En el rincón de mi pena donde fluyen mis sentimientos a una esperanza final abrazados. Un pensamiento, como espina maltrecha, se clava sobre mi fuerte corazón dolido.
Te tuve y fue como sostener el viendo sobre mis desnudas manos, con un hilo frágil de mis más leal amor te quise atar; ¡pobre de mí!, ¿te tuve?, ¿acaso te perdí si nunca fuiste mía?
Los días pasan en el calendario, uno a uno sin voltear, los meses se dispersan, las horas se caen revolcándose, llenando los vacíos de van apareciendo en mi maltrecho optimismo.
No sé si llegaré al final, pero no puedo permanecer así, viendo morir las horas frente a mí, volviéndome ermitaño de mí mismo.