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Las entrañas de la tierra

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Ocensa

Talleres

Luisa Fernanda Lafaurie R. Presidente

Participantes de los talleres y autoras de los perfiles

María Paula Camacho R. Secretaria General

Zaragoza - Antioquia Antolina del Carmen Mendoza G. Nillyret Maela Barrera Celis Rocío Candelaria Gutiérrez Menco Katerine Mosquera Cuesta Maida Alejandra López Contreras Fabiola Ochoa Vásquez Karen Margarita Dit Monsalve

Ramiro Santa G. Director de Responsabilidad Integral Hernán Bedoya B. Director de Transporte y Activos Juan Pablo Castrillón S. Director de Organización y Talento Rafael Díaz V. Director de Auditoría Santiago Giraldo L. Director de Estrategia y Finanzas Óscar Sánchez A. Director Técnico y de Proyectos

Las entrañas de la tierra y abrimos los ojos bien abiertos Luisa Fernanda Lafaurie María Paula Camacho Ramiro Santa Ana María Boller Comité del proyecto Luz Adriana Méndez B. Jefe de Gestión Social Gladys Castro Ludy Chipagra Ana María Loaiza William Ruiz Sandra Wilches Gestores sociales Álvaro Díaz Director de la Fundación Oleoductos de Colombia

Segovia - Antioquia Margarita María Arias García Daniela González Velásquez Dora Liced Betancur Castaño Jessica Katerine Camelo Cortés Dora María Tavera Adriana María Vásquez Mesa Maribel Agualimpia Perea Luz Mery Estrada Saavedra Tuchín - Córdoba Melissa María Salgado Montaño Lina Margarita Gaspar Suárez Miryam Sofía Muentes ávila Mabel María Hernández Suárez Delys Carmenza Bocanegra Mabelys ávila álvarez Cindy Paola Martínez Espitia La Belleza - Santander Yeinmi Gómez Marín Sonia Hasbleidy Pardo Castañeda Aura Alicia Camacho Gisella Fuentes Barros Nohora Sofía Zárate Yesel Lorena Vanegas Saza Miraflores - Boyacá Ledys Soraya Vera Monroy Sonia Rocío Sánchez Soler Natalia Roa Jenny Patricia Salamanca Sánchez Nubia Lissette Cely Chinome Blanca Inés Cruz Buitrago Stella Pulido Pulido Ramiriquí - Boyacá Fanny Edelmira Morales Vásquez Mayra Alejandra Parra Vargas María Isabel Lanza Rodríguez Sara Luciana Serna Borda Johanna Andrea Plazas Guerra Laura Daniela Cruz Parra Carol Andrea Ruiz Alicia Saldaña Guerrero

Tauramena - Casanare Ángela María Zuluaga Nidia Giraldo Zoraida Perilla Vallejo Dora Hidalgo Fennys Tovar Gilma Avella Marisol Martínez Africano Nahum Montt Fernando Quiroz Profesores de escritura Alfonso Peñaloza Producción y logística Fernando Quiroz Adriana Echeverry Dirección de los talleres Publicación Deliria S.A.S. Dirección editorial Sandra Staub Diseño y diagramación Mona Herbe Patricia Rincón Mautner Fotografía Javier Lizarazo Finalización de fotografías Liliana Tafur Corrección de textos Primera edición: noviembre de 2015 Bogotá, Colombia ISBN 978-958-58664-1-6 Panamericana formas e impresos S.A. Calle 65 Nº 95-28 Bogotá, Colombia Impresión y encuadernación Prohibida la reproducción total o parcial dentro y fuera del territorio de Colombia, sin la debida autorización de Ocensa. © Todos los derechos reservados Editado por Ocensa Carrera 11 N˚. 84-09, piso 10 Bogotá, Colombia


Las entraĂąas de la tierra y abrimos los ojos bien abiertos


Las entrañas de Colombia Mantener los ojos bien abiertos: la experiencia ha sido grandiosa. Un ejercicio que nos ha permitido afinar la sensibilidad ante las maravillas que hay en la superficie, que suceden a nuestro alrededor… ¡Y el ejercicio se ha vuelto costumbre! El año pasado abrimos los ojos bien abiertos a esas comunidades de las que tanto tenemos que aprender —y a las que tanto queremos agradecer—, y fue fascinante conocer de primera mano ese mundo que a veces resulta invisible para quienes ignoran lo grande, rica y diversa que es Colombia. Este año abrimos los ojos bien abiertos a las mujeres. A las mujeres que han hecho de su corazón, de su inteligencia, de su memoria y de sus propias entrañas una suma de motivos para crecer, para resistir, para renacer, para cuidar lo que tenemos. Una suma de razones para vivir y para mantener en alto las ilusiones. Son ejemplares las historias de cincuenta colombianas de nuestras comunidades que en este libro aparecen contadas por paisanas suyas que las han visto caer y las han visto levantarse. Porque son admirables, abrimos los ojos bien abiertos ante ellas. Y nos comprometemos a seguirlos manteniendo bien abiertos ante este país que no deja de sorprendernos gratamente cada día. Luisa Fernanda Lafaurie Presidente


Arriba pasa la vida Bajo la tierra corre el crudo. Viaja desde el piedemonte llanero hasta el mar Caribe a lo largo de 836 kilómetros. Recorre las entrañas de Colombia. Arriba pasa la vida. Pasan los niños, pasan sus padres, pasan los viejos. Y pasan y se mueven y vibran quienes la hacen posible. Quienes la protegen desde que es tan solo una ilusión. Las mujeres, sí. Arriba están las mujeres, fuente de vida, símbolo máximo del cuidado. Mujeres que han levantado este país en medio de las guerras, de la intolerancia y de la inequidad, pero con el escudo invencible de la tenacidad, de la resiliencia y de la esperanza. Esperanza de la cual son ellas precisamente las guardianas. A ellas, a las mujeres que sostienen a esta Colombia que tanto necesita de sus cuidados, Ocensa ha querido decirles que gracias a ellas podemos seguir soñando con sacar adelante a este país que a veces nos desvela. Buscamos mujeres ejemplares a lo largo de los cientos de kilómetros de geografía diversa y encantadora bajo la cual corre el oleoducto. Y cada vez que indagamos, cada vez que abrimos los ojos bien abiertos, encontramos cientos de ejemplos. Porque Colombia está poblada de mujeres admirables. Habríamos querido tener páginas sin fin en este libro que exalta su labor, para tenerlas a todas. Pero escogimos cincuenta que las representan con toda propiedad y con toda dignidad. Mujeres que son líderes, emprendedoras, arriesgadas, protectoras, defensoras, educadoras, intuitivas, creadoras, amorosas, recursivas, soñadoras, visionarias, comprometidas, persistentes… Muchas de ellas, casi todas, mujeres que han tenido que ver las peores caras del conflicto, de la tragedia y de la adversidad, y han tenido la fuerza y la voluntad para levantarse. Para seguir llevando las riendas de esta Colombia que queremos. Sobre estas cincuenta mujeres escriben otras cincuenta que bien podrían ser las protagonistas. Mujeres de las cuales podríamos referirnos con adjetivos sobresalientes. Entre ellos, el de talentosas. Y precisamente de ese talento dan buena cuenta en las páginas que vienen a continuación, en los retratos de sus coterráneas, que plasmaron como fruto de un ejercicio inolvidable que se repitió en varios municipios y veredas del territorio colombiano. Un ejercicio que comenzaba en un salón de clases a veces improvisado en el que se impartían algunas indicaciones sobre el arte de contar historias, y que gracias a sus aptitudes, al ejercicio de esa curiosidad que es fuente primera del conocimiento y a su decisión de ir siempre hacia delante las convirtió muy pronto en escritoras. Cincuenta de estas narradoras increíbles que encontramos a lo largo de 836 kilómetros son las autoras de los testimonios de esas otras cincuenta protagonistas en nombre de las cuales le rendimos homenaje a la mujer colombiana.


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L a B e lle z a / San tan d e r

Mamita Chepa “Con las plantas medicinales y una pizca de amor y cariño se curan cuerpos y se curan corazones”


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Le dicen Mamita Chepa no solo sus hijos, que no fueron pocos, sino todos en el municipio de La Belleza, donde la conocen como una mujer generosa, emprendedora, luchadora, protectora, visionaria, que siempre tiene un consejo, un remedio o un plato de comida. Le dicen Mamita Chepa sus hijos, que fueron quince y a todos logró darles un buen ejemplo de vida. Hoy son orgullo del pueblo bellezano por su trabajo, dedicación y honestidad… por los valores inculcados durante su crianza. A pesar de las escasas oportunidades laborales, Mamita Chepa se desplazaba a los demás hogares a lavar ropa y de esta manera ayudar con el sustento de su hogar. Le dicen Mamita Chepa los centenares de mujeres a las cuales les ha enseñado los secretos de ese horno del cual salen galletas, bizcochos, cubanas, almojábanas, pan de leche, tortas y pasteles… y también la llaman así los que han conocido su gran receta: el arequipe de arroz. Le dicen Mamita Chepa la infinidad de personas a quienes les ha dado sus plantas medicinales, con una pizca de amor y cariño, que han logrado impactar los corazones de cada bellezano y calmar las dolencias o malestares de su cuerpo. Le dicen Mamita Chepa a esta mujer incansable en su lucha por ayudar a las demás personas. A pesar de su gran número de hijos, nietos y bisnietos, su hospitalidad se ha puesto de manifiesto cuando su casa se ha convertido también en la casa de muchos hijos adoptivos. Le dicen Mamita Chepa los tantos bellezanos que se han beneficiado con algunas de las obras que ha promovido, como el trabajo comunitario y su participación en las diferentes organizaciones en pro de la comunidad. Le dicen Mamita Chepa a esa mujer pasiva, humilde, que siempre ha hecho presencia en las ferias de su pueblo con la exposición de sus productos de panadería y derivados lácteos y gracias a ello ha recibido reconocimientos por parte de los comités de ferias. Le dicen Mamita Chepa a esta gran mujer con una hoja de vida intachable, capaz de superar las adversidades de la vida y ser esa carta de presentación para la mujer bellezana, con valores y virtudes dignas de imitar. Le dicen Mamita Chepa a doña Josefina Quiroga Ariza, quien a sus ochenta y dos años vive rodeada de un gran círculo de familiares, amigos y vecinos para quienes siempre hay una palabra de aliento, amor y respeto y la bendición que nunca puede faltar. Por Yeinmi Gómez Marín


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Matilde “El auténtico conservacionista es el que sabe que el mundo no es una herencia de los padres sino un préstamo de los hijos”


Tau r am e n a / casan ar e


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A pesar de que Matilde presenció hechos de la violencia absurda que vivimos en Colombia, como cuando se llevaron a un sobrino para nunca más volverlo a ver o cuando tomaron por la fuerza a un señor que suplicaba por su vida, nada la marcó tanto a ella como la separación de su esposo después de treinta y ocho años de casada. Aunque Matilde quedó con siete hijos, algunos de ellos muy pequeños, con mucho esfuerzo vendía leche, huevos y gallinas, y buscaba sin descanso el sustento diario para sacarlos adelante. Hoy, algunos trabajan en empresas petroleras, uno fue alcalde de Tauramena y otros, que aman el campo, se dedicaron a la agricultura. Y Matilde vive orgullosa de todos sus hijos por las alegrías que le dan día a día. Matilde tiene gran admiración por las mujeres cabeza de hogar que, como ella, se dedicaron a sacar a los hijos adelante. Ella no conoce el rencor, y después de veinte años de separación logró perdonar a su esposo, que hoy padece de párkinson. Matilde lo atiende desde la hora del desayuno, y logró que sus hijos también lo perdonaran por haberlos abandonado en su infancia. Ella es una enamorada de su tierra y vive en una finca a las afueras de Tauramena, en donde hace aeróbicos y monta en cicla a diario. Pero su plan favorito es ir a la finca de uno de sus hijos, por la belleza natural y la fauna que se ve en esta hermosa tierra. Allá cuidan animales de diversas especies antes de devolverlos a su entorno. Matilde lo tiene muy claro: “Si no cuidamos a estos animalitos, sus hijos y sus nietos no los conocerán”. A sus setenta y un años, Matilde Mendoza es una mujer que refleja una gran alegría por todo lo que la rodea, pues para ella los recursos naturales son muy valiosos. Por eso, lo primero que hace cada mañana es darle gracias a Dios por un nuevo día que nos regala, por tener sus hijos amados y sus nietos y por poder abrazarlos y decirles cuánto los ama y lo importante que hacen su vida. Por Dora Hidalgo


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T u c h ín / Có r d o ba

María Fermina “A mi bisnieto Gabriel le voy a enseñar cómo trenzar para que no olvide sus raíces”


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Desde los cuatro años de edad, mientras unos niños de otras culturas jugaban, doña “Fermi”, como es llamada María Fermina Suárez Tulaigua por la comunidad tuchinera, se ponía a trenzar para hacer el ribete, siguiendo ese conocimiento ancestral dejado por los indígenas habitantes de estas tierras. Doña Fermi creció en esa cultura de la elaboración del sombrero fino vueltiao debido a que sus padres procesaban la caña flecha y fabricaban este símbolo de la cultura sinú. A los doce años doña Fermi sintió una inclinación hacia la modistería, y a escondidas se iba a observar a doña Elvia, debido a que su padre era tan conservador de la cultura del trenzado para la elaboración del sombrero y no aceptaba que uno de sus hijos se dedicara a otra cosa. Con el paso del tiempo, doña Fermi se convirtió en una de las maestras artesanas empíricas más reconocidas del pueblo y de la región cordobesa. Entre sus producciones en caña flecha se destacaron la elaboración de bolsos, tapetes, el sombrero y los vestidos, siendo esta una manera innovadora de diseño y construcción del material en caña flecha. Sus obras han sido expuestas en Medellín, Bogotá, Armenia y otras ciudades del país. Los vestidos creados por las manos de doña Fermi han sido lucidos por reinas de belleza y sus sombreros fueron usados por la delegación colombiana que participó en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín. Doña Fermi fue maestra artesanal de reconocidas universidades del país y del Sena. A ella le gustaría que todos los habitantes del municipio de Tuchín tengan sentido de pertenencia por el trenzado del tejido a mano, para que este legado sea conocido por las generaciones venideras. Por Mabel María Hernández Suárez


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Celia “Mis artesanías han traído alegría, motivación a mi vida y ejemplo para muchas personas”


R am i r iq u í / B oyacá


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