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Textos y fotografĂas Diego Cabales para Vdvip
LA ANGOS TURA UNA CASA EN
Un especial agradecimiento a María Inés Ocampos
Fría mañana
El camino
Guerra frĂa
En el centro comercial
En Huechulaufquen
UNA CASA EN LA ANGOSTURA
Nada de esta nota hubiera podido ser sin María Inés. Ningún paisaje hubiera podido ser sin la casa de María Inés. Ningún copo de nieve hubiera podido ser sin la casa en Villa La Angostura de María Inés. Ningún vidrio se hubiera empañado si aquella tarde no hubiera hecho cuatro grados bajo cero subiendo el camino de tierra a Puerto Manzano, cerca de Villa La Angostura donde está la casa de María Inés. De chico solía imaginarme en un refugio guarecido de la cruel intemperie, muy bien abrigado y con una pequeña ventana a través de la cual veía un viento helado mover las copas de los árboles. Entrando a la casa de María Inés, la sensación de estar protegido es la misma: el frío que hiela los dedos durante el invierno se diluye en la tibieza de la losa radiante y el calor de una ducha caliente. Es temprano, finalmente me despierto por la claridad que los árboles no pueden sostener, llueve apenas una garúa y pienso que es una pena que por culpa de unos
grados esas gotas no solidifiquen. Vinimos a ver nevar en plena temporada, todos los pronósticos afirman eso y también todo lo contrario, como siempre, es depende. Según Google Maps, Devoto está a 1604 kilómetros de Villa La Angostura y aunque escucho muchas historias de gente que hace el trayecto en un solo día, no me atrevo a tanto. Paro en Santa Rosa, La Pampa, una parada técnica, le explico a la familia para que no sea un suplicio despertarlos a las siete a desayunar y salir por los mil kilómetros restantes. La Ruta del Desierto es un cuco con el que todo el mundo me asusta, incluso aprovecha a prevenirme el que siempre viajó al sur en avión y cree haberla tomado. Es un tramo de la Ruta Provincial 20 que une los pueblos de Chacharramendi (si Cha-charramendi) con 25 de Mayo, que tiene una sola mano por lado y es toda derecha, o casi toda. La Rosario-Córdoba aunque es una autovía de dos manos por lado, tiene características similares. Por si me quedan dudas, en todo el trayecto aparecen carrocerías destrozadas, testigos
esqueléticos de un último viaje fatal. Doscientos kilómetros que pueden ser un montón o casi nada. La tarde sigue plomiza, tenemos una tele y wifi para todos, es un buen plan para ducharse y caminar en medias por toda la casa. Desde el comedor veo el arroyo que atraviesa el jardín como una foto soñada y el sonido del agua que escurre hacia abajo. Incrusto la mirada en las maderas mojadas, el puente natural de un tronco caído y un perro que aparece entre las ramas bajas de un pino. No tiene frío porque es perro, me digo a mi mismo para validar la comodidad de mirar desde el calor de la casa. Se aleja la tensión del manejo y aunque ya no estoy en el auto, cerrando los ojos veo todavía las luces de los autos viniendo de frente. Los abro y el tiempo se detiene. Mentira, no se detiene nada, galopa, soy un bicho de ciudad acostumbrado a pensar que “el hacer nada” es tan perjudicial para la salud como dos atados de puchos al día. Me es-
UNA CASA EN LA ANGOSTURA
fuerzo por disfrutar una vez más, cierro los ojos y ahí está otra vez la ansiedad: salgamos de este tiempo muerto, tenemos que hacer algo. ¡Alto! Escucho entre el silencio, el audio de algún video de Whatsapp que alguien no pudo silenciar, recuerdo lo de la respiración y vuelvo a abrir los ojos en el presente. Es hoy, es ahora, es esto: las gotas de la garúa caen en cámara lenta, puedo hacer foco en algunas de ellas y seguir su recorrido hasta que tocan la tierra. Son más densas que hasta hace unos minutos atrás: empezó a nevar. Es temprano y no todos están despiertos, corro al cuarto donde duermen los chicos y abro las cortinas de esterilla hasta que la luz los ciega. También es mentira, la pantalla del celular les había cerrado las pupilas de antemano y me cuesta convencerlos de que salgan de la cama. Han visto nevar cientos de veces en Youtube pero esto es diferente, esto es real, esto se puede sentir y lo que es mejor, no tenemos que ver la tediosa publicidad de Wix. Me desespero por transmitirles el entusiasmo y como
haciéndome un favor corren el acolchado y salen dos de los tres: uno todavía duerme. La nieve es incipiente y no ayuda mucho, hay que ponerle onda, como cuando vas a la costa en verano y llueven doce de los quince días. - ¿Está nevando? pregunta uno de ellos. - Si, contesto seguro, aunque no tengo idea si lo que cae es hielo, nieve o agua nieve. No importa, estamos calentitos viendo como el frío ha congelado el agua que chorreaba por el techo de la casa. Vuelvo a sentir que nada malo puede pasar, lo cual no es mucho y es todo a la vez. Me veo en el espejo la cara hinchada, la mirada cansada y la piel grasosa, producto de un extenuante viaje en auto que me tuvo como conductor. Evito salir en las fotos porque noto que el semblante del resto luce fresco y lúcido. El viaje nos fue depositando lentamente en el lugar en que estamos ahora, kilómetro por kilómetro a
una velocidad con la que me siento cómodo. Me aterran los vuelos en avión y aunque me conozco de memoria las estadísticas de accidentes y el cálculo de probabilidades, prefiero toda la vida hacer el camino por tierra. Duplico la apuesta: si lo hiciera en bicicleta le estaría dando más tiempo al cerebro para adaptarse mejor a la idea de salir de un lugar e instalarse en otro. Lo que se cocina a fuego lento tiene más sabor pero sucede que nos falta tiempo. El avión es el microondas de este tipo de viajes, pienso frente al espejo, pongo cara de haber hallado una frase genial, sonrío y me digo: cagón. Mañana toca cruzar a Osorno por el paso Cardenal Samoré. Tengo las famosas cadenas para las ruedas, suplemento necesario para el cruce por si hay hielo en el pavimento. El muchacho que las alquila me enseña lo fácil que es colocarlas, lo es-
Mientras tenga seĂąal
cucho atentamente pero enseguida se da cuenta que como todo turista, las llevo para cumplir, especulando con la idea de no tener que usarlas. Me cobra y me desea suerte. El cambio es favorable en Chile, los mismos argentinos que me alertaron sobre el peligro de la Ruta del Desierto me aconsejan los led de 42 pulgadas. Son baratísimos dicen, todo el mundo se trae uno y lo refrendan con una foto de un funcionario haciendo la cola del súper con una caja casi tan alta como él. En La Angostura alguien me aconseja que compre dos. Dice que en la tienda los acomodan en una sola caja y en la Aduana pagas solo por uno. Señores de la Aduana: nada de eso va a suceder mañana, no pasamos para llevar televisores, no hay espacio suficiente en el auto y me incomoda imaginarme negando lo que compré. Lo mejor de cruzar a Chile sin duda será tocar el Océano Pacífico.
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UNA CASA EN LA ANGOSTURA
El paso Cardenal Samoré no solo tiene la particularidad de establecer un límite político sino que también paisajístico. Después de la Aduana las nevadas se vuelven intensas y unos pocos kilómetros más adelante nos espera un temporal blanco que fuerza el trabajo de los limpiaparabrisas. Durante una hora, el camino se hace a paso de hombre, quiero evitar pisar el freno porque haría que el auto patine sin control sobre el hielo. Adelantá esta parte que es aburrida, parece decir el camino que en cuestión de minutos pasa de correr encajonado entre un metro de nieve a una escena bucólica con vacas de verdad y praderas verde Ingalls. Osorno nos recibe un lunes común y corriente, con sus tremendos shoppings abiertos, coloridas casas de madera y sin señal de celular. Los chicos se desorientan, pierden conexión con el mundo virtual y entran en contacto con una ciudad que como ellos, creció más rápido de lo que esperaba. Las calles de Osorno son manojos de postes que cruzan el cielo con sus ramilletes de cables, parecida por sus
colores y texturas a Caminito, por su arquitectura, a Malvinas. Detesto los centros comerciales, no quiero perder tiempo haciendo compras de chucherías pero se que no podré aguantar la presión del resto y cuando el dique ceda, la familia entrará como torrente inundando los pasillos del shopping en busca de las adrenalínicas ofertas. Las rutas de Chile son lindas aún viajando a las cinco de la mañana hacia Bahía Mansa, un pueblo a orillas del Pacífico. La noche nos persigue durante todo el camino, incluso a nuestro arribo a la costa nos sorprende que siendo un pueblo de pescadores aún no haya gente en las barcazas, ni merodeando la zona del puerto. Detengo el auto cerca de la playa bañada por la luz de un farol de la calle, hago equilibrio por un viejo puente de madera que atraviesa un riacho entre rocas y llego al mar guiado solo por la linterna del celular. No hay nada de épico en lo que siento al tocar el Pacífico pero se que lo heroico, lo grandioso, lo legendario, lo glorioso reside en el he-
UNA CASA EN LA ANGOSTURA
cho de contarlo. Agito el celular haciéndole señas para que se acerquen hasta la orilla y hacemos una selfamily. Recién por la tarde nos enteramos que en Argentina estamos una hora adelantada respecto de Chile, debimos atrasar los relojes. Perdón habitantes chilenos por tratarlos de holgazanes, no volverá a suceder. La sopa es el plato estrella en La Angostura, sopa crema de espárragos o de arvejas, caldos, sopa de municiones, a la reina, con pan tostado, con queso derretido, a cualquier hora y en cualquier lugar, en tu cara Mafalda y aguante Miguelito. El solo hecho de sostener un jarro humeante entre las manos en pleno invierno me hace sentir un actor de aviso publicitario de Knorr, tengo la sopa, estoy en una casa en medio de la nieve, solo me falta la polera setentosa de lana. Salgo de la cama temprano porque en vacaciones quiero que el día sea lo más largo que se pueda, abro la heladera que está repleta de productos chilenos, porquerías alimenticias con el cartel
que denuncia el exceso de colesterol o de azúcar. Desayuno algo que no es salchichas de pollo ni Toblerone y preparo café con leche para todos con tostadas, quesos y fiambres. Me enfundo en pantalones de neoprene, calzoncillos largos, camiseta térmica y campera y salgo con la cámara a registrar la casa desde afuera después de la nevada de anoche. Apenas me puedo mover. Es otra casa, es otro lugar, es otro paisaje, es otra luz. Otra vez arengo a los chicos para que salgan, el cielo se está abriendo, pero la abstinencia de wifi en Chile los retiene en la cama al calor de los fuegos de Snapchat. Hay una clara dominante azul en el paisaje gélido. El frío entumece mis dedos, los copos de nieve se estrellan en el lente y se me hace difícil el trabajo fotográfico. Adentro, las luces amarillentas de la cocina me llaman a abandonar la escena y a disfrutar del calor de la casa. Nieva, nieva y no deja de nevar, copos cada vez más pesados que caen como la lluvia en cámara lenta, como el tiempo que nunca pude frenar del todo.
Paso Cardenal SamorĂŠ
Camino a Chile
UNA CASA EN LA ANGOSTURA
La Oficina de Turismo de La Angostura nos recomienda el plato del día: Catamarán a la isla, Ascenso en aerosilla a los finos cerros, Pistas de esquí on the rocks y Travesía con accesos exclusivos a paisajes. Miro los precios en el margen derecho del menú, me doy media vuelta, saludo y salgo. Contacto al guía de turismo Ignacio Meisegeier y sugiere Refugio Neumeyer, Lago Huechulaufquen y Paimún con visita al volcán Lanín. Que bueno es tener un amigo cordobés que conoce la zona como la palma de su mano porque la ha recorrido toda su adolescencia con un iglú a cuestas. La jornada es un éxito y aunque los caminos cerrados por el temporal impiden el acceso a ciertos lugares, nos permite conocer San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Lago Espejo, Huechulaufquen y quedará para otro día el Refugio Neumeyer. - ¡Un minuto nada más! advierto desde el volante del auto, detengo la marcha, se abren las puertas y los tres salen a enfrentarse en una guerra fría de bolas de nieve.
- ¡Tomá, comiste! escucho que grita uno que bajó en remera y que acertó un bochazo en la nuca de su hermano. Estoy apurado como desde que llegué, el tiempo que los chicos usan para disfrutar lo proceso como demora, tengo que terminar el camino que une la salida con la llegada. Les toco bocina, la mitad de uno de ellos yace enterrada literalmente en la nieve, otro cae alcanzado por una bola de nieve que surca el aire como bólido y explota contra su espalda. Escucho la marcha del motor y las risas, están a punto de hacerme caso y entrar al auto pero antes de que suceda eso me bajo. Me odiaré en unos instantes. El cielo está totalmente blanco y el viento sopla fuerte sobre la nieve (en tu cara Pablito Ruiz). Nada de lo que puedo ver a mi alrededor tiene sombra, todo está iluminado con la misma suavidad, los colores vivos resaltan, pero lo que se dice sombra no existe, ni dura ni blanda, ni suave ni fuerte. Es la equidad de la luz. - Conmigo no jodan, los amenazo con un grito para que no se les ocurra impactarme. Clavo el zapato en un col-
Texturas de Osorno
Regalos
Vencida
UNA CASA EN LA ANGOSTURA
chón de nieve de casi un metro, siento el frío que me congela las orejas, los dedos y la nariz. Pare de sufrir, es hora de entrar al auto para ponerme a las órdenes de lo que está por llegar, ese futuro inmediato que no permite que me atasque en el presente. Aparece el termo, otra vez sopa, gracias al cielo. Un perro mezcla de San Bernardo y Santa Teresita, merodea la casa de María Inés. No lleva un barril de whisky en el cuello pero tiene la mirada lánguida y el paso cansino del animal enorme de patas gruesas y cabeza tosca. Como sus pares anda por la nieve descalzo y tiene el lomo mojado o cubierto de hielo, también aparece uno más chiquito como si fuera la versión escurrida del grandote, mismos colores, misma mirada. A pesar de su espeso pelaje tengo la sensación de que pasan frío, sin embargo son, en términos humanos, respetuosos, ubicados, amables, confían que la noche helada terminará y sueñan con el calor de un sol que los abrace.
Sigue nevando y no para de nevar, al punto de pedir que ya no nieve, ya está, ya lo vi, ya sé de que se trata esto de estar todo el día con la ropa húmeda, llegar a la casa y tener que secar todo en un tender. Ya sé que se siente quitar el hielo del parabrisas con una tarjeta de crédito y retirar la nieve a paladas para que las ruedas del auto se agarren a la tierra. Como en todas las vacaciones, un par de días antes, alguien comenta que el final se acerca, los demás se fastidian sin embargo saben que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Hora de salir de regreso, cierro la puerta de la casa y siento que ya fue, que no hay vuelta atrás y tal vez no quiera que la haya. Hay cosas que se definen por su opuesto, no hay momentos hermosos y recuerdos imborrables de la casa de María Inés si no existiera todo un año de días más o menos iguales en Villa Devoto.
Consumo
Con vida
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Galletitas de queso
Baja seĂąal
Bahia Mansa
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Atardecer ochentoso
40 EDICIÓN
JULIO DE 2018
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ISSN 2422-7617 DNDA Expediente Nº 5241585
Idea y realización Estudio Publica Emilio Lamarca 3249 A, C1417ALW CABA Director Propietario Diego Cabales dcabales@gmail.com 15.6288.9000 Departamento Comercial catalogovdvip@gmail.com M. Fernández Dirección de Arte y Fotografía Estudio Publica
Artigas 3199 Agronomía Buenos Aires rayuelabaragronomia@gmail.com 4505-0155
Caro Ferrara A los ocho años recibió un regalo que la marcaría para siempre: su primer máquina de coser. Desde entonces ha perseguido su sueño guiado por la pasión y el trabajo. Estudió Diseño de Indumentaria y el año pasado viajó a Barcelona para realizar un Posgrado en Vestidos de novia y Ceremonias. Hoy nos abre las puertas de su encantador atelier en Villa Devoto para mostrarnos el orgullo que siente por sus diseños.
Fotografías Diego Cabales. Producción Mariela Trímboli para Vdvip.
Siempre supe que la moda formaría parte de mi historia y se convirtiría en mi pasión. Todo comenzó en juegos con mi abuela, ella me guardaba retazos de tela y yo me divertía haciendo vestidos para mis muñecas. A los ocho años recibí mi primer máquina de coser y desde entonces ya no la quise soltar. Estudie Diseño de Indumentaria y quería especializarme en Alta Costura. Trabajé junto a Meni, la modista que se convirtió en mi gran maestra. Gracias a ella di mis primeros pasos en el rubro. Mi primer vestido de novia lo hice para una amiga y fue el punto de partida de mi sueño profesional e independiente. En el 2016 viajé a Barcelona a cursar el Postgrado en
Vestidos de Novias y Ceremonia. Una experiencia que me otorgó una nueva visión y las herramientas necesarias para proyectar mi creatividad en cada diseño. Con los vestidos a medida aprendí a trabajar junto al cliente, interpretar sus gustos y su estilo, desde la primer entrevista hasta el gran día de la fiesta pasando por la elección de los tejidos, los bordados y las pruebas. El año pasado inauguré mi Atelier en Villa Devoto: un espacio soñado que me hace sentir orgullosa. Actualmente trabajo en mi próximo desafío: mi primer colección de vestidos de fiesta y la presentación en un desfile.
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