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ENTRE REDES MORTALES

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HISTORIA POR DAYANNE ASPRILLA ILUSTRACIONES POR DAYANNE ASPRILLA DIAGRAMACIÓN POR DAYANNE ASPRILLA

ENTRE REDES

MORTALES


Faby Pérez odiaba a su madre y a todas las personas que padecieran discapacidades cognitivas que les impidieran comportarse como “personas normales”. Los percibía como una carga inútil, como una mancha que merecía ser borrada de la existencia. Su aversión se desarrolló a causa del estrés que sufrió siendo apenas una niña y teniendo que hacerse cargo de su madre, que fue diagnosticada con demencia y no podía valerse por sí misma.

Junto a su aversión desarrolló una personalidad tímida y retraída. Tendía al aislamiento, ya que le avergonzaba su vida, una vida miserable cargada de tragedia. A raíz de esta tumultuosa vida, se hizo muy independiente desde una edad prematura, pero la soledad no sería buena para ella; por el contrario, la haría incurrir en las más despreciables acciones.

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Tras la muerte de su madre en 2005, Fabby, de 15 años, comenzó a frecuentar un arroyo aledaño a su casa. Ahí, la chica se distraía durante horas para escapar de la realidad y jugaba con los insectos del lugar. Disfrutaba cazar algunos de ellos y llevarlos a casa. Poco a poco, Fabby se daba cuenta de que cazarlos era divertido, y lo que más le emocionaba era diseccionarlos.

Además, a Pérez le gustaba imaginar que al liquidar a estas pequeñas especies, estaba matando a los "retardados mentales”, que era como vulgarmente apodaba a los discapacitados psicológicos. 02


Una de las consecuencias de vivir eventos traumáticos desde una edad temprana, es que las personas desarrollen problemas psicosociales en otras etapas de su vida. Fabby no fue la excepción a la regla. edad temprana, las personas desarrollen problemas más adelante. Fabby no fue la excepción a esta regla.

Fabby, ahora a sus 18 años, era presa de la monotonía más insufrible. Ya ni siquiera cazar a sus amados bichos era suficiente para ella; la cínica chica ya sabía lo que suponía cazarlos y asesinarlos; ya no era divertido. Hacía tiempo que su mente amenazaba con trasladar sus macabros imaginarios a la realidad, y finalmente decidió darle rienda suelta a sus deseos.

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Como blanco de su sanguinario plan de cazar nuevas especies, Fabby eligió a Valentín, un niño de su barrio conocido por padecer autismo y a quien Fabby percibía de la misma manera que a su madre: como un bicho inservible. Fabby fue invadida por un sentimiento impulsivo; a plena luz del día, la chica asaltó a Valentín de manera violenta y lo arrastró hasta su casa, cercana a los matorrales, donde lo torturó hasta la muerte.

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Por otro lado, Antonio “Toño”, hermano mayor de Valentín, y su madre, Martha, se hallaban angustiados en sobremanera por el frágil Valentín, que horas antes había salido por un recado para su madre. Martha había intentado negarse al pedido de Valentín de ir por su recado, ya que sabía que debía cruzar una parte del bosque del pueblo para llegar a su destino y su condición mental lo podría poner en riesgo, pero su insistencia la persuadió y terminó accediendo. Impregnados por un desespero que casi podía palparse, el par se dirigió hacia una de las estaciones de policía del pueblo, donde esperaban conseguir ayuda para buscar a Valentín.

Tanta violencia en este pueblo y ustedes se preocupan por un pelado de 13 años que podría haberse escapado

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Madre e hijo no se resignaron ante tal negativa. En su lugar, acudieron a sus vecinos por ayuda para buscar a Valentín, que, sin ellos saberlo, ahora los observaba desde la más lejana cercanía. Las personas de El Colmado, barrio donde los López residían, se unieron para buscar a Valentín. Buscaron en su barrio y en muchos otros, incluso adentrándose superficialmente en el frondoso bosque del pueblo, pero no lograron encontrar al menor de los López. Una vez la luna advertía empezar a mecerse en el cielo, todos acordaron regresar a casa y retomar la búsqueda al día siguiente.

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Cuando se encaminaron de regreso al pueblo, Toño, que caminaba detrás, algo aislado de los demás, notó en el camino un objeto que podía divisarse incluso entre la oscuridad que comenzaba a cubrir el paisaje. Aunque en ese momento Toño no logró ver nada sospechoso en él, decidió llevarlo consigo. Sin Toño esperarlo, lo que acababa de recoger sería clave para descubrir lo que fuera que hubiera sucedido con su hermano.

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Corrían los días y a esa primera búsqueda le siguieron muchas otras más, pero todas terminaron siendo infructuosas, de tal manera que, progresivamente, se dejó de intentar hallar a Valentín. La resignación había calado más que la esperanza en los residentes de El Colmado. Pasaban las semanas y Valentín sólo coincidía con su familia en sus mentes, perdidas en el anhelo de encontrarlo. Para Toño, la ausencia de su dulce hermano se sentía como cuchillos que fisuraban su corazón y lo desangraban de desesperanza.

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En una de esas ocasiones en las que Toño vagaba por los solitarios pasillos de su escuela, evitando asistir a las clases por las molestas y escudriñadoras miradas de sus compañeros, se topó de pronto con una melena de oro bastante extravagante que se asomó ante sus ojos para después perderse al entrar a una de las aulas. Era la de su compañera Fabby, la niña de los bichos. El distintivo color de ese cabello le recordó aquel collar que encontró en el camino del bosque, pues los nudos de cabello en él tenían un color parecido al del cabello que acababa de ver, y que no era para nada común en el pueblo.

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Toño, aturdido por la aparente coincidencia, regresó apresuradamente a casa, tomó el collar, y al contemplarlo confirmó que los cabellos eran bastante similares. Además, prestándole ahora más atención al dije, notó que contenía un insecto disecado, y todos sabían quién amaba coleccionar estos animales.

¿Por qué el collar de esa mujer estaría en el lugar por el que Valentín había estado justo el día en que se esfumó de la faz de la Tierra? ¿Tenía ella algo que ver con la desaparición de su hermano? Estas preguntas inquietaban a Toño, y para responderlas, comenzó a espiar a la apodada niña de los bichos. 12


Luego de espiarla por días, junto a su comportamiento, Toño también notó que Fabby siempre tocaba su pecho vacío, sospechando que el collar de la polilla era efectivamente suyo.

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Pero más grave aún, se dió cuenta de que esta chica acechaba diariamente a Pablo, un niño del barrio con una discapacidad intelectual. Cuando hubo comprobado lo suficiente sus sospechas, se decidió a evitar a toda costa que esta extraña mujer le hiciera daño a Pablo y a descubrir si estaba conectada con la desaparición de su hermano.

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Un nublado día de 2008, Toño fue testigo de un evento que cambiaría su vida. Como de costumbre, Fabby acechaba a Pablo, pero esta vez Toño la advirtió con una inusual ansia. Repentinamente, ante la mirada desconcertada de Toño, Fabby corrió en dirección al niño y se abalanzó sobre él, intentando agredirlo, pero no contó con la valentía del pequeño, que con sólo una acción haría atemorizar a la chica, quien se daría a la huida.

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En cuanto los vecinos salieron para socorrer al niño, Toño corrió tras Fabby para atraparla. Pese a que ambos corrieron desesperadamente, Antonio logró atrapar a Fabby, quien presa del miedo por su desacierto sólo atinaba a alegar que todo era un malentendido.

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Fue así como un lánguido Antonio logró llevar a fuerzas a Fabby hasta la estación de policía, donde los agentes, hartos de la insistencia del mayor de los hermanos López con la desaparición de su hermano menor, decidieron apresar e investigar a la joven.

Luego de investigar a Pérez, los agentes descubrieron que, efectivamente, había sido la victimaria de Valentín López, y lo que días después descubrieron estos hombres fue perturbador para todos los habitantes de Cuaraván.

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Las similitudes entre las víctimas escogidas por Pérez les permitió también identificar un patrón en la selección de sus blancos de ataque. Fabby Pérez fue finalmente condenada a permanecer confinada en un centro psiquiátrico por ser considerada una potencial amenaza para la sociedad a causa de su odio desmesurado.

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Por su parte, los López debieron continuar con sus vidas una vez resuelto el enigma de la desaparición de Valentín. Llenos de tristeza, tuvieron que aprender a convivir con una ausencia que inundaba el hogar.

Valentín había salido de su capullo para no regresar jamás…

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Sólo hallan la paz quienes consiguen justicia


A veces pensamos que la vida es injusta; no podemos comprenderla. Algunos le llaman destino, otros simplemente suerte, sin embargo, todos venimos a este mundo sabiendo que lo único seguro de nuestra estancia es que tiene un fin.


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ENTRE REDES MORTALES by DAYANNE LIZETH ASPRILLA CUERO - Issuu