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política
Opinión
¿Reforma electoral o trampa política? Marcelo BERMOLEN Abogado. Especialista en acceso a la información pública y transparencia electoral, Profesor de la Escuela de Gobierno y Director del Observatorio de Calidad Institucional (OCI) de la Universidad Austral.
En medio de una caída estrepitosa de la confianza pública en su gobierno, el Presidente JAVIER MILEI envío al Congreso un proyecto de reforma electoral que bien podría considerarse una trampa política a la oposición. Urgido por reestablecer el control de la agenda pública y que la prensa y la sociedad desvíen su atención de los escándalos de corrupción que salpican a figuras centrales de su gobierno -muy cercanas al primer mandatario- nada mejor que devolver un golpe a sus opositores que los divida en su visión, respecto a algo decisivo -pero todavía
lejano para los argentinos- como lo son las elecciones presidenciales de 2027. Con baja aprobación en las encuestas y en los indicadores de fiabilidad, con un consumo promedio que continua en retracción, cierres de industrias, alza de la desocupación, aumento de la morosidad y del endeudamiento de los hogares, el presidente intenta incidir en el futuro institucional de los argentinos enviando decenas de nominados para cubrir un tercio de las vacantes judiciales que han dejado a la justicia renga, pero que podrían asegurarle ahora el favor de esos nuevos cargos e impactar en las investigaciones en curso contra su administración. Así, muchos de los pliegos judiciales parecen seguir la traza de beneficiar a la “familia Judicial” ya entronizada y convertirla en un linaje mayor, nombrando a padres, hijos, esposas, secretarias/os y cercanos de una casta poderosa ya dominante en los tribunales. Nepotismo que sin pudor encarna el nuevo Ministro de Justicia JUAN BAUTISTA MAHIQUES, quien
Desafío Exportar | Mayo 2026
como funcionario judicial -en uso de licencia- se ha constituido en virtual abogado defensor del gobierno, a la par de enviar desde el inicio el pliego de su padre CARLOS MAHIQUES para continuar cinco años más como camarista de la Cámara de Casación -eludiendo el retiro que le imponen sus 75 años- y nombrar a su propio hermano como jefe principal de su cartera ministerial. Algo que hubiera significada serios cuestionamientos a otros gobiernos y que llamativamente parece serle tolerado a éste. Para un presidente que dice sostener ”la moral como política de estado” y el “combate a la casta”, sus gestos y acciones parecen muchas veces contradictorios, eludiendo las explicaciones que debería darle a la sociedad en los casos judiciales que enlodan su gestión, mientras respalda de manera inusitada a funcionarios cuestionados -y denunciados- (como es el caso de su Jefe de Gabinete de Ministros Manuel Adorni) que no pueden explicar su crecimiento patrimonial y que han disimulado