Pero era la asimilación de esa noche, la palabra
componía
historias,
cicatrices,
soledad. Pero era justo en medio donde esa palabra no debió ser, era todo más que eso; una aventura acogedora, un párrafo en blanco o muchas formas de decir un “te amo” porque
los
“te quiero” no
son
importantes ya, también era toda esa melancolía
la
cual
rebosaba
en
la
templada y fina capa de nubes nocturnas, de nuevo componiendo lo que en haberes se consume con soledad. Cada vez que pienso en que lo hago… Estas tú, paciente
en este cielo
sin
estrellas, en esta tarde sin esperanza o en el mismísimo toque de tu piel sobre mi llano, incluso si solo fuese eso, rebosaría de confianza el hecho de tenerte, pero la seguridad de tu aliento y el escaso temple que me cubre; me deja como un niño intentando alcanzar lo que va más allá de su entendimiento, una luz… …tu luz. Porque en la fría noche me sostengo de tu faro, que me guía hacia este mundo el cual tiene tus ojos, tu cuerpo, tu sonrisa desalineada, y sobre todo lo demás; tu hermoso canto que me envuelve, para saber que no hay nadie en quien más quiera reposar mis palabras y mi esfuerzo.