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Montañana, enclave medieval

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Montañana Montañana es todo un mundo. Un universo que lleva hasta la Edad Media. Deambular por sus calles, adentrarse en su núcleo a través de su primera calle terminada en un pasadizo, tras el cual se llega al barranco de San Juan delimitado por una hilera de casas y al puente medieval que lo salva, para, a continuación, traspasar sendos pasadizos sobre los que se elevan sus correspondientes casas, y de donde parten las distintas calles que se despliegan por la ladera del montículo con sus viviendas aún conservadas, aún conservando y descubriendo sus orígenes prácticamente medievales, transporta al espectador a otros tiempos.

Ruta de las brujas del Alto Gállego

enclave medieval

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I PASEOS POR LA HISTORIA I

Ruta del Renacimiento. De Barbastro a Fonz Ruta del Santo Grial en la provincia de Huesca

Santa María de Baldós. Montañana


MontaĂąana enclave medieval


Montañana, enclave medieval Coordinación: equipo de redacción de Prames Textos: José Luis Acín Fanlo Fotografías: José Luis Acín: 8-9, 43 (centro ar., centro ab., abajo), 44, 45 Archivo Prames: Miguel Ángel Acín: 14, 46 (abajo); Archivo Prames: 10 (abajo); Javier Melero: portada, 6, 7, 8, 11 (arriba), 12, 13, 14-15, 16, 18, 19, 21,22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33 (arriba, centro), 34, 35, 36-37, 37, 38, 39, 40, 43 (arriba), 46 (arriba); Javier Romeo: 10 (arriba), 11 (abajo), 17, 33 (abajo), 40-41 Diseño, maquetación y tratamiento de imágenes: Equipo gráfico de Prames Edita: Prames • Camino de los Molinos, 32 • 50015 Zaragoza www.prames.com ISBN: 978-84-8321-432-9 DL: Z 1733-2014 Imprime: INO Reproducciones

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ÍNDICE Prólogo 5 Introducción 7 Montañana, en clave medieval 10 Los orígenes de Montañana 14 Los siglos de pujanza 16

La ruta

Capitel de la ermita de San Juan

Los espacios y edificios de Montañana 22 Iglesia de Nuestra Señora de Baldós 22 Ermita de San Juan 33 Puente y construcciones de su entorno 36 Ayuntamiento 37 Calle Mayor 37

Murallas y puerta 38 Torre de la Cárcel 38 Abadía, caminos y muros 39 Torre de la Mora 40 Torre de las Eras y vista de Montañana 40 Ermita de San Miguel 42 Ermita de Santa Bárbara 42 Ermita de la Asunción o Santa Creu 42 Ermita de Santa Llucia 43

Itinerarios El núcleo medieval de Montañana 44 Por la margen izquierda del barranco de San Juan 45 Otros posibles itinerarios 46

Lecturas recomendadas 47

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I PRÓLOGO I

El pueblo de Montañana es una muestra inmejorable de cómo una localidad medieval ha pervivido en el tiempo, siendo también expresión de la vida montañesa en el pasado. Y de cómo este pasado más reciente no fue precisamente benévolo con estos núcleos que se adaptaron mal a los nuevos tiempos de modernidad voraz. Pero, en contrapartida, de cómo también ha sido posible recuperar no solo su pulso vital, que nunca llegó a perder del todo, sino su brillo hecho de piedra. Montañana es hoy uno de los pueblos más bonitos de Aragón y el emblema de una recuperación urbana y monumental bien hecha, promovida por el Gobierno de Aragón a partir de 1997. Hoy, todos los oscenses podemos alegrarnos del disfrute que supone visitar esta localidad ribagorzana y de recomendar su visita. El recorrido por sus calles y sus monumentos principales no defrauda. Las torres del recinto defensivo, los templos románicos de Nuestra Señora de Baldós y San Juan, las casas tradicionales y los muros que flanquean los caminos del entorno son otras tantas muestras de la técnica del trabajo de la piedra. Todas esas paredes transmiten una profunda sabiduría constructiva que ha dado lugar a un conjunto monumental de gran armonía e importancia histórica. Esta guía de Montañana, enclave medieval se suma a la colección Paseos por la historia, que promueve la Diputación Provincial de Huesca, para facilitar la difusión y la visita a este lugar imprescindible en tierras oscenses. Diputación Provincial de Huesca

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I INTRODUCCIÓN I

Montañana es un pueblo ribagorzano sito al sur de Arén, en el valle del río Noguera Ribagorzana y a 616 m de altitud. Se ubica a escasos dos kilómetros hacia el noroeste de Puente de Montañana. Declarado Bien de Interés Cultural en su calidad de Conjunto Monumental desde 1984, está dividido en dos barrios junto a la confluencia de los barrancos de San Miguel y San Juan, entre sí enlazados por un puente de doble arcada que enriquece su arquitectura popular. Se organiza a lo largo de una estrecha calle repleta de recodos que asciende hasta un promontorio cortado casi a pico por tres de sus lados, en donde se levantan los restos de su primitivo castillo y la fábrica de la iglesia de Nuestra Señora de Baldós. En su conjunto prevalece el carácter medieval que le imprimen sus dos iglesias románicas, los restos de varios torreones defensivos apostados en lo alto, murallas decadentes, rampas atravesando portalones de recia fábrica que evocan las distintas fases de su razón histórica.

Página izquierda Vista de Montañana desde el camino de Benabarre Abajo Portada de Nuestra Señora de Baldós

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I INTRODUCCIÓN I

Así se había mantenido durante años, siglos, hasta que llegaron los tiempos marcados por los embates de la despoblación. Corrían los años finales de la década de los setenta del pasado siglo. Montañana empezaba a mostrar signos del imparable paso del tiempo. Montañana empezaba a languidecer, después de varios y fructíferos siglos de esplendor. Y seguía languideciendo tras la despoblación que vivió en los primeros años de la segunda mitad del siglo XX, ese despoblamiento acusado en numerosos núcleos del Alto Aragón y de otras zonas de montaña, aquí acusado también. Además de las causas genéricas sobradamente conocidas, en este caso por la conclusión de las obras hidroeléctricas de la zona que propiciaron la vida, esa vida hurtada a esos puntos cercanos donde se trabajaba, y la permanencia de sus habitantes unos años más. Esos años en los que pudieron ganarse un sueldo, tras lo cual –y de nuevo con las faenas agrícolas como único recurso– sólo vieron una misma salida, que no huida, dada ya en otros puntos: el éxodo hacia otros enclaves, principalmente hacia las urbes y sus focos industriales, dejando vacías las casas y yermas las tierras, dejando en el más profundo silencio las calles otrora, desde la Edad Media, bulliciosas por los muchos avatares vividos en Montañana.

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Arriba Vista de Montañana antes de los inicios de la rehabilitación Abajo Rincón del pueblo


I INTRODUCCIÓN I

Habían pasado pocos años, ni dos decenios, desde que Montañana se quedara vacío. Mejor dicho, con una única familia, con una única casa abierta junto a la entrada del lugar, muy cerca del espacio habilitado para aparcamiento. Desde ese lugar ya sólo es posible conocer este enclave medieval de una forma: andando, deambulando y recorriendo sus calles, sus plazas y recovecos para, así, degustar los numerosos encantos, los encuadres generales y las más diminutas particularidades que ofrece esta villa. Pocos años habían transcurrido desde ese éxodo, forzoso y doloroso éxodo, de sus habitantes. Y, sin embargo, a finales de esa década de los setenta ya presentaba esa característica pátina, producto del paso inexorable del tiempo y del ingrato olvido. Pero, pese a ello, a su decadencia, a su inevitable –en esos momentos– y ya acusada ruina, ofrecía una imagen inolvidable, esa visión romántica que de siempre han ofrecido determinados edificios o conjuntos, esos que se encontraban más arruinados o que amenazaban ser pasto de la ruina. Ésa que recordaban las imágenes, los grabados, decimonónicos, tan atractivos y tan atrayentes a la vista. Como atractiva y atrayente era la panorámica que se desplegaba, y se sigue desplegando en la actualidad, nada más llegar a este singular núcleo, al poco de entrar entre sus calles y empezar a descubrir sus componentes, su conjunto coronado por la iglesia y el castillo. 9


I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Montañana, en clave medieval Montaña es todo un mundo. Un universo que lleva hasta la Edad Media. Deambular por sus calles, adentrarse en su núcleo a través de su primera calle terminada en un pasadizo, tras el cual se llega al barranco de San Juan delimitado por una hilera de casas y al puente medieval que lo salva, para, a continuación, traspasar sendos pasadizos sobre los que se elevan sus correspondientes casas, y de donde parten las distintas calles que se despliegan por la ladera del montículo con sus viviendas aún conservadas, aún conservando y descubriendo sus Detalle de la torre de Nuestra Señora orígenes prácticamente medievales, transporta al de Baldós espectador a otros tiempos. No en vano, el origen de Montañana se encuentra en esos instantes históricos, cuando en la parte superior del cerro conformado por los barrancos de San Miguel y de San Juan se levantó, a finales del siglo XI, la fortificación que formaba parte de la línea fronteriza desplegada a lo largo del Pirineo para propiciar la reconquista. A raíz de entonces se suceden los distintos hechos históricos y constructivos de este núcleo, en especial los desplegados en dos momentos concretos: entre finales del siglo XII e inicios del XIII, y el de finales del XV e inicios del XVI. Un enclave medieval que ha perdurado sin apenas alteraciones hasta el siglo XXI, como si de un fósil de dicha época se tratara.

Los muros de caminos y campos rehabilitándose

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I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

La ermita de San Juan y el conjunto de edificios de la parte superior de Montañana

Una visión romántica, rememorable pero terrible por el estado de conservación que ofrecía Montañana. Esa misma imagen, tremendamente espectacular e indescriptible, poseedora de los mismos aderezos románticos que sigue ofreciendo y obsequiando con la rehabilitación a que se está sometiendo el conjunto, promovida por el Gobierno de Aragón, con la que está cambiando radical y respetuosamente su imagen, al recuperar sus edificios y componentes, y al despojar al núcleo de la abundante maleza que afloraba y tapujaba cualquier rincón, la propia panorámica general. Trabajos comenzados en 1997 con el apuntalamiento de la iglesia de Baldós y de la ermita de San Juan, que se continuaron en 1999, con la restauración completa de San Juan y el inicio de las labores de rehabilitación de todo el conjunto. Algo más de veinte años después del inicio de su paulatina despoblación e imparable ruina se iniciaban los trabajos para devolver la fisonomía original a este lugar, para que vuelva a ser en toda su integridad y a mostrar ese fósil que es de la Edad Media, por cuanto hasta el siglo XXI ha llegado sin apenas variaciones desde aquellos lejanos tiempos. Unos trabajos realizados para que Montañana vuelva a la vida y deje de ser un pueblo semideshabitado, con los que salvar su trama y fisonomía medieval, además de sus edificios de dicha época histórica. Para que Montañana, en definitiva, vuelva a ser un sorprendente y disfrutable enclave Torre de la Cárcel medieval. 11


I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Presencia recobrada gracias a esas labores iniciadas en dicho año y continuadas en los siguientes. Con ellas se ha conseguido que la iglesia de Baldós se haya restaurado al completo, que la ermita de San Juan vuelva a recobrar su presencia y su solidez, que se hayan consolidado los restos de la torre de la Mora, que el puente bajomedieval recupere su gracilidad y estabilidad, que las murallas –con la torre de la Cárcel y la puerta de ingreso– se vean al completo y sin los tapujos que iba imponiendo la naturaleza, que la torre bajomedieval dominando la margen izquierda del barranco de San Juan y el conjunto del pueblo se haya afianzado, que calles y caminos de uno y otro lado –incluso los que acercan hasta Baldós– se vean íntegramente con sus empedrados pisos y sus delimitadores muros de piedra seca, que las laderas del promontorio rocoso se hayan empezado a afianzar para evitar su derrumbe en el futuro, que otras torres y sistemas defensivos sitos en el mismo pueblo presenten de nuevo su vieja faz, que las propias viviendas y demás construcciones vayan mostrando poco a poco su primitiva apariencia sin añadidos distorsionadores, que los rincones urbanos y todos los componentes de este maravilloso –y algo desconocido– pueblo vuelvan a transportarnos, en este iniciado siglo XXI, a aquellos tiempos y modos de vida de la Edad Media.

Detalle de uno de los caminos 12


I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Arriba

Nuestra Señora de Baldós

Todo ello acompañado de las infraestructuras necesarias para que este complejo medieval viva –reviva– en el siglo XXI y que, además, sea un polo de atracción, ése que conlleve y potencie el conocimiento de los alrededores, que sea motor y vida de Montañana y de las restantes tierras –y pueblos– de esta zona de la histórica Ribagorza. Para que Montañana recobre la vida, esa vida coherente con el milenio entrante sin perder el encanto medieval, en perfecta cohesión con el entorno y con la historia, y –por supuesto– con los lugares, pueblos y gentes de los territorios aledaños. En definitiva, que Montañana vuelva a ser, si es que alguna lo ha dejado de ser, un inigualable, indescriptible, vivo y visitable enclave medieval.

Interior de una casa rehabilitada 13


I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Los orígenes de Montañana Estado de conservación hasta fechas recientes que, pese a esa visión tan sugestiva y en cierta medida onírica, hacía peligrar su integridad, su preservación para el futuro. Y ello pese a haber gozado de unos orígenes especiales, de gran relevancia desde casi los primeros instantes medievales. Así, las primeras noticias de las que se tienen referencia se remontan al siglo X, cuando en el cartulario de Alaón se cita la existencia del castro cristiano de Montañana. Pero es en el XI cuando empieza a cobrar mayor importancia, centuria en la que formaba parte de la línea defensiva que de un lado a otro recorría el Pirineo con el fin de propiciar y consolidar la reconquista. Esa línea conformada, principalmente, por una sucesión casi infinita de torres vigía y comunicación, de las que formaba parte lo que hoy subsiste de la torre de la Mora, así llamada por encontrarse en el inicio del camino que conduce al deshabitado de La Mora de Montañana. Aún es más, dicha torre con la inseparable ermita con la que siempre contaban e iban emparejadas, sustituida ésta posteriormente por la actual, fueron el germen de Montañana, los primeros edificios aquí levantados, en lo más alto del promontorio rocoso, para favorecer la defensa de este entorno y para, con el paso del tiempo, dar lugar al nacimiento de un nuevo pueblo.

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I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Abajo izquierda

Torre de la Mora Abajo derecha

Detalle de las construcciones de la antigua abadía y torre de Nuestra Señora de Baldós

Una nueva plaza para irse asentando población, que contó a partir de las centurias siguientes con los favores de una serie de actores de gran influencia, en especial durante los siglos XII y XIII. Son los momentos cuyo devenir histórico está controlado por los condes de Pallars y, seguidamente, por la corona aragonesa. Son esos años en los que tuvo gran dependencia del cercano monasterio alaoense, sin olvidar la fuerte presencia e influencia de las órdenes del Temple –templarios– y del Hospital –hospitalarios–. Una situación alcista, de gran relevancia que se mantiene hasta finales del XV e inicios del XVI, es decir, hasta los postreros instantes de la Edad Media y los que daban comienzo a la Moderna, como reflejan los inmuebles que han llegado hasta nuestros días. A partir de entonces, Montañana llevó un discurrir cotidiano entre –aunque parezca sorprendente en la actualidad– olivos y vides, esperando ese declive que poco a poco se iba desarrollando hasta llegar a la segunda mitad del siglo XX.

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I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Los siglos de pujanza Escasas son las referencias históricas que han llegado de este lugar. Las del archivo del monasterio de Alaón llevan hasta el siglo X (hacia 990), cuando el “castro de Montañana” ya era de filiación cristiana. Allí, bajo el lugar denominado San Martín, aquel monasterio obtenía una tierra, donación del matrimonio Biator y Menosa; y poco después recibía más tierras y villas dispersas por territorios del mismo castro, fruto de la generosidad del presbítero Barón. Dicho topónimo de San Martín haría alusión, con toda seguridad, al lugar de emplazamiento del primitivo castro del que formaría parte la torre cilíndrica cuyos restos aún siguen en pie, detrás de la actual iglesia de Santa María o de Nuestra Señora, cuyo suelo debió de servir de base a la iglesia dedicada en honor a San Martín por el obispo Borrell de Roda en 1026, y que fue levantada a expensas del conde Ramón de Pallars, a quien entonces pertenecía el feudo. El obispo de Roda tuvo en Montañana algún derecho más que la simple jurisdicción episcopal, al menos la décima del capmanso de Guillermo Guillén, donación de Rodegario, su madre Sicardis y esposa Sancha, en mayo de 1132. La pertenencia del castro de Montañana a los condes de Pallars fue un hecho circunstancial, siendo recuperado por Ramiro I de Aragón, al igual que el de Tor, ya que aparece vinculado a la corona aragonesa en 1068, durante el reinado de Sancho Ramírez, entre cuyos tenentes figura Bertrán Ato de Montañana. Con los reyes de la Corona de Aragón el castro de Montañana representó un destacado papel; y a ello se debe el que a sus tenentes Berenguer de Montañana y esposa Felisa les fuese encomendado el de Lumberre (o Lumbier) cerca de Graus, por Alfonso II, en 1177, declarándose su protector, si bien no se sabe el motivo que impulsó a este monarca al asedio del castillo en 1190. Al restablecer Jaime II el condado de Ribagorza y enfeudarlo en la persona de su hijo el infante don Pedro, el castillo de Montañana, junto con los más importantes del condado (Fantova, Fals, Viacamp, 16


I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Izquierda arriba

Uno de los restos escultóricos de la ermita de San Miguel, actualmente en la fachada del antiguo ayuntamiento. Izquierda abajo

Otro de los motivos escultóricos de la ermita de San Miguel en el antiguo ayuntamiento Abajo

Capiteles de la ermita de San Juan

Arén y Estopiñán), quedaron hipotecados y a merced de la voluntad del soberano, por lo que fue posesión de Arcadio de Mur junto con los de Arén y Chiriveta. Los caballeros de Montañana debían rendir homenaje y prestar el habitual servicio exigido a la nobleza del reino, a saber, un caballo armado en tiempo de guerra; y en su virtud Gombaldo de Montañana tomaba parte en el cerco de Pons en 1278, y Bernardo de Montañana era convocado por real orden de Pedro III a rechazar la próxima invasión francesa en 1285, costumbre que seguía vigente en el siglo XVI, cuando los mismos vecinos de Montañana reconocían el derecho condal al uso del tal caballo en caso de conflicto bélico, junto con la obligación de guardar la torre con un mastín. La tradición castrense de Montañana subsistió por mucho tiempo; y de sus carlanías, ya citadas en 1321, se sabe que eran cuatro en 1549, las cuales fueron disueltas en 1718.

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I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

No se sabe la índole de los caballeros que pasaron por Montañana, aunque es absolutamente seguro que allí estuvieron afincadas las órdenes militares. La presencia de los templarios a lo largo del siglo XIII parece confirmarse por el nombre de Guillermo de Montañana, gran maestre de la orden en Provenza, Aragón y Cataluña entre 1258 y 1260 por lo menos, y es segura la estancia de los hospitalarios de San Juan que, favorecidos por el testamento de Arnaldo Mir de Pallars, adquirieron derechos en Arén, Castigaleu y Montañana, donde la orden erigió encomienda a la que se adjudicaron los lugares de Chiró y La Almunia de San Lorenzo, seis casas en Luzás y la cuadra de Vives cercana a Tamarite. En el mismo Montañana, el prior de San Juan percibía el diezmo de todos los frutos allí recogidos y la mitad de la lezda o tributos del lugar. A raíz de una visita que unos comisarios del Hospital hicieron a Montañana el 12 de marzo de 1662, su comendador Miguel de Caldas hizo valer el derecho de colación y presentación que les correspondía para la provisión de la iglesia de aquel priorato, es decir, la iglesia de San Juan. Aparte de los poderes de toda índole que las órdenes militares ejercieron en el lugar, la jurisdicción episcopal correspondía a la mitra de Urgell, que detentó hasta que en 1956 el programa de supresión de enclaves eclesiásticos, acordado por la Santa Sede y el gobierno español, transfirió la parroquia a la sede leridana, estando en la actualidad adscrita a la de Barbastro-Monzón. Finalmente, si bien no existen documentos que ayuden a clarificar el origen y circunstancias de las dos iglesias que Montañana posee, la parroquial en lo más alto dedicada a Nuestra Señora de Baldós y la ermita de San Juan Baustista en el valle, la cronología que sugieren sus formas y la calidad técnica parece coincidir con el momento de esplendor feudal apuntado.

Detalle de las pinturas murales bajomedievales encontradas en Baldós

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I MONTAÑANA, EN CLAVE MEDIEVAL I

Portada de la ermita de San Juan

Momentos de pujanza, de gran florecimiento reflejado en la trama urbana de Montañana y en sus varios edificios. De este modo, y antes de descubrir las individualidades, es recomendable descubrir la propia estructura y asentamiento del núcleo, ése que a poco que se transite por sus calles y sus muros, al poco de adentrarse en su perímetro, ya se deja sentir, ya transporta al visitante hasta los ahora lejanos tiempos de la Edad Media. No en vano, Montañana es un relicto de dicha época, es un fósil de esos siempre sorprendentes y hasta enigmáticos años medievales. Una sensación, una concatenada sucesión de visiones, que se aprecia en cada parte de Montañana, en cada nuevo rincón de este pueblo –con todo lo que ello implica– medieval. 19


I PLANO DE LA RUTA I

Montañana medieval 1 Mirador de las Eras 2 Puente bajomedieval 3 Ermita de San Juan 4 Muralla y puerta de ingreso 5 Torre de la Cárcel 6 Abadía

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7 Nuestra Señora de Baldós 8 Torre de la Mora 9 Horno de pan 10 Antiguo Ayuntamiento 11 Mirador del camino de Benabarre


LA RUTA

Detalle de los muros de los caminos


I LA RUTA. Los espacios y edificios I

Los espacios y edificios de Montañana

Vista de Montañana desde el camino de Benabarre

Iglesia de Nuestra Señora de Baldós Emplazada en la cumbre del cerro, sobre el solar de la antigua de San Martín, es un edificio levantado entre fines del siglo XII e inicios del XIII, respondiendo a los últimos estertores del románico, esos que se fusionan con las primeras manifestaciones del gótico. Presenta nave única y planta de cruz latina encabezada por semicírculo absidial cara al este, con sacristía pegada al costado meridional entre crucero y cabecera, una capilla frente a la puerta de entrada y otra al fondo bajo el coro. Su alzado es de sillería bien escodada, de medidas regulares y alineada sobre finos tendeles, rematando con alero biselado sostenido por canetes, algunos de puntas labradas con máscaras o ficciones. Los vanos se abren hacia los cuatro puntos cardinales que, siguiendo los criterios de armonía, se centran en las fachadas que rematan los extremos de la cruz; los tres de cabecera iguales y sencillos derraman en doble dirección, bajo arcos de medio punto; el cuarto, a los pies sobre el coro, es pretencioso y elegante, cerrándose en arquivoltas y aristas a bocel por ambas caras sobre impostas finamente biseladas. El conjunto más destacado y más ricamente decorado es la puerta principal practicada a los pies de la fachada a mediodía, el mejor y más completo ejemplo de escultura románica de toda la Ribagorza aragonesa. Se abre de forma abocinada 22


I LA RUTA. Los espacios y edificios I

a través de seis arquivoltas de medio punto, enriquecidas con molduras, baquetones y trasdós grabado con puntas de diamante, enmarcando el espléndido tímpano esculpido con la figura de Cristo en Majestad dentro del iris almendrado. Está sentado sobre el círculo del universo, se aureola con nimbo crucífero, y se representa en el además clásico de bendecir y mostrar el libro con el anuncio de “LUX MUNDI”. Dos ángeles que parecen flotar arrodillados sobre las nubes, con sus alas desplegadas y cogiendo la almendra mística con ambas manos, dan sensación Nuestra Señora de Baldós de movimiento y viveza. Representación poco usual, siendo la habitual la que muestra a Cristo rodeado del tetramorfos llenando las enjutas. La arquería, en su conjunto, arranca de una imposta de cantos a bisel labrados con hojas y tallos, apoyadas sobre dos secciones de capiteles historiados coronando columnillas de fuste monolítico donde se representan escenas bíblicas y alegorías, algunas muy borrosas por el desgaste de la piedra. El temario se resumen en dos ideas fundamentales, que son: los efectos del pecado en la humanidad y su regeneración por el misterio de Jesucristo resucitado. La portada se culmina con un breve trazo decorativo compuesto por arquillos lombardos muy perfilados y uniformes, bajo una imposta que flanquea la hornacina central de la fachada.

Tímpano de la portada de Nuestra Señora de Baldós

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I LA RUTA. Los espacios y edificios I

Iconografía de los capiteles Así, enumerados comenzando por la izquierda según se entra, en el primero una ménsula que apea el trasdós de la portada presenta una cabeza trifacial, símbolo de la Trinidad. En el segundo, San Miguel se enfrenta a Lucifer antes de los tiempos. La escena está muy borrosa por el deterioro, y es tan difícil de describir como de interpretar con certeza. En el tercero, algo más claro, se representa al “Padre Eterno” en posición frontal en ademán de expulsar a la primera pareja del Paraíso, o indicándoles la salida, o empuñando la espada de fuego, mientras con su izquierda retira el libro de la sabiduría que apoya en su regazo, acompañado de un ángel que le da escolta desde el anverso del capitel. En el cuarto, se reproduce la escena de Adán y Eva desnudos, cubriendo sus vergüenzas junto al frutal con la serpiente enroscada. El quinto alude a la penosa vida de Adán y Eva, ésta hilando sentada, mientras Adán gime agobiado bajo el peso de un saco que lleva a cuestas.

Conjunto de capiteles de la jamba del lado izquierdo de la portada de Baldós y detalles de los mismos

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I LA RUTA. Los espacios y edificios I

Los pecados capitales son el tema de las escenas siguientes, que se reparte entre un capitel y las dos escocias que se alojan en los ángulos de la portada. En el sexto capitel se personifica la usura y la avaricia con un rico adornado de collares, sentado con un bolsón de dinero en la falda, rodeado de cuatro demonios: uno en forma de sapo que lame la cara; otro con cuerpo de hombre y cabeza monstruosa, que está echado a sus pies; un tercero en forma de serpiente, que se enrosca en su brazo y, dividiéndose en múltiples tentáculos, se encarama hasta el cuello y hombros al modo de ricos entorchados; y el cuarto en figura de lobo o animal feroz que le husmea o muerde el rostro mientras lo sujeta o araña con sus garras por el lado izquierdo. Ficciones que parecen aludir a la envidia, la pereza, la soberbia y la ira, por este orden. En el séptimo, quizás la cabeza de león o gato devorando a un hombre con sus fauces, tema de la escocia primera, haciendo alusión posiblemente a la gula. En el octavo, el símbolo de la lascivia se graba en la nacela contraria, donde una mujer de rico tocado es atormentada por dos demonios felinos que le muerden ambas mejillas destrozando su cara embellecida, mientras arañan sus senos con las zarpas delanteras y atormentan su sexo con las trasera como forma de pagar sus pecados. 25


I LA RUTA. Los espacios y edificios I

La historia de la regeneración da comienzo con el sacrificio de Abraham bajo un monstruo reptil tricéfalo, grabado en el bisel de la imposta superior, reemplazando la ornamentación vegetal. Es símbolo de la gran tiniebla, el pecado y mal absolutos, que oprimía a la humanidad en el momento de la reveladora promesa bíblica al patriarca. En el noveno, éste está representado de pie en la arista del capitel, levantando con brío el acero mortífero, cuando es detenido antes de asestar el golpe por un ángel (cuya cabeza, brazos y alas salen de una nube), que ocupa el anverso del mismo, mientras en la cara opuesta Isaac, de pie, ofrece su cabeza que el padre agarra por la cabellera. El carnero, que resuelve la puesta a prueba de la fe del patriarca, figura pastando tranquilo bajo profusa enramada llenando el capitel décimo. En el undécimo, la escena que se representa es dudosa, estando integrada por un personaje, cuya cabeza destruida se alojaba en el ángulo de la imposta, en postura mayestática como recibiendo pleitesía de un mancebo arrodillado a su derecha, con la cintura ceñida y las dos manos, también rotas, que ofrece o recibe algo. Tiene la izquierda oculta sujetando una bandeja o cuenco asimismo destruido e inidentificable, en el que algunos autores han querido ver a Moisés con las tablas de la Ley.

Conjunto de capiteles de la jamba derecha de la portada de Baldós y detalle de uno de ellos, el del encuentro de Gabriel con María

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I LA RUTA. Los espacios y edificios I

La Anunciación comienza a continuación en la cara siguiente del capitel anterior, con la figura de José sentado sobre sitial de taburete, apoyando sus dos manos en un bastón con pomo en cruz, vuelto hacia el relieve del capitel siguiente, el decimosegundo, donde el encuentro de Gabriel con María se realiza de forma sencilla, sentada en un escaño hilando con huso y copo. El símbolo del Espíritu Santo es un ave posada sencillamente sobre el hombro de la Virgen y rozando con su pico la cabeza de ésta. El extremo opuesto del misterio de Cristo, su Resurrección, como compendio y síntesis de la redención, está expuesta en sus elementos escuetos y esenciales, ciñéndose al relato evangélico. Es el tema del capitel decimotercero, donde el ángel sentado sobre la losa del sepulcro dialoga con las mujeres que, provistas de sus pomos de aromas, están de pie, ya sin cabezas y ennegrecidas. Por último, el decimocuarto, muy deteriorado también, parece referirse al pasaje del “Noli me tangere” con las figuras enmohecidas y decapitadas de la Magdalena arrodillada y Cristo de pie. 27


I LA RUTA. Los espacios y edificios I

La torre campanario presenta un gran volumen y base cuadrangular levantada sobre el brazo sur del crucero. El primer cuerpo se reforzó con un recio muro en sus lados sur y oeste, a modo de grueso contrafuerte, cuya hechura recuerda en tamaño, calidad y aparejo a los de una obra anterior o a los restos de la antigua muralla, si bien es posterior como demuestra el hecho de que los sillares no están trabados con los restantes de la fábrica de la torre y, asimismo, por haberse cegado algún vano de esta parte. Los tres cuerpos que la componen se manifiestan al exterior por impostas sobre bandas de arquillos trilobulados de período gótico avanzado que le imprimen originalidad y elegancia. Los espacios interiores se cubren con bóvedas nervadas, con claves y ménsulas labradas con temas vegetales y animales, abriéndose con vanos apuntados. La terminación del último cuerpo y su bóveda se interrumpió al despegue de sus arcadas, después de haber fijado una imposta exornada donde debía apoyarse, habiéndose rematado y terminado en la reciente restauración. En su interior, la nave se divide en dos tramos iguales, indicados por dos pilastras gemelas rectangulares adosadas que reciben un fajón apuntado bajo bóveda en piedra sillar. Desde su altura se articula al cuerpo de cabecera, mucho más bajo, mediante un muro diafragma levantado sobre el arco preabsidial de estricto medio punto, que ciñe a su vez el casquete hemisférico del ábside. Todo el sistema de cobertura arranca de la imposta corrida, cortada en nacela. En el hemiciclo absidial, ésta se adorna con bolas, billetes y otros motivos, mostrando elementos geométricos,

Interior de Baldós hacia el coro

Torre de Baldós 28

Detalle de la imposta decorada del ábside


I LA RUTA. Los espacios y edificios I

palomas y demás formas, así como otras que también se pintaron de rojo, con las formas de la luna y de sol repetidos varias veces. Las capillas de crucero también se cubren con bóveda apuntada, y las de los pies bajo el coro son de crucería de nervios con embocadura de contornos moldurados. En la capilla lateral del lado norte se han encontrado, durante las labores de restauración, los restos de unos muros que, probablemente, correspondan a los de la primera iglesia ya apuntada.

Vista del ábside por su interior 29


I LA RUTA. Los espacios y edificios I

El coro, en alto a los pies de la nave, carga sobre amplia arcada transversal rebajada, realizada en piedra pulimentada, cuyas aristas suavizan gruesos boceles que hunden sus extremos en el muro. Sostiene el piso un artesonado de madera trabajada y decorada con temas geométricos en blanco y negro de gusto mudéjar. Una pequeña capilla situada bajo el anterior conserva un conjunto mural pictórico fechado en torno al siglo XV, el cual se descubrió durante las labores de restauración y de factura arcaizante. Posiblemente dedicadas a San Martín o a San Nicolás de Bari – según autores–, en las mismas se descubren parte de los doce apóstoles decorando el arco en su parte exterior. Por su interior, en la zona de bóveda de este arco se despliegan, de derecha a izquierda, las escenas de Cristo en la mandorla y rodeado del tetramorfos, el Cordero Pascual o Agnus Dei en el centro y la crucifixión. Izquierda arriba Detalle de la crucifixión Izquierda abajo Artesonado de traza mudéjar del coro Abajo Conjunto de las pinturas bajomedievales

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Por último, el muro del fondo se divide en dos secuencias de tres imágenes cada una, relatando la vida del santo u obispo a la que se advoca, mostrando la superior –también de derecha a izquierda– una primera escena de difícil identificación –posiblemente su nacimiento–, a la que sigue un obispo al que le están poniendo la mitra otros personajes y se concluye con este mismo personaje de obispo en un acto litúrgico, donde aparece en actitud de bendecir al resto de los presentes que se sitúan a su alrededor. Por su parte, en la banda inferior se distingue al mismo personaje entre guerreros, al que en la siguiente y central está atendiendo la llamada de un ángel –quien le transmite un mensaje–, y se termina con el entierro de esta figura principal, de cuyo ataúd salen los fluidos del muerto –aceite y agua– y que es izado por el resto de los asistentes y demás personajes, quienes recogen dichos fluidos por su acción milagrosa. Todo el conjunto se cierra, rellenando la parte inferior para no dejar nada sin pintar y evitar el horror vacui o miedo al vacío, con una banda o cenefa de geometrismos formando un zigzag y con un cortinaje.

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Algunas partes de la nave conservan restos de pintura mural, mostrando la Pasión de Cristo –atado a la columna, Prendimiento y beso de Judas– y fechadas entre fines del XIII e inicios del XIV. También en diversas zonas del interior se conserva la profusa ornamentación dieciochesca, entre las que destaca la representación de un calvario en la capilla del crucero (brazo del evangelio), y la del cascarón absidial, cuya cúpula presenta una gran flor de tallos entrelazados bordeando círculos de jarrones floreados que salen de una corola de gallones o pétalos. En su interior se conservaban diversos bienes muebles, en especial su retablo mayor gótico de fines del siglo XV atribuido al conocido pintor Pedro García de Benabarre, el cual fue fragmentado y vendido en 1923, así como algún otro de la misma época y estilo. De los mismos subsisten diversas tablas diseminadas por el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Nacimiento de la Virgen y Nacimiento de Jesús), o en colecciones privadas de Palma de Mallorca (Huida a Egipto) o Madrid (La Última Cena). Asimismo, en una colección particular de Barcelona se hallaba la tabla de la Resurrección de Cristo del retablo mayor, adquirida recientemente –en febrero de 2014– por el Gobierno de Aragón, que ha pasado a formar parte de los fondos En esta página Conjunto y detalle de la capilla del lado del evangelio del Museo de Huesca, en una de cuyas con decoración dieciochesca salas es posible apreciarlo desde noviembre de 2014. También de su interior procede un fragmento de una Epifanía, único resto de un retablo o frontal de altar gótico de fines del XIII o inicios del XIV, conservado en la actualidad en una colección particular de Palma de Mallorca. 32


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Ermita de San Juan La ermita de San Juan se ubica en el fondo del valle, algo apartada del pueblo en dirección norte y junto al barranco de su mismo nombre. Es un edificio de los últimos momentos del románico que ya empieza a anunciar los gustos del Interior de la ermita de San Juan hacia el coro gótico, fechándose entre fines del XII e inicios del XIII. Presenta nave única y cabecera semicircular orientada, con alzado en sillería escodada y organizada en líneas paralelas de muro liso. La iluminan dos vanos, unos frontal al ábside en doble derrame, y otro de doble derrame con dos arquivoltas exteriores en la fachada a poniente, abierto encima de la puerta Detalle del altar principal; fachada que se completa con una espadaña de tres ojos a horcajadas del hastial sobre el eje de simetría. En la fachada a mediodía hay una puerta de doble arquivolta y trasdós resaltado, a través de la cual se accedía al cementerio. Asimismo, en ambos muros perimetrales, norte y sur, se aprecian las obras de apertura de sendas capillas que o no se llegaron a realizar o se perdieron posteriormente.

Ermita de San Juan 33


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Pinturas bajomedievales de la ermita de San Juan

El interior, cuyo suelo presenta cantos rodados formando dibujos geométricos, realizados posiblemente en la Edad Moderna, se cubre con bóvedas apuntadas sobre fajones, apoyados en pilastrillas adosadas que distribuyen el recinto en tres tramos, descansando sobre una imposta salediza, cortada a bisel. Por su parte, el ábside se cubre con el usual cascarón o bóveda de horno. A los pies de la nave, un arco rebajado de aristas a bocel del siglo XV delata la existencia de un coro, eliminado su suelo de factura posterior para así dejar al descubierto unas pinturas murales aparecidas durantes la restauración del inmueble, fechadas a fines del XV o inicios del XVI, y que –según la Interior del ábside de San Juan opinión de algunos autores– representa el martirio de santa Úrsula: pinturas de vivos colores y divididas en tres escenas, mostrando la central a una mujer –una santa o la Virgen– en la mandorla, y a ambos lados dos escenas que según los especialistas las entroncan con el martirio de santa Úrsula y el asesinato de las cien mil vírgenes. Asimismo, en esta intervención aparecieron unas vigas de hechura mudéjar y decoradas con rostros, las cuales constituían el soporte del piso del otrora coro y que, en la actualidad, se pueden apreciar sobre el arco rebajado ya citado. 34


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El elemento más destacado es su portada. Se compone de cuatro arquivoltas molduradas de medio punto y un bocel formando el trasdós. Descansa sobre impostas en zigzag de cantos a bisel, labrados con tallos vegetales; está sostenida por ménsulas y capiteles historiados, coronando Detalle de la jamba izquierda de la portada de San Juan jambas y columnas de fuste monolítico. Representan a un oficiante con libro, ministrado por un ceroferario y un turiferario, una quimera entre una mujer con niño en brazos y un hombre con un camero que podría hacer alusión al Nacimiento y Adoración de los pastores. En la escocia inmediata por el lado izquierdo, según se entra, se muestra a un monstruo felino devorando a un hombre, similar al que se puede ver en la portada de Nuestra Señora de Baldós. En el lado opuesto, aparece Juan bautizando a Cristo en presencia de un ángel, un sacerdote orante revestido de casulla entre dos acólitos y la degollación de San Juan Bautista. En las escocias de las jambas se alojan máscaras y motivos vegetales; y en la clave de la arcada interior aparece grabada la cruz de Jerusalén entre dos medios lunas, signo inequívoco de las milicias sagradas autoras del edificio. Durante las labores de restauración, se encontró en su altar los restos de la lipsanoteca o teca de consagración, en la que se guardaban las reliquias del santo titular. En la actualidad se encuentra depositada y conservada en el Museo Diocesano de Barbastro.

Jamba derecha de la portada de San Juan 35


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Puente y construcciones de su entorno Salvando las aguas del barranco de San Juan y sirviendo de comunicación entre un barrio y otro de Montañana, se levanta un puente de dos ojos, con gran arco central apuntado. De bella factura y de tradición bajomedieval, se data en el siglo XV. Cercano a éste se localizan pasos abovedados de regusto medieval, como el que da paso a la plaza, o al conjunto formado por –entre otros componentes– restos de un recinto murado y una torre reutilizada como lagar con su inseparable bodega, ambos bajomedievales.

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Abajo

Puente bajomedieval Página derecha

Antiguo ayuntamiento Calle Mayor


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Ayuntamiento Junto a la confluencia de los dos barrancos se encuentra la plaza, donde se levanta el edificio del ayuntamiento. De reciente factura, posiblemente del siglo XIX, en sus fachadas se reaprovecharon dos capiteles y tres ménsulas románicas –representando diversos personajes y rostros humanos– procedentes de la desaparecida ermita de San Miguel, cuyos restos tapujados por una densa vegetación se localizan frente a esta plaza, en la margen derecha del barranco de su mismo nombre.

Calle Mayor Entre la sucesión de calles con sus casas de potente sabor medieval, destaca la principal o calle Mayor. Todas presentan pasadizos, viales irregularmente empedrados, rincones evocadores de otros tiempos, de unas formas constructivas ya olvidadas, cuya principal manifestación es esta calle Mayor, finalizada con el conjunto configurado por dos casas unidas por balconada de madera, cuyo interior muestra las formas de vida y de estructuración de las viviendas tradicionales. 37


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Murallas y puerta A media ladera se levantó entre fines del XV e inicios del XVI un sistema defensivo que protegía el núcleo por sus flancos más accesibles. Son perfectamente visibles los lienzos de muralla, así como la sencilla puerta de arco apuntado que daba acceso a todo el recinto.

Torre de la Cárcel El elemento más destacado del sistema defensivo bajomedieval –siglos XV-XVI– es el conocido como torre de la Cárcel. Levantada en un extremo de las murallas, sobre el barranco de San Juan, presenta planta cuadrada, con sencilla puerta de arco apuntado y diversas plantas con suelo de madera, teniendo un sótano abovedado accesible desde la planta de entrada destinado a cárcel. Muralla, puerta y torre de la Cárcel

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Edificios bajomedievales aparecidos en el espacio de la antigua abadía

Abadía, caminos y muros En el espacio ocupado por la primitiva abadía se han localizado los restos defensivos de una construcción bajomedieval –siglos XV-XVI–. En la misma destacan sus muros protegidos con saeteras, su pórtico con escudo e inscripción del momento, o los elementos de su reconversión en vivienda, en especial el horno de pan. Punto desde el que apreciar la infinidad de muros de piedra seca, caminos empedrados y bancales del núcleo y sus alrededores, que aportan al conjunto esa fisonomía medieval.

Camino de Benabarre 39


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Torre de la Mora Único elemento que subsiste del conjunto construido en el siglo XI, que marca el origen de Montañana. Se trata de la fortificación levantada en esa época que formaba línea fronteriza y defensiva en los tiempos de la reconquista. De la torre circular que allí hubiera, sólo resta un cuarto de la misma, cuyos restos consolidados permiten apreciar la ubicación en altura de la puerta de ingreso, allí colocada para favorecer la defensa.

Torre de las Eras y vista de Montañana Sobre la margen izquierda del barranco de San Juan se eleva un promontorio rocoso desde el que apreciar una completa e inigualable vista del conjunto, apreciando su origen y trama medieval. Hasta aquí se llega por los viejos caminos que arrancan a la entrada del pueblo, apreciando también los restos consolidados de la denominada torre de las Eras, fechada entre fines del XV e inicios del XVI. De la misma se conserva aproximadamente la mitad, ofreciendo una planta circular sobre una base cuadrangular apeada en un resalte rocoso; en sus paramentos de mampuesto se abren estrechas saeteras en las diversas plantas de claro carácter defensivo. Abajo Torre de la Mora Derecha Torre de las Eras

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I LA RUTA. Los espacios y edificios I

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Ermita de San Miguel La primitiva ermita de San Miguel se sitúa frente a la parte principal del núcleo de Montañana, allí donde se levantan unas pocas casas del citado núcleo, en la margen derecha del barranco de San Miguel, a cuya vera se emplazan los escasos restos que subsisten de esta construcción románica. Completamente en ruinas y prácticamente desaparecida, sólo aguanta un trozo de muro y el arranque del ábside, habiéndose utilizado sus sillares para la construcción de la escuela en los años treinta del siglo XX. De esta ermita son algunos sillares reaprovechados en la fachada del ayuntamiento, como las ménsulas con rostros humanos, un sillar con motivos geométricos y vegetales, y otro con un ángel, además de sendos capiteles figurativos que sustentan en la actualidad el balcón. Entre todos estos elementos, destaca el capitel que representa la escena del Paraíso, apreciándose perfectamente el árbol y la serpiente, los cuales –a su vez– posibilitan la datación de esta antigua ermita en el siglo XII.

Ermita de Santa Bárbara La ermita de Santa Bárbara se ubica en las proximidades por el norte del mas de Castán, el cual –a su vez– está al norte de Montañana, en la amplia llanura sita sobre la anterior, a la que se accede por los caminos que parten desde la margen izquierda del barranco de San Juan. 42

También se puede acceder por la pista forestal que arranca de la carretera del Noguera Ribagorzana, la cual comienza por la izquierda a unos dos kilómetros al norte del desvío que conduce a Montañana. Se trata de un edificio de una nave con techumbre de madera y ábside semicircular, el cual ha sufrido diversas remodelaciones con posterioridad. No obstante, de esa primera construcción subsiste la mencionada cabecera y el arranque de los muros, los cuales interiormente se conservan hasta el inicio de la desaparecida bóveda, presumiblemente de cañón. Partes originarias que presentan un mampuesto irregular, siendo una obra popular fechable hacia el siglo XII.

Ermita de la Asunción o Santa Creu La ermita de la Asunción se ubica en los alrededores del Mas d’en Coll, junto al antiguo camino que unía Montañana con Viacamp y Benabarre, al que se llega en una media hora por un camino que parte del barranco de San Miguel a su paso por Montañana. Entre las ruinas de la otrora construcción, se aprecia nítidamente el ábside y algunas hiladas regulares de piedras irregulares conformantes de los muros norte y sur, los cuales delimitan perfectamente su planta rectangular con su ábside semicircular. Aunque resulta difícil de fechar esta construcción románica, se puede aventurar que la misma se levantó en el siglo XII.


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Ermita de Santa Llucia Los restos de la ermita de Santa Llucia de Montañana se encuentran al este de dicha población. Se accede por los antiguos caminos que arrancan de la margen izquierda del barranco de San Juan y que ponían en comunicación los mases y campos sitos en la meseta que se extiende sobre Montañana. Así se llega hasta un pequeño promontorio desde el que se divisa el valle del Noguera Ribagorzana y la carretera que

por el mismo discurre, justo a la altura –y por encima– del restaurante “El cocodrilo” de Puente de Montañana. En la actualidad, apenas subsisten unos exiguos restos. En concreto, las primeras hiladas de la construcción, bien escuadradas y dibujando perfectamente una planta cuadrangular culminada en un ábside semicircular. Aun siendo difícil datar estos restos románicos, a la vista de lo que resta y del trabajo de los sillares se puede fechar en el siglo XII.

Detalle de la ermita de San Miguel

Ermita de Santa Bárbara

Ermita de la Asunción o Santa Creu

Ermita de Santa Llucia

Cartografía PRAMES

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I ITINERARIOS I

Itinerarios El núcleo medieval de Montañana El itinerario principal permitirá descubrir el núcleo medieval de Montañana, su ubicación, su trazado urbano, y sus principales enclaves y edificios. El mismo se inicia en la entrada del lugar, donde arranca la calle de acceso al mismo que, tras dejar atrás un paso abovedado, conduce hasta el puente del barranco de San Juan, donde apreciar asimismo una vista del conjunto. Una vez pasado el puente, se suceden una serie de pasadizos abovedados que dan paso a la plaza del ayuntamiento, o a los inmuebles sitos tras éste y que conforman otro bloque de murallas y torres defensivas. Desde la plaza y el ayuntamiento parte la calle Mayor en constante subida, desplegándose las restantes vías también empedradas del lugar, con sus casas, pasadizos y rincones urbanos. Así hasta llegar, una vez pasado el último pasadizo formado por dos casas y una balconada, a la torre de la Cárcel, las murallas y la puerta de éstas. Se continúa el camino, siempre ascendente y dejando ver en todo momento los caminos y los campos delimitados por muros de piedra seca, hasta llegar al otrora emplazamiento de la abadía, hoy atestiguada por los restos de construcciones bajomedievales. Y desde ésta a Nuestra Señora de Baldós y la torre de la Mora. Abajo izquierda Pasos abovedados en la zona del antiguo ayuntamiento Abajo derecha Casas con balconada al final de la calle Mayor

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I ITINERARIOS I

Por la margen izquierda del barranco de San Juan Una vez en la calle de acceso al pueblo, y antes de pasar el primer paso abovedado, arranca un empedrado camino a la derecha que, en continuo ascenso y entre los muros delimitadores del mismo y de los antiguos campos, conduce hasta la denominada torre de San Juan o de las Eras. También se puede acceder a esta torre siguiendo la citada calle traspasando el paso abovedado hasta el puente, en donde arranca antes de cruzarlo el camino que se une con el anterior. Una vez llegada a la citada torre, y tras comprobar su factura y la panorámica que se despliega del conjunto medieval de Montañana, el camino continúa por estos pagos en los que se situaban parte de los campos del núcleo y en dirección hacia unos mases o casas independientes en medio del campo que se distinguen en el horizonte. Antes de llegar a estos últimos, el camino inicia su descenso hacia el barranco de San Juan, pasando por la ermita de su mismo nombre y, alcanzando ya las primeras casas del lugar, el puente bajomedieval. Una vez cruzado éste, se continuará por la calle por la que enseguida aparecerá el primer paso aboveda citado al inicio del itinerario y a la calle donde se ha empezado este recorrido.

Abajo izquierda Barranco de San Juan Abajo derecha Puente bajomedieval

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I ITINERARIOS I

Otros posibles itinerarios Los otros itinerarios que se pueden realizar desde Montañana son los que conducen a las diversas ermitas medievales localizadas en su entorno. Itinerarios y forma de acceso que se describen en los apartados dedicados a cada uno de los mismos.

Ermita y camino de San Juan 46

Señal del balizado sendero GR 1 a su paso por Montañana


Lecturas recomendadas ACÍN FANLO, José Luis, “Un suenio que debe’star reyalidá”, en Orache. Rebista de literatura y opinión, nº 2, Zaragoza, Ligallo de Fablans de l’Aragonés, 1982. ACÍN FANLO, José Luis, Paisajes con memoria: viaje a los pueblos deshabitados del Alto Aragón, Zaragoza, Prames, colección Temas aragoneses, 1997. ACÍN FANLO, José Luis, “Montañana, enclave medieval: la villa recupera su esplendor de siglos”, en La Magia de Aragón, nº 16, Zaragoza, Prames, abril-mayo 2005. GAVÍN, Josep M., Inventari d’esglésies, 2: Baixa Ribagorça, Alta Ribagorça i Vall d’Aran, Barcelona, Artestudi, colección Arxiu Gavín, 1977. GÓMEZ DE VALENZUELA, Manuel, “Las iglesias románicas de Montañana en Ribagorza”, en ÁLVARO ZAMORA, Mª Isabel (ed.), Francisco Abbad Ríos: a su memoria, Zaragoza, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, 1973. IGLESIAS COSTA, Manuel (Edición revisada y aumentada por José Luis ACÍN FANLO y Enrique CALVERA NERÍN), Arte religioso del Alto Aragón Oriental: arquitectura románica, siglos X-XI, XII y XIII, 4 vol., Zaragoza, Prames y Gobierno de Aragón, colección Mirador, 2003-2004. PLANDEVALL I FONT, Antoni (Director de l’obra), Catalunya románica, vol. XVI: La Ribagorça, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, 1996.

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Montañana, enclave medieval by Diputación Provincial de Huesca - Issuu