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EN EL CAFÉ

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café


En el café © MERCANTIL COLPATRIA, 2013 © Deliria © Fotografía: Juan Cristóbal Cobo y Sofía Oggioni © Textos: Fernando Quiroz Dirección editorial: Deliria Diseño y diagramación: Gabriel Mayuza Postproducción de fotografía: Javier Lizarazo Guerra Corrección: Liliana Tafur Primera edición: noviembre de 2013 ISBN

Impreso por Panamericana formas e impresos, que sólo actúa como impresor. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso del editor. Todos los derechos reservados Editado por DELIRIA S.A.S Calle 90 Nº 11- 44 oficina 304 Bogotá, D.C., Colombia Teléfonos: 6110548 deliria.deliria@gmail.com


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café Fotografías de Juan Cristóbal Cobo y Sofía Oggioni


Homenaje a Colombia Para Colpatria fue un año de grandes cambios este 2013 que termina. Cambios para integrar diversos frentes de la Compañía y poder así ofrecer un servicio más eficiente y más moderno a nuestros clientes. Cambios en lo operativo, en algunos de los procesos, en la manera de hacer las cosas, pero siempre en el marco de los principios de la Organización. Ahí no hay cambios: por el contrario, la permanente confirmación de esa filosofía que ha guiado a Colpatria: “Una organización que progresa haciendo progresar”. Colpatria se debe a los colombianos, y para ellos trabaja y se renueva. Por eso, para despedir el año ha querido rendirle homenaje a Colombia a través de uno de sus símbolos más entrañables: los cafés, esos lugares maravillosos en los que transcurren momentos tan significativos de la vida cotidiana de la gente y en donde se han escrito páginas memorables de la historia de la nación. Los reconocidos fotógrafos Juan Cristóbal Cobo y Sofía Oggioni recorrieron buena parte de la geografía colombiana en busca de cafés diversos, cafés pintorescos, cafés emblemáticos, en busca de escenas que bien valía la pena detener en el tiempo, para darle vida a este libro que ahora ponemos en sus manos con un mensaje de gratitud por la compañía durante este año que termina y con nuestros mejores deseos por un venturoso 2014. Rodrigo Pacheco Vicepresidente Corporativo Grupo Colpatria

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En el café Algunos se ponen cita, otros se encuentran por aparente casualidad: una casualidad que en muchos casos, a fuerza de repetirse, parece cada vez menos casual. Algunos van a mascar su soledad, como si gozaran con ella, como si quisieran hacer gala de que se han ido quedando solos. Otros, solitarios también, van para escapar de esa cárcel sin paredes en la que se puede convertir un silencio mal administrado: y le conversan al que prepara el café, al que lo sirve, al que se les sienta cerca. Pero también los hay que, cansados de la bulla o de las preguntas que se repiten, insistentes, perturbadoras, como las gotas de agua de un grifo mal cerrado, van a buscar esa soledad que a otros atormenta. A veces, para encontrarse consigo mismos. A veces, para escapar de sus propias historias mientras espían las historias ajenas. O para prestarles sus oídos –y a veces también sus hombros– a los que necesitan contar en qué andan para salir de una verdad que los atora. Que los indigesta. Que los envenena. A eso van a los cafés. A buscar ese poco de vida que les hace falta en el otro lado: en las casas de paredes cada vez más blancas, en los cubículos de dos por dos, en las relaciones que los encadenan. A eso van: a llenar crucigramas, a esperar al amigo de las once, a improvisar discursos políticos, a pintar el futuro en una servilleta, a mirar de reojo a los vecinos, a oír ese piano que se abre a las seis, a ver pasar a la gente, a recibir esa dosis de energía que se les volvió imprescindible para poner a andar la cabeza, a cerrar negocios que se dieron sin tropiezos, a proponer inversiones descabelladas, a esperar que el billete de lotería que escojan ese día los lleve sin escalas hacia la conquista de sus sueños. Van a firmar promesas de compraventa, a entregar cheques posfechados, a explicar por qué de eso tan bueno sí dan tanto, a buscar en los clasificados ese llamado de la buena suerte, a repasar la tabla de posiciones que ya leyeron antes de salir de la casa. Son tantos lugares en uno solo que los cafés son un cruce y una suma de historias, y van escribiendo su propia historia en cada tinto que sirven, en cada taza que recogen, en cada servilleta que quedó garabateada.

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Son oficinas: a veces es la oficina de aquellos que no tienen oficina, y el patio de recreo de los que sí la tienen pero que se han acostumbrado a respirar allí un poco de mundo con la disculpa de un tinto oscuro que prefieren tomar sin azúcar. Son teatrinos en los que se ensayan parlamentos de amor y frases de despedida. En los que se le repiten a un amigo las mismas palabras que nos dijeron la víspera y se le pide consejo sobre la manera de abordar a aquel al que tenemos que confesarle la verdad. Porque también son consultorios sentimentales, salas de lectura, divanes de psiquiatra, confesonarios… son escenarios en los que se presenta el espectáculo de la vida real, en vivo y en directo. Los cafés colombianos han albergado a los estudiantes y a los poetas. A los enamorados que allí componen cartas almibaradas y a los despechados que llegan con la cabeza baja a llorar sin lágrimas su despecho. A los abogados que allí estructuran sus pleitos y a los arquitectos que primero dibujan en el individual de papel el proyecto que luego llevarán a los planos. A los que quieren estar solos y a los que siempre se dan cita en torno a una taza de café. Colombia es una tierra de café. También de cafés: de los cafés que son billares al mismo tiempo, de los cafés de grecas enormes que atienden varios batallones de visitantes en un solo día, de los cafés de mesas tan pegadas que no hay secreto posible, de los cafés de máquinas traídas de Italia que rinden culto al arte y al diseño, de los cafés en los que se afinan discursos y se proponen nombramientos. En Colombia, buena parte de la vida sucede en el café. Fernando Quiroz

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Il Panino, Bogotá

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Il Pomeriggio, Bogotá

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Seguramente llegarĂĄ el aroma primero. Y tal vez nos haga distraer de la lectura para devolvernos en el tiempo y alborotar recuerdos que parecĂ­an perdidos. EN EL cafĂŠ

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La Triada, Bucaramanga

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Café El Nogal, Santa Rosa de Cabal

Oficinas improvisadas, confesonarios, proscenios… eso han sido los cafés. Y eso siguen siendo. Y todavía se cuentan historias, se dicta cátedra, se componen programas de gobierno y se traen del fondo de la memoria los poemas aprendidos en la infancia.

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Uno bien cargado para acá, otro con una pinta de leche fría para allá. Y me va trayendo la cuenta, si es tan amable, que me cogió la noche.

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Hay muchos que no logran abrir bien los ojos ni poner a funcionar las neuronas antes de tomar una taza de café recién hecho. Y sueñan con ella desde que se levantan. Y la ponen como condición para declarar oficialmente abierta la jornada.

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