Comienza con la incógnita de siempre. El relativismo es la arena rociada por mi mano, mientras el pasillo se aleja yo intento
atapar
todas
esas
memorias,
retumbando en el piso; comenzando a ver lo que no fue y lo que está siendo afuera de
estas
cuatro
paredes.
Toda
esa
necesidad, todo ese apuro golpeteando mi memoria y bifurcando las siluetas; las que se arrastran a la sombra, porque serán algo nuevo a puerta cerrada, con el deseo en sus rostros y las risas que contagian mi sueño.