime al proletariado”. (¹9)
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz TABLA 6 - IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DE LA BURGUESÍA Y EL PROLETARIADO SOBRE LA BASE DE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN BURGUESÍA Modo de producción (M.P.) de capitalismo privado caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital
PROLETARIADO
M.P. de capitalismo privado caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital
M.P. de capitalismo monopolista
No Propiedad medios producción Propiedad legal formal
X
X
Propiedad real, económica
X
X
M.P. de capitalismo privado caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital
M.P.de capitalismo privado caracterizado por la subordinación real del trabajo al capital
M.P. de capitalismo monopolista
X
X
X
X
X
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X
X
X
X
X
Trabajador individual
X
Trabajador colectivo (función del trabajador colectivo) Capitalista individual (función del capital)
X
X
Capitalista Global (función global del capital)
X
Explotado Explotado
X
X
X
Productor No productor
X
X
X
LA NATURALEZA DE LA NUEVA CLASE MEDIA En la figura en la que se ven las características que definen a la clase trabajadora y a la burguesía de más arriba está muy claro que, sea a un nivel más abstracto o “puro”, o a un nivel socio-económico más concreto, los elementos definitorios de esas dos clase no varían a nivel de las relaciones de producción, aunque sean opuestos: Proletariado (explotado u oprimido/ no propietario de los medios de producción/ el trabajador o productor. Y la burguesía es lo opuesto. La figura muestra con total claridad que no importa a qué estadio del capitalismo uno se refiera, “bajo el capitalismo la burguesía siempre tiene la propiedad de los medios de producción (legal o real), es no trabajador (ya que desempeña la función del capital sea individual o global), es no-productor, y de este modo, es el explotador”. (²0)
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Sin embargo, como ya se ha visto al nivel del sistema socio-económico, el capitalista del capitalismo privado fue analizado como desempeñando ambas, la función del capital y la función del trabajador colectivo (por ejemplo, la función de coordinación y unidad del proceso de trabajo). Por tanto, al nivel de las relaciones de producción este capitalista presenta aspectos de ambas clases en el sentido de que: 1, es dueño (de ambos, legal y económicamente) de los medios de producción, 2, desempeña las funciones tanto del capital como del trabajador colectivo, 3, es tanto un trabajador (productivo o improductivo, dependiendo de su esfera de actividad), como un no-trabajador, y 4, tiene elementos de ambos el explotador (u opresor) y del explotado (u oprimido), si bien el capitalista es solo el explotador o el opresor. Esta clase en términos de relaciones de producción puede ser llamada la “vieja clase media”, para distinguirla de la nueva clase media que emerge solo con el advenimiento del capitalismo monopolista, perteneciendo exclusivamente a la clase capitalista solo en cuanto que es propietaria. Respecto a los otros tres elementos esta clase es espuria porque es una mezcla de los elementos que caracterizan a las dos clases primarias en su estado puro: la clase trabajadora y la clase capitalista o el proletariado y la burguesía. ¿Significa esto que cada aspecto de esta doble naturaleza tiene igual peso? Obviamente no. Los elementos que desempeñan la función del capital, esto es, de ser el notrabajador y el opresor (o el explotador) son dominantes en relación a los elementos opuestos. Y esto es así porque este capitalista tiene no solo la propiedad legal de los medios de producción (lo que le da derecho para apropiarse de toda la plusvalía producida en su factoría), sino que tiene la propiedad real, la propiedad económica, lo que le confiere el papel del capital personificado. Por tanto, aunque se haya dicho por Carchedi que desempeña ambas, la función del capital y la función del trabajador colectivo, el papel fundamental dentro de las relaciones de producción revierte al elemento de la propiedad y no al elemento funcional. Estas explicaciones le parecen a nuestro autor imprescindibles para comprender la naturaleza de la nueva clase media, que debe su surgimiento al capitalismo monopolista. Ya que en esta fase del capitalismo hay una separación entre la propiedad legal y la económica de los medios de producción, haciendo posible que la función global del capital no esté concentrada en la clase capitalista sino que se hace más difusa y se expanda a aquellos que no tienen ni la propiedad legal ni la propiedad real de los medios de producción. La función del capital es ahora una función global ejecutada no sólo por la clase capitalista sino también por otra clase cuyas características son: 1, que no tienen ni la propiedad legal ni la económica de los medios de producción, 2, ejecutan tanto la función global del capital y la función del trabajador colectivo, 3, es tanto trabajador (productivo o improductivo) y no-trabajador, y, 4, es ambas cosas, explotador (u opresor) y explotado (u oprimido). Esta es la clase a la que Carchedi denomina la nueva clase media. Los rasgos que distinguen a la vieja de la nueva clase media son tres: Primero, la vieja clase media pertenece a la clase capitalista (es la propietaria legal y real), mientras que la nueva clase media no. Segundo, la vieja clase media desempeña la función del capital individual. Es un
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capitalista individual a lo más ayudado por un pequeño número de empleados, y es el agente a través del cual el capital puede realizar su naturaleza expansiva. Mientras que la nueva clase media, ejecuta su función colectivamente en el doble sentido de que esta función a), es llevada a cabo por ambos, el capitalista y por la nueva clase media, y, b) la función es llevada a cabo por un por alto número de agentes. En tercer lugar, y esto es de fundamental importancia, mientras en la vieja clase media la función del capital/explotador (u opresor)/no-trabajador, son elementos siempre dominantes, en la nueva clase media esto no es ya así, porque ellos no son los reales propietarios de los medios de producción. Una de las características de esta clase es que la función global del capital y la función del trabajador colectivo (la cual ya no está restringida al desempeño de la función de coordinación y unidad del proceso de trabajo), están ahora combinadas en un variado balance. Ahora bien, nos encontramos que hay secciones de la nueva clase media en la cual la función del trabajador colectivo es más importante que la función global del capital. Lo cual es posible porque esta clase, a diferencia de la vieja clase media, no está compuesta por propietarios reales de los medios de producción aunque lleve a cabo parte de las funciones del capital. Este hecho, que la nueva clase media desempeñe la función global del capital aunque no tenga la propiedad de los medios de los producción, y que ejecute esta función en conjunción con la del trabajador colectivo, es el punto básico para comprender la naturaleza de esta clase. La falta de comprensión de esto ha causado mucha confusión sobre la naturaleza de esta clase, y también ha sido uno de los mayores obstáculos para entender su proceso de proletarización. (Subrayado nuestro, CJBE).(²¹) LOS INGRESOS DE LA NUEVA CLASE MEDIA Un rasgo de la identificación económica del proletariado es el del trabajador (individual o colectivo) que obtiene su ingreso (salario), el cual está tendencialmente determinado por el valor de su fuerza de trabajo. Mientras el trabajador ejecute solo la función del trabajador colectivo y no pertenezca a la aristocracia obrera, las diferencias de salario reflejaran sololos diversos grados de especialidad y por ende los diversos niveles del valor de la fuerza de trabajo. Bajo el modo de producción de capitalismo privado, el trabajador tiene un salario equivalente al valor de su fuerza de trabajo. El capitalista, por otro lado, vive de la plusvalía. Los ingresos del capitalista dependen de la parte de la plusvalía que éste no reinvierta (o consuma productivamente) en el proceso de producción. Los ingresos de los que llevan a cabo la función global del capital se le pueden llamar rentas, bien sean éstas plusvalía producida directamente en unas ramas o en otras y que luego son subsecuentemente redistribuidas entre los que mantienen (o ayudan a mantener) el sistema económico de explotación y opresión, es decir, entre quienes son los canales a través del cual el capital puede cumplir su función de producir plusvalía. Así pues, la renta es el ingreso de aquellos que llevan a cabo la función de control y vigilancia. Marx en el Tomo I de El Capital(²²) emplea el término renta para indicar la parte de la plusvalía que es consumida improductivamente por el capitalista. Salarios son la parte del producto social que va al trabajo productivo, la parte que permite reconstituir la fuerza de
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trabajo del trabajador productivo. Pero el trabajador productivo no es lo mismo que la clase trabajadora. Por tanto, los salarios son parte del producto social que es usado para la reconstitución de la fuerza de trabajo de la clase trabajadora, tanto la productiva como la improductiva, es decir, de los que llevan a cabo la función del trabajador colectivo. Por tanto, el trabajador productivo como el improductivo es pagado con plusvalía. Respecto al trabajo de supervisión y gerencia del capitalista bajo el modo de producción de capitalismo privado el mismo se hace tanto por la función del trabajador colectivo como por la función del capital, su ingreso está compuesto no solo de renta (conectada con la función de control y vigilancia) sino también de salarios (conectada con el trabajo de coordinación y unidad). Por tanto, los salarios de supervisión y gerencia son iguales a renta más salario. Bajo el capitalismo monopolista hay un complejo número de agentes que llevan a cabo tanto las funciones del trabajador colectivo como la función global del capital. Los agentes que llevan a cabo ambas funciones tienen su salario determinado por el valor de su propia fuerza de trabajo en tanto desempeña las funciones del trabajador colectivo. Mientras mayor sea en sus ingresos el componente salarial respecto al de la renta esto significa que predomina en sus funciones o trabajo el elemento trabajador colectivo. Y al contrario, mientras ejecuta predominantemente la función global del capital el componente de renta de sus ingresos será mayor, ya que participará de una parte mayor de la redistribución de la plusvalía (ya que la recibe no tanto en cuanto a trabajador sino en cuanto a ser un no-trabajador). En otras palabras el nivel de los salarios es debido no solo a los diversos niveles del valor de la fuerza de trabajo, no solo a la fortaleza de los sindicatos, no solo a razones políticas e ideológicas, sino al hecho de que esos `salarios´ son una mezcla de rentas y salario, y por tanto, como señala Carchedi: “La diferencia entre el componente salarial y el componente renta es que el primero tiende a acercarse al nivel de mínimo de subsistencia mientras el último no está relacionado con ese mínimo”. (²³)
De lo cual se puede concluir que, en general, mientras mayor es el ingreso mayor es el desempeño de la función global del capital, y mientras más se acerca el ingreso al mínimo de subsistencia o de reproducción individual o familiar, es porque desempeña una función del trabajador colectivo. Naturalmente, esto no implica que no existan otros criterios en la determinación de los ingresos o salarios, por ejemplo, cuando a igualdad de preparación y de trabajo se pagan salarios diferentes con el fin de tratar de crear conflictos o competencia entre los trabajadores, o crear una mayor afinidad con los intereses del capital entre algunos trabajadores. Esto visto a nivel micro económico. A un nivel general, se trataría de la aristocracia obrera, ese estrato de la clase trabajadora que debe su posición privilegiada, al igual que la nueva clase media, al desarrollo del capitalismo monopolista. Estas dos categorías deben su existencia, como se ha dicho, al capitalismo monopolista pero más precisamente a la división social del trabajo que este requiere, y esto incluye la división internacional del trabajo bajo el imperialismo (y los super beneficios que obtienen los monopolios a nivel global).
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Cuando se habla de la “aristocracia obrera” se hace referencia a la clase trabajadora no a la nueva clase media. El concepto de aristocracia obrera se refiere solo a aquellos que a pesar de formar parte de la clase trabajadora, de no tener propiedad de los medios de producción, de ser explotados (u oprimidos), y de ejecutar la función del trabajador colectivo, desarrollan un marcado interés en el mantenimiento de este modo de producción, porque entienden que les beneficia. Los que desempeñan la función del capital global está claro que también se benefician, pero al contrario de la aristocracia obrera, siendo no-trabajadores, no formando parte de la clase trabajadora, tienen en su “naturaleza objetiva” un fuerte interés en el mantenimiento del modo de producción existente. Ellos son de hecho una `aristocracia´ respecto a la clase obrera. Dicho de manera más directa, y siempre al nivel económico: “La aristocracia obrera pertenece a la pequeña burguesía sólo al nivel de las relaciones de distribución, mientras que la nueva clase media pertenece a la pequeña burguesía también al nivel de las relaciones de producción”. (²4)
Se puede resumir lo expuesto sobre la aristocracia trabajadora señalando, que aunque pertenecen a la clase trabajadora, desarrollan un interés en el mantenimiento del modo de producción capitalista y por ende no pertenecen al proletariado (en el sentido político ideológico). Lo que viene a significar: •
Que en el nivel económico, ellos reciben una paga de niveles salariales más altos que lo que les corresponde por el valor de su fuerza de trabajo. Ya que esos estratos son escogidos por razones políticas e ideológicas, de lo que debe concluirse que bajo el modo de producción de capitalismo monopolista, los salarios son determinados también por consideraciones políticas e ideológicas.
•
Al nivel político, las prácticas de clase de la aristocracia trabajadora o obrera, no son las del proletariado (no se adhieren al partido de su clase, no tienen interés en luchar contra el capitalismo, etc.). Al nivel ideológico, estos estratos no desarrollan una conciencia de clase proletaria. ELEMENTOS PARA UNA TEORÍA DE LA PROLETARIZACIÓN DE LA NUEVA CLASE MEDIA
Carchedi ha tratado de mostrar que no existe una correspondencia automática entre la identificación económica y la definición de las clases, debido a que las clases deben ser definidas en términos económicos, políticos e ideológicos. Se ha visto, como ejemplo, de no correspondencia entre la identificación económica la definición del proletariado y a la aristocracia obrera. Este estrato en lo económico, pertenece al proletariado en lo que respecta a las relaciones de producción, mientras pertenece a la pequeña burguesía en cuanto a las relaciones de distribución, políticas e ideológicas. Esto significa que una transición de una parte del proletariado a la pequeña burguesía (la aristocracia obrera), no comporta cambios al nivel de las relaciones de producción. La situación es diferente cuando se examina, como se hará a continuación,
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el proceso inverso, el paso de ciertos estratos de la pequeña burguesía al proletariado, es decir, la proletarización de la pequeña burguesía. Carchedi, en primer lugar, trata de no caer en una mera descripción del fenómeno de la proletarización de la pequeña burguesía en términos de deterioro de sus condiciones de trabajo, de pérdida de su autonomía laboral, de descenso en la jerarquía laboral, de disminución en la percepción de ingresos, de pérdida de importancia de su cualificación profesional, de disminución en sus niveles de bienestar y aproximación a la mera subsistencia y de aumento del desempleo. Aunque todo esto se produce es insuficiente para captar la raíz del fenómeno de la proletarización y hay, además, que distinguir la proletarización de la vieja y de la nueva pequeña burguesía o “clase media”, ya que este último fenómeno es aún más complejo. La proletarización de la vieja clase media no tiene muchas dificultades conceptuales para explicarse, en breve se trata del proceso de expropiación de los productores de sus medios de producción con lo cual pasan a convertirse en vendedores de su fuerza de trabajo, y por ende, pasan de ser propietarios a ser trabajadores. Por tanto, lo importante es aclarar cuál es la esencia de la proletarización de la nueva clase media. Para lo cual hay que partir de que la naturaleza de los procesos socio-económicos suelen ser muy complejos, que no se reducen a una suerte de causaefecto, sino, que es el resultado de una interacción entre una tendencia básica y un número de contra tendencias que tratan de imponerse o influenciar en el mismo proceso, en un desarrollo contradictorio. Así pues, lo esencial de la proletarización de la nueva clase media es el proceso de devaluación de la fuerza de trabajo de una cualificada a una fuerza de trabajo promedio. Lo cual es explicado por Marx en el Tomo II de El Capital. (²5) La nueva clase media, es decir, aquellos que desempeñan ambas, la función del trabajador colectivo y la función global del capital, los que son identificados como clase media más que como proletarios, al nivel de las relaciones de producción, y su proceso de proletarización es lo que requiere una explicación. Esta cuestión se ha visto ofuscada no por la incomprensión sobre la naturaleza de clase de éstos sino por la introducción (reciente, recordémoslo, en los años 70 del siglo pasado), de los ordenadores y posteriormente de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y la de las organización en redes. Como explica Carchedi, la introducción de los ordenadores en las empresas es otra manera en la cual la empresa capitalista racionaliza su actividad, lo cual les permite disminuir los costes de producción y, tener una competitividad más pronunciada. La informatización produce un cambio en la división técnica y trae profundos cambios en la división social del trabajo. Nuevos estratos de trabajadores, nuevas funciones, que al principio requieren alta formación o especialidad (profesionales técnicos). Al mismo tiempo otras funciones de la empresa se ven degradadas y las nuevas funciones correrán esa misma suerte, con algunas excepciones, siguiendo un proceso de descualificación. Lo que lleva a una estratificación de los empleados y técnicos en dos estratos, el estrato alto se hace más reducido. También se da una tendencia a desaparecer respecto a los que desempeñan ambas funciones, las del trabajador colectivo y la función global del capital. El proceso de devaluación de la fuerza de trabajo concierne a esos agentes
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también, aunque adopta una nueva dimensión. La necesidad de acumulación de capital tiende a degradar esas funciones rebajando el valor de la fuerza de trabajo de aquellos que las desempeñan. Lo que se traduce en que el mismo trabajo puede ser llevado a cabo con menos formación, entrenamiento o cualificación profesional. Pongamos por ejemplo, una empresa en que se requería un grupo dirigido por un químico para llevar a cabo el proceso de evaluación de la producción de productos químicos. Una vez que se introduce el proceso de automatización del mismo a través de programas informáticos, ya no es necesario tener un equipo de especialistas, basta con tener un equipo mucho más reducido y muchas veces de menor cualificación, educación y experiencia para desempeñar las mismas tareas de evaluación de los productos químicos. Lo mismo ocurre en una empresa de producción de productos militares, donde se requería el trabajo de siete técnicos con un alto grado de especialidad y catorce trabajadores semi-calificados, cuando se introduce un sistema automático de evaluación sólo se necesita a un trabajador sin una gran formación profesional para manejar el nuevo equipo automátizado. (²6) Otro ejemplo de cómo la introducción de la informatización genera, a la vez, una mayor productividad del trabajo, a través de: a) una reducción cuantitativa de la fuerza de trabajo y, b) de una devaluación de la fuerza de trabajo empleada, se encuentra en lo que ocurrió en el sector administrativo de la industria FIAT desde 1960. (²7) A todos estos ejemplos hay que agregar algo que en el momento en que escribió su libro Carchedi no ocurría, o al menos, no masivamente. Con la crisis financiera de 20072008 y la recesión que la siguió en EE.UU. y sobre todo en Europa, se da el caso que los capitalistas disponen cada vez más de una fuerza de trabajo universitaria muy capacitada educacionalmente, que por las altas tasas de desempleo, se ve constreñida a aceptar trabajos por debajo de su nivel de capacitación, con salarios de simple subsistencia, o trabajos que corresponden a sus niveles de formación pero que por el paro masivo, son retribuidos muy por debajo del valor de su fuerza de trabajo, acercándose al nivel de subsistencia culturalmente determinado según el país de que se trate. De manera, que ahora el capitalista dispone de fuerza de trabajo muy capacitada que es pagada muy por debajo del valor de su fuerza de trabajo, con lo cual obtiene un incremento notable de la plusvalía (sea esta obtenida directamente o indirectamente, es decir, a través de la explotación o de la opresión de esta masa laboral). El proceso de devaluación de la fuerza de trabajo conlleva una devaluación de la nueva clase media. Esta clase está sujeta a un ataque en un frente doble. Como agentes que ejecutan la función del trabajador colectivo ven como se reduce su componente de salario. Como agentes que desempeñan la función global del capital hay una reducción de la parte concerniente al componente de sus ingresos que perciben como rentas. Así pues, la tendencia a la reducción de los ingresos de la nueva clase media, o a parte de la misma, como los técnicos y empleados, es resultado de este doble movimiento. El capital logra esto mediante: 1) una reducción del valor de la fuerza de trabajo empleada, y, 2) incrementando el tiempo durante el cual esta fuerza de trabajo proporciona sobre-trabajo. Con estos elementos se puede entender el proceso de proletarización de la nueva clase media. De manera que se puede, señalar que la proletarización es el límite del proceso de devaluación de la fuerza de trabajo de la nueva clase media, mediante la reducción de esta fuerza de trabajo a un nivel de baja cualificación, unido con la eliminación de su desempeño en la
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función global del capital. Ahora bien, hay que diferenciar entre devaluación de la fuerza de trabajo y proletarización, siendo lo último el limite más bajo de lo primero. Por último, es necesario dejar muy claro –señala Carchedi–, que no debe confundirse proletarización con “convertirse en un proletario”. La proletarización se refiere únicamente a la esfera económica, la cual no basta para clasificar grupos o estratos dentro de una u otra clase. Cuando el proceso de proletarización se haya completado tendremos solamente las condiciones objetivas para que un cierto estrato forme parte del proletariado. Hay, sin embargo, condiciones políticas e ideológicas que deben ser realizadas antes que tal grupo pueda formar parte del proletariado. LA IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DE LOS EMPLEADOS DEL ESTADO Hasta este apartado se ha tratado de presentar de la manera más fiel y textual posible la teoría de Carchedi sobre la identificación económica de las clases sociales bajo el capitalismo, y específicamente, en el capitalismo monopolista, y la identificación económica de la llamada “nueva clase media”. Esa teoría es empleada ahora para aplicarla a la clasificación de clase de los empleados del Estado, para lo cual, y de la manera más sintética posible, se hará una distinción entre las actividades capitalistas y no-capitalistas y los agentes que las desempeñan. A continuación se expondrá el análisis de la naturaleza particular de las actividades no-capitalistas del Estado. Y por último, se verán cuales son las implicaciones políticas de la teoría de las clases de Carchedi. ACTIVIDADES CAPITALISTAS (ACE) Y NO-CAPITALISTAS DEL ESTADO (ANCE) Las clases son definidas en términos de relaciones de producción y de distribución, las que son, a su vez, definidas a su vez en términos de la naturaleza del proceso de producción. Sobre esta base se ha podido definir a tres clases: la clase obrera o trabajadora, la clase media y la clase capitalista, haciendo referencia a los agentes que están comprometidos en el proceso de producción capitalista (sea éste productivo o improductivo). Vamos a ver esto en relación con el Estado, con las empresas públicas y las actividades del Estado para tratar de colocar a los empleados estatales dentro de la estructura de clases. Las empresas estatales serán divididas por Carchedi, en capitalistas y no-capitalistas. Hay actividades estatales capitalistas y no-capitalistas, que a partir de ahora se denominarán respectivamente como ACE y ANCE. Para clasificar a los agentes estatales debe verse quienes participan como agentes de producción en actividades capitalistas o no-capitalistas en el proceso de producción. Un ejemplo de una actividad ANCE, es la de un hospital público o estatal. El médico tiene dos de los requerimientos para formar parte de la clase trabajadora (relaciones de distribución aparte): a) No es propietario de medios de producción, y, b) es parte del trabajador colectivo, el cual en un hospital público lleva a cabo el proceso de trabajo proporcionando servicios de salud. Sin embargo, este médico (a diferencia del médico que trabaja en una clínica privada), no está contratado por el capital, no participa en un puro proceso de producción capitalista y por ende no puede ser un productor/explotado. Si bien él y más aún la enfermera, tienen una relación capitalista
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con el empleador. Veremos luego por qué, y cuál es la naturaleza de esta relación. Si nos situamos al nivel de la sociedad concreta (donde coexisten varios sistemas económicos y sus relaciones con uno dominante, que es el capitalista), el médico a que nos referimos, como ejemplo, está trabajando en un proceso de producción que no es capitalista, proporciona junto a otros miembros del trabajador colectivo, servicios, pero no es un empleado del capital (sea productivo o no). Las actividades del Estado se pueden dividir teniendo como criterio las ACE y las ANCE en: 1) aquellas que gastan dinero con el fin de incrementarlo, ACE y, 2) aquellas actividades que gastan el dinero destinadas a ellas básicamente, en orden de satisfacer necesidades, ANCE. Carchedi parte del supuesto que para él no hay diferencia entre las ACE, y las empresas de propiedad privada. Si se toma como referencia una Acería o Altos Hornos del Estado, esta no es propiedad de un capitalista individual pero tampoco es una empresa por acciones, que pertenezca a los accionistas. En la empresa estatal la propiedad legal pertenece al conjunto de la burguesía, más que a una parte limitada de esta, y las rentas de la misma van al Estado, o sea, a la burguesía como una totalidad. En lo que concierne a la propiedad real la misma pertenece a los managers (gerentes), tanto en las sociedades por acciones o anónimas, como en las de propiedad estatal. En ambas es el gerente (manager) quien es el no-trabajador/explotador/no-productor/ y real propietario. En ambas empresas el gerente, como capital personificado, está opuesto al trabajador/explotado/no-propietario/productor. En términos de relaciones de producción no hay diferencias entre esos dos tipos de empresas: las empresas privadas y las estatales. Esto es así porque ambas actúan acordes con las leyes de la competencia y la acumulación capitalista, ambas producen bienes en orden a obtener plusvalías más que valores de uso, ambas reinvierten la plusvalía producida de acuerdo con criterios de beneficio más que buscando satisfacer las necesidades de los consumidores, en suma, ambas utilizan el dinero con el fin de incrementarlo. Como afirma Marx, el dinero es capital solo si es utilizado o gastado en orden a incrementarlo. Las empresas capitalistas privadas o las empresas capitalistas estatales son esencialmente similares, por lo que se puede definir a las Actividades Capitalistas del Estado (ACE) como las empresas de propiedad estatal cuyo proceso de producción es de y para producir plusvalía. Hay que referirse ahora al proceso capitalista improductivo. Ambos el productivo y el improductivo producen para obtener beneficio, ya que adelantan dinero en orden de incrementarlo. Aunque el improductivo es proceso capitalista para obtener plusvalía aunque no haga producción de plusvalía. Lo mismo puede decirse para las empresas estatales que actúan en una esfera de la economía no-productiva (por ejemplo, financiera). Si volvemos al ejemplo de una clínica privada y de un hospital público. El primero es una empresa capitalista productiva, ya que proporciona valores de uso (servicios de salud) solo como un medio de producir plusvalía. El hospital público se dedica a satisfacer las necesidades de servicios sanitarios y expande sus servicios (en teoría, es decir, si recibe del Estado medios para ello), en función del crecimiento de los pacientes que demandan sus servicios. Mientras que el hospital privado expande o no expande su actividad dependiendo si ello les produce o no beneficios. Por tanto, el hospital público no es productor de plusvalía y no produce para obtener plusvalía. Pues bien, es a este tipo de actividad que Carchedi define Actividad No Capitalista del Estado (ANCE).(²8)
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ACTIVIDADES NO CAPITALISTAS DEL ESTADO (ANCE) Y EMPLEADOS DEL ESTADO Después de haber visto los criterios por los cuales unas actividades del Estado son capitalistas y otras no lo son, se pasa a analizar las ANCE, al nivel de las sociedades concretas lo que implica que en ellas coexisten: 1) un proceso de producción precapitalista, esto es, los artesanos medievales que sobreviven en un medio capitalista; 2) un proceso de producción capitalista improductivo, por ejemplo, las empresas comerciales, y, 3) el proceso de producción que se da en las ANCE. En el primero no hay explotación ni opresión. En el segundo hay opresión económica más que explotación (se le apropia el sobre trabajo como medio para la apropiación de la plusvalía producida en la esfera productiva de la economía, ya que en la esfera improductiva no se produce plusvalía). En las ANCE, al contrario que en las empresas improductivas, se gasta el dinero no en orden de incrementarlo, de obtener un beneficio económico, sino para satisfacer necesidades, el objetivo de su producción digamos no es el intercambio de valor sino el valor de uso. El énfasis es en el valor de uso no en el valor de cambio. Desde el punto de vista de las relaciones de producción, el empleado de una ANCE toma parte en el proceso de producción que es de manera dominante producción de valores de uso, pero como esta producción no-capitalista se realiza en una estructura económica capitalista, es dominada por esta estructura y se lleva a cabo de acuerdo con los criterios capitalistas, es decir, produce valores de uso como son producidos los bienes capitalistas, mediante la extracción de sobre trabajo. Por ende, ambos, los trabajadores improductivos y los empleados de las ANCE son expropiados de sobre-trabajo y están económicamente oprimidos (no explotados en cuanto no producen plusvalía). Hay que señalar también que en términos de relaciones de producción y de distribución, no hay diferencia entre el trabajador improductivo (de una empresa capitalista) y el empleado de una ANCE. Por ende, la identificación económica de todos aquellos que trabajan en una ANCE sigue las mismas líneas de la identificación económica de los que trabajan en una empresa capitalista. Concluye Carchedi señalando que la identificación económica de todos los que trabajan sea en las ACE como en las ANCE, es decir, las actividades estatales capitalistas (productivas o improductivas) y no-capitalistas, emplean agentes de producción quienes, desde el punto de vista de su identificación económica, pertenecen a la clase capitalista, a la nueva clase media, o bien, a la clase trabajadora u obrera. Para dar un ejemplo, la enfermera, el maestro, etc. empleados por el Estado son objetivamente identificados como proletarios teniendo en cuenta que: 1) no tienen la propiedad de los medios de producción, 2) son expropiados de sobre-trabajo (son oprimidos económicamente), 3) desempeñan la función del trabajador colectivo, y, 4) reciben un salario, a) tendencialmente igual al valor de su fuerza de trabajo, b) producido en la esfera productiva de la economía, y, c) pagado a ellos por el Estado de la parte de la plusvalía originada en la esfera productiva de la economía y que es distribuida entre los diversos sectores improductivos de la economía (incluyendo entre éstos al Estado). (²9) Y añade Carchedi que tanto estos trabajadores públicos como los privados, si pueden
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ser clasificados como clase trabajadora o como proletarios, es en razón de las relaciones de producción que llevan a cabo no por el hecho de ser asalariados y no como pretenden algunos que por ser asalariados se les identifique como igual a proletarios. CONCLUSIONES Como se ha visto Carchedi hace una definición de las posiciones de clase en término de tres dimensiones generales, la propiedad, la expropiación y los elementos funcionales. El núcleo de su análisis de las clases pivota alrededor del elemento funcional, es decir, la función que llevan a cabo específicas posiciones de clase dentro de las relaciones de producción. El insiste en el contenido social para diferenciarlo del contenido técnico dentro del proceso de producción. En la fase del capitalismo monopolista esas funciones pueden dividirse en las “función global del capital” y la “función del trabajador colectivo”. Esas funciones son desarrolladas después de hacer un análisis de las tres fases del desarrollo capitalista, cuya primera fase, es el modo de producción capitalista privado, caracterizado por la subordinación formal del trabajo al capital. Lo que se corresponde a los inicios del capitalismo cuando los trabajadores eran reunidos bajo el control formal del propietario individual capitalista en un taller, pero cada trabajador individual controlaba todavía en su totalidad el proceso de de trabajo, es decir, apenas existía una división del trabajo en el proceso de producción. En la segunda fase, que denomina el modo de producción capitalista caracterizada por la real subordinación del trabajo al capital, nos encontramos con la moderna factoría y la existencia de una detallada división del trabajo y con ella los trabajadores han perdido el control sobre su proceso de trabajo. En esta fase la producción es llevada a cabo por el “trabajador colectivo” más que por una simple agregación individual de trabajadores, o lo que es lo mismo, el proceso de producción requiere la integración y coordinación de diferentes procesos fragmentados de trabajo. En la tercera fase, el modo de producción de capitalismo monopolista, la producción ya no está controlada por los capitalistas individuales, sino por lo que Carchedi denomina el “capitalista global”, es decir, los capitalistas organizados como un colectivo, diferenciado, de la estructura gerencial. Para entender de manera adecuada las posiciones de clase de trabajadores y capitalistas en el capitalismo monopolista, por consiguiente, se debe comprender lo que define la función del capitalista global y la del trabajador colectivo dentro de las relaciones sociales de producción. La función esencial del capitalista global es la función de control y vigilancia del proceso de trabajo.La función esencial del trabajador colectivo es formar parte del complejo y científicamente organizado proceso de trabajo (sea producción de valores de uso materiales o inmateriales), como parte del trabajador colectivo, como agentes a través de los cuales el capital en la esfera productiva produce y se apropia directamente de plusvalía (explotación económica), o a través de los cuales, el capital, en la esfera improductiva participa en el reparto de la plusvalía producida en la esfera productiva de la economía. Los elementos claves en la definición de Carchedi son que la función del trabajador colectivo comprende la participación en la producción de valores de uso, y
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que la producción de estos valores de uso no se debe a que sea un trabajador individual quien produce la mercancía, y que el trabajo impagado es expropiado al trabajador bien como sobre trabajo o como plusvalía. Carchedi destaca que la función del trabajador colectivo que él denomina “trabajo de coordinación y unidad en el proceso de producción capitalista”, debe ser diferenciada y no debe confundirse con el trabajo de “control y vigilancia”. Este último se refiere al papel del capitalista garantizando que la plusvalía es generada en el proceso de producción, mientras que la función de coordinación y unidad es parte del proceso de trabajo mismo, un aspecto de la actividad colectiva necesaria para producir valores de uso. Así pues, lo que Carchedi define como la Nueva Clase Media, son las posiciones que son excluidas de la propiedad económica de los medios de producción pero que participan tanto en la función global del capital como en la función del trabajador colectivo aunque sea de manera variable. Por tanto son a la vez explotados y explotadores. Las capas superiores de la “nueva clase media” están más implicadas en la función global del capital, y las capas inferiores de la misma desempeñan más las funciones del trabajador colectivo. En cualquier caso el rasgo característico de la nueva clase media es que desempeñan ambas funciones y de ahí es que surge su posición contradictoria dentro de las relaciones de clase. Empleando estos conceptos Carchedi concluye con un análisis de la proletarización de la nueva clase media. El mismo se fundamenta en el hecho de que el capital trata de incrementar constantemente la productividad de la clase obrera o trabajadora para lo cual intenta cambiar el balance entre la función global del capital y la función del trabajador colectivo. Lo cual lleva a cabo, bien sea, a) mediante cambios e innovaciones tecnológicas aplicadas a la producción que tienden a reducir las cualificaciones necesarias para llevar a cabo algunas de las funciones señaladas, produciéndose una descualificación de la fuerza de trabajo necesaria para llevar a cabo el proceso de producción. O bien, b) empleando a una fuerza muy cualificada que se ve obligada a vender su fuerza de trabajo en condiciones muy por debajo de su nivel de cualificación. Sea de una manera o de otra, el resultado es una proletarización de esas posiciones contradictorias, ya que ven reducidas su capacidad de responsabilidad dentro de la división social del trabajo, lo que las coloca objetivamente más cerca de la clase trabajadora. Lo que esperaba Carchedi tuviera importantes implicaciones para la lucha política y económica de la clase trabajadora. Por último, presentamos una figura(³0) donde se trata de resumir el análisis de Carchedi sobre la identificación económica de las clases y que nos puede servir para concluir con los elementos esenciales de su enfoque.
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TABLA 7 - LA IDENTIFICACIÓN ECONÓMICA DE LAS CLASES SOCIALES EN EL ANÁLISIS DE CARCHEDI
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NOTAS. 1.
2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30.
Guglielmo Carchedi, On the Economic Identification of Social Classes, Routledge & Kegan, Londres, 1977. El contenido de este libro apareció en forma de articulos en las revistas Economy and Society, vol.4, Nº 1 y 4, Social Praxis, vol.2 Nº 3, y, Amsterdams Sociologisch Tijdschrift, vol.2 Nº2. En la exposición sobre la teoría de Carchedi utilizamos este libro, que es donde se encuentra expuesta su formulación sobre la “nueva clase media”. G. Carchedi, ob.cit. p.45. Ibidem.p.45. Louis Althusser,“Para leer El Capital, Siglo XXI, México, 1969, cita edic. en inglés, Reading Capital, London, 1970., p.101. C. Marx, El Capital T.I, p.310. Ibidem., pp. 508-509. C. Marx: El Capital libro I Cap VI (Inédito), p.78-79, siglo XXI, Madrid,1973. E. Balibar, Leer El Capital, pp. 240-241. Cita de la edic. en inglés. C. Marx, El Capital, Tomo III, p. 293. G. Carchedi, ob cit. p.61. H. Braverman, Labor and Monopoly Capital, p. 90. G. Carchedi, ob. cit., p. 64. Ibid. p. 68. Ibid. p.69. Ibid. p.72. Ibid. p.80-81. Ibid. p.86. Ibid. p.85. Ibid. p.101. Ibid. p.87. Ibid. p. 89. C. Marx El Capital, Tomo I, p.498. G. Carchedi, ob.cit. p. 94. Ibid. p.121. C. Marx El Capital, Tomo II, vid. pp. 300 y ss. Vid. F. Pollock, The Economic and Social Consequences of Automation, Oxford, 1957, p.15 y 171. FIM-FIOM-UILM, “Impiegati”, 1972, p.33, cit. por Carchedi, op. cit. p. 123. G. Carchedi, ob. cit., p. 129 Ibid. pp. 131 y ss. Vid. Erik Olin Wright, “Varieties of Marxist Conceptions of Class structure”, Politics and Society, 9, Nº 3, 1980,p. 360 y Carl Cuneo, Notes : G. Carchedi : The Economic Determination of Social Classes”, MacMaster University, 1996.
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14. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: Poulantzas Su trabajo tiene el mérito de plantear agudamente el problema de la definición de clase en el capitalismo avanzado y de aportar unas estimulantes soluciones. E. O. Wright
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INTRODUCCIÓN Poulantzas es uno de los más brillantes exponentes del estructuralismo marxista que durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, ejercieron una fuerte influencia sobre las reflexiones teóricas marxistas. Si Louis Althusser(¹) se convirtió en el gurú filosófico de este grupo, Poulantzas fue quién realizó los estudios de Ciencias Políticas y Sociología del Estado más relevantes y de mayor trascendencia mundial (²). Empero, nos vamos a centrar en exponer su análisis sobre las clases sociales, poniendo el foco de nuestra atención, en el problema común de investigación y análisis de parte de los llamados neo marxistas respecto a las clases en la fase del capitalismo actual (es decir, en este caso, del capitalismo de la década de los 60 del siglo XX y que puede extenderse en lo general hasta los inicios del siglo XXI), esto es, la cuestión de la pequeña burguesía, o de la llamada en el lenguaje de la vulgata sociológica y política “clase media”, y todo lo que ello significa en el capitalismo avanzado e incluso en el capitalismo menos desarrollado o en desarrollo. Como expone Poulantzas: “La cuestión de la pequeña burguesía representa ciertamente un punto decisivo en la teoría marxista de las clases sociales. Reviste una importancia capital, a la vez, en las formaciones imperialistas y en las formaciones dominadas”, y agrega, como ejemplo de la importancia no sólo científica sino política del tema, “sabido es particularmente que fue esta cuestión entre otras con la que tropezó el proceso socialista en Chile”. (³) De manera, que resulta de gran interés reconocer que estamos ante un hecho social: el crecimiento o aumento a través de las diversas fases del capitalismo, del número de los asalariados considerados no productivos, como los empleados del comercio y de los bancos, los empleados de las oficinas tanto públicas como privadas, y los empleados de los diferentes servicios. Se trata de todos aquellos que ya C.W.Right Mills (4) y otros después han designado como los trabajadores de “cuello blanco”. También llamados según la terminología de Colin Clark(5) los trabajadores del “sector terciario”, los que no trabajan ni en el sector primario (agrícola-pesquero), ni en el secundario (manufacturero o industrial). Partiendo de esta realidad, se ha intentado demostrar, por los adversarios del marxismo, que la teoría marxista sobre las clases era ya a todas luces inadecuada, que se había quedado obsoleta, lo que implica también toda la consecuencia de la existencia de las clases y sobre todo, la lucha entre ellas, la lucha de clases. Hasta el momento hemos expuesto ampliamente una variedad de teorías de alcance medio o de tipo más general que refutan al marxismo, basadas directa o indirectamente en su inadecuación para interpretar correctamente los nuevos hechos sociales en materia de estratificación social, que conllevan una disolución de las fronteras de clase, por un aburguesamiento generalizado o inclusive por la integración social de las diferentes clases o estratos en la sociedad capitalista. Así pues, el capitalismo estaría aceptado, como el marco donde se va a desarrollar la vida social, sin intentar cuestionarla en su conjunto, sino, a lo más, rectificando los fallos que se vayan cometiendo y corrigiendo las disfuncionalidades que se provocan en los mecanismos del sistema. Por tanto, no insistiremos más en ello en este capítulo.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: POULANTZAS
LOS ELEMENTOS CLAVES DE LA TEORÍA DE POULANTZAS SOBRE LA CLASE OBRERA Y LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA No hay un acuerdo sobre cómo calificar a los trabajadores asalariados, si se excluye a los obreros manuales que se dedican directamente a la producción de mercancías materiales para el capital privado, que son reconocidos que forman parte de la clase obrera. Poulantzas afirma que los obreros manuales que no realizan trabajos de supervisión y que producen plusvalía directamente (trabajadores productivos), deben considerarse incluídos en la clase obrera. Los demás trabajadores asalariados, que no producen plusvalía, que son improductivos, que realizan un trabajo intelectual, o que tienen tareas de de supervisores, deben incluirse en la nueva pequeña burguesía, y en el caso de que sean directores o altos ejecutivos, en la burguesía. Otros autores afirman que los trabajadores o empleados de “cuello blanco” pertenecientes a los niveles inferiores y que realizan labores rutinarias también pertenecen a la clase obrera. Para otros, el criterio es que todo trabajador asalariado tiene que ser considerado como formando parte de la clase obrera (Szymansky), con contadas excepciones (F.Friedman, A. Hunt). (6) Esta divergencia no tendría mayor importancia si sólo fuera una discusión académica, ya que siempre se puede apelar a la operatividad para una determinada investigación del uso de una u otra clasificación, pero para el marxismo las clases no son simples categorías analíticas sino, como afirma Erik Olin Wright,“fuerzas sociales reales dotadas de consecuencias para la práctica social, y resulta de gran importancia para entender la lucha de clases, el cambio social, la pertenencia de determinados agentes sociales a una clase determinada, ya que sin esto se torna difícil elaborar una política socialista viable”.(7) Esto es aún más importante cuando se refiere a la amplitud que se le da a la clase obrera y el modo en que se entiende su relación con las demás clases. El trabajo de Poulantzas es fundamental para abordar esta cuestión, específicamente en su obra de 1974 Las clases sociales en el capitalismo actual. La tesis de este autor es que únicamente los obreros manuales excluídos de las tareas de supervisión y que producen plusvalía directamente, o sea, los trabajadores productivos, deben ser incluídos en el proletariado. Las otras categorías de trabajadores asalariados (empleados improductivos, trabajadores intelectuales, supervisores), deben incluirse en una clase separada, sea en la “nueva pequeña burguesía”, o, en el caso de los ejecutivos, en la burguesía misma. LAS PREMISAS DEL ANÁLISIS DE CLASE EN POULANTZAS En Poulantzas hay tres premisas para analizar las clases, que exponemos a continuación: 1.
Las clases no pueden ser definidas fuera de la lucha de clases.
2.
Las clases designan posiciones objetivas en la división social del trabajo.
3.
Las clases están estructuralmente determinadas, no sólo en el nivel económico, sino también en los niveles político e ideológico.
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Para Poulantzas la división social del trabajo expresa unas relaciones sociales contradictorias, no importando, por tanto, que las clases tengan conciencia de clase o estén o no organizadas. La lucha de clases existe incluso cuando las clases no tienen conciencia de clase y están desorganizadas. Las clases y el análisis de clases no se refieren fundamentalmente a los individuos que ocupan las posiciones objetivas de clase sino que lo importante es el análisis de la estructura de estas posiciones objetivas en la distribución social del trabajo. Como expone el autor:“quién, cómo, en qué momento, ocupa tal o cual lugar, es o se vuelve burgués, proletario, pequeñoburgués, campesino pobre, etc., está subordinado al primero, es decir a la reproducción de los lugares mismos de las clases sociales”.(8) El lugar económico de los agentes sociales desempeña un papel principal en la determinación de las clases sociales pero su posición en las relaciones políticas e ideológicas de dominación y subordinación puede ser igualmente importante. Como señala Poulantzas: las relaciones políticas e ideológicas, es decir, los lugares de dominación-subordinación política e ideológica, conciernen ya a la determinación estructural de clase. Por tanto, la que se puede denominar estrategia teórica de Poulantzas para el análisis de las clases se basa en una elaboración de los criterios económicos, políticos e ideológicos que determinan las posiciones de clase en el seno de la distribución social del trabajo. EL DESARROLLO CAPITALISTA, LA CLASE OBRERA Y LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA El desarrollo del capitalismo ha supuesto una disminución de la pequeña burguesía tradicional (artesanos independientes, pequeños comerciantes, etc.), y un crecimiento numérico de la denominada por el autor “nueva pequeña burguesía” que está compuesta por empleados de oficina, funcionarios civiles, técnicos, supervisores, vendedores, etc. En el capitalismo avanzado es crucial trazar las fronteras divisorias de clase entre la clase obrera y la nueva pequeña burguesía. Para ello, señala los criterios económicos, políticos e ideológicos que separan el proletariado (clase obrera) de la nueva pequeña burguesía, y, expone el por qué de la misma pertenencia de clase de la nueva pequeña burguesía y la pequeña burguesía tradicional. Los criterios que separan a la clase obrera de la nueva pequeña burguesía son los siguientes: 1.
Criterio económico: distinción entre trabajo productivo e improductivo.
2.
Criterio político: distinción entre el desempeño de posiciones de no supervisión y no dirección y de supervisión y dirección.
3.
Criterio ideológico: el central es la división entre el trabajo manual y el trabajo intelectual.
En cuanto a la idéntica pertenencia de clase de la vieja y la nueva pequeña burguesía, el motivo fundamental está en que ambas mantienen la misma relación ideológica con la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, lo que ya es razón suficiente para incluirlas, según Poulantzas, en la misma clase.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: POULANTZAS
LOS CRITERIOS ECONÓMICOS Según Poulantzas todo obrero es un asalariado pero no todo asalariado es un obrero, debido a que no todos los asalariados son trabajadores productivos. La concepción del trabajo productivo de este autor es más restringida que la que emplean otros autores marxistas, ya que enfatiza la producción material de valores de uso. Para él, Marx siempre asoció la creación de plusvalor a la producción de mercancías y esta es siempre producción material. En consecuencia, los asalariados no productivos no son parte de la clase obrera por estar fuera de la relación de explotación básica en el capitalismo. No contribuyen a la producción del plusvalor, por ende, no son explotados directamente mediante la relación dominante de explotación capitalista, luego, no pueden ser incluidos en la clase obrera. LOS CRITERIOS POLÍTICOS Los criterios políticos e ideológicos excluyen de la clase obrera a ciertas categorías de asalariados productivos. Estos criterios son importantes para el análisis de la posición de clase del trabajo directivo y de supervisión. En el proceso de producción material, el trabajo de supervisión es incuestionablemente productivo, a causa de su papel en la integración y la coordinación del proceso de producción. Pero dentro de la división social del trabajo las tareas de supervisión representan la dominación política del capital sobre la clase obrera. En la concepción de Poulantzas la distinción entre la división social y la división técnica del trabajo es esencial. La división técnica del trabajo representa posiciones estructurales derivadas de las tecnologías concretas empleadas en la producción. La división social del trabajo se deriva de la organización social de la producción o relaciones de producción, pero en la organización del proceso de trabajo es la división social del trabajo la que domina la división técnica del trabajo. Siendo la función principal de los supervisores contribuir a extraer plusvalor de los obreros deben ser excluídos de la clase obrera. También son excluidos de la burguesía, ya que si bien dominan políticamente a la clase obrera, son dominados políticamente por el capital. Esta posición particular dentro de las relaciones de dominación/ subordinación, –estar subordinados al capital, pero ser dominadores respecto del proletariado–, define los criterios políticos la nueva pequeña burguesía.(9) LOS CRITERIOS IDEOLÓGICOS La clase obrera no está sólo explotada económicamente, está dominada políticamente, y está dominada ideológicamente. El elemento central de la dominación ideológica dentro de la división social del trabajo es la división entre trabajo manual e intelectual (mental). Para Poulantzas, en esta división social del trabajo entre manual e intelectual, se excluye a la clase obrera de los “conocimientos secretos” del proceso de producción, exclusión necesaria para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. En las diferentes etapas de la producción “expertos” de diversos tipos ayudan a legitimar la subordinación del trabajo al capital, haciendo que parezca natural que los trabajadores
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sean incapaces de organizar la producción por sí mismos. Esta división, trata de mantener a la clase obrera, separados de la programación y la dirección del proceso productivo. Este criterio ideológico es especialmente importante para determinar la posición de clase de ciertas categorías de ingenieros y técnicos. Aunque puedan ser trabajadores productivos, y algunos ocupen puestos de supervisión, se da el caso de técnicos subalternos que en realidad no supervisan a nadie, pero para Poulantzas, a causa de la primacía de la división social del trabajo sobre la división técnica del trabajo, y porque, además, ocupan una posición de trabajo intelectual y desempeñan una posición de dominación ideológica sobre la clase obrera, no forman parte de la clase obrera, sino de la nueva pequeña burguesía. Esta división entre trabajo intelectual y manual sirve para situar clasistamente a todos los trabajadores no-manuales: ingenieros, técnicos, empleados administrativos, e incluye a las secretarias y empleados de bajo nivel. Todos ellos tendrían un estatus de trabajadores “intelectuales” (no manuales), e ideológicamente, están dominados por el capital como ocurre con la nueva pequeña burguesía. LA DETERMINACIÓN DE CLASE DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA TRADICIONAL (PBT) La determinación de clase de la pequeña burguesía tradicional (PBT) plantea menos problemas que la de la nueva pequeña burguesía (NPB). Limitándose a su lugar en las relaciones de producción, puede decirse que comprende la pequeña producción y la pequeña propiedad. Poulantzas considera que la vieja o la tradicional pequeña burguesía no depende del modo de producción capitalista sino de la forma de producción mercantil simple, que es una forma de transición entre el modo de producción feudal al capitalista. No obstante ello, une en la misma clase a ambas sobre la base de que esta unidad de clase es consecuencia de la relación que ambas pequeñas burguesías sostienen con la lucha de clases entre burguesía y proletariado. Esta relación forja una unidad ideológica que influye en sus posiciones políticas de clase. Los elementos comunes a esta ideología pequeño burguesa son: el reformismo, el individualismo y el fetichismo del poder. Respecto al reformismo, aunque puedan tener actitudes e ideas no sistemáticas anti capitalistas, no sacan las consecuencias lógicas derivadas de ello, sino que se conforman con las reformas como medio de resolución de los problemas, por tanto, suelen rechazar las soluciones revolucionarias. El individualismo se refleja con un temor a la proletarización por abajo, es decir, a descender en cuanto a nivel de vida, estatus y prestigio social, y unido a ello existe una atracción por la burguesía por arriba, es decir, la nueva pequeña burguesía aspira a tener una carrera ascendente –lo que denominan movilidad vertical social ascendente–, a promocionarse, a mejorar sus condiciones de trabajo e ingresos, en palabras llanas, a “subir” social y económicamente. El individualismo los convierte en lo que Vance Packard denominara The Status Seekers o trepadores sociales.(¹0) En cuanto al fetichismo del poder, este se manifiesta debido a su posición de clase “intermedia”, en una tendencia a estimar que el Estado es un aparato neutro, imparcial,
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naturalmente por encima de las clases y sus conflictos, cuya función sería arbitrar entre intereses contrapuestos de las diferentes clases sociales y grupos existentes en la sociedad. LA BURGUESÍA Y SU DETERMINACIÓN ESTRUCTURAL DE CLASE En cuanto a la burguesía el criterio esencial de su determinación de clase es lo económico. Y en este caso, aunque sea importante, no se trata de definirla sólo por la propiedad jurídico-formal de los medios de producción, sino también por la posesión y el control sobre dichos medios. La propiedad económica se refiere al control económico real de los medios de producción, y aunque generalmente coincide con la propiedad jurídica, no siempre es así, ya que pueden darse formas de propiedad jurídica que no necesariamente coinciden con la propiedad real. Respecto a la posesión, ésta sería la capacidad de emplear los medios de producción. Estas dos dimensiones de las relaciones sociales –la propiedad económica y la posesión–, es básica para poder analizar la posición de clase del personal directivo de las empresas. Estos agentes llevan a cabo, afirma Poulantzas, las funciones del capital, ocupan el lugar del capital. Estos pertenecen, pues, a la burguesía, con independencia de toda definición legal de la propiedad. Los directivos forman así, en todos los casos, parte integrante de la clase burguesa.(¹¹) Sobre los criterios ideológicos y políticos específicos que definen a la burguesía, Poulantzas señala que en la división social del trabajo ocupan las posiciones de dominación ideológica y política. Por tanto, los que ocupan las cimas de los aparatos del Estado, como posiciones estructurales u organizacionales, pertenecen también a la burguesía, y no porque ocupen directamente el lugar del capital a nivel económico sino porque “en un estado capitalista desempeñan la dirección de las funciones del Estado al servicio del capital”.(¹²) LAS CLASES SOCIALES Y SU REPRODUCCIÓN AMPLIADA Poulantzas lo que trata es aplicar la teoría marxista al conocimiento actualizado de la complejidad de las clases en el capitalismo avanzado en la etapa monopolista del capitalismo. Para ello hace una lectura de Marx que trate de exponer el verdadero significado de sus textos, siguiendo en ello una metodología estructuralista. Así pues se pregunta ¿Qué son las clases sociales en la teoría marxista?, y contesta: “Las clases sociales son conjuntos de agentes sociales determinados principal pero no exclusivamente por su lugar en el proceso de producción, es decir, en la esfera económica. En efecto, no se debe deducir del papel principal del lugar económico que éste baste a la determinación de las clases sociales. Para el marxismo, lo económico desempeña en efecto el papel determinante en un modo de producción y en una formación social; pero lo político y la ideología, en suma la superestructura, tienen igualmente un papel muy importante”. (¹³)
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Para el marxismo: “Las clases sociales significan, en un único y mismo movimiento, contradicciones y lucha de clases: las clases sociales no existen primero, como tales, para entrar después en la lucha de clases, lo que haría suponer que existen clases sin lucha de clases. Las clases sociales cubren prácticas de clase, es decir, de lucha de clases, y no se dan sino en su oposición”. (¹4)
Las clases se refieren a unos lugares objetivos que ocupan los agentes sociales en la división social del trabajo, es lo que se denomina la determinación estructural de las clases sociales, que debe ser diferenciada de la posición de clase, que se refiere a la posición que éstas mantienen en las diversas coyunturas. Es decir, la situación concreta de la lucha de clases. Como ya se ha expuesto, Poulantzas ha dado énfasis a las relaciones políticas e ideológicas en la determinación de las clases y a que las clases sociales no existen más que como lucha de clases o prácticas de clase. Pero alerta de no caer en posturas tales como considerar que se puede reducir la determinación de las clases a la posición de las clases y a las prácticas de clase. Por ejemplo, un obrero aunque haga prácticas burguesas en una coyuntura dada, no por ello deja de ser un obrero y se convierte en un burgués. De la misma manera que un capitalista “progresista”, en una coyuntura política dada, no por ello es ya un “proletario”: “Esto reviste toda su importancia en los casos en que se comprueba una distancia entre la determinación estructural de las clases y las posiciones de clase en la coyuntura”.(¹5) Poulantzas no comparte la idea, que considera hegeliana, de la “clase en sí” (situación económica de clase por el proceso de producción), y “clase para sí” (clase dotada de una conciencia de clase propia y de una organización política autónoma), ya que, como expuso Althusser, tiene su origen en el denominado joven Marx aún contaminado de Hegel, un Marx todavía humanista e historicista. (¹6) Para nuestro autor lo más importante que hay que destacar en un análisis de clases son los lugares que se ocupan y no los individuos que los componen: “El aspecto principal de un análisis de las clases sociales es el de sus lugares en la lucha de clases: no es el de los agentes que las componen. Las clases sociales no son grupos empíricos de individuos –grupos sociales–,“compuestos”por la suma de dichos individuos…La pertenencia de clase de los diversos agentes depende de los lugares de clase que ocupen. Dicha pertenencia es por lo demás distinta del origen de clase –del origen social– de dichos agentes”. (¹7)
Lo que se ha expuesto anteriormente y mucho de lo que se expondrá a continuación, se puede ver explicado, de manera muy sistemática, en el gráfico de Poulantzas de la página siguiente. Expone Poulantzas que el punto común de la pequeña burguesía tradicional (pequeña producción y propiedad) y de la nueva pequeña burguesía (trabajadores asalariados no productivos), es que no son ni burgueses ni clase obrera. La cuestión de las relaciones políticas e ideológicas reviste una importancia esencial para las clases pero es muy especial para las clases que no son las
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TABLA 8 - PRÁCTICAS / LUCHA DE CLASE ELABORADO POR POULANTZAS. DETERMINACIÓN ESTRUCTURAL / LUGARES DE LAS CLASES
COYUNTURA/ POSICIÓN DE CLASE IDEOLOGÍA Relaciones de dominación / Subordinación ideológica –Lucha ideológica–. POLÍTICA
DIVISIÓN SOCIAL DEL TRABAJO Clases, fracciones, capas, categorías sociales.
Relaciones de dominación / Subordinación política
Conceptos de estrategia: fuerzas sociales, bloque en el poder, “pueblo”.
–Lucha política– ECONÓMICA Relaciones de producción / Relaciones de explotación –Lucha económica–.
fundamentales, especialmente para la pequeña burguesía, ya que “no hallándose ésta en el centro de las relaciones de explotación dominantes de extracción directa del plusvalor, experimenta…“distorsiones-adaptaciones” muy complejas de las relaciones políticas-ideológicas”. (¹8) Desde el punto de vista de la reproducción de la pequeña burguesía, se asiste a una “eliminación acelerada, en la fase actual, de la pequeña burguesía tradicional”, y a la “extensión acelerada…de la nueva pequeña burguesía”. (¹9) TRABAJO PRODUCTIVO: CLASE OBRERA. TRABAJO NO PRODUCTIVO: NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA ¿En qué sentido –según Poulantzas– se puede calificar a los nuevos agentes sociales que define cómo nueva pequeña burguesía en relación a la vieja o tradicional pequeña burguesía? Básicamente en que la vieja está llamada a declinar y a convertirse en relativamente marginal, los agentes de la nueva pequeña burguesía están creciendo y hay una clara tendencia a que esto continúe por el crecimiento del sector servicios y el sector de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Por otra parte, son asalariados no propietarios. “La cuestión fundamental que se plantea…es la de su relación con la clase obrera, cuestión que puede formularse, bajo un primer aspecto, como la de las fronteras y de la delimitación de la clase obrera en las relaciones de producción capitalistas”. (²0) Ahora bien, como dice Marx… “si todo agente perteneciente a la clase obrera es un asalariado, no todo asalariado pertenece forzosamente a la clase obrera. La clase obrera está delimitada no por un simple criterio negativo “en sí” –su exclusión de las relaciones de propiedad–, sino por el trabajo productivo: Todo trabajador productivo es un asalariado, pero no todo asalariado es un trabajador productivo”. (²¹)
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¿Qué ha dicho Marx sobre esta cuestión, expuesto en líneas generales? Primero que el carácter del trabajo como productivo no tiene nada que ver con la idea que se puede tener sobre la utilidad o no de un trabajo, sobre si se producen “cosas” materiales o no. Marx lo explica con toda claridad: “El trabajo productivo designa siempre un trabajo efectuado en condiciones sociales determinadas, y remite así directamente a las relaciones sociales de explotación de un modo de producción determinado. El carácter productivo o no del trabajo no depende ni de caracteres intrínsecos de un trabajo “en sí” ni de su utilidad…para establecer el carácter productivo o no del trabajo, no nos apoyamos, pues, sobre los resultados materiales del trabajo, ni sobre la índole del producto, ni sobre el rendimiento del trabajo como trabajo concreto, sino sobre las formas sociales determinadas, las condiciones sociales de la producción en que (ese trabajo) se realiza”. (²²)
En el capítulo VI de El Capital, ya citado, lo dice aún más claro si cabe: “resulta que ser trabajo productivo…no tiene absolutamente nada que ver con el contenido determinado del trabajo, con su utilidad particular o el valor de uso peculiar en el que se manifiesta. Por ende un trabajo de idéntico contenido puede ser productivo e improductivo”.(²³) El trabajo tendrá la condición de productivo no por apreciaciones subjetivas, sino debido a que en un modo de producción determinado sea ese trabajo el que dé lugar al tipo de explotación dominante. Tenemos entonces que: “lo que es trabajo productivo para un modo de producción puede no serlo para otro. Así en el modo de producción capitalista, es trabajo productivo el que produce directamente plusvalor, el que valoriza el capital y el que se cambia por capital”. (²4) Al contrario, se considera trabajo no productivo el que se realiza en la esfera de la circulación del capital o que contribuye a la realización de la plusvalía pero que no produce directamente plusvalía. Ya que, afirma, Poulantzas: los asalariados del comercio, de la publicidad, del marketing, de la contabilidad, de la banca, de los seguros, etc., no producen plusvalor ni forman parte de la clase obrera (trabajo productivo). Y es que únicamente el capital productivo produce plusvalor. Para afirmar lo cual se fundamenta en un párrafo del tomo III de El Capital donde se expone que: “El capital comercial no es sino el capital en funciones dentro de la órbita de circulación. El proceso de circulación es una fase del proceso total de reproducción. Pero en ese proceso de circulación no se produce ningún valor, ni por tanto, ninguna plusvalía…El comerciante, como simple agente de la circulación, no produce ni valor ni plusvalía…razón por la cual tampoco los obreros mercantiles dedicados por él a las mismas funciones pueden crear directamente plusvalía para él”. (²5)
Para el capitalista como individuo, los trabajadores asalariados –aunque no sean productivos en el sentido de crear plusvalía–, son para él una fuente de beneficio. Pero si se ve desde el punto de vista del capital social y de la reproducción del mismo, el beneficio del capital tanto comercial como bancario no crea valor sino una transferencia
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de la plusvalía creada por el capital productivo. De manera que estos trabajadores asalariados del comercio, de la banca, contribuyen al reparto de la masa de plusvalía. Poulantzas considera que esos trabajadores asalariados de los sectores antes señalados son también explotados, ya que su salario corresponde a la reproducción de su fuerza de trabajo y sus empleadores obtienen de ellos un plustrabajo que le reporta beneficios, pero esos trabajadores no son directamente explotados. Es decir, no son explotados según la relación de explotación capitalista dominante, que es la creación del plusvalía. Para que no quepa dudas nuestro autor subraya que esto no tiene nada que ver con la diferenciación entre empresas industriales y comerciales, o entre sectores secundarios o terciario, de manera que: “trabajos relacionados con el proceso de circulación-venta, publicidad, comercialización, pueden ser tomados a su cargo por empresas industriales; (pero) siguen siendo…trabajos improductivos, y sus agentes asalariados improductivos”.(²6) ¿Por qué se consideran improductivos este tipo de trabajos? Marx dixit: “Se consideran trabajos improductivos los que adoptan la forma de servicios, cuyos productos o actividades son consumidos directamente como valores de uso y que no se cambian por capital, sino por renta”. (²7) De lo cual deduce Poulantzas: “Estos servicios, desde los del peluquero a los del abogado, el médico o el profesor, siguen siendo trabajos improductivos incluso si, por otra parte, como en los dos últimos casos, contribuyen a la reproducción de la fuerza de trabajo…El conjunto de los agentes que prestan servicios, incluidos los asalariados de ese sector, no pertenecen así a la clase obrera”. (²8)
DETERMINACIÓN DE CLASE DE LOS AGENTES DE LOS APARATOS DEL ESTADO Naturalmente, no se puede tratar de la nueva pequeña burguesía sin hacer referencia al número creciente de agentes que ocupan lugares, sea como empleados públicos, sea como funcionarios de distinto tipo y jerarquía, en los aparatos del Estado. El Estado mínimo nunca ha existido porque siempre el número de agentes que desempeñan sus puestos en el Estado siempre es percibido como muy numeroso, por los que no pertenecen a ese sector. Con el desarrollo del llamado Estado del Bienestar en la posguerra europea al Estado dedicar una parte de sus ingresos a las políticas sociales y ocuparse de generalizar la educación y la salud, los agentes estatales se han incrementado sustantivamente. Pero lo que interesa aquí es ver como enfoca a estos agentes Poulantzas en su teoría sobre su determinación de clase. En primer lugar, hace una separación entre los funcionarios y otros empleados públicos de la llamada burocracia, y los que dentro del sector público o participado por el Estado desempeñan trabajos directamente productivos. Los agentes de los aparatos de Estado, de los funcionarios en sentido amplio, no realizan trabajos productivos y sus ejecutantes, por tanto, no son trabajadores productivos. Excluye los trabajos directamente productivos que se realizan en el seno del Estado, especialmente las empresas industriales “nacionalizadas” –por ejemplo, Renault–, los transportes públicos –SNCF–, los agentes obreros de los diversos “servicios públicos”, etc.
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Así pues, los agentes del Estado, la burocracia en sentido amplio, al ser pagados por lo captado a través de los impuestos, que es un intercambio de rentas, no son trabajadores productivos, lo cual no implica que su trabajo no sea importante para la reproducción ampliada del capitalismo. Ya que: “Sabido es que éstos trabajos efectuados por los agentes de los aparatos de Estado son esenciales para la reproducción ampliada de las relaciones sociales capitalistas; esto no significa que dichos trabajos sean directamente productivos, como no lo son los trabajos efectuados en el proceso de circulación, aunque éstos sean también necesarios a la reproducción del ciclo de conjunto del capital social”. (²9)
¿Son explotados los agentes de los aparatos del Estado, entre ellos los empleados y funcionarios públicos? En principio, el intercambio de valores de uso contra la renta es un intercambio de equivalentes que no puede dar lugar, como tal, a una relación de explotación. Pero estos agentes asalariados sin llegar a ser trabajadores productivos “venden su fuerza de trabajo al capital, su salario corresponde a la reproducción de esta fuerza de trabajo y ellos suministran una parte del trabajo no pagado; se les arrebata plustrabajo, lo cual permite al capital economizar sobre sus ingresos para acrecentar el plusvalor acumulado en relación con el plusvalor consumido o desembolsado para falsos gastos… su explotación entronca…con la que sufren los asalariados de la esfera de circulación del capital”. (³0) CASO DE LOS AGENTES ESTATALES DE LA EDUCACIÓN, LA SANIDAD Y LOS LLAMADOS SERVICIOS PÚBLICOS A diferencia de los agentes burocráticos propiamente dicho el personal que presta servicios públicos como los maestros, los profesores de educación secundaria, universitarios donde el sistema superior es predominantemente público (como en Francia, Alemania, Suecia, Finlandia, entre otros), el personal médico-sanitario y de otros servicios sociales públicos, el caso es más complejo, de manera que la solución teórica que les da Poulantzas es interesante y sugerente: “Aquí, el capital no interviene directamente para subsumir la fuerza de trabajo… El capitalista está presente no como capitalista, sino como comprador de servicios. Estos agentes suministran también plustrabajo, que se les arrebata, pero no intervienen en una trasferencia del plusvalor a favor del “Estado-patrón”. Su explotación por la extorsión del plustrabajo se debe…a la situación de desigualdad en los términos del intercambio entre ellos y el capital, que tiene una situación dominante sobre el mercado…los que prestan servicios: no sólo no son, aunque asalariados, trabajadores productivos, sino que tampoco son todos forzosamente, en su carácter de asalariados, explotados”. (³¹)
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EL TRABAJO DE DIRECCIÓN Y VIGILANCIA La argumentación de Poulantzas parte de la concepción de que en la división social capitalista del trabajo, los que llevan la dirección hacen la “función del capital”. Que toda la organización del proceso de trabajo tiene como objetivo ceder –como él dice– a las exigencias del capital, de manera, que no se puede hablar de tareas meramente técnicas de la producción, ya que las mismas se dirigen a un fin: La obtención máxima de beneficios, de obtener plusvalía. Por tanto el llamado trabajo de “dirección y de vigilancia” no es consecuencia de una división técnica del trabajo sino de una división social del trabajo. Marx se refirió al trabajo de dirección y vigilancia en el proceso de producción. En el tomo III de El Capital expone: “El trabajo de alta vigilancia y dirección responde a una necesidad…en todos aquellos trabajos en los que cooperan muchos individuos la cohesión y la unidad del proceso se personifican necesariamente en una voluntad de mando y en funciones que no afectan a los trabajos parciales, sino a la actividad total del taller, como ocurre con el director de una orquesta. Es éste un trabajo productivo cuya necesidad se plantea en todo régimen combinado de producción. De otro lado….este trabajo de alta vigilancia se presenta necesariamente en todos aquellos sistemas de producción basados en el antagonismo entre el obrero como productor directo y el propietario de los medios de producción. Cuanto mayor es ese antagonismo, mayor es también la importancia que desempeña el trabajo de alta vigilancia…sin embargo,es también indispensable en el régimen de producción capitalista, puesto que aquí el proceso de producción constituye, al mismo tiempo, el proceso de consumo de la fuerza de trabajo con el capitalista”. (³²)
Para Poulantzas el trabajo de dirección y vigilancia capitalista viene a ser la reproducción directa, en el proceso de producción, de las relaciones políticas que se dan en la sociedad capitalista entre la clase capitalista y la clase obrera. Los agentes que realizan este trabajo no tienen una doble adscripción de clase (como señala Carchedi), refiriéndose a que son parte de la clase obrera en cuanto trabajadores productivos, pero que no son parte de la misma, en cuanto que su trabajo de dirección y vigilancia es una “función del capital”, con vistas a lograr la explotación capitalista, para lo cual realizan relaciones políticas de explotación. Poulantzas es prístino en su posición teórica: “De hecho estos agentes no pertenecen a la clase obrera….Su función principal consiste en extraer plusvalor a los obreros…Ejercen unos poderes que provienen del puesto del capital, capital que acapara la “función de dirección” del proceso de trabajo, poderes que no son forzosamente ejercidos por los propios capitalistas. Como dice Marx en el tomo I de El Capital: tan pronto como su capital alcanza un límite mínimo, a partir del cual comienza la verdadera producción capitalista, el patrono se exime del trabajo manual; luego confía la función de vigilar directa y constantemente a los obreros aislados y a los grupos de obreros a una categoría especial de obreros asalariados”.(³³)
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Pero señala que hay que distinguir a estos ejecutivos de los “empresarios”, ya que: “los agentes de que aquí se trata, están dominados por el capital y no son sino sus ejecutivos subalternos. Estos agentes subalternos son igualmente, frente al capital, explotados: suministran, ellos también, plustrabajo, es decir, trabajo no pagado en parte…y venden su fuerza de trabajo, en tanto que la remuneración de los empresarios depende, en lo esencial, de la ganancia de empresa y como ocupan así el lugar mismo del capital, pertenecen como tales a la burguesía”.(³4)
De manera que Poulantzas hace una diferenciación entre los gerentes, los altos ejecutivos de las empresas capitalistas y los subalternos, aunque tengan delegadas ciertas funciones de dirección que no suelen ser decisivas. DIVISIÓN TRABAJO MANUAL/INTELECTUAL: INGENIEROS Y TÉCNICOS DE LA PRODUCCIÓN Poulantzas señala que esta división entre trabajo manual e intelectual era para Marx y Engels decisiva en la “aparición histórica” de la división de clases, mientras Lenin y Mao la han puesto sobre la supresión de la misma para suprimir la explotación de clase y la división de la sociedad en clases. La división trabajo manual/intelectual no coincide en absoluto con la división trabajo productivo/ trabajo no productivo en el modo de producción capitalista. Los numerosos análisis de Marx que se refieren al trabajador colectivo productivo lo demuestran.(³5) Según señala Poulantzas estos análisis de Marx han sido empleados con el fin de extender las fronteras de la clase obrera a los nuevos conjuntos de ingenieros, técnicos, etc. Las ideas del “nuevo bloque histórico” de Roger Garaudy (en ese entonces teórico del Partido Comunista Francés,PCF), la “nueva clase obrera” de Serge Mallet y las tesis del PCF sobre el Capitalismo Monopolista de Estado, que –según Poulantzas–, introducen una “distinción inexistente de hecho en Marx entre trabajador colectivo y trabajador productivo, estos agentes se supone que forman parte del trabajador colectivo sin que formen parte –aún no se precisa– del trabajador productivo, y aparecen en su calidad de semiobreros , como una de esas capas antimonopolistas de las que el PCF tiene el secreto”.(³6) Poulantzas apela a Gramsci para tratar de demostrar la pertenencia a la clase burguesa de los mismos: Para Gramsci estos ingenieros y técnicos eran unos intelectuales modernos, es decir, “unos funcionarios de la ideología”…Gramsci irá incluso más lejos y considera a la gran mayoría de ellos como “intelectuales orgánicos de la burguesía” (³7). Además: “Esos ingenieros y técnicos al insertarse…en el proceso de producción capitalista, son…implicados, al menos la gran mayoría de ellos, en las relaciones políticas de dirección y de vigilancia del proceso de trabajo”.(³8) Por lo tanto la determinación de clase de los ingenieros y técnicos para Poulantzas es que éstos no pertenecen a la clase obrera: “si bien es exacto que, por las aplicaciones tecnológicas de la ciencia al proceso de producción en la fase actual del capitalismo monopolista (dominante del plusvalor relativo), tienen cada vez más tendencia a formar parte, en las relaciones económicas, del trabajo productivo capitalista (trabajador colectivo productivo)…valorizan directamente el capital en la producción de plusvalor. Si
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no pertenecen, en su conjunto, a la clase obrera, es porque, en su lugar en el interior de la división social del trabajo, realizan las relaciones políticas e ideológicas de subordinación de la clase obrera al capital (división trabajo intelectual/trabajo manual), y porque este aspecto de su determinación de clase es el aspecto dominante.” (³9) Los análisis de Serge Mallet(40) que conducían a la existencia de una “nueva clase obrera” (ingenieros y técnicos) se basa en las ideas de Alain Touraine sobre las tres fases del proceso de trabajo capitalista, 1) trabajo calificado polivante (manufactura), 2) la fase del maquinismo y la gran industria estudiada por Marx, el trabajo parcelario de fuerte mayoría de obreros especializados, y 3ª) sería la de la automatización con el predominio masivo de ingenieros y técnicos. Ellos serían la principal fuerza de trabajo. También G.Friedman y P. Naville(4¹), señalan que la automatización habría suprimido la división del trabajo intelectual/manual en el proceso de producción. Estos análisis han resultado erróneos, afirma Poulantzas, ya que no tenían en cuenta el doble proceso de calificación-descalificación del trabajo bajo el capitalismo monopolista, planteando estos autores un “proceso tecnológico” en sí, al margen de las relaciones de producción capitalista. Lo que ocurre es que las transformaciones en el capitalismo monopolista no ocurren como un proceso técnico en sí mismo, sino bajo la explotación capitalista y de un desplazamiento dominante basado en la plusvalía absoluta hacia una explotación intensiva de la fuerza de trabajo basada en la plusvalía relativa. Lo cual conduce a un incremento de los trabajadores técnicos pero principalmente tiene como efecto un proceso de descalificación del trabajo. Los obreros calificados no ejercen autoridad de dirección y vigilancia sobre los especializados, ni éstos sobre los peones. Los ingenieros y los técnicos si la ejercen sobre el conjunto de la clase obrera. Esto también se verifica en la jerarquía de los salario y la diferenciación salarial en la clase obrera, pero se observa un salto importante entre los obreros calificados, mejor pagados, y los técnicos peor pagados: “siempre hay componentes políticos presentes en la jerarquía de los salarios. No todo salario se corresponde al costo de reproducción y de mantenimiento de la fuerza-trabajo… y del costo de su formación. La jerarquía salarial en el seno mismo de la clase obrera responde así a una “política de la burguesía con fines de división de la clase obrera”. (4²) Aparte de todo ello hay una reproducción de los agentes que puede ser captado en la distribución y circulación de los agentes en el seno mismo de la clase obrera y se caracteriza por una rigidez, por ejemplo, para pasar de obrero calificado a técnico. Hay “un obstáculo prácticamente infranqueable, que no es otro que el efecto sobre los agentes de la barrera de clase”…”cuando se es obrero, se sigue siéndolo”. Y todo esto en contra de lo que afirma la teoría sobre la movilidad social. Aunque: “Las cosas se modifican un poco en el desplazamiento intergeneraciones (los hijos de esos agentes), manteniéndose…sin alteración la tendencia esencial”. “Pero la determinación de clase de estos agentes (ingenieros y técnicos) depende igualmente de su lugar en relación con el capital. Por formar parte, cada vez más, del trabajador colectivo, productivo, capitalista, y servir cada vez más a la valorización del capital por la producción de plusvalor, ellos son también explotados por el capital, ya que una gran parte de su trabajo se intercambia contra capital. Su situación frente al capital depende igualmente de las relaciones políticas e ideológicas en las que se hallan incluidos”. (4³)
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No todos los agentes “no obreros” se sitúan de la misma manera respecto del capital. Así en las relaciones políticas de dirección y de vigilancia del proceso de trabajo, estos agentes representan las instancias subalternas de ese trabajo, mientras que las diversas categorías de “empresarios” que ocupan directamente el lugar del capital y ejercen directamente los poderes que de él derivan, representan las instancias dirigentes. Con relación a éstas, los ingenieros y técnicos de la producción están en una situación de subordinación (están dominados por el capital). En cuanto a los efectos de las relaciones políticas e ideológicas en el seno del trabajo intelectual la reproducción es si cabe más intensa que el manual. Estos técnicos se hallan sometidos directamente al secreto y al monopolio del saber que detentan las instancias dirigentes. Su propio trabajo intelectual tiende a presentar las características de parcelación propias del trabajo manual, hasta adquirir a veces el aspecto de un trabajo intelectual en cadena. “Hay fracciones en el conjunto pequeñoburgués de ingenieros y técnicos, sobre todo entre éstos y los llamados ingenieros subalternos, cuyo trabajo se halla constantemente descalificado-parcelado respecto del de la fracción superior…cuyos efectos se vuelven a encontrar en la jerarquía salarial.”(44)
Se puede concluir entonces según Poulantzas: 1. que los ingenieros y técnicos no pertenecen a la clase obrera, 2. que tienen cada vez más la tendencia a formar parte del trabajador colectivoproductivo, “a causa del aspecto dominante de las relaciones políticas e ideológicas de que son portadores”, 3. que este conjunto adopta a veces, según sus fracciones, posiciones de clase de la burguesía, y a veces, adopta posiciones de clase obrera. Más no por ello pasan a ser obreros. PAPEL DE LA DIVISIÓN TRABAJO INTELECTUAL/TRABAJO MANUAL PARA EL CONJUNTO DE LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA El conjunto de la NPB tienen unas características comunes, son trabajadores asalariados, que no pertenecen a la clase obrera, aunque son explotados por el capital, bien porque venden su fuerza de trabajo, bien por “la posición dominante del capital en los términos de intercambio de servicios”. Son trabajadores no productivos en las relaciones económicas, pero también hay que referirse a su lugar en las relaciones políticas e ideológicas de la división social del trabajo. Poulantzas emplea el concepto gramsciano de intelectuales en sentido amplio para destacar el carácter intelectual de ciertos trabajos como el de los: “empleados de contabilidad, de banco, de publicidad, del marketing, de los seguros, del sector comercial, en sentido amplio, así como la gran mayoría de los funcionarios del estado, de los agentes de los diversos servicios (salubridad, hospitales, asalariados de los estudios de las profesiones “liberales”), de los agentes de las diversas oficinas (secretarios, mecanógrafos), y pasantes y oficiales en general, en relación con el de la clase obrera”.(45) Sin embargo, como decía Gramsci no se puede separar el homo faber del homo
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sapiens, por eso Poulantzas aclara que si bien todos los trabajos suponen “actividades intelectuales”, no todos los trabajos se sitúan, en la división político-ideológica trabajo manual/trabajo intelectual, del lado del trabajo intelectual. Los sociólogos británicos D.Lockwood, J. Goldthorpe tendían en sus trabajos a hacer una crítica de la identificación de los asalariados en general con la clase obrera, sea como un aburguesamiento de éstos (como lo hace el francés Michel Crozier), o, de una “proletarización” de los mismos (el norteamericano C.Wright Mills), y lo hacían demostrando las barreras de clase existentes entre esos conjuntos y la clase obrera (trabajadores asalariados productivos), o empleando conceptos tales como trabajo de “manos sucias o limpias”, “cuello blanco o azules”.(46) La proposición fundamental de Poulantzas sobre la división trabajo manual/ intelectual es la que sigue: “La nueva pequeña burguesía depende, por su lugar en las relaciones ideológicas y frente a la clase obrera, del trabajo intelectual. Este lugar confirma directamente la división trabajo intelectual/trabajo manual a que se halla sometido, del otro lado de la barrera, la clase obrera, y es beneficiario, bajo formas complejas, del monopolio y secreto del saber del que la clase obrera está excluida. Pero respecto del capital y de los agentes que ocupan directamente su lugar, esta pequeña burguesía ocupa, en el orden del trabajo intelectual, un lugar dominado-subordinado. El secreto y el monopolio del saber, que se convierten en “funciones del capital”, trazan a su vez unas líneas de dominación-subordinación en el seno mismo del trabajo intelectual. Estas líneas coinciden aquí con la división fundamental explotadores-explotados, ya que los agentes asalariados no productivos son, ellos también y en su gran mayoría, explotados por el capital. Esta dominación/subordinación de clase reviste la forma de una diferenciación entre las funciones dirigentes y sus ejecutores (el personal burgués: agentes empresariales, dirigentes del sector público y privado), de una parte, y funciones subalternas, de otra…no todos los agentes de la NPB son explotados en el mismo grado”.(47)
LA BUROCRATIZACIÓN DEL TRABAJO INTELECTUAL Y LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA Poulantzas señala muy claramente que: “...con la excepción de los asalariados directamente conectados con el proceso de producción y el proceso de trabajo capitalista en sentido estricto, como los directores y vigilantes del proceso de trabajo, los ingenieros y técnicos de la producción, la nueva pequeña burguesía no ejerce, al menos directamente, funciones de dominación política sobre la propia clase obrera”. Pero es cierto que tenemos:... “el caso de asalariados no productivos que, sin formar parte ni de los vigilantes del proceso de trabajo ni de los ingenieros y técnicos –de los mandos en sentido amplio–, se hallan, no obstante, situados en el seno mismo de las empresas industriales”. Se trata de: “los empleados de oficina” y de un porcentaje muy menor de “los empleados de comercio”. (48) Este hecho no cambia nada el carácter no productivo de su trabajo pero si tiene
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efectos sobre las relaciones de estos trabajadores asalariados con la clase obrera, ya que, respecto a éstos se les ve asociados a la legitimación de los poderes de dirección y vigilancia que ejerce la dirección sobre los obreros. El sociólogo inglés D. Lockwood, ha señalado el aislamiento en que se sitúan estos trabajadores respecto de la clase obrera, ya que están asimilados en el ámbito de la oficina a los altos funcionarios de dirección y vigilancia, aunque sus funciones sean subalternas respecto a los mismos. Esta es una consecuencia de la “organización industrial”, la división rígida entre las oficinas y la producción. Y añade Lockwood que esta separación entre el empleado de oficina y el obreros se funda en la concepción del “carácter secreto y confidencial del trabajo de oficina”. Estos agentes de oficina han tenido una tendencia a identificarse más con la Dirección que con las reivindicaciones de los obreros. En cuanto a los funcionarios y empleados públicos de los aparatos de Estado, una gran parte de estos agentes de los aparatos represivos e ideológicos, participan en tanto ejecutantes (lo que los distingue de sus jefes, de las “cimas” burguesas de esos aparatos a los están sometidos y subordinados y a los que tienen que obedecer), de las acciones para llevar a cabo la inculcación ideológica y la represión política sobre las clases dominadas, y en especial, sobre la clase obrera. La burocratización del trabajo de los asalariados no productivos, conlleva diferenciaciones y fraccionamientos entre ellos. Según Wright Mills la burocratización acerca las condiciones de esos trabajadores a los de la clase obrera tanto por la impersonalidad de sus funciones, por el carácter mecanizado o automatizado de muchas de sus tareas y por las relaciones autoritarias y jerárquicas a que están sometidos. Pero Poulantzas no está de acuerdo con ello ya que esto sería asimilar su condición al llamado “despotismo de fábrica” que está centrado en la explotación en la producción de plusvalía sobre los trabajadores productivos. Lo que si tiene es un importante efecto de conllevar a un fraccionamiento en el seño de la nueva pequeña burguesía. IDEOLOGÍA Y POSICIÓN POLÍTICA DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA Entre la vieja y la nueva pequeña burguesía se puede encontrar un conjunto de características que hacen que sea más comprensible adjudicarles una misma posición de clase. Afirma Poulantzas: “La pequeña burguesía, considerado su lugar en la determinación de clase de una formación capitalista, no tiene posición política de clase autónoma a largo plazo. Las dos clases fundamentales son la burguesía y el proletariado…políticamente opuestas hasta el final. Con esto se dice que únicamente existen, como conjuntos de coherencia propia y sistematicidad relativa, la ideología burguesa dominante y la ideología vinculada a la clase obrera…Por esto es por lo que no se puede hablar, en cuanto a la pequeña burguesía, más que de un subconjunto ideológico pequeño burgués… el subconjunto ideológico pequeñoburgués es un terreno de lucha y un campo de batalla particular entre la ideología burguesa y la ideología obrera, pero con la propia intervención de los elementos específicamente pequeñoburgueses…incluso cuando unos sectores pequeñoburgueses adoptan posiciones de la clase obrera, suelen hacerlo revistiéndolas de sus prácticas
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ideológicas propias…lo cual no excluye el que sectores enteros de la pequeña burguesía no sólo adopten posiciones de clase de la clase obrera, sino, lo que es más, que puedan colocarse sobre el terreno mismo de la ideología obrera. Éste es especialmente uno de los papeles de las organizaciones revolucionarias de la clase obrera”. (49)
¿Cuáles son los rasgos ideológicos principales de la NPB? Expuesto de manera sumaria, de acuerdo a Poulantzas, serían los siguientes: 1.
elementos ideológicos anticapitalistas que se expresan en ilusiones reformistas,
2.
sus reivindicaciones se reducen a la cuestión de la redistribución del excedente y de lograr la “justicia social” a través de un sistema de impuestos proporcional,
3.
temor a la proletarización que se manifiesta por un rechazo instintivo a las soluciones revolucionarias,
4.
un aislamiento en su condiciones de trabajo –que es ajeno al proceso de socialización del trabajo típico de la clase obrera–, lleva a un individualismo típico “pequeño burgués”,
5.
en las relaciones políticas ideológicas laborales reivindican sobre todo una mayor participación en las decisiones, mayor apreciación de sus capacidades técnicasintelectuales, y en definitiva conduce a un “tecnocratismo de izquierda” o “progresista”, por la idea de tomar el papel de la burguesía, y políticamente les lleva a un centrismo político,
6.
un aspecto ideológico de una transformación de su condición vinculada al mito de la pasarela. Temor de la proletarización por abajo, atracción de la burguesía por arriba. La nueva pequeña burguesía suele aspirar a la “promoción”, a la “carrera”, a la “ascensión social”, en suma, a devenir burguesía,
7.
creencia en el aparato escolar como el medio para la promoción y ascensión social
8.
–idea utópica de la “igualdad de las oportunidades”–, y de la libre carrera y movilidad vertical ascendente del talento profesional, científico, técnico e intelectual,
9.
no se pone en cuestión la estructura misma del poder político ya que no se trata de “romper” las escaleras por donde se piensa escalar,
10. un aspecto de lo que denomina el “fetichismo del poder” que es una actitud respecto del poder político del Estado que, por su situación intermedia y por el individualismo pequeñoburgués, tiene un efecto condicionante que la imposibilita en cuanto pequeña burguesía de organizarse a largo plazo en un partido político propio y autónomo,
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11. lo anterior lleva aparejado la concepción de que el Estado debe representar sus intereses como clase intermedia, mediadora y conciliadora de los intereses, tanto de la burguesía como de la clase trabajadora, y así realizar el “interés general”, y, 12. también es propio de los elementos ideológicos de la pequeña burguesía adoptar formas peculiares de rebeldía contra sus condiciones de existencia, a través de súbitas explosiones de descontento que adoptan la forma de “levantamientos pequeñoburgueses” individualistas: culto a la violencia, rechazo de la organización, actitudes anti estatales que llevan al “anarquismo individualista pequeñoburgués”, o, en el caso de inclinarse por adoptar posiciones de la clase obrera derivan en posiciones de radicalismo ultraizquierdistas. (50) La conclusión sería ésta: ”la pequeña burguesía no tiene posición política de clase propia y autónoma a largo plazo. Esto quiere decir, sencillamente, que no hay, en una formación social capitalista, más que la vía burguesa y la vía proletaria (la vía socialista): no existe tercera vía… no puede…existir “modo de producción pequeñoburgués”. (50) “Lo cual hace, entre otras cosas, que la pequeña burguesía no haya sido jamás, en parte alguna, la clase políticamente dominante. Lo que a veces ha ocurrido, es: i) que esta clase haya ocupado, en coyunturas y regímenes determinados, el simple lugar de clase reinante, cubriendo la dominación política y la hegemonía de la burguesía (primer período de los fascismos, ciertas dictaduras militares, bonapartismos de países dependientes, ya sea bajo
forma progresista o reaccionaria….ii) que haya logrado…desalojar a una gran parte de la antigua burguesía y ocupar su puesto (caso del Egipto de Nasser, por ejemplo) o incluso sustituir, bajo la forma de burguesía de estado especialmente, la burguesía colonialista extranjera )…ciertos países africanos); pero, aquí, es clase políticamente dominante precisamente como burguesía (burguesía cuyo puesto ha ocupado), y en absoluto como pequeña burguesía”. (5¹) LA PEQUEÑA BURGUESÍA PUEDE ACTUAR COMO FUERZA SOCIAL
Sin embargo, la pequeña burguesía en ciertas coyunturas puede intervenir en la escena política como una fuerza social, y de una manera relativamente autónoma, aunque estas intervenciones suelen ser de corto plazo. Ya se ha dicho que por su situación estructural en la división social del trabajo, tanto la vieja como la nueva pequeña burguesía, son una clase intermedia, significada por su inestabilidad política, por su oscilación entre las posiciones de la clase burguesa o de la clase trabajadora. Así siempre se va a encontrar que hay “partes” de la pequeña burguesía que adoptan posiciones de una u otra clase, aparte de esas manifestaciones coyunturales en que puede erigirse en una fuerza social más o menos autónoma defendiendo lo que cree que son sus intereses de clase específicos.
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TRANSFORMACIONES ACTUALES Y LAS FRACCIONES DE CLASE DE LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA Las concepciones de tercerización del mundo que se ha difundido sobre todo después de 1945 se funda en los llamados “progresos técnicos” y en una “revolución científicotécnica” (ampliada después de los años 80 y los 90 del siglo pasado por la revolución de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación), que llevaría a una “disminución radical de la clase obrera” basada en una “prodigiosa manipulación de las estadísticas, cuyo ejemplo ideológico más patente es el de la distinción entre sectores “primario”, “secundario” y “terciario”, frente a la cual incluso las “categorías socioprofesionales del INSEE (y que se utiliza con variantes en las estadísticas administrativas para clasificar a la población por las características socio-profesionales de su empleo o dedicación socio-laboral CJBE), aparecen como un ejemplo de rigor”. La explicación que nos propone Poulantzas es que: …“en la fase actual de internacionalización de las relaciones capitalistas, el aumento absoluto y relativo de la clase obrera debe ser en primer lugar comprendido en el conjunto de la cadena imperialista, y no en la sola zona de las metrópolis, o en tal o cual metrópoli (aunque ésta sea la dominante por los EE.UU.)…La disminución importante, absoluta y relativa, de la clase obrera norteamericana respecto al aumento de los asalariados no productivos en los Estados Unidos, manifiesta especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, se debe en lo esencial a la vez a la importancia de la exportación del capital norteamericano y al hecho de que los Estados Unidos se han convertido en cierto modo en el centro administrativo mundial”.(5²) Como argumento a contrario cita el caso del Reino Unido que al perder su predominio como potencia imperialista de primer orden hizo que se produjera una disminución de los asalariados no productivos. No obstante lo cual: “El aumento de los asalariados no productivos sigue siendo un hecho real e importante en los principales países capitalistas desarrollados”. Cita que en Francia la clase obrera creció de un 5 al 6 en el período 1954-1968. Situándose entre el 41 y el 42% de la PEA. Y los asalariados no productivos crecieron en el mismo período un 10%. Las razones de este fenómeno se deben a las características del capitalismo monopolista, en su fase actual: a) el desplazamiento de la explotación de la clase obrera hacia la explotación intensiva del trabajo (que incluye.. la productividad del trabajo y de las transformaciones tecnológicas), y que lleva consigo una disminución de la parte proporcional del trabajo vivo respecto del trabajo muerto, b) la extensión del salariado por la sumisión (subsunción) radical de la fuerza de trabajo de los sectores no productivos al capital monopolista , aunada a los efectos de disolución actual, por el capitalismo monopolista, de las demás formas de producción (disminución de los diversos “independientes”); c) el aumento considerable… de las actividades relativas a la comercialización de los productos y a la circulación de las mercancías…pero también a la realización del capital (capital-dinero, bancos, seguros, etc.); d) el aumento considerable igualmente, del número de los funcionarios del Estado (comprendido los servicios públicos) que contribuye en gran parte al aumento general del salariado no productivo y que obedece a las funciones de intervención acrecentadas del estado propias del capitalismo monopolista. Dicho lo cual concluye diciendo que este aspecto del problema
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no es el más importante, de una parte, porque el papel hegemónico de la clase obrera no puede apreciarse sobre una base de estadística de cifras; de la otra, porque la cuestión esencial, hoy más que nunca, es la de las alianzas de la clase obrera. (5³) Actualmente se dan tendencias en la pequeña burguesía que vienen desde el período de las dos guerras mundiales, una de ellas es la “degradación de las condiciones de vida” que se concentra sobre ciertas fracciones de la misma: ”las transformaciones actuales fortalecen los elementos proletarios que, ya por el hecho de su determinación estructural de clase, son más fuertes en dichas fracciones”. Lo cual incluso podría llevar a ciertas posiciones “idealistas” que estiman que ciertos sectores de la pequeña burguesía “proletarizada” presentan más posibilidades revolucionarias que la clase obrera, acusada de ser de hecho una especie de aristocracia obrera por el monto de sus salarios.(54) ¿Cuáles son las transformaciones actuales más importantes el sector del trabajo asalariado no productivo según Poulantzas? Brevemente: 1.
La feminización pronunciada del trabajo asalariado no productivo. La feminización se ha producido en los trabajos asalariados no productivos menos calificados( empleados del comercio, oficinas, de servicios), mientras que en los cuadros medios y superiores su presencia es menor. Ocupan empleos peor pagados lo que se explica a causa de la explotación, dominación y opresión particular que sufren las mujeres como consecuencia de una división sexual del trabajo.
2.
La relación que se establece actualmente entre los salarios de los trabajadores productivos (los salarios obreros) y los salarios de los trabajadores no productivos. Hay una tendencia a la reducción de las diferencias en el salario entre los trabajadores no productivos y los del trabajo productivo, y a la baja de los salarios del trabajo no productivo. Es lo que llama Poulantzas un “empobrecimiento relacional” de ciertas capas o fracciones de la nueva pequeña burguesía en relación con la clase obrera.
3.
La reproducción de la división trabajo intelectual/trabajo manual en el seno mismo del trabajo intelectual. La parcelación del saber y la estandarización de las tareas, conduce a una descalificación del trabajo intelectual, que se manifiesta por el empleo de esos agentes de la nueva pequeña burguesía en puestos de trabajos descalificados respecto de su formación, lo que afecta principalmente a los jóvenes y a las mujeres (empleados de comercio y de oficina, grados subalternos de la burocracia pública y privada), que por sus diplomas de estudios aspiraban a un trabajo superior y mejor retribuido.
4.
Transformaciones importantes en las condiciones de vida de estos empleados asalariados al margen de sus relaciones de trabajo. Se ha producido una degradación de las condiciones de vida de diversas fracciones de la nueva pequeña burguesía. Disminuyendo sus modelos de consumo. Se asiste –además–, a un fenómeno parecido aunque no idéntico al conocido del ejército de reserva industrial de la clase obrera. Se trata de la constitución de un ejército de reserva
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intelectual, que se encuentra con un desempleo masivo o que no encuentra trabajos-salarios, acordes con sus formación (en los países avanzados se dan cifras espeluznantes, como la de España, con un desempleo de los jóvenes que supera el 51%). Junto a ello hay el fenómeno del llamado “desempleo camuflado”: subtrabajos, trabajos ilegales, trabajos temporales, vacacional. Y los llamados dropouts, o “marginales” que renuncian ya a buscar trabajo y realizan trabajos artesanales por cuenta propia o pequeños servicios ocasionales para poder subsistir. (55) FRACCIONES DE LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA Por último, concluyamos con los argumentos de Poulantzas con relación a las fracciones de clase de la nueva pequeña burguesía. Para él el hecho de que ésta clase esté polarizada entre la burguesía y la clase obrera es lo que puede permitir comprender su fraccionamiento. Le interesa sobre todo considerar las fracciones que están claramente polarizadas hacia la clase obrera. Expuesto de manera sucinta las fracciones que considera con esta polarización de clase obrera estarían las siguientes: a. Los asalariados no productivos de base del sector comercial: los empleados de comercio. Que incluyen los empleados de bares, restaurantes, cines, el sector más bajo de la sanidad (auxiliares de enfermeras de los grandes hospitales y clínicas. Son trabajadores que están más próximos a la barrera del trabajo manual y están más próximos en el orden del “saber y del ritual simbólogico-ideológico”. Por otra parte sus posibilidades de “carrera” o ascensos son muy limitadas. b.
Los agentes subalternos de los sectores burocratizados públicos y privados. Como los empleados de “oficinas” como los de venta, publicidad, marketing, de la esfera de circulación del capital y del capital comercial, los de la esfera del capital bancario y financiero (bancos, seguros, etc.), del sector servicios (sectores de la investigación o de producción de informaciones), o de los aparatos de estado (servicios públicos, funcionarios y empleados públicos inferiores).
c.
Lo que llama Poulantzas la “polarización objetiva proletaria” pasa en ellos por un desmarque entre los grados superiores que tienen un lugar jerárquico más elevado y los subalternos e inferiores. Estos últimos se van convirtiendo cada vez más en los que se puede denominar “obreros del papeleo”, con la parcelación, estandarización, las labores repetitivas, lo que tiene un efecto de descalificación de su trabajo, a lo que se une el aumento de sus efectivos que cercena sus posibilidades de ascenso profesional. A ellos se unen los diplomados de grado medio y superiores con los títulos devaluados por la masificación. Y también se pueden agregar ciertas capas de los maestros y profesores de secundaria e incluso universitaria. Su adscripción de clase es pequeño burguesa como mandos intermedios, pero las “cimas” son pertenecientes a la clase burguesa.
d. La última fracción con polarización objetiva a favor de la clase obrera sería, los
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técnicos e ingenieros subalternos directamente implicados en el proceso productivo, en la producción de plusvalía. Empero sus posiciones conducen a una cierta ambigüedad, por una parte, su ligazón a la producción directa los pone en condición de comprensión de los mecanismos de la explotación capitalista, pero su lugar en las relaciones político-ideológicas de la empresa, como mandos intermedios, como depositarios de una jerarquía del saber y de la autoridad, los colocan con una diferenciación de la clase obrera. En el momento en que Poulantzas realizó su investigación sobre la nueva pequeña burguesía en el capitalismo monopolista en las sociedades capitalistas avanzadas –el primer lustro de los años 70 del siglo pasado–, la polarización objetiva de clase obrera de estas fracciones no se había materializado en una alianza con la clase obrera sobre objetivos de un cambio social de tipo socialista. Sin embargo, la tendencia es que los agentes de la nueva pequeña burguesía aumente significativamente, que los de la pequeña burguesía tradicional disminuyan, y por ello una alianza entre la nueva pequeña burguesía y la clase obrera es una necesidad impe riosa. ¿De qué dependerá la consumación de una alianza de este tipo? Es obvio que esto depende de la estrategia de las organizaciones de la clase trabajadora para unificar al pueblo en un proceso prolongado de luchas sociales y de alianzas, bajo la hegemonía de los objetivos de la clase obrera. Alianza que implica tener en cuenta las diferencias de clases y de fracciones que existen, y tenerlas en cuenta para ir buscando una solución, por etapas, a las contradicciones existentes en el seno del pueblo.
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NOTAS. 1.
2.
3.
4.
5. 6. 7.
Louis Althusser, La revolución teórica de Marx, México, siglo XXI, 1967; Lenin y la filosofía, México, Era, 1970; Montesquieu: la política y la historia, Barcelona, Ariel,1968; Lo que no puede durar en el Partido Comunista, Madrid, siglo XXI, 1978; con Etiénne Balibar, Para leer El Capital, México, Siglo XXI, 1969; Ideología y aparatos ideológicos de estado, Buenos Aires, nueva Visión, 2003; L’Avenir dure longtemps, París, Stock, 1992. En su bibliografía destacan los siguientes libros: Poder político y clases sociales en el estado capitalista (1era edición francesa F. Maspero, de 1968), Siglo XXI, México, 1969; Fascismo y dictadura. La III Internacional frente al fascismo (edic. francesa, Maspero, 1970), Siglo XXI, México 1971; Las clases sociales en el capitalismo actual (edic. francesa, Seuil, 1974), Siglo XXI, México 1976; La crisis de las dictaduras (Edic. francesa, Maspero, 1975), Siglo XXI, México 1976; La crise de l’ Ètat, PUF, París, 1976, edición española, La crisis del Estado, Fontanella, Barcelona, 1977; L’Etat, le pouvoir, le socialismo, PUF, 1978, edición española, Estado, poder y socialismo, Siglo XXI, España, 1979; Clases sociales y alianzas por el poder, Zero, Madrid, 1973; además de numerosos artículos y colaboraciones en libros colectivos. Nicos Poulantzas era de origen griego. Nació en Atenas, Grecia, en 1936 y murió en París el 3 de octubre 1979. Las clases sociales en el capitalismo actual, 1976, p. 179. Se refiere al golpe de Estado liderado por Pinochet en el seno de las fuerzas armadas chilenas pero dirigido por el Gobierno de los EE.UU., jugando un papel determinante en el mismo Nixon y Henry Kissinger. Ver William Blum, Killing Hope. US Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage, 2003, USA , hay versión francesa, Les guerres scélérats, L´Àventurine\Parangon, París, 2004, pp.223-234, Tim Weiner, Legado de cenizas. La historia de la CIA, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, pp.321-333, Mario Amorós, Allende. La Biografía; Christopher Hitchens, Juicio a Kissinger, Anagrama, Barcelona, 2002. C.Wright Mills, White Collar. The American Middle Classes, 1951, Oxford University Press. Este trabajo de Mills sigue siendo de extraordinario interés para distinguir la vieja de la nueva clase media. El fenómeno que él estudio como pionero en la sociología, basándose en el caso norteamericano, es muy rico en interpretaciones sobre la mentalidad, la psicología, las maneras de alienación y de sustraerse a las luchas sociales de este nuevo sector social, que teniendo a veces una condición semejante o peor en cuanto a salarios que los de la clase obrera, se siente por “encima” de la clase obrera porque estima que sus condiciones de trabajo son mejores, si bien, en realidad se encuentran psicológicamente en peores condiciones que aquellos. Es difícil encontrar una caracterización literariamente más brillante que la que da Wright Mills de los trabajadores de “cuello blanco”: “La comunidad de sus intereses no es suficiente para unirlos, su porvenir no parece depender de ellos mismos. Sus aspiraciones, si las tienen, van sobre todo hacia el justo medio, en una época donde no existe ya el justo medio; por tanto, es un sueño ilusorio, en una sociedad imaginaria. Ellos están divididos en el interior, y exteriormente, dominados por fuerzas que los sobrepasan. Si ellos quisieran actuar, su acción sería no tanto un movimiento organizado, que una superposición de conflictos aislados. Tomados en su conjunto, no amenazan a nadie; tomados individualmente, llevan una existencia privada de independencia”.(Traducción libre por mí, CJBE, de la edición francesa, François Máspero, Les cols blancs, 1966, p.5). Ver también su ensayo “La Sociología de la Estratificación, en Poder, Política, Pueblo, México, FCE, 1963. Colin Clark, Conditions of Economic Progress, 1940. Al Szymansky, “Trends in the American Working Class”, Socialist Revolution, 10, 1972; Francesca Freedman, “The Internal Structure of the Proletariat”, Socialist Revolution, 26, 1975. Erik Olin Wright, Clase, Crisis y Estado, Siglo XXI, Madrid,1983, p.23.
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17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29.
30. 31. 32. 33. 34. 35.
N. Poulantzas, Las clases sociales en el capitalismo actual Siglo XXI, México 1976, p.28. Idem. p.208 y ss. Vance Packard, Les obsédés du standing, Calman Levy, París, 1960. N. Poulantzas, op.cit., p.169. Ibid., p.176. Ibid., p.12-13. Ibid., p. 13. Ibid. pp. 13-14. Ibid., p.16. Lo expuesto por Poulantzas sobre este asunto merece que lo citemos: “Una clase social, o una fracción o capa de clase, puede no tener una posición de clase correspondiente a sus intereses circunscritos ellos mismos por su determinación de clase. el ejemplo típico es aquí el de la aristocracia obrera, que tiene…en las coyunturas posiciones de clase burguesa. Esto no significa…que se vuelva…parte de la burguesía: se mantiene, por el hecho de su determinación estructural de clase, como parte de la clase obrera, y constituye una capa de la clase obrera…Dicho de otro modo, su determinación de clase no se reduce a su posición de clase…caso inverso… especialmente la pequeña burguesía, pueden tener, en coyunturas concretas posiciones de clase proletarias o que se aproximan a la clase obrera. Esto no quiere decir…que se vuelvan, entonces parte de la clase obrera…a causa de su misma determinación de clase, este conjunto adopta a veces el partido de la clase obrera, a veces el partido de la burguesía (posiciones de clase burguesas)”.. (pero no por ello) entran a formar parte de la burguesía siempre que adoptan posiciones de clase burguesas”. Reducir la determinación estructural de clase a la posición de clase, es abandonar la determinación objetiva de los lugares de las clases sociales por una ideología “relacional” de los “movimientos sociales”. Ib. p.15. Ibid. p.16-17. Ibid.p.192-193. Ibid., p.194. Ibid., p.194. C. Marx, El Capital. Capítulo VI, México, Siglo XXI, 1975, p.80. C. Marx, Histoire des doctrines économiques, ed. Costes, París, t.II.pp.12-13., cit. por NP, p.195. C. Marx, El Capital. Capítulo VI, p.84. N. Poulantzas, op. cit, p.196. C. Marx, El Capital, T.III, México, FCE, 1972, pp.275 y 286. N. Poulantzas, op. cit. p.197. C. Marx, El Capital. Capítulo VI, p.80. N. Poulantzas, op. cit., p.198. Ibid., p. 199. Como dice Marx: “Así como las mercancías que compra el capitalista para consumo privado no se consumen productivamente, no se transforman en factores del capital, tampoco ocurre ello con los servicios que compra por grado o por fuerza (al Estado, etc.) a causa de su valor de uso, para su consumo. Los mismos no se convierten en factor del capital. Por consiguiente no son trabajos productivos y sus ejecutantes no son trabajadores productivos” (vid, capítulo sexto, pp.80-82). N. Poulantzas, op. cit., pp. 199-200. Ibid. p. 200. Marx, El Capital T.III, p.367. Poulantzas, ob.cit. p. 212. Ibid., p. 211-212. Ibid., p.214.
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37. 38. 39. 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46.
47. 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54. 55.
Vid. lo que señala Marx en El Capital libro I. Capítulo VI (inédito), Siglo XXI, 1973, España, pp.78-89: “Es productivo el trabajador que ejecuta un trabajo productivo, y es productivo el trabajo que genera directamente plusvalía, esto es, que valoriza el capital” (p.78) …“con el desarrollo de la subsunción real del trabajo en el capital o del modo de producción específicamente capitalista, no es el obrero individual sino cada vez más una capacidad de trabajo socialmente combinada lo que se convierte en el agente real del proceso laboral en su conjunto, y como las diversas capacidades de trabajo que cooperan y forman la máquina productiva total participan de manera muy diferente en el proceso inmediato de la formación de mercancías o mejor aquí de productos – este trabaja más con las manos, aquél más con la cabeza, el uno como director (manager), ingeniero (enginner), técnico, etc., el otro como capataz (overlooker), el de más allá como obrero manual directo e incluso como simple peón-, tenemos que más y más funciones de la capacidad de trabajo se incluyen en el concepto inmediato de trabajo productivo, y sus agentes en el concepto de trabajadores productivos, directamente explotados por el capital y subordinados en general a su proceso de valorización y de producción” (p.78-79 y ss)…“todo trabajador productivo es un asalariado, pero no todo asalariado es un trabajador productivo” (p.80)… “los funcionarios pueden convertirse en asalariados del capital, pero no por ello se transforman en trabajadores productivos” (p83). También sobre este tema lo expuesto por Marx en Teorías sobre la plusvalía y en El Capital, T.I, p.425. Poulantzas, ibidem. p.220 y Antonio Gramsci, Los intelectuales y la organización de la cultura, Nueva Visión, Buenos Aires, 1972, p.16. Poulantzas, ibidem.p.222 ver también André Gorz, “Technique, techniciens et lutte des classes », en Les temps Modernes, agosto-septiembre 1971. Poulantzas, ibidem. p.224. Serge Mallet, La nueva condición obrera, Tecnos, Madrid, 1969. G.Friedman y P. Naville, La sociología del trabajo, 2 vols., FCE, México, 1967. Poulantzas, ibid., pp. 228-229. Ibid. pp. 229-230. Ibid. p.232. Ibid., p.233. D. Lockwood, The Blackcoated Worker, London, Unwin, 1958 (trad. Española, El trabajador de clase media, Aguilar, Madrid, 1962); J.H.Goldthorpe,, D. Lockwood et al., The Affluent Worker in the Class Structure, Cambridge University Press, Cambridge, 1969; Michel Crozier, Le Phènomène burocratique, Seuil, París, 1964; C. Wright Mills, White Collars: the American Middle Classes, Oxford University Press, New York, 1951 y Poder, Política, Pueblo, FCE, México, 1963. Poulantzas, Ibid. p. 252. Ibid. pp. 262-263. Ibid. pp. 267-268. Ibid. vid, pp. 269-278. Ibid. pp. 275-276. Ibid. pp.278-279. Ibid. pp. 279-280. Ibid. pp. 281-282. Ibid. vid. pp. 282-291.
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15. Críticas a las teorías neomarxistas sobre la nueva pequeña burguesía y la clase obrera
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INTRODUCCIÓN En las Ciencias Sociales lograr un consenso en temas que no se pueden zanjar con una comprobación empírica, cuantificable y verificable, es casi imposible. Las clases sociales es uno de los asuntos que más se han debatido sin que exista una franja de acuerdo amplia. No se trata tan sólo de las diferencias de enfoques y perspectivas que se hacen desde escuelas diferentes e incluso contrapuestas. Desde una misma escuela o tradición de pensamiento es un asunto donde no se logra una confluencia de pareceres. Es el caso de las clases en el marxismo. Aunque todos partan de los textos de Marx, de Engels, e incluso a partir de la Revolución de Octubre de 1917, de los de Lenin y después incluso hay quienes acudan a Mao, la lectura e interpretaciones que se hacen de los mismos son muy divergentes, sean en cuestiones fundamentales para un marxista cómo: ¿Qué se entiende por clase obrera o clase trabajadora? ¿Qué trabajo es productivo y cual es no productivo? ¿Quiénes forman parte de la pequeña burguesía? ¿Cómo se puede determinar la pertenencia de clase de los agentes sociales que en las relaciones económicas desempeñan puestos de trabajo que no responden a la clasificación tradicional de clase obrera o de la burguesía e incluso de lo que se ha entendido tradicionalmente como pequeña burguesía? Hay que admitir que estas discusiones ocupan una importancia inusitada para los marxistas en general y muy especialmente para aquellos cuya actividad intelectual está centrada en la elaboración teórica, en la investigación social y política, pero, nunca hay que olvidar, que el marxismo, incluso el llamado “marxismo académico”, por muy centrado que esté en las aulas universitarias o en las bibliotecas de los centros de investigación, tiene que tener siempre una mirada atenta a la realidad social concreta, a la praxis política y a las luchas sociales. Y es que para el marxismo, el asunto de las clases no es –como para otros sociólogos o politólogos–, algo que interesa muchas veces como una categorización basada en los niveles de ingresos, de los lugares donde se vive, del nivel cultural medido por los diplomas obtenidos, o por el estatus o prestigio social alcanzado, lo que les servirá para hacer más efectivos sus cuestionarios para las encuestas mercadológicas, sociales o políticas. Para el marxismo el tema de las clases remite siempre a asuntos tales como las alianzas de clase, la estrategia a seguir por la clase trabajadora para ir logrando su hegemonía en la sociedad, e indudablemente, tiene que ver con los conflictos sociales, con la lucha de clases en todos los niveles. Es esa especificidad de los marxistas lo que explica el interés y la sutileza interpretativa que demuestran cuando del asunto de las clases sociales se trata. Por ello, hay que reconocer que Poulantzas,en sus cortos años de vida y más cortos aún de dar a conocer sus teorizaciones, logró un impacto y reconocimiento intelectual global. Los enfrentamientos teóricos fueron con casi todo el espectro de las escuelas marxistas y eso nos permite comprender la perplejidad del mismo Poulantzas cuando se quejaba de sus críticos diciendo,que lo acusaban de una cosa y de su contrario. Por ejemplo de que su teorización de las clases era economista o economicista,a la vez que,otros,le señalaban por tener una interpretación de las clases sociales que se basaba no en las relaciones de producción sino en las relaciones políticas e ideológicas.
CRÍTICAS A LAS TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA Y LA CLASE OBRERA
En fin, Poulantzas ha tenido el mérito indiscutible de haber traído a la escena pública, el tema de las clases y la lucha de clases en el capitalismo avanzado. Para ello realizó un análisis muy rico de los cambios que se habían producido en las relaciones económicas y las relaciones ideológicas y políticas en la etapa del capitalismo monopolista, que ya prefiguraba la etapa actual de hegemonía en los “aparatos económicos” de la economía financiera sobre la economía productiva, cuyas tendencias trató de comprender para que, a través de un análisis de los nuevos agentes sociales que producía el capitalismo avanzado, se pudiera establecer una estrategia y unas alianzas de clases que condujeran a establecer, a largo plazo, una sociedad socialista democrática. Por esta razón y porque estimamos que la polémica entre él y algunos de sus críticos traen mucha luz al debate sobre las clases sociales en el capitalismo actual, es que dedicamos un capítulo de nuestro estudio a algunos de los críticos de Poulantzas y, obviamente, aunque de manera muy sumaria, a la respuesta que él le dio a los mismos. Le damos prioridad en la polémica a los teóricos marxistas sobre los funcionalistas y neoweberianos, porque nos parece que son los primeros los que mejor comprenden y profundizan en las elaboraciones de Poulantzas. CRÍTICAS AL ANÁLISIS DE POULANTZAS DE ERIK OLIN WRIGHT Con el fin de tratar de exponer lo más fielmente las ideas de Wright trataré de ceñirme a sus textos. Las críticas que a Wright le parecen más pertinentes hacer a Poulantzas las sintetiza en las siguientes: 1.
Sobre su distinción entre clase obrera y pequeña burguesía. Hay poco fundamento para sostener que a nivel económico, los límites para clasificar como perteneciente o no a la clase obrera vengan dados por la distinción entre trabajo productivo y no productivo. Por otra parte, el uso que hace Poulantzas de los factores políticos e ideológicos socava la primacía de las relaciones económicas en la determinación de la posición de clase.
2.
La afirmación de que la pequeña burguesía tradicional y la nueva pequeña burguesía pertenecen a una misma clase no es consistente debido a que: a) las divisiones ideológicas entre las dos categorías son tan profundas como los aspectos comunes, y, b) porque aunque las relaciones ideológicas pueden jugar un papel en la determinación de las posiciones de clase, carecen de la capacidad de neutralizar posiciones de clase divergentes que vienen determinadas en el nivel económico.
3.
También critica el trato dado a las “fronteras de clase” en el campo de la burguesía. No parece lógico que se incluya a todos los directivos como parte de la burguesía, incluso en los casos que participen de ciertos aspectos de las relaciones de posesión.
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LA FRONTERA DIVISORIA ENTRE CLASE OBRERA Y PEQUEÑA BURGUESÍA Intentando sistematizar las ideas de Poulantzas, presentamos en un cuadro, elaborado por Wright, los criterios de clase para la burguesía, la clase obrera, la pequeña burguesía tradicional y la “nueva pequeña burguesía” en ese autor.(¹) TABLA 9 - CRITERIOS DE CLASE EN POULANTZAS CRITERIOS ECONÓMICOS
CLASE
CRITERIOS POLÍTICOS
CRITERIOS IDEOLÓGICOS
Explotador (Se apropia plusvalía)
Explotado* (Se le extrae plustrabajo)
Explotado (Se le extrae plusvalor)
Dominación
Subordinación
Dominación
Subordinación
Burguesía
+
_
_
+
_
+
_
Clase obrera
_
+
+
_
+
_
+
Nueva pequeña burguesía
_
+
-/+
+/-
+
+/-
+
Pequeña burguesía tradicional
_
_
_
_
+
+
+
*A un asalariado se le extrae “plustrabajo” pero no plusvalía o plusvalor, cuando hace trabajo impagado para el capitalista, pero no produce mercancías reales destinadas al intercambio en el mercado. El trabajador no es formalmente trabajador productivo, pero si es explotado. + = criterio presente = criterio ausente +/= criterio a menudo presente, ausente en ocasiones -/+ = criterio habitualmente ausente, presente en ocasiones
Con el objetivo de aclarar aún más las posiciones de Poulantzas en lo que se refiere a la nueva pequeña burguesía es útil seguir las indicaciones sobre las combinaciones de criterios en que se basa, presentadas en el cuadro de la página siguiente, también elaborado por Wright. (²) LA CUESTIÓN DEL TRABAJO PRODUCTIVO Y NO PRODUCTIVO No existe un consenso entre los teóricos marxistas sobre la cuestión del trabajo productivo e improductivo, de manera que las posiciones de Poulantzas también tienen sus críticos. Los puntos en discusión son: a) la definición del trabajo productivo e improductivo; b) la falta de correspondencia entre la distinción entre estos tipos de trabajo y las posiciones reales que ocupan los agentes en el proceso de trabajo, y, por último, c) la no existencia de diferencias esenciales en los intereses económicos de los obreros productivos e improductivos.
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TABLA 10 - COMBINACIONES DE CRITERIOS PARA LA NUEVA PEQUEÑA BURGUESÍA CRITERIOS ECONÓMICOS
CLASE Explotador (Se apropia plusvalía)
Explotado* (Se le extrae plustrabajo)
CRITERIOS POLÍTICOS Explotado (Se le extrae plusvalor)
Dominación
CRITERIOS IDEOLÓGICOS
Subordinación
Dominación
Subordinación
Trabajo improductivo
Supervisores en la circulación y la realización
_
+
_
+
+
+
+
Trabajo intelectual subalterno
_
+
_
_
+
+
+
Trabajo manual improductivo*
_
+
_
_
+
_
+
Trabajo productivo Supervisores en la producción material
_
+
+
+
+
+
+
Técnicos e ingenieros en la producción material (que no son a la vez supervisor-es)
_
+
+
_
+
+
+
*Por ejemplo, un conserje de un Banco.
TRABAJO PRODUCTIVO E IMPRODUCTIVO En cuanto a la definición de trabajo productivo para Poulantzas se limita a que, además de producir plusvalía, está directamente involucrado en el proceso de producción material. Esto descansa en la creencia de que sólo se genera plusvalor en la producción de mercancías físicas, lo cual para otros autores es arbitrario. Como señala Wright: “Si los valores de uso adquieren la forma de servicios, y si la producción de éstos servicios está destinada al mercado, no hay razón que impida que la producción no material genere plusvalor, del mismo modo en que lo hace la producción de mercancías físicas”.(³) Marx aporta una aclaración de esta cuestión en El Capital cuando señala que un maestro de escuela es un trabajador productivo cuando, además de enseñar a los niños cultivando sus mentes “se mata trabajando para enriquecer al empresario” (dueño del colegio). Y agrega que el empresario: “haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación”. Esto deja muy claro que Marx no reduce el trabajo productivo al trabajo directamente involucrado en la producción material. En el proceso de trabajo real se da una mezcla de actividades productivas y no productivas, de manera que la distinción entre trabajo productivo e improductivo pierde mucha de su utilidad como criterio para la determinación de clase de dichas posiciones. Algunos ejemplos que pueden servir para aclarar esto. Los empleados de almacenes de alimentación, en la medida que colocan mercancías en los estantes (etapa final del transporte de mercancías) son trabajadores productivos, pero en cuanto se dedican a cobrar en la caja son improductivos.
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Esta doble situación se produce también en la producción material. Veamos el caso de la producción de material para embalajes de mercancías. El embalaje cumple dos funciones, es parte del valor de uso de una mercancía, y es parte de los costos de realización bajo el capitalismo, ya que parte del trabajo de envasado cae en el terreno de la publicidad, trabajo que no se puede considerar trabajo productivo porque no produce valor de uso y tampoco plusvalor. Aunque Poulantzas admite que ciertos trabajos tienen este doble carácter considera que siempre será, predominantemente, de uno u otro tipo. Sin embargo, lo importante es que ya en el capitalismo avanzado de finales de los años 70 y posteriormente, esta tendencia a las formas mixtas sería cada vez mayor, ya que refleja dos dimensiones de la actividad laboral más que servir para diferenciar a dos tipos de trabajadores, los productivos y los no productivos o improductivos. La pregunta fundamental es si el interés de los trabajadores productivos e improductivos difieren, si unos, los productivos tendrían interés en cambiar las relaciones de producción capitalistas y establecer relaciones socialistas, y los improductivos, no. Dado que en la teoría marxista se parte de la proposición axiomática de que el interés de clase fundamental de la clase trabajadora es el socialismo. La cuestión sería ¿tienen los trabajadores improductivos interés de clase en el socialismo o no? Existen muchas divergencias sobre el interés económico inmediato de la clase obrera y no solo entre los trabajadores productivos e improductivos, ya que existe mucha diversidad en su seno (diferencias entre los sectores monopolistas y los competitivos, entre los de los países capitalistas avanzados y los de los países periféricos, divisiones por motivos étnicos, por países de origen, de sexo, etc.), pero nada de esto modifica el hecho de que por su posición en las relaciones sociales de producción tienen un interés básico en el socialismo, lo cual es extensivo también para los trabajadores improductivos, o mejor, para buena parte de ellos. Para Poulantzas tanto los trabajadores productivos como los no productivos son explotados, a los dos se les apropia trabajo impagado, pero la diferencia es que en los trabajadores productivos esto se hace bajo la forma de plusvalor, mientras que en el trabajador improductivo el trabajo impagado sirve para reducir los costos para el capitalista de la apropiación de parte del plusvalor producido en otro lugar. En ambos casos el capitalista trata de mantener las retribuciones tan bajas como les sea posible, incrementan la productividad haciendo que los trabajadores trabajen o rindan más, y buscan desposeer a los trabajadores del control sobre su proceso de trabajo. NO EXISTEN DIFERENCIAS ESENCIALES EN LOS INTERESES ECONÓMICOS DE LOS TRABAJADORES PRODUCTIVOS E IMPRODUCTIVOS Así pues, es difícil ver dónde se encuentran las divergencias de intereses económicos entre los trabajadores productivos e improductivos dentro de las relaciones capitalistas de producción. Otra línea de argumentación sería considerar este tema desde el punto de vista no del trabajo sino del capital, como nos propone Wright. Las líneas argumentales serían como sigue:
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•
La distinción entre capital productivo e improductivo no lleva a una frontera de clase entre la clase capitalista y otro grupo.
•
La distinción entre capital productivo e improductivo es percibida como una frontera entre dos fracciones de la burguesía (como puede ser el capital industrial y el bancario o financiero).
Si se sigue la lógica de la argumentación de Poulantzas sobre trabajo productivo e improductivo, se puede argüir que el capital improductivo se encuentra “fuera de la explotación capitalista dominante” y que los agentes que ocupan el lugar de dicho capital no deben considerarse miembros de la clase capitalista en sentido estricto. Obviamente, esto no se sostiene ya que no importa cuales fueran los conflictos de intereses a largo plazo entre las fracciones del capital productivo e improductivo, sus intereses fundamentales, básicos, de clase son idénticos. Eso mismo puede decirse, cambiando lo que haya que cambiar, de la distinción entre trabajo productivo e improductivo y de los agentes que ocupan dichos lugares. LOS CRITERIOS POLÍTICOS E IDEOLÓGICOS Para Poulantzas los criterios políticos e ideológicos son importantes, aunque los económicos desempeñen el papel principal en la determinación de las clases. No obstante, en la exposición que realiza este autor las cosas no están tan nítidas. La clase obrera es lo opuesto de la burguesía en todos los criterios, y basta una desviación en los que definen a la clase obrera para ser excluido de la misma. También realiza Poulantzas una distinción entre la división social del trabajo (DST) y la división técnica del trabajo (DTT), y afirma que la primera prima sobre la segunda, lo cual es cierto, pero identifica la división técnica del trabajo con los criterios económicos, lo cual no parece ser correcto, ya que: “En lugar de considerar a los criterios económicos enraizados en la DTT y a los políticos e ideológicos en la división social, unos y otros deberían ser considerados como dimensiones distintas de la DST. Admitido esto, deja por completo de ser obvio que los criterios políticos e ideológicos deban predominar sobre los económicos en la determinación estructural de las clases. Por el contrario: si dentro de la DST, los criterios económicos van a ser tratados como los determinantes principales de las clases, deberían entonces ser ellos los que en general predominaran sobre los criterios ideológicos y políticos”. (4)
La consecuencia de lo anterior es que el uso que hace Poulantzas de los criterios políticos e ideológicos viene a corroer la base económica de la teoría de las clases, además de tener otros inconvenientes. El criterio político más importante que emplea para la definición de la nueva pequeña burguesía es la posición que ocupa dentro de la jerarquía de la supervisión, lo que amplia de manera muy laxa la noción de lo “político”. Una cosa es decir que la supervisión posee una dimensión política y otra es afirmar que la supervisión es en sí una relación política en el seno de la producción. Respecto a los criterios ideológicos no está claro porque la división intelectual/
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manual puede ser determinante de un límite real de clase, en vez de ver simplemente una división interna de la clase obrera. Si lo manual/intelectual es una dimensión de la dominación/subordinación ideológica en la división social del trabajo (DST), también lo es el sexismo, al calificar a ciertos trabajos como femeninos y afirmar su estatus inferior respecto al trabajo de los hombres, lo que coloca a todos los hombres en una posición de dominación ideológica. Lo mismo puede decirse del racismo, nacionalismo y otras ideologías de dominación/subordinación. Crean divisiones en el seno del proletariado pero no crean criterios de diferencias de clase por sí mismos. Un obrero mujer o varón, blanco, negro o mestizo, autóctono o de origen extranjero, no obstante esas peculiaridades, no deja de ser desde el punto de vista de su posición en las relaciones económicas de producción un obrero. EL PROLETARIADO Y SU EXTENSIÓN SEGÚN LOS CRITERIOS DE POULANTZAS La extensión de la clase no puede ser un elemento esencial para considerar que una conceptualización es más válida que otro, si así fuera, mientras más extensible sea el criterio para clasificar como clase obrera más adecuada sería la teoría. Esto es absurdo, sin embargo, referente a quienes se clasifican o no como clase obrera tiene una importancia política indudable. En ese sentido si se aceptan los criterios de clase proletaria u obrera de Poulantzas nos encontraríamos que en las sociedades capitalistas avanzadas el número de los que pertenecen a la clase obrera sería muy pequeño, y esto, tiene incidencias en la política que se realice. Si aplicamos los criterios de este autor sobre la extensión de la clase atendiendo a las ocupaciones y haciendo una división entre trabajo manual e intelectual o mental, y de las categorías usadas en la industria empleando la distinción entre trabajo productivo e improductivo, nos encontramos con una clasificación como la siguiente: Trabajo intelectual: profesionales, técnicos, directivos (por título ocupacional), oficinistas y vendedores. Trabajo manual: artesanos, operarios, jornaleros, transportes y servicios (conserjes, limpiadores, cocineros, etc.). Sectores improductivos: comercio al por mayor y al por menor, finanzas, seguros, bienes raíces, servicios y gobierno (administraciones públicas). Sectores productivos: agricultura, pesca, minería, construcción, industria, transporte y comunicaciones. Esta clasificación no agota la complejidad de lo real pero sirve de indicador. Según esos criterios de trabajo intelectual, ciertos artesanos serían trabajadores intelectuales, y en las administraciones públicas hay posiciones claramente productivas, de la misma manera que en industrias del sector productivo hay posiciones improductivas. Así pues, si aplicamos el criterio de Poulantzas para definir a la clase obrera constituida por asalariados manuales, que no realicen trabajos de supervisión y, que pertenezcan al sector productivo, llegaríamos a la conclusión que en las sociedades
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capitalistas avanzadas su número sería muy pequeño. En una encuesta sobre condiciones de trabajo realizada en EE.UU. en 1969, aplicándole los criterios de clase obrera de Poulantzas se llegó a la conclusión de que la misma no llegaba al 20% del conjunto de la fuerza de trabajo en ese país. Si se le agregan los que dicen realizar un trabajo de supervisión pero no tienen ninguna capacidad sobre los salarios y la promoción de los supervisados, y se les agrega a la clase obrera, su porcentaje sube al 33%. Aún así sigue siendo una minoría. Mientras la nueva pequeña burguesía se amplía hasta llegar al 60-70% de la población económicamente activa. (5) Ahora bien, si se utilizan otros criterios clasificatorios para la clase obrera con las mismos datos de la encuesta su número crece hasta el 88%. Si se considera como clase obrera a todos los asalariados, se reduce al 52%. Si se excluye a los asalariados que son supervisores, baja a casi el 47%. Si sólo se clasifican como clase obrera a los trabajadores de cuello azul incluyendo a los supervisores de cuello azul, se queda en un 31%. Empero, si se emplean los criterios de Poulantzas de clase obrera: trabajo manual, que no realiza tareas de supervisión y que es un trabajo productivo, el porcentaje se queda en el 19,7%.(6) LA UNIDAD DE CLASE EN LA PEQUEÑA BURGUESÍA La importancia que da Poulantzas a los criterios políticos e ideológicos respecto a los económicos es más visible aún en la argumentación de la unidad de clase entre la nueva pequeña burguesía y la tradicional. A nivel económico ambas pequeñas burguesías tienen una situación diferente, mientras la pequeña burguesía tradicional (trabajadores por cuenta propia o autónomos), está constantemente amenazada por el capital monopolista, que la obliga a salir del mercado por la competencia en precios y el uso del mercadeo y la publicidad masivos; la nueva pequeña burguesía (de asalariados) ve aumentar su reproducción social en función del crecimiento de este tipo de capital monopolista, de las grandes empresas, del sector servicios, de la industria del ocio. Sus intereses a nivel político tampoco parecen coincidir, mientras la tradicional tiene interés en que no aumente el aparato estatal y los agentes sociales que trabajan en los mismos, lo cual conlleva un incremento de los impuestos, la nueva pequeña burguesía requiere que el Estado se expanda, y aumente sus empleados, ya que eso le permite tener más oportunidades de engancharse como asalariados. A nivel ideológico, si bien la característica dominante en ambas es el individualismo, el mismo difiere en ciertos aspectos. La pequeña burguesía tradicional pone el énfasis en la autonomía personal, en ser su propio jefe; mientras que la nueva pequeña burguesía desarrolla un individualismo del tipo trepador, el vinculado a la movilidad individual vertical ascendente en la organización en que trabaja como asalariado. El “tipo ideal” es el hombre de la organización que se identifica con la cultura y los valores predominantes en la organización de que se trate (empresa, administración, organización con o sin fines de lucro, partidos, sindicatos, aparato educativo, ideológico o represivo), y cuyo individualismo está estructurado en torno a las exigencias del progreso burocrático. El pequeño burgués tradicional cuyo tipo arquetípico sería el individualista duro, que gira entre un instintivo “anarquismo” individual o un liberalismo radical (“contra las
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regulaciones estatales, contra los impuestos, contra las limitaciones al uso de las armas, contra el gran capital, contra los políticos, contra los sindicatos”…). Si se pretende igualarlos en un “individualismo pequeño burgués”, sin tener en cuenta estas diferencias fundamentales, se elimina la posibilidad de comprender a estos agentes sociales. Aún teniendo ideologías idénticas –que no es el caso–, no parece que pueda en base a ellas, meterlos en una clase única. En este sentido es esclarecedor este argumento, de una lógica implacable, de Wright: “¿En qué sentido puede considerarse el nivel económico como determinante principal de las relaciones de clase, si dos grupos de agentes con posiciones contradictorias en el nivel económico –que existen, de hecho, en modos de producción diferentes en el nivel económico–, pueden ser agrupados, en base a la ideología solamente, en una única clase? A fin de cuentas el procedimiento adoptado por Poulantzas hace de la ideología el criterio de clase decisivo”. (7)
LOS CRITERIOS PARA DEFINIR A LA BURGUESÍA Uno de los aspectos más interesantes de la teoría de Poulantzas es su insistencia en que respecto a la burguesía hay que ir más allá de una simple categorización en función de la propiedad legal de los medios de producción, así como, en su análisis de los cambios históricos acontecidos entre propiedad económica y posesión. En este aspecto uno puede encontrar los ecos lejanos de las teorizaciones de Dahrendorf casi veinte años antes sobre propiedad legal y control efectivo. La crítica sobre este aspecto tiene que ver con la posición de clase de los directivos, está claro que los altos ejecutivos de las empresas aunque no tengan la propiedad legal, si tienen la propiedad económica y la posesión, por lo que deben ser considerados parte de la burguesía. No lo está, sin embargo, lo que señala Poulantzas sobre los directivos, que no tienen ni la propiedad legal ni la económica, aunque tengan la posesión en razón de su posición directiva. Para él pese a la diferenciación estructural de las diferentes funciones del capital, las posiciones conservan su carácter de partes unitarias del capital, por tanto, ocupar una posición de este tipo basta para calificar al directivo como burgués. “Los agentes dirigentes que ejercen directamente estos poderes y que desempeñan las “funciones del capital” ocupan el lugar del capital, y gozan así de una adscripción de clase burguesa incluso si no tienen la propiedad jurídica formal. Los empresarios forman así, en todos los casos, parte integrante de la clase burguesa”. (8)
Pero ese argumento puede ser puesto de revés y decir que dado que ciertos directivos empresariales no tienen la propiedad económica ni la legal, no son capitalistas, y deben ser excluidos de su pertenencia a la burguesía. También hay que discernir si una posición tiene o no control económico real sobre los medios de producción (propiedad económica), o tiene o no, capacidad para poner esos medios de producción en funcionamiento (posesión). Pero eso no se reduce a tener o no tener, ya que muchas posiciones directivas tienen formas limitadas tanto de
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propiedad económica como de posesión. De manera que si un directivo está muy delimitado en las decisiones que puede tomar y lo único que puede hacer es ejecutar las que proceden de niveles superiores, no debe ser incluido en la clase burguesa. Por último, hay posiciones que son contradictorias. Los directivos excluidos de propiedad económica constituirían una categoría inclusive si tuvieran una posesión parcial de los medios de producción. Wright considera que lo correcto es presentar una conceptualización diferente y alternativa a la de Poulantzas sobre las fronteras de clase, basada en el concepto de situaciones contradictorias dentro de las relaciones de clase. Por tanto, ciertas posiciones ocupan objetivamente situaciones contradictorias entre las clases. TABLA 11 - CRITERIOS PARA DEFINIR A LA BURGUESÍA Y DIFERENCIARLA DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA CRITERIOS ECONÓMICOS
CRITERIOS POLÍTICOS
CRITERIOS IDEOLÓGICOS
Propiedad legal
Propiedad económica
Posesión
Productor directo
Dominación
Subordinación
Dominación
Subordinación
Capitalistas empresariales tradicionales
+
+
+
_
+
_
+
_
Altos ejecutivos de empresas
_
+
+
_
+
_
+
_
Directivos
_
_
+
_
+
_
+
_
Cimas o cúpulas de los aparatos de Estado
_
_
_
_
+
_
+
_
Pequeña burguesía tradicional
+
+
+
+
–
+
+
+
(9) E.O.Wright
LAS POSICIONES AMBIGUAS EN LA ESTRUCTURA DE CLASES La crítica más general a la teoría de las clases de Poulantzas es sobre el trato que dispensa a las llamadas posiciones ambiguas o contradictorias dentro de la estructura de clase. Cuando trata a la clase obrera cualquier desviación de los criterios que emplea para definirla bastan para que se excluya de la misma. Sin embargo, cuando el análisis se refiere a la burguesía es necesaria que la desviación se refiera a todos los criterios para que se estipule la no pertenencia a la clase capitalista. En ambos casos no se contempla que dentro de la división social del trabajo pueden existir posiciones ambiguas o contradictorias de clase.(¹0) El punto de partida es que algunas posiciones se encuentran en situaciones objetivamente contradictorias dentro de las relaciones de clase, o sea, están a caballo entre las relaciones contradictorias básicas de la sociedad capitalista. Este conjunto de posiciones se pueden reducir a tres: 1.
Los directivos y supervisores, que están en situación contradictoria entre la burguesía y el proletariado.
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2.
Ciertas categorías de empleados semiautónomos que conservan niveles de control relativamente altos sobre su proceso laboral y que se encuentran en una situación contradictoria entre la clase obrera y la pequeña burguesía.
3.
Los pequeños patronos están en una situación contradictoria entre la burguesía y la pequeña burguesía.(¹¹)
Señala Wright que en el desarrollo capitalista hay tres cambios estructurales interconectados que ayudan a comprender las relaciones de clase en el capitalismo avanzado: 1.
La progresiva pérdida de control sobre el proceso de trabajo por parte de los productores directos;
2.
la formación dentro de las empresas y las burocracias de posiciones jerárquicas de autoridad complejas, y
3.
la diferenciación de las distintas funciones englobadas en el capitalismo empresarial.
Para concluir –sin que desarrollemos la posición que adopta Wright, que se encuentra ya prefigurada en sus críticas a Poulantzas, y que se desarrollará en el siguiente capítulo–, baste para fijar la diferencia con Poulantzas, las definiciones que da Wright de la clase obrera, la clase burguesa y de las situaciones contradictorias de clase. La clase obrera son aquellas posiciones ocupadas por: 1.
trabajadores asalariados excluídos del control sobre el capital monetario, el capital físico y la fuerza de trabajo, o que,
2.
están ligadas directamente a la clase obrera por sus trayectorias de clase,
3.
ocupan una posición de clase obrera dentro de los aparatos políticos e ideológicos, o sea, están excluídos de la toma de decisiones y de su puesta en práctica como de la creación y difusión de ideología.
La clase burguesa se define como posiciones que: 1.
ocupan una posición burguesa en las relaciones sociales de producción, posición de control sobre el capital monetario, físico y la fuerza de trabajo, o que,
2.
están ligadas directamente a la burguesía por su familia o trayectorias familiares,
3.
ocupan posiciones burguesas dentro de los aparatos políticos e ideológicos, es decir, posiciones que suponen control sobre la toma de decisiones políticas y la
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producción de ideología. La situaciones contradictorias de clase entre la burguesía y la clase obrera, aquellas posiciones que: 1.
se encuentran en una situación de clase contradictoria en las relaciones sociales de producción, posiciones que implican la no coincidencia de las relaciones de control sobre el capital monetario, el capital físico y la fuerza de trabajo, o,
2.
están ligadas directamente a la burguesía por su familia o por trayectorias de clase, o,
3.
se encuentran en una situación contradictoria dentro de los aparatos políticos e ideológicos, es decir, ejecutan, pero no toman decisiones políticas o/ difunden pero no controlan la producción de ideología burguesa. CRÍTICA DEL ANÁLISIS DE LAS CLASES DE POULANTZAS DE ALAN HUNT
Alan Hunt es un sociólogo del Reino Unido especialista en las clases sociales y que en el momento de participar en un debate sobre las teorías de las clases de Poulantzas era el Secretario del Grupo de Sociología del Partido Comunista Británico, partido pequeño pero al cual han pertenecido figuras intelectuales notables del marxismo como es el caso del historiador Eric Hobsbawn, quien murió sin haber nunca abjurado de sus ideas comunistas y de su adscripción al Partido Comunista. La crítica que vamos a exponer en sus lineamientos fundamentales se encuentra en su participación en el libro Class and Class Structure. (¹²) EL PROBLEMA DE LA IDENTIFICACIÓN DE LA CLASE OBRERA Hasta la revolución soviética de 1917 la cuestión de la identificación de la clase obrera no era un problema, ya que se identificaba con el obrero industrial. Lo que se discutía era la relación de la clase obrera con otras clases. La identificación de las fronteras de la clase obrera se plantea con el fracaso de esa clase para desencadenar y hacer triunfar la revolución obrera-socialista en Occidente. Con el triunfo del fascismo y del nazismo es que se va a poner gran atención a las diferenciaciones en el seno de la clase trabajadora y a las relaciones en su seno. Y también posteriormente de las alianzas de clase, la lucha por la hegemonía de la clase obrera etc. En países como Inglaterra se identificaba la clase obrera con los trabajadores industriales e incluso con todos los trabajadores asalariados, sin hacer muchas distinciones, todos eran parte de la working class, que significa tanto clase obrera como clase trabajadora, aunque el diccionario de Oxford, señala que es la “clase social cuyos miembros hacen trabajo manual o trabajo industrial por un salario”. (¹³) Hubo una división entre un concepto estrecho y uno amplio de clase obrera. El amplio identifica a la clase obrera con los que venden su fuerza de trabajo por un salario. O sea, sería la mayoría de la población. Esto conlleva una estrategia política no
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insurreccional de la toma del poder y de la revolución socialista por el peso preponderante en la sociedad de la clase trabajadora. La cuestión que se plantea es estudiar y analizar las diferentes fracciones en su seno con objeto de comprender las condiciones para lograr la unidad de dicha clase. El problema que se plantea en esta concepción extensa es el criterio de los salarios, ya que era obvio la dificultad de aceptar como miembros de la clase trabajadora al personal militar, a los funcionarios públicos dirigentes, a los directores administrativos, o sea, a todo el personal directivo, sea de empresas privadas como a los del sector público. La definición estrecha o estricta especifica que clase obrera son los trabajadores productivos u obreros industriales. De este modo la clase obrera sería una pequeña proporción en declive, de la población total de las sociedades capitalistas avanzadas. La revolución socialista dependería de una alianza con otras clases con intereses diferentes a los de la clase obrera. En ese sentido la salida es más de tipo insurreccional. Dicho lo cual se puede decir que tanto la definición amplia o la restrictiva llevan a la conclusión de que la identificación de la clase obrera no puede verse como una simple cuestión teórica, sino profundamente política, esencial para la formulación de una estrategia política para una transición al socialismo. (¹4) POULANTZAS Y LA IDENTIFICACIÓN DE LA CLASE OBRERA SEGÚN HUNT Poulantzas ha hecho la presentación más rigurosa de la concepción estrecha o restrictiva de la clase obrera, como estando compuesta por trabajadores manuales productivos, excluyendo a amplios sectores de trabajadores asalariados clasificados como formando una clase diferente la “nueva pequeña burguesía”. A pesar de señalar que los criterios políticos e ideológicos son de importancia en la definición de las clases su enfoque se centra en lo económico, su punto de vista es “esencialmente economista” o economicista de las clases sociales.(¹5) Para Poulantzas “la clase obrera en el modo de producción capitalista es la que efectúa el trabajo productivo de ese modo de producción”. Dice Hunt que: “El error de Poulantzas consiste en hacer derivar su definición de un nivel conceptual…(el proceso productivo) del cual el designa como dominante (las relaciones sociales de producción). El sofisma está en hacer derivar una definición de clase obrera exclusivamente del proceso de trabajo. El resultado es una definición economista o tecnicista de la clase obrera….La consecuencia de localizar la definición de clase obrera en relación al proceso de trabajo consiste en la disminución del significado atribuido por Poulantzas a las relaciones de propiedad”. (¹6) TRABAJO PRODUCTIVO Y RELACIONES DE CLASE La frontera entre clase obrera y nueva pequeña burguesía (NPB) en el plano económico viene dada en Poulantzas por la distinción entre trabajo productivo y no productivo, que contrapone a la basada en la clase obrera como basada en el trabajo asalariado. Su rechazo al trabajo asalariado como elemento principal de definición de la clase obrera que identifica con una concepción socialdemócrata, es debido a que, según afirma, “los
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salarios son una forma de distribución del producto social”.(¹7) Esta ecuación de salarios y modo de distribución determina su argumentación. Hunt afirma sobre esto que: “Los salarios no son exclusivamente una parte de la distribución de la misma manera que el capital no está exclusivamente relacionado con la esfera de la producción…Etiquetar simplemente a los salarios como una forma de distribución oscurece el hecho de que los salarios, tal como el capital, hacen una progresión cíclica. Marx observa que la relación salarial nunca asume la forma del rendimiento del trabajador, hasta que se ve confrontado este trabajador en la forma del capital”. De manera que sugiere Hunt que Poulantzas “no acierta al dejar de lado el criterio de trabajo asalariado como determinante de la clase obrera”. (¹8)
Respecto al uso que hace de la distinción de trabajo productivo y no productivo, aunque Hunt no quiere entrar en demasiadas complejidades señala que quiere llamar la atención sobre lo que considera la cuestión central: ¿Es correcto usar la distinción de Marx entre trabajo productivo y no productivo para definir la identificación económica de la clase obrera? La distinción que hace Marx trae mayores complejidades que las que Poulantzas hace ver,(¹9) pero si se acepta, la conclusión sería que hay que excluir a grandes segmentos de los trabajadores asalariados de la clase obrera: todos los trabajadores del sector comercial, todos los funcionarios del estado, incluídos los del sector de las empresas “productivas” nacionalizadas o públicas, que son pagados con los impuestos públicos, lo que los haría improductivos, pero si se usa el criterio de su relación con la producción de la plusvalía, la cosa ya no es tan evidente. Los enormes gastos del Estado en educación y salud, es un componente cada vez más importante de los salarios reales, en cuanto el trabajo realizado allí puede ser tomado como una contribución para la reproducción del capital variable, claro, eso no prueba que los funcionarios del Estado sean trabajadores productivos, pero demuestra que el uso de la distinción trabajo productivo/improductivo es más problemático de lo que Poulantzas sugiere. También el uso que hace Poulantzas de la distinción de trabajo productivo/ improductivo no es fiel al propio Marx. Si se parte de la definición de Poulantzas: “Trabajo productivo, en el modo de producción capitalista, es el trabajo que produce plusvalía reproduciendo directamente los elementos materiales que sirven de substrato a las relaciones de explotación”. Marx rechazó de manera enérgica el criterio de producción material y de hecho critica a Adam Smith por incluirlo en su definición de trabajo productivo. (²0) Esta restricción de la definición de trabajo productivo se manifiesta particularmente cuando Poulantzas argumenta sobre los trabajadores del servicio público, contentándose con calificarlos como improductivos porque su trabajo es cambiado por renta pública. El error está en encarar la relación desde el punto de vista del consumidor/comprador de servicios. Desde el punto de vista del capitalista, que invierte tanto fuerza de trabajo como capital en la producción del servicio, los trabajadores de escritorios de la industria son pagados del capital variable (y no de las rentas públicas), y el servicio público es
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vendido como una mercancía (tenga o no una forma material), produciendo por consiguiente plusvalía, que es apropiada por el capitalista. Esto se puede ilustrar con el siguiente ejemplo: como consumidor me es indiferente si mando a limpiar las ventanas contratando a un trabajador por cuenta propia o a una empresa de limpieza, en cualquier caso gasto mi salario para pagar el servicio, pero de esto no se deduce que la posición del individuo que desempeña la tarea sea la misma. El empleado de la firma es pagado por el capital que ha avanzado el capitalista, produciendo el trabajo ha realizado plusvalía que es apropiada por su empleador. Por tanto, se puede considerar al trabajador de la empresa como un trabajador que produce un plusvalor y por ende como trabajador productivo. En el caso del trabajador por cuenta propia –según Hunt– este no es un trabajador productivo ni improductivo, ya que como dice Marx en Teorías sobre la plusvalía, “su producción no está subordinada al modo de producción capitalista”. La misma crítica se puede aplicar al concepto de Poulantzas de “trabajador colectivo”, que concluye que los técnicos, ingenieros y científicos no son miembros de la clase obrera. La interpretación que hace es semejante a la de la división entre trabajo manual e intelectual, que ve como la característica principal de las relaciones ideológicas en el seno de la división social del trabajo. Esto tiene como efecto desviar la atención del significado de trabajador colectivo en el nivel económico. Además acusa de reduccionismo económico al hecho de atribuir significado al trabajador colectivo. Expuesto de manera sumaria, Hunt le da una gran importancia al concepto de “trabajador colectivo” en la identificación de las clases sociales. Con el desarrollo histórico del MPC el producto deja de ser el producto directo de un individuo para convertirse en un producto social producido en común por un trabajador colectivo. (²²) Donde hay que insistir es en que el trabajo colectivo se hace cada vez más importante para comprender el proceso moderno de producción capitalista. La automatización, la robótica, la I+D+I, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, impulsan cada vez de manera más acentuada el trabajo colectivo, y más aún con el auge del trabajo en red. Marx ya señalaba el impacto que tendrían las máquinas en el proceso de trabajo cuando decía en los Grundrisse: “…el ser humano va a contar más como vigilante y regulador del propio proceso de producción…en una palabra, el desarrollo del individuo social que surge como el principal soporte de la producción y de la riqueza”. (²³) El concepto de trabajador colectivo tiene un impacto directo en la distinción entre trabajo productivo e improductivo. Si en etapas anteriores del desarrollo de las relaciones de producción capitalistas muchos trabajadores asalariados eran considerados improductivos deben ser considerados ahora como productivos, como parte del trabajador colectivo. Como sugiere Braverman ellos participan de la opresión y explotación que caracteriza la vida de los trabajadores productivos. (²4) Si se acepta la formulación de Poulantzas de trabajo productivo e improductivo para identificar económicamente a la clase obrera se incurre en muchas anomalías. Por ejemplo, un maestro que trabaja en una escuela privada además de enseñar a sus alumnos hace que el dueño del colegio obtenga un beneficio con su trabajo, por ende, es un trabajador productivo. Pero el maestro de una escuela pública como no enriquece con su trabajo a un empresario es un trabajador improductivo. Un empleado que amontona
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cajas en un supermercado es un trabajador productivo pero la cajera no lo es. Igualmente los conductores de un camión de mercancías serían trabajadores productivos mientras que los conductores de autobuses de pasajeros serían trabajadores improductivos. PLUSVALÍA Y CLASE TRABAJADORA Hunt expone un razonamiento interesante para refutar a Poulantzas. No duda que el descubrimiento de la plusvalía desempeñó un papel central en la teoría económica marxista, pero considera que es discutible que este concepto sea determinante en la definición económica de la clase trabajadora. El concepto de plusvalía y la distinción entre trabajo productivo e improductivo, que se deriva de él, desempeñan un papel fundamental en el objeto de investigación que sus escritos económicos apuntan, es decir, la crítica de la economía política. Ahora bien, el concepto de plusvalía no tendría igual importancia aplicado a otro objeto de investigación, como lo es el de las clases sociales. Cuando Marx en el tomo III de El Capital trata de manera inacabada el tema de las clases sociales como objeto de investigación lo hace desde un punto de vista insustentable desde la posición teórica de Poulantzas, ya que avanza un modelo tripartito de las clases (capitalistas, propietarios agrícolas y trabajadores) que se distinguen a partir de sus fuentes de renta. De lo cual colige Hunt que “no es tan evidente que el concepto de plusvalía proporcione el medio de diferenciar las clases sociales en el seno del modo de producción capitalista”. (²5) A continuación señala que cualquier criterio fundamental para la determinación de las clases debe pasar por un test esencial: Deberá revelar diferencias reales entre las clases y sus miembros. Y se pregunta, ¿el criterio de trabajo productivo/improductivo revela tales diferencias reales? Como ya demostró Hunt con los ejemplos de más arriba, el uso de este criterio falla en la distinción entre posiciones en el proceso de trabajo, ya que impone una división entre posiciones que comparten características comunes importantes. Veamos, los trabajadores productivos e improductivos comparten las siguientes características: a) Ambos son explotados a través de la extracción de una parte de su trabajo, b) ambos tienen relaciones antagónicas con sus patronos, c) el valor de su fuerza de trabajo es determinada del mismo modo, esto es, por el costo de su reproducción, d) su fuerza de trabajo (del tipo predominante que sea “manual” o “intelectual”), es comprada por los empresarios para el mismo fin, la realización de un beneficio. Conclusión: dadas estas semejanzas fundamentales entre trabajadores productivos e improductivos, el hecho de que se puedan distinguir en relación a la producción de plusvalía no basta para colocarlos en clases diferentes, y por tanto, opuestas. Tampoco considera Hunt que haya motivo para colocar a los trabajadores improductivos en una clase designada como “nueva pequeña burguesía”, cuya única conexión con la categoría de Marx de “pequeña burguesía” se encuentra en los niveles político e ideológico. Esta misma objeción es la que hace Wright (²6) cuando arguye que el concepto de trabajo productivo no proporciona un criterio para localizar una frontera de clase entre trabajadores productivos e improductivos. Y dice que ambos tipos de trabajadores tienen un interés económico común en el socialismo, aunque a ello habría que añadir que eso no puede ser simplemente una constatación acerca de intereses económicos
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sino que envuelve necesariamente el nivel político. Es importante decir que la base del supuesto conflicto entres ambos tipos de trabajadores residiría en que uno produce plusvalía (trabajador productivo), mientras que el otro (el trabajador improductivo), viviría de la plusvalía creada por los primeros. Marx ha dicho al respecto que si bien el trabajador improductivo no crea plusvalía le permite al capitalista con su trabajo apropiarse de la plusvalía, y es por tanto una fuente de beneficio para él. De lo que puede inferirse que el trabajo de los trabajadores improductivos es tan necesario a la reproducción y expansión del capital como el de los trabajadores productivos. Agregar solamente que trabajo productivo e improductivo no tiene nada que ver con la distinción, de índole moralista, entre trabajo útil e inútil. CRÍTICA DE LA DETERMINACIÓN POLÍTICA E IDEOLÓGICA DE LAS CLASES EN POULANTZAS Hunt no está de acuerdo con la interpretación de Poulantzas del papel de lo político y de lo ideológico en la determinación de las clases sociales. La preocupación esencial de lo que fue designado por Perry Anderson como el “marxismo occidental” (²7), ha sido la reacción contra el determinismo económico del marxismo tanto de la Segunda como de la Tercera Internacional. Según Hunt, aunque el análisis que hace Poulantzas sobre los niveles ideológicos y políticos en la determinación de las clases sociales, se inserta en la tradición de la “autonomía relativa”, no logra realizar este objetivo. Al final, su teoría “es profundamente economicista” (²8). La frontera de la clase obrera es especificada o determinada al nivel económico (el criterio del trabajo productivo), y esa frontera prescrita económicamente es simplemente reforzada a los niveles político e ideológico. Su análisis de la determinación ideológica y política de las clases sociales continúa operando con un criterio económico. En cuanto parece insistir en la “autonomía relativa” de lo político e ideológico, en la práctica, eso le sirve para subrayar la determinación del nivel económico. “El resultado final es un análisis economicista apoyado en los niveles político e ideológico”. (²9) Esto se puede comprobar en su análisis de la “nueva pequeña burguesía”. Su insistencia en que los trabajadores no productivos no son miembros de la clase obrera lo pone frente a un problema, ya que si no son miembros de la clase obrera ¿a qué clase pertenecen? Poulantzas había rechazado la teorización del PCF de que eran un “estrato intermedio” y eso lo conduce por la propia lógica de su discurso a clasificarlos como una “clase nueva” o alinearlos dentro de una clase ya existente, que es la solución que adopta. Los alinea con la “pequeña burguesía”, pero como ocupan posiciones diferentes en la producción, resuelve el problema apelando a que la pequeña burguesía tradicional y la nueva, pese a sus diferentes posiciones económicas, tienen los mismos efectos a nivel político e ideológico. La conexión entre la vieja y la nueva pequeña burguesía la realiza Poulantzas atribuyendo ciertas características ideológicas y políticas a esa “nueva pequeña burguesía”. A partir de esto concluye que estas características político-ideológicas dan una base suficiente para considerar a estos conjuntos, con diferentes lugares en la economía, como formando parte de una misma clase relativamente unida, la pequeña burguesía. Para Hunt este argumento no es satisfactorio y, además, es extraño al método marxista.
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Apela a la realidad empírica para mostrar que no existe tal uniformidad entre las posiciones políticas e ideológicas entre los trabajadores no productivos y que probarlo requiere un análisis más elaborado que el de la “imputación arbitraria” que hace Poulantzas, que no ofrece más que una caricatura que es un lugar común en el análisis burgués subjetivo. Los argumentos teóricos de Poulantzas que sustentan su análisis son: 1) a nivel ideológico, la distinción entre trabajo intelectual y manual, y 2) a nivel político entre relaciones de dominación y de subordinación, específicamente al papel de supervisión y administración. Sin rechazar la importancia que puedan tener, hay que ver como Poulantzas hace uso de ellos. La división entre trabajo manual e intelectual, según éste, da origen a una relación ideológica de privilegio y dominación a través del monopolio del conocimiento sobre el trabajo manual. Cita en apoyo la caracterización de Gramsci de los ingenieros y técnicos como intelectuales modernos, pero su utilización en este contexto es ahistórica en la medida en que no tiene en cuenta las alteraciones ocurridas en el proceso de trabajo bajo el capitalismo monopolista. La división entre trabajo intelectual y manual tal vez pueda ser mejor percibida como teniendo efectos ideológicos que no son simplemente el resultado de la división técnica del trabajo, y no son, por tanto, consecuencias necesarias o inevitables de la propia división entre trabajo intelectual y manual. Hunt propone que se considere a los trabajadores intelectuales o mentales como parte del “trabajador colectivo”, y efectivamente se puede considerar que sus características ideológicas pueden ser contradictorias, pero eso es una consecuencia posible pero no necesaria de la división del trabajo. En Poulantzas, por el contrario, hay una concepción determinista de la ideología como siendo determinada por el nivel técnico o económico. Respecto al nivel político también la división entre trabajo manual e intelectual o mental, ocupa un importante papel en la teoría de Poulantzas. Las relaciones políticas en el interior del proceso de producción asumen la forma de la dominación de la clase obrera por parte de los que desempeñan tareas de supervisión y administración. Presenta la supervisión como encarnando la dominación de las relaciones políticas capitalistas sobre el proceso de producción: dirigentes y supervisores, según Poulantzas, “ocupan el verdadero lugar del capital”, o lo que Carchedi denomina “la función del capital”. De manera que, como muy bien señala Wright: “Una cosa es decir que la supervisión tiene una dimensión política y otra decir que ella es propiamente relaciones políticas en el interior de la producción”. (³0) Además, hay que constatar que hay amplios sectores de trabajadores manuales que desempeñan funciones de supervisión del trabajo de otros trabajadores manuales y no se puede decir que por ello estén ocupando el lugar del capital.
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LA PROPUESTA DE ALAN HUNT SOBRE LA IDENTIFICACIÓN DE LAS CLASES El concepto marxista de clase está en una relación directa con el concepto central de “relaciones sociales de producción”. Las clases pueden ser definidas como agregados sociales que ocupan posiciones comunes en las relaciones sociales de producción. Por tanto, veamos cual es el concepto que tiene Marx de las mismas. Pero lo primero que hay que decir es que no recibió por parte de él ninguna elaboración sistemática, y ha sido poco examinado en las discusiones marxistas en los tiempos de Poulantzas, Althusser, Balibar, etc. Hunt considera que los dos conceptos de Marx deben llevar a “distinguir diferentes niveles en el interior de las relaciones sociales de producción”, niveles que tendrían “una función esencialmente descriptiva”: a) relaciones de producción inmediatas o técnicas (correspondientes al concepto de Marx de relaciones de producción); b) relaciones de clase de producción; (correspondientes al concepto de Marx de relaciones sociales de producción; y c) relaciones de producción generales o históricas. Para el sociólogo británico este tercer nivel tendría la cualidad de traspasar los límites de cualquier modo de producción particular. Marx no ha explicitado esos tres niveles, pero si hay una concepción bastante explicitada de los diferentes niveles de división del trabajo (división sexual del trabajo, división entre campo y ciudad y división entre trabajo mental y manual). Esto lo explica Hunt del siguiente modo: “Independientemente de la localización de los individuos en el proceso de producción, existe en el modo de producción capitalista una relación generalizada entre trabajo y capital; y es esta relación, que constituye una relación de clase entre la clase capitalista y la clase trabajadora, es la relación social fundamental del capitalismo”. (³¹) De lo anterior se derivan tres proposiciones más amplias: I.
Las relaciones de clase no son simplemente un agregado de múltiples relaciones entre patrón-empleado.
II. La pertenencia de clase de los individuos no debe ser atribuida simplemente por sus ocupaciones. III. Hay que insistir en el carácter relacional del concepto marxista de las clases. (³²) Hay que insistir en el carácter relacional del concepto marxista de las clases. (³²) Las clases tienen una existencia independiente de los individuos, tampoco son cosas, sino conjuntos de relaciones sociales caracterizadas por su existencia general y por el carácter antagónico de la relación. Como destaca Braverman, la relación trabajo-capital “crea una relación social y a medida que esta relación es generalizada por el proceso de producción da origen a las clases sociales”, lo cual puede aceptarse si se añade que las clases no surgen por una simple extensión cuantitativa de la relación trabajo-capital, las clases no derivan de las relaciones técnicas de producción. (³³) Las relaciones sociales capitalistas deben verse como una combinación interactiva
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de relaciones técnicas y relaciones de clase. La insistencia en subrayar que las relaciones de clase existen a un nivel diferente de las relaciones técnicas de producción es permitirnos abordar el papel desempeñado por la política y por la ideología en la determinación de las clases. Hay una ambigüedad e incluso una contradicción en Marx cuando afirma, por un lado, el primado del nivel económico, y por el otro, localiza las clases explícitamente en términos de relaciones políticas e ideológicas, como expone en su conocidas formulaciones en el Dieciocho Brumario. (³4) De todo lo anterior Hunt concluye que la identificación de la clase trabajadora no está en escoger entre criterios económicos alternativos, no puede reducirse a un debate entre trabajo productivo y trabajo asalariado, en cuanto determinantes de una frontera de clase. El nivel económico proporciona la extensión y los límites posibles de las fronteras de clase. Así se puede argumentar que una concepción de la clase trabajadora especificada como trabajadores asalariados y no propietarios de los medios de producción proporciona las fronteras posibles y potenciales de la clase trabajadora. Si categorías particulares de trabajadores, sean empleados comerciales o funcionarios del Estado, forman parte de la clase trabajadora, eso no está determinado solamente por el nivel económico. De manera que la preocupación por la posición de clase de los llamados “cuellos blancos”, por ejemplo, se puede entender en términos de su progresiva proletarización, pero también en términos de sus prácticas políticas e ideológicas. Dándose muy claramente una interacción entre los niveles económico, político e ideológico. Después de todo ese desarrollo Hunt se decanta con esta afirmación: “Las clases no deben ser concebidas como “cosas”, como entidades fijas que pueden ser identificadas al nivel de las relaciones económicas. Las clases solo existen en cuanto conjunto de prácticas o de actividades, que constituyen prácticas de clase, esto es dan por un lado origen a una relación antagónica a otras prácticas, y por tanto a otra clase y, por el otro lado, las llevan a relaciones más próximas con las prácticas que determinan una identificación de clase con cualquier sección o categoría de la población”. (³5)
Las prácticas políticas e ideológicas tienen como efecto establecer una relación de los participantes con las clases. Prácticas que pueden servir para unir o ligar a los participantes a una clase, y por otra, actúa separando o distanciando de otras posiciones de clase. Si nos fijamos en los técnicos y los gerentes, no es tanto su función en la producción, digamos en cuanto realizan la “función del capital”, lo que determina su posición de clase. Son las prácticas en que son desempeñadas sus funciones en el proceso de producción lo que constituyen el factor decisivo. Y afirma de manera muy clara y contundente Hunt: “una orientación subjetiva de tales sectores es importante, no, como argumentarían los sociólogos burgueses porque determina su posición de clase, sino en cuanto evidencia los efectos de la política y de la ideología. Así, si los gerentes identifican sus intereses con los dueños del capital, eso constituye el efecto de relaciones políticas y económicas. Estas prácticas deben ser estudiadas en relación con el nivel económico, siempre que sus ingresos estén ligados a
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los beneficios de la compañía, por ejemplo, eso tendrá un efecto de reforzamiento de una aproximación ideológica al capital”. (³6) Ahora bien, eso es lo que ocurre de manera generalizada en las empresas que dan bonificaciones, stock-options, y otras ventajas económicas a sus cuadros superiores y gerentes en función de la obtención de beneficios extras. Utilizando el anterior criterio es que Hunt excluye a los militares y policías de la clase trabajadora, ya que piensa que no es necesario aquí sustentarse en criterios económicos. Lo que no excluye que hayan transiciones complejas entre varias posiciones de clase en sus diversos componentes, como se ha demostrado, en Santo Domingo con la revolución de abril de 1965, Portugal, con la llamada revolución de los claveles de 1975, en Venezuela con el apoyo de las Fuerzas Armadas al presidente Chávez; y al contrario, como más habitualmente ha ocurrido no solo en América Latina sino en la misma Europa (Franco, golpe de los coroneles en Grecia). (³7) Dentro de la clase trabajadora, definida en cuanto al trabajo asalariado y la no propiedad de los medios de producción, es donde el criterio económico se muestra especialmente importante, para diferenciar fracciones, capas o estratos de clase. Aquí la distinción entre trabajo productivo e improductivo adquiere significado. Se puede distinguir un núcleo de clase trabajadora: los trabajadores industriales, productivos, manuales, que ocuparían una posición central, constituyendo según la tradición marxista, el sector más decisivo de esa clase. Lo sería porque produce plusvalía directamente que es la fuerza motora del capitalismo, del modo de producción capitalista. Pero empleando el mismo argumento y, si el mismo es correcto, es decir, si la producción de plusvalía es cada vez más efectuada por el “trabajador colectivo”, y si es cierto que en las industrias más recientes de producción de energía eléctrica, nuclear, petroquímica, componentes informáticos, como chips o software, la robótica, etc., un gran porcentaje de la fuerza de trabajo está constituida por técnicos y otros trabajadores intelectuales o mentales, entonces el carácter del núcleo económico se altera. Sin embargo estos “recién llegados” al mundo de la producción, al núcleo económico de la clase trabajadora, tienen poco que ver con las características del “proletariado industrial”. El denominado núcleo de la clase trabajadora también puede ser enfocado como el que es políticamente significativo, o sea, la fracción o segmento de la misma con más conciencia de clase. Su significado político, además de la naturaleza de producción colectiva que da origen a la organización de los trabajadores, principalmente en sindicatos, proporciona una experiencia directa de la explotación capitalista. Por tanto, aunque se pueda hacer uso de la noción de “núcleo de la clase trabajadora”, no se debe confundirlo con la noción de “clase trabajadora u obrera tradicional”. En un momento dado los trabajadores de los puertos o los mineros con una alta sindicalización y movilización se vieron como ese núcleo, pero posteriormente con la evolución de la economía, los trabajadores no manuales se afiliaron en masa a los sindicatos y fueron introduciendo otras reivindicaciones, como el control del trabajo, que no lo planteaban los trabajadores manuales. Por tanto se puede colegir que el núcleo de la clase trabajadora, tanto en el terreno político como en el económico, no es estático. Que su composición se modifica, cambia de manera necesaria, con el desarrollo que ocurre en el modo de producción capitalista.
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Lo cual nos lleva a otra conclusión también de importancia capital: la estrategia política revolucionaria requiere un análisis continuo e históricamente específico de la formación de clase y de las relaciones de clase. Concluye Hunt su argumentación teórica con este desarrollo: “Si las clases deben ser identificadas a través de sus prácticas de clase, que expresan, de un lado, una experiencia común de clase, y por otro lado, su oposición a otra clase, será entonces necesario distinguir diferentes niveles de las prácticas de clase. Esos niveles no pueden ser establecidos en referencia a cualquier jerarquía pre-ordenada, que, por ejemplo, define a una “lucha de clases revolucionaria” como situada a un nivel superior al de la “lucha de clases económica”. (³8)
Niveles más elevados de prácticas de clase serán considerados como formas que dan como efecto la movilización de las prácticas de clase que envuelven y unen a todos los trabajadores asalariados/no propietarios de medios de producción.
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12.
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Erik Olin Wright, Clase, Crisis y Estado, Madrid, Siglo XXI, 1983, p.37. (1era. Edición en inglés de 1978). Idem, p.38. Ibidem, 39. bid. ,p.45. Erik Olin Wright, Tesis doctoral (inédita) Universidad de California Berkeley, Class structure and income inequality. Wright, Clase,Crisis y Estado, .p.51. Id. ,p.52). N. Poulantzas, Las Clases Sociales en el Capitalismo Actual, Siglo XXI, México, 1976, p.169. Wright, Clase, Crisis, Estado, p.53. Idem. P.54. Ibid., pp. 56-57. Alan Hunt N. Poulantzas et al., Class and Class Structure, Lawrence and Wishart, Londres, 1977. Hay traducción portuguesa, Classes E Estrutura Das Classes, Lisboa, 1982, la ponencia de Hunt se titula “Teoría y Política de identificación de la clase obrera”. Hunt ha publicado también “Class Structure in Britain Today, en Marxism Today, junio, 1970; “Law, State and Class Struggle”, Marxism Today, junio, 1976, y “Lenin and Sociology”, Sociological Review, febrero, 1976. Vid. Oxford Advanced Learner’s Dictionary, Oxford University Press, UK, 1990, cuarta edición.en el Longman, Dictionary of Contemporary English, Longman Group, UK, 1995 define a la workingclass, como empleada especialmente en Gran Bretaña para designar el grupo de personas que hacen un trabajo físico y que no tienen mucho dinero o poder. Se sobre entiende que trabajan por un salario. Hunt, op. cit., p.96-97. Id., p.97. Ibid. p.99. Poulantzas, “On Social Classes”, New Left Review (NLR), 78, 1973, pp.27-54 cit. por Hunt, op. cit. Hunt, op. cit. p.101. Vid., El Capital, T.III, p.856, edic. inglesa. Vid Ian Gough, “Marx’s Theory of Productive and Unproductive Labour”, NLR, 76, 1972, pp. 166-193. Hay trad. española “La teoría del trabajo productivo e improductivo en Marx”, en Crítica de la Economía Política, Fontamara, Barcelona, 1977. Vid. Karl Marx, Theories of Surplus Value, T.I, Lawrence and Wishart London, 1969, p. 407, cit. por Hunt. Hay trad. española Teorías sobre la plusvalía, Grijalbo, Barcelona, 1972. Karl Marx, El Capital, libro I, capítulo VI, Siglo XXI, España, 1973, pp78 y ss. Karl Marx, Grundrisse, Penguin, London, 1973, p.705, cit. por Hunt. Hay trad. española, Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía, Siglo XXI, Madrid, edición de 2013. Harry Braverman, Labour and Monopoly Capitalism, Monthly Review Press, NY, 1974, p. 418. Hay trad. española, Trabajo y Capital Monopolista. La degradación del trabajo en el Siglo XX, Nuestro Tiempo, México, 1975. Hunt, op. cit., p.105. E.O. Wright, “Class Boundaries in Advanced Capitalist Societies” NLR, 1976, Nº 98, pp.1516. Perry Anderson, Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, España, 1979. Hunt, op. cit, p.108.
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Id.p. 109. E.O. Wright, “Class Boundaries in Advanced Capitalist Societies”, NLR, Nº 98, 1976, p.20. Hunt,.ob.cit., p.113. Id., p. 115. Vid Braverman, op. cit, p.413. Cit. por Hunt, op.cit.p. 116. Marx y Engels, Selected Works, I, Foreing Languages Publishing House, Moscow, p.334. Hay trad. Española, Marx Engels, Obras Escogidas, Akal, Madrid, 1975. Vid. El capital T.III, Londres,p.79. Hunt, op. cit., p. 119. Idem. p.119. Vid. Nicos Poulantzas, Las crisis de las dictaduras. Portugal, Grecia, España, México, Siglo XXI, España, 1976; para una historia sobre los golpes de estado, Les coups d`Ètat, dirigida por Jean Dumont, Club des Amis du Livre, París, 1963. Hunt, op.cit., p.120 y ss.
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16. Teorías neomarxistas sobre las clases sociales: Wright El marxismo de Wright es la ciencia social convencional, pero guiada por la búsqueda del socialismo. Mike Beggs, editor de la revista Jacobin
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INTRODUCCIÓN Erik Olin Wright es, desde mi punto de vista, uno de los principales teóricos mundiales en materia de las clases sociales, vivo. Sus trabajos sobre este tema, que va unido a cuestiones tales como el Estado y la desigualdad de ingresos, se iniciaron en la época que realizaba sus estudios de doctorado en la Universidad de California, en los primeros años de la década de los setenta del siglo pasado y continúan aún. Wright es un marxista confeso, afirma que en esa época su grupo de referencia era un círculo de estudiosos del marxismo que se agrupaban en torno de la revista Kapitalstate y de una organización informal llamada la “Unión de Científicos Sociales Marxistas”. (¹) Aunque se consideraba poco ortodoxo, pensaba que las categorías básicas del análisis marxista, desde la teoría del valor-trabajo hasta la teoría del Estado capitalista, constituían puntos de partida más o menos incuestionables. Militaba contra la guerra y por los derechos civiles. Afirma que se sentía, en esa época, en cierto modo en posesión de la verdad. En 1985 escribía que los tiempos han cambiado. La seguridad de tener respuestas para todas las preguntas se ha visto atemperada por una actitud más cautelosa y matizada. El marxismo ha sido criticado por la izquierda académica y algunos se sitúan en el llamado “posmarxismo”. En su caso, dice que no ha alterado su compromiso básico con el proyecto de la teoría marxista ni con las intuiciones fundamentales en ella contenidas. Aunque en su curso de la Universidad de Madison, Wisconsin, de teoría y metodología de la ciencia social marxista, ha llegado a cuestionar, clarificar y reformular muchas de las ideas básicas que antes había dado por sentadas. Wright ha llevado a cabo una importante labor tratando de aplicar en la metodología de investigación empírica categorías marxistas y, dice que debe mucho en ese enfoque al grupo de profesores universitarios que forman el denominado “marxismo analítico”, entendiendo por tal “el cuestionamiento y clarificación sistemáticos de los conceptos básicos del marxismo y su reconstrucción dentro de una estructura teórica más coherente”. De ese grupo forman parte académicos del fuste intelectual de G.A. Cohen, John Roemer, Adam Przeworski, Jon Elster, Philippe van Parisjs entre otros. (²) Su actitud crítica y auto crítica sólo puede ser entendida en una persona profundamente ética, que ha interiorizado el humanismo y, que ha hecho del marxismo su concepción profunda del mundo y de las relaciones sociales. Solo así se puede comprender su modestia al confesar el condicionamiento social que puede tener, como alguien, que ha logrado hacer una carrera académica que le convierte en profesor titular (lo que en Europa y en algunos lugares de América Latina se denomina un catedrático universitario, es decir, alguien que llega a la cima de la carrera profesoral después de años de docencia, investigaciones y publicaciones), y todo lo que ello conlleva, en cuanto a mayor acceso a cuantiosas ayudas para hacer investigaciones, prestigio social, ser invitado a dar conferencias en los mejores centros académicos del mundo, ser editado por prestigiosas casas editoriales, etc. Reflexiona que eso puede haber tenido “presiones negativas” en él. Lo expone con estas palabras: “Como materialista marxista y como estudioso de las clases, no puedo pensar que todo esto no haya tenido ningún efecto en mí, ni que, por un simple acto de
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voluntad, pueda vacunarme contra la seducción de la vida cómoda y segura de un próspero académico en una sociedad liberal democrática del capitalismo avanzado”. Y añade esto que, por su altura de miras, me parece ejemplar: Es posible “que mi actual posición haya ensanchado mis posibilidades de pensar críticamente gracias al tiempo, los viajes y los estímulos intelectuales que me ha facilitado, más de lo que podrían mermarlas los privilegios que esa misma posición me confiere…he sido consciente de estos problemas y…he intentado mantenerme en una actitud de auto vigilancia que pudiera minimizar los efectos negativos de estas condiciones materiales sobre mi trabajo”. Él se auto sitúa como un “marxista académico” que no participa activamente en las luchas sociales en su país, debido a que, desde su punto de vista, en los EE.UU. no existe un movimiento socialista de masas cohesionado ni mucho menos un partido revolucionario de la clase trabajadora, lo que hace más difícil que muchos académicos marxistas se “asocien con el día a día de las luchas del socialismo”, aunque es consciente de que su trabajo “ha tomado forma en relación con los acontecimientos políticos y sociales, no se ha forjado a través de un compromiso directo con las luchas populares”. Dicho lo cual, entiendo que, sobre su actitud y compromiso intelectual hay que decir sencillamente que Erik Olin Wright es un gran investigador, un excelente académico, una persona abierta, cordial y cooperativo con los estudiantes (*) y un marxista riguroso y creativo, que contribuye a comprender la cuestión de las clases sociales en el capitalismo contemporáneo, pre condición para poder realizar políticas a la vez realistas y efectivas, a favor de los intereses de la clase trabajadora y por establecer una sociedad solidaria, más igualitaria y profundamente democrática. Wright comenzó a trabajar sobre las clases sociales en su tesis doctoral concluida en 1976 y aún continúa trabajando el tema de las clases, incluso habiendo realizado con un grupo a nivel internacional estudios empíricos comparativos de las estructuras de clases, el llamado Comparative Project of Class Structure and Class Consciousness, proyecto que ha coordinado y para el cual han tenido financiamiento de varios millones de dólares. Mucho tiempo fue empleado por él y su equipo en tratar de construir conceptos rigurosos de cómo se puede conceptualizar la “clase media”, o como definir propiamente a la “clase obrera”. Después de esa larga experiencia teórico-empírica concluye, que es mejor tener conceptos menos rigurosos e ir adelante en la investigación del análisis de clases. Aunque, como es lógico, evalúa que los resultados obtenidos compensan el esfuerzo por ellos realizado. Como se verá en este capítulo, Wright, en su casi cuarenta años de investigaciones en relación a las clases sociales ha ido modificando su percepción sobre la realidad de las clases sociales y específicamente, su “mapa de las clases” en las sociedades capitalistas avanzadas, ha sufrido transformaciones. Uno de sus intereses principales en la investigación, es ofrecer, un análisis empírico y teórico de las llamadas “clases medias”, es decir, de los asalariados o empleados no proletarios o la clase obrera en las sociedades capitalistas avanzadas actuales.
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EL LEGADO DE MARX EN EL ANÁLISIS DE CLASE Wright nos recuerda que Marx nunca definió ni elaboró sistemáticamente el concepto de clase, pese a la centralidad que ese concepto tiene en su obra. Para eterna frustración de aquellos que buscan en los textos de Marx respuestas autorizadas a los problemas teóricos. Pese a ello la obra de Marx está llena de análisis de clase, la mayor parte de ella gira en torno a dos problemas: “la elaboración de mapas estructurales abstractos de las relaciones de clase y el análisis de mapas coyunturales concretos de las clases en tanto que agentes” (sociales). El primero de estos análisis (análisis estructural de las clases) se encuentra en los más célebres trabajos teóricos de Marx, en especial en El Capital, en donde desentraña la estructura y la dinámica del MPC. El segundo tipo de análisis no se ocupa de la estructura de clases como tal, sino del modo en que los individuos ubicados en las estructuras de clases llegan a organizarse en colectividades que luchan. Este análisis de la formación de clase se encuentra de modo más conspicuo en los escritos históricos y políticos de Marx, en donde trata de comprender el juego de las fuerzas sociales colectivamente organizadas para explicar las transformaciones históricas concretas. Del análisis estructural abstracto de las clases procede el mapa típicamente polarizado de las relaciones de clase de la mayor parte del análisis de Marx del MPC en El Capital, así como del desarrollo histórico: amos y esclavos, señores y siervos, burguesía y proletariado. Aunque en tales discusiones abstractas aparecen referencias a posiciones de clase no polarizadas, en ningún lugar reciben un trato teórico riguroso, sino que se las trata como si en general tuvieran una importancia estrictamente periférica.(³) Los análisis políticos coyunturales de Marx se caracterizan por una abundancia de clases, fracciones, facciones, categorías sociales, estratos y otros actores que pueblan el escenario político. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte señala los siguientes agentes en los conflictos sociales: burguesía, proletariado, grandes terratenientes, aristocracia financiera, campesinos, pequeña burguesía, clase media, lumpen-proletariado, burguesía industrial, altos dignatarios. Marx no lleva a cabo ningún intento de ofrecer un análisis teórico sólido de estas diversas categorías ni del estatuto conceptual de las distinciones que utiliza. Lo que en este texto le preocupa es comprender la relación existente entre las luchas que enfrentan a estos agentes y el estado. Por tanto, no se aplica a la elaboración de un mapa riguroso de la estructura social concreta en que habitan los protagonistas del drama. Esto es característico de los escritos político coyunturales de Marx, donde presenta una lista de categorías descriptivas, pero no facilita un conjunto de conceptos precisos, que permitan descifrarlas. Marx pensaba que la tendencia histórica del capitalismo apuntaba hacia una creciente polarización. Esto se encuentra tanto en el Manifiesto Comunista como en el último capítulo del tercer tomo de El Capital (inconcluso), donde señala que la tendencia del desarrollo del modo capitalista de producción de producción es separar más y más del trabajo los medios de producción. En sus escritos Marx siempre se refiere a la pequeña burguesía (auto empleados que emplean poco o ningún trabajo asalariado) como una clase “de transición”, a la vez que subraya la disolución del campesinado. Aunque en ciertos pasajes (Teorías sobre la
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plusvalía) reconoce el crecimiento de ciertos “estratos intermedios”, vagamente definidos, aunque el espíritu dominante en su obra es el de resaltar el carácter crecientemente polarizado de las relaciones de clase concretas propias de las sociedades capitalistas.(4) Por último, habría que decir que la respuesta que quedó inconclusa en el tomo III de El Capital: ¿En qué consiste una clase?, no podría nunca ser la misma que Marx hubiera dado en su momento. Ya que no sólo han pasado más de cien años de debate teórico sobre las clases sino que también han pasado más de cien años de historia, y si el marxismo es o pretende ser una teoría social científica hay que esperar que no se haya esclerotizado, que se hayan dado avances conceptuales que respondan a los cambios habidos en las sociedades capitalistas. Obviamente, para los marxistas lo importante es que la respuesta que se dé siga respondiendo a dos cosas esenciales: 1ª) “al programa teórico forjado en la obra de Marx”, 2ª) “a los objetivos políticos que tal programa tenía la intención de promover”. (5) EL ANÁLISIS DE CLASE NEOMARXISTA CONTEMPORÁNEO El concepto marxista de clase tiene sus raíces en una noción polarizada de clases antagónicas, de relaciones de clase antagonistas. Los amos explotan a sus esclavos, los señores feudales explotan a sus siervos, los capitalistas explotan a sus trabajadores. Sin embargo, en el análisis de las sociedades capitalistas desarrolladas la mayoría de la gente no percibe esta imagen polarizada sino una múltiple estratificación social compuesta de individuos o familias que tienen diferentes ingresos y estilos de vida. El desarrollo de los últimos 125 años ha persuadido a muchos marxistas de que esta imagen de una tendencia generalizada en las sociedades capitalistas hacia la polarización radical de las relaciones de clase es incorrecta. Y esto por lo siguiente: Los auto empleados hasta 1970 descienden en algunas economías (EE. UU. alcanzó su nivel más bajo en 1972 con un 9% de la fuerza de trabajo), y en otras ha subido, al menos en un período. De manera que los datos no nos dan una tendencia sostenida a la baja o al alza, pero lo cierto es que el porcentaje tampoco es superior casi nunca al 5 de la fuerza de trabajo ocupada. Ahora bien, señala Wright, entre los asalariados, el aumento de las ocupaciones profesionales y técnicas y la expansión de las jerarquías directivas dentro de las grandes corporaciones y del Estado, dan la impresión de que no se produce una estructura simple polarizada. No es común aceptar que la estructura de clases del capitalismo se vea sometida a una polarización creciente, el problema entre el concepto abstracto de polarización de clases y las complejas situaciones concretas de las clases hace que sea difícil soslayar esta cuestión. Encontrar su solución ha sido una de las preocupaciones centrales en el resurgimiento del análisis marxista de clases a lo largo de las últimas cuatro décadas. Según que el análisis de clase se centre en la estructura de clases o en la formación de clase, y en segundo lugar, por el nivel de abstracción desde el que se analizan las clases, Wright propone seis focos posibles del análisis de clase, como se puede ver en la figura siguiente elaborada por él.
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TABLA 12 - OBJETOS TEÓRICOS Y NIVELES DE ABSTRACCIÓN EN EL ANÁLISIS MARXISTA DE CLASE NIVEL DE ABSTRACCIÓN
OBJETOS TEÓRICOS DE ANÁLISIS Estructura de clases
Modo de producción
Formación de clase
Relaciones de clase polarizadas
Lucha entre clases de época
Formación social
Coexistencia de clases basadas en diferentes mo-dos de producción y en sus diferentes estadios de desarrollo
Alianza de clases
Coyuntura
Variabilidad institucional en las relaciones de clase en empleos dados
Organizaciones de clase concretas: partidos, sindicatos obreros, movimientos basados en clases (y otro tipo de organizaciones: culturales, cooperativas, etc.)
(6) Wright, Clases, 1994, p.5
ESTRUCTURA DE CLASES Y FORMACIÓN DE CLASE
La diferenciación entre estructura de clases y formación de clase es básica para el análisis de clase. La estructura de clases se refiere a la estructura de relaciones sociales en la que están inmersos los individuos (y en algunos casos, las familias), y que determinan sus intereses de clase. La estructura de clases define un conjunto de posiciones que son ocupadas por los individuos o las familias, esto conlleva que podemos hablar de posiciones “vacantes”, sin cubrir (que en un momento dado no están ocupadas por personas reales), de un “excedente absoluto de población” (un número de personas que exceden los espacios o posiciones de la estructura de clases), y de “ocupantes” de posiciones de clase (personas que están de hecho ubicadas en la estructura de clases dada). De lo que se sigue que la estructura de clase existe independientemente de las personas concretas que ocupan posiciones concretas (en una sociedad durante un período de tiempo se puede sustituir a numerosos miembros o individuos de una clase –por muerte, emigración, movilidad social, etc.–, pero esa clase podría seguir siendo la misma). Respecto a la formación de clase afirma Wright, siguiendo a Przeworski, que: “La formación de clase, al contrario, se refiere a la formación de colectividades organizadas dentro de aquella estructura sobre la base de los intereses prefigurados por esa misma estructura de clases. Las colectividades basadas en la clase se pueden organizar, desorganizar y reorganizar dentro de una determinada estructura de clases sin necesidad de que se produzca ninguna transformación fundamental de la estructura de clase misma”. (7)
De lo cual concluye Wright: “Si la estructura de clases se define por las relaciones sociales entre clases, la formación de clase se define por las relaciones sociales dentro de las clases, relaciones sociales que forjan colectividades embarcadas en luchas”. (8)
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MODO DE PRODUCCIÓN, FORMACIÓN SOCIAL, COYUNTURA Tratemos a continuación de los niveles de abstracción dentro del análisis de clase. En la teoría marxista sobre las clases hay tres niveles de abstracción, el modo de producción, la formación social y la coyuntura. Siendo el modo más elevado de abstracción el modo de producción, en el cuál las clases se analizan en términos de tipos puros de relaciones sociales de producción, cada uno de los cuales implica un tipo de explotación diferente. Señala Wright, con razón desde mi punto de vista, que cuando se está a nivel del modo de producción, algunos consideran que no se puede admitir ninguna variación, es decir, cuando se trata del modo de producción capitalista, todos los capitalismos son iguales. Pero eso es un error. Permaneciendo en el mismo nivel de abstracción: “Sigue siendo perfectamente posible definir diferentes formas de un modo de producción determinado”. En las diferentes teorías marxistas sobre el modo de producción se dice que hay una lógica intrínseca de desarrollo, es decir, que pasa por diferentes etapas, cada una con su forma distintiva de relaciones sociales capitalistas (acumulación primitiva, capitalismo competitivo, capitalismo monopolista, etc.). “Como toda tendencia, ésta también puede ser bloqueada por la intervención de diferentes mecanismos, y la investigación de los
procesos reales que podrían favorecer o entorpecer esa sucesión de formas exige desplazar el análisis hacia un nivel inferior de abstracción. Pero el análisis de la lógica de desarrollo de las relaciones capitalistas en cuanto tales debe teorizarse desde el nivel de abstracción del modo de producción mismo”. (9)
El concepto “formación social” procede del análisis de las sociedades como combinaciones concretas de distintos modos de producción o de distintos tipos de relaciones de producción. El análisis de la presencia de clases precapitalistas en la sociedad capitalista, y menos frecuente, el de clases postcapitalistas en esa misma sociedad, son ejemplos de un análisis de la estructura de clases desde el nivel de abstracción de la formación social. También es propio de este nivel las combinaciones en una sociedad dada de la producción capitalista competitiva y de pequeña escala con la producción de gran escala. El principal objeto de análisis de la formación de clases lo constituye el problema de las alianzas entre clases y entre fracciones de clases. En cuanto al “análisis coyuntural” se trata de investigar las sociedades desde los detalles institucionales concretos y los factores históricos contingentes que entran en juego. Por ejemplo, como se segmenta el mercado de trabajo dentro de la clase trabajadora, o las prácticas legales que establecen los poderes de los directivos sobre los trabajadores, o de las relaciones financieras entre la banca y la pequeña burguesía. El análisis de la formación de clase desde este nivel muy concreto se centraría en asuntos tales como la sindicación, la formación de partidos, los movimientos sociales basados en la clase, etc. En el uso que le da Wright a la expresión “formación social”, se refiere a un nivel de abstracción, y “sociedad”, a una unidad de análisis. Wright en su libro Clases afirma que la tarea del análisis de clase no es simplemente comprender la estructura de clase y sus efectos sino comprender las interconexiones entre todos esos elementos y sus consecuencias para otros aspectos de la vida social. El
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concepto de estructura de clase es básico para clarificar el conjunto de la lógica del análisis de clase e implica que se tiene una definición de que es una clase. Formación de clase es la composición de actores colectivos organizados alrededor de intereses de clase dentro de la estructura de clases. Lucha de clases es la lucha entre colectivos de actores organizados sobre intereses de clase. Conciencia de clase es la comprensión por la gente perteneciente a una clase determinada, de sus intereses de clase. La investigación marxista reciente, tanto sobre la teoría como en el estudio concreto de las clases, puede verse, pues, “como un intento por salvar el hiato entre el análisis abstracto de la estructura de clases y el análisis de la formación de clase…el trabajo consagrado al problema de la estructura de clase en las sociedades capitalistas avanzadas se ha preocupado preponderantemente del “engorro de las clases medias”. Ya que, sobre este punto, vienen la mayoría de los ataques sobre la inadecuación del marxismo para comprender la sociedad moderna y es sobre ello que debe responderse. Pero, como sigue afirmando Wright: “La preocupación por la clase media o, lo que es lo mismo, por precisar la línea conceptual de demarcación entre asalariados de clase obrera y asalariados que no pertenecen a ella, es algo más que una respuesta defensiva a los ataques de la sociología burguesa”. Su importancia radica en que se considera esencial: “si queremos que el objetivo clásico del marxismo – comprender el desarrollo de las contradicciones del capitalismo y las condiciones para la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista– se afronte con el debido rigor”. (¹0)
En los países en desarrollo, el problema no es tanto el de las “clases medias” – aunque considero a diferencia de Wright que sí lo es, no tanto por su número sino por la influencia que tiene y por el papel que juega con relación a las alianzas que mantiene con las burguesías de esos países, y en coyunturas, con las clases subalternas, etc.–, sino que el “engorro está en el campesinado”, que se entendía como una clase en rápido declive. El estudio de ambos “casos” dice Wright ha permitido elaborar una serie de teorías de nivel intermedio de abstracción para intentar dar solución a las cuestiones relacionadas con las clases medias y el campesinado.(¹¹) CONCEPTO DE POSICIONES CONTRADICTORIAS DENTRO DE LAS RELACIONES DE CLASE Wright se embarcó en el problema de la “clase media”, no tanto por una cuestión conceptual general, sino ante problemas prácticos, de un estudio estadístico sobre la determinación de los ingresos, desde una perspectiva marxista, ya que “quería realizar una crítica empírica –no sólo teórica– de las investigaciones típicas norteamericanas sobre “estratificación social, “obtención de estatus”, etc. Sin embargo, el concepto que desarrolló de posiciones contradictorias dentro de las relaciones de clase, a lo largo de sus más de tres décadas de investigaciones sobre las clases, mostró una serie de debilidades que le condujo “a transformar sustancialmente el concepto mismo” de posiciones contradictorias. (¹²) El problema se produjo cuando se trató de contestar esta pregunta: ¿dónde situar al gran número de las personas que no son ni burgueses ni proletarios? A tales
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posiciones se les denomina en el lenguaje común “clase(s) media(s)”, pero se trataba de generar un concepto de clase destinado al análisis concreto que recogiera adecuadamente estas posiciones, pero que al mismo tiempo, preservara los presupuestos generales y el marco del análisis de clase marxista. En otras palabras “¿cómo transformar la categoría ideológica de “clase media” en un concepto científico?”.(¹³) De manera, que lo que comenzó siendo un problema de investigación empírica, terminó siendo un problema teórico general de conceptualización de las relaciones de clase en la sociedad capitalista. Se trataba de encontrar un concepto que pudiera dar cuenta de las llamadas “clases medias” en el capitalismo contemporáneo. Ahora bien, para algunos marxistas nada de esto es un problema, ya que el concepto de polarización es válido tanto para el análisis abstracto como para el concreto, dentro del capitalismo. Pero, como dice Wright, lo cierto es que no hay consenso entre los marxistas en torno a en qué consiste una teoría general marxista de las relaciones de clase. POSICIONES CONTRADICTORIAS DE CLASE: PRIMER MAPA DE CLASES BÁSICO DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA Wright constató que para el fenómeno de la “clase media”, las diferentes teorías tenían una tesis común; que toda posición tenía que caer dentro de una sola clase, sea la burguesa sea de la clase obrera. Una solución era que todas las posiciones se colocaran en la clase capitalista, la clase obrera o en la pequeña burguesía tradicional. La otra (como hemos visto en Poulantzas) consistía en que la pequeña burguesía tiene dos variedades, la vieja o tradicional y la nueva. La tercera y última, enmarcaba las posiciones que no pertenecen a las clases tradicionales y se las clasifica como no clases (estratos intermedios). La idea de Wright, y este es su aporte, consiste en que algunas posiciones no tienen una ubicación única sino un carácter múltiple de clase, es decir, que podrían pertenecer a más de una clase a la vez. Tales posiciones las denomina “posiciones contradictorias dentro de las relaciones contradictorias de clase”, o más sencillamente, “posiciones contradictorias”. Las posiciones contradictorias lo son precisamente “en el sentido de que participan en los dos bandos en este conflicto de intereses inherentemente contradictorios…lo que no niega la contradicción básica de las relaciones de clase capitalistas; por el contrario, deriva de esa contradicción básica”. (¹4) Los dos criterios que utilizó Wright se centraban en las relaciones de propiedad y las relaciones de posesión o de control. Para formular el esquema de las posiciones de clase contradictorias se fundamentaba en los siguientes criterios: 1. 2.
Si el individuo era, sí o no, un auto empleado, y Si el individuo supervisaba o no, el trabajo de los otros.
En esta primera formulación temprana la posición de los directivos de las empresas eran considerados burgueses en cuanto tenían la capacidad de decidir sobre lo que tenían que hacer los obreros, tomaban decisiones sobre el proceso de producción. Es decir ocupaban posiciones de dominación.
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Por otra parte, eran trabajadores porque a ellos mismos se les decía lo que tenían que hacer y podían ser despedidos por sus empleadores (los dueños del capital), ya que no tenían la propiedad de los bienes de capital. Posición burguesa en su relación con los obreros. Posición obrera o de clase trabajadora en su relación con los capitalistas. El punto débil estaba en que no se tenía en cuenta las diferentes gradaciones de dominación y de control de ciertas posiciones. Veamos a continuación el primer mapa de clases elaborado por Wright: FIGURA 12 - MAPAS (1) DE CLASES BÁSICO DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA
PRODUCCIÓN SIMPLE DE MERCANCÍAS
CLASE CAPITALISTA ALTOS EJECUTIVOS DIRECTIVOS SUPERVISOR
PEQUEÑOS EMPLEADORES EMPLEADOS SEMIAUTÓNOMOS
PEQUEÑA BURGUESÍA
CLASE OBRERA (15) En negritas Posiciones contradictorias dentro de las relaciones de clase.
Wright da cuenta –posteriormente– de las tres dificultades de ese mapa de clases: i.
El concepto de dominación de hecho prima sobre el de explotación.
ii. El concepto no ofrecía una manera satisfactoria de lidiar con el problema del Estado. Se trasladaban los criterios de las posiciones contradictorias de directivos y empleados semiautónomos a las equivalentes de las posiciones en el Estado, que así “se amalgamaban con las relaciones capitalistas”. Tampoco era capaz de de definir la especificidad de las clases en las sociedades de “socialismo de Estado”. iii. El concepto tenía problemas de operacionalización para las investigaciones empíricas. (¹6) Para buscar una solución a esas dificultades Wright pasa a darle un lugar más central al concepto de explotación que, como hemos visto, había ocupado un lugar menos importante que el de dominación o control.
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EL CONCEPTO DE EXPLOTACIÓN Wright nos dice que: “El argumento esencial es que el concepto de posiciones contradictorias, como sucede en buena parte del análisis neomarxista de las clases, ha desplazado de hecho a la noción de “explotación” de su lugar central en el concepto de estructura de clases para sustituirlo por la noción – aparentemente más vaga o neutral y menos conflictiva-, de “dominación”. Lo que pretende nuestro autor es definir el concepto de explotación de manera que pueda ser restituido como el elemento estratégico y central para la definición de las estructuras de clase en general, así como para resolver el problema conceptual que presentan las “clases medias”. (¹7)
El concepto de explotación es clave en el análisis marxista de clase, para comprender la naturaleza de los intereses antagonistas generados por las relaciones de clase. Wright utiliza el término de explotación de clase definido por tres principios que, siguiendo los lineamientos conceptuales del marxismo analítico, tienen que ver con la teoría de los juegos: 1.
El principio de interdependencia inversa del bienestar. El beneficio material de los explotadores causalmente depende de las privaciones materiales del explotado. El bienestar del explotador es a expensas del explotado. Esta condición establece el antagonismo de intereses materiales.v
2.
El principio de exclusión. La asimétrica exclusión del explotado del acceso al control sobre ciertos importantes recursos productivos. La forma típica de esta exclusión se basa en la fuerza, expresada en la forma de los derechos de propiedad, pero en casos especiales, puede no serlo. Esta segunda condición establece que el antagonismo está basado en el modo en que la gente está situada dentro de la organización social de la producción. La expresión asimétrica en este criterio significa excluir la libre competencia entre iguales por el dominio de posibles explotaciones
3.
El principio de apropiación. El mecanismo causal que traduce el principio de exclusión en principio de interdependencia inversa del bienestar que conlleva un diferencial de los bienes y servicios que producen el bienestar, envuelve la apropiación de los frutos del trabajo de los explotados por aquellos que tienen el control de los recursos productivos relevantes. Es apropiación del excedente, del plusvalor. La condición o principio tercero, establece el mecanismo específico por el cual los intereses interdependientes materiales antagónicos son generados. El bienestar del explotador depende además, del esfuerzo del explotado, y no sólo de la privación del explotado.
En el caso de que se diera la primera condición uno se encuentra con una llamada “opresión económica no explotadora”, pero no ante una situación de explotación. En una opresión económica no explotadora no hay transferencia de los frutos del trabajo del oprimido al opresor, el bienestar del opresor depende simplemente de la exclusión
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del oprimido del acceso a ciertos recursos, pero no en su esfuerzo de trabajo. En ambas instancias las desigualdades en cuestión están radicadas en la propiedad y control sobre los recursos productivos. (¹8) La crucial diferencia entre explotación y opresión no explotadora es que, en una relación explotadora, el explotado necesita al explotado ya que depende del esfuerzo del explotado. En el caso de la opresión no explotadora, los opresores pueden estar felices si el oprimido desaparece. Por ejemplo, señala Wright, que la vida hubiera sido más fácil para los pobladores europeos del territorio de los actuales EE.UU. si este no hubiera estado habitado por los indígenas, ya que ellos no significaron una fuerza de trabajo necesaria para apropiarse de parte de su esfuerzo de trabajo. En estos casos se puede entender por qué se practican políticas de genocidio. Ello explica el dicho de que “el único indio bueno es el indio muerto”, pero es impensable que alguien que necesite fuerza de trabajo esclava o asalariada diga “el único esclavo bueno es el esclavo muerto”, o “el único trabajador bueno es el trabajador muerto”. ¿Por qué no lo dice? Porque lo necesita para explotarlo. De manera, que el explotado tiene un cierto poder respecto al explotador, por lo cual siempre hay que buscar maneras de que este rinda más, produzca más y mejor en un menor tiempo. El poder que puede tener el oprimido, pero no explotado, es mucho menor. Como los opresores no dependen de ellos económicamente, no requieren algún tipo de cooperación con ellos. Este concepto de explotación puede ser extensible a otros campos: como el contraste entre explotación y opresión sexual. Afirma Wright –aunque supongo que algunos no coinciden con esta mirada– que: Las mujeres suelen ser fundamentalmente explotadas, mientras que los homosexuales suelen ser oprimidos sexualmente. Es muy importante destacar que el empleo del concepto explotación en el análisis de clase tiene una importancia no reducible al análisis científico social. Como dice Wright: “Sería ingenuo pensar que el uso del término “explotación” para designar esta forma de interdependencia antagónica de intereses materiales, es una elección estrictamente científica, técnica. Describir la apropiación del esfuerzo de trabajo como “explotación” en vez de cómo simple transferencia, agrega un juicio moral al aspecto meramente analítico…implica que esta apropiación es injusta”.(¹9)
CLASE Y EXPLOTACIÓN En la tradición marxista del análisis de clase las divisiones de clase se definen primordialmente en términos del vínculo entre relaciones de propiedad y no propiedad. Los dueños de esclavos y los esclavos constituyen clases porque tienen una particular relación de propiedad (derechos de propiedad sobre personas físicas) que genera explotación (la apropiación de los frutos del trabajo de los esclavos por los amos de esclavos). En la sociedad capitalista, la forma de control de la explotación está basada sobre los derechos de propiedad sobre los medios de producción. Esos derechos de propiedad generan tres clases fundamentales: capitalistas (explotadores) que son propietarios de los medios de producción y alquilan a trabajadores. Trabajadores (explotados) que no tienen propiedad sobre los medios de producción y venden su fuerza de trabajo (su
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capacidad para trabajar) a los capitalistas; y la pequeña burguesía (ni explotadora ni explotada), quien posee y usa los medios de producción sin alquilar a otros. ¿Cómo la relación capital-trabajo genera explotación? Expuesto de la manera más sencilla es como sigue: Los trabajadores tienen que vender su fuerza de trabajo para poder adquirir sus medios de vida a los dueños de los medios de producción. Ellos acuerdan trabajar por un tiempo predeterminado mediante el pago de un salario. En el proceso de trabajo ellos producen más de lo que necesitan para su subsistencia (o más de los que se les paga por su salario). Producen un sobre trabajo que es apropiado por los propietarios o capitalistas, y toma la forma de beneficios. El beneficio es la cantidad del producto social que queda después de pagar todos los costos de producción, y es una apropiación del fruto del trabajo de los trabajadores. Al describir esta relación como explotadora se está haciendo referencia al conflicto inherente entre trabajadores y capitalistas en las relaciones de empleo y de producción. Es decir, el conflicto entre capital y trabajo no es simplemente sobre los niveles salariales, sino sobre la cantidad de esfuerzo de trabajo que se realiza por esos salarios. Los capitalistas siempre quieren que los trabajadores hagan más esfuerzo de trabajo por el salario que les pagan. Para algunos propósitos teóricos y empíricos esta imagen simple de la estructura de clases es suficiente (por ejemplo, análisis de las diferencias básicas de la estructura de clases del feudalismo y el capitalismo). Sin embargo, para muchas de las cosas que se quieren estudiar en un análisis de clase, se necesitan categorías más matizadas. En particular, afirma Wright, necesitamos conceptos que permitan dos clases de análisis: 1º) análisis de las variaciones a través del tiempo y lugar en la estructura de clases de sociedades capitalistas concretas, y, 2º) el análisis de los medios en que las vidas individuales se ven afectadas por su localización en la estructura de clase. La primera es necesaria si queremos explorar macro variaciones de una manera detallada; la segunda es necesaria si queremos utilizar la clase de manera efectiva en un micro análisis. Ambas tareas envuelven una elaboración del concepto de estructura de clase en las sociedades capitalistas que vaya más allá de la polarización entre capitalistas y trabajadores. Más específicamente, esto envuelve introducir nuevas formas de complejidad en el concepto de clase tratando de resolver cuatro problemas generales en el análisis de estructuras de clases: 1. La cuestión de la “clase media” en la estructura de clase, 2. las personas que no están comprendidas en la fuerza de trabajo pagada en la estructura, 3. los capitalistas, y, 4. la dimensión temporal de las posiciones de clase. LAS EXPLOTACIONES MÚLTIPLES La que llamaremos la segunda formulación de Wright se basa en la Teoría general de la explotación y de las clases de Roemer.(²0) La idea esencial de la que parte es que los diferentes modos de producción tienen mecanismos específicos de explotación, que se diferencian según el tipo de recursos productivo, cuya asimétrica o desigual propiedad o control, permite a la clase explotadora apropiarse parte del excedente producido socialmente.
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Esos recursos productivos son: 1. los bienes de fuerza de trabajo (base de la explotación feudal), 2. los bienes de capital (explotación capitalista), 3. los bienes de organización (explotación estatal o estatista), 4. los bienes de cualificación o credenciales (explotación socialista). En las sociedades realmente existentes hay diferentes formas de combinación de los mecanismos de explotación. Lo que conduce a que ciertas posiciones en la estructura de clase sean explotadas a través de un mecanismo de explotación pero sean, a su vez, explotadoras a través de otro mecanismo. Esas posiciones serían la “clase media” de una sociedad dada. Por ejemplo, en una sociedad capitalista las posiciones de directivos están explotadas capitalistamente pero son explotadores de organización, y los expertos, son capitalistamente explotados pero son explotadores de sus bienes de cualificación o de credenciales. Wright llama la atención de que en este nuevo marco de análisis los directivos, a diferencia de lo que ocurría en el mapa de clase 1, no están tanto en la clase burguesa y en la clase obrera, sino que simultáneamente están en una clase explotadora de bienes de organización y en la clase obrera al ser explotados por el capital. “No forman parte en absoluto de la burguesía”. (²¹) Las ventajas que este enfoque de las explotaciones múltiples tiene sobre el de posiciones contradictorias de clase, expuestos de manera muy breve serían los siguientes: 1) Los intereses basados en la explotación ocupan el lugar central. El mapa de clase se construye a partir de las relaciones con los bienes generadores de explotación. 2) Hay una conexión más fuerte –que en el anterior– con la teoría marxista general de la historia, el materialismo histórico. 3) Se puede afrontar el problema del Estado de manera más efectiva que con el enfoque de las posiciones contradictorias. 4) Con el concepto de explotación en vez del de dominación, ya no se sitúan a los profesionales y expertos por el concepto de auto dirección en el trabajo, sino en virtud de su capacidad de apropiarse del excedente gracias a su monopolio de ciertas cualificaciones o credenciales. Y por último, 5) se ofrece un mapa más diferenciado de las clases al introducirse tres dimensiones distintas: a) las basadas en los bienes de capital, b) la de los bienes de organización, y, c) la de los bienes de cualificación. Si se ve la figura que se presenta más abajo (el segundo mapa de clases, o sea, la tipología de las posiciones de clase en la sociedad capitalista), se pueden encontrar dos tipos de posiciones contradictorias: A. Posiciones de clase que no son de explotador ni explotado, personas que tienen una parte proporcional del bien de que se trate. Un productor pequeño burgués auto empleado con una cantidad media de capital no sería un explotador ni estaría explotado en las relaciones capitalistas. Esta sería una posición de la llamada “vieja” o tradicional clase media. B.
Hay posiciones que resultan explotadoras en una dimensión de las relaciones de explotación pero que son explotadas en otra dimensión. Los trabajadores asalariados de alta cualificación en el capitalismo están explotados por el capital,
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ya que carecen de medios de producción o de bienes de capital, pero son explotadores de sus cualificaciones. Es lo que se denomina “nueva” clase media. Estas son posiciones complejas. Por tanto, como afirma Wright, refiriéndose a esa tipología, se puede distinguir: “todo un territorio de posiciones de clase dentro de la sociedad capitalista que son distintas de las clases polarizadas del modo de producción capitalista: directivos, expertos, expertos no directivos, directivos no expertos, etcétera”. (²²) Se puede seguir calificando a tales posiciones como contradictorias dentro de las relaciones de clase porque tienen intereses contradictorios en relación con la lucha primordial en el capitalismo entre el capital y el trabajo. Tienen en común con los obreros y los trabajadores que están excluídos de la propiedad de los medios de producción, pero tienen intereses opuestos a ellos, en razón de que tienen un “control efectivo” sobre los bienes de organización y de cualificación. Una de las consecuencias de la conceptualización de Wright de la clase media es que sugiere que existen otras fuerzas de clase dentro del capitalismo que tienen el potencial de plantear una alternativa. Como él lo afirma con nitidez: “Deja de ser un axioma que el proletariado sea el rival único o tal vez incluso el rival universalmente central, de la clase capitalista en la lucha por el poder de clase dentro del capitalismo”. (²³)
En ese mismo sentido, aunque partiendo de un marco conceptual diferente, Alvin W. Gouldner (²4), también plantea el papel que juega la llamada “intelligentsia” y los intelectuales en la lucha de clases internacional de la era moderna. Una de sus ideas es que los que han sabido sacar provecho histórico de las revoluciones sociales no han sido tanto las clases oprimidas sino otras clases. Cuando desparece el feudalismo la que se convierte en clase dirigente no es el campesinado sino la burguesía y, algo así, podría aplicarse a los burócratas directivos con respecto al capitalismo y de los expertos con respecto al socialismo burocrático de Estado, o sea, en el “socialismo” que realmente existió. En el capitalismo, los directivos y los altos burócratas estatales, no parecen plantear reto alguno para el poder de la burguesía. Están tan perfectamente integrados en la lógica de la acumulación y la reproducción capitalista que esto no parece ser posible. Y lo mismo se puede decir de los directivos del Estado, cuyos ingresos dependen de los beneficios generados por la empresa privada, y más en los tiempos actuales de privatización de las empresas antes públicas, que se sienten o se ven constreñidos a apoyar la generación de beneficios para el capital y la explotación capitalista.(²5) De manera que lo correcto es pensar que el desarrollo de actitudes políticas e ideológicas anticapitalistas entre los directivos privados y del estado, es más probable que pueda ocurrir en tiempos de crisis y empeoramiento de la situación socioeconómico que en momentos de prosperidad y expansión capitalista. Así pues, después de avanzar en el desarrollo de su análisis de las clases y de incorporar de manera más fundamental el concepto de explotación, Wright está listo para elabora un segundo “mapa de clases” o de tipología de las clases en la sociedad capitalista avanzada.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz FIGURA 13 - TIPOLOGÍA DE LAS POSICIONES DE CLASE EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA AVANZADA II MAPA DE CLASES DE WRIGHT II MAPA DE CLASES DE WRIGHT Propietarios de medios de producción
No propietarios (trabajadores asalariados)
Posee capital suficiente para contratar obreros y no trabajar
1. Burguesía
4. Expertos directivos
7. Directivos semicredencializados
10. Directivos no credencializados
Posee capital suficiente para contratar obreros, pero tiene que trabajar
2. Pequeños empresarios
5. Expertos supervisores
8. Supervisores semicredencializados
11. Supervisores no credencializados
Posee capital suficiente para trabajar para sí mismo, pero no para contratar obreros
3. Pequeña burguesía
+
>0
6. Expertos no directivos
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9. Obreros semicredencializados
12. Proletarios
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Bienes de cualificación / credenciales
EL II MAPA DE CLASE APLICADO A SOCIEDADES DE CAPITALISMO AVANZADO: EE.UU. Y SUECIA Esta tipología le servirá de base para una investigación empírica en la cual estudia la distribución de clases de aquellos que forman parte de la fuerza de trabajo en los EE.UU. y en Suecia, ambas sociedades capitalistas avanzadas, aunque con notables diferencias respecto a las políticas sociales, ya que es sabido que durante años el llamado “socialismo sueco” fue estigmatizado por los teóricos de la derecha conservadora en los Estados Unidos, precisamente por su Estado de Bienestar y por el alto nivel impositivo a las rentas más altas, en que se basaba ese modelo. Como señala Wright(²6) a pesar de las enormes diferencias entre ambos países, en materia de igualdad social y de la formación de clase, las dos estructuras de clase son parecidas. En ambos países la clase obrera es la más numerosa constituyendo un 40% de la fuerza de trabajo. Si a ello se le agregan las posiciones contradictorias de clase con un control marginal sobre los bienes de organización o de cualificaciones, el número aumenta hasta el 60% en los dos países. La burguesía capitalista alcanza un 2%. Los pequeños empleadores son un 5-6%. Los pequeños burgueses “puros” alcanzan el 5-7%. También existen diferencias. Si bien hay entre un 11-12% que ocupan puestos de trabajo de directivos (posiciones que implican toma de decisiones políticas y organizativas), en ambos países, hay un número mayor de supervisores en los EE.UU. (17.4%), que en Suecia (10.1%). Los supervisores no expertos son el 13.7% de la fuerza de trabajo estadounidense, mientras es de un 6.3% en Suecia. O sea, que el trabajo está más supervisado y controlado en EE.UU. que en Suecia. Respecto a la clase obrera ésta es más grande en Suecia. Si se unen los proletarios puros con los trabajadores semi credencializados, la clase obrera Sueca es nueve puntos porcentuales mayor que la de los EE.UU., o sea, 61.3% por 52.1%. Tanto en un país como en el otro los asalariados son mayoritarios en la fuerza de trabajo. En los EE.UU. hay un número mayor de auto empleados (14.7%), y solo un 10,9% en Suecia. Por último, hay que referirse a que en Suecia hay un número mucho mayor de personas con niveles de cualificación/credenciales –expertos de diversos tipos–, un
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45%, que se encuentran fuera del aparato directivo, mientras en los EE.UU. su número es del 31%. También es de resaltar que el número de auto empleados es mayor en la fuerza de trabajo estadounidense (13.8%), que en la sueca (6.7%). Y es mayor en los EE.UU. entre la fuerza de trabajo el número de quienes han intentando una experiencia de auto empleo o pequeñoburguesa (28.5%) que en Suecia (17.6%). Es decir, en los EE.UU. el sueño de llegar a ser un capitalista es mayor que en la sociedad sueca y esto tiene repercusiones a nivel ideológico. Por una parte hay una división entre propietarios de medios de producción y no propietarios, es decir, asalariados. Entre los propietarios diferencia a la burguesía, a los pequeños empleadores y a la pequeña burguesía. En la matriz de clases de Wright también se tiene en cuenta la existencia de otros bienes de importancia aparte de los medios de producción. Los llamados por Wright bienes de cualificación o sea, las credenciales, formación, capacidades de las diferentes personas, que los agrupa en los directos expertos, los directivos que poseen menos bienes de cualificación y los directivos que no tienen credenciales formales (por ejemplo, títulos universitarios). Después usando esos mismos criterios hay una clasificación de los supervisores, y de los no directivos, obreros semi credencializados, y por último los que llama proletarios (es decir, los obreros o trabajadores con menores cualificaciones y que ocupan la parte más baja de la jerarquía). Para hacer aún más compleja, es decir, menos simplista su mapa de clases, cruza todos estos datos con el grado de posesión de los llamados bienes de organización, es decir, el lugar que se ocupa en la jerarquía organizacional/empresarial en una escala de más o menos bienes de organización, de cualificación y de medios de producción. Hay que señalar que Wright utiliza en su mapa a quienes están integrados en la fuerza de trabajo, excluyendo por razones analíticas, en este momento, a los desempleados, los pensionistas, y las amas de casa. FIGURA 14 - DISTRIBUCIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO EN EE. UU. Y SUECIA, UTILIZANDO EL “SEGUNDO MAPA DE CLASES” ELABORADO POR WRIGHT.
BIENES EN MEDIOS DE PRODUCCIÓN Propietarios de medios de producción
No propietarios (trabajadores asalariados)
1. Burguesía EE. UU. 1.8 % Suecia 0,7 %
4. Expertos directivos EE. UU. 1.8 % Suecia 0,7 %
7. Directivos semicredencializados EE. UU. 6.2 % Suecia 4.2 %
10. Directivos no credencializados EE. UU. 2.3 % Suecia 2.5 %
2. Pequeños empresarios EE. UU. 6.0 % Suecia 4.8 %
5. Expertos supervisores EE. UU. 1.8 % Suecia 0,7 %
8. Supervisores semicredencializados EE. UU. 6.3 % Suecia 3.2 %
11. Supervisores no credencializados EE. UU. 6.9 % Suecia 3.1 %
3. Pequeña burguesía EE. UU. 8.9 % Suecia 5.4 %
6. Expertos no directivos EE. UU. 1.8 % Suecia 0,7 %
9. Obreros semicredencializados EE. UU. 12.2 % Suecia 17.8 %
12. Proletarios EE. UU. 35.9 % Suecia 43.3 %v
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>0 Bienes de cualificación / credenciales
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> 0 bienes de organización
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
PERSONAS QUE SE ENCUENTRAN FUERA DE LA FUERZA DE TRABAJO ASALARIADA En el análisis de las clases en las sociedades capitalistas realmente existentes, además de los burgueses, de la clase trabajadora en sentido amplio, de la pequeña burguesía tradicional y de la nueva clase media, existen agentes que no trabajan y que necesitan tenerse en cuenta. Sobre todo, porque en las sociedades capitalistas avanzadas e incluso en las menos avanzadas, uno se encuentra con que quizás la mayoría de la gente no tienen trabajo como asalariados. El caso más obvio son los niños, los menores de edad. Otros colectivos son los jubilados, los estudiantes, las personas a cargo de la seguridad social o de las políticas de servicios sociales, los inhabilitados permanentes para el trabajo, los desempleados, las amas de casa a tiempo completo, etc. ¿En qué posición deben ser localizadas en la estructura de clase estas personas? POSICIONES DIRECTAS Y MEDIATAS DE CLASE Este conjunto se puede dividir en dos amplias categorías: Los que tienen un vínculo con la estructura de clase a través de relaciones interpersonales (especialmente dentro de la familia), y los que no la tienen. Uno se encuentra en una posición dentro de una estructura de clase cuando tiene un interés material relacionado con el proceso de explotación. Este vínculo se suele generar a través de los empleos o trabajos. En ese sentido uno se refiere a ellos como posiciones directas de clase. Pero hay otros mecanismos por los cuales la gente está relacionada con el proceso de explotación. Por ejemplo, las estructuras familiares. Nacer en una familia capitalista vincula a los intereses materiales de la clase capitalista. Un niño nacido dentro de una familia de este tipo estaría “en” la clase capitalista y lo mismo ocurre, en el caso de un niño de una familia de la clase obrera o trabajadora. En el caso del niño de la clase capitalista, si una vez adulto trabajase en una fábrica como asalariado pero podría heredar millones de dólares del patrimonio familiar, y además, en caso de necesidad puede recurrir a la familia para que le proporcionen recursos. Esa persona estaría simultáneamente en dos localizaciones de clase: en la clase capitalista por virtud de sus lazos familiares y en la clase trabajadora por virtud de su trabajo. A este tipo de situaciones las denomina posición mediata de clase.(²7) Muchas personas tienen ambas posiciones directas y mediatas de clase. Esto es de particular importancia, en el caso de las economías capitalistas desarrolladas, para los hogares en los que ambos miembros forman parte de la fuerza de trabajo, de manera que puede haber la posibilidad de que maridos y esposas tengan diferentes posiciones de clase y cada uno de ellos tengan diferentes posiciones directas y mediatas de clase. Esto también se puede aplicar a los hogares en que ambos trabajan como asalariados pero en diferentes posiciones de clase, o que uno trabaja como asalariado y el otro es un pequeño burgués o un pequeño empresario. Los cónyuges tendrían diferentes posiciones de clase directas, pero también puede darse que tengan diferentes posiciones de clase directa y diferentes posiciones de clase mediatas.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: WRIGHT
LA CUESTIÓN DE LA “SUBCLASE” (UNDERCLASS) El término subclase a veces se usa peyorativamente como se hacía en el marxismo con el término lumpenproletariado. Otras veces, se emplea de manera descriptiva, para designar al conjunto de los pobres cuya situación es muy desesperada y cuyas perspectivas de mejorar son casi nulas. Una manera de dar a este concepto una mayor precisión teórica – señala Wright–, es vincularla a los conceptos de explotación y opresión. Una subclase puede ser definida como una categoría de agentes sociales que están económicamente hablando oprimidos pero que no se encuentran de una manera consistente o rigurosa, explotados, dentro de un sistema de clases. Diferentes tipos de estructuras de clases generan diferentes formas de subclases, en ese sentido, tenemos a los “sin tierra” en las sociedades agrarias y a las personas sin hogar y otros excluídos en países capitalistas avanzados. En una sociedad capitalista avanzada componen la subclase, las personas que no tienen una fuerza de trabajo que resulte vendible o productiva, es decir, las que cesan de tener un valor en el capitalismo, y por ello no logran vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario. No son, por tanto, explotados como asalariados pero si están oprimidos porque se les niega el acceso a varias tipos de recursos productivos, o bien, el acceso a los medios para adquirir los conocimientos o competencias para hacer de su fuerza de trabajo algo valioso en el mercado para ser vendido, para ser competitivos. Como consecuencia de todo ello no están explotados pero si están oprimidos. LA CUESTIÓN DE LOS INVERSIONISTAS QUE SON ASALARIADOS Muchas personas son, a la vez, propietarios de inversiones capitalistas (acciones, valores en bolsa, y otros productos financieros), por las cuales recibe unos ingresos, y empleados pagados por realizar un trabajo por cuenta ajena. Esto es más notorio en ejecutivos de alto nivel cuyos ingresos en grandes corporaciones provienen de sus salarios directos y de sus acciones en la compañía para la que trabajan y a veces estas acciones les proporcionan incluso mayores ingresos que sus propias remuneraciones como empleados. Otra mucha gente, casi siempre bien remunerada, tienen inversiones que les proporcionan unos ingresos regulares, y otras invierten en planes de pensiones, que a su vez se invierten en fondos o sociedades de inversión. Este tipo de situaciones, muy generalizadas en las sociedades capitalistas avanzadas, provocan una cierta complejidad en la estructura de clase, creando un nuevo tipo de “posición contradictoria de clase”. Es decir, cuando una persona puede encontrarse en una situación en la cual su clase en función de su lugar en el trabajo, y su clase en relación con su propiedad, no encajan del todo. EL CARÁCTER TEMPORAL DE LAS POSICIONES DE CLASE La última complejidad a añadir al concepto de estructura de clase se refiere al carácter temporal de las posiciones de clase. Wright ha tratado las “posiciones” de clase de una manera básicamente estadística, como huecos (slots) dentro de relaciones que son llenadas por personas. Esto puede dar una pintura distorsionada de cómo la vida de la gente se organiza dentro de las estructuras de clase. Dos individuos en puestos
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idénticos de clase obrera o trabajadora en términos estadísticos, pueden tener muy diferentes intereses de clase si uno, por ejemplo, tiene la certeza de que puede ser promocionado en el futuro a una posición de supervisor, o de directivo, y el otro tiene la certeza de que permanecerá de por vida en una posición de clase obrera. De manera típica, los análisis de la dimensión temporal de las estructuras de clases trata de este problema como uno de “movilidad vertical ascendente”o de ”movilidad intra generacional”. Se sugiere en tal caracterización que los individuos se mueven o cambian a otras posiciones y, que las posiciones son definibles con independencia del movimiento. Las posiciones existen aunque no siempre sean ocupadas por los mismos individuos. Esta cuestión de la temporalidad de las posiciones de clase aplicadas a las posiciones mediatas de clase y también a las directas, puede ser útil para comprender la posición de clase de las mujeres casadas como parcialmente determinadas por lo que puede ser denominado su “clase sombra”(shadow class). Es decir, la posición de clase que ellas podrían ocupar en el caso de la disolución del matrimonio, sea por divorcio o por viudedad. Teniendo en cuenta que la “clase sombra” de la mujer casada es frecuentemente diferente de su actual clase mediata, esto supone que hay al menos alguna indeterminación en las posiciones de clases mediatas de muchas mujeres, dado el hecho de las altas tasas de divorcio en muchas sociedades capitalistas desarrolladas (entre ellas la norteamericana). Aunque esto es cierto para las mujeres casadas o viudas, consideramos que lo mismo se puede aplicar, –aunque aún todavía de manera minoritaria estadísticamente hablando– respecto a hombres casados o parejas de hecho, donde el aporte de ingresos o de riqueza de la mujer es superior al del hombre, algo que está ocurriendo cada vez, más debido a la incorporación de la mujer a puestos cada vez jerárquicamente superiores en las empresas y organizaciones públicas y también porque las mujeres egresadas de las universidades y con mejores expedientes académicos que el de los hombres está teniendo cada vez más un porcentaje más alto, lo que se refleja en que ocupen mejores puestos de trabajo desde el punto de vista de las remuneraciones. Añadiendo esas cuatro fuentes de complejidad al concepto de clase: 1. posiciones contradictorias de clase, 2. relaciones privilegiadas en la explotación, 3. posiciones de clase mediata, disyunciones entre clase de trabajo y clase de propiedad, y, 4. la dimensión temporal de las posiciones, nos alejamos del simple concepto de clases polarizadas, y nos acercamos a una comprensión más pertinente de la estructura de clase en las sociedades capitalistas de hoy. Algunos sociólogos han argumentado que la existencia de esas complejidades señalan la “muerte de las clases”.(²8) Desde ese punto de vista, incorporar esas complejidades no enriquece el poder explicativo de la clase, más aún, ello comprometería las relaciones básicas de la clase para el análisis sociológico. Sin embargo, Wright rechaza esta visión. Uno de sus objetivos es, al contrario, mostrar que la clase continúa siendo un concepto relevante y poderoso, no a pesar de esas complejidades, sino porque las mismas pueden ser incorporadas en el análisis de clase enriqueciéndolo.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: WRIGHT
CONCLUSIONES: LAS VENTAJAS DEL ANÁLISIS MARXISTA DE LAS CLASES Para Wright la conceptualización marxista de las clases ofrece mejores resultados para analizar las clases que otras perspectivas. Hay numerosas razones para que el concepto marxista de clase, centrado en la explotación y la dominación, ofrezca ventajas teóricas, aparte de la parte normativa que conlleva el marxismo de búsqueda de una mayor igualdad y de una transformación a fondo de la sociedad capitalista. La lógica marxista del análisis de clase afirma la intima unión entre la manera en que las relaciones sociales están organizadas dentro del cambio y de la producción. Las relaciones sociales organizan los derechos y poderes de los individuos respecto a los recursos productivos y de manera sistemática moldea sus posiciones tanto dentro de las relaciones de intercambio como dentro del proceso de producción. El marxismo es visto como una teoría del conflicto, pero esto no es suficientemente preciso ya que la teoría weberiana también le da un papel al conflicto en su análisis social y de las clases. Lo que es propio y característico del marxismo no es que le da al conflicto de clase una cierta preeminencia, sino que entiende que el conflicto está generado por las propiedades inherentes a las relaciones de clase más que por simples factores contingentes. La explotación define una estructura de intereses interdependientes antagónicos en los cuales avanzar en la obtención de beneficios para los explotadores depende de su capacidad de imponer perjuicios sobre los explotados. Esto supone un fuerte antagonismo de intereses más que una simple competencia por recursos. En la construcción marxista del análisis de clase hay no solo una concepción de que las relaciones de clase generan un profundo antagonismo de intereses, sino que también da a la gente en las posiciones subordinadas de clase, formas de poder con los cuales puede luchar por el logro de sus intereses. Es decir, como la explotación descansa sobre la extracción de sobre trabajo y como la gente siempre tiene en alguna medida un cierto control sobre su propio esfuerzo, ellos siempre podrán encontrar alguna forma de confrontar a sus explotadores y resistir a su explotación. Esto implica una crucial forma de poder. Y se refleja en las complejas contra estrategias que las clases explotadoras se ven forzadas a adoptar a través de la elaboración de instrumentos de supervisión, vigilancia, control y sanciones. Es solo en virtud de esta inherente capacidad de resistencia –una forma de poder social basado en la interdependencia de la explotación–, que para explotar las capacidades se ven obligados de dedicar parte de sus recursos para asegurarse la apropiación del esfuerzo de trabajo. Según Wright el análisis marxista de clase contiene los rudimentos de lo que puede denominarse una teoría endógena de la formación del consenso. El argumento es básicamente el siguiente: la extracción del esfuerzo de trabajo en los sistemas de explotación tiene un coste para las clases explotadoras debido a la inherente capacidad del pueblo para resistir a su explotación. Por ello las formas puramente coercitivas de los antiguos sistemas de explotación podían tender a ser menos óptimos ya que los trabajadores podían fácilmente negarse a realizar un trabajo diligente y rebajar con ello la eficacia de su esfuerzo de trabajo. De manera que las clases explotadoras tuvieron que buscar otras vías para reducir el costo
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que esto les significaba. Una de las vías para reducir esos costos y expropiarse de más esfuerzo del trabajo fue hacer cosas que lograran un consentimiento activo de los trabajadores. Esto va desde las maneras de alcanzar una mayor lealtad e identificación de los trabajadores con la empresa en la que trabajan hasta alcanzar que se internalice la ideología de aceptación como buena, moral y deseables las instituciones capitalistas. Esto implica prácticas que conllevan elementos de coerción y de consenso para obtener acuerdos e implantar mecanismos más eficaces de extracción de la fuerza de trabajo. En las relaciones de clase basadas en la explotación, la cooperación con el explotado es necesaria, y las ideologías van dirigidas a crear consentimiento y ello implica de una manera u otra incorporar algunos intereses del grupo explotado. En las relaciones de clase basadas en la extracción de fuerza de trabajo basadas en la opresión, como no hay una dependencia entre el explotador y el explotado, no se requiere acudir a las ideologías de lograr el consentimiento sino que se basa en una pura acción represiva a las reacciones de resistencia a la opresión, en ocasiones, del tipo de realizar genocidio. De ahí el lema del “único indio bueno es el indio muerto”, de los primeros pobladores de la frontera norteamericana. El indio era prescindible para ellos. Pero no era el caso del esclavo para los plantadores del Sur que tenían unas relaciones de clase basadas en la explotación y apropiación del producto de su fuerza de trabajo. El análisis marxista de las clases forma parte integrante de una teoría del cambio social de una estructura de época, pero si incluso se rechaza el materialismo histórico, la estrategia marxista de las clases centrada en la explotación provee un rico menú de conceptos para el análisis histórico comparativo, un verdadero “mapa de ruta” para el análisis de sociedades concretas. Un concepto de clase que tiene como eje el nexo entre las relaciones sociales de producción, por un lado, y la explotación y la dominación, por el otro lado, señala Wright, es de gran interés para el análisis sociológico. Un análisis de clase de este tipo agrega, además, una crítica moral. La explotación y la dominación generan no sólo desigualdades sociales, sino daños y perjuicios sociales, lo que implica que plantea una teoría emancipadora a la opresión y teorías alternativas de justicia social. Aunque pueda entenderse que el socialismo esté fuera de la agenda histórica inmediata en un momento dado, la idea, afirma Wright, de que hay que oponerse a la lógica de explotación del capitalismo no lo está, por tanto, llevar a cabo esta acción, está más vigente que nunca.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: WRIGHT
NOTAS. 1.
2.
3. 4.
Erik Olin Wright ha escrito y publicado numeroso trabajos sobre las clases sociales de los que destacamos los siguientes: Class Structure and Income Inequality, 1976 tesis doctoral inédita, Universidad de California, Berkeley. E.O. Wright y Luca Perrone, “Classi sociale, scuola, ocupazione e reddito in USA”, Quaderni di Sociologia, XXIV,1-2,1975. “Class Boundaries in Advanced Capitalist Societies”, New Left Review, 98, 1976. E.O. Wright y Luca Perrone, “Marxist class categories and income inequality”, American Sociological Review, Vol. 42,1, 1977. Class, Crisis and the State, New Left Books, London, 1978 . Traducción española, Clase, Crisis y Estado. Madrid, Siglo XXI, 1983. Class Structure and Income Determination, Academic Press, New York, 1979. “Class and occupation”, Theory and Society, 9, 1980. E.O. Wright y J. Singlemann, “Proletarinization in the Changing American Class Structure”, American Journal of Sociology, 88., 1982. Classes, Verso, London, 1985. Traducción española, Clases, Madrid, 1994, Siglo XXI. E.O. Wright y B. Martin, “The Transformation of the American Class Structure”, 1960-1980, American Journal of Sociology, 93, 1, 1987 The debate on classes, Verso, London-New York, 1989 “Rethinking, once again, the concept of class structure”, pp.269-348, en E.O. Wright et al, The debate on classes, 1989. Hay trad. española de este ensayo por Andrés de Francisco, vid. J.Carabaña y A. de Francisco Comp.), Teorías Contemporáneas de las Clases Sociales, Edit. Pablo Iglesias, Madrid, 1993. Class Counts: Comparative Studies in Class Analysis, Cambridge University Press,1997 y Student Edition, Cambridge University Press, 2000. “Social Class”, Encyclopedia of Social Theory, edited by George Ritzer, Sage, London, 2003. If Class is the answer, What is the Question, 2004, mimeografiado. Approaches to Class Analysis, Cambrigde University Press, London, 2005 “From Gran Paradigm Battles to Pragmatist Realism: Towards an Integrated Class Analysis”, New Left Review, July 2009. “Varieties of Marxist Conceptions of Class Structure”, Working Paper, Institute for Research on Poverty, University of Winsconsin, 1978. *) Esto lo he podido comprobar por fuentes familiares directas cuando mi hijo durante sus estudios de doctorado en Leyes (PhD in Law por la European University Institute), fue su alumno en uno de sus cursos en la Universidad de Wisconsin en Madison, dándome con ello una gran satisfacción personal, dado que soy un admirador del trabajo realizado por Wright sobre las clases sociales. Vid. G.A. Cohen, La teoría de la historia de Karl Marx, Siglo XXI, Madrid, 1986, “¿Por qué no el socialismo?”, Katz, Buenos Aires-Madrid, 2011; John Roemer, Teoría general de la explotación y de las clases, Siglo XXI, Madrid, 1989; Adam Przeworski y José Mª Maravall, (eds.) Democracia y Estado de Derecho, Cambridge University Press; Jon Elster, Una introducción a Karl Marx, Siglo XXI, Madrid, 1991; Phillipe van Parisj, “Una revolución en la teoría de las clases”, edit. En J. Carabaña y A. de Francisco, Teorías contemporáneas de las clases sociales, Pablo Iglesias, Madrid,1993, “Qu`est-ce qu`une societé juste?” (1981), Marxism Recycled (1993). Erik Olin Wright, Clases, Madrid, Siglo XXI, 1994, p.2. Martin Nicolaus, El Marx desconocido, Anagrama, Barcelona, 1972, P.3.
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5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28.
Wright, Clases, 1994, p.14 Id., p.5. vid. Adam Przeworski, “From Proletariat into Class: The Process of Class Struggle en Karl Kautsky’s The Class Struggle to recent debates”, Politics and Society, vol.17,Núm.4, 1977. E.O. Wright, op. cit. p.6. Ibid., p.7. Ibid., pp-10-11. Ibid., p.25. Ibid., p.22. Ibid., 26. Ibid., 49-50. Ibid., p.55. “Rethinking, once again, the concept of class structure”, pp.269-348, en E.O. Wright et al, The debate on classes, 1989. Hay trad. española de este ensayo por Andrés de Francisco, vid. J. Carabaña y A. de Francisco Comp.), Teorías Contemporáneas de las Clases Sociales, Edit. Pablo Iglesias, Madrid, 1993. Wright, Clases, op. cit., p.13. Erik Olin Wright, Class Counts: Comparative Studies in Class Analysis, Cambridge University Press, 1997, pp.10-11. Ibidem., p. 13. John Roemer, Teoría general de la explotación y de las clases, Siglo XXI, Madrid, 1989. Wright, “Rethinking, once again, the concept of class structure”, op.cit. , pp.65-66 de la trad. Española. Wright, Clases, op. cit., p. 103. Id.,p. 104 y 105. Alvin W. Gouldner, El futuro de los intelectuales y el ascenso de la Nueva Clase, Alianza Editorial, Madrid, 1980. Vid. Goran Therbon, ¿Cómo domina la clase dominante? Aparatos de Estado y poder estatal en el feudalismo, el socialismo y el capitalismo, Siglo XXI, Madrid, 1979. Wright, Clases, p.219 y ss. Wright, Class Counts, op.cit.,p.23. Vid. J. Pakulski & M.Waters, Death of Class, Verso, London, 1996.
TEORÍAS NEOMARXISTAS SOBRE LAS CLASES SOCIALES: WRIGHT
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17. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Goldthorpe A partir de los años setenta cobran importancia dos programas de análisis de clase, asociados con dos esquemas relacionales: el de Goldthorpe (weberiano) y el marxista de Wright. R. Crompton
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz
INTRODUCCIÓN En los estudios y teorías sociológicas el interés por la desigualdad social no siempre conduce a un análisis de clases. En ese sentido recordemos las teorías de Mosca y de Pareto (¹) consideradas teorías de las élites, que buscan sustituir la explicación basada en las clases y sus conflictos, sustituyéndolo por la diferenciación e interacción entre masas y minorías o élites. Los funcionalistas explican la estratificación social, dicho sumariamente, como una distribución desigual de recursos y de estatus(²) e incluso más recientemente las teorías de género y las sociólogas del feminismo consideran que las relaciones de dominio patriarcal de los hombres respecto a las mujeres tienen tanta importancia y para algunas inclusive más, que las relaciones entre las clases sociales. Y no debemos pasar por alto a los estudiosos de las relaciones raciales que opinan que las relaciones de dominio/ subordinación y de discriminación entre las razas es un tema más importante aún que las relaciones entre las clases. Siendo realistas o quizás algo cínicos, hay que llegar a la conclusión que los que se dedican al estudio de un “campo” determinado de las relaciones sociales suelen hipostasiar lo que estudian, tratan de revalorizarlo y consideran que ese aspecto es el principal de la contradicción social o es el aspecto más relevante. En las relaciones de mercado imperantes, en las cuales el sector de los científicos sociales no está inmune, posicionarse en el mercado con un espacio y bien “propio” que reivindicar como esencial, es una manera de poder vender el producto, sin desdeñar el apasionamiento que pueden tener los investigadores sobre el tema del que han hecho una especie de raison de vivre intelectual. Aunque las sociedades estadounidense y británica tienen grandes exponentes de esta especie de relegamiento del análisis de clase, entre otras cosas, por tener una experiencia social de multiculturalismo en lo interno y de experiencias “imperiales” en el exterior con países de diferentes culturas, como antigua y actual potencia hegemónica mundial, lo cierto es que en el caso del Reino Unido nos encontramos con grandes exponentes de la teoría y del análisis sociológico que siguen dándole una gran importancia al análisis de las clases. Sin embargo, aunque la tradición sociológica se nutre en parte de la teoría marxista, quien predomina de manera absoluta en la sociología de origen norteamericana e inglesa es sobre todo Max Weber, más especialmente en lo relativo a la teoría y al análisis de las clases y de la estratificación social. Como ya hemos visto en el Capítulo III lo relativo a las teorías de Weber sobre las clases, vamos a tratar ahora, los que se pueden llamar neoweberianos, es decir, sociólogos que elaboran sus teorías y análisis de clases partiendo de las premisas teóricas de Weber. Es cierto que ya hemos tratado a algunos como Dahrendorf y el mismo Lenski, cuyas elaboraciones teóricas se nutren del sociólogo alemán, si bien no son meros exégetas de sus ideas. Ahora trataremos de otros sociólogos como John H. Goldthorpe, Anthony Giddens y Frank Parkin, cuyas ideas concluyen en una perspectiva más de índole weberiana que marxista, aunque se reconozca la impronta de Marx, aunque sea como leiv motiv para, a través de la crítica de sus ideas, elaborar las suyas propias.
TEORÍAS Y ANÁLISIS DE CLASES NEOWEBERIANOS: GOLDTHORPE
JOHN H. GOLDTHORPE: SU ESQUEMA DE LAS CLASES SOCIALES EN LAS SOCIEDADES CAPITALISTAS AVANZADAS Goldthorpe es uno de los sociólogos británicos más prestigioso en materia de estratificación y clases sociales. Él junto con Lockwood y su equipo, es el autor de uno de los trabajos empíricos más importantes en este campo, la obra en tres volúmenes: The Affluent Worker.(³) Su fama y prestigio le viene por haber elaborado el llamado “esquema de clases de Goldthorpe”, en cuya primera versión identificaba siete clases sociales y en su última versión la amplió a once, aunque en la presentación de algunos datos empíricos, las agrupa en tres categorías: clase de servicio, intermedias y trabajadoras.(4) Este esquema es uno de los más utilizados en materia de clases sociales por los sociólogos europeos. Fue elaborado en un prolongado período de investigación de la estructura de clases y la movilidad en la sociedad británica y en sociedades industriales occidentales, por él y su equipo, durante más de dos décadas. Dicho programa de investigación de las clases es conocido por sus siglas en inglés como CASMIN (Comparative Analysis of Social Mobility in Industrial Nations).Llevaron a cabo estudios sobre las pautas de movilidad social en quince de las principales sociedades industriales. Inclusive es aplicado para realizar estudios empíricos epidemiológicos que ponen en relación las enfermedades con la clase social, como es el caso del realizado por la Sociedad de Estudios Epidemiológicos de España. EL ANÁLISIS DE CLASE COMO UN PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN El análisis de clase tiene como su principal preocupación el estudio de las relaciones entre estructura de clase, movilidad de clase, desigualdades basadas en la clase y acciones de clase. Más específicamente, explora las interconexiones entre las posiciones definidas por relaciones de empleo en los mercados laborales, las unidades de producción en diferentes sectores de las economías nacionales y los procesos a través de los cuales los individuos y las familias son distribuidos y redistribuidos entre esas posiciones a través del tiempo. Las consecuencias que tiene todo ello sobre sus oportunidades de vida y para las identidades sociales que adoptan y los valores sociales e intereses que persiguen. Si se entiende de esta manera, el análisis de clase, no tiene ningún compromiso con una teoría particular sobre las clases sino con un programa de investigación, dentro del cual teorías diferentes e incluso rivales pueden formularse y luego tienen que evaluarse por su valor heurístico y su capacidad explicativa. Este programa –siempre según Goldthorpe y Marshall–, proporcionaría una economía en la explicación, al poder usar unos pocos y bien definidos conceptos tales como posición de clase, orígenes de clase, movilidad o inmovilidad de clase, en orden de exponer que ocurre o que no ocurre, a los individuos, a través de diferentes aspecto de sus vidas sociales y cómo responden a ello subsecuentemente.(5) Goldthorpe deja claro que este programa también tiene en consideración a las teorías que concluyen que las relaciones de clase están de hecho perdiendo importancia para las oportunidades de vida y para la acción social, y que otras relaciones y atributos,
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definidos, por ejemplo, por los ingresos, el consumo, el estatus, el estilo de vida, la etnicidad o el género, son, o están convirtiéndose, de mayor importancia que la clase. Pero la idea de la que parte Goldthorpe es que esto no debe asumirse como algo probado, sino que debe demostrarse empíricamente. El autor deja muy claro su distanciamiento con el análisis de clase marxista ya que para él el análisis de clase no implica ninguna teoría de la historia de acuerdo con la cual el conflicto de clase sirva como motor del cambio social, o que una clase (bajo el capitalismo la clase obrera) tenga la misión de transformar la sociedad mediante una acción revolucionaria. El énfasis para Goldthorpe está en la diversidad de caminos hacia el desarrollo que las naciones han seguido para llegar a la modernidad y la muy variable naturaleza que han jugado en esto la formación y la acción de las clases. Tampoco su programa implica una teoría de la explotación de clase, según la cual las relaciones de clase deben ser necesaria y exclusivamente antagonistas. Aunque se entienda que los conflictos son inherentes a las relaciones entre las clases, ello no requiere, afirma, adherirse a la teoría del valor trabajo o a cualquier otra teoría que entienda la explotación en el sentido marxista. En ese sentido destaca que las relaciones de clase pueden, a veces, ser mejor entendidas como una suma positiva o incluso como una suma negativa, más que como una simple suma cero. De ahí que se deba tener en cuenta la importancia de los “compromisos de clase” en las relaciones laborales, en el desarrollo de políticas públicas y en los acuerdos para establecer Estados de Bienestar. Aunque critica las ideas de los sociólogos funcionalistas y de los economistas neo clásicos, que suponen que el efecto de las desigualdades de clase conduciría, a través de diversos mecanismos, a un mayor bienestar para todos, y señala que ello tendría que demostrarse por investigaciones empíricas y no simplemente ser rechazado o aceptado por motivos ideológicos. Recuerda que en todo caso habría que considerar la evaluación moral que debe conllevar la existencia de las desigualdades de clase.(6) En otro aspecto, el de la conciencia y acción de clase, Goldthorpe expone que la versión del análisis de clase de su programa no se basa en una teoría acorde con la cual, los individuos que tienen similares posiciones en una estructura de clase deberían desarrollar una conciencia compartida de su situación y actuar juntos para el logro de sus intereses comunes de clase. Si bien admite que se pueden esperar acciones racionales de los individuos en la defensa de sus intereses. Señala como un caso paradigmático de acción colectiva de clase, las que han llevado a cabo las clases trabajadoras bajo las políticas económicas neo-corporativas, de aceptar por sus sindicatos regulaciones de salarios en vista de una amplia solidaridad de clase para lograr objetivos de pleno empleo y políticas sociales redistributivas. Esto hay que valorarlo como un quid pro quo para aceptar limitaciones en las alzas salariales. Y señala que eso reformula la conciencia de clase, como dijo Elster, como la habilidad de vencer las dificultades logrando realizar sus intereses de clase. (7) Tampoco el análisis de clase, tal como lo entiende Goldthorpe conlleva una aceptación de una teoría reduccionista de la acción política –individual o colectiva–, acorde con la cual tal acción debe ser entendida como la expresión de relaciones de clase que tratan de perseguir sus intereses estructurales de clase. Ocupar las posiciones de clase solo crea potenciales intereses. Si son intereses de
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clase u otros, los que los individuos tratan de realizar, dependerá, en primer lugar, de las identidades sociales, ya que las identidades preceden a los intereses. En la formación de esas identidades juegan un papel varios procesos sociales, entre ellos, la movilidad social. Aunque llama la atención en que para que los intereses de clase se conviertan en la base de la movilización política, hay que contar con el papel crucial de los partidos y movimientos políticos a través de sus programas, ideologías y estrategias. La definición de Goldthorpe de clase es la de una agregación de categorías ocupacionales, cuyos miembros ocupan similares y comparables situaciones de mercado (ingresos, seguridad económica, oportunidades para mejorar) y, situaciones de trabajo (lugar en el sistema de autoridad y control, grado de autonomía en la ejecución de las tareas laborales y estatus del empleo). Su esquema de clases es relacional, no es una jerarquía gradacional de ocupaciones. Como se puede ver, la deuda con las ideas de Weber son evidentes, ya que continúa con el enfoque multidimensional de clase de éste. La clasificación o esquema de Goldthorpe tiene como objetivo diferenciar las posiciones dentro de los mercados de trabajo y de las unidades de producción, más específicamente, diferenciar tales posiciones en términos de las relaciones que conllevan. Por esta razón, es importante distinguir entre las relaciones de los empleadores, la de los auto empleados o por cuenta propia y, la de los empleados. Dentro de la categoría heterogénea de los empleados es posible hacer importantes distinciones de acuerdo a las diferencias en el contrato de trabajo y en las condiciones de empleo. La distinción entre empleados que se encuentran en una relación de servicio con su empleador y aquellos cuya relaciones de empleo están reguladas esencialmente por un contrato de trabajo, son importantes dentro del esquema de este autor. Así a las llamadas ocupaciones de clase de servicio (la parte de los mismos que son asalariados), se les ofrecen posibilidades de mejoras económicas, seguridad en el empleo y unas condiciones laborales que les incitan a comprometerse con el trabajo, contando con un alto nivel de confianza por parte de los empleadores. Las ocupaciones de clase obrera, por otro lado, tienden a tener condiciones más cerradas y reguladas sobre el pago de su trabajo y se les deja menos control sobre sus propios trabajos a través de una estricta supervisión y control. El esquema de categorías de clase de Goldthorpe, para fines operacionales de investigación empírica, tiene la ventaja de que según la muestra, datos disponibles o diversas circunstancias, puede emplearse con sus once categorías de clase o sólo con siete, sin que ello conlleve grandes modificaciones. Incluso a veces se ha reducido a un esquema de cinco clases o de tres: clase de servicio, clases intermedias y clase trabajadora u obrera. Hay que señalar que, como es lógico, el esquema ha recibido críticas tanto por el hecho de ser de naturaleza relacional y no jerárquica, por la organización de las ocupaciones en categorías de clase, y también, por utilizar la distinción entre trabajo manual y no manual como una “frontera” de clase, incluyendo en esta última categoría a los trabajadores de bajo nivel de actividades rutinarias de los servicios, comercio, oficinas, es decir, los llamados trabajadores de cuello blanco. (8)
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El esquema de Goldthorpe ha servido para la elaboración de la Clasificación Socioeconómica Europea (ESEC), en sus siglas en inglés, que tiene diez agrupaciones de ocupaciones: 1.
Grandes empleadores, directivos y profesionales de nivel alto
2.
Directivos y profesionales de nivel bajo
3.
Empleados de cuello blanco de nivel alto
4.
Pequeños empleadores y trabajadores autónomos no agrícolas
5.
Trabajadores autónomos agrícolas
6.
Supervisores y técnicos de rango inferior
7.
Trabajadores de los servicios y comercio de rango inferior
8.
Trabajadores manuales cualificados
9.
Trabajadores no cualificados
10. Excluidos del mercado de trabajo y parados de larga duración En la página siguiente presentamos el esquema o mapa de clases de Goldthorpe, que se compone en su versión completa de 11 categorías de clase y cuya versión reducida simplifica las mismas a sólo 7. Este esquema está más actualizado ya que se “ha configurado agrupando las ocupaciones que fueron calificadas con tres dígitos en la variante europea de la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones de 1988 (CIUO-88 o ISCO-88, en sus siglas en inglés), que por sus características (estatus de empleo, tipo de contrato, etc.), mantienen una posición similar en el mercado de trabajo. Una vez establecidas las diez categorías básicas, la clasificación permite ulteriores agrupaciones, más sintéticas, que reducen el número de clases”.(9) El propósito del análisis de Goldthorpe no es meramente clasificatorio,ya que considera que las clases sociales tienen una existencia real fuera de su construcción en el discurso sociológico, ya que esos agregados ocupacionales pueden de hecho adquirir una identidad tanto “demográfica”como “sociocultural”. Por ello define a las clases no como un agregado de individuos sino de familias, cuyas “cabezas de familias”trabajan en ocupaciones específicas. La familia es para Goldthorpe la unidad principal que traza el “destino de clase” y en cuanto clase social forma colectividades relativamente estables, lo cual se hace a través de la continuidad con que los individuos y las familias son asociados en una posición de clase durante un período de tiempo. Por tanto, la situación de clase de las mujeres se infiere por la del cabeza de familia, salvo que el cabeza de familia sea la mujer, como ocurre cada vez más, o que ambos aporten al sostenimiento de la familia, dándose entonces una bicefalia.
TEORÍAS Y ANÁLISIS DE CLASES NEOWEBERIANOS: GOLDTHORPE FIGURA 15 - ESQUEMAS DE CLASES DE GOLDTHORPE I. Profesionales superiores, directivos de grandes establecimientos y grandes empleadores (con más de 25 empleados).
Clase de servicio.
II. Profesionales de nivel medio e inferior, técnicos superiores, directi8vos de pequeños establecimientos (menos de 25 empleados), supervisores de empleados no manuales.
I+II Clase de servicio: profesionales, administradores y gerentes, técnicos superiores supervisores de trabajadores no manuales.
III.a. Empleados no manuales de trabajos de rutina de alto nivel en la administración y en el comercio.
Intermedias.
III.b. Empleados no manuales de trabajos de rutina de bajo nivel (en ventas y servicios).
III.a+b Trabajadores no manuales rutinarios, empleados en la administración y el comercio, personal de ventas y de los servicios.
IV.a. Pequeños propietarios, artesanos, etc. con empleados (menos de 25 empleados).
Intermedias.
IV.b. Pequeños propietarios y artesanos, sin empleados.
IV.a. + IV.b. Pequeña burguesía: pequeños propietarios y artesanos, etc., con o sin empleados. Intermedias.
IV.c. Agricultores y pequeños propietarios; trabajadores por cuenta propia en la producción del sector primario. V. Supervisores de trabajadores manuales y técnicos de nivel inferior. VI. Trabajadores manuales cualificados.
VII.a. Trabajadores semi-cualificados y sin cualificar (que no pertenecen al sector primario).
VII.b. Agricultores (campesinos) y otros trabajadores en la producción del sector primario.
IV.c. Agricultores y pequeños propietarios; trabajadores por cuenta propia en la producción del sector primario. Intermedias. V+VI Supervisores de trabajadores manuales y técnicos de nivel inferior; Trabajadores manuales cualificados. Trabajadora. VII.a. Trabajadores semi-cualificados y sin cualificar (que no pertenecen al sector primario). Trabajadora. VII.b. Agricultores (campesinos) y otros trabajadores en la producción del sector primario.
Por esta especie de relegamiento de la mujer, dándoles a los hombres el papel de cabeza de familia, Goldthorpe ha sido duramente criticado, pese a que él se defiende y considera que no ha minusvalorado el papel de la mujer en la clasificación. Aunque, lo cierto es que, en la investigación empírica, no ha hecho una división por sexos en sus diferentes categorías de clase, como tampoco ha hecho una división por raza, etnia o lugar de nacimiento, ni por las preferencias u orientación sexual. Todo lo cual daría una riqueza inmensa a una investigación sobre las categorías de clase dentro de las diferentes ocupaciones al visualizar las divisiones entre las categorías de género, de etnia o raza, de trabajador nacional o de origen extranjero, pero, también es cierto que todo ello haría más costosa la investigación en la que Goldthorpe emplea modelos logarítmicos-lineales que les permiten a los investigadores ver la existencia de relaciones causales probables entre los factores estudiados en el modelo.
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LA CLASE DE SERVICIO La que Goldthorpe denomina clase de servicio, como hemos visto en el esquema de clases, es la clase de los empleados profesionales, de administración y de dirección, y es un fenómeno propio de las sociedades occidentales avanzadas. El origen de la idea se debe al austro-marxista Karl Renner que consideraba que la misma comprendía a los empleados del servicio público estatal (funcionarios y empleados administrativos); empleados del sector privado de la economía (administradores de negocios, directivos, técnicos, etc.), y empleados en los servicios sociales (los que denominaba agentes distribuidores del bienestar). Estos grupos se distinguen de la clase obrera porque realizan un trabajo no productivo, no crean plusvalía, sino que se reparten parte de la plusvalía que se extrae directa o indirectamente de la clase obrera. Otra diferencia de calado entre la clase de servicio y la clase obrera, según Renner, es que la clase de servicio se rige por una especie de “código de servicio” o estatuto de sus funciones, que difiere del contrato de trabajo que se le aplica a los obreros. Los primeros reciben un sueldo u honorarios, y los segundos un salario. El empleado que recibe los honorarios está separado del obrero por la seguridad relativa de su empleo así como por las perspectivas de mejora material y de estatus. Además, hay una enorme diferencia en un factor psicológico o moral, que las relaciones entre el empleador y los miembros de la clase de servicio, se basa en un elemento de confianza, factor que no se encuentra en las relaciones entre el empleador y los obreros. (¹0) Como puede verse, Goldthorpe incorpora casi todos esos elementos a su clase de servicio, prescindiendo, claro está de la plusvalía y del concepto de trabajo productivo/ no productivo, como es lógico en alguien calificado como un neoweberiano, aunque sea de izquierdas. El argumento de que profesionales, administradores y directivos tengan posiciones de clase muy similares se debe a que estos empleados están ocupados en el ejercicio de autoridad delegada o en la aplicación de saberes especializados o que son expertos y, actúan en sus tareas y papeles, con un grado elevado de autonomía y discrecionalidad ya que sus funciones consisten en evaluar, juzgar, tomar decisiones. Eso implica confianza en sus tareas por parte del empleador o la organización que los emplea (sea estatal o privada). También conlleva condiciones de recompensa muy sustantivas para ellos y otros beneficios colaterales. Esto los diferencia de los empleados de otros rangos, es decir, de los de niveles medios y subalternos, y los diferencia aún más de las condiciones del contrato de trabajo de los obreros. Todos esos elementos es lo que proporciona el fundamento para considerarlos formando parte de una misma clase, la clase de servicio. Lo que no implica que esta clase no esté sectorialmente dividida,siendo una de éstas la división entre sí desempeña su trabajo en el sector público o en el privado. Además de que esté internamente estratificada, por los niveles de riqueza, de ingresos, de hábitos de consumo, etc. de los individuos y familias que la componen. Al ser la clase de servicio una clase de empleados que han sido designados para sus posiciones, queda pendiente resolver, si por encima de ellos hay una clase superior. Goldthorpe señala que hay un rasgo distintivo que separa a los niveles más altos de la clase de servicio de los que se elevan sobre ellos: “Que éstos últimos deben su posición no a un proceso de designación y promoción burocrática, sino a su propio poder, ya sean las bases de éste económicas, políticas, militares o de otro tipo”.(¹¹)
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Otra distinción que hay que hacer entre la clase de servicio es la que la separa de otro grupo también de empleados: Los oficinistas, dependientes, técnicos, encargados y otro tipo de personal de supervisión. La línea divisoria entre estos grupos y los niveles inferiores de la clase de servicio son difíciles de trazar, aunque Goldthorpe considera que lo clave aquí es fijarse en la relación de empleo de quienes pertenecen a estos grupos. Ya que, incluso aunque algunos reciban honorarios, no tienen las llamadas “recompensas prospectivas” que están implícitas en la relación de servicio, y que conllevan seguridad en su estatus y rutas conocidas de promoción. Por lo cual se puede señalar que forman parte de los grupos intermedios. Para Goldthorpe es de gran importancia tratar de ver cuál sería la pauta de acción sociopolítica que harían los miembros de la clase de servicio. Él mantiene la tesis que para vincular el análisis de las posiciones de clase con la comprensión de la acción colectiva, hay que tener en cuenta los procesos de formación de clase. Para lo que hay que ver: a) el grado en que las clases adquieren identidad demográfica, es decir, como se hacen identificables como colectividades en función de la continuidad con la que los individuos y sus familias retienen sus posiciones de clase a través del tiempo; b) el grado en que las clases adquieren identidad cultural, o sea, se hacen identificables en virtud de los estilos de vida compartidos y distintivos de sus componentes y de sus pautas de asociación preferentes. Respecto al grado de formación de clase de la llamada clase de servicio hay que señalar lo siguiente: 1) Hay un crecimiento de la misma en las sociedades occidentales (al menos hasta la crisis financiera de 2008). Si a principios del siglo pasado los profesionales, administradores y directivos suponían un 5-10 por 100 de la PEA en la década de los 80 sumaban, en los países occidentales, el 20-25%. Las causas que han provocado esta situación: 1) el crecimiento del tamaño de las organizaciones tanto en el Estado como en los negocios, las instituciones del bienestar social, la racionalización y la especialización del trabajo. Lo que implicó una disminución de la autonomía en el trabajo para los empleados y una concentración de la discrecionalidad y autonomía en la toma de decisiones en los profesionales, administradores y directivos. 2) El incremento de la demanda de personal para la clase de servicio ha llevado a un reclutamiento de individuos con niveles de educación y cualificación formal bastante bajos.(¹²) El resultado ha sido –según Goldthorpe–, que debido a los niveles de educación y formación de sus miembros, la clase de servicio de las sociedades occidentales muestran un nivel bajo tanto de identidad demográfica como de identidad sociocultural. Ello conlleva estilos de vida más plurales y pautas de asociación social más heterogéneas. También hay que destacar que una característica de la clase de servicio es que sus miembros, procedan de dónde procedan, una vez que llegan a la misma tienen una muy baja probabilidad de abandonar esas ocupaciones. El sistema imperante es conservarlos aunque no se promocionen. Por ello, estudios empíricos realizados en Inglaterra, Francia y Suecia revelan una estabilidad intergeneracional, ya que una mayoría de los hijos cuyos padres pertenecen a la clase de servicio se encuentran también en posiciones de clase de servicio. También se indica que la creciente identidad demográfica de la clase de servicio tenderá a ir acompañada de un desarrollo de su identidad sociocultural.(¹³)
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Por último, en lo que atañe a la clase de servicio, es de interés exponer lo que Goldthorpe considera sobre su potencial sociopolítico. En primer lugar, no cree que su pauta de acción sociopolítica sea uniforme aunque un fortalecimiento de su identidad demográfica y cultural llevará a una pauta de acción política más consistente en términos de clase. Sin embargo, lo importante para este autor, es atender a las relaciones sociales reales, que prevalecen en la clase de servicio con relación a otras clases, las intermedias y la clase obrera, y no atribuirles una pauta de manera dogmática. Dicho lo cual, deja muy claro que la expectativa más clara es que esta clase, cuando se consolide, será un elemento conservador en las sociedades modernas. Una clase que tiene interés en mantener el status quo, ya que el mismo le favorece. Discrepa, por tanto, de los neomarxistas que consideran que puede forjar una alianza con la clase obrera y de otros teóricos que estiman que puede generar radicalismos cultural o político. La causa para discrepar de ellos es que no logra entender como los miembros de la clase de servicio puedan ver que sus intereses pueden ser atendidos, conservados en el tiempo e incluso heredarlos o cooptarlos para sus hijos, por quienes mantienen posiciones igualitaristas, como es lógico que lo hagan quienes enarbolan un programa socialista. Para los miembros de la clase de servicio su poder legitimador estaría en la meritocracia y la tecnocracia. Que los mantienen en posiciones privilegiadas en cuanto a los ingresos, a su autonomía, a su poder de tomar decisiones, y a las ventajas que todo ello acarrea para ellos y sus familias. Más bien tenderían a un rechazo a la proletarización, y por ende, están estructuralmente orientadas mucho más a entrar en conflicto que a mantener una colaboración o alianza, con otras clases o sectores subalternos. Y esto sería así tanto por motivos de redistribución del excedente o de las ganancias, como por el control y supervisión de las relaciones en las organizaciones. Nada de ello les impulsa ni hacia una mayor igualdad distributiva, ni hacia una mayor democracia en las relaciones de producción en las empresas o en las organizaciones. Así pues, dada su posición privilegiada en el orden capitalista, lo racional y lógico, es creer que la clase de servicio no será nunca un elemento de subversión contra un orden que le beneficia. Siguiendo con la articulación entre identidad de clase y acción política, hay que dejar claro que Goldthorpe está lejos de las tesis de desclasamiento del voto, y considera que sigue habiendo una relación entre la clase de pertenencia y el voto emitido, por lo cual es de la opinión que no es conveniente considerar que no se debe movilizar el voto en función de los intereses e identidad de clase. En este sentido, piensa en la clase obrera y en su voto de clase, que debe estudiarse no en una coyuntura dada sino a través de un período de tiempo. Eso nos mostraría, según Goldthorpe, una consistencia en el voto de clase, una lealtad clasista en las opciones electorales.(¹4) GOLDTHORPE Y LA MOVILIDAD SOCIAL EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS Goldthorpe ha dedicado muchas de sus investigaciones al estudio empírico comparativo de las tasas de movilidad vertical tanto en la sociedad británica como a nivel internacional, dentro del proyecto denominado CASMIN, (Comparative Analysis
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of Social Mobility in Industrial Nations). Para él y el equipo de trabajo que le ha acompañado, la movilidad social es de una importancia central en los estudios sociológicos, tanto por sus implicaciones en la formación de clase y en la acción de clase, como por ser el medio de poder medir la apertura de las sociedades llamadas “liberales y abiertas”.(¹5) Para Goldthorpe las clases sociales son categorías analíticas y colectividades sociales, de manera que como colectividades consisten en agregados de individuos y familias que están, en diverso grado, expuestas a las exigencias de la identidad de clase y de la movilidad social, de manera que, si todas las otras permanecen iguales, mientras más alta sea la tasa de movilidad social, más abierta será la estructura social, y por ende, más atenuada sería la identidad de clase. Respecto a la movilidad social se señala que la misma tiene una importancia que trasciende lo puramente sociológico ya que: “La evidencia de altas tasas de movilidad social puede utilizarse para argumentar que la sociedad en cuestión se caracteriza por el logro más que por la adscripción, que los individuos obtienen sus recompensas de acuerdo con sus cualidades personales más que sobre la base de ventajas “injustas” tales como la riqueza heredada o los contactos personales; en suma, que existe y funciona una auténtica meritocracia…Además…la movilidad social también actúa como una “válvula de seguridad” importante en las sociedades industriales avanzadas”. (¹6)
Lo que han demostrado las investigaciones de Goldthorpe es la persistencia de la desigualdad de clase y la relativamente estable asociación entre las posiciones de clase presente y la clase de origen. La evidencia mensurable es que las desigualdades en las oportunidades vitales se pueden identificar como el efecto de la estructura de clase más que como consecuencia de las diferencias individuales, y esto es más significativo para la clase trabajadora. Los estudios comparativos de movilidad social en los EE.UU., Australia y Japón han encontrado muy pocas evidencias de la apertura social de dichas sociedades comparadas con la sociedad británica. Por lo cual Goldthorpe concluye que la persistencia de la estructura de clase produce un “cierre” con una persistencia en los modelos de formación e identidad de clase. Esto se puede detectar más en su clase de servicios (clase I y II) y en la clase trabajadora u obrera (clase VI and VII), y posiblemente en la pequeña burguesía (clase IV). A nivel sociocultural tanto la clase de servicios como la clase obrera muestran un fortalecimiento de su identidad. En su estudio sobre la movilidad de 1972-1974 encontró que se había producido en la sociedad británica un grado considerable de movilidad. El 28,5 por 100 de los miembros de la clase I (clase de servicio) procedían de la clase VI y VII (clase trabajadora). (¹7) Estos cambios se pueden explicar con las grandes modificaciones ocurridas en la posguerra, con las políticas de nacionalizaciones y expansión de las políticas sociales, y también, otras modificaciones como el incremento de las ocupaciones no manuales, la disminución de la población dedicada al agro, y la expansión de los servicios. Eso explica que en un estudio a través de un período prolongado de tiempo, se vea que hay un mayor número de padres con ocupaciones manuales y sus hijos, cuando llegan a la edad de incorporarse al trabajo, lo hacen en ocupaciones no manuales. Así pues, debido
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a esos cambios en la estructura ocupacional, la movilidad vertical ascendente resulta inducida o forzada dada la menor oferta de trabajo manual para los hijos, que por ello ocupan ocupaciones no manuales.(¹8) Para Goldthorpe esos cambios no demostraban que la sociedad británica fuera una sociedad más abierta sino más bien lo contrario, que no lo era tanto para la clase trabajadora, lo que se demostraba con la diferencia existente entre las tasas absolutas y relativas de movilidad. Las probabilidades de que un hijo de padre de la clase de servicio se integre en la misma clase de su padre y no descienda a la clase obrera, comparada con las de un hijo de un padre de clase obrera de que pueda acceder a la clase de servicio o permanezca en la clase de su padre, no es semejante. Los hijos de las clases trabajadoras tienen menos oportunidades de ascender, y los de la clase de servicio tienen menos oportunidades de descender. Ello demostraba para Goldthorpe “en una medida sustancial, desigualdades de oportunidad arraigadas en la estructura de clase”.(¹9) Una crítica a la interpretación de Goldthorpe sobre la movilidad absoluta y relativa que pone en cuestionamiento la supuesta apertura de la sociedad británica la realiza desde un punto de vista neoliberal, como seguidor que es de las ideas de Hayek, P. Saunders, para quien los incrementos absolutos de movilidad después de la posguerra es lo más significativo y argumenta contra los que difieren de esa óptica lo siguiente: “Goldthorpe y muchos otros sociólogos contemporáneos terminan negando que…las desigualdades naturales pueden ser importantes para el destino de las personas. Por ejemplo, si la clase obrera representa la mitad de la población…deberíamos esperar que la mitad de los doctores, directivos y funcionarios públicos de alto nivel procediesen de la clase obrera. Si hallamos, de acuerdo con Goldthorpe, que solo una cuarta parte de estos grupos proceden de la clase obrera podemos legítimamente suponer que el déficit se debe…a las barreras sociales y que la sociedad británica es… una sociedad clasista…En el mundo idealizado de Goldthorpe y otros sociólogos de “izquierda” los destinos de las personas deberían determinarse por el azar porque los talentos se distribuyen también al azar. Por consiguiente, la sociedad británica es defectuosa porque las personas que proceden de la clase trabajadora no ocupan la mayoría de las posiciones más altas. Este argumento es absurdo y ridículo, y no ha sido suficientemente criticado en la sociología moderna”. (²0)
Se podría responder a algunas de estas objeciones con las explicaciones que proporciona Goldthorpe cuando argumenta que los teóricos liberales aceptaron como si fuera una evidencia la disminución de la desigualdad social, cuando esto era simplemente consecuencia de un aumento general de los niveles de vida y bienestar en la posguerra. Las investigaciones que se dirigieron a ver la extensión de los diferenciales de clase en las oportunidades de vida –por ejemplo, en salud y educación–, descubrieron que éstos se habían alterado poco en las décadas de posguerra, y que las disparidades entre la clase trabajadora y el resto de la sociedad se habían mostrado resistentes al cambio. (²¹) Lo mismo ocurrió en lo que se refiere a la movilidad social, ya que los teóricos conservadores no pudieron reconocer que: “Aunque “la mayor valoración” de las estructuras profesionales producido por el desarrollo
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industrial aumentaba naturalmente las oportunidades de ascenso social, tenía al mismo tiempo el efecto de reducir la probabilidad de movimientos de descenso. Y, el descubrimiento más importante de los análisis que se han realizado sobre las tendencias de las tasas de movilidad nacional, consideradas netas, respecto de todos los efectos estructurales, y que proporcionan el mejor indicador sobre los cambios en el grado de apertura, es que dichas tasas muestran una estabilidad muy considerable en el tiempo”. (²²)
También Goldthorpe acusa a los teóricos conservadores de omitir la posibilidad, bien confirmada, de que donde se reduce la desigualdad social en un aspecto particular, puede aumentarse el potencial para el conflicto social, al introducir lo que denomina “otras formas de desigualdad en pugna”. CONCLUSIONES El esquema de clase de Goldthorpe es junto con el mapa de clase de Wright uno de los más renombrados en las investigaciones empíricas sobre las clases. tanto uno como otro se presentan como esquemas no gradacionales o jerárquicos, sino de carácter relacional. Goldthorpe pone mucha insistencia en negar que su esquema esté condicionado por cualquier teoría macrosociológica de manera que puede ser empleada no importa cuál sea la concepción ideológica a la que se adhiera el investigador que utilice su esquema. Sin embargo, tanto Wright, como Giddens, y otros sociólogos, consideran que en su clasificación o esquema hay una clara influencia neo-weberiana, al identificar sus posiciones de clase a partir de la capacidad de mercado y la situación ocupacional o laboral. Como muy bien explica Giddens: “La situación en el mercado de un individuo afecta a su nivel salarial, seguridad en el empleo y perspectivas de progreso; subraya las recompensas materiales y las “posibilidades vitales” generales. Por el contrario, la situación laboral se centra en cuestiones relativas al control, el poder y la autoridad dentro del empleo. La situación laboral de un individuo afecta a su grado de autonomía en el lugar de trabajo y al conjunto de las relaciones de control que influyen en un empleado”. (²³)
El esquema tiene un amplio respaldo por el empleo que se ha hecho en diferentes países lo cual ha llevado a refinar el proceso de establecer la relación entre las ocupaciones y las clases en función de las condiciones de empleo que se dan en esas sociedades. Lo cual lleva a G.Marshall a apreciar que ello incrementa la confianza en el esquema de Goldthorpe a diferencias de otros con los cuales se han presentado dificultades, por ejemplo, para determinar que es un trabajador manual o como definir a la clase obrera. Expone este autor: “En otras palabras, la clasificación de Goldthorpe posee un alto grado del llamado “criterio de validez”, dado que los grupos relativamente homogéneos y distintivos pueden ser distinguidos usando el criterio expuesto en su teoría de la clase…(no obstante) el esquema no carece de problemas de medida, especialmente cuando ésta envuelve comparaciones entre diferentes países, aunque los mismos son menos serios que las numerosas dificultades que conllevan otros esquemas alternativos de clase, especialmente aquellos que tienen un abierto pedigrí marxista”.(²4)
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Los estudios comparativos de movilidad social realizados dentro del programa de investigación liderado por Goldthorpe, el CASMIN, han demostrado que pese a lo que se creía, no encontraron ninguna tendencia a una gran apertura en la estructura de clase, es decir, hay una gran estabilidad en las oportunidades de movilidad social, siendo más reducidas de lo que se pensaba. Con datos que no dejan ningún lugar a la duda, se ha obtenido el siguiente resultado: “Quizás sorprendente, no solo no ha habido una reducción significativa en las desigualdades de clase y en las oportunidades de movilidad en Gran Bretaña, sino que lo mismo ocurre en otras sociedades que supuestamente era sociedades más abiertas como los EE.UU., Australia y Japón… en mucho de los países industriales del mundo, las pautas desiguales de las oportunidades de movilidad social han permanecido siendo las mismas a través de la mayor parte del siglo XX – a pesar de las políticas de los estados de bienestar, de educación universal gratis y regímenes impositivos redistributivos”. (²5) Y más concluyente, si cabe: “las oportunidades relativas de movilidad entre las clases es la misma en los años de 1980 como lo había sido más de media centuria antes. Solo Suecia…se ha movido hacia una disminución de las desigualdades en las oportunidades de movilidad –y esto solo de manera marginal–, quizás porque la política social en ese país (incluyendo los impuestos y el sistema de bienestar) han tenido éxito en reducir las desigualdades de condiciones entre las clases”. (²6) Una de las críticas que se le ha hecho al enfoque de las clases de Goldthorpe es que al derivarse de la estructura del empleo no se tiene en cuenta otros factores que juegan un papel en los procesos de clase como el género y la etnicidad, que tienen una influencia no solo en relación a los puestos de trabajo sino también sobre cuestiones tales como el poder y el grado de obtención de ingresos. La cuestión es que se ha aceptado de manera tan generalizada que la definición de la clase se debe hacer en función de la estructura ocupacional, que la estructura de clase y la ocupacional se ven como sinónimos, y esto puede acarrear problemas. Uno de ellos es que se minusvalora la cuestión de la acción de clase, ya que este tipo de esquemas sirven para propósitos de catalogación estadística y fines de política social, pero, como afirma Bourdieu: “La propiedad destacada por el nombre empleado para designar una categoría, es decir, la profesión en la mayoría de los casos, puede disimular la eficacia de todas las propiedades secundarias que, aunque realmente constitutivas de la categoría así definida, no están mencionadas de forma expresa…Igualmente, pueden cometerse errores de bulto si, tratando de apreciar la evolución de una posición social (definida por la profesión), se ignoran…todos los efectos de sustitución en los que también se expresa esta evolución: la trayectoria colectiva de una clase social puede ponerse de manifiesto en el hecho de que se “feminice” o se “masculinice”, envejezca o rejuvenezca, se empobrezca o se enriquezca”. (²7)
Se trata de propiedades como el género, la raza, la edad, el nivel social, la cultura, la localidad de residencia. Por ello, es siempre útil incorporar al análisis de clase la interacción con este tipo de elementos, sea introduciéndolos en los indicadores empíricos, a través de tabulaciones cruzadas u otro tipo de técnicas estadísticas. Otra manera de incorporar esos elementos es utilizando otra metodología que no manipula
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una masa tan grande de datos, sino que realiza estudios de casos, pero esto conlleva investigaciones de nivel micro. Aunque existe un caso ejemplar de estudio de caso que se realizó a nivel macro, el que hizo E.P.Thompson sobre La formación histórica de la clase obrera en Inglaterra.(²8) Otro tipo de crítica se refiere a que su esquema de clase ocupacional tiene dificultad para tener en cuenta a la población no activa (desempleados, pensionistas, estudiantes, niños). Tampoco refleja la importancia de la propiedad que se tiene o la riqueza en la determinación de clase social. Las ocupaciones no bastan como indicadores de la riqueza y la propiedad de los individuos. Eso escamotea la acumulación de riqueza que se da en una minoría que concentra la riqueza. Y no es aceptable exponer que al ser un número tan reducido por ello se les excluye del esquema de clase. En ese sentido es muy acertada la crítica que llama la atención sobre que: “Lo que hace que la gente esté en la cima es la enorme concentración de poder y de privilegios en tan pocas manos. El conjunto de su peso socioestructural, que es inmensamente desproporcionado si se tiene en cuenta su pequeño tamaño, convierte en sociedad de clases a la sociedad a cuya cabeza se sitúan, al margen de las pautas que sigan las divisiones por debajo de ellos”.(²9)
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz NOTAS.
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Gaetano Mosca, La clase política, FCE; México, 1992, James Burrham, The Machhiavellian. Defenders of Freedom. Hay trad. Española, Los maquiavelistas, Emecè Editores, Aires,1945. Vid. Davis y Moore, Parsons, Tumin entre otros. J.H. Goldthorpe et alt. The Affluent Worker Industrial Attitudes and Behaviour (dos volumenes) y The Affluent Worker in the Class Structure, Cambridge University Press,Cambridge, 1968 y 1969. Vid. J.H. Goldthorpe y K. Hope, The Social Grading of Occupations: A New Approach and Scale, Oxford University Press, Oxford,1974; Goldthorpe et alti,, Social Mobility and Class Structure in Modern Britain, Oxford University Press, Oxford, 1980, p.39; R. Erikson y J.H.Goldthorpe, The Constant Flux: A Study of Class Mobility in Industrial Societies, Oxford University Press, Oxford, 1992, pp.38-39 J.H. Goldthorpe y A. Heath, revised Class Schema 1992, JUSST Working Paper Nº 13, Nuffield College and SCPR. John H. Goldthorpe y Gordon Marshall, en Gordon Marshall, Repositioning Class. Social Inequality in industrial societies, Sage, Londres, 1997, pp. 49-50. J.H. Goldthorpe y G. Marshall, op. cit., p.51. J.Elster, Making sense of Marx, Cambridge University Press, Cambridge, 1985, p.347. La cita textual es como sigue: class consciousness “is the ability to overcome the free-rider problem in realizing class interest”. Ver también lo que expone Goldthorpe sobre el significado del corporativismo en el libro ya citado Orden y conflicto en el capitalismo contemporáneo, pp. 440-441.: “se ha concedido a las organizaciones que representan intereses privados un papel en la formación de la política nacional en áreas en las que tienen un interés primordial, pero también se les exige que asuman una responsabilidad por la aplicación efectiva de las políticas con las que se han comprometido y, en particular, por la conducta apropiada de sus propios miembros-ayudados quizás a este respecto por el Estado”. Vid. R. Erikson y J.H. Goldthorpe, The Constant Flux, Clarendon Press, Oxford, 1992 y Gordon Marshall, Repositioning Class. Social inequality in industrial societies, Sage, Londres, 1997. Informe España 2011. Una interpretación de su realidad social, Fundación Encuentro, Madrid, 2011, pp. 307 y 309 y D. Rose y E. Harrison (Eds.) Social Class in Europe. An Introduction to the European SocioEconomic Classification, Routledge, Abingdon, 2009. Goldthorpe, “On the service class:its formation and future”, en A. Giddens y G. Mackenzie (comps), Social Class and the Division of Labour, Cambridge University Press, Cambridge, 1982, trad, española en el libro de J. Carabaña y A. de Francisco (Comps.), Teorías Contemporáneas de las Clases Sociales, op. cit, pp. 236-237. Ibid., p. 242. Ibid., pp.243-246. Ibid., p.248-251. Milner, Idem, p.82. Vid. Andrew Milner, Class, Sage, London, 1999, pp.80 y ss. Rosemary Cromptom, Clase y Estratificación. Una introducción a los debates actuales, Tecnos, Madrid, 2013,p.86. Goldthorpe, Social Mobility and Class Structure in Modern Britain, Clarendon Press, Oxford, 1987, p.45. R. Crompton, op. cit. p.90. Ibid, p. 92.
TEORÍAS Y ANÁLISIS DE CLASES NEOWEBERIANOS: GOLDTHORPE 20. P. Saunder, “Work, Employment and Society” (número especial), Londres, 1990, cit. por R, Crompton, op. cit. p.93. vid. También P. Saunders, Social Class Stratification, Routledge, London, 1990. 21. Vid. Dorothy Wedderburn (Comp), Poverty, Inequality and Class Structure, Cambridge University Press, Cambridge, 1974. 22. John H. Goldthorpe (Comp.), Orden y conflicto en el capitalismo contemporáneo. Estudios sobre economía política en los países de Europa Occidental, Ministerio de Trabajo y SS, Madrid, 1991, p. 435 y Robert Erikson, J. Goldthorpe y L. Portocarrero, “Intergenerational Class Mobility and the Convergence Thesis”, British Journal of Sociology, Nº. 34. 23. A. Giddens, Sociología, Alianza Editorial, Madrid, 2007, p. 309. 24. Gordon Marshall, Class. Social inequality in industrial societies, Sage, London, 1997, p.3. 25. Id. p.5. 26. R. Erikson, “Politics and class mobility: does politics influence rates of social mobility?” , enPersson, (ed.) Generating Equality in the Welfare state: The Swedish Experience, Norwegian University Press, Oslo, pp. 247-67, cit. por G. Marshall, op. cit. p.6. 27. Pierre Bourdieu, La distinction. Criterio y bases sociales del gusto, Taurus, Madrid,1999, p. 101. 28. R. Crompton,op. cit. p.108. E.P. Thompson, La formación histórica de la clase obrera. Inglaterra, 1730-1832, Editorial LAIA, Barcelona, 1977. 29. John Westergaard, Who Gets What? The Hardening of Class Inequality in the Late Twentieth Century, Polity, Cambridge, 1995, p.127, cit. por A. Giddens, Sociología,p. 311.
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18. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Giddens Las relaciones de dominación dejan de ser visibles para aquellos que han decidido aceptarlas. Alex Callinicos
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INTRODUCCIÓN Giddens ha utilizado el acervo de la tradición europea en teoría de las clases para emplear conceptos de la misma y tratar de construir lo que él denomina “un nuevo esquema”. Rechaza este autor la tendencia, que ya comenzaba a aflorar en los primeros años de la década de los 70 del siglo pasado, entre los sociólogos no marxistas, de abandonar el concepto de clase por considerar que era obsoleto, producto del siglo XIX y principios del siglo XX, pero que había perdido su pertinencia en la segunda parte de ese siglo. Sin embargo, considera que el enfoque sobre las clases está mejor formulado en los términos propuestos por Weber que por Marx, aunque Giddens, sobre todo, en su trabajo temprano sobre la estructura de clases de las sociedades avanzadas hizo guiños al marxismo, y no se consideraba así mismo un weberiano en este asunto de las clases sociales, aunque como se verá a continuación, la impronta de Weber no se puede soslayar. Para Giddens esa desilusión de muchos sociólogos con la clase social se fundamentaba en unas premisas falsas. Lo explicaba muy bien con este argumento: “si el concepto (de clase) no puede servir para todo lo que se pide de él… (es debido a que) los que primero lo colocaron al frente de la teoría social –incluido Marx– han exigido demasiado de él, y no a que haya quedado superado por los cambios sociales que se han producido desde el siglo XIX”.(¹) La tarea que se propone Giddens es establecer un nuevo análisis de la teoría de las clases que exprese la realidad de las mismas en las sociedades avanzadas. LA SOCIEDAD POSINDUSTRIAL En los años 60 y 70 del siglo pasado se pusieron en boga las explicaciones de que la sociedad industrial estaba siendo sustituida por otro tipo de sociedad denominada sociedad posindustrial por Daniel Bell y Alain Touraine, aunque otros autores también le pusieron etiquetas a este nuevo tipo de sociedad: Amitai Etzione le llamó sociedad posmoderna y Brezezinski, sociedad tecnotrónica. Todos esos autores y otros, al margen de sus matices o diferencias, compartían ciertas características sobre ese tipo de sociedad: se iba a relegar el industrialismo, la producción de bienes industriales no sería ya dominante y sería desplazada por el sector servicios, en un sentido muy amplio que comprende desde el comercio, las finanzas, la administración, los servicios personales, hasta los negocios de reparación, etc. Esas ocupaciones se caracterizan por qué no requieren trabajo manual sino capacidades técnicas, conocimientos. Daniel Bell llegó a afirmar que en la sociedad posindustrial la posesión de conocimientos confiere poder de la misma forma que la propiedad lo hacía en épocas pasadas. Pero el más valioso era el “conocimiento teórico”, conocimiento abstracto que puede aplicarse a un amplio espectro de situaciones y circunstancias y cuya importancia estratégica reside en que permite una innovación continua.(²) El desarrollo de la automatización y del procesamiento de la información –en ese momento incipiente aún–, podían aplicarse al control y dirección del progreso técnico, de manera que Touraine se refiere a este fenómeno como propio de una sociedad programada, caracterizada por la aplicación del conocimiento técnico a fines
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económicos y sociales predeterminados. En ese tipo de sociedad la universidad se constituye en una institución central, clave. Si la fábrica era el epítome de la sociedad industrial el de la sociedad programada o posindustrial es la universidad, como fuente principal del conocimiento teórico. En la universidad encontraran su expresión más agudizada los antagonismos de este tipo de sociedad. E influido por los acontecimientos de mayo de 1968 escribe, de una manera lírica, que aunque no se diga que los estudiantes son la clase dominada o que sean la vanguardia militante de los oprimidos, si hay que reconocer que ellos son algo más que los portavoces de grupos faltos de conciencia o inarticulados: “Son representantes de todos los que sufren más a causa de la integración social y de la manipulación cultural dirigidas por las estructuras económicas, que por la explotación económica y la miseria material”.(³) Otro elemento a destacar en esta teoría de la sociedad posindustrial es que consideran que los tecnócratas se convierten en la nueva clase dominante. La clase obrera dejaría de ser un actor privilegiado de la escena social, ya que la lucha social se articula principalmente sobre la cuestión de la alienación del control tecnocrático. La lucha no es tanto por obtener beneficios sino por controlar el poder para tomar decisiones, para influir y para manipular. Pero para Touraine, como para Bell, el tecnócrata no es un simple técnico es algo más, es quien trata de aplicar métodos técnicos a la solución de problemas definidos desde una visión del mundo, digamos, lógico-racionalista, con su confianza en el cálculo, la precisión y la medida.(4) Giddens critica las teorías de la sociedad posindustrial ya que las mismas no son de ninguna manera nuevas y, sufren de los mismos defectos, de la concepción de la sociedad industrial. La sociedad posindustrial vendría a suceder a la industrial del mismo modo que el nuevo orden social de ésta sucede a la sociedad feudal, mientras se puede considerar que es industrial cualquier sociedad en que la industria predomina sobre el “agrarismo”, el posindustrialismo es diferente, porque la producción de conocimientos adquiere la primacía. Y esto tampoco es nuevo, siempre se ha aplicado el conocimiento a la técnica productiva y es lógico que la misma ciencia se vaya convirtiendo en una fuerza productiva. El industrialismo es la aplicación de la racionalidad calculadora a la producción. La tecnología moderna no es posindustrial, es la realización del principio de la aceleración del desarrollo técnico intrínseco al industrialismo. Pero negar la utilidad del concepto de sociedad posindustrial no quiere decir que se nieguen los cambios existentes en las sociedades avanzadas, sino que éstos no se explican con la idea de que el industrialismo está siendo reemplazado por el posindustrialismo. Posteriormente Giddens aceptaría la denominación de sociedad posindustrial y la emplea en la 5ª edición de su libro de mayor éxito, su muchas veces reimpreso manual Sociología. Las teorizaciones sobre el posindustrialismo se veían estimuladas por la disminución de la proporción de la población ocupada en trabajos manuales, el crecimiento de los trabajadores de cuello blanco, y dentro de éstos, el crecimiento de las ocupaciones técnicas y profesionales. Respecto a la cuestión de la propiedad y la disminución de su importancia en la sociedad avanzada, se dice, que ésta se ve sustituida por el conocimiento, que se traduce en poder. Hay que exponer que no es cierto que la propiedad deje de tener importancia. Y respecto al poder que da el conocimiento se pude señalar que eso depende, ya que el
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poder verdaderamente importante en cualquier organización es el de los que tienen la capacidad de tomar las decisiones, de formular políticas y eso escapa del mero poder de los técnicos, de los especialistas. De hecho la relación entre cualificaciones y acceso a posiciones de poder viene mediada por la pertenencia a familias con poder económico o con privilegios materiales o políticos. Ya que, como afirma Giddens: “En todas partes la posesión de riquezas o propiedad privada continúan desempeñando un papel fundamental como modo de facilitar el acceso al tipo de proceso educativo que influye en la entrada de posiciones de élite”. (5)
EL ANÁLISIS DE CLASE Giddens, en el momento de escribir su libro sobre la estructura de clases, entendía que había dos escuelas de pensamiento que consideraban que el análisis de clase es inaplicable a las sociedades capitalistas avanzadas. Una de ellas es la de los sociólogos norteamericanos que ya hemos estudiado en la parte del libro relativo al funcionalismo: Parsons, Merton, Davis, Moore, Tumin, etc. Recordemos que ellos consideran que el análisis de clases entendido como conflictos entre clases, no es ya pertinente, que la propiedad privada no es tan importante en las sociedades pluralistas, que lo importante son las posiciones y jerarquías ocupacionales, que la familia ha perdido importancia para transmitir estatus, posiciones, poder y privilegios de una generación a otra, cuestión que Goldthorpe ha demostrado, con sus investigaciones empíricas sobre la movilidad social, que es falsa. La tesis que mantienen estos sociólogos funcionalistas, es que la sociedad capitalista contemporánea está diversificada en relación con las fuentes de poder económico y político, y en la gradación jerárquica de diferencias socio-económicas en la estructura ocupacional, y como dice Parsons, que no hay una frontera ni ruptura definida entre la clase alta y la clase baja sino un continuum y, que la distinción trabajo manual no manual, ha dejado de tener significación. La otra es la escuela de Frankfurt y especialmente la teorización de Herbert Marcuse.(6) Para este autor la transformación del capitalismo del siglo XIX ha conducido en el siglo XX a la existencia de una sociedad unidimensional o totalitaria, que no ha puesto fin a la existencia de las clases sociales, pero si ha modificado la forma de los conflictos entre burgueses y obreros. En la sociedad unidimensional los partidos obreros, los sindicatos se han integrado al orden existente y no son capaces de presentar una alternativa a la misma.(7) Esto implica una ruptura con la visión más clásica del marxismo. Ruptura que para Giddens es, a la vez, no tan radical y a la vez es demasiado radical. No es lo es tanto, ya que Marcuse admite que Marx acertó en su diagnóstico de su propia época pero que los acontecimientos futuros no han ido en la dirección que el previó. Pero no admite que ello se deba a los aspectos erróneos de la teoría de Marx. Según Giddens, el error fundamental de Marx, es identificar “sociedad burguesa” y “capitalismo”. Por otra parte, Marcuse es demasiado radical ya que presupone una vinculación intrínseca entre la clase obrera y el potencial revolucionario para crear una sociedad totalmente diferente a la capitalista. La ausencia de tal potencial se interpreta por Marcuse como una prueba
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de que las relaciones de clase han perdido significado, o se han hundido en la totalidad unidimensional unificada. Giddens considera que esta conclusión de Marcuse no es aceptable, al igual que tampoco lo es, la de los sociólogos funcionalistas norteamericanos de que la diversidad tan grande de las sociedades modernas, excluye que se reconozcan las clases sociales. Y argumenta que el aumento del control de los gerentes sobre las empresas, que conlleva que los propietarios no tengan un control económico directo, puede conllevar una diversificación de las fuentes de poder, pero de ahí no se puede concluir que ya no exista una “clase alta”, ni una “clase dominante”, porque ésta no tendría una relación directa con los medios de dominación. Por más que los gerentes controlen las empresas la propiedad no ha perdido pertinencia. Ni tampoco que dentro del orden político, las conexiones propiedad privada y el poder político, hayan sido destruidas por efecto de la ampliación de los derechos políticos y por el sistema de partidos. Ya que como dice con toda exactitud: “La propiedad privada sigue siendo un elemento fundamental en el sistema de poder de la sociedad capitalista, incluso cuando, como en EE.UU. las élites estén integradas dentro de la clase dominante”. (8)
El carácter, formalmente abierto hacia las oportunidades económicas, en la sociedad capitalista, ha sido y continúa siendo diferente a las reales oportunidades vitales diferenciales que crea en la realidad –dice Giddens–, y ésta es la base para la existencia de las clases. En cuanto a la llamada frontera de clase, en la sociedad capitalista las divisiones de clase no se pueden delimitar tan claramente, como los estamentos del feudalismo. Por otra parte, hay que tener en cuenta lo que Giddens ha conceptualizado sobre la llamada estructuración de clase, que es “un fenómeno variable que interviene en las inter-conexiones entre la economía y la sociedad”. De ahí que las “divisiones de clase no pueden trazarse como las líneas en un mapa, y el grado en que se da la estructuración de clases depende de la interacción de diversos tipos de factores…En la historia de las sociedades capitalistas, la estructuración de clases ha alcanzado un máximo desarrollo en tres niveles, separando las clases altas, media y obrera”.(9) ESTRUCTURACIÓN DE CLASE Y CONCIENCIA DE CLASE Uno de los aportes de Giddens a la teoría de las clases es su concepto de estructuración de las clases. Para él uno de los principales problemas sobre las clases no es tanto si es un concepto real o un concepto nominal o nominalista, como plantea Raymond Aron(¹0), sino la estructuración de las relaciones de clase. Ya que como señala: “Los puntos oscuros más importantes en la teoría de las clases se refieren a los procesos mediante los cuales las “clases económicas” se convierten en “clases sociales”, y como a su vez estas últimas se relacionan con otras formas sociales”, y lo que pretende es “llamar la atención sobre los modos en que las relaciones “económicas” se transforman en estructuras sociales “no económicas”. (¹¹)
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Sobre la estructuración se ha dicho que ha llegado a convertirse en “el núcleo de su teoría social”. Giddens hace una distinción entre dos tipos de estructuración, la mediata y la inmediata: “La estructuración mediata, que describe los vínculos entre determinadas capacidades de mercado –la posesión de propiedad productiva, la posesión de cualificaciones técnicas y educativas, y la fuerza de trabajo manual– y los grupos identificables en la sociedad. La estructuración mediata está gobernada por el grado de movilidad social. En segundo lugar, la estructuración inmediata apunta a los factores que configuran la formación de clase a escala local, incluyendo las relaciones de autoridad en la empresa (aquí sus análisis tienen claros paralelismos con el de Dahrendorf ), y la influencia de “grupos distributivos” en la comunidad y el vecindario. Así, la identificación inicial de Giddens de una “clase social” incorpora tanto la estructura como la acción”. (¹²)
Me parece de interés subrayar respecto a la estructuración mediata que, como se ha dicho, la misma se rige por la posibilidad de movilidad social de una sociedad dada. Si el “cierre” social respecto a la movilidad es restringido, hay una mayor posibilidad para que se formen clases identificables, ya que esto produce una reproducción de estilos de vida, de hábitos culturales y sociales y de experiencias compartidas y transmitidas intergeneraciones. De ahí que, como expone Giddens: “la estructuración de las clases se ve facilitada en la medida en que el cierre de la movilidad existe en relación a cualquier forma específica de la capacidad de mercado”.(¹³) Las capacidades de mercado son de tres tipos: posesión de la propiedad de los medios de producción, posesión de cualificaciones educativas o técnicas (las llamadas credenciales por Wright), y la posesión de fuerza de trabajo manual. Si funciona el “cierre” social de la movilidad, haciendo ésta muy restringida, aunque lo cierto es que nunca existe un cierre completo, todo lo cual conlleva que se consolide un sistema de tres clases en la sociedad capitalista, según Giddens, una clase “alta”, una clase “media” y una clase “baja” u “obrera”.(¹4) La estructuración inmediata de acuerdo a Giddens tiene tres fuentes: la división del trabajo en la producción, las relaciones de autoridad y los “grupos distributivos”. La división del trabajo fragmenta pero facilita la formación de clases. La técnica y luego los sistemas cibernéticos de control tienen como efecto crear una separación decisiva entre los trabajadores manuales y los no manuales. Pues hay un entorno laboral muy diferente entre el empleado de oficina y el de la producción, que conduce a una separación entre los que en cierto modo elaboran y ejecutan las normas de autoridad y los que están sujetos a las mismas. Hay una gradación de autoridad que conduce a formarse una clase alta y una clase media en cuanto al control, jerarquía y relaciones de autoridad. La tercera fuente de estructuración inmediata de clase está en el consumo. Giddens deja claro que tanto en Marx como en Weber la clase es un fenómeno de la producción donde la cuestión del consumo es secundaria, pero, no obstante, considera que las “formas de consumo” tienen una gran influencia en la estructuración de las clases. Estas formas de consumo producen “grupos distributivos” que tienen elementos comunes en el consumo de bienes económicos. Se dan también “grupos de estatus” en función de las evaluaciones de estatus que se dan a un conjunto de relaciones sociales.
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Los grupos distributivos que tienen mayor significación son los que se forman por la tendencia hacia la segregación por barrios o comunidades, sobre los cuales explica Giddens lo siguiente: “Semejante tendencia no se basa…sólo en diferencias de ingresos, sino también en factores tales como el acceso a hipotecas sobre la vivienda, etc. La creación de “barrios de clase
obrera” y “barrios de clase media” específicos, por ejemplo, se promociona naturalmente si a los dedicados al trabajo manual se les niegan los préstamos para comprar viviendas mientras que los que se ocupan de trabajos no manuales encuentran pocas dificultades para obtener dichos préstamos. Cuando la industria se sitúa fuera de las principales zonas urbanas, se desarrollan frecuentemente “comunidades de clase obrera” homogéneas en virtud de la dependencia de los trabajadores respecto de las viviendas que proporciona la compañía”. (¹5) Para este autor, si se combinan las causas de estructuración mediata e inmediata se crea una estructura de clase triple que es “genérica de la sociedad capitalista”, pero el modo y la manera en que se combinan, para formar un sistema de clases específico en una sociedad concreta dada, varían mucho en razón de los niveles de desarrollo económico y político de dicha sociedad. Lo cual conlleva que la definición o delimitación de las diferentes “fronteras de clase” no se pueda definir de manera teórica abstracta sino empíricamente, una vez que se determine, lo arraigado o débil, que se encuentre el que denomina “principio de clase” como modo de estructuración. También señala Giddens, basado en Weber, que las clases tienen una tendencia a manifestar estilos de vida comunes. De ahí que propone una distinción entre el “reconocimiento de clase” y la “conciencia de clase”, diferencia que para Giddens es fundamental, ya que la existencia de lo primero puede conllevar una negación de la existencia de clases, mientras que cuando existe la segunda esto no ocurre. Veamos lo que señala al respecto: “Podemos decir que en tanto que la clase es un fenómeno estructurado, existirá la tendencia a un reconocimiento común y aceptar unas actitudes y creencias similares, ligadas a un estilo de vida común, entre los miembros de la clase. El “reconocimiento de clase”…no implica una aceptación de que esas actitudes y creencias signifiquen una afiliación particular a una clase o de que existan otras clases, caracterizadas por actitudes, creencias y estilos de vida diferentes; la “conciencia de clase”, por el contrario…implica ambas”. (¹6)
O sea, para que exista estructuración de clase es necesario que haya “reconocimiento de clase”, pero la existencia de conciencia de clase implica identificar la existencia de otra u otras clases, y percibir la identidad de clase supone que se aprecie las características que diferencian la clase a que se pertenece de otra u otras clases. Pero como señalaba Lukács(¹7), hay niveles diferentes de conciencia de clase cualitativamente diferentes. Siendo la menos desarrollada la que únicamente implica una comprensión de la identidad y diferenciación de clase, soy de una clase diferente a la de otros. Un nivel más desarrollado es cuando se tiene conciencia de la oposición de intereses con otra u otras clases.
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Touraine expone tres principios de la conciencia de clase: “el principio de identidad, que es algo más que un sentido de grupo de pertenencia, la idea de que se hace una contribución, que se cumple una función social y de ello se deriva el fundamento de poder hacer unas reivindicaciones; el principio de oposición, por el que se define a un grupo antagonista al de pertenencia y más precisamente de los obstáculos que hay al control de los trabajadores sobre sus obras; el principio de totalidad que define el campo social en el cual se sitúa la relación definida por los dos principios precedentes”. (¹8) La conciencia de clase revolucionaria en Marx sería una consecuencia de los conflictos de clase en defensa de sus intereses de clase, para Lenin esto no es así, la conciencia de clase no surge de esos conflictos, que no llevarían más que a una conciencia sindicalista, sino que debe ser introducida desde fuera por los intelectuales revolucionarios, por el partido de vanguardia de los trabajadores. Giddens considera que en el capitalismo, como sociedad clasista, hay un conflicto entre capital y trabajo asalariado como dice Marx. Pero hace una distinción entre conflicto y contradicción. Utiliza el “conflicto” de clase para referirse a una oposición entre intereses de clase, la “conciencia del conflicto” implica el reconocimiento de la oposición de intereses, y la “contradicción”, la emplea “para designar una discrepancia entre un modo existente y un modo inmanente de control industrial”. Entiende el “control industrial” como la mediación del control dentro de la empresa en cualquier nivel específico de la estructura de autoridad. Cualquier “amenaza al sistema de control industrial tiene repercusiones inmediatas de carácter político…la conciencia del conflicto tiende a convertirse en conciencia revolucionaria sólo cuando el conflicto de clases se origina en la contradicción”. (¹9) Lo que Giddens considera que es esencial en este asunto es que la existencia y la manifestación de la conciencia de conflicto, que se acelera por una visibilidad social de las diferencias de clase, no tiene que conducir a una conciencia revolucionaria. Para nuestro autor la conciencia revolucionaria entraña: “Una percepción del orden socio-económico como “ilegítimo” y un reconocimiento de modos de acción que se pueden adoptar para reorganizar este orden sobre nuevas bases”. Y agrega algo importante: “Semejante percepción es, casi siempre, exclusiva de los componentes de los grupos crónicamente subprivilegiados cuyas condiciones de trabajo permanecen estables a través del tiempo”. (²0)
En breve, la conciencia revolucionaria, no es una consecuencia de la madurez del desarrollo del capitalismo y de la agudización de la conciencia del conflicto entre clases. Los orígenes de la conciencia revolucionaria puede darse en aquellos grupos que se encuentran en los márgenes de la incorporación a una sociedad que se basa en la técnica industrial (como pueden ser los campesinos cuyo modo tradicional de producción se ve socavado), o bien, por aquellos que están implicados en los sectores productivos más progresivos. Me parece también importante para comprender la teoría de las clases que propone Giddens, lo que señala sobre los obstáculos que existen en las sociedades que no son homogéneas étnica ni culturalmente para la estructuración de las clases. Lo que ocurre es que la mayoría de las sociedades capitalistas avanzadas ya no tienen tal homogeneidad. En las teorías tradicionales de las clases, las divisiones étnicas,
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religiosas, culturales, se analizaban como “obstáculos” para la formación de las clases como unidades coherentes. Como afirma Giddens: “Donde las diferencias étnicas sirven como una capacidad de mercado “descalificadora”, de forma que los pertenecientes a la categoría en cuestión se encuentran principalmente dedicados a las ocupaciones peor pagadas o entre los desempleados o semi-empleados crónicos, podemos hablar de la existencia de una infraclase”. (²¹)
LAS CLASES SOCIALES Para Giddens la confusión e incluso la ambigüedad conceptual en el término de clase es debido a que se le emplea indistintamente para hacer referencia tanto a una “categoría económica” como a “un conjunto especificable de agrupamientos sociales”. Weber, por ejemplo, lo emplea en estos dos sentidos, “clase” como una serie de “posiciones de clase” y como “clase social”. Y como explica Giddens para recalcar que el estudio de las clases y el conflicto de clase tiene que ocuparse de la interdependencia entre la economía y la sociedad: “no es necesario identificar el término de “clase” con las divisiones y los intereses originados por el mercado como tal…aún cuando pueden existir una multiplicidad indefinida de intereses intersectoriales engendrados por las diferentes capacidades del mercado, sólo existe, en una sociedad dada, un número limitado de clases”. (²²) Giddens deja muy claro, en primer lugar, lo que no es una clase, en breve, una clase no es: 1) Una entidad específica, como lo es una firma comercial o una universidad, y “no posee una identidad sancionada públicamente”. 2) una clase no es un estrato, lo que implica un orden de gradación en base a ciertos criterios por los que se les puede clasificar descriptivamente, por ejemplo como los estratos de renta. Y esto nos lleva a la dificultad de trazar las “fronteras” de la clase, cosa que es fácil de hacer entre estratos trazando una escala de medida, por ejemplo, ingresos. 3) La clase no es una élite, por eso Pareto y Mosca quisieron sustituir las relaciones de clase por la oposición entre élite y masa. Dicho lo cual Giddens define a la clase social como “un agrupamiento de personas a gran escala que comparten recursos económicos comunes, los cuales influyen fuertemente sobre el estilo de vida que son capaces de llevar. La propiedad de riqueza junto con la ocupación son las bases más importantes de las diferencias de clase”. (²³) Las clases tienen un sistema fluido, los límites entre las clases no están nunca completamente definidos, ni hay restricciones formales o jurídicas al matrimonio entre personas de clases diferentes. Las posiciones de clase se adquieren “hasta cierto punto”. La clase no solo se adquiere por nacimiento. La movilidad social es más frecuente en los sistemas de clases que en otros tipos de sistemas de estratificación. Las clases se basan en lo económico, en las diferencias económicas que existen entre los grupos de individuos y en las desigualdades de posesión y control de recursos materiales. Los sistemas de clases son sistemas a gran escala e impersonales, como las desigualdades de salario y de condiciones de trabajo.(²4)
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LAS CLASES EN LAS SOCIEDADES CAPITALISTAS AVANZADAS En las sociedades capitalistas occidentales de hoy, pese a quienes consideran que las clases carecen ya de importancia, ya que se ha disminuido la desigualdad material en los países avanzados gracias a los impuestos a los ricos y a las políticas sociales que benefician a los que tienen menos recursos, y ello supuestamente, ha acercado a las cimas de las bases en la escala de desigualdad (al menos eso se decía en los últimos años del siglo pasado). Además, la ampliación de la educación pública ha hecho que quienes tienen talento puedan hacer una trayectoria social ascendente hasta los niveles elevados de la pirámide social. Sin embargo, este cuadro, afirma Giddens, no es tal como lo pintan algunos, ya que hay pocas esferas de la vida social que no estén afectadas por las diferencias de clase. E incluso las disparidades físicas se correlacionan con la pertenencia de clase. Las personas de la clase trabajadora pesan menos al nacer, tienen más altas tasas de mortalidad infantil, son más bajos y menos saludables y mueren a una edad más temprana.(²5) Giddens considera que las sociedades occidentales avanzadas han logrado que la mayoría de la población trabajadora mejores sus niveles de renta (definida por los salarios más el dinero ganado por inversiones en forma de intereses o dividendos), en ese sentido los trabajadores manuales o de cuello azul ganaban –para inicios de los años 90 del siglo XX–, tres o cuatro veces más de lo que lo hacían sus iguales a principios del siglo (descontada la inflación). Los trabajadores de cuello blanco incluso más. Ese aumento en salarios y en los bienes y servicios de que pueden disponer, hace que la población de los países occidentales avanzados disponga de la mayor cantidad de bienes de los que ha tenido “cualquier pueblo en la historia humana”. Esto se ha logrado por el aumento de la productividad del trabajo consecuencia del desarrollo tecnológico aplicado al proceso productivo. Ahora bien, tanto la distribución de la renta como la distribución de la riqueza (todos los activos que poseen los individuos: acciones, participaciones, ahorros, propiedades, artículos que pueden venderse), sigue siendo desigual, aunque con amplias variaciones entre las diferentes sociedades. En ese sentido es notorio que el país capitalista con mayor predominio y dominio de capital en el mundo, los EE.UU. sea el más desigual: “en los últimos veinticinco años –hasta finales de los años 80 del siglo pasado– parece haber habido pocos cambios en la desigualdad de riqueza o renta en ese país”, y desde esa fecha no ha hecho más que aumentar (veánse los dos primereros capítulo sobre la desigualdad social). Como señala Giddens: “En Gran Bretaña, el 1% de la población posee cerca del 23% de toda la riqueza comerciable. En el conjunto de la población, el 10% más rico es dueño de alrededor de la mitad de la riqueza de los hogares, mientras que la mitad de la población que tiene menos recursos sólo posee el 5% de la riqueza total”. Pero la situación de concentración de la riqueza es aún más acentuada si se atiende al capital financiero, bursátil y a la posesión de acciones empresariales. Veamos: “El 1% de la población del Reino Unido posee alrededor del 75% de las participaciones privadas en las empresas; el 5% tiene el 90% del total”. (²6)
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Aunque esta concentración de la riqueza en pocas manos se acentúa lo que ha cambiado es la difusión de las acciones y participaciones, en cuantías modestas inferiores a mil libras de esterlinas en precios de 1991, entre un mayor número de personas, ya que mientras en 1986 sólo el 14% de la población tenía acciones, su número ha aumentado al 25%. Sobre la estructura de clase Giddens considera que hay una composición de cuatro clases, aunque tres clases sean las principales: la clase alta, la clase media, la clase obrera y una cuarta clase que denomina infraclase, que aunque pensada para la sociedad británica es generalizable a la estructura de clase de las sociedades capitalistas avanzadas de occidente. Expongamos las principales características de las mismas, aunque de manera sumaria. LA CLASE ALTA La clase alta está formada por un número relativamente pequeño de individuos y familias que acumulan gran cantidad de riqueza. Estadísticamente se considera que son el 1 por 100 de los poseedores de riqueza. Hay diferencias de estatus entre sus compo nentes entre la vieja y la nueva clase alta. Entre el llamado dinero viejo y dinero reciente de los parvenu. Generalmente las familias cuyas riqueza les viene por herencia, a veces transmitidas por varias generaciones, se auto consideran por encima de los que adquieren su riqueza por sí mismos, y existen mecanismos de exclusión social entre ellos, aunque hay círculos donde coinciden y se mezclan. Como el dinero, la propiedad confiere poder, la clase alta se encuentra representada en los altos niveles de poder, gracias a su control del capital industrial y financiero, y tienen acceso privilegiado a las posiciones relevantes en las esferas política, educativa y cultural. Durante el siglo XX los diferentes sectores de la clase alta han tendido a fusionarse cada vez más aunque persisten sus diferencias e incluso conflictos entre sus diferentes estratos, los cuales tienen que ver con los intereses que defienden, aunque se ha producido una mayor imbricación en la riqueza de esta clase a través de sus acciones y participaciones en todas las áreas del mundo de los negocios y las finanzas. Sostiene Giddens que el perfil de los miembros de la clase alta varía, ya que junto a los miembros de las familias ricas tradicionales están los famosos del mundo de la música y el cine, atletas y representantes de la “nueva élite” que han ganado millones con el desarrollo y la promoción de ordenadores, en las telecomunicaciones, y en Internet. Al igual que la pobreza, la riqueza debe estudiarse en el contexto de los ciclos vitales. Algunos individuos se hacen ricos muy rápido, para después perder gran parte de lo ganado, otros pasan por largos procesos de enriquecimiento o empobrecimiento que se prolongan en el tiempo. “Más del 75 % de los mil británicos más ricos en el 2004 habían desarrollado su propia riqueza en vez de heredarla”.(²7) El número de mujeres más ricas pasó de seis en 1989 a sesenta y ocho en 2004. Y también se constata un aumento de los jóvenes entre los más ricos y una mayor presencia de personas procedentes de minorías étnicas, sobre todo asiáticos. Por ejemplo, el más rico de Gran Bretaña es de origen y nacimiento ruso, Roman Abramovich, que vive y tiene la nacionalidad británica por los beneficios tributarios de que gozan los super ricos en ese país.
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Todos esos cambios y la presencia en la clase alta de directivos de las principales corporaciones, que aunque no son los principales propietarios de las empresas que dirigen, poseen acciones de las mismas y altos honorarios, como los que dirigen los bancos, fondos de inversión, compañías de seguros, etc. De manera que si se quiere ajustar o precisar más se podría señalar que la clase alta la compone el 1 por 100 más rico que puede transmitir su riqueza a sus hijos, y debajo de ella, estaría la llamada “clase de servicio”, en el sentido expuesto ya por Goldthorpe, de directivos y profesionales de alto rango y altos honorarios, que vienen a constituir el 5 por 100 de la población. Así pues, Giddens es del punto de vista que se requiere utilizar tanto el concepto de clase alta como el concepto de clase de servicio.(²8) LA CLASE MEDIA La clase media hace alusión a personas que trabajan en ocupaciones muy diferentes. Por ello, por esta plasticidad de quienes forman parte de esta “clase”, se dice –como es el caso de Giddens– que forman la “mayoría de la población”, lo cual se fundamenta en que los trabajos llamados de cuello blanco han ascendido en relación con los de cuello azul. Hay tres sectores de la clase media: la vieja clase media, la clase media alta y la clase media baja. Las fuentes de diferenciación en el conjunto de la clase media – excluyendo a la vieja clase media–, son las derivan de sus diferencias en la capacidad del mercado, y las que tienen su origen en las variaciones en la división del trabajo. Estas diferencias adoptan la forma de distinciones importantes en la renta y otras recompensas económicas. Otra característica de la clase media es su falta de cohesión interna y esto parece que es un elemento estructural de la misma debido a la gran diversidad de sus componentes, a la diversidad de sus orígenes sociales o procedencia y también a la diversidad cultural de sus miembros. La vieja clase media, la forman los pequeños propietarios y dueños de negocios, comercios y pequeños campesinos. Esta categoría ha ido descendiendo desde el siglo pasado pero sin que desaparezca, especialmente los pequeños propietarios agrícolas. El declive de la misma ha adoptado la forma de una curva que desciende lentamente. Es difícil hacer comparaciones entre los países aunque puede constatarse una pauta general: “se trata de una disminución relativa constante de los pequeños negocios…desde las décadas finales del siglo XIX hasta los primeros años treinta; desde entonces el declive continúa, pero de una forma considerablemente más reducida”.(²9) Los pequeños negocios, pese a su inestabilidad, siguen siendo una aspiración para muchos individuos, tanto es así que, como afirma este autor, la mayoría de los pequeños negocios cierran a los dos años. En el Reino Unido solo un 20 por 100 continúan funcionando a los cinco años de su creación. Pese a lo cual sigue siendo una aspiración de amplios sectores intentar probar fortuna con los pequeños negocios, con lo cual aunque hay declive hay persistencia de éste sector de la vieja clase media o pequeña burguesía tradicional. La clase media “alta” está compuesta por quienes se encuentran en las posiciones de gestión y profesionales. La mayoría tiene títulos de educación superior o han estudiado en la universidad. Este sector forma parte de la llamada nueva clase media o
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de los trabajadores de cuello blanco, aunque sean los que ocupan las posiciones de mayor nivel jerárquico y, por ende, de remuneraciones, además de otras consideraciones laborales en materia de autoridad, estatus y capacidad de decisión. Son asimilables a lo que Goldthorpe llama “clase de servicio”. La expansión de sus miembros se debe al crecimiento de las organizaciones tanto públicas como privadas, a la burocratización de las mismas, a las instituciones del Estado de Bienestar, a la separación de la propiedad y de la administración de las grandes empresas, y también a que el desarrollo económico e industrial han creado una demanda de expertos de todo tipo: jurídicos, financieros, contables, de comunicación y relaciones públicas, de recursos humanos, de los sistemas de información y nuevas tecnologías, etc. Como ya se ha expuesto al tratar de la clase de servicio en el capítulo sobre Goldthorpe, estos profesionales, directivos, administradores, expertos de alto nivel acceden a sus puestos debido a sus credenciales o titulaciones universitarias. Suelen tener altas remuneraciones, además de otros honorarios y regalías, gran seguridad en el empleo, y una mayor consideración como personas que realizan las “funciones del capital”, por ende, gozan de un alto nivel de confianza por parte de los propietarios y de los Consejos de administración a cambio de su lealtad empresarial-organizacional. Forman parte de esta clase media, aunque con niveles de ingresos más bajos y menos seguridad y prestigio en las organizaciones, una pléyade de trabajadores de cuello blanco, que realizan tareas de ejecución y no tienen apenas capacidad de decisión, aunque muchos tengan credenciales y diplomas universitarios o de otro tipo. La clase media baja es muy heterogénea e incluye a quienes trabajan como oficinistas, representantes, maestros, enfermeros y otros. Destaca nuestro autor que éstos aunque tienen muchos aspectos de su trabajo que confluyen con la clase obrera suelen mantener actitudes tanto sociales como políticas que son diferentes a la de la mayoría de los trabajadores de cuello azul. Este sector de clase media “baja” ha visto disminuir relativamente sus ingresos, pero persisten diferencias importantes con la clase obrera fuera de los ingresos o salario. Siguen disfrutando de una mayor seguridad en el empleo, tienen más posibilidades de promoción. En Inglaterra los trabajadores manuales no cualificados alcanzaban la cima de sus ingresos a los treinta años de edad, y a partir de ahí estos ingresos disminuyen de un 15 a un 20 por 100 hasta que les llegaba el retiro; mientras, los trabajadores especializados alcanzan su cima salarial unos diez años después y luego sus ingresos van disminuyendo de un 10 a un 15 por 100 hasta la edad de retiro.(³0) Otra diferencia importante es en cuanto al tiempo de trabajo, mientras los trabajadores manuales tenían una media de cuarenta y cuatro horas los de cuello blanco tenían treinta y ocho horas. También se señala que los trabajadores de cuello azul han disminuido sensiblemente y que los trabajadores de cuello blanco constituyen hoy una minoría respecto a éstos. Con ello se pretende traer determinadas conclusiones sobre la obsolescencia de las teorías de las clases e incluso del fin de las clase, pero aunque –ya se ha señalado–, que los trabajadores de cuello blanco van en aumento en las sociedades avanzadas, persisten dudas sobre si se puede decir que son mayoría, o, si la clase obrera aún sigue siendo mayoría en las sociedades capitalistas avanzadas. Ante la proclamación de que este sector de cuello blanco, haya superado a los trabajadores de cuello azul, Giddens señala que:
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“La veracidad de este aserto, en el sentido de que el número de trabajadores de cuello blanco supere al de los trabajadores manuales, depende del criterio que se emplee para llevar a cabo las discriminaciones pertinentes entre las diversas categorías ocupacionales”. (³¹)
Y añadía con contundencia que hay que rechazar la tendencia en la literatura no marxista a considerar que la llamada “sociedad de clase media” es una realidad en los países capitalistas. Si se entiende por ello el predominio estadístico de los trabajadores de cuello blanco sobre los de cuello azul entonces “esto es a todas luces falso”. (³²) Aunque, posteriormente, en sus actualizaciones de su libro Sociología, en la 5ª edición, admite que la clase media o trabajadores de cuello blanco, es la mayoría de la población trabajadora. Hay diferencias en las imágenes de clase entre la clase media y la clase trabajadora u obrera que persisten, desde la sindicalización, hasta inclusive las diferencias en los barrios en que habitan –al menos en algunos países–, así como a las escuelas a las que van sus hijos, que crean límites o fronteras entre la clase media y la clase obrera. En ese sentido, recuerda Giddens, las teorizaciones de sociólogos marxistas como Wright, que consideran a los componentes de clase media como teniendo una “posición contradictoria” de clase o que se encuentran atrapados en influencias y presiones sociales y políticas contrapuestas, o de “cierre dual”, como lo conceptualiza el neo weberiano Parkin, que estudiaremos en el siguiente capítulo. LA CLASE OBRERA La clase obrera comprende a los que trabajan en ocupaciones manuales o de cuello azul. Hay divisiones en el seno de esta clase debidas al nivel de formación o cualificación de sus componentes. La que Giddens llama “clase obrera alta”, la forman los trabajadores cualificados, que también algunos autores denomina la “aristocracia obrera”, ya que suelen tener salarios más elevados, mayor seguridad en el empleo y mejores condiciones de trabajo. La “clase obrera baja” son los que desempeñan empleos descualificados o semicualificados que requieren un aprendizaje muy breve para su desempeño y por tanto quienes los desempeñan son más prescindibles y sustituibles por cualquier otro trabajador sin que ello afecte el proceso de producción. Esto va unido a salarios más bajos, no tienen mucha seguridad en el empleo y sus condiciones de trabajo suelen ser menos buenas que los cualificados. Una diferencia que se está viendo acentuada es entre trabajadores a tiempo completo y los de a tiempo parcial, también hay empleos en sectores centrales y periféricos. Los primeros son los que realizan su trabajo a tiempo completo, están mejor pagados y suelen tener asegurado su empleo a largo plazo. Los periféricos son al contrario: inseguros, mal pagados y de tiempo parcial. En los países con inmigración y con una clase trabajadora multiracial, los de minorías étnicas, son los que desempeñan en mayor proporción los trabajos periféricos. Son también los que tienen menor grado de afiliación sindical o no tienen ninguna. Como afirmaba Giddens prácticamente todas las sociedades capitalistas son “sociedades de clase obrera”, con una gran mayoría de fuerza de trabajo no agrícola ocupada en puestos de trabajo manuales (o que realizan trabajos rutinarios, repetitivos y simplificados al máximo que son más cercanos al trabajo manual que al trabajo
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mental o no manual). Y además, la industria, la producción industrial sigue jugando un papel importante en la economía. Pues bien, si esto es lo que afirmaba Giddens en su libro sobre la estructura de clases en las sociedades avanzadas editado en inglés en 1973, pasados cuarenta años, la situación de la clase obrera es diferente. Veamos: “La clase obrera cada vez se ha reducido más. Hace sólo un cuarto de siglo, alrededor del 40%de la clase trabajadora ocupaba puestos manuales. Ahora en la Gran Bretaña, este sector sólo representa el 18%, y la proporción continúa disminuyendo. Además, las condiciones de vida de la clase obrera y sus forma de vida se están alterando”. (³³)
Los datos que trae Giddens para demostrar el bienestar relativo de la clase obrera es que alrededor el 50% de los trabajadores de cuello azul son propietarios de su vivienda, tienen televisor, teléfono, lavadora y un gran número de ellos tienen coches. Todo ello nos llevaría:” hacia una “sociedad más de clase media”. (³4) LA INFRACLASE La infraclase, está compuesta por quienes tienen condiciones de trabajo y condiciones de vida muy inferiores al del resto de la población. El estrato más bajo de la estructura de clase, cuyo nivel de vida está también muy por debajo que el de la mayoría de la sociedad. Entre ellos están los desempleados de larga duración, los indigentes, las minorías étnicas y nacionales, por ello en los países occidentales con gran afluencia de inmigrantes son éstos, una vez que han perdido sus empleos, quienes engrosan en mayor proporción a esta clase, aunque con la crisis actual, parte de la clase obrera y sectores de la clase media baja está cayendo dentro de esta infraclase. El debate sobre la infraclase surgió en los Estados Unidos(³5) y se relacionaba con las minorías étnicas, ya que había un gran número de negros pobres urbanos en las grandes ciudades que vivían en condiciones muy precarias. Pero esta situación se puede extender a otras sociedades capitalistas avanzadas, como sería el caso de Gran Bretaña, con parte de la población negra y asiática, y en otros países europeos con los inmigrantes de diversas procedencia que, en coyunturas de prosperidad encontraban trabajo, para luego, en los momentos de crisis, encontrarse en situación de desempleo, agotados sus subsidios sociales y viviendo en condiciones de extrema pobreza. Algún autor especializado en la infraclase achaca su existencia, sobre todo, a los beneficios sociales que proporciona el Estado de Bienestar, que hace a las personas dependientes de las ayudas sociales y les quita el incentivo para tratar de ganarse la vida, por más duros que sean los trabajos, y crear familias estables. Esas ayudas sociales fomentarían la permanencia en el desempleo, la delincuencia y el crecimiento de los hijos ilegítimos, hijos que no tienen sentido de la disciplina ya que carecen de padres que los controlen, y esto, afirma Murray, es consecuencia de que se les paguen ayudas a las madres solteras, a veces superiores que a las familias.(³6) Estas ideas han sido muy criticadas basándose en estudios empíricos que parecen demostrar que no hay grandes diferencias entre los trabajadores con empleos y los parados de larga duración, aunque estos últimos tengan un aislamiento social mayor y tengan una situación de mayor pobreza,siguen identificándose con el conjunto de la clase obrera y valoran el tener un trabajo.(³7)
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El concepto de infraclase también se ha relacionado con el llamado por Marx “lumpen-proletariado”, es decir, aquellos individuos situados al margen de la producción y del intercambio económico, y a las llamadas “clases peligrosas” de indigentes, ladrones y vagabundos que prefieren vivir al margen de la sociedad y que son evaluados como parásitos sociales. (³8) Galbraith afirma que la infraclase resulta “profundamente funcional” para las sociedades contemporáneas, y señala que en los Estados Unidos está formada por personas que no comparten el cómodo bienestar del norteamericano prototípico. Sus miembros se encuentran “en los centros de las grandes ciudades o, de forma menos visible, en granjas pobres, como mano de obra rural migratoria o en antiguas comunidades mineras”. Está formada, sobre todo, “por miembros de minorías, negros o personas de origen hispánico”. Se trata de gente dispuesta a ocuparse de trabajos que la mayoría de la población autóctona se niega a hacer. Señala Galbraith que lo mismo que ocurre en los EE.UU. sucede prácticamente en los países europeos. Los trabajos pesados que desechan las poblaciones nativas recaen sobre inmigrantes de la orilla sur del mediterráneo, el norte de África, el sur de Asia, y añado, de los países balcánicos e incluso de países de América Latina. Sigue exponiendo Galbraith: “la comunidad moderna –el sistema de mercadonecesita esa clase inferior…y debe acudir a otros países para mantenerla y renovarla”. Las condiciones en que vive esta clase favorecen el crimen, la desintegración familiar y la desorganización social en general. Dicha situación surge, principalmente, porque hay barreras que limitan las oportunidades de los miembros de la clase inferior para ascender en la escala social. (³9) Actualmente por considerar que el concepto de infraclase tiene connotaciones políticas negativas se le ha querido sustituir por un término más neutro y “políticamente correcto”, el concepto de “exclusión social”. Pero como muy acertadamente expone Giddens: “La exclusión social es un concepto más amplio que el de infraclase y tiene la ventaja de que hace hincapié en el proceso, en el mecanismo de exclusión, en vez de limitarse a constatarlo”. (40)
Y agrega que el concepto de infraclase podría ser más aplicable en los Estados Unidos ya que, en Europa Occidental, existe menos polarización entre ricos y pobres. Y ello pese a que se ha producido un aumento de las desigualdades como consecuencia de la reducción en los gastos sociales y el crecimiento del desempleo y del empleo precario y los llamados mini jobs, tanto así que algunos ya mostraban su preocupación por los intentos de reducir el alcance del llamado modelo social europeo al aplicarse por la Unión Europea y los Estados miembros políticas económicas cada vez más abiertamente neoliberales.(4¹)
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CONCLUSIONES La deuda de Giddens con Weber, como ya hemos señalado, es innegable, para él las clases se forman no simplemente en función de la propiedad o no propiedad de medios de producción, sino sobre las capacidades de mercado, que incluyen todas las formas de atributos relevantes que los individuos puedan intercambiar o negociar en el mercado en sentido amplio. Para Giddens, como para Weber, la clase es un efecto del mercado, más que estar ligada a unos modos de producción determinados, aunque reconoce que el capitalismo es una sociedad de clases en un sentido más fundamental que lo fue el feudalismo u otros tipos de sociedades. En un escrito de 1995 reformula sus ideas a este respecto, sobre las sociedades pre capitalistas como sociedades divididas en clase y la sociedad capitalista como una sociedad de clase propiamente dicha. Señala que hay clases sociales en muchas sociedades no capitalistas, pero que solamente bajo el capitalismo las clases “sirven como base para la identificar el principio estructural básico de organización”.(4²) Giddens, obviamente, no tiene una concepción neo weberiana conservadora, como puede ser la de muchos sociólogos norteamericanos, sino que entraría entre esos que denominan neoweberianos de “izquierdas” –aunque ya nos ocuparemos del “izquierdismo” de este autor más adelante. Por eso y siguiendo en cierto modo la lógica implícita en los análisis de Weber, considera que las clases adquieren una mayor relevancia a medida que el capitalismo se desarrolla, ya que en el mismo el conflicto social o el conflicto de clase, entendido como una confrontación entre intereses opuestos de clase, e incluso, una cierta forma de lucha de clases, tiene una cierta centralidad en el capitalismo, que no tiene en aquellas sociedades divididas en clases (o sea, las sociedades pre-capitalistas). Ahora bien, hay que tener en cuenta que lo antes señalado sobre que el conflicto de clases o la lucha de clases no tiene la misma connotación que la que tiene el sentido marxista de dicho concepto, que va unido a una conciencia de clase. Tanto es así que Giddens ha ido negando la importancia que tiene la clase para una acción colectiva. Esta solidaridad de clase ha ido reculando y el mercado de trabajo va asumiendo un papel más importante en las vidas individuales de un número mayor de personas, al menos más que anteriormente. Lo cual tiene que ver mucho con la distinción hecha por Weber entre los lugares de clase como posiciones en el mercado y la clase social como una forma de identidad de grupo. Aunque en sus primeros trabajos sobre las clases Giddens ya trato este asunto, esta distinción, tratando de ver como los lugares o las posiciones de clases generaban formas de identidad de clase, tanto en la clase obrera como en otras clases, posteriormente, considera que la posición de clase aunque determina las oportunidades vitales de las personas, muy raramente genera identidades de clase por sí misma. En las sociedades capitalistas las principales capacidades de mercado son: La propiedad, la educación o las cualificaciones técnicas y profesionales, y el trabajo manual, de lo cual se derivan tres clase fundamentales: la clase alta, la clase media y la clase obrera o trabajadora (la clase baja). Junto a estas formas de estructuración de clase hay otras como la división del trabajo, las relaciones de autoridad en los lugares de trabajo, y, los grupos distributivos, o sea, las relaciones que envuelven modelos o
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patrones de consumo, que se agrupan normalmente por las segregaciones de comunidades o vecindarios. Lo que lleva a compartir determinadas creencias, actitudes, ligadas a determinados estilos de vida, pero esto no llega a formar, especialmente en la clase media, algo así como una conciencia de clase o pertenencia a una clase, esto se da más en los miembros de la clase trabajadora, la clase baja. Recordemos que Giddens señalaba tres niveles de conciencia de clase, la conciencia de la identidad de clase como pertenencia a un grupo diferenciado que produce la visibilidad de sus especificidades respecto a otras clases, esto conlleva la conciencia del conflicto por la defensa de sus intereses, y la conciencia revolucionaria sería cuando se pone en cuestión el sistema, por ejemplo, cuando se cuestionan no los salarios sino el control de las decisiones en las empresas (la autoridad). Todo lo anterior puede ser institucionalizado y Giddens señala que precisamente lo propio del capitalismo es lograr la institucionalización del conflicto, pero cuando lo que se pone en cuestión es el núcleo del sistema mismo, eso ya no es asumible. A diferencia de Marx y los marxistas, Giddens considera que no hay ningún “fatalismo”, es decir, que sea inevitable pasar de la conciencia del conflicto a la conciencia revolucionaria, y que lo último está cada vez más obsoleto en las sociedades capitalistas avanzadas. E incluso, la conciencia del conflicto declina debido a las consecuencias de la globalización. La clase trabajadora no desarrolla una conciencia revolucionaria. Eso es un arcaísmo, algo propio de las primeras etapas de la industrialización. En “las nuevas condiciones de competencia económica mundial”, lo que se produce es una conciencia de integración en el sistema, un sistema que es, o tiende a serlo, cada vez más abierto, con menos cierre social y con mayor movilidad social inter e intra generacional. Esto es lo que se debe asegurar para mantener la capacidad integrativa y reformista del sistema. Por otra parte, la deriva de Giddens va hacia poner más énfasis en los estilos de vida en la formación de las identidades en una etapa de la sociedad de alta modernidad. Por ello dice que: “La clase, en el sentido de acción colectiva, queda parcialmente fuera de juego, pero su influencia se hace sentir fuertemente en otras divisiones sociales que se convierten en focos de tensiones sociales reales y en potencia…Tienen la capacidad de desgarrar el orden social de forma tan amenazadora como los viejos conflictos de clase, aunque de manera muy diferente”. (4³)
Esas otras divisiones sociales a que se refiere Giddens tiene que ver con la expansión de lo que denomina “la modernización reflexiva” que sitúa a los individuos ante unas decisiones muy diferentes a las tradicionales y que conllevan la creación de unas tensiones en cuatro áreas que han experimentado lo que llama una destradicionalización y que forman una especie de “diamante estructural”.
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FIGURA 16 - DIAMANTE ESTRUCTURAL TRABAJO
SEXOS
FAMILIA
GENERACIONES
Los cambios que hay en las relaciones hombre-mujer, en los que la mujer se incorporara masivamente al mundo laboral, ha provocado cambios en las relaciones entre los sexos, matrimonios e hijos mas tardíos, la existencia de mayor número de divorcios y de segundas nupcias, las llamadas “segundas oportunidades”. Las relaciones entre generaciones se modifican ya que la prolongación de la vida hace que las relaciones entre hijos/ padres-madres, sean muy diferentes a través del tiempo. Actualmente conviven simultáneamente hasta cuatro o cinco generaciones. Esto que no tiene precedentes históricos, crea nuevas relaciones intergeneraciones. El papel que juega en las sociedades occidentales el envejecimiento de la población, también tiene consecuencias institucionales y son fuente de nuevos conflictos. Por ejemplo, el hecho de que: “En la mayoría de los países industrializados actuales los jóvenes son, por término medio, más pobres y con perspectivas de vida menos prometedoras que los grupos de más edad…las personas mayores son cada vez menos pobres en relación con los demás grupos”. (44)
Como se ha expuesto con bastante certeza, si los primeros trabajos de Giddens trataban de estar a medio camino entre Marx y Weber, los actuales están a medio camino entre la izquierda y la derecha, no “más allá de la izquierda y la derecha”, como pretende. Es lo que él mismo denominó en su libro político La tercera vía.(45) En este libro, valorando los cambios acontecidos en los programas de la socialdemocracia europea, concluye que los mismos eran necesarios ya que: “Las relaciones de clase que solían servir de fundamento al voto y a la afiliación política se han alterado drásticamente, debido al fuerte descenso de la clase trabajadora de cuello azul. La entrada de la mujer a gran escala en la fuerza de trabajo ha desestabilizado un punto más los esquemas de apoyo clasista. Una minoría considerable ya no vota, y permanece básicamente ajena al proceso político…Finalmente, hay evidencia sustancial de que ha habido cambios en los valores, en parte como consecuencia del cambio generacional, y en parte como respuesta a otras influencias…los datos apuntan dos tendencias: un cambio…de los valores de la escasez a los valores posmaterialistas, y una distribución cambiante de los valores, que no se ajusta ni a los patrones de clase ni a la dicotomía derecha/izquierda”. (46)
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También se le ha criticado a Giddens su tendencia a estar inclinado siempre a la moda vigente, lo cual se puede comprobar por su postura de flirteo con el posmodernismo, como hizo anteriormente con muchas de las corrientes o asuntos que estaban siendo discutidos en cada momento. Sin embargo, esto también puede interpretarse de una manera asertiva, como una sensibilidad sociológica a los asuntos que interesan en cada momento a la sociedad, o al menos, al mundo académico y de los medios de comunicación. Algún crítico, no obstante, dice que a Giddens podría aplicársele lo que escribió R.Scruton sobre Habermas: “Un pensador de reputación mundial, que tiene aún que mostrar un pensamiento que le sea propio”. (47) Algo que parece excesivamente duro para un referente de la sociología británica y mundial como es este autor, aunque sí es cierto que sus trabajos suelen reflejar los asuntos que están de actualidad, a lo que habría que añadir, para ser justos, que sus aportes son de un alto nivel conceptual como ricos en la documentación que emplea. Aunque con excepciones. Cuando Giddens quiso contribuir a la renovación de la socialdemocracia con su libro La tercera vía, lo que hace es exponer una serie de argumentos que supuestamente trascienden lo que considera un falso dilema entre socialdemocracia y neoliberalismo. Pero casi lo primero que hacer es decretar la muerte del socialismo, al menos como sistema de gestión económica e inclinarse por el capitalismo. Afirma que nadie tiene alternativa al capitalismo y que la única discusión posible es en qué medida y de qué maneras debe ser regulado y gobernado: “La izquierda marxista quería derrocar al capitalismo y reemplazarlo por un sistema diferente. Muchos socialdemócratas también creían que el capitalismo podía y debía ser progresivamente modificado…Nadie tiene ya alternativas al capitalismo –los debates que se mantienen atañen a la extensión y las formas en que el capitalismo debiera ser dirigido y regulado”. (48)
Aunque Giddens no renuncia a la necesidad de crear sociedades que disminuyan la desigualdad de riqueza y renta, la solución que ofrece es redefinir la igualdad en términos de inclusión, lo que es considerado por A. Callinicos, como que dirige la atención no a lograr el objetivo de erradicarla sino de diseñar políticas para crear un sentimiento de pertenencia a la sociedad, tanto en la cima de las minorías o élites super ricas, como también en la base social, lo cual es interpretado como que esa “sociedad inclusiva” que propugna Giddens “es perfectamente coherente con la persistencia de la desigualdad social”. Lo cual se explica por la adhesión de Giddens a las ideas del sociólogo Ulrich Beck sobre la sociedad de riesgo y la modernización reflexiva. Este afirma: “Las estructuras constitutivas de la sociedad industrial –clase social, familia nuclear, organización burocrática–, están siendo minadas progresivamente por un proceso de “individualización” que hace al individuo responsable tanto de la construcción de su identidad personal como de su posición en el mercado laboral. El resultado es un capitalismo sin clases (subrayado mío, CJBE), pero con desigualdades sociales individualizadas donde el conflicto se desplaza de la estructura de clases a la lucha de hombres y mujeres por renegociar continuamente sus relaciones personales, y a los movimientos que intentan reaccionar ante las nuevas formas de riesgo”. (49)
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11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30.
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Anthony Giddens, La estructura de clases en las sociedades avanzadas, Alianza Editorial, Madrid, 1979, p.10 (trad. del original en inglés, The Class Structure of the Advanced Societies, publicado en 1973, por Hutchinson & Co, Londres. Daniel Bell, “Labour in the post-industrial society”, Dissent, Invierno, 1972, cit, por Giddens, op. cit., p.303. Alain Touraine, The May Movement, New York,1971,p.355, (orig. francés, Le mouvement de Mai ou le communisme utopique, Seuil, París,1968) cit. por Giddens, La estructura de clases.., op. cit. p.307. Vid. Alain Touraine, La sociedad post-industrial, Ariel, Barcelona, 197 (trad. del original, La societè postindustrielle, Denoël, París, 1969), y Daniel Bell, “Technocracy and politics”, Survey, 16, 1971. cit, por Giddens, op. cit. pp. 304. A. Giddens, op.cit., p.312. vid. Goran Therbon, La escuela de Frankfurt, Anagrama, Barcelona, 1970; Martin Jay, La imaginación dialéctica. Una historia de la Escuela de Frankfurt, Taurus, Madrid, 1989. Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, Ariel, Barcelona, 1968. Giddens, Ibid., p. 322. Ibid., pp. 323-324. Vid Raymond Aron, Dix-huit leçons sur la société industriel, Gallimard, París, 1962, La lutte des classes, Gallimard, París, 1964, Démocratie et totalitarisme, Gallimard, París, 1965, “La clase comme représentation et comme volonté”, Cahiers Internationaux de sociologie 38, 1965. Giddens, Ibid., p. 119. R. Crompton, Clase y estratificación, op.cit., p.64 y Giddens, La estructura de clases…op. cit., p. 121 y ss. Giddens, Id.p. 121. Ibid., p. 122. Ibid., p.124. Ibid., p.126. G. Lukács, Historia y consciencia de clase, Grijalbo, México, 1969, pp.49 y ss. Alain Touraine, La conscience ouvrière, Seuil, París,1966, p.17, cit. por Giddens, op. cit. p.128. Giddens, Ibid.. p. 130. Ibid., p.132. Ibid., p 127. Ibid., pp-119-120. A. Giddens, Sociología, 2ª edición, Alianza Universidad, Madrid, 1997, p.251. vid Giddens Sociología, 5ª Edición, Alianza Editorial, Madrid, 2007, pp.302-302. Vid, H. Waitzkin,The Second Sickness: Contradictions of Capitalist Health Care, University of Chicago Press, 1986, cit. or A. Giddens, Sociología, op. cit.,p. 257. Giddens, Sociología, 5ª edic., p.315. Ibid. p.315. Ibid. pp. 315-316. A. Giddens, La estructura de clases.., op.cit,, pp. 207-208. vid. M.P. Fogarty, “The white collar pay structure in Britain”, Economic Journal 69, 1959 y Richard Hamilton, “The income difference between skilled and white collar workers”, British Journal of Sociology, 14, 1963, cits. por Giddens, La estructura de clases…,op. cit. p. 211. Giddens, Ibid.. p. 208.
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37. 38. 39. 40. 41. 42.
43. 44. 45. 46. 47. 48. 49.
Ibid., p 233. A. Giddens, Sociología, 5ª edic.,2006, p.318. Ibid., p.318. Vid. William Julius Wilson, The Declining Significance of Race, 1978, cit. por Giddens, Sociologia, 5ª edic., p. 320. Richard J. Herrstein y Charles Murray, The Bell Curve: Inteligence and Class Structure in American Life, Free Press, N.Y., 1994 y Charles Murray, Losing Ground: American Social Policy, 1950-1980, Basic Books, N.Y., 1984 vid. Giddens, Sociología, 5ª edic.Id. pp.322-323. Duncan Gallie, “Are the unemployed an underclass? Some evidences from the social change and economic life initiative”, Sociology, 28, 1994. Vid. Giddens, Sociología,5ª edic. p. 323. Ibid., p.320. Vid. John Kenneth Galbraith, La cultura de la satisfacción, Ariel, Barcelona, 1993, cit. Por A. Giddens, Más allá de la izquierda y la derecha. El futuro de las políticas radicales, Cátedra, Madrid, 1996, p. 150. Ibidem, p.320. Vid. entre otros a Pierre Bourdieu, Cortafuegos, Anagrama, Barcelona, 19. A.Giddens, A Contemporary Critique of Historical Materialism, Macmillan, Londres, 1995, p.108: Only under capitalism does class “serve as a basis for identifying the basic structural principle of organization”. A. Giddens, Más allá de la izquierda y la derecha, op. cit.,p.195. Ibid., pp. 174-177. A. Giddens, La tercera vía. La Renovación de la socialdemocracia, Taurus, Madrid, 1999. Ibid., p.32. R. Scruton, Thinkers of the New Left, Longman, Harlow, 1985, p.127, cit. por Andew Milner, Class, Sage, London,1999,p.92. A. Giddens, La tercera vía…op. cit., p.57. Ulrich Beck. La sociedad del riesgo, Paidos, Barcelona, 1998, p.88.
19. Teorías y análisis de clases neoweberianos: Parkin
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INTRODUCCIÓN Frank Parkin(¹) es un sociólogo británico cuya teorización y análisis de las clases se fundamenta sobre todo en Weber, aunque uno de sus trabajos más brillantes es una polémica con el marxismo en relación a las clases sociales. Está de acuerdo con Marx en que la posesión de los medios de producción, es decir, la propiedad, es la base principal de la estructura de clases. Sin embargo, para Parkin, la propiedad es únicamente una de las formas de lo que denomina el “cierre social”, es decir, uno de los medios que se utilizan como base de poder y dominación sobre otros. El cierre social puede ser definido como cualquier proceso por el cual los grupos intentan mantener un control lo más exclusivo posible sobre los recursos, limitando con ello el acceso a otros grupos. Empleando los conceptos de Weber, Parkin, considera que elementos como el estatus, el poder, y toda capacidad de mercado, sirven como medios de cierre social. El cierre social consta de dos procesos. Un proceso de exclusión que trata de crear una distancia social y por ende separar a los que no son miembros del grupo, para que no participen u obtengan los recursos que se estiman valiosos para el grupo de referencia o de pertenencia. Un ejemplo, es la exclusión que hacían los sindicatos de los trabajadores negros, lo cual permitía mantener a los afiliados blancos mejores puestos y condiciones de trabajo en los EE.UU. El otro proceso es de usurpación y se refiere a los intentos que hacen los menos privilegiados para adquirir o tener acceso a los recursos que han sido monopolizados por otros grupos, por ejemplo, la lucha llevada a cabo por la población negra para tener derecho a la afiliación sindical. Cuando ambas estrategias se emplean de manera simultánea Parkin dice que se trata de un cierre dual. Una muestra de ello sería cuando un sindicato lleva a cabo una serie de reivindicaciones salariales o de otro tipo que espera obtener de la empresa para sus afiliados, lo que sería una estrategia de usurpación, pero impide o pone trabas para que puedan afiliarse al sindicato las minorías étnicas de la empresa, aplicando una estrategia de exclusión. Giddens considera que el concepto de cierre dual es similar en cierto modo al concepto de Wright de posiciones contradictorias dentro de las relaciones de clase ya que: “Las dos nociones indican que los situados en medio del sistema de estratificación, en cierta manera, dirigen sus ojos hacia la cima, mientras se preocupan también de distinguirse de los ubicados más abajo”. (²) Parkin considera que la clase social es un elemento central de la estructura social de las sociedades capitalistas avanzadas, pero para comprender las clases es más pertinente el enfoque de Weber que el de Marx. Ahora bien, para Parkin la desigualdad social en estas sociedades es a la vez sistémica y está anclada en el orden material. Por este tipo de elaboraciones fue considerado un weberiano políticamente radical. Para él, así como para los marxistas, la clase constituye la espina dorsal de la estructura de recompensas, aunque siguiendo a Weber define a la clase social en términos de capacidad de mercado y orden ocupacional, por un lado, y por la propiedad, por otro lado. Parkin adopta el esquema de seis clases: 1) profesionales, 2) técnicos y ejecutivos técnicos de grado medio, 3) pequeños empleados, 4) trabajadores manuales cualificados, 5) trabajadores manuales semicualificados y, 6) trabajadores manuales no
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cualificados. Este esquema está basado en el sistema de remuneraciones por ocupaciones, que conlleva implícito una jerarquía de prestigio, pero el punto de diferenciación esencial entre ellas no es tanto la cuestión de las remuneraciones, ya que éstas adoptan la forma de lo que llama un: “continuum gradual y no la de una serie de escalones separados…el hecho de que podamos hablar de un sistema de clases sugiere que debemos distinguir algún tipo de “corte” sustancial en la jerarquía de remuneraciones. Esa línea divisoria separa en las sociedades capitalistas occidentales a las ocupaciones manuales de las no manuales”.(³)
No se trata exclusivamente de una diferencia en los ingresos o remuneraciones por el trabajo desempeñado por el trabajo manual o no manual, sino de una serie o conjuntos de beneficios y condiciones laborales adicionales que van unidos al trabajo no manual y que lo distingue netamente del no manual. Sin entrar en una exposición detallada señalemos –en base a una investigación realizada sobre condiciones del empleo en la industria británica que utiliza Parkin–, los siguientes beneficios y condiciones laborales adicionales de los trabajadores no manuales: seguros médicos (no manuales 90% frente a manuales un 43%), períodos más largos de vacaciones en más del 60% de los casos, control de horario de productividad al que estaban sometidos el 90% de los manuales lo que implicaba deducciones de su sueldo por impuntualidad frente a un 8% de los no manuales, y un largo etcétera que incluye mayores promociones , mayor seguridad económica y del empleo, aumentos regulares de sueldos, mayor confort en el sitio de trabajo, mayor libertad de movimiento, menos supervisión. Como muy señala Parkin existen también subdiferencias en el seno de los trabajadores no manuales y de los manuales, pero las mismas no constituyen líneas de diferenciación de clase sustanciales, la línea “de división de clases discurre entre las categorías manuales y no manuales”.(4) En cuanto a la propiedad, ésta viene a complementar el orden ocupacional, pero teniendo en cuenta que existe una minoría o élite de la propiedad o de la riqueza, ello le lleva a un modelo dicotómico de clases: una clase dominante, que consiste en una élite complementada por los trabajadores no manuales, y una clase subordinada de trabajadores manuales. Parkin considera que las sociedades industriales contemporáneas se organizan sobre las clases sociales más que sobre los grupos de estatus. Aunque se tenga en cuenta en el análisis de las clases los factores simbólicos. Es de interés sociológico lo que afirma Parkin sobre los mecanismos por el cual la clase dominante preserva sus privilegios respecto a la clase subordinada. El conflicto de clases surge cuando se produce algún intento de “controlar o acceder a aquellas instituciones que gobiernan la distribución de ventajas simbólicas y materiales”, entre esas instituciones está la política y el Gobierno, el sistema educativo y naturalmente el sistema de producción. Considera que el Estado no puede verse como una institución aparte e independiente, sino que debe considerarse “como el funcionamiento conjunto de todos esos sectores” (instancias administrativas, judiciales, policíacas, más los principales sistemas de socialización, como el educativo. Ampliando su argumentación y con claridad meridiana afirma Parkin:
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“Si el Estado desempeña un papel específico éste es la movilización y empleo eventual de la fuerza colectiva para la defensa de las instituciones existentes; y puesto que el sistema institucional tiende por lo general a favorecer a la clase dominante por encima de la subordinada, la relación entre el Estado y el mantenimiento del orden institucional parece suficientemente clara. Sociológicamente pudiera definirse al Estado como un complejo institucional que instrumenta políticamente los valores e intereses de la clase dominante”.(5)
CRÍTICA AL MARXISMO Y REIVINDICACIÓN DEL WEBERIANISMO Parkin con gran ironía hace mofa del marxismo, sobre todo, del marxismo de la década de los 70 del siglo pasado, por su carácter predominantemente académico, ya que sus propagadores no son miembros de la clase trabajadora sino estudiantes y profesores que se mueven en las instituciones educativas y el contenido y diseño de sus trabajos van destinados al uso exclusivo de las aulas, los seminarios, las salas de conferencias y las revistas, que son leídas por el mismo tipo de público. Por ello escribe con sorna: “Nadie podría acusar al profesorado marxista de difundir esa clase de ideas susceptible de empujar al pueblo a las barricadas o a la formación de piquetes. De hecho, la teoría poco complicada que tradicionalmente inspiró esta especie de actividad callejera se ve ahora sencillamente rechazada como “marxismo vulgar” –o, lo que es lo mismo, marxismo de la “gente corriente”. (6)
Parkin se adhiere a la concepción weberiana sobre la clase social y reprocha al marxismo que crea poseer un “acceso privilegiado a esos niveles subterráneos de la comprensión cerrados a la torpe mente burguesa”. Y pone como muestra de ello las acusaciones que le hacen a los análisis sociológicos y especialmente a los weberianos de las clases sociales, por situarse en el nivel equivocado, por dirigir la atención hacia las formas más manifiestas de la desigualdad social nacidas del sistema distributivo: “en lugar de orientarla hacia las fuerzas ocultas del sistema productivo que se supone rigen las pautas de distribución, además de muchas otras cosas”. Las clases sociales, de acuerdo a Weber, “toman forma a partir de la agregación de grupos que comparten una serie de oportunidades de vida y de circunstancias comunes medidas por ciertos índices referidos a la distribución”.(7) También se tienen en cuenta los motivos, los valores y las expectativas de los actores que pueden convertirse en fuerzas motrices en determinados momentos. Señala Parkin que la debilidad principal de cualquier concepción de las clases que hace énfasis en las posiciones y no en los individuos que ocupan esas posiciones es que estos son: “Encarnación de fuerzas sistémicas, es que no pueden dar adecuada cuenta del tipo de complejidades que surgen cuando se producen divisiones raciales, religiosas, étnicas y sexuales tangencialmente a las divisiones formales de clase. Las sociedades marcadas por conflictos entre comunidades religiosas o raciales no presentan el mismo tipo de estructuras
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de clases que las carentes de dichos conflictos, a pesar de las similaridades que pueda haber en sus sistema ocupacional y en las relaciones de propiedad”. (8)
Pone el ejemplo de que los protestantes del Ulster (Irlanda del Norte), los obreros sudafricanos blancos, se organizan tanto social como políticamente de manera muy diferente a sus correspondientes en Inglaterra o en Escandinavia. Y que esos obreros, por motivos religiosos o raciales, se sienten más identificados con su propia burguesía que con sus compañeros de otra religión o de otra etnia. Lo mismo se podría decir hoy en día de las diferencias religiosas, incluso dentro de una misma religión musulmana, entre los chiitas y los sunitas que se enfrentan en Iraq, o los enfrentamientos que se dan en Israel, entre los ciudadanos de ese país, sean de la clase obrera o de la clase media, por ser de origen judío o palestinos. En esos casos parece ser más importante que el papel que ocupa en las relaciones de producción su condición de ser negro o blanco, protestante o católico, chiita o sunita, judío o palestino. De lo que concluye Parkin: “La preocupación marxista por el dominio de la producción, convertida cada vez más en su garantía de rigor teórico, impide reconocer cualquier posibilidad de que otras líneas de división distintas de la que opone el capital al trabajo constituyan la fuente primaria del antagonismo social y político. Aceptar que las desigualdades e injusticias sociales nacidas de las divisiones raciales, religiosas, lingüísticas y sexuales pudieran tener una realidad suis generis, no reducible a causas profundamente enterradas en el modo de producción capitalista, hubiera aparecido como sospechoso, del mismo modo que la aproximación weberiana con su fascinación por las pautas de distribución. Concretamente hubiera sido caer en el viejo error burgués de confundir la apariencia de la realidad con su misma esencia”. (9)
El concepto de “modo de producción” sea en la interpretación más rígida de la Segunda Internacional que ponía en relación directa la base y la superestructura o de los nuevos marxistas (Poulantzas, Anderson, Cohen, entre otros) no permite explicar las complejidades del sistema social que muestra el sistema distributivo.Ya que, afirma Parkin: “Los contornos que configura la estratificación no pueden deducirse del hecho de que una sociedad determinada posea un modo de producción capitalista, entendido como un sistema basado en la propiedad privada y en la existencia de relaciones de mercado”. (¹0)
Esto es así ya que las sociedades capitalistas tienen una diversidad de pautas distributivas y de divisiones sociales, como se ha expuesto al mostrar las diferencias entre sociedades en función de sus divisiones raciales, religiosas o de orígenes nacionales, y como ello tiene consecuencias importantes sobre la política, el reclutamiento laboral, la comunidad o el barrio donde se vive, y otros aspectos que no se pueden considerar irrelevantes. Siguiendo con esta línea argumental crítica con el marxismo y reivindicatoria de las elaboraciones derivadas de Weber, Parkin considera que las desigualdades de diverso tipo no requieren la existencia de un sistema productivo concreto sino que afloran en sistemas variados de producción. Tampoco puede considerarse problemas
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periféricos, secundarios, en relación con el antagonismo de clases fundamental, y por ende, que serían marginales en la teoría. Él lo expone de la manera siguiente: “Las desigualdades estructurales nacidas de divisiones de la población o de divisiones sexuales no necesitan de un sistema productivo concreto. La evidencia comparativa e histórica sugiere que pueden adaptarse considerablemente bien a cualquiera de las variantes conocidas de la división del trabajo y de los derechos de propiedad…Ahora que los conflictos raciales, étnicos y religiosos se han desplazado hacia el centro de la escena política en muchas sociedades industrializadas, cualquier modelo general de clases o de estratificación que no incorpore este hecho acaba perdiendo toda credibilidad”.(¹¹)
CRÍTICA AL MODELO SOCIOLÓGICO DE CLASE OCUPACIONAL Parkin se refiere que si hay un acuerdo tácito en un modelo de clases entre los sociólogos occidentales el mismo no va más allá de la distinción entre trabajo manual y no manual, ya que: “Ningún otro criterio de identificación de las fronteras de clase parece gozar de tan amplia aceptación entre quienes efectúan investigaciones acerca de la estructura familiar, las actitudes políticas, la simbología social, los estilos de vida, los logros educativos y demás temas que mantienen a la rueda de la sociología empírica en continuo movimiento”(pero aunque es de utilidad para la investigación, CJBE) “no se presenta como un modelo de explicación de las clases o del conflicto social”.(¹²) El modelo que utiliza a la empresa como el microcosmos capitalista con su división entre trabajo manual/no manual y la jerarquía de relaciones de autoridad podría ser una alternativa de clase al basado en torno a los derechos de propiedad, si no fuera porque las relaciones sociales dentro de la empresa ya no son tan apropiadas para el análisis de las clases dentro de la sociedad capitalista, debido a la expansión que ha tenido el sector público desde la posguerra, que ha expandido a los sectores no manuales en las administraciones nacionales y locales, los servicios sociales de todo tipo, la sanidad pública, etc. Esto hace, como muy bien afirma Parkin, que: “A menudo, ni siquiera existe de hecho fuerza de trabajo manual que confrontar en los puestos que ocupan esos grupos de trabajadores no manuales. E incluso, cuando maestros, asistentes sociales, enfermeras, empleados de la administración local, funcionarios de baja categoría y similares forman parte de organizaciones que incluyen así mismo a ujieres, botones, encargados de la limpieza y demás trabajadores manuales, los primeros mantienen habitualmente con los segundos una relación distinta de la que es corriente entre los empleados con categoría superior y los obreros industriales en la empresa capitalista”.(¹³)
De manera que si en la empresa capitalista se quiere asimilar a los trabajadores no manuales a los directivos que se identifican con los intereses del capital y con los que tienen la autoridad en la empresa, no es así el caso en el sector público. Por diversos motivos, uno de los cuales es la no presencia habitual de trabajadores no manuales, lo que no genera esas sensación de que respecto a ellos se ha logrado un ascenso social, la autoridad tampoco ejerce la misma atracción, ya que esa autoridad es tan jerárquica que se extiende siempre hacia arriba en el
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cuerpo del Estado, y unido a todo ello se encuentra el hecho de que los trabajadores del sector público no tienen la misma posibilidad u oportunidades de transferir sus capacidades a otras empresas y empleadores –como en el caso de las empresas privadas–, en competencia entre sí. Por último, las mejoras de sueldos y condiciones de trabajo en todo caso se negocian siempre con un “patrón” que está en situación de monopolio y limitado por un presupuesto asignado y controlado estrictamente. Lo que lleva a un tipo de condición más semejante a la del trabajador manual respecto a los niveles de mando que a lo que se produce entre el trabajador no manual y los directivos en la empresa privada. Así pues, concluye Parkin, que el modelo manual/no manual para representar el conflicto de clase basado en el empleado privado no sirve habida cuenta del enorme crecimiento del empleo en el sector público. Salvo que se vea ese modelo como fundado en diferencias en las oportunidades de vida y no como grupos ligados a una relación de explotador/explotado y de dominio/subordinación. Estamos pues ante hechos de simple diferenciación social. Y para nuestro autor está claro que: “Un modelo de relaciones de clase que se refiera exclusivamente a las desigualdades originadas por el sistema ocupacional está condenado a ser incorrecto”.(¹4) CRÍTICA A LOS ANÁLISIS DE CLASE NEOMARXISTAS El intento de dar respuesta a los cambios en la estructura de clases del capitalismo contemporáneo y a las tesis ortodoxas, ha llevado a las elaboraciones de los neomarxistas. Considera Parkin que hay una dificultad en trasladar las nociones abstractas de capital y trabajo a las categorías sociales concretas de burguesía y proletariado, debido a las tendencias de la burguesía a traspasar las fronteras de la propiedad y a la del proletariado a disminuir, hasta el punto que se convierte en una minoría en el conjunto de los trabajadores. Eso conduce a que se necesite dar cuenta de esos grupos intermedios a los que se requiere dar una localización adecuada a un lado u otro de la frontera entre las clases. El espacio que iba dejando la pequeña burguesía clásica o tradicional lo iba ocupando una “nueva clase media”, que a diferencia de la pequeña burguesía (si se la entiende como una supervivencia del modo de producción mercantil simple), no era ajena al sistema capitalista sino que constituía un elemento esencial del mismo. No parece que estuviera condenada a desaparecer, por tanto, había que incorporarla al modelo general de clases del capitalismo. Y, además, había que dar cuenta de las interpretaciones que veían en la expansión del sector terciario y el cambio en la pirámide de clase, con una amplia base proletaria o de clase obrera, a otra de perfil de rombo, con una amplia clase media y una clase obrera disminuyendo. Lo cual, se decía, disolvía las fronteras y los conflictos de clase. Por lo que explica Parkin: “Los marxistas necesitan aclarar dónde ha de situarse la frontera entre el proletariado y la nueva burguesía salariada para formular correctamente la acción revolucionaria de aquél”. (¹5) Es decir, lo necesitan para tratar una estrategia política con un mínimo de coherencia. De acuerdo a la amplitud con que se define a la clase obrera, Parkin clasifica las respuestas que se dan en tres, que denomina definición mínima, máxima e intermedia. El ejemplo paradigmático de la mínima lo daría Poulantzas que rechaza que lo que define a la clase obrera sea el trabajo asalariado. Para ello utiliza la distinción
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entre trabajo productivo y no productivo, y la del trabajo manual e intelectual. Solo el trabajador productivo y manual es parte de la clase obrera. Las categorías restantes de trabajadores son parte de la nueva pequeña burguesía. Con ello la clase obrera se ve muy reducida en su número en los países capitalistas occidentales y en EE.UU. De ahí que Poulantzas replicara a Wright que la clase obrera norteamericana no era solo la que trabaja en los EE.UU. sino que se tenía que definir en un contexto imperial: todos los obreros empleados por el capital norteamericano en todo el mundo formaban parte de la clase obrera de ese país.(¹6) La definición máxima utiliza como frontera entre la clase obrera y las otras clases criterios políticos. Esto es, divide a aquellos cuyas funciones son específicas del capitalismo (como los propietarios de inmuebles, rentistas, especuladores, accionistas, etc., “cuyas actividades no serían transferibles a la nueva sociedad” y formarían parte de la burguesía) y, a los que dentro de una sociedad socialista sus servicios o trabajo serían necesarios y compatibles con ese tipo de organización social y económica. Entre estos estaría la “nueva clase media”. Así pues, la mayoría de la población, el pueblo, tiene interés en el socialismo y sólo una minoría tiene que unir su destino a la supervivencia del capitalismo. Todos los trabajadores forman parte de ese clase trabajadora interesada en el socialismo. (¹7) La definición intermedia trata sobre todo de establecer la división de la frontera de clases en el seno de la nueva pequeña burguesía. La delimitación se basa en la división del trabajo o en los grupos ocupacionales, o bien, se fundamenta en la división existente en la misma clase. Mientras una parte de ella recibe recompensas y prerrogativas del capital, otra lleva el signo de su condición obrera. En este sentido, la nueva clase media sería una mezcla de elementos burgueses y obreros, o como señala otro autor, hay una fractura entre los que desempeñan las funciones globales del capital y los que realizan las funciones del trabajador colectivo. Lo que caracteriza a esta nueva clase media es que todos sus componentes asumen ambas funciones “en grado variable”, como dice Parkin, siendo a la vez explotadora y explotada. (¹8) Estas diferencias en la interpretación o explicación de las clases en el marxismo conducen a oscurecer las diferencias entre la teoría marxista y las burguesas, según Parkin, ya que los marxistas utilizan categorías de la sociología dándoles otro nombre. Y señala como en las llamadas sociedades socialistas de Estado aunque no hay propiedad privada de los medios de producción, persisten las relaciones de autoridad jerárquica, vigilancia y control dentro de las unidades de producción. Resulta que cuando Parkin escribió su libro no tenía a mano la explicación de Roemer sobre la diferencia entre explotación económica y opresión que viene a explicar las relaciones existentes en ese tipo de sociedades. Por eso escribe con brillantez y penetración sociológica sobre la teoría de las clases en el capitalismo y en las sociedades llamadas socialistas de Estado, lo siguiente: “Supóngase que se descubriera que el despotismo de la fábrica, los usos coactivos del saber y los privilegios del trabajo intelectual están no sólo presentes en sociedades donde el directivo es el “capital personificado”, sino también en sociedades en las que es el partido personificado…El reparo evidente en emprender un análisis comparativo de clases entre ambos modos de producción es, pues, del todo comprensible”. (¹9)
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Siempre en referencia a los neomarxistas y sus intentos de buscar explicaciones coherentes con el marxismo de la nueva clase media, Parkin señala que, sus interpretaciones deben mucho más a Weber que a Marx debido a que: “a pesar de su declarada procedencia marxista, (este tipo de análisis) es indistinguible de la línea que sigue la moderna teoría social burguesa. Después de todo, es principalmente Weber y no Marx, quien suministra el marco intelectual para entender las clases en términos de oportunidades de mercado, expectativas de vida y recompensas simbólicas. La insistencia en las diferencias de ingresos, y en otros factores del mercado, resulta difícil de conciliar con la típica objeción marxista hacia la sociología burguesa de que se ocupa, erróneamente, del dominio de la distribución, en lugar de centrarse en el de las relaciones de producción”.(²0) EL CIERRE SOCIAL COMO EXCLUSIÓN Parkin emplea el concepto de cierre social, procedente de Weber, que se puede definir como el proceso por el cual los colectivos sociales tratan de maximizar sus recompensas poniendo límites, al acceso a las mismas, a otros candidatos a las mismas. Para ello hay que establecer las bases para excluirles, y estos atributos pueden ser por motivos de origen social, raza, lengua, religión, capacidades demostradas, etc. Todo ello puede emplearse para tratar de “monopolizar”, para el grupo, determinadas oportunidades, recompensas, beneficios, privilegios, poder, etc. Se trata de mantener ese “monopolio” frente a competidores, ya que: “Su intención es siempre la de cerrar el acceso a oportunidades económicas y sociales a los extraños. La naturaleza de estas prácticas excluyentes y el alcance del cierre social determinan el carácter general del sistema distributivo… los procesos de exclusión pueden propiamente entenderse como un aspecto de la distribución del poder, lo cual para Weber viene a ser un sinónimo de estratificación. En consecuencia, la utilidad del concepto de cierre social para el estudio de clases y formas similares de desigualdad necesita como condición previa que se acepten algunos refinamientos y ampliaciones sobre su uso original”. (²¹)
Realiza ese refinamiento y ampliación extendiendo la noción de cierre social para incluir no sólo las prácticas de exclusión sino también aquellas que utilizan los excluidos, es decir, las acciones que llevan a cabo los marginados para contrarrestarlas. El cierre social excluyente es un uso del poder dirigido hacia abajo, porque se crea un grupo, clase o estrato, que se encuentra en una posición o situación inferior. Y como contrapartida, estos excluidos, inferiores o marginados, hacen un uso de sus medios de poder hacia arriba, para tratar de obtener una parte mayor de los recursos monopolizados por el grupo excluyente e incluso, para tratar de arrebatarle esos recursos, desarrollando acciones de usurpación. Por ello como afirma Parkin: “Exclusión y usurpación aparecen así, como los dos tipos principales de cierre social, siendo la segunda la consecuencia y la respuesta colectiva a la primera…Las estrategias de exclusión son la principal forma de cierre social en todos los sistemas estratificados….Las
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estrategias de usurpación varían de escala desde las dirigidas a obtener una redistribución marginal hasta las que se proponen una expropiación total”. (²²)
La exclusión es la forma que adopta el cierre social en cualquier sociedad basada en la desigualdad. Para consolidarse los grupos dominantes minoritarios adquirieron un poder monopólico sobre recursos tales como la tierra, las armas, el conocimiento, la magia y la religión, el linaje, la descendencia. En la época burguesa su dominio no se basó en la herencia sino en un cierre social no hereditario, a través de lo Weber llamó, la adscripción racional a valores, tales como pasar exámenes cualificados, pasar períodos de prueba, ser cooptados por los miembros o elegidos, y en virtud de logros individuales. De manera que durante la época burguesa el acceso está teóricamente abierto a todos. En la sociedad capitalista actual los mecanismos principales de exclusión se pueden reducir a dos, a saber: la propiedad y las calificaciones y méritos académicos o profesionales. Los grupos beneficiarios de esas acciones de exclusión son los que forman la clase dominante del capitalismo actual. (²³) Esto sitúa a la propiedad, entendida como capital, en el centro del análisis de clase ya que constituye “la principal forma de cierre social común a todas las sociedades industriales”. Como escribió Durkheim, “el derecho de propiedad es el derecho que posee un individuo de excluir a otros individuos o entidades colectivas del uso de un determinado objeto.” (24) Por tanto, los directivos, al ser “capital personificado”, tienen su posición dominante en razón de la propiedad y de los derechos que ésta otorga, que son salvaguardados por el Estado, y no por ocupar una posición en la estructura ocupacional o en la jerarquía de autoridad de la organización. Otras prácticas de cierre se conocen como el “credencialismo”, es decir, el uso de títulos, diplomas educativos como medio de entrada y exclusión a puestos claves. Max Weber ya se refirió al papel de los diplomas y de la exigencia de tenerlos como un medio para la “formación de un estrato privilegiado en los despachos y oficinas” (sean privadas o públicas), y sigue afirmando: “Dichos títulos apoyan a quienes los poseen en sus pretensiones de emparentar con las familias notables…de ser admitidos en los círculos que respetan los “códigos del honor”, obtener una remuneración digna…y sobre todo, de monopolizar las posiciones social y económicamente ventajosas”.(²5)
Se puede afirmar que, la importancia que tienen los títulos en nuestras sociedades, es que dan una base legitimadora al proceso de exclusión, al otorgar los trabajos mejor remunerados a los que los poseen y excluir, por ende, a aquellos que no demuestran tener esas “capacidades”, “experticia”, o cualidades (talento, inteligencia, voluntad), que un título supuestamente acredita. De ello se puede colegir como hace Parkin: “Que bajo el capitalismo moderno las clases dominantes se pueden definir como constituidas por aquellos que poseen o controlan el capital productivo y aquellos que ostentan el monopolio legal de los servicios profesionales. Estos grupos representan el núcleo principal de la clase dominante o explotadora en virtud de sus poderes excluyentes,
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de los cuales se desprende como efecto inevitable la creación de una clase recíproca de inferiores sociales y subordinados”.(²6)
Lleva este autor su razonamiento al plano político, al señalar, que los mismos que “monopolizan los títulos y la propiedad productiva” tienen posiciones políticas e ideológicas semejantes y en todas las sociedades occidentales los partidos de derecha y centro-derecha son el espacio político “natural de esos dos grandes grupos”. Aunque a ello se puede añadir que –según mi punto de vista–, y con matices, ha habido una evolución en ese sentido, ya que desde los años 70 u 80 del siglo pasado, también los partidos socialdemócratas se disputan ser el “espacio político natural” de ese grupo, no como antes de esas fechas, que trataban de representar el espacio político de la clase obrera y de la clase media “baja”. Lo cual si es así, como entiendo que lo es, deja un lugar o espacio político “vacío” por llenar para partidos que sepan articular y canalizar los intereses de esas clases. Para concluir sobre el cierre social como exclusión y solamente de pasada, quisiera señalar que, considero muy importante lo que trae a colación Parkin sobre los intentos de los grupos o clases dominantes para tratar de transmitir su monopolio de los recursos productivos y de sus posiciones de poder a sus descendientes. Si bien en la sociedad capitalista y en la ideología liberal, lo normal es proclamar una especie de meritocracia igualitaria (los que tienen riqueza y poder es porque tienen las capacidades y el talento para ello, los excluídos lo son por su incapacidades naturales o adquiridas). Lo cierto es que no es así, como se ha visto, ya que el peso de la propiedad heredada, de la riqueza heredada es fundamental entre la minoría que acumula la riqueza global. Aunque no se siga la norma basada en el linaje y la herencia, eso no indica que no se intente hacerlo en la medida en que el funcionamiento del sistema lo permite. Cuando hay un cierre social de exclusión muy cerrado, esta posibilidad de herencia es más fuerte, y cuando el cierre social de exclusión es más lato, las posibilidades de movilidad vertical ascendente es mayor, pero los estudios empíricos más notables lo que demuestran es la persistencia del cierre social, habiendo un porcentaje quizás de entre un 25% al 50% de los puestos más elevados a los que acceden los hijos de padres que detentan o desempeñaron dichos puestos. Pero la idea fundamentalmente válida para las sociedades occidentales, como para las antes llamadas sociedades del “socialismo real”, es la que expresó George Orwell, pensando sobre todo en la oligarquía partidaria de los partidos comunistas que controlaban esas sociedades, pero extensible a las intenciones de perpetuación de las “élites” de los países capitalistas, cuando escribió: “La esencia del sistema oligárquico no es la herencia de padres a hijos sino la persistencia de determinados modos de vida y visiones del mundo que imponen los muertos a los vivos. Un grupo dominante sólo es tal en la medida en que puede nombrar a sus sucesores. El partido (o una clase dominante, CJBE) no siente interés en perpetuar su sangre sino en perpetuarse a sí mismo”. (²7)
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EL CIERRE SOCIAL COMO USURPACIÓN Se denomina cierre social como usurpación el que pone en práctica un grupo que ha sido excluido, como una respuesta, a los que monopolizan los recursos a los que este aspira. Por eso señala Parkin que el denominador común de todos los actos de usurpación, es apoderarse “de una parte de los beneficios y recursos propios de los grupos dominantes en la sociedad” de que se trate. Estas acciones son de una amplia gama, desde obtener una parte mayor del pastel (una redistribución marginal), hasta obtener la totalidad de los recursos que monopoliza y controla el grupo o clase dominante, es decir, su total apropiación. En todos los casos, en estas acciones, de lo que se trata es “de la movilización del poder de que dispone un grupo o colectivo para utilizarlo contra otro que mantiene con él una relación dominante. En sentido metafórico, la usurpación es el uso del poder en dirección ascendente”. (²8) Este tipo de acciones abarcan los conflictos que se dan en las empresas entre el capital y el trabajo, normalmente por una mejor redistribución de los beneficios, así como, los programas de los partidos que tratan de abolir la distinción entre trabajo y capital, como las movilizaciones de grupos étnicos por sus derechos cívicos y sociales, las luchas de las mujeres por su completa igualdad en una sociedad con demasiadas pautas machistas y patriarcales, las de asociaciones ecologistas a favor de preservar el medio ambiente o impedir que se establezcan empresas que contaminan y dañan la naturaleza, etc. El cierre usurpador suele emplear las movilizaciones públicas como huelgas, piquetes, marchas, mítines para dar a conocer sus objetivos, por lo que las actividades de usurpación suelen ser incómodas para los encargados de mantener el orden. Y ha habido, a través del tiempo, momentos donde esas actividades estaban fuera de la ley. Es el caso de las huelgas, que antes de ser un derecho sujeto a determinados prerrequisitos, fue considerada como una actividad ilegal. Las reivindicaciones de usurpación suelen entrar en contradicción, a veces abierta y frontal, con el orden legal que justifica y sostiene el cierre social excluyente, que parte de una determinada concepción de la justicia redistributiva. De especial interés me parecen los argumentos que emplea Parkin para referirse al papel que juegan las acciones de usurpación por parte de los sindicatos de los trabajadores. El desarrollo del capitalismo ha llevado a fortalecer la capacidad negociadora de los sindicatos, sobre todo los de aquellos sectores cuya alteración del ritmo de trabajo y producción pueden ser claves para paralizar el funcionamiento del sistema, al bloquear el suministro de elementos vitales, como puede ser la energía, el gas, o las exportaciones de cuyos ingresos depende la del sistema económico en su conjunto. Cuando estos sectores claves obtienen algún triunfo, ello refuerza la capacidad negociadora y la confianza del resto de los trabajadores. Se pasó entonces a una situación donde se temía la capacidad de los sindicatos, ya no sólo para negociar, sino incluso para imponer condiciones redistributivas que se consideraban un chantaje y, una imposición, no sólo a los empresarios, sino al propio Estado. ¿En qué hecho económico-productivo se sostenía este escenario en las sociedades capitalistas avanzadas? He aquí un breve resumen que proporciona una respuesta adecuada: “el uso de tecnologías avanzadas que suponen tasas elevadas de capital-trabajo, niveles bajos de productos intermedios y una mayor integración en los
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procesos de producción y distribución, el equilibrio del poder negociador se ha decantado a favor de quienes están en condiciones de explotar esta situación estratégica critica”. (²9) En 1978, un informe “secreto” del Partido Conservador británico, elaborado por un comité presidido por Lord Carrington, ponía la alarma sobre el poder sindical y su supuesta incapacidad para hacerles frente a las reivindicaciones de la usurpación: “una futura administración conservadora, en caso de conflicto, no podría vencer a unos sindicatos con poder para ahogar la vida física y económica del país, como son los de los mineros o la electricidad…Los sindicatos fuertes y las tecnologías avanzadas que manejan sus miembros, especialmente en los sectores industriales del combustible y la energía eléctrica, significan que ningún gobierno en la actualidad está en condiciones de “ganar”. (³0) Sin embargo, fue precisamente el gobierno conservador y neoliberal de Margaret Thatcher quien no sólo ganó el pulso a los sindicatos, sino que prácticamente los destruyó, como hizo con el de los mineros después de una prolongada huelga. A partir de ahí el dominio del neoliberalismo fue completo y siguió una política de privatizaciones del ferrocarril, la desinversión en Sanidad y, la desregularización en la economía, como, por su parte, hacía Reagan al otro lado del Atlántico. De manera que esa capacidad potencial sindical de poner en “peligro” el orden distributivo vigente del cierre social excluyente, llevadas a cabo con sus acciones de usurpación fueron derrotadas. Así, pues, como muy bien previó Parkin en 1979: “Es del todo posible que la tendencia actual (se refiere al potencial sindical antes de Thatcher, CJBE) acabe invirtiéndose y que gradualmente desaparezcan las ventajas alcanzadas por el trabajo. Sería paradójico en extremo que en una sociedad ampliamente dominada, aún, por las instituciones excluyentes de los títulos y la propiedad se permitiera un declive demasiado llamativo de las bazas obtenidas por estas últimas como consecuencia de un proceso de cierre social emprendido desde abajo”. (³¹)
No obstante, Parkin, como weberiano de izquierdas, y desde una posición socialdemócrata, considera que, pese a las teorizaciones de los Marcuse y las ideas de los althusserianos, de que la clase obrera sufre una especie de enajenación colectiva, mantiene una posición optimista dentro de un realismo pragmático, reformista y gradualista en las acciones que denomina del cierre de usurpación, cuando señala: “Si se juzga la capacidad de usurpación de la clase obrera de acuerdo con su posición decisiva en el proceso de producción (y no por su capacidad de servir de carne de cañón en una aventura revolucionaria) habrá buenas razones para afirmar que su capacidad de poner el sistema al borde de un colapso permanente jamás había sido tan alta como en esta época de capitalismo avanzado”. (³²)
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EL CIERRE SOCIAL DUAL El cierre social dual se refiere a que las clases emplean tanto el cierre social excluyente como el cierre de usurpación en sus estrategias, tanto dentro de las clases como entre ellas. Por ejemplo, la clase obrera, que es una clase subordinada respecto a la clase dominante que tiene el control de la mayoría de los recursos, puede llevar a cabo acciones de exclusión para tratar de mantener una parte mayor de las recompensas remunerativas, tratando de apartar de los beneficios sindicales a los negros e hispanos, como ocurría en los EE.UU., a la vez que realiza acciones de usurpación frente a la clase dominante para conseguir ventajas en la política redistributiva. Lo mismo puede ocurrir, en cierto sentido, entre los grupos que tienen el monopolio y control de la riqueza, que pueden llevar acciones de exclusión para tratar de obtener una parte esas propiedades y recursos en manos de otros grupos dentro de su misma clase, y esto no excluye, que conjuntamente como clase e incluso como grupos dentro de esa clase, realicen acciones sociales de exclusión respecto a las clases subordinadas, para impedirles que tengan éxito en sus movilizaciones reivindicativas de mayores salarios en una empresa o sector de producción, o bien, que obtengan una cuota parte mayor dentro de las normas imperantes de “justicia distributiva” de esa sociedad. Igualmente puede hacer algún tipo de acción de usurpación para reivindicar determinados intereses de clase como conjunto o de manera sectorial, por ejemplo, frente al Estado, para mantener determinados privilegios, que se apruebe cierta legislación que les favorezca, que siga excluyendo de determinados beneficios al conjunto o sectores de la clase subordinada. Parkin trata de aclarar esto exponiendo que: “la clase dominante en una sociedad consiste en aquellos grupos sociales cuya obtención de recursos se basa principalmente en el empleo de medios excluyentes, mientras que la clase subordinada la componen los grupos sociales cuya estrategia principal consiste en la usurpación, con independencia del recurso ocasional a la exclusión como estrategia suplementaria”. (³³)
Esta distinción permite comprender las divisiones internas de las clases y también las tendencias a lo que llama Parkin “explotación”, que difiere de la marxista de apropiación de plusvalía y de plustrabajo, ya que la “amplia” a la posesión de propiedad, entendida como una forma “de relación excluyente”y, por tanto, también de explotación, abarcando otras “normas y prácticas monopolísticas no relacionadas con la propiedad”. Así pues, muestra prácticas de “explotación” que tienen lugar dentro de la clase obrera, como serían: la resistencia a aceptar la igualdad de oportunidades de empleo y de derechos con las mujeres, los esfuerzos de los protestantes en Irlanda del Norte para excluir de ciertos trabajos mejor remunerados a los católicos, de los trabajadores blancos en EE.UU. para negar a los negros la igualdad en el acceso a viviendas y escuelas en sus barrios, y en países como Canadá o en Bélgica –y también en España por ciertas Comunidades Autónomas–, los intentos para monopolizar determinados puestos discriminando en razón de la lengua.
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Todos esos casos serían, en un “sentido neoweberiano”, ejemplos de explotación, ya que implican usar un poder hacia abajo para crear un estrato subordinado,“en lugar de apuntar hacia quienes ocupan una posición más privilegiada en el sistema redistributivo”.(³4) El cierre dual aunque se produce entre los trabajadores industriales de manera marginal es, sin embargo, habitual entre los trabajadores que se les cataloga de clase media o de la nueva pequeña burguesía, en sus estratos bajos, es decir, sobre todo, entre los profesionales que ocupan puestos bajos o semiprofesionales en las empresas y organizaciones. Para Parkin, estos son, los que desempeñan “ocupaciones que justifican su demanda de recompensas sobre la base de calificaciones formales pero que no han sido capaces de establecer un estricto cierre social profesional mediante un monopolio legal o control del número de aspirantes a ejercerlas”. (³5) Como maestros, enfermeras, trabajadores sociales, etc., al contrario de lo que ocurre con los profesionales como médicos, dentistas, ingenieros, arquitectos, abogados, etc. Los profesionales bajos o semiprofesionales tratan de combinar el uso de los dispositivos excluyentes de las titulaciones (profesionalismo), con los métodos de usurpación que usa habitualmente la clase obrera a través del sindicalismo. Estas profesiones suelen ser las que son ejercidas por mujeres en un alto porcentaje. Estas ocupaciones suelen estar en el medio, entre la clase obrera y la clase dominante, son posiciones contradictorias de clase, o si se quiere, como sectores intermedios, ocupan una especie de limbo político e ideológico. Parkin insiste en que “no hay nada necesariamente contradictorio en el empleo de dos estrategias diferentes (el cierre social dual, CJBE), con el fin de alcanzar los mejores resultados…el calificativo de complementarias parece describir mejor que ninguno la relación entre ambas prácticas”. (³6) EL CARÁCTER EXPLICATIVO DEL MODELO DE CIERRE SOCIAL Para Parkin su modelo del cierre social –como cualquier otro modelo–, tiene su propio vocabulario sociológico y unos conceptos que conllevan unos presupuestos morales acerca de la naturaleza de clase de la sociedad. Lo que lo distingue de otros que él denomina de sociología burguesa o del marxismo, es una manera distinta de concebir a las clases sociales. La posición neoweberiana de Parkin: “Es que la relación entre las clases ni es de armonía y mutuo beneficio (como en la teoría liberal,CJBE), ni tampoco de contradicción irreductible y fatal (como en el marxismo,CJBE). En lugar de ello, se entiende dicha relación como un estado de mutuo antagonismo y de permanente tensión. Esto es, como una condición de lucha persistente por la distribución que no tiene por qué resultar “incontenible”. El conflicto de clases puede no tener fin pero tampoco necesita lucharse hasta el final. Los conceptos…de armonía, contradicción y tensión pueden, pues, considerarse como las tres corrientes principales desde las que es posible caracterizar la relación entre clases y en las que se basan todos los modelos que tratan de explicarlas”. (³7)
El atractivo de su modelo del cierre social, según Parkin, es que le da importancia a la división que se da en el interior de las clases, es decir, a las relaciones internas entre los
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componentes o grupos de la misma clase, que son relaciones de conflictos internos, intra-clases; como igualmente ocurre con las relaciones entre las clases, que también son de conflicto interclasistas. Para explicarlas utiliza el concepto ampliado de explotación al que ya nos hemos referido al tratar del cierre social dual. Otro aspecto de la teoría de Parkin es que, en su definición de la clase social, hace referencia principalmente a lo que denomina “modo de acción colectiva” y no al lugar o posición que se ocupa en el proceso de producción o en la división del trabajo, es decir, no las define ni por las relaciones de producción ni por el lugar en la estructura ocupacional. No lo hace así porque considera que: “la posición dentro de una estructura formalmente definida, normalmente no se corresponde con la fidelidad a la clase en las áreas donde adquiere su mayor importancia, a saber, en las del comportamiento y el sentir políticos”. Y remata su argumento exponiendo que: “si el tipo de acción colectiva se considera como el rasgo específico para definir una clase, tal como propone el modelo del cierre social, se desprende que no van a aparecer problemas como el mencionado. No existe una estructura de posiciones independientemente definida de la que pueda discrepar la acción de las clases”. (³8) Nuestro autor es consciente de los condicionantes económicos y sociales de las formas de cierre social que se organizan en cada situación y señala que lo importante es dar cuenta de los mismos en cada caso, en cada circunstancia. De la misma manera sólo puede explicarse la exclusión y la dominación que se producen predominantemente en una sociedad bajo la forma racial, religiosa, o de clase, mediante el estudio y explicación histórica, no en base a una teoría general que tenga las claves para dar cuenta de todos los fenómenos, casi siempre reduciéndolos a factores mono causales o a explicaciones imaginativas. CONCLUSIONES La teoría o modelo de Parkin es un intento de explicar las clases y sus conflictos, partiendo del uso de categorías weberianas, para distanciarse principalmente de las teorías de Parsons y otros sociólogos de la misma escuela o pensamiento social liberal, empeñados en la preservación del orden social. También pretende mostrar que la teoría marxista se ha mostrado incapaz de explicar concretamente las clases en las sociedades capitalistas avanzadas y también en las experiencias conocidas como socialismos, socialismos de Estado, socialismo burocrático de Estado, o simplemente, en sus últimos tiempos, como “socialismo realmente existente”. Para Parkin el marxismo no se ha mostrado como una teoría válida para dar cuenta del fenómeno de las clases en esas sociedades, ya que en ellas, persistió la división del trabajo manual y no manual, la jerarquía de autoridad en las empresas y organizaciones, la desigualdad social –aunque con ratios menos extremos que en las sociedades capitalistas. Junto a ello no se ha desarrollado una explicación del “modo de producción socialista”, lo cual para Parkin es uno de los fallos del marxismo, dada su pretensión de ser una teoría materialista con un gran poder de explicación, no de lo fenomenológico sino de la esencia de la vida social y sus conflictos. Su teoría o modelo del cierre social, con su énfasis en el cierre social de exclusión, del cierre de usurpación y del cierre dual, trata de mostrar como hay que entender las
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clases en sus relaciones respecto a otras clases en la lucha o competencia por la redistribución/monopolio de los recursos y propiedades existentes. Y también trata de explicar las relaciones internas en el seno de las diferentes clases sociales. En ellas hay relaciones que denomina de “explotación”, por las cuales se trata de poner en una posición subordinada a otros grupos dentro de su misma clase, con el fin de obtener más recursos para sí despojando a otro grupo o grupos en el seno de su misma clase o de otras clases de los mismos. Son importantes las explicaciones que ofrece Parkin de como inclusive dentro de la clase obrera se han desarrollado acciones de cierre social de exclusión para mantener subordinados y sin acceso a determinados recursos a minorías e inclusive hasta a mayorías–caso notorio de la Sudáfrica del Apartheid–, por razones de raza, por motivos religiosos, y obviamente, las aún persistentes discriminaciones por motivos de sexo o de género, en cuanto al acceso a ciertas ocupaciones o al mantenimiento de la desigualdad en las remuneraciones por el mismo trabajo. Merece destacarse la explicación que ofrece sobre el papel que juega la clase obrera organizada en sindicatos en la obtención de una cuota parte en alza del excedente durante los años de la posguerra hasta la crisis de los 70. También como por el mismo desarrollo del capitalismo y la tecnología la clase trabajadora tiene las claves para poder paralizar o causar un inmenso daño a la reproducción del capital y de la acumulación capitalista. Todo lo cual condujo, primero, a prácticas de corporativismo, incorporando en las negociaciones a los sindicatos, pactando con ellos controles salariales, a cambio de mayor participación en la toma de decisiones, y en el mantenimiento de determinadas conquistas sociales. Ello podría llevarnos a una reflexión con los cambios habidos a partir de los años 80 del siglo pasado con la irrupción política del neoliberalismo en EE.UU. y en el Reino Unido y lo que ello significo de retroceso en el mundo laboral y en la economía. Situación que tuvo su climax con la crisis de 2008 y la imposición de rígidas medidas de austeridad fiscal, y políticas de recortes en políticas sociales y de inversión pública, que han disminuido la demanda y condenado a millones de personas a una situación precaria en lo laboral y de disminución de ingresos. Eso podría explicarse sin duda con el modelo del cierre social excluyente: un intento sin precedentes de la clase dominante de monopolizar aún más la propiedad y los recursos existentes incrementando, a su vez, los mecanismos de “explotación” en el sentido amplio del concepto que le da Parkin. Por último, resaltar que, independientemente del uso que pueda hacerse de la teoría de Parkin, la critica marxista del modelo del cierre social sigue siendo pertinente, aún más con los hechos históricos que se han sucedido desde la elaboración de la misma a finales de los años 70 del siglo pasado. Es decir, lo que se ha demostrado fehacientemente es que cualquier forma de cierre social, tiene en los factores económicos y sociales su elemento más relevante. Otros factores como la raza, la religión, el sexo o la opción sexual, pueden jugar un papel importante –incluso en algunos casos–, ser relevante, pero es más que evidente, que los factores económicos (la apropiación, la acumulación de recursos, la explotación en sentido marxista e incluso en el sentido usado por Parkin, la exclusión, etc.), son siempre claves en las acciones de clase del tipo que sean. Sin quitar importancia a que los comportamientos políticos e ideológicos son también parte relevantes para el
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análisis de las clases. También admitiendo que es casi tan importante o más, como dice Parkin, que conformarse con ver el lugar que ocupan las clases en la estructura social, analizar lo que éstas hacen en la escena social: sus acciones o prácticas de clase
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NOTAS. 1.
2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35. 36. 37.
Frank Parkin nació en 1931 y murió en 2011. Doctor en sociología por la London School of Economics. Fue profesor de Sociología y de Ciencias Políticas en las universidades de Oxford y en la de Kent. Entre sus libros y trabajos publicados destacan los siguientes: Class inequality and Political Order. Social Stratification in Capitalist and Communist Societies, Macgibbon and Kee,, Londres, 1971, trad. española, Orden politico y desigualdades de clase, Debate, Madrid, 1978; Marxism and Class Theory. A Bourgeois Critique, Tavistock, Londres, 1979, trad. española, Marxismo y teoría de clases. Una crítica burguesa, Espasa-Calpe, Madrid, 1984; Middle Class Radicalism: The social bases of the British campaing for nuclear disarmament, Manchester University Press, 1968, basado en su tesis doctoral presentada en la LSE. Fue editor The Social Analysis of Class Structure, Tavistock, Londres, 1974; “Class Stratificaction in Socialist Societies”, British Journal of Sociology, diciembre 1969. A. Giddens, Sociología, 2ª edic., Alianza, Madrid, 1997, p, 257. Frank Parkin, Orden político y desigualdades de clase, Debate, Madrid, 1978, pp. 34-35. Ibidem., p. 37. Ibid., pp.37-38. Frank Parkin, Marxismo y teoría de clases. Una crítica burguesa, Espasa-Calpe, Madrid, 1984, p.10. Ibid., p.16. Ibid. p.17. Ibid., p.18. Ibidd., p.22. Ibid., pp.23-24. Ibid., p.25. Ibid., pp.26-27. Ibid., p.30. Ibid., p. 32-33. Vid. los capítulos 14 y 15 de este libro sobre Poulantzas y críticas a la teoría de la nueva pequeña burguesía. Vid. Paul Baran, The Political Economy of Growth, Calder, London, 1957, pp. 32-33 cit. por Parkin, op. cit., pp. 37-38. Vid. H. Braverman, Trabajo y capital monopolista, op. cit. p. 407 y G. Carchedi vid. capitulo de este libro sobre ese autor y Parkin, Ibid. pp. 39-41. Frank Parkin, Marxismo…op. cit, p. 43. Ibid. p.44. Ibid.,pp. 69-70. Ibid. p. 71. Ibid. pp.73-74. Durkheim, Professional Ethics and Civil Morals, Foutledge, Londres, 1957, p.142 cit. por Parkin Id., p.82. Gerth y Mills, (eds.), From Max Weber: Select Writing, 1948, pp.241-242. Parkin, Marxismo y…, op.cit., p. 89. George Orwell, 1984, p.215, Secker and Warburg, Londres, 1949. Parkin, Marxismo…, op.cit.,pp.109-110. B.C. Roberts, Affluence and Disruption, en W.A. Robson, (ed.), Man and the Social Sciences, Allen and Unwin, Londres, 1972, p.266, cit. por F.Parkin, Marxismo… ob. cit. p. 116. The Times,V 18 de abril de 1978, p.1, cit. por F. Parkin, Marxismo, op.cit., p.116. F.Parkin, op. cit., p.118. Ibid. p.120. Ibid. p.134. Ibid. p.129. Ibid. p.147. Ibid. P.158. Ibid. p.162. Ibid. p.163.
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20. Los estudios culturales y la clase social: E. P. Thompson, Stuart Hall y Terry Eagleton
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INTRODUCCIÓN La cultura ha suscitado siempre un elevado interés en las ciencias sociales. No se trata aquí de definirla sino exponer que siendo uno de los conceptos más empleados es uno de los peores definidos o en los que existe menor consenso. Kroeber y Kluckhohn han hecho un repertorio de definiciones de diversos autores que alcanza ciento sesenta definiciones diferentes de cultura. Las que han clasificado en siete categorías, siendo unas descriptivas, otras históricas, psicológicas, normativas, estructurales, genéticas o incompletas. A veces se la confunde con la de civilización y se le opone a la idea de barbarie. En cierto sentido se le entendía como un conjunto que constituye una especie de herencia social que es transmitida, con los consiguientes cambios y evoluciones, de una generación a otra. Es así como la entendía Edward B.Tylor en su obra Primitive Culture: “La palabra cultura…tomada en su sentido etnográfico más amplio designa ese todo complejo que comprende a la vez las ciencias, las creencias, las artes, la moral, las leyes, las costumbres y las otras facultades y hábitos adquiridos por el hombre en tanto que miembro de la sociedad”.
O como la definió, Albert Schweitzer, siguiendo esa estela centrada en los valores: “La cultura es la suma de todos los progresos del hombre y de la humanidad en todos los dominios y en todos los puntos de vista, en la medida en la cual estos contribuyen a la realización espiritual del individuo”. (¹)
Lo que nos interesa es subrayar que hay una concepción de la cultura entendida como la “alta cultura” que se refiere a las grandes obras u obras maestras de las diversas artes, la literatura, pintura, escultura, música. Y también una concepción de la misma como las maneras de pensar, sentir, vivir de un grupo social. Desde Las meninas de Velázquez, El jardín de las delicias de El Bosco o el Réquiem de Mozart, hasta los comportamientos y manifestaciones de sociabilidad que se dan en un campo de fútbol, de baloncesto o de béisbol, todo es cultura, pero hay que señalar una distinción entre la cultura referida a las grandes obras y a los autores consagrados y la “cultura de masas” o popular. Marcel Proust frente a John Grisham, La Callas frente a Madonna. Plácido Domingo o Pavaroti frente a Michael Jackson o Bruce Springten. En el Reino Unido se crearon lo que se denominó los cultural studies o estudios culturales como una forma de investigación de carácter interdisciplinar –que posteriormente se institucionalizaron en unos estudios universitarios–,que produjo un flujo de trabajos y teorías sobre el estatuto contemporáneo de la cultura. Se trataba de estudiar la formación social en todas sus manifestaciones culturales. Los antecedentes venían en ese país del siglo XIX, ya que en la Inglaterra industrial se suscitó un debate sobre la cultura, entendida como un instrumento para reorganizar una sociedad que sufría el trauma producido por la introducción del maquinismo, y para buscar un medio de integrar o, si se quiere, de “civilizar”, a los grupos sociales emergentes e ir forjando una conciencia nacional. Lo que señala Eric J. Hobsbawn, sobre el desarrollo de la conciencia nacional es
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muy interesante a este respecto. En breve dice lo siguiente: a) que la conciencia nacional se desarrolla desigualmente entre los agrupamientos sociales, siendo las masas populares, los trabajadores, los sirvientes, los campesinos, los últimos en verse afectado por ella. En la Europa decimonónica en la cual fue creada la idea de conciencia nacional, la misma era entendida en su vertiente cultural, literaria y folclórica, luego, surgen militantes de la idea nacional y hay campañas políticas para difundirla y que se acepte esas idea. Y una última fase, es cuando el programa nacional o nacionalista adquiere el apoyo de las masas que se identifica con esa idea o conciencia nacional. (²) Será después del fin de la Segunda Guerra Mundial que van a aparecer los estudios culturales como una especie de paradigma. “Se trata de considerar la cultura en sentido amplio, antropológico, de pasar de una reflexión centrada en el vínculo cultura-nación a un enfoque de la cultura de los grupos sociales”. El quid de la cuestión era comprender cómo la cultura de un grupo, y sobre todo, de las clases populares, funciona como rechazo del orden social o, a la inversa, como forma de adhesión a las relaciones de poder.(³) Los estudios culturales se iniciaron como un núcleo marginal de investigación, algo que no formaba parte de la academia, aunque en los márgenes de la institución se acogía a este grupo de raros, lo que hoy llamaríamos “frikis” que estaban interesados en investigar sobre asuntos que en la sociología, las ciencias políticas, la economía, y no digamos las “humanidades”, no constituían objetos de interés científico. Los que iniciaron los estudios culturales procedían de formaciones universitarias diferentes, graduados de Letras, de estudios ingleses, de literatura, de filosofía, e incluso algunos sin tener una titulación universitaria. No obstante, partiendo de estos inicios muy modestos a mediados de los años de 1950 e inicios de los 1960 los estudios culturales fueron despegando y ganando interés por parte de los medios de comunicación hasta que las mismas instituciones académicas lo establecieron como parte de sus programas regulares de estudios. A ello contribuyó que en los años 60 se dio un crecimiento económico que hacía necesaria la formación de personal con estudios superiores para los nuevos puestos del creciente sector servicios y de la ampliación del reclutamiento en la administración pública en pleno auge del Estado del Bienestar y de las políticas sociales. Las élites políticas decidieron que no era conveniente abrir, democratizar o popularizar las tradicionales universidades que formaban a esa élite del poder político, económico y cultural, simbolizadas en Oxford y Cambridge (los oxbridges), y crearon una serie de nuevas universidades denominadas, un poco despectivamente, de “ladrillos rojos”, para acoger a esa masa de estudiantes de clase media y de orígenes de clase trabajadora. Esto les dio a los pioneros de los estudios culturales la oportunidad de ser reclutados para dirigir centros o establecer programas de esa área. A finales de los años 80 y 90 se produjo otra entrada masiva de estudiantes, muchos de los cuales, se sintieron atraídos por esa clase de estudios, que ya tenía ganada una cierta fama en el Reino Unido e incluso fuera, no en los países continentales europeos, donde esa modalidad de estudio no ha tenido ningún interés por parte de las universidades, sino en el mundo anglosajón, especialmente en Australia, Nueva Zelanda, los EE.UU. y el Canadá de habla inglesa. Posteriormente se expandió a algunos países de América Latina bajo la influencia cultural norteamericana.
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En esos años a que nos referimos, las investigaciones y trabajos de los estudios culturales se extienden de los factores culturales a las cuestiones de género, etnicidad, multiculturalismo, inmigración y a todas las prácticas del consumismo. También con el reconocimiento académico, el triunfo social, y la moda de ese tipo de estudios culturales, se produjo un giro, desde la influencia de las ideas marxistas como inspiración teórica –por muy alejadas que siempre estuviera del llamado “marxismo-leninismo”–, junto a Freud, Sartre y otros. El marxismo fue perdiendo su influencia en los medios académicos británicos, ya no era una teoría prestigiosa y con “caché” y, surgieron otras ideologías y teorías con más atractivo intelectual sobre la revalorización o negación simplemente del sujeto, la sociedad riesgo, la crítica de la historia o del historicismo, el ascenso de los valores y actitudes neoliberales, la aceleración de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y de la circulación mundial de los bienes culturales. Los estudios culturales se vuelcan en otros centros de interés y entre ellos está el cuestionamiento el papel central o relevante de la clase social como factor explicativo y, se buscan fuentes más pertinentes para explicar lo que está ocurriendo: Las cuestiones de edad, el género, las identidades étnicas, la raza, el consumo, la moda, las series de TV, las telenovelas, las identidades sexuales, los museos, el mundo del ocio, la música, el turismo, etc. Todos esos problemas, todos los desafíos de la sociedad actual, se suponen que pueden ser mejor entendidos si se los analiza a través del prisma de lo cultural. Como muy bien se ha señalado, el peligro consiste “en que se olvide que nuestras sociedades se rigen no sólo por los flujos culturales, sino mediante relaciones económicas y políticas, algo que no se puede reducir a series televisadas de éxito ni al impacto de los reality shows”. (4) LOS PIONEROS DE LOS ESTUDIOS CULTURALES BRITÁNICOS: HOGGART Y WILLIAMS A pesar de que para la nueva orientación que prevalece en los estudios culturales, Richard Hoggart y Raymond Williams no son el referente principal para orientar sus trabajos, no se puede tratar de los estudios culturales sin referirse a ellos, quienes, junto a E.P. Thompson y Stuart Hall, fueron los “padres fundadores” de esa disciplina heteróclita. Como a Thompson y a Hall le dedicamos un espacio más abajo para tratar sus concepciones sobre la temática de las clases sociales, a continuación vamos a referirnos al trabajo intelectual de los dos primeros. Richard Hoggart (1918-2014) publicó en 1958 un libro que se considera la base de los estudios culturales, The Uses of Literacy. (5) En ese libro investiga como la cultura difundida por los medios de comunicación influye sobre la clase obrera. La idea de Hoggart es que hay una tendencia a considerar, sobre la base de la concepción de la aguja hipodérmica, (6) que los mensajes que se les envía a los miembros de esta clase social son aceptados de manera acrítica, cuando en realidad lo que él ha podido comprobar es que esos productos de la industria cultural y los mensajes que trasmiten suelen ser neutralizados por las ideas, fuerzas y costumbres, a veces muy arraigadas, muy antiguas, que vienen de sus vivencias de clase en la familia y en el barrio. De manera que los trabajadores no cambian ni tanto ni tan de prisa sus actitudes, como se pretende o se piensa, sin tomarse el trabajo de investigar si esto ocurre realmente o no. En Hoggart hay una cierta concepción de que las clases populares
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mantienen una cierta idea de resistencia ante la industria de la cultura. “Las viejas formas de la cultura de clase están en peligro de ser reemplazadas”, advierte, “por un tipo de cultura empobrecedora y aclasista”. (7) Hoggart entró al mundo universitario después de dedicarse a la formación de adultos y a los cursos extramuros. Nunca fue marxista sino que mantuvo una posición liberal y humanista. Fue llamado para crear un espacio de investigación y estudio en la Universidad de Birminghan del que fue director hasta 1970 y que denominó Centre for Contemporary Cultural Studies. De Birminghan fue a París a desempeñar el puesto de asesor del director general de la UNESCO. Se ha mantenido alejado de la posterior evolución que han seguido los estudios culturales. Murió el 10 de abril 2014 a la edad de 95 años, pero es bueno recordar algunas de sus reflexiones en materia de las clases sociales: “Las distinciones de clase no mueren, ellas siempre buscan nuevas maneras de expresarse… Cada década se declara que las clases han muerto, pero, cada década el ataúd permanece vacío”. (8)
Raymond Williams (1921-1988) publicó en 1963 su influyente libro Culture and Society(9), una genealogía del concepto de cultura en la sociedad desde los románticos hasta George Orwell. Fundamenta la historia de las ideas sobre una historia del trabajo social de producción ideológica. Para Williams la historia se construye a partir de las diferentes luchas sociales y de la interacción entre cultura y economía, jugando en ella un papel importante la idea de resistencia a un orden impuesto por el sistema capitalista. Tanto este autor como Thompson, aunque marxistas, rechazan la teoría de Lenin del reflejo, por la cual, la cultura sería un simple reflejo de la base económica de la sociedad, ya que para ellos eso constituía una simplificación, un reduccionismo inaceptable. En otro libro, The Long Revolution,(¹0) hace un trayecto desde la emergencia histórica de la modernidad a través de los procesos interrelacionados de la revolución democrática, la revolución industrial y la revolución cultural que significa el incremento de la democratización de las comunicaciones. Sostiene que hay que mantener la esperanza en una “revolución larga” –que se puede entender como un proceso que se produce durante un amplio período de tiempo–, llevada a cabo por las instituciones y organizaciones que representan el movimiento de los trabajadores. La reacción de los conservadores a la democratización cultural, que se presenta tradicionalmente como una oposición entre la ”cultura minoritaria” y la “civilización de masas”, le parece una falsa solución frente a problemas mucho más reales, lo que conduce, eventualmente, a una complicidad con el filisteìsmo que se pretende criticar. Señala Williams que de hecho no hay masas sino simplemente maneras de ver a las gentes como masas. El foco teórico de Williams recae sobre la compleja articulación de tradición cultural e identidad de clase subordinada, articulación que es teorizada a través de los conceptos de “tradición selectiva” y “estructura de sentimientos”. Este proceso de selección está relacionado, cuando no gobernado, por los intereses de la clase que es la dominante en una sociedad y período dado. Para perfilar la cuestión de que la cultura no es una simple superestructura reflejo de la base económica, y todo el determinismo y reduccionismo que ello ha conllevado, Williams encuentra en el concepto de hegemonía de Gramsci un gran recurso conceptual y analítico.
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En Marxism and Literature (¹¹), libro producido cuando ya había sido reclutado por una de las grandes universidades de referencia del Reino Unido, Cambridge, considera el autor que el concepto de hegemonía es importante porque comprende pero supera los conceptos de cultura y de ideología, entendidos, respectivamente, como un proceso social total en que los hombres definen y configuran sus vidas. Y el de ideología, como un sistema de significados y valores que constituye la expresión de un interés de clase. La hegemonía no es solamente el nivel superior articulado de la ideología, ni tampoco sus formas de control consideradas habitualmente como manipulación o adoctrinamiento. La hegemonía constituye todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida, es decir, nuestros sentidos, las percepciones que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. La hegemonía es un sistema de significados y valores que son experimentados como prácticas por las gentes en sus vidas. Es decir, que es una cultura, pero una cultura que debe ser considerada asimismo como la dominación vivida y como la subordinación de clases particulares. El énfasis que pone Gramsci en que hay que crear una hegemonía alternativa por medio de la puesta en práctica de diferentes formas de lucha, incluso de aquellas que no se reducen a la política y a la economía, conduce dentro de una sociedad desarrollada, a un sentido de la actividad revolucionaria mucho más profundo y activo que en el caso de los esquemas abstractos derivados de situaciones históricas muy diferentes. Las fuentes de cualquier hegemonía alternativa son verdaderamente difíciles de definir, aunque para Gramsci surgen de la clase obrera, pero no de esta clase considerada como una construcción ideal o abstracta. Lo que él observa más precisamente es un pueblo trabajador que, precisamente, debe convertirse en una clase, y en una clase potencialmente hegemónica, contra las presiones y los límites que impone una hegemonía poderosa y existente. La hegemonía –continúa señalando Williams–, es un proceso, no es un sistema ni una estructura, es un complejo de experiencias, actividades y relaciones con sus limitaciones y obstáculos cambiantes. La hegemonía se renueva sin cesar y a la vez encuentra desafíos que la afrontan. De manera que hay que añadir a la hegemonía los conceptos de contra hegemonía y de hegemonía alternativa, como elementos reales que se dan en la práctica. La realidad de toda hegemonía, tanto en lo político como en lo cultural, es que nunca es dominante de manera total y exclusiva. Históricamente siempre ha habido formas alternativas u opuestas a lo hegemónico. La cultura dominante produce pero también pone límites y frenos a sus propias formas de contracultura. Se ha expuesto que tanto en Williams, en Thompson e incluso en Hoggart, hay una concepción de las clases como constituidas preeminentemente como conciencia de clase. Hoggart señalaba que la clase obrera se definía sobre todo por su sentido de pertenencia a un grupo propio, es decir, se sienten pertenecientes a la clase obrera tanto en las cosas que admiran como en las que les disgustan. Para Williams la distinción crucial entre clase media y clase obrera estriba en ideas alternativas sobre la naturaleza de las relaciones sociales. En estos autores hay una cierta reticencia a una noción objetiva de la clase, entendida en función del lugar que ocupa en la estructura ocupacional o en las relaciones sociales de producción. En ese sentido su marxismo es posleninista y obviamente se encuentra muy lejos del marxismo estructuralista de Althusser.(¹²)
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A continuación pasamos a exponer más ampliamente los desarrollos teóricos relativos a las clases sociales, de tres autores que se pueden considerar encuadrados dentro de eso que se denominan los estudios culturales: E.P. Thompson, Stuart Hall y Terry Eagleton. EDWARD P. THOMPSON, CLASE Y CONCIENCIA DE CLASE Edward P. Thompson (1924-1993), es sin ninguna duda una de las figuras relevantes de la historiografía y de los estudios culturales de Gran Bretaña y de Europa. Sobre este autor y su magna obra, La formación histórica de la clase obrera. Inglaterra: 1780-1832(¹³), ha escrito uno de los más relevantes historiadores españoles vivos, el catalán Josep Fontana, que era el libro de historia más importante que se haya publicado en muchos años. Superior al Mediterranée de François Braudel, que califica como un libro bellamente escrito, pero vacío de ideas. El libro de Thompson es un libro semejante al de Maurice Dobb (¹4), uno de esos libros que no se contentan con describir, sino que pretenden explicar. Además, es un libro escrito sin estar pensando en el mundo académico sino dirigido al hombre común, es decir, “al hombre sin adjetivos”. Continúa Fontana exponiendo las características ciertamente peculiares de Thompson, quien fue estudiante de Historia en Cambridge pero que no pudo acabar sus estudios allí, debido a que fueron interrumpidos por su participación en la Segunda Guerra Mundial en el frente italiano. Durante 17 años fue profesor “extra muros” –es decir de clases de extensión cultural– en la Universidad de Leeds. Y como nota curiosa se sabe que durante muchos años investigó gracias a que su esposa, profesora en la Universidad de Birmingham, asumió la mayor parte de los gastos de mantenimiento de la pareja. El éxito del libro de Thompson, insólito para un libro de Historia centrado en la clase obrera, hizo posible que fuera reclutado para dirigir el centro para el Estudio de la Historia Social de la Universidad de Warwick, aunque posteriormente abandonó la enseñanza para dedicarse a investigar y escribir a tiempo completo. Otro aspecto de interés de su biografía es que Thompson fue miembros del Partido Comunista británico desde los 18 años hasta que lo abandonó en 1956 por los acontecimientos de Hungría, pero continuó colaborando en publicaciones de izquierda, razonando sobre los acontecimientos desde una perspectiva de socialismo democrático y revolucionario. Thompson tuvo una famosa polémica con un conocido filósofo polaco refugiado en el Reino Unido, en Carta abierta a Leszek Kolakowski,(¹5) expone que para él hay cuatro formas diferentes de ver el marxismo: 1. El marxismo ortodoxo con un conjunto de textos escritos que forman una doctrina consistente y aprobada como lo correcto por una autoridad central que los legitima e interpreta. 2. Un marxismo más flexible que se presenta sólo como un método y que conduce a) a unos planteamientos muy vagos, o, b) deriva hacia el marxismo ortodoxo, al obligar a definir sobre los textos lo que es fundamental en el marxismo de Marx. 3. El marxismo que acepta las obras de Marx como un legado que se puede combinar con otros legados y que para Thompson lleva a un eclecticismo sin sentido. 4. El marxismo entendido como “tradición”, en el sentido que se emplea para
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esta palabra en los estudios sobre literatura. Dice Thompson que prefiere la palabra tradición a la de escuela debido a que la primera le evoca una pluralidad de voces en conflicto que argumentan sobre la base de una tradición común, y que ese sentido de pluralidad no lo puede percibir dentro del concepto de una escuela. Como es notorio este último es al marxismo al que se adscribe Thompson y que enriquece con sus investigaciones. Como dice Fontana con certeza y claridad: “Una concepción que toma los elementos centrales del análisis de Marx y pretende usarlos como un arma en la lucha contra el capitalismo y a favor del establecimiento de una sociedad nueva, pero que no es esclava de cada una de las afirmaciones concretas de Marx y Engels y que evita, sobre todo, el peligro de fosilizar las palabras hasta el punto de convertir las simples metáforas en reglas metodológicas empleadas de manera dogmática”.(¹6)
Thompson discrepaba profundamente de la corriente althusseriana del marxismo, que se puso en boga en los años 70 del siglo pasado, y para exponer esa discrepancia escribió su libro The Poverty of Theory and Other Essays. (¹7) En el mismo lleva a cabo una crítica muy detallada y con efectos devastadores sobre el trabajo teórico de Althusser pero también de las formas del estructuralismo marxista relacionadas con él. Para Thompson se trataba de desmontar “esa versión adulterada del marxismo”para proponer una versión distinta.(¹8) Lo que propone es que la demostración en historia debe consistir en un diálogo entre “concepto y dato empírico” y sostiene que Marx estuvo centrado en hacer la crítica de la economía política del capitalismo “sin poder completar el proyecto más ambicioso de construir el materialismo histórico, cuyo objetivo no era dar cuenta del funcionamiento de una economía, sino de una sociedad entera, que contiene, además de las económicas, muchas otras actividades y relaciones”. (¹9) Antes de entrar en la exposición de sus formulaciones sobre la clase y la conciencia de clase, quisiera concluir con lo que afirmó Hobsbawm sobre los trabajos y la personalidad que fue E.P. Thompson: “tenía la capacidad de producir algo que era cualitativamente distinto de lo que escribíamos los demás y que es imposible medir en la misma escala. Llamémosle simplemente genio”. (²0) LA FORMACIÓN DE LA CLASE Y LA CONCIENCIA DE CLASE Sostiene Thompson que él se refiere a la “formación de la clase obrera”, porque este es un proceso activo que debe tanto a lo que denomina “los elementos actuantes como a los condicionantes”, ya que ésta clase no surgió de repente, como el sol, a una hora determinada, estuvo presente en su misma formación. Diríamos que no fue un producto de una especie de fiat lux, de un demiurgo, externo a esa clase, sino de un proceso histórico construido por los mismos protagonistas, eso en primer lugar. Por otra parte, señala que él utiliza el término o concepto de clase, en singular, no en plural, clases. ¿Por qué? Debido a que: “clases trabajadoras es una expresión descriptiva que define tantas cosas como las que elude, y agrupa confusamente un considerable puñado de fenómenos muy diferentes…por ejemplo, los sastres y los tejedores, agrupados en la citada expresión. Juntos constituyeron, sin duda, elementos integrantes de esas clases trabajadoras”.(²¹)
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Por clase entiende “un fenómeno histórico unificador de un cierto número de acontecimientos dispares y aparentemente desconectados, tanto por las respectivas condiciones materiales de existencia y experiencia como por su conciencia”. “La clase es definida por los hombres al vivir su propia historia, y, al final, es la única definición”. Insiste que dentro de su concepción este es un fenómeno histórico, no un mero concepto, ni tampoco una categoría, sino que lo ve “como algo que acontece de hecho (y puede demostrarse que, en efecto, ha acontecido) en las relaciones humanas”.(²²) Por tanto, tenemos una concepción de la clase social como relaciones históricas. Es muy importante recordar que escribió este texto en 1963, es decir, antes del auge de la moda del “estructuralismo marxista althusseriano” –recordemos, antihistoricista y antihumanista– y, por ende, sin ninguna intención de polemizar con ese autor que era, en ese momento, muy conocido, sin duda, entre sus alumnos y colegas de la École Normal Superieur (ENS) pero no mucho más allá. Esa noción de clase como relación histórica es “como un fluir que no se dejaría coger por el análisis si intentásemos inmovilizarlo en un determinado momento y anatomizar su estructura”. Poéticamente dice que es imposible, por más que se afine el análisis sociológico, que se nos pueda dar “una muestra pura de la clase, como tampoco puede dárnosla de la sumisión o del amor. La relación tiene que encarnarse en hombres reales y en un contexto real”. (²³) ¿Cuándo aparece la clase? Responde Thompson: “La clase aparece cuando algunos hombres, como resultado de experiencias comunes (heredadas o compartidas) sienten y articulan la identidad de sus intereses entre ellos y contra otros hombres cuyos intereses son diferentes (y corrientemente opuestos) a los suyos”. Para ello hay que tener unas experiencias de clase que vienen dadas por las relaciones productivas en el contexto de las cuales “han nacido o entran voluntariamente los hombres”. (²4) A lo que agregaría que esa voluntariedad es muy relativa ya que a veces no hay opción a entrar en esas relaciones de producción al no existir oportunidad vital para escoger. Respecto a la conciencia de clase “es la manera como se traducen estas experiencias a términos culturales, encarnándose en tradiciones, sistemas de valores, ideas y formas institucionales. A diferencia de la experiencia, la conciencia de clase no aparece como algo determinado (por las relaciones productivas, CJBE). Podemos ver, en efecto, una cierta lógica en las respuestas de grupos de similar ocupación que sufren experiencias similares, pero no podemos predecir ninguna ley sobre el particular. La conciencia de clase surge del mismo modo en diferentes momentos y lugares, pero jamás de la misma manera exactamente”. (²5) Este autor rechaza a quienes al estudiar las clases la ven “como una cosa”, y expone que en sus obras históricas Marx jamás las vio desde ese punto de vista, aunque otros marxistas sí lo han hecho. Tampoco está conforme con quienes las estudian sobre todo en base a la estructura ocupacional y de ahí suponen que deben tener una determinada percepción de la vida social y de sus intereses propios y específicos. Y cuando no se produce esa relación de su posición en la estructura de puestos de trabajo y conciencia, proponen que se le debe mostrar o introducir desde fuera, ya que ellos no son capaces de generarlas por sí mismos. Dejémosle la palabra al autor sobre estos asuntos: “Se supone que la clase trabajadora tiene una existencia real susceptible de ser definida casi matemáticamente: cuantos hombres están en una determinada relación respecto de los
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medios de producción. Si se acepta esta afirmación, es posible entonces deducir la conciencia de clase que ésta debería tener (pero que rara vez tiene) si la clase en cuestión tuviese una apropiada conciencia de su posición particular y de sus intereses reales”. (²6)
Estas distorsiones o retrasos en adquirir esa conciencia producen malestar, que lleva a algunos –como ya se ha dicho– a apelar a teorías de sustitución: “un partido, una secta o incluso un teórico, que revelan la conciencia de clase, no como es en realidad, sino como debería ser”. Algo semejante se da entre los que son partidarios de que no existe una clase y por ende tampoco una conciencia de clase, y que lo importante es la integración al orden social, al orden normativo existente, o sea, como escribe Thompson, “se pasa a suponer que toda noción de clase es una construcción teórica peyorativa en contra de toda evidencia. Se niega que la clase exista en absoluto”. Pero aún admitiendo que las clases existan éstas son enfocadas con una visión estática: “La clase obrera existe y puede ser definida incluso con una cierta precisión en tanto que elemento componente de la estructura social. La conciencia de clase, no obstante, es un engendro, inventado por intelectuales…puesto que todo aquello que estorba la armoniosa coexistencia de grupos que realizan o cumplen diferentes roles sociales…merece ser desaprobado como un “injustificado síntoma de desorden”… (como expone N.J.Smelser). El problema consiste en saber como acondicionarla para que acepte de buena gana su rol social y cómo “manejar y canalizar” de la mejor manera sus agravios”. (²7)
Thompson considera que estas maneras de enfocar las clases son evidentemente erróneas, si, como es su caso, se considera a las clases no como cosas, sino como “un sistema de relaciones”. Y añade, refiriéndose a la conciencia de clase: “La clase no existe para tener un interés ideal o conciencia, o para que le reajusten sus miembros y músculos en una mesa de operaciones, tampoco podemos producir, inventar problemas a costa suya” (como ha hecho Dahrendorf en su libro sobre las clases), “con ausencia total de un examen de una sola situación real de clase dentro de un contexto histórico real”. (²8) Reivindica Thompson frente a estos enfoques otro diferente, histórico, que es el que nos permite, observando su accionar dentro de un determinado período, ver “ciertos patrones en sus relaciones, ideas e instituciones”. Y concluye: “una clase se define por los propios hombres según y cómo vivan su propia historia, y, en última instancia, ésta es su única definición posible…no podremos entender este fenómeno si no lo vemos como una formación social y cultural, como algo que surge de unos procesos que sólo pueden ser estudiados en pleno funcionamiento y a lo largo de un dilatado período histórico”. (²9) SOBRE LA CLASE, REVISIONES Y CRÍTICAS La obra de Thompson sobre la formación de la clase obrera, fue muy alabada, pero, afirma Perry Anderson, ha habido muy poca discusión histórica sobre la misma. Una revaloración de ésta obra debe tener en cuenta, los datos empíricos que desde la publicación del libro han salido a la luz y que podrían llevar a correcciones. El resume las tesis, principios o estructura lógica del libro La formación histórica de la clase obrera, en tres principios:
LOS ESTUDIOS CULTURALES Y LA CLASE SOCIAL: E. P. THOMPSON, STUART HALL Y TeRRY EAGLETON
1.
El principio de codeterminación, es decir, la tesis de que la clase obrera se hizo a sí misma en la misma medida en que fue hecha, “en una paridad causal de “acción y condicionamiento”.
2.
El criterio de conciencia como piedra angular de la noción de clase.
3.
La inferencia de conclusión, es decir, “la afirmación de que la identidad de la clase obrera inglesa ya había sido completada a comienzos de la década de 1830”, por lo cual más que en proceso de formación, parece que estuviera “formada”.
Sobre el primer punto señala Anderson que Thompson no ha demostrado fehacientemente su afirmación con datos y considera que eso lleva a que no haya ni siquiera un dato tan básico “como el de la envergadura aproximada de la clase obrera inglesa, o su proporción respecto al resto de la población”. También es un fallo que no esté presente el proceso de industrialización en un “estudio materialista de la clase obrera”. A lo que hay que añadir que no se tenga en cuenta el papel desempeñado por las revoluciones americana y francesa –sobre todo la francesa–, en la formación política de la clase obrera inglesa. Tampoco tiene en cuenta la movilización nacionalista llevada a cabo por la clase dominante británica durante la lucha por la supremacía con Francia, que produjo como “principal arma de su arsenal ideológico” un nacionalismo contrarrevolucionario. De lo cual se concluye, sobre este primer punto, que la paridad entre acción y condicionamiento es un postulado que nunca es “comprobado mediante el oportuno espectro de datos empíricos de ambas caras del proceso”. (³0) El segundo principio de Thompson es que la conciencia es la piedra angular de la noción de clase. En una obra publicada 15 años después The Poverty of Theory and Other Essays (1978), se reafirma en lo expuesto en La formación histórica de la clase obrera (1963): “según un punto de vista (compartido por la mayoría de historiadores marxistas) las clases surgen porque los hombres y las mujeres, bajo determinadas relaciones de producción, identifican sus intereses antagónicos y son llevados a luchar, a pensar y a valorar en términos clasistas. De modo que el proceso de formación de clase consiste en un hacerse a sí mismo, si bien bajo condiciones que vienen “dadas”. (³¹)
Lo que ocurre es que en la historia nos encontramos con clases cuyos miembros no lograron identificar sus “intereses antagónicos”, y esto puede que haya sido la regla más que la excepción, pero no por ello dejaron de formar clases. Y señala Anderson que el error de Thompson reside en que generaliza, universaliza la experiencia inglesa: “la notable conciencia de clase característica de la primera clase obrera industrial de la historia del mundo es proyectada universalmente sobre otras clases. El resultado es una definición de clase demasiado subjetivista y voluntarista”. (³²) Ahora bien, Thompson ha matizado su posición original, al menos parcialmente, admitiendo en un trabajo posterior que aunque sostiene las mismas conclusiones sobre la clase debe reformularlas. Por su interés vamos a tratar de sintetizar su posición más reciente en esta larga cita textual:
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“Clase, según mi uso del término, es una categoría histórica, es decir, está derivada de la observación del proceso social a lo largo del tiempo. Sabemos que hay clases porque las gentes se han comportado repetidamente de modo clasista, estos sucesos históricos descubren regularidades en las respuestas a situaciones similares, y en un momento dado (la formulación “madura” de la clase) observamos la creación de instituciones y de una cultura con notaciones de clase que admiten comparaciones transnacionales. Teorizamos sobre esta evidencia como teoría general sobre las clases y su formación, y esperamos encontrar ciertas regularidades, “etapas” de desarrollo, etcétera…el uso marxista apropiado y mayoritario de clase es el de categoría histórica…los historiadores pueden emplear el concepto en dos sentidos diferentes: a) referido a un contenido histórico real…empíricamente observable, b) como categoría heurística o analítica para organizar la evidencia histórica…clase….es inseparable de la noción de lucha de clases…se ha prestado una atención teórica excesiva…a clase y demasiada poca a lucha de clases”. (³³)
Respecto a la conciencia de clase presenta unas proposiciones a la luz de su estudio sobre el período inglés del siglo XVIII en el cual la conciencia de clase es menos visible: “Las clases, en su acontecer dentro de las sociedades industriales capitalistas del siglo XIX, y al dejar su huella en la categoría heurística de clase, no pueden de hecho reclamar universalidad. Las clases, en este sentido, no son más que casos especiales de las formaciones históricas que surgen de la lucha de clases…es posible observar, en Inglaterra, Francia o Alemania industriales, instituciones de clase, partidos de clase, culturas de clase, etc.”. Si antes del siglo XIX se utiliza por los historiadores el concepto de clase es porque: “no disponemos de otra categoría alternativa para analizar un proceso histórico universal y manifiesto, la lucha de clases”. (³4)
Anderson considera que pese a esas matizaciones, Thompson mantiene su posición fundamental, ya que continúa sosteniendo la ecuación: clase = conciencia de clase, pero añadiendo una fase previa de lucha de clases. Thompson expone su argumentación con brillantez cuando escribe: “Las clases no existen como entidades separadas, que miran en derredor, encuentran a una clase enemiga y empiezan luego a luchar. Por el contrario, las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados (crucialmente, pero no exclusivamente, en relaciones de producción), experimentan la explotación (o la necesidad de mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de interés antagónico, comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase, y llegan a conocer este descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre las últimas, no las primeras, fases del proceso real histórico”. (³5)
Otro crítico de la concepción de la clase como conciencia de clase, es G.A. Cohen que reclama la certeza de la tesis de Marx de que “la clase de una persona no se establece más que por su lugar objetivo en la red de relaciones de propiedad...Su conciencia, su cultura y su opción política no entran en la definición de su posición de clase. Estas exclusiones son necesarias para proteger el carácter esencial de la tesis marxiana de que
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la posición de clase condiciona enormemente la conciencia, la cultura y la clase”. (³6) Así pues, lo que se critica a Thompson por estos autores es que su razonamiento va dirigido a una “separación de la clase de su anclaje objetivo en unas relaciones de producción determinadas y hacia su identificación con la conciencia subjetiva o con la cultura”.(³7) Pero ocurre que nos podemos encontrar con una situación en que no exista conciencia de clase pero exista un fenómeno de clase, la plebe del siglo XVIII, aunque no constituyera un “bloque social homogéneo sino una coalición inconstante, compuesta de diferentes categorías de asalariados urbanos y rurales, pequeños productores, comerciantes y parados”, estas categorías pueden ser organizadas en un análisis de clase por sus posiciones en la estructura de los diferentes modos de producción de la sociedad de su tiempo, y esto puede ayudar a la comprensión de sus papeles. Además, afirma Anderson, que al hacer esto no se está cayendo en ningún economicismo y esto no excluye que se analice el proceso por el cual estas categorías se agruparon, sea porque lo hicieron manipulados o porque fue algo espontáneo. Y concluye señalando que lo mejor es tener en cuenta lo afirmado por Max de que: “las clases sociales pueden no llegar a ser conscientes de sí mismas, pueden no actuar o comportarse en común, y aún así, continúan siendo clases, material e históricamente”. (³8) El tercer elemento de crítica de la concepción de la clase de Thompson es el referido a que la clase obrera había completado su identidad o formación de clase en fecha tan temprana como la de 1830, cuando en 1790 era inexistente. Expone Thompson refiriéndose a los años 1831-1835: “por entonces la clase obrera ya había superado las fases de formación y, en cierto modo, estaba ya hecha. Pasar de 1832 a 1833 no es cualquier cosa, es cruzar un umbral, entrar en un mundo en el que ya se puede sentir la presencia de la clase obrera en todos los condados de Inglaterra y en la mayoría de los aspectos de la vida”. (³9) El argumento de Thompson es que en esas fechas había adquirido una conciencia de su unidad, una identidad de intereses. Con el general unionism de 1830-34 emergió a escala nacional mostrando su iniciativa e independencia, y se formó a nivel político con la crisis parlamentaria de 1831-1832. Explica nuestro autor que: “La nueva conciencia de clase del pueblo trabajador puede contemplarse desde dos perspectivas. Por una parte, existía conciencia de la identidad de intereses entre trabajadores de las más diversas ocupaciones y niveles de salario, educación y confort, identidad recogida en muchas formas institucionales y expresadas de manera absolutamente nueva en el unionismo general de 1830-1834. Esta conciencia y estas instituciones se podían encontrar, aunque de forma fragmentaria, en la Inglaterra de 1780…Por otra parte, había una conciencia de la identidad de los intereses de la clase obrera o de las clases productivas en contra de los intereses de otras clases; además, dentro de este meollo consciente, maduraba ya la reivindicación de un sistema alternativo. Pero la definición final de esta conciencia de clase, fue en gran parte, consecuencia de la respuesta de la clase media a la fuerza de la clase obrera. La línea quedó trazada…al formular en 1832 las cualificaciones para el ejercicio de derechos políticos”. (40)
En Inglaterra, a diferencia de otros países europeos, no fue una clase media reformista la que encabezó el movimiento social a favor de las reformas políticas por una
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ampliación del sufragio, teniendo como apéndice a la clase obrera, sino que fue ésta última la que encabezó el movimiento. Según Thompson la Revolución francesa había producido tres procesos simultáneos en Inglaterra. La aristocracia agraria con gran pánico mantenía una actitud contrarrevolucionaria abierta, una parte de la burguesía industrial se había acomodado con los primeros a cambio de ciertos beneficios por parte del statu quo, y hubo una radicalización del movimiento popular. La consecuencia fueron que desde 1795 hasta 1825 fueron años de contrarrevolución, que no obstante no pudo borrar con el radicalismo de carácter obrero, “con una teoría de populismo democrático avanzado”, que no era bien visto , naturalmente por los burgueses propietarios de fábricas y los patronos en general. Desde esas fechas radica, según Thompson, “esa ideología singularmente represiva y anti igualitaria de las clases medias inglesas”, que conducían a rechazar las medidas para corregir las “más evidentes irracionalidades” del viejo sistema. Por ello las sucesivas crisis desde comienzos de 1831 hasta la aprobación de las reformas en 1832, tuvo como agente propulsor al pueblo trabajador y no a las élites políticas y económicas –como era natural que ocurriese–, y fue así que se fue extendiendo una aceptación de las reformas como algo necesario incluso por sectores de la clase media. (4¹) Los reformistas de clase media comenzaron a maniobrar hábilmente apoyando las movilizaciones y concentraciones realizadas fundamentalmente por miembros de “las clases bajas” y “peligrosas”, a la vez que se convertían en los intermediadores con el poder político. Estos, poco a poco, llegaron a darse cuenta que debían hacer algunas reformas, que ese era el mal menor, pues de lo contrario esos dirigentes reformistas de clase media perderían toda capacidad de control sobre la agitación popular. Al final se aprobó la reforma que daba derecho al voto a los cabezas de familia que tuvieran unos ingresos determinados, lo que dejaba al conjunto de la clase obrera y trabajadora sin poder ejercer ese derecho. Thompson cita un escrito del periódico Poor Man’s Guardian, de 27 de octubre de 1832, que recoge el estado de opinión en los sectores populares ilustrados: “Los promotores del Bill de reforma lo proyectaron, no con vistas a subvertir y ni tan siquiera a remodelar nuestras instituciones aristocráticas, sino para consolidarlas mediante el reforzamiento de esta subaristocracia que son las clases medias…La única diferencia entre los whigs y los tories es la siguiente: los whigs concederían lo accidental para conservar lo substancial; los tories no concederían ni lo accidental, porque saben, tontos ellos, que los millones de ciudadanos no se detendrían en lo accidental, sino que irían antes o después hasta las realidades de fondo”. (4²)
El momento en que incluso una revolución hubiese podido darse en Inglaterra pasó, no pudo producirse, entre otros elementos importantes, debido, afirma Thompson: “a la habilidad de los radicales de clase media que supieron ofrecer exactamente el compromiso susceptible, no de debilitar, sino de fortalecer el Estado y los derechos de propiedad contra la amenaza de la clase trabajadora”. (4³) Esa amenaza les hizo llegar a un acuerdo “entre los intereses agrarios y los industriales, entre los privilegiados y el dinero, pacto de larga, muy larga vida en la configuración de la sociedad inglesa”. (44) Remitiéndose a lo que Shelley había previsto en 1822, dice Thompson, que fue “un conflicto entre “sangre y oro”; en su resultado, la sangre pactó con el oro a fin de dejar
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fuera la reivindicación de Egalitè. El período comprendido entre la revolución francesa y el Bill de reforma había contemplado la formación de una “conciencia de clase”…de clase media, más conservadora, más cautelosa respecto de las grandes causas idealistas (excepto, quizá, las causas de otras naciones), más estrictamente interesada en sus particulares asuntos…”. (45) Si luego hubo radicales de clase media que rebasan su estrecho punto de vista de clase estos fueron individualidades desafectas: “Nunca representaron en ningún sentido la ideología de la clase media”. (46) Como contrapartida, dentro de la clase trabajadora surgió un intelectual de origen irlandés que llegó a ser director del ya mencionado periódico Poor Man’s Guardian que se distinguió por su radicalismo (“siento como si cada gota de sangre que corre por mis venas fuese sangre radical”), su claridad en el análisis de la situación desde el punto de vista de la clase trabajadora, y su conocimiento de su propia clase de origen y pertenencia, la clase media. Sobre el Bill de reformas y sus consecuencias escribió: “Nosotros ya preveíamos que su resultado sería separar de las clases trabajadoras una gran porción de los rangos medios, que entonces eran más proclives a actuar con el pueblo que con la aristocracia que los excluía”. Y en otro escrito suyo afirma: “Antes de la aprobación del Bill de reforma se suponía que los estamentos medios tenían algunos sentimientos comunes con los trabajadores asalarariados. Esta ilusión se evaporó…Ningún trabajador esperará jamás justicia, comprensión o merced de manos de una legislatura de traficantes y especuladores”. Sobre los hábitos de la clase media: “Las ocupaciones y los hábitos (de las clases medias) son esencialmente humillantes. Su vida es por fuerza la intriga rastrera, la especulación y el engaño…estas dos clases nunca tuvieron ni tendrán intereses comunes de ninguna clase…Sus respectivos intereses, pues, son directamente contrapuestos como dos toros que se embisten”. Y sobre los objetivos de la clase trabajadora señaló: “Necesitamos…una revolución de revoluciones”, como la que Robespierre y Saint Just proyectaban en Francia a comienzos de 1794, es decir, una completa subversión de las instituciones mediante las cuales se distribuye la riqueza… Sin un cambio en las instituciones de la propiedad, no se conseguirá ninguna mejora”. Como afirma Thompson, O`Brien esperaba que esta revolución se lograse sin violencia como consecuencia del sufragio masculino en general, sin limitaciones censitarias en razón de los ingresos, ya que si “las desigualdades existentes han nacido de las leyes de la minoría; las leyes de la mayoría las destruirán”. (47)
Lo expuesto hasta aquí puede ser útil para tener una idea lo más aproximada de las concepciones de Thompson sobre la formación de la clase obrera inglesa que en 1832 estaría ya formada como clase con una conciencia de sus intereses opuestos a los de otras clases, para este autor el elemento de la conciencia es clave. Anderson en su crítica a las ideas de Thompson –manteniendo siempre un gran respeto por el gran historiador que es– explica que el desarrollo de la clase obrera inglesa está dividido en dos grandes períodos, que considera que no tienen mucha conexión entre sí. La fase primera abarca casi medio siglo y va desde la Revolución francesa hasta el auge del cartismo en la década de 1840 y se caracteriza por ser un período de revueltas de esta clase. Posteriormente a esa fecha se convirtió en una clase dócil, que se alienaba
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con toda clase de reformismos moderados. “Con el virtual fin del cartismo allá por el año 1850, la incapacidad de la nueva clase obrera de penetrar en la vida nacional y remodelarla la hizo encerrarse en el “laborismo”, la autoabsorciòn y la apatía política, de los que nunca se ha recuperado”. (48) Anderson considera que en 1832 la clase obrera no estaba formada en el sentido sociológico ya que estaba lejos de ser una fuerza de trabajo industrial, fue más tarde en una evolución que no fue tan rápida, del taller a la fábrica, como se produjo una recomposición de esta clase obrera, que fue evolucionando en todos los niveles al tiempo que se “generalizaba la figura del trabajador colectivo en el marco de un proceso de trabajo integrado”. (49) Aparte de estos fundamentales cambios en la organización de la producción, también se produjo un cambio al nivel político, ya que las influencias principales de la clase obrera, y sus portavoces fueron personas que no procedían de su seno. La clase obrera a la que Thompson se refiere era revolucionaria por temperamento pero no era socialista. Después, pasada la década de 1850, se convirtió, una parte de ella, al socialismo, pero no revolucionario sino reformista. De manera que, concluye Anderson, el proletariado inglés no estaba formado en 1832 y no es coherente pensar que una clase pueda estar formada en 1832, se deforme en 1840, y vuelva a reformarse en 1880. La explicación que da Thompson es que a medida que mejoraba su situación se tornaba reacia a tomar parte en acciones quijotescas que le podían hacer perder parte de lo obtenido: “esta fue la dirección que se tomó…bajo diferentes expresiones ideológicas, en todas las naciones capitalistas avanzadas se encontrará el mismo tipo de implicación en el status quo…hay que reconocer que una vez transcurrido un determinado momento crítico se pierde irremisiblemente la oportunidad para un determinado tipo de movimiento revolucionario, no tanto por “agotamiento” como porque las presiones más limitadas reformistas, de la base organizada originan claros retrocesos”. (50)
Para Anderson esto es una revisión de lo afirmado en La formación de la clase obrera. Si en esa obra Thompson defendía la creatividad y autonomía del radicalismo inglés frente a los empeñados en reducir a la clase obrera a un objeto pasivo de la industrialización, en “Las peculiaridades del Inglés”, defiende los antecedentes del laborismo de izquierda, apelando al peso de las circunstancias que reducen la capacidad de acción de los sujetos: “Miremos a la historia como historia: hombres encuadrados en contextos reales que no han elegido y enfrentados a fuerzas inevitables…y sólo una pequeña oportunidad de insertar su propia acción en el proceso”. (5¹) Además en ese texto también señala una especie de evolución de la clase obrera que en sus años iniciales se decantaría por adhesión y participación en movimientos revolucionarios y posteriormente, una vez pasado ese momento crítico revolucionario, inicia una fase reformista. Anderson resalta que esta postura es criticable ya que no se puede, primero, adaptar el papel de la acción en la historia a los propósitos ad hoc que uno quiere resaltar, y segundo, que la concepción de Thompson de la evolución de la clase obrera tiene mucha semejanza con lo que afirman los sociólogos “convencionales”, de que la clase obrera es rebelde en su juventud porque no acepta el cambio que implica la
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industrialización, se adapta a regañadientes al orden capitalista en su edad madura, y para la edad de jubilación se reconcilia con el orden industrial capitalista y su nivel de consumo, antes de desaparecer en una sociedad posindustrial, en una sociedad del riesgo. La diferencia fundamental entre ellos y Thompson es que éste “se aferra a la esperanza de una transición al socialismo”. (5¹) LA CLASE COMO RELACIÓN Y PROCESO Un punto de vista diferente al de Anderson y otros críticos, o, al menos, mucho más matizado es el de la filósofa marxista Ellen Meiksins Wood, ella sostiene que Thompson considera que la teoría siempre tiene implicaciones para la práctica y que su definición de clase pone énfasis en la práctica como proceso activo y como relación histórica. Esta concepción de la clase fue formulada contra quienes la niegan y también contra las tradiciones intelectuales y las prácticas políticas que suprimen la actuación humana y niegan la autoactividad de la clase trabajadora en la construcción de la historia. Por eso, sigue afirmando E.Meiksins Wood, al situar la lucha de clases en el centro de la teoría y la práctica, lo que pretendía Thompson era “rescatar la historia desde abajo”, no sólo como empresa intelectual sino como proyecto político, tanto contra las opresiones de la dominación de clase cuanto contra el programa de socialismo “desde arriba” en sus diversas encarnaciones, desde el fabianismo hasta el estalinismo.(5²) Insiste nuestra autora en que lo que más le preocupa a Thompson es hacer la clase visible en la historia y “hacer manifiestas sus determinaciones objetivas como fuerzas históricas, como efectos reales en el mundo y no sólo como construcciones teóricas que no se refieren a ninguna fuerza o proceso social real…Thompson no debe localizar la esencia de la clase simplemente en “posiciones estructurales” sino en relaciones: las relaciones de explotación, conflictos y lucha que proporcionan el impulso a los procesos de formación de clases. y hay que tener en consideración que la clase como relación implica dos relaciones, la existente entre las clases y la existente entre los miembros de una misma clase”. (5³) Considera E.Meiksins Wood que los críticos de E.P.Thompson ven en su concepto de clase y en el proyecto histórico basado en el mismo un “socialismo populista”, romántico, que se asienta sobre unas concepciones de empiricismo, subjetivismo y voluntarismo (Tom Nairn). También se dice que define a las clases en términos de conciencia no por las relaciones de producción (G.Cohen y P.Anderson), o que subestima la necesidad de una práctica política organizada para construir la lucha por el socialismo (S.Hall). Ella, por su parte, considera que: i.
“decir que la conciencia de clase es en sí misma un proceso histórico, y no puede derivar simplemente de la posición económica de los agentes de clase, es precisamente negar que la clase está siempre realmente en su sitio”… ii. “El principio en que verdaderamente se basa el trabajo de Thompson es que las clases son hechas y formadas en el proceso de conflicto y lucha”… iii. “la cuestión consiste en tener una concepción de la clase que nos invite a descubrir cómo las situaciones objetivas de la clase moldean realmente la realidad social, y no simplemente afirmar y reafirmar la proposición tautológica de que clase = relación
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con los medios de producción” … iv. “Thompson no niega la existencia de la clase en ausencia de conciencia de clase, sino que pretende mostrar “como la gente actúa” en formas de clase, incluso antes – y como precondición– de las formaciones “maduras” de clase con sus instituciones y valores conscientemente definidos como clase… (ya que ) hay conflictos y luchas estructuradas “en forma de clases” incluso en formaciones sociales que todavía no tienen formaciones de clase con conciencia de clase”.(54) Por tanto, como señala Meiksins Wood el fundamento o principio en que se basa Thompson es que las clases son hechas y formadas en el proceso de conflictos y de luchas sociales. Respecto a las acusaciones de que mantiene posiciones “populistas”, este tipo de acusaciones se han empleado como una manera de ofender por un sector contra otro de la izquierda. Hay que recordar –como lo hace E. M. Wood–, lo expuesto sobre el asunto por Raymond Williams cuando escribe que se ha acuñado un nuevo uso de “populismo”: “Para describir a aquellos que negaban que los recursos existentes del pueblo estaban tan exhaustos que no había ninguna otra opción más que retroceder hasta una minoría residual o a una vanguardia futurista; y aquellos que insistían en que todavía existen recursos, y todavía son poderosos. Atenerse a los recursos existentes; aprender y quizás enseñar nuevos recursos; vivir las contradicciones y las opciones bajo presión, de modo que en vez de denunciarlas o escribir acerca de ellas, (se pueda llegar a la conclusión que ) había una oportunidad de entenderlas y empujarlas en otra dirección; si estas cosas eran populismo, entonces qué bueno que la izquierda británica, incluyendo a casi todos los marxistas, se atuvieran a él”.(55)
Teniendo en consideración el nuevo uso de populismo que hace Williams, la conclusión que extrae Wood es que si se acusa a Thompson de ejercer ese tipo de populismo “por insistir en una explicación histórica y sociológica del “reformismo” de la clase trabajadora…en vez de la ritual excomunión que lo denuncia desde un punto ventajoso fuera de la historia como la “falsa conciencia” de una clase trabajadora (si) ello implica que debemos comprender los “recursos existentes” con el fin de “empujarlos en otra dirección”. Si esto es “populismo”, entonces Thompson es ciertamente un populista; pero podría alegarse que, en este sentido, ser un marxista comprometido con el proyecto de autoemancipaciòn de la clase trabajadora a través del medio de la lucha de clases, equivale necesariamente a ser “populista”. (56) CONCLUSIONES Es importante resaltar lo expresado por E.P. Thompson en el último escrito en que se refirió a la cuestión de la clase y a la polémica sobre la misma desatada por sus trabajos. En la ya citada Tradición, revuelta y consciencia de clase (1979), él parte de su concepción de que “La clase es definida por los hombres al vivir su propia historia, y, al final, es la única definición”. Y se refiere a una nueva generación de teóricos marxistas que estiman que esa definición es una muestra de empirismo, historicismo e humanismo.
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Irónicamente se burla de ellos diciendo que esas personas tienen formas muchos mejores de definir la clase: “definiciones que pueden, además, ser rápidamente aprehendidas dentro de la práctica teórica y que no conllevan la fatiga de la investigación histórica”. Recuerda que en lo expuesto en el prefacio de su obra La formación histórica de la clase obrera (1963), sobre la clase, él no partía de la definición para extraer sus conclusiones, sino que la definición expresaba las conclusiones de su trabajo histórico. Y recalca que la clase es una categoría histórica, derivada de la observación del proceso social a lo largo del tiempo. Frente a esta posición, frecuentemente, dice Thompson, “se da el caso en exceso frecuente de que la teoría preceda a la evidencia histórica sobre la que tiene la misión de teorizar. Es fácil suponer (entonces) que las clases existan, no como un proceso histórico, sino dentro de nuestro propio pensamiento…se hace teoría de modelos y estructuras que deben supuestamente proporcionarnos los determinantes objetivos de la clase: por ejemplo como expresiones de relaciones diferentes de producción”. (57) Y debido a este falso razonamiento surge una noción alternativa de clase de carácter estático: “según una muy popular (generalmente positivista) tradición sociológica, clase puede ser reducida a una auténtica medida cuantitativa: determinado número de seres en esta u otra relación a los medios de producción, o, en términos más corrientes, determinado número de asalariados, trabajadores de cuello blanco, etc. O clase es aquello a lo que la gente cree pertenecer en su respuesta a un formulario; nuevamente la clase como categoría histórica –la observación del comportamiento a través del tiempo–, ha sido dejada de lado”. (58) Thompson insiste en que el uso marxista apropiado y además mayoritario de clase es el de categoría histórica, y dice que es el uso que le daba Marx en sus escritos más históricos y es el uso que muchos en la historiografía marxista británica utilizan (Hobsbawm, Hill, Hilton, etc.), si bien se tiene que admitir que en los años 70 del siglo pasado, la clase como categoría estática estaba siendo cada vez más utilizada por la influencia del estructuralismo althusseriano. Y sobre ello afirma lo siguiente: “En términos económicos vulgares, esto es sencillamente el gemelo de la teoría sociológica positivista. De un modelo estático de relaciones de producción capitalista se derivan las clases que tienen que tienen que corresponder al mismo, y la conciencia que corresponde a las clases y sus posiciones relativas. En una de sus formas (generalmente leninista), bastante extendida, esto proporciona una fácil justificación para la política de “sustitución”: es decir, la “vanguardia” que sabe mejor que la clase misma cuáles deben ser los verdaderos intereses (y conciencia) de ésta. Si ocurriera que “ésta” no tuviera conciencia alguna, sea lo que fuere lo que tenga, es una “falsa conciencia”. En una forma alternativa (mucho más sofisticada) – por ejemplo, en Althusser– todavía encontramos una categoría profundamente estática; una categoría que sólo halla su definición, dentro de una totalidad estructural altamente teorizada, que desestima el verdadero proceso experimental histórico de la formación de las clases. A pesar de la sofisticación, los resultados son muy similares a la versión vulgar económica. Ambas tienen una noción parecida de “falsa conciencia” o “ideología”, aunque la teoría althusseriana tiende a tener un arsenal teórico mayor para explicar el dominio ideológico y la mistificación de la conciencia”. (59)
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Así pues, Thompson considera que la clase como categoría histórica puede ser empleada para referirse a un contenido histórico real y observable de manera empírica, o bien, como una categoría heurística o analítica para “organizar la evidencia histórica” en casos en que estos sea más difícil de realizar. De manera que hay que tener en cuenta lo expuesto por Hobsbawm: “bajo el capitalismo la clase es una realidad inmediata y en cierto sentido directamente experimentada, mientras que en épocas precapitalistas no puede ser más que una construcción analítica que da sentido a un complejo de datos de otro modo inexplicables”. (60) En ambos sentidos se puede emplear el concepto de clase, aunque el uso moderno de clase surgió de la sociedad industrial capitalista del siglo XIX. Por ello es posible observar en la Inglaterra, Francia o Alemania industriales “instituciones de clase, partidos de clase, cultura de clase, etc. Esta evidencia histórica a su vez ha dado origen al concepto maduro de clase”. (6¹) Es preciso poner en evidencia con relación a su concepto de clase la importancia que le da Thompson a la lucha de clases como componente esencial de la comprensión del fenómeno de la clase. Este autor considera que se le ha dado mucha más atención incluso excesiva a clase y muy poca a la lucha de clases. Para Thompson si se emplea la categoría estática de clase o se obtiene el concepto de un modelo teórico previo, llegaremos a creer que la clase está “instantáneamente presente (derivada, como una proyección geométrica, de las relaciones de producción) y de ello la lucha de clases. Estamos abocados, entonces, a las interminables estupideces de la medida cuantitativa de clase…Todo este escuálido confusionismo que nos rodea (bien sea positivismo sociológico o idealismo marxista-estructuralista) es consecuencia del error previo: que las clases existen, independientemente de relaciones y luchas históricas, y que luchan porque existen, en lugar de surgir su existencia de la lucha”. (6²) En Edward Palmer Thompson se encuentra la posición sobre la clase social más opuesta a la influencia de Althusser o del marxismo estructuralista, ya que este historiador reivindica la importancia fundamental de la historia y la investigación histórica de la vida social (denunciada como historicismo). De la recopilación rigurosa de datos y documentación para poder sacar conclusiones válidas (denunciado como empirismo). De la importancia de los valores y la moral como elemento esencial de las actitudes de los hombres y mujeres en la lucha social (denunciado como moralismo). Del papel que juega la cultura, las tradiciones y la experiencia en la formación de la clase (denunciado como ideologismo). Del papel que juegan las personas y la responsabilidad que deben tener para lograr un protagonismo histórico (denunciado como ficción propia del humanismo). Y de la importancia de la autoemancipación de la clase trabajadora frente a todas las formas del sustitucionismo –vanguardismo, elitismo, academicismo–, (denunciado como espontaneísmo o populismo). De manera que Thompson considera que el althusserismo es: “el estalinismo reducido al paradigma de la Teoría. Es el estalinismo al fin alcanzado, teorizado en cuanto ideología”. Pero es algo más serio.“Es algo que refuerza y reproduce activamente la efectiva pasividad entre la “estructura” que nos tiene a todos prisioneros. Es algo que consolida la ruptura entre teoría y práctica…Y al nivel de un discurso político más vulgar, proporciona legitimaciones teóricas para todas las medio-verdades más estúpidas y peligrosas que parecían haberse disipado: que “moralidad” = los intereses de la clase obrera, que “filosofía”
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= lucha de clases, que “derechos y prácticas democráticas = ideología liberal, y así sucesivamente….Si una tal teoría alcanzara alguna vez algún poder, lejos de “liberar” a la clase obrera, la entregaría, en su insufrible arrogancia y en su pretensión de ser “ciencia”, a manos de una casta burocrática…la próxima clase dominante que está a la expectativa”.(6³) STUART HALL: CLASES, IDENTIDAD Y RAZA Stuart Hall nació en Kingston, Jamaica, el 3 de febrero de 1932 y murió en Londres, el 10 de febrero de 2014. Sus padres eran de clase media –el padre era contable de la United Fruit–, y de orígenes raciales mixtos o mestizos, con procedencia muy diversa, como ocurre habitualmente en el Caribe, ya que tenía sangre y antepasados africanos, caribeños, de Portugal, Escocia e incluso judíos. Sus padres eran muy estrictos y trataban de que sus hijos no se relacionaran con personas de clase inferior e incluso de piel más oscura que ellos. En una entrevista Hall explicó que esta actitud le llevó a rechazar el orden racial colonial y el ethos de la sociedad jamaicana y a convertirse en un nacionalista y un antiimperialista. (64) Después de estudiar en un buen colegio de Kingston (el Jamaica College), a los 19 años llegó al Reino Unido con una beca para estudiar en el Colegio Merton de la Universidad de Oxford, pero como afirmó posteriormente, en dicha institución no se encontraba a gusto. Obtuvo la licenciatura en Inglés y empezó los estudios de doctorado para realizar una tesis sobre Henri James. Sin embargo, nunca la concluyó y por ende no logró el título de doctor, debido a su implicación en el militantismo político. Desarrolló toda su vida intelectual en el Reino Unido, donde vivió durante 63 años. Aunque nunca dejó de considerarse jamaiquino, nunca regresó al país natal para residir de manera permanente. Trabajó en el Reino Unido como profesor de educación secundaria y en educación de adultos, antes de que fuera llamado por Richard Hoggart para trabajar e investigar con él en Birmingham, en el Centro de Estudios Culturales. Se ha dicho de él que antes que un académico era un intelectual, cuestión con la que estaba de acuerdo ya que afirmó que su deseo era ser un intelectual no un académico y que esto último lo hizo como un medio de vida. Como intelectual llevó a cabo numerosas y muy variadas investigaciones y publicaciones, en un momento dado su notoriedad como intelectual comprometido políticamente era tal que se convirtió en uno de los invitados imprescindibles en los eventos culturales y políticos del Reino Unido. Estando en Oxford fundó junto a otros compañeros la revista Universities and Left Review en 1957, que junto a otra revista, New Reasoner, que dirigían expulsados del Partido Comunista Británico como E.P.Thompson, contribuyó a la formación de una Nueva Izquierda. En 1960 ambas revistas se fusionaron para crear New Left Review y Stuart Hall fue su primer editor-director hasta 1961, en que dejó el cargo, aunque siguió colaborando en ella. También fue un colaborador de la revista Marxism Today, cuyo mentor era Ralph Miliband. En los últimos tiempos de su vida colaboraba en la revista que ayudó a crear, Soundings. Como señala Blackburn la Nueva Izquierda fue un movimiento que pretendía “reemplazar la desfasada política de compromisos de la vieja izquierda, ya fuera en su vertiente comunista o socialdemócrata”. Esa pretensión por jóvenes intelectuales era un
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tanto pretenciosa, y como explica este autor: “recientemente le comentaba a Stuart que, en retrospectiva, las pretensiones de originalidad de la temprana New Left eran bastante ambiciosas. ¿Tanto habíamos leído y experimentado como para proponernos superar a la vieja izquierda tan rápida y completamente? Stuart reconoció con una sonrisa que ciertamente se trataba de una pretensión bastante fantástica, pero de todos modos necesaria”.(65) Después del mayo francés, de la invasión de Checoslovaquia, de la ofensiva del Tet en Vietnam, se produjo un movimiento de radicalismo y anticapitalismo, grupos izquierdistas de todo tipo, movimientos antibelicistas, estudiantiles, surgimiento de un feminismo militante, movimientos de carácter racial, movimientos de “Okupas”. Hall vio en ellos la existencia de una dinámica interclasista que ocuparía su atención en los próximos años. LOS ESTUDIOS CULTURALES Y SU EVOLUCIÓN HACIA EL POSMODERNISMO Stuart Hall está considerado uno de los padres fundadores de los Cultural Studies, junto a R. Hoggart, R.Williams y E.P. Thompson. Hoggart lo escogió como su sucesor en la Dirección del Centro de Estudios Culturales de Birmingham, primero como director interino en 1968 y luego como su director en 1972. Hoggart decía que Hall tenía la capacidad conceptualizadora y teórica de la que él carecía. Estuvo en Birmingham hasta 1979 en que se incorpora como profesor de sociología a la Open University. En 1997 se retira como profesor activo y ejerce como profesor emérito. Estuvo en sus últimos años dedicado al Instituto de Artes Visuales (INIVA). Hall fue evolucionando en el enfoque de sus trabajos y se le considera como quien dio a los estudios culturales un giro hacia el estructuralismo althusseriano, al posestructuralismo e incluso hacia el posmodernismo, siendo el punto principal, su ruptura con el marxismo y también con el enfoque de cómo la vida cultural y la material eran concebidos por Williams y Thompson, es decir, teniendo el problema de las clases una centralidad en esos estudios. También señala Hall que la adopción de un enfoque textualista esencialista más allá de la tradición de Hoggart, de Williams y de los marxistas británicos ha conducido a un paso regresivo en los estudios culturales. (66) Hall ha sido considerado “un marxista a su manera” (Blackburn), o partidario de lo que él mismo denominaba “un marxismo complejo”, no se alinea dentro de la corriente posmodernista de los estudios culturales centrados en asuntos culturales banales. Hay que tener en consideración que el trabajo intelectual de Hall tenía un acentuado componente anti reduccionista y anti esencialista, y este no se restringía a evitar el reduccionismo economicista del marxismo de manual, sino también el reduccionismo textualista del posmodernismo. De manera que sus explicaciones no se restringen a la explicación económica o al texto, lo cual no conlleva negar el papel que juegan las condiciones materiales de existencia ni de lo discursivo, como constituyente de lo real. Como señala Restrepo: “Hall apuesta a un pensamiento sin garantías, sin las certezas de los reduccionismos ni determinismos establecidos de antemano, sin las estabilizaciones derivadas de las violencias
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epistémicas introducidas en nombre de idealizaciones morales o políticas. De ahí que opere en un contextualismo radical. Uno de los argumentos centrales del contextualismo radical considera que: “Un evento o práctica (incluso un texto), no existe independientemente de las fuerzas del contexto que lo constituyen en cuanto tal. Obviamente el contexto no es un mero telón de fondo sino la misma condición de posibilidad de algo”. (67)
Definitivamente no se puede concluir que Hall se haya alineado con el posmodernismo, en el sentido de admitir toda su concepción ideológica, ya que éste niega la posibilidad de establecer cualquier determinación, idea que no acepta Stuart Hall. Aunque haya empleado conceptos de Derrida y de otros autores posmodernos como medios o instrumentos de comprensión de ciertos fenómenos culturales o sociales, por parecerles pertinentes o útiles para encontrar significados, sin asumir todo lo que significa el posmodernismo. Lo que ocurre es que el posmodernismo es tan flexible, heterogéneo y abierto en definir qué constituye realmente lo posmoderno que es fácil que se pueda calificar como tal a un intelectual por la adopción de una determinada visión o enfoque sobre algunos de los aspectos que ha constituido la reflexión posmoderna, tanto es así que es muy adecuado calificar al posmodernismo, como hace el filosofo Ripalda “como un todo terreno ideológico”.(68) Los elementos básicos constitutivos del posmodernismo como ideología, expuestos muy brevemente, son los siguientes: a. Hemos entrado en una nueva época fuera de la modernidad e incluso más allá de la historia, una sociedad posindustrial; b. la liberalización de la estética de la coherencia, la innovación y la funcionalidad y situar la significación, la referencia intertextual y la autorreflexividad como valores autónomos; c. la muerte del sujeto y el abandono de las pretensiones de verdad, el final de las grandes narrativas y de la racionalidad ilustrada clásica; d. critica de los fundamentos de la filosofía y la teoría y apuesta por una nueva superficialidad ajena a la tiranía del modelo hermenéutico, del modelo dialéctico, del modelo freudiano, del modelo existencialista y de los demás; e. la fragmentación y la búsqueda de la diferencia, la micropolítica, la preferencia por las minorías nacionales, sexuales, culturales, y por todo lo que sean nuevos movimientos sociales sectoriales. (69) En los escritos de Hall y dentro del ámbito de los llamados Cultural Studies se encuentran una variedad de temas: el tratamiento de los mensajes en los medios de comunicación, la recepción, codificación y descodificación de los mensajes, el racismo, la diáspora, la identidad, el multiculturalismo, los problemas de la hegemonía. Empero su punto de vista fundamental era marxista, en sentido amplio, en el análisis de los procesos culturales, tamizado a través del marxismo de Gramsci y luego muy influido por la lectura althusseriana estructuralista. Dejando a un lado el tipo de análisis marxista que había sido un referente para los principales protagonistas de esos estudios en Inglaterra, especialmente Thompson y
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Williams, ya que Hoggart era un liberal, y después de la expansión al mundo de habla inglesa de estos estudios y su consiguiente popularidad, es notorio que en los estudios culturales ha habido una gran influencia de lo que se pueden considerar “modas” u “olas” intelectuales. Sobre todo en Gran Bretaña han sido ellos los divulgadores de alto nivel, para el mundo de habla inglesa, del pensamiento de intelectuales franceses desde Sartre y Lucien Goldman, hasta Barthes, Althusser, Lacan, Foucault, y más reciente, Lyotard, Deleuze, Derrida y Bourdieu. No obstante, en materia de clases sociales, las fuentes bibliográficas de Stuart Hall con las que hemos trabajado, están influidos por el marxismo de Gramsci y posteriormente por el estructuralismo althusseriano. Aunque de una manera menos cartesiana y rígida, como corresponde a la tradición intelectual británica. En los estudios culturales el enfoque sobre la vida material, sobre la vida cotidiana y la cultura estuvo siempre enfocado con una óptica progresista, liberal e incluso izquierdista, y en ese análisis la centralidad del análisis de las clases siempre estuvo presente. En el estudio Resistance through Rituals. Youth subcultures in post-war Britain(70) se escribe que enfocaran las subculturas juveniles en su relación con la cultura de clase y la manera como la hegemonía cultural es mantenida estructural e históricamente. Ese trabajo se realizó bajo la influencia del trabajo de Howard Becker, Outsiders, que significó una cierta ruptura dentro de la sociología convencional al dedicarse al estudio de la desviación social, las subculturas y la criminología. La manera en que se enfocaban esos asuntos fue calificado de interaccionismo o estudio transaccional, aunque en este estudio se apartaron de este para dar entrada a las relaciones y actividades que tenían relación con la clase, las relaciones de poder, la conciencia, la ideología y la hegemonía. En el mismo centro de estudios culturales de Birmingham, Phil Cohen estaba llevando a cabo un trabajo sobre las subculturas juveniles que buscaba su génesis dentro de la estructura de clase y las culturas de clase del East End londinense y este tuvo una influencia decisiva en la orientación del estudio llevado a cabo por Stuart Hall, Clark, Jefferson y Robert. En el estudio sobre las culturas juveniles hay un vínculo entre hegemonía y cultura que emplea las categorías de análisis del marxismo gramsciano. (7¹) CLASE, RAZA E IDENTIDADES Stuart Hall, como se ha dicho, es jamaiquino. Hombre de color, mestizo con orígenes de diversas procedencias, pero que ha vivido, en su propia piel, las relaciones sociales y raciales en una sociedad colonial. Llega a los diecinueve años a Oxford en 1951, cuando aún Jamaica no era independiente. Por tanto, no solo ha estudiado en los libros o ha conocido a través de encuestas, entrevistas u observación antropológica-sociológica, la sociedad de donde procede, sino que ha vivido la situación colonial directamente en lo personal y familiar, y las complejas relaciones de clase sociales y de raza, digamos, sobre el terreno. La vivencia vital, sin embargo, no da credenciales para que, apelando a la misma, uno pueda teorizar y sacar conclusiones sobre tales relaciones de clase y étnicas, se requieren otros instrumentos para tratar de penetrar en la misma, y él las tiene de manera sobrada
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para contextualizar tan enmarañada diversidad y complejidad de la sociedad jamaicana y, por generalización, de las sociedades del Caribe no hispánico (inglés, francés, holandés), cuya sociedad, instituciones, modelo colonial, relaciones de clase y raza, fueron diferentes a las existentes en otras sociedades caribeñas como Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico cuyas especificidades no se pueden subsumir en las generalizaciones abstractas de que todas fueron sociedades coloniales, en todas hubo esclavitud y economías de plantación. Tiene mucha razón Stuart Hall al no confundir en un totum revolutum, las relaciones de clase y raza que se dan en las sociedades del Caribe español y en el otro Caribe, de habla inglesa, francesa y holandesa. Un análisis centrado en ese tipo de relaciones de clase/raza en el Caribe español nos muestra evidentes diferencias en esas relaciones en Cuba, Puerto Rico y muy especialmente en Santo Domingo, por diferentes factores entre los que influye la demografía y densidad poblacional, la extensión e intensidad de la economía de plantación, el peso del componente de población de origen europeo o de origen africano, la extensión y el tipo de exclusión/ integración de la población mestiza y mulata, las relaciones que se producen socialmente entre esa composición social, étnica, las relaciones de producción y de poder/dominación, que se establecen en esas sociedades. Los argumentos que desarrolla Hall son aplicables, por ejemplo, a Haití, como parte de la sociedad Caribe no hispánica, pero no lo son en igual medida a Santo Domingo o La Española, y esas diferencias abismales entre esas dos sociedades que conviven en la misma isla como dos naciones con sus respectivos Estados, se ha extendido en el tiempo hasta configurar dos tipos de sociedades muy diferentes entre sí, aunque ocupen el estrecho territorio de una isla con dos Estados: uno de origen africano y de composición racial negra y el otro de origen español y predominantemente mulato y mestizo.(7²) Stuart Hall en su trabajo “Pluralismo, raza y clase en la sociedad Caribe”, lo inicia exponiendo que el mismo “se refiere exclusivamente al Caribe no hispánico”. Su finalidad es proporcionar una “tipología” “de la función que desempeñan la “raza” y “su símbolo el color de la piel”, en la estructuración de las relaciones entre grupos en la sociedad Caribe…estas sociedades nos ofrecen una perspectiva de complejas (y cambiantes) estructuras sociales, con diversos grados de pluralismo cultural y de diversidad étnica”. (7³) El autor expone la tipología descriptiva de Lowenthal sobre las sociedades caribeñas no hispánicas que las clasifica teniendo en cuenta las distinciones de clase y de color de la piel que exponemos a continuación: “1. Sociedades homogéneas sin distinciones de clase/color de la piel: por ejemplo, Cariaco, Barbuda, Caicos. 2. Sociedades que se diferencian por el color de la piel, pero no por la clase: por ejemplo, Saba, Anguila, Deseada. 3. Sociedades estratificadas por la clase/color de la piel: se trata de la mayoría de los territorios, de muy diverso tamaño ( Jamaica, Trinidad, Barbados, San Vicente, Granada, San Cristóbal, Martinica, etc. 4.Sociedades en las que no hay minorías criollas: por ejemplo, Granada, Santa Lucía, Dominica. 5. Sociedades estratificadas que tienen agrupaciones étnicas adicionales de cierta importancia: Trinidad, Guyana, Surinam, Belice (Honduras)”. (74)
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Como explica Hall, las islas de los grupos 1 y 2 son islas diminutas que tienen una composición étnica homogénea. Las del grupo 4 se diferencian de las del 3 porque carecen de una minoría criolla blanca, pero, al igual que las del grupo 3 están estratificadas por la clase/el color de la piel. Pero no hace falta que exista una minoría blanca ya que, como ocurre en Granada, la clase media mulata juega el mismo papel manteniendo los vínculos con la potencia metropolitana. Aunque a la masa de población negra es muy difícil cuando no imposible, cruzar la barrera social de clase/color de la piel. Respecto a los territorios del grupo 5 son casos singulares por la existencia en ellos de sectores étnicos importantes y muy diferenciados, distintos de los que hay en otros lugares en los sistemas de clase/color de la piel. En Trinidad y Guyana, por ejemplo, hay una gran masa de población de India (a los que de habla inglesa designan como Indios Orientales para diferenciarlo de las islas del Caribe que las denominan Indias Occidentales), que también están estratificadas con arreglo a la clase/el color de la piel. El corolario de esta clasificación es que existe un sistema de estratificación social compuesto “de modo complejo” por elementos de clase y color de la piel en todas las sociedades insulares del Caribe no hispano, salvo en las más pequeñas. En relación al color de la piel hay una diferenciación graduada en clases, a la que se le une una diferenciación también graduada entre blancos y negros. Todas las sociedades del Caribe objeto de su estudio, salvo las muy pequeñas pertenecen a los denomina este “tipo modal”, aunque en las del grupo 4 no existe el elemento blanco aunque “sigue estando simbólicamente presente por extrapolación y proyección”. Las sociedades del grupo 5 pertenecen a este tipo aunque existen en ella una variación de grupos étnicos. En Jamaica hay pequeños enclaves étnicos que no están en la gama blanco-negro, si bien, en Trinidad, Surinam, Guyana y Belice(Honduras) el mayor tamaño de ellos y su cometido, le dan su singularidad. (75) En función de lo anterior considera Hall que el contraste básico entre las sociedades estratificadas según el color de la piel/clase y las sociedades que aunque tengan esta estratificación, también tienen grupos étnicos con una relación que denomina “sectorial”, con relación al modo de estratificación dominante en función de la clase/el color de la piel. Lo que interesa, por tanto, es ver el cometido específico del elemento raza/color de la piel en relación con la clase y como ello influye en el sistema de estratificación social. Y el papel que tiene el elemento étnico en contraposición al de la raza/color de la piel. El concepto de “sociedad plural” al que se refiere Hall en este contexto pone énfasis en la diferenciación, en el carácter separado y el mantenimiento de instituciones paralelas que no se entrecruzan. Esto lleva a conflictos entre los diferentes sectores y el orden social se mantiene por el monopolio del poder político por uno de los sectores que se impone a todos los demás mediante el ejercicio de control y la coacción, aunque la idea de la “unidad en la diversidad” sigue teniendo una fuerza ideológica. Basándose en las elaboraciones de Smith sobre la sociedad de Jamaica, la describe como compleja racialmente y por el papel que tiene en ella el elemento del color de la piel. Un 80% son negros, cerca del 10 mulatos “con una ascendencia mixta”, y el resto pequeñas minorías blanca, china, de India, siria, judía y portuguesa, lo que lleva a una considerable complejidad racial. En el plano cultural esto lleva aparejado que hay varios subsistemas en el sistema institucional respecto al parentesco, la familia, los sistemas mágico-religiosos,
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la educación, el empleo, etc. Los tres sectores culturales principales: blanco, negro y mulato, tienen pautas de comportamiento muy diferentes. Smith prefiere referirse al aspecto cultural que a un análisis de las clases sociales en la sociedad jamaicana. Hall estima pertinente hacer una crítica de estas concepciones ya que en las sociedades caribeñas las pautas de estratificación según la raza o el color de la piel, de estratificación cultural, laboral y de clase social se entrecruzan: “Esta es la característica absolutamente singular de la sociedad Caribe. Sus sistemas de estratificación y las relaciones entre los grupos sociales están masivamente súper determinados”. (76) Por ello no debe rebajarse la importancia de la raza/el color de la piel, la clase, a favor de otros como la cultura. Ya que en todas las sociedades de clase hay una gran complejidad cultural entre sus clases y fracciones, pero es cierto que en la sociedad Caribe hay una distinción aún más radical. No se trata de que no exista una diferenciación cultural entre las clases sociales sino que: a) dicha diferenciación es muy aguda, y b) la misma coincide en gran medida con la estratificación según la raza/el color de la piel. Sobre el modelo de la denominada “sociedad plural” que propone que la cohesión de la misma se logra por la dominación de un sector a través del orden político, Hall discrepa de ese punto de vista, la cohesión social no se logra exclusivamente por medio de las instituciones políticas, sino mediante “la dominación hegemónica de un sector sobre todos los demás, en todas las características de la vida social organizada…cuando los grupos de colonos blancos predominaban en la esfera política, sus valores, costumbres, lenguaje, pautas sociales, etc., monopolizan también la esfera de la legitimación…De hecho…estos grupos siguen ejerciendo un profundo poder económico mucho después de haber quedado políticamente desplazados”. Y concluye: “un modelo que explica y tiene en cuenta esa diversidad, pero que no puede explicar su “estructura de dominación” ha errado el tiro”. (77) Para Hall la estructura de las sociedades del Caribe no hispánico depende de tres elementos: una jerarquía de clases sociales, un pluralismo social y un pluralismo cultural, aunque exista una mayor o menor rigidez en la estratificación social la pirámide social suele ser muy semejante: una minoría de la clase superior controla el acceso al poder y a las recompensas que éste puede otorgar, y una clase media y sobre todo, una clase inferior cada vez más numerosa, tienen cada vez menos acceso a la riqueza. La historia –según Hall–, ha jugado un papel decisivo en la construcción del tipo predominante de la estructura social del Caribe. Como la sociedad anterior a la conquista desapareció al cabo de un siglo de la colonización llegó un momento en que la producción económica dependió de los trabajadores importados, pero el establecimiento de economías de plantación de algodón y de azúcar provocó la obtención de fuerza de trabajo a través del tráfico de esclavos y, fue en las sociedades de plantación basadas en la esclavitud, donde se creó por primera vez “el paradigma de las estructuras sociales caribes. Toda fase o evolución subsiguiente constituye…una modificación y transformación pero no una ruptura estructural en relación con ese modelo generativo”. (78) Fue en ese período cuando se estableció la identificación entre la raza, el color de la piel y la “categoría de casta”. Además, la sociedad de plantación transforma y quiebra la herencia cultural africana, lo que persiste lo hace adaptándose a lo exigido por la
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sociedad esclavista. No se discute por los expertos que ha habido una cierta conservación de rasgos o aspectos de la cultura africana, pero se polemiza sobre el grado en que la misma se conservó. En todo caso, lo destacable es que hubo un proceso de adaptación y de “criollización” de las culturas tanto europea como africana desde la esclavitud hasta nuestro días. Como señaló Lowental: “Los esclavos africanos fueron despojados de su identidad étnica, y sólo les quedaron restos dispersos de su patrimonio cultural y se les impuso por la fuerza la criollización. La cultura esclavista pasó a ser en gran parte una forma criollizada de la cultura europea”. (79)
Ello era así porque la unidad de la sociedad de plantación basada en la esclavitud exigía para su funcionamiento la existencia no de dos culturas paralelas pero diferenciadas sino una neta y clara diferenciación entre el mundo del esclavo y el mundo del amo. Eso se refleja en las pautas familiares y de emparejamiento. Los esclavos no podían establecer relaciones estables y permanentes de emparejamiento, aunque en sus regiones de origen en África la tuvieran según las normas de sus tribus de pertenencia. Como los esclavos eran de procedencia heterogénea no podían crear procedimientos comunes de emparejamiento, además, el matrimonio no tenía razón de ser ya que se prohibía forjar una familia, ya que ello podía ir en detrimento del sacro santo derecho de propiedad de los amos sobre sus esclavos. Ello condujo a emparejamientos inestables, ocasionales, provisionales, la práctica era el emparejamiento poligámico. “La mujer actuaba normalmente como el único elemento permanente de la familia esclava, independientemente de que su compañero fuera o no polígamo”. (80) En la sociedad de plantación esclavista se daba una determinada diferenciación social por el tipo de trabajo y la categoría social de los “amos” blancos: propietarios de plantaciones, contramaestres, abogados y trabajadores de diferentes especializaciones. Entre los esclavos también hay una diferenciación social: esclavos domésticos, los braceros agrícolas, los carpinteros, albañiles, caldereros, los esclavos errantes, etc. (8¹) Fue surgiendo un grupo formado por los mulatos, que era un grupo intermedio entre los amos blancos y los esclavos, un grupo como señala Hall, “a “medio camino” por su composición racial y el color de su piel…y debido a sus mecanismos de adaptación, modificación y aculturación a las formas y valores blancos dominantes, resulta…muy dudoso que quepa definirlo…como un sector cultural diferenciado que practica su propia cultura, ni siquiera en las fases iniciales de su formación” en la sociedad esclavista.(8²) Para Hall la alternativa cultural a la dominación cultural que empieza a surgir en la sociedad de plantación esclavista y que luego prosigue, es el proceso de “criollización” y su forma más auténtica es la cultura criolla. Al principio un criollo era el esclavo nacido en el Nuevo Mundo. Posteriormente era el blanco, negro, mulato o mestizo nacido en América, por extensión se usó para designar a las cosas, costumbres, plantas y productos fabricados en el Nuevo Mundo. Actualmente su empleo varía. En algunos lugares se utiliza para referirse a los mulatos y a los negros. En Jamaica, creole se emplea para los de origen jamaicano, excluyendo a los chinos, indios y cimarrones. En Guyana y Trinidad se excluye a los amerindios y los indios, en Surinam, se refiere a los mulatos “civilizados”. En las Antillas francesas se usa creole para los blancos nacidos en las islas,
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más que para los mestizos, mulatos y negros. En Guyana francesa se designa así solamente a los blancos.(8³) Un cambio fundamental aparece con la desaparición de la esclavitud y el inicio de una rudimentaria economía de mercado y una clase de campesinos libres. Ese paso conduce de la anterior sociedad esclavista basada de hecho en un sistema de castas a una transición hacia la sociedad de clases en el Caribe en la época colonial. Hay que señalar que se produce en el Caribe no español una importante importación de mano de obra de India que se utiliza para el cultivo de la caña de azúcar (Trinidad, Guyana y Surinam). Algo semejante se produjo en Cuba en un momento dado en que confluyó el combate europeo contra la trata de esclavos, por un lado, y la necesidad de aplicar nuevas técnicas de producción del azúcar que requería otro tipo de trabajadores, además, como en Cuba existió desde 1803 el temor a un levantamiento de los esclavos como ocurrió en Haití, siempre se tuvo mucho cuidado en evitar la importación masiva de braceros haitianos. La burguesía azucarera cubana optó, en un momento determinado, por traer trabajadores de las islas canarias así como de gallegos, en lo que se puede considerar una fase intermedia entre la esclavitud y la mano de obra libre, ya que siguió existiendo el trabajo esclavo junto a la presencia de la mano de obra asalariada en las plantaciones azucareras. Eso indirectamente buscaba asegurar un incremento del peso demográfico de la población de origen europeo y criolla sobre la de los negros de origen africano, lo cual se logró ya en el siglo XX, con la inmigración masiva de asturianos y gallegos y otros peninsulares e isleños (sobre todo canarios). (84) Destaca Hall como la aparición de la esclavitud y después la existencia de los mulatos libres tiene una importancia crítica en todas las sociedades del Caribe colonial ya que: “La mediación de los mulatos libres institucionaliza….de un modo consuetudinario, cuando no oficial, el simbolismo de la raza, el color de la piel y la categoría social como indicador de movilidad y de estratificación social. Hay una estructura laboral más diversificada. Hay mulatos en puestos de categoría media y luego también acceden a ellos los negros, todo lo cual es un signo de movilidad social a través de las fronteras de raza y color de la piel. Cierto que tienen mejor acceso a los mejores puestos los blancos (europeos) o los que están más próximos a ellos por el color de la piel, modales, lenguaje, manera de vestirse, instrucción y sistema de valores. Los mulatos, de una manera típica y abrumadora, ocupan puestos intermedios, y los negros los puestos subalternos e inferiores así como los trabajos de sirvientes domésticos. La persistencia de esa pauta muestra “la profunda estabilidad de un sistema de estratificación, en el cual la raza, el color de la piel, la categoría social, el tipo de trabajo, el poder y la riqueza se entrecruzan y se refuerzan mutuamente en el plano ideológico”.(85)
En aquellos lugares donde los blancos son muy pocos y la economía florece, y con ello el crecimiento de zonas urbanas, se produce una ascensión de los mulatos a los puestos más elevados y a los enclaves sociales antes dominado por los blancos, y a la vez, se produce un ascenso de los negros hacia la categoría social de los mulatos de clase media (caso de Jamaica). Un típico proceso de movilidad vertical ascendente. En el caso de Trinidad los mulatos evolucionados culturalmente conquistan un
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papel protagonista en las instituciones políticas: “Los plantadores (blancos) no cuentan, los marineros y los soldados no duran mucho, la canalla blanca es demasiado estúpida y los esclavos negros están encadenados. Así que solamente estamos nosotros”. (86)
La evolución política de las sociedades del Caribe en relación con la potencia metropolitana, pasa por una primera fase en la que el poder político y la participación en las asambleas es copada por los plantadores blancos y, en ciertas islas, los plantadores mulatos libres tienen una alta representación. Aunque Londres gobernaba tenía unos consejos legislativos locales con atribuciones limitadas, donde los sectores antes mencionados tenían su control local. Luego –señala Hall–, hay un período que denomina “hacia la independencia” donde se amplían las atribuciones locales en su auto gobernanza entregándose gran parte del poder a las minorías políticas locales. Es en esta fase donde “se forman y surgen las instituciones clásicas de la sociedad de clases en el campo político: los sindicatos, los partidos políticos, un sistema parlamentario completo, la administración civil y un aparato administrativo de gobierno”.(87) Hall es consciente de que la presencia en las instituciones políticas no da la medida de la composición de clase: “Al igual que en todas las sociedades de clase, el carácter, la composición y la trayectoria de las clases más poderosas no pueden deducirse directamente del carácter y composición de la minoría política que gobierna”.
Previene contra la lectura “politicista” que parte de que si se llega a las cimas del poder, esto indica un control real sobre la vida económica y social; cuando muchas veces, se está jugando un papel subordinado a pesar de las pompas del poder protocolario: “Es este un aspecto decisivo, que ha sido a menudo pasado por alto, y que debería prevenirnos contra la tentación de “leer” demasiadas cosas en el cometido del sector político, en lo que se refiere a la estructura global del poder, la autoridad y la hegemonía en las sociedades en general”. (88)
En las sociedades previas a la independencia ya existe un sistema de estratificación nacional que es dominante en que se entrecruzan la raza, el color de la piel y la clase social. Siguiendo la gama blanco-mulato-negro, se pueden observar en las sociedades del Caribe “que los cauces de movilidad étnica son una representación exacta de la movilidad social”. Es decir, los blancos ocupan, en general las posiciones de mayor nivel e ingresos, junto a una élite mulata, y los negros están poco representados en las cimas, aunque junto a los mulatos ocupan las posiciones medias, y gran parte de las ocupaciones peor pagadas y menos valoradas. Donde las poblaciones de India y China constituyen una minoría, éstos también se moverán entre las posiciones medias y altas de la pirámide social. Se ha dado ya el paso de una sociedad básicamente de “casta” a una sociedad de clases. En la fase de la independencia o poscolonial que denomina Hall la sociedad de
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“descolonización”, la raza, el color de la piel y la categoría social forman una “matriz básica de la estratificación”, pero como han desaparecido las restricciones legales que impiden lograr a los negros su movilidad social y la población tiene una composición cada vez más mixta o mezclada “los mecanismos de movilidad social” ascendente “son en gran parte de carácter no formal”. La raza no es como lo fue en la Sudáfrica del apartheid una categoría pura definida jurídicamente por lo genético no por lo social. En las sociedades del Caribe las cosas son muy diferentes: “En el Caribe, incluso cuando existe una fuerte minoría local blanca, la raza se define socialmente. Por ello, intervienen los mecanismos de movilidad social y de estratificación a través de sus aspectos visibles: características físicas, pigmentación y, en cierto modo indeterminado, cultura. El “color de la piel” es, de todos ellos, el más visible y manifiesto y, por consiguiente, el más manejable para identificar los distintos grupos sociales. Pero también él queda definido socialmente, y es también un término compuesto. Los negros que tengan facciones o pelo “buenos” (es decir, pelo liso) ocuparán un puesto más alto en la escala étnica que los mulatos de rasgos claramente negroides. Así pues, el color de la piel comprende otras características físicas relacionadas con la raza, que no consisten únicamente en la pigmentación de la piel”.(89)
Esas sutilezas se les escapan a muchos analistas que se mueven con categorías binarias y simplistas, y que no son capaces de entender la complejidad de las manifestaciones sociales en este tipo de sociedades heterogéneas e hiper mezcladas, y sobre todo, es inaprensible para el simplismo categorial de los activistas e incluso algunos investigadores “afroamericanos” y sus epígonos, incluso procedentes del mismo mundo Caribe, ya que en la sociedad norteamericana es hegemónica la idea, que ellos han internalizado como verdad-objetiva, que no existen intermedios, que en materia racial o étnica todo es blanco o negro, que lo mixto o mezclado es reducible a lo negro, y esto se explica por la predominancia del habitus, proveniente de la sociedad esclavista sureña, que se puede explicar de manera muy expresiva y sencilla con el apotegma irracional y anticientífico, pero muy importante para una estrategia de dominación cultural y de polarización social-racial en beneficio de la etnia dominante en lo económico y en lo político: de que “quien tiene una gota de sangre negra es negro”.(90) Este tipo de argumento es tan cierto o verdadero, como sería decir lo contrario, pero que partiendo desde la premisa mayor que emplean sería lógicamente irrebatible, si bien esta es una construcción sofística: “quien tiene una gota de sangre blanca es blanco”. En fin, semejante argumento es equiparable a reducir toda la infinita gama de la inteligencia a los términos siguientes: “el que no es un genio, es un imbécil”. Con lo cual la inmensa mayoría de los humanos, de cualquier color de la piel, seríamos indefectiblemente imbéciles, salvo que se demuestre irrebatiblemente lo contrario, caso por caso, o sea, que algunos son unos genios. Ello es una muestra de la summa simplicitas reduccionista de algunos argumentarios de carácter ideológico y anti científicos, que no sirven para captar la enmarañada realidad étnica y social de las sociedades del Caribe. Y solo tiene utilidad para tratar de aplicar la lógica racista binaria, del que no es una cosa es otra, y solo esa otra, porque todo lo demás está descartado, porque sí; y caso cerrado.
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Como muy bien afirma Hall para ilustrar lo expuesto sobre la complejidad caribeña “en el intercambio de insignias”–en el simbolismo de la movilidad social–, se tienen en cuenta otros factores, además de la raza y el color de la piel, cualquiera que sea la definición que se dé de ellos…los negros de pelo y facciones claramente negroides que son ricos o instruidos o que tienen puestos de trabajo propios de la clase media, ocupan un lugar superior en la escala de estratificación que los mulatos pobres o poco instruidos. Así pues, el elemento de raza y color de la piel se combina con los elementos habituales de los sistema de estratificación no étnicos (instrucción, riqueza, profesión, ingresos, estilos de vida y valores) para componer la matriz de estratificación”.(9¹) Ahora bien, los aspectos visibles de la estratificación social caribeña basada en la raza y el color de la piel puede esconder la existencia de una estructura aún más compleja, ya que es un sistema más rígido que el existente en otras sociedades, como “las sociedades europeas de clase… en las que no existe ningún índice étnico”. Se trata pues de sociedades con un sistema más rígido “ya que todo miembro de la sociedad (caribeña) que mejora de categoría social tiene que negociar las de un sistema de simbolismo social”. Ello trae aparejado para el investigador social más dificultades, ya que calcular la movilidad social es más difícil de llevar a cabo, además, “el paso” de una categoría a otra supone negociar la significación pública de la estructura social con arreglo a varias dimensiones: la sociedad en su conjunto –a la vez quienes “pasan” y quienes permanecen estáticos en ella…Lo que hace de la sociedad Caribe uno de los sistemas sociales más complejos de la tierra es la articulación doble o triple de los sistemas de simbolización social”. (9²) Ahora que las cuestiones de identidad racial o étnica han logrado tanto auge que incluso se trata de colocarlas muy por encima del concepto de clase social como elemento de análisis de ciertas sociedades, resulta relevante traer a colación algunas explicaciones que nos parecen de gran valor exploratorio para la búsqueda de significantes, que realiza Hall. Señala nuestro autor que los elementos culturales ocultos no son puros, por ejemplo, “africano” “ no quiere decir africano, sino que se refiere a instituciones y pautas culturales que no son las primigenias de ese continente sino las adoptadas y transformadas por “los negros del Nuevo Mundo…ya que el contexto formativo de esas instituciones no es África sino la esclavitud…Los elementos africanos han quedado transformados y reelaborados…como formas culturales Caribes esencialmente negras y populares”. (9³) Se trata de un sincretismo cultural tanto en las estructuras familiares como en la religión y en la música. Y junto a ello, el elemento “europeo” ha dejado de ser puro, la cultura metropolitana, europea, se convierte en “un sistema axiológico ideal”, pero que es muy diferente a las prácticas culturales, en sentido amplio, de los blancos, que se han criollizado, “nativizado, naturalizado”. Por tanto, “el valor operativo de las palabras negro-mulato-blanco se refieren directa y predominantemente al sistema social interno. Indica la dinámica social interna de la sociedad Caribe, y no de sociedades (con sus complejos sentidos étnicos y culturales) ajenas a ella”.(94) Como es el caso de las sociedades estadounidense, de las africanas o las europeas. En las sociedades del Caribe una vez lograda la independencia, la ideología nacional o nacionalista cumplió su función fundamental de juntar a todos los grupos sociales y clases para forjar una unidad respecto a la dependencia de las metrópolis,
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minusvalorando los conflictos y divisiones internas. Hall utiliza como caso paradigmático Jamaica para sacar unas conclusiones respecto a las sociedades ya independientes aunque todavía –en el momento en que escribió su estudio–, con poco recorrido histórico como naciones o Estados-nacionales en lo que se refiere a las clases sociales y la estratificación: 1.
Persiste la antigua plantocracia (el poder de los dueños de plantaciones) pero sus funciones económicas y políticas han menguado con la decadencia del azúcar, aunque algunas se han sabido recuperar invirtiendo en otros sectores más dinámicos y uniéndose con el poder político para obtener medios de acumulación de riquezas a través de inversiones en los negocios, el comercio y el turismo. Siguen siendo un referente social.
2.
El crecimiento de la sociedad comercial y del sector servicios en general ha transformado a la clase media. La clase media tradicional, que proviene en muchos casos de aquellos mulatos libres, sigue apegada a sus valores de respetabilidad y distinción entre mulatos con color de piel más cercano a los blancos y se diferencian de los negros pobres, pero es un grupo social en decadencia tanto política como económica, pero sobre todo por su peso demográfico. Hay lo que llama Hall una “clase media inferior” compuesta de personas que desempeñan los puestos medios y bajos del sector servicios, trabajan en la enseñanza, y en trabajos administrativos subalternos.
3.
Ha surgido una clase comercial y administrativa relacionada con el mundo de los negocios y de la administración pública, junto a los profesionales tradicionales (Derecho, Medicina, Ingenierías) y de una “inteligencia” nativa formada en las universidades. Según Hall constituiría una “burguesía nacional, de un estrato social, seguro de sí mismo y partidario de la libre empresa”, cuya composición racial es muy mezclada y se inspiran más en una “ideología nacional que en una ideología étnica…está vinculado al Estado-nación y tiene una concepción cosmopolita y consumista. Es la clase que apoyó, y ahora hereda, el impulso hacia la independencia nacional”, y que ha obtenido los beneficios del crecimiento y la diversificación económica.
4.
Muy importante en lo que atañe a los sistemas de estratificación y movilidad tradicionales basados en la raza/color de la piel, es lo que explica Hall sobre este sector: “los antiguos simbolismos y matriz de estratificación y movilidad cuentan mucho menos que el nivel de instrucción, los ingresos, la categoría social y el estilo de vida”. (96) Étnicamente es muy amplia y variada y los negros han logrado progresar y ascender socialmente.
5.
La clase trabajadora y el campesinado se han diversificado, además del campesino medio y pequeño, el bracero o peón, hay asalariados en el sector minero, el servicio doméstico, el sector comercial y el turismo (en puestos de nivel ocupacional inferior), y en pequeñas empresas; los pobres urbanos y rurales, el
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lumpenproletariado de las ciudades, siguen siendo predominantemente “negros o casi negros en cuanto a su composición étnica”. (97) Lo que muestra Hall es una sociedad de estructura social compleja, no dicotómica simple, ya que pocas sociedades lo son. Contraponiéndose a las elaboraciones de algunos teóricos que han negado la pertinencia del análisis marxista para captar el sistema de clases de las sociedades Caribe, debido a que en este tipo de sociedades no han percibido la existencia de una solidaridad social entre las clases sociales y especialmente en los diversos sectores o fracciones de clase trabajadora, Hall rebate sus argumentos. Ya que considera que no existe en la teoría marxista de las clases esa idea de la solidaridad automática de clase como tampoco “una transparencia de las relaciones entre estructura y superestructura…Sin una solidaridad de clase predecible, no habrá ciertamente tampoco solidaridades étnicas o culturales”.(98) Es importante tener en cuenta que en Jamaica, después de la independencia, hubo un cierto auge de las consignas del Black Power norteamericano y su énfasis en la mediación de conceptos étnicos, en esa retórica racial, “negro” subsumía a lo mulato –por los motivos ideológicos ya explicados más arriba–, y si la idea subyacente es que ser negro implica solidaridad racial entre ellos, entonces la línea de demarcación entre clase y raza/ color de la piel, queda difuminada.Tomado a pie juntilla esto llevaría a una solidaridad de intereses entre, por ejemplo, la clase obrera, los trabajadores agrícolas y el lumpenproletariado negro con la burguesía negra. Lo cual no existe en la realidad. Por más que se empeñen ciertos ideólogos de las razas (sean éstos racistas negros o racistas arios), los intereses económicos, políticos, y de control/dominación, son más importantes y relevantes que las identidades de raza o color de la piel. A este respecto me parece muy fructífera la reflexión que hace Hall: “El modelo mecanicista establece una alineación directa entre poder económico/ posición y composición de clases de la minoría política dirigente ( sin embargo), las aplicaciones modernas de la teoría reconocen grandes desplazamientos entre esos dos campos…la función de los factores “complejificantes” étnicos y de otro tipo en la formación de las imágenes de uno mismo, los simbolismos sociales, la identidad y la cultura sólo plantea una dificultad insuperable para un modelo reduccionista, en el cual se considere que la conciencia procede directamente y sin mediaciones del “ser social”. Semejante idea no sobreviviría demasiado tiempo en ninguna aplicación compleja moderna del análisis marxista de las clases. Aunque no se ha hecho tal análisis, empleando esas variantes complejas, no es evidente que la empresa resulte imposible. En dicho análisis, habría que dedicar una gran atención a los factores étnicos, culturales e ideológicos que entran en juego en las modernas sociedades del Caribe en su fase burguesa nacional”. (99)
LAS IDENTIDADES Y LA DIÁSPORA Hall le prestó mucha atención al asunto de las identidades y a la cuestión de las diásporas. En Cultural Identity and Diaspora(¹00) apelaba a los escritos de Franz Fanon.(¹0¹) Los más conocidos son Los condenados de la tierra, Por la revolución africana, y Piel negra, máscaras blancas, en los cuales hace referencia a la importancia que tiene
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para el colonizado recuperar la memoria a través de los relatos de los casos de opresión cometidos durante la etapa colonial y también resaltar las historias de resistencia y oposición, en ese sentido se trata de hacer lo que recomienda E.P.Thompson en cuanto a historiar las costumbres y la cultura de resistencia, a veces muy sutiles, que constituyen las maneras de hacer frente a un orden de dominación. Hall señalaba que era necesario superar la cultura del colonialismo y recuperar la identidad propia pero insistía que la identidad no era algo que venía en línea recta e ininterrumpida de un solo lugar o de un solo origen, ya que en las identidades se pueden rastrear orígenes diversos, aculturaciones y adaptaciones, que se mezclan creando lenguas criollizadas (créole haitiano, patois jamaicano, etc.), e incluso religiones sincréticas, además de formas religiosas como el pentecostalismo nativo, el baptismo negro, la religión rastafari, el gagá, el vudú, la santería brasileña y cubana, etc. Todo ello lleva a construir unas identidades “imaginadas”. Hay que reconocer como un hecho social indiscutible y además innegable en determinados pueblos, la existencia de una presencia africana junto a la presencia europea, a lo que hay que agregar –en el caso del Caribe y en el continente americano– la presencia de las poblaciones indígenas o autóctonas, todo ello pasado por el tamiz de la criollización de esos elementos que no son nunca idénticos a los originales, que conllevan una forma muy heterogénea de fusión, en función del factor relevante, sea en lo demográfico o en lo cultural. Lo africano –como ya se ha expuesto– viene condicionado por la esclavitud, donde se forjaron procedencias, tribus, costumbres, religiones y pensamiento mágico, muy disímiles, produciendo otra cosa que la herencia africana de sus lugares de procedencia. En ese sentido, la idea de “comunidad imaginada” es a la vez muy realista y muy operativa. Hay quien considera que no se sabe a ciencia cierta dónde quiere ir a parar Stuart Hall, con sus reflexiones, salvo que entendamos, como es mi percepción, que quiere evitar una mirada simplista o teorizaciones banales sobre problemas complejos que se escapan a los reduccionismos. Por eso quizás señala Blackburn que “al final y hasta el final, Stuart continúa siendo un materialista histórico y cultural”. (¹0²) En los últimos tiempos se ha utilizado mucho el concepto de identidad y también se ha polemizado el mismo. Se ha hecho un proceso de deconstrucción para criticar “la noción de una identidad integral, originaria y unificada”. (¹0²) Basándose en el enfoque deconstructivo que trata de reemplazar conceptos inadecuados por otros más útiles, y cuando no hay otros conceptos que puedan reemplazarlos, pues se sigue utilizándolos aunque esto se haga fuera del paradigma en se crearon inicialmente. Para Hall hay en nuestros días un declive de las grandes identidades de la misma manera que los posmodernistas consideran que hay un fin de los grandes relatos, del sujeto, de la historia y de la gran política sustituida por la micropolítica. Afirma a este respecto: “Las grandes identidades colectivas sociales de clase, de raza, de nación, de género y del occidente…fueron escenificados y estabilizados por la industrialización, el capitalismo, la urbanización, la formación del mercado mundial, la división social y sexual del trabajo, por la gran separación de la vida civil y social en lo público y lo privado, por el dominio del Estado-nación y por la identificación entre la occidentalización y la noción de modernidad en sí”.(¹0³)
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Hall considera que el concepto de identidad ya no puede usarse a la vieja usanza pero hay que seguir empleando el concepto ya que sin su empleo hay determinadas cuestiones que no pueden pensarse en absoluto. Derrida describió ese enfoque como pensar en el límite. Y Hall sigue esa contextualización explicándola de esta manera: “En el lenguaje del sentido común, la identificación se construye sobre la base del reconocimiento de algún origen común o unas características compartidas con otra persona o grupo o con un ideal…y con la solidaridad y la lealtad establecidas sobre este fundamento. En contraste…el enfoque discursivo ve la identificación como una construcción, un proceso nunca terminado: siempre “en proceso”…siempre es posible “ganarlo” o “perderlo”, sostenerlo o abandonarlo…la identificación es en definitiva condicional y se afinca en la contingencia…La identificación es, entonces, un proceso de articulación…una sobredeterminación y no una subsunción…Como todas las prácticas significantes, está sujeta al “juego” de la différance. Obedece a la lógica del más de uno. Y puesto que como proceso actúa a través de la diferencia, entraña un trabajo discursivo, la marcación y ratificación de límites simbólicos, la producción de “efectos de frontera”. Necesita lo que queda afuera, su exterior constitutivo, para consolidar el proceso”.(¹04)
Esto conduce a un concepto de identidad no esencialista, que se va transformando. Si nos referimos a la identidad cultural, por ejemplo, nos encontramos que no están tan unificadas como se nos dice sino cada vez más fragmentadas, dice Hall que nunca son singulares, sino construidas de numerosas maneras mediante discursos, prácticas y posiciones muy diversas, a veces incluso antagónicas entre sí. Las identidades están relacionadas con la invención de una tradición que nos la leen como “lo mismo que cambia”. Y, por otra parte, Hall es muy crítico con la teoría de la banalización de la identidad y en ese sentido aclara esto con el siguiente argumento: “La noción de que la identidad está relacionada con personas que se parecen, que se sienten lo mismo, que se llaman lo mismo, es una tontería. Como un proceso, como una narrativa, como un discurso, se cuenta siempre desde la posición del Otro”.(¹05) Teniendo como referente a Derrida y a Laclau, Hall considera que “las identidades se construyen a través de la diferencia, no al margen de ella”. “La identidad se construye a través de la relación con el otro, la relación con lo que él no es, con lo que justamente le falta, con lo que se ha denominado su “afuera constitutivo”. Aunque la identidad se presenta como una unidad, con homogeneidad interna, la misma ha sido una construcción que se hace reprimiendo lo que la amenaza, excluyendo algo y estableciendo una jerarquía violenta entre los dos polos resultantes: hombre/mujer, negro/blanco, etc. De ahí que “las “unidades” proclamadas por las identidades se construyen dentro del juego del poder y la exclusión”. En definitiva, “las identidades son puntos de adhesión temporales a las posiciones subjetivas que nos construyen las prácticas discursivas”.(¹06) Para los fines de nuestro propósito, que es la cuestión de las clases sociales, es de significativa importancia las conclusiones que extrae Hall sobre la situación de las identidades de clase en la etapa actual: “Las grandes identidades de clase, que tanto han estabilizado nuestra comprensión del
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pasado inmediato y el no tan inmediato. La clase era el localizador principal de la posición social, aquello que organizaba nuestra comprensión de las principales relaciones de red entre grupos sociales. Nos ligaba a la vida material a través de la economía misma. Proveía el código a través del cual nos leíamos entre nosotros. Proveía los códigos a través de los cuales unos entendían el lenguaje de los otros. Proveía, por supuesto, las nociones de la acción colectiva en sí, aquella que desbloquearía la política. Ahora…las grandes identidades sociales colectivas ascienden y caen, y es casi igual de difícil saber si son más peligrosas cuando están cayendo o cuando están ascendiendo”. (¹07)
La buena o mala noticia, según como se mire, es que estas “grandes identidades colectivas no han desaparecido”, aunque ya no tienen la importancia social, histórica o epistemológica que tenían años atrás. “No nos dan el código de identidad como creo hacían en el pasado”. Pero pese a ello aunque esos viejos discursos –como el de la clase social– sean abolidos de los relatos, se les ponga en una fosa profunda y se les vierta hormigón armado sobre él, puede que retorne, que le necesitemos. “Algunos lo van a suplantar por los lenguajes del feminismo, del psicoanálisis, etc., que han reposicionado la noción del sujeto, y que pueden permitir pensar lo relativo a la identidad desde estos nuevos espacios teóricos”. Una idea que considero de gran interés sobre las identidades en general, y específicamente, sobre las identidades de clase social, que constituyen el núcleo del pensamiento de Stuart Hall sobre este asunto es la no existencia de garantía política alguna que esté inscrita en la identidad. La identidad no es garantía de nada. La identidad de raza, de Estado-nación, de género, de posición de clase, solía servir para permitirnos saber dónde encajábamos, dónde estaba uno en la sociedad. Ahora se vive con un sentido de una pluralidad mucho mayor de identidades y del carácter inacabado de cada una de ellas. Pese a ello las identidades no han muerto: “No es que hayan desaparecido pero no nos fijan en un lugar, no nos localizan de la manera en que lo hacían en el pasado”. (¹08) No está de demás, aunque sea para ver adónde ha conducido la evolución del neoliberalismo y las posiciones a que reducen al intelectual comprometido, recordar que ya Hall mantenía una actitud crítica y nada esperanzada respecto a dónde nos podría conducir la “modernización regresiva” que se puso en marcha a partir de los años 80 del siglo pasado por el thatcherismo y que llevaría al nuevo orden globalizado del imperialismo financiero. Escribía Stuart Hall en 1983 lo siguiente sobre el papel de la clase trabajadora y el resultado que nos deparaba si no lograba organizar una contra hegemonía en la sociedad: “Si como a uno le dicen constantemente que es el caso, la clase obrera organizada no está dispuesta a hacer el trabajo, entonces este trabajo no lo hará nadie, y la sociedad capitalista continuará vigente, generación tras generación, en tanto que sistema social conflictivo, crecientemente autoritario y embrutecido, envenenado por su incapacidad para hacer un uso humano y racional de los inmensos recursos que el propio capitalismo ha creado…Nada ha sucedido en el mundo del capitalismo avanzado, ni en el mundo del trabajo que respalde esta visión”. (¹09)
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CONCLUSIONES Lo más destacable en el pensamiento de Stuart Hall en relación al tema de las clases sociales como una de las más importantes identidades colectivas son sus ideas sobre lo que se puede considerar su declive en las sociedades contemporáneas de inicios del siglo XXI. Me explico. La argumentación de Hall es que durante parte del siglo XIX y de casi todo el siglo XX, la sociedad moderna se podía entender en términos de unas grandes identidades colectivas. Si uno tenía idea de a que clase social pertenecía esto le permitía conocer cuál era su lugar o posición en la jerarquía social e incluso –salvando las individualidades–, cual podía ser el “destino” social que podías esperar en cuanto a movilidad social y todo lo que ello conllevaba. Si uno sabía su pertenencia racial sabía también la relación jerárquica que hay entre las mismas en el mundo y en la sociedad particular en la que se vive. Si se sabía el género de pertenencia sabías la localización en las divisiones sociales, sexuales, laborales, entre hombres y mujeres. Si se sabía la identidad nacional se sabía “el orden que puntuaba (en) el universo” (Hall). Todas esas identidades colectivas tenían el efecto de estabilizarnos y nos permitían tener un sentido de nosotros mismos. Todo ello aseguraba una sensación de seguridad. Todo eso se ha venido abajo. En lo que respecta a la clase social, Stuart Hall expone claramente que en nuestras sociedades no es cierto que las cuestiones relacionadas con la clase social, la estructura social y de la desigualdad social, hayan desaparecido, que estén ausentes, que hayan muerto. Pero el matiz, la sutileza, que introduce nuestro autor es que la manera como las identidades de clase social eran entendidas y sobre todo experimentadas, como la gente se adscribía a esos conceptos o categorías de clase social, como se pretendía que se organizaba políticamente estructurándose los partidos para la defensa de unas clases sociales determinadas –partidos de la burguesía, de la clase media, partidos obreros o de la clase trabajadora, partidos interclasistas–, todas esas formas son ahora más difíciles de encontrar. Aunque Hall también afirma que la “narrativa de la clase” que analizaba el pasado en función de la misma quizás tendiera a simplificar la situación. Asistimos, pues, en la sociedad actual a una fragmentación de la identidad social que es parte de la experiencia, y aunque hay un auge de lo global también existe lo local. Por ello hay tendencias hacia la unión de Estados o la federación de Estados, pero dentro de los Estados también hay un reclamo de identidades locales (“somos escoceses, somos europeos, pero no somos británicos”, o, “somos catalanes, somos europeos pero no somos españoles”). Hall lo explica como que las personas se sienten a la vez parte del mundo y de su aldea. Todos los grandes principios de estructuración de nuestras identidades se han fragmentado. Para finalizar nos parece de interés, partiendo de la fragmentación y pluralidad de las identidades sociales, convocar el concepto de hegemonía de Gramsci tan caro para Hall. Tratando de interpretar lo significante del concepto de hegemonía, encuentra que esta se logra por la construcción de una voluntad colectiva a través de la diferencia. Por ello propone Hall que se haga una política que se dirija a las personas a través de las múltiples identidades que ellas tienen, comprendiendo que las mismas son incluso contradictorias, que se entrecruzan. Eso lleva a hacer política fuera del sueño, despertarnos, crecer, entrar
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en el mundo de la contradicción. Podemos unirnos pero sabiendo que cada quien tiene sus diversidad. Sabiendo que hay que abandonar los relatos que nos daban la victoria de antemano, dialécticamente predeterminada por la evolución misma de la economía. Se trata de una acción, en definitiva, sin certezas, sin garantías. TERRY EAGLETON, LAS CLASES SOCIALES EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI Terry Eagleton ha sido profesor en Oxford y es profesor en la Universidad de Manchester. Es uno de los discípulos más relevantes de Raymond Williams. En los estudios culturales se ha especializado en marxismo, teoría literaria y psicoanálisis. Como señalan las profesoras brasileñas Camargo y Cevasco, en su prolífica producción intelectual queda claro que “el proyecto intelectual de Eagleton está fundado en la conciencia de que la crítica de la cultura no es una disciplina académica anodina sino una forma efectiva, aunque limitadas, de intervención en la realidad”. (¹¹0) Eagleton ha escrito obras de ficción, teatro, reseñas, artículos, y también trabajos de gran relevancia como Ideología, donde estudia la formación de lo estético en la historia del pensamiento universal, Marxism and Literary Criticism (1976), obra didáctica sobre un enfoque marxista de la literatura, Teoría de la Literatura (1983), en que aborda de manera crítica las principales corrientes teóricas del siglo XX. Ha publicado un estudio sobre el pensamiento de Benjamin, Walter Benjamin or Towards a Revolutionary Criticism (1981). O más reciente After Theory (2003), donde con su estilo peculiar, brillante e irónico, hace una crítica a fondo del posmodernismo. (¹¹¹) ¿ES EL MARXISMO UN “RELATO” ARCAICO INADECUADO A LA SOCIEDAD ACTUAL? Lo que corresponde para los fines de este libro, es tratar lo relativo a las clases sociales, pero como en esta cuestión Eagleton se reafirma en la vigencia del marxismo, es de interés destacar algunas de sus reflexiones sobre el mismo. En primer lugar, señala que a diferencias de otras teorías, para los marxistas el final del marxismo sonaría como música celestial en sus oídos, ya que esto sería el fin de sus desvelos por lograr una sociedad diferente basada en la satisfacción de las necesidades humanas y el fin de la explotación. Por eso dice esta frase cargada de significado: “Los marxistas no quieren más que dejar de ser marxistas…ser marxista no se parece en nada a ser budista o ser multimillonario. Es más bien como ser médico. Los médicos son unas perversas criaturas con tendencia a la autoanulación, pues eliminan la fuente misma de su trabajo y su sustento curando a pacientes que, una vez sanos, ya no los necesitan”. (¹¹²)
Respecto a los que atribuyen al marxismo ser una teoría jurásica que no tiene en cuenta los cambios producidos en las sociedades modernas y que solo refleja –en el mejor de los casos–, la sociedad del siglo XIX, Eagleton les recuerda que Marx fue consciente de la naturaleza cambiante del sistema, a él y a los marxistas debemos: “el concepto de las diferentes formas históricas del capital: mercantil, agrario, industrial, monopólico,
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financiero, imperial, etc”. Por eso no se puede cuestionar al marxismo porque el capitalismo ha cambiado de forma porque esta teoría concibe el cambio como la esencia del sistema capitalista y en general de la historia de la humanidad. Llega incluso a decir, y lo citamos textualmente: “el propio Marx predijo el declive numérico de la clase obrera y el aumento pronunciado del trabajo intelectual…También previó lo que hoy llamamos globalización, cosa extraña para un hombre cuyas ideas son supuestamente arcaicas”. Y concluye con esta afirmación, cuya contundencia es una radiografía sintetizada de crítica a todas las frivolidades intelectuales y de los análisis superficiales e interesados sobre Marx, que es dejado atrás como una reliquia de otros tiempos, inservible para una sociedad donde la única alternativa es que no hay alternativa ninguna, sino el presente, ya que el futuro que se nos promete es “simplemente el pasado repetido infinitamente, o , como los posmodenistas remarcan, “el presente con más opciones”. (¹¹³) Respondiendo a esos negadores de la pertinencia actual de Marx, afirma: “Quienes lo acusan de obsoleto son los adalides de un capitalismo que está retrocediendo rápidamente hacia niveles victorianos de desigualdad”.(¹¹4) LAS CLASES EN EL CAPITALISMO DE HOY Las ideas de Eagleton sobre el tema de las clases sociales en el capitalismo actual son muy clarificadoras, ya que su exposición no parte del capitalismo avanzado de antes de la crisis financiera de 2008, sino que tiene en cuenta esta crisis y su influencia sobre la concepción del capitalismo y de las clases sociales de hoy día o si se quiere ser aún más preciso, prácticamente del “momento presente”. Su crítica de las ideas posmodernistas difundidas por los principales medios de comunicación y de las que se hacen eco muchos intelectuales y muchas personas sencillas, contra, no sólo el marxismo sino inclusive sobre la existencia actual de las clase sociales se pueden sintetizar en las siguientes ideas: 1.
El marxismo es algo obsoleto. Está obsesionado por las clases sociales y no se da cuenta que el paisaje social ha cambiado y hoy nada tiene que ver con las explicaciones, descripciones y análisis de los hechos sociales realizados por Marx.
2.
La clase obrera ha desparecido de la escena social y de la estructura ocupacional.
3.
En el mundo y la sociedad actual la clase social ha dejado de tener importancia, ya que existe una movilidad social tan fluida que la lucha de clases es una antigualla.
Con fino humor británico Eagleton señala que es sabido que los marxistas tienen un problema con la idea de utopía, y por ello suelen desconfiar de las apariencias, y pone como ejemplos los siguientes: “no creen que, solo porque los altos ejecutivos de las empresas lleven hoy zapatillas deportivas a las oficinas, escuchen a Rage Against the Machine o supliquen tareas a sus empleados diciéndoles cosas como “anda, va, corazón”, la clase social haya sido barrida ya de la faz de la tierra”. Y continúa: “El marxismo no define la clase en términos de estilo, estatus, ingresos, acento, ocupación, ni si alguien
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tiene patos o cuadros de Degas en las paredes de su comedor. Los hombres y las mujeres socialistas no han luchado y, en ocasiones, muerto a lo largo de los siglos simplemente para poner fin al esnobismo”. (¹¹5) En las concepciones de los sociólogos norteamericanos hay una idea que considera como “pintoresca” del clasismo, que tiende a ver a la clase como una cuestión de actitud. “La clase media debería de dejar de sentir desprecio por la clase trabajadora del mismo modo que los blancos deberían dejar de sentirse superiores a los afroamericanos. Pero el marxismo no es una cuestión de actitud, la clase para el marxismo, como la virtud para Aristóteles, no guarda tanta relación con lo que sentimos como con lo que hacemos”. Tiene que ver con dónde estamos situados dentro de “un modo de producción” concreto. Por lo tanto: “El marxismo no ha perdido fuelle social…porque (diferentes) formas de distinción de clase más antiguas se hayan difuminado gracias a la acción de ese disolvente conocido por el nombre de dinero. El hecho de que la aristocracia europea se sienta honrada hoy en día de codearse con Mick Jagger no ha tenido efecto alguno a la hora de aproximarnos más a una sociedad sin clases”. (¹¹6)
Se habla de la desaparición de la clase obrera, pero no se pone ninguna atención a la desaparición de la alta burguesía tradicional o de la clase media alta. Y en este sentido se pregunta Eagleton qué queda de la burguesía que tan bien retrataron en sus novelas Marcel Proust,Thoman Mann, o como la conocieron Baudelaire, Ibsen, Rimbaud, Brecht o incluso Sartre. Como señala Pierre Anderson, “en vez de ese sólido anfiteatro, tenemos ahora un acuario de formas flotantes y evanescentes, como son la de los proyectistas y los gerentes, los auditores…los administradores y los especuladores del capital contemporáneo: consecuencias de un universo monetario que no conoce fijaciones sociales ni identidades estables”. (117) La conclusión de todo esto es que aunque la clase cambie de componentes y de maneras o formas, “eso no significa que se disipe sin dejar rastro”, como se pretende que ha hecho en la sociedad actual la clase obrera. La cuestión es que el capitalismo en su proceder y en su reproducción como señala Eagleton, “confunde las distinciones, aplasta las jerarquías y mezcla con promiscuidad las formas de vida más diversas: es algo consustancial a su propia naturaleza. No existe un modo de vida más hibrido y pluralista”. Y continúa con esta joya reflexiva a la par que descriptiva del capitalismo: “A la hora de determinar quiénes deben ser explotados en concreto, el sistema es admirablemente igualitario. Es tan antijerárquico como el más devoto posmoderno y tan generosamente inclusivo como el más ferviente de los vicarios anglicanos: ardeen deseos de que no se libre absolutamente nadie. Allí donde hay un lucro que obtener, negros y blancos, mujeres y hombres, bebés y ancianos, vecinos de Wakefield y aldeanos de Sumatra son todo molienda para su molino, tratados con impecable ecuanimidad. El gran igualador no es el socialismo, sino la forma mercancía…No debería sorprendernos, pues, que el capitalismo avanzado engendre imágenes engañosas de una supuesta ausencia de clases. No se trata simplemente de una fachada tras la que el sistema oculta sus verdaderas injusticias: forma parte de la naturaleza misma de la bestia”. (¹¹8)
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Pese a los cambios de estilos y de relaciones laborales en organizaciones menos jerárquicas y que funcionan en redes, donde hay mucha mayor informalidad de las que había dos décadas atrás, lo cierto es que esto es pura apariencia fenomenológica, ya que en el sistema global capitalista las “distinciones de poder y de riqueza se han ensanchado más que nunca” y como afirma Eagleton, “el capital continúa concentrado en menos manos que nunca y las filas de los indigentes y los desposeídos crecen por momentos. Mientras el director gerente se alisa los vaqueros sobre sus zapatillas deportivas, más de mil millones de personas de este planeta pasan hambre a diario… Los pobres urbanos constituyen la mitad de la población mundial”. (¹¹9) Eagleton de manera muy racionalista explica que los marxistas no están contra la clase capitalista de la misma manera que quién está contra la corrida de toros o contra el tabaco, ya que Marx admiraba los logros de esta clase y consideraba que era sobre esos logros que tendría que erigirse el socialismo. Vale la pena enumerar lo que nuestro autor estima como aspectos positivos: oposición a la tiranía política (en tiempos de las monarquías absolutas, sobre todo), una acumulación de riqueza que podría traer consigo la prosperidad universal (antes de la existencia del consumismo de masas, que puede llevar a un desastre ecológico de la tierra, se trata, entiendo, de una acumulación de riqueza dentro de límites de una vida digna, no de ese hiper consumismo destructivo, CJBE); respeto del individuo, las libertades civiles, los derechos democráticos (alcanzados mediante luchas sociales de años no porque fuera uno de los objetivos de la burguesía); creación de un mercado internacional o mundial (más que una verdadera comunidad internacional). Por todo ello afirma Eagleton: “El capitalismo había demostrado ser una fuerza tan emancipadora como catastrófica, y el marxismo es la teoría política que más se esfuerza por emitir una explicación sensata de aquel, lejos de la exaltación ciega que hacen algunos y la condena generalizada que le dedican otros”. (¹²0)
Entre los frutos que ha dado el capitalismo al mundo se encuentra la clase obrera, la clase trabajadora, que creó para servir a sus propios fines, naturalmente, pero que se desarrolló hasta tal punto que, como fuerza social, adquirió, en principio, la capacidad de ser el relevo de ésta clase capitalista. Y al respecto escribe Eagleton: “Eso explica la ironía que se encierra en el corazón mismo de la concepción marxiana de la historia. La imagen de un orden capitalista dando a luz a su propio enterrador es propia del mejor humor negro”. (¹²¹) Explica Eagleton que el marxismo no se centra en la clase trabajadora por alguna razón mística o irracional, ni siquiera incluso por que vea en el trabajo una especie de virtud. Como decía Marx, los ladrones y los banqueros también trabajan. Tampoco la clase obrera debe su importancia a que sea el grupo más oprimido o más necesitado, ya que los vagabundos, muchos refugiados, los desempleados, los ancianos sin recursos y con recortes en las prestaciones sociales que les protegían, los desempleados de larga duración o crónicos, así como los trabajadores precarios (maestros, profesores, cajeras de comercios, empleados de la hostelería, etc.), los inmigrantes con trabajos precarios, peligrosos y penosos y los que han perdido su trabajo, suelen estar económicamente más necesitados que un obrero con empleo fijo o que un trabajador medio. Siendo
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sardónico afirma que “la clase obrera no deja de interesar a los marxistas desde el momento en que instala cuartos de baño o televisores en color en sus casas”. Lo que es importante: “El factor más decisivo, el que la hace verdaderamente importante para los marxistas, es el lugar que ocupa dentro del modo de producción capitalista”. (¹²²) Hay que señalar que la clase obrera constituía la mayoría de la población en el momento en que Marx escribía y su preocupación por ella estaba unida a que concebía a sus miembros como portadores de una emancipación universal, y no como la búsqueda de sus intereses particulares o grupales, en una especie de corporativismo. La clase trabajadora no tiene ningún interés propio en proteger el orden establecido, el sistema capitalista, por eso dice nuestro autor “es parcialmente invisible dentro de él; pero por esa misma razón, es capaz de prefigurar un futuro alternativo”. Y agrega: “El marxismo está tan absorto en un concepto como el de clase social únicamente porque aspira a hacer realidad su reverso”, o sea, porque al transformar su propia situación, “puede bajar el telón final del sórdido relato de la sociedad de clases como tal”. (¹²³)
Otro aspecto de interés en el asunto de la clase social y de la clase obrera es lo que tiene que ver con la superación del capitalismo y el papel que juega en ello la clase trabajadora. Para Eagleton ningún socialista consciente ha pensado nunca que la clase obrera por sí sola pondrían fin al capitalismo, se requieren alianzas. El campesinado en los países con clase obrera minoritaria, y otras clases o estamentos sociales en sociedades más complejas, por ello la determinación con la mayor exactitud posible de cuáles son las alianzas que se deben hacer y para qué fines (los de la lucha socialista o de avance democrático, o simplemente, la de servir a los intereses contrarios o retardatarios del avance hacia un objetivo progresista y socialista. Esto es, pues, la llave de bóveda para determinar la pertinencia, o el simple oportunismo y renegación de las ideas y valores socialistas, en aras del ventajismo de los líderes de partidos, de cualquier política de alianzas, lo que determina si ésta es positiva o negativa). MUJER Y PROLETARIADO Me parece importante traer a colación lo que señala Eagleton sobre lo que llama el “proletariado original”, que según él, no era la clase obrera masculina de “cuello azul”, sino las mujeres de clase baja de la sociedad antigua. “La palabra “proletariado” nos ha llegado del vocablo latino proles (“descendencia”), con el que se designaba a aquellas personas que eran demasiado pobres para servir al Estado con otra cosa que no fuera la fecundidad de su vientre…esas mujeres producían fuerza de trabajo en forma de hijos… Lo que la sociedad les exigía no era producción, sino reproducción…En la actualidad… en la que abunda la mano de obra semiesclava en talleres industriales y en explotaciones agrícolas del Tercer Mundo, el proletariado típico sigue siendo mujer”. (¹²4) Pero si volvemos a las sociedades capitalistas con una abundante fuerza de trabajo de “cuello blanco”, nos encontramos con que si años atrás predominaban los hombres en dichos trabajos, actualmente el mismo está ocupado por mujeres de origen de clase trabajadora, a las que se les paga menos –en muchos casos–, que a los trabajadores manuales varones no cualificados. “Fueron mujeres…quienes suministraron el personal
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necesario para la enorme expansión de la mano de obra en forma de dependientas y oficinistas que siguió al declive de la industria pesada tras la Primera Guerra Mundial”. Y llamó la atención lo que nos recuerda Eagleton porque es transferible a muchas sociedades capitalistas atrasadas o en desarrollo: “Incluso en tiempos del propio Marx, el grupo más nutrido de personas asalariadas no era el formado por la clase obrera industrial, sino el del servicio doméstico, integrado en su mayor parte por personal femenino”. (¹²5) ¿EL FIN DE LA CLASE OBRERA? Según señala el geógrafo David Harvey “el proletariado global es más numeroso que nunca”. Ahora bien, si por clase obrera se entiende a los trabajadores manuales industriales, éstos han disminuido en las sociedades capitalistas avanzadas, bien que, como explica Eagleton, esto ha sido así porque gran parte de ese trabajo se ha transferido a otras regiones del planeta con salarios más bajos, es decir, a países pobres. No obstante, el empleo industrial ha descendido a escala mundial, pero cuando era Gran Bretaña –y no China, como lo es ahora–, la “fábrica del mundo”, los obreros de las fábricas eran minoría respecto al conjunto de trabajadores del servicio doméstico, los braceros y los peones agrícolas. Y esto debe recordarse para no perder la perspectiva histórica del asunto. Por otra parte, la tendencia que se percibe del descenso del trabajo manual y el aumento del trabajo no manual no se trata de un “fenómeno posmoderno” sino que se remonta a los inicios del siglo XX. Además, el mismo Marx no consideraba que para ser parte de la clase trabajadora fuera condición imprescindible ser un trabajador manual. En ese sentido un trabajador comercial y un trabajador industrial pueden formar parte de la clase trabajadora, de la misma manera, que no se puede identificar a la clase obrera únicamente con los trabajadores productivos entendidos como aquellos que producen directamente mercancías. Eagleton acepta la concepción que considera que: “La clase obrera incluye…a todas aquellas personas que se ven obligadas a vender su fuerza de trabajo al capital, que malviven bajo las opresivas disciplinas de éste y que tienen escaso o nulo control sobre sus condiciones de trabajo. Formulando esa misma idea en términos negativos, los obreros y obreras vendrían a ser aquellas personas que más saldrían ganando con la caída del capitalismo…hay una clase obrera “de cuello blanco” además de una clase obrera industrial, y en ella se incluyen muchísimos trabajadores y trabajadoras técnicos, administrativos y de oficina desprovistos de toda autonomía o autoridad”.(¹²6)
Como muy bien dice Eagleton hay quienes están ansiosos por cantar las honras fúnebres por la muerte de la clase obrera y para ellos el crecimiento de sectores tales como los servicios, la informática, las comunicaciones, que es propio de la transición de una economía basada en el capitalismo industrial a otra “posindustrial”, “posmoderna”, sería bienvenida como signo de esa muerte tan celosamente anunciada desde el siglo XIX. La mala noticia es que ninguno de esos cambios “ha modificado la naturaleza fundamental de las relaciones de propiedad capitalista”. Al contrario, han expandido y consolidado dichas relaciones. Por otra parte, el trabajo en esos sectores mencionados puede ser tan pesado, sucio y desagradable como el trabajo industrial tradicional. Es
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fácil contradecir esa afirmación pensando en una recepcionista de un médico de un consultorio de lujo, o de un chef de cocina de un gran hotel, pero hay que pensar en otros trabajos no tan confortables. De hecho como afirma nuestro autor: “Quienes trabajan en centros de atención telefónica están tan explotados como quienes extraen carbón bajo tierra en la mina. Etiquetas como la de “servicios” o de “cuello blanco” sirven más bien para disimular las inmensas diferencias existentes entre, por ejemplo, los pilotos de aerolíneas y los bedeles de hospital, o entre los altos funcionarios públicos y las camareras de hotel”. (¹²7)
Efectivamente es harto difícil, sobre todo, excluir de la pertenencia a la clase obrera, a los trabajadores no manuales de bajo nivel, estando como están con bajos salarios, sin ningún control sobre su fuerza de trabajo y sometidos a un régimen de inseguridad laboral y con muy pocas posibilidades de promoción. Si tenemos en cuenta los intereses materiales de esos trabajadores está bastante claro que ellos tienen más que ganar que perder con un orden social más equitativo y redistributivo del excedente social. Y junto a ellos no olvidar la ingente cantidad de jubilados, desempleados, enfermos crónicos, etc., que aunque no forman parte de la estructura oficial ocupacional forman parte por su situación económico-social objetiva de la clase baja y, por extensión, de la clase obrera. SOBRE LA CLASE MEDIA Es un hecho cierto que el capitalismo con la aplicación de los conocimientos científicos a la producción ha hecho que las nuevas tecnologías permitan una reducción de la fuerza de trabajo viva, es decir, de los trabajadores directamente implicados en el proceso de producción, de manera que un número cada vez más reducido de trabajadores pueda producir una mayor cantidad de bienes de calidad. Y a la par, que este proceso ha llevado implícito un aumento de empleos gerenciales, técnicos y administrativos en las empresas. ¿Esto refuta al marxismo? No, ya que el mismo Marx a mediados del siglo XIX escribió sobre el “crecimiento numérico de la clase media”. Estos eran, según Marx, hombres y mujeres “situados a medio camino entre los obreros, por un lado, y los capitalistas, por el otro”. (¹²8) Eagleton señala que Marx incluso previó la desaparición futura del proletariado como se conocía en su época. Y que el capitalismo sucumbiría por la aplicación de técnicas científicas en el proceso de producción, ya que ello llevaría a una sociedad donde los individuos serían cada vez más libres e iguales. Incluso en los Grundrisse escribe Marx que el conocimiento social general se ha convertido en “una fuerza directa de producción”. Pero lo que se puede constatar hoy en día es que la ampliación de los técnicos y administrativos han ido borrando la línea de separación entre la clase obrera y la llamada clase media, y junto a las nuevas tecnologías de la información, han ido desapareciendo muchos oficios y ocupaciones tradicionales. Ello ha llevado a una especie de proletarización de los profesionales, “unida a la reproletarización de diversas ramas de la clase obrera industrial”. En este sentido afirma un reputado sociólogo británico que: “la clase media está redescubriendo la situación de inseguridad económica y desposesión que afligía al proletariado del siglo XX”. (¹²9)
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Siguiendo esa misma línea de argumentación se puede concluir que sectores que otrora fueron considerados como pertenecientes a la clase media baja como serían los maestros de primaria y los profesores de secundaria, trabajadores sociales, técnicos, periodistas (no estrellas o que ocupan puestos directivos en los medios de comunicación), personal administrativo y de oficina de nivel medio, etc., han sido sometidos a un proceso de proletarización a veces por el deterioro de sus condiciones de trabajo (en ingresos, falta de autonomía y falta de estabilidad laboral, cuando no de precariedad de sus condiciones laborales), y por directivas organizacionales cada vez más estrictas y restrictivas. Según Eagleton esto puede significar que “ha aumentado la probabilidad de que se sientan atraídos hacia la causa de la clase obrera propiamente dicha en caso de crisis política”. (¹³0) Quisiera citar ampliamente a Eagleton en este punto que me parece de mucho interés y sobre todo por venir de un observador científico y analista cultural tan cualificado como es nuestro autor. Sus palabras son tan precisas y claras que es mejor citarlas que comentarlas, o mejor expuesto, la cita excluye comentarla: “Evidentemente para los socialistas sería excelente que también los máximos directivos, los administradores y los ejecutivos de empresas se decantaran por su causa. Los marxistas no tienen nada en contra de que los jueces, las estrellas de rock, los magnates de los medios de comunicación y los generales de división se unan en avalancha a sus filas…Lo que sucede con esos individuos es que, dado su estatus social y su posesión material, es más probable que se identifiquen con el sistema actual”.(¹³¹)
LA CLASE DOMINANTE, LA CLASE MEDIA Y LA CLASE OBRERA Entre las filas de esta clase dominante o dirigente –según Eagleton–, se encuentran aristócratas (en la sociedades europeas), jueces de altos tribunales, abogados, altos funcionarios, dueños de los medios de comunicación y directivos de estos medios si tienen cierta capacidad de influir en las decisiones de sus empresas, mandos militares de alto rango, analistas y comentaristas con gran seguimiento e influencia mediática, políticos de partidos importantes, mandos policiales, catedráticos de universidad, grandes terratenientes, banqueros, grandes accionistas de bancos y empresas, directores y gerentes de empresas, rectores de universidades y directores de escuelas privadas, etc. (en este caso se trata de las famosas Public Schools, que son centros de enseñanza elitistas a los que asisten los miembros de las clases dominantes y adineradas, y que preparan a sus estudiantes para que tengan conciencia del papel dirigente que les tocará desempeñar cuando adultos). Se dirá que no todas esas personas son capitalistas, que muchas trabajan por un salario, sueldo o ingresos, que no tienen medios de producción, que no contratan mano de obra o fuerza de trabajo, pero siendo esto cierto el caso es que muchos de ellos hacen lo que tienen que hacer. Y esto es, en breve, que actúan y hacen la función del capital. En palabras del autor: “La mayoría de esas personas no son capitalistas en sí, pero actúan (aunque sea de forma indirecta) como agentes del capital”. (¹³²) Por debajo de esta clase dominante o dirigente, hay una capa o como se le quiera
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denominar de directivos intermedios, administradores, burócratas, científicos, técnicos, y otros que ocupan una posición intermedia o media. Por debajo de los citados se encuentran una pléyade de ocupaciones típicas de la clase media baja, como los maestros, los trabajadores sociales y los directivos de nivel bajo, en realidad semi-directivos. La clase obrera abarcaría a los trabajadores manuales como a los niveles bajos de los que realizan un trabajo no manual o de “cuello blanco” (oficinistas, técnicos, administrativos, auxiliares de oficina, empleados de servicio y de restauración, etc.). A pesar de quienes han proclamado la muerte de la clase obrera, ésta existe, y además, con este criterio, incluye a una parte importante de la población mundial. “La clase trabajadora existe como nunca antes, como una clase en sí…con un núcleo de quizás 2.000 millones de personas, alrededor del cual hay otros 2.000 millones cuyas vidas están sujetas de forma importante a la misma lógica que su núcleo”. (¹³³) Pero hay otros que consideran que la clase obrera estaría formada por tres mil millones de personas, más o menos. (¹³4) Ahora bien, hay que tener en cuenta a esa ingente población que vive en infraviviendas, en las villas miserias, chabolas, o ranchitos de los barrios marginales de las grandes ciudades del mundo y cuyo crecimiento sigue en aumento. Algunos sociólogos consideran que si actualmente no son una mayoría de la población urbana mundial no tardaran en serlo. Si se apela a las conceptualizaciones clásicas sobre la clase obrera no formarían parte de la misma, pero como afirma Eagleton, esta población no se encuentra fuera del proceso productivo, salen y entran ocasionalmente en el mismo y realizan “servicios informales mal pagados, poco cualificados y muy escasamente protegidos, sin contratos, regulaciones ni poder negociador”. Se desempeñan como vendedores ambulantes, en la venta de comida y bebidas, realizando pequeñas estafas y timos, en la prostitución, el trabajo infantil, en el transporte de personas como las bicitaxis y mototaxis (motoconchos), el servicio doméstico, así como actividades autónomas de micro negocios de poca monta y chapuzas varias. Entre esta población los que no son explotados son oprimidos económicamente y forman el colectivo de mayor crecimiento en el mundo. Algunos se refieren a él como la infraclase, la subclase, aunque nuestro autor afirma que para Marx el parado “flotante” o trabajador ocasional “contaba como un miembro más de la clase obrera”. (¹³5) Esta población “marginal” forma una especie de proletariado informal que ha mostrado –en el caso de América Latina – una gran capacidad de organización política y que si se subleva causaría una gran conmoción social. Afirma Eagleton: “Quienes habitan los suburbios marginales de las megaurbes del mundo no están organizados en los puntos o centros de producción, pero no hay motivo alguno para suponer que ese sea el único sitio donde los desdichados y las desdichadas de la tierra pueden conspirar con vistas a transformar su situación. Como en el caso del proletariado clásico, existen como colectivo, comparten el mayor interés posible en poner punto y final al actual orden mundial, y no tienen nada que perder, salvo sus cadenas”. (¹³6)
Por todo lo anteriormente expuesto Eagleton concluye que se ha exagerado con la supuesta desaparición de la clase obrera. Y hay quienes señalan que los sectores progresistas y radicales se han desplazado de la clase social como factor de movilización hacia temas como el género, la raza, la cultura, la identidad, la sexualidad, etc. A ellos y a los que tienen una
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idea tan simplista de la clase que consideran que esta está tan muerta como la guerra fría, expone Eagleton: “En el mundo actual, sin embargo, estos factores están tan interconectados con la clase social como siempre lo han estado”. Y además, como recuerda a los que sufren de amnesia histórica: “los marxistas…estuvieron a la vanguardia de las tres más importantes luchas de la era moderna: la resistencia al colonialismo, la emancipación de las mujeres y el combate contra el fascismo…En las décadas de 1920 y 1930, la práctica totalidad de los hombres y de las mujeres que predicaban la igualdad racial eran comunistas”. (¹³7)
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NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35.
Vid. La Sociologie. Dictionaires Marabout Université, Vol.1,París, 1972, p. 71. Eric J. Hobsbawn, Naciones y nacionalismo desde 1780, Crítica, Barcelona, 2000. Armand Mattelart y Erik Neveu, Introducción a los estudios culturales, Paidos, Barcelona, 2004, p.15. Ibidem, pp.16-18. Richard Hoggart, The Uses of Literacy: Aspects of Working Class Life with Special References to Publications and Entertaiments, Penguin, Harmondsworth, 1958. Vid., Carlos Julio Báez Evertsz, La comunicación efectiva, INTEC, Santo Domingo, 2000, pp. 76-78. R.Hoggart, The Uses of Literacy, Penguin, Harmondsworth,1958,p. 343, cit. por A. Mil, op. cit. p.110. Richard Hoggart, “Introducción” al libro de George Orwell, The Road to Wigan Pier, 1989., cit. por The Guardian, 13 de abril 2015, Thought class was dead? Read Richard Hoggart. Raymond Williams, Culture and Society, 1780-1950 Penguin, Harmondsworth, 1963. ____________, The Long Revolution, Penguin, Harmondsworth 1965. ____________, Marxism and Literature , Oxford University Press, Oxford, 1977. Milner, op.cit, p.110-111. E. P. Thompson, La formación histórica de la clase obrera. Inglaterra: 1780-1832 Laia, Barcelona, 1977, trad. del original, The Making of the English Working Class, V.Gollanz, Londres, 1963. Maurice Dobb, Estudios sobre el desarrollo del capitalismo, Siglo XXI, Argentina, 1971, trad. del original inglés de 1946. E.P. Thompson, “An Open Letter to Leszek Kolakowski”, The Socialist Register, 1973, Merlin Press, Londres. Josep Fontana,Prólogo, a la edición de 1977 de E.P.Thompson, La formación histórica de la clase obrera. Inglaterra: 1780-1832,op. cit., p.V. E.P. Thompson, Miseria de la teoría, Crítica, Barcelona, 1981. Josep Fontana, Historia:Análisis del pasado y proyecto social, Austral, Barcelona,1982,p.243. ____________, Historia de los hombres del siglo XX, Crítica, Barcelona, 2002,pp.80-81. Vid. Eric Hobsbawm, Sobre la historia, Crítica, Barcelona,1988, cit. por J.Fontana, Historia de los hombres, op. cit., p.81. E.P. Thompson, La formación histórica de la clase obrera, op. cit,p.7. Ibid., p.7. Id., p.8. Ibid., p.8. Ibid.,p.8. Ibid., pp.8-9. Ibid., p.9. Ibid.,p.10. Ibid., p. 11. Vid. Perry Anderson, Teoría, política e historia, Siglo XXI, Madrid, 1985, pp.34-42. E.P. Thompson, Miseria de la teoría, op.cit., p.167. P. Anderson, op. cit., p.44. E.P. Thompson, Tradición, revuelta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial, Crítica, Barcelona, 1979, pp.34-37. Ibid., p.39. Ibid., p.37.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz 36. G.A. Cohen, La teoría de la historia de Karl Marx, Siglo XXI, Madrid,p.73 (edic. inglesa), Karl Marx’s Theory of History: A Defence, Oxford, 1979. 37. P. Anderson, Teoría, política e historia, ob. cit, p.46. 38. Ibid., p.47. 39. E.P. Thompson, La formación… (1977),op. cit,, p.495. 40) 40. Ibid., 495-96. 41. Ibid., pp. 496-97. 42. Ibid., p.502. 43. Ibid., p.509. 44. Ibid., p.511. 45. Ibid., p.513. 46. Ibid., p. 514. 47. Ibid. pp.514-516. 48. Victor Kiernan, “Working class and nation in nineteenth century Britain”, p.125, cit. por P. Anderson, op. cit., p.49. 49. Anderson, Ibid., p.49. 50. E.P. Thompson, “The peculiarities of the English”, Socialist Register, 1965, p.71, cit. por Anderson, op. cit., p. 52. 51. E.P. Thompson, loc. cit., p.69 cit. por Anderson, Ibid., p. 53. 52. Vid. Anderson, Ibid., p. 54. 53. Vid. Ellen Meiksins Wood, “El concepto de clase en E.P. Thompson, Studies in Political Economy”, Nº 9, Otoño, 1982, trad. al español en Zona Abierta 35, julio-septiembre 1984. 54. Ibid., p.106. 55. Ibid., pp. 87-97. 56. Vid. Raymond Williams, “Notes on marxism in Britain since 1945”, New Left Review, 100, nov. 1976enero 1977, p.87 cit. por Ellen Meiksins Wood, loc. cit, p. 121. 57. E.M.Wood, Ibid., p.121. 58. E.P.Thompson, Tradición…, op. cit. pp.34-35. 59. Ibid. p.35. 60. Ibid., pp.35-36. 61. Eric Hobsbawm, “Class, Consciouness in History, en Istvan Meszaros”, Ed., Aspects of History and Class Consciouness, 1971, p.8, cit. por E.P. Thompson, Tradiciòn, op. cit., p.36. 62. E.P. Thompson, Ibid., p.36. 63. Ibid., pp. 37-38. 64. E.P.Thompson, Miseria de la teoría, op. cit., p.286. 65. Stuart Hall, “The Formation of a Diasporic Intellectual”, en David Morley y Kuan-Hsing Chen (eds.), Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies, Londres, 1996, cit. por Robin Blackburn, Stuart Hall 1932-2014, en New Left Review, Nº 86, mayo-junio, 2014, p.78. 66. R. Blackburn, loc. cit. p.80. 67. Vid.Colin Sparks,”Stuart Hall, cultural studies and marxism”, en D.Morley y K-H.Chen (eds), Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies, Routledge, Londres, 1996, p.98, cit. por A. Milner, op. cit. p. 116. 68. Vid. la presentación de Eduardo Restrepo al libro, Discurso y Poder en Stuart Hall, editor Ricardo Soto, Huancayo-Perù, 2013, pp.25. 69. J.M. Ripalda, De Angelis. Filosofía, mercado y postmodernidad, Trotta, Madrid, 1996. 70. vid. Ramón Maíz y Marta Lois, “Postmodernismo: La libertad de los postmodernos”, pp. 403 y ss., en Joan Antón Mellón (ed.) Ideologías y movimientos políticos contemporáneos, Tecnos, Madrid, 1998. 71. Stuart Hall & Tony Jefferson (ed.), Resistance through Rituals.Youth subcultures in post-war Britain, publicada en 1975 ha tenido ocho reimpresiones, Routledge, Taylos & Francis e-library, 2003, pp-5-6.
LOS ESTUDIOS CULTURALES Y LA CLASE SOCIAL: E. P. THOMPSON, STUART HALL Y TeRRY EAGLETON 72. Vid. Ricardo Pattee, Haiti, pueblo afroantillano, Editora Cultura Hispánica, Madrid,1956; Bernard Diederich y Al Burt, Papa Doc et les Tontons Macoutes. La verité sur Haití, Albin Michel, París, 1971; Franklyn Franco, Historia del pueblo dominicano, Taller, Sto. Domingo, 2009, Los negros, los mulatos y la nación dominicana, Santo Domingo, 1977; Frank Moya Pons, Manual de historia dominicana, Santo Domingo, 1978; Harry Hoetink, Santo Domingo y el Caribe, Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1994. 73. Stuart Hall, “Pluralismo, raza y clase en la sociedad Caribe”, Discurso y Poder en Stuart Hall, editor Ricardo Soto, Huamcayo-Perù, 2013, p.113. 74. Ibidem,pp. 113-114. 75. Ibid., pp. 114-115. 76. Ibid., p.117. 77. Ibid., pp.122-123. 78. Ibid.,p. 124. 79. D. Lowental, West Indian Societies, Oxford University Press, Oxford, 1972, cit. p. S. Hall, op. cit. p.126. 80. M. Smith, The plural society in the British West Indies, University of California Press, 1965, cit, por S. Hall, op. cit. p.127. 81. S. Hall, Id. p.129. 82. Ibid., p.129. 83. Ibid., p. 129. 84. Vid. Moreno Fraginals, El Ingenio, Comisión Nacional cubana de la Unesco, La Habana,1964; del mismo autor, Cuba/España España/Cuba.Historia común, Mondadori, Barcelona, 1998. Franc Báez Evertsz, La formación del sistema agro-exportador en el caribe, Editora Universitaria, UASD, Santo Domingo, 1985. 85. S. Hall, loc. cit., p. 132. 86. Colin Mac Innes, Westward to Laughter, McGibbon and Kee, Londres, 1969, cit. por S. Hall, loc. cit.,p. 132. 87. S. Hall, op. cit., p. 133 Aunque hay variaciones entre las islas, lo común es una representación política más mixta étnicamente por el color de la piel y una tendencia a que la minoría mulata prevalezca sobre los plantadores blancos en el campo político, aunque sean éstos los que tienen el control y la propiedad del poder económico y social. 88. Id. pp. 133-134. 89. Id. pp. 134-135. 90. Vid. sobre este asunto el libro de Frank Tannenbaum, El negro en las Américas. Esclavo y ciudadano, Paidos, Buenos Aires, 1968, y Eugene D. Genovese, Economía política de la esclavitud. Estudios sobre la economía y la sociedad en el sur esclavista, Península, Barcelona, 1970, María G. del Cueto, Historia, economía y sociedad en los pueblos de habla Inglesa del caribe, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Jean Meyer, Esclavos y negreros, Aguilar, Madrid, 1989. 91. S. Hall, Id. p. 135. 92. Ibid., p.136. 93. Ibid., p.136. 94. Ibid., p.137. 95. Ibid., pp-141-142. 96. Ibid., p.142. 97. Ibid., p.142. 98. Ibid., p. 143. 99. Ibid., p. 146. 100. S.Hall, “Cultural identity and Diaspora”, en Jonathan Rutheford (ed.), Identity, Community, Culture, Difference, Londres, 1990, pp. 222-238, y, Stuart Hall y Paul du Gay (comp.), Cuestiones de identidad cultural, Amorrortu, Buenos Aires, 2003.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz 101. Franz Fanón, nacido en Martinica en 1925, murió en EE.UU. en 1961, era médico-psiquiatra. Sus libros más conocidos son, Piel negra, máscaras blancas, La Habana, 1968, Los condenados de la tierra, FCE, México, 2008. 102. R. Blackburn, loc.cit. p.89. 103. S.Hall. op.cit., 2003, p.13. 104. Vid. S. Hall, “Antiguas y nuevas identidades y etnicidades”, en Eduardo Restrepo, Catherine Walsh y Victor Vich, Stuart Hall, Sin garantías, Envión editores, Colombia, 2010, p.318. 105. S. Hall, op. cit., 2003, pp. 15-16. 106. S. Hall, “Antiguas y nuevas identidades y etnicidades”, en op. cit., (2010), p.321. 107. Vid. S. Hall, op. cit. (2003), pp.16-20. 108. S. Hall,(2010), op.cit. p.318. 109. S. Hall, (2010), op. cit. p.332. 110. S. Hall y Jacques Martin (eds.), vid., la Introducción, The Politics of Thatcherism, Londres, 1983, pp.13-14. 111. Iná Camargo Costa y María Elisa Cevasco, Terry Eagleton, “Uma apresentacao”, del articulo de este autor, “Capitalismo,modernismo y posmodernismo”, en New Left Review 2152, julio agosto de 1985, publicado traducido al portugués en la revista Critica Marxista, Nº 49, Sao Paulo. 112. Vid. entre otros, Terry Eagleton, Ideología, Paidos, Barcelona, 1997, Marxism and Literary Criticism 1976, Teoría de la Literatura, 1983, Walter Benjamín or Towards a Revolutionary Criticism, (1981), y, After Theory, 2003. 113. Terry Eagleton, Por qué Marx tenía razón, Península, Barcelona, 2011, traducción del original en inglés, Why Marx Was Right, Yale University Press,2011, p.15. 114. T. Eagleton, After Theory, Basic Books, New York, 2003,p.7. 115. T. Eagleton, (2011), op. cit., p. 16. 116. Ibidem, p. 156 117. Ibid. pp.156-57. 118. Pierre Anderson,The Origins of Posmodernity, Londres, 1998, p.85, trad, española, Los orígenes de la posmodernidad, Anagrama, Barcelona, 2000. 119. T. Eagleton,(2011), p.158. 120. Mike Davis, Planet of Slums, Londres, 2006, p.25 cit. por Eagleton, op.cit.,p.159. 121. T. Eagleton, Ibid., p.159. 122. Ibidem,p.159. 123. Ibid., p.160. 124. Ibid. p.162. 125. Ibid. pp.163-64. 126. Ibid. p.164. 127. Ibid. p.166. 128. Ibid., p.166. 129. Tom Bottomore (ed.), Interpretations of Marx. Oxford, 1968, p.19, cit. por T. Eagleton, op. cit., p.167. 130. John Gray, Falso amanecer: Los engaños del capitalismo global, Paidos, Barcelona, 2000, p.144. 131. T. Eagleton, (2011,op. cit., p. 168. 132. Ibid., pp.168-69. 133. Ibid., p.169. 134. Chris Harman, A People`s History of the World, Londres, 1999, p.615. 135. Perry Anderson, New Left Review, Nº 48, Nov.-Dic., 2007, p.29. 136. Ibid. pp.170-171. 137. Este argumento ha sido empleado por Slavoj Zizek, En defensa de causas pérdidas, Akal, Madrid, 2011, vid. T. Eagleton, (2011), op.cit, p.171. 138. Ibid. pp.172 y 205.
21. Culturalismo y análisis de clase: Bourdieu Para comprender las relaciones de producción y de poder en el siglo XXI, hace falta combinar los análisis de Marx y los de Bourdieu. Thomas Piketty
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INTRODUCCIÓN Pierre Bourdieu (1930-2002), es uno de los sociólogos más relevantes de su país, Francia. Algunas de sus obras han sido emblemáticas como Los herederos, La reproducción, La distinción, (¹) y otras han alcanzado una amplia difusión como es el caso de La misère du monde,(²) o sus escritos más combativos contra el neoliberalismo y a favor de la constitución de un movimiento social europeo.(³) Hasta su muerte era el más internacional de los sociólogos de su país, aunque era, a la vez, admirado y repudiado, por su actitud de intelectual indomable, independiente, heterodoxo y crítico, un maverick del campo intelectual-cultural, como etiquetan los americanos a este tipo de individuos. Fue un académico reconocido oficialmente como un notable, que provenía de las grandes escuelas y llegó al College de France como representante de la sociología (lo cual le llevó a comentar con ironía “la sociologie c`est moi”), es decir, que era un miembro de la élite superior intelectual de Francia. En sus escritos e investigaciones analizó con acidez el sistema escolar, académico y sus métodos de reclutamiento y, además, en sus últimos años, fue muy combativo participando activamente en la lucha contra el neoliberalismo y la globalización. Bourdieu no escondía sus antipatías o aversiones por los heiddegerianos, los althusserianos, la arqueología, la gramatología, en fin, por todo lo que estaba de moda en París en los años 60 y las siguientes décadas. Pero también ese rechazo se extendió a la sociología americana de Parsons, de Merton y sobre todo de Lazarsfeld. Dejó escritas frases lapidarias contra numerosos monstruos sagrados: sobre Camus y su El hombre rebelde, dice que es un “breviario de filosofía edificante sin otra unidad que el vacío en el alma egotista que tanto agrada a las adolescencias hipokhâgneuses”.(4) Sobre algunos filósofos denuncia “los juegos gratuitos del pensamiento irresponsable con que algunos identifican la filosofía”(5) y también se refirió a “la exaltación místico-literaria del pensamiento holderlino-heideggeriano que encanta a los poetas-pensadores”. A Bernard Henry-Lévi le dedicó un artículo denominándole intelectual negativo: “antítesis absoluta de todo lo que define al intelectual: la libertad con respecto a los poderes, la crítica de los tópicos, la demolición de las alternativas simplistas, la restitución de la complejidad de los problemas”. (6) De Philippe Sollers, director y fundador de la revista Tel Quel, le tachó de “cortesano cínico”, y sobre el público al que decía iban destinados los artículos de la revista, dejó escrito lo siguiente: “provistos de un barniz de cultura…que les permite disertar en tertulias radiofónicas y comidas de embajada, así como a todos esos maestros del simulacro que se agruparon alrededor de Tel Quel y simularon ser escritores, o filósofos, o lingüistas, o las tres cosas, cuando, en realidad, no eran nada ni sabían nada”. (7) En breve, un intelectual enervante, incómodo, difícil de etiquetar porque se escurría a las mismas, ya que no era marxista, pero empleaba conceptos y lógica de análisis marxistas (clase social, clase dominante, clase dominada, lucha de clases, reproducción social, etc.). Que tomaba muchas ideas de Weber (juegos de poder, estatus, papel de lo cultural y de lo simbólico, etc.), del estructuralismo, de la fenomenología y la etnometodología, de Cassirer, de Leibniz, de Veblen, de Bachelard, de Elías, y de todo el acervo sociológico. (8) El haber logrado esa reputación internacional fue debido a su originalidad, ya que
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en él se encuentra una síntesis de la perspectiva de otros grandes sociólogos, los padres fundadores de esta disciplina. Como Durkheim considera que la sociedad puede ser estudiada científicamente. Como Marx, comparte la perspectiva de que la sociedad está constituida por clases sociales que están en lucha por la apropiación no sólo del capital económico sino de diferentes tipos de capitales, y que las relaciones de fuerza que se producen en dichas luchas contribuyen a la perpetuación o a la puesta en cuestionamiento y el cambio del orden social. Influenciado por la tradición marxista, piensa la sociedad mediante el concepto de dominación, lo cual puede observarse – según Bourdieu–, en las prácticas más insignificantes, como la elección de la bebida que se va a tomar o la expresión de un gusto al elegir un pantalón, una camisa, una falda o una chaqueta. Pero que se manifiesta también a través de las estrategias que los agentes sociales ponen en ejecución en los diferentes campos en los cuales ellos ocupan posiciones desiguales. Como Weber, comparte la idea de que hay que tener en consideración las representaciones que los individuos elaboran para dar sentido a la realidad social. Weber ha ampliado el análisis económico a ciertos asuntos que no se relacionaban con la economía, como el de la religión. De manera que permite, en sentido amplio, buscar los determinantes económicos sobre terrenos donde se creía que todo se explicaba por el desinterés. Esto se puede aplicar no sólo a la religión sino también al arte, a la cultura. Además, Weber es importante para Bourdieu por su noción de legitimidad, ya que la aceptación o la representación del mundo social como legítimo forma parte de la verdad completa de ese mundo, que no se reduce a exclusivas relaciones de fuerza, de poder. Pero también la influencia de la antropología de Claude Lévi-Strauss y el estructuralismo es importante en su evolución intelectual. Uno de sus primeros escritos sobre la casa Kabyla (en Argelia) se escribió en homenaje a él. De esa influencia Bourdieu guardó su interés por el trabajo de campo empleando todas las técnicas y metodología que se pueda disponer, encuestas estadísticas, la observación, el análisis lingüístico y del discurso, fotografías, etc. Es decir, usó tanto técnicas cuantitativas como cualitativas. Como afirma Antoine Spire “uno de los mayores acerbos del método estructural es (para Bourdieu) la “desustanciación” de la visión del mundo social”, exponiendo los invariantes estructurales (lo masculino frente a lo femenino, las estructuras del parentesco, los mecanismos de la competencia y los de la dominación), representa un progreso considerable con relación al “intuicionismo espontáneo de los amateurs profanos o científicos”. Por ello Bourdieu reintroduce en la problemática estructural “la lógica de los agentes, tratando de articular estructura social y estrategia. Si el agente reproduce inconscientemente ciertos mecanismos sociales, la noción de habitus permite no encerrar al individuo en esas estructuras y restituirlo dentro de un campo, en un espacio dónde él se posiciona al lado, frente, en relación con otros individuos. De esta manera Pierre Bourdieu trata de superar las falsas oposiciones entre estructuralismo y humanismo”. (9) Ahora bien, la verdadera innovación de su enfoque, de su paradigma sociológico, se encuentra en su propósito de superar las oposiciones que han sido tradicionales en la sociología “simbolizadas por las parejas subjetivismo/objetivismo,simbólico/ material,holismo/individualismo,teoría/ empírea, para fundar un enfoque que se puede calificar de estructuralismo genético o constructivista”. También considera que la
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sociología debe objetivar esas relaciones de dominación, desvelar sus mecanismos y proporcionar al mismo tiempo los útiles intelectuales y prácticos que permitan a los dominados contestar la legitimidad de dicha dominación, lo cual nos remite a que su sociología tenga también “un carácter eminentemente político”. (¹0) Bourdieu se distinguió por el amplio abanico de temas a que dedicó sus investigaciones, como una especie de director de orquesta de un selecto grupo de investigadores, de un equipo que fue cambiando con el paso del tiempo. No obstante el reconocimiento logrado, Bourdieu nunca se consideró como el fundador de una escuela de seguidores fanatizados, de fieles devotos. Al contrario, su acerba crítica del sistema escolar, de las grandes escuelas y de la ideología allí reinante, servía de elemento crítico para la auto reflexividad sobre el accionar de él mismo y de los miembros de sus equipos. Consideraba que uno de los trabajos a realizar por el sociólogo es realizar este auto análisis. Eso explica que muchos de los que trabajaron con él asumían algunos de sus conceptos sin necesariamente compartir el conjunto de su visión teórica. Wacquant expone que Bourdieu se oponía a la dogmatización que conduce a las ortodoxias intelectuales, ya que una sociología reflexiva –como la que propugnaba– exigía un pensamiento abierto. LA REPRODUCCIÓN: UNA CRÍTICA DEL SISTEMA ESCOLAR Bourdieu despertó una cierta animosidad de una parte de los intelectuales franceses y ello tiene que ver con la actitud de éste a partir de mayo de 1968, en que se puso de parte de los estudiantes y, además, realizó una crítica radical del sistema de reproducción y de captación del hombre académico, de las instituciones educativas, y de los que él llama los intelectuales mediáticos. (¹¹) Es decir, se convirtió en una bestia negra para los suyos y especialmente para aquellos que han gozado o gozan del prestigio intelectual. En ese sentido se ha autodefinido como un traidor a sus pares de la élite intelectual. Ya que tuvo conciencia de haber llegado a las grandes escuelas de París procedente de una provincia del sudoeste, de una familia rural de orígenes modestos (su padre era cartero aunque luego fue director de una oficina postal), y aunque llegó allí por sus méritos escolares, pudo comprobar en carne propia que aunque fue a los grandes liceos y luego a las grandes escuelas, sus maneras, su indumentaria, su estilo, sus gestos, incluso su manera de hablar, le confería una clasificación diferente a las de sus condiscípulos parisinos, provenientes de medios con mayor capital cultural, social y económico: “En Francia, el hecho de venir de una provincia lejana, sobre todo cuando ella está situada al sur del río Loira, confiere un cierto número de propiedades que no son sin equivalente en una situación colonial. La especie de relación de exterioridad objetiva y subjetiva que resulta de ello favorece una relación muy particular respecto a las instituciones centrales de la sociedad francesa y en particular respecto al mundo intelectual. Hay formas más o menos sutiles de racismo social que no pueden sino despertar una cierta forma de lucidez, el hecho de estar constantemente llamado a recordar tu extranjería incita a percibir cosas que otros pueden no ver o sentir.Dicho esto,es verdad que soy un producto de la Escuela Normal que ha traicionado a la escuela normal”. (¹²)
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Los herederos, los estudiantes y la cultura(¹³) es un trabajo que se ha convertido en un clásico moderno tanto por sus contenidos como por su estrategia analítica. En el mismo se encuentra una investigación empírica tanto como un análisis muy conceptual. Se estudian los sistemas escolares y las prácticas culturales buscando la explicación de los mismos en los engranajes del conjunto de la sociedad y de la violencia simbólica que trata de legitimar las relaciones de dominación y de desigualdad social. Como escribe Sidicaro: “Llevar dicha óptica a ámbitos de la vida social dónde las personas participan casi totalmente libres de prevenciones al compartir las creencias de que se trata de instancias al servicio del interés general o de que favorecen el progreso de todos por igual supuso introducir una visión crítica en dominios en los que se asentaban significativas ilusiones sociales e individuales”. (¹4)
La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza (¹5) viene a ser una prolongación de Los herederos. Como en la anterior se parte de la constatación estadística de la desigual representación de las diferentes clases sociales en la enseñanza superior y también hay un cuestionamiento de lo que provoca el éxito o el fracaso en el sistema de enseñanza. Todo ello concluye en que las clases populares se ven eliminadas o postergadas en el proceso selectivo a lo largo del sistema escolar. La razón de todo ello es que la “escuela” y la cultura escolar –por más que se pretenda presentarla como algo neutro–, es una cultura de clase, por más que el sistema republicano funcione bajo una política de gratuidad cuyo fin declarado es proporcionar una igualdad de oportunidades. Por ello Bourdieu y Passeron afirman que la cultura del sistema de enseñanza es la cultura de la clase dominante, transformada en cultura legítima (es decir, la cultura aceptada como tal, opuesta a la llamada cultura popular). Esta cultura es el producto de una selección que discrimina entre lo que es estimable, lo que es distinguido, lo que es estético, de lo que es considerado, común y vulgar. Los cursos y las disciplinas que forman el pensum escolar y universitario también tienen un marchamo que no es tan objetivo como se pretende, ya que las materias y sus contenidos se aprueban en función de una correlación de fuerzas entre diferentes grupos sociales, y lo que se deriva de ello es que tampoco son tan neutrales los criterios con que se juzgan la excelencia académica o escolar por el cuerpo de profesores, ya que aquí también influyen determinados criterios sociales. Es el grupo dominante el que impone los contenidos y los criterios de evaluación y los autores llegan a afirmar que esto se hace conforme a los intereses de ese grupo. Ponen el ejemplo, de como en las pruebas o exámenes orales se evalúa no simplemente el conocimiento de los contenidos sino las maneras del alumno, y se da preferencia a la forma sobre el fondo de la cuestión. No es lo mismo acertar exponiendo con una forma ruda o ramplona, que acertar menos en el fondo pero expresándolo de una manera elegante, con un vocabulario rico y con un estilo que puede estimarse que el alumno tiene eso que llaman esprit (la postura, la entonación, la presencia, la desenvoltura, la capacidad de dar respuestas creativas y sutiles, etc.).
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Obviamente, todo ello no es algo innato sino adquirido en la familia y en el medio social en que se desenvuelve el alumno, de manera que los provenientes de sectores y familias populares con poco capital cultural, están siempre en inferioridad respecto a aquellos provenientes de familias con mayor capital cultural, económico y social. Y cambiando lo que haya que cambiar, se puede ecir algo semejante respecto a las pruebas escritas, donde también es importante el “estilo” expositivo. De manera que se puede decir que lo que se evalúa es, más que la capacidad escolar en sentido estricto, la capacidad o excelencia social del alumno. Todo ello en contra de las clases populares, salvando los casos excepcionales de individuos muy dotados que logran superar todas esas barreras u obstáculos de clase. La acción pedagógica, según Bourdieu, ejerce una violencia simbólica, ya que impone a las clases dominadas el reconocimiento del saber de las clases dominantes, obteniendo así de las clases dominadas un reconocimiento del saber y del saber hacer (del savoir faire o know-how) considerado legítimo (aceptado como el válido y el correcto), lo cual conlleva como contrapartida un proceso de desvalorización del saber y del saber hacer que los provenientes de las clases populares portan como suyos y que por ende dominan de manera efectiva. Aunque se diga que el sistema escolar es indiferente a las diferencias, en realidad esto es un mito escolar. Ello va acompañado de lo que llaman los autores la “ideología del donativo”, del regalo, cuya función encubierta es enmascarar los mecanismos reales de la dominación, ya que el funcionamiento del sistema escolar público y gratuito, requiere la creación de un sistema de representación que niegue la función oculta pero muy real, de ser un mecanismo de reproducción social de las diferencias de clase y de la dominación de las clases dominantes. La ideología de la donación parte del principio de que la escuela republicana no ejerce ninguna discriminación y que las desigualdades en cuanto al éxito escolar se deben simplemente las desigualdades innatas de los alumnos. Tal concepción lleva aparejada otro elemento ideológico, el principio meritocrático, es decir, que todo individuo debido a sus méritos y capacidades, y del esfuerzo y voluntad que ponga en sus estudios, tiene abierta una carrera al acceso a las más altas posiciones del estado, de la enseñanza, de la administración y del sector público. Según ello, pues, la escuela, el sistema escolar trata a todos como iguales en derechos y en deberes, y por ello se rechaza que exista cualquier diferencia en razón de los orígenes sociales. Esta concepción liberal individualista, que es compartida por el cuerpo docente, legitima las desigualdades escolares y sociales y en los hechos produce una exclusión de las clases dominadas. Por tanto, afirma Bourdieu, la jerarquía escolar es de hecho una jerarquía social que se esconde bajo el manto de la ideología de la donación, del don. La escuela transforma las desigualdades sociales en desigualdades de talentos, de competencias, de capacidades. De paso se legitima todo el sistema imperante. Los que dominan tienen derecho a ello porque han logrado sus posiciones de dominación por ser los más capaces, los que tienen más talento, más competencia intelectual, de voluntad y de capacidad de trabajo. Se cierra el círculo. Lo que es, es lo que debe ser. ¿Cómo se produce la función de reproducción social que tiene un elemento central en el sistema escolar? Para los autores de La reproducción, las clases populares están sometidas a una violencia simbólica que provoca su eliminación u ocupa un lugar
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subalterno en el sistema de enseñanza. Mientras mayor es la distancia entre la cultura escolar y la cultura del medio de pertenencia más reducida es la capacidad de poder obtener un éxito escolar y al contrario, por ello, los hijos de las clases superiores que disponen de un capital cultural heredado de sus familias tienen más capacidades disponibles para poder obtener éxito en el sistema de enseñanza. Estas herramientas culturales les permiten tener un “nivel de desarrollo operatorio más precoz, así como de un tipo de lenguaje mejor adaptado a las exigencias de la escuela. Además, el ambiente de esos niños es propicio al aprendizaje (acceso a libros, a obras de arte, viajes, escuchar música, tener medios audio visuales, etc.), lo cual explica su triunfo escolar”. (¹6) Todo esto irá conformando un habitus que le será a estos niños beneficioso a todo lo largo del proceso educativo. Y ello explica que en las universidades y especialmente en las grandes escuelas, los hijos de la clase burguesa, los llamados “herederos”, estén sobre representados en las mismas, respecto a los hijos de las clases populares, que acceden a dichas instituciones escolares gracias a un sistema de becas para los talentos más destacados de las clases más pobres. Un aspecto de explicación sociológica del abandono o de la auto limitación en el proceso de escolarización, que se produce entre los agentes provenientes de las clases dominadas, tiene su elemento explicativo en el concepto de Bourdieu del habitus. Este actúa interiorizando las condiciones objetivas en que se produce y reproduce la vida de los agentes, de su medio social, de los comportamientos, de las expectativas que tienen los integrantes del medio social de pertenencia. Según esto, los individuos de las clases populares han aprendido que hay posiciones que les están vedadas por nacimiento y a las que ellos, de manera “natural”, ni siquiera se plantean acceder por considerar que están muy lejos de sus probabilidades reales de ocuparlas. De manera que pocos de ellos se plantean que serán inspectores de Hacienda, miembros del Tribunal de Cuentas, diplomáticos de carrera, profesores del Institute d’Etudes Politiques, o del College de France. La conclusión es que los hijos de las clases populares están –en general–, menos dispuestos a basar su proceso de ascensión social en el proceso educativo y, por ende, ellos serán calificados como “menos motivados o poco motivados” en sus estudios. Todo ello conduce a explicar que la democratización de la enseñanza termina siendo una engañifa, ya que los autores demuestran que aunque el aumento de los efectivos es real, esto no ha producido o no lo ha producido de manera suficiente, un cambio en las oportunidades de acceso de las diferentes clases sociales al sistema de enseñanza. Y además, ha tendido a producir un desencanto de los agentes provenientes de las clases dominadas sobre el sistema de enseñanza, ya que han podido ver una gran distancia entre los puestos que se suponía que podrían ocupar obteniendo sus diplomas y a los que realmente acceden. Señalan Bourdieu y Passeron que ha habido además una jerarquización de clase, en las carreras que se escoge, según el origen social. Los estudiantes de clases populares escogen las Facultades de Letras y de Ciencias y los estudiantes que proceden de las clases con mayor capital económico y cultural, suelen orientarse hacia las facultades de Derecho y Medicina.
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LA DISTINCIÓN: SOBRE LAS BASES SOCIALES DEL GUSTO La distinción es la investigación en la cual Bourdieu aplica de manera más persistente y creadora –según mi punto de vista–, su enfoque sociológico, haciendo un análisis de las bases sociales de los juicios éticos y sobre todo estéticos en la sociedad francesa, pero cuyas explicaciones tienen un alcance menos particularista y, por ende, de carácter si no universal, al menos extensible en muchos aspectos, cambiando determinados elementos, a las sociedades en las cuales el llamado pensamiento y estilo occidental predomina. También se puede señalar que en esta obra Bourdieu opone, a las concepciones corrientes que ven en el gusto una cuestión de simples opiniones, “todo es según el color con que se mira”, relativizando las diferencias y distinciones en esta materia, o atribuyéndolas a una cuestión de dones naturales, una mirada basada en una rigurosa observación científica muestra que los gustos están determinados y organizados en función de nuestra posición social en la sociedad y del volumen de capital familiar y personal, sea económico, sea cultural. PRÁCTICAS CULTURALES Y CONSTRUCCIÓN DEL GUSTO Las prácticas culturales y los juicios que son emitidos por los agentes sociales no es una cuestión de dones naturales sino que son productos sociales que en definitiva se encuentran jerarquizados, desde los que son catalogados como más legítimos a los menos legítimos. Al teatro clásico se opone el llamado en Francia teatro de boulevar o de variedades, a deportes como el golf y la equitación, se opone el fútbol y el running o jogging (es decir correr a velocidad moderada). Es decir existen prácticas culturales que se consideran “nobles”, como la música clásica, la ópera, el ballet, la pintura, la escultura, la literatura, el teatro, y otros dominios o prácticas que se consideran menos nobles o que están todavía en vías de encontrar el estatuto de legitimización (como el cine, la fotografía, el jazz, la canción, los tebeos). De manera que el campo cultural actúa como un sistema clasificatorio, oponiendo el buen gusto al mal gusto, y mostrando así la pertenencia a una clase social, pero a la vez, funciona también como un factor de exclusión. (¹7) Ya que como afirmara Bourdieu: “Existe una correspondencia entre la estructura social y las estructuras mentales, entre las divisiones objetivas del mundo social, sobre todo entre dominantes y dominados en los diferentes campos, y los principios de visión y división que les aplican los agentes”. (¹8)
De manera que el acceso a determinadas prácticas culturales es desigual según las clases sociales. Así pues, la asistencia a los conciertos de música clásica, a la opera, la visita a los museos y a las galerías de arte, no es algo que hagan por igual los pertenecientes a las clases altas y a las bajas. Hay una diferenciación social en la frecuentación de los mismos que no se explica tan solo ni principalmente por el costo de los billetes de entrada, aunque eso también sirve de factor de exclusión, pero ello no escamotea el hecho social de la existencia de una oposición entre una estética popular y una estética culta o legitimada. La estética popular se funda en una especie de continuidad entre el arte y la vida,
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mientras que la relación que tienen con el arte las clases superiores o dominantes se “opera sobre el modo de la distanciación, de la soltura, de la lectura en segundo grado. Detrás de la disposición estética distanciada del burgués, hay todo un conjunto de códigos y de discursos que el domina gracias a la familiarización insensible en el seno del medio familiar y que la escuela refuerza. Mientras que, de su lado, los más desprovistos de competencias y de códigos, aplican al arte los esquemas que estructuran su percepción de la existencia ordinaria”. (¹9) Bourdieu se refiere a la “estética” popular con este razonamiento: “Todo ocurre como si la “estética popular” estuviera fundada en la afirmación de la continuidad del arte y de la vida, que implica la subordinación de la forma a la función…La hostilidad de las clases populares y de las fracciones menos ricas en capital cultural de las clases medias con respecto a cualquier especie de investigación formal se afirma tanto en materia teatral como en materia pictórica, o en materia fotográfica o cinematográfica…tanto en el teatro como en el cine, el público popular se complace en las intrigas lógica y cronológicamente orientadas hacia un happy end y “se reconoce” mejor en unas situaciones y personajes dibujados con sencillez que en figuras o acciones ambiguas y simbólicas”. (²0) Sobre este tema del rechazo de la investigación formal en arte y de toda forma innovadora y vanguardista, se explica el efecto de rechazo que produce el arte moderno en el público popular, que tendría un efecto sociológico de dividir al público en dos “castas antagónicas”, “los que lo entienden y los que no lo entienden”. (²¹)
La cuestión a plantearse es que con la democratización del acceso al arte en los museos, con la política de acceso gratuito, sea generalizado, sea en ciertos días de la semana, la difusión en las casas de cultura de sesiones de teatro, conciertos y préstamos de grabaciones de música clásica, de ópera, de ballet, de todo tipo de cine, exposiciones de obras de arte, etc., parece que las objeciones a ese distanciamiento entre un arte para minorías cultas y ricas o más o menos, podría ya no tener vigencia porque las clases populares tienen la posibilidad de acceder al mismo. Cierto hay más canales abiertos para el acceso a la cultura legítima o “culta”, esto habrá derribado barreras pero la situación todavía persiste, la diferenciación persiste. (²²) La diferencia entre el gusto tiene que ver con unas diferencias entre diferentes condiciones de vida y una relación distinta respecto a la necesidad económica, lo cual lleva a una estética de la forma (el arte no tiene que tener un objetivo práctico sino desinteresado) y, a una estética de la función – las cosas, los objetos y el arte deben servir para algo, tener una función más o menos práctica, útil– construida en torno a la necesidad económica. Lo anteriormente expuesto se puede ver también en las prácticas alimenticias de las clases superiores, donde la ceremonia de la comida es importante y los platos denominados finos son valorados por la calidad, por el formalismo en que son presentados, por los sabores que resaltan (lo relativo a la nouvelle cuisine), y la alimentación de las clases populares, cuya función principal es la reconstitución de la fuerza de trabajo, de ahí que la cantidad, la abundancia es valorada. Por eso hay una diferenciación entre la “alimentación formal de un lado (el burgués no come para
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alimentarse) y una alimentación funcional, por el otro lado. Esa oposición tiene una homología profunda con aquella que opone a las estéticas. El análisis puede continuar respecto a la vestimenta o al deporte”. (²³) Como se ha expuesto, las prácticas y los gustos culturales conllevan distinciones muy diversas, ya que el gusto es también una muestra de disgusto, y ello se manifiesta en los gustos sobre arte, literatura, música, deportes, cocina, etc. En lo que llama Bourdieu, el campo cultural, las estrategias de los agentes difieren según su posición, dándose un fenómeno que se repite en otros campos incluido el político, quienes ocupan las posiciones dominantes y de mayor prestigio y reconocimiento, optan por establecer estrategias de mantenimiento del orden existente, de conservación, mientras que aquellos individuos que están en su campo en una posición dominada, que no han logrado el reconocimiento y la aceptación, es decir, los que no tienen las posiciones de poder, practican estrategias de subversión, de reformas y de cambios en las normas de funcionamiento del campo. Por otra parte, la legitimidad cultural se ve reforzada por los engranajes por los cuales se adquiere la competencia cultural, básicamente a través de la familia (del capital cultural heredado de la familia), y en el sistema escolar. Por ello, hay una correlación entre la competencia artística y poseer un capital cultural elevado, de manera que Bourdieu considera que los títulos escolares sirven como “títulos de nobleza cultural”, institucionalizando el capital cultural y sancionándolo socialmente. Bourdieu afirma que hay una: “Fuerte relación que une las prácticas culturales con el capital escolar (medido por las titulaciones obtenidas) y, secundariamente, con el origen social (estimado por la profesión del padre); y, por otra parte, el hecho de que, a capital escolar equivalente, el peso del origen social en el sistema explicativo de las prácticas y de las preferencias se acrecienta a medida que nos alejamos de los campos más legítimos”. (²4)
LOS GUSTOS DE CLASE Cuando existen similitudes de habitus, consecuencia del medio de origen y de las trayectorias individuales, se forman diferentes estilos de vida opuestos entre sí. De manera que se observa una homología entre la estructura de clases y la estructura de los gustos. Los profesores y los que se dedican a la enseñanza suelen tener poco capital económico y mayor capital cultural y poseen un habitus muy distinto al de los comerciantes y pequeños empresarios, que tienen mayor capital económico que los primeros pero menos capital cultural. Hay estilos de vida característicos de los artistas, de los intelectuales, de los burgueses, de los empleados, de los trabajadores manuales, con gustos diferentes en materia de arte, de música, de los deportes, de la vestimenta y de la cocina. La situación se torna más compleja por la existencia de fracciones debida a la estructura del capital que se posee. Estas fracciones se oponen entre sí. Por ejemplo, la burguesía más antigua, con una posesión de capital económico heredado y transmitido por varias generaciones (a veces incrementado y otras estancado), y la nueva burguesía
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que ha tenido su capital económico de manera más reciente sea por ser parte de la gerencia de empresas privadas o del sector público, se diferencian porque las primeras suelen tener una concepción más centrada en la producción y la acumulación, digamos más ascética, en su estilo de vida, mientras que la otra fracción es más hedonista y estámás volcada al consumo ostentoso. Para Bourdieu hay una fracción dominada de la clase dominante que son los que se caracterizan por tener un mayor capital cultural, aunque no tengan mucho capital económico, esa fracción dominada, está compuesta por los ingenieros, los profesores y las profesiones más intelectuales. Al estilo de vida de gustos volcado al lujo de los dos primeros agentes sociales, éstos últimos tienden a consumir bienes culturales, lectura, música, teatro, cine. En cuanto a la pequeña burguesía, comparten una serie de elementos comunes, como grupo medio o intermedio con pretensión o voluntad de lograr una ascensión social. También tienen una “buena voluntad cultural”, ya que tratan de imitar la cultura de la clase dominante, reconocen a la cultura legítima y tienen el deseo de adquirir dicha cultura. Se pueden mover entre la imitación de las prácticas llamadas de “nobleza cultural” o hacer prácticas sustitutivas de las mismas. Bourdieu reconoce tres fracciones de la pequeña burguesía con sus estilos propios. Estaría la fracción de la pequeña burguesía en declive, compuesta de artesanos y comerciantes, con sus valores de austeridad, trabajo, rigor y orden. Otra fracción es la pequeña burguesía ejecutante, cuya composición es de empleados, niveles medios administrativos de las empresas, los técnicos, los maestros. Por último, estaría la fracción de la nueva pequeña burguesía ascendente, cuyos valores van dirigidos a la búsqueda del placer, a cuidar del cuerpo, a tener una alimentación sana y que en materia cultural se inclinan hacia el cine, el jazz, leen revistas de divulgación histórica y científica. Las clases populares debida a su escaso capital económico y cultural se ven condenadas a escoger simplemente lo que es necesario para continuar viviendo. Esa desposesión les lleva a no beneficiarse de la gratuidad de determinados servicios culturales y estéticos. Estadísticamente, en mayor medida que otros, rechazan las obras de arte y se inclinan por deportes donde predomina la fuerza física, lo que es un signo de virilidad para ellos. (²5) EL ESPACIO DE LAS POSICIONES SOCIALES Bourdieu ha descrito la sociedad como un espacio de dos dimensiones, que muestra en un esquema o diagrama, en cuyo eje vertical, se encuentra el capital global de que disponen los individuos que ocupan las posiciones sociales. En la parte superior están los que tienen mayor capital global y en la parte inferior los que tienen menos capital global. En el eje horizontal, de izquierda a derecha, se marca la diferenciación entre los que tienen mayor capital cultural y menos capital económico, y los que tienen mayor capital económico y menor capital cultural. Cuando se habla de capital económico se refiere a las propiedades y a los ingresos, y el capital cultural se refiere a los conocimientos que tienen su forma institucionalizada en los títulos escolares y universitarios. En el esquema de Bourdieu las diferentes posiciones sociales tienen diferentes estilos.
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Como poner citas textuales de Bordieu sobre las diferencias en cuanto al gusto y las clases sociales puede hacer el capítulo demasiado extenso, hemos optado por realizar una especie de síntesis, que esperamos sea de mayor utilidad y expondremos un esquema simplificado del gráfico de Bourdieu en La distinción.(²6) Así pues, emplearemos una división en tres grandes clases sociales que se van a ejemplificar en tres casos de lo que se pueden considerar “tipos ideales” representativos de las mismas, siguiendo en ello el enfoque de P. Cabin, que nos ha parecido de gran utilidad explicativa, aunque obviamente tiende a caricaturizar para resaltar los elementos más relevantes o típicos de cada clase en cuanto a estilos y gustos: •
Las clases dominantes, se caracterizan respecto al gusto por el sentido de la distinción. Louis Philippe es un profesional liberal, es abogado con un bufete que heredó de su padre que era también abogado, pertenece a una familia de la gran burguesía parisina, practica la equitación y la navegación náutica, le gusta escuchar a Bach y asiste a conciertos de música clásica. Tiene una actitud hostil con las personas que se compran objetos de lujo simplemente para tratar de mostrarse “distinguidos”. Le gusta el champán y ama el buen vino, pero considera que el mismo debe tomarse con buena compañía siguiendo una liturgia.
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Las clases medias, cuya actitud es tener una “buena voluntad cultural. Chantal es enfermera. Tiene un coche Citroën de más de 6 años de antigüedad. Hace expresión corporal y cerámica. Asiste a cine clubes y le gusta el jazz moderno, Jacques Brel y Beethoven. Lee a Boris Vian y Françoise Sagan. No le gustan las personas que tienen una vida vacía muy dependientes de las cosas materiales. Prefiere a quienes tienen pasión por algo.
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Las clases populares, buscan escoger lo que es necesario y útil. Jean es contramaestre en la sociedad de los ferrocarriles. Vive en un apartamento social. No tienen ningún cuadro o fotografía colgado en las paredes, “ya que la casa no es un museo”. Todos los objetos que hay en la casa tienen una utilidad práctica. Compra vino corriente en una gran superficie, debido a que los precios son más baratos que en otros lugares. En las vacaciones pasa su tiempo cogiendo hongos y caracoles. Le encanta ver el fútbol en la televisión y no le interesan las cosas políticas.
Presentamos más adelante una figura elaborada por Bourdieu y que presenta de manera ampliada en La distinción y que resume en Razones prácticas, donde se expone esquemáticamente el espacio de las posiciones sociales y de los estilos de vida, referidos a unos pocos indicadores como bebidas, deportes, música, juegos, en función del mayor o menor capital total, el capital económico, el social y el cultural, y las orientaciones probables del voto a la derecha o a la izquierda en función de las combinaciones mayor o menor de capital económico y capital cultural.
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LA CONSTRUCCIÓN DE LA CLASE SOCIAL El análisis de clase de Bourdieu trata de ir más allá de Marx y de Weber dándole al concepto de clase un giro culturalista, ya que para él analizar las clases está primariamente enfocado a identificar y dar cuenta de prácticas culturales de clase específicas. Téngase en cuenta que para nuestro autor el poder simbólico de la cultura no es algo secundario, el efecto de algo localizado en lo económico sino que es algo en sí mismo material. De manera que, cuando rechaza el reduccionismo de muchos marxistas, lo hace poniendo el énfasis en que la cultura “debe su estructura y su más específicas funciones a las condiciones sociales de su propia producción y circulación, o sea, de las funciones que cumplen… para los especialistas que compiten por el monopolio de la cuestión de la competencia establecida”. (²7) Este sentido de la cultura como material en sí misma y de los que la realizan como ellos mismos materialistas, encuentra mucha aceptación en la teoría cultural contemporánea, tanto en Michel Foucault como en Raymond Williams, pero no hay que olvidar que la fuente en la que se inspira es Weber, quien según Bourdieu, habría abierto el camino a un materialismo radical, que debe buscar los determinantes económicos, inclusive, en áreas dónde la ideología del “desinterés” prevalece, por ejemplo, en la religión. Este tipo de análisis de clase busca sobrepasar las falsas oposiciones entre objetivismo y subjetivismo. En el mismo los actores sociales son a la vez clasificados y clasificadores, pero ellos clasifican de acuerdo a su posición dentro de las clasificaciones(²8). Esto significa que la clase no es simplemente “una construcción analítica” o una “construcción de la gente”. Ella existe sólo en la medida en que agentes históricos son capaces de transformar lo último en lo primero por la “magia de las creencias sociales”. (²9) La existencia o no de clases sociales es de gran importancia en la lucha política ya que a través de este trabajo sin fin de representación, los agentes sociales tratan de imponer su visión del mundo y definir su identidad social.(³0) Como Marx y como Weber, Bourdieu considera a las sociedades capitalistas contemporáneas como sociedades de clase, pero sus clases dominantes y dominadas se distinguen una de otras no simplemente por cuestiones económicas, sino primariamente como un asunto de habitus, es decir, “la clase social es entendida como un sistema de determinaciones objetivas”. (³¹) Bourdieu insiste sobre la importancia de la clase social aunque no esté interesado en trazar algún tipo de “mapa de clases” tal como hacen Goldthorpe y Wright, desde perspectivas opuestas, aunque convergentes, aunque sea colateralmente, en el asunto de la clasificación en función de la ocupación laboral. Para Bourdieu si la clase permanece como un asunto de clasificación es en sentido cultural, ya que el valor de un esquema de tipo “objetivista” de clase le parece limitado. Lo que distingue a las clases sociales es el volumen de su capital, de sus recursos, de su poder, que se pueden sintetizar en el capital económico, el capital cultural y el capital social. Dentro de cada una de esas clases se produce, además, una diferenciación interna de fracciones de “acuerdo a la diferente distinción de su capital total entre los diferentes tipos de capital”, económico, cultural, social.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz FIGURA 17 - ESQUEMA DE CLASES DE BOURDIEU.
Fuente: Elaborado por P.Bourdieu. Vid. nota (26)
Las clases así construidas son “clases sobre el papel” o “clases teóricas”, y nos remiten a grupos que no siempre existen como tales en la realidad. En la práctica se convierten en agregados de ocupaciones que se pueden agrupar en cuatro o en tres clases con veinticuatro o dieciséis fracciones. Para Bourdieu los intelectuales se consideran una fracción dominada de la clase dominante, una fracción de la clase burguesa, ya que tienen o controlan un gran volumen de capital cultural.
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La burguesía controla el capital económico, los intelectuales el capital cultural. Ambos tienen intereses comunes en mantener sus privilegios vis-à-vis de las clases dominadas. Pero eso no implica que no haya conflictos entre ellos con el fin de ver que parte o proporción del valor económico disponen (las tasas de cambio entre capital cultural y capital económico, etc.). Es importante tener presente que en la perspectiva de Bourdieu la clase dominante es el lugar por excelencia de las luchas simbólicas. La burguesía requiere del arte y de los artistas para fijar su diferencia a través de la distinción de un gusto superior respecto a los dominados. Eso les ayuda a legitimar su superioridad. Aunque la clase social sea una de las categorías analíticas que utiliza con frecuencia Bourdieu en sus trabajos, no hay ninguna investigación dedicada por él, específicamente, al tratamiento de la clase social, aunque la misma está presente en muchas de sus investigaciones más relevantes. No obstante ello, es considerado como uno de los teóricos e investigadores relevantes que tratan de este tema. Recordemos que Bourdieu tanto en las clases como en el tratamiento de otros asuntos toma ideas, conceptos, provenientes de diferentes tradiciones del canon sociológico, reelaborándolos, pero fiel a su enfoque, de no separar la teoría de la investigación, sus innovaciones conceptuales fueron desarrolladas en el proceso de sus investigaciones. Teniendo en consideración las ideas de Gastón Bachelard sobre la existencia de las llamadas “parejas epistemológicas”, es decir, objetivismo/subjetivismo, estructuralismo/ constructivismo, por ejemplo, Bourdieu considera que encerrarse en ello lleva a la sociología,con pretensión científica, a enfrentarse a obstáculos para el conocimiento de la realidad social. Por ello, si se adopta el punto de vista subjetivista, como lo hace la fenomenología, la etnometodología y la sociología constructivista, se entiende que los agentes construyen la realidad entendida como una agregación de actos individuales. Para el objetivismo, como ocurre en el caso de Durkheim, los agentes sociales deben ser tratados “como cosas” y clasificados como objetos. Estaríamos así, dice Bourdieu, ante “una falsa oposición… los agentes son a la vez clasificados y clasificadores, pero ellos clasifican dependiendo de su posición en las clasificaciones”. (³²) De manera que surge una pregunta clave, ¿la clase social es una construcción analítica o una categoría existente en la realidad? Es decir, ¿existen o no las clases sociales? Esto es clave porque al menos desde el surgimiento del marxismo y de los partidos y movimientos sociales que se inspiran en esas ideas es uno de los mayores principios de división en el campo político.(³³) Así pues, quienes afirman que las clases existen en la realidad social mantienen una postura realista y tratan de probar empíricamente cuales son las características o propiedades, así como los límites, de las diversas clases. Para hacerlo recurren –dice Bourdieu– hasta a tratar de contar los miembros que pertenecen a una u otra clase. Al contrario, y sobre todo, desde una perspectiva sociológica conservadora, se defiende que las clases sólo son construcciones teóricas elaboradas por el científico social, y que no tienen ningún asidero en la realidad, por ende, cualquier pretensión de demostrar la existencia de clases sociales por mediciones empíricas o indicadores objetivos de posición social o económica está condenada al fracaso. La razón para ello, según esta perspectiva conservadora, es que es imposible encontrar “en el mundo real, discontinuidades claras: la renta, como la mayoría de las propiedades unidas a los individuos, muestra una distribución continua de forma que
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cualquier categoría separada que se pueda construir sobre su base se muestra como un simple artefacto estadístico. Y la fórmula de Pareto, según la cual no es más fácil trazar una línea entre el rico y el pobre que entre el joven y el viejo…esta fórmula hará la delicia que aquellos y son varios, incluso entre los sociólogos, que se quieren convencer a sí mismos y a otros de que las diferencias sociales no existen, o de que se están marchitando…y que argumentan que no existe ningún principio dominante de diferenciación en este terreno”. (³4) Para Bourdieu, tanto los que consideran que las clases están ya constituidas en la realidad, como los que estiman que son construcciones teóricas, obtenidas por cortes arbitrarios en el continuum de la sociedad, tienen en común que aceptan una filosofía sustancialista, ya que es el sustancialismo el que reivindica a la vez “la afirmación y la negación de las clases”. (³5) La concepción de Bourdieu es que el mundo social puede ser concebido como un espacio multidimensional, que puede ser construido empíricamente. ¿Cómo hacerlo? Descubriendo los principales factores de diferenciación en una determinada sociedad: “descubriendo los poderes o “formas de capital” que son o pueden llegar a ser eficientes…en la lucha por la apropiación de los bienes escasos que tienen lugar en este universo…por la distribución de las diversas formas de capital…aquellas propiedades capaces de otorgar fuerza, poder y por consiguiente provecho a sus poseedores…esos poderes sociales fundamentales son… en primer lugar, “capital económico”, en sus diversas especies… “capital cultural” o mejor capital informacional, también en sus diversos tipos, y…dos formas de capital que están fuertemente relacionados, el “capital social” que consiste en recursos basados en conexiones y pertenencia grupal, y el “capital simbólico”, que es la forma que adoptan los diferentes tipos de capital una vez que son percibidos y reconocidos como legítimos”. (³6) Para Bourdieu, los agentes sociales son distribuidos según el volumen global de capital que posean y de acuerdo a la composición de este capital, lo que significa que depende del peso relativo que tengan los diversos tipos de capital, que estos posean en el volumen total de su capital, siendo los más relevantes, sin duda, el capital económico y en segundo lugar el cultural. Aunque tampoco es de desdeñar, sino todo lo contrario, lo que denomina el “capital social”. El capital social se refiere a la trayectoria de los agentes en el espacio social, que incluiría sus relaciones, sus contactos, la apreciación social que se tenga de él y la accesibilidad a ciertos espacios sociales de interés o importancia en la sociedad de que se trate. Teniendo esto en cuenta, a los agentes y grupos de agentes se les va a asignar una posición, una situación o una clase. Las clases se agrupan intentando que las mismas tengan el mayor número de elementos comunes para que sean los más homogéneas posibles y de este modo poderlas diferenciar con exactitud de otras clases, resaltando así la separación entre ellas, lo que otros llaman las fronteras entre las clases. Por ende, mientras más lejos se encuentran tendrán menos elementos comunes y al contrario, mientras más cercanas están unas clases de otras los elementos de identificación entre ellas serán mayores. De lo que se sigue que cuando mayores elementos comunes tengan estarán sujetos a ”similares factores condicionantes: tienen todas las posibilidades de tener disposiciones e intereses semejantes, y así de producir prácticas y representaciones de una especie similar. Aquellos que ocupan las mismas posiciones tienen todas las posibilidades de tener los mismos habitus”.(³7)
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En Bourdieu esos elementos comunes contribuyen a lo que Irving Goffman(³8) señala como mantener el “sentido de la posición de uno” y que hace que la gente del pueblo, o sea, la gente humilde, tiendan a permanecer en “su sitio”, y los de arriba, los otros, puedan “mantener su distancia”, su posición en la sociedad. Estas estrategias no siempre son conscientes y se manifiestan de manera casi instintiva en las formas de actitudes sociales de timidez, por parte de los primeros, y de arrogancia, por parte de los últimos. Todo ello forma parte del habitus de comportamiento de esos agentes, de modo que se podría decir que estas distancias sociales están “inscritas en los cuerpos y en las mentes” y tienden a reproducirse. Así pues, como hemos visto, la posición de clase se determina teniendo en consideración un espacio tridimensional: El volumen global de capital, la composición del capital y la trayectoria social. De ello se puede afirmar que “las clases construidas pueden ser caracterizadas…como conjuntos de agentes que, por el hecho de ocupar posiciones similares en el espacio social (esto es, en la distribución de poderes), están sujetas a similares condiciones de existencia y factores condicionantes y, como resultado, están dotados de disposiciones similares que les llevan a desarrollar prácticas similares”. (³9) LA CRÍTICA DE BOURDIEU A LAS CLASES EN MARX Para Bourdieu, Marx postula que las clases teóricas son clases reales, es decir, que son grupos de individuos movidos por la condición común que comparten y con una conciencia de su identidad de intereses, lo cual les une y les opone a otras clases sociales. Para él, por tanto, en la tradición marxista se comete la misma falacia teórica de la que Marx acusó en su día a Hegel, es decir, equiparar clases construidas que sólo aparecen sobre el papel con clases reales que se constituyen en grupos movilizados con autoconciencia de sus intereses. Utilizando la inversión de palabras que forma parte de su estilo de escritura afirma Bourdieu: “la tradición marxista confunde las cosas de la lógica con la lógica de las cosas. La ilusión que nos lleva a creer que las clases teóricas son “automáticamente” clases reales”. (40) Bourdieu considera que, al contrario de lo que asume la teoría marxista, lo que él llama el movimiento desde la probabilidad a la realidad, desde la clase teórica a la clase práctica, no se produce, ya que en la realidad hay otros principios como los étnicos, raciales, nacionales, las divisiones ocupacionales, regionales, provinciales, locales, que compiten con los teóricos y que además se nutren de las experiencias ordinarias, cotidianas, de todas esas divisiones señaladas. En este sentido es claro que no se puede deducir de las estructuras las acciones y las interacciones, ya que de esta manera se estaría prescindiendo de lo que llama Bourdieu, el movimiento desde el grupo teórico al grupo práctico, o sea, la cuestión de la política y del trabajo político necesario “para imponer un principio de visión y división del mundo social, incluso cuando el principio está bien fundado en la realidad”, se trata del trabajo político de la “formación de la clase”. En este sentido nos parece de interés lo que señala Bourdieu sobre la clase trabajadora y el papel jugado por el marxismo en popularizar la visión de la misma: “La clase trabajadora tal como la percibimos hoy en día a través de las palabras utilizadas
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para designarlas, tales como “clase trabajadora”, “proletariado”, “trabajadores”, “trabajo”, etc. y a través de las organizaciones que las representan, con su acrónimos, oficios, juntas, banderas, etc., esta clase es un artefacto histórico bien fundado (en el mismo sentido en que Durkheim habló de la religión como una “ilusión bien fundada”)…las clases sociales o más concretamente “la clase trabajadora” existe suficientemente como para plantearnos o al menos rechazar su existencia…Los científicos sociales, el mismo Marx, han tenido éxito en transformar lo que pudo haber quedado en una “construcción analítica” en una “categoría popular”, esto es, en una de aquellas ficciones reales sociales impecablemente producidas y reproducidas por la magia de la creencia social”. (4¹)
EL TRABAJO DE PRODUCCIÓN DE CLASES Y LAS POSICIONES INTERMEDIAS Donde se encuentra una mayor indeterminación y ambigüedad entre las posiciones de clase y las prácticas es en el espacio social de las posiciones medias o intermedias. También es aquí donde el espacio que se abre a diferentes estrategias simbólicas es más amplio. La manipulación simbólica de los grupos encuentra su forma paradigmática en las diferentes estrategias políticas. Ya que precisamente por estar a medio camino entre los dos polos del espacio social, situándose en una especie de equilibrio inestable entre los de arriba y los de abajo, y dado su actitud vacilante, para definirse entre aliarse con alguno de los dos polos citados, todo ello hace que estas posiciones intermedias, como dice Bourdieu “constituyan el objeto de clasificaciones completamente contradictorias realizadas por quienes, en la lucha política, tratan de atraerlas hacia su lado”. (4²) En ese sentido, los cuadros de las empresas pueden ser clasificados como siervos del capital o pueden ser convertidos en parte de la clase dominada en cuanto explotados también por el capital, por quienes los clasifican, sea como asociados en la función del capital de explotar, o por quienes lo subsumen en la parte explotada, como trabajadores que son, aunque privilegiados por sus ingresos. Sin embargo, Bourdieu no es partidario de esas clasificaciones contundentes, ya que, según parece, en su visión de la sociedad encuentra que no hay límites tan claros y definidos, “no hay brechas absolutas” como las hay en el mundo físico. No obstante, considera que lo que está en juego en las batallas simbólicas es tratar de imponer una visión del mundo social y de sus divisiones, es decir, el poder simbólico como “poder constructor del mundo”, que es el poder sobre las palabras que se usan para describir a los grupos sociales o a las instituciones que las representan. Cambiando lo que haya que cambiar esto sería algo semejante a la cuestión de la hegemonía sobre la construcción de la idea que tenemos sobre el mundo social y los grupos o agentes sociales que interactúan en el mismo. En un razonamiento muy abstracto, pero a la vez muy rico y fructífero, Bourdieu recuerda que los canonistas medievales llegaron a la conclusión que “el grupo representado no es otra cosa que aquello que lo representa”. Así pues, el o los individuos que representan a un grupo en sentido amplio, es decir, quien lo concibe teórica o mentalmente, lo expresa verbalmente y lo denomina, “quien actúa y habla en su nombre, quien le da una encarnación concreta, lo personifica en y a través de su propia persona, el individuo que haciendo el grupo visible, haciéndose él
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mismo visible en su lugar, y sobre todo, hablando en su lugar, lo hace existir…En suma, el significado, esto es el grupo, es identificado con el significante, el individuo, el portavoz, o con la oficina, el local, el comité o la junta que lo representa. Esto es lo que los mismos canonistas llamaron el misterio del ministerio, el mysterium del ministerium”.(4³) Misterio que se puede resumir en dos ecuaciones: mandantes = mandatarios: la Iglesia es el Papa, status est magistratus, el puesto es el magistrado que lo asume. La segunda ecuación: mandatario = mandantes: la existencia confirmada del mandatario implica la existencia del grupo de los mandantes. Esto conlleva que la clase, el pueblo, el género, el grupo de edad, la nación, o cualquier colectivo, de otra manera elusivo, existe, sí y sólo si allí existe uno (o varios) agente o agentes que puedan imponerse con una posibilidad razonable de ser tomados en serio por el grupo.(44) La conclusión respecto a una clase, sea social, sexual, étnica o de cualquier otra especie, es que la misma existe solo cuando hay agentes capaces de imponerse a sí mismos como autorizados a hablar y a actuar de “manera oficial” en su lugar y en nombre de dicha clase. Es como si los mismos se erigieran en vicarios, plenipotenciarios, y que los miembros de la clase reconocieran en ellos como que están dotados para hablar en su nombre, para actuar en su nombre. Toda esta argumentación nos evoca la concepción leninista del partido que asume ser el representante político e ideológico calificado para hablar, actuar y representar, en este caso, no a una clase cualquiera, sino a una clase social específica: los trabajadores asalariados explotados por el capital. Bourdieu lo dice muy claro: “esta lógica de existencia por delegación…encierra una desposesión obvia, por un portavoz dotado de plena potentia agendi et loquendi”. 45) Así pues, la batalla simbólica por tener el dominio de la visión aceptada como verdadera o válida no es una tarea menor o subordinada, por eso los miembros de la clase dominante hacen grandes esfuerzos de todo tipo para imponer su propia visión y en ofrecer representaciones del mundo social, que sean favorables a mantener su dominación y que los dominados no puedan hacer prevalecer la suya. De manera que así se entiende que todo intento por “zafarse” ideológicamente o políticamente del dominio de los mismos sea calificado como “populismo”, “demagogia”, “hacer tabla rasa” de todo lo logrado, o llevar a la catástrofe, al caos o hundir la economía. La lógica de todo ese discurso es mantener el sistema de dominación y en desarrollar representaciones que, como afirma Bourdieu, ofrecen una “teodicea de sus privilegios”. EL ANÁLISIS DE CLASES A diferencia de muchos teóricos del análisis de clases contemporáneo que incorporan a sus análisis de clases la teoría de la acción racional, Bourdieu le da un lugar importante en sus análisis de clase a los sistemas simbólicos, como hemos tenido la ocasión de ver en lo expuesto anteriormente. Por ello tampoco es posible reducir su enfoque de las clases –como si se puede hacer con otros autores–, a un listado de proposiciones axiomáticas. Es mucho más fructífero enfocarnos en ver cómo lleva a cabo una investigación teórica-empírica sobre el análisis de clases tomando como referencia La distinción(46),
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que es el resultado de una investigación basada en una recolección de datos efectuada en Francia entre 1960 y 1970, que tiene como objeto la relación entre clases sociales y grupos de estatus, definidos éstos últimos en términos de Weber como colectividades que tienen un estilo de vida semejante. Para Bourdieu, aunque Weber opone clase y grupo de estatus como tipos diferentes de unidades reales, considera que para darle toda su fuerza a esta idea hay que verlas como unidades nominales, que son el resultado de una elección entre acentuar el aspecto económico o el aspecto simbólico, aunque ambos están siempre presentes en la misma realidad. Hemos visto que Bourdieu no le da demasiada importancia en el análisis de clases a la cuestión de las fronteras de clase, y la razón para ello es que considera que tratar de separar y delimitar un colectivo social de otro se debe básicamente a una cuestión ligada al conflicto político y para él no se debe mezclar el interés político con el interés científico. En segundo lugar, al establecer esas fronteras de clase el sociólogo corre el riesgo, tanto en la teoría como en su investigación práctica, de tratar a las clases como entidades auto subsistentes, preformadas, o sea, que se atendrían a una lógica “sustancialista” que él rechaza con vigor, al menos, durante los años 60 y 70 del siglo pasado; cuando se trata de introducir separaciones netas entre el proletariado o clase trabajadora y la “clase media”, lo que conlleva unas serias implicaciones políticas. Además, para él la frontera de clase debe ser comprendida y analizada en términos de prácticas sociales más que como una cuestión de conjeturas teóricas. (47) Para Bourdieu la noción de estructura de clase es muy amplia y se refiere al conjunto de la división del trabajo por ocupaciones, a diferencia de la tradición marxista que restringe su objeto al sistema de posiciones en las relaciones de producción, definidas fundamental pero no exclusivamente, en términos de propiedad o no propiedad/ control o no control, sobre los medios de producción. Así pues, Bourdieu no se ve limitado por esta delimitación conceptual, y por tanto no confronta los serios problemas que han sido objeto de discusión en la tradición marxista: problemas de propietarios/ no propietarios, empleadores/asalariados, las llamadas “clases medias”, el papel de los intelectuales, los miembros de los aparatos del estado, artistas y otros productores culturales. LA CONCEPCIÓN POLIMÓRFICA DEL CAPITAL En las investigaciones y teorizaciones de Bourdieu la división del trabajo forma un sistema que implica que las posiciones están diferenciadas debido a factores que derivan de la distribución del “capital”, entendido como un conjunto de recursos y poderes. Hay que tener en cuenta que el capital, en Bourdieu es polimórfico, no es sólo el económico, entendido como posesión de riqueza material o financiera, hay otras formas de capital, como el capital cultural que está constituido por un conjunto de bienes simbólicos que se refieren a los conocimientos adquiridos, al patrimonio de bienes culturales, y a las acreditaciones de saber institucionalizado en la forma de títulos escolares y universitarios. Las dos agencias que son responsables para inculcar este capital cultural son primariamente la familia y el sistema escolar, a todos sus niveles. La adquisición de este capital cultural implica un largo período de tiempo y de esfuerzo y esto suele estar imbricado con tener medios materiales para su adquisición.
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El capital social que representa el conjunto de contactos, relaciones, amistades que le da al individuo o agente social un mayor o menor “peso social”, y un poder de acción o reacción más o menos importante en función de la cantidad y calidad de sus relaciones. Y por último, se encuentra el capital simbólico que viene a ser una condensación de las otras formas de capital, el económico, el cultural, el social, de manera que lo más riguroso sería hablar de los efectos simbólicos del capital. La transmutación de todas esas especies de capital en efectos simbólicos tiene un ejemplo prototípico en el caso de los “grandes nombres”, de las “grandes familias”, que condensan todas las propiedades materiales e inmateriales acumuladas, heredadas, adquiridas, que hacen de sus portadores seres diferentes y que le distinguen y le otorgan una reputación y prestigio singular. En una síntesis muy comprimida, el capital simbólico se expresa por el reconocimiento de terceros de la legitimidad de la posición de la que se es poseedor (capital económico, cultural, social). Hegel lo dijo muy claramente, revelando una interpretación psicoanalítica avant la lettre: El amo tiene necesidad de ser reconocido como tal por el esclavo.(48) La distinción fue concebida y anunciado en un primer momento como una investigación minuciosa de la distribución social de los gustos culturales, pero durante su larga elaboración está fue tomando una dimensión más amplia hasta llegar a convertirse en una “sociología transversal y global de la Francia contemporánea al mismo tiempo que una crítica de la filosofía kantiana del juicio”. (49) Pero fue la noción de clase social, la discusión sobre su construcción y el uso que hace de ella lo que estuvo en el centro de esa ampliación del objeto de investigación. Además, estudiar la génesis de los juicios sobre el gusto, de su uso social requirió la aplicación de los conceptos centrales “bourdieusianos” de habitus, capital y campos. Desde el enfoque de Bourdieu las diferencias de estatus, es decir, de estilos de vida, pueden ser vistas como manifestaciones de las diferencias de clase. Para él hay una conexión causal entre posición de clase y el habitus, y una relación de expresión entre el habitus y una diversidad de prácticas situadas en diferentes dominios de consumo, prácticas que logran dar una cohesión simbólica, para dar forma a un cierto estilo de vida. Esas prácticas sirven, además, para constituir “grupos de estatus” que establecen fronteras o limites simbólicos entre los individuos que ocupan diferentes posiciones en la estructura de clase. El proceso por el cual esto ocurre es contencioso, competitivo y, toma la forma de lo que Bourdieu llama “luchas clasificatorias”, que es solo una entre las muchas modalidades a través del cual el “poder simbólico” es ejercido. (50) EL VOLUMEN DEL CAPITAL Bourdieu establece su modelo de las clases después de una encuesta que recopila una amplia variedad de indicadores sobre el capital económico y cultural que poseen los individuos que se encuentran localizados en las diferentes posiciones sociales a través del sistema ocupacional. Su “modelo” hace una diferenciación basada en tres ejes en función de sus posiciones sociales y sus estilos de vida. El primero y más importante de los ejes diferencia las posiciones sociales de acuerdo al volumen de capital (económico y cultural) que poseen. Los datos de que dispone por la encuesta le permiten colegir que los propietarios industriales y
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comerciales, los ejecutivos del sector privado, los profesionales liberales, así como los profesores universitarios están situados en el nivel superior y comparten la misma posición social. Para nuestro autor estas categorías constituyen una “clase dominante” o clase superior (a veces incluso las denomina como una “burguesía”). En la parte más baja por volumen de capital económico y cultural se encuentran situados los peones y asalariados agrícolas, los obreros especializados y cualificados e incluso los contramaestres o capataces. Estas categorías son designadas como las clases populares o clase trabajadora. En el medio o intermedio entre ambas se encuentran los pequeños comerciantes y empresarios, los cuadros medios administrativos, del sector privado y público, los técnicos, las secretarias, los maestros y los empleados del comercio y oficina de nivel medio y bajo. Estos formarían las clases medias o “pequeña burguesía”. LA COMPOSICIÓN DEL CAPITAL El segundo eje diferencial dentro de las posiciones sociales o de clase, serían las llamadas con lenguaje derivado del marxismo “fracciones de clase”, aunque no tienen el mismo significado que se le da en el marxismo. Para Bourdieu las clases están divididas internamente de acuerdo con la composición del capital que poseen los incumbentes, es decir, la preponderancia relativa del capital económico o cultural que tengan. Unos tienen un mayor volumen de capital económico (grandes propietarios de servicios e industriales, por ejemplo), y menos capital cultural, y otros tienen un mayor volumen de capital cultural (profesores universitarios y productores artísticos, por ejemplo), pero menos capital económico. Entre ambos están las posiciones que tienen una relativa simetría entre ambos tipos de capital, es decir, las que tienen un mediano capital económico, y un capital cultural medio o bajo. Y siguiendo esta lógica se pueden establecer aún más fracciones según las variaciones entre capital económico (ingresos y propiedades), y capital cultural. Los maestros suelen tener bajos ingresos y un capital cultural medio. Y en la parte más baja se encuentra aquellos con muy bajo capital cultural y bajo o muy bajo capital económico. LA TRAYECTORIA DEL CAPITAL Un tercer eje de la división entre posiciones y ocupaciones se encuentra en el uso o tratamiento del tiempo. Se trata de tener en cuenta las trayectorias seguidas por los incumbentes de las posiciones, teniendo en consideración el cambio o la estabilidad que han experimentado en un período de tiempo en el volumen y composición del capital de sus familias de origen. Los datos obtenidos por Bourdieu le permiten poder afirmar que los miembros de las profesiones liberales, los altos ejecutivos, e incluso los profesores universitarios, proceden en un porcentaje elevado de familias burguesas. En cierto modo se puede decir que son herederos de esas posiciones aunque hayan tenido que realizar estudios, obtener diplomas o titulaciones, pasar concursos para acceder a las posiciones que ocupan. En cierto modo tienen los habitus, las formas, los estilos de comportamiento y de vida, e incluso, las maneras de pensar, razonar y la retórica, que son estimados como adecuados por los encargados de reclutarlos para esos puestos.
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LOS HABITUS DE CLASE La noción de habitus en Bourdieu no tiene nada que ver con la noción usual u ordinaria con que emplea la palabra hábito, o sea, como una costumbre, como la habilidad que se adquiere por la constante repetición de algo, como algo que se hace por rutina. El habitus es un concepto central de la sociología de Bourdieu al que le otorga una gran capacidad explicativa y que él expone de esta manera: “Los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen habitus, sistemas de disposiciones duraderas y transferibles estructuras estructuradas, dispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y de representaciones que pueden ser objetivamente “reguladas” y “regulares” sin ser por nada el producto de la obediencia a determinadas reglas y, por todo ello, colectivamente orquestadas sin ser el producto de la acción organizadora de un director de orquesta”. (5¹)
Esta definición de Bourdieu señala que el habitus es un sistema de disposiciones durables que es adquirida por el individuo en el proceso de socialización, es decir, es el producto de la posición que ocupa el individuo y su familia en la sociedad y de su trayectoria social. Hay disposiciones durables que son adquiridas en el ámbito familiar y del grupo o clase de pertenencia y, hay otros hábitos que se adquieren o refuerzan en otros ámbitos como durante el proceso escolar. Pero cada individuo es dentro de sus habitus de clase una variante, por tanto, no se trata de que éste sea totalmente libre o absolutamente determinado, es decir, hay habitus singulares de los diferentes miembros de una misma clase, en razón de la trayectoria individual de cada quien, lo cual marca los estilos personales, aunque dentro, casi siempre, de un habitus más o menos estandarizado de clase. El habitus, como se ha expuesto, es una estructura estructurante o un principio generador. Es productor de acciones siendo a la vez producido por el condicionamiento histórico y social, aunque no sea enteramente determinado; engendra de manera no mecánica, conductas objetivamente adaptadas a la lógica del campo social concernido, y autorizados, por tanto limitados, por ella. Bourdieu insiste en el carácter incorporado de los habitus que inscribe en los cuerpos, gestos, posturas, ciertos aspectos del condicionamiento social, los cuales aparecen así como naturales a los agentes, que no los aprehenden sino a través de sus habitus. (5²) El habitus está ligado a la historia individual, es una especie de máquina transformadora que hace que podamos reproducir las condiciones sociales de nuestra propia producción pero de una manera más o menos imprevisible. Bourdieu señala que por analogía se le puede comparar con un programa de ordenador autocorregible. Está constituido por un conjunto sistemático de principios simples a partir de los cuales se pueden inventar una infinidad de soluciones que no se deducen directamente de sus condiciones de producción. Se llevan a cabo ajustes para poder adaptarse a las nuevas situaciones imprevistas que van aconteciendo, lo que puede llevar a transformaciones del habitus. Así pues, él se refiere a las capacidades “asimiladoras” pero sin olvidar que el habitus es también adaptación, de manera que “realiza sin cesar un ajuste al mundo que no toma sino excepcionalmente la forma de una conversión radical”. (5³)
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Los agentes se socializan adquiriendo ciertos habitus propios de su grupo o clase que les lleva a ajustar de manera espontánea y sin “cálculo racional”, sus esperanzas subjetivas a las probabilidades objetivas ligadas a sus condiciones objetivas. Dicho de manera breve: tienen tendencia a limitar sus pretensiones al logro de metas que objetivamente hay probabilidad que puedan alcanzar. Un ejemplo que explica muy bien la dificultad existente para desprenderse de los habitus de clase se encuentra en My Fair Lady, cuando se pretende que una vendedora haga un aprendizaje lingüístico que le haga desprenderse de su acento de clase popular para tratar de hacerse pasar por una duquesa. Es cierto que en El rojo y el negro de Stendhal, Julian Sorel, hijo de campesinos aprende las maneras de un caballero desde su puesto de secretario de un duque, pero en la realidad social esos ambiciosos trepadores suelen recibir los castigos de los miembros de las clases dominantes o superiores. La noción de habitus es muy útil “cuando se quiere explicar y no sólo describir las regularidades del mundo social”.(54) Por ello muestra su utilidad cuando se trata de estudiar situaciones caracterizadas por un cambio social. El habitus se construye en una situación social dada, por tanto, mientras las condiciones objetivas sean las mismas, se adapta perfectamente a la variedad de situaciones que puedan encontrar en los diferentes campos donde actúa. Ahora bien, si esas condiciones objetivas cambian, y sobre todo, si cambian con cierta rapidez, hay una cierta dificultad o desajuste de adaptación a la nueva situación. Bourdieu utiliza en estos casos el término de hysteresis para señalar que un efecto se prolonga después que su causa ha cesado de actuar. La consecuencia es un desfase del habitus antiguo ante la nueva realidad y que produce en los individuos prácticas poco adecuadas o que no se ajustan, es decir, prácticas inadaptadas, al nuevo sistema o al sistema que se ha modificado. Ahora bien, el habitus no es inmutable, se reestructura por la experiencia vivida e interiorizada, y esto ocurre de manera diferente según las trayectorias sociales de los diferentes agentes. Por ello se recomienda estudiar no solo las posiciones de los agentes sino también sus trayectorias vitales, que le ha hecho ocupar esa posición, sea que la mantenga a través del tiempo, que la haya alcanzado por una ascensión social o incluso que haya habido una caída social, descenso o declive. (55) Esto se puede ver con toda claridad si comparamos la trayectoria de un hijo de un obrero que él mismo trabaja como obrero y que se casa con la hija de un obrero, está claro que se encuentra dentro de una situación homóloga a las que han producido su habitus de clase obrera y, por ende, actuara de acuerdo a todo su aprendizaje que ha conformado su habitus. Pero el caso es diferente si el hijo de un obrero se casa con una chica de clase media, ya que esto le planteará situaciones para las cuales su habitus obrero no le permite tener prácticas espontánea y “naturales”, y tendrá que aprender, interiorizar nuevas prácticas para poderse adaptar a la nueva situación, es decir, deberá reestructurar su habitus de origen. Una situación semejante se puede visualizar para un individuo de clase superior, hijo de una familia de esa clase, que quiebra, pierde su fortuna y de pronto se convierte en un empleado asalariado que tiene que vivir con los recursos económicos y en un ambiente de clase media; obviamente,sus habitus tendrán que reestructurarse para adaptarse a la nueva situación de descenso social, aunque conserve muchas de las prácticas y estilos de su clase anterior.
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LOS CAMPOS Otra de las nociones empleadas a menudo por Bourdieu en sus investigaciones y análisis es la de campo. La sociedad se puede descomponer en una multitud de microcosmos, que se les puede denominar campos, cada uno de los cuales tiene sus peculiaridades, sus objetos e intereses específicos. Por ello se puede hablar del campo político, del campo económico, del campo cultural, del campo jurídico, del científico, del universitario, el empresarial, el religioso, el de los medios de comunicación, el literario, el del show business, etc. Cada una de esas partes tiene una cierta autonomía, o sea, puede establecer sus propias reglas escapando a las influencias de otros campos. Cada uno de esos campos tiene un punto de vista sobre la sociedad que corresponde a una comprensión y explicación que conviene a su objeto. (56) El campo para Bourdieu es un campo de fuerzas, objeto de una lucha de apropiación del capital especifico de él y de legitimidad por parte de quienes toman parte en el mismo. Por tanto no toda actividad social constituye un campo, se puede hablar de campo a partir del momento en que los individuos que actúan en el mismo dominio de actividad entran en concurrencia entre sí para tratar de obtener una posición dominante en el campo, o sea, es necesario que tengan intereses comunes y que entren en lucha por la posesión de un capital específico al campo. Son los que denomina Bourdieu las luchas de poder y las luchas de legitimidad, tipos de luchas que están ligadas entre sí. (57) LA DOMINACIÓN MASCULINA: LA SOCIEDAD ANDROCÉNTRICA En sus trabajos e investigaciones Bourdieu siempre ha dado importancia a las relaciones de dominación que se dan entre los agentes sociales en los diferentes campos de la sociedad. De acuerdo a sus supuestos teóricos los dominantes, los que ocupan posiciones dominantes, imponen sus valores a los dominados, quienes interiorizan los mismos, convirtiéndose de ese modo en artesanos de su propia dominación. Partiendo de estos conceptos, a los que hay que añadir el de violencia simbólica, es que analiza la dominación masculina, aportando de esta manera su contribución a un tema que ocupa cada vez más el interés en el estudio de las sociedades: las llamadas cuestiones de género, que junto a las de etnia, y a las de minorías o nacionalidades, se intenta contraponer como elementos incluso más importante que el de las clases sociales, entre los posmodernos. Puede observarse una permanencia de la visión androcéntrica en las relaciones entre los sexos en nuestras sociedades, pero como señala nuestro autor, si bien es cierto que las relaciones entre los sexos están menos transformadas de lo que una observación simplista podría hacer creer, hay que tratar de entender esto preguntándose sobre los mecanismos históricos de lo que llama la “eternización relativa” de las estructuras de la división sexual. En este sentido Bourdieu hace un llamado importante: “Recordar que lo que, en la historia aparece como eterno sólo es el producto de un trabajo de eternización que incumbe a unas instituciones(interconectadas) tales como la Familia, la Iglesia, el Estado, la escuela, así como, en otro orden, el deporte y el periodismo”.(58) Con este giro en el análisis de las relaciones entre los sexos Bourdieu busca escapar de las explicaciones esencialistas (biologistas) y naturalistas de las diferencias entre los
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sexos y devolver al tema su dimensión histórica. Con ello el movimiento de las mujeres tendría la posibilidad de establecer una movilización política de resistencia destinada a lograr cambios jurídicos y políticos que pongan término a la discriminación y la violencia real y simbólica, de la que, junto a los homosexuales (gays y lesbianas), son el blanco, y logren poner fin a la eternización de su subordinación. Teniendo el estudio que llevó a cabo en Argelia sobre la sociedad kabyla o bereber, como elemento para comprender la permanencia de la dominación masculina, comprueba la persistencia de un orden social que funciona como una máquina simbólica de dominación masculina: la división sexual del trabajo (para los hombres el trabajo de la siembra, la cosecha y la guerra; las mujeres recoger la oliva del suelo y recoger los pedazos de leña), la estructuración del espacio (público para los hombres, privado para las mujeres que deben estar en la casa), la división de la organización del tiempo ( el de los hombres hecho de rupturas, el de las mujeres hechos de largos períodos de continuidad y de gestación), así como estilos de vida y de posiciones corporales diferentes, donde incluso la mirada está dividida por el sexo: el hombre debe mirar a los ojos, erguido, mientras que la mujer debe dirigir la mirada al suelo, a sus pies, en gesto de sumisión y docilidad. Todo ello puede explicarse por una serie de oposiciones mítico-rituales relacionados con el sexo: alto/bajo, arriba/abajo, activo/ pasivo, seco/húmedo, derecho/curvo. Bourdieu afirma que: “El orden social funciona como una inmensa máquina simbólica que tiende a ratificar la dominación masculina en la que se apoya: es la división sexual del trabajo, distribución muy estricta de las actividades asignadas a cada uno de los dos sexos, de su espacio, su momento, sus instrumentos, es la estructura del espacio, con la oposición entre el lugar de reunión o el mercado, reservados a los hombres, y la casa, reservada a las mujeres, o, en el interior de ésta, entre la parte masculina, como del hogar, y la parte femenina, como el establo, el agua y los vegetales; es la estructura del tiempo, jornada, año agrario, o ciclo de vida, con los momentos de ruptura, masculinos y los largos período de gestación, femeninos” (59)
Para Bourdieu remontarse a la descripción etnológica de un mundo social muy alejado de las sociedades contemporáneas tiene la ventaja de “prestarse fácilmente a la objetivización” y, al ser “construido alrededor de la dominación masculina actúa como una especie de detector de las huellas microscópicas y de los fragmentos dispersos de la visión androcéntrica del mundo”. (60) Lejos de pensar que la “visión falo-narcisista” y los “habitus” femeninos se reducen a la sociedad Kabyla, lo que se puede ver es que los mismos están más generalizados en las sociedades mediterráneas e incluso en las sociedades euroamericanas más modernas y desarrolladas, de lo que, de manera simplista, se puede creer, aunque, obviamente, no de manera tan rígida y estructurada como en la Kabyla. Bourdieu nos llama la atención sobre como: “El mundo social construye el cuerpo como realidad sexuada y como depositario de principios de visión y de división sexuantes…La diferencia biológica entre los sexos, es decir, entre los cuerpos masculino y femenino, y, muy especialmente, la diferencia anatómica entre los órganos sexuales, puede aparecer de ese modo como la justificación natural de la
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diferencia socialmente establecida entre los sexos, y en especial de la división sexual del trabajo”. (6¹)
Ahora bien, cuando estos pensamientos y estas visiones sobre el cuerpo, sobre lo que es masculino y femenino, es aceptado, los actos de conocimiento se convierten en actos de reconocimiento, y en definitiva de sumisión, pero aún siendo así queda lugar para lo que Bourdieu llama: “Una lucha cognitiva a propósito del sentido de las cosas del mundo y en especial de las realidades sexuales…La definición social de los órganos sexuales, lejos de ser una simple verificación de las propiedades naturales… es el producto de una construcción operada a cambio de una serie de opciones orientadas o, mejor dicho a través de la acentuación de algunas diferencias o de la escotomización de algunas similitudes”. (6²)
Sin embargo, el cuerpo humano tiene su parte delantera que es el lugar de la diferencia sexual y su parte trasera, que es de sexualidad indiferenciada, y potencialmente femenina, en cuanto pasiva, sometida, como es fácil de recordar a poco hagamos memoria, de todos los dichos mediterráneos y diría casi universales contra la homosexualidad. La construcción social de los géneros permite interpretar las diferencias biológicas como principios “naturales”. Por las relaciones de dominación los sexos integran a sus habitus (conductas, juicios, costumbres), inclusive las maneras de utilizar su cuerpo y de llevar a cabo las prácticas sexuales. Como las mujeres han integrado las de su sexo, con ello han actuado de manera inconsciente a favor de su papel de dominadas: las llamadas prácticas sumisas, los comportamientos recatados, los seductores, la manera de caminar, se convierten en “disposiciones incorporadas” que incluso pueden llegar en el límite, hasta el desprecio de su propia condición de mujer. Dice Bourdieu: “Los dominados aplican a las relaciones de dominación unas categorías construidas desde el punto de vista de los dominadores, haciéndolas aparecer…como naturales. Eso puede llevar a una especie de auto depreciación, o sea de auto denigración”. (6³)
Esto constituye una violencia simbólica, tipo de violencia que no opaca la violencia real, psíquica o material, que puedan sufrir las mujeres. Lo que ocurre es que muchas veces los movimientos en su labor de representación de ciertos intereses (mujeres, gays, lesbianas, obreros, desempleados, etc.) hacen una presentación: “idealizada de los oprimidos y de los estigmatizados en nombre de la simpatía, de la solidaridad y de la indagación moral y de no señalar los propios efectos de la dominación, especialmente los más negativos, hay que asumir el riesgo de parecer que se justifica el orden establecido desvelando las propiedades por las cuales los dominados…pueden contribuir a su propia dominación. Las apariencias…están siempre a favor de la apariencia y la empresa de desvelamiento se expone a suscitar tanto las condenas indignadas del conservadurismo como las denuncias farisaicas del revolucionarismo”.(64) Esta llamada de atención de Bourdieu debe tenerse muy en consideración porque hay una resistencia a admitir que el oprimido o el dominado, al interiorizar los papeles que les han sido asignados y los valores y opiniones que han logrado hegemonizar las
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concepciones dominantes vigentes en una sociedad o momento dado, participan con esta aceptación de estas representaciones a su propia dominación u opresión. Es duro quizás pero es una realidad que no se puede escamotear con la fraseología supuestamente radical sean de un signo o de otro. Concluiré la posición de Bourdieu sobre el asunto de la dominación masculina presentando su propuesta para poner fin a dicha dominación en una sociedad androcéntrica: “Sólo una acción política que tome realmente en consideración todos los efectos de dominación que se ejercen a través de la complicidad objetiva entre las estructuras asimiladas (tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres) y las estructuras de las grandes instituciones en las que se realiza y se reproduce no sólo el orden masculino. Sino también todo el orden social (comenzando por el estado, estructurado alrededor de la oposición entre su “mano derecha”, masculina, y su “mano izquierda”, femenina, y la Escuela, responsable de la reproducción efectiva de todos los principios de visión y de división fundamentales, y organizada a su vez alrededor de las oposiciones homólogas), podrá sin duda, a largo plazo, y amparándose en las contradicciones inherentes a los diferentes mecanismos o instituciones implicados, contribuir a la extinción progresiva de la dominación masculina”. (65)
LA MISERIA DEL MUNDO: DAR LA VOZ A LOS DOMINADOS Bourdieu publicó La miseria del mundo en un momento caracterizado por una severa crisis social que produjo un crecimiento del desempleo y de la exclusión social. El libro es muy diferente a los demás publicados por Bourdieu o bajo la dirección de él. Es el resultado de un trabajo en equipo con más de veinte sociólogos o especialistas en métodos y técnicas de investigación social que procedieron a realizar entrevistas con un amplio abanico de individuos: vagabundos (clochards), pequeños agricultores, habitantes de barrios degradados, enfermeras, estudiantes, parados, estudiantes, pequeños comerciantes, inmigrantes, etc. El objetivo como señala Bourdieu era “dar el testimonio de lo que hombres y mujeres nos confiaron a propósito de su existencia y de su dificultad de existir”, y de ello resulta un afrontamiento de visiones del mundo diferentes o antagónicas, “de puntos de vista incompatibles, porque están fundados en la razón social”.(66) Las entrevistas se hicieron en los lugares de trabajo o de residencia, y se entrevistó a vecinos de viviendas sociales y los encargados de seguridad de esas zonas, a comerciantes y a sus clientes, a adultos y a jóvenes, a compañeros de oficinas, etc. La idea era tener una visión amplia, una perspectiva plural de visiones, de las oposiciones que se derivan de los diferentes estilos de vida, que separan a las clases, a las etnias e incluso a las diferentes generaciones. La miseria que Bourdieu y su equipo expone, muestra y explica no se trata sólo de carencias de bienes materiales, ya que de muchos de los entrevistados se podría decir aquella frase manida de “te quejas en vano, si supieras cómo están otros”, ya que es cierto que, en sociedades como la francesa de los años 90 del siglo pasado, se habían aplicado políticas sociales que hicieron disminuir la gran miseria, pero había aumentado otro tipo de miseria, la pequeña miseria.
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Evidentemente, en materia de carencias siempre hay espacio para invocar los relativismos, pero lo importante es desvelar a través de las palabras de los agentes sociales lo que Bourdieu llama la “miseria de posición”, que describe magistralmente con la pieza de Patrick Suskind, El contrabajo, donde este autor expone la experiencia dolorosa que pueden tener del mundo social todos aquellos que, “como un contrabajista en el seno de la orquesta, ocupan una posición inferior y oscura en el interior de un universo prestigioso y privilegiado, experiencia tanto más dolorosa sin duda que ese universo, en el cual ellos participan, justo lo suficiente para sentir su nimiedad relativa, está situado en lo más alto en el espacio global”. (67) La miseria de posición tiene que ver con las aspiraciones legítimas que tiene todo individuo a la búsqueda del bienestar, de encontrarse satisfecho y de desarrollarse personalmente, y sin embargo, se encuentra con obstáculos y constreñimientos que no siempre puede explicarse muy bien. Para Bourdieu esa violencia oculta proviene de los “veredictos del mercado escolar”, de “las reglas implacables del mercado de trabajo o de la vivienda”, de “las agresiones insidiosas de la vida profesional”. A través de las entrevistas, con el recuento que hacen de sus vidas, emerge una determinada visión del mundo, una percepción de sí mismo y de los otros, de su espacio social. La importancia de La miseria del mundo es que ha dado la palabra a quienes viven una vida ordinaria, y que narran “su existencia y su dificultad de existir”. La importancia y el por qué de esta investigación la explica de manera muy precisa Bourdieu con estas palabras: “Llevar a la conciencia los mecanismos que hacen la vida dolorosa, e incluso invivible, no es neutralizarla, mostrar las contradicciones, no es resolverlas. Pero, por más escéptico que uno pueda ser sobre la eficacia social del mensaje sociológico, no se puede tener por nulo el efecto que el mismo pueda ejercer permitiendo a aquellos que sufren descubrir la posibilidad de imputar su sufrimiento a causas sociales y sentirse así disculpados; y haciendo conocer ampliamente el origen social, oculto colectivamente, del malestar bajo todas sus formas, comprendidas las más íntimas y las más secretas... Constatación que, pese a las apariencias, no tiene nada de desesperante: que lo que el mundo social ha hecho, el mundo social puede, armado de ese saber, deshacer. Lo que es seguro, en todo caso, es que nada es menos inocente que el dejar hacer”. (68)
En una entrevista concedida a la revista L’ Express a propósito de la publicación del libro expresa lo que considera la continuidad de una política independientemente de los cambios de partidos en el gobierno. Se trata de una política cada vez más neoliberal, más privatizadora y más insolidaria, que está creando una brecha social que hace de la francesa una sociedad cada vez más desigual y que crea malestar social en vez de bienestar. Dice Bourdieu: “Las políticas que hemos visto poner en ejecución desde hace 20 años presentan una continuidad notable. Iniciada en los años 1970, en el momento en que empezaba a imponerse la visión neoliberal enseñada en Ciencias Políticas, el proceso de retraimiento del Estado se ha ido imponiendo cada vez más. A ello se ha ido uniendo hacia 1983-1984, el culto a la empresa privada y del beneficio, por los políticos socialistas que han orquestado
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un profundo cambio de la mentalidad colectiva que ha conducido al triunfo generalizado del marketing. Inclusive la cultura se ha contaminado. En política el recurso permanente a los sondeos sirve a crear una de las formas más perversas de la demagogia. Una parte de los intelectuales se ha prestado a esta conversión colectiva… Practicando la amalgama y sacrificándose a la confusión de pensamiento, han trabajado para mostrvar que el liberalismo económico es la condición necesaria y suficiente de la libertad política. Y que a la inversa, toda intervención del Estado crea la amenaza del “totalitarismo”. Ellos se han tomado mucho trabajo para establecer que toda tentativa para combatir las desigualdades – que juzgan por otra parte inevitables–, es de entrada, ineficaz, y que además, solo puede llevarse a cabo en detrimento de la libertad”. (68)
La desilusión que ha causado entre los ciudadanos ver que cuando la denominada izquierda llega al gobierno abandona sus principios, reniega de sus programas y promesas y hace la política del adversario de derecha, poniendo de esa manera en entredicho la diferencia sociológica convencional entre “izquierda y derecha”, alimenta el auge de la decepción y abre la vía para que surjan movimientos o partidos que son empujados a cuestionar el sistema, ya que dicho sistema se basa en una especie de regla de juego basada en realizar básicamente la misma política, con lo cual la alternancia se convierte en un cambio de personal en la cumbre del Estado sin que la política real cambie sustancialmente. En fin, sería una especie de partido único de facto, con dos alas del mismo, que se alternan según las coyunturas, el cambio de humor de los votantes, o la capacidad de ciertos dirigentes y empresas al servicio de los partidos, de hacer mejor campaña de marketing, con el apoyo de los principales medios de comunicación. COMBATE CONTRA EL NEOLIBERALISMO Bourdieu dedicó dos libros con artículovs e intervenciones seleccionadas, surgidos de diversas circunstancias pero que tenían como objetivo “proporcionar armas útiles a quienes se empeñavn en resistir al azote neoliberal”, y para romper con la apariencia de que se acepta, de manera unánime, esas concepciones y esas prácticas, que encuentra en la idea de tener la mayoría o ser incontestadas “lo esencial de su fuerza simbólica” como discurso dominante. A esos dos libros los tituló Contrafuegos 1 y 2.(69) Bourdieu hace una crítica profunda de las políticas económicas que se practican en la Unión Europea y que el FMI, el Banco Mundial y la OMC imponen en todo el mundo invocando la autoridad de la ciencia económica. Sin embargo, esa teoría económica en que se fundamentan no es tan neutra como se pretende hacer creer. La economía del discurso neoliberal que se erige como modelo debe sus características, que no son universales sino particularistas, a una sociedad determinada y toma de ella un sistema de creencias y valores. Esa sociedad es la norteamericana. Al exponer esto no se trata de alimentar un antiamericanismo, una hostilidad y prejuicio hacia un pueblo y hacia sus representantes, simplemente no se puede criticar el modelo sin criticar al país que es su “forma prototípica y paradigmática”.
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Los postulados del modelo neoliberal de la economía los resume Bourdieu de esta manera: “Primer postulado: la economía sería un territorio separado gobernado por leyes naturales y universales que los gobiernos no deben contrariar; segundo postulado: el mercado sería la mejor manera de organizar la producción y los intercambios de manera eficaz y justa en las sociedades democráticas; tercer postulado: la “globalización” exigiría la reducción de los gastos estatales, sobre todo en el terreno de los derechos sociales en materia de empleo y de seguridad social, considerados a la vez onerosos y disfuncionales”. (70)
La sociedad norteamericana es una sociedad paradójica, muy avanzada científica y tecnológicamente pero muy atrasada social y políticamente. El Estado ha renunciado a su función económica vendiendo las empresas que poseía y convirtiendo en bienes privados y comerciales la sanidad, la vivienda, la educación, y renunciando a su poder de disminuir la desigualdad que ha estado aumentado en las últimas décadas. Por otra parte, la democracia americana está llena de disfuncionalidades muy graves como el altísimo índice de abstención electoral, la cuestión de la financiación de los partidos que pueden recibir donaciones sin límites, favoreciendo con ello que los mismos se conviertan en lobbys de las grandes corporaciones y de los grandes donantes, prevaleciendo el interés de ellos sobre el de los ciudadanos. Hay una mentalidad de cálculo que lo impregna todo hasta el ámbito cultural y académico (el llamado academic market place). Y junto a ello un individualismo posesivo que es el fundamento de todo el pensamiento económico neoliberal y que se extiende a la política concebida como acciones individuales y aisladas (como el voto), “equivalente exacto de compra en solitario en un supermercado”. Hay una ideología del dinamismo, de la falta de rigidez, de la flexibilidad, que llevaría a una sociedad del riesgo permanente, totalmente contraria a una sociedad que asegure a sus miembros unos niveles de seguridad social, incluso se hace de la “inseguridad social un principio positivo de organización colectivo, capaz de producir agentes económicos más eficaces y productivos”, que lleva a una atomización calculada de los trabajadores. Por último, es una sociedad neodarwinista en lo social, que conlleva una sociedad insolidaria, como producto de la supuesta selección natural de los mejores, que vendría a servir de justificación al reinado de the best and the brightest, donde los “perdedores” son vistos como el compendio de todas las flaquezas, inutilidades e incapacidades individuales. La universalización de este modelo no solo ha sido obra de las grandes instituciones financieras internacionales, de las presiones de los mercados financieros, de las grandes corporaciones transnacionales, sino que, como dice Bourdieu, tiene mucho que ver con una prolongada y silenciosa labor de think tanks, de las acciones e informes de “expertos”, de tecnócratas, de periodistas y de intelectuales al servicio de esos poderes simbólicos y económicos. “Estos agentes y estas instituciones inculcan..(estas) categorías de pensamiento apoyándose en distintos resortes, pereza y pasividad de espíritu, cientifismo, esnobismo…o sencillamente, conservadurismo, y esto con la complicidad de los propios europeos, en una lógica que no deja de recordar a la de la colonización”. (7¹)
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Sobre la globalización Bourdieu nos recuerda cómo históricamente el campo económico se ha construido en el marco del Estado nacional, contribuyendo éste a la unificación del espacio económico. Basándose en lo desarrollado por Polanyi en su libro The Great Transformation(7²), donde ilustraba la aparición de los mercados nacionales no como una consecuencia fortuita de los intercambios económicos sino de una política del Estado, que utilizando el mercantilismo logró aumentar el mercado interior y el exterior, al someter todo al mecanismo de la compra venta. Esta unificación conduce a un proceso de concentración económica y de poder, que conlleva una desposesión de una parte de la población. Dentro de las fronteras nacionales se adoptaban medidas jurídicas que limitan la competencia exterior a través de aranceles aduaneros, control de los cambios monetarios, etc. Actualmente todo ello se está desmontando o está casi desmontado, pero no se trata de algo impuesto por los cambios tecnológicos y de las comunicaciones, que llevaría a la creación de un campo económico mundial. La globalización o mundialización en sentido estricto podría significar esa creación de un campo económico a escala mundo, pero en realidad lo que se designa como tal no es más que una determinada política económica destinada a remover todos los obstáculos a una libre circulación de capitales y mercancías en todo el mundo. Es decir, se trata de una política neoliberal. En otras palabras, el llamado “mercado globalizado” no es más que una creación política (como lo fue antes el mercado nacional), que tiene como consecuencia e incluso, como fin, buscado deliberadamente: “crear las condiciones de la dominación obligando brutalmente a los agentes y a las empresas, hasta entonces recluidos en los límites nacionales, a enfrentarse a la competencia de fuerzas productivas y de modos de producción más eficientes y más poderosos. Así, en las economías emergentes, la desaparición de las medidas proteccionistas lleva a la ruina a las empresas nacionales…supone el hundimiento de las empresas locales, rescatadas, a menudo a precios irrisorios, por las multinacionales”. (7³) Como se está viendo actualmente, las directrices globalizadoras que se imponen a los Estados nacionales por quienes tienen una posición de preponderancia y dominio tecnológico, y la capacidad y recursos para desarrollar políticas de I+D+I, y que la OMC impone como la única política posible en economía, al igualar a grandes corporaciones transnacionales con modestas empresas locales y a los pequeños productores nacionales, lo que se promueve es simplemente la desaparición masiva en el planeta de estos últimos. Como afirma Bourdieu: aquí, como en otros aspectos, la supuesta “igualdad formal en la desigualdad real favorece a los dominadores”, y es una política que no tiene otro objetivo que imponer un control mundial financiero y productivo (incluido en el sector servicios), de las grandes corporaciones trasnacionales, que supuestamente no tienen patria pero que tienen sus centros principales, sus matrices, en los Estados que todo el mundo conoce del mundo de Occidente y que tienen el dominio político, el económico, el militar y el hegemónico (en las ideologías y valores predominantes). La palabra globalización no es por tanto una palabra descriptiva sino prescriptiva, por tanto, esta palabra y el modelo que expresa encarna la forma más realizada del imperialismo universal, “la que consiste, para una sociedad, en universalizar su propia
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particularidad instituyéndola tácitamente como modelo universal”. (74) Es la idealización de la sociedad americana y de su modelo económico y social, que tiene como rasgo relevante la debilidad del Estado frente al poder económico, por no decir por su subordinación al mismo. Todo ello ayudado por su ventaja financiera, que le da el papel del dólar, que le permite extraer recursos de los otros países, incluídos los más pobres, para financiar su hipostasiado déficit y compensar su muy baja tasa de ahorro y de inversión. Esta globalización neoliberal busca debilitar los poderes regionales y nacionales y desacreditar los demás modelos de desarrollo, tachados de “nacionalistas”, “populistas”, y dejar a los ciudadanos impotentes frente a las potencias transnacionales económicas y financieras. Sin embargo, Bourdieu considera que puede haber un resquicio de esperanza en que desde los Estados nacionales haya fuerzas que se resistan, no para restaurar un orden en vías de desaparición, sino para tratar de “inventar y construir un orden social que no tenga como ley exclusiva la búsqueda del interés egoísta y la pasión individual del beneficio, y que deje lugar a unos colectivos orientados hacia la búsqueda racional de fines colectivamente elaborados y aprobados” (75). El abuso y el atropello económico es tal que irá generando gradualmente, a partir de sindicatos, asociaciones, movimientos sociales y de los Estados nacionales, oposiciones y resistencias, que vayan articulando fuerzas mundiales o globales que se opongan a la misma: “No es ninguna tontería esperar que los efectos de la política de una pequeña oligarquía sólo atenta a sus intereses económicos a corto plazo puedan favorecer la aparición progresiva de fuerzas políticas, también mundiales, capaces de imponer poco a poco la creación de instancias transnacionales encargadas de controlar las fuerzas económicas dominantes y subordinarlas a fines realmente universales”. (76)
CONCLUSIONES Entre los teóricos de las clases sociales, Bourdieu se destaca por haber colocado en un papel central a las prácticas simbólicas de clasificación social. Aunque le dio un papel importante a la clase social no se redujo a ésta sino que también consideró todas las otras formas de categorización social, como la cuestión de género, de raza, de nación, etc. Hay que destacar que Bourdieu le atribuyó a los intelectuales y a los científicos sociales, como poseedores de un gran capital cultural, la posibilidad de jugar un importante papel, por el indudable poder simbólico que tienen, en las luchas para oponerse a establecer distintas formas de subordinación. Los intelectuales tienen la capacidad de desvelar los mecanismos de la dominación, pero los intelectuales no son inteligencias “flotando libremente”, son una fracción dominada de la clase dominante, y como cualquier otra clase o fracción deben ser objeto de la investigación sociológica. Los intelectuales tienen también su propio lugar en el espacio social, por ello Bourdieu no cae en la tentación de atribuirles que sean algo así como los representantes “orgánicos” de los dominados.(77) Considera Bourdieu que deben contribuir a la invención de una nueva forma de hacer política, y
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que los intelectuales (científicos sociales, artistas, escritores), si deciden convertirse en “intelectuales públicos”, comprometiendo en el combate político, su competencia y su autoridad, deben hacerlo sin abandonar en el camino, los valores profesionales de búsqueda de la verdad y de desinterés; tienen que mantener la exigencia de rigor y sus competencias, no convertirse en objetos decorativos que se les exhibe como a enanos o mujeres barbudas en un circo, o se les emplea como elemento atractivos dentro de una estrategia de marketing de venta. Con gran realismo Bourdieu veía las oposiciones que encontrarían en su accionar político y a las decepciones a que se enfrentaban, por un lado, dentro de su propio campo o universo profesional, ya que serían tachados de romper con la exigencia de “neutralidad axiológica”, y en el mundo político sufrirían el acoso por parte de los que creen que pueden perjudicarle en sus ambiciones personales de adquisición de posiciones o de prestigio. Pero, sobre todo, para Bourdieu la acción política de los intelectuales debe ser planteada no tanto como algo individual sino colectivo, creando redes que opongan a los think tanks conservadores, formados por expertos asalariados de los grupos dominantes, y que opongan a las ideas e ideologías que éstos difunden, informes, reflexiones, ideas, a favor de los intereses de los dominados y de un Estado que haga políticas a favor de la colectividad y no de una minoría nacional y extranjera.(78) Respecto a las cuestiones de género, las ideas de La dominación masculina expuestas por Bourdieu siguen siendo muy interesantes pasados diecisiete años desde su publicación. El desarrollo del movimiento feminista y la labor teórica que le ha acompañado ha empleado algunos de los conceptos creados por este autor para seguir la senda de tratar de conocer mejor los mecanismos ocultos y la construcción histórica de los sexos. Aunque hay lugares donde la situación de la mujer parece haber retrocedido con la aceptación pasiva o simplemente con la interiorización de las estructuras cognitivas, de ideas religiosas, que establecen el papel dominado y sumiso de la mujer, en una sociedad androcéntrica, como algo establecido por Dios o por Alá. Pero el progreso en la evolución del papel de la mujer en las sociedades europeas, euroamericanas, latinoamericanas y asiáticas ha sido notable, tanto en su incorporación a la producción, como en la creciente demanda porque ocupen posiciones directivas en las empresas y en la política acordes con sus capacidades profesionales. Se critica que Bourdieu no haya expuesto de manera más clara y contundente, como realmente pueden las mujeres salir de la situación de dominadas si, como considera este autor, la toma de conciencia de su situación y la voluntad de superarla no bastan para lograrlo, ya que la fuerza del habitus las confinan a una serie de tareas consideradas femeninas. Aquí estaría la mayor debilidad de su enfoque: su falta de propuestas claras para salir de tal situación. Pero hay que admitir que su papel científico no está en proporcionar “recetas” para logar de manera aparentemente sencilla, lo que ha estado vigente en las sociedades androcéntricas plurisecularmente. ¿Qué dice Bourdieu como vía para salir de la dominación masculina? Que sólo una acción política a largo plazo que tenga en consideración todos los efectos de la domi-nación masculina, que están interiorizados tanto por las mujeres como por los hombres (cada vez con mayor criticidad respecto a ellos por parte de las mujeres,es cierto,y sólo en ciertas vanguardias minoritarias, entre los hombres), y que las instituciones de la sociedad reproducen, desde el Estado hasta la escuela, se podrá lograr extinguir la dominación masculina.
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También señala que el gran capital cultural que suelen tener los movimientos feministas y el movimiento gay y de lesbianas, que “agrupa a unos individuos que, aunque estigmatizados, son relativamente privilegiados, especialmente desde el punto de vista del capital cultural”, juega a su favor en las luchas simbólicas. Insiste en lo importante que es luchar por imponer “nuevas categorías de percepción y de apreciación”, para “destruir el principio de división que produce tanto los grupos estigmatizadores como los grupos estigmatizados”. Se pregunta si un movimiento tan poderoso de capital cultural no debería ponerse al servicio del movimiento social en su conjunto, poniendo al servicio del universalismo las ventajas vinculadas a su particularismo. Aunque sea en el plano del trabajo teórico y de la acción simbólica. Respecto a su crítica del neoliberalismo, la misma es muy positiva, ya que legitima desde la instancia científica, un discurso de resistencia. También se puede considerar que le falta profundizar en el hecho de que el proyecto neoliberal debe relacionársele con las transformaciones estructurales de la economía capitalista que se tratan de explicar por diferentes teorías, entre ellas con el posfordismo, y no limitarse a explicarse el neoliberalismo como un programa impuesto por élites dominantes externas con el apoyo o pasividad de las élites internas, sino que hay elementos sustanciales económicos que pueden explicarlo. Siendo útil sus críticas hay necesidad de ir más allá de sus explicaciones. El trabajo sociológico, reflexivo y crítico de Bourdieu puede ser leído como un rechazo del pensamiento posmoderno en boga y, por lo tanto, en el núcleo de ese rechazo se encuentran muchas de las ideas que constituyen lo esencial del pensamiento de intelectuales como Baudrillard, Derrida y otros autores posmodernos, ya que éstos se interesan más por los personal, lo íntimo, lo individual, siendo así que la sociedad de este siglo XXI, tiene cada vez más problemas sociales y de desigualdad que requieren salir del ensimismamiento para impulsar acciones colectivas por lo comunitario, lo internacional y lo transnacional.
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NOTAS. 1.
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Pierre Bourdieu, Jean-Claude Passeron, Los herederos, La reproducción, Pierre Boudieu, La distinción. Criterio y bases sociales del gusto, Taurus, Madrid, 1999, versión original francesa por les éditions Minuit, París,1979. Pierre Bourdieu et alt., La misére du monde, Éditions du Seuil, París, 1993. Pierre Bourdieu, Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal, Anagrama, Barcelona,1999, y, Contrafuegos 2. Por un movimiento social europeo, Anagrama, Barcelona, 2001. P. Bourdieu, La distinción, p. 333. La khagne se refiere a los estudiantes que preparan el primer año de dos, para entrar a la Ècole Normal Supérieur (ENS). P. Bourdieu, Esquisse pour une auto-analyse, p.42. P. Bourdieu, Contrafuegos, op. cit. p.135. Ibid.p 24. Vid. la biografía de Marie-Anne Lescourret, Bourdieu. Vers une économie du bonheur, Flammarion, París,2008. Pierre Bourdieu, “Si le monde social m’est supportable, c’est parce que je peux m’indigner », Entretien avec Antoine Spire, Editions de l’Aube, París, 2002, p.6. Patrice Bonnewitz, La sociologie de P. Bourdieu, PUF, París, 2002, pp.1-2. Raymond Aron, Mémoires, Julliard, París, 1983, pp.349-350. Pierre Bourdieu y L.J.D. Wacquant,op. cit. pp-176-177. Pierre Bourdie y Jean-Claude Passeron, Los herederos, los estudiantes y la cultura, Siglo XXI, Argentina, 2003, trad. del original en francés publicado en 1964 por la editora Minuit. Introducción de Ricardo Sidicaro, a Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron Los herederos, op. cit, p.IX. La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza (versión original, Minuit, París, 1970, P. Bonnewitz, Pierre Bourdieu, Ellipses editions, París, 2002, p.23. Ibid. pp.32-33. P. Bourdieu, La noblesse d’Etat. Grandes ècoles et esprit de corps, Éditions Minuit, París, 1989, p.7. Philippe Cabin, La distinction, en la obra colectiva, Pierre Bourdieu. Son œuvre, son héritage, Sciences Humaines Éditions,París, 2008,p.36-37. P. Bourdieu, La distinción, op. cit., p.30. José Ortega y Gasset, La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, Revista de Occidente, Madrid, 1976, pp.15-17. Vid. Lo que dice sobre este espinoso asunto Suzanne K. Langer, On significance in Music, en Aesthetic and the Arts, ed. por Lee A. Jacobus, McGraw-Hill, N.Y., 1968, p.183: “En otros tiempos, las masas no tenían acceso al arte; la música, la pintura e incluso los libros, eran placeres reservados a los ricos. Se podría suponer que los pobres, “el vulgo”, habrían gozado de ellos, de igual modo, si se les hubiera dado esa posibilidad. Pero en la actualidad, cuando todo el mundo puede leer, visitar museos, escuchar música clásica por lo menos en la radio, el juicio de las masas sobre estas cosas ha llegado a ser una realidad, y, mediante el mismo, se ha hecho evidente que el arte noble no constituye un placer sensitivo directo. Si no fuera así, deleitaría por igual –como ocurre con los pasteles o los cócteles– al gusto sin educación y al gusto cultivado”. cit. por Bourdieu, La distinción, p.29. P. Mounier, Pierre Bourdieu, op. cit. p.118. P. Bourdieu, La distinción, p. 51. Ibid. p.11.
CULTURALISMO Y ANÁLISIS DE CLASE: BOURDIEu 26. Ibid., pp.56-57,61-63 y 66 P. Bonnewitz, Pierre Bourdieu, pp.33-34, Philippe Cabin,loc. cit.,pp. 38-39. 27. Esquema sintetizado por Bourdieu del más amplio de La distinción, op. cit.,pp. 124-125, en Raisons pratiques. Sur la theorie de l’ action, Editions du Seuil, París, 1994, p.21 , pagina 17 de la trad. española. 28. P. Bourdieu, “Symbolic Power”, en D. Glesson (ed.) Identity and Structure: Issues in the Sociology of Education, Driffield, Nafferton Books, 1977,p.116, cit. por A. Milner, Class, op. cit., p.136. 29. Pierre Bourdieu, “¿Cómo se hace una clase social?”, en Poder, derecho y clases sociales, Desclée de Brower, Bilbao, 2000. 30. Ibid., p.9. 31. Ibid. pp. 10-11. 32. Para un resumen sobre el concepto de habitus vid. Christiane Chauvirè, Olivier Fontaine, Le vocabulaire de Bourdieu, Ellipses, París, 2003, pp.49-52), y obviamente, vid. P. Bourdieu, Questions de sociologie,op. cit.; El sentido práctico, op. cit. y Meditations pascaliennes, Liber, 1997, entre otros. 33. Pierre Bourdieu, “¿Cómo se hace una clase social?”, en op. cit., p.102. 34. Ibid., p.103. 35. Ibid., pp. 103-104. 36. Ibid., pp. 105-106. 37. Ibid., p. 105. 38. Ibid., p. 107. 39. Erving Goffman, La presentación de la persona en la vida cotidiana, Amorrortu, Buenos Aires, 1987 (del original en inglés del año 1959), y Estigma. La identidad deteriorada, Amorrortu, Buenos Aires, 1989 (versión original en inglés de 1963). 40. P. Bordieu, “¿Cómo se hace una clase social?”, op. cit., p.110. 41. Ibid.,p. 111. 42. Ibid., p.115. 43. Ibid., p.122. 44. Ibid., pp 125-126. 45. Ibid. p. 127. 46. Plena potentia agendi et loquendi quiere decir “que sabe y hace mejor que el pueblo lo que es bueno”. 47. Vid.Pierre Bourdieu, La distinción. Criterio y bases sociales del gusto, (primera edición de 1979, por editions Minuit, París),Taurus, Madrid,1999. 48. Vid. Elliot Weininger, “Foundations of Bourdieu`s Class Analysis”, en Erik Olin Wright, (editor), If Class is the Question, What is the Answer, 2004,p.121, mimeo. 49. Vid. Christiane Chauviré, Olivier Fontaine, Le vocabulaire de Bourdieu, Ellipses, París,2003,pp.12-16. 50. Vid. Pierre Mounier, Pierre Bourdieu, Une introduction, Pocket, París, 2001, p.103. 51. Vid. E.B. Weininger, loc. cit., p. 122. 52. Pierre Bourdieu, El sentido práctico, Siglo XXI, Buenos Aires, 2007, p. 86. 53. C. Chauviré y O. Fontaine, op. cit., pp.49-50. 54. P. Bourdieu, Questions de sociologíe, Minuit, París, 1984,p.136. 55. Vid. C. Chauviré y O. Fontaine, op. cit., p.51. 56. Vid. Patrice Bonnewitz, La sociologie de P. Bourdieu, PUF, París, 2002,p.73, 57. P. Bourdieu, Meditations pascaliennes, op. cit., p.119. 58. Vid. P. Mounier, op.cit. pp.57-58. 59. Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Anagrama, Barcelona,2000, p.8. 60. Ibid. p.22. 61. Ibid. p. 73.
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Ibid., pp.22 y 24. Ibid. pp.26-27. Ibid. p. 50. Ibid.pp.138-139. Ibid. p.141. P. Bourdieu, La misère du monde, Editions du Seuil, París,1993, p.13. Ibid. p.16. Pierre Bourdieu, “Notre Etat de misére”, entretien avec Sylvaine Pasquier, L`Express, 18/03/ 1993, vid. P. Bourdieu, Interventions, 1961-2001, Agone, Marseille, 2002, p.245. Pierre Bourdieu, Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal, Anagrama, Barcelona, 1999, y, Contrafuegos 2. Por un movimiento social europeo, Anagrama, Barcelona, 1999. P. Bourdieu, Contrafuegos 2. Por un movimiento social europeo, Anagrama, Barcelona, 2001, p.31. Ibid. p.36 De hecho en la crisis financiera desencadenada en EE.UU. en 2008 y que se extendió a las principales economías, mientras el presidente Obama empleó políticas de estímulo para incentivar la demanda, en la UE, bajo el liderazgo de Alemania, pero no exclusivamente, se aferraron a la ortodoxia neoliberal más estricta, proporcionando cuantiosos prestamos y ayudas para rescatar a los bancos y teniendo como prioridad el pago prioritario de la deuda financiera por parte de los gobiernos, incluso llevando esa obligación a los textos constitucionales, por un “procedimiento de urgencia”, como fue el caso de España, a la vez, que se utilizaba la crisis para recortar aún más los derechos sociales y laborales, reducir los salarios e incrementar la precariedad laboral. Algo que hace recordar lo expuesto por Naomi Klein, en su libro La doctrina shock, Paidos Ibérica, 2007, sobre los métodos de implantación o agudización de las políticas neoliberales. Hay traducción española, Karl Polanyi, La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, Ediciones Endymion, Madrid, 1989. La edición original en inglés es de 1944 y fue realizada en New York. El libro no tuvo mucha repercusión y cayó en el olvido hasta que en los años 70 del siglo pasado debido a la crisis que se produjo en los países occidentales y después a las políticas neoliberales de Reagan y Thatcher se produjo un interés por las tesis de Polanyi. Este autor es de origen húngaro –sus padres eran judíos húngaros–, pero él nació en Viena (en 1886), estudió Filosofía y Derecho en Budapest y Viena. Fue miembros del consejo de redacción de una revista crítica de economía de 1924 a 1933, y como tantos otros intelectuales judíos huyeron de Viena ante el ascenso del nazismo y se refugió en Londres. Adquirió la nacionalidad británica como Hobsbawm y tantos otros, y fue contratado como profesor de extensión universitaria en las universidades de Oxford y de Londres. De 1941 a 1943 permaneció en los Estados Unidos y allí terminó de redactar su libro La Gran transformación, en cuyo prefacio Robert M.McIver escribió lo siguiente: “He aquí un libro que hace que la mayoría de los libros de este mismo campo queden obsoletos o superados…en esta hora crucial, surge un nuevo modo de comprender la forma y el significado de los asuntos humanos”. En el clima imperante en los EE.UU. por la guerra fría y el Macartismo sufrió la persecución de éstos ya que aunque nunca fue comunista y ni siquiera se adhirió al socialismo democrático nunca dejó de exponer su adhesión al socialismo y sus simpatías con la URSS de esos años, que ensayaba buscar soluciones nuevas para instaurar una economía social, además, su mujer, Ilona Duczynska era una militante comunista, y fue a ella a quién le dedicó su libro con esta palabras: “Que todo lo debe a su apoyo y a sus críticas”. Para Polanyi, el liberalismo económico sin pretenderlo promocionó el progreso al precio de la dislocación social debido al reino de la especulación, el afán de lucro y la libre competencia sin trabas ni regulaciones. La tierra, los hombres y el dinero se vieron engullidos por el mercado y convertidos en
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simples mercancías para ser compradas o vendidas, lo que llevó a un sistema caótico que era ingobernable. Eso produjo un mundo en tensión que fue la causa de la Primera Guerra Mundial y de la crisis de 1929. Y de ahí surgieron esos “salvadores de los pueblos” que a paso de oca, alumbraron el fascismo y la Segunda Guerra Mundial. La gran transformación –como señalaba en el prefacio del mismo McIver–, es un intento nuevo de comprender el fascismo. Como señalan F. Álvarez Uría y Julia Varela en la introducción a la edición española, en el libro de Polanyi se encuentran ecos de Weber, pero también de Durkheim y de Marx, por ende, hay cierta semejanza con algunas de las influencias sociológicas más relevantes en el pensamiento y sociología de Pierre Bourdieu. Como este autor, pero obviamente mucho antes, Polanyi reprocha al marxismo la primacía que concede a las relaciones de producción como explicación de las variadas formas que adoptan las relaciones sociales. Y esto sería un efecto inducido del credo liberal en el marxismo (diríamos que como una penetración de una doxa económica liberal, o una permeabilidad en el marxismo, de lo que llaman los alemanes el “espíritu de la época”). El homo oeconomicus es una invención reciente, a la vez proyecto y producto de las sociedades de libre mercado. Ello conlleva la subordinación de lo social a lo económico que defiende el liberalismo económico y que continúan defendiendo hoy en día los neoliberales, y que ha generado y está generando hoy cada vez más desigualdad y miseria social. En 1946 Polanyi resumió –y con ello terminamos esta nota– La gran transformación en los siguientes puntos: 1. El determinismo económico es un fenómeno del siglo XIX que dejó de ser operativo. Sólo ha funcionado en un sistema de mercado que está a punto de desaparecer en Europa. 2. El sistema de mercado ha deformado nuestra visión del hombre y de la sociedad. 3. Esas percepciones deformadas constituyen hoy uno de los principales obstáculos que nos impiden resolver los problemas de nuestra civilización. A la que agregaría una cuarta: “la obstrucción de los liberales a toda reforma que implicase planificación, reglamentación y dirigismo ha hecho, que fuese prácticamente inevitable la victoria del fascismo”. La defensa a ultranza de la libertad individual y la fe ciega en el mercado frente a cualquier tipo de de racionalidad colectiva o comunitaria nos condujo a esa reacción que fue el fascismo y el nazismo. En la posguerra teniendo en cuenta todo ello se erigió el Estado de Bienestar con sus políticas sociales y su pacto virtuoso entre el estado, los trabajadores y los patronos para, entre otras cosas, poner en relación los salarios con la productividad y las ganancias. Ahora con el auge posmodermo del individualismo posesivo y del neoliberalismo todas esas conquistas se están desmontando. ¿Vamos a ciegas, obnubilados por el consumismo, el afán de lucro y la insolidaridad hacia un nuevo tipo de neo fascismo, de sociedades neo totalitarias de mercado? Vid la Presentación de Fernando Álvarez-Uría y Julia Varela, pp. 13 y ss. P. Bourdieu, Contrafuegos 2, op. cit. pp.104-105. Ibid. p.106. P. Bourdieu, Contrafuegos, op. cit. p.149. Ibid. p.118. E. B. Weininger, loc. cit. p.144. P. Bourdieu, Contrafuegos 2, pp.37 y ss.
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22. Posmodernismo y clases sociales: el fin de las clases El fin del hechizo de Marx en la sociología moderna no fue causado por la acumulación de nuevos datos como por el espectáculo político de la Rusía de Stalin...pero el resultado fue el mismo: el reemplazo gradual de la clase por el estatus..Hoy, como concepto sociológico, la clase ha muerto. Robert Nisbet
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INTRODUCCIÓN En la teoría sociológica, con enfoques muy diversos, se ha mantenido el concepto de clase social, inclusive en las perspectivas del culturalismo y de los estudios culturales, pero donde se encuentra un rechazo al empleo de las clases sociales y se cuestiona, además, su utilidad, es en las perspectivas más apegadas al análisis de los textos y del discurso. En el marxismo, obviamente, tampoco se ha renegado de ese concepto tan ligado a su historia, aunque se puede interpretar que desde los tiempos de Kaustky y Lenin, ha habido una tendencia entre ciertos intelectuales, a indagar si la clase por excelencia, la clase trabajadora, cumplía o no con las expectativas de la “clase para sí”, que los marxistas habían diseñado para ella. Más recientemente, ha habido teóricos académicos, que han encontrado que el concepto de clase no era pertinente ni operativo y que había que buscar otras clasificaciones, utilizar conceptos nuevos o remozados, es el caso de Laclau y Mouffe e incluso –aunque en menor medida y con objetivos muy alejados de ellos– de Negri y Hardt, a los que se estudiará más adelante. En la teoría filosófica los teóricos provenientes de la “escuela francesa” (Foucault, Derrida, Baudrillard, Lyotard entre otros), han sentenciado desde sus centros académicos y sus análisis de textos, que en la realidad social posmoderna las clases debían de dejarse a un lado y abrir el campo a otros sujetos. (¹) Vamos a exponer, de una manera muy sucinta, algunas de las ideas claves de la posmodernidad y el posmodernismo, en el tema que nos ocupa, lo nos permitirá contextualizar cómo se ha llegado a la negación de la pertinencia de la clase social en la denominada sociedad posindustrial o posmoderna actual. EL POSMODERNISMO El termino posmodernidad y posmoderno se ha utilizado como una especie de “todo terreno ideológico” como afirma Ripalda(²) lo cual la hace poco operativa para una discusión rigurosa, aunque se ha beneficiado de su ambigüedad para convertirse en materia de numerosos debates. Centrándonos, pues, en lo que estimamos esencial, lo que caracteriza a este movimiento intelectual es su ruptura con la modernidad, con la llamada dialéctica de la Ilustración. Esa nueva sociedad que proclama el posmodernismo, en la que ya estaríamos viviendo, sería una sociedad liberadora, en cuanto supera las limitaciones de la modernidad. Lo que predominaba entre ciertos creadores de opinión que difundían el posmodernismo era: “La idea de que habíamos entrado en una época postmoderna, en la cual los viejos temas de la razón y la revolución carecían de validez…y esto se debió en gran parte a que correspondía a la experiencia de una generación de profesionales que ascendían en la escala social y que habían renunciado a los sueños juveniles de un cambio político radical a favor de una cultura de ostentoso consumo”. (³) Muchas de las expectativas creadas por el posmodernismo naufragaron con el estallido de las burbujas de la “nueva economía”, de la inmobiliaria y la especulativafinanciera. Pero como ocurre siempre en la historia, los hechos sociales no son capaces de torcer la ideología, las especulaciones y las teorías, porque los productores de ideologías y de teorías son tozudos a las realidades y el posmodernismo sigue teniendo
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sus seguidores impertérritos y sigue impregnando el pensamiento, respecto al arte, la arquitectura, filosofía, historia, teoría y política, aunque ya no se encuentre en el cénit de su apogeo intelectual. El posmodernismo se puede explicar como sucesivos certificados de defunción, una marcha constante hacia las agencias funerarias y los cementerios: Muerte del sujeto, muerte de la historia, muerte de la razón, muerte de los grandes relatos, fin, en definitiva, de muchos de los instrumentos teóricos de la modernidad, que le dieron a ésta su carácter universalista. Sobre la muerte del sujeto es importante situarnos ya que: “El sujeto es el símbolo de la ilustración, del humanismo, esto es, el agente dominador, efectivo de la naturaleza. Este postulado omnipresente que hace del hombre el valor supremo, definido por su conciencia y libertad, como hazaña de la voluntad, se revelará dentro de la esfera del pensamiento postmoderno, como el ejercicio de nuevas relaciones de dominación donde el hombre se constituye...como objeto de normalización y disciplina”.(4) El posmodernismo anuncia respecto del sujeto, su muerte. El individuo ya no es visto como un agente causal, como un yo autoconsciente y autónomo, y pasa a ser una posición en el lenguaje, un lugar en el discurso. El sujeto es sustituido por las estructuras, los sistemas y los códigos. Si a todo esto se une los cambios que han conducido a lo que se denomina la sociedad posindustrial, con sus transformaciones tanto en lo tecnológico, las comunicaciones y la emergencia de la sociedad de masas, el individuo pasa de ser sujeto productivo a convertirse en sujeto de consumo, dirigido por los medios del mercado audiovisual. Hay una separación del sujeto y del individuo, como categorías, lo que permite pensar en un sujeto sin universalismo, sin verdad, sin metarelatos, y a la vez en una acentuación del individuo y del individualismo, que tiene como motivación básica de sus actuaciones sus intereses segmentarios, en una sociedad hedonista, que tiene como primordial la búsqueda del placer, cultivar las diferencias y la comunicación virtual a través de redes. Esto lleva a un repliegue cínico hacia sí mismo y a un rechazo del compromiso con lo público, con lo colectivo, y distanciarse de los proyectos que buscan la emancipación de la humanidad. Por ello, como afirma Sloterdijk, junto a las otras formas de falsa conciencia que, como la mentira, el error, o la ideología, han tenido lugar hasta ahora, “la mentalidad actual obliga a añadir una cuarta estructura: el fenómeno cínico”. (5) Expuesto de manera muy somera, lo que caracteriza al posmodernismo como ideología, es que para ellos se ha pasado de la modernidad a otra etapa histórica, con cambios sustanciales en lo económico, político, cultural y social, que han llevado a pasar de la sociedad industrial moderna a la sociedad posindustrial o posmoderna. Empleando las tesis del posestructuralismo y llevándolo incluso más allá, se hace una crítica de la razón y del humanismo, que se centra en el sujeto, lo que conduce directamente a la condena, a la que nos hemos referido, de la validez universal de los llamados grandes relatos, de la idea de la totalidad y del racionalismo clásico. Se hace una crítica de la filosofía y el pensamiento moderno que cuestiona los modelos hermenéutico y dialéctico, del interior y lo exterior, de la esencia y lo aparente, del modelo freudiano de lo manifiesto y lo latente, y del modelo existencialista de lo autentico y la alienación. Para los posmodernistas es importante la acentuación de las diferencias, siempre que sean otras que las de clase social, de ahí la deriva hacia las
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minorías sexuales, raciales, culturales, nacionales y, hacia los llamados nuevos movimientos sociales, ecologistas, feministas, emigrantes,homosexuales, transexuales, etc. Por último, estaría el rechazo por el posmodernismo, del modernismo y las vanguardias en el arte, y en su lugar se postula la liberación de la estética de todo tipo de servidumbres, ya sea de la coherencia, de la funcionalidad, de la innovación, y se propugna la “referencia intertextual y la auto reflexividad como valores autónomos”. Pero como señala Jameson no debe olvidarse que esta “cultura posmoderna global que es, sin embargo, norteamericana, es la expresión interna y superestructural de un nuevo momento de dominación militar y económica de los Estados Unidos en todo el mundo: en este sentido como ha sucedido en toda la historia dividida en clases, el reverso de la cultura es la sangre, la tortura, la muerte y el horror”. (6) POSMODERNISMO COMO LÓGICA CULTURAL DEL CAPITALISMO TARDÍO El posmodernismo no es un concepto exclusivamente estético, como afirma Jameson, también se relaciona con los aspectos económicos. En ese sentido destaca la importancia que tuvo –al menos para él– el estudio de Ernest Mandel sobre El capitalismo tardío.(7) Así como Lenin en su trabajo sobre el Imperialismo identificó un nuevo estadio del capitalismo, la etapa monopólica del imperialismo clásico, que no había sido previsto –al menos de manera explícita por Marx–, el libro de Mandel teorizó una tercera etapa del capitalismo, una etapa del capitalismo “más pura” que cualquier otra de las que les han precedido, la que denominó la etapa del capitalismo tardío. Este trabajo contribuyó a que Jameson elaborara su propia concepción sobre el posmodernismo “como un intento de teorizar la lógica específica de la producción cultural de esa tercera etapa, y no como otra crítica cultural dispersa o como diagnóstico del espíritu de la era”.(8) El enfoque intenta ser “totalizador”, por eso rechaza esas interpretaciones posmodernistas que consideran superado el tema de las clases sociales, por eso señala que, aunque hay un cierto malestar respecto a ciertos esquemas económicos tradicionales de un cierto marxismo, eso no se aplica “en el área de la clase social”, cuya “desaparición” sólo verdaderos “intelectuales que flotan libremente” podrían ser capaces de considerar. (9) Fiel a esta concepción busca los orígenes de clase del posmodernismo enfocándolo como un rasgo distintivo y el “estilo de vida” de toda una fracción de clase, que se ha etiquetado, como una nueva pequeña burguesía, una clase profesional administrativa, o más sucintamente, como los yuppies. En este sentido expone Jameson: “La identificación del contenido de clase de la cultura posmoderna no implica en absoluto que los yuppies se hayan convertido en una especie de nueva clase dominante o en un “sujeto de la historia”. Meramente sus prácticas culturales y sus valores, sus ideologías locales, han articulado un paradigma ideológico y cultural dominante útil para esta etapa del capital. Por cierto, se da a menudo el caso de que las formas culturales prevalentes en un período particular no sean provistas por los agentes principales de la formación social en cuestión (hombres de negocios que sin duda tienen algo mejor que hacer con su tiempo, o son llevados por
fuerzas motivacionales psicológicas e ideológicas de tipo diferente)”. (¹0)
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POSESTRUCTURALISMO Aunque se les distinga, hay una línea clara de continuidad entre el posestructuralismo y el posmodernismo. El posestructuralismo supuso una crítica del estructuralismo, especialmente pero no exclusivamente, del estructuralismo marxista de Althusser. Entre los autores que se les clasifica como posestructuralistas están Derrida, Foucault, Barthes, Lacan, Kristeva, lo que hace que se les considere como tales es que tienen una visión crítica del estructuralismo y que pretenden hacer un estudio científico de la cultura. Al principio estuvieron influidos por Althusser pero luego enarbolaron el arma de la crítica y la deconstrucción contra él y sobre todo contra el marxismo, abandonándolo del todo como hicieron, entre otros, Laclau, como se verá ampliamente más adelante. Señala Callinicos(¹¹) que el término posestructuralismo se empezó a utilizar en los EE.UU. y se refería a dos corrientes de pensamiento, el textualismo de Derrida y la línea del poder/conocimiento de Foucault. De manera breve y simplificando, Derrida coloca a la literatura en el centro de la producción del conocimiento que conduce a tratar la ciencia y la filosofía como géneros literarios. No puede haber verdad objetiva más allá del discurso. Todos los textos son repeticiones de otros textos. Esto es la “intertextualidad”. La “deconstrucción” según Derrida no debería definirse, ya que al hacerlo se estaría invalidando, pero, dicho lo cual, lo que se entiende por deconstrucción es una lectura que mira dentro de un texto a otros textos lo que desconecta al autor de su texto, se trata de entender un texto con los otros textos con los cuales fue construido, aunque fuera de manera inconsciente. También expone Derrida que todo el pensamiento occidental se ha basado en la idea de un centro, sea éste un Origen, una Verdad, una Esencia o un Dios. La cuestión con los centros es que con ellos se intenta excluir y marginar al otro. En una sociedad “faloegocéntrica”, por ejemplo, se excluye y margina a la mujer. En una sociedad cristiano céntrica las otras religiones son relegadas: musulmanes, budistas, judíos. Es decir, los centros originan “opuestos binarios”, en los cuales uno es central y el otro marginal. Así ha funcionado el pensamiento occidental y en el juego de lenguaje y de sistema resultante se margina al otro componente (espíritu/materia, esencia/existencia, blanco/ negro, hombre/mujer etc.) Con la deconstrucción se busca descentrar, captando el componente central y tratar de subvertirlo para que la parte marginada pase a ser la central y se logre –aunque sea temporalmente– eliminar la jerarquía; en ese sentido la deconstrucción sería una práctica política. Derrida considera que la deconstrucción es una forma aún más radical que el marxismo, aunque admite que estuvo influido por éste en lo relativo a la auto criticidad y el auto cuestionamiento. Distingue eso sí ese “espíritu” del marxismo de la doctrina y la historia que llevó a la represión totalitaria en su nombre. Se ha querido exorcizar al marxismo y decretar su muerte partiendo de que la consumación de la política se encuentra en las democracias liberales, pero constata que éstas pasaban y pasan por momentos complicados: desempleo, exclusión social, conflictos entre las naciones, dominio de la industria de armamentos, incremento del poder de las mafias criminales y de los carteles de la droga, violaciones al derecho internacional, etc. Si hay tanto empeño en descartar al marxismo es por la debilidad que presentan las democracias liberales. Por ello estimaba en 1991 que un nuevo espíritu marxista podía contribuir a
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cuestionar los ideales de la democracia liberal e intentar salvar o reconciliar la brecha entre los ideales y las realidades de dichas democracias. (¹²) El posestructuralismo de Foucault de los años 70 se centra en la “genealogía” del poder y sus relaciones con el conocimiento, las condiciones materiales del discurso. Foucault rechaza las categorías de totalidad, de base y superestructura y lleva la cuestión del poder más allá del dominio de clase y del Estado. No cree en la idea ilustrada del progreso sino en el surgimiento de nuevos modos de dominación, el progreso lo ha sido en el “refinamiento de las técnicas de dominación”, no en el progreso constante hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad. Analiza Foucault las relaciones de micro-poder, “los niveles capilares del poder”. El poder no está sólo “arriba” sino también “dentro” del cuerpo social. Si no se cambian los niveles capilares de poder muy poco se cambiará aunque se obtenga el poder del Estado. En cuanto a la relación entre poder y conocimiento, señala que el poder crea objetos de conocimiento y el conocimiento produce efectos de poder. El poder está en todas partes y donde hay poder hay oposición y lucha. Todo poder crea la posibilidad de resistencia al poder. Se puede resistir, luchar contra el poder, pero esta lucha no tiene fin. Como expone Foucault cuando trató el análisis del poder en el encierro psiquiátrico y las instituciones penales, esto apenas se planteaba. La cuestión del poder, se estudiaba a la derecha en términos de constitución y soberanía, es decir, en términos jurídicos, y a la izquierda, los marxistas, en términos de aparatos de Estado: “El modo como se ejercía concretamente y en el detalle, con su especificidad, sus técnicas y sus tácticas, no se buscaba; bastaba con denunciarlo en el “otro”, el adversario, de un modo a la vez polémico y global…pero nunca se analizaba la mecánica del poder”. (¹³) Respecto al discurso, Foucault considera que la discusión sobre la verdad o falsedad de los discursos no tiene importancia, cada sociedad tiene sus propios discursos aceptados como verdaderos: “Cada sociedad tiene su régimen de verdad… es decir, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o falsos, el modo como se sancionan unos y otros; las técnicas y los procedimientos que están valorizados para la obtención de la verdad; el estatuto de quienes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero”. Además, los objetos del discurso no tienen realidad fuera del mismo. (¹4) En cuanto al sujeto, cree que hay que deshacerse del sujeto constituyente, ya que los sujetos no son los productores del discurso sino “posiciones en el discurso” que pueden ser ocupadas por individuos. El sujeto es moldeado por el poder no tanto a través de su conciencia, de la ideología, sino a través de su cuerpo. (¹5) Tanto el posestructuralismo como el posmodernismo comparten ideas y principios básicos: la centralidad que ocupa el discurso en sus análisis de lo social y lo cultural, una desconfianza hacia que se pueda alcanzar algo así como la verdad, lo que les conduce al relativismo, también consideran que el sujeto se constituye por el discurso. Pero hay diferencias. Debe distinguirse entre posestructuralistas y posmodernistas debido a que, los primeros, como Foucault, Laclau y Mouffe, pensaron que una pluralidad de sujetos colectivos pueden constituirse políticamente a través de la elaboración de discursos de resistencia al poder, son en eso progresistas. Foucault, en 1972, hacía una distinción entre luchar contra la explotación y luchar contra el poder. En el primer tipo de lucha son los trabajadores, los que llevan la lucha
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y definen los métodos, los lugares e instrumentos de lucha, pero, afirma: “Si se lucha contra el poder, entonces, todos aquellos sobre quienes se ejerce el poder como abuso, todos aquellos que lo reconocen como intolerable, pueden emprender la lucha allí dónde se hallan y a partir de su propia actividad(o pasividad)… Las mujeres, los prisioneros, los soldados de quinta, los enfermos en los hospitales, los homosexuales”, emprenden “una lucha específica contra la forma particular de poder, de coacción, de control que sobre ellos se ejerce…tales luchas forman parte del movimiento revolucionario con la condición de que sean radicales, sin compromiso ni reformismo, sin tentativas para habilitar el mismo poder con un simple cambio de titular”. (¹6)
Mientras que en el posmodernismo, autores como Baudrillard, no creen que puedan hacerse cambios de importancia en la sociedad, por lo tanto, rechazan cualquier lucha emancipadora y política, prefieren optar por lo impredecible y caótico de la realidad, y más bien se inclinan por una visión pesimista, la historia no tiene sentido. (¹7). Pero, dicho esto, se puede afirmar que “hay más continuidades que diferencias entre el posestructuralismo y posmodernismo”. (¹8) LA CONDICIÓN POSMODERNA Lyotard considera que la condición “postmoderna” se refiere al estado de la cultura después de las grandes transformaciones que han afectado a la ciencia, la literatura y las artes a partir del siglo XIX. La ciencia está en conflicto con los relatos ya que éstos son simples fábulas. El relato de la Ilustración se basaba en que “el héroe del saber trabaja para un buen fin épico-político, la paz universal”, que se legitima con un meta relato que conlleva una filosofía de la historia, donde se unen la verdad y la justicia. Frente a esta concepción: “Se tiene por “postmoderna” la incredulidad respecto a los metarelatos que sería un efecto del progreso de las ciencias y la crisis de la filosofía metafísica…la función narrativa pierde sus funciones, el gran héroe, los grandes peligros, los grandes periplos y el gran propósito. Se dispersa en nubes de elementos lingüísticos narrativos, etc”. (¹9)
El saber ha cambiado al mismo tiempo que las sociedades entran en una etapa posindustrial y las culturas en la posmodernidad, situación que se ha iniciado desde finales de los años 50 del siglo XX. Desde hace unos setenta años, según Lyotard, las ciencias y las tecnologías de punta se han apoyado en el lenguaje, desde las teorías lingüísticas a la informática, lo cual afecta al saber, tanto en la investigación como en la transmisión del conocimiento. El saber se ha convertido en la principal fuerza de producción lo que afecta la composición de la población activa y esto no hará sino aumentar, y se reflejará en un mayor distanciamiento respecto a los países en desarrollo. El saber llevará a una competencia mundial por su dominio, y así como en el pasado los estados han ido a la guerra por el dominio de territorios, luego por el control de las materias primas y de los mercados, se puede pensar en guerras por dominio de las informaciones. Aunque las decisiones sobre las inversiones escapan cada vez más al control de los Estados-
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naciones para pasar a las grandes corporaciones multinacionales o empresas transnacionales.(²0) La clase dirigente en la sociedad posmoderna dejará de estar constituida por la clase política tradicional, “para pasar a ser una base formada por jefes de empresas, altos funcionarios, dirigentes de los grandes organismos profesionales, sindicales, políticos, confesionales…la novedad es que en este contexto los antiguos polos de atracción constituidos por los Estados-naciones, los partidos, las profesiones, las instituciones y las tradiciones históricas pierden su atracción…las “identificaciones” con los grandes nombres, los héroes de la historia actual, se hacen más difíciles…no se trata de un auténtico objetivo vital. Éste queda confiado a la diligencia de cada uno. Cada uno se ve remitido a sí mismo…De esta descomposición de los grandes Relatos…se sigue eso que algunos analizan como la disolución del lazo social y el paso de las colectividades sociales al estado de una masa compuesta de átomos individuales lanzados a un absurdo movimiento browniano”. (²¹) Pero estos átomos sociales no están aislados entre sí, forman parte de redes flexibles que para comprender sus relaciones sociales se requiere no sólo de una teoría de la comunicación, sino también de una teoría de los juegos. En cuanto a la legitimación del saber habría dos relatos legitimadores, el relato emancipatorio y el relato especulativo. El marxismo, señala Lyotard, ha oscilado entre los dos. Por una parte, el Partido podría ocupar el lugar del proletariado, del pueblo de la humanidad, del sujeto; el materialismo dialéctico, el del idealismo especulativo. El resultado puede ser el estalinismo y su relación instrumental con la ciencia que sería “la cita del meta relato de la marcha hacia el socialismo como equivalente a la vida del espíritu”. Ahora bien, señala el autor, puede ser lo contrario, “desarrollarse como saber crítico, planteando que el socialismo no es más que la constitución del sujeto autónomo y que toda la justificación de las ciencias consiste en dar al sujeto empírico (el proletariado) los medios para su emancipación con respecto a la alienación y a la representación: esa fue sumariamente la postura de la Escuela de Frankfurt”.(²²) Sin embargo, en la sociedad posindustrial y en la cultura contemporánea posmoderna tanto el relato especulativo como el emancipatorio han perdido credibilidad. El auge del capitalismo neoliberal, y el fracaso de la experiencia “comunista”, que es vista y vendida como la inexistencia real de una alternativa al neoliberalismo vigente, ha revalorizado el individualismo posesivo y el disfrute individual de los bienes sin interés por lo colectivo, por lo común. Lo que se busca en nuestras sociedades a través del saber no es la verdad sino incrementar el poder (económico, político, social). Lyotard distingue entre los juegos de lenguaje denotativo, prescriptivo y técnico, cuyas pertinencias son respectivamente: Lo verdadero/falso, lo justo/injusto, y lo eficiente/ineficiente. Esto último es lo que prima, la optimización de las actuaciones del sistema, es hacia ese tipo de investigaciones que se canalizan los fondos tanto del Estado como de las empresas privadas.(²³) Lyotard en La condición moderna señala la existencia de una tendencia hacia el “contrato temporal”, es decir, hacia la precariedad, en todos los ámbitos de la existencia humana: ocupacional, emocional, sexual y política. Los lazos serían más flexibles que los vínculos que existían en la modernidad. No habría para él alternativa al sistema ya que toda alternativa pura al final acabaría pareciéndose a lo que se pretendía abolir. Este libro como señala Pierre Anderson, inspiró un “relativismo ramplón que a menudo pasa…por ser la marca distintiva de la posmodernidad”. (²4)
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En otros libros Lyotard fue más lejos en sus posiciones posmodernistas y anti marxistas, pese a que él había sido un militante del grupo socialista revolucionario, “Socialismo o Barbarie” y posteriormente de una escisión de éste, “Poder Obrero”, escribe que el socialismo es idéntico al “kapitalismo” y que toda crítica de éste lejos de sobrepasarlo lo que hace es consolidarlo. Lo único que puede destruir al capitalismo sería “la pulsión del deseo” entre las personas que los aleja del sistema y los conduce a unas conductas cuya sola guía es “la intensidad afectiva y la multiplicación del poder libidinal”.(²5) Siguiendo esa misma línea argumental, y yendo más lejos, afirmó que ya no valía hacer unas críticas ingenuas a Marx, que había que transcribir la economía política a la “economía libidinal” y no tener ningún temor en reconocer que: “La explotación era vivida incluso por los trabajadores industriales como un goce erótico, como delectación masoquista o histérica con la destrucción de la salud física en las minas y las fábricas o con la desintegración de la identidad personal en las barriadas miserables y anónimas. El capitalismo era deseado por aquellos a quienes dominaba, entonces como ahora”. La revuelta contra el capital se producía solamente cuando los placeres que proporcionaba se volvían “insostenibles y se daba un vuelco abrupto hacia nueva salidas”. Pero estas no tenían nada que ver con las ideas santurronas de la izquierda, se trataba de “la “búsqueda de nuevas intensidades afectivas”.(²6) Lyotard pasó del socialismo de su juventud al nihilismo hedonista, se decepcionó de la clase obrera al considerar que ésta se había integrado al sistema, confió luego en las nuevas generaciones de jóvenes como sujeto revolucionario y vio como éstos se integraban a la sociedad del consumo de masas, lo que le llevó a teorizar sobre el capitalismo como una maquinaria para producir deseos y ha terminado con ideas muy excéntricas sobre la evolución o el desarrollo del capitalismo. El capitalismo tendría como fuente el calor, la energía, la física, no la fuerza de trabajo. La fuerza del capitalismo deriva de la idea de infinitud: deseo de dinero, deseo de poder, deseo de novedad. Para explicar el mismo no sirven las clases sociales ya que estas no son categorías ontológicas pertinentes. Lo importante para él, es dar una explicación astrofísica del capitalismo que será capaz de organizar una migración a otros planetas, cuando esto sea necesario. Así pues, la teoría posmoderna del fin de los metarelatos termina concluyendo en una fábula, en un cuento, aunque este no sería propiamente un relato moderno sino posmoderno, ya que no plantea una historia con esperanza, ni ningún horizonte de emancipación. Como muy bien plantea Anderson: “¿Qué otra cosa sería la evasión hacia las estrellas sino la emancipación de los lazos de una tierra agonizante?”. (²7) EL POSMODERNISMO: UN PERÍODO DE TRANSICIÓN ENTRE DOS ETAPAS DEL CAPITALISMO Se ha expuesto sobre la situación actual, que no ha habido nunca momento alguno en la historia del capitalismo en que éste haya tenido mayor dominio y libertad de actuar a su antojo, ya que las fuerzas que se le oponían en el pasado y que el mismo capitalismo había generado – partidos socialistas de masas, movimientos críticos de trabajadores, la existencia de unos estados que servían de contrapeso en la política internacional, hoy apenas existen o están neutralizados, o como la socialdemocracia, no ofrece más que
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matices “sociales” aceptando el corpus de la teoría y sobre todo de las prácticas económicas neoliberales, lo que hace que el capitalismo transnacional, que el capital global pueda seguir su propia naturaleza o sus opciones sin trabas de significación. Por ello se ha dado otra definición del posmodernismo, por Jameson, como, “un período transicional entre dos etapas del capitalismo, en el cual las formas anteriores de lo económico están en proceso de reestructuración a escala global, incluyendo las formas más antiguas de trabajo y sus instituciones y conceptos organizacionales tradicionales”. Y concluye este autor que “un nuevo proletariado internacional (tomando formas que todavía no podemos imaginar) va a reemerger de este convulsivo trastorno, lo que no requiere la predicción de un profeta”. Para ello prevé un “proceso de proletarización a escala global,” de una parte, y la emergencia de un nuevo “mapa cognitivo”, o “conciencia de clase”, “de un género nuevo y ni soñado hasta ahora”. (²8) Es decir, sería una vuelta a la centralidad de la clase social, del sujeto histórico o de los sujetos, capaces de hegemonizar una transformación emancipadora de la sociedad y de sus componentes. Estaríamos dando una vuelta de tuerca. DEL POSMODERNISMO AL HIPERMODERNISMO El posmodernismo no ha soportado el paso del tiempo. Pasados más de cuarenta años de su introducción en el escenario del pensamiento y después de haberse planteado que la sociedad posindustrial requería una sociedad más heterogénea, más optativa, y que estuviera más centrada en el presente que en las expectativas de futuro, en fin, que se le diera más importancia a la vida presente, el posmodernismo –como afirma Lipovetsky– “señalaba el advenimiento de una temporalidad social inédita, caracterizada por la primacía del aquí y ahora”. Este autor le reconoce al posmodernismo haber insistido en que en la nueva sociedad que surgía con el auge del consumo y de la comunicación de masas, habría un debilitamiento del autoritarismo, una pujanza del individualismo, del hedonismo, una “pérdida de la fe en el porvenir revolucionario, desinterés por las pasiones políticas y las militancias…liberadas de las grandes utopías futuristas de la modernidad inaugural”, pero el posmodernismo era una expresión confusa y torpe, porque lo que tomaba cuerpo era una modernidad de nuevo cuño “no una superación de esta”. Hoy ha quedado anticuado porque se ha pasado de la “descompresión cool de lo social” a un endurecimiento, a que se vivan tiempos de “nubes sombrías”. Y es precisamente cuando triunfan las tecnologías genéticas, la globalización neoliberal, y la ideología de los derechos humanos, que “la etiqueta posmoderna se ha marchitado, ha agotado su capacidad de expresar el mundo que se anuncia…Esa época ha terminado”. (²9) El espíritu de lo que se difundía como propio del posmodernismo en el plano económico, social y político, la mercantilización, la desregularización económica y financiera, el desinterés por lo público, ha conducido a la crisis financiera de 2008, y lo que pone en evidencia es que las anunciadas muertes que éste proclamaba no han sido tales y lo que ha potenciado es un hipercapitalismo, unas hiperclases, un hiperindividualismo, un hipermercado, un hiperterrorismo, y su contraparte, la hipervigilancia, con millones de cámaras y medios electrónicos para vigilar lo que hacen, escriben y dicen los ciudadanos. “Todo discurre como si hubiéramos pasado de
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la era “pos” a la era “hiper”. Afirma Lipovetsky: “El voluntarismo del “radiante porvenir” ha sido reemplazado por el activismo empresarial, por una exaltación del cambio, de la reforma, de la adaptación desprovista de horizonte de confianza y de grandes concepciones históricas”. (³0) Hasta la llegada de ese tiempo, la modernidad funcionaba frenada por toda una serie de contrapesos y contrapoderes, por unos contramodelos y contravalores, con partidos revolucionarios que propugnaban una sociedad distinta liberada del capitalismo y de la lucha de clases; la gente creía en la Nación y esto legitimaba que estuvieran dispuestas a sacrificarse por ella, el Estado administraba y regulaba la vida económica, pero ya ese mundo pasó. Las clases y las culturas de clase se van disolviendo y prima el individualismo, el Estado ha retrocedido y la sociedad de mercado se va imponiendo. El posmodernismo fue una modernidad desreglamentada y globalizada que ha concluido en la hipermodernidad, donde las ideas sobre la ruptura radical se reemplaza por “la cultura del más aprisa y el siempre más: más rentabilidad, más eficacia, más ductilidad, más innovación”. Se ha pasado de lo pos a lo hiper: “la posmodernidad no habría sido pues sino una etapa de transición, un breve momento. Ya no es el nuestro”. (³¹) El nuestro es el de la globalización neoliberal y la revolución de las tecnologías de la información que ha traído el empuje creciente del capitalismo financiero desbocado por la falta de regularización de estos mercados, que ha erosionado las concepciones estatales de actuar pensando en el largo plazo en beneficio de las actuaciones de corto plazo, de las transacciones financieras globales, la flexibilidad, la “cronocompetencia”, la lógica de la urgencia, la demora cero. Se trata de un “turbocapitalismo” que ha producido “consecuencias dramáticas para capas enteras de la población”, que da prioridad a la rentabilidad inmediata, lo que conlleva reducciones masivas de efectivos en las empresas, empleo precario y constantes amenazas de paro. Antes, el temor venía de una crisis en la empresa, ahora, el temor está también en que la empresa tenga grandes beneficios porque eso conlleva que su rentabilidad incita a otros grupos a comprarla y reducir personal tanto en la empresa comprada como en la empresa que la compra. Por eso: “El espíritu de la época con predominio de lo frívolo ha sido reemplazado por un tiempo de riesgo e incertidumbre…el presente de manera creciente, se vive con inseguridad”.(³²) Es decir, la inseguridad de la existencia actual ha suplantado la indiferencia posmoderna. “En este contexto, la etiqueta “posmoderno”, que anunciaba un advenimiento, se ha convertido a su vez en un vestigio del pasado, en un “lugar para el recuerdo”.(³³)
Esta situación afecta nuestra confianza en el futuro, es una “crisis del futuro”, ya que no existe la fe en un futuro mejor, ni se espera esa “lucha final” marxista, ni el radiante porvenir de una sociedad sin clases, sin explotación ni opresión. También se habría eclipsado la idea de progreso, en el sentido de la mitología del progreso continuo y necesario y, del desarrollo progresivo de la economía, aunque sigue siendo válida la creencia en que la ciencia y sus aplicaciones pueden seguir contribuyendo a mejorar la condición humana.
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Es lo que Lipovetsky denomina la aparición de una idea posreligiosa del progreso, de un futuro indeterminado, problemático, “un futuro hipermoderno”. Donde todas las “religiones profanas”, portadoras de esperanzas escatológicas, “se han extinguido”. Es un porvenir que hay que construir sin garantías, ni leyes inflexibles del devenir histórico “la hipermodernidad no ha reemplazado la fe en el progreso por la desesperación y el nihilismo, sino por una confianza inestable, fluctuante, variable según los acontecimientos y las circunstancias…el optimismo ante el porvenir se ha reducido, pero no ha muerto”. (³4) Lo que concluye no es tanto la importancia que siempre se ha dado al futuro, sino “el ethos posmoderno del hic et nunc”, lo que define el espíritu de nuestra época no sería por tanto el carpe diem sino la inquietud ante los riesgos e incertidumbres del porvenir, que se ha vuelto inseguro y precario. Después de esta breve introducción, muy general, al posmodernismo, pasemos a tratar más sistemáticamente una explicación posmoderna del tema de la muerte de las clases sociales en la sociedad posindustrial, realizada por dos reconocidos sociólogos expertos en dicho tema. LA MUERTE DE LAS CLASES SOCIALES: PAKULSKI Y WATERS ¿Qué ha ocurrido para que un concepto que ha sido empleado como clave para tratar de explicar los asuntos sociales desde el siglo XIX, como es el caso del de clase social, apenas tenga ahora un empleo si no marginal, al menos, no central en los análisis de los procesos sociales y políticos? Desde que el llamado pensamiento posmoderno ha tenido una influencia importante en el pensamiento occidental, el discurso acerca de las identidades ha reemplazado el basado en las clases. Parece que lo que importa ahora son las cuestiones relacionadas con el género, la raza, la etnicidad, la sexualidad, en fin, cualquier tipo de diferencias que se puedan encontrar, luce ser de mayor interés que las relacionadas con las clases, éstas han pasado a jugar un papel secundario, sea que las mismas se definan por el lugar que se ocupe en las relaciones de producción, o que se entiendan en función sobre todo de una clasificación que gire en torno a la distribución de ingresos, de nivel educativo o de prestigio social. La explicación es que la clase social ya ha dejado de tener la centralidad empírica, la gran significación que tuvo en la investigación social y en general en nuestra cultura. Según esto la pertenencia de clase es ya obsoleta, lo verdaderamente significante, es que cada quien, como individuo, tenga identidades que puedan ser comprobadas de manera muy evidentes por el color de la piel, por su género sexual, por su grupo de edad, por el lugar de nacimiento, por la vestimenta que usa, por la música que oye, por los clubes o centros de encuentro a los que se asiste, de heterosexuales, gays o lesbianas, etc. Desde mi punto de vista, sin embargo, la noción de clase social no está nada obsoleta ni ha dejado de tener pertinencia explicativa en los procesos sociales, sino todo lo contrario. Ello mismo me impele a tratar de buscar las razones y argumentos que esgrimen los que señalan lo contrario, ya que si se afirma esta especie de inutilidad del concepto de clase social podría ser que existan hechos fundados que lo demuestren y, en mi caso, por ceguera cognitiva o social, no haya sido capaz de captar esos signos de
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los tiempos. De manera que trataremos de ver, si realmente, la clase social está finiquitada y, si fuera así, por qué. La clase ha sido un término o concepto clave tanto para la sociología como para el análisis político.Los sociólogos y politólogos de izquierda, progresistas y del conflicto social, estuvieron siempre interesados en identificar las divisiones de clase y en destacar las desigualdades de clase, a la vez que condenaban la existencia ésta ultima. Al contrario, para la sociología conservadora, “burguesa”, o del “consenso” y, para muchos que se guarecían en una ciencia “neutral y libre de valores”, se negaba la existencia misma de las clases sociales, o se daban interpretaciones de las mismas que se reducían a un continuum de posiciones diferenciadas por el monto de ingresos u otro tipo de escala jerárquica basada en indicadores de otro tipo. En todo caso, se negaba la centralidad o importancia de la clase social como un elemento explicativo de muchos fenómenos sociales. El problema con la clase social no era simplemente un asunto de discusión académica o científica, ya que la carga política del concepto era evidente y existían poderosos o influyentes partidos socialdemócratas, socialistas y comunistas, que utilizaban el análisis de clase con propósitos explicativos de los motivos profundos de que se adoptaran tales o cuales políticas, y a quienes beneficiaban o perjudicaban las mismas. Naturalmente, las clases para el marxismo son un concepto clave, central, estratégico, no solo para analizar la sociedad sino para implementar una estrategia política para el cambio social. Sin embargo, a partir de la ofensiva neoliberal que alcanzó su cénit con el acceso al poder político en los EE.UU. de Reagan y en el Reino Unido de Thatcher, se fue produciendo una hegemonía de las ideas de la mal llamada “revolución neoconservadora” y del fundamentalismo de mercado, que alcanzó inclusive a ciertos partidos socialistas europeos, que cuando alcanzaron el gobierno lo hicieron proclamando que iban a seguir por otros medios las políticas neoliberales. Ese fue el programa real del “nuevo laborismo” y las llamadas “terceras vías” de Blair y otros, y naturalmente del “centrismo” de Clinton, que encontraron un gran sostenedor teórico en el sociólogo Anthony Giddens. Con el colapso del modo de producción estatal, capitalismo burocrático de Estado y también llamado “socialismo realmente existente”, en la URSS y en los países del Este, se aceleró el debilitamiento de las izquierdas europeas y mundiales, y sobre todo, hubo un retroceso y una confusión ideológica, que hizo que la clase social perdiera su significancia ideológica, política e incluso científica, ya que siguiendo la “ola de las modas”, muchos que ayer aceptaban la clase social como un elemento importante de sus análisis, renunciaron a la misma en busca de identidades diversas, substitutivas o de reemplazo, de la clase social. Los conservadores prestaron más atención a los problemas ligados con la moralidad y las cuestiones de raza y de género, mientras que un sector de esa tradicional o antigua izquierda se recicló, preocupándose ahora de los asuntos de género, migraciones, ecología, ciudadanía y derechos humanos. Todo este reagrupamiento coincide también con un escepticismo entre importantes sectores intelectuales ante los llamados grandes relatos, y ante el supuesto fin del sujeto de la historia, y obviamente, de la clase social. Se piensa que la clase, las divisiones de clase, los modelos o mapas de clase no son compatibles con la realidad de la sociedad contemporánea posindustrial. Las divisiones de clase y las identidades de clase eran sustituidas por nuevas
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asociaciones y, sobre todo, por nuevas identidades. Lo vanguardista y lo cool era estar por las cuestiones de género, por ser eco-político, o estar interesado por las cuestiones centradas en lo racial y étnico, y también frente al viejo universalismo internacionalista, por el retorno a lo local y a la cuestión de las identidades, de ahí, entre otras cosas, el renacer de los nacionalismos. E incluso ha habido teorizaciones sociológicas que son seguidas como si fueran grandes descubrimientos y aportes teóricos de suprema importancia, que han pretendido hacernos comprender que debemos de olvidarnos de la extrema seguridad que brindan los Estados de Bienestar y apostar por una sociedad de riesgo y por el cosmopolitismo. Eso es precisamente lo que tratan que acepten nuestras mentes para lograr la hegemonía total del capital financiero, con su intento de atacar a fondo los cimientos de los Estados-nacionales, o, en el caso de que se creen organismos supranacionales, de agrupaciones de estados, y que adopten las políticas económicas más favorables al capital financiero, basado en los lineamientos del “consenso de Washington”, en definitiva, que se acepte el orden neoliberal.(³5) Pakulski y Waters(³6), ambos sociólogos, son los autores que hemos considerado que presentan una exposición sistemática y con una excelente claridad expositiva, para ejemplificar la visión posmodernista que en materia de las clases sociales anuncia los por qué de la muerte de las clases y muestra que, sin acudir a este concepto, se pueden explicar y analizar los principales fenómenos sociales de las sociedades europeas y americanas desarrolladas, así como algunas de las sociedades asiáticas emergentes. Dicen los autores que: “En el vocabulario analítico de la sociología actual, “clase” se refiere a una posición social y causalidad específica, a unos modelos determinados de agrupamientos y a una particular forma de identificación”. (³7)
En los autores marxistas clásicos, todos los aspectos señalados se combinan, mientras que para otros, los weberianos y los enfoques de la acción, se encuentran separados. Sin embargo –estos autores–, están más de acuerdo con el amplio consenso existente de que la clase está primariamente relacionada con la posición y determinación económica/ productiva, esto es, que está basada sobre la propiedad y/o las relaciones de mercado. La gente participa en las clases como productores más que como consumidores, miembros de categorías de género o de posiciones dentro de unas organizaciones, ya que el impacto de la clase se puede extender más allá de la producción de roles. Cuando se les quita estas connotaciones económicas y se les separa de sus raíces marxistas o weberianas, la clase pierde casi todo su poder explicativo, afirman estos autores. Por lo tanto, explican que es insostenible tratar la clase como “una mera subestructura o una categoría estadística”, dejando a un lado algunas implicaciones para las relaciones sociales, la distancia social, las pautas de interacción y los modelos de asociación.
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Ya que para nuestros autores: “La clase es socialmente importante como una entidad social… como clase social, y como tal debe sugerir pautas de explotación, lucha, dominación y subordinación, o cierre social”.(³8)
A partir de ahí, cuestiones como el número de las clases, el grado de la polarización, la existencia difusa o muy delimitada de las fronteras de clase y lo extenso del conflicto entre clases puede variar, porque no hay elementos que lo definan. Sin embargo, debe haber un nivel mínimo de rasgos para hacer este agrupamiento, lo cual es esencial si se pretende decir que esas clases existen. Cuando todo ello se da en una sociedad, es decir, si tenemos tales grupos sociales económicamente determinados y esos grupos son la espina dorsal de la estructura social, se puede afirmar que estamos ante una sociedad de clases. Emplean los autores la conciencia o la auto percepción de pertenencia a una clase como un elemento importante para poder sostener que dicha clase existe, Si los que pretendidamente pertenecen o se deben agrupar como tal clase social, no se sienten concernidos por esa adscripción clasista habría que considerar si estamos hablando de una clase social. Argumentan que una “clase constituida” conlleva que se tenga un cierto grado de auto reconocimiento, de auto identificación, por parte de quienes componen esa clase, aunque esta identificación no requiera envolver una explícita terminología de clase o una conciencia de antagonismo y de lucha. Lo mínimo que se tiene que comprobar es que: “Los miembros de una clase deben estar enterados de su comunidad y emplear algunos términos reconocidos para su propia descripción colectiva. Un sentido de diferencia entre “ellos” y “nosotros” es una condición necesaria para la formación de los actores de clase, que distingue a los ejemplos más desarrollados de la articulación de clase”.(³9)
Continúan con su explicación, señalando que la articulación de clase es un asunto de grado. La fortaleza que muestre y lo extendido que esté en la estructura social, puede ser variable, desde un nivel mínimo, “donde el grupo social basado económicamente es débil pero todavía predominante, a un nivel avanzado. Aquí las clases están bien articuladas en lo social, cultural, y en los dominios político-ideológico, predominan las identificaciones de clases, la conciencia de clase es aguda, y la política está dominada por las luchas entre las clases que se asientan en grupos y organizaciones”. Aunque consideran que muy pocas instancias históricas de las sociedades se han aproximado a ese pleno desarrollo de las configuraciones de clase. “Lo más típico ha sido observar un cierto grado de “clasismo”. Sin embargo, la fuerza y el modelo clasista puede variar históricamente entre las sociedades contemporáneas”.(40) Así pues, el grado de clasismo de una sociedad tiene relación con la importancia que se le conceda al análisis de clase: “El asunto del grado de clasismo de una sociedad está relacionado al tema de la relevancia del “análisis de clase”, un tipo de análisis social que busque identificar clases y trazar sus consecuencias sociales, culturales y político-ideológicas. El análisis de clase tiene sentido solo
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cuando es aplicado a una sociedad de clases. Su utilidad es proporcional al grado de clasismo. En un extremo, en una sociedad de clases desarrollada a plenitud, el análisis de clase puede ser un sustituto legítimo del análisis social. Sin embargo, si las clases están disueltas, una forma de análisis que privilegie las clases como una categoría explicativa tiene que dar paso a un análisis social más comprensivo”.(4¹)
Pakulski y Waters admiten la existencia en la historia de numerosos ejemplos de sociedades sin clases, ya que para ellos las sociedades basadas en el trabajo esclavo, tales como la antigua Grecia y Roma, las sociedades estamentales de la Europa feudal y las modernas sociedades socialistas de Estado eran sociedades sin clases. ¿Por qué? Debido a que en ninguna de esas sociedades la propiedad o las relaciones de mercado forman el esqueleto predominante de la estructura social o la fuente principal del poder social. Son sociedades desiguales, estratificadas y conflictivas pero esto no se debe predominantemente al hecho de las clases. “Clase y sociedad de clase son, en el vocabulario de estos autores, distintivamente un fenómeno moderno que está inseparablemente relacionado con el mercado y su institucionalización dentro de tempranas y maduras formas de capitalismo industrial”. (4²) Esto conduce al argumento principal de estos autores, que las clases se han disuelto y que las sociedades más avanzadas ya no son sociedades de clase. El aspecto más importante es una atenuación de las identidades de clase, de las ideologías de clase, y de las organizaciones de clase, que marcaron las sociedades europeas occidentales, con sus políticas corporativas, en la mitad del siglo pasado. Igualmente, los aspectos de comunidades de clase, subcultura de clase y medios de clase, hace largo tiempo que han desaparecido. No obstante, reconocen que el asunto de la descomposición de los mecanismos económicos de clase es el más controvertido. El libro de Pakulski y Waters da cuenta de los siguientes desarrollos: – una amplia redistribución de la propiedad; – la proliferación de la pequeña propiedad y la propiedad indirecta (a través del accionariado“popular”, la compra de acciones por pequeños inversores); – la certificación o credenciales de los conocimientos y habilidades y la profesionalización de las ocupaciones; – la segmentación múltiple y globalización de los mercados, y, – un incremento del papel del consumo como generador de estatus y de estilos de vida. Si bien éstas argumentación podría hacer reflexionar sobre su pertinencia actual en las sociedades más avanzadas del mundo, los autores no dejan ningún resquicio a la duda de la persistencia, en nuestros días, de un sistema de clases en las sociedades capitalistas menos desarrolladas de América, Latina, Asia y África. De manera que dejan sin sustento a esa pléyade de intelectuales y profesionales que siempre están muy atentos a cuáles son las nuevas teorías o los nuevos datos que se desarrollan en Estados Unidos o en Europa, contra todo lo que sea progresista, o se haya considerado como tal, para tratar de divulgar que todo lo que se haga por lograr una modernización social o política, y no digamos, políticas de cambio social y económico
POSMODERNISMO Y CLASES SOCIALES: EL FIN DE LAS CLASES
más radicales, son manifestaciones del atraso o del arcaísmo de quienes lo promueven. Que lo realmente “moderno” o “posmoderno”, es mantener el status quo con algunos cambios menores o cosméticos. Dicen al respecto los autores: “Está claro, que la clase continúa siendo importante en los países menos desarrollados (PMD) de Asia, África y Latinoamérica, que no han alcanzado una etapa avanzada en lo social, político y económico. Aunque estas sociedades están estructuradas por propiedades industriales productivas, continúan siendo sociedades de clase”. (4³)
VIEJOS CONCEPTOS Y NUEVAS REALIDADES Pakulski y Waters explican que el proceso de descomposición de las clases en el occidente industrializado ocurre a mediados del siglo pasado. Los autores argumentan que las sociedades de clase son entidades históricas específicas. Nacieron con el capitalismo industrial, cambiaron su forma bajo el impacto del capitalismo organizado o corporativo, y están desapareciendo en la fase del post-industrialismo y la post-modernización. “Las tempranas formas de clase fueron expuestas en Inglaterra por generaciones de observadores sociales desde Engels (1892) hasta Thompson (1980). Se origina en paralelo con un gradual declive de las colectividades preindustriales, y el fortalecimiento de los Estados-naciones. Desde el más temprano siglo XX en adelante, la suerte o el destino de las clases, de los Estado-nación y de los partidos han estado íntimamente vinculados. Mientras ciertas comunidades de destino fueron gradualmente marginadas, las clases organizadas políticamente a nivel nacional fueron gradualmente institucionalizadas principalmente como partidos de clase y sindicatos. Esas clases nacionales fueron muy diferentes de sus predecesoras. Fueron políticamente generadas, más que espontáneas, ocupacionalmente eran heterogéneas, y reconstruidas como comunidades imaginadas a nivel nacional. La participación en esas clases nacionales exigía poco y se hacía a través de la interacción y la comunicación. Sus intereses constitutivos comunes fueron construidos de manera política y abstracta y desarrollados por élites. Lo que a tales clases les faltaba de vinculación social y cohesión cultural, lo compensaba por la organización política y la coherencia estratégica. Fueron esas clases políticamente organizadas a nivel nacional, cuya cima se alcanzó con el establecimiento de las estructuras corporativas, que se convirtieron en los más poderosos actores sociales y agentes de transformación social del siglo XX”.(44)
Nos parece que el enfoque de los autores es interesante ya que no niegan o minusvaloran la existencia de la desigualdad y de los conflictos sociales. Su explicación es que la descomposición de esas clases nacionales, no implica un declive en la desigualdad social, ya que, lo que llaman sociedades posclasistas, pueden permanecer internamente diferenciadas en términos de acceso a los recursos económicos, al poder político y al prestigio. Inclusive las sociedades de clases en su tardía forma corporativista lograron un grado de igualitarismo histórico único. Por consiguiente, la disolución de las clases no implica el fin de la división social y del conflicto. Las nuevas divisiones que están emergiendo en las sociedades posclasistas pueden probar que éstas pueden desestabilizar aún más que las antiguas diferencias de
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clase. Al contrario que otras visiones del cambio social, en las sociedades posindustriales, el fin de las clases no implica que tengamos una progresiva armonía e igualación social.(45) Antes del surgimiento, a inicios del siglo XIX, del capitalismo industrial, la sociedad era analizada por los historiadores y los estudiosos tratando de comprenderla a través de las relaciones entre propietarios de las tierras, campesinos, artesanos y comerciantes. No fue fácil admitir que los conceptos y categorías con que explicaban la sociedad ya no servían para explicar la nueva sociedad capitalista industrial. Lo más normal, afirman Pakulski y Waters, es que estos estudiosos trataran de seguir explicando la nueva sociedad que estaba emergiendo con los conceptos que empleaban para estudiar las sociedades pasadas, y por lo tanto, al tratar de los dueños de las empresas, de los capitalistas, y de sus trabajadores asalariados, siguieran pensando que esos agentes sociales eran una mera prolongación de los comerciantes, de los dueños de las tierras, y que los trabajadores asalariados eran en cierto modo semejantes a los aprendices y artesanos que trabajaban para el dueño de un taller artesanal. La idea de continuar empleando conceptos de uso generalizado en una época, para tratar de analizar otra época diferente, con nuevos agentes es, una tentación que se repite continuamente en la historia de las ideas sociales. Fue necesario que algunos teóricos sociales rompieran con esa inercia y designaran con otros conceptos a los nuevos fenómenos societarios. Para la nueva sociedad que sucedió al feudalismo, que era esencialmente diferente, no se podía seguir utilizando los conceptos de “rango”, “estamento”, “orden”, “maestros”, “aprendices”, etc. Expuesto de manera muy sumaria y simplificada, se utilizó el término clase social para designar a los agentes sociales, tanto a los que eran propietarios de medios de producción, como para los trabajadores asalariados con los cuales se producían los bienes en las fábricas, cuyos productos vendidos en el mercado, proporcionaban unos beneficios o ganancias, que una vez pagado el salario a sus trabajadores, y pagada las facturas a los proveedores de las materias primas, originaban un beneficio que era embolsado por los dueños de las fábricas o talleres. Marx los calificó, a unos de burgueses o capitalistas, y a los otros, de trabajadores o proletarios. Posteriormente, otro de los genios de la sociología, Max Weber, también utilizó el concepto de clase, y este término de “clase social” logró una aceptación generalizada. De manera que las sociedades del capitalismo industrial, a pesar de todos los cambios que se fueron produciendo desde los inicios del industrialismo hasta el último tercio del siglo XX, fueron analizadas y designadas como sociedades de clases, por muy distintas que fueran las maneras de categorizar a las mismas o las implicaciones económicas, valorativas, ideológicas, políticas, culturales, que se le diera al término clase social. Mucho antes del auge del neoliberalismo en los años 80 del siglo pasado, se comenzó a teorizar con que el capitalismo industrial había cambiado de manera cada vez más sustancial, desde la llamada “tecno-estructura” de Galbraith(46) hasta las ideas de Bell(47) y Touraine(48) entre otros, que han contribuido a expandir la idea de que ya no estamos en una sociedad capitalista industrial sino en una sociedad muy diferente, distinta, la sociedad posindustrial. Fundamentándose en estas elaboraciones algunos sociólogos han comenzado a exponer sus teorías de que las clases sociales en esta nueva sociedad no existen y que la categoría de
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clase social ha dejado de tener pertenencia para el análisis social. En breve: que las clases sociales han dejado de existir y que es un anacronismo seguir empleando ese concepto para designar a la multivariedad de asociaciones, ocupaciones, relaciones sociales, grupos y subculturas, en que se desenvuelve la vida social de dichas sociedades posindustriales. Sin embargo, los que se resisten a admitir el fin de las clases utilizan ciertos trucos intelectuales, explican Pakulski y Waters. Si se les pregunta si hay clases en la sociedad contemporánea responden de manera esquiva que en principio hay dos o tres clases, pero que actualmente su número puede ser algo mayor, así como entre siete y doce.(49) También señalan que las mismas no están generadas por las relaciones de producción o de propiedad, sino principalmente por las condiciones de trabajo, por las relaciones de autoridad, por las credenciales (diplomas/títulos/, certificados escolares), por los ingresos, o como señala Bourdieu, por cualquier diferencia basada en cuestiones sociales, culturales, simbólicas, biológicas, en fin, por casi cualquier cosa. Y evidentemente cualquier alusión a la fluidez de las fronteras de clase, el debilitamiento del factor de herencia de las posiciones, no son signos de la desaparición de las clases sociales sino tan solo muestran que hay cambios en la estructura y la configuración de las clases. Otra pauta en las respuestas es decir que las clases no han muerto, que si se mira con atención y más profundamente, y uno no se queda en las simples apariencias, encontrará que las clases gozan de buena salud.Esto es típico de las explicaciones de los neomarxistas, mientras que los neoweberianos, tienen menos ambiciones con el concepto de “clase social”. Para ellos es apenas distinguible de una categoría ocupacional de manera que el número de las clases y de sus mapas de clases tienden a converger con la jerarquía de ocupaciones existentes en la mayoría de los centros estadísticos estatales. Además, como para muchos neoweberianos la relación de la clase social con la identidad, la cultura y la política son muy flexibles y no se vincula la clase con la explotación, la desigualdad social, la pobreza y los conflictos sociales y políticos, estamos de hecho ante una versión “blanda” de clase social, y más que emplear ese término deberían usar el que refleja más su punto de vista, ya que se trata sobre todo de una visión o análisis de estratificación social. Por todo ello, dicen con ironía Pakulski y Waters, que si la prueba de la tarta de la clase social está en la capacidad explicativa que tiene el comérsela, entonces, lo mejor que puede ocurrir es que los chefs de la misma deban ser despedidos, por cocinar algo tan poco apto. ¿HAY VIDA DESPUÉS DE LAS CLASES? Las nuevas realidades a que se refieren Pakulski y Waters como disolventes de la clase social y que han venido surgiendo desde finales del siglo pasado se pueden resumir en la siguiente lista: a. Cambios en la estructura del trabajo y del empleo, especialmente el paso del fordismo a formas más flexibles y especializadas denominadas post-fordistas. b.
La globalización de las relaciones de mercado y la rápida ascensión de las
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economías de los tigres asiáticos y de las sociedades dragón. c.
El crecimiento y actual descomposición de los Estados de bienestar.
d. El punto final de las políticas corporativas. e.
Los cambios en las formas de la acción política y de identificación, particularmente el ascenso de una marea de nuevas políticas e identidades.
A lo anterior se puede añadir que para nuestros autores, el paradigma de clase tendría muy poco que ofrecer para explicar las claves políticas y sociales de los acontecimientos del siglo, entre los que se pueden incluir: El ascenso y posterior colapso de los regímenes fascistas; la formación de las sociedades de tipo soviéticas; la descolonización y las formaciones post coloniales; las “revoluciones de terciopelo” y el colapso de los regímenes del Este y del “comunismo” en general; y, la amplia difusión de la democracia y de los mercados a escala mundial. Siguiendo con su demolición de la clase social siguen afirmando que tampoco se pueden explicar en términos de clase social, los conflictos inmediatos y las pautas del cambio global. Las clases no pueden servir para que podamos entender las guerras y conflictos de Oriente Medio, los fundamentalismos islámicos, el conflicto de Bosnia, ni los conflictos étnicos y religiosos de la India. Por tanto, concluyen, los conceptos de lo nacional, religioso, local, regional, etnia, género, raza, preferencias e identidades sexuales son mucho más importantes que el de clase social para explicarnos sobre ellos. Pero introducen un matiz, porque es difícil explicar por qué ahora el concepto de clase social no puede explicar prácticamente nada, mientras que antes con él sí se podía tratar de entender algunos elementos sociales de los mismos. Afirman Pakulski y Waters que todas las identidades a que ya nos hemos referido han existido siempre e incluso han sido dominantes en el pasado, pero durante el siglo XIX y principios del XX las cuestiones sociales de clase estaban en el centro de la agenda política, “la imagenería de clase era muy fuerte y muy clara, y la identidad de clase era firme, especialmente entre los trabajadores. Nada de eso es verdad hoy día. El arsenal intelectual de la teoría de clases es actualmente tan útil para la escena política y social contemporánea, como una brigada de caballería en una batalla contra tanques blindados”.(50) Por tanto, habría que aceptar que las estructuras sociales son históricas, que se van formando a través del tiempo y expiran o desaparecen en un momento dado, de manera que, como posmodernistas que son,consideran que hay que dejar que las clases sociales descansen en paz, respetadas y con todos los honores, pero admitiendo que son algo del pasado. LAS SOCIEDADES POSCLASISTAS Existen varias concepciones de cómo es una sociedad posclasista, una de ellas es pensar que estamos entrando en una fase histórica donde vamos hacia una sociedad utópica en la cual no existen clases y que ello nos conduce hacia una sociedad igualitaria y armoniosa. Obviamente, esta no es la que tienen los autores que analizamos. Ellos afirman estar más cerca de las posiciones expuestas por Ossowski que señalaba que
Colonialismo
Imperialismo
Globalización
Clase organizada
Estatus convencional
Mundo
Clase económica
Principio eje
Nación
Corporatismo
Estado del laissez-faire
Sociedad
Partidos nicho
Especializació n flexible
Fordismo
Capitalismo de propietarios
Partidos plutocráticos y revolucio narios Partidos de masas
Economía
Política
Nivel del Sistema
Orden de valores
Orden ocupacional
Orden de la propiedad
Comunidad
Hiper diferenciación
Cosmopolitis mo como significante
Humano
Ciudadano
Patriarquía reorganiazada (viriarquía) Esfera del consumo
Individuo
Trabajador
Género
Patriarquía
Lugar de reproducción
Domesticidad
TABLA 13 - ORDENES DE ESTRATIFICACIÓN A TRAVÉS DE LOS NIVELES DEL SISTEMA
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tanto las sociedades americana como soviética eran sociedades sin clases en el sentido antiguo, ya que allí existían jerarquías sociales, desigualdades de ingresos y capacidades (credencialismo), pero que no se basaban en la herencia de posiciones y que había una movilidad social suficiente como para asegurar una fluidez en las jerarquías sociales.
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Pakulski y Waters dejan muy explícito que ellos no son de los que creen que después de las clases no hay nada, para ellos las sociedades posclasistas son sociedades con grados muy diversos de desigualdad social y que, además, son sociedades donde los conflictos sociales no desaparecen. Tenemos entonces que son sociedades desiguales económica y socialmente y caracterizadas por la existencia de innumerable conflictos sociales de todo tipo. Los autores elaboran un diagrama de órdenes de estratificación a través de los niveles del sistema, que explica cómo ven la evolución de los sistemas de estratificación. Con la anterior figura muestran la transformación histórica de una sociedad de clase económica a una sociedad de clase organizada, y el paso de ésta a una sociedad que llaman de “estatus-convencional”, que no se refiere exclusivamente a la estratificación sino a una transformación mucho más amplia. Ellos admiten que le debe mucho a lo expuesto por los teóricos de la post-industrialización, (D.Bell, 1976), de la destradicionalización (U.Becke,1992 y Giddens, 1999), la post-modernización (Lyotard,1984, Harvey,1989), la sociedad desorganizada (Urry 1994), y la globalización. Todo ello conduce a que las antiguas fronteras de clase se vean sustituidas por divisiones de género, fragmentación de los mercados, diferencias en los lugares de residencia y consumo, distinciones étnicas, raciales y de líneas de estatus, dependencia o no del Estado, y que todo ello se convierte en las principales influencias sobre las identidades políticas y las pautas de voto. Esas fragmentaciones socioeconómicas y socioculturales se encuentran muy lejos de las diferenciaciones de clase establecidas por los estudios y mapas de clase de Goldthorpe, que –como ya se ha expuesto–, proponían diferentes subtipos de clase trabajadora y de clase media que estaban concentradas en comunidades homogéneas con una cultura también homogénea de clase. Actualmente esto ha cambiado y hay una mayor diversidad cultural, especialmente entre los jóvenes, que ya no siguen las pautas culturales de clase trabajadora de sus padres y abuelos, y no solo por el declive de los lazos comunitarios, sino también por un distanciamiento de las instituciones que han engendrado las identidades de clase, es decir, las asociaciones comunales, la escuela y los sindicatos. En este sentido, el impacto del thatcherismo es innegable, con su política activa de desmembración de los sindicatos y énfasis en tratar de borrar los lazos comunitarios de la clase trabajadora. Ellos lo explican de manera menos directa pero comprensible: “El desempleo masivo de los años 1980 pusieron a muchos jóvenes más allá del impacto de la formación de clase que suponía la situación en el trabajo y ello se vio incrementado bajo los efectos de la individualización y también contribuyó a ello el consumo de una cultura comercializada”.(5¹)
DE LAS CLASES A UNA TEORÍA DE ESTATUS-CONVENCIONAL Pakulski y Waters desagregan la teoría de las clases en cuatro proposiciones que pueden explicar los aspectos sustantivos de la clase social. Esas cuatro proposiciones son: economismo, formación de grupos, vínculos culturales y de comportamiento, y capacidad transformadora. El economismo ve la clase social como un fenómeno básicamente económico. Es
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decir, las diferencias en la propiedad, especialmente de capital productivo con capacidad de generar una acumulación. También las diferencias de capacidad en el mercado laboral. El grupismo entendido como que las clases son más que meros agregados estadísticos o categorías taxonómicas. Existen estructuras sociales con claras fronteras entre ellas de manera que las clases suponen que hay una distancia y que existen relaciones sociales que unen a las diferentes clases y tienden a proporcionar las bases de sus conflictos y luchas por una distribución de la riqueza y del poder. La pertenencia de clase se considera que está vinculada a una conciencia, identidad y acción fuera de la producción económica. La clase determina o condiciona las preferencias políticas, los estilos de vida, las oportunidades de salud física y mental, el acceso a las oportunidades educacionales, las pautas de matrimonio, herencia ocupacional, ingresos y un largo etc. La capacidad transformadora se refiere a que, debido a los intereses objetivos, las clases son, al menos potencialmente, actores colectivos en los campos económicos y políticos. Como las clases actúan de manera consciente contra otras clases, estas luchas van modificando su entorno. Las clases son un factor de dinámica social, son actores colectivos que hacen la historia. Todos esos elementos o proposiciones establecen que hay vínculos entre esos aspectos de clases: el economismo especifica que las mayores divisiones de la sociedad son las económicas, la cuestión del grupo que las categorías económicas desarrollan y comparten determinadas culturas, el vinculo entre comportamientos y cultura que el comportamiento político viene condicionado por el medio cultural, y las transformaciones muestran que las acciones políticas basadas en intereses de clase pueden llevar a reformar o cambiar la estructura de una sociedad. La teoría de las clases se refiere al conjunto del diagrama que presentamos a continuación(5²): FIGURA 18 - SOCIEDAD DE CLASE
GENERATIVO ESTRUCTURA DE PRODUCCIÓN
DESCRIPTIVO ECONOMISMO
GRUPISMO
TRANSFORMACIÓN ACCIÓN POLÍTICA COLECTIVA
CATEGORÍAS DE EMPLEO
VÍNCULOS DE COMPORTAMIENTO
COMUNIDADES CULTURALES
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A diferencia de la teoría de las clases, la que Pakulski y Waters, denominan la teoría de estatus-convencional, tiene las siguientes proposiciones: el culturalismo, la fragmentación, la autonomía, y la resignificación. Veamos brevemente que entienden con ello: La proposición del culturalismo. La estratificación de estatus-convencional es primariamente un fenómeno cultural que se basa en suscribirse a estilos de vida que se forman alrededor de pautas o modelos de consumo, flujos de información, acuerdos cognitivos, preferencias estéticas y compromisos con valores. Los poderes y fenómenos materiales se pueden reducir a esos estilos de vida manifestados simbólicamente y a los fenómenos de valor. La proposición de fragmentación. Los estatus-convencionales, como las clases, son fenómenos reales. Sin embargo, ellos consisten en una infinidad de asociaciones e identidades que se superponen entre sí y que son cambiantes e inestables. La sociedad de estatus-convencionales es una matriz fluida de formaciones frágiles que se multiplican dentro de un campo globalizado. La proposición de autonomización. La orientación subjetiva y el comportamiento de cualquier individuo o agregado de individuos es muy difícil de predecir en virtud de las posiciones de estratificación. No hay una separación central o una única dimensión a través de la cual las preferencias puedan ser ordenadas. Tales atributos como las preferencias políticas, el acceso a las oportunidades educativas, las pautas de matrimonio e ingresos, son auto referenciales más que impuestas externamente. La proposición de re-significación basada en intereses subjetivos. “El proceso de estratificación es continuamente fluido. Su apertura permite una constante re-especificación e invención de preferencias y dimensiones simbólicas, que permiten una regeneración continua. La fuente de la novedad es un proceso subjetivo de elección sin tregua, que busca la gratificación produciendo emociones no reprimidas, como la ansiedad y la agresión, y el deseo”.(54) En la figura que se expone más abajo se verá que el fenómeno objetivo del cual se parte son las “dimensiones simbólicas”, entendiendo por tales, escalas o redes de símbolos que proveen elementos para identificarse o tener preferencias. Incluyen algunos de los fenómenos económicos que tradicionalmente se vinculaban con la clase social, entre ellos el estatus económico, pero en una forma, en este caso, simbólica, no ligado a las relaciones de producción. La “ocupación” es un término importante pero no porque ponga a unos y otros en una relación de explotación, sino porque es un distintivo de estatus, un indicador de su importancia y de su capacidad de consumo. Al lado de ello se pueden colocar otras dimensiones de estatus simbolizados y reflexivos (como la etnicidad, la religión, el grado educativo, la raza, el género y la preferencia sexual), más los estatus de consumo (los que son yuppies, los obsesionados con la moda y la ropa, los punkies, los góticos, los rockeros, etc.), y los estatus ligados a los compromisos con valores (feministas, ecologistas, socialistas, comunistas, sionistas,
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conservadores, defensores del derecho a la vida, abortistas, etc.). Lo importante para estos sociólogos es que: “La identidad, por tanto, no está ligada, ni a la propiedad que se posea ni a la posición organizacional que se ocupe. Bajo las condiciones de una sociedad opulenta avanzada, los estilos de consumo y los compromisos se han convertido en delimitadores e indicadores sociales más importantes”.(55)
La proposición del culturalismo especifica que esas dimensiones simbólicas pueden competir con cualquier otra en el campo de la estructura social, lo que puede producir el fenómeno de divisiones en múltiples estatus. Las categorías de estratificación en una sociedad de estatus-convencional está compuesta de un complejo mosaico de diferentes subculturas, nuevas socializaciones, iniciativas cívicas, grupos étnicos y religiosos, cohortes generacionales, grupos de acción comunitarios, nuevos movimientos sociales, bandas, colonias de estilos de vida alternativos, hermandades raciales y de género, rebeldes contra los impuestos, etc., algunos de ellos serán muy efímeros y otros serán más estables y continuos. Una característica fundamental de la tesis de las divisiones en múltiples estatus es que los mismos son especializados e inter sectorializados, la pertenencia a un estatus no se contrapone necesariamente a la pertenencia a otro grupo de estatus. Desde un punto de vista subjetivo la propuesta de la fragmentación asegura que los individuos conciban el sistema de estratificación de estatus como un “estatus de bazar”. Donde los individuos puedan operar simultáneamente en varios grupos y tengan el potencial de ser miembros de cualquier otro. Sus identidades son auto compuestas reflexivamente de manera que se puedan mover entre diversas adherencias de estatus. Sin embargo, el hecho de que exista de hecho un mercado de estatus no implica un absoluto voluntarismo, y las libertades en muchos casos son más relevantes a la hora de salir de un grupo de estatus que para poder entrar a otros grupos de estatus. Con ello los autores hacen referencia a la existencia en este tipo de sociedades, o mejor, dicho, a la persistencia en dichas sociedades, del llamado “cierre social” por Parkin. La propuesta de autonomización permite a los individuos ser derrochadores, disolutos, en su comportamiento. Ellos pueden gastar sus recursos de tiempo, energía, dinero, influencia y poder, en la prosecución de adhesiones simbólicas que tiendan a hacer avanzar sus intereses, identidades, valores y compromisos a los que ellos se suscriben o a los que aspiran. El acto por el cual se hace esto es la proposición de resignificación, que tiende a redefinir y reordenar las dimensiones simbólicas de referencia del sistema. Realmente, un efecto particular de esto es la redefinición de algunas tradicionales dimensiones de estatus, especialmente la educación, la religión y la etnicidad, hacia un régimen más efímero y convencional. Así la educación se convierte en un elemento de mercado para obtener credenciales, la religión un vehículo para intentar paliar las ansiedades semanales a través del ritual, y la etnicidad se redescubre a través de participar de las acciones comunitarias.(56)
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Todo ello se trata de recoger en el diagrama de la sociedad de estatus convencional elaborado por Pakulski y Waters:(57) FIGURA 19 - SOCIEDAD DE ESTATUS-CONVENCIONAL GENERATIVO
DIMENSIONES
DESCRIPTIVO
Culturalismo
DIVISIONES EN MÚLTIPLES
SIMBÓLICAS
ESTATUS
Fragmentación
Resignificación
CONSUMO Y GASTO
IRRESPONSABLE
(PROFLIGACIA)
INDIVIDUALISMO
Automatización
REFLEXIVO
Pakulski y Waters insisten en que su posición sobre la muerte de las clases no conlleva que ellos consideren que se produce, en sustitución de esa defunción, un fin o amortiguamiento de la desigualdad y de los conflictos sociales, sino un cese de la desigualdad de clase y del conflicto de clase. ¿Cuáles argumentos aportan en apoyo de ello? Brevemente son los siguientes: Durante el siglo XX la riqueza social ha estado mejor distribuida y más ampliamente distribuida, lo cual “es un indicador de la descomposición de las clases, como ésta es normalmente definida, en relación con la propiedad”. Y continúan argumentando: “Sin embargo, en el momento presente también hay un incremento de la desigualdad de ingresos…esto no es ninguna evidencia del incremento de la desigualdad de clase sino que evidencia el incremento de la desigualdad de la capacidad suntuaria, lo cual está ligado directamente con el tipo de estratificación de estatus-convencional que hemos teorizado”. Como si lo anterior no bastará insisten en que: “El ingreso de los pobres llamados “subclase (underclass), no es un tanto una definición de clase como una definición de estatus debido a los símbolos adjuntos a ella que vienen de la migración poscolonial, de la raza, la etnicidad, el género, la edad y los modelos de apoyo familiar. El cierre de exclusión basado en los estatus atribuidos consigna a esta gente en una “subclase”. La estigmatización que va a anexa a la “subclase” no es una función de la explotación de sus miembros sino de su incapacidad para consumir”. (58)
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CONCLUSIONES Pakulski y Waters consideran que las clases sociales ya no son necesarias para entender y analizar las sociedades actuales. Esto es debido a que las sociedades avanzadas han sufrido unos cambios radicales que suponen un anacronismo considerarlas sociedades de clase. Desde el siglo XIX hasta el último cuarto del siglo pasado las sociedades han pasado de ser sociedades de clase basadas en la producción y la propiedad, a sociedades de “capitalismo organizado”, y desde entonces hasta nuestros días, ya en el siglo XXI, se han convertido en sociedades que los autores denominan de “estatus convencionales” o de “convencionalismo de estatus”. Lo que caracteriza a este tipo de sociedades de “estatus convencionales” es que las clases sociales han perdido su centralidad para dar paso a las diferencias de estatus (prestigio), a muy diversos estilos de vida y una multiplicidad de estilos y de pautas de consumo. De manera que las clases sociales ya no serían aptas para explicar las conductas políticas y sociales. Las clases sociales habrían muerto. Lo anterior no quiere decir que en el nuevo tipo de sociedad haya desaparecido la desigualdad social y que los conflictos sociales se hayan esfumado. Por el contrario, ambos fenómenos persisten. Esta sociedad no es una sociedad eleática, de perfecta armonía. Lo que ocurre es que la propiedad está más difundida, menos concentrada en unos pocos. Y se ha generalizado el consumo convirtiéndose en una sociedad de consumo de masas. La estratificación social se produce por las diferencias en el consumo, la mayor o menor capacidad para consumir determinados bienes que proporcionan un estatus más o menos elevado. De manera que todo sería una cuestión de diferentes niveles de consumo, de estilos de vida, de gustos (buen o mal gusto), en fin, de diferentes estatus. Se ha llegado a este tipo de sociedad de estatus convencional debido a los procesos integrados de cambios económicos, tecnológicos y políticos, que ha impulsado el proceso de globalización. Esto ha llevado a que se produzca una división internacional del trabajo donde los países más avanzados son cada vez más sociedades posindustriales, donde el trabajo manual pierde peso, y se diluyen las comunidades de clase y de cultura de clase dando paso a diferentes estratificaciones. Las nuevas tecnologías exigen trabajadores con mayores cualificaciones, conocimientos, se ha superado el fordismo por el posfordismo. Los cambios se reflejan en cambios en la estructura familiar debido a la alta movilidad geográfica y la urbanización. La familia como núcleo de la reproducción de clases disminuye y hay un aumento de los divorcios y los hogares monoparentales. Unido a ello se ha producido un proceso de “individualización”, de modo que más que verse como miembros de una determinada clase social, las gentes se ven como individuos, cuya identidad es más relevante por sus estilos de vida, pautas de consumo, factores étnicos, género, preferencia sexual, edad, raza, pertenencia a una región o a una nacionalidad. Obviamente, negar que se ha producido cambios significativos en las sociedades capitalistas avanzadas sería una insensatez, es indudable que hay cambios importantes, pero tratar de negar que en ella existan clase sociales es más una preferencia cognitiva o teórica que una realidad que se pueda demostrar empíricamente. Es un hecho que los
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factores económicos que, entre otros, sirvieron para identificar a las clases sociales siguen teniendo una importancia decisiva en los inicios del siglo XXI y no parece que se puedan despachar con teorizaciones sobre la multiplicidad de estratificaciones basadas en el consumo, los estilos de vida, etc. Estos argumentos negadores de la importancia e incluso de la existencia misma de la clase ha sido un argumento muy ligado al pensamiento de los neoconservadores, que estiman que el concepto de clase es obsoleto y fuera de lugar en sociedades donde lo que predomina es el individualismo posesivo. Pero no solo la clase sino que se tiene una idea de la sociedad atomizada, ya que se ha llegado a decir que la sociedad no existe, que sólo existen individuos. Como dijo Margaret Thatcher con su contundencia verbal habitual: “La clase es un concepto comunista. Agrupa a las personas en fardos y los enfrenta a unos contra otros”. (59) La prueba más decisiva para descalificar las utopías irreales del fin de las clases y la centralidad de los individuos atomizados o agrupados por sus niveles de consumo, las proporciona la crisis iniciada en 2008 y las evidencias empíricas que nos muestran como desde hace más de tres décadas el proceso de desigualdad social y económica se acentúa y junto a ello el proceso de concentración de la riqueza mundial en cada vez menos personas, el 1% de la población mundial concentra el 50% de la riqueza global y dentro de ese porcentaje, 0.1% de los más ricos del planeta tiene una participación en la riqueza mundial total de casi el 20%. (60)
POSMODERNISMO Y CLASES SOCIALES: EL FIN DE LAS CLASES
NOTAS. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12.
13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33. 34. 35.
Vid. A. Milner, op. cit., Class, pp.146 a 148. J. M. Ripalda, De Angelis. Filosofía, mercado y postmodernidad, Trotta, Madrid,1996. Alex Calllinicos, Contra el postmodernismo, op. cit., p. 3. Ramón Maíz y Marta Lois, “Postmodernismo: La libertad de los postmodernos”, en Joan Antón Mellón (editor), Ideologías y movimientos políticos contemporáneos, Tecnos, Madrid, 1998,p. 409. Peter Sloterdijk, Crítica de la razón cínica, Tecnos, 1989, p.35. Frederic Jameson, Ensayos sobre el posmodernismo, ImagoMundi, Buenos Aires, 1991, p.20 y vid. Jameson, 1984,p. cit por Milner. Ernest Mandel, El capitalismo tardío, Nueva Era, Mexico,1979. F. Jameson, op. cit., p. 109. Ibid. P.108. Ibid., p. 121. Alex Callinicos, Contra el postmodernismo, op. cit. Jacques Derrida, “Los espectros de Marx”, conferencia en el Centro por las Ideas y la Sociedad de la Universidad de California, octubre 1991, citado por Jim Powell y Van Howell, Derrida para principiantes, Era Naciente, Buenos Aires, 1997. Michel Foucault, Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, Alianza, Madrid, 2008, p.145. Ibid., p.154. Vid. Jorge Larraín, Concepto de ideología, vol. 4, Lome, Santiago de Chile, 2010. M. Foucault, op. cit., p.34. Jean Baudrillard, obras. J. Larrain, Concepto de ideología, op. cit. Jean-François Lyotard, La condición postmoderna, Cátedra, Madrid, 1987, p.4. Ibid., p.6. Ibid., p. 15. Ibid., p.31. Ibid. p.38. Pierre Anderson, Los orígenes de la posmodernidad, Anagrama, Barcelona, 2000, p.40. J.F. Lyotard, Dérive á partir de Marx et Freud, París, 1973, pp.16-18, trad. española, A partir de Marx y Freud, Fundamentos, Madrid, 1975. J.F. Lyotard, Economie Libidinale, París, 1974, pp.136-138. Pierre Anderson, op. cit. p. 53. J. F. Jameson, op. cit. p.128. Gilles Lipovetsky y Sébastien Charles, Los tiempos hipermodernos, Anagrama, Barcelona, 2014, pp.53-55. Ibid. p. 59. Ibid. p. 60-61. Ibid., p.67. Ibid., p.68. Ibid. p.74. Para una teorización sociológica no exenta de interés pero que va en la línea de “superar” los tiempos de los Estados de Bienestar y adaptarnos al nuevo orden neoliberal se diga o no de manera tan clara, ver los libros de Ulrike Beck, La sociedad del riesgo, Paidos, Libertad y capitalismo, Paidos, Barcelona,
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36. 37. 38. 39. 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46. 47. 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54. 55. 56. 57. 58. 59. 60.
2002 y Pouvoir et contre-pouvoir á l’heure de la mondialisation, Eds.Flammarion, París, 2003. Otras reflexiones de interés son la del filósofo de origen surcoreano Byung-Chul Han que reside en Alemania donde es profesor y su artículo “Por qué la revolución es imposible”, El País, 3 de octubre de 2014 y en sus libros: La sociedad del cansancio, Herder, Barcelona,2012, La sociedad de la transparencia, Herder, Barcelona, 2013 y Psicopolítica, Herder, Barcelona, 2014. Jan Pakulski y Malcolm Waters, The Death of Class, SAGE, London, 1996, y en E.O.Wright et altii, Debate on Class, mimeo. Ibid., The Death of Class, op. cit., pp.2-3. Ibid. p.3. Idem,p.3. Idem. Idem. Ibid.p.4. Idem. Ibid. pp.4-5. Ibid. p.5. John K. Galbraith, El nuevo Estado industrial, Ariel, Barcelona,1980. Daniel Bell, El advenimiento de la sociedad post-industrial, Alianza, Madrid,2006. Alain Touraine, La sociedad posindustrial, Ariel, Barcelona,1971. Vid. Lo expuesto sobre los “mapas de clase” de Goldthorpe e incluso de los de E.O.Wright. Pakulski y Waters, op. cit., p. 152. Ibid., p.155. Ibid., p. 11. G.Marshall, 1997, Repositioning Class. Social inequality in industrial societies, Sage, Londres, 1997, p. 49 y ss. Pakulski y Waters, op. cit., p. 155-156. Ibid. p.156. Ibid. p.157. Ibid., p.156. Ibid., pp.157-158. The Guardian, 22/04/ 1992. Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, FCE, España, 2014, p.482.
23. Posmarxismo y clases sociales: Laclau y Mouffe Los exponentes del posmarxismo pretendían que si dejaban atrás al marxismo reconocían sus raíces. Hoy se han apartado para tomar diversos caminos, excepto si se trata de repudiar el marxismo. El posmarxismo fue solo un paso hacia el antimarxismo. E.M.Wood
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INTRODUCCIÓN En el marxismo en general y entre los intelectuales autocalificados de marxistas, no se había renegado nunca del concepto clave de clase social, ligado a su historia, sus luchas y sus objetivos estratégicos. Empero, en el estructuralismo marxista, se quebró esta especie de tendencia, ya que se trató de negar la pertinencia de la llamada “clase en sí” y “clase para sí”, viendo en ello un residuo hegeliano en el pensamiento, aún inmaduro, del joven Marx. Tal como lo desarrolló Althusser y continuaron los miembros de su escuela, los estructuralistas marxistas. Posteriormente y, “superado” en el marxismo académico el estructuralismo marxista, se ha ido avanzando hacia el posestructuralismo, hasta llegar al pensamiento posmodernista, que ha tenido sus seguidores en algunos intelectuales que antes se habían declarados explícitamente marxistas. El posmarxismo, en un primer momento, se reconocía en que sus exponentes señalaban que dejaban atrás el marxismo, o que se quedaban sobre todo con sus elementos más esenciales y permanentes, siempre dejando establecido que seguían dentro de las raíces teóricas del marxismo. Posteriormente se fueron alejando cada vez más y su relación con el marxismo era para utilizar sus conocimientos sobre el mismo para someterlo a una crítica devastadora. En definitiva, los posmarxistas se fueron distanciando del marxismo, lo repudiaron, y con perspectiva se puede decir ahora “que el posmarxismo fue sólo un paso hacia el antimarxismo”.(¹) También hay que relacionar el posmarxismo con el posmodernismo, lo que se ve claramente en los temas o asuntos que son más estratégicos para estos autores: el énfasis en la teoría del discurso y la lingüística, en las plurales diferencias de todo tipo, étnicas, raciales, de género, el rechazo de los llamados “grandes relatos”, en su apego, por lo fragmentario, lo micro. Y pese al rechazo al “esencialismo” y al “universalismo” y a la política de clases, cayeron en otro tipo de universalismo –caso notable de Laclau y Mouffe–, el de su proyecto de “democracia radical”, con el que se pretende reemplazar el proyecto socialista, por una democracia pluralista que no cuestiona el capitalismo global, aunque pretende que a través de dicha democracia radical se pueden realizar diferentes proyectos emancipadores, aunque ya no estén basados en la clase social, ni pretendan ir más allá del capitalismo neoliberal. Dentro del marxismo ha habido teóricos académicos, influidos por el posmodernismo, que han encontrado que el concepto de clase social no era pertinente ni operativo y que había que buscar otras clasificaciones, crear conceptos nuevos o remozar otros. Vamos a dedicar este capítulo y el siguiente, al estudio de sus aportes teóricos y a sus implicaciones. Aunque existen grandes diferencias entre las teorizaciones de Hardt y Negri, que pretenden ser una actualización del marxismo al mundo posmoderno de la era del Imperio, de la de Laclau y Mouffe, que derivaron hacia el posestructuralismo y luego explícitamente abandonaron del todo el referente marxista. La influencia en Laclau del posestructuralismo ha sido muy clara. Originado en Francia el posestructuralismo ha tratado de quitar importancia a las relaciones de producción como relaciones objetivas, que propician el surgimiento de antagonismos y luchas en torno a lo que se ha designado como clases sociales.
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En contra de eso el posestructuralismo “subraya el modo en que todos estos hechos han cobrado forma a través de la retórica y el imaginario representativo de una época dada”. Esta preferencia por el discurso en vez de la estructura económica y social condujo ya en los años noventa a una retirada teórica de la noción de clase. Como afirma Palmer: “no es posible mantener las premisas del materialismo histórico y reconocer al mismo tiempo en el lenguaje, el simbolismo, la imaginación y otras formas y actos de representación esta capacidad de determinación. La clase considerada como estructura, se desvanece; como relación de explotación y de protesta queda disminuída”.(²) LA TEORÍA DEL DISCURSO DE LACLAU Y MOUFFE Laclau y Mouffe ( a los cuales nos referiremos en ocasiones con las sigla L&M) en sus primeros escritos, emplearon el concepto de ideología en una perspectiva marxista y estuvieron influidos por los trabajos de Althusser. Después fueron abandonando las premisas marxistas. En algunos de sus libros se dedican a analizar el concepto de ideología en el marxismo y hacer su deconstrucción. Como es sabido, Marx tiene una concepción crítica de la ideología como un pensamiento ocultador de las contradicciones y de los antagonismos existentes en la sociedad. Se puede afirmar con rigor que Marx fue uno de los precursores de la idea del fin de las ideologías, añadiendo que su concepción era muy diferente a la de Daniel Bell y S.M.Lipset(³), ya que para estos el fin de las ideologías se refería al fin del marxismo y del pensamiento progresista de izquierdas, aunque ello no implicara la conclusión o muerte de todo pensamiento ideológico. Radicalmente diferente a ellos, el fin de las ideologías distorsionadoras y ocultadoras de la realidad de Marx, se iba a realizar cuando existiera una sociedad sin clases, ya que en este tipo de sociedad, superados los antagonismos de clase, no habría interés en llevar a cabo ningún tipo de ocultamiento de la realidad. L&M cuando hacen la crítica de la ideología y especialmente de la marxista, lo curioso es que lo hacen de manera indirecta refiriéndose a los trabajos del “marxismo ortodoxo”, o, clásico, dónde se incluye a Kautsky, Lenin, Bernstein, Luxemburgo, pero como se ha afirmado, su práctica deconstructiva es la de “interpretación por poder”, citando a estos autores, así como a Althusser y G. Cohen para atacar el marxismo como un esencialismo y un determinismo. Como se ha afirmado: “Laclau y Mouffe caen en la tentación de acentuar los rasgos más deterministas, economicistas y esencialistas del marxismo para luego desecharlo por ser determinista, economicista y esencialista, lo que es paradojal en quienes estuvieron tan cerca y trabajaron con sus categorías precisamente para darle una orientación distinta…En breve, Laclau y Mouffe acusan al marxismo de una lógica reduccionista que simplifica la naturaleza plural de la sociedad. El marxismo, en su óptica, reduce la diversidad a lo simple y por lo tanto teoriza un cierre, es decir, la sociedad se considera una totalidad cerrada o, como…prefieren decir una totalidad “suturada en algún punto, desde el cual es posible fijar el significado de cualquier evento”. (4)
L&M se inscriben en lo que se ha denominado de manera general el “giro lingüístico”, que señala que en la época posmoderna la ideología no puede contrastarse a un cierto
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orden de verdad desde el cual pueda discernirse su carácter falso o engañoso. Pero ello no implica que las ideologías hayan dejado de existir. Las ideologías son ubicuas y las sociedades actuales son ideológicas. Lo que se combate es la pretensión marxista de juzgar a otros discursos desde su propio discurso, que es asumido como el verdadero. Los autores hacen una crítica de la concepción marxista de la ideología por considerar que no es pertinente para realizar un análisis político. Creen que en ello se fundamenta la crisis que pasaba el marxismo a finales del siglo XX y que se podía lograr un resurgimiento de la izquierda sobre nuevos presupuestos. Eso es lo que pretenden con su libro Hegemonía y estrategia socialista y su propuesta de una democracia radical y pluralista, y más tarde con La razón populista. Para ello emplean el concepto de discurso proveniente de Foucault y el psicoanálisis de Lacan, para, por un lado, aplicarlo a las reglas de construcción de los discursos, y por otro lado, para comprender el antagonismo inherente a lo social basado en que los individuos tratan de lograr su plena realización, pero eso lo opone a los otros que también quieren lo mismo, lo que conlleva a que la construcción de la identidad de uno se hace con la oposición de otro, que pone en cuestión nuestra identidad. Toda identidad política se construye discursivamente pero, como veremos, esto no excluye el carácter material del discurso.(5) Nuestros autores elaboran una teoría del discurso que desarrollan en la universidad de Essex donde crean un grupo de seguidores que aplican dicha teoría a diferentes objetos de investigación. Si se les ha aplicado la etiqueta de posmarxista a esta teoría es por su énfasis en criticar las categorías marxistas de base/superestructura, la ideología como conciencia falsa, y la de un sujeto con unos intereses objetivos que permitiría determinar en función de ellos si ha logrado una conciencia falsa o real de los mismos. La teoría del discurso parte de la lingüística de Ferdinand Saussure que afirma que el lenguaje es un conjunto de signos y reglas. Todo lenguaje es relacional (solo existen diferencias), y el lenguaje es forma no sustancia.(6) Laclau descarta de la lingüística de Saussure el isomorfismo “por el cual cada significante corresponde a un y sólo un significado, y la omnipotencia del sujeto, en el sentido de que la sucesión de oraciones depende de la voluntad del hablante”. Para Laclau el sujeto no es plenamente autónomo, por lo tanto, lo que dice, o lo que es “decible”, viene determinado en gran medida por la forma en que las instituciones se estructuran, por lo que se puede decir –“decible”– en un contexto determinado.(7) Para nuestros autores todas las prácticas son discursivas, las prácticas políticas, las organizativas, la organización de la producción, todos son sistemas relacionales de diferentes identidades que son articuladas por un discurso. Pretenden, pues, comprender la política como un discurso. El discurso para ellos “es un conjunto de secuencias cuyo significado depende de la relación que se da entre ellas”. (8) Laclau define el discurso de esta manera: “La misma posibilidad de la percepción, pensamiento y acción, depende de la estructuración de un determinado campo de significación que preexiste a cualquier inmediatez factual”. (9)
Los campos de significación son “relatos dentro de los cuales cobran significado las prácticas y conocimientos”. El discurso “no es una construcción unívoca del sujeto, ni
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es inmóvil, sino que debe ser entendido como histórico y dinámico; como un conjunto articulado de significantes –en el sentido de formas del discurso– en el cual el significado –en el sentido del contenido o a lo que refiere el término– es una producción cambiante dependiente de luchas por el sentido”. (¹0) Lo que hace la teoría del discurso de Laclau y Mouffe es politizar la lingüística “en el sentido de abandonar la creencia en la libertad del hablante y trasladar el foco hacia las prácticas –necesariamente políticas– que construyen y /o subvierten las estructuras discursivas que influyen a éste. Entramos así en el terreno inestable del conflicto político…El enfoque post-estructuralista de Laclau y Mouffe…pretende construir toda una teoría en torno a este concepto: la comprensión de la política en términos de discurso”. (¹¹) De manera que, para el análisis y estudio de la política, lo importante sería no tanto lo que los objetos son sino el sentido que cobran. Más importante para nuestro tema es lo que señala Laclau de que los conflictos discursivos, por los cuales disputan los partidos políticos tratando de imponer su hegemonía, se explican mejor por los valores y las identidades que por los “intereses de las clases o por las estructuras sociales”. De manera que “lo que mejor expone las fisuras dentro de las prácticas ideológicas no es el conflicto de clases, sino el antagonismo de las mujeres, los gays y de otros. Los conflictos y luchas de esos movimientos sociales socavan las explicaciones vigentes y las identidades tradicionales o conservadoras”. (¹²) Siguiendo el hilo conductor de la teoría del discurso –pero con un ejemplo contrario a las ideas posmarxistas de Laclau–, se puede decir que los trabajadores que reciben un salario insuficiente para reproducir sus condiciones de vida y los de su familia a un nivel de mera subsistencia, objetivamente, están explotados. Pero su intervención política o su no intervención, depende de que esta explotación sea construida discursivamente, bien como algo debido a “causas ajenas al proceso productivo y a las relaciones sociales de producción”, o, como producto relacionado con esas relaciones sociales de producción y el marco político que las sostiene. No basta, entonces, que esto se explique científicamente acudiendo a teorías de la plusvalía u otras, sino que es necesario que sea articulado en un discurso donde el “significante” explotado se dote de un significado ligado a ser parte de un conjunto en la misma situación, que requiere organizarse para poder alcanzar mejor salario, pasar de ser un átomo pasivo a un elemento activo, e incluso, plantearse cambiar el marco político que posibilita esa situación de explotado. Esto es, darle a esa situación un carácter de positividad, que estimule inclusive la afectividad de los sujetos. Mientras el discurso sea intentar explicar la explotación por categorías abstractas sin correlacionarla con que se puede salir de esa situación por la acción colectiva, será difícil tener éxito en movilizar a quienes están en esa situación, sin hacer un trabajo de deconstruir el significado de explotado como incapaz de salir de esa situación “porque-no-eres-nada-yno-puedes-hacer-nada-ante-los-poderosos”, y construirlo de nuevo, convirtiéndolo en una “identidad de clase”. Los explotados, “que-si-podemos-ysi-somos-capaces-de-cambiar, unidos y en lucha, nuestra situación”, con posibilidad de lograr una hegemonía en la sociedad, articulados con muchos otros en condiciones de opresión de diverso tipo, de exclusión, de género, sexual, étnica, religiosa, o con objetivos favorables para la colectividad, defensa de la naturaleza, búsqueda de la paz, defensa de los animales, protección de la cultura, fomento de la investigación, mejora
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de la educación, respeto a los derechos humanos, etc. L&M se refieren a la categoría de sujeto dentro de una estructura discursiva: “siempre que…utilicemos la categoría de “sujeto” lo haremos en el sentido de “posiciones de sujeto” en el interior de una estructura discursiva”. Y por ser toda posición de sujeto una posición discursiva, “participa del carácter abierto de todo discurso y no logra fijar totalmente dichas posiciones en un sistema cerrado de diferencias”.(¹³) Por otra parte, en su teoría del discurso, la identidad no es necesaria ni está completamente constituida, solo existen fijaciones parciales de significado o “puntos nodales” que se construyen por medio de prácticas de articulación. Así pues, como las posiciones de sujeto son construidas dentro del discurso, ni son ni tienen relaciones fijas, y las articulaciones no tienen un “sujeto” articulador necesario. De manera, que para que el proceso de articulación hegemónica se produzca se requiere solamente “la presencia de fuerzas antagónicas y la inestabilidad de las fronteras que las separan”. CRÍTICA DEL SUJETO La concepción del sujeto en Laclau y Mouffe está en contraposición a la tradición marxista, ya que en la misma los sujetos sociales son las clases sociales cuya unidad se forja en torno a intereses, determinados por su posición en las relaciones de producción. La explicación que ha dado el marxismo al hecho de que las posiciones de los sujetos no respondan a las expectativas o al papel que les otorgaba el paradigma marxista en cuanto a su unidad ha sido de dos tipos: 1.
“…Afirmar que la lucha política y la lucha económica de los obreros, por ejemplo, están unificadas por el agente social concreto –la clase obrera– que las lleva a cabo. Este tipo de razonamiento –muy frecuente, por lo demás, no sólo en el marxismo, sino en el conjunto de las ciencias sociales– se basa en una falacia: la expresión “clase obrera” es usada de dos modos distintos: por un lado, para definir una posición específica de sujeto en las relaciones de producción; por otro, para nombrar a los agentes que ocupan esa posición de sujeto. Así se crea la ambigüedad que permite deslizar la conclusión…de que las otras posiciones que ese agente ocupa son también posiciones “obreras”.
2.
“…la unidad de clase es concebida como unidad futura; la forma presente de esa unidad se funda en la categoría de representación: la escisión entre los obreros reales y sus intereses objetivos exige la representación de estos últimos por parte del partido de vanguardia. Ahora bien, toda relación de representación se funda en una ficción: la de la presencia a un cierto nivel de algo que, estrictamente, está ausente del mismo. (Sin embargo)...“la representación es el terreno de un juego cuyo resultado no está predeterminado desde el comienzo. A un extremo del abanico de posibilidades tendríamos la disolución del carácter ficticio de la representación…al otro extremo tendríamos la opacidad total entre representante y representados”. (¹4)
POSMARXISMO Y CLASES SOCIALES: LACLAU Y MOUFFE
Los autores critican la concepción del partido de vanguardia debido a que éste no representa a ningún agente social concreto sino a sus “intereses históricos”, muchas veces, ironizan, sin que la clase trabajadora se entere de que tiene una vanguardia. Lo real, sin embargo, en que en la lucha política es necesario hacer determinadas acciones para tratar de ganar a los agentes sociales concretos para alcanzar sus presuntos “intereses históricos”. Lo que proponen es aceptar el carácter sobredeterminado de toda identidad, lo que lleva a que, para ganar agentes, sea útil una práctica articulatoria que construya un discurso en que las demandas concretas de un grupo sean entendidas como pasos hacia una liberación total. Para contrarrestar esta concepción utilizan el concepto de hegemonía pero desprovisto del “esencialismo” y de la centralidad de la clase social, que es fundamental en Gramsci, por eso declaran que ellos van “más allá” de él, aunque otros pensemos que si, que mucho más, más allá de todo atisbo de marxismo. El concepto de hegemonía que formulan L&M es como sigue: “El campo general de emergencia de la hegemonía es el de las prácticas articulatorias, es decir, un campo en el que los “elementos” no han cristalizado en “momentos”. En un sistema cerrado de identidades relacionales, en el sentido en que cada momento está absolutamente fijado, no hay lugar alguno para una práctica hegemónica. Un sistema plenamente logrado de diferencias, que excluyera a todo significante flotante, no abriría el campo a ninguna articulación, el principio de repetición dominaría toda práctica en el interior del mismo, y no habría nada que hegemonizar. Es porque la hegemonía supone el carácter incompleto y abierto de lo social, que sólo puede constituirse en un campo dominado por prácticas articulatorias”.(¹5)
El sujeto articulante, por tanto, no es una clase fundamental –como para el marxismo– sino que todos los componentes estarían en un mismo plano, y otro aspecto destacable es que la articulación se produzca con un enfrentamiento entre “prácticas antagónicas”. Como explican: “…las dos condiciones de una articulación hegemónica son, pues, la presencia de fuerzas antagónicas y la inestabilidad de las fronteras que las separan. Sólo la presencia de una vasta región de elementos flotantes y su posible articulación a campos opuestos –lo que implica la constante redefinición de estos últimos– es lo que constituye el terreno que os permite definir una práctica como hegemónica”.(¹6) Para los autores que analizamos, en las sociedades capitalistas avanzadas se da una gran proliferación de espacios políticos y a la vez una mayor complejidad para que se produzca la articulación. En estas sociedades esto supone que lo que se plantea son “luchas democráticas”, que ellos oponen a lo que llaman “luchas populares”, que se dan en los casos “en que ciertos discursos construyen tendencialmente la división de un único espacio político en dos campos opuestos”.(¹7) Estas últimas sólo se dan en coyunturas muy específicas. Uno de los objetivos teóricos de Laclau y Mouffe es la crítica del sujeto clase social, debido a que éste ocupa un lugar central, en el marxismo, y al hacerlo los autores consideran que se ignoran o no se les da la importancia debida, a otras identidades que no se pueden reducir a ser una clase social. Aunque el concepto de hegemonía de Gramsci abría la posibilidad de articular intereses que constituirían un nuevo sujeto, debido al peso de su marxismo no pudo
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abandonar su determinismo económico –aunque fuera en última instancia–, y abandonar el sujeto clase social, por tanto, en definitiva, el concepto de hegemonía en Gramsci no logra desarrollar toda sus potencialidades, quedando la hegemonía reducida al campo de las clases y en especial a que la clase trabajadora adquiera una especie de privilegio ontológico. Laclau y Mouffe, consideran que ellos, al contrario de Gramsci, van “muy por delante”, y consideran que el campo de lo social tiene una carácter abierto, indeterminado. Que las identidades y los nuevos movimientos sociales que, insistimos, para ellos son irreductibles a las clases, son los verdaderos sujetos, y que los antagonismos de los que son portadores, pueden conducir a la construcción de una democracia radical. Esto conduce a la “buena nueva” de un concepto posmarxista o no-marxista de hegemonía, que despojada de todo determinismo, de todo esencialismo, de toda idea ontológica, teleológica y, de una clase social como sujeto portador de un futuro inevitable, promueve la hegemonía como una lógica “de articulación de intereses y basado en la contingencia”, ya que los autores dan por sabido y admitido, que ningún sujeto, que ninguna identidad, está constituida de antemano, sino que, al contrario, deberá irse construyendo a través de la articulación de una multiplicidad o pluralidad de elementos, intereses y agentes sociales. LA CRISIS DEL MARXISMO Nuestros autores se han centrado en la crítica del marxismo en tres cuestiones teóricas: 1.
La crítica del esencialismo filosófico,
2. el nuevo papel asignado al lenguaje en la estructuración de las relaciones sociales, y, 3. la deconstrucción de la categoría de sujeto en lo que atañe a la constitución de las identidades colectivas. Vamos a exponer sus ideas sobre las mismas. Sobre el esencialismo el lector se puede remitir a lo expuesto en el capítulo sobre Bourdieu respecto a la crítica del esencialismo, pero se puede agregar a lo ya expuesto lo que señalan Laclau y Mouffe sobre que: “las principales corrientes del pensamiento contemporáneo encuentran un denominador común en el rechazo de la metafísica de la presencia, que había constituido la piedra angular del pensamiento filosófico tradicional”. (¹8)
Sobre el segundo aspecto, “la centralidad atribuida al lenguaje en áreas cada vez más amplias de las relaciones sociales”, se puede decir que este es un rasgo común en la obra de pensadores tan diferentes como Wittgenstein y Heidegger, Derrida y Lacan. “Sin embargo, esto no ha significado la explicación simplemente lingüística (en el estrecho sentido del lenguaje hablado o escrito) de lo social, sino más bien el reconocimiento de que
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aquellas lógicas relacionales que fueran originariamente analizadas en el campo de lo lingüístico (en el sentido restringido), tienen un área de pertinencia mucho más amplia que se confunde, de hecho, con el campo de lo social”.(¹9)
El tercer aspecto es que las dos transformaciones anteriores se han combinado para hacer posible que entre en crisis la categoría de “sujeto”, aquella unidad cartesiana que era atribuida por las ciencias humanas tradicionales a los agentes sociales. Estos son actualmente concebidos como sujetos “descentrados”, como constituidos a través de la unidad relativa y débilmente integrada de una pluralidad de “posiciones de sujeto”.(²0) Todo lo anterior va encaminado a enfocar lo que Laclau y Mouffe denominan después de muchos otros, la “crisis del marxismo”. Crisis que para ellos se remonta a los días de la Segunda Internacional, e incluso mucho antes, desde que Marx comenzara a elaborar su teoría, o sea, que el marxismo está en crisis desde su inicio. Señalan al respecto: “El hilo de Ariadna que preside la subversión de las categorías del marxismo clásico es la generalización de los fenómenos del “desarrollo desigual y combinado” en el capitalismo tardío, y el surgimiento de la “hegemonía” como nueva lógica de constitución de lo social que recompone, a un nivel distinto del postulado por la tradición marxista, los fragmentos sociales, dislocados y dispersos por esa desigualdad del desarrollo. Pero esto significa que la hegemonía, como lógica de la facticidad y la historicidad que no se liga, por tanto, a ninguna “ley necesaria de la historia”, sólo puede ser concebida sobre la base de una crítica a toda perspectiva esencialista acerca de la constitución de las identidades colectivas. Este es el punto en el que la lógica político-argumentativa de Gramsci puede ser ligada a la crítica filosófica radical que antes señaláramos”.(²¹)
Los autores van más lejos en su reinterpretación de la hegemonía en Gramsci que – recordemos–, el concepto está formulado para tratar de indicar la manera en que la clase trabajadora tratará de tomar la dirección político-ideológica del proceso para cambiar la sociedad y ponerla al servicio de la mayoría. Dicen Laclau y Mouffe que: “El pensamiento de Gramsci es sólo un momento transicional en la deconstrucción del paradigma político esencialista del marxismo clásico. Porque para Gramsci, el núcleo de toda articulación hegemónica continúa siendo una clase social fundamental. Es aquí justamente donde la realidad de las sociedades industriales avanzadas –o posindustriales– nos obliga a ir más allá de Gramsci y a deconstruir la noción misma de “clase social”. (Cursivas nuestras, CJBE) Y esto, porque la noción tradicional de “clase” suponía la unidad de las posiciones de sujeto de los diversos agentes; en tanto que en las condiciones del capitalismo maduro, dicha unidad es siempre precaria y sometida a un constante proceso de rearticulación hegemónica”.(²²)
Lo anteriormente expuesto por Laclau y Mouffe, les lleva a “redefinir el proyecto socialista en términos de una radicalización de la democracia”, entendida, como articulación de las luchas contra las diferentes formas de subordinación: de clase, de
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sexo, de raza, así como de aquellas otras a las que se oponen los movimientos ecológicos, antinucleares y antiinstitucionales. Esta democracia radicalizada y plural, la proponen como objetivo de una nueva izquierda, y la colocan en la tradición del proyecto político “moderno” formulado a partir del Iluminismo, que intenta prolongar y profundizar la revolución democrática iniciada en el siglo XVIII, continuada en los discursos socialistas del siglo XIX, y “que debe ser extendida hoy a esferas cada vez más numerosas de la sociedad y del Estado”.(²³) Lo importante a destacar en este argumentario es su tesis para llevar a cabo el proyecto de democracia radical: “Nuestra tesis es que para llevar a su conclusión un proyecto tal, es necesario abandonar un cierto número de tesis epistemológicas del Iluminismo, ya que es sólo a través de una crítica del racionalismo y del esencialismo como es posible dar cuenta, de manera adecuada, de la multiplicidad y diversidad de las luchas políticas contemporáneas”.(²4) La tesis de los autores no se restringe al mundo desarrollado europeo y americano, sino que su pretensión es universalista, como lo afirman de manera que no deja lugar a dudas: “No consideramos que su validez se restrinja a áreas sociales o geográficas particulares…la experiencia del “desarrollo desigual y combinado”, de la dislocación que es su resultante y de las consiguientes recomposiciones hegemónicas –heterodoxas respecto a las categorías clasistas del marxismo– es más evidente todavía en los países de la periferia capitalista. En ellos asistimos constantemente a la redefinición de las fronteras de lo político, y a la emergencia de identidades populares y colectivas que no se recortan en términos de divisoria de clases. Y también…el conjunto de problemas vinculados a la experiencia de la democracia y a las posibilidades de su radicalización, es aún mucho más apremiante que en las sociedades industriales avanzadas”.(²5)
L&M afirman que el pensamiento de izquierda se encuentra en una encrucijada y que todo lo que antes eran “evidencias”, las maneras habituales de hacer análisis, y las propias luchas y objetivos están cuestionadas por las transformaciones históricas. Esto, naturalmente, alcanza al socialismo y a las vías de acceder a él. Pero ellos llaman a no entrar en desánimos, ya que, frente a todo esto hay motivos para el optimismo debido a los nuevos fenómenos que surgen. Así pues, ¡levantad los corazones!, tenemos nada menos que: “El nuevo feminismo, los movimientos contestatarios de las minorías étnicas, nacionales y sexuales, las luchas ecológicas y antiinstitucionales…(el de) las poblaciones marginales, el movimiento antinuclear, las formas atípicas que han acompañado a las luchas sociales en los países de la periferia capitalista, implican la extensión de la conflictividad social a una amplia variedad de terrenos que crea el potencial –pero sólo el potencial– para el avance hacia sociedades más libres, democráticas e igualitarias”. (²6)
Merece resaltar que para nuestros autores todo esto lo que viene a mostrar es que: “Lo que está actualmente en crisis es toda una concepción del socialismo fundada en la centralidad ontológica de la clase obrera, en la afirmación de la revolución como momento
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fundacional en el tránsito de un tipo de sociedad a otra, y en la ilusión de la posibilidad de una voluntad colectiva perfectamente una y homogénea que tornaría inútil el momento de la política. El carácter plural y multifacético que presentan las luchas sociales contemporáneas ha terminado por disolver el fundamento último en el que se basaba este imaginario político, poblado de sujetos “universales” y constituido en torno a una Historia concebida en singular: esto es, el supuesto de “la sociedad” como una estructura inteligible, que puede ser abarcada y dominada intelectualmente a partir de ciertas posiciones de clase y reconstituida como orden racional y transparente a partir de una acto fundacional de carácter político. Es decir, que la izquierda está asistiendo al acto final en la disolución del imaginario jacobino”.(²7)
La pregunta pertinente que se puede hacer, una vez expuestos estos argumentos, es: ¿Quién o qué sustituye la centralidad ontológica de la clase trabajadora? ¿Acaso la multiplicidad de intereses y metas de esa miríada de nuevos, viejos, y reconstituidos movimientos, grupos e identidades? ¿Todo ello puede brindar una coherencia de metas comunes a lograr para hacer una sociedad al servicio de todos porque su excedente económico no se monopoliza en un sector minoritario? Es interesante y siempre recomendable la especulación abstracta aunque sólo sea para tratar, por esa vía, de lograr una mayor eficacia práctica, debido a que nos ilumina vías a seguir, lo cuestionable es cuando, por la moda o las tendencias que son trending topic en la academia, se trata de seguir las mismas sin tener en consideración algo esencial e históricamente verificable: el cómo se ha logrado en el mundo real lograr avanzar hacia una ampliación del bienestar colectivo y de la igualdad social. Ese camino es el de tener en cuenta las fuerzas profundas que mueven la historia, y que se sintetizan en los agentes sociales que se encarnan en los propietarios de los medios de producción (materiales e inmateriales), los trabajadores asalariados o “autónomos” que producen dichos bienes y servicios, el Estado que es factor unificador dentro de un territorio dado, y las organizaciones que se encargan de la defensa de los intereses de los agentes sociales realmente existentes y actuantes en la sociedad. Tener esto presente, por muy obvio que parezca, evitaría caer en indeterminaciones e incertidumbres que retrasan la acción necesaria para lograr un cambio real en beneficio del conjunto de la sociedad, con una exclusión minoritaria de los que realmente no les interesa objetivamente, por sus intereses materiales, un tal tipo de sociedad. Porque el consenso total es imposible y la dialéctica esencial entre los que tienen interés por, y los que tienen interés en estar contra, no se puede conciliar con apelativos bien pensantes sobre el fin de la relación amigo/enemigo, diluido en los azucarillos pseudo liberales de que somos simples adversarios. Cuando de lo que se trata es de asuntos tales como la verdad, la ciencia, o el interés vital, es imposible ser sólo adversario de los que propugnan la mentira, el oscurantismo, la exclusión, la opresión o la explotación, de los que obtienen sus beneficios y su posición privilegiada. Así pues, antes tales pares de opuestos no hay dialéctica posible –en última instancia y sólo en última instancia–, que la del amigo/enemigo, como acertadamente expuso de manera racionalista Carl Schmitt, por más que pueda ser denostado por otras
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posiciones de filosofía política. Lo anterior no excluye sino que debe presuponer –y para nosotros es axiomático–, que tanto el adversario como el enemigo, no deben ser objeto de intentos de eliminación sino que el antagonismo y el esfuerzo de lograr el avance de un proyecto diferente, se basa en el respeto al derecho a disentir y poder expresarlo libre pero civilizadamente. En dos palabras: la respuesta al enemigo o al adversario no es la solución Gulag, los campos de exterminio, o los fusilamientos masivos, formas de actuación típica de los fascismos (alemán, italiano y español) y del estalinismo. Los nuevos movimientos sociales, las cuestiones identitarias, todo ello forma parte de lo existente y actuante en la sociedad, pero nada de ello puede sustituir sino acompañar o ser articulado, a una lucha no parcial sino global o totalizadora contra un sistema que produce y reproduce de manera “natural” las diferencias, y las multiplica y fomenta, como modo de funcionamiento normal del sistema, y como medio de mantenimiento del mismo. La desigualdad de todo tipo y las diferenciaciones, por cualquier atributo, son funcionales al sistema capitalista ya que le sirven de homeostasis para que siga funcionando en provecho de la clase dominante. No percibir o tratar de diluir, que es necesario, o por lo menos empíricamente conveniente, un sujeto que articule el conjunto de esas diferencias en un proyecto que tenga en cuenta todos esos intereses y que propugne establecer el medio organizativo y los valores comunes para resolverlos, aceptándolos en su diversidad, en definitiva, es prosternarse ante el surgimiento de cualquier tipo de movimientos oportunistas y coyunturales, llámesele populismos de derecha (que es lo más habitual), o populismos de “izquierdas” (que es lo accidental), vías que habitualmente han terminado en un callejón sin salida. Sin salida para establecer una sociedad sobre nuevas bases sociales y éticas, que es de lo que se trata, y de lo que han tratado todos los “viejos” intentos desde el Iluminismo del siglo XVIII a los socialismos y anarquismos del siglo XIX y XX. El populismo, cuando va más lejos en lo social, a lo único que conduce es a una mayor redistribución del excedente social entre las capas más menesterosas –lo cual es positivo–, en los momentos que coinciden con un auge económico, y las más de las veces, lo que hacen, es un uso político de esos repartos en la forma de dependencia política clientelar. Pero esa es la noción al uso del populismo, digamos vulgar. Como fenómeno políticamente complejo, hay que tener en cuenta lo que se ha llamado la ilusión populista, que se basa en un estilo político que hace un recurso sistemático al pueblo, y que puede basarse en una orientación hiper democrática –por tanto no “autoritaria”– , y hay que decirlo sin ambages, ese hiper democratismo, es cada vez más factible de aplicar en sociedades con un alto desarrollo de las tecnologías de la comunicación e informáticas. En el siglo XXI, hay un casi consenso entre los marxistas y los socialistas de diverso signo y procedencia –salvo en un reducido grupo de nostálgicos del estalinismo–, de que hay que mirar atrás sin complejos y desechar todas las formas organizativas dirigidas a crear un socialismo autoritario, que excluye a la amplia clase trabajadora y a la mayoría de la población, dirigido por una “tecno-estructura” despótica (político-tecnocrática-militar-seguritaria), que sustituye a los trabajadoresciudadanos del poder político y de decisión económico-social. Donde la dialéctica amigo/enemigo, distorsionada, llevó a considerar “enemigo del pueblo” a todo el que discrepara de las decisiones tomadas en la cima de la jerarquía, por más matizada y
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secundaria que fueran esas discrepancias. Eso fue algo contingente no necesario en un proceso hacia el socialismo y hoy, salvo algunos lunáticos, nadie considera que es posible un socialismo que no sea profundamente democrático, es decir, que exprese la voluntad de la mayoría de los ciudadanos y que respete a las minorías. Ahora bien, estamos ante la hegemonía del capitalismo y del neoliberalismo, en la cual han jugado su papel –como “críticos” de toda posibilidad e incluso de toda esperanza de superación del sistema–, ideologías o corrientes como el posmodernismo, que tiene una parcela en el denominado posmarxismo. Por tanto, el posmarxismo no es sino una variedad sutil, a veces, descarnada, otra, o simplemente ingenua, de los típicos oportunismos, de seguimientos de las modas intelectuales, de los desfallecimientos, e incluso de búsquedas honestas pero mal orientadas que han ocurrido en toda la historia del movimiento social. Parodiando lo que dijo Schumpeter, el marxismo y los movimientos críticos del neoliberalismo, son como un autobús que puede estar ocupado siempre por numerosas personas, aunque no siempre por las mismas, ya que muchas están dispuestas, por motivos heterogéneos, a seguir la ruta por una o varias estaciones pero que se bajan del mismo antes de llegar al final del recorrido. Esto constituye un “hecho social” indubitable, objetivo, más aún, cuando se trata de intelectuales académicos que en ciertos centros tienen que validar cada cierto tiempo su permanencia con publicaciones, y muchas veces tratar de dar corpus teórico a sus intereses para bajarse del autobús en la parada que les parece más conveniente a sus objetivos coyunturales o estratégicos y personales. Ello forma parte de lo esperado, como previsible es que nos muestren los profundos motivos intelectuales que les llevan a ello, a través de un ejercicio, casi siempre inteligente, de justificación razonada del renegar de sus antiguas ideas. En algunos casos se combaten ideas y metas universales que forman parte del núcleo duro del pensamiento progresista y socialista, para ir a parar y a justificar gobiernos de derecha, neoliberales, demagógicos, corruptos, y de otro tipo, que están infinitamente muy por debajo del horizonte intelectual que han despreciado y combatido, por ser pretendidamente obsoleto. LA DECONSTRUCCIÓN DEL MARXISMO La tarea de deconstrucción del marxismo que llevan a cabo L&M tiene uno de sus elementos más importantes en el concepto de hegemonía, por tanto, tenemos que volver a este asunto. Se trata por parte de los autores analizados de vaciarlo de todo el contenido que ha tenido en el marxismo hasta llegar al mismo Gramsci, para despojarlo de su “esencialismo”, su “determinismo económico” y su centralidad en el “sujeto clase social”. Veamos lo que exponen L&M al respecto: “El hilo conductor de nuestro análisis lo han constituido las transformaciones del concepto de hegemonía, en tanto…punto nodal fundamental de la teorización política marxista…detrás del concepto…se esconde algo más que un tipo de relación política complementario de las categorías básicas de la teoría marxista; con él se introduce, en efecto, una lógica de lo social que es incompatible con éstas últimas”. Frente al racionalismo del marxismo clásico, que presentaba a la historia y a la sociedad como totalidades inteligibles, constituidas en torno a “leyes” conceptualmente explicitables, la lógica de la hegemonía se presentó desde el comienzo como
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una operación suplementaria y contingente, requerida por los desajustes coyunturales respecto a un paradigma evolutivo cuya validez esencial…no era en ningún momento cuestionada…es la expansión y determinación de la lógica social implícita en el concepto de hegemonía –en una dirección que va más allá de Gramsci– la que nos provee de un anclaje a partir del cual las luchas sociales contemporáneas son pensables en su especificidad, a la vez que os permite bosquejar una nueva política para la izquierda, fundada en el proyecto de una radicalización de la democracia”.(²8)
Laclau y Mouffe explican que la crítica y deconstrucción que hacen del marxismo clásico lo podrían hacer otros desde otros presupuestos diversos llegando a similares conclusiones, si ellos lo hacen del marxismo, es porque:”para nosotros la validez de ese punto de partida (el marxismo clásico) se funda, simplemente, en el hecho de que él constituye nuestro propio pasado”.(²9) Dicho lo cual hay que señalar que ellos argumentan de la manera siguiente: “Así como ha concluido la era de las epistemologías normativas, ha concluido también la de los discursos universales”. Y continúan: “hoy nos encontramos ubicados en un terreno claramente posmarxista. Ni la concepción de la subjetividad y de las clases que el marxismo elaborara, ni su visión del curso histórico del desarrollo capitalista, ni, desde luego, la concepción del comunismo como sociedad transparente de la que habrían desaparecido los antagonismos, pueden seguirse manteniendo hoy”.(³0)
Y a seguidas agregan a modo de justificación de su rechazo del marxismo, aunque dicen apoyarse en la mejor tradición del marxismo no contaminado por el posterior “marxismo-leninismo” y el estalinismo: “La superación de una gran tradición intelectual nunca tiene lugar bajo la forma súbita de un colapso…aquellos discursos que constituyeron el campo del marxismo clásico pueden contribuir a la formación del pensamiento de una nueva izquierda”.(³¹) Ese pensamiento de la “nueva izquierda” que propugnan la quieren establecer con una crítica implacable de todo el marxismo, de Lenin a Gramsci, pasando por el marxismo estructuralista de Althusser. De Rosa Luxemburgo descalifican su determinismo económico y señalan que para ella el siguiente dilema: “o bien el capitalismo conduce a través de sus leyes necesarias a la proletarización y a la crisis; o bien, esas leyes necesarias no operan en la dirección esperada…es el juego de suma cero de todas las concepciones economicistas y reduccionistas”. Frente a este espectáculo “dogmático”, los autores nos proporcionan una alternativa de luces y fuego fatuo: “Si, por el contrario movemos la frontera en el sentido opuesto, al punto que la identidad clasista de los sujetos políticos pierda su carácter necesario, el espectáculo que surge ante nuestros ojos no tiene nada de imaginario: es el espectáculo de las formas originales de sobredeterminación que han asumido las luchas sociales en el Tercer Mundo, con la construcción de identidades políticas que tienen poco que ver con estrictos límites de clase; es el surgimiento del fascismo, que quebrantaría brutalmente la ilusión del carácter necesario de ciertas articulaciones clasistas; son las nuevas formas de lucha en los países de capitalismo avanzado, donde en las últimas décadas hemos asistido a la constante
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emergencia de nuevos tipos de subjetividad política que cortan transversalmente las categorías de la estructura económica y social”. (³²)
Respecto a Karl Kautsky trata de desmontar el que llama paradigma kautskiano. Que exponen de esta manera: “El paradigma kautskiano consiste en una simplificación del sistema de diferencias estructurales constitutivos de la sociedad capitalista”(³³) Para Laclau y Mouffe, Kautsky nos presenta una teoría de la simplificación de la estructura social y de los antagonismos en el interior de la misma, ya que según él la sociedad capitalista avanza hacia una creciente concentración de la propiedad y la riqueza en manos de unas pocas empresas y, hay una rápida proletarización de los más diversos estratos y categorías profesionales. Llamo la atención a que tengamos en cuenta si ese proceso en las sociedades actuales de capitalismo avanzado se ha cumplido o no, y vemos que es un hecho respecto a la concentración empresarial. La proletarización es sinónimo en Kautsky de condición de asalariado, de los trabajadores que venden su fuerza de trabajo por un salario, y en las sociedades capitalistas más avanzadas casi todos somos asalariados; y respecto a la pauperización, el inmenso precariado, el paro juvenil, la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios en los últimos treinta o cuarenta años, y los recortes en la asistencia social y en las prestaciones del Estado de Bienestar, vendrían a demostrar factualmente lo siguiente: Que Kaustky está más cerca de la realidad social objetiva, incluso actual, que Laclau y Mouffe, si nos atenemos a los datos en el capitalismo avanzado. Por tanto, es cierto que para Kautsky: “El capitalismo cambia, pero este cambio no es sino el despliegue de sus tendencias y contradicciones endógenas”. (³4) Como se puede comprobar empíricamente. Más interesante es la cita que hace Laclau(³5), sobre la constitución de la unidad de clase, ya que desde Miseria de la filosofía, se señalaba que la unidad entre inserción económica y organización política de la clase era un proceso no acabado, que se trataba de entender distinguiendo entre “clase en sí” y “clase para sí”. Al contrario, Kautsky para 1890 consideraba “la formación del proletariado como clase era un fait accompli; ya se había constituido como clase y permanecería como tal en el futuro. Al proletariado organizado sólo le restaba encaminarse a su misión histórica, y el partido debía tan sólo participar en su realización”. (³5). Lo cierto es que esta conceptualización la hizo Kautsky pensando en la situación en Alemania. Por ende, no es generalizable a la situación en Gran Bretaña, Francia, EE.UU., o en otros lugares donde la burguesía liberal no era tan débil como lo era en Alemania en ese momento. Ese paradigma, por ende, expresan Laclau y Mouffe estaba en crisis y reflejaba una “crisis del marxismo”, término que usó ya en 1898 Thomas Masaryk. La crisis se reflejaba en la mayor complejidad de un capitalismo organizado, la fragmentación de las distintas posiciones de los agentes sociales y no la unidad que hubiera debido existir entre ellos. Esa crisis del paradigma marxista en general se inició allí, ya que debía dar cuenta de esas variedades y no podía reducirlas a un discurso que consideran L&M que era “profundamente monista. El problema del marxismo a partir de entonces habrá de ser el de cómo pensar esas discontinuidades y, a la vez, el de las formas de reconstitución de la unidad de los elementos heterogéneos y dispersos”.(³6)
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RESPUESTAS A LA CRISIS DEL MARXISMO Una de las respuestas a la anunciada crisis temprana del marxismo la constituye – según L&M–, la ortodoxia marxista de Kautsky y Plejánov. Se le asigna a la teoría un nuevo papel que ya no es sistematizar las tendencias históricas y el tipo de articulación postulado por el paradigma marxista observables en la realidad social “sino la de erigirse en garantía de una futura coincidencia entre estas tendencias y el tipo de articulación social postulado por el paradigma marxista”. (³7) Kautsky es consciente de las dificultades que enfrenta el partido socialdemócrata con la fragmentación en su seno de diversos intereses y tendencias fragmentarias y es consciente de que cuanto más predominan los intereses materiales más tendencias fragmentarias. Y que ello muestra la limitación de la acción sindicalista que no proporciona ni la unidad ni la búsqueda del objetivo socialista de la clase trabajadora. Esto debería conllevar un papel más relevante del partido marxista: “el partido busca…alcanzar un objetivo que liquide de una vez por todas la explotación capitalista. Respecto a este objetivo final el trabajo sindical, pese a su indispensabilidad e importancia, puede ser bien definido como un trabajo de Sísifo, no en el sentido de trabajo inútil, sino de un trabajo que no concluye jamás y que debe ser siempre recomenzado”.(³8)
Pero como parecía claro que la clase obrera no se orientaba en una dirección socialista, Kautsky ve en los intelectuales la posibilidad de que jueguen un papel importante introduciendo la conciencia socialista en los trabajadores. Idea que utilizó Lenin a fondo y expuso en ¿Qué hacer? Subrayan L&M la importancia que comienza a jugar la apelación a la “necesidad” en el marxismo de la Segunda Internacional, idea que se ve reforzada por la unión entre marxismo, darwinismo y dialéctica hegeliana. Hay leyes de evolución ineluctables que llevan a un futuro socialista. Además, a través del empleo de los argumentos de apariencia y de contingencia, se trataba de reducir la importancia de las diferencias que iban surgiendo. Argumento de apariencia: todo lo que se presenta como diferente puede ser reducido a identidad. Bien porque se oculta con una apariencia, o porque es una manifestación de la esencia. (Ejemplos: el nacionalismo es una pantalla que oculta los intereses de la burguesía. O, el Estado liberal es una forma política necesaria del capitalismo). Argumento de contingencia: aunque una categoría social sea “irreductible a las identidades postuladas como centrales a una forma de sociedad…su marginalidad respecto a la línea fundamental del desarrollo histórico nos permite desdeñarlo como irrelevante (Ejemplo: “el capitalismo conduce a la proletarización de las clases medias y del campesinado y, por consiguiente, podemos ignorar a aquellos sectores y concentrar nuestra estrategia en el conflicto burguesía/proletariado”. (³9) La historia es vista como la progresiva concretización de lo abstracto, que lleva a realizar el paradigma marxista: “El marxismo pretende conocer –en sus determinaciones esenciales– el curso ineluctable de la historia”, por ende, “entender un acontecimiento presente sólo puede consistir en identificarlo como momento en una sucesión temporal fijada a priori”. (40) Los autores que nos ocupan consideran que esa lógica de la necesidad del
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marxismo conducía a un quietismo, como si el hecho de saber lo que ocurrirá en el devenir histórico, la certeza de la revolución socialista, se manifestara en la actitud que difunde el famoso refrán de “sentarse en la puerta de su tienda a ver pasar el cuerpo del enemigo muerto”. Esa idea la comparten con Sorel, al que citan para dar fuerza a su argumento de la pasividad a que conduce la certeza existente en el materialismo histórico de la naturaleza finita del capitalismo y su sustitución por otra manera de organizar la sociedad (que los marxistas pretenden y luchan para que sea socialista). La cita de Sorel es la siguiente: “Leyendo las obras de los socialistas democráticos uno queda sorprendido por la seguridad con la que ellos disponen del porvenir; ellos saben que el mundo se encamina hacia una revolución inevitable, de la que conocen las consecuencias generales. Algunos de ellos tienen una fe tal en su propia teoría que concluyen en el quietismo”.(4¹)
Toda esa concepción del marxismo para L&M lleva al siguiente paso: “La reducción de lo concreto a lo abstracto…la pluralidad de diferencias son o bien reducidas o bien desechadas como contingentes; el sentido del presente es debelado a través de su localización en una sucesión apriorística de etapas…la historia, la sociedad y los agentes sociales tienen, para la ortodoxia, una esencia que opera como principio de unificación de los mismos. Y como esta esencia no es inmediatamente visible, se hace necesario distinguir entre una superficie o apariencia de la sociedad y una realidad subyacente a la misma y a la que...debe necesariamente remitirse el sentido último de toda presencia concreta”.(4²)
Para Kautsky el sujeto de la estrategia era el partido de la clase trabajadora, por ello rechaza la concepción de un “partido popular”, que transfiriera los intereses de otras clases al partido y éste perdiera su carácter revolucionario. Esto, según nuestros autores, conllevaba una estrategia conservadora. ¿Por qué? Debido a que conducía al rechazo de todo compromiso o alianza, a un quietismo, a una espera. Las tareas del partido eran básicamente dos, organizar a la clase trabajadora y hacer propaganda socialista, reforzando así, la identidad de clase trabajadora. Y la idea organizativa –siempre según el punto de vista de Laclau y Mouffe–, no es fomentar una participación política creciente en diversos frentes sino construir un ghetto de la clase trabajadora(4³) Todo se puede resumir para Laclau en este apotegma de Kaustky: “Nuestra tarea no es organizar la revolución, sino organizarnos para la revolución; no hacer la revolución, sino aprovecharnos de ella”.(44)
Se entiende que ésta es la interpretación de Laclau y Mouffe de Kautsky. Por muy denostado que haya estado por Lenin y por Rosa Luxemburgo –a veces con observaciones válidas y otras erróneas–, el marxismo de éste, aunque luego y pasados más de cien años se le pueda ver como rígido, y sin esa plasticidad que suelen tener los intelectuales cuya labor es simplemente leer, escribir y pensar. Kautsky era un
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revolucionario, un marxista ilustrado –en su tiempo era reconocido como el “gurú” marxista por antonomasia–, y un organizador, un verdadero y cabal “intelectual orgánico” de la clase trabajadora. Sus ideas vistas con la distancia y la panorámica que nos da el tiempo transcurrido y, a lo que ha conducido el leninismo (o su distorsión si así se quiere) en la URSS, lo que produce para un marxista occidental o para un observador que trate de ser objetivo y lo más científico posible, es admitir que sus ideas eran válidas, al menos para los países capitalistas más desarrollados, con una clase trabajadora amplia. Es inútil ignorar a que condujo el “socialismo” “marxista-leninista” en países atrasados. El pensamiento de Kautsky –con todas las carencias que se le pueda encontrar hoy y con todo el rigorismo del pensamiento germánico del que pueda estar impregnado–,era más adecuado y menos dogmático,en esencia,que el que enarbolaban algunos de sus críticos,aunque quizás menos audaz. Por lo menos, si se admite que el socialismo marxista no es un “modelo” de desarrollo económico acelerado de industrialización, para el paso del subdesarrollo al desarrollo, sino algo muy diferente, una etapa superior de organización social, política y económica de la sociedad. Allí donde se haya producido un desarrollo importante de las fuerzas productivas mediante la organización capitalista de las relaciones de producción, las ecuaciones socialismo = democracia y socialismo = alto desarrollo de las fuerzas productivas, se derivan de las ideas marxistas –si se quiere ortodoxas, en el buen sentido–, que Kaustky defendía, tanto en lo intelectual como en el plano organizativo y práctico. Una mala caricatura del marxismo de Kautsky solo sirve para buscar subterfugios para tratar de cargarse con él y otros marxistas (como es el caso con la interpretación de la hegemonía de Gramsci que hace Laclau), el mismo marxismo, y no sólo a sus figuras relevantes y a sus epígonos. La deconstrucción del pensamiento de Rosa Luxemburgo, Kautsky, Plejanóv, Bernstein, el austro-marxismo, etc., son el medio para tirar al blanco estratégico: Karl Marx. Para de esa manera tener el camino expedito para lanzarse, después de triturar el marxismo, en los brazos de la “democracia radical” y posteriormente, en la “razón populista”. Un fiasco como alternativa al marxismo. EL FIN DE LA CLASE SOCIAL COMO SUJETO A L&M la clase social como sujeto político no le parece algo necesario. Por eso después de repasar las ideas del marxismo desde la Segunda Internacional llega a expresar: “cada vez que una corriente marxista intentaba romper con el economicismo y fundar, a algún otro nivel, la unidad de clase: ¿Por qué ese sujeto reconstituido política o míticamente (caso ya señalado de Sorel, CJBE) tiene que ser un sujeto de clase?”. (45) Obviamente, se trata de ir poniendo los pilares de su sustitución por otros sujetos, la multiplicidad de identidades, etnias, razas, y movimientos diversos, desde el ecologismo a los gays, lesbianas y transexuales. Nuestros autores dan por sentado que: “la unidad clasista de los agentes sociales se fundaba, en el discurso de la Segunda Internacional, en bases crecientemente débiles y que consistían en un juego de espejos: la fragmentación económica no lograba constituir la unidad de clase y reenviaba a la recomposición política; pero la recomposición política no podía fundar el carácter clasista necesario de los agentes sociales”.(46) Otra vez debemos hacer referencia al concepto de hegemonía ya que el mismo es útil
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para explicar los objetivos a los que quieren llegar Laclau y Mouffe. Siguiendo la explicación histórica del concepto de hegemonía desarrollado por Perry Anderson(47) tenemos que el concepto le llega a Gramsci a través de la socialdemocracia rusa vía el Komintern. Con hegemonía los rusos querían explicar que debido a la existencia de una burguesía insuficientemente desarrollada, la clase obrera tenía que asumir tareas que no le serían propias, tareas de la burguesía, que de ésta haberse desarrollado normalmente, seguiría el desarrollo histórico según las etapas fijadas por Plejanov y otros marxistas de acuerdo al materialismo histórico. Recordemos que en feliz frase de Gramsci la revolución rusa fue una “revolución contra El Capital”. Hegemonía fue el nombre que se le dio a esa relación anómala en que la clase obrera asume taras propias de la burguesía. Trotsky fue el principal defensor de que la clase obrera asumiera las tareas pendientes de una burguesía inoperante por su inmadurez y que se efectuara una transición directa al socialismo. En polémica con Radek señala que si la revolución socialista se inició en Rusia antes que en la avanzada Europa, se debió a un hecho histórico: “En la realidad las cosas han sucedido así…Si la conquistamos antes que en Occidente, fue precisa y únicamente porque la historia combinó orgánicamente…el contenido sustancial de la revolución burguesa con la primera etapa de la revolución proletaria”. Y continúa afirmando: “es absurdo sostener que, en general, no se pueda saltar por alto una etapa. A través de las “etapas” que se derivan de la división teórica del proceso de desarrollo enfocado en su conjunto, esto es, en su máxima plenitud, el proceso histórico vivo efectúa siempre saltos, y exige lo mismo de la política revolucionaria en los momentos críticos. Se puede decir que lo que mejor distingue al revolucionario del evolucionista vulgar consiste precisamente en su talento para adivinar estos momentos y utilizarlos”. (48)
Pero ese concepto de hegemonía es visto como algo circunstancial, factual, y además, tanto Lenin como Trotsky, consideraban que la supervivencia del Estado soviético tendría viabilidad si se producía la revolución socialista en los países industriales avanzados de Europa que vendría en socorro de la revolución rusa. “Para el leninismo, la hegemonía es considerada como dirección política en el seno de una alianza de clases. El carácter político del vínculo hegemónico es fundamental…siendo el campo de las relaciones de producción el terreno específico de constitución de las clases, la presencia de éstas en el campo político sólo puede concebirse como representación de intereses. Las clases, a través de sus partidos representativos se unen, bajo el liderazgo de una de ellas, en una alianza contra el enemigo común. Pero esta unidad circunstancial no afecta la identidad de las clases componentes de la alianza, identidad que es concebida bajo la forma de “intereses” que, en última instancia, son estrictamente incompatibles (“golpear juntos y marchar separados”). (49)
L&M emplean la concepción de Lenin y del marxismo en general de darle centralidad a la clase obrera como un “pecado capital” que le condiciona para ejercer un liderazgo democrático, ya que partiendo de ese papel atribuido a la clase trabajadora, toda acción política, va siempre subordinada al logro de los objetivos últimos de esta clase. Ellos lo explican de esta manera:
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“La centralidad atribuida a la clase obrera no es una centralidad práctica; es una centralidad ontológica, sede a su vez de un privilegio epistemológico: en su calidad de clase “universal” el proletariado –o más bien su partido– es el depositario de la ciencia. En este punto, la escisión entre la identidad de la clase y la identidad de las masas pasa a ser permanente”.
La posibilidad de este giro autoritario estaba, de algún modo, presente desde la constitución misma de la ortodoxia marxista; es decir, desde el momento en que un actor limitado –la clase obrera– era elevado al rango de “clase universal”. ¿Cuál era la diferencia entre Lenin y los principales teóricos de la Segunda Internacional en este asunto? Que para ellos la centralidad política de la clase trabajadora debía coincidir con la “proletarización” (en el sentido de convertirse en asalariados) del resto de los estratos sociales, (parte de la pequeña burguesía y del campesinado), y por lo tanto, afirman nuestros autores, “no hay lugar para una escisión entre clase y masas”. (50) Para L&M la práctica del marxismo clásico u ortodoxo de la hegemonía es una práctica autoritaria en tanto que la hegemonía es concebida de tal manera que es una manipulación de los otros sectores por la considerada clase hegemónica. Sin embargo, consideran los autores que: “Sin hegemonía, la práctica socialista sólo puede concentrarse en las reivindicaciones e intereses de la clase obrera”. Por tanto para que se dé una práctica democrática de la hegemonía ésta debe basarse en un cuestionamiento del “modelo base/ superestructura”. Y “en la medida en que la identidad de los agentes sociales deja de estar referida exclusivamente a su inserción en las relaciones de producción y pasa a ser el resultado de la articulación precaria entre varias posiciones de sujeto, es la identificación misma entre agentes sociales y clases lo que está implícitamente cuestionado”. (5¹) Es decir, las clases sociales no tienen ningún interés sino que lo importante son los agentes sociales, es decir, los individuos, los ciudadanos, y todas las identidades que sustituyen en el discurso posmodernista a las clases sociales. En la práctica autoritaria de la hegemonía –exponen Laclau y Mouffe– se debe fijar de antemano el “sentido clasista de cada reivindicación o tarea. Hay demandas burguesas democráticas, demandas pequeñoburguesas, etc. y su progresividad relativa se establece a través de un cálculo político que analiza toda coyuntura en términos del modelo tradicional de las etapas y de las alteraciones introducidas por su combinación desigual…el leninismo no intenta construir a través de la lucha una identidad de masas no predeterminada por ninguna ley necesaria de la historia. Por el contrario, sostiene que hay un “para sí” de la clase al cual sólo tiene acceso la vanguardia esclarecida que, por tanto, tiene una actitud meramente pedagógica respecto a la clase obrera. Es en este entrecruzamiento entre ciencia y política donde está la raíz de la política autoritaria”.(5²) Toda esta práctica autoritaria de la hegemonía que cristalizó en el espíritu de la bolchevización fue expuesto brillantemente por Zinoviev en 1924, cuando se trataba de que los Partidos Comunistas del mundo siguieran la línea dictada desde Moscú: “Bolchevización significa firme voluntad de luchar por la hegemonía del proletariado, significa odio ardiente por la burguesía, por los jefes contrarrevolucionarios de la socialdemocracia, por el centrismo y los centristas, por los semi centristas... por todos los abortos de la ideología burguesa…Bolchevización es el marxismo en acción, es dedicación a la idea de la dictadura del proletariado, a la idea del leninismo”.(5³)
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Esta línea de “clase contra clase” prevaleció hasta la decisión de luchar contra el fascismo y formar los Frentes Populares en el VII Congreso del Komintern y con el informe de George Dimitrov. Como señalan L&M: “Se deja aquí implícitamente atrás la concepción de la hegemonía como simple y externa alianza de clases, y se pasa a concebir a la democracia como terreno común que no se deja absorber por ningún sector específico. En estas condiciones, la posibilidad de mantener una estricta separación entre tareas hegemónicas e identidad clasista resulta cada vez más difícil”. En cuanto a las revoluciones dirigidas por comunistas en China, Vietnam, Cuba, la valoran de esta manera, en ellas: “la identidad popular de masas es distinta y más amplia que la identidad de clase”.(54) Cuando se emplea el término sectores populares y se incluye en el mismo desde la clase trabajadora hasta la burguesía nacional y democrática no se hace una equivalencia entre todos los componentes, pero si se expresa su oposición, con el polo dominante. A este respecto exponen nuestros autores algo muy interesante sin duda: “desde el punto de vista estrictamente clasista no hay identidad alguna entre los distintos sectores del polo popular, ya que cada uno de ellos tiene intereses diferenciados e incluso antagónicos; pero la relación de equivalencia que se establece entre ellos, en el contexto de su oposición al polo dominante, construye una posición discursiva “popular” diferente e irreductible a las posiciones de clase….En los discursos marxistas de la Segunda Internacional no había enumeraciones equivalentes. Para Kautsky, cada sector de clase ocupaba un lugar diferencial específico en la lógica del desarrollo capitalista, uno de los rasgos distintivos del marxismo había sido…la disolución del “pueblo” en tanto categoría amorfa e imprecisa y la reducción de todo antagonismo social a una confrontación de clases que se agotaba en su propia literalidad”.(55) En fin, para L&M, se emplea la categoría de pueblo para un proyecto de construcción política. Nuestros autores hacen también una crítica de la noción de “alianza de clases” ya que no resulta válida, debido a lo siguiente: “hegemonizar a un conjunto de sectores no es… un simple acuerdo coyuntural o momentáneo; es construir una relación estructuralmente nueva y…diferente de la relación de clases. Esto nos muestra que el concepto de “alianza de clases” es totalmente insuficiente para caracterizar a la relación hegemónica, ya que reducir esta última a aquél tiene tan poco sentido como pretender describir un edificio adicionando la descripción de todos los ladrillos que lo componen”. Por eso consideran que en un momento dado debe darse un “equivalente general”, en el que cristalice simbólicamente la relación. Y de esta manera es que emergen símbolos nacional-populares o popular-democráticos en el plano político que –y esto para ellos es importante en su lucha contra todo lo que le de centralidad a las clases sociales–, esos símbolos “constituyen posiciones de sujeto distintas de las de clase”. (56) Así pues, en una era de complejidad social y “dominado por prácticas recompositivas”, dicen los autores, “¿no implica esto que la identidad clasista de los sujetos hegemónicos está puesta en cuestión? ¿En qué medida podemos seguir hablando de un núcleo de clase como principio articulador de las distintas posiciones de sujeto?”. Lo que proponen es sustituir el principio de representación por el de articulación,aceptando la diversidad de los diversos agentes sociales y que el grado de unidad que se pueda lograr será el resultante de una lucha y construcción política.Si la clase obrera es el agente hegemónico,esto se debe no a “ningún privilegio estructural apriorístico”, sino a sus iniciativas políticas y que haya logrado articular en torno a sí “una variedad de luchas y reivindicaciones democráticas”. (57)
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Llegados a este punto Laclau y Mouffe, explican que lo que hay de nuevo en Gramsci es lo relativo a la recomposición política y a la hegemonía que va más allá de la categoría leninista de alianza de clases. Gramsci lo expuso por vez primera en sus “Notas sobre la cuestión meridional” cuando escribe que el proletariado puede llegar a ser clase dirigente y dominante si crea un sistema de alianzas que movilice a la mayor parte de la población trabajadora contra el capitalismo y el Estado burgués. Donde las relaciones de clase implican una importante población campesina como en la Italia de su tiempo, se debe ganar el consentimiento de las masas campesinas. En este texto se refiere a la cuestión política, más tarde introduciría que hay que tener una dirección además, “intelectual y moral”, que sería un concepto más amplio de la hegemonía que los anteriores.(58) El liderazgo intelectual y moral implica como expone Laclau y Mouffe “que hay un conjunto de “ideas” o “valores” que son compartidos por varios sectores…que ciertas posiciones de sujeto corten transversalmente a varios sectores de clase. Un liderazgo intelectual y moral constituye para Gramsci una síntesis más alta, una “voluntad colectiva” que, a través de la ideología, pasa a ser el cemento orgánico unificador de un “bloque histórico”.(59) Tenemos entonces la concepción de Gramsci de la materialidad de la ideología encarnada en aparatos e instituciones y que sirve como cemento orgánico que unifica el bloque histórico. Todo ello es nuevo con relación a la visión leninista. Y además, las articulaciones hegemónicas gramscianas no tienen el éxito garantizado basado en alguna ley histórica que deberá cumplirse inexorablemente. Para Gramsci una clase no toma el poder del Estado sino que “deviene Estado”. Aunque la concepción de Gramsci tiene todos los elementos para que Laclau considere que es una “práctica democrática hegemónica”, hay un pero, que lo frustra, el que enlaza al pensador italiano con el marxismo clásico: “para Gramsci incluso si los diversos elementos sociales tienen una identidad tan sólo relacional, lograda a través de la acción de prácticas articulatorias, tiene que haber siempre un principio unificante en toda formación hegemónica, y éste debe ser referido a una clase fundamental”. Y en segundo lugar, Gramsci otorga la centralidad a la clase obrera. Como nuestros autores lo que pretenden es negar la importancia que tiene la clase social, como este es su objetivo a través de este libro, acusan el carácter “esencialista” que hay en Gramsci, ya que en definitiva la lucha política para él sería un juego de suma cero entre las clases. La hegemonía para Gramsci debe responder a una clase económica fundamental y eso es para Laclau reafirmar “la determinación en última instancia por la economía”.(60) HACIA UNA DEMOCRACIA RADICAL Para los autores que analizamos, en las sociedades capitalistas avanzadas se da una gran proliferación de espacios políticos y a la vez una mayor complejidad para que se produzca la articulación. En estas sociedades esto supone que lo que se plantea son “luchas democráticas”, que ellos oponen a lo que llaman “luchas populares”, que se dan en los casos “en que ciertos discursos construyen tendencialmente la división de un único espacio político en dos campos opuestos”. ‘(6¹) Estas últimas sólo se dan en coyunturas muy específicas.
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La tesis que defienden en hegemonía socialista L&M, es la necesidad de un proyecto de una democracia radicalizada. La base de la misma tiene que ser aceptar “la pluralidad e indeterminación de lo social”, para construir un nuevo imaginario político que sea radicalmente libertario y “más ambicioso en sus objetivos que el de la izquierda clásica”. (6²) Ahora bien, para ello hay que desechar a los agentes “apriorísticamente privilegiados, como lo serían las clases, también la referencia a todo principio que asignara a la resistencia contra las diversas formas de subordinación un carácter inevitable. “No hay… nada inevitable o natural en las distintas luchas contra el poder…podemos afirmar con Foucault, que en todo lugar donde hay poder hay resistencia, es preciso también reconocer que las formas de resistencia pueden ser extremadamente variadas”. (6³) En cuanto al sujeto insisten en que se debe abandonar la idea de un sujeto unificador y reconocer lo específico de los diversos antagonismos “constituidos a partir de diferentes posiciones de sujeto”lo cual hace posible una concepción pluralista y democrática. Siendo por tanto la democracia radical y plural una apuesta y una “lucha por una máxima autonomización de esferas, sobre la base de la generalización de la lógica equivalencial-igualitaria”. (64) La izquierda tiene que rechazar la concepción de la clase obrera como “clase universal”, señalan Laclau y Mouffe, pero no para tratar de buscar un nuevo sujeto revolucionario de recambio en los movimientos sociales sean éstos ecologistas, feministas, estudiantiles, de las masas marginales, de los excluidos, etc. Lo importante para ellos es tener en cuenta que: “No hay posición privilegiada única a partir de la cual se seguiría una continuidad uniforme de efectos que concluirían por transformar a la sociedad en su conjunto”. (65) Por tanto, lo pertinente es partir de la idea de que construir una alternativa hegemónica de izquierda debe realizarse mediante un complejo proceso de convergencia y construcción política, articulando todos los sujetos posibles. Ello debe hacerse no renegando sino aceptando la ideología liberal-democrática y tratando de “profundizarla y expandirla en la dirección de una democracia radicalizada y plural”. (66) LA RAZÓN POPULISTA Años después de publicar Hegemonía y estrategia socialista donde presenta su proyecto de una democracia radical, Laclau publica La razón populista(65). El libro trata de la lógica de formación de las identidades colectivas. El autor rechaza las diferentes perspectivas sociológicas que tratan de explicarlo, ya sea la estructural-funcionalista y el individualismo metodológico, incluida la escuela de la elección racional. El método seguido por Laclau ha sido dividir la unidad del grupo en unidades menores que llama demandas. La unidad del grupo es el resultado de una articulación de las demandas. Pero esta unidad no es estable, ya que las demandas al ser reclamos al orden establecido, tienen una relación peculiar con este, es decir, estar dentro y fuera de él. Como el orden no puede absorber totalmente las demandas no se puede constituir en una totalidad coherente. Esto crea movimientos contradictorios que implican diferentes formas de articulación entre “la lógica de la diferencia y la lógica de la equivalencia”.(67) Se necesita un cemento social que una los elementos heterogéneos, papel que ocupa el afecto en la constitución social. Como lo entendió Freud el lazo social es un lazo libidinal.
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Dice el autor que lo que está implícito en el rechazo y el desdén por el populismo “es un rechazo de la política tout court que se sustituye por una visión administrativista que encuentra su fuente de legitimidad en el “conocimiento apropiado de lo que es la “buena” comunidad…El populismo estuvo siempre vinculado a un exceso peligroso, que cuestiona los moldes claros de una comunidad racional. El populismo es simplemente un modo de construir lo político”.(68) POPULISMO: AMBIGÜEDADES Y PARADOJAS Con el término de populismo se describe a una amplia variedad de movimientos políticos. Sin embargo,la literatura sobre el tema encuentra siempre dificultad para dar un significado preciso al concepto. Gino Germani se refiere al populismo de la manera siguiente: “El populismo por sí mismo tiende a negar cualquier identificación…dentro, de la dicotomía izquierda/derecha. Es un movimiento multiclasista, aunque no todos los movimientos multiclasistas pueden considerarse populistas…el populismo generalmente incluye componentes opuestos, como ser el reclamo por la igualdad de derechos políticos y la participación universal de la gente común, pero unido a cierta forma de autoritarismo a menudo bajo un liderazgo carismático. También incluye demandas socialistas; al menos la demanda de justicia social, una defensa vigorosa de la pequeña propiedad, fuertes componentes nacionalistas, y negación de la importancia de la clase. Esto va acompañado de la afirmación de los derechos de la gente común como enfrentados a los grupos de interés privilegiados, generalmente considerados contrarios al pueblo y a la nación. Cualquiera de estos elementos… están presentes en la mayoría de los movimientos populistas”. (69)
Laclau se remite a los estudios de Margaret Canovan (70) y al compilado por Ghita Ionescu y Ernest Gellner (7¹) Tratando de encontrar una explicación más sustancial del populismo o de los populismos Laclau formula una serie de preguntas claves: “la “vaguedad” de los discursos populistas, ¿no es consecuencia, en algunas situaciones, de la vaguedad e indeterminación de la misma realidad social?” y en ese caso, “¿no sería el populismo, más que una tosca operación política ideológica, un acto performativo dotado de una racionalidad propia, es decir, que el hecho de ser vago en determinadas situaciones es la condición para construir significados políticos relevantes?”. (7²) Encuentra que el populismo realiza un trabajo político de simplificación de la escena política llevando a una dicotomía, que conduce a tener muy claro la dialéctica de quiénes están conmigo y quiénes son los adversarios o enemigos: pueblo contra la oligarquía, masas trabajadoras versus explotadores, patriotas versus vendepatria, nacionales versus rojos, fascistas versus demócratas, etc. Estos polos suelen ser imprecisos para así poder captar al mayor número de sujetos para su campo. Esto implica tener una clara línea de delimitación entre los dos campos, es decir, unas fronteras políticas. Laclau considera que esta lógica de la simplificación y de la imprecisión constituyen elementos esenciales del accionar político: “El populismo “simplifica” el espacio político, al reemplazar una serie compleja de diferencias y determinaciones por una cruda dicotomía cuyos dos polos son necesariamente imprecisos.
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Por ejemplo, en 1945, el general Perón adoptó una postura nacionalista y aseveró que la opción argentina era la elección entre Braden (el embajador estadounidense) y Perón. Y, como es bien sabido, esta alternativa personalizada tiene lugar en otros discursos mediante dicotomías como ser el pueblo vs. la oligarquía, las masas trabajadoras vs. los explotadores, etcétera….existe en…estas dicotomías –así como en aquellas constitutivas de cualquier frontera político-ideológica –una simplificación del espacio político (todas las singularidades sociales tienden a agruparse alrededor de algunos de los dos polos de la dicotomía), y los términos que designan ambos polos deben necesariamente ser imprecisos (de otro modo, no podrían abarcar todas las particularidades que supuestamente deben agrupar). Ahora bien, si esto es así, ¿no es esta lógica de la simplificación y de la imprecisión, la condición misma de la acción política?”. (7³)
EL PUEBLO Y LA PRODUCCIÓN DISCURSIVA DEL VACÍO Al populismo se le han endilgado unos calificativos peyorativos que Laclau rechaza con estos argumentos: “Los dos presupuestos peyorativos a los cuales nos referimos son: 1) que el populismo es vago e indeterminado tanto en el público al que se dirige y en su discurso, como en sus postulados políticos; 2) que el populismo es mera retórica. Frente a esto opusimos una posibilidad diferente: 1) que la vaguedad y la indeterminación no constituyen defectos de un discurso sobre la realidad social, sino que, en ciertas circunstancias, están inscriptas en la realidad social como tal; 2) que la retórica no es algo epifenoménico respecto de una estructura conceptual autodefinida, ya que ninguna estructura conceptual encuentra su cohesión interna sin apelar a recursos retóricos. Si esto fuera así, la conclusión sería que el populismo es la vía real para comprender algo relativo a la constitución ontológica de lo político como tal”.(74)
También considera nuestro autor que el populismo es una forma de llevar a cabo la unidad del grupo, del “pueblo”, entendido como una relación entre agentes sociales. La articulación populista del grupo se lleva a cabo identificando a unas unidades más pequeñas que el grupo, éstas serían las demandas sociales (peticiones, reclamos). Si las demandas son satisfechas no hay motivos para continuar en conflicto, pero si esto no ocurre las demandas sociales insatisfechas se van acumulando y será cada vez más difícil resolverlas, al menos, individualizándolas, diferenciándolas unas de otras, llegado a este punto se puede producir lo que Laclau denomina una equivalencia, o sea, las demandas diferentes entran en una relación de equivalencia.(75) Una demanda que permanece aislada, se satisfaga o no, la denomina Laclau “demanda democrática”. Y califica como “demandas populares”, a una pluralidad de demandas que han sido articuladas como equivalentes, y que por ello dan lugar a una subjetividad social más amplia. Estas demandas populares van a ir constituyendo al “pueblo” como un actor político al menos potencial. Así pues, como afirma Laclau: “Tendremos dos precondiciones del populismo: a) la formación de una frontera interna antagónica separando el “pueblo” del poder, y b) una articulación “equivalencial” de demandas que hace posible el surgimiento del
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“pueblo”. c) Una tercera precondición, que surge si la movilización política alcanza un nivel más elevado es: la unificación de estas diversas demandas –cuya equivalencia, hasta ese punto, no había ido más allá de un vago sentimiento de solidaridad– en un sistema estable de significación”. (76) Sin embargo, la equivalencia no elimina las diferencias de las demandas, y eso siempre producirá una tensión en esa relación ya que una de las precondiciones para: “el surgimiento del populismo es la expansión de la lógica de las equivalencia a expensas de la lógica de la diferencia”. La equivalencia no intenta eliminar las diferencias. La diferencia continúa operando dentro de la equivalencia, aunque sea en una relación detensión con ella. “Toda identidad social es constituida en el punto de encuentro de la diferencia y la equivalencia”. (77) Hay que destacar también en la argumentación de Laclau la distinción que hace entre lo que llama la “totalidad institucionalista” y la “totalidad populista”, en ésta última existe una frontera antagónica y de exclusión que divide a la sociedad en dos campos. Pero el “pueblo” aspira a ser la única totalidad legítima, es una parte que aspira a ser el todo. Señala que el pueblo puede ser concebido como populus –el cuerpo de todos los ciudadanos–, o como plebs, los menos privilegiados. “El pueblo del populismo es una plebs que reclama ser el único populus legítimo…hay una parte que se identifica con el todo”.(78) Laclau utiliza la noción de “frontera antagónica” para señalar que el populismo concibe a la sociedad como “dos campos irreductibles estructurados alrededor de dos cadenas equivalenciales incompatibles”.(79) Esta división presupone…la presencia de algunos significantes privilegiados que condensan en torno de sí mismos la significación de todo un campo antagónico (el “régimen”, la “oligarquía”, los “grupos dominantes”, etc., para el enemigo; el “pueblo”, la “nación”, la “mayoría silenciosas”, etc., para los oprimidos. Cuáles de éstos significantes van a adquirir ese rol articulador va a depender, obviamente, de una historia contextual).(79) Para darse cuenta de los cambios que pueden producirse en las articulaciones hegemónicas, señala Laclau una diferencia entre los que llama el “rol ontológico y el contenido óntico”. El contenido óntico puede agotar su capacidad para jugar el rol ontológico, pero el rol permanece. Y otro contenido óntico puede jugar tal rol, con significantes de signo político muy diferente e incluso opuesto. Por ello hay una nebulosa entre el populismo de izquierda y de derecha, una tierra de nadie que puede ser cruzada en varias direcciones. Cita el caso del PCF que jugaba el rol de tribuno de los excluídos del sistema. Pero esa construcción de un pueblo de izquierda se vino abajo con el colapso del comunismo, pero “la necesidad de un voto radical de protesta permaneció, y como los significantes de izquierda habían abandonado el campo de la división social, este campo fue ocupado por significantes de la derecha. La necesidad ontológica de expresar la división social fue más fuerte que su adhesión óntica a un discurso de izquierda. Esto se tradujo en un movimiento considerable de quienes fueran votantes comunistas hacia el Frente Nacional”. (80) El resurgimiento de los populismos de derecha y de izquierdas en Europa tiene que ver con fenómenos similares. En definitiva, que mucha gente no encuentra en los partidos tradicionales un cauce de canalización y de defensa de sus demandas y también de sus “afectos”, de sus pulsiones, debido a que se han convertido en simples
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gestores del mantenimiento de un determinado orden político y económico sin tener en cuenta las demandas ciudadanas. Esto se debe a que funcionan de hecho como una especie de partido único con dos alas cuyas diferencias son de apenas “ajustes finos”, y se han autonomizado de sus electores, para servir a sus jefes de partido. También hay que tener en cuenta lo que afirma Laclau sobre casos límites donde lo que está en juego es el orden social mismo: “cuando la gente se enfrenta a una situación de anomia radical, la necesidad de alguna clase de orden se vuelve más importante que el orden óntico que permita superarla”. Se trata de algo semejante al orden hobbesiano si la sociedad está en un desorden total (estado de naturaleza), “cualquier cosa que haga el Leviatán es legítima –sin importar su contenido, siempre que el orden sea su resultado”.(8¹) ¿Cómo se evitaría la emergencia del populismo? Considera Laclau que: “Si la sociedad lograra alcanzar un orden institucional de tal naturaleza que todas las demandas pudieran satisfacerse dentro de sus propios mecanismos inmanentes, no habría populismo, pero, por razones obvias, tampoco habría política”. Ya que por “populismo” él no se refiere a un movimiento identificable por una base social especial o por una determinada orientación ideológica, sino que es sobre todo una lógica política.(8²) Así pues, ¿el populismo es la política en estado puro? ¿Lo político se ha convertido en sinónimo de populismo? A esto responde Laclau: “Sí…Al ser la construcción del pueblo el acto político par excellence – como oposición a la administración pura dentro de un marco institucional estable–, los requerimientos sine qua non de lo político son la constitución de fronteras antagónicas dentro de lo social y la convocatoria de nuevos sujetos de cambio social, lo cual implica…la producción de significantes vacíos con el fin de unificar en cadenas equivalenciales una multiplicidad de demandas heterogéneas. Pero éstas constituyen también los rasgos definitorios del populismo. No existe ninguna intervención política que no sea hasta cierto punto populista…(Aunque ello) no significa que todos los proyectos políticos sean igualmente populistas…En tipos de discurso más institucionalizados (dominados por la lógica de la diferencia), esa cadena se reduce al mínimo, mientras que su extensión será máxima en los discursos de ruptura que tienden a dividir lo social en dos campos”. (8³)
El populismo sería entonces, para nuestros autores, el elemento democrático en los sistemas representativos contemporáneos.
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CONCLUSIONES La teoría del discurso de Laclau y Mouffe ha recibido críticas tanto como herramienta para el estudio de la política como por su pretensión de ser una teoría general aplicable a toda la realidad, y por tanto, ser como una especie de teoría sustitutiva de las ciencias sociales. Norman Geras(84) hace una dura crítica de los postulados de Laclau y Mouffe, centrada en la negación del peso de las realidades extra discursivas, que conlleva que estos autores caigan en el relativismo. Afirma que el aparato teórico de Laclau es una inversión conceptual, un mero idealismo, al decir que todos los objetos obtienen su ser gracias al discurso, implica decir que no hay objetividad o realidad pre-discursiva. Esto conlleva que se pierda la distinción entre el “mundo real” y “lo hablado, escrito o pensado”.(85) Henry Veltmeyer va aún más lejos y acusa al posestructuralismo de Laclau y Mouffe de: “constituir un abandono del marxismo y el rechazo de los principios del materialismo histórico en los que éste se basa. En este contexto, afirmamos que el postmarxismo no es sino el último de una serie de ataques a la posibilidad de la Ciencia Social”. (86) Sin embargo, hay quienes –como Errejón– matizan estas críticas y se muestran más indulgentes, aunque también reconociendo la pertinencia de algunas de ellas: “Estas críticas contienen… un componente de indignación “escolástica” con la heterodoxia postmarxista de la interpretación de Gramsci que realizan Laclau y Mouffe. Sin embargo, apuntan a un peligro evidente en la teoría del discurso y la hegemonía: la débil línea que separa contingencia y relativismo. Esta línea de crítica revela una debilidad del enfoque”. (87) Slavoj Zizek considera que en “el relativismo de Laclau, se esconde una naturalización del orden democrático-liberal, por la conducción inevitable a un régimen abierto contingente en el que la crítica de las relaciones de explotación se vea sustituida por una pugna por el reconocimiento de identidades”.(88) Mientras que para Laclau el orden capitalista es así, implícitamente, el límite de la lucha antagónica, en Zizek es su “condición de posibilidad”. Reconociendo la importancia de estas identidades políticas, afirma la sobredeterminación de todas ellas por la lucha de clases, en tanto que es sólo la ausencia de ésta la que crea el “lugar vacío” por cuya hegemonización se dan las luchas de inclusión/ exclusión. De esta manera “la lucha de clases es la lucha principal, y su ausencia significa simplemente el triunfo de uno de los bandos contendientes”.(89) También se ha expuesto que a la teoría del discurso de Laclau se le puede dar dos usos, uno fuerte y otro débil. El primer uso niega la importancia de factores extra discursivos, como los factores económicos y sociales, y enfatiza por tanto la importancia de los discursos sobre lo político. El segundo uso, el débil, le da un mayor papel a los factores antes señalados y a los intereses, introduciendo en la teoría del discurso un mayor pluralismo metodológico.(90) Por tanto, algunos seguidores de esta teoría del discurso – como Errejón– afirman que ésta reduce sus debilidades cuando se fija objetivos menos ambiciosos, como es “describir discursos, –su emergencia, su permanencia, sus modificaciones– y analizar sus operaciones para hacer inteligibles los cambios políticos, más que ser la única medida de explicación de los fenómenos sociales”. (9¹) Posición que nos parece más pertinente al situar el campo propio de la teoría del discurso. En todo caso hay discursos que están más cercanos a la realidad que otros, y por ende,
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son mas ciertos, y nos permiten comprender mejor la sociedad, expuesto con las palabras de Zizek: “el término que señala lo ausente –la plenitud de la sociedad– será homogenizado por aquél significado específico que proporcione mayor y más certera “legibilidad”a la hora de entender la experiencia cotidiana, es decir, el significado que permita a los individuos plasmar en un discurso coherente sus propias experiencias de vida”.(9²) Laclau y Mouffe en su libro Hegemonía socialista hacen un fuerte ataque al marxismo, pero no solo en lo que respecta a la determinación en última instancia de lo económico y las relaciones base/superestructura, al esencialismo y su concepción teleológica, sino al sujeto fundamental de la estrategia marxista para superar el capitalismo y crear una nueva sociedad socialista, la clase trabajadora, y a las condiciones para ir ganando fuerzas para este objetivo a través de una hegemonía que conlleva una determinada forma de dirección política, por la clase trabajadora, de un amplio agrupamiento de fuerzas sociales que constituya una mayoría social de cambio. Aunque en un primer momento Laclau presenta sus concepciones como posmarxistas, dejando constancia de que al menos se parte del marxismo, posteriormente esta tradición o acervo marxista lo abandona del todo. Para superar el denominado esencialismo de la teoría marxista y la práctica política de minusvalorar el papel creciente de los movimientos surgidos de la lucha contra la opresión sexual y de género, de etnia y raza, y del estallido de una miríada de identidades que surgen y dejan obsoletas las supuestas identidades de clase, Laclau elabora, partiendo de la lingüística de Saussure, del estructuralismo de Althusser, del psicoanálisis de Lacan, de algunas elaboraciones de Foucault, Derrida, y Wittgenstein, entre otros, una teoría del discurso que ofrece como salida frente al marxismo. En ella se propone una constitución discursiva de lo social, con una autonomía de lo político respecto a las relaciones sociales de producción. Donde la propiedad de los medios de producción, la explotación y opresión del trabajo, la mercantilización general de las relaciones sociales, dejan de tener una importancia capital, y en lugar de ello se emplea una centralidad sin centralidad, diversa y pluralista, de numerosos puntos de antagonismos donde ninguno es preeminente, porque hay una fluidez que niega la idea misma de centralidad. El modelo de la teoría discursiva es abstracto, la política se rige por las leyes del discurso. Por ello acusa Geras que en Hegemonía y Estrategia Socialista de L&M, hay una doble nulidad: vacío de sustancia teórica y ninguna especificidad o dirección práctico normativa genuina. Geras también señala que en ese trabajo se encuentra “un vacío teórico y que es un sin sentido que se auto presenten como posmarxistas puesto que muchos de sus planteamientos son atribuibles a no importa cual “no-marxista”. Este no marxismo se encuentra en el rechazo de los autores de ideas imprescindibles del marxismo como son el rechazo que hacen: 1) a que “la condición de clase sea el determinante primario de las identidades sociales y políticas”; 2) a la metáfora base y superestructura y a que haya una tendencia estructural hacia la unificación de la clase trabajadora, o, 3) a que la clase trabajadora tenga un lugar de centralidad en la lucha por el socialismo. Laclau y Mouffe –sigue exponiendo Geras– presentan al marxismo como esencialista y economicista porque de él solamente hacen un recuento caricaturesco, una parodia, y reducen toda la tradición del marxismo a unos cuantos absolutos dogmáticos. Caen en un absoluto conceptual, donde todo se reduce a un todo o nada,
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a alternativas totalmente opuestas sin posibilidad de puntos intermedios. Y eso que acusan al marxismo de esencialista.(9³) Y esa lógica de la dicotomía se expresa en el análisis que hacen de la “unificación de la clase trabajadora como una fuerza revolucionaria”. Lo mismo ocurre con los “intereses objetivos de clase”. Ellos dicen que esta categoría no tiene ninguna base teórica y que es una “atribución arbitraria”. Por tanto, o la clase trabajadora se une completamente, y, si no, nos quedamos con que eso no es posible y de ahí se deduce que la idea de intereses objetivos no tiene sentido. Es la misma lógica de la dicotomía absoluta; es esto o lo otro, sin ningún matiz. Uno de los críticos de Laclau ha expuesto al respecto que la ruptura con el marxismo se hace explícito en su trabajo Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo (1990), a raíz del derrumbe del sistema soviético y de los países del Este. “Allí se afirma que el ciclo abierto por la revolución rusa se ha cerrado definitivamente. La estrategia socialista es reemplazada por la construcción de una democracia radicalizada y plural en un sistema capitalista en que se combinen la intervención estatal y los mecanismos de mercado. Por cierto, ninguna novedad”.(94) Hay que señalar que es la misma tesis que sostiene en su Hegemonía socialista de 1985, y que supongo que hace que Laclau considere que la caída del muro de Berlín, viene a confirmar lo acertado de sus tesis y, además, le permitirá dar otro paso, volviendo a reflexionar sobre el populismo. El también argentino Atilio Borón es, desde mi punto de vista, junto a Ellen M. Wood, quien ha realizado la crítica más contundente de las tesis de Hegemonía y estrategia socialista (HES) de Laclau, en el plano político y teórico. Refiriéndose al posmarxismo afirma lo que sigue: “el posmarxismo, concebido como un gran esfuerzo de síntesis entre ciertos aspectos del legado de la obra de Karl Marx, interpretados con total liberalidad, y algunas contribuciones teóricas producidas al amparo de tradiciones intelectuales irreconciliables con el socialismo marxista…el resultado final de tal empresa es una fórmula teóricamente ecléctica y políticamente conservadora”.
Reconoce que la obra de Laclau tiene mucha aceptación en las Ciencias Sociales latinoamericanas, y entre “los intelectuales tributarios de las diversas corrientes en las que hoy se expresa el talante posmoderno”.(95) Como acertadamente expone Borón el posmarxismo no implica ningún intento de dar una continuidad crítica, creativa, renovada, adaptada al capitalismo en su fase actual, ni mucho menos, “se trata en realidad de una ruptura y un abandono” del marxismo. (96) Es bueno recordar que su libro La razón populista fue publicado en 2002 en Londres, es decir, el libro no fue un trabajo de tipo “oportunista” para darle una “base teórica” al gobierno de Chávez en Venezuela y a otros gobiernos que accedieron al poder a través de elecciones en sus respectivos países: Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador. Como ya hemos expuesto, para Laclau populismo es un significante abierto ya que puede ser un populismo de derechas como los fascismos y actualmente el que propugna el Frente Nacional en Francia, por ejemplo, o puede ser un populismo progresista. Lo importante para Laclau no es el contenido del populismo sino la manera en que se articulan las diversas
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demandas y se crea una frontera antagónica, unos polos contrapuestos políticamente. El populismo de Laclau tiene como elemento principal la constitución de lo político teniendo como sujeto al “pueblo” (no a las clases sociales), y para que ello ocurra hay un elemento mediador que es el “líder” de masas o popular que, si utilizamos las categorías de las teorías del desarrollo político de Almond y Powell, diríamos que sirven para canalizar, articular y en definitiva institucionalizar las demandas populares. Como expresa Laclau, ante la imposibilidad de realizar la revolución social, las dos maneras en que se pueden canalizar las demandas populares son a través de una “ampliación de la democracia”, o a través de que surja un líder que logre articular en su discurso político esas demandas y logre aunar el pueblo en una especie de unidad popular o nacional-popular. Esto ha llevado a que desde posiciones de izquierda se critique esta salida teórica de Laclau por considerar que detrás de todo el sofisticado andamiaje de teoría del discurso, de su giro lingüístico, lo que se hace es recrear un nuevo reformismo y sobre todo mantener la hegemonía burguesa de hecho, al negar el carácter de clase de lo político y de una hegemonía de la clase trabajadora en un bloque histórico que articule la gran mayoría dominada, oprimida y explotada, y descontenta en general, frente a una ínfima minoría que realmente tiene un interés vital en el mantenimiento del sistema de desigualdad vigente. Slavoj Zizek en su ensayo Contra la tentación populista(97) expone que a diferencia de Laclau, que señala: “En nuestra perspectiva no existe un más allá del juego de las diferencias, ningún fundamento que privilegie a priori algunos elementos del todo por encima de los otros”.(98) Y que para él toda formación social es hegemónica en el sentido de que es una articulación contingente, y no hay cabida para nociones como “modo de producción” o “determinación en última instancia”. Él, Zizek, por el contrario considera que no todas las luchas son iguales o equivalentes. En las luchas feministas, ecologistas, gays, etc. hay una que determina a todas las demás y ésta es la lucha de clases. Sería el marco en el cual aparecen todas las demás. Y además, señala Zizek, que lo que la serie de luchas de raza, de género oculta, es la lógica diferente del espacio político en el caso de la clase: mientras que la lucha antirracista y anti sexista es guiada por el esfuerzo por lograr el pleno reconocimiento del otro, la lucha de clases apunta a superar y someter, incluso aniquilar, al otro, a la aniquilación del rol sociopolítico del otro. En otras palabras Zizek está planteando el dilema entre el reconocimiento de las clases y sus luchas o el posmodernismo que niega la necesidad del empleo de la noción o concepto de clase para el análisis social. Zizek acusa además a Laclau de tener una noción del populismo neutral, ya que puede ser encarnado por “diferentes propuestas ético políticas”. Considera este autor que en el populismo hay un desplazamiento del antagonismo central y una reificación del enemigo, lo que lleva a una percepción de la identidad popular como preexistente. De ahí que todo populismo tiene el riesgo de devenir fascista. Para Zizek es fundamental poder distinguir un movimiento de derecha de otro de izquierda. Claro está que una demanda puede ser “atada a una cadena equivalencial de lo más diversa” (una demanda por falta de empleo puede ser dirigida contra el Estado y los empresarios o contra los emigrantes, una demanda ecológica se puede dirigir contra el capitalismo o contra empresarios corruptos y etc., etc.), pero lo importante es si se puede o no distinguir una convocatoria del pueblo que ponga de relieve el
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“antagonismo central”, ante una convocatoria que desvía u oculta el problema. Para Laclau no se puede hablar de una conciencia verdadera y otra falsa, no existe tal cosa. Por tanto también rechaza la existencia de una “clase universal” como un esencialismo y un determinismo.(99) A Laclau se le reprocha que su posmarxismo sea una fórmula teórica eclética y políticamente que tienda a ser conservadora. Lo que llama la atención es que para Laclau el marxismo haya estado en crisis desde sus orígenes, de manera que no se duda en atribuirle resonancias en su pensamiento de Hayek y Popper. No debe extrañar entonces que su concepto de hegemonía sea diferente e incluso antagónico al de Gramsci, debido a que para éste la clase social tiene una centralidad que el teórico del discurso niega y rechaza como determinismo y esencialismo. Él lo expone con nitidez cuando escribe: “hoy nos encontramos ubicados en un terreno claramente posmarxista. Ni la concepción de la subjetividad y de las clases que el marxismo elaborara, ni su visión del curso histórico del desarrollo capitalista, ni, desde luego, la concepción del comunismo como sociedad transparente de la que habrían desaparecido los antagonismos, pueden seguirse manteniendo hoy...el futuro del arroyuelo marxista no puede ser otro que diluirse en el gran río sagrado de la “democracia radicalizada”. (¹00)
En cuanto al trato que da Laclau a la contradicciones y a la lucha de clase, hay que señalar que para él las contradicciones no se encuentran en la sociedad, en las relaciones sociales, sino que son construcciones mentales, discursivas, del lenguaje, con lo cual se puede concluir que lo que se denominan contradicciones existentes en el capitalismo no existen como tales en la realidad objetiva sino que son discursivas. En asuntos tales como la opresión, la subordinación, la dominación y la explotación, sus concepciones llevan a que se les quiera comparar con Talcott Parsons, por su insistencia en que las relaciones de subordinación no pueden ser antagónicas, ya que Parsons concibe el orden social fundado en un consenso de valores. El orden es posible porque hay un consenso sobre valores fundamentales. El conflicto sería entonces marginal. Borón, por ejemplo, considera que en sus rasgos fundamentales Laclau y Mouffe, aunque expuesto con otro lenguaje y conceptos, caen en una concepción semejante a la que C.Wright Mills bautizó como la “Gran Teoría”. El papel de los malos, los extremistas enemigos de la propiedad privada, lo ocuparía ahora el “exterior discursivo”. La consecuencia de todo ello es que Laclau y Mouffe terminan “arrojando un piadoso manto de olvido sobre el fenómeno de la explotación en las sociedad de clase…que así desaparece como por arte de magia del paisaje social, cediendo su lugar a una “aséptica” subordinación que a todos iguala en su encubridora abstracción…la crítica al capitalismo se convierte en un asunto adjetivo y ocasional y la lucha por el socialismo…se volatiliza hasta atomizarse por completo en los estériles meandros de un discurso insípido sobre una insabora democracia radical”.(¹0¹) Para Laclau el punto de partida de su reflexión posmarxista fue la ambigüedad que dice encontrar en la concepción marxista de la historia –a lo que ya nos hemos referido con mayor amplitud más arriba–, la misma estriba, dicho en breves palabras en, por un lado, ver la historia como un proceso objetivo basado en la contradicción entre el
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desarrollo de las fuerzas productivas y las sucesivas relaciones sociales de producción. Esto reducía el papel de los antagonismos sociales ante una lógica objetivista que hacía de éstos algo secundario. Por otro lado, el marxismo ve la historia de la humanidad como la historia de la lucha de clases. ¿Era posible hacer compatible dos visiones tan contradictorias entre sí? Para Laclau era una tarea imposible, y esto es lo que provoca una “crisis del marxismo”. De manera que podemos concluir citando lo que entendemos resume su posición posmarxista, es decir, no marxista, que le llevó primero a propugnar un proyecto de democracia radical dentro del capitalismo globalizado, y posteriormente a explicarnos que la política tout court debe ser populista, a la vez que rechazaba la importancia de las clases sociales y por tanto de la lucha de clases, para entrar de pleno en el paradigma general del posmodernismo: “Esta visión objetivista (del marxismo) está enteramente desacreditada. La forzada teoría del valor, en la que estaba fundada, fue vista como plagada por todo tipo de inconsistencias teóricas; la predicción clave de una simplificación creciente de la estructura social bajo el capitalismo fue enteramente refutada; y la complejidad de las identidades y políticas en un mundo globalizado desafiaron cualquier perspectiva cercana basada en el concepto de clase…la centralidad de los antagonismos sociales –“lucha de clases”– según Marx…los límites de clase de esa visión pudieron ciertamente verse cuestionados por igual…este es el punto de origen de nuestro posmarxismo”.(¹0²)
No tiene ningún sentido que estos autores utilicen el término posmarxismo cuando ellos se encuentran muy lejos del marxismo y que su fin es criticarle, y presentarlo como una impedimenta, mejor sería que dijeran que están “en otro sitio”, en otro lugar teórico, en todo caso, lejos del marxismo, porque se trata de una ruptura, de una liquidación, no de una puesta al día del mismo. Estos autores ya no son marxistas, son en sentido riguroso ex marxistas.(¹0³) Aunque entendemos necesario concluir con lo que Laclau y Mouffe expusieron sobre su posmarxismo, justificando su empleo, aunque con una cierta petulancia recubierta de una capa de modestia: “Nosotros creemos que localizándonos nosotros mismos como estando en un terreno posmarxista, no solamente ayudamos a clarificar la comprensión de las luchas sociales contemporáneas sino también a dar al marxismo su dignidad teórica, lo cual solo puede proceder del reconocimiento de sus limitaciones y de su historicidad. Solo a través de tal reconocimiento puede el trabajo de Marx permanecer presente en nuestra tradición y en nuestra cultura política”. (¹04)
Lo que ocurre es que, posteriormente a escribir esto, abjuraron del marxismo.
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Ellen Meiksins Wood, The Retreat from Class, Verso, London, 1998, trad. española, ¿Una política sin clases? El post-marxismo y su legado, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2013, p.38. Bryan Palmer, ¿Existe si que alguna vez existió, la clase obrera?, en Varios, A propósito del fin de la historia, Edicions Alfons El Magnanim, Valencia, 1994, pp. 172-173. Daniel Bell Seymour Martin Lipset. Jorge Larrain, El concepto de ideología. Postestructuralismo, postmodernismo y postmarxismo. Vol. IV Ediciones LOM, Santiago de Chile, 2010, posición 2757 en ebook. Vid Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Buenos Aires,FCE, 1987, p.108 (versión original inglesa, Londres, Verso, 1985). Cuando sea necesario la citaremos como HES. Vid. Jacob Torfing, New Theories of Discourse: Laclau, Mouffe and Zizek, Brighton, Blackwell publishers, 1999, pp.87-89 cit. por Iñigo Errejon Galván, La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009). Un análisis discursivo. Tesis para el grado de doctor, UCM, Madrid, 2011, p.168. En lo relativo a la teoría del discurso nos hemos apoyado en la tesis doctoral de Errejón ya que es el estudio español, que conozcamos, más centrado en la teoría del discurso de Laclau, además de otra bibliografíasque citamos en el capítulo. E.Laclau, ”Discourse” en Gooding and Petit (eds.), The Blackwell Companion to Contemporary Political Philosophy, Oxford, Blackwell, 1993, pp. 432-433 cit. por I. Errejon, Ibid., p.168. Hay traducción española, Ernesto Laclau, Discurso, http://biblioteca.itam.mx/estudios/60-89/68/ ErnestoLaclauDiscurso.pdf I. Errejón, Ibid. p. 169. E.Laclau, op. cit.,1993, p.431. I. Errejon, Ibid.,p.168. Ibid., p.169. Philip-Goldstein, Post-marxist Theory. An Introduction, SUNY-Press, New York, 2005, p. 55, y Stuart Sim, Post-marxism: An intelectual History, Routledge, London, 2000. E Laclau, HES, 1987, .pp.196-197. Ibid., pp.203-204. Ibid., p. 229. Ibid. p. 231. Ibid. p.234. Ibid.p.vii p.3. Ibid. p.3. Ibid.p.4. Ibid. p.5. Ibid.p.5. Ibid.p.6. Ibid.p.6. Ibid.p.7. Ibid. pp.8-9. Ibid, pp.9-10. Ibid. pp.11-12. Ibid.,p.12.
POSMARXISMO Y CLASES SOCIALES: LACLAU Y MOUFFE 30. 31. 32. 33. 34. 35. 36. 37. 38. 39. 40. 41. 42. 43. 44. 45. 46. 47. 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54.
55. 56. 57. 58. 59. 60. 61. 62. 63. 64. 65. 66. 67. 68. 69. 70.
Ibid. pp. 12-13. Ibid.p.14. Ibid. pp.26-27. Ibid.p.29. Ibid.p.31. Vid. Adam Przeworski “Proletariat into a class. The process of class formation from Karl Kautsky’s The class struggle to recent controversies”, Politics and Society, 7, 1977. Vid. Przeworski, loc.cit. y Laclau y Mouffe, HES, p.32. Ibid. p. 36. Ibid.p.37. vid nota 18.., cit. por Ibid. p.38. Ibid. pp.41-42. Ibid. pp.41-42. Georges Sorel, “Saggi di critica del marxismo”, Palermo, 1903, p. 59, cit. por Laclau y Mouffe, HES,1987, p. 49. Laclau y Mouffe, op. cit., 1987,pp. 42-43. Ibid. pp. 43-44. Ibid. p. 44. Ibid.p.77. Ibid. p.83. Perry Anderson, Las antinomias de Gramsci, Fontamara, Barcelona, 1978. Vid. León Trotsky, La revolución permanente, Edición Diario Público, Madrid, 2009, pp,193-194. Laclau y Mouffe, HES, 1987, p.95. Ibid. p.98. Ibid. p.101. Ibid. pp. 101-102. Vid. M.Háyek, “La bolchevización de los partidos comunistas”, en E. Hobsbawn et. Alt., Historia del marxismo. La época de la IIIª Internacional (II), Bruguera, Barcelona, 1981, p.49 y Laclau y Mouffe, op. cit., 1987,p. 108. Ibid. p. 110. Ibid. p. 112. Ibid. p.113. Vid. Manuel Sacristán, Antonio Gramsci. Antología, México, Siglo XXI, 1970. Laclau y Mouffe, HES, p.116 p.116. Ibid., pp.123-125. Ibid. p. 234. Ibid.p. 250. Ibid. pp. 250-251. Ibid. p. 275. Ibid. p. 279. Ibid, p. 291. Ernesto Laclau, La razón populista, FCE, México, 2005. Se citará cuando sea necesario como RP. Ibid., p.9. Ibid., p.11. Gino Germani, Autoritarismo, fascismo y populismo nacional, Temas, Buenos Aires, 2003, p.88 de la ver.
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz orig. En inglés, de 1978, Transactions Books, NJ, Authoritarian, fascism and national Populism 71. Margaret Canovan, Populism, Londres, Junction Books, 1981. 72. Ghita Ionescu y Ernest Gellner, Populismo, sus significados y características nacionales, Amorrortu, Buenos Aires, 1970. 73. E. Laclau, RP, 2005, p.32. 74. Ibid. p.33. 75. vid. E. Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000 (edic. original inglesa, Verso, Londres, 1990, cit. por Laclau, RP, p. 91. 76. Vid. Laclau, RP,p.97-98. Podemos concebir el populismo como una de las formas de constituir la unidad del grupo, “Así pues, “el pueblo” no es una expresión ideológica sino una relación entre agentes sociales…es una forma de constituir la unidad del grupo”. (Ibid.:p.97) Para determinar “la especificidad de una práctica articulatoria populista, debemos identificar unidades más pequeñas que el grupo”. La categoría de “demanda social” (una petición, un reclamo), en el paso de una petición a un reclamo tendremos uno de los rasgos que definen al populismo. Si la demanda se satisface. Fin del problema. Si no esta se puede acumular a otras peticiones/demandas insatisfechas y será creciente la incapacidad del sistema para resolverlas de una manera diferencial (cada una separada de las otras) y esto hace que se establezca entre ellas una relación de equivalencia. (Ibid, p.98). 77. Ibid., p.99. 78. Ibid., pp.104 y 107. 79. Ibid., p,108. 80. Ibid., p.110. 81. Ibid., p.114.81. “La emergencia del pueblo depende de las tres variables que hemos aislado: relaciones equivalenciales representadas hegemónicamente a través de significantes vacíos; desplazamientos de las fronteras internas a través de la producción de significantes flotantes; y una heterogeneidad constitutiva que hace imposibles las recuperaciones dialécticas y otorga su verdadera centralidad a la articulación política. Con esto hemos alcanzado una noción plenamente desarrollada de populismo”. P.197. 82. Ibid., pp.115-116. La explicación que dan Y.Mény e Y. Surel en Par le peuple, pour le peuple. Le populisme et les democraties, París, Fayard, 200, p. 230 : es que “una proporción considerable de los votos del Frente Nacional provienen de votantes que “pertenecieron” antes al electorado de la izquierda clásica, especialmente del Partido Comunista”. 83. Ibid., p.116. 84. Ibid.,p.149-150. 85. Ibid.,p.195. 86. Norman Geras, Discourses in Extremity: Radical Ethics and Post-Marxist Extravagances, Verso, London,1990, pp.110-111. 87. Norman Geras, “Post-Marxism?”, New Left Review, Nº 163, mayo-junio,1987 pp.66-67. 88. H.Veltmeyer, “El proyecto post-marxista: aporte y crítica a Ernesto Laclau”,Theomai Journal: Society, Nature and Development Studies,2006, pp. 1-2. 89. Vid. Iñigo Errejon Galván, La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009). Un análisis discursivo, tesis de doctorado, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, UCM, 2011, pp. 221-222. 90. S.Zizek, “Da capo senza Fine” en J. Butler, E. Laclau y S. Zizek, en Contingencia, hegemonía y universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, FCE, Bs. Aires, 2000, p. 229. 91. S. Zizek, The Ticklish Subject: the Absent Centre of Political Ontology, Verso, London,1999,pp. 319-320, citado por I. Errejon, op. cit., p. 222.
POSMARXISMO Y CLASES SOCIALES: LACLAU Y MOUFFE 92. G. McLennan, “Post-marxism and the “Four Sins” of Modernist Theorizing, New Left Review, 218, 1996, cit. por Errejon, op. cit. p. 54-56. 93. I. Errejón, op. cit, p. 227. 94. S.Zizek, “En defensa de la intolerancia”, Diario Público, 2010,Madrid,pp.17-18. 95. Norman Geras, “Post-Marxism?”, New Left Review, Nº 163, mayo-junio, 1987, pp.48 y 57. 96. Claudia Cinatti, “Ernesto Laclau y el elogio de la hegemonía burguesa”, revista IdZ, mayo de 2014, Buenos Aires. Ernesto Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Nueva Visión, Buenos Aires, 2000. 97. Atilio Borón,Tras el búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo, Clacso, Bs. Aires, 2000, pp.57-58. 98. Ibid., p.70. 99. Slavo Zizek, “Against the Populist Temptation”, en Critical Inquiry, Año 32,2006. 100. Laclau, RP, 2005, p.93. 101. Zizek pone como ejemplo que el marxismo ante el nazismo desplazó el antagonismo central que era la lucha de clases, por el “falso problema de los judíos”(no, entendemos, por qué lo judío no hubiera sido importante sino porque el nazismo estaba llevando a cabo una forma brutal de lucha de clases, donde los judíos y otras minorías eran chivos expiatorios para “unir contra ellos a la nación alemana”, y por tanto se utilizaba para “reificar al enemigo”. Sobre el pensamiento de Zizek hay que reconocer que es bastante ambiguo o impredecible, que no existe tal cosa como un pensamiento sistematizado, pero eso no siempre es negativo. Ahora bien, persiste su ambigüedad sobre todo en lo que respecta a la acción política. Hace planteamientos leninistas, a veces, niega la posibilidad actual de una política radical, de izquierda, e incluso se le reprocha que pone ejemplos que llevan a plantearse si esa política de izquierda o radical merece la pena. Ejemplo que pone de Vietnam: el ejército invasor va a una aldea y pone vacunas a los niños, etc. Se retiran. Viene el Vietcon y reúne a los vacunados y machete en mano corta el brazo donde se ha puesto la vacuna. Objetivo: Aprender una lección a través de una represión brutal. No cooperar ni aceptar nada del enemigo. Ética y políticamente el resultado es desolador y perturbador. Así es Zizek. Nunca se puede esperar uno por donde saldrá, por eso su forma de argumentar se califica a veces de terrorismo intelectual, es a la vez estimulante, chocante, y hace reflexionar, pero no se le puede pedir orientaciones táctico/estratégicas para la acción política, al menos al uso o convencionales, porque creemos que esto no se lo plantea o no logra con su pensamiento iconoclasta y políticamente incorrecto, decir nada usual, convencional, y eso incluye a todos los sectores del espectro político e indudablemente a todas las temáticas. 102. E. Laclau, HES, 1987, p.4. 103. A. Borón, op.cit., p.68. 104. E.Laclau, “Ideología y Posmarxismo”, publicado originalmente en Journal of Political Ideologies, Taylor & Francis Group, Reino Unido, reproducido en los Anales de la Educación Común, Argentina, pp. 21-22. 105. Ciertas opiniones de Laclau sobre la política argentina despejan muchas de las dudas que plantea su trabajo. Laclau justificaba el plan de estabilización del menemismo e incluso felicitaba a parte de la izquierda argentina liderada en ese momento por Chacho Álvarez por haber dicho “que los lineamientos generales del Plan de Estabilización no van a ser modificados por la Alianza” de izquierdas. Luego afirma rotundamente Laclau: “Creo que está muy bien que diga eso porque no hay una política alternativa” (Subrayado mío, CJBE), vid. Pablo Rosendo González,”Es bueno decir que el modelo no se toca”, entrevista a Ernesto Laclau en Página 12, Buenos Aires, 19 de octubre de 1997, p.20. No hay alternativa, precisamente es la frase de Thatcher, There is not alternative para justificar que
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Desigualdad y Clases Sociales | Carlos Julio Báez Evertsz no se podía hacer otra cosas que aceptar el neoliberalismo y el individualismo posesivo. Atilio Borón, op.cit., p. 82. 106. E.Laclau y C. Mouffe, “Post-marxism without Apologies”, NLR, Nº 166, 1987, p. 106. A Laclau y Mouffe se les ha tildado de gurús del Kichnerismo por sus declaraciones favorables a los gobiernos de Ernesto y Cristina Kichner e incluso, antes de la muerte de Ernesto Laclau, acontecida en Sevilla en 2013, se barajaba la posibilidad de que fuera nombrado embajador de la República Argentina por la Presidenta Cristina Kichner.
24. Posmarxismo y clases sociales: Hardt y Negri La era de la caballería ha terminado, ha llegado la de los sofistas, los economistas y los matemáticos. Edmund Burke
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INTRODUCCIÓN Antonio Negri es un filósofo italiano nacido en Padua en 1933. Fue profesor de Teoría del Estado en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Padua. Es reconocido como uno de los teóricos marxistas más importantes y también como un militante revolucionario. Sus primeros pasos en política los hizo durante el fascismo en las Juventudes de Acción Católica. Pocos años después ingresa en Padua en el Partido Socialista de Unidad Proletaria que se integraría en el Partido Socialista Italiano (PSI), sería concejal municipal por ese partido en 1959. Negri continuó su vida académica y siempre unió la enseñanza y la militancia, la producción teórica y la lucha política. Durante su vida política se unió o formó grupos políticos que se articulaban alrededor de una publicación teórico-política como fue el caso de Quaderni Rossi (Cuadernos Rojos). Con militantes de la izquierda del PSI y del Partido Comunista (PCI), crea una organización, Clase Obrera, que apoya la huelga de la FIAT de Turín de 1962 en la cual los huelguistas atacan la sede del sindicato. En 1963 abandona el PSI cuando este se alía con la Democracia Cristiana para formar un gobierno de “centro-izquierda”. En 1964 crea el periódico “Clase obrera”, debido a una escisión entre los miembros de la publicación Cuadernos Rojos. Realiza seminarios sobre El capital para un público de obreros de la industria química. Hay una división entre los que creen que hay que trabajar dentro del PCI para luchar por hacer avanzar sus ideas y Negri, que es partidario de crear una organización alternativa que se opusiera frontalmente tanto al PCI como al PSI y a los sindicatos institucionalizados. Estas confrontaciones políticas le llevan a reflexionar y poner las bases teóricas de los que se llamo el “obrerismo” o “fabriquismo” italiano. Crea una nueva revista La Clase, que duró poco tiempo. En 1967 formó un grupo reunido alrededor de “Poder Obrero”. Al mismo tiempo obtiene la cátedra de Teoría del Estado y es nombrado director del Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad de Padua. “Poder Obrero” se constituyó como una organización obrera de ámbito nacional que promovía asambleas unitarias y comités políticos obreros. En 1968, como en otras partes del mundo, se produce un “mayo caliente” con conflictos estudiantiles en la Universidad de Trento. En 1969 siguen los conflictos con motivos de las negociaciones de los convenios de los trabajadores. “Poder Obrero” y, otra organización, “Lucha Continua”, critican las posiciones del PCI que consideran excesivamente moderadas. A partir de esas fechas se va a producir en Italia una escalada de violencia en la que participan los servicios de información, que producen atentados terroristas causando víctimas mortales y que se los suele achacar a las organizaciones de la izquierda radical, como el del Banco Nacional del Trabajo de Milán que causó 16 muertos y decenas de heridos. El anarquista Guisseppe Pinelli es llamado a declarar y aparece muerto (Darío Fo se basa en este hecho para escribir su obra Muerte accidental de un anarquista). Son los llamados “años de plomo”. Entre 1970-1972 hay una gran agitación en las grandes fábricas italianas de FIAT, Pirelli, Alfa Romeo, etc. En ese ambiente de agitación y radicalización política en 1971 se fundan las famosas “Brigadas Rojas”, como un grupo político-militar para atacar de manera frontal al gobierno y al capitalismo italiano. Su principal dirigente fue el sociólogo Renato Curcio. Antonio Negri nunca formó parte
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de las Brigadas Rojas, aunque mantuvo reuniones con Curcio. Lo curioso es que Curcio tenía con respecto al PCI una posición más conciliadora que la de Negri. Según reconoció posteriormente Curcio: “Negri se muestra ya entonces muy escéptico y distanciado de las Brigadas.Ustedes se equivocan al propugnar la total clandestinidad del movimiento. Además son poco críticos del PCI, le señala Negri. Nosotros consideramos que el PCI, como corriente ideológica y política, está integrado en el régimen dominante, pero en las fábricas compartimos la tarea con los obreros comunistas. No podemos darnos el lujo de maltratarlos –le responde entonces Curcio”.(¹)
En 1973 “Poder Obrero” se disuelve pero Negri funda “Autonomía Obrera” que se oponía a la idea de un partido de vanguardia y de una dirección centralizada, y consideraba la creación de grupos autónomos locales, una red de organizaciones abiertas y descentralizadas. Se crea el periódico Rosso (Rojo) desde el cual se exponen nuevas ideas que niegan las del “fabriquismo” y, se plantea un concepto amplio de clase trabajadora que abarcaba a los asalariados, no asalariados y parados. En ese momento el PCI anuncia su política del compromiso histórico, influido por el impacto político causado por el golpe de Estado de Pinochet, auspiciado por Kissinger y el Pentágono y apoyado también por sectores amplios de la Democracia Cristiana chilena, incluidos sus líderes Eduardo Frei Montalvo y Patricio Alwyn. En 1978 se produce el secuestro y asesinato de Aldo Moro.(²) Se dictan medidas de emergencia y se intensifica la lucha policial contra los grupos de izquierda extra parlamentaria, usaran la violencia o no. En 1979 Negri es detenido y se le acusa de ser el líder secreto de una red de organizaciones clandestinas. Estuvo cuatro años en cárcel preventiva y cuando se le juzgó los cargos eran de responsabilidad “moral” en la violencia. El Partido Radical le llevó en sus listas como diputado y fue elegido. Se le puso en libertad pero a los pocos meses el parlamento le retiró la inmunidad parlamentaria y entonces optó por huir y exiliarse en Francia, donde vivió catorce años dedicándose a la enseñanza y a la investigación. Allí recibió la influencia del estructuralismo, el posestructuralismo y de los posmodernistas.(³) En 1997 decidió regresar a Italia. Tiene que ir a la prisión a cumplir trece años de cárcel, se le concede un régimen abierto y luego de prisión domiciliaria. En esa condición es que escribe junto a Hardt el libro Imperio. Michael Hardt nacido en 1960 en Maryland es un profesor de Literatura en la Universidad de Duke. Discípulo del crítico literario marxista Frederic Jameson. Es un teórico literario, filósofo político e ingeniero. Es conocido mundialmente por ser coautor con Negri de las obras Imperio (2000), La multitud: Guerra y democracia en la era del Imperio (2004), El trabajo de Dionisos: Una crítica de la forma-estado (1994), Commonwealth: El proyecto de una revolución del común (2009) y Declaración (2012). Es autor de Gilles Deleuze: Un aprendizaje filosófico (1993). En su juventud trabajó en programas de ayuda en nuevas tecnologías a países periféricos, especialmente en San Salvador.
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IMPERIO Según Hardt y Negri (a los que nombraremos como H&N), el imperio se ha estado construyendo durante las últimas décadas. El mercado mundial capitalista se ha expandido por todo el planeta sin trabas importantes, una vez que ha caído la URSS y los países del Este, que eran una especie de isla económica, aunque no del todo aislada de ese mercado, pero que restringía su plena expansión. Para no hacer eurocentrismo hay que señalar que otros países, como China, con su concepción de un “socialismo de mercado”, al igual que Vietnam, han entrado en el flujo de la mundialización de las relaciones económicas, y Cuba, una vez que normalice sus relaciones con los EE.UU. y estos deroguen el bloqueo y faciliten la plena incorporación de esa economía al mercado capitalista, también formará parte de esa globalización, quizás con la única excepción de Corea del Norte, que prefiere mantener, por estrategia política, su orgullosa excepción. Para H&N esta globalización tiene un carácter irreversible e implacable y conduce al establecimiento de un nuevo orden mundial, con una lógica y una estructura de mando o dominio nueva, con una forma de soberanía, esto es, un imperio. Por tanto: “El imperio es el sujeto político que efectivamente regula estos intercambios globales, el poder soberano que gobierna el mundo”.(4) Lo que denominan imperio y sus redes globales ha sido una respuesta a las diversas luchas de poder y especialmente a la lucha de clases impulsada por ese sujeto que llaman multitud para liberarse del dominio del capital, por tanto, es la multitud la que da nacimiento al imperio, no al revés. El imperio no es algo malo sino bueno, en el mismo sentido que decía Marx que el capitalismo era mejor que los modos de producción que le precedieron y que ponía los cimientos para una potencial liberación. En palabras de H&N: “La construcción del imperio implica un avance en el sentido de desechar toda nostalgia por las estructuras de poder que lo precedieron y de repudiar toda estrategia política que implique retornar al antiguo ordenamiento, como tratar de resucitar al Estado-nación para protegerse contra el capital global. Sostenemos que el imperio es mejor…”. (5)
Los autores son conscientes de que su afirmación provocaría una reacción, al menos de sorpresa, entre la izquierda, por lo que afirman que saben que en esto nadan contra la corriente, pero afirman que esa reacción se debe a la tradición de nacionalismo izquierdista que concibe al Estado-Nación como la principal defensa contra la dominación del capital global. Si la dominación del capital es cada vez más global, creen que la forma de resistir es defender lo local. Pero esto lleva a una posición falsa y poco útil, es falsa porque no se puede proteger lo local contra las corrientes globales del capital y del imperio. Es poco útil o perjudicial, porque niega las alternativas y el potencial para la liberación que se dan en el “interior” del imperio. De manera que si el Estado-Nación está desapareciendo, condición ineludible para la dominación imperialista, tanto mejor. Aunque la soberanía de los Estados-Nación sigue siendo aún efectiva va
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declinando, ya que los factores de la producción y el intercambio –el dinero, la tecnología, las personas y los bienes– fluyen tras las fronteras nacionales con cada vez mayor facilidad, debilitando así el poder de los Estados-Nación para poder regular dichos flujos e imponer su autoridad en materia económica. Esto es verdad no sólo para los Estados más pequeños y débiles sino también para los grandes Estados. Para estos últimos imponer su autoridad suprema, tanto dentro como fuera de sus fronteras, se va haciendo más complicado. La hipótesis de los autores no es que la soberanía haya desaparecido sino que ha adquirido una nueva forma al estar compuesta por una serie de organismos supranacionales y nacionales que se encuentran soldados por una “única lógica de dominio”. Denominan “imperio” a esta nueva forma global de soberanía. La soberanía del Estados-Nación era el elemento fundamental de los imperialismos que construyeron los países europeos en la era moderna, pero lo que hoy nuestros autores denominan imperio es algo sustancialmente diferente a los imperialismos. El imperialismo fue una extensión de la soberanía de las potencias europeas fuera de sus fronteras. De manera que el mundo estaba dividido en zonas territoriales, coloniales, de los imperialismos inglés, francés, portugués, etc. Como exponen: “Allí donde tenía sus raíces, la soberanía moderna construyó un Leviatán que se extendió por encima de su dominio social e impuso fronteras territoriales jerárquicas, tanto para vigilar la pureza de su propia identidad como para excluir todo lo diferente…El tránsito al imperio se da a partir del ocaso de la soberanía moderna”. (6) IMPERIALISMO E IMPERIO ¿Cuál es la diferencia que existe entre lo que hemos conocido por imperialismos y lo que ahora se denomina imperio? ¿Existe una diferencia sustancial entre lo que ambos conceptos expresan? Recordemos que por imperialismo siempre se ha conocido el hecho de que unos estados traten de expandir su soberanía territorial más allá de sus fronteras, empleando los recursos de que dispone, tradicionalmente a través de invasiones, ocupaciones, batallas militares o diplomáticas, para subordinar a dichos territorios o estados al poder de una metrópoli que los domina y controla, para obtener beneficios económicos y poder e influencia. Pues bien, nada de eso, para los autores, es aplicable al imperio del siglo XXI. El imperio –afirman– no establece ningún centro territorial de poder y no tiene por tanto fronteras o barreras fijas. El imperio es un aparato de mando descentrado y desterritorializado de dominio, que va de manera gradual incorporando la “totalidad del terreno global” dentro de, sus supuestamente, fronteras abiertas y en permanente expansión. Y además, en el imperio, las múltiples identidades son híbridas y las jerarquías existentes son flexibles. Tal como se nos muestra parece muy aceptable, al menos como se formula, aunque al leer esto no nos viene en mente ninguna situación real existente en nuestro mundo, salvo, claro está, el hecho evidente de que seguimos en el proceso de mundialización de la economía iniciado en el siglo XVI y que se acelera en nuestros días por las revolución científica y tecnológica. Todo ello provoca que uno se pueda quedar estupefacto cuando lee cosas como la siguiente: “Los diferentes colores del mapa imperialista del mundo se han unido y fundido en el arcoíris imperial global”. (7)
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El paso de los imperialismos al imperio se ha producido ya, lo estamos viviendo, según las especulaciones de H&N, aunque se tenga dificultad en poder distinguir la realidad esencial del imperio actual y los usos y costumbres de los imperialismo que hemos conocido desde antes del Congreso de Berlín a fines del siglo XIX hasta nuestros días. Lo destacable en sus argumentaciones es que no se está narrando un proceso de transición del viejo imperialismo al nuevo imperio, sino que es algo que se ha producido ya, digamos, por decreto de los autores: “El imperialismo ha terminado. Ninguna nación será líder mundial como lo fueron las naciones modernas europeas”.(8) No sería desdeñable mirar hacia atrás y recordar cómo se caracterizaba el imperialismo, en el libro quizás más leído sobre ese asunto. Me refiero al de V. I. Lenin, El imperialismo estadio superior y último del capitalismo.(9) Para Lenin, apoyándose en el libro de R.Hilferding sobre el capitalismo financiero, el imperialismo se distingue por la fusión entre el capital industrial y el financiero. Ya en la época en que se escribieron esos libros a que nos hemos referido, el capitalismo financiero no requería, para obtener beneficios, al menos teóricamente, la expansión territorial en otros Estados-Nación sino la exportación de capitales. En el siglo XXI este capitalismo financiero se ha desarrollado a niveles antes increíbles, de manera que se ha expuesto que hoy la economía mundial está dominado por el capital financiero y que la “economía de casino” de que habló J.M.Keynes, está hoy más vigente que nunca antes. Si quedan dudas, la crisis de 2008 ha sido una crisis típicamente financiera por la expansión descontrolada de los créditos bancarios y la proliferación de nuevos medios financieros desregulados que ni los mismos banqueros y financieros sabían a ciencia cierta de qué se trataba.(¹0) Unido a esa expansión mundial del capitalismo financiero no han cesado otras formas de control político y económico por esas grandes potencias que parece que siguen dominando e interviniendo territorialmente en parte del mundo: Iraq, Afganistán, Libia, para citar las más recientes.(¹¹) De manera que se puede colegir que aunque H&N tienen una gran categoría teórica, se han dejado llevar más por su imaginación creativa y filosófica que por una atención atenta a los datos que proporciona la realidad económica y social de finales del siglo XX e incluso del siglo XXI. Por ello, se podría decir que su tesis sobre la inexistencia del imperialismo, es un constructo ideológico y no una realidad comprobable en la realidad. Por otra parte, aunque el capitalismo financiero no requiere siempre para controlar y dominar, la extensión territorial, tampoco actúa desde un limbo o desde una estación en el espacio sideral, los centros financieros que mueven las finanzas del mundo tienen una territorialidad muy concreta: New York y Londres, Wall Street y la City. Si N&H tienen razón los Estados Unidos ya no son una potencia hegemónica global ni un imperialismo, pero entendemos que la realidad nos muestra lo contrario, por más que al unilateralismo se vaya contraponiendo una tendencia –quizás imparable– al multilateralismo. Se puede afirmar que Negri y Hardt están contra las evidencias, para estos autores los EE.UU. no son un país imperialista, si bien hay quienes consideran que se pusieron el traje del poder global que las potencias europeas dejaron caer al suelo. Uno se pregunta si la dejaron caer o se vieron forzados a hacerlo por las guerras coloniales y derrotas como la de Dien Bien Phu y Argel, por ejemplo. Además de otros factores, como que después de la Segunda Guerra Mundial los EE.UU. surgen como una potencia económica mundial y los daños ocasionados en Europa por el conflicto bélico fuerzan a un repliegue.
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Sostienen los autores que si “el siglo XIX fue británico, el siglo XX fue estadounidense…si la modernidad fue europea la posmodernidad es estadounidense”. El cargo más irrecusable que pueden hacer los críticos de los EE.UU. –según H&N– es que repiten las prácticas de los imperialistas europeos, mientras que sus defensores señalan que los Estados Unidos son unos líderes más eficientes y benévolos. Pero nuestros autores consideran que ha surgido una nueva forma imperial que contradice los puntos de vista anteriores: “Estados Unidos no constituye –y en realidad, ningún Estado-Nación puede hoy constituir– el centro de un proyecto imperialista. El imperialismo ha terminado”.(¹²) La crítica más fuerte que se les puede hacer a los Estados Unidos, es que repiten las prácticas de los viejos imperialismos europeos, mientras que para los seguidores de esa potencia global el gobierno de ese país hace bien lo que los viejos imperialismos europeos hicieron mal. Para Negri y Hardt, hoy, ni EE.UU. ni nadie pueden constituir el centro de un proyecto imperialista. Las categorías de imperialismo, metrópolis, centro y periferia-dependiente no tienen lugar actualmente. Pero resulta que, a pesar de lo que ellos digan, sea por el dominio financiero directo o a través de instituciones financieras como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, se sigue ejerciendo un control de los principales mecanismos de la economía a escala mundial. Nuestros autores utilizan imperio no como una metáfora por semejanza con otros imperios como el de Roma, sino como un concepto que requiere un enfoque teórico. Así pues tenemos que el imperio se caracteriza por: 1. 2. 3. 4.
La falta de fronteras, el imperio no tiene límites territoriales, no presenta su dominio como algo transitorio, un momento de la historia, sino como algo que está más allá de la historia o es el fin de la historia: “fija el estado existente de cosas para toda la eternidad”. Presenta la forma paradigmática del biopoder, es decir, su dominio es sobre la vida social en su totalidad, y se puede añadir, que, aunque la práctica del imperio implique estar “bañada en sangre”, está dedicado a la paz, una paz perpetua y universal, una paz kantiana.
Se puede resumir lo que es el imperio para Negri y Hardt como la existencia de un mundo unificado por la producción y las nuevas tecnologías de la comunicación, que viene a constituir el imperio, que se puede representar simbólicamente como el antiguo símbolo del imperio austro-húngaro con un águila de dos cabezas, con la diferencia que mientras en ésta las cabezas estaban dirigidas hacia el exterior, en el imperio, las mismas están de frente, atacándose una a otra. Una cabeza representaría la estructura jurídica y el poder constituido, construido por la maquinaria del dominio biopolítico, y la otra cabeza sería la multitud plural de subjetividades productivas y creativas de la globalización, que se le opone. Nos recuerdan los autores que aunque el imperio hoy produzca opresión y destrucción, no debemos tener nostalgias por otras formas pasadas de dominación, ya que ésta es mejor, debido a que el proceso de globalización del imperio ofrece “nuevas posibilidades a las fuerzas de liberación”. Las fuerzas creativas de la multitud pueden no sólo resistir los procesos de globalización sino dirigirlos en otro sentido, crear un
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contra-imperio, pero estas luchas alternativas deben darse en el seno mismo del imperio, y de hecho ya se están produciendo. De esa manera la multitud deberá inventar “nuevas formas democráticas y un nuevo poder constitutivo que algún día nos conduzca a través del imperio y nos permita superar su dominio”.(¹³) En Imperio se teoriza como una especie de periodización el paso del imperialismo al imperio, el tránsito de la modernidad a la posmodernidad y en el mundo empresarial-laboral el paso del régimen fordista al posfordista. Habiéndonos referido a lo primero creemos que como nuestro interés está en la cuestión de las clases, ésta última cuestión es la más relevante para nuestros fines, por tanto, vamos a dejar a un lado lo del paso de la modernidad al posmodernismo ya que no nos parece de interés sustancial para nuestro centro de interés. LOS PARADIGMAS ECONÓMICOS Para Negri y Hardt el proceso económico ha pasado por tres etapas o paradigmas económicos dominantes a partir de la Edad Media a nuestros días. El primer paradigma es aquél en el cual lo dominante es la agricultura y la extracción de materias primas. El segundo paradigma se caracteriza porque lo principal en la economía es la fábrica y la producción de bienes industriales. El tercer paradigma, es decir, el que vivimos en nuestros días, es aquél en que la posición privilegiada es proveer de servicios de todo tipo y la utilización de las nuevas tecnologías de la información son lo esencial en la producción económica. Esto también se puede explicar como el paso de la dominancia económica del sector primario (agricultura, pesca y extracción), al sector secundario (industria, productos manufacturados, construcción), y por último, al terciario (servicios de todo tipo). Los autores explican también esta periodización como un proceso de modernización que significaría el paso de la agricultura a la industria, o del primer al segundo paradigma económico, o sea, para ellos, la “modernización significa industrialización”. Mientras que el paso de la industria a la economía de servicios y de la información sería un proceso de “posmodernización económica, o mejor, de informatización”. (¹4) Obviamente, como es sabido, el paso de un paradigma a otro no significa que se elimine lo que fue dominante en los paradigma anteriores sino que se transforman empleando las técnicas del paradigma dominante, por ejemplo, en la industrialización la agricultura aunque disminuya el porcentaje de población dedicado a ella puede incluso aumentar la producción, ya que la agricultura o la extracción se industrializa. Lo mismo sucede en el paradigma tercero. La industria emplea tecnologías de la información para aumentar la productividad del trabajo, ahorrar costos en mano de obra y racionalizar la producción (incrementar los beneficios). La industria se informatiza y robotiza. En todo esto también hay que tener en cuenta “las relaciones de poder que se establecen en la totalidad de la esfera económica”. (¹5) De manera, que no se puede hacer una analogía simétrica entre la Francia agraria del siglo XVIII donde lo dominante en la economía era la agricultura y la Nigeria o la India agraria del siglo XX, éstos últimos se encuentran en un marco económico mundial donde lo dominante en la economía es lo industrial, y por ende, la agricultura está en una situación subordinada en el sistema mundial capitalista.
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Teniendo esto en consideración, los autores hacen una crítica tanto a las concepciones desarrollistas que establecen un camino único hacia el desarrollo, siguiendo etapas preestablecidas, como a la teoría alternativa de la dependencia, que partiendo de premisas históricas válidas: que dado que la situación de dependencia colonial e imperialista ha llevado al subdesarrollo, y que los países dominantes desarrollados para alcanzar sus niveles de industrialización han requerido una etapa de relativo aislamiento; concluyen en una ilusión y error histórico: la solución para los países periféricos y dependientes es pasar por un período semejante de cierta desvinculación de la relación centro-periferia, para utilizar sus recursos para desarrollar su agricultura e industria, y así poder después incorporarse al sistema mundial en condiciones más ventajosas. Hoy esto ya es imposible. Argumentan su posición contra las alternativas desarrollistas y de la dependencia al imperio de la manera siguiente: “La creciente imposición del mercado mundial debería destruir la creencia de que un país o región puede aislarse o desvincularse de las redes globales de poder a fin de recrear las condiciones para su desarrollo, tal como lo hicieron los países dominantes. Incluso los países dominantes son ahora dependientes del sistema global; los intercambios del mercado mundial han producido una desarticulación generalizada de las economías. Más aún, cualquier intento de aislamiento o separación sólo significaría un modo más brutal de dominación del sistema global, una reducción a la debilidad y a la pobreza”. (¹6)
EL FIN DE LA MODERNIDAD: UNA ECONOMÍA DE SERVICIOS Para los autores no estamos en un proceso de tránsito de la sociedad moderna a otra sociedad, llamada posindustrial o posmoderna, estamos ante el hecho de que “la modernización ha llegado a su fin”. La industrialización era la modernización. La irrupción dominante del sector servicios significa el fin de la misma. Los empleos de este sector exigen trabajadores con gran movilidad espacial y flexibilidad en sus aptitudes y la importancia del conocimiento, la información, la afectividad y la capacidad de comunicación. Se ha podido constatar dos modelos en la informatización el “modelo de economía de servicios” donde hay una caída de los empleos industriales, un aumento en los empleos de servicios, y un predominio dentro de éstos de los servicios financieros que administran el capital. Los países dónde el modelo se produce son los EE.UU., Canadá y el Reino Unido. El otro es el “modelo infoindustrial”, típico de Alemania y Japón, en él el empleo industrial decae con mayor lentitud y la informatización se integra en el proceso de producción industrial. Siendo los servicios ligados con esta producción más importantes que los financieros.(¹7) Dicho lo cual hay que señalar que todas las formas de producción persisten y coexisten en las redes del mercado mundial aunque siempre “bajo el dominio de la producción informática de servicios”.(¹8) Aunque no todas las economías siguen las mismas etapas y de la misma manera, especialmente las relativamente más atrasadas. El caso italiano de después de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, que partía
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de una economía basada en la producción agrícola, ilustra el paso desde una “proto-industrialización” a una “proto-informatización”, es decir, no se completó el proceso de industrialización para luego pasar a una etapa de informatización sino que todo ello se fue haciendo de una manera continua, y eso pasará en otras zonas del mundo donde habrá, industrializaciones parciales con informatizaciones parciales, combinadas con una economía agrícola, en la cual también se irá aplicando la informatización para el proceso de producción agrícola. EL TRABAJO INMATERIAL Una economía basada en la informatización conlleva cambios sustanciales en el trabajo, tanto en su naturaleza como en su calidad. Esto se puede comprender si se examina el cambio que significa el paso de una organización de la producción fordista a un tipo de producción que se denomina posfordista o toyotista (por haberse introducido en Japón por la fábrica de automóviles Toyota). Brevemente, el fordismo debe su nombre al empresario Henry Ford que en su fábrica de coches del mismo nombre introdujo por primera vez la producción en cadena de montaje, por la cual, cada trabajador realiza una parte especializada del trabajo de montaje del producto. Esto permitía aumentar la producción haciéndola pasar de una etapa casi artesanal a la producción en masa. También se abarata el precio del producto final. Estos productos masivos necesitaban un mercado amplio, por lo que se trató que los trabajadores tuvieran mejores salarios para convertirlos en consumidores, a la vez, que se aseguraba que el trabajo fuera estable. Lo que permitía que los bancos pudieran dar préstamos al consumo con garantías de su devolución. En este sistema el Estado juega un papel importante con políticas monetarias y fiscales que favorecen el mercado y el consumo. Estas políticas se implementan después de la crisis de 1929 y sirven de estimulo para la economía junto al resto de medidas de aumento de la demanda interna que propugnó el New Deal y que en Europa en la posguerra permitió la creación de los llamados Estados de Bienestar, es decir, economías capitalistas pero con fuerte regulación estatal y con extensión de los derechos de ciudadanía social, creando políticas sociales, de salud y educación que ampliaron la participación de la mayoría de la población en la riqueza social, todo ello, dentro de una economía que tendía a rozar el pleno empleo. El denominado modelo posfordista se va a establecer como consecuencia de la crisis de los años 70 conocida como la stagflation, o sea, estancamiento económico con una fuerte inflación de los precios. Esa crisis conllevó problemas para mantener el nivel de las políticas sociales y el “pacto virtuoso” entre el Estado, los trabajadores (sindicatos), y los empresarios se fue resquebrajando, y comenzó a propagarse la idea de que era necesario reducir el papel del Estado en la economía, disminuir las partidas para políticas sociales, y desregularizar la economía dejando que el mercado actuara sin las trabas y cortapisas que imponía la existencia del Estado del Bienestar. La llegada al gobierno de Thatcher en el Reino Unido y de Reagan a los EE.UU, es el momento simbólico de un cambio de época, del auge del neoliberalismo y la reacción “neoconservadora”, que tendría su apoteosis para esas ideas, con el colapso de los Países del Este y la disolución de la URSS. El posfordismo fue la nueva
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organización del trabajo que venía a sustituir a la de la sociedad industrial, para adaptarse a una economía cuya centralidad ya no era –según sus ideólogos– la industria, la fábrica, sino una economía basada en los servicios, la sociedad posindustrial o posmoderna. Lo que destacan nuestros autores como sustancial del cambio entre modelo fordista y el posfordista es el sistema de comunicación que se establece entre la producción y el consumo de mercancías, de la transmisión de información entre los centros de producción y el mercado. Mientras que el fordismo apenas tenía que escuchar al mercado porque el consumo de sus productos estandarizados y masivos tenía una demanda asegurada y, por otra parte, los cambios en las necesidades del mercado inducían cambios en la producción aunque estos fueran introducidos con cierta lentitud. En el posfordismo hay una inversión de la estructura anterior, fordista de comunicación entre producción y mercado. De manera ideal, la planificación de la producción está en comunicación constante con el mercado, dándose casos dónde sólo se produce lo que ya se ha encargado lo que hace que se tenga un costo de almacenamiento cero, y la decisión de producir se hace después de la decisión del mercado, incluso después de haberla elegido y adquirido. Ahora bien, siendo más realistas el modelo se concibe “como un esfuerzo por lograr una interactividad continua o una comunicación rápida entre el productor y el consumidor”. Pero en el sector de la economía de servicios la situación es aún más rica y dinámica, ya que se trata de la producción de servicios cuyo resultado son bienes no materiales y durables, como “un servicio, un producto cultural, conocimiento o comunicación”, producidos por un tipo de trabajo que se conoce como “trabajo inmaterial”. Esto se ha logrado por la informatización que ha redefinido las relaciones laborales y las prácticas sociales en general. El ordenador y las comunicaciones han hecho que los tipos de trabajo inmateriales sean la clave de la competencia de la economía global. El trabajo inmaterial tiene su jerarquía o división social, hay el trabajo que se denomina de “servicios simbólico-analíticos” que trata de identificar problemas, resolver problemas y realizar negociaciones estratégicas, cuyo valor es más elevado, y hay otro subalterno de tareas rutinarias y repetitivas, como la entrada de datos, el procesamiento de textos, etc. La otra faceta del trabajo inmaterial es el llamado trabajo afectivo relacionado con las interacciones sociales y el contacto entre las personas muy característico del campo de la Salud, de la Educación, de la venta directa, así como la industria del entretenimiento (cine, radio, TV, teatro, música); se basa en la creación y en la “manipulación del afecto”. “Esta es una labor inmaterial porque, aun siendo corporal y afectiva, crea productos intangibles”. También habría que referirse a muchas formas de trabajo que son de carácter afectivo, y que contribuyen a crear “redes sociales, formas de comunidad, biopoder”.(¹9) Para los autores hay tres tipos de trabajo inmaterial que son dominantes en la posmodernización de la economía global. 1.
El que se realiza en la producción industrial informatizada en la cual el trabajo material de bienes durables se mezcla con el trabajo inmaterial.
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2.
El trabajo inmaterial de tareas analíticas y simbólicas, que se divide en el trabajo de manipulación creativa e inteligente, y el trabajo de rutina.
3.
Trabajo inmaterial de producción y manipulación de afectos y que requiere contacto humano (virtual o real).
Un rasgo del trabajo inmaterial es su carácter cooperativo, que no se impone ni organiza desde fuera –como antes–,sino que es “completamente inmanente a la actividad laboral misma”, lo que le permite valorarse a sí mismo (no requiere del capital para activarse y darse coherencia), de manera que “la productividad, la riqueza y la creación de superávit social”, las puede producir en cooperación libre en redes con otros, sin requerir del capital, lo que facilita al menos potencialmente un “tipo de comunismo espontáneo y elemental”.(²0) Hay que destacar que el uso que hacen los autores del concepto comunismo no está claramente especificado, se considera que se identifica con cooperación libre, como en este caso, o incluso con la palabra comunitario o comunidad, pero no expresa el significado marxista de comunismo que es muy claro. El comunismo como una superación del capitalismo y yendo más allá del socialismo, por tanto, no existe el Estado, el desarrollo de las fuerzas productivas permiten un nivel de abundancia, donde el estado de libertad personal alcanza tan esplendor que cada persona se puede dedicar a aquello que más le place, sin constreñimientos materiales, y existe un “hombre” y “mujer” nuevos, que han superado el egoísmo estrecho que las sociedades anteriores habían condicionado por las relaciones sociales y de producción pre existentes, que era la base de la existencia de esa supuesta “esencia humana” (individualista, posesiva, egoísta, aunque, a veces, altruista y generosa, etc.). No puede haber “comunismo espontáneo” en el capitalismo, salvo que hablemos de gérmenes de ello a nivel micro-social (un grupo de personas que se unan y decidan vivir en forma totalmente libre, colectiva, etc.), pero esas “comunas” existenciales o vivenciales, no tienen nada que ver con la idea del comunismo del marxismo, por muy adicto que uno sea a la micro-política. El uso de Negri y Hardt en Imperio de comunismo es inadecuado para un marxista pero útil para quien quiere desvirtuar su empleo porque no encaja en sus presupuestos anti teleológicos, y anti dialécticos. Debido a que los autores hacen suyas las ideas filosóficas que quieren quitarle al marxismo su “contaminación” hegeliana, que pretenden un Marx sin dialéctica y, su idea implícita de contradicciones y antagonismos sociales, que conllevan un choque, un conflicto, una lucha de clases, en definitiva. Por ello es curioso que junto al rechazo de Hegel y la dialéctica siempre, de una manera u otra, se busque prescindir de la concepción marxista del sujeto revolucionario, la clase trabajadora, para ser sustituido por una serie de grupos, identidades, o constructos ideológicos, como es el caso en nuestros autores del concepto multitud, del cual nos hemos referido en varias ocasiones pero que pasaremos analizar con mayor amplitud más adelante.
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LA HEGEMONÍA DEL TRABAJO INMATERIAL Señalan nuestros autores que el trabajo fabril, característico de la clase obrera industrial, fue hegemónico en los siglos XIX y XX, aunque no fuera cuantitativamente el mayoritario. A finales del siglo XX y en el siglo XXI el trabajo fabril ha perdido su hegemonía y en su lugar emerge el “trabajo inmaterial”, o sea, el trabajo que crea bienes inmateriales. Trabajo inmaterial no es sinónimo de trabajo intelectual, trabajo cognitivo, o trabajo de servicios, aunque tengan aspectos del trabajo inmaterial. Brevemente, las dos formas principales del trabajo inmaterial son, el trabajo intelectual o lingüístico, que produce ideas, símbolos, textos, imágenes y bienes por el estilo. La segunda forma, es el trabajo afectivo, los afectos actúan tanto sobre el cuerpo como sobre la mente, de manera que este trabajo es el que produce o manipula afectos, uno encuentra este trabajo en los asesores jurídicos, trabajadores de la salud, azafatas de vuelo, trabajadores de de los servicios de restauración y todos los trabajos que implican mantener relaciones con el público, que implican que se debe servir o atender al público con una sonrisa o con cierta afectividad hacia el que solicita los servicios. Muchos trabajos implican ambas formas de trabajo inmaterial, y también el trabajo inmaterial se suele combinar con alguna forma de trabajo material. En todo caso lo definitorio del trabajo inmaterial es que su producto es inmaterial. H&N también denominan este trabajo como “trabajo biopolítico”, “un trabajo que no sólo crea bienes materiales, sino también relaciones y, en última instancia, la propia vida social”.(²¹) Que el trabajo inmaterial ocupe o tienda a ocupar una posición hegemónica en el trabajo no quiere decir que este sea cuantitativamente, estadísticamente, mayoritario, el trabajo agrícola sigue siendo muy importante desde el punto de vista cuantitativo, y por otra parte, el trabajo industrial no ha declinado “en términos numéricos a escala mundial”. Más bien, el trabajo inmaterial es minoritario en el conjunto del trabajo global y está concentrado en algunos países y regiones dominantes en el mundo. Lo que quieren destacar H&N es que el trabajo inmaterial es cualitativamente dominante o hegemónico, es decir, que es quien marca la tendencia a las otras formas de trabajo y a la sociedad. Hoy todas las formas de trabajo se informatizan, se hacen inteligentes, comunicativos y afectivos. Nos parece importante exponer que H&N no desean caer en lo que llaman “sueños utópicos” del decenio de 1990, donde los teóricos de la llamada “nueva economía” pregonaban que por efecto de la innovación tecnológica, de la alzas bursátiles y la globalización íbamos hacia una sociedad de trabajos interesantes, que se repartiría la riqueza y desaparecerían las crisis y las recesiones económicas. La hegemonía del trabajo inmaterial no pone fin a la jerarquización, el autoritarismo, ni la polarización del mercado de trabajo, ni convierte a los trabajos en agradables y satisfactorios. Lo que si defienden es que la hegemonía del trabajo inmaterial tenderá a modificar las condiciones de trabajo, por ejemplo, en una creciente indefinición de la división entre tiempo de trabajo y de ocio. Las relaciones laborales tenderán a ser más flexibles, más móviles y más precarias.(²²) En cuanto a la organización de la producción se pasará de las cadenas de montaje a las relaciones de redes, la red será la forma de organización dominante. Y todo ello no se restringirá a la producción sino que se extenderá a toda la sociedad. Las pruebas
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que aportan para esa hegemonía del trabajo inmaterial como tendencia son tres: 1.
El empleo tiene una tendencia a que el trabajo inmaterial alcance una centralidad entre los de mayor crecimiento: personal de hostelería y restauración, representantes comerciales, técnicos en informática, personal docente, trabajadores de la salud, etc.
2.
Esta otra tendencia es más de tipo cualitativo. Las otras formas de trabajo adoptan de manera creciente características de la producción inmaterial. Integración de los ordenadores a todo tipo de trabajo, así como, los mecanismos de comunicación, información, conocimientos y afectos van transformando las prácticas productivas.
3.
Importancia creciente de las formas inmateriales de propiedad: patentes, derechos de autor, etc.
4.
La forma de red aparece en todas las facetas de la vida en sociedad. Y como lo esencial en la hegemonía es transformar toda la sociedad a su imagen y semejanza, esta tendencia se constata en la sociedad actual. LA LEY DEL VALOR Y LA SITUACIÓN DE CLASE EN LA POSMODERNIDAD
Lo expuesto sobre los cambios producidos en el trabajo tiene una explicación de mayor calado en el cuestionamiento que realiza Negri a la teoría de la ley del valor de Marx. Actualmente hay una subsunción de la sociedad entera en el proceso de acumulación capitalista, lo que conduce al fin de la centralidad de la clase obrera industrial como el lugar de la subjetividad revolucionaria. La ley del valor no tendría ya una función económica, debido a que la misma está unida a una específica forma de organización del trabajo y a un tipo de acumulación de capital ya superadas. Aunque, enfatiza Negri, esto no disminuye el papel central de las contradicciones que se dan en el proceso del trabajo social y, por ello, “la nueva subjetividad subversiva…debe ser identificada en este nuevo terreno”.(²³) Aunque la ley del valor está en crisis, afirma Negri que esto no elimina el trabajo como su fundamento, si bien, el modo de producción capitalista actual realiza una “subsunción real de la sociedad al capital, todos los sujetos que participan en la producción, el conjunto o totalidad de las relaciones constituyen la forma del valor de la subsunción real”. Por más inmaterial que sea el trabajo, como el de los intelectuales y los científicos, que se han convertido en centrales en la producción posindustrial, lo que hay que retener es que “la sustancia del valor es más importante que las formas que esta pueda asumir y está planteada más allá de la división misma (que está siendo ahora eclipsada) entre trabajo manual y trabajo intelectual. Lo abstracto es más verdadero que lo concreto”.(²4) Negri considera que la explotación no puede verse como algo simplemente económico, “la cantidad de trabajo extorsionado”, sino que debe reconocerse en el nexo que liga lo político con lo social, siendo lo político lo que sobredetermina la organización del trabajo social “imponiendo su reproducción de
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acuerdo con líneas de desigualdad y jerarquía. La explotación es la producción de las líneas políticas de la sobredeterminación de la producción social”. Insiste en que lo económico no es negado, sino que, por el contrario, la explotación “es la confiscación, la centralización y la expropiación de la forma y del producto de la cooperación social y, por consiguiente, es una determinación económica…pero su forma es política”.(²5) La función fundamental del poder es intentar impedir que el carácter cada vez más social de la producción, de su carácter cooperativo, tenga el control, el dominio, sobre su propio funcionamiento. También es importante para comprender el enfoque de Negri sobre el sujeto revolucionario, su idea de que en el capitalismo actual la distinción entre trabajo simple y trabajo socialmente necesario ha perdido toda su importancia, así como las distinción entre trabajo productivo e improductivo, entre producción y circulación. Hoy el trabajo productivo no es más el que produce directamente capital, sino lo que “reproduce la sociedad”. En cuanto a la producción y a la circulación, “la primera es subsumida en la circulación, y viceversa”. (²6) El capitalismo por más reformista que sea nunca pasa de una fase a la siguiente o a un modo de producción superior de manera voluntaria, sino que esos cambios se producen siempre por efecto de los antagonismos sociales, de ahí que afirmé que: “Toda innovación es una revolución que fracasó, pero también una que fue intentada. Toda innovación es la secularización de la revolución”. Por ello la socialización de la forma del valor a que nos hemos referido mostraría para Negri, que el proceso que modifica el ordenamiento capitalista ataca el poder capitalista en un grado cada vez mayor: “La creciente complejidad de la sociedad es la creciente precariedad de la dominación. Los filósofos que hicieron de la complejidad social un laberinto dentro del que se pierde la función revolucionaria del proletariado… son sólo charlatanes”. (²7)
LA MULTITUD EN EL IMPERIO Para teorizar sobre la multitud hay que demostrar antes que la clase trabajadora ha sido eliminada del escenario de la historia como sujeto del cambio revolucionario de la sociedad, en el sentido de ser, la única en el capitalismo que al suprimir su situación de explotación y dominación, libera a todas las demás clases y fracciones de clase. Por ello, todos los autores que propugnan otros sujetos para reemplazar a la clase trabajadora buscan otras identidades o agentes sociales para sustituirla, teorizan sobre el fin, el declive, la obsolescencia de ese sujeto. Para H&N después de la crisis de 1970 y el paso del fordismo al posfordismo, los cambios acontecidos en el capitalismo en años posteriores, la informatización de la sociedad, la clase trabajadora ha perdido la centralidad, la multitud es quien toma su relevo. La multitud no es definida en Imperio con la claridad lógica necesaria, género próximo y diferencia específica, propio de una buena definición, al menos en la lógica formal, Lo que puede deducirse de lo que afirman los autores es que la misma surge en la nueva etapa posfordista, por tanto sus orígenes son posmodernos y no puede ser sinónimo ni de la masa, ni del “pueblo” –como algunos entienden o han mal
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entendido–, ya que, a diferencia de éstos, la multitud no necesita dirigentes, ni partidos que la representen, ni siquiera portavoces o representantes, y además ni siquiera depende del marco territorial del Estado-Nación. Señala Di Nardo que en una entrevista en Italia al pedírsele que diera una definición del concepto de la multitud, Negri dio una respuesta que se caracteriza por la vaguedad: “La multitud”, dice Negri, “es un concepto de clase, una nueva versión de clase...”. Implica que las clases trabajadoras están en minoría, al menos en los términos tradicionales o fordistas. Sin embargo, se convierten en mayoría, cuando se le añaden todos los trabajadores que realizan trabajo intelectual, inmaterial, autónomo, sea este más directivo y creativo o de tareas rutinarias, inevitablemente subordinado. (²8)
Esa vaguedad en la conceptualización de la multitud conlleva que en un intento de buscar un sujeto más concreto se le haya identificado con pueblo, con los sectores populares o con la plebe, pero nada de ello responde al concepto que tienen los autores de la multitud. Por lo tanto vamos a referirnos a lo que es pueblo y lo que es multitud. PUEBLO, MULTITUD Y CLASE Como exponen Negri y Hardt, hay que distinguir a la multitud del pueblo, y de otros sujetos sociales como la gente, la masa, la turba o la chusma. Aunque la población está compuesta de una pluralidad de individuos y de clases diversas, el pueblo es uno. El pueblo reduce las diferencias sociales que existen en una población en una identidad. Las partes que componen el pueblo se funden dentro de su unidad y se convierten en identidad dejando a un lado las diferencias. Por ello en la filosofía política el pueblo puede erigirse en poder soberano. Las gentes, las masas, las turbas o la chusma se caracterizan por no ser singularidades, lo que se comprueba viendo lo fácil que se diluyen sus diferencias en la indiferenciación del conjunto, y además, son pasivos, no son capaces de actuar por sí mismos sino que necesitan quienes los dirijan, los conduzcan. Aunque sus acciones sociales puedan incluso tener efectos muy destructivos, no actúan por voluntad propia y son muy manipulables. La multitud, al contrario de todo lo anteriormente expuesto, no se encuentra unificada, es plural y múltiple, se compone de singularidades, entendiendo los autores por tal cosa, “un sujeto social cuya diferencia no puede reducirse a uniformidad: una diferencia que sigue siendo diferente”. Por ello estas singularidades plurales de la multitud son muy diferentes a la unidad indiferenciada del pueblo. Ahora bien, no por ello se entienda que la multitud es algo meramente fragmentario, caótico o incoherente. La multitud es un sujeto social activo que actúa en función de lo común, de lo que es compartido por esas singularidades, pero aún siendo plural e internamente diferente puede actuar en común y auto dirigirse. La multitud se gobierna a sí misma, es el único sujeto social capaz de realizar la democracia, entendida como el gobierno de todos por todos. Desde la perspectiva socio-económica la multitud es el sujeto común del trabajo,
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“la carne verdadera de la producción posmoderna” y, a la vez, el objeto del capital colectivo que utiliza para su desarrollo global, por lo cual se encuentra, contra y, a la vez, dentro, del proceso de globalización capitalista. Pero no se debe olvidar que ya fuera del capital no hay nada y que el imperio capitalista es una especie de “no lugar”, en el sentido de ser todos los lugares. Mientras que los lugares de explotación son siempre concretos y determinados. (²9) Señalan éstos autores que la multitud “es un concepto de clase”, pero afirman que tanto la concepción marxista como liberal acerca de las clases tienen razón, en el sentido de que es cierto que la sociedad capitalista se caracteriza por la división entre el capital y el trabajo y que las condiciones de trabajo y de vida conducen a que adopten características comunes, pero también es cierto que en la sociedad posmoderna hay un número “potencialmente infinito” de clases, no solo basadas en “diferencias económicas sino también por raza, etnia, geografía, género, sexualidad y otros factores”. La conclusión es que si ambas posiciones son ciertas es que esa alternativa tal vez sea errónea, afirman nuestros autores. Y dan un criterio en apoyo de este argumento que consideramos en parte acertado: “La obligación de elegir entre unidad y multiplicidad equivale a tratar la clase como un concepto meramente empírico y omite la consideración de que hasta qué punto la propia clase se define políticamente”. (³0) Efectivamente, si uno escoge no importa cuál criterio uno puede establecer a partir del mismo una multiplicidad elevada de grupos de personas con características similares, por tipos de vivienda, ingresos, niveles educativos, color de piel, y un largo etc., pero las clases que verdaderamente importan, sociológicamente hablando, son las que son definidas, “por las líneas de la lucha colectiva”. “La clase está determinada por la lucha de clases”. Así pues, se puede decir que “la clase es un concepto político” dado que: i.
“la clase no es ni puede ser otra cosa sino una colectividad que lucha en común”, y,
ii. porque “una teoría de la clase no solo refleja las líneas existentes de la lucha, sino que ha de proponer posibles líneas futuras” de luchas colectivas. (³¹) El concepto de multitud viene a reformular el proyecto político marxista de la lucha de clases, por lo cual más importante que indagar, ¿qué es la multitud?, es preguntarse ¿qué puede llegar a ser?, o sea, más que su realidad actual importan sus condiciones de posibilidad. MULTITUD Y CLASE TRABAJADORA El concepto de multitud es diferente al de clase trabajadora o clase obrera. Clase trabajadora en los siglos XIX y XX designaba un concepto restringido basado en criterios de exclusión, por ejemplo se consideraba clase obrera al asalariado de las fábricas delimitándolo de otras clases de trabajadores. Aunque en sentido amplio se podía considerar como clase obrera a todos los asalariados, pero se excluían a ciertos tipos de asalariados (del comercio, los servicios, etc.). Aunque Negri y Hardt no lo explican todo ello tiene relación con el trabajo productivo y la producción directa de plusvalía. Es en función de ello que se considera “el único sujeto capaz de actuar con eficacia contra el capital”. Lo que a ellos les importa es señalar que eso no es cierto hoy,
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y por tanto el concepto de multitud descansa en el “postulado de que no hay prioridad política entre las formas de trabajo”, ya que hoy todas comparten el ser socialmente productivas y comparten ser potencialmente capaces de oponer resistencia a la dominación del capital. Por tanto, la clase obrera no tiene ningún privilegio político respecto a las demás clases de trabajadores en el seno de la multitud. Si el concepto de clase obrera es excluyente el de multitud es inclusivo, abierto y expansivo. La multitud es: “la totalidad de quienes trabajan y producen bajo el dominio del capital”. (³²) LA MULTITUD COMO SUJETO POLÍTICO ¿Cómo se convierte la multitud en sujeto político? La explicación de los autores en Imperio se construye sobre un relato que tiene como elemento principal los conflictos que han provocado las revoluciones del siglo XX , la rusa de 1917, china de 1949, las luchas antifascistas de los años 30 y 40, las luchas de liberación de los países coloniales de los 60 y claro está la de 1989 contra el sistema soviético, todas fueron forjando la ciudadanía de la multitud de “productores explotados y sometidos”, y poniendo las condiciones de una “nueva subjetividad política, una multitud insurgente contra el poder imperial”. La multitud se produce a sí misma como singularidad debido a su trabajo, a la cooperación y comunicación, a través de todas las esferas de la producción “biopolítica”, que va a definir una nueva singularidad productiva. Pero no se trata de que la multitud sea una mezcla de pueblos y naciones, “la multitud es el poder singular de una nueva ciudad”.(³³) Como se puede constatar se trata de una explicación muy abstracta y a veces se tiene la sensación de que además es “vacía”. Quizás ayude a explicar un poco decir que la noción de biopoder, biopolítica, se refiere al tipo de poder propio del imperio, ya que el capitalismo de la era del imperio ejerce su dominio y control no sólo sobre la economía y la política sino sobre la totalidad de la vida social e individual, por ello es un biopoder.(³4) Para Negri y Hardt la multitud no es un agregado heteróclito de mezcla de pueblos y naciones, “la multitud es el poder singular de una nueva ciudad”. Se va construyendo a sí misma debido a su trabajo dirigiendo las tecnologías, el conocimiento, la información y la producción hacia el aumento de su propio poder; por ello: “La teleología de la multitud es teúrgica”. “La multitud no tiene necesidad de buscar fuera de su propia historia y de su propio poder productivo presente los medios de llegar a constituir un sujeto político”. (³5) Y, además, la multitud no estaría encorsetada en los límites del Estado-Nación, estaría lejos de verse representada por un “partido-representante” sino que se trataría de una cooperación entre las plurales nuevas subjetividades sociales. Por ello, concluyen, la multitud tiene la función de sustituir la noción implícita en las clases sociales de lucha entre ellas, la lucha de clases. ¿Cómo se hacen políticas las acciones y cómo se puede organizar la multitud? La respuesta que dan nuestros autores –ellos lo reconocen– es demasiado abstracta, tanto que uno puede decir que es más una declaración generalista, que ideas prácticas para una articulación organizativa-política:
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“La acción de la multitud se hace principalmente política cuando comienza a enfrentarse de manera directa y con una conciencia adecuada a las operaciones represivas centrales del imperio…Se trata…(de) no permitirles restablecer continuamente el orden; se trata de cruzar y violar los límites y las segmentaciones impuestos sobre la nueva fuerza laboral colectiva; se trata de reunir estas experiencias de resistencia y empuñarlas concertadamente contra los centros nerviosos del mando imperial”.(³6)
Lo que si hacen los autores es exponer algunos elementos o ideas para elaborar un proyecto político de la multitud que resumimos en lo siguiente: 1.
La demanda política de una ciudadanía global, que, entendemos, significa la no existencia de fronteras nacionales y la libre circulación de personas por todo el mundo sin restricciones. Ya que es la multitud y no los Estados-Nacionales, quien debe poder decidir si quiere mudarse, cuándo y hacia dónde, y sí quiere permanecer en un lugar u otro. “El derecho general a controlar sus propios movimientos es la demanda última de la multitud por una ciudadanía global”. ³7) La negación que hacen del Estado-Nación les conduce a un “callejón sin salida político”. Los autores imaginan una “decadencia…de todo espacio independiente donde pueda florecer la revolución dentro del régimen político nacional o donde sea posible transformar el espacio social utilizando los instrumentos del estado”. (³8) Como ese espacio no existe no hay un lugar donde el cambio se pueda producir, a menos que sea en ese no lugar que es el imperio. Empero, el Estado-Nación parece tener asegurada mucha vida todavía. Entre el proyecto político de la multitud se encuentra el de la “ciudadanía global”, pero la ciudadanía se refiere a derechos y prerrogativas y a la participación política, lo cual requiere un marco legal, que lo proporciona el Estado-Nación. Si esto es así la pregunta que surge es ¿en qué marco se ejercerá esa ciudadanía? Aquí estamos ante una apelación a un “internacionalismo abstracto”, o mejor, a un “cosmopolitismo global” sin asidero en la realidad concreta. El problema es que en su olímpica abstracción este internacionalismo descansa sobre una “noción abstracta y poco realista de una sociedad civil internacional o ciudadanía global”. Ya que si el logro de la democracia y de los derechos de ciudadanía han sido tan difíciles de lograr en las sociedades nacionales del capitalismo periférico, no se entiende cómo transferir esto al plano internacional sería la solución: “La…sociedad civil global, lejos de estar liberada de las limitaciones clasistas que tornan imposible la plena expansión de los derechos ciudadanos en las sociedades nacionales, las sufre aún de manera más acusada, surcada como está por abismales desigualdades económicas y sociales y por los rasgos opresivos inscritos en sus estructuras, normas y patrones de funcionamiento”.(³9)
2.
Un salario social y un ingreso garantizado para todos, porque toda la multitud produce, incluso los desempleados; es un ingreso de “ciudadanía” que se le debe a todo miembro de la sociedad, ya que en la sociedad posmoderna y en la producción biopolítica, la fuerza laboral es de más en más una fuerza colectiva y social.
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3.
El derecho de reapropiación, que es, sobre y ante todo, el derecho de reapropiación de los medios de producción, que en la producción inmaterial y biopolítica posmoderna significa: tener libre acceso al conocimiento, a la información, a la comunicación y a los afectos y poder controlarlos, ya que éstos son elementos básicos de la producción biopolítica. El derecho a la reapropiación es el que tiene la multitud al autocontrol y a la autoproducción autónoma.(40) Señalan los autores que el modo de producción que emerge de la multitud se afirma contra la explotación en nombre del trabajo, contra la pobreza en nombre de la cooperación, en contra de la corrupción en nombre de la libertad, Y también valoriza el propio cuerpo en el trabajo y recupera la inteligencia productiva a través de la cooperación y hace de la existencia un reino de la libertad. Ahora bien, para lograr llegar hasta ahí no existe ningún modelo: “Sólo la multitud a través de su experimentación práctica ofrecerá los modelos y determinarán cuándo y cómo lo posible ha de hacerse real”.(4¹) ETAPAS EN LAS LUCHAS DE LOS TRABAJADORES
La historia de la militancia de los trabajadores tiene tres grandes etapas según exponen nuestros autores en Imperio. La primera fase corresponde a la etapa que precedió al fordismo y al taylorismo y que tuvo como figura al que llaman ”trabajador profesional”, un obrero especializado que es organizado jerárquicamente en la producción industrial. Su proyecto de reapropiación se basaba en la propia fuerza productiva del obrero. Su lema era crear una república de consejos obreros, su fin un soviet de productores. Una segunda etapa corresponde a los regímenes de producción fordista y taylorista, que tenía como figura al “obrero masivo”. Buscaban extender su poder sobre todos los mecanismos de reproducción social. Su programa consistió en crear una alternativa al poder capitalista. Las organizaciones sindicales masivas, el reformismo socialdemócrata y la construcción del Estado del Bienestar fueron resultado de esa relación de fuerzas con el capital y el Estado. La alternativa comunista actuó como un contrapoder. La tercera etapa de la militancia de los trabajadores es la de la producción posfordista basada en la informatización, que da lugar a lo que llaman nuestros autores el “trabajador social”, donde está inmersa toda la fuerza de trabajo inmaterial. Su orden del día es crear un poder constituyente, un proyecto de constitución que dé el mismo derecho de ciudadanía a todos los que habitan la esfera del mercado mundial, es decir, “la autovaloración del ser humano”. Que haga realidad el derecho a comunicarse y a controlar las redes de comunicación, es decir, la cooperación entre todos. Y que establezca un poder político basado en la expresión de las necesidades de todos, en la “democracia absoluta”, dirigida por la multitud. La organización futura que establezca la multitud negará la explotación y deberá arrancarla de la realidad, debe excluirse, no solo de los cuerpos, sino también de los conocimientos y de los afectos sociales. Por ello afirman H&N:
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“La constitución de los nuevos cuerpos, fuera del campo de la explotación, es una base fundamental del nuevo modo de producción”. Y, también, está bien traerlo a colación, para darnos un aterrizaje de las ideas puras a algo más cercano a la realidad social concreta, el nuevo modo de producción recuperará la riqueza de manos del capital y construirá una nueva riqueza basada en los poderes de la ciencia y el conocimiento social, mediante la cooperación. Todo ello hace innecesaria la propiedad privada: “Hoy, en la era de la hegemonía del trabajo inmaterial y cooperativo, la propiedad privada de los medios de producción es sólo una obsolescencia pútrida y tiránica”. (4²)
CRISIS DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL Y NUEVAS FIGURAS SUBJETIVAS En 2007 y 2008 se produjo la crisis financiera, con el estallido de la burbuja inmobiliaria, las hipotecas sin respaldo, y una serie de figuras financieras inventadas para especular.Todo ello ha sido el resultado del triunfo del neoliberalismo que según afirman Negri y Hardt, con su crisis produce un desplazamiento de los términos de la vida económica, política, y opera una transformación social y antropológica, creando “nuevas figuras de subjetividad” de la crisis neoliberal. Expresado de manera muy resumida, la hegemonía en la economía de las finanzas y los bancos ha producido la figura del endeudado. El control que se ejerce sobre las redes de comunicación e información produce la figura del mediatizado.El régimen de seguridad y lo que los autores califican como “estado de excepción generalizado” construye una figura miedosa y con ansías de protección, el seguritizado. La corrupción de la democracia forja la figura de un ser extraño y despolitizado, el representado. Los movimientos de resistencia y rebelión deben actuar teniendo como terreno social a estas figuras. EL ENDEUDADO El endeudado es hoy el explotado de la sociedad neoliberal ya que la explotación se fundamenta en la deuda, en el hecho de que la mayoría de la población, “el 99 por 100 –debe trabajo, debe dinero, y debe obediencia– al 1 por 100”. Para su supervivencia y el de su familia, el endeudado debe vender no sólo ocho horas al día, sino que “debe vender todo su tiempo de vida”.(4³) Ello conlleva que su auto percepción no sea de que son productores sino consumidores, claro que producen pero trabajan para el pago de sus deudas, ya que consumen (vivienda, automóvil, colegios, supermercado, farmacia, impuestos directos e indirectos, vestidos, ocio, etc.). Lo que se debe resaltar es que esta relación acreedor-deudor desenmascara las desigualdades en que se sustenta la sociedad capitalista. La sociedad capitalista ha sufrido una transformación en la producción que la lleva desde un orden basado en la ganancia (la acumulación del valor medio de la explotación industrial) a uno dominado por la renta (por el valor medio de la explotación del desarrollo social). La producción depende de figuras de trabajo socializadas no individuales. Y por otra parte, el rentista, está alejado de la producción y no percibe la realidad de la explotación y el sufrimiento que se genera para que se
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produzca su renta. Desde Wall Street no se ve el sufrimiento que se requiere para producir el valor, ya que “ese valor tiende a basarse en la explotación de una vasta multitud, asalariada y no asalariada. Todo ello se torna gris en el control financiero de la vida”. 44) Los nuevos pobres incluyen no solo a los desempleados y a los trabajadores precarios, con trabajos de tiempo parcial, sino a los asalariados con contratos fijos y a las capas que se han empobrecido con la crisis de la llamada clase media. Todos están atados por los grilletes de la deuda, están endeudados, y esto se convierte en una nueva servidumbre, son propiedad de los señores de las finanzas. EL MEDIATIZADO Si en épocas anteriores el problema con relación a los medios de comunicación de la acción política era que las personas no tenían un acceso suficiente a la información o no podían comunicar sus propias opiniones, actualmente, y pese a intentos de bloquear el acceso de los ciudadanos a las webs, lo que predomina en las sociedades más avanzadas es que los sujetos están sofocados por un exceso de información. Como expone Deleuze la cuestión estriba no tanto en que las personas se puedan expresar sino en procurarles espacios de soledad y silencio para que piensen y, como consecuencia de ello, tengan realmente algo que decir. Por tanto, lo que se nos plantea hoy no es tanto la cantidad sino la calidad de la información, de la comunicación y de la expresión. Por otra parte, la producción y el trabajo están cada vez más mediatizados, ya que las tecnologías de la comunicación juegan un papel creciente en las prácticas productivas. Con sus tablets y sus teléfonos inteligentes se puede estar en cualquier lugar y seguir trabajando, de manera que aunque parece que esas tecnologías liberan del trabajo, también nos atan más, permiten que seamos cada vez más controlados, laboral y políticamente. De manera que, como afirman Negri y Hardt, la “mediatización es uno de los principales factores que hacen que las divisiones entre trabajo y vida sean cada vez más borrosas”. (45) De lo que concluyen que más que alienados los trabajadores están más bien mediatizados, la conciencia del mediatizado no está dividida, está subsumida o absorbida por la red de redes. El mediatizado es una subjetividad cuya atención está absorbida. Esto tiene consecuencias políticas ya que la clase y la acción política se forman no tanto por la circulación de la información o de las ideas sino mediante “la construcción de afectos políticos, lo que exige una proximidad física…nada puede reemplazar…estar juntos los cuerpos y a la comunicación corpórea”.(46) EL SEGURITIZADO Estamos permanentemente controlados, vigilados, en el trabajo, en la escuela, en los hospitales, en los aeropuertos, en las calles, si entramos en internet, si hacemos llamadas telefónicas, si hacemos compras con tarjetas de crédito o débito, en todos esos lugares existen sistemas de almacenamientos de datos y de inspección. Y si todo eso fuera poco hay una constante mejora en las tecnologías de seguridad. Es como si la
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sociedad fuera una inmensa prisión, donde se nos tiene bajo una vigilancia total, como señalaba Foucault la prisión comienza tan pronto como sales de tu casa, y me atrevo a agregar y hasta dentro de ella. Es una sociedad seguritizada, una sociedad cárcel, pero aceptamos esto porque se nos ha hecho creer que el exterior es aún más peligroso. La clave de este tipo de sociedad es el miedo. Por eso somos a la vez reclusos y guardias, interpretamos ambos papeles a la vez. Negri y Hardt afirman que estamos en una situación de estado de excepción con la particularidad que este estado de guerra parece no tener fin, pero lo cierto es que si el estado de excepción generalizado es una especie de tiranía, como todas, sólo existe debido a una servidumbre aceptada, voluntaria. ¿Cuál es el motivo de esta situación? Negri señala que todo esto ha ido parejo con la hegemonía de las políticas neoliberales. La creciente precariedad, flexibilidad y movilidad de los trabajadores exigidos por la economía neoliberal, marcan una nueva fase de acumulación primitiva en la que se crean diferentes estratos de poblaciones excedentes. “Si se les deja arreglárselas por sí solos, los desempleados, los pobres con empleos misérrimos pueden constituir clases peligrosas desde las perspectivas de las fuerzas del orden”.(47) La crisis económica y financiera ha exacerbado esos miedos siendo el mayor el de quedarse sin empleo y por tanto estar condenado a vivir en condiciones degradadas. El mensaje indirecto es que hay que ser un buen trabajador, obedecer fielmente a su empleador o jefes, obviamente, no rebelarse, no protestar, ni mucho menos hacer huelgas, ya que todo eso conduce a perder su trabajo y por lo tanto a no poder pagar sus deudas. Bajo la palabrería de la libertad, el neoliberalismo ha creado una sociedad del miedo, miedo a los poderosos, a los poderes establecidos, pero también, miedo a los otros, a los demás, considerados potenciales peligros. El miedo, se convierte en un “significante vacío en el que pueden aparecer todo tipo de fantasmas aterradores”. EL REPRESENTADO Vivimos cada vez más en sociedades donde parece convivir la democracia y el capitalismo, entendiendo por democracia “gobiernos representativos”, es decir, elegidos por sufragio. Si existe real separación de poderes, posibilidad efectiva de control político de las acciones gubernamentales, es otro cantar. En realidad, los ciudadanos votan y allí prácticamente termina su papel en esas democracias capitalistas. Ahí radica la crítica que hacen los movimientos contestarios o de indignados, no se quiere con ello volver atrás, sino aclarar que la representación más que un motor de la democracia es muchas veces un obstáculo a la misma. La figura del representado –afirman Negri y Hardt–, reúne las del endeudado, el mediatizado y el seguritizado y viene a resumir el resultado final de su subordinación y su corrupción. Expuesto de manera sumaria: 1.
El poder financiero y de los ricos arrebatan a las personas la capacidad de organizarse y ser capaces de afrontar la financiación de las campañas electorales, si no eres rico no te puedes costear la campaña, y para logarlo tienes entonces que corromperte y corromper a tu vez.
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2.
Si no se tiene el control de medios de comunicación es casi imposible contraponer la labor de los lobbies y los grupos de presión al servicio de las campañas de comunicación e imagen de los poderosos financiados por los capitalistas, de manera que es la misma casta política la que copa los puestos “representativos”. “Los medios de comunicación dominantes crean obstáculos para toda forma emergente de participación democrática”. (48)
3.
El miedo del seguritizado es producido mediante tácticas alarmistas por los medios de comunicación dominantes. Se transmite que el hombre es un lobo para el hombre, y se crean chivos expiatorios y actitudes de miedo y rechazo a las minorías emergentes y a las ideas críticas y alternativas. Aunque se reconozca el fracaso de las estructuras de representación, se trata de que el representado no vea alternativa a la misma y así se vea empujado a retroceder por miedo, y volver al cauce de “lo malo conocido”.
Aunque el funcionamiento de la representación fuera correcto, y no estuviera viciado por lo ya expuesto, señala Negri, la representación es un mecanismo que separa a la población, a los ciudadanos del poder, a los mandados de los que mandan. Como decía Carl Schmitt representar significa hacer presente una ausencia o, en realidad, a nadie en concreto. Si este sistema de representación ha durado tanto tiempo es porque ha estado respaldado por “la voluntad de los poderosos, de los poseedores de riqueza, de los productores de información y de los instigadores del miedo, predicadores de la superstición y la violencia”. (49) Para H&N aunque aceptáramos la idea de la representación como medio de la democracia, en el actual contexto político su papel se ve cuestionado, debido a que los sistemas de representación se crearon para ámbitos nacionales, y el surgimiento de una estructura global socava el principio. De hecho, las instituciones globales no se esfuerzan por representar la voluntad de los ciudadanos. Los acuerdos se fijan, se sellan y se garantizan sin tener en cuenta lo que las instituciones representativas de los Estados-nación deciden. Para las estructuras de gobernanza global nada de eso tiene importancia. Y por tanto, mucho menos importancia tiene el “representado” que es una “cáscara vacía de un mecanismo de gobernanza que ya no hace referencia al ciudadanotrabajador”. El representado no tiene acceso a la acción política efectiva. DE LA INDIGNACIÓN A LA REBELIÓN Todas las figuras dominadas de la sociedad contemporánea son capaces de rebelarse y hay cada vez más motivos para ello cuando los dirigentes neoliberales lo que nos dicen, de una manera u otra, es que si queremos evitar una catástrofe tenemos que someternos a un empeoramiento en nuestras condiciones de vida, de trabajo y de consumo. Así pues, las transformaciones neoliberales en todos los ámbitos han despojado a los ciudadanos de sus derechos y los han empobrecido, pero también puede ser el momento adecuado para que, viéndonos como sujetos con una comunidad de situaciones comunes, nos rebelemos:
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“Cuando uno está bajo el peso de la deuda, cuando la propia atención está hipnóticamente pegada a la pantalla, cuando uno ha convertido su propia casa en una cárcel, uno se da cuenta de hasta qué punto la crisis capitalista individualiza y abusa de las pasiones humanas. Uno está solo, despotenciado”, pero, a la vez, uno puede ver que se ha producido “un estar juntos. En la crisis, el endeudamiento, la mediatización, la seguritización y la representación nombran una condición colectiva…estamos aquí juntos. Hay un kairòs de resistencia, así como un kairòs de comunidad... debemos luchar para liberarnos de esas condiciones de empobrecimiento, miseria y soledad”.(50)
Esas luchas se han producido desde 1976 hasta nuestros días: protestas del movimiento alterglobalización contra el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sobre la deuda soberana de los países subordinados, los levantamientos populares y asambleario contra la política neoliberal en Argentina y contra los programas de austeridad (revueltas contra el FMI) de Perú, 1976, Egipto, 1977, República Dominicana, 1984, Venezuela,1989; hasta las acampadas de Zucotti Park por Occupy Wall Street, los disturbios de Los Ángeles de 1992, París, 2005, Londres, 2011, y el 15M en la Puerta del Sol de Madrid. Luchas que van desde rebeliones contra el neoliberalismo y las políticas de las instituciones financieras internacionales, movimientos contra las deudas, las hipotecas y los desahucios, cuestiones raciales y de exclusión social, todas son un reclamo de que otro mundo es posible. Aunque nos parece que es excesivo señalar respecto a ellas, como hacen nuestros autores, que vendrían a demostrar que “la vieja teoría bolchevique de un tránsito de la conciencia política de la espontaneidad a la organización ya no tiene cabida”. Aunque si estamos de acuerdo en sus ideas de que estas luchas no se pueden clasificar y jerarquizar como que unas son más avanzadas y otras más atrasadas, o moralizar sobre que las rebeliones de los pobres deben estar mejor organizadas y ser menos violentas. Lo cierto es que quienes las jerarquizan y distinguen con más énfasis son los poderes dominantes: En Estados Unidos las revueltas en los campus universitarios se reprimen con gas pimienta, mientras que las rebeliones de los pobres y de los negros se reprimen con balas. También es muy interesante lo que afirman H&N sobre el tipo de comunicación y de organización política que se requiere en la época de la irrupción de la multitud: “Hoy las manifestaciones y las acciones políticas no nacen de un comité central que da la orden, sino de la reunión y la discusión entre numerosos grupos pequeños….después de la manifestación, los mensajes se extienden viralmente por los barrios y por una serie de diferentes circuitos”. (5¹)
Los autores nos recuerdan que el poder no es una cosa sino una relación y por más imponente que sea depende de ti y, sobrevive, gracias a tu disposición a participar en la relación, por lo tanto, recomiendan que se encuentre una puerta de salida para escapar de él, sea la deserción o la desobediencia. (5²)
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PODER CONSTITUYENTE El sistema representativo vigente es una especie de antiguo régimen, ya que tiene más de dos siglos de existencia. De manera que es lógico que se dé un debate político y constitucional sobre el mismo. Ya que de lo que se trata ahora no es tanto de la representación sino de la participación directa en la toma de las principales decisiones que afectan al común, es decir, al conjunto de los ciudadanos. En las sociedades burguesas de la era industrial –afirman H&N–, el medio de la acción política era predominantemente individualista y corporativo. En las sociedades posindustriales dominadas por el neoliberalismo al representado (los ciudadanos), se les concede un papel político pasivo (votar cada cierto período de tiempo), todas las demás formas de participación han sido vaciadas de contenido. Weber lo expresó nítidamente cuando dijo que la democracia era votar cada cuatro años y después dejar que los elegidos hicieran lo que quisieran y si lo hacían mal, darles una patada en el trasero en las próximas elecciones, es lo que llamaba democracia plebiscitaria, que es realmente lo que tenemos en las llamadas democracias representativas en la actualidad, donde la participación fuera del ámbito electoral es casi nula o muy limitada. Sin embargo, es necesario que surjan nuevas formas de participación y de poderes constituyentes que puedan ser renovados desde abajo. ¿Por qué es necesaria una estructura normativa? Debido a que: “Toda revolución necesita un poder constituyente, no para poner fin a la revolución, sino para continuarla, garantizar sus conquistas y mantenerla abierta a innovaciones adicionales. Un poder constituyente es necesario para organizar la producción social y la vida social de acuerdo con nuestros principios de libertad, igualdad y solidaridad”. (5³)
El fin que se buscaría es revisar constantemente las estructuras políticas para que se vayan adecuando a los cambios producidos en la sociedad y que respondan a los conflictos, necesidades y deseos sociales. Se trata de crear una multitud que haga una acción política democrática y que produzca el autogobierno. Cierto es que, muchas veces, para llegar hasta ese momento puede ser necesario hacer un proceso destituyente antes que constituyente, es decir, practicar un alejamiento, un éxodo, fuera de las estructuras políticas existentes, para preparar la base de un nuevo poder constituyente.(54) UN NUEVO PROYECTO DE DEMOCRACIA La democracia está en crisis y no solo por sus insuficiencias prácticas y por la corrupción sino en el concepto mismo, dice nuestros autores, debido a que “no queda claro lo que significa democracia en un mundo globalizado”(55) tiene que ser algo muy distinto a lo que era la democracia en el contexto de los Estados-nación. Para algunos la globalización es una amenaza a la democracia y hay que replegarse en la defensa del Estado-Nación para hacer frente a los procesos de neoliberalización y destrucción de lo público, que buscan poner fin a los Estados de bienestar.(56) Para otros lo importante es aliarse con la potencia hegemónica y obtener beneficios
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por ello (caso típico de Blair), otros, los llamados “cosmopolitas liberales” consideran que la globalización promueve la democracia.(57) En lo que coinciden con las posiciones más conservadoras, respecto a la globalización, que son las difundidas por los grandes medios de comunicación. Esta posición conservadora estima que la hegemonía global de los EE.UU. y el capitalismo globalizado implican por sí mismo la expansión mundial de la democracia. La globalización del capital es la globalización de la democracia. Lo realmente importante respecto a la democracia es que se enfrenta a lo que H&N llaman “un salto de escala, de la del Estado-Nación a la planetaria”, que obliga a una práctica diferente de la democracia. Las protestas y manifestaciones de las multitudes en diferentes países lo que vienen a señalar es que la democracia no se hace ni se impone “desde arriba”. No es el rostro político del capitalismo ni un sistema para control y beneficio de las élites tecno-burocráticas, no se puede imponer bajo invasiones militares, ni en las formas del típico o redivivo “caudillismo latinoamericano” que, como afirman con acierto nuestros autores: “han demostrado ser más eficaces para crear nuevas oligarquías que sistemas democráticos”.(58) La democracia sólo puede surgir desde abajo, por eso su crisis actual podría conducir a una democracia como gobierno de todos por todos, por tanto una democracia sin adjetivos (democracia representativa, participativa, etc.). Una democracia directa de nuevo tipo, que puede utilizar y generalizar la toma democrática de decisiones sobre tópicos fundamentales basada en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Esto haría poner en práctica el ideal de los revolucionarios europeos y de los Estados Unidos del siglo XVIII de una democracia de todos: el gobierno de todos por todos, que supera la concepción antigua griega tal como fue definida por Pericles, democracia como el gobierno de la mayoría. Esta democracia de todos por todos es una superación también –como ya se ha expuesto más arriba–, de la concepción de la representación, ya que toda representación es una “síntesis disyuntiva”, ya que une y separa a la vez. Más que fomentar el gobierno de todos por todos, la democracia representativa es una especie de vacuna protectora contra la democracia absoluta, la democracia de todos por todos. Por eso Rousseau expuso aquello tan pesimista y que en definitiva le inclinaba a gobiernos aristocráticos (basados en la virtud y el saber), ya que el orden político más natural y superior es que los “más sabios gobiernen a la multitud”. Esto así debido a que la democracia no está al alcance de los humanos: “Si hubiera un pueblo de dioses estaría gobernado democráticamente”. Por ello tenemos esa dualidad en el Contrato Social, por un lado, la soberanía no se puede representar, la soberanía es del pueblo, pero, por otro lado, para el gobierno, la representación es no sólo aceptable sino que es lo más apto.(59) Lo mismo ocurre en la concepción democrática de James Madison, el coautor de El Federalista, considera que es peligrosa la democracia por la que “el pueblo se reúne y ejerce el gobierno en persona”, gobernando así de manera directa, libre e igual, por lo que considera mejor el gobierno mediante representantes.(60) La expresión moderna de esa idea la tenemos en la definición de democracia expuesta por J. Nye, muy coincidente con la democracia plebiscitaria de Weber: “Democracia es el gobierno de unos servidores públicos que han de rendir cuentas ante la mayoría de los habitantes de una jurisdicción y cuyo mandato puede ser revocado por estos”. (6¹) Los sectores que ocupan una posición de centralidad en la economía global: la
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información, el conocimiento, la comunicación, que son aplicados a todos los sectores de la producción desde la agricultura, a la industria, pasando por todos los tipos de servicios, confirman que las innovaciones y los conocimientos se producen en amplias redes colectivas. “Sólo articulados a redes producimos e innovamos”. De manera que lo común, la multitud, es capaz de tomar decisiones políticas. Dicho en teoría del discurso o de lingüística, la multitud es un sujeto activo, algo así como “un lenguaje capaz de expresarse a sí mismo”. La capacidad de la multitud para tomar decisiones políticas hace por primera vez posible la democracia entendida como gobierno de todos por todos. Pero no se trata de la democracia directa en el sentido tópico de estar votando permanente todo tipo de decisiones políticas. De la misma manera que el trabajo hoy está interrelacionado y se emplea la comunicación, permite tomar decisiones con más facilidad, a través de la informática, sin necesidad de emplear complejos y costosos procesos. Nada impide una participación cada vez mayor de los ciudadanos en las decisiones fundamentales sin necesidad de intermediarios. De todas maneras, la respuesta de cómo hacer el nuevo proyecto democrático que nos dan H&N es muy vaga, ya que para ellos todo debe decidirse en discusiones políticas que se pongan de acuerdo en cómo hacerlo de manera concreta. Si bien proporcionan principios generales que adelantan un camino: “las estructuras de relación y comunicación creadas en la producción biopolítica podrían ser reconvertidas para extender la forma asamblearia a un plano social general”. (6²) CRÍTICAS Y CONCLUSIONES SOBRE EL POSMARXISMO DE NEGRI Y HARDT A diferencia de otros posmarxistas, Negri y Hardt, aunque muy críticos con algunas ideas importantes del marxismo no reniegan de éste para aceptar la democracia liberal capitalista. Ellos se declaran comunistas e incluso escriben sobre “la alegría de ser comunistas”. Por eso llamó la atención que cuando fue publicado fuera resaltado por la gran prensa de Estados Unidos y se convirtiera en un libro que se recomendaba leer. La causa habría que buscarla en sus exposiciones sobre el fin del imperialismo y sus afirmaciones de que Estados Unidos no eran ya un imperialismo, además, quizás, porque sus propuestas para modificar lo que llaman el imperio se pueden considerar políticamente vagas y de difícil realización. Por ello uno de sus críticos posmarxista y que a diferencia de Negri se autoconsidera más allá del marxismo y que acepta la democracia liberal y el capitalismo, hasta que se pueda construir su “democracia radical”, Laclau, ha sido muy contundente con sus ideas, ridiculizándolas de la manera siguiente, titulando sus críticas “Negri y Hardt: Dios proveerá”. Para él la unidad de la multitud se lograría como una especie de regalo del cielo, el único objetivo común de la multitud es “estar en contra”, en contra de todo y en todas partes. El objetivo sería la deserción universal. Además, afirma Laclau: “Si existe una tendencia natural a la rebelión, no es necesaria ninguna construcción política del sujeto de la rebelión”, califica a este argumento de simplista.(6³) Otras críticas serían que H&N no tienen “ninguna explicación coherente de la fuente de los antagonismos sociales” y lo sustituyen por un optimismo voluntarista. Reducen la importancia de las confrontaciones dentro del imperio y, por último, y más
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importante, no son capaces de dar una explicación de la naturaleza de la ruptura revolucionaria “que conduciría del Imperio al poder de la multitud”. Lo cual para Laclau es consecuencia del “enfoque radical inmanentista” de H&N. (64) Negri fue en Italia un teórico del obrerismo y el autonomismo, lo que explica que en sus obras posteriores continúe con su rechazo del partido de vanguardia y su énfasis en los movimientos más o menos espontáneos, del asambleísmo y de la democracia directa. También proponía un enfrentamiento directo entre el capital y el trabajo, que sigue manteniendo en la actualidad, si bien modificado por su idea de que en la Era del Imperio, el trabajo es cada vez más social, y que prácticamente casi toda la sociedad formaría parte de esa clase trabajadora con predominio del trabajo inmaterial, que es la que impone la hegemonía y tiene la centralidad en esta etapa del modo de producción capitalista, donde la propiedad privada de los medios de producción es cada vez más un obstáculo a la “producción de lo común”. En esta etapa del capitalismo, aunque ello no se perciba con mucha claridad, estamos cada vez más cerca de una subversión y revolución que conduzca hacia una sociedad que nos vaya orientando hacia una sociedad comunista. El sujeto revolucionario, sin embargo, no es la clase obrera industrial típica de otra etapa del desarrollo capitalista sino ese “nuevo proletariado” que constituye la multitud (los trabajadores inmateriales, los manuales, los de los servicios, los estudiantes, los trabajadores precarios, los grupos sociales marginados, los desocupados, los inmigrantes, las mujeres…). Negri ha hecho una contraposición entre El Capital de Marx y los Borradores (Grundrisse), el primero era un trabajo imperfecto que reducía la crítica al capitalismo al aspecto de la teoría económica y se aniquilaba “la subjetividad en la objetividad”, mientras que los Grundrisse, apuntan a una teoría de la subjetividad de la clase obrera. Con ello Negri se aparta de los juicios más relevantes sobre los Grundrisse que lo ven como una obra que es afinada y completada en el primer tomo de El Capital, publicada diez años después, aunque constatan que hay diferencias entre ellas, como lo hace Roman Rosdolsky, en Génesis y estructura de El Capital de Marx. Callinicos afirma al respecto: “Los mejores comentarios han tratado a los Grundisse como un laboratorio de los conceptos económicos de Marx, que están elaborados y revisados en sus escritos posteriores”. (65) En ese sentido la interpretación de Negri difiere de lo aceptado entre los marxistas en lo que atañe a tres elementos claves: a.
La ley de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, es la base de la explicación marxista de la crisis capitalista que debido a la acumulación competitiva entre los capitalistas conduce a invertir más capital en los medios de producción que en la fuerza de trabajo, lo que conduce a una caída en la tasa de ganancia. Para Negri esta ley es la rebelión del trabajo vivo contra el poder de la ganancia, lo contrario es un economicismo.
b.
La teoría de los salarios es utilizada por Negri para indicar que si la tasa de ganancia baja es porque los trabajadores organizados con sus luchas han logrado elevar sus salarios. Por tanto, los salarios son una variable independiente, autónoma. Marx dijo lo contrario en El Capital, la tasa de acumulación es la
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variable independiente y la tasa de salarios la variable dependiente. Como los capitalistas controlan la inversión determinan la tasa de ocupación, por tanto el desempleo; frente a la amenaza de despido los trabajadores aceptan reducir sus salarios y aumentar la tasa de explotación, como ocurrió en Europa, en Italia y el Reino Unido en los años 70 del siglo XX, y como ha ocurrido después de la crisis de 2008. c.
El trabajo como un sujeto absoluto es para Negri la fuente de toda riqueza. Lo que está en contraposición de lo expuesto por Marx en la “Crítica del programa de Gotha”: “El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre…y sólo es cierta si se sobreentiende que el trabajo se efectúa con los correspondientes objetos e instrumentos”.(66)
Negri pretende hacer del marxismo una teoría del poder y la subjetividad, y además, un voluntarismo. Influido por Foucault, que hacía una crítica del marxismo basada en una concepción de la dominación según la cual ésta consiste en una pluralidad de relaciones de poder que ninguna transformación macro social o estructural puede eliminar sino que, a lo más, se lograría establecer otro aparato de dominación. La dominación para él solo puede ser resistida de manera descentralizada y en determinadas localizaciones sociales, o sea, a nivel micro. Pero aunque acepta esas teorías plantea un enfrentamiento entre el capital global, por un lado, y el obrero social, mientras que Marx presenta a la burguesía como una clase dividida, fraccionada internamente, por sus luchas entre ellos por mercados y ganancias. Por otra parte, no basta enfocar la cuestión en el plano de la producción, como explica Callinicos, los trabajadores necesitan un “movimiento político generalizado que pueda tomar el poder a nivel de la sociedad en su conjunto y expropiar al capital”.(67) En Imperio N&H utilizan un lenguaje que es deudor de los posmodernistas franceses, para ellos estamos más allá del capitalismo y de la polarización entre explotadores y explotados y la red se emplea para evocar una sociedad sin jerarquías ni poder centralizado, pero a diferencia ellos no identifican el fin de la dialéctica de la modernidad con el fin de la dialéctica de la explotación. Las principales debilidades de Imperio se encuentran en su análisis del capitalismo contemporáneo que es muy vago y en determinados aspectos erróneo, como en no tener en cuenta los conflictos interimperialistas, lo que hay es una red de poder descentralizada, el poder de imperio está en todas partes y en ningún lado. Sin embargo hay conflictos entre EE.UU., la UE, Japón, China, Rusia, si no se comprende esta rivalidad no es posible comprender el mundo actual. Otro error es no ser suficientemente crítico con la realidad que llama Imperio, es decir, con la globalización neoliberal. En una entrevista afirma que el principal cambio es “la imposibilidad de una guerra entre naciones civilizadas”, aunque afirma que esto se produce porque las clases trabajadoras no estarían dispuestas a ir a una guerra, lo cual es un progreso, una victoria de la multitud. Por último, otro yerro de Imperio es que no exponen ninguna orientación estratégica
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sobre un movimiento que pueda implementar las demandas para un programa político de la multitud, es decir, ciudadanía global, salario social e ingreso garantizado y, derecho a la reapropiación. La primera y la tercera muy generalistas y abstractas. Todo lo deja a que pueda surgir un contrapoder constituyente dentro del imperio. La vigencia de las ideas de Negri entre sectores progresistas y de izquierda es un obstáculo para que se desarrolle un movimiento social con capacidad de enfrentar y vencer al capitalismo neoliberal global con ideas más adecuadas a la realidad concreta. Por ejemplo, ya nos hemos referido a que H&N minusvaloran los mecanismos de dominación que se dan en los países dominados, por parte de las grandes corporaciones y los Estados dominantes, eso no se puede obviar con declaraciones sobre el fin del papel económico y político de los Estados-Naciones o como afirma Negri:” ya no hay una ruptura Norte-Sur, porque ya no hay diferencias geográficas entre los Estado-Nación”.(68) Al contrario de lo expuesto por estos autores, siguen existiendo diferencias, obstáculos geográficos y los políticos de la existencia de fronteras, simplemente porque la inexistencia de los Estado-Nación es una pura mistificación, como lo es la ideología del mercado libre sin restricciones, que choca con las barreras proteccionistas que tienen tanto los Estados Unidos como la UE y Japón. Y lo mismo se puede decir sobre las fronteras y los miles que mueren tratando de atravesarlas para realizar ese éxodo o deserción tan querido para H&N, sea en la frontera con México o en el mar mediterráneo. Ahora vamos a referirnos a la cuestión de las clases sociales y específicamente a la cuestión de lo relativo a la multitud. La multitud juega en la teorización de Imperio el papel de la plebe en el imperio romano. La plebe posmoderna es la multitud que abarca en dicha palabra una pluralidad y diversidad de resistencia, las diferentes identidades, los asalariados de todo tipo, los excluidos, marginados y todas las formas de precarización. Ese carácter de concepto absorbente de todo tipo de sectores, segmentos, grupos, abigarrados, le proporciona la popularidad de lo sencillo e inclusivo. Sin embargo, coincido con Bensaïd cuando afirma que “la noción de multitud es teóricamente confusa, sociológicamente inconsistente, filosóficamente dudosa y estratégicamente hueca”.(69) Es confusa teóricamente porque Negri afirma que “la multitud es un concepto” aunque diferente del concepto de clase obrera, sería una especie de proletariado más amplio. “La multitud es, de un lado, un conjunto de singularidades y en consecuencia un conjunto de libertades, un conjunto de potencialidades que nos sitúan en red; en segundo lugar, es un concepto de clase, por consiguiente, una fuerza que se opone a la explotación capitalista; y, por fin, en tercer lugar, es una potencia de trabajo inmaterial, de trabajo intelectual”.(70) Lo distintivo entonces de la multitud es la heterogeneidad o pluralidad de los sujetos sociales que la componen, pero esto no es tan importante, sí lo es, saber si es posible agruparlas en un proyecto común contra el capitalismo en su fase actual. Es inconsistente sociológicamente porque consideran que hay una disminución del trabajo industrial respecto del trabajo inmaterial e intelectual, trabajos de información, conocimiento, comunicación. Empero los datos oficiales del departamento de Trabajo de los Estados Unidos para 2010 es que eran apenas un 2,4%
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del empleo total. Aunque la clase obrera industrial retrocede en muchos países avanzados eso no quiere decir que desaparezca sino que se ha hecho invisible entre otras cosas porque desaparece del discurso de los partidos de izquierda, mientras aumenta la precarización del trabajo y su caída en los niveles de vida y salarios, se sustituye la apelación a la clase obrera o trabajadora por la centralidad otorgada a la “clase media”. En la posmodernidad, el sojuzgado sometido habría absorbido al explotado y la multitud de las gentes pobres se habría tragado a la multitud proletaria, según H&N, el sujeto de la subversión moderna sería el precariado. (7¹) Filosóficamente sus ideas son confusas porque aunque se ha buscado deconstruir la idea del proletariado como sujeto revolucionario con mayúsculas, por la multitud, ésta termina siendo, un sujeto mítico. Argumenta Bensaïd : “En tanto que el carácter plural de la lucha de clases pone el acento en la relación antagónica, “la ontología de la multitud” resucita el fetichismo del pueblo fusionado en singular”.Y añade que hubo de pasar un tiempo para que la plebe se convirtiera en pueblo y diera lugar al ciudadano. Luego este pueblo se escindió en clases y acabó con las ilusiones del consenso del populismo romántico. Ahora bajo el efecto de las derrotas y del desencanto, algunos quieren hacer el camino inverso, y apuestan por la multitud para “llenar el gran vacío dejado por el desaparecido heroico proletariado”.(7²) Por último, la estrategia de la multitud es hueca y es un lirismo oponer al poder duro de la Era del Imperio, la existencia de unos contrapoderes locales, las acciones de proximidad de diferentes grupos, la fuerza del mestizaje, la movilidad geográfica y las diferencias, estos autores son conscientes que todo ello no es liberador por sí mismo. Detrás de la multitud lo que existe realmente es una falta de estrategia, ya que desaparecen las mediaciones políticas sean éstas los Estados-nación, los partidos o los sindicatos, es decir, las formas organizadas y estructuradas para la lucha política. La mediación desaparece y todo se deja a los movimientos espontáneos asamblearios que irían formando un poder constituyente, tal como se ha explicado con más amplitud en este capítulo. Se puede concluir, que las tesis principales de Imperio se mueven entre “una nueva teoría catastrofista del hundimiento final y un sistema sin salida que no dejaría otras perspectivas que una resistencia sin fin o una “deserción” imaginaria hacia ninguna parte”.(7³) Es decir, el éxodo o la resistencia, sobre todo lo demás “hay que pensar que es lo más importante, y eso no es una estrategia de lucha contra un poder”.(74) Pensemos, pero hay un límite insalvable, individualmente uno puede desertar, exiliarse, hacer el éxodo, o bien utilizar distintos medios para el ascenso social en la jerarquía del poder y del dinero, pero eso solo lo logran individuos o pequeños grupos, no puede haber un éxodo, una deserción en masa de la situación de clase trabajadora en el sistema capitalista por muy global que éste sea. Por tanto, hay que resignarse a sufrirlo o intentar hacerle frente para cambiarlo, mediantes reformas hasta llegar a una revolución. Eso o seguir el ejemplo que nos proponen H&N en Imperio como modelo del “futuro militante comunista”, la de San Francisco de Asís, quien contra “la miseria del poder”, ejerció “el gozo del ser”. Ahora bien, esa propuesta angelical demuestra uno de los grandes fallos del pensamiento de Hardt y Negri, ya que la propuesta no se entiende salvo que sea que la multitud toque el violín para apaciguar a los que controlan la globalización neoliberal tal como hizo San Francisco con las fieras, y estos estén dispuestos a renunciar a continuar erigiendo un mundo basado en la desigualdad y la violencia.
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Por eso es muy acertado el juicio que hace Borón sobre Imperio: “la empresa de presentar un sofisticado análisis del orden mundial culminó con un rotundo fracaso”. Y ello lo explica, por un punto de partida formalista y juridicista; por la debilidad del análisis de la economía; el no tener en cuenta datos económicos; la aceptación de muchos de los axiomas de la globalización neoliberal y del posmodernismo; el rechazo del sujeto, herencia del estructuralismo, y, una teoría del estado errónea.(75) Así pues, las clases, propias del Estado-Nación y de un capitalismo no globalizado, ceden su puesto ahora a la multitud. En lugar de la dialéctica que pone el acento en la historicidad, la transitoriedad de las instituciones y de las prácticas sociales y en el carácter contradictorio de lo social, el pensamiento contestatario actual, se nutre de un arsenal teórico de “fuentes tan dudosas como el estructuralismo y el posestructuralismo, la semiología, el psicoanálisis lacaniano y toda una serie de vertientes filosóficas caracterizadas por su adhesión al posmodernismo”. (76) Como afirmara Anderson, años atrás, se ha producido un cambio desde los tiempos en que la teoría marxista tenía una relación con las prácticas de las clases trabajadoras: “En ausencia del polo magnético de un movimiento revolucionario de clase, la aguja de toda esa tradición tendió a dirigirse cada vez más hacia la cultura burguesa contemporánea. La relación original entre la teoría marxista y la práctica proletaria fue sutil, pero constantemente sustituida por una nueva relación entre la teoría marxista y la teoría burguesa”.(77)
Hardt confirma ese cambio cuando afirma que en la época de Marx el pensamiento revolucionario se nutría de tres fuentes: la filosofía alemana (principalmente Hegel), la economía política inglesa (Smith y Ricardo), y la política francesa (Revolución francesa, la Comuna…). Y pensando en las fuentes que inspiraron Imperio, y que son el núcleo discursivo de sus trabajos posteriores, escribe que: “En nuestros días…las orientaciones han cambiado y el pensamiento revolucionario es orientado por la filosofía francesa, la ciencia económica norteamericana y la política italiana”. (78)
O sea, el posmodernismo y la deconstrucción, la economía neoclásica entendida como la única y verdadera “ciencia económica” y, la disolución del PCI en un partido mezcla de ex comunistas, democristianos y ex socialdemócratas, que no ha logrado agrupar a los italianos, sino que ha dado el poder a empresarios como Berlusconi, a tecnócratas y que está favoreciendo un populismo que rechaza a la clase política como un todo. A este respecto hay que referirse a que esas variadas influencias son reconocidas por los autores no como una “moderna síntesis interdisciplinaria sino como copresencia, estallido de fronteras disciplinarias e hibridación posmoderna. H&N injustificadamente rechazan la dialéctica, al congelarla en su forma moderna burguesa –hegeliana, autoritaria y teleológica, e incapaz de desarrollo. En consecuencia proponen otro método y otra lógica, que …celebra el eclecticismo”. (79)
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Néstor Kohan, Toni Negri y los desafíos de Imperio, Campo de Ideas, Madrid,2002. El 16 de marzo de 1978, Moro es secuestrado por las Brigadas Rojas. Durante su cautiverio dio detallada información sobre la “Operación Gladio”, una estructura secreta que contaba con el apoyo de los servicios de inteligencia italianos y de la CIA, que contaba con más de 15 mil personas y tenía arsenales de armas y explosivos, su objetivo era evitar que el PCI tomara el poder. Al no acceder el gobierno de la DC a liberar a 13 detenidos de las Brigadas Rojas, Moro fue asesinado. Michael Hardt, “Itinerario de Toni Negri” (mimeo). Michael Hardt y Antonio, Imperio, Paidos, 2002, p.13. Ibid., p.56. Ibid., p.14. Ibid., p.14. Ibid., p.15. V.I.Lenin, Obras escogidas, Moscú. J.Stiglitz, Caída Libre, Taurus, Madrid,2010. Sobre las intervenciones imperialistas hay una bibliografía impresionante de las recientes, baste citar a Roberto Montoya, El imperio global, Esfera del Libro, Madrid, 2003 y Monte Avila,Caracas,2009 y del mismo autor, Drones. La muerte por control remoto, Akal, 2014”; William Blum, Les guerres scelerats: Les interventions de làrmée amricaine et de la CIA depuis 1945, Parangon, París, 2004; John Pilger, Hidden Agendas,Vintage, London, 1998; Angelo Colleoni, Breve Historia das Agressoes Americanas, Orbis, Praga, 1982; Ignacio Ramonet, Irak. Historia de un desastre, Debate, Barcelona, 2005; Carlos Julio Báez Evertsz, Europa-EE.UU. y la guerra de Iraq, Betania, 2003; George Crile, La guerra de Charlie Wilson, Almuzara, 2008; Robert D. Kaplan, Gruñidos imperiales, Ediciones B,2 007; y para una muestra de las intervenciones globales de EE.UU. utilizando sus servicios de inteligencia, vid. Tim Weiner, Legado de cenizas. La historia de la CIA, Debolsillo, Barcelona, 2012, y especialmente para la etapa más reciente ver la parte sexta: “La CIA durante los mandatos de Clinton y Bush hijo”, pp. 457-541. Hardt y Negri, Imperio, p.15. Ibid.,p.17. Ibid.,p.261 y ss. Ibid., p.263. Ibid., pp.264-265. Vid. Manuel Castells y Yuko Aoyama, “Paths towards the Informational Society”, pp. 19-28, cit. por N&H, Imperio, p. 266. H&N, Imperio, p.268. Ibid., p.272. Ibid., p.273. “Con el término biopolítico indicamos que las distinciones tradicionales entre lo económico, lo político, lo social y lo cultural se confunden cada vez más. Pero, por otra parte, el adjetivo “biopolítico” presenta muchas complejidades conceptuales añadidas; por eso nos parece que la noción de inmaterialidad, aunque ambigua, facilita la comprensión inicial y además indica mejor la tendencia general que revisten las transformaciones económicas”, Ibid.,pp.137-138. Michael Hardt y Antonio Negri, Multitud: Guerra y democracia en la era del imperio, DeBolsillo, Barcelona,2006,pp.140-143. Antonio Negri, “Interpretación de la situación de clase hoy: aspectos metodológicos”, p.1 Para la crítica
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de Negri de la teoría del valor ver también, Marx más allá de Marx, Buenos Aires, 2000, traducción del original italiano, Feltrinelli, Milán, 1979. Ibid., pp.2-3. Al contrario de esta interpretación sobre la ley del valor, otros, como Paul Mason, entienden que esta ley explica perfectamente la deriva actual hacia una economía postcapitalista, cada vez menos desmercantilizada. Vid. Poscapitalismo. Hacia un nuevo futuro, Paidos, Barcelona, 2016. Ibid. p.3. Ibid. pp. 6-7. Ibid., p.7. Vid.Pietro Di Nardo, “El imperio no existe. Una crítica de las ideas de Toni Negri”, en la página web de la Fundación Federico Engels. H&N, Multitud, op. cit.,pp.127-130. Ibid., p.131-132. Ibid., p.132. Ibid., p.135. H&N, Imperio, p.358-359. En M.Hardt y A. Negri, Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio, pp. 41 y 411 exponen un ejemplo de la extensión del biopoder que no se reduce a la capacidad de destrucción masiva, a través del arma nuclear sino que también alcanza la violencia individualizada y señalan que cuando se individualiza al extremo el “biopoder se convierte en tortura”, un elemento importante de la “sociedad de control” que mostró Orwell en 1984: “¿Cómo afirma un hombre su poder sobre otro…?..Haciéndole sufrir…Exacto. Haciéndole sufrir. Con la obediencia no basta”. Y dicen, con rigor, que tanto las democracias como las dictaduras emplean la tortura, “las unas por vocación y las otras, supuestamente, por necesidad”. H&N, Imperio, p.359. Ibid., p.362. “La multitud debe poder decidir si quiere mudarse, cuándo hacerlo y hacia dónde. También debe tener el derecho a permanecer donde está y a gozar de un lugar antes que verse obligada constantemente a trasladarse de un sitio a otro…La ciudadanía global es el poder que tiene la multitud de recuperar el control sobre el espacio y trazar así una nueva cartografía”. Y todo porque: “las migraciones masivas se han hecho necesarias para la producción”. Ibid.,pp.361 y 363. Ibid. p.284. Atilio Borón, Imperio e Imperialismo. Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri, Clacso, Buenos Aires, 2004, pp.112-113. Dar un nuevo uso a las máquinas y la tecnología que convierta a la multitud en un agente autónomo de producción. “Los procesos de construcción del nuevo proletariado que hemos estado siguiendo superan un umbral fundamental cuando la multitud se reconoce como ser maquinal (machinic), cuando concibe la posibilidad de dar un nuevo uso a las máquinas y a la tecnología, un uso en virtud del cual el proletariado no sea absorbido como “capital variable”, como una parte interna de la producción del capital, sino que sea considerado en cambio como un agente autónomo de producción. H&N, Imperio, p.367. Ibid., p.372. Ibid., p,371. M. Hardt y A.Negri, Declaración, AKal, Madrid, 2012 (ebook) posición 11%. Ibid., 2012, posición 12% (Kindle ebook) Ibid., posición 234 (Kindle ebook).
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Ibid., posición 260 (Kindle ebook). Ibid. posición 348 (Kindle ebook). Ibid., posición 385 (Kindle ebook). Ibid., posición 435 (Kindle ebook). Ibid, posición, 480-481 (Kindle ebook). Ibid., posición 577 (Kindle book). Una forma de huida, de escapatoria de esa relación con el poder es la que hicieron los judíos que se vieron obligados a convertirse al cristianismo para huir de la expulsión o de la Inquisición, los marranos continuaron practicando el judaísmo en secreto, ejerciendo una doble vida, frente al poder y a los cristianos se comportaban como seguidores de esa religión, pero clandestinamente, practicaban su culto judío. Obedecían al poder “cuando las fuerzas del poder estaban vigilando y subvertían ese poder en espacios ocultos”. H&N, Declaración, posic. 599 (ebook) ver también W. Keller, Vingt siecles d`histoire du peuple juif, Arthaud, París, 1971 donde narra las persecuciones contra los judíos desde 1391 y la destrucción de sinagogas incitadas por el confesor de la reina madre Eleonora, Ferrand Martinez, ya que en ellas, “los enemigos de Dios y de la Iglesia rinden homenaje a los ídolos”, más de cuatro mil judíos fueron masacrados en las juderías de Sevilla o vendidos como esclavos a los árabes de Àfrica o bautizados a la fuerza. Ese ejemplo fue seguido en Córdoba donde murieron mas de dos mil judíos y fueron incendiadas magníficas sinagogas, En Toledo, ese mismo año, los rabinos se dieron muerte y su ejemplo fue seguido por numerosos judíos lo que no evitó que sesenta juderías fueran destruidas en Castilla igual ocurrió en Aragón. El balance fue de más de diez mil judíos muertos y miles tuvieron que huir de España. “Fue la primera vez en la historia en que la fuerza del alma judía cedió y se dio un bautismo en masa para escapar de la muerte”. A estos judíos se les llamó peyorativamente “cerdos”, “marranos” o “malditos”. (W. Keller) Practicaron una estrategia de la ambigüedad, del disimulo, y de la clandestinidad, manteniendo gran parte de ellos sus antiguas creencias judías. Una lección para aprender como modo de resistencia ante un poder despótico, una especie de paleo “entrismo” o de clandestinaje de supervivencia. H&N, Declaración, posic. 659 (ebook). Ibid., posic. 659-688 (ebook). H&N, Multitud, op. cit., p.268 y ss. Paul Hirst y Grahame Thompson, Globalization in Question, Polity Press, Oxford, 1999 y Eric Hobsbawn, Guerra y paz en el siglo XXI, ediciones Diario Público, Madrid, 2009. David Held, La democracia y el orden global: del Estado moderno al Estado cosmopolita, Paidos,1997, y U. Beck, ¿Qué es la globalización?, Paidos,1998, aunque son críticos con el unilateralismo de los EE.UU., consideran que éste debe compartir su poder con otros Estados y darle un papel más importante a la ONU. H&N, Multitud, op. cit., p.274. Vid. J.J. Rousseau, El contrato social, Austral, Madrid, 2012; Marcel Prélot, Histoire des idées politiques, Dalloz, París, 1970, y Philippe Nemo, Histoire des idées politiques, PUF, París, 2002, considera a Rousseau un enemigo de la democracia por estar contra el pluralismo en el Estado y además por su condena de la propiedad privada, que si bien puede ser restablecida, esto es un poder discrecional del Estado, no una especie de “derecho natural”. Vid. A. Hamilton,J. Madison y J. Jay, El federalista, FCE. México, 1998, pp. 35 y ss. Joseph Nye, The Paradox of American Power, p.109, cit. por H&N, Multitud, p.282. H&N, Declaración, posic. 1313 (ebook). E. Laclau, La razón populista, op. cit, p.300.
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E. Laclau, Ibid., p.302. Alex Callinicos, “Toni Negri en perspectiva”, 2001, p.5. Marx y Engels, Obras Escogidas, t. 2, Akal, Madrid, 1975, p.10. A. Callinicos, Ibid., pp.8-9. “Entrevista a Toni Negri”, Le Monde, 27/01/2002. Daniel Bensaïd, Cambiar el mundo, Ediciones Diario Público, Madrid, 2010, p.71. “Entrevista a Negri”, del 21/02/2002, en www.sherwood.it/portal/. H&N, Imperio, p.204. D. Bensaïd, op.cit., pp.80-82. Ibid., p. 88. “Toni Negri, entrevista a Il Manifesto”, 14/09/2002, cit. por D. Bensaïd, op. cit.p.88 Atilio Borón, Imperio e Imperialismo. Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri, Clacso, Buenos Aires, 2004, p.125. Ibid., p.133. Perry Anderson, Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, Madrid,1979,p.71. Michael Hardt, 2001, “El laboratorio italiano” (mimeo), cit. por A.Borón,, op. cit.p.133. “Hardt y Negri, Entrevista”, Cultural Studies, febrero,2002 cit, por Alan Rush, “La teoría posmoderna del Imperio. Hardt & Negri y sus críticos”, A. Borón, Filosofía política contemporánea. Controversias sobre civilización, imperio y ciudadanía, Clacso, Buenos Aires, 2003, p. 286.
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25. Conclusiones: las clases En el siglo xxi La clase es un concepto comunista. Agrupa a las personas como fardos y los enfrenta unos contra otros. Margaret Thatcher (The Guardian, 22/4/1992) La clase social es ahora, de nuevo, una fuerza poderosa en la imaginación de la gente. Mike Savage, Sociólogo británico, diciembre 2015
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INTRODUCCIÓN En los capítulos anteriores se ha estudiado la desigualdad, en el mundo actual, caracterizada por la concentración de la riqueza y el patrimonio mundial en una minoría de super multimillonarios. También se han expuesto las teorías sociológicas y económicas que explican la desigualdad estructurada desde Pareto a Piketty. Se ha partido de la teoría de Weber de las clases y estratos, que es la base teórica de donde parte la mayor parte de las teorizaciones funcionalistas y liberales, sobre la estratificación social y de la justificación de la desigualdad social en nuestras sociedades. También se han analizado las diferentes teorías que teniendo en cuenta el funcionalismo y los aportes marxistas, buscaban hacer una especie de síntesis entre ambas, o tratar de superarlas con un enfoque diferente, por el cual, sus autores suponían que ponían el énfasis en aspectos que no se habían tenido en cuenta o no se les había dado la importancia necesaria. Hemos creído importante analizar las elaboraciones de algunos autores que encuadramos como neoweberianos, y también se exponen los análisis que algunos denominan culturalistas, a los que se les ha etiquetado como “estudios culturales”, aunque allí se encuentre también una fuerte influencia marxista. Uno de los aportes culturales más notables en materia de las clases es el del sociólogo Bourdieu, del que hemos expuesto sus principales aportes teóricos. Tratándose del análisis de clase es imprescindible referirnos a la teoría de las clases de Marx y de algunos de los principales marxistas clásicos, dándole la importancia debida a los desarrollos teóricos de marxistas que consideran que era imprescindible introducir en el análisis de clases los nuevos desarrollos socio-económicos del capitalismo que hacen que el estudio de nuevos agentes sociales, como la “nueva pequeña burguesía” o la “nueva clase media”, no pueda ser soslayado o que simplemente sean asimilados a agentes ya preexistentes en otras etapas del desarrollo capitalista Con el fin del llamado “campo socialista” o los “socialismos realmente existentes”, con la caída del muro de Berlín en 1989, tomó fuerza en el campo intelectual una reflexión que venía produciéndose mucho antes, sobre la modernidad y la negación de todo sujeto histórico revolucionario y de los discursos “totalizadores”, que adoptó la etiqueta de posmodernismo y que daría alas a sus seguidores, que provenían algunos de ellos del marxismo, para elaborar teorías sociales que conllevaban un análisis de tipo discursivo, que implicaba también a las clases sociales, que fue etiquetado como posmarxismo. En ese posmarxismo hay quienes defendían una salida populista-neo socialdemócrata y, otros, que seguían empeñados en la opción comunista pero tan poco concreta –para no decir confusa–, en los pasos para lograrla, que parece inalcanzable en la era de un imperio supuestamente sin centro y con un adversario difuso e inarticulado. Este libro no pretende ser una especie de enciclopedia de teorías sobre las clases y la estratificación, su pretensión es a la vez más modesta y más centrada, ofrecer lo que el autor considera, las teorizaciones que le parecen más adecuadas y pertinentes para sus fines, presentar una visión actual de las clases sociales que permita comprender los cambios en las perspectivas y enfoques teóricos, que tratan de dar explicaciones de los grandes cambios de las sociedades desde la posguerra de 1945 y especialmente de los
CONCLUSIONES: LAS CLASES EN EL SIGLO XXI
últimos treinta seis años, con el cambio del modelo fordista y keynesiano, los intentos de desmantelar los Estados de Bienestar, el neoliberalismo imperante, la globalización o mundialización neoliberal de la economía, los enormes cambios tecnológicos, el papel creciente de las identidades y los nuevos movimientos sociales. Como se ha visto, todo ello ha dado lugar a que se difunda desde los medios de comunicación, sea transmitido en las aulas y, se elaboren en fundaciones y demás centros de elaboración de ideas –especialmente desde los más conservadores–, el argumentario de que la cuestión de la “clase social” es una antigualla digna de dinosaurios del pensamiento, o algo que sólo utilizan los que son refractarios a abandonar las ideas marxistas y comunistas. Es decir, la clase social ya no tendría importancia y estaría pasada de moda. Ahora bien, el mismo énfasis en señalar su obsolescencia podría ser la mejor demostración de su persistente existencia, ya que es absurdo insistir tanto en la desaparición de algo, si fuera evidente que no existe. Aparte de los factores económicos, de los cambios en el trabajo, en los estilos de vida, en la movilidad social sea intra nacional o la que se obtiene vía la emigración de los países de origen a los de acogida, en la emergencia de las identidades, en la relativa pérdida de importancia de la clase en cuanto eje de una organización colectiva y política y, teniendo en cuenta que todo ello influye en las ideas que se tienen sobre la clase social, hay que admitir que el concepto de la misma no ha sido siempre semejante, que hay diferentes significados de clase social, desde el uso popular al uso en las ciencias sociales y que dentro de éstas hay una gran diversidad de significados. En los diferentes capítulos de este libro se pueden encontrar muy disímiles conceptualizaciones sobre las clases, diversos enfoques y perspectivas sobre el fenómeno de la desigualdad y las explicaciones, que los principales teóricos sociales que se estudian en este libro han dado, para tratar de explicar estas cristalizaciones de la desigualdad social a través de los agentes sociales con características similares. Se suele sintetizar esta diversidad en dos grandes enfoques llamados teorías del orden o del consenso y teorías del conflicto, o también, teorías funcionalistas y dialécticas o marxistas, y, aunque esa gran división bipolar no es desdeñable, lo cierto es que nos parece analíticamente más correcto, no reducir todo lo que no sea marxismo a funcionalismo, ni viceversa. Ha habido intentos de sincretismo teórico, de emplear elementos del marxismo y del funcionalismo para el estudio de las clases o de la estratificación, viendo con pragmatismo que un enfoque funcionalista puede ser empíricamente más adecuado para las encuestas sobre estratos de ingresos, ocupaciones, nivel educativos, estilos de vida, y con la información así obtenida, utilizar el enfoque marxista para agruparlas por clases sociales e inclusive considerar que esas clases se enfrentarían en su búsqueda de mayor poder, riqueza, estatus en la sociedad, produciendo conflictos sociales. También hay quienes consideran que ni el marxismo, ni el funcionalismo, ni Weber, ni los intentos de hacer mapas de clases como los de Goldthorpe y Wright, que tienen su fundamento en la estructura del empleo u ocupacional, son definitivos para el estudio de las clases, y por tanto, al no proporcionar ninguno de ellos, una medida definitiva de la “clase”, el oficio del sociólogo consistiría en establecer cuál es el más conveniente para sus fines explicativos o para la investigación de problemas específicos. Obviamente esta es una actitud pragmática-utilitarista que tiene un componente racional, pero no resuelve la
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cuestión de explicar las clases y los conflictos que se derivan de la desigualdad social estructurada de manera satisfactoria, ya que siempre estas opciones se hacen desde posiciones valorativas y no simplemente por motivos estrictamente metodológicos. Así pues, quizás lo que está en juego es tratar de mantener una actitud flexible desde posiciones teóricas definidas y, emplear todo el acervo sociológico en materia de desigualdad social estructurada para el análisis de los sistemas de clases en las diferentes sociedades, porque si bien la globalización o mundialización ha llevado el capitalismo a todo el mundo, no es menos cierto que cada sociedad capitalista tiene aspectos diferenciales y sistemas de estratificación y de clases muy disímiles, aunque existan grupos de sociedades con estructuras de clases más similares en función del desarrollo de sus fuerzas productivas, la tecnología que se emplea, sus tradiciones culturales, su composición étnica e ideología religiosa y, todo ello hace, que sus formaciones sociales tiendan a ser más semejantes o diferentes que otras, aún teniendo niveles de desarrollo capitalista más o menos similares. Hay grandes semejanzas entre las llamadas sociedades capitalistas avanzadas pero también diferencias, ya que, como se ha expuesto, la existencia de al menos tres “modelos” o tipos de Estados de Bienestar: liberales, corporatistas y socialdemócratas, configuran diferencias importantes entre sus sociedades.(¹) Lo mismo puede decirse de las llamadas sociedades en desarrollo, hay elementos comunes pero quizás muchas más desemejanzas que las que hay en las sociedades capitalistas avanzadas. El enfoque y el análisis de las clases en las sociedades latinoamericanas, las asiáticas, las africanas, no puede dar como resultado un mismo “mapa” de clase que las iguale, aunque también puedan encontrarse rasgos comunes a través de las muchas diferencias. Dicho de manera breve, los enfoques teóricos han sido, siguen y seguirán siendo útiles pero a condición de no querer subsumir la riqueza de la realidad social y de las clases en las sociedades estudiadas al mismo, por exigencia del guión. Es decir, del enfoque que se haya adoptado, sino que el enfoque teórico se debe enriquecer con los estudios concretos de sociedades diversas. También hay que tener en consideración lo que propone un antiguo discípulo de Bourdieu que nos advierte de algo de mucho interés: “el núcleo de la teoría de las clases no reside en “construir correctamente las clases”… en un nivel estructural, sino en explorar el movimiento desde el grupo teórico al práctico”.(²) DESIGUALDAD Y CLASES SOCIALES EN EL SIGLO XXI Los datos sobre la desigualdad existente en las sociedades actuales sería la prueba más evidente de que la discusión y el análisis sobre las clases continúan siendo importantes en este siglo, de manera que tanto lo que señaló Marx, como Weber, y luego han seguido desarrollando otros autores, sobre que en las sociedades capitalistas industriales y en las sociedades avanzadas, así como en las de capitalismo menos desarrollado, están formadas por grupos o agentes sociales con niveles diferentes, es decir, desiguales, de acceso a los medios de producción, la propiedad, los ingresos, la educación, al poder, al capital social y cultural, conduce a situaciones sociales con más ventajas o desventajas, lo cual nos lleva a concluir que la clase sigue teniendo pertinencia si nos atenemos a la desigualdad existente.
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¿Quiere decir esto que es únicamente la clase social lo que explica la desigualdad social estructurada? Nuestra posición es que no es así, ya que además de las clases hay otros elementos que tienen que ser tomados en consideración y que juegan un papel social de importancia. Las cuestiones de género, los grupos de edad, la etnia o la raza, inclusive la religión que se profese o que no se profese ninguna, influyen en los procesos sociales de desigualdad y, como ya se ha expuesto, todo ello varía según los países. Las sociedades cambian y el capitalismo es dinámico, por tanto, se han producido diferentes etapas en su evolución. Desde finales del siglo XX y en la década y media que ha transcurrido del siglo XXI se han observado cambios que tienen su reflejo en la composición social, aunque persisten elementos que ya eran típicos de los sistemas de clases anteriores: En primer lugar, la existencia de clases (o grupos de agentes diferenciados entre sí y con características comunes entre ellos), la existencia de una estructura social jerárquica, con un grupo minoritario en la cúspide, tanto a nivel nacional como global, que posee o acapara una gran riqueza y controla la maquinaría económica-financiera, e influye de manera decisiva en las tomas de decisiones políticas. En segundo lugar, unas “clases medias” compuestas por numerosos sectores en función de sus ingresos y posesiones, por sus cualificaciones profesionales y su posición en los aparatos organizativos y, en las relaciones sociales de producción. En tercer lugar, una clase trabajadora que, según los enfoques, se achica o se agranda numéricamente. Si la limitamos a la clase obrera industrial tradicional –que con la disminución de la manufactura en los países avanzados ha perdido fuerza numérica en los mismos–, estamos ante un declive de la clase trabajadora u obrera. Ahora bien, si no se reduce esta clase al obrero industrial sino que se amplía a todos aquellos trabajos no manuales de empleados de comercios, de oficina, administrativos, cajeras, seguridad, sanidad, limpieza, etc., en definitiva, a todos esos trabajos subalternos, casi todos ellos, de ejecución, rutinarios y con bajos ingresos, en cualquier tipo de organizaciones y de actividad, entonces tenemos que la clase trabajadora no se ha reducido sino que se amplía. También se identifica en el siglo XXI, en la parte más baja de la pirámide social lo que se ha denominado en el mundo anglosajón una “infraclase” o “subclase” que se caracteriza por no tener empleos fijos, estar desempleados, o por tener jubilaciones muy bajas o jubilaciones no contributivas (unas rentas mínimas de subsistencia), que apenas les permiten sobrevivir a un nivel de pobreza relativa. Estos sectores dependen, ellos y sus familias, de los subsidios de la protección social, los bonos de alimentos, etc. Aquí se sitúan a los inmigrantes en peores condiciones sociales y en países donde no hay homogeneidad racial, a amplios sectores de minorías étnicas. En general son quienes están más marginados, son los excluidos sociales. Viven en una situación que oscila entre el empleo precario y temporal, y el desempleo.
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¿HACIA EL FIN DE LA CLASE TRABAJADORA? Como hemos visto en capítulos anteriores se ha estado señalando que la clase trabajadora está disminuyendo o ha perdido su importancia como fuerza transformadora de la sociedad capitalista. Este tipo de argumentación suele tener un carácter cíclico, con diferentes modalidades. A finales del siglo XIX, se señalaba que en aquellos países donde la clase trabajadora no era numéricamente mayoritaria, la fuerza capaz de desafiar el sistema tenía que ser el campesinado. El populismo ruso hizo de esta idea su nota característica.(³) Posteriormente, el triunfo de la revolución china y la cubana, llevaría a que la idea de los populistas rusos se aceptase –sin mencionarlos–, ya que se volvió a ver al campesinado como el sujeto revolucionario en los países de capitalismo atrasado, al contrario de las tesis predominantes en el movimiento comunista desde Moscú, que consideraba que el aliado de la clase trabajadora en esos países tenía que ser –con el apoyo del campesinado–, la burguesía nacional y que la revolución debía tener un carácter democrático nacional. En las sociedades capitalistas avanzadas algunos sociólogos percibieron que se estaba produciendo un proceso de integración de la clase trabajadora en el capitalismo, que se estaba fraguando su progresivo aburguesamiento y, su conversión, en una “aristocracia obrera”. Esto condujo a teorizar sobre el paso masivo de los agentes de esta clase a la clase media. Ahora bien, no fueron sólo algunos científicos sociales los que teorizaban sobre el fin de la clase trabajadora o del proletariado, sino que incluso pensadores socialistas se entregaban con fruición a ese combate contra el “obrerismo”. André Gorz en Francia (Adiós al proletariado) y los denominados “autonomistas” en Italia, uno de cuyos principales teóricos era Antonio Negri, teorizaban sobre los trabajadores como grupo privilegiado, que había perdido su capacidad para ser un sujeto revolucionario. También Marcuse promovió la idea de que la clase obrera ya no era el sujeto revolucionario sino otros grupos radicalizados como los estudiantes. Posteriormente llegaría la crítica al modernismo y la emergencia del denominado posmodernismo, con su énfasis en lo individual y su crítica de los sujetos. Algunos, que eran reconocidos marxistas, adoptaron el posmarxismo y se lanzaron a una crítica de la clase social y su sustitución por las identidades en construcción, que eran, para ellos, más importantes que la clase: el género, la etnia, las nacionalidades, las opciones sexuales, etc. Esta orientación ha llevado a Negri, después de analizar, la globalización, a pretender sustituir la clase trabajadora por un nuevo “sujeto revolucionario” que llama la “multitud”, que sería el “nuevo proletariado” de la Era del Imperio y de la globalización. No se pueden negar los cambios en esta etapa del capitalismo mundial pero esto no implica que la clase trabajadora esté liquidándose. Aunque se pueda discutir sobre si se reduce en los países capitalistas avanzados, con la deslocalización de industrias, lo que es evidente es que la misma, a nivel mundial, aumenta en vez de disminuir. La incorporación de China, India, Vietnam, Brasil, el crecimiento habido en los últimos años en algunas regiones del mundo como Asia, Iberoamérica e incluso África, ha aumentado el número de personas que realizan un trabajo asalariado en industrias manufactureras, en la agroindustria, en los servicios, en el comercio, en el sector financiero y en el Estado.
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Pero resulta que en los países capitalistas más avanzados todo depende de la cuantificación que se haga de lo que se considera clase trabajadora. En los estudios empíricos comparativos que realizó Wright en los Estados Unidos y Suecia concluyó que la clase obrera: “Es la clase más extensa en ambos países, (aunque) es algo más grande en Suecia…la clase obrera sueca resulta unos nueve puntos porcentuales mayor que la norteamericana (61.3% frente a 52.1%)”.(4) Y sigue señalando que aunque en ambos países “la gran mayoría de la fuerza de trabajo está formada por asalariados”, en los Estados Unidos hay un porcentaje mayor de auto empleados (14.7%), que en Suecia (10.9%).(5) El número de empleados en el mundo se calculaba en unos 800 millones. La mayoría de los cuales trabajan en los sectores industriales y de servicios. De estos asalariados aproximadamente un 58 por ciento trabajan en la industria y un 65 por ciento en los servicios. Hay un sector de personas que son asalariados pero tienen trabajos de dirección y cobran sueldos y bonificaciones muy elevados que en sentido estricto no se les puede incluir entre los trabajadores y que pueden ser estimados en un 10%, con lo cual la clase trabajadora sería de unos 700 millones entre la industria y los servicios.(6) Si tenemos en cuenta que forman parte de la clase trabajadora los miembros de sus familias que no tienen un trabajo remunerado y que dependen del ingreso de esos asalariados, o de las pensiones que reciben los jubilados, como parte de su trabajo asalariado realizado en el pasado, entonces el número de trabajadores y sus dependientes puede alcanzar una cifra que oscila entre el 1.500 a 2.000 millones de personas.(7) Las crisis producen una reestructuración económica con empresas que desaparecen o se fusionan y otras que surgen, pero no siempre significa la desaparición sustancial de trabajadores del sector industrial. Por lo menos en el caso de los Estados Unidos de 1900 a 1998 el número de trabajadores en la industria pasó de algo menos de 11 millones a 31 millones. En 2014, después de la crisis de 2008, y en un recuento tirando a lo bajo, su número era de aproximadamente 29,4 millones de personas.(8) El sector industrial estadounidense representa el 20 por ciento de la producción manufacturera mundial y ocupa algo más del 25 por ciento de la población activa. La industria aporta el 20.3 por ciento del PIB. Mientras que el sector servicios genera el 75 por ciento del PIB y ocupa el 68 por ciento de la PEA. Por lo tanto, la existencia de una economía de servicios es compatible con una economía industrial, y obviamente, ni siquiera usando el concepto más estricto o restrictivo de clase trabajadora, se puede afirmar que en los Estados Unidos la misma está desapareciendo. Si empleamos un criterio más amplio y sumamos los trabajadores asalariados de las llamadas ocupaciones de servicios, excluyendo a las posiciones directivas, profesionales, profesores, y puestos similares, tendríamos, casi 26 millones de personas más, para un total aproximado de 55.2 millones de trabajadores asalariados, que sólo con rodeos ideológicos se les puede excluir de formar parte de la clase trabajadora en sentido amplio.(9) En Alemania, la principal economía europea, la industria aporta el 29.1 por ciento del PIB y emplea al 29.7 por ciento de la PEA. El sector servicios aporta el 70 por ciento del PIB, pero nadie, si se atiene a estas cifras, se le ocurre señalar que la clase trabajadora está desapareciendo. Inclusive, si se contabiliza una disminución de los
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trabajadores industriales en algunos países industriales avanzados, esto es debido al incremento de la productividad en el sector, que conlleva que con la introducción de nuevas tecnologías y la robotización, se requiere menos mano de obra para producir más en menos tiempo, aumentado así la explotación del trabajo vivo, aunque para ello se tenga que incrementar la inversión en equipos y en I+D+I. Yendo más lejos en este asunto hay que ver que en muchas ocasiones la diferenciación industria y servicios no aclara la importancia que tienen muchos servicios para la producción capitalista, ni la distinción neta entre un trabajador industrial o de servicios, por ejemplo, los transportes de mercancías son esenciales para la industria aunque este sector se clasifique como servicios. También hay que considerar los cambios de denominaciones sin que cambie la naturaleza del trabajo, por ejemplo, en un periódico diario de años atrás un trabajador que hiciera la composición se le calificaría de un trabajador industrial tipográfico, mientras que ahora, haciendo ese mismo trabajo mediante un software en un ordenador se le denomina un trabajador de los servicios. Es un cambio nominal pero no en la naturaleza ni en la esencia del trabajo, aunque lo realice ahora en un despacho y sin ensuciarse las manos. Algo similar ocurre cuando en una empresa industrial en vez de contratar ciertos trabajadores lo subcontratan con una empresa intermediaria. Contratado directamente se le clasificaría como trabajador del sector industrial, pero, al ser contratado por una empresa de servicios, se le clasifica como trabajador del sector servicios. Por lo cual es indudable que es el mismo sector industrial quien fomenta la creación de esas empresas de servicios a través del proceso de tercerización, de subcontrataciones externas. Esto explica la metamorfosis de la clase trabajadora en clase de servicios o en trabajadores de servicios, y las fetichizaciones que de ello se sigue para tratar de explicar que la clase obrera está en vías de extinción y que ahora forman parte de la(s) clase(es) media(s). Más que una realidad social o laboral es una cuestión de categoría estadística. ¿SON LOS CUELLOS BLANCOS CLASE TRABAJADORA? Los que teorizan sobre el fin de la clase trabajadora y su sustitución por una clase media parten siempre de definiciones de clase de tipo descriptivas que no profundizan en el tema sino que hacen su clasificación teniendo en cuenta cuestiones tales como los estilos de vida, los niveles de consumo, lo que conlleva, fijarse en el monto de los ingresos, e incluso en cuestiones como el estatus, que es la visión que se tiene de sí mismo y cómo los demás valoran a estas personas o a estas familias. Como afirma Callinicos: “Una definición de clase que exagere la importancia de las pautas de consumo, los estilos de vida, probablemente conduzca a creer que los antagonismos de clase han desaparecido y que ha habido una fusión entre la clase trabajadora y la clase media…las similitudes en las pautas de consumo…pueden esconder posiciones muy diferentes en la estructura general de las relaciones de poder y privilegio en la sociedad…El estatus es un concepto idealista que no sirve para analizar la sociedad”. (¹0)
Si se utiliza el criterio de las ocupaciones, para determinar la posición de clase, se suelen
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dividir a los trabajadores en de cuello blanco y de cuello azul o manuales, y se considera que la clase trabajadora son exclusivamente los trabajadores manuales, como las ocupaciones manuales tienden a disminuir en el capitalismo avanzado se concluye que la clase trabajadora está desapareciendo. Otro error a que conllevan las ocupaciones como el criterio de la clase, es cuando se asemejan en la misma categoría, por ejemplo, “trabajadores manuales cualificados”, a capataces, a los manuales autónomos e incluso a pequeños empresarios, cuando entre ellos tienen intereses muy diferentes y a veces antagónicos. Lo mismo se puede decir de los cuellos blancos, donde se mezclan directivos y el personal auxiliar administrativo. La etiqueta de cuello blanco parte de la idea de que hay una diferencia esencial entre la estructura laboral de una fábrica y de una oficina. La clasificación de la fuerza de trabajo por ocupaciones esconde los conflictos fundamentales que se dan en la sociedad capitalista. (¹¹) Respecto a la identificación de las clases por el ingreso, lo importante no es tanto el nivel del ingreso absoluto sino los ingresos relativos que son los que nos indican como se distribuye la riqueza. Por tanto, no se trata para calificar a un trabajador de clase media que gane una determinada cantidad de salario, lo que es significativo es cuanto más ganan los de la cima, y los que están inmediatamente por debajo de ellos. Hay diferentes posiciones de clase entre los de muy altos ingresos y los de ingresos más bajos. Ahora bien, la estructura de las clases no puede tener un símil con una escalera de estatus, ocupación e ingresos y, según los grados que se tengan de esos factores, se está por encima o por debajo de otros grupos. La cuestión con estas clasificaciones como ha señalado Wright(¹²) es que son estáticas, sirven para clasificar a las personas en función de la distribución de recompensas pero no sirven para identificar a las fuerzas sociales dinámicas que son las que determinan y producen los cambios. La cuestión realmente esencial en la discusión actual sobre las clases sociales es la siguiente: ¿las transformaciones que se han producido en el capitalismo desde la muerte de Marx y de Weber y, más especialmente en esta etapa de la globalización, ha hecho que el antagonismo de clases, especialmente entre el capital y el trabajo, sea más o menos irrelevante? Se detecta una tendencia que se va manifestando cada vez más a un aumento de los llamados trabajadores de “cuello blanco” o de los trabajadores de los servicios, mientras disminuye el número de los trabajadores manuales o del sector industrial en las sociedades capitalistas avanzadas, aunque esta caída se compense –en el marco de una economía mundo o globalizada–, con el aumento de los trabajadores “manuales” en los países emergentes. Se puede hacer una distinción entre los trabajadores de los servicios (o de cuello blanco). Hay un sector, minoritario, de directivos, gerentes, que participan en las tomas de decisiones que inciden sobre el proceso de producción, la acumulación de capital, los despidos etc. Estos realizan la función del capital, aunque por ello reciban un salario y bonificaciones, beneficios y stock options. Un segundo grupo, mucho mayor, de trabajadores con altos ingresos que es lo que algunos denominan “nueva clase media”, “nueva pequeña burguesía”, que hacen trabajos directivos de supervisión, y ocupan una posición intermedia entre la clase capitalista y la clase trabajadora. En tercer lugar, hay un amplísimo sector de trabajadores de los servicios o de
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“cuello blanco” que hacen funciones técnicas, administrativas, auxiliares, que no tienen control sobre su propio trabajo, y cuyos salarios son a veces iguales o más bajos incluso que los de los trabajadores manuales cualificados o semi cualificados de las empresas. ¿Cuál es la idea que surge de esta clasificación de los trabajadores? Que este tercer grupo no es algo diferente de la clase trabajadora, son trabajadores muy similares a los trabajadores manuales, y amplían la clase trabajadora, no la disminuyen. Que vivan relativamente mejor que sus ancestros trabajadores de finales del siglo XIX y principios del XX, que –en su caso– tengan una casa de su propiedad, un coche, incluso unos ahorros en el banco, y yendo más lejos, incluso que posean algunas acciones, no cambia lo sustancial de su posición en la sociedad, están en la parte baja de la escala social y no gozan del reconocimiento social, del estatus, del capital cultural y social de la llamada “clase media”, formada de médicos, abogados, ingenieros, profesores universitarios, periodistas, funcionarios, etc. ¿QUÉ ES UNA CLASE SOCIAL? Considero que una definición de clase social tiene que tener en cuenta las posiciones en las relaciones sociales de producción, aunque esto no agote lo que es una clase social. Así pues, una clase es un conjunto de agentes sociales que dentro de una sociedad se les puede identificar por el lugar que ocupan en la estructura o el sistema de producción social. En las sociedades capitalistas, por su grado de propiedad o de control de los medios de producción, o por intercambiar su fuerza de trabajo (predominantemente manual o intelectual) por un salario o remuneración, apropiándose el capitalista del excedente. El término de clase más sintético es aquél que la define como una relación de explotación. Me parece excelente por la brevedad de la misma y por centrase en lo esencial, la definición de clase como “la expresión social colectiva del hecho de la explotación, la forma en que se plasma la explotación en una estructura social dada”. Expresado de una manera más amplia, una clase determinada –siguiendo a Ste. Croix–, “es un grupo de personas en una comunidad identificadas por su posición en el conjunto del sistema de producción social, definidas de acuerdo con su relación con las condiciones de producción (en términos del grado de propiedad o de control de los medios de producción y del trabajo de producción) y por su relación con las otras clases”. Los individuos que constituyen una clase dada pueden o no ser total o parcialmente conscientes de su propia identidad y de sus intereses comunes como clase y pueden o no sentir antagonismo hacia los miembros de las otras clases en cuanto tales. El conflicto de clases (la lucha de clases) es esencialmente la relación fundamental entre las clases, que implica una explotación y una resistencia a esta explotación, pero no necesariamente una conciencia de clase o una actividad colectiva en común, política o de otro tipo, si bien estos rasgos son susceptibles de darse cuando una clase ha alcanzado un cierto estadio de desarrollo y se ha convertido en lo que Marx llamó una “clase para-sí”. En esta definición de clase encajan no solo las clases del capitalismo sino que es aplicable al esclavo de la antigüedad y al propietario de esclavos, al siervo y al señor feudal, al trabajador y al capitalista, porque en todos estos casos hay “una relación de clase que implica un conflicto de clases cuya esencia es la explotación, la apropiación de un
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excedente del productor primario, ya sea este esclavo, siervo o trabajador asalariado”. (13) Las clases mantienen una relación social con otras clases, que percibida o no, consciente o no, es una relación antagónica, ya que los intereses de quienes tienen la propiedad y control de los medios de producción y se benefician de la obtención de la plusvalía o del plus trabajo, no es compatible socialmente con los que venden su fuerza de trabajo, ya que la apropiación privada del excedente crea desigualdad social, de oportunidades y herencia de la propiedad de los medios de producción e intercambio, con lo cual no puede existir una sociedad igualitaria. Las relaciones de clase son objetivas no subjetivas, dependen del lugar o posición que se ocupe en la estructura de la producción social, por muy “burgués”, “clase alta” o “clase media”, que se auto considere un trabajador asalariado manual, técnico, profesional o intelectual, seguirá siendo un trabajador asalariado, porque esa relación objetiva no depende de su actitud subjetiva. Otra cosa muy diferente es que la conquista de las mentes de las personas forma parte de la lucha de clases, y que hay un interés político y social, por las diferentes clases –de hecho por sus portavoces o representantes–, de hacer que la gente adopte los puntos de vista, las actitudes, y los comportamientos sociales y políticos que les son más favorables. Esto es, por parte de las clases dominantes, el mantenimiento del sistema vigente que les beneficia, y, por el otro lado, por los que luchan por cambiarlo, por ganar las mentes de la gran mayoría de la sociedad que tiene un interés objetivo, en cambiar las relaciones sociales, para construir una sociedad más democrática y con una mejor distribución de la riqueza social. LAS MUTACIONES DE LA CLASE TRABAJADORA La distribución por ocupaciones de la clase trabajadora es un reflejo de lo que ocurre en el proceso de acumulación de capital, por lo que hay que colegir que los cambios en este proceso tendrán su manifestación en cambios en la distribución y tareas de los trabajadores. Históricamente la clase trabajadora ha tenido mutaciones. En la antigüedad, la clase trabajadora original, el proletariado, estaba formado por las mujeres de la clase baja. El vocablo latino proles (descendencia), designaba a aquellos que eran tan pobres que con lo único que podían servir al Estado, y a la sociedad, era procreando. Eran productoras de fuerza de trabajo. Su manera de producir era reproduciéndose. Hoy mismo en el siglo XXI una parte muy importante de la clase trabajadora en el mundo en desarrollo suelen ser mujeres. En el siglo XIX el grupo mayoritario que componía a la clase trabajadora estaba constituido por los sirvientes domésticos. ¿Quiénes constituían el grueso de esos sirvientes, de los trabajadores domésticos? Las mujeres. En el sector industrial, la manufactura mecanizada –que es el medio capitalista por excelencia de producción a gran escala, mediante las máquinas–, estuvo poco extendido durante todo el siglo XIX. Lo empleaban las industrias punteras, por ejemplo, la industria algodonera del Lancashire, pero no estaba generalizado. La producción mediante máquinas se generalizó a finales del siglo XIX y a inicios del siglo XX, con el desarrollo de la producción en cadena. Aquí la fuerza de trabajo predominante en las fábricas si era masculina. La clase trabajadora no tiene una ocupación fija sino que ésta se modifica, cambia,
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según las necesidades de acumulación de capital. Las crisis son momentos en que se reorganizan y se reestructuran las empresas, empresas ineficientes desaparecen, se fusionan otras, y los capitales se invierten en sectores que les permiten aumentar sus ganancias. Esto implica que unos trabajos desaparecen y otros se crean, pero esto no puede leerse adecuadamente con un discurso de fin o destrucción de la clase obrera. En realidad estamos ante un proceso de reorganización de la clase trabajadora. Ha ocurrido que aquellos que se les suponía que habían desertado de la clase trabajadora porque eran propietarios de su casa, tenían un coche, podían ir a un restaurante alguna vez al mes, o al cine o teatro, ya no formaban parte de la clase trabajadora, porque estaban “aburguesados”, o eran considerados “casi ricos”, o ya eran de la “clase media”, han reaccionado a las injusticias sociales y se han puesto en primer lugar en la lucha por ciertas conquistas sociales. En Inglaterra, la “aristocracia obrera” que describía Thomas Cooper de la época cartista, fueron los que se pusieron a la vanguardia del movimiento obrero a principios del siglo XX, y posteriormente, los trabajadores cualificados de la industria de automóviles y de aviones –y con buenos salarios–, fueron los que a través de la organización de representantes sindicales dieron al traste con el gobierno conservador de Edward Heath entre 1970-1974. Posteriormente, después de que la primera ministra neoconservadora Margaret Thatcher destruyera a los sindicatos mineros y otros sindicatos, y a pesar de ello, parte de la clase trabajadora en las elecciones sostuvo con sus votos a los gobiernos reaccionarios, especialmente durante y después de la Guerra de Las Malvinas, donde se explotó el sentimiento chauvinista británico. Todo eso forma parte de la dinámica social y política, de la lucha por el dominio de las mentes, en la cual –hasta ahora– están teniendo mucho éxito las fuerzas neoliberales (de diferentes matices), pero están surgiendo movimientos de reacción, y la historia anterior nos muestra que no es descartable que los jóvenes y los no jóvenes que componen los cuadros medios de los sectores de servicios, junto a parte del precariado, se pongan al frente de nuevos movimientos sociales en pro de una profundización de la democracia, de la extensión de las libertades, de una redistribución más justa y equitativa de la riqueza, de una economía al servicio de la sociedad y no de una minoría supermillonaria. LA CLASE MEDIA GLOBAL La clase media está siempre en el centro de todas las reflexiones sobre el tema de las clases y hay una clara tendencia a utilizarla con fines no sólo sociales e ideológicos, para describir unas sociedades que se pretende que sean cada vez menos duales y más complejas, es decir, con menos polarización entre clase trabajadora y clase capitalista. También hay un uso político de la clase media, no solamente se le da un papel teleológico de ser llamados a ser centrales en el desarrollo político sino también en el desarrollo económico, esta clase sería el agente social de la democracia política, de la estabilidad social y del crecimiento económico. La clase media es definida por los economistas, como formada por aquellos adultos que son cabeza de familia, que son profesionales u ocupan ciertos puestos de
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nivel directivo, y por los que tienen trabajos cualificados de cuello blanco, pero con el fin de ampliar su número, también se ha tratado de agregar a la clase media a los trabajadores cualificados de cuello azul que tengan unos ingresos relativamente altos, es decir, la parte superior (en materia de ingresos) de la clase trabajadora. Este concepto amplio de clase media busca contrarrestar la tendencia observada por Marx a un proceso de conversión de buena parte de la población en asalariados (en ese sentido el proceso de proletarización no significa depauperización o miseria de la clase trabajadora, sino su conversión en asalariados, que requieren el uso de su fuerza de trabajo manual o no manual, para obtener los medios materiales para poder vivir), a la vez, que trata de evitar que se produzca una homogenización de la clase trabajadora, por eso se trata de buscar por todos los medios, dividirla entre trabajadores “aburguesados” de clase media, y otros, que al tener ingresos menores y trabajos más subordinados y a veces más sucios, peligrosos y con menos autonomía, ellos sí serían “clase trabajadora”. Uno de los estudios económicos recientes más rigurosos sobre la clase media a nivel mundial define a la clase media en función de su riqueza (ingresos, propiedades, acciones, bonos, menos deudas), y no sólo por los ingresos, considerando que son de clase media los adultos que tengan una riqueza entre un rango inferior de 50 mil dólares de Estados Unidos (precio de mercado de 2015) y uno superior de hasta 500 mil dólares(¹4) En otros países que no son los Estados Unidos, el cálculo de riqueza para ser de clase media –y para poder hacer una comparación a nivel global– se hace sobre una suma similar en términos de poder de compra a nivel local. En ese sentido el nivel más bajo para ser de clase media en Finlandia sería de 51,400 dólares, 52,600 en Suecia y 58,200 en Noruega. En Suiza para ser de clase media se requiere una riqueza mínima de 72,900 dólares. Los países con una renta per cápita más baja suelen tener precios más bajos de manera que para ser de clase media se requiere un menor nivel mínimo de riqueza. Por ejemplo, en Brasil se requieren unos 28,000 dólares, Chile y China, 22,000, en África del Sur, Turquía, Rusia y Tailandia 18,000, y sólo 13,700 dólares en India.(¹5) En cada país estudiado el límite superior de la clase media es diez veces superior al del nivel más bajo de esa clase media. En Los Estados Unidos 500 mil dólares (superior) 50 mil dólares (el inferior), en China 220 mil y 22,000 y así sucesivamente. Los resultados de la investigación muestran que la población adulta de clase media en el mundo está formada por 665 millones de personas, lo que equivale al 14 por ciento de la población adulta mundial. El número de adultos de clase media a nivel mundial ha aumentado en este siglo XXI de 524 millones en el año 2000 a 665 millones en 2015, un aumento del 27 por ciento. La riqueza de las clases media es de 80.7 trillones, es decir, el 32 por ciento de la riqueza mundial. Los que tienen una riqueza por encima del rango superior de clase media (500 mil dólares) acumulan 150 trillones de dólares. Sumando la riqueza de la clase media y la de los superricos alcanza los 231 trillones, el 92% de la riqueza global. Lo que deja al resto de la población adulta con riqueza inferior a 50 mil dólares hasta 1 dólar o menos por día, a disponer apenas del 8 por ciento de la riqueza global. (¹6)
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Región
Clase media %
Clase media en millones de adultos
Norteamérica
38.8
105
50.9
Clase media superior a la media %
Europa
33.1
194
38.3
Asia-Pacífico
15.1
171
17.0
China
10.7
109
11.3
Latinoamérica
10.6
43
11.3
África
3.3
19
3.5
India
3.0
24
3.2
Mundo
13.9
665
15.9
Elaboración propia tomando como fuente Credit Suisse: Global Wealth Report 2015
Lo que se puede colegir de estos datos sobre la clase media, es que su número aunque se haya incrementado, sigue siendo minoritario ante la mayoría de personas con muy bajos ingresos y que la desigualdad se ha incrementado. Así pues, todos los intentos de tratar de explicar que la clase trabajadora en sentido amplio ha perdido importancia o vigencia en nuestras sociedades del siglo XXI es una simple estratagema ideológica de falseamiento de la realidad, de fetichización, que solo busca dividir y evitar que estos reflexionen y vean que los hechos demuestran que los asalariados y todos los que disponen, cada vez más, de una parte menor de la tarta de la riqueza global tienen un interés común en hacer que se cambie el modelo de organización socio-económica imperante. UN MAPA ACTUAL DE LAS CLASES DE LAS SOCIEDADES AVANZADAS Un magnífico ejemplo de la utilización del acervo sociológico, especialmente del no marxista, en el estudio de las clases, es el que se ha realizado en el Reino Unido utilizando un sondeo patrocinado por la BBC en el que participaron 161.000 personas. Lo primero que se comprueba que en los primeros quince años del siglo XXI, la desigualdad ha vuelto a estar bajo la atención de los ciudadanos y que la misma es vista, como se reconoció en el Foro Económico Mundial de Davos en 2014, como uno de los riesgos principales para la seguridad política y económica de hoy. La desigualdad creciente se yuxtapone a la inmensa fortuna de los supermillonarios. Lo cual ha puesto sobre los focos, de nuevo, el asunto de las clases sociales. Algo que los posmodernistas, los neoliberales e incluso muchos socialdemócratas habían declarado periclitado. Los autores señalan que en su libro restablecen la importancia del concepto de clase mientras que otros nunca se refieren al concepto de clase directamente (caso de Owen Jones en sus obras Chavs y Establishment), o de los economistas que tratan de la desigualdad (Atkinson).
CONCLUSIONES: LAS CLASES EN EL SIGLO XXI
Bajo la dirección de Mike Savage,(¹7) el informe de la investigación nos señala que las clases se identifican y a la vez se distinguen entre sí porque comparten estilos de vida comunes, identidades, redes sociales y orientaciones políticas semejantes, así como niveles de ingresos y de riqueza similares. Cuando grupos de personas y familias comparten estas características y se identifican como formando parte de un tal grupo o clase, significa, que tienen conciencia de su pertenencia a esa clase. Utilizando la terminología marxista se puede decir que estamos ante una “clase para sí”, más que ante una “clase en sí” (la clase como un grupo social dado). Los autores utilizan también los conceptos de Bourdieu de capital económico (ingresos, riqueza, propiedades, acciones, ahorros), capital cultural (los gustos, intereses y actividades), y capital social (las redes de relaciones sociales, amistades y asociaciones a que se pertenece). Lo que dicen los encuestados, les permite comprender mejor la creciente desigualdad entre la cima y la base social. Y consideran que el empleo de esas tres formas de capital, es una alternativa a los viejos enfoques basados en la ocupación, que como exponen con claridad, no resultan adecuados para “iluminar la gran significancia política y cultural de las clases”. Elaboran un esquema o mapa de siete clases, donde se pone el acento sobre la disparidad que existe entre la élite de los superricos y el precariado, y esto demostraría la profunda división de clases existente hoy en día. Los autores consideran que el esquema de clases de alta, media y clase trabajadora ha perdido vigencia, debido a que han surgido nuevos grupos intermedios. También porque la movilidad social ha producido un desplazamiento de numerosas personas y familias desde la clase media baja a la clase media y de la clase media a la clase media alta. Lo que parece confirmarse es que la movilidad desde la base de la pirámide hasta la cima, a la élite de la riqueza y poder, no se produce en términos que puedan ser sociológicamente relevantes. El camino hacia la movilidad es tener la educación requerida –especialmente ser egresado de universidades de élite–, y estar geográficamente situado en Londres, que es donde hay más oportunidades de lograr una movilidad social ascendente. El esquema de clases de una sociedad capitalista avanzada en el siglo XXI (teniendo como caso de estudio la sociedad británica), elaborado por Savage y su equipo, es el siguiente: •
La élite superrica que representa un 6% de la población adulta con un ingreso promedio por hogar de aproximadamente 100 mil dólares (89 mil libras), Muchos de sus miembros son egresados de Oxford, Cambridge, King`s College London o del Imperial College.
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La clase media establecida, que tiene unos ingresos suficientemente altos como para mantener un alto nivel de vida, tener una vida social muy activa y poder disfrutar de los espectáculos artísticos (teatros, ballets, operas, exposiciones de arte). 25 % de la población.
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La clase media técnica, compuesta por los que tienen ingresos igual de altos e incluso más altos que la anterior pero que en cambio no tienen suficiente capital cultural y social, lo que significa que aunque tienen dinero sus redes de relaciones sociales no son tan selectas y sus gustos no son tan sofisticados como los de la clase media establecida. 6% de la población.
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Los nuevos trabajadores opulentos que son miembros de la clase trabajadora, pero los distingue que sus ingresos son altos, mantienen un buen nivel de vida.15% de la población.
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Los trabajadores de los servicios emergentes. 19% de la población.
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La clase trabajadora tradicional cuyos trabajos se consideran manuales y ligados a la manufactura o a los servicios de limpieza. 14% de la población.
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El precariado formado por aquellos cuyas vidas se caracterizan por la inestabilidad en el trabajo, los bajos ingresos y cuyas conexiones sociales son escasas y se reducen a los miembros de su grupo de pertenencia. 15% de la población.
Así pues, tampoco en un nuevo enfoque de las clases sociales en una sociedad capitalista avanzada, como la británica, se puede soslayar la importancia de la clase trabajadora, ya que entre la clase trabajadora afluente u opulenta, la tradicional, la de los servicios emergentes y el precariado suman un 63 y si se agrega a la clase media técnica, su porcentaje se eleva al 69 por ciento de la población económicamente activa. Una cifra que deja sin argumentos a todos esos autores que, de manera frívola o por esnobismo, pregonan no sólo el fin de las clases en el siglo XXI sino el declive de la clase trabajadora. Y conste que se trata de un enfoque de las clases no marxista, que está fundamentado teóricamente por el análisis cultural de las clases que proviene de Pierre Bourdieu y que se apoya, no en especulaciones metafísicas y en prejuicios ideológicos, sino en una encuesta en la que han participado más de 162 mil personas. Quizás la encuesta con una muestra más amplia sobre las clases realizada nunca en el mundo. EL PRECARIADO En la teorización reciente sobre el análisis de clases en la sociedad global el trabajo de Standing(¹8) sobre el denominado precariado ha suscitado mucho interés.Se trata de buscar explicaciones a situaciones que se están dando en el siglo XXI como consecuencia de la aplicación de las recetas neoliberales en los países capitalistas avanzados e incluso en los países en desarrollo, que junto a la globalización que sigue este modelo, está teniendo como resultado visible un aumento de la brecha de la desigualdad no sólo a escala mundial, sino también a escala de los Estados nacionales y plurinacionales. En la agenda neoliberal uno de los temas estrellas era la llamada flexibilización del mercado de trabajo, que consistía en un despojo progresivo de los derechos de los trabajadores para impedirles tener un trabajo fijo, bien pagado, con garantías firmes de estabilidad en el mismo y con el pago de indemnizaciones relativamente importantes en el caso de despidos improcedentes. Dentro del marco de la globalización neoliberal esto era inconcebible, ya que una de las prácticas que la ha caracterizado es el proceso de concentración de empresas, de manera que si antes los asalariados de una empresa tenían su puesto de trabajo asegurado mientras la misma tuviera beneficios, ahora la “cultura empresarial” dio un giro, si una empresa marchaba bien y tenía beneficios, otra empresa la compraba, la fusionaba con otra empresa dedicada a las mismas actividades, recortaba severamente las plantillas y mandaba al desempleo a parte de sus trabajadores.
CONCLUSIONES: LAS CLASES EN EL SIGLO XXI
La flexibilidad laboral permite despedir con menos coste empresarial y, mejor aún, contratar a trabajadores con menos derechos. Los contratos de trabajo son flexibles, las empresas contratan y despiden cada vez más libremente y con menos justificaciones y con menos coste para ellas. De esa manera han transferido los riesgos y la inseguridad a los asalariados y a sus familias. Los trabajos se convierten en trabajos precarios, y además se prefiere subcontratar con otras empresas de trabajo temporal una serie de empleos y trabajos que de esa manera se externalizan. En muchas de ellas se obliga a que los trabajadores se conviertan en trabajadores autónomos, por cuenta propia, de esa manera se les contrata por semanas, por horas e incluso rizando el rizo, incluso hay contratos de cero hora, por la cual un trabajador debe estar atento a si lo llaman para trabajar varias horas o inclusive una hora cualquier día. Obviamente, los mismos figuran en las estadísticas de empleo como activos, no como desempleados. La generalización de estas prácticas es la que ha dado pie al surgimiento de una masa de trabajadores temporales, o mejor, eventuales, con empleos precarios, con salarios generalmente bajos, sin ninguna seguridad de si tendrán trabajo la semana siguiente, y por tanto, sin que puedan tener ninguna perspectiva para organizar su vida personal y familiar, lo cual, junto a los recortes habidos en los Estados de Bienestar en ayudas a los más desfavorecidos, ha creado eso que se denomina con un neologismo precariado. Una palabra compuesta de precario y de proletariado y, que en el clima ideológico imperante, heredaría todo el estigma, el desprecio que las clases altas y medias otorgaban a los pobres en la sociedad victoriana, donde eran tachados como viciosos y semi-criminales. En ese sentido el precariado sería una nueva clase social y además una nueva clase peligrosa, según Standing. Este autor afirma que: “El precariado es algo distinto de la “clase obrera” o del “proletariado”…Tampoco son de “clase media”.(¹9) Ya que para él la clase obrera del capitalismo avanzado se refiere a una sociedad con trabajadores con puestos duraderos y estables, con jornadas de trabajo preestablecidas, con trabajadores sindicados y con convenios colectivos que los protegían y cuyos jefes o patronos eran locales. En la sociedad actual todo eso ha cambiado. Tampoco el precariado es una clase media, por no tener empleo estable, ni seguridad en los ingresos, ni el estatus que se supone tiene esa clase media. En esto Standing cede al nominalismo tratando de señalar que el precariado es una nueva clase social, pero entiendo que yerra completamente. Los precarios tienen características similares pero hay también diferencias entre ellos. Pero en lo fundamental no hay divergencias con la clase trabajadora debido a que sus intereses objetivos son comunes, sus intereses materiales, son similares, de manera que es un juego de palabras asignarles la condición de ser una clase distinta, por más, como veremos a continuación, que se afirme que es todavía una clase en formación. El precariado sería, en la argumentación de Standing, una clase en proceso de formación aunque no sea aún una “clase para-sí”. El precariado carece de identidad ocupacional, realiza trabajos eventuales sin seguridad de ingresos, no es homogéneo, pero comparte la sensación de que su labor es instrumental (necesaria para sobrevivir), es oportunista por necesidad (acepta lo que sale) y su vida es precaria (insegura). La gran mayoría de los que realizan trabajos temporales están próximos al precariado y su número crece de manera acelerada. Dentro del precariado se puede incluir a todos los
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que llaman los “informales” en las economías de países en desarrollo. Así como los trabajadores de los Centros de Llamadas, símbolo de la globalización y las comunicaciones electrónicas. Y también estarían los becarios, estudiantes o recién egresados de la universidad que trabajan gratis para adquirir experiencia laboral y con la esperanza de ser contratados. En Japón, en 2010 eran una tercera parte de la fuerza de trabajo y en Corea del Sur más de la mitad están en empleos temporales. Dentro del precariado se incluyen a los trabajadores de empleo parcial, que se definen por los que realizan trabajos de menos de 30 horas semanales pero que en realidad se ven constreñidos a realizar muchas más horas por el mismo salario, es decir, están superexplotadas porque una buena parte son mujeres. Son los llamados minijobs, una forma de subempleo, que permite en países como Alemania, presentarse como una economía con un elevado nivel de empleo. Sin embargo, una encuesta Gallup realizada en 2009 mostró que sólo el 13 por 100 de los trabajadores se sentían comprometidos con su empleo en ese país y el 20 por 100 decía estar totalmente distanciados de su empleo. (²0) MUJER Y PRECARIADO Como el crash de 2007-2008 ha puesto en evidencia, “todo el mundo” está en peligro de caer en el precariado. Sin embargo, hay una probabilidad muy alta de que puedan caer en el precariado o en una situación de precariedad, las mujeres y los jóvenes. Las mujeres, porque ha habido un proceso de feminización creciente de la mano de obra y una parte importante de los trabajos precarios los ocupan mujeres, sobre todo en el sector servicios, que requiere menos fuerza bruta, aunque también –en los países en desarrollo– en las empresas de industrialización dirigidas a la exportación. Además, se sigue manteniendo el pago de un salario inferior al que se pagaba en igualdad de trabajo a los hombres. El aumento del trabajo femenino coincide con la precarización del trabajo y es que las mujeres de manera desproporcionada han accedido a los trabajos precarios. No hay que ver siempre la entrada de la mujer al mundo laboral como una liberación en un sentido lineal, hay que combinar la mirada de género con la de clase. Para mujeres de clase media para arriba, con formación, la vida laboral puede ser un enriquecimiento y una liberación, ya que desempeñan trabajos donde pueden hacer una carrera profesional. Para las mujeres de clase trabajadora si el marido también trabaja es útil porque aumentan los ingresos familiares, pero en el siglo XXI hay cada vez más parejas monoparentales donde la carga de los hijos ha recaído en las mujeres y esto ha conllevado, para ellas, un triple fardo sobre sus espaldas. Es la triple carga de la mujer de clase trabajadora de bajos ingresos: realizan un trabajo fuera de casa normalmente mal pagado, o, en todo caso, con salarios inferiores a los de los hombres, tienen que hacerse cargo de las tareas domésticas desde el cuidado de los hijos a cocinar y limpiar el hogar, y recae sobre ellas cuidar y atender a los familiares ancianos. Y en cuanto al papel liberador, es discutible, cuando se trabaja ocho o más horas en una línea de montaje, o estás de cajera en una gran superficie, o cosiendo largas horas a un ritmo endemoniado en una factoría o en lugares insalubres, o limpiando oficinas o casas.
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Las mujeres tienen puestos temporales o eventuales, con salarios inferiores a los de los hombres o a los que se pagan en trabajos a tiempo completo. Ejemplos: en el Reino Unido el 40 por 100 de las mujeres empleadas lo son en trabajos de tiempo parcial. En Alemania y en Francia las mujeres desempeñan el 80 por 100 de los empleos de tiempo parcial y ganan un 25 por 100 menos que los hombres. En Japón la discriminación y explotación de la mujer es tal que el 44 por 100 de ellas recibían un salario inferior al mínimo y las que tienen un contrato fijo es 68 por 100 inferior al de los hombres. En Corea del Sur el 57 por 100 de las mujeres con empleo lo tenían precario, frente a un 35 por 100 de los hombres. (²¹) LOS JÓVENES Los jóvenes entre 15 y 25 años superan los mil millones y son mayoritarios en los países en desarrollo y muchos entran a formar parte del precariado aunque terminen sus estudios secundarios y algunos incluso con estudios universitarios, aunque éstos siguen teniendo más probabilidad de salir del precariado. Esto conlleva una gran frustración porque sus padres a sus edades solían tener un empleo estable que a ellos se les niega. Hay una superexplotación de la población joven en nombre de la flexibilidad del empleo. En un país como Francia el 75 por 100 de los trabajadores jóvenes tienen contratos temporales que se prolongan en el tiempo. En España el desempleo juvenil ha llegado al 50 por 100, en Irlanda es del 28 por 100 y en Italia es de una cifra similar, y en Grecia es del 25 por 100. En el modelo del Sur de Europa los jóvenes eran ayudados por su familia, pero cada vez más las familias han empeorado su situación y la solidaridad disminuye porque pueden ayudarles menos, ya que un 25 por 100 de los españoles están viviendo en 2015 en la pobreza. Lo mismo ocurre en países como el Reino Unido dónde muchos jóvenes –principalmente varones–, regresan a vivir con sus padres y para ellos se ha acuñado el neologismo de kippers (que significa niños que erosionan los ahorros para la jubilación). La mayoría de los jóvenes, incluso los que tienen estudios universitarios, no tienen más futuro que empleos temporales con bajos salarios, que no les permiten a los que han recibido becas para sus estudios universitarios poder pagarlas (como está ocurriendo en los Estados Unidos y Japón) y, están obligados a aceptar puestos muy por debajo de sus titulaciones. En muchos lugares, con la mercantilización de los estudios superiores, lo que importa no es tanto si se tiene un diploma sino de cual universidad. Los buenos empleos van para los egresados de las universidades de élite reservadas para los hijos de familias con dinero, de manera predominante. Así pues, después de la etapa de la llamada democratización de la enseñanza hemos desembocado en la segregación de los titulados, que provoca una segregación de clase social en los empleos, los puestos mejor pagados y puestos directivos para los egresados de universidades de élite, y los otros, para el resto, muchos de esos empleos son de tiempo parcial, precarios.
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LOS MAYORES En los países avanzados hay una tendencia al envejecimiento de la población. La población mundial de más de 65 años se va a duplicar entre 2010 y 2040 y será el 14 por 100. En Europa occidental pasará de 18 millones en 2010 al 28 por 100 en 2040. En los países en desarrollo hay más de 490 millones de personas con más de 60 años. Serán 1.500 millones en 2050. Pero junto a ello hay que señalar que la esperanza de vida aumenta a nivel mundial, como promedio era de 68 años en 2010 y será de 76 años en 2050, ya en los países ricos es de 77 a 83 años. Y en los países de mayor longevidad puede llegar a estar sobre los 90 años en 2050. Con los avances de la medicina y la farmacopea, una persona de 70 años se pude comparar a una de 50 años de varias décadas atrás. ¿Qué importancia tiene esto para el tema que nos ocupa? Que si en la crisis de los años 80 del siglo pasado la tendencia era a jubilar a los mayores, en la crisis financiera de 2007-2008 se ha dado una tendencia a que los mayores permanezcan en sus puestos de trabajo e incluso se está aumentado la edad de jubilación, así como, los años cotizados para poder tener acceso a una pensión. Los Estados temen cada vez más el sostenimiento del sistema de jubilación cuando la tasa inversa de dependencia cae cada vez más, por ejemplo, en la UE actualmente se requiere cuatro trabajadores para sostener a un jubilado pero para 2040 se estima que habrá solo dos trabajadores cotizando, e incluso pueden ser menos. La cuestión es que muchos jubilados están realizando trabajos precarios, por horas, eventuales, e incluso muchos hacen trabajos voluntarios con el fin de sentirse útiles. No tratan de tener empleos fijos, no pretenden hacer carrera, les interesa redondear sus pensiones y sentirse útiles, y en algunos casos, lo necesitan para ayudar a sus hijos y familiares mayores en peores condiciones que ellos. Pero entre los jubilados y personas mayores hay otros cuya situación económica es difícil porque tienen pensiones muy bajas, tienen que pagar alquiler de una vivienda y simplemente se ven constreñidos a aceptar cualquier tipo de trabajo para obtener una renta mínima de subsistencia. Entre los mayores hay, por tanto, desigualdades notables. Esto crea una competencia, un conflicto latente con los jóvenes desempleados que tienen mucha más dificultad para encontrar estos trabajos, que para los mayores son complementarios de sus pensiones, mientras que, para los jóvenes, son vitales para su propia supervivencia. Esto alimenta a los que tratan siempre de distorsionar la realidad social con el fetichismo de las frases: ¿Hemos pasado de la lucha de clases a la lucha de edades? Pues, no, es el funcionamiento del sistema económico en su orientación actual lo que provoca estas situaciones, una economía desregulada orientada al lucro, no a la satisfacción de las necesidades humanas. LOS INMIGRANTES Según la OIM el 3 por 100 de la población mundial está constituida por inmigrantes internacionales, esto es, 214 millones de personas en el año 2010. (²²) El mayor receptor de inmigrantes legales son los Estados Unidos con un promedio de 1 millón por año en la primera década del siglo XXI y el número de los que han entrado sin tener permiso para ello puede ser superior al de los legales.
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Uno de cada ocho residentes en ese país es inmigrante y entre la población trabajadora es uno de cada seis, la mayor proporción desde 1920. Buena parte trabajan en la agricultura, la construcción, la alimentación, los cuidados sanitarios y la limpieza. También los Estados Unidos captan a una inmigración altamente cualificada, esa fuga de cerebros hace que el 25 por 100 de los trabajadores que tienen un doctorado (PhD o equivalente), hayan nacido en el extranjero. Los datos que proporciona Eurostat a 1 de enero de 2014 de población de origen extranjero en la Unión Europea de los 28 Estados miembros es el siguiente: “El número de personas residentes en la EU-28 que eran nacionales de terceros países ascendía a 19,6 millones, mientras que el número de personas residentes en la EU-28 que habían nacido en un país tercero era de 33,5. En términos absolutos, el número más elevado de no nacionales que vivían en la UE a 1 de enero de 2014 se hallaba en Alemania (7,0 millones de personas), Reino Unido (5,0 millones), Italia (4,9 millones), España (4,7 millones) y Francia (4,2 millones). Los no nacionales en estos cinco Estados miembros representaban conjuntamente el 76 % del número total de no nacionales que residían en el conjunto de Estados miembros de la UE, mientras que a estos mismos cinco Estados miembros les correspondía un porcentaje del 63 % de la población de la UE. En términos relativos, el Estado miembro de la UE con el mayor porcentaje de no nacionales fue Luxemburgo, donde los no nacionales representaban el 45 % de la población total”. (²³)
Las migraciones se dan por doquier, un tercio de las mismas son de los que van de países pobres hacia países ricos, otro tercio se da entre países ricos, y el otro tercio se produce de países pobres a otros países pobres. Hay países que tienen una tasa alta de emigrantes que van de sus países a otros y que reciben un muy alto número de inmigrantes, como Sudáfrica y República Dominicana, lo cual produce conflictos violentos entre los nacionales y los inmigrantes indocumentados, como ocurrió en Sudáfrica en 2008, donde hubo matanzas de inmigrantes africanos de Mozambique, Malawi, Zimbabue realizada por sudafricanos negros de los barrios pobres, que se quejaban de que éstos les quitaban los trabajos y contribuían a la baja de los salarios. Esto demuestra que la simplificación de enfocar cualquier tensión o conflicto entre los trabajadores nacionales y los inmigrantes como una manifestación de racismo es profundamente errónea. (²4) Pero lo que nos interesa resaltar es el papel que juegan los inmigrantes en la economía globalizada como parte importante del llamado precariado. Los inmigrantes legales son una importante fuerza de trabajo, buena parte de ella con trabajos de bajos salarios, eventuales y temporales, también desempeñan aquellos trabajos que los angloparlantes denominan las tres D: dirty, dangerous, demanding (sucios, peligrosos y difíciles). Aunque hay unos inmigrantes establecidos con buenas cualificaciones profesionales o trabajadores cualificados que desempeñan puestos de trabajo de mejores salarios y más garantías laborales. Pero nos vamos a referir a los trabajadores inmigrantes que se encuentran más desasistidos y explotados, los inmigrantes indocumentados o ilegales. Los inmigrantes indocumentados son la masa de trabajadores ideales para la economía sumergida, de manera que hay demasiados intereses en juego para hacer que
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se mantengan en dicha situación, en la cual no es ajena el Estado que no pone los medios para controlarla. Trabajan por salarios muy por debajo de los bajos salarios que se le pagaría a un trabajador nacional o a un inmigrante con papeles, es decir, son muy baratos, se les puede despedir sin ningún requisito legal porque son “invisibles”. Se les puede dar un trato arbitrario y degradante, se les puede deportar si son conflictivos, o sea, si reivindican mejores condiciones de trabajo o un salario mejor. Sus empleadores promueven –directa e indirectamente–, la inmigración ilegal porque les produce una tasa extra de ganancia debido al trabajo super explotado. No debe extrañar a nadie, por tanto, que haya promotores de la inmigración sin límites y abierta, que aunque utilizan un discurso humanista y cosmopolita, de “ciudadanía universal”, en realidad están haciendo, en ocasiones conscientemente, el juego a los grandes explotadores que se benefician del trabajo hiperprecario. Detrás del discurso populista de fronteras abiertas hay muchos intereses materiales, una alianza, a veces insólita, entre el “angelismo” y la “concupiscencia” del lucro, cuyo efecto, no siempre querido, pero como se suele comprobar, provoca, alentar los populismos extremistas neofascistas que captan en los barrios populares a los sectores más pobres de la clase trabajadora a los que se les atemoriza con los inmigrantes (especialmente indocumentados), que deterioran aún más las condiciones de trabajo y los salarios. Lo realista y beneficioso tanto para los trabajadores nacionales como para los inmigrantes y su integración social, es una inmigración ordenada acorde con las necesidades y legislación de cada país, lo que facilita la obtención de residencia legal para trabajar, de esa manera, no se contribuye al auge de las mafias del tráfico de la trata humana y de los amos de la economía sumergida. Esto hasta que la globalización conduzca a una libertad de tránsito en todo el planeta de personas y no solo de capitales, como ocurre ahora. La globalización beneficia al capital y su libre circulación pero no alcanza al trabajo, cuyos movimientos están restringidos por las fronteras de los estados, más cerradas y controladas, mientras más rico sea cada Estado. Lo que es lamentable es el “doble estándar” que quieren imponer algunas potencias económicas a países pobres de que abran sus fronteras sin apenas restricciones, mientras ellos blindan las suyas o ponen enormes trabas legales a la inmigración. Lo que parece muy claro, hoy en día, es que la inmigración de indocumentados parece ser un proceso imparable o de muy difícil solución, primero porque en los llamados países de destino hay sectores empresariales muy interesados en un flujo constante de mano de obra que puedan emplear en la economía sumergida (sin pagar seguridad social, sin pagar impuestos, sin regulaciones laborales), y porque este ejército de reserva que se encuentra “invisible” o en la sombra, es una fuente de acumulación rápida, y, además indirectamente, contribuye a deteriorar las condiciones de trabajo de los inmigrante legales y de la fuerza de trabajo nacional, disminuyendo su potencial conflictivo, con lo que sirve también a los objetivos del “capital colectivo”, a los intereses de la clase capitalista en su conjunto. En los países de origen de esos inmigrantes indocumentados la desigualdad social, la falta de oportunidades de empleo, los conflictos bélicos, los desastres naturales y ecológicos, la inestabilidad política, la corrupción galopante, la falta de oportunidades vitales, y un largo etcétera, se aúnan para provocar una tendencia a la migración masiva, hacia los países más
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ricos, pero también a los países de su entorno donde consideran que pueden encontrar trabajo, y en algunos casos, esos países son sólo etapas en un largo nomadismo que tiene como objetivo llegar a los paraísos soñados de Europa y Norteamérica. Aunque no es lo mismo, hay que considerar también el caso de los solicitantes de asilo y refugiados. En el mundo, según el ACNUR, hay más de 19.5 millones de refugiados, la gran mayoría se encuentran en campamentos en países no desarrollado, y 1.8 millones de solicitantes de asilo. Los desplazamientos forzados a finales de 2014 alcanzaron los 59.5 millones de personas.(²5) Con las políticas belicistas de las grandes potencias en Irak, Afganistán, Oriente Medio y África del Norte, se desestabilizaron y llevaron al desorden político y social a países que tenían gobiernos laicos –aunque autoritarios y dictatoriales–, y que ha llevado a la guerra civil y a la desestructuración social y económica de los mismos. (²6) Esto ha provocado una ola de refugiados nunca conocida desde la Segunda Guerra Mundial cuyo destino es Europa. Una Europa bajo los efectos aún de la crisis financiera de 2008, de las políticas de austeridad, de la reducción drástica del déficit y de la recesión, y con predominio en sus gobiernos de políticos conservadores y neoliberales, que si han mostrado tanta implacabilidad con sus clases trabajadoras internas, sería iluso pedirles que mostraran generosidad ante la oleada masiva de refugiados y demandantes de asilo, de los países que antes destruyeron con sus políticas belicistas y su intolerancia pseudo democrática. La guerra civil en Siria ha provocado para 2015 más de 250,000 muertos y una crisis humanitaria. El número de personas que necesitan ayuda es de más de 12,2 millones y más de 4,1 millones de personas han abandonado el país, otros 7,6 millones son desplazados internos, según datos de Naciones Unidas. (²7) La reacción de los Estados miembros de la UE, ante la masiva llegada de refugiados a los países periféricos de la misma, ha sido bochornosa, incluso en países de larga tradición democrática y social como Dinamarca se han tomado medidas de despojo de los bienes de los solicitantes de asilo, para que de esa forma autofinancien su estadía mientras estudian sus casos. Otros países se vieron forzados, por las presiones de Alemania, a comprometerse a recibir cuotas de refugiados, en un número que asciende a 32.356 sirios y eritreos y no han cumplido.(²8) Polonia se ha negado a recibir refugiados que no sean cristianos. Y la conservadora Merkel, que en un primer momento tendió la mano a los refugiados, ha tenido que volverse atrás ante las presiones recibidas no sólo de miembros de los gobiernos de los Landers (Estados) de su propio partido, sino incluso por declaraciones anti refugiados de sus aliados en el gobierno, los socialdemócratas.(²9) Los solicitantes de asilo –que a veces tardan años en que se estudien y resuelvan sus casos–, se convierten en residentes temporales sin derecho al trabajo y con otros derechos restringidos, pero pese a ello, acceden al mercado laboral clandestino como fuente de mano de obra barata para trabajos precarios, eventuales, por horas, al margen de la ley. Todos los grupos antes citados: miembros de la clase obrera despedidos y que han perdido sus ayudas por desempleo, mujeres, jóvenes, mayores, inmigrantes legales, indocumentados, solicitantes de asilo, forman parte del conjunto llamado precariado. El énfasis en que el precariado es una nueva clase social se basa en que ellos nunca lograrán ser una clase trabajadora tradicional, en el sentido de tener puestos fijos,
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sindicación, contratos colectivos, seguros de desempleo, vacaciones pagadas. A lo más que pueden llegar es a ser una especie de semi-proletarios. Esta es la conclusión a la que llega Standing, el popularizador de la etiqueta de precariado a este tipo de trabajadores. El precariado sería una clase social en proceso de formación que a lo que más se aproxima es a una “clase en-sí”, pero no es todavía una “clase para-sí”, es decir, con conciencia de su identidad como clase. Aunque estos trabajadores tienen diferencias con la llamada clase trabajadora tradicional o con la establecida (diferenciada porque tienen trabajos estables o fijos y salarios más elevados además de otros derechos sociales), para nosotros, son un estrato, dentro de la clase trabajadora, que refleja la situación de explotación en una fase del capitalismo que tiene como un elemento importante en las relaciones sociales de producción la utilización de trabajadores con salarios al nivel mínimo de supervivencia. No considero, pues, que el precariado sea una clase social sino parte integrante de la clase trabajadora, con trabajos degradados. LA DEGRADACIÓN DEL TRABAJO EN EL SIGLO XXI En las sociedades capitalistas de la etapa de la globalización se ha ido acentuando el proceso que se ha denominado de alienación, cada vez más todo lo que tiene que ver con el proceso de producción se hace ajeno a los trabajadores, ya que éste tiene menos interés y control sobre el mismo. Ello conlleva que se acentúen las medidas de supervisión, vigilancia y control, que tienen como fin que los trabajadores aumenten su capacidad de producción y obtener mayores ganancias. En etapas anteriores esto se lograba por un aumento del tiempo de trabajo, prolongando la jornada laboral, luego se fueron empleando métodos intensivos, que hacen que aunque se reduzca el tiempo de trabajo se incremente la producción. El llamado fordismo aplicó el trabajo en cadena, dividiendo los procesos complejos en tareas simples realizadas por trabajadores que no requerían cualificación, sino ejecutar rutinariamente trabajos elementales. El trabajo en cadena se generalizó no sólo en el ámbito industrial sino incluso en el administrativo. A la larga ha servido, entre otras cosas, para abaratar la fuerza de trabajo y mantener los salarios a nivel de reproducción individual, o por debajo del nivel de subsistencia para el grupo familiar. Como afirma Harvey lo que los trabajadores requieren para su supervivencia, para su reproducción depende de lo que ellos, sus familias y las comunidades les puedan aportar “En la reproducción social se absorbe una gran cantidad de trabajo no pagado, la mayor parte, como han…señalado muy correctamente las feministas, ha corrido a cargo tradicionalmente de mujeres y sigue siendo así hoy”. (³0) Así pues, en la división del trabajo se va eliminando del proceso la necesidad de elementos intelectuales, de las cualificaciones, en la mayor parte de los trabajos rutinarios. Como afirma Braverman,(³¹) cuyas ideas seguimos en esta cuestión, en la medida que más ciencia se incorpora a la tecnología, menos conocimiento necesita el trabajador, y cuanta más maquinaria (o robótica e inteligencia artificial) se desarrolle para aplicar al proceso de trabajo, más trabajo se hará servidor de la máquina o de la robótica. El argumento de que esto sucede por el progreso científico y técnico, no es cierto afirma Braverman, la degradación del trabajo no se debe a las nuevas tecnologías
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aplicadas a la producción. Al contrario, estas tecnologías rompen con las antiguas divisiones del trabajo y tienden a reunificar el proceso de producción. Esto se produce realmente porque la división del trabajo implica otras cosas en una sociedad capitalista. No importan tanto las posibilidades que se abren con las nuevas tecnologías aplicadas a la producción, lo que se hace es una división más acentuada del trabajo, con una división, por un lado de gerentes, administradores e ingenieros que son los que tienen la visión del conjunto del proceso, y por el otro lado, los que se encargan de tareas simples al servicio de las maquinarias y tecnologías, cuya función es pasarse su vida laboral ejecutando tareas parceladas, rutinarias, mecánicas. El resultado de todo este proceso es que la ciencia y la tecnología se han puesto al servicio de la acumulación de capital, lo que ha producido un aumento de la capacidad de producción, de la productividad del trabajo, y por ende, de la obtención de plusvalía. No es, por tanto, la tecnología lo que lleva al capitalista a acumular, sino la necesidad de acumular lo que conduce a desarrollar la tecnología. Si durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial hubo un período donde hubo una cierta correlación entre aumento de la productividad del trabajo y crecimiento salarial, posteriormente, a fines de los años de 1970, ha habido un aumento de la productividad y una disminución relativa de los salarios que dura hasta nuestros días. Que no sean muy visibles los efectos de este estancamiento y retroceso relativo de los salarios, es debido a que las mujeres se han incorporado de manera masiva a la fuerza de trabajo y allí donde es posible hacerlo, los jóvenes también lo hacen, lo que repercute en una masa de ingresos de la unidad familiar que cubre el estancamiento salarial individual. A ello hay que agregar las facilidades dadas para el endeudamiento por los bancos durante la burbuja financiera que condujo a la crisis de 2008, ya que con los créditos fáciles y las hipotecas basuras, se creó una falsa sensación de bienestar y opulencia incluso entre sectores de bajos y medios ingresos. Para que haya crecimiento de la producción se requiere reinvertir parte del producto (del beneficio) en la producción en vez de ser consumida. Pero lo que sucede realmente es que parte de ese beneficio se queda en manos de una exigua minoría. Lo primero puede ser considerado una “ley” general de la economía, lo segundo, es una ley de la economía capitalista, que ha llevado a esta brecha abismal a nivel global entre un 1 por 100 que tiene más del 46 por ciento de la riqueza y el 99 por 100 restante de la población que se tiene que repartir el 54 por 100. La población trabajadora ve sus ingresos estancados o descendiendo en términos relativos pero además asiste a la reducción de sus empleos, al despido. Braverman emplea la explicación dada por Marx de que los generales ganan sus guerras reclutando soldados, mientras que los jefes de las empresas las ganan despidiendo trabajadores. Mientras se va reduciendo, en los países capitalistas avanzados, el sector manufacturero y la construcción, que tenían salarios más elevados, se ha ido creando empleo en los seguros, las ventas al por mayor y al detalle, oficinas, servicios de limpieza, sector de la hostelería, que son sectores de bajos salarios, y que se van convirtiendo cada vez más, en trabajos precarios.
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LA ESTIGMATIZACIÓN DE LA CLASE TRABAJADORA En el siglo XXI los analistas e investigadores sociales constatan con creciente preocupación el auge de la estigmatización social. El estigma ha sido estudiado por la psicología social y va más allá del prejuicio, que es una actitud que, aunque tenga similitudes con el mismo no es idéntico: “la esencia del prejuicio (es): (una) preconcepción negativa hacía un grupo y hacia sus miembros individuales”.(³²) El estigma conduce a que las personas o el grupo estigmatizado, estén inhabilitados para una plena aceptación social. La palabra fue empleado por los griegos para referirse a signos corporales que se exhibían y que eran percibidos como malos, como cortes, quemaduras en el cuerpo, que tipificaban al que los portaba como que era un esclavo, un traidor, un criminal, una persona corrupta, o ritualmente deshonrada, a quien debía evitarse especialmente en lugares públicos.(³³) Aquellos que se encuentran en la parte más baja de la jerarquía social han recibido siempre un trato y denominaciones discriminatorias, son la “chusma”, la “escoria”, “la plebe”, “horteras”, etc. Actualmente se las ridiculiza en las conversaciones entre personas de clases “superiores”, en las redes sociales e incluso en los medios de comunicación, sea por su manera de hablar, de vestirse, sus modales, la música que prefieren, etc. Cuando se emplean términos como los arriba citados o nuevos, como “perros flauta”, se trata de estigmatizarlos, de considerarlos marginales, indignos de estar entre los considerados personas “normales”, es decir, la gente de clase alta o de clase media, que viste, se comporta y tiene los gustos “adecuados”, los signos de “distinción” que los clasifican como “gente bien”, porque aunque no a toda la clase trabajadora se le trate en conjunto de la misma manera, se presupone que a quienes se les etiqueta con términos peyorativos provienen generalmente de familias de esa clase. El Reino Unido –hasta que la Thatcher destruyó a los sindicatos mineros después de la huelga de 1984 que concluyó en marzo de 1985, y el posterior cierre o declive de industrias de extracción y manufactureras–, contaba con una clase trabajadora orgullosa de serlo, que vivía en comunidades o barrios de protección social (donde además de los trabajadores, vivía el médico, el administrativo, etc.), y donde se transmitía una cultura oral y de convivencia, de pertenencia a esa comunidad. En ellas se solía votar (mayoritariamente), a partidos que decían representar sus intereses. Al finalizar el thatcherismo en 1996 se había dado un giro en la sociedad y se produjo una demonización de la clase trabajadora, sobre ello escribió una periodista británica: “Ahora que se ha dejado de temer a las clases trabajadoras y no merecen respeto, los de arriba pueden regodearse en su superioridad como si esto fuera el siglo XVIII”.(³4) Uno de los ministros de Thatcher dijo a la prensa que la primera ministra: “cree que la clase trabajadora es ociosa, falaz, inferior y puñetera”.(³5) Esa concepción tuvo su reflejo en su primer gabinete donde el 71 por 100 eran directores de empresas, un 14 por 100 grandes terratenientes, y casi todos, el 88 por 100 habían estudiados en los muy exclusivos y caros colegios privados destinados a las élites. Un gobierno de estas características no se anduvo con rodeos y desarrolló una ofensiva para acabar con la clase trabajadora como fuerza política y económica en la sociedad. Todo ello venía justificado por la convicción de la primera ministra de que producir “cosas” era el pasado, y que el futuro eran las finanzas y los servicios. Una vez
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vencidos los sindicatos más poderosos, vendió las viviendas sociales, desreguló los servicios financieros y se rebajaron los impuestos a los ricos. Como afirma Owen Jones, Thatcher “desplazó la carga fiscal de los ricos a todos los demás, era la lucha de clases en estado puro…fue una época dorada para los ricos”. (³6) El resultado del thatcherismo y de los gobiernos conservadores (1979-1996) se puede resumir en estos datos: los ingresos del 10 por 100 de los más pudientes crecieron en un 65 por ciento por hogar. Sus impuestos pasaron de ser de más del cincuenta por ciento a menos del treinta por ciento de sus ingresos. Para todos los demás si pagaban un 31 por 100 de sus ingresos en 1979 en 1996 pagaban casi el 38 por 100. Mientras en la base de la pirámide de ingresos, el 10 por 100 de los más pobres vio desplomarse su renta real en un 20 por 100. En 1979 había unos 5 millones personas en situación de pobreza en el Reino Unido, hacia 1992 rondaban los 14 millones. Debido al alto desempleo y al empeoramiento de la situación social, el Estado tuvo que gastar más, con lo cual no se redujo el gasto público sino que se disparó a cifras sin precedentes.(³7) Por eso se ha dicho que lo que creó Thatcher fue un ciudadano británico que se consideraba de clase media, porque era propietario de una vivienda y sólo miraba por sus intereses personales, por su familia y por nadie más. Sus aspiraciones eran tener un coche y a ser posible una casa más grande. El legado del thatcherismo fue una cultura de “demonización de la clase trabajadora” y haber transformado a las ideas neoliberales, “no solo un partido, sino dos”, el suyo el Partido Conservador, y al Partido Laborista con su etiqueta de Nuevo Laborismo.(³8) Si en otras sociedades capitalistas avanzadas no se utiliza de manera tan despectiva el rechazo a la clase trabajadora, si se emplean términos divisorios de carácter más general como “ganadores” y “perdedores”, que traza una línea divisoria entre los que han alcanzado altos niveles de ingresos y estatus social. Evidentemente, por más “triunfador” que se auto considere un trabajador establecido, para quienes están en la cima económica y social, y dirigen las organizaciones empresariales y gubernamentales, son respecto a ellos, “perdedores”. Pero es que hay en todas las sociedades denominaciones específicas que vienen a designar a los estigmatizados, a los demonizados de la clase trabajadora, ya sea por sus niveles de vida, salarios, etnia, raza, género, o país de procedencia, e incluso por su opción sexual. El fenómeno es general aunque tiene en cada país sus particularidades. Frente a esta estigmatización y demonización de la clase trabajadora habría que recuperar la idea gramsciana de hegemonía y realizar una intensa labor de rearme moral y de valores entre los miembros de la clase trabajadora. Se trata de que se recupere la idea de que pertenecer a la misma no es una degradación social sino un hecho social. Si no todos, la gran mayoría de los asalariados, son parte de la clase trabajadora, independientemente de que su trabajo sea manual o predominantemente intelectual. Hay que abandonar la estrategia conservadora de presentar a todo el mundo como de “clase media”, cuando en realidad lo que es la mayoría es clase trabajadora. Ganar esa batalla en las mentes es muy importante para recobrar una unidad de clase (reconociendo la diversidad de su composición social), y plantear una acción colectiva contra el neoliberalismo y su pensamiento único.
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EL TRABAJADOR COLECTIVO: LA BASE SOCIAL DE UN ORDEN MÁS ELEVADO DE CIVILIZACIÓN La idea que quiero exponer en este apartado es que debido a la aplicación de nuevas tecnologías al proceso productivo, al carácter cada vez más social del proceso de producción y, aunque existan múltiples diferenciaciones jerárquicas y de salarios, y se busque crear una heterogeneidad muy grande entre los diferentes agentes, nos encontramos, cada vez más, con un proceso acentuado de separación entre propiedad de medios de producción y de intercambio, y personas con diferentes cualificaciones y especialidades, que venden su fuerza de trabajo por una contrapartida salarial o remunerativa. La producción es cada vez más social y todo está interrelacionado, el trabajo en general se hace cada vez más social y colectivo, por muy desgajado e individual que sea su ejecución, por ejemplo, a través del tele trabajo, pero no obstante todo ello y las diferencias salariales, vamos hacia una sociedad donde es irrelevante la división en diferentes clases sociales, que no sean las fundamentales, es decir, los dueños de los medios de acumulación de riquezas (el capitalista colectivo) y, los que hacen posible esa acumulación en diferentes trabajos, sean los llamados productivos o los mal llamados improductivos o no directamente productivos, de manera que tendemos a una especie de dicotomía clasista, a nivel macro social, pero dentro de la cual hay una heterogeneidad de salarios, de estilos de vida, de gustos, de tendencias culturales o artísticas, de etnias, razas, de diferenciaciones de género, de nacionalidad, es decir, de diversas identidades y subculturas, lo cual crea conflictos parciales, divisiones, contradicciones, etc. Ahora bien, aún teniendo en cuenta todas esas diferencias y sin minusvalorarlas, más bien aceptándolas como parte de la realidad social, todas tienen un elemento común: trabajan en las diferentes áreas de la economía, en los servicios, en la producción, en el agro, en la cultura, en los medios de comunicación, en la educación, en la sanidad, etc., para producir, intercambiar, vender, prestar algún tipo de servicio, etc., a cambio de lo cual reciben un salario, unas remuneraciones o ingresos. Esta división sigue siendo esencial en el siglo XXI y las demás diferencias, sin dejar de ser importantes, no lo son tanto como ésta. Llamo a este conjunto heterogéneo el Trabajador Colectivo, y en el mismo agrupo tanto al trabajador productivo –que según Marx es el creador directo de plusvalía–, como a los trabajadores no productivos, que contribuyen a la realización de la plusvalía. Tanto al trabajador manual como al intelectual, o lo que se ha denominado el “intelecto colectivo” o intelectual colectivo. En diferentes partes del libro hemos examinado ampliamente esta cuestión del trabajo productivo e improductivo, por lo que entendemos que no es necesario volver de nuevo sobre el tema, salvo para subrayar que pese a todas las críticas hechas al marxismo sobre la polarización de clases que se encuentra en el Manifiesto Comunista, y su supuesta incapacidad para explicar el capitalismo actual, esa polarización está cada vez más presente. Sin embargo, se puede encontrar en las principales contribuciones de Marx a la comprensión del capitalismo: la teoría del valor trabajo, la teoría de la plusvalía y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, un cuerpo teórico a partir del cual se puede predecir y explicar la actual complejidad laboral y división social del trabajo. Esa complejidad es percibida, de manera superficial, como falta de polarización en
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la sociedad capitalista, debido al auge de lo que se ha denominado una “nueva clase media” o una “nueva pequeña burguesía”, y el declive relativo del obrero industrial en las sociedades de capitalismo avanzado, lo cual no es tal si el análisis se hace a nivel global, dónde el declive del trabajador manual es un mito. Lo que está ocurriendo es que estas llamadas nuevas clases medias ya no son mayoritariamente pequeños empresarios, pequeños comerciantes y artesanos, –como la de antes–, sino asalariados, con salarios altos, medios e incluso bajos, por tanto, por muy “clase media” que se auto consideren o que se les induzca a creer que son, forman parte de la clase trabajadora, del Trabajador Colectivo. De un sector del mismo, quizás, con mayor estabilidad en su trabajo e ingresos, pero que forma parte estructuralmente del Trabajador Colectivo, salvo un sector minoritario –aunque numéricamente importante–, ligado a la clase capitalista por sus funciones, por su alto nivel de vida, y porque ideológicamente considera que su “destino” está ligado al de esa clase. Por su posición en las relaciones de producción y distribución están más cercanos al capital, porque delegan funciones del mismo en ese sector de trabajadores, en cierto modo les “representan” en la organización que fuere. Por tanto, son trabajadores en cuanto que sus ingresos principales vienen de una remuneración como contrapartida de su trabajo. “En sí”, forman parte del Trabajador Colectivo, aunque “para sí”, puedan auto considerarse que son una élite por sus remuneraciones y por desempeñar funciones de dirección o predirectivas. Un ejemplo práctico de cómo el Trabajador Colectivo, en una sociedad capitalista avanzada, como es la de Gran Bretaña, comprende a la gran mayoría de los que venden su fuerza de trabajo en el mercado laboral, independientemente de que su trabajo sea manual o intelectual, productivo o no productivo, de producción de bienes o de servicios, lo encontramos si utilizamos la clasificación de clases realizada por la encuesta de la BBC dirigida por Savage y, según el criterio que defendemos, la agrupamos de acuerdo al mismo, obtendríamos el siguiente resultado: La clase capitalista sería un 6 por 100 de la población económicamente activa. La clase media que es etiquetada como establecida, es un 25 por 100 (que aunque ideológicamente está más cercana a la clase capitalista, no pertenece de ningún modo estructuralmente a dicha clase, al menos no en su totalidad). El resto sería, sin duda alguna, parte componente del Trabajador Colectivo y son el 69 por 100 de la población. Este porcentaje puede aumentar si consideramos que, independientemente de lo piensen o crean, al menos un 10 por 100 de la clase media establecida puede ser agregada al trabajador colectivo, que verían aumentar su porcentaje hasta el casi 80 por 100 de la población adulta. Así pues, la importancia que tiene la noción de Trabajador Colectivo es que además de reflejar la realidad fundamental del mundo del trabajo y del antagonismo, ciertamente predominante con la ínfima minoría dueña de la riqueza mundial, pone sobre el tapete la existencia de un interés común de la inmensa mayoría social por realizar cambios en la sociedad y en la economía, que permita que los que crean el pastel de la riqueza se beneficien del mismo en una proporción justa y equitativa. Es decir, que la mayor parte del excedente vaya a parar a la mayoría de la gente, al Trabajador Colectivo, y no como ahora que el 1 por ciento de multimillonarios, de los capitalistas globales, acaparan y poseen el 50 por ciento de la riqueza mundial.
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CRISIS DEL CAPITALISMO Y DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL Ha ocurrido que la apariencia externa, superficial, que encubre la realidad social profunda se ha puesto de manifiesto con la crisis de 2008, que comenzó siendo una crisis financiera y se ha convertido en una crisis social que ha puesto en cuestión el neoliberalismo y la globalización neoliberal. Las prospecciones económicas que hacen organismos tan poco sospechosos de veleidades “izquierdistas” como la OCDE señalan que el crecimiento en las economías avanzadas será muy débil en los próximos cincuenta años y que junto a ello seguiremos asistiendo al crecimiento de la desigualdad económica y social, incluso fijan una cifra, el aumento de la desigualdad será de un 40 por 100, y el auge y dinamismo actual de las economías emergentes y en los países en desarrollo está en proceso de ralentización e incluso que se detendrá hacia 2060. (³9) La época de oro del capitalismo neoliberal ha tocado fin. De manera que se vislumbran varios escenarios posibles, por no decir, probables: Primer escenario: La superclase de los multimillonarios que controlan la riqueza del mundo e imponen sus reglas globalmente, el 1 por 100, seguirá imponiendo al resto, el 99 por 100, el coste de la crisis durante varios decenios, y más específicamente al 71-81 por 100 menos rico, formado por, el Trabajador Colectivo, los trabajadores de todo tipo, los precarios, los pensionistas, los desempleados, y de esa manera se mantendría este orden global neoliberal pero, eso sí, cada vez más debilitado y con menos legitimidad. El crecimiento se estancaría y esto traería más sufrimiento para la gente corriente tanto del mundo desarrollado como para los del mundo en desarrollo. Segundo escenario: Los partidos de la derecha llamada “populista”, logran hegemonizar el descontento de la clase trabajadora y de la clase media, y con el apoyo de los sectores empresariales descontentos con la globalización neoliberal, llegan al poder y tratan de aplicar medidas contra la austeridad, desarrollan políticas económicas nacionalistas y provocan que los diferentes Estados traten de cargar sobre los demás Estados, los costos de la crisis. Esto provocaría un proceso de quiebra de la globalización y un resurgir de muchos conflictos que han estado soterrados. En el peor de los escenarios sería una vuelta a los años treinta con una versión actualizada de la época de los fascismos, ocupando el lugar de chivo expiatorio no los judíos sino los inmigrantes y los ciudadanos de segunda generación, especialmente los de origen y cultura musulmana (al menos en Europa y, en los Estados Unidos, ese lugar lo ocuparían los inmigrantes hispanos, especialmente los mexicanos). Tercer escenario: Se basaría en salvar la globalización echando a un lado la concepción neoliberal, se actuaría contra el cambio climático tratando de salvar el planeta de su progresiva destrucción, y se pondría fin a la enorme brecha de desigualdad. Esta vía se alcanzaría encaminándose más allá del capitalismo. Acabar con el neoliberalismo no es lo más difícil ya que se puede lograr regulando la actividad financiera e imponiendo
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impuestos a las transacciones financieras, haciendo políticas de estímulo económico anti austeridad, aumentando la creación de empleo con salarios dignos y haciendo inversiones en energías verdes. Este escenario podría ser implementado por fuerzas políticas tanto demócratas progresistas como por socialdemócratas, que no fueran neoliberales. Lo que ocurre es que la socialdemocracia ha caído –al menos en Europa– bajo el manto del neoliberalismo desde inicios de los años ochenta del siglo XX y, como demuestran los hechos políticos, con las actuaciones del nuevo laborismo de Tony Blair y de Gordon Brown, en el Reino Unido, donde siguieron las políticas neoliberales de Thatcher, y, más reciente, el caso de Alemania, donde gobiernan en coalición con la derecha, y no presentan ninguna opción alternativa al neoliberalismo ni en lo económico –posición mantenida contra las políticas anti austeridad que quiso implementar Syriza en Grecia–, ni tampoco en materia de ampliación de políticas de derechos humanos y solidaridad. El partido Socialdemócrata Alemán se opuso firmemente a la política de acogida de refugiados sirios que propuso la primer ministro Merkel, cuyos ideas económicas neoliberales son de sobra conocidas, pero que ha sido más benévola con los refugiados que los dirigentes socialdemócratas, herederos quizás de las actitudes políticas propias de los tristemente famosos, por su implacable represión contra parte de su propia clase trabajadora, de los socialdemócratas Ebert y Noske.(40)Aunque no toda la socialdemocracia puede encasillarse en esta corriente neoliberal y tecnocráta. Un cuarto escenario: Sería un modelo nuevo, alternativo al capitalismo y a la globalización neoliberal, que puede funcionar y lograr mejores resultados. Hay quienes le llaman poscapitalismo, y también se puede etiquetar como alternativa democrática igualitaria. Veamos, muy sucintamente esta alternativa a la sociedad capitalista neoliberal. EL POSCAPITALISMO En la última década del siglo pasado algunos investigadores comenzaron a ver que el capitalismo se estaba transformando en algo diferente. Las tecnologías de la información estaban introduciendo cambios que se podían comparar a los que se produjeron cuando se pasó del capitalismo mercantil al industrial. Pero por entonces se pensaba que la infotecnología y el capitalismo de mercado eran inseparables. Más recientemente hay muestras de que las tecnologías de la información está socavando los mecanismos de mercado: por ejemplo, los derechos de propiedad y está destruyendo la relación entre salarios, trabajo y beneficios. En ese sentido Drucker fue un visionario que vio en el infocapitalismo la apertura de un camino hacia otra cosa, el poscapitalismo, aunque señala acertadamente que todo lo post indica una transición. Y escribe: “Estamos en un tiempo de hacer el futuro, precisamente porque todo está en flujo. Este es un tiempo para la acción”.(4¹) Si el arquetipo social del feudalismo fue el señor feudal y el del capitalismo el burgués, ¿quién sería el portador de las nuevas relaciones sociales postcapitalistas? Para Drucker sería lo que denomina la “persona culta universal”, alguien capaz de recoger los productos de una investigación especializada y aplicarlos de forma más amplia, una especie de combinación de las habilidades del gerente con la capacidad de tratar conceptos puros del intelectual.
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Sin embargo, entiendo que esas cualidades no serían las de una serie de personas cultas sino las que se logra con un trabajo en red, de aportaciones múltiples, de un trabajo social realizado en común y enriquecido a través de continuos aportes colectivos que puede inclusive –como de hecho ocurre– pasar de lo local a lo global, se trata en definitiva de la labor de un Trabajador Colectivo, e incluye no solo el trabajo puramente intelectual sino también el trabajo físico que contribuye a que se pueda realizarse el primero.(4²) Se ha señalado que hubo alguien que previó antes que nadie la caída del capitalismo impulsado por la información, cuando ésta se distribuyese colectivamente por medio de las máquinas. Pues bien, fue Marx, en los Grundrisse, allí previó que el papel principal de las máquinas era producir y el de las personas supervisarlas y en una economía basada en ellas la fuerza productiva principal sería la información. La capacidad productiva “no guarda relación alguna con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la aplicación de esta ciencia a la producción”. (4³) Posteriormente en El Capital no insistió en ello, lo cual puede ser atribuido a que consideró que en ese momento esa cuestión no era prioritaria, pero como afirma Mason, el marginalismo como teoría de los precios que es, no puede explicar una sociedad dónde hay una tendencia a producir bienes de precio cero y, sin embargo, si puede explicarlo la teoría del valor-trabajo desarrollada por Marx: “La teoría del valor-trabajo, tal como la expuso Marx, predice que la automatización pude reducir la mano de obra necesaria hasta cantidades tan ínfimas que el trabajo se convierta en algo opcional. Las cosas útiles que puedan hacerse con cantidades diminutas de trabajo humano probablemente terminen por ser gratuitas, compartidas y de propiedad colectiva, viene a decir la teoría. Y tiene razón”.(44)
La infotecnología está produciendo esas “máquinas” (los programas informáticos) y la generalización de las mismas y su tendencia a ser cada vez más baratas puede llevar a un coste marginal cero. De hecho hay cada vez más bienes informacionales gratuitos como Wikipedia que si fuera un bien mercantil generaría unos beneficios a la empresa que lo explotara de unos 3 mil millones de dólares al año. La idea es que se irá acentuando la contradicción principal del capitalismo actual que es: “aquella que se da entre la posibilidad de unos bienes abundantes y gratuitos, producidos socialmente, y un sistema de monopolios, bancos y Gobiernos que se esfuerzan por mantener el control sobre el poder y la información. Es decir, que todo está invadido por una pugna entre la red y la jerarquía”. Eso está ocurriendo ahora porque: “el ciclo de vida de doscientos cuarenta años del capitalismo industrial podría estar tocando ya a su fin”.(45) Las posibilidades serían según este autor, a) que se estabilizara una forma de capitalismo cognitivo, con una nueva combinación de empresas, mercados y colaboración en red, y el sistema industrial que quede se situaría en un lugar dentro de este nuevo orden, o bien, b) la red erosionaría el funcionamiento del sistema de mercado y su legitimidad y se produciría un conflicto que llevaría a abolir el sistema de mercado que sería sustituido por el poscapitalismo, ya que “una economía basada en la información, por su tendencia misma a los productos de coste cero y a la debilidad de los derechos de propiedad, no puede ser una economía capitalista”.(46)
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El poscapitalismo podría adoptar formas muy diferentes pero su precondición es la abundancia, para llegar al mismo habrá que diseñar un proceso de transición de décadas para llegar a lo que llama Mason proyecto cero, cuyos objetivos serían: cero emisiones de carbono, la producción de máquinas, productos y servicios con costes marginales cero y reducir el tiempo de trabajo para acercarlo a cero.(47) El proyecto cero del poscapitalismo es muy sugestivo y tiene la novedad de que trata de fundamentar el diseño de una nueva sociedad basada en las posibilidades casi ilimitadas que proporcionan las nuevas tecnologías de la información y de la robótica. Si se le despoja de su lenguaje basado en la jerga técnica informática, uno puede percibir las grandes metas a las que han aspirado los socialistas, una sociedad basada en una economía sostenible al servicio de las personas, donde la producción social se distribuya también socialmente, aunque permanezcan áreas sometidas a la economía mercantil. Lo que se echa en falta es la inexistencia de un “sujeto social” que vaya a impulsar el cambio hacia ese poscapitalismo, ya que los conflictos que implica todo proceso de cambio social no se solucionan simplemente por una explicación racional de la bondad del proyecto que sustituirá al neoliberalismo. Por tanto, es loable la idea de que el 99 por 100 va a rescatar a esa oligarquía de la riqueza y del poder que constituye el 1 por 100 supermillonario que controla la riqueza mundial, y es muy tierna la frase final con que concluye: “El poscapitalismo os hará libres”. Pero hará falta algo más que eso para que los ciudadanos por muy conectados que estén en la red, y por mucho que actúen en P2P (peer to peer), o incluso que las redes logren unirlos en protestas como la del 15 M en Madrid, Occupy Wall Street, etc; se muestren dispuestos a decidirse a luchar organizándose –aunque no sea exclusivamente de manera jerárquica–, por enderezar lo torcido de la sociedad en que vivimos. LA ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA IGUALITARIA La alternativa democrática igualitaria al capitalismo busca establecer, aunque sea de manera gradual, otro tipo de sociedad, organizada no teniendo como objetivo la maximización de los beneficios y su acaparamiento en una minoría, sino, en una época donde las nuevas tecnologías de la información y su aplicación a la producción a través de la robótica permite liberar fuerza de trabajo, hacer una correspondencia entre el carácter social y colectivo de la producción de bienes y servicios y su distribución social. Nunca como antes en la sociedad humana tenemos la posibilidad, por el nivel científico–tecnológico alcanzado y por las potencialidades inconmensurables de su desarrollo futuro, de tener una producción abundante de productos y servicios que, distribuidos en función del principio de justicia equitativa, es decir, que favorezca a los que más lo necesitan (Rawls), permitan construir una sociedad democrática e igualitaria. Una sociedad de este tipo lo que haría es ampliar y profundizar la democracia y la misma conduciría a lo que en filosofía política se denomina una sociedad socialista. Ahora bien, debido a la experiencia histórica del socialismo que se instauró en la URSS y en los países del Este y en otros lugares, el término “socialismo” tiene en mucha gente una connotación negativa: Partido único, control policial, uniformidad ideológica, estatismo de los medios de producción. No vamos a entrar a argumentar
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sobre cuál era el carácter de la URSS. ¿Socialismo estatal, capitalismo de Estado, Estado obrero degenerado, modo de producción estatal? Pero si queremos afirmar que sea cual sea la conclusión a que se llegue, hay algo que es incontrovertible, la base material de Rusia, el desarrollo de sus fuerzas productivas, era la de un país económicamente atrasado, políticamente de tradición autoritario-jerárquica y centralista, con una ausencia histórica de gobiernos con pluralismo, por lo cual, no tenía ninguno de los elementos fundamentales que, para el marxismo clásico, era una precondición para establecer una sociedad socialista. Entiendo que el atraso de Rusia condicionó el tipo de “socialismo” que se estableció. La conclusión que podemos extraer de esa experiencia es que el tipo de régimen político-económico que se edificó sirvió para acelerar la industrialización y crear una sociedad menos desigual, aunque hiper autoritaria e incluso totalitaria.Tengo la convicción que el socialismo no se puede establecer en países atrasados, con un débil desarrollo de sus fuerzas productivas, y con buena parte de su población iletrada o analfabeta funcional, lo que sí se puede es establecer gobiernos democráticos igualitarios y participativos, que aceleren el desarrollo económico y social con una distribución más igualitaria de los recursos y que establezca una igualdad de oportunidades y, de manera gradual, vaya estableciendo las condiciones para establecer en el futuro el socialismo. Así pues, el socialismo no tiene nada que ver con los que fueron llamados “socialismos realmente existentes”, los que sólo tuvieron una duración de menos de 75 años, un período ciertamente muy breve para intentar condenar, sin paliativos, una experiencia novedosa en la historia. Mientras, el capitalismo tiene más de 250 años de existencia y si se hace un análisis del mismo se pueden encontrar tantas o más “monstruosidades”, abusos, crímenes, e incluso, a nivel político, gobiernos tiránicos y dictatoriales compatibles con el capitalismo. Pero, por una “extraña” razón, no se suele condenar o invalidar el capitalismo, por todas estas lacras, como si se hace con esos “socialismos”, por las suyas. La democracia igualitaria, que también desde mi punto de vista se le puede denominar socialismo participativo, ya que es hacia eso que tiende, es una alternativa tanto al capitalismo neoliberal como al estatismo. Estamos de acuerdo con lo que expone Wright(48) sobre este tipo de socialismo, cuando lo describe como una estructura económica dentro de la cual los medios de producción son de propiedad social (no estatal necesariamente) y, la asignación y uso de los recursos, para diferentes fines sociales, es realizado a través del “poder social”. El poder social consiste en la capacidad de movilizar a la gente para acciones colectivas voluntarias de diverso tipo en la sociedad civil. La sociedad civil es vista como un poder real. El poder social es diferente al “poder económico”, que está basado en la propiedad y en el control de los recursos económicos, y del “poder del Estado”, que tiene su base en el control, en establecer las reglas (leyes, reglamentos) y, la aplicación y cumplimiento efectivo de las mismas en todo el territorio del Estado y del “monopolio de la violencia legítima”, como dijo Max Weber. De manera que, expresado de manera sintética, habría tres maneras de hacer que la gente haga cosas: recompensándolas, obligándolas o convenciéndolas, lo cual correspondería al ejercicio respectivamente del poder económico, el poder estatal y el poder social. La idea de democracia que tiene en consideración el socialismo participativo, es el
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de vincular el poder social con el poder estatal, de manera que este se encuentre en cierto modo subordinado al poder social. De manera que el denominado “gobierno por el pueblo” no signifique en la práctica el gobierno de individuos atomizados, de personas aisladas, sino gobierno de ciudadanos organizados colectivamente en asociaciones de diversos tipos: partidos políticos, sindicatos, asociaciones, de múltiples fines, etc. Como señala con acierto Wright: “La democracia es de este modo, un profundo principio socialista. Si “democracia” es la etiqueta para la subordinación del poder del Estado al poder social, “socialismo” es el término para la subordinación del poder económico al poder social”.(49) Con un poder estatal que esté cada vez más controlado por el poder social de una sociedad civil organizada y democrática, con la utilización de la infotecnología para que los ciudadanos participen de manera directa en la toma de decisiones estratégicas, se evita el secuestro de la democracia por el 1 por 100 de la superclase de los multimillonarios y las grandes organizaciones financieras y empresariales, como está ocurriendo en las sociedades capitalistas neoliberales. (50) Con ello no estamos propugnando por minimizar las instituciones representativas de las democracias vigentes, sino tener en cuenta la reflexión de Bobbio: “Una cosa es cierta: el proceso de democratización ni siquiera ha empezado a arañar la superficie de los dos grandes bloques de poder jerárquico que existen en toda sociedad compleja: la gran empresa y la administración pública”.(5¹) Por otra parte, la democracia directa no se plantea para desplazar o eliminar a las instituciones representativas sino como un remedio o desafío “a la hipertrofia del Estado moderno”.(5²) Al contrario del tipo de modelo aplicado en las sociedades de “socialismo estatal de planificación centralizada”, una democracia igualitaria de socialismo participativo no busca estatalizar todos los medios de producción, las empresas y negocios privados, sino que junto a empresas y bancos de propiedad pública y social, coexisten empresas grandes, medianas y pequeñas de propiedad privada, parte de sus beneficios netos son sujetos a una socialización a través de impuestos progresivos sobre sociedades e ingresos personales, con tasas marginales elevadas para los ingresos y beneficios muy altos. Con ello se logra conciliar la actitud empresarial y emprendedora y la necesaria responsabilidad social corporativa, y el deber de una sociedad democrática de evitar una brecha social, con la existencia de extremos de desigualdad intolerables. El poder estatal deberá contribuir con ayudas a los emprendedores sin recursos y con impuestos sostenibles a los pequeños empresarios para que puedan desplegar su creatividad y mentalidad de logro investigando, innovando, creando empresas y nuevas tecnologías. Ninguna organización de cierta dimensión puede prescindir y de hecho nunca lo hace, de la planificación. No puede haber desarrollo ni estrategias a mediano y largo plazo sin planificar. En una sociedad democrática igualitaria la planificación será ejercida de manera democrática, con una retroalimentación de informaciones constantes, para hacer una distribución racional de los recursos existentes. Junto a ella en el socialismo participativo funcionarán los mecanismos del mercado, de la oferta y la demanda, pero será como fue el funcionamiento de los mercados antes de la década de 1980, unos mercados regulados, supervisados y controlados por el poder estatal y el poder social, para evitar burbujas financieras y fraudes contra la población. En breve, el “modelo” de socialismo participativo, o si se prefiere, de democracia
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igualitaria, aúna un sistema fiscal progresivo, tasas marginales elevadas para los millonarios, una economía social de mercado regulada y supervisada, tanto por el poder estatal como por el poder social (la sociedad civil organizada), con un sector público y social de la economía incluido un sector financiero. El objetivo en conjunto, es una economía al servicio de las personas, una economía humana, con la mayor libertad de acción, empoderamiento y emprendimiento de los ciudadanos. Las políticas sociales deben tener como objetivo prioritario el logro de una creciente igualdad social, de oportunidades y de resultados. Debe asegurarse una renta mínima para todos los ciudadanos que no alcancen un mínimo de ingresos, a cambio de unas prestaciones de trabajo de diverso tipo beneficioso para la comunidad. Aunque sabemos lo difícil que es lograr una igualdad de salida en cuanto a las oportunidades, hay que remover obstáculos para acercarse lo más posible a ese ideal. La vía indudable es a través de la generalización del sistema público de enseñanza, de calidad y excelencia, a todos los niveles, y un control por el poder estatal y el poder social, de la enseñanza privada, que tiene que adecuar su sistema de enseñanza al público. El sujeto social para poder realizar esa democracia igualitaria, es el Trabajador Colectivo, ya que esa mayoría social que compone una parte importante de la población económicamente activa y no activa, de trabajadores intelectuales, manuales, industriales, de los servicios, profesionales, de medios de comunicación, de la enseñanza en todos los niveles, de la sanidad, de los servicios públicos, las mujeres, los precarios, los desempleados, los jubilados, los trabajadores autónomos e incluso, la llamada por algunos sociólogos “subclase”, de los actuales excluidos sociales, y la multiplicidad de organizaciones sociales que tratan de articular intereses diversos con el objetivo de mejorar la vida –material o espiritual–, de determinados colectivos o sectores, todos tienen un interés objetivo en una sociedad organizada por los principios arriba expuestos. Lo que nos enseña la historia de las luchas sociales es que lo que hace cien años, e incluso menos, se consideraba por quienes se designaban como pragmáticos, “sueños” o “utopías” irrealizables, han sido realizados y forman parte de nuestro sistema social. De la misma manera, lo que se señala aquí no es una utopía irrealizable sino algo cuya realización dependerá de la capacidad de organizar a gran parte de los agentes sociales que forman el Trabajador Colectivo, para que, de manera proactiva, a través de diversas modalidades de luchas sociales y políticas, se logre construir una democracia igualitaria, un socialismo participativo. Esto no se realizará espontáneamente sino que deberá ser producto de un trabajo político, educativo, tanto teórico como a través de la acción, un aprendizaje democrático igualitario mediante la participación. Para ello se requerirá un grupo activo y organizativo que vaya creciendo, llámese partido, movimiento, liga, plataforma, que haga de este ideal social y político su razón de ser y que pretenda erigirse en el portavoz de estas ideas y de los intereses del Trabajador Colectivo, es decir, ser sus representantes. Su papel es poner la levadura en la masa, en el conjunto social, para que ellos mismos sean participantes directos de sus diversos intereses sectoriales y parciales, pero confluyendo siempre a una meta común, la transformación de la sociedad en función de un proceso dirigido a lograr una democracia igualitaria. Los intereses vitales del Trabajador Colectivo son sustituir el capitalismo
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neoliberal, esos intereses de la clase trabajadora, en sentido amplio, de la mayoría social, tienen que ser el hilo conductor de cualquier movimiento político o partido, cuyo objetivo sea la construcción de ese socialismo participativo. Ahora bien, el trabajador colectivo y el interés objetivo de sus componentes en establecer una democracia igualitaria no implica que la misma tenga que verse como un objetivo marxista exclusivamente. Desde otras tradiciones políticas también se puede coincidir en tratar de lograr los mismos objetivos ya que la extrema desigualdad, la concentración de la riqueza en una ínfima minoría, provoca el rechazo de ciudadanos que desde muy diversas ópticas convergen en la necesidad de organizar la sociedad y la economía de una manera diferente. Esto se puede encarar desde posiciones keynesianas o neo keynesianas, desde una orientación de una economía al servicio de las personas o humanista, obviamente desde orientaciones muy diversas, es decir, la lucha social, política, asociativa y económica, por establecer un modelo diferente de organización de la producción, no puede verse como algo propio y exclusivo de una opción político-ideológica, sino como una necesidad social en la que pueden coincidir visiones plurales en busca de una sociedad más libre, más democrática más participativa y más igualitaria. Si bien, para unos reducir la desigualdad sea una meta y para otros sea una etapa en el camino hacia una sociedad de más en más igualitaria, que conduciría en un plazo más o menos largo, a un socialismo participativo. Que es el tipo de sociedad que debemos tratar de construir en el Siglo XXI, a menos que queramos retroceder a la barbarie a que nos conduce el individualismo posesivo y el capitalismo neoliberal.
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parlamentarios para tratar de su rendición, fueron destrozados a gol- pes de garrotes por la soldadesca gubernamental, y esto ocurrió hasta tal punto que no fue posible reconocer sus cadáveres. En cuanto a los prisioneros, fueron colgados de los muros y asesinados de tal forma que muchos de ellos tenían el cerebro fuera de su cráneo…Noske, “el obrero” Noske, es el general que sabe organizar la victoria allí donde Lunderdroff fracasa”. Rosa Luxemburg,Oeuvres II (écrits politiques 1917-1918), François Maspero, París,1969, “L’ordre règne à Berlin”, pp.130 y ss. Lunderdroff era el jefe del ejército alemán en la Primera Guerra Mundial. Las raíces de las coaliciones y alianzas entre la socialdemocracia alemana y la derecha vienen de lejos y están selladas con la sangre que llevó al asesinato vil de los trabajadores sublevados en 1919, ordenados por Noske y Ebert. Los tiempos cambian, a veces para mejor, ahora el precio a pagar para las alianzas políticas con el gran capital y sus representantes políticos de la derecha no es el asesinato de los que se encuentran a la izquierda de los socialdemócratas, basta con las “puertas giratorias” abiertas para los dirigentes socialdemócratas en los consejos de administración de las grandes empresas. Para un estudio histórico riguroso del movimiento espartaquista ver Gilbert Badia, Los espartaquistas, dos volúmenes, Editorial Mateu, Barcelona,1971. Peter Drucker, The Post-Capitalist Society, HarperCollins ebooks, p. 23 (La sociedad post-capitalista, Apostrofes, Barcelona, 1993), vid. también Unesco, Hacia las sociedades del conocimiento, Ediciones Unesco, París, 2005. El concepto de Trabajador Colectivo viene de Adam Smith y tiene su punto de partida en la diversificación y división de las funciones productivas y de la acentuación del carácter social de la producción y del trabajo. La infotecnología lleva a una mayor amplitud el carácter social de la producción de bienes materiales, inmateriales y de servicios, y pone de relieve la realidad y no sólo la posibilidad, de una economía basada en lo común, en una sociedad dónde una inmensa ma- yoría de quienes hacen un trabajo, lo hacen como contrapartida de un salario, de una retribución, y aportan su cuota parte a la sociedad en su conjunto desde sus diferentes posiciones en la estructura laboral. Vid. Dumitru Ciucur e Ilie Gavrila, Munca productiva si muncitorul productiv colectiv, Editura política, Bucarest, 1983, pp. 81 y ss. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858 (Volúmenes 1, 2 y 3), Siglo XXI, 2007, p.228. Eran originalmente unos ocho cua- dernos escritos en 1857-1858, por Karl Marx, con sus notas y reflexiones de sus lecturas en la Biblioteca Británica, que los guardó Friederich Engels y que estuvieron archivados en la sede del Partido Socialdemócrata Alemán hasta que en 1920 fueron comprados por el Gobierno soviético. Se editó en alemán en 1953, su publicación en español se hizo en 1971 y la primera edición en inglés en 1973. Paul Mason, Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro, Paidos, Barcelona, 2016, p.222. Paul Mason, op. cit., p. 198. Ibid. p.236. Ibid., p.342. Erik Olin Wright, Envisioning Real Utopias, Verso, London, 2010. Ibid. p.121. Ver al respecto lo que hace décadas planteaba Zbigniew Brzezinski en su libro Between two Ages, 1970, traducido al francés como La revolution technétronique, 1971, de cómo las nuevas tecnologías podrían permitir el ejercicio de una democracia directa a través de las consultas infor- máticas a los ciudadanos, de manera a la vez, relativamente barata y cuya recopilación de datos se puede hacer casi en tiempo real. Norberto Bobbio, El futuro de la democracia, FCE, España, 2010, p. 57. Philip Resnick, La democracia del siglo XXI, Anthropos, Barcelona, 2007, p.89.
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