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Neiva, Neiva, Julio 17 17 Julio de de 2011 2011

Despedida

Inés García de Durán Advertencia Editorial.-

Palabras del Señor exgobernador Diego Omar

Muñoz Piedrahita, afectuoso y tradicional amigo de las ilustres familias García Borrero y Durán García, en los funerales de la Señora Inés García de Durán, realizados en la catedral, el viernes 8 de julio, ceremonia en la cual, la comunidad neivana despidió con inmenso dolor, a la distinguida dama, que tanto amó, sirvió y representó, la cultura del pueblo huilense. La

Dirección.

Queridísima y recordada amiga: no contaba con que en esta ocasión, el grupo que organizó su sepelio, dijera a los amigos que aún faltaba un acto. Yo esperaba compartir esta tribuna con la gente que nos acompañó en las campañas, con las que gritaba en las barricadas vivas al partido liberal, la que insinuaba que el camino había sido completo. Inés no solamente fue pregonera del arte, entrenadora de grupos de danza y de baile sino una luchadora política. En la última etapa de su vida Inés García de Durán hacía reuniones en su casa con su grupo de amigos, tal vez pensando que habíamos perdido mucho tiempo buscando la orientación y quien nos pudiera enseñar con más facilidad y profundidad las teorías que un día saliera a pregonar un hijo de la aristocracia colombiana, Alfonso López Michelsen. Señoras y señores, aunque el ambiente recoja los últimos sones de la tambora y se escuchen ya lejanas las vivas a san Pedro y a san Juan, para los huilenses éste día es de luto riguroso; nuestra querida Inés ya no podrá acompañarnos más. No podremos oír su cálida voz ni escuchar su consejo oportuno y sabio. Ha pasado a ocupar un sitio entre los inmortales y solamente su espíritu podrá guiarnos para que encontremos la senda que más convenga a los destinos de la colectividad. No hace muchos días celebramos sus triunfos y en sincero homenaje expresamos admiración por sus atributos personales y a sus servicios a la comunidad y sabíamos que, a pesar de las dolencias que ella soportaba con estoicismo, admitió y agradeció el cálido sentimiento que su gente del Huila le brindó con entusiasmo desbordante. Desde ese momento estuvimos convencidos que la suerte de Inés estaba echada, y que no era pesimismo el que invadía nuestro ánimo sino el crudo y vivo realismo que su salud se veía quebrantada y su deceso era un hecho cumplido.

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