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Palabras del editor
Bienvenidos a Hupia
Número 1 · Abril,2026
Nombrar algo es darle intención. Elegimos Hupia porque habla de presencia, de lo invisible que nos atraviesa, de aquello que no siempre se explica, pero se percibe. En la tradición taína, el hupia habita un territorio incierto, suspendido entre mundos. Desde ahí partimos.
Esta revista nace precisamente en ese cruce: donde la memoria se encuentra con lo contemporáneo, donde lo cotidiano se vuelve relato, y donde la identidad dominicana se redefine constantemente. No buscamos fijar una sola mirada, sino abrir un espacio donde muchas puedan convivir.
En esta primera edición reunimos distintas voces que dialogan desde la escritura, la imagen y la reflexión. Cada colaboración es una forma de aproximarse a la isla: a sus contradicciones, a su belleza, a sus preguntas abiertas.
No creemos en respuestas únicas. Creemos en la exploración, en el intercambio, en la posibilidad de mirar lo mismo desde lugares distintos. Por eso, estas páginas no siguen una sola dirección, sino múltiples caminos.
Hupia es, ante todo, un punto de encuentro. Un lugar para detenerse, observar y sentir.
Gracias por estar aquí y formar parte de este inicio.
El Trauco
Introducción a las leyendas latinoamericanas
El Lado Misterioso de la Isla Leyendas de terror latinoamericanas
LA LLORONA
La Llorona es, sin duda, la figura más emblemática del terror latinoamericano.
La leyenda cuenta la historia de una mujer que, en un momento de desesperación o locura, acabó con la vida de sus propios hijos ahogándolos en un río. Al darse cuenta de la magnitud de su acto, fue consumida por la culpa y murió de pena, pero su alma no encontró descanso.
Desde entonces, se dice que su espectro vaga por las noches cerca de cuerpos de agua y pueblos solitarios. Su presencia se anuncia con un lamento desgarrador que hiela la sangre: “¡Ay, mis hijos!”, un grito que parece venir de todas partes y de ninguna a la vez. Se la describe como una mujer de vestiduras blancas y vaporosas, con el rostro oculto por un velo o deformado por el dolor eterno.
Los testigos aseguran que, antes de su aparición, el aire se vuelve gélido y los perros del vecindario comienzan un aullido prolongado y lastimero, como si detectaran una presencia que no pertenece al mundo de los vivos. Aquellos que han tenido la desdicha de verla de cerca describen un rostro que ya no es humano: una cuenca vacía donde deberían estar los ojos o una calavera pálida que apenas conserva rastros de belleza antigua. Sus pies no tocan el suelo; flota sobre la maleza o el lodo, dejando a su paso un rastro de humedad y un penetrante olor a agua estancada.
EL SÍMBOLO DE UNA HERIDADE UNA HERIDA
Más que un simple espanto, La Llorona representa la culpa colectiva y el miedo a lo desconocido. En algunas versiones, se dice que busca a sus hijos entre los niños que caminan solos de noche, confundiéndolos en su delirio eterno. En otras, es un recordatorio de la traición y el desamor. Su figura ha trascendido el papel para convertirse en música, cine y arte, consolidándose como la voz de una Latinoamérica que, a pesar de los siglos, se niega a olvidar sus tragedias y sus raíces más profundas.
Incluso hoy, bajo el resplandor de las luces eléctricas, hay quienes al pasar cerca de un arroyo en una noche de luna nueva, apresuran el paso, temiendo que el viento les devuelva ese lamento que nunca termina de apagarse.
EL SÍMBOLO DE UNA
HERIDADE UNA HERIDA
Mucho antes de que los españoles llegaran a América, los habitantes de Tenochtitlan ya vivían aterrorizados por una figura similar. Según las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún, La Llorona fue el sexto presagio funesto de la caída del imperio azteca.
“Se oía una mujer que pasaba llorando; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos: ¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y a veces decía: ¡Hijitos míos!, ¿a dónde os llevaré?”
En esta versión, la entidad no era una mujer común, sino la diosa Cihuacóatl, quien emergía de las aguas para advertir a su pueblo que su fin estaba cerca. Al escribir esto en tu libro, le das un valor histórico impresionante que va más allá de un simple cuento de espantos.
En las vastas llanuras colombo-venezolanas, deambula una figura esquelética de casi seis metros de altura. Su origen es uno de los más crueles del folclore: se dice que fue un joven malcriado que, en un ataque de ira porque su padre no le trajo las entrañas de venado que quería para cenar, lo asesinó. Su abuelo, al descubrir el crimen, lo castigó azotándolo, frotando ají picante en sus heridas y soltando perros hambrientos tras él. Antes de que el joven huyera, su abuelo lo maldijo para vagar por la eternidad.
Desde entonces, El Silbón recorre los llanos con un sombrero de paja y un saco al hombro que contiene los huesos de su propio padre. Su llegada se anuncia con un silbido característico que recorre la escala musical (do, re, mi, fa, sol, la, si). Al igual que La Llorona, posee una paradoja acústica: si lo escuchas muy cerca, estás a salvo; pero si el silbido suena lejano, es porque está justo a tu lado.
EL SILBÓN DATOS CURIOSOS
El Recuento de Huesos: Se dice que El Silbón llega a las casas de noche, se sienta frente a la puerta y comienza a contar los huesos de su saco. Si nadie lo escucha, un miembro de la familia morirá al amanecer; pero si alguien lo oye, tendrá buena suerte.
La Dieta del Terror: A diferencia de otros espectros, se dice que El Silbón ataca a los borrachos y a los “mujeriegos”. A los primeros les succiona el aguardiente por el ombligo, y a los segundos los despedaza.
Aparición Visual: Es tan alto que sus rodillas sobresalen por encima de las copas de los árboles mientras camina, lo que lo hace una visión surrealista y aterradora.
En los extensos llanos que se extienden entre Venezuela y Colombia, existe una de las leyendas más inquietantes del folclore latinoamericano: la del El Silbón. Los campesinos cuentan que, en las noches silenciosas, cuando el viento sopla sobre la sabana y los caminos quedan vacíos, puede verse una figura alta y extremadamente delgada caminando lentamente entre la oscuridad. Muchos describen su silueta como la de un hombre esquelético que parece medir casi seis metros de altura, con un viejo sombrero de paja y un saco colgado al hombro que arrastra con pesadez mientras avanza por los caminos solitarios.
La historia de su origen es una de las más crueles que se cuentan en los llanos. Según la tradición, el Silbón fue alguna vez un joven caprichoso y malcriado que vivía con sus padres en una humilde casa de campo. Un día exigió que su padre le trajera las entrañas de un venado para la cena. El hombre salió a cazar, pero regresó con las manos vacías después de pasar horas en el monte. El muchacho, dominado por la rabia y la frustración, perdió el control y cometió un acto terrible: asesinó a su propio padre. Después del crimen, tomó las entrañas y se las llevó a su madre para que las cocinara, sin que ella supiera lo que realmente había ocurrido.
Cuando la mujer descubrió la verdad, quedó devastada y llena de horror. El abuelo del joven, al enterarse del crimen, decidió castigarlo de una manera brutal. Lo ató a un poste, lo azotó sin piedad y frotó ají picante en sus heridas abiertas para aumentar su sufrimiento. Luego soltó perros hambrientos para que lo persiguieran mientras huía por el campo. Antes de que desapareciera en la oscuridad de los llanos, el abuelo lo maldijo para que vagara eternamente cargando los huesos de su padre en un saco, condenado a recordar su crimen por toda la eternidad. Desde entonces, se dice que el espíritu del Silbón recorre las llanuras durante las noches, caminando lentamente entre los árboles y los pastizales. Su presencia se anuncia con un silbido extraño y escalofriante que recorre las notas musicales en orden: do, re, mi, fa, sol, la, si. Este sonido, que parece simple al principio, se ha convertido en una de las señales más temidas por los habitantes de la región. Los llaneros aseguran que su silbido tiene una característica muy peculiar y aterradora: si se escucha cerca, significa que el espíritu está lejos; pero si suena distante, es porque el Silbón se encuentra justo al lado de quien lo escucha.
EL CHUPACABRAS
LA LEYENDA
En varias regiones rurales de Puerto Rico, México y otros países de América Latina, comenzó a difundirse en la década de 1990 una de las leyendas modernas más inquietantes del continente: la del Chupacabras. Los testimonios describen a una criatura extraña que aparece durante la noche en zonas rurales o ganaderas. Según quienes aseguran haberla visto, se trata de un ser de aspecto aterrador, con piel oscura o grisácea, ojos rojos brillantes y una serie de espinas que recorren su espalda desde la cabeza hasta la cola. Algunos dicen que se mueve saltando como un canguro, mientras otros afirman que camina encorvado y se desplaza con rapidez entre la oscuridad.
La leyenda comenzó a tomar fuerza cuando varios campesinos denunciaron la muerte misteriosa de animales de granja. Cabras, gallinas, ovejas y otros animales aparecían sin vida en los corrales, aparentemente sin signos de lucha. Lo más extraño era que los cuerpos presentaban pequeñas perforaciones en el cuello o el pecho, y muchos aseguraban que los cadáveres estaban completamente drenados de sangre. A partir de estos sucesos surgió el nombre de “Chupacabras”, ya que se decía que la criatura atacaba principalmente a las cabras para alimentarse de su sangre.
El primer caso que hizo famosa esta historia ocurrió en Canóvanas, donde varios habitantes afirmaron haber visto una criatura extraña merodeando los corrales durante la noche. Los reportes se multiplicaron rápidamente, y en poco tiempo comenzaron a aparecer relatos similares en otros lugares de América Latina. Con el paso de los años, el fenómeno también fue reportado en zonas rurales de México, donde campesinos aseguraban haber encontrado animales muertos en circunstancias muy parecidas.
Las descripciones del Chupacabras varían según la región, pero muchas coinciden en ciertos rasgos: una criatura pequeña o mediana, con piel áspera, garras largas y ojos que brillan en la oscuridad. Algunos testigos dicen que emite sonidos extraños, parecidos a gruñidos o chillidos agudos, mientras se mueve entre los árboles o los matorrales. Otros afirman que su presencia suele ir acompañada de un silencio repentino en el campo, como si los animales percibieran el peligro antes de que el ataque ocurra.
Con el tiempo, investigadores y científicos han tratado de explicar estos supuestos ataques, sugiriendo que muchos de los animales encontrados muertos pudieron haber sido víctimas de depredadores comunes o enfermedades. Sin embargo, para muchas personas en zonas rurales la leyenda sigue siendo real. Cada vez que aparece un animal muerto de manera misteriosa, el nombre del Chupacabras vuelve a surgir en las conversaciones nocturnas, manteniendo viva una de las historias más enigmáticas del folclore moderno de América Latina.
En muchas comunidades se creía que los nahuales salían principalmente durante la madrugada, cuando el silencio de la noche cubría los caminos y los campos. Algunos testigos afirmaban escuchar ruidos extraños en los techos de las casas o ver sombras moviéndose entre los árboles. Otros decían haber encontrado huellas que comenzaban como las de un animal y terminaban como las de un ser humano. Estas historias se transmitieron de generación en generación, manteniendo viva la idea de que ciertas personas podían esconder un poder secreto capaz de romper las fronteras entre el mundo humano y el animal. En muchas comunidades rurales de México, la figura del El Nahual no solo se considera una leyenda, sino también una antigua creencia que forma parte de la identidad cultural de los pueblos indígenas. Desde épocas prehispánicas, diferentes civilizaciones de Mesoamérica creían que algunos individuos tenían una conexión espiritual profunda con la naturaleza y con ciertos animales.
Las descripciones sobre la transformación del nahual varían según la región. Algunos relatos aseguran que la persona debía realizar rituales secretos, dibujar símbolos en el suelo o utilizar objetos especiales para completar el cambio de forma. Otros cuentan que el nahual simplemente dormía profundamente mientras su espíritu adoptaba la forma del animal y viajaba libremente por el campo.
A pesar de los cambios culturales y el paso de los siglos, la leyenda del nahual continúa siendo parte importante de la tradición popular en muchas regiones. En pueblos y comunidades rurales todavía se cuentan historias sobre encuentros con animales misteriosos que desaparecen sin dejar rastro. Para algunos, el nahual representa una conexión antigua con la naturaleza y los espíritus; para otros, sigue siendo una figura inquietante que recuerda que, en la oscuridad de la noche, puede haber fuerzas que escapan a la comprensión humana. Así, la leyenda persiste como uno de los relatos más fascinantes del imaginario cultural mesoamericano. Con la llegada de la colonización y la expansión de nuevas religiones, estas creencias comenzaron a cambiar. Muchas historias empezaron a describir a los nahuales no solo como guardianes, sino también como brujos capaces de usar sus habilidades para hacer daño. En algunas narraciones se dice que ciertos nahuales podían transformarse en animales durante la noche para robar, espiar o asustar a los habitantes de los pueblos. Estas versiones hicieron que el personaje adquiriera una reputación más oscura, convirtiéndose en una figura temida por quienes escuchaban relatos de encuentros extraños en caminos solitarios o cerca de las montañas.
LA TULEVIEJA
En los pueblos rurales y cerca de los ríos de Costa Rica y Panamá, existe una antigua historia que ha pasado de generación en generación: la leyenda de La Tulevieja. Los habitantes cuentan que, durante las noches silenciosas, especialmente cerca de quebradas, montes o caminos solitarios, puede escucharse el llanto de una mujer que vaga entre la oscuridad. Su figura suele describirse como la de una mujer vieja, desaliñada y cubierta con hojas de tule o plantas del pantano, lo que le da su nombre. Algunos dicen que su apariencia es aterradora, con un rostro deformado, ojos brillantes y un grito que hiela la sangre de quienes lo escuchan.
En los pueblos rurales y cerca de los ríos de Costa Rica y Panamá, existe una antigua historia que ha pasado de generación en generación: la leyenda de La Tulevieja. Los habitantes cuentan que, durante las noches silenciosas, especialmente cerca de quebradas, montes o caminos solitarios, puede escucharse el llanto de una mujer que vaga entre la oscuridad. Su figura suele describirse como la de una mujer vieja, desaliñada y cubierta con hojas de tule o plantas del pantano, lo que le da su nombre. Algunos dicen que su apariencia es aterradora, con un rostro deformado, ojos brillantes y un grito que hiela la sangre de quienes lo escuchan.
LA MALDITA
Como consecuencia de su acto, la mujer fue condenada a vagar eternamente por los bosques y riberas, convertida en una criatura aterradora conocida como la Tulevieja. Desde entonces, su espíritu recorre los caminos oscuros buscando a su hijo perdido o castigando a quienes cometen actos similares. Muchas historias cuentan que aparece principalmente ante hombres irresponsables o personas que maltratan a sus familias. Cuando alguien se encuentra con ella, dicen que primero se escucha un lamento lejano que poco a poco se vuelve más fuerte, hasta que la figura aparece entre la niebla o los árboles.
Algunos relatos afirman que la Tulevieja puede engañar a los viajeros haciéndoles creer que es una mujer indefensa que necesita ayuda. Sin embargo, cuando alguien se acerca demasiado, su apariencia cambia y muestra su verdadero rostro monstruoso. En otras versiones, su presencia se manifiesta mediante risas escalofriantes, pasos en la oscuridad o sombras que se mueven entre la vegetación. Los campesinos suelen advertir a los jóvenes que eviten caminar solos por los ríos durante la madrugada, pues es el momento en que esta aparición suele manifestarse.
Con el paso del tiempo, la leyenda de la Tulevieja se ha convertido en una historia que mezcla terror y enseñanza moral. Muchos la consideran una advertencia sobre la responsabilidad y las consecuencias de las decisiones humanas. Aunque algunos la ven solo como un cuento popular, en muchas comunidades todavía se narran encuentros extraños con una figura femenina cubierta de plantas que desaparece en la oscuridad. Así, la historia continúa viva en la tradición oral de Centroamérica, recordando a todos que ciertas leyendas nunca desaparecen por completo.
Como consecuencia de su acto, la mujer fue condenada a vagar eternamente por los bosques y riberas, convertida en una criatura aterradora conocida como la Tulevieja. Desde entonces, su espíritu recorre los caminos oscuros buscando a su hijo perdido o castigando a quienes cometen actos similares. Muchas historias cuentan que aparece principalmente ante hombres irresponsables o personas que maltratan a sus familias. Cuando alguien se encuentra con ella, dicen que primero se escucha un lamento lejano que poco a poco se vuelve más fuerte, hasta que la figura aparece entre la niebla o los árboles.
Algunos relatos afirman que la Tulevieja puede engañar a los viajeros haciéndoles creer que es una mujer indefensa que necesita ayuda. Sin embargo, cuando alguien se acerca demasiado, su apariencia cambia y muestra su verdadero rostro monstruoso. En otras versiones, su presencia se manifiesta mediante risas escalofriantes, pasos en la oscuridad o sombras que se mueven entre la vegetación. Los campesinos suelen advertir a los jóvenes que eviten caminar solos por los ríos durante la madrugada, pues es el momento en que esta aparición suele manifestarse.
Con el paso del tiempo, la leyenda de la Tulevieja se ha convertido en una historia que mezcla terror y enseñanza moral. Muchos la consideran una advertencia sobre la responsabilidad y las consecuencias de las decisiones humanas. Aunque algunos la ven solo como un cuento popular, en muchas comunidades todavía se narran encuentros extraños con una figura femenina cubierta de plantas que desaparece en la oscuridad. Así, la historia continúa viva en la tradición oral de Centroamérica, recordando a todos que ciertas leyendas nunca desaparecen por completo.
PISHTACO
En las montañas y caminos aislados de Perú, especialmente en regiones de los Andes, existe una de las leyendas más inquietantes del folclore andino: la del Pishtaco. Desde hace siglos, los pobladores de comunidades rurales cuentan historias sobre un misterioso personaje que aparece en los caminos solitarios, sobre todo durante la noche. Según los relatos, el Pishtaco es un hombre extraño que acecha a los viajeros desprevenidos con un único objetivo: atacar a sus víctimas para robarles la grasa de su cuerpo.
La leyenda tiene raíces profundas en la historia de la región andina. Muchas versiones afirman que el Pishtaco era originalmente un extranjero, a menudo descrito como un hombre alto, de piel clara y vestido de manera diferente a los habitantes locales. En tiempos coloniales, algunos pueblos creían que estos hombres recorrían las montañas buscando personas para asesinarlas y extraer la grasa humana, la cual supuestamente era utilizada para fabricar medicinas, lubricar máquinas o realizar rituales misteriosos. Con el paso del tiempo, esta figura se transformó en un personaje aterrador dentro del imaginario popular.
Los relatos tradicionales describen al Pishtaco como alguien que ataca en lugares apartados, como caminos de montaña, cuevas o zonas donde casi nadie pasa durante la noche. Algunas historias dicen que primero se gana la confianza de sus víctimas fingiendo ser un viajero amable o un trabajador que necesita ayuda. Sin embargo, cuando la persona baja la guardia, el Pishtaco aprovecha para atacarla. Después del ataque, según la leyenda, extrae la grasa del cuerpo y desaparece sin dejar rastro en medio de la oscuridad. En muchas comunidades rurales, esta historia también se ha utilizado como advertencia para evitar que las personas viajen solas por zonas peligrosas. Los ancianos cuentan que, si alguien se encuentra con un extraño en los caminos de montaña durante la noche, debe mantenerse alerta y no confiar fácilmente. Algunos relatos incluso afirman que el Pishtaco puede ser reconocido por su comportamiento extraño o por el brillo frío de sus ojos cuando observa a sus posibles víctimas.
A lo largo del tiempo, esta figura también se ha convertido en una representación simbólica de los temores que surgieron durante diferentes épocas de la historia andina. Algunos estudiosos del folclore creen que la leyenda refleja el miedo hacia los extranjeros o hacia personas desconocidas que llegaban a las comunidades aisladas. Durante periodos de conflicto o cambios sociales, el personaje del Pishtaco reaparecía en los relatos populares como una advertencia sobre los peligros de confiar en desconocidos que transitaban por las montañas.
En la actualidad, aunque muchas personas consideran que se trata solo de una historia tradicional, la leyenda sigue presente en la cultura popular de los Andes. En algunos pueblos todavía se aconseja a los viajeros evitar caminar solos por caminos remotos durante la noche, ya que el Pishtaco podría estar acechando en la oscuridad. De esta manera, la historia continúa transmitiéndose de generación en generación, manteniendo viva una de las leyendas más inquietantes del folclore andino y recordando que, en los lugares más aislados del mundo, el misterio y el miedo aún forman parte de la tradición cultural.
Algunas versiones de la leyenda dicen que el Pishtaco suele ocultarse entre las rocas o en la oscuridad de los senderos, observando a quienes pasan por allí. Cuando encuentra a una posible víctima, se acerca fingiendo ser una persona común, tal vez un comerciante, un viajero o alguien que necesita ayuda para continuar su camino. Esta estrategia le permite ganarse la confianza de quienes se cruzan con él. Sin embargo, una vez que la persona se encuentra desprevenida, el Pishtaco revela sus verdaderas intenciones y ataca sin piedad.
EL TRAUCO
En las islas y bosques húmedos del sur de Chile, especialmente en el archipiélago de Chiloé, existe una de las leyendas más conocidas de la mitología local: la del El Trauco. Desde hace generaciones, los habitantes de la región cuentan historias sobre esta misteriosa criatura que vive escondida en lo profundo de los bosques. Según las descripciones tradicionales, el Trauco es un ser pequeño y robusto, con apariencia de hombre, rostro extraño y una mirada muy poderosa que puede hipnotizar a quien lo observe.
La leyenda dice que el Trauco habita entre los árboles, troncos caídos y matorrales del bosque chilote. Suele caminar lentamente apoyándose en un bastón o en un hacha de piedra llamada “pahueldún”, con la que supuestamente puede derribar árboles o lanzar hechizos. A pesar de su baja estatura y apariencia rústica, los relatos dicen que posee un poder sobrenatural que le permite dominar la voluntad de las personas que se cruzan en su camino.
Muchas historias cuentan que el Trauco aparece principalmente ante mujeres que se aventuran solas en el bosque. Según la tradición, su mirada tiene un poder mágico capaz de dejar paralizada a la persona que lo observa, impidiéndole escapar. Debido a esto, durante mucho tiempo la leyenda fue utilizada en algunas comunidades para explicar embarazos inesperados o misteriosos, atribuyendo la responsabilidad a este ser sobrenatural que habitaba en los montes cercanos.
En otros relatos, el Trauco también es temido por los hombres, ya que se dice que puede enfermarlos o incluso provocarles la muerte con solo mirarlos fijamente si invaden su territorio. Algunos pescadores y campesinos aseguran que, cuando se escucha el sonido de ramas rompiéndose en el bosque o pasos pesados entre la vegetación, podría tratarse del Trauco moviéndose entre los árboles.
A lo largo de los años, la figura del Trauco se ha convertido en una parte importante del folclore de Chiloé y de la cultura chilena en general. Aunque muchos consideran que se trata solo de una historia tradicional transmitida por generaciones, en algunos pueblos todavía se habla de encuentros extraños en el bosque. Así, entre la niebla, los árboles antiguos y el silencio de la naturaleza, la leyenda del Trauco continúa viva como uno de los relatos más misteriosos de la mitología del sur de Chile.
En los densos bosques y paisajes lluviosos del archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, la leyenda de El Trauco continúa siendo una de las historias más conocidas y misteriosas del folclore local. Los habitantes de la zona cuentan que esta criatura vive escondida entre los árboles antiguos, los troncos cubiertos de musgo y los senderos húmedos del bosque. Su presencia está rodeada de un aura sobrenatural que ha sido transmitida por generaciones a través de relatos orales, historias familiares y tradiciones culturales que forman parte de la identidad de la región.
Según las descripciones tradicionales, el Trauco es un ser de baja estatura, con un cuerpo robusto y una apariencia extraña que mezcla rasgos humanos con características casi salvajes. Se dice que tiene el rostro tosco, el cabello desordenado y una expresión intensa que puede resultar inquietante para quienes lo miran directamente. Viste ropa hecha de fibras vegetales o corteza de árbol, lo que le permite confundirse fácilmente con el entorno del bosque. En muchas versiones de la leyenda, también lleva consigo un pequeño bastón o una herramienta de piedra que simboliza su conexión con la naturaleza y con los antiguos espíritus de la tierra.
Las historias populares cuentan que el Trauco rara vez abandona el bosque profundo, pero cuando lo hace suele aparecer en lugares donde las personas se internan solas entre la vegetación. Su presencia se anuncia a veces con el sonido de ramas quebrándose o con movimientos repentinos entre los árboles. Algunos campesinos afirman que, cuando el bosque queda completamente en silencio y el viento parece detenerse, puede ser señal de que el Trauco está cerca observando a quienes se encuentran en su territorio.
LA CIGUAPA
En las montañas, bosques y ríos de República Dominicana existe una de las criaturas más misteriosas del folclore dominicano: la Ciguapa. Desde hace siglos, los campesinos y habitantes de zonas rurales cuentan historias sobre esta figura enigmática que aparece principalmente durante la noche. La Ciguapa es descrita como una mujer salvaje y solitaria que vive escondida en lo profundo de la naturaleza, lejos de los pueblos y de las personas.
Según las leyendas tradicionales, la Ciguapa tiene una apariencia muy particular. Se dice que es una mujer de piel oscura o cobriza, con un cuerpo delgado y cubierto por un largo cabello negro que casi siempre le llega hasta los pies. Sus ojos suelen describirse como grandes y brillantes, capaces de reflejar la luz en medio de la oscuridad del bosque. Sin embargo, la característica más extraña y conocida de esta criatura es que sus pies están al revés, con los talones hacia adelante y los dedos hacia atrás. Esto le permite confundir a quienes intentan seguir sus huellas, ya que parece que siempre camina en dirección contraria.
La leyenda cuenta que la Ciguapa es una criatura muy tímida y difícil de ver. Se dice que suele salir durante la noche o en las primeras horas de la madrugada para buscar agua o alimento cerca de ríos y cuevas. Muchos relatos aseguran que vive en cuevas ocultas en las montañas o en lugares donde casi nadie se aventura a entrar. Cuando siente la presencia de personas, desaparece rápidamente en- tre los árboles o se esconde entre las som- bras del bosque.
En al- gunas historias, la Ciguapa también es descri- ta como una figura misteriosa que puede atraer a los hombres con su belleza y su mirada.
La leyenda de Ciguapa continúa siendo una de las historias más enigmáticas del folclore de República Dominicana. Durante siglos, campesinos, cazadores y viajeros han contado relatos sobre encuentros extraños con esta misteriosa criatura en zonas montañosas y bosques profundos. Muchas de estas historias provienen de regiones como la Cordillera Central y otras áreas donde la naturaleza es densa y poco explorada.
Según las creencias populares, la Ciguapa es una criatura nocturna que evita el contacto con las personas. Se dice que durante el día permanece escondida en cuevas, grietas de las montañas o lugares ocultos dentro del bosque. Cuando llega la noche, sale a caminar en silencio por los ríos, montes y senderos solitarios. Algunas historias cuentan que su presencia puede sentirse antes de verla, ya que el ambiente se vuelve extraño y el bosque queda completamente en silencio.
LA LEYENDA
Uno de los elementos más famosos de esta leyenda es la forma de sus pies. Como se dice que están orientados hacia atrás, quienes intentan seguir sus huellas terminan caminando en dirección equivocada. Esta característica ha hecho que muchos la consideren una criatura casi imposible de atrapar. En algunos relatos antiguos se decía que la única forma de capturar una Ciguapa era utilizando perros entrenados durante la noche de luna llena, aunque casi siempre lograba escapar entre la oscuridad del bosque.
Algunas versiones de la leyenda también describen a la Ciguapa como un espíritu protector de la naturaleza. En estas historias no se presenta como un ser malvado, sino como una criatura que simplemente prefiere vivir lejos de los humanos. Sin embargo, cuando alguien invade su territorio o intenta perseguirla, puede reaccionar de forma agresiva o desaparecer rápidamente para evitar ser encontrada.
A lo largo del tiempo, la figura de la Ciguapa se ha convertido en un símbolo del misterio que rodea a los paisajes naturales de la República Dominicana. Su historia aparece en cuentos populares, investigaciones sobre folclore y relatos transmitidos por generaciones en comunidades rurales. Para muchas personas, la leyenda representa la conexión entre las antiguas creencias indígenas de la isla y las tradiciones culturales que se han desarrollado con el paso de los siglos.
Hoy en día, aunque muchos consideran que la Ciguapa es solo una leyenda, su historia sigue siendo contada en diferentes partes del país. En noches tranquilas, cuando el viento sopla entre los árboles de las montañas, todavía hay quienes dicen que en lo profundo del bosque podría estar caminando esta misteriosa figura de pies al revés. Así, la leyenda continúa viva como una de las historias más fascinantes y representativas del folclore dominicano.
FICHA TECNICA
A lo largo de América Latina existen historias que han sido transmitidas de generación en generación, relatos que nacieron en pueblos, montañas, bosques y caminos solitarios donde la imaginación y la tradición se mezclan con el misterio. Estas leyendas forman parte del folclore de cada región y reflejan los temores, creencias y enseñanzas de las culturas que las crearon.
En este recorrido encontrarás algunas de las criaturas y personajes más inquietantes del imaginario popular latinoamericano. Desde el inquietante silbido de El Silbón, hasta las huellas invertidas de la misteriosa Ciguapa, pasando por historias de seres capaces de cambiar de forma como El Nahual o criaturas que acechan en la oscuridad como el Chupacabras. Cada uno de estos relatos nace de la tradición oral y ha sobrevivido durante siglos gracias a las historias contadas por abuelos, campesinos y viajeros.
Estas leyendas no solo buscan asustar; muchas de ellas contienen advertencias, enseñanzas o explicaciones sobre fenómenos antes parecían imposibles de comprender. Algunas surgieron para explicar misterios de la naturaleza, otras para advertir sobre los peligros de la noche o para transmitir valores dentro de las comunidades.
Las páginas que siguen reúnen información sobre varias de estas figuras legendarias: su origen, sus características, los lugares donde supuestamente aparecen y las historias que las rodean. Más que simples cuentos de miedo, estas leyendas forman parte de la identidad cultural de muchos pueblos de América Latina.
Ahora te invitamos a adentrarte en este mundo de mitos y misterios, donde la realidad y la imaginación se mezclan. Quizás después de conocer estas historias, la próxima vez que escuches un ruido extraño en la noche o veas una sombra entre los árboles, recuerdes que en muchas tradiciones aún se cree que estas criaturas siguen caminando entre nosotros.
Leyendas de terror latinoamericanas
En las cristalinas costas del Caribe, donde el sol besa playas de arena blanca y las palmeras se mecen con la brisa tropical, se esconde un rostro que pocos se atreven a mirar de frente. Detrás de la imagen paradisíaca de República Dominicana —con sus merengues alegres, su ron añejo y su gente hospitalaria— late un lado oscuro y ancestral, un mundo de sombras donde lo inexplicable cobra vida cuando cae la noche.
La Quisqueya no solo es cuna de la primera civilización del Nuevo Mundo; también es tierra de mitos que se transmiten en voz baja alrededor de las fogatas, en los campos de San Juan, en las montañas de la Cordillera Central o en las solitarias carreteras de la Duarte. Leyendas que mezclan herencia taína, africana y europea para dar forma a criaturas y espíritus que aún hoy hacen que los más valientes duden antes de salir solos después del anochecer.
¿Quién no ha escuchado hablar de la Ciguapa, esa mujer salvaje de larga cabellera negra y pies al revés que seduce a los hombres en los montes para perderlos para siempre? ¿O del Bacá, el demonio invocado mediante pactos oscuros a cambio de riqueza y poder, capaz de cambiar de forma y cobrar su precio en sangre? ¿Y qué decir del Galipote, ser que se transforma en animal, objeto o incluso persona para acechar a los desprevenidos?
Desde casas embrujadas como la del Kilómetro 5 en la autopista Duarte, pasando por apariciones de la Rubia de Las Américas o el terrorífico Chupacabra que deja animales desangrados, hasta relatos de biembienes y espíritus que rondan los ríos y cuevas, el folklore dominicano está repleto de historias que desafían la razón y despiertan un miedo primitivo.
Este artículo no busca convencerte de que estos seres existen… o quizás sí. Lo que sí es innegable es que, en una isla tan llena de vida y color, persiste un lado misterioso que se niega a morir. Un lado donde la frontera entre la realidad y la leyenda se vuelve tan delgada como el velo de la medianoche.
Prepárate. Apaga las luces, cierra bien las ventanas y acompáñame a explorar el rostro oculto de República Dominicana. Porque aquí, en esta hermosa isla, cuando el sol se pone… algo más se despierta.
LA GUIA DEFINITIVA DEL TERROR
Bienvenido, valiente viajero, a la Guía Turística del Mal de República Dominicana. Olvídate del ron, las playas de arena blanca y el merengue que alegra las noches. Aquí no te voy a llevar a Punta Cana para tomar fotos al atardecer. Te voy a llevar a los rincones donde el sol se niega a quedarse, donde la brisa del Caribe se vuelve fría de repente y donde algo te observa desde la oscuridad aunque no veas nada.
Esta es tu guía oficial del lado misterioso de la isla. Si te atreves a seguirme, te mostraré los destinos que ningún tour convencional menciona… porque nadie quiere que vuelvas contando lo que viste.
PRIMERA PARADA: LA AUTOPISTA DUARTE DE NOCHE
– KILÓMETRO 5 (LA VEGA)
Bienvenido al lugar donde incluso los camioneros de La Vega bajan la velocidad y hacen la señal de la cruz sin que nadie les diga nada.
No está en ningún mapa turístico. No hay letreros. Solo un tramo recto y solitario de la vieja autopista Duarte, justo antes de entrar a La Vega. Kilómetro 5. Ahí, a un lado del camino, se levanta una casa ruinosa, con paredes que parecen haber sido quemadas por dentro y fuera. Las ventanas son huecos negros que te miran fijamente. Los techos se derrumbaron hace décadas, pero los cimientos… esos cimientos siguen ahí, como si algo los mantuviera clavados en la tierra. Esta no es solo otra casa embrujada. Esta es la más temida de toda República Dominicana. La historia que nadie quiso contar del todo
Todo empezó en 1924. El presidente Horacio Vásquez, agradecido por favores políticos, le regaló un terreno a Antonio Parrilla, un hombre cercano a su círculo. Parrilla construyó allí una casa grande y sólida para su familia.
Pero los rumores llegaron rápido: decían que Parrilla mantenía una relación secreta con la primera dama, Trina de Moya. El escándalo fue enorme. En enero de 1930, por orden directa del presidente, Parrilla fue condenado a prisión perpetua. Mientras él estaba preso, su casa ardió con sus tres hijas pequeñas dentro. Las niñas murieron calcinadas.
Cuando Trujillo subió al poder, liberó a Parrilla (se dice que solo para desafiar a Vásquez). Parrilla regresó al Kilómetro 5 en marzo de 1930 y reconstruyó la casa exactamente sobre los mismos cimientos. Desenterró los restos de sus hijas y, según los viejos del pueblo, los volvió a enterrar en una fosa en la parte de atrás. Los lugareños todavía susurran: “Ahí quedó enterrado lo malo”.
Y entonces… empezaron las desapariciones.
SEGUNDA PARADA: LOS MONTES Y PLAYAS SOLITARIAS –LA CIGUAPA TE ESTÁ ESPERANDO
Si llegaste vivo del Kilómetro 5, ahora te llevo al corazón salvaje de la isla, donde la belleza y el terror se besan en la oscuridad.
Olvídate de los resorts con todo incluido y las playas llenas de turistas. La verdadera Quisqueya se revela lejos de las luces, en los senderos oscuros de la Cordillera Central, en los ríos fríos de Jarabacoa y Constanza, o en las playas vírgenes del Este como Macao después de la medianoche.
Aquí vive ella. La criatura más seductora y peligrosa del folklore dominicano: la Ciguapa. Cómo reconocerla (antes de que sea demasiado tarde)
Es una mujer de una belleza salvaje e hipnótica. Piel morena brillante, cuerpo perfecto, completamente desnuda. Su cabello negro, larguísimo y espeso, le cae hasta los tobillos y casi siempre le cubre el pecho y la espalda. Sus ojos son grandes, oscuros y brillan con una luz que no parece de este mundo. Pero hay una señal que te salva… o te condena:
Sus pies están al revés.
Los talones apuntan hacia adelante y los dedos hacia atrás. Por eso camina hacia atrás, dejando huellas que parecen ir en dirección contraria. Es su forma de confundir a los cazadores y a los hombres que se atreven a seguirla.
Su voz es un canto suave, casi un susurro dulce que se mezcla con el viento. Cuando la escuchas, sientes que te llama por tu nombre aunque nunca te lo haya dicho. Te invita a dejar el camino, a seguirla entre los árboles o hacia el mar. Muchos hombres han abandonado sus carros, sus esposas y su cordura solo por seguir ese canto.
DÓNDE ENCONTRARLA (LOS MEJORES SPOTS DEL TOUR DEL MAL)
Playa Macao (Punta Cana): Después de las 12 de la noche, cuando los turistas ya se han ido y solo queda el sonido de las olas. Camina por la orilla oscura. Muchos guías locales juran haberla visto saliendo del mar o caminando hacia las palmeras con el cabello mojado pegado al cuerpo.
Montañas de Jarabacoa y Constanza: En los senderos que van hacia el Pico Duarte o cerca de los ríos. Especialmente en noches de luna llena. Los campesinos dicen que la Ciguapa baja a beber agua de los ríos y a bañarse bajo las cascadas.
Zonas rurales del Cibao y el Este: Cualquier monte solitario, cualquier camino de tierra que se pierda entre los árboles. Si vas solo y escuchas un gemido dulce entre las hojas… ya estás en su territorio.
EL CAMPO PROFUNDO –PACTOS CON EL BACÁ
Ahora te llevo lejos de las playas y las autopistas. Aquí se acaba el asfalto, se acaban las luces y se acaba la duda.
Bienvenido al campo profundo de República Dominicana: los caminos de tierra roja de La Romana, las sabanas de San Juan de la Maguana, los montes del Cibao y las zonas olvidadas del sur. Lugares donde la gente todavía habla bajito, donde las puertas se cierran temprano y donde algunos hombres prefieren no morir pobres. Aquí es donde se invoca al Bacá. No es un espíritu travieso ni un fantasma que llora. El Bacá es un demonio de carne y pacto. Un ser que viene cuando lo llaman correctamente y que cobra caro… pero paga bien.
Muchos que han hecho el pacto viven ahora en casas grandes, con carros de lujo y cuentas llenas… pero nunca duermen tranquilos. Siempre sienten que algo los observa desde la oscuridad. Algunos amanecen con marcas de garras en la espalda o en los brazos que nunca cicatrizan. Testimonio que aún se cuenta en La Romana “Me llamo Luis (nombre cambiado). En el 2017 estaba endeudado hasta el cuello. Un compadre me llevó donde un viejo en la zona de La Mina. Hicimos el ritual. El Bacá se me apareció como un perro negro gigantesco. Me dijo: ‘Te doy lo que pides, pero dentro de siete años me llevas a tu hija menor’.
Acepté. Al mes siguiente gané la lotería dos veces y abrí un negocio que creció como espuma. Hoy tengo dinero… pero mi hija de 12 años empezó a tener pesadillas terribles. Dice que un perro negro la visita en las noches y le habla. Las marcas en mis brazos siguen ardiendo cada vez que ella llora. Ya faltan pocos meses para que se cumplan los siete años. No sé qué voy a hacer.”
En el campo profundo de Quisqueya hay hombres que prefieren deberle al diablo antes que seguir pobres.
El Bacá no engaña. Cumple lo que promete… pero cobra con intereses de sangre. Muchos que hoy tienen todo lo que soñaron, viven con la certeza de que una noche, cuando menos lo esperen, algo va a tocar a su puerta… y no será un vecino.
¿Quieres riqueza fácil?
Entonces sigue el camino de tierra hasta perderte.
Pero recuerda, viajero: el que paga al final eres tú.
CUARTA PARADA: CARRETERAS SOLITARIAS – LA RUBIA O LA MUJER SIN ROSTRO
Ahora salimos del campo profundo y volvemos al asfalto… pero no te confíes.
Aquí el peligro no está escondido en los montes.
Está de pie al borde de la carretera, con el dedo levantado, pidiendo que pares.
Bienvenido a la cuarta parada: las carreteras solitarias de noche.
Esta es una de las leyendas más repetidas en todo el país, desde la Autopista Duarte hasta Las Américas, pasando por la Carretera Sánchez y la Romana. Se le conoce como La Rubia, La Mujer del Vestido Blanco o simplemente La Mujer sin rostro. Cómo aparece
Siempre es de noche, preferiblemente entre la 1:00 y las 4:00 de la madrugada, cuando hay poco tráfico.
Estás conduciendo solo. De repente, a un lado de la vía, ves a una mujer parada.
Vestido blanco largo, casi transparente. Cabello rubio (o negro azabache, dependiendo de la versión).
Está descalza o con tacones. Levanta la mano lentamente, pidiendo ride.
Si eres de los que paran… ya entraste al juego. Cuando sube al carro, pasa lo siguiente:
La temperatura baja de golpe, como si hubieras entrado a una nevera.
El aire se llena de un olor fuerte a flores marchitas o a perfume viejo y rancio.
Ella se sienta en el asiento del copiloto y dice con voz muy suave: “Llévame a donde tú vas” o “Solo quiero llegar a casa”.
Testimonio que todavía se cuenta entre taxistas y camioneros
“Yo soy Víctor, chofer de guagua en la Duarte. Una noche del 2023, como a las 2:30 de la mañana, la vi cerca del Km 12. Vestido blanco, rubia. Paré porque pensé que era una muchacha en problemas. Subió, me dijo ‘gracias’ con una voz muy baja y se quedó callada. El carro se puso helado. Cuando miré por el espejo… no estaba reflejada. Le pregunté a dónde iba y ella solo contestó: ‘Sigue derecho’. De repente sentí que me tocaba la pierna. Frené en seco, abrí la puerta y salí corriendo. Cuando volví a mirar, el carro estaba vacío. Pero en el asiento había quedado un mechón de pelo rubio. Todavía lo guardo en una bolsita. Cuando lo saco, se pone caliente y huele a funeral. Desde esa noche, nunca más manejo solo después de la medianoche.”
Consejos del Guía Turístico del Mal
Advertencia final de esta parada
La Rubia no quiere que la lleves a casa.
Ella quiere quedarse en la tuya.
Muchos que la recogieron cuentan que después de esa noche empezaron a sentir presencias en su habitación, que sus esposas o novias despertaban gritando porque veían a una mujer de blanco parada al lado de la cama, y que desde entonces sus vidas nunca volvieron a ser normales.
En las carreteras solitarias de Quisqueya, cuando veas una figura con vestido blanco levantando la mano…
FIN DEL RECORRIDO: EL LADO MISTERIOSO NUNCA SE APAGA
Hemos llegado al final de este tour por el rostro oculto de Quisqueya.
Hemos caminado entre las ruinas silenciosas de la Casa del Kilómetro 5, donde los llantos de niñas aún flotan en el aire quemado. Hemos seguido los pasos invertidos de la Ciguapa por montes oscuros y playas solitarias, donde su canto dulce puede robarte el alma para siempre. Hemos presenciado cómo hombres desesperados firman pactos con el Bacá en cruces de caminos olvidados, pagando con sangre lo que el dinero no puede comprar.
Hemos sentido el frío repentino y el olor a flores marchitas cuando La Rubia sube al asiento del copiloto en las carreteras vacías de la noche. Y hemos visto cómo los Galipotes cambian de forma bajo la luna, confundiendo al cazador con la presa.
Este no ha sido un tour común. No te llevé a tomar fotos ni a probar el mejor ron. Te llevé a los lugares donde la frontera entre la leyenda y la realidad se vuelve tan delgada como el velo de la medianoche. República Dominicana es un paraíso de sol, playas turquesas, risas y merengue… pero cuando el sol se hunde detrás de las montañas y las palmeras se convierten en sombras, la isla se quita la máscara. Muestra su otra cara: antigua, salvaje y peligrosa.
Una cara que los taínos, los africanos y los españoles dejaron grabada en el alma de esta tierra. Estas historias no son simples cuentos para dormir. Son advertencias que han sobrevivido siglos.
Son la forma en que nuestros abuelos nos decían: “Hay cosas que es mejor no despertar”. Son el recordatorio de que en Quisqueya no todo se explica con ciencia, ni con lógica, ni con luz eléctrica.
Quizás la Ciguapa solo sea un mito.
Quizás el Bacá nunca haya existido.
Quizás La Rubia sea solo una alucinación provocada por el cansancio en la carretera. O quizás… solo quizás… algo de todo esto sea real. La próxima vez que conduzcas solo por la Duarte después de la medianoche, que escuches un gemido suave entre los árboles de Macao, que veas un perro negro con ojos rojos mirándote fijamente desde un cruce de caminos, que sientas un frío inexplicable dentro de tu carro aunque el aire esté caliente, o que notes una sombra moviéndose donde no debería haber nada…
Detente un segundo.
Respira profundo.
Y recuerda este tour.
Última advertencia del Guía Turístico del Mal:
Lleva siempre un poco de sal en el bolsillo.
No pares nunca por una mujer vestida de blanco en la carretera de noche.
No sigas cantos que vengan del monte. No hagas pactos que tu alma no pueda pagar.
Y sobre todo… respeta la oscuridad de esta isla.
Porque aquí, en esta hermosa tierra caribeña, el misterio no es solo folklore.
Es parte de quien somos.
Gracias por atreverte a acompañarme en este recorrido por el lado misterioso de la isla.
Ahora apaga las luces del carro.
Cierra bien las ventanas.
FOTOMONTAGRE CREADO POR: JENEUFRY ARECHE
LAS BRUJAS & EL BUDU
Las Brujas de Quisqueya: Budú, Galipotes y el lado oculto de la brujería en República Dominicana En una isla conocida por sus playas de arena blanca, su música alegre y su calidez caribeña, existe un mundo paralelo que pocos se atreven a mencionar en voz alta. Cuando el sol se pone y las luces de los pueblos se apagan, República Dominicana revela su rostro más ancestral: el de las brujas, los brujos, los rituales de budú y una rica tradición de magia sincretizada que mezcla herencia africana, taína, europea y católica.
Lejos de ser solo cuentos de terror, la brujería en RD forma parte viva de la cultura popular, especialmente en zonas rurales y en lugares como San Juan de la Maguana, conocido por muchos como “la capital de la brujería dominicana”.
LAS BRUJAS CLÁSICAS DEL FOLKLORE DOMINICANO
Las brujas dominicanas no siempre son las viejas encorvadas con escoba que muestra el imaginario europeo. Aquí tienen características propias, muchas heredadas de España pero adaptadas al trópico.
Según relatos recopilados por investigadores como Carlos Esteban Deive y Dagoberto Tejeda Ortiz, la bruja dominicana se desnuda al caer la noche, se unta el cuerpo con ungüentos especiales, se quita la piel (que deja en remojo en una tinaja) y sale a volar en forma de luz o ave. Su objetivo principal: chupar la sangre de niños por los dedos de los pies o por el ombligo mientras duermen.
Una forma tradicional de descubrirlas es poner sal debajo de la cama o en el umbral de la casa. Si al día siguiente una mujer del vecindario llega pidiendo sal desesperadamente, se dice que es la bruja, porque la sal le impide volver a ponerse la piel.
Otras versiones las describen como mujeres que se transforman en bellas jóvenes para seducir hombres, o que barren el frente de su casa a medianoche mientras sacrifican energías vitales de familiares para mantenerse jóvenes.
Estas creencias siguen vivas en pueblos del sur, el Cibao y el este. Muchos abuelos aún advierten a los niños: “No dejes los pies destapados por la noche”.
Para muchos dominicanos, especialmente en el campo, estas prácticas son tan reales como la fe católica.
Otros las ven como superstición o herencia cultural que debe respetarse. Hay quien las estigmatiza como “cosas del diablo” o las asocia exclusivamente con influencia haitiana, aunque sus raíces son mucho más complejas y antiguas.
Lo cierto es que, en pleno siglo XXI, las botánicas siguen abiertas, los brujos tienen clientes de todas las clases sociales (incluyendo políticos y famosos, según rumores) y las historias de “trabajos” que funcionaron (o que salieron mal) siguen contándose en voz baja.
Las brujas, el budú y la brujería en República Dominicana no son solo folklore para asustar. Son una ventana a la identidad cultural de un pueblo que mezcla tres mundos: el indígena, el africano y el europeo. Representan la necesidad humana de controlar lo incontrolable: el amor, la muerte, la suerte y el destino.
La próxima vez que escuches que alguien “le hizo un trabajo” a otra persona, o que en un pueblo remoto apareció una mujer pidiendo sal a medianoche… recuerda que en Quisqueya, entre la alegría del merengue y el calor del sol, siempre hay espacio para lo misterioso.
¿Crees en las brujas?
Muchos dicen que no… hasta que les toca a ellos.
LOS CHAMANES DE QUISQUEYA: CURANDEROS, BEHIQUES Y LOS GUARDIANES DEL ESPÍRITU EN REPÚBLICA DOMINICANA
En las montañas, los ríos y los campos remotos de República Dominicana, donde la medicina moderna llega tarde o nunca llega, aún viven y practican los chamanes (o más comúnmente llamados curanderos, ensalmadores y sabedores). No son brujos de cuento ni chamanes amazónicos con ayahuasca, pero cumplen un rol muy similar: actúan como intermediarios entre el mundo físico y el espiritual, curan con plantas, palabras, rituales y fe.
En Quisqueya, el chamanismo no es una importación lejana. Es una herencia viva que viene de tres raíces profundas: la taína, la africana y la católica popular.
EL BEHIQUE: EL CHAMÁN TAÍNO ORIGINAL
Mucho antes de la llegada de Colón, los taínos tenían a sus behiques (o bohíques). Estos eran los chamanes de la isla. No solo curaban enfermedades, sino que también:
Servían como sacerdotes y adivinos. Comunicaban con los cemíes (espíritus o divinidades de la naturaleza). Prescribían baños con hierbas, sahumerios y rituales de purificación. Educaban a los hijos de los caciques y aconsejaban en decisiones importantes.
El behique usaba el cohoba (un polvo alucinógeno) para entrar en trance y recibir visiones. Hoy, aunque la cultura taína fue diezmada, muchos rituales de limpieza con humo de tabaco, hierbas y rezos que aún practican los curanderos dominicanos tienen ecos de esa tradición ancestral. En el folklore, muchos curanderos son acusados de ser galipotes (brujos que se transforman) o de tener pactos con espíritus. Se dice que algunos pueden “ver” el futuro, quitar maldiciones o incluso enviar enfermedades.
EL ORIGEN: LA DESAPARICIÓN QUE LO CAMBIÓ TODO
Nació en 1876 en San Juan de la Maguana, hijo de Andrés Mateo y Sacarila Ledesma, humildes agricultores afro-dominicanos. Vivía de la tierra, como cualquier campesino del sur.
La leyenda (que muchos consideran verdad) cuenta que alrededor de los 18 años (o en 1908, según versiones), durante una fuerte tormenta o huracán, Olivorio desapareció por siete días. Lo dieron por muerto.
Cuando reapareció, estaba sentado meditando en las tierras de su padre. Había cambiado: barba larga, mirada profunda y una historia que nadie olvidaría.
Dijo que un ángel lo montó en un caballo blanco, lo llevó al cielo y lo puso frente a Dios. Allí recibió su misión divina: salvar al mundo, curar a los enfermos, proteger a los campesinos y predicar la paz y la justicia.
Desde ese momento, se autoproclamó enviado de Dios y comenzó su triple vida:
LA RESISTENCIA Y LA PERSECUCIÓN
Durante la ocupación estadounidense (1916-1924), Papá Liborio se convirtió en el guerrillero más temido del país. Enfrentó al ejército dominicano y a los Marines estadounidenses en 16 ocasiones.
Defendía la tierra, a los campesinos y su fe contra la opresión. Su movimiento (llamado Liborismo) era una mezcla de religiosidad popular, justicia social y rebeldía.
El gobierno lo persiguió sin descanso. En 1911 ya lo había capturado Mon Cáceres, pero siempre escapaba o lo liberaban. Para los ocupantes yanquis era un “bandido” y un “fanático”. Para sus fieles era el protector enviado por Dios.
El 27 de junio de 1922, en la Loma Sabrosa (cerca de San Juan de la Maguana), Papá Liborio cayó en combate. Lo abatieron las tropas (según unas versiones, estadounidenses; según otras, fuerzas dominicanas). Tenía 46 años.
Muchos de sus seguidores no creyeron que había muerto. Dijeron que “se había ido al cielo otra vez” y que volvería. Su muerte no acabó con el movimiento; al contrario, lo convirtió en mártir.
CASOS QUE SE VOLVIERON LEYENDAS: CUANDO LA REALIDAD DOMINICANA CRUZÓ LA
FRONTERA HACIA EL MITO
En República Dominicana, la línea entre lo real y lo legendario siempre ha sido peligrosamente delgada.
Aquí, una historia no necesita siglos para convertirse en mito. A veces basta con unos pocos años, un miedo colectivo y la boca de la gente repitiendo los detalles en voz baja alrededor de un fogón o en las esquinas de un pueblo. Lo que empieza como un caso policial, un suceso trágico o un crimen brutal, con el tiempo se transforma, se deforma y adquiere alas oscuras hasta convertirse en parte del lado misterioso de la isla.
No son espíritus taínos ni demonios invocados con bacá. Son historias de carne y hueso que la memoria popular ha convertido en algo mucho más grande y aterrador. Hombres y mujeres reales que, por su crueldad, su misterio o su resistencia, dejaron de pertenecer solo a los archivos policiales para instalarse en el imaginario colectivo como criaturas casi sobrenaturales.
Uno de los casos más claros y escalofriantes de esta transformación es el de Petete, el descuartizador de Arroyo Cano. Lo que comenzó como una ola de terror en las montañas de San Juan de la Maguana, con animales mutilados y ataques brutales, terminó convirtiéndose en una leyenda urbana que todavía hace que los campesinos cierren temprano sus puertas y eviten caminar solos por los montes después del atardecer. Pero Petete no está solo...
A lo largo de la historia dominicana, varios sucesos reales han seguido el mismo camino: desde Papá Liborio, el chamán-campesino que desapareció en un huracán y regresó diciendo que había hablado con Dios, hasta otros casos más recientes que la gente aún cuenta con la misma convicción que las historias de la Ciguapa o el Bacá.
En este reportaje exploramos cómo el terror real, la locura humana y el misterio se funden hasta crear monstruos que ya no necesitan respirar para seguir vivos. Monstruos que habitan no solo en los archivos de la Policía Nacional, sino en las noches de Quisqueya, en las conversaciones susurradas y en el miedo primitivo que todavía late en muchas comunidades.
Aunque Cabrera fue condenado y el caso judicial se cerró, su nombre sigue vivo en conversaciones de taxistas, en foros de misterio y en documentales locales de crímenes reales. Para muchos, representa el horror de que la maldad humana pueda ser tan salvaje que termine pareciendo sobrenatural.
En el lado misterioso de la isla, El Destripador Dominicano ocupa un lugar especial: no es un espíritu ancestral como la Ciguapa ni un demonio invocado como el Bacá. Es un recordatorio incómodo de que los peores monstruos a veces caminan entre nosotros, con nombre y apellido, y que el miedo colectivo tiene el poder de hacerlos inmortales.
más de veinte años… o de la sombra que todavía se dice camina por los callejones cuando llueve y la ciudad se queda en silencio.
EL DESTRIPADOR DOMINICANO
En los primeros años del 2000, mientras Santo Domingo vivía su ritmo habitual entre merengue y tráfico, un miedo silencioso se apoderó de varios barrios marginales y zonas periféricas de la capital. La gente empezó a hablar en voz baja de un hombre que no solo mataba… sino que destripaba y mutilaba a sus víctimas con una saña que recordaba a los peores asesinos seriales de la historia.
Su nombre real era Luis Alberto Cabrera, conocido en la prensa y en el imaginario popular como “El Destripador Dominicano”. Lo que comenzó como una serie de crímenes atroces terminó transformándose en una leyenda urbana que todavía hoy hace que algunos taxistas y residentes eviten ciertas calles después de cierta hora.
Entre 2001 y 2002, Cabrera fue acusado de cometer varios asesinatos brutales, principalmente contra mujeres y personas en situación de vulnerabilidad. Sus métodos eran especialmente perturbadores: las víctimas aparecían con el abdomen abierto, órganos removidos y mutilaciones que sugerían un odio profundo o un ritual enfermizo. Los cuerpos eran encontrados en solares baldíos, callejones oscuros o zonas poco transitadas de barrios como Villa Duarte, La Zurza o zonas cercanas al río Ozama. La crueldad de los ataques generó un pánico similar al que años después causaría Petete en el sur.
La Policía Nacional lo detuvo tras una intensa persecución. Fue juzgado y condenado por varios de estos crímenes. Sin embargo, los detalles sangrientos de los casos se filtraron rápido entre la población y comenzaron a exagerarse: se hablaba de más víctimas de las que oficialmente se confirmaron, de rituales satánicos, de que comía partes de los cuerpos o de que tenía un cómplice invisible.
LA NIÑA QUE SE CONVIRTIÓ EN SERPIENTE: EL CASTIGO DIVINO POR QUEMAR LA BIBLIA
En los rincones más profundos del imaginario popular dominicano y centroamericano, donde la fe católica se mezcla con el miedo ancestral, circula una de las leyendas urbanas más perturbadoras de las últimas décadas: la historia de la niña que quemó una Biblia y se transformó en serpiente.
No es un cuento de abuelos sobre ciguapas o bacás. Es una historia moderna, nacida en la era de las cadenas de WhatsApp y los videos virales de TikTok, que ha sembrado terror en pueblos y barrios de República Dominicana, Guatemala, El Salvador y otros países. Una advertencia directa contra la blasfemia y el desafío a lo sagrado.
Según la versión más extendida que circula desde alrededor del 2012, todo ocurrió en un pueblo humilde (algunos dicen en Guatemala, otros lo ubican en zonas rurales de RD o El Salvador). La protagonista era una adolescente rebelde, de unos 13 o 15 años, que discutía constantemente con su familia por temas religiosos.
Un día, en un ataque de rabia (algunos dicen porque no le permitieron celebrar sus quince años como ella quería, otros porque odiaba ir a la iglesia), la niña tomó tres Biblias de la casa, las rompió y las quemó en el patio o en un solar baldío. Mientras las llamas consumían las páginas sagradas, ella supuestamente gritaba insultos contra Dios y la fe. Al terminar el acto, algo inexplicable sucedió. Esa misma noche, la niña comenzó a sentirse mal. Le dolía todo el cuerpo, su piel se ponía escamosa y fría. Gritaba de dolor mientras su familia la veía transformarse: sus piernas se unieron y se convirtieron en una larga cola de serpiente, su torso permaneció humano, pero su rostro se deformó en una expresión de agonía eterna. Su piel se volvió oscura y agrietada, como quemada por el mismo fuego que había provocado.
La familia, aterrorizada, la escondió en una habitación. Dicen que la “niña-serpiente” se arrastraba por la casa, enrollándose alrededor de las columnas o de las camas, y que emitía sonidos guturales mezclados con llanto humano. Algunos relatos agregan que devoraba a quien se acercaba demasiado o que pedía perdón con una voz que ya no era del todo humana.
¿REALIDAD, ENGAÑO O LEYENDA MORAL?
En los rincones más profundos del imaginario popular dominicano y centroamericano, donde la fe católica se mezcla con el miedo ancestral, circula una de las leyendas urbanas más perturbadoras de las últimas décadas: la historia de la niña que quemó una Biblia y se transformó en serpiente.
No es un cuento de abuelos sobre ciguapas o bacás. Es una historia moderna, nacida en la era de las cadenas de WhatsApp y los videos virales de TikTok, que ha sembrado terror en pueblos y barrios de República Dominicana, Guatemala, El Salvador y otros países. Una advertencia directa contra la blasfemia y el desafío a lo sagrado.
Según la versión más extendida que circula desde alrededor del 2012, todo ocurrió en un pueblo humilde (algunos dicen en Guatemala, otros lo ubican en zonas rurales de RD o El Salvador). La protagonista era una adolescente rebelde, de unos 13 o 15 años, que discutía constantemente con su familia por temas religiosos.
Un día, en un ataque de rabia (algunos dicen porque no le permitieron celebrar sus quince años como ella quería, otros porque odiaba ir a la iglesia), la niña tomó tres Biblias de la casa, las rompió y las quemó en el patio o en un solar baldío.
Mientras las llamas consumían las páginas sagradas, ella supuestamente gritaba insultos contra Dios y la fe. Al terminar el acto, algo inexplicable sucedió. Esa misma noche, la niña comenzó a sentirse mal. Le dolía todo el cuerpo, su piel se ponía escamosa y fría. Gritaba de dolor mientras su familia la veía transformarse: sus piernas se unieron y se convirtieron en una larga cola de serpiente, su torso permaneció humano, pero su rostro se deformó en una expresión de agonía eterna. Su piel se volvió oscura y agrietada, como quemada por el mismo fuego que había provocado.
La familia, aterrorizada, la escondió en una habitación. Dicen que la “niña-serpiente” se arrastraba por la casa, enrollándose alrededor de las columnas o de las camas, y que emitía sonidos guturales mezclados con llanto humano. Algunos relatos agregan que devoraba a quien se acercaba demasiado o que pedía perdón con una voz que ya no era del todo humana.
ADVERTENCIA FINAL
Si alguna vez escuchas esta historia en un grupo de WhatsApp o en una esquina de tu barrio, recuerda que es una leyenda… pero también un recordatorio poderoso de cómo el miedo colectivo puede transformar un acto de rebeldía adolescente en un monstruo que se arrastra eternamente. Porque en Quisqueya, como en muchos lugares de Latinoamérica, algunas historias no necesitan ser ciertas para seguir asustando. Solo necesitan que alguien las cuente en voz baja… y que tú las escuches.
¿Te atreves a quemar una Biblia? Mejor no lo averigües.
EL VELO QUE NUNCA SE LEVANTA
Cuando cerramos este número especial dedicado al “Lado Misterioso de la Isla”, no lo hacemos con la satisfacción de quien ha terminado un recorrido turístico cualquiera. Lo hacemos con la misma inquietud con la que se cierra un libro de cuentos a medianoche: sabiendo que las historias que acabamos de contar no se quedan quietas entre las páginas. Siguen caminando.
Han pasado semanas desde que comenzamos este viaje por los territorios prohibidos de Quisqueya. Recorrimos la Casa del Kilómetro 5, donde el olor a quemado aún flota en el aire aunque no haya fuego desde hace casi un siglo. Escuchamos el canto hipnótico de la Ciguapa en las playas solitarias de Macao y en los senderos de la Cordillera Central. Sentimos el frío repentino cuando La Rubia sube al asiento del copiloto en las carreteras vacías de la Duarte. Fuimos testigos de cómo hombres desesperados firman pactos con el Bacá en cruces de caminos del campo profundo, pagando con sangre lo que el dinero no puede comprar. Y descendimos hasta lo más oscuro de la naturaleza humana con casos como Petete, el descuartizador de Arroyo Cano, cuya sombra aún se dice que merodea las lomas de San Juan de la Maguana cuando la luna se esconde.
Pero ahora, al llegar al final, surge una pregunta que no podemos evitar:
¿Realmente hemos terminado el tour?
En República Dominicana, el misterio no respeta los puntos finales. Aquí las historias no mueren con el último párrafo. Se transforman, se deforman, se enriquecen con cada boca que las repite. Lo que ayer fue un suceso policial registrado en un expediente, mañana se convierte en advertencia ancestral. Lo que hoy es un crimen brutal cometido por un ser humano de carne y hueso, mañana se convierte en un monstruo que ya no necesita respirar para seguir existiendo.
Esta alquimia es característica nuestra. La Casa del Kilómetro 5 dejó de ser solo una ruina abandonada hace décadas. Hoy es el lugar donde el pasado se niega a ser enterrado, donde las niñas calcinadas siguen corriendo por pasillos que ya no existen. Petete ya no es únicamente el joven perturbado de Arroyo Cano que mutilaba animales y atacaba campesinos. Para muchos en el sur, es una presencia que todavía baja de las montañas en noches sin luna, machete en mano, buscando nuevas presas. Papá Liborio dejó de ser solo Olivorio Mateo, el campesino que desapareció en un huracán. Hoy es un mesías cuya presencia espiritual aún se siente en los altares de San Juan de la Maguana y en los baños rituales que miles siguen haciendo en su nombre.
Esta capacidad de transformar lo real en mítico no es un signo de atraso, como algunos quisieran creer. Es, por el contrario, una demostración de la vitalidad cultural de nuestro pueblo. Mientras otras sociedades han dejado que la modernidad borre sus mitos, República Dominicana sigue alimentando los suyos con la misma pasión de siempre.
Cada vez que un taxista baja la velocidad al pasar por el Kilómetro 5 y hace la señal de la cruz, cada vez que una madre le dice a su hijo “no salgas solo al monte que anda la Ciguapa”, cada vez que un campesino del sur advierte “cuidado con Petete que todavía ronda por las lomas”, estamos presenciando un acto de transmisión cultural vivo y poderoso.
Estas historias cumplen funciones profundas.
Protegen. Educan. Unen.
La Ciguapa advierte sobre los peligros del deseo descontrolado.
El Bacá enseña que nada en la vida es gratis.
La Rubia nos recuerda que la confianza ciega puede ser Y casos como Petete nos confrontan con la verdad más incómoda: que a veces el monstruo más terrible no viene del otro mundo, sino del corazón mismo de un ser humano.
Al final de este recorrido, queda claro que el “lado misterioso” de la isla no es un apartado turístico ni un entretenimiento de medianoche. Es parte esencial de nuestra identidad. Es la forma en que Quisqueya se cuenta a sí misma quién es.
Por eso, aunque cerremos esta revista, el velo nunca se levanta del todo. Siempre queda algo del otro lado. Un susurro. Una sombra. Un frío repentino en una noche calurosa. Una risa lejana que no parece humana.
La isla nos observa. Nos conoce.
Y nos advierte, a su manera ancestral y paciente, que hay fronteras que es mejor no cruzar.
Porque en República Dominicana, cuando el sol se esconde detrás de las palmeras y las montañas se tiñen de negro, algo despierta.
Algo que ha estado aquí mucho antes que
Algo que seguirá aquí mucho después
Y mientras sigamos contando estas historias, ese algo seguirá vivo. Bienvenidos al final del tour… o tal vez solo al comienzo de uno nuevo.
ILUSTRACIONES DEL TERROR: VISIONES DEL LADO OSCURO DE QUISQUEYA
No todo en esta revista se puede contar con palabras. Hay horrores que escapan al lenguaje. Hay presencias que solo pueden ser capturadas cuando la luz se apaga y la imaginación se atreve a cruzar la línea que separa lo real de lo imposible. Por eso, en las siguientes páginas, hemos reunido una serie de ilustraciones creadas especialmente para este número especial del “Lado Misterioso de la Isla”. Estas no son dibujos comunes ni simples representaciones artísticas. Son ventanas abiertas hacia la noche dominicana. Ventanas que no solo permiten ver… sino que también permiten ser visto. Cada trazo, cada sombra, cada detalle sombrío fue pensado para atrapar la esencia misma de nuestras leyendas más profundas. Aquí no verás caricaturas infantiles de fantasmas. Verás la Casa del Kilómetro 5 respirando en medio de la niebla, con sus ventanas iluminadas por una luz que no proviene de este mundo. Verás la silueta de la Ciguapa caminando entre los árboles con sus pies al revés, el cabello negro cubriéndole el cuerpo desnudo mientras su canto silencioso parece salir de la propia ilustración. Verás carreteras solitarias donde una mujer de vestido blanco levanta la mano pidiendo ride, y el frío que produce su presencia se transmite incluso a través del papel. Estas ilustraciones no pretenden entretenerte Pretenden inquietarte. Porque en República Dominicana, el terror no siempre necesita movimiento ni sonido. A veces basta con una imagen estática para que sientas que algo te observa desde el otro lado de la página. El artista ha logrado capturar esa sensación tan familiar para muchos dominicanos: esa certeza incómoda de que, aunque estés solo en tu habitación leyendo esta revista, no estás realmente solo. Aquí encontrarás la oscuridad húmeda de los montes de Jarabacoa, el asfalto vacío de la Autopista Duarte a las tres de la mañana, el patio trasero de una casa abandonada donde todavía se escuchan risas de niñas que ya no deberían existir, y las sombras alargadas que se forman cuando la luna ilumina un cruce de caminos donde alguien hizo un pacto que nunca debió hacer. Míralas despacio. Con la luz tenue.Con el volumen bajo. Porque algunas de estas imágenes tienen la extraña cualidad de quedarse grabadas en la mente mucho después de que cierres la revista. Algunos lectores juran que, al apagar la luz, la silueta que vieron en la página parece moverse ligeramente en su memoria. Otros dicen que han sentido un frío repentino en la nuca mientras observaban la Casa del Kilómetro 5. Esta sección es nuestra forma de rendir homenaje visual al alma oscura de Quisqueya. Un recordatorio de que nuestra isla no solo tiene playas y sol. También tiene sombras que respiran, susurros que viajan con el viento y presencias que se niegan a desaparecer aunque pasen los años. Bienvenido al corazón visual del lado misterioso. Que las sombras te sean leves… y que, cuando termines de mirar estas ilustraciones, puedas dormir tranquilo. Si puedes.
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS
ILUSTRACION REALIZADA POR: JENEUFRY ARECHE DE LOS SANTOS