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La víspera. Foco de la romanización de la Ilergecia oocidental.

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LA VISPESA, FOCO DE ROMANIZACIÓN DE LA ILERGECIA OCCIDENTAL


ALMUDENA DOMÍNGUEZ ARRANZ ELENA MAESTRO ZALDiVAR

LA VISPESA, FOCO DE ROMANIZACIÓN DE LA ILERGECIA OCCIDENTAL

INSTITUTO DE ESTUDIOS ALTOARAGONESES (DIPUTACIÓN DE HUESCA)

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE BINÉFAR


Edita: Instituto de Estudios Altoaragoneses (Diputación de Huesca) Colabora: Ayuntamiento de Binéfar Autoras: Almudena Domínguez Arranz y Elena Maestro Zaldívar 1. S. B. N.: 84-8127-026-1 Depósito

HU - 334/94

Imprime: Gráficos Alas, 5. A. - Huesca


iNDICE

PRÓLOGO

7

1. UN DESCUBRIMIENTO FORTUITO

11

Las piedras hablan

13

Recuperar el pasado Conocer el lugar

14 15

II. EL MEDIO NATURAL ACTUAL

19

El contexto

22

El clima condiciona Después del Canal de Aragón y Cataluña

22

111. EN EL ANONIMATO

24

Quiénes fueron los primeros

25 27

La sedentarización: primeros pasos hacia una dieta equilibrada

29

La aparición del metal Dónde vivían Cultura material IV. NUEVAS GENTES LLEGAN A LA LITERA Cambio y gestación cultural Poblados Cementerios Confluencia cultural

31 33 35 37 40 40 43 43

Génesis de la Cultura Ibérica

45

V. LA ENTRADA EN LA HISTORIA

49

Los ilergetes: un pueblo en expansión

52 54

Entre cartagineses y romanos Ilustres romanos en la Ilergecia: Ser-torio y Pompeyo

58

César en la Ilergecia: la batalla de Ilerda

61

VI. UNA RECONSTRUCCIÓN DEL ASENTAMIENTO IBÉRICO

6.5

Asentamientos estratégicos Un urbanismo adaptado al medio

67 72


Materiales y técnicas constructivas La organización del espacio Ritos fundacionales Actividades industriales y de transformación de alimentos Áreas de almacén

74 78 79 80 81

VII. LLEGAN LOS ROMANOS

85 88

Su paso por la Ilergecia ¿Qué significa la romanización? ¿Economía monetaria o trueque? La comunicación es importante

89 92 93

Técnicas nuevas, materiales tradicionales El embellecimiento de las superficies La estancia de opus signinum La función de los espacios El aprovisionamiento de agua

97 100 103 104 106 107

IX. ADENTRÁNDONOS EN SUS COSTUMBRES

1 11

La producción cerámica La tradición La Vispesa es un poblado ibérico Sus intercambios con otros poblados Nuevas cerámicas, nuevas costumbres Importaciones campanienses Cerámica sigillata Indumentaria de sus pobladores Tocados, adornos y complementos Ritos y creencias: el monumento de Binéfar

114 115 116 120 120 123 126 127 129 130

X. A MODO DE CONCLUSIÓN

133

Bibliografía recomendada Índice de ilustraciones

137 140

VIII. NUEVA OCUPACIÓN DE LA VISPESA


PRÓLOGO

Resulta obligado presentar los objetivos y planteamientos que vamos a seguir en este estudio. En primer lugar, y aun conscientes de que puede resultar un texto demasiado técnico y en consecuencia menos asequible al público en general, consideramos de rigor introducir un capítulo orientado a definir el ámbito geográfico donde se asienta el yacimiento para entender las razones de su ubicación en este lugar. En esa línea, creemos necesario poner de relieve la transformación radical que ha sufrido el paisaje de esta comarca por la acción humana, los cambios climáticos y la erosión. No tenerlo presente puede llevar a hacer extrapolaciones falsas y creer que las condiciones físicas en el pasado eran similares a las que tenemos ante nosotros. Nada más erróneo. Precisamente estamos en una zona en la que la intervención del hombre ha tenido una gran trascendencia. Qué duda cabe que la construcción del Canal de Aragón y Cataluña y acequias derivadas ha sido decisiva en el cambio que ha experimentado la ocupación del territorio, los usos del suelo y la explotación de los recursos en las últimas décadas. En estas circunstancias no es de extrañar que las formas de vida de buena parte de la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo estén hoy ciertamente difuminadas. Es por esto que, aunque no queda otra alternativa que partir de las características del medio actual para especular cómo debía ser su fisonomía hacia el siglo III a. de C., cuando presumiblemente se colocan los primeros cimientos de un poblado bien organizado urbanísticamente, hay que hacerlo con cierta cautela y recurrir también a la información que nos proporcionan otras ciencias que estudian la vegetación y fauna abandonadas en los estratos arqueológicos, sin duda excelentes indicadores de las condiciones climáticas. Trazaremos a continuación un esbozo de la evolución histórica desde el Paleolítico, cuando aparecen los primeros indicios humanos, hasta la plena romanización, con frecuentes alusiones a yacimientos de otras zonas sobre todo en los períodos anteriores a la iberización y romanización. Son estos últimos momentos, cuando un grupo de gentes que las fuentes llaman ilergetes eligen el cerro de La Vispesa para instalarse, los que centran el objetivo principal del trabajo y justifican la recopilación de referencias históricas mientras fueron protagonistas de los actos bélicos que tuvieron lugar en el valle medio del Ebro con motivo de la Segunda Guerra Púnica y los avances del ejército romano hasta que César impone su dominio tras la batalla de (lerda en el año 49 a. de C. 7


Restablecido el marco natural e histórico nos centraremos en los capítulos siguientes en los propios protagonistas de esta historia, los hombres, mujeres y niños que se enfrentaron a los problemas cotidianos en La Vispesa. De igual modo que los documentos históricos, la arqueología con sus técnicas de recuperación de los más antiguos vestigios del hombre nos transporta hacia un momento que ha sido real; en efecto, es tarea de detectives. Un pequeño fragmento de hueso, semilla, carbón o hierro por sí solos no son suficientes, pero reunidos nos proporcionan una información de incalculable valor. A través de estos frágiles elementos, o de otros de mayor entidad como estructuras de piedra o adobe, es posible hacer un ensayo de reconstrucción del asentamiento, del modo de vida y el entramado social de los habitantes de La Vispesa, desde los metros cuadrados que necesitaban para vivir y las técnicas que utilizaban para construir sus viviendas hasta determinar con cierta seguridad qué comían, cómo se vestían y adornaban, qué actividades desempeñaban cada día y cómo se relacionaban con los demás.

YACIMIENTO ARGUEOLOGICO

I. n V 1 ,lije1.2 SITUACION.

--

K 131

E:

YACIMIENTC

BINEFAR K.130 4, ` 40 K.129 *

K 128 K.127

1

LERIO• MUNICIPIO.

PROVINCIA.

TAMAR1TE DE LITERA

HUESCA

PLANOS.

TOPOGRAFIA GENERAL ,

NOJA N'.

1 ESCALA. 1:20

i

21

0

f 2 3 4 5

•-, —

ip pit

FECHA. OCTUBRE

DE

1.992

TOPORRAFIA. JOSE

RAMON

CLAVER

1. Situación del yacimiento

8

MONGIO

=. ,..,. co o

Otras muchas cuestiones quedan planteadas y sin respuesta, la investigación sigue en marcha y ese es el reto que tenemos por delante tanto los profesionales como las instituciones que prestan su colaboración al proyecto, y sobre todo reconocer que sin la ayuda de los alumnos universitarios no hubiera sido posible avanzar hasta donde estamos. Entre 1984 y 1992 han sido numerosos los estudiantes del Colegio Universitario de Huesca y la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, algunos ya licenciados o incluso doctorados, que han participado en las excavaciones y en muchos casos iniciado en este yacimiento su andadura en el camino de la investigación. Nos gustaría dejar constan-


cia escrita de todos ellos pero resulta una nómina demasiado larga para incluirla aquí, aunque no por ello menos importante. Colaboraciones más especializadas han sido las de José Luis Peña y Miguel Sánchez Fabre para el medio físico, José Miguel Pesqué Lecina, en el dibujo de los materiales arqueológicos, y Jesús Tramullas Saz en las propuestas de reconstrucción arquitectónica. José Ramón Claver fue el topógrafo que realizó la planimetría definitiva, en una primera fase a cargo de Pablo Sampietro Solanes. También queremos dejar constancia de la buena disposición de D. Marcial Quintilla y Josefina Castellar, propietarios del terreno donde está ubicado el yacimiento, y expresarles nuestro agradecimiento por haber facilitado en todo momento el desarrollo de los trabajos de campo. Por último el apartado financiero. Aunque la Diputación General de Aragón soportó en mayor medida la financiación de las campañas de campo y trabajos de laboratorio, también ha sido de gran valor el apoyo técnico y económico del Instituto de Estudios Altoaragoneses y del Ayuntamiento de Binéfar, que, además, han hecho realidad esta publicación.

2. Vista general del cerro donde se encuentra el yacimiento, desde el este

9


I. UN DESCUBRIMIENTO FORTUITO


Un descubrimiento fortuito El yacimiento de La Vispesa, situado en el extremo occidental del antiguo territorio ilergete, está siendo objeto de un estudio arqueológico que, aun no habiendo culminado, proporciona datos de gran relevancia para comprender el proceso de adaptación de las costumbres de la población autóctona a las de los romanos una vez que éstos impusieron su dominio (fig. 1). Autores como Heiss, Fonz o Saavedra relacionaron este lugar y Binéfar con la Mendiculeia de los catastros antiguos, y fueron contestados por otros, así el Padre Llanas y Blázquez se inclinaron por ubicarla en la partida del Castellar de Esplús argumentando cercanía al trazado de la calzada romana y

distancias en millas a otras mansiones inmediatas. Por desgracia en la actualidad no hay ningún testimonio que permita corroborar ni uno ni otro aserto. Las evidencias arqueológicas determinantes de la existencia del yacimiento ibero-romano que centra ahora nuestro interés, afloran por la superficie de la cumbre y laderas de una suave elevación en la vasta partida de "La Vispesa", en el término municipal de Tamarite de Litera. No obstante, su proximidad a Binéfar lo vincula más a esta población, la cual por tradición ha demostrado una mayor curiosidad e interés por conocer los restos (fig. 2).

LAS PIEDRAS HABLAN

W

3. Dibujo de ánfora romana descubierta en el yacimiento según ilustro el manuscrito de D. Benito Coll. Archivo familiar, Binéfar

Su descubrimiento para la comunidad científica data de 1968 cuando aparecen de forma fortuita dos grandes bloques de piedra con grabados y signos que por suerte no llegaron a formar parte de la canalización de aguas a la que estaban destinados. La "estela o monumento de Binéfar", como se denomina en las publicaciones, llevó a los responsables del Museo Provincial de Huesca a efectuar una visita ocular al lugar, así como el traslado de los maltratados restos al centro museístico. Sin embargo, el yacimiento no había pasado desapercibido a lugareños ni mucho menos a buscadores de tesoros arqueológicos que en sus actuaciones incontroladas han producido daños irreparables. Testigos inmutables son los nume13


Un descubrimiento fortuito rosos "tiestos" que las rejas del arado dejan a flor de tierra por los campos circundantes cada año y en la cima del cerro eran visibles los sillares labrados de un depósito de agua antiguo que durante años dio nombre al cerro. Un escrito dactilografiado de D. Benito Coll, de principios de siglo, contiene descripciones y dibujos de materiales arqueológicos, en concreto de un fragmento de mosaico de opus signinum que este binefarense vio en el "Tozal de la cisterna" o "La Torreta" (fig. 3). En la actualidad apenas quedan restos y teselas sueltas de este signino, como testimonio de lo que debió ser el suelo de una amplia estancia de un edificio romano. El hallazgo del monumento despertó entre los especialistas mayor interés, por sus motivos iconográficos y signos epigráficos ibéricos, que el yacimiento en sí mismo, y fue determinante para que éste quedara incorporado a la bibliografía científica y cartografía arqueológica como punto de referencia por la ubicación de un supuesto edificio funerario.

4. Sondeo electromagnético realizado en el yacimiento por el Equipo de Arqueofísica de La Rábida (Huelva)

14

Estas evidencias, además de la localización geográfica y estratégica del yacimiento, así como el desconocimiento que se tenía de las etapas ibéricas y romanas en la provincia de Huesca, y en concreto en esta zona, nos hicieron tomar conciencia de su valor y justificaron la propuesta inicial de hacer sondeos arqueológicos. Examinar el contexto y verificar la supuesta conexión del mismo con el mundo funerario o por el contrario investigar si los restos formaban parte de un asentamiento con otra funcionalidad, eran objetivos suficientemente atractivos. Así las cosas, las prospecciones y sondeos iniciales realizados por las autoras entre 1984 y 1985 en el entorno de la cisterna, y parte media e inferior de la ladera este, permitieron detectar los primeros indicios de un asentamiento indígena ya romanizado.

RECUPERAR EL PASADO

En 1987 se reinician las labores de campo imprimiendo un nuevo impulso a la investigación. A lo largo de las cinco campañas siguientes ésta se centró en la parte alta del cerro y distintas vertientes y se verifican sondeos arqueológicos por los alrededores con el fin de concretar al máximo la filiación cultural y cronología, además de especificar el trazado urbano y funcionalidad del yacimiento. Estos trabajos, y las prospecciones electromagnéticas que realizó el equipo de Arqueofísica de La Rábida (Huelva), fueron determinantes para do-


Un descubrimiento fortuito

cumentar niveles arqueológicos y restos arquitectónicos pertenecientes a dos momentos de ocupación, ibérico y romano, con superposición en algunos puntos de las estructuras respectivas, e indicios de industria de otro posible asentamiento anterior, de la Primera Edad del Hierro (fig. 4). A la luz de estos hallazgos y a falta de otras pruebas arqueológicas más concluyentes creemos que resulta difícil seguir manteniendo la vinculación de la "estela" con el mundo funerario. Quizás formaría parte de un edificio singular de época ibérica, posiblemente de tipo religioso. Por otra parte, el interés de investigar un yacimiento de esta índole radica en que permite reconstruir los modos de vida de los antiguos literanos. No fue el único en esta zona a juzgar por los vestigios de industria humana de cronología similar localizados en otros cerros de las proximidades inmediatas (los yacimientos de La Vispesa II, La Vispesa III, Torre Folch, La Torreta, Cerro de la Piedra Caída, etc). De algunos tan sólo conocemos su existencia ya que el estado de arrasamiento a que han quedado reducidos por las recientes obras de regadío hacen imposible realizar investigaciones más profundas. De cualquier forma, todos ellos nos ponen en evidencia que las condiciones del medio eran buenas para el desarrollo de un poblamiento en pequeños núcleos dedicados a la explotación de los recursos agrícolas y ganaderos durante la Primera Edad del Hierro y época ibérica hasta la romanización.

CONOCER EL LUGAR

Comprender las piedras no resulta nada fácil. Nuestra propuesta es guiar al profano hasta el yacimiento con una doble finalidad, ayudarle a hacer un ejercicio de comprensión hacia nuestros antepasados, a la vez que fomentarle el respeto hacia el patrimonio histórico-arqueológico, donde no caben las actuaciones clandestinas ni los expoliadores. Los principales restos se localizan en la cima del cerro. En la actualidad el acceso más cómodo, una vez recorrido el breve trayecto por camino de tierra que desde la Torre Marcial nos coloca al pie del mismo, se efectúa por la ladera oriental, a mitad de la cual lo primero que el visitante encuentra es una lienzo de sillares tallados de época romana. Finalizada la ascensión, conviene hacer un pequeño descanso para reponerse del esfuerzo realizado y tal vez recrearse en la grata vista de los regadíos de La Litera, advirtiendo además el carácter estratégico del lugar en el pasado. Nos hallamos en lo que fue una amplia estancia o patio cubierto, en uno de cuyos lados se construyó un pozo de sillares similares a los de la ladera, cuya finalidad no fue otra que asegurar la reserva de agua pluvial a los pobladores. A continuación dirigimos nuestros pasos hacia la ladera opuesta donde se conservan los restos arquitectónicos de mayor entidad por tamaño y número y por ello de más difícil comprensión. 15


Un descubrimiento fortuito En principio aconsejamos observar detenidamente las diferentes técnicas de construcción de los muros y sus direcciones, es decir si son paralelos o perpendiculares y a su vez si se superponen o cortan entre sí. Destaca un magnífico muro con la misma técnica constructiva en opus quadratum y orientación que el de la ladera oriental, y otros perpendiculares de aparejo menos cuidado. El conjunto pertenece a la última fase de ocupación de la cima del cerro, el período romano tardo-republicano. En un nivel inferior y con diferentes orientaciones respecto a los paramentos anteriores se distribuyen otros muros de

1.- La casa completa.

3.- La lluvia y el hielo desconchan la pintura.

aparejo irregular, corresponden a los cimientos de las habitaciones de la fase más antigua del yacimiento, del momento ibérico tardío. De la misma etapa es la calle empedrada que bordea ladera norte y permite el acceso a las viviendas y otros restos distribuidos por las faldas del cerro que evidencian la ocupación prácticamente total del cerro. Un ejercicio de imaginación nos llevaría a retroceder en el tiempo y concebir estas casas con paredes de piedra recrecidas en tapial, y techumbre de paja y barro (fig. 5). La actividad en el interior no diferiría mucho de la desarrollada en las viviendas de muchos de nuestros pueblos hasta hace bien poco, es decir,

2.- Se ompen las vigas y cae el techo.

4.- Las paredes se deshacen.

5.• La casa queda reducida aun nivel arqueológico.

5. Foses de la transformación de un edificio en yacimiento arqueológico

16


Un descubrimiento fortuito

la que corresponde a familias autosuficientes que, en torno al hogar y dentro de un espacio reducido, realizan gran número de actividades domésticas y guardan sus utensilios y aperos de uso cotidiano. En habitáculos próximos y a veces en el mismo espacio, los animales les proporcionaban calor, materias primas y alimento. Presumiblemente cultivaban cereales en los campos de la parte baja. La visita no finaliza aquí, es imprescindible acercarse al Museo Provincial de Huesca que expone en sus vitrinas una pequeña muestra de las vajillas y utensilios utilizados cotidianamente y una pieza de excepción, el monumento en piedra con representaciones y textos de carácter conmemorativo. Ellos son testi6. Monumento hallado en La Vispesa, actualmente expuesto en el Museo Provincial de Huesca

monio de lo que albergó en el pasado el montículo de La Vispesa (fig. 6).

17


II. EL MEDIO NATURAL ACTUAL


El medio natural actual

LEYENDA

fl

5

UP Calizas, margas y. yesos mesozoicos y eocenos

r7":", Arcas de intensa kaniiikacitin de yesos

1-7 Materiales dem-ticos terciarios post-pirenaicos I. 1 Yesos terciarios (anticlinal de Barbastrot 1.>"41t Escarpes estructurales de plataformas y cuestas

14jIn Tararas plcistocenas

10 Km.

Crestas estructurales y relieves de divisoria de aguas 11.1 ROtos de la superficie de erosión más antigua ▪

Restos de la superficie de erosión intermedia

_

Grandes depresiones karstis,as Co yeso.

III Rellenos aluviales holoacnos

t,It Glandes depresiones kdrsticas en yesos

r--1 Terrazas pleistocenas Rellenos aluviales holoccnos

Wi Restos de la superficie de erosión reciente

[1151 Glacis pleistoccnos

661 Margenes del paleopolje (le Saganla

1-;271-Derrames holoeemas

Wi Superficies de aplanamiento del polje de Sal anta

J Conos de deyección recientes

7. Mapa geomorfológico de La Litera. Según J. L. Peña

21


El medio natural actual El ámbito físico se circunscribe a la comarca oriental oscense de La Litera. Ubicada en el interfluvio Cinca-Segre, al pie de las sierras de Estada, Coscollar y Piñana, esta comarca, en su sector meridional, corresponde a la unidad topográfica de la Depresión presomontana que nos presenta un paisaje de plataformas y rampas de pendiente suave entre valles amplios de fondo plano, con una topografía muy alterada por la acción antrópica.

EL CONTEXTO

El yacimiento se asienta sobre un cerro testigo residual, retazo de una alineación de plataformas y cerros que en su origen constituía un extenso nivel de glacis, orientados de norte a sur, desde la zona de San Esteban de Litera hasta los llanos de La Vispesa. Este glacis se asociaba a otros abanicos aluviales de las divisorias del Cinca y del Noguera Ribagorzana, todos ellos formados en el Plio-cuaternario y sometidos con posterioridad a una intensa actividad erosiva que determinó la existencia de amplias cuencas fluviales (Arroyo de la Clamor y sus afluentes, especialmente los de Olriols y Binéfar) y de relieves residuales como el de La Vispesa.

plataformas, normalmente alargadas y con escasa continuidad lateral. Dicha formación aparece coronada por un retazo del citado glacis pliocuaternario cuya cubierta, de 87 cm de espesor, se compone de gravillas y gravas de pequeñas dimensiones y variada litología (areniscas, cuarcitas, calizas, liditas, etc) con estrechas laminaciones de costras calcáreas brechoides. La falta de compacidad de estos depósitos determina la morfología alomada del cerro. Esta conformación geológica ha determinado sobre todo en la etapa ibérica la disposición urbana del asentamiento, y también en la romana, si exceptuamos la cisterna. En ambas etapas las estructuras arquitectónicas han debido acomodarse a la existencia de niveles de gravas. El modelado de las vertientes está condicionado por la litología. En las orientadas al sur y sureste, conformadas esencialmente sobre materiales blandos, domina la actividad erosiva del arroyamiento y aflora la roca in situ. En la occidental y noroccidental los paleocanales de areniscas tienen mayor espesor generándose una morfología escalonada que junto a la presencia de vegetación más abundante facilitan la acumulación de depósitos de vertiente (fig. 7).

El cerro de La Vispesa está modelado en los materiales oligocenos de la Formación Peraltilla, que se compone de margas, arcillas y paleocanales de areniscas y microconglomerados. Sobre las areniscas, más resistentes a la erosión diferencial, se forman pequeñas 22

EL CLIMA CONDICIONA

El clima es un factor condicionante del tipo de suelo y la vegetación que se puede desarrollar en él.


El medio natural actual

Aunque a la Depresión presomontana

En tales circunstancias la vegetación

llegan las influencias del mar mediterrá-

potencial que corresponde es de bosque

neo, su ubicación en el interior de la

típicamente mediterráneo con un soto-

Península hace que el clima en general sea de tipo continental y semiárido, con

bosque rico en especies perennifolias y escasa cobertura de plantas herbáceas.

situaciones más extremas hacia las

Destaca el dominio de una sola especie

zonas más bajas.

arbórea: la encina (Quercus rotundifo-

Este carácter semiárido aparece muy

lia) y en menor medida el quejigo

marcado por distintas razones. A unas

(Quercus faginea), muy resistentes ala

oscilaciones térmicas muy elevadas, entre 17 y 200, y precipitaciones escasas

pino (halepensis y nigra). Son en gene-

(413,5 mm en Binéfar), se suma el que

sequía, y suele estar presente también el

las altas temperaturas que se registran

ral bosques de escasa altura que han sufrido importantes transformaciones

en la zona una buena parte del año (entre mayo y octubre, por encima de los

ciones humanas que los ha llevado a

21') hacen que la evapotranspiración potencial sea superior al conjunto de precipitaciones anuales (entre 300 y

extremas o, como ocurre en buena parte

500 mm).

totalmente en beneficio de las tierras de

fruto de una larga historia de intervenetapas de degradación más o menos de La Litera baja, han desaparecido

8. Paisaje actual de regadío en la zona. Al otro lado de la bolso puede observarse el yacimiento

23


El medio natural actual cultivo y de pastos. Es decir, que el cambio de usos y la erosión ha acabado con

XIX, sobre el primitivo Canal de

buena parte de la variedad florística

Tamarite. La red de acequias derivadas

propia del medio.

de este gran colector de agua, cuyo cau-

Así, en el ámbito de La Vispesa la degradación de la encina, como consecuencia de la escasa pluviosidad, calor estival y frío invernal, ha dado lugar a su

y Cataluña en los últimos años del siglo

dal regula el embalse de Barasona, ha puesto una gran superficie de la Depresión presomontana en regadío, concentrándose en su mayoría en La

desaparición y sustitución por un mato-

Litera (fig. 8).

rral subarbustivo abierto con tomillares,

El paisaje actual que se advierte desde

retama y romero, especies gypsófilas

el altozano de La Vispesa se resume

que se reproducen bien en los ambientes

en enormes extensiones de terreno de-

en que el suelo ha desaparecido por la erosión y que presentan un alto índice

dicado a frutales, cereales y forraje-

de salinidad.

que la superficie dedicada al secano

Por lo que respecta a la vegetación que

y pastos, en otro tiempo muy superior,

potencialmente debía corresponder al

es mínima, aunque suficiente princi-

espacio de las riberas de los cursos de

palmente por lo que respecta al sopor-

agua, caducifolia tipo álamo (Popukis albo), chopo (Populus nigra), olmo (Ulmus campes tris), sauce (Salix

te de la ganadería de cerda, bovina y ovina. Por otra parte, los análisis

angustifolia) o fresno (Fraxinus angustifolia), ha sido destruida en gran parte de la Depresión presomontana, por lo que su presencia en las proximidades de La Vispesa es casi una anécdota.

ras en régimen de regadío, mientras

paleontológicos realizados en el yacimiento confirman que los restos de ovicápridos eran dominantes sobre otras especies al menos en los períodos ibérico y romano. Es un hecho que la cabaña de ganado equino, que en otro tiempo tuvo un gran peso en la comarca, ha desaparecido por completo, habiendo sido sus-

DESPUÉS DEL CANAL DE ARAGÓN Y CATALUÑA

tituida por el vacuno, aunque en la actualidad la extensión del regadío ha

Responsable de la destrucción de bue-

incrementado notablemente la gana-

na parte del paisaje antiguo ha sido

dería ovina que aprovecha las áreas

la tecnificación de la agricultura a raíz

marginales de éste y los secanos tradi-

de la construcción del Canal de Aragón

cionales.

24


III. EN EL ANONIMATO


En el anonimato

Hasta el momento nada indica que el

el grado de evolución física y cultural

cerro de La Vispesa hubiese sido ocu-

que va a caracterizar al horno sapiens

pado con anterioridad a lo Prime-

sapiens fosilis, nuestro más directo ante-

ra Edad del Hierro. Ante esta realidad que la investigación puede modificar en

cesor.

el futuro, creemos necesario, para centrar el tema, hacer un esbozo del proceso de aparición del hombre y posterior poblamiento de la comarca donde se ubica. Es muy probable que estos territorios

Las investigaciones se orientan de momento a considerar que la cueva de Gabasa, a juzgar por la tipología y disposición del material arqueológico y paleontológico, no fue habitada de forma permanente, aunque el nivel donde aparecen los restos hu-

siguieran un desarrollo paralelo y simi-

manos junto con huellas de carbón,

lar al de otros no muy alejados. Así,

quizás hogares, e industria lítica po-

para conocer los primeros vestigios

dría haber tenido una función de há-

humanos no hay otra opción que acudir

bitat en un determinado momento. En

a la información que proporcionan yaci-

niveles estratigráficos situados por en-

mientos del Prepirineo oscense, mientras

cima o debajo del mencionado, la

que los períodos siguientes están docu-

ausencia de los mismos elementos y

mentados, además, por yacimientos de

presencia de numerosos restos de

la tierra llana.

extremidades distales y mandíbulas de animales (caballo, cabra, ciervo y sarrio, entre otros), significaría que se frecuentó básicamente en temporadas

QUIÉNES FUERON LOS PRIMEROS

de caza.

Los restos humanos más antiguos de La

Esta caverna sería, pues, un cazadero o

Litera, y también de Aragón, proceden

habitación estacional al que parte de

de Gabasa, en el límite con la Baja Ribagorza.

una comunidad acudiría todos los años

En una de las oquedades del conjunto de cuevas de los Moros de Gabasa, al norte de la comarca, se documentan los restos fósiles de los primeros hombres, mujeres y niños que habitaron este territorio entre los años 80.000 y 35.000. Pertenecen al horno sapiens neanderthalensis, homínido que protagoniza este período de la Prehistoria, el Paleolítico medio, que todavía no había alcanzado

9. Punta musteriense de Castelló del Pla (Pilzán)

27


En el anonimato para buscar el alimento, y allí mismo procedería al descuartizamiento de los animales, abandonando las partes menos rentables y trasladando las aprovechables al lugar en donde se encontraba el resto del grupo. Para realizar estas tareas y otras complementarias de recolección de frutos, tubérculos y raíces buscaban fundamentalmente nódulos o guijarros de piedra, sobre todo de sílex, y en menor medida esquirlas de hueso, que tallaban en el primer caso y pulían en el segundo para obtener utensilios eficaces (fig. 9). Hasta la aparición de la agricultura el hombre no podrá liberarse del interminable ciclo de la caza y la recolección.

10. La cueva de Chaves (Casbas de Huesca), utilizada durante parte del Paleolítico y Neolítico

del período que cultural y tecnológicamente se conoce como Neolítico (fig. 10).

Ahora bien, los ejemplos propuestos para centrar algunas de las costumbres de nuestros más antiguos antepasados, Gabasa y Chaves, no deben abonar la idea, en otro tiempo extendida, de que el rigor del clima durante el Cuaternario y parte del Holoceno influyera en la preferencia del hombre por la habitación cavernícola sobre otras más expuestas, al aire libre.

En una situación más noroccidental, la cueva de Chaves (Casbas de Huesca) es punto de referencia para documentar la presencia de gentes paleolíticas con utensilios de piedra y hueso más elaborados y atribuidos culturalmente al Paleolítico Superior (35.000-10.000). Más tarde estas mismas gentes transforman sus usos y costumbres ante el conocimiento de la domesticación y la agricultura, a juzgar por los restos óseos de animales y utensilios especializados en la recolección de alimentos. Aunque no es frecuente contar con las osamentas de los individuos junto a lo que constituyó su bagaje cotidiano,

Todo lo contrario, hay suficientes muestras de asentamientos paleolíticos y postpaleolíticos localizados en las terrazas y graveras fluviales. Los más representativos, y relativamente próximos a La Vispesa, se encuentran en los términos de Altorricón, Alcampell y Tamarite de Litera, entre otros los yacimientos de San

sin embargo en esta caverna los an-

Bartolomé, La Montanera, Cornobis,

tropólogos estudian un enterramiento individual, cuyas características físicas corresponden al tipo llamado Mediterráneo, que ocupó el lugar como habitación y enterramiento a lo largo

Regal de Pídola y en la misma partida de La Vispesa. Si bien es cierto que de ellos solamente quedan algunos testimonios materiales descontextualizados, principalmente utensilios tallados

28


En el anonimato

en sílex utilizados para las prácticas

LA SEDENTARIZACIÓN: PRIMEROS PASOS HACIA

de caza, puesto que otros indicios

UNA DIETA EQUILIBRADA

han desaparecido a causa de las obras regadío y la extensión de la agricultura moderna, al menos documentan la elección de estos lugares para la habitación.

Las diferentes investigaciones en el terreno de la antropología nos documentan también acerca de los hábitos alimenticios de los primeros pobladores. En efecto, las huellas dejadas en el esmalte den-

Algo más numerosos, pero alejados de

tario de los individuos por efecto de la

nuestro núcleo de trabajo, son los restos

masticación de los diferentes alimentos y

arqueológicos y humanos procedentes

el porcentaje de acumulación de estron-

de enterramientos realizados en cuevas

cio' en sus huesos son suficientes para

o dólmenes megalíticos, pertenecientes a

ensayar una reconstrucción bastante

grupos pastores que se extienden por el

aproximada en este campo. Y no sólo

Pirineo y Prepirineo desde el Neolítico

eso, también podemos conocer sus pato-

hasta que se introduce la práctica de incinerar a los muertos y enterrar sus cenizas en cementerios en la Edad del Bronce Final, a excepción de los niños y neonatos que eran inhumados bajo el suelo de las viviendas (fig. 11). La cremación va a suponer un importante escollo para dar rostro a los individuos responsables de las culturas metalúrgicas hasta el período romano, cuando de nuevo se introduce la inhumación sin abandonar el otro rito. No obstante esta dificultad, los antropólogos disponen actualmente de técnicas sofisticadas que permiten extraer información de las cremaciones si éstas son imperfectas o no han sido totalmente consumadas, así pueden diferenciar grupos sanguíneos, determinar el número de individuos enterrados en cada sepultura, o las enfermedades que han padecido

11. Enterramiento de un neonato, yacimiento de

en vida.

Los CasteIlazos (Mediana de Aragón, Zaragoza)

El estroncio está en la composición del suelo siendo absorbido por las plantas, en consecuencia los animales herbívoros lo depositan en sus huesos, lo que no sucede con los carnívoros que no incorporan el estroncio de los huesos de los animales que consumen. El análisis del porcentaje de estroncio permite determinar si en la dieta humano ha habido un hábito alimenticio más carnívoro que herbívoro o viceversa_

29


En el anonimato logias dentarias. Es probable que el hombre prehistórico no se enfrentara a auténticos dolores de muelas hasta la llegada del Neolítico. Mientras consumió frutos secos, vegetales y carnes sin cocinar en el Paleolítico y Epipaleolítico tuvo pocos problemas de caries, pero éstos aumentaron con la incorporación de una dieta aparentemente más completa, al menos por su variedad, desde que aprendió a cultivar las plantas adquiriendo así mayor protagonismo las féculas e hidratos de carbono (fig. 12). A partir del Neolítico cuando se inician los primeros pasos hacia la seden-

Hasta hace relativamente poco tiempo se afirmaba que todos los asentamientos neolíticos oscenses se ubicaban en las tierras montañosas, entre ellos merece la pena volver a citar la cueva de Chaves por la circunstancia de que a los niveles paleolíticos se superponen otros neolíticos con cerámicas impresas y cordiales (quinto milenio a. de C.), lo que significa una continuidad de uso del lugar que rebasa incluso este período. Sin embargo hoy disponemos de más información en la tierra llana, y concretamente en el interfluvio del Flumen-Alcanadre, Torrollón I (Usón) y Cubilar del Sarro (Sariñena), documentan esta modalidad de asentamiento al aire libre, cuyas actividades no serían muy diferentes de las que se desarrollaron en la comarca literana.

tarización son otras ciencias como la arqueología, paleontología y botánica las que se erigen en fuentes de

En uno y otros casos coincide un ajuar doméstico, que testimonia algunas de las prácticas sedentarias de estas poblaciones neolíticas, compuesto por útiles líticos tallados de pequeño tamaño de pervivencia paleolítica, instrumentos pulimentados y vasijas de cerámica modeladas a mano con la superficie alisada y decorada con incisiones o impresiones, además de otros objetos, como punzones, espátulas, cucharas y brazaletes fabricados en hueso (fig. 13). Sin embargo, los instrumentos especializados, como hachas de mano a modo de aza-

información fundamentales en el terreno de las costumbres y los hábitos alimenticios. Los restos aparecen indistintamente en cuevas, abrigos y emplazamientos al aire libre, próximos a las corrientes fluviales.

das o azuelas, mazas y martillos, dientes de hoz de sílex con claros indicios de haber sido usados para segar vegetales, piedras abarquilladas para molturar el cereal, se localizan más frecuentemente en los yacimientos de la tierra llana,

12. Mandíbula con indicios de caries del enterramiento neolítico de la cueva de Chaves. Los Primeros Aragoneses, Zaragoza, 1993

30


En el anonimato mientras que en la montaña todos los

manentes junto a los campos que culti-

indicios apuntan a que el ganado sería el sustento básico.

van y los establos donde guardan el ganado. Algunos vuelven a ocuparse en

Gracias a estos utensilios y restos de comida abandonados en los lugares de habitación, sabemos que a lo largo del Neolítico el hombre abandona progresivamente su dependencia estricta de la naturaleza, basada en la caza y reco-

períodos posteriores, otros surgirán de nueva planta, pero en general las gentes que se instalaron en ellos adoptarán materiales y tecnologías nuevas que contribuirán a mejorar sus condiciones de vida y conseguir una alimentación cada

lección, para convertirse en productor de alimentos. Es decir, su economía va a estar más orientada hacia la domesticación de animales y el cultivo y recolección sistemática de plantas, y su base alimenticia fundamentada en la carne de los animales domesticados o cazados, que les aportan la principal fuente de proteínas, y las gramíneas, sobre todo trigo, cebada, centeno, avena o escanda, con un papel importante tanto en la alimentación del hombre como en la del ganado. Esto no quiere decir que estas gentes dejen de practicar la caza de animales salvajes sobre todo en las zonas de montaña, como han puesto en evidencia los estudios realizados sobre la fauna representada en Chaves donde al menos un 30% de restos corresponde a especies cazadas (ciervo, jabalí, conejo, zorro) frente al 70% domesticadas (oveja, cabra, suido, bóvido). Faltan datos, pero posiblemente estas proporciones se invirtieran en el llano con un mayor protagonismo de la agricultura y ganadería.

vez más equilibrada influyendo en el aumento demográfico que va a caracterizar a la Edad de los Metales.

Por consiguiente, la agricultura y domesticación introducirán una serie de cambios en las costumbres de estos hombres que dejan de ser nómadas y comienzan a construir pequeños campamentos per-

'Mq4.0,14 •

13. Recipientes de cerámica impresa y ornamentos del ajuar asociado a la inhumación de Chaves. El Neolítico Antiguo, Huesca, 1989

LA APARICIÓN DEL METAL Si el Neolítico ha sido considerado como la primera revolución acontecida en la historia de la Humanidad, la segunda gran revolución, de carácter no sólo tecnológico sino también económico, es la aparición de la metalurgia, primero del bronce y luego del hierro. Es la denominada Edad de los Metales que ocupa 31


En el anonimato buena parte de los dos milenios anterio-

hasta el final del segundo milenio cuan-

res a nuestra Era.

do los hallazgos metálicos son relativa-

A partir de este momento, la posesión

mente abundantes, poniendo de mani-

del metal constituye un medio para obte-

fiesto el perfeccionamiento de las técni-

ner objetos de prestigio e instrumentos

cas y la relación con gentes del otro lado

de cambio que proporcionan, a su vez,

de los Pirineos, tal como lo demuestra la

riqueza y superioridad tecnológica y

aparición de moldes de fundición de

económica a quienes los poseen, frente

puñales, hachas de rebordes y puntas de

a los grupos más atrasados que carecen

flecha procedentes de los yacimientos

de ellos.

fragatinos de Masada de Ratón y del

La metalurgia no sólo supone un avance

Puntal (actualmente desaparecido), y el

considerable en las sociedades neolíti-

punzón del Tozal de Macarullo en

cas, sino también, un perfeccionamiento

Estiche (fig. 14).

en los logros artísticos del hombre

Lo confirman conjuntos como el depósito

prehistórico, puesto que espadas, calde-

de moldes bivalvos de arenisca de Regal

ros, fíbulas, hachas y hoces asocian uti-

de Pídola (Tamarite de Litera), que inclu-

lidad y belleza. De esta forma el artesa-

ye un ejemplar de espada de lengüeta

no del metal adquiere la habilidad de

tripartita, un martillo de cubo y una

transformar la materia, convirtiendo rocas inertes en objetos brillantes y

atractivos. ¿De qué forma se manifiesta la aparición de la metalurgia en el territorio que nos ocupa? A pesar de la denominación de Edad del Cobre y Edad del Bronce, podemos afirmar que hasta ahora son inexistentes los hallazgos en el sector oriental de las tierras oscenses durante los primeros centurias de la Edad de los Metales, lo que puede tener su explicación en la ausencia de yacimientos con vetas estanníferas y en la escasez de

r

--

o

cupríferas o por ser un área alejada de los centros de influencia en estos momentos. El puñal, punzón y punta de flecha hallados en el Tozal Franché y Pialfor, en los alrededores de Monzón, representan el avance de los metalúrgicos en el Bronce Medio. Sin embargo, no es 32

14. Molde de arenisca para fabricar puñales de bronce procedente de masada de Ratón (Fraga). Dibujo de I. Garcés.


En el anonimato cabeza de aro de sección oval, todo ello fechado entre los años 1100 y 900 a. de C. Y, también, el excepcional e inédito encontrado fortuitamente en una cueva situada en el monte de Monderes (Castillonroy). Debido a las circunstancias del hallazgo sólo se puede apuntar que los distintos objetos (fragmentos de dos hojas de espadas de bordes paralelos, dos hachas de aletas, dos broches de cinturón, numerosos brazaletes abiertos, un torques y varios utensilios especializados de ebanistería), formarían parte, quizás, de enterramientos practicados en la oquedad. Aunque tampoco podemos descartar la posibilidad de que el conjunto, más que tratarse de un ajuar funerario pudiera constituir un depósito de amortización, datable entre el Bronce Final y Primera Edad del Hierro, siglos X a VIII a. de C., frecuentes en esta época en el ángulo nororiental de la Península y, posiblemente, relacionados con el comercio de recuperación del bronce a cambio de hierro llevado a cabo por los rodios en Languedoc y Cataluña durante la fase de precolonización (fig. 75).

DÓNDE VIVÍAN

¿Cuáles son pues los indicativos que denotan el cambio y progresos de una etapa a otra? Es en el poblamiento y en su aspecto urbano donde se aprecian auténticas

15. Conjunto de pulseras de bronce de la cueva de Monderes (Castillonroy)

las más habitadas en la mayoría de los casos, en torno al 1800 a. de C., las gentes, sin abandonar totalmente las cuevas, inician una progresiva ocupación de las tierras agrícolas más meridionales, situando sus asentamientos en pequeñas alturas próximas a los cauces del Segre y Cinca. Este fenómeno pone de manifiesto no sólo la ocupación de nuevos territorios sino también un aumento demográfico y un cambio en la relación del hombre con el entorno, que irá acentuándose en el transcurso de la etapa. La perduración del hábitat en cueva tiene su principal exponente en la Cueva del Moro de Olvena, junto al Ésera, afluente del Cinca, con varios yacimientos pertenecientes a diversas épocas, desde el Neolítico Antiguo al Bajo Imperio Romano. Los de la Edad del Bronce muestran abundante material cerámico para los períodos antiguo y medio, localizados en varios estratos de gran potencia y datados a mediados del

innovaciones respecto del período ante-

segundo milenio a. de C. Menos mate-

rior. Mientras que en los tiempos precedentes fueron las sierras del prepirineo

rial aparece en los correspondientes al Bronce Reciente, en él se aprecia una 33


En el anonimato evolución con respecto a los estratos

A partir del Bronce Medio se puede

anteriores que preludia la aparición de

hablar de verdaderos poblados. Ilustran

los primeros elementos transpirenaicos y

este fenómeno yacimientos como el

se desarrolla en el siglo XI a. de C. Por

Tozal de Macarullo, Castillo de la Mora

último, a partir del siglo VIII, las gentes

en Binaced, Masada de Ratón y Los

que habitaron la cueva poseyeron ajua-

Zafranales.

res domésticos que evidencian la tradi-

El primero muestra restos de un asenta-

ción autóctona junto con elementos com-

miento con un solo nivel de ocupación

pletamente ajenos a ella.

en la ladera este del cerro que tendría

En las Edades del Cobre y Bronce

dos hileras de viviendas cuadrangulares, paralelas y adaptadas a la morfología

Antiguo los asentamientos al aire libre están constituidos por unos cuantos fon-

del tozal, pudiendo existir un espacio libre entre ambas alineaciones. Dota-

dos de cabaña, de los que se descono-

ciones radiocarbónicas recientemente

cen las estructuras y cualquier otro deta-

conocidas apuntan a que se trataría de un poblado encuadrable en el Bronce

lle de técnica constructiva o posible trazado urbano, tal es el caso de los yacimientos literanos de Tramaced y Subau

Reciente del siglo IX a. de C., que quedaría al margen del fenómeno de

de Algayón.

Campos de Urnas en el valle del Cinco.

16, Vista de un conjunto de viviendas del poblado de Masada de Ratón, J. M. Rodanés

34


En el anonimato En Masada de Ratón se han puesto al

te poblados geomórficos. También exis-

descubierto dos fases de ocupación, la primera de ellas correspondiente al Bronce Medio avanzado, de la que no se han documentado elementos constructivos visibles. Por los materiales registrados, se sabe que se extendía por la vertiente septentrional y cima del cerro, aprovechando la existencia de una

ten los que presentan un espacio central entre dos alineaciones de casas, y aquellos en los que éstas se disponen en torno a una cisterna de captación de aguas, como en Los Zafranales. En estos modelos es donde se encuentra la base y el elemento tradicional indígena en el que se sustentarán los posteriores esquemas

pequeña balma que pudo servir de refugio a sus pobladores entre los siglos XI y IX, ajenos a la aparición de elementos europeos por las vecinas comarcas del Segre, y similar al de Coya de Punta Farisa, también en Fraga (fig. 16).

urbanos de la cultura de Campos de Urnas.

La segunda ocupación, localizada en la ladera norte, y por tanto, superpuesta a la anterior, presenta construcciones rectangulares y trapezoidales. La presencia de cerámicas acanaladas sitúa este nivel en el Bronce Final, dentro de un horizonte cultural de Campos de Urnas, datable a partir de la segunda mitad del siglo IX teniendo en cuenta la fecha del estrato anterior'. Estos asentamientos y otros ponen de manifiesto que desde el Bronce Medio existen en los poblados una serie de técnicas constructivas y tipos comunes, como plantas rectangulares, cuadrangulares y trapezoidales en las viviendas, muros con las bases de piedra recrecidos con manteas de barro, cubiertas con entramados vegetales, pavimentos de arcilla apisonada y hogares delimitados por resaltes de arcilla endurecida con pequeñas piedras. El trazado urbano muestra generalmen-

CULTURA MATERIAL De todos los materiales no metálicos que proporcionan estos poblados, lascas, láminas, dientes de hoz con huellas de uso, objetos pulimentados, molinos de vaivén, punzones pulidos y esquirlas de hueso sin apenas huellas de trabajo, el más abundante y relevante como elemento de dotación es la cerámica. Vasijas, que indistintamente hombres y

mujeres modelarían a mano, superpo-

17. Tacita con asa de apéndice de botón de Los Zaíranales (Fraga). Historia de España, Ed. Planeta, Barcelona, 1990

2 Información en prensa proporcionada por el profesor José M.' Rodanés. 35


En el anonimato niendo rollitos de arcilla hasta conseguir la forma deseada, según la función a la que estaban destinadas. Para la cocción y elaboración de los alimentos los redpientes utilizados suelen presentar las superficies externas rugosas y huellas de

ficie del recipiente alcanzando grados de barroquismo inusitado como en la cueva del Moro de Olvena. Las más abundantes son las de cordones pellizcados y aplicados formando motivos geométricos, bandas paralelas o zig-

fuego, en especial los fondos, mientras que la vajilla de mesa se compone de cuencos, tazas y boles de menor tamaño y superficies brillantes, mejor acabadas y bruñidas. Finalmente, tinajas de gran tamaño con diferentes decoraciones plásticas aplicadas eran destinadas a almacenar sólidos y líquidos, ya que estos gentes carecían de silos donde guardar estos productos.

zags. También es frecuente durante en Bronce Antiguo y Medio la decoración plástica de mamelones, botones y pastillas.

Sin embargo, las formas cerámicas no son siempre las mismas a lo largo de la Edad del Bronce, existiendo diferencias de una Fase a otra, diferencias que ponen de manifiesto cambios de gustos, relaciones comerciales con otros grupos no peninsulares, e incluso, aparición de prototipos y modelos en los que aflora la creatividad de los ceramistas de la época. Al principio, los vasos muestran perfiles ovoides y fondos redondeados o planos, y más tarde evolucionan a formas angulosas haciendo su aparición las carenas muy marcadas, que irán suavizándose al término de la etapa, llegando a tipos rectos, cilíndricos y globulares frecuentes en el Bronce Final. En la decoración es donde verdaderamente se aprecia la originalidad del artesano. Son características las decoraciones plásticas en los bordes o en las zonas altas de las panzas llegando a cubrir, en algunos casos, toda la super36

Además de orificios, tetones o asas de cinta para asir las vasijas, en el Bronce Medio hace su aparición el asa de apéndice de botón originaria de la Cultura de Polada, en el norte de Italia, que en este momento llega a la Península junto con los vasos trípodes y perdura hasta la Primera Edad de Hierro. Su gran aceptación se confirma por numerosos hallazgos entre los que se encuentran los de La Vispesa y el Cerro de la Piedra Caída (fig. 17). Por lo manifestado podemos afirmar que, en conjunto, las poblaciones de La Litera y zonas circundantes durante la Edad del Bronce son eminentemente pastoras y agricultoras, que bajan de la montaña al llano para cultivar los terrenos más fértiles cerca los cursos fluviales, donde construyen sus poblados, perfeccionan las técnicas metalúrgicas y fabrican toda una serie de objetos en piedra, hueso o arcilla que conforma su cultura material. Bagaje que constituirá el sustrato de las poblaciones prerromanas matizado por una serie de elementos ajenos, procedentes de lugares tan diversos corno el Centro de Europa, las costas del Líbano o el sur de la Península Balcánica.


IV. NUEVAS GENTES LLEGAN A LA LITERA


Nuevas gentes llegan a La Litera Desde finales de la Edad del Bronce pequeños grupos de gentes, portadores de la denominada Cultura de Campos de Urnas, atraviesan los Pirineos por los pasos orientales y, posiblemente, por los del Segre, alterando, en parte, los modos de vida tradicionales. Estas poblaciones, procedentes de Europa, introducen en el ángulo nordes-

a. de C.), no se aprecian muy bien las alteraciónes, puesto que, en la mayoría de los asentamientos, todos ellos situados en el Alto Segre, existe una gran imprecisión cronológica y tipológica de materiales, en especial los cerámicos, perdurando la mayoría de los elementos anteriores en esta zona (fig. 19).

te de la Península cambios en las armas y cerámicas, e incluso en las prácticas religiosas de los indígenas. De todos ellos el más notorio es el del rito funerario. Desde el Paleolítico hasta el Bronce Final, aunque existen excepciones, el hombre prehistórico inhuma a sus muertos, con la Cultura de Campos de Urnas pasa a incinerarlos y a depositar las cenizas en pequeñas vasijas o urnas cerámicas que después entierra en sus necrópolis (fig. 18).

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)

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850

A partir de entonces el territorio del Segre y Cinca se convertirá en uno de los más dinámicos, constituyéndose en área receptora y emisora de los nuevos elementos. Este dinamismo se manifiesta en la aceleración, durante este período, del proceso de crecimiento demográfico iniciado a comienzos del segundo milenio, lo que provoca una superpoblación de las cuencas bajas de estos ríos, hasta las riberas del Ebro, en detrimento de las tierras de las cuencas altas y medias, que desde este momento quedan marginadas de los centros de población para ser utilizadas solamente como vías de paso.

En la fase siguiente (Campos de Urnas Recientes, 900-650 a. de C.) materiales pertenecientes a esta cultura, tanto metálicos, ya mencionados, como cerámicos manufacturados: urnas bitroncocónicas con carenas acusadas y decoraciones acanaladas, hacen su aparición en el

En los primeros momentos del cambio (Campos de Urnas Antiguos, 1100-900

valle del Cinca, en poblados existentes en etapas anteriores de la Edad del

IV

18. Tipología de los enterramientos en Campos de Urnas

39


Nuevas gentes llegan a La Litera Bronce, tal es caso de Masada de Ratón y Los Zafranales, y también en otros de nueva planta, Torre Filella en Fraga y Regal de Pídola. Todo lo cual le confiere una gran complejidad que se trasluce a través de la gran abundancia de materiales, procedentes de asentamientos y necrópolis, sobre todo cerámicos, con la presencia de nuevas formas y decoraciones, que finaliza con la introducción de la metalurgia del hierro, preludiando lo que será la última etapa de Campos de Urnas, que constituye la Primera Edad del Hierro en estos territorios.

19. Tinaja decorada con cordones de un yacimiento del valle del Sosa

formación, puesto que en ella confluyen una serie de influencias externas que darán origen a la cultura ibérica. A los CAMBIO Y GESTACIÓN CULTURAL El paso a la Edad del Hierro está poco definido en esta área, ya que sólo existen indicios de poblamiento en lugares como Punta Farisa, La Noria y Tosal de

elementos de Campos de Urnas, plenamente adaptados hay que añadir la aparición de los influjos coloniales fenicios y griegos.

los Alcanares en Fraga.

Todo ello va a determinar o acentuar una serie de diferencias sociales, que se

En general, en la mayoría de los yaci-

ajuares domésticos y funerarios, así

ponen de manifiesto en la calidad de los mientos de la Primera Edad del Hierro se

como en la diferente categoría de los

observa una continuidad tanto en los

yacimientos dependiendo de su tamaño

materiales metálicos como no metálicos.

y de los lugares de emplazamiento, con-

Tal es así, que al principio se sigue empleando el bronce para fabricar obje-

zonas ricas.

trol de vías de acceso y ubicación en

tos de uso cotidiano y de prestigio. A pesar de esta indefinición y de la ausencia de materiales fabricados en este metal al principio, esta etapa presenta una serie de peculiaridades que le confieren una personalidad propia. Tradicionalmente se fija el año 750 para su inicio, considerada como una fase de 40

POBLADOS

Carecemos de datos arqueológicos en La Litera en lo referente a asentamientos. Cabe suponer que su trazado urbano sería similar al de otras comarcas y


Nuevas gentes llegan a La Litera círculos geográficos, como los del inte-

en dos hileras a lo largo de la meseta,

rior de Cataluña y el Bajo Aragón.

dejando una calle entre ambas, más o menos longitudinal, amplia, o con tendencia circular, según las características geomórficas. Ejemplos de este tipo lo constituyen La Codera, entre Chalamera y Alcolea de Cinca, Genó en Mona, Vilaró de Anseresa en Solsona, el Cabezo de Monleón y La Loma de los Brunos en Cospe, entre otros (fig. 20).

La situación de los asentamientos denota diversidad en las localizaciones, adaptándose a las formas del terreno, en colinas aisladas de mediana altitud o puntas de promontorios, que tienen en común una distribución en torno a los ejes fluviales ocupando posiciones estratégicas bien defendidas. Los esquemas urbanísticos son menos variados, reduciéndose básicamente a dos, el de espacio o calle central, más difundido y distintivo de la mayoría de los círculos geográficos de Campos de Urnas. Aparece en poblados situados en elevaciones anchas o de forma alargada, en las que las viviendas se disponen

El otro esquema presenta las viviendas

construidas en una sola hilera, y asentadas en un espolón o promontorio rocoso, con paredes medianiles y con la vertiente baja, a veces haciendo las funciones de pasadizo, tal como sucede en Las Escodinas Bajas y San Cristóbal de Mazaleón,

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20. Planta del poblado de La Lomo de los Brunos (Cospe). Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas, Zaragoza, 1981 41


Nuevas gentes llegan a La Litera De ello se deduce que, aun siendo el espacio central lo propio de los poblados de la Primera Edad del Hierro, éstos presentan variantes determinadas por las peculiaridades del terreno elegido para su ubicación.

techos, de ramaje revocado en barro para impermeabilizarlos, son a una vertiente, siempre orientada hacia la calle o espacio central, de igual modo que las puertas de acceso.

Aunque el origen de este trazado urbano, se encuentra en poblados de calle central de la Edad del Bronce, hay que reconocer que es en esta fase cuando el urbanismo adquiere cierta uniformidad a la hora de disponer las viviendas.

posición, el hogar, ocupando el centro del espacio, de forma ovalada, y adosados a los muros aparecen bancos corridos, interpretados bien como vasares, bien como lugares de descanso.

Éstas son de planta rectangular, trapezoidal o circular, con un claro predominio de la primera, aparecen unidas entre sí mediante muros medianeros comunes. Tanto éstos como los restantes presentan zócalos de piedra local irregulares, recrecidos en adobe o tapial con maderos verticales empotrados. Los

El interior suele presentar la misma dis-

La compartimentación interna se reduce a una despensa, en algunos casos utilizada como establo, situada al fondo de la vivienda y separada de ella mediante un murete de tapial o adobe, de pequeñas dimensiones. Por lo tanto, en lo que a urbanismo se refiere, coexisten elementos indígenas preexistentes con otros propios y defini-

21. Enterramientos de incineración de la necrópolis de Campos de Urnas de los Castellazos de Robres (Huesca)

42


Nuevas gentes llegan a La Litera

dores de Campos de Urnas que, independientemente de su origen, en este momento resultan innovadores.

Primera Edad del Hierro surgen en el valle como consecuencia de los procesos de transformación acontecidos durante este período. Estos cementerios son uno de sus aspectos mejor conocidos, por las dataciones, ritual y materiales.

CEMENTERIOS

Desde el punto de vista cronológico es de los más antiguos, remontándose a las primeras fases de Campos de Urnas, y

Otro tanto sucede con las necrópolis. Durante todo el desarrollo de este grupo cultural se encuentran indistintamente necrópolis tumulares y de urnas. Las primeras se han asimilado a poblaciones indígenas de pastores, mientras que las segundas se identifican como pertenecientes a poblaciones agricultoras de Campos de Urnas, siendo ambas coetáneas (fig. 27). Esta interpretación, basada en la dualidad étnica, carece de apoyos fundamentados y la existencia de necrópolis sin túmulo podría estar determinada por la ausencia de piedra en la zona, lo que habría originado la aparición de otros tipos adecuados al medio. También podrían ser interpretadas como el uso de dos tradiciones funerarias sincrónicas, ambas con el mismo rito de incineración, pero con diferentes formas de enterramiento, lo que no determina distinta cronología. Su origen debería ser considerado como un elemento asimilado por las gentes europeas a partir de estructuras megalíticas del Bronce Medio peninsular, o a la inversa.

perdurando en su utilización hasta comienzos de la iberización. No lejos de la partida de La Vispesa están las necrópolis de La Codera en Chalomera, La Esperanzeta en Zaidín y Punta Farisa en Fraga. El rito utilizado en la mayoría de ellas es la incineración, en cista cubierta por túmulos rectangulares o circulares, que en algunos casos cubren a más de un centenar de enterramientos. Los ajuares cerámicos muestran materiales que datan desde los inicios de esta cultura en la zona hasta finales de la Primera Edad del Hierro, y manifiestan, en especial, influjos del Languedoc francés. Sin embargo, los ajuares metálicos son escasos y pobres, prácticamente inexistentes en las más antiguas, y con algún elemento férreo, fíbulas, broches de cinturón y torques, en las más modernas, indicativos del cambio de gustos que se produce en la indumentaria y alhajas, pero todas participan de un denominador común, la ausencia de armamento.

El conjunto de necrópolis del SegreCinca-Alcanadre constituye uno de los

CONFLUENCIA CULTURAL

grupos con personalidad propia de la depresión del Ebro, que a lo largo de la

En la Primera Edad del Hierro, considerada como una fase de cambio y ges43


Nuevas gentes llegan a La Litera tación, convergen una serie de fenómenos que van a determinar la desaparición y transformación de grupos culturales que se remontan al Bronce. Representado por gentes de Campos de Urnas, en sus etapas más tardías y del

escorias, meteroritos y óxidos de hierro en diferentes niveles en los que se han hallado cerámicas manufacturadas y torneadas. Esta desconexión estratigráfica entre los primeros objetos fabricados en hierro y las primeras cerámicas reali-

Bronce Final.

zadas a torno sería extensible a la adopción de estos dos elementos en la zona, mientras que la siderurgia la introducirían poblaciones transpirenaicas, el torno rápido de alfarero y las primeras producciones torneadas se deberían a poblaciones del Mediterráneo oriental.

A los elementos autóctonos y tradicionales vienen a sumarse los influjos grecopúnicos que, actuando sobre el sustrato de cada zona, determinarán la aparición de la Cultura Ibérica, en un proceso paulatino de cambio de las comunidades de la Primera Edad del Hierro, para estar plenamente formada en la Segunda. Por lo tanto, durante los siglos VII y VI a. de C., tres grupos culturales distintos inciden sobre la población indígena: Campos de Urnas, Fenicios y Griegos. Son los fenicios, con mayor presencia en el sur y Levante peninsulares, los que introducen de un modo sincrónico en esas zonas innovaciones como la metalurgia del hierro y el torno rápido de alfarero, plenamente adoptados en época ibérica.

Partidarios de la segunda hipótesis creen que el proceso sería el mismo a uno y otro lado del Ebro. Del mismo modo que, en el sur y Levante peninsulares, vincula la aparición del hierro y cerámicas torneadas, en especial ánforas y su contenido, con la presencia de púnicos y sus productos, desde mitad del siglo VII a. de C., el mismo fenómeno se

111- 111

101

Sin embargo, en los territorios septentrionales, situados entre la desembocadura del Ebro y los Pirineos, la penetración de la siderurgia es un fenómeno más complicado, en especial en lo referente a quienes fueron sus introductores, por lo que en este momento existen tres posturas distintas al respecto, la partidaria de un origen europeo, la defensora de la obra fenicia y, finalmente, la que aboga por los griegos. La primera se basa en la aparición en yacimientos de Campos de Urnas de 44

/Y!

22. Cabecita de Bes púnico hallada presumiblemente en los alrededores de Binéfar. Colección Col! de Binéfar


Nuevas gentes llegan a La Litera produciría en la desembocadura del Ebro, zona emporitana y languedociense, aunque los materiales estén descontextualizados, lo que confirmaría el papel protagonista de los semitas. Por último, hay quienes piensan que la existencia de productos fenicios en este territorio no corresponde a actividades mercantiles de éstos, sino que se debe a la acción comercial de sammios y focenses que actúan en la zona no colonizada del Levante y en las áreas de las factorías fenicias en un momento inmediatamente anterior a su consolidación en la zona, confirmada por la fundación de Massalia en el año 600 a. de C. Las dos últimas posiciones muestran la larga diatriba greco-púnica respecto a su papel en el proceso de origen y constitución de la cultura ibérica. La presen-

cia de estas dos culturas del Mediterráneo oriental, que coincide con la desaparición de los Campos de Urnas, se convierte en impulsora y factor determinante del fenómeno que conocemos como iberización. Es pues, la Primera Edad del Hierro, una fase de transición en la que las cerámicas manufacturadas irán siendo sustituidas por las torneadas y sus últimos poblados convivirán con los más antiguos de época ibérica.

GÉNESIS DE LA CULTURA IBÉRICA La Cultura Ibérica se desarrolla en el área mediterránea peninsular, teniendo como límites geográficos los ríos Hérault en Francia y Segura en España, con penetraciones hacia el interior, a través de los valles del Guadalquivir y Ebro. Surge de la simbiosis de manifestaciones indígenas que se remontan a la Edad del Bronce y de innovaciones mediterráneas, fenicias en primer lugar y griegas más tarde. Proceso por el que las tierras de la Península quedan integradas en el horizonte histórico de las grandes culturas del Mediterráneo oriental. Este amplio territorio, aún participando de rasgos comunes, no presenta las mismas peculiaridades en todas las zonas, sino que en él se configuran una serie de facies regionales bien diferenciadas, que vienen a corresponder, aproximadamente, con lo que más tarde registran los

23. Kálathos de Olriols (San Esteban de Litera). Dibujo cedido par M. José Calvo

textos clásicos de Plinio, Estrabón, Ptolomeo. 45


Nuevas gentes llegan a La Litera

Por lo cual los límites cronológicos, así como su sistematización, difieren de

desaparecen otros se iberizan para convivir junto con los creados ex novo,

unas áreas geográficas a otras. Mientras

en un proceso similar al acontecido a

en el sur peninsular, desde la Afta

fines de la Edad del Bronce cuando se

Andalucía hasta Levante, la Cultura

produjo el impacto de los Campos de

Ibérica está ya formada en el siglo VI a.

Urnas.

de C., en el valle del Ebro dará comienzo más tarde. Por su parte, el valle del

Estos cambios culturales no son los úni-

Cinco, iberizado desde el Segre y los Llanos de Urgel, resulta más avanzado que La Litera donde estos influjos llegan más tardíamente, de ahí que la iberización no parece producirse antes del fi-

cos que se advierten, ya que las comunidades indígenas durante la iberizoción van a sufrir una serie de alteraciones sociales y económicas que determinan una mayor estratificación social.

nales del siglo IV o principios del III a.

Inicialmente la fase protoibérica se

de C., al menos con los datos disponibles.

caracteriza, como hemos visto, por los

En todo el territorio su final queda fijado cuando culmina el proceso de romanización, entre mediados del siglo I a. de C. y el cambio de Era. Su inicio en el valle del Ebro está repre-

contactos comerciales con los púnicos en un ambiente cultural de fines de Campos de Urnas del Hierro. Es en este momento cuando el valle comienza a iberizarse a través de dos vías que confluyen en él, los objetos producto del comercio fenicio

sentado por la generalización de toda una serie de elementos materiales, considerados como definidores de este período protohistórico, tales como la siderurgia, el torno rápido de alfarero, el per-

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feccionamiento de los hornos cerámicos,

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el molino giratorio de grano y la aparición de nuevos conceptos poliorcéticos,

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algunos de ellos, objetos de hierro, pro-

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ducciones cerámicas torneadas, aparecen en la etapa anterior y son considerados como el punto de partida para el inicio del proceso iberizador (fig. 23).

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En estas fechas, fines del siglo VI a. de C. y comienzos del V, cuando la Cultu-

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ra Ibérica comienza a asentarse en la depresión, se manifiestan ciertas alteraciones cuyo resultado se refleja en los poblados existentes, mientras unos 46

24. inscripción de la estela funeraria dei Pilaret de Santa Quiteria (Fraga)


Nuevas gentes llegan a La Litera

y las influencias de los territorios coste-

ros de trabajo, y se adoptan nuevos sis-

ros, catalán y levantino. La cronología

temas defensivos en los asentamientos.

de este período se fija por los elementos fenicios más antiguos encontrados en la

Puede considerarse el Ibérico antiguo como de afianzamiento de los nuevos prototipos, en parte vinculados a la fase precedente. Elementos definitorios importados, fenicios, son reemplazados por los griegos, como la copa jonja B-2 y la copa ática de tipo C, demostrando la

zona, cerámicas de lujo y recipientes para vino, aceites o perfumes, entre el siglo VII y el último cuarto del siglo VI. A partir del año 500, sustituido el comercio fenicio por el griego, se generalizan, mediante un proceso de adaptación de las técnicas innovadoras, los elementos definidores antes mencionados, las cerámicas torneadas, el hierro como materia prima para la fabricación de armas, objetos de adorno y ape-

presión helena, ejercida primero desde Massalia y después desde Emporion, fenómeno que coincide con el final de Tartessos y el aumento del poder económico de la factoría griega, la aparición de la cerámica ática de figuras rojas y de productos púnicos ebusitanos.

47


V. LA ENTRADA EN LA HISTORIA


La entrada en la Historia Tradicionalmente se ha venido manteniendo el punto de vista de relacionar la aparición de la escritura con el comienzo de la historia, de acuerdo con esta idea los iberos formarían parte de ella. Sin embargo, aunque estos pueblos utilizaban la escritura, gran parte de sus textos no han podido ser traducidos y por lo tanto no pueden tener la consideración de fuentes históricas, por lo que de momento deben estudiarse dentro de la Protohistoria, período sobre el que disponemos de información gracias a otros escritos contemporáneos. En efecto, las comunidades ibéricas que ocuparon la Ilergecia occidental nos dejaron diversos documentos escritos sobre distintos materiales. Aunque en paradero desconocido, la estela del Pilaret de Santa Quiteria, es un buen ejemplo de inscripción hecha sobre piedra, de carácter funerario a juzgar por la dedicatoria y nombre del difunto que contiene (fig. 24). Y el propio yacimiento de La Vispesa ha proporcionado un texto esculpido en "el monumento de Binéfar" y marcas de cantero incisas en varios sillares (figs. 25 y 26). Con fre-

cuencia aparecen grafitos grabados sobre cerámicas o en placas de metal y los ilergetes acuñaron monedas con los nombres de sus ciudades o gentilidades utilizando estos signos silábicos y monosilábicos. Gracias al trabajo del madrileño Gómez Moreno, que se ocupó de investigar las variantes y correspondencias de los distintos signos con otros latinos a través de las monedas ibéricas y latinas, contamos hoy con una tabla de equivalencias referida al valor fonético de veintinueve caracteres ibéricos con diferentes variantes caligráficas. Puso, además, en evidencia la inspiración de estos signos en otros fenicios y griegos fruto del fenómeno de aculturación que tiene lugar cuando llegan los productos de estos comerciantes a las costas españolas entre los siglos VII y VI a. de C. La continuidad de este trabajo por parte de otros investigadores nos permite disponer de un importante repertorio de documentos administrativos, legislativos, religiosos o funerarios, que con certeza algún día, cuando se puedan interpretar en su totalidad, nos aportarán una gran información sobre sus costumbres. Mientras llega este momento, nuestro conocimiento de la historia de estos pueblos debe apoyarse básicamente en otras fuentes indirectas. Es así como desde el siglo III a. de C. los ilergetes aparecen como protagonistas de una historia contada por cronistas y geógrafos griegos y latinos que visitaron Hispania.

25. Signo ibérico utilizado como marca de cantero sobre un sillar de La Vispesa

Ahora bien, la mayoría de las noticias se recrea en la descripción geográfica del 51


La entrada en la Historia territorio donde tuvieron lugar algunos de los hechos más importantes que enfrentaron a cartagineses y romanos. No son muchas, en cambio, las referencias a los distintos sucesos y sus protagonistas, pero menos aún las relacionadas con las costumbres cotidianas, creencias y prácticas sociales. Todas estas alusiones se centran en tres períodos, el siglo III a. de C. y más concretamente desde el año 218 cuando se produce el desembarco de Cneo Escipión, los años de la conquista y pacificación romanas y el período de la romanización. Así las cosas, las relaciones de las comunidades ibéricas se nos presentan como complejas y un tanto agitadas. Aparecen divididos entre ellos por la rivalidad surgida entre cartagineses y romanos y aprovechan esta situación para atentar contra la jurisdicción territorial de sus vecinos, aliados de unos u otros contendientes.

26. Porte de ¿a leyenda ibérica que alude al dios Neitín del monumento de La Vispesa

tronco de los ileragautes, grupo que junto a los eidetes y misgetes, entre otros, el geógrafo de Mileto situaba en las costas de Iberia.

LOS ILERGETES: UN PUEBLO EN EXPANSIÓN

No sabemos mucho de la organización política y social de los pueblos cuyo origen no es otro que la propia población prehistórica asentada en estas tierras, que a finales de la Edad del Bronce incorpora elementos culturales del otro lado de los Pirineos y más tarde asimila nuevas influencias del Mediterráneo a través de la presencia fenicia y griega. Si nos atenemos a la información de Hecateo, los ilergetes formarían parte de los ilercavones y ambos procederían del 52

Escritores griegos posteriores, como Polibio y Apiano, que se han centrado en la Segunda Guerra Púnica, los citan junto a los ilergavones, edetanos y sedetanos, y un autor romano contemporáneo de Augusto, Tito Livio, clave para interpretar los hechos bélicos protagonizados por cartagineses y romanos, los agrupa con los sedetanos, celtíberos, suessetanos y ausetanos, lo que quiere decir que entonces ya se había producido su desplazamiento hacia el oeste (fig. 27).


La entrada en la Historia

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27. Los pueblos prerromanos. A. Ubieto, Aragón: Comunidad Histórica, Zaragoza, 1991

53


La entrada en la Historia A pesar de las numerosas lagunas que

tardío, desempeñando un importante

aún subsisten, estas citas permiten esbo-

papel en el proceso iberizador de las tie-

zar la personalidad y el ámbito de

rras situadas más al interior, y en con-

expansión de este grupo.

creto La Litera.

De modo que, antes de finales del siglo

Aunque la primera mención a los ilerge-

III estarían localizados en la costa, ello

tes data del año 218, como hemos

facilitó la asimilación de las influencias

dicho, es posible que, al igual que otros

culturales mediterráneas. Desde el 218

pueblos ibéricos, participaran como

a. de C. se les sitúa entre el Ebro y los

mercenarios fuera de Hispania antes de

Pirineos, adquiriendo carácter de vecin-

la intervención de los romanos, segura-

dad con los pueblos bargusios, auseta-

mente en el escenario de la Primera

nos, lacetanos, suessetanos y sedetanos;

Guerra Púnica entre griegos y cartagine-

es entonces cuando trasladan su capital

ses. Ahora bien, ateniéndonos a nuestro

anterior, Tyrica, a Atanagrum, ciudad

marco de referencia, les advertimos

cuyos restos se identifican en yacimien-

posicionados en uno u otro bando en

tos como El Molí d'Espígol (Tornabous,

relación con el desarrollo de la Segunda

Lérida) o el monte de Monderes (Cas-

Guerra Púnica, en la que mostraron con

tillonroy, Huesca). En esta fase de ex-

más frecuencia su inclinación por los

pansión territorial, cuyas causas desconocemos, que posiblemente se produce entre la llegada de Cneo Escipión y la

cartagineses que por los romanos, los

intervención de Catón, los ilergetes cen-

de castigo y devastación de sus pobla-

tran su actividad en torno a las ciudades

dos. En otros momentos son los romanos los que les ayudarán a resolver sus con-

de Osca e Ilerda, de donde procedían respectivamente los oscenses e ilerdenses citados por Plinio. Parece fuera de toda duda que en el momento que este autor escribe, el siglo I de C., los ilergetes habían sido ya reemplazados por los cesetanos en las tierras orientales originalmente ocupadas por ellos. Los hallazgos en los distintos yacimientos

cuales, como hizo el propio Escipión, no dudaron en practicar una dura política

flictos. La personalidad de este grupo queda manifiesta, de modo que conviene que recordemos algunos de los pasajes históricos protagonizados por famosos personajes ilergetes que debían ostentar el título de jefes o régulos de algunas de las gentilidades en las que estaban divididos, como Indíbil, Mandonio y Bilistages.

arqueológicos completan estas referencias históricas y, a su vez, confirman que hacia el siglo V a. de C. la cultura ilergete estaba plenamente constituida en el ámbito más oriental y que la expansión política de este pueblo hacia el oeste tuvo lugar en un momento relativamente 54

ENTRE CARTAGINESES Y ROMANOS

La Segunda Guerra Púnica supone nada menos que involucrar a Hispania en un conflicto internacional (fig. 32).


La entrada en la Historia

En el verano del 218 el objetivo de

que los romanos despliegan en la

Aníbal era pasar la línea de frontera que Roma había establecido en el Ebro para delimitar las áreas de influencia y sobre todo poner coto a las ansias expansionistas de su potencia enemiga. El general cartaginés trata de coger por sorpresa a los romanos y con un impresionante ejército atraviesa la cordillera pirenai-

Península una vez que Cneo Escipión desembarca con sus tropas en Ampurias, inmediatamente después de la salida de Aníbal, por ello aprovechan cualquier motivo para molestar a sus aliados, invadiendo los campos y hurtando sus cosechas y ganado (fig. 28).

ca, a su paso consigue atraerse a la mayor parte de los pueblos indígenas, entre ellos los ilergetes. Antes de regresar a Italia deja organizadas sus tropas para evitar sublevaciones indígenas y movilizaciones del ejército romano hacia el interior. El general Hannón fue el responsable de la defensa del valle del Ebro. En principio, la mayoría de los iberos se muestran irritados por la prepotencia

El propio Indíbil, en el 211, acompañado de más de siete mil suessetanos, en apoyo de los cartagineses, protagoniza un duro enfrentamiento contra los romanos en el sur, que va a costar la muerte de Cneo Escipión y más tarde la de su hijo Publio. Sin embargo, esta situación va a cambiar dos años más tarde cuando llegan a oídos de los pueblos ibéricos las sucesivas victorias de Escipión el Africano, sobrino de Cneo, entonces los ilergetes deciden posicionarse temporal-

28. Recreación histórico sobre el levantamiento de los ilergetes Indíbil y Mandonio contra los romanos. M. Navarrete, pint.

55


La entrada en la Historia mente a favor de los romanos a los que pudieron ver entonces como libertadores de la opresión de los cartagineses. El 206 es la fecha que pone fin a la confrontación entre las dos potencias y el comienzo de la conquista real y explotación sistemática de Hispania por los romanos, que no culminaría hasta pasados casi doscientos años. Llega entonces la falsa noticia del fallecimiento de Escipión el Africano, hecho del que los ilergetes deciden sacar provecho y capitaneados por Indíbil y Mandonio, junto con iacetanos y celtíberos, aprovechan para hostigar a suessetanos y sedetanos, ahora aliados de los romanos. El levantamiento no prospera y son castigados a pagar un tributo anual más elevado que el que venían haciendo efectivo. Una nueva revuelta, aprovechando la marcha del general romano para presentarse a las elecciones consulares, va a tener consecuencias más dramáticas. Esta vez será sofocada con gran dureza por los nuevos cargos proconsulares enviados a la Península L. Lentulo y L. Manlio Acidino. Indíbil pierde la vida y su hermano, junto con los demás jefes, es ajusticiado, su pueblo obligado a entregar un importante botín en metales preciosos, todo el armamento y trigo para abastecer durante medio año a las tropas romanas. Después de estos sucesos la supervivencia de los ilergetes se va a ver seriamente amenazada y no vuelven a ser mencionados hasta la intervención de Catón.

56

Marco Porcio Catón llega a Hispania con un imponente ejército hacia el año 197, con la misión de ayudar a los gobernadores peninsulares ante las reiteradas rebeliones indígenas. Los ilergetes, corno sabemos, estaban muy debilitados y sin auténticos caudillos, el mismo Bilistages, cuya figura no debía ser muy destacada a juzgar por las escasas referencias de los cronistas, ofrece su apoyo al cónsul romano, quien no tardará en recibir también la sumisión temporal de otros pueblos. Las fuentes se refieren a la gran dureza practicada por el cónsul ante una nueva rebelión en masa de los indígenas, se habla del asedio y toma de laka con la ayuda de los suessetanos, y del importante botín que este general se llevó a Roma para celebrar su triunfo tras su período consular (fig. 29). Por fin la ausencia de referencias escritas en los años que transcurren hasta la contienda sertoriana hace suponer que estos territorios quedaron bajo dominio romano. Entre uno y otro momento la atención de los historiadores se centra 1.16 1

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29. En el solar de los Escobajos de Jaca, aparecieron niveles arqueológicos que se atribuyen al período de gobierno de M. Porcio Catón

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La entrada en la Historia

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30. Enfrentamientos entre Sertorio y Pompeyo. A. Ubieto, Aragón: Comunidad Histórica, Zaragoza, 1997 57


La entrada en la Historia en el territorio celtibérico, donde la conquista se prolongaría notablemente por la impresionante resistencia que opusieron sus pobladores.

ILUSTRES ROMANOS EN LA ILERGECIA: SERTORIO Y POMPEYO

El hecho de formar parte del valle del Ebro convierte al territorio de los ilergetes en un escenario más de la crisis de la República romana en su última etapa y, en consecuencia, en centro de interés de los analistas y cronistas griegos y romanos atentos al desarrollo de este conflicto bélico. Por entonces Roma se hallaba inmersa en un período de fuertes cambios económicos, sociales y políticos, que incluyen las conocidas rivalidades entre los populares de Cayo Mario y el partido silano de L. Cornelio Silo por detentar el mando de la República. Quinto Sertorio tuvo que salir de Italia como consecuencia de sus discrepancias con Sila y algunos jefes populares. Su llegada a Hispania, en principio con rango de procónsul y poderes de propretor de la provincia Citerior, se produce entre finales del año 83 y principios del 82 a. de C. Venía con la intención de mantener una lucha abierta contra Sila y convertir este país en refugio de sus amigos vencidos en Roma. Los enfrentamientos que van a tener lugar primero con Pompeyo, enviado por Sila para doblegar al ahora proscrito, y más tarde entre los partidarios de general romano y César van a llenar de 58

contenido parte del siglo I a. de C. y de protagonismo esta región (fig. 30). Y es que Sertorio elige la ciudad de Osca como capital y centro principal de sus operaciones militares, creando a imagen de Roma un senado de magistrados romanos. Sus cuestores, encargados de la gestión de las finanzas, y pretores, con funciones judiciales, eran también ciudadanos romanos. Para compensar la ausencia de participación de las familias locales en los principales órganos de gobierno y magistraturas creó una escuela de enseñanza donde los hijos de la nobleza indígena aprendían gramática y retórica latinas, y además se les permitía utilizar la toga como los hijos de los senadores romanos. Inteligente medida que le permitió mantener bajo control a los ilustres iberos al menos durante un tiempo. No se trataba de una simple aventura. Sertorio pretendía organizar en Hispania una base fuerte de operaciones a fin de conseguir más tarde el triunfo de su partido contra el de Sila. El objetivo de controlar el valle medio del Ebro y sus accesos a la Celtiberia decide sus primeras acciones entre los años 79 y 78. Desde entonces acuña ante los hispanos un carisma de caudillo que va a conservar casi hasta su muerte. Su siguiente acción bélica se dirige a la Celtiberia, que intenta arrancar al dominio romano, mientras sus socios, Perpenna e Hirtuleyo, se encargan de defender la línea del Bajo Ebro y sus posiciones en la provincia ulterior frente a las presiones de los ejércitos pompeyanos. Sin embargo


La entrada en la Historia

el empuje de éstos llega a ser tan fuerte

produce la caída de diversas ciudades.

que tiene que unir sus fuerzas a las de su lugarteniente Perpenna para enfrentarse conjuntamente a las tropas del romano Metelo.

Esta zona constituye el escenario donde en los próximos años se va a decidir la contienda sertorio-pompeyana a favor de los últimos.

Sertorio consigue consolidar una serie de posiciones en el valle del Ebro, como Castra Aelia, donde establece su campamento de invierno. Por su parte, las

El asesinato de Hirtuleyo, cuando se enfrentaba al ejército de Q. Cecilio Metelo y la tan temida unión de todas las fuerzas romanas le supone la más terri-

plazas fuertes de Calagurris Nassica y Osca, unida estratégicamente a Ilerda, afianzaron su posición hegemónica en la línea del Ebro.

ble derroto. Los sucesos acaecidos en el río Júcar le obligan a retirarse a Sagunto, a la par que Pompeyo consigue abrir una brecha en la Celtiberia que va a resentir considerablemente el predominio de su enemigo en la principal zona de avituallamiento de su ejército, y funda la ciudad de su nombre, Pompaelo, en una posición privilegiada respecto a la proximidad de las Galias. La derrota que le infringe Pompeyo va

A pesar de los apuros que debe pasar en tierras levantinas, logra neutralizar a las tropas romanas, pero su éxito se ve empañado momentáneamente por la llegada de Pompeyo Magno desde el Bajo Ebro y Levante a la Celtiberia a través del Jalón, donde a finales del año 76 se

31. Pintura de historia que ilustro la muerte de Sertorio por Perpenna. J. M. Mencia, pint. •

59


La entrada en la Historia a tener un notable peso en el desarrollo de la historia posterior. Su situación política debía ser muy delicada cuando, muerto Sila, manifiesta su intención de volver arrepentido a Roma, sin embargo en la capital se había puesto precio a su cabeza. Aunque los relatos históricos del último período de la guerra son bastante confusos, en general coinciden en presentarnos un caudillo muy debilitado, con los pueblos indígenas divididos y sin el favor de sus amigos romanos, muchos de los cuales le abandonan atraidos por la posibilidad de conseguir la amnistía en Roma tras la promulgación de la lex P1autia. En el año 73 Pompeyo, sin contar con Metelo, lleva a cabo la definitiva ofensiva contra Sertorio. Esta se produce en la línea (lerda-Osca-Calagurris, ciudades aún a favor Sertorio, siendo derrotado al no llegar la ayuda de sus tropas de la costa. Después de cinco años de poder, el prestigio de Sertorio se viene abajo tanto entre sus partidarios romanos como iberos, siendo finalmente víctima de una conjura en la que intervienen sus propios amigos.

tencia y el sometimiento voluntario a la autoridad de Roma tanto de la capital oscense como de otras plazas claves en la política sertoriana (fig. 31). Muerto Sertorio, Pompeyo impone la paz en el territorio y erige un monumento con sus trofeos en el Summum Pyrineum, junto a la Vía Domitia, para recordar su victoria sobre los hispanos. Buena parte de las poblaciones indígenas favorables al bando de Sertorio fueron castigadas o desplazadas de sus asentamientos, en tanto que otras favorecidas, algunas de las cuales le ayudarían posteriormente en la guerra frente a César. Mientras esto ocurría en Hispania, la muerte de Silo en Italia había dejado el poder en manos de un triunvirato que se reparte los territorios de la República (reunión de Luca del año 56 a. de C.). Uno de los triunviros, Cayo Julio César, al que las guerras de las Galias (entre los años 58 a 52) le darán una posición muy ventajosa en cuanto a potencial humano y económico, se propone conquistar las provincias hispanas que habían sido asignadas a Pompeyo.

Su muerte tuvo lugar en Osca. Perpenna, a juicio de los historiadores "más ilustre por su ascendencia familiar que por sus cualidades personales", preparó el asesinato durante un banquete en su casa. Este final trágico desbarata cualquier posibilidad de recuperación por parte del partido sertoriano totalmente dividido y sin un lider reconocido. Como consecuencia, se produce el final de la resis60

32. Moneda hispano-púnica de plata


La entrada en la Historia CÉSAR EN LA ILERGECIA: LA BATALLA DE ILERDA

El cese de las hostilidades surgidas entre César y el vencedor de Sertorio por el mando de la República van a tener lugar entre los años 49 y 44 en Hispania tras dos duras batallas. La primera tuvo lugar en la Citerior con un ejército no muy superior al de Pompeyo, y la definitiva en la Ulterior. La batalla de Munda supuso la rendición de la Bética y la derrota total de los ejércitos de los herederos de Pompeyo. Cneo Pompeyo contaba con una situación de cierta ventaja en Hispania. Por una parte disponía de siete legiones, es decir 70.000 soldados romanos, pero lo que es más importante, había dejado bastantes partidarios entre las poblaciones indígenas gracias a su política de moderación y de concesión de la ciudadanía romana a individuos hispanos, tras la contienda sertoriana. En cuanto al bando contrario, no hay que olvidar la adhesión a César de poblaciones enteras por los lazos de clientela que había establecido mientras ejerció los cargos de cuestor y gobernador en la provincia Ulterior, los años 69 y 61 a. de C. respectivamente.

Segre y la inundación de su campamento, recibe la adhesión de los calagurritanos fibularienses, oscenses y iacetanos, que contribuyeron a su victoria decisiva sobre Afranio y Petreyo, a las mismas puertas de (lerda. Ocurrió en el verano del año 49 a. de C., cuando su sueño de apropiarse del feudo pompeyano se convirtió en realidad (fig. 33). Es de suponer que este apoyo incondicional de algunas ciudades del Ebro al vencedor de las Galias fuese recompensado más tarde. Tras la batalla de (lerda, César trató de captar la confianza y apoyo de los hispanos con diversas actuaciones, amnistiando a los partidarios de Pompeyo, respetando sus poblados y convirtiendo a comunidades enteras a la ciudadanía romana, o concediendo el privilegio de la municipalidad a algunas ciudades indígenas que le apoyaron. Pero todo no debió ser tal como nos lo cuenta en sus escritos. Por el contrario, la arqueología ha proporcionado niveles de destrucción violenta, correspondientes a este período, en varios asentamientos del valle del Ebro, lo que significa que su magnanimidad no fue infinita sino que los núcleos de población que se sumaron a la causa de su enemigo fueron severamente castigados, quemados sus poblados y desmanteladas sus murallas.

El primer enfrentamiento, producido en la Citerior, no afectará directamente al territorio literano pero sí a sus proximidades, ya que el choque de los dos contingentes se produce en los llanos de Lérida. El propio César relata como, tras establecer a su ejército en la confluencia

A la vez, el general vencedor tenía una obligación con los veteranos de guerra, proporcionarles tierra para instalarse

de los ríos Segre y anca, donde a punto

con sus familias. Había que buscar solu-

estuvo de ocurrir un terrible desastre por el hundimiento de los puentes sobre el

ciones a la falta de terreno estatal en Italia para pagar los servicios de los sol61


Lo entrada en la Historia

BATALLA DE LÉRIDA

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33. El escenario de la batalla de ¡lerda según Schulten. Historia de Aragón, Zaragoza, 1980-87

62


La entrada en la Historia dados que se licenciaban, una de ellas

taba en Roma a cesarianos y pompeya-

fue asentarlos en las provincias donde aún quedaban terrenos disponibles. Ello le llevó a crear en Hispania numerosos asentamientos de nueva planta o transformar otros, consiguiendo así mantener a aquellos fieles a su causa.

nos, inclinando finalmente la balanza a favor de los primeros, y que hasta Augusto no se logrará la pacificación completa de este territorio y de Hispania en general. Una excepción la constituye el área cantábrica, donde la sumisión de los cántabros, astures y galaicos no se producirá hasta el último cuarto de la

Ni el asentamiento de colonos, ni la conversión colectiva a la ciudadanía romana en Hispania, constituían una novedad, aún cuando César las desarrollara con mayor intensidad. Un interesante testimonio de que esta práctica no era nueva en el valle del Ebro lo constituye el famoso bronce de Ascoli. La inscripción, en latín, recoge una relación nominal de soldados reclutados entre poblaciones ibéricas de esta zona que sirvieron como auxiliares de las legiones romanas en Italia cuando la Guerra Social. Es decir, como recompensa, se les concede la ciudadanía romana, en aplicación de la lex Julia de civitate latinis et socíis dando

(90 a. de C.), a los treinta jinetes, entre los que se incluyen tres ilergetes de Ilerda que aparecen con el nombre ya romanizado, aunque conservan su filiación indígena (Suisetarten, Nesille y Enasagin). Quiere decir que esta ciudad fue primero colonia latina antes del año 89 a. de C. y más tarde César la convirtió en municipio romano, pero además el proceso de romanización estaba iniciado, tal como se atisba en la nominación de los individuos (fig. 34). Se advierte, pues, que las tierras próximas a La Vispesa, a mediados del s. I a. de C., se van a ver involucradas indirectamente en el conflicto civil que enfren-

centuria siglo. Augusto fue el continuador de César en la política de fundación de colonias y municipios, además del asentamiento de colonos itálicos, hecho que contribuyó de forma decisiva a la romanización de la Península, y en concreto de la Ilergecia occidental. Bajo su reinado la provincia Citerior será gobernada directamente por el emperador a través de un Turnia san:duma: Sanibelser Adingibas f(ilius). Illur [ibas Bilustibas Estopeles Ordennas f(ilius). Torsinno Austinco f(ilius). Basare/1Ni.: Cacususin Chadar ...Sosimilus f(ilius)....elgaun f(ilius) ...iespaiser f(ilius).

Ilerdenses: C(aius) Otacilus Suisetarten Cn(eus) Cornelius Nesille f(ilius). P(ublius) Fabius Enasagin f(ilius). Begensis: Turtumelis Atanscer Segienses: Sosinadem Sosinasae f(ilius). Sosimilus Sosinasae f(ilius). Vrgidar Luspanar f(ilius). Gurtar no Biumo f(ilius). Elandus Enneges f(ilius). Agirnes Bennabels Nalbeaden Agerdo f(ilius). Arra Vmargibas Luspangib nes Arbiscar Ennegensis: Beles Vmarbeles f(ilius). Turinnus Adi mel.s. f(ilius). Ordumeles Burdo f(ilius). Libenses: Bastugitas Adimeis f(ilius). Vmarillum Tar bantu f(ilius).

Suconsenses: Belennes Albennes f(ilius). Atullo Tautindals f(ilius). Ilhwrsensis: Balciadin Balcibil f(ilius). 34. Relación nominal de soldados de la Turma Salluitana que aparecen en el Bronce de Ascoli

63


La entrada en la Historia legado que actuará sobre todo en los problemas de tipo jurídico que se planteen.

tuvieron lugar en los últimos siglos del primer milenio a. de C. y, en cierta

A tenor de lo expuesto, podemos resumir que las poblaciones indígenas iler-

balanza a favor de la conquista y colonización romanas. A través del estudio

getes, sobre las que la incorporación de

arqueológico del asentamiento de La

las distintas influencias del Mediterráneo fue decisiva para su evolución cultu-

Vispesa, que conserva restos de los períodos ibérico y romano, podemos com-

ral, ejercieron un notable protagonismo en los acontecimientos históricos que

pletar la información de las fuentes escritas.

64

medida, contribuyeron a inclinar la


VI. UNA RECONSTRUCCIÓN DEL ASENTAMIENTO IBÉRICO


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

Aunque hemos visto que existen indicios

similar al que acontece en esta misma

de que los primeros contactos con los fenicios se producen hacia el año 600 a. de C., en un horizonte cultural de fines de Campos de Urnas del Hierro, es desde el 400 hasta el siglo II, en el Ibérico Pleno, cuando adquiere personalidad el mundo ilergete propiamente dicho. Los yacimientos pertenecientes a esta etapa ponen de manifiesto la existencia de un horizonte de Campos de Urnas Tardíos que perdura hasta la iberización, proceso que en La Litera se produce algo más tarde que en otras comarcas aragonesas y que llega a través del eje Ebro-Cinca-Segre.

época en el Bajo Aragón con la aparición de los poblados río o fluviales.

Además de un aumento de yacimientos, que podría ser indicativo de una expansión demográfica, su ubicación cambia respecto a épocas anteriores. Fenómeno

ASENTAMIENTOS ESTRATÉGICOS

Por lo general los iberos buscaban para instalar sus poblados aquellos puntos que destacaban por su posición dominante y estratégica en el entorno, próximos a corrientes de agua y vías naturales de comunicación que les facilitasen una cierta movilidad. No menos importante era la cercanía a materias primas que, como la arcilla, piedra o madera, les aseguraba la disponibilidad de los elementos esenciales para la construcción de sus viviendas y fabricación de sus enseres domésticos (fig. 35).

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35. Vista general del poblado ibérico del Pilaret de Santa Quiteria (Fraga)

67


Una reconstrucción del asentamiento ibérico El asentamiento de la Vispesa cumple estas condiciones. Está situado sobre un cerro de mediana altitud (320 m/s.n.m.), elevándose unos 20 ni sobre las tierras circundantes. Esta posición destacada permitía a sus pobladores estar más protegidos y disponer de una buena visibilidad y control del territorio. En efecto, su situación le aseguraba un enlace visual directo con otros núcleos como el Regal de Pídola, Vispesa II, Vispesa III, Torre Folch, hacia el este, El Castellar, San Jaime de Ráfales, hacia el sur, y el Cerro de la Piedra Caída, al oeste, entre otros, y un perfecto dominio del camino de acceso por donde más tarde se abriría la vía romana. La proximidad a los cursos fluviales era fundamental, no sólo por el control de los recursos hídricos, sino también por

las características de fertilidad de los suelos, más idóneos para extender las tierras de pasto y labor. Pero a veces no existían puntos de agua próximos, por lo que tenían que construir pozos artificiales, ejemplos bien claros los tenemos en los asentamientos del Regal de Pídola, San Jaime de Ráfales y Pilaret de Santa Quiteria. Sabemos que en las proximidades del yacimiento de La Vispesa discurrían barrancos, convertidos en acequias con la introducción del regadío, y es muy posible que existiese algún depósito artificial que bien ha sido destruido o todavía no ha sido puesto al descubierto. Otro tema de enorme interés para los iberos era el de la protección del lugar elegido. Es evidente que en la mayor parte de los asentamientos de la época

36. Poblado fortificado de Los Castellassos (Albelda-Tamarite-Alcompell)

68


Una reconstrucción del asentamiento ibérico se levantaron muros de piedra, a veces

cuyo interior se rellenó con tierra y pie-

reforzados con torreones y fosos excavados, con el fin de potenciar su carácter estratégico, como se constata en Olriols y Los Castellassos (fig. 36).

dras pequeñas. Por otra parte, las murallas podían recibir refuerzos de bastio-

Bien es cierto que las fuentes antiguas hacen frecuentes alusiones a las disputas de fronteras o invasiones de lindes de propiedad entre las distintas comunidades ibéricas y precisamente los ilergetes fueron protagonistas de bastantes de estas disensiones, como ya hemos visto. Este pueblo, guiado por el interés de oponerse al dominio cartaginés en unos momentos y romano en otros, se dedicó a romper las alianzas establecidas entre sus inmediatos vecinos y los dominadores. Es por ello que el reforzamiento de los límites del poblado mediante el levantamiento de fortificaciones más o menos estables se debía imponer, al menos en el tiempo que duraron los enfrentamientos romano-cartagineses.

La arquitectura defensiva ibérica no es uniforme, aunque por norma general se puede admitir que los muros de aparejo más tosco e irregular datan de las primeras fases de la iberización, y los más cuidados son posteriores al siglo III a. de C., influenciados por la romanización. Sin embargo el tamaño, forma y calidad de los bloques de piedra es muy diverso, dependiendo de la cantera local y la cronología del yacimiento. En el Molí d'Espígol, son visibles los restos de la muralla, que en algún tramo alcanza cerca de dos metros de altura, formada por un doble lienzo paralelo de aproximadamente dos metros de anchura,

nes o torres, de planta circular o cuadrangular, aunque éstos no están presentes en Tornabous. Estos refuerzos de los amurallamientos o paramentos externos eran construidos también en aparejo más o menos regular, aunque en ocasiones aprovechaban los farallones rocosos del terreno, como en el poblado de Los Castellassos. Ahora bien, si las fortificaciones van asociadas por lo general a la reafirmación de la estrategia del lugar seleccionado, y probablemente a momentos de inestabilidad, no es el caso de La Vispesa. Su ausencia es evidente hoy por hoy. Tal vez existieron y han desaparecido al desplomarse parte de las vertientes por la erosión, o bien pudieron ejercer estas funciones las propias paredes traseras de las habitaciones periféricas, o sencillamente no fueron necesarias. Quizás, como se constata en Tornabous, pudo ser desmontada en algunas zonas y sus piedras reutilizadas en construcciones de fases posteriores, aunque resulta sorprendente la ausencia de cualquier indicio en este sentido. Desde luego, en los poblados en los que se conservan los amurallamientos y trazados de las vías de circulación interna y externa, éstos son de gran ayuda para estudiar los límites y entender el ordenamiento urbanístico. En este caso, ante la falta de estos elementos regidores del urbanismo, nos tenemos que contentar con que el tiempo haya sido respetuoso 69


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37. Plano topográfico de La Vispeso en el estado actual de excavación. J. M. Claver

71


Una reconstrucción del asentamiento ibérico con los zócalos de algunas casas y parte del trazado de una de las arterias de tránsito para reconstruir las características del poblado.

te, el material que ha rodado desde la parte superior junto con el propio desplome de las vertientes no facilita el reconocimiento de las casas, que debieron subordinarse a los escalonamientos del terreno natural. Se constata que el asentamiento ibérico

UN URBANISMO ADAPTADO AL MEDIO

La Vispesa corresponde a un típico asentamiento ibérico localizado en ladera y por lo tanto su urbanismo está subordinado a la morfología del terreno. Calcular la extensión total del asentamiento, incluidas las tierras de aprovechamiento agrícola y pastos, presenta ciertas dificultades. Sin tener en cuenta la merma producida por la erosión y la destrucción de una buena parte de la base del montículo para uso agrícola actual, podemos concluir que la superficie aproximada del cerro por donde se sitúan las estructuras arquitectónicas visibles es de 1 Ha, siendo la parte superior de 500 m2. Las viviendas se distribuyen principalmente por las vertientes más extensas y resguardadas, y por una mínima parte de la cima que coincide con el borde superior de las mencionadas vertientes. En las laderas occidental y sur, de talud más suave y escalonado, donde la erosión ha provocado la desaparición de una parte importante del suelo y el afloramiento de los bancos de arenisca en muchos puntos, pueden detectarse bastantes vestigios de muros derruidos o las hiladas inferiores de algunos basamentos de viviendas, al igual que en la ladera noroeste, más escarpada. No obstan72

buscó una perfecta adaptación al terreno, ocupando solamente aquellas zonas donde se podía ahondar sin dificultad en los sedimentos más blandos de margas y arcillas para articular los espacios de las viviendas. Así, parte de la cima, donde los restos de niveles pliocuaternarios son más continuos y resistentes, no llegó a ocuparse, constituyendo un claro ejemplo de determinismo geomorfológico. Es en la época romana, con mejor tecnología y útiles más efectivos, cuando se procede a abrir zanjas de cimentación en estos duros sedimentos y el asentamiento alcanza una mayor extensión. En el borde superior de las laderas norte y oeste se puede seguir el perímetro completo de una unidad de habitación y definir parcialmente otras tres a través de las cimentaciones conservadas, mientras que en las otras laderas, sobre todo la meridional, apenas podemos llegar a reconocer algún recinto completo. Escasas piedras alineadas y los restos de un edificio de mayor envergadura a juzgar por el grosor de los muros, además de alguna escalinata permanecen como únicos testimonios de su existencia (fig. 37). La topografía y las distancias entre las curvas de nivel condicionan la ordenación urbanística del poblado y marcan


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

38. Restos del empedrado de la calle de La Vispesa

la diferenciación entre los ámbitos construidos y los supuestos ejes de circu-

medios a diferentes alturas, con escalones o rampas en los sectores más difí-

lación interna y externa. Aquí al ser un asentamiento en ladera, las vías

ciles.

de acceso y circulación interna tienen que adaptarse necesariamente a la

me empedrado con losetas irregula-

pendiente. Por fortuna se conserva parte de una

La calle de La Vispesa presenta el firres de arenisca que alternan con pequeños guijarros, éstos últimos debieron de utilizarse para trabar el enlosado y ocasionalmente efectuar repa-

calle en el borde superior de las laderas norte y noroeste, que marca la dirección

raciones en el firme. Conserva ade-

noreste-suroeste y a uno de cuyos lados

más parte de una acera de piedra flan-

se abren las unidades de habitación. Es

queando las fachadas de las vivien-

una orientación idónea desde el punto

das adosadas. No se puede saber con

de vista climático porque eludía el

certeza cuál sería su anchura y trayec-

impacto directo de los vientos del norte y

to total porque el desplome del terreno hacia las vertientes la ha des-

los húmedos y constantes del sur. Otras vías similares seguirían las curvas de

truido parcialmente, pero podemos

nivel y otras transversales permitirían la

presumir que tuviera algo más de los

comunicación entre las distintas depen-

2,80 m de ancho visibles en la actuali-

dencias situadas en los espacios inter-

dad (fig. 38). 73


Una reconstrucción del asentamiento ibérico lograr una adecuada disposición horizontal de las unidades de habitación y distintos accesos. Desde luego aquello que en unos casos representaba un importante obstáculo, en otros constituía una ventaja. Es decir, mientras que la presencia de sedimentos duros, en unos sectores, supuso una importante limitación en la extensión del asentamiento, los afloramientos de areniscas, en otros, facilitaron el aprovisionamiento de una de las principales materias utilizadas en la construcción. 39. Detalle de la pavimentación de una calle del Molí d'Espigo,. Molí d'Espígol. (Tornabous),

La utilización de la arenisca en los basa-

Barcelona, 1986

mentos de los muros de obra ha favore-

En yacimientos de parecida cronología, como el citado del Molí d'Espígol, se conservan varias calles, que miden entre

viviendas facilitando al arqueólogo la

cido la conservación de una parte de las tarea de reconstrucción de las plantas y ordenación urbanística, mientras que la

3 y 4 m de anchura, por lo general

concreción de otros detalles como la

empedradas, e igualmente adaptadas a las curvas de nivel. Las que seguían el

altura de las paredes, la existencia o no

trayecto de la muralla sirvieron de cone-

características de las cubiertas en

xión entre las viviendas ubicadas al interior y otras extramuros. Sólo en un caso

muchos casos queda en el terreno de la

se advierte un eje transversal al poblado (fig. 39).

del barro y materias vegetales. La arci-

de distintos pisos, así como de vanos y

hipótesis a causa del masivo empleo lla fue el elemento empleado para recrecer los muros, levantar tabiques internos, preparar los suelos y techumbres y revocar las paredes. Sabemos

MATERIALES Y TÉCNICAS CONSTRUCTIVAS

que fue utilizada en la Vispesa por la composición de los estratos arqueológi-

Instalar un asentamiento exigía unas tareas previas de acondicionamiento del lugar, profundizar primero en el suelo

cos pero en ningún caso por su conservación in situ.

hasta llegar a los estratos naturales y

Por otra parte, en una zona donde la

aterrazar después para nivelar la inclinación natural del terreno con el fin de

vegetación potencial era de bosques de quejigo o encina y pino, la madera sería

74


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

empleada, posiblemente, en la sustenta-

Lo primero era asegurar el aislamiento

ción y refuerzo de las paredes y techum-

de la humedad del suelo y la solidez del

bres y cierre de vanos. Desgracia-

edificio. Para ello construyeron un zóca-

damente al ser un material orgánico su

lo de piedra con bloques medianos, en

presencia es excepcional en los registros

su mayoría careados, unidos entre sí con

arqueológicos, quedando reducida a

arcilla sin argamasa y dispuestos en pla-

restos de carbón o pequeños fragmentos

nos horizontales, conservándose en

a medio carbonizar.

algún caso hasta cinco hiladas. Sobre

En el mismo contexto aparecen clavos y

los bloques de la hilada superior se

restos de hierro, seguramente para unir

echaba una lechada de mortero para

los listones de madera de las puertas o

continuar levantando la pared en adobe

techumbres. Aunque en el mundo ibéri-

o ladrillo secado al sol, o tapial, hasta

co no está documentado el uso de cerra-

una altura de 1,80 m como término

duras, llaves, tiradores o cerrojos de este

medio si eran casas de un piso. Des-

metal, es probable que en las últi-

conocemos qué soluciones arbitra-

mas fases, por influencia de los roma-

rían para ventilar e iluminar los espa-

nos, ya se empezasen a utilizar. Así se

cios, pero es presumible que existiesen

explicaría el descubrimiento de una

pequeños vanos hacia la parte superior

cerradura en los niveles más recientes de

de las paredes y en las habitaciones con

una de las habitaciones del Molí

hogar una abertura en el techo o una

d'Espígol, y en La Vispesa algunos ele-

chimenea construida con adobes para

mentos parecidos pueden significar lo mismo (fig. 40).

facilitar la salida de humos.

Así pues, el registro arqueológico permite reconocer los materiales y deducir las técnicas de construcción empleadas en los alzados de las paredes maestras de las viviendas.

Si la arenisca era accesible, probablemente explotada como hemos dicho en el mismo yacimiento, no lo era menos la materia prima que se precisaba para elaborar el adobe o tapial. La arcilla era un material barato y estaba al alcance de cualquiera, además de que las paredes así construidas aseguraban un espacio interior bien aislado del calor en verano y frio en invierno. Obviamente el tapial era más endeble que la piedra o el adobe por lo que precisaba de refuer-

reitgammes'ill' —

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zos a base de postes intercalados, o piedras pequeñas mezcladas en la arcilla. Las paredes, como los pavimentos, eran

40. Acceso desde la calle a la habitación B,

revocados con un enlucido a base de

La Vispesa

arcilla blanca o yeso, que sería repues75


Una reconstrucción del asentamiento ibérico (150°) en el primer caso y fuego moderado (500°) en el segundo, y luego estas piedras eran trituradas hasta reducirlas a polvo. Por lo que atañe a los sistemas de cubrición, hay que decir que los techos de las casas debían estar dispuestos a una o a dos vertientes, orientados de forma que las aguas vertían a la calle, en el segun41. Reconstrucción de una de las viviendas del

do caso con caballete central paralelo a

poblado ibérico de Colafell. La ciutadela ibérica

las fachadas, supuestamente sobre pos-

de Calafell, Calafell, 1993

to con cierta asiduidad a juzgar por la superposición de capas que se reconocen.

tes centrales. En la estructura intervenía un entramado de vigas con cañas y ramas, todo amalgamado con barro, pelo de animal y rastrojos secos, y blanqueado al interior (fig. 41).

No es una casualidad el uso de estos revoques. Tradicionalmente son conocidas las propiedades higiénicas del yeso y la cal, utilizados para enjalbegar las paredes, a modo de desinfectante o tratamiento preventivo contra los parásitos, tarea que hasta la instalación de mejores sistemas de ventilación en las viviendas y el uso de pinturas más elaboradas se venía repitiendo cada año en la época estival. La obtención de cal no fue difícil por las características y composición del suelo del cerro de La Vispesa, donde el carbonato cálcico está presente en el sustrato geomorfológico, a lo que hay que añadir la abundancia de los afloramientos de materiales yesíferos o sales geológicas del terciario. La técnica de

Al menos tres recintos de La Vispesa pre-

sentan suelos de tierra apisonada mezclada con yeso, sobre las arcillas naturales niveladas. En la habitación B, no obstante haber sufrido una fuerte remoción al abrir la zanja de cimentación de los muros romanos, es donde mejor se aprecia el sistema de pavimentación, a base de superponer varias capas de diferente composición, de tierra apisonada la más superficial, con indicios de repintado de yeso, bajo ella otra constituida por un preparado de tierra batida mezclada con capas de yeso y gravilla. En un sector de esta estancia se colocaron losas de piedra para un uso doméstico concreto.

obtención del polvo que mezclado con

Hay que pensar que, con toda probabi-

agua conformaba la lechada blanqueci-

lidad, encima de los pavimentos se colo-

na de los revestimientos no era muy

carían esteras trenzadas de materias

compleja, primero se transformaban las

vegetales formando dibujos, a modo de

piedras de cal o yeso mediante cocción o calcinación, a poca temperatura

alfombras para aislarse de la humedad y embellecer la estancia.

76


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

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42. Propuesta de reconstrucción de las habitaciones ibéricas excavadas en La Vispesa. Dibujos de J. Tramullas

77


Una reconstrucción del asentamiento ibérico Si bien todas las técnicas de construcción

Por lo general las funciones concretas de

explicadas se pueden estudiar en otros

las áreas de actividad interior se pueden

yacimientos de época ibérica, no son

deducir a través de los indicios arqueo-

tampoco exclusivas de la misma. Por el

lógicos descubiertos en el proceso de

contrario, su uso es común a todo el

excavación. Había despensas o almace-

Mediterráneo e históricamente tuvieron

nes, espacios de reunión, y otros ámbi-

una larga perduración como veremos.

tos para realizar actividades domésticas

En cuanto a los materiales empleados, a

y de descanso. Según la función desem-

excepción de la piedra, son muy frágiles

peñada por el propio asentamiento

y por ello necesariamente repuestos con

habría otros espacios destinados a la

cierta frecuencia, lo que se compensaba

estabulación de los animales, a guardar

por la rapidez y facilidad de obtención,

los aperos de labranza y actividades

al ser explotados todos ellos en el entor-

industriales de distinto signo que no

no inmediato.

siempre es posible descubrir. En La Vispesa la investigación de estos

LA ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO

datos no ha dado resultados totalmente satisfactorios. La apertura de zanjas

En época ibérica las plantas de las habitaciones conservan la tradicional forma alargada de la Primera Edad del Hierro, en proporciones 3:1 o 4:1, es decir con tendencia al rectángulo, y a veces al trapecio si el terreno era irregular, aunque a veces aparecen más compartimentadas que en los asentamientos de cronología más antigua. Desgraciadamente no siempre se puede demostrar la existencia de esta subdivisión interna por las características del material de construcción (fig. 42). La división interna se realizaba median-

para asegurar la estabilidad de los muros romanos posteriores alteró considerablemente los estratos ibéricos provo-

cando una remoción importante del material arqueológico y privándonos de una fuente de información muy valiosa para la definición de las actividades que desarrolló el grupo. Sí hay posibilidad de sentar algunas bases acerca de la ordenación urbana del asentamiento a través de los restos de estructuras arquitectónicas. Por el momento se pueden aislar cuatro

te tabiques de tapial y, apoyados en

dependencias que forman un doméstico,

ellos o en las paredes principales, los

la principal (A) es la de mayores dimen-

vasares de barro eran imprescindibles

siones, destinada a tareas domésticas y

para soportar los enseres domésticos. En

de descanso con el hogar como eje prin-

La Vispesa no se han encontrado las

cipal, otra adosada hacia su lado más

paredes medianiles y en cuanto a los apoyos de barro sólo se conservó en una dependencia utilizada para almacén.

oriental (B) en la que se desarrollaron actividades de tipo industrial y otras dos (C y D), a continuación de ésta destina-

78


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

das a almacén. Aparecen agrupadas, yuxtapuestas entre sí y con acceso directo a la calle, al menos dos de ellas. Hacia la ladera occidental se conservan los arranques de otra estancia pareja a la primera que debió formar parte de otro conjunto similar y contaría, a su vez, con otros departamentos asimilados a las funciones mencionadas. En las dependencias A y B, se conservan dos piedras de umbral, dispuestas en el

43. Enterramiento ritual de un cáprido bajo el pavimento de una habitación de la ladera sur en La Vispesa

extremo de uno de sus lados cortos. No todas tienen las mismas dimensiones, aunque en general se trata de superficies más bien modestas. De las cuatro que se identifican aquí la mayor tiene cerca de 25 m2, mientras que las menores ocupan unos 15 m2. Estas reducidas dimensiones pueden tener su explicación en múltiples razones, como la imposibilidad técnica entonces de levantar habitaciones más amplias, la economía de medios y trabajo acomodándose al mínimo espacio necesario, la adaptación a la longitud de los maderos empleados para las techumbres, o bien la optimización de las cualidades térmicas de los materiales ya que los espacios pequeños son más fáciles de mantener calientes que los grandes. Resulta evidente que cuando las cubiertas son a dos vertientes la viga principal necesita apoyos intermedios.

RITOS FUNDACIONALES

La dependencia A es la de mayor tamaño y la mejor conservada debido a que los muros romanos de la fase posterior no se extendieron hacia esta zona. No falta el hogar, en cuyas proximidades se recogió una buena cantidad de piezas cerámicas de uso doméstico, grandes recipientes para almacenar líquidos y áridos y vajilla más fina de tipo ibérico, campaniense y gris emporitana. En un sector próximo aparecieron elementos utilizados en la transformación de alimentos, varios molinos de vaivén, un molino rotatorio apoyado en la pared del fondo y un mortero.

Es, en resumen, una concepción similar a la de las casas que, hasta tiempos recientes, se han conservado en el mundo rural, no sólo por lo que se refiere a las técnicas y materiales de cons-

El hogar, situado en la parte posterior de la estancia, era el elemento regidor de la vida doméstica, solía estar dispuesto de forma que proporcionara el máximo rendimiento para la cocción o calentamiento de los alimentos, sin

trucción empleados, sino también por la organización del espacio interior.

olvidar su función de fuente de luz y calor, y por supuesto su papel en el 79


Una reconstrucción del asentamiento ibérico culto doméstico. Así lo constata la

ACTIVIDADES INDUSTRIALES Y DE

inclusión de determinados elementos vinculados a ceremonias de funda-

TRANSFORMACIÓN DE ALIMENTOS

ción .

La forma y menor tamaño del departamento B, y de los restantes, estuvieron

Estaba dispuesto sobre el piso de arcilla

condicionados por los afloramientos de

apisonada y delimitado por piedras irre-

gravas. De modo que, aunque las facha-

gulares, lo más notable fue el descubrimiento de una concha marina y un coral entre el material de preparación de la estructura de combustión, un lecho de fragmentos cerámicos y piedras que lo aislaban de la humedad del suelo. Teniendo en cuenta la función que el hogar representaba en la casa ibérica, la intrusión de estos elementos pudo estar relacionada con el rito de fundación de la misma. No es un caso excepcional. La colocación de conchas marinas o huevos de gallináceas en el lecho de base de los hogares se ha detectado en otros yacimientos de la misma cronología, situados casi todos hacia el litoral de Cataluña, la Penya del Moro (Sant Just Desvern) y Burriac (Maresme).

das se encuentran alineadas con el A, orientadas a la misma calle, y la anchura es aproximadamente la misma, sin embargo, el banco de gravas limita su longitud considerablemente hacia la parte posterior. Estas exiguas dimensiones hacen suponer que pudo haber una segunda planta, aunque no hay restos de ninguna escalera interior o exterior. En la dependencia B se conserva el hueco de entrada. El umbral se eleva unos 40 cm sobre el nivel del suelo de la habitación, con notables huellas de des-

En éstos y otros yacimientos se han registrado también rastros de sacrificios de animales bajo el suelo o muros de algunas casas que obedecen al mismo planteamiento y cuyos precedentes pueden remontarse a la Primera Edad del Hierro. Se trata casi siempre de esqueletos enteros o parciales de óvidos y cápridos. En La Vispesa el esqueleto de un cabritilla colocado cuidadosamente bajo el pavimento de una habitación, en la ladera sur, tiene este significado, fue sacrificado y enterrado a modo de ofrenda ante el levantamiento de un nuevo hogar (fig. 43). 80

44. Reconstrucción de un telar ibérico. Roma á Catalunya, Barcelona, 1993


Una reconstrucción del asentamiento ibérico gaste en las piedras de base. Bloques de mayores proporciones que los del resto del muro a ambos lados delimitan una abertura adintelada de un metro de luz aproximadamente. No hay restos de oquedades en la piedra de base para encajar algún elemento de madera, pero sí carbones, maderas quemadas y fragmentos de hierro, sin duda relacionados

telar situado en el ángulo noroeste, cerca de la zona mejor ventilada e iluminada (fig. 44).

ÁREAS DE ALMACÉN

Yuxtapuestas en dirección este están las

con alguna clase de cierre, quizás una puerta partida en sentido horizontal

dependencias C y D. Ambas tienen pro-

para facilitar la ventilación y entrada de luz.

orientación.

La organización del espacio está desdibujada porque sufrió grandes daños al abrirse la zanja de cimentación del muro de sillares de la última fase de ocupación, que la atraviesa en sentido norestesuroeste. El área donde presumiblemente se instaló el hogar fue totalmente arrasada, pero se conserva restos del pavimento de tierra apisonada sobre un preparado de tierra batida mezclada con yeso y gravilla. En un sector situado en el ángulo suroeste se colocaron losetas de piedra, lo que se puede interpretar como un lugar para la transformación de alimentos, y en concreto, para moler los cereales y obtener harina.

porciones similares a la B y la misma

Resulta difícil precisar en ellas la subdivisión de espacios y sus funciones debido a la alteración de la estratigrafía en el período romano. Cabe destacar en la D la presencia de un gran número de recipientes cerámicos para conservar alimentos, sobre todo grandes kálathos y ánforas, ¡unto a la pared del fondo. Al parecer estaban apilados en un vasar construido con adobes, desde donde se precipitaron al suela al derrumbarse el edificio. En cualquier caso el tipo de material registrado y su disposición hacen pensar que ambas habitaciones fueron destinadas a almacén. Por otra parte, en el borde de la ladera norte se descubrió un pequeño depósito cuadrangular excavado en la tierra. Tiene 0,69 m de lado por 0,41 m de profundidad respecto del nivel actual del suelo, y, en origen, debió estar cubierto con una laja de piedra o estera trenzada a base de materias vegetales. Sus

Por otro lado, se detectan indicios de una actividad artesanal en las proximidades de la entrada. En efecto, la asociación de fusayolas, pondera y restos de colorantes rojos y negros, un mortero, además de fragmentos de madera quemada, cenizas y carbones cerca de una oquedad semicircular de poca profundi-

paredes se impermeabilizaron con una

dad y un círculo de piedras sobre el pavimento apuntan a la existencia de un

lechada de arcilla compacta que a su vez se recubrió con otra de yeso. 81


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

45. Aspecto del aparejo del aljibe del Regal de Pídola

Numerosos restos de revestimiento esparcidos por todo el sector hacen presumir la existencia de otros silos próximos, o la amortización de éste en un momento posterior cubriendo el espacio con una capa de yeso. Depósitos de las mismas características se documentan en Azaila, Botorrita y El Castillejo de la Romana. Recientemente ha aparecido en un solar de Zaragoza otro de factura y dimensiones muy parecidas al de La Vispesa, formando parte de un complejo de viviendas ibero-

en su interior y entorno más inmediato, carboncillos, huesos de animales y cerámica de cocina, no aclaran muchas de las dudas planteadas. Se ha sugerido una función muy genérica en relación con determinadas actividades industriales o para la conservación de alimentos en condiciones frescas y protegidos del sol y de la lluvia, cereales y legumbres principalmente. Algunos autores establecen una clara diferenciación entre los receptáculos de pequeño tamaño destinados a recoger los materiales que

romanas, donde además se han detectado algunos de los materiales más antiguos de la ciudad, en torno a la primera mitad del siglo 1 a. de C.

des que se llevaran a cabo en el lugar, y los mayores más apropiados para el stockage de cereales.

La funcionalidad de estas estructuras es muy discutida y los materiales recogidos

Es un tipo de depósito muy utilizado en todas las culturas con un nivel básico de

82

pudiesen desparramarse de las activida-


Una reconstrucción del asentamiento ibérico

comercialización de productos. Y si bien

en el mismo espacio realizaban activi-

son bastante habituales en el mundo ibé-

dades domésticas y de descanso, ade-

rico, su uso se documenta ya en la

más de algunas relacionadas con la

Primera Edad del Hierro y los romanos

transformación de los alimentos, atesti-

los acabarán sustituyendo por los gran-

guadas por la presencia de molinos y

des recipientes de almacenaje, tipo

morteros. Otras fueron destinadas a

dcha y ánforas. Aunque alejadas de

guardar las provisiones en grandes reci-

nuestro campo de estudio, merece la

pientes o silos, o bien orientadas a ta-

pena recordar estructuras parecidas,

reas de carácter industrial como la fabri-

con función de graneros o silos protegi-

cación de utillaje doméstico, vajilla o la

dos por esteras trenzadas de juncos,

manipulación de fibras textiles.

documentadas en yacimientos del Próximo Oriente.

Quedan en el aire, por el momento, muchos otros aspectos, entre ellos los

En conjunto, estamos ante departamen-

que se refieren a las comodidades que

tos o dependencias de reducidas dimen-

disponían. Es decir, si contaban con

siones, cuya tipología y funciones en

algún sistema de calefacción aparte de

algunos casos está bien determinada,

la lógica fuente de calor que constituía el

mientras que en otros sólo se puede

hogar, si tenían solucionado el aprovi-

apuntar.

sionamiento de agua, la canalización y

Ello induce a pensar que las estancias

distribución de las aguas limpias dentro

principales fueron ocupadas por una

del asentamiento, y evacuación de las

familia nuclear de pocos miembros, que

negras, o dónde estaban los basureros.

83


VII. LLEGAN LOS ROMANOS


Llegan los romanos La conquista romana no supone la desaparición de estos asentamientos, pero sí su transformación. La disolución de la cultura ibérica va a tener lugar a lo largo de la segunda mitad del siglo I a. de C., aunque ciertas formas en los materiales de uso cotidiano pervivan durante un tiempo. Desde luego no debieron ser pocos los asentamientos destruidos o alterados tras las principales contiendas que les implican, cartaginesa, sertoriana y cesariana, sin olvidar los que lo fueron por los abusos de poder bajo el mandato de algunos cónsules romanos, como Catón, o por las represalias llevadas a cabo tras las sublevaciones de estos pueblos. De algunas de ellas las fuentes nos dan puntual información. Cuando los poblados son aniquilados violentamente lo normal es que presenten en sus niveles estratigráficos huellas de incendio continuado y abandono repentino de todos los enseres, además de material bélico como puntas de flecha, jabalinas o proyectiles de honda. El problema aquí es determinar cuáles fueron las destrucciones producidas por ed,

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conflictos bélicos, cuáles por excesos o represiones. Y las dudas se acentúan aún más cuando tratamos de diferenciar las destrucciones que coincidieron con las guerras sertorianas y cesarianas (fig. 46). Si bien los materiales arqueológicos suelen ser definitorios al respecto, y en concreto la presencia o ausencia de elementos tan decisivos para la cronología, como la cerámica campaniense y la sigillata, desafortunadamente la mayoría de las publicaciones que estudian este ámbito no detallan las características concretas de ambas, tampoco especifican las formas de las vajillas, ni tan siquiera incluyen análisis porcentuales de los diferentes tipos de campaniense. Así las cosas, la falta de sigillata aretina justificó durante un tiempo atribuir el final de la vida de bastantes asentamientos del valle del Ebro a la etapa cesariana. En la actualidad, con datos basados en el porcentaje de aparición de determinadas formas de campaniense A o B, se ha dado otro enfoque a la cuestión y se ha demostrado que buena parte de los poblados desaparecieron con anterioridad a este conflicto, posiblemente tras la contienda sertoriana. Sobre la repercusión de la actuación catoniana tenemos datos aislados y en ningún caso se refieren a los ilergetes, pero sí a pueblos limítrofes. Aunque suessetana, sabemos que la ciudad de laka fue destruida hacia el año 195 a. de C., y así lo confirman las últimas excavaciones arqueológicas. Más hacia

46. Glande o proyectil hallado en el Cerro de la Alegría de Monzón

Cataluña, Livio nos cuenta que las campañas de Catón contra los bergistanos 87


Llegan los romanos acabaron con la existencia de varios pueblos entre los ríos Segre y Llobregat, como Sant Miguel de Sorba, y en su marcha hacia la Celtiberia debió arrasar otros tantos, pero no sabemos exactamente cuáles ni si afectó a los ilergetes.

nos, al menos en el primer caso, hacen referencia a ciudades ilergetes, arqueológicamente no se ha podido constatar qué niveles estratigráficos pertenecen a uno u otro momento. Lo que no ocurre en otras zonas del valle del Ebro, como

Probablemente la desaparición de poblados como consecuencia de la actuación catoniana no fue tan drástica como se ha venido afirmando, así uno de los poblados que superó esta etapa fue el de Tornabous, siendo quizás motivaciones económicas las que obligaron a sus habitantes a abandonarlo hacia mediados del siglo II a. de C.

el Bajo Aragón, donde no hay duda de que poblados como el Cabezo de Alcalá (Azaila) y El Castillejo de la Romana (La Puebla de Híjar) fueron destruidos a raíz de los enfrentamientos entre sertorianos y pompeyanos.

En relación con las guerras sertoriana y cesariana, aunque los escritores roma-

Cabe pensar, y así se intuye a través de los textos que, después de la victoria cesariana sobre Afranio y Petreyo en Ilerda, muchos poblados asisten al desmantelamiento de sus murallas y sus habitantes son desplazados al llano. Se fundan nuevas colonias, como Victrix lulici Lépicla, luego Celsa, y varias ciudades indígenas son transformadas en municipios romanos, como Osca e Ilerda.

SU PASO POR LA iLERGECIA

La mayoría de los asentamientos romanos se localizan sobre lugares en los que ha existido previamente un poblado indígena, aterrazando lo anterior o adaptando sus estructuras arquitectónicas; otros se crean de nueva planta en las zonas llanas, buscando las tierras más feraces para el desarrollo de los complejos agrarios. En La Litera, por lo general, aprovechan los asentamientos anteriores. 47. Calco de representación equina sobre un elemento arquitectónico del yacimiento del Castellar (Espl ús). Dibujo de J. M. Pesqué

88

Así se advierte en un yacimiento que con frecuencia se relaciona con una de


Llegan los romanos formando progresivamente las costumbres autóctonas. La evolución se advierte en los poblados del Pilaret de Santa Quiteria y Vedat de San Simón, y, más al noroeste, en la confluencia con el Alcanadre, en El Castillo de Chalamera y El Puntal de Ontiñena, en todos ellos el momento final se sitúa a lo largo del siglo I a. de C. 48. Detalle de un mosaico de la Villa Fortunatus (Fraga)

las mansiones de la vía imperial, Mendiculeia, en razón de las distancias en millas aportadas por los itinerarios antiguos. Nos referimos al Castellar, en el Monte de Las Pueblas de Esplús, hoy desaparecido. A la ocupación imperial precedió otra de la Primera Edad del Hierro y posteriormente un poblado ibérico. Antes de la nivelación que sufrió esta extensión de terreno hacia el año 1986, aún se podían reconocer varias dependencias rectangulares por la cima y laderas del cerro y materiales arqueológicos dispersos por los campos de alrededor (fig. 47). Otros núcleos indígenas que acogen un establecimiento de época romana, aparte de La Vispesa, son los de Olriols, Los Castellassos, San Jaime de Ráfales, Tossal Gros, San Sebastián y Torre d'en Florencio. No podemos dejar de dirigir la vista hacia el curso del Cinca que, como en tiempos precedentes, se manifiesta como una indispensable vía de paso de influencias culturales, ahora de la romanización. Proceso que va a contribuir a la incorporación de innovaciones económicas, administrativas y sociales, trans-

Otras ocupaciones perduran y evolucionan durante la etapa imperial. Así, cerca del mismo Pilaret, sobre las terrazas del Cinca, un romano llamado Fortunatus instaló en el siglo Ii de C. una villa de su propiedad, que en los tres siglos sucesivos irá sufriendo cambios y ampliaciones hasta constituir el magnífico yacimiento visible en la actualidad, y del que son notorios sus ricos mosaicos de opus tesellatum (figs. 48 y 49). Aunque ésta es la más conocida por la entidad y estado de conservación de sus estructuras, quedan restos de otras villas

imperiales en el mismo valle, concretamente en las localidades de Torrente de Cinca, Velillo, Ballobar, Albalate de Cinca, Santa Lecina, Ariéstolas, Costeán, Estada y La Puebla de Castro (antigua Labitolosa), entre otras.

¿QUÉ SIGNIFICA LA ROMANIZACIÓN? Aunque el auténtico asentamiento de romanos en la Citerior, y por tanto en la Ilergecia, tiene lugar sobre todo a partir de Augusto, ligado a la pacificación, anteriormente se habían producido importantes entradas de gentes proce89


Llegan los romanos

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49. Plano general de la Villa Fortunalus. Atlas de Arqueología y Prehistoria Aragonesas, Zaragoza, 1981

dentes de la península italiana, coincidiendo con la crisis agraria desencadenada en ésta desde mediados del siglo II a. de C. La romanización supone la asimilación de las formas de vida y estructuras sociales de los invasores, su lengua y determinados esquemas jurídicos como 90

el otorgamiento de la ciudadanía, que va ligado a la urbanización. Es indudable que en la adopción de la lengua latina y uso del latín en la vida cotidiana el ejército va a ser el principal transmisor, pero hay también civiles que contribuyen a su difusión, sobre todo comerciantes y Funcionarios, que se des-


Llegan los romanos

plazan y establecen en la Citerior. Sin

que se les permitía conservar sus propios

embargo, la entrada de la lengua del

derechos y costumbres. También es muy

estado romano en las provincias es muy

significativa la presencia de conceptos

lenta, dado que el sustrato lingüístico de

jurídicos totalmente romanos en textos

las comunidades asentadas en el territo-

que fueron escritos en latín por romanos

rio está muy arraigado. Efectivamente,

o iberos ya romanizados, aunque el

se nota un uso balbuceante e inseguro

objetivo fuese resolver litigios surgidos

del latín en un momento en que el ibéri-

entre distintas comunidades indígenas,

co tiene total vigencia. De modo que,

como el mencionado bronce de Contre-

dentro del mismo margen cronológico,

bia, en la Celtiberia oriental.

marcas de cantero ibéricas coexisten con grafitos latinos rayados sobre las superficies cerámicas.

No cabe duda que el desarrollo del fenómeno urbano va ligado a la municipalización y por tanto a la romanización

A decir verdad, en la antroponimia es

de Hispania. Ya desde el primer cuarto

donde mejor se patentiza esta incorpo-

del siglo I a. de C. se advierte la incorporación de conceptos urbanísticos pro-

ración progresiva de la lengua latina. Hay textos epigráficos, que fueron escri-

piamente romanos para estructurar y

tos en latín en los años previos a la llegada de Sertorio, muy significativos por

organizar el espacio dentro de los núcleos de población.

lo que representan en cuanto al grado de aceptación y uso del latín. Nos refe-

Pero no todos los asentamientos roma-

rimos a los de Contrebia y Ascoli.

nos que ejercieron de avanzadillas

Mientras en el primero los nombres son indígenas, en el segundo algunos son

defensivas, con el fin de asegurar la conquista y control de un territorio o mante-

claramente romanos pero la filiación paterna es indígena. De gran importancia es, por otra parte, la aceptación paulatina del ordenamiento jurídico romano por parte de los ilergetes.

ner la estabilidad de las fronteras, y aquellos que actuaron como focos de romanización, van a ser convertidos en centros urbanos. Por el contrario fueron muy pocos, y en la decisión cesariana y augústea de transformación de determi-

Se percibe en las concesiones que hicie-

nados núcleos, donde se instalaron veteranos de guerra, comerciantes o diplo-

ron de la ciudadanía primero a título

máticos, probablemente intervino no

individual y desde César a comunidades enteras de las provincias. Desde este

sólo el decidido apoyo que mostraron a la causa cesariana en plena guerra civil,

momento sus pobladores quedaban con-

sino también el hecho de disponer de

vertidos en ciudadanos hispano-roma-

uno organización urbana relativamente

nos, con idénticos derechos que los

desarrollada y haber mantenido un cier-

romanos, entre otros el de utilizar el

to contacto con las estructuras sociales y

mismo sistema de nominación, a la vez

administrativas romanas. En la Ilergecia 91


Llegan los romanos occidental dos oppida cumplieron estos principios, Ilerda, que disfrutaba ya desde el año 89 del status jurídico latino, y Osca, baluarte romano con Sertorio. Ambos fueron convertidos en municipios romanos por Augusto.

ciones extraordinarias que obligaban a realizar a los iberos no fuesen sólo en especie, tejidos, trigo o lingotes, sino también en moneda acuñada. Por otra parte, en determinados períodos, cuando no llegaban suministros de la República, los denarios ibéricos de plata debían ser imprescindibles para pagar

¿ECONOMÍA MONETARIA O TRUEQUE?

De enorme trascendencia fue la introducción del sistema monetario en el mundo ibérico. Las primeras emisiones se efectuaron en la colonia focense de Emporion entre los siglos V y IV a. de C., extendiéndose considerablemente durante gran parte de las dos centurias que preceden al cambio de Era, hasta el año 45 a. de C. en que las cecas ibéricas dejaron de acuñar con tipos ibéricos exclusivamente. Quiere decir esto que los romanos permitieron la acuñación, desde el siglo II a. de C., de denarios de plata y monedas de bronce con el nombre de las ciudades y gentilicios indígenas, aunque impusieron sus patrones o medidas de peso. Era una medida impuesta por las circunstancias. Desde luego les interesaba que los pagos de tributos regulares y contribu-

las soldadas y hacer frente a los elevados gastos de la administración romana en Hispania. El denario de Bolskan (antigua Osca), fue acuñado en grandes cantidades, según ponen de manifiesto tanto los tesorillos abandonados apresuradamente por sus propietarios o perdidos por los soldados en sus desplazamientos, como otros hallazgos desperdigados por los poblados o necrópolis (fig. 50). Numerosos conjuntos se atribuyen a la necesidad de moneda en la etapa sertoliana, como el desaparecido de Tamarite o Altorricón, de unas dos mil piezas. Además, los ilergetes acuñaron en Ilerda monedas con tipos muy influenciados por otros más propios de las cecas litorales, Emporion (Ampurias) y Kese {Tarragona) y otro, muy raro en el mundo ibérico, el lobo que aparece grabado en algunos reversos de sus bronces. La distribución de estos hallazgos revela el alto grado de circulación de las monedas acuñadas en estas tierras, coinci-

50. Anverso y reverso de un denario de &licor]

92

diendo con las de otros pueblos con los que los ilergetes tuvieron contacto. No es infrecuente hallar en los yacimientos de la Ilergecia monedas suessetanas, sedetonos, vasconas o celtibéricas, junto a piezas hispanogriegas (emporitanas o


Llegan los romanos las monedas acuñadas con el nombre de sus ciudades intervenían sobre todo como medio de pago en las grandes transacciones a distancia y en los impuestos ordinarios o extraordinarios devengados a los romanos.

LA COMUNICACIÓN ES IMPORTANTE

51. La vía romana a su paso por Pertusa. A. Mogollón, la red viaria romana en Aragón, Zaragoza, 1987

imitaciones de éstas realizadas en un principio por los propios iberos), hispanocartaginesas (una de ellas salió en las excavaciones de La Vispesa, y otra de la misma procedencia se guarda en una colección particular) y denarios romanos. Estos últimos constituyen un elemento imprescindible para fechar los hallazgos arqueológicos o fenómenos monetarios del momento. De lo dicho no se puede extraer la conclusión de que los ilergetes dispusiesen de una economía monetaria. Desde luego no parece probable que utilizasen la moneda habitualmente como medio de cambio en sus relaciones comerciales cotidianas. Al igual que otras comunidades, se encontraban en un nivel de simple trueque o intercambio de productos y

Para los romanos no sólo era fundamental que un asentamiento tuviese un buen emplazamiento y orientación, próximo a tierras de labor, sino también que estuviese bien comunicado dentro del territorio y con el resto de las provincias. Para ello construyeron un complejo entramado de vías, algunas de las cuales han sido la base de posteriores caminos medievales y modernos (fig. 51). A través de los itinerarios antiguos, miliarios, puentes y restos de las propias calzadas, podemos tratar de reconstruir la red de carreteras de época imperial. Mayor riesgo comporta deducir cuál de ellas tuvo sus precedentes en el período republicano y sobre todo indígena, pues resulta evidente que los iberos concibieron núcleos de población bien comunicados entre sí por caminos de tierra. Los romanos contribuyeron a acondicionar y aumentar en muchos casos estos accesos. Por consiguiente, la estructuración del territorio y creación de una compleja red de caminos va a ser una de sus principales preocupaciones desde época republicana, y de ello da prueba la documentación. En efecto, antes de la creación de las vías imperiales existieron 93


Llegan los romanos otras para satisfacer su política militar y estratégica en el valle del Ebro. Necesario para sus objetivos de penetración en el mismo debió ser el trazado de un antiguo camino que unía Tolous (Monzón) con Osca, precedente del que, según Estrabón, unió Tarraco, Pompaelo y Oiarso, comunicando los territorios ilergetes, suessetanos y vascones, tempranamente romanizados, del que no hay elementos de dotación. Más fortuna tenemos sobre la vía que pasaba por Ilerda y llegaba hasta Celsa, cuya fecha de construcción podemos aproximar a partir de la inscripción del miliario hallado en Torrente de Cinco, que menciona a Q. Fabius Lobeo, procónsul hacia el año 114 a. de C. (fig. 53). Aunque apartada de esta zona, otra de

gran trascendencia desde el punto de vista estratégico, es la Vía Domitia, construida hacia el 121 a. de C. para comunicar el sur de la Galia con Hispania a través de los Pirineos, que sabemos utilizó Pompeyo cuando fue enviado por Sila para someter a Sertorio. En los tres casos mencionados se produce una transformación o cambio de

dirección en época de Augusto, y es probable que el resto de calzadas imperiales hubiesen conocido igualmente una fase anterior en el período republicano, cuando se ensayan los primeros sistemas de construcción de caminos estables y duraderos. Conseguir accesos que soportasen el intenso tránsito de carros y caballerías en distintos sentidos, algunos de cuyos tramos aún podemos reconocer, era una tarea compleja que los romanos fueron perfeccionando a lo largo del tiempo. Decidido el trazado más apropiado se procedía a su apertura excavando dos zanjas paralelas y entre ambas se profundizaba hasta encontrar el sustrato de base. La solidez y duración del firme se conseguía a base de superponer cuatro capas sucesivas de material de distinta composición y textura, aunque en la práctica su construcción podía ser más simple en función de la importancia del camino. Efectivamente, no se dedicaba el mismo tiempo y material a la construcción de una vía principal que a la de un ramal secundario. Y por otro lado se imponían determinados factores naturales, como la propia composición del suelo y características climatológicas de la zona (fig. 52). Cada ocho estadios, equivalentes a una milla, que venía a ser un kilómetro y

1. Sumnia crusta 2. Nucleus

3. Rudas

4. Sta/timen

52. Fases de construcción de una vía romana

94

medio, se colocaba una señalización, monolito de piedra o miliario, para avisar de la distancia a la que se encontraba la ciudad importante más próxima. En estos mojones de recorrido podía leerse el nombre del emperador o


Llegan los romanos

se instalaban allí. En caso contrario era necesario crear núcleos de nueva planta. .."........03.....,

Desde luego no siempre debieron coinci-

c :1D1V.5

dir con un centro de población, ya que algunas fueron simples apeaderos para reponer las caballerías (mutationes).

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Se supone que en el emplazamiento de estos lugares de descanso y avituallamiento han intervenido factores es-

fmregicos en función

1 o pogro•

ción en el territorio, en razón primero de la conquista, y más tarde de la ro-

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.--',..

-\53. Miliario hallado en las proximidades de Torrente de Cinco. J. Lostal, Los miliarios de la provincia Tarraconense, Zaragoza, 1992

gobernador, responsables de la construcción o remodelación de la vía, que facilitan en muchos casos su dotación. El programa de calzadas incluía el establecimiento a ciertas distancias de pozos o balsas de aprovisionamiento de agua, o estaciones de descanso (mansiones, tabernae y praetoria). Es decir, cada 15 millas debía existir un lugar de reposo con una función similar a las ventas, hospitales o posadas de tiempos históricos posteriores, para que los viajeros, tras una jornada de marcha, pudiesen descansar y cambiar los tiros de las caballerías. Si en estos puntos, atravesando la ruta o en las inmediaciones, existían ciudades u oppida indígenas de población más o menos romanizada las mansiones

manización, cuando se mezclan también objetivos comerciales de introducción de sus productos y objetos manufacturados. Podemos suponer que La Vispesa fuese en el período tardorrepublicano uno de esos lugares de aprovisionamiento conectado a una vía de mayor tránsito que venía de Ilerda y seguía hacia Tolous y Osca, tal vez utilizada por Sertorio, pues no olvidemos que estos núcleos constituyeron sus principales bastiones en su lucha contra Pompeyo. Es posible que Augusto se apoyase en este primer trazado cuando decide construir la comunicación entre Ilerda y Caesaraugusta, pasando por Osca. Es precisamente sobre los trayectos principales de época imperial, utilizados para las relaciones militares rápidas, de los que disponemos de información escrita y mayor número de restos arqueológicos. En cambio hay una notable desinformación acerca de los caminos de segundo orden, por lo general de tierra, básicos para la interrelación entre los distintos poblados y territorios, que 95


Llegan los romanos por lo general han aprovechando otros

mientras que las segundas a núcleos no

de época protohistórica.

lejanos en los que se cruzaban varios ramales o vías secundarias, de las que nos falta información.

Podemos reconstruir dos de estas principales calzadas de largo recorrido a través de Estrabón, que describe la red via-

ria de época de Augusto, y de otros

clocumenios contemporáneos o posteriores. Todos los indicios apuntan a seguir su trayecto coincidiendo en buena parte con tramos de la carretera actual que une Huesca con Lérida, y por tanto muy próximas a La Vispesa. Una se introducía en Hispania desde el núcleo del Imperio, y la otra discurría en sentido inverso, desde Asturica a Tarraco. De esta última, cuyo trazado en dirección a Lérida pudo seguir la línea recta que define actualmente el camino viejo hasta Almacellas, es el miliario de Claudio hallado en Vallbona (Tamarite de Litera) (fig. 53 bis). Otros topónimos, como Dos Fitas y Fita Blanca, por la vecina partida de Ventafarinas, son muy sugestivos y podrían hacer referencia a antiguos miliarios perdidos. De la primera vía conocemos dos puntos de descanso en Pertusa y Tolous, con restos del empedrado y huellas de rodadas de carros; y de la segunda los de Caum (en lIche o Berbegal) y Mendiculeia. Las primeras debían corresponder a lugares inmediatos a su trazado,

96

Para la reconstrucción de éstas últimas sugerimos revisar la toponimia local pues

hay Ilmonlos 19 podrían hacer

referencia a puntos de su trazado, como

Portellada. Otros, como Torregrosa, cerca de El Castellar, la Cantera y el Puntal, pudieron acoger poblados contemporáneos a su construcción. A primera vista el resultado de la prospección en ellos ha sido negativo, pero ésto no es de extrañar si tenemos en cuenta la drástica nivelación de tierras efectuada en los últimos cincuenta años, que dificulta la investigación arqueológica.

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rr 53 bis. Inscripción del miliario hallado en Tamarite de Litera, partida de Val/bona. J. !asta!, Los miliarios de la provincia Tarraconense


VIII. NUEVA OCUPACION DE LA VISPESA


Nueva ocupación de La Vispesa La Vispesa se nos presenta en este

tribución de los materiales arqueológi-

momento como un asentamiento a caba-

cos, esparcidos por toda la cima del

llo entre el indigenismo y la romaniza-

cerro, y es posible que viviendas in-

ción; por un lado, hay formas culturales

dígenas distribuidas por las ladera

y materiales que perpetúan la tradición

fueran reocupadas entonces. La ausen-

indígena, mientras que, por otro, se

cia de formas de campaniense B poste-

advierte la superposición de elementos y

riores a las primeras décadas del siglo I

técnicas plenamente romanas. Donde

a. de C. y de formas sigillatas (a decir

mejor se detectan estas últimas es en la

verdad tres pequeños fragmentos que

arquitectura.

deben corresponder a infiltraciones)

En la primera mitad del siglo I a. de C. el yacimiento sufre importantes transformaciones, los niveles ibéricos son aterrazados y algunos de sus muros desmantelados para abrir las zanjas de cimentación de la nueva fase (fig. 54).

hacen presumir que su abandono se produciría antes de la contienda cesariana, aunque la continuidad de las investigaciones podría modificar este aserto. Por otra parte, hay indicios muy exiguos y superficiales (una moneda de Claudio y sigillatas aretinas y sudgáli-

Se aprecia además una ocupación di-

cas) de que los campos nivelados de la

ferente del lugar a juzgar por la dis-

parte baja acogieron un asentamiento

54. Vista del asentamiento de Lo Vispesa desde el oeste, se advierte la superposición de los muros romanos sobre los ibéricos

99


Nueva ocupación de La Vispesa residual en época altoimperial, hoy arrasado. Vamos a centrarnos en describir las estructuras arquitectónicas más relevan-

complejo siguen siendo indígenas, no latinos. Su modo de vida continúa siendo el tradicional pero adaptado a la nueva función de un asentamiento ubi-

tes que se extienden por la parte superior del cerro correspondientes a una

cado en el campo, quizás subsidiario de la vía, por lo tanto al margen de la vida

edificación totalmente aislada, superpuesta en parte a los niveles de ocupación anterior. Dos paramentos de sillares escuadrados, en dirección noroestesureste, la delimitan por las vertientes oriental y occidental respectivamente.

ciudadana y patricia de las élites roma-

Esta nueva edificación se superpone en algunos sectores a las estructuras ibéricas o las cortan en la parte superior noroccidental. Sin embargo, en la oriental, donde aparentemente no hay restos más antiguos, se asientan directamente sobre el sustrato natural de gravas calcitadas. El estado actual de la investigación no permite aún diferenciar con garantías unidades completas de habitación ni definir sus funciones, es decir, qué espacios fueron destinados a tareas domésticas y cuáles orientados a actividades productivas, industriales o de almacén, Pero hay elementos que se pueden poner erg relación con nuevas modas incorporadas de fuera, como la estructura arquitectónica organizada en función de un patio interior o atrio con una abertura en la techumbre que pudiera coincidir en planta con un pozo para la reserva de agua pluvial, en torno al cual se abren otras piezas destinadas a funciones diversas. Ahora bien, es importante no perder de vista que los habitantes de este nuevo 100

nas. Su indigenismo queda patente no sólo en la vajilla que utilizan, sino también en las huellas que dejan grabadas para la posteridad sirviéndose del alfabeto ibérico, en forma de grafitos sobre la cerámica o de marcas de cantero sobre los sillares. En efecto, el signo ca se repite grabado en los sillares inferiores del paramento de la ladera este y en algunos del depósito de agua (fig. 25). Aún conscientes de lo que implica no disponer de suficientes datos para concretar las características y función del yacimiento, por no haber finalizado la investigación, salta a la vista que su posición estratégica y próxima a la vía romana debió conferirle un importante papel como núcleo rector del poblamiento de su entorno y, en concreto, en la penetración de la romanización en La Litera y el valle medio del Ebro, ya en el siglo II a. de C.

TÉCNICAS NUEVAS, MATERIALES TRADICIONALES

Las novedades en esta segunda ocupación se van a concretar más a las técnicas edilicias utilizadas en el levantamiento de algunas estructuras que a los propios materiales empleados en las


Nueva ocupación de La Vispesa

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55. Alzado del paramento occidental. Dibujo de J. M. Pesqué

mismas. Sus habitantes romanizados no conocen aún elementos como el ladrillo cocido y la teja que en el futuro van a suponer importantes avances en los sistemas constructivos.

caso se percibe la técnica de unión de las hiladas, a base de rebajar la parte interior del sillar, dejando el borde en resalte, para asegurar el perfecto encaje entre ellos.

Las cimentaciones descubiertas corresponden a dos clases de muros, los de carga y los de tabiques principales. En cuanto a los primeros se conservan dos paramentos levantados con grandes bloques perfectamente trabajados que distan entre sí alrededor de 40 m.

El paramento oriental conserva tres hiladas. Por su disposición parece que ejerció una doble función, de muro de carga y a la vez de contención de la erosión de la ladera. Para su erección primero se abrió una profunda zanja y posteriormente se levantó un murete de piedras aparejadas irregularmente adosado la ladera que quedó oculto tras la colocación de los sillares.

Los sillares son de arenisca, de gran tamaño, oscilan entre 1 y 1,50 m de longitud y la mayoría sobrepasan los 0,50 m en anchura y altura, presentando los inferiores almohadillado profundo en ambas caras. Se disponen en hilera, aparejados a soga en opus quadratum, sin unión de argamasa alguna. En algún

En cuanto a la estabilidad del que se sitúa en la vertiente opuesta, con cinco hiladas en pie, que debía soportar la fuerte descarga de los muros de mampara y de las techumbres, venía asegu101


Nueva ocupación de La Vispesa rada también por la excavación de una profunda zanja de fundación hasta llegar a suelo firme, que luego rellenaron con piedras y arcillas trituradas. A veces se utilizaron como fundamentos los muros de las fases constructivas anterio-

cias. Aquí la técnica de construcción elegida fue el aparejo irregular sin utilización de argamasa para las junturas. Se advierte en todos ellos la inclusión de numerosos elementos arquitectónicos del período precedente, principalmente

res o se aterrizó el terreno rellenando los huecos que quedaban entre estas

bloques de los mampuestos desmontados, molinos de vaivén de conglomera-

estructuras más antiguas (fig. 55).

do o granito, trozos de pavimentos y cerámicas a modo de calces. Las piedras seleccionadas para estos alzados apenas están careadas y salta a la vista el descuido en su factura al emplear módulos y formas muy irregulares, además de las numerosas y sucesivas reparaciones que soportaron por el normal deterioro (fig. 56).

A juzgar por el sillar que aún se conserva in situ, con la misma orientación y a unos 7 m del anterior, es presumible pensar que debieron existir otros paramentos intermedios de las mismas características e idéntica función. Por otra parte, están los lienzos de separación de las distintas depende-

56. Muro romano de aparejo irregular. Dibujo de .1. M. Pesqué

102


Nueva ocupación de La Vispesa La disposición de las hiladas de estos

materias vegetales y madera. Tablones

muros, que en ningún caso van encas-

de madera permitían formar un arma-

trados en los de carga sino yuxtapuestos, tiende a la horizontal aunque con grandes irregularidades. Uno de los mejores conservados, porque el sedimento arqueológico lo ha preservado, presenta hasta 15 hiladas en pie, lo que significa un muro emergente de bastante

zón básico y firme, y elementos como cañas, ramas, hojas o pelo de animales contribuían a hacer más impermeable y resistente la arcilla que lo recubría,todo. Su uso en las cubiertas y paredes no es en modo alguno indicio de localismo o pobreza, como podría pensarse, puesto

altura. Si la cimentación se hundió en la tierra alrededor de un metro, y los muros habitualmente se recrecían en adobe (crudus lates-) o tapial, se puede deducir la existencia de una planta de sótano o bodega utilizada para almacén. No se han encontrado indicios arqueológicos de soportes de un piso superior, como en casas de otros yacimientos del valle del Ebro.

que está documentado incluso en las casas que se construyeron en tiempos de Augusto en Roma, siendo transformado y embellecido su aspecto mediante la aplicación de ricos revestimientos de pintura o planchas de piedras decorativas.

Aunque no han quedado restos, otros muros más ligeros de tapial reforzado internamente con maderos embebidos, pudieron ser levantados para separar pequeños recintos en el interior de las grandes estancias destinadas a distintos usos, domésticos, industriales, de almacén, etc.

EL EMBELLECIMIENTO DE LAS SUPERFICIES

Las coberturas de los espacios, tanto las estancias destinadas a la vivienda como el patio con el depósito de agua, es un tema que solamente podemos plantearlo en el terreno de la hipótesis.

Siguiendo la tradición indígena, para unificar la irregularidad de los paramentos, recrecidos en adobe o tapial, y emboscar la pobreza de los materiales constructivos se aplicaba, tanto al interior como al exterior, un revestimiento de arcilla diluida en agua, sobre el que se extendía una o varias capas de mortero de cal posteriormente pulido y pintado en blanco. Algunas estancias recibían además una capa de pintura coloreada que les daba un aspecto más cuidado y decorativo.

Probablemente éstas fueron planas o en vertiente, como en época ibérica. Arqueológicamente se constata el desconocimiento de la teja. Por consiguiente, se debe presumir, a falta de este ele-

La discusión se centra tradicionalmente en el tipo de técnica utilizada en la aplicación de esta pintura de color, si se hacía al fresco, es decir sobre un en-

mento, el uso de otros materiales deleznables y perecederos como la arcilla,

lucido recién aplicado y aún húmedo, o al temple cuando éste ya estaba seco. 103


Nueva ocupación de La Vispesa negro y rojo que podrían corresponder al acabado de las paredes o pavimentos, también a zócalos o remates de cornisas. Estas afirmaciones están corroboradas por la información que proporcionan otros yacimientos con casas de similar cronología, donde aparte de los pavi57. Fragmento de opus signinum de La Vispesa

mentos de tierra endurecida aparecen otros más complejos de elaboración a

A primera vista parece que el procedimiento empleado aquí fue el de la pintura al fresco puesto que los elementos hallados en excavación presentan una pintura que ha hecho cuerpo con el estucado y no se desprende fácilmente como sucedería de tratarse de fa técnica al temple, no obstante es conveniente analizar estos restos para verificarlo. De cualquier forma debemos dejar correr la

base de varias capas de mortero: una primera de cantos rodados de pequeño módulo, a la que sigue una lechada de cal y cantos de caliza y otra de cal y grava de poco grosor, sobre la que se aplica una capa de pintura roja. El efecto decorativo y de acabado que se conseguía asemejaba bastante este tipo de suelo al opus signinum.

imaginación y pensar que las dependencias de este establecimiento presentarían

LA ESTANCIA DE OPUS S1GNINUM

un aspecto similar al de cualquier casa actual, con las paredes blancas o coloreadas y a veces decoradas con cenefas,

Las primeras campañas arqueológicas confirmaron la información aportada por el manuscrito de D. Benito Coll

listones o dibujos muy sencillos, lejos de

sobre la existencia de una estancia pa-

quedarnos con la imagen de la tosque-

vimentada con opus signinum y deco-

dad e irregularidad del aparejo de pie-

ración linear teselada en las inmedia-

dra que el tiempo nos ha trasmitido.

ciones del depósito de agua. Desgra-

Los suelos también eran cuidadosamente tratados. El mal estado de conservación de los restos de La Vispesa impide definir con exactitud la técnica utilizada en todas las superficies. Normalmente se echaba una lechada de arcilla que era prensada o apisonada, luego cubierta de una capa de yeso y pintada como las paredes. De hecho se encontraron bastantes fragmentos de estuco pintado en 104

ciadamente no fueron muy numerosos los restos hallados en el curso de los trabajos pero sí suficientes para descubrir en varios puntos el mortero de preparación de este pavimento cuya firmeza estaba asegurada al yuxtaponerse al estrato de gravas previamente acondicionado (fig. 57). La presencia del opus signinum en los yacimientos del valle del Ebro represen-


Nueva ocupación de La Vispesa ta la introducción de los gustos itálicos

aire libre, patios abiertos o impluvia,

a través de la inmigración de colonos que, en busca de tierras, se instalan en antiguos asentamientos ibéricos cercanos a zonas fértiles. El parecido del opus de la Vispesa con otros del valle permite fijar su dotación entre finales del siglo II a. de C. y mediados del siguiente, lo que naturalmente es clave

como es el caso que nos ocupa.

para fechar el comienzo de la construcción de las dependencias de esta segunda ocupación. Era utilizado en habitaciones de las casas urbanas y en las rústicas de una cierta categoría social. Además, sus características de dureza e impermeabilidad lo hacían especialmente idóneo para los suelos de determinadas estancias, sobre todo las que debían estar al

Ahora bien, su elaboración no era fácil, exigía disponer de unos conocimientos técnicos muy precisos que no tenían en principio los iberos, por lo que muy posiblemente fue una tarea encargada a artesanos itálicos que llegarían con los colonos. La duración de un suelo de opus signinum dependía del cuidado en el proceso de preparación pero sobre todo de la clase de mortero empleado, una mezcla de cerámica o ladrillo triturado, arena, cantos rodados o piedrecillas de pequeño tamaño y cal. Este preparado se extendía y nivelaba sobre el terreno ya acondicionado, y posteriormente se aplicaba pintura roja y un pulimento hasta

58. Vista de una de las habitaciones pavimentadas con opus signinum y decoración tese/lada de Velillo de Ebro (Zaragoza)

105


Nueva ocupación de La Vispesa conseguir una superficie uniforme y deslizante, muy llamativa. Su efecto decorativo se enriquecía, a veces, embutiendo en el mortero aún fresco piedrecillas blancas o tesellas en forma de pequeños cubos unidos entre sí por uno de sus lados o por sus vértices. Se trazaban así líneas que componían dibujos muy sencillos, geométricos, florales o figurativos, en ocasiones swasticas o motivos marinos como delfines. En La Vispesa, si nos atenemos a los escasos fragmentos hallados en excavación y los dibujos realizados por el erudito binefarense, podemos afirmar que se aplicaron decoraciones teseladas formando motivos lineares muy sencillos

(fig. 58).

LA FUNCIÓN DE LOS ESPACIOS

Las excavaciones realizadas hasta ahora no permiten aislar con claridad ninguna dependencia completa entre los muros de carga construidos con grandes sillares y los de mampara levantados en aparejo irregular, perpendiculares y paralelos a aquellos. Por otra parte, junto al depósito de agua se atisban otros muros con diferentes direcciones que deben corresponder a remodelaciones constructivas posteriores. Esperamos que próximas investigaciones permitirán definir los muros de cierre y vanos de las distintas habitaciones, además de las funcionalidad de cada una de ellas. El único habitáculo delimitado en sus cuatro lados se encuentra adosado al 106

59. Lucerna romano-republicana de La Vispeso. Museo Provincia! de Huesca

lienzo perimetral más occidental. Es un espacio más bien reducido, de forma pseudotrapezoidal, cuyo suelo se asienta directamente sobre el sustrato de gravas. Aquí aparecieron cerámicas comunes de cocina mezcladas con gran cantidad de cenizas y carbones y áreas quemadas, lo que hace suponer que esta estancia tuvo un uso doméstico, aunque no se pudo aislar ninguna estructura de combustión. Por otro lado está la estancia pavimentada con signino rojo, cuyas dimensiones definitivas nos son desconocidas porque la investigación en este sector no está concluida, aunque por los 18 m2 excavados hasta el momento se presume que puede ser mayor. La presencia de un depósito de agua artificial en el lado suroriental, en una posición centrípeta, subordinada a la topografía del cerro y adaptada al espacio disponible, sugiere atribuir a esta estancia la función de patio interior. Estas características permitían asegurar por una parte la iluminación de las dependencias distribuidas alrededor, y por otra el abastecimiento de agua.


Nueva ocupación de La Vispesa Si se confirma esta función de patio, junto con la presencia del pavimento signino, estaríamos ante una clara influencia itálica. Las estancias domésticas de la época disponían del típico atrio toscano con cubierta a cuatro vertientes que convergían en el centro hacia un espacio que, en planta, ejercía la función de complu-

59 bis. Depósito de agua situado en la cumbre

vium, o receptor de aguas. Otra fórmula

del cerro de La Vispesa

era el atrio testudinado, es decir cerrado, que proyectaba el espacio en altura a partir del levantamiento, al menos de un piso, sobre la planta baja. El primer tipo, que hunde sus raíces en el mundo griego, se puede seguir en yacimientos bien investigados en el valle del Ebro, como el Cabezo de Alcalá de Azaila, con cronología final de la etapa sertoriana, o Celsa, colonia fundada por el triunviro Lépido. Mientras que el atrio testudinado no está bien documentado en Hispania, solamente dos casas de ésta última colonia aportan información sobre su conocimiento en el mismo valle, dentro de una cronología que va desde mediados del s. I a. de C. al año 68 de la Era. En La Vispesa debía corresponder más bien al tipo de atrio toscano o patio.

nes en función de su tamaño y número de habitantes. Sin duda la presencia del pozo aquí, con una capacidad aproximada de treinta metros cúbicos, significa la necesidad de tener asegurada la disponibilidad permanente de agua potable en el establecimiento, captando las aguas pluviales de las cubiertas de las estancias situadas en torno al patio donde se encontraba (fig. 60). Esta necesidad de aprovechar el agua, en un momento en el que probablemente la sequía era manifiesta, está bien demostrada en yacimientos de la misma comarca.

El aprovisionamiento de agua era de gran trascendencia en la buena marcha

En efecto, no son infrecuentes en esta tierra la construcción de grandes aljibes labrados en la arenisca natural, o excavados en los sedimentos naturales y posteriormente revestidos de piedra no careada y regularizada con arcilla y mortero de cal para impedir las filtraciones, ya desde la Edad del Hierro. Del primer tipo son los grandes depósitos de

de un asentamiento y para ello se construían depósitos de variadas dimensio-

los Castellassos, de sección circular o cuadrangular y comunicados entre sí por

EL APROVISIONAMIENTO DE AGUA

107


Nueva ocupación de la Vispesa

13

15

Zafranales, testimonian el segundo tipo descrito (fig. 45).

60. Dibujo en planta y corte transversal del pozo

situado en la cumbre del cerro de La Vispesa.

1. M. Pesqué

distintos canalillos. Por su parte, los aljibes del Regal de Pídola, inmediato a la Vispesa, el Pilaret de Santa Quiteria y 108

La ausencia de material arqueológico en su interior no es buena aliada para definir con seguridad su función y cronología, sólo su gran tamaño y capacidad nos inclinan a pensar en su uso como aljibes para recogida de agua, pero los más pequeños pudieron servir también para guardar alimentos, a modo de silos como está documentado en otros lugares. En cuanto a la cronología de construcción y uso la debe decidir inevitablemente la del mismo yacimiento en el que están incluidos. En el de La Vispesa se hallaron, entre otros materiales, formas de cerámica campaniense B que confirman una cronología de su construcción entre finales del II y principios del I a. de C.


Nueva ocupación de La Vispesa El depósito excavado en el yacimiento

época, que en Grecia tenemos al servi-

coincide con la cota más elevada del cerro y tiene forma cilíndrica en perfil de botella, para evitar en lo posible la evaporación y la contaminación del agua. Conserva en la actualidad ocho hiladas de sillares desde la base, con una altura media de los mismos de 0,45 m, a las que hay que añadir, hasta el nivel super-

cio de edificios públicos o templos, con medidas entre 2 y 12 m de profundidad

ficial actual, dos más que fueron desmontadas, a juzgar por fragmentos de sillares esparcidos por los alrededores. Es decir, que su profundidad total superaba los cuatro metros.

de C., que reaprovecha, a su vez, una estructura en opus quadratum del siglo anterior.

Para su construcción se utilizaron bloques de arenisca de gran tamaño y espesor, escuadrados con la misma técnica que los paramentos de las laderas, unidos en seco y recubiertos de un revestimiento hidráulico interior según se advierte en el fondo y paredes de la zona más profunda. La boca se protegió con un brocal, de piedra o madera, del que no se ha conservado nada. No es habitual la utilización de esta técnica de recubrimiento de piedras de sillar en los depósitos para la captación de agua de yacimientos hispanos de la

y 1 a 3,5 m de diámetro de boca. Por el contrario, el aparejo más frecuente es el opus caementicium, y así está construido el aljibe hallado en un solar de la capital de Huesca, de forma cuadrangular, datado en la primera mitad del s. I

Para la extracción del agua se debían emplear recipientes de cerámica unidos a grandes sogas. Aquí se han hallado fragmentos de tuberías de cerámica, sin duda destinadas a su distribución hacia las distintas dependencias. La utilización del agua no debía ser directa. De ello advertía Vitrubio que, aunque cantaba las excelencias del agua de lluvia porque se purificaba a través del espacio, también resaltaba la inconveniencia y peligro de su utilización inmediata. Si tenía mucho contenido en limo, debía ser purificada mediante la adición de sal, o añadiéndole determinadas hierbas, y normalmente hervida o filtrada antes de su uso doméstico.

109


IX. ADENTRÁNDONOS EN SUS COSTUMBRES


Adentrándonos en sus costumbres

4 .

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I

.

61. Instrumentos agrícolas ibero-romanos. Dibujo de 1. M. Pesqué

A través de los materiales, construcciones y diferentes objetos, encontrados en el yacimiento se puede establecer el origen, evolución y período final del mismo. También conocer sus tradiciones, así como las innovaciones que les hacen adquirir otras creencias, nuevas costumbres en la manera de vestir o comer, y en la utilización de instrumentos agrícolas, hasta entonces desconocidos, que les permiten obtener mayores beneficios en sus explotaciones, o el establecimiento de relaciones comerciales con centros distribuidores de los que se abastecen (fig. 61).

tos alimenticios que consumían los habitantes de La Vispesa, lo que permite a su vez trazar una imagen aproximada de la explotación de su entorno, teniendo en cuenta las características geográficas del territorio. Seguramente practicaron una agricultura de secano, cultivando cereales, trigo, cebada y avena, tal como lo confirman los numerosos molinos del asentamiento, así como los abundantes restos de dolia. Otros cultivos serían las leguminosas, lentejas, habas y guisantes, además de las frutas, que junto con la vid, el olivo y la miel completarían una dieta fundamentalmente vegetariana.

Mediante fragmentos cerámicos, piedras y manos de molino, y restos óseos deducimos cuáles eran los produc-

La ingestión de carne, menos abundante, la obtendrían del ganado y de la 113


Adentrándonos en sus costumbres caza. Los restos de fauna hallados ponen de manifiesto la existencia de ovicápridos, con un claro predominio de la oveja sobre la cabra, menos abundantes son los de cerdo, bóvidos y gallinas, animales todos ellos que completarían su

otros elementos que compondrían el ajuar doméstico (fig. 62).

LA PRODUCCIÓN CERÁMICA

alimentación. Al hablar de los tiempos anteriores al La caza, practicada no sólo como divertimento, sino también como factor importante de la economía doméstica aumentaría las reservas de carne, que en el yacimiento está representada por restos de ciervo, conejo y zorro. Relacionado con esta actividad y con otras bélicas, el caballo es un animal fundamental para los pueblos ibéricos, aunque debemos decir que, por el momento, sus restos son los menos significados en La Vispesa. La presencia de pondera y fusayolas, confirma la existencia de pequeñas industrias textiles de carácter familiar, con las que se autoabastecían y satisfacían sus necesidades cotidianas. Los materiales utilizados serían básicamente la lana, obtenida de las ovejas, y el lino, sin olvidar el esparto, cuya explotación ha perdurado en la zona, que serviría para la fabricación de calzado, esteras y

ao 62. Fusayolas de arcilla de La Vispesa

114

poblado ibérico de La Vispesa, hemos observado como la cerámica, desde su invención en el Neolítico, se convierte para el arqueólogo en un elemento de vital importancia para el conocimiento de las poblaciones que la fabricaron y se sirvieron de ella. En efecto, la cerámica aporta datos sobre elección de materias primas, técnicas utilizadas, gustos estéticos y modos de vida a través de posibles funciones. Pero sobre todo, sus secuencias tipológicas se convierten en un factor decisivo a la hora de atribuir cronologías a necrópolis y asentamientos. La aparición del torno rápido de alfarero supone unos de los mayores avances en su proceso de fabricación; implica una mejor selección y mayor depuración de arcillas y desgrasantes, y un mejor modelado que conlleva a la reproducción fiel de prototipos. Sin olvidarnos del perfeccionamiento de los sistemas de cocción, decoración y aumento de la producción, lo que hace que se convierta en una industria con repercusiones económicas, y también sociales, ya que a partir de este momento la fabricación de las vasijas va ser una tarea prácticamente exclusiva de los hombres, artesanos y esclavos, mientras que las mujeres, en especial en las primeras fases, que-


Adentrándonos en sus costumbres dan relegadas a la elaboración, todavía manufacturada, de los recipientes de uso doméstico, especialmente los utilizados en la cocina. Son los fenicios quienes introducen el torno en la Península en el primer cuarto del siglo VIII a. de C., tal como lo ponen de manifiesto los hallazgos en las fadorías y escalas púnicas levantinas y andaluzas, además de los encontrados en yacimientos tartésicos de la misma época. Aunque su definitiva implantación en lo que luego será territorio ibérico es obra de los griegos cuyas producciones cerámicas, jonia, ática de figuras negras y de figuras rojas, se convierten en el modelo inmediato de las ibéricas en los períodos pleno y tardío.

Los restos aportados hasta ahora por el yacimiento corresponden a tres momentos culturales, un ambiente de Campos de Urnas del Hierro, en el que perviven tradiciones de la Edad del Bronce, en su inicio, seguido de la etapa ibérica, a la que se llega tras un proceso de cambios y adaptación, que aquí acontece tardíamente y coincide con la impregnación de elementos del mundo romano. De los tres momentos únicamente dos se reflejan en la arquitectura del asentamiento, las estructuras ibéricas de época tardía y las edificaciones romanas del siglo I a. de C. Sin embargo, los materiales muebles del mismo, cerámicos sobre todo, corroboran los procesos de iberización y romanización en La Litera sin solución de continuidad.

LA TRADICIÓN

La cerámica perteneciente al grupo cultural de Campos de Urnas se encuentra en superficie y en las trincheras realizadas para la construcción de los paramentos de época romana. Los fragmentos recuperados muestran un repertorio variado en cuanto a su funcionalidad, tipología y decoración. Existen pequeños cuencos y ollas utilizados como vajilla de mesa y cocina, así como grandes recipientes de almacenaje. Formalmente la mayoría presentan 63. Fragmentos cerámicos con decoraciones de acanalado de la Primera Edad del Hierro de La Vispesa. Dibujo de J. M. Pesqué

carenas suaves, perfiles globulares y bitroncocónicos con fondos redondeados y planos. 115


Adentrándonos en sus costumbres

Algunas de estas vasijas son lisas, sin ninguna clase de ornamentación, mientras que otras muestran decoraciones, plásticas a base de cordones aplicados

LA VISPESA ES UN POBLADO IBÉRICO

La etapa en que se construye y desarrolla el poblado coincide con la primera diversificación de grupos cerámicos ibé-

con digitaciones y ungulaciones, pequeñas incisiones en los bordes, acanalados

ricos, es cuando surgen las decoraciones con pintura blanca en el área indi-

poco profundos y superficies peinadas. Junto con las asas de apéndice de botón aparecidas, ponen de manifiesto la perduración de elementos europeos más antiguos en esta zona, con los propios de los Campos de Urnas de la Edad del Hierro (fig. 63).

kete, comienza la producción y comercialización de la cerámica gris emporitana en Cataluña y Valencia, y la de barniz rojo en Levante, Sudeste y Andalucía. Estas innovaciones concurren con el apogeo de la cerámicas áticas de figuras rojas, de gran valor cronológico, ya que su brusca desaparición en el siglo III a. de C. provoca una gran indefinición en la tipología y dotación de los poblados ibéricos hasta finales de la centuria cuando hacen su aparición las producciones griegas de las colonias occidentales y la campaniense A.

Todo lo cual viene a confirmar la idea de marginalidad de estas tierras y su desfase cronológico respecto a otras, en el proceso de aculturación en la Edad del Bronce-Hierro, y que se repite durante la iberización, como lo confirma la estratigrafía del asentamiento.

64. Patera de cerámica gris empantane de La Vispesa

116


Adentrándonos en sus costumbres A partir de este momento la cultura ibé-

serie de contactos comerciales con otros

rica comienza a formar parte del ámbito romano. En los poblados se encuentran junto a las itálicas las producciones indígenas que alcanzan su máximo desarrollo, no solo por la diversificación de talleres y productos, como la de barniz rojo ilergete, sino también la riqueza, variedad y perfección ornamenta-

centros de los que se abastecía para

les. Paralelamente se intensifica la producción de los escasos talleres que decoran la cerámica ibérica con diferentes escenas de carácter conmemorativo y religioso en las que la figura humana desempeña el papel protagonista (fig. 75).

cubrir sus necesidades cotidianas y también de los que obtenía piezas de relativo lujo. De todas las producciones de esta etapa, la ibérica decorada es la más abundante. Hecha a torno, de pastas depuradas con desgrasantes finos y coloraciones rosadas, amarillentas y marrones. Una vez cocida con fuego oxidante a temperaturas entre 900° y 1000° C, la pasta muestra tres capas de las que, la más interna, es la menos oxidada de todas ellas, produciendo un sonido metálico al golpearla.

La mayoría de estos hechos que afectan de un modo general al territorio ibérico se refleja en los hallazgos cerámicos de La Vispesa, y así podemos hablar de productos locales procedentes de talleres y centros difusores más o menos cercanos, y de elementos de importación, romanos en este caso.

Las formas denotan la evolución y transformaciones por las que la cultura ibérica atraviesa. En un primer momento imitan productos de importación, púnicos y griegos, luego se fabrican las propiamente ibéricas, para acabar adoptando tipos del repertorio romano.

Los primeros están representados por cerámica ibérica decorada, cerámica de barniz rojo ilergete y gris emporitana. Denotan su pertenencia a un poblado plenamente asentado que mantenía una

Los restos más numerosos corresponden a kálathos. Considerado como la forma cerámica ibérica por excelencia, se documenta en el Sudeste y País Valenciano desde la segunda mitad del

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65. Motivos decorativos geométricos y vegetales que adornan la cerámica ibérica 117


Adentrándonos en sus costumbres siglo IV a. de C., en su modalidad de cuello estrangulado. A principios del III es sustituido por el kálathos típico, sin carena bajo el borde, asociado a la difusión de la cerámica campaniense en la Península, con dos modalidades básicas, el kálathos de cuerpo troncocánico y el cilíndrico que perdura hasta César y Augusto (fig. 66). El oenochoe, presente también en el yacimiento, aunque menos abundante que el anterior, a pesar de tener precedentes en recipientes metálicos rodios, no debe ser considerado como una forma de imitación griega en sentido estricto, sino simplemente como una incorporación genérica a la vajilla indígena, con una funcionalidad tan primaria como la de verter, y suele fecharse a partir del siglo III. El resto de las formas cerámicas aparecidas, de distintos perfiles, cilíndrico globular, ovoide y bitroncocónico, son comunes a toda la cultura ibérica, desde época plena.

plicados, vegetales y figurados, el trabajo se hacía a mano alzada. Los recipientes encontrados en La Vispesa denotan las existencia de piezas procedentes al menos de dos talleres. El primero con producciones sin engobe o con engobes transparentes, y temas decorativos pintados en colores vinoso y siena, mientras que el segundo aparece representado por escasos fragmentos de superficies totalmente cubiertas con un denso engobe amarillento, en ocasiones casi blanco, sobre el que se ha aplicado una pintura espesa en un color granate oscuro. Esta peculiaridad no es exclusiva, ya que esta clase cerámica es frecuente en otros yacimientos literanos, como Olriols. Los motivos decorativos plasmados en los recipientes, igual que sucede con las formas, sufren una evolución. Esta no sólo se aprecia en la estilización de

Sus funciones son diversas, mientras que los pequeños boles, escudillas y oenochoes eran piezas de la vajilla de mesa, pithoi y pithiskoi se destinaban a contener sólidos y líquidos, y los kalathoi a ciertos productos como salazones y miel. La pintura, técnica mayoritaria en las decoraciones, en colores vinosos, achocolatados y sienas se aplicaba con pincel y la pieza puesta en el torno para bandas y filetes; para los motivos circulares se utilizaba el compás y para el resto de los temas geométricos más com118

66. Kálathos de Ofriols


Adentrándonos en sus costumbres

algunos temas sino también en la intro-

mayor poder de atracción han ejercido,

ducción de nuevos elementos que vienen a enriquecer las ornamentaciones y, que además son acumulativos, pues los nue-

en primer lugar, por lo que de reflejo tie-

vos no sustituyen a otros que desaparecen, sino que se suman a los anteriores logrando composiciones profusas y barroquizantes.

valiosísima aportación para el conocimiento de la vida cotidiana, costumbres y creencias religiosas.

Las primeras decoraciones son sencillas

ejemplo en la Vispesa. Se trata de un

y simples, a base de bandas y filetes

fragmento perteneciente al cuerpo de un

paralelos copiados de producciones

keriathos ligeramente troncocónico con la

foráneas. Con el tiempo, la ornamentación se enriquece con motivos geométricos algo más complicados, que constituyen una serie común a la producción ibérica, entre los que figuran círculos y semicírculos concéntricos, series de líneas onduladas, líneas de postas verticales y horizontales, dientes de lobo, ajedrezados, reticulados y series de eses, entre otros.

figura incompleta de un personaje masculino, realizada en tinta plana, sin que se pueda apreciar ningún detalle de su indumentaria. Esta pieza, junto otros pequeños fragmentos procedentes de San Sebastián de Tamarite de Litera y El Castillo de Chalamera, convierten a este

nen estas composiciones para el que las contempla, y en segundo lugar, por la

De esta variedad decorativa existe un

En una fase posterior se introduce el elemento vegetal, que enmarcado o alternando con los motivos geométricos constituye la decoración básica. Los temas utilizados son la palmeta, la hoja de hiedra con distintas variantes, róleos y zarcillos (figs. 65 y 68). A éstos, en breve lapso de tiempo, viene a sumarse la aparición de temas figurados logrando composiciones en las que las representaciones animales y humanas se muestran enmarcadas y arropadas por los motivos geométricos y vegetales, dando lugar a lo que se ha denominado "horror vacui" de las composiciones vasculares ibéricas. Son, sin duda, estas vasijas en cuya decoración interviene la figura humana las que

67. Oenochoe de barniz rojo ilergete de La Vis pesa. Dibujo de J. M. Pesqué

119


Adentrándonos en sus costumbres territorio aragonés en una zona de vital importancia para comprender el fenómeno de expansión de la cerámica ibérica con decoración humana (fig. 75).

El área de difusión coincide con la atribuida al pueblo ilergete, desde Cataluña hasta la sierra de Alcubierre, siendo la Litera una de las comarcas con mayor número de hallazgos, La Vispesa, San Sebastián, Los Castellassos, Monderes, Olriols. Su homogeneidad parece indicar que fue producida en un solo taller

SUS INTERCAMBIOS CON OTROS POBLADOS

Los restos de cerámica ibérica denotan la existencia de diversos alfares con rasgos distintivos en sus producciones, aunque éstas muestren caracteres comunes a toda ella. Sin embargo, en este período surgen, como hemos dicho, talleres que incorporan al mercado vajillas originales inspiradas en productos ajenos a los ibéricos, tales como la cerámica de barniz rojo ilergete y gris emporitana, diferentes sobre todo por las coloraciones de las superficies. La primera, considerada como elemento definidor de la cultura material del pueblo ilergete, ha sido tenida en cuenta a la hora de discutir los límites de su frontera occidental. Lo más destacado es su barniz de muy buena calidad aplicado con pincel en las superficies externas e interior de los cuellos; de color rojo que oscila a tonalidades rosáceas, anaranjadas o granates y en el que se aprecian influencias orientalizantes. Mientras que en el repertorio formal se pone de manifiesto, además del sustrato de Campos de Urnas del Hierro, las repercusiones del contacto griego y de la conquista romana, con jarras, como el oenochoe, boles, platos, páteras y copa (fig. 67). 120

situado en la proximidades de Lérida, desde fines del siglo III hasta finales del II o principios del I a. de C. La segunda producción local, la cerámica gris emporitana, se encuentra representada por una patera completa y escasos fragmentos de jarritas. Dada la situación del asentamiento, localizado en el área de expansión de esta vajilla no es de extrañar la aparición de sus restos, teniendo además en cuenta que su época de fabricación y distribución por tierras catalanas y levantinas coincide plenamente con la etapa de vida de La Vispesa (fig. 64).

NUEVAS CERÁMICAS, NUEVAS COSTUMBRES

La alfarería de lujo indica, no sólo la existencia de relaciones comerciales entre grupos diferentes, sino también la de otros social y económicamente destacados que los adquieren y utilizan. Así pues, la aparición de productos de uso cotidiano y fabricados en serie, dirigidos a determinadas clases sociales y con funciones específicas, revela el verdadero grado de intercambio y comunicación entre pueblos y culturas diferentes. Es la cerámica de uso doméstico la que mejor trasmite este fenómeno, y en la


Adentrándonos en sus costumbres

68. Detalle de los motivos pictóricos que adornan un kálathos de La Vispesa. Dibujo de 1. M. Pesqué

que más diferencias e innovaciones observamos respecto al mundo indígena, cuya vajilla de cocina, de escaso repertorio, está constituida por recipientes fabricados a mano, de pastas groseras, superficies alisadas y quemadas, y tipologías sencillas, con fondos planos o redondeados que, en cierta medida, recuerda a la utilizada anteriormente.

tamaños destinados a funciones culinarias primordialmente, y también de almacenaje. De todos ellos en La Vispesa han aparecido cazuelas, platos de borde bífido y platos de barniz rojo pompeyano, además de ánforas y grandes tinajas. Las primeras, derivadas del caccabus itálico, a su vez heredero de un vaso de cocina púnico del siglo VII y del griego kakkabé del siglo VI a. de C., tienen el fondo hemiesférico, con las paredes más o menos curvas, amplia boca y un rebaje en el borde interno para encajar la tapadera. Aunque en un principio tuvieron asas, en la versión romana éstas

Por lo cual la cerámica doméstica o común romana es un elemento innovador, tanto por la variedad de las formas, como por la diversidad de sus funciones. Compuesta por los vaso coquinaría, vasijas destinadas a guisar, elaborar, guardar y transportar los diferentes alimentos. Son ollas, cuencos, morteros, coladores, embudos, platos, fuentes,

desaparecen por lo que cabe suponer la

ánforas, cántaros, tinajas, es decir toda una serie de recipientes de diferentes

tenido.

utilización de un cazo para servir el con-

121


Adentrándonos en sus costumbres Debido a su forma, en ellas pueden guisarse gran variedad de platos, desde caldos y salsas hasta lenticula (lentejas) y pultes compuestos básicamente de agua y harina como las gachas o las farinetas, a los que se podía añadir grasas, y muy diluidos se tomaban como refrescos en época estival, también se utilizaban para la elaboración del minuta!, plato compuesto de verduras rehogadas y mezcladas a modo de la actual menestra. En La Vispesa se documenta la forma Celsa 79.28. Tiene el borde horizontal, ligeramente inclinado con rebaje interno muy marcado que recuerda al lapas púnico muy popular en el Mediterráneo occidental.

Los platos de borde bífido, pertenecientes al grupo de las patinae o tarteras, son recipientes poco profundos y se destinan a cocinar guisados callosos que no necesitan la cualidad antiadherente de los platos de barniz rojo pompeyano, como ragouts, guisos de cordero, cabrito o pollo, y también habas y guisantes. Su origen parece estar en Etruria Meridional y se difunden en Italia a partir del siglo II a. de C. En la Península su presencia es frecuente en yacimientos ibéricos tardíos durante el siglo I usándose hasta época de Augusto o Tiberio. Un estudio más pormenorizado de los hallados en el yacimiento nos revela que corresponden a la forma 4, Vegas 14. Presentan el borde recto sin diferenciarse de la pared, más o menos convexa, el fondo es plano con un ligero levantamiento en el centro, y tienen entre 28 y 33 cros de diámetro en el borde, pudiendo considerase como de tamaño mediano. En la Tarraconense estos tipos comienzan a difundirse entre los años 150 y 100, aunque su máxima expansión se realiza entre el 100 y el 40 a. de C., tal como lo demuestran los hallazgos de Emporion, Burriac, y el más próximo de Olriols. Los platos de barniz rojo pompeyano, cumana testa de los textos, igual que los de borde bífido pertenecen la familia de las patinae, son bastante llanos,

69. Ánfora romano-republicana

122

de diversos tamaños y con tapadera. Interiormente están recubiertos por un denso barniz rojo-pompeyano que se extiende hasta el borde exterior, mientras que el resto de las superficies y las tapaderas carecen de revestimiento.


Adentrándonos en sus costumbres Parece ser que se utilizaron para realizar diferentes guisos. Por una parte, sirvieron para cocinar grandes tortas que

del año 220 a. de C., su final coincide con la erupción del Vesubio en el año 79 de C., fecha en la finaliza su exporta-

se desprendían con limpieza debido al liso revestimiento interior y que se depositaban en la cara interna de la tapadera que hacía las funciones de plato. Pero su uso más frecuente era para guisar la patina, nombre que alude al guiso y al

ción. Otros recipientes se usaban para guardar y transportar alimentos, entre los primeros, los más frecuentes son las dalia, grandes vasijas panzudas, de enormes dimensiones y muchas de ellas con

recipiente, plato muy popular entre los romanos con numerosas variantes en su

estampillas del fabricante, para conservar sobre todo cereales. Por su parte las

elaboración (Apicio recoge hasta 37), cuyo ingrediente básico son los huevos batidos, que se cuajaban a fuego lento, aunque también en ellos se cocinaban otros platos, ragouts, guisos de pollo, cordero y cabrito; tortillas de leche, habas y guisantes.

ánforas se destinaban al transporte de aceites, salazones, vino y frutas (fig. 69).

IMPORTACIONES CAMPANIENSES

Las producciones más antiguas y procedentes de Etruria comienzan alrededor

Su aparición en el horizonte ibérico tardío representa un elemento insustituible

70. Pátera de cerámica campaniense A de La Vispesa

123


Adentrándonos en sus costumbres

71. Recipiente para beber de cerámica campaniense 8 de La Vispesa

de dotación para los poblados de esta etapa, y sirve de referencia para estudiar el fenómeno de la romanización en Hispania desde tiempos de la República hasta Augusto. Su utilización como vajilla de mesa supone un cambio de gustos

Desde el principio se constatan numerosos talleres que crean diversos prototipos y variantes, precampaniense, campaniense A, B y C. Pero es a partir del siglo III cuando la producción toma un camino original e independiente, coincidiendo

ante esta clase de importaciones, ya que

con el dominio de la Campania por

su sobriedad se impone sobre las produc-

parte de Roma y de la victoria de ésta

ciones griegas figuradas que desapare-

sobre Cartago en la Segunda Guerra

cen de la Península en el siglo III a. de C.

Púnica, que abre el comercio de Europa occidental en la Península Ibérica.

Identificada por el pigmento negro de su superficie, su origen se encuentra en

La variedad más antigua, la precam-

imitaciones de cerámicas áticas produci-

paniense, comienza a fabricarse en

das en talleres italianos meridionales,

talleres áticos, es de arcilla rosada, fina

entre finales del siglo V y comienzos del

y muy depurada, con superficies de

IV, en los que subyace la influencia de la

color negro intenso, pigmento espeso

cerámica local inspirada en modelos

con brillo y sin irisaciones metálicas,

metálicos de tradición etrusca, perdurando su producción durante cuatrocientos años.

presenta en su interior series de ovas, palmitos impresos, palmetas y fajas a ruedecilla y, a veces, círculos blancos en

124


Adentrándonos en sus costumbres los apoyos sin barnizar. Se constata

Esta segunda variedad se distingue

en el valle del Ebro desde fines del siglo V a. de C.

por presentar pastas de tonos amarillentos, barniz más opaco e irisaciones poco vistosas. En su interior muestra círculos concéntricos acanalados, completándose su decoración, en las primeras etapas, con algunas palmetas en relieve, y con estrías a ruedecilla al final de su producción. Sus formas, ancladas en

La campaniense A, que da nombre a toda la producción, se caracteriza por una pasta de color rojo y barniz de tono brillante, poco negro y con irisaciones metálicas. Su decoración consiste en palmetas y rosetas sueltas obtenidas por estampado, además de estrías a ruedecilla y, en ocasiones, círculos pintados en blanco en el interior o exterior de la base. Comienza a fabricarse en talleres del Golfo de Nápoles y de la isla de Ischia, en sus formas primitivas, antes del 300. Entre el 280 y 220 inicia su etapa arcaica con una variedad de formas propias, cerradas y profundas, con perduraciones helenísticas, y un gran número de pequeños talleres proporcionan piezas muy cuidadas y de gran calidad, aunque todavía no se comercializa fuera de este territorio. El inicio de su exportación marítima se produce durante la fase antigua, desde fines del siglo III y comienzos del II. La industrialización del producto, intensa comercialización y aumento del repertorio, así como la pasta roja y el pigmento muy iridiscente, aplicado por inmersión, caracterizan su etapa moderna durante los años 190 y 100. No obstante a mediados de la segunda centuria, y tras un descenso de exportaciones, comienza hacerle competencia la campaniense B, que acabará desbancándola en el siglo siguiente, ya que su producción tardía se vio afectada desde el castigo infligido a Ischia por Sila en el año 82 a. de C.

la tradición metálica, son poco variadas. Comienza a fabricarse en territorio etrusco a mitad del siglo II a. de C., entre los años 175 a 150, y desaparece en la época de Cesar, aproximadamente. Por último, la campaniense C, originaria de la región de Siracusa, muestra pastas de color gris que evidencian una cocción reductora, barniz muy negro e irisaciones poco brillantes. Su tipología demuestra que se trata de una variante de la campaniense B, teniendo una dotación similar, entre los años 150 y 50 a. de C., aunque se diferencia de ella por una acanaladura en el plano de apoyo externo de los pies de las vasijas. De forma general se puede afirmar que la cerámica campaniense aparecida en La Vispesa muestra una clara homogeneidad cronológica, ya que la mayoría de las piezas, variedades A y B, se sitúan a fines del siglo II a. de C., con una continuidad manifiesta en el primer cuarto del siglo I, momento en el que parece interrumpirse la presencia de esta clase cerámica en el yacimiento, donde se constata la ausencia de campaniense C. 125


Adentrándonos en sus costumbres Sin embargo, un fragmento precampaniense fija el momento inicial para su importación en el mismo a comienzos del siglo III a. de C. La aparición de la forma 23 de campaniense A antigua indica que el contacto comercial conti-

Augusto. Es una cerámica de superficies rojas, brillantes y claras en las producciones más antiguas de la sigillata itálica, fabricada en los talleres de Arezzo, y pastas, también claras, con fracturas onduladas y escamosas, presentando

nuó hasta finales del siglo III, o incluso hasta principios del siglo II. La práctica totalidad del material pertenece a esta centuria, campaniense A y B, cuya proporción en el yacimiento es claramente superior a la A, en relación 1:4, observándose un baja frecuencia de imitaciones locales (figs. 70 y 71 f.

formas lisas y decoradas que se caracterizan por la presencia de un sigillum o sello con el nombre del alfarero en cuyo taller se ha fabricado (fig. 72).

Estos datos coinciden con la difusión de la cerámica campaniense en el valle del Ebro; de las tres variedades, la más difundida es la B, que amplía y sustituye el comercio de la A, apareciendo en los yacimientos del siglo II y I a. de C., desde el Bajo Aragón hasta las Cinco Villas.

CERÁMICA SIGILLATA

Hace su aparición en los mercados romanos en el año 45 a. de C., y su auge se produce en la etapa de

Las decoraciones de las producciones itálicas, realizadas a molde, son de gran belleza, los motivos y escenas se encuentran entre baquetones dobles o sencillos, filas de ovas u otros motivos geométricos. Los temas son variados, vegetales, máscaras, guirnaldas, o las denominadas semiarquitecturas como pilastras con bucráneos; pero los más atractivos son los motivos animales y las escenas inspiradas en episodios mitológicos, con sátiros, ménades y composiciones de carácter erótico. Se fabrica en diversos talleres que abastecen los mercados del Imperio desde su aparición hasta los años 50/60 de C., cuando decae la producción debido a la ausencia de demanda ahora captada por el mercado de los talleres del sur de la Galia. Aunque los alfares galos, inspirados en la terra sigillata itálica, comienzan a producir entre los años 20 y 40, no es hasta mediados de siglo cuando inician su gran expansión, debida seguramente a unos precios más economicos que los ofertados por los talleres italianos.

72. Sello de alfarero sobre cerámica sigillata de La Vispesa. Dibujo de J. M. Pesqué

126

Surgen numerosísimos alfares y alfareros de forma que estos productos se dis-


Adentrándonos en sus costumbres ornamentaciones de mala calidad, torpes y descuidadas. Ya hemos visto corno Hispania forma

parte del mercada de distribución de estas cerámicas. Lo que va a determinar la aparición de talleres en la Península a partir del siglo I de C., en ellos comienza la producción de la denominada terra sigillata hispánica, guiados al principio

por olforlol gofos en quienes le inspiran.

73. Terracota hallada en Olriols con representación pictórica de la vestimenta

tribuyen por todos los territorios del Imperio, desde su zona originaria en la Graufesenque. Las vasijas llegan a Bretaña, Germanio, Hispania, Mauritania e Italia. La ferro sigillata sudgálica, en sus modalidades lisa y decorada, se diferencia de la itálica principalmente por su barniz de color rojo muy vivo, con la pasta también de tonos intensos y la fractura rectilínea. Es en las decoraciones donde se aprecia su evolución, ya que en ellas se produce una degeneración desde su etapa de esplendor al principio, pasando por una de transición, hasta llegar a la decadencia entre los años 80 y 120 de C., fechas en que los recipientes muy pesados muestran

Caracterizada por una pasta de color rojo ladrillo de fractura granuloso, presenta superficies en tonos rojo claro y anaranjado y barnices de muy buena calidad en las más antiguas que empeoran en las tardías. Las primeras producciones pueden fecharse entre los años 40-50, llegando hasta el siglo IV, cuando aparece con otras variedades tardías como la sigillata clara. En La Vispesa, los tres fragmentos hallados en excavación, en la zona alta del cerro, pertenecen a sigillata itálica, pero ni formas, ni motivos decorativos posibilitan una datación más concreta. Aunque, las encontradas en superficie en las áreas bajas circundantes aportan datos para fechar la ocupación de las zonas llanas hasta la época de Claudio.

INDUMENTARIA DE SUS POBLADORES

La forma de vestir de los pobladores del asentamiento ibérico la podemos deducir por los textos, representaciones de la cerámica decorada, además de esculturas en piedra, exvotos de bronce y terracotas. Los hombres vestían con trajes ajustados, a modo de pantalones, similares a las 127


Adentrándonos en sus costumbres

longitudes que en algunos casos estaría provisto de capucha, el sagum ibérico.

También llevaban un manto corto, parecido a la clámide griega, representado en cerámicas de Ampurias, Tarragona y San Miguel de Lirio, similar al que apa-

rece en Monedas de algunas cecas ibéricas del valle del Ebro, como Iltircla (fig. 74). 74. Soldado a caballo vestido con clámide representado sobre el anverso de una moneda ibérico de Iltirdo

bracae galas, camisolas, con mangas o sin ellas, y túnica hasta media pierna. Esta prenda consistía en una pieza rectangular de tela con un orificio circular en el centro y costuras laterales, pudiendo estar ceñida con un cinturón. Completaban su indumentaria los tirantes o cordones de diferentes formas y larguras, aunque los más usuales en representaciones escultóricas y vasculares son los que tienen forma rectangular en la parte superior del pecho y cruzados en la espalda. Su función no está clara, ya que podría ser práctica, como en la figurita de arcilla procedente del cercano yacimiento de Olriols, o meramente ornamental, sin descartar un carácter de protección de la persona que los llevaba (fig. 73). Prendas menos usuales en el atuendo masculino son los faldellines cortos y la túnica larga hasta los pies, representada en las vasijas sin ningún adorno y enteramente siluetada, con dos lineas perfiladas a lo largo de ella que pueden indicar un manto sobrepuesto de distintas 128

Respecto al calzado lo más común eran las abarcas de esparto y sandalias de cuero, aunque, en determinadas ocasiones, podían llevar botas ajustadas, con acicates o sin ellos, así aparecen representados los jinetes y los infantes o peones. Por su parte, las mujeres vestían túnicas largas, rectangulares o ligeramente acampanadas, generalmente lisas, o con bandas ajedrezadas en el borde inferior y en la zona del canesú, sobrepuesto un manto largo o a mitad de pierna, a modo de capelina, cubría los hombros hasta el codo. Esta prenda, realizada sobre una pieza rectangular de lana, presenta distintas variantes respecto a su longitud o modo de sujetarse, pudiendo caer suelta a lo largo del cuerpo sin ningún tipo de broche o cinturón. La llegada de los romanos alteró los modos de vestir de esta población, que paulatinamente fueron adoptando las prendas más usuales de los nuevos habitantes de La Vispesa. Así los hombres, además de la túnica corta a la altura de las rodillas y diferente longitud de manga, adoptaron la toga de lana blanca, bordeada de una franja púrpura en el caso de magistra-


Adentrándonos en sus costumbres

dos, sacerdotes o niños, que se llevaba

siluetada y rematada en borla, que ha

sobre los hombros con el extremo izquierdo suelto hasta los pies y el dere-

ha sido interpretada como una larga

cho sobre el hombro izquierdo. Las mujeres llevaban una estola sobre la

trenza terminada con un pasador en forma de anilla, como sucede en algunos ejemplares escultóricos.

túnica, con mangas o sin ellas, que caía

El calzado femenino más frecuente eran

con amplios pliegues hasta los pies y sujetaban a la cintura con un cíngulo, tal

las sandalias de cuero, aunque en algunos casos llevaban zapatos ajustados

como aparece en la figura en relieve

con un pequeño tacón.

encontrada en el yacimiento (fig. 78).

Tanto hombres como mujeres completa-

Sobre la estola colocaban la paila equivalente a la toga de los hombres.

ban su atuendo con elementos accesorios y alhajas. Los cinturones masculinos muestran una variada gama de adornos realizados con diversos materiales, como cuero o metal, mientras que los femeninos podían ser también lisos, y en

TOCADOS, ADORNOS Y COMPLEMENTOS

Además de las prendas de vestir más usuales, los iberos, en determinadas ceremonias o actividades concretas como la caza, completaban su indumentaria con elementos, protectores a meramente ornamentales. Así los hombres se cubrían con redecillas, casquetes ajustados de cuero o gorros cónicos y puntiagudos que recuerdan a los frigios. Los tocados de las mujeres eran más variados, los hay de forma cónica a modo de tiara alta, provistos de velo, en algunos casos, para cubrirse el rostro. También los hay como sombreros terminados en punta, de menor altura que los anteriores. Otra variedad consiste en un tocado ajustado a la cabeza y rematado en pequeñas onditas que caen sobre la frente, cubriendo la parte superior de la cabeza, o cabeza y cuello por completo.

75. Representaciones humanas sobre cerámicos

En algunas composiciones cerámicas las damas se adornan con una redecilla

ibéricas de La Vispesa, San Sebastián de Tomarite y Castillo de Chalarnera. Dibujos de E. Maestro y J. M. Pesqué

1

129


Adentrándonos en sus costumbres

! t,

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..

..... .

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o

76. Reconstrucción hipotética del monumento hallado en el yacimiento, según y. Baldellou y F. Marco

algunos casos terminados en borlas, a

mente las mujeres de La Vispesa utiliza-

las que se les atribuye un significado

ban joyas más sencillas, zarcillos y bra-

especial de carácter religioso o indicativo de cierta categoría social.

zaletes similares a los de los hombres.

En el caso de los hombres hay constancia de que utilizaban además de fíbulas

RITOS Y CREENCIAS: EL MONUMENTO

para sujetar el manto, brazaletes a dife-

DE BINÉFAR

rentes alturas del brazo, tal como apare-

Si hasta el momento hemos tratado

cen en las cerámicas, exvotos de bronce y esculturas en piedra.

ción o costumbres en el vestido, debe-

Sin embargo, donde se advierte una

mos aludir también a cuestiones concep-

mayor riqueza y variedad es en las

tuales, como las creencias religiosas de

alhajas femeninas, brazaletes, pendien-

los pobladores de La Vispesa.

aspectos relacionados con la alimenta-

tes, collares y pectorales, que por las

Testimonio de ellas son los ritos funda-

representaciones escultóricas sabemos [levaban algunas damas y en las que se advierte una gran suntuosidad en las formas y manera de lucirlas. Segura-

cionales manifestados a través de los

130

fragmentos óseos de cápridos bajo los suelos de las viviendas, y de las conchas de moluscos que junto con cuentas de


Adentrándonos en sus costumbres

coral se depositaban en la base de los

necrófago y trascendente, ya que me-

hogares, formas de ritos propiciatorios, que se remontan a tiempos anteriores.

diante su acción devoradora, el muerto conseguía el tránsito al Más Allá.

Además, el monumento de Binéfar, datado entre mediados del siglo segundo y el cambio de Era, hallado en el

Sin embargo, creemos que este monumento posiblemente tuviese un carácter más conmemorativo que funerario, quizás erigido en honor de Neitin, al que

asentamiento nos aporta datos valiosísimos acerca de sus prácticas y creencias religiosos en este sentido.

escena, divinidad indígena identificada

Esta pilastra paralelepipédica muestra,

con Marte, para celebrar una victoria de

en su cara más completa, y dividida en dos campos, una composición iconográfico, en la que aparecen representados restos de un escudo indígena incompleto, caefro, y una lanza, en el rectángulo superior, mientras que en el inferior hay dos manos, el cuerpo mutilado y dividido en dos de un guerrero, el tronco de otro y un grifo, en actitud de devorar los restos de aquel (figs. 76 y 77).

un enfrentamiento entre dos grupos rivales, Esta idea estaría confirmada por las representaciones de manos amputadas que simbolizan a enemigos muertos en combate, costumbre arraigada entre los pueblos ibéricos.

se alude en la inscripción que bordea la

El grifo, animal introducido por los fenicios y cuyos testimonios más antiguos en la Península aparecen en placas de marfil fechadas en los siglos VIII y VII a. de C., tiene en este conjunto el mismo significado atribuido al buitre en escenas similares, en las que aves rapaces figuran devorando el cadáver de un guerrero, en las estelas funerarias, así de Alcañiz y Zurita. Son frecuentes, también, en la cerámica numantina, no así en las producciones ibéricas, en las que solamente tenemos un fragmento procedente del Castelillo de Alloza en Teruel, en el que aparece la figura yacente de un guerrero sobrevolada por un buitre, en actitud de ataque. Tanto en unos y otros casos, al buitre y grifo se le atribuyen un carácter volador,

77. Detalle de lo iconografía representada en el monumento de La Vispesa

131


X. A MODO DE CONCLUSION


A modo de conclusión

Con los resultados expuestos, y en tanto

dería, sino también en el abandono del

no finalice la investigación arqueológica

nomadismo, con la constante dicoto-

en el yacimiento, podemos plantear

mía montaña-llano que lleva apare-

algunas hipótesis de trabajo relaciona-

jada modelos diferentes de compor-

das con el motivo y el momento en el que

tamiento, pastoril en la primera, cerea-

los primeros literanos eligen el cerro de

lista en el segundo y, sobre todo, la apa-

La Vispesa para instalarse.

rición de los primeros lugares estables

En primer lugar, en el yacimiento no hay vestigios anteriores a la Primera Edad del Hierro, lo que no quiere decir que

de habitación cercanos a las tierras que explotan. Son estas mismas poblaciones pastoras

estas tierras estuviesen despobladas en

y agricultoras las que durante la Edad

época prehistórica. Hallazgos realiza-

del Bronce se instalan en poblados al

dos en antiguas graveras fluviales de los

aire libre, sobre pequeños cerros. Se

alrededores demuestran que pequeños

prefiguran entonces los esquemas urba-

grupos de gentes las habitaron desde el

nísticos en los que se sustentarán los de

Paleolítico.

la cultura de Campos de Urnas, y se con-

Sin embargo, el hecho de que los mate-

firma la idea de marginalidad de estas

riales arqueológicos aparezcan en posi-

tierras y su desfase cronológico respecto

ción secundaria debido a las obras de

a otras, en el proceso de aculturación en

regadío, que han provocado una sustan-

la Edad del Bronce-Hierro, que vuelve a

cial alteración del entorno, obliga a

repetirse en el transcurso de la iberización.

contrastar estos datos con los que está aportando el área más septentrional de La Litera y, en concreto, la cueva de Gabasa donde han aparecido en estratigrafía los restos humanos más antiguos de Aragón, junto con utensilios del Paleolítico Medio. Si bien ello, nos permite conocer la anti-

Lo que no es óbice para que esta comarca durante la Primera Edad del Hierro muestre las mismas características que otras del cuadrante nororiental peninsular durante el desarrollo de la cultura de los Campos de Urnas. A pesar de que solamente han apareci-

güedad del poblamiento en la comarca,

do restos cerámicos pertenecientes a

no sucede lo mismo en lo referente a las

esta etapa, el yacimiento de La Vispesa

transformaciones derivadas de la do-

reúne todas las condiciones en cuanto a

mesticación de determinadas especies animales y cultivo de algunas gramí-

estrategia, control del entorno y proximidad a tierras potencialmente agrícolas,

neas, acontecidas durante el proceso de neolitización. Es entonces cuando se

factores comunes e imprescindibles en los poblados de este período y que, sin

producen modificaciones esenciales en

duda alguna, son los que también deter-

los modos de vida, centradas no sólo en

minaron la construcción del asentamien-

la introducción de la agricultura y gana-

to ibérico. 135


A modo de conclusión Este último, teniendo en cuenta la disposición urbana, materiales y rasgos constructivos, así como las clases cerámicas recuperadas, en especial importaciones italianas de precampaniense y campaniense, funciona plenamente desde

la cisterna situada en la parte más alta del tozal. Sin embargo, el nuevo emplazamiento se abandona antes de Augusto sin huella de destrucción alguna, aunque las

mediados del siglo ni a. de C., coinci-

zonas bajas circundantes continuan

diendo con una etapa de gran movilidad

habitadas hasta época julio-claudia con

de sus pobladores, los ilergetes.

una población residual.

Su máximo esplendor se produce entre fines del siglo II y comienzos del I a. de C., fechas en las que sufre una total remodelación. La acrópolis ibérica se destruye, y sobre ella se levantan una serie de edificaciones con técnicas puramente romanas, de las hay que destacar

¿Por qué este abandono? Quizás la respuesta esté en la función que tuvieron las edificaciones de esta segunda etapa. Un lugar de aprovisionamiento relacionado con la vía republicana que pierde vigencia desde el momento en que se construye la imperial, de nuevo trazado.

78. Figura femenina en relieve sobre cerámica romana, hollada en el yacimiento

136


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

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Además, los Informes Arqueológicos de las siete campañas de excavación realizadas en La Vispesa (Tamarite de Litera), publicados por las autoras en la serie Arqueología Aragonesa, DGA, Zaragoza, 1984, 1985, 1986-87, 1990-91; 1992 (en prensa).

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ILUSTRACIONES Salvo mención expresa, las ilustraciones proceden de los archivos personales de Elena Maestro, Almudena Domínguez y archivo de "Excavaciones de La Vispesa". 1- Situación del yacimiento 2- Vista general del cerro donde se encuentra el yacimiento, desde el este 3- Dibujo de ánfora romana descubierta en el yacimiento según ilustra el manuscrito de D. Benito Coll. Archivo familiar, Binéfar 4- Sondeo electromagnético realizado en el yacimiento por el Equipo de Arqueofísica de La Rábida (Huelva) 5- Fases de la transformación de un edificio en yacimiento arqueológico 6- Monumento hallado en La Vispesa, actualmente expuesto en el Museo Provincial de Huesca 7- Mapa geomorfológico de La Litera. Según J. L. Peña 8- Paisaje actual de regadío en la zona, al otro lado de la balsa puede observarse el yacimiento 9- Punta musteriense de Castelló del Pla (Pilzán) 10- La cueva de Chaves (Casbas de Huesca) utilizada durante parte del Paleolítico y Neolítico 11- Enterramiento de un neonato, yacimiento de Los Castellazos (Mediana de Aragón, Zaragoza) 12- Mandíbula con indicios de caries del enterramiento neolítico de la cueva de Chaves. Los Primeros Aragoneses, Zaragoza, 1993 13- Recipientes de cerámica impresa y ornamentos del ajuar asociado a la inhumación de Chaves. El Neolítico Antiguo, Huesca, 1989 14- Molde de arenisca para fabricar puñales de bronce procedente de Masada de Ratón (Fraga). Dibujo de I. Garcés 15- Conjunto de pulseras de bronce de la cueva de Monderes (Castillonroy) 16- Vista de un conjunto de viviendas del poblado de Masada de Ratón. J. M. Rodanés 17- Tacita con asa de apéndice de botón de Los Zafranales (Fraga). Historia de España, Ed. Planeta, Barcelona, 1990 18- Tipología de los enterramientos en Campos de Urnas 19- Tinaja decorada con cordones de un yacimiento del valle del Sosa 20- Planta del poblado de La Loma de los Brunos (Cospe). Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas, Zaragoza, 1981 140


21- Enterramientos de incineración de la necrópolis de Campos de Urnas de los Castellazos de Robres (Huesca) 22- Cabecita de Bes púnico hallada presumiblemente en los alrededores de Binéfar. Colección Coll de Binéfar 23- Kólathos de Olriols (San Esteban de Litera). Dibujo cedido por M.º José Calvo 24- Inscripción de la estela funeraria del Pilaret de Santa Quiteria (Fraga) 25- Signo ibérico utilizado como marca de cantero sobre un sillar de La Vispesa 26- Parte de la leyenda ibérica que alude al dios Neitín del monumento de La Vispesa 27- Los pueblos prerromanos. A. Ubieto, Aragón: Comunidad Histórica, Zaragoza, 1991 28- Recreación histórica sobre el levantamiento de los ilergetes Indíbil y Mandonio contra los romanos 29- En el solar de los Escolapios de Jaca, aparecieron niveles arqueológicos que se atribuyen al período de gobierno de M. Porcio Catón 30- Enfrentamientos entre Sertorio y Pompeyo. A. Ubieto, Aragón: Comunidad Histórica, Zaragoza, 1991 31- Pintura de historia que ilustra la muerte de Sertorio por Perpenna 32- Moneda hispano-púnica de plata 33- Mapa de la batalla de Ilerda según Schulten. Historia de Aragón, Zaragoza, 1980-87 34- Relación nominal de soldados de la Turma Salluitana que aparecen en el Bronce de Ascoli 35- Vista general del poblado ibérico del Pilaret de Santa Quiteria (Fraga) 36- Poblado fortificado de Los Castellassos (Albelda-Tamarite-Alcampell) 37- Plano topográfico de La Vispesa en el estado actual de excavación. J. M. Claver 38- Restos del empedrado de la calle de La Vispesa 39- Detalle de la pavimentación de una calle del Molí d'Espígol. Molí d'Espígol (Tarnabous), Barcelona, 1986 40- Acceso desde la calle a la habitación B, La Vispesa 41- Reconstrucción de una de las viviendas del poblado ibérico de Calafell. La ciutadela ibérica de Calafell, Calafell, 1993 42- Propuesta de reconstrucción de las habitaciones ibéricas excavadas en La Vispesa. Dibujos de J. Tramullas 43- Enterramiento ritual de un cáprido bajo el pavimento de una habitación de la ladera sur en La Vispesa 44- Reconstrucción de un telar ibérico. Roma á Catalunya, Barcelona, 1993 45- Aspecto del aparejo del aljibe del Regal de Pídola 46- Glande o proyectil hallado en el Cerro de la Alegría de Monzón 47- Calco de representación equina sobre un elemento arquitectónico del yacimiento del Castellar (Esplús). Dibujo de J. M. Pesqué 48- Detalle de un mosaico de la Villa Fortunatus (Fraga) 49- Plano general de la Villa Fortunatus. Atlas de Arqueología y Prehistoria Aragonesas, Zaragoza, 1981. 141


50- Anverso y reverso de un denario de Bolskan 51- La vía romana a su paso por Pertusa. A. Magallón, La red viaria romana en Aragón, Zaragoza, 1987 52- Fases de construcción de una vía romana 53- Miliario hallado en las proximidades de Torrente del Cinco. J. Lostal, Los miliarios de la provincia Tarraconense, Zaragoza, 1992 53 bis- Inscripción del miliario hallado en Tamarite de Litera, partida de Vallbona. J. Lostal, Los miliarios de la provincia Tarraconense 54- Vista del asentamiento de La Vispesa desde el oeste, se advierte la superposición de los muros romanos sobre los ibéricos 55- Alzado del paramento occidental. Dibujo de J. M. Pesqué 56- Muro romano de aparejo irregular. Dibujo de J. M. Pesqué 57- Fragmento de opus signinum de La Vispesa 58- Vista de una de las habitaciones pavimentadas con opus signinum y decoración tesellada de Velilla de Ebro (Zaragoza) 59- Lucerna romano-republicana de La Vispesa. Museo Provincial de Huesca. 59 bis- Depósito de agua situado en la cumbre del cerro de La Vispesa 60- Dibujo en planta y corte transversal del depósito. J. M. Pesqué 61- Instrumentos agrícolas ibero-romanos. Dibujo de J. M. Pesqué 62- Fusayolas de arcilla de La Vispesa 63- Fragmentos cerámicos con decoración de acanalados de la Primera Edad del Hierro de La Vispesa. Dibujo de J. M. Pesqué 64- Pátera de cerámica gris emporitana de La Vispesa 65- Motivos decorativos geométricos y vegetales que adornan la cerámica ibérica 66- Kálathos de Olriols 67- Oenochoe de barniz rojo ilergete de La Vispesa. Dibujo de J. M. Pesqué 68- Detalle de los motivos pictóricos que adornan un kálathos de La Vispesa. Dibujo de J. M. Pesqué 69- Ánfora romano-republicana 70- Pátera de cerámica campaniense A de La Vispesa 71- Recipiente para beber de cerámica campaniense B de La Vispesa. 72- Sello de alfarero sobre cerámica sigillata de La Vispesa. Dibujo de J. M. Pesqué 73- Terracota hallada en Olriols con representación pictórica de la vestimenta 74- Soldado a caballo vestido con clámide representado sobre el anverso de una moneda ibérica de Iltirda 75- Representaciones humanas sobre cerámicas ibéricas de La Vispesa, San Sebastián de Tamarite y Castillo de Chalamera. 76- Reconstrucción hipotética del monumento hallado en el yacimiento, según V. Baldellou y F. Marco 77- Detalle de la iconografía representada en el monumento de La Vispesa 78- Figura femenina en relieve sobre cerámica romana, hallada en el yacimiento

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Este libro, dedicado a la memoria de don Antonio Durán Gudiol, se acabó de imprimir en los talleres de Gráficas Alós, S. A., de Huesca, el día 27 de diciembre de 1994.


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